El INDEC de Moreno

marzo 21, 2017

Estrictamente, este posteo no es necesario. Toda la batería comunicacional kirchnerista -con pocos recursos pero entusiasta y ruidosa- ha salido a divulgar el fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal que avala el trabajo del INDEC y la validez de los índices que produjo durante la intervención de Guillermo Moreno. Y es natural: la oposición y los medios -o mejor, los medios, con alguna ayuda menor de la oposición, se encargaron de demonizarlo. Convirtiendo una discusión técnica en una herramienta más para golpear al gobierno de ese entonces. Con éxito publicitario: pocas voces públicas, aún en ese oficialismo, se animaban a defenderlo abiertamente. Hoy la militancia les dice a los críticos, en las palabras del filósofo: ¡A comerla!

Igual, quiero comentar el asunto en el blog. Entre varios motivos, porque yo fui uno de los que criticó, de vez en cuando, el manejo político de esa intervención. Fui invitado -lo conté en el blog- a la primera charla pública que dio Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio sobre el tema, poco después del alejamiento de Alberto Fernández de la Jefatura de Gabinete. Recuerdo que de lo que reveló entonces, lo que me pareció más relevante eran sus sospechas sobre las consultoras que trataban de obtener los datos con anticipación. Ah, y que los comercios a encuestar que encontró la intervención estaban cuidadosamente elegidos, no por su representatividad sino por su cercanía a las líneas de subte, para evitarle trabajo a los inspectores.

Pero tenía bastante conocimiento de estadística para que el tema de la elección de las canastas de productos para establecer el aumento de los precios no me impresionara. Por supuesto, es decisivo en un mes, y puede introducir sesgos en un año. Pero, a la larga, todas las canastas numerosas tienden a acercarse al mismo índice. Claro, los funcionarios deben dar respuestas a la coyuntura, y mejorar en lo posible la situación inmediata. Que es lo que está haciendo Todesca, por supuesto.

Pero la estructura del INDEC, que no puede ser ni siquiera imitada por ninguna consultora privada, reúne datos que van mucho más allá del aumento de precios. Es un activo fundamental del Estado argentino, y se ha pagado un precio por permitir que los enemigos del gobierno lo convirtieran en uno de sus temas clave. La defensa sin matices no evitó el precio a pagar en credibilidad. Como advertía un viejo político “Cuando todos se equivocan, todos tienen razón“.

No es el estilo de Guillermo Moreno. Él se ve a sí mismo, y es, el soldado de una causa, y no le importa pagar “costos políticos”. Me parece justa, entonces, esta reivindicación judicial del trabajo que hizo. Porque este fallo, que el peronismo aplaudirá y el actual gobierno ninguneará, tiene consecuencias prácticas fundamentales. El Estado argentino no puede ser demandado por las decisiones que tomó basado en los números del INDEC. Que, con los defectos inevitables, son los datos más completos que tenemos sobre nuestra economía.


Argentina Nuclear, 2017 – LV: La economía del plutonio: el futuro que ya vino

marzo 19, 2017

En este capítulo Daniel Arias describe la economía del plutonio. No son muchos los lectores del blog que han oído hablar de ella, pero existe y es un sector pequeño pero significativo de la economía global. También -es el mundo real- es un elemento muy destructor en la guerra moderna y un factor en el juego geopolítico de poder. Conviene enterarnos.

55. La economía del plutonio: el futuro ya llegó

 

Rokkasho Mura, la planta de “repro” que Japón finalmente se atrevió a levantar, pese a la oposición de los EEUU (ni hablar de Greenpeace). Lo que todavía no hizo es inaugurarla.

Lo dicho en el capítulo anterior, ya existe una economía del plutonio, guste o no a ecologistas, pacifistas o a los EEUU, que no están en ambas categorías citadas. No es un pronóstico ni una descripción en tiempo presente. El futuro llegó hace rato.

Primero, la electricidad producida por la fisión del plutonio existe desde el comienzo mismo de la energía nuclear en los años ’50. La energía térmica de los núcleos de las centrales más comunes de hoy, las PWR de agua presurizada, sale en un 30% del quemado de plutonio que se forma en tiempo real de operación, por captura de neutrones del uranio 238. Dado que el 11% del producto bruto eléctrico mundial es atómico, el generado por ese plutonio 239 “fantasma”, que aparece y desaparece dejando apenas un 1% residual en el inventario de combustible quemado, explica el 3,3% de la electricidad anual fabricada en el ancho mundo. Bastante más que la aportada por los molinos eólicos. Pero esto es una pavada frente a lo que se viene. Corrijo: se vino.

Hay fierros nuevos y combustible nuevo con plutonio para “quemar” en ellos. Y perdón por el verbo: partir átomos de plutonio es un proceso nuclear, totalmente ajeno a la química de la oxidación, pero se usa por brevedad. La industria nuclear mundial parece escéptica de que el petróleo, que sí se quema, siga clavado a mediano plazo en U$ 55 el barril, precio pisado por el fracking y la depresión. Incluso Wall Street no está segura que los estados-nación se sigan bancando los múltiples efectos destructivos del cambio climático sin sacudirlos a impuestazos.

Y es que (remember Katrina, remember Andrew, remember Sandy) los propios EEUU están sufriendo unos fenómenos costeros brutales en temporada de huracanes. La inundación de casi 400 km. de túneles en New York en 2012 no fue “un cisne negro”. El NOAA, la repartición federal de ciencias oceánicas y atmosféricas, observó que eventos como Sandy podían suceder cada 50 años, pero en el nuevo panorama, la expectativa podría estar bajando a 1 cada 2 años. Con tanto cisne negro, los lobbies del carbón y el petróleo no podrán hacerse eternamente los giles.

El mundo nuclear planifica sus inversiones a un plazo aún más largo que el mundo petrolero, y rumbeó hace rato para el plutonio. En 2016 ya había 40 centrales europeas y 10 japonesas licenciadas para sustituir 1/3 de su uranio enriquecido por MOX, combustible hecho de cerámicas de óxidos de uranio natural mezclado con los diversos isótopos del plutonio (y otros transuránidos aún más pesados), todos ellos reprocesados, y si a los EEUU no les gusta, sorry, brother.

Los transuránidos son elementos artificiales, de largas o larguísimas vidas medias, y ferozmente radioactivos. Antes la idea de quemarlos era por la relativa escasez de uranio extraíble de la corteza terrestre a menos de U$ 130 el kg., pero hoy es el apuro por sacarse esas porquerías de encima.

Si tales transuránidos se formaron en un reactor A, la virtud de usarlos bajo la forma de combustible MOX de otro reactor B es no sólo sacarles un buen plus de energía sino su eliminación: como amenaza proliferante o contaminante, desaparecen, chau. Los yanquis y los ecologistas VIP, que tanto hicieron para cajonear nuestro difunto LPR, el Laboratorio de Procesos Radioquímicos, nos bajaron de un tren expreso que hoy va a toda marcha.

