El mejor cuadro del kirchnerismo

abril 30, 2015

lagarde

Una frase usual en la fauna politizada (nosotros) es: “Lo mejor que tiene el kirchnerismo son sus enemigos“. Es superficial y cínica, como mucho de la discusión politizada, pero apunta a algunas realidades muy concretas (eso también es frecuente).

El sentido más obvio es que la presencia de algunas figuras y algunos intereses en la “vereda de enfrente” de este gobierno, hace que para muchos que cuestionamos algunas de sus políticas y de sus métodos, resulte más fácil – y más legítimo – apoyarlo. Un ejemplo, importante pero uno más en una larga lista: Si sabemos – es público y notorio – que el fondo buitre Elliott Management financia ataques a esta administración, dentro y fuera de Argentina, el contenido de esos ataques queda desvalorizado. No sólo por la asociación con el que los paga – una variante particularmente corrupta y depredadora del negocio financiero – sino además porque resulta evidente que van a manipular los datos y sesgar sus conclusiones de acuerdo a sus intereses. Y nadie tiene tiempo y recursos para investigar en detalle todas las acusaciones.

Otro aspecto de lo mismo es la repetición por algunos figurones y por los medios opositores de las mismas profecías de desastre económico, o de ataques berretas (Sabsay gritando “¡Que la Presidenta me muestre su título de abogada!“; a los que conocemos un poco de la política en otros países nos recuerda a los que exigen que Obama muestre su partida de nacimiento).

Dejando de lado el rencor histérico que despierta en no pocos “lo K”, y más allá de la validez o no de los argumentos económicos, es extraño que los profesionales de la comunicación de ese lado no se den cuenta que la repetición obsesiva del mismo mensaje lo convierte en un ruido de fondo, le va restando eficacia en el tiempo. Probablemente ha contribuido a crear, es cierto, en los argentinos hostiles o indiferentes al gobierno una especie de vago consenso sobre lo malo que es. Pero esa atmósfera colectiva influye muy poco en sus actos. Las manifestaciones de protesta, los cacerolazos, se diluyen al poco tiempo. Y en lo decisivo, el voto… los resultados electorales del 2011 debieron haber sido muy claros para marcar los límites del ruido mediático. Nadie cree que el 54 % de los argentinos son kirchneristas fervientes, no?

Resulta evidente que ese año votaron por Cristina Fernández muchos que en sus casas hablaban mal de su gobierno. Estoy razonablemente convencido que este año sucederá lo mismo con el candidato del Frente para la Victoria. Porque el empeño que ponen sus adversarios en demonizar al kirchnerismo, aparentemente les impide percibir que más importante es convencer que hay una opción mejor (Creo que hay motivos para esto, pero eso será para otro posteo).

Hay otro sentido, más profundo, que está detrás de la frase “Lo mejor que tiene el kirchnerismo son sus enemigos“. La experiencia kirchnerista forma parte, por su origen y por sus apoyos fundamentales, de la historia del peronismo. Y comparte necesariamente su “desorganización organizada”, la ausencia de estructuras formales y de criterios estrictos de pertenencia. A mi amigo Manuel Barge le gusta compararlo con un enjambre.

Ahora bien, esa experiencia kirchnerista está muy alejada en el tiempo, y en las circunstancias de la Argentina y del mundo, del peronismo fundacional. Desde la Constitución de 1949 a la naturaleza del liderazgo, resulta imposible reproducir elementos básicos de la experiencia de 1945/55.

Es real que ser el “Partido de los de Abajo”, que sus votos vienen, en su gran mayoría, de los sectores más pobres y desprotegidos de nuestra sociedad, condiciona su naturaleza. Pero no asegura los objetivos – recordemos la experiencia menemista – ni mucho menos determina los instrumentos. Para dar un ejemplo: el gobierno K ha avanzado muy poco, y eso en la etapa más reciente, en la creación de Empresas del Estado, que fueron herramienta esencial del peronismo histórico.

