El tiempo, la suerte y la meritocracia

septiembre 21, 2020

La discusión política en nuestro país no se destacará por su rigor y precisión, pero al menos sobrevuela temas profundos. El del mérito, por ejemplo, irrumpió en estos días y llena espacio en los medios y en las redes sociales. Con enfoques distintos, como era inevitable, según desde qué lado de la “grieta” se habla. Lo que llamaría la atención -a alguien que no nos conozca- es que quienes se referencian políticamente en el hijo de uno de los hombres más ricos de Argentina levantan la bandera del mérito y el esfuerzo personal. Y los que se referencian en una mujer nacida en un hogar de clase media baja señalan el papel fundamental de las condiciones sociales.

Como sea, en el debate se dijeron cosas inteligentes y también estupideces. Para ponerlo en contexto -y evitarme el riesgo de empezar con la segunda categoría- acerco una opinión poderosa, de algo menos de 3 mil años atrás: “Vi además que bajo el sol no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla; y que tampoco de los sabios es el pan, ni de los entendidos las riquezas, ni de los hábiles el favor, sino que el tiempo y la suerte les llegan a todos.

En el Eclesiastés encuentro un tono escéptico, aunque los eruditos cristianos y judíos me desmienten. Pero la mayoría de los textos religiosos tradicionales son todavía más firmes en marcar que los méritos y los esfuerzos de los seres humanos son mucho menos importantes que la Gracia de Dios.

Lo que quiero señalar es que el énfasis en el mérito y el esfuerzo personal son conceptos modernos. Cualquiera que se detenga a pensar un rato, y no sea un completo imbécil, se da cuenta del papel fundamental que el tiempo y la suerte juegan en su vida y en la de todos.

Hace pocos siglos que empezó a instalarse la idea que un hombre o una mujer podían elevarse por encima de las circunstancias de su nacimiento por su esfuerzo . Siempre existió, claro, la posibilidad para algunos de subir, al menos unos cuantos escalones, por la guerra, el arte, o la religión. Pero que la mayoría de una sociedad pueda mejorar su destino y acceder a todos los frutos de la civilización… aún los griegos clásicos, audaces en el pensamiento, habrían dicho que era hubris, soberbia.

(En realidad, esta idea les molesta actualmente a no pocos. Porque este rechazo no se reconoce abiertamente, pero se ha extendido. Antes era patrimonio de las aristocracias tradicionales; ahora se encuentra en otras categorías sociales, en especial en la de “piojos resucitados”.)

El punto a donde voy (por un camino sinuoso) es que en Argentina teníamos -aún en los tiempos en que había muchas barreras sociales y económicas y policías bravas para impedirlo- una institución dedicada a la igualdad de oportunidades: la escuela pública. Incluso tenía un etos igualitario, simbolizado en los guardapolvos blancos en la primaria. Hijos de inmigrantes y de ministros estudiaban -durante algunos años- en las mismas aulas.

Existían, como ahora, las escuelas privadas. Eran para las colectividades que querían mantener valores o símbolos de pertenencia. Y para los “repetidores”: los alumnos demasiado brutos para la enseñanza oficial.

Por supuesto, hay muchas críticas válidas que pueden hacerse a la escuela pública argentina como existió en el siglo XX. (Muchas las hicieron polemistas que compartían profundamente los ideales igualitarios, pero estaban enganchados en alguna discusión europea ¿Ya mencioné el nivel del debate político local, no?).

El hecho es que hemos destruido casi por completo esa función igualadora de la escuela pública. No voy a ponerme ahora a escribir sobre esa catástrofe: lo han hecho otros, y este posteo se alargó mucho más de los dos o tres párrafos que tenía en mente. Salvo… apuntar que entre los mecanismos de su destrucción el que se menciona menos es uno de los más decisivos y que viene de más atrás: los bajos sueldos.

Lo que me interesa plantearles, lo que puede justificar estas líneas casuales, es que una tarea fundamental para la Argentina es reconstruir la educación pública.


El modelo sueco

septiembre 14, 2020

Este posteo -como otras criaturas bizarras- está vinculado a un título de Clarín “De polémico a consagrado: así vive y piensa Anders Tegnell, el padre del modelo sueco contra el coronavirus“.

Empiezo por reconocer que no es un tema clarinista exclusivo, aunque quizás ahí exageren un poco; en la bajada dicen “Nuevo héroe nacional“. En los medios europeos también se le ha dado bastante espacio en estos días, en medio de los debates sobre el “modelo sueco”: no se decretó cuarentena, no se instaló el uso de barbijo. Está claro que en Europa están tan hartos de las restricciones como aquí.

Y es cierto que hay una cierta fascinación con la figura de Tegnell en algunos sectores de la sociedad sueca, y no sólo allí. Como símbolo de la decisión de asumir un riesgo (que se cree menor) y afirmar la libertad personal. “La voluntad de poder”, de Nietzsche, en versión simplificada para los que leen en el celular.

Justo ayer, en AgendAR publicamos las estadísticas de muertes atribuidas a COVID-19 de una decena de países. Y yo me tenté a lanzar un tweet -uno ironiza sobre la cultura de redes, pero no es inmune: “¿Será SUECIA el país generoso? Según Clarín, con bastante más del doble de muertes x habitante que aquí, llegás a Héroe nacional“.

No es de la pluma de Voltaire, ni de Borges. Pero lo interesante aquí es una respuesta (bastante coherente, para lo habitual en Twitter): “El detalle es que las muertes de ellos hoy tienden a cero, que nunca cerraron escuelas, que todos siguen haciendo sus vidas, que no se desatendieron otros temas de salud; acá estamos destruidos moral y economicamente, enfrentados; en el pico aumentando las muertes cada día“.

Creo que algunas de esas afirmaciones son equivocadas: los casos y las muertes en Suecia no tienden a cero. La curva sigue subiendo, aunque más lentamente que aquí. Nuestra “destrucción moral” y la “económica” empiezan en fechas muy distintas, según los criterios morales y económicos que mantenga cada uno. Pero todas esas diferentes fechas son muy anteriores al inicio de la pandemia.

Pero quiero ser justo. El tuitero en cuestión tiene un argumento, y ya lo reconocí de entrada: la cuarentena es una carga pesada para la mayor parte de las personas, aunque sea tan parcial como la que seguimos -más o menos- en Argentina.

Entonces me decidí a hacer unos cálculos. Estimativos, por supuesto. Como se dice en la nota: “estos números son provisorios, varían día a día, los cambios llegan a ser significativos conforme pasan los meses. Cuando concluya esta pandemia, se podrá evaluar mejor lo que se hizo y los resultados.” Pero dan una idea.

Suecia tiene -hasta el 13 de septiembre- 330,91 muertes por millón de habitantes más que nuestro país. Como Argentina tiene varias veces la población de Suecia, una política como le gusta a Tegnell, y a mi interlocutor tuitero, le habría costado hasta ayer -en este cálculo teórico- 14.890 muertes.

