García Márquez y un relato de Malvinas

abril 2, 2020

Uno no quiere pegarle a García Márquez. Colombiano, escritor talentoso,… Pero un famoso artículo que escribió un año después del final de la guerra en el Atlántico Sur es un ejemplo demasiado perfecto de como se construye un relato derrotista, después de una derrota real. Y de los mecanismos que llevan al periodismo, aún al talentoso, a construir esos relatos.

Juan Terranova, y la revista digital Paco, merecen un homenaje por su coraje al meterse con un mito literario y uno político, para reivindicar el coraje de soldados que no fueron mitos. Mi homenaje, por lo que valga, es copiarlo en mi blog.

“El miércoles 6 de abril de 1983, el diario El País de España publicaba el artículo de opinión “Las Malvinas, un año después”, firmado por Gabriel García Márquez. Existe una edición digital para su consulta. “Las Malvinas, un año después” comienza con una escena más parecida, por su forzado patetismo, a una remanida leyenda urbana que a las palabras de un escritor ocupado en comentar algo tan serio y dramático como una guerra. De entrada, entonces, García Márquez presenta el conflicto bélico del Atlántico Sur con una anécdota dudosa, que pretende ser trágica pero despierta dudas.

Escribe García Márquez: “Un soldado argentino que regresaba de las islas Malvinas al término de la guerra llamó a su madre por teléfono desde el Regimiento I de Palermo, en Buenos Aires, y le pidió autorización para llevar a casa a un compañero mutilado cuya familia vivía en otro lugar. Se trataba -según dijo- de un recluta de 19 años que había perdido una pierna y un brazo en la guerra y que además estaba ciego. La madre, feliz del retorno de su hijo con vida, contestó horrorizada que no sería capaz de soportar la visión del mutilado y se negó a aceptarlo en su casa. Entonces el hijo cortó la comunicación y se pegó un tiro: el supuesto compañero era él mismo, que se había valido de aquella patraña para averiguar cuál sería el estado de ánimo de su madre al verlo llegar despedazado.”

¿A qué dudas me refiero? Cualquiera que haya tratado a un veterano de Malvinas sabe el rol que cumplieron las madres durante el conflicto y ya iniciada la posguerra. Es difícil creer en esa negativa telefónica. Hubo y existe todavía una solidaridad muy grande entre los veteranos y sus familias. ¿Una madre que le dice que no a un hijo que vuelve de la guerra? ¿Una madre que niega su asistencia, por asco o aprehensión, a un compañero de armas de su hijo que encima está lastimado? Resulta difícil de creer. Por otra parte, la copiosa bibliografía sobre la guerra de Malvinas, sus causas y consecuencias, nunca habla de un suicidio en el Regimiento 1 de Palermo, que entendemos es el Regimiento de infantería 1 Patricios. ¿Un soldado se suicida en un regimiento y no queda asentado en ningún documento, periodístico o historiográfico? De hecho, no hay información al respecto. Tan simple como eso. García Márquez pone una excusa: la dictadura domina la prensa y oculta estos hechos. Pero, entonces, ¿cómo los conoce él? El novelista colombiano asegura que esas historias “andan por el mundo entero en cartas privadas recibidas por los exiliados”. Y luego agrega: “Hace algún tiempo conocí en México una de esas cartas y no había tenido corazón para reproducir algunas de sus informaciones terroríficas”. Pero el “corazón” para hacer pública esa información, oportuno, aparece gracias al festejo del triunfo británico en la prensa inglesa y norteamericana. Luego, el escritor agrega que la guerra fue “absurda”, usando un adjetivo que ya nada dice sobre nada, y mucho menos sobre una guerra.

Antes de comenzar a examinar el catálogo de idiotismos, mentiras, verdades a medias y burradas que componen el centro de “Las Malvinas, un año después”, me detengo en ese adjetivo porque El País provee también en su plataforma digital otro artículo de García Márquez, esta vez de un año antes, del 14 de abril de 1982, donde Gabo pide por los desaparecidos, señalando que, con la guerra, “el general Galtieri no ha hecho más que poner las cosas en su puesto. Pero lo ha hecho con un acto legítimo cuya finalidad es torcida”. El camino que lleva de las cosas “en su lugar” y el “acto legítimo” al “absurdo” toma un año. También sirve, claro está, saber quién ganó la guerra.

Lo dicho: el núcleo del artículo expone un catálogo de infamias en el que se mezclan medias verdades y groseras mentiras. Repasar esa lista, punto por punto, no es una actividad ociosa y puede ayudar a entender, ni más ni menos, cómo procesamos y entendimos los argentinos la guerra. Sé que comentar cada una de estas afirmaciones puede percibirse como algo mecánico pero bien vale el esfuerzo.

Dice García Márquez: “Ahora se sabe que numerosos reclutas de 19 años, que fueron enviados contra su voluntad y sin entrenamiento a enfrentarse con los profesionales ingleses en las Malvinas, llevaban zapatos de tenis y muy escasa protección contra el frío, que en algunos momentos era de 30 grados bajo cero”.

Lo primero que habría que decir aquí es que si un recluta está bajo bandera poco importa su voluntad. Como sucede en todas las guerras, hubo muchos soldados que no querían ir. Pero también es un hecho que el nivel de deserción en relación a Malvinas fue mínimo o incluso nulo. Los soldados clase 63 que habían sido dados de baja y vueltos a llamar al servicio acudieron con orgullo y sin dudar a la movilización. Por no contar la gran cantidad de voluntarios que hubo dentro y fuera de las distintas armas. Cuando García Márquez dice que estos soldados no tenían entrenamiento se refiere a los de la clase 62, muchos de los cuales, es cierto, no habían terminado su formación militar básica. Pero en ningún caso se trataba de la totalidad de la tropa llevada a las islas. La cita también opone jóvenes conscriptos argentinos a militares profesionales ingleses instalando una idea que tiene sus matices. Muchos de los paracaidistas británicos que murieron en Longdon y Tumbledown, por poner dos ejemplos, eran tanto o más jóvenes que los conscriptos argentinos.

Sobre los “zapatos de tenis”, figura que se instaló de manera contundente en el imaginario popular argentino, hay que decir que ningún soldado peleó en zapatillas. Si los conscriptos argentinos las llevaron fue porque se trataba de una tropa de ocupación. Y las zapatillas eran muy útiles a la hora de secar los borceguíes, de los cuales algunos soldados incluso tenían dos pares. Los borceguíes argentinos resultaron de tal calidad, con suela cosida y caña alta, que existen pruebas de que muchos británicos se los sacaban a los prisioneros como botín de guerra. Con respecto al abrigo es posible que fuera deficitario, aunque no en todos los casos, y hay que señalar que jamás hizo en Malvinas 30 grados bajo cero ni durante la guerra ni antes ni después. La amplitud térmica en las islas va de 24°, como máximo en verano, y -5° en invierno, con una media de que oscila entre 3 °C en invierno y 8 °C en verano. Solo como referencia vale consignar que en la Antártida la temperatura promedio es de -20 °C  a 0 °C.

Sigue García Márquez: “A muchos tuvieron que arrancarles la piel gangrenada junto con los zapatos y 92 tuvieron que ser castrados por congelamiento de los testículos, después de que fueron obligados a permanecer sentados en las trincheras. Sólo en el sitio de Santa Lucía, 500 muchachos se quedaron ciegos por falta de anteojos protectores contra el deslumbramiento de la nieve”. Las muy citadas gangrenas o pie de trinchera de Malvinas fueron un hecho cierto y lamentable de la guerra. Los oficiales y suboficiales argentinos muchas veces no supieron cómo proteger a sus soldados del frío y la humedad. Y muchas veces no quisieron hacerlo, demostrado un gran de crueldad y falta de criterio castrense. Sin embargo, los británicos también sufrieron esos problemas que les causaron bajas y dificultades a la hora de marchar hacia Puerto Argentino. Con respecto a los “92 castramientos” no hay fuente que hable de ese número, ni encontré referencia alguna a esa patología. ¿Tenemos que suponer que García Márquez inventa? ¿O que esas cartas de los exiliados a las que tuvo acceso mienten?

En Malvinas se dieron muchísimos abusos lamentables dentro de las Fuerzas Armadas que hablan de una formación militar deficiente y una soberbia criminal. Muchos de ellos fueron denunciados por los centros de veteranos y organismos de Derechos Humanos. Las presentaciones que se hicieron fueron esmeradamente prolijas y siempre con responsabilidad y compromiso de parte de los denunciantes. Pero la pregunta por la fuente, por esos noventa y dos castrados, sigue en pie: ¿de dónde saca esa información y ese número García Márquez? Lo mismo ocurre con los “500 ciegos del sitio de Santa Lucía”. Aunque es verdad que los soldados argentinos fueron equipados con anteojeras contra el viento que rápidamente se estropearon, no existe registro de casos de cegueras masivas durante la guerra. Amén de que “el sitio de Santa Lucía” no refiere a ningún hecho que haya ocurrido durante la recuperación y los combates.

Enseguida, a los castrados, García Márquez les agrega los violados: “Con motivo de la visita del Papa a Argentina, los ingleses devolvieron 1.000 prisioneros. Cincuenta de ellos tuvieron que ser operados de las desgarraduras anales que les causaron las violaciones de los ingleses que los capturaron en la localidad de Darwin”. Las batallas de Darwin y Goose Green, así como el cautiverio de los combatientes argentinos de esas batallas, están ampliamente documentadas. Véase, para empezar, la exhaustiva entrada que Wikipedia le dedica. Tanto conscriptos como oficiales y suboficiales, así como oficiales de alto rango, dejaron su testimonio sobre ese momento de la guerra. Muchos de ellos siguen malvinizando hoy en día al contar su historia. Nadie jamás habló de esos hombres ultrajados.

