“La Nación” (diario) y los empresarios

mayo 31, 2016

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El título lo tomé de una aclaración, irónica, que solía hacer un escritor del “campo nacional”. Pero en este caso la ironía es amarga: una nación simplemente no es viable, en el mundo moderno, sin empresas y empresarios nacionales (Hay algunas excepciones, que los reemplazan con “tours de force”: Cuba, con empresarios catalanes del turismo; Corea del Norte, con coreografía y fuerzas armadas. Pero no son satisfactorias). Argentina tiene muchos empresarios nacionales … por domicilio. Pero son menos los que lo son en un sentido más profundo.

Curiosamente, La Nación (el diario) parece estar de acuerdo. Quiero compartir con ustedes un excelente artículo -lo acercó el original bloguero Rodrigo– del economista Ricardo Aronskind, que analiza el asunto. Y, en ese marco, hace un diagnóstico duro y realista de las chances de la estrategia del actual gobierno.

“El 22 de marzo de este año, el diario La Nación publicó un editorial (pueden verlo aquí) que por sus características conceptuales merece ser leído con detenimiento. En ese texto puntual, el editorialista se ubica al mismo tiempo adentro y afuera del establishment argentino. Se identifica con él, a él le habla, pero no puede dejar de señalar ciertas flaquezas que son especialmente significativas en el contexto del actual proyecto económico, social y cultural.

El editorial comienza, como corresponde a su adscripción política, señalando que la Argentina “debe superar la gravosa herencia dejada por el kirchnerismo”. Una contraseña del tipo de relato que se propone lanzar. Pasa luego a presentar el ejemplo de Alemania y Japón en la posguerra, como países que “debieron reconstruirse desde cero”. La Nación aclara en forma llamativa: “la ayuda externa y las inversiones provenientes de otros países colaboraron en la recuperación de esas naciones, pero no fueron lo primordial”. Y aquí viene el mensaje: “el Estado estaba quebrado y no se hallaba en condiciones de financiar ni de operar inversiones, pero contra ello sus gobiernos establecieron un marco atractivo para la inversión privada. De la respuesta dependía el éxito de la recuperación. Si el empresariado local fracasaba, la recuperación se hubiera demorado o tal vez nunca se hubiera producido”. De la muy limitada lectura que hace del proceso de reconstrucción de posguerra, saca una conclusión—lección para Argentina: “tanto Alemania como Japón apoyaron su crecimiento y modernización principalmente en grupos empresarios locales”.

Por supuesto que el ejemplo no concuerda en absoluto con las características económicas y sociales argentinas. Tanto Alemania como Japón habían desarrollado en las décadas previas una formidable musculatura industrial, habían construido capacidades productivas, tecnológicas y organizacionales tales, que fueron la base de los delirantes proyectos expansionistas, pero también de las posibilidades de reconstrucción posteriores. Claro que estos dos países derrotados hubieran tenido un destino de subdesarrollo si no hubiera estado presente “el peligro comunista” y la determinación norteamericana de “contener” el comunismo, propiciando la rápida recuperación de las “zonas de frontera” ante el temor de un vuelco masivo anticapitalista en el continente euroasiático.

El desarrollo alemán y japonés –muy anterior a la posguerra– había tenido como precondiciones la construcción de un estado nacional eficaz y activo, un empresariado inversor, enraizado en la nación y que apostó fuerte al desarrollo científico y tecnológico local, y un proyecto de inserción internacional basado en la actividad económica central del siglo XX, la industria. O sea, exactamente lo opuesto a las ideas tradicionales de La Nación.

Más allá de que la historia económica seria no sea el fuerte del diario, importa que La Nación advierta que no se puede esperar “la salvación” de la inversión extranjera. Que el Estado deberá crear el marco institucional propicio, pero que su función no será invertir. Quienes deberán invertir serán los empresarios privados, los “grupos empresarios locales” al estilo alemán y japonés.

Pasando en limpio el mensaje: la función del Estado no es invertir. El capital extranjero no será protagonista central del proceso inversor. Por lo tanto, todos los focos del esfuerzo inversor en pos de la recuperación se ponen en el empresariado local.

Empresarios

Una vez dicho esto, La Nación nos sorprende con un párrafo que por sus características se acerca las mejoras tradiciones críticas de los cientistas sociales argentinos (Sábato, Schvarzer, Khavisse, Basualdo, Azpiazu), aquellos que han estudiado con espíritu no apologético el comportamiento del gran empresariado realmente existente, y en especial la deriva neoliberal de las últimas décadas: “La Argentina y sus empresarios deben mirar estas historias y otras más. Deben ser conscientes de que en las últimas décadas, el espíritu emprendedor decayó y eso se manifestó en la venta de empresas de capital local a grupos y fondos del exterior. No es el caso repudiar ese fenómeno desde una visión chauvinista o meramente ideológica. Lo que desalienta es que refleja una carencia de vocación empresarial por el riesgo y por el esfuerzo. La contrapartida de esa declinación fue la fuga de capitales y la falta de reinversión en actividades productivas. El producido de esas ventas fue al exterior en colocaciones financieras o inversiones inmobiliarias.”

