Chile: vuelve Piñera

diciembre 17, 2017

Piñera

Chile es importante para nosotros, sus vecinos. Pero, como ya reconocí, estuve, estoy demasiado ocupado en lo local para que pueda aportar algo de interés sobre la elección de hoy. Me parece que esta nota del “socialdemócrata” El País de España resume bien los datos importantes. Y, de paso, sugiere los límites que encuentra la socialdemocracia a la europea -seria, tecnocrática- para despertar entusiasmo, en Europa y en América.

El ex presidente derechista Sebastián Piñera logró una victoria muy clara sobre el socialdemócrata Alejandro Guillier y será de nuevo presidente de Chile por cuatro años. Más de nueve puntos de diferencia, muy por encima de lo esperado. El progresista, que no logró atraerse a ese 20% de chilenos que apoyaron en primera vuelta al izquierdista Frente Amplio, admitió que era una “derrota muy dura” y llamó a “reconstruir el progresismo”. Guillier perdió incluso en su región, Antofagasta. Esta victoria consolida en Chile el giro liberal de la región que arrancó en 2015 en Argentina con la victoria de Mauricio Macri, fiel apoyo de Piñera, tanto que incluso provocó una gran tensión diplomática al respaldarle abiertamente en plena campaña.

Guillier trató de convertir la elección en un plebiscito a Piñera, uno de los hombres más ricos del país, y movilizar el voto anti-derecha, pero no lo logró. Las encuestas, que apuntaban un empate técnico, volvieron a fallar“.

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El helicóptero despega en Lima

diciembre 16, 2017

lima

El proceso de destitución del presidente de Perú ha tomado impulso. Se hacen apuestas que Pedro Pablo Kuczynski estaría afuera para este jueves, y pocos las toman. No he seguido el asunto en el blog -la coyuntura local absorbe- y los medios harán abundante ruido sobre el asunto en la semana.

Me limito a acercarles esta nota de El Comercio, tradicional diario peruano, pariente de La Nación y El Mercurio, que da una idea del clima, y de la rapidez con la que puede cambiar. Agrego una reflexión al final.

A mitad de semana una bomba de impredecible magnitud estalló en el país. Se conoció, por información remitida desde Brasil por la empresa Odebrecht a la comisión Lava Jato, que Pedro Pablo Kuczynski habría tenido vínculos financieros con la compañía brasileña en varias ocasiones y que algunas de ellas ocurrieron cuando fuera ministro de Economía y premier, durante el gobierno de Alejandro Toledo. 

Las redes sociales y la prensa estallaron con el tema de una renuncia presidencial o una situación de vacancia. Ante el silencio oficial, la atmósfera fue calentándose obligando a PPK a dar un breve mensaje indicando que había reconsiderado su postura inicial de no acudir a la comisión Lava Jato y que había decidido hacerlo en la hora y fecha necesarias. Finalmente se trazó para el próximo viernes 22, en un claro intento palaciego por ganar tiempo (¿ocho días necesita para poner sus papeles en orden?).

Hay que recordar que la semana pasada Pedro Pablo Kuczynski ya había sorprendido a los medios y a la opinión pública, al aparecer en el programa Enfoque de los sábados (RPP) y allí aseverar que efectivamente él había brindado una labor de asesoría financiera al consorcio H2 Olmos, conformado por Odebrecht, luego de haber sido ministro. 

Pero la mentira pesaba en su contra. Antes había dicho, en carta remitida a la comisión Lava Jato y en sus cuentas de redes sociales, que él nunca había tenido relación alguna, directa o indirecta, con la empresa Odebrecht

Días previos a esta presentación radial, el comité de crisis de Palacio le aconsejó informar sobre el tema, considerando que estaba por venir una declaración de Jorge Barata, hombre fuerte de Odebrecht que iba a desmentir las primeras aseveraciones presidenciales. Ninguno de sus integrantes se esperó el bombazo de esta semana. 

“La mentira inicial es grave, pero peor sería mantenerse en ella”, nos dijo una fuente gubernativa. Lo que resta saber es si PPK ha dicho toda la verdad o aún quedan resquicios por aclarar. A estas alturas, la inquietud crece y sus respuestas políticas, por tardías, resultan insuficientes. 

En este caso, lo grave resulta no solo haber mentido, sino –de confirmarse lo dicho por la empresa Odebrecht– que PPK haya cobrado por consultorías realizadas mientras tenía un cargo público. PPK ocupó el cargo de ministro de Economía entre febrero del 2004 y agosto del 2005, y fue premier entre agosto del 2005 y el 28 de julio del 2006, y en ambos casos estaba prohibido constitucionalmente de “ejercer actividad lucrativa”. Sería cuestionable que lo haya hecho aun después de haber dejado de ser funcionario, en proyectos donde tuvo injerencia cuando desempeñó cargos públicos. 

Hasta el martes, el fujimorismo había bajado el tono en su bronca con el Ejecutivo, distraído en otros menesteres, como los vinculados a su conflicto con el Tribunal Constitucional y el Ministerio Público. No obstante, a la primera de bastos se encresparon los ánimos. La bancada parlamentaria fujimorista en pleno salió a pechar a Kuczynski exigiéndole que acuda a la comisión Lava Jato y que siga el ejemplo de su esposa, en clara reacción al pedido del congresista Gino Costa de que se interrogue a Rosa Bartra, presidenta de la comisión Lava Jato, por su presencia en el allanamiento de los locales de Fuerza Popular, y al retiro de la bancada pepekausa de la comisión de ética. Como se ve, el equilibrio era bastante precario y hoy genera un telón de fondo exacerbado respecto de las últimas revelaciones. 

La debilidad política de PPK y su torpe manera de conducirse abrieron los espacios a favor de un escenario de vacancia. Hace pocos días la funcional congresista del fujimorismo Yeni Vilcatoma le pidió la renuncia. No tuvo mayor eco, pero conforme pasaron los días se hizo tenor general. 

Conocido el documento de Odebrecht, la bancada de Fuerza Popular y del APRA pidió la renuncia presidencial (aunque el aprismo ha convocado de emergencia para hoy sábado a un plenario nacional y el congresista Del Castillo ha exhortado a mantener la serenidad y esperar los descargos de Palacio). El Frente Amplio fue más allá y planteó formalmente el pedido de vacancia. Al filo de la noche del jueves, Alianza para el Progreso, socio político de PPK, pareció inclinar la balanza, al sumarse al pedido de renuncia y anunciar que de no producirse se sumarían al pedido de vacancia. 

Debe señalarse que para proceder a la vacancia se necesitan 87 votos. Si se sumaban 70 de Fuerza Popular (descontando a Kenji), cinco del APRA y diez del Frente Amplio más Yeni Vilcatoma, sumaban 86. Les faltaba uno. Con los 9 de APP ya tendrían el tema asegurado“.

La “mani pulite” sudaca, judicial y mediática, que se disparó con Odebrecht, golpea por igual a “populistas” y “neoliberales”. Al peruano P. P. se lo podría describir -para los que no tienen idea de la política de ese país- como un cruce entre el chileno Piñera y nuestro López Murphy. Por desgracia para él, su “muñeca” política se parece más a la de L. M.

Lo más interesante del asunto es lo que no es: No puede enmarcarse ni dentro de la “ola populista” de moda en los análisis en la década pasada, ni tampoco en la “restauración conservadora”. La oposición que probablemente voltee a PPK y condicione o también deponga a su vice presidente (asimismo cuestionado por ilícitos) la encabeza Keiko Fujimori, hija del “Chino” y nada progre ella. La izquierda peruana está confusa y dividida, entre posiciones testimoniales y alianzas tácticas con los dos sectores de esta pulseada.

La moraleja para los suramericanos, en mi opinión, es que nuestro problema fundamental no es de “izquierda” o “derecha”. Pasa por si somos capaces de construir esquemas de poder fuertes y estables. Que necesitan legitimidad democrática y la también la participación del pueblo. Esto decía hace tiempo un presidente argentino, pero su nombre está mucho más presente que sus enseñanzas.


China, Estados Unidos y Tucídides

noviembre 25, 2017

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No deben sorprenderse del título (si es que lo hacen). Es una forma ya convencional, entre los analistas de la política internacional, de referirse al tema que aparece decisivo en estas primeras décadas del siglo XXI: la relación entre esas dos Grandes Potencias: el hegemón tradicional y la que está construyendo con nosotros, y con Brasil, una relación similar a la que tuvimos con Inglaterra en el siglo XIX.

Es necesario que empecemos a pensarlo con cuidado. Porque tiene y tendrá consecuencias para nosotros y para todos los habitantes de este planeta. Y, en mi opinión, el discurso y el pensamiento que tiene el actual gobierno sobre nuestra política internacional, el del “regreso al mundo” era lineal y de un oportunismo cortoplacista cuando el de ese entonces lo puso en práctica en la década del ’90; hoy es estúpido.

Como les dije, el tema está de moda. Uno de los que escribió sobre el asunto con más énfasis -y bastante simplificación- es Graham Allison, el autor de Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap? Dice Mr. Allison:

El rápido ascenso de Pekín pone en peligro la preponderancia de Washington. La historia nos enseña que en los próximos años el riesgo de una guerra entre ambos será muy real, pero también que hay maneras de evitarla.

Con el rumbo actual, el estallido de una guerra entre los dos países en las próximas décadas no solo es posible, sino mucho más probable de lo que se piensa. El motivo es la trampa de Tucídides: una tensión estructural letal que se produce cuando una potencia nueva desafía a otra establecida. El primero en describir este fenómeno fue el historiador griego en su narración de la Guerra del Peloponeso. “La guerra era inevitable, por el ascenso de Atenas y el miedo que eso inspiró en Esparta”, explicaba Tucídides.

El proyecto de historia aplicada que dirijo en Harvard ha encontrado, en los últimos 500 años, 16 casos en los que el ascenso de una gran nación trastocó la posición de otra nación dominante. Doce de ellos terminaron provocando una guerra.

Un ejemplo claro es lo que ocurrió hace 100 años. ¿Cómo es posible que el asesinato de un archiduque desencadenara una conflagración tan catastrófica que los historiadores tuvieron que crear una categoría nueva, la de guerra mundial? La respuesta es que la tensión crónica causada por la rivalidad entre una potencia emergente y una potencia dominante provoca una dinámica fatal en la que acontecimientos que, en otro caso, serían insignificantes o al menos manejables pueden desatar una cascada de acciones y reacciones y desembocar en un resultado que nadie deseaba.

El hecho de que, en cuatro de los 16 casos, se evitara la guerra, significa que el resultado no está predeterminado. La trampa de Tucídides no es un concepto fatalista ni pesimista, sino que debe servir para que seamos conscientes del tremendo peligro creado por la situación actual entre Estados Unidos y China. Si las dos partes continúan como hasta ahora, la historia se repetirá.

El mundo no ha presenciado nada equiparable al cambio tan veloz y trascendental en el equilibrio de poder debido al ascenso de China. Si Estados Unidos fuera una empresa, podría decirse que, en los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, facturaba el 50% del mercado económico mundial. En 1980 facturaba el 22%. Tres décadas de crecimiento superior al 10% de China han reducido la cuota estadounidense al 16%. Por su parte, China pasó de representar el 2% de la economía mundial en 1980 al 18% en 2016.

Para los estadounidenses acostumbrados a un mundo en el que su país era el número uno, la idea de que China pueda superarlos parece inconcebible. En los últimos años, los medios occidentales no dejan de hablar de la “desaceleración” china y la “recuperación” de Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de su “desaceleración”, China crece tres veces más de prisa que EE UU. Según el Fondo Monetario Internacional, en 2014 China sobrepasó a Estados Unidos y se convirtió en la primera economía en términos de paridad de poder adquisitivo, que tanto la CIA como el FMI consideran el mejor criterio para comparar economías nacionales. Si los dos países continúan sus tendencias de crecimiento actuales, la economía china será un 50% mayor en 2023. Y tres veces mayor en 2040. Las afirmaciones del presidente Trump de que Estados Unidos ha estado “retrocediendo” frente a China reflejan, en parte, la realidad de esos cambios.

¿Podrán Trump y Xi Jinping gestionar la relación geopolítica más crucial del siglo XXI sin ir a la guerra? Desde el punto de vista de la personalidad, el presidente de Estados Unidos y el de China no pueden ser más distintos, pero se parecen en muchos otros aspectos. Ambos han prometido hacer que sus respectivos países vuelvan a ser grandes con un programa de cambios radicales. Todo el mundo conoce el famoso lema de Trump. Cuando Xi llegó al poder en 2012, también prometió devolver la grandeza a China, proclamó su “sueño chino” y llamó al “gran rejuvenecimiento de la nación china”.

¿Seguirán Trump y Xi Jinping los trágicos pasos de Atenas y Esparta?

Los dos se enorgullecen de lo que consideran sus extraordinarias cualidades de líderes. Trump alegó tener un instinto sin igual para los negocios como base de sus aspiraciones a la presidencia. Xi ha concentrado hasta tal punto el poder que muchos le llaman “el presidente de todo”. El excepcionalismo forma parte del programa político de los dos, y eso indica una semejanza más fundamental: cada uno de ellos tiene un gran complejo de superioridad y considera que no hay nadie que se le compare. Y, lo más importante, cada uno piensa que el otro país es el principal obstáculo para lograr sus objetivos.

El riesgo es que, en medio de la tensión estructural provocada por el ascenso de China y exacerbada por las visiones rivales de Xi y Trump, las crisis inevitables que, normalmente, podrían contenerse acaben desembocando en algo que no desea ninguna de las dos partes.

Aun así, la guerra no es inevitable. La historia demuestra que las grandes potencias pueden manejar las relaciones con sus rivales, incluso con las que amenazan con derrocarlas, sin desencadenar una guerra. El primero de los cuatro casos “sin guerra” que examino es la rivalidad entre un Portugal hegemónico y una España en ascenso a finales del siglo XV, cuando esta última, unida y rejuvenecida, empezó a desafiar el dominio comercial portugués y a hacerse con el poder colonial en el Nuevo Mundo. Cuando las dos potencias ibéricas estaban al borde de la guerra, la intervención del Papa y el Tratado de Tordesillas, de 1494, evitaron en el último momento una guerra devastadora.

El conflicto entre Portugal y España y los otros tres casos de resolución pacífica pueden enseñar mucho a los estadistas actuales, igual que los fracasos. ¿Seguirán Trump y Xi —o sus sucesores— los trágicos pasos de los gobernantes de Atenas y Esparta, de Gran Bretaña y Alemania? ¿O encontrarán una manera tan eficaz de evitar la guerra como Gran Bretaña y Estados Unidos hace un siglo y Estados Unidos y la Unión Soviética durante las cuatro décadas de la Guerra Fría? Nadie lo sabe, por supuesto. De lo que sí podemos estar seguros es de que la dinámica que descubrió Tucídides se intensificará en los próximos años“.

A mi modo de ver -ya lo señalé al comienzo- Allison simplifica demasiado en esta nota. No se trata de lo que pueden hacer Xi y Trump -el informado Fredes Castro ha reunido un interesante material sobre eso, que comentaré pronto- sino de las dinámicas internas de China y de EE.UU. Y de los otros actores globales, que son menos poderosos pero existen.

De todos modos, es cierto que la relación de conveniencia y rivalidad entre EE.UU. y China es el marco en el que se dará la historia de los próximos años. Probablemente, las próximas décadas. Para el Mercosur -la dupla Argentina-Brasil- que está hoy en la esfera de influencia directa de los Estados Unidos y cuyo principal cliente es China, debe ser la preocupación central de nuestra política exterior. Tomando en cuenta la percepción en que coincidieron Perón y Methol Ferré: este es el tiempo de los Estados continentales.


Chile o la política aburrida

noviembre 19, 2017

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Noticia, con aclaraciones para los de este lado de los Andes:

Con un 96,13% de las mesas escrutadas,  Sebastián Piñera -36,64% de los votos, “centro derecha”, ex presidente, empresario multimillonario, un Macri más serio y trabajador- y Alejandro Guillier – 22,66%, “centro izquierda”, el candidato de la actual presidente Michelle Bachelet, un periodista que se dedicó a la política- van a disputar la segunda vuelta el 17 de diciembre.

(La última encuesta del CEP le daban un 44,4% a Piñera y un 19,7% a Guillier. ¿Qué les digo de las encuestas? Sirven para el escenario, muy general. Para los números precisos…)

Atención: la candidata del Frente Amplio -un “centro izquierda” un poco más a la izquierda- Beatriz Sánchez, sumó un 20,31%. O sea que la Concertación tiene chances en la 2° vuelta.

José Antonio Kast, -reivindica a Pinochet y al gobierno militar- tuvo un 7,92%.

La candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic -la DC era parte de la Concertación hasta que ésta se hizo un poquito más progre- sacó un 5,88%.

Marco Enríquez-Ominami -que hace algunos años iba a renovar la Concertación y se planteaba hacer en Chile lo que después hizo Podemos en España- 5,71%… Lo que muestra que la renovación y la bota ´e potro no son pa´ cualquiera.

Alto ausentismo en estas elecciones. Bueno, les dije que era política aburrida. Ni Guillier ni Piñera cambiarán demasiado la realidad chilena. El sistema de clases en Chile es mucho más fuerte que en Argentina, y sólo un poco menos discriminador que en Brasil (Corresponde decir también que Piñera, en su anterior mandato, se llevó bien con Kirchner y con Lula y Chile acompaño la diplomacia de UNASUR).

Eso sí, alcanzan para demostrar que no hay una “ola” restauradora en el subcontinente. Y que la política, y el avance de las naciones y sus pueblos, es un camino lento y de esfuerzos, no de saltos épicos.


¿Que quedó de Puerto Rico? Un lamento borincano

noviembre 18, 2017

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Puerto Rico, una hermosa isla, a la que los argentinos que la conocen ha sido en su mayoría como turistas. Pero sabemos, aunque no pensemos en ello, que es un pedazo bien latino “asociado” a los EE.UU. Esta semana leí -en una columna de opinión del New York Times…- apuntes de un diario de Ana Teresa Toro, periodista puertorriqueña.

Es amargo, pues está escrito después de una catástrofe. Creo que nos dice algo a nosotros, también. Por esas dos cosas, subí antes el video de Calle 13 “La Perla”, que  es una afirmación de identidad, y de vida.

Al final, un comentario corto mío.

“SAN JUAN — ¿Qué ha quedado en Puerto Rico a casi dos meses del paso del huracán María? ¿Qué se siente habitar una isla cada día más averiada y vacía? ¿Qué más se va a llevar el mar? Algunas respuestas en el diario de una colonizada.

Sábado 23 de septiembre de 2017: La aparición

Lo único que quedó fue el inodoro. Como siempre, cuando todo acaba se revela el asco, la tripa. El horror. La imagen pertenece a las montañas del barrio La Sierra en Aibonito. No quedaban techos ni paredes en las casas, los caminos aún estaban obstruidos por árboles, el tendido eléctrico seguía caído y el olor a pollos muertos –producto de la devastación en los ranchos, que ahora eran esqueletos sin techos, de una parte sustancial de la industria avícola nacional– corroboraban lo evidente: este no es el país que creíamos tener. En la montaña, lo que se veía era una hilera de inodoros, sin nada más. Todo quedó expuesto.

El paso de María inició la noche del miércoles 20 de septiembre. Casi 24 horas de lluvias y vientos y furia. Atravesó la isla de Puerto Rico por el mismo centro, de norte a sur y apretando en la entraña. Un ultraje total.

En un país en el que abundan los cultos marianos oficiales y en el que se aparece la virgen constantemente en paredes, troncos de árboles y manchas de plátano o de café, el que un huracán lleve ese nombre explota todos los valores simbólicos imaginables. Ya lo dicen los creyentes: son caminos misteriosos.

Nadie recordó que este día 23 se conmemoraba el Grito de Lares, fracasado intento de independizar a Puerto Rico. Pero qué más da un fracaso histórico cuando días antes el país entero se desmoronó de golpe.

27 de septiembre de 2017: El shock y la maldita calma

Llegar a casa, después de días sin saber de nuestra gente. Encontrarlos y abrazarlos como se abraza al que llega de un largo viaje. Sentir que hemos sobrevivido a algo muy duro, porque es la verdad. Alegrarnos de ver, incluso, a quienes no queremos tanto. Llorar porque no es posible reconocer ningún paisaje familiar, porque ya no hay cuerpos físicos para tantas memorias. No saber de tanta gente y, a su vez, tener la certeza de que hay más de cien desaparecidos, de que mientras haces doce horas de fila para comprar gasolina, decenas de pacientes morirán porque los hospitales no tienen diésel y no llegará a tiempo el oxígeno ni podrán hacerse diálisis; van a morir (y murieron) sin siquiera la mísera dignidad de formar parte de una cifra. Saber que hay barrios incomunicados porque todo colapsó. Sentir el abandono del mundo. Temer más a la calma que al viento. Temer que vendan lo que queda del país a precio de pescado abombado, temer que a nadie le importe después que se vayan los periodistas internacionales, temer que, cuando dejen de contarnos, acabemos de existir. A todo esto temo.

Pero esa sensación de asedio y abandono es centenaria. Desde la invasión estadounidense en el 1898, quedó establecido que “la isla fue ocupada por la fuerza, y el pueblo no tiene ninguna voz en la determinación de su propio destino”, como señaló el general George Davis, uno de los primeros gobernadores militares de la isla. A finales de 2015, la Suprema Corte de Estados Unidos le recordaría a Puerto Rico, por medio de su decisión en el caso El pueblo v. Sánchez Valle, que nada ha cambiado. Quedó ratificado que el Estado Libre Asociado, o ELA, de Puerto Rico no tiene soberanía propia para fines de la cláusula constitucional federal contra la doble exposición o juicio por la misma causa en casos criminales. Es decir, que el ELA y Estados Unidos no son soberanos independientes; eso significa que los gobiernos no pueden procesar a alguien en dos distintos casos por el mismo delito. Muerta la ilusión de frágil soberanía. La colonia, sin más.

A esto debe añadirse la negativa del Congreso de Estados Unidos de permitir un proyecto local de bancarrota, impidiendo al país declararse en quiebra y dejándolo sujeto a la imposición de una Junta de Control Fiscal, bajo el incómodo marco de la llamada ley Promesa. A ello, sumemos la nueva ola de migración masiva provocada por la crisis fiscal.

En medio de ese largo asedio, de esa condición difusa de país —que lo es porque es nación, pero que no puede serlo porque no es estado—, María nos vino a ver.

30 de septiembre de 2017: Filas sin magia

Día diez. Ya somos expertos en la fila de la gasolina y la del hielo. Prefiero la segunda. Horas para comprar el prodigio helado que se derretirá en menos del tiempo que toma llegar a él. Conocer el hielo siempre será la gran cosa, símbolo del Caribe.

Vale la pena esperar por el hielo, del mismo modo en que vale la pena vivir: tienes la certeza que vas a morir, pero vale la pena helarse para derretirse. Gabriel García Márquez, en Cien años de soledad, lo sabía. Después de todo, siempre fue más realismo que magia.

Lo que pasa es que aquí hay diabéticos que van a morir por no poder mantener fría su insulina.

1 de octubre de 2017: Un nuevo calendario

María nos ha legado un calendario del shock: desde el 20 de septiembre comenzó un tiempo nuevo. Contamos los días sin saber de nuestros familiares, sin agua potable, sin electricidad, sin cobrar, las 5000 despedidas semanales de hermanos que se van y que probablemente no regresarán. Contamos los días desde que nada funciona, desde que nos machacan a diario con la campaña “Puerto Rico se levanta” pero en que lo único que nos levanta son los mosquitos y el calor, al igual que la ansiedad de no saber si volveremos a casa. No nos fuimos de casa, la casa se nos fue. Así, literalmente, para tantos sin techo y metafóricamente para el resto.

Es muy duro volver a casa cuando esa casa se muestra tal cual es.

3 de octubre de 2017: La visita

rosello trump

Donald Trump, con el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, durante una reunión para coordinar esfuerzos realizada el 3 de octubre.

Al colonizado se le escupe y agradece el gesto. Vicios de construcción, le dicen. La visita del innombrable presidente estadounidense fue una oportunidad más para entender que los desastres son naturales, pero la respuesta a ellos es política. Lo que sucede es que al colonizado se le enseña a no politizar. Después de todo, ¿para qué hablar de poder si no se tiene ninguno?

Conocí políticos estadounidenses que, cándidamente, me dijeron en señal de empatía: “Don’t you worry. We’re gonna push for statehood” [“No te preocupes, vamos a presionar a favor de la estadidad”]. Les sonreí. No tienen idea. No se les ocurre que exista el deseo de elegir nuestro destino. En la actualidad, la estadidad es una opción que puede alcanzar mayoría, pero por más de cien años no ha sido así. Al colonizado se le mira desde la infancia de su ser político y aquí estamos otra vez, queriendo un puesto igual de negociación en la mesa y recibiendo como dádiva un rollo de papel secante. Quien no lo agradezca será un paria en su propia tierra. Para muestra, una alcaldesa.

Han pasado más de cincuenta días desde que pasó el huracán y aún más de la mitad de la isla no tiene electricidad. Los que sí, la tienen de manera intermitente; no puedo imaginarme un suburbio estadounidense sin electricidad por cincuenta días. El jueves, quienes la habían recuperado volvieron a perderla en otro apagón general. Aún hay desaparecidos y la ambigüedad respecto a la cifra de muertos no se aclara. Nadie acepta lo evidente. Son demasiados y muchos pudieron haberse salvado. El 25 por ciento de la población sigue sin agua potable y florecen las epidemias porque vivimos entre escombros y basura acumulada.

Entonces en el debate público se insiste en la eterna comparación que nos quiere poner a antagonizar con Cuba, pero no se logra. Por un lado, la izquierda celebra la eficiencia de la recuperación cubana tras el paso del huracán Irma y por el otro, la derecha advierte que la escasez que experimentamos es lo que se vivirá si la isla se independiza. Pero nuestra relación con los cubanos es como la de un par de primos que por líos familiares no han podido crecer juntos y cada vez que se reencuentran lo agarran donde lo dejaron. Somos familia y, a su vez, un espejo de la imagen distorsionada del Caribe, esa gran placa de Petri de los proyectos políticos. De ser la isla del encanto, llena de dólares y progreso —la contraparte perfecta del proyecto cubano— ahora somos la isla quebrada que vive su éxodo. Después de todo, del paraíso, lo único que hay que hacer es huir”.

El mensaje para nosotros, los argentinos, y no sólo para nosotros, es que la pobreza no es una condición individual. No es solamente una cuestión de ingresos y de necesidades. Tiene que ver también con los recursos que tiene una sociedad para enfrentar una catástrofe. O para decidir su destino.

La desesperanzada frase con la que termina el fragmento que copié “lo único que hay que hacer es huir” tiene otra cara: los portorriqueños que migran, como lo han hecho durante muchas décadas, a los EE.UU. están haciendo que los Estados sean más “latinos”, más morochos, más católicos y se hable más el castellano. Es el precio de los imperios, como los Césares les podrían haber dicho.


Saludo a Moniz Bandeira

noviembre 12, 2017

moniz bandeira

Hoy me enteré de la muerte de Luis Alberto Moniz Bandeira, a los 81 años. Uno de esa camada de pensadores brasileños modernos que asumieron la “unidad de destino” de nuestros países. Lo leí en una nota de Eleonora Gosman, y me parece adecuada para despedirlo.

“América del Sur acaba de perder a uno de sus mayores historiadores: Luiz Alberto Moniz Bandeira. El viernes por la tarde sus familiares comunicaron el fallecimiento de este intelectual, para quien bien habría valido el Premio Nobel de literatura para el que su nombre había sido propuesto en 2015 por la Sociedad Brasileña de Escritores. Sin temor a la exagerar, su obra representa para la región lo que Eric Hobsbawm fue para Europa. Sus libros son fundacionales si de lo que se trata es de entender las relaciones y los destinos de los países sudamericanos.

Tal vez no sea estrictamente justo comparar la extensa producción de Moniz con aquella de los argentinos Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui y Arturo Jauretche. Sin embargo, desde el punto de vista conceptual estuvo mucho más próximo a ellos de lo que se considera habitualmente.

Basta ver la propia biografía del escritor brasileño que lo revela como un luchador contra la dictadura militar implantada en su país por el golpe de 1964. Nacido en el nordeste brasileño en 1935, en el estado de Bahía, uno de los trabajos de mayor intensidad de Moniz es “El gobierno de Joao Goulart, las luchas sociales en Brasil entre 1961 y 1964”. El mismo había sido asesor en los tiempos de “Jango”. Preso por casi dos años, el intelectual salió en libertad “provisoria”, pero según él mismo cuenta en el prefacio de su libro “Lenin, vida y obra”, que acaba de ser reeditado, eso no le impidió escribir otro de sus textos subversivos: “El año rojo. La Revolución Rusa y sus reflejos en Brasil”, que vio la luz en 1967.

Para los sudamericanos, la obra cumbre sin embargo es: “La formación de los Estados en la cuenca del Plata. Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay”. Luego vendría otro título de similar envergadura: “Brasil, Argentina y Estados Unidos: Conflicto e Integración en América del Sur. De la Triple Alianza al Mercosur”.

Finalmente, el profesor se le animó al planeta con su extraordinario trabajo: “El desorden mundial”. En este libro analiza las consecuencias de las intervenciones militares de Estados Unidos por las que según él entendía la primera potencia mundial “aspira al dominio completo de la Tierra”. En una sentida declaración, el teólogo y escritor Leonardo Boff reveló su pena por “perder un amigo. Fue quien mejor estudió la política externa norteamericana con respecto a Brasil y América Latina”. Murió con “saudades de Brasil”.

Lo cierto es que en sus últimas entrevistas expresaba tristeza frente a los acontecimientos políticos brasileños: “La ex presidenta Dilma Rousseff fue derribada para que una banda delictiva asumiese el gobierno. Pero la cloaca se rompió y desbordó. El Estado, en Brasil, está virtualmente en descomposición. El Ejecutivo y el Congreso están corrompidos y putrefactos”.


¿Se acuerdan del Día de la Raza?

octubre 12, 2017

caupolican

(Hace tres años hice un resumen -bah, un refrito- de cosas que había escrito sobre el 12 de octubre a lo largo de los años. Alguna, inclusive, antes que llegara a ser el Día de la Diversidad Cultural. Lo subo de nuevo, porque tiene que ver con un tema que siento permanente y fundamental: nuestra identidad de argentinos. Y creo que la desaparición de Santiago Maldonado, en el marco de una represión contra una protesta que se identificaba como mapuche, nos obliga a tener claros los tantos. Lo que pensemos sobre ese reclamo de tierras, no cambia la pregunta que nos hacemos y que debe ser contestada: ¿Dónde está Santiago Maldonado?).

Cuando Hipólito Yrigoyen instituyó el Día de la Raza el 12 de octubre de 1916, seis meses después de ser elegido Presidente, estaban muy presentes las presiones y agresiones de U.S.A. sobre México y las pequeñas repúblicas de Centro América y el Caribe. Era entonces un tema tan de actualidad como puede ser hoy un conflicto en el Medio Oriente.

Es por eso que el gesto de Yrigoyen tenía un sentido de solidaridad hispanoamericana frente al “Coloso del Norte”, como entonces se lo llamaba. No fue el único que hizo Don Hipólito. Pero por supuesto, la intención original no puede ser el único criterio para juzgar un símbolo, casi 100 años después.

¿Cómo entender, sentir hoy ese aniversario? Desde una mirada distante de lector de la Historia podría ser así: “Un 12 de octubre de 1492 se encontraron en este continente pueblos originarios de Génova, Castilla la Vieja y Andalucía, recién llegados, con pueblos originarios del Este de Siberia y del Pacífico Sur, que habían arribado mucho antes. Las consecuencias fueron dolorosas para los que tenían las armas menos potentes, pero eso es lo que sucede siempre”.

Ahora, alguien con vocación política, o simplemente con compromiso patriótico y humano no puede ser tan ligero. Debe tener presente que en nuestro país, y en todos los americanos, hay colectividades –en algunos mayoritarias– a las que esa Conquista les duele. Porque se identifican por sangre, cultura e idioma con los conquistados.

Tienen tanto derecho a esa reivindicación de sus sufrimientos históricos como la colectividad judía, la armenia, la romaní, la escocesa o la catalana, que no se privan de hacerlo.

Y en nuestro país todavía existen muchos compatriotas, ni mejores ni peores que uno, que porque sus antepasados, o algunos de ellos, llegaron a esta tierra milenios antes que los míos, cargan con injusticias y desprecios, todavía. No me interesa menospreciar su lucha.

Tampoco estamos obligados a avalar sus reclamos sin analizarlos. Tengo claro que en nuestras provincias los enfrentamientos más amargos son entre paisanos, generalmente de idéntico origen y color de piel, pero unos se reivindican criollos y otros “originarios”. Eso no quita que deba reconocerse el derecho de esas comunidades a usar las herramientas legales y políticas con que cuentan, para detener lo que les perjudique u obtener compensación, igual que lo hace, por sus propios intereses, cualquier grupo de vecinos de country de ancestros europeos.

Lo que estoy convencido que debemos exigir es que todos asumamos la identidad de argentinos. Y esforzarnos en darle el contenido de justicia, libertad y soberanía que ese concepto debe tener para no ser un sonido vacío.

Ser argentino – también hay que tenerlo presente – es ser parte de una identidad cultural, nos guste o no. A muchos no les gusta: prefieren ser, y se sienten, europeos de segunda. Me dirijo a los que la asumen. Esa identidad cultural, la que hoy llamamos latinoamericana, es mestiza. Todas lo son, salvo quizás la de los esquimales. Pero nuestro mestizaje es más reciente y complejo. Copio el informado comentario de mi amiga Laura Podetti:

Hay mucho material sobre mestizaje. Creo que habria que destacar conceptos fundamentales y repasar Historia.

Te reitero que el jurista cubano Fernando Ortiz Fernández, al estudiar  a los negros, “descubrió América”. Escribio varias libros, el más importante: “Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar”, se consigue en una libreria del Centro dedicada a importar. Su prólogo es del gran antropólogo inglés, Malinowsky, a quien se atribuye el invento del trabajo de campo, trabajar en el terreno. Pero él reconoce que quien lo creó fue Ortiz Fernández. Éste crea  o recrea el concepto de tranculturacion, mucho mas amplio que mestizaje.

Las indígenas eran violadas por los españoles, solteros y jóvenes, en la primera época, pero sus hijos mestizos eran reconocidos y recibian el nombre del padre, como Martin Cortes, hijo de Malinche y Cortes. Martín fue el fundador de la ciudad de Guanajuato. En 300 años de mezcla, se formó el caracter íberoamericano, al revés de la conquista anglosajona (el inglés iba con su “home”, hogar, familia, o la creaba alli) y realmente exterminó al indigena, violo sistematicamente los tratados, etc.

Después se afianza el infame sistema de las castas en América latina: blancos españoles, criollos, indios, negros, mulatos, zambos y mil nombres como “vuelta atrás”, “tente en el aire”, etc, referidos a sangre que no era de cristiano viejo. Muchas amerindias se unian al español para ascender socialmente y porque sus hijos no pagaban impuestos, al principio.

 Los judíos, impedidos de entrar por España, entraron por Brasil y se unieron a las mujeres criollas. Por eso después de 30 años de estudio, con maestros como Astrada, Mercado Vera, y en Europa, Ricoeur, Merleau Ponty, mi hermana Amelia Podetti afirmó que la Argentina es el pais más mestizo del mundo. Indios, españoles, negros esclavos, inmigrantes de Europa y de paises hermanos, hoy coreanos, chinos, …

El mayor historiador frances: Fernando Braudel, afirma que América Latina es el único continente no racista“.

Aclaro que en mi opinión esto de Braudel es una pieza literaria, como lo del noble salvaje de Rousseau. La América Latina sigue dividida en castas, marcadas no ya por las leyes, sino por el color de la piel. Lo que puede decirse con justicia es que es menos racista que otras culturas. Ciertamente, menos racista que la otra América, la “anglo”.

Agrego a lo que escribí hace algunos años una advertencia que hizo entonces Bob Row, que conoce bien la Patagonia: “Las “políticas de identidad” cristalizaron en reglamentaciones impulsadas por el INADI.

Así, los ministerios de cultura de las provincias patagónicas deben proveer educación en Mapugundún a los alumnos de origen mapuche y becas especiales (discriminación positiva) para continuar sus estudios. Una amiga docente de San Antonio Oeste (ella misma con una abuela indígena) fue apercibida por no poder cubrir la “cuota” de becarios ante la escasez de aplicantes.

Quienes en nuestra infancia pasamos (hasta que apareció la escolaridad de jornada completa) por la escuela vespertina en Idish sabemos que en una o dos generaciones, los alumnos prefieren aprender idiomas más prácticos para el desarrollo individual, como el Inglés (antes, el Francés; mañana, quizás, el Mandarín).

Personalmente, comprendo la necesidad de dar este rodeo por los derechos identitarios hacia una integración por elección, no por imposición. Pero es necesario advertir que cuando las políticas culturales alimentan ambiciones políticas personales, pueden derivar (han derivado) en actos peligrosos“.

Por mi parte, encuentro que una política de preservar lenguajes de las comunidades “originarias” -la cultura es el lenguaje, básicamente- enriquece a la sociedad. He visto estimulantes ejemplos en Formosa, que no es una provincia colonizada por la “corrección política”. Y nadie puede decir que al Paraguay bilingüe -castellano y guaraní- le falta patriotismo.

Al mismo tiempo, estoy de acuerdo con Bob en que “las políticas de identidad” que no tengan por objeto abrir el camino a una integración igualitaria, corren el mismo riesgo que las políticas sociales del asistencialismo: crear una subclase dependiente, de la que se aprovechan los oportunistas que nunca faltan.

 


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