Hola, mendocinos. Y adiós

agosto 26, 2017

Seminario 28 de agosto 2

Para los amigos de allá que se interesen, este lunes 28 voy a estar en Mendoza, como pueden ver en la imagen de arriba. Pero será por pocas horas. Porque el miércoles salgo en otro viaje, más largo, por unos 20 días, y estoy muy corto de tiempo.

Por eso no creo que pueda traer esa discusión al blog, no por algunas semanas al menos. Y es importante, eh: la reforma laboral en Brasil y el MERCOSUR. Bueno, con el título de mi “ponencia” ya saben lo que pienso.

Eso sí, como el problema no es sólo suramericano -por supuesto- les invito a leer (en nuestro idioma) esta nota del respetado New York Times, donde ese venerable medio se preocupa por la actitud imperialista que implica exigir a un país que aumente los salarios. Y señala que, en cualquier caso, obligar a pagar mejores sueldos no beneficia a los trabajadores ¿Dónde escuché esos argumentos antes?

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“Perú por Malvinas”

agosto 21, 2017

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Víctor Arreguine, cordobés, astrónomo y patriota (no en ese orden) me escribe: “Abel, con gran emoción te cuento que a partir de mañana se realizará un merecido homenaje en Córdoba a la FAP (Fuerza Aérea Peruana). Mas vale tarde que nunca.

El martes 22 de agosto de 2017 se inaugura la exhibición de uno de los Mirage de la FAP que lucho en Malvinas con nuestra bandera, a las 10y30 en la Plaza V. Sarsfield. Aunque descarto que no podrás asistir a este acto, te hago llegar a vos y por tu intermedio a todos los cumpas que te acompañan (especialmente a Daniel Arias) la invitación al mismo“.

Los medios no dan la noticia hasta ahora -ninguno-, pero entrando en la página de la Municipalidad de Córdoba leo:

En el marco del 105.°Aniversario de la Fuerza Aérea Argentina, desde el 22 hasta el 27 de agosto la Municipalidad de Córdoba emplazará para su exhibición un avión “Mirage” en la ex plaza Vélez Sarsfield. El ejemplar perteneció originalmente a la Fuerza Aérea Peruana y fue cedido a la Fuerza Aérea Argentina por Perú en el conflicto bélico del Atlántico Sur.

La aeronave … arribó a la VI Brigada Aérea de Tandil en mayo de 1982, procedente de La Joya, Arequipa, Perú.

Por aquel entonces, y a pesar del embargo militar efectuado hacia Argentina para adquirir armamento militar de otros países, diez aviones “Mirage” fueron entregados por el Perú como ayuda a la Argentina durante la guerra de Malvinas. Un gran gesto de solidaridad y fraternidad entre ambos países que tanto la Fuerza Aérea como el pueblo argentino jamás olvidará.

En consonancia con la exhibición de la aeronave, la Municipalidad de Córdoba realizará durante esa semana una serie de actividades complementarias junto con la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea, el Consulado del Perú en Córdoba, FADEA y la Agrupación de Veteranos de Guerra de Malvinas y Atlántico Sur de la Provincia de Córdoba“.

En un blog politizado como éste, cabe aclarar que Ramoncito Mestre, el intendente de Córdoba Capital, y el que suscribe, estamos tan lejos como se puede estar en el escenario político argento. Ahora, en este tema, eso no importa un carajo. Mestre merece que se le reconozca el gesto, y así lo hago.

Para los que nos interesa la historia, y el futuro de nuestra región, agrego un video que subió El Peruano-Actualidad en Defensa y Seguridad, con la mirada de ellos sobre el conflicto. No es la misma que la nuestra, por supuesto, pero deben ser integradas en una visión común desde la América del Sur.


Marco Aurélio Garcia y el populismo

julio 29, 2017

marco aurelio garcía

En este mes de julio -propicio, parece, para muertes que pesan- se fue Marco Aurélio Garcia, Asesor de Asuntos Exteriores de la Presidencia de Brasil, por los dos mandatos de Lula y de Dilma, hasta que ella fue destituida por el “golpe blando” del año pasado. Fue un Canciller del PT, y un estadista de Brasil y de la América del Sur.

Tuvo despedidas emotivas. No lo conocí personalmente, así que lo homenajeo a mi modo. En 2010 -en un momento favorable a los gobiernos populares o, como diría él, progresistas- dio una charla entre nosotros. La subí a una de las páginas permanentes del blog, la Patria Americana donde acompaña a una conferencia de Perón de 1953, donde desarrolló su pensamiento geopolítico. Y el clásico de Methol Ferré, De los estados-ciudad al Estado Continental Industrial.

Ahora, subo su último artículo, en un momento desfavorable. En todos, conserva el realismo y la prudencia de los grandes políticos brasileños. (Mi anécdota favorita es de cuando algunos entusiastas de la Patria Grande, tiempo ha, con Lula en el poder, le preguntaban porqué Brasil no mostraba un liderazgo más enérgico en esa dirección. Contestó “Para liderar se necesitan recursos, y Brasil todavía es pobre“).

Aquí se plantea el porqué las mayorías populares no siempre acompañan a los gobiernos que han favorecido el ascenso social. Una pregunta que merece reflexión de parte nuestra.

Una investigación reciente realizada en un barrio pobre de la ciudad de San Pablo por la Fundación Perseu Abramo, vinculada al Partido de los Trabajadores, provocó un intenso debate tanto en la izquierda como en la derecha brasileña. A grandes rasgos, los investigadores, después de haber oído a decenas de personas que habían dejado de votar al PT, señalaban las adhesiones de los entrevistados al ideario liberal. Para la mayoría, las importantes transformaciones sociales logradas en los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff (2003-2016) se debían fundamentalmente al esfuerzo personal de cada uno y no a las políticas de Estado, entidad considerada por gran parte de los participantes como “enemigo”.

