El peronismo, ahora

mayo 25, 2016

Compañia_anillo

Esto que estoy escribiendo es la continuación de la 1° y la 2° parte de Argentina, a la distancia. Pero tengo que reconocer, de entrada, que en este tema, la actualidad del peronismo, mi alejamiento no me aportó ninguna percepción especial.

Atención: Estoy convencido que se entiende mejor al peronismo si se conocen, se profundiza en las experiencias de otros pueblos, sus parecidos y diferencias. No conocemos un idioma a fondo hasta no saber de otros, de cómo las palabras que designan las mismas cosas tienen referencias distintas. En un ejemplo que ya usó otro, “wood” o “forest” no son exactamente lo mismo que “bosque“. Y el alemán “Wald” lleva otra carga.

Pero eso es para reflexiones teóricas, sin urgencias. Estas anotaciones quisieron enfocar la interacción entre las expectativas y los proyectos que hoy se despliegan en Argentina. Y algunos comentarios, valiosos, me recordaron la angustia por respuestas que muchos de nosotros sentimos.

Lo que pasa es que hoy el peronismo está, otra vez, en uno de sus períodos de redefinición. No tengo dudas que su historia y su identidad -que ya es una parte de la identidad argentina (en lucha y fertilización mutua con las otras partes, claro)- aseguran que va a seguir teniendo una presencia poderosa por largos años. Ahora, qué clase de presencia, eso depende de las decisiones que se tomarán (que tomaremos los argentinos).

No es que todo sea tan indefinido. El peronismo, desde su origen, ha sido la expresión política de los de abajo, y eso condiciona. Pero durante un poco más de ’70 años, en el poder, en el llano, o perseguido, ha tenido manifestaciones muy distintas.

Corresponde entonces que, en compensación por tanta palabrería, les diga en la forma más concreta posible lo que veo hoy en ese “inorgánico y difuso peronismo” que mencioné al comienzo de estos tres posteos.

Después de la derrota electoral del año pasado -cuando perdió la Presidencia de la Nación, y el segundo bastión en importancia, la gobernación de Buenos Aires- en el peronismo quedaron unos núcleos de poder débilmente unidos por esa historia en común. Y, en la mayoría de los casos, por la procedencia de sus votantes, no lo olvidemos.

Están los gobernadores e intendentes, los bloques legislativos nacionales y provinciales y un Partido Justicialista -cuya recuperación puede contarse como uno de los poquísimos éxitos en la etapa Macri, pero que no es un poder en sí mismo sino una mesa de discusión y, en algún caso, un vocero. Está el sindicalismo -el sector con mayores recursos- pero que no muestra interés en conducir la política. Están los movimientos sociales, todavía con una cierta capacidad de movilización. Y está la ex Presidente, Cristina Kirchner, con conocimiento popular, un discurso claro, y una relación emocional con la más numerosa (de lejos) militancia peronista y con la mayoría de los que un amigo llamó “peronistas  domiciliarios”. Los que no pertenecen a ninguna agrupación, pero votan por el peronismo.

Ninguno de estos núcleos de poder está conduciendo el conjunto. Un motivo, el menos importante, curiosamente, es que ninguno tiene hoy el poder suficiente. Él otro, el decisivo, es que no les interesa hacerlo ahora, porque la suerte, como proyecto de poder, de la experiencia Macri todavía no está definida.

Esta afirmación provoca, y es natural, rechazo en los muy numerosos sectores que ya han sido golpeados con dureza en sus ideales y/o sus bolsillos por las políticas aplicadas desde diciembre. Y que le exigen al peronismo respuestas. El problema es que, salvo en las fantasías de comandantes de escritorio, no puede darlas.

Aún situaciones económicas límites, crisis gravísimas, como la explosión inflacionaria y la paralización de la economía con Alfonsín, la recesión y el desempleo con De la Rúa (que ya había empezado en el 2° gobierno de Menem), tardaron más de dos años en debilitar en forma terminal a esos gobiernos. Y la (muy mala) situación actual está lejos de esos pozos.

Naturalmente, esta es una verdad estadística. Que en las situaciones personales es una mentira. Al que ha perdido su empleo no puede importarle si los otros desempleados son cien mil o un millón. Es su realidad la que está arruinada. Y si es peronista, sentirá bronca, odio, con los dirigentes que no le dan respuestas. CFK se salva, por ahora, porque tiene un discurso intransigente, y además está lejos. Igual, también pagará un precio, a la larga.

Son los costos de la política como vocación. El hecho es que el peronismo deberá definir programas, alianzas, y -antes que ninguna otra cosa- quién conducirá al conjunto, para poder proponer con seriedad una alternativa para la Argentina. Por suerte, es pragmático, y no se dividirá por discusiones ideológicas (que las tiene, por supuesto). La gran mayoría de los dirigentes del peronismo, y, cuando llegue el momento, sus votantes, se unirán en torno del/de la que pueda ganar. Es decir, convencer a la mayor cantidad de argentinos.

Como ya dije otras veces en el blog, los tiempos señalan el mecanismo que lo irá definiendo con certeza. El año próximo tendremos elecciones en todas las provincias y en la Capítal. Sus resultados dirán quiénes son los hombres y mujeres que serán las caras del peronismo que viene.

Ah, y algo más importante: Feliz día de la Patria.


