Despidiendo el año, y a ustedes

diciembre 31, 2016

2017

Corresponde que los salude, después de habernos dedicado algunos cachos de nuestras vidas, ustedes leyéndome y yo escribiendo.

Pero uno tiene que ser realista -la vocación de este blog, después de todo- y el número de los que van a leer esto será mucho menor que el que acompaña en los momentos de “interés periodístico”. Y yo no tengo ganas de escribir largo, justo antes de la comida y los brindis de la Nochevieja. (Mi pontificación casi habitual de los domingos ya la redacté y la dejé programada para las 10 de mañana del lunes 2).

Así que tomo de algunos posteos más elaborados de fin de año, sobre los temas que tuvieron más lectores:

Del 31/12/13, sobre el gobierno anterior:

“… Voy a volcarles aquí la preocupación que – además de la familia, esfuerzos en marcha, proyectos nuevos y frustraciones viejas – me acompaña en este fin de año.

Los últimos meses no han sido buenos para el gobierno nacional. Eso no es lo que me preocupa;  a nadie le salen bien todas. Las gestiones K tuvieron un contexto global favorable – buenos precios para nuestros productos exportables, que en Argentina y en todos los países “emergentes” es un factor muy importante – y, sobre todo, una gravísima Crisis anterior – la desordenada salida de la Convertibilidad – que hizo que, comparando con la situación inmediata previa, fueran Gardel (En Argentina tenemos la desgracia que demasiados gobiernos han tenido esa “suerte”: Alfonsín, la dictadura; Menem, el desastre económico de Alfonsín).

Tampoco el problema son sus respuestas, o la demora en implementarlas, en muchos casos, frente a las adversidades. Algunas de ellas no me convencen. Y? Mis amigos anti kirchneristas son críticos mucho más duros, y los cumpas kirchneristas mucho más benévolos, pero ni ellos ni yo tenemos la legendaria bola de cristal. El gobierno tampoco. Lo fundamental, el contrato básico que tenemos con nuestros gobernantes, es que gobiernen.

Alfonsín bajó los brazos, después de 1987 y de desvanecerse la (en mi opinión, tonta) ilusión del 3° Movimiento Histórico; Menem, después de perder su chance de (no tengo dudas, estúpida) re reeleccion; Duhalde, después de la muerte de Kosteky y Santillán; De la Rúa… creo que nunca tuvo idea de cómo era gobernar. Cristina Fernández, descansando en Calafate o no, sigue gobernando.

… El problema que yo veo – y que he planteado muchas veces en el blog – tiene su origen en que la realidad económica que este gobierno enfrenta, modifica y administra es una que he llamado, por nuestra historia, “ochentista”. Una forma abreviada de decir que hay sectores -importantes pero que no incorporan mucha mano de obra- competitivos internacionalmente, y muchos otros que no lo son; que no hay un mercado de capitales local fuerte; que la mayoría de los grandes grupos económicos son transnacionales y obedecen a una lógica empresaria que trasciende las fronteras de nuestro país.

… Es la realidad económica de la inmensa mayoría de los países medianos como Argentina, incluyendo algunos que por su PBI por cápita son considerados “desarrollados”, y que también incluye países muy grandes. Como por ejemplo, tres de los BRICS: Brasil, India y Sudáfrica. Una economía normal en el siglo XXI, bah.

Ahora, el gobierno enfrenta esta realidad con lo que estimo una ventaja muy valiosa: no está supeditado por completo al favor de los mercados financieros – el elemento decisivo, todavía, en la economía global. Que condiciona, otro ejemplo, a los países europeos, y no sólo a ellos. Y una desventaja no muy obvia: hasta hace pocos años, le resultó fácil ignorarlos, y mostrar que le iba bien.

Bueno, ahora ya no le va tan bien. Y debe encontrar la forma de manejarse en este nuevo marco. No voy a discutir ahora cómo lo está haciendo. Asumo que tomó y tomará decisiones buenas y malas. Lo que me preocupa es que esa historia previa de éxito – el ascenso de nivel de vida de las mayorías en estos años, que lo llevó a ser reelegido hace dos años con el 54 % de los votos– lo condiciona, inevitablemente.

Me parece que se incorporado en muchas conciencias K la convicción – como dije hace poco en el blog – que la experiencia iniciada en 2003 había descubierto, en una variante improvisada de un keynesianismo a la argentina, el estímulo al consumo, la fórmula de la Prosperidad Eterna. Los gobernantes – se ve siempre en política – tienden a aferrarse a las recetas que les dieron resultado. Y es inevitable, además, que estén influidos, aunque sea sutilmente, por las convicciones de sus partidarios.

No digo que esté enceguecido por sus propios discursos. Evidentemente, no. Está esforzándose en devaluar el peso y reducir la brecha entre el dólar legal y el ilegal, después de haber declarado que eran propuestas malvadas o delirantes de los opositores. Y – es necesario reconocerlo – trata de hacerlo sin caer en una devaluación brusca – el peor de los errores de los que perciben tarde un problema.

Por eso no es una alarma. Es sólo una preocupación, y a largo plazo. Tengo una razonable confianza en el manejo del gobierno de esa realidad económica que describí. Siempre dije del gobierno K que no come vidrio. Agrego que es así de los argentinos en general: acumulan bronca, por los cortes de luz, el aumento de los precios,… Tienen bastantes motivos. Pero saben que alguien tiene que gobernar, que éste es el que hay hasta el 2015. Y ahí verán si alguien les convence que lo hará mejor”.

