Macri vs el “Club del Helicóptero”

noviembre 14, 2017

de la rúa huye

El “Club del Helicóptero” es un fantasma agitado por macristas fervientes -o que llegaron a posiciones que en su vida soñaron alcanzar y se sienten inseguros- y apunta a una conspiración de kirchneristas rabiosos que tratan que el Mauricio siga el sendero luminoso de De la Rúa, desde el helipuerto de la Rosada. Ese fantasma no existe, gente.

No es que no haya kirchneristas y otros lo bastante rabiosos para que les guste la idea. Pasa que las conspiraciones necesitan estructuras y recursos, y los que cuentan con ellos no los arriesgan en aventuras de final imprevisible. Y Barbarroja ya no está al frente del Departamento Américas. Ese club es, entre los opositores, una fantasía inofensiva de los que pasan mucho tiempo en las redes sociales (sin ser profesionales de la comunicación).

Ahora, no sólo hay opositores al Presidente Macri en Argentina. Faltaba más. También están los opositores rabiosos al gobierno anterior. Y algunos de ellos, curiosamente, lanzan profecías y advertencias más oscuras que las que emiten los K más fanáticos.

Es un dato político digno de atención: algunos  voceros de los sectores más interesados en el éxito de este experimento macrista son críticos muy duros. Ni siquiera la reforma laboral y previsional que ha anunciado el gobierno: el recorte a la actualización de las jubilaciones, el “abaratamiento” de los despidos,… todo ese paquete es despreciado.

Un amigo atento me avisó de estas dos noticias de ayer -en el mismo día- de El Cronista, el diario de la ortodoxia económica. Me parecen un buen ejemplo de lo que les quiero contar, y les copio los párrafos más expresivos:

¿Qué acuerdo es éste donde lo que gana la provincia de Buenos Aires lo pone Nación y las provincias siguen de joda con su gasto más sus Ingresos Brutos que bajarán en el siglo XXII, y lo que pone Nación puede ser más déficit consolidado porque Buenos Aires no es descartable que se gaste lo que gana?

La otra parte de la reforma impositiva, o sea, la baja de Ganancias de 35% a 25% para la reinversión de utilidades, el impuesto al cheque como pago a cuenta de Ganancias, la devolución acelerada del IVA los bienes de capital es más déficit fiscal que en parte se compensaría con el impuestazo sobre los salarios superiores a $ 82.000 mensuales para los cuales desaparece el tope de $ 82.000 para los aportes personales de 17% para la Seguridad Social (con la suba de los Impuestos Internos el Gobierno está yendo para atrás y el Impuesto a la Renta Financiera recaudará poco).

El cambio en la fórmula de ajuste en las jubilaciones no es baja de gasto público hoy sino que es menos suba de gasto público en el futuro, cuando lo que se necesita es una baja de gasto público hoy y urgente, no que suba menos mañana.

La reforma laboral está siendo consensuada con la CGT, o sea, con los que son parte del problema ¿?

¿Para esto nos decían desde Cambiemos “esperen hasta las elecciones”? ¿Estas son las reformas estructurales para que la recuperación económica de hoy se transforme en crecimiento sostenido?

 ¿Qué tiene que ver lo que se está discutiendo hoy con el problema del enorme déficit fiscal, gasto público impagable, presión impositiva asfixiante, atraso cambiario y déficit comercial record? Nada. Nos toman el pelo“.
.
Nada nuevo, me dirán. José Luis Espert, el autor de la nota, sabe que es la desenfrenada codicia de los pobres la que conspira contra los principios de una sana economía, disminuyendo la rentabilidad de los que se suscriben a su newsletter. Y nunca se priva de decirlo.
.

Pero es más interesante la mirada de Germán Fermo, otro columnista, militante y asesor de la Patria Especuladora. Porque vuelca números:

Si nos les gusta lo que hace este Gobierno, armen un partido político y ganen las elecciones. Parafraseando a una ex mandataria local, a ese pequeño rebaño de argentinos productivos a quienes este gobierno decidió gravar ferozmente, los convoco a que organicemos “el partido ovejero” del cual me autoproclamo presidente fundador. Intentaremos llegar al Congreso y sancionar el Impuesto a la Renta Piquetera en defensa de este hostigado rebaño de ovejas y comienzo entonces con esta pregunta: ¿el presidente Mauricio Macri, apoyaría semejante medida o se opondría debido a que resultaría políticamente incorrecta?

La Argentina de Macri se resume en cinco números rojos. Primero, déficit fiscal primario: 4.30% del PBI. Segundo, déficit por intereses de deuda externa: 2.30% del PBI. Tercero, déficit provincial: 1.00% del PBI. Cuarto, déficit cuasifiscal por intereses de Lebacs: 1.70% del PBI (calculados como la diferencia entre stock inicial y final en dólares). Sumando estos cuatro componentes llegamos a un formidable déficit consolidado de 9.30% del PBI, lo que representa 46.500 millones de dólares. Ni los K fueron capaces de tanto.

Podríamos incluso agregar un quinto rojo con un 4% de déficit de cuenta corriente. Esta es precisamente una de las preguntas que no pudo responder el gobierno en su reciente viaje a New York, ¿qué piensan hacer con tantos déficits?

No es casualidad que la parte larga de los bonos argentinos haya estado operando muy pesada en estas últimas semanas, en especial, el viernes pasado, en donde quedó en evidencia lo vulnerable que somos como país a shocks externos. La decisión del equipo económico fue dejar constante el gasto en términos reales y esperar a que el rebote de la economía genere dos efectos virtuosos. Primero, un mayor PBI a lo largo del tiempo significaría incremento en recaudación impositiva, aspecto que reduciría el déficit fiscal actual. Segundo, un PBI expandiéndose a lo largo de los años aumentaría el denominador de la economía y contribuiría, por lo tanto, a la licuación del déficit global como porcentaje del producto. Pero por el momento el rebote se hizo esperar y se decidió por lo tanto acudir a un masivo endeudamiento externo a los efectos de cubrir el gap de caja y esperar a que la positiva dinámica del PBI haga su trabajo digamos, durante el próximo lustro.

¿Puerta doce?: la peor alternativa. En finanzas uno se acostumbra a convivir con dos escenarios: a) el más probable, definido como “base” y b) el peor posible, entendido como “puerta doce”. A diferencia de lo que el gobierno y gran parte de la prensa le está contando a los argentinos sería útil por un momento preguntarnos: ¿qué pasaría si nuestro país no pudiese rebotar por varios años seguidos como viene suponiendo Hacienda? ¿Qué ocurriría si un shock externo le pegase al mercado de commodities? ¿Qué pasaría si el proceso de normalización de tasas internacionales ya iniciado por la Fed se acelera más de lo esperado? Suponer que el contexto internacional va a quedar inalterado por cinco o diez años al menos, es muy fuerte y al subestimar dicho evento, nos arriesgamos a quedar atrapados en la utopía del socialismo populista. Tengo la preocupante sensación de que este gobierno se convenció de su propio relato, que no tiene plan B y que sólo le cuenta a los argentinos las bondades de un plan keynesiano apalancado a escala en deuda externa en el pasado? ¿Si antes esta política no funcionó, por qué debería hacerlo ahora?

El oficialismo decidió arrematar otra vez mas contra el sector privado a costa de un despilfarro público que sigue siendo tan inaceptable como en los tiempos K. Para un gobierno que vino a cambiar la república de raíz, respetuosamente le contesto que hasta ahora sólo se concentró en condiciones de segundo orden y, por lo tanto, irrelevantes. ¿Tendrán lo que hay que tener para ir por los ñoquis del estado desactivando costos de un sistema político que confisca perversamente a los pocos argentinos que producen? Parecería que se viene pergeñando, sin embargo, una secuencia de reformas que le pegan precisamente a los dos grupos más indefensos: los jubilados y el pequeño rebaño de ovejas productivas”.

Como les dije al principio, aquí hay un dato interesante para el análisis político. Mauricio Macri y sus amigos del alma, lo advierte Guillermo Moreno y tiene razón, no son neoliberales. Pertenecen a una subespecie -la dominante- del empresario argentino: el que vive de la ubre del Estado. Están condicionados por la globalización financiera, y no pueden eludir sus reglas, como si lo hacen con las leyes locales. Pero no creen en los dogmas de la síntesis económica vigente. No creen en ningún dogma, en realidad.

Pero… ese dogma sí tiene creyentes. Son los que se benefician de él, por supuesto, pero eso no disminuye su fanatismo. Si no fuese por él, un asesor de Bolsa como Fermo no podría decir a los timberos del mercado local que son “ovejas productivas”. Y se lo creen, cómo no.

Es interesante, porque es el núcleo duro, pequeño pero muy influyente, de los apoyos a este gobierno. De todas formas, lo fundamental son esos números que menciona Fermo. Porque -siempre insisto en el blog de Abel- los prejuicios, y los medios que los fomentan, son muy importantes. Pero la realidad puede más.

Como le decía a ese amigo que me acercó las notas: “Esos números que menciona Fermo se parecen a los que se manejan en la Comisión de Economía del PJ. O la comisión ha sido copada por el neoliberalismo o Mauricio está en camino de chocar la calesita“.

Anuncios

Carta a Macri o la decadencia y caída del Imperio Británico

noviembre 10, 2017

banking crisis hogarth

El título quedó largo, sí, pero no me pude decidir entre las dos variantes. Les explico: ayer recibí a través de Avaaz – una organización que promueve el activismo ciudadano en asuntos como el cambio climático, derechos humanos, corrupción, pobreza, derechos de los animales…; ya la había mencionado aquí– una carta del Sr. Gordon Brown, Primer Ministro de Gran Bretaña entre 2007 y 2010, que empezaba así:

Queridos amigos y amigas,

Hace ocho años, cuando era Primer Ministro del Reino Unido y presidente del G20, intenté poner fin a la injusticia de los paraísos fiscales. Sin embargo, tal y como la filtración de los “papeles del paraíso” demuestra, a día de hoy, trillones se siguen desviando a los lugares más oscuros de la economía mundial a fin de evadir impuestos.

Es una de las injusticias más grandes de nuestro tiempo, que permite a los ricos mantenerse al margen mientras todos los demás pagamos por un sistema de sanidad y de educación y por proteger a los más vulnerables…”

Muy emotivo, como ven. Mr. Brown, entonces, me invita a acompañarlo con mi firma, junto con otras 499.998 personas, en una carta que contempla entregar, personalmente, en la próxima reunión del G20, que se realizará en Buenos Aires en 2018. Ésta es la versión original, y abajo, la traducción a nuestro idioma:

Al presidente Mauricio Macri y a todos los líderes del G20:

La desigualdad mundial ha alcanzado un nivel aberrante — 8 personas poseen la misma riqueza que la mitad de la población del planeta.

Y la brecha sigue creciendo, en parte, gracias al oscuro mundo de los paraísos fiscales, que permite que trillones se desvíen de nuestras economías. En estos momentos, los ricos se enriquecen y los demás pagamos.

Hace ocho años, el G20 se comprometió a acabar con estas prácticas. Es hora de cumplir. Les exigimos que actúen de inmediato para acabar con los paraísos fiscales y garantizar que quienes los mantienen y los explotan rindan cuentas.

No se debería permitir a nadie eludir su deber como contribuyente para el bien común. Y es su responsabilidad que así sea. Como ciudadanos de todo el mundo, exigimos acción.

Cordialmente,            

Es comprensible que Brown y Avaaz prefieran no insistir en el hecho que la mayoría de los paraísos fiscales, “tax havens”, están dentro de la Comunidad Británica. Pero ¿se puede pasar por alto que el Presidente Macri y sus ministros son notorios clientes de esas cuestionadas instituciones? (Junto a otros líderes del G20, of course).

Por la memoria de los cuentos de Chesterton, los poemas de Housman y las novelas policiales de Michael Innes, espero que el probable próximo Primer Ministro, el Sr. Jeremy Corbyn, resulte una persona más seria.