Algo más sobre las chances de Macri

mayo 24, 2016

anatole-france

Todavía estoy tratando de ordenar en mi cabeza mi mirada sobre el peronismo hoy (y el año que viene), como me comprometí cuando en mi último posteo conté como veía lo de Macri. Pero en los comentarios Rogelio acercó un par de artículos y apunta a una dirección. No estoy de acuerdo con lo que sugiere, pero me deja servido un post.

Ante todo: no creo que los “desafíos muy actuales, reales y operativos” sean lo decisivo. Son importantes, claro; el futuro viene de un día a la vez. Pero el elemento fundamental en el destino de la experiencia Macri se define de acuerdo al éxito, o no, de su política económica. Como pasa – lo dije muchas veces en el blog – con todos los gobiernos del mundo que no están en medio de una guerra o de una revolución o contrarrevolución social. Creo que la política que Macri eligió -o, en un sentido, expresa- no logrará brindar/mantener una razonable prosperidad para el número mínimo de argentinos (¿un 30 %?) para que sea posible su consolidación. Pero será la realidad, como siempre, la que decida.

Igual, esta nota de Eduardo Fidanza (una de las enlazadas por Rogelio) actualiza para el macrismo la ideología “republicana”, el discurso único de la oposición al peronismo desde hace 70 años. Me pareció interesante.

“… El cambio de actitud del Gobierno (el vuelco a una estrategia de polarización) puede leerse de dos maneras: como una táctica para superar las dificultades coyunturales o como una estrategia de alcance mayor para intentar vencer al peronismo, el rival ineludible de toda fuerza de signo distinto en la Argentina. A propósito, el periodista Marcelo Longobardi planteaba hace pocos días una cuestión que parece crucial: ¿El gobierno de Macri es una pausa (entre dos peronismos) o es un proyecto de más largo aliento? Ser una pausa significaría confirmar una fatalidad, incrustada en el sentido común de los argentinos: este país sólo puede ser gobernado por el peronismo. Un proyecto, en cambio, involucraría una mutación significativa de la conducta histórica, que podría dar lugar a una alternancia cierta, no sólo circunstancial. Cabe profundizar la pregunta, indagando cuáles serían las condiciones y los requisitos para que esa alternativa tuviera chances.

Esta empresa excede la construcción de un relato. No se trata de elaborar un texto, sino de alumbrar una lógica. Al respecto, es ilustrativo el modo en que concibe Ernesto Laclau al populismo, rescatándolo de la polisemia de las definiciones. Afirma que éste se basa en una lógica que consiste en enfatizar la polarización social a partir de “la simplificación y de la imprecisión” de las consignas políticas. Sin embargo, para Laclau la simplificación no es un rasgo del populismo sino de la política en general, que se desarrolla en una esfera pública opaca, donde la representación es “un espejo roto”. Sostiene Laclau un argumento realista al que debe prestarse atención: sólo en una sociedad donde la administración hubiera reemplazado a la política -aquel antiguo ideal saintsimoniano- sería posible deponer las dicotomías fundadas en consignas imprecisas. Acaso cuando se pide más política al gobierno, lo que se le indica es que polarice con sus adversarios e imponga su visión, antes de esperar que ellos se avengan al sentido común administrativo. Con una planilla Excel puede resolverse un presupuesto, no gobernarse un país. Habrá que volver a recordarlo: en política, como decía Weber, “al racionalismo no siempre le salen bien las cuentas”.

La viabilidad de una lógica política alternativa posee, al menos, otro requisito clave: debe dejar claro a quién representará. El peronismo es el partido de los sectores populares, el radicalismo intentó serlo de las clases medias, sin la misma suerte. Llenar ese vacío de representación tal vez constituya para Macri la diferencia entre ser una pausa o constituir un proyecto alternativo y perdurable de poder“.


Argentina, a la distancia – 2da. parte

mayo 23, 2016

Amanecer en Argentina, desde órbita

Al terminar la primera parte, prometí “analizar las chances de Macri, y de la oposición posible, el inorgánico y difuso peronismo”. Arriesgado, porque tiene que ver con la política como actividad, y hace dos semanas que no hablo con nadie de la fauna. Y puede haber hechos imprevistos, entre el momento que escribo y el que programo para publicar, que provoquen que lo que digo parezca una pavada. Bueno, es el riesgo de los que escribimos.

Por otro lado, cuento con algunos elementos a favor. Uno es que el lúcido Julio Burdman publicó en Anfibia una nota que actualiza y refuerza con datos concretos un planteo que desde largo tiempo defendemos unos cuantos: No corresponde subestimar al PRO como fuerza política, como lo que es.

Recomiendo que lo lean (también sirve para entender a los políticos peronistas; a todos los políticos profesionales). Creo que hace falta, porque todavía muchos en el campo nac&pop, y también en la izquierda ingenua, les cuesta aceptar que un proyecto que reivindica el individualismo y el éxito personal, que no asume la mayor parte de los valores “políticamente correctos” del progresismo y el resto los delega a las ONG, tiene un espacio inerradicable en la política argentina, porque muchos de nuestros compatriotas tienen esa misma postura. Al igual que en todos los países del mundo por supuesto. (Esta incapacidad para entender a los otros es, irónicamente, parecida a la oposición rabiosa que no podía -ni puede- aceptar que los kirchneristas, o los peronistas en general, sean otra cosa que borregos manejados por delincuentes).