El planteo que estoy haciendo es que han sido sus enemigos, o circunstancia adversas, los que forzaron al kirchnerismo a sus avances más significativos y también a forjar sus propias herramientas. La nacionalización del sistema previsional y la estatización de los fondos de las AFJPs, se da en noviembre 2008, a cinco años y medio de haber accedido al gobierno. Es conocido que la relación con el Grupo Clarín fue un largo idilio, cuyo punto culminante fue la prórroga de la concesión de las licencias de radio y TV para CableVisión. Fue cuando Clarín ataca al gobierno durante el enfrentamiento con las patronales rurales en 2008, que se inicia el proceso que lleva a la Ley de Medios.

Fue el fracaso del – bastante irresponsable – experimento con la inclusión del Grupo Petersen en Repsol lo que llevó a la recuperación de YPF. Y la política con los ferrocarriles – que tanto impacto tiene en el escenario actual – es hija directa de la tragedia de Once, en febrero 2012, y sus repercusiones.

Esto da para mucho más, pero ya es un posteo largo. Lo que quiero señalar antes de cerrar es algo con consecuencias prácticas. Y que me permite hacer una recomendación profesional para la campaña presidencial, y hasta para las locales, como la que ahora se reanuda en la Capital.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de anunciar que la Argentina deberá aplicar un programa de reducción fiscal y devaluación del tipo de cambio para retormar la senda del crecimiento económico.

Es por eso que digo que su Directora Gerente, Christine Lagarde, que nos sonríe desde el encabezamiento, debe ser considerada el mejor cuadro del kirchnerismo. Al margen de, como dije antes, de las medidas que se tomen. Estamos hablando de la campaña electoral.

Porque el oficialismo, que está convencido que encarna la justicia social y el amor por los pobres, entre otras cosas, debe tomar en cuenta dos elementos: que algunos argentinos no comparten esos valores. Y que otros no creen que el kirchnerismo sea eso. Y que entre esos dos sectores suman bastantes, cómo no.

Entonces, para polarizar, debe elegir cuidadosamente en torno a qué. Si quiere hacerlo desde el “kirchnerismo puro”, podrá juntar aproximadamente un 10 % de los votos totales.

En cambio, si hay algo que la mayoría de los argentinos tiene grabado en su memoria con carga negativa, son las palabras “ajuste”, “devaluación”, y similares. Y el Fondo Monetario Internacional no despierta buenos recuerdos, tampoco.

No es que los candidatos de la oposición saldrán a agitar esas banderas. No son tan idiotas, al menos la mayor parte de ellos. Pero les cuesta rechazarlas con firmeza, por temor a los intereses mediáticos que los sponsorean.

Y la experiencia kirchnerista puede mostrar legítimamente que se resiste a recurrir a esas medidas. Y que, cuando recurre a ellas – porque devaluar está devaluando y nunca ha dejado de hacerlo – lo hace con moderación, para los antecedentes argentinos, y procurando atenuar sus consecuencias.

Recomiendo, entonces, a los candidatos del oficialismo el identificarse con el rechazo a las políticas que favorece públicamente la compañera Lagarde. Aún donde es muy difícil el triunfo, como en la Capital, es la identidad más solida para la construcción política.


Más sobre 7 semanas y media

abril 29, 2015

Esta es una actualización corta. Y el motivo principal es que hoy a la madrugada, por un error mío, se publicó un borrador viejo (de más de 6 horas) e incompleto del posteo. Los suscriptores deben haber recibido por mail esa versión. Ya está corregida en el blog.

Además, les comento las elecciones que tendremos antes de la fecha crucial del 20/6: el 17/5, generales en Salta; el 24/5, PASO en Chaco; y el 14/6, generales en Río Negro y Santa Fe. Van a dar para pensar, antes de anotar las precandidaturas nacionales.

Y para los que no leen los comentarios ni siguen a tuitstars, les acerco dos reflexiones que no deberían perderse. Guido, uno de los comentaristas que enriquecen el blog, escribió “Es muy loco que después de tantas vueltas el Frente Renovador termine como una colectora de facto del FPV, en la línea de los hermanos Saá”.