Se van los empresarios. Llegaron los rentistas

noviembre 2, 2017

rentiers

He escuchado a unos cuantos amigos -entre ellos varios economistas con mucha experiencia práctica- preguntarse cómo es posible que una gran mayoría de los empresarios apoyen, hasta aplaudan, políticas económicas de Macri que los perjudican. Desde los incrementos en las tarifas y los precios de los insumos, el alto costo del crédito, la reducción del consumo, hasta medidas que perjudican directamente su actividad (No están hablando, claro, de los empresarios que están en el gobierno o vinculados a él). Es notorio que en conjunto estaban fastidiados con el gobierno kirchnerista, pero ¿era para tanto?

A mí me parece que hay varias razones poderosas. Una es que todas las empresas, en cualquier país, necesitan con frecuencia de la decisión favorable de un funcionario del Estado. Entonces, no criticarán al gobierno en público, y, si se da, le chuparán las medias (Salvo en vísperas de elecciones si las encuestas favorecen decididamente a la oposición. Eso hoy no pasa).

Otra es el exitismo. Una característica común en los humanos, y los argentinos somos muy humanos en ese sentido. La necesidad no confesada, ni aún a sí mismo, de identificarse con el que parece ganador. Mientras parezca.

Y existe, es muy visible, la construcción de un sentido común gramsciano, que hemos mencionado en el blog recientemente.

Pero hay otra razón más estructural. E influye especialmente en las grandes empresas. Refleja un cambio profundo, secular, que se está dando en todos los países desarrollados de Occidente, y en su esfera de influencia económica (Nosotros formamos parte de ella. Nunca hemos salido, y nuestro gobierno actual tiene toda la intención de mimetizarse ahí).

El artículo que paso a copiar ahora, The rentiers are here, de Richard Kozul-Wright y ​Stephanie Blankenburg, funcionarios de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), es un resumen adecuado de eso que está sucediendo. Y que resumo todavía más en el título de este posteo.

Advierto que lo encontré en Nueva Sociedad, publicación social demócrata si las hay, y tratándose de funcionarios internacionales, es casi inevitable que lo presenten como un problema técnico, a resolver con reglamentaciones adecuadas. Nada de política, y menos de geopolítica. Pero, bueno, al final agrego un comentario corto donde trato de enfocarlo desde ahí.

Desde la crisis financiera de 2008, los responsables de las políticas y las instituciones internacionales con frecuencia han manifestado temores respecto de una mayor desigualdad de ingresos y sus indeseadas consecuencias políticas. En muchas ocasiones, atribuyen el problema a factores «exógenos» como el comercio global y las nuevas tecnologías.

Mientras que los responsables de las políticas han intensificado su foco en el comercio y las nuevas tecnologías, han pasado por alto un generador inclusive más potente de desigualdad: la búsqueda endémica de rentas que surge de la concentración de mercado, un mayor poder corporativo y la captura del regulador.

Definida en términos generales, la renta es un ingreso que surge exclusivamente de la propiedad y el control de un activo, y no de usos innovadores y empresariales de los recursos económicos. Cuando el economista británico John Maynard Keynes anticipó la «eutanasia del rentista» en su libro de 1936 Teoría general del empleo, el interés y el dinero, hacía referencia a una clase financiera que no cumplía otro propósito que el de explotar el escaso capital en beneficio propio. Pero en el lapso de los últimos treinta años, los rentistas financieros se han tomado la revancha. A través de la creación de crédito privado y de la alquimia financiera, han amasado enormes ganancias que son inmensamente desproporcionadas con el retorno social de sus actividades.

Es más, en nuestra era de híper-globalización, las grandes corporaciones no financieras también han surgido como una clase rentista. Debido a su poder de mercado sustancial y a la fuerza del lobby, hoy en día participan de manera regular en el tipo de actividades de búsqueda de rentas que alguna vez eran coto exclusivo de la industria financiera. En consecuencia, las grandes firmas no financieras se han convertido en una fuente generalizada de creciente desigualdad de ingresos.

Las corporaciones no financieras han ingresado en el juego de la búsqueda de rentas a través de muchos canales. Han violado sistemáticamente las leyes de propiedad intelectual para alcanzar un dominio de mercado, en lugar de proteger las innovaciones genuinas. Han saqueado los recursos del sector público a través de esquemas de privatizaciones de gran escala, y han garantizado subsidios públicos que rara vez les exigen ofrecer beneficios a los contribuyentes. Y han llevado a cabo una manipulación del mercado de amplio alcance, convirtiéndose en cobradores de deuda, utilizando las reventas de acciones para impulsar la remuneración de sus ejecutivos, entre otras cosas.

Además de los esquemas de búsqueda de rentas que funcionan hoy en día, los requerimientos laxos en torno a los informes corporativos en todo el mundo hacen difícil la tarea de estimar la magnitud del problema. Gran parte de la investigación existente se centra en la economía estadounidense, donde algunos estudios han medido el crecimiento del poder de mercado de firmas dominantes a través de la marcada tendencia alcista en la fijación de precios; y otros han examinado el papel de la proliferación de las tecnologías de la información en la acumulación de «riqueza excedente».

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés), nuestra investigación analiza más allá de la economía estadounidense y se sustenta en una base de datos recientemente confeccionada para empresas públicas en 56 países desarrollados y en desarrollo. Utilizamos esos datos para estimar en qué medida las ganancias de las grandes corporaciones no financieras excedieron el típico rendimiento de las utilidades sectoriales anuales desde 1995. Descubrimos que las ganancias excedentes subieron marcadamente en las dos últimas décadas, del 4% de las ganancias totales en 1995-2000 al 23% en 2009-2015. Para las 100 firmas principales, ese porcentaje aumentó del 16% al 40%, en promedio.

La misma base de datos de múltiples países también confirma que la concentración de mercado ha aumentado significativamente en los últimos veinte años, particularmente entre las 100 firmas principales. En verdad, las grandes disparidades entre firmas se han vuelto una característica esencial de la era de búsqueda de rentas corporativa. En 2015, las 100 firmas principales tenían una capitalización de mercado combinada (el valor total de las acciones en circulación de una compañía) que era 7.000 veces superior a la de las 2.000 firmas del final de la tabla. Hace veinte años, ese múltiplo era apenas 31.

Para peor, esta tendencia no se ha extendido al empleo. Entre 1995 y 2015, las 100 empresas principales aumentaron su capitalización de mercado cuatro veces, pero ni siquiera duplicaron su porcentaje de empleo. Esto implica que la concentración de mercado y la extracción de rentas corporativas se están alimentando mutuamente. El resultado es un entorno de mercado donde «el ganador se lleva la mayor parte» que perjudica marcadamente a las empresas nuevas, a la innovación empresarial y a la creación sostenida de empleos de alta calidad.

Consideremos, por ejemplo, la proliferación de poderes de protección de patentes de amplio alcance a través de acuerdos comerciales y de inversión, bilaterales y multilaterales. Esos poderes han sido extendidos a nuevas actividades que anteriormente no se consideraban áreas de innovación tecnológica, como las finanzas y los métodos comerciales. Como resultado de ello, los gigantes tecnológicos, en particular, han conseguido un nuevo nivel de captura del regulador, lo que les permite limitar la libertad de expresión cuando esto favorece sus intereses, expandirse a mercados que no son de alta tecnología y dar forma a las agendas emergentes de políticas globales, como la inclusión financiera y el comercio electrónico.

No es demasiado tarde para controlar la tendencia hacia el capitalismo rentista. Los factores «endógenos» que contribuyen a una captura del regulador de amplia escala y a un rentismo corporativo se pueden abordar a través de una legislación antimonopolio más fuerte, políticas para empoderar a la mano de obra organizada, revisiones de los acuerdos comerciales existentes y un mejor monitoreo, a nivel internacional, de los precios de las transferencias y la evasión impositiva. Algunos responsables de políticas ya han comenzado a tomar medidas en estos frentes. Pero el éxito demandará un esfuerzo más concertado. Es hora de obligar a las grandes empresas a que regresen al negocio de la inversión productiva y la creación de empleos“.

Los autores de la nota han trazado un cuadro razonable… de un aspecto del problema. Pero el crecimiento de los rentistas, que en una sociedad el poder y la influencia pasen de los innovadores a los propietarios (que ya tenían desde siempre una porción, por supuesto) es algo que ha sucedido en todas las economías capitalistas maduras. En el seminal libro de Paul Kennedy “Auge y caída de las grandes potencias“, se describe muy bien cómo Gran Bretaña, por ejemplo, pasó paulatinamente a tener una economía cada vez más “rentista” en las últimas décadas del siglo XIX, y eso la dejó en malas condiciones para competir industrialmente con la Alemania de Guillermo II.

Eso ahora está sucediendo en las economías desarrolladas del Atlántico Norte, y en sus satélites (como nosotros). El Sr. Xi Jinping –que lleva adelante un proyecto que algunos llaman keynesiano pero tiene más en común con los grandes emprendimientos de la era victoriana temprana: ferrocarriles, el cable transatlántico- sonríe.


El proyecto del hombre más poderoso del mundo

octubre 29, 2017

Xi Jinping

Hoy, 29/10, no voy a subir mi habitual sermón análisis dominical de la política local. Esta semana ya escribí mucho del asunto, y fue una gota en el océano de palabras que nos inundó después de las elecciones del 22.

No abandono el tema, por Dios! Y valoro lo que aportaron los que tratan de encarar la realidad como es, para mejorarla. Voy a discutir con ellos, en los días que vienen. Pero ahora voy a aprovechar que los domingos hay más tiempo para leer para subir un artículo largo, que trata de algo que va a tener importancia decisiva en la vida de todos los humanos. Los que habitan el gran continente de Eurasia y también los de las dos grandes islas americanas, la del Norte y la del Sur.

Como siempre, trato de hacer unas precisiones necesarias. Cuando menciono a Xi Jinping como el hombre más poderoso del mundo, no estoy diciendo que el país que gobierna sea el más poderoso. Como Xi mismo señalaría, los EE.UU. lo son (¿todavía?), en el plano militar y en el económico. Pero Xi es el “líder central” del suyo, y ha sido recientemente elevado al nivel indiscutido de las figuras señeras del sistema de poder vigente allí, Mao y Deng. Y el presidente yanqui, Trump, ha sido tratado de mentiroso por un senador de su partido, está enfrentado con la mayoría de los medios de comunicación -de su país y del exterior-, y su secretario de Estado, Tillerson, habría dicho que es un “fucking moron”.

Sobre Xi pueden leer la biografía oficial (por supuesto, en Granma) o la versión algo más crítica de la BBC. O una mirada también cuestionadora del troskismo. Por mi parte, encuentro que la historia del joven “príncipe comunista”, hijo de uno de los veteranos de la Larga Marcha, que pasó a ser un humilde peón rural y vivió en una cueva cuando su padre cayó en desgracia en la Revolución Cultural, y luego llega a la cima del poder… tiene elementos clásicos del mito del Héroe, presente en todas las culturas.

Como sea, los hombres somos lo que hacemos. Por eso me parece interesante leer sobre el proyecto que está impulsando. Este trabajo lo preparó con minuciosidad germánica el Dr. Dietmar Dirmoser, de la Fundación Friedrich Ebert (la social democracia alemana, para los que no la conocen).

“En el tablero de ajedrez de las relaciones internacionales se vislumbran cambios profundos, entre los cuales están las modificaciones sustanciales del sistema geoeconómico relacionadas con la conexión terrestre entre Europa y China. En 2013, China puso en marcha un proyecto muy ambicioso inspirado en las antiguas rutas de la seda. El presidente Xi Jinping fue el encargado de su lanzamiento durante una visita al vecino Kazajistán, y la mayor parte de los observadores en aquel entonces creyeron que solo se trataba de retórica. No obstante, China avanzó de manera imperturbable, lanzó una ofensiva diplomática y efectuó inversiones multimillonarias en proyectos relacionados con el «gran plan». Entonces, organismos multilaterales, empresas y gobiernos de muchos países empezaron a tomar en serio los anuncios.