Detengo el análisis punto por punto para anticipar una pregunta: ¿cómo podía llegar a sentirse un soldado que había vuelto de la guerra al leer estas mentiras? García Márquez nunca se hizo esa pregunta. Lo que sí hace es agregar sobre los prisioneros que su “peso promedio era de 40 o 50 kilos, muchos padecían de anemia, otros tenían brazos y piernas cuyo único remedio era la amputación y un grupo se quedó interno con trastornos psíquicos graves”.

Esto es rotundamente cierto. Si García Márquez se hubiera centrado en esta información no habría forma de desmentirlo o rebatirlo. El hambre durante la guerra de Malvinas fue y es un hecho central del conflicto. También, como en todas las guerras, las patologías que se señalan. Pero en vez de dar precisiones sobre la falta de alimento para la tropa, que no fue un hecho regular y uniforme, el colombiano prefiere especular sobre el uso de las drogas en combate de una manera tan ingenua como contradictoria. Drogas en las guerras hubo siempre, desde el hachís de los guerreros turcos hasta la investigación de Norman Ohler con el uso de la pervitina durante la Segunda Guerra en el ejército alemán. En Los pichiciegos, Enrique Fogwill imagina cómo la administraban los británicos en Malvinas. Hay un poco de mojigatería en esa denuncia de uso de fármacos, pero sobre todo mucha fantasía. No existen registros de que los soldados argentinos fueran inyectados ni se les proporcionará ningún tipo de estupefaciente.

El párrafo dedicado a las pésima logística argentina también tiene una base de verdad. Causa directa de los problemas de nutrición, culpa real del Ejército y del Estado Mayor Conjunto, los errores logísticos en Malvinas fueron muchos y determinantes para que la guerra se perdiera. El Ejército no planificó, se desentendió de ese asunto central y expuso a sus hombres al frío y al hambre. Pero eso no ocurrió con la Armada y la Fuerza Aérea. Y hubo también muchas excepciones dentro del mismo Ejército. Sin embargo, aquí García Márquez acierta y su conclusión fue luego apoyada por el Informe Rattenbach. Las diferentes armas no coordinaron sus esfuerzos ni colaboraron antes ni durante la guerra, sino que incluso a veces rivalizaron en cuestiones tan importantes como la cadena de abastecimiento que unía las islas al continente. Pero, en vez de ahondar en ese tema, central para entender la derrota, García Márquez vuelve rápidamente a fabular. Copio el párrafo que sigue:

“Frente a condiciones tan deplorables e inhumanas, el enemigo inglés disponía de toda clase de recursos modernos para la guerra en el círculo polar. Mientras las armas de los argentinos se estropeaban por el frío, los ingleses llevaban un fusil tan sofisticado que podía alcanzar un blanco móvil a 200 metros de distancia y disponía de una mira infrarroja de la más alta precisión. Tenían además trajes térmicos y algunos usaban chalecos antibalas que debieron de ocasionarles trastornos mentales a los pobres reclutas argentinos, pues los veían caer fulminados por el impacto de una ráfaga de metralleta y, poco después, los veían levantarse sanos y salvos y listos para proseguir el combate”.

Hablar de “círculo polar” es un error grosero similar al de decir que en Malvinas hacían 30 grados bajo cero. Con solo mirar un planisferio uno comprende que las islas no están ni cerca del Círculo Polar. Por su parte, la diferencia de armamento es un tema delicado. Existió. Pero no necesariamente en las unidades de infantería que combatieron en las islas. Los dos bandos armaban a sus soldados de a pie con el FAL de munición NATO 7,62. Algunos argentinos tenían la nueva versión con culata calada y rebatible, más fáciles de transportar que los fusiles de culata de madera, y por eso algunos británicos los robaban como botín de guerra. Sin embargo, la gran diferencia se dio en el combate aéreo con los muy modernos misiles Sidewinder con los que Estados Unidos proveyó a los británicos. La descripción de esos supuestos “chalecos antibalas” a prueba de ráfagas de ametralladoras es una estupidez que no merece el mínimo análisis. Que los ingleses tuvieran “trajes térmicos”, menos delirante, también es falso. Por otra parte, lo de “trastornos mentales”, escrito al pasar por el colombiano, sería uno de los problemas más específicos de la posguerra. ¿Se puede hablar de “trastornos mentales” en relación a una guerra con tanta ligereza? Esos problemas llegaron y, cuando no se hicieron presentes, su sospecha condicionó la vida de los soldados que volvieron, más allá de esas armas de ciencia- ficción.

Luego García Márquez dice citar a “un testigo de aquella carnicería despiadada” y escribe sobre la participación de los gurkas: “La velocidad con que decapitaban a nuestros pobres chicos con sus cimitarras de asesinos era de uno cada siete segundos. Por una rara costumbre, la cabeza cortada la sostenían por los pelos y le cortaban las orejas”. ¿Decapitaciones? No hay un solo testimonio de que haya habido decapitaciones durante la guerra, más allá de que los soldados nepaleses no usaban cimitarras, un arma blanca de Oriente Medio que nada tiene que ver con Nepal ni con Malvinas.

Lo que sí hubo, al parecer, fue un suboficial inglés que se dedicó a cortar orejas de soldados argentinos. La historia se cuenta en el libro Green-Eyed Boys: 3 Para and the Battle for Mount Longdon publicado en 1996 y escrito por Adrian Weale, ex oficial de inteligencia militar, hoy historiador, y Christian Jennings, ex miembro del Regimiento de Paracaidistas Territoriales, hoy periodista de tv. Según una reseña del libro en La Nación, el corporal Stewart McLaughlin peleó con valentía en Malvinas y cayó en combate pero “fue privado de honores póstumos por la grosera colección de orejas que había arrancado del enemigo. Weale y Jennings dicen que al menos uno de estos infames trofeos fue removido de un soldado argentino todavía vivo. El nombre de McLaughlin no figura en la lista de héroes”. Como puede verse, no se trata de decapitados. Ni tampoco de un soldado de Nepal. Las demás cosas que dice García Márquez sobre los gurkas tampoco tiene ningún respaldo historiográfico.

Después de tanta invención, García Márquez dice, en el final del artículo: “Confío, sin embargo, en que el recuerdo de los hechos inconcebibles de aquella guerra chapucera nos ayude a entendernos mejor”. La guerra, entonces, ya no es “absurda” sino “chapucera”. ¿Qué significa “chapucera”? El diccionario de Google ofrece dos definiciones: “1. Persona. Que trabaja o hace las cosas con poco cuidado, sin técnica o con un acabado deficiente. 2. Adjetivo. Que está mal hecho o está hecho con poco cuidado, sin técnica o con un acabado deficiente”. Es posible, no lo niego, caracterizar una guerra de esa manera. Pero solo cuando termina. Difícilmente una guerra que se gana es “chapucera”. Son los perdedores los que reciben ese adjetivo cuando la confusión, el humo y los bombardeos terminan. Con los artículos de opinión no hay que esperar tanto. En el momento o con el diario del lunes, el lector puede estimar hasta donde el autor sabe de lo que habla, si su escritura presenta un “acabado deficiente”, y mucho más si insiste con mentiras o trata de engañar.

Leyendo “Las Malvinas, un año después” se comprende que García Márquez tenía la suficiente información para escribir un artículo serio y de bases firmes. Pero eligió hacer otra cosa. Optó por dejarse llevar por una copiosa imaginación bélica, llena de exageraciones y datos falsos. La guerra de Malvinas no fue como la describe el bueno de Gabo. Y si tuvo un saldo obsceno, y lo tuvo, no es el que se lee en ese artículo. Algo principal: García Márquez olvida el desempeño de las otras fuerzas. Solo habla de los conscriptos que pelearon en las trincheras de las islas. Olvida la Fuerza Aérea, olvida a la Armada, a la Prefectura, a la Gendarmería. Olvida o desconoce a los marineros mercantes, a los pilotos del Escuadrón Fénix y otros civiles que participaron del conflicto. Su mirada resulta así tan sesgada como atolondrada y obtusa.

¿Qué mejor fuente que el enemigo para conocer la verdad? Ellos no pueden estar atravesados por una mirada de reivindicación argentina o ser acusados de promotores de la dictadura. En Internet es posible encontrar elogios del teniente coronel David Chaundler, que asumió de comandante del 2º Batallón de Paracaidista tras la muerte del teniente coronel Herbert Jones, al Regimiento de Infantería Mecanizado número 7 de La Plata que peleó en el Monte Longdon. Jeremy Moore, el mismo que fue del campo de batalla a firmar la rendición de Menéndez el 14 de junio, habló de la determinación de los soldados argentinos que pelearon muchas veces hasta agotar las municiones desde posiciones que no abandonaban y que tuvieron que ser voladas por el aire con misiles Milan antitanque. Moore señaló que los soldados argentinos tuvieron que ser “prácticamente arrancados de sus puestos, a los que se aferraban como un caracol a su caparazón”.

En su libro No picnic, ya desde el título, el general de división Julian Thompson dejó por escrito uno de los testimonios más elocuentes en este sentido. Comandante de la 3º Brigada de Comandos de Infantería de la Marina Británica, Thompson se desempeñó como la máxima autoridad en tierra durante el desembarco y la primera parte del conflicto. En ningún momento de la posguerra dejó de señalar el coraje con el que habían peleado los argentinos y que, en sus palabras, “hubo momentos en que podría haber pasado lo contrario de lo que pasó».

¿García Márquez no poseía esa información cuando escribió sus opiniones? Bien. Pero ¿por qué mentir? ¿Por qué redactar una especie de delirio bélico de la humillación? Hay una razón. Esta vez no se trata solamente de un narrador arrobado en el vértigo de la exageración literaria. El objetivo primero de García Márquez era desacreditar a la dictadura argentina. Es muy probable que haya leído alguna carta, y haya hablado con alguien, pero resulta seguro que la mayor parte de su artículo son piruetas para empujar ese ataque. Como hizo el alfonsismo que amplió y consolidó estos idiotismos, los que pelearon fueron el fusible de esa puja política. Ellos, su historia, su verdad, su memoria, no importaban. Se los podía difamar y tildar de inútiles, castrados, violados y cobardes sin ningún tipo de vergüenza o pudor. Ni García Márquez ni el alfonsinismo pensaron en aquellos que fueron a Malvinas. ¿Cómo podían repercutir esas palabras en el ánimo y en la vida de esos mismo colimbas que decían describir? Mucho menos les importó el valor y el coraje, sobradamente probado de conscriptos, oficiales y suboficiales del Ejército, de marinos y aviadores. El fin último de sus operaciones políticas era desestimar, denunciar y comprometer a la dictadura. La guerra no les importaba. Por eso mismo García Márquez no duda en inventar datos o hechos que solo pueden haber salido de su poderosa imaginación.

