21F: Desde el sindicalismo proponen algunas cosas

agosto 16, 2018

moyano

Hace unas horas, en el estadio de Atlanta, la Multisectorial 21F que integran Camioneros, la Corriente Federal de los Trabajadores y organizaciones sociales realizaron un acto, para afirmar su voluntad de enfrentar unidos a este gobierno y también para diferenciarse de la actual conducción de la CGT.

Entre los participantes hay posiciones distintas en la interna sindical, y también en la política, como no. La imagen del Hugo, ahí arriba del posteo, la tomé de la página de otro dirigente gremial, uno de los convocantes, que a lo largo de su trayectoria estuvo muy lejos de Moyano. Pero por su edad y por su historia -incluidas sus contradicciones- él hoy sirve como identificación de los que se reunieron.

Como sea, lo que me parece interesante destacar es en qué se pusieron de acuerdo. Les propongo leer su Propuesta Multisectorial, cliqueando aquí. Son 18 páginas. No es el típico catálogo de consignas obvias, ni tampoco son tímidas. Uno puede recordar otros documentos, también lanzados desde el movimiento obrero, que fueron la base de los debates y las banderas de lucha de otras décadas argentinas. Nuestro país y el mundo son muy distintos, pero todavía hay lugar para proyectos nacionales.


La Nación suena la alarma

agosto 11, 2018

Cada vez veo más indicaciones de que el blog de política, ese formato informal que disfrutamos -y que en mi caso sigo estirando por más de 11 años- necesita ideas nuevas. Y sangre nueva. Del “cuadernogate”, esa tormenta de humo -y fuego, y sobre todo chispas que queman en todas direcciones- desatada el 1° de este mes, los blogs de análisis y militancia han sido tan previsibles en sus comentarios como los de la cadena de medios masivos. Con signo opuesto, claro. Tuvo que ser Carlos Pagni, hombre de esos medios masivos hoy paraoficialistas, el que hizo más -hasta donde yo leí- para poner el escándalo en su contexto nacional e internacional.

(Reconozco que yo no escribí nada aquí. Además de mi habitual y verdadera excusa de falta de tiempo, posteé bastante sobre política y corrupción, como pueden leer si les interesa en el Buscador de la columna de la derecha. No veo que pueda agregar algo nuevo).

Y hoy es nuevamente un hombre de La Nación, Francisco Olivera -coautor allá por 2007 junto a Diego Cabot (¿les suena?) del módico best seller “Hablen con Julio”, donde está todo lo que se lee en las fotocopias de los “cuadernos de Centeno”, más anécdotas; es Olivera, digo, el que hoy publica el mejor análisis -también, hasta donde leí-: Un escándalo que nadie puede frenar. Con el sesgo de La Nación, por supuesto, escribe de esta ofensiva jurídica y mediática y dónde puede llegar. Mi comentario al final.

“Con apenas diez días de vida, el escándalo de los cuadernos de Oscar Centeno acaba de alcanzar una categoría desconocida en la historia de la corrupción argentina: por su propia dinámica, contexto y características, no hay nadie en condiciones de frenarlo. Esta presunción, demoledora para el olfato empresarial, multiplicó en las últimas horas la urgencia del establishment por presentarse en Comodoro Py. No es altruismo: es miedo a la onda expansiva. Un exquisito del lenguaje podría incluso objetar la palabra elegida para la figura jurídica con que algunos han elegido colaborar: más que arrepentidos, parecen presentarse como rehenes de situaciones que ponían en riesgo desde negocios hasta la seguridad física.

Pero Claudio Bonadio no es confesor sino juez. En sus manos están los alcances de una investigación que perturba incluso a sectores del Gobierno. ¿Qué macrista estaría en condiciones de afirmar que, en el futuro, arrinconado, un arrepentido no involucrará a funcionarios de la administración actual? Es la primera conclusión que surge al hablar con abogados y consultores que, convocados por contratistas de obra pública, e incluso antes de saber si serán o no citados, tienen ya delineadas estrategias de contingencia: dirán que ese era el único modo de trabajar en la Argentina desde hace décadas. Arrepentido estaba Raskólnikov en Crimen y castigo.

El cataclismo los tomó por sorpresa. “Estamos todos en un pequeño quilombo”, dijo a La Nacion un contratista. Superadas rápidamente las dudas de quienes observaban que los originales de los cuadernos siguen sin aparecer, el punto de inflexión llegó esta semana, con la aparición de Techint como protagonista de la operatoria. No solo porque es el grupo empresarial más importante del país, sino porque la declaración de sus imputados, Luis Betnaza y Héctor Zabaleta, empezó a poner en duda el principal argumento que venían dando en las empresas, que era el suministro de bolsos como contribución de campañas electorales. Es cierto que ningún funcionario pediría aportes para comprarse un tres ambientes en Miami, pero el eufemismo tiene además una lógica jurídica: los aportes ilegales violan la ley electoral y se castigan con una pena de 3 años de prisión, mientras que las figuras de soborno y asociación ilícita prevén sanciones mayores: de 1 a 6 y de 3 a 10 años, respectivamente.

Los pagos que Techint acepta haberle hecho al kirchnerismo para conseguir que le gestionara ante Hugo Chávez la indemnización por la estatización de Sidor coinciden con una jactancia que Julio De Vido repetía en ese momento ante interlocutores de confianza: haber conseguido para la siderúrgica, expropiada a principios de 2008, un resarcimiento acorde con el valor que tenía antes de la caída de Lehman Brothers, que se produjo meses después y desplomó las acciones de todos los activos en el mundo.

Betnaza declaró ayer como imputado, se retiró bajo caución probatoria y explicó a los periodistas que esperaban afuera la división de roles en el grupo. “Zabaleta dijo que él había pagado dinero. Las condiciones y los por qué de ese dinero, el señor Zabaleta no los sabía: los sabía yo. Vine y expliqué las causas por las cuales había hecho eso, y ahí quedó”. Nada extraño para una multinacional: en general, para evitar traiciones, quien paga y quien negocia no es nunca el mismo.

Por las decisiones que tomó hasta ahora, Bonadio parece convencido de que serán los empresarios, no los ex funcionarios, quienes permitirán avanzar con la investigación. A los urgidos se sumaron ayer Carlos Wagner, expresidente de la Cámara de la Construcción, que adhirió a la figura del arrepentido; Aldo Roggio, un histórico de la obra pública, que adelantó así la indagatoria que tenía prevista para el martes, y Hugo Eurnekian, director de Corporación América, que se presentó espontáneamente y admitió que le había entregado a Centeno bolsos con “aportes de campaña” en al menos dos ocasiones.