Ni la matemática ni la epidemiología pueden decir si es preferible cargar con el peso de la cuarentena o de las (previsibles) muertes. Es una cuestión de valores. Con criterios “libertarios”, “darwinistas” o “nietzscheanos” se puede decidir que es mejor correr el riesgo y no aceptar las restricciones.

Confieso que, por mi parte, hasta podría considerar los argumentos… si alguien pudiera garantizarme que ni yo ni ninguna persona que aprecio estaría entre esos 14.890. Pero no existe esa garantía. Así que yo voy a seguir con el aislamiento y usando barbijo. ¿Ustedes bien?


La resistible ascensión de Horacio Rodríguez L.

septiembre 12, 2020

Como pasa a menudo, tengo que empezar con una aclaración. Este breve y superficial posteo no tiene nada que ver con la obra teatral de Brecht. Es que el título era demasiado bueno para dejarlo pasar…

El hecho es que la semana que pasó fue muy afortunada para el jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma. A cambio de sólo un 1% de la coparticipación federal para su distrito -bastante menos de lo que un gobierno nacional en mejor situación de poder le impondría- dio un paso muy grande para instalarse como el precandidato presidencial de la futura coalición opositora.

Y como la acumulación de poder en política se basa en expectativas y es piramidal, esto lo posiciona muy bien para el desafío más cercano: la confección de las listas con las que la actual coalición opositora dirimiré perfil y cargos en las elecciones legislativas del año que viene. Nada mal, Pelado! dirían en mi barrio.

Hay que tener presente que Horacio ya tenía muy buenas cartas. Maneja el 3° presupuesto más grande de la Argentina, y si bien la plata nunca sobra, está mucho menos ahogado que quien maneja el 1° (Alberto) o el 2° (Axel). Y la ciudad que gobierna es la principal vitrina del país desde que hace 440 años Garay abrió las “puertas a la tierra”.

Su principal obstáculo era que el sector más envenenado de esa actual coalición opositora lo veía en la TV demasiado cercano al Alberto y, peor aún, al Axel. ¿Infectado de peronismo, o de esa nueva mutación del viejo virus, kirchnerismo?

Ese sector “envenenado” quizás sea -o no- mayoría entre sus posibles votantes. Lo cierto es que es el más activo y ruidoso de su militancia, digital y hasta presencial. Por supuesto, no sirve para gobernar (como tampoco sus equivalentes de Nuestro Lado) pero un dirigente tiene que tomarlos en cuenta para evaluar lo que puede hacer y hasta dónde quiere llegar (ídem por aquí).

Ese problema se lo solucionaron esta semana. Además, le dieron un montón de publicidad gratis (el costo fijo ya estaba): los medios opositores -son los que tienen más audiencia, pero eso es para otro posteo, menos light)- convirtieron este “conflicto” Nación vs Ciudad, en EL tema de estos días. No sólo por su ejercicio opositor: nuestro periodismo es metropolitano y siempre se hace eco de las preocupaciones de los prósperos.

¿Y de Nuestro Lado, qué? No se puede decir que el asunto haya sido pura pérdida (inclusive sin tomar en cuenta que fue una solución exitosa al problema mediático que planteaba la rebelión de los pitufos). Alberto Fernández encontró un Adversario más actual que Macri, que ya es el pasado.

Algo muy importante, que a los medios “nacionales” (porteños) les cuesta percibir: en un conflicto Ciudad vs Nación, la mayoría del país se va a inclinar contra los del Puerto. Roca lo sabía. Es cierto que a los bonaerenses también se los ve como porteños, pero cuando la discusión es sobre fondos nacionales para la Capital, ahí no hay ambigüedad.

Y una percibida candidatura del Horacio -este es un aspecto más teórico, pero este blog a veces se permite estos desvíos- es más afín al “etos” original del PRO -porteño, hedonista, de clase alta y media alta- que la del Mauricio, que conservaba para muchos la imagen de presidente de Boca.

Los intentos de conseguir votantes “socialmente peronistas” -que fueron una parte decisiva del voto a favor de Macri en el ajustado balotaje de 2015, continuarán, por supuesto. Es imposible ganar una elección nacional en Argentina sin algo del voto de la clase baja y media baja. La reciente promoción de un “peronismo doctrinario y respetuoso de la propiedad privada” así lo indica. Pero va a ser más difícil sumarlos en la decisión a las huestes de Horacio.

Pero esto es, repito, teórico. Y, como decía alguien que sabía de esto, en política todo el arte está en la ejecución. Lo único que me animo a decirle a Nuestro Lado es una observación que adapto de Chesterton: “El año que viene será mejor tener dos Adversarios que uno sólo”.


Las marchas de Blumberg, la protesta de la policía bonaerense

septiembre 8, 2020

Blumberg es el apellido de un empresario textil cuyo hijo, Axel fue secuestrado en marzo de 2004 y luego asesinado. Esta tragedia hizo que sus protestas y reclamos se convirtieran en un símbolo del tema siempre sensible de la “inseguridad”, es decir, el delito violento. Blumberg comenzó a pedir reformas -endurecimiento- del código penal y a organizar marchas en apoyo de sus propuestas.

La primera marcha fue el 1 de abril de 2004. Una multitud estimada en 150 mil personas se movilizaron al Congreso Nacional, donde Blumberg presentó un petitorio exigiendo la aprobación de decenas de proyectos de endurecimiento de penas, baja en la edad de inimputabilidad, y juicio por jurados. Ese petitorio fue respaldado varios millones de firmas de ciudadanos de todo el país.

Las siguientes marchas (hubo 5) fueron menos numerosas y su figura empezó a ser cuestionada.

Pero había conseguido su propósito explícito. Blumberg fue recibido en el Congreso, por la Corte Suprema y por el mismo presidente de entonces, Néstor Kirchner. Que ordenó al bloque oficialista en Diputados y en el Senado que votara a favor de las reformas, que fueron aprobadas e incorporadas al Código Penal.

(En realidad, el juicio por jurados ya está en la Constitución. Pero no le gusta a la familia judicial y a la mayoría de los abogados, ni a su ala reaccionaria ni a la progre. Por eso es la reforma que nunca se puso en práctica. Tampoco la pavada, dicen en mi barrio).

¿Qué tiene que ver esto que pasó hace 16 años con el episodio de anoche frente a la casa del gobernador en La Plata? Déjenme plantear el escenario político de ese momento, con parecidos y también diferencias importantes.

Kirchner llevaba menos de un año gobernando, y saliendo, muy lentamente, de una crisis económica brutal. Ya estaba construyendo, mediante gestos simbólicos importantes, como la reactivación de los juicios de lesa humanidad, su alianza con el electorado de centro izquierda -que al haberse volcado al Frepaso permitió la victoria de la Alianza y la derrota del peronismo en la elección presidencial de 1999 (él había sido el jefe de campaña de Duhalde, así que lo tenía muy claro).