Ahora bien, esta operación política en base al fraude tuvo una consecuencia directa. Instaló una serie de equívocos que aún hoy persisten en la sociedad argentina. Son íconos contemporáneos de los que cuesta mucho volver, a los que cuesta mucho desacreditar y que alimentan la muy conocida autodenigración local.

Todos los lugares comunes, repetidos incansablemente por miles y miles de personas desinformadas ya están ahí, en esas Malvinas humillantes de García Márquez: las zapatillas, los gurkas, los ingleses como invencibles, la trinchera como sinécdoque de la guerra, el combatiente como pusilánime. Otras especulaciones de García Márquez, por desgracia, son ciertas. Pero del conjunto destila un profundo sentimiento de denigración al soldado argentino que luego se expandió.

Recién a partir de la presidencia de Néstor Kirchner y gracias al trabajo diario y constante de los centros de veteranos y ex combatientes, que durante una muy larga posguerra militaron la causa Malvinas, tomó forma institucional un reclamo de respeto y consideración que la sociedad en su conjunto, acicateada por artículos como el de García Márquez, tardó en madurar. Hoy los veteranos de Malvinas ya no son “los locos de la guerra” y tienen el reconocimiento que merecen y que supieron ganar.

Gabriel García Márquez había dado a conocer la mejor parte de su obra cuando El País publicó “Las Malvinas, un año después”. Para 1983, el buen Gabo ya era una novelista y periodista reconocido por obras como Cien años de soledadEl otoño del patriarcaCrónica de una muerte anunciada y Relato de un náufrago. En 1981 había sido uno de los invitados de honor a la asunción de François Mitterrand. En 1982, el mismo año de la guerra, le otorgaron, nada menos, que el premio Nobel.  Esto quiere decir que cuando escribió “Las Malvinas, un año después” todo el mundo, no solo los salones literarios, las universidades y el periodismo interesado, lo estaba leyendo. Su voz era poderosa. Por su parte los que pelearon la guerra habían sido acallados. A veces por sus mismos superiores, a veces por la sociedad que les dio la espalda, a veces porque sus voces, desanimadas, no podían competir con la verborragia política y un periodismo por lo general confuso y confundido. Los protagonistas de Malvinas tuvieron que esperar mucho tiempo para empezar a contar sus verdades, que es la verdad de Malvinas. Hasta donde sé, Gabriel García Márquez nunca pidió disculpas por ese artículo. No por sus opiniones pero sí por sus mentiras. A la luz de las investigaciones que precedieron “Las Malvinas, un año después” habría sido lo correcto.”


Un cacho de nuestra historia

marzo 30, 2020

Aldo Duzdevich, el peronista que, entre otras cosas, escribió “JP-Lealtad, los Montoneros que se quedaron con Perón” y “Salvados por Francisco”, dio un largo reportaje sobre esos dos libros, que compartió en un grupo del que ambos participamos. Lo leí hace pocas horas, y de inmediato le pedí permiso para subirlo al blog.

Es un impulso personal. Esa historia de hace casi medio siglo parece, es, remota de lo que vivimos hoy. Y han pasado tantas cosas desde entonces. Pero nada. Esas luchas, los ideales que las impulsaron, y las derrotas, tienen que ver con lo que hoy somos los argentinos. Y hay poca memoria reflexiva. Relatos distintos, a los que se aferran distintos sectores. Y en la mayoría, que no lo vivió, historias periodísticas, superficiales o manipuladas.

Los que vivimos ese tiempo tenemos recuerdos, seguro. Y podemos discutir cosas con Aldo. Pero se tomó el trabajo, y tuvo el coraje, de historiar un capítulo difícil. Sé que la agencia Paco Urondo llega a muchos, pero igual quería que quedara aquí.

ooooo

APU: ¿Cuál es el origen de la JP Lealtad? ¿Cuáles eran las diferencias que tenían con la conducción de la organización Montoneros?

Aldo Duzdevich: Siempre digo que los hechos en la historia son multicausales, nunca hay un solo elemento que define un hecho histórico. La JP Lealtad se encadena en una serie de temas que luego van a terminar en esta fractura. Es complejo explicarlo tan brevemente porque primero hay que analizar cuál es el historial de los diferentes grupos que van a integrar Montoneros, sus prácticas políticas y  sus componentes ideológicos.

APU:¿Cuáles son esos elementos?

AD: Montoneros, básicamente, suelo decir, es una creación de la Iglesia Católica: los tres grupos originarios de la organización, los de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, son grupos juveniles de militancia católica, que hacen su opción por los pobres y por el peronismo. Se dice:  “los pobres son peronistas por lo tanto nosotros somos peronistas”. Y luego: la única forma de enfrentar a la dictadura de Onganía, es la lucha armada. Y a partir de tres o cuatro consignas muy generales, se empieza a nuclear Montoneros.

Aquí la base de incorporación  a la organización, tiene que ver con la unidad en la acción. Por lo tanto no había, en un principio, demasiadas discusiones de tipo ideológico político, más bien había algunas consignas importantes: el regreso de Perón, el socialismo nacional,  los programas de La Falda y Huerta Grande. Consignas bastante amplias, y sin nada demasiado cerrado o dogmático.

APU: Hay un sector que viene de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) que se incorpora a Montoneros…

AD:  Entre esos grupos, y acá entró en el tema de la Lealtad, se va a incorporar a Montoneros un grupo muy importante, cercano a 100 militantes, que venían de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) . Las FAP es la primera guerrilla que nace entre el 66 / 67. En 1968, un grupo importante de las FAP intenta instalar un foco rural en Taco Ralo y son detenidos todos.Taco Ralo lo encabezan Cacho “El Kadri” y Néstor Verdinelli. Las FAP son la organización que  hereda la Resistencia Peronista, porque muchos de sus cuadros venían de participar de esa experiencia.

Hasta se podría decir que es la única organización genuinamente peronista. Pero, en 1971 en la FAP se va a dar un proceso de discusión interno entre un sector que empieza a girar hacia la izquierda, lo que luego se llamó el alternativismo. Compañeros que salen de la cárcel y han mamado literatura marxista y vienen con una impronta de debate interno dentro de la FAP, para orientarla hacia una corriente de pensamiento más cercano al marxismo y ya con cuestionamientos ideológicos hacia Perón. Allí se da un proceso de fractura de la FAP, entre quienes que se denominaron los iluminados y los oscuros. Imaginemos quiénes eran los “oscuros”, justamente el sector más peronista de la FAP, que rompe con la organización e inician conversaciones para integrarse a Montoneros.

APU: ¿Cuánta gente integraba Montoneros en es momento?

AD :Ese Montoneros es una organización muy pequeña todavía. Esta es otra de las cosas que se desconoce. Cuando se habla de miles de militantes montoneros, no es la realidad anterior al 73.  Por ejemplo el mismo Roberto Perdía cuenta que: “en julio de 1972, cuando llegué a intervenir la columna de Rosario, no quedaba más que una docena de cuadros. Y la sorpresa fue que a fines del 72, cuando empieza la campaña electoral, “en Rosario juntamos 5.000 personas cantando FAP, FAR y Montoneros son nuestros compañeros”.

Siempre escuchamos la frase “nosotros los Montoneros fuimos los que luchamos para traer a Perón”. Eso es parcialmente cierto. Porque antes de Montoneros (que nace en 1970),  existieron 15 años de resistencia y luchas del peronismo. La Resistencia Peronista básicamente obrera (e injustamente olvidada) que nació en los días después del golpe del 55. Los intentos de levantamientos militares como el de Valle e Iñíguez. La lucha de los obreros del frigorífico Lisandro de La Torre, el MRP (Movimiento Revolucionario Peronista), los Uturuncos. Y fundamentalmente la lucha de las organizaciones sindicales que fue permanente desde 1955. Esto es lo primero que hay que entender. Porque salvo Perón y el pueblo peronista en su conjunto, nadie puede arrogarse el monopolio de la lucha por el retorno de Perón.

Y volviendo a Montoneros, en 1972, (es difícil saberlo), pero no tendría más de 300 cuadros de los cuales la mitad estaban presos. Eran grupos muy reducidos también el ERP y las FAR. El gran crecimiento de las organizaciones armadas, va a venir después del 25 de mayo del 73, ya en democracia.  Es más, te diría que el gran encuadramiento de Montoneros viene después de la muerte de Perón, donde incorporan una enorme cantidad de jóvenes provenientes de la JUP y de la UES.

APU: ¿Cómo se genera la discusión de la JP Lealtad ? 

AZ: El germen de la disidencia y ruptura de La Lealtad, es similar al que se dio dentro de las Fuerzas Armadas Peronistas FAP, entre “oscuros” e “iluminados.”  Recordemos lo siguiente. En 1970 nace Montoneros con el ajusticiamiento de Aramburu. Ese golpe les genera un apoyo popular importante, porque para el viejo peronismo Aramburu y Rojas eran un símbolo viviente del enemigo. Esto le granjea a Montoneros una gran simpatía entre el peronismo de la calle, entre gente de pueblo.

En paralelo las FAP (que estaba mucho más desarrollada), quedan enredadas en su discusión interna. Los “oscuros” rompen con la FAP y se llevan casi cien militantes.