Son días difíciles para todos. El universo contratista cree estar sufriendo una vieja promesa incumplida de Macri, de quien interpretaron que la limpieza del establishment argentino, si se concretaba, se centraría solo en los casos más obscenos de los últimos años. No por nada, no bien Macri llegó a la Casa Rosada, muchos de ellos hicieron esfuerzos por participar de licitaciones incluso por debajo del costo. Había que ser parte del nuevo régimen. Nadie imaginaba por entonces una cacería indiscriminada.

Pero el fantasma de Centeno no siguió esa lógica. Ahora, aunque se lo propusiera, la Casa Rosada no podría influir. No solo por su debilidad inherente o la magnitud del asunto, sino también por las particularidades del juez: entre íntimos, Bonadio admite últimamente estar frente al gran caso con el que le gustaría despedirse de la Justicia antes de jubilarse. Independientemente de los alcances, la investigación le traerá además al Gobierno penurias económicas con las que no contaba, que se extenderán probablemente hasta bien entrado el año próximo. Ayer, apuntalado por la tensión entre Estados Unidos y Turquía, el riesgo país subió sobre los 700 puntos básicos y el dólar trepó a 29.80 pesos.

Nada que no haya ocurrido ya en Brasil. El Lava Jato se inició en 2014 y la economía de Temer no termina de recuperarse: crecerá en el mejor de los casos 1%, un tercio del 3% que Henrique Meirelles, entonces ministro de Hacienda y ahora candidato a presidente, había pronosticado en marzo. Ni los acuerdos de indulgencia firmados con la Fiscalía General, que exigen a las empresas severas multas y el compromiso de colaborar con la Justicia a cambio de no quedar inhabilitadas para operar, alcanzaron para evitar el derrumbe.

Ese escenario, sin embargo, es de corto plazo. En el horizonte aparece una incógnita mayor: ¿alcanzará el mayor escándalo de corrupción de la historia argentina para refundar el sistema político entero? Tanto la experiencia brasileña como la Tangente italiana mostraron que los actores que en un principio parecían beneficiarse con el escándalo quedaron después afectados. “El dique se rompió: la duda es si el agua llega a la rodilla o al cuello”, graficó ante este diario un operador empresarial.

De esa medida depende la reelección de Macri. Bastarán unos meses para revelarle si llegó para formar parte de la “nueva Argentina” que prometió refundar o si, por el contrario, deberá contemplarla desde afuera. Hace años, cuando estaban a la par, Sergio Massa solía hacerles a sus viejos socios de Pro una broma sugestiva. Decía que él y Macri no eran los primeros de la nueva política, sino los últimos de la vieja”.

El “mani pulite” en Italia en los ’90 no redujo -como ya ha sido observado- el índice de corrupción en la política y la economía de ese país. Pero sí acabó con toda la corporación política que había gobernado Italia desde el fin de la 2° Guerra. Para dar paso a una nueva, claro. Allí surgió Berlusconi, por ejemplo.

El “Lava Jato” en Brasil no tuvo el mismo efecto. No al menos hasta ahora. La intervención del “partido judicial” brasileño estuvo, está, tan direccionada como las del “partido militar” en una etapa anterior de la política en América del Sur: acabar con el “populismo” en su versión brasuca: el P.T., el liderazgo de Lula. No sabemos como sigue la película, claro.

La ofensiva judicial en Argentina estuvo, durante décadas y hasta este mes, rígidamente controlada: los culpables estaban fuera del gobierno. Y además, en general eran pobres (comparativamente). El factor -el interno; los de afuera del país merecen un análisis aparte- que cambió- es la lección que pusieron por escrito los jueces del Lava Jato: los empresarios son mucho más vulnerables a la presión judicial que los políticos.

Alguien que actúa en política tiene -es inevitable- en algún lugar de su mente la posibilidad de ir preso. Como alguien que limpia vidrios la posibilidad de la caída; no la desea, probablemente piensa que a él no le va a pasar. Pero sabe que la posibilidad está.

Para los empresarios grandes, entre nosotros, la posibilidad de ir preso era sencillamente impensable. Ya no. Es irónico que sea en un gobierno muy “friendly” con las grandes empresas, cuyos cuadros más importantes, empezando por el Presidente, vienen de ahí, haya surgido este espectro.

La nota de Olivera en La Nación -vocero histórico de un sector del poder económico local- indica su desconcierto. Y su desconfianza hacia las figuras políticas que en algún momento les ofrecían garantías. O, aunque sea, el “mal menor”. Mauricio Macri, Sergio Massa…

Por mi parte, estoy de acuerdo con la nota en algo: Es probable -no seguro, pero probable- que quienes que se han movido por décadas en este entretejido del poder político y económico “pasen a retiro”. El reciente debate por la “despenalización del aborto/interrupción voluntaria del embarazo” mostró que muchos de sus expresiones políticas están obsoletas. ¿Que vendrá nuevo? Difícil decirlo, y difícil que aparezca para el inminente 2019. Pero a los que le gustan vislumbrar escenarios menos tácticos, les invito a leer este interesante posteo de Marcos Domínguez.


Una foto vale más que diez posteos

agosto 3, 2018


Cristina, los intendentes y un toque de realismo

julio 16, 2018

cfk

Amables lectores del blog, de cuando posteaba casi todos los días, me piden que vuelva a aportar mis opiniones. Me halaga, y a uno le gustan los halagos, cómo no. Pero creo que el problema de los politizados no pasa por la falta de comentarios, sino por el exceso. Aún de comentarios inteligentes, que hay muchos, pero no distinguen entre sociología, literatura, y posibilidades electorales.

Y (lo que se supone son) los resultados de las elecciones es el dato supremo en la política nacional. Todo lo demás -aún las realidades decisivas de la economía- tienen que tomarlas en cuenta. Si aún antes que se recuperara la democracia en Argentina, y el “partido militar” estaba vigente, la supuesta invencibilidad del peronismo en elecciones libres era lo que impedía que se dieran, y la construcción de un proyecto alternativo viable.

Ahora quiero compartir con ustedes esta nota de Lucrecia Bullrich. Pueden leerla en La Nación, claro, y en las redes ya está provocando ruido. Pero la subo aquí porque muestra que, sin análisis sofisticado ni información secreta -no dice nada que no sepan los que conocen algo de la política en el Gran Buenos Aires-, se indica un elemento clave en la política de este año. Y del cercano 2019. Además -como supondrán los lectores habituales- voy a agregar comentarios al final.

Decididos a retener el poder y asegurarse su mandato, los intendentes peronistas del conurbano bonaerense no dudan: pese a la derrota de 2017 y las arengas por la “renovación”, el año que viene volverán a jugar con Cristina Kirchner . Esa certeza, que se profundizó en los últimos meses junto con el deterioro de la economía y de la imagen del Gobierno, complica el armado del peronismo federal, que pretende construir una alternativa sin un solo punto de contacto con la ex presidenta ni con el kirchnerismo.

El regreso a las filas de Cristina Kirchner se explica, antes que nada, por los números. Sigue siendo la dirigente opositora que mejor mide en territorio bonaerense y, sobre todo, en el conurbano.

La mayoría midió a Cristina en su distrito recientemente o vio encuestas de imagen que la ubican en torno a los 30 puntos e, incluso, más. Por ejemplo, en varios municipios de la crucial tercera sección electoral. A esa vigencia en los sondeos suman el hecho de que en el llamado “peronismo racional” -el de la mayoría de los gobernadores y los diputados y senadores del peronismo federal- no asoma quien le haga sombra: ni Juan Manuel Urtubey , ni Sergio Massa , ni José Manuel de la Sota , algunos de los nombres que suenan sin demasiada firmeza en el campamento peronista.

“No hay hasta ahora ni va a haber el año que viene. Y en la provincia no tienen ni un intendente”, dice un cacique bonaerense. “Los que hablan de ir sin Cristina lo dicen o porque no tienen territorio o porque no piensan en 2019. O por las dos cosas. Nosotros nos estamos jugando la silla”, aporta otro.

El diagnóstico de los intendentes incluye otro elemento. Ir a la elección sin Cristina es arriesgarse a que el kirchnerismo tenga listas propias en varios distritos y, aun sin posibilidades de imponerse, complique las chances de reelección de los caciques actuales.

En el campamento peronista se defienden. Aseguran que “volver al pasado”, el eufemismo al que suelen recurrir para hablar de Cristina Kirchner, es “una locura” y que hay que “anteponer el proyecto a los nombres” para vencer a Cambiemos, si no es en 2019, en 2023. “Son funcionales a Macri y solo les interesa aplastar a Cristina”, les devuelven los intendentes.

De los gobernadores los separa una diferencia central: mientras que los jefes provinciales pueden desdoblar sus elecciones -la mayoría de hecho ya está decidida a hacerlo-, los intendentes deben ir a las urnas el día de la elección nacional y necesitan hacerlo atados a un candidato a presidente fuerte para combatir el arrastre del postulante de Cambiemos. Para ellos no hay ballottage.

Sin embargo, el proyecto de Massa para separar las elecciones municipales de las nacionales, con el que busca diluir el poder de Cristina Kirchner, genera lecturas encontradas.

Algunos están a favor. Creen que es una oportunidad de revalidar títulos sin depender de terceros ni tener que compartir la lapicera a la hora de armar las listas. Otros lo ven inviable. Para que el proyecto prospere, Cambiemos debería aportar sus votos en la Legislatura y María Eugenia Vidal nunca “liberaría” a los intendentes de la figura de Cristina, razonan.

Hace 20 días, en la reunión de intendentes de la que surgió el pretendido operativo clamor por la candidatura a gobernador de Martín Insaurralde, nació el grupo de WhatsApp “Asado Lomas”. Lo integran los 15 que participaron del convite, que aspiran a ser más. Por esa vía se armó, por ejemplo, la cita que varios tuvieron con el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, el jueves pasado.

En la casa de la provincia norteña estuvieron el presidente y el vice del PJ bonaerense, Gustavo Menéndez (Merlo) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), Insaurralde (Lomas de Zamora), Leo Nardini (Malvinas Argentinas), Ariel Sujarchuk (Escobar) y Santiago Maggiotti (Navarro), entre otros. La semana pasada Uñac había estado con la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, y con el diputado Fernando Espinoza. El gobernador se mostró dispuesto a “trabajar por la unidad” y habló de “sumar para ganar”. Todo un gesto de uno de los caciques provinciales que hasta hace no mucho abjuraban de Cristina Kirchner, pero nada que se parezca a evaluar una eventual candidatura a presidenta, como se animó a imaginar más de un intendente. Siempre que Cristina no se presente, claro.

Ese interrogante sobrevuela toda la discusión. Algunos intendentes no tienen dudas de que la ex presidenta va a competir. Y vuelven a recitar resultados de encuestas. Otros creen que, esta vez, dará un paso al costado. Todos descuentan que no va a hacer públicos sus planes hasta último momento. Ellos, en cambio, ya decidieron. El camino hacia la reelección los encontrará a su lado. O del candidato que ella elija“.

La primera pregunta que surge al leer la nota -en un país de gente suspicaz- es, natural, “¿Por qué La Nación publica esto?“. La respuesta que ofrezco es que no importa mucho. Es probable que coincida con la intención de Macri y su gente más cercana de enfrentar a CFK, considerando que el “voto rechazo” a su figura puede asegurarle un piso considerable de votos. Los votos que esas realidades de la economía que mencioné al pasar le están quitando. Después de todo, aunque el deterioro de su proyecto político sea irreversible (como yo creo), aunque el “círculo rojo” -más preciso, notorios e influyentes grupos económicos- están pensando en la necesidad de una alternativa, … bueno, poseer el gobierno, ocupar altos cargos, alimenta el ego y brinda muchas oportunidades de avance personal. Es muy, muy raro el que lo abandona de su voluntad.

Otra pregunta, esta de suspicaces más cercanos “Entonces ¿vos no considerás con chances la candidatura de Lavagna a Presidente?”. Mi respuesta aquí es otra pregunta “¿Qué candidatura?”.

Atención: me parece evidente que Don Roberto podría ser un buen candidato. Uno que exprese tanto la desilusión con Macri, el agotamiento de su política, como el todavía vigente rechazo o desconfianza hacia el kirchnerismo, hacia el peronismo en general. Al mismo tiempo, sin enfrentar al peronismo, buscando apoyos en él. Un candidato “de fuera de la grieta”. Uno puede imaginar la hipotética campaña. Pero… es un ejercicio teórico.

Hasta donde yo sé, el tema Lavagna está siendo empujado por gente con mucha historia en la política, con una agenda importante, pero… desactualizada. No tiene los teléfonos de los actuales intendentes del Gran Buenos Aires, por ejemplo. Es que la mayoría de ellos, los peronistas y los de Cambiemos, son “hombres y mujeres nuevos”.

Más importante, el Dr. Lavagna no está haciendo campaña y no da muestras de querer hacerla. No se llega a presidente sumando muchos dirigentes, sino sumando votantes. Que no necesariamente van a hacer lo que le pidan sus supuestos dirigentes. Cristina Kirchner por su lado está haciendo desde hace al menos dos años una campaña inteligente y consistente -pienso que demasiado enfocada en su propio público, pero esto es una opinión profesional tal vez errada-, en el medio moderno y sutil de las redes sociales. Resumiendo, evaluaré las chances de Lavagna Presidente cuando él demuestre que quiere serlo.

¿Significan estas reflexiones que estoy convencido que CFK será la candidata a Presidente del peronismo? No. Dije hace tiempo, y lo sigo sosteniendo, que serán las encuestas, las que se hagan en todo el país entre noviembre y marzo, las que darán la palabra decisiva. Que será escuchada con atención por gobernadores e intendentes en todo el país, y también por CFK, por supuesto, como las escuchó en el pasado.

No es que ella, los gobernadores, los intendentes, ni por lo que valga yo mismo, creamos que las encuestas son infalibles. Todos sabemos que no lo son. Pero no hay otro recurso para predecir lo que harán los votantes, antes de las elecciones mismas. Entonces, será el humor popular, lo que el encuestador Raúl Aragón llama “el mandato de la sociedad” el que decidirá las candidaturas.

(Uno no tiene que estar de acuerdo con todas las conclusiones que Aragón saca -tengo dudas de algunas- para apreciar que ese concepto, la exigencia prioritaria de una mayoría de los argentinos en un momento dado- es el que explica los resultados y los vuelcos de 1983, 1999, 2003, y 2015).

Corresponde, porque ya que me puse a escribir quiero ser serio, que haga algunas salvedades, y saque alguna conclusión: La provincia de Buenos Aires no es la Argentina, y los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires no son la provincia. Pero el peronismo, el proyecto de poder que conocemos, si no contiene al conurbano bonaerense no es una propuesta nacional con chances.


Relectura para los que se oponen a Macri

junio 7, 2018

teatro-caras

El artículo que es el punto de partida de este posteo fue publicado hace algo más de dos años y dos meses, cuando la gestión de Mauricio Macri cumplía 100 días. Y yo lo subí a este blog al punto. Habla entonces de un escenario  distinto. ¿Por qué retomo este texto de Gerardo Adrogué y Alejandro Grimson, un sociólogo y un antropólogo social, nada menos, para hablar de la política actual? En un blog que tengo archivado, justo en las semanas que estoy fuera de mi país?

Porque creo que apunta a elementos permanentes de nuestra realidad política. Escribí hace pocos días que veía a este gobierno “enfrentado a un prolongado deterioro, como el de Alfonsín, o a una crisis terminal, como el de la Alianza“. Pero… la variada oposición debe(mos) recordar eso de “no vendas la piel del oso antes de cazarlo”. Más importante, más estratégico, es lo que aquí señalaron Adrogué y Grimson, y, por lo que valga, escribí muchas veces en este blog: existe, y tiene apoyos locales e internacionales muy importantes, el proyecto de construir un modelo neoliberal sustentable en nuestro país, con voluntad hegemónica, apoyado hoy en los medios de comunicación masiva.

Y esto no depende de la suerte de Mauricio Macri. Menos aún de la confusa coalición Cambiemos.

Hago una aclaración necesaria: el término “neoliberal” está yendo en el mismo camino que “fascismo”, una palabra que sirve para denominar todo lo que a uno le disgusta. Entonces, preciso: Con “modelo neoliberal” me refiero a la variante de la economía capitalista y a los valores sociales que predominan desde hace unos 40 años, con muchas variantes nacionales, en los países de la Unión Europea y en los EE.UU. Un modelo que privilegia la valorización financiera sobre la producción, al consumidor sobre el trabajador, y a la eficacia sobre la solidaridad.

Muchos estudiosos han marcado las raíces -en cierto modo, la continuidad- de este proyecto y de su rechazo a lo largo de nuestra historia. Hasta en el “liberalismo borbónico”, iluminado y autoritario, de muchos de los próceres que hoy dan nombre a nuestras calles. Estoy de acuerdo, pero no es lo decisivo. Son muchísimos los argentinos, probablemente una mayoría en esta época de comunicación global, que ven cómo se vive en esos países prósperos, y quieren “eso”. Son menos los que se dan cuenta de los costos. Y una parte de los que lo tiene claro, los que llegan a posiciones de poder en el Estado, las empresas, los medios, consideran que vale la pena que los paguen… otros.

Con esto quiero subrayar un hecho obvio que se está pasando por alto en la comunicación política: una alternativa a este proyecto debe convencer a las mayorías -y el 30% de pobres que señala la UCA, por ejemplo, es menos del 50%- que en un futuro no muy lejano van a vivir mejor. La ideología, aún el recuerdo de días mejores, pueden alcanzar para llegar al gobierno, si Macri fracasa muy estrepitosamente. Pero no sirven para sostenerse.

Vamos a lo que dijeron Grimson y Adrogué. Y luego les diré cómo creo que se aplica hoy.

Existe un diagnóstico simplista que supone que el macrismo es una experiencia a corto plazo de las élites para rapiñar recursos públicos, que el macrismo es un fenómeno político que solo busca devolver a las grandes corporaciones y al capital concentrado los beneficios perdidos durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Y que una vez cumplido su cometido cortoplacista perdería relevancia política y electoral.

No desconocemos lo obvio: el poder económico concentrado ha sido el beneficiario de la enorme transferencia de recursos que Macri realizo en sus primeros 100 días de gobierno (devaluación, apertura indiscriminada de importaciones, disminución y eliminación de retenciones, despidos en el sector público y desprotección al trabajo en el privado, entre otros). Sin embargo, este diagnóstico simplista desconoce que el propósito fundamental del macrismo es de largo plazo: construir un modelo neoliberal sustentable en la Argentina, con voluntad hegemónica, apoyado en los medios de comunicación masiva“.

El diagnóstico simplista lleva a la pereza política. Si el gobierno se disparara en sus propios pies, si tuviera pies de barro, no resultaría necesario esforzarse en construir activamente una oposición.

Un diagnóstico realista, que reconozca la complejidad del macrismo, también intuye que las políticas que lleva adelante el neoliberalismo en el gobierno van a generar malestar en amplios sectores de la sociedad y que (aunque los medios masivos lo oculten o disfracen), el nivel de apoyo a la gestión, la imagen de Macri y la potencial intención de voto pueden disminuir significativamente durante los próximos meses. Pero no asume quien podría beneficiarse de ese desgaste. Nada es mecánico en la política … El diagnóstico realista invita a pensar en la necesidad de ampliar y conducir este potencial espacio antimacrista, de construir una oposición con vocación de mayorías, lo cual lejos de la pereza exige actuar de modo decidido, inteligente e innovador.

Repasemos las tres estrategias (posibles). La primera se basa exclusivamente en entablar negociaciones de gobernabilidad para las provincias (y/o municipios) donde se gobierna. A esta primer estrategia le tiene sin cuidado un diagnóstico simplista o realista, acertado o no, sobre el macrismo. Es una estrategia cortoplacista que reconoce el poder coyuntural del adversario y sólo busca maximizar el intercambio político de bienes y recursos. Sería necio negar que una parte de la política requiere de negociaciones. Tan necio como creer que de esa realpolitik puede emerger una verdadera alternativa al oficialismo. La voluntad popular esta para ser respetada, pero también es evidente que la voluntad popular nunca fue perder derechos. Y en este punto la oposición debe ser intransigente.

Pero una posición jacobina en la defensa de los derechos conduce a una segunda estrategia tan equivocada como la primera. Fundada en el diagnóstico simplista sobre el macrismo y sobre las consecuencias que su gobierno tendrá sobre los votantes, esta segunda estrategia sostiene que el pueblo extraviado comprenderá, tarde o temprano, la verdadera naturaleza del macrismo y, en consecuencia, retornará al redil. Con el explícito propósito de facilitar el retorno de las masas desilusionadas, promueve acentuar los rasgos más duros y puros de la identidad política kirchnerista (o trotskista para el caso). Bajo esta mirada, cualquiera que no sea un abogado absoluto de los doce años de kirchnerismo debe ser estigmatizado como traidor o renegado. ¿Cuál es el peligro que aquí anida? Alimentar una posición política que confine a la oposición a los márgenes de lo testimonial y la prive de la orientación estratégica que construya mayorías políticas y electorales.

Por eso, es imperioso fortalecer una tercera estrategia: ampliar y fortalecer a la oposición. Se trata de ampliar el espacio antimacrista y de conducir una orientación definida al interior de ese espacio. Por un lado se requiere articular diversidades, sin que nadie pierda su identidad, ni su propia visión, pero sin anteponer la propia identidad para un trabajo conjunto. Por el otro, debe garantizarse que en este nuevo colectivo prime una orientación política de intensa defensa de los derechos populares. El contexto actual argentino y regional es desfavorable para el campo popular y nos impone reagrupar y construir. Caso contrario, la actual fragmentación de la oposición continuará beneficiando al macrismo, tanto como proyecto político como en su fuerza de negociación coyuntural“.

Lo que en este artículo mencionaban como “estrategias”, hoy podemos ver que son realidades políticas en la oposición. Aquellos que manejan porciones de poder -territorial, sindical- negocian. Con mayor o menor firmeza, con mayor o menor habilidad.

Es inevitable, en un país donde la concentración de recursos en el poder ejecutivo nacional es tan alta como aquí (¿Recuerdan que insisto siempre en el ejemplo del bienio 2009/11, cuando la oposición al gobierno K tenía mayoría en el Congreso? Y no le sirvió de nada). Claro, esa necesidad de negociar les hace muy difícil construir liderazgos que expresen la preocupación o la bronca de los perjudicados por las políticas de este gobierno. ¿Y quiénes van a votar a la oposición, sino los descontentos con el oficialismo?

Lo que en el texto llaman una “posición jacobina” parecería corresponder a Unidad Ciudadana, a los sectores que se identifican con el liderazgo de Cristina Kirchner. No es así. Sus voceros, sus operadores, se esfuerzan, con el evidente aval de CFK, en tejer lazos y mantener puertas abiertas -a veces lo consiguen, a veces no- con otros sectores de la oposición. Incluso con algunos cuya identidad surgió enfrentándose, en algún momento, a la anterior presidente.

Un ejemplo público: hace muy poco Unidad Ciudadana retiró su proyecto contra el descomunal aumento de tarifas impulsado por Macri -un “issue” decisivo, si los hay- para consensuar uno impulsado por los diputados del massismo y los alineados con los gobernadores.

A los “jacobinos” se los encuentra en la gran mayoría de la militancia opositora. Naturalmente. Son los que no tienen nada a defender ni conservar con este oficialismo.

Lo que no existe (todavía) es la conducción que pueda trazar una estrategia de conjunto. O, para ponerlo en forma más modesta, y realista, articular las distintas estrategias, que van a continuar existiendo, para conseguir armar una propuesta política capaz de ganar las próximas elecciones. O -posible, pero improbable- articular una mayoría legislativa coherente si el deterioro político de Macri llegara a debilitar al ejecutivo y la confianza que depositan en él los bloques de poder económico que hoy lo apoyan.

En la normalidad institucional -que se ha mantenido a través de desafíos y crisis gravísimas por 35 años- eso significa que esa conducción se construirá a partir del hombre o la mujer -la política siempre es personal- que pueda ganar las elecciones nacionales para presidente. No importan tanto los avatares previos. La larga normalidad kirchnerista -12 años y medio- se fundó en sucesivas victorias electorales. Aunque comenzó con muy discreto resultado en el 2003. La brevísima gestión de Adolfo Rodríguez Saá, la más larga de Eduardo Duhalde, importantes como fueron, no construyeron un poder político perdurable.

Como diría un anterior comentarista de este blog, todo esto es pura descripción. Y superficial, agrego. No dije nada de las posibles estrategias de que se llamó aquí “el proyecto neoliberal”. Ni, lo más importante todavía, qué significa, hoy y aquí, la alternativa a ese proyecto. De eso voy a seguir escribiendo, si encuentro el tiempo. Y lectores, claro.


La oposición y el Grupo Fragata

mayo 27, 2018

Fragata

Nicolás Tereschuk me hizo llegar este documento hace algunos días, y tenía ganas de subirlo a este abandonado blog y comentarlo. Bah, discutirlo.

Estoy muy de acuerdo con la propuesta que hacen. Y además, lo firman, lo escribieron, algunos hombres y mujeres cuya inteligencia y capacidad de análisis político yo respeto mucho. Pero me parece que aquí están dejando de lado -deliberadamente, supongo- algunos hechos que seguramente complicarían los acuerdos. Pero no tomarlos en cuenta… hace imposible que los acuerdos duren. Comento al final, porque vale mucho la pena leerlo.

ESTAR A LA ALTURA

Lo que diferencia a las y los dirigentes políticos que trascienden no es su ideología o su idea de la organización política. Lo que las hace y los hace distintos es estar a la altura de las circunstancias históricas que atraviesa su país. Y hoy recorren en amplísimos sectores de nuestra sociedad al menos dos temores: una aparente desorientación por parte de la dirigencia oficialista y, al mismo tiempo, una sensación de que quienes conducen el campo opositor no están a la altura del momento que vive la Argentina.

Creemos que la presente coyuntura política, ciertamente novedosa, tiene su origen en dos elementos. En primer lugar, no ha surgido de las dos últimas elecciones un único liderazgo opositor, pero sí se han perfilado algunos con legítimas aspiraciones. En segundo lugar, la supuesta certeza que muchas y muchos analistas tenían acerca de que Mauricio Macri se encaminaba a su reelección en 2019 se ha agrietado fuertemente a la luz de la imposición de un modelo económico excluyente que no logra resolver los grandes desafíos económicos y sociales de la Argentina.

La imprudente desregulación económica y financiera, la entrega de porciones del Estado a la clase empresarial, el progresivo vaciamiento del sistema previsional y el deterioro del mercado de trabajo –con aumento de la informalidad laboral, caída de empleos industriales y desplome de trabajos de calidad- son los frutos que tarde o temprano esperábamos.

La crisis financiera de estos días y el “salvataje” del FMI no solo tienen el amargo sabor de una historia repetida, sino que además agudizan los problemas de quienes menos tienen, empeorando las consideraciones populares sobre la marcha y el destino del país.

Ante la falta de opciones con capacidad de vertebrarse como alternativa de gobierno aparece en la sociedad argentina una sensación de zozobra, y en amplios sectores de nuestra comunidad un deseo de construcción de una oposición política con capacidad de modificar la realidad del país. ¿Qué sucede si en este contexto las y los dirigentes políticos no están a la altura? ¿Qué significa estar a la altura?

“Estar a la altura” no significa deponer diferencias estratégicas sobre la visión del país, estar de acuerdo en las tácticas hacia las futuras elecciones presidenciales, o pretender que no existan ambiciones personales. Pero sí tenemos la convicción de que “estar a la altura” significa ponerse de acuerdo en dos puntos medulares: hay que ser una oposición real, y hay que crear los mecanismos que permitan generar una fórmula presidencial competitiva.

Estos mecanismos son los que suelen existir en los partidos políticos. Mecanismos que permiten dialogar entre competidores, acordar reglas de juego, dirimir disputas y definir qué va a suceder con los que ganan una “interna” y, sobre todo, con los que pierden.

Los acuerdos programáticos más o menos detallados pueden ser importantes. Pero mucho más relevante es permitir que los distintos sectores de la oposición expresen sus posiciones como les parezca mejor (de manera más “dura” o más “flexible”). Y, a su vez, que puedan hacerlo coordinando con otros sectores los mecanismos y reglas que permitan construir una oposición competitiva.

El objetivo es claro: debemos dialogar para construir una oposición. Y construir una oposición para ganar.

Para decirlo de otro modo, se trata de evitar que se alcance el objetivo político del Gobierno: mantener dividida a la oposición y limitar su capacidad de coordinación.

Queremos decirlo claramente: este no es un deseo teórico. Esta es la demanda concreta que escuchamos de muchísimos compañeros, compañeras y ciudadanos independientes que, todos los días, en los locales partidarios, en los clubes de barrio, en las sociedades de fomento, en los comedores comunitarios, en las asambleas que resisten a los despidos en el INTI y en el CONICET, en las PYMEs a punto de cerrar, en los comercios que no pueden pagar las tarifas, en las marchas para resistir el ajuste previsional, repiten y claman: “¿qué va a hacer la oposición para detener este desastre?”

Son millones quienes hoy sufren las políticas del gobierno y millones también los que demandan una oposición eficaz. Ni siquiera hablamos aquí de “unidad”. Simplemente subrayamos la necesidad de una oposición que sea capaz de dialogar, coordinar y vencer electoralmente a un oficialismo que construye un proyecto de país para pocos.

De aquí a 2019 pueden surgir varias candidaturas con voluntad de disputar electoralmente, además de los que ya se han manifestado en ese sentido. Tanto el FpV/kirchnerismo, Unidad Ciudadana, el Peronismo Federal, el Frente Renovador y otras corrientes y grupos del campo popular y democrático cuentan con mujeres y hombres capaces de “estar a la altura” y ser candidatas y candidatos competitivos.

Quienes firmamos este documento tenemos preferencias variadas entre estas corrientes opositoras ancladas en el amplio campo popular y democrático. Votaremos a quien más nos interpele en una gran PASO y luego apoyaremos a quien gane en esa interna en una elección general. Y creemos que la gran mayoría de la ciudadanía está dispuesta a hacerlo también.

En otras palabras: al mismo tiempo que se demanda a las y los dirigentes que abran una instancia de negociación y diálogo para acordar mecanismos de competencia, hay un grupo muy grande de ciudadanas y ciudadanos que también ofrece su propio compromiso. Creemos que a nivel de las y los militantes y simpatizantes del campo nacional, popular y democrático existe un fuerte sentimiento de respaldar una opción opositora, aún si no es la que más se acerca al espacio que circunstancialmente cada uno ocupa o prefiere.

Desde nuestro lugar vamos a enriquecer los debates necesarios al interior del campo opositor que nos ayuden a proyectar nuestros valores históricos al futuro ¿Qué es y cómo se impulsa la justicia social en la actualidad? ¿Cómo se promueve una economía inclusiva, federal e integrada? ¿Qué significan hoy una educación y una salud de calidad para nuestro país? ¿Qué implica la integración de nuevas tecnologías en el mundo del trabajo?

¿Cómo construimos una institucionalidad que promueva la protección social de cara a las próximas décadas? ¿Cómo delineamos nuevas instituciones que permitan dirimir los conflictos sociales para emprender un camino hacia el desarrollo sostenido? ¿Cómo dotamos a Argentina de mayor capacidad para ejercer sus decisiones de manera soberana?

Ya habrá tiempo, un tiempo electoral, para imponerse e imponer. Pero sin diálogo y acuerdos básicos sobre la forma de competir para ganar, las y los dirigentes no habrán estado a la altura de estas demandas y expectativas.

Y las y los dirigentes que no están a la altura de las demandas y expectativas de los hombres y mujeres de su pueblo, no están a la altura de su tiempo ni de la historia.

Buenos Aires, mayo de 2018.

Grupo Fragata

MARÍA ESPERANZA CASULLO, SEBASTIÁN ETCHEMENDY, MARCELO LEIRAS, ABELARDO VITALE, NICOLÁS TERESCHUK, ANA CASTELLANI, GERMÁN LODOLA, PAULA CANELO, SERGIO DE PIERO, JORGE BATTAGLINO, JUAN MANUEL OTTAVIANO, FERNANDO PEIRANO, SOL PRIETO, ESTEBAN KIPER, JUAN O´FARRELL, NATALIA ARUGUETE, MARCOS SCHIAVI, ARIEL LIEUTIER, FERNANDO MELILLO, JUAN CUATTROMO, GERARDO ADROGUÉ, NICOLÁS FREIBRUN, MARTÍN ASTARITA, MANUEL SOCÍAS, MARTÍN PLOT, ANDRÉS TAVOSNANSKA, PABLO GARIBALDI, MARCELO MUÑIZ, FABIANA RUBINSTEIN.

grupofragataarg@gmail.com

Cuando digo “estoy muy de acuerdo con la propuesta que hacen”, me refiero a lo que yo entiendo que estos compañeros proponen y, en cierto modo, exigen (Creo que debo aclararlo porque la capacidad de malentender es infinita):

Piden que la dirigencia política, y también los militantes, y también los “politizados” que se oponen a este gobierno de Macri acepten mecanismos democráticos tradicionales -internas, PASO- para decidir quién o quiénes terminen encabezando la o las fuerzas opositoras.

A un visitante recién llegado a la Argentina, esto le puede parece obvio y hasta innecesario. ¿De que otra manera se puede hacer? Algunos pueden tener una convicción profunda de quién es el único o la única que puede salvar a nuestro país, pero es muy raro que la compartan todos. Especialmente, los otros que aspiran a hacer ellos esa tarea.

En la sociedad moderna, son necesarias las elecciones para legitimar a los candidatos, y también a los programas, aunque pocos los lean. Una interna nacional del peronismo -es obvio que los firmantes, sin sectarismo, están pensando en él- es difícil de organizar, pero no imposible. Si no se hace antes, en agosto están las PASO, establecidas por ley. Y si las PASO no dan una respuesta definitiva, lo harán las elecciones en octubre.

Como uno no es un visitante recién llegado, percibo que el llamado del Grupo Fragata, se dirige a la franja de los que están definidos por alguna de las expresiones que se identifican como peronistas -ahí mencionan  FpV/kirchnerismo, Unidad Ciudadana, el Peronismo Federal, el Frente Renovador- para que acepten la legitimidad de las otras, y permitan mostrar a la sociedad argentina, a todos que, como ahí señalan, están angustiados por lo que está pasando, una alternativa en la que puedan confiar.

No va a ser fácil conseguir este “desarme” de las broncas internas. En la militancia me refiero. No así en los dirigentes de primera línea, porque -en general- han llegado a serlo porque son realistas y prefieren ganar a tener razón. Pero quienes no aspiran a los premios mayores de la política, los cargos ejecutivos, que obligan a sumar todos los votos posibles… Bueno, tienen presente que las distintas expresiones del peronismo tomaron distintas actitudes frente al gobierno de Macri. Más o menos enfrentadas, en el discurso público y en las votaciones parlamentarias. La línea divisoria en estos dos años ha pasado por ahí. 

Me apuro a decir que tengo claro que esta división se dio más en la superficie que en la realidad de las conductas políticas. Y también tiene que ver con dónde están los dirigentes políticos que las toman. Un gobernador o un intendente está condicionado por la realidad de su distrito. Y una prioridad absoluta: pagar los sueldos de sus empleados todos los fines de mes. Los que escribimos en blogs, por ejemplo, estamos mucho menos condicionados.

Igual, ese distinto posicionamiento político obedecía, obedece a algo más profundo. Una parte numerosa de la dirigencia del peronismo, de sus cuadros políticos y sindicales, y, lo más importante, de sus votantes -se vio en Buenos Aires en 2013, en Córdoba y Santa Fe en 2015. por ejemplo- tenían serias diferencias con el último gobierno de Cristina Kirchner y con su liderazgo. Y desde que dejó la Presidencia no estaban dispuesta a acompañarla en la posición duramente opositora que asumió desde el primer momento.

Me parece evidente que estas “diferencias” no brotaban de distintos intereses de clase o de sector en el seno del peronismo. Es cierto lo que señalan algunos estudiosos, que los votantes del peronismo no son un conjunto más o menos homógeneo. Que son muy distintas las necesidades y las actitudes de un trabajador en blanco, sindicalizado, y con obra social, del que trabaja en negro, o del que vive de changas y la ayuda social. Pero en la sociedad moderna ya no hay conjuntos homogéneos masivos. Y el peronismo original, para dar un ejemplo, sumó a los trabajadores industriales, a los peones y burguesías provinciales, al nacionalismo militar, a la Iglesia…

Analizar los aciertos, errores y limitaciones de los gobiernos de CFK, como los del anterior de Néstor, dan para un análisis mucho más largo que el que estoy dispuesto a hacer ¿Y quién soy para hacerlo, de todos modos? Digamos que me parece evidente que las divisiones que fueron surgiendo en el seno de la coalición que acompañó a los gobiernos K hasta 2011 tuvieron más que ver con un poder político centralizado y con la carga ideológica del discurso oficial que con medidas concretas. Aún con razones económicas (que siempre existen). 

Esas divisiones entonces son reales, pero, me animo a decir, obsoletas. Macri lo hizo. La manifestación que se reunió este 25 de mayo en torno al Obelisco fue eso mismo, la manifestación de una oposición al gobierno actual que no se define por las historias anteriores, aunque las incorpora.

Uno sabe que, aunque se movilicen cientos de miles en un momento dado, siempre serán una minoría de los más de 40 millones de argentinos. Pero eso siempre es así, y esgrimirlo ahora sería una chicana estúpida. Lo significativo, según lo vi yo, es que aunque los aparatos políticos, los sindicales y aún los movimientos sociales estaban presentes, no eran más que una parte, y no daban el “tono” de la movilización. Lo daban los “sueltos” que habían ido por su cuenta, las familias… Parte de las mayoritarias y muy heterogéneas clases medias argentinas, que estaban hartas de lo que vivían como agresiones de este gobierno.

Ya que estoy volcando mis opiniones, agrego que veo a este gobierno -salvo vuelcos totalmente inesperados- enfrentado a un prolongado deterioro, como el de Alfonsín, o a una crisis terminal, como el de la Alianza. Pero ni es un juicio original ni es el tema de esto. Hablo de la oposición que existe hoy, donde se suman los que votaron a Scioli hace dos años con muchos que votaron a Macri.

El liderazgo y el discurso que aspira a expresarlos -el tema de las candidaturas no estará sobre la mesa hasta marzo, normalmente- es el de Cristina Kirchner. Y es el que hay. El resto de la dirigencia del peronismo, el que no se identifica con ese liderazgo- o se mantiene expectante, o hizo un intento por ganar identidad expresando a los -numerosos- sectores que la rechazaban. Me pareció un error. La competencia por expresar a esos votantes la terminó ganando en los primeros meses de 2015 Mauricio Macri.

Pero ahora los está perdiendo, aceleradamente. Y esos votantes, y algunos sectores importantes del establishment, del así llamado Círculo Rojo, estarán buscando nuevos referentes. Ese proceso también me parece inevitable, y va a marcar el resto de este año y el comienzo del que sigue. Aquí vuelvo a acompañar a los amigos del “Grupo Fragata” en la esperanza, y el esfuerzo, que se desarrolle con inteligencia y sensatez. Para bien del peronismo y de la sociedad argentina.


Trump, Obama, Macri

mayo 22, 2018

mauricio-macri-obama-donald-trump

Cada tanto, siento el impulso de volver a pontificar desde el blog sobre lo que está pasando, aquí y en el resto del mundo. Pero… nunca tuve el don de la síntesis, y ahora no tengo el tiempo disponible para encarar un análisis en serio.

Apenas si puedo rescatar, y como pincelada, sólo dos de los pocos tuits que lancé en estos días: Por una frase ingeniosa @AsisOberdan sacrifica la precisión. Pero la realidad se esfuerza en darle la razón. Empieza el Tercer Gobierno Radical“. “Y el Tercer Gobierno Radical tendrá su economía ochentosa: inflación, devaluaciones y festival de bonos“.

Pero Twitter es para chicanas entre politizados y trolls. Por suerte, encontré en esta nota de Roberto Feletti -uno de los más lúcidos en la comisión de Economía del PJ- un resumen, entendible para los que no tienen formación en economía, de las políticas de Obama y de Trump, y como -inevitablemente- han cambiado el escenario global. Y del desafortunado timing del Mauricio en su intento de globalizar la economía argentina.

