Latinoamérica en la era de Trump

febrero 21, 2017

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Dudé antes de subir este post. En primer lugar, por el título. Estoy convencido -lo he planteado varias veces en el blog- que la etapa del capitalismo financiero que comenzó con la decisión de Nixon de terminar la convertibilidad del dólar con el oro (1972), la Crisis del Petróleo (1973), y la Revolución Conservadora de Thatcher y Reagan (1979…) -las tres, con algún vínculo entre sí- está agotada. Y estamos en los umbrales de una nueva. Ahora, que vaya a llamarse la “era de Trump”… el único que está seguro de eso es el Donald.

Además, no tengo mucha fe en los economistas vivientes con prestigio internacional. Su registro de aciertos es de mínimo a inexistente. Pero debo reconocer que Joseph Stiglitz está entre los que menos han sido desmentidos, o puestos en ridículo, por la realidad.

Entonces, les acerco esta conferencia que dio el mes pasado en Bogotá. Me parece un texto lúcido, y entre nosotros se publicaron partes muy recortadas. Pero sobre todo, quiero rescatar la sugerencia que nos hace a nosotros, los latinoamericanos. Que sea un gringo el que nos lo tenga que decir…!

México debe prepararse para un golpe muy fuerte. Porque más del 60 % de las exportaciones mexicanas son para su vecino del norte. Si la Casa Blanca crea, como anuncia, unos impuestos de importación será algo devastador para su economía. Pero la crisis que se advierte puede ser el punto de partida para que los latinoamericanos establezcan un mercado común, lejos del prevalente intervencionismo norteamericano.La pregunta es quién va a redactar las reglas del comercio en las Américas en el siglo XXI. Latinoamérica tiene una oportunidad de oro para redactar sus propias “reglas de comercio”.

Estos son los otros temas que tocó Stiglitz en Colombia:

El 20 de enero de 2017, Donald Trump tomó posesión como el 45º presidente de Estados Unidos. No me gustaría decir “te lo dije”, sin embargo, su elección no debió causar sorpresa. Como expliqué en mi libro del 2002, Los malestares de la globalización, las políticas que hemos utilizado para manejar la globalización han sembrado las semillas del descontento generalizado. Irónicamente, un candidato del mismo partido que ha impulsado con más fuerza la integración financiera y comercial a nivel internacional ganó las elecciones prometiendo retroceder y anular ambas formas de integración.

Por supuesto, no hay vuelta atrás. China e India están ahora integradas en la economía mundial y la innovación tecnológica está reduciendo el número de empleos de manufactura en todo el mundo. Trump no puede recrear los trabajos de manufactura bien pagados de las décadas pasadas; sólo puede impulsar la manufactura avanzada, que requiere conjuntos de habilidades más sofisticados y da empleos a menos personas.

Entre tanto, la creciente desigualdad continuará contribuyendo a la desesperación generalizada, especialmente entre los votantes blancos en la parte central de Estados Unidos, quienes le sirvieron en bandeja a Trump su victoria electoral. Como los economistas Anne Case y Angus Deaton indicaron en su estudio de diciembre de 2015, la esperanza de vida entre los estadounidenses blancos de mediana edad está disminuyendo, mientras que paralelamente aumentan las tasas de suicidios, consumo de drogas y alcoholismo. Un año más tarde, el Centro Nacional para Estadísticas de Salud de EE. UU. informó que la esperanza de vida del país en su conjunto ha disminuido por primera vez en más de 20 años.

En los tres primeros años de la llamada recuperación tras la crisis financiera del 2008, el 91 % de las ganancias fue a manos de quienes están en el 1 % superior en la distribución de las personas que generan ingresos. Mientras se rescataba a los bancos de Wall Street echando mano de millones de dólares de dinero de los contribuyentes, los propietarios de viviendas recibieron solamente una mísera ayuda. El presidente estadounidense, Barack Obama, salvó no sólo a los bancos, sino también a los banqueros, accionistas y tenedores de bonos. Su equipo de política económica conformado por miembros de Wall Street rompió las reglas del capitalismo para salvar a la élite, confirmando la sospecha de millones de estadounidenses de que el sistema está, como se diría en palabras de Trump, “amañado”.

Obama trajo consigo “un cambio en el que usted puede creer” en ciertos temas, como en la política climática, pero en lo que concierne a la economía reforzó el statu quo, el experimento de 30 años con el neoliberalismo, que prometió que los beneficios de la globalización y de la liberalización “se derramarían gota a gota” para beneficio de todos. En lugar de ello, los beneficios ascendieron para favorecer a quienes están en la parte superior de la distribución de ingresos, esto ocurrió en parte debido a un sistema político que en la actualidad parece basarse en el principio de “un dólar, un voto”, en lugar de “una persona, un voto”.

La creciente desigualdad, un sistema político injusto y un gobierno cuyo discurso indicaba que estaba trabajando a favor del pueblo, mientras tomaba acciones a favor de las élites, crearon las condiciones ideales para que un candidato como Trump aprovechara dicha situación. Si bien Trump es millonario, se puede ver con claridad que no es miembro de la élite tradicional, lo que le brindó credibilidad a su promesa de cambio “verdadero”. Y, a pesar de ello, las cosas permanecerán iguales bajo el mandato de Trump, quien se aferrará a la ortodoxia republicana en materia de impuestos. Además, al designar a miembros de lobbies y de sectores industriales como autoridades en su administración gubernamental, Trump ya ha roto su promesa de “drenar el pantano” en Washington.

El resto de su agenda económica dependerá en gran medida de si el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, es un verdadero conservador fiscal. Trump ha propuesto que los grandes recortes de impuestos para los ricos se combinen con programas masivos de gasto en infraestructura, lo que impulsaría el PIB y mejoraría un poco la posición fiscal del Gobierno, pero no tanto como lo esperan los defensores de la economía de la oferta. Si Ryan no está tan preocupado por el déficit como dice que lo está, dará fácilmente su sello de aprobación a la agenda de Trump y, en consecuencia, la economía recibirá el estímulo fiscal keynesiano que le está haciendo falta desde hace tiempo.

Otra incertidumbre se relaciona con la política monetaria. Trump ya se ha pronunciado en contra de las tasas de interés bajas, y en la actualidad hay dos puestos vacantes en la junta de gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos. Añada a eso el gran número de funcionarios de la Fed que están ansiosos por normalizar las tasas y se puede apostar con certeza a que realmente se van a normalizar, quizás llevándolas hasta niveles que irán más allá de solamente contrarrestar el estímulo keynesiano de Trump.

Las políticas de Trump a favor del crecimiento también terminarán siendo socavadas si él exacerba la desigualdad a través de sus propuestas fiscales, así como si comienza una guerra comercial o abandona los compromisos de Estados Unidos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (especialmente si otros países adoptan represalias mediante la imposición de un impuesto transfronterizo). Ahora que los republicanos controlan la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso, tendrán una relativa libertad para debilitar el poder de negociación laboral de los trabajadores, para desregular Wall Street y otras industrias, y para hacerse de la vista gorda frente a las leyes antimonopolio que ya están instituidas, y, consiguientemente, todo ello va a generar más desigualdad.

