Brasil: “não será pacífica”

abril 5, 2018

La despedida que me hicieron, en los comentarios del blog y en Twitter, ha sido emocionante. Y no corresponde que los defraude con un regreso intempestivo. Tampoco tengo tiempo para análisis que no tengan que ver con mi trabajo.

Pero quiso acercarles esta deposición del general de la reserva Luiz Gonzaga Schroeder Lessa. Un testimonio que da una idea de las divisiones y los odios en la sociedad brasileña, no muy distintos de los nuestros. Y nos invita a preguntarnos si los argentinos podemos mantener nuestro “consenso civil”,  algo hipócrita y no libre de sangre y corrupción, pero menos autodestructivo, que ya tiene 35 años.


“No somos nada”: Presidentes del Perú y de otros lados

marzo 21, 2018

ex presidentes

El presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, presentó hoy su renuncia al Congreso. Se usa mucho la frase “Crónica de una muerte anunciada”, pero es justa. Fue elegido por el rechazo a Keiko Fujimori antes que por cualquier cualidad suya (¿les suena?), pero no consiguió construir una base propia, ni ejercer el poder de la presidencia en la despiadada política peruana.

No hay conmoción en el país hermano (en el caso del Perú, no es una simple convención llamarlo así. Estuvieron a nuestro lado cuando lo de Malvinas). Asumirá el primer vicepresidente, Martín Vizcarra, y el “clima de negocios” no se verá afectado. Las reformas de Fujimori (sr.) fueron más perdurables que las de Menem, entre otros motivos, porque hay menos industria y sindicatos que aquí. En un plazo menos inmediato, esto debilita la institución presidencial, pero no conozco lo bastante de la situación allí para especular.

Más interesante, para nosotros y toda la América del Sur, es el motivo original de la ofensiva parlamentaria: los vínculos con Odebrecht. Pero esa historia no está terminada.

Por ahora, aprovecho un artículo de El Comercio, de Lima, que trae una lista de presidentes destituidos o que renunciaron en muchos países del mundo. Sin golpes militares, que -lo siento, Malaparte, Luttwak- ya están fuera de moda.

Destituidos por el Parlamento

► 1) VENEZUELA: El presidente Carlos Andrés Pérez, acusado de malversación y enriquecimiento ilícito, fue cesado en mayo de 1993, y su destitución confirmada por el Congreso el 31 de agosto siguiente.

► 2) ECUADOR: Abdalá Bucaram, acusado de desvío de fondos públicos, fue destituido el 6 de febrero de 1997 por “incapacidad física y mental”, seis meses después de su investidura.

► 3) ECUADOR: En abril del 2005, en medio de una revuelta popular, el presidente Lucio Gutiérrez, acusado de colocar a allegados en la Corte Suprema de Justicia, fue igualmente destituido por el Parlamento.

► 4) PERÚ: Alberto Fujimori fue destituido el 21 de noviembre del 2000, “por incapacidad moral permanente”, previa partida a Japón, donde permaneció varios años. Extraditado de Chile en el 2007, fue condenado a 25 años de cárcel por asesinato y secuestro.

► 5) PARAGUAY: Fernando Lugo fue destituido el 22 de junio del 2012 “por mal desempeño de sus funciones”, en un juicio político por el Senado.

► 6) INDONESIA: Abdurrahman Wahid, acusado de incompetencia y corrupción, fue destituido el 23 de julio del 2001 por el Parlamento.

► 7) LITUANIA: Rolandas Paksas, destituido el 6 de abril del 2004 por “violación grave de la Constitución y faltar al juramento constitucional”. Estaba acusado de conceder la nacionalidad lituana a un empresario de origen ruso, que era su principal apoyo financiero. Privado del derecho de volver a presentarse a unas elecciones en su país, fue elegido diputado en el Parlamento Europeo en el 2009.

►8) BRASIL. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, es destituida por el Senado el 1 de setiembre del 2016.

Obligados a dimitir

► 8) BRASIL: Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción pasiva, dimitió el 29 de diciembre de 1992, lo cual no impidió que el Senado votase al día siguiente su destitución.

► 9) ISRAEL: Al hilo de un caso de evasión fiscal y corrupción, el presidente Ezer Weizman dimitió en julio del 2000. Prefirió así tirar la toalla antes que enfrentarse a un proceso de destitución.

► 10) ISRAEL: En junio del 2007, el presidente Moshe Katzav, caído en desgracia por su implicación en un escándalo sexual, dimitió también, previo compromiso con la justicia para evitar la prisión. Finalmente fue condenado y encarcelado en el 2011.

► 11) ALEMANIA: El presidente de la República Federal, Christian Wulff, se vio obligado a dimitir en febrero del 2012 al levantarse su inmunidad. Inculpado por corrupción, fue posteriormente declarado inocente.

► 12) GUATEMALA: Otto Pérez Molina, acusado de dirigir un sistema de corrupción en la administración aduanera, se vio privado de su inmunidad por el Parlamento el 1 de septiembre del 2015. Ante el riesgo de ser destituido, renunció al cargo dos días más tarde y fue colocado en prisión preventiva.

Procedimientos que no prosperaron

Otros jefes de Estado se vieron sometidos a un proceso de destitución, que no dio resultado. Fue el caso de Boris Yeltsin en Rusia (1999), Luis González Macchi en Paraguay (2003), Roh Moo-hyun en Corea del Sur (2004) o Hery Rajaonarimampianina en Madagascar (2015).

En Estados Unidos, en dos ocasiones la Cámara de Representantes votó por la acusación (‘impeachment’) del presidente, primero Andrew Johnson (en 1868) y luego Bill Clinton (en 1999). Pero ambos fueron salvados por el Senado.

En 1974, la Cámara inició los trabajos de cara a un ‘impeachment’ del presidente Richard Nixon, pero el procedimiento fue abandonado después de su dimisión.


Caputo y las sanciones a Venezuela

marzo 19, 2018

caputo

Fue un tweet de Flor B@flrbnsn el que me hizo notar una primicia de Infobae. No es una de mis fuentes habituales, porque se resiste a que las comparta con ustedes.

Pero no debía preocuparme. El venezolano El Nacional (opositor, of course) ya la estaba reproduciendo:

Luis Caputo, ministro de finanzas de Argentina, organizó una reunión con sus homólogos de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia, Brasil y México para discutir nuevas sanciones a funcionarios del gobierno venezolano.


Un mensaje de Francisco

marzo 13, 2018

jujuy

Como hoy se cumplen 5 años del día que fue elegido Papa, los medios han publicado muchas notas sobre él. Este humilde blog subió desde esa fecha varios posteos, pero no se anima a evaluar su impacto en la Iglesia y en el mundo hasta que pase más tiempo (No necesariamente los siglos que pediría Toynbee).

Igual, los medios se han dedicado, sobre todo, a especular porqué viene o no viene. Por mi parte, creo que él ya está mandando bastantes mensajes. Esta tarde comentábamos con algunos amigos uno que envió hoy.

El Sumo Pontífice, Francisco, nombró al padre Florencio Félix Paredes Cruz, CRL, de 56 años, obispo prelado coadjutor de la prelatura de Humahuaca, en el Norte argentino. Actualmente es párroco de Nuestra Señora de Belén, en la localidad jujeña de Susques, y eventualmente sucederá en la sede prelaticia al actual obispo prelado, monseñor Pedro María Olmedo Rivero, CMF, de 73 años de edad.

Mons. Florencio Paredes Cruz nació el 28 de octubre de 1961 en la localidad de Selocha, Bolivia. Vino a la Argentina de pequeño y hace pocos meses obtuvo la ciudadanía argentina“.


América Latina ¿otra vez 1989?

marzo 11, 2018

Lacalle Collor de Mello Rodríguez Menem

La mayoría de los domingos -como ya saben- acostumbro a subir lo que pasa por un análisis político. Una costumbre que copié de los opinadores de los medios gráficos. Entonces ¿qué hago subiendo una nota de opinión del ¡New York Times!? Una mirada condescendiente y “liberal” (progre) sobre nuestra realidad? Que la describe como si el Times y lo que el Times expresa no tuvieran nada que ver?

Y sí. Ya había pedido un poeta escocés “Que algún Poder nos diera el don  De vernos a nosotros como otros nos ven…” Lo que describe aquí la columnista del NYT, Carol Pires, es lo que está pasando en (algunos de) nuestros países, y mirarlo desde afuera ayuda a ver el bosque, y los árboles en el bosque. Mis comentarios al final.

“SÃO PAULO — Cuando este mes Sebastián Piñera asuma la presidencia de Chile, América Latina reforzará su giro político a la derecha tras casi dos décadas de gobiernos de izquierda, que comenzaron con la elección de Hugo Chávez, en 1998, y siguieron con Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, El Salvador y Perú. Hoy, cinco de ellos ya cambiaron de orientación política. El zigzag ideológico no es un retroceso en sí, pero el horizonte político en la región parece un déjà vu: hasta aquí, 2018 se parece mucho a 1989.

En la memoria, 1989 parece un tiempo distante. Venezuela era sacudida por la revuelta popular del Caracazo, Carlos Menem gobernaba Argentina y Fernando Collor de Mello ganaba las elecciones en Brasil. En México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) dominaba de manera ininterrumpida México por sesenta años (y se mantendría once más en el poder). Mientras tanto, Chile vivía el último año de la dictadura de Augusto Pinochet; en Perú, Alberto Fujimori fundaba el partido Cambio 90, grupo con el que llegaría al poder al año siguiente.

Hoy, 29 años después, algunas cosas han cambiado poco. En 2012, el PRI volvió a ganar la presidencia en México, como comprobación de que las viejas costumbres no mueren. Venezuela vive otra convulsión social. En Argentina, el presidente Mauricio Macri pone en práctica políticas económicas que, a juzgar por el ministro de Economía de Menem, son muy similares a las que se impusieron en los años noventa. Aunque ya no hay dictaduras en los demás países, Collor, Fujimori y Pinochet —quien murió hace diez años— aún influyen, en diferentes niveles, en la política de sus países.

En Perú, Pedro Pablo Kuczynski, conocido como PPK, obtuvo una victoria muy estrecha contra Keiko Fujimori en la elección de 2016. Al empuñar la bandera del antifujimorismo y prometiendo representar una derecha moderna, ganó votos de la izquierda, que optó por el candidato que parecía un mal menor frente a la heredera política de un régimen que, entre otros crímenes, esterilizó a cerca de 300 mil mujeres indígenas.

Su promesa ha sido una desilusión. Menos de un año después, fustigado por el escándalo de Odebrecht, PPK se alió con Kenji Fujimori, el hermano menor de Keiko, para salvarse de una destitución. El presidente Kuczynski retribuyó la ayuda concediendo un indulto a su padre, pese a prometer en campaña que jamás lo haría. Condenado a veinticinco años de cárcel como autor intelectual del asesinato de veinticinco personas, Alberto Fujimori debió salir de la cárcel en 2034. Hoy, a los 79 años, mira desde el sillón de su casa cómo el Congreso peruano, de mayoría fujimorista, domina al país.

El déjà vu también persigue a los brasileños. En 1989, Brasil votaba por primera vez a un presidente después de décadas de dictadura. Había, entonces, una docena de candidatos. Pasaron a la segunda vuelta Luiz Inácio Lula da Silva —quien ganaría tres intentos después— y Fernando Collor de Mello, quien se presentó como el salvador de la patria y venció. Antes de terminar su mandato, Collor renunció para evitar ser destituido por corrupción.

Ahora, la historia se repite al revés. Después de la destitución de Dilma Rousseff, el escenario electoral brasileño de 2018 está tan convulso como hace veinte años. Se presentaron una docena de precandidatos, entre ellos Collor y Lula.

Collor no tiene muchas posibilidades de ganar, pero Lula sí: ocupa el primer lugar en las encuestas de intención de voto. Aunque la reciente confirmación de su condena por corrupción era previsible, su efecto en el futuro de Brasil no lo es. Con cierta certeza, el Tribunal Superior Electoral, que no permite la candidatura de personas con procesos judiciales abiertos, impedirá la candidatura de Lula para las elecciones de octubre.

Sin Lula da Silva en la contienda presidencial, la izquierda se fraccionará en tres o cuatro candidatos con discursos anacrónicos y radicales en contra del mercado, como si repitieran el discurso del Lula de 1989, cuando aún no era el político conciliador que llegó a la presidencia en 2003. Su salida también deja el camino libre a Jair Bolsonaro, líder de extrema derecha que va de segundo en las encuestas. Para que se entienda la amenaza que este ex militar —quien ejerce su séptimo mandato en el congreso— representa para los valores democráticos: cuando votó a favor de la destitución de Dilma Rousseff, ex guerrillera torturada, aprovechó para homenajear al comandante del centro de tortura de la dictadura.

La popularidad de Bolsonaro también da indicios de que el Congreso brasileño, que será elegido en octubre junto al nuevo presidente, tendrá un perfil semejante al actual: es el congreso que ha aprobado numerosos retrocesos en derechos sociales y al que podría describirse como el parlamento más conservador desde la dictadura. Se trata del mismo congreso que el año pasado llegó a debatir si se debía revocar la ley que garantiza el derecho al aborto en casos de violación, riesgo de muerte de la madre y malformación del feto.

Una de las victorias de Michelle Bachelet en su segunda gestión presidencial fue cambiar la ley de aborto chilena, una de las más severas del mundo y escrita en los años de Pinochet. Pero los progresos de Bachelet están amenazados: dos de los ministros ya nombrados por Sebastián Piñera —Isabel Plá, de Mujer y de Equidad de Género, y Emilio Santelices, de Salud— se han opuesto de manera pública a la nueva ley de aborto y podrían hacer frente común para invalidarla.

Piñera prometió que representaría a una “derecha moderna”, pero demostró lo contrario cuando se alió con el pinochetista José Antonio Kast, el diputado que está contra el aborto y el matrimonio igualitario, y a favor de otorgar indultos a los pinochetistas “que injusta o inhumanamente están presos”. También se dio a conocer que dos de los nombramientos de Piñera, entre ellos su ministro del Interior, tuvieron relación con el régimen de Pinochet.

Cuando Bachelet termine su gobierno, dejará a América Latina, otra vez, sin mujeres en el poder. Finaliza un ciclo que la presidenta chilena inició en 2006 y continuó con las victorias electorales de Cristina Fernández Kirchner en Argentina (2007-2015), Laura Chinchilla en Costa Rica (2010-2014) y Dilma Rousseff en Brasil (2011-2016). Se trata de otro retroceso cultural en un continente que le debe parte de la recuperación de la derecha a la ayuda de las iglesias evangélicas, que promueven agendas conservadoras, machistas y poco plurales.

La izquierda que sale de escena ahora, desinflada por sus tendencias populistas y acusaciones de corrupción, necesita un nuevo proyecto programático que no suene a conversación trasnochada de la Guerra Fría. Pero la derecha ha reaccionado como si la solución a todos los problemas sea entrar en una máquina del tiempo que nos arroje de vuelta a la década de 1980. Un buen comienzo para airear ese olor a naftalina sería que la derecha se comprometiera con los valores liberales, no solo en su discurso económico, sino en el social. Y que, de una vez por todas, rompiera sus vínculos con los regímenes militares”.

Mi comentario: Ya habrán leído en el blog que no creo mucho en “la ola de Derecha” que viene a reemplazar la “ola de Izquierda” que hasta hace unos dos años habría sido hegemónica en nuestra región. Más, soy bastante escéptico con aplicar las categorías muy europeas de “derecha” e “izquierda” en nuestros países.

Pero una discusión intelectual no debe llevarnos a negar los hechos. Después de la implosión de la Unión Soviética entre 1989 y 1991, en la mayor parte del mundo se aplicaron reformas “neoliberales”: desregulación y privatizaciones. En especial, en Rusia, Europa Oriental y América del Sur.

Diez años después, ya se veían en nuestra región los resultados de esas “reformas”: recesión, desempleo, aumento de la pobreza y más notorio aún, de la desigualdad. Montados en el rechazo, surgieron en nuestra región gobiernos muy distintos -los países son también muy distintos- pero que tenían en común políticas (moderadas) de distribución de ingresos, ampliación de la participación popular, y un discurso que puede llamarse (desde el Atlántico Norte) “populista de izquierda”. Fueron ayudados (y también condicionados, pero eso se vio después) por el boom de las materias primas, causado por la demanda de China (a la que el capitalismo sí le sentó bien. Su Estado nunca abandonó la dirección de la economía, y la manejó con eficiencia).

El tiempo pasó, como siempre. También, más o menos al mismo tiempo en los dos países más grandes de la región, Brasil y Argentina, se despierta o acentúa el rechazo de una parte numerosa de los sectores medios de la sociedad, a estos gobiernos -capitalistas con políticas sociales y una muy moderada intervención del Estado en la economía.

Eso permite el triunfo -electoral en Argentina, a través de un “golpismo parlamentario y judicial” en Brasil- de gobiernos apoyados en los sectores más privilegiados de la sociedad (En otros países de la región, nunca dejaron de gobernar). Estos gobiernos muestran en común una ansiedad patética -escritores de generaciones pasadas la llamarían “cipaya”- por integrar sus economías al capitalismo financiero globalizado.

La bondadosa intención que expresa Carol Pires, que se comprometan “con los valores liberales, no solo en su discurso económico, sino en el social” no parece que se esté cumpliendo. Pero, me animo a decir, ese no es el aspecto decisivo. El hecho clave es que el mundo al finalizar la década del 2010, no es el mismo de los comienzos de la década de 1990. La restauración no tendría -ya se advierte- muchas probabilidades de éxito.

Igual, si esto es así, no alcanza a responder la pregunta que debemos hacernos: ¿Cómo sigue? El desafío para las fuerzas políticas populares es encontrar las nuevas respuestas para estos tiempos. Que tampoco son los cercanos al año 2000.


La Antártida que fue

febrero 24, 2018

Antartida Mapa

Para los que se interesan en el tema: un valioso corresponsal, Juan Carlos Lafosse, me acercó este mapa de una Enciclopedia Larousse de principios del siglo XX, propiedad de su abuelo. Figuran expediciones desde “Cook Janv, 1774” hasta “Scott 1902”, lo que da como su fecha más temprana, a los años en que, algún periodismo insiste en repetir, estábamos entre las naciones más ricas de la tierra, porque nuestra oligarquía podía construirse lujosos palacetes en estilo francés.

La Antártida se repartía entre suecos, escoceses, alemanes, ingleses y franceses. La “Amerique du Sud” era una indicación geográfica. Un siglo después, algo hemos avanzado.


El amargo destino de los populismos

febrero 15, 2018

De todo lo que leí en estos días de política argentina y suramericana, encontré el desafío más estimulante en este breve texto de Pablo Daniel Papini. Ya había dicho otras veces que es un analista joven que renueva en las publicaciones digitales el debate político que hace diez años se daba solamente en los blogs. Pero esta vez… no me convence lo que él dice. Lo que me parece valioso, y por eso lo copio casi íntegro aquí, es lo que plantea.

No es el primero, por supuesto, que toma en cuenta lo evidente: que en este siglo surgieron en América del Sur, casi al mismo tiempo, gobiernos que llevaron adelante políticas sociales “distribucionistas” y que rechazaron el discurso “neoliberal” y de apertura al capitalismo financiero que caracterizó al “Consenso de Washington”. Es una descripción que abarca experiencias tan diferentes como las de Chávez, Lula, los Kirchner, Evo, Correa… Hasta Pepe Mujica y Fernando Lugo. Que también tienen en común que hoy están cuestionadas y .fuera del gobierno, con la excepción de Evo Morales

Papini lo encara aquí desde el problema de las sucesiones. La eterna cuestión de los gobiernos “¿Cómo sigue?” (que no se resuelve atornillándose, salvo con policía secreta y sólo por un tiempo, como demostró el caso soviético). No estoy de acuerdo con su análisis, porque me parece que no toma en cuenta lo suficiente las diferencias de países, de proyectos políticos, de circunstancia global. Pero el enfoque… vale mucho la pena.

Mis observaciones están al final.

“Rafael Correa fue derrotado contundemente (63 a 37) en la reciente (el 4 de este mes) consulta popular en Ecuador. De este modo, se suma a la lista de presidentes populistas sudamericanos de la primera década del dos mil que caen en desgracia. Están los que fueron golpeados (Fernando Lugo, Dilma Rousseff) y los que completaron sus mandatos pero ahora son perseguidos judicialmente (Lula da Silva, Cristina Fernández). Entre los que siguen en sus cargos, uno se mantiene a duras penas aunque con asombrosa capacidad de resistencia (Nicolás Maduro), y otro parece tener la situación más controlada pero hace poco sufrió un llamado de atención que siembra dudas acerca de su futuro (Evo Morales). En definitiva, los populismos de esta parte del mundo atraviesan una severa crisis.

Se sabe en Argentina, porque aconteció hace muy poco, del debate acerca de los límites de estas experiencias, y de sus posibilidades de reconfiguración. ¿Qué debía hacer Daniel Scioli? ¿Acelerar aún más el ritmo de CFK o meter un rebaje? La campaña tuvo tres etapas, y en cada una de ellas el ex gobernador bonaerense varió su marcha. Todavía hoy, a más de dos años de su derrota, no hay acuerdo en cuanto a dicha polémica. Lo verificable es que cuando, de cara a la segunda vuelta, se decidió por fin a polarizar fuerte con Mauricio Macri, logró una remontada cuasi épica. Luego de que, tras haber vencido en el primer turno, hasta se pronosticara su abandono. Como hiciera Carlos Menem en 2003, y al igual que el riojano, por temor a la goleada en contra que inicialmente se preveía.

Los ejemploscercanos quizás ayuden a pensar el tema. En Brasil, Dilma, tras ser reelecta, cambió su ministro de economía petista por otro más afín a la ortodoxia. Y, de hecho, el ajuste, que hoy lleva a niveles demenciales Michel Temer, ya había comenzado con ella. En Ecuador, Lenín Moreno, sucesor de Correa, antes y después de consagrarse, se cansó de anunciar -y llevó a cabo- un giro hacia la moderación. A Dilma no le sirvió para evitar la destitución. Es famosa entre nosotros la anécdota de los días previos al 24 de marzo de 1976: Herminio Iglesias estaba reunido con Isabel Perón, y le advirtió que caería en breve si no hacía algo. Ella no hizo caso: “No, quedate tranquilo. ¿Qué van a golpear, si ya les dimos todo lo que querían?” También aquí, Rodrigazo mediante, ya el plan económico era el de los luego golpistas.

Enemistarse con las bases propias para congraciarse con adversarios que, de todos modos, no se curarán del desprecio para con quienes, en definitiva, les son ajenos. Se trata de garantizar que en las decisiones estén expresados otros intereses. Y eso equivale a modificar la composición social en funciones de gobierno.

¿Qué será de Moreno a partir de los resultados en Ecuador? Es cierto que venció a su antecesor. Matar al padre es una de las vías para tomar el timón. Ahora bien, ¿da igual hacerlo de cualquier forma? Que Correa redujo su aprobación electoral se sabía desde que la fuerza que compartía con el actual primer mandatario necesitó de balotaje para ganar. Pero ahora casi calcó el desempeño de Alianza País en la primera vuelta de aquella contienda.

¿Puede una conclusión posible ser que el fundador del espacio se quedó con casi todo el capital del mismo mientras que su ahora rival se ha puesto en manos de votantes que natural y espontáneamente lo rechazan? Alguien dirá que Lenín puede conquistar a quienes hoy optan por él sólo como mal menor frente al pasado. De acuerdo, pero, entonces, ¿de qué le serviría eso al populismo en términos de continuidad, si de todos modos se vería finalizado por otra vía? ¿Podrá, en cambio, ser Correa desplazado de las preferencias entre los partidarios de la Revolución Ciudadana? ¿No debería para ello su verdugo abandonar el gris que practica, ser mejor que el pasado? Y si hiciera esto último, ¿no perdería ahí al menos parte del apoyo obtenido hace pocos días?

Néstor Kirchner barrió a su facilitador Eduardo Duhalde, pero sin travestirse. Por eso lo batió en los lugares en que otrora era imbatible el lomense, que fue a la postre quien se corrió ideológicamente en busca de recuperar la electorabilidad perdida.

El futuro dirá. Seguirlo de cerca a partir de las incógnitas planteadas será útil para estudiar, si se diera, el proceso de reconstitución del peronismo de cara a 2019. Días atrás, Ignacio Ramírez (lo comentamos aquí en el blog) dijo que el Frente para la Victoria 2015 fue una construcción amplia como pocas hubo, y que por tanto no se trata necesariamente de unidad la posibilidad de recuperación del poder.

Si bien puede rebatirse la referencia histórica, porque más allá de la pluralidad que implica que Juan Manuel Urtubey y Luis D’Elía hayan llamado a votar por el mismo candidato del FpV en 2015, también hubo sangría desde 2013 y no se ha corregió todavía, el consultor dice una gran verdad. El triunfo de Macri se basó en dificultades objetivas que no resolvió el kirchnerismo. De gestión. Que por supuesto supusieron rupturas del conglomerado que en 2011 voló hasta el 54%. Pero es importante tener claro el orden de los acontecimientos.

En concreto, el peronismo, tanto con el general Juan Domingo Perón como con CFK terminó penando porque un esquema de inclusión y consumo deriva, en los términos actuales de la estructura productiva –que no dio el salto al desarrollo– en restricción de dólares. Dicho sencillo: hasta entonces traía una dinámica de satisfacción que generó expectativas con las que no pudo seguir cumpliendo, porque se quedó sin cómo financiarlas. Todo mal tramitado políticamente, además, porque no se contuvo a esas demandas insatisfechas. Los quiebres en la construcción partidaria no pasan meramente por apetitos de dirigentes inescrupulosos. Es cierto, pues, que no alcanza con sumar ni tiene que ver necesariamente con velocidades la cosa.

Si no sólo quiere volver sino hacerlo con éxito, el justicialismo tiene que reformular su propuesta. Convencer a aquellos cuyas ambiciones defraudó, y que por eso lo abandonaron, implicará hablar claro de desafíos de peso que tendrá que afrontar: resucitar el estado de bienestar en un marco de restricción externa que Macri no ha solucionado (porque no es lo suyo hacerlo por las buenas, es decir con desarrollo, ni ha podido aún excluir todo lo que requiere para que camine por las malas).

Y eso en un contexto de comercio global detenido (entre 2003 y 2008 volaba a entre 3,5% y 5%, y de ahí más se estancó; o sea, no habrá ya los dólares genuinos baratos y fáciles que hubo durante el primer kirchnerismo), sin acceso al crédito porque en estos cuatro años lo agotará un modelo basado en endeudamiento del que, encima, y por último, tendrán que hacerse cargo las administraciones venideras. Ninguna pavada convocar frente a ese panorama”.

Criticando: Papini se enfrasca demasiado en la experiencia argentina y la extiende con demasiada facilidad al resto de América del Sur. Eso es muy de nosotros, pero pasar por alto las diferencias entre los procesos de los distintos países, no ayuda a tener claro lo que tienen en común.

Un aspecto es el espacio que dedica a la “restricción externa”: Coincido en que es un factor muy importante en la realidad argentina. He escrito sobre ello y lo seguiré haciendo. Pero no se puede generalizar, salvo en forma muy superficial, para todos los procesos en la América del Sur.

Vale la pena repetir lo obvio: son países y sociedades, muy diferentes, aunque formen parte de lo que Huntington llamaba “la Civilización Latinoamericana”. Portugal y Suecia son parte desde hace diez siglos de algo que puede llamarse “Civilización Europea”, pero no dejan de ser distintos.

Otra distinción importante es el poder acumulado por esos gobiernos que hoy agrupan -generalmente sus enemigos- con el mote de “populistas”. Un extremo es el venezolano: con origen militar, llega al gobierno en elecciones libres y es legitimado sucesivamente por ellas -como el peronismo fundacional-, ha conservado la lealtad de sus fuerzas armadas por más tiempo que el de Perón. Eso le permite fijar las reglas del juego institucional. El otro es el uruguayo, donde Mujica nunca expresó más que una corriente interna dentro del Frente Amplio.

Todavía otras diferencias claves son la capacidad de la oposición a esos gobiernos de unificarse bajo un liderazgo -si Macri conserva algo de buena voluntad en el establishment del Atlántico Norte, a pesar de una gestión que sólo pueden clasificar de mediocre, en sus términos, es porque es el único ejemplo, hasta ahora-, y el poder del liderazgo “populista” dentro de la fuerza política que lo apoyaba y sostenía.

Ejemplos: Lula pudo elegir con bastante libertad a Dilma Rousseff (si se equivocó o no es otra cuestión; la coherencia y dignidad que ella ha mostrado sugieren que no). Cristina debió apoyar a “un” Scioli (¿u hoy puede creerse que “un” Randazzo habría tenido un significado político distinto, más allá del discurso?) porque el “kirchnerismo” no se había consolidado en un proyecto político diferenciado en el peronismo. (Mi opinión es que el “kirchnerismo” nunca fue ni es otra cosa que una expresión peronista, pero eso es discutible. El hecho que no tiene otra realidad política que el liderazgo de CFK, no).

No conozco en profundidad la política de Ecuador para garantizar que es el mismo caso con Rafael Correa y Lenín Moreno, pero la evidencia apunta ahí.

(Continuará)


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