Y @sergioranieri  tuiteó: “Si Frank Underwood fuera K colaboraría para llenar la cancha de Vélez. Es una gran noticia para el oficialismo que Massa no se baje“. Tiene razón.


7 semanas y media

abril 29, 2015

A lo mejor el título les sugiere otra película. Pero ésta tiene bastante lujuria y excitación. Porque en 7 semanas y media, el 20 de junio, vence el plazo para anotar todas las precandidaturas nacionales. Las que tienen que presentarse a las P.A.S.O. del 9 de agosto. Requisito para participar en la elección del 25 de octubre.

Diez días antes, el 10 de junio, deben registrarse los frentes y alianzas. El Frente para la Victoria; el – nombre a decidir todavía – que arman el PRO y la UCR con aliados menores; Unidos por una Nueva Argentina, el acuerdo de Sergio Massa y José Manuel De la Sota. También seguramente estarán el que arme el Frente Amplio Progresista residual en torno a la candidatura de Margarita Stolbizer; el Frente de Izquierda; más otras propuestas menores, pero no tendrán un rol en la pelea central.

Lo que importa, así es la política moderna, son los actores que participarán en esa pelea. Sabemos que Mauricio Macri estará anotado para la interna (formal) PRO-UCR-CC. También Ernesto Sanz, como su sparring. En el FPV estará Daniel Scioli (a los que – en el oficialismo o la oposición – mantienen la fantasía de un veto de Cristina, casi lamento desilusionarlos: de acuerdo a la legislación electoral, un candidato rechazado por las autoridades de su partido puede recurrir a la justicia ¿Alguien se imagina una campaña en ese contexto?). Florencio Randazzo jura que va a estar, como algo más que el sparring de Scioli. Cuenta con los recursos económicos y legales para hacerlo, y a esta altura estimo que sólo una indicación directa de la Presidente – después de todo, es su ministro – podría impulsarlo a optar por la gobernación de Buenos Aires, o la vicepresidencia.

¿Habrá otro contendiente en serio en la interna del FpV? Lo dudo mucho. La mayoría de los gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales del peronismo ya apoyan a Scioli; también una parte considerable de los aparatos territoriales y no pocos de los aliados progres en la coalición oficialista: La Cámpora no se pronunciará hasta, y si, lo haga CFK, pero se puede decir que DOS cuenta con la simpatía de algunos de sus dirigentes nacionales.

Por otro lado, Randazzo tiene cartas importantes: su gestión con los documentos, su gestión con los ferrocarriles, es un candidato más joven, y, una cualidad muy importante, no es Scioli. Esto último no es una ironía: tiene en principio el apoyo de todos los que desconfían del estilo descontracturado y no confrontativo del gobernador de Buenos Aires, y ya logró ser el desafiante instalado del que – como insisten los encuestadores – “más mide” de los posibles candidatos oficialistas.

No parece que haya lugar para otro competidor con chance, en una PASO: la red de apoyos, fiscales y miltantes que un precandidato debería armar en todo el país es exactamente la misma que para una elección nacional.

Teóricamente es posible que la Presidente – de lejos, la figura más importante del oficialismo, y que cuenta con los recursos del Estado nacional – pueda instalar otro candidato. ¿En 7 semanas y media, después de haber rechazado la posibilidad? Repito: teóricamente es posible. Sólo que me parece increíble que Cristina acepte correr el riesgo de una derrota, con la experiencia frustrante en la instalación de candidatos para cargos menos importantes.

Inclusive, no creo que desaliente a Randazzo para competir por la Presidencia – la posibilidad que esbocé antes – salvo que las encuestas le digan que una victoria del FpV estaría en riesgo si no participan en la elección del 25/10 sus dos candidatos más fuertes.

En cuanto a UNA, con Sergio Massa, José Manuel de la Sota y, quizás, con los hermanos Rodríguez Saá y algún otro cacique del interior que no haya cerrado con Scioli o con Randazzo… Cada uno de los impulsores de este acuerdo ha reunido muchos votos en elecciones en su provincia. En conjunto, … recuerdan en forma irresistible las repetidas y frustradas experiencias del Peronismo Federal, o “disidente”. Desde el “Potrero de los Funes” hasta la más reciente en 2011. No estoy seguro que se mantenga unida hasta agosto.