Hasta mi amigo Artemio López, que encuentra útil repetir que lo que pasa es sólo una conspiración de una Derecha impersonal, malvada y monolítica, lo reproduce. Aquí, sólo les voy a copiar este párrafo “En el arranque hubo una decisión fundamental, y sin dudas inteligente: el freno a una coalición. Mauricio Macri, tras haber nombrado a Gabriela Michetti como compañera de fórmula, puso a Federico Pinedo como presidente provisional del Senado, y a Emilio Monzó como titular de la Cámara de Diputados. Toda una línea sucesoria leal, y de su propio partido. Si Dilma Rousseff hubiera hecho lo mismo, en lugar de encomendar sus espaldas a una banda de conspiradores, hoy seguiría en el Planalto. Entregó poco a sus aliados radicales y lilitos, y así y todo, los tiene siempre a su lado. Algo está haciendo bien“.

Las circunstancias del PRO y del PT son muy distintas. Pero este punto me parece interesante porque indica -si hiciera falta- que, por toda la tradición yrigoyenista, de Lebensohn, de Alfonsín (padre), el radicalismo ha devenido en el aparato político de un espacio conservador. No parece sufrir más tensiones por eso que las que provienen de un reparto escaso.

Atención: que la variante PRO de esta “derecha” armara una coalición y ganara la Presidencia, fue producto de un conjunto de circunstancias favorables (a ellos) y, por supuesto, de errores de sus contrincantes (como sucedió con la experiencia kirchnerista, dicho sea de paso). Mi insistencia apunta a que es necesario que un proyecto político nacional en serio debe tomar en cuenta esta realidad, no para rendirse ante ella, sino para aspirar a gobernar al conjunto. Y que la consigna “Vamos por todo!” es una estudiantina divertida, o que puede inspirar declaraciones apasionadas en las columnas de comentarios de un blog. Pero que es imposible en una sociedad moderna y compleja, como, a pesar de todo, Argentina es. Salvo que, como en Venezuela y sitios más lejanos, se apoye en un ejército politizado y leal… mientras lo sea.

Entonces, el tema no es si la experiencia Macri es viable. Creo que la realidad ya se pronunció sobre eso. Es si puede tener éxito y perdurar, o no.

Sobre esto, debo volver a disentir con los amigos de Artepolítica, con los que diferí sobre identidad del macrismo con otras versiones anteriores de “derecha”. Ellos son pesimistas (desde el punto de vista de su compromiso político, que es el mío). Se apoyan en una obra clásicael Estado Burocrático Autoritario, en la que Guillermo O’Donnell destacaba que la gestión de Adalbert Krieger Vasena durante el gobierno de Juan Carlos Onganía “no era antiestatista ni proponía un retorno al laissez-faire” ni era “hostil per se a una expansión del aparato estatal, ni siquiera de sus actividades económicas” siempre y cuando aquello sirviera “a la expansión de la estructura productiva oligopólica de la que surgen sus principales portavoces”, todos pertenecientes a la “Gran Burguesía”.

En Brasil (con un pasado siempre actual, como el nuestro), Maria da Conceição Tavares y el actual canciller brasileño (de Temer), José Serra, escribieron en 1971 un trabajo titulado “Más allá del estancamiento”. Y ahí describieron algunas de las bases sobre las que se asentaba el llamado “milagro” brasileño logrado por la dictadura.

Tavares y Serra mostraban que se podía producir una dinámica de expansión económica muy fuerte, aunque en el marco de un modelo “concentrador y excluyente”. Así, la acumulación y el crecimiento tenían  su base en la expansión de ciertos sectores líderes (petroquímica, minería, siderurgia, energía eléctrica, transporte y comunicaciones).

Ese “estilo de desarrollo” funciona de esta manera:

  • La base productiva incluye ramas “de punta” vinculadas a producción de bienes de consumo relativamente alto, también de insumos para esos rubros y algunas ramas tradicionales.
  • Se acentúa proceso de conglomeración financiera, que concentra y distribuye el  excedente generado desde y hacia esos sectores líderes.
  • El ingreso se concentra en forma continua. Se mantienen bajos los salarios e incluso se reducen en términos reales.
  • El Estado genera economías externas, realiza el abastecimiento de insumos críticos y de uso general a precios reducidos para los sectores líderes, nutriendo así la expansión de empresas extranjeras en el interior del país. El sector público pacta con un conjunto de empresas transnacionales sin mayores compromisos con la “burguesía nacional”.

Y sí. Brasil logró un crecimiento industrial impresionante, con una dictadura “cívico-militar”. Y nosotros no. Los motivos… son una vieja discusión. Pero irrelevante. Porque el mundo y el sistema económico global de la década del ´60, hace medio siglo, eran profundamente diferentes al actual. Y porque hoy no existen sectores “burocráticos autoritarios”, con uniforme o sin él, con un proyecto de crecimiento industrial local.

Los gigantescos conglomerados empresarios, hoy completamente integrados en la lógica de la valorización financiera, rigen sus inversiones con un criterio global. Y no hay ninguna indicación que vayan a hacerlo en Argentina (Como asesor financiero, me costaría encontrar argumentos para hacerlo, excepto en campos específicos, menores). De todos modos, mi evaluación personal es también irrelevante. El hecho es que no hay planes de inversiones significativos.

Con esos conglomerados, sólo pueden tratar en condiciones razonables Estados poderosos, con proyectos y prioridades claras. Macri no los tiene, y no hay fuerzas sociales en que pudiera apoyarse para desarrollarlos. Más grave todavía, no cuenta con un Estado moderno. Ni muestra interés en construirlo. La ola de despidos en las oficinas públicas sólo ha abierto nichos para nombramientos políticos, sin ningún paso para la formación de personal.