Esas conclusiones, entre otras con sesgos similares, aparecen pocos meses después del golpe parlamentario que derribó a la presidenta Rousseff y semanas después de la derrota electoral del PT y de las izquierdas en las elecciones municipales de octubre de 2016.

Está claro que se pueden cuestionar los presupuestos teóricos de la investigación, su metodología, la coyuntura en la que fue hecha, su lectura y, sobre todo, su alcance y significación. Pero ella es sintomática. Estudios anteriores realizados por Data Popular, y algunos análisis sobre el significado de las manifestaciones de junio de 2013, iban en una dirección semejante y anticipaban dudas sobre el impacto político e ideológico que los gobiernos del Partido de los Trabajadores habían producido en la sociedad brasileña, especialmente sobre aquellos segmentos beneficiados por sus políticas.

La cuestión cobraba mayor importancia aún en la medida en que ese fenómeno no se limitaba a Brasil. En otros países de América del Sur, gobiernos progresistas enfrentaban dificultades parecidas en su relación con sectores y movimientos de la sociedad que antes los habían apoyado. Se fortalecía, así, la idea de una crisis de la izquierda en la región, proporcionando argumentos adicionales a las tesis sobre el probable “fin de ciclo” de los gobiernos transformadores que predominaron en América del Sur en los quince primeros años del siglo XXI.

¿Quién genera el cambio social?

Entre celebraciones de la derecha y perplejidades de la izquierda, se abre una discusión esencial para las fuerzas progresistas en el continente, ya que involucra un debate sobre los sujetos de las transformaciones sociales y políticas.

La problemática sobre el papel de los trabajadores en el cambio social tiene una larga historia. Comienza por la descalificación de la vocación revolucionaria de segmentos de las clases trabajadoras en los países imperialistas en el comienzo del siglo XX. La existencia de una “aristocracia obrera”, que en aquella coyuntura explicaría la “pasividad” de los trabajadores, cuando aparentemente estarían dadas las condiciones para una revolución proletaria.

Décadas más tarde, en la emergencia de la tercera revolución industrial, que acarreó importantes transformaciones en el proceso de trabajo capitalista (ver Benjamin Coriat, por ejemplo), y en la conciencia de clase de los trabajadores (Gorz o Marcuse), ganarían relevancia las tesis sobre la pérdida de la centralidad del proletariado en los cambios sociales y políticos.

Con el fin de los “gloriosos treinta años” en Europa y en medio de la crisis del Estado de Bienestar social, tanto los partidos comunistas, sobre todo después de la caída del muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, como la socialdemocracia, en su deriva neoliberal, debieron enfrentar una fuerte erosión de sus bases sociales tradicionales, cuando no el desplazamiento de vastos segmentos de trabajadores hacia la derecha, o lo que es peor, hacia la extrema derecha.

Es evidente que las circunstancias históricas europeas y latinoamericanas son distintas. Pero en uno y otro caso está presente una misma y crucial pregunta: ¿cuál es hoy el sujeto de las transformaciones sociales por los cuales las izquierdas siempre lucharon y luchan todavía? Y por supuesto la pregunta que precede: ¿cuál es la naturaleza y asimismo el ritmo de esas transformaciones?

En una América Latina en cuyo pasado, salvo honrosas excepciones, no prosperó suficientemente el pensamiento revolucionario, se abrió un espacio importante para reflexionar sobre estos problemas, sobre todo a partir de los años sesenta.

La Revolución Cubana de 1959 tuvo un profundo impacto sobre los partidos comunistas latinoamericanos, en la mayoría de los casos frágiles y poco influyentes. Sin admitirlo explícitamente, los PC de la región habían transitado desde las políticas tardías del Frente Popular, principalmente en la inmediata post Segunda Guerra Mundial, influenciados por Earl Browder, hacia una orientación supuestamente revolucionaria, amparada en la narrativa construida a partir de la victoria de la Revolución China de 1949. Esta orientación defendía una revolución anti-imperialista, agraria y democrática, sustentada por un bloque de cuatro clases –el campesinado, el proletariado, la pequeña burguesía y la burguesía nacional–. Más tarde, en sintonía con el vuelco dado a partir del XX Congreso del PCUS y con las tesis sobre la “coexistencia pacífica”, ese movimiento explicitaría la necesidad de esa “etapa democrática” que abriría el camino hacia un futuro socialista. El sujeto de ese proceso sería aquel bloque de cuatro clases, hegemonizado en teoría por el proletariado y bajo la conducción de los partidos comunistas.

La narrativa cubana de su revolución, movimiento imprevisto como casi todas las revoluciones, avaló fuertemente ese canon. Ella no se apoyaba en amplias referencias teóricas previas. Se asentaba en los ejemplos y en las lecturas que de ellas hacía Guevara en sus escritos, Fidel en sus discursos, y más tarde Regis Debray en la exégesis del proceso.

Lo que trascendía del ejemplo cubano, en esa narrativa, era la estrategia de una revolución que enfrentaba al mismo tiempo al imperialismo, el latifundio y la burguesía nacional. Ese enfrentamiento sería armado y conducido por un núcleo político-militar cuya acción tendría una fuerza ejemplar para el conjunto de la sociedad. La resistencia inicial de la mayoría del PC cubano (llamado Partido Socialista Popular) al movimiento ponía en evidencia la irrelevancia, por decir lo mínimo, de las anteriormente celebradas vanguardias. No por casualidad, en los dos grandes eventos internacionales en que Cuba buscó articular una nueva corriente revolucionaria mundial –la Tricontinental y la OLAS– compareció una nueva izquierda y las posiciones y los dirigentes de los Partidos Comunistas estuvieron políticamente ausentes, con la excepción de Rodney Arismendi, el hasta cierto punto heterodoxo secretario general del PC uruguayo.

Los acontecimientos de Cuba hicieron creer que la revolución había ganado de nuevo actualidad en el continente. Ellos marcaron toda la América Latina. Escindieron partidos comunistas e inclusive organizaciones llamadas “populistas” dando nacimiento a disidencias como las del peronismo revolucionario en Argentina, de los grupos nacionalistas en Brasil, del APRA Rebelde en Perú, de los distintos disidentes de la Acción Democrática (AD) en Venezuela, por citar sólo algunos casos.

El relato de casi todos estos grupos (la “estrategia”, para permanecer en consonancia con la formulación militar) apuntaba básicamente hacia un proceso revolucionario ininterrumpido, sin “etapas”, realizado esencialmente por la fuerza de las armas, dirigido por una vanguardia político-militar que reemplazaba en la práctica, no en la teoría, a los verdaderos sujetos.

A pesar de haber sido derrotada en toda América Latina (años sesenta y setenta), la estrategia derivada de la Revolución Cubana persistió por largo tiempo, inclusive en el periodo en que la contrarrevolución se impuso en varios países, sobre todo en el Cono Sur del continente.

Los impasses del nacional-desarrollismo y los golpes militares que siguieron en muchos países, sobre todo en el Cono Sur, fueron vistos por algunos como la expresión de una crisis final del capitalismo en la región. “Socialismo o fascismo”, se proclamó muchas veces para expresar la nueva disyuntiva que supuestamente empezaba a vivir el continente. Se trataba, sin embargo, de un doble equívoco.

La contrarrevolución que se instaló en la región fundaba el capitalismo en muchos países, preanunciando la ola neoliberal que, originariamente implantada en el Chile de Pinochet, se expandiría poco a poco en otros países. Esa refundación capitalista venía acompañada de una reconfiguración de la estructura social en muchos países. Las clases trabajadoras tradicionales habían sido desarticuladas, al mismo tiempo que sus partidos, sindicatos y movimientos eran sometidos a una fuerte represión. Si el Chile posterior a la importante experiencia del gobierno de Salvador Allende fue el ejemplo clásico de esa nueva situación, la excepción sería Brasil, donde militares nacionalistas trataban de combinar un fuerte crecimiento económico, socialmente excluyente, con represión, fortaleciendo, contra sus intenciones, a los “sujetos” –en especial la clase obrera industrial– que tendrían un papel importante en la transición a la democracia.

Pero no era el socialismo lo que estaba en juego. Las transiciones ponían en el orden del día reivindicaciones de democracia política, económica y social en el marco del capitalismo.

La mayoría de las transiciones de los años ’80-’90 no fueron capaces, sin embargo, de construir instituciones democráticas sólidas, menos aún de enfrentar los graves problemas sociales que los ajustes conservadores profundizaban. La consecuencia sería una fuerte reacción popular que impulsó la onda progresista de los primeros años del siglo XXI.

Potencialidades del populismo

Transcurrida una década y media del inicio de este ciclo y ante las vicisitudes que las fuerzas de izquierda tuvieron que enfrentar en la mayoría de los países de la región donde se establecieron gobiernos progresistas, se formulan cada vez más preguntas sobre las razones de las dificultades actuales y sobre el papel de los trabajadores en el proceso.

Es en este punto donde emergen con cierta frecuencia análisis sobre la fragmentación de las clases trabajadoras, consecuencia de las transformaciones estructurales del capitalismo periférico, como explicación definitiva de la fragilización de la base social de los gobiernos progresistas. Todo sucede como si las izquierdas, y los gobiernos que ellas integran o apoyan, tuvieran que hacer una revisión radical de sus tesis, especialmente sobre los actores de las transformaciones, pero también sobre la naturaleza misma de esas transformaciones. Es evidente que las izquierdas se confrontan hoy con grandes cambios, resultantes de las transformaciones del capitalismo global, pero también de factores endógenos, entre ellos los efectos que su propia acción gubernamental provocó. En esa revisión teórico-política surge, a veces, la tentación conservadora de descalificar a las clases trabajadoras como posibles agentes de transformación. Más que eso, se cuestionan las propias transformaciones. Esa tentación no es nueva.

En el pasado, y aún hoy, las políticas revolucionarias tuvieron dificultades para convivir teórica y prácticamente con las clases trabajadoras que no presentaban la “pureza” sociológica de los manuales. Ellas aparecían como exageradamente “heterogéneas” o integradas por segmentos de “lumpen proletariado” y por otras capas “marginales”.

Por otro lado, un supuesto “acomodamiento” de la clase obrera proporcionaba argumentos a quienes privilegiaban a los más excluidos de nuestras sociedades: los “condenados de la tierra”.

Estos argumentos –de la derecha, pero también de la izquierda– crearían las bases para la crítica al “populismo”, fenómeno político presentado muchas veces como una especie de falsa conciencia de un proletariado de reciente extracción rural, fascinado por líderes carismáticos y por la movilidad social a cualquier precio, o aun más, emparentado con el fascismo, como en los análisis de Gino Germani.

Sin embargo, la naturaleza y la evolución de nuestro capitalismo periférico pueden explicar de otra manera el surgimiento y el papel que históricamente desempeñaron esos segmentos plebeyos de nuestras sociedades, como hicieron Miguel Murmis, Juan Carlos Portantiero y otros que focalizaron sobre el fenómeno de los “cabecitas negras”, o sobre los “batalhadores” o la “rale” (chusma) brasileños. En todos los casos –y son muchos– se verifica en esos contingentes una extraordinaria disposición de movilidad social ascendente, que se puede realizar de forma individualista y conservadora o por medio de procesos colectivos y solidarios. Por lo tanto, en lugar de una hoy improbable revolución permanente, o de una recaída social-liberal, se abre el espacio para la invención de un proceso permanente de reformas, con las cuales el propio capitalismo realmente existente tenga dificultades para convivir y, por esa razón, pueda ser desestabilizado, dando lugar a transformaciones importantes.

