“La Nación” (diario) y los empresarios

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El título lo tomé de una aclaración, irónica, que solía hacer un escritor del “campo nacional”. Pero en este caso la ironía es amarga: una nación simplemente no es viable, en el mundo moderno, sin empresas y empresarios nacionales (Hay algunas excepciones, que los reemplazan con “tours de force”: Cuba, con empresarios catalanes del turismo; Corea del Norte, con coreografía y fuerzas armadas. Pero no son satisfactorias). Argentina tiene muchos empresarios nacionales … por domicilio. Pero son menos los que lo son en un sentido más profundo.

Curiosamente, La Nación (el diario) parece estar de acuerdo. Quiero compartir con ustedes un excelente artículo -lo acercó el original bloguero Rodrigo– del economista Ricardo Aronskind, que analiza el asunto. Y, en ese marco, hace un diagnóstico duro y realista de las chances de la estrategia del actual gobierno.

“El 22 de marzo de este año, el diario La Nación publicó un editorial (pueden verlo aquí) que por sus características conceptuales merece ser leído con detenimiento. En ese texto puntual, el editorialista se ubica al mismo tiempo adentro y afuera del establishment argentino. Se identifica con él, a él le habla, pero no puede dejar de señalar ciertas flaquezas que son especialmente significativas en el contexto del actual proyecto económico, social y cultural.

El editorial comienza, como corresponde a su adscripción política, señalando que la Argentina “debe superar la gravosa herencia dejada por el kirchnerismo”. Una contraseña del tipo de relato que se propone lanzar. Pasa luego a presentar el ejemplo de Alemania y Japón en la posguerra, como países que “debieron reconstruirse desde cero”. La Nación aclara en forma llamativa: “la ayuda externa y las inversiones provenientes de otros países colaboraron en la recuperación de esas naciones, pero no fueron lo primordial”. Y aquí viene el mensaje: “el Estado estaba quebrado y no se hallaba en condiciones de financiar ni de operar inversiones, pero contra ello sus gobiernos establecieron un marco atractivo para la inversión privada. De la respuesta dependía el éxito de la recuperación. Si el empresariado local fracasaba, la recuperación se hubiera demorado o tal vez nunca se hubiera producido”. De la muy limitada lectura que hace del proceso de reconstrucción de posguerra, saca una conclusión—lección para Argentina: “tanto Alemania como Japón apoyaron su crecimiento y modernización principalmente en grupos empresarios locales”.

Por supuesto que el ejemplo no concuerda en absoluto con las características económicas y sociales argentinas. Tanto Alemania como Japón habían desarrollado en las décadas previas una formidable musculatura industrial, habían construido capacidades productivas, tecnológicas y organizacionales tales, que fueron la base de los delirantes proyectos expansionistas, pero también de las posibilidades de reconstrucción posteriores. Claro que estos dos países derrotados hubieran tenido un destino de subdesarrollo si no hubiera estado presente “el peligro comunista” y la determinación norteamericana de “contener” el comunismo, propiciando la rápida recuperación de las “zonas de frontera” ante el temor de un vuelco masivo anticapitalista en el continente euroasiático.

El desarrollo alemán y japonés –muy anterior a la posguerra– había tenido como precondiciones la construcción de un estado nacional eficaz y activo, un empresariado inversor, enraizado en la nación y que apostó fuerte al desarrollo científico y tecnológico local, y un proyecto de inserción internacional basado en la actividad económica central del siglo XX, la industria. O sea, exactamente lo opuesto a las ideas tradicionales de La Nación.

Más allá de que la historia económica seria no sea el fuerte del diario, importa que La Nación advierta que no se puede esperar “la salvación” de la inversión extranjera. Que el Estado deberá crear el marco institucional propicio, pero que su función no será invertir. Quienes deberán invertir serán los empresarios privados, los “grupos empresarios locales” al estilo alemán y japonés.

Pasando en limpio el mensaje: la función del Estado no es invertir. El capital extranjero no será protagonista central del proceso inversor. Por lo tanto, todos los focos del esfuerzo inversor en pos de la recuperación se ponen en el empresariado local.