Si Trump sigue adelante con su amenaza de campaña sobre la imposición de aranceles a las importaciones chinas, la economía de Estados Unidos probablemente sufrirá más daño que la china. Bajo el actual marco de la Organización Mundial del Comercio, por cada arancel “ilegal” que EE. UU. imponga, China puede tomar represalias en cualquier lugar que elija. Por ejemplo, puede elegir imponer restricciones comerciales dirigidas a empleos en los distritos del Congreso de aquellos congresistas que apoyan los aranceles estadounidenses.

Sin duda, las medidas contra China permitidas dentro del marco de la OMC, como los aranceles antidumping, pueden estar justificadas en algunas áreas. Pero Trump no ha enunciado los principios rectores de la política comercial; además, EE. UU., un país que subsidia directamente a sus industrias automotriz y aeronáutica, y también subsidia indirectamente a sus bancos a través de tasas de interés muy bajas, estaría lanzando piedras en una casa de vidrio. Y, una vez comience este juego de ojo por ojo, muy probablemente podría terminar en la destrucción del orden internacional abierto que se ha formado a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Del mismo modo, el Estado de derecho a nivel internacional, que se aplica principalmente a través de sanciones económicas, podría fracasar con Trump. ¿Cómo responderá el nuevo presidente si las tropas alineadas por Rusia intensifican el conflicto en Ucrania oriental? El verdadero poder de EE. UU. siempre se ha derivado de su posicionamiento como una democracia inclusiva. Sin embargo, muchas personas alrededor del mundo en la actualidad han perdido la confianza en los procesos democráticos. De hecho, en toda África he escuchado comentarios: “Trump hace que nuestros dictadores se vean bien”. A medida que el poder blando estadounidense continúa erosionándose en el transcurso del 2017 y de manera posterior, el futuro del orden internacional se tornará más incierto.

Mientras tanto, el Partido Demócrata seguramente hará un análisis post mortem de las elecciones. Hillary Clinton perdió, fehacientemente, debido a que no pudo ofrecer a los electores una visión convincente que fuera marcadamente distinta a aquella de la agenda neoliberal que adoptó Bill Clinton en la década de 1990. Al haber seguido una estrategia política de “triangulación” —la adopción de versiones de las políticas de sus adversarios— por más de una generación, el partido que se encuentra en el lado de la izquierda ya no puede presentarse como una alternativa creíble frente al partido que se encuentra en el lado de la derecha.

Los demócratas tendrán un futuro sólo si rechazan el neoliberalismo y adoptan las políticas progresistas propuestas por algunos de sus líderes, por ejemplo Elizabeth Warren, Bernie Sanders y Sherrod Brown. Esto los pondrá en una posición fuerte frente a los republicanos, quienes tendrán que encontrar la manera de gestionar una coalición entre cristianos evangélicos, ejecutivos de corporaciones, nativistas, populistas y aislacionistas.

Con la llegada de Trump, y debido a que los dos partidos principales ahora están en proceso de redefinición, el 2017 puede muy probablemente llegar a ser recordado como un punto de inflexión en la historia de Estados Unidos y en la historia del mundo“.


Macri y la pared

febrero 20, 2017

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La semana pasada fue movida, aún para los estándares de la política argentina. El gobierno cometió una serie de torpezas (“errores no forzados”, en la jerga del tenis) que lo descolocaron (lo hicieron recular en chancletas, en la jerga del barrio). Ahora, la pregunta que trasciende la coyuntura es ¿hasta que punto lo debilitaron -no en sí mismos, no son lo bastante importantes- sino como síntomas de problemas serios en el mecanismo de toma de decisiones, en su mismo proyecto político?

Para responder a esto, es necesario tener claro que las principales dificultades de un gobierno en un Estado moderno -aunque desorganizado e ineficaz, como el argentino actual- no vienen de los opositores. Sé que es una desilusión para los militantes apasionados, pero los problemas críticos surgen cuando hay desaliento, desmoralización o divisiones en los sectores que los apoyan y sostienen.

En el Clarín de ayer hay algunos elementos que pueden ayudar a contestar la pregunta. No me refiero a las columnas de Kirschbaum ni de Blanck: son soldados del Grupo y llevan adelante su tradicional estrategia con todos los gobiernos: golpear y negociar. Además, saben la lección básica que los medios kirchneristas no lograron aprender: demasiado oficialismo hace un diario aburrido. Es el error fatal.

Pienso, en el plano de la política coyuntural, en la columna de Ignacio Zuleta. Un periodista profesional, con excelente acceso a fuentes de primer nivel, se ha dedicado en el último año a volcarse, sobre todo, al universo macrista. Por eso, su nota es interesante porque refleja como piensan los hombres del PRO y sus aliados radicales:

La cadena de tropiezos de la última semana (Correos, subibaja de las jubilaciones) puso a la coalición Cambiemos al borde de la ruptura terminal. Difícil que pueda superar otra igual, si se repite. Difícil que no se pueda repetir, ya que aunque ocultaron las escaramuzas, los aliados políticos del Pro provocaron un giro de Mauricio Macri de su posición en los dos asuntos. Hasta ese momento, se había negado 1) a hablar en público sobre el concordato del Correo Socma, 2) a revertir la modificación a la baja del cálculo de las jubilaciones. La vehemencia con la cual los bloques de la UCR y la CC enfrentaron esas conductas dieron vuelta la agenda del presidente.

Los términos de ese enfrentamiento fueron más virulentos que los que usó la oposición política ante esos dos temas, que expusieron la improvisación y la desorganización de algunos niveles decisorios del poder Ejecutivo.

Elisa Carrió lo dijo en público en la sesión del miércoles, cuando se discutía la ley de ART y tomó nota de que se había anunciado el nuevo cálculo de las jubilaciones. “¡Dame el teléfono! ¡Quiero hablar ya mismo con estos tipos!” – gritó desde su banca para la escuchasen todos, en particular Diego Bossio. Se sientan banca de por medio y lo había visto tejiendo con Sergio Massa la abstención que podía hacer caer la ley de ART. “¡Quiero la cabeza de Basavilbaso, esto se tiene que arreglar ahora mismo! ¿Qué se creen, que estoy en política hace dos meses?”, remató. ¿A quién le hablaba? A los propios, a los ajenos y a la cuarta pared, la del público, como manda la receta del histrión, que todo político en serio tiene dentro de sí. Con ese tono impuso la cuestión de privilegio para que se votase ART en el acto“.

Los invito a leer la nota completa, cliqueando aquí, por los entretelones que revela, para los que se interesan en eso. Pero creo que es más significativo -como le pareció a ex altos funcionarios y economistas del peronismo- este reportaje, que también apareció ayer en Clarín Económico.

Estamos absurdamente desajustados”, dispara Carlos Rodríguez, economista, formador de economistas, fundador del Centro de Estudios Macroeconómicos Argentinos (CEMA) y actual rector de la evolución de ese centro, la Universidad del CEMA. Señala que “la economía es un descalabro” y explica que el principal problema de la actual administración “es la falta de liderazgo y tener a los animal spirits en contra”, parafraseando a John Maynard Keynes*. También que privilegiar la lucha contra la inflación a costa del nivel de actividad es un error y que la política de endeudamiento masivo es insostenible.

