La batalla de Tucumán: Votos vs. “opinión”

agosto 30, 2015

Batalla_de_Tucuman

Había dicho que prefería dejar que sobre las elecciones tucumanas del domingo pasado – y también los hechos posteriores – hablara el conocimiento local de los distinguidos blogueros Ricardo Tasquer y Aldo Jarma. Y lo han hecho, cómo no. Por mi parte, me interesa más lo que traté en los posteos anteriores, la integración de la experiencia kirchnerista en el peronismo, los riesgos y posibilidades en nuestra economía.

Pero de alguna forma esos hechos en el “Jardín de la República” se han convertido en el “tema” de este momento de la campaña nacional – para los sectores politizados – y uno, que se plegó al hábito del sermoneo político dominical, siente que debe encararlo.

Para ordenar el asunto, y no enredarme en mi propio palabrerío, voy dividirlo en los tres subtemas que se mezclan, confusamente, en el ruido: 1) Sospecha de fraude; 2) Sistemas de votación; 3) La intencionalidad del asunto. Y seré breve.

Sospecha de fraude:

En lo que hace a la elección de gobernador, es una insigne tontería. El triunfo del FpV, de su candidato Manzur, había sido anticipado en las recientes P.A.S.O. y en todas las encuestas. Más importante, en Argentina, en los 69 años transcurridos desde las elecciones de febrero de 1946, no hubo un solo caso en que se haya demostrado que maniobras fraudulentas – que las hubo, of course – hayan logrado cambiar el resultado de una elección provincial. No hablemos de las nacionales (Sí cambiaron los resultados las proscripciones del peronismo, pero los celosos republicanos no hacen énfasis en eso).

Para más datos, las victorias presuntas de la oposición – a confirmar en el escrutinio definitivo – en la capital, San MIguel de Tucumán, Yerba Buena, Concepción y Bella Vista, demuestran que Alperovich no pudo hacer un fraude exitoso. En realidad. para poner un ejemplo notorio: cualquiera que conozca, no Tucumán, el Gran Buenos Aires, se puede dar cuenta que si Othacehé, después de 24 años como intendente, perdió en Merlo, es que no se puede hacer un fraude importante con el sistema actual.

¿Qué sucedió entonces? Porque irregularidades, para ponerlo suavemente, hubo. La causa eficiente fue el “sistema de acoples”, vigente en Tucumán y en otras provincias, que permite listas múltiples en la categoría legisladores, apoyando al mismo candidato a gobernador. Ese sistema lo aprovecharon el oficialismo y la oposición, para aumentar sus votos. Es un procedimiento legal… e irresponsable. Centenares, miles de candidatos, oficialistas, opositores e inverosímiles; para muchos de ellos conseguir sus pequeñas ambiciones en sus pequeños pueblos les cambiaría la vida más que a Manzur, o a Cano. Y esos tipos y sus amigos no están bajo los reflectores… hasta que queman urnas, por ejemplo.

Esos sistemas electorales, así como la perduración de las policías bravas, rápidas para reprimir pero sin profesionalidad, sí pueden cargarse a la cuenta de Alperovich. Pero tengamos presente que no ocurren solamente en Tucumán.

Sistemas electorales:

Sobre esto puede hablar con autoridad mi amigo el Dr. Landau. Pero él tiene responsabilidades que yo no. Pasa que me parece absurda la ansiedad por cambiar un sistema que, a cambio de demoras en los escrutinios, ha asegurado, como dije antes, que no se pueda hacer un fraude importante, que afecte los votos de una fuerza política capaz de repartir sus boletas y poner fiscales en las mesas de votación (Y si no puede hacerlo ¿cómo pretende gobernar?).

Pero, como advertía Don Bartolo, cuando todos se equivocan, todos tienen razón. Por eso, haré un breve repaso:

En el blog Indie Politik reproducen el informado alegato de Richard Stallman contra el “voto electrónico”. Recomiendo leerlo. Por mi parte, sintetizo: cualquier sistema que no pueda ser controlado por un ciudadano común, sin conocimientos técnicos, es peligroso… e ilegítimo. Es demasiado fácil manipular los programas, como puede decirles hasta mi hijo mayor, que recién empieza con las materias de Ciencias de la Computación.

De la boleta única… hace una elocuente defensa Lucas Llach, con video y todo. L. Ll. es un tipo inteligente, a pesar de haber sido candidato a vice de Sanz. Además, créase o no, mi amigo Artemio la reproduce. Marco todo esto porque me asombra la irrealidad del argumento. La boleta única no crea (muchos) problemas para elegir un cargo: presidente, gobernador, intendente. Cuando hay que elegir legisladores, o concejales, cinco, diez o treinta marcas en una sola boleta… Una fuente inagotable de errores y chicanas. Además, lo más grave, es la perfecta lista sábana, o más bien lista capucha. En la práctica, sólo veremos al que la encabeza. Detrás puede estar Robledo Puch, o Arquímedes Puccio.

(Este no es un análisis teórico. Después de lo que pasó en Santa Fe, con el tipo de boleta única que propone Llach, me asombra que se siga hablando del asunto).

Del sistema que se aplicó ahora en la Capital – el tradicional, más una impresora – no tengo objeciones importantes (Algunos amigos paranoicos sospechan que puede usarse para averiguar a quién vota cada uno. Cómo si a alguien le importara mucho). Pero aplicarlo en todo el país, para las elecciones nacionales, requeriría una inversión muy importante ¿No hay mejores formas de gastar la plata?

De todos modos, mi conclusión final es que al gobierno nacional – uno es oficialista, después de todo – le conviene tomar una iniciativa al respeto, y anunciarla. ¿Asumir la impresión de las boletas y garantizar su distribución? Doctores tiene el PJ que sabrán responder.

Intencionalidad del asunto:

Ricardo Tasquer, entre otros, hace un resumen plausible de la estrategia en que se inserta: Ante los números del FpV en las PASO, el Gran Acuerdo opositor se dedicó a preparar el terreno para desconocer y deslegitimar el resultado. Finalmente, se utilizó a Tucumán como plataforma para introducir la figura del fraude a nivel nacional. No hubo una sola denuncia formal, pero los medios colaboraron eficazmente en esa tarea.

Ahora, es necesario señalar dos cosas: Que ese objetivo fue facilitado por lo que se mostró como una división enconada en la sociedad tucumana. Hay un sector numeroso, especialmente en la capital de la provincia, muy enojado con Alperovich. Con personajes como el asesor de Cano que llamó a “incendiar la casa de Gobierno, más la torpeza de la represión policial a los manifestantes, el plato estaba servido.

Y colaboraron también – debo decirlo, colegas blogueros – la reacción de la militancia K, que vio el fantasma del “golpe blando” detrás de este globo inflado. Por mi parte, sigo convencido que los argentinos no son tontos, y que no existe un liderazgo en condiciones de capitalizar esta agitación. Mauricio Macri puede ser el opositor mejor instalado, pero no sirve como el símbolo de la anticorrupción y la pureza republicana. Tampoco Sergio Massa, si vamos al caso.

Porque lo más significativo de esta estrategia es que está destinada a los ya convencidos. Los que “saben” que los votos del peronismo sólo pueden ser frutos del clientelismo y la ignorancia. Es un sector que todavía hoy no es mínimo, pero con ellos no se gana una elección. Ni en Tucumán ni en toda la Argentina.


El peronismo, con el viento enfrente – La crítica a Fidanza

agosto 29, 2015

Barco_TormentaSobre el posteo anterior con el artículo de Eduardo Fidanza El peronismo ante su propio ajuste, recibí mensajes privados de amigos personales diciendo (resumo) “¿Cómo se te ocurre subir, y decir que es interesante, una nota con evidentes falsedades!?” (varios comentaristas dicen algo parecido, con mayor cortesía).

Empiezo aclarando, entonces, que lo considero interesante por dos motivos básicos: Lo que tiene de falso. Lo que tiene de verdadero. Y también, como digo en la introducción, porque refleja el pensamiento de un opositor lúcido (E. F. es opositor, aunque tenga algunos vínculos provechosos con el oficialismo ¿Quién no, incluyendo a Macri, Magnetto y Rocca?).

El enfoque de Fidanza es relativamente original porque la gran mayoría de los opositores al peronismo por convicción (distintos de los opositores por interés, que, como los partidarios por interés, reciben sus convicciones con el sueldo) adoptan una de dos actitudes: o ven al kirchnerismo como una aberración “que no es en realidad peronista”, o piensan que el peronismo es la aberración, que impide desde hace 70 años que seamos el país maravilloso – casi europeo – que deberíamos ser. E. F. reconoce su vigencia, y lo excepcional de esa vigencia, durante siete décadas y se pregunta por los motivos. No es por cierto el único ni el primero, pero son tan pocos…

Ahora, lo falso: En su intento, E. F. toma en cuenta exclusivamente el período que va de 1989 a la actualidad (Bueno, mi amigo Barge, que hace un agudo comentario en ese posteo, toma casi todos sus ejemplos del período 1955-1988; más extenso, pero también incompleto). En cualquier caso, la falsedad se introduce de forma sutil en que compara las etapas de Menem y de ambos Kirchner, ignorando además la transición. Dice que “ambos gobiernos, con plataformas diferentes, beneficiaron a una porción considerable de la clase media y al conjunto de los sectores populares. La fórmula fue similar: recuperación del empleo y el consumo después de crisis terminales“.

Fue así… al comienzo: Las hiperinflaciones del final de Alfonsín (y de los primeros meses de Menem) habían creado una situación insoportable. La receta de la convertibilidad fue aceptada, y aplaudida, por una inmensa mayoría porque permitió una estabilidad mínima, un cálculo más o menos racional del dinero, el retorno de las tarjetas y las compras en cuotas… cosas muy básicas que habían desaparecido. Este alivio duró lo bastante para darle a Menem el respaldo de la mayoría del peronismo y la reelección.

Pero no puede decirse que el objetivo de su política haya sido beneficiar a “una porción considerable de la clase media y al conjunto de los sectores populares”. Porque había “comprado” la ideología que iniciaba su hegemonía global después de la caída del “socialismo real”: el llamado “neoliberalismo”. El beneficio a la sociedad no lo iba a dar el gobierno, sino la libre acción de las fuerzas del mercado y la iniciativa privada. Como sabemos, no funcionó así. Inclusive para sectores que hoy reivindican esa ideología, como Héctor Huergo o el comentarista Mariano T. Muchos productores rurales veían rematados sus campos al final de los ´90.

Los gobiernos K, en todas sus etapas, asumieron la concepción peronista tradicional: el gobierno es responsable por el bienestar de la sociedad, en particular de los sectores más humildes. El hecho que haya habido errores – y seguramente hechos de corrupción, imposibles de evitar en los asuntos humanos -; y que aún las mejores políticas sociales producen efectos colaterales no deseados, no cancela la diferencia entre ambas etapas.

Ni tampoco asume el hecho, también evidente, que la conclusión de la etapa menemista fue muy distinta a la actual. La recesión y el desempleo afectaban a sectores cada vez más grandes. En el plano político, el candidato del PJ entonces, Duhalde, hizo su campaña en 1999 diferenciándose de la gestión Menem.

