Un 17 de Octubre, y el tema de la identidad

octubre 17, 2021

Que el 17 de Octubre es uno de los mitos más poderosos construidos en Argentina -tierra gran constructora de mitos- lo sabemos todos, hasta los que odian esa idea. Otra cosa es la realidad de esa jornada, hace 76 años, de los días que la prepararon y de sus consecuencias, también fascinante para los que gustamos de la historia y la política. Pero hay una diferencia, clave, entre mito y realidad que derrota y muestra el patetismo de los que buscan algún dato de la realidad para “destruir el mito”.

El 17 de octubre de 1945 es irrepetible. No está Perón, no está el Ejército, industrialista y factor de poder del que surgió, dividido ya entre quienes lo apoyaban y quienes estaban dispuestos a todo para acabar con él. La clase alta y las clases medias de esa Argentina, que miraban con alarma y furia a ese coronel, cambiaron profundamente (para peor, pero ese es un juicio personal). Hasta los trabajadores que se movilizaron en columnas para apoyarlo… ya no son ese mismo sector coherente. Son varios, bastantes diferenciados entre sí. Y el mundo de 1945 y el de 2021… otra cosa.

En cambio, el mito se renueva cada vez. Es eterno porque cambia. Y mientras cambia. Cuando queda fijado, muere. Cada generación encuentra su propio significado en el mito, a partir de su experiencia. Y de sus necesidades. Ya en los primeros dos gobiernos de Perón, el discurso oficial lo fue cambiando, desde la memoria del rescate del coronel prisionero de sus enemigos y de la revancha de los privilegiados, a la afirmación de la Lealtad de las masas con su Conductor. Esos relatos no se contradecían, pero el énfasis era distinto.

Después del ´55, el 17 fue una afirmación de lucha, de Resistencia. Y así siguió por 18 años. Como a todo, el paso del tiempo lo fue desgastando. Más el fracaso en 1964 del Operativo Retorno, que fue una consecuencia, digamos todo, de ese desgaste.

El regreso de Perón, el regreso al poder, parecían remotos. Era un mito, bah. En los primeros años de Onganía, a mediados de los ´60, los actos del 17 eran gestos de desafío de la militancia juvenil, y de definición doctrinaria en los sindicatos.

Pero a pesar de ese desgaste, el mito, y la definición doctrinaria, mostraron fuerza como para darle bandera y contenido a la siguiente etapa, cuando la historia argentina empezó a sacudirse de nuevo. Corrían otros vientos en el mundo, y la agitación estudiantil, el Cordobazo, no se hicieron con banderas peronistas. Pero en dos, tres años, el peronismo era la identidad proclamada -no sólo como antes de los trabajadores, de los “de abajo”- sino de la juventud de las clases medias que se movilizó como nunca antes ni después.

Esto es historia, claro ¿Se repetirá alguna vez? No tengo idea, y la Historia es una mina a la que le gustan las sorpresas. Aunque a veces repita el bosquejo de algún escenario, le cambia el final. Por ejemplo, a partir de 2003 y sobre todo del 2008, hubo una incorporación de sectores medios al peronismo. No tan masiva como la de los ´70, pero muy importante en número y, aún más, en el acceso al poder político interno. Por suerte, el destino de esa inmigración ha sido mucho mejor que en los ´70.

Ahora, con todo lo diferentes, en su naturaleza, que son la realidad y el mito, hay algo en lo que se parecen. Eso también es clave, y es el punto de este latoso posteo. Ese día de octubre de 1945, un coronel con vocación política e influencia y manejo en algunos sectores jóvenes de la oficialidad del ejército que entonces era nacionalista e industrialista, descubrió que ya era un Conductor de masas de trabajadores. Y esas masas obreras, ya con larga experiencia de luchas, fracasos y algunas modestas victorias, descubrieron que podían se protagonistas decisivos, en una lucha real por el poder, asumiendo una nueva identidad, la de peronistas.

Y eso es lo que tienen común. Jornadas del calendario con la envergadura para que después las transformen en mitos, y los mitos mismos. En las dos cosas encontramos la búsqueda y la afirmación de una identidad.

Hasta aquí, la parte teórica, y bastante pretenciosa, del posteo. Uno tiene una cotidianeidad muy práctica, y a veces me tiento con estas reflexiones. Pero ahora quiero ir a lo que creo estará sucediendo hoy. Que empezó a suceder hace tiempo.

Como repetí muchas veces en el blog, Néstor Kirchner fue el dirigente peronista que vio con claridad que los 10 años de Menem habían terminado vaciando al peronismo de contenido. Quedaban los aparatos políticos provinciales y los sindicatos, una memoria, lealtades… Pero como proyecto, vacío. Y en el plano muy práctico y concreto de lo electoral, Néstor, como jefe de campaña de Duhalde en 1999, vio que los votantes que en otros momentos hubieran elegido, con más o menos convicción, a un candidato del peronismo, se fueron con el Frepaso a la Alianza.

En 2003 N. K. fue el candidato del derrumbe de la Alianza, del aparato peronista bonaerense y del No a Menem. Le alcanzó para ganar, por poco, esa vez. Pero empezó a construir de inmediato un nuevo bloque ¿”histórico” en el sentido de Gramsci? Hmm… No lo creo, pero dejo el análisis a quienes conozcan más a fondo el pensamiento del italiano. Lo que es cierto es que construyó un frente con los aparatos del peronismo, con los que nos habíamos mantenido en el peronismo por identificación con una historia propia, y con un “centro izquierda” muy impreciso pero real y numeroso. Que se fue acercando al kirchnerismo sobre todo por rechazo a sus enemigos.

Ese frente permitió gobernar con firmeza la ingobernable Argentina por diez años y medio, y se prolonga hasta hoy como base del liderazgo de Cristina Fernández. Un liderazgo cuestionado, si los hay. Pero tengamos en cuenta que no ha aparecido otro liderazgo en el peronismo de dimensiones siquiera cercanas en todos estos años.

¿Qué tiene que ver todo esto con lo que digo en el título y en las parrafadas iniciales sobre la identidad? Bueno, Kirchner, un dirigente peronista “del territorio”, era muy poco sentimental en relación al peronismo, y, sobre todo, a los otros dirigentes. Por su parte, Cristina mantuvo siempre un estilo alejado del “folklore”, y se ha permitido tomar distancia de muchos ritos tradicionales. Y del “pejotismo”. Por supuesto, ambos dos, Néstor y Cristina aferraron y condujeron a los aparatos políticos del peronismo: eran imprescindibles; N. K. advirtió que si les decían kircheristas era para “bajarles el precio”. Pero en conversaciones privadas, dejaba en claro que se sentía lejos de esos desgastados administradores de discursos sentimentales y pequeñas prebendas.

Este distanciamiento está más extendido en la dirigencia de lo que podría creerse. Hasta una figura tan emblemática del peronismo tradicional del conurbano bonaerense como Aníbal Fernández alguna vez mandó a guardarse la “marchita” en alguna parte. Pero bueno, el triunfo, la convicción que se está cumpliendo una tarea importante (se adquiere fácil en el Estado) sirven para dar cohesión y pertenencia… Pero la derrota, o la perspectiva de la derrota hacen que se necesite algo más. Hay que afirmarse en una identidad. Como después del ´55, esa identidad se encuentra en los mitos del peronismo. Y el mito más poderoso y más propio, es el 17/10 (La figura de Evita es tan fuerte, si no más, pero no es tan exclusiva: hay demasiados admiradores o que se dicen admiradores no peronistas. Si hasta tiene una ópera…).

Un inteligente análisis de Nicolás Lantos Un 17 de octubre en defensa propia apunta que hoy y mañana habrá “dos movilizaciones representarán a los dos continentes que están tomando forma al interior de este nuevo Frente de Todos“. Me gustó, pero tengo algunas diferencias.

Hoy domingo -dice- marchará aquello que históricamente se caracterizó como kirchnerismo, incluyendo a su base de movilización silvestre, La Cámpora, las organizaciones de derechos humanos y otros espacios políticos que se encuadran ante la conducción que tiene su epicentro entre el Instituto Patria y el Congreso de la Nación. Será parte de la convocatoria la CTA y los sectores de la CGT que fueron excluidos de la marcha del lunes.

Esa (otra) movilización, convocada tradicionalmente por la central obrera y que tiene epicentro a pocos metros del edificio de la calle Azopardo, incluirá a las organizaciones sociales pero ejerció derecho de asistencia contra otros sectores del sindicalismo. Se trata del polo alrededor del que intentará organizarse el peronismo no kirchnerista con la intención de plantar bandera en una eventual interna de cara al 2023.