Entonces, no veo posible una consolidación de la experiencia Macri. Esa sólo sería posible si el sufrimiento de los sectores más humildes fuera compensado con prosperidad para una parte considerable de los numerosos sectores medios argentinos. No parece estar en las cartas. Las próximas elecciones – en poco más de doce meses – pueden provocar un debilitamiento serio… si sus adversarios saben presentar ofertas atractivas.

Bueno, la tercera parte queda pendiente. Tal vez ya la escriba en casa.

(Continuará)


Argentina, a la distancia

mayo 22, 2016

grieta

Espero estar de vuelta esta semana, para el 25 de mayo -de alguna manera, corresponde- y tengo ganas de compartir con ustedes la mirada distante que tengo ahora sobre nuestro país. No es que la lejanía me reste información: en estos días, un celular de precio medio permite acceder a los titulares de los diarios, Facebook, twitter, desde casi cualquier lugar del mundo, y el límite es el tiempo que pueda y quiera dedicarle. Me falta la interacción con los compatriotas. Pero la distancia también sirve.

Veo desde lejos que la grieta sigue profunda y rabiosa. El elemento más preocupante no es, para mí, la ofensiva que los medios oficialistas y los columnistas del palo siguen descargando sobre Cristina Kirchner y sus allegados con una insistencia algo patética (haber elegido el tema de la corrupción no parece brillante, cuando el Presidente en funciones tiene los antecedentes que pueden encontrarse en Google en minutos, y surgen al mismo tiempo los Panama Papers, y más y más sociedades offshore. Para colmo, la destitución en marcha de Dilma Rousseff crea, de alguna forma, una imagen paralela, en el público internacional, que no ayuda a la ofensiva: un gobierno cuestionado… por sujetos que se descubren más complicados en actos corruptos).

No. Lo estratégicamente grave no está en los medios sino en las audiencias. Minorías intensas… no tan minoritarias. Por un lado, una parte numerosa de los argentinos no se interesan en analizar la honestidad o no de Macri, ni les importa mucho: su bronca con CFK, y con la experiencia kirchnerista, se alimenta igual de las denuncias. No necesitan pruebas. Del otro lado, cualquier revisión de las redes sociales masivas -no hablo de comentarios en blogs- permite darse cuenta que la militancia K y los sectores no demasiado politizados de la comunicación y de las expresiones artísticas están cada vez más envenenados en su oposición a este gobierno.

Con motivos, por cierto: su identidad, como sus medios de vida, aparecen amenazados por las políticas de Macri. Y por el discurso que se pretende imponer: Ayn Rand traducida a la banalidad moderna por Durán Barba. Igual, si lo cuento entre los elementos preocupantes es porque no encuentro en esta militancia inorgánica un proyecto de poder -más allá de su vínculo emocional con Cristina: en lo que expresan, no aparece una estrategia para convencer sino, también, bronca con los que votaron para el orto.

Hay un elemento de clase en la grieta, sí, pero no es el fundamental. Aunque los anti K furiosos son -por lo general- de ingresos medios para arriba, y los K más fervientes -nuevamente, por lo general- de ingresos medios para abajo… la mayor parte de ambos sectores -muy numerosos, como he dicho hasta el cansancio en otros posteos- pertenecen a las clases medias. Es de esperar, en un país como el nuestro en que alrededor del 80% se considera a sí mismo de clase media. Y es un hecho muy notorio que la grieta se manifiesta a menudo dentro de las familias.

Siento que debo aclarar de inmediato que no estoy diciendo que no hay un enfrentamiento de clases en Argentina, que las políticas de este gobierno agravan (Como dice Warren Buffet, que tiene varios miles de millones de razones para saberlo, hay en marcha una guerra de clases… y los ricos van ganando). Lo que digo es que no pasa, por ahora, por esta famosa grieta, más emocional y cultural que económica… en la mayor parte de la sociedad).

La idea fuerza fundamental del proyecto y de la práctica del gobierno Macri se resume muy fácilmente: Es dar confianza a los inversores. Estas inversiones, no el derrame, como le atribuyen erróneamente sus opositores, crearán la prosperidad. Ese es, después de todo, el credo que impera en los países exitosos.

El hecho que esos países llegaron a ser exitosos con otras políticas se pasa por alto. O se ignora. Y no puede abandonar ese credo, porque no tiene otro, ni otras fuerzas sociales en qué apoyarse (salvo ese anti kirchnerismo emocional, que no sobrevive indefinidamente al dolor del bolsillo). Sólo puede esperar que en un futuro, un indefinible segundo semestre, lleguen las inversiones, y produzcan bienes competitivos que mejoren la economía. Mientras, la rebaja del salario (en dólares) es un dato necesario, y un objetivo, como han marcado ya muchos colegas, formales e informales, en el análisis.

No termina ahí. Los privilegios de las corporaciones -sindicatos, grupos empresarios ligados al mercado interno- también son cuestionados por la lógica del modelo, tanto como los beneficios de los jubilados (pregúntenle a los griegos). También los que se creen competitivos internacionalmente porque dominan algún otro idioma. Por supuesto, Macri si sabe de algo es de negociar. Pero no hay demasiado margen para hacerlo, o se afectará la sagrada confianza de los inversores.

