Brasil y Argentina: las paralelas no se tocan, nene

mayo 24, 2017

Tengo debilidad por chistes tontos en el título (y éste robado a Quino). Pero estoy convencido que entender lo que está pasando en Brasil y cómo se produjo, ayuda a comprender lo que pasa y lo que puede pasar en Argentina. En lo que se parecen, y también en lo que son muy distintos.

Empiezo señalando que hay un debate (en el que este bloguero ha participado) acerca de la crisis política brasileña: Si las causas son internas (O Globo, la FIESP, jueces ambiciosos) o externas (los EE.UU.). En principio, tiendo a enfocarme en las nacionales, porque sirven a un análisis más preciso; los “protocolos de los sabios de Langley” se prestan demasiado a la fantasía libre. Pero, seamos realistas, la intervención externa en esta crisis existe; jueces mediáticos del Lava Jato son protegidos por agencias del gobierno estadounidense (como a Nisman el estado de Israel; esperemos que con más eficacia). La Gran Democracia del Norte tiene muchos antecedentes de combatir prácticas inmorales… en las empresas de la competencia.

Como sea, aquí interesa explorar lo que podemos llamar las causas profundas, que no se han analizado bastante: las estructurales. Porque la historia de Brasil en los últimos 60 años -mediados de la década de ´50: la caída de Perón, el suicidio de Getulio- ha sido de éxito, en los términos duros del desarrollo capitalista. No así la nuestra, como sabemos. En ese tiempo, la economía brasileña era algo mayor que la nuestra, y su industria estaba en general muy atrasada con respecto a la argentina. Hoy es unas tres veces mayor, y en varios campos su equipamiento tecnológico nos supera (No en todos, se apresurará señalar nuestro experto nuclear).

Juscelino Kubitschek fue contemporáneo de Frondizi, y muy similar en su ideología desarrollista; con sueños más audaces: Brasilia. Pero, como Frondizi, duró poco. A mediados de los ´60 comienza allí el ciclo de los gobiernos militares. Pero, al revés de los nuestros, con una firme vocación nacional e industrialista. Pactaron con la burguesía paulista y negociaron con los EE.UU. sobre la base del anticomunismo (En ese entonces a los yanquis les preocupaba la URSS y el caso cubano, y eso les vino bien a los que tenían voluntad y capacidad de negociar). Mataron y torturaron, pero dejaron las bases del Brasil industrial.

(Es cierto que los trabajadores de San Pablo y los humildes del Nordeste no tenían entonces, ni tienen ahora, el grado de organización y la conciencia de los nuestros, después de la experiencia peronista. Así hacer capitalismo es más fácil. Como en China).

La transición a los gobiernos civiles fue conversada, en el estilo brasileño tradicional. Además, sus militares no habían perdido una guerra. Y esa ya muy poderosa burguesía industrial acordó con los sectores medios urbanos, los profesionales. Fernando Henrique Cardoso cumplió el papel de modernizador. También él contrasta favorablemente con sus contemporáneos Menem y Cavallo. Menos irresponsable que uno y menos loco que el otro.

De todos modos, la experiencia neoliberal de los ’90 fue igual de cruel con los de abajo allá que acá. Y también en Brasil se detuvo el crecimiento acelerado de su industria, como había sucedido aquí a mediados de los ´70. Llega al gobierno -en un momento muy cercano al comienzo de la experiencia kirchnerista aquí- el PT, Lula. Se apoyó en los sindicatos industriales -aunque nunca tuvieron el poder que aquí recuperaron con Néstor y, aún con conflictos, conservaron con Cristina. Y en las comunidades de base de la Iglesia brasileña.

Ahora, el objetivo de Lula y Dilma fue incorporar al consumo a sectores cada vez más numerosos y a dar contención social a los más pobres. En los marcos del capitalismo, haciéndolo algo más justo. (Exactamente los mismos objetivos que Néstor y Cristina aquí; más allá de las fantasías más o menos chavistas de militantes que se enamoraron tarde de la experiencia K).

Lo curioso es que -al principio- los gobiernos del PT aparecían más exitosos en conseguir sus propósitos. Algunos grupos económicos brasileños se expandieron por el mundo -con la diplomacia de Itamaraty consiguiéndoles negocios. Odebrecht llegó a ser un gigante de la construcción en toda la América del Sur y más allá, Petrobras una de las grandes petroleras del mundo, Embraer vendía, y vende los aviones fabricados en Brasil en todos los países, … Brasil consiguió una importante presencia en África, y con los BRICS parecía haberse incorporado a las nuevas Potencias de un mundo multipolar. Lula fue el gran promotor, hasta la Crisis global del 2008, y del fin del “boom” de las materias primas, de la “marca” Brasil.

Desde entonces, con Dilma, con Temer, el derrumbe de la economía brasileña ha sido sostenido, sin respiro. Cada tanto, con el mismo patetismo del gobierno de Macri, se habla de “brotes verdes”, y que es necesario más ajuste. Menos leyes sociales, jubilaciones más bajas… El mismo discurso que está mostrando sus éxitos en Europa. Y aquí.

(Este es el lugar en que columnistas y opinólogos empiezan a hablar de la corrupción de empresarios y políticos brasileños. Porque, por supuesto, IBM, Siemens y los nórdicos luteranos de Skanska jamás han repartido valijas. Los bancos internacionales no ocultan capitales ni lavan dinero; pagan grandes multas sólo porque odian discutir. Y los lobbies y los PACs en el primer mundo llevan una contabilidad transparente. Uno se acuerda de León Felipe diciendo que nunca había practicado el comercio honesto porque no lo podía distinguir del otro).

Es cierto que nuestros hermanos brasileños tuvieron la inmensa ventaja de 30 años de crecimiento sostenido. Y nosotros la inmensa desventaja del odio antiindustrial de buena parte de nuestras clases altas. Y Brasil no pasó por nuestro derrumbe de la Convertibilidad (Ellos devaluaron a tiempo, en 1999). Pero aquí viene la otra curiosa diferencia, una que todavía el pensamiento económico y el discurso político no han incorporado.

Frente a esa Crisis global que comenzó en el 2008 y se mantiene,, y del fin del “boom” de las materias primas, los dos gobiernos de Cristina Kirchner hicieron en los hechos un mejor trabajo en mantener el nivel de consumo y de empleo de los argentinos, sin (grandes) crisis financieras.

Con mi habitual ironía, he llamado “keynesianismo chabón” a las medidas que se tomaron. Pero los hechos están ahí: Aunque con concepciones y estilos muy distintos, Moreno y Kicillof hicieron en sus respectivas etapas, un mejor trabajo que sus pares brasileños. Sin hablar del “dandy” Yanis Varoufakis. (Eso sí, sigo pensando que la Resolución 125 fue un grave error. Pero, bueno, ahora Lousteau está del otro lado, y que les aproveche):

Este es un brevísimo, y superficial, resumen. Una mención rápida de algunos hechos que me parecen sugestivos. Ahora, mi hipótesis: El pueblo brasileño tiene larga experiencia de pobreza, y también de miseria. Pero sus sectores altos y sus hoy numerosos sectores medios no han tenido experiencia en todas sus vidas de un derrumbe económico prolongado. Ni del golpe al orgullo de un Brasil que ya se sentía Potencia.