Pero también se dio cuenta -y en su entorno se lo dijeron- que, sensible como es el tema de la inseguridad, esas marchas de Blumberg habían servido para expresar, y volcar masivamente a la calle, a una oposición que después de la catástrofe del 2001 estaba desunida y sin proyecto político.

Hasta aquí, es un escenario con parecidos y diferencias, como ya les dije. El punto que me interesa marcar es la decisión que tomó Kirchner. Esas reformas -que se podría resumir como de “mano dura”- iban en contra del ideario garantista y de derechos humanos caro a sus aliados progres (lo que después fue la militancia kirchnerista estaba muy en embrión en ese tiempo).

Peor aún (peor desde mi pragmático punto de vista) esas reformas, como mucho de lo que se plantea en el discurso de “mano dura”, eran totalmente ineficaces para disminuir el delito violento. Que no disminuyó en absoluto con su aprobación.

Pero Néstor tal vez fue visitado por el fantasma de Don Bartolo, que le susurró “Cuando todos se equivocan, todos tienen razón”. O, más probable, como político lúcido que era, decidió que era mejor ceder en un punto que servía como elemento aglutinante a una oposición que expresaba a una parte muy numerosa de la sociedad argentina. Y seguir gobernando con sus propias políticas. Que se probaron razonablemente exitosas.

Uno espera que el escenario que se desarrolle sea más parecido que diferente. El que viva lo verá.


La grieta en la cuarentena

septiembre 7, 2020

Nuevamente subo al blog una nota de AgendAR. En este caso, sólo la parte que escribí yo. Porque la pandemia, y las medidas que se toman, o deberían tomarse, o se reclama por no haberlas tomado, es un tema de interés para todos nosotros. Pero en mi texto hay mucho de una exhortación a Nuestro Lado.

Creo desde hace tiempo que a la militancia digital -la única que se hace oír fuerte hoy, y por eso influye mucho en el “espacio” oficialista (aunque poco en el conjunto de la sociedad)-, a esa militancia, digo, le interesa más tener razón, y sobre todo dejar claro que somos los Buenos, que evaluar los aciertos, errores y necesidades del gobierno. Eso sería la tarea de Alberto, Cristina,… otros.

Esto daría para un análisis más importante, cuando tenga tiempo y más lucidez. Por ahora, les vuelco mi opinión acerca del discurso militante sobre las medidas que tomó y debería tomar nuestro gobierno. Para aminorar algo los contagios y, sobre todo, parece, dejar claro que somos la vida, somos la paz… (ese slogan me parece recordarlo de algunas décadas atrás). En la nota de AgendAR también encontrarán algunos números interesantes, si cuestionables, de Pablo Sigal, en los que traté de filtrar el sesgo clarinista.

Desde el comienzo de la pandemia, en AgendAR hemos tratado de enfocarla como lo que es: una catástrofe sanitaria, sobre la que los expertos en la materia todavía conocen poco -aunque bastante más que hace 9 meses.

Sus consejos deben ser tomados en cuenta por encima de las medias verdades y delirios que circulan con tanta facilidad en la sociedad moderna. De la misma forma que procedemos cuando consultamos a un médico sobre una dolencia personal.

Como la pandemia es una catástrofe de la sociedad, también debemos escuchar a economistas, científicos sociales y psicólogos. Teniendo presente que tampoco ellos son infalibles, claro.

Repetimos estas obviedades porque en Argentina -como era muy previsible en este tiempo- la discusión se ha politizado. Muchos de los partidarios del gobierno actual le están reclamando endurecer las medidas de aislamiento. «Un regreso a la Fase 1», como se intentó en julio en el Área Metropolitana, pero esta vez obligando a los renuentes a cumplirla. No se cuestionan si es posible o hasta qué punto, ni se debaten las medidas concretas. Se ve al cumplimiento como una actitud moral, de valorizar al vida humana sobre todo, y se cuestiona en voz baja al gobierno porque no se apura a imponerlo.

Los opositores al gobierno no se oponen abiertamente a la cuarentena, salvo grupos delirantes sin organicidad reconocida. Pero cuestionan todas las medidas, e insinúan que el gobierno las usa para imponer un nefasto plan autoritario.

Los medios masivos de ese lado de la «grieta» -el sector más importante del arco opositor- insisten constantemente en las fallas de la cuarentena, el perjuicio que causa a la economía, y hasta la depresión y la carga emocional que provoca (la anomia y el aislamiento en la sociedad urbana moderna han desaparecido como tema).

No vamos a aparentar una «neutralidad» absurda: volvemos a insistir en AgendAR que -hasta que se disponga de vacunas confiables, en algunos meses, con suerte- el recurso primitivo de la cuarentena, el «distanciamiento social»- es el único que permite aminorar los contagios.

Pero, como dijimos desde el comienzo, no hay ni puede haber cuarentena perfecta en ningún país. El gobierno lo reconoció desde el comienzo: las personas que trabajan en la producción de alimentos, de combustibles, de medicamentos, todas las actividades rurales, el transporte de cargas. Los heroicos trabajadores de la salud, las fuerzas de seguridad para hacer cumplir las normas… Todos ellos debían ser exceptuados y lo fueron. Pero son humanos, y también se contagian y contagian.

Juegan también por supuesto, para no «quedarse en casa» la necesidad de muchos, la irresponsabilidad de otros, y hasta -señala un psicólogo- la negación. Los 2 primeros factores juegan más fuerte a medida que pasan los meses. Haga lo que haga el gobierno nacional.

¿

Entonces, por encima de todo el ruido político, ¿transitaremos el camino de los países europeos más poblados, España, Francia, Italia, Gran Bretaña: cuarentenas, aperturas parciales, rebrotes, cierres también parciales de algunas actividades? Sí, con una diferencia que tiene que ver con que la Argentina es un país extenso y diverso.

Para precisar, recurrimos al artículo de uno de los periodistas que escribe con seriedad y con datos estadísticos sobre el tema, Pablo Sigal, que reúne los datos de los últimos tres meses, en distintas regiones de nuestro país. Aquí se agrega al pie de la nota una opinión personal de este editor:

Me parece inevitable -no ideal, ni siquiera conveniente, pero inevitable- que las decisiones para minimizar contagios se tomen cada vez más a nivel provincial, y aún local. Ya está pasando.

Hay una diferencia importante en la realidad nuestra, y la de esos otros países federales extensos en nuestro continente, EE.UU., México y Brasil. Donde las «cuarentenas», uso de barbijos, etc.,… se decidieron en forma local

En esos países sus respectivos presidentes no impulsaron medidas de aislamiento estricto desde el comienzo de la pandemia, y en el nuestro sí. Creo que esa decisión de Alberto Fernández sirvió para retrasar algunos meses el aluvión de contagios, y preparar mejor nuestro sistema salud. Lo que se puede mejorar en algunos meses, que no es mucho. Quienes sobrevivamos, deberemos agradecérselo.

(Para no ser injusto con esa militancia de convicciones -donde tengo muchos amigos- para encabezar este posteo puse la foto de la quema de barbijos en el Obelisco. Sí, del Otro Lado hay locos peligrosos).


Ledesma y las clases sociales en el siglo XXI

agosto 29, 2020

Éste es otro posteo de impulso en un blog descuidado (a la fuerza). Trata de Ledesma, la ciudad (el nombre oficial, con una ironía inconsciente, es Libertador General San Martín) y me lo puso en la cabeza una noticia sobre el brote de coronavirus en el personal de la azucarera Blaquier, la empresa símbolo y realidad del lugar. Pero no tiene que ver con este virus; más bien, con anécdotas de un familiar que este año trabajó un tiempo en esa ciudad.

Me hizo pensar en el tema, clave, de las clases sociales en el mundo, y la Argentina, actuales. Cuando no son útiles, creo, el análisis que hizo Marx hace siglo y medio; ni siquiera el menos rígido que hizo Tucídides, bastante antes. Porque, a mi modo de ver, los Blaquier -y sus equivalentes- ya no son uno de los factores decisivos en la ecuación del poder.

Seguro, Carlos Pedro Blaquier es muy rico, e influyente. A su mansión, toda de mármol en San Isidro, asisten cuando los invita otros argentinos muy ricos e influyentes. El buen gusto nunca fue una característica de los argentinos más ricos (bueno, tampoco de los nuevos ricos chinos, que tienen bastante más guita en conjunto). Pero los nuestros tampoco tienen lucidez política. Si se piensa que el último gobierno que apoyaron con entusiasmo al comienzo fue el de Mauricio Macri…

Para los que tienen problemas de comprensión de textos: no estoy diciendo que los Blaquier y sus equivalentes no influyen, y mucho. Tienen con qué financiar medios y campañas. Digo que no son un factor social decisivo, no son un protagonista principal de la lucha de clases en el presente.

¿Y cuál sería, Abel, a su modo de ver? Ledesma, la ciudad, es un buen ejemplo visual del punto que trato de hacer. Porque son dos ciudades en el mismo lugar: una, donde viven los empleados y los técnicos de la empresa, y el entorno social que interactúa con ellos: profesionales, comerciantes, empleados del Estado nacional, del provincial, de varias instituciones. Razonablemente prolija y moderna, con escuelas aceptables. Podría ser cualquiera de decenas de miles en Argentina.

La otra Ledesma está sucia y descuidada; no tiene buenos servicios de recolección de residuos; ni buenos servicios, en general. Son casas y locales humildes y amontonados. Las escuelas son, sobre todo, comedores. Ahí viven los trabajadores sin formación, los que trabajan por temporadas, los que viven de changas o trabajos ocasionales… También podría ser cualquiera de decenas de miles de villas o asentamientos en Argentina.

Algunos de sus visitantes dicen que es Bolivia, pero eso es un error. En Bolivia también hay esa misma separación social en sus ciudades. La diferencia sería, quizás -no conozco tanto ese país- que en Bolivia la ciudad pobre es más numerosa que la otra, al menos en la Puna.

En Ledesma, en la Argentina, no es así. Los números, de un lado y otro, están más equilibrados. Recordemos que en Jujuy, después de muchos años de gobiernos peronistas, sólo interrumpidos por golpes militares, en 2015 ganó el radical Gerardo Morales. Que fue reelegido el año pasado. Milagro Sala había organizado a muchos de los más pobres y los hizo muy visibles…

Repasando lo que escribí, me doy cuenta que tiene ese tono analítico y distante con el que me permito fastidiar a mis amigos más emocionales. Pero es incompleto. Porque yo, como todos los argentinos politizados y una buena parte de los que no lo son, estoy comprometido con un lado de la puja política. Pero no se puede llegar a una definición perdurable en esa puja, si no se toma en cuenta esta realidad de nuestro tiempo.


La Fase del Desaliento

agosto 16, 2020

Estuve pensando en subir al blog -otra vez- una nota que publiqué en AgendAR. Pero no; esa tiene el mismo tema que quiero tratar aquí, pero son públicos distintos, y un título más literario. Sólo me cruzó la idea porque ahí se habla del sector de los que “se expresan en los medios gráficos, la TV, o las redes sociales“, y eso en Argentina significa los politizados y/o los usados por la política. Pero ahora quiero reflexionar para ese subsector que incluye a los lectores de este blog, los politizados de Nuestro Lado.

Al punto: percibo desaliento en una mayoría de la militancia digital (que es la militancia visible; la otra son los héroes que siguen trabajando en las villas y en los movimientos populares. Y, claro, los funcionarios).

Desaliento y en muchos fastidio, en algunos, bronca. Pero esto último tiene un “pico” más localizado: la presencia de Larreta en las pantallas, y en reuniones de decisión, al lado de Alberto y de (esto se menciona menos) de Axel. Pero para aquí hay una explicación puntual. Y no es que la delirancia está generosamente repartida a ambos lados de la grieta. No. Es notorio que entre quienes lo expresan hay compañeros lúcidos y articulados. Debe ser que, por una variación cuántica, viven en un universo paralelo donde el FdT ganó en la Capital. O donde Buenos Aires se volvió a separar del resto de la Confederación Argentina. ¿Qué está haciendo ese tipo ahí? se preguntan.

El desaliento es más generalizado y pervasivo. Surge de una sensación -algunos, de Este Lado, ya la empiezan a manifestar- que al gobierno le falta voluntad y firmeza para tomar decisiones (confieso que en unas cuantas ocasiones, bastantes, yo siento lo mismo. Pero no estoy donde se toman las decisiones ni tengo acceso a los datos, y sí tengo algo de experiencia que me permite aceptar que en la cancha es más difícil que en la tribuna). Como sea. El tema es la (no) cuarentena.

Era previsible. La política sanitaria se discute en privado, o en “webinars”. En las redes, el Partido Cuarentena son los K y afines, y el Partido Anti Cuarentena son los anti peronistas / kirchneristas. (Un modesto éxito: por lo menos en la cabeza de quienes nos odian, se ha cimentado una sólida unidad de las dos alas principales del FdT).

Tal vez en algún momento, si el portal me deja tiempo, escribiré algo sobre como se dio esta identificación de un enfrentamiento socio / político / cultural con temas de política sanitaria (algo así, lejanamente parecido, se dio en EE.UU.).

Un marxismo residual, no examinado, lo atribuye entre nosotros a razones económicas, cuando, es evidente, los más perjudicados por la ex cuarentena eran, todavía son los más vulnerables, los trabajadores informales. Es más curioso aún el asunto porque en los grupos de riesgo por edad predominan los votantes de la oposición. Los resultados electorales lo marcan con mucha claridad.

También sería interesante especular en las estructuras de control sanitario y en las fuerzas de seguridad con que tendría que contar el estado argentino para implementar las medidas que quiere el Partido Cuarentena. Pensar que nos lo advertía nuestro poema nacional “Las armas son necesarias pero naides sabe cuándo…”.

Por ahora, lo único que puedo ofrecer a compañeras y compañeros son conclusiones muy tentativas e imprecisas. No cuento con encuestas propias, y las que se hacen online son todavía más falibles que las presenciales. Sólo puedo aportar un monitoreo gratuito y breve en las redes sociales. No un twitter, por cierto; está colonizado por las militancias políticas y por pacientes psiquiátricos -que a veces se confunden. Facebook, e instagram, donde está hoy la voz del pipl. Y lo que veo ahí es que la video conferencia del viernes de los Tres Tenores, que empujó más a la militancia digital filo oficialista a esta Fase del Desaliento… les salió bien.

Horacio habría dado a su público, la imagen que le interesa dar: eficiente y moderado. Axel, en un tono más emocional, reforzó el fuerte lazo con quienes lo quieren; los que lo odian, no varían en ningún caso; y crece, muy lentamente, entre los no politizados. Y Alberto -que tenía el papel más difícil: anunciar que seguía una cuarentena que no se cumple, y para mi ojo escéptico tuvo otras intervenciones mejores que ésta- también quedó bien parado.

Tal vez esta sea una indicación del tipo de liderazgos que funcionan en estos tiempos. O tal vez no; no hay indicaciones terminantes. El que viva, lo verá.


Repito: el «día después» es hoy. A convivir con el virus

agosto 3, 2020

Otra vez replico aquí algo que escribí hoy para AgendAR. El motivo, o el pretexto que me doy, es que me hicieron llegar algún material de “el foro del día después” un grupo que parece ser interesante. Gente motivada, en general también politizada, que no forma parte de los coros de hinchadas que ocupan casi todo twitter. Pero se me ocurre que están demasiado enfocados en planear, imaginar, para cuando pase la pandemia. Propongo que volquemos la imaginación en planear como conviviremos con la pandemia. Será por un rato largo.

“Mientras escribo esto, a la noche del domingo 2 de agosto, puedo leer que los casos registrados de coronavirus – COVID-19 – en el mundo son más de 18 millones (probablemente bastantes más; los registros no son precisos en muchos lugares), las muertes atribuidas a este virus se acercan a 700 mil y los contagiados que se consideran recuperados son casi 11 millones y medio. De los casi 6 millones 100 mil que están bajo supervisión médica en estas horas, sólo un 1% se considera en situación «seria o crítica». Ese 1% representa 65.804 pacientes graves, a la hora que miré.

Estos números son impactantes. Pero -aunque hay muchas cosas que todavía no sabemos sobre esta peste- ya estaban implícitos en los datos que se disponían en las primeras semanas de enero (No que nadie -y menos yo- lo tenía claro en ese momento; casi siempre sucede con los «resultados del día siguiente»; resultan obvios después): un nuevo virus, o una nueva mutación -para la que nuestros organismos no tienen defensas- con gran facilidad de contagio y con baja letalidad, en un tiempo donde los viajes aéreos son masivos y frecuentes.

Hay un elemento que quizás no era tan previsible: este virus, más precisamente, su facilidad para el contagio, persiste. Después de un «pico», después de decenas de miles de muertos, como en Francia e Italia, o de medidas de control aparentemente eficaces, como en Australia e Israel, o Jujuy, aparecen nuevos brotes de contagios. Que obligan a insistir en la única medida que, hasta ahora, resulta eficaz: evitar los contactos personales.

Esto provoca, es obvio, dificultades, en muchos casos insalvables, a la actividad económica, especialmente a las menos avanzadas tecnológicamente, de las que dependen los ingresos de los sectores más humildes, pero que repercuten en toda la economía, por la caída de la producción y del consumo. Además de los problemas prácticos y emocionales que provoca (tratar de) mantener a una parte considerable de la población en el equivalente de arresto domiciliario.

Y en Argentina hemos logrado complicarlo un poco más. Las medidas que tienden a restringir los contagios se incorporaron al enfrentamiento político que ya existía en la sociedad (algo parecido sucedió en EE.UU.). Una parte vocal de quienes apoyan al gobierno actual se ha transformado en abanderados de la cuarentena y de las precauciones sanitarias en general. Y una porción, bastante delirante, de sus opositores grita «infectadura». Los más razonables las aceptan a regañadientes, pero insisten que deberían haberse tomado antes y/o de otra forma.

Es inevitable, dada nuestra (in)cultura política, que las dirigencias, de uno y otro lado, usen el tema para tomar posiciones y diferenciarse. Es la preocupación central de casi todos los argentinos…

El hecho es -ya se dijo antes en AgendAR- que ninguna cuarentena, ninguna medida de restricción, es perfecta, ni siquiera en teoría. Los trabajadores de la salud, los que preparan y distribuyen alimentos, medicamentos, combustibles, quienes hacen el reparto a domicilio, los que trabajan en las tareas rurales y en el transporte de cargas, las fuerzas de seguridad,… tienen que salir y trabajar. Todos son posibles transmisores del contagio.

Y conforme pasan los días y los gastos y las deudas se acumulan, la voluntad de respetar la cuarentena, afloja en millones de argentinos a los que la muy mínima ayuda del Estado no les soluciona la vida.

Además, en todos los grupos humanos hay un porcentaje de imprudentes. Y de los que se tientan en serlo si ven que cada vez más otros lo son, y «no pasa nada». Se puede decir que todo estaba implícito en la naturaleza de este virus, como decía arriba: gran facilidad de contagio, muy bajo porcentaje de casos fatales, especialmente entre los mas jóvenes.

Corresponde que reitere que estoy convencido que la decisión de la cuarentena y su escalonamiento en distintas fases en las provincias y municipios fue -con todos los errores humanos inevitables- prudente. Y exitosa. Al ver lo que ha sucedido en países americanos europeos, debo concluir que ha ahorrado decenas de miles de vidas de argentinos.

Lo que quiero plantear ahora, como un lego más o menos informado que soy, es que ya ni el gobierno ni los ciudadanos podemos pensar en lo que atravesamos en términos de «emergencia». Ya no podemos esperar un «pico», después del cual descenderá el peligro de contagio. Puede haberlo, claro, pero -lo vemos en otros países- después podrá llegar otro «pico». O, para usar otra imagen, una meseta con rebrotes esporádicos de contagios.

Tendremos que convivir con el COVID-19, con los resguardos y los tratamientos que se están desarrollando -los científicos argentinos y las empresas de base tecnológica están haciendo aportes valiosos- hasta que aparezca(n) la(s) vacuna(s).