El editorial convoca a los empresarios a “mirar estas historias” para aprender de ellas. Pero lo que se busca no es un enriquecimiento intelectual, meramente. Se los convoca a mirar historias de empresariados exitosos, en el contexto de la lamentable trayectoria de “las últimas décadas” en la cuales “el espíritu emprendedor decayó” y condujo a “la venta de empresas de capital local a grupos y fondos del exterior”. Es de celebrar que un medio tan transparentemente pro-empresario mencione uno de los episodios económicos más silenciados de la historia económica reciente: la masiva venta de grandes empresas privadas, ocurrida precisamente en los años ´90, al capital extranjero. El hecho es de extraordinaria importancia, ya que ocurrió en un período en que había “plena confianza en el modelo económico de libertad de mercado”, y dónde el gran empresariado se cansó de ponderar los méritos de las reglas de juego establecidas, y la brillantez de la conducción política y económica del experimento neoliberal.

Fue precisamente en esa década, en donde se produce la retirada masiva del gran empresariado de su sitio privilegiado como “el actor del crecimiento”. No fue provocado por la persecución y opresión de un gobierno estatista, ni dirigista, ni desarrollista, sino por un proyecto político económico ampliamente apoyado por los mismos sujetos que terminaron vendiendo sus empresas y abandonando el rol que “la economía de mercado” les había reservado.

Es difícil explicar de dónde proviene el “espíritu emprendedor” y establecer cuando se produjo su declinación. Llama la atención que la toma del poder que efectuaron vía menemismo los grandes empresarios no les haya infundido nuevamente las ganas de invertir, sino precisamente lo contrario. Controlar el sistema político y los tres poderes del Estado, diluir la identidad de los grandes partidos nacionales en el objetivo de “gestión” neoliberal, contar con el apoyo irrestricto de los principales medios de comunicación, gozar de un clima internacional de “fin de las ideologías”, lograr debilitar al mundo del trabajo con flexibilizaciones y desempleo, debió haber permitido superar la declinación del “espíritu emprendedor” y volver a una actitud fuertemente inversora. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Al contrario: primó la actitud de abandonar su lugar en la economía nacional, y cederlo al capital extranjero.

Restricciones

La Nación se cuida “de repudiar ese fenómeno desde una visión chauvinista o meramente ideológica”. No nos confundimos sobre el diario centenario: nada más alejado de su espíritu que el nacionalismo, siempre confundido con el “chauvinismo”. El subsiguiente rechazo “a la ideología” es para el consumo del típico lector de derecha, que se siente a salvo de tener “ideología”. Pero el editorialista se siente desalentado porque esa venta de empresas “refleja una carencia de vocación empresarial por el riesgo y por el esfuerzo”. Bueno, al fin mencionamos las cosas por su nombre. Hace más de 20 años, Hugo Nochteff escribió Los Senderos Perdidos del Desarrollo. Elite económica y restricciones al desarrollo en la Argentina, un ensayo formidable con el cual pueden comprenderse muchos de las peripecias de este empresariado “sin vocación por el riesgo y por el esfuerzo”. Son ya décadas de prácticas económicas rentísticas y especulativas. Son repetidos los fracasos de las políticas económicas neoliberales que llevaron a crisis severas. Allí están los discursos de Martínez de Hoz, esperando a un empresariado argentino que la competencia internacional haría eficiente. Nunca llegó, pero sí las quiebras bancarias y la deuda externa. Allí está el “milagro” de la convertibilidad de Cavallo, esperando a los innovadores locales, hijos de la economía abierta y libre, que sólo atinaron a “borrarse” de su lugar como empresarios y fugar sus capitales al exterior.

Fuga

Como nunca antes, La Nación admite el fenómeno, y describe con inesperado realismo sus efectos: “La contrapartida de esa declinación fue la fuga de capitales y la falta de reinversión en actividades productivas”. Es más que oportuno señalar esto, en un momento en que por procesos políticos internacionales –que la derecha local preferiría que no ocurran dada su altísima exposición–, se ha puesto sobre el tapete el tema de las guaridas fiscales, las empresas off-shore y la forma sistemática en que buena parte del alto empresariado latinoamericano saca parte de los recursos producidos localmente y priva a sus países de la inversión necesaria para superar el atraso. Todo un entramado institucional global, que les facilita a los empresarios locales extraer fondos del circuito productivo y colocarlos más allá de las fronteras nacionales. El caso de los Panama Papers es, en ese sentido, un ejemplo más de este accionar adverso al riesgo, a la inversión productiva y adicto a la fuga de fondos líquidos. El “cepo” cambiario era odiado fundamentalmente por esa misma razón: constituir una traba a una práctica sistemática del alto empresariado: poder enviar, bajo la forma de divisas, parte de la riqueza obtenida en el mercado local.

