Chile o la política aburrida

noviembre 19, 2017

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Noticia, con aclaraciones para los de este lado de los Andes:

Con un 96,13% de las mesas escrutadas,  Sebastián Piñera -36,64% de los votos, “centro derecha”, ex presidente, empresario multimillonario, un Macri más serio y trabajador- y Alejandro Guillier – 22,66%, “centro izquierda”, el candidato de la actual presidente Michelle Bachelet, un periodista que se dedicó a la política- van a disputar la segunda vuelta el 17 de diciembre.

(La última encuesta del CEP le daban un 44,4% a Piñera y un 19,7% a Guillier. ¿Qué les digo de las encuestas? Sirven para el escenario, muy general. Para los números precisos…)

Atención: la candidata del Frente Amplio -un “centro izquierda” un poco más a la izquierda- Beatriz Sánchez, sumó un 20,31%. O sea que la Concertación tiene chances en la 2° vuelta.

José Antonio Kast, -reivindica a Pinochet y al gobierno militar- tuvo un 7,92%.

La candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic -la DC era parte de la Concertación hasta que ésta se hizo un poquito más progre- sacó un 5,88%.

Marco Enríquez-Ominami -que hace algunos años iba a renovar la Concertación y se planteaba hacer en Chile lo que después hizo Podemos en España- 5,71%… Lo que muestra que la renovación y la bota ´e potro no son pa´ cualquiera.

Alto ausentismo en estas elecciones. Bueno, les dije que era política aburrida. Ni Guillier ni Piñera cambiarán demasiado la realidad chilena. El sistema de clases en Chile es mucho más fuerte que en Argentina, y sólo un poco menos discriminador que en Brasil (Corresponde decir también que Piñera, en su anterior mandato, se llevó bien con Kirchner y con Lula y Chile acompaño la diplomacia de UNASUR).

Eso sí, alcanzan para demostrar que no hay una “ola” restauradora en el subcontinente. Y que la política, y el avance de las naciones y sus pueblos, es un camino lento y de esfuerzos, no de saltos épicos.

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¿Que quedó de Puerto Rico? Un lamento borincano

noviembre 18, 2017

ruinas

Puerto Rico, una hermosa isla, a la que los argentinos que la conocen ha sido en su mayoría como turistas. Pero sabemos, aunque no pensemos en ello, que es un pedazo bien latino “asociado” a los EE.UU. Esta semana leí -en una columna de opinión del New York Times…- apuntes de un diario de Ana Teresa Toro, periodista puertorriqueña.

Es amargo, pues está escrito después de una catástrofe. Creo que nos dice algo a nosotros, también. Por esas dos cosas, subí antes el video de Calle 13 “La Perla”, que  es una afirmación de identidad, y de vida.

Al final, un comentario corto mío.

“SAN JUAN — ¿Qué ha quedado en Puerto Rico a casi dos meses del paso del huracán María? ¿Qué se siente habitar una isla cada día más averiada y vacía? ¿Qué más se va a llevar el mar? Algunas respuestas en el diario de una colonizada.

Sábado 23 de septiembre de 2017: La aparición

Lo único que quedó fue el inodoro. Como siempre, cuando todo acaba se revela el asco, la tripa. El horror. La imagen pertenece a las montañas del barrio La Sierra en Aibonito. No quedaban techos ni paredes en las casas, los caminos aún estaban obstruidos por árboles, el tendido eléctrico seguía caído y el olor a pollos muertos –producto de la devastación en los ranchos, que ahora eran esqueletos sin techos, de una parte sustancial de la industria avícola nacional– corroboraban lo evidente: este no es el país que creíamos tener. En la montaña, lo que se veía era una hilera de inodoros, sin nada más. Todo quedó expuesto.

El paso de María inició la noche del miércoles 20 de septiembre. Casi 24 horas de lluvias y vientos y furia. Atravesó la isla de Puerto Rico por el mismo centro, de norte a sur y apretando en la entraña. Un ultraje total.

En un país en el que abundan los cultos marianos oficiales y en el que se aparece la virgen constantemente en paredes, troncos de árboles y manchas de plátano o de café, el que un huracán lleve ese nombre explota todos los valores simbólicos imaginables. Ya lo dicen los creyentes: son caminos misteriosos.

Nadie recordó que este día 23 se conmemoraba el Grito de Lares, fracasado intento de independizar a Puerto Rico. Pero qué más da un fracaso histórico cuando días antes el país entero se desmoronó de golpe.

27 de septiembre de 2017: El shock y la maldita calma

Llegar a casa, después de días sin saber de nuestra gente. Encontrarlos y abrazarlos como se abraza al que llega de un largo viaje. Sentir que hemos sobrevivido a algo muy duro, porque es la verdad. Alegrarnos de ver, incluso, a quienes no queremos tanto. Llorar porque no es posible reconocer ningún paisaje familiar, porque ya no hay cuerpos físicos para tantas memorias. No saber de tanta gente y, a su vez, tener la certeza de que hay más de cien desaparecidos, de que mientras haces doce horas de fila para comprar gasolina, decenas de pacientes morirán porque los hospitales no tienen diésel y no llegará a tiempo el oxígeno ni podrán hacerse diálisis; van a morir (y murieron) sin siquiera la mísera dignidad de formar parte de una cifra. Saber que hay barrios incomunicados porque todo colapsó. Sentir el abandono del mundo. Temer más a la calma que al viento. Temer que vendan lo que queda del país a precio de pescado abombado, temer que a nadie le importe después que se vayan los periodistas internacionales, temer que, cuando dejen de contarnos, acabemos de existir. A todo esto temo.

Pero esa sensación de asedio y abandono es centenaria. Desde la invasión estadounidense en el 1898, quedó establecido que “la isla fue ocupada por la fuerza, y el pueblo no tiene ninguna voz en la determinación de su propio destino”, como señaló el general George Davis, uno de los primeros gobernadores militares de la isla. A finales de 2015, la Suprema Corte de Estados Unidos le recordaría a Puerto Rico, por medio de su decisión en el caso El pueblo v. Sánchez Valle, que nada ha cambiado. Quedó ratificado que el Estado Libre Asociado, o ELA, de Puerto Rico no tiene soberanía propia para fines de la cláusula constitucional federal contra la doble exposición o juicio por la misma causa en casos criminales. Es decir, que el ELA y Estados Unidos no son soberanos independientes; eso significa que los gobiernos no pueden procesar a alguien en dos distintos casos por el mismo delito. Muerta la ilusión de frágil soberanía. La colonia, sin más.

A esto debe añadirse la negativa del Congreso de Estados Unidos de permitir un proyecto local de bancarrota, impidiendo al país declararse en quiebra y dejándolo sujeto a la imposición de una Junta de Control Fiscal, bajo el incómodo marco de la llamada ley Promesa. A ello, sumemos la nueva ola de migración masiva provocada por la crisis fiscal.

En medio de ese largo asedio, de esa condición difusa de país —que lo es porque es nación, pero que no puede serlo porque no es estado—, María nos vino a ver.

30 de septiembre de 2017: Filas sin magia

Día diez. Ya somos expertos en la fila de la gasolina y la del hielo. Prefiero la segunda. Horas para comprar el prodigio helado que se derretirá en menos del tiempo que toma llegar a él. Conocer el hielo siempre será la gran cosa, símbolo del Caribe.

Vale la pena esperar por el hielo, del mismo modo en que vale la pena vivir: tienes la certeza que vas a morir, pero vale la pena helarse para derretirse. Gabriel García Márquez, en Cien años de soledad, lo sabía. Después de todo, siempre fue más realismo que magia.

Lo que pasa es que aquí hay diabéticos que van a morir por no poder mantener fría su insulina.

1 de octubre de 2017: Un nuevo calendario

María nos ha legado un calendario del shock: desde el 20 de septiembre comenzó un tiempo nuevo. Contamos los días sin saber de nuestros familiares, sin agua potable, sin electricidad, sin cobrar, las 5000 despedidas semanales de hermanos que se van y que probablemente no regresarán. Contamos los días desde que nada funciona, desde que nos machacan a diario con la campaña “Puerto Rico se levanta” pero en que lo único que nos levanta son los mosquitos y el calor, al igual que la ansiedad de no saber si volveremos a casa. No nos fuimos de casa, la casa se nos fue. Así, literalmente, para tantos sin techo y metafóricamente para el resto.

Es muy duro volver a casa cuando esa casa se muestra tal cual es.

3 de octubre de 2017: La visita

rosello trump

Donald Trump, con el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, durante una reunión para coordinar esfuerzos realizada el 3 de octubre.

Al colonizado se le escupe y agradece el gesto. Vicios de construcción, le dicen. La visita del innombrable presidente estadounidense fue una oportunidad más para entender que los desastres son naturales, pero la respuesta a ellos es política. Lo que sucede es que al colonizado se le enseña a no politizar. Después de todo, ¿para qué hablar de poder si no se tiene ninguno?

Conocí políticos estadounidenses que, cándidamente, me dijeron en señal de empatía: “Don’t you worry. We’re gonna push for statehood” [“No te preocupes, vamos a presionar a favor de la estadidad”]. Les sonreí. No tienen idea. No se les ocurre que exista el deseo de elegir nuestro destino. En la actualidad, la estadidad es una opción que puede alcanzar mayoría, pero por más de cien años no ha sido así. Al colonizado se le mira desde la infancia de su ser político y aquí estamos otra vez, queriendo un puesto igual de negociación en la mesa y recibiendo como dádiva un rollo de papel secante. Quien no lo agradezca será un paria en su propia tierra. Para muestra, una alcaldesa.

Han pasado más de cincuenta días desde que pasó el huracán y aún más de la mitad de la isla no tiene electricidad. Los que sí, la tienen de manera intermitente; no puedo imaginarme un suburbio estadounidense sin electricidad por cincuenta días. El jueves, quienes la habían recuperado volvieron a perderla en otro apagón general. Aún hay desaparecidos y la ambigüedad respecto a la cifra de muertos no se aclara. Nadie acepta lo evidente. Son demasiados y muchos pudieron haberse salvado. El 25 por ciento de la población sigue sin agua potable y florecen las epidemias porque vivimos entre escombros y basura acumulada.

Entonces en el debate público se insiste en la eterna comparación que nos quiere poner a antagonizar con Cuba, pero no se logra. Por un lado, la izquierda celebra la eficiencia de la recuperación cubana tras el paso del huracán Irma y por el otro, la derecha advierte que la escasez que experimentamos es lo que se vivirá si la isla se independiza. Pero nuestra relación con los cubanos es como la de un par de primos que por líos familiares no han podido crecer juntos y cada vez que se reencuentran lo agarran donde lo dejaron. Somos familia y, a su vez, un espejo de la imagen distorsionada del Caribe, esa gran placa de Petri de los proyectos políticos. De ser la isla del encanto, llena de dólares y progreso —la contraparte perfecta del proyecto cubano— ahora somos la isla quebrada que vive su éxodo. Después de todo, del paraíso, lo único que hay que hacer es huir”.

El mensaje para nosotros, los argentinos, y no sólo para nosotros, es que la pobreza no es una condición individual. No es solamente una cuestión de ingresos y de necesidades. Tiene que ver también con los recursos que tiene una sociedad para enfrentar una catástrofe. O para decidir su destino.

La desesperanzada frase con la que termina el fragmento que copié “lo único que hay que hacer es huir” tiene otra cara: los portorriqueños que migran, como lo han hecho durante muchas décadas, a los EE.UU. están haciendo que los Estados sean más “latinos”, más morochos, más católicos y se hable más el castellano. Es el precio de los imperios, como los Césares les podrían haber dicho.


Saludo a Moniz Bandeira

noviembre 12, 2017

moniz bandeira

Hoy me enteré de la muerte de Luis Alberto Moniz Bandeira, a los 81 años. Uno de esa camada de pensadores brasileños modernos que asumieron la “unidad de destino” de nuestros países. Lo leí en una nota de Eleonora Gosman, y me parece adecuada para despedirlo.

“América del Sur acaba de perder a uno de sus mayores historiadores: Luiz Alberto Moniz Bandeira. El viernes por la tarde sus familiares comunicaron el fallecimiento de este intelectual, para quien bien habría valido el Premio Nobel de literatura para el que su nombre había sido propuesto en 2015 por la Sociedad Brasileña de Escritores. Sin temor a la exagerar, su obra representa para la región lo que Eric Hobsbawm fue para Europa. Sus libros son fundacionales si de lo que se trata es de entender las relaciones y los destinos de los países sudamericanos.

Tal vez no sea estrictamente justo comparar la extensa producción de Moniz con aquella de los argentinos Raúl Scalabrini Ortiz, Juan José Hernández Arregui y Arturo Jauretche. Sin embargo, desde el punto de vista conceptual estuvo mucho más próximo a ellos de lo que se considera habitualmente.

Basta ver la propia biografía del escritor brasileño que lo revela como un luchador contra la dictadura militar implantada en su país por el golpe de 1964. Nacido en el nordeste brasileño en 1935, en el estado de Bahía, uno de los trabajos de mayor intensidad de Moniz es “El gobierno de Joao Goulart, las luchas sociales en Brasil entre 1961 y 1964”. El mismo había sido asesor en los tiempos de “Jango”. Preso por casi dos años, el intelectual salió en libertad “provisoria”, pero según él mismo cuenta en el prefacio de su libro “Lenin, vida y obra”, que acaba de ser reeditado, eso no le impidió escribir otro de sus textos subversivos: “El año rojo. La Revolución Rusa y sus reflejos en Brasil”, que vio la luz en 1967.

Para los sudamericanos, la obra cumbre sin embargo es: “La formación de los Estados en la cuenca del Plata. Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay”. Luego vendría otro título de similar envergadura: “Brasil, Argentina y Estados Unidos: Conflicto e Integración en América del Sur. De la Triple Alianza al Mercosur”.

Finalmente, el profesor se le animó al planeta con su extraordinario trabajo: “El desorden mundial”. En este libro analiza las consecuencias de las intervenciones militares de Estados Unidos por las que según él entendía la primera potencia mundial “aspira al dominio completo de la Tierra”. En una sentida declaración, el teólogo y escritor Leonardo Boff reveló su pena por “perder un amigo. Fue quien mejor estudió la política externa norteamericana con respecto a Brasil y América Latina”. Murió con “saudades de Brasil”.

Lo cierto es que en sus últimas entrevistas expresaba tristeza frente a los acontecimientos políticos brasileños: “La ex presidenta Dilma Rousseff fue derribada para que una banda delictiva asumiese el gobierno. Pero la cloaca se rompió y desbordó. El Estado, en Brasil, está virtualmente en descomposición. El Ejecutivo y el Congreso están corrompidos y putrefactos”.


¿Se acuerdan del Día de la Raza?

octubre 12, 2017

caupolican

(Hace tres años hice un resumen -bah, un refrito- de cosas que había escrito sobre el 12 de octubre a lo largo de los años. Alguna, inclusive, antes que llegara a ser el Día de la Diversidad Cultural. Lo subo de nuevo, porque tiene que ver con un tema que siento permanente y fundamental: nuestra identidad de argentinos. Y creo que la desaparición de Santiago Maldonado, en el marco de una represión contra una protesta que se identificaba como mapuche, nos obliga a tener claros los tantos. Lo que pensemos sobre ese reclamo de tierras, no cambia la pregunta que nos hacemos y que debe ser contestada: ¿Dónde está Santiago Maldonado?).

Cuando Hipólito Yrigoyen instituyó el Día de la Raza el 12 de octubre de 1916, seis meses después de ser elegido Presidente, estaban muy presentes las presiones y agresiones de U.S.A. sobre México y las pequeñas repúblicas de Centro América y el Caribe. Era entonces un tema tan de actualidad como puede ser hoy un conflicto en el Medio Oriente.

Es por eso que el gesto de Yrigoyen tenía un sentido de solidaridad hispanoamericana frente al “Coloso del Norte”, como entonces se lo llamaba. No fue el único que hizo Don Hipólito. Pero por supuesto, la intención original no puede ser el único criterio para juzgar un símbolo, casi 100 años después.

¿Cómo entender, sentir hoy ese aniversario? Desde una mirada distante de lector de la Historia podría ser así: “Un 12 de octubre de 1492 se encontraron en este continente pueblos originarios de Génova, Castilla la Vieja y Andalucía, recién llegados, con pueblos originarios del Este de Siberia y del Pacífico Sur, que habían arribado mucho antes. Las consecuencias fueron dolorosas para los que tenían las armas menos potentes, pero eso es lo que sucede siempre”.

Ahora, alguien con vocación política, o simplemente con compromiso patriótico y humano no puede ser tan ligero. Debe tener presente que en nuestro país, y en todos los americanos, hay colectividades –en algunos mayoritarias– a las que esa Conquista les duele. Porque se identifican por sangre, cultura e idioma con los conquistados.

Tienen tanto derecho a esa reivindicación de sus sufrimientos históricos como la colectividad judía, la armenia, la romaní, la escocesa o la catalana, que no se privan de hacerlo.

Y en nuestro país todavía existen muchos compatriotas, ni mejores ni peores que uno, que porque sus antepasados, o algunos de ellos, llegaron a esta tierra milenios antes que los míos, cargan con injusticias y desprecios, todavía. No me interesa menospreciar su lucha.

Tampoco estamos obligados a avalar sus reclamos sin analizarlos. Tengo claro que en nuestras provincias los enfrentamientos más amargos son entre paisanos, generalmente de idéntico origen y color de piel, pero unos se reivindican criollos y otros “originarios”. Eso no quita que deba reconocerse el derecho de esas comunidades a usar las herramientas legales y políticas con que cuentan, para detener lo que les perjudique u obtener compensación, igual que lo hace, por sus propios intereses, cualquier grupo de vecinos de country de ancestros europeos.

Lo que estoy convencido que debemos exigir es que todos asumamos la identidad de argentinos. Y esforzarnos en darle el contenido de justicia, libertad y soberanía que ese concepto debe tener para no ser un sonido vacío.

Ser argentino – también hay que tenerlo presente – es ser parte de una identidad cultural, nos guste o no. A muchos no les gusta: prefieren ser, y se sienten, europeos de segunda. Me dirijo a los que la asumen. Esa identidad cultural, la que hoy llamamos latinoamericana, es mestiza. Todas lo son, salvo quizás la de los esquimales. Pero nuestro mestizaje es más reciente y complejo. Copio el informado comentario de mi amiga Laura Podetti:

Hay mucho material sobre mestizaje. Creo que habria que destacar conceptos fundamentales y repasar Historia.

Te reitero que el jurista cubano Fernando Ortiz Fernández, al estudiar  a los negros, “descubrió América”. Escribio varias libros, el más importante: “Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar”, se consigue en una libreria del Centro dedicada a importar. Su prólogo es del gran antropólogo inglés, Malinowsky, a quien se atribuye el invento del trabajo de campo, trabajar en el terreno. Pero él reconoce que quien lo creó fue Ortiz Fernández. Éste crea  o recrea el concepto de tranculturacion, mucho mas amplio que mestizaje.

Las indígenas eran violadas por los españoles, solteros y jóvenes, en la primera época, pero sus hijos mestizos eran reconocidos y recibian el nombre del padre, como Martin Cortes, hijo de Malinche y Cortes. Martín fue el fundador de la ciudad de Guanajuato. En 300 años de mezcla, se formó el caracter íberoamericano, al revés de la conquista anglosajona (el inglés iba con su “home”, hogar, familia, o la creaba alli) y realmente exterminó al indigena, violo sistematicamente los tratados, etc.

Después se afianza el infame sistema de las castas en América latina: blancos españoles, criollos, indios, negros, mulatos, zambos y mil nombres como “vuelta atrás”, “tente en el aire”, etc, referidos a sangre que no era de cristiano viejo. Muchas amerindias se unian al español para ascender socialmente y porque sus hijos no pagaban impuestos, al principio.

 Los judíos, impedidos de entrar por España, entraron por Brasil y se unieron a las mujeres criollas. Por eso después de 30 años de estudio, con maestros como Astrada, Mercado Vera, y en Europa, Ricoeur, Merleau Ponty, mi hermana Amelia Podetti afirmó que la Argentina es el pais más mestizo del mundo. Indios, españoles, negros esclavos, inmigrantes de Europa y de paises hermanos, hoy coreanos, chinos, …

El mayor historiador frances: Fernando Braudel, afirma que América Latina es el único continente no racista“.

Aclaro que en mi opinión esto de Braudel es una pieza literaria, como lo del noble salvaje de Rousseau. La América Latina sigue dividida en castas, marcadas no ya por las leyes, sino por el color de la piel. Lo que puede decirse con justicia es que es menos racista que otras culturas. Ciertamente, menos racista que la otra América, la “anglo”.

Agrego a lo que escribí hace algunos años una advertencia que hizo entonces Bob Row, que conoce bien la Patagonia: “Las “políticas de identidad” cristalizaron en reglamentaciones impulsadas por el INADI.

Así, los ministerios de cultura de las provincias patagónicas deben proveer educación en Mapugundún a los alumnos de origen mapuche y becas especiales (discriminación positiva) para continuar sus estudios. Una amiga docente de San Antonio Oeste (ella misma con una abuela indígena) fue apercibida por no poder cubrir la “cuota” de becarios ante la escasez de aplicantes.

Quienes en nuestra infancia pasamos (hasta que apareció la escolaridad de jornada completa) por la escuela vespertina en Idish sabemos que en una o dos generaciones, los alumnos prefieren aprender idiomas más prácticos para el desarrollo individual, como el Inglés (antes, el Francés; mañana, quizás, el Mandarín).

Personalmente, comprendo la necesidad de dar este rodeo por los derechos identitarios hacia una integración por elección, no por imposición. Pero es necesario advertir que cuando las políticas culturales alimentan ambiciones políticas personales, pueden derivar (han derivado) en actos peligrosos“.

Por mi parte, encuentro que una política de preservar lenguajes de las comunidades “originarias” -la cultura es el lenguaje, básicamente- enriquece a la sociedad. He visto estimulantes ejemplos en Formosa, que no es una provincia colonizada por la “corrección política”. Y nadie puede decir que al Paraguay bilingüe -castellano y guaraní- le falta patriotismo.

Al mismo tiempo, estoy de acuerdo con Bob en que “las políticas de identidad” que no tengan por objeto abrir el camino a una integración igualitaria, corren el mismo riesgo que las políticas sociales del asistencialismo: crear una subclase dependiente, de la que se aprovechan los oportunistas que nunca faltan.

 


Jorge Castro y el otro proyecto

octubre 3, 2017

Dalí El niño geopolítico

Somos muchos los que tenemos formado un juicio con sesgo negativo sobre las afirmaciones de Jorge Castro (no se lo puede llamar un prejuicio, porque él expone sus ideas con vigor desde hace décadas, y se ha trenzado en largas discusiones).

El motivo de esta desvalorización no es sólo ideológico -un factor decisivo en las grietas argentinas. Es también su constante optimismo, que siempre ve una revolución en marcha victoriosa, aunque cambian las vanguardias que él aplaude: los EE.UU., la globalización en sí, la República Popular China… Pero es un error aprovecharse de los vaivenes de la actualidad (¿quién se salva de ellos?) y descartarlo. Castro está exponiendo, con inteligencia y muchos datos, el discurso de la globalización, que atrae a los que son exitosos en ese juego. O que creen que pueden serlo.

Por eso les recomiendo leer con atención este artículo de la revista Crisis. Ahí hace una exposición “pum para arriba” del mundo que se acerca en forma inevitable, según él. Y tenemos que conocerlo, aunque sea para defendernos.

Los que lo entrevistan a Castro lo cuestionan desde las ideas de la izquierda tradicional. Sin mucho empuje, creo. No importa. El desafío para los “nacionales” es saber si somos capaces, desde nuestros valores, de elaborar un proyecto igual de ambicioso y convocar a sumarse. Corear “Vamos a volver” parece que no será suficiente.

“J orge Castro apabulla. En un párrafo puede condensar más información que toda la que encontrarás en el resto de esta revista: “El único país que tiene relevancia mundial inmediata en la región es Brasil. Brasil representa el 74 por ciento del Producto Bruto del Mercosur, el 51 por ciento del Producto Bruto de América del Sur, la sexta economía del mundo, y es uno de los tres grandes países emergentes (junto a China y la India) que se convirtieron en el eje de la acumulación global durante los últimos quince años. En términos de PBI, el de Brasil es un poco superior al de la India pero allá hay 1200 millones de habitantes y Brasil tiene 230 millones. La relevancia mundial de Brasil la da el hecho de que en estos últimos seis años, que han sido de crisis económica, orgánica, estatal y societaria, ha recibido un promedio de 65 mil millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED). Y en 2017, año en que se agudizó la crisis política, la inversión aumentó de forma récord al punto que las estimaciones de los primeros nueve meses indican que va a recibir 87 mil millones de dólares de las empresas trasnacionales. Con estos números Brasil es hoy el tercer país del mundo en materia de atracción de inversiones, detrás de Estados Unidos y de China. Por eso, la crisis que experimenta Brasil tiene un significado global”.

Es uno de los analistas internacionales más sagaces que hay en el país. Dirige el Instituto de Planeamiento Estratégico. Y, obvio, conoce al poder bien de adentro. Sumergirse en la sencilla oficina que posee en la calle Perón, atestada de libros amarillentos, es como descender a la sala de máquinas del capitalismo, donde todo se mide en función del desarrollo, la productividad y la febril geopolítica de la globalización. En la ventana, detrás de su mesa de trabajo, cuelga un nudo místico chino, acaso un souvenir de alguno de sus siete viajes al gigante oriental vertebrado y vidente, “siempre invitado por el Partido Comunista”, aclara. El Pan Chang, así se llama el amuleto, protege contra los malos espíritus (que tal vez seamos nosotros).

Condenados al éxito

“La novedad de los gobiernos de Lula es que la economía brasileña creció en promedio 5,5 por ciento anual, el doble de crecimiento nominal que había tenido Brasil a partir de fines de la década del setenta. Esto se explica por la plena aparición de Asia en el mercado mundial, lo que provoca un boom en la demanda de commodities. Las únicas exportaciones de Brasil que han crecido en los últimos quince años son la soja y el mineral de hierro. Y más del ochenta por ciento de la soja y el mineral de hierro brasileño se dirigen a un solo mercado: China. Además, al haber dominado la hiperinflación gracias al Plan Real de Fernando Henrique Cardozo (FHC), este crecimiento les permitió transferir recursos a los sectores de menores ingresos. De ahí los planes sociales y la incorporación de más de cuarenta millones de brasileños que pasaron de una situación de extrema pobreza a una incipiente clase media, la denominada clase C. Esto es el fenómeno Lula”.

Sin embargo, durante los gobiernos de Dilma el crecimiento se congela.

—La crisis sobreviene en el segundo mandato de Dilma Rousseff. A partir de entonces Brasil tiene tres años consecutivos de recesión, la más profunda de la economía brasileña desde la década del treinta. En estos tres años la caída del producto ha sido de más del nueve por ciento.

¿Esa crisis responde a la caída del precio internacional de los commodities?

—Responde a la desaceleración de la economía china. Al disminuir la tasa de inversión en China, en especial en materia de construcción y urbanización, para hacer frente a la crisis financiera internacional de los años 2008-2009, Brasil perdió más del treinta por ciento del valor de sus exportaciones (sobre todo de mineral de hierro) en un plazo de dos años. Vale SA, una de las empresas más rentables durante los primeros diez años de este siglo, estuvo al borde de la quiebra.

Además de agronegocios y mineral de hierro, ¿hay algún otro sector dinámico en la economía brasileña?

—El estado de San Pablo es un dínamo desde el punto de vista productivo capitalista. Tiene un PBI superior al de Argentina. Pero está frenado y no logra arrancar. Brasil tiene 25 trasnacionales de envergadura, muy competitivas, muchas de ellas antiguas empresas estatales que se privatizaron durante el gobierno de FHC. Tiene una clase media extraordinariamente pujante, casi setenta millones de personas. Este año va a producir más soja que Estados Unidos. O sea, ya es el principal productor y exportador de soja del mundo. Pero Brasil está viviendo una transición histórica ineludible que va a demorar varios años más. Y el hecho clave será lo que suceda con su estructura industrial, cuya productividad es nula. Hoy Brasil está a la cuarta parte de su potencial.

¿Y hacia dónde va? ¿Cuál es el esquema productivo que se anuncia? 

—Vamos hacia la vinculación de la estructura industrial manufacturera (que es la mayor de América Latina) con el sistema integrado trasnacional de producción. Porque lo notable es que la inmensa mayoría de los 87 mil millones de dólares que Brasil recibe este año de IED están orientadas a industrias que producen para el mercado interno brasileño. Entonces, el punto crítico es que para incorporarse a las cadenas trasnacionales de producción tienen que bajar el costo Brasil.

Por eso apuraron la reforma laboral.

—No me refiero tanto al costo laboral. El sistema brasileño está pensado para evitar competir en el mundo. La inversión pública prácticamente es inexistente, aunque el gasto público es el mayor de América Latina, por encima de Argentina. Pero el 98 por ciento de los recursos del Estado se utilizan para satisfacer los gastos de la alta burocracia. En Brasil, la clase privilegiada no es la burguesía paulista sino la alta burocracia del sistema estatal.

Crisis de verdad

Dice Castro, en su libro El desarrollismo del siglo XXI, que en política no importan las ideas sino las estrategias. La frase podría leerse en espejo con otro manual del neoliberalismo sudamericano, La política del siglo XXI, de Jaime Durán Barba. Pero si el ecuatoriano reconoce como amo y señor de la posmodernidad a la opinión pública, nuestro sinólogo dice que la única verdad es “el sistema integrado trasnacional de producción” (y señala con el dedito hacia el cielo). Una “iluminación general” que le da sentido a la época. Y la estrategia es el arte de enganchar nuestros fértiles territorios al maravilloso tren de la prosperidad capitalista. No parece una tarea fácil.

“En este momento, el sistema político brasileño está concentrado en su crisis interna. El presidente Michel Temer prácticamente no viaja al exterior. No hay condiciones para elaborar un pensamiento estratégico de mediano plazo, hasta que Brasil no resuelva su crisis interna de carácter orgánico. El Lava Jato obliga a una modificación de raíz del sistema político. La corrupción en Brasil tiene un carácter sistémico. Es la forma de vinculación entre el gran capital brasileño y el Estado desde la década del treinta en adelante. En la lista de Odebrecht no escapa ninguno de los partidos ni dirigentes, ninguno de los ex presidentes, tampoco Fernando Henrique Cardoso. El sistema político necesita encontrar una forma de financiamiento distinta a la que tiene. ¿Lo conseguirá? No sabemos. Por lo pronto, el gobierno de Temer tiene siete por ciento de respaldo en la opinión pública, y sin embargo posee un dominio abrumador del parlamento. Lo notable es que estén logrando gobernar en estas condiciones. Y que estén aprobando reformas fundamentales”.

¿No te parece un signo de interrogación profundo sobre la democracia contemporánea?

—Más que en términos de democracia, yo tiendo a pensar en términos de sistemas políticos. El sistema político vincula el centro de decisión del Estado con la red de intereses tanto nacionales como internacionales que caracterizan a un país determinado. En Brasil hay una crisis del sistema político que tiene un carácter orgánico. Lo que ocurre es que el sistema político no depende de la opinión pública.

¿Cómo afectó a la Argentina y a Brasil la victoria de Trump?

—En la pantalla de intereses de Trump el término América del Sur no existe. Ni siquiera Brasil. Hay una sola preocupación que es México, la renegociación de los términos del NAFTA. Desde el punto de vista del comercio internacional argentino, Estados Unidos está en el cuarto o quinto lugar. La vinculación fundamental que Argentina tiene con el sistema mundial es vía Asia. El principal inversor extranjero directo en Argentina es China. Hay un punto de profunda continuidad entre los gobiernos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, que es la relación privilegiada en términos estratégicos con China. Macri firmó en el marco de su visita de Estado a China por 28 mil millones de dólares, y se está negociando un segundo tramo por 35 mil millones de dólares más.

Trump, Temer, Macri. ¿Es un poco pobre el panorama de los líderes en el continente?

—Mirá, yo tiendo a pensar que los jefes de Estado carecen de aparato psíquico. Son sistemas de relaciones de fuerza. Su función es interpretar el momento histórico. Lo que tiene que saber un dirigente es para dónde va la realidad. Esa es la única verdad, en el sentido hegeliano.

El zorro rocca

Mientras el analista se pone minucioso con la historia de Brasil, disecciona los gobiernos militares, rememora con admiración al Barón del Río Branco y hasta recuerda que el imperio portugués se manejaba desde Río de Janeiro, nosotros hacemos malabares para desviar su atención hacia el segundo país más relevante del área. Pero Jorge Castro no cree en los análisis políticos comparados. “La Argentina es otro mundo en el sentido estricto del término. Brasil es un país de elites, Argentina es un país bárbaramente democrático, profundamente democrático: por eso, sin instituciones. En Brasil hay instituciones, sobre todo la parlamentaria”.

¿Cómo ves la inserción de Argentina en el mercado mundial?

—Lo propio de Argentina es la fuga masiva de capitales. La última estimación del Banco Central indica que hay 250 mil millones de dólares que los argentinos tienen fugados adentro o afuera. Distintos estudios indican que en realidad la cifra es superior. Porque a lo que tienen en cajas de seguridad o en paraísos fiscales se le suma lo que está invertido afuera. En total son más de 400 mil millones de dólares. Prácticamente un PBI. La Argentina es un país extremadamente rico en términos de disposición de recursos, lo que pasa es que ese capital no se utiliza para invertir. Macri tomó dos medidas trascendentes en diciembre de 2015, cuando unificó el mercado cambiario y eliminó las retenciones, o las bajó en el caso de la soja, lo que permitió el despliegue del potencial agroalimentario del país, que es uno de los tres más importantes del mundo. El resultado es que este año, 2017, la cosecha de granos será de 137 millones de toneladas, la mayor de la historia. El sector agroalimentario, que incluye a gran parte de la industria argentina, está creciendo a una tasa del ocho por ciento anual. En frente, Argentina tiene un mercado mundial que duplicará la demanda en los próximos veinte años.

Sin embargo, la famosa lluvia de inversiones no llega.

—La tasa de inversión en la Argentina es un quince por ciento del PBI. Sin embargo el país tiene el más alto índice de ahorro individual de América Latina. Tenemos un ahorro gigante y una tasa de inversión escueta. Con una tasa de inversión de estas características no creceremos, yendo muy bien las cosas, más del tres por ciento anual. La razón no es de orden cultural, ni psicológico, ni biológico, no hay un código genético errado de los argentinos, ni nada de lo que se dice tan apasionadamente en las redacciones de los diarios. Si no viene IED a la Argentina, no es porque están esperando qué va a pasar en la Provincia de Buenos Aires con Cristina Kirchner. ¡No es así! No vienen porque el costo de invertir en Argentina es elevado y por lo tanto la rentabilidad de esas inversiones es baja. Además, la demanda está en una etapa recesiva o depresiva incluso. Hay solo dos sectores donde la tasa de retorno no solo justifica sino que atrae más inversiones: uno es el agroalimentario, por eso el año pasado el campo invirtió, con recursos propios por supuesto, más de sesenta mil millones de dólares en su reproducción. ¿De dónde lo sacaron? De ese fondo común que tienen los argentinos en el exterior. Porque no vino un peso del sistema financiero. Los bancos en la Argentina, por definición, no prestan. El segundo sector es Vaca Muerta. Paolo Rocca, titular de Techint, anunció un programa de inversiones por 2300 millones de dólares en el desarrollo de los recursos gasíferos.

Después de los acuerdos con los sindicatos para bajar salarios.

—Para bajar el costo de producción, no los salarios. En el viaje de Macri a Estados Unidos, la entrevista con Trump no tuvo la menor relevancia; el tema de los limones, con el respeto de los tucumanos, no tuvo la menor importancia; la clave fue la visita con Rocca a Houston, Texas, para hablar de un solo tema: Vaca Muerta. El año pasado ya se invirtieron más de cinco mil millones de dólares en la cuenca neuquina; este año entrarían entre seis y ocho mil millones; el cálculo de Aranguren es que en el 2021 o 2022, cuando el sistema productivo se despliegue, la Argentina va a recibir (y coincide Paolo Rocca) 22 mil millones de dólares por año solo para Vaca Muerta.

¿Y la gente cómo llega al 2022?

—El problema es el siguiente. En el mes de octubre de este año hay una sola elección nacional en Argentina, y es en la provincia de Buenos Aires. ¿Por qué es la única elección nacional? Porque Buenos Aires no es solo la provincia más grande, es además la contracara del poder nacional. Hay una razón política, demográfica, sociológica: en seis partidos del conurbano con eje en la Matanza, fáciles de identificar porque tienen más de la mitad de su población con las necesidades básicas insatisfechas, se concentra el cuarenta por ciento de la pobreza del país. Y ahí Cristina Kirchner tiene cerca del cincuenta por ciento de los votos.

El reverso de mao 

Castro lleva sesenta años estudiando un único tema. “Silvio Frondizi fue mi maestro. A él debo, desde los quince años, lo poco o mucho que he logrado aprender en materia de conocimiento político y hacia él manifiesto mi gratitud y reconocimiento”. No se trata de un mentor cualquiera, sino de uno de los más lúcidos intelectuales marxistas del siglo veinte, fundador del grupo Praxis, asesinado por las Tres A en 1974. La sólida formación del discípulo no fue impedimento para una carrera política zigzagueante, quizás errática. De sus coqueteos con Onganía al entusiasmo con Menem, de quien llegó a ser secretario de Planeamiento Estratégico. A veces, decía Confucio, una pequeña impaciencia puede arruinar un gran proyecto.

¿Te considerás marxista?

—Me resulta muy difícil pensar que exista una persona inteligente, culta, educada desde el punto de vista político, económico y social, que no tenga formación marxista. El teórico más importante del sistema capitalista fue Marx.

Sin embargo muchos de tus colegas dicen que el neoliberalismo refutó a Marx.

—Bueno, cada uno dice lo que cree. Pero el asunto es el siguiente: no es verdad que exista algo así como una contienda entre las distintas corrientes doctrinarias. Raymond Aron decía que el debate ideológico es pluri-monoteísta. Nadie discute con el otro, solo se discute con la realidad de las cosas.

Políticamente, ¿cómo te definirías?

—Peronista.

Si yo te digo que tu posición política es neoliberal, ¿cómo te suena?

—Se puede decir cualquier cosa. Yo tiendo a pensar que la conducción del Partido Comunista Chino no es neoliberal. A lo mejor estoy equivocado, no estoy suficientemente informado, pero hay 300 millones de personas en China que accedieron a la clase media. Es la población norteamericana. El ingreso per cápita de esa franja es entre 45 y 55 mil dólares anuales. El año pasado los turistas chinos al exterior fueron 135 millones, gastaron por viaje y por cabeza 8870 dólares cada uno, por encima de los niveles alemanes y norteamericanos. El objetivo del gobierno chino, del presidente Xi Jinpin, muy neoliberal él por cierto, es terminar en el 2020 con los residuos de pobreza, que son 57 millones según los términos del Banco Mundial. Hay que tomar en cuenta que en 1978, cuando Deng Xiaopin, que era neoliberal también pero había sido comisario político de la Larga Marcha (¿te das cuenta?), abre el sistema al capitalismo los pobres de China eran más de 800 millones.

¿Pero no es raro ser marxista y pensar que el capitalismo es lo mejor que le puede pasar a la humanidad?

—No, yo les sugiero que lean las dos páginas iniciales del Manifiesto Comunista. Lo que ha hecho el capitalismo como sistema no tiene comparación, en términos de creación de riqueza, de cultura y de civilización.

También es un sistema basado en la explotación y la producción de injusticias.

—Yo tiendo a pensar lo que dice Rosa Luxemburgo: hay una sola cosa peor que ser explotado por el capitalismo, estar afuera es lo verdaderamente crítico.

Te respondo con una de Hannah Arendt: el problema de los que eligen el mal menor es que rápidamente se olvidan de que eligieron el mal.

—La verdad que no sé qué decirte, porque nunca leí a Hannah Arendt.

¿Pero por qué creés que tus maestros, desde Marx hasta Silvio Frondizi, pasando por Rosa, dedicaron su vida a luchar para destruir al capitalismo?

—Yo no creo que esa lucha haya sido para destruir al capitalismo, creo que ellos querían hacer la revolución. Que no es lo mismo. Ellos eran muy críticos del sistema capitalista, basados en su conocimiento y su reconocimiento. Y resultó que el capitalismo era capaz de volver a crecer, porque su nivel de productividad era superior. Ahora el socialismo sobrevive en el sistema chino”.


Hola, mendocinos. Y adiós

agosto 26, 2017

Seminario 28 de agosto 2

Para los amigos de allá que se interesen, este lunes 28 voy a estar en Mendoza, como pueden ver en la imagen de arriba. Pero será por pocas horas. Porque el miércoles salgo en otro viaje, más largo, por unos 20 días, y estoy muy corto de tiempo.

Por eso no creo que pueda traer esa discusión al blog, no por algunas semanas al menos. Y es importante, eh: la reforma laboral en Brasil y el MERCOSUR. Bueno, con el título de mi “ponencia” ya saben lo que pienso.

Eso sí, como el problema no es sólo suramericano -por supuesto- les invito a leer (en nuestro idioma) esta nota del respetado New York Times, donde ese venerable medio se preocupa por la actitud imperialista que implica exigir a un país que aumente los salarios. Y señala que, en cualquier caso, obligar a pagar mejores sueldos no beneficia a los trabajadores ¿Dónde escuché esos argumentos antes?


“Perú por Malvinas”

agosto 21, 2017

0 peru por malvinas

Víctor Arreguine, cordobés, astrónomo y patriota (no en ese orden) me escribe: “Abel, con gran emoción te cuento que a partir de mañana se realizará un merecido homenaje en Córdoba a la FAP (Fuerza Aérea Peruana). Mas vale tarde que nunca.

El martes 22 de agosto de 2017 se inaugura la exhibición de uno de los Mirage de la FAP que lucho en Malvinas con nuestra bandera, a las 10y30 en la Plaza V. Sarsfield. Aunque descarto que no podrás asistir a este acto, te hago llegar a vos y por tu intermedio a todos los cumpas que te acompañan (especialmente a Daniel Arias) la invitación al mismo“.

Los medios no dan la noticia hasta ahora -ninguno-, pero entrando en la página de la Municipalidad de Córdoba leo:

En el marco del 105.°Aniversario de la Fuerza Aérea Argentina, desde el 22 hasta el 27 de agosto la Municipalidad de Córdoba emplazará para su exhibición un avión “Mirage” en la ex plaza Vélez Sarsfield. El ejemplar perteneció originalmente a la Fuerza Aérea Peruana y fue cedido a la Fuerza Aérea Argentina por Perú en el conflicto bélico del Atlántico Sur.

La aeronave … arribó a la VI Brigada Aérea de Tandil en mayo de 1982, procedente de La Joya, Arequipa, Perú.

Por aquel entonces, y a pesar del embargo militar efectuado hacia Argentina para adquirir armamento militar de otros países, diez aviones “Mirage” fueron entregados por el Perú como ayuda a la Argentina durante la guerra de Malvinas. Un gran gesto de solidaridad y fraternidad entre ambos países que tanto la Fuerza Aérea como el pueblo argentino jamás olvidará.

En consonancia con la exhibición de la aeronave, la Municipalidad de Córdoba realizará durante esa semana una serie de actividades complementarias junto con la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea, el Consulado del Perú en Córdoba, FADEA y la Agrupación de Veteranos de Guerra de Malvinas y Atlántico Sur de la Provincia de Córdoba“.

En un blog politizado como éste, cabe aclarar que Ramoncito Mestre, el intendente de Córdoba Capital, y el que suscribe, estamos tan lejos como se puede estar en el escenario político argento. Ahora, en este tema, eso no importa un carajo. Mestre merece que se le reconozca el gesto, y así lo hago.

Para los que nos interesa la historia, y el futuro de nuestra región, agrego un video que subió El Peruano-Actualidad en Defensa y Seguridad, con la mirada de ellos sobre el conflicto. No es la misma que la nuestra, por supuesto, pero deben ser integradas en una visión común desde la América del Sur.


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