Capitalismo e ilegalidad

La respuesta neoliberal a la crisis del capitalismo, especialmente después de 2008, en la medida en que fortalece su dimensión financiera y concentradora, es cada vez más agresiva. Las resistencias que encuentra en la sociedad provocan la utilización creciente de soluciones autoritarias, propias de un Estado de excepción y que hieren la institucionalidad misma que las clases dominantes dicen haber creado y defender.

“La legalidad nos mata”, había dicho ya el conservador Odilon Barrot, al sentirse amenazado por el ascenso del proletariado en la Francia del siglo XIX. La atracción por el Estado de excepción por parte de las burguesías fortalece la dimensión democrática de la lucha de los trabajadores. La defensa de la soberanía popular –esencia de la democracia– es cada vez más importante. De la misma forma, la renuncia de un efectivo proyecto nacional de desarrollo por parte de las actuales clases dominantes entrega centralmente a los trabajadores la defensa de la soberanía nacional. Por no haber entendido esa problemática, fuerzas liberales y progresistas sufrieron recientemente importantes derrotas electorales frente a propuestas de extrema derecha, como ocurrió en el Reino Unido y en los Estados Unidos. Lo grave es que esas propuestas regresivas hayan contado con la adhesión de amplios segmentos populares.

Si es cierto que los hombres hacen la historia sobre la base de condiciones económicas, sociales, políticas y culturales previamente dadas, no es menos cierto que la historia es construcción colectiva. Si así no fuera, estaría consagrado un marxismo vulgar, según el cual la política y la acción que lo acompañan no pasarían de ser un teatro de sombras que reflejaría un drama cuya existencia real estaría en las estructuras del capitalismo, como si esas estructuras no fuesen determinadas también por la lucha de clases.

Teniendo claro que la revolución de los años sesenta no estaba más en el orden del día, los gobiernos y partidos progresistas siguieron el camino de reformas inclusivas. Pero no fueron capaces, en la mayoría de los casos, de impulsar un reformismo fuerte, para retomar una expresión cara a la izquierda italiana, capaz de dar permanencia, continuidad y sustentabilidad política a las importantes transformaciones en curso.

El mal no está en hacer reformas y dejar de “hacer la revolución” o esperar por ella una eternidad, limitándose al ejercicio crítico del capitalismo o de los desvíos de las izquierdas. El problema está en no inscribir un proceso de reformas en una visión de largo plazo de transformación social, política y cultural, capaz de movilizar a una sociedad que no puede ser reducida al papel de espectadora. Es el lazo constante de gobiernos y partidos con la sociedad el que impide una lectura individualista y conservadora de las transformaciones en curso, como ha aparecido en muchas investigaciones.

No vivimos más en aquel mundo donde los trabajadores y sus organizaciones constituían lo que Annie Kriegel llamó “contra-sociedad”, una especie de atmósfera política y cultural distinta y separada del universo burgués. Nunca, como ahora, las ideas dominantes pasaron a ser las ideas de las clases dominantes, en función de los instrumentos totalizantes (o tal vez totalitarios) que las burguesías empezaron a tener a nivel global. Todo ello hace de la lucha por la hegemonía política y cultural una batalla extremadamente compleja y permanente, pero sin duda absolutamente necesaria.

El hecho de que en los días que corren las clases trabajadoras latinoamericanas no visualicen su emancipación como resultado necesario e inmediato de una ruptura con el orden económico vigente no implica que ellas se hayan transformado en aliadas de un proyecto que se revela globalmente cada vez más concentrador de riqueza y autoritario a escala mundial. El capitalismo financiero, más de lo que fue en el pasado, no se limita a la explotación y desvalorización creciente del mundo del trabajo. Se revela igualmente racista, misógino y oscurantista. Se amplía, así, el espectro de contradicciones y, también, de enfrentamientos con ese proyecto que, cada día que pasa, retira la esperanza del horizonte de la mayoría de los pueblos del mundo.

Se trata de conocer mejor ese proyecto en acelerado cambio, no sólo por imperativo ético e intelectual, sino también por necesidad política. Pero reunir esas dos dimensiones –teórica y práctica– es una iniciativa que tiene como punto central la aproximación, cada vez mayor, de los intelectuales con aquellos que viven esas nuevas situaciones y en cuyas manos está la responsabilidad de retomar, criticar y profundizar el ciclo progresista que marcó a América Latina en este inicio de siglo y que tantas esperanzas suscitó aquí y fuera del continente.

Los sujetos de las transformaciones no existen tan sólo en la teoría, no se deducen de las “estructuras”. Ellos se construyen en su accionar, en la lucha de clases. Ese es el desafío al que se enfrenta el progresismo latinoamericano“.


Ideas para la campaña. De Lula

julio 23, 2017

De las campañas locales, estamos todos enterados. Los que quieren estarlo. Y aún los que no, de aquí al 22 de octubre pueden llegar a estar saturados. Pero este spot brasileño, que envió por wasap una apreciada amiga, me parece interesante y quiero compartirlo con ustedes.

Además, una de los protagonistas es una compatriota nuestra! No, si las noticias sobre la muerte del proceso de cuestionamiento a la pulsión globalizadora que comenzó este siglo en América del Sur, como las de la muerte de Mark Twain, pueden haber sido exageradas.


Los límites de la paciencia militar. Brasileña

julio 22, 2017

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A través de un par de amigos me llegó esta nota de Raúl Zibechi, que han tomado la rusa Sputnik y la (contestaria) española La Haine. Como todo, tiene un sesgo, pero menciona hechos reales. Importantes para los brasileños. Y para nosotros también. Comento al final.