Supongo que esta equivocación es de buena fe. Fidanza, que no es economista, asume el consenso al que se aferra el conjunto de la oposición: es necesario un ajuste, que será una “bomba” para el futuro gobierno. Por supuesto, puede ocurrir, pero no es inevitable como lo fue el estallido de la burbuja financiera (vide Grecia). Y se ignora que desde hace dos años el gobierno de CFK está haciendo un ajuste, del que se puede discutir su eficacia, pero no que no está enfocado en los sectores populares (mientras que la ortodoxia liberal consiste en afirmar siempre que es el excesivo consumo de los pobres el que provoca el desequilibrio, mientras que a los inversores debe evitarse cualquier inconveniente: son personas muy sensibles y se desalientan fácilmente, con consecuencias terribles).

Dicho todo esto, quiero señalar que no tengo datos que me hagan dudar de una afirmación muy importante de la nota, que todo político debería tomar en cuenta si es cierta (creo que lo es):

Según datos de Poliarquía de fines de 2014, sólo el 25% de los argentinos declara estar identificado con algún partido político. El 7% se inclina por el PJ y el 5% por el kirchnerismo. Eso significa que apenas el 12% del total de la población simpatiza con el peronismo, en sus dos expresiones principales. Dentro de este grupo, el kirchnerismo logra más adhesión relativa entre los jóvenes, las mujeres y la clase media, mientras que el PJ mantiene su configuración clásica: es preferido en mayor proporción por los varones, los sectores populares y los mayores de 50 años“. Otras encuestas, sólo de la provincia de Buenos Aires, que he visto, aumentan el porcentaje de los que se reconocen como peronistas al 16 %.

Esto indigna a mi amigo el Capitán Yáñez, que comentó: “Dudo que alguien haya visto alguna vez a este mercenario caminando por Solano o Berazategui … el peronismo sigue ahí, mayoritario y gozando de muy buena salud“. Por cierto que sí, y no sólo en el conurbano bonaerense. El peronismo sigue siendo un hecho primordialmente emocional y afectivo, en muchos barrios humildes en todo el país (más que en las villas y asentamientos, aunque también ahí), en las camadas jóvenes de algunos sindicatos, … hasta entre muchos ex militantes de Guardia de Hierro :) . Pero eso no contradice lo que dice Fidanza.

Guido, otro comentarista más contenido (que tampoco tiene buena opinión de la nota), apunta: “El 12% de la población es más del 20% de la población adulta. No es poca gente“. Seguro que no. Una quinta parte del electorado.

Con ese dato, E. F. desmiente sus propias conclusiones: “los herederos de Perón reemplazaron el carisma por la distribución“. Tonterías. Siempre hubo una parte de “efectividades conducentes”, como decía Yrigoyen: sin los aumentos de sueldo y la protección al trabajador, el aguinaldo, las vacaciones, la voz y la sonrisa de Perón no habrían sido suficientes. Y sin el fortalecimiento de las organizaciones sindicales, no hubiera perdurado después del ´55.

Lo que ese dato significa es que sí hubo una repolitización, después del derrumbe de Menem y la ausencia de carisma de Duhalde. La historia del peronismo, más la memoria de Néstor Kirchner para los muchos que recuperaron empleo y un modesto bienestar, más el liderazgo de CFK, conforman un núcleo duro valioso para una fuerza política que se propone mantener su vigencia. Scioli deberá lograr una empatía – distinta pero igualmente sólida – con sus votantes, o su liderazgo no sobrevivirá a las inevitables dificultades.

Ese 25 % también significa algo que condiciona las campañas y las estrategias políticas actuales: tres cuartas partes de los argentinos, una comodísima mayoría del electorado, no se identifican con un partido político. Quiere decir que la sociedad tiene una relación con la política muy distinta que hace 50 años, o solamente 30. Pero ese es un tema para otro posteo. Que a lo mejor acepta encarar mi socia en #BASAT, Florencia Benson.


El peronismo, con el viento enfrente

agosto 29, 2015

Barco_Tormenta

En el posteo anterior subí un reportaje a Axel Kicillof porque me parecía, y me parece, una de las (muy pocas) piezas políticas interesantes que se habían publicado en los medios locales. Me refiero a las que no estaban dominadas por completo por las vicisitudes de esta campaña electoral. Un funcionario clave del gobierno actual expone con nivel su mirada de la situación económica, y del proyecto kirchnerista a la fecha.

Ahora quiero acercarles, a los que no lo leyeron, el otro artículo que me llamó la atención. Un analista político que es reproducido, con respeto, en los grandes medios, al que otra vez que lo cité dije que podía describirse como un adversario intelectual del peronismo, adscripto a la vertiente “republicana”. Mi amigo Manuel Barge, con indignación peruca, diría que pertenece al Estado Mayor de la Hegemonía Intelectual. (En mi opinión, la hegemonía que resta no es intelectual, y no hay un Estado Mayor. Apenas consultores, como Durán Barba o Bendixen. O modestos artesanos, como el que suscribe).

A la nota: Eduardo Fidanza publicó en La Nación, hace justo una semana, un análisis del peronismo hoy, como lo ve él. Creo que sí, que podría ser la base de una estrategia para enfrentar a su expresión actual. Pero no es la que se está usando, y no hay chance que sea usada, al menos para esta elección. Porque la vigencia del peronismo no se la otorgan solamente los peronistas – que, es cierto, hoy sólo una minoría de nuestros compatriotas se define como tal. También se la da la otra minoría intensa: los antiperonistas. Pero es tarde, y mis comentarios y críticas los dejo para otro posteo. Ahora, lo que dice Fidanza:

El próximo 17 de octubre se cumplirán 70 años del hecho fundacional del peronismo: la aclamación de su líder en una larga jornada que culminó con un discurso en la Plaza de Mayo, colmada de simpatizantes. Ese aniversario ocurrirá una semana antes de las próximas elecciones presidenciales, donde el Frente para la Victoria, una de las variantes del movimiento creado por Perón, es el principal favorito. Esta conjunción muestra la vitalidad de un partido sui géneris que dominó la vida política durante siete décadas. Al cabo de ese lapso cabe ensayar, una vez más, un balance de su vigencia. Hacerlo tal vez ayude a entender las razones de tantos argentinos dispuestos a prolongar esa hegemonía.

El análisis del peronismo abarca dos planos. Uno es la subjetividad de sus adeptos, que comprende motivaciones y conductas; el otro son los modos de organización y la performance del partido. La subjetividad del adepto puede asimilarse a la demanda, mientras que la organización partidaria equivale a la oferta. Acerca de la demanda podría preguntarse: ¿es hoy el peronismo un sentimiento extendido en la sociedad? ¿La gente se identifica con sus valores, sus programas y sus líderes? ¿Se mantiene una tradición peronista en las familias argentinas, se transmite su legado?

La respuesta es no. Los estudios de opinión muestran un hecho irrevocable: la identificación social con el peronismo es minoritaria. En este sentido, el peronismo es un suceso electoral antes que emocional. Un caso de oferta dominante más que de demanda convencida y activa. Se lo vota por sus resultados, no por sus principios. Las razones que llevaron a miles de argentinos a la Plaza de Mayo hace 70 años, a millones a adorar a Perón y a Evita, y a otros millones a afiliarse al justicialismo en 1983, han caducado. El votante argentino, a tono con una tendencia mundial, está desencantado con la política y mudó sus preferencias a los deportes, el espectáculo y el consumo. El amor al peronismo es una víctima de la época.

Según datos de Poliarquía de fines de 2014, sólo el 25% de los argentinos declara estar identificado con algún partido político. El 7% se inclina por el PJ y el 5% por el kirchnerismo. Eso significa que apenas el 12% del total de la población simpatiza con el peronismo, en sus dos expresiones principales. Dentro de este grupo, el kirchnerismo logra más adhesión relativa entre los jóvenes, las mujeres y la clase media, mientras que el PJ mantiene su configuración clásica: es preferido en mayor proporción por los varones, los sectores populares y los mayores de 50 años. En cualquier caso se trata de minorías intensas, nunca de un fenómeno masivo en términos sociales o geográficos. Estos datos refutan la repolitización que se atribuye el kirchnerismo.

La vigencia del peronismo hay que buscarla en otro lado. El cofre vacío del deseo peronista, aquel carisma primordial, fue llenado poco a poco por una oferta dominante. El peronismo semeja una empresa cuasi monopólica: controla el mercado político; establece la cantidad, la calidad y el precio de los productos y servicios que se ofrecen allí. Por eso no debe sorprender que sus competidores, para recuperar espacio, se mimeticen con él, acaten e imiten sus costumbres, adopten sus programas. Como el monopolio económico, la hegemonía política anula el riesgo, fortalece el conformismo, internaliza el temor, hace desfallecer la creatividad.

¿Cómo pudo llegarse a esta situación asimétrica? En primer lugar debe reconocerse que en los últimos 25 años, el peronismo contó con dos factores favorables. Uno fue el azar; el otro, la exactitud y la convicción para identificar a los destinatarios de sus políticas. La suerte consistió en que tanto Menem como los Kirchner gobernaron en décadas favorables para la economía argentina. La precisión del foco hizo el resto: ambos gobiernos, con plataformas diferentes, beneficiaron a una porción considerable de la clase media y al conjunto de los sectores populares. La fórmula fue similar: recuperación del empleo y el consumo después de crisis terminales. Resulta paradójico y da qué pensar: con neoliberalismo o con estatismo, la historia transcurrió más o menos igual. Y concluye con el mismo problema: los recursos fiscales están exhaustos. Se acabó el financiamiento genuino.

Como se comprueba, los herederos de Perón reemplazaron el carisma por la distribución, pero no lograron sustentarla. A principios del kirchnerismo, Steven Levitsky, acaso el mejor intérprete del peronismo, se preguntaba por la capacidad de éste para seguir representando a los sectores populares. Observaba que su base sindical se había erosionado, transformándose en un partido clientelista, financiado por recursos del Estado provenientes del empleo público y los programas sociales.

Sostener la oferta peronista, esa aceitada maquinaria de bienestar, implica hoy un costo insoportable para el fisco, endeudado y sin perspectivas favorables a corto plazo. Se habla en voz baja de ajuste económico, pero se omite plantear un tema tal vez más arduo y complejo: la adecuación del propio peronismo a tiempos de crisis y escasez, una prueba decisiva para prolongar o revocar su vigencia, en caso de que logre retener el poder“.


Gobernando II – El reportaje a Kicillof

agosto 28, 2015

Axel

De vuelta en Argentina, estuve tratando de actualizarme sobre lo que había pasado – si algo – en la actualidad política y económica de nuestro país en estos diez días. Más allá de los fuegos artificiales que acompañan toda campaña electoral en nuestro país – acentuados por cierta histeria de parte de los que no se ven favorecidos en las encuestas – lo que encontré interesante es este reportaje al ministro de Economía KIcillof en La Nación del domingo pasado.

Pienso así porque es una defensa reposada e inteligente de sus políticas por el funcionario clave en esta etapa (reconocido como tal por la Presidente, que tiene la básica inclinación KIrchner por concentrar los reflectores). Por supuesto, presenta los aspectos positivos – que, en mi opinión, son ciertos -, pero además lo hace con una visión realista de las dificultades… y de los objetivos buscados. Bien diferente de las fantasías opositoras y del autoengaño – real o fingido – de los partidarios que querrían levantar la consigna “Keynes y Cooke, un solo corazón“.

También me pareció oportuno subirlo al lado del posteo que ya había tomado de Contradicto. Son muy distintos, claro: el posibilismo práctico del funcionario y la irresponsabilidad de un bloguero (como yo). Pero creo que el bloguero apunta a un factor decisivo que el funcionario, atado a los problemas inmediatos, no le da el énfasis que corresponde: la inversión (no es que lo pase por alto: habla de la participación accionaria del Estado en las empresas, que tiene que ver mucho con el tema).

Pero sobre ese asunto tengo ganas de extenderme en otros posteos. Por ahora, les invito a leer el reportaje (suprimí alguna palabería periodística y respuestas del ministro que entendí convencionales, como su evaluación del “dólar blue”, que, inevitable, el diario eligió para titular el reportaje.

-Hablemos de la herencia que le queda al futuro gobierno?

Mi análisis es que herencia hay siempre, porque la historia opera por acumulación, en término de todo lo que hemos hecho en estos 12 años. Lo que hicimos, lo que no hicimos y lo que se hizo en estos últimos 40 años es toda herencia. La Argentina duplicó su producto bruto interno en 10 años y aceleró su crecimiento.

-¿La inflación es la contracara de ese crecimiento?

Cuando asumí en el Ministerio de Economía, lanzamos nuevas estadísticas de precios, el IPC-Nacional Urbano, que es nuestro nuevo índice, que es novedoso por la cobertura y por la metodología. En enero dio 3,7 por ciento y lo anuncié yo en conferencia de prensa. Si vos tomás ese 3,7 por ciento y lo anualizás, da un 44 por ciento. Obviamente, yo discutía a los que lo analizaban así, pero a partir de ese momento tomamos una serie de medidas y desarrollamos una serie de políticas que llevaron a una desaceleración inflacionaria muy fuerte, que hoy hace que, en mis estadísticas, estemos en 1 por ciento. Para Melconian incluso, estamos en 0,9 por ciento.

-¿A qué lo atribuye?

Hubo una desaceleración clara de la inflación para todo el mundo. Cuando se dio ese número, que para mí estuvo condicionado por cierto corrimiento cambiario, hechos internacionales y precios de las commodities, a mí me dijeron que la única forma de reducir la inflación era reducir el gasto, bajar la liquidez, abrir la economía y endeudar nuevamente al país. Ese plan de cuatro puntos es el plan permanente que ellos tienen: sea por inflación, sea por problemas de industria, por actividad, por economías regionales, siempre quieren aplicar el mismo plan: bajar el gasto, reducir el crédito público, abrir la economía -eso quiere decir el libre comercio en todas las ramas- y por último endeudar.

-Se hicieron correcciones…

(Esa baja en) los números de inflación que reconocen los privados son más grandes que las mediciones mías. Porque ellos decían seis puntos de inflación. Para ellos hubo un parate tremendo en el incremento de precios. Pasa que no se hizo con medidas de ajuste, pero se hizo. Yo el otro día escuchaba a Broda ante empresarios, comentando algunas cuestiones que si las dijera yo, dirían que el ministro niega la realidad, es optimista y demás. Broda dijo que la economía está creciendo de nuevo, la inflación se está desacelerando fuertemente…

-¿Para usted Broda ahora es K?

(Sonríe) No… creo que dice la verdad en este punto. El nivel de reservas está bien; las brechas cambiarias, según él, están bien. El único problema es que así no puede ganar la oposición. Son palabras de Broda, un recurrido consultor, muy buscado por empresas. Yo sé que él tiene mucho trabajo dando pronósticos sobre el estado de la economía. Ante eso, digo que le faltaría decir a Broda cómo se logró todo eso. Y se logró con medidas contrarias a las que él recomendaba. Como no pueden negar que las cosas vayan así, pero han negado que haya problemas internacionales, aunque ahora lo van a reconocer, dicen que la cosa hoy anda bien, pero el año que viene va a explotar.

-Existen indicadores concretos que marcan un deterioro?

Esto lo vienen haciendo desde hace 12 años: primero dijeron que la cosa no anda bien, pero cuando la gente se da cuenta de que no anda mal, reconocen que anda bien y nos dicen que este plan -el nuestro- crea desequilibrios, que el año próximo va a explotar pero eso no pasa.

-Pero hoy no hay superávits gemelos como los que sí tuvo Néstor Kirchner…

Bueno, pero ahí también criticaban, después decían que era espurio…

-¿Qué piensa más allá de la crítica?

Yo lo que quiero decir son dos cuestiones. Hay superávit externo. El año pasado fue de US$ 6653 millones. Así que hay buen superávit, sobre todo en una región donde hay déficit. Pensemos que Estados Unidos tiene ¿hace cuánto? 20 o 30 años déficit externo…

-Históricamente, los superávits gemelos eran clave…

¡Por eso, por eso! El superávit externo permanece a pesar de la depresión del mercado internacional. Después está la cuestión fiscal. Yo me traje algunos números para no olvidarlos. Te digo cómo da hoy el déficit fiscal argentino en relación al producto bruto, que es como realmente se mide. A junio, última cifra publicada, es de 3,9 por ciento de déficit. Latinoamérica entera tiene 4,9% de déficit. Y son estadísticas del FMI no nuestras.

-Me sorprenden sus fuentes…

No, lo que pasa es que en este diario suelen darle más credibilidad a esas fuentes, te cito las tuyas para que no desconfíes. Y Estados Unidos tuvo un 4,2% de déficit en el mismo período. O sea que el nuestro no es un número exorbitante. Estamos aplicando, ante la situación internacional (entre lo de Grecia, los problemas de Brasil, los problemas que muestra China, todos reconocen un panorama internacional adverso), los números de déficits son como los de Brasil, que hasta hace poco era el mejor alumno, pero ahora está un poco cuestionado. Y el mundo entero anda en 3,4 por ciento. Entonces no estamos desalineados.

-¿Cuánto influye el contexto?

Cuando la economía internacional está floja hacemos política expansiva. Eso es gastar más. Y desde Keynes a esta parte siempre -porque se salió de la gran depresión de esta manera- se aplicó lo mismo: el New Deal fue esto. Y hoy estamos en una crisis internacional. No estoy comparando las dos cosas, ni tampoco es que Kicillof pide un new deal.

-Era un buen título…

No, lo que quiero decir es que la economía externa va mal, y eso te afecta la economía interna, entonces te reduce la actividad y te hace caer la recaudación. Vos, sin embargo, en vez de acompañar, con los gastos, la caída o desaceleración de la recaudación, gastás más, porque estás haciendo política anticíclica. Eso te genera un déficit transitorio.

-Es de corto plazo…

¡Preguntáles a las grandes economías del mundo! Por ejemplo, Estados Unidos tiene estas tasas de déficit hace años. Está bien, ellos imprimen dólares. Yo lo que estoy diciendo es que hago política anticíclica. ¿Por qué? Porque nuestra preocupación es que la situación internacional no tenga efectos adversos sobre el empleo, la producción y las condiciones de vida de los argentinos. Esto comenzó en 2008, y todavía no terminó.

-¿Por qué?

Ahora, la reactivación del comercio internacional viene muy floja. Cuando le empecemos a vender algo a Brasil, a China, y suban los precios de lo que exportás, ahí la política económica no tiene que andar como rueda de auxilio para el sector privado. Cuando empieza la incertidumbre, lo primero que se retrae es la inversión privada, lo cual está bien: el privado es el que calcula, estima, escucha. No es el que, probablemente, conozca todo el cuadro. Pero está en todo su derecho de no invertir su plata. Lo mismo ocurre con el consumidor, que tal vez reduce su consumo.

-O sea, ¿si el privado no invierte, la economía se frena?

Como el sector privado puede retraer su inversión en un contexto desfavorable, el Estado lo que hace es inyectar recursos a la economía y hacer planes que estén encaminados a expandir la demanda. Una vez que se normaliza la situación, el privado acompaña, cosa que se está advirtiendo desde el segundo trimestre de este año con la construcción privada, la demanda de autos y el turismo, entre otros. Pero en el medio vos empezás a acelerar el gasto cuando tus ingresos no están acelerando. Como nosotros venimos teniendo superávit fiscal sin problema… no tenemos vocación por el déficit, de ninguna manera.

-El Estado ganó mucho terreno

¿Por qué? La inversión privada y el empleo privado son importantes. El Estado solo explica el 25 o el 30 por ciento, o sea que esta es una economía privada. Ahora, hubo una época en el empresariado argentino -la época liberal-, donde en las empresas tenía más injerencia el gerente financiero que el gerente de producción. Era más negocio la timba que la empresa.

-¿Hay dólares para los vencimientos por pagar en octubre?

Me acuerdo del año pasado, cuando decían que no iba a haber dólares para pagar el Boden 2015, que era un vencimiento muy grande y lo tenemos desde hace 10 años. Todo el mundo sabe que tenemos los dólares para pagar en octubre. Lo que dije en ese momento es que no teníamos problemas, y teníamos las reservas en U$S 25.000 millones. Pueden estar las interpretaciones y los malintencionados, pero también está el dueño del bono. Si un dueño del bono piensa que no vas a poder pagarlo, se muere de miedo. Ese precio no había caído, pero igual decían lo contrario.

-¿Hoy cómo lo evalúa?

Podemos pagar, fijate el precio del bono, que está en 103 dólares. El mercado da por descontado que podemos pagar. En ese momento, yo dije que si alguien creía que no le podíamos pagar que viniera, que le dábamos efectivo. No vino nadie: creo que fueron US$ 87 millones sobre US$ 6000 y pico. O sea, el mercado lo demostró. Ahora hay una corriente de opinión que quiere meter miedo con el dólar. Entonces teníamos US$ 25.000 millones, ahora tenemos US$ 34.000 millones. Yo creo que la solidez financiera es el resultado del desendeudamiento, que nadie discute.

-Se habla mucho del endeudamiento interno.

Vamos a los volúmenes, a las magnitudes. La Argentina entra a la crisis de 2001 con una relación entre lo que debe y lo que produce del 166 por ciento deuda / PBI. Debíamos más de un PBI y medio. Hoy toda la deuda pública y privada, en pesos o en dólares, no supera el 40 por ciento. Y somos uno de los países -lo dijo McKinsey, para tomar fuentes privadas- que más se desendeudó entre 2007 y 2015.

-El Banco Central y la Anses…

(Interrumpe) ¿Qué me podés decir? Y bueno, que la Argentina debe a otras agencias del Estado. Eso, en otros países, no se computa como deuda. Ante la evidencia indiscutible de que la Argentina se desendeudó como nunca en su historia dicen que le debemos en pesos al Banco Central, no sé de dónde sacan eso. ¿El Tesoro de los Estados Unidos cómo hace para crecer? Emite deuda… es lo mismo.

  • Los industriales: ¿en guerra? “Los de la UIA se están matando. Me parece que hay gente que tiene una valoración muy negativa de este período, y gente adentro que tiene una valoración muy positiva. Por supuesto, con matices. Lo negativo no, porque dicen que es todo malo. Los que ven algo positivo dicen que hay cosas que faltan, igual que nosotros”, agrega respecto de cómo ve él la interna en las huestes de la Unión Industrial.
  • El rol del empresario. “Es central. Fundamental. Creo que este gobierno, así como pasó en la época de la industrialización de la Argentina, tiene al empresario como una de las fuerzas motoras del crecimiento económico”
  • La devaluación del yuan “Hubo movimientos monetarios, cambiarios y de precios de los mercados internacionales. Es una instancia más de 2008 con la crisis de Lehman Brothers y es la enorme volatilidad e incertidumbre que marca hoy a los mercados.”
  • La caída de la soja “Estamos mirando con mucha atención lo que ocurre con los precios de las monedas y de los bienes. Si Estados Unidos decide marcar el fin de la crisis y modificar su tasa de interés las monedas y los bienes de los demás países en particular de los emergentes van a sufrir oscilaciones.”
  • Participaciones estatales “Las acciones se compraron muy caras y después bajaron de precio. Hicimos un negocio muy malo en la compra y ahora no se prohíbe la venta sino que se preserva. Quien va a decidir eventualmente la venta es el Congreso con una mayoría de al menos dos tercios.” El FGS tiene cerca de 560.000 millones de pesos de los que un 15% se compone de las acciones.
  • En qué se equivocó “Todos los días debo cometer una saga de errores. Uno está sometido a demasiadas decisiones. Creo que grandes equivocaciones, en materia de política económica no tuve. Mirá, hay decisiones que tomó la Presidenta, como esto de negociar fuerte con los fondos buitre, y se dividía la estantería: había quienes decían que era un error y que había que ir a pagar, y otros decían que está bien defender intereses permanentes y soberanos del pueblo. Pagar, para mí, hubiera sido una ruina. Todo depende de cómo termine saliendo la historia para ver en perspectiva si te equivocaste o no. No es que un error en el terreno de la economía lo reconocés a los dos minutos“.

Adiós a Hugo del Rey

agosto 27, 2015

En el blog muchas veces quise despedir a quienes habían representado algo importante en mi vida o en la de los argentinos. Pero nunca lo hice con alguien que, como Hugo, fue un amigo y compañero muy cercano y muy querido por largas décadas. Entonces, no me siento capaz de escribir sobre él.

En los últimos tiempos, afectado por una enfermedad pulmonar, se dedicó a escribir con Amable López Martínez la historia del Comando Tecnológico Peronista, una de las organizaciones que canalizó el compromiso con el peronismo y en especial con el movimiento obrero de nuestra generación. Tal vez de ahí pueda tomar las palabras para relatar su militancia.

Estas líneas sólo tienen el objeto de avisar a los compañeros que no puedo alcanzar de otra forma y que quieran despedirlo personalmente y acompañar a Beti y sus hijos que lo velan en lo de Zuccotti, Córdoba 5080, Capital, mañana viernes a partir de las 12 hs.


Gobernando

agosto 27, 2015

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Empezando el regreso de las vacaciones, tengo todavía menos tiempo y energía para el blog. Por suerte, mi amigo Contradicto subió hace algunos días un posteo que me parece una respuesta muy interesante a un planteo que vengo haciendo en el blog hace tiempo, y que en la columna de comentarios del posteo anterior, Esther reiteraba en otros términos:

En simultáneo con la conferencia de prensa de la oposición exigiendo ya no sé qué con respecto a las elecciones de Tucumán, Kicillof dio una conferencia de prensa en relación al ingreso de las Pymes a la Bolsa. No sé de qué se trata, claro, así que revisé bastantes sitios de la blogosfera K buscando quién me desasne un poco, averiguar si realmente es cosa buena, a qué apunta, etc.

No encontré mención al tema. Todos estamos ocupados hablando de la oposición y las elecciones en Tucumán.

Me pregunto (y no tengo respuesta clara), ¿no habrá que detenerse un poco, frenar el impulso, y repensar qué es lo que más conviene hacer? ¿No nos están marcando la cancha los medios, la oposición, haciéndonos girar en torno a cuestiones que son las que le sirven a ellos?“.

Amplío un poco el concepto de Esther: Ni desde la oposición ni desde el oficialismo se habla mucho de proyectos concretos. No es el estilo de las campañas electorales, ni aquí ni en ningún otro lado. En la militancia politizada – de la que la blogosfera es vocero – la oposición marca los errores del gobierno, y da a entender que si no se cometieran todo marcharía bien (aún los que saben que no es así), En el oficialismo… los apasionados hablan de profundizar el modelo, sin aclarar que sería eso exactamente.

Bueno, Contradicto marca una señal y hace una propuesta. No es que estoy totalmente de acuerdo con lo que plantea: Es joven (Fontanarrosa aclaraba que eso se cura con el tiempo). Por ejemplo, estoy seguro que Scioli no tiene la más remota intención de hacer esas cosas que él propone. Pero no importa tanto. No hay ninguna indicación que los Kirchner tenían previstas algunas de las cosas más importantes que hicieron: recuperación de YPF, estatización de los fondos de las AFJP, inversiones en el sistema ferroviario,… Más allá de las intenciones, las hicieron cuando la realidad los empujó. Esa señora seguirá empujando.

Les copio las partes fundamentales de su posteo. Agrego sólo una observacíón puntual, la que está entre comillas.

Lo que viene va a ser delicado, en especial su instrumentación.

Empezamos por decir que lo que falta para retomar el crecimiento no es consumo.

De eso ya tenemos bastante. Y consolidado. Incluso el exceso de consumo, en nuestra coyuntura, puede ser peligroso.

Lo que falta es Inversión,

La Inversión es la variable más volátil. La fugaz. La figurita difícil del álbum.

Ahora, si dejamos a la ortodoxia económica dominar el discurso, perdemos.

La ortodoxia, cuando analiza la inversión sólo se refiere a la privada (Con esa reconocida capacidad que tiene el análisis “ortodoxo” para ignorar todo lo que no entra en su esquema. Por ejemplo, que las inversiones más importantes en todo el mundo, en los últimos dos siglos, han sido hechas por los Estados).

Y la inversión privada sólo se lograría si se genera el mentado “clima de negocios”.

Clima de negocios, seguridad jurídica, horizonte de inversiones, es eso que el colectivero y la maestra conocen como “hacé lo que yo quiero y recién entonces, si tengo ganas, pongo la tarasca”.

Hubo un montón de “clima de inversión” en los 90. Esto parecía un ClubMed de la Inversión. Y sin embargo nadie puso una fábrica ni una línea de producción nuevas.

En el argot, nadie hizo “greenfield”. Todos hicieron “brownfield”. Significa que compraron lo que ya estaba.

Todos metieron guita porque el cashflow daba. Pero buscando hundir la guita en negocios ya existentes, con retornos más o menos garantizados.

Con “clima de negocios” lo único que quiere la ortodoxia es torcerte el brazo.

La Inversión en un ecosistema puramente ortodoxo debería ser privada.

Y ya conocemos cuán lejos están nuestros “capitanes de la industria” de ser “burguesía” genuina. Estos que tenemos son y serán rentistas. Gente que antes de poner 100 mangos te pregunta cuándo cobra la primera cuota.

… Hemos tenido muchas buenas noticias en estos últimos años, y cambios culturales significativos. Pero inversión faltó. Y mucha (si se considera toda la que es necesaria).

Es responsabilidad de nuestros economistas heterodoxos, nuestros Axeles, que no asesoraron adecuadamente al poder.

No obstante, podemos ilusionarnos y pensar que ese proceso quizás ya empezó.

Veamos. Una noticia pasó desapercibida en estos días.

La mencionó Zaiat hace pocos días. YPF compró la mayoría accionaria de Petroken y se mete en el mercado del propileno. Es una fenomenal noticia: el Estado ingresa al negocio de insumos básicos.

No nos daremos cuenta, todavía y por un tiempo, de lo significativa que es esta compra.

Y es una auténtica patada en el culo al accionista ahora controlado, que tiene que responder a las demandas y estrategias de Galuccio, que es José Estado.

Tardamos un poquito. Y entramos demasiado tarde. Pero parece que finalmente estamos entendiendo. También nosotros a patadas en el culo.

Hago una lista mental porque soy perverso:

  • Siderar chapas
  • Acindar acero construcción
  • El cartel de las cementeras
  • Aluar aluminio
  • Polisur otros polímeros
  • Las mineras cupriferas
  • Ledesma azúcar
  • Alto paraná papel

Puedo ser malo, puedo seguir“.


Los golpes peligrosos

agosto 26, 2015

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Será por la distancia, pero me parece ver que esta última fase de la campaña produce un exceso de nerviosismo en la militancia. No en las conducciones políticas. A pesar que el oficialismo muestra su tradicional tendencia a pegarse tiros en el pie (o a poner el pie para que otros le peguen tiros ahí; ver las reacciones ante unas declaraciones de Carlos Tévez, la represión en Tucumán) sigo pensando que tanto la Presidente Cristina Kirchner como el candidato Daniel Scioli muestran serenidad y una capacidad sorprendente para armonizar, hasta ahora, estilos e intereses personales diferentes.

En cuanto a la oposición… creo que sin buenas cartas – no se produjo el derrumbe económico ni el enfrentamiento interno en el que cifraban sus esperanzas – sigue una estrategia adecuada para su situación. motivar a sus bases naturales – los diversos sectores medios – con la indignación moral que les provocan fácilmente los beneficios (“clientelismo” o “corrupción”) que obtienen… otros.

No. Me refiero a los politizados. En la oposición, hay un sector no menor que durante doce años ha considerado la experiencia kirchnerista como una aberración insostenible. Que concluya sin una catástrofe, que la posible siguiente etapa la reivindique… los vuelve locos, simplemente.

En mis compañeros oficialistas… los veo demasiado inquietos, en una contienda que no es segura – por supuesto – pero donde tienen muy buenas chances. Se me ocurre esto por varios ejemplos – entre ellos la amargura de algunas discusiones internas – pero en particular me lo provocó la lectura de un posteo del licenciado Baleno, uno de los blogueros más originales y sensatos de esta peculiar cofradía.

Allí cita al trajinado Gene Sharp y la llamada “teoría del golpe blando”. Atención: es cierto que en toda Latinoamérica hay sectores nostálgicos de las dictaduras militares y/o los gobiernos neoliberales y que su marginación del discurso político admitido los lleva a conspirar; que tienen vínculos con el sector más enconado de la derecha estadounidense (las notas de Mary Anastasia O´Grady en el Wall Street Journal son un buen muestrario). Pero no convirtamos a Sharp en lo que es Gramsci para esa derecha: un fantasma siniestro que se apodera de las mentes de los hombres, sin realidades concretas en qué apoyarse).

Un comentario en ese posteo, en particular, decía: “Saben que pierden. El objetivo es (asemejarnos a) Brasil: llegar al ballotage, perder por poco, cuestionar victoria y “dilmizar” a Scioli“.

Quiero insistir que, en mi opinión, la situación que enfrenta Dilma Rousseff se debe – en primer término – al grave deterioro de la economía brasileña y que la política económica que Dilma escogió no consigue solucionarla. En realidad, la empeora. Que una minoría numerosa de desaforados salga a la calle y pida una intervención militar es grave, que tenga apoyos extranjeros, es probable. Pero las raíces fueron sembradas por el gobierno brasileño. Que debería saber que la tradicional corrupción de sus políticos se hace insoportable cuando es ejercida por “hombres nuevos” y, sobre todo, cuando una parte importante del pueblo ve amenazado su reciente bienestar.

La realidad económica argentina actual tiene problemas serios. La “restricción externa” es uno de ellos. Pero no está en la misma situación que Brasil, y no está obligada a estarlo. Si el gobierno, actual y futuro, mantiene el control de las variables, y los diversos sectores de la sociedad persiguen sus intereses con un mínimo de racionalidad. Creo que, con todos nuestros errores, el peronismo ha mostrado capacidad de equilibrar las tensiones sociales, sin perjudicar a los más débiles. Bonapartismo, le decían los viejos marxistas.


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