Bolsonaro ¿solo o acompañado?

noviembre 5, 2018

De Bolsonaro ya se escribió mucho entre nosotros. Hasta algo en este pausado blog. Pero creo que todavía quedan algunas preguntas importantes para que nos hagamos.

Una de esas preguntas es la que planteé en el posteo anterior. Si el gobierno del Bolso iba a estar enmarcado por el pensamiento de Milton Friedman -el Estado no debe tener un papel activo en la economía, simplificando- o el de Golbery do Couto e Silva -un nacionalismo jerárquico y autoritario, sin simplificar. Muchos creen, basados en algún gesto pinochetista, algún ministro, que ya está respondida. Y es posible que sea así, desde el Bolso. Pero su gobierno comienza el 1° de enero, y las clases dirigentes brasileñas y las Fuerzas Armadas -ambas menos deterioradas que las nuestras- algo tendrán que decir.

Hay otra pregunta más importante todavía, por lo menos para nosotros: ¿Jair Bolsonaro es un fenómeno brasileño, o es parte de una “ola” en la región, la América del Sur? La respuesta inmediata es: las dos cosas. Pero vale la pena desarrollarla.

El general Perón, presidente por 3 veces de Argentina, decía que “La verdadera Política es la Política Internacional”. “Tip” O´Neill, presidente por muchos años de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, decía que “Toda la política es local”. Ambos tenían razón. No se pueden entender, y menos llevar adelante con éxito, los proyectos políticos, sus posibilidades y sus límites, si no se tiene en cuenta el marco global en que se desarrollan, las realidades económicas, de poder militar, hasta culturales donde están insertos. ¿Culturales? Y sí, lo que los alemanes llaman zeitgeist, el “espíritu del tiempo”.

También, es cierto que la política la hacen, o la sufren, hombres y mujeres reales, que viven en un lugar dado de un país distinto de los demás. Tienen su historia, sus prejuicios, sus temores, sus sueños. Su identidad. Encasillarlos según la ideología, sirve para simplificar los discursos. Pero te hace chocar con la realidad.

Trato de contestar la pregunta, y empiezo con una distinción. No pretendo hablar aquí del triunfo de Bolsonaro en el marco de los liderazgos recientes que reivindican el nacionalismo y enfrentan, al menos de palabra, la globalización y su discurso de democracia, respeto a las minorías y derechos humanos que en Occidente y adyacencias ha sido indiscutido por medio siglo. Como discurso, claro; en la práctica convivió con la destrucción de países, bombardeos de civiles y genocidios varios.

Entonces, no mencionaré los paralelismos y diferencias de Bolsonaro con el estadounidense Trump, el italiano Salvini, el húngaro Orban, el filipino Duterte. Es un tema válido y a lo mejor me decido a encararlo en otro momento. Pero creo que la pregunta que planteé de entrada es distinta y bastante clara: si hay una “ola” que incluye a figuras tan diferentes como Bolsonaro, Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Mario Abdo Benítez… Hasta Lenin Moreno.

Me parece que la respuesta inevitable, con reservas, es . Es cierto que a ninguno de ellos se le puede encajar, como al Bolso, el mote de “populista de derecha” con que lo encasillan al brasileño los que lo miran con desconfianza. (“Neofascista”, los que lo miran con odio). Los países, coaliciones que los apoyan, políticas y estilos de todos ellos son diferentes. Pero… también lo mismo podía decirse de los cuatro líderes de la icónica foto que puse segunda desde arriba: Kirchner, Evo, Lula, Chávez.

Créanme, como cualquiera que haya tenido experiencia en la política como se practica en la realidad, soy escéptico de las teorías sobre determinismos históricos. Los seres humanos, y esas agrupaciones de seres humanos que asumen una identidad perdurable por algunos siglos que llamamos pueblos, son variables y se mueven por motivos diversos. Pero los hechos son los hechos. Más o menos en el comienzo de este siglo (coincidentes pero no causados por el boom de las materias primas), surgieron en la América del Sur y tuvieron mucho apoyo popular gobiernos moderadamente distributivos. Esos cuatro, más Correa en Ecuador, Lugo en Paraguay, puede mencionarse el Frente Amplio en Uruguay, hasta la Concertación chilena se podría incluir en esta lista.