Por su virtud de transformar basura nuclear persistente en nueva energía, las dos plantas más modernas de Occidente, la EPR europea y la AP1000 yanqui, fueron pensadas para empezar quemando uranio 235 enriquecido, pero luego ir escalando con cargas crecientes de MOX y llegar hasta un 100%, si el precio cierra. Y con reprocesamiento de gran escala, cierra.

¿Por qué MOX y no ULE, Uranio Levemente Enriquecido (“grado central” da entre el 3 y el 5%?) Porque enriquecer uranio genera grandes colas de proceso de uranio empobrecido: redondeando, con 12 kg. de uranio natural obtengo 1 kg. de ULE al 5%, pero genero 11 kg. de colas. ¿Inútiles?

No para los militares. Desde 1970, aprovechan la densidad extraordinaria de ese metal, el UE (Uranio Empobrecido), 1,7 veces más denso que el plomo, metalúrgicamente más duro que el acero y de paso, pirofórico (inflamable por impacto), para fabricar munición antitanque de “staballoys” (aleaciones de uranio 238 casi puro con entre un 1,7 y un 3% de titanio estabilizante).

Sólo en la Guerra del Golfo de 1991 la Coalición usó 350 toneladas de staballoys. Esto destruyó en días la mayor flota de blindados del Medio Oriente (la iraquí), pero al costo de regar regiones enteras de aerosoles y polvo química y radiológicamente contaminantes. Y es que por ineficiencias del proceso de enriquecimiento, el UE suele tener aún un 0,3% de uranio 235, lo que lo hace un 60% menos radioactivo que el uranio natural, aunque del mismo modo insidioso: baja dosis, pero emitidas en tiempos geológicos.

Si a esto se le suma que el fogonazo pirofórico del impacto volvió el UE un polvo finísimo, aspirable y soluble en sangre, y que la mayor fuente ambiental de staballoys fueron los cañones automáticos multitubo de 25 y 30 mm usados en ciudades, más aún que las municiones antitanque en batallas campales, las leyes de los grandes números hacen imposible que no haya impacto oncológico medible incluso para tropa propia. Ha sido el caso de la 2da. Guerra del Golfo de 2001, donde sólo los EEUU regaron 1000 toneladas de munición sobre Irak, en su determinación humanitaria por terminar con la tiranía de Saddam.

Los hospitales de la Veteran’s Administration están llenos de casos de “Enfermedad del Golfo” (250.000 registros sobre 697.000 combatientes) con síndrome de fatiga, erupciones dérmicas, trastornos cognitivos y diarreas que persisten y son causa frecuente de rehospitalización desde 2001. Una parte menor de los afectados desarrolló tumores terminales de pulmón, riñón, hígado, cerebro, linfomas y leucemias y linfomas, con un exceso de prevalencia del 33% medido contra la población militar media que no estuvo en el Golfo. Esta difusa constelación de trastornos es bastante consistente con inhalación de UE, que el Department of Veteran’s Affairs niega y atribuye al humo de pozos petroleros en llamas, a armas biológicas de Saddam, a las vacunas contra el ántrax o al post-trauma psíquico. El Observatorio Médico del Ejército Italiano, invitado menor a la 2da. fiesta del Golfo, ya registra 147 veteranos muertos por algo bastante parecido a la enfermedad aguda por radiación (caída de cabello, encías sangrantes, colapso de la médula ósea, diarreas fatales. De la población iraquí no hay estadísticas.

Efectos de la munición penetrante de uranio empobrecido sobre ajenos (ver torreta) y propios (ver caricatura). En la elaboración de este posteo no se ha dañado a animales, civiles o chicos.

En 2009 el Parlasur prohibió la adopción de estas armas de energía cinética con UE: hasta Brasil (el mayor productor de UE de la región) estuvo de acuerdo. El Parlamento Europeo intentó aprobar leyes contra la munición de UE, pero Francia y el Reino Unido avisaron que no las acatarían.

Lo cierto es que conviene eliminar el uranio empobrecido, y el modo más barato es “polentearlo” con un “touch” de plutonio reprocesado para hacer combustible MOX, equivalente al ULE aunque por ahora algo más caro, y 4 veces más caro que el uranio natural. Y es que el ULE sigue caro porque la tecnología de enriquecimiento es gravosa en energía. No hay tu tía con eso.

En el caso argentino, tener una central PWR capaz de devorar MOX hecho con plutonio reprocesado en casa sería chiche. Pero sólo a condición de contar con una potencia instalada nuclear 3 o 4 veces mayor que la actual, es decir con mucho combustible quemado a reprocesar. Situación a la que forzosamente llegaremos alguna vez… pero no con Shellanguren

No nos sobra uranio, por empezar. Nuestras  centrales PHWR tienen un quemado de 7500 MW/día/tonelada de combustible. En el caso de las Atuchas, esa cifra más bien baja mejora un 5% con el casi imperceptible enriquecimiento local que se le da al uranio natural en Pilcaniyeu, donde pasa del 0,73% con que viene “de la geología” al 0,85% con que ingresa a las Atuchas. Con esa manganeta (y otras mejoras), Atucha I pasó de rendir 320 MW eléctricos a 335 MW. El costo de la electricidad sigue clavado, pero tenemos 15 MW más.

Se podría hacer lo mismo con Embalse, en Córdoba, cuando haya terminado su proceso de extensión de vida útil. Pero no antes de que los nuevos dueños de la tecnología CANDU (Lavalin de Canadá y CNNC, la Corporación de Energía China), demuestren en un modelo 6 “setentoso” (en China los hay) se banca ese cambio de dieta.

Lo cierto es que pasar a MOX, con un programa de centrales tan chico y de bajísimo o nulo enriquecimiento como el argentino, no cierra. Y eso por los costos de una planta de reprocesamiento, y aceptando que para la Argentina serían peores los costos políticos que los económicos.

La canadiense Sue McLeod de Bruce Power muestra un elemento combustible CANDU sin miedo a irradiarse. ¿Quién rechazaría semejante almohada? Hablo del elemento combustible.

Pero los MOX tienen otro sobrecosto industrial: las dificultades radiológicas extra inherentes al manejo de transuránidos “calientes”, como el Pu 240, de alta emisión gamma. Un elemento combustible “fresco” para Embalse, recién salido de fábrica, lleno de pastillas de uranio natural, será pesado y duro pero yo podría usarlo de almohada sin temor a freírme el cerebro. Bueno, una noche. Lleno de pastillas MOX, podría dárselo de almohada a algunos de mis enemigos, pero con culpa. Bueno, algo de culpa.

A la hora de “poniéndose estaba la gansa”, sin embargo, el costo del combustible nuclear no es más que entre el 5% y el 10% del costo del megavatio/hora, porque este precio lo determina mayormente, y de un modo bien brutal, la inversión inicial en fierros, con un 50% gastado en sistemas de seguridad, sumado al costo operativo de tener plantas llenas de post-doctorados y otra megafauna universitaria al uso. Es un mundo muy diferente del de las centrales a gas, donde los fierros son baratos y no se requiere de una patota de premios Nobel de ingeniería para hacerlas funcionar. Eso sí, el precio del fluido en boca de pozo determina hasta el 50% del costo de la electricidad.

De modo que la ecuación empezaría a cerrar a nuestro favor cuando tengamos una primera central a uranio enriquecido al 5% “o por ahí”, como el VVER de 1200 MW que le íbamos a comprar a Rusia hasta que llegó, oliendo a petróleo, don Shellanguren (y ahora no se sabe).

Con una central rusa grandota estaríamos hablando de un quemado de 50.000 MW/día/tonelada, 4 veces mayor al de Embalse. Para hacer más sexy la oferta, los rusos aseguran que el VVER es lo más barato del mundo en aparatos de agua presurizada, a sólo U$ 1200 el kilovatio instalado. Mienten por sobre la barba, los ivanes: U$ 4200/kilovatio se ajusta más a la realidad, pero incluso así están bien debajo de los costos de las centrales equivalentes de generación III plus yanquis, japonesas y europeas. Los chinos de la CNNC tienen centralotas de generación III plus a $ 1500 el kilovatio instalado, y se les puede creer (aunque ignoro si comprar).

Con algo de esta generación en Argentina empezaría a justificarse sustituir uranio enriquecido al 5% con combustibles de uranio empobrecido pimentados con un 3% de plutonio reciclado.

Por supuesto, nadie te vende un miligramo de plutonio. A la larga, reciclar en casa garpa. Inútil pensar en semejante movida tecno-diplomática sin Brasil, y habrá que esperar a que de allí también se vayan los caranchos.

Incluso en centrales CANDU ACR 1000, como las que chinos y canadienses testean en  dos plantas (Quinshan 1 y 2), en cuanto se pasa un umbral de escala, se vuelve verdad que se gana más plata y megavatios quemando basura nuclear que rasqueteando la avara corteza terrestre por minería. Y es que la geología, en su lenta maldad, hace del uranio un elemento abundante en toda la corteza terrestre, pero en general en concentraciones miserables. Hay que dinamitar cerros enteros y molerlos a grado talco para sacar unos kilos.

Si uno en cambio usa MOX, le da una segunda vida (y pueden ser más) a minería ya vieja, es decir pecados que ya remitieron. Hasta se evitan algunas puebladas, dada la bien ganada mala fama de las megamineras del Primer Mundo en el Tercero. Pero para llegar a esa situación ideal hay que tener escala económica, cojones diplomáticos, audacia ingenieril y una visión regional, exactamente lo contrario de lo que nos gobierna hoy.

De otro modo, habrá que esperar que el MOX crezca en los árboles.

Desgraciadamente, a nadie se le ocurrió –todavía- crear un “banco internacional de MOX”, porque desde 1977, los EEUU odian la palabra “reprocesamiento” en asuntos eléctricos. Es algo que sólo se permiten hacer, por ley, con fines morales como la guerra nuclear.

Antecedentes de un banco internacional de MOX empieza a haber, sin embargo, pero con el ULE (Uranio Levemente Enriquecido). Para que no se fundan las grandes compañías de ingeniería nuclear, el OIEA aprobó la creación de un “banco internacional” de ULE en Kazakhstán, el mayor productor mundial de uranio. Es una jugada pro-industria, que trata de quitarles a los países chicos ganosos de pasarse al átomo el miedo a que un choque diplomático con Trump, Putin o Xi Jin Ping los dejen en apagón.

Lo que nadie sabe es si Trump, Putin o Xi Jin Ping van a dejar que eso funcione.


El trabajo, las máquinas, y el desempleo

marzo 18, 2017

Fredes Luis Castro, de quien acerqué otros trabajos, sigue publicando en su blog con una coherencia que le envidio un poco. Aunque tiene un firme compromiso político, no se deja arrastrar por la coyuntura, ni permite que tome la engañosa forma de una “red social”. Que no lo es, por supuesto. El “administrador” de un blog decide lo que aparece en él, por acción o por omisión.

Fredes postea, a su ritmo, ensayos sobre los temas que elige. Ahí vuelca su opinión, por supuesto, y además -o sobre todo- enlaza autores y trabajos que aportan distintas y valiosas miradas.

En este encaró algo muy importante que a la vez está de moda (no es frecuente); lo discuten pensadores, autores de best sellers y disertantes en Davos: El desempleo provocado por el avance tecnológico, por la automación.

En este tema se ha politizado la discusión local (no es sorpresa, verdad?). Peronistas ortodoxos y también los que se identifican con lo que podría llamarse la “Tendencia Revolucionaria Keynesiana” (o keynesianismo chabón) insisten que el desarrollo tecnológico no puede/debe provocar desempleo. ¿Saben qué? Creo que tienen razón… en el largo plazo. Pero en el corto y mediano tendremos graves problemas, si no nos manejamos con inteligencia y decisión.

Pero esa es una opinión mía que voy a esbozar en un comentario al final. Antes, lean lo de Fredes Castro, que resume los distintos aspectos de un tema complejo. Y su conclusión merece ser compartida por los argentinos de buena voluntad.

“TECNO NARRATIVAS DEL TRABAJO

En La carrera contra la máquina Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee explican de qué manera la computarización de las máquinas colaboró con el desempleo verificado en los últimos años, avance que no se limita a las actividades rutinarias, ya que las soluciones digitales extienden su imperio crecientemente a las tareas especialmente cognitivas. Esto último es confirmado por una investigación realizada por Paul Beaudry, relativa al mercado laboral estadounidense, en la que denuncia una gran reversión en la demanda de trabajadores calificados y con estudios superiores. El investigador de la Universidad de la Columbia Británica describe un escenario en el que la mayor calificación no asegura un mejor posicionamiento laboral, por el contrario la oferta es mayor a una demanda que obliga a trabajadores calificados a realizar actividades no calificadas, compitiendo desigualmente con hombres y mujeres con menor preparación, que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo por menor salario o resignarse a la desocupación.

Las actividades rutinarias susceptibles de ser codificadas en software y las ocupaciones cognitivas susceptibles de ser penetradas por las manipulaciones algorítmicas de la big data habilitan una transferencia de labores desde los humanos a los ordenadores. Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne de la Universidad de Oxford, en un citadísimo paper, se atreven a los números y a la predicción y estiman que el 47 % de los trabajos norteamericanos corren riesgo de ser automatizados / robotizados, “quizás en una o dos décadas”. Esta transferencia de actividades impactará, advierten, en los servicios que mayor cantidad de empleos aportaron a la economía norteamericana en las últimas décadas.  Frey y Osborne alientan a capacitar a los trabajadores en habilidades creativas y sociales.

Otra investigación del año 2016, de la OCDE, disiente con los autores mencionados, al menos en lo que concierne a los países que la integran, indicando que en promedio sólo el 9% de los trabajos de sus mercados son “automatizables”. Sí reconoce mayores problemas para los trabajadores no calificados, aconsejando programas de re-entrenamiento laboral para este sector. Transmite similar optimismo un reporte de este año del Instituto McKinsey, que anhela una automatización que aporte a un futuro que funcione. Lo interesante de este producto es que enfoca su atención en las actividades realizadas individualmente por cada trabajador, antes que al rubro laboral en cuestión. Para tranquilidad del proletariado humano sostienen que sólo el 5% de los trabajos pueden ser completamente automatizados, con porcentajes variables en las restantes actividades pero sin excluir enteramente la injerencia humana. Al tiempo que revelan desconfianza por una intervención ordenadora de los gobiernos en el plano económico, sus autores lo conminan a funciones subsidiarias, en comunidad con el sector privado para crear las mejores condiciones de adaptación laboral, especialmente en el área educativa y con programas de re-entrenamiento laboral; y coordinadora de diálogos sociales para armonizar los cambios producidos por la disrupción tecnológica y evitar resistencias ludistas, de movida de los sindicatos.

Las otras instituciones

En las investigaciones de Frey y Osborne y de la OCDE no se tienen en cuenta a sindicatos u otros organismos defensores de los derechos de los trabajadores ni la incidencia que puede tener cuerpo normativo alguno a su favor (no figura el término derecho en ningún caso). Beaudry sólo accesoriamente alude a los sindicatos, con un comentario irrelevante. En sus recomendaciones de largo plazo e “ideas alocadas” para enfrentar el desafío que significa para los trabajadores la segunda era de las máquinas Brynjolfsson y McAfee tienen en cuenta las propuestas de ingreso básico e impuestos negativos, a la vez que aportan otras que interpelan a ONGs (como agentes de pago de personas que a través de ellas realicen actividades socialmente útiles) y empresas (por ejemplo, informando en las etiquetas de sus productos que eso se hizo con mano de obra humana). No omiten contrataciones gubernamentales como las de los años de Roosevelt, ni subsidios o vouchers para atender necesidades básicas. Nada comunican sobre posibles derechos laborales o injerencias sindicales. Para el Instituto McKinsey, ya se dijo, los sindicatos son una fuerza que amenaza el progreso.

David Autor, otro de los muy destacados edificadores del mainstream que ilustra sobre las relaciones entre las nuevas tecnologías informacionales y el mundo del trabajo se enrola en las filas de los optimistas. En una de esas dinámicas conferencias de TED considera que los modelos organizacionales que acompañan las innovaciones tecnológicas, las ambiciones humanas y las instituciones que habilitan las oportunidades y la movilidad económicas (entre las que sólo menciona a las educativas) han demostrado ser medios aptos para generar nuevos empleos.

No se trata de desmentir lo que estos especialistas subrayan, pero parecen sugerir un fatalismo tecnológico que por omisión disocia la problemática laboral de la disputa por los recursos, el rol determinante de normas promotoras de los derechos de los trabajadores y de instituciones representativas de sus intereses. Las notas que caracterizan a los trabajadores en las investigaciones de estos cientistas sociales son la pasividad y el ahistoricismo. Justo es decir que un informe de enero de este año de la OCDE acusa que las experiencias observadas en distintos países descartan que el cambio tecnológico sea suficiente para explicar los desacoplamientos registrados entre salarios y productividad.

Lo material es hermoso

Si inventar algo es descubrirlo en lo que ya existe, como afirma W. Brian Arthur, es recomendable para cualquier decisor público no distraerse de los déficits tangiblemente estructurales de la economía que debe gestionar, por el mayor erotismo que despierta la cuestión tecno innovativa. Si lo pequeño es hermoso lo grande y centenario puede serlo mucho más. Preparar la población como “capital humano” idóneo para enfrentar los desafíos digitales del siglo XXI no es más importante que contar con rutas y redes férreas, puertos y puentes, diques, refinerías y usinas que garanticen la creación y circulación de producciones materiales. Erigir o actualizar estas tecnologías físicas, sobra decir, equivale a movilizar a decenas de miles de trabajadores y es una ventana de oportunidad para especializarse en actividades logísticas sumamente apreciadas en todo el orbe. En un ensayo brillante Andrew Russell y Lee Vinsel sentencian: “las formas menos apreciadas y más subestimadas del trabajo tecnológico son también las más ordinarias: las que reparan y mantienen las tecnologías que ya existen, que fueron ‘innovadas’ hace mucho tiempo.” La abundante literatura sobre propiedad intelectual, capital humano y organizacional, contenidos informacionales, habilidades sociales, creativas y emocionales no enfatizan (tal vez no tienen por qué hacerlo) la relevancia que mantienen las “viejas” tecnologías infraestructurales.

Como señalé en otro artículo reducir obstáculos logísticos, de gestión de procedimientos, seguridad de las comunicaciones y por déficits en infraestructuras apropiadas pueden incrementar el PBI global por seis, mientras que las reducciones tarifarias (actualmente bajas y excepcionales) que tanto persiguen los acuerdos denominados de libre comercio apenas aportarían un aumento de un 0.5% a los países involucrados. Las infraestructuras físicas complementan e incentivan las muy tangibles producciones industriales, imprescindibles para obtener saldos favorables en el comercio exterior a juzgar por los patrones evidenciados en Estados Unidos en las últimas décadas. El gran país del norte padece un déficit crónico en su balanza comercial, como consecuencia de las importaciones de bienes industriales (en particular los electrónicos manufacturados/ensamblados en China), que no es compensado por un superávit de décadas en su comercio internacional de servicios (actividades de diseño, marketing, management, legales, financieros y correspondiente etcétera).

Los tres países con los que Estados Unidos tiene mayores déficits comerciales, China, Japón y Alemania, son países superavitarios en sus balanzas comerciales y fuertemente industrializados, en el caso de los dos últimos en tecnologías de punta. China y Japón son también los principales acreedores globales de Washington. Peter Navarro y Wilbur Ross, máximos referentes de la gestión comercial de la administración Trump, pícaramente observan que mientras Alemania y Japón, líderes mundiales en robótica, tienen entre un 20% y un 17% de sus trabajadores ocupados en el sector industrial, en la patria imperial a la que sirven la cifra es de un 8%. La automatización como fin del trabajo parece correr a velocidades distintas, de acuerdo con las políticas instrumentadas por los estados nacionales. Por caso, el posindustrialismo del software y las finanzas norteamericano difiere de la estrategia japonesas para hacer de sus exportaciones de infraestructuras una cuestión clave en lo mercantil y lo diplomático, en el marco de un plan pretérito al gobierno que Abe inició en el 2012.

Observaciones finales

La instrucción informacional es sumamente importante. Desconocer esto es abstraerse de las demandas laborales que vienen y las vigentes. Es acertado el sendero diseñado por el Comité de la Economía Futurade Singapur, que piensa una educación permanentemente actualizada y transmitida a lo largo de toda la vida, no de acuerdo a ciclos decimonónicos.

Omitir la importancia de instituciones representativas de los trabajadores es abstraerse de los intereses, derechos y recursos de que son, deben ser, titulares. Automatizaciones e industrializaciones no significan justa distribución de bienes, servicios y consumos dignos para los trabajadores, aspecto regularmente contencioso -la justa distribución- que debe incluirse en una completa reflexión de la cuestión laboral.

En el siglo XXI la industria aún “contribuye desproporcionadamente a las exportaciones, innovación y crecimiento productivo”, y es clave para la fortaleza y autonomía nacionales. Esto es cierto para las potencias imperiales, pero mucho más para las economías dependientes como la de nuestro país, Argentina”.

Trataré de ser todo lo preciso que pueda ser en tres párrafos. Ante todo, comparto el planteo industrialista de Fredes. Trabajo, y hago política, con ese objetivo. Lo que no me impide darme cuenta de un hecho obvio: la automación va a seguir reemplazando muchas tareas que hoy, todavía, realizan los seres humanos. El avance tecnológico ya lo hizo en el pasado: quedan muy pocos empleos para cazadores recolectores, conductores de carretas o perfoverificadores, por ejemplo. La capacitación laboral más necesaria es la que prepara para los cambios en el trabajo.

Estos cambios también transforman la sociedad. No necesitamos ir tan lejos como la invención de la agricultura, hace algo menos de diez mil años. Al comenzar el siglo XX, en Gran Bretaña, el taller global de ese momento, la mayor fuente de empleo era… el servicio doméstico. Había un millón y medio de sirvientes, sólo en esa nación.

La tecnología moderna, que puede reemplazar la mayoría de las tareas manuales -no todas, por cierto- y muchas de las que solían llamarse “de cuello blanco”, no elimina la necesidad de “mano de obra” humana en áreas fundamentales: salud, educación, seguridad. Y esa misma tecnología, al multiplicar la producción de bienes, hace posible la “ampliación de derechos” que falta: el trabajo, el empleo digno, como un derecho humano básico, tan fundamental como a la vida y a la libertad.


Lo más destituyente de la semana que pasó

marzo 13, 2017

A los que están preocupados por la gobernabilidad, aún a aquellos que -con mejores razones- están preocupados por la institucionalidad, tengo que decirles que la nota más amenazante para la estabilidad del gobierno actual no proviene de Cristina Kirchner, a pesar del temor -sobreactuado- de Morales Solá. Tampoco del sindicalismo, a pesar de algunas expresiones tal vez insultantes de Luisito Barrionuevo. Ni siquiera de los maestros, a pesar de la influencia que sobre ellos tiene la figura notoriamente colérica e intemperante de Sarmiento. No. Fue una noticia del martes 7 que voy a contarles.

La publicó un solitario portal especializado en economía. No ha sido reproducida por los medios masivos (Me dicen que también apareció en El Cronista, pero no la vi). No la mencionaron en la blogosfera politizada. Pero, créanme, el hecho que cuenta fue observado con mucha atención por los economistas con responsabilidades y por la dirigencia política. No la tomaron como un síntoma definitivo, por cierto; algunos piensan que fue sólo un “glitch”, un fenómeno casual que se debió a causas puntuales. Pero, por las dudas, quedaron en alerta. Se las copio, y después comento:

El martes no hubo dólares en el mercado paralelo y se teme por una devaluación

“El que quiso comprar, no pudo”, grafica un experimentado operador de la City. El martes no hubo dólares físicos, ni en el Microcentro porteño ni en el resto del país. Se tema por una pronta devaluación.

El martes 7 de marzo, mientras todas las miradas estaban sobre el escandaloso acto de la CGT, la City porteña se llenó de dudas ante una sorpresa: no había dólares.

Eso fue lo que ocurrió en el circuito paralelo de “cuevas” financieras, donde se vende el dólar blue, para sorpresa de los frustrados compradores. Minuto de Cierre certificó que ello ocurrió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero también en distintas ciudades del interior del país.

De modo inmediato, entre los habituales compradores de dólar blue empezó a correr el rumor de una futura y próxima devaluación. De hecho, el dólar oficial tuvo un pequeño salto, desde los $ 15,60 hasta $ 15,80, de acuerdo a la cotización del Banco Nación.

Pero, aunque una devaluación parezca poco probable antes de las elecciones, la memoria de cualquier argentino lo mantiene alerta sobre ese escenario. Más aún, con el retraso cambiario que se vive desde hace un año.

La ecuación es muy simple. El que se endeudó hace un año, con la tasa de interés que hay, está pagando un 25% en dólares. No hay inversión, gasto ni planificación económica que lo aguante“. El primer día de marzo del año pasado, el dólar vendedor cotizaba $ 15,90; mientras que hoy opera a $ 16,30, tomando los bancos privados. Es decir, una devaluación de apenas 2,5%, contra una inflación que ronda el 35%, si se toma el Índice Congreso en términos interanuales.

Para marcar cuán efectiva fue la “bicicleta financiera”, hace un año las Letras del Banco Central (Lebacs) pagaban 38% anual. Por ejemplo, si alguien vendió u$s 1.000 en aquella época, los puso en Lebacs y hace días volvió al “verde”, ya tiene más de u$s 1.300, una inversión segura y legal, con una tasa en dólares del 30%, sólo en Argentina.

Con estos números, y con el resto de los precios moviéndose, desde los servicios hasta los bienes, la percepción casi universal es que el dólar está “barato”. El martes, el mercado ilegal tomó nota de esto y hasta habría recibido un empujón del Banco Central, que conduce Federico Sturzenegger”.

Corresponde que les aclare que lo que no había el martes eran dólares físicos. Uno podía hacer transacciones en dólares por medios electrónicos. Pero… al no estar disponibles los billetes, una duda cruel asaltaba a los argentinos que se manejan con dólares (un % muy importante de la población).

Tengamos en cuenta que los “mayoristas” en el ámbito nacional de los billetes son un par de bancos locales. Los bancos extranjeros no se meten en eso. Es natural, siendo como somos, que la primera pregunta fue “¿En qué anda Brito?”. Todavía no hay una respuesta satisfactoria. Pero ese no es el problema.

El problema es que los datos que menciona la nota son absolutamente ciertos. Y ninguna economía nacional puede garantizar un 25 % anual de ganancia en dólares. Simplemente, eso no existe. Todo el mundo sabe, lo reconozca o no, que esa burbuja alguna vez se pinchará. Y todos están alerta por el silbido delator.

Personalmente, no lo veo en lo inmediato. No hay motivos en la economía real, con la liquidación de la cosecha prevista para estas semanas.

Pero… es la situación económica general la que se apoya en bases inestables. Por ahora -esto se ha comentado en el blog recientemente- los bancos y fondos de inversión internacionales se muestran dispuestos a financiar a este gobierno, aún para usar los fondos -como lo está haciendo- para gastos corrientes.

Pero nadie, ni el F.M.I,, va a financiar a este gobierno para detener una corrida cambiaria, aunque la devaluación provoque un salto inflacionario brutal y desestabilizante. Nadie prestará para vender dólares a un precio fijo. Todos los que se mueven en finanzas recuerdan (George Soros con una sonrisa) que “los mercados” le doblaron el brazo al Banco de Inglaterra. El Banco Central de Sturzenegger les serviría de escarbadientes.


Argentina Nuclear, 2017 – LIII: Jorge Sábato y el proyecto pendiente

marzo 11, 2017

Interrumpí durante una semana la publicación de esta saga ¡Pero qué semana! Ahora es un buen momento para retomarla, ya que la “actualidad” política está repetitiva (En la Capital algunos están preparando una bomba, pero la veo verde todavía). Aquí Arias expone un proyecto del pasado, al que yo veo con la debida actualización, en el futuro.

Ese triángulo de Sábato -que abarca al Estado, las empresas privadas y la ciencia y tecnología- sigue profundamente vigente. Aquí y en todos los países que se plantean tener futuro.

(También Daniel retoma la pelea entre petroleros y nucleares, cómo no. Bueno, ambos sectores hoy dependen por igual entre nosotros de los subsidios del Estado)

53. Cénit y caída del sabatismo

 

Las cuatro “ideas fuerza” del programa sabatiano mostraron su mayor despliegue en una época que Jorjón Sábato aborreció a muerte: El Proceso. Por razones que Sabato no explicó pero se pueden suponer, estaba bastante apartado de la rumbosa CNEA de Castro Madero, y si bien tenía desacuerdos básicos de política nuclear con el contralmirante, lo que primó en su hacer “rancho aparte” fue su repudio general por el gobierno, su política económica y su inevitable correlato de terrorismo de estado. El Jorjón no era de esos radicales que pidieron el golpe y se integraron y entregaron al funcionariado de los militares.

Lamentablemente para el país, cuando venía despuntando la democracia, Sábato ya estaba demasiado enfermo (un cáncer de páncreas, intempestivo como suelen serlo) . No la vio renacer. A un mes de morirse, el Jorjón usaba sus últimas energías en arengar a sus correligionarios, que ya se disponían a gobernar, con el latiguillo de que la política económica determina la tecnológica. Illia tal vez lo habría escuchado, Alfonsín no lo hizo. Y no por razones de capacidad intelectual, sino porque el Proceso impuso un tajo en la historia, y para el nuevo presidente radical y su entorno, la CNEA apestaba a Proceso, a dispendios y a despiole diplomático, con aquella planta de Pilca. En la grieta de 1983, los atómicos quedaban del lado de Los Malos.

¡Jorjón no tenía derecho a morirse! Con su prestigio, tal vez habría persuadido a Alfonsín de abstenerse de las barbaridades que cometió y dejó cometer contra un programa nuclear que no llegó a entender jamás. Y de no haber sido posible explicarle mejor las cosas, le habría armado una interna de las bravas. Sábato era un “maverick”, se cortaba solo, ignoraba la disciplina partidaria y el poder le era natural: salía de su persona y de su trayectoria. No se lo confería nadie.

¡Y el arrastre que tenía!: cuando fundó el SATI (Servicio de Asistencia Técnica a la Industria), en 1962, 5 años antes de la decisión tecnológica de Atucha I, había convencido a la CNEA de que en 2000 debía tener al menos 5 centrales nucleares. Y como las últimas debían ser 100% nacionales, había que “nuclearizar” a “la burguesía chanta”, como la definía cáusticamente. Eso significar hacer que industriales argentinos tan interesados por lo atómico como Ud. y yo por el ikebana, se volvieran proveedores expertos en electrónica, sensores y sistemas de control, ciencia de materiales y daño por radiación, electromecánica resistente a temperaturas y condiciones radiológicas destructivas, termohidráulica capaz de enfrentar presiones de centenares de atmósferas, y varias ingenierías más por el estilo, ninguna demasiado fácil.

¿Y cómo lograr este milagro, según Jorge Sabato? Usando el poder del estado, y un poco de astucia.

El SATI debía empezar resolviendo problemas concretos de los industriales con sus bienes de capital, para después convidarlos a mate, lavarles un poco el cerebro, suministrarles la tecnología para fabricar componentes concretos de reactores y centrales, comprárselos si alcanzaban calidad nuclear, y eventualmente organizarlos con back-up estatal para exportarlos. Ideas como éstas al Jorjón se le podían ocurrir cinco antes de desayunar. El asunto es que las llevaba a cabo, y alguna le salía.

No siempre bien del todo. Del SATI surgieron intentos de exportar servicios tecnológicos nucleares como NUCLAR y ARGATOM. Eran compañías mixtas de privados y el estado. De ellas, el ingeniero Oscar Wortman, uno de los “12 Apóstoles” quien tuvo que fungir de director, se quejaba de que el nivel de los socios privados era abismal, más o menos como su interés por hacer goles afuera. Ambas sociedades participaron en licitaciones internacionales para montaje de obras atómicas, pero sin éxito. Toda una vida tratando de hacer chiflar al chancho, el Jorjón.

Incluso trajo arrastrado por los pelos a SIAM, la empresa metalmecánica del famoso Di Tella 1500. ¿Qué hace un fabricante de heladeras y de autos “joya siempre taxi” en el Programa Nuclear Argentino? Fabricar combustible de centrales, naturalmente.  En 1972 se testeó en la plantita piloto alemana MZFR de la KWU en Karlsruhe un primer elemento combustible de potencia manufacturado en la Argentina por la División de Metalurgia de la CNEA, en colaboración con la empresa SIAM electromecánica. Y funcionó joya.

Explica Sábato: “Se hizo así no porque SIAM tuviera experiencia en metalurgia nuclear (en realidad no tenía ninguna) sino para comenzar a interesar a la industria argentina en lo que va a ser -en pocos años- un gran negocio“.

¿Macaneaba, Sabato? Según sus cálculos, Atucha consumiría más de 2,5 millones de dólares por año de combustible durante sus tres décadas de vida útil. En dólares de hoy, serían 14,6 millones/año. Y un poco más, si se tiene en cuenta que el combustible actual de Atucha I ahora tiene un ligerísimo enriquecimiento (0,85%) y es más caro. Las cuentas se alegran más si Ud. añade las centrales Atucha II y Embalse. Por lo bajo, son U$ 52 millones/año. Y no le añado la frase yanqui para indicar plata segura (“It’s like money in the bank”) porque ya no funciona ni en origen.

Fabricación de los elementos combustibles de Atucha I en CONUAR, control dimensional de calidad de los anillos separadores. Dentro de los haces de tubos de circaloy irán las pastillas de óxido de uranio.  Jorge Sábato trató en 1965 de que los combustibles los fabricara Siam, la de los Di Tella…

Si los Di Tella se hubieran quedado en el negocio del “fuelling” no les habría ido mal. Los Pérez Companc, tradicionales fabricantes de caños petroleros, vieron el negocio que les propuso un autodenominado “miembro de la mafia Sabato”, Carlos Araoz, y tras pensarlo no poco, lo agarraron. Después de todo, los elementos combustibles son mazos de caños. Sólo que suponen un conocimiento muy refinado de las aleaciones y soldaduras de circonio, daño por radiación y otros gigantescos detalles. Sí señor, algunas de las locas tentativas de Sabato llegaron a puerto.

Cuando se murió el Jorjón, el Programa Nuclear, lastrado de mega-compras llave en mano por Castro Madero pero todavía institucionalmente sano, estaba en el pico de sabatismo de su historia. Por sabatismo entiendo su capacidad de transformar la estructura tecnológica del ispa desde el estado, ángulo tope del famoso “Triángulo de Sábato”.

La CNEA de 1983 tenía algunas herramientas políticas y tecnológicas para rehacer en plan industrial a la Argentina, incluso desangrada de cuadros dirigentes, endeudada por los milicos y de yapa, moralmente vapuleada por la derrota de Malvinas.

Seamos contrafácticos, lector@s. Siempre es mejor que seguir fácticos y sojeros.

Un Programa Nuclear fuerte, rumbeado a suplir el 30 o 40% del consumo eléctrico nacional, habría servido de base para el desarrollo de centenares de PyMES y empresas grandes en electrónica, informática, computadoras específicas, sistemas de control, metalurgia y metalmecánica de aleaciones especiales, bombas hidráulicas de alto desempeño, sistemas neumáticos, componentes de materiales cerámicos y plásticos desarrollados para actuar en medios radioactivos,  transformadores, eventualmente turbinas de vapor y otros etcéteras.

En esto no hay magia. La ingeniería nuclear es un resumen de todas las ingenierías, y por eso, genera proveedores en casi todas las ramas de la industria. Y todos ellos tienen que alcanzar calidad nuclear, estándares tan draconianos que olvidate de las normas ISO.

Por supuesto, Martínez de Hoz, Cavallo 1.0 y 2.0 probablemente habrían exterminado a muchas empresas emergentes, pero algunas hubieran sobrevivido, apalancadas en un mercado eléctrico núcleo-dependiente. Y las de mayores espaldas financieras, habrían sentido al menos la tentación de salir de caza al mercado externo. Para hablar de la única en la cual confío, INVAP estaría vendiendo centrales de potencia CAREM, no sólo reactores.

No me fumé nada raro. ¿Alguien se imaginaba la Corea actual en 1970, cuando aquel era aún un país agrícola que exportaba pobres, en lugar de productos de alta tecnología?

Alfonsín no recibió un país en buen estado, pero sí una CNEA que era una garrocha, y en lugar de usarla para que la Argentina saltara lejos y alto sobre su pobreza, la serruchó para hacerse un asado. Se lo exigían los acreedores externos, pero también su círculo interno, con excepción de Jorgito Sabato, primo de Jorjón y vicecanciller.

Dentro del estado mismo la CNEA tenía enemigos poderosos. La entonces Secretaría de Energía, un rejunte pro-petrolero, se la tenía jurada desde épocas de Illia, por haberse apropiado (con Atucha I) de 320 de un total de 550 megavatios de nueva capacidad instalada planeados. La Secretaría de Energía tampoco le perdonó a la CNEA la fugaz intervención de Jorjón Sábato en SEGBA, épocas del igualmente fugaz Aldo Ferrer como Ministro de Economía.

Sábato trató de fumigar a la perdidosa empresa de electricidad del nubarrón de consultoras y prestamistas que la parasitaban, pero “lo acostaron” en meses. Sábato se vengó en su libro “SEGBA, cogestión y Banco Mundial”, que dejó bastantes malheridos.

Eso explica que en 1983 la Secretaría de Energía se declarara antinuclear y pro-hidráulica: toda la plata a construir represas. Ni un mango a terminar Atucha II, que por otro lado no era asunto de su incumbencia. Jorge Lapeña, el secretario de la repartición, le aseguró a Alfonsín que con gas en Loma de la Lata y los ríos Limay, Uruguay y Paraná tirando como bueyes, sobraría electricidad.

Lapeña tenía todos los elementos para saber que el Paraná estaba fuera de la ecuación, porque Yacyretá en 1983 era un “black hole” que devoraba plata sin avanzar, y ése era el negocio. Lo que llama la atención del secretario es que entendiera tan poco de climatología. La Oscilación Austral contrapuesta a “El Niño”, es decir “La Niña”, en un episodio particularmente feroz, entre 1988 y 1989 causó la sequía simultánea de TODAS las cuencas hidroeléctricas de la Argentina, aunque están separadas por miles de kilómetros y en ecosistemas totalmente distintos.

Con el Limay y el Uruguay en bajones históricos, prácticamente ninguna central moderna a gas en operación, y las viejas turbinas a fuel-oil de SEGBA hechas fruta por falta crónica de mantenimiento, en Baires y el GBA pasaron dos veranos seguidos con apagones diarios de 10 horas o más. El efecto que tuvo esto sobre la población metropolitana fue: “Toc-toc, ¿hay alguien adentro? No, muchachos, en la Casa Rosada no hay nadie”.

Cómo se relacionó el “feeling” de “Adónde está el piloto” con el par de golpes de mercado hiperinflacionarios que sacaron del ring a Alfonsín y entregaron a Menem, eso se lo dejo a los sociólogos e historiadores. Yo me limité a sufrirlo como ciudadano.

Jorge Sábato, no tenías derecho a morirte. Nunca fue tan cierto que a veces la historia será un asunto de estadísticas y de masas, pero hay puntos invisibles de quiebre donde los que definen son, por ausencia o presencia, algunos individuos.

No sé qué clase de país habríamos sido con 100 o 200 tipos como vos, Jorge Sábato, en lo posible duraderos. Acaso habría bastado con que vos te quedaras a tirar 10 o 15 años más para darnos a todos un mejor destino colectivo. Esa es la otra pregunta contrafáctica que me hago. ¿Qué habría pasado con vos aquí, con nosotros?

Con un Programa Nuclear fuerte, no sé en qué clase de animal económico nos habríamos transformado dentro de las cadenas alimenticias mundiales. No me da para pensar en los leones, pero me conformo con una cebra. Para muchos será sólo una suerte de burro salvaje y a rayas, pero incluso los leones evitan su patada o su mordida, salvo cuando atacan en gran patota. Sin duda, por argentinos, seríamos una cebra muy atípica. A manchas, póngale.

Pero seguramente habríamos sido un bicho mejor que el animal icónico de este período de CEOs lobotomizados, convenios laborales basureados, entrega de recursos energéticos, endeudamiento “dale que va” y economía cada vez más brutal, estúpida y extractiva.

Ese animal icónico de estos tiempos viene a ser una Vaca Muerta.