Del 31/12/15, sobre la militancia peronista:

“Si elijo en lo que puede ser el último post del 2015 escribir del desarrollo de una nueva militancia -que se identifica a sí misma en forma imprecisa con el Frente para la Victoria, y más claramente con Cristina Kirchner, es porque pienso que no es un hecho aislado, una anomalía. Creo que está intímamente vinculado a formas nuevas de participación entre nosotros y en el mundo. Y, sobre todo, porque es un hecho clave en el escenario político con que se abre el 2016.

De las manifestaciones de esta militancia se habló bastante en este blog y en otros, en el lapso entre la primera vuelta, el 25/10, y el balotaje, el 22/11. Porque era imposible ignorar que empezaron a jugar un rol fundamental en la campaña, en los barrios, en fábricas y en las redes sociales, mientras que la dirigencia del FpV -con la casi única excepción de Daniel Scioli- había quedado groggy, y el activismo tradicional no recibía instrucciones claras.

En este blog el posteo más visitado sobre esta realidad resultó ser Mientras, ahí afuera. Pero quien hizo la descripción más precisa fue, hace 16 días, el comentarista Guido -marplatense, antropólogo y peronista (no en ese orden)-, hablando de una realidad que percibe en el peronismo bonaerense:

En breve: son kirchneristas e incluso “cristinistas”, se informan por las redes sociales y algunos programas de TV, leen pocos diarios, y son una masa militante activa y no pequeña que no responde a nada más que a su propia identificación con el peronismo de estos años, con Néstor y Cristina, y a la bronca por el triunfo del PRO. No son tropa de ningún dirigente, ni siquiera (e incluso especialmente ni siquiera) del llamado “kirchnerismo duro”. No me parece un dato menor porque son la mayoría de los votos en una interna de verdad y una porción de ningún modo despreciable en una elección general“.

Voy a tratar de poner estas observaciones de Guido en un contexto más amplio: Tradicionalmente, los militantes están vinculados a un dirigente territorial -gobernador, intendente, autoridad partidaria-, a una estructura sindical, o a una agrupación política con jerarquías internas (más o menos orgánicas). Ejemplos de estas últimas en la coalición política que gobernó hasta el 9 de este mes y es hoy la principal oposición son La Cámpora (ligada directamente a Cristina Kirchner), el Movimiento Evita (que en Buenos Aires tuvo vínculos estrechos con Daniel Scioli), Nuevo Encuentro (cuyo referente es Martín Sabbatella),…

Cualquiera que haya visto de cerca la impresionante despedida a la Presidente saliente el 9/12 en la Plaza de Mayo, o analice las recientes manifestaciones antimacristas en parques, en Facebook y Twitter, puede darse cuenta que esta militancia “no encuadrada” fue en todas una clara mayoría. Ahora, lo más importante que podemos decir de ella es que no es nueva, ni surge solamente en el Frente para la Victoria.

Ante todo, que “lean pocos diarios” no es distintivo. Es una minoría, cada vez más pequeña, de la sociedad la que se informa por los medios gráficos. La televisión abierta todavía es masiva, a pesar de la competencia de la TV por cable. Pero ya los jóvenes están dejando de lado a ambas, y ven películas, series, videos por Internet (¿Tendrá claro esto el contador Magnetto?). En cambio, las redes sociales llegan a todos los niveles sociales a través del celular, en la Argentina urbana y suburbana. Es natural que se informen y se comuniquen por ellas.

El impacto político de esto se mostró en el mundo en la llamada “primavera árabe”. Y, antes de eso, en las “revoluciones de colores” en el este de Europa. ¿Que hubo usinas que las fomentaron? ¡Por supuesto! ¿Cuándo no? Además, fomentarlas por medios digitales es mucho más fácil, más económico, que por los mecanismos tradicionales de agentes disfrazados, con acento extranjero. En Argentina, donde adoptamos con entusiasmo los festivales de rock, Halloween y Cyber Monday, no nos íbamos a privar.

Se pueden rastrear los antecedentes locales de este tipo de expresión popular convocada por fuera de identidades políticas previas en la Crisis del año 2001. Pero el contexto de anomia social y de rechazo indiscriminado a la política en ese momento fueron muy específicos, y no tuvieron continuidad. Las primeras manifestaciones masivas se dieron en ocasión del enfrentamiento entre el gobierno K y las entidades patronales rurales en el año 2008. Fueron gigantescas, las de ambos lados de la “grieta” (más numerosas, las opositoras, hay que reconocerlo).

Desde entonces, hubo continuidad en esta forma de participación política. En el respaldo al kirchnerismo, los blogs “del palo” (no el de Abel; ya era crítico en ese entonces) fueron claves en brindar un lenguaje y una identidad a los que se incorporaban, desde fuera del peronismo casi todos. Y fue muy visible el éxito del programa de TV 6-7-8, aunque fuera cuestionado desde el comienzo aún por muchos kirchneristas, en movilizar a los que apoyaban al gobierno -o, más aún, rechazaban a sus enemigos: en bastantes municipios del Gran Buenos Aires y en ciudades del interior se formaron grupos y asambleas de televidentes de 6-7-8, sin ningún vinculo a los aparatos locales del PJ. El punteraje extrañau miraba sin comprender…

Por parte de la entonces oposición, basta recordar los “cacerolazos” que acosaron periódicamente al segundo gobierno de Cristina Kirchner. El gobierno se ocupó de hacer conocer los operadores profesionales que los organizaban, pero eso no debería hacer olvidar el hecho obvio: existía un numeroso sector que respondía a su convocatoria.