Hmm…, otra vez. El segundo párrafo exagera mucho cuando habla de “plantar bandera … de cara al 2023”. Sospecho que ahí Lantos está inconscientemente influido por el obsesivo discurso de los medios opositores que en cualquier cosa ven una maniobra de CFK para imponer una revolución chavista -sin fuerzas armadas, claro, porque las de aquí no son “bolivarianas”- y un peronismo que no sabe como impedírselo. Así, Feletti, Manzur o el mismo Alberto serán alguna vez opositores internos a Cristina y otra dóciles instrumentos de la Jefa, según convenga al relato que están contando en ese momento.

Los sindicatos más poderosos decidieron hacer su propia marcha para marcar que tienen capacidad de movilización, tareas a cumplir y recursos para hacerlo. Y no para ponerse al servicio de algún proyecto, K o no K, sino para dejar claro que cualquier dirigencia política tendrá que conversar con ellos. Bastante parecido a lo de los movimientos sociales, que hicieron sus propias marchas antes. Son los sindicatos de los precarizados, después de todo.

Tiene razón Lantos cuando dice que la de hoy será una marcha muy mayoritariamente kirchnerista. Pero sostengo que el dato principal es que no surge de una decisión de arriba. Fueron los kirchneristas de a pie, los que se acercaron al peronismo o volvieron a ilusionarse con él, convocados por los gestos de Kirchner, la oratoria de Cristina, quienes en una marea nada orgánica fueron imponiendo la necesidad de “hacer algo”, y, para los de la Capital y el Gran Buenos Aires, hacerlo en la Plaza.

Muchos de ellos sienten frustración y bronca. Una parte no pequeña está muy descontenta también con las jefaturas y referentes del kirchnerismo visible, aunque casi todos hacen contorsiones para salvar de sus críticas a Cristina. Inevitable. A nadie le gusta ser derrotado, y ser derrotado por macristas… Más importante, el gobierno ha cometido errores graves, y no ha sabido comunicar bien sus aciertos.

Pero lo que me parece fundamental, más allá de las elecciones que se pierden o ganan, es que la frustración y la bronca, como la pertenencia, se expresan a través de una identidad peronista, manifestada un 17 de Octubre.

Como me siento obligado por ética, o por pedantería, a mantener una honestidad profesional, reitero que lo siempre he dicho: los, y las, militantes son una minoría. Salvo en momentos muy especiales, y muy raros, ni siquiera arrastran mayorías electorales. Pero sin ellos, los dirigentes son “jetones” a los que no escucha nadie, y cualquier payaso coyuntural puede desafiarlos en las urnas. Por eso, esta identidad que hoy se manifiesta indica por dónde va a seguir transitando al menos la mitad de la política argentina.


Cuando Argentina quiso entrar en una cancha donde juegan EE.UU., Israel e Irán

octubre 10, 2021

La decisión de la entonces presidenta Cristina Kirchner de impulsar una negociación con la República Islámica de Irán a propósito de una causa judicial que se arrastra desde 1994 en tribunales argentinos sobre el atentado a la AMIA, está de vuelta en la atención de medios y politizados y, tal vez, de algunas cancillerías.

El motivo, o más bien el pretexto, es el reciente fallo del Tribunal Oral Federal 8 que determinó que no existió delito en el Memorándum de Entendimiento Argentina-Irán. Pretexto, porque muy pocos analizaron, o leyeron, ese fallo de más de 300 páginas. Simplemente, sirvió para otro episodio de “Odiemos a Cristina y todas sus obras”, una herramienta útil para sectores políticos y de poder económico opositores y, se ve, para descargar neurosis profundas en muchos opinadores (señalo esto último porque en bastantes casos se percibe un odio irracional que no parece surgir, solamente, de una convicción política o motivos mercenarios, sino de un mecanismo similar al que describieron Sartre y Fromm en el antisemitismo).

Por mi parte, reitero mi opinión sobre el asunto, muy anterior a esta sentencia: la denuncia original de Nisman es ridícula. Una colección de escuchas clandestinas a personajes de cuarta, que hablan pavadas por teléfono. Típico material de los servicios locales, y bastante patético; han sabido armar “carpetas” mucho más sugestivas.

El colmo es que la motivación que atribuye al memórandum no es un delito. Esa denuncia afirma que fue para aumentar las exportaciones a Irán… Un objetivo natural y constante de cualquier gobierno, en todos los países, más allá que despierte en algún caso objeciones éticas.

Así, todo el texto huele a servicios que se hubieran quedado perdidos en la Guerra Fría. No es necesario una investigación profunda para llegar a esta conclusión. Basta con leer el texto de esa denuncia de Nisman de febrero de 2015, subido en un sitio que le rinde homenaje…

Pero el punto de este posteo va bastante más atrás, porque su título no se refiere exclusivamente a la decisión de 2013 de CFK. Voy a copiar algo que escribí hace unos 15 años, en diciembre de 2006, en El hijo de Reco (un antecesor más articulado de El blog de Abel, que desde entonces tiene un “link” en el encabezado) Kirchner, Irán y la historia oficial“.

Ya lo copié hace años en este blog, pero como dice la Conductora Emérita Mirtha “El que cambia es el público”. Además, hace a mi ego mostrar que 15 años atrás estaba en lo cierto (un lector me dijo que mi blog era autorreferencial (¿por qué otro motivo tendría un blog?). Y agrego un comentario que creo actual.

ooooo

“El 26 de octubre (de 2006), inmediatamente después que fiscales argentinos pidieran la captura de ocho iraníes, entre ellos un ex Presidente, acusados por el atentado a la AMIA, yo escribía:

“Hace algo más de 12 años un atentado en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina costó 85 vidas de argentinos de religión judía, católica y quizá algún agnóstico. Fue un hecho muy doloroso, en un país habituado a las catástrofes, que impactó en nuestra gente. También puede argumentarse que fue una de las primeras batallas en la llamada “guerra del terror”.

Sea como sea, no es sorprendente que nuestros investigadores y servicios de inteligencia y seguridad no proporcionaran explicaciones convincentes, ni tampoco – por supuesto – pruebas. No tienen experiencia en conflictos internacionales, porque han sido volcados a nuestras luchas internas. Y las explicaciones que en otros países se han dado de hechos similares no se han librado de ser cuestionadas. Cualquiera puede encontrar en Internet – por ejemplo – cientos de sitios ofreciendo teorías conspirativas, distintas de la oficial, sobre el atentado a las Torres Gemelas.

La diferencia clave es que en otros países los órganos del Estado (el Poder Judicial también lo es) han llegado a conclusiones que asumen definitivas y están dispuestos a afirmarlas con su autoridad. Tienen una “historia oficial”. Y no es cinismo señalar que es una base necesaria de toda política de Estado. El estado Argentino no ha podido elaborarla por esas mismas luchas internas que mencionamos antes.

Así, el gobierno de Menem y el juez Juan José Galeano que investigó el tema plantearon – sin mucha convicción – la “pista iraní”, pero dedicaron más esfuerzos a la conexión local, que encontraron convenientemente en las filas de la policía provincial de un gobernador que lo incomodaba. Tuvo el aval de las organizaciones de la comunidad judía.

Los opositores a Menem – y los familiares de las víctimas – favorecieron la “pista siria”, que coincidía con el origen familiar del entonces presidente y de algún traficante de armas famoso, y sugerían como motivo apoyos a su campaña electoral que no fueron correspondidos.



El hecho triste es que hasta hoy el único condenado en sede judicial por temas vinculados a este caso es el mismo juez Galeano, identificado con la “pista iraní”

Bueno, ayer (25/10/06) los integrantes de la fiscalía especial creada por el presidente Kirchner, Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos, emitieron un dictamen que reivindica esa vieja pista: acusa a Hezbollah e Irán y reclama la captura de ocho iraníes, ex funcionarios de Teherán.

¿Será ésta la definitiva “historia oficial” del Estado Argentino sobre el atentado a la AMIA?”

Mantengo lo dicho, pero debo confesar que – como la mayoría de los observadores – no aprecié en el primer momento la gravedad que este hecho implicaba, después que el juez Rodolfo Canicota Corral avalara el dictamen de la fiscalía. Un solitario, agudo analista advirtió – y concuerdo – que posiblemente sea la decisión jurídica de mayor trascendencia e impacto en lo que va del siglo XXI en materia diplomática y de defensa para la Argentina. Porque los gobiernos pasan, pero las causas judiciales permanecen – aletargadas o no – para que otros gobiernos, u otros países, las retomen.

