El gobierno y la realidad

octubre 31, 2013

oficialismo hoy

Si cliquean encima de la imagen, se agranda y tal vez puedan reconocerlos. Es el oficialismo actual. En un sentido muy elástico, es el peronismo que tenemos. Falta, la foto es del domingo a la noche, la Presidente, que es quien está en condiciones de conducirlos en esta etapa. Pero lo que no puede, a esta altura, es soñar en reemplazarlos, en tanto conjunto. Es lo que hay. Así que es parte de la foto, nomás.

Ahora, nadie puede decir que es el Equipo de los Sueños,  en tanto conjunto. Pero, si nos esforzamos en hacer una apreciación honesta – cosa difícil, en política – creo que debemos reconocer que bajo las conducciones, distintas en su estilo pero igualmente rígidas y verticales, de Néstor y Cristina, han sostenido durante diez años una economía ochentosa, en nuestros términos (pre Thatcher, en términos globales) – con sus componentes de intervencionismo, proteccionismo e inflación – sin provocar, ni permitir que se desate, una catástrofe económica o política. Considerando la historia argentina del último medio siglo, es un triunfo.

Me pareció importante volver a este tema, porque la Ley de Medios y las elecciones de medio término… todo bien. Pero el punto decisivo para evaluar este gobierno – para casi todos los gobiernos que no enfrentan una guerra, en este mundo en que vivimos – es el manejo de la economía.

Entonces, vemos que esa economía “anticuada” ha logrado – con la colaboración de buenos precios para nuestras exportaciones, es cierto – un buen nivel de empleo, aunque una parte considerable precario; una discreta industrialización, aunque salvo en algunos rubros no es competitiva en el mundo; una modesta prosperidad, sobre todo para los sectores medios; y políticas sociales más extendidas que nunca en nuestra historia, aunque no alcanzan para una verdadera inclusión de los hoy marginados.

Como ven – no puedo con mi genio – a cada logro le agrego lo que le falta. Pero quiero marcar lo que entiendo más importante: Salvo desastres imprevisibles, el gobierno está en condiciones de mantener lo logrado, y – quizás – emprender en los dos años que le restan alguna de las tareas pendientes. Al menos, dejar al próximo gobierno la posibilidad de encararlas.

Esta podría ser solamente la modesta opinión de un bloguero insobornado, si no insobornable, que apoya a este gobierno. Por eso, quiero acercarles este artículo del jueves pasado de Eduardo Levy Yeyati, uno de los economistas argentinos de mejor nivel técnico que además es un duro crítico de las políticas K. Como se puede ver en el texto.

E.L.Y. enfoca aquí la situación de los países emergentes, en particular los de América Latina, con mucha lucidez, sin dejarse influir por las banalidades de moda. Nos cabe, porque, con algunas características especiales, somos parte de esa realidad. Las críticas que hace a nuestras políticas en Argentina pueden ser válidas, o ser consideradas como las observaciones de un teórico que no debe enfrentar las realidades de gobierno. En todo caso, el pronóstico general, optimista, que hace es válido también para nosotros. Eso si, hay una observación que hace al final que me deja pensativo. Le agrego una brevísima observación.

“En noviembre de 2009 la revista The Economist ponía en tapa al Cristo Redentor de Río de Janeiro elevándose como un cohete bajo el lema: Brazil takes off (Brasil despega). Apenas cuatro años más tarde, la misma publicación ponía en tapa al mismo Cristo cayendo a tierra como una cañita voladora y se preguntaba: Has Brazil blown it? (traducción libre: ¿Se jodió Brasil?).

brazil

Hoy la moda dice que los mercados emergentes ya no están de moda: los expertos hablan del “fin de fiesta” de mercados “sumergentes” en la antesala de una “década perdida”. Generalmente, en relación a los BRICS, esos cinco países grandes y disímiles (que, con la salvedad de China, repuntaron fuerte a mediados de los 2000 al calor del dinero barato, y de China) con los que los medios suelen resumir la variada experiencia de las economías en desarrollo desde Panamá a Vietnam.

Como argumenta un informe reciente del Banco Mundial, este escepticismo confunde dos temores. Por un lado, el temor por el ciclo económico: esas oscilaciones del crecimiento alrededor de su tendencia de largo plazo. Por el otro, el temor por la tendencia de largo plazo. Por ejemplo: América latina crecía en promedio 6% al calor de la recuperación en 2010, creció 3% en 2012, y crecerá 2.5% este año – y la reversión del viento de cola mundial recién comienza. ¿Cuánto de esta desaceleración es una pausa para tomar nuevo impulso y cuánto un problema de crecimiento permanente?

Al menos en lo que se refiere a la región, el diagnóstico en boga (ese que advierte que todo fue en vano; que después de patinarnos la bonanza en una exuberancia de gasto, la suba de tasas en los Estados Unidos y el aterrizaje suave de China nos devolverán a la pesadilla noventista) pasa por alto dos cambios de fondo.

Primero, la desdolarización y el desendeudamiento público y privado (incluyendo la acumulación de reservas) fueron, a su manera, una forma de ahorro que eliminó de raíz las causas de las crisis financieras emergentes. Basta recordar que el colapso mundial de 2009 que puso un freno busco al crecimiento no fue amplificado por el estrés financiero; de hecho, a diferencia de épocas pasadas, la reducción de tasas de interés y la devaluación ayudaron a mitigar el impacto en vez de amplificarlo (como en una economía desarrollada).

El segundo cambio tiene que ver con el patrón de crecimiento regional, basado menos en un boom de consumo que en el aumento de la base tributaria, la redistribución progresiva del ingreso y la suba de la tasa de inversión (el componente de la demanda que más creció como proporción del PB: de 19% a 24% en América del Sur y México, según el informe citado), todo financiado no con capitales golondrina sino principalmente por inversión extranjera directa.

Más allá de la debatible calidad del gasto y de la inversión, estos cambios contribuyeron a la estabilidad de los gobiernos y de las políticas, convirtiendo el padecimiento de la crisis en el malestar del ciclo, y devolviendo al tipo de cambio su rol de estabilizador anticíclico.

Por eso, desde una perspectiva más amplia, tal vez la pregunta relevante no sea qué tan expuesta está la región a la suba de tasa o la baja de commodities (lo más probable es que lo esté, un poco, y que la depreciación mitigue el impacto) sino a qué crecimiento puede aspirar en esta nueva normalidad sin viento de cola. En otras palabras, ¿cuál es la nueva tendencia, y cómo mejorarla y consolidarla?

Sobre esto último, todo está por escribirse. América latina está a medio camino de la competitividad salario de los tigres asiáticos (el costo laboral en Filipinas es un tercio del de México y un quinto del de Brasil) y de la productividad del estado de bienestar escandinavo. Y el faro más cercano, Australia, por ubicación, población e historia, dista mucho de ser un modelo regional. Por eso, hasta ahora la respuesta ha sido avanzar sobre los frentes más obvios: reforma educativa (integrando medición de rendimiento con evaluación y formación docente) en Brasil, Ecuador, México; ambiciosos planes de infraestructura en Brasil, Colombia, Chile, Perú; ampliación de mercados con acuerdos comerciales (como la Alianza del Pacífico o el Acuerdo Transpacífico) en Chile, Colombia, México, Perú. A la espera de que el desarrollo vaya revelando su nueva identidad.

Este diagnóstico, aunque previsiblemente más complejo y teñido de consideraciones idiosincráticas, también se aplica a la Argentina. Hay quienes ven en la caída de reservas, la suba del blue o la inflación crónica el inicio de un proceso de crisis del tipo que hasta hace poco nos sacudía cada cinco o diez años. Nuevamente, estos análisis pasan por alto que aquellas crisis se debieron fundamentalmente al sobreendeudamiento en moneda extranjera, que hacía que una devaluación precipitara la corrida y el default.

Hoy que la deuda en dólares está lejos de comprometer la solvencia, los errores de política ya no se pagan en la crisis financiera sino en la economía real: menos exportaciones por pérdida de competitividad (por el dólar bajo, la falta de crédito y el creciente déficit de infraestructura y servicios), menos inversión y menos importaciones (previsible consecuencia del cepo) y un crecimiento modesto (entre 1% y 1,5%, dependiendo de imponderables como el clima o el precio de la soja) por debajo del potencial, con efectos negativos sobre el empleo y el salario real.

Lo que nos queda, en definitiva, no es una crisis sino un ciclo económico, profundizado por la mala calidad de las políticas -aunque convenientemente anclado por las expectativas de cambio en 2015 y por un tipo de cambio que, por primera vez en nuestra historia reciente, recupera su rol de estabilizador anticíclico.

Por eso, desde una perspectiva más amplia (por ejemplo, la de un político con aspiraciones a tomar la posta en 2015), tal vez la pregunta relevante no sea si llegamos sin sobresaltos a ese año (lo más probable es que el Gobierno haga lo mínimo para llegar con lo justo) sino a qué velocidad de crecimiento podremos aspirar entonces, cuando el viento de cola termine de cambiar de frente. En otras palabras, ¿cuál será la nueva tendencia -la pregunta que hoy se hace la región y que nos haremos nosotros cuando nos saquemos de encima la telaraña de errores y postergaciones de estos años y saldemos las asignaturas pendientes- y cómo mejorarla y consolidarla? Así, si la magnitud del ciclo nos devuelve a la década pasada, la tendencia es esencial para pensar la década futura.

Sobre esto último, todo está por escribirse. Hasta ahora el debate vernáculo se limita a enumerar panorámicamente los lemas de rigor (innovación, educación, infraestructura, productividad) y a prenderle una vela a Vaca Muerta. O, en el mejor de los casos, a explorar algunos “enlatados”: suena bien invocar a Australia (o a México), en reemplazo de los fatigados Chile y Brasil. Así, la combinación de un gobierno empecinadamente nostálgico y una oposición insegura de sus votos nos detiene en el pasado, nos retrasa. Alimenta la ilusión de que nuestros problemas son epidérmicos y se resuelven con buenos modales y un cambio de elenco”.

Lo de “gobierno nostálgico” y “oposición insegura”, son opiniones defendibles, y no me preocupan mucho. Pero la ilusión “que nuestros problemas son epidérmicos y se resuelven con buenos modales y un cambio de elenco” me inquieta. Tengo la impresión que está bastante extendida. En particular en Tigre.


Símbolos

octubre 31, 2013

buques chinos

Por primera vez, buques de guerra de China amarraron en el puerto de Buenos Aires

Por ahora, nada más que un brevísimo posteo, un pantallazo. Pero me pareció – como al amigo y bloguero AyJ, Víctor Lustig – que merecía algo más que un tuit.

También, como aperitivo, los invito a leer esta nota, muy elemental, sobre otra gran flota china.

marineros chinos


Alfonsín, Luder y el comienzo de un ciclo

octubre 30, 2013

afiche Alfonsín

Treinta años de la primera elección de esta etapa… No me apasionan las efemérides, y encuentro que siguen los intentos, un poco desanimados ahora, de usarlo en un “relato” político.

Pero sobre esas historias ya me he metido con el blog en las discusiones – por ejemplo, aquí y aquí. Hoy simplemente quiero acercarles pantallazos, unos afiches, un par de videos, de ese momento, cuando realmente empezó el ciclo largo que estamos viviendo. Muestran lo que ha cambiado. Y lo que no.

De la campaña de Luder-Bittel:

De la de Raúl Alfonsín:

afiche Luder


Todo lo sólido se desvanece en el aire. ¿También el Grupo Clarín?

octubre 30, 2013

grupo clarín

A pesar del título, el tema de este posteo no es la sentencia de la Corte Suprema afirmando la constitucionalidad de la Ley de Medios. Es un hecho importante, pero no soy experto en el aspecto jurídico.

Para eso, les recomiendo mucho este posteo de Gustavo Arballo. Como siempre, analiza a fondo el fallo y sus consecuencias. Incluyendo, claro, las económicas y las políticas, porque son parte de la realidad que los jueces deben tomar en cuenta (No resisto a la tentación de copiar un párrafo menor, sobre la oportunidad de la decisión:

La Corte deliberadamente evitó que el fallo intersectara con la campaña, primero en las PASO y luego en las finales. Alguien del gobierno podría renegar por ello, diciendo que con eso se privaron de darle una buena noticia antes del 27/10. Ahora bien: ¿les hubiera “servido” electoralmente? Difícil, hasta hubiera podido traccionarles en contra. Así que tal vez les hicieron un favor porque lo que necesitaban es una “buena noticia” después del 27O, que virtualmente cortó la vuelta olímpica de Massa“).

Tampoco pertenezco al mundo de las comunicaciones, salvo, en un margen, como bloguero aficionado. Entre quienes comparten este mundillo, hay muchos que sí son profesionales, y la mayoría hoy festeja. Los saludo y comparto su satisfacción.

El asunto me interesa más – ya lo dije varias veces en el blog – como un problema político, de poder. El del Estado, para hacer cumplir una ley. El de grandes grupos económicos, propietarios de medios de comunicación, para poner obstáculos, utilizando los medios legales. Y dentro del Estado – que no es una idea hegeliana sino un complejo entramado burocrático – el del Ejecutivo, para llevar adelante su agenda. Y el del Poder Judicial, para conservar el suyo, equilibrando intereses.

(Está también el poder, o la influencia, de organizaciones sociales y militantes que impulsaron la sanción de la ley. Pero a partir de ese momento, la iniciativa quedó en manos del gobierno. Y la dinámica fue la del enfrentamiento entre éste y el Grupo Clarín).

Da para un tratamiento muuy largo, entonces. Por eso, para mantenerlo dentro de los límites razonables de un posteo, vuelvo a lo que les estuve acercando estos días: otro análisis de las consecuencias de la elección del domingo. Y saben qué? me parece que, indirectamente, echa luz sobre la situación en la que se da este fallo de la Corte.

De vez en cuando cito a Carlos Pagni, y los amables visitantes me lo cuestionan. Es cierto que muchas veces publica hipótesis retorcidas, o trivialidades. Problemas del periodista que debe llenar una columna regularmente (A veces nos pasa a los blogueros, y nadie nos obliga a publicar). Igual, sigo pensando que entre los que escriben en La Nación es el que mejor entiende la política, como la actividad cotidiana de los políticos.

Ayer publicó una de sus notas que vale la pena leer. La escribió antes que se conociera el fallo de la Corte, claro, y no menciona para nada la Ley de Medios. Analiza los diferentes proyectos electorales y sus posibilidades, con mucha lucidez. Desde la oposición al gobierno, por supuesto; es un profesional que asume el enfoque de la empresa que lo contrata. Pero me parece percibir una irritación en su tono que echa luz sobre algo más que la coyuntura política: una deriva de la realidad argentina que pone en jaque a tradicionales poderes fácticos, como los llaman ahora. Me extiendo un poco al final.

El resultado más ostensible del ciclo electoral de este año es que la política sigue atrapada en la crisis que se inauguró en el año 2001. La fragmentación que acompañó al derrumbe de Fernando de la Rúa intentó ser superada con el liderazgo absorbente de los Kirchner.

Ahora que ese liderazgo ingresa en su crepúsculo, reaparece la carencia de un sistema equilibrado y eficiente para organizar el poder. Éste es el rasgo principal de la transición que se ha iniciado: el curso que tome la vida pública dependerá, por lo menos hasta el año 2015 , de las decisiones que adopten innumerables sujetos.

El desenlace de ese juego se llama incertidumbre. Al fraccionamiento de la oposición se agregó el del peronismo. Allí radica la gran novedad de Sergio Massa. El intendente de Tigre arrebató al oficialismo el 44% de los votos de la provincia de Buenos Aires. Se impuso en todas las secciones. Aun en ciudades que en agosto le habían sido esquivas, como Mar del Plata o Bahía Blanca. Massa incrementó su caudal de las primarias en 639.575 votos. Es, sin dudas, un problema para Cristina Kirchner y, sobre todo, para Daniel Scioli.

Pero su evolución de los dos últimos meses no se hizo a expensas del peronismo. Martín Insaurralde obtuvo anteayer 110.000 votos más que los que sacó en las PASO. Y superó al Néstor Kirchner de 2009 en 350.000 votos, aunque la comparación sea imperfecta por el incremento del padrón. Quiere decir que el PJ oficialista detuvo su sangría.

Massa se expandió hacia la clientela de Francisco de Narváez, quien perdió entre las primarias y las generales 474.000 votos.

Un primer corolario de este nuevo panorama es que Massa no sólo representa un gran riesgo para Scioli. También pone en jaque cualquier experimento que pretenda conquistar el centro político desde fuera del peronismo. Dicho de otro modo: pone en jaque a Mauricio Macri. Si hacía falta alguna señal para advertirlo, alcanza con ver la ansiedad del jefe del gobierno porteño para abordar el nuevo paisaje electoral. No sólo invadió la fiesta de Gabriela Michetti, Sergio Bergman e Iván Petrella con una legión de simpatizantes ataviados con la leyenda “Macri 2015”. Dedicó casi todo su discurso a menoscabar el triunfo de Massa. El arrebato fue curioso. Macri se apartó de uno de los apotegmas de Jaime Durán Barba: jamás enemistarse con quien brilla en las encuestas. Esa ley, que reguló durante años sus relaciones con la Presidenta, no rige para Massa. La irritación resulta aún más incomprensible porque a esa hora los seguidores del propio Macri, entre ellos su primo Jorge, festejaban en Tigre la victoria de quien, por lo menos hasta esa noche, era un aliado.

La enemistad con Massa llevó a Macri a flagelarse con una promesa: jamás postular a quienes hayan sido ministros de un gabinete kirchnerista … Massa respondió ayer a Macri como hubiera aconsejado Durán Barba: “Hablar de 2015 es faltar el respeto a la gente”. Demagogia ejemplar. Lo importante: la partida entre Massa y Macri ya está abierta.

La polémica por 2015 disimuló que hay motivos de festejo para Macri. Ratificó su buena posición en Santa Fe con el 27% de Miguel Del Sel, que superó al peronismo. Y tuvo un desempeño aceptable con Alfredo De Angeli en Entre Ríos, quien con 23,43% se impuso a la UCR. Pro también dejó una semilla en Córdoba y en La Pampa. Y, lo imprescindible, reconquistó la ciudad de Buenos Aires, donde Gabriela Michetti casi alcanza el 40%.

El mapa porteño debe quedar, sin embargo, bajo observación. Primero, porque el triunfo de anteayer puede reavivar en Michetti el sueño por la herencia municipal de Macri, que parece asignada a Horacio Rodríguez Larreta. Segundo, porque UNEN construyó una base no desdeñable: Pino Solanas conquistó una senaduría y Elisa Carrió retuvo nueve de cada diez votos de los que sacó la coalición en las primarias. También en esta alianza hay alguien que fantasea con suceder a Macri: Martín Lousteau.

