Vicentin, Lavagna, YPF y otros temas confusos

junio 9, 2020
Alberto Fernández y Roberto Lavagna cerraron un acuerdo político ...

Como ya dije demasiadas veces, AgendAR me exige mucho tiempo y concentración, así que no voy a extenderme sobre la gran comercializadora de granos y su ruta al default, convocatoria y acusación judicial. Igual, sobre eso ya hay una nota en el portal (tomada casi por completo de LaNación, por Dios!).

Confieso que me llama la atención que en el discurso del gobierno y en el de la oposición no se hace hincapié en un dato fundamental: el acreedor individual de Vicentin más grande, por muy lejos, es el Estado argentino. Bueno, en el de la oposición es más fácil entender esta ausencia. Pero esto es un tema de comunicación, y uno tiene su juicio profesional, malo, sobre cómo la está manejando el gobierno.

Lo que me impulsa a escribir unas líneas es un par de tuits -muy replicados en los medios- de Roberto Lavagna. Uno puedo hacer, también, juicios negativos sobre Don Roberto como político. Pero no me caben dudas que es un economista inteligente y sensato. Y aquí no dice tonterías, eh:

Ayer se habló de #SOBERANÍAALIMENTARIA… Esperemos que se haya aprendido la lección: no bastan el Estado y los amigos del poder para que las cosas salgan bien.

Hace algunos años se habló de SOBERANÍA ENERGÉTICA y las cosas no salieron bien: baja inversión, necesidad de importar, caída de reservas, y finalmente estancamiento económico-social.

Está claro que se refiere a la adquisición del 51% de las acciones de YPF en el 2012. Y tengo que decir que el precio que se pagó en ese momento -más los riesgos judiciales posteriores- puede haber sido muy alto (es tan fácil sentirse seguro que uno mismo lo habría negociado mejor...). Y es indudable que el papel de los Eskenazi en esa empresa no fue más transparente que el de Nardelli y Padoán en Vicentin.

Pero… me parece evidente que el Estado argentino hoy está en mejor situación, en una actividad tan clave como la petrolera, que si el accionista mayoritario de YPF siguiera siendo la española Repsol. Aunque hoy los signos signos vitales de la Vaca Muerta sean tan débiles.


La Argentina, el peso y el dólar

mayo 14, 2020

En estos días estuvo sonando muy fuerte la campana de alarma tradicional en la Argentina: los precios de todos los “dólares no oficiales” se han disparado. El “blue”, el “contado con liqui”, el MEP… Las distintas formas encontradas por los argentinos -que tienen muchos, o pocos, pesos que no necesitan ya para vivir- para cambiar esos pesos por dólares y sacarlos del sistema productivo o del bancario: guardarlos en el colchón, en cajas de seguridad, en cuentas en el exterior…

Esto también vale, por supuesto, para las empresas -nacionales o no- que operan en nuestro país, que manejan montos mucho más grandes que los individuos. Y que por eso le provocan un agujero más grande a la economía nacional.

La campana de alarma no ha empezado a sonar hoy, claro. Está sonando desde bastante antes de 1969, cuando la ley 18188 le sacó por primera ves 2 ceros al viejo peso moneda nacional (ahora vamos por 13 ceros borrados). Pero en esas décadas, hasta más o menos la del ’80, la inflación alta, es decir, la desvalorización de la moneda propia, era una característica común a todos los países “en vías de desarrollo” (así se decía entonces). Hoy es un fenómeno no exclusivo de nosotros, pero bastante poco común. Lo que acentúa el impulso de salir de nuestro peso.

El tema inflacionario en general, y la inflación argentina, han sido muy estudiados y debatidos. Hasta, por lo que valga, en este blog. Hay bibliotecas enteras de sesudos volúmenes, con distintas conclusiones, y los que manejan hoy las palancas estatales de la economía las conocen. No valdría la pena volver sobre el asunto en un posteo, sino fuera porque quiero transmitir la urgencia, y hacer un llamamiento.

Empiezo aclarando mi opinión sobre esta coyuntura. Reiterándola, porque ya la había planteado, hace 20 días en este blog (citándome a mí mismo en AgendAR):

“El factor central de esta «tormenta cambiaria» -más allá de las previsibles operaciones- es la huida del peso; la decisión de los que tienen fondos, grandes o pequeños, de cambiarlos por dólares, hasta arriesgando sanciones legales. Aunque, ya lo dijimos hace poco, no es un buen momento para la divisa norteamericana.

No se trata entonces -estimamos- de «presiones inflacionarias causadas por la emisión». No hay ninguna presión del consumo sobre los precios, salvo en pequeños sectores de insumos médicos y artículos de limpieza. Pero si las autoridades económicas no consiguen que los poseedores de pesos no corran a cambiarlos por dólares, habrá dos consecuencias negativas e inevitables: los exportadores no querrán vender al cambio oficial, y esta devaluación desordenada se trasladará, más temprano que tarde, a los precios.”

El gobierno está consciente de lo que está pasando, obvio, y toma medidas para controlar y dificultar el acceso al dólar, por fuera del sistema legal. Pero la continuidad y aceleración de esta “tormenta” me hacen pensar que lo que está ocurriendo es el reflejo de la destrucción del peso como reserva de valor. Una situación que ya lleva muchas décadas, como dije recién, pero que las circunstancias actuales: la pandemia, la renegociación en curso de la deuda externa, la hostilidad de importantes intereses vinculados al sistema financiero,… la agravan al paroxismo.

Tratar de manejar o aminorar estas circunstancias no alcanza, en mi opinión, porque algunas de ellas están fuera de las posibilidades del Estado. Si es así, resulta necesario y urgente enfrentar el problema de la ausencia en nuestro país de una reserva de valor fungible -es decir, que se pueda adquirir, transferir o gastar con facilidad- que no sea el dólar.

Vale la pena, me parece, hacer una pausa para explicar algunos términos a los no economistas. Simplificando mucho, el dinero sirve como medio de pago (lo más usual y evidente); como unidad de cuenta, para comparar el valor de cualquier bien; y como reserva de valor, es decir que no se gasta sino se retiene para gastos futuros o para invertir.

Es evidente que nadie, desde hace muchos años, ahorra en pesos, salvo como un sacrificio patriótico o cobrando intereses altísimos -lo que antes llamaban usurarios- para cubrirse de la inflación esperada (siempre muy alta, por larga experiencia). También se ha reducido su función como unidad de cuenta: los bienes con precios altos, como los inmuebles, entre nosotros se valoran en dólares.

El hecho es que ahora detener la escalada inflacionaria es absolutamente necesario, o entraremos en la fase en que la inflación se alimenta de sí misma de forma exponencial. Ya estamos cerca: para los que tienen pesos, ningún valor del dólar aparece demasiado alto. Una de cuyas consecuencias es que ningún empresario puede estar seguro del valor de reposición de lo que vende.

Esta no es una inflación de demanda, resulta evidente, porque salvo para algunos insumos médicos, la demanda no creció o ha caído. La brusca reducción de la oferta de muchos bienes es sí un factor significativo, pero a en mi opinión el factor dominante es la huida del peso.

Nuestro gobierno, como casi todos en el mundo, está tomando medidas “keynesianas” (las pongo entre comillas porque no estamos frente a la situación que inspiró a Keynes su producción intelectual más importante: no hay un “déficit de demanda”. En todo caso, es de demanda y de oferta. Por eso mismo, plantearse reducir la demanda -la receta de siempre de los economistas “ortodoxos”, a través de devaluaciones o ajuste del gasto público, es un planteo absurdo. Ya la pandemia, y la cuarentena, han reducido la demanda a límites insostenibles en el tiempo.

¿Qué sería entonces, en las condiciones actuales, un plan antiinflacionario eficaz? Una pregunta difícil, entre otras cosas, porque el último intento -el modelo de metas de inflación que se aplicó durante el gobierno anterior- terminó en un fracaso patético. Y aquel que funcionó durante diez años -la Convertibilidad implantada en 1991- lo logró a partir del aumento del desempleo desde 1996 y terminó en una catástrofe en 2001.

Pero ese es el desafío que, creo, deben plantearse los economistas argentinos. En especial, los del “campo nacional”, ajenos a la superstición monetarista, pero que por lo general han encontrado difícil enfrentar la inflación. Prefieren decir o sugerir que el problema es que nuestros empresarios aumentan los precios porque son codiciosos. Y evitan preguntarse si los empresarios que en otros países no los aumentan todos los meses son generosos.

Si me dirijo, en general, a todos los que se interesan en la política económica, es porque los que están ocupando los puestos de conducción en este momento, no tienen tiempo, ni probablemente la tranquilidad para imaginar nuevos expedientes. En la primera línea del Estado -especialmente hoy en el que tenemos- hay que resolver problemas y tomar decisiones cada día, cada hora. Como le gusta decir a mi mujer, están “atajando penales”.

Por mi parte, y sin demasiada seguridad, adelanto que las ideas que se me ocurren pasan por la creación de una nueva unidad monetaria para el ahorro, como tienen desde hace décadas Brasil y Chile. Cuyas economías tienen problemas graves, por cierto, pero no inflación altísima ni tasas de interés enloquecidas.

Esta unidad de reserva de valor no tiene que reemplazar al peso como moneda de cambio. En realidad, la única condición clave es que aquel que la recibe no sienta que se le está desvalorizando a cada momento. Ahora, la solución no es que gane intereses, porque cuando se fijan, se está fijando también un piso a la inflación. Sí se puede decidir que ese instrumento gane un interés pequeño, para estimular el ahorro. Pero se debe fijar un valor de referencia para ese instrumento, claro, conocido por todos y que no se desvalorice con la inflación. El incentivo principal para conservar esa “unidad de valor” no sería el rédito, sino la liquidez.

El problema clave, si la que sugiero es una respuesta válida, es hallar el valor de referencia adecuado.

El experimento de Cavallo en 1991 que mencioné se aferró al valor del dólar, y dejó muy malas memorias para los argentinos. Además, la moneda estadounidense no parece un ancla muy sólida en medio de esta pandemia. Y si se llegara a valorizar, sería peor. Ya nos pasó.

El patrón oro… al que se aferró Inglaterra en los ´20 del siglo pasado con malas consecuencias de desempleo y caída de sus exportaciones, fue deflacionario. Hoy probablemente volvería a serlo.

Tiendo a inclinarme -repito, con dudas- por una canasta de los productos de exportación argentinos. Suena lógico, aunque, reconozco, sería vulnerable a las oscilaciones de los mercados.

El caso es que tiene que ver con nuestra realidad. Nuestros “fundamentals”. Descartada la fantasía macrista de una “lluvia de inversiones”, que llegarían porque había un presidente “business friendly“, y la de las inversiones atraídas por la Vaca Muerta, el sector competitivo de la producción argentina, que produce divisas -y que sus capitales sólo pueden emigrar en una pequeña parte, porque la tierra no es trasladable- es el agropecuario.

Como se dan cuenta, esto es “pensando en voz alta”, el lema de mi blog desde hace algo más de 12 años.


Réquiem por una Vaca Muerta

abril 28, 2020

Esta vez acompaño una breve nota de (mi) opinión que publiqué hoy en AgendAR con un posteo, también corto, para el mundo politizado del que este blog forma parte:

“(OPINIÓN) – El reciente episodio en el que los valores a futuro del petróleo resultaron negativos, disparó una serie de notas catastróficas sobre el futuro de la industria. El problema es que no son exageradas, ni se trata solamente de malas apuestas sobre los precios. Tampoco el problema se limita a las consecuencias de la pandemia, o una «guerra de precios» entre Rusia y Arabia Saudita.

La situación se origina cuando el mercado estadounidense, insaciable consumidor de petróleo, deja de ser el gran importador global. Hubo una gigantesca inversión en el «fracking», y EE.UU. pasó a ser exportador neto. Pero la economía global no crece con rapidez, y los costos ambientales de los combustibles fósiles empiezan a ser tomados en cuenta.

El resultado fue que este año comenzó en Estados Unidos una segunda ola de quiebras de petroleras medianas -cien, en las estimaciones más moderadas- que afectan también a los bancos y fondos de inversión que los financiaron. Es razonable suponer que el precio del petróleo permanecerá bajo por algunos años. Y es seguro que no habrá inversiones de riesgo en la explotación petrolera en el futuro previsible.

Esto significa para Argentina que el yacimiento Vaca Muerta no será, como esperó en su momento el gobierno de Macrí y más tarde el de Alberto Fernández- una carta salvadora para la economía argentina. Tampoco son buenas noticias para los países petroleros en general, pero esa no es nuestra preocupación inmediata.

En opinión de AgendAR, esto obliga a nuestro país, que tiene una «carta fuerte» en el mercado global -una mucho menos sujeta que el petróleo a los avatares de las burbujas y crisis- como productor de alimentos, a preguntarse qué es lo que va a exportar para conseguir las divisas que necesita su industria. Y como va a armonizar las necesidades de su mercado interno y su irrenunciable vocación industrial.”

ooooo

Aquí no estoy diciendo nada nuevo para los lectores del blog. Hace rato que señalo que las empresas petroleras -en la mejor tradición del capitalismo real- están pidiendo precios subsidio para mantener su personal, y su patrimonio.

También vengo diciendo aquí desde hace tiempo -año 2008, para ser precisos- que la actividad agropecuaria es el sector competitivo, en términos globales, de la producción argentina, además de algunos nichos de alta tecnología (nuclear, bioquímica, …). La industria la necesitamos para crecer, y dar empleo genuino para una población de 44 millones, pero en su conjunto no nos está dando divisas. Al contrario, las necesita.

Si repito esto ahora, es porque estamos en una crisis, que no la causa la pandemia (aunque la agrave en algunos aspectos). Y el síntoma es uno muy tradicional entre nosotros: la disparada del dólar. Frente a esto, del palo nac&pop, que es el mío, amigos economistas -jóvenes y de la tercera edad- hablan del IAPI. Del lado Clarín de la vida, Héctor Huergo defiende a los farmers y a Bayer y propone un “empréstito patriótico” en lugar de retenciones.

No digo que ambos lados sean equivalentes. No lo son. Pero lo que dicen es igualmente irrelevante. El problema no es la comercialización de los granos, sino que los productores no los están vendiendo. Como el dólar está subiendo, se quedarán sentados sobre ellos, esperando precios mejores. Lo que contribuye a que el dólar suba. Obvio.

(Esta pulsión por ganar más dinero es una consecuencia del neoliberalismo, por supuesto. Antes de Thatcher estas cosas no pasaban 🙂 )

Propongo dejar de lado las fantasías. El gobierno no está en condiciones -ni éste ni ninguno en los últimos 37 años- de requisar las cosechas. Ni a Stalin no le salió bien, y eso que tenía la NKVD… Además, no los veo a mis amigos militantes manejando cosechadoras.

Lo que el gobierno debe hacer es encontrar las herramientas fiscales para resolver esto, con la mezcla de siempre en política de presión y negociación. Y no da para un debate de años: el presidente, Kulfas, Guzmán, y no más de una docena de nombres que todos conocemos con el poder político necesario deben consensuarlas. La tarea del resto de nosotros es entender la situación y comunicarla con acierto.


La política y el Mercosur

abril 27, 2020

(Otra vez recurro a reproducir en el blog un artículo de AgendAR, sin agregarle nada. O sí, al final un párrafo breve y superficial, como consejo interno).

El Mercosur ha sido una política de Estado de los distintos gobiernos argentinos, y de los también cambiantes gobiernos de los otros países miembros, desde 1985, cuando los presidentes de Argentina y Brasil, Raúl Alfonsín y José Sarney, suscribieron la Declaración de Foz de Iguazú. «Política de estado» no significa que no tuvo oposición, aquí y afuera. Pero lo que aparece sorprendente en el momento actual es que los que mantenían posturas críticas, aparecen horrorizados por una «ruptura» o, peor, una «salida» argentina del Mercosur.

Corresponde entonces darles una buena (o mala, según quien la reciba) noticia: Argentina no se ha ido del Mercosur, y conserva el derecho -si decide ejercerlo- de bloquear las negociaciones del bloque con terceros países. Ese mismo derecho, dicho sea de paso, lo tienen también los otros tres miembros.

Reproducimos, con su permiso, este lúcido y profesional informe del diplomático argentino Ricardo Arredondo @arredondos:

ooooo

«El 24 de abril, en el marco de una reunión de Coordinadores Nacionales del Grupo Mercado Común sobre relacionamiento externo, el representante argentino, Jorge Neme, comunicó la decisión del gobierno nacional de suspender la participación de la República Argentina en los diferentes procesos de relaciones externas que lleva adelante el bloque. Con la excepción expresa de los acuerdos ya firmados, aunque aún pendientes de entrada en vigor, con la Unión Europea (UE) y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) (que integran Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia); la Argentina manifestó su decisión de no continuar participando de los procesos negociadores en curso con Corea del Sur, Singapur, Líbano y Canadá y en los por iniciarse, como con la India, entre otros.

La decisión fue motivo de diversas críticas, aunque a mi juicio se encuentra correctamente fundamentada en la decisión de salir de un proceso negociador que inevitablemente iba a llevarnos a resultados desfavorables para el país. Como lo reconoció el canciller de Brasil, se trata de una posición que venía anticipándose a nuestros socios, que no quisieron, supieron o pudieron escucharnos.

Por otra parte, se trata de procesos de negociaciones comerciales externas a los que se entró sin haber realizado un estudio adecuado de las eventuales ventajas y perjuicios que podían producirse para nuestro país y sin haber efectuado un proceso de consultas internas con los diferentes sectores involucrados. Por lo tanto, de lo que se trata, utilizando una frase de la anterior administración, es de hacer efectivamente una “inserción inteligente”, evaluando los perjuicios y beneficios de nuestras interacciones.

Como en la mayoría de las cuestiones de la agenda internacional, no se trata de un elemento nuevo introducido por la pandemia del coronavirus, sino de algo que esta crisis ha acelerado. Emanuel Porcelli señala acertadamente que desde mediados de 2019, algunos países (particularmente Brasil) venían presionando para obtener dos objetivos: una aceleración de las negociaciones comerciales externas, especialmente la conclusión de ciertos acuerdos de libre comercio, y una reducción, lo más baja posible (con pretensiones cercanas a 0%) del arancel externo común (AEC).

Seguir adelante con este proceso, sumado a las dificultades propias de la situación económica argentina, se hubiera traducido en una receta peligrosa para intentar algún tipo de recuperación de industrial nacional.

Esta decisión no significa en modo alguno que la Argentina vaya a adoptar una política de aislamiento o encierro. Como dice el comunicado de prensa, el Mercosur es “mucho más que la geografía y la historia”. Argentina ha reafirmado su pertenencia a este espacio geográfico y estratégico común, su disposición a continuar trabajando con nuestros socios y, además, va a seguir interactuando, trabajando y comerciando con el resto del mundo como lo ha venido haciendo hasta ahora. La ratificación de los compromisos ya firmados con la UE y la EFTA son una clara evidencia de que la Argentina no está planteando la ruptura del Mercosur.

El comunicado emitido por la presidencia pro-tempore del Mercosur, en manos de Paraguay (que AgendAR reprodujo aquí) expresa que “La República Argentina … indicó que no será obstáculo para que los demás Estados Partes prosigan con los diversos procesos negociadores”. Esa afirmación no se encuentra contenida en el comunicado emitido por la Cancillería argentina. Al respecto, cabe recordar que la Decisión CMC 32/00, que sienta las bases para el relacionamiento externo del Mercosur, obliga a los Estados Miembros del Mercosur a negociar de manera conjunta los acuerdos con terceros (art. 2) por lo tanto, hasta tanto esa norma no sea modificada, la República Argentina conserva una capacidad de bloqueo respecto de esas tratativas externas.

Aquí el desafío consiste en encontrar un camino intermedio entre dejar que los socios avancen libremente hacia una apertura irrestricta y obstaculizar esas negociaciones. En este punto, existe claramente no solo una división ideológica sino también de percepción y visión respecto de lo que debe ser el futuro, pero no por ello me parece que debemos quedarnos afuera. Creo que esa decisión no beneficiaría a la Argentina.

El impacto y las consecuencias de esta crisis son multifacéticas y, en particular, los efectos del COVID-19 generarán la recesión más grande que ha sufrido la región desde 1914 y 1930. Se prevé un fuerte aumento del desempleo con efectos negativos en pobreza y desigualdad. Basta leer los informes del FMI, la OMC y la CEPAL, entre otros, para percibir la complejidad del mundo que se avecina. Ninguno plantea un escenario favorable. El panorama parece bastante volátil y es conveniente acampar hasta que aclare. En medio de esta incertidumbre, no parece razonable avanzar en un proceso de negociaciones comerciales

ooooo

Vale la pena recordar, para poner este episodio en contexto, que Paulo Guedes, el «superministro» de Economía de Jair Bolsonaro se pronunció desde el comienzo contra el Mercosur. Dijo en junio de 2019 -cuando el presidente argentino era Mauricio Macri- que «trabó el crecimiento«, y reiteró dos meses después que «Brasil sai do Mercosul se Argentina frear abertura do bloco«.

No hay que confundirse, entonces. El punto decisivo es que el actual presidente de Brasil y su Ministro  quieren llevar al mínimo o directamente a 0, como señala Arredondo, la pieza clave del Mercosur, el Arancel Externo Común.  Sin él, los productos industriales argentinos, y brasileños, competirían dentro de los cuatro países en igualdad de condiciones las exportaciones de EE.UU., la U.E., China, Indonesia…

No es una idea «descolgada» de Bolsonaro y de algunos de sus colaboradores, obvio. Hay quienes apoyan su proyecto en Brasil, y también en Argentina, por ideología o por intereses miopes de corto plazo. Pero eso ya se sabe. La pregunta es si habrá una coalición de sectores e intereses en Argentina lo bastante sólida que derroten ese proyecto y afirmen un destino agroindustrial sustentable. También es la pregunta en Brasil, y a la larga, las respuestas están vinculadas.


Un consejo informal: En nuestras peleas internas se puede escuchar a los que exigen que el ministro de Relaciones Exteriores hable bien el inglés, confundiendo su tarea con la de los traductores. Por mi parte, creo que la Cancillería debe formar muchos diplomáticos que dominen el mandarín, y otros que -aunque en India uno se puede arreglar con el inglés- conozcan el hindi, en escritura devanagari. Pero, a la luz de lo que pasó el jueves, tener algunos que se manejen en guaraní no estaría mal.


No son “maniobras especulativas”. Se llama “fuga de capitales”

abril 24, 2020

El tema central de AgendAR es la producción argentina. Por eso la mayoría de las noticias que aparecen ahí -salvo cuando estamos en medio de una pandemia, claro- tienen que ver con los procesos productivos, la incorporación de tecnología… Y el conocimiento y la valoración de lo propio, por supuesto. Porque producir, lo hacen los hombres y mujeres que tienen las herramientas y el orgullo.

Pero… tampoco la pavada. Una justificada satisfacción con nuestros logros no puede cegarnos a lo que nos falta. Mantener una moneda nacional relativamente estable. (Digo relativamente, porque no es este un momento de estabilidad para todas las monedas. El “wise money” huye hacia el oro. Pero aquí estamos tan mal que huye al dólar). Por eso en una de las notas de hoy del portal concluimos con estos dos párrafos de abajo, y en el título de este posteo agregamos la aclaración quizás necesaria para algunos de los lectores.

“En la falible opinión de AgendAR, el factor central de esta «tormenta cambiaria» -más allá de las previsibles operaciones- es la huida del peso; la decisión de los que tienen fondos, grandes o pequeños, de cambiarlos por dólares, hasta arriesgando sanciones legales. Aunque, ya lo dijimos hace poco, no es un buen momento para la divisa norteamericana.

No se trata entonces -estimamos- de «presiones inflacionarias causadas por la emisión». No hay ninguna presión del consumo sobre los precios, salvo en pequeños sectores de insumos médicos y artículos de limpieza. Pero si las autoridades económicas no consiguen que los poseedores de pesos no corran a cambiarlos por dólares, habrá dos consecuencias negativas e inevitables: los exportadores no querrán vender al cambio oficial, y esta devaluación desordenada se trasladará, más temprano que tarde, a los precios.”


¿Bajo lo sombra de la Gran Depresión? No. En todo caso, de la Gran Guerra

abril 19, 2020

Los economistas tienen una curiosa pulsión por hacer pronósticos (No como los contadores, que siempre ponemos algo así como los estados contables que he tenido ocasión de auditar presentan razonablemente…”). Curiosa porque la mayoría de los pronósticos se equivocan. Pero no es irracional: si aciertan en uno, les sirve para hacerse propaganda como “el que predijo…”. No son muy distintos en eso de la mayoría de los pronosticadores.

Frente a la catástrofe económica, además de la sanitaria, que ha provocado el coronavirus, hasta los burócratas del F.M.I. se han contagiado. La misma Kristalina Georgieva -no de lo más imprudente que ha tenido esa institución- ha dicho que será “la peor crisis desde la Gran Depresión de 1929“. Y ya es un lugar común entre economistas, y a pesar de eso cierto, anticipar que las consecuencias serán peores que la Crisis de 2008 (que no fueron menores, sobre todo para esta parte del mundo: marcó el fin de precios altos de las commodities).

Lo que me impulsa a escribir uno de estos breves y desordenados posteos -todo lo que puedo hacer en estos días en el blog- es lo que creo un error en el diagnóstico que puede traer consecuencias serias a los que tienen que tomar decisiones para el después de la pandemia.

En mi falible opinión, lleva a engañarse comparar la destrucción de la economía productiva que presenciamos con la que se produjo a partir de 1929 hasta -según los países- algún año avanzado de la década de los 30. Porque la Gran Depresión fue resultado de las mismas fuerzas internas del sistema económico (y político) vigente hasta ese momento. Simplificando, una gran burbuja que se pinchó un 29 de octubre de 1929.

Lo mismo con la Crisis de 2008. El primer pinchazo de esa burbuja es de 2007, con el derrumbe de las hipotecas basura. La diferencia fue que los Estados y los bancos centrales habían aprendido -poco- de la experiencia anterior. Sólo lo suficiente para salvar a la mayoría de los grandes bancos.

Lo que estamos viviendo es algo totalmente distinto. Es cierto que el escenario económico global estaba repleto de malas señales. Y, también en mi opinión, la etapa que comenzó en los ’80 con la simbiosis entre las economías de EE.UU. y la Unión Europea con el “taller global” de China, que un economista bautizó Chimerica, sufre en 2008 el golpe del que no puede reponerse. Desde entonces hemos visto el lento derrumbe de ese esquema, y respuestas improvisadas. La que ha tenido más prensa, buena y mala, es la de Trump, pero la “nueva Ruta de la Seda” también puede verse en esa luz.

Pero… a partir de diciembre ´19 aparece el verdadero “cisne negro”. O, mejor, cae el asteroide. La pandemia, y el confinamiento que es la única (pobre) respuesta que tenemos hasta ahora, golpeó a todas las economías con una velocidad y una profundidad mucho mayor que lo que sucedió hace 90 años.

Por eso la comparación válida –y que apunta a las consecuencias– es con la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 1918, la que en ese tiempo llamaban la “Gran Guerra”. Es cierto que ese conflicto tuvo su origen en las tensiones, económicas y de las otras, entre las Grandes Potencias (¿también el coronavirus? insinúa gente mala), pero la destrucción de las economías no las causó la inflación, la recesión, el desempleo… los males habituales. Fueron las decenas de millones que abandonaron sus trabajos por la guerra, la paralización de la mayoría de las actividades civiles, la interrupción del comercio internacional y de las cadenas de suministro locales… ¿Suena parecido a lo que sucede en esta pandemia? Es parecido.

No con la Segunda Guerra Mundial. No hay destrucción de la planta física de la producción. En la Primera Guerra no había bombardeos masivos; los aviones y dirigibles eran demasiado primitivos.

El punto -finalmente llegamos a eso- es que si mi comparación es correcta, cuando finalice la necesidad del confinamiento masivo, la recuperación de la actividad económica puede ser muy rápida. La planta física está prácticamente intacta, la gran mayoría de los trabajadores, formales e informales, los técnicos, los especialistas estarán vivos y muy ansiosos de volver a la actividad… Las víctimas de esta pandemia son, también en gran mayoría, veteranos, con problemas de salud… Habrá más bajas en los niveles de dirección, pero de ellos se acuñó la vieja frase “el cementerio está lleno de hombres imprescindibles”.

De las necesidades de consumo y reposición de maquinarias no es necesario abundar. Los países medianos como el nuestro -y por supuesto las Grandes Potencias- habrán recuperado las herramientas de estímulo y control de la economía moderna que ensayaron en la Gran Guerra y desarrollaron en la Segunda. Por supuesto, las instituciones e intereses de la globalización financiera tratarán que las olviden de nuevo, pero la lección es demasiado fresca…

No quisiera que este posteo se lea como un canto de optimismo. No se me ocurre nada que garantice que en cada país -en particular el nuestro- la recuperación posterior sea bien manejada. Solamente señalo que la recesión, la estanflación no son un destino inevitable.

Para volver al ejemplo histórico: Inglaterra trató de mantener a la libra como la moneda internacional y aferrarse al patrón oro, y pagó un alto precio. EE.UU. fue el gran favorecido del auge posterior, pero acompañado de escándalos de corrupción. Alemania fue el caso más lúgubre: la hiperinflación destruyó a la república de Weimar y a su sociedad…

Si me animo a ofrecer un consejo a nuestro gobierno, es que le conviene afinar ahora -en las circunstancias muy especiales que impone la pandemia- las herramientas que permitan enfrentar los dos problemas crónicos de la economía argentina: la ausencia de un medio de ahorro e inversión confiable que no sea el dólar (hoy yo no lo veo muy confiable, la verdad ¿pero cuál es la alternativa?), y la inflación inercial “todo aumenta porque todo aumenta”. Pero desarrollar eso requeriría el tiempo, y el talento, que no tengo disponible.


Sombra terrible de Keynes, voy a evocarte

marzo 18, 2020

(El título es una broma, aclaro por las dudas. Lord Keynes no era un caudillo federal).

Ayer los ministros Guzmán y Kulfas estuvieron en TV, anunciando medidas (¡cómo ha mejorado la comunicación política en estos días, por Dios! Un efecto positivo del coronavirus). Por supuesto, subimos de inmediato el video a AgendAR. No sólo son importantes en la coyuntura, sino que también representan un desafío para un Estado que durante décadas vio deteriorarse su capacidad para intervenir con eficacia en la economía (Torpemente, o en el papel de “socio bobo”, nunca dejó de hacerlo).

Posteriormente, agregamos un breve resumen y un más breve comentario. El coment. es lo quiero volcar en este blog, para sus politizados visitantes, algunos de los cuales están en el Estado. Aquí va:

Las medidas «keynesianas» -como se denomina, simplificando, a los estímulos a la producción y/o al consumo- no son herejías peligrosas, como gritan algunos mediáticos que han memorizado, mal, un par de artículos sobre economía. Son herramientas que emplean habitualmente la Reserva Federal de los EE.UU. y el Banco Central Europeo.

Pero, como eso mismo nos indica, no son una varita mágica. No siempre la «expansión cuantitativa», como llaman a la emisión cuando la hacen los países poderosos, ni la rebaja de intereses logran estimular a la economía. Eso es lo que le pasó esta semana a la «Fed», y estos años al B.C.E.

El tema es complejo. Pero hay una experiencia histórica clara. El «keynesianismo» se aplicó en países democráticos con buenos resultados en circunstancias de guerra. Cuando la sociedad se enfrenta a un desafío que la disciplina y obliga a concentrar sus esfuerzos. Bueno, hoy, ya lo ha dicho el presidente de Francia (los políticos franceses no son mejores que el promedio, pero tienen una tradición de elocuencia) «Nous sommes en guerre», «Estamos en guerra».


El coronavirus y el resfrío

marzo 15, 2020

Otra vez subo al blog una nota mía en AgendAR. Ya es de vicio.

Este lunes 9, hace 6 días, la Agencia CyTA-Leloir, una fuente muy seria a la que AgendAR acude habitualmente, hizo una nota a Pablo Goldschmidt, virólogo y especialista en enfermedades infecciosas. Ese mismo día, el diario Clarín la reprodujo íntegra, con un título más periodístico “El pánico (por el coronavirus) es injustificado”.

Goldschmidt dice ahí “Las opiniones mal fundamentadas expresadas por expertos internacionales, replicadas por medios de comunicación y redes sociales repiten el pánico innecesario que ya vivimos anteriormente. El coronavirus identificado en China en el 2019 provoca ni más ni menos que un resfrío fuerte o gripe​, sin diferencia hasta hoy con el resfrío o la gripe tal como la conocemos”.

Estas notas no fueron recogidas por las autoridades sanitarias ni -a decir verdad- tuvieron mucha repercusión entre el público, aunque Clarín tenga una circulación miles de veces mayor que CyTA. Pero algunos días después, en la radio «Con Vos», en el programa La Inmensa Minoría, le hicieron un reportaje a Goldschmidt, que pueden escuchar acá. Y por algún motivo esa nota sí se viralizó. La están reenviando por whatsapp jubilados y madres…

Atención: los argumentos de este especialista son sólidos y claramente explicados. Vale la pena leerlo o escucharlo críticamente. Por otro lado, la realidad local ya lo está refutando, con esa voz ronca que tiene. Pero el planteo de Goldschmidt contiene una falacia grave, y vale la pena analizarlo aquí para entender mejor a lo que nos enfrentamos.

Por supuesto no desde los datos médicos; no estoy en condiciones de hacerlo (recomiendo esta nota de Daniel Arias, que la ha actualizado, y, sobre todo, la página oficial sobre el COVID-19). Escribo desde lo que sé de comunicación, y alguna experiencia en asignación de recursos.

Empiezo por reconocer lo obvio: hay muchas enfermedades mucho más letales que el coronavirus. Aún en estas semanas de la pandemia, están provocando más muertes. Ni hablemos de los accidentes de tránsito, o las guerras… Desde un humanismo abstracto, se podría reclamar que los esfuerzos y la atención que se vuelcan al COVID-19 se dediquen a la tuberculosis o al dengue o la malaria…

Pero ese humano abstracto no hace esfuerzos ni tiene recursos. Quienes sí los tienen, gobiernos, instituciones, atienden al peligro más inmediato y más cercano a sus intereses y responsabilidades.

Y el COVID-19, esta variante del coronavirus es un peligro inmediato y cercano a nosotros, los argentinos, como al resto del mundo. No en sí mismo: como dice Goldschmidt -y también se dijo en AgendAR- es de letalidad relativamente baja, si se lo compara con la pandemia más explosiva y memorable del siglo XX, la «gripe española» de 1917-1920. Pero el COVID-19 sí crea las condiciones para que se desarrollen en el enfermo infecciones sobreañadidas más peligrosas, como la neumonía a neumococos, de letalidad creciente según edad avanzada o cuando median patologías previas como diabetes, trastornos circulatorios o tabaquismo.

(Por eso la mejor decisión que puede tomar, si todavía no lo hizo: vacúnese contra la gripe y contra la neumonía. Y hágalo ya).

Es cierto que, como dice Pablo Goldschmidt., nada de esto es nuevo o muy peligroso si se cuenta con un buen sistema de salud. Pero aquí aparece la característica verdaderamente mortal de esta variante del coronavirus: comparte con los rinovirus del resfrío común la facilidad para el contagio.

Cuando uno contagia a varios, y esos a otros varios… la masa de infectados crece en forma exponencial. Un hospital, un sanatorio que puede atender muy bien a dos, y arreglarse para atender a diez, se ve desbordado cuanto se presentan pacientes de a decenas o de a cientos. Los médicos, los enfermeros, los respiradores mecánicos, no alcanzan para todos. Eso es lo que pasó en Wuhan, pasa en Italia, está empezando a pasar en España…

Aparece el inevitable triage: se atiende a los que tienen mejor chance de sobrevivir. Los otros…

Un buen sistema hospitalario, un sistema de salud estatal es una necesidad práctica como reaseguro. Porque ninguna empresa privada está en condiciones de hacer las inversiones necesarias para prever una emergencia que puede o no ocurrir en cualquier momento en un lapso de diez años. Tampoco una obra social. Se fundirían.

«Lo que esta pandemia ya está revelando es que la atención médica gratuita y nuestro estado del bienestar no son costos ni cargas, sino bienes preciosos, esenciales cuando golpea el destino.» Son palabras de Macron, no mías. Los políticos franceses hablan así. (En la práctica, este presidente de Francia ha sido otro más (y van muchos) en agravar el desfinanciamiento creciente del otrora envidiable sistema de salud pública francés).

Agregaré algo: tampoco es realista esperar que el Estado pueda mantener las estructuras físicas y de personal para cubrir algo que sabemos ocurrirá -las pandemias- pero cuyas características son impredecibles.

Pongamos por caso el virus del Ébola, por ahora confinado al centro y costa Atlánticas de África: con su fantástica letalidad y capacidad de contagio, ¿qué país, incluso riquísimo, mantener las capacidades de terapia intensiva que demanda una enfermedad tan demandante, pero tan infrecuente entre brote y rebrote?

Lo que no se puede hacer (sin pagarlo caro) es lo que hizo Italia: pasar -a fuerza de recortes- de alrededor de 500 a 320 camas de terapia intensiva disponibles cada 100.000 habitantes. Si Corea, tan próxima de China, está manejando mucho mejor este tema que Italia es porque en las malas o en las buenas, mantienen más de 1200 camas de intensiva cada 100.000 habitantes. Los EEUU, que nunca creyeron demasiado en la salud pública, no llegan a 180…

Los coreanos no incurren en este gasto únicamente por la posibilidad de una guerra con Corea del Norte. Lo hacen por la conciencia de estar ubicados en la región del mundo donde, por sobrepoblación y por la inmensa industria de cría de animales de consumo alimentario, suelen nacer, como zoonosis, casi todos los virus pandémicos respiratorios.

Ha sido el caso de todas las gripes muy severas: la de 1917, la de 1957, la de 1968, probablemente la de 1977. La solitaria excepción fue la gripe porcina de 2009, que brotó en México (justamente, en una gigantesca granja de cría de cerdos).

Lo que se puede exigir al estado es que tome las medidas necesarias en el momento oportuno para aminorar la velocidad del contagio, para que el sistema de salud cubra a los pacientes; impida el acceso de nuevos portadores; y mantenga en cuarentena a los contagiados, dentro de los límites físicos que impone la realidad. Las aplicaciones informáticas son útiles, pero no reemplazan a las personas humanas que deben atender, y obligar.

Me informan los que saben que no es nada que no hayamos hecho antes. En 1957, cuando brotó una fiebre hemorrágica en la zona maicera de la provincia de Buenos Aires, la letalidad inicial era aterradora: 30%. Y no se sabía siquiera el causante. En 1958 ya estaba identificado y con nombre («virus Junín», o de la fiebre hemorrágica argentina, transmitido por el ratón maicero). Pero aún peleando a ciegas, la salud pública argentina, liderada por el Instituto Malbrán, hizo un enorme y eficaz esfuerzo de contención y terapia con medios primitivos: tratando a los contagiados con el suero de la sangre de ese 70% de convalecientes. La mortalidad bajó bruscamente a un solo dígito. Tomó décadas desarrollar una vacuna, la CANDID-1, que se tuvo que hacer en colaboración con el Ejército de los EEUU, y que hoy se suministra rutinariamente a unos 250.000 habitantes en la región bonaerense de Junín. Es muy eficaz.

Pero esta vez el vector viral no es un ratón sino nosotros mismos, los humanos, y el ecosistema del COVID-19 no es una región acotada de la Pampa Húmeda, sino el mundo todo. Nuestro gobierno ha tomado medidas severas al observar lo que estaba pasando en Europa y en EE.UU. ¿Son suficientes? Antes de 30 días lo sabremos.


Cae el precio del petróleo. Y otras cosas también

marzo 9, 2020

Otra vez vuelco en este perezoso blog una columna que escribí esta madrugada para AgendAR. Muy de coyuntura, obvio, pero si esto que describo se mantiene, será un cambio profundo en el escenario global.

Agrego al final unos párrafos para mis politizados y suspicaces visitantes:

“El precio del petróleo crudo está cayendo ahora más de un 20% en la apertura de hoy lunes en las bolsas de Europa. Los índices Nikkei 225 y Topix de Japón cayeron casi un 5 % esta mañana, y el yen subió más de un 3 % frente al dólar estadounidense. Son consecuencias de la ruptura del viernes entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y Rusia en sus negociaciones para tratar de recortar la demanda.

Los «índices de futuros» del Brent (el petróleo del Mar del Norte, que es referencia de los mercados) ya se habían derrumbado un 30%, y cotizaba a u$s 31 el barril, según informó la agencia Bloomberg. Esta caída es la mayor desde la primera guerra de Estados Unidos en Irak en 1991.

Se especulaba en la banca de inversión durante el fin de semana —Goldman Sachs al frente— sobre la posibilidad de que el desplome del barril se profundice hasta los 20 dólares, niveles de hace dos décadas. En lo inmediato, es un duro golpe para la gran mayoría de países petroleros, incluso los gigantes Arabia Saudita y Rusia. Los capitales internacionales están «fugando a lo seguro»: el oro, los bonos de deuda de EE.UU. y de Alemania.

Atención: esta puede ser una tormenta pasajera. Hace unas semanas había comenzado un romance entre Putin y la monarquía saudita (ver foto). Pero no es hoy la evaluación de los inversores.

Si esta situación de precios se mantiene, favorece a los importadores netos: China, la Unión Europea y Japón, aunque las consecuencias inmediatas del coronavirus hacen difícil hacer predicciones. En América Latina perjudica especialmente a Venezuela, Ecuador y México, donde su peso se está devaluando en relación al dólar.

Argentina es un caso especial: no es un país exportador de petróleo importante, y si su industria se recupera, será importador. Pero las inversiones para el yacimiento de Vaca Muerta que imaginó el gobierno de Cristina Kirchner, que el de Macri agitó como un espejismo frente a la realidad de la recesión, y que el actual de Alberto Fernández confía que puedan ser fuente de recursos para la reestructuración de la deuda… en esta de relación de precios no son viables.

El gobierno argentino deberá analizar muy bien el escenario actual, y las posibles decisiones de los actores principales. Es concebible que lo mejor para nuestro país sea volcar los recursos y subsidios que se reclamaban para el megayacimiento de Vaca Muerta a sectores de la economía más cercanos y que puedan ser reactivados en plazos más cortos.”

ooooo

La pregunta obvia es: ¿cómo han intervenido los EE.UU. en la actitud de Arabia Saudita? Que en alguna medida lo han hecho es incuestionable: el reino de la península arábiga es una potencia militar regional, y una potencia económica influyente en el escenario global. Pero no puede permitirse ser indiferente a los intereses de la Gran Potencia que es su aliado más poderoso y la garantía de su supervivencia.

Ahora, los intereses de EE.UU. en esto no están claros, al menos para mí. Impedir un entendimiento entre Putin y la monarquía saudita está en su beneficio, por supuesto. Reduciría mucho su influencia en Medio Oriente, puesto que la otra potencia regional, Turquía, está afirmando su autonomía. Sólo le quedaría su alianza, importante, es cierto, con Israel.

Pero, como señalo arriba, la caída del precio del petróleo beneficia a sus grandes rivales económicos, China y la Unión Europea (Alemania). Y, de paso, hace que el fracking sea todavía menos rentable. Es duro ser una Gran Potencia (más duro es no serlo, claro).

En cuanto a nosotros, que es lo que más me interesa: esta puede ser una situación transitoria, o no. Si no lo es, olvidémonos del “boom” de Vaca Muerta. Lo siento por los patagónicos, y los petroleros, pero lo tomo con ecuanimidad. Como ya habrán leído en el blog, sospecho que el plan de negocios de las petroleras privadas exige que el Estado y los consumidores argentinos vuelquen recursos, a través de un alto precio local del petróleo, entre otras formas.

Creo que hay sectores de nuestra economía que pueden responder más rápidamente a un estímulo. Al margen de la muy disputada reestructuración de la deuda externa.


Enfrentamiento por las retenciones, 2.0

marzo 5, 2020

 

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La Mesa de Enlace dispone un paro de 4 días. Comenzará el próximo lunes y se extenderá hasta el jueves. Se negoció entre CRA, Coninagro, FAA y la SRA”

Este blog es una adicción, que me quita tiempo de tareas (poco) rentadas. Pero esta noticia me trae recuerdos pesados de casi 12 años atrás, y no puedo evitar volver aquí. Si se fijan en los archivos -columna de la derecha- escribí mucho sobre el tema a partir de abril 2008. No tengo energía para reelaborar todo eso en un tiempo y un gobierno distinto. Pero ayer escribí una columna para AgendAR que es una versión muy resumida de lo que veo ahora del asunto, por si a alguien le interesa.

Ya dije que el estilo distante del compromiso partidario que se mantiene en ese portal, me resulta, sorprendentemente, útil para ir más a fondo. Eso sí, al final agrego un pequeño párrafo para militantes.

ooooo

Retenciones. El impuesto clave en la economía y en la política

Las retenciones sobre las exportaciones agropecuarias son una parte fundamental de los ingresos del Estado argentino desde 2002, cuando Duhalde las reimplanta. Y su fuente genuina de divisas desde entonces. (Hay exportaciones industriales, por cierto. En particular, es significativa la automotriz. Pero… importa más en insumos que lo que exporta: el saldo del conjunto todavía es negativo).

Y a partir del conflicto por la Resolución 125, en 2008, sus consecuencias se transformaron en un gran tema que subyace en los enfrentamientos políticos en nuestro país. Basta ver un mapa que refleje los resultados electorales el año pasado, por departamento, no por provincia, para tener la evidencia.

El asunto tiene raíces profundas, desde la misma formación del país. La «Representación de los Hacendados», que presenta en 1809 Mariano Moreno (la redacción central se atribuye a Manuel Belgrano) al Virrey Cisneros, es un ejemplo, no el más antiguo.

Pero para resumir la situación actual no hay necesidad de repasar la historia. Los empresarios rurales -como todos los empresarios, en todos los países- quieren pagar menos impuestos, y algunos de ellos, además, están en mala situación; siempre pasa, en una actividad tan dependiente del clima, del transporte y de insumos importados (sí, ellos también; deben pagar a valor dólar a Bayer-Monsanto y muchos otros proveedores).

El Estado necesita recaudar. Es así de simple. Reducir el gasto público siempre es una consigna atractiva para muchos, y sin duda hay cosas para economizar en los gastos de la política, de los jueces, de los subsidios a empresarios prebendarios… Pero los egresos grandes del Presupuesto nacional son las jubilaciones, el sistema de salud, las fuerzas de seguridad… Los que hablan de recortar prefieren no entran en detalles.

Un argumento que jugó un papel importante en otras oportunidades -la necesidad de imponer retenciones para que el consumidor local no tenga que pagar por los alimentos el precio internacional- hoy casi no se escucha. Los alimentos se han encarecido mucho -a nivel europeo, en algunos casos- y además, los argentinos casi no consumimos soja, el grano y el aceite que forman la exportación más importante. El problema de las exportaciones de carne estará sobre la mesa muy pronto, pero hoy no es la discusión central.

Ahora, hay un actor nuevo en el enfrentamiento que no jugaba en 2008: los acreedores externos. Tanto el F.M.I. como los bonistas saben que cualquier posibilidad de cobrar depende de que el Estado recaude esos impuestos a las exportaciones agropecuarias (¿Vaca Muerta? Más allá del debate si es rentable a largo plazo o no, el hecho es que con los precios actuales del petróleo no habrá ingreso de divisas por ese lado). Sólo hay que acordarse que fue Mauricio Macri quien tuvo que reimponer las retenciones.

El actual gobierno ha hecho un esfuerzo deliberado -y en mi opinión necesario- para no antagonizar sin necesidad a todos los productores rurales. A través del ministro de Agricultura, Luis Basterra, presentó un esquema de compensaciones a la soja para amortiguar el reclamo contra la suba de las retenciones del 30 al 33% .

Destina unos US$ 186 millones sobre US$ 354 millones que, se estima, recaudaría por esta suba. Según el gobierno, estos son los números de la segmentación:

42.460 productores, el 74% del total y cosechan el 23% de la soja, serán los alcanzados por la compensación.

14.886 productores, el otro 26%, que cosechan el 77% de la soja, se quedarán afuera del beneficio.

Del lado de enfrente, el titular de la Sociedad Rural, Daniel Pelegrina, dijo “Nosotros no acordamos nada. La propuesta que está escrita del campo, de la Comisión de Enlace, es muy clara al respecto a derechos de exportación. Nosotros solicitamos la eliminación y su reemplazo por el impuesto a las ganancias, un impuesto federal, coparticipable, que genera además, la capacidad de contribución de muchos sectores asociados al campo”.

El presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), Matías de Velazco, afirmó que «Si la Mesa de Enlace o CRA (Confederaciones Rurales Argentinas) no hacen un paro, Carbap lo hará sola».

Por su parte, los llamados «productores autoconvocados» hicieron duras críticas a la Mesa de Enlace, a la que ven demasiado blanda con el gobierno.

En cambio, el presidente de la Federación Agraria Argentina, Carlos Achetoni, aseguró que la última reunión que la Mesa de Enlace mantuvo con el ministro de Agricultura, Luis Basterra, «fue en buenos términos, pero no estamos conformes con la manera que se está segmentando» el esquema de retenciones. No obstante, subrayó que «no se evalúa que haya medidas de fuerza».

La estrategia del gobierno es contener, negociar y seguir avanzando: el manejo del Estado y las mayorías en el Congreso le permiten mantener la iniciativa. La apuesta de los sectores más duros entre los empresarios rurales y sus representantes es política, antes que gremial empresaria: su expectativa es que el malestar de los sectores de la sociedad descontentos fortalezca su protesta, como sucedió en 2008.

Mi evaluación, necesariamente tentativa, es que esos sectores existen y no son mínimos, pero su descontento se expresa con mucha más fuerza en las redes sociales y en mensajes en grupos de whatsapp que en cualquier otro lado. No hay un elemento aglutinador, y cualquier nostalgia del gobierno de Macri pertenece a segmentos muy menores de la población.

En todo caso, como señalé antes, la discusión por las retenciones la resolverá la realidad, con esos modales bruscos que tiene. El Estado, y el país, no tiene otra fuente importante de ingresos a la que recurrir en el futuro inmediato, y el endeudamiento al que recurrió, irresponsablemente, el gobierno anterior hoy está cerrado. Los actores inteligentes de ambos lados lo saben.”

ooooo

En esta nota puse énfasis en hacer notar que los empresarios rurales tendrán que tomar en cuenta el “principio de realidad”: la experiencia Macri en un caso, los números de la deuda externa en otro, hacen que buena parte de los sectores medios argentinos, y los acreedores extranjeros, sienten menos simpatía por sus reclamos.

Pero también ese principio vale para el gobierno. Alberto, seguramente Cristina, sentirán más simpatía por los militantes políticos que por los sojeros. Y el enfrentamiento de la 125 fue la partida de nacimiento de la militancia kirchnerista como la conocemos. Pero… las divisas las traen las exportaciones de soja y derivados. Una cuidadosa lectura de la realidad internacional indica que no hay mercado para exportaciones de militantes argentinos.


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