Creo que eso los ha puesto furiosos y desmoralizados. Y les impide elaborar las soluciones políticas que han sido una constante de la dirigencia brasileña durante el Imperio y la República.

Tal vez no se los impide por completo. Ayer leía una nota de Eleonora Gosman, que dice que “Fernando Henrique Cardoso, Lula da Silva y Dilma Rousseff intentan articular una estrategia que permita pactar una sucesión controlada al gobierno de Michel Temer“.

No tengo otros datos sobre el asunto, todavía. Pero lo cierto es que FHC ha dicho que no se puede pensar una salida sin incluir al Partido de los Trabajadores del ex presidente Lula da Silva. “Tenemos que ser capaces de llegar a un entendimiento para no salir del mapa del mundo. Sin liderazgo no se sale de este atolladero”.

Ahí hay otra diferencia con el estilo argentino. En el peronismo, casi todo el mundo está en favor de la unidad. La unidad con los que piensan como uno, claro.

Y en el resto de la sociedad política -con Clarín a la cabeza- se insiste cada tanto en un “Pacto de la Moncloa”, en el que todas las fuerzas políticas se pongan de acuerdo en lo fundamental. Todas menos Cristina Kirchner y los que la siguen, por supuesto.

Me acuerdo de una consigna setentista “Ni sectarios ni excluyentes  Nosotros solamente“.


Paso un aviso: “Le gusta el dólar para el 3° trimestre”

mayo 22, 2017

Es triste la suerte del bloguero. Uno sube algo constructivo, advirtiendo a la población que los opinólogos de economía están empezando a tirar malas ondas (¿habrán notado que el PJ nacional, prudente, no publica nada de su Comisión de Economía, no?). Y los comentarios son las consignas de las dos tradicionales hinchadas.

(Me fascina especialmente la sufrida y seguidora barra de los “antiK”: Todo lo malo es producto del populismo que vino o del populismo que puede venir ¡Lo de Sturze funcionaría, sino fuera por ellos!)

No importa. Soy humilde, y aunque algo conozco de finanzas, hace mucho que estoy lejos de las mesas. Entonces, acerco esto de Germán Fermo, hombre de los fondos de inversión. No soy tremendista, y además comprendo que para el que tiene dinero para especular, las diferencias que se hacen son muy dulces. Pero conozcan el riesgo:

Cuando uno escucha en el taxi que “la posta” es comprar Lebacs, me empieza a crujir el estómago y recuerdo que el manual de control de riesgo de todo asset manager recomienda que cuando a una posición la terminan teniendo todos, hay que estar al menos, más atentos que antes, en especial, con lo formidablemente dulce que ha sido el carry-trade en pesos desde comienzos de este año.

El devengamiento de tasa de interés en moneda local mediante las Lebacs del BCRA se popularizó e invadió el posicionamiento de cartera de mucho inversor retail, quien suele ser el menos informado de todos y el que en general, llega tarde al armado de posiciones. Para sorpresa de muchos y tal como explicaremos en este artículo, una posición en Lebacs que aparentemente es tan sencilla y obvia, implica en la coyuntura actual, estar expuesto a los inciertos destinos de tres presidentes diferentes: Macri, Trump y Temer. Aunque no parezca y aunque mucho asesor financiero no lo cuente, comprar una Lebac es apostar positivamente a la suerte de estos tres personajes y a cómo eventualmente le termine yendo al Merval, al Bovespa y al S&P, en consecuencia. En este contexto, para el tercer trimestre del 2017, me gusta el dólar”   (completo aquí)


“Puede ser complicado pasarse a dólares”

mayo 22, 2017

El término “gobernabilidad” está desgastado en el discurso – la mayoría de los sindicalistas y de los legisladores han dejado de usarlo. Y para los militantes emocionales es anatema. Sólo los gobernadores lo emplean ahora, y lo que les interesa en el fondo es la gobernabilidad en sus distritos.

Pero no debemos engañarnos: en este tema hay una divisoria muy nítida. Entre los que han perdido su empleo o su contrato o su changa, o tuvieron que cerrar su local, muchos están tan furiosos o angustiados que lo que menos les importa es la estabilidad del gobierno. Pero la mayoría de los trabajadores en blanco, y de los sectores medios en general -aún los que están resueltos a votar contra Macri- no quieren un 2001. Tienen recuerdos negros de ese tiempo.

En la dirigencia peronista, y la opositora en general, esto se refleja, naturalmente. Influido por el hecho que muy pocos de ellos están entre los más perjudicados, claro. Entonces, la división se da más en el discurso y en el posicionamiento. Porque en el plano de los hechos el dato fundamental es que no existe, ni en proyecto, una alternativa pensada para un derrumbe del gobierno actual. No está, ni se avizora, un equivalente del entendimiento Alfonsín-Duhalde que encauzó, después de catástrofes varias, la debacle de la Alianza.

En este blog se viene advirtiendo sobre la burbuja financiera que se crea cuando el Estado paga intereses, en forma rutinaria, del 20 al 25 % en dólares. Por ejemplo, aquí y aquí. Pero trato de no ser tremendista. Este es un blog herbívoro (y hay un interés personal ¿quién haría publicidad mientras patean las puertas de los bancos?). El problema son algunos medios que largan noticias… destituyentes ¿O cómo se puede llamar a esta hipótesis que largó esta semana El Cronista?

Es cierto que está escrita en una insoportable jerga financiera (traté de traducirla un poco y mejorar la sintaxis, sin mucho éxito) que sólo entenderían los especuladores financieros ¿Y quiénes creen que empezarían una corrida?

Desde enero de 2017 el Banco Central (BCRA) implementó dos cambios importantes respecto de las operaciones monetarias. Por un lado modificó el instrumento de política monetaria. Pasó de la tasa de Lebac de corto plazo al corredor de pases como tasa de referencia. Y decidió cambiar el esquema licitaciones semanales de letras por un esquema mensual.

El lado positivo de esta medida es que efectivamente el BCRA alcanzó el objetivo: que las Lebac tengan mayor liquidez en el mercado secundario. De hecho, el BCRA ha incrementado fuertemente su participación en el mercado secundario de Lebac por casi $10.000 millones, vendiendo estos instrumentos para aspirar pesos y elevar la tasa del activo en cuestión, todo ello como parte de una política anti inflacionaria.