Igual, es importante que no convirtamos en un mito este proceso (estos dos procesos). Las manifestaciones de apoyo al “campo”, los “cacerolazos” no debilitaron al gobierno nacional, ni le dieron coherencia o liderazgos a una oposición que no los tenía… hasta que este año que termina llegó la “Revolución de la Alegría” de Mauricio Macri y Jaime Durán Barba.

Desde el entonces oficialismo se miró con desconfianza -y, desde algunos, con hostilidad- a toda forma de manifestarse que no aceptase una disciplina vertical. Y en ningún caso estamos hablando de una mayoría electoral. Los que participan tienden a engañarse a sí mismos pensando que lo son, y la naturaleza segmentada de la comunicación que consumen no los disuade. Pero… los politizados son, somos, una minoría en la sociedad.

Por eso, si afirmo que hay “una nueva militancia peronista” que es uno de los hechos más importantes del escenario político en este fin de año, y decisivo para el futuro inmediato del peronismo, me baso, no en un análisis sociológico, sino en datos muy prácticos. Estos militantes, están motivados por un vínculo emocional con Cristina Kirchner, con los logros del kirchnerismo (mirados a través de un cristal idealizado; siempre es así; también lo fue con el primer peronismo) y, sobre todo, con su bronca con el gobierno de Macri. Que no les escatima motivos, claro está.

Entonces, este grupo humano no necesita -en lo inmediato- organicidad, niveles intermedios de conducción. Van a aceptar las convocatorias que resuenen con su hostilidad al gobierno actual, y sólo ellas. Y, en las provincias no gobernadas por el peronismo y en la Capital, son más numerosos que los activistas “orgánicos”. En cualquier elección interna más o menos democrática que se haga en el peronismo en el futuro cercano, garantizan el triunfo de la variante opositora más dura, más kirchnerista. Que además probablemente contaría con el apoyo de un sector mayoritario, en esos mismos distritos, los más poblados, del activismo tradicional”.

Por último, les dejo dos frases cortas, que ya usé antes, también. Una es de Shakespeare, la otra es de autor anónimo:

El pasado es prólogo

Feliz Año Nuevo


El juego de Putin

diciembre 31, 2016

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Este es casi seguro el último posteo que subo en 2016 sobre política internacional (salvo que se desate una guerra mediana en las próximas horas). Es un tema al que, por supuesto, le doy decisiva importancia. Por sí mismo y porque permite entender el marco en que se mueve nuestra política interior. ¿Como habría sido la irrupción kirchnerista -el surgimiento de gobiernos modestamente distributistas en la América del Sur- sin China como insaciable mercado de materias primas, y EE.UU. ocupado en las guerras en el Arco Islámico?

¿Menem sin la caída del Muro de Berlín y el avance global de la Revolución Conservadora de Reagan y Thatcher? El mismo Juan Domingo Perón ¿si la II Guerra no hubiese terminado en la hegemonía y el enfrentamiento de dos gigantes, EE.UU. y la URSS? No estoy diciendo, claro, que sus gobiernos fueron el “resultado” de acontecimientos externos. Estos fijaron el marco en que se movieron.

Correspondería, entonces, que tratase de hacer, para ustedes y para mí, un bosquejo de la realidad geopolítica que enfrentamos ahora, la que dará el marco en el que nos tendremos que mover.

Se los debo. La pileta y el asado tuvieron prioridad. Tal vez en enero… Por ahora, uso un artículo que Fredes Castro preparó con motivo del asesinato del embajador ruso en Turquía, donde hizo observaciones lúcidas sobre la estrategia turca y la rusa en el tablero de Siria. Es breve y preciso. Y desde hace unos diez mil años, lo que pasa en el Medio Oriente tiene repercusiones en el resto del planeta. Además, y es lo que me decidió, me da pie para unos comentarios míos al final.

El conflicto civil sirio enfrentó los intereses de Moscú con los de Ankara, por el apoyo militar ruso brindado al régimen de Bashar Al Assad, decisión antagónica al deseo turco de apartarlo del gobierno de Siria. Esta diferencia pudo escalar peligrosamente luego que fuerzas turcas derribaran un avión de combate ruso en la frontera con Siria en noviembre del 2015, sin embargo Putin optó por la metodología aplicada a su país por parte de las administraciones occidentales: las sanciones económicas. Las restricciones al comercio y al turismo, en el marco de un costoso despliegue militar turco en territorio sirio (en especial aéreo), generaron el efecto deseado y Erdoğan transmitió sus disculpas al jefe de estado ruso en junio de este año. Desde ese momento medio millón de turistas rusos visitaron Turquía, en tanto recuperó fuerza el acuerdo para construir un gasoducto que proveerá de energía a Europa, cruzando el mar Negro (evitando la geografía ucraniana), también se dio continuidad a la construcción de la planta nuclear de Akkuyu, proyecto con un costo aproximado de 20.000 millones de dólares.

Henry Kissinger afirma que China bajo el mando de Mao Zedong constituye el único caso conocido de un país que se atrevió a enfrentar a dos grandes potencias al mismo tiempo, pese a su clara inferioridad de condiciones en relación a cualquiera de ellas, obteniendo un saldo favorable: lo hizo contra Estados Unidos y la Unión Soviética. Algo parecido intentó hacer Erdoğan, pero con un resultado diverso, al sobreestimar las capacidades de su economía y sus fuerzas armadas. El máximo dirigente turco se atrevió a desafiar los objetivos de Moscú y de Washington simultáneamente.

Entre otros motivos, Erdoğan intervino en el conflicto civil sirio para prevenir el fortalecimiento de los kurdos y de sus demandas independentistas en perjuicio de la soberanía otomana, pero fue demasiado lejos al contribuir al debilitamiento de Al Assad, provocando el vacío de poder que fue aprovechado por distintos grupos, entre ellos los kurdos cuya efectividad bélica consiguió la empatía de los aliados occidentales. Los astros terminaron de alinearse a favor de Putin con el extraño golpe de Estado que habría intentado desalojar del poder a Erdoğan. El líder ruso no dudó un instante en expresar su apoyo a su par turco y a la democracia, mientras los gobiernos europeos y de los Estados Unidos informaban su preocupación por la represalia ordenada por Erdoğan. La fallida intentona militar sirvió como excusa para, por un lado materializar una extensa purga y, en segundo término, distanciarse de Washington, al reclamar la extradición del teólogo Fethullah Gülen, al que se responsabiliza del golpe de julio y conectan con el asesinato del embajador ruso.

¿Se producirá un reacercamiento entre Turquía y los Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump? En definitiva, el líder turco reúne las condiciones iliberales que tanto parecen atraer al conductor de reality shows devenido en presidente, y fue Trump el candidato que propuso prohibir el ingreso de musulmanes, con lo cual cabe imaginar mayores chances de que conceda la extradición de cualquier persona que participe de este credo.  Pero no menos cierto es que Donald Trump fue enfático al informar que el adversario a vencer por su país es justamente el Estado Islámico, al que objetivamente fue funcional el presidente turco. ¿Cómo convencer a Trump –si tal cosa interesa a Erdoğan- de sus auténticas intenciones en combatir al archienemigo designado? Uno se imagina al ex agente de la KGB devenido en presidente reprimiendo una sonrisa, mientras solícitamente se ofrece como interlocutor clave para transmitir a su par americano (¿a través del Secretario de Estado Rex Tillerson tal vez?) una comunidad de objetivos e intereses entre Rusia, Estados Unidos, Siria e Irán. Porque los persas también mueven fichas en este dramático juego.

Mucho más que la represalia económica rusa y el condicionamiento que implica para sus objetivos externos, a Erdoğan le perturba la creciente influencia iraní, por la competencia que impone en una geografía que los turcos quieren transformar definitivamente en su patio trasero, a través de una administración de impronta sunita, dócil a las ambiciones de Ankara (en especial en la estratégica ciudad iraquí de Mosul). La cuestión iraní es el as que conserva bajo la manga el presidente turco. Erdoğan operará para que la desconfianza que Trump ha manifestado contra Teherán se traduzca en políticas concretas, por un lado para desarticular el acuerdo nuclear elaborado por Obama, y por el otro para convencer al nuevo ocupante del salón Oval sobre el peligro de cooperar con cualquier grupo vinculado al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), por el ascendente que Irán posee sobre ellos.

La caída deshubiese significado la pérdida de un aliado histórico de Rusia y, consecuentemente, de las costas que comunican sus posibilidades de proyección sobre el Mediterráneo. Para Irán, sostener el régimen de Al Assad es sostener un régimen chiita friendly, resistente a la voluntad norteamericana y colindante con el Líbano que alberga al Hezbolá. Esta asociación, que adicionó la de una –comprensiblemente- ambivalente Turquía impidió que los Estados Unidos, la OTAN, Arabia Saudita, Israel, Qatar (y los “yihadistas” islámicos que emplearon contra los primeros) derrocaran a Al Assad y  maximizaran su esfera de influencia. Es posible que Trump advierta esta humillante verdad, de allí su preferencia por elegir nuevos contradictores, en la medida de lo posible en convergencia con el decidido y tozudo gobernante Putin.

Una última preocupación debe convocar la atención de los estrategas rusos. Comprometerse en demasía con líderes sumamente cuestionados por partes importantes de los pueblos que gobiernan conlleva el riesgo de despertar descontentos y promover retaliaciones impredecibles. A diferencia del hegemón americano, la Federación Rusa no se encuentra a decenas de miles de kilómetros de los conflictos entre países devotos y custodiada por dos océanos. ¿Pero tenía otra alternativa Putin para evitar un cerco militar de la OTAN? La proyección internacional rusa, como la de cualquier potencia imperial, se juzga íntimamente ligada a la existencia de una región no contradictoria con su interés nacional, asunto especialmente calificado en lo que hace a la tierra de Pedro el Grande. En la particular concepción imperial histórica rusa, expansión geográfica, preeminencia regional y supervivencia nacional son factores que integran la misma e indivisible materia.