Este es un cuadro pesimista. Pero yo soy orgánicamente optimista (inconsciente). Trataré de ser más positivo al analizar las chances de Macri, y de la oposición posible, el inorgánico y difuso peronismo. Pero ya esto es demasiado largo. Haré un esfuerzo para terminarlo después, antes de hacer las valijas.

(Continuará)


La crisis del consenso democrático

mayo 19, 2016
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el anillo de poder
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Otra vez el compañero Pepe Robles, del Instituto del Mundo del Trabajo de la UNTREF, hace llegar a nuestra agrupación un trabajo que me evita esforzarme en cualquier introducción o agregado. Estoy por completo de acuerdo en el diagnóstico. Claro, todos sabemos que encontrar la cura es mucho más difícil. Pero hay poca chance de hallarla si no tenemos diagnóstico.
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La crisis del consenso democrático en Sudamérica

El impeachment de Dilma en Brasil es la exteriorización de la crisis del consenso democrático alcanzado en Sudamérica en la década de 1980 y consolida un panorama muy negativo para toda la región y para el Mercosur.

La democracia sudamericana -sobre todo, pero también en parte la democracia latinoamericana- consolidada en las últimas tres décadas,  es la consecuencia de un fuerte consenso entre sectores sociales enfrentados, sobre la necesidad de terminar con los golpes de estado y las dictaduras cívico-militares que en el marco de la Guerra Fría arrasaron con los derechos humanos y la justicia social en nuestra región, en la segunda mitad del siglo XX.

Este consenso democrático no sucedió sólo dentro de cada país, sino que ha sido evidentemente un consenso regional, en el que también ha jugado un papel central Estados Unidos, muy vinculado al proceso de golpes de estado.

América Latina y particularmente Sudamérica tienen sus procesos políticos interconectados, en mucho mayor grado inclusive que sus procesos económicos. La era de la independencia (primera mitad del siglo XIX), la era de las repúblicas oligárquicas (segunda mitad del siglo XIX), la era de los gobiernos apoyados en el voto popular (primera mitad del siglo XX), la era de las dictaduras (segunda mitad del siglo XX) y finalmente la era del consenso democrático (desde fines del siglo XX), han seguido un claro patrón regional y sobre todo subregional. No es casual que la primera decisión que tomaron Alfonsín y Sarney, cuando Argentina y Brasil daban los primeros pasos para tratar de dejar atrás el infierno de las dictaduras en esos países, fue precisamente un acuerdo de integración que seis años después tomaría forma definitiva con la formalización del Mercosur. El consenso democrático en la región es antes que nada una cuestión regional, como también lo han expresado las sucesivas cartas democráticas del Mercosur, la Unasur y la Celac. Ese consenso es el que se ha roto y ha puesto en crisis la democracia en la región. El desplazamiento de Dilma es la demostración más clara, pero detrás de ese desplazamiento hay algo aún más grave, que es la clara tendencia de los sectores económica y mediáticamente más poderosos de la región, con evidente apoyo internacional, a dar por finalizado el tipo de consenso democrático alcanzado en los ‘80 y los ‘90.

Esto sucede luego de una década y media en la que Sudamérica redujo históricamente los niveles de pobreza y dio paso a un crecimiento explosivo de nuevas clases medias-trabajadoras, en un marco de aceptación generalizada de la democracia como nunca había visto la región. No cabe duda que ambos fenómenos (democracia e inclusión social) estuvieron relacionados.

La década y media sudamericana que va de 1999 a 2015, está íntimamente relacionada también al ascenso global de China, su fuerte presencia en Sudamérica, y la paralela autonomización de Sudamérica que se concretó en el No al Alca de 2005 y la creación de la Unasur y la CELAC. Dentro de estos cambios hay que incluir la histórica modificación que significa para la Cristiandad, la asunción en el Vaticano de la Iglesia latinoamericana con su regla madre de opción por los pobres, marcando diferencias sustanciales con los otros dos grandes ciclos centenarios que la precedieron: la iglesia oriental y la iglesia occidental.

La situación comenzó a cambiar en Sudamérica a partir de la crisis de 2008 y muy especialmente a partir de 2012 -momento en el que la crisis mundial comenzó a impactar en China y Sudamérica-. China ha iniciado un repliegue de largo aliento sobre su mercado interno con reducción de un 40% de la tasa de crecimiento que venía trayendo. Las famosas “tasas chinas” ya son cosa del pasado.

Sudamérica enfrenta ahora el desafío de responder al fin del boom de los commoditties, la persistencia endémica de los niveles de desigualdad más altos del mundo y su crónica combinación de escasa población, con bajo poder adquisitivo y alta disposición de materias primas exportables (que a su vez lleva a la constante tentación de “primarizar” la economía, con un enorme costo social por la incapacidad de la producción de materias primas de crear empleo de calidad para toda la población). Globalmente, por otra parte, el gran ganador fue el sector financiero altamente especulativo que generó la crisis y los bancos calificados de “demasiado grandes para quebrar”. El boom de los fondos buitres expresa esa nueva degradación hacia la usura de sistema económico global.

Estos nuevos hechos, a los que se suma la caída impresionante del precio del petróleo, marcan un nuevo clima muy preocupante, en el que se destacan dos fenómenos relacionados: a) la inestabilidad del consenso democrático; b) la recomposición de los sectores económicos y políticos postergados en esta última década y media, que han caracterizado la mejora en las condiciones de vida de la población sudamericana como “una fiesta” disfrutada por la población, que ahora debe ser pagada.