Ahora bien, el dato negativo de haber pasado de licitaciones semanales a mensuales es que por cada vencimiento, el monto a renovar de Lebac es seriamente abultado llegando incluso a superar más de la mitad de la totalidad de la base monetaria. Por ejemplo, el último martes 16 vencían 450.645 millones de pesos, lo que representa el 56,8% de la base monetaria. Es decir, más de la mitad de la totalidad de la base monetaria se renueva en un solo día en conceptos de Lebac. El dato debe colocar al inversor con cierta cautela.

En los últimos meses la mayoría de los inversores ha estado de acuerdo en que la estrategia a seguir en los próximos vencimientos es seguir posicionado en pesos, aplicando la estrategia de carry trade en moneda local. ya que los analistas han estado viendo la evolución del dólar, el exceso de oferta de moneda internacional y la persistencia de política monetaria contractiva del BCRA que busca mantener la tasa de referencia alta para combatir la inflación. La combinación de todos esos factores da como resultado: más carry trade en pesos. (Traduzco la jerga: cambiar dólares por pesos y ponerlos a interés, muy alto).

Ahora bien, la estrategia comenzaría a ser cada vez menos atractiva (de hecho, ya lo estamos viendo) producto de una cercanía con las elecciones y demás factores macroeconómicos. Entonces, los inversores podrían a comenzar a evaluar dejar de renovar Lebac y pasarse a dólares.
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El mercado puede cambiar de humor muy rápido y esto no sería un problema sino por el hecho de que la decisión de pasarse a dólares recae únicamente en un solo día, es decir, el día de vencimiento y renovación de Lebac. Con lo cual, si un cuarto de los que renuevan letras decidiesen no renovar y pasarse a dólares, implicaría que el 14% de la base monetaria se dolarice. Si un tercio no renueva, casi el 20% de la base monetaria se dolarizaría y si la mitad de las renovaciones de Lebac se pasan a dólares implicaría el pasaje de moneda local a extranjera de casi el 30% de la base monetaria.

El hecho de que recaiga todo en un mismo día y que encima el monto de renovación de Lebac sea tan significativo implica un riesgo ya que se encuentra latente la posibilidad de que se generen shocks transitorios producto de la demanda masiva de dólares en un solo día. A su vez, en el caso en que ello ocurra en alguna de las próximas licitaciones, servirá como referencia para la próxima licitación ya que cada vez más inversores se verán empujados a comprar dólares en forma anticipada intentando esquivarle a los impactos negativos de un potencial rally en el precio del dólar. Cuanto más tarde te dolarices mas podrías quedar perjudicado, sobre todo con la incertidumbre electoral acercándose.

En concreto, se han dado pros y contras a la hora de cambiar el periodo de renovación y licitación de Lebac aunque desde los efectos negativos, el BCRA debería considerar seriamente si no está auto empujándose a generar shocks transitorios ya que los stocks de Lebac son significativos y podrían generar distorsiones en otras variables, principalmente en el precio de la divisa. Para todo ello será clave el manejo de expectativas del BCRA en las próximas semanas de cara a los próximos vencimientos de Lebac“.

Y si ustedes creen que esto es depre, tienen que leer a Fernández Canedo en el Clarín de ayer, que trata desesperadamente de ser positivo. Dice que “la reactivación de Macri será distinta a las anteriores”, que “la pauta inflacionaria de 17% para todo el año, … si no se logra en diciembre, se logrará en los primeros meses del próximo año, sostuvo enfáticamente un hombre de extrema confianza de Marcos Peña“. Ah, y que nuestra mejor chance es “aparecer simpáticos y creíbles“.


Corrupción y política – 1. El caso brasileño

mayo 18, 2017

diputados

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Es difícil que algún lector de este blog no esté enterado del último escándalo de corrupción en Brasil. Pero, antes de ponerme a pontificar – en el estilo un poco pesado que me caracteriza – les acerco este resumen, bastante completo, del episodio.

Una bomba política de consecuencias impredecibles estalló ayer en Brasil y amenaza la supervivencia del gobierno de Michel Temer, que asumió el poder hace apenas un año, tras el polémico impeachment a Dilma Rousseff.

El diario O Globo reveló que los dueños del frigorífico JBS aportaron a la justicia audios y videos que demuestran que en marzo el presidente avaló el pago de millonarios sobornos al detenido ex presidente de la Cámara de Diputados Eduardo Cunha para comprar su silencio y preservar así al Palacio del Planalto ante una eventual delación suya en el marco de la operación anticorrupción Lava Jato.

Según reveló el diario O Globo, los directivos de la mayor compañía procesadora de carnes del mundo, Joesley y Wesley Batista, sellaron en las últimas semanas un acuerdo con la Procuraduría General de la República, que debe ser aprobado por el Supremo Tribunal Federal (STF), para revelar los intentos del gobierno de Temer por contener las investigaciones anticorrupción.

Entre las pruebas más comprometedoras se encuentra una grabación hecha el 7 de marzo por los ejecutivos en el Palacio do Jaburu -residencia de Temer- en la que discuten con el presidente los montos de dinero que la empresa pagaba a Cunha y al operador político Lucio Funaro para asegurarse que no revelaran las corruptelas dentro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB).

De acuerdo a Joesley Batista, que registró toda la conversación con un grabador personal escondido, cada semana y por un plazo de 20 años se desembolsaban 500.000 reales (unos 160.000 dólares) para garantizar que Cunha -principal promotor dentro del PMDB del juicio político a Dilma por manipulación de las cuentas públicas- no abriera la boca. Fue entonces que Temer resaltó: “Tiene que mantener eso, ¿vio?”.

La aprobación que el presidente da a esas coimas lo colocan en una delicadísima situación judicial por respaldar un crimen durante el ejercicio de su mandato. Hasta ahora, las derivaciones de la Operación Lava Jato habían puesto a Temer como investigado como supuesto beneficiario de sobornos de la compañía Odebrecht, pero antes de que asumiera el poder, el 12 de mayo de 2016.

Para cuando los ejecutivos Batista decidieron grabar a Temer, ya habían llegado a un preacuerdo de delación premiada con la Procuraduría. Gracias a ese entendimiento, la policía federal pudo filmar cuando una valija con 500.000 reales de coimas fue entregada al diputado Rodrigo Rocha Loures (PMDB), que había sido indicado por Temer para recibir las “semanalidades” de JBS. El dinero había sido previamente marcado y fue rastreado fácilmente.

Ante el juez del STF Edson Fachin, a cargo de la investigación del Lava Jato en la Corte, los hermanos Batista también entregaron otro audio en la que registraron el pedido de soborno del senador Aecio Neves (Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB), principal socio de la coalición que sostiene a Temer. En esa conversación del 24 de marzo, Neves le pidió a JBS “contribuir” con 2 millones de reales (unos 640.000 dólares) para afrontar los gastos de su defensa en las cinco investigaciones que pesan sobre él por presuntos sobornos de Odebrecht.