La revista militar Jane’s Defence alertó el pasado 20 de junio que el Gobierno de Brasil está considerando una “suspensión prolongada de la financiación para el programa de su submarino nuclear”.

Según el portal, la combinación de dificultades financieras por la larga crisis económica y la inestabilidad política serían la causa de la nueva postergación del mayor programa militar del país.

El mismo día, la Marina brasileña se apresuró a difundir un breve comunicado en el que asegura que el Programa de Submarinos (Prosub) no sufre ninguna alteración en su cronograma. Agrega que no hubo ningún retraso en los pagos del Gobierno “entre los años 2012 y 2013”, que el primer submarino convencional será botado en 2018 y que el nuclear lo será en 2027.

En 1979, Brasil inició el Programa Nuclear de la Marina, que le permitió en 10 años dominar el ciclo completo de enriquecimiento de uranio a través de centrifugadoras elaboradas autónomamente. El programa funciona en el Centro Tecnológico de la Marina, en Aramar, a 20 kilómetros de Sao Paulo y tiene dos vertientes: el Proyecto de Propulsión Naval para el primer submarino nuclear, y el Proyecto del Ciclo de Combustible Nuclear, que incluye el enriquecimiento de uranio.

Por este motivo, el país fue colocado en una ‘lista negra’ que le impedía importar materiales para el área nuclear, entre ellos las supercomputadoras necesarias para monitorear el proceso. Uno de los creadores y principales directores del programa es el vicealmirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, que fue “monitoreado por agentes de la CIA” cuando el país importó bajo su orientación materiales ‘prohibidos’.

Graduado en ingeniería mecánica en el MIT, Othon fue la pieza clave en el desarrollo de una tecnología nuclear nacional, lo que le valió amplio reconocimiento con la entrega de ocho medallas militares. Pero el programa tenía sus detractores. En 1997, el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, alineado con Washington, firmó el Tratado de No Proliferación, lo que significó un giro de 180 grados en la política nuclear del país.

En 2008, el viejo proyecto fue reactivado cuando se descubrieron importantes yacimientos de petróleo en el mar, la llamada ‘capa pre-sal’, que imponía Brasil la vigilancia de sus 8.000 kilómetros de litoral marítimo. También en 2008 se formuló la Estrategia Nacional de Defensa, bajo el Gobierno de Lula, que establece como ‘prioridad’ la construcción de un submarino nuclear con el objetivo de negar el uso del mar a cualquier potencia hostil y defender las plataformas petrolíferas.

En 1983, la Marina ya había firmado un acuerdo con Alemania por el que se construyeron cuatro submarinos de propulsión diésel-eléctrica en Brasil. El descubrimiento de petróleo en la plataforma marítima aceleró los panes de construir submarinos y en 2009 se firmaron acuerdos con Francia para construir un astillero, una base de operaciones, cuatro submarinos Scorpene y uno nuclear con transferencia de tecnología.

El cronograma inicial preveía que el primer sumergible nuclear estaría listo en 2011, por lo cual el retraso es ya de seis años. Seguramente será mayor, si no llega a ser definitivamente aplazado.

El proyecto comenzó con buen pie, pero pronto aparecieron dificultades. El primer obstáculo provino de Estados Unidos. Desde 2009, según los cables revelados por WikiLeaks, la Embajada de EEUU en Brasil mostró su oposición al submarino nuclear al que el embajador Clifford Sobel calificaba como “elefante blanco políticamente popular” y adelantaba el surgimiento de “agujeros negros” de carácter financiero.

El segundo problema consiste en la crisis política brasileña comenzada luego de 2014 con la operación Lava-Jato contra la corrupción. En apenas dos años, la justicia desbarató los planes estratégicos de Brasil, encarcelando a la plana mayor de Odebrecht, con lo que la empresa entró en bancarrota, y al vicealmirante Othon, presidente de Eletronuclear, con lo que asestó un golpe moral a la Marina.

Othon recibió la mayor pena entre los 144 condenados por Lava-Jato: 43 años, acusado de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. Era la principal referencia del Programa Nuclear y, según las palabras del juez que lo condenó, tenía gran influencia en más de una generación de ingenieros y oficiales de la Marina.

El tercer problema es la falta de recursos por la crisis económica que vive el país, que está desmantelando el aparato productivo. Apenas un ejemplo: la pujante industria naval se vino abajo. De los 40 astilleros existentes, 12 están parados y el resto trabajan muy por debajo de su capacidad, al punto que el sector despidió a 50.000 trabajadores, la mitad de los empleados, y tiene deudas millonarias que no puede pagar.

Sergio Machado Rezende, ministro de Ciencia y Tecnología bajo el Gobierno de Lula entre 2005 y 2010, sostiene que “está todo paralizado” en relación a proyectos estratégicos tales como el programa de submarinos y los de la Fuerza Aérea. Opina que tanto la Marina como la Aeronáutica están cerca de reaccionar contra el Gobierno de Michel Temer si no se liberan fondos para esos proyectos que los militares consideran vitales para la defensa.

Rezende considera que las personas que están al frente de la Operación Lava Jato no tienen idea de lo que es importante para Brasil, porque “combatir la corrupción es muy importante, pero ¿acabar con una empresa?“, se pregunta en relación a Odebrecht, que estaba al frente de todo el programa de submarinos. Criticó la entrega de papeles sensibles de Odebrecht al departamento de Justicia de EEUU.

¿Cuándo los EEUU entregarían una empresa importante para ellos a otro país?“, se pregunta Rezende. “Una de las razones por las cuales el PIB no crece es porque las grandes empresas están paralizadas. Con la excusa de combatir la corrupción están aniquilando el sistema empresarial brasileño“, concluye el ex ministro.