Los “oscuros” deciden ingresar a Montoneros. Pero, como eran muchos, Montoneros no absorben a todo el grupo sino que mandan a algunos a otra orga que estaba empezando: Descamisados. Uno de los líderes de los “oscuros” es el Negro Eduardo Moreno, alias “Santiago”, que luego será uno de los líderes de “La Lealtad”.

Entre la gente que venía de las FAP y los cuadros originarios de Montoneros, había ciertas diferencias que luego iban a emerger en las discusiones. Primero, había experiencias políticas y militares diferentes y hasta algunas diferencias de clase u origen social. Como dijimos los de la FAP tenían un entronque con militantes de la Resistencia, tenían prácticas políticas previas a lo militar, tanto en sindicatos o unidades básicas.

En cambio los grupos originarios de montoneros, el del Colegio Nacional de Buenos Aires, el de Córdoba y el de Santa Fe, básicamente eran grupos juveniles católicos de clase media alta, que habían hecho la opción por el peronismo y la lucha armada todo junto, sin pasar por experiencias de otras prácticas políticas. Por ejemplo, Firmenich, nunca participó de una Unidad Básica o de un grupo de Juventud Peronista. Del grupo de la JEC (Juventud Estudiantil Católica) de estudiantes del Colegio Nacional, pasó a fundar el grupo “los Camilos” (por Camilo Torres) y de allí a Montoneros. En 1970 Firmenich y Abal Medina tenían 22 años, y muy poca experiencia política.

APU: ¿Cuál es el origen de las Fuerzas Armadas Revolucionarias FAR?

AD: Ésta es una organización que nace de tres grupos que son fracturas del Partido Comunista (PC), o de la “FEDE” (Federación Juvenil Comunista). Son cuadros formados en el PC que venían con una formación marxista/leninista y hacen su opción por el peronismo.Son cuadros que en general ya tienen un andamiaje ideológico más sólido, más estructurado que Montoneros.

Montoneros, como su nombre lo indica,era más bien una montonera; de peronistas católicos, de cuadros que venían del viejo peronismo y nacionalismo y de nuevos peronistas que se iban incorporando a la organización. Pero no había cuadros con posiciones ideológicas demasiado elaboradas. Además hay que decir que los que pertenecían al grupo original, el del Nacional Buenos Aires, eran jóvenes con poca formación política. Yo escucho a veces a exjefes montoneros hablar y me digo “pucha, qué escaso nivel político que todavía tienen”…

Obviamente que en ese momento lo que importaba era la lucha y no se reparaba mucho en la parte intelectual. Carlos Falaschi, que venía de otro grupo originario (el de Sabino Navarro), me contó una anécdota que yo reproduzco en el libro. Él era el dueño de la quinta de Moreno que se utiliza como casa operativa en el operativo de Aramburu. Cuando cae esa casa,  Falaschi y varios más tienen que pasar a la clandestinidad. Carlos me contaba que estaba “guardado” en una casa junto al Pepe Firmenich, a quien recién conocía. Firmenich estaba escribiendo los primeros comunicados de presentación de la organización Montoneros. Cuenta Falaschi: “Me da Firmenich para leer el documento y estaba todo bien. Pero, yo le marco un error. Había puesto : soberanía política, “libertad económica” y justicia social. Entonces yo le digo que lo correcto es “independencia económica”, y que “libertad económica” es un concepto del liberalismo. Tenemos una larguísima discusión porque Firmenich era muy soberbio, (y lo sigue siendo), y no quería dar el brazo a torcer. Hasta que el documento lo vieron otros compañeros y  obviamente lo corrigieron y me dieron la razón. Fíjate que Firmenich, que un tiempo después sería el jefe máximo de montoneros, desconocía cosas básicas como las tres banderas del peronismo.”

APU: ¿Cómo continuó el proceso de fusiones de las organizaciones y las discusiones internas según las vertientes?

AD: Un tiempo antes de la campaña electoral y del triunfo de Cámpora se empieza a discutir  la posibilidad de fusionar las FAR y Montoneros, que recién se anuncia formalmente el 12 octubre del 73, el día que asume Perón. La fusión con las FAR, que es casi simultánea al asesinato de Rucci,  es parte del conflicto interno que lleva a la ruptura de la Lealtad. Los cuadros que venían de “los oscuros” de la FAP era gente que tenía militancia en los sindicatos, en los barrios, estaba mezclada con el trabajo político y, lógicamente, tenían otra visión de la realidad, muy diferente. Al fusionarse aparecen muchos nuevos “jefes” y “responsables” que venían de las FAR a quienes algunos conocían de discusiones políticas en la facultad cuando esos “faroles” tenían militancia de izquierda no peronista. Obviamente eso generó mucho malestar en los cuadros peronistas más viejos.

Y las FAR trae a Montoneros un pensamiento mucho más ordenado y definido en materia ideológica. La FAR aporta los conceptos de la vanguardia revolucionaria, la idea del partido revolucionario que conduce al proletariado hacia la revolución socialista. Incorporan el concepto de lucha de clases, y  la visión de que el peronismo es una etapa, en esa lucha de clases. Y aquí empiezan los choques entre el grupo que venía de los “oscuros” de las FAP, que ya habían tenido esta misma discusión, y ahora la tenían en Montoneros. De pronto se encontraban discutiendo las mismas cosas que discutieron en las FAP dos años atrás.

APU: ¿La FAR aportó a la conducción de Montoneros ese componente ideológico?

AD: Los cuadros de las FAR se encuentran con una conducción de Montoneros que no era demasiado clara en lo ideológico; y diríamos que por su mayor nivel intelectual imponen su visión. Hay una anécdota de fines del 73:  Firmenich llega a un reunión de cuadros diciendo “termine de leer este librito que es muy bueno, se los recomiendo”; era “El que hacer” de Lenin. Y esta mezcla da, por así decirlo, una suerte de componente político ideológico que hasta ese momento no estaba.

Esto fue una de las discusiones políticas importantes. Y se mezcla con el desconcierto que genera el asesinato de Rucci. Todo el mundo pensó y dijo  “fue la CIA”, hasta que a los dos o tres días bajo la información “fuimos nosotros”. Según dijo Juan Gelman, (muchos años después) lo de Rucci fue para “tirarle el cadáver  a Perón, para que se siente a negociar con nosotros”.

Entonces empiezan una serie de conflictos. El primero es metodológico, se viene la etapa de la militarización extrema de Montoneros hacia fin del 73,  con esta idea de crear el ejército popular y seguir usando las armas en pleno gobierno constitucional. Entonces hay una primer discusión: si ya esta Perón en el poder,  ¿es lógico, es lícito, seguir tirando tiros, ahora ya no contra los militares sino contra los rivales internos del peronismo?. El 6 septiembre de 1973 a la salida de una extensa reunión privada con Perón, consultan a Firmenich si van a abandonar las armas y el responde “de ninguna manera, si hemos llegado hasta acá es porque tuvimos fusiles y los usamos” y “si los abandonáramos retrocederíamos en las posiciones políticas”. Y efectivamente 19 días después, con esos fusiles ametrallaron a Rucci.

APU: Allí surge un documento de Montoneros donde se definen muchas diferencias respecto al pensamiento ideológico de Perón

AD: La conducción nacional de Montoneros, escribe un documento conocido como “El mamotreto”. Es un documento casi fundacional, de esos que hace la izquierda para fundar un partido. Es el basamento ideológico de la nueva organización Montoneros surgida después de su fusión con las FAR. Hasta hoy no se ha encontrado el original,  pero sí lo que está muy bien reflejado en uno de los libros de Roberto Baschetti, es una charla que da Firmenich para los cuadros medios de la organización donde explica este documento, es muy interesante y muy gráfica porque están las definiciones fundamentales.

Se titula “Charlas a los frentes”  y es un documento que todos los que escriben sobre este periodo deberían conocer. Porque al desconocer este documento se pasan por alto definiciones fundamentales.  Firmenich ahí dice cosas muy interesantes pero arranca diciendo que Perón “no es lo que nosotros pensábamos que era” . Dice que “hay que profundizar su pensamiento, cosa que en rigor generalmente no conocemos. Su pensamiento, está escrito en una serie de conferencias, cartas e incluso en un libro que la mayoría de nosotros no ha leído: La Comunidad Organizada, que fija el pensamiento filosófico de Perón y es la ideología de Perón”. Firmenich asume claramente que desconoce el pensamiento de Peron y por supuesto no era el único; la mayoría de los militantes de JP de la época habíamos leído poco y nada de Perón.

APU: ¿Qué planteaba el documento de la organización?

AD: Dice Firmenich: “la ideología de Perón es contradictoria a la nuestra porque nosotros somos socialistas. Perón en La Comunidad Organizada, plantea la alianza de clases. Y nosotros estamos por la lucha de clases, la alianza de clases es un proceso de transición al socialismo.”

Sigue diciendo Firmenich “la conducción estratégica para Perón es unipersonal, es el conductor y sus auxiliares. Eso es contradictorio para un proyecto de vanguardia en donde la conducción la ejerce una organización, no un hombre, no hay conductor” (es obvio que la organización es Montoneros). “A partir de ahí, del desarrollo de nuestro proyecto y de nuestra intención, tal vez desmedida, de ser la conducción estratégica, surgen confrontaciones o competencias de conducción”. Dice claramente que tienen una discusión con Perón: él está con la alianza de clases y nosotros con la lucha de clases y la segunda es que la conducción no tiene que ser Perón sino que tiene que ser el partido revolucionario. La vanguardia que es Montoneros.

Con cierto tono de soberbia Firmenich dice:  “las contradicciones con Perón son insalvables; y la solución sería que Perón optara por admitir que la historia va más allá de su proyecto ideológico y que nosotros somos los hijos objetivos del movimiento justicialista y que entonces resignara su proyecto ideológico adecuándose a esta realidad. Perón sabe que nuestra línea ideológica no es la misma que la de él y que tiene una contradicción que vaya a saber cómo la resolverá. Es problema de Perón cómo la resuelve, nosotros somos otra cosa y acá la historia juega a favor nuestro.”

