Trump y la globalización

septiembre 12, 2017

Con su capital político lastrado (la aprobación de Trump ronda el 35 %, un desplome sin precedentes a tan poco tiempo de haber asumido), resulta difícil pensar en este momento que tendrá posibilidad de buscar dar valores concretos al lema “América primero”, de intencionales resonancias aislacionistas, con el que se impuso en las elecciones. Pero esta prematura crisis de Trump, y un eventual fracaso de su gobierno, no permite asegurar que se calmará el mar de fondo que lo puso en el poder en primer lugar.

El big business ante el “América primero”

Leo Panitch y Sam Gindin analizan en La construcción del capitalismo globa, cómo el Estado norteamericano fue clave para establecer y sostener el orden mundial de posguerra, y la internacionalización a ritmo redoblado desde los años ‘80. La reducción de barreras para la circulación de capital en todo el mundo y la apertura de nuevos espacios para la valorización, se lograron mediante una agresiva intervención de los EE. UU. y el resto de las potencias imperialistas, apoyada en organizaciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y la Organización Mundial del Comercio que lo reemplazó en 1994.

La internacionalización de las últimas décadas tuvo como novedad que produjo una estructura productiva internacionalizada.

Las empresas trasnacionales descompusieron la cadena productiva, radicando cada eslabón en aquellas locaciones donde los costos o el acceso a los mercado u otro factor lo hicieran ventajoso, dando lugar a las Cadenas Globales de Valor (CGV). Como señala François Chesnais, estas corporaciones desarrollaron …un “espacio” global integrado marcado por una complicada malla de “mercados internos” asegurando el flujo de productos, know-how, recursos financieros y en menor medida de personal dentro de los límites de la corporación […] Los “mercados internos” de las empresas trasnacionales se extienden por encima de los límites nacionales y esquivan muchas regulaciones gubernamentales. Desde los años ‘80 en adelante han moldeado de forma creciente el patrón del comercio exterior.

Para darse una idea del peso alcanzado por el entramado del capital trasnacionalizado en la economía mundial, la UNCTAD estima que el 80 % del comercio está vinculado a las redes establecidas por este, ya sea por el comercio intrafirma u otras formas de vinculación con subsidiarias.

Pero el proceso excede a las CGV. La concentración y centralización del capital, que se lleva a cabo cada vez más en el plano global y en la cual la globalización de las finanzas jugó un rol clave, produjo vinculaciones corporativas de una complejidad sin precedentes. Un estudio identificó 1.318 firmas trasnacionales con participaciones accionarias cruzadas, que llegaban a ser propietarias colectivamente de las mayores firmas largamente establecidas en el mercado bursátil, representando nada menos que un 60 % de los ingresos globales. Dentro de estas, un grupo mucho más reducido, de 147 firmas, controla el 40 % de la riqueza dentro de la red. Esto da cuenta de un elevado grado de la concentración de la riqueza global, y también de la magnitud en que el grupo más poderoso de corporaciones se adueña de la riqueza planetaria. Este capital tiene su origen mayoritariamente en los países imperialistas aunque incorpora de forma asociada y mayormente subordinada a sectores del capital de las economías “emergentes”. Pero la circulación y valorización del mismo se desarrolla en el plano global, y buena parte de los frutos de la misma terminan en plazas offshore.

El big business estadounidense, que forma parte de este entramado transnacionalizado, salió prácticamente ileso de la crisis (a fuerza de salvatajes públicos y de descargar los costos sobre los trabajadores y sectores populares) y retomó desde entonces el accionar rapaz que le permitió un astronómico crecimiento en la proporción de riqueza que se apropia. En su mirada, así como en la del entramado de CEOs, intelectuales y políticos que conforman la elite globalizada que circula por el Foro de Davos, las cumbres del G20, y las reuniones del FMI, BM, la única alternativa posible es continuar como hasta ahora. Su agenda para el mundo apuntaba a una nueva ronda de tratados comerciales cada vez más ambiciosos en la garantía de los derechos del capital trasnacional, como los TPP (Acuerdo Transpacífico) y TTIP (Acuerdo de Comercio e Inversión Transatlántico).

La política económica de Trump, más allá de las contradicciones y falta de articulación que la caracterizan hasta hoy, choca de frente en varios aspectos con las aspiraciones de estas corporaciones. Es el caso de su retiro de los grandes acuerdos comerciales, y la idea de un impuesto transfronterizo que Trump debió archivar por falta de apoyo legislativo; este último solo podría recibir algún apoyo en tanto se limite su alcance a los productos finales vendidos en territorio estadounidense. Sí son bienvenidas las promesas de recortes impositivos para los capitales que regresen al país y el relajamiento de algunas reglamentaciones de protección ambiental, lo mismo que la intención de realizar amplios planes de infraestructura. Con pragmatismo, el sector corporativo respondió a esta agenda de beneficios de corto plazo, lo que mostró en un rally alcista de las acciones desde que asumió Trump, aunque el empantanamiento de la administración genera cada vez más dudas sobre la posibilidad de que algo de esto se concrete.

La grieta

La Gran Recesión profundizó la regresión social que acompañó desde los inicios a la reestructuración de los años ‘80, la cual desde el comienzo apuntaba a elevar la rentabilidad a costa del salario y las condiciones de trabajo. Con la crisis, se profundizó el deterioro en el empleo que se venía registrando ya desde antes. Mientras que el 60 % de los empleos destruidos durante 2008-09 en los EE. UU. eran de salario medio, el 58 % de los creados desde entonces han sido de salario bajo. En 2016, nada menos que el 25,7 % de los ocupados lo estaban en trabajos por los que percibían ingresos inferiores a la línea de pobreza. En los marcos de una economía anémica, este deterioro promete continuar. Después de haber tenido la mayor caída desde la crisis del ‘30, la economía norteamericana muestra desde mediados de 2009 la recuperación más débil desde la posguerra. La tasa de crecimiento promedio se ubica apenas por encima del 2 % hasta 2016. No sorprende que se haya disparado, entre los economistas mainstream, el debate sobre el estancamiento secular.

Mientras tanto, la deuda corporativa alcanzó niveles históricos récord del 45,3 % del PBI, superando el nivel alcanzado en momentos previos a las dos últimas recesiones; en términos absolutos, la deuda de 8,6 billones es un 30 % mayor al nivel que tenía en septiembre de 2008. Sin saneamiento de la deuda y en un contexto donde la rentabilidad no recuperó los niveles previos a la crisis, la inversión seguirá débil y continuará la tendencia al crecimiento anémico.

Que el rechazo al proyecto globalista no se limita a los trabajadores o sectores populares más golpeados lo mostró el hecho de que Trump logró su ventaja de votos en sectores de ingresos más altos. De acuerdo a Tristan Hughes, en base a la información disponible de las encuestas de boca de urna, Trump realizó una elección pobre en los sectores cuyos ingresos son menores a 50 mil dólares al año, es decir la mitad más pobre del electorado, donde Clinton le ganó por 11 %. En los que ganan más de esa cifra al año, Trump ganó por 4 %; en comparación, Obama y McCain habían sacado igual proporción en la elección de 2008. Tomando el ejemplo de dos distritos de elevados ingresos, Suffolk County y Putnam County, en los que se impuso Trump, Hughes los contrasta con Manhattan, “reducto de la clase ‘súper gerencial’”, las altas finanzas y las casas matrices de las empresas trasnacionales, donde Clinton recibió un apoyo de 86 % contra 10 % de Trump. El autor hipotetiza que “Se trata de americanos blancos molestos porque otros americanos ya no trabajan para ellos, americanos cuya riqueza, estatus y poder han sido ostensiblemente atacados y erosionados en las últimas décadas. Y los quieren de vuelta –con la ayuda de Donald Trump”.

El rechazo creciente a la globalización y la elite económica y política que viene implementando hace décadas las políticas que la sostienen, es algo que observan con preocupación creciente varios lúcidos analistas que vienen hace tiempo bregando por algunas reformas que preserven lo esencial de las conquistas que tuvo la clase capitalista en las últimas décadas, pero mitigando algunos de sus peores efectos en términos de desigualdad. Es es caso de Lawrence Summers, Martin Wolff, e incluso Paul Krugman. Pero la falta de siquiera un mínimo atisbo de cambio desde la crisis, alimentó la polarización política que explica la llegada Trump al poder y los rasgos de su gobierno.

Este representa una respuesta reaccionaria ante la crisis, que hace eje en el ataque a los inmigrantes (lo que significa un golpe contra buena parte de la clase trabajadora en los EE. UU.) y amenaza entre otras cosas varios derechos laborales y regulaciones ambientales en aras de atraer inversiones y “recuperar el trabajo de los norteamericanos”. Además de haber habilitado una presencia sin precedentes de sectores de extrema derecha en su gabinete nacional durante los primeros meses, su administración adquirió desde el primer momento rasgos que permiten definirlo como bonapartista, aunque cada día más débil. Esto último se manifiesta en la nutrida presencia militar en su gobierno, y se materializó en la propuesta de un fuerte incremento del presupuesto militar para llevarlo a 695.500 millones de dólares en 2018, lo que equivale a 4 veces el presupuesto total militar de China.

El (des)concierto de las naciones

En el seno de la administración estadounidense se está librando una puja por el ordenamiento económico y los cursos de acción geopolítica. En este último plano, el eje de conflicto pasa por la relación con Rusia. Trump apuntaba a un acercamiento, al contrario de Clinton, que pretendía profundizar el hostigamiento hacia Moscú; el objetivo del magnate era liberar las manos para concentrarse en China. Pero el estallido del “Rusiagate” (la investigación sobre la colusión de Trump y el gobierno ruso para influir en las elecciones), que fue el pretexto para la decisión del congreso norteamericano del pasado 25 de julio de imponer nuevas sanciones a Rusia incluyendo además una cláusula que impide al presidente aplicar modificaciones a las mismas, muestra la decisión del establishment de los republicanos y demócratas de mantener el curso de choque con Putin.

Después de la salida de Steve Bannon, y de la decisión de Trump de continuar la guerra de Obama (y de Bush) en Afganistán, aumentaron las expectativas de los sectores que aspiran a que el gobierno de Trump pueda encarrilarse hacia la normalidad. Está por verse. Una cosa es segura: la presidencia de Trump, aún sin mayores resultados concretos hasta el momento, cobra una gran significación por haber colocado en el centro de poder del Estado norteamericano a una figura que se mueve entre la prescindencia y el rechazo a las instituciones que aseguran las condiciones para la circulación del capital a nivel mundial. El efecto corrosivo de la crisis iniciada en 2007 llevó a que al frente del poder ejecutivo del Estado responsable de asegurar el funcionamiento de la arquitectura del orden global esté alguien que promete subvertirlo en búsqueda de “hacer América grande de vuelta”. Aún enfrentando el rechazo de la burguesía norteamericana más trasnacionalizada ante algunas de las políticas que Trump prometió y hasta ahora no pudo implementar, y con fuertes figuras de la administración presionando para que no se salga del redil, como presidente de la principal potencia del mundo cuenta con capacidad suficiente para generar ruido en las relaciones internacionales.

Esta posibilidad se potencia porque el fenómeno de polarización que lo puso en el poder no se agota en los EE. UU., sino que se replica también del otro lado del Atlántico. El triunfo de Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen en las elecciones presidenciales de Francia está lejos de haber sepultado el ascenso del nacionalismo en Europa, y a pocos meses de haber asumido el presidente francés está sumido en una impopularidad mayor que la del expresidente Hollande. A falta de mejores respuestas de la clase dominante para lidiar con la crisis, el nacionalismo y autoritarismo inflamado puede ser la receta envenenada para hacer frente a la crisis de legitimidad que golpeó duramente a los exponentes políticos del “extremo centro”, es decir los que desde partidos de centro derecha o socialdemócratas aseguraron la aplicación de las políticas del consenso neoliberal, y prevenir que esta crisis tenga una salida por izquierda que cuestione al orden social capitalista.

Para los sectores capitalistas trasnacionalizados, el precio a pagar hoy para preservar sus prerrogativas sociales amasadas en décadas de ofensiva contra los sectores populares es acomodarse a este ascenso al poder de estas fuerzas que amenazan dinamitar el orden del que tanto se han beneficiado. Para las clases trabajadoras de todo el mundo, nada progresivo puede venir ni del “internacionalismo” de la gran burguesía que apunta a profundizar el neoliberalismo, ni de nacionalismos que solo apuntan a dividir a los trabajadores del mundo con su xenofobia y atacar a las organizaciones obreras y las libertades democráticas.”

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BRICS, BRICS Plus y el proyecto de China

septiembre 8, 2017

Supongo que los medios argentos hablaron de la reunión en esta semana  de los BRICS. Igual, creo que conviene repasar lo que dijo Xi. Ahí estaban escuchando Peña Nieto, y Temer, que llevó su plan de privatizaciones. Tal vez evaluan que, si son economías dependientes, mejor eleģir de quién.

Xiamen, China. En la primera sesión de trabajo del grupo de países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el presidente chino Xi Jinping se pronunció nuevamente contra el proteccionismo económico y comercial y abogó por una nueva economía mundial y un sistema de comercio multilateral.

Insistió en la oposición de las naciones de este bloque a toda forma de proteccionismo, pues en un mundo interdependiente e integrado, ‘’la apertura y ganar-ganar son la única opción’’, dijo.

En este encuentro, donde México junto con Guinea, Egipto, Tailandia y Tayikistán figuran como invitados especiales, Xi Jinping expuso que desde el inicio del siglo 21, el surgimiento colectivo de mercados emergente y países en desarrollo se ha convertido en una tendencia irreversible.

Además, recientemente estas naciones han hecho una contribución mayor al crecimiento global y representan el 80 por ciento de aquel desde 2016, “y son dignos de ser nombrados como el motor principal de la economía mundial’’.

Enseguida pidió no perder de vista los crecientes riesgos de la presión y la incertidumbre de la economía global. “Las negociaciones del comercio multilateral están paradas y la aplicación de los acuerdos de París sobre cambio climático se enfrentan a resistencias’’.

Algunos países recientemente han volteado a su interior y “ya no se ven inclinados a participar en cooperación para el desarrollo internacional’’.

Cada día hay una nueva etapa y ritmos donde hay mayor competencia enfocada en los intereses y reglas y esto hace que el ambiente externo para los mercados y países en desarrollo sean más complejos, con mayores retos y “un barco que va a contracorriente debe seguir con fuerza o se arriesga a quedarse atrás’’, destacó el líder chino.

Frente a ese escenario Xi Jinping habló del necesario trabajo conjunto de los mercados emergentes y de los países en desarrollo ‘’para hacer una mayor contribución al crecimiento global’’ y lograr una economía mundial abierta.

“Necesitamos abogar por una nueva economía global, apoyar el régimen de comercio multilateral, oponernos al proteccionismo y volver a equilibrar la globalización económica para hacerla más incluyente y equitativa’’, insistió.

Los trabajos de la plenaria de Brics iniciaron antes de las 11 horas del martes y como desde el primer momento -y en congruencia con lo expresado en otros foros- Xi Jinping arremetió contra el proteccionismo porque “un juego de suma cero no ayudará a la economía global’’, dijo.


Hola, mendocinos. Y adiós

agosto 26, 2017

Seminario 28 de agosto 2

Para los amigos de allá que se interesen, este lunes 28 voy a estar en Mendoza, como pueden ver en la imagen de arriba. Pero será por pocas horas. Porque el miércoles salgo en otro viaje, más largo, por unos 20 días, y estoy muy corto de tiempo.

Por eso no creo que pueda traer esa discusión al blog, no por algunas semanas al menos. Y es importante, eh: la reforma laboral en Brasil y el MERCOSUR. Bueno, con el título de mi “ponencia” ya saben lo que pienso.

Eso sí, como el problema no es sólo suramericano -por supuesto- les invito a leer (en nuestro idioma) esta nota del respetado New York Times, donde ese venerable medio se preocupa por la actitud imperialista que implica exigir a un país que aumente los salarios. Y señala que, en cualquier caso, obligar a pagar mejores sueldos no beneficia a los trabajadores ¿Dónde escuché esos argumentos antes?


Detrás de la política, asoma la realidad, testaruda

agosto 23, 2017

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Con este título no quiero decir que la política no forma parte de la realidad, por Dios! Digo que para muchos de nosotros la política está al frente del escenario, y a veces nos tapa el resto de la realidad. Que es más grande.

Una de esas presencias inescapables es que Argentina es un país al que se podría ubicar en una “clase media” entre las naciones. De un mediano desarrollo y bienestar -mal distribuido. Se caracteriza por tener una economía de mediano desarrollo, pero con una industria que -desde hace muchos años- importa más de lo que exporta. Ese motivo se combina con esa condición “clasemediera” y una historia agitada para que hoy tenga una economía en cierta forma bimonetaria: la reserva de valor, de los que pueden ahorrar, es el dólar.

Entonces, tuvimos recién un proceso electoral sin consecuencias, por ahora, pero que muestra que no hay cambios inminentes en las relaciones de poder político. Igual, los argentinos de a pie perciben algo, detrás de la política, al fondo del escenario: Casi un millón de argentinos compraron dólares en julio, la mayor demanda en un año y medio.


El proteccionismo y Mario Bros.

agosto 19, 2017
 mario
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Algo cansado de tanta interna argenta, quise retomar en el blog algunos temas estratégicos. Por ejemplo, el del proteccionismo, la palabra maldita de la teoría económica instalada. (E impuesta con una rigidez que hace parecer a Stalin como un poeta libertario).
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Para eso, nada mejor que recurrir a Fredes Castro, para reunir material no muy conocido, y resumirlo con precisión. Comparto con ustedes este artículo suyo, una mirada fresca, informada y estimulante sobre viejas ideas y desafíos de siempre.
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Eso sí, uno no debe perder de vista que se podrán llevar a la práctica si primero ese resuelven, bien, esas pujas internas que nos tienen cansados.
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El ingeniero Henry Kressel fue durante 20 años investigador en los laboratorios electrónicos de la RCA, en tiempos en que era una corporación líder a nivel global. Con 31 patentes de invención a su nombre, además de formar parte de la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos, actualmente es un inversor privado y prestigioso tecnólogo. Recientemente publicó el libro Si realmente desea cambiar el mundo: una guía para crear, construir y mantener las empresas innovadoras.
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En RCA Kressel contribuyó a la creación de pantallas televisivas planas, dispositivos láser, tecnologías de chips y sistemas de comunicaciones de variada índole. Industrias distribuidas por la geografía de su patria producían ese hardware, asegurando puestos de trabajo y multimillonarias ganancias a la firma industrial. Pero hace tiempo, sin embargo, que la mayor parte de esos productos se fabrican fuera de Estados Unidos, informa Kressel, y en ninguno de ellos su país se mantiene como líder mundial. Las pantallas planas y artefactos televisivos se hacen en Asia, China en primer lugar, en tanto que Corea del Sur y Taiwán dominan la tecnologías de chips. Pero el declive innovador industrial de Norteamérica comenzó con la injerencia de otra soberanía asiática, la verdadera patria del plomero “italo-estadounidense” Mario Bros, esto es Japón.
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Kressel indica que la primacía industrial electrónica de su país fue posible por las inversiones empresariales combinadas con la financiación estatal provista por generosos programas federales, a favor de la investigación y el desarrollo materializado en universidades y laboratorios corporativos. Él simpatiza con las teorías de libre mercado, pero las califica como válidas para ser dictadas en “aulas felices”, que adoctrinan sobre mundos ideales.
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El tecnólogo sentencia: “No estamos viviendo en un mundo ideal de libre comercio porque los decisores gubernamentales manipulan el sistema a través de subsidios industriales y restricciones legales que fortalecen ciertas industrias, limitan importaciones competitivas y promueven sus propias exportaciones”. En el rubro electrónico la única ventaja competitiva, explica, es la que hace el hombre, y Japón lo comprendió.
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Fue el gobierno japonés el que decidió un “bloqueo a las importaciones de televisores y mantuvo precios internos mucho más altos que en Estados Unidos”, para subsidiar la penetración de mercados externos con sus mercancías autóctonas. Los consumidores japoneses pagaban 500 dólares por el mismo dispositivo que compraban por 300 dólares los consumidores gobernados por Nixon, Ford y Carter, y así financiaron la competencia que acabó con el dominio de Washington. La producción japonesa ofertó a los norteamericanos misma calidad a menor precio, y las plantas fabriles en que trabajaban buena parte de estos últimos consumidores no resistieron.
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Sucede que entre apostar mayores recursos en inversiones de riesgo o relocalizar las plantas en geografías de bajos salarios, los decisores y directorios privados prefirieron lo último. Registremos esto: en vez de competir con innovación razonaron la competencia en términos de precios, y fracasaron.
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Kressel resume la triunfante ventaja competitiva japonesa de los ’70 del siglo pasado en tres puntos: en primer término, un esfuerzo nacional formulado por el gobierno para apoyar a determinadas industrias (no a todas), que incluyó limitar importaciones competidoras; en segundo lugar, financiamiento generoso para la instalación de plantas fabriles; y en tercer lugar, una producción de bienes de consumo masivo, a bajo precio, pero de calidad y aplicando técnicas productivas novedosas, las que demostraron ser superiores.
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Sin embargo, señala Kressel, el modelo japonés reveló sus limitaciones, resultantes de un excesivo proteccionismo estatal. La inversión se rezagó y nuevos liderazgos vecinos y foráneos los reemplazaron, entre ellos los mencionados casos de Corea y Taiwán. La ventaja competitiva electrónica requiere de la innovación constante, concluye el ingeniero e inventor, y, por ende, de una inversión “oportuna” en capital y recursos humanos.
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El proteccionismo y la intervención estatal son condiciones necesarias, nunca suficientes, para obtener un desarrollo económico autónomo e industrial sustentable. En este sentido, es necesario contar con un Estado eficaz en la selección de las industrias con chances competitivas y en el diseño de las políticas públicas hábiles para promover las ventas externas de sus bienes y servicios. El modelo de desarrollo hacia adentro, con sus típicos y pocos ambiciosos programas de sustitución de importaciones, imposibilita un desarrollo sustentable por los déficits crónicos que le son inherentes.
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Es necesario fomentar la industria nacional, por ser la mejor garantía para fugar de la periferia económica y de la consecuente dependencia. Construir industria nacional es asunto que no se logra con voluntarismo, sino con monitoreo de las condiciones de mercado y detección de los modelos de negocios y de gestión más exitosos. En el caso japonés, su éxito se hizo con proteccionismo y transferencias estatales/ciudadanas a favor de burguesías autóctonas exportadoras, pero también con esquemas organizativos (o de know how) sumamente eficientes, tales como el sistema integral de producción y mejora continua vinculado a la firma Toyota.

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La existencia de industrias nativas pujantes es, por lo expresado en el párrafo anterior, una materia de orden estratégico, pero en la medida que existen en un mercado capitalista son también, por regla que admite excepciones, un negocio. El conocimiento de los modelos de negocios dominantes, para su promoción y difusión por institutos de desarrollo o educativos, e implementación por iniciativas privadas solicitantes de ayuda estatal, configura un capítulo no menor a la hora de crear políticas públicas.

Los modelos de negocios en la economía digital y de la internet de las cosas, reclaman una mentalidad apta para admitir colaboraciones competitivas; atender la creación de valor en los restantes componentes del rubro o género de que se trate; desarrollar capacidades para conectar con ellos (imprescindible para incrementar la propia cotización); y replegar de una edificación vertical a una orientación lateral; entre otras cosas. En definitiva, pasar de una concepción corporativa restringida a una mentalidad ecosistémica de negocios.

La agenda económica defendida por los populismos de nuestra región no debe permitir que la construcción de los mercados y de los negocios, y las nociones que los nutren sean apropiados como su patrimonio por las fuerzas conservadoras. Las ofertas de mercados y negocios propiciadas por las fuerzas conservadoras carecen de originalidad en países como Argentina, porque sólo piensan en términos de precios de los bienes y servicios, que asocian a la necesidad de ajustar salarios. El fracaso de estas ofertas no es el de los balances de las firmas nativas parasitarias que amparan, sino el del desarrollo de toda la nación que habitamos y que con ellas compartimos.


El dólar y la desesperación

agosto 10, 2017

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La noticia en sí no es taan trágica: “El Banco Central de la República Argentina vendió US$ 584 millones y el dólar se disparó a $ 18,05“. Aunque se agregue “Desde el viernes pasado la autoridad monetaria vendió US$ 1.248 millones de sus reservas para intentar contener la presión cambiaria que se generó por el nerviosismo preelectoral de inversores“. Pero en nuestro país, con una economía bimonetaria -el dólar es la reserva de valor- y sobre todo con nuestra historia de los últimos 60 años, se justifica hablar de desesperación.

Hay varias desesperaciones. Para la mayoría de los argentinos, todavía más para la mayoría de las argentinas, se origina en que estos saltos en el valor del dólar son causa y también pretexto para subas en los precios de todos los productos. De la comida, que les toca más de cerca y con más ferocidad.

Para los funcionarios, políticos y operadores del gobierno -franja pequeña pero influyente- viene del hecho que el asunto es tapa de Clarín (Como de casi todos los medios). Así, golpea directamente en el sector que todavía puede votarlos. Y no importa tanto que sus columnistas aclaren que todo es culpa de ya sabemos quién. La Nación, con “stiff upper lip” pone en su portada online “El dólar empezó a moverse cuando Cristina dio señales de que volvía a la política“.

No importa porque ya esos posibles votantes están convencidos que este no es el país limpio, moderno y próspero que se merecen porque existe el peronismo. Y los peronistas. El punto es qué hacer frente a esa realidad. No saben, y está creciendo la convicción que -como pasó con ilusiones anteriores: los militares, los radicales, la Alianza UCR-Frepaso, y experimentos varios- Macri tampoco es el camino.

(Esto sirve -no me canso de repetirlo- para recordar a los comunicadores -también los del palo- que han sido convencidos por filósofos franceses que todo es relato. Y que si uno cuenta con los medios masivos, y suficientes robots y/o termocéfalos en las redes sociales, puede crear una realidad. Luego aparece la Realidad en persona y los zamarrea, como dice un precandidato).

Hablando de realidad, vale dedicarle unas líneas al mecanismo de esta minicorrida (“Mini”? Y sí. Comparada con las posibles). Ante todo, es necesario tener claro que las reservas -prestadas por Wall Street y por Beijing- del Banco Central son suficientes para cubrir las demandas actuales de los nerviosos y los especuladores. Hasta podría, en teoría, hacer bajar un poco el precio de la divisa yanqui “para dar una señal”. Si no fuera por la trampa de los martes. Sobre esto, más abajo.

Lo definitivo, ya, es que el Banco Central, el gobierno de Macri, ha entrado en la dinámica de las pulseadas con los “mercados”. Y todos saben -los especuladores y también los temerosos- cómo termina siempre. En devaluaciones más o menos grandes, más o menos ordenadas. Los libros de texto explican en detalle como le doblaron el brazo al Banco de Inglaterra, por ejemplo.

En lo inmediato -porque como dice la frase más citada de Keynes “a largo plazo todos estaremos muertos” la discusión en el gobierno y los economistas voceros de determinados sectores pasa por qué hacer en estas semanas. Unos -apoyados en bienes exportables (soja, petróleo, minerales y poco más) se dan el lujo de ser duros, realistas y dicen “Si es inevitable que suba, para qué derrochar divisas. Déjenlo flotar“. Otros, creyentes en las expectativas, dicen que con 2 mil millones de verdes -que no es un alto porcentaje de las reservas- se domestica a este mercado.

Se olvidan de los martes. El próximo, 15 de agosto, por ejemplo, vencen el equivalente a u$s 25.000 millones en LEBACs… Cerca del 60% son fondos de inversión. ¿Qué tasa, qué “señales” habrá que dar los martes después de las PASO, después de octubre, para que no se pasen al dólar? Ya con la tasa actual, alrededor del 26,5 %, no hay inversión que pueda competir con esos beneficios.

Como la costurerita de Carriego, Macri se metió en esto sin necesidad. Recibió una economía con un problema de “restricción externa” -falta de divisas- y deficit fiscal moderado, pero razonablemente ordenada. La restricción externa está presente en la economía argentina desde 1952, y ha sido estudiada por todos los economistas serios. Lo nuevo es que, como señala un veterano operador, ni siquiera la recesión actual la aminora. “El 70% de los autos que se venden son importados y el 30% restante de la producción local tiene el 70% de componentes importados“. O sea que la prosperidad de los pocos prósperos alcanza para agravar el deficit comercial.

(Ese mismo operador dice, indignado “En su momento, el ex ministro Kicillof no tuvo mejor idea que poner un impuesto a autos de lujo para cuidar reservas. Vade retro“. Uno puede pensar su reacción al planteo del ex secretario Moreno, de controlar el comercio exterior…).

Macri decidió enfrentar los problemas de la economía que heredó de la gestión kirchnerista… bajando las retenciones, autorizando las remesas al exterior, aumentando el deficit fiscal… Y endeudando mucho más al país. El resultado es que ahora hay que empezar a pensar en un Dunkerque para “rescatar” a los inversores en LEBACs. Y, como Churchill, habrá que decidir a quién se rescata, porque no hay barcos para todos.

Ahora, los hombres y mujeres de la oposición, y del peronismo en particular como su sector mayoritario, deben enfrentar en un futuro tal vez no muy lejano esta situación. Que no sólo tiene origen en los errores y la ceguera ideológica del macrismo. En particular los militantes, que se dicen a sí mismo que es una banda armada para saquear -la imagen en espejo de lo que dice el gobierno sobre el kirchnerismo- tienen que entender que estas políticas son las que promueven -en algunos sectores con resignación- los empresarios más poderosos, y los gerentes de las transnacionales. Y cuentan con el apoyo de un sector numeroso de la sociedad.

Sólo las abandonarán si terminan en un fracaso evidente. Más evidente que el actual. Y aún entonces buscarán salidas que no frenen su dogma fundamental: el libre movimiento de capitales.

Entonces, cualquier estrategia política realista debe asumir la posibilidad que la gestión de la economía termine muy mal, aún en los términos del poder económico y de aquellos sectores que hoy la apoyan. Sin que haya un cambio en las relaciones de poder materiales. Sí en el ánimo de la gran mayoría y en su disposición a aceptar determinadas medidas. Quizás antes de octubre. Con mayores chances, antes de 2019.

 


A 40 años de la verdadera Revolución Capitalista

julio 31, 2017

Deng

No quiero que termine este mes de julio sin recordar algunos aniversarios más (cuando hay poco tiempo para desarrollar temas, uno debe recurrir a las efemérides). Todavía no se me ocurrió nada para conmemorar los 10 años del blog, pero mi amigo Fernando Del Corro preparó un breve resumen de un acontecimiento mucho más importante. Este mes se cumplen 40 años del comienzo de las reformas económicas en China.

En mi opinión, ese es el verdadero comienzo de la actual etapa del capitalismo global, y no los mandatos de Thatcher y de Reagan. Porque es lo que la hizo posible. La irrupción de centenares de millones de trabajadores, desde un nivel de vida que era entonces apenas de subsistencia, permitió a los empresarios la desarticulación del movimiento obrero en EE.UU. y Europa Occidental, convirtió a China en el taller del mundo, y a “Occidente” en un casino financiero. Con muy buena tecnología, eso sí.

Nada dura para siempre. Hay demasiadas señales que estamos asistiendo al final de esta etapa. Pero vale mucho la pena saber como empezó. Y como no puedo resistir la tentación, agrego un comentario muy corto.

“El 22 de julio de 1977 el Comité Central del Partido Comunista de la República Popular China terminó con la ortodoxia maoísta implementada durante los 28 años previos e inició un camino de reformas. Adoptó un sistema económico capitalista bajo un férreo control estatal, que ha llevado al país a convertirse en la principal economía planetaria,  con un producto interno bruto por poder de compra (PIB PPP) de 21,14 billones de dólares estadounidenses en 2016 por delante de los 18,56 billones de los Estados Unidos de América.

Ese 22 de julio el PC restableció en sus viejos cargos a Deng Xiaoping, quien había sido destituido tiempo atrás por la llamada “Banda de los Cuatro”, liderada por la viuda de Mao Zedong, Jian Qing. Ella, en compañía con los dirigentes Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen, todos estos de Shanghai, llevaron adelante la “Revolución Cultural” impulsada por Mao a partir de 1966, en el marco de su confrontación con el primer ministro soviético Nikita Jruschov.

Los conflictos internos en la dirigencia comunista alrededor de las políticas económicas ya se habían iniciado hacia 1961, aún durante la firme conducción de Mao, cuando muchos consideraron fracasado el “Gran Salto Adelante” lanzado por éste en 1958: El abandono de la tradicional política agraria china reemplazado por un sistema de colectivización forzosa que terminó con los pequeños productores mientras se impulsaba una industrialización acelerada.

Fue así que a partir de los problemas generados por el “Gran Salto Adelante” crecieron en el PC dirigentes como Liu Shaoqi, Peng Zhen y Deng Xiaoping, protegido éste por el número dos de la Revolución China, el canciller Zhou Enlai. Se debilitó el poder de Mao, por lo cual reaccionó impulsando la “Revolución Cultural” en 1966 que incluyó la destrucción de monumentos milenarios.

Al morir Mao en septiembre de 1976 la “Banda de los Cuatro” arreció en la persecución de los disidentes. Algunos, como Deng, fueron destituidos de sus cargos y hasta encarcelados, y en el caso de éste, responsabilizado como promotor de los incidentes en la Plaza de Tian’anmen por lo que fue relevado como viceprimer ministro, vicepresidente del PC y jefe del Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación en abril de 1977.

Pero los desplazados fueron recuperando el poder y así Deng fue repuesto en sus cargos tres meses después para convertirse en la figura dominante, tras la muerte de Zhou en diciembre de 1978, con pleno respaldo del Ejército. En 1981 hizo aplicar duras condenas a los integrantes de la “Banda de los Cuatro” mientras inició un proceso de cambios y que en materia económica se denominó “Socialismo con características chinas”.

Hasta comienzos de los años 1980 el eje de esa política se basó en la descolectivización de la tierra, la autorización para los emprendimientos privados y la apertura para las inversiones extranjeras, mientras que hacia fines de esa década se incluyeron la privatización de empresas estatales y se eliminaron los controles de precios y normas proteccionistas. Aunque permanecieron en el área pública la banca y el sector petrolero.

Ya para 2005 el sector privado generaba el 70 por ciento del PIB que desde las reformas había crecido, hacia 2010, a razón del 9,5% anual. Esa cifra luego disminuyó para situarse en el 7,3% en 2014, 6,9% en 2015 y 6,7% en 2016, estando compuesto el mismo en un 42,4% por los servicios, en un 29,3% por la industria y en un 28,3% por la agricultura, mientras sus exportaciones alcanzan al 22% del mismo y sus importaciones al 16,5%, lo que le han generado una acumulación de recursos que han convertido al país en el principal acreedor de bonos del Tesoro estadounidense, aunque todo ello bajo un férreo control de la conducción del PC”.

Charlando con un amigo, señalé que el derrumbe de la economía centralizada de la Unión Soviética y el éxito económico del modelo chino, se había convertido, incidentalmente, en un argumento de los apologistas del capitalismo. Omitiendo, por supuesto, el papel fundamental del Estado en ese modelo.

Mi amigo acotó “Hasta ahora, funciona bien sólo en Asia Oriental”.

Mi respuesta, medio en broma medio en serio, fue “Parece que un requisito necesario es la cultura confuciana, o el sistema leninista de control de la sociedad”.

Él cerró el tema “No les des ideas”.


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