Hoy cierran las listas de candidatos

junio 22, 2019

Este texto lo publiqué hoy a la mañana en un portal de noticias. Por la política del medio, destinado a otro público del de este descuidado blog, evita la definición partidaria (no pretende ser “objetivo”, por supuesto. Ese animal, político, no existe). Pero a pesar de eso -o gracias a eso- dice algo que puede ser de interés a todos los que estamos preocupados en este cierre. Ahí va:

AgendAR no va a informar sobre las idas y vueltas y subidas y bajadas. No es que no sean importantes. Lo son. Se trata de los hombres y mujeres que van a legislar para la Nación, las provincias y los municipios. Pero ese tema ya ocupa mucho espacio en los medios. Mucho más del interés que despierta en la mayoría de nuestros ciudadanos. Es sobre eso que queremos hacer un breve comentario.

Ante todo, tomemos en cuenta que la confusión y el «revoleo» de nombres, y algunas anécdotas picarescas sobre figuras que saltan de un partido a otro, y también algunos, no muchos, ejemplos de lealtad a las convicciones frente a maniobras poco defendibles, todo eso son olitas en la superficie. Las opciones en el escenario político argentino son claras y coherentes. Más que en muchos otros países, incluso los europeos.

En este año electoral 2019 se enfrentan dos grandes coaliciones políticas. Una de ellas, Cambiemos, que ahora se llamará Juntos por el Cambio, ha estado gobernando por los últimos 3 años y medio, y el actual Presidente aspira a la reelección. Esto en un país presidencialista. A favor o en contra, es difícil tener dudas sobre lo que puede y no puede hacer.

En la principal, por lejos, coalición opositora, el Frente de Todos, hay un claro predominio, por su peso electoral y por la historia de sus principales dirigentes, del peronismo. Una fuerza política con una realidad compleja y diversa, es cierto, pero que durante 14 años, después del derrumbe de la Alianza, desde comienzos del 2002 a fines de 2015, gobernó la Argentina. De esos 14 años, 12 y medio corresponden a los sucesivos mandatos de Néstor y Cristina Kirchner. Y su actual candidato a Presidente, Alberto Fernández, fue Jefe de Gabinete durante esos gobiernos por 5 años y 2 meses. También, los juicios sobre ese período pueden ser positivos o negativos, pero permite tener una idea sobre las posibilidades y límites de esa coalición.

Las personas y las fuerzas políticas cambian, y más aún el mundo que las rodea. Las realidades de la economía internacional y la geopolítica de 2019 no son las que el PRO esperaba cuando se lanzó a la aventura de construir Cambiemos. Y están aún más lejos del mundo en que se movieron esos gobiernos peronistas. Resulta bastante evidente que los últimos despliegues políticos significativos -la candidatura presidencial de Alberto Fernández, la a vice de Miguel Pichetto- tienen que ver con esos cambios en el entorno global. Pero podemos reiterar que la identidad de esas dos coaliciones está bastante definida, para lo que es la política moderna.

Las «terceras fuerzas» pueden cumplir un rol importante, especialmente si ambas grandes coaliciones quedaran cerca de un empate. Pero la polarización ha tendido a debilitarlas y disolverlas. Es un fenómeno tradicional en Argentina. No tiene nada de nuevo.

Si esto es así ¿cuál es el sentido de ese baile de nombres y de egos, que culmina hoy sábado 22 a las 24 horas, cuando «se cierra el sport»? Sucede que la política es una actividad absorbente, en tiempo y en dedicación, y la hacen los políticos. Que se profesionalicen es inevitable -la política en serio no puede ser «part time»-, pero, en contraste con la mayoría de las profesiones, cada dos o cuatro años se juega su carrera, casi su misma identidad.

(Ese prejuicio, bastante hipócrita, en buena parte de nuestro pueblo contra los «políticos profesionales» hace que es frecuente que muchos lleguen a esos cargos electivos porque no son políticos. Se han hecho conocidos por otros motivos. Pero… si se los toman en serio, están obligados a profesionalizarse. A convertirse en políticos, bah).

Además de una reflexión general, este comentario tiene que ver con las PASO, las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias para las que hoy es el cierre de las candidaturas.

Como ninguna fórmula presidencial se decide en ellas, aparece la conclusión fácil que sólo son «una gran encuesta». Un derroche gigantesco de recursos y esfuerzos. No es así; aún en esta versión muy imperfecta -y manipulada desde las conducciones políticas nacionales y provinciales- permite la expresión de realidades locales, en los niveles más cercanos a los problemas e inquietudes de los ciudadanos «de a pie».

Por supuesto que las PASO se originaron en las necesidades políticas de ese momento de un gobierno. Toda legislación electoral fue impulsada por gobiernos que esperaban beneficiarse, o al menos no perjudicarse por ella. Y es cierto también que son el escenario para pequeñas vanidades y ambiciones. Es que ellas también son la materia prima de la política, además de proyectos e ideales. Es una actividad de seres humanos.

Lo que propongo a mis compatriotas es que en lugar de suprimir las PASO, las mejoremos. Para conseguir eso, no hay que redactar proyectos. Se empieza por dedicar un poco de tiempo y esfuerzo -sin llegar a profesionalizarse- a participar en las fuerzas políticas.

Termino con una frase atribuida a Toynbee «Los que no se interesen en la política, tendrán su merecido castigo. Serán gobernados por gente que se interesa en la política«.

ooooo

Y para todos los amigos y amigas que hoy están (estamos) involucrados aunque sea de lejos en este cierre, agrego una advertencia más relevante para nosotros. Está en el Evangelio “Muchos son los llamados, y pocos los elegidos”.


Cierre de fórmulas – El Pichettazo

junio 11, 2019

No puedo vencer mis pulsiones. Aunque trato de seguir los cierres de lista con la mirada fría que se merecen, el anuncio de hoy del Mauricio me hizo subir a las redes sociales mis opiniones. Las emprolijo y las vuelco en el blog (otra pulsión).

  1. La fórmula Macri-Pichetto es imaginativa y modestamente innovadora. Menos que la fórmula Fernández-Fernández, pero podría decirse que para el estilo convencional de los partidos argentinos, es una “nueva política”. No la que propagandizaban Durán Barba y Peña, pero esa ya estaba en el almacén de los recuerdos.
  2. Me dicen que Lavagna irá con Facundo Manes. No tengo confirmación, pero en cualquier caso uno no espera originalidad política de don Roberto.
  3. Las primeras reacciones en las redes (de los politizados) “bardeaban” al radicalismo. Es cierto que es un poco humillante para el único aparato nacional de Cambiemos, pero… no olvidemos que sus propias autoridades pedían ampliar las alianzas. Con peronistas que sumaran más votos q M.A.P., seguramente. El inconveniente es que nadie con votos y futuro se siente tentado a subirse al barco de Macri, con averías y cerca del final de su viaje.
  4. En mi muy falible opinión, esta jugada no cambia el escenario. Pichetto era el hombre más poderoso del “aparato” peronista en 2016 y 2017, como broker de los gobernadores. Ahora… es un voto en el Senado. El suyo.
  5. La misión del candidato Pichetto será la de tratar de tender puentes con los gobernadores peronistas y sumar dirigencia media local para Macri. Le auguro poco éxito.
  6. Porque eso, como todo lo demás en este año electoral, ya depende de los votantes. Y de lo que los dirigentes, más los poderes fácticos, piensen que harán los votantes. Las negociaciones, aún la de los Fernández con Massa, ya son un aspecto secundario, de interés sólo para los que aspiran a algún cargo (La decisión que podía tomar el Sergio ya la tomó, cuando dinamitó el proyecto / fantasía de Alternativa Federal).
  7. Ahora, los gobernadores, sindicalistas, empresarios y todos nosotros los politizados estaremos tratando de anticipar lo que decidirán los no politizados (la gran mayoría de los argentinos).
  8. A hacer campaña, gente. Si algo dejan claro estos recientes juegos de sillas, es que las campañas para esta elección, aún no han comenzado.

La Vidal de los candidatos

junio 4, 2019

Mariú Vidal

Homero decía de Ulises que era “fecundo en ardides”. No llegó a conocer a nuestros políticos, y a sus operadores. Pero uno tiene alguna experiencia -y algunas culpas- y entonces no puede hacerse el sorprendido. Si me siento impulsado a escribir algo rápido, es porque en la última maniobra que Macri y Peña lanzaron hace algunas horas, veo un doble fondo. O que está desfondada.

El 12 de abril, hace menos de dos meses, el presidente Macri firmó el decreto 259 prohibiendo las “listas colectoras”. Esas colectoras son parte de esa fecundidad electoral a la que me refería: en este caso, que las boletas de gobernadores, intendentes, candidatos de distintos partidos, puedan ir “colgadas” de las boletas de varios candidatos a Presidente. Hay bastantes antecedentes de esto en los últimos años: el más notorio, el radical Gerardo Morales, que llegó hace 4 años a gobernador de Jujuy colgado de las boletas de Macri, de Massa, y no recuerdo si de algún otro.

Los fundamentos del decreto eran que “las listas colectoras provocan inequidad entre los competidores” y “conspiran contra la emisión de un voto informado y afectan seriamente la calidad del proceso electoral como un mecanismo eficaz de rendición de cuentas y de elección entre alternativas de gobierno“. Un motivo que aparece más auténtico es que los que votan a esas listas colectoras, NO están votando -por definición- al presidente que quiere ser reelegido, sino a otro rival ¿Porqué habría de ayudar a ese rival a sumar los votos que pueda juntar la candidatura a gobernador(a)?

Bueno, ayer hubo otro de esos volantazos que estamos viendo en estos días agitados. Y que seguiremos viendo hasta el 27 de octubre. Una cadena nacional de medios oficialistas, más algunos opositores, nos informaron que lo que conocíamos como especulaciones y “operetas” era una decisión tomada, nomás:

El presidente Mauricio Macri ; el jefe de Gabinete, Marcos Peña; la misma gobernadora  bonaerense, y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, (observen el orden de importancia) decidieron que Vidal también será la candidata a gobernadora de Alternativa Federal, además de Cambiemos.

También se informa que el presidente en persona habló del asunto con los gobernadores Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, que también se mostraron de acuerdo. “Sólo falta -agregan, casi sin aliento- la palabra de Sergio Massa“.

En el plano legal, esto depende de que algún juez o jueza declare inconstitucional ese decreto 259, pero es sabido que la justicia argentina es comprensiva con las necesidades del poder. El problema es otro, y paso a exponerlo.

Para este volantazo, no se buscaron excusas en la “calidad del proceso electoral” y se justificó con aparente franqueza. En la provincia de Buenos Aires no hay balotaje. Y las encuestas indican que la gobernadora María Eugenia Vidal puede ser derrotada por la fórmula anunciada -Kicillof-Magario- debido al “arrastre”, hacia abajo, de la candidatura presidencial de Macri.

A la etiqueta “Alternativa Federal” la jugada le soluciona una dificultad existencial: sin un candidato conocido en la provincia de Buenos Aires -casi 40% del electorado-, no tiene chances en una elección nacional. La gobernadora Vidal… acompañando la boleta del ganador de las hipotéticas PASO de Alternativa Federal, sería un regalo del cielo. O de otro origen.

Ahora, la duda que me inquieta: ¿tiene sentido que Macri y sus colaboradores más íntimos perjudiquen las chances que conserven de conseguir la reelección, la continuidad en el poder nacional, para ayudar a la reelección de Mariú? Fíjense que no estamos hablando de las PASO, sino de la definitiva, la que se juega el 27/10.

La imaginación, también fecunda, de los politizados -sobre todo de los periodistas- inventará respuestas: El macrismo juega al balotaje! No le importa sacar menos votos en la 1° vuelta, perder el “arrastre” que pueda tener Vidal, porque en la 2° vuelta Alternativa Federal le devolverá el favor y llamará a votar por Macri.

Supongamos que sí, que los cuatro alternativos, incluso Massa, cumplan con solemnes compromisos, jurados ante Magnetto ¿los votantes les harán caso? Son más veleidosos que Massa. Todo esto, sin tener en cuenta el riesgo que corre Cambiemos al disminuir, aunque fuera por poco, sus votos. Si la fórmula peronista le saca una ventaja mayor a 10 puntos, puede ganar en primera vuelta.

No. No tengo una explicación convincente de esta jugada. Sólo me inclino a decirle a mis compañeros, a los dirigentes tanto como a los militantes, lo mismo que señalé en un posteo anterior, referido a otra jugada: No se coman los amagues.


Fórmulas y preocupaciones

mayo 29, 2019

Uno no tiene tiempo para los análisis políticos profundos (y no está demostrado que tenga la capacidad). Demasiados acontecimientos, que uno se entera por Twiter. Y tengo que trabajar además.

Pero se están jugando cosas importantes y cercanas, y siento la necesidad de hablar. Hice un resumen muy sintético para AgendAR de los hechos, y ahora les doy mi opinión en estos mensajes que ayer a la tarde envié a algunos amigos en un grupo de wasap.

Compañeros, compañeras, desde la (poca) sabiduría que dan los años, los invito a que no se coman los amagues. Aunque sean reales.

Me explico: el anuncio de Massa -que también hizo Schiaretti- sobre las PASO de Alternativa Federal aparece como una respuesta a la fórmula para la provincia de Buenos Aires encabezada por Kicillof. Una refirmación cristinista respondida por una apelación a los votantes peronistas no K de Buenos Aires, Córdoba y otros lugares que sientan hostilidad o desconfianza hacia los progres.

Señalo dos cosas: 1) No estoy seguro que el orden de las jugadas haya sido ese. Los Fernández y sus operadores privilegiaban la alianza con Sergio Massa. Por razones evidentes. 2) Ninguno de los dos anuncios tienen otra realidad que la mediática. En los juzgados todavía no hay nada. Y uno conoce a muchos candidatos que resbalaron en la entrada del juzgado y jamás se levantaron. Este jueves 30 hay un plenario del Frente Renovador, y ahí hay muchos que miran con ganas el otro lado de la cerca, porque ahí ven más votos.

Faltan también precisar otros elementos importantes. Uno clave: el candidato a gobernador de Buenos Aires de Alternativa (El nombre de Narváez no es una propuesta seria). Y -un dato jurídico- el punto 4° del anuncio de Sergio es ilegal: distintos candidatos en las PASO no pueden tener la misma lista de diputados.

Es cierto que las barreras legales no son infranqueables en estos tiempos macristas. Es cierto también que dar marcha atrás con alguno de estos anuncios tendría un costo político no menor. Mi punto central es que estamos en la etapa de cierre de listas. Y todos conocemos la histeria de las últimas horas. El libro de pases funciona a altísima velocidad.

Por algo Lorenzo -hombre sabio y prudente si los hubo- armaba las listas en la noche de cierre. No quería que los que quedaban afuera tuvieran tiempo de armar otra.

Ahora, demos por hecho que en tres semanas, el 22/6 nos enfrentemos a un escenario electoral de cuatro opciones principales: Frente Patriótico, Cambiemos, Alternativa Federal, y Lavagna Sin Paso. Es un escenario posible, quizás hasta probable, es cierto. Pero que no me parece muy negativo.

Seguro, uno ha estado muchos años en el peronismo; no puedo considerarme un observador neutral (ese animal no existe, además). Y mantengo la histórica solidaridad de nosotros, los Fernández. Pero hay algunos hechos poderosos que afirman mi optimismo.

En cuanto a Cambiemos, los datos de la economía y su dinámica, me indican que el Mauricio está de salida. En realidad, se me ocurre que si Sergio no arregla aquí, es porque tiene la ilusión de un balotaje en noviembre entre dos ex Jefes de Gabinete de Cristina Fernández.

También es posible. Pero hoy CFK asegura muchos, muchos votos en el conurbano bonaerense y en las provincias más pobladas del Norte. Son porcentajes muy altos. Y una adhesión importante en el resto del país. Es cierto que también provoca rechazo en proporciones no menores, pero ahí está el sentido de la candidatura del Alberto F. (además de una lectura de la realidad geopolítica, que no es la de 2003). Seguro, se necesitará una campaña muy inteligente.


Fernández-CFK. Movió la dama

mayo 19, 2019

Una confesión: el título inicial de este posteo iba a ser: “El orden de los Fernández altera el producto”. Creo que es cierto, pero no corresponde que trate de hacerme el ingenioso, y menos pontificar. Después de mucho tiempo viviendo la política argentina, pensé que nada me iba a sorprender demasiado. Cristina lo hizo.

(Los que rastrean datos para las efemérides en los diarios, encontrarán a Framini-Perón como una fórmula provisoria en las elecciones de gobernador de Buenos Aires en 1962. Nada que ver. Cristina no es Perón, Alberto F. no tiene nada de Framini, y la Argentina y el mundo de hoy son todavía más diferentes de aquellos).

Desde hace más de dos años mantuve, en este blog y en el mundo real, que Cristina Fernández de Kirchner iba a ser la candidata presidencial del peronismo, salvo un hecho ajeno a la política. El motivo era, es, que el peronismo, más, toda la oposición al gobierno de Macri, no había producido otro liderazgo en condiciones de competir electoralmente con el suyo. El tema lo volví a desarrollar hace pocos días aquí, y recomiendo volver a leerlo, si creen que vale la pena conocer lo que pienso. A pesar que mi pronóstico resultó equivocado.

Como sea, sigue siendo una pregunta válida porqué no apareció ese reemplazo después de 2015, pero ya es abstracta, diría un abogado. La jugada de Cristina, imprevista por todos, enfrenta brillantemente los problemas de la transmisión del “carisma electoral” y de la sucesión. Y crea problemas nuevos, por supuesto.

El problema que enfrenta: el más importante lo describí así: “el fastidio con (elementos de) la experiencia kirchnerista, que se expresó en las elecciones legislativas de 2013 y 2017, y en la presidencial de 2015 fue decisivo en la derrota de un candidato no demasiado K como Scioli, sigue existiendo. No ha encontrado todavía un liderazgo (además del muy deteriorado de Macri). Pero… sin sumar a su proyecto a esos peronistas -o “sociológicamente peronistas”, la porción más dinámica de los muy diversos sectores medios argentinos- a cualquier peronismo, a cualquier propuesta política, le resultará difícil triunfar. Y muy difícil gobernar“. El talentoso amigo Martín Rodríguez dice que una oferta peronista hoy debe sumar “orden y progresismo”, y creo que puede ser otra forma de decirlo.

Pero hay otro factor, que en lo electoral, es decir, en la batalla inmediata, pesa y mucho: el “partido del Odio”. Cualquiera que vive o vivió en Argentina, en estos años puede saber a que me refiero: la hostilidad histérica que despierta en muchos, muchísimos compatriotas Cristina. Una hostilidad mayor, más intensa que lo que permanece del viejo antiperonismo, que la que provoca cualquier otra figura del “kirchnerismo”. No es mayoritaria, y está concentrada con un sesgo fuerte entre los (y las) mayores de 50, pero es el núcleo duro y vocal de ese “fastidio” con la experiencia kirchnerista que mencioné.

En términos prácticos, es decir, electorales, es la herramienta clave a la que apuesta el gobierno, que ya sabe que ha dejado de ser la primera mayoría, para reconstruir lo que Ignacio Zuleta, el más lúcido de los radicales cambiemitas, bautizó el “partido del ballotage”. Sumar en octubre -no en agosto- a todos los que no les gusta la idea de Cristina Presidenta otra vez.

Esta movida enfrenta ese problema ¿Puede decirse que lo soluciona? No. Es difícil ver en Alberto F. a un Nelson Mandela (me dicen que ayer a la tarde en el Patio Bullrich -of course- el partido del Odio le dedicó un pequeño acto)(*). Y seguramente la AFI encontrará periodistas y locatarios de Comodoro Py que a su vez encontrarán indicios que sugieran que es corrupto, pedófilo, y saboteó al ARA San Juan.

Todo depende de la campaña que lleve adelante la fórmula Alberto F-CFK. Campaña de la que las PASO serán eso, un paso importante. Pero entiendo que serán capaces de aislar a ese partido del Odio (borgianamente incorregible), de los mucho más numerosos fastidiados / desconfiados.

Los problemas que crea: el más importante, obvio, es el del poder. El problema más real de todos. En la Argentina, como en todos los países presidencialistas y más que en la mayoría de los democráticos, el poder político y el del manejo del Presupuesto Nacional lo tiene el Presidente. El Vice… su función es tocar la campanilla en el Senado. Pero Cristina Fernández de Kirchner tiene un liderazgo político considerable y una voluntad de poder evidente. La convivencia no será fácil. Si uno puede mantener una expectativa razonablemente optimista, es porque ella ha demostrado ayer que puede hacer un sacrificio importante si la lectura de las relaciones de poder le convence que es necesario.

Otro problema, mucho menor a mi modo de ver, es una parte de la militancia “cristinista” (un mal nombre; valga como resumen) que se siente desilusionada y herida porque cree que Alberto Fernández no va a hacer la Revolución ni luchar contra el Imperio. Estimo que es minoritaria (el peronismo es una filosofía práctica, además de humanista), y, sobre todo, es inofensiva. Seguirán luchando en las redes sociales, que es menos costoso, especialmente para el pueblo, que otros caminos que se tomaron hace medio siglo.

Tienen razón, eso sí, en que el nuevo gobierno peronista, si triunfa, probablemente no hará más en esa dirección que lo que hicieron en sus respectivos mandatos Néstor y Cristina. Probablemente menos en algunos campos, porque, como dijo CFK en el video de ayer, el mundo ha cambiado desde 2003-15. Eso dará, también, oportunidad de encarar nuevos  desafíos, lo que depende de los argentinos en general, no sólo de la fórmula presidencial. Y también se puede ser razonablemente optimista en que será un gobierno mejor que el de Mauricio Macri. Con poco de esfuerzo y suerte, puede ser mucho mejor.

(*): Un amable lector me corrige. El acto del “partido del odio” en el Patio Bullrich dedicado a Alberto Fernández fue hace 3 años. Igual, es muy improbable que se hayan muerto todos, aunque los inviernos son crueles.


Los resultados de Córdoba

mayo 13, 2019

De cuando en cuando subo al portal AgendAR algún material del blog. Lo más usual es un artículo sobre un tema tecnológico, y patriótico, de Daniel Arias. Pero ahora es al revés: subo al blog una nota que se publicó esta madrugada en el portal. Está escrita en el estilo obligadamente aséptico de un medio dedicado a la producción argentina, pero el tema no es aséptico para nada, tengo que decirles.

Juan Schiaretti (Hacemos por Córdoba) 54,71%

Mario Negri (Córdoba Cambia) 17,78%

Ramón Mestre (Unión Cívica Radical) 10,97%

Sobre estas cifras provisorias, todos los medios nacionales ya escriben y hablan en radio y TV. Para no abrumar a los lectores de AgendAR, gente ocupada, vamos a ser breves y tratar de no repetir lo que ya se dice.

Empezamos por marcar que el resultado de esta elección tiene dos caras. Como en una moneda, inseparables pero distintas. Una es la derrota de Cambiemos, y es la más fácil de prever posibles consecuencias. La otra cara, es la victoria del gobernador Schiaretti y el peronismo cordobés.

La derrota de la coalición oficialista en Córdoba es muy dura, pero lo más grave es que puede verse como la última, hasta ahora, de una serie en las elecciones de este año. En desorden y sin distinguir entre PASO, internas, a gobernador: Entre Ríos, La Pampa, Chubut, San Juan, Neuquén, Río Negro, Santa Fe y ahora Córdoba. Son provincias y comicios diferentes, pero el conjunto da un mensaje que parece muy claro: la coalición oficialista Cambiemos ha perdido viabilidad electoral, a lo largo y a lo ancho del país. Sus posibilidades de triunfo en octubre son bajas. No hay un dirigente político en la Argentina, de cualquier ideología, que no esté sacando conclusiones a partir de ese hecho (también el gobernador Schiaretti, por supuesto).

Tengamos en cuenta la circunstancia, no menor, que la derrota en Córdoba es un golpe muy fuerte, más que cualquier otro hasta ahora. Es la segunda provincia, en población y en industria. Y ha sido históricamente el bastión de la Unión Cívica Radical, la estructura política nacional en torno a la cual se armó Cambiemos (aunque los votos eran a Macri, y la campaña la pensaba Durán Barba, los fiscales, los comités, los locales en casi todo el país eran radicales). Y ayer perdió hasta Córdoba Capital, que seguía siendo radical aunque el gobernador fuera peronista.

Otros dos puntos a tomar en cuenta: la UCR fue dividida -ninguno de los dos sectores se identificó en la campaña con el gobierno nacional, dicho sea de paso- y la suma de los dos quedó bien abajo de los votos de Schiaretti. Pero, el sector «cambiemita» sacó más que los radicales «puros». Sólo puede preverse confusión y amargura cuando el 27 de mayo se reúna la Convención Nacional de la U.C.R. No parece probable que acuerden una estrategia única.

Por otro lado, en el gobierno nacional ya han decidido una estrategia: El candidato es Macri, y su campaña tendrá -tiene ya- una única consigna: vótennos para evitar el retorno al pasado, que es Cristina Kirchner, que es Maduro con faldas. Cualquier otro mensaje se ve como una peligrosa desviación. ¿Podrán sostenerla, después de esta sucesión de derrotas, y de previsibles tormentas económicas?

ooo

El triunfo de Juan Schiaretti a la cabeza del peronismo cordobés es impresionante: desde 1983 que ningún candidato conseguía en la provincia un porcentaje de votos parecido. Irónicamente, en ese año lo obtuvo el radical Eduardo Angeloz, que tuvo el arrastre de la marea radical que produjo la candidatura de Raúl Alfonsín. En este caso, Schiaretti no contó con ningún arrastre nacional a favor (Puede decirse que lo favoreció el «arrastre» negativo de Cambiemos).

Nunca un gobernador dejó tan atrás en la votación al segundo. El récord era del mismo Angeloz en aquella elección del ´83, con 16.58% frente al peronismo. Ahora, la ventaja sería de un 30%.

Y nunca un peronista había ganado la capital de la provincia, cuya intendencia ahora ocupará Martín Llaryora.

Es la sexta victoria consecutiva del peronismo cordobés: tres veces el recordado José Manuel De la Sota y tres veces el «Gringo» Schiaretti. Después de este triunfo, su figura en el escenario nacional -que ya tenía peso- se agranda. Y las miradas de políticos y politizados en todo el país se vuelven hacia él.

En una columna que subimos ayer sobre este tema decíamos: «esos votantes (cordobeses) distinguen entre elecciones provinciales y nacionales. Que en Córdoba han estado separadas desde hace largo. … En todas las elecciones recientes para cargos nacionales, en las presidenciales y en las legislativas, el oficialismo local fue superado por otras propuestas alineadas con las opciones nacionales: en la primera vuelta presidencial de 2015, aún cuando de la Sota fue el principal aliado de Massa, no logró que este sacara en Córdoba más del 20% de los votos, apenas por encima de Scioli y más de treinta puntos atrás de Macri; en 2011 de la Sota ya se había visto obligado a retirar su lista para diputados nacionales, para evitar una derrota aplastante ante la de Cristina (lo que ahora hizo CFK con su lista de candidatos locales); en 2017, Unión por Córdoba recibió solo 30% de las adhesiones, casi veinte puntos menos que Cambiemos«.

«Es probable que Juan Schiaretti -que conoce muy de cerca estos números- se maneje con mucha prudencia en el escenario nacional. Después de todo, el gobernador de Córdoba, respaldado por una nítida mayoría, será un interlocutor inevitable, y de peso, de cualquiera que sea el futuro presidente«.

Seguimos pensando lo mismo. Pero también se debe tener en cuenta que, ante la ausencia de opciones políticas aceptables para algunos sectores de la sociedad, haya presiones y tentaciones para que el reelecto gobernador de Córdoba haga valer su influencia. Un griego decía hace 2500 años que la naturaleza tiene horror al vacío. Y la naturaleza política, no les digo nada.


El escenario de la política argentina, y una charla en Mendoza

abril 21, 2019

Supongo que ya están aburridos de que les diga que el portal AgendAR me deja sin tiempo ni energía para el blog. También yo. Empiezo a pensar que, además de la falta de esas dos cosas -que es real- existe otro factor: me desacostumbré al estilo “literario” -vueltero, dirían en mi barrio- de esos ensayos que figuraban aquí como posteos.

Se me ocurre este comentario porque la semana pasada estuve en Mendoza para el cumpleaños de un viejo amigo. Y surgió la invitación a dar una charla en una agrupación. Peronista, claro. Salió bien (lo digo sin vanidad, porque todos los que tienen experiencia en eso saben que -salvo que uno sea Borges o alguien de ese nivel- una buena charla es una colaboración entre los que van a escucharla y el que la inicia. Es diferente de un discurso, aunque también ahí la actitud del público influye, y mucho).

A lo concreto (no dejé del todo de lado las vueltas, como ven): no preparé un borrador de lo que pensaba decir sobre el peronismo y la situación actual, pero lo ordené en mi cabeza y me sirvió para encauzar la charla. Y tengo ganas de transformar ese ordenamiento (no la charla, claro) en un posteo. Si ahora lo están leyendo, es porque me convencí que salió algo más completo y un poco menos subjetivo de lo habitual.

ooooo

El escenario político nacional, en la superficie, aparece bastante simple y polarizado. De un lado, el oficialismo -conducido desde el Poder Ejecutivo, como es habitual- con el programa, más o menos explícito, de remodelar la economía y por ende la sociedad argentina en los marcos del pensamiento aceptado en los países del Atlántico Norte, EE.UU. y la Unión Europea y en los organismos internacionales que hegemonizan: Apertura al movimiento de capitales y al comercio internacional. Un “mercado laboral menos rígido” -la frase que se usa para indicar mayores facilidades para despedir personal y para negociar a la baja salarios y beneficios sociales. Y las inversiones son decididas por el mercado (esto último, mucho más en la teoría que en la práctica, pero eso es inevitable: los intereses particulares siempre tratan de colonizar el Estado, también en el Atlántico Norte).

La identidad política, el PRO, que hegemoniza la coalición oficialista, Cambiemos, tiene algunas características nuevas, pero no demasiado. La UCEDÉ había anticipado mucho, inclusive en su pretensión de ser la “nueva política”. Un dato decisivo que no se puede pasar por alto: ese programa que pretendió llevar adelante es compartido en buena parte por la mayoría de los empresarios y “ejecutivos” argentinos y por un porcentaje considerable de la población. Y ha influido en el pensamiento y en el accionar de dirigentes políticos de muchos sectores, inclusive del peronismo.

Y ahora está haciendo algo también tradicional con ese programa: fracasar. Es cierto que en general los gobiernos argentinos -civiles y militares, cuando existía esa opción- han sido derrotados más por sus errores y falencias que por sus adversarios. Pero aquí me parece que vale la pena destacar que es sobre todo este programa -que se puede llamar con la menor carga ideológica posible- “de globalización subordinada”- el que fracasa, una y otra vez, desde la primera ocasión que se puede decir con rigor que se pone en práctica, 43 años atrás. Este hecho necesita un análisis más profundo que el que soy capaz de hacer ahora.

Del otro lado del “escenario”, está el peronismo. No es toda la oposición, obvio, pero las otras fuerzas políticas son locales, o muy minoritarias. En el plano nacional, se ven como aliadas del peronismo o de la coalición que lo enfrente. O testimoniales.

En el peronismo no existe hoy un poder que lo hegemonice. Ni siquiera que lo articule. Probablemente aparezca, por lo menos para una mayoría considerable de sus dirigentes, cuando en unos dos meses se decida la candidatura presidencial. Pero sí resulta evidente, en mi opinión, que hay un liderazgo nacional instalado, por la simple acumulación de poder electoral: el de Cristina Kirchner.

Este liderazgo, también es evidente, despierta tanto adhesiones como rechazos. Incluso, claro, en su propio espacio, el peronista. Esto pasa con todos los liderazgos, salvo en los catecismos un poco tontos que escriben los mismos partidarios. Pero las adhesiones son lo bastante numerosas como para opacar a cualquier otra figura, en el espacio nacional. Y obliga a los que lo rechazan, y aún a los que lo cuestionan, a definir, en primer lugar, su relación a ese liderazgo. El nombre que ha elegido la propuesta política más visible, surgida del peronismo, que se plantea lejos de él es revelador: “Alternativa Federal“. Freud se haría un picnic.

Ese liderazgo de CFK expresa también la adhesión a una trayectoria conocida y cercana -fue presidente por dos mandatos constitucionales, y la esposa y activa compañera del anterior presidente- y a una versión del peronismo que se puede llamar, razonablemente, kirchnerismo. Puede sonar soberbio, y lo lamento, pero tengo que decir que el debate sobre si el kirchnerismo es o no peronismo siempre me pareció idiota. Definir como el “verdadero” peronismo, a una práctica de gobierno entre 1946 a 1955 (o tal vez 1952), en un país y en un mundo muy distintos, es ignorar el resto de sus 74 años de historia. ¿O es que Menem era “peronista ortodoxo” y CFK no? ¿Cómo se clasifica la breve gestión de Perón de 1973/74?

El hecho es que Néstor Kirchner desarrolló una práctica y un discurso peronista que incorporó muchos de los temas y valores del progresismo o “centro izquierda” argentino. Como jefe de campaña de la candidatura presidencial de Duhalde en 1999, percibió con mayor claridad que otros dirigentes, que la causa estructural de la derrota era el alejamiento del Frepaso, de origen peronista pero que ya en 1995 era la 1° oposición a Menem, con más votos que la UCR. Y el gobierno de N. K. y más aún el de Cristina pueden describirse como un frente del PJ y el ex Frepaso. Como el de Menem fue un frente del PJ y la UCEDÉ. Vale recordar que ambos experiencias -distintas y hasta opuestas en muchos sentidos- dieron estabilidad política a la inestable Argentina, una por 10 años y otra por 12 y medio.

Eso sí: es importante tener presente que una parte importante del… “contenido” del anti kircherismo -incluso el que se encuentra en muchos votantes peronistas- es el rechazo a la izquierda, y al “etos” progresista. Pero también debemos recordar que los argentinos y argentinas de menos de 30 años -la mayoría de la población- el peronismo que conocen y vivenciaron es la versión kirchnerista. Lo otro… está en los libros.

¿Cómo sigue? Para plantear bien esta pregunta -no intento responderla, por Dios!- vale enfocar lo que no sucedió. A tres años y medio de la derrota del 2015, no ha surgido en el peronismo (ni en toda la oposición) un nuevo proyecto de poder ni un nuevo liderazgo nacional. El intento que llegó más cerca de esos dos objetivos, sin alcanzarlos, fue anterior a esa derrota: el de Sergio Massa en 2013. Y en lugar de crecer y afirmarse, se deterioró.

Hoy, la mayoría de la dirigencia intermedia o local del peronismo que rechaza a CFK -o considera que no es una opción ganadora- piensa en una candidatura que no surge del peronismo: la de Roberto Lavagna. Por mi parte, en algún momento jugué con la idea de una fórmula CFK-Lavagna, una oferta tal vez atractiva para los que opuestos o desencantados con este gobierno “no quieren volver al pasado”. Esto es, a la experiencia kirchnerista. Hoy me parece evidente que la condición para que Lavagna llegue a ser una opción electoral significativa es si suma, en 1° y decisivo lugar, a los votantes de Cambiemos. Lo que sería posible si el deterioro electoral de Macri hace que el proyecto de su reelección sea abandonado.

Como sea, reitero este dato para mí clave: no aparece hoy en el peronismo un nuevo proyecto de poder ni un nuevo liderazgo nacional en condiciones de competir en las urnas con el de CFK.

Desde la misma experiencia del peronismo, no es lo que podría esperarse. Después de su caída en el ’55, surgieron nuevos dirigentes que reconquistaron los sindicatos y se constituyeron en un factor decisivo de poder interno por dos décadas. Y aparecieron los neoperonismos provinciales, alguno de los cuales perdura hasta hoy. Y todo eso con Perón vivo y muy vigente.

Más cerca, la experiencia es más clara todavía. Frente la inesperada derrota electoral en 1983, antes de un año y medio estaba en marcha la Renovación. Hay evaluaciones encontradas de ese proceso -que terminó en Menem- pero no hay duda que era un proyecto de poder -con liderazgos muy visibles, Cafiero, Grosso, el mismo Menem, De la Sota- que cambió en forma definitiva el sistema de poder interno en el peronismo.

En 1999, la mecánica es distinta. Duhalde se había enfrentado a Menem, y puso una barrera al intento -delirio o proyecto- de rereelección. Pero es derrotado por la Alianza. El proceso se alarga, pero también termina en una versión del peronismo, bien distinta de las anteriores (pero más cercana al fundacional, el del´45-´55, que la de Menem, por ejemplo): los 12 años y medio de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

El surgimiento de nuevas versiones, nuevos proyectos de poder, es inevitable. Todo lo que está vivo se transforma. Y el peronismo recibe la instrucción de su fundador de tratar de ser consciente del entorno global. En palabras de Perón, “la verdadera política, la  internacional”. Lo de Menem puede verse como una versión local de lo que estaban haciendo, mejor, alguno peor, Fernando Henrique Cardoso en Brasil, Felipe González en España, Boris Yeltsin en Rusia,…

Y no pueden dejar de verse los puntos de contacto de la experiencia kirchnerista con Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia… Hasta con el Frente Amplio en Uruguay y con la Concertación en Chile. Procesos muy distintos, en sociedades muy distintas. Más distantes aún eran y son las relaciones de poder en esas sociedades.

Vale la pena repetir algo que siempre señalé: pensar en un chavismo, por ejemplo, en un país como Argentina, donde las Fuerzas Armadas no están politizadas y participan en el poder es una fantasía de militantes universitarios o provocaciones de enemigos.

Pero algo unió a esos procesos: se apoyaron desde un principio en los sectores más humildes de sus pueblos, a quienes brindaron políticas sociales más activas que las que se conocían desde el ocaso del Estado de Bienestar en Europa. Para lo que aprovecharon el boom de las materias primas, digamos todo.

La historia siguió cambiando. Siempre lo hace. Frente al desgaste, en algunos casos el descrédito de esos gobiernos “populistas” (bautizados así por sus adversarios y en algunos casos por intelectuales), en estos años hemos podido ver el surgimiento en la región de gobiernos también muy distintos entre sí: Macri, Bolsonaro, Duque, Lenin Moreno, Piñera,… Todos practican, con habilidad o torpeza, la apertura comercial y financiera y un grado de seguidismo a la política exterior de los EE.UU.

El motivo de este brevísimo paneo de etapas históricas recientes es hacerme -hacernos- una pregunta clave ¿cómo enfrentará el peronismo, en el probable supuesto de su retorno al poder en un futuro muy cercano, una realidad económica y un entorno político global y regional muy diferente del que existía entre 2003 y 2015?

Hay dos factores que condicionan cualquier respuesta a esa pregunta: la perduración del “kirchnerismo”, del liderazgo de Cristina Kirchner, indica que una parte importante de los argentinos -mayoritaria entre los votantes peronistas- tiene presente y valora como vivía en los cercanos años de su gobierno. No hay que confundirse, creo, con los muchos votos que tuvo Carlos Menem a 4 años del final de su gobierno: lo que existía era una esperanza “el Turco es vivo y es el que nos puede salvar”, antes que nostalgia por los últimos años de su gestión, con recesión y desempleo.

El otro factor es que el fastidio con (elementos de) esa experiencia kirchnerista, que se expresó en las elecciones legislativas de 2013 y 2017, y en la presidencial de 2015 fue decisivo en la derrota de un candidato no demasiado K como Scioli, sigue existiendo. Puede ser minoritario en relación al grupo que defino en el párrafo anterior, y es indiscutible que no ha encontrado un liderazgo eficaz. Pero… sin sumar a su proyecto a esos peronistas -o “sociológicamente peronistas”, la porción más dinámica de los muy diversos sectores medios argentinos- a cualquier peronismo, a cualquier propuesta política, le resultará difícil triunfar. Y muy difícil gobernar.

ooooo

Hasta aquí, lo que veo, y comparto. Felices Pascuas. La casa no está en orden.


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