Una propuesta de militancia

noviembre 30, 2016

El Centro de Estudios “Héctor Tristán”, que les mencioné aquí, ya está lanzado. Me parece que vale la pena, en el marco de la discusión militante que recogí en los posteos anteriores -y también de la propuesta con espíritu “francisquista” que se hizo hoy desde la CGT, recoger la descripción de sus propósitos.

Un espacio para conectar generaciones, para pensar cómo y para qué queremos los peronistas volver al poder del Estado, y conducir la unidad del campo nacional. Porque ese es el lugar a retomar por el peronismo en estos tiempos de persistencia del proyecto oligárquico que vino a excluir a los trabajadores. Para derrotar a quienes llegaron mintiendo, con la pretensión de lanzarnos a ese lugar inhóspito de la indignidad.

En sucesivos encuentros a lo largo de este año decidimos convocarnos unificados en cinco pilares: 1.) Bregar por la unidad del peronismo para derrotar el plan de hambre 2.) Acompañar la unidad del movimiento obrero en la CGT y promover que vuelva a ocupar el lugar de columna vertebral del dispositivo peronista 3.) Impulsar los derechos de ¨los descamisados del siglo XXI¨ apoyando a la CTEP 4.) Desarrollar equipos técnicos capaces de transformar en programas de gobierno las 3 T propuestas por Francisco 5.) Empeñar nuestros esfuerzos en fortalecer la unidad de pensamiento y acción de todos los pueblos que componen la patria grande y la lucha por la defensa del planeta y la paz mundial“.

Como en el peronismo las personas significan más que sus discursos, acerco un par de fotos que Roberto Grabois subió a su página de Facebook. Pueden ver más ahí.

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La C.G.T. invita

noviembre 30, 2016

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He recibido esta invitación para hoy a las 17:30 desde una docena de amigos y distintas entidades, y creo que a muchos de ustedes les habrá pasado algo parecido. Lo que indica, me parece, que tanto en el mundo de la política como del gremialismo se percibe esto como algo más que la presentación de un libro.

Uno de los que me invita, desde el mundo académico, lo describe así:

Schmid nos presenta en su libro las propuestas centrales de Laudato Si: la urgente necesidad de cambiar el paradigma tecno-económico que ha llevado al mundo y a la humanidad a la crisis más grave de la historia y la construcción de un nuevo paradigma sobre la base del destino universal de los bienes y el conocimiento y del trabajo como dador de sentido y dignidad. 
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Lo hace desde la visión del compromiso personal a que nos convoca Francisco, que Schmid ha desplegado particularmente en el proceso de unidad de la CGT primero y luego con la Confederación de Tranbajadores de la Economía Popular (CTEP).
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El libro incluye el texto de Laudato Sí y la Oración que pronunció el General Perón en la Clausura del V Congreso Eucarístico Nacional, en Rosario, el 29 de octubre de 1950“.
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Además del protagonismo del movimiento obrero, al que me referí antes pero que dependerá también de su capacidad de hacer política por fuera de sus estructuras, pienso que se introducen temas y valores que, con mayor o menor matiz confesional, serán parte del discurso político. Incluso, o especialmente, de Cristina Kirchner, porque están en oposición frontal al “régimen” macrista. Aunque algunos de sus simpatizantes, y la Fundación Ford, no lo vean con entusiasmo.

“En la vida hay que elegir”: 2. Si opta por la coherencia

noviembre 30, 2016

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Estoy subiendo lo que es, con el anterior, un posteo largo, y lo hago a partir de una pregunta sobre los límites del peronismo. El tema son las opciones del peronismo hoy.

Porque, seamos francos, decir ahora que lo que hizo Menem no fué “verdadero” peronismo ¿a quién le importa? ¿quién va a discutirlo, salvo un nostálgico excéntrico? El menemismo residual -que existe- ya hace rato está embarcado en otras propuestas. Y marcar que los peronistas queremos “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación”… Bueno, a lo mejor el economista Espert o el comentarista Alcides Acevedo pueden plantear que el pueblo se merece ser infeliz y la Argentina chica, pero ninguna fuerza política se va a manifestar en contra.

No, estimados. Lo que interesa son las opciones actuales. Y en el peronismo una de las opciones fundamentales en este momento pasa por reivindicar, o no, la conducción de Cristina Kirchner. A algunos de mis amigos más doctrinarios esto los fastidia mucho, pero esa es la realidad. Que, recordaba el Fundador, es la única verdad.

Hay que señalar que, aunque el peronismo y la política son personalistas, y emocionales, esta opción tiene un contenido más amplio. En el posteo anterior subí un texto que, sin nombrar a CFK, cuestionaba el valor de una unidad sin contenido, y resumía su planteo afirmando que la diferencia está en “si se llega (al gobierno) con un pueblo inerte, amorfo, anodino, despolitizado y desmovilizado, … o si “llegamos” con un pueblo movilizado, politizado, con lucha de masas en ascenso, con organización popular y cuadros intermedios aptos para conducirla“.

Una afirmación teórica muy coherente. Eso sí, hay una idea que no se explicita pero está asumida: la organización popular de las masas en ascenso la van a hacer esos cuadros intermedios, organizados, es obvio, en torno a una conducción política. En el peronismo, esa descripción se referiría a la militancia kirchnerista identificada con Cristina.

El problema es que una buena parte de las masas -en ascenso o no- ya están organizadas en estructuras sindicales (y, desde algo menos de 20 años, en movimientos sociales). Y quienes las dirigen, burócratas o no, es posible que tengan dudas sobre el asunto.

Aquí subo otro texto. Éste es del compañero Gabriel Fernández, de hace más de diez meses, y apareció en la página de la CTA encabezada por Hugo Yasky. Es decir, el sector gremial que estuvo y se mantiene más cerca de Cristina Kirchner. En estos días ha vuelto a circular por las redes sociales, justamente porque este debate que está en marcha. Agrego un comentario mío al final.

Si abrevamos en el concepto de contradicción, hallaremos varias opciones interpretativas. Nos interesa, sin cerrarnos, esa variante inteligente que mientras admite la existencia del contraste, sabe o al menos intenta, diferenciar entre el principal y los secundarios. Todo esto acompasado por apreciaciones más cotidianas: el ser humano es muy variado, por tanto su proceder es diverso. Y lo es aún cuando proceda colectivamente de modo unificado. ¿Y el movimiento obrero? Ya veremos.

Por estas horas, como ratificando el decir de sus adherentes duros en las semanas recientes, Cristina Fernández de Kirchner se refirió a los “dirigentes sindicales”. Lo hizo con dos asertos esenciales, en pocos minutos de charla grabada por un celular: son todos más o menos parecidos, los metió en la bolsa, y son ajenos, pues los derechos los defiende cada miembro del pueblo sin intermediarios, cada integrante “empoderado”.

Late allí –CFK no lo dice, seamos honestos- pero late, otra dualidad con intensidad política: kirchnerismo – peronismo. De la objeción al reclamo por el impuesto a las ganancias se pasa, en lo tácito, a recriminar ausencias e indisciplinas. Alejamientos. Pero más por debajo aún se palpa, al menos lo siente quien vivió varios períodos y no sólo el más reciente, aquél antiguo disconformismo, aquella lejana incomodidad, de las capas medias del movimiento para con los sindicalistas.

Esto no lo hace saber nuestra líder más votada y sin dudas portadora de logros gubernamentales extraordinarios que hemos marcado sin cesar en estas páginas, pero si lo manifiestan con total franqueza los militantes más duros de su vertiente: ahora no reclaman, ahora donde están, son unos traidores, pactaron con Macri, etc. Usted los lee continuamente, o usted dice y escribe esas mismas cosas lector, y sabe a lo que nos referimos sin exagerar.

Ahora bien, el dilema no es sencillo. Hemos indicado que se trata de militantes de nuestro movimiento; no estamos hablando de esos gorilones que odian a Cristina, al kirchnerismo, al peronismo, al populismo, a Chávez y a todo lo mejor que construyó América latina en la Década realmente Ganada. Por tanto, en primera instancia: tienen pleno derecho a debatir y a plantear diferencias. No viene por ahí la objeción de este texto; ya verá.

Vamos un tranco hacia atrás. Un puñado de dirigentes se desprendió del movimiento nacional hace varios años. Grave error que puede equipararse con el deletéreo concepto de traición. Pero resultaron eso: un puñado de dirigentes que en modo alguno representan a los centenares y más de sindicatos y sindicalistas que permanecieron firmes junto al gobierno nacional y popular. Para empezar entonces, una generalización es injusta, aunque además errónea. Si el conjunto del sindicalismo hubiera aceptado la coordinación de las corporaciones, empezando por Clarín, el gobierno de Cristina hubiera caído antes de los comicios del 22 de noviembre.

Luego, es pertinente señalar que tras la fuga de esos pocos sindicalistas, el gobierno impulsó la creación de una agrupación juvenil asentada en empleados del Estado. Esto hay que decirlo, porque no es eso lo que está mal: ser militante no es ser ñoqui, ser militante es entregar la vida cotidiana al mejoramiento del país. Eso son los pibes a los cuales hacemos referencia. El problema es que un agrupamiento de esa naturaleza, no está en condiciones de conducir hegemónicamente un movimiento bravío como el peronismo y mucho menos, de disciplinar al gremialismo en la Argentina.

No se trata de un deber ser. Es una realidad. La mayoría de los sindicatos argentinos no traicionaron nada en este período. Han crecido gracias al proceso industrializador impulsado por el kirchnerismo, lo han agradecido y han movilizado… hasta que se lo permitió esa hegemonía juvenil. Porque créase o no, en este período los sindicatos integraron a una masa enorme de nuevos militantes de base; delegados, activistas, pibes que también se lanzaron a bregar por un mundo mejor… pero que poseen diferencias sociales con los antedichos.

Meses atrás, cuando todavía el debate en el movimiento se asentaba en quién sería el candidato y si se ganaba en primera o segunda vuelta, un dirigente sindical de extrema confianza dijo a este periodista “estuve pensando; está muy bueno lo de los patios de la Rosada cuando habla Cristina, muy bueno… pero ¿sabés qué? ¡Son patios blancos!”. Le pregunté que quería indicar y explicó: “Nuestros pibes no pueden entrar, van y quedan afuera, después ya no van, es todo de La Cámpora, y nada más, son chicos macanudos, pero están dejando fuera a trabajadores de su misma edad, que quieren ir a ¡respaldar a Cristina! Ahí tenemos un problema”, señaló, perspicaz.

Y más. En diálogo más reciente con un sincero –en privado- militante de la famosa agrupación juvenil en cuestión, aseveró: “También ¿era necesario que tuviéramos todos todos los cargos en las listas y la mayoría de los funcionarios en los ministerios?”. Está claro. Quien suponga que esto es propaganda de La Nación que lo crea y entonces no se habla más, la verticalidad se impone para todos y todas y no se discute nada. Pero el movimiento nacional discute, corcovea, se enoja y plantea. Porque si no, los errores se repiten. Por ejemplo: ¿A nadie se le ocurrió que los sindicatos afines, los que se quedaron valga la reiteración, merecían puestos adecuados en el Ministerio de Trabajo? ¿Nadie supuso que para mejorar la actividad electoral el sindicalismo tenía derecho a insertar candidatos en las listas? Pregunta simple: ¿Por qué no?

Es decir, el alejamiento se fue construyendo paso a paso, desde la asunción de Cristina hasta el presente. Derivó en la formación de un frente con identidad peronista al costado del Frente para la Victoria –a nuestro entender el FPV es la verdadera representación del movimiento nacional- y concluyó con una fuga de votos apreciable. Esos votos no podían ser contenidos en su totalidad porque estaban influenciados por otros factores, especialmente mediáticos, pero si parcialmente de haberse elaborado con más tacto el vínculo con el movimiento obrero organizado y con sectores de identidad peronista histórica.

No renegamos de nuestras palabras: hemos señalado oportunamente que el pueblo argentino vota populismo de centroizquierda y podemos realizar una narración ajustada, comicio por comicio en el orden ejecutivo nacional, que refrenda el comentario. Alguien dirá que los sindicatos no encarnan claramente ese perfil de centroizquierda. Entonces señalamos: no conocen a los gremios y a sus dirigentes que quedaron de este lado de la línea; no son nazis, ni fascistas ni corporativistas. Son compañeros con ideas bastante avanzadas y ya muy distantes de Moyano, ni qué hablar de Barrionuevo o Venegas. No los conocen porque muchos militantes de las capas medias también se guían por la orientación que reciben de los medios concentrados.

Pero además: no hay populismo sin sindicatos. Lo que es decir, como hemos indicado: no hay proyecto nacional sin movimiento obrero. La ausencia de Moyano se hizo sentir por su capacidad para arrastrar a la UTA, por la incapacidad propia para retener a la UTA, pero sobre todo por el destrato oficial hacia los sindicatos que se afirmaron en la defensa del Proyecto Nacional y Popular sin recibir un reconocimiento adecuado. Sin cámaras ni medios para hacerse ver y oír (salvo los nacional – populares carentes de financiamiento) y sin reuniones adecuadas con las áreas de Economía, Trabajo y Desarrollo Social.

Ahora bien. Todo este texto tiene la intención de amalgamar lo que se está desperdigando porque ya está visto que con una sola vertiente –el kirchnerismo- aunque sea la más votada y la más movilizada, no se logra vencer. Vencer en toda la línea, no sólo electoralmente, si se entiende. Y porque la reverberancia callejera de la adhesión del movimiento obrero organizado es una de las grandes armas culturales del movimiento nacional para combatir las campañas comunicacionales imperiales. Porque el kirchnerismo es un peronismo y no puede desplegarse sin integrar a su contradicción previa, no antagónica. Si la niega, pierde un componente de la elaboración.

Si el kirchnerismo no es un peronismo, como pretenden algunos entusiastas, entonces el kircherismo es una agrupación de clase media motorizada por individuos desorganizados que se juntan en una plaza convocados desde las redes sociales para efectuar demandas justas. Eso está muy bien pero con eso no se ganan las elecciones ni la hegemonía cultural nacional. La responsabilidad siempre recae en el liderazgo mayor. Entonces, este es un texto, también, destinado a respaldar a Cristina Fernández de Kirchner. A plantearle que sin el peronismo y sin el movimiento obrero organizado, ella pasaría de ser la jefa del movimiento en general, a la jefa de La Cámpora. Y lo que queremos es que asuma integralmente el liderazgo.

Pero el liderazgo está relacionado con la persuasión. Cada sector debe sentirse reconocido por el conductor, porque cuando hay zonas de exclusión la intensidad militante baja y los compañeros no saben bien qué hacer para apoyar un proceso que apoyan. Es común entre los dirigentes que arriban al peronismo desde la izquierda malinterpretar nuestra historia y presuponer que este movimiento es elementalmente vertical. No lo ha sido, ni con Perón, no lo es ni puede serlo, pues sus variados componentes encarnan fuerzas reales que batallan por salir a luz, expresarse y obtener cuotas de poder decisorio. Por tanto, tampoco es “elemental”: eso del choripán es un problema de La Nación y satélites, pero las ideas que fluyen por estos barrios son bien complejas.

Desde Jauretche y Scalabrini hasta Ubaldini, desde Cooke hasta Laclau, desde Rearte hasta Ongaro, desde Walsh hasta Ferla, desde el programa de Huerta Grande hasta los 23 puntos de la CGT, desde Perón hasta Cristina pasando por Néstor, por sólo citar un puñado, se registran dentro del peronismo tremendos y violentos debates democráticos –si, como discute nuestro pueblo, con energía y participación- que a su vez encarnan intereses profundos y vigorosos. La anulación de esos cruces a través de la hegemonía verticalizada sobre una agrupación, que además carece de la organización social de base adecuada, resulta letal y fuerza que los planteos emerjan descoordinados por aquí y por allá. El intento de encauzar esa trayectoria en pensadores como Ricardo Forster, una simplicación costosa.

Es claro que Cristina es jefa y cabalmente representativa. Es claro que La Cámpora es numéricamente importante y ha canalizado una militancia joven y valiosa. Lo que no es claro es porqué la líder y sus compañeros no dialogan con el resto del movimiento para incluirlo y potenciar así su propio desarrollo. Ahora bien, si quienes ocupan ese lugar recurren a la sencilla caracterización de toda disidencia como traición (a este periodista, por caso), estaremos condenados a configurarnos como una vertiente de los sectores medios altamente movilizados pero sin posibilidades cabales de victoria ante deficiencias para abarcar el arco social propio.

Y además, sesgando hacia un detalle: ¿quién fue el genio que desde Canal 7 dispuso en los últimos tres años que en los actos públicos y masivos del oficialismo se enfocara sólo las banderas de La Cámpora? ¿Creyeron que no se notaría que volcaban la cámara cuando arribaban el Evita, el Kolina, los sindicatos, los agrupamientos sociales? La dirección periodística de las transmisiones de esos magníficos eventos logró transformar enormes movilizaciones populares en festivales de muchachos porteños. Lo cual se constituyó en un verdadero festival para los medios concentrados.

En la lectura del tiempo histórico corto, puede suponerse que el kirchnerismo inventó todo desde la nada. Esa puede ser incluso, la legítima percepción de sus hacedores. Legítima pero equivocada. El pensamiento nacional con epicentro en el forjismo, el movimiento obrero pese a las defecciones y las organizaciones sociales en el último tramo del siglo anterior, mantuvieron banderas que fueron retomadas. La gran gesta del 19 y 20 de diciembre del 2001 quebró la cerviz del neoliberalismo y abrió las puertas al paso de la historia. Felizmente, el kirchnerismo observó esa herencia, se montó sobre ella y condujo la nación hacia un progreso que años antes resultaba impensable.

La admisión de ese decurso enriquece. Es doloroso que algunos compañeros supongan que desmerece los logros del tramo reciente: los realza como parte de una historia de luchas sorprendente, inteligente y heroica. Pero algo más para terminar: es preciso sacudirse esa prevención social en contra de los sindicatos. Ese gesto cultural que aleja porque lleva a percibir ajenidad sobre un espacio vertebral del movimiento nacional y popular, y por lo tanto del Proyecto que con gallardía el kirchnerismo ha llevado adelante.

Los cambios los hacen los pueblos. Las franjas militantes contribuyen a acompañar, esclarecer y organizar. Cuando se alejan y pretenden decirle a los pueblos todo lo que tienen que hacer, están sustituyendo sus organizaciones, pero sobre todo sus ritmos, sus culturas, sus representaciones genuinas. Estamos a tiempo de ensamblar lo propio. Somos una potencia extraordinaria. Podemos ser una totalidad sin abandonar nuestras concepciones parciales“.

Reitero que esto lo escribió el Director de La Señal Medios en enero. Si lo traigo ahora es porque está circulando en la militancia, y refleja las broncas anteriores que han hecho difícil que algún sector importante del gremialismo se “encuadre” con Cristina. Aún los que cuestionan la negociación que ha llevado adelante este año la CGT, y que -como resulta evidente del texto- valora y respeta el liderazgo de CFK.

Lo que dice me parece sensato, pero es historia. Vale para las discusiones de la militancia. Que tienen valor para la formación, para el futuro. En el presente, los caminos están elegidos. La mayoría, en número y en poder, de las organizaciones han elegido el camino de negociar con el gobierno de Macri, con el objetivo explícito de proteger -dentro del marco de esta gestión- los intereses de sus afiliados y de las organizaciones mismas.

Y en lo que se está armando en torno a Cristina, hay poquísima presencia gremial. Y sus militantes cuestionan furiosamente, otra vez, esta decisión negociadora.

No es la situación ideal, claro, pero las situaciones ideales son muy raras en la historia. Después de todo, en noviembre ’15 fue elegido, por una mayoría muy pequeña, un gobierno con la ideología y el estilo que ya había mostrado Macri en la C.A.B.A. Va a durar cuatro años, salvo un derrumbe similar al de De la Rúa. Un precio muy alto a pagar por el pueblo, y que no garantizaría, por cierto, una salida favorable a los intereses populares. En cualquier caso, no será volteado por esa militancia cuestionadora. O por los sectores medios progresistas.

El peronismo tiene una razonable posibilidad de volver al gobierno. Para eso necesitará, por supuesto, de los trabajadores, que seguirán integrados en sus organizaciones. Donde los cambios son lentos y en sus términos, como hemos visto. Por otro lado, esas estructuras, y el PJ mismo, no tienen, ni parece probable que surja en el futuro inmediato, otro candidato con más vigencia y “electorabilidad” que Cristina Kirchner. (Algunos piensan en Sergio Massa, pero la mayor parte de la franja dirigencial del peronismo lo mira con desconfianza. Y pocos se sienten seguros que conserve los votos que tuvo en 2013 y 2015).

En cuanto a mi actitud personal, por si interesa a alguien, a la mañana subiré una invitación de la CGT, lo que debería dar una idea. En el fondo, comparto la síntesis que hace un compañero que milita conmigo: “Los peronistas tenemos hoy dos clases de enemigos: los que atacan a Cristina, y los que atacan al movimiento obrero“.


“En la vida hay que elegir”: 1. Si opta por la unidad

noviembre 29, 2016

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En la vida hay que elegir” Esta consigna de una campaña electoral del 2013 no sirvió para ganar. Profesionalmente, tengo que decir que no fue afortunada. Pero encierra una verdad fundamental. A lo mejor eso le servirá de consuelo a los publicistas que la idearon…

La menciono aquí porque me parece que tiene que ver mucho con una pregunta que me hicieron aquí sobre los bordes ideológicos del peronismo. Traté de responderla -hasta donde se puede en un posteo- y señalé algunas fuentes que, creo, dan definiciones precisas y a la vez ricas. Claro, eso es en el plano intelectual, que es importante por sí mismo y porque no depende de las coyunturas.

Ahora, en el plano de la política, es decir, en el de las decisiones de todos los días, las definiciones intelectuales sirven de guía, pero no dan respuestas.

En ese plano -donde las pasiones tienen más fuerza y más autenticidad que los argumentos teóricos… Ahí son los antiperonistas -y su versión light, los antikirchneristas- los que están muy seguros de lo que es y no es peronismo. Los peronistas… lo han discutido, a veces en formas no convencionales, como dice un amigo mío, y lo siguen discutiendo, más civilizadamente.

Siempre en este plano, el de todos los días, al menos para los politizados, yo no remití a fuentes autorizadas y dí mi respuesta: El peronismo son los peronistas. Todo lo demás, la filosofía, la doctrina, aún los símbolos y los sentimientos, existe en los hombres y mujeres que se sienten peronistas, y no tiene realidad aparte de ellos (Y sí, si algún medievalista detecta influencias del pensamiento de Occam, está en lo cierto).

Entonces, me parece evidente que tanto Menem como Kirchner -para citar sólo dos casos de nuestra larga y complicada historia- eran peronistas. Eso es un dato de la realidad. Lo que hicieron como gobernantes… ahí las definiciones que cité, el cuerpo doctrinario, sirve para distinguirlo (Perón mismo era resultadista, como Bilardo. En eso seguía la línea de un conductor muy anterior, que decía “Por sus frutos los conoceréis“). Igual, ese juicio -que a mí me resulta evidente, también- tiene vigencia, peso en la realidad, en tanto se hace convicción en la mayoría de los peronistas. Se me ocurre que ya está.

A lo concreto: En pocos meses los peronistas se enfrentarán a elecciones (como el resto de los argentinos). Yo creo que ya se están perfilando los temas sobre los que se va a decidir. Quiero subir ahora uno de los dos planteos básicos (luego lo haré con el otro. Y mi posición).

Este texto me llegó a través de las redes sociales. No estoy seguro de su autor  original, y no me interesé en buscarlo. Porque más que argumentos muy elaborados, expresa lo que siente uno de los lados de la discusión. Aquí va:

HABLEMOS UN CACHITO SOBRE LA FAMOSA UNIDAD

La ausencia de un proyecto alternativo compartido por todos es otra dificultad a superar dado que aunque coincidamos en el rechazo al que se nos somete, esa ausencia dificulta la construcción de una unidad que vaya más allá de la lucha contra el enemigo común. ¿Cómo se construye esa unidad? es otro de los temas a discutir.

No hay que confundir la unidad del campo nacional y popular que es un objetivo estratégico, de mediano o largo alcance, producto de un proyecto y un programa compartido, con las alianzas. La Unidad se refiere a algo permanente, perdurable; las alianzas son circunstanciales y momentáneas, originadas fundamentalmente al logro de un objetivo determinado (por ejemplo, ganar una elección o una huelga).

La UNIDAD en cambio, es un proceso inverso y más que un acto voluntario es consecuencia de la NECESIDAD. Parte del reconocimiento de las coincidencias y de las diferencias considerando a estas como contradicciones no antagónicas, que por lo tanto, deben resolverse mediante la discusión y la práctica común. Esa necesidad, es la más de las veces un acto obligado que ocurre cuando una organización por aciertos de su línea y práctica política ha construido una hegemonía suficiente que obliga a otras –con las que compartía el mismo espacio político– a unirse a ella o desaparecer como alternativa, al menos en ese espacio. Ninguna unidad construida sobre “el espanto” perdura en el tiempo. Esta es la clave principal de todo accionar político, dado que presupone privilegiar construir, ampliar, fortalecer y cohesionar nuestro espacio propio para después –recién—pensar en alguna alianza.

Si la “alianza” se refiere solo a un proceso electoral, está claro que ella se construirá alrededor de quien “tenga votos” y básicamente será un acuerdo de cúpulas, lo cual no impide que “por debajo” de esa alianza se gesten acuerdos que tiendan a un mejor aprovechamiento del “clima” electoral con objetivos más trascendentes.

Pero si de lo que se trata es la unidad en un proceso de Resistencia, esa unidad se construirá alrededor de quienes lideran (y hegemonicen) esa Resistencia, a los que debemos fortalecer. O sea que “los acuerdos” se materializan y corporizan al compás de la misma lucha, que atraviesa transversalmente los espacios políticos, sociales, institucionales, etc.

La unidad así forjada tiene la virtud de incorporar a sectores que antes no participaban de la Resistencia y que, en su desarrollo, también van adecuando y reformulando “el proyecto” y modificando las relaciones de poder (tanto hacia “adentro” como hacia “afuera” del campo popular) de manera que ello aumenta las posibilidades de tener un mayor peso al momento de las decisiones importantes. La historia y nuestra experiencia como pueblo nos indica que los logros más importantes del campo popular fueron logrados como resultado de su propia lucha y que “el proyecto” fue adecuándose o reformulándose al compás de ella. Esta no solo tiene la ventaja de responder acabadamente a una relación de fuerzas determinada sino que –llegado al acto electoral– también favorece las posibilidades de que “los candidatos” o funcionarios surjan de esa lucha y no solo de estructuras penetradas por la burocratización.

De ahí se desprende que tan importante como “llegar” a un momento definitorio (incluso por la vía electoral”) es el CÓMO SE LLEGA dado que si se llega con un pueblo inerte, amorfo, anodino, despolitizado y desmovilizado, las burocracias jugarán un papel unívoco y excluyente como hasta ahora. Si por el contrario, “llegamos” con un pueblo movilizado, politizado, con lucha de masas en ascenso, con organización popular y cuadros intermedios aptos para conducirla, no se podrá dejar de tener en cuenta esta realidad, si es que efectivamente es tal“.


Definiendo los bordes del peronismo

noviembre 29, 2016

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De vez en cuando aparecen entre los comentarios en el blog, algunos que no son la repetición obsesiva de lo que el autor cree que son verdades fundamentales -como hace el bloguero, bah. Aportan pensamiento, información, o -lo más interesante, si bien exigente- preguntas.

Ayer preguntaron esto: “¿Cuáles serian los “bordes” ideológicos del peronismo? Con Perón en el poder era mas simple. Fuera del poder pero vivo supongo que ordenaba (con sus problemas) de alguna manera la cuestión, pero ya sin él ¿cualquiera puede definirse como peronista?

Personas que se identifican como peronistas parece que se sienten mas cómodas con dirigentes como Sabatella (por dar un ejemplo) que con otros peronistas. Y otras sienten más afinidad con Macri que con otros “compañeros” (0 no los reconocen como tales).

Sé que no es algo nuevo. Pero en los ´70 era entre “fachos y zurdos”, pero ninguno representaba las ideas liberales (ahora neo). ¿Se puede identificarse como peronista y trabajar para llevar a presidente a un Macri? ¿Puede considerarse alguien peronista y estar mas cerca de las ideas mas o menos permanentes del liberalismo argentino?” (Resumí el comentario, pero no dejé afuera nada de lo que plantea).

Vale la pena dejar de seguir un rato la coyuntura y tratar de responder. No sé si soy capaz de hacerlo. Pero en un posteo tengo como excusa que debo ser breve. Me animo.

Ante todo, el peronismo -como conjunto de ideas, un sistema de valores y una forma de apreciar (¿definir?) la realidad- está descripto en forma muy completa. No como se puede describir una función matemática, o un accidente geográfico. Como todo lo que está vivo, cambia, por su propia evolución y también porque cambia la realidad en que está inserto. Pero cualquiera, aún sin ser peronista, ni simpatizante, que encare con seriedad su estudio, puede reconocer la identidad. Como sucede con el marxismo -en todas sus muy distintas variantes, de Lenin a Giddens. O, algo aún más abarcador, el pensamiento católico.

Recomiendo un paso muy básico: leer a Perón. “La comunidad organizada”, “Conducción política”,… En el Instituto Nacional Juan Domingo Perón -organismo oficial- se accede a todo el material que pueda pretender el estudioso más obsesivo. Me han dicho -yo no los leí todos- que sus discursos del año 1949 son el compendio más completo de su pensamiento. A mí me gusta mucho éste de 1947, porque introduce también los problemas prácticos y las soluciones improvisadas que son inseparables de la tarea de gobierno, aunque se hable de filosofía.

También están los pensadores que trabajaron en esa huella, en direcciones muy distintas: Sampay, Jauretche, Cooke,… y una laaarga lista. Como a mi me gusta lo inconvencional y un lenguaje actualizado, hace unos tres años subí al blog, y mantuve en la portada como una página separada, un trabajo de Alejandro Romero. Me sigue pareciendo bastante adecuado. Como un esfuerzo colectivo actual, recomiendo la Declaración de Formosa.

Ahora, todo esto no responde a la pregunta del comentarista. Es necesario para entender de qué estamos hablando cuando decimos “peronismo”. Pero el pensamiento filosófico, aún la doctrina misma, no es un almacén de “soluciones”, no es una lista de las medidas y las alianzas, a menudo imprevisibles, que un gobernante o un político debe tomar y hacer. Si es sincero, en particular consigo mismo, la doctrina le ayudará a elegir el camino. No los pasos a dar en él.

Para hacer claro esto que digo, no conviene empezar con las transformaciones -a veces opuestas, que tuvo el peronismo en su historia. Como el Partido Republicano de Abraham Lincoln, o el Socialismo Obrero Español de Pablo Iglesias. Pensemos en Perón, que -como repiten los que quieren definir al peronismo desde afuera- “echó a los Montoneros de la Plaza” (más precisamente, creó las condiciones para que se fueran) después que el asesinato de Rucci le mostró que no podía tolerar su desafío. Pero menos de dos años antes los había “traído a la Plaza”, al nombrar al hermano de Fernando Abal Medina secretario general del Movimiento y a Rodolfo Galimberti delegado por la Juventud. ¿Decisiones equivocadas? Con el diario del lunes, acertamos todos.

Entonces, ¿estoy diciendo que todo vale, si parece que sirve para ganar o conservar el poder o, en el mejor de los casos, si el gobernante cree honestamente que es necesario hacerlo? No. Para mí, hay una forma para juzgar si una política está dentro o fuera de los “bordes” ideológicos del peronismo. No es el análisis teórico de los intelectuales, ni tampoco las emociones de los militantes (aunque a éstas las respeto un poco más).

Es el voto de los peronistas. De los que, afiliados o no, son los que por 70 años han votado consistentemente por el peronismo. Los trabajadores, los pobres. ¿Se equivocaron y se pueden volver a equivocar? Seguro! Tener menos plata no lo hace a uno más sabio ni más bueno que tenerla, o por lo menos así le parece a un escéptico como yo.

Pasa que el peronismo, además de un pensamiento, es una realidad. Esa realidad no es un hombre, su fundador, que nació en 1895 o por ahí y murió en 1974. El peronismo son los peronistas. Que son, además una gran parte de otra realidad mayor, la Argentina. No es posible “acertar” sin ellos, o por fuera de ellos.


Atención, Macri: la contraofensiva se empantana

noviembre 28, 2016

Amables lectores del blog acercan datos, y me veo forzado a ampliar el posteo anterior. Ya no informan sobre la vulnerabilidad de la “boleta electrónica” al hackeo o al espionaje al votante. No. Ahora señalan que Carlos Pagni -ya no se puede creer ni siquiera en la fidelidad del periodismo- pregunta “¿es verdad que las máquinas (las que hacen posible el voto electrónico) ya se compraron y esperan en la Aduana?!“.

Y don Eduardo Eurnekian -insiste, esa gente mal pensada, que es el fabricante de los chips- declaró al Cronista  “El dinero no va a venir porque todos los días hay un despelote. Y está latente el riesgo de volver a un populismo en la Argentina“. En tiempos de Cristina, se habría dicho que es una afirmación destituyente.


Se viene la contraofensiva de Macri: Chip o muerte!

noviembre 28, 2016

macri-revolucion

Este blog les ha ido contando en detalle las crónicas de la batalla que lanzó, largos meses ha, el Presidente Mau por la reforma electoral, que tanto necesita -dicen algunos- la democracia argentina. Eso sí, con boleta electrónica o nada.

Hasta ahora, fue nada. Y si bien me sentí obligado a tenerlos informado -si el gobierno estaba tan interesado algo de interés debe haber ¿no es así, Eduardo?- no lo vi como un tema fundamental. Después de todo, Cambiemos ganó en la nación y en unos cuantos distritos con el sistema de siempre.

Pero parece que Macri no lo ve así. Leemos:

El presidente está muy molesto. Quienes lo conocen dicen que sólo la final de la copa Davis le quitó por un rato el mal humor de la última semana. La razón es una: Quiere la boleta electrónica en las elecciones del 2017.  Marcos Peña, su jefe de Gabinete, es quien mejor lo interpreta y salió ayer en el programa de su amigo Luis Majul a señalar que la reforma política “no se cayó”, sino que está bloqueada por un senador kirchnerista”. Por último, afirmó que “hasta el 30 de diciembre tenemos tiempo para sacar la boleta electrónica”.

“Los que se opusieron a la reforma política que se preparen: vamos por ellos. Si le tenían miedo a la chequera de Cristina se enterarán de un Macri enojado,” afirmó un funcionario de la Casa Rosada. Sin nombrarlos públicamente, van a ir por los gobernadores Gildo Insfrán, de Formosa, Lucia Corpacci de Catamarca y Carlos Verna, de La Pampa que se opusieron a la reforma.

Insfrán, un gobernador que tiene un apoyo masivo en su provincia y con una administración prolija, salió a responderle al gobierno. “Nos pueden amenazar de todas las formas, pero no bajaremos los brazos. Resistiremos lo que venga, porque defendemos la causa del pueblo”.

Añadió: “La consecuencia (de las políticas de Macri) fue la concentración de riquezas en manos de pocos y la exclusión de muchos. Desde este costado norte de la patria seguiremos trabajando para defender lo logrado en estos últimos tiempos y estar preparados y alertas para resistir y enfrentar lo que venga”.

La estrategia es sencilla: culparan al kirchnerismo y a los gobernadores a los que empezaron a calificarlos como “clientelismo feudal” y responsables de fraude en sus provincias. En realidad, lo que no dice Cambiemos es que todos los expertos afirmaron que con la boleta electrónica el fraude sucedería sí o sí.

La ofensiva fue lanzada por Peña pero se le sumarán por estos días Rogelio Frigerio, Adrián Pérez y el presidente del a Cámara de Diputados, Emilio Monzó. También apoyaron María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. Desde la provincia de Buenos Aires, varios intendentes peronistas señalaron a este portal que “la boleta de papel ayudará a la militancia del peronismo y le cierra la puerta a aquellos que soñaban con sellar un acuerdo con Sergio Massa, que igual que Macri, prefiere las redes sociales y la televisión a la militancia de los compañeros en el barrio”.

La guerra santa de Cambiemos contra los impíos (aquellos que no aceptan el modelo neoconservador) está en marcha. Cristina, Daniel Scioli, los gobernadores que frenaron la reforma política, los senadores y todo aquel que se le ponga en el camino sufrirán el escarmiento del presidente“.

Como uno de los firmantes del Documento de Formosa, manifesté mi solidaridad a través de ese grupo al Dr. Insfrán. Y en este posteo quiero extenderla a los gobernadores Verna y Corpacci. Pero les voy a ser sincero: no tomo muy en serio el enojo de Macri. A lo peor me equivoco, pero en mi barrio siempre se decía “Perro que ladra no muerde“.


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