Mantuvieron muy buenas relaciones entre sí, hasta construyeron algunas instituciones (débiles) en común: la UNASUR, el Consejo de Defensa Suramericano… Sobre todo, elaboraron un discurso, un mensaje político común, que se podría llamar “un antiimperialismo moderado” (más enérgico el de Chávez, pero, bueno, era caribeño). Es significativo -para indicar la existencia de esta primera “ola”-que fueron acompañados en el plano de la diplomacia, por líderes que no eran “de su palo”: el chileno Piñera, el colombiano Santos…

Podría extenderme mucho más, pero los lectores de este blog, gente que se interesa en la política (si no, no se interesarían en el blog) no lo necesitan. Tampoco me parece necesario remarcar el clima político y social distinto, opuesto que hoy se vive en la región. En particular, en los dos países más grandes, Argentina y Brasil, pero que en algún grado se manifiesta en los demás. Pensemos en la victoria del uribismo en Colombia.

Hay dos excepciones (la moderación de Uruguay se las arregla para pasar desapercibida): Bolivia, donde el manejo prudente y astuto de la economía y la política mantienen a Morales todavía fuerte, aunque aparezca el desafío de Carlos Mesa. Y Venezuela: ahí el gobierno y la oposición se han radicalizado, y la única barrera a una guerra civil o una represión masiva y feroz es la unidad de las fuerzas armadas. En mi modesta opinión, las excepciones no alcanzan para desmentir la existencia y la fuerza de esta otra “ola”.

También a mi modo de ver, lo más importante de estas dos “olas” es la diferencia entre ellas. En la primera el elemento en común para quienes las apoyaban, y las apoyan, era más… positivo: un énfasis en las políticas sociales y en la incorporación de los sectores postergados -o invisibilizados, como en Venezuela- al consumo. No se cuestionaba el capitalismo -salvo en algún discurso de militantes de segunda y tercera línea- pero sí se planteaba la intervención del Estado. Un eco -lejano- del peronismo fundacional y, aún más remoto, del varguismo.

(Para no confundir, encuentro necesario reiterar que este común elemento no disminuyó las diferencias entre estos procesos políticos y en las estrategias de sus líderes. Pensemos en Lula y Chávez, para mencionar dos).

En cambio, lo que percibo en los apoyos que despiertan estas nuevas experiencias, tan distintas entre sí como el aluvión “bolsonarista” y la coalición Cambiemos, es un elemento negativo en común: el rechazo furioso hacia esas experiencias anteriores. Se puede decir que los votos que recibieron tenían mucho más de bronca con lo anterior que de identificación con lo nuevo. Eso puede verse hasta en Colombia, hacia Juan Manuel Santos, nada populista él.

Por supuesto, no es el único factor que tiende a integrar ¿encauzar? esta nueva ola. Están las tendencias, cuestionadas pero aún hegemónicas en nuestra región y en Europa, hacia la globalización, y la atracción por ella a la que se aferra una parte muy numerosa de nuestros compatriotas que quieren vivir como en ese “Primer Mundo” que conocen o se imaginan.

Y también juega esa la política internacional, la “verdadera política” a que se refería Perón. Por eso elegí la primera imagen de arriba, la que reúne las fotos de Bolsonaro y Steve Bannon, el ex asesor de Donald Trump que sigue cerca de él y que apoyó decididamente la campaña del Bolso. Atención: no señalo en especial un papel del Donald, aunque vio con buenos ojos el triunfo del brasileño y ha sido decisivo para el apoyo del FMI al gobierno de Macri.

Hay oficinas y, en general, políticas del gobierno estadounidense que han sido constantes desde hace largas décadas, con Republicanos y con Demócratas, en el apoyo a los sectores que pueden llamarse, sin precisión, como la “derecha” latinoamericana. Incluso a sectores que, si no fueran por ese apoyo, serían marginales, resabios de la Guerra Fría, muy influidos por la vieja diáspora cubana y, ahora, por la venezolana.

Este factor está muy presente, entonces, y ante un fracaso de esta “restauración globalizadora” -como el de las experiencias de signo similar de los ´90, las de Carlos Menem, Carlos Andrés Pérez,…- se hace inevitable que cualquier proyecto político más o menos “nacional y popular” que se plantee su reemplazo deba tener una política, y una interlocución, con el gobierno estadounidense.