Este texto de Roberto ya es conocido -lo reprodujo El Destape. Pero me parece útil repetirlo aquí. Más allá de la circunstancia, acerca a los de a pie algunos de los conceptos que se manejan en economía. (Justamente, Paula Bach, de La Izquierda Diario, recién me hacía llegar este análisis, donde profundiza el análisis de las políticas del Donald y discrimina entre las que son por “show” y las decisivas. Pero eso es más para la discusión técnica).

Como sea, no me privo de mi habitual comentario al final.

“Se ha vuelto una cita tan común como real afirmar que el presidente Macri eligió un pésimo momento mundial para abrir la economía en el plano comercial y financiero, construyendo desequilibrios inmanejables en el sector externo y rifando la joya de la “pesada herencia”, que fue el país desendeudado para facilitar la salida de capitales de los grupos empresarios que lo sustentan. La explicación cuantitativa de la vulnerabilidad crítica que soporta la Argentina en el actual contexto global la proporciona el balance cambiario del BCRA: en 2016/2017: se fueron u$s 33.000 millones por déficit de la cuenta corriente del balance de pagos y u$s 30.000 por “formación de activos en el exterior”, mote simpático para denominar la fuga de capitales.

Pero ¿qué ocurrió para que la mediocre “elite” argentina no pudiera disfrutar de un lapso prolongado de acumulación financiera de excedente sin crisis? Esencialmente, que los países desarrollados transitan casi una década desde la crisis financiera del 2008, con sus economías creciendo a un promedio anual del 1%. Este factor está erosionando sus sistemas democráticos y fue determinante en el cambio de política económica de EEUU con la llegada de Donald Trump a la presidencia, quien puso en marcha un ensayo destinado a romper el estancamiento.

Trumpnomics: el retorno de la política fiscal y la revisión del multilateralismo

La presidencia de Barack Obama (2009-2016) estuvo signada por el auge de la política monetaria como respuesta a la crisis del 2008. Los paquetes de “quantitative easing” de fuerte emisión monetaria para dar liquidez, sumada a la recompra de las carteras morosas por parte de la Reserva Federal, impidieron una quiebra generalizada del sistema financiero estadounidense y la ejecución masiva de deudores insolventes. La política monetaria expansiva permitió mantener muy baja la tasa de interés respecto de la inflación interna de EEUU, licuando paulatinamente los pasivos impagables, detonantes de la crisis. Sin embargo, este esquema no contenía medidas de recuperación de la demanda efectiva, lesionada severamente por el “crack”, y debilitaba al dólar como moneda de reserva internacional. El gobierno demócrata entendió que un potente estímulo al consumo a través de la política fiscal agudizaba los desequilibrios de los sectores externo y público, que no podían seguir siendo financiados por la emisión de dólares dado el debilitamiento que provocaba en la moneda norteamericana a escala planetaria.

La economía estadounidense languideció durante la presidencia de Obama con una tasa de crecimiento promedio anual en los dos mandatos de 1,5% y un desempleo que se mantuvo durante su primer mandato por encima del 8%, para descender paulatinamente al 5% sobre el final de su gestión. Bajo crecimiento y lento descenso del nivel de desempleo signaron una administración que no pudo superar el impacto negativo de la crisis del 2008.

Trump, convertido en presidente de los Estados Unidos, decidió apelar con fuerza al incentivo fiscal como método de relanzamiento de la economía. Una fuerte rebaja de impuestos a las empresas y un ambicioso programa de obra pública marcaron el rumbo del retorno de la política fiscal como estímulo del consumo y la inversión, logrando que la economía creciera un 2,3% en el 2017, su primer año de gestión, y que las cifras preliminares del primer trimestre del 2018 arrojaran un 2,4% de expansión con un sensible aumento de la tasa de inversión del 6,1%. A su vez, el desempleo se redujo en abril del 2018 al 3,9%, aproximándose al mínimo alcanzado en igual mes del año 2000 durante el gobierno de Bill Clinton, que se ubicó en el 3,8%.

Para impedir una situación de debilitamiento del dólar en el mundo a consecuencia del paquete fiscal planteado, se tomaron dos decisiones que modificaron el escenario global. La primera consistió en contener el desequilibrio externo, para lo cual agudizó el proteccionismo poniendo en revisión todos los acuerdos multilaterales gravosos para la industria, y estimuló la producción de energía, que ya venía en expansión. La segunda decisión fue financiar el déficit fiscal mediante la colocación de deuda del Tesoro, reduciendo la emisión monetaria. Las consecuencias de estas dos decisiones son una retracción de la demanda hacia el mundo por parte de los Estados Unidos y una absorción de la liquidez internacional que se había expandido en las décadas anteriores,  canalizando esos fondos hacia el gasto público norteamericano.

Restricción de la liquidez internacional y tensión en las economías emergentes

La política económica de Trump comenzó a actuar como una aspiradora de fondos disponibles en el mundo y además redujo la capacidad de compra internacional de un país que reúne el 26% de la demanda global. Consecuentemente, tanto en el plano comercial como en el del financiamiento, la restricción de dólares hacia las economías de tamaño medio comienza a ser alta y a expresarse en devaluaciones  relevantes en muchos países. Brasil y México, las dos economías más importantes de Latinoamérica, experimentaron depreciaciones de sus monedas en el mes de mayo cercanas al 4%.

En este marco, al presidente Macri se le ocurrió pedir auxilio al FMI, institución que le va a exigir un ajuste de su sector externo por vía de una corrección cambiaria, dado que no hay recursos para financiar el desequilibrio en que ha incurrido su gobierno.

Una vez más, nos mienten cuando nos dicen que el problema es fiscal. La crisis es externa, mezcla de incapacidad para comprender el mundo y de voracidad para llevarse los dólares”.

Quiero observar que -aunque estoy de acuerdo en que el origen de la “turbulencia” de estas semanas, y de la crisis que pende sobre la economía argentina son los déficits comercial y de cuenta corriente, agravados por la inconsistencia de las políticas de Macri- no debe dejarse de lado el tema fiscal.

Me consta que Feletti lo tiene claro, pero demasiados economistas nac&pop caen la trampa dialéctica de los economistas “ortodoxos” (que habrían sido aplazados por cualquiera de los clásicos). La trampa es que tratan de conseguir que “reducir el déficit fiscal” se identifique con reducir jubilaciones, políticas sociales y otros derroches de los pobres.

Los subsidios a las empresas no se mencionan, y la insana carga de intereses… no es “primario”, y por eso se sienten autorizados a no mencionarlo. Y procurar que no se piense en eso.

Tampoco, por supuesto, está permitido hablar de reducir el déficit fiscal por el lado de los ingresos.


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