“Me darán una ayuda del carajo”, le resaltó Neves a Joesley Batista, luego de coordinar para que el dinero fuera dado a su primo, Frederico Pacheco de Medeiros, uno de los coordinadores de su campaña de 2014. Al igual que los sobornos destinados a Cunha y Funaro, el periplo que siguió la plata para Neves también fue filmado por la policía federal, que siguió el rastro del dinero hasta una cuenta del senador socialdemócrata Zezé Perrella.

Las revelaciones de los empresarios también alcanzaron al Partido de los Trabajadores (PT). De acuerdo a sus declaraciones, quien durante los 13 años de administraciones petistas lidiaba con los traspasos de dinero ilegal era Guido Mantega, ex ministro de Economía de Luiz Lula da Silva y Dilma.

Mantega -acusado en el Lava Jato, pero aún en libertad- era quien se encargaba de repartir los fondos al PT entre legisladores, ministros y hasta el presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), Luciano Coutinho. Los hermanos Batista indicaron que alguna vez discutieron los aportes ilegales de JBS al PT frente a Lula, pero que éste no trataba directamente de esos temas financieros.

El grupo frigorífico JBS -que tiene presencia en la Argentina- fue el mayor donante de la campaña electoral de 2014 en Brasil: unos 116 millones de dólares a los principales partidos políticos. Según explicaron los hermanos Batista, su compañía se aseguraba así los más diversos favores, como exoneración de impuestos y leyes que beneficiaban sus negocios“.

Ahora, como la misma abundancia de información que nos da el periodismo, entierra la anterior, me parece necesario acercarles también la anteúltima vez que la empresa JBS apareció en los medios (En el Financial Times, hace menos de dos meses).

Cuando Flavio Evers Cassou, un empleado de JBS -la empresa de carne procesada más grande del mundo- dejó un enfriador grande de carne en la casa de una amiga en el sur de Brasil el año pasado, no podría haber previsto la crisis de confianza que causaría en la industria y en el sector empresarial del país en general.

La amiga en cuestión era María do Rocio Nascimento, la principal inspectora de productos de origen animal en Paraná. Y la carne, entregada junto con una cierta cantidad de dinero en efectivo, era presuntamente un soborno por firmar certificados de salud para productos de JBS, según lo indicado en una orden judicial que detalla el trato.

Sin que el par de individuos lo supiera, oficiales de la policía federal estaban filmando y grabando en secreto las conversaciones entre ellos y decenas de otros sospechosos. La semana pasada, la policía arrestó a Cassou, a Nascimento y a otras 36 personas por ayudar a una red por la que corruptos funcionarios sanitarios emitieron ciegamente certificados para exportaciones de carne a Europa y China sin inspeccionar los cargamentos. Los documentos del tribunal enumeran 21 compañías involucradas en la operación, incluyendo a unidades de las compañías de carnes procesadas JBS, Seara, y BRF, la mayor exportadora avícola del mundo.

Además, se señala que los funcionarios hicieron la vista gorda mientras que productores menos conocidos convertían carne putrefacta en mortadela o ilegalmente molían cabezas de cerdo para producir salchichas. Como resultado, China, Hong Kong, Japón, la Unión Europea (UE), Canadá, Egipto y Chile anunciaron suspensiones totales o parciales de las importaciones de carne brasileña“.

Como amenacé al principio, voy a reflexionar en voz alta (otra vez) sobre corrupción y política. Pero después. Ahora estoy muy apurado. Sólo les recuerdo que la corrupción, las investigaciones sobre ella y la publicidad acerca de ella son armas, políticas y comerciales. Y todas las armas pueden terminar disparando en cualquier dirección.


Más apuntes para una geopolítica práctica: Transando con la China

mayo 15, 2017

Me parece que vale la pena profundizar la mirada sobre el Encuentro que ha convocado la República Popular China en estos días, al cual asiste el Presidente Macri, que subimos en el posteo anterior. Por eso, les acerco este planteo, que encontré en el blog de Carlos Leyba, que hace José Bekinschtein. Un argentino que vive y trabaja desde hace más de 30 años en Beijing. Llegó en 1981, como consejero económico de la embajada argentina, y ahí se quedó, dirigiendo una empresa china.

Desde hace más de una década predica la necesidad de establecer un “China Desk” que centralice y tenga la capacidad de negociar de manera integral los distintos aspectos que hacen a la relación bilateral. En este trabajo, traza una pintura -un poco lúgubre- de lo que significó hasta ahora para las posibilidades de desarrollo industrias de la Argentina -y de la América del Sur- el comercio con China. Y lo que debemos hacer para mejorar las perspectivas. Copio su artículo (los espacios en blanco se deben a que estaba armado en un formato diferente del que me obliga el blog).

“El comercio entre China (incluyendo Hong Kong) y la Argentina, en los últimos cinco años, ha estado en el orden de los 16 mil quinientos millones de dólares anuales, de los cuales 5 mil quinientos millones de exportaciones argentinas y 11 mil millones de importaciones desde China. El déficit acumulado en el quinquenio suma así 26 mil quinientos millones de dólares, poco menos que el total del balance comercial total de la Argentina en el período.

Como existen divergencias entre las cifras de la Aduana argentina y las originadas en las Aduanas chinas, también se puede hacer el mismo análisis tomando esta última fuente: en este caso el déficit comercial se reduce a 13 mil millones de dólares en el quinquenio, sobre cifras parecidas: 15 mil millones de comercio anual.

Pero más allá de los resultados del comercio hay grandes asimetrías en la importancia relativa de ambos países en sus respectivos mercados y en el perfil del intercambio. Existen las que podemos llamar asimetrías “dadas” y asimetrías simplemente, “aceptadas”.

Entre las primeras están las dimensiones físicas, de territorio, población, tamaño de la economía. Las otras son construidas por la historia y por la política. Por eso mismo son, potencialmente, modificables en función de decisiones y acciones políticas. Entre ellas, por ejemplo, las disimilitudes entre la importancia relativa del comercio entre ambos. Para China, el intercambio con nuestro país representa menos del 0,6 % de su comercio total. Para la Argentina, casi el 20% de su comercio total.

¿Cuán importante es el mercado argentino para las exportaciones chinas?

Destino de las exportaciones de China (acumulado 2011-2015)
Mundo 100,0%
Sudamérica 3,2%
Argentina 0,3%

Sólo el 0,3 % de las exportaciones chinas tienen como destino la Argentina, que, a su vez. es una décima parte del mercado sudamericano.