(Es posible que la espera no sea tan larga como lo fue para otras enfermedades contagiosas. Los científicos de todo el mundo han aceptado el desafío, y los gobiernos poderosos ponen los recursos. Aparentemente el de Rusia -siguiendo una tradición de ellos de avanzar sin contar las bajas- ha decidido comenzar la vacunación masiva entre ahora y octubre.

Pero aún si tiene éxito- si esa vacuna es eficaz y no muestra efectos secundarios peligrosos- ¿cuánto pasará hasta que esté disponible para nosotros, por ejemplo? No antes de 2021, en el mejor de los casos).

Propongo entonces que cambiemos el enfoque. Mejor, que nos decidamos a aplicar en todas las actividades en que sea posible el que ya se aplica en el Estado, el nacional y los subnacionales, en las actividades rurales, y en las grandes empresas a las que se permitió continuar su actividad: trabajo a distancia donde cabe -las tareas administrativas-, separación física y cuarentenas periódicas donde es necesaria la presencia, y transporte por cuenta del empleador. Transporte público, el mínimo, que debe ser menor que el actual. Y en cuanto a la educación, creo que es tiempo que reconozcamos el hecho evidente que los niños y jóvenes de hoy se informan mucho más por su celular que en la escuela.

De la formación tendrán que hacerse cargo los maestros a distancia y los padres en sus casas. Los comedores escolares que son necesarios, imprescindibles en muchísimos, demasiados lugares, pasarán a ser parte del reparto de alimentos que ya se lleva a cabo. La función de guardería de niños y jóvenes que la escuela cumple… tendrán que asumirla los padres. También casi todo el trabajo «doméstico».

¿Todo esto es una carga insoportable? ¡Y cómo! ¿Aumentará los costos, de tal forma que hará imposible sin una ayuda decisiva del Estado la supervivencia para muchísimas actividades y la mayoría de las empresas? Por supuesto. Pero es inevitable. Esto es lo que va a pasar; es en gran parte lo que está pasando ahora. Mi proposición es que lo asumamos y empecemos a planificar desde esta realidad.

Pues si el gobierno girara 180 grados y anulara las restricciones… más o menos lo mismo. Porque en los países donde el gobierno no decidió restricciones… sus economías también cayeron.

Es que los que se arriesgan, por cálculo o por inconsciencia, se seguirán arriesgando. Y los que toman precauciones… las seguirán tomando. Es una discusión un poco ociosa, en realidad. Más allá de las declaraciones publicas, la mayoría de quienes están en posiciones de poder político o económico pertenecen a los grupos de riesgo de esta pandemia.

¿A que viene esta observación? Es que me decidí a lanzar estas ideas, más o menos desordenadas, cuando me enteré que Boris Johnson -no el más razonable de los políticos, pero que gobierna un país no dado a la histeria, como Inglaterra- propone que para evitar otra cuarentena estricta frente a la segunda ola de contagios que ya comenzó ahí, todos los mayores de 50 se confinen.

Si los contagios siguen en aumento entre nosotros, y no hay razones para asegurar que no sucederá, tendremos un gran revoleo de culpas en todas direcciones, y propuestas aún más locas. Mi intención es que empecemos a pensar en propuestas razonables antes que el miedo y el oportunismo irresponsable griten más fuerte.”


Alimentando los chanchos chinos

julio 30, 2020

Sobre el tema de los criaderos de cerdos para exportar a China ya se discutió bastante, y se va seguir haciendo, cómo no. En AgendAR publicamos una nota, a favor, desde una mirada comprometida, naturalmente, con la producción. Pero eso no quiere decir que uno no es consciente de los costos indirectos, o, como se dice ahora, de las “externalidades”.

La tarea de la política es tomar decisiones sopesando beneficios y costos. Tratando de llegar al “bien común”, como se decía antes, pero sabiendo que siempre hay costos. En estas líneas, Aldo Duzdevich -al que ya otras veces le robé material para el blog que no tengo tiempo de desarrollar (además, él escribe mejor)- expone lo que debe ser el criterio decisivo: el trabajo de los argentinos.

“La tarea de gobierno consiste en administrar un permanente equilibrio entre demandas ilimitadas contra recursos limitados. Todos tenemos algún tipo de demanda propia o ajena por la cual reclamar al gobernante. Y muchos suponen que el gobierno tiene una bolsa de recursos casi ilimitada con la cual darnos respuesta. Voy a dar un solo ejemplo; este año el 62% del total del presupuesto nacional, unos 50 mil millones de dólares, se destinarán a pagar muy magras jubilaciones. Solo el 40% de los recursos son propios del sistema, el resto se obtiene por otros impuestos. Aclaro que el impuesto a los ricos que estamos por sancionar va a recaudar con suerte 3 mil millones de dólares.

Ahora sumemos al gasto normal del estado, los costos no previstos de la pandemia. El IFE, los ATP, los créditos a tasa cero, los gastos en salud. El IFE solo, cuesta 1500 millones de dólares mensuales.

¿Y de donde sale este dinero? Los recursos en pesos salen de los impuestos y otras contribuciones. Pero además el país necesita dólares, para pagar las importaciones. La mayoría de ellas insumos para la industria, maquinarias y por supuesto cientos de miles de productos terminados.

Entonces antes de empezar estas discusiones con los promotores del “No a los chanchos”, deberíamos exigirle que digan que otra idea genial tienen para obtener recursos genuinos para que el estado pueda atender sus ilimitadas demandas en pesos y dólares. 

Veganos contra omnívoros

El otro día mi nieta de cinco dijo: “Nosotros somos omnívoros”. Que gran revelación, yo creía que por esto tan gaucho de los asados, me correspondía ser carnívoro, nombre casi cercano a lo caníbal. Omnivoro me encantó; suena políticamente correcto. Pero bueno, digamos que el 95 % de los argentinos (mientras podemos) somos omnívoros. Aunque con Macri bajó el consumo de carne y subió el del mate cocido, pan y fideos, y no fue por onda vegana, justamente.

Entonces esta es la primera discusión a despejar. Si el planteo que se hace por change.org. es en contra de criar animales para el consumo de los omnívoros, se trata de un debate filosófico o ético muchísimo más amplio. No importa ya, si los chanchos son chinos o de los pueblos originarios.

Así que despejemos la cancha y centremos la discusión. Partimos de la base que, hasta hoy, la ley, y las costumbres argentinas y chinas permiten criar y faenar animales para consumo humano.

Del viejo chacarero al productor agropecuario

Muchos de nuestros abuelos de inmigración europea, trajeron su cultura al campo. Pusieron frutales, amplios parrales, gallineros, chiqueros para cerdos y hasta palomares. Carneaban, hacían factura casera, comían huevos frescos y ordeñaban una o dos vacas.  Pero, un día sus hijos quisieron estudiar o trabajar, y se fueron al pueblo y de a poco los viejos también fueron tras ellos. Tal vez, algún hijo decidió hacerse cargo del campo. Pero ese joven ya no es aquel viejo chacarero, ahora es un productor agropecuario, que analiza costos y beneficios y decide, por ejemplo, que sembrar soja y maíz es más rentable que criar vacas o cerdos. Luego llegaron los pools de siembra y los feedlot como un paso más hacia la gran empresa agraria. Y muchos directamente alquilaron sus campos y se mudaron a las grandes capitales para desde allí votar a su Larreta preferido.

La agro-industria

Los peronistas nos hemos pasado la vida explicando y proponiendo que en lugar de la vaca en pie había que exportar carne elaborada. Y que en lugar de trigo tenemos que vender al mundo fideos, galletitas y comidas congeladas. 

Somos un país donde nuestra principal ventaja comparativa es la extensión y fertilidad de nuestro suelo. Pero, ser meros exportadores de materias primas nos mantuvo siempre en desventaja frente a los países industriales, por eso que se llama “detrimento de los términos de intercambio”. Le vendíamos carne y cueros a los ingleses y ellos nos vendían calzados y maquinarias. 

Los problemas de China

China es hoy la primer potencia industrial en expansión mundial. Y el trato con ellos tampoco es demasiado diferente. Cambiamos soja por celulares y computadoras (entre otras cosas).

Los chinos no son amantes de las milanesas de soja. La soja la usan para alimentar cerdos y pollos. En 2018 China sufrió una epidemia de peste porcina que los obligó a sacrificar una enorme cantidad de vientres. Aclaremos que se trata de una enfermedad que afecta solo a los animales. Aquí durante años hemos tenido brotes de fiebre aftosa que no representa ningún peligro para el ser humano.

Uno no le desea el mal a nadie; pero esa crisis de producción porcina en China, aparece como una gran oportunidad para otros países. Obvio el primero en aprovecharla fue Trump, y en 2019, EEUU aumento en 684% sus exportaciones de carne porcina a China. Porque Trump será anti-chino pero no zonzo. Los zonzos son todos nuestros que compran cualquier discurso.

Cristina y el viagra de los gorditos

Durante su gobierno Cristina Fernández dio gran impulso a la producción agro-industrial porcina.

Su intervención más festejada fue el 28 de enero del 2010 en Casa Rosada al anunciar un subsidio a la producción porcina, allí dijo entre risas: “Acá me acaban de agregar un dato que yo desconocía…. y es que la ingesta de cerdo mejora la actividad sexual. No es un dato menor, además yo estimo que es mucho más gratificante comerse un cerdito a la parrilla que tomar viagra”.

El 27 de junio del 2012, en Juan Llerena, San Luis, Cristina inauguró el criadero de cerdos modelo Yanquetruz,  en el cual  ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) invirtió 18 millones de dólares. Allí dijo la presidenta: “Hoy todavía estamos teniendo que importar carne de cerdo. Este emprendimiento es un paso más para que no tengamos que depender externamente. Y tenemos que pensar no sólo en sustituir importaciones, sino también pensar en exportar.”

Cristina que siempre se interesó por los detalles ejemplificó que: una tonelada de alimento compuesto por soja y maíz cotiza alrededor de 1.000 pesos. Con tres toneladas de ese alimento se obtiene una de carne de cerdo, que tiene un valor de 8.000 pesos la tonelada. Además, procesado en frigorífico, al elaborar pulpa de jamón ese monto se eleva a 21.000 pesos y, asimismo, la tonelada de jamón crudo puede cotizarse en más de 40.000 pesos (en pesos 2012).

Tecnología de punta en San Luis

Yanquetruz es un criadero modelo de cerdos de 5000 madres. El sistema consiste en la disposición de una gran sala de maternidad donde se hace la cría y una vez transcurridos los 30 días de vida, el lechón se traslada a otra nave donde permanece hasta lograr el peso buscado. En esa sala, no existe contacto con el exterior: el aire es filtrado, atemperado y purificado; los alimentos son productos de calidad y el espacio responde a las estrictas normas de ‘bienestar animal’, lo que contribuye a lograr el mayor nivel de genética del animal.

El criadero posee un sistema cloacal subterráneo, que termina en cuatro bio-digestores que producen biogás. El mismo es utilizado como combustible en los motores que generan electricidad y calor produciendo energía eléctrica que autoabastecen el establecimiento y entregan el excedente al Sistema Integrado Nacional.  Además, los bio-fertilizantes que se desarrollan durante el proceso (aguas ricas en nitrógeno, fósforo y potasio) son distribuidos en los campos cercanos. El establecimiento ocupa 80 personas en forma directa y cuatro veces más en forma indirecta.

Incrementar en un 50% la producción

Aclaremos que existen varias plantas de este nivel en otras provincias, por lo tanto la tecnología es conocida y probada. No hay que experimentar nada. En 2017, Argentina presentó toda la documentación respectiva ante la Organización Mundial de Sanidad Animal para que el país pueda ser declarado oficialmente libre de Peste Porcina Clásica (PPC), que se viene trabajando hace muchos años.

Para aumentar la producción, hacen falta varios millones de dólares de inversión y un comprador del producto que hoy sería la República China. Actualmente hay 400 mil chanchas madres en producción. La propuesta china sería incorporar 15000 madres por etapa, (serían tres Yanquetruz). Hasta llegar a las 60 mil madres.

Es importante también destacar que el INTA creó un modelo tecnológico de confinamiento de cerdos de bajo costo para pequeños establecimientos. Su instalación cuesta una tercera parte respecto de uno mediana o altamente tecnificado y supera la productividad obtenida en los sistemas tradicionales a campo. Con el cual los pequeños y medianos productores también podrían participar del negocio.

Finalmente digamos que exportar cerdos a China será agregar una nueva fuente de ingreso de divisas y de generación de empleo para varios miles de argentinos.

Yo entiendo que, desde su refugio palermitano, la ex-militante PCR, Beatriz Sarlo, manifieste su desconfianza con todo lo que tenga olor a chancho. Pero Beatriz, considerá que no todos pueden vivir de las letras y las becas de investigación. Hay millones de argentinos y argentinas que necesitan apenas un trabajo digno, aunque sea darle de comer a los chanchos pro-chinos. “


Saliendo (a medias) de la cuarentena

julio 13, 2020

Otra vez reproduzco aquí algo que escribí hoy para AgendAR. El motivo -además de pereza- es que me parece que tiene un contenido especial para los politizados.

Hoy, lunes 13 de julio, a la mañana, está previsto que Horacio Rodríguez Larreta reciba a Axel Kicillof en la sede de Parque Patricios. Se repitió muchas veces que el jefe del gobierno porteño y el gobernador bonaerense se enfrentan a realidades distintas. En este caso, no. Los dos tienen el mismo problema en el Área Metropolitana Buenos Aires, que forma una sola aglomeración urbana, donde vive cerca del 40 % de la población argentina, en la que –todos los días en condiciones normales- varios millones de personas cruzaban el límite de sus jurisdicciones, la Avenida General Paz y el Riachuelo, en un sentido y en el otro.

El problema es que ayer se registraron 2.387 nuevos casos de coronavirus entre sus dos jurisdicciones. Más del 90% de ellos, más del 90% de todos los nuevos contagios que se detectan en Argentina, son del AMBA. Son cifras parecidas a las de los días anteriores, y la tendencia es a aumentar.

El panorama no es tan negativo como esto haría suponer. En la Ciudad Autónoma los casos de contagios se duplican cada 20 días; a principios de julio, era cada 18 días, y hace un mes, cada 11. En la provincia de Buenos Aires también se registra una mejora lenta: actualmente los casos se duplican cada 15 días; a principios de mes, era cada 13.

En resumen: la curva de contagios no se ha «disparado», pero sigue creciendo, y el virus causante circula entre la población del AMBA, más allá de cualquier posibilidad de aislar contagiados y sus contactos. Es posible que ya estemos en el «pico», pero nadie puede asegurarlo. A pesar de eso, en la ciudad, la provincia y la Nación, se está planeando seriamente en cómo flexibilizar la cuarentena a partir de este viernes 17. ¿Motivos?

Se puede decir, simplificando, que la sociedad lo ha decidido, y los gobiernos lo aceptan resignadamente. Pero es necesario precisar lo que estamos diciendo.

No nos referimos a las manifestaciones y protestas. Aunque para algunos hayan servido para expresar su hartazgo con la cuarentena, y en otros dar rienda suelta a sus delirios favoritos, el hecho es que se trató de hechos políticos. Sirvieron más para mostrar que hay opositores enardecidos contra el gobierno nacional que cualquier posición sobre las medidas de aislamiento.

Tampoco estamos diciendo que una mayoría «se cansó» de la cuarentena. No podemos saberlo. Y en realidad, si se hiciera un plebiscito en la población, es probable que ganaría una propuesta de una cuarentena más o menos restringida. Pero todo eso es irrelevante: cuando un porcentaje importante de la población, no menor al 30% -eso sí es medible en forma aproximada, por registros de tránsito, fotos aéreas, ubicación de celulares- en el conjunto de la Capital y el Gran Buenos Aires, ignora las disposiciones del aislamiento, estas son insostenibles.

Salvo que se acuda, como tuvo que hacerse en Chile y en otros países en algún momento, al toque de queda y al empleo de fuerzas militarizadas. Eso sería concebible sólo en el caso de un aluvión de fallecimientos. Si no, es políticamente imposible.

Hemos presentado el cuadro en forma dramática porque la situación lo es. Pero es necesario ponerlo en contexto.

Hoy hace 115 días que el gobierno nacional decretó el Aislamiento Obligatorio. Para un país que no es famoso en el mundo por el cumplimiento estricto de leyes y reglamentaciones, esa disposición se acató con un alto grado de disciplina y responsabilidad. Inclusive, la famosa y envenenada «grieta» no impidió que gobernantes opositores colaboraran con eficacia. ¿Tal vez esa fama, que hemos fomentado nosotros mismos, sea injusta?

Ahora, ninguna cuarentena es perfecta, ni siquiera en teoría. Los trabajadores de la salud, los que preparan y distribuyen alimentos, medicamentos, combustibles, quienes hacen el reparto a domicilio, los que trabajan en las tareas rurales y en el transporte de cargas, las fuerzas de seguridad,… tienen que salir y trabajar. Es irónico, pero esto sirvió para darnos cuenta que muchas de las tareas imprescindibles están entre las peor pagadas… Como sea, todos ellos son seres humanos, y posibles transmisores del contagio.

También, por supuesto, la cuarentena golpeó con dureza la economía de todos. El Estado hizo un esfuerzo muy importante y lo sigue haciendo para aliviar la situación, pero seamos realistas… Un ingreso familiar de emergencia de 10 mil pesos no soluciona mucho. Y el pequeño comerciante, el muy pequeño empresario, el trabajador independiente… Todos los argentinos hemos sido afectados (la mayoría de los habitantes del planeta, en realidad), pero conforme pasan los días y los gastos y las deudas se acumulan, la decisión de respetar la cuarentena, afloja en millones de argentinos.

Además, en todos los grupos humanos hay un porcentaje de imprudentes. Y de los que se tientan en serlo si ven que cada vez más otros lo son, y «no pasa nada». Se puede decir que todo estaba implícito en la naturaleza de este virus, como lo señalamos aquí ya hace meses: gran facilidad de contagio, muy bajo porcentaje de casos fatales, especialmente entre los mas jóvenes.

Es justo decir que la decisión original de la cuarentena y su escalonamiento en distintas fases en las provincias y municipios fue -con todos los errores humanos inevitables- prudente. Y exitosa. Es probable que, si vemos lo sucedido en otros países, haya ahorrado decenas de miles de vidas de argentinos (Seguramente, en algunos países se manejó mejor que aquí ¿alguien se está anotando para el Guinness?).

Pero eso es historia. Aparentemente, los gobiernos con responsabilidades en el AMBA han tomado la decisión de flexibilizar. Y en AgendAR nos sentimos impulsados a hacer dos advertencias. Una de ellas ciertamente los epidemiólogos ya la tienen evaluada, pero…

Hasta donde se sabe hoy -todavía hay tantas cosas que no se saben de esta pandemia- las probabilidades de contagio son mucho más altas en locales cerrados, haya o no contacto físico. Las reuniones numerosas, las clases en los colegios (los niños y jóvenes tienen baja probabilidad de enfermarse gravemente, pero son tan transmisores como cualquiera) y el transporte público son los focos de peligro más importantes.

La otra advertencia es menos obvia… hasta que nos detenemos a pensar. La flexibilización de la cuarentena no hará reanudad la actividad económica por sí misma a ningún nivel siquiera cercano al anterior al 20 de marzo (donde estábamos en recesión, recuerdan?). Gran parte de la sociedad -el que escribe esto y su familia entre ellos- seguirá tomando precauciones razonables: los shoppings, las grandes tiendas, los locales de espectáculos, los gimnasios, el turismo, la gastronomía… tendrán una afluencia de público mucho menor… La digitalización y el teletrabajo seguirán creciendo… ¿Cuántas grandes empresas invertirán en la construcción o el alquiler de oficinas, de cadenas de locales para el público? Profesionalmente, yo no se lo recomendaría en este año, al menos. Es inevitable que el Estado deba coordinar con empresarios, gremios, coocperativas, movimientos sociales, un papel muy activo para estimular la economía. Y resucitar a las pymes, que no volverán a abrir si no pueden redefinir su lugar en esta realidad que ya estamos viviendo.

Nuevamente: bienvenidos a la «nueva normalidad».


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