Luego de denunciar las flaquezas de dicho empresariado en enfrentar con contundencia al kirchnerismo, La Nación vuelve a abandonar el mundo real, para optar por una cita de manual convencional de economía: “El rol esencial e indelegable del empresario es el de crear valor, organizando ideas, trabajo y capital, de manera eficiente. Esta debe ser la tarea de un empresario y no la lucha por favores regulatorios o impositivos que desvirtúan su verdadero rol y lo desmoralizan. La venta de la empresa suele ser el punto final de ese ciclo, no sin antes pasar por la insuficiencia de reinversión y de innovación.”

Fantasía

Esta descripción refleja una fantasía cuasi infantil de un mundo ideal que no existe en ninguna parte: el entramado económico no se constituye a partir de empresarios inspirados, sino de un tejido político, institucional y tecnológico, donde la presencia de lo público es sustantiva. Es desagradable para el editorialista, seguramente, tener que enfrentarse con las características reales de la economía argentina, modelada en buena medida a imagen y semejanza de los empresarios campeones de “los favores regulatorios o impositivos”. Y que encontraron precisamente su paraíso en los períodos en que accedieron plenamente al poder, justamente para multiplicar esos “favores regulatorios e impositivos” –y otros muchos más, de carácter estructural– en detrimento de cualquier aumento en la inversión y la innovación.

La Nación se ve impelida a abandonar el análisis concreto, cuando la figura de empresario “carente de vocación empresarial por el riesgo y por el esfuerzo”, amigo de los pasillos del poder, experto en acumular activos sin producir riqueza ni generar innovaciones –la quintaesencia del empresario que no cumple ninguna función económicamente útil–, se acerca sugestivamente a la trayectoria de negocios del grupo económico del cual proviene el actual presidente argentino.

Las perspectivas no son promisorias para el gobierno si descarta la inversión pública por razones ideológicas; si no es posible esperar mucho de la inversión extranjera –dada la situación internacional y el lugar que se le asigna Argentina en la división internacional del trabajo–, y las inversiones productivas creadoras de crecimiento genuino quedan libradas al comportamiento del empresariado local realmente existente. Sin embargo, ante la nada y el vacío, el diario fundado por Mitre, después de descubrir que los Reyes Magos son los padres –o sea que los empresarios schumpeterianos son en realidad rentistas y fugadores–, vuelve a soñar que, por algún milagro insondable, podrían existir los Reyes Magos.

Pero en la realidad argentina de 2016, en materia de crecimiento económico y progreso material, el esquema neoliberal del gobierno de Macri está jugando una partida de truco con un cuatro de copas y otras cartas similares. No cuenta con ningún actor real dispuesto a invertir e innovar en serio, se niega por razones políticas e ideológicas a utilizar al Estado, y por lo tanto no tiene progreso tangible para ofrecer al país. Cuando se juega al truco con cartas tan malas, sólo queda el recurso de mentir, y fingir que se cuenta con una mejor dotación de recursos para ganar”.

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Pidiendo perdón a los capitales españoles

mayo 31, 2016

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De vez en cuando uso la expresión “deja un mal gusto en la boca“. Ahora también la encuentro muy apropiada. Porque el ministro de Hacienda y Finanzas argentino, Alfonso Prat-Gay, en su primera aparición ante empresarios en su visita a España hizo un inédito pedido institucional de perdón a los inversores por las políticas aplicadas por el gobierno kirchnerista. “Quiero pedir disculpas por los últimos años. Sé de los abusos que han sufrido los capitales españoles y les agradezco la paciencia“.

No me importa si Prat Gay evalúa que las políticas del gobierno anterior fueron equivocadas, o quiere congraciarse con esos empresarios para que inviertan aquí. Si es lo primero, es discutible. Y si es lo segundo, es un imbécil. En cualquier caso, es asunto suyo. Pero estaba ahí como un alto funcionario de la Argentina: representa a nuestro país. Y es nuestro país el que se humilla pidiéndole disculpas a individuos privados por actos soberanos, equivocados o no.

A individuos privados que, para mayor inri, dirían ahí, hicieron muy buenos negocios en Argentina, como en otros países. Y que cometieron actos de corrupción, como en otros países. Si tuvieron cómplices argentinos -necesariamente- eso no los exime de culpa bajo ninguna legislación. Esas prácticas corruptas, dicho sea de paso, han sido denunciadas en los medios internacionales. Y son bien conocidas en España, lo que acentúa el ridículo de la postura.

En un posteo de hace algunas horas, Hache analiza la inversión extranjera en general, y las españolas en particular. Lo recomiendo. Pero aquí estoy pensando en nuestra dignidad como nación. Otros países -incluso Potencias medianas- han pedido disculpas por sus acciones en el pasado. Pero la tratan como es: una decisión grave. No se ha tomado nunca sin un profundo debate interno, y cuando la toman, lo hacen tras evaluar cuidadosamente los beneficios. Y los costos.

Esto de Prat Gay es el gesto liviano de un funcionario, de un gobierno, al que el concepto de lo “nacional” le resbala. Y tampoco tiene presente el de “dignidad”. Si no fuera así, no habría agregado esta declaración infantil “Vengo con la promesa firme de que no va a volver a ocurrir este escándalo de los últimos años en que nos alejamos de todo el mundo, incluyendo a los amigos“. ¿Alguien puede tomar en serio esta promesa? Si alguien lo hace, es seguro que no ha acumulado capitales para invertir.


Un amigo le advierte a Macri

mayo 30, 2016

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Jorge Fernández Díaz es un escritor que mezcla la literatura con el periodismo. Con lo que no mejora a ninguno de los dos, en mi prejuiciosa opinión. Igual, algunos de sus artículos en el pasado aportaron puntos de vista originales e interesantes. Uno de ellos, La hora de los no políticos, escrito hace más de ocho años y que proféticamente señalaba la desventaja de colocar CEOs en funciones políticas, ha sido citado muchas veces.

En los últimos años un anti kirchnerismo envenenado y sin matices privó de interés -siempre en mi opinión- a sus columnas. Cualquier cosa que pasara, demostraba lo mismo: la incurable maldad de Cristina Kirchner. Más recientemente, su compromiso con el macrismo lo hizo aburrido, bordeando, casi, el estilo de un Majul.

A pesar de todo esto, debo reconocer que encontré algo interesante en su última columna para La Nación. Una crítica a los consejos de Durán Barba -que puede nacer de una interna del PRO. Pero que de todos modos aporta una percepción sobre una tendencia de nuestros presidentes. No solamente del Mau, eh.

Siguiendo la tradición del blog de Abel de hacerse el distraído cuando el tema no es parte de su agenda, no me pronuncio sobre si J.F.D. tiene razón o no en criticar la decisión de rodearse con “nuevos” y “propios” y el fastidio que eso provoca en los “de antes”. Sólo marco que debemos tenerlo previsto.

El error de cálculo con el Vaticano (“total el Papa no trae votos”) se emparenta con otras pifiadas teóricas más terrenales: el peronismo está obsoleto y dividido, y no merece un acuerdo integral, el radicalismo es parte de “la política tradicional”, y los elegidos no se inscriben en ninguna tradición: somos el siglo XXI.

Puede que este último razonamiento no sea errado; el problema es que los tigres al acecho de esta jungla peligrosa pertenecen todavía al siglo XX, tienen los dientes afiladísimos y no se han anoticiado de que ahora somos vegetarianos: quieren carne.

A la hora de la autopercepción (del PRO), hay una tendencia a suponer dos o tres cosas que no sucedieron: no ganaron en primera vuelta ni por el 54% de los votos, y éste no es el gobierno de Pro sino de Cambiemos. La primera cuestión sume al oficialismo en un continuo thriller parlamentario y de bruscas y altísimas fiebres que sólo logra calmar con el antibiótico de los fondos públicos, para sufrimiento de los nervios de la sociedad y del ya castigado déficit de caja.

La segunda cuestión confirma que son un partido atrapado en el cuerpo de una coalición, y que ese traje les chinga, los aprieta y los incomoda. Nadie, ni siquiera quien representaba únicamente a su propia fuerza política, estuvo a salvo de esta clase de jugadas que al fin resultaron espejismos. Alfonsín se rodeó de “lo nuevo” (la Coordinadora) contra “lo viejo”: el partido anquilosado y alvearista. Menem se rodeó de “lo nuevo” (los neoliberales) contra “lo viejo”: los peronistas que se quedaron en el 45. Néstor se rodeó de “lo nuevo” (la transversalidad) contra “lo viejo”: el pejotismo. Cristina se rodeó de “lo nuevo” (La Cámpora) contra el caciquismo justicialista. Y Macri, a pesar de considerarse un animal extraño en el zoológico de la política argentina, no es una excepción: también él parece necesitar una elite propia de “lo nuevo” que clausure el pasado de sus socios y rivales, y lo acompañe en la cabina de mandos.

La falsa épica de la ultramodernidad contra la naftalina entraña una gran tentación, pero también un enorme riesgo: es muy fácil encapsularse y tomar cualquier consejo de la crónica histórica como un reflejo de lo vetusto. El Pacto del Bicentenario fracasó, los peronistas aguardan con sus celadas y mangazos, y los radicales están más calientes que una pipa. Tal vez para esta elite, ya algunos articulistas veteranos también formemos parte de “lo viejo”. No es posible refutar por ahora esta afirmación. Pero sí recordar lo que decía sir Laurence Olivier: “La experiencia es algo que no consigues hasta justo después de necesitarla“.


Algo de Julio Godio

mayo 30, 2016

godioEn nuestra Argentina de las memorias sesgadas y las discusiones de sordos, se me ocurre que es probable que una buena porción de los lectores del blog no sepan quién era. Por eso, agrego parte de lo que escribí hace cinco años, cuando murió. Ahí transcribo de él su parte en un debate, justamente para mostrar como pueden aportar para el presente.

“Este viernes murió Julio Godio. Sociólogo, filósofo, analista político, historiador del movimiento obrero, futbolista, militante y un tipo honesto, fue uno de los argentinos que mejoran la condición. Quienes no lo conocían pueden leer de su trayectoria aquí y aquí, pero mejor en sus libros. Agrego que en sus últimos meses de vida presidió la agrupación Peronismo Siglo XXI, del peronismo porteño (una de las que ahora integra Konfluencia Popular).

Para recordarlo en el blog, encontré unas líneas suyas que había subido hace justo 6 (hoy son 11) años a Reconstrucción 2005, la página que antecedió a “El hijo de Reco” (si se molestan en ir allí, verán que yo discutí su análisis de las alternativas que se le presentaban a Néstor Kirchner y a la Argentina en 2005. Ninguno acertó del todo, pero él estuvo más cerca de lo que sucedió):

Una posible e inédita polarización en marcha. A seis meses de las elecciones legislativas nacionales de renovación parcial de representantes nacionales, provinciales y municipales en Argentina, comienzan a esbozarse los rasgos principales de lo que podría ser la polarización principal. Será una polarización “asimétrica” en tanto el peronismo vencerá por amplia mayoría. Pero el nuevo tipo de polarización, de producirse, puede prefigurar el componente central de un gran escenario político en los próximos años.

Dado que la Argentina es un país todavía fuertemente comprometido por su alto endeudamiento, la recuperación económica importante pero incipiente – con serios problemas coyunturales de insuficiencia energética – la existencia de dificultades del gobierno para establecer un nuevo compromiso con las empresas privatizadas de servicios públicos, la presión “social” de los altos niveles de pobreza y desempleo y, por último, porque la crisis del sistema de partidos perdura y erosiona la actual estabilidad política (Subsisten, aunque con menos intensidad, los fenómenos que provocaron la crisis de 2001) el análisis político del proceso electoral en curso debe ser realizado con cautela.

Pueden surgir hechos políticos, económicos (o ambos a la vez) que retrasen la polarización. Debe señalarse, a favor del enfoque de este análisis que, pese a las dificultades y desafíos señalados, la figura del Presidente Néstor Kirchner mantiene una alta adhesión que excede al peronismo y su personalidad canaliza la fuerte decisión popular de apoyar a su gobierno.

De aquí a octubre el país no estará exento de posibles desórdenes políticos por causas internas o externas, que pueden incidir sobre los comportamientos electorales de sectores de la sociedad. Pero ciertos hechos políticos comienzan a perfilarse y podrían desembocar en octubre en una polarización política sumamente original: la polarización entre el Partido Justicialista (PJ), que sería mayoritario en las elecciones, y un frente político hegemonizado por un “núcleo duro” de partidos de centro derecha, con incorporación de segmentos sociales con orígenes políticos conservadores, en el centro-liberal, en el peronismo y en sectores independientes.

Como se analizará en este artículo, el peronismo, condicionado por fuertes contradicciones internas, puede intentar resolver sus conflictos con la solución de avanzar sobre el escenario político combinando la participación del PJ con listas peronistas-kirchneristas y al mismo tiempo con listas propias o afines por fuera del partido oficial.

Kirchner aspira a ser “plebiscitado” y colocar a su esposa Cristina en el centro de la vida política (candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires). Se trata de una operación política de Kirchner y del PJ sumamente complicada en su ejecución, pero que puede resultar exitosa.

Acordada esta táctica en algunos de los distritos electorales, el kirchnerismo podría apoyar a sectores de la UCR afines a su gobierno que, con aliados, gobiernan en varias provincias. Incluso el kirchnerismo podría incorporar figuras en listas de la UCR en algunas provincias gobernadas actualmente por el radicalismo (un caso es la provincia de Tierra del Fuego donde el actual gobernador radical Jorge Colazo ha anunciado esa participación, pese a la represalia de expulsión por parte del Comité Nacional de la UCR). En muchos distritos se podría dar el caso de que el peronismo “bicéfalo” ocupe tanto el primero como el segundo lugar en el resultado electoral, lo que de producirse a gran escala podría dar nacimiento a una hegemonía política peronista en casi todo el país.

Debe recordarse, como he planteado en otro artículo, que el Presidente Kirchner aspira a aumentar sus fuerzas propias en el Congreso Nacional, y que de vencer con varias listas esto significa que todo el peronismo aumentará su participación en las Cámaras de diputados y Senadores. Podría darse el caso de que en varias provincias claves (Buenos Aires, Córdoba, y otras) el peronismo “bicéfalo” logrará apropiarse de los dos senadores electos por la mayoría y el tercero que según el régimen electoral corresponde al partido de oposición que alcance la primer minoría.

Así las cosas en el PJ, lo más importante es que un peronismo mayoritario pero internamente desestructurado, con mayor incidencia del kirchnerismo, vencería electoralmente pero enfrentando a una coalición política hegemonizada por el centro-derecha, hecho inédito en la historia política argentina, que hasta 2001 seguía dentro de la bipolaridad entre peronismo y radicalismo. El eventual triunfo peronista estaría asociado con el fortalecimiento del Presidente, pero al mismo tiempo lo obligaría a éste a acelerar el control y la “autorreforma” del PJ, para contar con una herramienta partidaria funcional a su proyecto democrático neodesarrollista.”


Homenaje a Julio Godio

mayo 30, 2016

Quiero compartir con ustedes esta invitación:

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La Confederación de Educadores Argentinos –CEA-,  junto a su Escuela de Formación e Investigación Sindical “Julio Godio” y el Instituto Mundo del Trabajo –IMT-, invitan a participar del Seminario de Formación “El movimiento obrero argentino en la hora actual” el día 30 de mayo de 2016 a las 17.00 hs. en calle San José 225, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sede de la Asociación del Personal Superior de Empresas de Energía (APSSE).

Hace cinco años, fallecía el sociólogo e historiador argentino Julio Godio. Pensador e investigador del Movimiento Obrero Argentino, autor de obras medulares de su historia, docente generoso y figura clave para el sindicalismo. Homenajeamos su figura pensando juntos los desafíos a los que nos enfrentamos.


Una lección del Cordobazo

mayo 29, 2016

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Hoy 29 de mayo es un nuevo aniversario de una revuelta obrero estudiantil en Córdoba Capital que sacudió a la Argentina como muy pocas otras convulsiones en más de un siglo. El 17 de octubre de 1945, el 19 y 20 de diciembre de 2001…

Ahora, como ustedes ya saben, no soy entusiasta de las efemérides. Pero leía el posteo entusiasta que le dedicó mi amigo y ferviente comunicador Artemio López, y se me ocurrió que había una lección a la que no se atendía bastante.

Cuenta Artemio:

Se cumplen 47 años del Cordobazo, la experiencia de organización y lucha popular en general y obrera en particular sin hegemonía del peronismo. y el recuerdo se actualiza medio del más compacto ataque a las condiciones de vida de los trabajadores observada desde el año 1983.

… Cordobazo, que tuvo su figura de mayor visibilidad en Agustín Tosco, dirigente sindical de la corriente clasista, Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de la provincia de Córdoba al momento de producirse el levantamiento popular.

… (Fue) una de las revueltas populares más recordadas en la historia Argentina por su magnitud y radicalización. El encuentro de los trabajadores, nucleados en gremios de gran fortaleza, y estudiantes la convierten en un ícono y en una referencia histórica ineludible, expresión cúlmine de una serie de estallidos sociales de la época. El hartazgo por una situación económica deteriorada y una represión asfixiante por parte del gobierno de Juan Carlos Onganía levantó al pueblo que tomó el control de la capital cordobesa por casi 48 horas con barricadas y una enorme movilización y colaboración del pueblo cordobés“.

Y saca conclusiones, cómo no, con las que no estoy completamente de acuerdo. Pero no es mi intención discutirlas aquí.

Tampoco me parece útil insistir ahora que la “mayor visibilidad” de Agustín Tosco, Secretario General de Luz y Fuerza de Córdoba, es un dato posterior. Tosco, sin duda un dirigente sindical de gran capacidad y honestidad, se convirtió en referente de los que querían un gremialismo no peronista, cuando ese era un aspecto fundamental de la lucha política (El debate entre Rucci y Tosco, que otro amigo Manolo Barge sube de vez en cuando a su blog, es una pieza histórica, de un tiempo que todavía se debatía. Luego hablaron las armas).

Corresponde señalar que en esa jornada fueron al menos igualmente importantes Elpidio Torres, peronista, Secretario General del SMATA cordobés, y los sindicatos clasistas “de fábrica” SITRAC y SITRAM.

Pero esto no hace al hecho central. Porque Artemio tiene razón cuando dice que fue una “experiencia … sin hegemonía del peronismo“. Si bien fue el peronismo fundacional el que sentó las bases de la industrialización cordobesa, su desarrollo fue posterior. Los sindicatos peronistas eran sólo una parte del Movimiento Obrero en la provincia, en 1969. Y entre los estudiantes, la presencia del peronismo era todavía menor. Algunos grupos de origen católico se estaban aproximando, como sucedía en Buenos Aires con la influencia de las Cátedras Nacionales. Las consignas del Cordobazo tenían que ver con el rechazo a la dictadura de Onganía, reivindicaciones puntuales obreras (de los obreros mejor pagos del país, en ese tiempo) y estudiantiles, y un clima social que, en la agobiante atmósfera de la “Revolución Argentina”, un franquismo sin Franco, se agitaba por los ecos de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam y el Mayo francés.

Precisamente, de ahí surge la lección que me parece necesario tener presente. El Cordobazo puso en marcha un deterioro incontenible de esa “Revolución Argentina”, del “partido militar” que bautizó Perón. Levingston reemplaza a Onganía, y es a su vez reemplazado por Lanusse. Y éste llama a las elecciones que iban a darle el gobierno al peronismo.

Todavía más significativo que ese triunfo electoral, es que ya mucho antes Perón y su regreso se habían convertido en el aglutinador y el resumen de las luchas y las aspiraciones populares. Hasta las organizaciones armadas de origen católico tercermundista o marxista deciden incorporarse al peronismo, y vincularse con Perón, menos de un año después de esas jornadas de Córdoba. La única excepción importante fue el troskista PRT y su brazo armado, el ERP. Importante por su actividad guerrillera. No por el número de sus adherentes.

La lección entonces no es lo extraordinario del peronismo. Estoy convencido que expresa una parte de la identidad argentina, una que se afirma sin complejos en nuestra realidad. Pero eso no garantiza su triunfo, ni tampoco que quienes lo conduzcan en un momento dado sean los mejores. Y sus éxitos electorales de 1973 no sirvieron, por cierto, para asegurar la Argentina mejor y más justa que se pretendía.

El punto de la lección olvidada del Cordobazo es, me parece, que las luchas populares deben encontrar una expresión política válida para ser algo más que un episodio. Y que esa expresión política puede no estar presente en los hechos ni en los planes de los que participan en ese momento. Esa lección también surge de las jornadas de diciembre de 2001, si lo pensamos con cuidado.


Asumiendo una derrota

mayo 29, 2016

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Después de unos 20 días en el exterior, retomo la costumbre del análisis político dominical. Y me siento obligado a reconocer que el acontecimiento político de estos días ha sido una derrota del dispositivo -inorgánico, no reconocido ni muy solidario pero real- del peronismo. Me refiero a la retirada en chancletas de la dirigencia sindical nacional. Y digo que es una derrota del conjunto porque disminuye visiblemente la capacidad de presión con que cuenta.

No fue lo único que sucedió, por supuesto. Probablemente, tampoco lo más importante. Pero, mientras los otros hechos son pasos en procesos que tuvieron comienzo antes y siguen su curso -el paulatino aumento del malhumor social con el gobierno, los gestos negativos del Papa argentino hacia las políticas del actual gobierno- este evidente tropezón del sindicalismo fue un producto, innecesario, de sus mismos actos.

Para aclarar lo que afirmo, me remito a la descripción coyuntural del peronismo que hice este miércoles: “Después de la derrota electoral del año pasado -cuando perdió la Presidencia de la Nación, y el segundo bastión en importancia, la gobernación de Buenos Aires- en el peronismo quedaron unos núcleos de poder débilmente unidos por esa historia en común. Y por la procedencia de sus votantes.

Están los gobernadores e intendentes, los bloques legislativos nacionales y provinciales y un Partido Justicialista -cuya recuperación puede contarse como uno de los poquísimos éxitos en la etapa Macri, pero que no es un poder en sí mismo sino una mesa de discusión y, en algún caso, un vocero. Está el sindicalismo -el sector con mayores recursos- pero que no muestra interés en conducir la política. Están los movimientos sociales, todavía con una cierta capacidad de movilización. Y está la ex Presidente, Cristina Kirchner, con conocimiento popular, un discurso claro, y una relación emocional con la más numerosa (de lejos) militancia peronista y con la mayoría de los que un amigo llamó “peronistas  domiciliarios”. Los que no pertenecen a ninguna agrupación, pero votan por el peronismo.

Ninguno de estos núcleos de poder está conduciendo el conjunto. Un motivo, el menos importante, curiosamente, es que ninguno tiene hoy el poder suficiente. Él otro, el decisivo, es que no les interesa hacerlo ahora, porque la suerte, como proyecto de poder, de la experiencia Macri todavía no está definida.