En mi opinión, la dificultad es estructural. Nace de creer que una “cooperativa” de dirigentes que “tienen” votos, pueden sumarlos en una propuesta. Se pasa por alto – porque se quiere pasar por alto – el hecho obvio que los votos los tienen los votantes. Y los pondrán en la urna si una propuesta los enamora. O, al menos, los convence.

Las PASO del 9 de agosto pueden verse como una oportunidad para torcer la lógica de lo previsible: para que Florencio Randazzo, o Sergio Massa, en otro proyecto, se muestre capaz de entusiasmar a una porción de los votantes lo suficientemente grande. Si no sucediera eso – poco frecuente en la realidad – lo más probable, creo yo entre muchos otros, es que en octubre se enfrenten por la Presidencia Daniel Scioli y Mauricio Macri.


Sigue la demagogia

abril 28, 2015

macri sin casco

Leo recién en La Nación, y se me ocurre que es una noticia bastante elocuente por sí misma. Pero como uno es incorregible, le agrego un comentario mínimo:

Mauricio Macri prometió mantener las paritarias y modificar Ganancias si llega a presidente. El precandidato presidencial por el PRO le garantizó esta tarde a los gremios del transporte la plena vigencia de las discusiones paritarias si accede a la Presidencia en las elecciones de octubre.

Por otra parte, Macri le ratificó a la conducción de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) que “combatirá la inflación” y aseguró que “modificará” la escala del Impuesto a las Ganancias para que no afecte al salario aunque no dio detalles al respecto.

Macri calificó como “altamente positiva” la comida que compartió con los representantes de los gremios del transporte que se llevó a cabo en la sede de La Fraternidad, ubicada en Hipólito Yrigoyen 1930, de esta ciudad“.

En el blog, y en otros sitios, he hablado de los “dos escenarios de la política argentina”. El principal, donde se enfrentan el gobierno nacional y la oposición. Y, otro, menos visible, donde se da la competencia entre quienes aspiran a ser Presidente. Es este otro escenario el que ahora está apareciendo con más fuerza.


Estampas de “fin de ciclo”: El caso Brasil

abril 28, 2015

Dilma

El término “fin de ciclo” se convirtió entre nosotros en una frase hecha del periodismo (el opositor, claro) que le evitaba analizar relaciones de poder, proyectos alternativos… Se acababa un ciclo – el kirchnerista – y listo.

A partir de mediados del año pasado, la frase empezó a mostrar un cierto deterioro por el uso. A esta altura del 2015… ya está inservible. Y sin embargo, hay etapas que se terminan, cómo no. El mandato presidencial de Cristina Fernández, por ejemplo. En el plano regional, se puede decir válidamente que ha terminado un ciclo de altos precios de las materias primas, que se correspondió, aproximadamente, con el ascenso de gobiernos que rechazan el paradigma neoliberal vigente en los ´90.

El punto es que debemos tener claro que, en asuntos humanos, lo de “ciclo” es sólo una imagen (con el perdón de Spengler) que nos ayuda a armar un “relato”. Por ejemplo, los precios de las commodities que exportan las naciones de América del Sur – con excepción del petróleo, estos últimos meses – son bastante mejores que los que tenían cuando la CEPAL alertaba del “deterioro de los términos del intercambio”. Y que CFK abandone la Presidencia, no significa necesariamente que sus políticas económicas sean descartadas, o que su poder político desaparezca. Las realidades del poder, local y regional, van a cambiar, claro, pero eso es una constante universal, que no depende de plazos.

Digo esto porque el poder de Dilma Rousseff, la Presidente de Brasil, reelegida hace sólo 6 meses por 4 años más, y que fue en la mayor parte de su primer mandato la mujer más poderosa de la América del Sur, se ha licuado aceleradamente. Eso no ha tenido que ver con un plazo constitucional, sino con decisiones, de ella,  y de otros actores,  que lo provocaron.

En estos días, Dilma se enfrenta a una prueba decisiva: Vetar, o no, una ley en proceso de aprobación que precariza a los trabajadores brasileños. Lula ha pedido el veto, y los que defienden los derechos laborales llaman a movilizarse para este viernes, 1° de Mayo. Les recomiendo leer este posteo de Ramble, que describe bien el dilema, en un reportaje a Ruy Braga.

Aquí quiero ofrecer un panorama más general. Por eso les copio este artículo de Marcelo Falak, que hace 15 días describió bien este proceso. Luego agrego un par de observaciones breves.

Entre el 26 de octubre del año pasado, cuando retuvo por tres escasos puntos porcentuales el Gobierno, y el 1 de enero último, cuando asumió su segundo mandato, Dilma Rousseff tomó una decisión que está signando su suerte: compensar aquella pérdida de poder relativa con una arriesgada decisión: pactar con los factores que marcan el paso de la política y la economía de Brasil.

Su promesa de campaña de un cambio dentro de la continuidad se ha concretado desde entonces más en lo primero que en lo segundo. Para empezar, con la convocatoria del ex banquero Joaquim Levy para el Ministerio de Hacienda, quien llegó con un plan de ajuste bajo el brazo que hace blanco, entre otras cosas, en las prestaciones por desempleo.

Pero ese intento de complacer a los mercados financieros, hijo del fracaso de una forma de heterodoxia que no impidió ni el despunte de la inflación ni la prolongación del estancamiento económico, tropezó pronto con resistencias en el Congreso. Resistencias oportunistas, que tienen como trasfondo el escándalo de Petrobras, cuyo dinero fluyó, con connivencias en el Ejecutivo, hacia las cuentas de decenas de legisladores. La resistencia, en algunos casos notables, asumió la forma nítida de la extorsión en busca de impunidad.

Los del Partido de los Trabajadores han sido, desde Lula da Silva hasta el presente, gobiernos con una cierta debilidad. Los votos les han dado mayoría para gobernar, pero nunca los dejaron ni siquiera cerca del control del Congreso. Esas mayorías necesarias se lograron siempre ex post, con el recurso al “presidencialismo de coalición”, que en el “Mensalão” de Lula y en el “Petrolão” de Dilma supusieron la compra impúdica de bancadas.

Sin embargo, la suma de una economía estancada, una devaluación brusca, políticas de ajuste y un escándalo de corrupción sin precedentes tiende más a alejar que a unir. Es la lógica de la mancha venenosa.

La rebelión del Congreso tiene como eje al más poderoso de los aliados del PT, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD), una confederación de cacicazgos regionales de talante conservador, que mantiene, pese a su tendencia a los escándalos de todo tipo, un envidiable despliegue territorial.

Al PMDB pertenecen el vicepresidente, Michel Temer; el jefe del Senado, Renan Calheiros; y el titular de Diputados, Eduardo Cunha. Si los dos primeros son las cabezas visibles del ala partidaria favorable a la alianza con el PT (o bien, oficialistas eternos, con quien sea que ocupe el Gobierno), el tercero es el referente del ala opositora. El resultado es que unos y otros operan sobre Dilma como el policía malo y el policía bueno. Cunha opera con eficiencia causándole al Planalto sonoras derrotas legislativas y los otros dos salen a surcir lo roto… siempre con ganancias de poder para el PMDB.

Un ejemplo de esto fue la votación de la generalización de la tercerización laboral en la cámara baja. Su artífice fue Cunha, pero el mismo día Temer debutaba como coordinador de la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, asegurándole a Dilma que el ajuste, finalmente, verá la luz.

La Presidenta se opone a un proyecto que supone la pérdida de derechos de la base trabajadora del PT, pero, rendida ante su debilidad, apuesta más a suavizar el texto para que el Estado no pierda recaudación impositiva que a dar verdadera batalla esgrimiendo su derecho de veto. El PMDB podría enojarse.

Cunha explicó, no sin cinismo, que el Planalto no tiene porqué considerar ese proyecto un avance de la oposición, ya que, salvo el PT, el resto de la “base aliada” lo respaldó en el recinto. Mientras, Dilma deja caer la aspiración del ala izquierda de su partido de imponer una ley de medios e intentará dejar atrás la crisis por el espionaje de la NSA yanqui y reconciliarse con Barack Obama.

Es inevitable en este contexto que muchos de quienes votaron a Rousseff en octubre, aun siendo conscientes de lo mucho y pésimo que había ocurrido en Petrobras, se sientan ajenos a un Gobierno que ya no sienten como propio. Así lo testimonia el escuálido 12 % de apoyo que las encuestas dan hoy a la mandataria.

En solo cien días de su segundo mandato, Dilma aparece desgarrada por la torsión conjunta de los mayores factores de poder. Mientras, la oposición y la prensa la martirizan diciendo que presentó una “renuncia blanca” y que dejó el poder en manos del PMDB.

La decepción suele cobrarse un precio demasiado alto“.

No conozco lo bastante de la situación de Brasil para juzgar las decisiones de Dilma en el marco de su economía (mis comentaristas ultra K – “ultra keynesianos” – ya lo van a hacer). Pero desde la política, caben pocas dudas que han sido errores graves.

Los mercados financieros, por su propia naturaleza, no negocian, ni garantizan poder político. Puede llevarse adelante políticas total o parcialmente favorables a ellos – Menem, Cardozo, para el caso, Reagan, lo hicieron … – cuando había sectores numerosos en sus sociedades dispuestos a bancarlas. Si no es así…

Como lección para políticos brasileños, y también argentinos, queda el dato que la aprobación de los medios, locales e internacionales, de determinadas políticas, no le garantizan nada al que las ejecuta. Y como decía don Giulio Andreotti “El poder desgasta a quien no lo tiene”.


Reflexionando, después de una derrota

abril 27, 2015

campo de batalla

Recién decía, en la columna de comentarios del posteo anterior: “Hoy hay análisis valiosos en varios sitios de la blogosfera K. Parece que los contratiempos estimulan el cerebro“. Son el motivo para que vuelva a escribir tan pronto sobre un tema que – orgullo porteño aparte – no es tan importante. Entonces, aclaro: este es un posteo para los que se interesan en la política como actividad y en lo que revela de nuestra sociedad.

Me parecieron estimulantes, para discutir, los aportes de Mendieta, el Escriba, Nestornautas. Recomiendo que los visiten (se abren en pestaña aparte). Seguro que ignoro muchos – no tengo tiempo para monitorear la blogosfera. Pero hay uno que quiero copiar aquí. Porque estoy profundamente de acuerdo con su enfoque (después discuto afirmaciones), y porque, viendo en las redes sociales la reacción de militantes K, pienso que es un mensaje necesario. Es éste, de Oscar Cuervo:

“En los barrios próximos a las villas miseria hay muchos votos por derecha. Son justamente las zonas que más progresaron. Las mejoras en las casas son evidentes, son barrios que se han beneficiado por la economía del país de los últimos diez años y es imposible encontrar un lugar para estacionar. Pero la villa está a ocho o diez cuadras y lo más importante no es el progreso personal, sino mantener esa distancia” dice Luis Bruschtein hoy en “La prosperidad de la clase media”, un típico análisis de cierto kirchnerismo al que le cuesta asumir sus déficits de construcción política y prefiere atribuírselos a la falta de claridad ideológica del electorado.