-¿Por qué habla tanto de política?

-Parte del problema económico es que Macri basó su estrategia de poder en Cambiemos en un boom económico que se iba a generar por las inversiones que llegarían a la Argentina luego de su triunfo. Nosotros le avisamos que eso no sucedería porque no hay poder político. La coalición de Gobierno no genera confianza. El tema es que no te va a venir una lluvia de inversiones cuando tenés elecciones de medio término y cuando ganaste por un punto contra un candidato devaluado. Y ganaste con una coalición inestable, por decirlo suavemente. Y ganaste, además, reuniendo a todos los anti k. Recuerdo que ya desde el año pasado, el anteaño en realidad, después de las elecciones yo recontratuite mil veces que no hay poder político. No hay peronistas en el gobierno y eso significa que no están los votos suficientes para impulsar los cambios necesarios.

-Pero no empezó mal el Gobierno …

-Empezás mal ya en enero (de 2016) cuando anuncias que las tarifas aumentarían un 5000%, y la gente se asustó y dejo de consumir. Venías con un nivel de actividad en baja, pero nada dramático, y con ese anuncio se deprimieron los animal spirits, como decía Keynes y se impuso la recesión. Acentuó en serio la recesión en febrero. Aterrorizaron a todos los votantes. Los animals spirits hacen que la gente no consuma y no vienen los inversores porque tenés elecciones. No hubo lluvia de dólares y no va a pasar.

 

Sigue cayendo la producción sectorial, las ventas bajan, el consumo cayó en todo el año. La economía es un descalabro. ¿Por qué? Porque hay miedo a lo que va a pasar si se hace lo correcto. Así, las personas no quieren consumir y las empresas no invierten. Hagan lo que hagan. La plata no va a gasto. Y ni siquiera entra al circuito monetario. El efectivo entra al banco y de ahí van a las Lebac’s.

-¿Hay error de diagnóstico o de instrumentación?

-Yo creo que el gobierno tiene un único objetivo que es bajar la inflación. Creen que van a ganar las elecciones con un sólo número, que es una baja en la inflación. Fíjese lo que pasó con esa medida, “extraña” (dibuja en el aire las comillas) por lo menos que son los precios transparentes. Es una medida está destinada a bajar la tasa de inflación a lo que venga. Esperaban que el precio financiado siga constante y baje el contado. La gente sólo se fija si puede pagar la cuota, pero el INDEC registra los precios de contado entonces obtuvieron una pequeñísima baja en la inflación a costa de una fuerte caída en las ventas. O sea: todo mal. Subieron las cuotas y el contado bajó muy poco. Es como si sus asesores les dijeran: no importa la reactivación, sino la tasa de inflación.

-Pero ¿no es bueno bajar la inflación?

-Yo hubiera preferido un 40% de inflación con la economía funcionando y no un 20% con la economía a punto de explotar por la caída en el consumo y la recesión. Me parece que así como lo de precios transparentes es un error técnico, por definirlo de alguna manera, hubo una decisión de política económica de privilegiar la baja de la inflación en lugar de apostar a la reactivación. Y están errados.

-¿Se puede controlar el nivel de precios con las metas de inflación?

-Yo no creo en esa economía rara que definen como “metas de inflación”. Lo que yo aprendí en Chicago con Milton Friedman es que para bajar la inflación no hay que tener déficit fiscal y no hay que controlar las tasas de interés. Es nuevo que el BCRA fije las tasas y no la cantidad de dinero. Para mí eso es un experimento de pizarrón moderno. Claro que puede funcionar en países con 2, 3 o 4 puntos de inflación. Ahí funciona cualquier cosa. Pero nosotros no somos así. La base monetaria a fines de enero creció el 48% y dicen que la inflación será el 17%. No sé como lo harán. Con ese crecimiento de la base y un déficit fiscal base del 6%, porque no habrá blanqueo, … un cuasifiscal enorme por las Lebac’s … no puede ser una tasa de inflación real como dice el gobierno.

 

-¿Es correcto endeudarse para financia el déficit?

-No es sustentable el endeudamiento como lo están haciendo ahora. La prioridad del equipo económico es tomar deuda que, dicen, van a pagar con crecimiento, pero eso no sucederá. La gente piensa que la cosas no están bien y como no hay crecimiento, todo se agrava.

-¿Qué va a pasar con el dólar?

-Si supiera qué va a pasar con el dólar sería millonario. En serio, debido a la extraordinaria emisión de deuda se produce una revaluación del tipo de cambio que es insostenible. Con algo llamativo: un ingreso legítimo de capitales implica un dólar barato que se asoció a tasas más bajas y reactivación económica. Esto no sucede ahora, quizás porque es deuda, no capitales legítimos. Me intriga. Pero creo que tiene que ver con lo que estábamos hablando: no tienen los votos ni el liderazgo“.

Este reportaje es interesante, entre otras cosas, porque -salvo por la diferencia fundamental en los sectores sociales que toma en cuenta- las críticas a la política económica podrían haber sido hechas por un economista peronista tradicional como Eduardo Curia (Un neokeynesiano como Kicillof pondría diferentes énfasis). Pero ese no es el punto. La clave política es que Carlos Rodríguez es un vocero natural de los sectores del poder económico más afines al proyecto macrista.

¿Amenaza esto la estabilidad del gobierno? No. Ni los políticos de la coalición oficialista ni tampoco el “círculo rojo”, los diversos sectores del poder económico, tienen otro presidente hasta el 2019. Pero Macri ha perdido la confianza que le había ganado su victoria del 2015. No esperen cambios dramáticos: la lectura del Mauricio es, estimo, que si los hiciera, su poder se licuaría aún más. Pero creo que ya se puede hablar de una segunda etapa en su gobierno, más condicionada. Por ahora, por los mismos que lo han apoyado.


Argentina Nuclear, 2017 – XLIX: La electrónica argentina que llegó a ser

febrero 19, 2017

Este capítulo -¡ya vamos por el 49°!- de lo que ya debería llamarse “La Historia Moderna de la Tecnología Argentina”, es especial. En el plano político, es la continuación del anterior, una visión del Mercosur que pudo haber sido y no fue. En lo industrial y tecnológico, es la historia de una gran epopeya argentina. Que involucró, dio empleo y sueños a centenares de miles de argentinos, e influyó en la vida de todos. Y hoy está totalmente borrada de la historia, de las crónicas periodísticas que se publican y hasta, en gran parte, de la memoria popular. Cuando entendamos los mecanismos que produjeron este vacío, tendremos la clave de la frustración argentina.

  1. La gran electrónica argenta

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El hombre y la obra: el astrofísico Carlos Varsavsky y las Microcifra 10 científicas, que en 1975 ya se exportaban a Europa. Como concesión a los EEUU, usaban punto decimal, en lugar de coma.