Empresarios

Una vez dicho esto, La Nación nos sorprende con un párrafo que por sus características se acerca las mejoras tradiciones críticas de los cientistas sociales argentinos (Sábato, Schvarzer, Khavisse, Basualdo, Azpiazu), aquellos que han estudiado con espíritu no apologético el comportamiento del gran empresariado realmente existente, y en especial la deriva neoliberal de las últimas décadas: “La Argentina y sus empresarios deben mirar estas historias y otras más. Deben ser conscientes de que en las últimas décadas, el espíritu emprendedor decayó y eso se manifestó en la venta de empresas de capital local a grupos y fondos del exterior. No es el caso repudiar ese fenómeno desde una visión chauvinista o meramente ideológica. Lo que desalienta es que refleja una carencia de vocación empresarial por el riesgo y por el esfuerzo. La contrapartida de esa declinación fue la fuga de capitales y la falta de reinversión en actividades productivas. El producido de esas ventas fue al exterior en colocaciones financieras o inversiones inmobiliarias.”

El editorial convoca a los empresarios a “mirar estas historias” para aprender de ellas. Pero lo que se busca no es un enriquecimiento intelectual, meramente. Se los convoca a mirar historias de empresariados exitosos, en el contexto de la lamentable trayectoria de “las últimas décadas” en la cuales “el espíritu emprendedor decayó” y condujo a “la venta de empresas de capital local a grupos y fondos del exterior”. Es de celebrar que un medio tan transparentemente pro-empresario mencione uno de los episodios económicos más silenciados de la historia económica reciente: la masiva venta de grandes empresas privadas, ocurrida precisamente en los años ´90, al capital extranjero. El hecho es de extraordinaria importancia, ya que ocurrió en un período en que había “plena confianza en el modelo económico de libertad de mercado”, y dónde el gran empresariado se cansó de ponderar los méritos de las reglas de juego establecidas, y la brillantez de la conducción política y económica del experimento neoliberal.

Fue precisamente en esa década, en donde se produce la retirada masiva del gran empresariado de su sitio privilegiado como “el actor del crecimiento”. No fue provocado por la persecución y opresión de un gobierno estatista, ni dirigista, ni desarrollista, sino por un proyecto político económico ampliamente apoyado por los mismos sujetos que terminaron vendiendo sus empresas y abandonando el rol que “la economía de mercado” les había reservado.

Es difícil explicar de dónde proviene el “espíritu emprendedor” y establecer cuando se produjo su declinación. Llama la atención que la toma del poder que efectuaron vía menemismo los grandes empresarios no les haya infundido nuevamente las ganas de invertir, sino precisamente lo contrario. Controlar el sistema político y los tres poderes del Estado, diluir la identidad de los grandes partidos nacionales en el objetivo de “gestión” neoliberal, contar con el apoyo irrestricto de los principales medios de comunicación, gozar de un clima internacional de “fin de las ideologías”, lograr debilitar al mundo del trabajo con flexibilizaciones y desempleo, debió haber permitido superar la declinación del “espíritu emprendedor” y volver a una actitud fuertemente inversora. Sin embargo, nada de eso ocurrió. Al contrario: primó la actitud de abandonar su lugar en la economía nacional, y cederlo al capital extranjero.

Restricciones

La Nación se cuida “de repudiar ese fenómeno desde una visión chauvinista o meramente ideológica”. No nos confundimos sobre el diario centenario: nada más alejado de su espíritu que el nacionalismo, siempre confundido con el “chauvinismo”. El subsiguiente rechazo “a la ideología” es para el consumo del típico lector de derecha, que se siente a salvo de tener “ideología”. Pero el editorialista se siente desalentado porque esa venta de empresas “refleja una carencia de vocación empresarial por el riesgo y por el esfuerzo”. Bueno, al fin mencionamos las cosas por su nombre. Hace más de 20 años, Hugo Nochteff escribió Los Senderos Perdidos del Desarrollo. Elite económica y restricciones al desarrollo en la Argentina, un ensayo formidable con el cual pueden comprenderse muchos de las peripecias de este empresariado “sin vocación por el riesgo y por el esfuerzo”. Son ya décadas de prácticas económicas rentísticas y especulativas. Son repetidos los fracasos de las políticas económicas neoliberales que llevaron a crisis severas. Allí están los discursos de Martínez de Hoz, esperando a un empresariado argentino que la competencia internacional haría eficiente. Nunca llegó, pero sí las quiebras bancarias y la deuda externa. Allí está el “milagro” de la convertibilidad de Cavallo, esperando a los innovadores locales, hijos de la economía abierta y libre, que sólo atinaron a “borrarse” de su lugar como empresarios y fugar sus capitales al exterior.