Lo preocupante de este planteo es que se convierte en la trampa perfecta para que esta serie ininterrumpida de derrotas que el kirchnerismo viene teniendo en la Ciudad de Buenos Aires desde hace años termine por ser asumida como una adversidad natural, atribuible a una necedad congénita de los porteños.
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Resulta llamativa esta incapacidad del kirchnerimo para articular una política dirigida a conquistar a los porteños, porque el componente progresista, igualitario y modernizante que forma parte de la genética k parecería tener en principio una base social afín entre los sectores medios porteños. Esos sectores existen y tienen una participación activa en la vida política y cultural de la ciudad, pero el kirchnerismo a lo largo de 12 años no mostró capacidad de encontrar los referentes que pudieran expresarlos y trabajar en la construcción de mayorías en torno a ellos.
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La subestimación al electorado, a la dirigencia y al modelo político del PRO por parte del núcleo duro del kirchnerismo forma parte de la inercia de este esquema: cuanto más se consolida la idea de que los porteños son gorilas por naturaleza, más se acentúa la incapacidad para tender puentes con un sector que no encuentra representación. Es la política la que podría cambiar este estado de cosas, pero para  eso habría primero que admitir que se ha ido a buscar a este electorado con una propuesta inadecuada. Porque la política no puede limitarse a insistir en que estamos en la posición justa pero “el electorado no nos entiende”, sino en producir las transformaciónes necesarias para sumar  voluntades.
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En la misma línea hay que reconocer la capacidad que el macrismo tuvo para convertirse en la fuerza hegemónica del distrito. Lo logró con las armas legitimas de la política. Una sucesión tan extendida de triunfos electorales en el distrito se consigue en la medida en que hay una eficacia no necesariamente de gestión, sino por lograr ser la expresión de expectativas de una base social. El trabajo del PRO en la ciudad no es solo el producto despreciable del marketing dirigido a votantes descerebrados, sino en el acierto de su propia batalla cultural. El PRO fue eficaz para transformar sus valores de derecha en una propuesta atractiva. Y su éxito no se logra solo adulando a una clase media desagradecida, despolitizada y con poca memoria histórica.
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Esos factores pueden estar presentes en el atractivo que el macrismo ejerce sobre un 50% de los vecinos, pero solos no alcanzan para lograr su éxito persistente. Una de sus hazañas es que esta cultura de derecha, insolidaria, individualista y antipolítica termina por ser asumida incluso por las clases pobres, que a la larga resultarán damnificadas por esa derecha que hoy enamora. No ganó solo entre la clase media, sino en todas las comunas. El PRO ya es una identidad política con base propia en BA. No es solo con votos antiK que lo ha logrado. sino que se han preocupado  por construir una base social que se identifica con esos valores.
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Algo mal estaremos haciendo para no disputarle esos votantes.
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Me fastidia mucho el mensaje del tipo: “Estos votantes idiotas, que no se dan cuenta del gobierno maravilloso que tenemos“. Por eso comparto el llamado de Oscar a asumir la responsabilidad fundamental del que pretende hacer política: sumar voluntades. No sirve aprenderse de memoria “Conducción política” sino se entienden esas dos palabras.
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Dicho esto, quiero agregar que veo cierto tremendismo en ese texto. Porque “el kirchnerismo, a lo largo de 12 años” ha conseguido consolidar una base de votos propia en la ciudad de Buenos Aires, después de una etapa, de 1999 a 2003, en la que el peronismo en su conjunto no tenía un peso electoral mayor que el de otros sellos desprestigiados. Lo digo como alguien que no siente un entusiasmo incondicional por los logros concretos de estos años, pero que algo conoce de la Capital.
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Después de todo, es frecuente que en la ciudad capital de una provincia se vote en forma distinta y hasta opuesta a la que pone al gobernador. Es muy frecuente que en la Capi se vote oponiéndose al Presidente. Hay excepciones, claro ¿Cuántas?
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Esto se explica no solamente porque hay un promedio de ingresos mayor en las capitales (el bolsillo, el bolsillo). También surge de la aversión de los sectores medios a la concentración de poder (ya lo explicaba Aristóteles).
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Lo que el Frente para la Victoria debe analizar son los motivos porque la suma de sus fórmulas obtuvieron menos votos que Filmus. Y corregir lo que debe corregir, antes del 5/7.
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De los otros posteos, sólo quiero discutirle un par de cosas al de Néstornautas. Que impresionó a mi amigo Artemio López como a mí el de Cuervo: lo reproduce casi íntegro. Aclaro que los santafesinos coinciden también en el planteo básico: no hay que cuestionar a los votantes. El trabajo de los militantes es tratar de convencerlos.
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Lo que les discuto es su crítica “la proliferación de candidatos de un espacio (en éste caso el FPV) no lo potencia“. Cierto; pero esta elección era una primaria, justamente para seleccionar candidatos. En la “de veras”, habrá uno sólo: Mariano Recalde. Que ganó legitimidad al ser elegido por una mayoría indiscutible.
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Nestornautas otorga un peso decisivo al “dedo” de Cristina (supongo que eso es lo que entusiasma a Artemio). No subestimo su importancia clave, pero eso se debe, entiendo, a que los votantes del FpV en la Capital – lo he repetido muchas veces en el blog – se definen por su adhesión al gobierno nacional. Eso no quiere decir que prefieren que les elijan un candidato desde “arriba” a votarlo.

Después de las P.A.S.O. porteñas: la elección local

abril 27, 2015

En la madrugada de ayer, hace 20 horas, subí un posteo pontificando sobre estas elecciones primarias. Con un enfoque particular: me interesaba evaluar cómo los resultados previsibles posicionarían una dirigencia política para la próxima etapa. Bueno, los resultados fueron más o menos los previstos y las especulaciones se sostienen… Pero tengo que hacer dos correcciones. Los “más o menos” que escapan a cualquier encuesta, aún la más cercana y precisa.

La más importante, de lejos, es la muy buena elección que realizó ECO, en particular Martín Lousteau. No fue una sorpresa total, pero ninguna encuesta – ni tampoco nuestro monitoreo de las redes sociales – permitió prever el desempeño que tuvo esta nueva propuesta política. Federico Aurelio, de Aresco, afirma haber detectado un desplazamiento en los últimos días de votantes que se inclinaban por Gabriela Michetti. Esto introduce algunas posibilidades interesantes para la 1° vuelta del 5 de julio.

ECO, por supuesto, no salió de un repollo. Nada en política surge así. En un posteo muy visitado, del 5 de marzo, dije: “Una propuesta novedosa es Energía Ciudadana Organizada (ECO), de Martín Lousteau y Graciela Ocaña, que usarían las PASO para definir quién será el candidato a jefe de Gobierno. Según Letra P (gente mal pensada) ese acuerdo esconde un pacto entre Larreta, el Coti Nosiglia, Cristián Colombo y Daniel Amoroso para perjudicar a Michetti, compitiendo por su electorado“.

Aunque por pura casualidad me encontré hace pocos días con el Coti y otro amigo de ese palo, Marcelo Stubrin, en el viejo café de Callao y Corrientes, apenas si nos saludamos: no puedo confirmar o desmentir la versión. De todos modos, no es lo que importa. Los votos de ECO indican que hay en la ciudad de Buenos Aires un electorado considerable, mayor al 20 %, hostil al kirchnerismo pero que desconfía de Macri. Justamente, la hipótesis de Aurelio es que algunos votantes de Michetti se corrieron al ex ministro de Néstor Kirchner, Lousteau, cuando empezaron a pensar que ella no podía derrotar a Rodríguez Larreta.

El otro dato inesperado, para mí, fue que el voto para el Frente para la Victoria, que llevó una oferta diversificada de candidatos, estuvo – un poco – por debajo de porcentajes que había alcanzado anteriormente. Y por supuesto, bien abajo del 35 % que alcanzó Cristina Kirchner hace cuatro años. Es evidente que la mejora en “opinión sobre el gobierno nacional” no se refleja automáticamente en “intención de voto”. Igual, me sostengo en mi apreciación – que la competencia entre esas diversas candidaturas confirma – un candidato “kirchnerista puro” como Mariano Recalde es el más adecuado para el Frente para la Victoria… en la ciudad de Buenos Aiares. Tendrá que repensar la campaña y la estrategia.

Pues la conclusión definitiva, que no ha variado, es que la elección en la Capital Federal del 5/7 será, como lo fue la de ayer en Neuquén, una elección local. Los espacios políticos, y los candidatos que los expresan, son distintos en cada lugar de Argentina. La futura polarización entre dos candidatos por la Presidencia – que estoy pronosticando desde el año pasado – no determina las elecciones locales. Y viceversa. Cada votante tiene sus prejuicios y expectativas, que no tienen porqué ser iguales a los míos. Pero comete un grave error el que cree que no sabe lo que vota.


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