“El Mamotreto” por supuesto no era público, era un documento interno para los cuadros de la organización; no estaba en los diarios, ni en El Descamisado. Esta era otra de las cuestiones, el doble discurso de la organización, internamente se cuestionaba a Perón en todos los colores, y para afuera se seguía publicando en El Descamisado “La vida por Perón”, “nuestro único líder”, etc.

Imaginemos la cara que debió poner Perón cuando le llegaban estos documentos.

APU: ¿Cómo sigue entonces la discusión y la ruptura?

AD: Bueno un grupo de cuadros, que luego serán La Lealtad, elaboran una respuesta al documento punto por punto. Ese documento lo publicó el historiador Javier Salcedo en su libro Los Montoneros del Barrio, referido a la columna de la Lealtad, Moreno, del Gordo Gomez.La conclusión inevitable de ese debate, es que la conducción no acepta los cuestionamientos, que se le hacen y los muchachos, tal como lo habían hecho en  las FAP, deciden producir una fractura.

El 3 de febrero de 1974 se hace en Baradero  un congreso de la JP de la segunda sección electoral,y  se elabora un documento desconociendo la conducción de Quieto y Firmenich.  Es la primer columna en romper (donde militaba yo) que se llamaba la columna Artigas, y que la conducía el cura Jorge Galli, uno de los principales líderes de la creación de La Lealtad en todo el país. Unos días después  sale una solicitada en Clarín, que lleva por título “La conducción de Montoneros es Perón”, y firman sectores de montoneros de todo el país. Ahí nace La Lealtad y Montoneros soldados de Perón; organizaciones que van a tener una vida efímera, de pocos meses.

APU: ¿Perón estaba al tanto de estas fracturas?

AD: Por supuesto. En todo momento intento convencer a Quieto y Firmenich que depusieran su actitud de confrontarlo. Tuvo muchas charlas con ellos, incluso después del asesinato de Rucci, Perón se reunió dos veces en secreto con Quieto y Firmenich. Miren si no les tenía paciencia…

Y a la vez operaba por líneas internas, a través de Abal Medina, hablaba mucho con Dante Gullo y con el Turco Jorge Obeid, pero Gullo y Obeid no tenían poder eran solo “jetones” como se decía en ese momento.  Obeid finalmente va a romper y Gullo (según contó él) se queda aunque en disconformidad con la conducción.

Y, por ejemplo el cura Galli se reunió con Perón a fin de diciembre del 73; y luego Perón hizo dos o tres reuniones en enero del 74 con el grupo que iba a romper con la orga.

Todo lo de Baradero estuvo monitoreado por el Coronel Damasco quien mantenía informado a Perón y la solicitada de una página en Clarin, la pago el ministro Gelbard.

APU: ¿Cuál era la postura de Carlos Mugica?

AD:  Él había sido el asesor espiritual del grupo originario  del Colegio Nacional que pertenecían a la Acción Católica. Pero Carlos nunca se integró a Montoneros. Planteaba ese concepto que decía “yo estoy dispuesto a dar la vida pero no a matar”. Él nunca estuvo integrado a Montoneros como sí lo estuvo el cura Galli, que era nuestro jefe y muy amigo de Mugica. Era un poco la contracara de Mugica, aunque se llevaban muy bien. Carlos y el grupo de curas del Tercer Mundo empiezan a tener diferencias con Montoneros a finales de 1972 cuando se produce la apertura electoral. Plantean que si los milicos dan elecciones y Perón vuelve al país, hay que dejar los fierros porque ya no tiene ningún sentido seguir con la guerrilla en un gobierno constitucional.

En la misa que  hace en septiembre del 73, conmemorando la muerte de Abal Medina y Ramus, él repite una frase de la biblia “es momento de dejar las armas y tomar los arados”.

En una charla en Chivilcoy, unos días después de la muerte de Rucci, Carlos dice “¿quién mató a Rucci,?. Los montoneros. No es lo que opino yo, lo sé, me lo hicieron saber directamente. Le quitaron a Perón la alegría tremenda de experimentar, dos días después de ser elegido presidente, le castraron la alegría y eso es imperdonable. No importa la autocrítica, la cagada que se mandaron la nueva burocracia de los Montoneros”.  Mas adelante dice: “Yo creo que so pretexto de hacer la revolución en el fondo somos tipos suficientes que le vamos a enseñar a los otros lo que tienen que hacer, y eso es el paternalismo. Creo que la guerrilla tenía pleno sentido durante la dictadura militar y ningún sentido durante el gobierno constitucional. No tienen que actuar como organizaciones armadas”. Sigue diciendo: “Para mí muchos de los guerrilleros tampoco son pueblo, son pequeños burgueses intelectuales que aprenden la revolución en un libro y no en la realidad y juegan con el pueblo”. Todas frases muy duras que se ocultan deliberadamente, porque se nos hizo creer que Carlos Mugica era defensor de los Montoneros; pero la verdad fue es uno de los críticos más duros e importantes que tenían en mayo de 1974.

Carlos no perteneció a La Lealtad porque orgánicamente nunca estuvo en Montoneros. Ahora gran parte de sus amigos eran de gente de “los oscuros” de la FAP y los que luego van a crear La Lealtad.  Él se queda en Plaza de Mayo el primero de mayo y los montos que se van lo putean, le gritan traidor . Esto está relatado por varios compañeros que estaban con él en la plaza.

APU: Usted ofrece una versión que una parte de la izquierda peronista no suele contar sobre las responsabilidades en la ruptura con Perón ¿Cómo explica el proceso del desencuentro de Montoneros con Perón?

AD: Montoneros siempre ha jugado un rol de víctima. Cuando Perdía dice en su libro: “no sé quién mató a Rucci pero puedo asegurar que las principales víctimas políticas de la muerte de Rucci fuimos nosotros, porque sirvió para que nos acusen… y bla, bla, bla”. En ese discurso de víctima está el Perón malo, el viejo “facho” que los echó de la plaza. Te muestran la foto, pero no te cuentan la película; la película es parte de lo  que te estoy contando.

Perón sabía de todas estas cosas, leía los documentos internos de la organización. Cuando se junta con el cura Galli le dice “mire, yo tengo todos los documentos de ustedes, sé lo que están pensando”. Lo que destaco en el libro es la enorme paciencia que Perón tuvo hasta el día de su muerte, con las afrentas, los desplantes, los ataques y la necesidad de Perón de persuadirlos de que se dejaran de joder, de tirar tiros y que se pusieran a laburar en el proyecto de gobierno.

Después de un hecho tan grave, tan criminal como el amasijo de Rucci, Perón los vuelve a recibir. El otro día me contaba un compañero: “Yo fui como chofer de la orga dos veces a trasladar a Quieto y Firmenich a reunirse con Perón” después de lo de Rucci. El General se seguía reuniendo con los tipos que le habían tirado el cadáver en la puerta de su casa para decirle “viejo, sentate a negociar con nosotros”, estas son las cosas que los historiadores de la orga nunca te van a contar, y siguen diciendo que ellos son los pobrecitos porque Perón no los entendió, y le endosan la creación de la Triple A . Es la justificación de las enormes cagadas que se mandaron en su historia y que nunca se han hecho la autocrítica o las han hecho pero de modo muy parcial.

APU: En este mapa, ¿cómo interpreta los sucesos de Ezeiza? ¿Qué diferencia hay en su lectura de los hechos con los que realizó la Tendencia sobre lo sucedido en Ezeiza?

AD: Me costó la amistad de varios ex-montoneros cuando dije que Ezeiza no fue una masacre, fue un enfrentamiento. No existió la masacre de Ezeiza. Eso es un concepto semántico sobre el cual luego comenzará Montoneros la justificación de sus cagadas empezando con el asesinato de Rucci. Si en un tiroteo, de un lado hay cuatro muertos y del otro tres no es que te masacraron. Vos tiraste y los otros también tiraron. No se puede hablar de una emboscada, ni que del palco ametrallaron a mansalva a todo el mundo. Por qué digo que no fue una masacre, primero porque había dos millones de personas y hubo trece muertos, no hubo miles como se dice. Estos contados por todos los diarios, y por el propio Verbitsky en su libro Ezeiza.

Verbitsky señala solo dos integrantes de Montoneros, entre los trece muertos. Cuando investigué  los nombres de los muertos encontré que, cuatro muertos pertenecían Montoneros y tres que pertenecían a los custodios del palco. Los otros seis que eran gente de pueblo que no tenían un  encuadramiento político definido. Entonces, si te mataron dos militantes (como decía Verbitsky) claramente no podes decir que te masacraron. Y si fue cuatro a tres, tampoco fue masacre fue un enfrentamiento, muy triste, muy lamentable, pero queda grande la palabra masacre.

APU:¿Dónde ocurrió el tiroteo?

AD: El tiroteo se produjo detrás del palco cuando una columna que venía de La Plata no puede acceder. Sabemos que en los actos, siempre se discute por ver quién pone los carteles más adelante, quién se hace ver más. Ezeiza no fue más ni menos que eso, una pelea por ver quién copaba la cercanía del palco, y por supuesto, Montoneros fue quién llevó mayor cantidad de gente, eso también es cierto. La JP era la que tenía mayor capacidad de movilización en ese momento y también tenía los recursos para trasladar la gente, tema que no es menor.

Se dice “nosotros fuimos a Ezeiza y llevamos armas cortas para nuestra defensa y desde el palco nos tiraron con armas largas”. Ahora, cuando uno lleva un arma, no es una banderita para saludar. Armas cortas o largas matan igual.  Yo hice el cálculo de cuántos cuadros de JP pudieron ir armados y luego leyendo a Firmenich me di cuenta de que coincidimos. Aproximadamente había 5.000 personas armadas dentro de las filas de Montoneros y del otro lado había unos mil del CDO, de la Juventud Sindical, ex-militares peronistas. Si tenés 6.000 tipos armados que van a chocar en la cercanía del palco por ver quién se pone más cerca, ahí lo único que hace falta, es que suene el primer tiro para que se desate un pandemónium .

Carlos Flaskamp  jefe de las FAR de La Plata, cuenta que una parte de su columna que habían habían quedado muy atrás, se separa e  intenta pasar por atrás del palco para situarse del lado izquierdo. La autopista (que era el acceso posterior al palco)  por donde intentaban pasar estaba vedada. Cuando van a cruzar por atrás, salen los de la organización a frenarlos, entonces comienzan los forcejeos, las piñas y los cadenazos,   hasta que alguien saca un arma y tira el primer tiro.

Es detrás del palco donde se producen dos tiroteos, el primero a las 14 hs. Desde el palco disparan contra los que están cruzando la autopista y los de abajo hacia el palco. Quedo claro claro que desde el palco no hubo un tiroteo  hacia la multitud que estaba adelante. Eso si hubiera sido una masacre. Y esto no pasó, aunque enfrente muy cerca, estaban las columnas de Montoneros. Quienes estábamos al frente sentíamos algunas explosiones y después el silbido de balas, pero tampoco hubo estampidas de gente corriendo. El silbido de las balas que sentíamos adelante era “el fuego amigo”. Es decir los disparos de armas cortas desde atrás hacia el palco que  pasaban por arriba y llegaban en caída libre con un característico silbido.

Un viejo militante, el Pato Balestieri, me relató lo siguiente: “veníamos avanzando con nuestra columna cuando sentimos los silbidos de las balas y gritamos “todo el mundo al suelo” ; de pronto vemos un muchacho que está parado, y le impacta un proyectil en el cuello. Por suerte lo contuvimos, lo evacuamos y finalmente se salvó; y se salvó porque era una bala calibre 32 que venía sin fuerza en caída libre. Esa bala venía del otro lado del palco, era fuego amigo.”

Esto es lo que sucedió en Ezeiza, una tragedia en medio de una enorme confusión. Y sin lugar a dudas las víctimas principales de este enfrentamiento entre fracciones internas, fueron los dos millones de argentinos que habían concurrido felices y esperanzados de poder recibir a su líder que después de 18 años de exilio y persecuciones volvía a devolverles la esperanza.

Sin embargo le estupidez de unos y otros pudo más y la frustración nuevamente fue del pueblo.

APU: ¿Por qué considera que la experiencia de La Lealtad expresó una minoría que no pudo disputar la hegemonía de la conducción?

AD: Creo que hay dos razones fundamentales, la primera es que La Lealtad no pudo estructurarse porque nace como la fractura, como el antimontonerismo.  Y por otro lado, el único paraguas que tenía, en un proceso de polarización cada vez mayor, era Perón. La Lealtad se inicia en febrero o marzo del 74 y el primero de julio muere el General. A partir de allí la Lealtad se va disolviendo dentro del movimiento. Algunos en JP barriales, otros a algún sindicato, otros se van a la casa; pero no se arma una estructura, no hay tiempo ni espacio político para armar algo sólido.

Además  cuando hay polarizaciones muy fuertes, las posiciones intermedias son siempre difíciles.

Luego de la muerte de Perón empieza a actuar la Triple A. Y  nosotros quedamos en una situación complicada porque para la Triple A  éramos Montoneros y para Montoneros éramos desertores y condenados a muerte. Aunque no se conoce ninguna ejecución, pero sí la amenaza de condena a muerte a todos los cuadros de La Lealtad y una campaña furiosa a través de El Descamisado, tratándonos de lopezreguistas, etc. Todo eso impidió que Lealtad pudiera convertirse en una alternativa.

APU: Además, para pensar la reivindicación del tercer Perón, el del 73…

AD: Lo de La Lealtad es una anécdota, no es sustancial el rol, lo importante es ver la ubicación de Perón y la del pueblo peronista. Creo que lo importante es revisar esta parte de la historia para poner en su justo lugar el rol de las vanguardias iluminadas y el rol de Perón, quien murió siendo  líder y conductor del pueblo argentino.Me interesa por sobre manera la reivindicación del Perón en esta etapa. Quienes han escrito esta historia de los setenta se han encargado de destruir la figura de Perón para justificar las desatinos que, tanto desde el ERP como de Montoneros, se mandaron.

Hay una frase de una socióloga chilena, Olga Ruiz, que ha estudiado la guerrilla del MIR en Chile. Dice que los sobrevivientes de las organizaciones armadas han estructurado sus relatos binarios de la historia reciente sobre la  tríada de héroes, víctimas, y traidores. Ellos desde el sitial de héroes y víctimas cargan las culpas de sus derrotas a la existencia de algunos traidores. Es más fácil culpar a unos cuantos traidores que analizar críticamente los graves errores políticos de las dirigencias de las organizaciones revolucionarias.

Y, en este justificar sus errores políticos y militares, el primer “traidor” señalado es Peron. Se dice “nos uso”; “entre nosotros y la burocracia sindical, eligió a la burocracia”; “nos hecho de la plaza”; “sabiendo que se iba a morir nos dejo a Isabel y Lopez Rega”; “hizo la vista gorda ante la Triple A”; etc etc.. Seguramente ustedes han escuchado muchas veces esas frases. Y lógicamente todo aquel que no rinde respeto y honores al discurso de los “heroes-victimas”, cae en la temible categoría de “traidores”. Y en esa categoría entran todos los que no estuvieron alineados con ellos, por ejemplo Jorge Bergoglio, por nombrar alguien famoso.

Y la historia mal contada y mal aprendida, tiende a repetirse. Hagan memoria de cuantas veces escuchamos señalar “traidores” en los años recientes. Y resultó ser que alguno de esos señalados como  “traidores”, terminó en la Casa Rosada.

APU: ¿Qué considera importante rescatar de la experiencia política de La Lealtad? ¿Qué aprendizaje podemos realizar de aquella lectura?

AD: Bueno, cuando hablo de la importancia de la historia, me gusta repetir una frase de Peron, que para mi da sentido a mi trabajo de investigar y escribir. Dice Peron “hay que leer la historia para aprender del error ajeno, porque el error propio llega tarde y cuesta caro”. Y nuestra generación algunos de esos errores los pagó con miles de vidas. Por eso creo que el saldar  debate sobre nuestra historia reciente, es algo que los que vivimos la época debemos dejarle de herencia a las nuevas generaciones. Y dentro de ese análisis, si es importante, revisar esta experiencia de La Lealtad. Como es importante también escuchar y reflexionar sobre todas las posiciones políticas de la época. La historia de los 70 esta muy hegemonizada por la historia de Montoneros y es un error.

Hubo otros grupos juveniles peronistas muy importantes, como fueron Guardia, el FEN, Encuadramiento, el Peronismo de Base, los Comandos Tecnologicos, la CGTA, la Juventud Sindical, los grandes sindicatos UOM, SMATA, UOCRA, Luz y Fuerza, etc., todos tienen una historia para contar. Todos tienen su versión de la historia que hay que escuchar. Porque la historia no es lineal. La idea binaria de “buenos y malos” sirve para explicarle a los niños las películas de piratas, pero no sirve para entender la historia. Los malos de ayer, pueden son los buenos de hoy y viceversa.

Y respecto La Lealtad en si. Me gusta repetir una frase del escritor y ex militante de la Lealtad Teodoro Boot: “tal vez el gran merito de la Lealtad, fue el salvar la vida de muchos compañeros. Y entre esas vidas la de dos jovenes que años después serian parte de la historia grande de la patria, Nestor y Cristina”

Esto ya lo cuento yo. Néstor y Cristina, no tenían un encuadramiento dentro de la organización Montoneros, pero sí pertenecían a la Tendencia revolucionaria: Néstor había militado en la FURN, Cristina en FAEP, eran militantes universitarios. Ellos militaban en La Plata y su referente político era Carlitos Negri que en ese momento era diputado provincial. Todo ese grupo forma parte de esta fractura, aunque no  quisieron denominarse JP Lealtad. Pero Nestor y Cristina participaban de ese grupo y en parte explica porque sobrevivieron.

Y ya que hable de dos presidentes, te voy hablar de un tercero. En febrero de 2019, cuando todavía no era candidato a nada, charlando en un asado con Alberto Fernández,  le conté que había escrito La Lealtad y me dijo que él también había estado entre los secundarios de la UES de Lealtad.

Yo no suelo mencionar lo de Nestor y Cristina y ahora lo de Alberto. Porque si bien estuvieron, no fueron protagonistas importantes en ese momento.  Solamente cuando algunos comisarios políticos de la historia se ponen muy agresivos y me escupen los viejos adjetivos de “lealtosos”, “lopezregistas”,  “isabellistas”, etc, les menciono que Nestor y Cristina también pertenecieron a ese bando.

Pero, bueno, más allá de las chicanas típicas de los debates apasionados, estoy cada vez más convencido que es necesario revisar serenamente la historia de los setenta.

Yo rescato desde lo testimonial los valores de una juventud que estuvo dispuesta a pagar con su vida. Pero los cuadros políticos tenemos además la obligación de analizar los aciertos y los errores políticos, no para condenar a nadie, sino para extraer enseñanzas que nos eviten nuevas derrotas.


Cuarentena, tests, fantasías

marzo 28, 2020

En las redes se nota una demanda persistente -más allá que sea “tendencia” en algunos días o no- por tests masivos en Argentina. Obvio, es una consigna útil -suena razonable- para los sectores políticos que quieren criticar al oficialismo -Twitter es la red más politizada- y para todos los que opinan (opinamos) porque es gratis. Igual, es un reclamo legítimo; lo he discutido ahí, pero ahora quiero volcar mis argumentos en una forma más cómoda para mí que en algunos tweets. Son breves, eh. No soy epidemiólogo; esto es sobre comunicación.

Primero: todo a favor de más y mejores tests. No sólo sirven para decir si alguien está infectado. Cuando se hacen por miles y decenas de miles, van aportando estadísticas fundamentales para conocer la velocidad del contagio, el promedio de letalidad, el de recuperación, qué tratamientos y medidas son eficaces y cuáles no… Si la peste avanza, se mantiene o retrocede.