Esta afirmación provoca, y es natural, rechazo en los muy numerosos sectores que ya han sido golpeados con dureza en sus ideales y/o sus bolsillos por las políticas aplicadas desde diciembre. Y que le exigen al peronismo respuestas. El problema es que, salvo en las fantasías de comandantes de escritorio, no puede darlas“.

El punto es que el 29 de abril el sindicalismo -para ser precisos, las cinco centrales que hoy reúnen la casi totalidad de los gremios- produjeron una movilización muy importante, que hizo visible la preocupación y la bronca conque una buena parte de los argentinos mira las políticas de este gobierno. Y mostró la capacidad de presión que tienen.

La usaron de inmediato. Pidieron al Congreso, y obtuvieron, la sanción de una ley “antidespidos”. Un gesto simbólico -nunca se hizo claro cómo iba a proteger eficazmente los puestos de trabajo- pero que demostraba que una buena parte de los políticos con cargos legislativos estaban dispuestos a acompañar sus planteos. Por su parte, Cristina Kirchner había elogiado calurosamente la manifestación del 29.

El Presidente Macri anunció por anticipado su decisión de vetar la ley. Y una vez aprobada, lo hizo. Frente a esta demostración que el Ejecutivo estaba dispuesto a utilizar todas sus herramientas para imponer su voluntad, la dirigencia sindical nacional… se la comió doblada, dirían en mi barrio. Para peor, las declaraciones de Moyano y Caló sobre el punto fueron lamentables.

Entendamos: era claro, para los que conocían las realidades internas de los sindicatos más poderosos, que no estaban interesados, por ahora, en decidir un paro nacional, ni en romper negociaciones con el gobierno. Lo desconcertante, lo que permite calificarlo como una derrota, es que aparecieron impulsando una presión que no estaban dispuestos a sostener. Los motivos… son irrelevantes. Lo que importa, son las consecuencias.

Las consecuencias no implican, seguro, que el sindicalismo carece de capacidad de lucha. Se han dado, y se seguirán dando, peleas sectoriales muy duras. Y los niveles medios del gremialismo muestran una actitud opositora más firme y resuelta. Pero sí es cierto que las cabezas de las CGTs han demostrado, otra vez, que no están en condiciones de jugar un rol significativo en la conducción del peronismo. Hasta, y si, se unifique con nuevos rostros a su frente, la CGT.

La conducción actual del Partido Justicialista, que expresa con razonable representatividad al peronismo territorial, cuestiona con firmeza las políticas del gobierno, pero no parece, no está interesada hoy, en enfrentarlo frontalmente. Por ahora, parece preferir fortalecer la imagen del peronismo como alternativa al gobierno: de ahí la decisión de armar un “gabinete de ministros” en la oposición, con figuras prestigiosas.

Tampoco los bloques legislativos, en cuya composición intervino decididamente la anterior Presidente, aparecen pasibles de llevar adelante una oposición dura. Bueno, tampoco la entonces Oposición, cuando tuvo mayoría en el Congreso en 2009/10 fue capaz de poner obstáculos serios a las políticas kirchneristas. Más allá del texto formal de la Constitución, el Poder Legislativo tiene un rol moderador y de ámbito de negociación… salvo cuando los Ejecutivos se están derrumbando.

Esto no es todo el peronismo, por supuesto. La militancia, en particular la militancia que se define como kirchnerista, pide, quiere, un enfrentamiento decidido con el gobierno Macri. Su problema es que es el sector con menos armas para presionarlo o menos, condicionarlo. Sus movilizaciones son numerosas, pero se agotan en sí mismas.

Este cuadro pesimista, que hago con la libertad que me da el hecho que a los blogs sólo los leen los politizados -no sirven como herramienta de propaganda- se refiere a la coyuntura. Y no puede decidir si “desensillar hasta que aclare” no resulte ser hoy la mejor política para el peronismo. Aunque no dé respuesta a la angustia de los que han perdido el empleo.

Después de todo, fue Perón -ese león herbívoro- el que dijo una vez “Si tenemos razón, volveremos. Y si no, mejor que no volvamos“.

Finalmente, es necesario señalar un punto que los políticos en particular no deberían pasar por alto: si bien la militancia es el sector que hoy cuenta con menos recursos para imponer sus urgencias, irónicamente, sus planteos son los que más pueden pesar en el momento electoral, si expresan la opinión, los sentimientos de las mayorías. Muchas veces los “apresurados” (usando otra frase de Perón) dicen que no se puede esperar a las elecciones para dar respuesta a las necesidades del pueblo. Pero es en las elecciones -con todos sus condicionamientos- que la voluntad del pueblo tiene mejor chance de hacerse oír.


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