Las consecuencias de la condena judicial a Cristina Fernández de Kirchner

diciembre 6, 2022

No estoy seguro que sea lo que corresponde escribir hoy mismo sobre un fallo cuyo contenido se conocía con anticipación -la misma CFK dijo hace tiempo que ya estaba redactado- pero que no deja tener un impacto poderoso para los argentinos. Un ramalazo de bronca furiosa en los que la quieren, de satisfacción vindictiva en los que la odian.

Es que no parece apropiado el estilo de análisis frío que he mantenido -casi siempre- en el blog. Pero… es algo más de 15 años que lo aplico aquí, y me sale naturalmente (Y cuando hacía política en forma más activa, bastamte tiempo atrás, yo era mas el «cuadro» que trada de convencer que el del dirigente que quiere inspirar).

Así, lo mejor que puedo hacer es ser breve y concreto. Esta condena, tan inevitable como un choque de trenes, tiene una consecuencia política fundamental: fortalece el liderazgo de CFK en el peronismo y -más importante- a la coalición de sectores y reclamos sociales que votó en 2019 al Frente de Todos.

Digo que la segunda parte de la frase es la importante porque -como repetí muchas veces- el peronismo no ha producido un liderazgo nacional con chance de competir con el de Cristina desde… ¿2013? Los intentos de armar una alternativa «no personalista», como el «Peronismo Federal» en 2019, ¿recuerdan?, fracasaron tan rotundamente como los que impulsaba Eduardo Duhalde 10 años antes.

La consecuencia fundamental de este fallo que percibo es, entonces, que hace más sólida la coalición que se expresó en 2019. Y que venía bastante desflecada ¿Por el impacto emocional que despierta en sus partidarios esta condena a Cristina? Sí… Se puede comparar con algo muy distinto: el impacto de la muerte de Néstor Kirchner en 2010, que muchos que lo analizaron están de acuerdo en que fue un factor de la victoria del Frente para la Victoria en 2011.

Pero hay algo que, creo, más decisivo: el hecho que esta condena judicial no tiene legitimidad sino para los que ya estaban convencidos que ella era culpable y que debía ser condenada, y apartada de la política. No es solamente que el poder judicial está desprestigiado (el episodio reciente de la visita clandestina de jueces a Lago Escondido pagada por Clarín es sólo la frutilla de un postre que se cocinó por muchos años). Simplemente, hoy el poder judicial no es percibido por nadie como un actor neutral en el enfrentamiento político. Y su alineamiento es subrayado hoy en el festejo del fallo por todo ese lado de la división argentina. (Como en forma más discreta, quizás un poco avergonzada, ese lado se alegró de la muerte de Néstor Kirchner).

Resumo: este fallo ayuda a unir a los que se identifican con el liderazgo de Cristina con esos sectores que no se engloban ahí -o que tienen disputas de poder con ella: sindicatos, movimientos sociales, gobernadores, liderazgos territoriales, pero que lo que está enfrente les provoca desconfianza o directamente pavor.

Porque, por supuesto, esto también sirve como «prenda de unidad» no a los dirigentes de la oposición -que harán, como es su naturaleza en ambos lados de la grieta, lo que creen les convenga- sino a sus votantes. Fortalece la división política «identitaria», los que votan a un lado por rechazo o temor al otro.

Bah, lo que ya pasó hace 3 años: después de un gobierno desastroso -en los propios términos de quienes lo apoyaban-, un poquito más de un 40% de los argentinos desconfiaba o temía a la propuesta que presentaba la oposición peronista y votó en consecuencia.

Argentina es una «casa dividida»… Yno hay chance que deje de serlo con esta Corte Suprema y los niveles superiores de este poder judicial. La dirigencia política, en su conjunto, eligió hace mucho tiempo tener jueces amigos antes que jueces con legitimidad social.


Argentina en el jardín de los dólares que se bifurcan

noviembre 28, 2022

Es un título barroco, para un posteo que quiero sea concreto y claro (el barroquismo bloguero es un defecto mío). Éste surge de un intercambio que tuve hace pocos días con un economista brillane y activo (al menos en twitter 😉 ).

@Musgrave cuestionó a los que «militan la Devaluación» de Este Lado (se asume que del Otro Lado van a militarla, porque son Malos). Sin discutirle las premisas -es difícil hacerlo en twitter- le señalé la diferencia entre «militarla» y «considerla inevitable». Seguimos el intercambio por DM, y fue enriquecedor. Hasta llegamos a un acuerdo, parcial: el desafío a encarar no pasa por discutir´si devaluar o no, sino por parar la inflación. Y una devaluta, por definición, hace que se paguen más pesos por los productos e insumos que se importan…

Desde ese marco básico, voy a los hechos. El gobierno está devaluando ahora un 7% mensual. Un poquito más que el índice de inflación, o al menos eso espera. Y aún así, corre de atrás a los tipos de cambio legales, semilegales e ilegales que pagan los que quieren «salirse» del peso, de los fondos que tienen o ganan en la moneda nacional.

Un sector de la coalición oficialista, mucho más presente en las redes sociales que en las decisiones oficiales, dice que los que aumentan precios son los empresarios. Seguro que no son los clientes, ni los trabajadores. Entonces, la solución debe pasar por combatir esa especulación. No comentan cuando quien aumenta es una empresa del Estado: por ejemplo, YPF y los combustibles.