Pero no es el factor decisivo. La hostilidad de Estados Unidos -inevitable, si pensamos en las políticas tradicionales de las Grandes Potencias hacia lo que consideran sus esferas de influencia- al igual que la de los medios masivos de comunicación, fue bastante continua en los 15 años, más o menos -un lapso largo, para la política latinoamericana- que duraron las experiencias que ahora agrupan como “populistas”. La clave fue, es, el rechazo de importantes, en algún momento mayoritarios, sectores de la población hacia esos gobiernos y sus líderes.

La militancia “nacional y popular” puede decirse a sí misma que esos votantes son demasiado egoístas y estúpidos para comprender lo bueno que eran esos gobiernos. La dirigencia tiene otra responsabilidad ¿Autocrítica? No me parece el concepto adecuado. No sólo porque siempre se termina “autocriticando” a algún otro. El punto es que las circunstancias siempre están cambiando. Es necesario elaborar nuevas estrategias, que tomen en cuenta las derrotas pasadas, para enfrentar desafíos distintos.


La cuestión Bolsonaro – 1: los dos caminos

octubre 27, 2018

La cuestión de Jair Bolsonaro, el capitán que puede ser el Presidente de Brasil dentro de dos días, es lo bastante importante para motivarme a subir, o empezar a subir, el 2° posteo en el mes sobre el tema, en este casi abandonado blog.

Pasa que en estos días muchos talentosos compatriotas han escrito del tipo. Y por mi parte, aunque me gusta mucho Brasil y lo he visitado un montón de veces, no me siento en condiciones de pontificar sobre su realidad política.

Si me pongo a escribir, es porque hay justamente una cuestión, una pregunta que entiendo decisiva y que no encontré planteada con claridad -en lo que alcancé a leer, una proporción pequeña. Es ¿Cuál de los dos pensamientos que hoy están incorporados, mezclados, en su discurso y en sus apoyos internos, es el que va a guiar sus pasos, si llega a la Presidencia? ¿El de Paulo Guedes, el economista que el señala, con énfasis, que va a ser su Ministro de Economía y que “sabe lo que hay que hacer”? ¿O el de Golbery do Couto e Silva, el general y geopolítico que expresó mejor el proyecto y la ambición de la dictadura militar que gobernó Brasil de 1964 a 1984?

Atención: esos dos pensamientos -el globalismo de la movilidad sin barreras de los capitales y los productos, y el Estado autoritario, industrialista y jerárquico- son antagónicos en el plano filosófico. En la política concreta, pueden convivir. Después de todo, Milton Friedman fue asesor privilegiado de Augusto Pinochet.

Pero… estamos hablando de la política concreta del Brasil, un país que, con sus emperadores, con Vargas, con los generales o con Lula, mantuvo la vocación de ser un actor en el escenario global, y no un rincón del escenario donde se aplican las teorías de otros. En el plano de las realidades, Brasil tiene una industria muy importante, que en buena parte fue desarrollada por esa larga dictadura militar.

Es probable, casi seguro, que Bolsonaro, si llega, se manejará como un buen político y un buen brasileño: tratará de mantener equilibrados sus apoyos y confuso su discurso, como su admirado Trump. Pero sigo sosteniendo que esa que planteo es la pregunta decisiva.

Porque, en mi humilde opinión, la apertura comercial, las privatizaciones y la desregulación pueden funcionar -es decir, sostenerse- en un país “emergente” que renuncia a la industrialización. El Chile y el Perú de hoy, por ejemplo. En nuestra Argentina, los intentos de hacer funcionar ese modelo, a partir de 1976, hasta ahora, terminaron en crisis autodestructivas. Y las perspectivas del experimento Macri son, por lo menos, dudosas.

En Brasil, a partir de las transformaciones de Fernando Henrique Cardoso, se han hecho varios intentos por combinar el modelo del capitalismo financiero globalista con los intereses y las realidades nacionales. En la tradición de compromiso de la política brasileña, hoy descartada, el primero en intentarlo fue Lula mismo, y luego Dilma ¿Recuerdan quién fue su vice presidente, y quiénes sus ministros de Economía? No funcionaron.

Después del golpe parlamentario que destituyó a Dilma, el gobierno “pro business” de Temer llevó adelante las recetas sin mezcla, incluidas las reformas laborales y previsionales que el consenso globalista exige. Tampoco tuvo éxito, ni siquiera en sus propios términos.

En realidad, la frustración y la furia con el fracaso son unas de las fuentes del fenómeno Bolsonaro. Guedes, si lo leen -y es interesante leerlo- quiere hacerlo funcionar, pero sus ideas son las que aquí propone Espert, o Melconian cuando Macri no lo recibe. Fundamentalismo del mercado.

No estoy diciendo que el “proyecto Golbery”, para llamarlo así, pueda funcionar, ni siquiera que sea posible. No estamos en los tiempos de la Guerra Fría, cuando el Dr. Kissinger veía a nuestro vecino del norte como el país clave para mantener ordenada la América del Sur. Ese realismo del equilibrio está tan muerto como el Irán del Shah, otro “país clave” del Dr. K.

Los EE.UU. de Trump, que no toman en cuenta los intereses de aliados tan cercanos y antiguos como el Canadá, no alentarán un desarrollo ni siquiera semi independiente del Brasil. Y el sistema financiero global… ya sus voceros más tradicionales, The Economist, Financial Times han hecho oír sus advertencias sobre el peligroso Bolsonaro.

De todos modos, el futuro siempre es impredecible. Lo que me parece seguro, porque la tensión ya forma parte del presente, es que según el camino que tome este posible presidente -las medidas concretas, que tienen nombre, Petrobras, Embraer, desarrollo nuclear- los aliados y los enemigos, internos y externos de su gestión van a ser distintos. Y eso va a influir en lo que pase en nuestra región, y también en nuestra política interna.

Precisamente, el siguiente posteo -si AgendAR me deja tiempo- va a hablar del Bolso como parte de las corrientes políticas en América del Sur. O de las corrientes políticas del planeta entero, como se reflejan en esta América del Sur.


Brasil, seu Brasil

octubre 5, 2018

bolsonaro

Otras veces en el blog subí artículos de Marcelo Falak. Un periodista inteligente, que conoce las internas brasileñas como muy pocos entre nosotros. Pasado mañana hay elecciones allí, con grieta y todo, y quise acercarles esta nota, que publicó en Letra P.

Falak dice aquí algo con lo que estoy muy de acuerdo: más allá de los resultados, de si gana Bolsonaro o Haddad -que es importante, claro- aquí ya hay un hecho que cambia la política en Brasil. Tal vez, en América del Sur.

Porque Bolsonaro es más que un político con un discurso con moralina religiosa a la antigua y un capitalismo más antiguo, del siglo XIX. Expresa eso, por supuesto. Pero va más allá. Y hoy decir “fascista” sólo significa “me desagrada mucho”.

Lo que él hace es romper “la corrección política” que imperaba en Occidente y sus suburbios desde el final de la 2° guerra mundial. Un consenso hipócrita, por cierto, pero que simulaba rendir homenaje a íconos como la democracia, los derechos humanos,… Se podía y se puede bombardear civiles, por ejemplo, pero siempre diciendo que se hacía para defender esos valores.

Bueno, eso se está desmoronando. No tan rápido como alertan los medios digitales más alarmistas. Aquí en Argentina esas transgresiones todavía quedan para payasos mediáticos como el “Baby” Etchecopar. Pero el brasileño ha demostrado que el odio y el resentimiento pueden alimentar una campaña exitosa. Uno supone que tendrá imitadores.

“La irrupción de Jair Bolsonaro como nuevo referente de la política brasileña implica mucho más que la novedad de un nombre o el crecimiento de un partido, el Social Liberal (PSL), hasta ahora minúsculo. Lo que altera es el funcionamiento de un sistema que desde hace más de 25 años giraba alrededor de una suerte de bipartidismo de baja intensidad, con dos polos, de centro-derecha uno y de centro-izquierda el otro, y que de ahora en más incluirá a un conservadurismo de convivencia conflictiva con las reglas del pluralismo.

Desde 1995, con Fernando Henrique Cardoso, hasta 2016, cuando fue destituida Dilma Rousseff, todos los presidentes de este país fueron del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) o del Partido de los Trabajadores (PT), los que, sin llegar a ser verdaderamente dominantes, actuaron como aglutinantes de alianzas amplias, de centro-derecha una y de centro-izquierda la otra, necesarias para asegurarles el control del Congreso, hecho que explica, en alguna medida, la corrupción estructural que ha quedado a la vista.

Ese mundo colapsará este domingo, sobre todo por la caída abrupta del PSDB, que insistió con una figurita repetida como presidenciable, la de Geraldo Alckmin, un hombre ya derrotado por Luiz Inácio Lula da Silva en 2006 y a quien apodan “Pepino” por su gracia y su sabor, por decirlo de algún modo.

Por eso, se juega literalmente la vida. La posibilidad de que Fernando Haddad clasifique al ballotage del domingo 28 y triunfe en él depende del factor Lula y del perfil de quien, presumiblemente, tendrá enfrente: un Bolsonaro capaz de liderar tanto en intención de voto como en nivel de rechazo. Una victoria en una coyuntura tan particular como ésta le permitiría al gran partido de la izquierda brasileña disimular la crisis en la que lo sumió la operación Lava Jato y sus propias fechorías, algo que le daría tiempo para intentar una difícil reorganización. Una derrota, en cambio, lo amenazaría con la decadencia.

Con Bolsonaro aparece, entonces, un tercer factor, ausente desde la última dictadura (1964-1985) e ignorado hasta ahora, que ensancha hacia la derecha dura el espectro ideológico: el Brasil conservador. Lo conmocionante es que esto incluya ataques verbales a mujeres, gays, negros e indios, así como reivindicaciones de las dictaduras, las torturas y hasta los asesinatos en masa.

Algunas frases de Jair:

“Pinochet tendría que haber matado a más gente”, dijo en diciembre de 1998.

“En la etapa de la dictadura (brasileña) deberían haber fusilado a unos treinta mil corruptos, empezando por el presidente Fernando Henrique Cardoso” (mayo de 1999).

“No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, los golpeo” (mayo de 2002).

“No podría amar a un hijo homosexual. Preferiría que muriera en un accidente antes de que apareciera con un bigotudo por ahí” (diciembre de 2011).

“No te violo porque no te lo merecés”, le lanzó a la diputada por el PT Maria do Rosário, en plena sesión (diciembre de 2014).

“Las mujeres tienen salarios más bajos porque quedan embarazadas” (febrero de 2015).

“El error de la dictadura fue torturar y no matar” (julio de 2016).

“¡Dedico mi voto (a favor del impeachment) a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el terror de Dilma Rousseff!” (agosto de 2016, en referencia a un emblema de la tortura durante la última dictadura).

“Fui a un quilombo (comunidad en la que viven descendientes de esclavos que escaparon de sus amos) en Eldorado Paulista y el afrodescendiente más liviano pesaba siete arrobas. No hacen nada, creo que no sirven ni para procrear” (abril de 2017).

“Con la enseñanza a distancia se puede ayudar a combatir al marxismo y la ideología de género. Muchas familias ya prefieren que sus hijos se eduquen en casa y se puede empezar con eso una vez por semana. Eso va a ayudar también a hacer más barata la enseñanza en Brasil” (agosto de 2018).

“Por lo que veo en las calles, yo no voy a aceptar ningún otro resultado que no sea mi elección. Ese es un punto de vista cerrado. (Sobre) si las instituciones militares aceptarán o no el resultado, yo no puedo hablar por los comandantes (…), pero podría haber (una reacción) ante el primer error del PT. Nosotros, las Fuerzas Armadas, avalamos la Constitución. No existe democracia sin Fuerzas Armadas” (septiembre de 2018).

Este ex capitán del cuerpo de paracaidistas del Ejército de 63 años reúne todos los requisitos para ser considerado un conservador. Si algo distingue ese pensamiento es su defensa del orden y las jerarquías sociales, así como su reivindicación de instituciones tradicionales como la religión y las Fuerzas Armadas como pilares de la nacionalidad. Todo esto es parte de su discurso. No por nada, pese a ser católico, concentra buena parte del voto religioso, mientras que la reivindicación de lo castrense aparece en cada palabra, con sus elogios a la última dictadura y hasta con la elección de su vice, el general de línea dura Hamilton Mourão.

Pero hay algo que ofende a sus simpatizantes, en Brasil y hasta en la Argentina: que se lo tilde de ultra derechista e, incluso, de fascista. Más eficaz como insulto que como descripción, lo segundo ni merece analizarse, pero sí lo primero. Su aparición como fenómeno se relaciona con la crisis de la democracia que provocaron años de escándalos, partidización de la justicia y la prensa, institucionalidad bastardeada por un impeachment más que polémico, recesión y aumento del desempleo.

