Para un peronismo sin soja (cara)

abril 17, 2017

soja

El impulso de este posteo surgió cuando leí la semana pasadaLos futuros de la soja (el valor al que uno puede vender el grano para entregarlo dentro de un plazo determinado) tocaron ayer su menor nivel en 13 meses, al cotizar en u$s 341,6 la tonelada, luego que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) reportó un alza en sus expectativas de cosecha en Brasil y la Argentina, a la vez que elevó los stocks finales para la oleaginosa estadounidense“.

Esto no es para alarmarse, amigos. El precio de la soja en los mercados internacionales está arriba de los valores en otros años, y, lo fundamental, cómodamente por encima de los costos argentinos de explotación, al menos en la “zona núcleo”, la pampa gringa. Es simplemente el recordatorio de un límite para las políticas que el Estado argentino, aún si en el futuro no tiene que pagar las absurdas tasas, la “bicicleta” financiera que provoca el gobierno actual, puede llevar adelante apoyado en los ingresos del “yuyo”.

Porque, para dar un ejemplo fácil de entender, el costo de explotación del petróleo venezolano está muy por debajo aún del deprimido precio actual del combustible. Pero… la baja del precio al que Venezuela exporta su petróleo, a los EE.UU. o a cualquier otro mercado, ha golpeado muy duro a los ingresos que necesita para sostener las estructuras sociales, burocráticas y militares de su estado, especialmente si debe subsidiar todos los otros productos que su pueblo necesita. Esta es la diferencia básica entre los buenos años de Chávez y los malos años de Maduro, porque la oposición interna envenenada y la hostilidad de los EE.UU. no han cambiado.

Y lo que esa noticia me hizo recordar es un artículo reciente de Andrés Malamud. El politólogo compatriota nuestro que enseña en la Universidad de Lisboa no goza de las simpatías de un sector numeroso de los lectores de este blog. Porque forma parte de ese grupo de intelectuales progresistas que cuestiona -a veces con sarcasmo, como en este caso- las políticas y los gobiernos progresistas de su región. Muy europeo, eso.

Pero, como trato de convencerlos desde siempre, los militantes que sólo leen noticias y encuestas favorables a sus ideas y a sus líderes… los van empujando al pozo. Por eso, copio un fragmento de la nota de A. M. que escribió sobre la situación de Ecuador. Que nos advierte algo a nosotros:

¿Puede el progresismo latinoamericano ser exitoso sin petróleo y sin el boom de las materias primas?

«¿Cómo se llama en América Latina a la izquierda sin petróleo?» A la pregunta sigue un silencio. Nadie osa responder. El expositor toma un sorbo, apoya el vaso y remata: «Oposición».

Incomodidad, carraspeos. Una reacción airada: «No es verdad, en Nicaragua no hay petróleo». Otra, divertida: «Cambio petróleo por soja». El debate sigue, la incomodidad también. ¿Qué cosa fuera la Patria Grande sin commodities? ¿O es casualidad que la mejor etapa histórica de la izquierda latinoamericana haya coincidido con los mejores precios internacionales de los recursos naturales?

Entre 2001 y 2008, el barril de petróleo escaló de u$s 25 a u$s 150. La hipercrisis que entonces hizo temblar al mundo pasó rápido. Entre 2009 y 2014, el precio del crudo fue oscilante pero siempre alto, entre u$s 80 y u$s 120. Desde entonces, sin embargo, es todo amargura: a u$s 50 promedio el barril, no hay petroprogresismo que aguante.

Con menos dramatismo, el auge y la caída se repite para las demás commodities. Durante quince años, Sudamérica desmintió la maldición de Raúl Prebisch: los términos de intercambio (es decir, la diferencia de precio entre exportaciones e importaciones) no se deterioraban sino que mejoraban. La periferia explotaba al centro, que crecía a tasas míseras. Pero la emergencia del tercer mundo no fue consecuencia de la liberación sino de una nueva dependencia: por detrás de los fantásticos precios estaba el ascenso chino, que fue simultáneamente masivo (un quinto de la población mundial se incorporó al mercado global) y vertiginoso (su tasa de crecimiento anual rondó el 10%). Pero no fue diversificado. Así, el resurgimiento de América Latina se basó en la reprimarización productiva, que equivalió a desindustrialización relativa. Aceptable base, quizás, para una izquierda indigenista que reivindica a la Pachamama, pero no para una izquierda obrerista que aspira a mejorar el consumo urbano. A las pruebas nos remitimos: Evo sigue, Lula sale“.

Esto de Malamud es una simplificación alevosa (además de introducir algunas tonterías: el consumo urbano ha aumentado en Bolivia como en ningún otro país, partiendo, claro, de índices muy bajos). El dato fundamental que el artículo pasa por alto es que el “boom” de las materias primas impactó en forma muy distinta en cada uno de nuestros países, y no hay ni rastros de una relación lineal entre ese impacto y las experiencias políticas contemporáneas. Después de los petroleros, los países más favorecidos en los precios de sus exportaciones en los últimos 15 años fueron los mineros Chile y Perú. Ni sombra de “populismo” ahí, ni tampoco mucha distribución para sus sectores populares.