En ese sentido, el contralmirante Flavio Augusto Viana Rocha, director del Centro de Información de la Marina, dijo que el diseño del submarino de propulsión nuclear fue terminado hace tres años, pero los atrasos en otras estructuras del proyecto y la pérdida del 50% del efectivo de Odebrecht “deja incertidumbres en la expectativa de conclusión” del proyecto.

El primer submarino convencional, bautizado Riachuelo, será botado en julio de 2018, con tres años de retraso si todo marcha bien. El submarino nuclear enfrenta aún más dificultades. El reactor está aún en fase embrionaria. Por sus dimensiones, Brasil debería tener en activo por lo menos 30 submarinos, pero sólo tiene cinco convencionales. Y está a punto de perder la posibilidad de tener el primero nuclear, una pieza clave para la defensa de su petróleo”.

Se me ocurrió el título del posteo por una (muy superficial y casera) analogía con el anterior Los límites de la paciencia sindical. La numerosa y sensible progresía argentina tiene casi tantas reservas con los sindicalistas como con los militares. Y en el segundo caso, por razones que tienen que ver con la dolorosa historia argentina.

Pero las fuerzas armadas brasileñas, tan feroces en la represión como las nuestras, no han sido derrotadas en una guerra reciente. En todo caso, las reacciones argentinas no tienen mucho peso en el asunto. Más importante es saber si los brasileños encontrarán algo en común, o no, entre el viejo nacionalismo desarrollista de sus generales y almirantes, con otros afectados por la ofensiva del Partido Judicial, Lula y sus amigos.


Los límites de la paciencia sindical

julio 22, 2017

cgt y temer

Es un dato evidente de la actualidad política argentina que la CGT, una institución que no tiene recursos propios significativos pero que reúne a la gran mayoría del sindicalismo, y a todos los gremios poderosos, ha decidido a lo largo de este año y medio no enfrentar al gobierno del Presidente Macri. Más allá de moderadas críticas y algunas demostraciones de poder.

Los motivos son varios. El principal, que la dirigencia de bastantes de esos gremios más poderosos lo ha vetado. Los suficientes, para que otros, algunos de ellos también con recursos y capacidad de movilización, decidan presionar desde otras siglas, sin abandonar la CGT. El ejemplo más significativo es la Corriente Federal de los Trabajadores.

A su vez, ese negativa al enfrentamiento se debe, según los casos, a que no está en el interés de esos sindicatos en particular y que esperan conseguir más de la negociación; en otros, que creen que la relación de fuerzas y/o el humor de sus afiliados, no lo permite. Y en bastantes de ellos, a que no ven una opción política a la que estén dispuestos a favorecer peleando contra Macri. Resulta obvio señalar que esa… importante minoría, no acepta el liderazgo peronista más visible, el de Cristina Kirchner.

(Esta actitud llena de bronca e indignación a la militancia kirchnerista, por supuesto. Lo que no le quita al sueño a esos dirigentes. Pero está claro que esa “grieta”, menos comentada, disminuye en mucho el poder del peronismo para condicionar políticas).

Toda esta introducción es para dar el marco de una noticia publicada ayer en Ámbito, un periódico bien informado sobre temas gremiales, desde el punto de vista de los empresarios:

La CGT repudió la visita del brasileño Michael Temer a la Argentina y difundió listado con las posibles consecuencias en la vida de los trabajadores y sindicatos de la reforma laboral que se aplicará en el país vecino.
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A través de un comunicado de prensa, la central obrera describió a Temer como un “presidente ilegítimo”, que llegó al poder a través de un “golpe de estado” en complicidad con “fuerzas políticas, empresariales y sociales reaccionarias”. Para la CGT, de ese proceso “resultó la substitución de la presidente progresista Dilma Rousseff por su vicepresidente, un político conservador”.
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En ese marco, alertaron que Brasil “se ha convertido en un laboratorio para avanzar contra toda legislación laboral que conlleve beneficios y conceda derechos históricos a los trabajadores” y repudiaron la aprobación de la reforma laboral, que incluyó un centenar de modificaciones a las normativas vigentes. “Se llevó a cabo con el aval de sectores concentrados de la economía y legisladores que dieron la espalda al pueblo, asesta un mazazo al plexo laboral que protege a la fuerza del trabajo”, sostuvieron los lideres cegetistas.
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“Según los análisis de sindicatos y especialistas, la contrarreforma laboral afecta negativamente más de 120 aspectos individuales y colectivos que protegían las condiciones de trabajo”, señaló la CGT. Según la Confederación, la reforma que entrará en vigencia en cuatro meses contiene un listado de medidas que afectarán directamente a los empleados.

  • Permite la negociación individual entre el patrono y el trabajador.
  • Elimina la idea de jornada de trabajo, crea el trabajo intermitente.
  • Permitirá el despido por común acuerdo entre empleador y trabajador.
  • Inutiliza el salario mínimo nacional y los pisos salariales por gremio.
  • Bloquea caminos que hasta ahora el trabajador tenía para reivindicar sus derechos ante la justicia laboral.
  • Permite que la negociación colectiva con el patrón reduzca derechos que aún quedan en la ley.
  • Se permite el trabajo de mujeres embarazadas en ambientes considerados insalubres.
  • Inviabiliza la ley que reglamentó la convención sobre el trabajo doméstico y que garantizó derechos históricos a las trabajadoras del hogar.
  • Se podrá pagar al trabajador/a por periodo trabajado, recibiendo por horas o a diario.
  • Elimina el financiamiento a los sindicatos, que era obligatorio desde los años 40.
  • Destaque especial merece el impacto que tendrá la reforma laboral para la acción colectiva y la propia existencia del sindicato.
  • Al imponer la “negociación” entre el trabajador y el patrono, sin presencia del sindicato, se facilitará la imposición de condiciones por debajo del acuerdo colectivo, cuando éste exista. Difícilmente un/a trabajador/a con riesgo de perder su empleo o sufrir otras discriminaciones pueda enfrentar el poder del patrono y de la empresa.
  • Al facilitar la contratación a destajo, por horas o por producción, el trabajador/a está expuesto a una situación de permanente inestabilidad en el empleo y el sindicato verá minada su estructura de afiliación.
  • La tercerización extendida profundizará la condición de trabajadores/as de primera (fijos y con contrato colectivo) y de segunda (tercerizados), donde los primeros serán cada vez menos y la mayoría no será amparada por la negociación colectiva.