Notable el destino forjado por el pueblo ruso, avanzar y expandirse en cualquier circunstancia, más allá de los recursos materiales con los que se cuenta y del precio a pagar internamente por esta irrestricta voluntad. Vladímir Vladímirovich Putin expresa cabalmente el temperamento histórico del pueblo euroasiático, eso es incuestionable“.

Al amigo Castro se le nota su admiración por Putin. Es justificada. Es indudable que el ruso ha sido el “Gobernante del Año”, por los éxitos que ha logrado y por los inconvenientes que superó. Según lo que he leído hace una hora en Foreign Policy, termina 2016 con un gesto elegante y magistral: responde a Barack Obama, que acaba de ordenar la expulsión de 35 diplomáticos rusos por los supuestos ciberataques para influir en las elecciones,… haciendo nada. No expulsará a nadie; como hace Rusia -todos los países- en estos casos. Hasta invitó a los hijos del embajador yanqui a la fiesta del Año Nuevo, que es cuando los rusos festejan Navidad. Esas expulsiones ya no serán un problema para Trump, si levantarlas o no. Ni para los Estados Unidos. Serán un gesto furioso de Obama.

Brillante. Eso sí, debo recordarnos que nuestra primera obligación en política internacional no es aplaudir a los que nos caen bien, ni expresar indignación frente a lo que juzgamos mal (esto último parece el deporte nacional, especialmente en los blogs y las redes sociales). Antes, debemos tratar de ver cómo nos afecta a nosotros.

Como avisé al principio, requiere una reflexión muy detenida, y tratar de ver todo el mapa, incluso nuestro rincón del mundo. Ahora, sólo quiero acercarles una reflexión sobre el complejo realineamiento de alianzas que, parece, se está dando en ese Medio Oriente.

Rusia se ha fortalecido en la región. Su intervención en la guerra siria ha sido, hasta ahora, exitosa; Al Assad le debe mucho -su supervivencia, probablemente- y su alianza con una potencia regional, Irán, le da una influencia que no tenía desde hace unos 60 años, en los tiempos que el Egipto de Nasser coqueteaba con la Unión Soviética.

Al mismo tiempo, Turquía, que era (es) el ejército terrestre más poderoso con que contaba la OTAN en la zona, ha quedado neutralizada, al menos por el momento, por su desconfianza hacia los Estados Unidos.

A su vez, los norteamericanos, que ya con Obama habían disminuído su compromiso militar directo ahí, después de los desastres de Bush jr., con Trump parecen dispuestos a contemplar la oferta de Putin de una “alianza anti terrorista”.

Pero… al mismo tiempo el Donald ha dado muestras muy explícitas de respaldo a Israel, en particular, a sus “halcones”. Y ha anunciado que revisará el tratado nuclear con Irán, lo que es música para los oídos de Netanhayu.

Es cierto que Al Assad e Israel -por todas las encendidas denuncias que se dedicaron-no han intercambiado una sola bomba, un solo cañonazo, por décadas. Pero Siria no es una potencia regional, sobre todo después de esta guerra. Irán sí, e Israel también.

¿Podrán llevarse bien EE.UU. y Rusia, si sus “protegidos” están enfrentados a muerte? Cualquier cancillería, incluso la nuestra, tiene que tener claro que la situación es imprevisible, aún para los estándares del Medio Oriente.

El único punto que me parece evidente es que el discurso de los “derechos humanos” que -aún en un marco de hipocresía y bombardeos- seguía siendo obligado en la diplomacia… ha dejado de serlo. Trump lo ignora abiertamente, y Putin… nunca puso mucho énfasis en él. América del Sur no tiene porqué abandonarlo; es más, debe sostenerlo. Es el adecuado para los que no tienen mucha fuerza militar. Pero no debe esperar que sirva de mucho para contener las ambiciones de los que la tienen.


Video para el último finde del año – “El peronismo en el 2071”

diciembre 30, 2016

Es muy probable que ya lo hayan visto; ha circulado por mail y en las redes sociales todos estos días. Igual, no quiero dejar de subirlo. Capusotto y Saborido son dos genios, y este trailer de una película vintage sobre nuestro futuro es maravilloso. Lo del de-bate, por ejemplo…

Eso sí, como uno es como es, no quiero dejar de hacerles una crítica: Ese cuestionamiento al consumismo… me suena como viniendo del peronismo sensible de Palermo, qué quieren que les diga. El peronismo original contribuyó a la dignidad y a la organización de los trabajadores, y también los ayudó a consumir más, cómo no. Esa es la idea: que los de abajo no se queden sin consumir. La revolución socialista austera queda para el 2171, si para ese entonces todos son gorditos y veganos.


Música para el último finde del año – “Buenos Aires en llamas”

diciembre 30, 2016

Attaque 77 -del punk rock local- tiene algunos temas que me enganchan. Este es uno, y me pareció apropiado para cerrar un año bastante punk. Además, son del barrio de Flores, así que encaja todavía más.


Argentina Nuclear, 2016 – XXXIX: Empiezan los años de plomo

diciembre 30, 2016

Probablemente el último capítulo de esta saga que suba en 2016. Cuenta parte de una tragedia argentina, de la dedicación a una causa patriótica que trascendía los destinos personales y los compromisos políticos, de la ambigüedad de algunos actores…

  1. Se va el COCO, llega el cuco

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Algunos desaparecidos de la CNEA.

El gobierno de Isabel cayó. Desde el 24 de marzo de 1976 reina “El Proceso”, dictadura de una ferocidad desconocida hasta entonces, que le inflige a la Argentina destrozos económicos y sociales de los que 40 años más tarde no logra recuperarse. Y esto se combina con un asunto que Sábato mentó desde el comienzo: iniciar un programa nuclear es firmar un pacto con el diablo, por ese incómodo asunto de los residuos radioactivos.

En 1976 las patotas y grupos de tareas del proceso y el diablo del que habló Sábato se unen para destruir a algunos de los mejores cerebros del Programa Nuclear. Entre ellos, el elenco que se ocupaba de darle un destino racional a los residuos.

La CNEA, tan en ebullición intelectual, vivió en asambleas donde valían lo mismo obreros, técnicos, administrativos y profesionales, durante los gobiernos peronistas desde el 25 de mayo de 1973 hasta el 24 de marzo de 1976. Entonces llegó el vicealmirante Carlos Castro Madero –un físico en reactores de la casa- y “reimplantó el orden”.

Desaparecieron 17 integrantes de la casa y 4 egresados del Balseiro, y fueron secuestrados, torturados y “reaparecieron” 12.  Hubo además unos 160 despidos, 200 según otras fuentes.

El análisis de las listas de desaparecidos indican una variedad de represores con una disparidad de objetivos. Uno puede imaginarse la típica competencia desordenada entre patotas policiales y de distintas fuerzas armadas, el típico “feeding frenzy” de tiburones comiéndose una presa grande. Pero no es imposible entrever un actor externo, desdibujado, y un escenario más complejo.

Peinando fino, sobre 21 apellidos de los que no volvieron jamás, 10 son judíos: hasta ahí, nada sorprendente. Apesta al tradicional antisemitismo de nuestros canas y milicos. Tener un apellido judío conspiró totalmente contra la supervivencia. De hecho, ninguno de los 12 reaparecidos tiene apellido judío.

La JP y la izquierda en sus distintas fracciones ligaron duro sin denominación de orígenes nacionales. No desaparecías por ser judío, pero sí por peroncho de izquierda, o simplemente zurdo.

Sin embargo, el área más devastada, sin distingos políticos o de familia, parece haber sido “Repro”, es decir el laboratorio llamado Procesos Radioquímicos bajo dirección de Santiago Morazzo (que sobrevivió), donde también revistaban el técnico químico Carlos Calle y Domingo Quilici.

Y lo que puede desconcertar al más pintado es la conducta que tomó Castro Madero ante la devastación de esta área de la CNEA.

Un poco de historia previa. Bajo orden directa y personal del propio Perón en su tercera presidencia, Morazzo investigaba sobre cómo recuperar radioisótopos físiles (los varios del plutonio, otros transuránidos, y el uranio 235 sin quemar).

Tras quemarse las cejas en el pequeño laboratorio de Ezeiza, llamado PR1, donde habían logrado reprocesar 0,5 g. de plutonio a partir de combustible gastado del contiguo RA-3, parte de la gente de “Repro” se iba desde Ezeiza a Sede Central, en Av. Libertador frente a la ESMA, para transformar hallazgos químicos en línea política.

Terminado eso, se tomaban algún bondi hasta el Congreso de la Nación, para reunirse hasta deshoras con grupos de diputados y senadores, aunque al día siguiente había que levantarse a las 05:00 o por ahí y tomarse la combi temprano hasta Ezeiza. La intención de esta gente treintañera era juntar votos en ambas cámaras y proponer una ley marco para pasar a un laboratorio mayor, y a un edificio dedicado “ad hoc” y con grandes sistemas de seguridad radiológica. Se llamaría PR2.

Las 40 personas metidas en este asunto eran en buena medida peronch@s. Por nucleares, sabían bien, particularmente desde el bombazo de Indira, que el desarrollo de esta tecnología en Argentina chocaría de frente con la política externa de los EEUU. Pero también con la del resto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y de yapa, contra la de un nuevo “lobby” dentro del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) llamado entonces “El Club de Londres”, hoy Nuclear Suppliers Group.

A la gente de “Repro” le resultaba obvio que no se podía avanzar sobre firme hacia el PR2 con una simple orden presidencial, para más inri verbal y reservada, por más que hubiera venido directamente de Perón a Morazzo y tuviera la bendición de Iraolagoytía. Ninguno de ambos viejos era eterno. De yapa, la tercera presidencia de don Juan Domingo parecía mucho más inestable que las anteriores, y el líder no derramaba salud.

Hacía falta una ley nacional “paraguas” para que, sucediera lo que sucediera en la presidencia de la Nación y /o de la CNEA, en esta política no hubiera vuelta atrás. Esa mezcla de científico-tecnólogo y militante se daba fácil en la CNEA. Ya lo dije: fue impronta fundacional y creo que incluso hoy, tras tantos porrazos, sigue abollada pero vigente. No sé si con la misma pasión: aquella gente de “Repro” casi no veía a su familia.


Por el peronismo bonaerense no pasa la grieta

diciembre 29, 2016

congreso

Como todos (todos los que se interesan en política, que no son tantos, siento que debo recordarles) saben, hoy el PJ bonaerense hizo su Congreso. En los medios y en los portales especializados encontrarán la cobertura (me animo a recomendarles la de Letra P). No voy a extenderme aquí. Prefiero preparar los posteos de “Argentina Nuclear”y algo de Fredes Castro sobre Putin y Siria.

Sí me siento impulsado a corregir el enfoque que le da el periodismo, incluso el de los portales. Que encuentran “ganadores” en la lista de apoderados y en la mesa de coordinación política que se nombró. La leyenda de los apoderados poniendo y sacando nombres en las listas es de los tiempos de Herminio, y nunca fue seria. Las indicaciones siempre venían de arriba. En cuanto a esa comisión, no tiene poder en sí. Refleja la “foto” del poder territorial a hoy, y la “bola” que le den estará sujeta a los cambios que las encuestas, y sobre todo la realidad, vayan indicando. Puede decirse, como hace el amigo Artemio, que no expresa la moderna concepción de género, pero la corrección política no ha sido nunca patrimonio de los muchachos. Además, si uno se fija en el peso que tiene CFK, o en el plano provincial Verónica Magario, no sé si las compañeras deben inquietarse.

El único hecho importante, y es importante, es que estaban todos los sectores del peronismo bonaerense. Todos los que van a disputar lugar en las listas en 2017. Los que se identifican con el liderazgo de Cristina, los que se identificaban pero ahora están mirando alrededor, los que todavía miran para el lado de Massa por si el Sergio o alguno de los que los que lo acompañaron puede sumarse al PJ, y aquellos cuyo criterio fundamental se basa en la 21° Verdad Justicialista: “Perder no es peronista“. Especialmente en sus municipios.

Entonces, lo que ya hubo es perdedores. Mi lectura es un poco diferente de la del compañero Silletta. Entre otras cosas, porque la unidad peronista es algo todavía a construir. Lo de hoy ya sido un paso, es cierto, pero no la garantiza.

La derrota estratégica es la de aquellos que pretenden que el kirchnerismo -o “cristinismo”- sea percibido como un sector aislado en la política argentina. El derrotado principal sería el contador Magnetto, a juzgar por la obsesiva prédica del diario que publica, y otros miembros del establishment que aspira(ba)n a eso; incluso algunos sectores serviciales del Poder Judicial. Por supuesto, hay una parte, no insignificante, de nuestra sociedad que comparte esa visión, pero esa ya es visceralmente antiperonista, y no tiene chance de operar por líneas interiores.

También -es cierto- se frustran con este amontonamiento los, y las, que pretenden una opción de oposición dura y sin concesiones, no comprometida con el sistema. A ellos, el peronismo que hoy se reunió se les está sugiriendo -con la sutileza que siempre mostró el PJ bonaerense- que se hagan la del mono.

En la tradición de servicio del blog de Abel, les enlazo aquí el documento aprobado en el Congreso. Si se denuncia que “este Gobierno inició una formidable persecución política, mediática y judicial centradas fundamentalmente en las personas de Cristina Fernández de Kirchner y de muchos de sus funcionarios“, se reivindican todas “las conquistas del 45 en adelante y sobre todo las logradas por Néstor y Cristina“, y “se reconoce al Movimiento Obrero Organizado como Columna Vertebral“, el mensaje está muy claro.

Termina diciendo “es tiempo de encontrarnos y estructurarnos como una oposición fuerte, orgánica, activa, abierta que con firmeza y convicciones trabaje por la GRANDEZA DE LA PATRIA Y LA FELICIDAD DEL PUEBLO“. Podría haber agregado otra frase tradicional: “El que quiere oír que oiga“.

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La economía de Trump y nosotros

diciembre 29, 2016

reagan-and-trump

Trato de tener en el blog equilibrio entre los temas que son importantes ahora y los que van a serlo durante años, o décadas. Es el equilibrio que quisiera mantener en mis preocupaciones. Pero, vivimos tiempos muy… coyunturales, como dije otra vez. Además, uno no debe olvidar que el futuro viene de un día a la vez, y lo que pase pasado mañana depende, en parte de lo que pase hoy y mañana.

Como sea, quiero subir ahora, el artículo que me pareció más interesante sobre los problemas que va a crear el inminente (22 días) gobierno de Trump a este gobierno argentino. Y al próximo.

Eugenio Díaz-Bonilla es un economista que, a pesar de tener prestigio académico, trabajar en organismos internacionales y enseñar en universidades norteamericanas, conserva una visión lúcida de la realidad. Se le debe, entre otras cosas, un trabajo que echa luz sobre una de las falacias más perjudiciales y más difíciles de erradicar: una creencia a la que se aferra esa porción de nuestros compatriotas que quiere creer en nuestro fracaso como nación.

El artículo a que me refiero es Argentina: The Myth of a Century of Decline, y lo subí al blog como El mito de la decadencia argentina (Lo menciono aquí porque creo que es una lectura indispensable).

Hace varios días publicó una columna, mucho más breve, en la que especula sobre las políticas que probablemente lleve adelante la administración Trump, y su impacto sobre Argentina. Encuentra paralelos sugerentes con la situación que encontró otro republicano trasgresor, Reagan, y sus medidas.

Como ustedes saben, pienso que las analogías históricas tienen límites: no hay copias exactas. Más adelante, voy a escribir sobre lo que entiendo es una diferencia fundamental entre esa etapa y la que se abre. Pero en cuanto a las consecuencias y los riesgos para nosotros que prevé Díaz-Bonilla, estoy completamente de acuerdo con él. Sus propuestas… las veo difíciles, por ahora. Los invito a leerlo:

“La elección de Ronald Reagan en 1980 ofrece una referencia histórica para interpretar las posibles consecuencias de la última elección presidencial en EE.UU. Entonces, la economía mundial venía de un largo período de crecimiento después de la Segunda Guerra Mundial, apoyado en la reconstrucción de Europa, la expansión del comercio y las finanzas internacionales, y políticas keynesianas expansivas.

Ese período terminó con los dos shocks de precios del petróleo y alimentos a mediados y a fines de los 70, lo que aceleró la inflación mundial. Para combatirla, se pasó a políticas monetarias altamente contractivas en los EE.UU. y en otros países industrializados, lo que llevó a la recesión mundial de 1980 y a una recaída en 1982. Carter perdió las elecciones con Reagan en parte porque trabajadores blancos de ingresos medios y bajos, que tradicionalmente votaban a los demócratas, se inclinaron por el republicano debido a los problemas económicos, pero también por lo que consideraban debilidad de los demócratas frente al avance de la Unión Soviética y la tragedia de los rehenes en Irán.

Reagan implementó en 1981 una reforma impositiva que llevó el déficit fiscal a más del 5% del PBI en años posteriores. La reacción de los mercados fue subir la tasa de interés de los bonos públicos a un 14% (bonos de 10 años). EE.UU. empezó a absorber capitales del resto del mundo, y el dólar se apreció significativamente (casi un 50% en la primera mitad de 1985 comparado con 1980). La suba de las tasas de interés, la desaceleración de la economía mundial en la primera mitad de los 80 y la caída de los precios de los commodities llevaron a la crisis de la deuda en América Latina, Africa y Asia (la “década perdida” en nuestra región). El desplome de los precios de los commodities también afectó a la Unión Soviética (un importante exportador de energía y minerales), y junto con la presión de la carrera armamentista con EE.UU., que en parte financiaba sus déficits gemelos, fiscal y externo, con flujos de capital desde Japón, llevaron a un importante deterioro económico en el área soviética, y a su eventual disolución en 1990.

Ahora Donald Trump llega luego del agotamiento de otro período de crecimiento que terminó con la crisis de 2009, lo que unido con preocupaciones respecto de la debilidad internacional de EE.UU., y temas morales y de estilos de vida, volcó votantes tradicionales demócratas hacia los republicanos. El crecimiento desde los 90 estuvo basado en la reestructuración económica en China y otros países en desarrollo, y en la relativa paz global que siguió al final de la Guerra Fría. Cientos de millones de trabajadores, especialmente en Asia, fueron incorporados a la economía global, cuadruplicando la mano de obra efectiva a nivel mundial entre 1980 y 2005 (estimaciones del FMI). Todo ello presionó a la baja global de salarios y precios.

La expansión productiva en esos países (el este de Asia, básicamente) encontró una demanda adecuada, particularmente en EE.UU. y otros países desarrollados, debido a que la reducción de las presiones inflacionarias permitió políticas monetarias cada vez más expansivas, con importantes aumentos del crédito y el consumo. Esto eventualmente llevó a las burbujas de vivienda y acciones en el mundo desarrollado, y a la crisis financiera de 2009. Esta expansión laboral global afectó los salarios y empleo de los trabajadores no calificados en los países industrializados (y lo han ido mostrando en votaciones recientes), pero llevó a que millones de personas en los países en desarrollo (especialmente en Asia) salieron de la pobreza.

El incremento de ingresos en China y otros países en desarrollo aumentó la demanda de alimentos, energía y metales, beneficiando a países productores de commodities, como Argentina. Desde el rebote de 2010 luego de la crisis de 2009, la economía mundial ha venido desacelerándose.

En términos geopolíticos, los problemas actuales parecen más complicados que en los 80, con debilidad económica y divisiones políticas en Europa; expansionismo en Rusia; caos militar y humanitario en Medio Oriente, e inestabilidad en Asia relacionado con las aspiraciones territoriales de China. Como en los 80, Trump ha propuesto una reducción de impuestos que puede elevar el déficit fiscal en más de 4% del PBI y aumentar la deuda pública del 75% actual a casi 130% del PBI en diez años. Desde el triunfo republicano, las tasas de interés en EE.UU. (y las que paga nuestro país) se han incrementado significativamente y el dólar ha continuado apreciándose. La historia muestra que esas políticas aumentan la posibilidad de una recesión mundial en los próximos años, dentro de un contexto de disgregación geopolítica global.

En conclusión, en Argentina y en América latina y el Caribe debemos prepararnos para un futuro complejo a nivel mundial. Primero, es necesario que en nuestro país generemos los mecanismos institucionales formales para consensuar visiones estratégicas de mediano plazo. En particular, debemos recordar los costos que pagamos en el pasado por atarnos a un dólar que, como ahora, se estaba apreciando, y por endeudarnos excesivamente. En segundo lugar, a nivel de América latina y el Caribe sería importante que los gobiernos llamen a una reunión de reflexión para generar los instrumentos económicos y políticos de colaboración regional que permitan que nuestros países confronten este período incierto.

Prepararnos para estos desafíos requiere tomar una perspectiva de largo plazo para evitar que la historia, modificando la conocida frase de Karl Marx, no se repita ni como tragedia ni como farsa”.


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