Las exportaciones chinas son casi totalmente de manufacturas, especialmente de aquellas que incorporan trabajo calificado y tecnología:

Las exportaciones de China+Hong Kong al mundo, a Sudamérica y a la Argentina entre 2011 y 2015

Argentina Sudamérica Mundo
Total 100% 100% 100%
Commodities primarias 1% 7% 7%
Manufacturas , de las cuales 98% 92% 92%
  a) Basadas en mano de obra y recursos naturales 17% 39% 20%
  b) Basadas en mano de obra poco calificada y con tecnología 13% 12% 9%
  c) Basadas en mano de obra con calificación media y tecnología 29% 38% 22%
  d) Basadas en mano de obra altamente calificada y alta tecnología 40% 43% 41%

Fuente: UNCTADStat

A su vez, casi dos tercios de las importaciones de China son de productos manufacturados, pero sólo el 4,4% de las compras en Sudamérica son de ese tipo de productos. Mientras los productos primarios constituyenel 20% de las importaciones totales de China desde el mundo, ellos son las ¾ partes de las importaciones desde Sudamérica y el 85% de las provenientes de la Argentina.

China importa unos 40 mil millones de alimentos para uso humano (no piensos para el ganado) por año pero la Argentina participa sólo del 0,9% de ese mercado:

IMPORTACIONES CHINAS  ARGENTINA

%

MUNDO

%

SUDAMÉRICA

%

TOTAL 100 100 100
PRIMARIOS 85 21 76
MANUFACTURADOS 7 59 4
*Trabajo y RN intensivos 3 3 1
*Trabajo poco calificado y baja tecnología 0 2 1
*Trabajo mediano intensivo en tecnología 0 17 0,4
*Alta calificación Trabajo y tecnología 3 37 1.6
COMBUSTIBLES Y MINERALES 8 16 19
ALIMENTOS NO OLEAGINOSOS 6 2 5
SEMILLAS Y FRUTOS OLEAGINOSOS 64 2 20

 

A su vez, China ocupa el primer o segundo puesto, según el rubro, como destino de nuestras exportaciones. Representa el mercado para el 7,5% de los embarques desde la Argentina, y el 15% de las exportaciones de Sudamérica.

Este perfil asimétrico de comercio ha venido acompañado de un proceso de

desindustrialización en la región: la industría pasó de participar en 18 % en la generación del PBI en 1990 a sólo el 10 % en 2015

Claro que esto no es totalmente atribuible a la evolución de nuestro comercio con China. Antes, políticas domésticas o falta de ellas, el cambio tecnológico, las decisiones de empresas transnacionales seguramente han tenido algo que ver,  pero el “culpable” visible es China.

Por otro lado los flujos de inversión directa de China hasta el momento no han hecho más que fortalecer esta impresión de “primarización” ya que el 90 % de la inversión china en la región se ha dirigido a actividades extractivas. Esto podría cambiar en parte con los proyectos de infraestructura anunciados en las reuniones CELAC-China, en las visitas del presidente Xi a la región y últimamente con la publicación en noviembre pasado de la actualización del Libro Blanco de relaciones con América Latina.

Allí se  habla de impulsar la inversión en el sector industrial (para aumentar la capacidad de producción en esa región) y financiero -cita en concreto préstamos especiales para la construcción de infraestructura-, así como reforzar la cooperación en energía, agricultura, ciencia y tecnología.

El modelo de cooperación que describen merece una cuidadosa atención de nuestra parte e indica que China está dispuesta a avanzar en como dicen ustedes, los chinos, una relación basada en “la igualdad y el beneficio mutuo”.

Tampoco podemos menos que estar de acuerdo en la apuesta que allí se hace  por incrementar la coordinación entre China y Latinoamérica/Caribe en asuntos internacionales, en el marco de la ONU y otros organismos y en la lucha contra el cambio climático, promoviendo la implementación del acuerdo de París.

¿Cómo se traduce esto en hechos?

China necesita distinguir, en su aproximación a la región, las distintas realidades de nuestras economías nacionales. Entre  aquellos países de nuestro continente que han adoptado conscientemente o llevados por las circunstancias, modelos de crecimiento puramente basados en las ventajas comparativas y de base extractiva. Y aquellas economías que aún hoy mantienen una voluntad de conservar una sociedad integrada a través del desarrollo industrial y tecnológico, como camino a la generación de trabajo digno y creativo y como vía de acceso a derechos mínimos de ciudadanía para toda la población.

China puede pasar de ser vista como un factor mayor de desindustrialización a un socio mayor en la generación de valor agregado en  la transformación de nuestras materias primas y alimentos básicos. La asociación de empresas chinas con grupos locales o incluso la inversión greenfield de empresas chinas del sector de alimentos en nuestro territorio, con proyectos vinculados a la exportación al propio mercado chino y al resto de Asia, contribuirá sin duda no sólo al desarrollo de negocios rentables, sino a un cambio en la percepción de China como amenaza, a la de China como asociada a nuestro propio proyecto de desarrollo sustentable. En los países más industrializados, China mantiene como aliados frente a presiones proteccionistas a todo un sector industrial, posiblemente el más avanzado tecnológicamente (aeronáutica, TICs, material de transporte) para el cual China es un mercado fundamental o su base de operaciones en Asia. Ese tipo de sociedad, de poder de lobby, llamémoslo así, está poco presente en nuestros países, donde el principal aliado de China es sólo el sector importador. Es lo que hay que cambiar.

El desarrollo chino -y no hablamos sólo desde las reformas de 1978 o 1992- ha sido una muestra de pragmatismo sí, pero en función de un proyecto conducido desde los más altos niveles del Estado.

Si a partir de las reformas de los años 90, China hubiera seguido el camino de especializarse únicamente según criterios de mercado y de ventajas comparativas, seguramente hoy sería sólo una gran fábrica de textiles o de zapatos, basados en mano de obra barata. Sabemos que no ha sido así. Las cifras del perfil exportador que vimos antes lo indican. Un ejemplo que nos toca de cerca es el de la China National Railway que es hoy nuestra principal proveedora de material ferroviario. Pero su desarrollo como gran grupo exportador no hubiera sido posible sin políticas de Estado que durante décadas le permitieron disponer de recursos financieros y de desarrollo tecnológico, y sobre todo de metas de estrategia industrial. A fines de los 90, China decidió que sus primeras líneas de trenes de alta velocidad se iban a ejecutar en todo lo posible con desarrollos tecnológicos y de ingeniería propios, pese a los costos que ello implicaría en relación a la simple incorporación de tecnología japonesa, francesa o alemana. Hoy la CNR es la mayor exportadora mundial de material ferroviario.

Necesitamos entonces empresas chinas que inviertan en nuestro propio proceso de transformación. Y también necesitamos que los líderes del Gobierno y del Partido, entiendan también nuestro derecho y nuestra voluntad de generar las bases económicas para un desarrollo integral de nuestra economía y nuestra sociedad, tal como ellos mismos lo han venido haciendo. No planificando autoritariamente. Con una amplia utilización del mercado como instrumento de asignación de precios y de recursos. Pero también con una visión estratégica que oriente las decisiones de política no sólo en base a los precios de hoy, sino sobre todo teniendo en cuenta la visión de qué queremos para nuestras naciones en cinco, diez o veinte años.