(Temer llegó este viernes a la localidad mendocina de Guaymallén para participar de la Cumbre de los países miembros del Mercosur, donde recibirá la presidencia pro tempore del bloque regional a Brasil de manos de Mauricio Macri. Del encuentro participarán el paraguayo Horacio Cartes, el uruguayo Tabaré Vázquez, el boliviano Evo Morales y la chilena Michelle Bachelet).
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Por último, la CGT advirtió que la iniciativa implementada en el país vecino podría desembarcar pronto en la Argentina. “En Brasil comenzó, pero ése es el proyecto de las fuerzas de derecha de la Argentina hoy en el poder, hacer retroceder las condiciones laborales a lo que eran hace 100 años”, afirmaron.
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“Es por ello que repudiamos la presencia de quien encarna la ideología que ataca los derechos de los trabajadores y con ello también a quienes en nuestro país pretenden volver a épocas de ‘Patrón Costas’: los derechos de los trabajadores no podrán ser usados en beneficio del lucro empresario”.

El comunicado de la CGT dice la verdad. Esa “reforma” es un intento deliberado de reducir el “costo laboral”, es decir, el medio de vida de los trabajadores, a como dé lugar. Una parte de la clase dirigente brasileña, y de los sectores de su sociedad que se identifican con ella, está dispuesta a aceptar -para otros, claro- condiciones laborales cercanas a la esclavitud en los talleres clandestinos, creyendo que eso puede salvarlos -a ellos- del derrumbe económico que desde hace más de seis años sufre su país.

Y la dirigencia sindical no debe, ni puede, equivocarse. No importa las buenas relaciones que mantengan con algunos funcionarios. El gobierno de Macri, más específicamente, los sectores sociales que lo apoyan quieren lo mismo para la Argentina. Sin dirigentes sindicales, “negociadores” o “combativos”.

Tampoco, atención, tiene que engañarse la militancia opositora. Que le gusta decirse a sí misma -muchas veces se lee en los comentarios de este blog- que al gobierno actual sólo le interesa el saqueo, sin un proyecto de país. Lo tienen, aunque no sea viable. Hay muchos testimonios; uno, significativo, es el editorial de La Nación “Los audaces cambios en la legislación de Brasil, que aumentan la libertad de contratación, exhiben inquietud por la competitividad y por atraer capitales” (Otros comentaristas del blog están muy de acuerdo). Es que hay una parte de los argentinos, minoritaria pero no insignificante y articulada, que cree en “las fuerzas del mercado” con la misma fe que otra minoría ideológica creía, hace no tanto, que el socialismo estaba destinado a curar todos los males del capitalismo.

En el plano geopolítico, me sentí tentado a titular este posteo “El fin del MERCOSUR” (Hay dirigentes del peronismo que ya lo afirman en reuniones privadas). Es cierto que es imposible mantener la estrecha relación económica entre Brasil y Argentina -el cimiento del MERCOSUR- con esta asimetría. Pero yo no creo que esta política laboral -el restablecimiento de la esclavitud, bah- pueda mantenerse, aún en Brasil. El que viva lo verá.


“Eles roubaram tudo”

julio 16, 2017

brasil

Me queda un mal gusto en la boca cuando subo al blog esta nota de El País, de España “Río de Janeiro, del podio al fango“. Es una ciudad que quiero, que visité docenas de veces y a la que pienso hacerme una escapada en cuanto pueda. El País hace este “axe job” trabajo de hacha, como le dicen los gringos, con datos reales. Como se podría hacer -si el interés fuera ese- juntando anécdotas sombrías, en algunas ciudades de España, de la Unión Europea.

Si lo leen completo, verán que para el autor la causa de todo son la caída de los precios del petróleo y, claro, la corrupción. De las políticas económicas no se dice una palabra.

Igual, más allá de la motivación de la nota, sirve para dejar claro dos datos importantes: 1) la situación de la economía de Brasil es muy grave. Tanto que la pobreza y desempleo que sufren los de abajo desborda y golpea a los sectores medios en esos escaparates que son las grandes ciudades con afluencia turística.

Y 2) que en las capitales del Atlántico Norte se percibe eso. Y no harán nada, por supuesto. Tienen sus propios problemas. Y el capitalismo globalizado no se distingue ni por su solidaridad ni por su capacidad de previsión a largo plazo (dejo de lado las fantasías de una izquierda ingenua sobre los Protocolos de los Sabios de Wall Street).

“Trabajos de hacha” como éste, se podrían haber hecho en Buenos Aires, en 2001 y 2002. Y se hicieron, por supuesto. Sabemos como terminó la historia. (Hay una probabilidad no pequeña que, gracias a Macri y su equipo, se vuelvan a hacer). En resumen, sigo pensando que Lula tiene buenas chances de volver a ser Presidente de Brasil. Y, además, que Brasil como nación no se va a suicidar.

FILIPE MOREIRA vivía su momento de gloria con 36 años. Primer bailarín del Theatro Municipal de Río de Janeiro, era el protagonista de todo el repertorio de la compañía y la crítica lo consideraba “uno de los mayores talentos del ballet clásico de los últimos tiempos”. Elogiaban su virilidad y su excelencia interpretativa, también su técnica, con las que triunfó en escenarios de toda Sudamérica y de Florida. El pasado diciembre se despidió del público interpretando El cascanueces, de Chaikovski. Dos meses después estaba al volante de un uber.