Entre esos sectores que buscan recuperar posiciones se encuentran las tradicionales oligarquías sudamericanas históricamente beneficiadas por las altísimas tasas de desigualdad social, los grandes grupos económicos-financieros con centro en Estados Unidos y Europa -con un alto protagonismo de los “fondos buitres”- y la llamada “derecha dura” norteamericana, también en un más que preocupante proceso de mutación hacia posiciones extremistas como lo muestra la candidatura del millonario Donald Trump.

El impeachment de Dilma amenaza seriamente el consenso democrático alcanzado en la región, consolidado en la década de 1990, luego de la finalización de la Guerra Fría. Brasil no es un país más de la región. Por el tamaño de su población y su economía, Brasil es la mitad de la región.

Por eso el hecho debe preocupar seriamente, no solo al pueblo brasileño, sino a todos los pueblos latinoamericanos, porque el fin del actual consenso democrático, reabriría las compuertas para el desborde de los conflictos sociales y políticos, en un clima de inestabilidad política en el que ganarían poder de acción los intereses extrazona, muy especialmente aquellos vinculados a la derecha relacionada con los servicios militares y de inteligencia de Estados Unidos, postergados considerablemente en la última década como lo vienen señalando escandalizados los candidatos del Partido Republicano.

Una de las herramientas que más se resentirá con el impeachment de Dilma es el MERCOSUR, organización diseñada precisamente para consolidar y retroalimentar la democracia en la región. Del mismo modo que la Unión Europea fue antes que nada una herramienta para construir la paz en una Europa devastada por las guerras, el Mercosur fue antes que nada una herramienta para construir la democracia en una América del Sur devastada por las dictaduras. La integración económica y la complementación productiva entre los países sudamericanos, fue entonces un camino que llevó no solo a generar un bloque econónómico capaz de convertirse en actor a tener en cuenta en la globalización, sino a impulsar procesos sociopolíticos que iniciaron un cambio histórico de la estructura social de las sociedades latinoamericanas, mediante la inclusión de las mayorías históricamente sumergidas.

El Mercosur a su vez se conformó como una herramienta alternativa a los llamados “tratados de libre comercio”, a los que consideró como mecanismos para acentuar las desigualdades globales, cuando es realizado entre países con muy diferente poderío económico.

Luego de quince años de mejoras en las condiciones de vida y trabajo en América Latina, y muy especialmente en los países del Mercosur que alcanzaron considerables niveles de redistribución del ingreso y desarrollo sindical -fenómenos ambos íntimamente relacionados-, cualquier retroceso considerable en esos niveles de vida e inclusión va a ser resistido. Los niveles de conciencia y participación popular alcanzados son muy altos. Es cierto que los medios de comunicación también se han lanzado abiertamente a movilizar a la población en apoyo a los grupos de poder.

Todo esto sienta las bases para un aumento considerable de la conflictividad social y política, que si no puede contar con la democracia para dirimir las diferentes posturas, se desbordará con consecuencias imprevisibles. Tanto la trágica experiencia de las dictaduras latinoamericanas en la segunda mitad del siglo pasado, como el caos humanitario en que han caído las sociedades que fueron usadas como peones de los grandes poderes globales, nos muestran el peligro que enfrenta América Latina en este momento, de la mano de la crisis del consenso democrático.

La crisis del consenso democrático en la región y el debilitamiento del Mercosur, nos pone en el peor de los mundos para enfrentar la nueva ola de globalización que impulsan la nueva generación de tratados de libre comercio, como el TPP y el TISA, al debilitar la acción en bloque (Mercosur, Unasur, CELAC) que venía sosteniendo la autonomización de nuestros países.

Esta situación daña seriamente al movimiento sindical de la región, que se ha fortalecido asombrosamente en la última década y media, y en general a todos los movimientos ligados con los procesos de inclusión que han prosperado bajo el paraguas del consenso democrático.

En síntesis: Sudamérica ha entrado a una coyuntura extremadamente riesgosa, que tiene en su centro la crisis del consenso democrático que los diferentes sectores locales y globales con acción en la región, habían alcanzado a partir de mediados de la década de 1980. Esta crisis está asociada a una reacción -a partir de la crisis de 2008- de los sectores de poder local y global más tradicionales -principales beneficiarios de la altísima desigualdad social de la región-, afectados por los avances de los sectores históricamente excluidos. La crisis del consenso democrático abre la puerta a un desborde de la conflictividad social y política de consecuencias imprevisibles, en un mundo que debido a la multipolaridad creciente, también se ha vuelto mas conflictivo y tensionado.


La mamá (de las guerras) cumple 100 años

mayo 18, 2016

 

Sykes-picot

Mencioné muchas veces en el blog que no soy aficionado a las efemérides, comodín de escritores sin imaginación o tiempo. Pero ahora yo no cuento con tiempo, por lo menos. Y los 100 años del  Acuerdo Sykes-Picot, que se cumplieron hace dos días, merecen que lo tengamos presente. Porque dio comienzo a una larga guerra que ha durado desde entonces, y en este siglo XXI ocupa el centro del escenario.

Para nosotros, latinoamericanos (la Civilización Latinoamericana, según alguien a quien no le gustábamos, Huntington), recordarlo es valioso. Sirve para entender la necesidad vital de Estados nacionales fuertes, de alianzas entre pares, y para desconfiar de las Potencias. Los árabes decían en esos días Con los ingleses es mejor ser enemigo que amigo. Si eres enemigo, tratarán de comprarte. Pero si eres amigo, seguro que te venden.