Los planes chinos se han hecho conocidos bajo el acrónimo OBOR, «One Belt, One Road» [una franja, una ruta], abreviatura oficial del proyecto de construir la «franja económica de la Ruta de la Seda y la ruta marítima de la seda del siglo xxi». Esta fórmula ha provocado confusión y malentendidos en Occidente, porque a lo que alude no es ni a una franja ni a una sola ruta. Por eso las autoridades chinas han cambiado la denominación oficial, que ahora es «Belt and Road Initiative» (BRI), en español, Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR)1.

Resumiendo: la iniciativa comprende el desarrollo de una serie de corredores económicos, mediante la construcción y ampliación de carreteras, vías férreas (con preferencia, de alta velocidad), puertos, aeropuertos, plantas de energía, redes eléctricas, líneas de transmisión de datos y otras infraestructuras. Además, se buscará aumentar la capacidad productiva de la industria de las regiones circundantes a los corredores y las zonas aledañas, por ejemplo mediante la creación de parques industriales. Los corredores llegarían así a formar parte de extensas redes logísticas, de transporte y de producción cuya meta es profundizar los vínculos económicos entre China, Asia central, Mongolia, Rusia y Europa, y entre China, Asia oriental, meridional y sudoriental. Eurasia se convertiría en una zona interconectada y entrelazada.

El resultado de los esfuerzos en muchos niveles y de las inversiones previstas de miles de millones de dólares sería un empujón para el desarrollo económico en todos los países implicados y habría repercusiones fuertes y positivas en la economía mundial2. La magnitud es enorme: unos 65 países están directamente relacionados con el proyecto de las nuevas rutas de la seda y en la esfera de influencia hay muchos más. Solo los países directamente relacionados alcanzan una población de más de 4.000 millones de habitantes y representan un tercio de la producción y 35% del comercio mundial. Dirigentes chinos estimaron en 2016 que la iniciativa, que apenas estaba en marcha hace tres años, había generado ya compromisos de financiación de 890.000 millones de dólares3. Algunos comparan la IFR con el Plan Marshall impulsado por Estados Unidos para la recuperación económica de la Europa destruida por la Segunda Guerra Mundial; otros han bautizado la iniciativa «un gigantesco New Deal»4. Obviamente, la IFR es un proyecto de talla global que no carece de ciertas dosis de gigantismo.

Tres sorpresas: visión, metodología, concepto de desarrollo

Mirando de cerca los documentos oficiales y la infinidad de declaraciones, podemos subrayar al menos tres aspectos que pueden causar sorpresa. El primero es que la IFR se inspira en una visión que provocaría cambios tectónicos en los ámbitos geoeconómico y geoestratégico si se lograse hacerla realidad. El segundo es que la IFR intenta poner en práctica sus objetivos con métodos inusuales y poco ortodoxos. Y el tercero es que el proyecto se guía por una concepción de desarrollo sorprendentemente simplista.

En cuanto al primer aspecto, lo que suscita preocupación en unos e inspira entusiasmo en otros es que la IFR apunta a cambios fundamentales de la estructura básica geoeconómica. Actualmente, Asia y EEUU, Europa y EEUU, China y Europa son 3 esferas de intercambio y cooperación separadas. Dos de estas tres esferas, el bloque transatlántico y el bloque transpacífico, son dominadas por EEUU. La IFR plantea fusionar Asia y Europa en una sola entidad a través del impulso que generarían los nuevos corredores económicos. Surgiría así un nuevo centro de gravedad comercial y productivo, al que se acoplarían los países del océano Índico a través de la Ruta Marítima de la Seda. Si resultase esta fusión, el eje dinámico de la economía mundial se trasladaría a Eurasia y el peso de EEUU en el sistema global se reduciría.

Es evidente que estas perspectivas no son del agrado de muchos de los estrategas de relaciones internacionales en los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), porque temen perder control e influencia. A esto se agregan las preocupaciones suscitadas por el segundo aspecto sorprendente de la IFR, que es la forma en que China pretende implementar los cambios tectónicos que sus planes sugieren. Los métodos y medidas para hacerlos realidad no se basan en los acostumbrados conceptos de integración y cooperación económica. Los estrategas chinos saben que es imposible concretar su visión sin socios y aliados, por eso presentan su iniciativa como un proceso abierto que se definirá con mayor precisión sobre la marcha y en el cual se pueden integrar todos los interesados para darle forma. Esta manera de proceder contrasta con la acostumbrada por Occidente, que requiere definir ex ante a través de instrumentos legales el alcance, las reglas, las responsabilidades de los participantes y mucho más, especialmente cuando se trata de grandes proyectos transfronterizos.

El último documento oficial chino define las intenciones de la IFR en términos sumamente abiertos y cooperativos: «China defiende un espíritu de la Ruta de la Seda caracterizado por la paz y la cooperación, la apertura y la inclusividad, el aprendizaje recíproco y el beneficio mutuo; persiste en el principio de la deliberación común, construcción conjunta y codisfrute; amplía constantemente el consenso de cooperación (…) y promueve su construcción conjunta (…) en la que todas las partes participan»5. Los encargados de promover la IFR en el extranjero y los diplomáticos chinos no se cansan de presentar el proyecto como empresa en la que saldrán ganando siempre ambas partes (situación win-win), es decir, ganarán China y también el respectivo país que acuerde con China en el contexto de la IFR.

Si bien el discurso oficial chino la presenta de la manera más abierta y acogedora posible, no se puede pasar por alto que el engranaje de la iniciativa consiste en acuerdos bilaterales entre China y países individuales o grupos de países y algunos organismos multilaterales. No existe ni está previsto un mecanismo de coordinación para tratar los aspectos que se escapan del ámbito bilateral. No hay duda de que la IFR es una iniciativa china, motorizada, financiada y controlada por China. Mientras no se la multilateralice por lo menos en parte, la insistencia de Beijing referente a la situación win-win será vista con desconfianza. Los comentaristas en muchos países se preguntan si win-win no se refiere más bien a que China quiere ganar dos veces. Hasta que no se aclare esto, será prematuro festejar la IFR como metodología novedosa de integración y cooperación internacional, capaz de reemplazar instrumentos como los acuerdos regionales comerciales.

El tercer aspecto de la propuesta china que causa sorpresa es el concepto de desarrollo en el cual se basa. Este concepto parece tan simplista que obliga a sospechar que los propagandistas esconden elementos importantes. En una conferencia internacional en Beijing en 2015, el director de un think tank oficial nos resumía la esencia del concepto chino de desarrollo que se exporta a través de la IFR en la fórmula: «Si quieres desarrollo, tienes que construir una carretera». Sin embargo, los dirigentes chinos, al igual que los del resto del mundo, saben que los proyectos de infraestructura no son automáticamente rentables; que no necesariamente generan crecimiento económico y que no incentivan inevitablemente la formación e integración de cadenas de valor. Es por eso que en sus programas de desarrollo interno China no solo invierte en infraestructura (150.000 millones de dólares por mes, o sea más de un año de inversión en la IFR6), sino que suele combinar estas inversiones con la instalación de parques industriales o de zonas económicas especiales que se basan en elaboraciones estratégicas y de planificación sofisticadas7.

Sin embargo, varios proyectos que oficialmente forman parte de la IFR son meros planes de infraestructura de dudosa rentabilidad y en algunos casos solo sirven para complacer a algún gobernante autoritario al que Beijing necesita como aliado. Hay una serie de proyectos que no están conectados con la agenda de desarrollo de los países receptores ni con la agenda internacional de desarrollo. En un documento reciente, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)8 subraya que existe un gran potencial para lograr sinergias entre la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que plantea los famosos 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), por un lado, y la IFR, por el otro. Pero al mismo tiempo se advierte que los proyectos provistos por la IFR pueden causar daños ambientales y sociales y poner en peligro la estabilidad macroeconómica, especialmente de países pobres y débiles. El documento de la Organización de las Naciones Unidas es un llamado urgente a conectar sistemáticamente la IFR con los ODS, lo que nos remite, una vez más, a la necesidad de generar una plataforma multilateral donde se pueda discutir y ofrecer solución a los problemas de carácter regional e internacional que sobrepasan los mecanismos bilaterales en los que se basa la IFR hasta ahora. China es consciente de que, tarde o temprano, tendrá que enfrentar este problema. En uno de los documentos oficiales claves ya se leía en 2015 que se consideraba necesario ampliar la coordinación política y que haría falta promover la cooperación intergubernamental.9

Un actor internacional reacio

Las nuevas rutas de la seda son sin duda un proyecto de envergadura enorme y constituyen la iniciativa política internacional de mayor trascendencia desde la fundación de la República Popular. El hecho que China últimamente asuma una actitud proactiva en el escenario internacional está resucitando viejos temores en Occidente. Falta poco para evocar metáforas como el «peligro amarillo», que se acuñó en círculos colonialistas a fines del siglo xix.10

Desde aquel entonces circula por los debates políticos la idea que China usará su inmenso potencial primero para romper la hegemonía de Europa y EE.UU. en el sistema internacional y después establecer la suya. El éxito económico de la República Popular China desde los años 70 del siglo pasado alimentó una vez más estas sospechas. Empezaron a proliferar publicaciones con títulos como «Cuando China domine el mundo. El fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global»11, que tratan de explicar las intenciones de China en Asia y en el resto del planeta. La tónica de este texto y de muchos otros es de desconfianza, disgusto u hostilidad abierta, porque los autores asocian el ascenso de China con el necesario descenso de Occidente, lo que carece de cualquier relación lógica.

Para romper el círculo regresivo de temores racistas y reacciones agresivas, conviene evaluar el rol de la IFR en el contexto de la doctrina y práctica de la política exterior china que, evidentemente, está cambiando en los últimos años. Deng Xiaoping, quien dirigió el proceso de apertura y reforma económica entre 1978 y 1992, pidió perfil bajo en asuntos internacionales, no participar en alianzas y abstenerse de intervenir en los asuntos de otros países. Todos los esfuerzos debían estar concentrados en «poner la propia casa en orden». Pero, al mismo tiempo, los dirigentes exhortaban a sus conciudadanos a no olvidar nunca la «humillación nacional» que el Imperio del Medio, la principal potencia mundial, había sufrido desde 1800 por las intervenciones occidentales y japonesas, incluyendo guerras sangrientas. El tópico de la humillación nacional está presente en el discurso político desde el líder nacionalista Sun Yat-sen y fue adaptado por los comunistas en 1945. Este discurso se combinó con la promesa de que la humillación iba a ser compensada algún día por el «rejuvenecimiento nacional», es decir, mediante la recuperación o resucitación de la antigua grandeza. El Partido Comunista siempre se presentó como única fuerza capaz de lograr esto, aunque ello ocurriría en algún futuro lejano. De este modo, se mantuvo abierta la herida, pero se evitaron las repercusiones en la política exterior y los impulsos prematuros para transformar el éxito económico en influencia internacional fueron controlados por la dirigencia bajo la tutela de Deng.

Pero el peso económico de China seguía aumentando y rápidamente rebasó el peso político que el país tenía en el sistema internacional. Por eso, desde hace más de una década, existen reclamos de que China asuma mayores compromisos en la arena global. Una de las voces atentamente escuchada también en Beijing fue la de Robert Zoellick, el representante de Comercio del gobierno de George Bush (2001-2005), quien había completado las negociaciones para la integración de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y posteriormente fue presidente del Banco Mundial. Zoellick criticó a la República Popular por ser un actor internacional «reacio» y pidió que asumiera las responsabilidades internacionales que le correspondían.

Durante el mandato del presidente Hu Jintao (2002-2012) hubo indicios de que China había empezado a jugar un rol internacional más activo y proactivo, sobre todo para asegurar sus inversiones e intereses comerciales en el extranjero, así como para garantizar el suministro de energía y de materias primas12. Pero recién con Xi Jinping el país abandonó su actitud discreta y pasiva y empezó a definirse abiertamente como gran potencia moderna, cuya fuerza se basa en su poder económico y militar. El nuevo discurso hace referencia a la idea del «rejuvenecimiento» y anuncia la realización del «sueño chino» de ser nuevamente un país glorioso y superar de una vez por todas la «humillación nacional».