Vale la pena debatirlo en forma un poco más extensa, sin embargo. Porque la tendencia natural de los empresarios -ya lo señalaba Adam Smith, no estatista él- es aumentar su margen de ganancia. Si no lo hacen, dejan de ser empresarios y llevan su dinero afuera. Y es cierto que el Estado debe (tratar de) controlar los precios de los «monopolios naturales» (leé este concepto en los libros de economía, Javier), donde no pueden aparecer rápidamente otros proveedores. El caso clásico es la distribución de gas y electricidad. En casi todos los países que no son «estados fallidos» los controla o supervisa el Estado.

Pero tratar de controlar todos los precios de la economía, o aún «solo» de los artículos de consumo masivo… Hubo un intento consistente y continuado de hacerlo durante casi 7 décadas, en la ex Unión Soviética, y terminó mal. Y eso que tenía un aparato de control y represión mucho más eficiente que cualquier gobierno argentino pueda o deba aspirar a tener.

En nuestra propia historia, Juan Domingo Perón, gobernante ejecutivo si los hubo, consideró necesario lanzar en 1952 la lucha «contra el agio y la especulación» y un plan antiinflacionario estricto.

El objetivo de cualquier plan -de un conjunto coherente de medidas antiinflacionarias- debe ser, entonces, llevar a la economía de un país a un estado que llamamos «normal», donde los precios no aumentan porque «todo aumenta», donde no hay «inflación inercial», y los aumentos de precios se deben a aumentos en los costos de producción o a abusos de posición monompólica (que existen, eh).

Por qué en Argentina esto es especialmente difícil tiene que ver con razones de índole social y política que debo tratar en otro posteo (?). Aquí, enfrento una cuestión más limitada y concreta ¿se puede detener, o aún moderar en forma importante la inflació, cuando hay múltiples tipos de cambio? Creo que la respuesta es NO.

No voy a intentar -no podría hacerlo, no creo que por haber leído algunos libros de economía sea un teórico del nivel de Marshall o Keynes, que es lo que se necesitaría para demostrar que en ningún caso puede haber estabilidad de las variables económicas con un sistema de múltiples tipos de cambio. Para lo que nos interesa, es mucho más fácil demostrarlo en el caso argentino.

Por qué la percepción de los actores económicos, los que mueven fondos o hacen inversiones, grandes o pequeñas, es que el «verdadero» valor del dólar, como de cualquier otra divisa, es el del «dólar blue», clandestino, o el dólar CCL, legal, o cualquier otro de los «dólares fuga», los que se usan para sacar fondos de la vista de las autoridades impositivas o del país.

Y esto no se debe a alguna perversión psicológica, sino a la experiencia de todos, aún en los niveles de bajos ingresos. Porque para ahorrar en pesos es necesario contar con un asesor financiero «full time», que elija donde depositar fondos con mejor interés y menos riesgos. Cualquiera ahorra en dólares, aunque sean pocos: No hará un gran negocio, pero conserva (casi todo) el valor.

Además, estamos en una economía bimonetaria, parcialmente dolarizada. Los inmuebles se compran y venden en dólares billete -«cara grande», se aclara- y hasta los precios en las vidrieras de las inmobiliarias están en dólares…

En una situación como ésta, tener un tipo de cambio oficial -el tipo de cambio con el que se mueve el comercio exterior -o sea, la inmensa mayoría de los movimientos de divisas– de $ 164, si el «dólar billete» se vende a $316 -los precios con los que comienza esta semana- el Banco Central -o sea, todos nosotros- está otorgando un subsidio para importar productos o servicios de 121% respecto al tipo de cambio oficial mayorista; y más de 109% en relación al minorista.

Esto es teórico: la realidad es mucho más complicada, y hasta se puede argumentar que el subsidio hoy es «sólo» del 52%. Pero no es de extrañar que la vicepresidenta haya hablado de «festival de importaciones». Tampoco que haya que poner restricciones, y «cepos», para evitar que todos aprovechemos el dólar oficial, «barato». Lo único curioso es que algunos pueden creer sinceramente que se puede mantener esta situación y aún así proteger la producción nacional.

La consecuencia es que la mayoría de las actividades necesitan algún tipo de subsidio para mantenerse. Hasta para el cultivo que en las últimas décadas ha vuelto a convertir a Argentina en un jugador de peso en el mercado internacional hubo que inventarle uno. Lo llaman «dólar soja».

Tengo claro que estoy simplificando mucho. Vuelvo a repetir: la realidad es siempre más complicada. No mencioné el papel de la evasión fiscal, por ejemplo. O de las «cadenas de valor» que se desarrollan con el objetivo principal de evitar impuestos o controles.

Pero cualquiera que examine los números en serio, encuentra que las distorsiones que provoca la existencia de distintos tipos de cambio con brechas tan grandes entre ellos, han destruido el sistema de precios, en su papel de referencia para la inversión y la planificación,. tan completamente como en la vieja Unión Soviética. Sin pasar por el socialismo, eso sí.

¿Entonces, qué? Quisiera estar equivocado, pero no puedo evitar pensar que es una situación insostenible. El «decisionismo» de Massa, su disposición a aceptar soluciones de compromiso, son preferibles a la inacción, pero no resuelven el problema. Vale preguntarse, también, si el gobierno actual tiene el poder político para tomar la decisión de «racionalizar» el sistema cambiario. Que inevitablemente significará un salto en el valor del «dólar oficial». La devaluación tan temida…

A la vez, eso marca la convenencia imperiosa para el próximo gobierno, cualquiera sea, de tomar esa medida antes que su poder, a la vez, se licúe. Si no tiene la «suerte» que el gobierno actual cargue con el fardo.