Entonces, copio la introducción de la nota de Wikipedia (recurso fácil si los hay). Les remito al resto, porque tiene referencias útiles. Y aviso que moderar comentarios con el celular me resulta trabajoso. Los que sólo entren a pelearse con otros comentaristas, o repetir sus obsesiones, serán podados con más firmeza que hasta ahora.

El Acuerdo Sykes-Picot, conocido oficialmente como el Acuerdo de Asia Menor, fue un acuerdo secreto entre Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y la Tercera República Francesa para definir las propuestas esferas de influencia y control de los dos países en el Próximo Oriente si obtuvieran la victoria en contra de (Alemania y Austria) y el Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial. Las negociaciones ocurrieron entre noviembre de 1915 y marzo de 1916, se firmó el acuerdo el 16 de mayo de 1916, y fue expuesto al público por Izvestia y Pravda el 23 de noviembre de 1917 y por el británico The Manchester Guardian el 26 de noviembre de 1917.

El acuerdo le dio forma a la región. Se definieron las fronteras de Irak y Siria, y ha llevado hasta el conflicto actual entre Israel y el pueblo palestino.6 Muchas personas lo ven como un punto de inflexión en las relaciones entre el mundo del Occidente y el mundo árabe. Se negaron las promesas hechas a los árabes por el coronel T. E. Lawrence de una patria nacional árabe en el área de Gran Siria, a cambio de haberse aliado con los británicos en contra del Imperio otomano. La arquitectura geopolítica fundada por Sykes-Picot y la protección que disfrutaron las minorías religiosas y étnicas en el Medio Oriente desaparecieron en julio de 2014. El así llamado Estado Islámico anunció que una de sus metas en su insurgencia, es revertir los efectos de Sykes-Picot.

(El tratado) repartió a los británicos el control de las áreas desde la línea de la costa del mar Mediterráneo hasta el Río Jordán, (Trans)jordania, el sur de Irak y una pequeña área que incluyó los puertos de Haifa y Acre para dar acceso al Mediterráneo. Repartió a los franceses el control del sureste de Turquía, el norte de Irak, Siria y Líbano. El Imperio ruso iba a recibir Estambul, los Estrechos Turcos y Armenia. Se dejaron libres a las Potencias para decidir las fronteras dentro de sus propias áreas. Se previeron más negociaciones con otros poderes, incluyendo a Rusia y Husayn ibn Ali, jerife de La Meca, para determinar la administración internacional.

Dada la derrota de 1918 y la subsiguiente partición del Imperio otomano, el acuerdo efectivamente dividió las provincias árabes de los otomanos fuera de la Península arábiga en áreas de influencia y control de los británicos y franceses y se propuso una «administración internacional» para Palestina. Los británicos formaron el Mandato británico de Palestina entre 1920 y 1948 y el Mandato británico de Irak desde 1920 hasta 1932, mientras el Mandato francés de Siria y Líbano duró desde 1923 hasta 1946. Los diplomáticos británico y franceses Mark Sykes y François Georges-Picot negociaron los términos del acuerdo. El gobierno de los zares en Rusia fue una parte menor en el acuerdo y cuando ocurrió la Revolución rusa, fueron los bolcheviques quienes publicaron el acuerdo el 23 de noviembre de 1917, resultando que «los británicos se avergonzaron, los árabes se consternaron y los turcos se alegraron».


Las internas pejotistas

mayo 16, 2016

el-laberinto-del-fauno

Lejos como estoy de la acción, y de la información, debería seguir evitando meterme en la política cotidiana. Pero uno tiene este hábito… Y tengo la impresión, por lo que me llega, que salvo una minúscula minoría de políticos y militantes de tiempo casi completo, al resto de los que tienen una convicción firme… les alcanza con eso.

Por ejemplo: a la gran mayoría de los que opinan que el gobierno actual eligió un camino desastroso y ven en el peronismo una alternativa (un sector numeroso de los argentinos; yo estoy ahí) pareciera que les basta con indignarse y comentar las iniquidades de Macri. Los más politizados, reivindican el liderazgo de Cristina Kirchner, o dicen Cristina no me conduce, sin dar detalles de quién.

Bueno, tengo que decirles que ni siquiera elegir una de esas dos definiciones -importantes como son- es suficiente. Porque el peronismo no tendrá en los próximos doce meses una definición nacional decisiva -como en 1988, Cafiero vs Menem- ni tampoco competirá con listas nacionales separadas -como en 2003, Menem, Kirchner, R. Saá. La historia no se repite, aunque a veces los paisajes se parecen.

En el 2017 -muy pronto- habrá elecciones legislativas. Se votará por los legisladores que cumplirán o no el mandato de sus votantes (elijámoslos bien) por los próximos 4 años. Aún más importante, se decidirá quiénes serán los ganadores de cada distrito, los que se sentarán a la mesa de las decisiones y que los argentinos veremos como los rostros de la siguiente etapa. Y eso, repito, en cada distrito. No habrá listas nacionales, ni nadie tendrá el poder para armarlas desde afuera. Salvo en la alianza Cambiemos, que cuenta con el Poder Ejecutivo nacional. A lo sumo, alguien o algunos, en el plano nacional, apoyarán a figuras con las que tengan afinidad.