Entonces ¿qué estoy argumentando? Que los tests NO reemplazan la cuarentena, el aislamiento obligatorio. Quienes reclaman más tests con sensatez -esto excluye a los consignistas- lo tienen claro. Porque le hagan un test a una persona infectada no va a dejar de estarlo, ni de contagiar a su vez.

Pero… hay una fantasía detrás. Que, si se detecta a todos los infectados -en las imaginaciones más paranoicas, serían chetos, o kukas, u otra cosa fea- bueno, se los pone en cuarentena, y el resto de la población puede seguir con su vida normal, o por lo menos la de siempre. Cuando esto se dice, y es menudo, se agrega que eso se hace en otro país. Con frecuencia, se añade que es “serio”.

Es una fantasía. Si tests masivos mostraran que un 1 por mil de la población está infectado (un número muuuy conservador, créanme), eso significaría que hay que separar y encerrar a 44 mil personas en todo el país, al mismo tiempo, para que no contagien a nadie más en el proceso. Además, los tests para los 44 millones tendrían que ser también al mismo tiempo, o habría nuevos contagiados. Para una película, berreta, de superhéroes.

¡Que esto no se lea como que los tests no son importantes, por Dios! Son fundamentales, repito. Hoy detectamos los casos de coronavirus cuando están los síntomas: fiebre, dolor de garganta… La incubación del virus asegura que por varios días uno puede estar infectado, y contagiando a su vez, sin saberlo y sin ser detectado.

Uno de los resultados positivos de los tests masivos sería demostrar que el porcentaje de víctimas fatales entre los contagiados es muy bajo, mucho más que ahora que sólo conocemos a los que necesitan asistencia médica. La baja letalidad y la terrible facilidad del contagio son los factores que diferencian esta pandemia de todas las que estallaron en los últimos 100 años, y de las que los sistemas sanitarios modernos estaban preparados para afrontar.

El verdadero problema, en realidad, es la cuarentena. La búsqueda de soluciones mágicas, o la disposición a aceptar más riesgos, por parte de quienes la encontramos insoportable. Y por parte de los intereses perjudicados, que van desde Paolo Rocca a cualquier tachero. Pero mis reflexiones sobre el asunto estarán en otro posteo, si encuentro el tiempo y la energía.


Brasil, Bolsonaro y los EE.UU.: historia de un amor

marzo 23, 2020

Otra vez reproduciendo una nota de AgendAR (¿será que en los días del coronavirus, los matices de la política y las internas se diluyen?). Y la nota es la reproducción, con un breve comentario, de un artículo de Jorge Castro. Pero, como digo ahí, el punto no es lo que cree Castro. Sino lo que creen algunas élites de Brasil. Y de Argentina.

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«Brasil se incorpora al complejo industrial- militar de Estados Unidos»

Jorge Castro es, ya lo hemos dicho otras veces en AgenDAR, un analista informado de la política y la economía global. Pero… también dijimos que sus entusiasmos le hacían, en nuestra opinión, lanzar pronósticos demasiado arriesgados. Es un admirador sin límites de la potencia industrial y tecnológica de los EE.UU., y también de la de China. Y está convencido que ambos gigantes nos llevarán, de común acuerdo (aquí Tucídides sacude la cabeza), hacia un futuro luminoso. Puede ser, pero no tendríamos que dejarnos deslumbrar por la luz.

Aquí anuncia y aplaude un desarrollo que vislumbra en la relación entre Brasil y EE.UU. Este optimismo nos hace recordar a los veteranos el que el mismo Castro sintió ante la política de «relaciones carnales» de Menem-Di Tella-Escudé. Pero eso no es necesariamente relevante; han pasado 30 años y el mundo y EE.UU. cambiaron. Lo q es importante tener en cuenta para los argentinos, vecinos históricos y socios comerciales de Brasil, es que este proyecto puede o no ser tomado en serio en Estados Unidos. Pero hay sectores brasileños, muy influyentes, que se ilusionan.

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«EE.UU. y Brasil firmaron en Miami, Florida, (06/03/2020) el “Acuerdo de Investigación, Desarrollo, Pruebas y Evaluación”(RDT&E) en materia de Defensa, que es la primera consecuencia en la relación entre los dos países tras la designación de Brasil por EE.UU. como “Aliado estratégico extra OTAN”, realizada por la superpotencia norteamericana en marzo de 2019.

El objetivo del pacto es incorporar a la industria de Defensa brasileña – Embraer en primer lugar – al inmenso complejo militar-industrial norteamericano, que es el primero del mundo tanto en potencia financiera e inversora como en capacidad tecnológica (en los últimos 4 años, EE.UUha invertido en sus fuerzas armadas – Ejército, Marina, Fuerza Aérea, Cuerpo de Infantería de Marina y Guardia Costera – U$S 2.5 billones, una cifra superior al gasto de Defensa del resto de los países del sistema global sumados).

La incorporación brasileña a este inmenso complejo productivo, tecnológico y militar tiene su particularidad más relevante en el proceso inversor del sistema, lo que tiene un significado inmediato para Embraer después de que la empresa madre fuera adquirida en U$S4.200 millones por Boeing Corp.

Este año, EE.UU., por decisión del presidente Donald Trump, ha creado la sexta fuerza armada, que es el “Comando Espacial”, previsto para enfrentar la guerra en el espacio.

El gasto de Defensa fijado en el presupuesto 2019/2020 de estadounidense asciende a U$S 741.000 millones, y es de lejos el primero del mundo (el de la República Popular, que es el segundo, alcanza a U$S 280.000 millones).

“El objetivo del RDT&E es que Brasil y EE.UU. realicen en conjunto proyectos de Defensa de alta tecnología”, señaló el Almirante Craig Faller de la Armada norteamericana, actual jefe del Comando Sur, cuyo segundo comandante es el general brasileño en actividad Alcides Faria, ex Jefe de la 5ta Brigada de Caballería Blindada. Brasil se ha convertido en cogarante de la seguridad hemisférica junto con EE.UU.

El RDT&E abre a la industria de Defensa brasileña acceso inmediato al “Fondo del Departamento de Defensa de EE.UU.” de U$S 100.000 millones , destinado al desarrollo de proyectos high tech. La incorporación al RDT&E implica que Brasil ha modificado su status internacional y ha salido del marco regional de América del Sur, tras el acuerdo político/estratégico/militar firmado por Donald Trump y Jair Bolsonaro en Washington.

De esta manera, Brasil retoma la política exterior lanzada por el Barón de Rio Branco (1902/1912), cuando fue el primer estadista sudamericano que advirtió el significado mundial de EE.UU .tras imponerse a España en la guerra de Cuba y Filipinas (1898/1899), y forzar la paz como mediador entre Rusia y Japón en la guerra de Manchuria (1904/1905) en la presidencia de Theodore Roosevelt (1901/1909).

A partir de ese momento, Brasil se convirtió en el principal aliado estratégico de EE.UU. en América del Sur, lo que se reveló como un factor decisivo en la contienda geopolítica con la Argentina, posición que mantuvo hasta la década del ´50 en el siglo XX; y que culminó con la participación de la “Fuerza Expedicionaria Brasileña”(FED) en la Campaña de Italia (1944/1945) contra el Tercer Reich, liderada por los generales Joao Mascarenhas y Zenobio Da Costa, encuadrada en el 5to ejército norteamericano conducido por el general Mark Clark.

Entre otros, la FED luchó en las batallas de Montecastelo, Castelnuovo y Montese, así como en Montecassino contra los paracaidistas del general Kurt Student, consideradas las mejores fuerzas de infantería de la Segunda Guerra Mundial.

Brasil se propone ahora establecer un acuerdo de libre comercio con EE.UU., sólo condicionado a la realización previa de 4 reformas fundamentales: la reforma del sistema de seguridad social, ya sancionada; la reforma impositiva destinada a recortar el “Costo Brasil” que le impone a la producción brasileña un sobreprecio de 40%; la privatización de más de 140 empresas estatales, salvo Petrobras; y la última y decisiva, la apertura de la economía brasileña, la más cerrada del mundo después de Sudán .

El dato central de la inserción de Brasil en la economía global en los últimos 25 años es la nula o negativa productividad de su industria, y por lo tanto, su incapacidad absoluta de competir en el mercado internacional, salvo en el Mercosur, esto es, la Argentina, protegida por el “arancel cero” que caracteriza al acuerdo regional como “zona de libre comercio”, lo que ha sido episódicamente a partir del Tratado de Asunción de 1991/1994.

El RDT&E es un punto de inflexión en la historia de Brasil y de las relaciones de América Latina con EE.UU; y coloca por segunda vez a la nación brasileña – la primera fue cuando Getulio Vargas, antes de enviar a la FED a combatir en Italia, le otorgó a EE.UU. cuatro bases militares en Natal, Pernambuco, Belem y Fernando de Noronha – ante la posibilidad de cumplir su vocación más profunda, y hasta ahora siempre frustrada, de lograr el status de una potencia mundial en las condiciones del siglo XXI.

Barón de Rio Branco/Getulio Vargas/Jair Bolsonaro: Brasil retoma su continuidad histórica.»

ooooo

Argentina fue designada “Aliado estratégico extra OTAN” 22 años atrás, en octubre de 1997, siendo los presidentes Clinton y Menem. Y esa condición no ha sido retirada, aunque hoy no se la tome mucho en cuenta. Y es casi seguramente debido a eso que somos parte del G20.

La moraleja que apuntamos con esta mención no es que las buenas relaciones con EE.UU. no deban ser un objetivo de nuestra política exterior, por Dios! Es mas simple, recordarnos que por sí misma no garantizan nada. El desarrollo es una tarea que nadie hará por nosotros.


Sombra terrible de Keynes, voy a evocarte

marzo 18, 2020

(El título es una broma, aclaro por las dudas. Lord Keynes no era un caudillo federal).

Ayer los ministros Guzmán y Kulfas estuvieron en TV, anunciando medidas (¡cómo ha mejorado la comunicación política en estos días, por Dios! Un efecto positivo del coronavirus). Por supuesto, subimos de inmediato el video a AgendAR. No sólo son importantes en la coyuntura, sino que también representan un desafío para un Estado que durante décadas vio deteriorarse su capacidad para intervenir con eficacia en la economía (Torpemente, o en el papel de “socio bobo”, nunca dejó de hacerlo).

Posteriormente, agregamos un breve resumen y un más breve comentario. El coment. es lo quiero volcar en este blog, para sus politizados visitantes, algunos de los cuales están en el Estado. Aquí va:

Las medidas «keynesianas» -como se denomina, simplificando, a los estímulos a la producción y/o al consumo- no son herejías peligrosas, como gritan algunos mediáticos que han memorizado, mal, un par de artículos sobre economía. Son herramientas que emplean habitualmente la Reserva Federal de los EE.UU. y el Banco Central Europeo.

Pero, como eso mismo nos indica, no son una varita mágica. No siempre la «expansión cuantitativa», como llaman a la emisión cuando la hacen los países poderosos, ni la rebaja de intereses logran estimular a la economía. Eso es lo que le pasó esta semana a la «Fed», y estos años al B.C.E.

El tema es complejo. Pero hay una experiencia histórica clara. El «keynesianismo» se aplicó en países democráticos con buenos resultados en circunstancias de guerra. Cuando la sociedad se enfrenta a un desafío que la disciplina y obliga a concentrar sus esfuerzos. Bueno, hoy, ya lo ha dicho el presidente de Francia (los políticos franceses no son mejores que el promedio, pero tienen una tradición de elocuencia) «Nous sommes en guerre», «Estamos en guerra».


Comunicación política

marzo 15, 2020


El coronavirus y el resfrío

marzo 15, 2020

Otra vez subo al blog una nota mía en AgendAR. Ya es de vicio.

Este lunes 9, hace 6 días, la Agencia CyTA-Leloir, una fuente muy seria a la que AgendAR acude habitualmente, hizo una nota a Pablo Goldschmidt, virólogo y especialista en enfermedades infecciosas. Ese mismo día, el diario Clarín la reprodujo íntegra, con un título más periodístico “El pánico (por el coronavirus) es injustificado”.

Goldschmidt dice ahí “Las opiniones mal fundamentadas expresadas por expertos internacionales, replicadas por medios de comunicación y redes sociales repiten el pánico innecesario que ya vivimos anteriormente. El coronavirus identificado en China en el 2019 provoca ni más ni menos que un resfrío fuerte o gripe​, sin diferencia hasta hoy con el resfrío o la gripe tal como la conocemos”.

Estas notas no fueron recogidas por las autoridades sanitarias ni -a decir verdad- tuvieron mucha repercusión entre el público, aunque Clarín tenga una circulación miles de veces mayor que CyTA. Pero algunos días después, en la radio «Con Vos», en el programa La Inmensa Minoría, le hicieron un reportaje a Goldschmidt, que pueden escuchar acá. Y por algún motivo esa nota sí se viralizó. La están reenviando por whatsapp jubilados y madres…

Atención: los argumentos de este especialista son sólidos y claramente explicados. Vale la pena leerlo o escucharlo críticamente. Por otro lado, la realidad local ya lo está refutando, con esa voz ronca que tiene. Pero el planteo de Goldschmidt contiene una falacia grave, y vale la pena analizarlo aquí para entender mejor a lo que nos enfrentamos.

Por supuesto no desde los datos médicos; no estoy en condiciones de hacerlo (recomiendo esta nota de Daniel Arias, que la ha actualizado, y, sobre todo, la página oficial sobre el COVID-19). Escribo desde lo que sé de comunicación, y alguna experiencia en asignación de recursos.

Empiezo por reconocer lo obvio: hay muchas enfermedades mucho más letales que el coronavirus. Aún en estas semanas de la pandemia, están provocando más muertes. Ni hablemos de los accidentes de tránsito, o las guerras… Desde un humanismo abstracto, se podría reclamar que los esfuerzos y la atención que se vuelcan al COVID-19 se dediquen a la tuberculosis o al dengue o la malaria…

Pero ese humano abstracto no hace esfuerzos ni tiene recursos. Quienes sí los tienen, gobiernos, instituciones, atienden al peligro más inmediato y más cercano a sus intereses y responsabilidades.

Y el COVID-19, esta variante del coronavirus es un peligro inmediato y cercano a nosotros, los argentinos, como al resto del mundo. No en sí mismo: como dice Goldschmidt -y también se dijo en AgendAR- es de letalidad relativamente baja, si se lo compara con la pandemia más explosiva y memorable del siglo XX, la «gripe española» de 1917-1920. Pero el COVID-19 sí crea las condiciones para que se desarrollen en el enfermo infecciones sobreañadidas más peligrosas, como la neumonía a neumococos, de letalidad creciente según edad avanzada o cuando median patologías previas como diabetes, trastornos circulatorios o tabaquismo.

(Por eso la mejor decisión que puede tomar, si todavía no lo hizo: vacúnese contra la gripe y contra la neumonía. Y hágalo ya).

Es cierto que, como dice Pablo Goldschmidt., nada de esto es nuevo o muy peligroso si se cuenta con un buen sistema de salud. Pero aquí aparece la característica verdaderamente mortal de esta variante del coronavirus: comparte con los rinovirus del resfrío común la facilidad para el contagio.

Cuando uno contagia a varios, y esos a otros varios… la masa de infectados crece en forma exponencial. Un hospital, un sanatorio que puede atender muy bien a dos, y arreglarse para atender a diez, se ve desbordado cuanto se presentan pacientes de a decenas o de a cientos. Los médicos, los enfermeros, los respiradores mecánicos, no alcanzan para todos. Eso es lo que pasó en Wuhan, pasa en Italia, está empezando a pasar en España…

Aparece el inevitable triage: se atiende a los que tienen mejor chance de sobrevivir. Los otros…

Un buen sistema hospitalario, un sistema de salud estatal es una necesidad práctica como reaseguro. Porque ninguna empresa privada está en condiciones de hacer las inversiones necesarias para prever una emergencia que puede o no ocurrir en cualquier momento en un lapso de diez años. Tampoco una obra social. Se fundirían.

«Lo que esta pandemia ya está revelando es que la atención médica gratuita y nuestro estado del bienestar no son costos ni cargas, sino bienes preciosos, esenciales cuando golpea el destino.» Son palabras de Macron, no mías. Los políticos franceses hablan así. (En la práctica, este presidente de Francia ha sido otro más (y van muchos) en agravar el desfinanciamiento creciente del otrora envidiable sistema de salud pública francés).

Agregaré algo: tampoco es realista esperar que el Estado pueda mantener las estructuras físicas y de personal para cubrir algo que sabemos ocurrirá -las pandemias- pero cuyas características son impredecibles.

Pongamos por caso el virus del Ébola, por ahora confinado al centro y costa Atlánticas de África: con su fantástica letalidad y capacidad de contagio, ¿qué país, incluso riquísimo, mantener las capacidades de terapia intensiva que demanda una enfermedad tan demandante, pero tan infrecuente entre brote y rebrote?

Lo que no se puede hacer (sin pagarlo caro) es lo que hizo Italia: pasar -a fuerza de recortes- de alrededor de 500 a 320 camas de terapia intensiva disponibles cada 100.000 habitantes. Si Corea, tan próxima de China, está manejando mucho mejor este tema que Italia es porque en las malas o en las buenas, mantienen más de 1200 camas de intensiva cada 100.000 habitantes. Los EEUU, que nunca creyeron demasiado en la salud pública, no llegan a 180…

Los coreanos no incurren en este gasto únicamente por la posibilidad de una guerra con Corea del Norte. Lo hacen por la conciencia de estar ubicados en la región del mundo donde, por sobrepoblación y por la inmensa industria de cría de animales de consumo alimentario, suelen nacer, como zoonosis, casi todos los virus pandémicos respiratorios.

Ha sido el caso de todas las gripes muy severas: la de 1917, la de 1957, la de 1968, probablemente la de 1977. La solitaria excepción fue la gripe porcina de 2009, que brotó en México (justamente, en una gigantesca granja de cría de cerdos).

Lo que se puede exigir al estado es que tome las medidas necesarias en el momento oportuno para aminorar la velocidad del contagio, para que el sistema de salud cubra a los pacientes; impida el acceso de nuevos portadores; y mantenga en cuarentena a los contagiados, dentro de los límites físicos que impone la realidad. Las aplicaciones informáticas son útiles, pero no reemplazan a las personas humanas que deben atender, y obligar.

Me informan los que saben que no es nada que no hayamos hecho antes. En 1957, cuando brotó una fiebre hemorrágica en la zona maicera de la provincia de Buenos Aires, la letalidad inicial era aterradora: 30%. Y no se sabía siquiera el causante. En 1958 ya estaba identificado y con nombre («virus Junín», o de la fiebre hemorrágica argentina, transmitido por el ratón maicero). Pero aún peleando a ciegas, la salud pública argentina, liderada por el Instituto Malbrán, hizo un enorme y eficaz esfuerzo de contención y terapia con medios primitivos: tratando a los contagiados con el suero de la sangre de ese 70% de convalecientes. La mortalidad bajó bruscamente a un solo dígito. Tomó décadas desarrollar una vacuna, la CANDID-1, que se tuvo que hacer en colaboración con el Ejército de los EEUU, y que hoy se suministra rutinariamente a unos 250.000 habitantes en la región bonaerense de Junín. Es muy eficaz.

Pero esta vez el vector viral no es un ratón sino nosotros mismos, los humanos, y el ecosistema del COVID-19 no es una región acotada de la Pampa Húmeda, sino el mundo todo. Nuestro gobierno ha tomado medidas severas al observar lo que estaba pasando en Europa y en EE.UU. ¿Son suficientes? Antes de 30 días lo sabremos.


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