Y así los brasileños le hicieron a Manolo Sadosky la propuesta de la ESLAI, la Escuela Latinoamericana de Informática, para ir formando una mejor base de profesionales en el subcontinente entero. Como les sucedía con los asuntos atómicos, los primos tenían plata y la gastaban a espuertas en abrir y ampliar universidades. Ya empezaban a cosechar ingenieros, y buenos.

Pero eran esclavos de su pasado: les faltaba un siglo entero incubando un sistema educativo público de excelencia de punta a punta. Sadosky era Mariano Acosta + UBA, matemático, físico e informático. Varsavsky era Nacional Buenos Aires + UBA, astrofísico por una parte, y organizador industrial experto en prospectiva. Los propios ingenieros Madanes, una luz para la política y los negocios, jamás habían pisado un aula privada. Eran gente muy polivalente y de un nacionalismo nada declamatorio.

La historia de CIFRA entre 1969 y 1976 todavía eriza la piel. Bajo protección aduanera puesta por Aldo Ferrer durante la presidencia del general Roberto Levingston, y con Julio Broner, líder de la entonces potente Confederación Económica Argentina(CGE) – como para que se mantuviera en tiempos del general Alejandro Lanusse-, aquellos Madanes estaban inventando otra Argentina. Con tecnología 100% salida de la Universidad de La Plata, sin pagar un dólar de royalties a ningún consultor externo, acababan de fundar ALUAR en Madryn. La idea era transformar bauxita importada en aluminio nacional en lingotes. Lo quería la Fuerza Aérea quería para su Fábrica Militar de Aviones de Córdoba, por si había pesto con vecinos y pintaba boicot de proveedores externos.

Como reducir bauxita a metal es un proceso electrolítico que consume barbaridades de energía, a ALUAR Lanusse le construyó “gratarola” la central hidroeléctrica de Futaleufú, en la lejana cordillera, y un electroducto de 500 KV que cruzaba 300 km. de la estepa chubutense. El 99% de la electricidad se la “bebía” la inmensa ALUAR y con el 1% restante, sobraba para iluminar Trelew y Madryn. Paradójicamente, aunque ALUAR refundó Madryn y la hizo lo que es hoy, el único enclave patagónico de valor agregado, después de Bariloche, la Fuerza Aérea nunca le pidió “dural”, aleación de aluminio aeronáutico. No sé por qué razón, lo siguió importando. Pero el país se llenó de cerramientos, autopartes y matricería de aluminio argentino.

En el cenit de su poder económico, político e intelectual, aquellos Madanes y los discípulos de Sadosky hicieron de CIFRA uno de los 10 mayores fabricantes de calculadoras del mundo. Sí, leyó bien. Y la firma, conste en actas, no era un armadero fueguino: tenía tecnología propia integrada verticalmente: impresoras, memorias, carcazas… ¡Diseñaba sus propios chips con sistemas CAD en 1970! ¡Y los fabricaba, junto con los “leds” de las pantallas, en una planta de 1400 personas!

¡Y qué innovación! De 1973 a 1974, las CIFRA pasaron de tener 150 circuitos integrados a sólo 7, y mayor potencia de cálculo.

Aquellas máquinas tenían una impecable belleza y no había modo de romperlas. Literalmente hidrolavaron y rasquetearon del mercado nacional a Olivetti, IBM y Phillips, para luego inundar el latinoamericano hasta el Río Grande. Mientras en casa CIFRA era dueña del 50% de las ventas, en México, capturó el 30% en las barbas mismas del Tío Sam. En la orilla norte del Río Grande, Texas Instruments, encantada. El único mercado donde las “multis” del Hemisferio Norte le lograban armar una especie de Línea Maginot era… je, Brasil. ¿Cómo nos iban a olvidar, los vecinos?

En 1975 las CIFRA ya cruzaban el Atlántico rumbo a dos países de Europa, gracias a la “MicroCifra”, la segunda calculadora de bolsillo de la historia después de la Hewlett Packard 35, y la primera con capacidad de operaciones científicas y financieras. Aquí copó la región de movida, para desconcierto de Japón, que estaba llevándose puesto el resto del planeta con Casio, Canon, Sharp y Sanyo.

Cuando se quisieron acordar, los Madanes tenían 400 distribuidores en Argentina, unos 100 más afuera, y las maquinitas criollas pintaban hasta en la República Federal Alemana. El 30% de la producción se exportaba. El 15% de las utilidades se invertía en Investigación y Desarrollo.

La craneoteca de FATE Electrónica tramaba ya la serie 1000, una proto-PC de escritorio, sin teclado gráfico o pantalla independiente. Ahora el rival a barrer era IBM y el nicho computacional, el de las máquinas “mainframe”. La FATE 1000 tenía la potencia de cálculo de una IBM 370, la cual en comparación, por tamaño y forma, parecía una heladera adosada a un piano. La maquinita criolla intentaba una revolución conceptual: la transformación de la computadora como bien de capital en otro de consumo.

Y ahí quedó. En la búsqueda de ese cambio de paradigma, la CIFRA 1000 no llegó a enfrentarse jamás con IBM. Tampoco pudo batirse con un adversario aún más elegante, avanzado y temible, un artilugio modular con pantalla, teclado y mouse, que dos hippies de nombre Steve y apellidos Jobs y Wozniak respectivamente, pergeñaron en un garaje de Los Altos, suburbio de Los Ángeles. Hoy el lugar es sitio histórico: fue la cuna de la Apple II, que vendió unas 6 millones de unidades y cambió la historia de Jobs, Wozniak y el mundo.

La Apple II y la CIFRA 1000 coincidían en ser aparatos difíciles de imaginar para los ingenieros en sistemas, y casi amigables para quienes no sabemos un comino de computación. Jobs y Wozniak sacaron su producto sin el respaldo financiero e industrial de Madanes, pero en un ecosistema económico y tecnológico de inmensa potencia: el californiano. A aquellos Madanes, en cambio, se les estaba incendiando el país. Varsavsky se tuvo que rajar a los EEUU cuando mataron a su sobrino David, y con muchas amenazas de muerte encima. Murió allí como lo que había sido antes: un radioastrónomo académico.

Jobs dejó este mundo en 2011 sin haber siquiera oído de la marca CIFRA. El diseño de la ya antideluviana 211 tenía ese minimalismo “cool” de Apple. Pero esa firma (hoy la más valiosa del mundo) nunca pasó por el Rodrigazo y trascartón, por el industricidio traccionado a genocidio de aquel otro hijo de su madre, para quien era lo mismo producir aceros o caramelos, esquelético señor con apellido de hoz pero guadaña de Parca, quien con su apertura de de aduanas, de chupaderos y de financieras exterminó no sólo a miles de personas y empresas, sino también la noción misma de capitalismo tecnológico en Argentina.

Lector@s, no me fumé nada raro. Cualquiera que supere los 58 vio y usó las máquinas CIFRA. Quien conserve alguna, que la cuide: son objetos de culto en Internet. Cuando en 1978 las primeras Apple II llegaron a la Argentina, más como chiche de ricos que otra cosa, los restos mortales de FATE Electrónica fueron comprados por la firma japonesa electrónica NEC. Para su entierro.

Pero quién nos saca la copa del Mundial, ¿eh?


El mundo vuelve a la normalidad: el proteccionismo

febrero 15, 2017

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Se que leer Clarín es un esfuerzo, y hasta algunos lo pueden considerar un sacrificio. Pero sostengo que a veces -quizás por una inadvertencia de los redactores, o el atormentado fantasma de don Rogelio Frigerio (abuelo) que ha sido visto paseándose por las oficinas- se filtran notas interesantes. Ésta que apareció hoy, de la autoría de Víctor Becker, veterano economista radical y nada kirchnerista, es una. Breve comentario mío al final.

Las propuestas políticas y económicas de Donald Trump tienen desconcertados a la mayoría de los analistas. En particular, en el plano económico, estábamos acostumbrados a que el discurso proveniente del Norte fuera en defensa del libre comercio y súbitamente aparece un líder con ideas semejantes a las que veníamos escuchando de boca de los dirigentes tercermundistas.

Sin embargo, estas ideas no son nuevas en la dirigencia estadounidense. Más aún, salvo en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue un país esencialmente proteccionista.

Tras independizarse de Gran Bretaña, la segunda ley aprobada bajo la presidencia de George Washington fue la que establecía las tarifas sobre las importaciones. No por nada el primer Secretario del Tesoro era Alexander Hamilton, un destacado defensor del proteccionismo económico. Sostenía que “mantener una competencia en igualdad de condiciones, tanto en cuanto a calidad como a precio, entre un establecimiento nuevo de un país y los establecimientos de larga maduración de otro país, es, en la mayoría de los casos, impracticable”. Concluía en la necesidad de una ayuda extraordinaria y protección del gobierno para desarrollar la industria local.

Los únicos defensores del librecambio en Estados Unidos eran los dueños de las plantaciones del Sur, que, gracias a la mano de obra esclava, podían vender barata su producción en el mercado mundial. Sus votos se inclinaban mayoritariamente hacia el partido Demócrata. Lincoln –un republicano y convencido proteccionista- quebró la resistencia del principal bastión librecambista en el país.

Mientras Gran Bretaña fue la primera potencia económica mundial, Estados Unidos –al igual que Alemania, Francia y Japón- abrazaron el proteccionismo para impedir que la competencia de las importaciones baratas de aquel país impidiera el desarrollo de la industria local.

En palabras del presidente republicano William McKinley (1897-1901): “Bajo el libre comercio, el comerciante es el amo y el productor es el esclavo. El proteccionismo no es sino la ley de la naturaleza”.

Todo cambió tras la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos surgió como la primera potencia mundial y allí abrazó el credo del librecambio como forma de abrir los mercados externos a sus exportaciones. Así lo había vaticinado el presidente Ulisses Grant (1869-1877): “Después de dos siglos (de proteccionismo), Inglaterra ha encontrado conveniente adoptar el libre comercio porque piensa que no hay ya nada que el proteccionismo pueda ofrecerle. Muy bien, caballeros, mi conocimiento de nuestro país me lleva a pensar que dentro de 200 años, cuando Estados Unidos haya obtenido de la protección todo lo que ella puede ofrecer, también adoptará libre comercio”.

Quizá no hay palabras que mejor expresen el pensamiento trumpista que las del varias veces precandidato a presidente por el partido Republicano Pat Buchanan y ferviente partidario del nuevo presidente: “Detrás de un muro tarifario construido por Washington, Hamilton, Clay, Lincoln y los presidentes republicanos que siguieron, los Estados Unidos han pasado de ser una república agraria costera a convertirse en la mayor potencia industrial que el mundo jamás ha visto, en apenas un siglo”.

No hay nada novedoso en el credo económico adoptado por el presidente Trump que regresa a las tradiciones del partido republicano dejadas de lado sólo durante el periodo 1950-2016.

El librecambio ha sido históricamente la bandera de los que tienen todo para ganar del comercio internacional. Lo fue de Gran Bretaña hasta 1930, la de Estados Unidos posteriormente y es la de China actualmente. Por eso mismo el mercado laboral y el de productos agrícolas de los países centrales permanecieron, aún durante el proceso liberalizador, guarecidos tras poderosas barreras a la inmigración y a la importación de tales productos.

La liberalización de los flujos de capital estimuló la inversión en los países donde la producción era más barata. En un mundo totalmente globalizado, buena parte de la producción industrial se concentraría en China, por el bajo costo de su mano de obra. Para evitarlo, Trump intenta trabar la circulación de capital imponiendo sanciones a las empresas que inviertan en el exterior. Su objetivo es generar empleos industriales en estados como Ohio, Pennsylvania o Illinois, que son críticos en la definición de cualquier elección nacional. Su postura sirve para recordar que en materia de comercio e inversión internacional las naciones no se guían por principios sino por intereses.

El giro hacia el proteccionismo no dejará de producir efectos. Los consumidores americanos deberán pagar más caros los productos que hoy importan y seguramente habrá represalias de los países que resulten perjudicados, que abrazarán esquemas igualmente proteccionistas.

Frente a este panorama, Argentina debería repensar su estrategia comercial pensada para un mundo que no es el que imperará en los próximos años. ¡Ojalá esta vez no lleguemos a la estación cuando el tren ya haya partido!

El título del posteo es mío, y es una exageración. Es cierto que ningún país con “densidad nacional” -el término es de Aldo Ferrer- ha dejado de proteger las actividades que interesaban a una parte considerable de su población de la competencia extranjera. Pero la mayoría de los países no ha logrado esa densidad nacional.

En especial, cuando existe un gran desequilibrio en el poder de una de las partes, surgen en el país más débil sectores que implantan una economía de “plantación”: monoproductores para un mercado externo. Esa ha sido una historia que se vio en África, Asia del Sur y buena parte de América Latina en los siglos XIV a XIX. Y todavía persiste, cómo no.

Pero la etapa actual de la globalización ha terminado por lograr que el librecambio esté perjudicando a sectores numerosos de los ciudadanos de las Potencias. Sólo China, amparada en su disponibilidad de mano de obra -comparativamente- barata combinada con el avance tecnológico puede ser librecambista sin inhibiciones hoy. Y aún ella deberá enfrentar en el futuro la competencia de nuevos actores, India, y en Asia del Sureste. No dudo que aplicará proteccionismo, llamándolo de otro modo.

El punto, que correctamente Becker deja abierto, es cómo enfrentamos los argentinos la nueva situación global, una vez descartada la actual desubicación macrista. Tema para otro posteo.


Otros “desaparecidos”

febrero 14, 2017

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Esta columna En tiempo de escuchas, de Carlos Leyba, un veterano e inconvencional economista (¡se preocupa por la realidad!) sobre una conversación entre un funcionario y un empresario fue publicada este viernes en El Economista y levantada por Mundo Empresarial.

Los argumentos en boca del funcionario muestran que está en un tercer nivel. Los de más arriba sólo dialogan con esta franqueza con los CEOs de las multis y las cabezas de los grandes grupos. Pero reflejan muy bien, estimo, lo que está realmente piensan los niveles de decisión del actual gobierno. Y el tono de las conversaciones que se dan con los empresarios medianos y pequeños.

Agrego al final una observación que se volcó en el seno de la Comisión de Economía del PJ. Pero me parece que el mejor título para la nota lo puso M. E.:

Para los funcionarios los empresarios que entorpecen la competitividad “tienen que desaparecer”

Nos llegó esta desgrabación entre un funcionario (F) joven, con posgrado, ejecutivo del sector servicios, que habla con un empresario (E) nacional mediano, manufacturero y transformador, con cincuenta años en el rubro

F: Venís perdiendo competitividad hace rato. Participación en el mercado externo casi nula y en el interno en declive. No sos competitivo. No entiendo.

E: Tenés razón. Afuera me dicen que mi calidad es razonable en este nivel de gama, pero que mis precios son imposibles. Lo lamentan. Que revise mis números. Que así no. En el mercado interno me devuelven mercadería. Los importadores dan precio y financiación. No tengo capital de trabajo y si pido crédito me matan con la tasa y rápido por el plazo. La importación es muchísimo más barata. Es cierto, no soy competitivo. Ahora decime, ¿a vos te parece que con este tipo de cambio yo puedo competir?

F: ¿La misma cantinela? No hay cepo, no hay retenciones, los capitales entran y salen, el mercado fija el tipo de cambio. Oferta y demanda. ¿Qué te pasa? Este tipo de cambio es de equilibrio. Lo fija el mercado. ¿Está claro? Y si ese dólar de equilibrio a vos no te alcanza, simple, baja la renta del capital y, si no tenés margen, baja los costos. Y si no podes, importá. No vengas con la cantinela del tipo de cambio que no te deja competir. Sos vos, tus costos y tu renta los que te sacan del mercado.

E: ¿Tipo de cambio de equilibrio? ¿Todos los mercados están en equilibrio? La tasa de desempleo supera el 8%. ¿Podés decir que hay equilibrio? Estás confundido. Una cosa es el “equilibrio en el mercado cambiario” y otra cosa es que la economía esté en equilibrio. ¿Y la inflación? ¿Y el déficit fiscal? Dale. ¿“Tipo de cambio de equilibro” con tamaño desorden? El tipo de cambio va a seguir bajando en términos reales porque entran dólares por dos razones. La primera, los estados, tanto nacional y provincial, como municipal, se endeudan en dólares a tasas descomunales. Como estamos mal en materia fiscal entran dólares caros que habrá que pagar o incrementar la deuda. La otra razón es que como el dólar baja o se mantiene estable, entran dólares para ponerse en pesos que rinden tasas astronómicas en dólares si hacen la bicicleta: vendo dólares, colocó en pesos, me pagan el 25%, el dólar baja o está estable, compro dólares y le hago una tasa en dólares mensual del 2%. Bingo. Ganan los que entran dólares sin hacer nada. Yo pagó la tasa en pesos, me aumentan los costos y el dólar, al bajar, me impide exportar e incentiva la importación. ¿Cuál es el equilibrio?

F: No entendés. La estabilidad del dólar calma las expectativas inflacionarias y, además, las importaciones “bajan la inflación”. Frenamos la presión inflacionaria y damos señales virtuosas. ¿Cuál es el principal problema? La inflación. Así la estamos bajando. Ya sé que me vas a decir que el “ancla cambiaria” ya fracasó. Pero esto es distinto. Nosotros estamos poniendo en marcha reformas estructurales de lo que atenta contra la competitividad. Vamos a quedarnos 8 años. Vamos a dar un salto de productividad, de competitividad, de eficiencia. ¿Cómo? Terminando con estructuras pesadas que impiden competir. ¿Cuáles? Anotate: competitividad por conectividad. El país va a estar comunicado. Vamos a ponernos en punta. Por ejemplo, bajando los aranceles de la tecnología. Se terminan los celulares de Tierra del Fuego. Vamos a poder operar en tiempo real aquí y en el resto del mundo. Vamos a construir autopistas, aeropuertos, vamos a incorporar equipamiento ferroviario y todo eso va a generar más capacidad competitiva. Y además vamos a ayudar a las empresas a mejorar. Lo haremos con créditos y disposiciones tributarias y en particular con las Pymes. Y también desbrozando el camino sacando a las empresas no competitivas radicadas en el país que, con sus precios, impiden la competencia. Esas son reformas estructurales y no simplemente el dólar como ancla cambiaria.

E: ¿Ocho años? Pero si el tipo de cambio sigue para abajo, por todas las razones que sean y todas esas reformas por todas las razones que sean, mi empresa desaparece.

F: Perdóname. Pero es así. Vos tenés que desaparecer porque entorpeces la competitividad.

E: Perdóname vos a mí. La competitividad, que es un bien social y colectivo, implica que debe lograrse sin aumentar el desempleo. Es más debería bajar el desempleo. Si hay desocupación para lograr la competitividad no somos más competitivos porque inevitablemente aumentamos el costo social. Es decir baja el costo de la empresa y aumenta el de la sociedad. El neto es que sos menos competitivo o en todo caso igual de poco competitivo. Y la otra condición es que no baje el salario. Si el que queda desocupado vive de la ayuda social, le bajó el salario y entonces el sistema es menos competitivo. No entiendo tu idea de competitividad que, fijate, la pusimos en discusión porque vos insistís que el tipo de cambio de equilibro del mercado cambiario es “el tipo de cambio”. Y no creo que sea así. Fijate. Los dólares entran porque tenés déficit fiscal e inflación. El BCRA no baja la tasa de interés porque si lo hace “sube el dólar” y empuja la inflación. Y el déficit fiscal obliga a endeudarse en dólares a tasas caníbales con destino a financiar pagos de transferencias, subsidios y ayudas varias. Modestamente, no soy funcionario ni economista, estamos en un círculo vicioso. Vos me decís que tengo que bajar costos. Y eso para vos es más importaciones o menos empleo. En ambos casos tirando la soga bajar costos es menos empleo. Y si hay menos empleo tú respuesta es más subsidios que aumentan el déficit fiscal. El desempleado no paga impuestos y además cobra pagos de transferencia. Excepto que quieras dejar que se acumule la desgracia. En ese caso, esto no dura, y como te imaginas vas a perder las elecciones y el poder. Es decir aun el que no trabaja tiene que comer y esa comida la paga el Estado y como el pibe no paga impuestos y, lo que es peor, la empresa, que finalmente desaparece porque no es “competitiva”, deja de pagar impuestos. El círculo vicioso es que tu tipo de cambio y tu filosofía de la competitividad aumentan el déficit fiscal, requiere más dólares del exterior y vuelve a bajar el tipo de cambio. No te entiendo.

F: Claro que no entendés. Tenés que invertir. No tenés que despedir. Tenés que invertir para ser más competitivo. Es simple. Si invertís, adquirís tecnología y con tecnología sos más competitivo. Pero, obviamente, tiene que invertir el que te provee y también el tipo al que vos le vendes. Los empresarios…

E: Pará. Tengo que invertir y asegurarme que inviertan el que me venden y el que me compra porque esa es la única manera que la cadena de valor sea competitiva. Y si alguien no invierte con ese tipo de cambio debe desaparecer y yo importar el insumo, ¿pero si no invierte el que me compra?