Fuga

Como nunca antes, La Nación admite el fenómeno, y describe con inesperado realismo sus efectos: “La contrapartida de esa declinación fue la fuga de capitales y la falta de reinversión en actividades productivas”. Es más que oportuno señalar esto, en un momento en que por procesos políticos internacionales –que la derecha local preferiría que no ocurran dada su altísima exposición–, se ha puesto sobre el tapete el tema de las guaridas fiscales, las empresas off-shore y la forma sistemática en que buena parte del alto empresariado latinoamericano saca parte de los recursos producidos localmente y priva a sus países de la inversión necesaria para superar el atraso. Todo un entramado institucional global, que les facilita a los empresarios locales extraer fondos del circuito productivo y colocarlos más allá de las fronteras nacionales. El caso de los Panama Papers es, en ese sentido, un ejemplo más de este accionar adverso al riesgo, a la inversión productiva y adicto a la fuga de fondos líquidos. El “cepo” cambiario era odiado fundamentalmente por esa misma razón: constituir una traba a una práctica sistemática del alto empresariado: poder enviar, bajo la forma de divisas, parte de la riqueza obtenida en el mercado local.

Luego de denunciar las flaquezas de dicho empresariado en enfrentar con contundencia al kirchnerismo, La Nación vuelve a abandonar el mundo real, para optar por una cita de manual convencional de economía: “El rol esencial e indelegable del empresario es el de crear valor, organizando ideas, trabajo y capital, de manera eficiente. Esta debe ser la tarea de un empresario y no la lucha por favores regulatorios o impositivos que desvirtúan su verdadero rol y lo desmoralizan. La venta de la empresa suele ser el punto final de ese ciclo, no sin antes pasar por la insuficiencia de reinversión y de innovación.”

Fantasía

Esta descripción refleja una fantasía cuasi infantil de un mundo ideal que no existe en ninguna parte: el entramado económico no se constituye a partir de empresarios inspirados, sino de un tejido político, institucional y tecnológico, donde la presencia de lo público es sustantiva. Es desagradable para el editorialista, seguramente, tener que enfrentarse con las características reales de la economía argentina, modelada en buena medida a imagen y semejanza de los empresarios campeones de “los favores regulatorios o impositivos”. Y que encontraron precisamente su paraíso en los períodos en que accedieron plenamente al poder, justamente para multiplicar esos “favores regulatorios e impositivos” –y otros muchos más, de carácter estructural– en detrimento de cualquier aumento en la inversión y la innovación.

La Nación se ve impelida a abandonar el análisis concreto, cuando la figura de empresario “carente de vocación empresarial por el riesgo y por el esfuerzo”, amigo de los pasillos del poder, experto en acumular activos sin producir riqueza ni generar innovaciones –la quintaesencia del empresario que no cumple ninguna función económicamente útil–, se acerca sugestivamente a la trayectoria de negocios del grupo económico del cual proviene el actual presidente argentino.

Las perspectivas no son promisorias para el gobierno si descarta la inversión pública por razones ideológicas; si no es posible esperar mucho de la inversión extranjera –dada la situación internacional y el lugar que se le asigna Argentina en la división internacional del trabajo–, y las inversiones productivas creadoras de crecimiento genuino quedan libradas al comportamiento del empresariado local realmente existente. Sin embargo, ante la nada y el vacío, el diario fundado por Mitre, después de descubrir que los Reyes Magos son los padres –o sea que los empresarios schumpeterianos son en realidad rentistas y fugadores–, vuelve a soñar que, por algún milagro insondable, podrían existir los Reyes Magos.

Pero en la realidad argentina de 2016, en materia de crecimiento económico y progreso material, el esquema neoliberal del gobierno de Macri está jugando una partida de truco con un cuatro de copas y otras cartas similares. No cuenta con ningún actor real dispuesto a invertir e innovar en serio, se niega por razones políticas e ideológicas a utilizar al Estado, y por lo tanto no tiene progreso tangible para ofrecer al país. Cuando se juega al truco con cartas tan malas, sólo queda el recurso de mentir, y fingir que se cuenta con una mejor dotación de recursos para ganar”.

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15 respuestas a “La Nación” (diario) y los empresarios

  1. Silenoz dice:

    Que se yo…. no hay forma….me cuesta creer que los lectores promedio tradicionales de la doctrina tomen estas notas y editoriales como representativas de sus pensamientos e “ideología”… ahhh no pará.. cierto que no la tienen

    A menos que los consideren “medio pelos” o “empleados medio” a concientizar

    • Norberto dice:

      Lo que ocurre Erkekjetter es que Aronskin es un economista que es mas frecuente en Página o Tiempo, que el pasquín lo haya publicado es una anomalía, como lo ha sido la instrumentación de políticas similares a las que representa durante estos últimos doce años anteriores al 10 de diciembre.
      Nunca menos y abrazos

      • Silenoz dice:

        Le aclaro cro. por que me pa’ que algo se pianto’

        Lo de Aroskind fue publicdo en P/12 y critica una editorial del pasquín mitrista.

        Me expresé mal (como de costumbre) pero lo que quise señalar es me resulta difìcil de creer que el “lector tradicional promedio” del mitrismo asuma como representativa de su pensamiento o ideología, al menos esa editorial del pasquìn. Es más, se me ocurre que el “oligarca” que leyó esa editorial, se habrá cagao’ de risa con las invocaciones y demases dosis de “usos moral y buenas costumbres”

        Saludos

  2. JoaquinEsnaola dice:

    Ni Argentina ni latinoamerica son protestantes.
    Son Catolicas (en el mejor de los casos) hijas culturales de la colonizacion española en epoca de la contrareforma.

    El catolico medio en Argentina no tiene ni idea de que es la discusion por la transubstanciacion de la sangre de Cristo, -solo por mencionar un ejemplo de las muchas diferencias teologicas entre el catolicismo y el protestantismo- ni le importa.

    De la mano de ello tampoco los conceptos eticos, que incluyen el trabajo y la generacion de riqueza, son los mismos.

    En Argentina -y en latinoamerica en general- ser pobre es una virtud. (derivada quizas de la catolica (?) interpretacion del Sermon de la Montaña ):
    Bienaventurados los pobres, porque de ellos sera el reino de los cielos.

    Ergo ser rico es condenado etica y culturalmente.

  3. Capitán Yáñez dice:

    El que escribió esa hijopuidiotez recomienda “La Argentina y sus empresarios deben mirar estas historias y otras más”. A él podría recomendársele que “mire” la historia de los Krupp, ya que pone a Alemania de ejemplo.
    A veces no se termina de entender si a los escribas de ese tipo los inspira la hijoputez o la candidez.

  4. guillermo dice:

    Este artículo padece del síndrome Hermanastra de Cenicienta, hacer calzar el zapato de la ideología en el pie de la realidad. El desmantelamiento de la industria argentina, particularmente la gran industria, empezó bastante antes de Menem o Martinez de Hoz. Los empresarios mas chicos siguieron la tendencia marcada por los grandes.

    Durante gran parte del siglo XX Argentina tuvo cuatro grupos industriales en 1a línea, 100% argentinos: Bunge&Born, Bemberg, Fortabat, Siam. Bemberg fue expropiado por Perón. Cuando recobraron parte de las empresas, hacia 1960, no reactivaron el sector industrial, expandiendose en cambio en otros países, y vendieron lo ultimo que les quedaba de Quilmes hace poco. Tras el secuestro de los hermanos Born en 1974, B&B se deshizo de sus actividades industriales en Argentina (que expandió fuerte en Brasil y otros países). Siam tuvo una serie de crisis financieras durante los 60s e inicios de los 70s (generalmente relacionadas con los sistemáticos desastres cambiarios argentinos; uno de ellos se llevó puesto al grupo De Ridder en 1961, otro grupo agro-industrial argentino) hasta casi desaparecer. Ninguno de estos casos de 1ra linea fue resultado de Martinez de Hoz o Menem. Ni Bemberg ni Bunge han dejado de crecer fuera del pais, solamente en Argentina. Fue una decision deliberada de management, no el resultado de ineptitud empresaria o inercia.

    El artículo pone mucho énfasis en que el empresariado argentino, cacareando su apoyo a Menem y la maravilla de sus políticas (cierto) no invirtió (cierto). Al contrario, aprovechó para sacar todo el capital que pudo (cierto). Pero tambien cierto es que el grupo Fortabat, via Amalita, no solo cacareó su apoyo sino que invirtió mucho endeudandose, construyendo en Catamarca la cementera mas moderna de Sudamerica, y ampliando sus otras fábricas. Cuando vino el desastre consecuencia de Menem/Cavallo (y de la Rua manteniendo sus politicas), Loma Negra tenía 7 fábricas. Para 2002 la fábrica mas chica tenía una capacidad de producción doble de la demanda nacional de cemento entonces. No le quedó otra que liquidar la compañia al mejor postor, brasilero, para poder levantar deudas contraidas para expandir. Los que no invirtieron vendieron en las condiciones que quisieron, la que invirtió vendió como pudo, acorralada. Parecería que tan estúpidos no fueron en liquidar y sacar el capital antes del desastre.

    Argentina, bajo todos los gobiernos desde Illia ha sido sistematicamente desmanejada en lo económico, gobiernos del lado que fuesen. Si se toman los tres gobiernos K como un ciclo, ningun gobierno democratico de 1983 hasta hoy (con la excepción Duhalde-Lavagna), dejó el país en condiciones económicas mejores que cuando lo recibió. La probablemente irreversible falta de confianza a largo plazo entre inversores ( resultado de la inestabilidad producto de malos gobiernos, y la consecuente desinversión), tiene mucho mas que ver con la desindustrialización que supuestas maldades de caracter de los empresarios argentinos. Que hacen negocio donde les parece les va a ir mejor, sean argentinos o no. Pero la supuesta maldad es mucho mas excitante que la realidad, particularmente si se está saltando en la plaza escuchando al Mesias de turno.

    • Silenoz dice:

      Acá tenemos un clarísimo ejemplo de pensamiento mágico -que no es de extrañar si proviene del beefeater- pero la simpleza del pseudo razonamiento no se puede ocultar a pesar de la gramática:

      El susodicho plantea el caso Amalita aduciendo que invirtió en fábricas fenomenales y ”cuando vino el desastre” se fundió, la pobre lumpen no tuvo más remedio que reviente y fuga para lo cual, supongo, no le quedó otra que contratar al lavandero albacea en funciones actuales en Hacienda.

      El susodicho asume la defensa con un discurso como si fuera el PyME de la vuelta de mi casa, un “entrepeneur” que guiado básicamente por intuiciones y confiando en su suerte el tipo no puede pagar el torno que se compró por que los bulones que fabricaba, por esas cosas de los gobiernos, se los tiene que meter en el …………. (Complete de acuerdo a su saber y entender).

      En definitiva, resumible en dichos tales como : Confié y aposté por el país y el GOBIERNO ME DEFRAUDO, me estafó me cagó…

      El problema de algunos de estos tipos de planteos es que se lanza desde el chiquitaje asumiéndose un jugador de las grandes ligas, sin siquiera haber participado en ella más allá de observar el match -con mucha suerte- desde alguna platea.

      Y, a pesar de intentar mostrarse ética, moral y racionalmente intachables a veces sólo demuestran una profunda ignorancia e ingenuidad

      Veamos si es el caso:

      1. Amalita no era un “entrepeneur” de la vuelta de mi casa sino una gran empresa

      2. Por lo de arriba cuando una empresa de este tipo decide ampliar su capacidad productiva, en general recurre a mucho más que especulaciones, corazonadas, creencias e instinto, normalmente sus decisiones de inversión buscan sumar otro tipo de indicadores más confiables, robustos y, sobre todo, más palpables que induzcan con mayor potencia la decisión de hundir guita que, de acuerdo a su escala, no era trivial

      3. Amalita no podría desconocer que, en general, la industria del cemento (principal protagonista) es mercado internista y, en particular, dependiente de la obra pública

      4. Amalita no era una empresaria alejada del poder, todo lo contrario: tenía las 4 patas metidas con el mendeznismo, con lo cual ese ”desastre” por lo menos lo debería haber sospechado

      5. Por lo de arriba, no podía desconocer del todo que ese ”desastre” a venir atentaba, a la larga o a la corta, contra sus intereses sin prever que su ” fábrica mas chica [terminará con] una capacidad de producción doble de la demanda nacional de cemento entonces”

      En realidad la explicación del devenir de la, en aquella época, nueva indigente Amalita por haber sido estafada en su buena fe apostando al país, entra en las generales de ley que les cabe a nuestros “animal spirits schumpeterianos” como simples rentistas fugadores

      Sin entrar en detalles sobre el ascenso de dicha burguesía como actor relevante antes de los ’90, sólo decir que muchos o la mayoría crecieron a la luz de “regímenes de promoción industrial”, contratitos con el estado apalancados en morlacos foráneos y cuando las papas quemaron, “el estado” los salvó con los “seguros de cambio”.

      Para cuando se inicia la convertibilidad y en el marco de las privatizaciones con apertura y liberalización mediante y, tal cual su deseo, sin “intervención del estado”, los tipos intervienen a troche y moche con sus hojas de balances liberadas comprando empresas a crédito en dólares, montados en el clima de jolgorio inicial del 12 cutoas.

      La cosa cambia cuando, por esas cosas de la vida ¡cuánndo no!, el diablo mete la cola y la taba se da vuelta con el “tequila” (fines ’94) agravados por los sucesivos tropiezos vía crisis asiática, rusa y brasileña ‘in a row”, revirtiéndose los flujos de verdes.

      Sumado el deterioro del mercado interno, los muertos a levantar destinados a comprar empresas y sin protección del “financiador y salvador de ultima instancia” por la tan mentada y perseguida retirada del estados, los tipos no les queda otra que comenzar los revientes de sus empresas. Es entonces a mediados de los ’90 cuando se acelera el proceso de extranjerización sin retorno.

      Como bien dicen Marisa Duarte y Claudio La Rocca en “El retiro de los capitanes:
      los efectos de la convertibilidad sobre los grupos económicos nacionales”
      :

      ”La novedad fue que esta vez, no hubo cómo recurrir a la salvaguarda del Estado para socializar las pérdidas sin perder patrimonio, como había ocurrido en 1982. La política económica que los GEN apoyaron, terminó con esa posibilidad. La venta de sus propias “joyas” fue inevitable. Las empresas trasnacionales y los sectores financieros externos se hicieron mayoritarios”

      Ser plenos partícipes y protagonistas de la gran fiesta ” los convirtió en “impulsores” del modelo, ya que finalmente, aunque vendieron sus empresas insignia, pudieron fugar el capital obtenido por la venta de esas empresas al exterior, colocándolo en la actividad financiera o en la inmobiliaria. Si bien se toma nota de la desaparición de algunos grupos importantes, se lee en esa actitud la valoración primordial de su comportamiento microeconómico (fundamentalmente “rentístico”) sin estar a la altura de lo que significa constituirse en “burguesía nacional”, incapaz de llevar adelante un proceso de desarrollo autónomo.”

      Hay dos posibilidades:

      1- Los ñatos eran plenamente conscientes del resultado final y desde siempre especularon con reventar todo y jubilarse en el alguna playa de a Polinesia.

      2- O desconocían las consecuencias del modelo que impulsaban lo cual demuestra su poca vocación de sobrevivir por fuera del paternalismo del estado bobo, lo cual con todo, no parece haberles perjudicado sus “haberes jubilatorios”.

      En cuanto a los “mejores gobiernos” patético el que digo pseudo, el in o a razonamiento… el mejor gobierno fue el de Federico “el breve” Pinedo, sin inflación, desempleo, devaluación y, encima, con la shegua proscripta…

      Saludos papantas de baja calidad y legitimidad segmentada

      • guillermo dice:

        Planteo del post y el artículo:
        -La desindustrialización argentina (o la falta de crecimiento de la industria, menos dramático pero mas ajustado a los hechos) es el resultado de las políticas de Martinez de Hoz y Menem.
        – En el caso Menem, el empresariado argentino apoyó de palabra pero no con inversión.
        Mis comentarios:

        – La retirada de la industria por parte de los empresarios argentinos empezó por la retirada o desaparición de los grupos grandes antes de las políticas de Martinez de Hoz o Menem. Los demas siguieron el ejemplo cuando pudieron.

        – En el caso mas visible (y probablemente unico) de apoyo de un gran grupo industrial argentino a las politicas de Menem, terminó en la venta de la empresa a extranjeros. Los que vendieron sin apuro y al máximo y sacaron protegieron mejor su capital que la inversora.
        Tus ‘observaciones’ (no voy a entrar en tus descalificaciones personales, hacés acordar a las Sras en Playa Grande objetando a los ministros peronistas circa 1952. Los extremos se tocan, etc):

        El susodicho asume la defensa con un discurso como si fuera el PyME de la vuelta de mi casa, un “entrepeneur” que guiado básicamente por intuiciones y confiando en su suerte el tipo no puede pagar el torno que se compró por que los bulones que fabricaba, por esas cosas de los gobiernos, se los tiene que meter en el …………. (Complete de acuerdo a su saber y entender).

        Tanto el del torno PYME como Amalita serían idiotas si toman la decisión de invertir 2000 dolares o 200 millones basados en intuiciones y confiando en su suerte, como decís que digo (no se en base a que). Lo hacen en base a su experiencia y la situación como la ven, y como proyectan el futuro en base a eso. Diferente escala, por supuesto, pero el mismo principio. No existe forma infalible de prever el futuro, para las Amalitas o los torneros.

        En definitiva, resumible en dichos tales como : Confié y aposté por el país y el GOBIERNO ME DEFRAUDO, me estafó me cagó… En ningun lado digo eso, me referí a hechos. Amalita invirtió, le fue mal, los otros no invirtieron y vendieron en alza, les fue mejor. Lo que hacés, sacar conclusiones tuyas y ponerlas como si fuesen mias, sería ‘Objection, Your Honour’ en cualquier serie legal de TV, no digamos en la vida en serio.
        El problema de algunos de estos tipos de planteos es que se lanza desde el chiquitaje asumiéndose un jugador de las grandes ligas, sin siquiera haber participado en ella más allá de observar el match -con mucha suerte- desde alguna platea Asumo de esto que no sólo naciste en palacete de Palermo Chico, llegaste a tu posición actual en una especie de camino a Damasco de San Pablo pasando por directorios de grandes empresas y manejo de enormes estancias, lo que te permite hablar con autoridad sobre el tema, segun vos unica forma posible de entender la mentalidad y actitudes de los empresarios (hacés acordar a Victoria Ocampo diciendole a Sebreli que Proust no podia escribir sobre la aristocracia porque no pertenecia a ella, y Sebreli no podia interpretar a Proust porque no conocia el mundo que P describe) Si ese no es el caso, entonces lo tuyo sería tan ‘chiquitaje’ como lo mío, suponiendo que tus presunciones sean ciertas. El atoramiento con tus odios y frustraciones de pobre fracasado docente con mal sueldo te impide ver que el arco al que estas pateando es el tuyo.
        5. Por lo de arriba, (Amalita) no podía desconocer del todo que ese”desastre” a venir atentaba, a la larga o a la corta, contra sus intereses sin prever que su ” fábrica mas chica [terminará con] una capacidad de producción doble de la demanda nacional de cemento entonces”
        O sea que Amalita sabía que se venía el desastre pero, estilo el capitán del Titanic, siguió metiendose en el mar de témpanos. Si es asi, o era masoquista o era idiota respecto a sus intereses. No daba esa impresión, y no hacía falta conocerla para llegar a esa conclusión.

        No voy a seguir con el resto de las largas idioteces que escribiste. En la vana esperanza de que alguna vez entiendas algo que no es lo que ya tenés empotrado en el cemento de tu cavidad cranial, te reitero mi posición:

        – Argentina tuvo una 1a etapa de industrialización, digamos hasta 1930/40, en que aparecieron varios grupos industriales grandes, 100% argentinos, e industrias menores tambien argentinas .
        – Tuvo una 2da etapa de industrializacion liviana a cargo de argentinos, de 1939 en adelante, para substituir importaciones faltantes por la guerra. Perón alentó esa segunda etapa, con intentos de crear industrias mayores.
        – La 3a etapa de industrializacion fue con el salto desarrollista de Frondizi, pero ahi ya no hay capital argentino significativo, es solo inversion extranjera.

        Todas estas etapas industriales eventualmente llegaron al mismo cuello de botella al que se refiere Abel en su post sobre Campo e Industria: la inviabilidad de la industria argentina en general como exportadora, salvo en casos aislados. Eso la deja totalmente dependiente del mercado interno, que no es ni lo suficientemente grande ni lo suficientemente estable como para sostener un aparato industrial de proporciones. Todos los paises industrializados en serio, sin excepcion, lo han hecho en base a la exportacion como factor tan significativo como su mercado interno, o mas. La exportacion es la valvula de escape cuando el mercado interno flaquea.

        Ese cuello de botella, para mí, es la razón esencial por la que los grandes grupos argentinos o cayeron o se fueron a otros países. Sumada a la inestabilidad cíclica de la economía y su declinación permanente en terminos relativos a posicion mundial, me parece una explicación mas creíble de la desindustrialización que teorías psicológicas sobre perversidades especificas a los empresarios argentinos. Que sin duda fascinan a licenciados en ciencias humanas, pero los empresarios (en Argentina, o cualquier lado) no son tan complicados (si, ya se, hablo de lo que no conozco, pero como ya estableciste que soy un infeliz sin remedio me permito el privilegio de mi condicion): quieren hacer su negocio, y no perder. Es el estado el que pone las cotas que hacen posible que eso ocurra en forma constructiva, o de mala manera.

      • Mariano T. dice:

        El hecho es que Amalita vendió en la década ganada, y no en los 90. El resto es sarasa.
        Ledesma hace 4 años que esta en venta.

      • Mariano T. dice:

        Queda el grupo Techint, que ya empezó el proceso de internacionalización que hizo Bunge en los 70, por si las moscas.
        Tengamos en cuenta que al retirarse Amalita, este grupo quedó al tope de la lista de “villanos” del kirchnerismo. Calculo que ese debe ser lo que desde ese grupo político consideran “estímulo” a la inversión.
        Y cuál va a ser entonces el desarrollo industrial para la Argentina que se postula? Ya que los empresarios extranjeros no sirven, y los argentinos no sirven para empresarios industriales.
        Grandes fábricas estatales como en la URSS?
        Esas fábricas funcionaron bien, y no echaron gente, mientras tuvieron el pelotón y el gulag como opción al fin de la relación laboral (No laburar al ritmo pretendido era “sabotaje” hasta que se murió el Padrecito). después se disolvieron lentamente.
        Hay unas cuantas cosas para repensar.

      • guillermo dice:

        Ya que estamos en el tema de cosas en venta ahora, Loma Negra tambien está en venta desde hace un anio. Los empresarios brasileros tambien son fugadores de capital, rentistas, etc.

  5. Rodrigo dice:

    Gracias por la mención estimadísimo! El comentario de Guillermo seguro que le echa la culpa al peronismo. ¡Me juego el aguinaldo! Ni lo leí, ya sé la respuesta. bla bla bla Perón bla bla bla “iluminado” bla bla bla Perón bla bla “populismo” bla bla “en este país” blabla bla. Es casi querible de tan obtuso.

    • guillermo dice:

      Gracias, Rodrigo, por hacerme mas facil contestar que meterme en los delirios de tu companero de lucha arriba donde cada parrafo contradice al anterior (salvo cuando cita textos de otros, cosa que deberia hacer mas seguido para aliviar al lector). Con respecto a tu joya de honestidad no leo porque ya se lo que dice expresa muy bien tu amplitud de pensamiento..

      Si hubieses leido verias que no le echo la culpa a Peron de nada, fuera de mencionar la expropiacion Bemberg como menciono el secuestro Born o las muchas crisis cambiarias de los 60s y 70s, hechos incidentales (los dos ultimos no relacionados con Peron) que marcan el punto de inflexion y desindustrializacion de grupos mencionados, anteriores a Menem o Martinez de Hoz, tema del post. Mi posicion frente al tema es que, por razones varias (Peron irrelevante al respecto a esta altura) Argentina hace mucho que dejo de ser vista por inversores (Menem 1990 el ultimo episodio) como un pais creible o confiable para grandes inversiones fijas a largo plazo, para mi el problema de fondo en la caida de inversion en industria. Si eso es cambiable mejorará, y si no seguirá en constante declinacion relativa, proceso que ya lleva casi un siglo, y puede continuar por dos o tres mas, como ha pasado varias veces en historia de paises.

      Si seguis empleado a fin de anio (si tus creencias infalibles sobre Macri son ciertas, dudoso) tu aguinaldo que perdiste en apuesta donalo a Los Piletones, por favor.

      • Rodrigo dice:

        Guillermo, no tengo muchas ganas de enriquecerme con tus aportes. Tal vez más adelante me prenda en algún diálogo contigo. Ahora ni ganas. Saludos!

  6. Diego dice:

    En los 90’s desde un comienzo se sabía que no iba a haber terreno para el crecimiento de la industria nacional: Si adrede se infla el tipo de cambio como pasó con la Convertibilidad, la industria local arranca menos diez. ¿Cómo un maestro de escuela o un empleado judicial van a optar por el celular marca Panchito si te alcanza fenenómeno para el i-phone último modelo? El primer cliente de los experimentos locales, siempre es el mercado local, ¿o le quieren vender a alguien la tecnología criolla que acá en el subdesarrollo preferimos no consumir? No funciona así, ni acá ni en ningún lugar del mundo. LG y Samsung primero le vendieron a todos los coreanos del sur y después, una vez fuertecitos, salieron al mundo bien baratos, con los años transcurridos, empezaron a cotizarse.

    O sea, con esto quiero decir, los 90’s fueron un currito del sistema político argentino. Nunca tuvieron futuro. Ahí se terminó de afincar la lógica política que manda enriquecerse uno mismo ante todo, y después, si me despierto de la siesta, vemos. Ese es el enemigo, más allá de Diamand más o Ferrer menos.

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