Es un dato importante, y es positivo. Porque en esta forma, inevitablemente, se irá renovando la dirigencia media del peronismo. Que lo necesita, cómo no. Y fortalecerá su unidad. Porque, al contrario de lo que se inclinan a pensar los que ya tienen los cargos, es la oportunidad de la competencia interna lo que hace que los idealistas y también los ambiciosos se queden adentro.

Por eso, los que se afiliaron para votar por… , tendrán la oportunidad. En la puja en cada partido de distrito, que es dónde se harán las listas del año que viene. Para que tengan una idea, y no porque yo sea porteño, les copio esta nota que me envió un compañero. La firmó Francisco Basualdo en Télam, y, por los datos que yo tenía cuando me fuí de Buenos Aires, es un buen detalle de la realidad local.

El Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires se apresta a convocar para los próximos días a una reunión del Consejo Metropolitano que definirá la hoja de ruta electoral de cara a la renovación de autoridades, comicios en los que ya está anotado para competir Mariano Recalde, pero para la que no se descarta una postulación de Jorge Taiana.

El proceso de ordenamiento del peronismo nacional, que concluyó con la asunción de las nuevas autoridades partidaria que encabezan José Luis Gioja y Daniel Scioli, allanó el camino para la renovación de conducciones distritales peronistas que aún no renovaron sus autoridades.

En ese marco, la conducción del Partido Justicialista metropolitano, hoy en manos del sindicalista Víctor Santa María, se apresta a convocar al Congreso partidario para prorrogar los actuales mandatos que vencieron a fin de abril y a definir un cronograma electoral que prevé elecciones internas para el 2 de octubre.

Al día de hoy, no hay acuerdo entre los sectores internos sobre quién será el sucesor de Santa María, diferencias que además se potencia por los desencuentros que viene sufriendo el bloque de legisladores porteños del Frente para la Victoria.

Uno de los dirigentes que ya hizo públicas sus intenciones de encabezar el peronismo porteño es Mariano Recalde, que actualmente preside el Congreso partidario y fue el candidato a jefe de Gobierno porteño por el FpV en 2015.

Desde el entorno de Recalde, sostienen que en el acuerdo alcanzado en 2014 que impulsó al líder de los encargados de edifcios a la presidencia del PJ, incluía que el ex titular de Aerolíneas Argentinas fuera quien lo reemplazara al frente de una lista de unidad.

“Mariano (Recalde) estuvo los primeros meses del año recorriendo junto a Víctor (Santa María), las 15 Comunas porteñas realizando encuentros con los compañeros en su doble carácter de presidente del Congreso y de candidato al PJ” señalan desde el entorno de Recalde, insinuando que cuenta con el apoyo del actual jefe partidario.

Si bien desde el sector del peronismo “tradicional”, que responde a la conducción de Juan Manuel Olmos, reconocen la existencia del acuerdo, señalan que el pacto implicaba que Recalde se “proyectara, no que iba a ser automáticamente el próximo presidente del partido” y sostienen que la derrota del FpV en noviembre pasado “cambia el escenario de los acuerdos”.

“Recalde es un dirigente que después de la derrota electoral ha caminado los barrios, se propuso construir una referencia y lo está logrando” valoraron desde ese sector pero también le achacan al kirchnerismo la responsabilidad principal de los resultados electorales del año pasado y del armado de listas “que fueron protagonizadas por ellos, más que por su capacidad de representación por una decisión política de arriba”.

En este sentido, hace algunas semanas empezó a sonar el nombre del actual presidente del Parlasur, Jorge Taiana como eventual candidato a presidir el partido.

Consultado por Télam, el ex canciller evitó referirse sobre el tema pero desde el peronismo que resiste la postulación de Recalde, al menos como candidato de consenso, ven en el actual dirigente del Movimiento Evita “el mejor candidato para presidir el PJ, tanto para una lista de unidad, como para una interna”, advirtiendo sobre la posibilidad de una compulsa entre los dos ex funcionarios de Cristina Fernández de Kirchner.

Lo cierto es que el resultado de una elección interna asegura un final abierto, sobre todo teniendo en cuenta que durante la campaña nacional de afiliación Buenos Aires sumó más de 20.000 nuevas fichas “que expresan a los sectores que acompañan el proyecto de Cristina (Fernández de Kirchner)”, confían desde el entorno de Recalde.

Los contrapuntos en el peronismo metropolitano también tuvieron en estos meses su correlato en la Legislatura a partir de desencuentros en temas cruciales para la ciudad, pero que distintas fuentes dejan entrever que responden sobre todo a las diferencias políticas de los sectores internos.

Para graficarlos, apuntan las divergencias en el seno del bloque del Frente para la Victoria durante el debate del traspaso de la Policía Federal a la órbita de la ciudad, que resultó en la abstención de la totalidad de los parlamentarios de esa fuerza, pese a que un sector promovía la aprobación de la transferencia.

Más acá en el tiempo, otro tema que metió ruido en el FpV fue la votación en segunda instancia de la creación de una agencia pública que administre los bienes del Estado.

En diciembre pasado, el bloque de legisladores del Frente para la Victoria acompañó la creación de la agencia, pero en las reuniones previas a la segunda lectura el respaldo de esa fuerza fue puesto en duda por el sector alineado a La Cámpora, que se resistía a volver a acompañarlo, y sobre la cual deberán sentar posición durante las próximas semanas.


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