F: Exportá.

E: Pero si me reconoces que el tipo de cambio real seguirá bajando ¿cómo querés que planifique para exportar?

F: Riesgo empresario.

E: Suponte que me decido a ese riesgo de invertir para exportar, sin que toda la economía privada lo haga igual, a un tipo de cambio que me decís va a estar sometido a la secuencia déficit, endeudamiento y, por lo tanto, sometido al círculo vicioso de expansión del gasto para compensar las falencias del aparato productivo y que, como consecuencia del proceso de déficit, generará deuda y caída del valor real del tipo de cambio que lo define el mercado de cambios. ¿Cuánto tiempo de supervivencia me otorgás? La experiencia de los últimos 40 años es clarísima: revaluación del tipo de cambio, pérdida de empresas y empleos, perdida de actividades, pérdida de la complejidad estructural, déficit fiscal de auxilio, deuda externa, revaluación. Pasó con J. A. Martínez de Hoz, con Domingo Cavallo, con Cristina Kirchner. A cada uno de ellos, con menos industria cada vez, les sucedió hiperinflación, hiperdesocupación y herencia dramática, que es donde estamos.

F: Viste. Herencia dramática. Lo dijiste vos. Sacamos el cepo, liberamos el mercado y vamos camino a la solución. ¿O no?

E: Irás en el camino. Pero con el panorama que te pinté y, peor, con el que vos me pintás para los próximos ocho años, yo estoy muerto. Te aclaro que hace décadas en el país no hay inversiones. Te va a costar contar con los dedos de la mano inversiones de más US$ 500 millones que no sean en actividades vinculadas al sector primario. Y cuidado que hasta tienen el caradurismo de poner el oro como exportación industrial. Te van a sobrar los dedos de la mano. Por eso tenés, además del desempleo, más del 30% trabajando en negro. ¿Querés bajar las cargas sociales? Fenómeno. ¿Y quien va a pagar el sistema social? No te olvides que nuestro Estado que tiene que proveer educación, salud y seguridad, como mínimo. La realidad es que, además de los impuestos, les cobra a los ciudadanos la plata para las obras sociales o ellos la ponen del bolsillo para las prepagas o pagan la escuela privada o ponen un policía privado en la puerta del departamento. Las reformas que querés hacer implican que tenés que decir quién lo va a pagar. No se puede hablar en borrador. Y mucho menos imponer lo que hablas en borrador. Tenés el derecho de proponer y defender las reformas que quieras. Pero tenés la obligación de consensuarlas. Porque nada garantiza que una vez puestas en marcha, otro elenco no dé marcha atrás o arranque para otro lado. Me hablás de “reforma impositiva” ¿Cuál? Como voy a invertir sin conocer la estructura tributaria. No hablés en borrador.

F: Como siempre, ustedes quieren la cosa fácil, tipo de cambio “competitivo”, sistema de crédito largo y barato. No sé. Sean competitivos.

E: Hermano, los países competitivos lo son porque tienen tipo de cambio competitivo, productividad sistémica, crédito abundante y a largo plazo y, además, muchos incentivos fiscales para invertir y sabes por qué, porque sin inversión no crece la recaudación y aumenta el gasto público. ¿Cuánto tiempo van a tardar en aprenderlo? Y te aclaro te va a costar encontrar un período de superávit fiscal en serio sin tipo de cambio competitivo y retenciones al sector primario, minería incluida. Sabés por qué. Porque esta es una economía de dos velocidades. La de la naturaleza, que es Fórmula 1 y la de la transformación que va –paradójicamente– en carreta. Transformar la carreta en Fórmula 1 exige un programa de transformación no de demolición. Y tampoco un programa de caridad para lo que queda en la calle.

El funcionario se quedó sin tono. Los celulares todavía no funcionan, un problema competitivo”.

Esta mañana se comentó el artículo, informalmente, entre miembros de la Comisión de Economía del PJ. Rescato la frase de Pablo Challú, un hombre que conoce el mundo empresarios desde adentro: “El problema empresarial de las PYMES es que, salvo contadas excepciones, no se deciden a trabajar, sostener y pelear por una ideología que los ampare y promueva: muchos de sus dirigentes sólo sobreviven cuando están al amparo del calor oficial: y así les va y nos va!”.


Señales de fin de epoca: Bancos preocupados y ciudadanos molestos

febrero 7, 2017

 

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Este artículo, un análisis convencional publicado en una revista que adhiere al pensamiento  económico ortodoxo, me parece un buen argumento para lo que vengo sosteniendo: que está agotada una etapa del desarrollo del capitalismo.

Además, nos cuenta lo que está pasando por la cabeza de los banqueros del Hemisferio Norte, donde, todavía, se corta el bacalao.

Un mundo con un bajo crecimiento, salarios estancados, activos sobrevalorados y una caída de los retornos previstos se ha asentado, al tiempo que han crecido los votos de protesta de ciudadanos molestos.

Una repentina alza del costo de la deuda gubernamental en el mundo ha inquietado a los mercados globales, lo que refleja la creciente preocupación entre los inversores de que los bancos centrales puedan haberse quedado sin ideas ni herramientas para estimular a las economías.

A ocho años de la crisis crediticia y el desplome de prestamistas que llevó a los bancos centrales a inundar el mundo con dinero barato para impulsar la economía, su éxito en evitar una larga recesión ha sido opacado por su incapacidad para lograr que el crecimiento y la inflación vuelvan a los niveles anteriores a la crisis.

Un mundo con un bajo crecimiento, salarios estancados, activos sobrevalorados y una caída de los retornos previstos se ha asentado, al tiempo que han crecido los votos de protesta de ciudadanos molestos que consideran que es una burla hablar de los beneficios de la globalización y el capitalismo.

El resultado del referendo en Reino Unido para dejar la Unión Europea es un ejemplo claro, pero también lo es el apoyo a las políticas y partidos populistas en Europa y en la elección presidencial de Estados Unidos.

Los inversores perciben que habrá una revisión de las estrategias macroeconómicas a partir de las sacudidas políticas, lo que alienta las expectativas de un relajamiento monetario permanente hasta que los gobiernos den con soluciones a partir del gasto público y los impuestos.

“Hay una dosis de incertidumbre sobre si los responsables de la política monetaria están en un punto de inflexión”, dijo el estratega de Mizuho Pater Chatwell.

La idea de un momento de cambio para la política monetaria, alentada por señales de dudas de los bancos centrales de Europa y Japón, además de las advertencias de la Reserva Federal de que subirá su tasa nuevamente, han puesto nerviosos a los mercados financieros, que desde hace tiempo contaban con años de crecimiento e inflación miserables, pero con un decidido apoyo de los bancos centrales.

El reporte anual de Deutsche Bank sobre retornos de activos, publicado la semana pasada, sostiene que la actual coyuntura de economía, política y mercados marca un punto de quiebre.

“Estamos por ver una reformulación del orden mundial que han dictado los temas económicos, políticos, las políticas monetarias y los precios de activos desde alrededor de 1980 hasta hoy”, dice el informe.

“La extrapolación de los últimos 35 años podría ser el error más peligroso para inversores, políticos y banqueros centrales”.

Según Deutsche, los asuntos que dominarán los próximos 35 años incluyen: un crecimiento real más lento, inflación más alta, menos comercio internacional, inmigración más controlada, una participación menor de las utilidades corporativas en el Producto Interno Bruto y rendimientos reales negativos de los bonos.

Días de nerviosismo. En sólo tres sesiones, las tasas de interés de largo plazo en Europa, Japón y Estados Unidos, que están en mínimos históricos y en algunos casos son negativas, subieron entre un cuarto y un tercio de punto porcentual.

Los rendimientos de los bonos japoneses de largo plazo tocaron un máximo de seis meses el lunes, mientras que los papeles comparables de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia subieron a su pico desde el referendo del Reino Unido.

Las tensiones en los mercados de bonos tienen réplicas en las bolsas, donde el valor de las acciones refleja cada vez más sus mejores rendimientos sobre los bonos y atrae flujos de inversión que le permiten mantenerse en máximos.

La medida de volatilidad más seguida del mundo, que toma en cuenta las opciones sobre el índice de acciones líderes S&P 500, superó el 20 por ciento por primera vez desde fines de junio.

La revisión de la política monetaria del Banco Central Europeo no consiguió el jueves convencer de que habrá una prórroga del programa de compra de bonos que acaba en marzo.

Comentarios más restrictivos de funcionarios de la Fed pusieron de nuevo en la mesa la probabilidad de un alza de tasas en la reunión del banco central estadounidense la próxima semana, que muchos asumían que no ocurriría hasta después de las elecciones en ese país.

Además, hubo reportes de que el Banco de Japón podría tomar medidas para aumentar la pendiente de su curva de rendimiento, lo que alentó las especulaciones de un cambio de dirección monetaria en Tokio.

Todo se conjuga para dar la idea de que los días en que parecía que la política monetaria sería expansiva para siempre pueden estar por acabar, luego que una cumbre de la semana pasada del G-20 se refirió a un mejor uso de las políticas fiscales cuando sea posible.

El grupo de ministros de Finanzas de la zona euro también ha discutido sobre gasto público, nacional y colectivo, en infraestructura y otros proyectos, y Alemania ha anunciado recortes de impuestos para el próximo año.


Las inversiones de China

enero 22, 2017

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Como en estos días el blog se ha volcado al escenario global (“¡Natural, m´hijo!), me pareció interesante copiar, sin comentarios, este reciente despacho de Télam que escribió mi informado amigo Fernando Del Corro. Aunque se ha escrito mucho sobre el tema en estos días, esta nota es una recopilación actualizada. Así debió pensar la revista de la Embajada china en Buenos Aires, que lo reprodujo.

“La caída de las reservas monetarias chinas del 1,32% y del 0,96% en 2015 y 2016, respectivamente, resaltadas en diferentes ámbitos no implican un deterioro de su economía, como tampoco la desaceleración del crecimiento, que sigue siendo muy elevado. Se explica en razones más profundas que una mera relación de suma y resta, porque debe analizarse en el marco de su creciente inserción internacional, continuando sus inversiones en Argentina y en el mundo.

Esta última, tan temida por el futuro presidente Donald Trump, implica, entre otras cosas, que los chinos vía los sectores público y privado, se han convertido en los principales inversores extranjeras en los Estados Unidos de América. En el 2016 alcanzaron a u$s 46.500 millones, cifra que triplica a la de 2015 y decuplica a la de 2005 como lo remarcó el analista Jorge Castro.

Pero las inversiones chinas en el exterior no se han limitado a los EE.UU., ya que registran un importante crecimiento en la Unión Europea, en África y en América Latina. Se destacan las correspondientes a las áreas energética, de alta tecnología industrial y del conocimiento, hasta el punto de haber desembarcado en California en el Silicon Valley, centro de la más nueva tecnología.

En el 2016 no faltó alguna nacionalización de empresas extranjeras en la propia China como fue el caso de la gastronómica McDonalds, ahora controlada en el 52% por el sector público de ese país en conjunto con la firma estadounidense Carlyle, que se quedó con el 28%. Pagaron -por la transferencia accionaria del 80%- un total de u$s 2.080 millones a la vendedora que retuvo el 20% de un comercio con 2.000 bocas, que serán llevadas a 3.300, en todo el país.

Las reservas chinas alcanzaron a fines de 2016 a u$s 3,01 billones contra los u$s 3,038 billones de 2015 y los u$s 3,126 billones de 2014, lo que implica una merma para el bienio de u$s 116.000 millones.

Esta es una cifra mucho menor a la destinada para las inversiones y compras de empresas en el exterior, como en el caso de unas 150 pymes tecnológicas en Alemania, además de algunas mayores que, en el caso de la compañía Waldriche Corburg, ya pasó de 500 a 800 operarios.

Alemania ya desplazó, como primer lugar de inversiones chinas en Europa, al Reino Unido al que llevaba destinados unos u$s 24.000 millones, dejando en tercer lugar a Francia con alrededor de u$s 12.000 millones, en tanto se acrecientan las que se vienen desarrollando en el continente africano donde el primer lugar lo ocupa Nigeria con u$s 21.000 millones, seguida por Argelia y Etiopía con u$s 15.000 millones cada una y por Sudáfrica con u$s 10.000 millones.

La expansión de los negocios de China en el mundo, donde en el pasado 2016 tuvo un superávit comercial de u$s 348.000 millones, tiene al continente americano en su conjunto como un objetivo central, ya que además de los EE.UU., adquirió la petrolera Nexen, en Canadá, por u$s 15.000 millones, a través de la empresa estatal China Natural Offshore Oil Corporation (CNOOC), también con activa presencia desde México al sur en buena parte de América Latina.

Precisamente la CNOOC es una de las alternativas para el gobierno mexicano del presidente Peña Nieto, a través de las inversiones esperadas en el negocio hidrocarburífero, ante los riesgos que afronta su economía como consecuencia de las presiones que ejerce su par estadounidense, Donald Trump, para que empresas radicadas en México retornen a los EUA en un giro desintegrador del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

El gobierno chino ha formalizado 40 tratados bilaterales con Chile, Ecuador y Perú, habiendo invertido en la minería de este último país u$s 19.000 millones, merced a lo cual ya controla el 33% de ese sector de la economía peruana, mientras proyecta el desarrollo del Canal de Nicaragua entre los océanos Atlántico y Pacífico, un ferrocarril trans-amazónico desde el Brasil hasta el Perú y otro que también una ambos mares entre la Argentina y Chile.

En la Argentina una empresa china se hizo cargo en 2006 de la compañía minera Hipasam. En materia hidrocarburífera se comenzó por la adquisición del 50% de Bridas en u$s 3.100 millones, a través de ésta el 60% de Pan American Energy en u$s 7.100 millones y, vía la misma PAE, la filial local de Esso en u$s 800 millones, mientras en el Brasil adquirió el 40% de la española Repsol y prestó u$s 10.000 millones a la estatal Petrobras, mientras planea invertir otros u$s 28.000 millones en Venezuela”.


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