Fabricaciones Militares, y los trenes argentinos

marzo 6, 2017

El punto de la segunda noticia triste que quiero subir ahora… es que no es noticia. Un compañero preocupado por la industria nacional y generalmente bien informado me reenvía Fabricaciones Militares suspende la construcción de vagones. Es absolutamente cierta… y es de un año atrás. La ubiqué en el 18/2/16. Fue cuando la racha de 140 despidos, y la “suspensión” (cancelación) del  contrato con Ferrocarriles Argentinos para la fabricación de 1.050 vagones de carga, de las cuales 115 debían entregarse ese año.

Uno de los aspectos del asunto -el menor, en realidad- es la costumbre de muchos de los que se oponen al actual desastre de reenviar versiones casi automáticamente, sin chequear. Lo que disminuye su eficacia, se los digo como profesional. No es que el Mauricio haga escasear el material…

Otro aspecto más actual es la relación con el mini debate sobre la gestión de Randazzo en Ferrocarriles que se armó en la columna de comentarios del posteo anterior.

El hecho es que la suya fue una gestión eficaz y que mostró resultados visibles en muy corto tiempo, usando los recursos que ese gobierno volcó en abundancia. Impulsado por la presión política de la coyuntura (la “tragedia de Once”). Mostró ahí lo que se podía hacer desde el Estado, cuando se decide romper con la patria contratista (en una de sus versiones menores, los Cirigliano).

Se me ocurre que resulta un buen ejemplo de las virtudes y defectos de las gestiones K -no sólo del entonces Ministro de Transportes. Disposición para reaccionar frente a los desafíos políticos -cuando éstos le golpean en la cara; decisión, velocidad y capacidad para ejecutar. Y lo que entiendo fue su defecto básico: todo eso, en la ausencia de un plan general. Creo que, en el fondo, un cierto escepticismo ante la idea de un plan general.

Como sea, hoy enfrentamos una situación muy distinta. El gobierno de Macri no sólo no cree en los planes. Su dirección es la opuesta. Orgullosamente anuncia la compra de 3500 vagones más 107 locomotoras, junto con repuestos, maquinaria, herramientas y contenedores. Todo eso de origen chino, “nuestra nueva Inglaterra”. Para un plan, el Belgrano Cargas, anunciado hace más de un año y en el que todavía no se ha hecho nada.

Para dejarnos de pálidas, propongo que dediquemos el esfuerzo y las neuronas que nos deje libre la inminente interna, a pensar en qué haremos con una herramienta fundamental como fue y puede ser volver a ser Fabricaciones Militares. Tenemos tiempo: entré a su página para chequear la información y encuentro el previsible cartel “Nos encontramos trabajando en una nueva versión web“.


Tomándole la temperatura al dólar

marzo 5, 2017

tipo-de-cambio

venta-de-divisas

Estuve lanzando versiones alarmistas en el blog, y me siento obligado a acercar algunos datos concretos para equilibrarlas. Uno no quiere ser el pastorcito que gritaba “¡Lobo!“. Sobre todo porque al final de la historia el lobo viene…

Precisando: en anteriores posteos -y en la comisión de Economía del PJ- afirmé que había un riesgo implícito en la herramienta básica que utiliza el actual gobierno para moderar la inflación: las tasas muy altas, que garantizan una utilidad extraordinaria en pesos. Y en dólares… si el tipo de cambio se mantiene sin grandes variaciones.

Pero si en algún momento, por algún motivo, se sospecha que el tipo de cambio no puede mantenerse, todos, especuladores, inversores, ahorristas se zambullirán en el dólar. Lo que conseguirá que el tipo de cambio suba sin límites. El efecto “puerta Doce”, que hemos vivido nosotros. Y otros países también, cómo no.

Por eso copio esta nota -que incluye los bonitos gráficos de arriba- de Juan Manuel Telechea, uno de los economistas jóvenes más serios entre los que tengo el gusto de leer. Al final la simplifico (burdamente):

¿Está apreciado el tipo de cambio?

En febrero, hubo novedades desde el frente externo, ya que la Reserva Federal de EEUU decidió no modificar la tasa de interés en su primera reunión tras la victoria de Trump. No obstante, la FED aclaró que mantiene su idea de aumentarlas gradualmente, ante la mejora en los datos del empleo y la leve suba de la inflación esperada. Esto puede condicionar la evolución de la moneda estadounidense, que en el último mes mostró una visible depreciación, impactando en las monedas de la región, incluyendo al peso argentino.

Si bien la incertidumbre global que generó la victoria y posterior asunción de Trump como Presidente de los Estados Unidos se mantiene, los mercados financieros por ahora se muestran estables. En este contexto, el gobierno argentino mantuvo la estrategia de seguir colocando deuda, tanto en los mercados internacionales como en el mercado doméstico, con el objetivo de adelantarse a una posible suba de tasas que incremente el costo financiero de la deuda.

De este modo, en tan solo 2 meses que van del año, el gobierno colocó USD 21.724 millones, más de la mitad de las necesidades de financiamiento estimadas por la Secretaría de Finanzas para todo el 2017 (USD 40.350 millones)[1].

Buena parte de esta emisión masiva de deuda fue absorbida por el Banco Central, cuyas reservas se incrementaron USD 11.979 millones en lo que va del año y que al 21 de febrero se ubican en USD 50.751 millones. Estos ingresos de divisas no hicieron más que reforzar la tendencia decreciente del tipo de cambio, que a pesar de la disparada de los últimos días, al 21 de febrero se ubicó -1,8% en relación a fines de 2016.

Si bien se debe remarcar que al observar el tipo de cambio real multilateral, la apreciación es bastante menor que en el caso del nominal , no pueden dejar de mencionarse los riesgos que trae aparejados la apreciación en contexto de libre movilidad de capitales, sobre todo en un escenario en el cual el régimen de Metas de Inflación todavía adolece de los estándares del resto de la región. En este sentido, que las cuentas del MULC más sensibles a la apreciación hayan reflejado salidas récord de divisas en enero, debe tomarse como un dato de la realidad a monitorear muy de cerca.

[1] A las emisiones de los bonos a 5 y 10 años (Bonar 2022 y 2022) por un total de USD 7.000 millones y el crédito obtenido de los bancos extranjeros por USD 6.000 millones, se sumó la emisión de Letras del Tesoro por USD 5.440 millones, la ampliación del Boncer 2012 por USD 738 millones y de los bonos del Tesoro a tasa fija por USD 2.216 millones y la Letra colocada en la ANSES por USD 1.068 millones“.

Para los legos como uno les sintetizo: el gráfico de más arriba muestra que el “atraso cambiario” existe, aunque no llega aún a niveles alarmantes, tomando en cuenta nuestra historia.

Pero el segundo gráfico indica que a partir de noviembre más y más gente decide que el dólar -las monedas extranjeras- están lo bastante baratas para darse el gusto de un viaje al exterior. Y -más significativo- que es una buena idea juntar dólares billete, por si hay una devaluación brusca en el futuro. Es inútil que Sturzenegger se esfuerce. Si no le tienen fe…


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