Ciertamente – todos los que han opinado con alguna seriedad están de acuerdo – es absurdo pensar que el juez y los fiscales se han pronunciado, más allá de la fortaleza o debilidad de los indicios (en otra parte de esta página damos, en las palabras del fiscal y del representante de Irán, oportunidad para que Uds. los evalúen) sin el respaldo del Gobierno Nacional. En cualquier país del mundo, estas decisiones se toman con adecuada conciencia política de sus consecuencias, y en Argentina el Poder Judicial tiene una sensibilidad aguzada para los humores del poder.

La pregunta a hacerse es, entonces, por qué Néstor Kirchner decidió avalar esta decisión judicial. Hay algo muy importante para tener presente: La evidencia parece indicar que un gobierno que ha sido acusado por muchos (entre ellos, yo) de no contar con equipos ni inclinación para el análisis estratégico de la política internacional, ha llevado adelante desde que asumió hace tres años una estrategia consistente y coherente en este tema en particular.

En un excelente artículo que público hace pocos días en “La Nación”, Juan Gabriel Tokatlian, el agudo analista a quien me referí más arriba y cuyos trabajos hemos subido alguna vez a esta página, señala:

“A principios del siglo XXI, el comercio con Irán venía creciendo nuevamente con grandes márgenes de superávit para nuestro país. En 1999, el comercio bilateral fue algo superior a los 158 millones de dólares (las exportaciones argentinas fueron de US$ 155 millones). En 2000, las cifras respectivas fueron algo más de US$ 343 millones y US$ 341 millones. En 2001, alcanzaron respectivamente los US$ 419 millones y US$ 417 millones. Cabe destacar que ese año – el de nuestra gran crisis interna – las exportaciones a Irán equivalieron a la mitad de todo lo que se vendió a Medio Oriente y representaban el 2% de nuestro intercambio mundial. Ese mismo año nuestras exportaciones a ciertos países clave fueron inferiores a las realizadas hacia Irán: a Canadá se vendió por valor de US$ 225 millones, a Venezuela US$ 235 millones, a Francia US$ 257 millones y al Reino Unido US$ 291 millones.

En 2002 sólo hubo exportaciones a Irán: el monto fue de US$ 339 millones. En 2003 -año de llegada de Kirchner al gobierno-, se produjo una caída notable: se exportó por un total de US$ 47 millones. En 2004, las exportaciones cayeron a sólo un millón de dólares. En 2005 no hubo ninguna exportación de la Argentina a Irán.”

Tokatlian no puede ofrecer explicaciones satisfactorias para estos hechos, pero es muy difícil creer que se trata de una coincidencia. Sobre todo, si se toma en cuenta otros aspectos de la política de Kirchner: aunque él y su gobierno fueron severos críticos en algunas oportunidades de políticas de Washington (el A.L.C.A., por ejemplo) se mantuvo una clara y constante decisión de cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad. Los organismos de inteligencia del Estado argentino, con sus limitaciones, cooperaron y cooperan con las políticas de seguridad de Washington. La Cancillería ha manifestado su rechazo a la proliferación de armas de destrucción masiva, y nuestras Fuerzas Armadas colaboran en Haití.

La relación de mutuo beneficio establecida con Chávez, así como otros gestos – y hechos concretos – de independencia en la política exterior no deben confundir. Irritante como es Chávez para los Estados Unidos, y antagónico para su visión estratégica, como puede serlo, ciertamente no es un problema de seguridad. Hoy, ni Castro lo es.

Más relevante para este tema en particular, cabe destacar que Kirchner, desde el comienzo de su gestión, anunció su decisión que el atentado no iba a quedar impune. Se puede pensar que son las frases hechas de un gobernante; pero hay que tener en cuenta que nunca, a pesar de algunas posiciones de la senadora Fernández de Kirchner antes que él asumiera la Presidencia, avaló la “pista siria”.

Los motivos posibles que baraja Tokatlian no son convincentes: no parece haber motivos para que Teherán, culpables o inocentes sus hombres, reduzca su comercio con Argentina antes que los fiscales insinuaran su decisión, cuando no lo había hecho frente a las acusaciones de Galeano y a la explícita alianza de Menem con EE.UU. Una convicción ideológica de Kirchner? Su política internacional puede ser poco meditada, pero no se podría acusarla seriamente de ideologizada. Deseo de congraciarse con la colectividad judía? No suena muy creíble, para un político astuto.

La única hipótesis plausible que se me ocurre es un acuerdo con el gobierno norteamericano en políticas de seguridad – que incluyese una evaluación firme de la “pista iraní” – alcanzado no después del 2003. Y Kirchner tiene fama de cumplir férreamente la letra de sus acuerdos.

Si fuese cierto, no me sorprendería ni me escandalizaría. Los gobiernos, de derecha, revolucionarios o progresistas, sellan acuerdos como el que se insinúa. Tampoco me siento inclinado a unirme al coro de ex-menemistas que descubren que Kirchner comete un grave error al apoyar ahora a EE.UU. e Israel porque Bush perdió las elecciones y vienen los demócratas (o republicanos moderados). En los países serios como esos dos, las políticas de seguridad trascienden los gobiernos. Ni tampoco me gusta la postura vergonzante que susurra que Irán no debe ser acusado porque puede ponernos (otra) bomba.

Lo que debe preocuparnos a los argentinos es que otra vez, como hace 15 años en la Guerra del Golfo, nuestro país toma partido, aunque sea en menor grado, en el conflicto más grave de nuestra época, sin una reflexión cuidadosa de las consecuencias y los riesgos. Sin una Cancillería ni instituciones del Estado capaces de evaluar alternativas por encima de las decisiones personales. Y sin tomar en cuenta el principal aporte que Argentina y Latinoamérica, por todas nuestras injusticias y locuras, pueden ofrecer al mundo en este nuevo siglo: una sociedad donde la religión y la raza no son causa de guerras.”

ooooo

Tal vez sí hace 15 años yo era un poco más soberbio. Entiendo ahora que cualquier gobierno argentino estuvo y estará frente a una fuerte presión de familiares de las víctimas, de grupos mediáticos y de algunas cancillerías para “no dejar impune” el atentado terrorista que provocó más muertes desde el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955.

En otros países, más poderosos y/o mejor organizados, el eventual castigo toma otras formas. Cuando el gobernante se convence de que sabe quiénes son los autores, el presidente de los EE.UU., por ejemplo, firma una Orden Ejecutiva. En otras naciones, menos convencidas de su excepcionalidad, el presidente de Francia o de Rusia, el primer ministro de Gran Bretaña o de Israel, da una indicación, verbal, a algunos departamentos de su gobierno, y un misil, un dron o un equipo de asesinos la ejecuta.

No estoy sugiriendo que Argentina deba o pueda adoptar esa práctica. No con los organismos de seguridad, con el aparado del Estado, que tenemos. Lo menciono para hacer comprensible -también para mí mismo- que Néstor, Cristina y aún, con más cinismo e irresponsabilidad, Carlos Menem, buscaran mecanismos judiciales para “hacer justicia” (De la Rúa, Duhalde y Macri no encontraron necesario hacer más que discursos sobre el tema).

El problema, sostengo, es de nuestra sociedad. Y, como en otros temas, de la inhabilidad y reluctancia de nuestros gobiernos a comunicar verdades incómodas. Un jefe de Estado, o los instrumentos de mayor jerarquía de su gobierno, sólo pueden ser juzgados y condenados después de una derrota militar decisiva o de haber sido expulsados del poder. La muy occidental Margaret Thatcher decía “Gran Bretaña no negocia con terroristas. Salvo cuando llegan a ser Primeros Ministros”. Y muchos siglos antes, en uno de los primitivos romances del Mío Cid se aconsejaba “Haced la jura, buen Rey, No tengáis de esto cuidado, Que nunca fue rey traidor, Ni Papa descomulgado”.

Dejemos de lado entonces la payasada de “las órdenes de captura de Interpol”, que nunca han sido ejecutadas, ni lo serán, salvo por un Estado que tenga motivos previos para enfrentarse con Irán.

En lo que hace al atentado a la AMIA: ni en la causa que armaron hace 15 años esos fiscales, ni desde entonces, no aparecen -no se dan a publicidad- pruebas sobre la autoría, salvo declaraciones de testigos de “identidad reservada”. Pero la hipótesis que la potencia detrás de los ejecutores fue Irán es posible. Y -seamos francos- considerando otros episodios de la guerra sucia del terror y contra terror en estas décadas, parece probable. Si organismos legítimos del Estado argentino deciden que Irán es responsable, y que conviene a los intereses nacionales hacerlo público, no tengo motivos para rechazar esa “verdad oficial”.

Pero afirmar que tribunales argentinos, o internacionales, o mixtos “harán justicia”, es más grave que una hipocresía, que a veces puede ser necesaria en la diplomacia. Es un autoengaño.


La caída de las redes de Mark Z: chance para ARSAT y algún empresario argento

octubre 6, 2021

Esta nota no pertenece al blog. Es un editorial que subí hoy a AgendAR, mucho más apropiada para su público, creo, que los politizados, militantes y/o nostálgicos que todavía visitan acá. Pero estoy tan embalado con la idea que la divulgo por cualquier medio. Hasta creo que la voy a subir a Facebook e Instagram, para jugar limpio con Mark 🙂

ooooo

Como todo el mundo sabe -nunca fue tan cierto y literal, el mundo todo-  el lunes 4 de octubre Facebook, Instagram y WhatsApp, las 3 empresas de Mark Zuckerberg, estuvieron caídas por más de 6 horas. Las dificultades comenzaron a las 12:15 hora argentina, y ningún dispositivo, en ningún rincón del planeta, podía conectarse a través de ellas.

No fue la primera interrupción del servicio para ninguna, ni tampoco la más prolongada. Facebook estuvo caída un día entero en 2008, y WhatsApp por 14 horas entre el 13 y el 14/3/19. WhatsApp e Instagram las tuvieron hace muy poco, en marzo y julio de este año. Y un fallo de las 3 juntas, ocurrió en julio de 2020.

Pero nos animamos a decir que la caída de ayer fue la que impactó más en la sociedad global. Para ser más preciso, en un porcentaje muy alto de los ciudadanos de una mayoría muy larga de los países del globo.

En parte, por una cuestión del número de usuarios. En 2008, Facebook tenía 80 millones; hoy, esa red social sola tiene más de 2.890 millones. El «planeta Zuckerberg» tiene más habitantes que la India y China juntas.

Pero creemos que un factor aún más decisivo es el papel que juegan, cada vez más, en nuestras actividades, además de nuestros ocios. Cada día más empresas pequeñas y medianas y emprendimientos personales se suman a vender u ofrecer servicios a través de Instagram. La pandemia ha acelerado esta tendencia.

Y WhatsApp -y en menor grado el servicio de mensajería de Facebook, Messenger, que también se cayó– ha reemplazado al correo electrónico y está en camino de reemplazar a la comunicación telefónica. Por supuesto, ambos siguen existiendo y cumplen funciones acotadas aunque propias. Pero el mensaje que puede enviarse en cualquier momento, y también leerse o escucharse cuando el receptor tiene tiempo, resulta tan útil… Lo mismo que el bot, que ofrece de inmediato opciones al cliente (o al ciudadano).

Bueno, ayer comprobamos que este maravilloso mecanismo -que vende a empresas privadas, y a algunas agencias de algunos gobiernos, los datos personales que le brindamos sin reflexionar, y cuyos algoritmos han sido denunciados como «perversos» (ver la otra nota que hoy publica AgendAR)- también puede fallar. Y sin advertencia previa.

Poco después de la recuperación de las redes, nuestro amigo Jorge Zaccagnini, referente histórico para muchos informáticos argentinos, nos decía en un mensaje «en varias oportunidades advertimos que la mudanza irreflexiva de los mecanismos de comunicación era un proceso peligroso y permanentemente a un paso del caos».

Es cierto. Sin ir más lejos, en marzo habíamos reproducido en AgendAR su advertencia «No abrazar la tecnología digital sin evaluarla antes». La pregunta es ¿Hay alternativas?

Hay una red, al menos, que se está ofreciendo, con énfasis, desde hace tiempo: Telegram. Y es muy competitiva en sus capacidades. Pero, como otras muestras de las brillantes ciencia y tecnología rusas, tiene dificultades con la escala. Ayer también Telegram tuvo problemas para alojar a tantos emigrantes intempestivos con los mensajes que no podían enviar por WattsApp.

Hay otras redes y servicios de mensajería. En China, en la misma Rusia… Incluso en Estados Unidos, varios compiten con éxito en segmentos de la población con los servicios de Mark Z. Pero todos ellos, en sus características y su lenguaje, están destinados a los usuarios locales.

Y ahora contestamos la pregunta de si hay otra alternativa con otra ¿Por qué no hacemos lo mismo? Hacemos nuestro el desafío de Zaccagnini: «…planteamos la necesidad de una nube local y sudamericana. Usando los recursos y conocimientos que hoy estamos mal utilizando como materia prima del negocio de otros».

Podemos imaginar una red de mensajería nacional, hasta un sitio en Internet para subir fotos y textos breves… Ejemplos de esto último existen. Por supuesto, somos conscientes que competir con recursos locales con el imperio de Zuckerberg sería tratar de pescar una ballena con un anzuelo para mojarritas.

Pero el objetivo no sería competir, sino ofrecer una alternativa confiable, y, tal vez, valorizar más los datos que hoy los usuarios de las redes proporcionamos gratuitamente. Porque Mark Z es, simplemente, el empresario que con mayor habilidad explotó el hecho que hoy a muchísima gente le encanta volcar su intimidad en Internet, brindando de paso información valiosa para las empresas que quieren venderles productos o servicios.

El factor que puede hacer viable una propuesta así es que al Estado nacional, y también a los provinciales, les conviene que exista una alternativa a sus ciudadanos y a las empresas. No sólo frente a caídas imprevistas como la de ayer. El crimen y la guerra ya se trasladaron al ciberespacio. Contar con proveedores nacionales de estos servicios será en muy poco tiempo una política prudente, seguida por muchos países.

Nuestro columnista, Daniel Arias, nos cuenta que en enero de 2020, cuando se renovó la conducción de ARSAT, se debatió si se iba a ofrecer un sistema de teleconferencias capaz de hacerle competencia a los varios sucedáneos de Zoom. Con la ReFeFo, la red de fibra óptica que superó los 35.000 km y la capacidad de almacenamiento del Data Center de Benavídez, habría tenido ventajas tecnológicas, de escala y de costos decisivas dentro del territorio argentino. Pero era indispensable vender servicios directamente a usuarios: «dar milla final», en la jerga.

El tabú de la milla final es fundacional, viene de 2006, cuando la empresa nació con diez empleados en dos oficinas del entonces Correo Central y con la entonces sorprendente idea de dotar a la Argentina de sus propios satélites de telecomunicaciones. De suyo, un proyecto tildado de irrealizable y faraónico. Pero los satélites están, ganan mucha plata para el estado, logró una alianza con Turquía para su construcción en serie y venta, y habrá nuevos.

Satélites, la ReFeFo, «el Data», todo lo que se propuso hacer ARSAT, lo hizo. Pero en 2020 desistió de un equivalente nacional de Zoom por no romper el tabú de la milla final, y sembrar la paranoia entre algunos grupos económicos muy poderosos del mundo de las comunicaciones. Ese paso al costado se dio mientras se veían llegar la pandemia, sus inevitables restricciones y el florecimiento de la sala virtual de conferencias Zoom. Podríamos haber tenido un equivalente nacional. Todavía podemos.

Éste ahora es un desafío distinto. La caída general de conectividad de ayer nos señala que, antes que un negocio empresario, para el país sería una medida de seguridad. Ya no es únicamente conveniente. Es necesario.

ARSAT, en asociación con las empresas informáticas que siguen naciendo en Argentina a pesar de la crisis, puede encargarse de esta tarea. Tiene todo para ello. Se necesita la decisión política. Y, muy probablemente, un empresario o empresarios audaces.


Propongo: que el PJ deje de usar barbijo

septiembre 22, 2021

Casi todo lo que digo en este posteo, lo acabo de subir en un “hilo” en Twitter. Por un motivo que dejo claro al final del hilo.

La “cuarentena” (parcial) q Alberto Fernández anunció en marzo 2020, cuando la pandemia llegó a la Argentina, se fue modificando, y descascarando, desde las 1as. semanas. Pero el gobierno deja ahora la imagen de una “liberación” repentina. Y la oposición aprovecha, por supuesto.

En un gobierno no puede (ni debe) haber librepensadores, que opinen alegremente sobre las medidas que deben poner en práctica. Y usualmente, cuando hay una conducción firme, no se los estimula. Pero un gobierno d coalición como el actual necesita un espacio de debate público. Fuera del gobierno, pero con representatividad. Eso son los partidos políticos.

La parte más politizada de la sociedad (un ¿30%?) se enteraría de los debates, con distintas posiciones, y no recibiría los cambios como virajes. Twitter no sirve para eso, porque, como toda red social, forma burbujas que se gritan entre sí.

Por razones de historia (mía), al subir esto al blog puse en el título al PJ. Que es un caso de manual, además. Activo y vigoroso cuando está fuera del gobierno (bueno, en el período 2015/19 estuvo activo, pero no muy vigoroso. Es que el liderazgo más fuerte, por lejos, del peronismo su mantuvo fuera); cuando llega al gobierno entra en catalepsia. Sólo unos pocos y débiles signos indican que no se murió, todavía.

Pero también sirve para el otro partido extendido en todo el país, la UCR. Aún cuando se convirtió en la opción con la cual una parte muy numerosa de la sociedad argentina expresaba su rechazo la peronismo, la competencia, y los debates, entre la Línea Nacional de Balbín y Renovación y Cambio con Alfonsín, eran muy reales y potentes. Hoy, gobernadores y jetones varios encabezan grupos de dirigentes que aspiran a cargos para ellos y sus seguidores. Todo legítimo -Max Weber lo estudió muy bien- pero cuando es sólo eso…

Como doy a entender en el tweet, esta no es una propuesta para mejorar política. Creo que es una necesidad para el PJ y también para los otros partidos que participan en el gobierno (los que no son sellos). O las inevitables tensiones y presiones, que hubo y habrá, se vivirán como crisis.

¿Espero que algo así se haga en medio de esta campaña electoral, que culmina el 14/11? Por supuesto que no, salvo como cosmética (que no vendría mal…). Pero si no empezamos en esta dirección, el rechazo a la “casta” política seguirá creciendo. Para beneficio de los payasos que aspiran a ingresar a la “casta”.


Cambiando al soldado Guzmán: oxígeno o gas sarín

septiembre 15, 2021

Después de la derrota del 12/9, han florecido entre peronistas y afines los análisis de las causas. Ya hay muchos más que propuestas para revertirla. Pero -por suerte- algo del realismo peruca persiste, y desde la dirigencia y la militancia ya hay algunas. Quiero discutir una de ellas aquí.

(Ojo. creo que es inevitable la catarsis, y necesaria la reflexión colectiva. Yo también tengo mi análisis, y en algún momento se los infligiré. Pero la realidad marcha al trote, faltan 2 meses menos un día para la elección en serio, y un resultado tan malo o peor que el de las PASO aumenta la chance de otro experimento de “políticas de mercado” sin mercado, de “ingresar al mundo” sin noción clara de los intereses y las capacidades propias. Tratar de evitarlo me parece un deber, para usar una palabra algo obsoleta. Por eso pongo mis dos centavos).

Un sector muy importante de la coalición oficialista, el que los medios opositores llaman “kirchnerista” (para bajarles el precio, decía Néstor K) está planteando que es necesario “oxigenar” el gabinete. Cambiar (algunos) ministros. Mostrar a los votantes que sí, el gobierno se dio cuenta que estaba haciendo algunas cosas mal, y que ahora las hará bien.

El planteo es razonable, y forma parte del manual de la política. En los países parlamentarios, es de rigor. En las viejas monarquías absolutas, el rey dejaba caer al “favorito” (a veces lo asesinaban, para resaltar el cambio de rumbo). En un país presidencialista como el nuestro, donde el número 1 es el que firma todos los decretos y todos los nombramientos importantes… es más cosmética. Pero la cosmética, es parte fundamental de la comunicación, que es parte fundamental de la política.

Para que funcione, es necesario que el reemplazo sea alguien conocido por la población, y que él o ella sean por sí el anuncio de una política distinta. Y que tenga listas y pensadas las medidas para poner en marcha de inmediato (¿es necesario repetir que el 14/11 es la elección?).

Y aún cumpliendo con esas condiciones, la maniobra puede fallar. Hace 20 años, después de la derrota en las elecciones legislativas de 2001, y el breve ministerio de Economía de López Murphy, De la Rúa llamó a Domingo Cavallo. No funcionó.

Estas reflexiones valen para todos los ministros. Y secretarios y subsecretarios. Las hago porque desde afuera del Estado, desde la omnipotencia del periodismo y de Twitter, se olvida que el Estado son las reglamentaciones y los expedientes. Acumula un poder muy importante -es el grupo económico local con el patrimonio y flujo de ingresos más grandes, muy por encima de Techint y el Grupo Clarín. Pero el que no conoce las reglamentaciones y no sabe empujar los expedientes, se convierte en un infeliz con chofer y conferencias de prensa.

En el caso de Martín Guzmán, tengo una reflexión más precisa, y a la vez más amplia. Creo que es un buen ministro de Economía: no ha chocado el barco. Que es el requisito supremo para los ministros de Economía argentos, y que no muchos han cumplido a lo largo de la historia. (Los lectores consecuentes del blog recordarán que mi defensa del gobierno de Cristina K fue siempre que “no choca el barco”. No se puede decir lo mismo de Mauricio M. De Alberto F… todavía puede hacerlo. Esperemos que no).

¿Podría lograrse una gestión mejor, aún con las feroces limitaciones que impone la realidad local? Probablemente. Más imaginativa, seguro. Pero como no me van a pedir opinión sobre el reemplazo, voy a hacer una advertencia general sobre un par de supersticiones económicas. Una de las cuales está detrás de la presión actual por el cambio en el ministerio de Economía (a la otra superstición se aferran quienes quieren imponerlo en 2023, o antes si fuera posible).

Se trata de supersticiones opuestas y viejas, eh. Ya se expresaron en el debate entre las ideas de Say y de Malthus, hace dos siglos. Pero se mantienen en pie: ambas tienen intereses poderosos a su favor, y de sostenerlas con elocuencia dependen contratos y puestos.

Empiezo por la del Otro Lado: La oferta crea la demanda. En castellano un poco más claro: todo lo que es necesario y suficiente es estimular a los inversores (gente tímida y cautelosa), ellos pondrán en marcha empresas que darán empleo y crearán la prosperidad general. La magia del capitalismo, en la que creen con una fe similar a la que otros creína en la magia del socialismo. La especulación financiera, los impedimentos, físicos o legales, para ingresar al mercado o para aumentar la producción, los intereses nacionales (de otras naciones), son espejismos a los que no se permite empañar esta luminosa imagen.

(El odio de los “liberales” -así llaman en Argentina a los fieles de esta superstición- por Keynes, un inglés conservador lúcido, cuya única excentricidad era su opción sexual, se debe a que demostró matemáticamente que, aún en condiciones de competencia, los mercados pueden encontrar equilibrio sin que se llegue a la utilización plena de los recursos. Entre ellos, el empleo. Todo lo demás que hoy pasa por keynesianismo es sarasa).

La mayoría de los propagandistas de estas supersticiones las creen, téngase en cuenta. Es muy humano. Cuando Mauricio M les decía a los grandes empresarios que le dieran el 1% de su patrimonio para su campaña, porque sus patrimonios valdrían mucho más cuando él fuera Presidente, no los estaba currando (esa vez). Era un convencido de eso. Iba a crear un clima propicio para los negocios, y además manejaba bien el inglés ¿Qué mas era necesario?

Paso a la otra superstición: La demanda crea la oferta. En esta versión, lo necesario y suficiente es “poner dinero en el bolsillo de la gente”. Que va a ir a comprar productos, los empresarios venderán más y tendrán que tomar trabajadores para producir más, que a la vez consumirán productos… La magia del capitalismo, supervisado por el Estado (algunos de sus creyentes más fervientes antes creían en la magia del socialismo, pero eso es común. El neoconservadorismo yanqui fue fundado por ex troskistas).

Como en el otro caso, la especulación financiera, los impedimentos, físicos o legales, para ingresar al mercado o para aumentar la producción, … son espejismos a los que no se permite empañar esta luminosa imagen. Sobre todo, esa perversa predilección de la gente por ahorrar en una moneda que no se les derrita en los bolsillos… (Keynes no simpatizaba mucho con lo que llamaba “la propensión al ahorro”, pero no se le ocurría suprimirla. Gesell, y ahora Claudio Lozano, son más imaginativos, pero no creo que sus ideas sean prácticas, qué quieren que les diga…).

Esto último apunta al problema básico de todos los economistas “nac&pop” (entre los cuales se me ha incluido, aunque no soy economista; sólo un simple contador): la inflación. La respuesta estándar es que es “multicausal”. Lo que es cierto, pero no ayuda a detenerla, ni siquiera a moderarla.

Luego se afirma que se debe a la codicia irrefrenable de los “formadores de precios”, que van a subirlos todo lo que puedan. También es cierto, y lo señaló Adam Smith hace dos siglos y medio. Pero ahí hay que explicar porqué la codicia de los empresarios en otros países no la provoca, por lo menos no en los índices locales.

La última trinchera la atribuye a la puja distributiva entre empresarios y trabajadores. También muy real, por supuesto. Y también universal, salvo en países donde la policía secreta es muy eficiente.

Me detengo aquí, y resumo, porque los acontecimientos se precipitan, como suele suceder entre nosotros: Guzmán es reemplazable. Los problemas que enfrenta, están y siguen. Y no se solucionan sólo con voluntad y un discurso sincero. Reitero la reivindicación que volví a hacer anoche en Twitter de la insistencia de Néstor Kirchner en los superávits gemelos: fiscal y comercial.


En la víspera de las PASO, los resultados electorales que importan

septiembre 11, 2021

Los lectores suspicaces -que deben ser bastantes- pensarán ante este título que voy a decir / sugerir que los resultados de mañana domingo no importan. No es así. El planteo de Mariano Fraschini –sus argumentos los reproduje en un medio más formal que este blog– es que se van a leer de formas distintas. Se trata en realidad de 24 elecciones en un país federal, que además es muy heterogéneo, en población, en recursos, en sus dinámicas políticas… Y remarca un hecho: las PASO de los años de elecciones legislativas no han sido anticipos de las presidenciales.

Pero las elecciones de mañana serán un episodio en un enfrentamiento que no es sólo político sino también cultural, como han señalado Julio Burdman y otros, y que va mutando. Los resultados dirán si se afirma (probablemente) o debilita la transformación que están sufriendo esas 2 realidades básicas de la política argentina desde 1946: el peronismo y el antiperonismo.

En mi falible opinión, el antiperonismo -en tanto expresión política masiva- se está transformando en este siglo en algo muy parecido a los partidos conservadores europeos, incorporando en estos años rasgos de populismo trumpista y de Europa Oriental. Y el peronismo, con la inmigración que recibe desde 2008, reforzada desde 2015… podemos decir que es una “socialdemocracia con características argentas”.

(Se puede argumentar con solidez que siempre ha sido eso. Pero las características que le imprimieron Juan Domingo Perón y las masas obreras movilizadas de los ´40 y ´50 son bien distintas de las que le imprimen hoy Cristina, Alberto, Sergio, La Cámpora, los gobernas, la dirigencia sindical y la de los movimientos sociales… Como la Argentina y el mundo son distintos).

Como sea: creo que estas PASO darán una indicación -no definitiva, nada lo es- pero clara si esta configuración de las dos grandes coaliciones que se enfrentan se fortalece o no.

Además, claro, decidirán si algunos candidatos que no quieren encuadrarse en estas dos grandes coaliciones consiguen el piso mínimo de votos para competir en noviembre.

Pero cuando me refiero a los resultados electorales que importan me refiero a los de hace dos años, que creo siguen marcando los parámetros de la política posible en Argentina.

En las PASO de agosto 2019 la fórmula de Alberto y Cristina obtuvo el 47,79% de los votos; la de Macri-Pichetto (el vice era el conservador más lúcido de esa coalición, pero, bueno, el peronismo también tuvo muchos de ellos desde el comienzo), 31,80%, y la previsible 3° fuerza, que candidateó a Lavagna, 8,15%. Poco más de dos meses después, en las Presidenciales de octubre los porcentajes fueron, respectivamente 48,24; 40,28; y 6,14.

En mi lectura, también falible, claro, los resultados de las PASO muestran dos cosas. Una, que la experiencia macrista es irrescatable e irrepetible, por más que el Mauricio se esfuerce e invierta en reivindicarla. Pero mantiene un núcleo duro aún en el momento de mayor desprestigio -en países no polarizados se ganan las elecciones con un 30%- que condiciona a esa coalición. Y a sus posibles candidatos.

Los resultados de la presidencial muestran que el peronismo conserva la lealtad, o al menos las expectativas de los “de abajo”, y es capaz de sumarles lo que equivale en la práctica a una mayoría absoluta -siempre y cuando consiga dar esperanzas a esa mayoría y su rival esté desprestigiado- pero aún en ese caso un 40+% de los votantes votarán a ese rival, por hostilidad o temor al peronismo.

¿Es una situación electoralmente estable? Creo que sí; que se confirmará en estas PASO. Porque tiene algo de identitario: una parte muy considerable de los que votan a esas coaliciones se identifican con ellas, y rechazan o desprecian a “los otros”. El problema es que una de esas dos coaliciones debe gobernar el conjunto, y ese rasgo “identitario” se lo hace muy difícil. Pero no es solamente argento. Se extiende cada vez en muchos países, en estos tiempos del capitalismo tardío y las redes sociales.


China: ¿nuestra nueva Inglaterra? – Bis

septiembre 8, 2021

.

Hace 7 años, el 21/7/14, subí dos posteos (tenía más tiempo libre entonces…) con este mismo título al blog. El tema es tan actual ahora como entonces (el 1° tenía la foto de Cristina caminando al lado de Xi, cuando él nos visitó). En realidad, estimo que será actual por buena parte de este siglo.

Ahora ha vuelto a la tapa de medios gráficos, cuando el presidente Lacalle Pou anuncia que la Banda Oriental aspira a actualizar su tradicional papel -desde 1806- de puerta de entrada a la cuenca del Plata. Tal vez pueda perforar en algunos de nosotros la absorción en las elecciones del próximo domingo.

Como sea, creo que varias reflexiones que hago aquí siguen válidas. Especialmente, la primera parte; para la segunda, estaba pensando en un Brasil que no estaba arrastrado en el proyecto Bolsonaro. Igual, los políticos pasan y los países quedan.

ooooo

Poner un signo de pregunta en el título suele ser una técnica tramposa en comunicación. A veces la uso (nadie dice que soy perfecto), pero en este caso refleja exactamente lo que creo es la realidad: las relaciones comerciales con la República Popular China han sido muy convenientes para nuestro país – también para ella, naturalmente. Su profundización, que está en marcha, es probable que nos beneficie aún más: un mercado gigantesco, en crecimiento previsible, para nuestras exportaciones agropecuarias y mineras – que son las que nos dan recursos para políticas sociales y educativas -, una fuente alternativa de financiación, y de inversiones. En especial en transportes, una infraestructura vital para un país moderno, que Argentina necesita mejorar. Por supuesto, el futuro siempre es incierto, pero no existe fuera del continente suramericano otro vínculo estratégico que reúna ventajas actuales y potenciales como éste. Nuestro gobierno, y los empresarios – que hoy están de acuerdo en pocas otras cosas – coinciden en verlo así.

Para la otra parte, China, también hay una conveniencia estratégica: podemos ser – ya somos – un proveedor confiable, sólo comparable a Brasil. Los países africanos son inestables, sus técnicas agrarias y extractivas todavía son rudimentarias, y sujetas a turbulencias políticas; y  el otro gran productor de alimentos, EE.UU., … bueno, es concebible que en un futuro se presenten dificultades diplomáticas que pongan en riesgo el abastecimiento.

El punto es que algo parecido podría haberse dicho, sin variar una coma en relación a nosotros, sobre nuestras relaciones comerciales con Inglaterra hace 150 años, en 1864, por ejemplo. Y las halagüeñas promesas que se hicieron los gobernantes en ese tiempo resultaron reales. Los beneficios del comercio con el Reino Unido, además de beneficiar a una oligarquía riquísima, permitieron crear un Estado moderno, un ejército profesional, una escolarización primaria (la ley 1420) y una salud pública del Primer Mundo… de esa época.

Al mismo tiempo, el consenso de muchos pensadores argentinos de la “línea nacional”, es que distorsionaron el desarrollo de nuestro país, y crearon una red de intereses y una dependencia cultural en la mayor parte de nuestras clases dirigentes. Cuando el mundo cambió – y siempre cambia – Argentina encontró muy difícil elaborar un nuevo camino de desarrollo y, sobre todo, la cohesión nacional para emprenderlo con éxito. Si todavía hoy, la nostalgia de esa “Arabia Saudita de las vacas y el trigo” que fue la Argentina de 1910 – que nadie vivo hoy conoció – perdura en la imaginación de muchos argentinos y les impide apreciar con realismo las probabilidades y los riesgos del presente.

¿Puede volver a suceder? Creo que la pregunta es válida. Eso sí, para tener una chance de contestarla, hay que despejar dos mitos… ingenuos: 1) que la visita de estos días del Presidente Xi Jinping y los acuerdos firmados en esta oportunidad representan en alguna forma un punto de inflexión; y 2) que la decisión descansa, desde el lado argentino, principalmente en este gobierno que encabeza Cristina Fernández de Kirchner.

No es mi intención minimizar la importancia de esa visita (la versión de la agencia china Xinhua es la más cuidadosa; la recomiendo), y de la Asociación Estratégica Integral que se ha firmado. Son gestos, y en política y sobre todo en diplomacia los gestos tienen significado; este acuerdo, entre otras cosas, indica que China coloca su relación con Argentina en el mismo nivel que con Brasil. Los convenios económicos puntuales también son muy importantes. Pero nada de esto tendrá realización o consecuencias inmediatas. Y por inmediata me refiero a los próximos dos años. Los emprendimientos en que participa el Estado chino, en general, todos los emprendimientos de envergadura en el mundo moderno, se desarrollan en plazos más largos. Los que se preocupan – como corresponde – por las condiciones de los créditos, deberán tomar en cuenta que los compromisos serán muy paulatinos.

El hecho, obvio, en que quiero hacer hincapié es que en 2014 se cumplen diez años del establecimiento de la Asociación Estratégica entre China y Argentina. En ese marco, la República Popular ya es el segundo socio comercial de la Argentina (y el principal del primero nuestro, Brasil). Su presencia a través de empresas es cada vez más significativa. Están en casi todos los sectores claves: con Nidera y Noble en la exportación de granos, con PAE y Oxxy en el petróleo, en la explotación de hierro en Río Negro con Hipasam y en el sector financiero con los bancos ICBC y HSBC (sugiero leer este posteo, si no lo han hecho ya). En Argentina ya hay unas veinte empresas chinas (el embajador chino nos recomendaba hace poco que, para equilibrar la balanza, era necesario que nuestros empresarios sean más agresivos, como los suyos) y unos cien mil ciudadanos de ese país. El comercio bilateral ha crecido mucho y también cambiado de composición. Si antes se importaban productos de consumo, desde textiles a juguetes, hoy el grueso de lo que se trae son piezas para el armado de electrónicos, autos y motos, además de maquinaria.

En resumen, todo esto es parte de un proceso de décadas, en el que la Argentina está embarcada, así como la mayor parte de la América del Sur. ¿Cuál creen que es la motivación principal de la Alianza del Pacífico, sino el acceso al mercado chino, y del Este de Asia en general? Y esto dispone de ese segundo mito: que la responsabilidad para encauzar este proceso descansa exclusivamente en el gobierno actual.

Los medios oficialistas han dado la debida repercusión a esta visita y han aprovechado la oportunidad para informar sobre las relaciones con China, naturalmente. Y Luis Bruschtein las defiende, en el marco de la lucha contra los fondos buitres. Pero lo mismo han hecho los medios opositores. Clarín daba buenos consejos, debo decirlo, en China y Argentina: oportunidades y desafíos de una relación desigual, pero este sábado, en un suplemento especial con motivo de la presencia de Xi, Jorge Castro la embarraba “Sería conveniente iniciar de inmediato las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur“. Cruz diablo! diría un paisano; no le aconsejo visitar San Pablo con esa propuesta. Ni a la UIA.

En cuanto a La Nación, ha publicado notas tan sorprendentes – para muchos de sus lectores – como esta entrevista al Presidente de China, donde Xi se muestra entusiasta y hasta emotivo con la relación con nuestro país, o este otro del Director de la agencia Xinhua, Li Conjung, que le llamó la atención al colega bloguero Baleno por su lenguaje… militante, no el habitual en nuestros “diarios serios”.

Pero, al contrario que a Baleno, esto no me sugiere que esos medios estén forzados a adaptarse a un nuevo mundo. Más simple, creo que, buenos indicadores de la actitud del empresariado argentino, y del internacional con intereses aquí, ven el desarrollo del intercambio y las relaciones con China como algo inevitable, y rico en oportunidades. Nuestros empresarios no serán, en general, tan entusiastas como don Franco Macri, o tan disciplinados como los chinos, pero no comen vidrio.

Hay algo aún más evidente: ninguna de las fuerzas políticas con posibilidades, aún pequeñas, de llegar al gobierno o influir en políticas estratégicas muestra la menor indicación que está dispuesta a modificar las realidades económicas que nos empujan en esta dirección. La cuestión vital para los argentinos, entonces, será determinar cuál es la que está en mejores condiciones de encauzar este proceso, y defender mejor nuestros intereses.

Pero primero debemos debatir, en forma realista, cuál es la forma de hacerlo. Quiero ofrecer algunas ideas, por lo que puedan valer.

ooooo

Por todo lo dicho en la  primera parte de este posteo – y por lo que vemos en nuestro país, en Brasil, Paraguay y Bolivia – parece evidente que es necesaria una estrategia consciente – asumida por la mayoría de la sociedad y de la clase política – para evitar que el intercambio comercial con China sea un obstáculo más para el desarrollo de una base industrial propia, competitiva y tecnológicamente avanzada. No porque ese comercio lo impida, por supuesto, sino porque brinda beneficios a los productores más fáciles e inmediatos, aunque menos valiosos en el largo plazo.

(Sí. Los que se arrullan con el nuevo discurso político de moda, pueden horrorizarse, nomás. Es un argumento a favor de las retenciones. Sólo agrego aquí – es otro tema, técnico y complejo — que las retenciones son un instrumento fiscal burdo, sólo justificable por su fácil cobro, si tomamos en cuenta la tradición evasora argenta. Hay mecanismos más eficaces estratégicamente para direccionar las inversiones, como los que se han usado en Japón y en el Este de Asia. Y en Alemania. La historia de los zaibatsu, los chaebol y los carteles en los años de Bismarck es instructiva, pero requieren un Estado más coherente que el que hoy tenemos).

De todos modos, el primer paso, creo, es vencer una tendencia casi inconsciente a pensar la relación con China – o con otras Grandes Potencias – en términos de posicionamiento y equilibrio en las relaciones internacionales. Aún un estudioso tan lúcido como J. G. Tokatlian, a quien cité muchas veces en el blog, hoy en La Nación, en El país, entre Occidente y Oriente comete lo que entiendo es un error.

Y muchos militantes nac&pop, llevados por su fervor antiimperialista, asumen que las relaciones con China son, de alguna forma, “diferentes” en su naturaleza que las que se entablan con otros países poderosos de “occidente”. Don Franco Macri dice eso, justamente, pero en su caso es excusable: ahí está su negocio.

¿Es necesario recordar que China, que era nuestro principal cliente para el aceite de soja, que había permitido a Argentina construir el polo aceitero más importante del mundo (de “crushing”: aceite, harina y pellets) en abril de 2010 cerró las importaciones, y pasó a comprar sólo el poroto de soja? Afortunadamente, nuestro país encontró mercados alternativos en la India, Egipto e Irán. Pero a China le interesaba desarrollar, y estaba en condiciones para ello, su propia industria aceitera.

Tengamos presente que el trabajo del Sr. Xi es defender los intereses de China. Sus deseos de armonía universal quedan reservados para las plegarias familiares, si mantiene la costumbre.

El punto que me interesa hacer es que Argentina debe decidir qué estructura productiva resultará viable en el siglo competitivo y cruel en que vivimos, y cuáles son las estrategias adecuadas para alcanzarla. Y esa no puede ni debe ser una elaboración de tecnócratas. Será, en todo caso, el resultado del debate y de la puja de empresarios, sindicalistas y políticos. Ahí jugarán los conceptos de estudiosos veteranos, como la “densidad nacional” de la que habla Aldo Ferrer, e ideas originales de jóvenes, como la “insubordinación fundante” a la que convoca Marcelo Gullo. Pero cada uno de ellos deberá tratar de convencer a las mayorías usando las herramientas de la política. No hay otras.

Quiero agregar además que, dadas las relaciones de poder económico, hoy tan asimétricas entre China y Argentina, y las realidades geopolíticas, nos conviene forjar acuerdos en el continente suramericano para manejar este intercambio. En particular, con el socio del Mercosur que tiene un proyecto industrialista ambicioso y que ha mostrado interés en el pasado en hacerlos, Brasil. Después de todo, las diferencias de tamaño entre nuestras economías resultan insignificantes comparadas con las que existen con la de China. Y, conociendo a su clase dirigente, estoy seguro que no pesarán demasiado sus simpatías futboleras.

ooooo

Prometo para los próximos días algo de información y de reflexión sobre lo que está haciendo Uruguay. Los argentinos, que venimos tanto de los barcos como los uruguayos, tendemos a pasarlos por alto en la elaboración de estrategias. Como diría el maestro Fouché, es peor que un gesto de soberbia, es un error.


La hidrovía, y un gobierno de coalición

agosto 26, 2021

Otra vez quiero subir un comentario que hice en una nota de AgendAR. Esta vez, en una noticia exhaustiva que subimos hoy Hidrovía Paraguay- Paraná: el gobierno creó un ente para controlar la nueva concesión.

¿Por qué en el blog? La importancia del tema (en la Hidrovía circula el 90% de las exportaciones agroindustriales del país) y, sobre todo, porque la medida es tan expresiva de la coalición oficialista…

Una aclaración: en las sociedades modernas, segmentadas, gobiernos de coalición son todos. En todo caso, del nuestro se puede decir que es un gob de coal “con características argentinas”.

ooooo

“Como otras medidas del gobierno de Alberto Fernández, las decisiones sobre la Hidrovía reflejan un equilibrio entre concepciones distintas e intereses diversos. Se sigue adelante con la concesión, en una licitación pública e internacional, pero se crea un Ente para controlarla, que además tendrá el manejo de los ingresos por peajes y tarifas.

Se le otorga a las provincias litoraleñas voz y voto en el Consejo, pero la mayoría la tendrá el gobierno nacional.

En cualquier caso, en opinión de AgendAR, las empresas de nuestro país tienen la capacidad de hacer el dragado y mantenimiento del río, y está en el interés nacional que lo hagan. Pero ese no es el tema del debate político de los últimos doce meses.

Los críticos más duros de la concesión de la Hidrovía apuntan al contrabando de granos exportables, por el que se perderían muchos millones en divisas que el país necesita. Para controlar eso, es irrelevante quién draga el lecho del río. Lo que es necesario, es que los organismos del Estado estén presentes y activos en los puertos, y controlen los embarques.


Comentarios sueltos, ante la caída de Kabul

agosto 16, 2021

Frente a acontecimientos como éste, uno -bah, yo- me siento obligado a decir algo. Pero no tuve tiempo para reflexionar: una reunión familiar, una nota importante para subir en AgendAR… Pero algo de lo que leí, me impresionó: lo que dice en su newsletter María Esperanza Casullo, bloguera emérita:

Hace más de veinte años que Estados Unidos no logra obtener ninguno de sus objetivos geopolíticos establecidos públicamente. La ocupación de Irak terminó en un fracaso. La ocupación de Afganistán terminó en un fracaso. La meta, varias veces anunciada, de lograr detener o contrarrestar el ascenso de China al rol de gran potencia económica primero y militar después, no puede mostrar ningún éxito concreto hasta ahora.

Esto no significa, por supuesto, que Estados Unidos súbitamente no sea más la potencia hegemónica: su poder para intervenir militarmente sigue siendo casi impensable de tan gigantesco, su población sigue aceptando participar en operaciones de intervención militar a gran escala y su capacidad para disrumpir la vida cotidiana, o sencillamente terminarla, de millones y millones de personas sigue en pie. Pero… gobernar requiere estabilizar“.

M. E. C. desarrolla bien su reflexión, pero me siento inclinado a aconsejar, a cancilleres y otros decisores, no sacar conclusiones apresuradas sobre potencias en declive. Porque se puede decir también -con superficialidad- que EE.UU. no ganó ninguna guerra importante después de 1945: la de Corea terminó en un empate, la de Vietnam en una derrota tan humillante como ésta. La caída de Kabul, 2021, es demasiado parecida a la de Saigón, 1975.

Pero… eso no evitó que Estados Unidos triunfara en la larga y decisiva Guerra Fría. 16 años después que Saigón se transforma en Ciudad Ho Chi Minh, la Unión Soviética se disuelve.

Me apresuro a agregar que un ejemplo en la historia no demuestra nada; hay tantos que se pueden elegir… Y China muestra un dinamismo que la vieja URSS perdió décadas antes de su disolución. Es simplemente una sugerencia: no nos apresuremos. “Los muertos se cuentan fríos”.

El otro punto que me parece importante destacar es uno obvio para analistas políticos del Hemisferio Norte, pero acá en el Cono Sur tal vez no sea tan claro: el presidente Biden va a pagar un precio político interno por esta humillación. Es cierto que la retirada de las tropas de Afganistán la dispuso Trump, que Obama la había anunciado… No importa; las derrotas son huérfanas. Y lo que se le acusará es de no haber garantizado una evacuación segura de sus ciudadanos y de los afganos que habían colaborado con el gobierno que huyó.

Pero ese precio tal vez no sea tan alto. El pueblo estadounidense no está tan involucrado emocionalmente en esta guerra como en la de Vietnam: a Afganistán no fueron reclutas. Recordemos también que Nixon fue reelegido, después que la derrota en Vietnam estaba clara… Y el establishment que forzó su renuncia entonces, no está nada interesado en alfombrarle el camino a Trump.

(Estas reflexiones mías siguen, lo prometo. Y espero que consiga hacerlas un poco más interesantes. Hay una que está implícita en la nota de hoy en AgendAR que firma el Jefe del Estado Mayor Conjunto de nuestras Fuerzas Armadas: para un país mediano, como el nuestro, la guerra entre Armenia y Azerbaiyán deja lecciones mucho más relevantes que la de Afganistán).


Biden: Vuelve el Estado, con los fondos

agosto 12, 2021

Nuevamente traigo al blog un comentario que agregué a una nota de AgendAR El senado de EE.UU. aprobó el megaproyecto de Biden de más de un millón de millones de dólares en obras públicas . Sólo agrego unos párrafos al final para los lectores más politizados de este rincón del ciberespacio. Y la imagen que encabeza este posteo, para mostrar que los delirios de la “grieta” no son, como la birome y el colectivo, un invento argentino.

ooooo

Más allá del forcejeo político por el poder – el ex presidente Trump, y los republicanos en general, perciben que si Biden se afirma con un programa de estímulos estatales a la economía, la «gran coalición» que forjó el Donald con una parte considerable del poder económico más sectores de clase media en las pequeñas ciudades, los “evangélicos” y los trabajadores blancos, todos irritados con un «progresismo» globalista y ajeno a sus valores, puede desintegrarse.

Más allá de ese irritado forcejeo, y también del fastidio de ese progresismo que se siente incómodo con la tradicional alianza del partido Demócrata con otra parte del poder económico, las grandes instituciones financieras de la Costa Este, se ha puesto en marcha un cambio considerable en los objetivos planteables desde la política en Estados Unidos.

Por primera vez desde que Reagan en los ´80 planteó que «el Estado no es la solución; es el problema», un presidente plantea un protagonismo abierto del Estado en el desarrollo económico y en los cambios sociales. No lo hicieron ni Clinton ni Obama (con algunas excepciones, entre ellas, el tímido «Obamacare»).

Es necesario tener claro que el Estado federal no dejó en ningún momento de ser un actor poderoso en la economía y en la sociedad de EE.UU. a través de sus múltiples y gigantescas reparticiones. Pero no lo asumía. Ahora, lo hace.

¿Tendrá éxito Biden en su arriesgada jugada política? ¿Y si lo logra, inyectará dinamismo a la economía y a la sociedad? Estoy tentado de usar una frase habitual en mi blog personal «El que viva lo verá».

ooooo

Los lectores del blog, habituados a que el Estado argentino sea el socio capitalista (usualmente bobo) de todos los emprendimientos nacionales importantes, se apresurarán a señalar que en EE.UU. la gigantesca industria de defensa, más la NASA, los jugosos contratos con las universidades,… son desde la 2da. Guerra un poderoso, imprescindible motor de la economía de EE.UU. Eisenhower advirtió del “complejo militar industrial” (él había crecido en una Norteamérica distinta), y eso no se detuvo con el Ronald. Al contrario.

Pero quedarse en eso es ignorar el papel de la ideología. Que consigue “invisibilizar” lo que está haciendo el Estado. Ayudada por la función, cada vez más importante, de los fondos de inversión en la asignación de recursos. Estas movidas de Biden están cambiando eso, y la misma lucha política lo resalta. Por eso, cómo le vaya al abuelo Joe va a tener consecuencias nada triviales.

Como ya dije en twitter, no es Juan Domingo Biden. Y mucho menos Karl Biden. Pero puede llegar a ser Harry (Truman) Biden.


A %d blogueros les gusta esto: