La temática de los derechos humanos

febrero 22, 2017

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Después de un momentáneo eclipse (parcial), vuelve a estar de moda entre nosotros. Veo que unos cuantos comentaristas habituales del blog, casualmente todos anti K, me piden que escriba sobre el caso Milani. Los felicito por su nueva preocupación por Memoria, Verdad y Justicia. Por mi parte, pienso como Martín Fierro que “olvidar lo malo, también es tener memoria”, y como Shakespeare “trata a cada uno como se merece, y quién escapará al látigo?”

Pero pienso escribir sobre César Milani, porque creo que es la pieza central -a su pesar- de un hecho político significativo. Una victoria cultural, aunque a definir de qué y de quién. Ahora, voy a ocuparme de otro caso. Porque aunque no sea la temática habitual del blog, me parece importante marcar que “derechos humanos” no se refiere solamente a la memoria de la década del ´70.

En este caso, el asunto empieza con un mail de Marcelo Padilla, el mismo en que me contaba el acoso que sufre por parte del actual gobierno mendocino y que mencioné el viernes pasado. Ahí decía “dadas mis publicaciones en facebook convocando y armando eventos para salir a la calle a pedir justicia contra la doble vara del poder judicial en mendoza denunciando el amparo político del gobierno de Alfredo Cornejo a funcionarios imputados por violencia de género y a un grupo de jugadores de rugby que violaron en grupo a una chica y están en libertad, mientras a los pobres los meten en cana para que esperen en prision la sentencia, hubo una campaña sistemática contra mi cuenta y me la bloquearon 4 veces“.

El asunto salió, curiosamente, en La Nación, con nombres:

El testimonio es desgarrador y sorprendente. Ella misma dice que no sabe qué pasó. De un momento para el otro cree que perdió la memoria, y de a poco, ha podido ir reconstruyendo, con testigos, lo que padeció la noche del 22 de diciembre pasado. La víctima es una joven mendocina de 24 años que asegura haber sido violada por cuatro rugbiers, que conocía previamente, durante una fiesta que organizaron por un campeonato obtenido. Ella también practica ese deporte, por lo que confiaba en ellos. Sin embargo, cree que ese fue su peor error, porque todo se nubló después de recibir un trago, mientras bailaban.

Al otro día, ya en el trabajo, sin poder entender por qué no podía recordar casi nada de la fiesta, hubo un llamado de atención. “Cuando fui al baño sentí dolor en la vagina. Además, una amiga y mi hermana me llamaron y me hicieron la misma pregunta: ¿Qué onda? ¿Es verdad que te acostaste con cinco? Les respondí que no, que era imposible”, relató la víctima al diario local El Sol. Su preocupación y desesperación por lo que le contaban la descompusieron y comenzó a vomitar.

Tras la denuncia en la Oficina Fiscal Nº15, el Cuerpo Médico Forense realizó los estudios pertinentes, pero no se logró determinar la existencia de lesiones producto de un vejamen, más allá de aplicarle el kit de emergencia en casos de violación. Es decir, no hubo violencia física. Sin embargo, podría haber consumido, sin darse cuenta, una sustancia que vulneró su voluntad, por lo que en estos casos el ataque físico de los agresores no hace falta. Una de esas drogas, puede ser la burundanga. Los primeros análisis de sangre no evidenciaron estupefacientes de uso recreativo habitual, como cocaína y marihuana, por lo que se realizarán nuevas muestras para ver si existen rastros de otras drogas. Asimismo, se detectó una mancha de semen en el vestido que usó esa noche la chica; los estudios de ADN podrán develar a quién pertenece.

Mientras, los cuatro jóvenes fueron imputados este martes por “abuso sexual agravado por acceso carnal y por la participación de 2 o más personas”, por lo que se esperan avances en la causa en las próximas horas. Se trata de los jugadores de Rugby Sebastián Vanin (Banco Mendoza), Ignacio Ceschín (Peumayén), Enzo Falaschi (Teqüé) y Lisandro Biffi (Banco), hijo de un reconocido diputado mendocino de Cambiemos, César Biffi, y hermano del titular de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) y entrenador del equipo, Facundo Biffi, quien también participó de la fiesta. “Confío plenamente en la inocencia de mi hijo”, expresó en las últimas horas el legislador.

Asimismo, ya había sido imputado por abuso sexual simple el manager de Unión de Rugby de Cuyo (URC), José “Gaita” Hervida. Todos, la noche del 22 de diciembre celebraban en la casa del “Gaita”, en Chacras de Coria, Luján de Cuyo, el triunfo del equipo masculino de la URC en el Seven de la República, disputado en Paraná, tras derrotar 15 a 4 al seleccionado de Buenos Aires. Hay testigos que dicen haber visto al menos al “Gaita” Hervida y a otro joven manoseando a la mujer.

“Lo último que me acuerdo es que vino uno de los entrenadores (Facundo Biffi, titular de la DEIE) y me dijo: ‘¿No vas a bailar este tema que es el tuyo?’. Así que charlamos, le enseñé el pasito y me acompañó a bailar en la ronda. Alguien me convidó un toc-toc y después otro chico me preguntó qué estaba tomando y le dije que un daiquiri de frutilla, por lo que me trajo uno. Ahí estuvo mi error, en confiar en lo que me convidaron”, contó la joven, quien asegura que al otro día terminó hablando con Hervida, pero que habían muchas contradicciones en el relato que le hacía. Por eso, decidió llamar a uno de los supuestos abusadores, quien le confirmó que habían tenido sexo, que la vio tendida en la cama de la habitación y que estaba un poco mareada.

El caso es de tal complejidad y con dificultades en las pruebas, que en la Justicia hay voces encontradas sobre el final que tendrá esta dura historia. Lo sorprendente es que se trata de un nuevo hecho de ataques contra mujeres que salpica a la política mendocina. No sólo en enero renunció el ministro de Salud, Rubén Giacchi, por golpear a su pareja, Laura García, sino que un legislador justicialista, Mario Díaz, titular de la Bicameral de Seguridad, fue denunciado por su ex esposa por violencia de género“.

Se me ocurre que tiene que ver con los derechos humanos por dos lados: por la violencia, que ahora se usa llamar de género, que también es el uso de una mujer, de un ser humano, como un objeto. Y por el hecho evidente que las garantías del acusado están más vigentes cuando el acusado tiene plata o relaciones.

En un portal mendocino dan más detalles sobre como reaccionó la sociedad de esa provincia. Y, supongo que era inevitable, lo mezclan con otras protestas, con otros motivos. “Repudio y tetazo“, se llama la nota. Ya que estoy, quiero decir también que respeto el derecho de toda mujer de mostrar sus tetas si así le canta. Pero creo que los derechos humanos, y las víctimas humanas, se trivializan cuando se mezclan cosas muy distintas.


Presidente “offshore”

febrero 22, 2017

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Leo en un medio españolLa portavoz de Podemos en el Congreso, Irene Montero, ha anunciado que los representantes de su partido no asistirán a los actos de homenaje al presidente de Argentina, Mauricio Macri, que ha llegado este lunes a Madrid, y sólo asistirán a la sesión oficial de la Cámara Baja con motivo de esta visita.

Según ha dicho Montero en rueda de prensa, Podemos no cree necesarios actos de homenaje a un “presidente off shore que salió en los papeles de Panamá” y que además durante su mandato ha cometido “violaciones de derechos humanos”. (La referencia es a la detención de Milagro Sala)“.

Yo comprendo que para una fuerza política nueva como Podemos, que ha crecido hasta convertirse en una de las más importantes en el escenario político español, pero que mantiene una discusión interna sobre su identidad y su ideología, la visita de Macri es una oportunidad no desaprovechable para tomar una actitud compartida por sus dirigentes y sus votantes. Se la dejó picando. Pero, queridos primos, no les parece que teniendo de Presidente a Rajoy, mucho no pueden escandalizarse?


El PJ, la CGT… y Cristina?: “No me olvides”

febrero 21, 2017

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Ayer hubo una reunión muy importante para el espacio del peronismo (Que es hoy, se puede decir con entusiasmo o con resignación, la principal alternativa al oficialismo actual). Muy importante por lo que estuvo presente. Y también por lo que no estuvo. Vamos a la noticia;

La mesa de conducción del PJ Nacional confirmó que se sumará de manera “orgánica” a la protesta contra el Gobierno nacional. El de ayer fue el primer encuentro de los 5 que realizará la Central obrera esta semana con distintos partidos políticos. Los movimientos sociales, la CTA y varias cámaras empresarias que nuclean a Pymes ya confirmaron su presencia en la marcha que tendrá como epicentro la Plaza de Mayo.

El encuentro fue en la histórica sede del justicialismo en Matheu 130, donde concurrió el triunvirato cegetista: Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña junto a otros dirigentes sindicales como Andrés Rodríguez, Sergio Romero y Omar Plaini. Los recibieron José Luis Gioja y Daniel Scioli, presidente y vice respectivamente; el senador Miguel Ángel Pichetto, Fernando Espinoza (presidente del Partido Justicialista de la Provincia de Buenos Aires), el diputado Fernando “Chino” Navarro; y los intendentes Verónica Magario (Matanza), Gustavo Menéndez (Merlo) y Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas)“.

El resto de la nota, lo que se dijo ahí, es previsible. (Aunque valga la pena hacer notar que después de la reunión, Andrés Rodríguez, de UPCN, sindicalista sabio y prudente si los hay y que debe ser prudente porque sus afiliados, los empleados públicos, eran el sector más anti K -y anti La Cámpora- de los trabajadores, advirtió que si desde el Gobierno no hay una “rectificación de rumbo” económico, los gremios van a incrementar el plan de lucha. El clima social está cambiando).

El punto clave, a mi entender, es que allí en Matheu estaban expresados, sino contenidos, todos los sectores que comprenden lo que Perón llamaba “el dispositivo” del justicialismo: el PJ y a través suyo gobernadores e intendentes peronistas,y el movimiento obrero, y a través suyo los movimientos sociales y los sectores empresarios que pueden sumarse a un proyecto anti “neoliberal”. Todos… menos la ex Presidente, Cristina Fernández de Kirchner, la pre candidata a la que todas las encuestas le dan la mayor intención de voto de cualquier otra figura del peronismo, sean del distrito en el que ella  está haciendo campaña, Buenos Aires, o los demás (¿salvo tal vez Córdoba? Hmmm…).

Es una situación curiosa. No de ruptura. CFK ha demostrado en la práctica que su estrategia está en el peronismo, y ha tenido cuidado de no romper -a pesar de declaraciones imprudentes de algunos de sus miembros- con ese “establishment” peronista. También, hay que decirlo, a pesar de las exhortaciones (digitales) de una militancia apasionada y polarizadora, que afirma con elegancia que al pueblo (los votos) los tiene “en la patita”. Creo que su decisión es acertada. Aunque los gobernadores, los intendentes y los gremios tienen menos poder que el que les gustaría -en la Argentina moderna, el “sabot” lo tiene el Ejecutivo nacional- algo de poder, y de recursos, tienen. Y los gremios, con todos sus defectos, son las organizaciones de los trabajadores. No hay otras.

Sin el peronismo realmente existente, todo lo que podría construir Cristina sería un Frepaso bis. Y todos podemos recordar como terminó el Frepaso original.

Por otro lado, en ese establisment están los que han decidido acompañarla, cómo no. Prominente entre ellos es Daniel Scioli, cuya estrategia personal en los últimos meses está encaminada en esa dirección. En general, la dirigencia del PJ acepta en privado -con mayor o menor entusiasmo- la centralidad de Cristina Kirchner en la elección en Buenos Aires. Luego… se verá.

En cuanto a la dirigencia sindical… ninguno de ellos está ahí por adicción a comer vidrio. Si CFK se muestra capaz de reunir en torno de sí una coalición capaz de alcanzar el gobierno, el movimiento obrero formará parte de ella. Por ahora, se sienten seguros de su propia representatividad, y confían que el 7 de marzo quedará demostrada en las calles.

Atención: es importante destacar que la dirigencia sindical con mayor vocación de protagonismo político, la Corriente Federal de Trabajadores, por ejemplo, e independientes como Víctor Santa María, están cerca de Cristina y se mantienen en contacto con ella.

Igual, aún tomando todo eso en consideración, no es una situación estable. Que el poder estructural y la legitimidad que da en el peronismo la adhesión popular no estén integrados se presta a confusiones, operetas de los adversarios, y, lo más grave, confusión y desaliento en los votantes.

En mi modesta opinión, una parte de la responsabilidad es de CFK. Se ha rodeado de gente que no muestra, por decirlo suavemente, mucha capacidad de sumar, articular al resto. Es leal a ella, por cierto, pero la gente mala puede pensar que es leal porque no sería bienvenida en otro lado.

Pero, creo que la responsabilidad mayor, la falencia más grave, es del peronismo en su conjunto. Porque además de Cristina, no ha surgido en su seno, ninguna otra figura con alguna dimensión política que exprese la oposición clara y sin concesiones a este gobierno y sus políticas antipopulares. Mientras las posiciones políticas del peronismo “oficial”, aún a pesar suyo, aparezcan como blandas y acomodaticias ¿porqué Cristina pondría en riesgo su propia legitimidad mezclándose con ellos? Ella ha conseguido ser opositora sin ser tremendista ni “tirabombas” ¿Por qué para el resto de las figuras de primera línea del peronismo no consiguen hacerlo? ¿Porque le tienen miedo a lo que diga Clarín?


Latinoamérica en la era de Trump

febrero 21, 2017

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Dudé antes de subir este post. En primer lugar, por el título. Estoy convencido -lo he planteado varias veces en el blog- que la etapa del capitalismo financiero que comenzó con la decisión de Nixon de terminar la convertibilidad del dólar con el oro (1972), la Crisis del Petróleo (1973), y la Revolución Conservadora de Thatcher y Reagan (1979…) -las tres, con algún vínculo entre sí- está agotada. Y estamos en los umbrales de una nueva. Ahora, que vaya a llamarse la “era de Trump”… el único que está seguro de eso es el Donald.

Además, no tengo mucha fe en los economistas vivientes con prestigio internacional. Su registro de aciertos es de mínimo a inexistente. Pero debo reconocer que Joseph Stiglitz está entre los que menos han sido desmentidos, o puestos en ridículo, por la realidad.

Entonces, les acerco esta conferencia que dio el mes pasado en Bogotá. Me parece un texto lúcido, y entre nosotros se publicaron partes muy recortadas. Pero sobre todo, quiero rescatar la sugerencia que nos hace a nosotros, los latinoamericanos. Que sea un gringo el que nos lo tenga que decir…!

México debe prepararse para un golpe muy fuerte. Porque más del 60 % de las exportaciones mexicanas son para su vecino del norte. Si la Casa Blanca crea, como anuncia, unos impuestos de importación será algo devastador para su economía. Pero la crisis que se advierte puede ser el punto de partida para que los latinoamericanos establezcan un mercado común, lejos del prevalente intervencionismo norteamericano.La pregunta es quién va a redactar las reglas del comercio en las Américas en el siglo XXI. Latinoamérica tiene una oportunidad de oro para redactar sus propias “reglas de comercio”.

Estos son los otros temas que tocó Stiglitz en Colombia:

El 20 de enero de 2017, Donald Trump tomó posesión como el 45º presidente de Estados Unidos. No me gustaría decir “te lo dije”, sin embargo, su elección no debió causar sorpresa. Como expliqué en mi libro del 2002, Los malestares de la globalización, las políticas que hemos utilizado para manejar la globalización han sembrado las semillas del descontento generalizado. Irónicamente, un candidato del mismo partido que ha impulsado con más fuerza la integración financiera y comercial a nivel internacional ganó las elecciones prometiendo retroceder y anular ambas formas de integración.

Por supuesto, no hay vuelta atrás. China e India están ahora integradas en la economía mundial y la innovación tecnológica está reduciendo el número de empleos de manufactura en todo el mundo. Trump no puede recrear los trabajos de manufactura bien pagados de las décadas pasadas; sólo puede impulsar la manufactura avanzada, que requiere conjuntos de habilidades más sofisticados y da empleos a menos personas.

Entre tanto, la creciente desigualdad continuará contribuyendo a la desesperación generalizada, especialmente entre los votantes blancos en la parte central de Estados Unidos, quienes le sirvieron en bandeja a Trump su victoria electoral. Como los economistas Anne Case y Angus Deaton indicaron en su estudio de diciembre de 2015, la esperanza de vida entre los estadounidenses blancos de mediana edad está disminuyendo, mientras que paralelamente aumentan las tasas de suicidios, consumo de drogas y alcoholismo. Un año más tarde, el Centro Nacional para Estadísticas de Salud de EE. UU. informó que la esperanza de vida del país en su conjunto ha disminuido por primera vez en más de 20 años.

En los tres primeros años de la llamada recuperación tras la crisis financiera del 2008, el 91 % de las ganancias fue a manos de quienes están en el 1 % superior en la distribución de las personas que generan ingresos. Mientras se rescataba a los bancos de Wall Street echando mano de millones de dólares de dinero de los contribuyentes, los propietarios de viviendas recibieron solamente una mísera ayuda. El presidente estadounidense, Barack Obama, salvó no sólo a los bancos, sino también a los banqueros, accionistas y tenedores de bonos. Su equipo de política económica conformado por miembros de Wall Street rompió las reglas del capitalismo para salvar a la élite, confirmando la sospecha de millones de estadounidenses de que el sistema está, como se diría en palabras de Trump, “amañado”.

Obama trajo consigo “un cambio en el que usted puede creer” en ciertos temas, como en la política climática, pero en lo que concierne a la economía reforzó el statu quo, el experimento de 30 años con el neoliberalismo, que prometió que los beneficios de la globalización y de la liberalización “se derramarían gota a gota” para beneficio de todos. En lugar de ello, los beneficios ascendieron para favorecer a quienes están en la parte superior de la distribución de ingresos, esto ocurrió en parte debido a un sistema político que en la actualidad parece basarse en el principio de “un dólar, un voto”, en lugar de “una persona, un voto”.

La creciente desigualdad, un sistema político injusto y un gobierno cuyo discurso indicaba que estaba trabajando a favor del pueblo, mientras tomaba acciones a favor de las élites, crearon las condiciones ideales para que un candidato como Trump aprovechara dicha situación. Si bien Trump es millonario, se puede ver con claridad que no es miembro de la élite tradicional, lo que le brindó credibilidad a su promesa de cambio “verdadero”. Y, a pesar de ello, las cosas permanecerán iguales bajo el mandato de Trump, quien se aferrará a la ortodoxia republicana en materia de impuestos. Además, al designar a miembros de lobbies y de sectores industriales como autoridades en su administración gubernamental, Trump ya ha roto su promesa de “drenar el pantano” en Washington.

El resto de su agenda económica dependerá en gran medida de si el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, es un verdadero conservador fiscal. Trump ha propuesto que los grandes recortes de impuestos para los ricos se combinen con programas masivos de gasto en infraestructura, lo que impulsaría el PIB y mejoraría un poco la posición fiscal del Gobierno, pero no tanto como lo esperan los defensores de la economía de la oferta. Si Ryan no está tan preocupado por el déficit como dice que lo está, dará fácilmente su sello de aprobación a la agenda de Trump y, en consecuencia, la economía recibirá el estímulo fiscal keynesiano que le está haciendo falta desde hace tiempo.

Otra incertidumbre se relaciona con la política monetaria. Trump ya se ha pronunciado en contra de las tasas de interés bajas, y en la actualidad hay dos puestos vacantes en la junta de gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos. Añada a eso el gran número de funcionarios de la Fed que están ansiosos por normalizar las tasas y se puede apostar con certeza a que realmente se van a normalizar, quizás llevándolas hasta niveles que irán más allá de solamente contrarrestar el estímulo keynesiano de Trump.

Las políticas de Trump a favor del crecimiento también terminarán siendo socavadas si él exacerba la desigualdad a través de sus propuestas fiscales, así como si comienza una guerra comercial o abandona los compromisos de Estados Unidos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (especialmente si otros países adoptan represalias mediante la imposición de un impuesto transfronterizo). Ahora que los republicanos controlan la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso, tendrán una relativa libertad para debilitar el poder de negociación laboral de los trabajadores, para desregular Wall Street y otras industrias, y para hacerse de la vista gorda frente a las leyes antimonopolio que ya están instituidas, y, consiguientemente, todo ello va a generar más desigualdad.

Si Trump sigue adelante con su amenaza de campaña sobre la imposición de aranceles a las importaciones chinas, la economía de Estados Unidos probablemente sufrirá más daño que la china. Bajo el actual marco de la Organización Mundial del Comercio, por cada arancel “ilegal” que EE. UU. imponga, China puede tomar represalias en cualquier lugar que elija. Por ejemplo, puede elegir imponer restricciones comerciales dirigidas a empleos en los distritos del Congreso de aquellos congresistas que apoyan los aranceles estadounidenses.

Sin duda, las medidas contra China permitidas dentro del marco de la OMC, como los aranceles antidumping, pueden estar justificadas en algunas áreas. Pero Trump no ha enunciado los principios rectores de la política comercial; además, EE. UU., un país que subsidia directamente a sus industrias automotriz y aeronáutica, y también subsidia indirectamente a sus bancos a través de tasas de interés muy bajas, estaría lanzando piedras en una casa de vidrio. Y, una vez comience este juego de ojo por ojo, muy probablemente podría terminar en la destrucción del orden internacional abierto que se ha formado a partir de la Segunda Guerra Mundial.

Del mismo modo, el Estado de derecho a nivel internacional, que se aplica principalmente a través de sanciones económicas, podría fracasar con Trump. ¿Cómo responderá el nuevo presidente si las tropas alineadas por Rusia intensifican el conflicto en Ucrania oriental? El verdadero poder de EE. UU. siempre se ha derivado de su posicionamiento como una democracia inclusiva. Sin embargo, muchas personas alrededor del mundo en la actualidad han perdido la confianza en los procesos democráticos. De hecho, en toda África he escuchado comentarios: “Trump hace que nuestros dictadores se vean bien”. A medida que el poder blando estadounidense continúa erosionándose en el transcurso del 2017 y de manera posterior, el futuro del orden internacional se tornará más incierto.

Mientras tanto, el Partido Demócrata seguramente hará un análisis post mortem de las elecciones. Hillary Clinton perdió, fehacientemente, debido a que no pudo ofrecer a los electores una visión convincente que fuera marcadamente distinta a aquella de la agenda neoliberal que adoptó Bill Clinton en la década de 1990. Al haber seguido una estrategia política de “triangulación” —la adopción de versiones de las políticas de sus adversarios— por más de una generación, el partido que se encuentra en el lado de la izquierda ya no puede presentarse como una alternativa creíble frente al partido que se encuentra en el lado de la derecha.

Los demócratas tendrán un futuro sólo si rechazan el neoliberalismo y adoptan las políticas progresistas propuestas por algunos de sus líderes, por ejemplo Elizabeth Warren, Bernie Sanders y Sherrod Brown. Esto los pondrá en una posición fuerte frente a los republicanos, quienes tendrán que encontrar la manera de gestionar una coalición entre cristianos evangélicos, ejecutivos de corporaciones, nativistas, populistas y aislacionistas.

Con la llegada de Trump, y debido a que los dos partidos principales ahora están en proceso de redefinición, el 2017 puede muy probablemente llegar a ser recordado como un punto de inflexión en la historia de Estados Unidos y en la historia del mundo“.


Macri y la pared

febrero 20, 2017

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La semana pasada fue movida, aún para los estándares de la política argentina. El gobierno cometió una serie de torpezas (“errores no forzados”, en la jerga del tenis) que lo descolocaron (lo hicieron recular en chancletas, en la jerga del barrio). Ahora, la pregunta que trasciende la coyuntura es ¿hasta que punto lo debilitaron -no en sí mismos, no son lo bastante importantes- sino como síntomas de problemas serios en el mecanismo de toma de decisiones, en su mismo proyecto político?

Para responder a esto, es necesario tener claro que las principales dificultades de un gobierno en un Estado moderno -aunque desorganizado e ineficaz, como el argentino actual- no vienen de los opositores. Sé que es una desilusión para los militantes apasionados, pero los problemas críticos surgen cuando hay desaliento, desmoralización o divisiones en los sectores que los apoyan y sostienen.

En el Clarín de ayer hay algunos elementos que pueden ayudar a contestar la pregunta. No me refiero a las columnas de Kirschbaum ni de Blanck: son soldados del Grupo y llevan adelante su tradicional estrategia con todos los gobiernos: golpear y negociar. Además, saben la lección básica que los medios kirchneristas no lograron aprender: demasiado oficialismo hace un diario aburrido. Es el error fatal.

Pienso, en el plano de la política coyuntural, en la columna de Ignacio Zuleta. Un periodista profesional, con excelente acceso a fuentes de primer nivel, se ha dedicado en el último año a volcarse, sobre todo, al universo macrista. Por eso, su nota es interesante porque refleja como piensan los hombres del PRO y sus aliados radicales:

La cadena de tropiezos de la última semana (Correos, subibaja de las jubilaciones) puso a la coalición Cambiemos al borde de la ruptura terminal. Difícil que pueda superar otra igual, si se repite. Difícil que no se pueda repetir, ya que aunque ocultaron las escaramuzas, los aliados políticos del Pro provocaron un giro de Mauricio Macri de su posición en los dos asuntos. Hasta ese momento, se había negado 1) a hablar en público sobre el concordato del Correo Socma, 2) a revertir la modificación a la baja del cálculo de las jubilaciones. La vehemencia con la cual los bloques de la UCR y la CC enfrentaron esas conductas dieron vuelta la agenda del presidente.

Los términos de ese enfrentamiento fueron más virulentos que los que usó la oposición política ante esos dos temas, que expusieron la improvisación y la desorganización de algunos niveles decisorios del poder Ejecutivo.

Elisa Carrió lo dijo en público en la sesión del miércoles, cuando se discutía la ley de ART y tomó nota de que se había anunciado el nuevo cálculo de las jubilaciones. “¡Dame el teléfono! ¡Quiero hablar ya mismo con estos tipos!” – gritó desde su banca para la escuchasen todos, en particular Diego Bossio. Se sientan banca de por medio y lo había visto tejiendo con Sergio Massa la abstención que podía hacer caer la ley de ART. “¡Quiero la cabeza de Basavilbaso, esto se tiene que arreglar ahora mismo! ¿Qué se creen, que estoy en política hace dos meses?”, remató. ¿A quién le hablaba? A los propios, a los ajenos y a la cuarta pared, la del público, como manda la receta del histrión, que todo político en serio tiene dentro de sí. Con ese tono impuso la cuestión de privilegio para que se votase ART en el acto“.

Los invito a leer la nota completa, cliqueando aquí, por los entretelones que revela, para los que se interesan en eso. Pero creo que es más significativo -como le pareció a ex altos funcionarios y economistas del peronismo- este reportaje, que también apareció ayer en Clarín Económico.

Estamos absurdamente desajustados”, dispara Carlos Rodríguez, economista, formador de economistas, fundador del Centro de Estudios Macroeconómicos Argentinos (CEMA) y actual rector de la evolución de ese centro, la Universidad del CEMA. Señala que “la economía es un descalabro” y explica que el principal problema de la actual administración “es la falta de liderazgo y tener a los animal spirits en contra”, parafraseando a John Maynard Keynes*. También que privilegiar la lucha contra la inflación a costa del nivel de actividad es un error y que la política de endeudamiento masivo es insostenible.

-¿Por qué habla tanto de política?

-Parte del problema económico es que Macri basó su estrategia de poder en Cambiemos en un boom económico que se iba a generar por las inversiones que llegarían a la Argentina luego de su triunfo. Nosotros le avisamos que eso no sucedería porque no hay poder político. La coalición de Gobierno no genera confianza. El tema es que no te va a venir una lluvia de inversiones cuando tenés elecciones de medio término y cuando ganaste por un punto contra un candidato devaluado. Y ganaste con una coalición inestable, por decirlo suavemente. Y ganaste, además, reuniendo a todos los anti k. Recuerdo que ya desde el año pasado, el anteaño en realidad, después de las elecciones yo recontratuite mil veces que no hay poder político. No hay peronistas en el gobierno y eso significa que no están los votos suficientes para impulsar los cambios necesarios.

-Pero no empezó mal el Gobierno …

-Empezás mal ya en enero (de 2016) cuando anuncias que las tarifas aumentarían un 5000%, y la gente se asustó y dejo de consumir. Venías con un nivel de actividad en baja, pero nada dramático, y con ese anuncio se deprimieron los animal spirits, como decía Keynes y se impuso la recesión. Acentuó en serio la recesión en febrero. Aterrorizaron a todos los votantes. Los animals spirits hacen que la gente no consuma y no vienen los inversores porque tenés elecciones. No hubo lluvia de dólares y no va a pasar.

 

Sigue cayendo la producción sectorial, las ventas bajan, el consumo cayó en todo el año. La economía es un descalabro. ¿Por qué? Porque hay miedo a lo que va a pasar si se hace lo correcto. Así, las personas no quieren consumir y las empresas no invierten. Hagan lo que hagan. La plata no va a gasto. Y ni siquiera entra al circuito monetario. El efectivo entra al banco y de ahí van a las Lebac’s.

-¿Hay error de diagnóstico o de instrumentación?

-Yo creo que el gobierno tiene un único objetivo que es bajar la inflación. Creen que van a ganar las elecciones con un sólo número, que es una baja en la inflación. Fíjese lo que pasó con esa medida, “extraña” (dibuja en el aire las comillas) por lo menos que son los precios transparentes. Es una medida está destinada a bajar la tasa de inflación a lo que venga. Esperaban que el precio financiado siga constante y baje el contado. La gente sólo se fija si puede pagar la cuota, pero el INDEC registra los precios de contado entonces obtuvieron una pequeñísima baja en la inflación a costa de una fuerte caída en las ventas. O sea: todo mal. Subieron las cuotas y el contado bajó muy poco. Es como si sus asesores les dijeran: no importa la reactivación, sino la tasa de inflación.

-Pero ¿no es bueno bajar la inflación?

-Yo hubiera preferido un 40% de inflación con la economía funcionando y no un 20% con la economía a punto de explotar por la caída en el consumo y la recesión. Me parece que así como lo de precios transparentes es un error técnico, por definirlo de alguna manera, hubo una decisión de política económica de privilegiar la baja de la inflación en lugar de apostar a la reactivación. Y están errados.

-¿Se puede controlar el nivel de precios con las metas de inflación?

-Yo no creo en esa economía rara que definen como “metas de inflación”. Lo que yo aprendí en Chicago con Milton Friedman es que para bajar la inflación no hay que tener déficit fiscal y no hay que controlar las tasas de interés. Es nuevo que el BCRA fije las tasas y no la cantidad de dinero. Para mí eso es un experimento de pizarrón moderno. Claro que puede funcionar en países con 2, 3 o 4 puntos de inflación. Ahí funciona cualquier cosa. Pero nosotros no somos así. La base monetaria a fines de enero creció el 48% y dicen que la inflación será el 17%. No sé como lo harán. Con ese crecimiento de la base y un déficit fiscal base del 6%, porque no habrá blanqueo, … un cuasifiscal enorme por las Lebac’s … no puede ser una tasa de inflación real como dice el gobierno.

 

-¿Es correcto endeudarse para financia el déficit?

-No es sustentable el endeudamiento como lo están haciendo ahora. La prioridad del equipo económico es tomar deuda que, dicen, van a pagar con crecimiento, pero eso no sucederá. La gente piensa que la cosas no están bien y como no hay crecimiento, todo se agrava.

-¿Qué va a pasar con el dólar?

-Si supiera qué va a pasar con el dólar sería millonario. En serio, debido a la extraordinaria emisión de deuda se produce una revaluación del tipo de cambio que es insostenible. Con algo llamativo: un ingreso legítimo de capitales implica un dólar barato que se asoció a tasas más bajas y reactivación económica. Esto no sucede ahora, quizás porque es deuda, no capitales legítimos. Me intriga. Pero creo que tiene que ver con lo que estábamos hablando: no tienen los votos ni el liderazgo“.

Este reportaje es interesante, entre otras cosas, porque -salvo por la diferencia fundamental en los sectores sociales que toma en cuenta- las críticas a la política económica podrían haber sido hechas por un economista peronista tradicional como Eduardo Curia (Un neokeynesiano como Kicillof pondría diferentes énfasis). Pero ese no es el punto. La clave política es que Carlos Rodríguez es un vocero natural de los sectores del poder económico más afines al proyecto macrista.

¿Amenaza esto la estabilidad del gobierno? No. Ni los políticos de la coalición oficialista ni tampoco el “círculo rojo”, los diversos sectores del poder económico, tienen otro presidente hasta el 2019. Pero Macri ha perdido la confianza que le había ganado su victoria del 2015. No esperen cambios dramáticos: la lectura del Mauricio es, estimo, que si los hiciera, su poder se licuaría aún más. Pero creo que ya se puede hablar de una segunda etapa en su gobierno, más condicionada. Por ahora, por los mismos que lo han apoyado.


Argentina Nuclear, 2017 – XLIX: La electrónica argentina que llegó a ser

febrero 19, 2017

Este capítulo -¡ya vamos por el 49°!- de lo que ya debería llamarse “La Historia Moderna de la Tecnología Argentina”, es especial. En el plano político, es la continuación del anterior, una visión del Mercosur que pudo haber sido y no fue. En lo industrial y tecnológico, es la historia de una gran epopeya argentina. Que involucró, dio empleo y sueños a centenares de miles de argentinos, e influyó en la vida de todos. Y hoy está totalmente borrada de la historia, de las crónicas periodísticas que se publican y hasta, en gran parte, de la memoria popular. Cuando entendamos los mecanismos que produjeron este vacío, tendremos la clave de la frustración argentina.

  1. La gran electrónica argenta

varsavsky

cifra

El hombre y la obra: el astrofísico Carlos Varsavsky y las Microcifra 10 científicas, que en 1975 ya se exportaban a Europa. Como concesión a los EEUU, usaban punto decimal, en lugar de coma.

Y así los brasileños le hicieron a Manolo Sadosky la propuesta de la ESLAI, la Escuela Latinoamericana de Informática, para ir formando una mejor base de profesionales en el subcontinente entero. Como les sucedía con los asuntos atómicos, los primos tenían plata y la gastaban a espuertas en abrir y ampliar universidades. Ya empezaban a cosechar ingenieros, y buenos.

Pero eran esclavos de su pasado: les faltaba un siglo entero incubando un sistema educativo público de excelencia de punta a punta. Sadosky era Mariano Acosta + UBA, matemático, físico e informático. Varsavsky era Nacional Buenos Aires + UBA, astrofísico por una parte, y organizador industrial experto en prospectiva. Los propios ingenieros Madanes, una luz para la política y los negocios, jamás habían pisado un aula privada. Eran gente muy polivalente y de un nacionalismo nada declamatorio.

La historia de CIFRA entre 1969 y 1976 todavía eriza la piel. Bajo protección aduanera puesta por Aldo Ferrer durante la presidencia del general Roberto Levingston, y con Julio Broner, líder de la entonces potente Confederación Económica Argentina(CGE) – como para que se mantuviera en tiempos del general Alejandro Lanusse-, aquellos Madanes estaban inventando otra Argentina. Con tecnología 100% salida de la Universidad de La Plata, sin pagar un dólar de royalties a ningún consultor externo, acababan de fundar ALUAR en Madryn. La idea era transformar bauxita importada en aluminio nacional en lingotes. Lo quería la Fuerza Aérea quería para su Fábrica Militar de Aviones de Córdoba, por si había pesto con vecinos y pintaba boicot de proveedores externos.

Como reducir bauxita a metal es un proceso electrolítico que consume barbaridades de energía, a ALUAR Lanusse le construyó “gratarola” la central hidroeléctrica de Futaleufú, en la lejana cordillera, y un electroducto de 500 KV que cruzaba 300 km. de la estepa chubutense. El 99% de la electricidad se la “bebía” la inmensa ALUAR y con el 1% restante, sobraba para iluminar Trelew y Madryn. Paradójicamente, aunque ALUAR refundó Madryn y la hizo lo que es hoy, el único enclave patagónico de valor agregado, después de Bariloche, la Fuerza Aérea nunca le pidió “dural”, aleación de aluminio aeronáutico. No sé por qué razón, lo siguió importando. Pero el país se llenó de cerramientos, autopartes y matricería de aluminio argentino.

En el cenit de su poder económico, político e intelectual, aquellos Madanes y los discípulos de Sadosky hicieron de CIFRA uno de los 10 mayores fabricantes de calculadoras del mundo. Sí, leyó bien. Y la firma, conste en actas, no era un armadero fueguino: tenía tecnología propia integrada verticalmente: impresoras, memorias, carcazas… ¡Diseñaba sus propios chips con sistemas CAD en 1970! ¡Y los fabricaba, junto con los “leds” de las pantallas, en una planta de 1400 personas!

¡Y qué innovación! De 1973 a 1974, las CIFRA pasaron de tener 150 circuitos integrados a sólo 7, y mayor potencia de cálculo.

Aquellas máquinas tenían una impecable belleza y no había modo de romperlas. Literalmente hidrolavaron y rasquetearon del mercado nacional a Olivetti, IBM y Phillips, para luego inundar el latinoamericano hasta el Río Grande. Mientras en casa CIFRA era dueña del 50% de las ventas, en México, capturó el 30% en las barbas mismas del Tío Sam. En la orilla norte del Río Grande, Texas Instruments, encantada. El único mercado donde las “multis” del Hemisferio Norte le lograban armar una especie de Línea Maginot era… je, Brasil. ¿Cómo nos iban a olvidar, los vecinos?

En 1975 las CIFRA ya cruzaban el Atlántico rumbo a dos países de Europa, gracias a la “MicroCifra”, la segunda calculadora de bolsillo de la historia después de la Hewlett Packard 35, y la primera con capacidad de operaciones científicas y financieras. Aquí copó la región de movida, para desconcierto de Japón, que estaba llevándose puesto el resto del planeta con Casio, Canon, Sharp y Sanyo.

Cuando se quisieron acordar, los Madanes tenían 400 distribuidores en Argentina, unos 100 más afuera, y las maquinitas criollas pintaban hasta en la República Federal Alemana. El 30% de la producción se exportaba. El 15% de las utilidades se invertía en Investigación y Desarrollo.

La craneoteca de FATE Electrónica tramaba ya la serie 1000, una proto-PC de escritorio, sin teclado gráfico o pantalla independiente. Ahora el rival a barrer era IBM y el nicho computacional, el de las máquinas “mainframe”. La FATE 1000 tenía la potencia de cálculo de una IBM 370, la cual en comparación, por tamaño y forma, parecía una heladera adosada a un piano. La maquinita criolla intentaba una revolución conceptual: la transformación de la computadora como bien de capital en otro de consumo.

Y ahí quedó. En la búsqueda de ese cambio de paradigma, la CIFRA 1000 no llegó a enfrentarse jamás con IBM. Tampoco pudo batirse con un adversario aún más elegante, avanzado y temible, un artilugio modular con pantalla, teclado y mouse, que dos hippies de nombre Steve y apellidos Jobs y Wozniak respectivamente, pergeñaron en un garaje de Los Altos, suburbio de Los Ángeles. Hoy el lugar es sitio histórico: fue la cuna de la Apple II, que vendió unas 6 millones de unidades y cambió la historia de Jobs, Wozniak y el mundo.

La Apple II y la CIFRA 1000 coincidían en ser aparatos difíciles de imaginar para los ingenieros en sistemas, y casi amigables para quienes no sabemos un comino de computación. Jobs y Wozniak sacaron su producto sin el respaldo financiero e industrial de Madanes, pero en un ecosistema económico y tecnológico de inmensa potencia: el californiano. A aquellos Madanes, en cambio, se les estaba incendiando el país. Varsavsky se tuvo que rajar a los EEUU cuando mataron a su sobrino David, y con muchas amenazas de muerte encima. Murió allí como lo que había sido antes: un radioastrónomo académico.

Jobs dejó este mundo en 2011 sin haber siquiera oído de la marca CIFRA. El diseño de la ya antideluviana 211 tenía ese minimalismo “cool” de Apple. Pero esa firma (hoy la más valiosa del mundo) nunca pasó por el Rodrigazo y trascartón, por el industricidio traccionado a genocidio de aquel otro hijo de su madre, para quien era lo mismo producir aceros o caramelos, esquelético señor con apellido de hoz pero guadaña de Parca, quien con su apertura de de aduanas, de chupaderos y de financieras exterminó no sólo a miles de personas y empresas, sino también la noción misma de capitalismo tecnológico en Argentina.

Lector@s, no me fumé nada raro. Cualquiera que supere los 58 vio y usó las máquinas CIFRA. Quien conserve alguna, que la cuide: son objetos de culto en Internet. Cuando en 1978 las primeras Apple II llegaron a la Argentina, más como chiche de ricos que otra cosa, los restos mortales de FATE Electrónica fueron comprados por la firma japonesa electrónica NEC. Para su entierro.

Pero quién nos saca la copa del Mundial, ¿eh?


Un Scioli para Ecuador

febrero 19, 2017

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Uno de los problemas clásicos de la política es el de la sucesión. No; no lo voy a tratar en un posteo: no soy tan superficial. Pero si tengo ganas de tocar -de refilón, dirían en mi barrio- una de sus manifestaciones que tenemos muy cerca: la sucesión de los liderazgos en los procesos -moderadamente distributivos, moderadamente nacionalistas, democráticos y progres- que se abrieron en este siglo en la América del Sur, después del fracaso de las experiencias “neoliberales”.

Hay un hecho que salta a la vista: en general, las sucesiones no han sido exitosas: no se ha logrado una razonable continuidad. Atención: es necesario preguntarse si la debilidad estuvo en la sucesión… o en el proceso mismo.

Vale la pena entonces que miremos a Ecuador, que hoy elige quién va a suceder a Rafael Correa, el líder de la Revolución Ciudadana. Es un país pequeño, para las dimensiones de este subcontinente. Igual, es más extenso que el Reino Unido de Gran Bretaña, para dar un ejemplo. Más de 16 millones de habitantes, petróleo, biodiversidad… Muchos argentinos ya lo conocen como destino turístico.

Tengo que aclarar algo de entrada: no estoy diciendo que son parecidos Daniel Scioli y Lenín Moreno. Pero sí me parece evidente que son dos casos de una misma forma de encarar la sucesión a un liderazgo fuerte. Ya es distinto el caso de Dilma, después de Lula. Más diferente todavía es el de Maduro, después de Chávez. Y Evo… parece que quiere que lo suceda Evo.

Confieso que se me ocurrió encarar este tema cuando leí en la revista Panamá -siempre estimulante- el artículo del sociólogo Franklin Ramírez. Cuando lo hagan ustedes, creo que les va a pasar lo que a mí: escucharán un eco de discursos que ya hemos oído. Y de problemas que conocemos.

Buena suerte, hermanos ecuatorianos.

“Hay que abrir los brazos a quienes no coinciden totalmente con la postura de uno”, dice Lenin Moreno. “A los ciudadanos que estén con nosotros les pedimos que no se refieran de modo insultante a las otras candidaturas”, enfatiza. Y prosigue: “se deben refrescar las relaciones internacionales del país”. “Continuidad, no continuismo”, resume.

La puesta a distancia con Rafael Correa quedó esbozada desde las primeras declaraciones del nuevo candidato presidencial del movimiento gobernante. Su puesta en escena no se agota ahí. El tono halagüeño con que hace referencia a la gestión del aún Presidente englobó el relato de estreno: “Rafael tiene razón, los líderes aceleran la revolución, los pueblos la hacen”; “la Revolución Ciudadana ya es una leyenda…algún día le dirás a tus nietos, como mi abuelo me contaba sobre Alfaro, yo cabalgué junto a Correa…”.

Aunque la fórmula –linsonjero y distante- parece novedosa, quizás no hace sino condensar de modo edulcorado el clima de opinión trazado por la lucha política de años recientes. Entre la identidad aniquilatoria de las fuerzas de oposición –su proyecto de país es borrar toda huella de la Revolución Ciudadana del cuerpo social- y los sueños de cierta militancia radical de AP con la vida eterna del aún Presidente, Lenin Moreno sugiere surfear en las aguas calmas de un acompasado alejamiento de la ‘década ganada’: “…a pesar de todo esto hay gente que dice que quiere echar todo al tacho de la basura, ¡qué sinverguenzaría!…no compañeros, el pasado no volverá pero ahora tenemos que hablar de futuro, un futuro luminoso, en el que vamos por más, mucho más”. Ni transfiguración, ni calco. Des-correización en cámara lenta.

Cualquier lectura escéptica sospechará de una suerte de distanciamiento táctico y teatralizado. El día del lanzamiento de la candidatura de Moreno –durante la Convención Nacional de Alianza País- se pudo escuchar, sin embargo, la enconada diatriba del Presidente contra las facciones de su movimiento que sugerían que con Lenin debe emerger otro engranaje político: “continuismo sí, pero sin los mismos”. Nada más torpe, refunfuñó. No parecía de plácemes con la idea de cualquier desapego del ADN correísta de las filas de la Revolución Ciudadana. La cruda respuesta del mandatario contra las demandas de renovación de su movimiento parecían, esta vez, más que un capricho. Con cifras en mano podía reivindicar que su proyecto goza del suficiente anclaje popular para, en ese momento (y quizás aún hoy), resolver la lid electoral en primera vuelta.

En un entorno de prolongado enfriamiento económico, y de desgaste del “gran líder” luego de una década de gobierno, dicha posibilidad parecía absurda. Pero es lo que venía mostrando la demoscopia y cuando reina la democracia de audiencia, las encuestas contienen la carne y el espíritu de las convicciones. Por ello mismo resultaba desconcertante, por decir lo menos, que el Presidente desatendiera la otra parte de los numeritos en ciernes, aquella que evidencia que en conjunto las fuerzas anti-correístas –tal es su seña de identidad política- pueden englobar tanto o más voluntades que las listas 35-AP. Su fragmentación, más o menos sobreactuada, no esconde la relevancia de una corriente de opinión que se muestra profundamente agotada de la figura del mandatario y que sueña con la hora de la posesión del nuevo presidente. Nada evita más la frustración que carecer de grandes expectativas.

Es ahí donde entra en juego la (im)pertinencia del suave relato de Moreno. Su toma-de-distancia con Correa pretende colocarlo en el mismo terreno que han querido cosechar solo para sí las candidaturas de oposición. Les arrebataba de ese modo el monopolio de la explotación política de la fatiga con el correísmo mientras se posiciona al abrigo del significante del cambio. Nadie queda ya por fuera de ese signo de (fin de) época. A diferencia de las huestes de Nebot, Lasso o Moncayo, sin embargo, Moreno alcanza a contener también las brasas y lealtades del bloque gobernante. Solo desde allí podía hacer efectiva la compleja operación de ‘seguir estando en’ y ‘tomar distancia de’ la Revolución Ciudadana.

Este relativo distanciamiento –pactado o conquistado, oceánico o fluvial, ya se verá- aparecía a la vez como un recurso estratégico a fin de construir una candidatura blindable a la incertidumbre de los precios del petróleo, a las denuncias de corrupción y al rompecabezas del lugar que el ‘gran jefe’ ocuparía en la dinámica de la campaña. Más allá de esos combates, si el operativo de puesta-en-distancia contenía algún sentido promisorio, ese era el de forjar las condiciones políticas para reimaginar las vías de la emancipación luego de una década de contradictoria evolución del más ambicioso programa de transformación social que haya experimentado el país desde el retorno democrático. Cuando se proclamó la candidatura de Moreno iniciaban los preparativos para conmemorar “los diez años del proceso” y la Comisión Ideológica de AP ya había redactado el programa para el próximo mandato. Gobierno y Partido cerraban filas en torno a un relato apenas retocado. Guionizaban así a su nuevo portavoz. Cuando, ya presidenciable, Moreno se refirió al programa (y al partido) desde una enorme lejanía –“Ellos hablan de doce revoluciones, yo pienso que son grandes objetivos nacionales. Habría que revisarlos de uno en uno, muchas veces la memoria no alcanza para recordarlos todos”- la disputa parecía abrirse hacia el corazón mismo de la política del cambio.

El conato (auto) crítico quedó, no obstante, limitado por los devaneos tacticistas del entorno del nuevo candidato y tendió progresivamente a restringirse a su performance como la cara dialogante de la Revolución Ciudadana. “Yo se escuchar”, repite a donde va. Ese talante de Moreno es de sobra conocido desde sus días como vicepresidente. Siempre pudo sentarse con sirios y troyanos. La política del consenso y la renuencia al conflicto cotizan muy alto en los mercados y en los think thanks liberales pero no dibujan los contornos de un real programa de gobierno. Destrabar el debate democrático en la sociedad y en las instituciones es fundamental para apuntalar la transición en curso siempre y cuando se hagan explícitas las líneas centrales con que la política imagina la sociedad por venir mientras se deja impregnar por ésta. Sin dichas coordenadas no hay puntos de referencia expresos para distinguir los bemoles de la continuidad o los decoros del continuismo. Y sin embargo, ni en su calidad de vice-presidente ni en su faceta de candidato, Moreno ha mostrado especial propensión para posicionarse frente a los grandes litigios de la sociedad y para visibilizar sus particulares convicciones políticas. En ese sentido, la distancia con Correa es abismal y congénita. En el corazón de su escenificación del cambio anida la interpelación afectiva al electorado, la indiferencia con la batalla de las ideas, la repulsa a nombrar el conflicto, las dudas sobre la capacidad de conducción de la política, en fin.

Moreno nunca ha dejado de dirigirse al país desde tales registros. Ni el ‘opus-deíco’ banquero Guillermo Lasso –que luego de cinco años en campaña sigue en segundo lugar aún si no ha conquistado sino a dos de cada diez electores- parece tan pautado como el candidato de AP por el guión post-político que impera en los mercados electorales de la región en medio de los éxitos duranbarbistas contra la furia politizadora del populismo sucio.

Luego del ciclo de polarización abierto en 2007, la pax post-correísta puede encarnar para muchos el significado más elevado de lo que esperan de un nuevo gobierno. Quebrar la centralidad del antagonismo no prefigura, sin embargo, cualquier agenda democrático-popular. Resulta inimaginable la persistencia de la transformación social cuando se elude de plano la productividad del conflicto. Entre sus ofertas electorales, de hecho, Moreno apenas si ha situado alguna línea de reforma política que pueda confrontarlo con algún sector social. La narrativa revolucionaria trasmutó en política de la ternura (“obras con amor”). Bastiones duros de la revolución ciudadana se confiesan desheredados. Dudan. El signo más consistente de la reconducción en curso es el desconcierto.

En todo caso, hasta la fecha, semejante ambivalencia –el restringido modo que Lenin Moreno supo poner en escena para cuajar la fórmula del cambio en la continuidad- permite a AP encabezar las encuestas. En medio de un cierre de campaña atravesado por denuncias de corrupción en altas esferas gubernativas parece difícil, no obstante, que aquello le alcance para cumplir el objetivo fundamental del oficialismo: ganar en una sola vuelta. Ello exigiría de Moreno una demostración de extrema firmeza respecto a los límites del proyecto que representa y a la necesidad de combatir la impunidad. Su guión pacificador, empero, no parece programado para esa clase de exabruptos.


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