“La conspiración de los robots”

mayo 13, 2017

tiemposchaplin1

El desempleo tecnológico -el reemplazo del trabajo humano por máquinas- es un tema que está apareciendo a menudo en los medios y en las discusiones políticas. Ese reemplazo no es un hecho nuevo: se produce desde hace muchos siglos, cuando se inventaron los molinos. O se puede decir que bastante antes, cuanto las piedras filosas resultaron ser más eficaces que uñas y dientes. Pero, natural, debemos discutir los problemas de ahora. Para los que están proponiendo soluciones personas tan distintas como el Partido de los Trabajadores Socialistas y don Carlos Slim.

Otra vez recurro a un artículo de la economista Paula Bach. Aprecio mucho su trabajo , más allá de su sesgo ideológico y político, que los tiene, por supuesto, porque se esfuerza en documentarse y encarar todas las facetas. Y también porque me permite hacer algunos comentarios al final.

“Las páginas de la prensa están desde hace tiempo plagadas de información sobre las habilidades de los robots, los vehículos driverless y la “inteligencia artificial”. Autos sin conductor diseñados por Google, barcos autónomos ideados por el Pentágono, humanoides que podrían operar con escasa colaboración de médicos de carne y hueso, robots pensados por Airbus para trabajar junto a humanos en la línea de montaje o plataformas de inteligencia artificial que, según dicen, resultan capaces de manejar hasta treinta idiomas y pueden aprender a interactuar con humanos.

Pero la información –que particularmente se ocupa de destacar imágenes humanoides– no viene sola ni es gratis. Su correlato lo constituyen insistentes preguntas aviesas del tipo: “Robots: ¿amigos o enemigos del hombre?”; “¿más o menos eficaces que los humanos?”; “¿los robots son buenos o malos para la humanidad?”. O, más directamente, afirmaciones tales como: “millones de trabajadores perderán sus empleos”.

Sin embargo, preguntas como: ¿será capaz la humanidad de poner a su servicio un producto tal de la inteligencia colectiva?; ¿será capaz de reducir el tiempo de trabajo gris y cotidiano en el mediano o aún en el largo plazo?; ¿de cuántas horas sería una jornada de trabajo media teniendo en cuenta la ayuda de este eventual “ejército de robots”?; ¿de 6?; ¿de 4 horas?; ¿de  3, de 2?; ¿será capaz la humanidad de crear las máquinas que le permitan a las amplias mayorías conquistar el tiempo libre necesario para desarrollar la imaginación, la creatividad, el arte, la ciencia? Parece extraño, pero nadie –salvo muy escasas excepciones entre aquellos que tienen el poder de influenciar la opinión pública– se formula este humilde interrogante…

¿Un ejército al acecho?

La imagen de un ejército de robots en movimiento dispuesto a desplazar a los humanos de sus puestos de trabajo, exige recapacitar sobre el verdadero estado de la cuestión. En primer lugar hay que señalar que la idea de la revolución de la robótica es parte del concepto más amplio de una nueva “revolución industrial” eventualmente impulsada por el salto tecnológico en la información y las comunicaciones, que además de robots, vehículos sin conductor, “inteligencia artificial” –o big data–, involucra a las impresoras 3D entre otros grandes rubros como la genética, la nanotecnología o los avances médicos y farmacéuticos.

Como señala Robert Gordon en The rise and fall of american growth1, la industria de la robótica fue introducida por General Motors en 1961 pero recién hacia mediados de los años ‘90 comenzaron a utilizarse robots para soldar partes de automóviles o reemplazar trabajadores en los insalubres talleres de pintura automotriz. Sin embargo –y también según Gordon– hasta hace unos pocos años los robots resultaban demasiado grandes y demasiado caros. La progresiva disminución en el costo de los componentes de las computadoras y el crecimiento exponencial en su performance, así como las mejoras en herramientas de diseño electromecánico y en almacenamiento de energía eléctrica, son algunos de los avances que dieron lugar a la producción de robots pequeños, con costos reducidos y crecientemente capaces.

Aunque existen robots que se desempeñan en los ámbitos de servicios distribuyendo  suministros en hospitales, realizando entregas en las habitaciones de hoteles, alcanzando comidas a los clientes en restaurantes o en los grandes depósitos, hasta ahora las mayores inversiones en robótica se produjeron en el ámbito industrial. Pocas empresas industriales han considerado sin embargo la posibilidad de utilizar robots humanoides para sus fábricas. Suelen contar más bien con sistemas de dos brazos, porque los robots se desarrollan para realizar tareas específicas, para apoyar al trabajo humano y para ello simplemente, no se necesitan “dos piernas”2. La mayoría de los robots tomó la forma de máquinas industriales caras, de alta precisión, que generalmente operan en jaulas de protección en las líneas de montaje de automóviles, llevando a cabo tareas preprogramadas, sin la necesidad o la posibilidad de adaptarse a condiciones cambiantes3. No obstante a partir de 2012 comenzaron a fabricarse robots de bajo costo destinados a pequeñas empresas que imitan parcialmente la forma humana y que –como los bautizados Baxter o Sawyer– están diseñados para trabajar junto a humanos, pudiendo reprogramarse diariamente para cambiar de tarea.

En consonancia con gran cantidad de fabricantes, industriales y científicos, Gordon subraya que el nivel robótico obtenido hasta el momento sólo complementa el trabajo humano y aún está lejos de contar con la capacidad para reemplazarlo. Señala por caso que en los depósitos de Amazon, mencionados a menudo como ejemplo de frontera de la tecnología robótica, se verifica que los autómatas en realidad no manipulan mercadería. Se limitan a trasladar estantes cargados hasta los lugares donde los empleados empacan los objetos. Las habilidades táctiles para distinguir formas, tamaños y texturas están aún por fuera de las capacidades robóticas. Evaluaciones similares se reflejan en diversas notas de la prensa internacional4 que distinguen la precisión como un reto para la robótica. Suele subrayarse, por ejemplo, que si bien los robots pueden colocar componentes electrónicos en una placa de circuito plana, tienen dificultades para montar una batería de auto que posee muchas piezas pequeñas que deben ser instaladas en ángulos de difícil acceso. A su vez, tareas de trabajo muy intensivo como la costura de prendas o la fabricación de calzado, habrían sufrido hasta el momento una automatización mínima.

Robert Gordon apunta también que –tal como afirman especialistas del MIT’s Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory– la capacidad de razonamiento de los robots es limitada y está contenida íntegramente en el software. De modo tal que si un robot se encuentra frente a una situación para la que no está programado, entra en estado de error y deja de operar. Algo similar sucede con los vehículos sin conductor –aún en fase de experimentación– que funcionan en base a mapas y no consiguen adaptarse al terreno tal como se presenta. Cualquier cambio inesperado en el “territorio” pone al software de manejo en blanco y exige la toma de control por parte de un conductor.

Inteligencia artificial

En el caso del big data –o lo que se conoce como “inteligencia artificial”– los reconocidos especialistas Brynjolfsson y McAffe se preguntan si la tecnología de automatización está llegando cerca de un punto de inflexión en el que finalmente las máquinas dominan los rasgos que mantuvieron a los humanos irremplazables. Pero Gordon afirma que estos autores –considerados parte del ala “tecnooptimista”– mienten directamente respecto de la sofisticación y humanización de las habilidades de las computadoras. Gordon puntualiza que por ahora y en su gran mayoría, el big data está siendo utilizado por las grandes corporaciones con propósitos de marketing.  Y que si las computadoras trabajan también en campos como diagnóstico médico, prevención del crimen, aprobación de créditos, agentes de seguro, entre otros, donde en algunos casos los analistas humanos son reemplazados, en realidad la velocidad de las computadoras mayormente logra acelerar el proceso y volverlo más preciso trabajando en colaboración con humanos. Gordon señala además que en todo caso los puestos que pueden ser reemplazados no resultan nada demasiado nuevo sino que siguen los pasos de las víctimas de la web de hace dos décadas como los agentes de viajes, vendedores de enciclopedias o trabajadores de videoclubs.

Aunque la prensa financiera británicaguste reflejar ideas tan “loables” como que los robots “No beben, no se cansan y no van a la huelga”, al menos por ahora las máquinas y los “humanoides” están muy lejos de poder sustituir a aquellos que beben, se cansan, van al paro y encima –aunque ya no se puede distinguir si para bien o para mal de los dueños del capital–… ¡piensan! Como también señala Gordon, en el formato actual de los robots que trabajan en colaboración con humanos no hay nada muy distinto a la introducción de maquinaria en la industria textil en la temprana revolución industrial en Inglaterra. El reemplazo de trabajo humano por computadoras se viene desarrollando desde hace más de cinco décadas y el reemplazo de trabajo humano por máquinas en general lleva más de dos siglos.

Por supuesto –resalta Gordon– muchas funciones de los robots van a desarrollarse en el futuro. Pero habrá que esperar a un largo y gradual proceso antes de que estos  humanoides –por fuera de la manufactura y el marketing– devengan un factor significativo de reemplazo de trabajo humano en los servicios, el transporte o la construcción, es decir en los sectores que más crecen en los países centrales y donde la baja productividad se manifiesta como problema más agudo.

Debido a que en el sector de servicios, el producto –en gran parte de los casos y como resaltáramos en un ensayo6 de hace varios años– no existe como algo separado del productor, no resulta descabellada la hipótesis según la cual pueda resultar más difícil crear los robots que efectivamente sustituyan puestos de trabajo en ese ámbito. A diferencia de la manufactura, donde pueden sustituirse trabajos parciales o tareas específicas, en los servicios y en una multitud de circunstancias, se debería suplantar directamente al trabajador y precisamente eso es lo que está muy lejos de ser alcanzado amén del gran desarrollo tecnológico. Limitación que se pone de manifiesto –no por casualidad– cuando el trabajo de servicios ocupa un lugar creciente en la economía capitalista.

El colmo del fetichismo (o gato encerrado)

Más allá de los aspectos referidos al estado actual de la tecnología, resta señalar que es necesario distinguir entre innovación y aplicación o, lo que es lo mismo, entre desarrollo tecnológico y productividad. Lo cierto es que sea cual fuere el nivel de avance tecnológico obtenido hasta el momento, un “ejército de robots” no podría “venir marchando” simplemente porque los dueños del capital –al menos en el presente estado de cosas– no están dispuestos a invertir masivamente en tecnología. Es lo que muestran los datos de inversión y productividad –fundamentalmente en los países centrales.

Es importante recordar que existe una fuerte correlación entre inversión y productividad. En términos fácticos y según constata Michael Roberts7, en las décadas posteriores a los años ‘70 el momento “top” de la productividad se produjo en Estados Unidos como resultado del momento “top” de la inversión, entre mediados de la década del ‘90 y mediados de la década del 2000. Michel Husson8 también expone esta correlación entre incremento de productividad e inversión en capital fijo, material informático y software, señalando que inversión y productividad en Estados Unidos se aceleraron conjuntamente durante el período 1995-2002, por comparación con su débil itinerario durante los años 1975-1995. Ambas variables vuelven a disminuir subsiguientemente y toman una senda particularmente descendente en los años posteriores al estallido de la crisis 2007/8. El incremento de la inversión productiva no residencial neta promedio se hallaba por debajo del 2 % del PBI en el año 20129, lo que equivale a menos de la mitad de su nivel promedio del 4 % alcanzado en el largo período que se extiende entre la Segunda Posguerra y el año 2000. Husson10 constata que esta situación permanecía sin cambios significativos al menos hasta 2014. En la Cumbre de Hangzhou a fines de 2016, el G-20 ratificaba su preocupación por el lento crecimiento de la inversión y la productividad en “algunos países” –léase, en los centrales. Como resultado, durante los años pos crisis 2007/8, el incremento de la productividad del trabajo alcanzó una performance muy por debajo de la ya apagada media de los años 1972-96.

De modo que innovación y aplicación no son sinónimos. Y al menos para la reflexión, vale la pena tener presente que nuevamente en The rise and fall of american growth, Gordon demuestra que aunque los años veinte del siglo pasado resultaron el período por excelencia de acumulación y desarrollo de gran parte de los inventos del siglo XIX, su aplicación efectiva y el extraordinario aumento de la productividad derivada, se produjeron recién en la década del ‘40 al calor de la Segunda Guerra primero y de la reconversión civil, luego.

En suma, y aunque la aplicación de nuevas tecnologías es un proceso en curso que se  incrementa en determinados sectores y países expulsando mano de obra, no existen realmente demasiados elementos para creer en la amenaza de un ejército de robots marchando sobre el trabajo asalariado… En realidad mientras los “tecno-optimistas” prometen una nueva revolución industrial y amenazan con la destrucción de centenares de millones de empleos, los “tecno-pesimistas” –entre los que se encuentra Gordon– auguran décadas de bajo crecimiento al tiempo que alertan sobre la escasez de mano de obra asociada al bajo incremento poblacional, particularmente en los países centrales. El problema es que quizás detrás de lo que Gordon llama el “pesimismo” de los optimistas, se oculte una visión escéptica respecto de las posibilidades del capital de aplicar en gran escala los avances tecnológicos existentes, convertida en arma de amedrentamiento hacia los trabajadores. Y aún sin tener que pensar de manera maquiavélica es probable que estas dos posturas sean más complementarias que esquizofrénicas en el marco no sólo del bajo crecimiento poblacional sino –y fundamentalmente– en el contexto de la escasez relativa de mano de obra barata y ausencia de fuentes para la acumulación del capital.

Fredric Jameson recuerda en Representar El Capital11 que Marx insistió tempranamente sobre el hecho de que “…la fuerza impulsora tras la introducción de nueva maquinaria, aún cuando su posibilidad técnica haya estado disponible por mucho tiempo, no es el ingenio de los inventores, sino más bien el descontento de los trabajadores. La nueva maquinaria es la respuesta de los capitalistas a la huelga, a la exigencia de salarios más altos, a la organización –o  combinación”– cada vez más efectiva de los obreros“.

Parece toda una profecía que desinfla al “ejército de robots en movimiento” y lo convierte en un arma de propaganda preventiva. Su objetivo es inculcar miedo y convertir en designio de la naturaleza la intención de los ideólogos del capital. Se trata de señalar a los trabajadores que “la naturaleza” podría estar creándoles un nuevo rival… “¿enemigos?” “¿mejores que los humanos?”.

El mensaje es “no parar”, “no pedir aumentos salariales” y “trabajar con la cabeza gacha” porque se prepara un ejército –ya no sólo de inmigrantes12…sino también de robots– dispuestos a usurpar los puestos de trabajo. El capitalismo siempre ha personificado las cosas y cosificado a las personas. Pero los robots son el colmo de ese mecanismo. La propaganda convierte a las mercancías “robots” en enemigos con forma humana de un hombre desahuciado, “cosificado”, cuya voluntad estaría anulada no pudiendo más que contemplar como la naturaleza (capitalista) sigue desatando sobre él rayos y centellas.

Por último nos queda formular los elementos de falsedad que contiene el propio concepto de “desempleo tecnológico”. Si bien el capitalismo naturalmente utiliza la tecnología  contra los trabajadores transformando –como dice Marx– el tiempo libre conquistado en plustrabajo en un polo y desempleo en el otro, este mecanismo no impide la constante creación de nuevos empleos a la par que destruye los antiguos. Esto último es lo que resaltan autores como Michel Husson13 poniendo de relieve que …la vieja tesis del “fin del trabajo” no se corresponde con la realidad: durante la “época dorada del capitalismo” (1945-1975), en el que los incrementos de la productividad fueron muy superiores, el paro fue muy inferior.

También el inventor de los coches autoconducidos de Google, Sebastián Thrun, nos recuerda que “Con el advenimiento de las nuevas tecnologías, siempre hemos creado nuevos puestos de trabajo”14. Finalmente Gordon, refiriéndose a Estados Unidos, se ocupa de resaltar la contradicción. Apunta que el problema creado por la era de las computadoras no es el desempleo en masa sino la gradual desaparición del trabajo de calidad, estable, de nivel medio, que se ha perdido no precisamente por los robots y los algoritmos sino por la “globalización” y la deslocalización que concentró el empleo en trabajos rutinarios simples que ofrecen relativamente bajos salarios. Aunque esta última afirmación resulta particularmente sugerente, sería en apariencia más justo definir que la desaparición del trabajo de calidad es más bien el resultado combinado de la “globalización”, las deslocalizaciones y el particular uso capitalista de los avances tecnológicos.

Permítasenos agregar solamente que contra estos artilugios, el arma privilegiada de los  trabajadores es nada más ni nada menos que la unidad de sus filas para exigir la reducción de la jornada y el reparto de las horas de trabajo entre todos los brazos disponibles, sin reducciones salariales, para conquistar el tiempo libre, poniendo a su servicio ese  verdadero prodigio, “propiedad” de la humanidad en su conjunto, que representan los avances de la técnica y la ciencia.

  1. Gordon, Robert, The rise and fall of American growth, New Jersey, Princeton University Press, 2016.
  2. Ver “Airbus plans to develop assembly line robots to work with humans”, Financial Times, 4 de mayo de 2016.
  3. Ver “Rise of the Robots in sparking and investment boom”, Financial Times, 5 de mayo de 2016.
  4. Ver “China’s robots revolution”, Financial Times, 6 de junio de 2016.
  5. Ver “Who wields the knife?”, The Economist, 7 de mayo de 2016.
  6. Bach, Paula, “El sector servicios y la circulación del capital: una hipótesis”, Lucha de clases 5, julio de 2005.
  7. Roberts, Michael, “La gran desaceleración de la productividad”, Sin Permiso, 18 de agosto de 2015.
  8. Husson, Michel, “Estancamiento secular: ¿un capitalismo empantando?”, Viento Sur, 21 de junio de 2015.
  9. Ver “Game-Changing Investments for the U.S.”, The New York Times, 18 de octubre de 2013.
  10. Ídem.
  11. Jameson, Fredric, Representar El Capital, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2013.
  12. Ver Bach, Paula, “Contrasentidos de la inmigración y el capital”, La Izquierda Diario, 29 de septiembre de 2015.
  13. Ver nota 9.
  14. Roberts, Michael, “Robert J. Gordon y el ascenso y declive del capitalismo estadounidense”, Sin Permiso, 21 de febrero de 2016″.

Mis comentarios: Es un hecho evidente, indiscutible, que muchas tareas que hasta ahora la realizaban seres humanos es posible que las hagan, ahora o en el futuro cercano, máquinas o programas. Una solución, humana (por ahora el adjetivo va sin doble sentido) es la que se propone de reducir las horas de trabajo.

Pero creo que el problema es más profundo. Es cultural, lo que significa social, y político. Las sociedades humanas, que se basaron desde que existen las clases sociales ¿unos diez mil años? en el trabajo de una mayoría para que una minoría tuviera el ocio y los recursos necesarios para desarrollar esa idea nueva, la civilización, deben adaptarse al hecho que el trabajo ya no será una obligación sino un derecho.

Es un cambio culturar gigantesco. Pero en los hechos, no es muy difícil (la dificultad está adentro de las cabezas). Porque el Estado moderno necesita mucho trabajo humano para sus funciones básicas: educación, salud, seguridad… Las Crisis en curso y las que vienen obligarán a los estados a encararlas, muy pronto. Los que no lo hagan… que se encomienden a la misericordia de Darwin.


Guillermo Moreno: En defensa del modelo

mayo 13, 2017

A Guillermo Moreno, como le sucede a menudo a las figuras populares, lo tapa el personaje. En su caso, no se puede decir que es una lástima, porque él es así. Pero eso hace que a menudo no se escucha lo que dice, sino el relato que los medios, y la imaginación de uno, ha construido.

No conviene quedarse con el relato imaginario. Fue el hombre clave de la política económica durante buena parte del mandato de Néstor, y luego del de Cristina. Y aunque afirma que no buscará cargos electivos, no piensa abandonar la pelea política. Hoy presenta En defensa del modelo en la Feria del Libro, a las 20 hs. (Entrada libre, por supuesto). Yo no estoy en Buenos Aires, y, para los que estén en la misma situación, les recomiendo esta grabación de un reportaje reciente. Porque a Guillermo, además de leerlo, hay que escucharlo.


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