La derecha se hace extrema cuando incluye dosis de autoritarismo, desprecio por la democracia, intolerancia y mano dura. Y el historial de Jair Messias (sí, el hombre es un predestinado) es rico en esos elementos.

Cada uno de sus excesos verbales le fue recordado en los últimos meses por los sectores de la prensa que, intereses aparte, sostienen convicciones democráticas. Él se defendió, claro, hablando de contextos y campañas de desprestigio, pero eso no es suficiente para el 42% que, según la última encuesta de Ibope, aún lo repudia.

Sin embargo, también hay mucho de calculado en eso. Donald Trump es un referente para él y por eso, como el estadounidense, se vale de un discurso escandaloso para sacar a la superficie a un Brasil conservador que existía pero no tenía voz.

Desde ahora, nada será igual”.


Brasil: “não será pacífica”

abril 5, 2018

La despedida que me hicieron, en los comentarios del blog y en Twitter, ha sido emocionante. Y no corresponde que los defraude con un regreso intempestivo. Tampoco tengo tiempo para análisis que no tengan que ver con mi trabajo.

Pero quiso acercarles esta deposición del general de la reserva Luiz Gonzaga Schroeder Lessa. Un testimonio que da una idea de las divisiones y los odios en la sociedad brasileña, no muy distintos de los nuestros. Y nos invita a preguntarnos si los argentinos podemos mantener nuestro “consenso civil”,  algo hipócrita y no libre de sangre y corrupción, pero menos autodestructivo, que ya tiene 35 años.


“No somos nada”: Presidentes del Perú y de otros lados

marzo 21, 2018

ex presidentes

El presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, presentó hoy su renuncia al Congreso. Se usa mucho la frase “Crónica de una muerte anunciada”, pero es justa. Fue elegido por el rechazo a Keiko Fujimori antes que por cualquier cualidad suya (¿les suena?), pero no consiguió construir una base propia, ni ejercer el poder de la presidencia en la despiadada política peruana.

No hay conmoción en el país hermano (en el caso del Perú, no es una simple convención llamarlo así. Estuvieron a nuestro lado cuando lo de Malvinas). Asumirá el primer vicepresidente, Martín Vizcarra, y el “clima de negocios” no se verá afectado. Las reformas de Fujimori (sr.) fueron más perdurables que las de Menem, entre otros motivos, porque hay menos industria y sindicatos que aquí. En un plazo menos inmediato, esto debilita la institución presidencial, pero no conozco lo bastante de la situación allí para especular.

Más interesante, para nosotros y toda la América del Sur, es el motivo original de la ofensiva parlamentaria: los vínculos con Odebrecht. Pero esa historia no está terminada.

Por ahora, aprovecho un artículo de El Comercio, de Lima, que trae una lista de presidentes destituidos o que renunciaron en muchos países del mundo. Sin golpes militares, que -lo siento, Malaparte, Luttwak- ya están fuera de moda.

Destituidos por el Parlamento

► 1) VENEZUELA: El presidente Carlos Andrés Pérez, acusado de malversación y enriquecimiento ilícito, fue cesado en mayo de 1993, y su destitución confirmada por el Congreso el 31 de agosto siguiente.

► 2) ECUADOR: Abdalá Bucaram, acusado de desvío de fondos públicos, fue destituido el 6 de febrero de 1997 por “incapacidad física y mental”, seis meses después de su investidura.

► 3) ECUADOR: En abril del 2005, en medio de una revuelta popular, el presidente Lucio Gutiérrez, acusado de colocar a allegados en la Corte Suprema de Justicia, fue igualmente destituido por el Parlamento.

► 4) PERÚ: Alberto Fujimori fue destituido el 21 de noviembre del 2000, “por incapacidad moral permanente”, previa partida a Japón, donde permaneció varios años. Extraditado de Chile en el 2007, fue condenado a 25 años de cárcel por asesinato y secuestro.

► 5) PARAGUAY: Fernando Lugo fue destituido el 22 de junio del 2012 “por mal desempeño de sus funciones”, en un juicio político por el Senado.

► 6) INDONESIA: Abdurrahman Wahid, acusado de incompetencia y corrupción, fue destituido el 23 de julio del 2001 por el Parlamento.