Pero… sí es cierto que la mejora de los precios de las materias primas le dio a los gobiernos de la América del Sur la posibilidad de obtener más recursos para sus políticas sociales. Yendo a nuestra realidad: en Argentina las retenciones a las exportaciones de soja, que comenzaron en un nivel muy discreto -el 10%- con Duhalde, permitieron mejorar el consumo popular -con el plan Jefes y Jefas de Hogar, por ejemplo-, horriblemente deprimido por la recesión y el desempleo de los últimos años de Menem y el desastre de la Alianza.

Néstor Kirchner pudo, y supo, llevar adelante una política que aumentó el empleo y la producción; se utilizó la capacidad ociosa de la industria, y los sectores populares vieron aumentar sus ingresos y sus posibilidades de consumo. Y los empresarios sus beneficios. Pero en el 2008 terminó la etapa relativamente “indolora”.

Esto no significa, como parece decir ese artículo, que ahí se termina la posibilidad de políticas populares. Durante los siete años siguientes, en el marco de una amarga “grieta”, se mantuvo un aceptable nivel de consumo y de prosperidad, aunque los índices de crecimiento de aplanaron.

Hasta aquí, es historia. Sirve si nos ayuda a enfrentar una nueva situación. En lo posible, con realismo. Una parte de la militancia peronista tiende a fantasear con el I.A.P.I. y la Junta de Granos, y pasa por alto que en los tramos más extensos del accionar de esas instituciones tuvieron que ayudar a mantener explotaciones agrícolas no rentables.

El factor decisivo es que la explotación del petróleo puede hacerla el Estado. Sucede así en la mayor parte de los países. Pero la explotación rural no se adapta. Stalin trató de hacerlo, y no le funcionó bien. Y eso que estaba dispuesto a matarlos por hambre, en la Ucrania. En un plano mucho menos sangriento, la hostilidad de los empresarios rurales a un aumento no irrazonable pero mal presentado de un impuesto, le dio en ese emblemático 2008 una base social considerable a la oposición al gobierno kirchnerista. Mientras que una decisión estratégica más importante, la estatización de los fondos jubilatorios… los únicos que las A.F.J.P. lograron que se movilizaran en contra fueron sus empleados.

Resumo: Es conveniente y necesario que el Estado argentino intervenga en el comercio de su producción primaria. Y las retenciones a la exportación, aunque tienen efectos colaterales negativos -disminuyen la inversión en tecnología- son instrumentos necesarios, en un país con estructuras impositivas y de comercialización interna tan deficientes como las nuestras.

Pero es necesario que nuestros dirigentes, y los economistas que los asesoran, tengan claro que, por los límites que trazan hoy el mercado internacional, y la estructura social argentina, el agro no alcanza para financiar la base industrial que necesitamos, y las importaciones que requiere. Necesitamos planificar otras respuestas. Salvo, claro, los dirigentes y economistas que creen que si ganan la “confianza de los inversores” y rebajan los salarios, vendrá una lluvia de inversiones que solucionará todos los problemas.

 


Déficits gemelos: Estamos desequilibrados

abril 13, 2017

Me temo que la forma más apropiada de comenzar el Jueves Santo no es posteando de economía. Aunque un hereje podría decir que aún en la Última Cena, alguien debía pagar la cuenta.

Bromas fáciles aparte, quería compartir con ustedes esta nota de Roberto Feletti, uno del puñado de economistas lúcidos que además tuvieron funciones de gobierno de alta responsabilidad. (En su caso, también las tiene ahora: es secretario de Economía y Hacienda de La Matanza). No sólo describe con números precisos la situación en que estamos y el ritmo al que se agrava. Asimismo, advierte que va a ser difícil salir de ella. Tengamos todos presente, como lo tiene Roberto, la pregunta que debe responder la política: quién va a pagar la cuenta.

El diseño de política macroeconómica que lleva adelante el Gobierno nacional ha agudizado los desequilibrios externo y fiscal de un modo tal que la corrección de los mismos sólo puede asumir niveles traumáticos.

Este planteo se objetiva en el nivel de tasa de interés definida por el Banco Central para remunerar sus colocaciones de absorción monetaria (Lebac), que fluctúa en torno a un piso del 23% nominal anual y que es fuertemente positiva respecto del nivel del tipo de cambio, que permanece prácticamente inmóvil. En la medida en que colocar Lebac rinde 1,9% mensual en dólares, se desplaza cualquier opción de inversión de renta productiva y aún de renta inmobiliaria. El costo de oportunidad financiero es imbatible.

El balance cambiario del Banco Central para el cierre de 2016 muestra un abultado déficit de cuenta corriente -es decir, del giro ordinario de divisas- de u$s15.835 millones, compensado por el superávit de la cuenta capital y financiera de ese mismo balance de u$s29.587 millones. La suba de reservas internacionales se eleva a u$s13.753 millones. Este financiamiento de un desequilibrio tan agudo en la evolución del giro ordinario de divisas se logró con un ingreso de capitales por deuda pública y privada de u$s37.297 millones, de los cuales sólo u$s4.061 millones lo hicieron por inversión directa y de portafolio. Así, de cada u$s100 ingresados por la vía financiera, u$s90 corresponden a deuda y sólo u$s10 a inversión.

Este diseño de sustentabilidad del sector externo afirmado en un voluminoso ingreso de divisas por la vía del crédito externo torna inviable un descenso importante de la tasa de interés doméstica, pues necesita traer dólares para que se valoricen financieramente, afirmando el predominio de la renta financiera sobre la de activos reales.

¿Hasta cuándo puede continuar una política económica que abulta el desequilibrio externo y lo financia con una estrategia de dólar barato y tasa interés interna alta?

La respuesta puede encontrarse en las apuestas del Gobierno por garantizar tasas de rentabilidad singularmente altas en algunos sectores productivos a los que han elegido como dinámicos. En esa dirección se explica la transferencia de ingresos a los sectores agropecuario, minero y energético, por distintos mecanismos. Pero el Gobierno parece olvidar dos cuestiones: 1) que las tres actividades mencionadas apenas representan el 16% del PBI de la Argentina y 2) que aún con tasas de ganancia muy alta, difícilmente lideren un proceso de inversión que compense el deterioro que ocurre en las otras dos ramas productivas relevantes (industria y construcción) y en el vasto campo de los servicios ligados a una dinámica propia del mercado interno.

Es decir, estamos asistiendo a un retorno de la valorización financiera como opción económica en el país pero que a la vez es un tránsito hacia ninguna parte, ya que los sectores productivos beneficiados no pueden liderar ninguna transformación sustentable.

El otro equilibrio que esta política ha vulnerado gravemente es el fiscal. El déficit primario alcanzó los $359.382 millones al cierre de 2016, superando en un 53% el guarismo con que finalizó 2015. Los ingresos tributarios 2016/2015 crecieron un 37,8%, por debajo del índice inflacionario reconocido por el INDEC para 2016 del 39,4%. Si se le detrae el impuesto ingresado por la exteriorización de capitales (tributo extraordinario por única vez), la recaudación tributaria apenas creció, año contra año, un 22,9%, muy por debajo del promedio general de precios.

Mayor desequilibrio externo, mayor desequilibrio fiscal y ausencia de horizonte en la economía real para resolverlos. La vuelta de la Argentina financiera arrastra los peligros y las debilidades del pasado. De cara al futuro inmediato, los interrogantes radican en las correcciones posibles y en el tiempo breve en que éstas se puedan llevar a cabo. Es nuestro deseo que el Gobierno advierta el riesgo y modifique el rumbo. Pero el panorama, hay que decir, no es auspicioso.


Algo más sobre la “economía de Macri”

abril 9, 2017

Un visitante del blog, también activo en las redes sociales, encontró poco claro este pasaje de “La economía de Macri

“Por mi parte, confieso que mi opinión negativa (sobre el proyecto económico de la gestión Macri) estaba formada desde el comienzo: Encuentro que ningún país se ha desarrollado sin “densidad nacional”, es decir, una conciencia de proyecto común entre sus distintas clases, y un Estado que se plantee políticas coherentes y sostenidas. No parecía estar, y no está, en la agenda de Macri. Y las expectativas de consumo y bienestar que tenían los sectores medios argentinos -si tenemos en cuenta que hoy todo el que tiene un empleo en blanco es parte de ellos, son una mayoría- no iban a permitir un ajuste indefinido”.

Se me ocurre que otros también podrían considerarlo así. Y me da oportunidad para insistir con la economía, que es, después de todo, la batalla decisiva para todos los países medianos que no están en el Medio Oriente. Respondo, entonces:

Sin duda, el párrafo podría estar mejor redactado. Pero es lo que pude hacer, en ese momento, para sintetizar conceptos complejos en una introducción. La economía es, como todo lo social, compleja. Salvo cuando uno se limita a repetir los lugares comunes de las distintas “corrientes”.

El concepto de “densidad nacional” ha sido acuñado por Aldo Ferrer, y hay mucho escrito sobre el tema, también en este blog (para una mención reciente, poner en el Buscador “asabiyah”).

El “ajuste indefinido”, es decir, sin un límite o un objetivo determinado, excepto el de “lograr la confianza de los inversores” -condición que se presume necesaria y suficiente para el “crecimiento” y el “desarrollo”, es el pensamiento oficial de los organismos internacionales y, sobre todo, de las usinas de comunicación -los medios “prestigiosos”- del Atlántico Norte y sus repetidoras locales. Sus resultados pueden apreciarse en la Unión Europea -en especial el Sur de Europa-, en Brasil, y, recientemente, entre nosotros.
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Aclarado eso, espero, aprovecho la ocasión para acercarles unas observaciones de Enrique Larriqueta, economista, historiador, y radical. Como historiador, publicó hace más de 20 años un par de libros estimulantes, que algún día comentaré en el blog; como radical, es uno de los que se sienten muy incómodos en Cambiemos, pero no encuentran otra alternativa. Pero su visión de la situación económica es lúcida, y quiero compartirla con ustedes:
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¿Cómo está viendo el rumbo de la política económica?

El Gobierno decidió sacrificar el mercado interno para bajar los costos argentinos y facilitar el ingreso de capitales extranjeros, pero estos nunca han sido importantes en la historia económica argentina y jamás han jugado un rol clave en el desarrollo. Uno de los atributos que tiene la economía argentina es su mercado interno, a pesar de tener una población relativamente pequeña. Siempre dije que las políticas de promoción de las exportaciones necesitan buenas ganancias en el mercado local para que las empresas puedan exportar con pocas utilidades hacia afuera y ser competitivas.

¿Se refiere a la devaluación de más de 50% de diciembre de 2015 y alguna cuestión más?

Me refiero a eso, que siempre tiene las mismas características. Por un lado, aumentan 100% el precio de dos productos básicos de la dieta argentina: el trigo y el maíz. Y, en el caso de este último, como consumo indirecto para otros productos, como el pollo o la carne, que se van para arriba. También se generan otros hechos, que son todos del mismo color, como pasa con la política de los precios de los combustibles y la espantosa, incluso demoníaca, política de aumento de las tarifas sin ninguna racionalidad. Hay una concepción de que la gente pobre puede aguantar cualquier cosa. Es una transferencia de recursos gigantesca cuyas consecuencias estamos viendo ahora con el achicamiento dramático del mercado interno.

Me pongo en abogado del Gobierno: en diciembre de 2015 el tipo de cambio estaba atrasado y casi no quedaban reservas en el BCRA para defender la paridad y, por otro lado, las tarifas estaban congeladas desde 2001…

Comparto ese diagnóstico, pero el remedio que se aplicó es tan brutal que generó consecuencias negativas enormes. Se podía modificar el tipo de cambio, por ejemplo, pero no había necesidad de sacar las retenciones simultáneamente, algo que nunca se había hecho en la historia económica reciente. Siempre las devaluaciones se acompañaron con la imposición de retenciones. Además, también sabemos ahora que los aumentos planteados para las tarifas, que había que aumentar indudablemente, eran irracionales.

¿Tomó nota el Gobierno de que había que ser más gradual con el proceso de ajuste o no incorporó eso?

No, el Gobierno no incorporó eso. Lo hizo por las restricciones políticas y judiciales. La política económica es como un cigüeñal y no tiene forma. Además, está la política monetaria del BCRA. Sabemos que Federico Sturzenegger es un ortodoxo y también que las ortodoxias absolutas en Argentina han sido las de J. A. Martínez de Hoz y D. Cavallo y cómo han terminado.

Volvamos a la cuestión del mercado interno. Todos dicen que el salario real va a crecer y vemos que el empleo, aunque poco, está creciendo. ¿No va a recuperar el mercado interno la pujanza de 2015?

“Todos dicen” no es un dato económico. Recordemos lo del segundo semestre. El otro día, el ministro de Hacienda dijo que la recuperación se iba a sentir plenamente en dos o tres años. A mí me da risa.

¿El Gobierno está equivocado con los instrumentos o está haciendo lo que tiene pensado?

Uno observa que a las empresas de los ministros les va muy bien. Y hay sectores a los que les va bien, no les va mal a todos. La transferencia de ingresos que mencionaba antes fue a parar a algún lado.

¿A dónde?

A los sectores más concentrados y al negocio del endeudamiento, que me aflige mucho. El endeudamiento siempre sirvió para hacer negocios y para que después el país, con una enorme deuda, se quedara atado a su pago y, sobre todo, a los consejos de los acreedores. Pasó con Martínez de Hoz y con Cavallo. Tengo miedo que eso vuelva a pasar en dos tres años.

Pero la alternativa a tomar deuda era un ajuste fiscal draconiano…

No, era algún tipo ajuste fiscal. No hay nada de eso. La masa de funcionarios públicos sigue siendo enorme y el Gobierno tiene 22 ministerios, un record absoluto. Asimismo, no hay un mensaje de austeridad desde la cúpula y puede pasar cualquier cosa. Los ministros viajan con comitivas extraordinarias hacia el exterior y lucen más preocupados por pasarla bien que por las cuentas públicas. Eso es algo muy perjudicial y es un problema operativo más que moral.

Además hablamos de un rojo fiscal más cercano a 5-6 puntos del PIB que a 2-3…

Claro. Y con sectores muy desabastecidos porque algunos ministerios críticos subejecutan partidas“.


La economía de Macri

abril 8, 2017

bosque al final de otoño

Mis análisis políticos -como saben, tengo el vicio de hacerlos- parten actualmente de una premisa: el proyecto económico de la gestión Macri -que es su pieza central, pues haber dado fin a la gestión kirchnerista, por más que haya dado satisfacción a mucha gente, no sirve como base permanente-, ese proyecto, reitero, marcha a un fracaso inevitable y visible. Si estoy en lo cierto, no sólo pagará un costo electoral en octubre próximo. Mucho más importante, la historia argentina reciente lo demuestra, el “macrismo” será tan definitivamente descartado como la desdichada “Alianza” o el mucho más duradero menemismo.

Ahora ¿estoy en lo cierto (yo y los muchos con mejores credenciales que, con distintos argumentos, sostienen lo mismo)? Por mi parte, confieso que mi opinión negativa estaba formada desde el comienzo: Encuentro que ningún país se ha desarrollado sin “densidad nacional”, es decir, una conciencia de proyecto común entre sus distintas clases, y un Estado que se plantee políticas coherentes y sostenidas. No parecía estar, y no está, en la agenda de Macri. Y las expectativas de consumo y bienestar que tenían los sectores medios argentinos -si tenemos en cuenta que hoy todo el que tiene un empleo en blanco es parte de ellos, son una mayoría- no iban a permitir un ajuste indefinido.

Pero la gestión Macri lleva casi 17 meses. Ya no es un tema de teoría, sino de los hechos que produjo. En el blog se ha escrito largo sobre economía (si quieren, pueden repasar la categoría correspondiente, a la derecha). Y me parece importante, además de la visión “macro”, y de la denuncia de negociados y torpezas, se tome en cuenta quiénes son los sectores beneficiados por esta gestión. Es un dato tan importante como el de los perjudicados, porque permite ver como se trazan las líneas de defensa de esta gestión. Y de su reemplazo.

En ese sentido, quiero acercarles un trabajo muy corto pero muy interesante. Mi amigo Fernández Baraibar me ha hecho conocer esto de Adrián Muracciole, de la Universidad Nacional de Formosa. Uno de los economistas que no tiene tanta publicidad, al no estar instalado en “el mostrador de Dios”.

El endeudamiento más grande de la historia – Crónica de un brote verde demasiado caro

Esta semana el INDEC sostuvo que la actividad económica de enero creció un 1,1% interanual. Este podría ser el brote verde de la gestión Macri, de no ser por el sacrificio económico que sufre la Argentina para obtenerlo.

Para empezar, esa suba en la actividad solo se explica por el crecimiento del sector agrícola, que creció un 10% y el sector financiero, que lo hizo un 2,77%. Por otro lado, la construcción cayó 2,4% en enero y 3,4% en febrero mientras que la industria se desplomó un 1,1% en enero y un 6% en febrero.

El crecimiento del sector agrícola se explica por la reducción de retenciones que aumento la rentabilidad de los productores de maíz y soja, mientras que elevó el precio de los alimentos en más del 60% en esos rubros. Esto no solo produce una caída del 13% en el consumo nacional sino también la quiebra de más de 500 tamberos en Santa Fe y el cierre de SanCor, la empresa láctea Cotapa y pone en riesgo a La Serenísima.

Por otro lado el sector financiero presenta un crecimiento que es aun mucho más costoso de sostener. Las inversiones extranjeras que no llegan al sector productivo, se concentran exclusivamente en la rentabilidad financiera que ofrece la Argentina, que en 2016 fue del 22% en dólares. Para tener un parámetro del gigantesco negocio al cual solo acceden sectores de muy altos ingresos, la bolsa de Wall Street, la más importante del mundo, presentó una ganancia acumulada de “solo” 13% en 2016.

Por si esto no fuese suficiente, la ganancia financiera se fuga del país llevándose a Paraísos Fiscales dólares que nuestra económica necesita. Desde 2016 salieron de Argentina más de U$S27.000 millones en concepto de fuga y remisión de utilidades de multinacionales.

Argentina no es capaz de generar ganancias superiores a Wall Street, y de eso no solo es consciente el gabinete económico de la Alianza UCR-PRO, sino también los inversores extranjeros.

¿Cómo se sostiene la especulación financiera? A través de un endeudamiento que no encuentra correlato en la historia. Entre enero de 2016 y febrero de 2017, el gobierno nacional emitió deuda por U$S83.816 millones, de la cual el 63% está en moneda extranjera. “Macri no solo es el presidente que mas endeudó a la Argentina, sino que de seguir a este ritmo, en 4 años endeudara a la Nación más que todos los anteriores presidentes en 200 años de historia.”

Esta política economía, no solamente hipoteca el futuro de los argentinos, sino que condiciona el desarrollo industrial actual, ya que encarece el crédito para producción y consumo y lesiona las reservas del Banco Central.

Las Reservas hoy alcanzan U$S 51.190 millones. Pero si tenemos en cuanta los depósitos de bancos privados (U$S 10.781 millones) y la deuda en LEBACs (U$S 42.747 millones), las reservas ni siquiera alcanzan para hacer frente a los pasivos de corto plazo. Y si bien es cierto que mucha de esta deuda del BCRA está nominada en pesos y podría cancelarse vía emisión monetaria, los mercados financieros internacionales reaccionarían con mucha desconfianza. Esto presionará el tipo de cambio, provocando una devaluación que contraerá la entrada de dólares, elevara la deuda externa y la inflación.

Crecer a partir del sector financiero, que se sostiene vía endeudamiento y fuga de capitales, solo lleva a una crisis como la que sufrimos en 2001. Por eso, el primer brote verde de la gestión Macri, es demasiado caro como para ser optimistas.


¿Sabes quién viene a Veladero?

abril 6, 2017

PascuaLamaPlanMap

Quiero subir al blog reflexiones, no noticias. Además, estoy de paro. Pero hay asuntos que son interesantes, y los medios locales parecen un poco lentos para tomarlos. A esta, por ejemplo, deben prestar atención los sanjuaninos. Y el resto de los argentinos.

Leo en el canadiense The Globe and Mail:

Barrick Gold Corp. anuncia que está vendiendo una participación del 50 % en su mina Veladero en Argentina a la compañía minera china Shangdong Gold Group por U$S 960 millones como parte de un “acuerdo de cooperación estratégica”.

Barrick (hasta hoy la más grande minera de oro) con sede en Toronto dijo que como parte del convenio, las dos compañías también explorarán el desarrollo conjunto de Pascua-Lama, a unos 10 kilómetros del sitio de Veladero.

Barrick dice que un tercer elemento del acuerdo con Shangdong ambas compañías buscarán oportunidades de inversión en el cinturón de oro El Indio a lo largo de la frontera entre Argentina y Chile, que ya alberga un conjunto de minas de oro y proyectos“.  (completo aquí)

Shandong Gold Group es una empresa estatal, vinculada al gobierno de la provincia de Shandong, y es una de más grandes del mundo entre las que cotizan sus acciones en los mercados de valores. Teniendo en cuenta que Barrick ha tenido serios problemas ambientales aquí y en Chile, ¿no debería el Estado argentino -idealmente, en acuerdo con el chileno- conversar con los chinos sobre sus proyectos? Ah, el rabino Bergman sigue a cargo del ministerio de Medio Ambiente… Tal vez sea conveniente que el gobierno de San Juan tome la iniciativa.


La depresión, la hiperliquidez, y China

abril 5, 2017

RMB

Mañana los argentinos asistiremos a una prueba de fuerza. Mejor dicho, participaremos. Pero -como acostumbro a insistir en el blog- el mundo exterior también existe. Y mañana. como les recordé hace unas horas, Xi Jinping, Presidente de China, visita a Donald Trump, Presidente de EE.UU. en su residencia de Mar-a-lago, en Florida.

Curiosamente, el líder del Partido Comunista chino ha insistido en las ventajas del libre comercio, y el despiadado empresario que ha llegado a presidir su país, tuitea que ya no se pueden tolerar “déficits comerciales masivos y pérdidas de empleo”. Pero eso son los discursos. Los resultados de la reunión… nos enteraremos con el tiempo.

Mientras, conviene repasar qué está pasando ahora. Y este reciente artículo de Jorge Castro apunta a un aspecto muy interesante. Debo aclarar que no comparto los entusiasmos de J. C., aunque siempre ha sido un informado y serio analista internacional. Como otros “setentistas”, se zambulló en el dinamismo y el barro de la experiencia menemista. Y quedó enamorado de la globalización, sus transformaciones y su dinamismo (¿una especie de Héctor Huergo no ruralista?). De admirador ferviente de los EE.UU., en tanto transformador de la economía mundial, ha transferido en los últimos años su entusiasmo a China.

Por mi parte, siempre trato de ver la realidad internacional con nuestros ojos, como recomendaba un maestro. Es decir, tratar de saber qué pito tocamos. Pero ésto no me impide apreciar que la información que aquí vuelca Castro es válida y necesaria. Agrego un brevísimo comentario al final.

Una política que intensifica la hiperliquidez mundial

El Banco del Pueblo de Beijing (PBoC) ha firmado 25 acuerdos bilaterales de utilización del renminbi (RMB) en moneda local, o swaps, por más de US$ 500.000 millones desde diciembre de 2008.

Hay que sumarle a este esfuerzo de liquidez internacional los préstamos del Banco Chino de Desarrollo (CDB) por US$ 400.000 millones y los créditos externos del Banco de Exportaciones e Importaciones de China (EIBC), que alcanzaron a US$ 300.000 millones en 2016.

Conviene agregar a esta lista los Fondos creados por la República Popular en los últimos 3 años con recursos por US$ 116.000 millones, distribuidos entre los Fondos de la Ruta de la Seda, del Desarrollo Industrial de América del Sur y de China-África.

La clave de esta estrategia de financiamiento del desarrollo es el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), constituido en 2013 en Beijing por China y otros 56 países, encabezados por Alemania, Gran Bretaña, Francia y Australia — se acaban de sumar recientemente Perú, Venezuela, Canadá y Hungría, entre otros —, con un capital de US$ 100.000 millones, que treparía a US$ 350.000 millones en 2020.

Los swaps del PBoC surgieron en 2009 como respuesta a la crisis financiera internacional desatada por el colapso de Lehman Bros. en Wall Street (15-09-2008). En ese momento, el comercio global chino era financiado en más de 70% en dólares estadounidenses y el resto en euros, yenes y libras esterlinas, entre otras.

La caída de Lehman Bros. hundió el comercio internacional de la República Popular en más de 30% entre 2008 y 2010. A partir de allí, China comenzó a financiar el intercambio con los países y regiones cercanas en renminbi, prácticamente todos ellos en el área Asia-Pacífico.

Pero esta regla de estricta vecindad mostró dos excepciones de extrema importancia, que revelaron una nueva prioridad estratégica de la República Popular: la Argentina y Brasil. El vínculo prioritario con estos dos países está estrictamente referido a su condición de grandes productores mundiales de agroalimentos, en especial granos para la alimentación animal (soja, harina de soja, maíz). Junto con EE.UU, los tres países producen más de 90% de los granos para la alimentación animal del mercado mundial, y el primero —como se sabe— es su rival geopolítico.

Esto ocurría cuando China comenzaba a experimentar una gigantesca transición dietaria, con el vuelco masivo de su población al consumo de proteínas cárnicas. Este fenómeno histórico está directamente vinculado al hecho de que el PBI per cápita crece por encima del PBI nominal desde 2009 (8% por año vs. 6,5% anual).

Esta coincidencia o particular constelación astral es lo que le otorga a Brasil y la Argentina una situación de privilegio estratégico en relación con China, y asegura que más de 60% de la inversión directa (IED) de la República Popular en América Latina se dirija exclusivamente a estos dos países. (“Todo nace de una particularidad”, dice Hegel).

El objetivo de China al desatar en 2009 el proceso de internacionalización del RMB no ha sido desafiar la hegemonía mundial del dólar estadounidense, sino financiar en moneda propia y en forma creciente su comercio internacional; y esto lo hizo ante la situación de extrema carencia de dólares norteamericanos provocada en la economía global por el colapso de Wall Street de 2008.

La multiplicación de la liquidez global que realiza deliberadamente China es parte del proceso de internacionalización del renminbi, que consiste en la plena incorporación de su ahorro doméstico (US$ 6 billones) al sistema financiero internacional.

Éste experimenta una situación de extrema hiperliquidez, con las tasas de interés más bajas de la historia (0,5% / 0% anual). Ahora, la conversión del ahorro doméstico chino en ahorro global —proceso que culminaría en 10 años— equivaldría a la triplicación de la hiperliquidez actual. Es un salto cualitativo que requiere nuevas categorías económicas, ante todo las que suplanten las de “restricción” o “escasez”.

El ritmo de la internacionalización del RMB lo marca el porcentaje del intercambio internacional de la República Popular que cubre su divisa. Esa pauta era 0% en 2008, aumentó a 17% en 2013, trepó a 30% en 2016, y a este ritmo superaría 40% en 2020. El Banco de Inglaterra (BoE) prevé que más de 50% del comercio internacional estará cubierto en 2025 por el RMB.

En el fondo, lo que sucede es que la divisa china está alcanzando a su comercio internacional, que es el primero del mundo desde 2009, cuando dejó atrás a Alemania y a EE.UU.

El intercambio global chino representa hoy 10,4% de las exportaciones y 9,4% de las importaciones mundiales, mientras que EE.UU. ocupa el segundo lugar, con 8% y 12%, respectivamente.

El principio fundamental de Mao es que “(…) la única forma de conducir una tendencia es acelerarla”, y esto es lo que está ocurriendo con el RMB”.

El surgimiento (propulsado) del yuan / renminbi como moneda internacional, a la par del dólar y del euro, ha sido tratado en el blog, repetidas veces, por ejemplo hace tres años aquí. El comentarista Rogelio es un entusiasta del tema. Por mi parte, tengo algunas dudas sobre cuánto le conviene a China ese desarrollo. Pero, bueno, ellos sabrán.

El punto que me parece de supremo interés para nosotros, y para todos los pueblos del mundo, es porqué esta hiperliquidez que señala Castro, no ha servido para salir de la larga depresión global que comenzó en 2008 (Debo decir que el Financial Times ve “brotes verdes”. Pero temo que se parecen a los de Macri).

Es cierto que la “emisión desenfrenada” le sirvió a China, y a EE.UU., para no caer en el pozo recesivo en que se ha precipitado la Unión Europea. Pero el comercio y la producción ya no aumentan como antes de la Crisis.

Mi opinión -no es exclusiva mía, por cierto- es que esa liquidez no llega a los consumidores de menos recursos, que son en todo el mundo la inmensa mayoría y los más proclives a gastar. Pero el capitalismo actual no sabe, no está estructurado, para distribuirla. El socialismo soviético fracasó estrepitosamente. Y las recientes experiencias “populistas”… ninguna ha conseguido comprometer en forma estable al conjunto de sus sociedades en su proyecto.

Igual, sospecho que en la agenda abierta de Xi y Trump este tema no figura.


La estrategia del ajuste y las jubilaciones

abril 1, 2017

Estrategia es “el conjunto de acciones a aplicar para lograr un objetivo “. No confundir con la ideología. Es importante, para entender las políticas de este gobierno.

Porque es posible que muchos de sus partidarios, aun el mismo Mauricio, crean sinceramente en “el hada buena de la confianza”, que trae inversiones productivas. Como los admiradores de la URSS creían en la productividad socialista. O los “keynesianos utópicos” pueden creer que la demanda produce por si sola la oferta.

Pero los que tienen que tomar decisiones en el mundo real deben manejarse con los hechos. Por ejemplo, que el actual déficit fiscal es insostenible en el largo plazo. Y que el gasto corriente más importante, como en todos los países modernos, son las jubilaciones.

Juan Manuel Telechea, uno de los economistas jóvenes más lúcidos de la coalición que formó el FPV, encara el tema en este reciente artículo y saca una conclusión estratégica. Lo copio:

El debate sobre la estrategia fiscal no ha estado exento de controversias, sin que sea del todo claro cuál es el esquema de política que impulsa el Ejecutivo. Desde la retórica, el Gobierno ha advertido sobre un abultado desequilibrio en las cuentas públicas, preanunciando un severo ajuste que todavía no se ha materializado. Más bien, lo contrario. Los datos recientemente publicados muestran que el déficit fiscal en 2016 aumentó en relación al año anterior (de 4,2% a 4,6% del PBI), y que el déficit sin contar los ingresos del blanqueo fue sensiblemente superior (5,9% del PBI).

Al analizar en detalle, lo que se observa es que las decisiones de política que tomó el Gobierno explican estos resultados. En efecto, el aumento del déficit estuvo explicado en parte por la contracción de los ingresos, debido a la reducción de las retenciones (-0,7 p.p. del PBI[1]) y a la caída en el nivel de actividad (-0,4 p.p.) y en parte por el aumento del gasto primario (+0,6 p.p.). Como dijimos, la clave del “éxito” para lograr el objetivo fiscal de 2016 fue el blanqueo, que aportó ingresos extraordinarios por 1,3 p.p. del PBI.

La aparente contradicción entre el discurso del Gobierno y los resultados fiscales de su gestión pueden encontrar respuesta en las principales partidas que componen el gasto público (representan alrededor del 70%): las remuneraciones de los empleados públicos, las jubilaciones y las transferencias corrientes al sector privado (donde se encuentran los subsidios, asignaciones familiares, AUH, entre otras). En otras palabras, existe un límite político a cualquier esquema de ajuste drástico.

¿Eso significa que este gobierno no busca achicar el gasto? De ninguna manera, y eso queda claro cuando se observa que la única partida que sufrió un recorte importante fue aquella que podían recortar: los gastos de capital, destinados en su totalidad a la inversión pública (-0,4 p.p. del PBI).

Esto presenta otra paradoja, ya que Cambiemos siempre sostuvo que la base del crecimiento debía ser la inversión. En este caso, lo que esto refleja son las prioridades que tiene el Gobierno: el ajuste del gasto público por sobre el crecimiento económico.

Como ocurría en El Día de la Marmota, para 2017 vemos repetir la misma escena de principios de 2016: el (nuevo) ministro de economía afirma que su principal objetivo para este año es la reducción del déficit fiscal y, acto seguido, anuncia que quiere implementar una nueva ronda de reducción en los impuestos, en este caso sobre los aportes y contribuciones laborales (mal llamados “impuestos al trabajo”) que impulsarán una vez más al alza el déficit fiscal.

Cuando analizamos el comportamiento de los gobiernos neoliberales en la historia reciente, tanto aquí como en el resto del mundo, esta confusión discursiva no debería llamar tanto la atención. Si bien uno de sus objetivos declarados es bajar el déficit fiscal, no buscan hacerlo de cualquier manera.

En realidad, la meta principal es bajar los impuestos (donde los principales aportantes son los estratos medios-altos) y ajustar a la baja el gasto público (cuyos principales beneficiarios son los estratos medios-bajos), reduciendo tanto la capacidad de acción del Estado como el impacto redistributivo de su intervención.

Y la estrategia política que utilizan para lograr este acometido requiere primero construir un consenso que allane y facilite el ajuste del gasto. Ese consenso se logra por medio de la rebaja de impuestos, lo que provoca un incremento automático del déficit fiscal que permite instalar en la agenda eso como un “problema”, cuya solución obviamente implica el ajuste del gasto[2]. La sociedad no tolera los ajustes, salvo que sean inevitables[2].

Bajo esta lógica, la rebaja de los aportes y contribuciones adquiere una relevancia fundamental en la agenda del gobierno. Además de la obvia reducción de impuestos, es otro paso hacia el desfinanciamiento del sistema previsional. El primero había sido la “Ley de reparación histórica”, Ley que además le puso fecha a la discusión sobre la reforma previsional: 2019.

Y el objetivo no es otro que llegar a esa discusión con un sistema previsional sumamente deficitario que incline la balanza por el ajuste de las jubilaciones y/o el incremento de la edad jubilatoria. Hay que recordar que este sistema financia aproximadamente el 70% de las jubilaciones, y que a su vez éstas representan el 40% del gasto total que realiza el gobierno nacional. Esto es, sin lugar a dudas, una estrategia política. Que además de ser posiblemente efectiva, deja en claro que este gobierno tiene vocación política y que busca quedarse más allá de 2019.

¿Cuál debería ser la estrategia frente a esto? Eso ya implica un análisis aparte, lo que seguro no hay que hacer es volver a caer en el error de repetir que “se viene el ajuste”. Al igual que Pedro con el lobo, para cuando efectivamente se discuta la reducción fuerte del gasto, el impacto de ese discurso en la sociedad va a ser nulo.

Originalmente publicado en el Instituto de Trabajo y Economía (ITE).

[1] El costo fiscal de esta medida fue de $50.000 millones, según las estimaciones del propio gobierno que se desprenden del informe N° 92 del Poder Ejecutivo al Congreso de la Nación.

[2] Por ejemplo, los recortes de Reagan aplicados durante 1981 incrementaron el déficit fiscal de -2,5% del PBI en ese año al -5,7% en 1983. En 2001, el recorte de impuesto llevado a cabo por G. Bush hizo que el superávit fiscal de ese año (1,2% del PBI) se transformara en un déficit de -3,2%, dos años después. En Argentina, la rebaja de Menem-Cavallo en las contribuciones patronales se tradujo en una caída de -2,3 p.p. del PBI en la recaudación de este impuesto, principal causa de que el resultado fiscal primario pasara de un superávit de 1,2% del PBI a un déficit de -0,3%.


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