La plataforma que estableció UNEN en la ciudad de Buenos Aires se integra a una de las novedades del año: el surgimiento de figuras competitivas en el radicalismo de varias provincias. Julio Cobos triunfó en Mendoza por 47,72% de los votos. José Cano avanzó en Tucumán hasta un 34,66% y replegó a José Alperovich a un inédito 46,87%. Mario Fiad, apadrinado por Gerardo Morales, se impuso en Jujuy con 40,15%. Los radicales riojanos denunciaron ayer a Luis Beder Herrera por fraude, en comicios casi empatados. En Santa Cruz, Eduardo Costa ganó por el 42,13%, contra un peronismo dividido entre el Frente para la Victoria (24,74%) y el PJ del gobernador Daniel Peralta (20,04%).

La cuna del kirchnerismo puede ser anticipatoria: la UCR se impuso gracias a la fractura del peronismo. ¿Qué sucedería en el resto de los distritos si, para 2015, el PJ se bifurcara entre oficialistas y disidentes? Es el principal desvelo de los gobernadores de ese partido. Por un lado, la asociación con el gobierno nacional les hace perder votos frente a las oposiciones locales ya establecidas. Por otro, comienzan a sentir el riesgo interno que representa Massa. El intendente de Tigre confirmó ayer que planea federalizar su Frente Renovador invitando a otros alcaldes para que, como él, enfrenten al peronismo oficial de sus provincias. La resurrección de la UCR y la ambición de Massa son una doble Nelson para los caudillos del interior.

Massa tiene en la expansión nacional de su candidatura un problema crucial por resolver. Pero anteanoche quedó claro que también lo tiene Scioli. En medio de la insólita fiesta del Frente para la Victoria, Juan Manuel Abal Medina convocó a una videoconferencia a Jorge Capitanich, quien se impuso en el Chaco por 59,31% de los votos. Para Scioli fue una puñalada. Sin embargo, detrás del auspicio de la Casa Rosada a la candidatura de Capitanich opera una fuerza histórica. Es difícil que los gobernadores del interior acepten someterse a un bonaerense. Una maldición de la que no se salva Massa.

Así y todo, sería incorrecto reducir el impulso a Capitanich a una inercia impersonal. La candidatura es parte de una estrategia de Cristina Kirchner. Ella sigue los acontecimientos desde un retiro al que apenas acceden sus hijos, Carlos Zannini y Oscar Parrilli. A pesar de que Máximo Kirchner, más gravitante que nunca, sigue atemorizado, todos están satisfechos con su estado de salud.

Instalada en esa inusual introspección, la señora de Kirchner tiene varios motivos para reconfortarse. El oficialismo retuvo el 33% de los votos y controla la mayoría del Congreso. El desempeño de Massa en Buenos Aires fue espectacular. Pero el Frente para la Victoria no perforó el piso de 2009. Y el debilitamiento de Scioli justifica más una opción propia, como Capitanich. O varias, si se agrega al entrerriano Sergio Urribarri.

Así, como anticipó Boudou la noche de las elecciones, el kirchnerismo tratará de conservar la dirección de su política. Una decisión que el pago de los arbitrajes del Ciadi no vino a corregir, sino a reforzar. Esas deudas se saldarán con bonos que pagará otra administración. A cambio, el Gobierno levanta el veto de los Estados Unidos para acceder a 3000 millones de dólares disponibles en el Banco Mundial, de los cuales un tercio será desembolsado el año que viene. Conclusión: el reconocimiento de esas deudas permite a la Presidenta incrementar el nivel de reservas sin producir ajuste alguno.

Si había surgido alguna duda respecto de esa orientación, anteayer apareció un dato muy interpelante para el kirchnerismo: la izquierda trotskista tuvo un avance llamativo en muchos distritos. En Salta, por ejemplo, el Partido Obrero se ubicó segundo, con 20% de los votos. En Santa Cruz obtuvo 11,14%. En Buenos Aires casi alcanza a De Narváez: Néstor Pitrola sacó 5%, con un número de votos similar al de Martín Sabbatella en 2009. En Neuquén la misma fracción consiguió el 10%.

Con estas noticias delante de sus ojos, y al frente de un poder considerable, Cristina Kirchner podrá condicionar la escena pública durante los próximos dos años y supervisar su sucesión. Una capacidad que olvidan muchos de sus opositores. Vale para ella lo que escribió David Duff sobre Napoléon III: “Con él los franceses cometieron dos errores. Cuando llegó, pensar que era un genio. Y cuando se fue, suponer que era un idiota”.

Uno puede pensar que el fastidio que se percibe en el texto es porque C. P. piensa que los idiotas son los operadores políticos de algunos poderes económicos, intensamente comprometidos con el despliegue político opositor, que han permitido, estimulado, en realidad, que se llegue a una situación con muy difícil pronóstico. El título de la nota es “Incertidumbre, otra vez“.

Pero, como les dije, encuentro algo más. Una impresión subjetiva, seguro, pero creo que Pagni no puede evitar percibir que los poderes económicos tradicionales de la Argentina, los que han cabalgado, y aprovechado, los profundos cambios de las últimas décadas – incluida la etapa Kirchner – simplemente ya no tienen la cuota, decisiva para sus negocios, del poder que gozaron.

No estoy pensando en La Nación, eh. Por toda su influencia en un sector importante de la sociedad, económicamente es poco más, como decía un amigo, que el Suplemento Recoleta de Clarín. Pienso en el Grupo y en los otros poderes locales que, frente a la extranjerización de nuestra economía y al haber perdido palancas políticas que les sirvieron aún frente a graves crisis – durante la gestión Duhalde, por ejemplo – encuentran que la burocracia autoelegida del Poder Judicial hoy puede decirles el equivalente de “Muchachos, no jodan más. Ya hicieron la suya“.


Los medios. Poder y límites

octubre 29, 2013

Titulares online, 12:30

La Nación La Corte Suprema declaró constitucional la ley de medios

Página 12 CUATRO AÑOS DESPUÉS La Corte declaró constitucional la Ley de Medios

Clarín Inminente fallo de la Corte Suprema sobre la Ley de Medios (actualizado, media hora después)

No más preguntas, señor juez.


“Como en la perinola ¿todos ganan?”

octubre 29, 2013

En el posteo anterior, probé a meterme en un territorio que otros blogueros reclaman: la Provincia de Buenos Aires. Un enfoque muy parcial, eso sí. Me parecía, me sigue pareciendo, que fue la clave del poder territorial del kirchnerismo. Y hoy es la clave de su perduración, o no, como una identidad política dentro del peronismo.

Pero, como corresponde, la columna de comentarios se fue para el lado que quiso. Tuvimos una elección democrática sobre si había que llamar a los resultados del domingo “triunfo” o “derrota” (la primera opción ganó por amplio margen). Por eso, me pareció interesante reproducir este artículo, publicado en Córdoba, de mi amigo Ezequiel Meler.

MELERA Ezequiel lo ubican (otros blogueros) en el trío de cerebros de la blogosfera massista, con Luciano Chiconi y Omar Bojos. Pero ese massismo, si existe, no influye demasiado en sus análisis. Al mismo tiempo, un K auténtico no es, si habla de un “liderazgo claramente falible”. En todo caso, aquí hace un resumen breve y realista de la situación pos elecciones 2013. Al final, agrego algunas observaciones.

A pocas horas de conocidos los resultados, la impresión inmediata del cronista arroja un dato curioso: todos los concursantes del show electoral parecen tener algún trofeo que exhibir.

El kirchnerismo, por caso, ha confirmado su rol de primera minoría por octava ocasión, venciendo en una docena de distritos. Mantiene densos bloques legislativos en ambas cámaras, capaces de garantizarle gobernabilidad y mayorías parlamentarias cuando lo requiera. La dispersión del voto opositor, auguran sus voceros, será a la larga causa de ulteriores festejos, pues abrirá la puerta a un escenario en que la presidenta oficiará de gran electora dentro de una fuerza nacional consolidada por doce años de gobierno.

En la oposición, en cambio, se acusa recibo de la caída porcentual del oficialismo con respecto a 2011. Se indica la importancia de las victorias acaecidas en los principales distritos del país: Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe, Córdoba, Mendoza. Se aduce que, carente de un liderazgo sólido, el kirchnerismo se encamina hacia una transición que dará por resultado inexorable un giro hacia posiciones más moderadas, cuando no una derrota lisa y llana a manos de sus contendientes.

En el peronismo, el irresistible ascenso de Sergio Massa parece unificar a los sectores no kirchneristas, que hace ya tiempo buscaban un candidato potable para expresar su descontento con la conducción de Cristina Kirchner. Massa tiene la virtud de convocar, además, a sectores políticos muy diversos, así como a amplias porciones del electorado independiente. Sin embargo, no ha eliminado aún el peligro que supone haberse posicionado entre los polos opuestos del kirchnerismo y del macrismo – ambos han de reclamar una tajada de su poder. No ha constituido, aún, una opción nacional, y no tiene a mano herramientas claras para armarla sin el concurso de aliados que aspirarían, ellos también, a la primera magistratura.

Radicales y socialistas, en cambio, alimentan esta esperanza con la certeza de que, para derrotar a un peronismo fracturado por la emergencia del massismo, debe llegarse a una fórmula común de cara a las próximas presidenciales. Auguran una definición entre el mendocino Julio Cobos y el santafesino Hermes Binner como paso previo a la conformación de un polo competitivo. No queda claro, sin embargo, en cuántas partes debe partirse el peronismo para que una alianza de este tipo consiga vencerlo, ni cómo habrán de compensar la crónica debilidad de las opciones republicanas y progresistas en la crítica provincia de Buenos Aires.

Por su parte, el oficialismo, que sonríe frente a estas dificultades aparentemente insalvables, debe repetir la hazaña de 2009 – 2011. Esto es, debe reconstruir la mayoría obtenida en esta última fecha –en rigor, le alcanzaría con cifras menores-. Pero la tarea se adivina complicada, pues para realizarla no cuenta con la candidatura unificadora de Cristina Fernández, ni con la habilidad política de Néstor Kirchner. No cuenta, tampoco, con el respaldo de una economía sana y en crecimiento –basta con observar los números de inversión y empleo para entenderlo-, ni con las sólidas finanzas fiscales que permitieron la gran expansión del gasto público con que financió el bienestar de 2010-2011.

La inflación se mantiene como un problema central: no atacarla implica el costo de devaluar constantemente la moneda para sostener una maltrecha competitividad, mientras que hacerlo bien podría erosionar, aún más, las bases sociales del gobierno. La progresión negativa de las reservas del Banco Central, monitoreada en paralelo al desdoblamiento cambiario de hecho, que se ha generado como resultado de la prohibición de atesorar legalmente en moneda extranjera, resulta un motivo adicional de preocupación.

… Un ciclo ha terminado: el ciclo del 54% inaugurado en octubre de 2011. Como en 2009, el gobierno debe idear un plan de juego que lo saque de esta situación y permita la evolución de las principales variables sociopolíticas. No cuenta, ya, con el respaldo de la economía. Ha sacrificado la unidad del peronismo en el altar de la obediencia a un liderazgo ciertamente falible. Pero – y esta es su mayor, tal vez su última fortaleza – tampoco enfrenta una clara alternativa del otro lado“.  (completo aquí)

Mis observaciones: Me parece que vale la pena marcar que la situación no es simétrica. Porque no es solamente un intervalo entre elecciones. El oficialismo debe gobernar. Eso le asegura para adelante, como lo hizo hasta ahora, capacidad de iniciativa. Y también, claro, lo hace el blanco de los reclamos de la sociedad.

Por el final párrafo, que indignará a los K, quiero cuestionarlo desde otro enfoque. Todos los liderazgos son falibles. Pero decir que éste “ha sacrificado la unidad del peronismo” me parece superficial. Quizás Sergio Massa se hubiera conformado con que en 2011 le hubieran dado participación en el armado de listas en la Provincia; quizás eso hubiera abierto su apetito, simplemente. No importa. Muchos peronistas llevan el bastón de mariscal en su mochila, y algunos, otro entre los dientes. Era inevitable que alguien surgiera desde el peronismo, a disputar el lugar, mal ocupado, del voto no K.

La unidad del peronismo sólo se consigue desde un liderazgo fuerte y triunfador electoralmente, o desde la institucionalización. Salvo algunos intentos lejanos, este último camino nos falta probar.


Buenos Aires. La tía de todas las batallas

octubre 28, 2013

Colorados en Lujan 2

Así es, bonaerenses. Importante como es la provincia en que nacieron Rosas, Tejedor, Perón y Balbín, entre otros, no pueden decir que ahí fue la batalla principal de la política argentina. Por lo que estoy viendo en la blogosfera, quedaría muy detrás de la que aparece como la contradicción fundamental: si los resultados electorales de ayer domingo pueden ser considerados, o no, una derrota del oficialismo.

Pido disculpas a colegas blogueros y comentaristas; no puedo contener mi inclinación por la ironía. Pero hay algo muy real en esta discusión por palabras: Hay que evaluar si es más vital mantener la moral de los partidarios – en una sociedad enferma de triunfalismo como la nuestra – o animarlos a cuestionar las estrategias propias.

Además, hay una cuestión casi filosófica en el fondo: si los hechos existen más allá de los nombres que se les dan. Y yo, que creo que una rosa por cualquier otro nombre olería igual, tengo que reconocer también que no existen los “hechos” aislados, que son parte de un todo que se interrelaciona. Pero esa discusión teórica la dejo para otro momento: Hay un asunto muy práctico que quiero plantearles.

Porque si usé el término “derrota” para describir el – previsible – resultado de ayer, es sobre todo porque se aplica, aparentemente indiscutible, al resultado en Buenos Aires. Es el hecho más visible, en la “realidad mediática”.

Pero para mí lo decisivo fue que en esa provincia – además de ser la fortaleza principal del peronismo en el último cuarto de siglo – estaba, está, el único y muy poderoso aparato territorial que conducen directamente, antes Néstor y ahora Cristina Kirchner.

Al contrario que en cualquier otra provincia – porque en Santa Cruz esa conducción fue desafiada, y en la Capital no hay aparatos que merezcan ese nombre – no existían liderazgos locales capaces de intermediarlo. Recién ahora empiezan a desarrollarse – con fuerza pero aún en esbozo – el de Sergio Massa, y – a pesar de la derrota – el de Daniel Scioli. Allí – con más nitidez que en cualquier otro lugar – perdió, me dije, el kirchnerismo.

Puede ser que me haya equivocado en eso. Que los votos propios K deban ubicarse con otro enfoque. Al menos, un comentarista, Leandro, apuntó recién datos que me hicieron pensar:

El Frente para la Victoria pasó de 5.912.074 millones de votos en Agosto a 7.629.291 millones en Octubre. Se recuperaron más de 1,7 millones de votos.

Bs. As. sólo aportó 100 mil votos a esa recuperación. Tal vez de ahí viene tu “lo que se preveía pero más duro”, pero es una visión localista.

Nosotros desde Córdoba, con la cagada inexistente que somos como fuerza, aportamos casi la misma cantidad de votos a la recuperación que la provincia de Buenos Aires. Hicimos una elección de mierda, pero mejor que en 2009 y remontamos de manera relativa en un 40% de Agosto a Octubre.

Estas mejoras se dieron en casi todo el país. No así en Buenos Aires. Habrá que ver los motivos. Pero lo que agrego a tu análisis es también parte de la realidad“.

Vaya si lo es. Leandro, hay que decirlo, ha sido acusado a causa de comentarios anteriores de “stalinista K” por opositores y críticos sensibles en la blogosfera. Pero su aporte es valioso, y, fíjense, planteado modestamente.

Porque el desempeño del kirchnerismo cordobés es digno de atención. Es cierto que sólo suma un 15 % de los votos, pero eso lo consigue con una dirigencia entusiasta pero con poca inserción territorial, en una provincia donde el peronismo no alineado con los K tiene el gobierno, y un liderazgo sólido. Para más inri, dirían los españoles de antes, ahí el radicalismo es muy fuerte, con raíces históricas.

Lo que esto me sugiere, y se lo propongo a ustedes, es que es en Córdoba, y en la Capital Federal, donde podemos observar con mayor claridad en los resultados del FpV a los “votos propios” del kirchnerismo. Que probablemente se desperdigarían ante otra propuesta política peronista, si esa hipotética nueva conducción no supiera retenerlos.

Esos votos propios no alcanzan para ganar, evidentemente (Esta conclusión no es nueva, recordarán). Pero son una parte muy real del escenario político argentino, y, por supuesto, del electorado peronista.

Es probable que eso también sea cierto sean para la mayor parte del 32 % que el FpV reunió en Buenos Aires. Pero aquí cabe la pregunta: ¿Por qué tuvo un desempeño tan malo, comparado con otros distritos?

Guido hace un buen análisis, en la misma columna de comentarios. Quise agregarles otro dato, que encontró el alerta Contradicto, del blog Cartoneros, buceando en la muy completa página de resultados electorales que brinda Interior (gracias, Randazzo):

El Frente para la Victoria ganó en la provincia de Buenos Aires. Obtuvo 1.554.460 votos, el 37,79%, frente a 1.533.736, el 37,29%, del Frente Renovador. En la categoría de Diputados provinciales.

Estoy seguro que compañeros en la blogosfera podrían hacer fascinantes ensayos sociológicos a partir de este dato. Y compañeros en la política, construir teorías conspirativas. Yo mismo me sentí tentado… hasta que los comentaristas Luis y Sergue me recordaron que diputados provinciales no se eligen en este turno en la 1ra. Sección, bastión del massismo. Muestra que las listas de resultados no dicen mucho por sí mismas. Puede habar varias explicaciones, como para este otro hecho: Varias listas de concejales en la Provincia sumaron menos votos que las de cargos nacionales.

Por mi parte, me mantengo en una opinión que la experiencia me ha confirmado, desde los tiempos de la interna entre Cafiero y Menem, una y otra vez: los aparatos son importantes, y necesarios. Pero no son decisivos. La mayoría de los  votantes tienen clara la diferencia entre elegir legisladores de su distrito, diputados nacionales, intendentes, gobernador… Presidente. Y la mayoría – son argentinos, y muchos, peronistas – se van a guiar por su propia opinión. Sin dar mucha bola a lo que diga el puntero. O la propaganda. O el discurso oficial.

Sergio Massa, nos guste o no, resultó ser un muy buen candidato para expresar lo que quienes lo votaron querían decir ayer (dentro de dos años, es otro tema). La conducción del Frente para la Victoria no supo, me parece evidente, encontrar los mejores para sus posibles votantes (y se los llevó Massa, unos cuantos de ellos). Tiene dos años para, además de gobernar, claro, encontrar la forma adecuada, y legítima, de seleccionar sus candidatos. Yo propongo un proceso de elecciones internas.


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