Hacia una política exterior proactiva

En contraste con la etapa anterior, China hoy no solo ofrece participar activamente en la búsqueda de respuestas a problemas internacionales, sino que propone facilitar y liderar la consecución de soluciones. En varias oportunidades Xi Jinping ha subrayado que el mundo necesita un orden más racional y más justo y que su país está preparado para asumir un rol principal para lograrlo. En el Foro Económico de Davos de este año, Xi Jinping anunció que China está dispuesta a defender el proceso de globalización y a asumir un papel protagónico en su futura configuración. Con cada vez mayor frecuencia, los dirigentes chinos ofrecen «soluciones chinas» para cualquier problema internacional, tal como últimamente para estabilizar los esfuerzos globales relacionados con el cambio climático, después de la salida de EE.UU. del Acuerdo de París.

Sin embargo, esto no significa que China tenga la intención de abandonar el orden internacional actual o que quiera desplazar a los actuales actores dominantes. Hace años, China está ampliando sistemáticamente su participación en organismos multilaterales, especialmente del sistema de las Naciones Unidas. La República Popular es el tercer mayor contribuyente al presupuesto de la ONU y el segundo en operaciones de mantenimiento de la paz. Además, tiene un registro muy bueno de acatamiento de decisiones del G-20. También se le reconoce haber hecho contribuciones importantes para superar las crisis financieras internacionales de 1997 y 2008.

Ya que el gobierno chino es consciente de que no inspira confianza en la comunidad internacional, procede de manera cautelosa tratando de no parecer dominante. Usualmente, evita asumir la posición de mando o un rol demasiado visible. En resumidas cuentas, China está ampliando su presencia en las instituciones y estructuras internacionales, de manera constante, discreta y respetando las reglas. A esto se agrega que, en contraste con EE.UU., no se ha perfilado como poder militar y ha evitado intervenciones militares fuera de sus fronteras13.

Por otro lado, China considera que la comunidad internacional le niega el reconocimiento de sus contribuciones, logros y necesidades. En la visión occidental del mundo y de las relaciones internacionales, las preocupaciones chinas son prácticamente inexistentes, aunque desde la perspectiva china haya muchas razones para estar preocupado. Del tamaño del país se derivan riesgos que requieren medidas de precaución. China tiene una frontera marítima de 14.500 kilómetros y una frontera terrestre de 22.457 kilómetros; colinda con 14 países y mira otros seis a través del mar. Varios de los vecinos constituyen un riesgo latente, como Indonesia por los avances del islamismo, o un riesgo actual, como Afganistán por el agravamiento de la guerra, para mencionar solo dos ejemplos14.

Teniendo en cuenta el panorama de riesgos y amenazas en sus alrededores, la presencia económica china en los países vecinos y en zonas más lejanas no solo es una cuestión económica, sino un asunto de seguridad. Hoy China es el poder comercial más grande en toda Asia y está en camino de convertirse también en el inversionista más fuerte. El asegurar los intereses comerciales y de inversión a través de una diplomacia de infraestructura comenzó hace tiempo. Una amplia gama de actores económicos y políticos chinos, con motivos e intereses diversos, ha generado un sinnúmero de proyectos y acciones en muchos países sin coherencia ni interconexión.

A partir de 2012, Xi Jinping empezó a relacionar la expansión económica en curso con la idea del sueño chino de tener un rol proactivo en el mundo. Para eso era necesario transformar el laberinto de proyectos, acciones e intereses de los distintos actores en el exterior en una sola visión, un solo discurso y una estrategia coherente. La nueva concepción fue lanzada en 2013 bajo el título de la Franja y la Ruta. Así, China busca integrar todos los importantes procesos económicos y políticos que enfrentaba en un esquema general, para poder relacionarlos con intereses y objetivos de corto y largo plazo.

Por su bagaje marxista, los líderes chinos están convencidos que tiene sentido un gran plan que integra motivaciones e intenciones, porque creen que incluso los macroprocesos son planificables, o por lo menos «piloteables». El resultado esperado es nada menos que asegurar el futuro del desarrollo económico del país, abriendo nuevas oportunidades de crecimiento y al mismo tiempo garantizando su seguridad15. En el discurso político, seguridad se traduce en interdependencia económica. Cuando de ambos lados de las fronteras hay actores interesados en mantener las redes productivas y comerciales transfronterizas, el riesgo de conflictos es insignificante.

Está por verse si realmente se ha logrado fusionar el cúmulo de expectativas dispersas presentes en los distintos estamentos, sectores y regiones chinas. La lista de motivos para unirse a la IFR es larga, contradictoria y hasta ahora no hay prioridades, ponderaciones y responsabilidades claras: se quiere fortalecer la economía de las provincias conflictivas en el oeste; se quiere impulsar la integración en Asia central y mitigar así los conflictos en la región; se quiere abrir nuevas fuentes de crecimiento, estabilizar la debilitada industria de la construcción; se quiere, a su vez, sacar provecho geoestratégico del superávit crónico de la balanza de pagos y de las enormes reservas en moneda extranjera. Y, sin duda, un motivo fuerte es que China quiere reforzar su liderazgo en Asia.

Tarde o temprano se tendrán que traducir los motivos y objetivos en jerarquías y secuencias de medidas coherentes y definir responsabilidades, así como mecanismos de supervisión. En su defecto, la interacción de los departamentos de IFR que hay en todas las provincias, en un sinnúmero de organismos estatales y en muchas de las empresas grandes producirá una tremenda confusión. De las necesarias coordinaciones con posibles socios extranjeros se hizo mención arriba.

Del discurso al hecho hay mucho trecho

No cabe duda de que el mundo necesita urgentemente un impulso fuerte para lograr avances en el desarrollo, especialmente en la parte pobre de Asia. Un estudio de 2009 del Banco Asiático de Desarrollo estima que inversiones en infraestructura de una magnitud de 8.000 millones de dólares en una década generarían ingresos de 13.000 millones de dólares16. Y muchos consideran, precisamente, que el mayor obstáculo para el desarrollo en la parte pobre de Asia es su infraestructura deficiente. Desde una perspectiva más amplia, un impulso de desarrollo sería deseable para alcanzar los grandes objetivos que forman parte de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La brecha entre las necesidades de inversión y los compromisos de financiamiento es inmensa. Según cálculos publicados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)17, es preciso invertir cada año 2.500 millones de dólares adicionales a lo que se invierte actualmente si realmente se quiere alcanzar los ODS.

Las inversiones chinas en el contexto de la IFR no podrán cerrar por completo la brecha de inversión en Asia, pero indudablemente harán una diferencia. No hay ninguna otra iniciativa de una magnitud similar sobre la mesa o a la vista. Aun si la IFR solo tuviera un éxito parcial, generaría importantes ganancias de bienestar. Por lo tanto, la actitud recomendable para Occidente es involucrarse y cooperar para multilateralizar el proyecto y superar sus debilidades. La iniciativa todavía está en su fase inicial y falta definir y desarrollar muchos aspectos. Según investigadores chinos, la fase de planificación estratégica durará hasta 2021 y recién entonces empezará la implementación, que tomará como mínimo de tres a cuatro décadas18. Por consiguiente, el momento actual es propicio para acoplarse.

El Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional que tuvo lugar en Beijing a mediados de mayo de 2017 atrajo a 29 jefes de Estado y de Gobierno y representantes de 130 países. Las grandes potencias económicas mandaron solo emisarios de menor rango y cedieron el centro del escenario a personajes como Vladímir Putin, Recep Tayyip Erdoğan y una serie de gobernantes autoritarios asiáticos.

Por otro lado, la Unión Europea, los gobiernos de varios países miembros y los think tanks de EE.UU. han empezado a procesar y comentar de manera exhaustiva la IFR. Por la ausencia de visiones políticas para el futuro de la globalización y del desarrollo en otras partes, China ha conseguido la capacidad de definir el marco del debate de la política internacional. La participación de 130 Estados en el Foro de Beijing demuestra que el discurso que cubre la propuesta china resulta sumamente seductor.

Según un estudio reciente de la Fundación Ebert, existe una ventana de oportunidades para la Unión Europea de confluir con China y otros actores para contribuir a calibrar y explicitar la IFR19. Hay que lograr que el gran plan fortalezca, y no debilite, un orden internacional basado en normas. Para eso habrá que atender una larga lista de dudas y críticas y lograr acuerdos. Algunos ejemplos de puntos controvertidos: ¿cuál será la estructura de la IFR y cómo se organizará el proceso de toma de decisiones? ¿Habrá alguna forma de afiliación formal al proyecto, al margen de los contratos binacionales? ¿Cómo podría despejar China la preocupación de países pequeños que temen que, afiliándose a la «comunidad de destino» promovida por China, se convertirán en Estados vasallos? ¿Seguirá el proyecto abierto para regímenes autoritarios que violan masivamente los derechos humanos? ¿Se seguirá aceptando como contrapartes a regímenes altamente corruptos? Las inversiones chinas en el extranjero ¿cumplirán estándares ecológicos, laborales y sociales? ¿Cómo se atenderán las frecuentes protestas populares contra megaproyectos? ¿Cuáles podrían ser las medidas destinadas a ganar la confianza de los países hostiles a la iniciativa, como la India, Japón y EE.UU., entre otros? Y, finalmente, ¿cómo se puede lograr local e internacionalmente un compromiso con el espíritu del proyecto que vaya más allá de la disposición de absorber tácticamente algún programa de inversión?

El punto clave que habrá que aclarar es cómo evitar la trampa de la «gigantomanía». A los planificadores de todo el mundo les gusta ponerse en el lugar de Dios. Mueven montañas, desvían el curso de ríos, construyen ciudades e industrias de la nada y generan conexiones que superan distancias inimaginables. El límite para la inspiración y la fantasía técnica y planificadora es la disponibilidad de financiamiento. China cuenta con reservas de moneda extranjera de tal magnitud que se puede dar el lujo de no insistir en primer lugar en la rentabilidad de sus proyectos en el exterior20. Si estos cumplen los objetivos políticos o estratégicos, no importa si no son rentables o que quiebren. Según datos de Gavekal Dragonomics, los inversionistas chinos calculan pérdidas de 80% en Pakistán, 50% en Myanmar y 30% en los países vecinos de Asia Central21. Esto no es de asombrar, tratándose de países de alto riesgo para inversiones y con grandes problemas de gobernabilidad. No es necesariamente malo que China esté dispuesta a hacer experimentos y correr riesgos altos. Sin embargo, si quiere que otros países o el capital privado internacional inviertan en sus proyectos, será inevitable llegar a estándares compartidos de evaluación de riesgos. En una posible negociación también se tendrá que evaluar la eficacia de proyectos grandes en Occidente. En una serie de estudios basados en una muestra amplia de megaproyectos en todo el mundo, Bent Flyvbjerg y su grupo cuestionan la idea de que altas inversiones en infraestructura sean un precursor del crecimiento económico22. Pueden, al contrario, causar daño, como cuando un país se endeuda para construir infraestructura que después no resulta rentable. Si realmente se trata de avanzar en la agenda del desarrollo, habrá que usar métodos que den resultado. Ser más exigente en este aspecto podría resultar igualmente beneficioso para China y para sus potenciales socios occidentales”.

  • 1.La nueva fórmula tampoco es clara porque lo que resume en realidad no es una franja ni una ruta.Probablemente, los autores trataron de evitar alusiones a proyectos occidentales abandonados de resucitar la Ruta de la Seda. Uno fue la «Nueva Ruta de Seda» que la secretaria de Estado Hillary Clinton lanzó en la India en 2011. El objetivo de este proyecto era facilitar el retiro militar de EE.UU. de Afganistán. «The New Silk Road: A Path to Regional Security?» en Eurasian Council on Foreign Affairs,17/12/2015.
  • 2.Para un análisis detallado de la arquitectura financiera de la IFR, v. Tom Miller: China’s Asian Dream: Empire Building along the New Silk Road, Zed Books, Londres, 2017.
  • 3.«Our Bulldozers, Our Rules» en The Economist,2/7/2016.
  • 4.V., entre muchos otros, Volker Stanzel: «Der Mega-Marshall Plan. Wie Chinas Mammut-Projekt Neue Seidenstraße ein Erfolg werden könnte – und wie nicht» en Internationale Politikund Gesellschaft, 17/5/2017; «The New Silk Road,a Chinese-Style ‘New Deal’» en Global Europe Anticipation Bulletin, 31/7/2015.
  • 5.Oficina del Grupo Dirigente de Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta: Construcción conjunta de «la Franja y la Ruta». Concepto, práctica y contribución de China, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 2017, p. 7.
  • 6.Miller calcula que entidades chinas financiarán proyectos en el contexto de la IFR de 50.000 a 100.000 millones de dólares por año. T. Miller: ob. cit.
  • 7.Dong Dong Zhang: «The Making and Implementation of the Belt and Road Policy», eaber Working Paper No 126, 12/2016.
  • 8.Balasz Horvath: «Identifying Development Dividends the Belt and Road Initiative: Complementarities and Synergies between the
    Belt and Road Initiative and the Sustainable Development Goals», pnud / cciee, 2016.
  • 9.National Development and Reform Commission (ndrc): «Visions and Actions on JointlyBuilding Silk Road Economic Belt and 21st Century Maritime Silk Road», Beijing, 28/3/2015, cap. iv, «Cooperation Priorities».
  • 10.En varios países europeos aparecieron en aquel entonces publicaciones que propagaban la fórmula. Una colección de historias cortas de M.P. Shiel (curiosamente, un mulato nacido en el Caribe), aparecidas en 1898 con el título El peligro amarillo en Inglaterra y EE.UU., adquirieron cierta fama.
  • 11.Martin Jacques: When China Rules the World: The End of the Western World and the Birth of a New Global Order, Penguin Books, Nueva York, 2009. Bajo el nombre de la «trampa de Tucídides», se critica a quienes hablan de la inevitabilidad de una guerra entre China y EE.UU. Tucídides, un historiador del siglo v a. C., afirmó que fue el ascenso de Atenas, combinado con el miedo que suscitó en Esparta, lo que hizo inevitable la guerra. El año pasado, Rand Corporation publicó un estudio que había realizado por encargo de las Fuerzas Armadas de EE.UU. en el que se llega a la conclusión de que tal confrontación sería mucho más devastadora para China que para EE.UU.: China perdería 25%-35% de su PIB, en cambio eeuu, solo 5%-10%. Además, se pondría en cuestión la estabilidad interna del Estado chino. Ver Graham Allison: Destined for War: Can America and China Escape the Thucydides Trap?, Houghton Mifflin Harcourt, Boston-Nueva York, 2017; David C. Gompert, Astrid Stuth Cevallos y Cristina L. Garafola: War with China: Thinking Through the Unthinkable, rand Arroyo Center, Santa Mónica, 2016
  • 12.La transformación de un país orientado hacia adentro, receptor de inversiones extranjeras, a un país económica, comercial y diplomáticamente activo en todo el mundo ha sido guiada por la estrategia de salir al extranjero (going out, zou chuqu). Aravind Yelery: «China’s ‘Going Out’ Policy: Sub-National Economic Trajectories» en ics Analysis No 24, 12/2014.
  • 13.Con excepción de conflictos fronterizos menores y su participación en el conflicto internacional en Vietnam (1965-1969), China no ha recurrido a medios militares fuera de su frontera. Pero últimamente su actitud expansionista en el conflicto por las fronteras en el Mar de la China Meridional ha dado razones para poner en duda la apacibilidad de sus intenciones.
  • 14.Nadine Godehardt: «Chinas Ankunft in derWelt. Chinesische Außenpolitik zwischen Anspruchund Wirklichkeit» en giga Focus No 1,2011.
  • 15.Las connotaciones de seguridad de la IFR son analizadas en un estudio reciente que realizó la Ebert junto con el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Richard Ghiasy y Jiayi Zhou: «The Silk Road Economic Belt: Considering Security Implications and eu-China Cooperation Prospects», fes / sipri, 2/2017.
  • 16.Asian Development Bank Institute: Infrastructure for a Seamless Asia, Tokio, 2009.
  • 17.Gavin E.R. Wilson: «The Challenge: Can Blended Finance Increase the Scale and Sustainabilityof Finance for Development» en OCDE: Development Co-operation Report 2016. The Sustainable Development Goals as Business Opportunities, ocde, París, 2016.
  • 18.Zhao Hong: «China’s One Belt One Road: An Overview of the Debate» en Trends in Southeast Asia No 16, 2016, p. 9.
  • 19.Cf. R. Ghiasy y J. Zhou: ob. cit.
  • 20.Miller sostiene que una buena parte del financiamiento de proyectos en el contexto de la IFR son créditos que rinden 5%-6%. Invertir las reservas en moneda extranjera en bonos gubernamentales norteamericanos arrojaría ganancias sustancialmente menores. T. Miller: ob. cit.
  • 21.Ver T. Miller: ob. cit., pp. 176-177, que utiliza fuentes de la administración china.
  • 22.Atif Ansar, Bent Flyvbjer, Alexander Budzier y Daniel Lunn: «Does Infrastructure Investment Lead to Economic Growth or Economic Fragility? Evidence from China» en Oxford Review of Economic Policy vol. 32 No 3, 2016; B. Flyvbjerg y Cass R. Sunstein: «The Principle of the Malevolent Hiding Hand; or, the Planning Fallacy Writ Large» en Social Research vol. 83 No 4, invierno de 2016.

La primavera macrista

octubre 10, 2017

gráfico

El clima (meteorológico) es desparejo. Como siempre en Buenos Aires para la primavera (pasa lo mismo en la mayor parte de la zona templada del planeta). Pero si uno se guía por los medios locales masivos, el cielo está despejado y la brisa trae confianza y esperanzas (Apenas, muy de vez en cuando, Clarín y La Nación apuntan a alguna nubecita oscura. No la misma).

Por eso me parece útil acercar este detallado análisis de la situación actual. Es de Guillermo Moreno y Norberto Itzcovich, y estrictamente técnico, desde su consultora. Está destinado a empresarios y economistas. Después de todo, Moreno mismo apunta que la prioridad de los empresarios en esta situación debe ser mantener sus empresas.

Por mi parte, me permito hacer una acotación política, la misma que hacía recién a un comentarista:  El odio, la bronca, las ilusiones, los prejuicios ideológicos son factores muy poderosos en la decisión del voto. Pero no son más fuertes que el bolsillo cuando duele en serio. Los que fueron gravemente perjudicados por este gobierno, votan contra Macri. Punto. Y son muchos.

Lo que aparece en las encuestas y en las redes es que no son una mayoría decisiva (aún…). Puede ser entonces que la oposición cometa un error si juega solamente la carta de “que nos voten los perjudicados”. Por ahora, se necesita algo más para ganar.

Después de todo, también Moreno ha hablado del “voto préstamo”. Una reminiscencia del “voto cuota” de los años de Menem.

“En el trato cotidiano con los agentes económicos, resulta difícil entender el porqué de sus lamentaciones a la luz de algunos datos macroeconómicos de crecimiento de la economía. El estancamiento o caída de ventas que buena parte de las cámaras empresariales informa mes a mes, no se corresponde con la mejora de la actividad que informan las fuentes oficiales.

Si bien la heterogeneidad de los comportamientos de los sectores podría explicar en parte tal divergencia, resultaría por demás extraño que fuera azaroso que los que padecen dificultades las comuniquen y dejen de hacerlo aquellos a quienes ello no le sucede.

Es pertinente entonces invertir el interrogante y examinar el problema formulando la pregunta de modo inverso: ¿es compatible el crecimiento de la actividad informado por las estadísticas oficiales con la realidad cotidiana de los diversos sectores económicos?

El pasado 21 de agosto preguntábamos desde esta misma columna “¿Hay brotes verdes en la economía?” La duda distaba de ser caprichosa: a pesar de las numerosas declaraciones de los más altos funcionarios gubernamentales y de las “buenas noticias económicas” que la mayoría de los medios de comunicación proporcionaba, el pulso de la economía tomado a partir de la interlocución con los agentes económicos (tanto empresarios como dirigentes sindicales), indicaba que el estancamiento no daba signos de disipación para la mayoría de las actividades, situación similar a la de estos días.

En aquel momento echamos mano a los datos disponibles, buscando aislar los factores nominales (precios locales e internacionales, tipo de cambio, tasas de interés, etc.), para verificar el comportamiento de la producción física, al menos en las ramas de actividad en las que ello fuese posible. Se evidenciaba que, aún en los sectores más dinámicos, los niveles de actividad se mantenían en torno a los del año anterior y en ningún caso alcanzaban los desempeños de 2015.

Entonces nuestro análisis se basó en las estimaciones de actividad, es decir las mediciones de las producciones físicas, pero mediadas por la elaboración estadística. En esta oportunidad, iremos a un nivel más básico aún, el de las metodologías aplicadas, que permiten obtener los resultados a partir de estimaciones en algunos de los sectores.

Las estimaciones y su impacto en el cálculo de la actividad económica

Efectivamente, según las últimas mediciones oficiales publicadas, en el primer semestre del año el Producto Interno Bruto (PBI) de la Argentina creció 1,6% con respecto a igual período de 2016. Este resultado se obtiene si se suman, en el período analizado, los valores agregados estimados para cada uno de los 16 sectores en los que las cuentas nacionales clasifican la actividad económica (por ejemplo: “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura”; “Pesca”; “Explotación de minas y canteras”; “Industria Manufacturera”; “Electricidad, gas y agua”; “Comercio mayorista, minorista y reparaciones”; “Transporte y comunicaciones”; entre otros), y a ello se le suman los impuestos a los productos (restados los subsidios).

La suma del PBI más las importaciones constituye la Oferta Global de bienes y servicios de la economía, que inexorablemente tiene que ser idéntica a la Demanda Global, donde la producción puede ser consumida o constituir inversiones (incluyendo la variación de existencias), ya sea por parte del sector privado o el público, o puede tener destino en el exterior (exportaciones).

Para llegar a esa identidad, según cifras oficiales, el consumo privado (el componente más importante de la demanda por su peso) tuvo un incremento del 2,4% en el primer semestre del año. Ocurre que, violentando todo criterio basado en el sentido común, el gobierno atribuye parte de ese crecimiento a los “gastos de turismo en el exterior”.

En ese marco resulta lógico que ese guarismo sea disonante con las opiniones de los actores económicos de los diferentes rubros y amerite un análisis más detenido del cálculo oficial.

Y en efecto, al ahondar en los conceptos que se toman en cuenta al realizar las estimaciones de distintos sectores de actividad, comienzan a aparecer situaciones extrañas, no atribuibles a adulteraciones intencionadas sino a efectos no deseables de los procedimientos de cálculo sobre el resultado final.

Primer efecto: para medir las actividades de “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura”, que en el semestre crecieron 4,8% según la metodología oficial, se utilizan las estimaciones provistas por el Ministerio de Agroindustria. Ocurre que estas sobreestimaron la producción agrícola de la campaña 16/17, que no fue de 137 millones de toneladas, sino de aproximadamente 126 millones. Es decir que el subsector, que tiene un peso en el PBI de más del 8%, no creció 11,4% como se estimó oficialmente, sino apenas un 2,2%.

Pero este menor crecimiento repercute, de manera relevante, en los sectores de transporte y de comercio, cuyo aumento o disminución se asocia linealmente a los volúmenes de producción, y que pesan aproximadamente 5,3% y 11,4% en el PBI, respectivamente.

Recalculando el impacto en estos tres sectores de las estimaciones más certeras y actualizadas sobre la producción agrícola, el crecimiento de la economía en el semestre ya no sería aquel 1,6% anunciado, sino que se acercaría al 1,1%. Pero hay más.

Segundo efecto: si bien la actividad del sector “Minas y Canteras” bajó 6,1% en el semestre, la metodología de cálculo sostiene que, para la extracción de minerales metalíferos no ferrosos, excepto minerales de uranio y torio, la estimación se realiza a través de un índice de ocupación en base a información del Sistema Integrado Previsional Argentino. Es decir que, si la mina de oro más importante del país detuvo sus actividades durante un período, como efectivamente ocurrió, es obvio que en ese lapso no produjo nada aunque ello no se evidencie en el cálculo de las cuentas nacionales ya que para estas, en la medida en que no hubo despidos, siguió produciendo.

Tercer efecto: respecto del sector “Pesca” se plantea un interrogante. Si las exportaciones crecieron 6% en el semestre y la producción lo hizo un 24,3%, entonces debió haber subido de manera significativa el consumo de pescado en el mercado doméstico. Los operadores del sector no coinciden en ese diagnóstico.

Cuarto efecto: en el sub sector comunicaciones, específicamente en lo referido a la telefonía, las líneas de teléfonos celulares se adicionan mes a mes, permaneciendo en los registros con independencia de si están activas o no. Así se contabilizan 62 millones de líneas activas, un promedio de casi 1,5 teléfonos celulares por persona, tomando la totalidad de la población, guarismo un tanto extravagante. Tal procedimiento se repite en relación a la telefonía fija.

Podríamos seguir analizando y describiendo cada una de las imprecisiones que se plantean a la hora de realizar el cálculo del comportamiento de la actividad económica, no por intencionalidad de quienes lo hacen, sino por las propias formas en las que dichas estimaciones son concebidas, pero la presentación de algunas en este artículo es evidencia suficiente.

Si bien en algunos de los sectores descritos es difícil cuantificar las inexactitudes cometidas, el resultado, agregando todas ellas, arroja una variación del PBI en el primer semestre de 2017, con respecto a igual período del año anterior, inferior al 1%.

Y ese porcentaje resulta a su vez compatible con la ecuación macroeconómica descrita más arriba, con un incremento del consumo privado en el entorno del 1,5% y una participación de la inversión en el PBI de sólo 19,5%, todavía por debajo de la observada en 2015 (19,6%), y más acorde con las perspectivas reales de los diferentes actores económicos involucrados.

Esto se da en un marco de inconsistencia macroeconómica en el cual, entre otros ítems:

a) se duplicó el déficit fiscal total, que incluye el que deviene de Nación, provincias y municipios, y el cuasi fiscal generado por la política monetaria del Banco Central de la República Argentina, que correctamente medido será cercano al 11% del PBI,

b) sigue aumentando el precio de los alimentos por encima del nivel general de inflación, al igual que las tarifas, con el consecuente deterioro constante del consumo de las familias,

c) la tasa de desempleo alcanzó el 11% en los partidos del Gran Buenos Aires,

d) se llegó en ocho meses de 2017 a un saldo de balanza comercial negativo de u$s4.498 millones (que determinaría uno mayor a u$s6.000 al final del año),

y e) la cuenta corriente de la balanza de pagos se proyecta para el corriente con un déficit en el entorno de los u$s30.000 millones.

Resulta evidente que el camino emprendido por el gobierno no es el correcto si se desea arribar a un crecimiento sostenido de la economía. Y en vistas de que la distribución del ingreso medida oficialmente por el coeficiente de Gini empeoró, mucho menos el sendero que deposite a nuestro país y su pueblo en el logro del objetivo de un desarrollo sustentable.

En síntesis: las percepciones de los agentes económicos, divergentes de las declaraciones de funcionarios y de los informes oficiales y periodísticos, resultan ser las más realistas. El crecimiento es mucho más moderado que el que indican las estadísticas gubernamentales, así como lo son las perspectivas de los negocios hacia el futuro inmediato, ya que no se avizoran mejoras en la demanda externa y mucho menos en la interna. Lo mismo sucede en cuanto a la percepción de las familias, coincidente con la de los agentes de la economía real, por la caída del PBI per cápita. Dado que desde 2015 la población continuó creciendo (2,1%) mientras que disminuyó el PBI (1,2%), el deterioro es de 3,3% menos de la producción para cada uno de nosotros.

Es claro que, si hay menos bienes y servicios disponibles y a la vez la distribución del ingreso empeoró, el menoscabo necesariamente se concentró en los sectores más vulnerables. Queda pendiente, para otra ocasión, analizar si efectivamente bajó la pobreza”.


El presupuesto de la unidad

octubre 9, 2017

71408_instituto-independencia

Tal vez los lectores no muy politizados -si hubiera alguno- pueden pensar que en este blog se está amolando demasiado con el tema de la unidad del peronismo. Créanme, no es nada comparado con la preocupación que embarga a los dirigentes con responsabilidades. En especial, la responsabilidad de su propia estrategia.

Los que apostaron a encontrar su identidad en diferenciarse de Cristina Kirchner -desde 2013, Sergio Massa, y este año Florencio Randazzo, y los no pocos políticos peronistas que vieron ahí un espacio posible para crecer, en Buenos Aires y en el resto del país- hoy están recalculando: Parece que el voto anti K ya lo suma el Mauricio.

Y Unidad Ciudadana y el “cristinismo” enfrentan la necesidad de sumar a los votantes no “propios”. Una tarea que hasta este año no habían encarado -salvo Agustín Rossi- y que todavía les resulta difícil. (No los ayudan tampoco algunos de sus militantes convencidos que la culpa es del pueblo, tan imbécil que no se da cuenta de lo maravillosos que son).

Como sea, quiero acercarles un esfuerzo en la línea de la unidad, en este reportaje de Tiempo a mis amigos del Instituto Independencia. Doblemente interesante, porque empieza a tratar el tema del proyecto de Presupuesto para el 2018 que preparó el gobierno nacional. El Congreso, con mayoría peronista si se suman todas las versiones, deberá tratarlo. Y eso toca a todos los peronistas. Y a todos los argentinos.

“El proyecto de presupuesto 2018 encendió todas las luces rojas de la galaxia justicialista. El texto que vienen analizando economistas ligados a todas las facciones del peronismo -desde el Frente Renovador al cristinismo de Unidad Ciudadana, incluyendo a los gobernadores, a los gremialistas y a los intendentes del GBA- contiene hipótesis y esboza objetivos que generan mucha inquietud en el conglomerado del PJ.

El presupuesto, junto a la Ley de Responsabilidad Fiscal, establece como prioridad la reducción del déficit. Para eso propone un fuerte recorte de los gastos del Estado Nacional (reducción de subsidios) y una trasferencia del ajuste a las provincias, a través del freno en el envío de salvatajes financieros para las cajas de jubilaciones transferidas, entre otros objetivos. Al mismo tiempo, dada la crisis de la generación de dólares genuinos por exportación (la Argentina atraviesa su déficit comercial más alto de los últimos 27 años), el gobierno de Cambiemos pretende seguir financiándose con un mega-endeudamiento que también es récord.

El escenario que se avecina incluye otras dos amenazas para los gobiernos provinciales, salvo el de Buenos Aires: la posibilidad de que la Corte Suprema reinstaure el Fondo de Reparación Histórica del conurbano, y la prórroga del impuesto al Cheque, cuya recaudación el Ejecutivo pretende distribuir en beneficio del Estado central y con perjuicio de los gobiernos provinciales.

Para los especialistas que siguen de cerca estos temas, sobre todo desde el peronismo en su condición de principal fuerza opositora, hoy disgregada, los riesgos que encarna el paquete de leyes del macrismo forzarán a toda la dirigencia del partido a reagruparse y a actuar en conjunto. Esa es la conclusión, por ejemplo, de los miembros del Instituto Independencia, centro de estudios, análisis y acción política, y que se propone como meta máxima la reunificación del peronismo.

En esta entrevista con Tiempo, tres de los miembros de la mesa directiva del Instituto Independencia analizaron el debate que se viene. Se trata de Daniela Bambill, presidenta; el economista Roberto Feletti, quien además es secretario de Hacienda de la municipalidad de La Matanza, y el abogado Pedro Biscay, especializado en combate al lavado de activos y fraude financiero, desplazado hace dos meses del directorio del Banco Central a través de un decreto.

En el Instituto Independencia creemos que el debate del presupuesto 2018 es una herramienta para sentarse a conversar con todos los compañeros del peronismo. Este proyecto de presupuesto, que es un programa de gobierno explicitado, afecta por igual a gobernadores e intendentes. Los perjudica en la gobernabilidad de sus administraciones. Es un proyecto que está en las antípodas doctrinarias del peronismo. Por eso, visto los objetivos del Gobierno, pensamos que las condiciones para que haya una reunificación (del peronismo) están dadas”, sintetizó Bambill en el inicio de la charla.

-¿Qué piensan del proyecto de presupuesto que presentaron Dujovne y Caputo?
.
Feletti: -Sobre el proyecto de ley de presupuesto 2018 voy a decirle algo muy importante: uno de los planteos que hace Unidad Ciudadana, espacio al cual, por supuesto, pertenecemos, nos referenciamos y apoyamos, es el ajuste que viene. Puede sonar como que estamos pronosticando, otra vez, ‘la campaña del miedo’. Que tan errada no estaba. Pero cuando uno se mete en el presupuesto 2018 es un documento público que habla del ajuste que viene. Es un documento público que tiene objetivado los ejes del ajuste que quieren aplicar: estará dado por el retroceso del gasto público, por la caída de los subsidios, sobre todo en energía, por la caída de las transferencias a las provincias. Por un congelamiento del gasto público en términos reales: que no aumente por arriba de la inflación. Otra de las razones que explican el ajuste estructural que buscan implementar es que ellos plantean un escenario de expansión económica basado en la inversión. Dicen que el Producto Bruto va a crecer 3,5% y que lo va a arrastrar la inversión, que según ellos en 2018 crecerá un 12%. Pero algo así no pasó nunca en la Argentian desde el año ’61, durante el gobierno de (Arturo) Frondizi.
.

-¿Es pensamiento mágico?

Feletti: -Es pensamiento mágico y es encubrimiento de que quieren un Estado más chico. Acá queda claro que el gobierno nacional pretende atacar dos supuestos puntos importantes del déficit: el previsional y las provincias. Y, para las provincias, esto se acompaña con la Ley de Responsabilidad Fiscal: que les congela el gasto y les expropia el poder tributario delegado. Las obliga a que regulen su tasa de ingresos brutos. Les expropia su autonomía tributaria. En la Ley de Responsabilidad Fiscal se establece claramente que tienen que coordinar con el Ejecutivo Nacional: en términos de bases imponibles, alicuotas y demás. Otra cosa, además: la Casa Rosada ya demostró dos señales complicadas para las provincias: la primera es la distribución primaria de coparticipación. Le dio 3 puntos más a la ciudad de Buenos Aires, que los sacó del Tesoro Nacional. La segunda, es el fallo que tiene previsto la Corte, y del cual dicen que ya está redactado: pretende restablecer el Fondo del Conurbano retrayendo plata de las otras provincias. La provincia de Buenos Aires tiene un fondo específico afectado que debería salir del Tesoro, no del resto de las provincias. El macrismo está previendo poner dinero en la Capital Federal, que ya lo ha hecho, y en la provincia de Buenos Aires. Son los lunes en los que gobierna. Y por fuera de la Pampa Húmeda, que se arreglen. Pero el equilibrio territorial del país descansa en que vos distribuyas de modo federal.

Bambill: -Aparte del análisis del equipo económico, en el Instituto hicimos un análisis político y coyuntural del presupuesto. Acá hay una realidad. En este presupuesto está planteado el programa de gobierno. El compañero que se considera peronista no puede, bajo ningún punto de vista, aprobar este proyecto de presupuesto. Porque es el neoliberalismo puesto en números. Por eso creemos que estamos ante una oportunidad, una herramienta, que nos permitirá sentarnos a charlar de puntos en común, a lo largo y a lo ancho del país, con los compañeros de todos los sectores. El peronismo hoy es un amplio abanico. No hay una sola forma de peronismo. Nosotros trabajamos denonadamente por la unidad del peronismo, apostamos a la unidad. Y nos parece que el debate sobre el presupuesto es una herramienta perfecta.
.

-¿Quiere decir que la búsqueda de la unidad del peronismo se puede ver favorecida por este episodio, en el que podría gestarse un acuerdo puntual en el Congreso?

Bambill: -Claro. El Parlamento es una caja de resonancia de lo que pensamos, de lo que charlamos. En el Parlamento esta ley se va a discutir. Obviamente. Ahora, vamos a ver, dentro del amplio abanico que significa el peronismo dentro del Parlamento, y estoy incluyendo también al massismo -porque ahí tenemos compañeros sobre los cuales nadie puede negar su peronismo- cómo se va a terminar votando. Vamos a ver cómo se comportan los legisladores.
.

Feletti: – El presupuesto, efectivamente, puede ser una punta de acuerdo parlamentario. Sobre todo con el tema de las provincias, las cajas de jubilaciones provinciales, el Fondo del Conurbano. Unidad en acción. Porque si no los gobernadores y los intendentes van a tener que afrontar el ajuste. Y me hago cargo de lo que digo, como secretario de Hacienda de un municipio (por La Matanza). Resumo con una pregunta: ¿Macri puede avanzar contra la autonomía de las provincias, los derechos laborales y el sistema previsional todo a la vez? ¿Con 35% o 36% de los votos en todo el país? ¿Eso da para que el tipo embista de ese modo? Eso sí, intentarlo lo va a intentar. El punto es si lo logra y qué pasa en esa puja. Por eso decimos que el presupuesto es un broche de unidad para el peronismo.

-Uno de los datos que más circula en estos días es que el país está en una crisis de su sector externo muy fuerte, por caída de las exportaciones y suba constante de las importaciones. ¿Cómo se refleja eso en el presupuesto?

Biscay: -Detrás de esta noción presupuestaria, en efecto, se refleja una gran fragilidad institucional. Uno de los rasgos centrales del presupuesto, una fuerza motriz digamos, es el déficit comercial de la Argentina: hoy tiene una proyección de crecimiento que es récord. Es el déficit más grande de los últimos 27 años. Recién en el año ’94 encontramos un déficit comercial cercano al actual. La proyección de crecimiento del déficit comercial, para el año 2021, está en 7000 millones de dólares. Eso significa que la Argentina no tiene pensado en la planificación presupuestaria contar con dólares genuinos del sector externo para sostener las cuentas y el comercio internacional. Otro pilar de este presupuesto es el modelo de endeudamiento externo, que también es creciente. Ya estamos en 100 mil millones de dólares de deuda externa. Con un peso del pago de intereses que en el presupuesto 2018 ya está en 5 y pico sobre el PBI.

Feletti: -El resultado financiero negativo es del 6.2. Eso significa, dicho en criollo, que el peso del déficit, de los intereses, es 2.2 por encima del déficit primario. Pero eso es solo el sector público nacional. Falta agregar las provincias y el sector privado. O sea, hoy estamos en 3.2 o 3.3 de servicios de deuda que hay que poner todos los años. Eso explica el déficit de cuenta corriente, que se suma al déficit comercial, y que sólo podés financiar tomando deuda. Pero cuando se interrumpa el financiamiento externo se acaba todo…

-¿Cómo quedarán las provincias si se el presupuesto se llegara a aprobar sin cambios?

Biscay: -La pregunta es cuál es la sostenibilidad financiera de las provincias en el contexto de una Ley de Responsabilidad Fiscal de las provincias que supone que las provincias no gastan. Y que el gasto queda estrictamente controlado por la Nación. La proyección de mediano y largo plazo es que, o las provincias emiten también deuda externa, a pesar de que no generan dólares para pagar, o realizan a un ajuste fortísimo en las provincias. La otra opción es que las provincias, en un contexto de crisis social, empiecen a emitir monedas paralelas.
.

-Una pregunta puntual para Biscay, que fue director del Banco Central hasta hace dos meses. ¿Qué opina del envío de los lingotes de oro a la plaza financiera de Londres?

Biscay: -Los lingotes, o la posición de reservas en oro del Banco Central, han sido auditados durante los últimos años, porque forman parte del activo del Banco y por lo tanto los auditores internos y externos del Banco Central auditan el balance. Y también auditan la calidad de esas tenencias. Y son posiciones de buena entrega, como se llama comúnmente en la jerga del mercado del oro. Dicho en otros términos: el oro del BCRA es oro de buena calidad. Con certificado de buena entrega. Algo que el presidente del Banco Central, por lo menos a través de notas periodísticas, habría intentado negar. Por otro lado, el oro es un activo que cuenta con la garantía de inmediata liquidez, como lo establece la carta orgánica del Banco Central para el manejo de reservas. Las reservas deben ser siempre de inmediata liquidez están, fundamentalmente, para hacer políticas contra-cíclicas: evitar la inestabilidad financiera, frenar golpes de mercado. Eso es importante en este escenario internacional, con incertidumbre política a nivel global. Hay un escenario económico que avizora una fuerte inestabilidad de monedas para el futuro cercano. Por todo esto, y en este contexto, yo creo que el oro es una reserva de valor que el país debería conservar. No me parece prudente que el Banco Central se lance a una avalancha de inversiones complejas sobre operaciones relacionadas con el oro con el único objetivo de obtener algunos puntos de rendimiento mayor sobre reservas que tampoco se sabe si están garantizadas de antemano. Porque son operaciones que tienen un grado de riesgo. En definitiva, me parece irresponsable (el envío de los lingotes a Londres) y, además, creo que nos expone a embargos: porque sacar las reservas del país, indefectiblemente, genera riesgos”.

Jorge Castro y el otro proyecto

octubre 3, 2017

Dalí El niño geopolítico

Somos muchos los que tenemos formado un juicio con sesgo negativo sobre las afirmaciones de Jorge Castro (no se lo puede llamar un prejuicio, porque él expone sus ideas con vigor desde hace décadas, y se ha trenzado en largas discusiones).

El motivo de esta desvalorización no es sólo ideológico -un factor decisivo en las grietas argentinas. Es también su constante optimismo, que siempre ve una revolución en marcha victoriosa, aunque cambian las vanguardias que él aplaude: los EE.UU., la globalización en sí, la República Popular China… Pero es un error aprovecharse de los vaivenes de la actualidad (¿quién se salva de ellos?) y descartarlo. Castro está exponiendo, con inteligencia y muchos datos, el discurso de la globalización, que atrae a los que son exitosos en ese juego. O que creen que pueden serlo.

Por eso les recomiendo leer con atención este artículo de la revista Crisis. Ahí hace una exposición “pum para arriba” del mundo que se acerca en forma inevitable, según él. Y tenemos que conocerlo, aunque sea para defendernos.

Los que lo entrevistan a Castro lo cuestionan desde las ideas de la izquierda tradicional. Sin mucho empuje, creo. No importa. El desafío para los “nacionales” es saber si somos capaces, desde nuestros valores, de elaborar un proyecto igual de ambicioso y convocar a sumarse. Corear “Vamos a volver” parece que no será suficiente.

“J orge Castro apabulla. En un párrafo puede condensar más información que toda la que encontrarás en el resto de esta revista: “El único país que tiene relevancia mundial inmediata en la región es Brasil. Brasil representa el 74 por ciento del Producto Bruto del Mercosur, el 51 por ciento del Producto Bruto de América del Sur, la sexta economía del mundo, y es uno de los tres grandes países emergentes (junto a China y la India) que se convirtieron en el eje de la acumulación global durante los últimos quince años. En términos de PBI, el de Brasil es un poco superior al de la India pero allá hay 1200 millones de habitantes y Brasil tiene 230 millones. La relevancia mundial de Brasil la da el hecho de que en estos últimos seis años, que han sido de crisis económica, orgánica, estatal y societaria, ha recibido un promedio de 65 mil millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED). Y en 2017, año en que se agudizó la crisis política, la inversión aumentó de forma récord al punto que las estimaciones de los primeros nueve meses indican que va a recibir 87 mil millones de dólares de las empresas trasnacionales. Con estos números Brasil es hoy el tercer país del mundo en materia de atracción de inversiones, detrás de Estados Unidos y de China. Por eso, la crisis que experimenta Brasil tiene un significado global”.

Es uno de los analistas internacionales más sagaces que hay en el país. Dirige el Instituto de Planeamiento Estratégico. Y, obvio, conoce al poder bien de adentro. Sumergirse en la sencilla oficina que posee en la calle Perón, atestada de libros amarillentos, es como descender a la sala de máquinas del capitalismo, donde todo se mide en función del desarrollo, la productividad y la febril geopolítica de la globalización. En la ventana, detrás de su mesa de trabajo, cuelga un nudo místico chino, acaso un souvenir de alguno de sus siete viajes al gigante oriental vertebrado y vidente, “siempre invitado por el Partido Comunista”, aclara. El Pan Chang, así se llama el amuleto, protege contra los malos espíritus (que tal vez seamos nosotros).

Condenados al éxito

“La novedad de los gobiernos de Lula es que la economía brasileña creció en promedio 5,5 por ciento anual, el doble de crecimiento nominal que había tenido Brasil a partir de fines de la década del setenta. Esto se explica por la plena aparición de Asia en el mercado mundial, lo que provoca un boom en la demanda de commodities. Las únicas exportaciones de Brasil que han crecido en los últimos quince años son la soja y el mineral de hierro. Y más del ochenta por ciento de la soja y el mineral de hierro brasileño se dirigen a un solo mercado: China. Además, al haber dominado la hiperinflación gracias al Plan Real de Fernando Henrique Cardozo (FHC), este crecimiento les permitió transferir recursos a los sectores de menores ingresos. De ahí los planes sociales y la incorporación de más de cuarenta millones de brasileños que pasaron de una situación de extrema pobreza a una incipiente clase media, la denominada clase C. Esto es el fenómeno Lula”.

Sin embargo, durante los gobiernos de Dilma el crecimiento se congela.

—La crisis sobreviene en el segundo mandato de Dilma Rousseff. A partir de entonces Brasil tiene tres años consecutivos de recesión, la más profunda de la economía brasileña desde la década del treinta. En estos tres años la caída del producto ha sido de más del nueve por ciento.

¿Esa crisis responde a la caída del precio internacional de los commodities?

—Responde a la desaceleración de la economía china. Al disminuir la tasa de inversión en China, en especial en materia de construcción y urbanización, para hacer frente a la crisis financiera internacional de los años 2008-2009, Brasil perdió más del treinta por ciento del valor de sus exportaciones (sobre todo de mineral de hierro) en un plazo de dos años. Vale SA, una de las empresas más rentables durante los primeros diez años de este siglo, estuvo al borde de la quiebra.

Además de agronegocios y mineral de hierro, ¿hay algún otro sector dinámico en la economía brasileña?

—El estado de San Pablo es un dínamo desde el punto de vista productivo capitalista. Tiene un PBI superior al de Argentina. Pero está frenado y no logra arrancar. Brasil tiene 25 trasnacionales de envergadura, muy competitivas, muchas de ellas antiguas empresas estatales que se privatizaron durante el gobierno de FHC. Tiene una clase media extraordinariamente pujante, casi setenta millones de personas. Este año va a producir más soja que Estados Unidos. O sea, ya es el principal productor y exportador de soja del mundo. Pero Brasil está viviendo una transición histórica ineludible que va a demorar varios años más. Y el hecho clave será lo que suceda con su estructura industrial, cuya productividad es nula. Hoy Brasil está a la cuarta parte de su potencial.

¿Y hacia dónde va? ¿Cuál es el esquema productivo que se anuncia? 

—Vamos hacia la vinculación de la estructura industrial manufacturera (que es la mayor de América Latina) con el sistema integrado trasnacional de producción. Porque lo notable es que la inmensa mayoría de los 87 mil millones de dólares que Brasil recibe este año de IED están orientadas a industrias que producen para el mercado interno brasileño. Entonces, el punto crítico es que para incorporarse a las cadenas trasnacionales de producción tienen que bajar el costo Brasil.

Por eso apuraron la reforma laboral.

—No me refiero tanto al costo laboral. El sistema brasileño está pensado para evitar competir en el mundo. La inversión pública prácticamente es inexistente, aunque el gasto público es el mayor de América Latina, por encima de Argentina. Pero el 98 por ciento de los recursos del Estado se utilizan para satisfacer los gastos de la alta burocracia. En Brasil, la clase privilegiada no es la burguesía paulista sino la alta burocracia del sistema estatal.

Crisis de verdad

Dice Castro, en su libro El desarrollismo del siglo XXI, que en política no importan las ideas sino las estrategias. La frase podría leerse en espejo con otro manual del neoliberalismo sudamericano, La política del siglo XXI, de Jaime Durán Barba. Pero si el ecuatoriano reconoce como amo y señor de la posmodernidad a la opinión pública, nuestro sinólogo dice que la única verdad es “el sistema integrado trasnacional de producción” (y señala con el dedito hacia el cielo). Una “iluminación general” que le da sentido a la época. Y la estrategia es el arte de enganchar nuestros fértiles territorios al maravilloso tren de la prosperidad capitalista. No parece una tarea fácil.

“En este momento, el sistema político brasileño está concentrado en su crisis interna. El presidente Michel Temer prácticamente no viaja al exterior. No hay condiciones para elaborar un pensamiento estratégico de mediano plazo, hasta que Brasil no resuelva su crisis interna de carácter orgánico. El Lava Jato obliga a una modificación de raíz del sistema político. La corrupción en Brasil tiene un carácter sistémico. Es la forma de vinculación entre el gran capital brasileño y el Estado desde la década del treinta en adelante. En la lista de Odebrecht no escapa ninguno de los partidos ni dirigentes, ninguno de los ex presidentes, tampoco Fernando Henrique Cardoso. El sistema político necesita encontrar una forma de financiamiento distinta a la que tiene. ¿Lo conseguirá? No sabemos. Por lo pronto, el gobierno de Temer tiene siete por ciento de respaldo en la opinión pública, y sin embargo posee un dominio abrumador del parlamento. Lo notable es que estén logrando gobernar en estas condiciones. Y que estén aprobando reformas fundamentales”.

¿No te parece un signo de interrogación profundo sobre la democracia contemporánea?

—Más que en términos de democracia, yo tiendo a pensar en términos de sistemas políticos. El sistema político vincula el centro de decisión del Estado con la red de intereses tanto nacionales como internacionales que caracterizan a un país determinado. En Brasil hay una crisis del sistema político que tiene un carácter orgánico. Lo que ocurre es que el sistema político no depende de la opinión pública.

¿Cómo afectó a la Argentina y a Brasil la victoria de Trump?

—En la pantalla de intereses de Trump el término América del Sur no existe. Ni siquiera Brasil. Hay una sola preocupación que es México, la renegociación de los términos del NAFTA. Desde el punto de vista del comercio internacional argentino, Estados Unidos está en el cuarto o quinto lugar. La vinculación fundamental que Argentina tiene con el sistema mundial es vía Asia. El principal inversor extranjero directo en Argentina es China. Hay un punto de profunda continuidad entre los gobiernos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, que es la relación privilegiada en términos estratégicos con China. Macri firmó en el marco de su visita de Estado a China por 28 mil millones de dólares, y se está negociando un segundo tramo por 35 mil millones de dólares más.

Trump, Temer, Macri. ¿Es un poco pobre el panorama de los líderes en el continente?

—Mirá, yo tiendo a pensar que los jefes de Estado carecen de aparato psíquico. Son sistemas de relaciones de fuerza. Su función es interpretar el momento histórico. Lo que tiene que saber un dirigente es para dónde va la realidad. Esa es la única verdad, en el sentido hegeliano.

El zorro rocca

Mientras el analista se pone minucioso con la historia de Brasil, disecciona los gobiernos militares, rememora con admiración al Barón del Río Branco y hasta recuerda que el imperio portugués se manejaba desde Río de Janeiro, nosotros hacemos malabares para desviar su atención hacia el segundo país más relevante del área. Pero Jorge Castro no cree en los análisis políticos comparados. “La Argentina es otro mundo en el sentido estricto del término. Brasil es un país de elites, Argentina es un país bárbaramente democrático, profundamente democrático: por eso, sin instituciones. En Brasil hay instituciones, sobre todo la parlamentaria”.

¿Cómo ves la inserción de Argentina en el mercado mundial?

—Lo propio de Argentina es la fuga masiva de capitales. La última estimación del Banco Central indica que hay 250 mil millones de dólares que los argentinos tienen fugados adentro o afuera. Distintos estudios indican que en realidad la cifra es superior. Porque a lo que tienen en cajas de seguridad o en paraísos fiscales se le suma lo que está invertido afuera. En total son más de 400 mil millones de dólares. Prácticamente un PBI. La Argentina es un país extremadamente rico en términos de disposición de recursos, lo que pasa es que ese capital no se utiliza para invertir. Macri tomó dos medidas trascendentes en diciembre de 2015, cuando unificó el mercado cambiario y eliminó las retenciones, o las bajó en el caso de la soja, lo que permitió el despliegue del potencial agroalimentario del país, que es uno de los tres más importantes del mundo. El resultado es que este año, 2017, la cosecha de granos será de 137 millones de toneladas, la mayor de la historia. El sector agroalimentario, que incluye a gran parte de la industria argentina, está creciendo a una tasa del ocho por ciento anual. En frente, Argentina tiene un mercado mundial que duplicará la demanda en los próximos veinte años.

Sin embargo, la famosa lluvia de inversiones no llega.

—La tasa de inversión en la Argentina es un quince por ciento del PBI. Sin embargo el país tiene el más alto índice de ahorro individual de América Latina. Tenemos un ahorro gigante y una tasa de inversión escueta. Con una tasa de inversión de estas características no creceremos, yendo muy bien las cosas, más del tres por ciento anual. La razón no es de orden cultural, ni psicológico, ni biológico, no hay un código genético errado de los argentinos, ni nada de lo que se dice tan apasionadamente en las redacciones de los diarios. Si no viene IED a la Argentina, no es porque están esperando qué va a pasar en la Provincia de Buenos Aires con Cristina Kirchner. ¡No es así! No vienen porque el costo de invertir en Argentina es elevado y por lo tanto la rentabilidad de esas inversiones es baja. Además, la demanda está en una etapa recesiva o depresiva incluso. Hay solo dos sectores donde la tasa de retorno no solo justifica sino que atrae más inversiones: uno es el agroalimentario, por eso el año pasado el campo invirtió, con recursos propios por supuesto, más de sesenta mil millones de dólares en su reproducción. ¿De dónde lo sacaron? De ese fondo común que tienen los argentinos en el exterior. Porque no vino un peso del sistema financiero. Los bancos en la Argentina, por definición, no prestan. El segundo sector es Vaca Muerta. Paolo Rocca, titular de Techint, anunció un programa de inversiones por 2300 millones de dólares en el desarrollo de los recursos gasíferos.

Después de los acuerdos con los sindicatos para bajar salarios.

—Para bajar el costo de producción, no los salarios. En el viaje de Macri a Estados Unidos, la entrevista con Trump no tuvo la menor relevancia; el tema de los limones, con el respeto de los tucumanos, no tuvo la menor importancia; la clave fue la visita con Rocca a Houston, Texas, para hablar de un solo tema: Vaca Muerta. El año pasado ya se invirtieron más de cinco mil millones de dólares en la cuenca neuquina; este año entrarían entre seis y ocho mil millones; el cálculo de Aranguren es que en el 2021 o 2022, cuando el sistema productivo se despliegue, la Argentina va a recibir (y coincide Paolo Rocca) 22 mil millones de dólares por año solo para Vaca Muerta.

¿Y la gente cómo llega al 2022?

—El problema es el siguiente. En el mes de octubre de este año hay una sola elección nacional en Argentina, y es en la provincia de Buenos Aires. ¿Por qué es la única elección nacional? Porque Buenos Aires no es solo la provincia más grande, es además la contracara del poder nacional. Hay una razón política, demográfica, sociológica: en seis partidos del conurbano con eje en la Matanza, fáciles de identificar porque tienen más de la mitad de su población con las necesidades básicas insatisfechas, se concentra el cuarenta por ciento de la pobreza del país. Y ahí Cristina Kirchner tiene cerca del cincuenta por ciento de los votos.

El reverso de mao 

Castro lleva sesenta años estudiando un único tema. “Silvio Frondizi fue mi maestro. A él debo, desde los quince años, lo poco o mucho que he logrado aprender en materia de conocimiento político y hacia él manifiesto mi gratitud y reconocimiento”. No se trata de un mentor cualquiera, sino de uno de los más lúcidos intelectuales marxistas del siglo veinte, fundador del grupo Praxis, asesinado por las Tres A en 1974. La sólida formación del discípulo no fue impedimento para una carrera política zigzagueante, quizás errática. De sus coqueteos con Onganía al entusiasmo con Menem, de quien llegó a ser secretario de Planeamiento Estratégico. A veces, decía Confucio, una pequeña impaciencia puede arruinar un gran proyecto.

¿Te considerás marxista?

—Me resulta muy difícil pensar que exista una persona inteligente, culta, educada desde el punto de vista político, económico y social, que no tenga formación marxista. El teórico más importante del sistema capitalista fue Marx.

Sin embargo muchos de tus colegas dicen que el neoliberalismo refutó a Marx.

—Bueno, cada uno dice lo que cree. Pero el asunto es el siguiente: no es verdad que exista algo así como una contienda entre las distintas corrientes doctrinarias. Raymond Aron decía que el debate ideológico es pluri-monoteísta. Nadie discute con el otro, solo se discute con la realidad de las cosas.

Políticamente, ¿cómo te definirías?

—Peronista.

Si yo te digo que tu posición política es neoliberal, ¿cómo te suena?

—Se puede decir cualquier cosa. Yo tiendo a pensar que la conducción del Partido Comunista Chino no es neoliberal. A lo mejor estoy equivocado, no estoy suficientemente informado, pero hay 300 millones de personas en China que accedieron a la clase media. Es la población norteamericana. El ingreso per cápita de esa franja es entre 45 y 55 mil dólares anuales. El año pasado los turistas chinos al exterior fueron 135 millones, gastaron por viaje y por cabeza 8870 dólares cada uno, por encima de los niveles alemanes y norteamericanos. El objetivo del gobierno chino, del presidente Xi Jinpin, muy neoliberal él por cierto, es terminar en el 2020 con los residuos de pobreza, que son 57 millones según los términos del Banco Mundial. Hay que tomar en cuenta que en 1978, cuando Deng Xiaopin, que era neoliberal también pero había sido comisario político de la Larga Marcha (¿te das cuenta?), abre el sistema al capitalismo los pobres de China eran más de 800 millones.

¿Pero no es raro ser marxista y pensar que el capitalismo es lo mejor que le puede pasar a la humanidad?

—No, yo les sugiero que lean las dos páginas iniciales del Manifiesto Comunista. Lo que ha hecho el capitalismo como sistema no tiene comparación, en términos de creación de riqueza, de cultura y de civilización.

También es un sistema basado en la explotación y la producción de injusticias.

—Yo tiendo a pensar lo que dice Rosa Luxemburgo: hay una sola cosa peor que ser explotado por el capitalismo, estar afuera es lo verdaderamente crítico.

Te respondo con una de Hannah Arendt: el problema de los que eligen el mal menor es que rápidamente se olvidan de que eligieron el mal.

—La verdad que no sé qué decirte, porque nunca leí a Hannah Arendt.

¿Pero por qué creés que tus maestros, desde Marx hasta Silvio Frondizi, pasando por Rosa, dedicaron su vida a luchar para destruir al capitalismo?

—Yo no creo que esa lucha haya sido para destruir al capitalismo, creo que ellos querían hacer la revolución. Que no es lo mismo. Ellos eran muy críticos del sistema capitalista, basados en su conocimiento y su reconocimiento. Y resultó que el capitalismo era capaz de volver a crecer, porque su nivel de productividad era superior. Ahora el socialismo sobrevive en el sistema chino”.


A %d blogueros les gusta esto: