“Reformas estructurales”: 30 años no es nada

julio 20, 2017

Ya que estuvimos comentando la coyuntura económica, y que el gobierno actual insiste en hablar de reformas estructurales, me pareció apropiado acercarles esta nota que mi amigo Fernando del Corro preparó para TELAM. Allí nos cuenta una historia del pasado cercano, y, tal vez, del futuro ídem. ¡Absit omen!

De cualquier modo, nos sirve para tener presente que no es de cumplimiento automático la vieja frase “De los laberintos se sale por arriba”. A veces, se sale por abajo.

“El 20 de julio de 1987, 30 años atrás, los entonces ministros de Economía, Juan Vital Sourrouille, y de Obras y Servicios Públicos, Pedro Trucco, en el marco de las negociaciones para la refinanciación de la deuda externa que el gobierno del presidente Raúl Alfonsín mantenía con el Fondo Monetario Internacional (FMI), anunciaron un Plan de Reformas Estructurales, cuyo objetivo fue intentar disminuir el gasto público.

Las negociaciones, iniciadas con el FMI a comienzos de ese año, avanzaron hacia la obtención del acuerdo por un stand-by por parte del organismo internacional, que incluyó una serie de condicionamientos como la participación de la banca privada mediante nuevos préstamos y la implementación de las reformas estructurales que fueron rechazadas por la mayor parte de la oposición.

Trucco fue reemplazado en septiembre de ese mismo año por Rodolfo Terragno, quién intentó avanzar hacia la privatización de una serie de empresas públicas pero que solamente pudo concretar en el caso de Austral Líneas Aéreas. Porque el Congreso de la Nación rechazó los acuerdos con Telefónica de España y con la Scandinavian Airlines System para convertir en sociedades mixtas a la ex Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL) y Aerolíneas Argentinas, respectivamente, cediendo el manejo de la gestión operativa.

A los efectos de llevar adelante los ajustes, que incluían un programa de reducción del personal estatal mediante retiros voluntarios indemnizados, se creó un Directorio de Empresas Públicas en el que participaban representantes de los referidos ministerios de Economía y de Obras y Servicios Públicos, lo que se encuadraba con un anuncio formulado a comienzos de 1986 referido a la intención de vender la mayoría accionaria en las empresas del estado.

Esos intentos del gobierno de Alfonsín, que resultaron fallidos por acciones de la oposición justicialista, fueron concretados y en una proporción enormemente mayor cuando a partir de 1989 se hizo cargo de la Presidencia de la Nación el hasta entonces gobernador riojano Carlos Saúl Menem. Quien, contrariando la postura previa de su partido, no sólo privatizó ENTEL y Aerolíneas Argentinas sino también a muchas otras empresas estatales, con el agregado de que vendió el 100% de las acciones.

Dicho programa de Reformas Estructurales fue la tercera versión en materia económica del gobierno radical iniciado en 1983 que se completó un año después con el Plan Primavera. El fracaso de éste último hizo que el gobierno acelerase la convocatoria a elecciones nacionales. Por ello Alfonsín no completó los seis años de mandato por entonces establecidos por la Constitución Nacional.

El retorno a la legalidad constitucional en 1983 se había concretado en un marco de serias complicaciones socio-económicas, ya que durante los más de 7 años de duración del Proceso Cívico-Militar la deuda externa había pasado de US$ 7.900 a US$ 45.000 millones y el nivel de pobreza en el conurbano y Gran Buenos Aires había trepado del 5% al 37%.

Mientras esto ocurría en la Argentina, en el ámbito internacional México, en 1982, había declarado la moratoria de su deuda externa lo que hizo difícil para los demás países de la región acceder a financiamiento externo.

Frente a ello el primer ministro de Economía de esa gestión, Bernardo Grinspun, había intentado un plan nacionalista keynesiano pero al no poder controlar la inflación su reemplazante, Sourrouille, instrumentó otro, basado en los trabajos de los brasileros Pérsio Arida y André Lara Resende sobre “inflación inercial”, conocido como Plan Austral.

Este Plan fue inicialmente exitoso pero al no completarse el segundo tramo propuesto por los inspiradores de la iniciativa, el Austral también entró en crisis y así se optó por las Reformas Estructurales primero, y el Plan Primavera. Teminaron en un descontrolado déficit fiscal de US$ 3.600 millones y la hiperinflación, que enmarcaron la llegada de Carlos Saúl Menem a la Casa Rosada”.

La tormenta del cuarto semestre

julio 19, 2017

TrenDescarrilado

Como saben los lectores veteranos del blog, predecir catástrofes no es lo mío. Me parece un recurso berreta para vender más diarios, y habitualmente se usa así. Además, hay una objeción más profunda: el futuro es, esencialmente, impredecible. Hay demasiadas variables, y es imposible considerarlas a todas. Piensen que si no hubiera ocurrido un terremoto en San Juan en 1944, y Perón y Evita no se hubiesen conocido entonces ¿la historia argentina no sería distinta?

Dicho todo eso, hay un hecho indiscutible: las catástrofes ocurren, se pronostiquen o no. De catástrofes económicas, los argentinos tenemos experiencia. Y no se deben a ningún karma cósmico, sino a políticas económicas que -puede verse después- prepararon el terreno hasta hacerlas inevitables. Pienso que está pasando eso, y lo hago sin ninguna satisfacción intelectual, porque las crisis económicas son dolorosas para todos. Los que la están pasando mal, la pasarán peor.

Entonces, les reitero (porque ya lo dije varias veces en el blog) mi falible opinión: la gestión económica del gobierno Macri está corriendo un alto riesgo de descontrol de las variables claves: un salto inflacionario  y un salto en el tipo de cambios, ambos íntimamente vinculados -por supuesto-, y ambos más grandes que los sufridos el año pasado.

Que fueron grandes. El primer semestre del año pasado fue muy duro, pero había un colchón de consumo y, en muchos sectores, de ahorro. Y los argentinos hostiles al gobierno anterior -el 51 % que votó a Macri en el balotaje- probablemente podían sentir que eran “culpa” de la gestión K.

Ahora ya no es así. Aún el núcleo visceralmente anti kirchnerista, aún los dueños del poder económico y sus empleados, que querrían un ajuste aún más duro que el actual -entre ambos sectores suman bastante menos de ese 51%, aclaro- aún ellos no tendrían otro remedio que evaluar que la gestión macrista resultó un fracaso evidente.

Ya no importaría entonces el “marketing” de las usinas. Si el peligro que yo -como muchos otros- percibimos se da, el gobierno no sólo pagará un costo electoral en octubre próximo. Mucho más importante, la historia argentina reciente lo demuestra, el “macrismo” será tan definitivamente descartado como la desdichada Alianza o el mucho más duradero menemismo.

Vuelvo con estas reflexiones por lo que pasó ayer. Otro “supermartes” en que, como todas las semanas, vencían las LEBACs. Esta Yez, por $ 532.000 millones (una porción considerable de la Base monetaria). La historia la cuenta aquí el consecuente oficialista Ámbito El BCRA subió la tasa de Lebac al 26,5%. No renovaron más de $64.000 millones.

Ya hace tiempo que economistas de diversas tendencias apuntan a la incoherencia de una política que a la vez aumenta las tasas y el déficit fiscal. Que sólo se sostiene en un endeudamiento irresponsable, que inevitablemente llegará a un límite, como sucedió en 2001, cuando los especuladores decidan no arriesgarse más. Un martes de estos, tal vez.

Pero, bueno, es la opinión de opositores, ya sean peronistas, progresistas o neoliberales dogmáticos. Y nuestros distintos prejuicios tal vez nos impidan ver la luminosa claridad de la política de Macri ¿Se puede conseguir un testimonio imparcial? ¿Existe ese animal?

Con espíritu de colaboración, les ofrezco el análisis del Dr. Federico Sturzenegger, actual Presidente del Banco Central de la República Argentina. Que hace algo más de 3 años atrás, en febrero de 2014, cuando esa institución también recurrió a la colocación de deuda en el mercado financiero, advertía don Federico en La Nación. Con un título premonitorio: Sin gestión no hay solución

El escritor norteamericano Upton Sinclair decía, a manera de explicación a las dificultades del ser humano para adaptarse a un mundo que cambiaba rápidamente, que “no hay nada más difícil que explicarle algo a alguien cuando su salario depende de que no lo entienda”, frase que viene a cuento, porque es lo que le pasa al Gobierno con la inflación: no quiere aceptar lo evidente para no tener que cambiar, aunque la realidad luego le pase su factura.

………. En este contexto, la jugada del presidente del Banco Central encierra importantes riesgos, no sólo para la actividad económica, sino también para el propio proceso inflacionario. Es que justamente lo que está haciendo es contrarrestar la emisión para financiar el déficit con colocación de deuda en el mercado financiero. El problema es que la alta tasa de interés que paga el Banco Central se convierte en un proceso de generación de inflación futura: si el Central ya colocó títulos por el equivalente a 30% de la cantidad de dinero, que pagan una tasa de 30%, habrá que emitir cerca del 10% de la cantidad de dinero… ¡Sólo para financiar estos intereses! Es un proceso conocido, tanto que en los 80 también le supimos dar un nombre: lo llamamos déficit “cuasi-fiscal” porque era un déficit originado en el Banco Central y no en el Gobierno. Lamentablemente, es un mecanismo que se retroalimenta (cuando la inflación sube, sube la tasa, y con ello automáticamente la emisión). Hace tres décadas esto fue responsable de un proceso inflacionario inestable y creciente“.

Es curioso que Sturze no recuerde sus palabras de no hace tanto tiempo. Tal vez diría Sinclair que su salario de Presidente del Central depende de que no se acuerde…

Por mi parte, debo decir que considero esta crítica demasiado simple; deja afuera la complejidad del proceso productivo y la puja entre los distintos sectores. Pero… cuando se produce el choque la situación se simplifica, siempre.

Entonces, no voy a hacer ahora un análisis económico de este proceso que se autoalimenta. Estoy seguro que habrá mejores en la bloguería. Sólo quiero comentarles que en diversos sectores del peronismo, tanto los más críticos del gobierno como aquellos que fueron “friendly” el año pasado, están empezando a considerar la catástrofe como una posibilidad.


“El capitalismo globalizado está devorando la democracia”

julio 18, 2017

thatcher_tina (1)

En estos días estuve muy metido en la coyuntura local. Necesariamente. Vivimos acá. Pero me parece que conviene levantar la cabeza de a ratos y mirar lo que está pasando en el planeta. También es acá.

Wolfgang Streeck es un reconocido sociólogo alemán, Director Emérito del Instituto Max Planck, que se ha dedicado a analizar el capitalismo actual. Este trabajo suyo, que copio aquí, es importante y muy citado, pero se me había pasado por alto porque fue publicado en New Left Review (Uno es escéptico de las “nuevas izquierdas”; ha visto pasar varias versiones y en ninguna encontró una mejora sobre la vieja).

Reconozco que fue una nota de Clarín lo que me llamó la atención sobre este artículo. Bueno, con Julio Algañaraz rara vez coincido, pero está entre los menos encasillados en el evangelio del Grupo. La traducción es de “Salir del Euro.

El retorno de lo reprimido

El neoliberalismo trajo la globalización o la globalización trajo el neoliberalismo; y así es como comenzó la Gran Regresión. [1] En la década de 1970, los grandes industriales se propusieron salir de la servidumbre nacional porque se sentían condenados por esta sumisión en las décadas que siguieron a 1945. [2]. Había llegado el momento de liberar el mercado del trabajo, terminar con el estancamiento de la productividad y la disminución de los beneficios y , poner fin a las ambiciosas exigencias de unos sindicatos fortalecidos bajo un capitalismo maduro, administrado por el estado.

El camino hacia el futuro, hacia una nueva expansión – que está siempre muy cerca del corazón del capital – los condujo hacia el exterior, a un mundo no regulado, con una economía global sin fronteras , un mundo en que los mercados no estarían encerrados en los Estados- nación, pero -si las naciones-estados, atrapadas por los mercados.

Este cambio radical de la postura neoliberal fue presidida por una nueva diosa conocida como TINA –There Is No Alternative, No hay otra alternativa- . La larga lista de sus altos sacerdotes y sacerdotisas va desde Margaret Thatcher, Tony Blair hasta Ángela Merkel.

Cualquiera que deseaba servir a TINA , con el solemne acompañamiento del coro de los economistas unidos del mundo, tuvo que aceptar que la huida del capital de sus jaulas nacionales era inevitable y beneficiosa, y había que comprometerse a despejar todos los obstáculos de esa trayectoria.

Prácticas paganas, como los controles sobre los movimientos de capitales y  las ayudas estatales debían ser localizadas y erradicadas; nadie debía escaparse de la “competencia global”, para sumirse de nuevo en la comodidad amortiguada de las protecciones nacionales.

Los acuerdos de libre comercio abrían los mercados y los protegían de la interferencia del Estado, la gobernanza global reemplazó a los gobiernos nacionales, la protección iba a ser sustituida por la mercantilización, y el estado de bienestar dio paso al “ estado de la competencia”; una nueva era de racionalidad capitalista. [3]

A más tardar, a finales de la década de 1980, el neoliberalismo se había convertido en el pensamiento único tanto para el centro izquierda como para el centro derecha. Las viejas controversias políticas fueron considerados obsoletas.

Ahora la atención se centraba en imprescindibles ‘reformas’ que aumentarán la competitividad “nacional, y estas reformas estaban en todas partes. Incluían  mercados de trabajo más “flexibles”, mejora de los ‘incentivos’ (positivos en los extremos superiores del ingreso y negativos para el extremo inferior), privatización y mercantilización, competencia por ubicación y reducción de costes como prueba de resistencia.

El conflicto redistributivo fue reemplazado por la búsqueda tecnocrática de “ lo económicamente necesario y únicamente posible” ; todas las instituciones, las políticas y las formas de vida debían adaptarse a este fin. Todo esto fue acompañado por el desgaste de los partidos políticos, su retirada en la maquinaria del Estado como “partidos cártel” [4], la caída de afiliados y la disminución de la participación electoral, de manera desproporcionada en el extremo inferior de la escala social.

A partir de la década de 1980 el cambio fue acompañado del colapso de la organización sindical, junto con una disminución dramática del recurso a la huelga en todo el mundo. En otras palabras, una desmovilización lo más amplia posible de todos las herramientas – de la posguerra- de participación democrática y de redistribución. Todo se llevó a cabo lentamente, pero a un ritmo creciente y creando una progresiva confianza que era “el estado normal de las cosas”.

El proceso de retroceso institucional y político de la revolución neoliberal inauguraba una nueva era de la política, posterior a su implementación. [5] Los cambios institucionales fueron necesarios porque la globalización neoliberal estaba lejos de otorgar la prosperidad que había prometido. [6] La inflación de la década de 1970 y el desempleo fueron seguidos por un aumento de la deuda de los estados en la década de 1980 y la recuperación de las finanzas públicas se solventó con ‘reformas’ del estado de bienestar en la década de 1990.

Estas medidas fueron compensadas con la apertura de generosas oportunidades para acceder al crédito y endeudarse. Al mismo tiempo, las tasas de crecimiento se redujeron, aunque la desigualdad y la deuda agregada siguieron aumentando.

En lugar del “goteo” se  puso en marcha otra figura más vulgar: una creciente desigualdad de ingresos entre individuos, familias, regiones y, en la zona euro, entre naciones. La economía de servicios y la sociedad basada en el conocimiento resultó ser más pequeña que la sociedad industrial que fue desapareciendo rápidamente; por tanto, el crecimiento constante de la población ya no era necesario.

Ante el “exceso” de población, con un capitalismo reavivado, el Estado miró impotente sin comprender la transformación. Los gobiernos se endeudaron y, finalmente, las crisis financieras y los posteriores programas de rescate desgastaron aún más la situación. [7] ‘

El gobierno “global” no había sido creado para proteger y , el estado nacional se había convertido a la economía capitalista en aras de la globalización. Para asegurarse de que todo esto no se convirtiera en una amenaza para el “mundo feliz del capitalismo neoliberal”, se implementaron sofisticados métodos para asegurar el consentimiento popular y la desorganización de los resistentes. De hecho, las técnicas desarrolladas, para este propósito, inicialmente se demostraron impresionantemente eficaces.

La edad “post-fáctica”

Mentiras, y mentiras flagrantes, siempre han existido en la política. Pensamos sólo en presentación en PowerPoint de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con sus fotografías aéreas que demostraban la existencia de armas de destrucción masiva iraquíes. En cuanto a Alemania, todavía se recuerda un Ministro de Defensa, venerado como un Socialdemócrata de la vieja escuela, que afirmó que las tropas alemanas enviadas a Afganistán (en el Hindu Kush) defendían la seguridad de Alemania.

Sin embargo, con la revolución neoliberal y la transición a la ‘post-democracia’ [8] asociado a ella, nació un nuevo tipo de engaño político, el experto en mentiras. Se inició con la Curva de Laffer, que fue utilizada para demostrar “científicamente” que las reducciones de impuestos a los ingresos fiscales más altos era beneficioso para la población. [9]

Más tarde vino el ‘Informe Cecchini’ de la Comisión Europea (1988), que, como premio a la ‘realización del mercado interior’ prevista para 1992, prometió a los ciudadanos de Europa un aumento de la prosperidad del orden del 5 por ciento del PIB  para UE , una reducción media del 6 por ciento en el precio de los bienes de consumo, así como  millones de nuevos puestos de trabajo y una mejora en las finanzas públicas del 2,2 por ciento del PIB .

Por su parte, los expertos financieros, como Bernanke, Greenspan y Summers coincidieron en que las precauciones tomadas por los inversores racionales, en su propio interés, eran suficientes para estabilizaban al siempre ‘más libre’ y más global mercado financiero;  por tanto, las agencias gubernamentales no tenían necesidad de tomar medidas para prevenir el crecimiento de burbujas, en parte porque ya habían aprendido a eliminar sin dolor las consecuencias cuando estas burbujas financieras llegaban a estallar.

Al mismo tiempo, las ‘narrativas’ [10] difundidas por los principales partidos, gobiernos y especialistas y las decisiones y no decisiones asociadas con ellos, se hicieron cada vez más absurdas. La penetración en la maquinaria de los gobiernos de anteriores y de futuros directivos de Goldman Sachs continuó a buen ritmo, en reconocimiento de sus indispensables conocimientos, como si nada hubiera cambiado.

Después de varios años (durante los cuales ni uno solo de los gerentes de los bancos responsables de la crisis de 2008 habían sido llevado a la justicia) el fiscal general , de Obama, Eric Holder regresó a su bufete de abogados de Nueva York con un sueldo de millones de dólares. Curiosamente… su oficina estaba especializada en la representación de empresas financieras bajo investigación del gobierno federal.

Desde la perspectiva del internacionalismo neoliberal, por supuesto, se habían desarrollado desviaciones en el arte del gobierno democrático, pero la era post-verdad comenzó tan tarde como en 2016, el año del Brexit y el aplastamiento de Clintonismo por Donald Trump . [11]

Sólo con el colapso de la post-democracia, y el fin de la paciencia del pueblo las ‘narrativas’ de una globalización de la cual se ha beneficiado sólo el 1 por ciento, hizo que los guardianes del “discurso” dominante comprobaran obligatoriamente los hechos. Y sólo ahora lamentan los déficits experimentados por la pinza de la economía mundial  por un lado y la reducción en la calidad de la educación y la formación por el otro.

En ese momento comenzaron a pedir ‘pruebas de elegibilidad’ de varios tipos, como “requisitos previos” para que los ciudadanos puedan ejercer su derecho al voto. [12]

Entonces, cuando aquellos jóvenes que promovieron el capitalismo, como Kim Kardashian, Selena Gómez, Justin Bieber e tutti quanti, regresaron a las cabinas de votación, su retorno fue interpretada como una señal de mal agüero.

Por otra parte, las “acciones” en forma de ‘intervenciones humanitarias’ o la reanimación del conflicto Este-Oeste, esta vez con Rusia, en lugar de la URSS y los derechos de los “LGBTIQ”,  en lugar del comunismo, parecían haberse agotado a sí mismas.

La anterior verdad neoliberal empezó ha dejar de importar , y en Inglaterra un político conservador, cuando se le preguntó por qué estaba haciendo campaña para salir de la UE contra la opinión de los expertos ”, descaradamente respondió: ‘¡La gente en este país ha tenido suficiente de expertos’ [13]

Altas y bajas morales

La característica del espíritu de la época es una nueva división cultural que ha golpeado a las democracias capitalistas sin previo aviso. Estructuralmente, tiene sus raíces en un descontento largamente incubado con la ‘globalización’, porque el número de ‘perdedores por la globalización’ no ha dejado de crecer.

El proceso llegó a un punto de inflexión en los años posteriores a la crisis financiera de 2008, cuando la cantidad de descontento se transformó en calidad de protesta abierta. Una de las razones por las cuales esto tomó tanto tiempo fue que los que habían hablado antes en nombre de los perdedores de la sociedad había terminado por unirse al club de fans de la globalización (a finales de 1990 a más tardar). Durante un tiempo, entonces, los que sienten a la globalización  más como un problema que una solución, no tenían a nadie que hablará por ellos.

El contenido de esta fase de la globalización favoreció el establecimiento de una industria de “conciencia” cosmopolita, que confunde las oportunidades de crecimiento con la turbo-alimentación, la unidad expansionista de los mercados capitalistas, con los valores libertarios de la revolución social de los años 60 y 70 [14].

En este proceso, el pensamiento único y tecnócrata del neoliberalismo se fundió con la moral del justo medio en una comunidad de discurso “internacionalista”. El espacio digital sirve hoy como una base de operaciones en una lucha cultural de un tipo muy especial, un combate en que la moralización del capitalismo en expansión a nivel mundial va de la mano con la desmoralización de los que encuentran sus intereses dañados por ella.

Después de décadas de declive, la participación de los votantes en las democracias occidentales ha comenzado recientemente a recuperarse, sobre todo entre las clases más pobres. El redescubrimiento de la democracia como un correctivo político, sin embargo, beneficia exclusivamente a unos nuevos tipos de partidos y movimientos cuya apariencia empuja a los sistemas políticos nacionales al desconcierto. Los expertos en relaciones públicas, que han estado durante mucho tiempo estrechamente relacionados con la maquinaria del Estado, observan a los nuevos partidos como una amenaza letal para la ‘democracia’ y luchan contra ellos.

El concepto empleado en esta lucha, que incluye en el vocabulario el termino ‘populismo’, denota, tanto en la izquierda y como la derecha, a tendencias que rechazan por igual, la lógica TINA como ‘responsable’ del mundo de la globalización neoliberal.

Como concepto, el ‘populismo’ tiene una larga historia, que se remonta a la era progresista en los Estados Unidos, con la talla de personajes como Robert M. La Follette (1855-1925; candidato presidencial por el Partido Progresista en 1924). Más tarde, el populismo fue un nombre neutro para una ideología de movimientos políticos latinoamericanos, que se veían a sí mismos como representación ‘del pueblo’, en oposición a una auto-seleccionada y auto-enriquecida ‘élite’. [15]

En los últimos años, el populismo ha sido utilizado por las partidos y los medios del internacionalismo liberal como un término polémico para denostar a la nueva oposición que está forzando alternativas nacionales a la internacionalización neoliberal auto-declarada sin alternativas.

La idea clásica del populismo es de una nación que se constituye en conflicto político como una fuerza unida para combatir a una minoría elitista que avasalla a la ‘gente sencilla ‘. Como idea, podría ser de derecha o de izquierda. Esto facilita su caricatura por los fieles a la globalización, pues les permite evitar distinciones, entre Trump y Sanders, Farage y Corbyn, y en Alemania, Petry y Wagenknecht.  Todos podrían teóricamente congregarse en la misma partido. [16]

La fisura entre quienes se describen como ‘populistas’ y su descripción es la línea de fractura política dominante en las sociedades afectadas por la crisis del capitalismo financiero. La cuestión en juego es nada menos que la relación entre el capitalismo global y el sistema estatal. Nada polariza a las sociedades capitalistas hoy más que los debates sobre la necesidad y la legitimidad de una política nacional.

En este caso, los intereses y las identidades se funden y dan lugar a una mutua hostilidad en el terreno de juego, como no se ha visto desde el final de la Guerra Fría. Las guerras religiosas resultantes, que pueden en cualquier momento derivar en campañas de aniquilación moral, inciden en los estratos más profundos y más sensibles de la identidad social e individual, donde se toman las decisiones sobre respeto, desprecio, inclusión, exclusión, reconocimiento y excomunión. [17]

Lo significativo de la política de internacionalización es la aprobación de las ‘élites’, en su desprecio a los ‘populistas’ y reprobación a los nuevos partidos. El  ‘populismo’ se diagnostica como un problema cognitivo.

Se supone que sus partidarios son personas que exigen ‘soluciones simples’ porque no entienden las complejas soluciones que otorgan de manera incansable y con éxito las fuerzas de la eficacia globalista; sus representantes son cínicos que prometen a ‘las personas’ ‘ soluciones simples’, a pesar de que saben que no hay alternativas a las complejas soluciones de los tecnócratas.

De esta manera, la aparición de los nuevos partidos se puede explicar como una “gran regresión de la gente sencilla”, que se manifiesta con una falta de educación y de respeto a los educados. Esto relato puede ir acompañado de ‘discursos’ sobre la conveniencia de abolir referendos o entregar las decisiones políticas a expertos y autoridades apolíticas.

A nivel de la vida cotidiana, esta política lleva a la exclusión moral y cultural de los partidos anti-globalización y sus partidarios. La declaración de su inmadurez cognitiva es seguido por la denuncia moral a sus demandas de una política nacional que proporcione defensa por las consecuencias  de la internacionalización.

El grito de guerra es movilizar los dolorosos recuerdos del racismo y la guerra; el ‘etno-nacionalismo’. Sin embargo los ‘etno-nacionalistas’ no quieren hacer frente a los retos de la globalización, ni los económicos, ni los morales, ni la competición global. Sus “temores” y preocupaciones, como el oficialismo alerta, ‘han de ser tomadas en serio’, pero sólo como un modo de trabajo social.

Entonces, las protestas son sospechosas de ser esencialmente fascistas, sobre todo ahora que los antiguos defensores de las clases plebeyas se han pasado a la globalización, de modo que si sus antiguos clientes se quejan de la modernización capitalista, el único idioma a su disposición es el pre-política, una materia prima sin tratamiento lingüístico, producto de experiencias cotidianas de privación, económico o cultural. Esto da lugar a constantes violaciones de las reglas del discurso civilizado, que puede provocar la indignación en las clases dominantes y la movilización de los de abajo.

En respuesta, los perdedores de la globalización tratan de eludir la censura moral que promueven los medios de comunicación y copan los ‘social media’. De esta manera, pueden hacer uso de los más globalizada de todas las infraestructuras para construir sus propios círculos de comunicación en la que no tienen qué temer a ser reprendidos culturalmente y moralmente. [18]

El quiebre

Entre los hechos sorprendentes de 2016 debemos incluir  el Brexit y la elección de Trump que no solo sorprendió al público, sino también sus ciencias sociales liberales.

Nada explica mejor las división en las sociedades globalizadas del neoliberalismo el desconcierto del poder y las élites por el retorno de lo reprimido, porque la apatía política la habían interpretado una renuncia definitiva . Incluso las ‘mejores’ y bien dotadas universidades de las costas este y oeste de Estados Unidos no sirvieron como sistemas de alerta temprana. Evidentemente, poco se podía deducir sobre el estado de las sociedades desestabilizadas a partir de encuestas de opinión realizadas a través de entrevistas telefónicas de veinte minutos.

De esta manera, la ilusión de las ‘élites’ sobre el estado de sus sociedades son confirmadas patológicamente. Sólo muy pocos los científicos sociales hoy en día capaces de entender lo que está debajo de la superficie ;  sin embargo aquellos que hubieran leído el Robert Putnam, “El sueño americano en crisis” no podrían haberse declarados asombrados por la victoria de Trump. [19]

Desde hace bastante tiempo la izquierda en todo el mundo entiende a la manera burguesa las elecciones de 2016. En Gran Bretaña, los partidarios de Blair en el Partido Laborista, creían que podían convencer a sus votantes tradicionales de permanecer en la UE con un largo catálogo de los beneficios económicos como socios, pero con una distribución desigual de los beneficios .

No se les ocurrió que había una población menos liberal en muchas regiones maltratadas, que hubieran querido un gobierno que mostrará mayor interés por sus inquietudes que por los acuerdos internacionales y por los mercados globales del capital. Y hay un montón de votantes que simplemente no entienden, que la solidaridad internacional entre los trabajadores del siglo XXI significa que su deber es renunciar a su propio puesto de trabajo a favor de una competencia global sin restricciones.

Interregno

¿Que podemos esperar ahora? La derrota de Clinton por Trump, el Brexit , los  fracasos de Hollande y de Renzi, todo en el mismo año marca una nueva fase en la crisis del sistema capitalista transformado por el neoliberalismo.

Para describir esta fase Antonio Gramsci  propuso el término ‘interregno’, [20] un período incierto de duración, en que un viejo orden está muriendo, pero uno nuevo todavía no logra nacer. El viejo orden, que fue destruida por el ataque de los bárbaros populistas en 2016, fue el sistema estatal del capitalismo global. Sus gobiernos habían neutralizado las democracias nacionales con prácticas posdemocráticas. con el fin de no perder la articulación con la expansión global del capital y, por tanto subordinando las reivindicaciones democráticas e igualitarias a los intereses de los mercados capitalistas mediante la invocación de una democracia global para el futuro.

Como es de esperar en un “interregno” el nuevo orden que aún no se ha creado se  ve como incierto,. Hasta que llega , según Gramsci, tenemos que aceptar que “aparecerá una gran variedad de síntomas mórbidos”. Un interregno en el sentido de Gramsci es un período de gran inseguridad en que las cadenas habituales de causa y efecto ya no están en vigor y, acontecimientos inesperados, peligrosos y grotescamente anormales pueden ocurrir en cualquier momento. Esto, es en parte, porque líneas dispares de desarrollo, corren paralelas entre sí sin encontrarse, dando lugar a configuraciones inestables y eventos sorprendentes tomar el lugar de las alineaciones predecibles.

Entre los efectos de esta nueva imprevisibilidad esta el hecho, que a raíz de la revolución populista, las clases políticas del capitalismo neoliberal se ven obligados a escuchar un poco más de cerca, a sus poblaciones nacionales. Después de décadas en las que las democracias nacionales fueron desmontadas en favor de las instituciones que promovieron la globalización, el ímpetu democrático está volviendo, por su propio camino, con la articulación del descontento.

Es el tiempo en que las líneas de la defensa nacional va más allá de la demolición prevista por los mercados internacionales. La victoria de Trump quiere decir que es muy poco probable que haya un segundo referéndum en Gran Bretaña , con  una UE como modelo, según el cual los referendos se repiten hasta que las personas dan la respuesta correcta.

Las nueva actitud del electorado ya no respalda supuestos imperativos económicos y no va a consentir que sus demandas se esquiven por razones “técnicamente” imposibles. Los partidos tradicionales  tendrán que volver a aprender a dar respuestas a la gente  [21] o de lo contrario tendrá que dar paso a nuevas formaciones políticas.

La retórica de enfatizar ‘la nación’ de la nueva primer ministro británica muestra que esto no ha escapado a la atención de al menos una parte de la clase política. Ya en su discurso del 11 de julio de 2016, en el lanzamiento de su campaña ,Theresa May  pidió cambios que no habían sido propuestos desde los años 1980, ni siquiera por la dirección del Partido Laborista: guerra contra la desigualdad, tributación a los ingresos más altos, mejoras en el sistema educativo publico, representación de los trabajadores en los consejos de administración, protección para los trabajadores británicos en contra de la deslocalización, y limitación a la inmigración.

El voto por la salida de Gran Bretaña de la UE ha recordado a los políticos británicos que su primera responsabilidad es con su electorado; durante el discurso de May en la Confederación de la Industria Británica, explicó el resultado de la consulta muestra el “deseo de un país más fuerte, más justo y preocupado de las personas”.

El programa neo-proteccionista de May plantea preguntas incómodas para la izquierda socialdemócrata. Trump, también, hizo promesas de una nueva política industrial y fiscal, que podría convertirse en un problema para la izquierda. De hecho Bernie

Sanders le ha ofrecido su apoyo para la recuperación de las antiguas regiones industriales (devastadas durante por los ocho años de Obama) con un programa  ‘keynesiano’ para reconstruir la infraestructura del país.

Esto programa requerirá el aumento de la deuda, especialmente si se aplican los recortes de impuestos prometidos, con recetas neo-keynesianas que por mucho tiempo han sida las favoritas de políticos y economistas de la izquierda moderada ( ‘fin de la austeridad’).

Dada la resistencia de los restos del Tea Party, se trata de medidas que podrían ser aprobadas por el Congreso sólo con la ayuda del Partido Democrático. Lo mismo ocurriría con la política de “arrojar dinero desde helicópteros”, otra medida contemplado por Trump, que requiere la cooperación de la Reserva Federal.

Pero, incluso para un post-globalista, la política neoproteccionista del tipo previsto por Trump y May será incapaz de garantizar un crecimiento estable, más y mejor empleo de calidad, un des-apalancamiento de la deuda pública y privada, o la confianza en el dólar y el euro.

El capitalismo financializado del presente no es gobernable a nivel nacional desde abajo ni menos a nivel internacional desde arriba. El sistema cuela por el hilo de seda de una política monetaria ‘no convencional’ , que está tratando de crear algo así como el crecimiento de tasas de interés negativas con oferta de dinero- a través de la ingeniería monetaria denominada “expansión cuantitativa” – o la compra de bonos por parte de los bancos centrales.

Las reformas estructurales neoliberales recomendadas por los ‘expertos’  son el complemento indispensable para que los cambios sean torpedeados. Al mismo tiempo, la desigualdad económica aumenta porque los sindicatos y los estados perdieron su poder cuando lo cedieron a los mercados globales.

La completa destrucción de las instituciones nacionales que eran capaces de promover la redistribución económica y la dependencia resultante de las políticas de los bancos centrales, han hecho al capitalismo ingobernable, ya sea por métodos ‘populistas’ o por métodos tecnocráticos.

Los conflictos internos también son previsibles, en cuanto a los símbolos culturales se refiere. ¿Las poblaciones nacionales apoyaran a los  ‘populistas’  en la medida que desvaloricen a los inmigrantes?  Y la izquierda podrá tener éxito, pagando un tributo cultural creíble, con aquellos que últimamente han despertado de su apatía?

Demasiadas palabras de disgusto se han intercambiado, aparte del hecho que cualquier reconciliación podría alienar a sus partidarios aburguesados de izquierda, en la nueva clase media cosmopolita. Y en el caso de los reveses económicos, Trump, May, y otros, podrían verse tentados a desviar las críticas con el lanzamiento, de más o menos sutiles, campañas contra las minorías étnicas. Una rebelión del pudor sería la consecuencia.

En el plano internacional, asuntos podrían ser menos dramática, al menos inicialmente. A diferencia de Obama, Blair y Clinton, así como Sarkozy, Hollande, Cameron y tal vez incluso Merkel, la “última defensa de Occidente liberal”, [22] los nuevos proteccionistas nacionales no tienen grandes ambiciones por los derechos humanos, ya sea en China y Rusia o, en África o el Medio Oriente.

Cualquier persona en favor de “intervenciones humanitarias” en el sentido más amplio podría llegar a lloriquear . Es poco probable que la “intolerancia” de Rusia hacia “artistas” como Pussy Riot desencadene reflejos misioneros en gobiernos vueltos hacia adentro después de la victoria electoral de Trump.

En los Estados Unidos, Victoria Nuland (‘Fuck the EU‘) no es la secretaria de Estado, y la facción de Derechos Humanos del Departamento de Estado ha regresado a sus puestos docentes universitarios. Los planes para integrar a Ucrania en la UE y en la OTAN , y con ello privar a los rusos de su puerto del Mar Negro, están ahora fuera de la mesa, al igual que cualquier ‘cambio de régimen’ en países como Siria.

Los intentos de contar con Rusia para una nueva Guerra Fría puede asimismo haberse evaporado. Por supuesto, China podría tomar el lugar de Rusia, pero el presidente Trump tendría que abandonar cierta cuota de mercado y los Chinos  dejarían de comprar los bonos de la deuda del Tesoro del Estados Unidos.

En este contexto bajo la estructura de un “interregno naciente” con instituciones disfuncionales y cadenas causales caóticas, los ‘populistas’ serán una fuente adicional de incertidumbre, ya que hacen incursiones en la maquinaria del estado. El inicio del interregno aparece como un momento bonapartista: todo es posible, pero nada tiene consecuencias, porque la sociedad neoliberal ha vuelto a la condición de ‘un saco de patatas’. [23]

Los nuevos proteccionistas no van a poner fin a la crisis del capitalismo; pero va a llevar la política a la incertidumbre, y no habrá que olvidar que los estratos medios y bajos de la población que han sido los perdedores de la globalización. La izquierda también, o lo qué ha sido de ella, no tiene idea de cómo el capitalismo ingobernable del presente puede hacer la transición a uno mejor ordenado y, menos peligroso de extinción. Solo basta con ver a Hollande, Renzi, Clinton, Gabriel. Pero si la “izquierda”  tiene algún deseo de volver a jugar un papel, tiene que aprender las lecciones del fracaso del ‘gobierno global’ y las política sucedáneas de la identidad.

Los parias de la auto-nombrada ‘sociedad del conocimiento’ no pueden ser abandonados, y por  tanto la derecha (que ha utilizado el cosmopolitismo a expensas de ‘la gente sencilla”) no podrá arrasar con estos sectores de la población, incluso con medios de coerción neoliberal; pues el estado nacional se puede utilizar solamente con sus ciudadanos y no contra ellos. Aplicando esto a Europa, esto significa que el que quiera demasiada integración cosechará conflictos y terminará con menor integración.

El “identitarismo cosmopolita” de los líderes de la era neoliberal, originario en parte en principios de universalidad de izquierda, tiene como respuesta la reacción de un identitarismo nacional, mientras que una re-educación anti-nacional desde arriba produce un nacionalismo anti-elitista desde abajo . Una sociedad bajo presión económica o moral hasta el punto de su disolución cosecha resistencia por parte de los tradicionalistas.

Hoy en día todos aquellos que se consideran expuestos a las incertidumbres de los mercados internacionales, preferirán un pájaro en la mano que cien volando: elegirán la realidad de una democracia nacional, aunque sea imperfecta, sobre la fantasía de una sociedad democrática global.

[1] Como resultará aún más clara a continuación, los conceptos tales como éste, que se han convertido en aparatos del repertorio de retórica política, se emplean aquí contra el grano. Este ensayo se publica con el permiso de tipo Paidós, y aparecerá en Heinrick Geiselberger, ed., El Gran Regresión , Cambridge 2017.

[2] Wolfgang Streeck, comprador Time: La crisis retardada del capitalismo democrático, Londres y Nueva York 2014.

[3] Wolfgang Streeck, ‘Las relaciones laborales en una economía internacionalizada’, en Ulrich Beck, ed., Política de la globalización, Frankfurt am Main 1998, pp. 169-202.

[4] Peter Mair y Richard Katz, ‘cambios en los modelos de organización del Partido y el Partido de la Democracia: la aparición del Partido Cartel’, Partido Política, vol. 1, no. 1, 1995.

[5] Véase la nota 1, anteriormente.

[6] En la siguiente ver Streeck, compra de tiempo.

[7] Oliver Nachtwey, La sociedad de descenso. Sobre la revuelta en curso en regresiva, Moderno Berlín 2016a

[8] Colin Crouch, postdemocracia, Cambridge 2004.

[9] Para la contribución del economista Arthur B. Laffer a las políticas fiscales y de la deuda del gobierno de Reagan, David Stockman ver, El triunfo de la política: ¿Por qué la Revolución Reagan Failed, Nueva York 1986.

[10] Este término ha migrado recientemente de la teoría literaria y la psicología en la política, donde se ha hecho una carrera meteórica. No es de extrañar. De acuerdo a Wikipedia, una narrativa es una ‘historia significativa en el que las emociones se transportan y se permite una orientación y transmite confianza’. Este concepto es especialmente popular en la actualidad con referencia a ‘Europa’, donde cada vez que una elección va, autoproclamado llamada mal ‘los europeos por ‘una mejor narrativa’.

[11] El 15 de noviembre de 2016, el editor del Oxford Diccionarios anunció que ‘post-verdad’ había sido nominado palabra del año. Esto fue seguido de inmediato por la Sociedad de la Lengua Alemana, que declaró ‘post-hechos’ [ ‘ postfaktisch ‘] a ser la palabra alemana del año. ‘Sectores cada vez mayores de la población’ se dice que estará listo ‘en sus sentimientos de resentimiento hacia ‘los de arriba’ hacer caso omiso de los hechos e incluso están dispuestos a aceptar mentiras obvias. No es la pretensión de verdad, sino la expresión de un “sentía verdad” que trae el éxito en la “era post-hechos” ‘. Después de décadas de hegemonía constructivista en las facultades de la literatura (ver ‘narrativa’!), Un redescubrimiento repentina de la verdad objetiva con el fin de insultar conciudadanos no académicos.

[12] La similitud con las pruebas de la instrucción a la que las personas de piel oscura que se utilizan para ser sometidos en los estados del sur de la CON NOSOTROS es sorprendente. El 29 de noviembre de 2016, en un artículo publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, Sandro Gaycken, ‘Director de la Sociedad Digital Institute’ -que, según su sitio web, es ‘un instituto de investigación estratégica para temas digitales de alemán companies’-escribió:’ necesitamos un “gnosocracy”. El que quiera votar debe demostrar la competencia política. . . Con este fin, todas las cabinas de sondeo debe estar provisto de un test de opciones múltiples variables, con preguntas sencillas de todos los ámbitos:. externo, interno o el medio ambiente, la economía, etc. El que pasa la prueba puede votar’

[13] Michael Gove, citado en Henry Mance, ‘Gran Bretaña ha tenido suficiente de expertos, dice Gove’, Financial Times, 3 junio de 2016.

[14] Esta es una faceta de la forma en que ‘1968’ fue cooptado por un capitalismo con ganas de adaptarse a una sociedad alterada, tal como se describe por Luc Boltanski y Eve Chiapello en El nuevo espíritu del capitalismo, Londres y Nueva York 2006.

[15] Ernesto Laclau, La razón populista, Londres y Nueva York 2005; Chantal Mouffe, agonística: Pensar el mundo políticamente, Londres y Nueva York 2013.

[16] El ‘populistas’ represalias mediante la descripción de todos los adherentes a la doctrina globalista, independientemente de su origen, como la globalización indistinguible uniforme ‘élite’.

[17] La dimensión internacional de este conflicto es interesante. El Internacionalista Internacional advierte contra el nacionalista Internacional, que quiere ver combatido por todos en nombre de la democracia, y lo mismo es cierto viceversa. De vez en cuando, se nos habla de un ‘autoritario’ Internacional a ser combatido por el (neo) liberal internacional, tanto en política interior y exterior. (En este nacionalismo forma y el autoritarismo se equiparan.) Los líderes de los partidos europeos consideran populista, junto con Trump y el dictador emergente en Turquía, no suele hablar positivamente acerca de Rusia, probablemente para escapar de enredo en alianzas internacionalistas de la globalización.

[18] En Alemania, la Alternativa für Deutschland tiene más seguidores en Facebook que en cualquier otra parte.

[19] Robert Putnam, Nuestros Niños: El sueño americano en crisis , Nueva York 2015.

[20] Wolfgang Streeck, ¿Cómo Will End capitalismo ?, Londres y Nueva York 2016, pp. 35-46.

[21] Peter Mair, ‘representativa versus gobiernos responsables’, MPI f G Working Paper, Nº 09/8, septiembre de 2009.

[22] Alison Smale y Steven Erlanger, ‘como salidas de Obama World Stage, Angela Merkel puede estar de Occidente liberal defensor pasado’, New York Times, 12 de noviembre de el 2016.

[23] “Por lo tanto la gran masa de la nación francesa está formada por la simple adición de magnitudes isomorfas, tanto como las patatas en un saco forman un saco de patatas. Karl Marx, ‘El Dieciocho Brumario de Louis Bonaparte’, en encuestas realizadas en el Exilio, Londres.


“Eles roubaram tudo”

julio 16, 2017

brasil

Me queda un mal gusto en la boca cuando subo al blog esta nota de El País, de España “Río de Janeiro, del podio al fango“. Es una ciudad que quiero, que visité docenas de veces y a la que pienso hacerme una escapada en cuanto pueda. El País hace este “axe job” trabajo de hacha, como le dicen los gringos, con datos reales. Como se podría hacer -si el interés fuera ese- juntando anécdotas sombrías, en algunas ciudades de España, de la Unión Europea.

Si lo leen completo, verán que para el autor la causa de todo son la caída de los precios del petróleo y, claro, la corrupción. De las políticas económicas no se dice una palabra.

Igual, más allá de la motivación de la nota, sirve para dejar claro dos datos importantes: 1) la situación de la economía de Brasil es muy grave. Tanto que la pobreza y desempleo que sufren los de abajo desborda y golpea a los sectores medios en esos escaparates que son las grandes ciudades con afluencia turística.

Y 2) que en las capitales del Atlántico Norte se percibe eso. Y no harán nada, por supuesto. Tienen sus propios problemas. Y el capitalismo globalizado no se distingue ni por su solidaridad ni por su capacidad de previsión a largo plazo (dejo de lado las fantasías de una izquierda ingenua sobre los Protocolos de los Sabios de Wall Street).

“Trabajos de hacha” como éste, se podrían haber hecho en Buenos Aires, en 2001 y 2002. Y se hicieron, por supuesto. Sabemos como terminó la historia. (Hay una probabilidad no pequeña que, gracias a Macri y su equipo, se vuelvan a hacer). En resumen, sigo pensando que Lula tiene buenas chances de volver a ser Presidente de Brasil. Y, además, que Brasil como nación no se va a suicidar.

FILIPE MOREIRA vivía su momento de gloria con 36 años. Primer bailarín del Theatro Municipal de Río de Janeiro, era el protagonista de todo el repertorio de la compañía y la crítica lo consideraba “uno de los mayores talentos del ballet clásico de los últimos tiempos”. Elogiaban su virilidad y su excelencia interpretativa, también su técnica, con las que triunfó en escenarios de toda Sudamérica y de Florida. El pasado diciembre se despidió del público interpretando El cascanueces, de Chaikovski. Dos meses después estaba al volante de un uber.

El bailarín es ahora uno de los rostros de una obra sin aplausos, la tragedia de Río, la imagen más cruda y representativa de la decadencia económica, política y moral brasileña. “Dejé todo mi ego de lado, aparqué mi carrera de bailarín y entré en el coche. Catorce horas al día. Era eso o ver a mi familia pasando necesidad. Acumulamos una deuda de 18.000 reales [unos 5.000 euros]”, lamenta Moreira. Su salario era abonado por el Estado de Río, gestor del Theatro, que aún le debe la paga de Navidad y el sueldo de dos meses.

Río de Janeiro pasó del éxtasis olímpico a la depresión con tanta rapidez que aún parece en estado de shock. El Estado vivió durante años de los ingresos de la extracción de petróleo en sus costas y de las expectativas de un Mundial de Fútbol y de unos Juegos Olímpicos. Hasta que su presupuesto se desplomó con la caída en picado del precio del barril de crudo, una gestión corrupta y los efectos de la recesión nacional, la más profunda de la historia del país. Si había alguna expectativa de que Río recuperase, por fin, el brillo perdido desde que en 1960 dejó de ser capital de Brasil y la meca tropical del glamour y los casinos, esta se fue por el desagüe. Río de Janeiro es hoy uno de los tres Estados con la situación financiera más crítica del país. De cada 100 puestos de trabajo destruidos en Brasil en el primer trimestre de este año, 81 se perdieron en Río de Janeiro.

“La crisis de Río es un capítulo aparte, más profundo y doloroso, dentro de la actual recesión brasileña. Las expectativas aquí fueron mayores”, afirma Maurício Santoro, uno de los analistas políticos más activos de Brasil. “Se esperaba que la ciudad finalmente dejase atrás el largo ciclo de decadencia iniciado con la pérdida de la capitalidad en favor de Brasilia, pero la caída en el abismo mostró a los habitantes de la ciudad y del Estado la fragilidad en la que se asentaban sus esperanzas de renovación”. Santoro interpreta la crisis al mismo tiempo que es un ejemplo de ella: la Universidad Estatal de Río, donde imparte clases, aplazó cinco veces el inicio de curso por falta de fondos. No hay dinero para pagar las becas de los alumnos con menos recursos ni para la comida de los ratones de laboratorio.

……………………..

La angustia de un bombero solitario intentando apagar el fuego de cuatro autobuses incendiados sin más ayuda que la manguera sacada de un cine próximo, ilustra otra de las escenas de la tragedia carioca. El hombre domaba con esfuerzo el torrente de agua, pero las llamas avanzaban y los tanques de gasolina de los vehículos explotaban, escupiendo bolas de fuego que le obligaban a retroceder. A su alrededor, algunos curiosos con la cara casi ardiendo de calor, una nube de humo negro y un escenario de guerra: barricadas, contenedores de basura del revés y piedras y cristales por el suelo. Unas calles más atrás, la policía, parapetada con cascos y uniformes negros antidisturbios, perseguía manifestantes con fusiles de balas de goma y gas lacrimógeno. Los coches de los bomberos —también con el sueldo atrasado— tardaron 40 minutos en llegar. Aquella escena de un viernes por la noche en el centro turístico de Río fue el remate de una jornada de huelga general, la del 31 de marzo, que paró decenas de Estados en Brasil sin incidentes graves. Pero en Río ya no se protesta en paz. Estudiantes y funcionarios furiosos con sus cuentas en números rojos protagonizan movilizaciones en el centro de la ciudad desde noviembre, casi todas reprimidas por la policía, igual de asfixiada por las deudas que los manifestantes. “Me siento humillada. Me llaman todos los días para exigir el pago de deudas. Con mi pensión [937 reales, menos de 300 euros] conseguía pagar mis cosas, pero hoy tengo que elegir entre comer o cenar”, contaba en una de esas manifestaciones, a principios de año, la jubilada Creusa Maia dos Santos, de 56 años, monitora de comedor en un colegio público. “Estoy enferma, tendría que alimentarme cada tres horas, ¿entiendes? Hace dos días que no paro de llorar”.

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La falta de fondos también mantiene sin dinero los cuarteles de la Policía Militar y las comisarías, que no pueden ni abastecer los coches patrulla. El miedo se está adueñando en las calles y lleva al límite a ciudadanos que han aprendido a distinguir un fusil 7.65 de una ametralladora Uzi. La madrugada del 9 de junio, Danielle Frangelli llamó a un uber para volver a casa tras pasar la noche bailando samba. Al llegar a su apartamento, en una calle de palmeras imperiales de un barrio de clase media-alta, pidió al conductor y a la madre de una amiga que la acompañaba que esperasen a que entrase en el portal. No dio tiempo.

“De repente, cuando estaba a cinco pasos de la puerta, apareció un coche con una de esas frenadas de película y salieron dos hombres superagresivos”, relata. “Uno de ellos estaba con un revólver y fue hacia el coche, y el otro apuntó hacia mí una ametralladora. Pensé: ‘Si me dispara con eso, no tengo ninguna posibilidad de sobrevivir”. En ese momento, Frangelli oyó la puerta del portal abrirse y durante los 10 segundos que tardó en girarse, entrar en la portería y lanzarse al suelo pensó que iba a morir. El portero, de 70 años, se tumbó con ella aterrorizado. “Darme la vuelta y correr fue la peor reacción posible, pero sentí un alivio profundo por no haberme llevado un tiro en la espalda. Con esta ola de violencia, todo cuidado es poco. Se llevaron el coche y todas las pertenencias, pero gracias a Dios no dispararon a nadie”. A sus 28 años, era la cuarta vez que sufría un asalto, el tercero a mano armada“.


La crisis que viene es la que no se fue

julio 10, 2017

Crisis-1929-Wall-Street

Una convicción que tengo desde hace muchos años es que el desarrollo de una economía moderna y sustentable en Argentina, cuando/si lleguemos a ella, no será obra de los economistas. Quizás piense eso porque yo no lo soy, pero no es que no los considere importantes: También estoy convencido que si tienen diagnósticos erróneos, pueden demorar indefinidamente ese logro. Su misión fundamental, amigos, es tratar de no equivocarse.

Cuando tenga más tiempo -¿después de octubre?- fundamentaré mi opinión. Por ahora, ofrezco un ejemplo: el que nos da el gobierno de Macri. No creo que todos sus funcionarios del área económica sean imbéciles, pero se aferran a teorías y doctrinas hegemónicas en el Atlántico Norte -y aún ahí hoy cuestionadas- que, resulta evidente, no están funcionando. Y su entorno social, y sus intereses, no les permiten abandonarlas.

Eso sí, me parece que los economistas del lado nacional y popular tienen sus propios prejuicios y puntos ciegos. Que la heterodoxia tiene su propia ortodoxia. Entonces, creo que vale la pena, para estimular los debates, divulgar algunos fragmentos de un reportaje que hizo la revista Crisis al profesor Anwar Shaikh, uno de los economistas marxistas más prestigiosos del mundo. A los economistas de ese palo los creo todavía menos aptos para planear el desarrollo. Pero como críticos del capitalismo, de la ortodoxia y la heterodoxia, no hay quien los supere.

El próximo infarto del capitalismo

Usted es uno de los pocos economistas que predijo la crisis mundial de 2008 ¿Le preguntan mucho cuándo va a llegar la próxima crisis?

Sí, bastante. Pero me gustaría ponerlo en contexto histórico. Las crisis que hemos visto hasta ahora han ocurrido, en los países centrales, cada aproximadamente cuarenta años. Tiene que ver con las “ondas largas” de las que hablaba Kondrátiev. Podemos mencionar, como evidencia, diferentes crisis a lo largo de la historia: de 1873 a 1893, de 1929 a 1939, de 1967 a 1980 y la que estamos viviendo desde 2008. Estos patrones dependen de un mecanismo de recuperación. La pregunta central para mí sería: “¿qué es una recuperación?”. La Segunda Guerra Mundial fue un mecanismo de recuperación para muchos países, pero no ocurrió lo mismo en los años setenta, cuando la recuperación propuesta por Reagan aquí en Estados Unidos y por Thatcher en Inglaterra fue debilitar sindicatos y bajar salarios para aumentar la rentabilidad del empresariado. Algunos países no se recuperan porque no permiten el desmoronamiento y la debacle que una crisis puede causar, lo que también es un mecanismo de recuperación. Por ejemplo, la economía de Japón ha estado estancada durante mucho tiempo porque no permitió la destrucción del capital de la misma manera que otros lo hicieron en los setentas. En lugar de eso intentó reactivar la economía y no permitió un grado elevado de destrucción de los niveles de vida de los trabajadores. Si miramos a Grecia e Italia, las políticas de austeridad como mecanismo de recuperación han traído miseria y crecimiento del desempleo. Lo mismo en España que aún no se recuperó. Alemania no ha tenido ese problema y los Estados Unidos se han recuperado en términos de tasas de desempleo, pero no en términos de calidad de vida de sus trabajadores.

O sea que quizás no haya una nueva crisis que pronosticar, pero todavía sentimos las consecuencias de la anterior.

Hay dos cosas que a mí me preocupan. La primera es que todavía hay mucho capital ficticio en la economía, es decir, muchos activos que siguen teniendo valor porque el Estado siempre está ahí para mantenerlos y salvar al sistema del colapso. Esto no es necesariamente malo porque sabemos que un colapso podría tener consecuencias devastadoras en términos de empleo y bienestar. El otro elemento tiene que ver con el ejército de reserva mundial. Cuando pedimos la recuperación tenemos que preguntarnos, ¿la recuperación para quién? Porque creo que la recuperación para el capital ha ocurrido, al menos para la parte que sobrevivió. Los grandes bancos no terminaron de colapsar porque el Estado los apoyó. Pero los trabajadores han sido golpeados en todo el mundo. Para resumir, no sé cuándo va a suceder la próxima crisis, pero lo cierto es que el sistema financiero sigue siendo muy débil y que podría desmoronarse dando comienzo a algo que es imparable e inmanejable. Esto es lo que yo llamo un segundo ataque al corazón del capitalismo producto de la crisis de 2008.

El Trump inevitable

Anwar Shaikh no se sorprendió cuando ganó Donald Trump. Aunque este pronóstico no lo hizo público, en las aulas les decía a sus estudiantes que le parecía lógico que el magnate se consagrase presidente. Lo mismo decía de Bernie Sanders antes de las primarias. Cuando explica sus razones, Shaikh recurre a la historia y a un personaje olvidado. Ross Perot, un empresario multimillonario similar a Trump en varios puntos de su discurso, se convirtió en el candidato independiente más votado de la historia estadounidense en base a un discurso profundamente proteccionista. Perot fue votado por casi el veinte por ciento del electorado en 1992 y la mayoría de los analistas coindicen en que habría derrotado a Bill Clinton si por el partido republicano se hubiese postulado él en lugar de George Bush.

Su trabajo también tiene como eje el comercio internacional, ¿cuáles son las implicancias de las nuevas reglas que propone Trump en este tema?

Creo que Trump tiene razón, así como también creo que Sanders tenía razón al decir que el libre comercio lastimó a una porción significativa de la clase trabajadora de los Estados Unidos. Afirmar que el libre comercio beneficia a todo el mundo es una mentira y siempre lo ha sido. Para la teoría neoclásica, el comercio es una ganancia mutua y eso ha sido demostrado históricamente que es falso. Entonces hay que tener una teoría alternativa del comercio. La mía contempla que el comercio tiene un conjunto de ganancias para los ganadores y un conjunto de pérdidas para los perdedores. Es una guerra competitiva internacional. Hay que ser capaz de preguntarse quiénes son los ganadores y los perdedores. Así podemos explicar por qué países como Estados Unidos cuando crecían no tenían libre comercio. No lo aceptaban porque entendían que ellos eran los perdedores y lo decían explícita y públicamente, “no permitiremos que Inglaterra y Europa entren porque destruirán nuestras industrias domésticas”. Y cuando fueron lo suficientemente fuertes ellos mismos dijeron “ahora sí, tengamos libre comercio”.

La patada a la escalera de la que habla Ha-Joon Chang.

Exactamente, y su argumento es correcto. Entonces todas esas recomendaciones de la OMC y el Banco Mundial sobre abrir la economía al mundo son engañosas. Sin embargo, no pienso que las personas que lo proponen quieran engañarnos, sino que creen genuinamente lo que dice la teoría ortodoxa acerca de que el libre comercio beneficia a todos.

Teniendo en cuenta eso ¿cuáles son las consecuencias de las políticas económicas de Trump para Latinoamérica?

Esa es una pregunta imposible de responder porque creo que ni él mismo sabe cuáles son sus políticas. Se pronuncia a favor del proteccionismo, pero está haciendo acuerdos comerciales. Dice que son en mejores términos para Estados Unidos, pero ¿mejores términos para quién en Estados Unidos? Para mí no está clara su política económica. Si uno toma su palabra la idea es que EE.UU. va a evitar la entrada de productos que causan pérdida de empleo. Yo creo que ese es un argumento consistente, pero del otro lado pueden decir lo mismo y entonces la gama de beneficios se reduce sustancialmente. Lo que en verdad piensan es “queremos ir a sus países, pero no queremos que vengan al nuestro”. Bernie Sanders también sostiene argumentos similares y hace unos veinte años Ross Perot ya había argumentado en contra del NAFTA porque iba a costar puestos trabajo. Su frase famosa fue “habrá un enorme sonido de succión (a giant sucking sound) al otro lado de la frontera”, en referencia a los trabajos que les iba a sacar México a los Estados Unidos. Perot no pudo posicionarse como el candidato de ninguno de los dos partidos así que se postuló como independiente y perdió, aunque sacó muchísimos votos.

Miradas al sur

Acá en Estados Unidos el proteccionismo aparece en los discursos de los conservadores mientras que en Argentina y en otros países de Latinoamérica suele estar en la agenda de los partidos progresistas, ¿por qué cree que sucede eso?

Los Estados Unidos han hecho la transición del proteccionismo y el desarrollo de la industria infantil a la externalización de sus empresas por lo que su ideología tiene que ser que el libre comercio es bueno. Pero Argentina y la mayor parte de América Latina está en la fase opuesta de la trayectoria, por lo que es lógico que digan “necesitamos protegernos de estos gigantes de afuera y no podemos hacerlo si abrimos la puerta y los dejamos entrar”. Esto es perfectamente consistente con que hay dos lados del mismo proceso adonde siempre hay ganadores y perdedores.

Muchas veces los líderes y movimientos progresistas de Estados Unidos están en veredas opuestas con respecto a los de los países de América Latina en lo que tiene que ver con el comercio mundial.

Lamentablemente es así. Por ejemplo, la mayoría de los progresistas en los Estados Unidos dicen que quieren luchar por mejores condiciones de trabajo en China, pero no lo dicen porque quieren que los trabajadores chinos estén mejor sino porque quieren que sean más caros y así los negocios locales no se van hacia allí. Y aunque para mí esa no es una buena razón, es realista porque si allá los trabajadores son más costosos se van a perder menos trabajos acá.

¿Cuáles cree que son las causas por las que varios países en Latinoamérica atraviesan hoy crisis y cambios profundos en términos económicos y políticos?

Creo que para la derecha en América Latina la teoría preferida es la neoclásica y la izquierda es esencialmente keynesiana o post-keynesiana. Los primeros creen que cualquier intervención del Estado es negativa y ahora están diciendo “se los dijimos”. Los segundos creen que se puede, mediante el bombeo constante de la economía, a través del déficit fiscal y la emisión monetaria, hacer que todo el mundo esté contento. Lo que yo creo es que cuando se intenta mejorar la vida de algunos no se puede evitar que otros estén peor, y eso incluye la rentabilidad empresaria. La pregunta es cómo se puede mejorar un lado sin cruzar el umbral adonde el otro lado se daña de manera tal que se obtienen, por ejemplo, fugas de capital. Es un camino delicado. Si se decide mantener los salarios altos, la productividad debe subir más rápido porque de lo contrario empiezan los problemas en torno a la rentabilidad y la inflación. En mi libro analizo esto para la Argentina hasta 2015, lo que está pasando ahora lo estoy empezando a estudiar. Venezuela es un caso diferente porque fue destruida por corrupción y desperdicio de recursos. Cualquiera que depende de los ingresos del petróleo tiene que entender que su precio sube y baja. En Noruega entendieron eso. Es una historia muy triste de un gobierno de izquierda que termina destruyendo sus propios principios.

Justamente Noruega es uno de los modelos de desarrollo más mencionados por los economistas en Argentina y en la región: ¿piensa que hay una receta a seguir para obtener resultados similares?

Si se permanece dentro del capitalismo, que es generalmente una pregunta que nadie se hace, entonces están los límites propios de este sistema. Hay un camino, pero es estrecho y es fácil caerse. No tengo recomendaciones específicas para Argentina, pero creo que cualquier país que apunte al desarrollo necesita tener un espacio para que sus jóvenes aprendan diferentes teorías económicas. Las universidades argentinas necesitan tener más espacio para ideas heterodoxas y también otras ideas. Y eso es tan difícil en la Argentina como en cualquier otra parte del mundo, porque el carácter hegemónico de la economía neoclásica es tal que si un profesor quiere ir por otro lado debe sacrificar su lugar en las mejores universidades y los mejores lugares de trabajo.

Hasta el año 2015 Argentina tuvo una conducción económica que podría calificarse como heterodoxa, pero no hubo grandes resultados en términos de desarrollo.

Sí, lo sé. Conocí a Axel Kicillof y a personas de su equipo. Estoy de acuerdo, pero también hay que decir que fue bajo condiciones muy difíciles. Para mí el problema es que una política keynesiana nunca es suficiente en sí misma. La inflación es una consecuencia típica para la cual la izquierda nunca está preparada. Entonces hay que preguntarse de dónde viene la inflación y yo creo que es una pregunta muy difícil de responder, sobre todo desde el punto de vista keynesiano.


Los jubilados peligrosos

julio 3, 2017

 

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Tuve, en otro tiempo, una función de responsabilidad en el sistema bancario. Entonces, es natural que comparta la preocupación del Fondo Monetario Internacional y de su directora Cristina (la buena) Lagarde por la estabilidad financiera mundial.

Por eso, me interesó este informe sobre las necesidades y peligros que preparó el Fondo hace ya tiempo, y que me hizo llegar mi amigo Fernando Del Corro. Pueden ver enteros los capítulos relevantes -el 3 y el 4- cliqueando aquí. Yo les copio abajo los puntos más jugosos:

ACTIVOS SEGUROS: ¿PIEDRA ANGULAR DEL SISTEMA FINANCIERO?
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Por Silvia Iorgova (jefa del equipo), Abdullah Al-Hassan, Ken Chikada, Maximilian Fandl, Hanan Morsy, Jukka Pihlman, Christian Schmieder, Tiago Severo y Tao Sun

Observaciones fundamentales
 Las distorsiones de los mercados plantean retos cada vez mayores para la función primordial que les toca desempeñar a los activos seguros —por ejemplo, títulos del Tesoro estadounidense, bonos alemanes o, posiblemente, bonos de empresas de primera línea— en los mercados internacionales. La agudización de la incertidumbre, las reformas regulatorias y las respuestas extraordinarias desplegadas por los bancos centrales de las economías avanzadas tras la crisis han estimulado la demanda de activos seguros.
 La oferta de activos seguros se contrajo a medida que disminuyó la capacidad de los sectores público y privado para producirlos. La cantidad de entidades soberanas cuya deuda se considera segura es hoy más pequeña. Las deficiencias de los mecanismos de titulización han limitado el papel de los instrumentos titulizados como activos seguros.
 El decreciente número de activos seguros y la creciente presión de la demanda tienen implicaciones negativas para la estabilidad financiera mundial. La escasez de activos seguros encarecerá la seguridad y obligará a los inversionistas a aceptar activos menos seguros en su pugna por obtener activos escasos. Asimismo, provocará más estallidos de volatilidad y hará escasear los activos de garantía de buena calidad.

Hasta aquí, el objetivo. ¿Qué se necesita? Los muchachos nos lo dicen:

EL IMPACTO FINANCIERO DEL RIESGO DE LONGEVIDAD
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Por S. Erik Oppers (jefe del equipo), Ken Chikada, Frank Eich, Patrick Imam, John Kiff, Michael Kisser, Mauricio Soto y Tao Sun

Este capítulo pone de relieve las implicaciones financieras potencialmente muy grandes del riesgo de longevidad; es decir, el riesgo de que la gente viva más de lo esperado.
Define el riesgo, muestra su magnitud y estima sus efectos en los balances fiscales y las empresas.
Observaciones fundamentales
 Vivir hoy más años es un hecho muy positivo que ha mejorado el bienestar individual. Pero la prolongación de la esperanza de vida acarrea costos financieros, para los gobiernos a través de los planes de jubilación del personal y los sistemas de seguridad social, para las empresas con planes de prestaciones jubilatorias definidas, para las compañías de seguros que venden rentas vitalicias y para los particulares que carecen de prestaciones jubilatorias garantizadas.
 Las implicaciones financieras de que la gente viva más de lo esperado (el llamado riesgo de longevidad) son muy grandes. Si el promedio de vida aumentara para el año 2050 tres años más de lo previsto hoy, los costos del envejecimiento —que ya son enormes— aumentarían 50%.
 El riesgo de longevidad es un tema que exige más atención ya, en vista de la magnitud de su impacto financiero y de que las medidas eficaces de mitigación tardan años en dar fruto.
 Para neutralizar los efectos financieros del riesgo de longevidad, es necesario combinar aumentos de la edad de jubilación (obligatoria o voluntaria) y de las contribuciones a los planes de jubilación con recortes de las prestaciones futuras.
 Los gobiernos deben: i) reconocer que se encuentran expuestos al riesgo de longevidad, ii) adoptar métodos para compartir mejor el riesgo con los organizadores de los planes de pensiones del sector privado y los particulares, iii) promover el crecimiento de mercados para la transferencia del riesgo delongevidad, y iv) divulgar mayor información sobre la longevidad y la preparación financiera para la jubilación.

Este posteo no se refiere a la actual coyuntura electora. Y su intención no es que ustedes puteen al Fondo. No hay nada de malo en eso, y puede ser un desahogo. Pero lo importante es darnos cuenta que el problema nuestro no es que este gobierno de CEOs sea torpe e insensible. Lo es. Pero sus políticas parten de un pensamiento, de un sistema de valores, que es todavía el “sentido común” en la mayor parte del mundo desarrollado. Y en los organismos internacionales: el dato fundamental es la rentabilidad financiera. El inversor über alles, por encima de todo.

Si las políticas que llevemos adelante “cuando la tortilla se dé vuelta” no resulten sustentables, éstas volverán. En una u otra forma.


Pequeño manual de crisis financieras

julio 1, 2017

 

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Mañana, 2 de julio, se cumplen 20 años (que, como decía Gardel, no es nada) de la fecha convencional del comienzo de la crisis financiera asiática, que se hizo global (Si lo sabremos los argentinos…)

Mi amigo Fernando del Corro, historiador y periodista, escribió para Telam una nota sobre eso. La comparto, porque es un resumen didáctico, de fácil comprensión, de aquella Crisis que terminó cayéndonos encima, por el grado de endeudamiento a que habíamos llegado. Esa vez.

¿Algo que ver con nosotros, ahora? Y sí. Para el análisis político de las relaciones de poder, los cuestionamientos al modelo Macri del padrone Paolo Rocca son más relevantes. Pero… si el actual “experimento”, como lo llama Guillermo Moreno, se derrumba, será por la “burbuja” de endeudamiento, no muy distinta de la que hace 20 años explotó en Tailandia.

“El capitalismo tuvo su primera gran crisis en 1873. Iniciada en Viena, rápidamente adquirió carácter mundial llegando a la Argentina a comienzos de la presidencia de Nicolás Avellaneda (1874). La segunda estalló en Nueva York 56 años más tarde, en 1929 e hizo necesaria una mayor intervención del estado en la economía según las ideas del británico John Maynard Keynes.

La crisis de mayor dimensión en el marco de la globalización financiera se desató 20 años atrás, el 2 de julio de 1997, en Tailandia cuando uno de los llamados “Tigres Asiáticos” se vio obligado a devaluar su moneda, el baht, afectada por la sobre expansión a la que la habían arrastrado los mercados financiero e inmobiliario.

Al principio se trataba como un problema tailandés. Pero rápidamente fueron arrastrados otros países de la región: Filipinas, Indonesia y Malasia que también terminaron devaluando sus monedas. No quedaron al margen de sus efectos Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán, por lo cual pasó a ser la “Crisis Financiera Asiática” que golpeó duramente la estructura del Fondo Monetario Internacional.

La región ya había tenido un anticipo: en 1995, las arriesgadas maniobras financieras de la sucursal del banco inglés Baring Brothers (el del famoso préstamo de 1824 a la Argentina) en Singapur, provocaron el colapso final y la desaparición de esa histórica y cuestionable entidad financiera.

Tailandia ocupa el lugar vigésimo primero entre las economías del planeta (la Argentina está vigésimo séptima, pero tiene un PBI equivalente a poco más del 46 % del tailandés). Pero en el esquema globalizado los efectos se transmiten rápida y profundamente. Además, algunos de los países involucrados, como Corea del Sur e Indonesia están en los lugares noveno y decimocuarto, respectivamente.

Como sucede habitualmente los sectores más desfavorecidos fueron los más golpeados al punto de que en solamente unas pocas semanas un millón de tailandeses y 21 millones de indonesios se sumaron a las filas de aquellos que en las estadística oficiales son calificados como pobres.

Los problemas tailandeses venían de tiempo atrás, agravados con la política de endeudamiento externo seguida por el gobierno para sostener una tipo de cambio ficticio. El contagio llegó incluso a afectar al yen, la moneda japonesa.

Las consecuencias entonces afectarib a otros países de la región como China, India, Singapur, Taiwán y Vietnam aunque sus efectos no alcanzaron la misma dimensión. En particular porque el FMI, para amortiguar las corridas, destinó u$s 40.000 millones (con un poder de compra altamente superior al actual) para sostener las monedas de los tres casos más graves: Indonesia, Corea del Sur y Tailandia. En el primero de ellos la devaluación de la rupiah forzó la renuncia del presidente Haji Mohammad Suharto, quien llevaba 30 años en el cargo, en medio de enormes disturbios sociales.

Así concluyó el “milagro económico asiático”, basado fundamentalmente en sus altas tasas de interés lo que hacía que fluyeran hacia esos países capitales especulativos de todo el mundo. Ya en 1994 el economista estadounidense Paul Krugman había cuestionado ese modelo basado en el “dinero caliente” que termina sistemáticamente en las llamadas “burbujas financieras”.

Para esa misma época la Reserva Federal estadounidense, presidida por Alan Greenspan, elevó las tasas de interés en los Estados Unidos de América con lo que pasó a absorber esos capitales financieros e incrementó la cotización del dólar estadounidense. Uno de los factores que provocó esas devaluaciones.

Otros destacados economistas como Joseph Stiglitz y Jeffrey Sachs, amén de recordar los efectos psicológicos sobre la economía, responsabilizaron al propio FMI por haber alentado las políticas monetarias basadas en el “dinero caliente” que llevaron a que el gobierno malayo apuntara como principal responsable de la crisis regional al financista  húngaro George Soros por sus maniobras especulativas.

La aplicación de ajustes estructurales tuvo mucho rechazo por parte de los políticos y economistas keynesianos mientras se cuestionaba el rol de los EUA como promotor de un rápido crecimiento capitalista incluso en países de gobiernos comunistas como China y Vietnam.

No todo terminó en Asia. La crisis llegó a Rusia en 1998 y en Suramérica los casos más notorios fueron los del Brasil y la Argentina, llegando, en este caso al derrumbe del gobierno de Fernando De la Rúa en 2001 tras una década en la que el país sostuvo artificialmente la paridad cambiaria de uno a uno entre las monedas estadounidense y argentina.

En los EUA las apuestas financieras continuaron profundizándose con las políticas inmobiliarias a la cabeza hasta que en 2006 aparecieron signos preocupantes, como los señalados por el economista brasilero Ricardo Amorim, que se pusieron de manifiesto a partir de octubre de 2007. Un año después se desató la gran crisis que derribó a buena parte del sistema financiero estadounidense, y luego se trasladó al resto del mundo. De la cual aún no se produjo la recuperación, lo que ha llevado a que en los propios EUA el proceso de transnacionalización se encuentre severamente cuestionado”.


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