El bailarín es ahora uno de los rostros de una obra sin aplausos, la tragedia de Río, la imagen más cruda y representativa de la decadencia económica, política y moral brasileña. “Dejé todo mi ego de lado, aparqué mi carrera de bailarín y entré en el coche. Catorce horas al día. Era eso o ver a mi familia pasando necesidad. Acumulamos una deuda de 18.000 reales [unos 5.000 euros]”, lamenta Moreira. Su salario era abonado por el Estado de Río, gestor del Theatro, que aún le debe la paga de Navidad y el sueldo de dos meses.

Río de Janeiro pasó del éxtasis olímpico a la depresión con tanta rapidez que aún parece en estado de shock. El Estado vivió durante años de los ingresos de la extracción de petróleo en sus costas y de las expectativas de un Mundial de Fútbol y de unos Juegos Olímpicos. Hasta que su presupuesto se desplomó con la caída en picado del precio del barril de crudo, una gestión corrupta y los efectos de la recesión nacional, la más profunda de la historia del país. Si había alguna expectativa de que Río recuperase, por fin, el brillo perdido desde que en 1960 dejó de ser capital de Brasil y la meca tropical del glamour y los casinos, esta se fue por el desagüe. Río de Janeiro es hoy uno de los tres Estados con la situación financiera más crítica del país. De cada 100 puestos de trabajo destruidos en Brasil en el primer trimestre de este año, 81 se perdieron en Río de Janeiro.

“La crisis de Río es un capítulo aparte, más profundo y doloroso, dentro de la actual recesión brasileña. Las expectativas aquí fueron mayores”, afirma Maurício Santoro, uno de los analistas políticos más activos de Brasil. “Se esperaba que la ciudad finalmente dejase atrás el largo ciclo de decadencia iniciado con la pérdida de la capitalidad en favor de Brasilia, pero la caída en el abismo mostró a los habitantes de la ciudad y del Estado la fragilidad en la que se asentaban sus esperanzas de renovación”. Santoro interpreta la crisis al mismo tiempo que es un ejemplo de ella: la Universidad Estatal de Río, donde imparte clases, aplazó cinco veces el inicio de curso por falta de fondos. No hay dinero para pagar las becas de los alumnos con menos recursos ni para la comida de los ratones de laboratorio.

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La angustia de un bombero solitario intentando apagar el fuego de cuatro autobuses incendiados sin más ayuda que la manguera sacada de un cine próximo, ilustra otra de las escenas de la tragedia carioca. El hombre domaba con esfuerzo el torrente de agua, pero las llamas avanzaban y los tanques de gasolina de los vehículos explotaban, escupiendo bolas de fuego que le obligaban a retroceder. A su alrededor, algunos curiosos con la cara casi ardiendo de calor, una nube de humo negro y un escenario de guerra: barricadas, contenedores de basura del revés y piedras y cristales por el suelo. Unas calles más atrás, la policía, parapetada con cascos y uniformes negros antidisturbios, perseguía manifestantes con fusiles de balas de goma y gas lacrimógeno. Los coches de los bomberos —también con el sueldo atrasado— tardaron 40 minutos en llegar. Aquella escena de un viernes por la noche en el centro turístico de Río fue el remate de una jornada de huelga general, la del 31 de marzo, que paró decenas de Estados en Brasil sin incidentes graves. Pero en Río ya no se protesta en paz. Estudiantes y funcionarios furiosos con sus cuentas en números rojos protagonizan movilizaciones en el centro de la ciudad desde noviembre, casi todas reprimidas por la policía, igual de asfixiada por las deudas que los manifestantes. “Me siento humillada. Me llaman todos los días para exigir el pago de deudas. Con mi pensión [937 reales, menos de 300 euros] conseguía pagar mis cosas, pero hoy tengo que elegir entre comer o cenar”, contaba en una de esas manifestaciones, a principios de año, la jubilada Creusa Maia dos Santos, de 56 años, monitora de comedor en un colegio público. “Estoy enferma, tendría que alimentarme cada tres horas, ¿entiendes? Hace dos días que no paro de llorar”.

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La falta de fondos también mantiene sin dinero los cuarteles de la Policía Militar y las comisarías, que no pueden ni abastecer los coches patrulla. El miedo se está adueñando en las calles y lleva al límite a ciudadanos que han aprendido a distinguir un fusil 7.65 de una ametralladora Uzi. La madrugada del 9 de junio, Danielle Frangelli llamó a un uber para volver a casa tras pasar la noche bailando samba. Al llegar a su apartamento, en una calle de palmeras imperiales de un barrio de clase media-alta, pidió al conductor y a la madre de una amiga que la acompañaba que esperasen a que entrase en el portal. No dio tiempo.

“De repente, cuando estaba a cinco pasos de la puerta, apareció un coche con una de esas frenadas de película y salieron dos hombres superagresivos”, relata. “Uno de ellos estaba con un revólver y fue hacia el coche, y el otro apuntó hacia mí una ametralladora. Pensé: ‘Si me dispara con eso, no tengo ninguna posibilidad de sobrevivir”. En ese momento, Frangelli oyó la puerta del portal abrirse y durante los 10 segundos que tardó en girarse, entrar en la portería y lanzarse al suelo pensó que iba a morir. El portero, de 70 años, se tumbó con ella aterrorizado. “Darme la vuelta y correr fue la peor reacción posible, pero sentí un alivio profundo por no haberme llevado un tiro en la espalda. Con esta ola de violencia, todo cuidado es poco. Se llevaron el coche y todas las pertenencias, pero gracias a Dios no dispararon a nadie”. A sus 28 años, era la cuarta vez que sufría un asalto, el tercero a mano armada“.


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