Después de la Plaza de los maestros

marzo 23, 2017

Ayer la Marcha Federal Educativa y el tercer paro docente de 48 horas, cerraron en la Plaza de Mayo, como es la tradición argentina. Ha sido un hecho muy importante, y aunque no me gusta repetirme, no puedo pasarlo por alto. Tampoco tengo para agregar a lo que dije muchas veces en el blog. Lo resumo, entonces.

La manifestación, imponente, muestra otra vez que hay muchos argentinos furiosos con este gobierno, y quieren expresarlo con su presencia. Como sucedió con la que llamó -sin muchas ganas- la CGT hace sólo 15 días. Así, es necesario que nos demos cuenta que a pesar de la larga (ya lleva más de 130 años) campaña de desprestigio contra el sindicalismo, y que su dirigencia actual ha hecho mucho por reforzarla (no es el caso de la Marcha y del acto de ayer, me apuro a decir. Fue prolijo y bien pensado), estas convocatorias se han hecho desde lo gremial. Esto, en un año electoral. Hay que preguntarse porqué no se hacen, todavía, desde lo político. Y cómo, a pesar de todo, las estructuras sindicales, sino sus dirigentes, son portadoras de legitimidad como vehículos de la protesta.

(Sobre esto, hay algo que agregar: Ayer a la tarde, un (muy) veterano dirigente sindical me decía: “Lo habitual antes era que, cuando se decidía una huelga, teníamos que ir a los lugares de trabajo para convencer a la gente. No es fácil correr el riesgo de perder el día, o el laburo. Hoy, las bases están más furiosas que los dirigentes“).

Otro hecho a destacar no tiene que ver con esta coyuntura, ni siquiera con este gobierno. Habla de un cambio en la sociedad argentina: en las últimas décadas la sindicalización de los sectores medios argentinos, en buena parte tradicionalmente antiperonistas- ha avanzado. Se ve muy claro en los docentes, aunque es sólo uno de los que se han transformado, lentamente, en su conciencia. No la política, la gremial.

Y esto que señalo apunta directamente a una consecuencia política decisiva que ya destaqué. Macri, la alianza Cambiemos, obtuvo el voto de la mayoría de estos sectores medios tradicionales, especialmente entre los docentes. Tanto el análisis de los resultados electorales, como la simple observación de lo que se decía en escuelas y colegios lo confirma. Esos sectores no se han hecho peronistas; menos aún -excepto los que ya simpatizaban- en la variante kirchnerista. Pero tienen mucha bronca con este gobierno, incluso los que no fueron a la Plaza, ni marchan. Todavía -no nos engañemos, será una lucha difícil- los gremios docentes pueden perder este enfrentamiento. Pero Macri ha perdido definitivamente la expectativa favorable que la clase media que votó contra el gobierno anterior trataba de conservar. Creo que aquí terminó de perder las elecciones de este año.


Peronistas, entre la unidad y el rancho aparte

marzo 22, 2017

Estoy tomando este título de una nota de Página 12. Y corresponde: el diario que ayuda a mantener Víctor Santa María fue el primer medio que empezó hace casi una semana a dar detalles de lo que está pasando en el peronismo porteño (la única excepción: un parrafo casual donde se lo anticipa, entre otras cosas, en un reflexivo posteo. Ustedes saben la consigna: lo leyó antes en el blog de Abel).

Como sea, es interesante. Hablamos del 4° electorado del país, de la vitrina mediática de la Argentina, y, además, del mismo dilema que se enfrenta en la hermana mayor de todas las batallas, la de la provincia de Buenos Aires.

Eso sí, es muy confuso para los de afuera (afuera de la política porteña). Aquí el peronismo, en particular, tiene una sobreabundacia de caciques y capitanejos, pocos indios de lanza y nadie dispuesto a ser chusma. Voy a volcar y ordenar un par de noticias distintas que muestras diferentes movidas. Al final, les comento lo que para mí es la clave.

Empiezo con lo que decía P. 12 el 17 de marzo:

Alberto Fernández (el ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner y por un tiempo de Cristina Kirchner) convocó a un almuerzo en en San Telmo, a más de 60 dirigentes del peronismo. A su lado se ubicó el presidente del PJ porteño, Víctor Santa María, quien también viene promoviendo un frente no sólo del peronismo sino también de otros sectores de centroizquierda y progresistas. También participaron, entre otros, los ex embajadores Jorge Argüello y Patricia Vaca Narvaja, el ex secretario de Culto Guillermo Oliveri, el ex titular de la OA Julio Vitobello, el ex jefe de gabinete en el Ministerio de Seguridad Raúl Garré, la diputada parlasureña por el FR Fernanda Gil Lozano y Gustavo Blanco, referente del sector del jefe cegetista Héctor Daer. “El Gobierno especula con dividir a la oposición. Tenemos que dejar de ser funcionales a Mauricio Macri y unirnos”, propuso Fernández.

(Aparece aquí) un sector del massismo que no está muy de acuerdo con la alianza con Margarita Stolbizer. Creen que en todo caso eso es factible en la provincia de Buenos Aires pero que en la Ciudad hay que apuntar a la unidad del peronismo. Alberto Fernández sería su candidato a diputado. Esta movida se conjuga bien con lo que viene proponiendo Santa María junto a otros referentes del peronismo capitalino como Daniel Filmus, Eduardo Valdés, Jorge Taiana y Gabriel Fuks. Promueven un frente amplio que, además de este sector dialoguista del massismo, sume a los dirigentes cercanos al papa Francisco Gustavo Vera y Pino Solanas, al socialista Héctor Polino y al economista Itai Hagman, entre otros con los que mantienen conversaciones.

La idea no convence tanto a otros sectores del Frente para la Victoria como los que componen La Cámpora y Nuevo Encuentro, más en la idea de elaborar una lista con un perfil cien por cien kirchnerista con Juan Cabandié y Gabriela Cerruti como candidatos.

Pero quienes se pusieron más intranquilos con el almuerzo de Alberto Fernández y los referentes peronistas fueron quienes levantan la candidatura de Felipe Solá a diputado por el Frente Renovador. Uno de ellos es Juan Manuel Olmos, un dirigente del peronismo porteño que ahora milita en las filas del massismo. Olmos armó como respuesta la foto de Solá en una mesa con su esposa, la legisladora María Rosa Muiños, el legislador massista Gentilini y el diputado Lavagna. “Hace varios meses que hicimos pública nuestra vocación de construir una alternativa amplia y plural junto a expresiones del progresismo o centroizquierda, en línea con lo que vienen desarrollando Sergio Massa y Margarita Stolbizer, como también con sectores del peronismo porteño que hayan dejado atrás la lógica de organización del kirchnerismo”, declaró Gentilini, marcando a las claras la distinción entre una propuesta y otra“.   (completo aquí)

Ayer, los portales Letra P y La Política Online traen más ¿novedades? Tomo del primero:

El año electoral avanza y se aviva la tensión entre los distintos espacios y referentes que se aglutinaron en los últimos 12 años bajo el Frente para la Victoria de la Ciudad de Buenos Aires, con el Partido Justicialista y La Cámpora, como actores principales de una sorda y constante batalla incluso en un distrito que siempre le fue esquivo a la fuerza encabezada primero por Néstor Kirchner y luego con Cristina Fernández como conductora.

El peronismo local y los dirigentes liderados por Máximo Kirchner se cruzan por el futuro armado de listas, en el marco de una estampida de justicialistas que decidió acercarse a Sergio Massa, a raíz de una jugada de Juan Manuel Olmos. A esto se suma una búsqueda “aperturista” de peronistas de antaño que acompañaron al kirchnerismo en la Casa Rosada, con presencia de algunos ex ministros.

La división del FpV porteño puede trazarse en dos grandes grupos. La Cámpora, Nuevo Encuentro, Peronismo Militante, Unidos y Organizados coinciden en cerrar filas y abstenerse de forjar nuevas alianzas. En tanto, el cuarteto de parlamentarios del Mercosur encabezado por Daniel Filmus, Jorge Taiana, Eduardo Valdés y Víctor Santa María sugieren arrimar a la centroizquierda y a ex massistas a la construcción del kirchnerismo porteño.

La idea quedó plasmada este lunes con una foto en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) en la que se puede ver al ex jefe de Gabinete y antiguo colaborador del Frente Renovador, Alberto Fernández, el diputado porteño cercano al Papa Francisco y fundador de La Alameda, Gustavo Vera, el radical K Gustavo López, el ex diputado nacional Claudio Lozano y emisarios que envió el líder de Proyecto Sur, Pino Solanas, que no logró llegar al encuentro.

De ese evento también participaron Claudio Morresi, el ex ministro de Salud Ginés González García, la ex titular del Banco Central Mercedes Marcó Del Pont, el ex embajador de Jorge Arguello y el ex secretario de medios José “Pepe” Albistur. “Nos falta Nilda Garré y le copamos todos los ministros”, chicanean dese el conglomerado peronista que adoptó el lema “Unidos por Argentina”, tal cual comenzaron a viralizar en redes sociales.

Sin embargo, esa afirmación no es correcta: el ex ministro de Trabajo de los 12 años de gobierno kirchnerista, Carlos Alfonso Tomada, se mantiene distante de esas tensiones. Desde su lugar de jefe del bloque del FpV porteño trata de equilibrar entre el scrum de ediles kirchneristas y los peronistas que le hacen lugar a massistas arrepentidos y a la centroizquierda“.   (completo aquí)

La información de LPO es (todavía más) confusa. Pero su último párrafo es certero:

Pero como siempre sucede en el peronismo portyeño, hasta los mejores planes pueden desordenarse. De hecho, Santa María, si bien ahora pasa un período de enojo con la Cámpora, hasta no hace mucho quería integrarlos al armado. El problema -natural- es que La Cámpora, pretende canalizar las listas otra vez. “Cristina tiene los votos, si no le gustan las listas que define, armen una ustedes”, chicanean desde la agrupación que conduce Máximo Kirchner. En eso andan“.

Mi comentario: Invito a mis compañeros y vecinos a no comerse los amagues. La lista de unidad es la opción más razonable, y a la que se llegará salvo una vocación de suicidio que aquellos/as que tienen poder real. Pero… la lista de unidad se hará sólo con los que puedan mostrar que tienen voluntad y recursos para armar un rancho aparte. ¿Se dan cuenta porqué digo que hay aquí una señal para Buenos Aires provincia?


Francisco y los peronistas

marzo 22, 2017

Hace 4 años, y 9 días, que Jorge Bergoglio fue elegido Papa. No mencioné el aniversario en el blog -ya les dije que lo mío no son las efemérides- pero eso no significa que no tengo clara la importancia de la decisión que tomaron en ese momento el Espíritu Santo y/o una clara mayoría de los cardenales.

En todo caso, mi amigo Eduardo Valdés, alguien mucho más conocedor del Vaticano que yo, dará hoy miércoles 22, a las 13 hs., una conferencia sobre el Pontífice -el que hace los puentes- en la Universidad Metropolitana, Sarmiento 2037.

Habrá también un documental de Eduardo Febbro que trata de Barack Obama, Rául Castro y un puente que se construyó ahí. No podré estar -tengo un compromiso a la misma hora, pero estoy seguro que será interesante.

Eso sí, no puedo resistir a la tentación de agregar un comentario: Es evidente que Francisco, como Papa, como jesuíta y también como peronista no puede dejar de tener influencia en la política argentina, aunque no quiera. Y no sé si no quiere.

Pero ese es un tema para reflexiones más profundas. Quiero señalar el otro lado: que muchos, muchos peronistas encuentran en Francisco no sólo una inspiración sino también un referente.

Todo bien con eso. Podrían elegir referentes mucho peores, y mensajes menos inspiradores. Pero… me permito sugerirles que no confundan los tareas. Las suyas propias. Por ejemplo: Es indudable que Juan Pablo II jugó un papel muy importante en el derrumbre de la opresión soviética sobre su patria y sobre el Este de Europa. Lech Walesa, por ejemplo, fue uno de sus compatriotas que, inspirado y fortalecido por el entonces Papa, jugó un rol decisivo.

Ahora, tengamos claro que Lech no se dedicó a publicar libros y dar conferencias sobre el pensamiento de Juan Pablo. Armó un sindicato, Solidaridad, e hizo huelgas. (Esta no es una exhortación a Valdés, eh. Aunque es más joven que yo, considero que ambos jugamos en la categoría senior).


El INDEC de Moreno

marzo 21, 2017

Estrictamente, este posteo no es necesario. Toda la batería comunicacional kirchnerista -con pocos recursos pero entusiasta y ruidosa- ha salido a divulgar el fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal que avala el trabajo del INDEC y la validez de los índices que produjo durante la intervención de Guillermo Moreno. Y es natural: la oposición y los medios -o mejor, los medios, con alguna ayuda menor de la oposición, se encargaron de demonizarlo. Convirtiendo una discusión técnica en una herramienta más para golpear al gobierno de ese entonces. Con éxito publicitario: pocas voces públicas, aún en ese oficialismo, se animaban a defenderlo abiertamente. Hoy la militancia les dice a los críticos, en las palabras del filósofo: ¡A comerla!

Igual, quiero comentar el asunto en el blog. Entre varios motivos, porque yo fui uno de los que criticó, de vez en cuando, el manejo político de esa intervención. Fui invitado -lo conté en el blog- a la primera charla pública que dio Guillermo Moreno en la Secretaría de Comercio sobre el tema, poco después del alejamiento de Alberto Fernández de la Jefatura de Gabinete. Recuerdo que de lo que reveló entonces, lo que me pareció más relevante eran sus sospechas sobre las consultoras que trataban de obtener los datos con anticipación. Ah, y que los comercios a encuestar que encontró la intervención estaban cuidadosamente elegidos, no por su representatividad sino por su cercanía a las líneas de subte, para evitarle trabajo a los inspectores.

Pero tenía bastante conocimiento de estadística para que el tema de la elección de las canastas de productos para establecer el aumento de los precios no me impresionara. Por supuesto, es decisivo en un mes, y puede introducir sesgos en un año. Pero, a la larga, todas las canastas numerosas tienden a acercarse al mismo índice. Claro, los funcionarios deben dar respuestas a la coyuntura, y mejorar en lo posible la situación inmediata. Que es lo que está haciendo Todesca, por supuesto.

Pero la estructura del INDEC, que no puede ser ni siquiera imitada por ninguna consultora privada, reúne datos que van mucho más allá del aumento de precios. Es un activo fundamental del Estado argentino, y se ha pagado un precio por permitir que los enemigos del gobierno lo convirtieran en uno de sus temas clave. La defensa sin matices no evitó el precio a pagar en credibilidad. Como advertía un viejo político “Cuando todos se equivocan, todos tienen razón“.

No es el estilo de Guillermo Moreno. Él se ve a sí mismo, y es, el soldado de una causa, y no le importa pagar “costos políticos”. Me parece justa, entonces, esta reivindicación judicial del trabajo que hizo. Porque este fallo, que el peronismo aplaudirá y el actual gobierno ninguneará, tiene consecuencias prácticas fundamentales. El Estado argentino no puede ser demandado por las decisiones que tomó basado en los números del INDEC. Que, con los defectos inevitables, son los datos más completos que tenemos sobre nuestra economía.


La tía Mirtha y el sobrino Mauricio

marzo 21, 2017

Vemos un modesto revuelo de las caras públicas del macrismo (A propósito ¿que pasa con los anunciados “ángeles de Mauricio?) Y el objeto de su ira esta vez no es Cristina, ni siquiera Baradel: ¡es ese baluarte de la Argentina PRO: Mirtha Legrand!

La jefa del bloque de senadores del PRO-Cambiemos (el equivalente de Pichetto) Laura Rodríguez Machado criticó a la conductora (Mirtha) por su actitud durante la entrevista con Mauricio Macri en la quinta de Olivos. Según ella, la diva “no lo dejaba hablar” al Presidente y la pregunta que le hizo sobre el monto de la jubilación mínima “fue una emboscada“. Dijo que “lo retaba como si fuese una tía enojada“!

Francamente, yo no habría prestado atención a este bochinche -sobre lo que indicó esa cena de la estrategia del oficialismo ya comenté aquí– si no fuera por el ruido en las redes sociales. Las huestes tuiteras del Marcos salieron a bardear a la anciana dama (Mirtha, otra vez). También, confieso, porque tengo algunas dudas sobre el efecto político del episodio, y quiero compartirlas con ustedes.

Amigos de la política con mucho kilometraje lo ven como un desastre para la imagen pública del Presidente, comparable al lamentable “show” de De la Rúa en el programa de Tinelli. Peor, porque aquí era el dueño de casa. Mostró falta de conocimientos, y más grave, de autoridad. Consideran que debe ser reemplazado por incompetente el equipo de comunicación, o el Presidente (Les propuse la consigna “¡Pinedo Ya!” Después de todo, él tuvo la única gestión presidencial sin cuestionamientos).

Mi socia Florencia Benson, con un amplio conocimiento de comunicación, y además perceptiva, no lo ve así. Piensa que hubo la intención deliberada de crear una idea “Bueno! Alguien (la Mirtha, el arquetipo, en el sentido de Platón, de las señoras de su casa) le dijo lo que uno le querría decir. Qué bien!“. Y la mayoría de los sectores medios -que es la mayoría de los votantes- que están fastidiados con el gobierno pero no son politizados, se habrían desahogado.

Es posible que esa haya sido la idea. Después de todo, la satisfacción de “decir cuatro cosas al que tiene el poder” -aunque no produzca ningún resultado en la práctica, ni pueda producirlo- es algo que los argentinos han mostrado valorar, tal vez en exceso. No sólo los macristas. Como sea, si las razones del fastidio continúan vigentes ¿las podrá canalizar Mirtha? Ella no es candidata. Y no quiero dar ideas, eh.


David se ha ido

marzo 20, 2017

No estoy muy seguro de porqué me siento impulsado a escribir sobre David Rockefeller, banquero, nieto de John D., y heredero y custodio de una de las grandes familias de la plutocracia norteamericana, formada entre la Guerra Civil y la Primera Guerra Mundial. Lo primero que me viene a la memoria es -irrespetuosamente- un viejo chiste, el del borracho del pueblo que lloraba desconsolado en el velorio del viejo estanciero “No somos nada! No somos nada!… No somos nada del muerto!“.

A los que estén interesados en un resumen razonablemente informativo de su vida, les recomiendo la necrológica de Bloomberg´s. Lo mío es apenas un comentario: elegí esa imagen con la famosa declaración “Algunos hasta creen que nosotros (la familia Rockefeller) somos parte de una secreta cábala que trabaja contra los mejores intereses de los Estados Unidos. Caracterizan, a mi familia y a mí, como “internacionalistas”, y que conspiramos con otros como nosotros alrededor del mundo para construir una estructura global más integrada en lo político y en lo económico –  un mundo unido, si se quiere. Si esa es la acusación, soy culpable. Y estoy orgulloso de eso“.

Con esa frase, todos los fans de conspiraciones se han hecho un picnic. Al que invitan a la Comisión Trilateral, el grupo Bilderberg y los Iluminati. El punto que me interesa es que él mismo la puso en sus Memorias, que publicó hace no tanto, en 2003 (Capítulo 27, página 406).

No simpatizo con el espíritu y los mecanismos de esa estructura global que favorecía David R. Pero tengo presente dos cosas: aquellos que tienen y manejan patrimonios por encima de los diez mil millones de dólares -y hoy son muchos miles de individuos en el mundo actual- necesariamente, más allá de la ideología que tengan, su percepción será distinta a la de los que necesitamos a los estados nacionales para defendernos y para tener alguna esperanza de no ser irrelevantes.

La otra es que David R. pertenecía a una generación y a una actitud distinta de los que manejan ese poder económico en este tiempo. (En este tiempo nadie se animaría a decir algo así en público). Él nació dos años antes de la Revolución Rusa, y duró bastante más. Pero sus interlocutores en la Trilateral ya no son los más importantes jugadores globales.

Hoy la Gran Igualadora vino por él, y no me cabe juzgarlo. El comentario final lo hizo un poeta “Morir es una costumbre   Que sabe tener la gente“.


La prehistoria del PRO

marzo 20, 2017

Alguna vez dije aquí que Artepolítica era el blog más inteligente entre los dedicados a la política argentina. Lo sigo sosteniendo. No es sólo porque acabo de leer lo que subieron ayer, pero lo refuerza: Una mirada lúcida y original sobre la situación actual. No se podía esperar otra cosa de María Esperanza Casullo, Nicolás Tereschuk y Abelardo Vitale -qué equipo, por Dios!

Igual, mi reacción es tomar lo que dicen… y buscar las contradicciones ¿El pelo en la leche? Algo más. Ellos plantean que la división actual en la sociedad argentina es distinta y más profunda que la vieja “grieta” kirchnerismo / antikirchnerismo que se reflejó en el balotaje de noviembre 2015. Lo desarrollan con elegancia y argumentos muy sólidos. Y estoy convencido que tienen razón. Algo de eso había planteado, con menos claridad, en mi blog.

Pero… hay un elemento que es necesario tomar en cuenta. Y explicar. Es el hecho que la expresión política de esto que ellos describen, el rechazo que una parte creciente de los argentinos siente ante el gobierno de Macri y lo que hace… es una muy tradicional. Tiene 72 años y se llama peronismo.

Ojo: no estoy diciendo que el peronismo tiene una sabiduría intrínseca que le permite expresar y dar respuesta a los reclamos profundos de la sociedad. Los que leen mi blog saben que ese es un discurso demasiado teórico para mi estilo. Lo pueden encontrar en otros blogs, buscándolos en Google: empiecen a escribir desho… y les aparece.

No. Me refiero a un hecho concreto: el peronismo “realmente existente”, con sus gobernadores, sus intendentes, el PJ (“la herramienta electoral”), su militancia- que se identifica en su gran mayoría con la experiencia kirchnerista-, es la alternativa más clara y con mejores posibilidades electorales a este oficialismo. Algunos discutirán el primer punto, pocos el segundo. Pero la mayor parte por lejos de la sociedad -consulten cualquier encuesta- lo ve así, y eso es lo que lo hace real.

La cosa va más lejos: la figura opositora más nítida, la que una mayoría aplastante (otra vez, consulten cualquier encuesta seria) de los argentinos -tanto los que respaldan al gobierno como los que lo cuestionan ve así- es alguien que fue Presidente por dos mandatos y simboliza los doce años anteriores a este gobierno: Cristina Fernández de Kirchner. Más todavía, es la precandidata más mencionada -la única que está haciendo campaña- para disputar este año la elección legislativa en la provincia que reúne un poco menos del 40% del electorado.

¿Aún más todavía? Una conducción gremial vinculada estrechamente por su historia y su discurso al peronismo, pero que es muy cuestionada, hasta rechazada por los sectores no sindicalizados y aún por parte de éstos, peronistas o no,… convoca (sin mucho entusiasmo) a un paro general. Y todas las expresiones políticas y gremiales opositoras terminan acompañándolo.

Reitero: este no es un argumento para mostrar lo maravilloso que es el peronismo. O que no ha habido cambios en lo que pensaba la mayoría de los argentinos desde noviembre 2015. Por supuesto que los hubo. Me inclino a pensar que muestra un rasgo de inercia en lo sociopolítico. Que tiene que ver con el peso de las estructuras. Y -lo que no es lo mismo, por cierto- también con las identidades.

Me hago estas reflexiones desordenadas porque tengo más preguntas que respuestas. Entre ellas, qué es lo que permanece y qué es lo que cambia en el peronismo. No como pensamiento -hace poco participé de un esfuerzo para tratar de actualizar sus definiciones- sino como una proyecto político concreto. Se me ocurrió que podía avanzar haciéndome la misma pregunta sobre su antagonista, el actual oficialismo.

Y en eso también me aportó Artepolítica! En ese blog han señalado que la experiencia macrista tiene raíces profundas en la traticional Derecha argentina. Vale, pero no lo encuentro muy útil. Lo que despertó mi interés – y mi desacuerdo con su enfoque, es un ensayo de Marcos Schiavi, del cual la primera parte es ésta.

Schiavi hace un muy buen resumen de lo que yo llamo aquí la “prehistoria” del PRO. Que se los copio a continuación. Y a continuación, claro, mi cuestionamiento. Que me va a servir para empezar a plantear lo que yo pienso de hacia dónde está yendo.

El PRO, el partido que encabeza la coalición Cambiemos, es un partido joven, un partido del siglo XXI y, sobre todo, un partido 100% porteño. Ese es un dato insoslayable al analizar su vínculo con el Gran Buenos Aires.

Los primeros pasos de lo que luego sería el PRO se dieron en la Ciudad de Buenos Aires, en 2001, con la creación de la Fundación “Creer y Crecer”. Allí compartían cartel y proyecto Mauricio Macri y Francisco De Narváez, una sociedad que tuvo idas y vueltas y que terminó mal. Ambos buscaban conformar equipos de técnicos jóvenes para así darle forma a una nueva manera de hacer política. El proyecto era nacional, pero siempre tuvo como objetivo a mediano plazo gobernar la Ciudad de Buenos Aires. Dentro de las primeras convocatorias de la Fundación estuvieron Alfonso Prat Gay, Martín Lousteau, Alberto Abad, Eugenio Burzaco y Marcos Peña, entre otros. A ese grupo después se le sumaría otro think tank, el Grupo Sophia, a través del cual se acercaron Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Sol Acuña, por ejemplo. El objetivo era construir un partido nuevo y exitoso, con métodos inéditos en la política argentina, auto identificado como pos-ideológico y pos-moderno. Primero con “Compromiso con el Cambio” y luego con “Propuesta Republicana” se logró ese objetivo, a partir de una amalgama donde convivieron en un frágil equilibrio onegeístas, peronistas, radicales, conservadores, tecnócratas y empresarios. El punto débil del proyecto partidario es que eso sólo se logró en CABA, lugar en el que desde su creación el PRO perdió sólo una elección (balotaje de 2003). Fuera de ella su devenir fue errático.

La historia del PRO y de su desarrollo a lo largo de la década larga kirchnerista se puede encontrar muy bien descrito en “Mundo PRO. Anatomía de un partido fabricado para ganar” de Gabriel Vommaro, Sergio Morresi y Alejandro Bellotti. Aquí se busca resaltar dos ideas de ese texto, a nuestro entender centrales: la vinculación del PRO con el voto “alto”- republicano y su identificación con la Ciudad de Buenos Aires.

CABA tiene niveles de ingresos y de educación superiores al Conurbano y al resto del país. Tiene mayor concentración de escuelas y universidades. Mayores oportunidades de empleo y mejores servicios públicos. Tiene también una red de transporte densa. Esto le da forma a una sociedad determinada y, en gran medida, atípica. En CABA prima lo que Pierre Ostiguy define como voto alto, voto comprometido con los valores republicanos, que se identifica en gran medida con lo culto y patricio. Ese es el voto PRO, en el cual se hace fuerte. El problema del PRO es que CABA no es Argentina.

La hegemonía que el PRO supo construir en la Capital fidelizando ese voto alto fortaleció la identificación mutua. Hoy es difícil pensar uno escindido del otro. Una identificación hija de triunfos pero también de derrotas, hija también de la reacción que genera el PRO al cruzar el Riachuelo o la General Paz“.

Schiavi apunta enseguida que “los resultados del 2015 relativizaron esa mirada“. Y sí: ganó la gobernación de la provincia de Buenos Aires con una dirigente porteña. Pero vuelve a enfocar al conurbano bonaerense como la “otredad” del PRO. Quizás no lo sepa, pero su mirada es similar en esto a la de Guillermo Moreno, que insiste que el macrismo no es neoliberal, sino oligárquico. Y es cierto que, a pesar de haber ganado intendencias importantes en el Gran Buenos Aires, es allí también donde hoy encuentra el rechazo más fuerte.

Igual, creo que este enfoque es incompleto, y tiende a fortalecer la imagen de un partido expresión de los vecinos prósperos de Barrio Parque, Recoleta y Palermo… aunque Schiavi y Moreno sepan que la Capital no es eso. Lo que olvida este planteo es que el PRO no hubiera ganado todas estas elecciones en la Ciudad si no hubiera sumado buena parte del aparato -y de los votos- del peronismo en la Zona Sur.

Y ese desarrollo no se detuvo en la incorporación de un aparato clientelar -del que no debe sobreestimarse su eficacia; funciona sólo cuando hay algo más que un intercambio de prebendas por votos, cuando existe además la construcción de una identidad. En el nivel de la dirigencia, uno sólo debe tener presente los nombres de Ritondo, Santilli, Frigerio, Monzó,… La lista es larguísima, y crece.

Tampoco aquí hay sólo oportunismo (aunque es un elemento inescapable de la política). Mi planteo es que el PRO -que no es el menemismo, obvio- incorpora la atracción que tuvo éste para una parte de la sociedad argentina. Si estoy en lo cierto, y esto tengo que elaborarlo en futuros posteos, aún si la experiencia Macri estuviera hoy cerca del derrumbe -según dice la abuela Mirtha- no debe confundirnos. La experiencia Menem se derrumbó, y hoy nadie con chances de poder se identifica con ella. Pero una parte no pequeña de los argentinos sí se identifica con esa actitud.


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