Por eso, querido @Musgrave, amigos y amigas varios, creo que una devaluación del tipo de cambio oficial es necesaria e inevitable. Lo racional y humano sería planear con anticipación, y con acuerdos discretos, las medidas para evitar en lo posible los perjuicios a los sectores más vulnerables y a la producción. Pero planear lo racional y humano no es fácil en una sociedad polarizada…


17 de noviembre ¿Cuánto es 50 años?

noviembre 17, 2022

Escribí megaveces en el blog sobre el 17 de noviembre de 1972. Natural. Fue el momento más alto de una experiencia que marcó para siempre a una generación (política). Pero… los más jóvenes que participaron hoy se acercan a los 70, y de ahí para arriba. Los que quedamos vivos vamos a seguir jodiendo, claro, pero tenemos que recordar que hay otras generaciones políticas, que han vivido, o están viviendo, otros momentos definitorios.

Por eso, si alguien quiere leer reflexiones sobre ese momento hace medio siglo, ofrezco esto que escribí en 2019. Con algo de cuestionamiento de mitos, también.

Lo que quiero hacer ahora es reflexionar, «en voz alta», sobre el esfuerzo que hace hoy una gran parte del peronismo para recuperar -no ese momento; ningún episodio histórico es repetible- sino los motivos del regreso y la esperanza de días mejores.

¿Puede hacerlo? Gente más activa que yo en las redes sociales -los medios ya son casi irrelevantes en este nivel- están apuntando las dificultades, las contradicciones, de cuestionar las políticas de un gobierno que se impulsó y en el que se participa.

(Esto, al margen de si piensa que esas políticas son o no inevitables y necesarias, que es otra discusión. Que se trata de no dar).

En mi humilde opinión, el peronismo no tiene otra opción que hacer este esfuerzo. Porque no se construyó ni surgió otra, desde que fue derrotado en 2015.

(También al margen de la candidatura presidential en 2023, eh. No importa lo que se diga, la decisión definitiva no se tomará, me parece evidente, antes de mayo, como temprano. Los que pueden decidir en serio saben que la última palabra la da la realidad, y conviene esperarla).

Lo central ahora es lo que se propone al pueblo, a esa parte del pueblo que todavía puede depositar sus esperanzas en el peronismo. Y las esperanzas siempre se fundan en memorias, algo fantaseadas, de tiempor mejores. Y los tiempos mejores que se pueden recordar son los de los gobiernos Kirchner.

Los que añoran los tiempos de Menem -que son unos cuantos, eh- votarán por la otra coalición. Y los tiempos del peronismo fundacional… están demasiado lejanos para ser una memoria viva. 68 años, bah, más de 40 años, sí es mucho, para la experiencia humana. Esta no es una afirmación teórica sino empírica: se ha comprobado en la práctica muchas veces, por distintos protagonistas.

La esperanza, en la política real, también se deposita en una persona. Y, como ya dije bastantes veces, en el peronismo no ha aparecido otro liderazgo nacional que el de Cristina. Por eso, no puedo menos que desearles suerte a los que van hoy al estadio Diego Armando Maradona. Feliz día del militante.


Elecciones en EE.UU. «una Casa dividida»

noviembre 8, 2022

¿Se justifica postear sobre esto, cuando en unas 12 horas la realidad habrá agregado datos duros? Creo que sí, porque la grieta en esa sociedad no depende de los resultados. Además, ya lo tengo escrito: es lo que editorialicé esta mañana en AgendAR. Agrego algo al final para uds., mis fieles (?) seguidores.

«Hoy, elecciones legislativas en EE.UU. Decisivas para Biden y para Trump, y para su sistema de gobierno

Se combinan varios factores que hacen que el resultado de estas elecciones de «medio término» marque, en un sentido o en otro, una etapa clave en la transformación del sistema de gobierno, y de poder, en los Estados Unidos. Y no podemos dejar de dedicarle espacio en AgendAR, porque influirán, mucho, en nuestra realidad local.

El bipartidismo clásico de EE.UU. -que expresaba diferencias, algunas importantes, entre Demócratas y Republicanos pero sobre todo un acuerdo básico en la estabilidad de sus instituciones, y en las reglas de juego de la competencia política, empezó a cambiar cuando en julio de 2016 Donald Trump consiguió la candidatura presidencial del Partido Republicano.

El paso siguiente, más importante, fue cuando derrotó a Hillary Clinton, la candidata de los Demócratas, y del «establishment» de la Costa Este, en noviembre de ese año.

Trump había construido una «nueva mayoría» con parecidos y diferencias con el electorado republicano tradicional, que sumaba a parte de los votantes de los demócratas. Trabajadores afectados por la globalización, petroleros y mineros afectados por las políticas ambientalistas, estadounidenses blancos hostiles a la inmigración, cristianos evangélicos y no pocos católicos que rechazan las «políticas de genero», y sobre todo, gente común con bronca con una elite política que perciben «progresista» y poco patriótica.

Trump consiguió amalgamar estos sectores, y transformarlos en el factor de poder absolutamente decisivo en el Partido Republicano, a pesar de haber sido derrotado en las elecciones noviembre 2020. Ningún candidato de ese partido se atreve a disputar la afirmación del ex presidente de que «le robaron la elección». Los que lo hicieron, perdieron en las primarias.

En Europa se ha visto crecer fuerzas políticas con una «agenda de rechazo» similar en casi todos los países, y hasta ganar elecciones. En América del Sur surgió una copia exitosa en Brasil. Que perdió, por muy poco, las últimas elecciones, pero sigue siendo una realidad poderosa en nuestro vecino del norte.

El hecho inquietante -al que los argentinos, y el resto de los habitantes del planeta debemos prestar atención- es que la «grieta» entre los votantes de uno y otro partido es profunda. La sociedad estadounidense está polarizada -hoy, aún más que la nuestra. Y por primera vez en un siglo y medio, el fantasma de una guerra civil empieza a ser mencionado por analistas serios (no los conspiranoicos de internet). Muy, muy improbable, pero no ya inconcebible.

Hay un elemento personal que agrava la situación para los Demócratas. El presidente Biden, un astuto político del aparato Demócrata, muestra síntomas inocultables del deterioro de la edad. Y su carisma personal no es notorio. El que llama a candidatos y gobernadores de su partido es el presidente, pero el que entusiasma a las multitudes en la campaña es un ex-, Barack Obama, que no puede volver a serlo.

Es necesario tener en cuenta, también, que un factor de política internacional supera la grieta. Demócratas y republicanos coinciden por completo en que el rival de los Estados Unidos es China. Pero no parece ser suficiente para ponerlos de acuerdo; las diferencias políticas y culturales son demasiado profundas.»

Añado la respuesta a una pregunta que me hacía anoche Fidanza en Redacción IP «¿Cómo pensás que el resultado de estas elecciones puede influir en nuestra política local?

Más allá que la polarización furiosa se ha transformado en un rasgo común en muuuchos países, apareció entre nosotros una corriente numerosa, y ruidosa, que imita a Trump y a Bolsonaro. Una victoria clara de los republicanos les dará aire e impulso a ellos, y a, más importante, el sector Macri-Bullrich de la coalición opositora. ¿Recuerdan que hace unos pocos meses Mauricio se sacó una foto con el Donald?

Atención: hay un elemento clave que, como dije en el post anterior, ya apuntó Julio Burdman hablando de Bolsonaro: él, como Trump y los seguidores de ambos, son nacionalistas. Se autoperciben patriotas, los únicos patriotas. Los seguidores de sus imitadores locales no lo son. Su capital espiritual es Miami…


Cristina en campaña

noviembre 5, 2022

La pregunta inicial, para saber si se justifica empezar a postear en la mañana de un sábado soleado pero ventoso, es si ayer apareció un elemento nuevo en la política argentina. Y se contesta rápido: claro que no. Hace por lo menos 17 años, desde que derrotó a Duhalde en Buenos Aires, que CFK es una protagonista poderosa del escenario político argento.

PERO sí se definió una dinámica decisiva, que condicionará todo ese escenario. No sólo el espacio de la coalición oficialista, eh. También el de la(s) oposición(es). Porque ustedes eran muy chicos y no se acuerdan, pero en los primeros dos años de la administración de Alberto Fernández -hasta las elecciones legislativas- los medios (opositores) hablaban del «inquietante silencio» de Cristina.

Más allá que era algo exagerado, apuntaban a una estrategia: Cristina, como la mayoría de la dirigencia peronista, tenía muy claro que el rechazo a su liderazgo y a su estilo era un factor que había ayudado a sumar votos y cohesión al frente que ganó en 2015. Se puede discutir, y se discute, cuánto de ese rechazo era a ella, a un «peronismo nostálgico de los ´70», o al peronismo como realidad histórica. Pero no cabe duda que ella sumaba, a favor y en contra.

En su discurso de ayer, cuando justificó haber propuesto a Alberto para encabezar la fórmula presidencial, mostró que sigue estando consciente de ese factor. Y también dejó claro que considera necesario que ella y la coalición que irá a las urnas el año que ya viene asuman el costo de su protagonismo.

Entonces, puedo releer mis dos últimos posteos en este blog, y darme cuenta que la realidad contesta todas las preguntas, si uno no se muere antes. Cuando Máximo Kirchner dijo que «no creía que Cristina fuera candidata» sugería la posibilidad que no sólo el peronismo en su conjunto, sino el sector de la dirigencia que sigue a CFK buscaría una «cara nueva» para protagonizar la próxima puja electoral.

Ojo: es posible que el candidato presidencial de la coalición que encabece el peronismo -notarán que no digo FdT- en octubre 2023 sea otro u otra. Quizás, alguien impensable hoy. Pero Cristina hará la campaña. Ya la empezó a hacer.

(De paso: el tema de la campaña lo había anticipado en ese post, porque es bastante obvio: «Cuando Cristina era presidenta, la mayor parte de la gente vivía mejor que con Macri, o ahora con Alberto«. Los economistas pueden decir que la crisis actual comenzó en 2012, pero los votantes no hacen caso a los economistas. Está justificado: se equivocan tanto…).

En mi opinión, esta decisión de CFK es correcta… porque es inevitable. Como la experiencia Alberto ha confirmado, el liderazgo político no se fabrica. Cuando y si surja un nuevo liderazgo nacional en el peronismo, se lo habrá ganado por la suya.

¿Esto también le resuelve problemas a la coalición hoy opositora? Sí… hasta cierto punto. Carlos Pagni, uno de los dos insoportables que vale la pena leer, ya les advirtió: Macri se confió durante su gobierno en que la demonización de Cristina le garantizaba el apoyo de una mayoría suficiente de los votantes. No fue así.

Ni siquiera es absolutamente seguro que alcance para mantenerla unida. Pero es muy prematuro para que hasta yo me anime a pontificar sobre el asunto. Los cisnes negros que migran a Argentina…

Eso sí, cuando dije en el último post que no era el resultado de la elección en Brasil sino la campaña la que iluminaba la estrategia electoral en nuestro país, acerté a medias.

No es muy relevante la de Bolsonaro. Porque, como señaló acertadamente Julio Burdman, él y sus seguidores son nacionalistas, por los menos en los símbolos. Los aspirantes locales a bolsonaros y bolsonaras no lo son. Tampoco evangélicos, para el caso.

La de Lula, y su alianza con el centro derecha y el poder económico -simbolizada en Alckmin- marca un camino, que también parece inevitable ¿Me refiero a una fórmula Cristina-Massa, que ya aparece en los grupos de wasap de la fauna politizada? NO. Ninguna fórmula es un proyecto serio hasta (quizás bastante) después de marzo ´23. Para entonces, los primeros resultados de la gestión de Sergio habrán hablado, y definirán los límites de su propio proyecto.

Su función clave en la campaña que ya comenzó -además de parar algunos delirios- me imagino que será tejer esas alianzas imprescindibles con los actores económicos y sociales que desconfían del peronismo, pero también de esos otros delirantes, algunos refentes de Juntos x el Cambio.


El resultado de la elección en Brasil ¿le dirá algo a la política argentina? No. Eso sí, la campaña… sugiere un camino

octubre 29, 2022

Brasil es el socio inevitable de Argentina. No sólo en lo comercial; también en destino, en mi falible opinión. En el mundo que ya se empezó a configurar, no sólo necesitamos sumar a los dos países, y todo lo que se pueda de Latinoamérica, para contar para algo. Más inmediato: cualquier diferencia abierta entre los más grandes de América del sur es una ventana de oportunidad para potencias externas. Dos hermanos enfrentados cinco siglos atrás, Atahualpa y Huáscar, podrían dar testimonio.

Eso sí, cualquiera sabe que los socios suelen tener conflictos de intereses. Hasta, a veces, no se quieren, como nosotros y los brasucas nos queremos, sobre todo en futbol. Es humano. Pero hay que tolerarse, gente.

Quería decir esto, y ahora voy al punto: el resultado de mañana domingo, cualquiera sea, no anticipa nada sobre nuestras pujas locales. Las sociedades, y los estilos políticos, son muy distintos en nuestros dos países, como se da cuenta cualquiera que los conozca un poco.

Pero sí pienso que la campaña, el desarrollo de las estrategias electorales de los dos candidatos que se enfrentan mañana en las urnas, nos dice mucho, y relevante.

Ante todo, me interesa señalar un logro de ambos. Impresionante, si se toma en cuenta que Brasil no tiene la tradición argentina de grandes fuerzas políticas nacionales que perduran en el tiempo, como el radicalismo y el peronismo (aunque cambien sus programas y alianzas).

El PT, Partido dos Trabalhadores, fundado en 1980 como un movimiento de base sindical apoyado por la iglesia católica, nunca logró tener una estructura política propia con mayoría en el congreso, ni una fuerza considerable de gobernadores e intendentes.

Aún así, Lula ha logrado convertirse en el líder indiscutico -indiscutible- de la ¿mitad más uno? de brasileños y brasileñas, y el referente con el que tienen que dialogar los poderes fácticos dentro y fuera del Brasil.

Y lo de Jair Bolsonaro es aún más espectacular. Un diputado entre cientos, un político más, aunque popular en las redes sociales, cuando el Ejército brasileño decidió financiar su campaña presidencial, frente al visible deterioro del gobierno de Michel Temer.

Cuatro años después, el Trump Tropical ha reconfigurado la tradicional y poderosa Derecha brasileña. (Tal como el Donald transformó, y hegemoniza el Partido Republicano, el «Grand Old Party»). La carrera política del Bolso puede terminar mañana, o no, pero la coalición que armó y conduce, «Biblia, buey y bala*», seguirá existiendo como un bloque influyente que ni Lula ni ningún gobierno brasileño podrá ignorar.*

*(Para los que no siguen la política de nuestro vecino al norte: «biblia» son los evangélicos, «buey» los ganaderos y sojeros, que se preocupan menos que los europeos por la deforestación de la Amazonia, y «bala», las fuerzas de seguridad, que Jair ha cortejado tanto o más que aquí Patricia Bullrich.)

¿Cómo se formaron estas dos grandes coaliciones, que han absorbido todas las expresiones de la política en el Brasil, un país donde sus políticos tienen la tradición de saltar de partido y negociar sus votos uno a uno, sin que nadie se escandalice? La palabra clave es «polarización», gente.Trazar una clara línea divisoria entre «Ellos» y «Nosotros», y decir en las redes sociales que «Ellos» son corruptos que odian al pueblo y a la patria y practican pedofilia en ritos satánicos.

¿Que sólo una minoría, termocéfala o no muy estable psicológicamente se creerá todo? Y sí, pero no importa. El objetivo es crear una identidad de conjunto, un «Nosotros», claramente distinto y opuesto a «Ellos». Y no se molesten en buscar la receta en Laclau o en Gramsci: eso ya lo hacían en Bizancio, con los «Azules» y los «Verdes». Y se cargaban algunos emperadores, nomás.

Atención: importante como es esto, es sólo la mitad de la estrategia necesaria para ganar y gobernar. La otra mitad, imprescindible, requiere ocupar ese espacio del centro que queda vacío de expresiones políticas.

Así, Bolsonaro aumenta las asignaciones sociales, y no sólo en los últimos meses: fue una de las primeras medidas que tomó al asumir la presidencia. Y Lula lleva como vicepresidente a alguien que tiene mejores credenciales que el Bolso para representar al poder económico brasileño.

Nada sorprendente: los más pobres, el electorado principal por lejos al que Lula convoca, van a preferir reales a discursos. Si los reales se los da Bolso… Y Lula, que ya fue presidente dos veces de Brasil, sabe que sólo con discursos no se gobierna.

Por supuesto, este resumen que he hecho es una grosera simplificación. Pero en este post estoy hablando de política, no de sociología (como en la mayor parte de lo que subo al blog). Y no afirmo que necesariamente la próxima (bah, ya en curso) campaña electoral argentina ncesariamente -será así. Como puse en el título, la brasileña sugiere un camino.

No hablo, como nuestro poeta ciego, de un «destino suramericano».


Y si Cristina no es candidata ¿qué será de los peronistas? ¿y de los antiperonistas?

octubre 26, 2022

Este posteo es todavía menos serio de lo habitual, en mis propios términos. Porque estoy convencido que todos los «análisis» y encuestas sobre candidatos -tan de moda en estos días- son un poco ridículos.

Falta un año para las elecciones, gente ¿Cuántos «favoritos», o serios «challengers» un año antes fueron los ganadores cuando se contaron los votos, en nuestra historia moderna? Alguno de los que ganaron no figuraba en los pronósticos publicados seis meses antes. Néstor Kirchner, me viene a la memoria

Ojo: si Ud. que lee esto quiere ser candidato o candidata, debería haber empezado su campaña hace al menos 24 meses. Pero eso no quiere decir que debe anunciar que quiere ser presidente/a; debe hacerse conocido y, en lo posible, valorado, nomás.

Entonces ¿por qué me interesó tanto que un vocero que uno asume autorizado -su primogénito- dijera que creía que CFK no iba a ser candidata? Porque plantea la posibilidad de un hecho nuevo en el confuso, y un poco aburrido a esta altura, escenario local.

Entiéndanme: la novedad no es que ella no sea candidata a la Presidencia. No lo fue en 2015, ni tampoco en 2019, aunque estaba en la boleta (que no es lo mismo).

El hecho nuevo, posible, es que los votantes y los que aspiran a ser votados se convenzan que ella no va a jugar por el premio mayor. Falta para que se convenzan, eh, aunque Máximo lo jure sobre los evangelios. Pero es un paso, planteado bastante tiempo antes de las elecciones, en el camino de convencer a sus posibles votantes que no será candidata a Presidenta.

Por supuesto, NO significaría que deja de ser una protagonista poderosa en la política argentina. La crítica que acaba de hacer esta mañana al aumento autorizado por el gobierno a las prepagas lo deja muy claro, por si alguien tenía dudas.

Pero si esas señales de que no será candidata presidencial continuan, bastantes argentinos de a pie se convencerán. Y eso le cambia todo el mapa a los que aspiran a ser votados.

A los de Este Lado, porque los posibles votantes de Cristina Kirchner son vistos por todos, con razón, como el sector más numeroso de los potenciales votantes del Frente de Todos, o como se llame en el futuro la coalición que reunió a los sectores oficialistas y a los que están dejando de serlo en estos meses.

Y a los del Otro Lado, porque el rechazo al discurso y a la personalidad asertiva de CFK ha sido y es el principal elemento que une a las partes de una coalición aún más heterogénea que la (ex-) oficialista.

¿Significa que cuando y si la dirigencia política se convenza que no hay un bloque importante de votos que traccionaría una candidatura presidencial de Cristina -su «dedo» seguirá siendo un factor a considerar, pero después del experimento Alberto ya no sería decisivo- se desarmarán las dos grandes coaliciones que hegemonizan las dos últimas elecciones presidenciales?

Es posible, pero no probable, en mi falible opinión. Las recompensas de ocupar el gobierno del Estado nacional son grandes y numerosas. Es un factor de cohesión. Y ninguno de los sectores que componen a ambas tiene hoy mejores chances de llegar o mantenerse en el gobierno que en el seno de una coalición.

Lo que sí aseguraría es que, aunque sean prematuras, las especulaciones y maniobras en torno a posibles candidaturas presidenciales se vuelvan aún más intensas y locas de lo que ya son. Después de todo, desde que Roca recuperó para la Nación la ciudad y el puerto de Buenos Aires, 142 años atrás, la puja por la Presidencia es el factor que ordena al conjunto de la política argentina.

El desafío será fundamental para el peronismo, que -dije una y otra vez que es un dato clave para entender qué pasa en él- en donde desde 2013 no ha crecido otra figura nacional que pueda competir, o reemplazar a Cristina Kirchner.


«Y a las plantas de los mercados rendido un león»

octubre 21, 2022

Aunque el portal AgendAR y este humilde blog tienen contenidos, y públicos, en general bien distintos, no resisto a la tentación de subir esto que escribí y apareció ahí hace pocas horas:

ooooo

Ayer Elizabeth Truss, la primera ministra de Gran Bretaña, anunció su alejamiento -24 horas de decir que era “una luchadora y no alguien que se borra”. Así logró ser la persona que menos duró en ese cargo en la larga historia inglesa.

The Economist -fundado en 1843 y que ahora pertenece a una sociedad editorial controlada en un 50 % por las familias Rothschild y Agnelli- dedicó al tema, y a la situación de Gran Bretaña- un «leader», más en pena que en ira:

«En 2012, Liz Truss y Kwasi Kwarteng (a quien ella nombró ministro de finanzas y renunció el viernes, también con el récord de ser el que menos duró), dos de los autores de un folleto llamado “Britannia Unchained” (Gran Bretaña sin cadenas), utilizaron a Italia como advertencia. Servicios públicos inflados, bajo crecimiento, baja productividad: los problemas de Italia y otros países del sur de Europa también estaban presentes en Gran Bretaña.

Diez años después, en su intento fallido de forjar un camino diferente, Truss y Kwarteng ayudaron a que la comparación fuera ineludible. Gran Bretaña todavía se ve afectada por un crecimiento decepcionante y la desigualdad regional. Pero también se ve obstaculizado por la inestabilidad política crónica y bajo el control de los mercados financieros. Bienvenidos a Britalia.»

Breves comentarios editoriales de AgendAR:

No es inteligente burlarse de la desgracia ajena, cuando en Argentina tenemos problemas parecidos. (Es cierto que los medios ingleses -The Econmist, Financial Times, sus tabloids- si usaron ampliamente el sarcasmo para aludir a los avatares de nuestro país. Y sus políticas algo tuvieron que ver con ellos).

Pero ese es otro tema. Como también lo es el fastidio de los italianos con la comparación. El embajador italiano en Londres les recordó que Italia tiene, por ejemplo, un pequeño superávit en su comercio exterior, Mientras que Gran Bretaña ostenta el rojo más intenso.

Es que hay dos puntos que nos parece importante destacar, porque hacen a la situación global. El primero es que en el Atlántico Norte están tomando nota que cuatro décadas de una globalización enmarcada en las políticas neoliberales impulsadas por Thatcher y Reagan han tenido un claro ganador: China, la Gran Potencia emergente. Se convirtió en la fábrica del mundo, mientras que Gran Bretaña, y en menor grado EE.UU., se desindustrializaban. Sobre esto publicamos algo hace dos días, de una editora asociada del Financial Times.

El otro es muy simple, y dijimos otras veces que era una superstición: que el capitalismo es mágico. Basta dar «seguridad jurídica» a los inversores, crear un «buen clima» para los negocios, y habrá prosperidad.

Bueno, no es así. Los mercados no son perfectamente racionales. Las burbujas, y el «efecto manada» existen. Pero, al final del día, los capitales van a donde pueden obtener beneficios, no lindas palabras.


«Por otro 17…»

octubre 17, 2022

Hace 15 años que mantengo este blog, y cada 17 de octubre -creo, no me puse a revisarlo- escribí algo para esta fecha. Me parece recordar que siempre traté de poner emoción, epica, aunque no es mi cuerda (Además, ¿quién podría igualar lo de Marechal?).

Pero es inevitable, para los que nos hicimos peronistas antes del ´83. No estuve, claro, en la Plaza en el ´45, ni tampoco en la Resistencia. Quedan muy pocos… Pero mi primer 17 fue un acto relámpago, cerca de Once, y finalizó escapando de la cana. Eran los años de Onganía.

Corto con la nostalgia. Puede servirle a uno, pero no al colectivo que importa, que es el país. Retomo mi cuerda, que es el análisis frío (por algo elegí como avatar en twitter la imagen del primer pensador moderno, Niccolo Macchiavelli).

Y empiezo con una pregunta incómoda ¿cuánta vigencia tiene hoy ese mito fundamental del peronismo? Después de 77 años que cambiaron a la Argentina y al mundo, puede volver a darse esa conjunción de pueblo, plaza y líder, y volver a cambiar la historia?

Bueno, justamente hoy se hace ese llamado desde un blog. La «Corriente kirchnerista de Santa Fe», es el vocero más consistente de un peronismo cristinista -hasta donde yo conozco- en lo que queda de la bloguería. Y yo, que no me considero cristinista -algo difícil para un peronista de mi generación; a los veteranos de la izquierda les sale más fácil- encuentro que es un planteo que merece reflexión.

Pues reconozco un hecho evidente: el de CFK es el único liderazgo nacional que hay en el peronismo. Es cierto que muchos peronistas, y aún más votantes del peronismo, no tienen ese vínculo emocional con Cristina que es la esencia de un liderazgo. Pero tampoco hoy lo tienen con ninguna otra figura, salvo muy pequeños grupos de entusiastas.

No quiero que me malinterpreten (¡por Dios, no!) Hay liderazgos fuertes en el peronismo, y que cuentan con militantes que son un elemento de poder políticos. Conducciones sindicales, gobernadores, intendentes. Pero ninguno hoy es, o se plantea, como un líder nacional. No ha surgido ninguno después de la derrota electoral de 2015, y ese -insistí muchas veces- es un dato clave. Hasta para Sergio Massa -el intento más audaz de construirlo- su mejor momento fue en 2013.

En un enfoque desde la comunicación política, aparece como inevitable que en una sociedad polarizada -Argentina lo está. como muchas otras- una campaña electoral se encare con la reinvidicación de las gestiones de Cristina Kirchner. O, desde el otro lado, tratando de sumar a todos los que están contra ella.

Entonces ¿da para otro 17? Alberto Fernández ¿podría ser un Farrell civil y socialdemócrata? ¿Sergio Berni, da para un Filomeno Velazco? Hmm. Al que no lo veo por ningún lado es al G.O.U.

Pero sería un error enfocarse en las circunstancias. La Historia rima, pero no se repite. Lo que me parece fundamental es preguntarse por el proyecto que podría, debería tener «otro 17». La misión histórica, en un lenguaje más ampuloso.

Y no podría dejar de ser muy distinta. El peronismo fundacional dio identidad política y protagonismo a los trabajadores industriales. Apoyado en ellos, y en la «Argentina profunda» de las provincias pobres -casi todas lo eran- puso las estructuras económicas y sociales, y el etos, de una Argentina más industrial y más igualitaria. Cuyas bases se habían empezado a construir con el reemplazo de importaciones que forzó la Gran Depresión del ’30 y la 2da. Guerra Muncial. Ese proyecto social tenía bastante fuerza para sobrevivir al derrocamiento de Perón en 1955.

Perduró y siguió creciendo -muy buenos índices en la producción industrial, por ejemplo- en medio de proscripciones, represión y asonadas militares, hasta 1975/76. Después, empieza «la larga agonía de la Argentina peronista» (Halperin Donghi dixit).

Quizás las bases económicas de ese proyecto -proteccionismo, mercado interno, exportaciones hacia los países limítrofes- estaban agotadas. Eso merece un análisis más profundo que el que yo puedo darle. El hecho que también me parece evidente es que, de algún modo, seguimos en esa «larga agonía».

Los distintos intentos de construir un proyecto estable sobre otras bases -el feroz Proceso del ´76 al ´83, Menem-Cavallo, ´89-´99, el reciente de Macri, fracasaron estrenduosamente, con costos sociales y estructurales altísimos.

A De la Rúa le cayó el techo encima, y Duhalde improvisó un rescate. Pero no eran proyectos.

Las gestiones Kirchner -2003-2015- dieron estabilidad, algo de distribución y algo de prosperidad, con ayuda de la demanda china. Pero no modificaron el capitalismo prebendario consolidado en los 10 años de Menem (que ya venía de antes, eh). Hasta se podría hablar de una larga agonía de la Argentina menemista, si ésta no hubiera muerto en el 2001. Quedó vigente un sistema económico en que el camino más rápido para la acumulación de capital es extraerselo al Estado, y el más seguro para conservarlo es llevarlo afuera.

Entonces, creo que el proyecto pendiente, la «misión histórica» a emprender, es una refundación -si uno elgie el lenguaje épico- o una adaptación -si se elige un término que usaba Perón- de las estructuras políticas, sociales y económicas de nuestro país. Volver a 1945, o a 2015… No hay máquinas del tiempo.


El fantasma de la Devaluación

octubre 14, 2022

En AgendAR publicamos en estos días varias notas sobre los nuevos tipos de cambio que se están inventando, después que el «dólar soja» fue percibido como éxito (efímero) por el oficialismo. Inevitable: está bien que nuestro tema central sea la actividad productiva, en especial la argentina, pero las finanzas son un condicionante decisivo. Es muy difícil producir sin plata…

Así, esta semana reproducimos dos notas informativas, aquí y aquí, y ayer una más crítica y afilada de Marcelo Falak. A esta le agregué un comentario editorial que ahora voy a compartir con uds., audiencia politizada. Porque los prejuicios que abundan en este espacio algo tienen que ver con el problema. Le agrego una frase muy corta, para los que se acuerdan de algo que pasó 20 años atrás.

ooooo

Los análisis técnicos de economistas y, sobre todo, el discurso ideologizado que los políticos se sienten obligados a mantener frente a sus militantes, tapan un hecho simple: al contener al valor del dólar oficial -con el que se pagan las importaciones-, se está subsidiando la importación y los gastos en el exterior. Por eso, hay que poner impuestos, «percepciones»,… para que no sea mucho más barato importar, comprar afuera, que producir aquí.

Es cierto que una devaluación provocaría un salto inflacionario -otro más- que perjudicaría a los de ingresos fijos, o informales. Y también a las empresas endeudadas en dólares. «(Esto último fue el motivo de la «pesificación asimétrica» de Duhalde en 2002, recuerdan?)«

Pero esta política de parches se está haciendo cada vez más difícil de sostener. Tampoco está deteniendo la inflación. Y ha destruído el sistema de precios: el ama de casa que va al supermercado y el empresario que debe reponer stock ya no saben cuánto les va a costar.

Confiamos que en el equipo de Massa haya técnicos que sepan de economía y de la realidad productiva y social argentina- que estén pensando las medidas necesarias para que un sinceramiento del mercado cambiario no golpee -aún más- a la población. Lo que se debió haber hecho, con menos costo, hace más o menos un año.

Porque si no lo hacen, lo hará el proximo gobierno, cualquiera sea. Con un costo mayor.


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