► 7) LITUANIA: Rolandas Paksas, destituido el 6 de abril del 2004 por “violación grave de la Constitución y faltar al juramento constitucional”. Estaba acusado de conceder la nacionalidad lituana a un empresario de origen ruso, que era su principal apoyo financiero. Privado del derecho de volver a presentarse a unas elecciones en su país, fue elegido diputado en el Parlamento Europeo en el 2009.

►8) BRASIL. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, es destituida por el Senado el 1 de setiembre del 2016.

Obligados a dimitir

► 8) BRASIL: Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción pasiva, dimitió el 29 de diciembre de 1992, lo cual no impidió que el Senado votase al día siguiente su destitución.

► 9) ISRAEL: Al hilo de un caso de evasión fiscal y corrupción, el presidente Ezer Weizman dimitió en julio del 2000. Prefirió así tirar la toalla antes que enfrentarse a un proceso de destitución.

► 10) ISRAEL: En junio del 2007, el presidente Moshe Katzav, caído en desgracia por su implicación en un escándalo sexual, dimitió también, previo compromiso con la justicia para evitar la prisión. Finalmente fue condenado y encarcelado en el 2011.

► 11) ALEMANIA: El presidente de la República Federal, Christian Wulff, se vio obligado a dimitir en febrero del 2012 al levantarse su inmunidad. Inculpado por corrupción, fue posteriormente declarado inocente.

► 12) GUATEMALA: Otto Pérez Molina, acusado de dirigir un sistema de corrupción en la administración aduanera, se vio privado de su inmunidad por el Parlamento el 1 de septiembre del 2015. Ante el riesgo de ser destituido, renunció al cargo dos días más tarde y fue colocado en prisión preventiva.

Procedimientos que no prosperaron

Otros jefes de Estado se vieron sometidos a un proceso de destitución, que no dio resultado. Fue el caso de Boris Yeltsin en Rusia (1999), Luis González Macchi en Paraguay (2003), Roh Moo-hyun en Corea del Sur (2004) o Hery Rajaonarimampianina en Madagascar (2015).

En Estados Unidos, en dos ocasiones la Cámara de Representantes votó por la acusación (‘impeachment’) del presidente, primero Andrew Johnson (en 1868) y luego Bill Clinton (en 1999). Pero ambos fueron salvados por el Senado.

En 1974, la Cámara inició los trabajos de cara a un ‘impeachment’ del presidente Richard Nixon, pero el procedimiento fue abandonado después de su dimisión.


Caputo y las sanciones a Venezuela

marzo 19, 2018

caputo

Fue un tweet de Flor B@flrbnsn el que me hizo notar una primicia de Infobae. No es una de mis fuentes habituales, porque se resiste a que las comparta con ustedes.

Pero no debía preocuparme. El venezolano El Nacional (opositor, of course) ya la estaba reproduciendo:

Luis Caputo, ministro de finanzas de Argentina, organizó una reunión con sus homólogos de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia, Brasil y México para discutir nuevas sanciones a funcionarios del gobierno venezolano.


Un mensaje de Francisco

marzo 13, 2018

jujuy

Como hoy se cumplen 5 años del día que fue elegido Papa, los medios han publicado muchas notas sobre él. Este humilde blog subió desde esa fecha varios posteos, pero no se anima a evaluar su impacto en la Iglesia y en el mundo hasta que pase más tiempo (No necesariamente los siglos que pediría Toynbee).

Igual, los medios se han dedicado, sobre todo, a especular porqué viene o no viene. Por mi parte, creo que él ya está mandando bastantes mensajes. Esta tarde comentábamos con algunos amigos uno que envió hoy.

El Sumo Pontífice, Francisco, nombró al padre Florencio Félix Paredes Cruz, CRL, de 56 años, obispo prelado coadjutor de la prelatura de Humahuaca, en el Norte argentino. Actualmente es párroco de Nuestra Señora de Belén, en la localidad jujeña de Susques, y eventualmente sucederá en la sede prelaticia al actual obispo prelado, monseñor Pedro María Olmedo Rivero, CMF, de 73 años de edad.

Mons. Florencio Paredes Cruz nació el 28 de octubre de 1961 en la localidad de Selocha, Bolivia. Vino a la Argentina de pequeño y hace pocos meses obtuvo la ciudadanía argentina“.


A %d blogueros les gusta esto: