Brasil, seu Brasil

octubre 5, 2018

bolsonaro

Otras veces en el blog subí artículos de Marcelo Falak. Un periodista inteligente, que conoce las internas brasileñas como muy pocos entre nosotros. Pasado mañana hay elecciones allí, con grieta y todo, y quise acercarles esta nota, que publicó en Letra P.

Falak dice aquí algo con lo que estoy muy de acuerdo: más allá de los resultados, de si gana Bolsonaro o Haddad -que es importante, claro- aquí ya hay un hecho que cambia la política en Brasil. Tal vez, en América del Sur.

Porque Bolsonaro es más que un político con un discurso con moralina religiosa a la antigua y un capitalismo más antiguo, del siglo XIX. Expresa eso, por supuesto. Pero va más allá. Y hoy decir “fascista” sólo significa “me desagrada mucho”.

Lo que él hace es romper “la corrección política” que imperaba en Occidente y sus suburbios desde el final de la 2° guerra mundial. Un consenso hipócrita, por cierto, pero que simulaba rendir homenaje a íconos como la democracia, los derechos humanos,… Se podía y se puede bombardear civiles, por ejemplo, pero siempre diciendo que se hacía para defender esos valores.

Bueno, eso se está desmoronando. No tan rápido como alertan los medios digitales más alarmistas. Aquí en Argentina esas transgresiones todavía quedan para payasos mediáticos como el “Baby” Etchecopar. Pero el brasileño ha demostrado que el odio y el resentimiento pueden alimentar una campaña exitosa. Uno supone que tendrá imitadores.

“La irrupción de Jair Bolsonaro como nuevo referente de la política brasileña implica mucho más que la novedad de un nombre o el crecimiento de un partido, el Social Liberal (PSL), hasta ahora minúsculo. Lo que altera es el funcionamiento de un sistema que desde hace más de 25 años giraba alrededor de una suerte de bipartidismo de baja intensidad, con dos polos, de centro-derecha uno y de centro-izquierda el otro, y que de ahora en más incluirá a un conservadurismo de convivencia conflictiva con las reglas del pluralismo.

Desde 1995, con Fernando Henrique Cardoso, hasta 2016, cuando fue destituida Dilma Rousseff, todos los presidentes de este país fueron del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) o del Partido de los Trabajadores (PT), los que, sin llegar a ser verdaderamente dominantes, actuaron como aglutinantes de alianzas amplias, de centro-derecha una y de centro-izquierda la otra, necesarias para asegurarles el control del Congreso, hecho que explica, en alguna medida, la corrupción estructural que ha quedado a la vista.

Ese mundo colapsará este domingo, sobre todo por la caída abrupta del PSDB, que insistió con una figurita repetida como presidenciable, la de Geraldo Alckmin, un hombre ya derrotado por Luiz Inácio Lula da Silva en 2006 y a quien apodan “Pepino” por su gracia y su sabor, por decirlo de algún modo.

Por eso, se juega literalmente la vida. La posibilidad de que Fernando Haddad clasifique al ballotage del domingo 28 y triunfe en él depende del factor Lula y del perfil de quien, presumiblemente, tendrá enfrente: un Bolsonaro capaz de liderar tanto en intención de voto como en nivel de rechazo. Una victoria en una coyuntura tan particular como ésta le permitiría al gran partido de la izquierda brasileña disimular la crisis en la que lo sumió la operación Lava Jato y sus propias fechorías, algo que le daría tiempo para intentar una difícil reorganización. Una derrota, en cambio, lo amenazaría con la decadencia.

Con Bolsonaro aparece, entonces, un tercer factor, ausente desde la última dictadura (1964-1985) e ignorado hasta ahora, que ensancha hacia la derecha dura el espectro ideológico: el Brasil conservador. Lo conmocionante es que esto incluya ataques verbales a mujeres, gays, negros e indios, así como reivindicaciones de las dictaduras, las torturas y hasta los asesinatos en masa.

Algunas frases de Jair:

“Pinochet tendría que haber matado a más gente”, dijo en diciembre de 1998.

“En la etapa de la dictadura (brasileña) deberían haber fusilado a unos treinta mil corruptos, empezando por el presidente Fernando Henrique Cardoso” (mayo de 1999).

“No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, los golpeo” (mayo de 2002).

“No podría amar a un hijo homosexual. Preferiría que muriera en un accidente antes de que apareciera con un bigotudo por ahí” (diciembre de 2011).

“No te violo porque no te lo merecés”, le lanzó a la diputada por el PT Maria do Rosário, en plena sesión (diciembre de 2014).

“Las mujeres tienen salarios más bajos porque quedan embarazadas” (febrero de 2015).

“El error de la dictadura fue torturar y no matar” (julio de 2016).

“¡Dedico mi voto (a favor del impeachment) a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el terror de Dilma Rousseff!” (agosto de 2016, en referencia a un emblema de la tortura durante la última dictadura).

“Fui a un quilombo (comunidad en la que viven descendientes de esclavos que escaparon de sus amos) en Eldorado Paulista y el afrodescendiente más liviano pesaba siete arrobas. No hacen nada, creo que no sirven ni para procrear” (abril de 2017).

“Con la enseñanza a distancia se puede ayudar a combatir al marxismo y la ideología de género. Muchas familias ya prefieren que sus hijos se eduquen en casa y se puede empezar con eso una vez por semana. Eso va a ayudar también a hacer más barata la enseñanza en Brasil” (agosto de 2018).

“Por lo que veo en las calles, yo no voy a aceptar ningún otro resultado que no sea mi elección. Ese es un punto de vista cerrado. (Sobre) si las instituciones militares aceptarán o no el resultado, yo no puedo hablar por los comandantes (…), pero podría haber (una reacción) ante el primer error del PT. Nosotros, las Fuerzas Armadas, avalamos la Constitución. No existe democracia sin Fuerzas Armadas” (septiembre de 2018).

Este ex capitán del cuerpo de paracaidistas del Ejército de 63 años reúne todos los requisitos para ser considerado un conservador. Si algo distingue ese pensamiento es su defensa del orden y las jerarquías sociales, así como su reivindicación de instituciones tradicionales como la religión y las Fuerzas Armadas como pilares de la nacionalidad. Todo esto es parte de su discurso. No por nada, pese a ser católico, concentra buena parte del voto religioso, mientras que la reivindicación de lo castrense aparece en cada palabra, con sus elogios a la última dictadura y hasta con la elección de su vice, el general de línea dura Hamilton Mourão.

Pero hay algo que ofende a sus simpatizantes, en Brasil y hasta en la Argentina: que se lo tilde de ultra derechista e, incluso, de fascista. Más eficaz como insulto que como descripción, lo segundo ni merece analizarse, pero sí lo primero. Su aparición como fenómeno se relaciona con la crisis de la democracia que provocaron años de escándalos, partidización de la justicia y la prensa, institucionalidad bastardeada por un impeachment más que polémico, recesión y aumento del desempleo.

La derecha se hace extrema cuando incluye dosis de autoritarismo, desprecio por la democracia, intolerancia y mano dura. Y el historial de Jair Messias (sí, el hombre es un predestinado) es rico en esos elementos.

Cada uno de sus excesos verbales le fue recordado en los últimos meses por los sectores de la prensa que, intereses aparte, sostienen convicciones democráticas. Él se defendió, claro, hablando de contextos y campañas de desprestigio, pero eso no es suficiente para el 42% que, según la última encuesta de Ibope, aún lo repudia.

Sin embargo, también hay mucho de calculado en eso. Donald Trump es un referente para él y por eso, como el estadounidense, se vale de un discurso escandaloso para sacar a la superficie a un Brasil conservador que existía pero no tenía voz.

Desde ahora, nada será igual”.


El plan de Scrat para la economía argentina

octubre 1, 2018

Como algunos de ustedes -pacientes navegadores de un blog en pausa- saben, una buena parte de mi tiempo está dedicada al proyecto AgendAR. Y como era previsible, ahí vuelco a veces mi compulsión por pontificar.

Copio un muy reciente artículo mío ¿Cuánto dura la “era del hielo” de la economía argentina? en este blog bastante politizado, por una opinión que reiteré muchas veces aquí: El destino inmediato de un país mediano, alejado de las zonas calientes (en guerra) del globo, se juega en el acierto o error de sus políticas económicas.

Esto vale para el anterior gobierno de Macri, para el actual del Fondo Monetario, y -tenerlo muy presente- para el próximo gobierno también.

“El nuevo experimento para controlar el precio del dólar -en realidad, la inflación, el síntoma más claro, persistente y enloquecedor de los problemas de la economía argentina- fue anunciado con claridad por la nueva “pareja estrella” del manejo de las finanzas locales.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, dijo en la conferencia de prensa en Nueva York, donde se anunciaba el nuevo acuerdo con el FMI: “Se reforzará el compromiso del Banco Central con la reducción de la inflación. El Banco Central adoptará un régimen de política monetaria más contundente, en el cual se hará un control estricto sobre el crecimiento de los agregados monetarios”.

Y el nuevo presidente del Banco Central, Guido Sandleris, lo reiteró luego en otra conferencia de prensa: “El régimen de metas de estos dos años no dieron los éxitos esperados. Necesitamos herramientas más potentes, necesitamos un ancla nominal, un ancla simple y contundente. Un control sobre la cantidad de dinero de la economía. Medidas para que la base monetaria crezca 0 % de acá a junio de 2019”.

Corresponde decir que en la elección de esta herramienta al menos, es probable que la iniciativa haya sido local y no de los técnicos del Fondo. Un régimen de agregados monetarios es la herramienta más elemental, “rústica”, de política monetaria. A la que recurrimos cuando otros métodos más sofisticados, en uso en muchos países, no han funcionado. Y no hay, ni por muy lejos, los dólares suficiente para intentar dolarización o “convertibilidad”.

(De paso, como se dijo otras veces en AgendAR, confiar en las “metas de inflación” fue una muestra combinada de dogmatismo y copia ingenua del “primer mundo”. Le funcionan bien a la Reserva Federal, que debe lidiar con una “amenaza inflacionaria” del 4% anual, usando variaciones en las tasas de 0,25%. Subir las tasas al 65% y esperar que funcione… son cosas del “mejor equipo de los últimos 50 años”. No sólo de ellos, es cierto).

Entonces, conviene tener claro que la herramienta fundamental en esta etapa no son las bandas de flotación -cuyo techo ya se pondrá a prueba en las próximas semanas- sino el régimen de agregados monetarios.

¿Y qué es eso? “Agregado monetario” se le llama, simplificando, al total del dinero en circulación más los depósitos a la vista y a corto plazo en los bancos y otras instituciones financieras. Los conceptos Base monetaria, M1, M2 y M3 son importantes técnicamente pero no cambian lo fundamental.

El esfuerzo, en este experimento, será en evitar que el dinero emitido por el Estado que entra en circulación a través del pago de sueldos, jubilaciones, planes sociales, pago a proveedores y -sobre todo- pago de intereses de sus deudas sirva para comprar dólares o -que en este plan tiene el mismo significado- convalidar la inflación comprando productos, ya sean suntuarios, medicinas o alimentos.

Como recién sintetizó Nicolás Dujovne: “Si no hay pesos, no hay con qué comprar los dólares”. Podría haber agregado, si ya no fuese demasiada franqueza: si no hay pesos, no hay con qué comprar las necesidades de la existencia. Eso detendrá la inflación.

Las formas de evitar que el dinero emitido circule son dos. Una para los de abajo: los que reciben sueldos, jubilaciones,… Es el ajuste. Otra, para los que son acreedores del Estado, como bancos, fondos de inversión (gente muy sensible, como se sabe, y que además puede llevar su dinero afuera, y lo hace): es subir los encajes bancarios y ofrecer tasas altísimas para que le sigan prestando a este gobierno.

¿Funcionará? Es inevitable dudarlo mucho. Ya trabajos de Calvo (en 1999) y de Vegh y Reinhartd (en 1994) mostraban que donde se aplicaron programas de estabilización basados en agregados monetarios, invariablemente no sólo son, obvio, recesivos, sino que tardan mucho tiempo en actuar. Por algo se dejaron de usar en casi todos los países.

(En las redes sociales, el profesor Jorge Carrera da una descripción breve y muy clara de este mecanismo).

En cualquier caso, la economía argentina es un animal complejo y muy distinto de los modelos simplificados que aparecen en los libros de texto. Aún los de la Universidad de Chicago.

Ante todo, es bimonetaria. A un grado casi único en el mundo. El peso es la moneda de cambio. El dólar, la reserva de valor. Nadie que puede ahorrar ahorra en pesos. Lo hace en bienes físicos, desde inmuebles a soja almacenada, o en dólares. El peso es para gastar o para especular con las tasas, y la gestión Macri ha incentivado esto último a límites patológicos.

Es difícil -y por cierto está más allá de mi capacidad técnica- precisar cómo interactuará esto con el plan Lagarde-Dujovne. Lo seguro es que no lo hace más previsible.

Otro elemento importante que complica el cuadro es el alto porcentaje de la actividad económica no registrada, “en negro”. Entre los países desarrollados, sólo Italia se acerca al nuestro. Y la economía italiana tampoco es muy previsible que digamos.

Un dato también decisivo -no sólo en esta coyuntura, sino para cualquier plan económico- es el grado de extranjerización de las empresas locales. Una mayoría de las más grandes son simplemente filiales del exterior. Eso hace que no tengan observaciones serias a esta política. Pero también hace que las decisiones de irse del país o reducir sus operaciones se tomen con gran facilidad. Un plan recesivo -salvo para los que son simplemente extractivas- las lleva a “bajar las persianas” rápidamente. Lo están haciendo.

Pero creo que el factor fundamental que condena al fracaso a este plan es el mismo que ha derrotado a todos los intentos anteriores en los últimos 50 años, desde el de Krieger Vasena (más inteligente que el actual, por cierto) al de la Alianza: la sociedad argentina es compleja.

Un esquema de “pobres y ricos”, grato a las simplificaciones políticas, simplemente no tiene que ver con nuestra realidad. Aún los actores económicos más importantes tienen intereses diversos y contrapuestos. Una parte muy poderosa de ellos obtiene sus ingresos del Estado, directa o indirectamente, y resistirán cualquier ajuste que los afecte. La legendaria “Patria Contratista”, de cuyas filas surgió el actual Presidente, es sólo el caso más notorio.

Otros grandes intereses están vinculados a la exportación -no tendrían, en principio, muchas objeciones a un plan como éste- pero también existen los que necesitan del mercado interno. Es decir, de la capacidad de compra de la población.

Igual, con un número manejable de actores poderosos, ¿mil?, las contradicciones pueden resolverse. O imponer un “acuerdo”. Pero en nuestro país hay también una numerosísima clase media acomodada que en buena parte ha internalizado el discurso de “hay que pagar la fiesta” y “el Estado tiene que disminuir sus gastos”… siempre y cuando no se afecten sus ingresos. Y su nivel de consumo es mucho más gravoso para la economía -especialmente por su componente de insumos importados y regalías- que el de los sectores más humildes.

Y la otra característica argentina que es imposible dejar de lado es la existencia de un sindicalismo todavía poderoso. En realidad, un trabajador “en blanco”, sindicalizado y con obra social, hoy es por sus ingresos un miembro de las clases medias. Luchará para no dejar de serlo.

El manejo del Estado es una herramienta muy potente en nuestra sociedad. Un gobierno igualmente decidido y más competente que éste podría superar alguno de estos obstáculos. Todos ellos, en el año escaso que le queda hasta las próximas elecciones presidenciales…”¡olvídalo, chico!”, dirían en una de esas viejas series dobladas.

La solución de los graves problemas en que nos ha metido / agravado esta gestión requiere, como mínimo, de un acuerdo entre las grandes empresas, los trabajadores y el Estado; además, naturalmente, de un manejo fiscal prudente. Requiere, entonces, de otro equipo económico, de otro gobierno y de otra coalición política y social que lo apoye”.


El libro de Sebastián Carbonetto

agosto 23, 2018

Hoy a las 18 hs. mi compañero y amigo Daniel Sebastián Carbonetto Kölln presenta su libro “Lineamientos para una economía política heterodoxa”. Lo hace en el PJ porteño -otra institución “en pausa”- en San José 181.

Es un poco tarde para avisar desde el blog. Uno que también está “en pausa”, además. Pero no quise dejar de reconocer un hecho poco habitual.

No es raro como acto militante. Seguramente es el aspecto más importante para Sebastián, que, como su hermano, sigue los pasos de su padre, Daniel Carbonetto, uno de los que dio sentido a la frase “economista nacional y popular”. Lo presenta en la sede del PJ, con prólogo de Guillermo Moreno…

Pero aquí ya es necesario subrayar algo: La introducción de Guillermo es rigurosamente técnica, casi académica. Y la lectura de su libro -que está escrito en un lenguaje llano y accesible, me apuro a aclarar- me hizo conocer aspectos importantes del desarrollo de la economía que, confieso, mi formación no profundizó lo bastante.

Aclaro algo: hay otros economistas nuestros que han escrito con inteligencia y profundidad libros sobre teoría económica. Pero… los encontré demasiado volcados a la discusión casi filósofica. Sobre el concepto de valor, por ejemplo. Mi deseo -opción personal, no más que eso- es que los autores argentinos, en realidad, todos los que escriben en castellano, se volcasen más a los problemas concretos.

En el libro de Sebastián encuentro las discusiones que han dado sobre temas muy concretos los “padres” de la economía. Discusiones que siguen presentes -a veces ocultas tras ecuaciones- porque son discusiones políticas.

Para tomar un ejemplo, casi al azar, bien desarrollado en la primera parte de este libro: La primera discusión de la “ley de Say” (Jean-Baptiste Say 1767-1832) “Cada oferta crea su propia demanda“, a la que se siguen aferrando los economistas aplaudidores de “los mercados”… El primero, repito, que la cuestiona como la tontería que es, fue Thomas Malthus, no populista él. Un siglo antes, expuso en sus cartas la percepción fundamental de Keynes. Que la demanda puede, y en ocasiones, debe, ser estimulada por el Estado.

Un ejemplo mínimo de un libro que todavía no terminé de leer. Lo único que le observé es el título ¿Porqué aceptarles a los economistas que siguen el discurso hegemónico actual la categoría de “ortodoxos”? Que subconscientemente se asocia con seriedad y rigor. La teoría económica hegemónica en los últimos 45 años no ha mostrado muchos éxitos, comparada con las versiones anteriores… Sus cultores no pueden reivindicarse herederos de los clásicos de la economía, que tomaban muy en cuenta los resultados de las políticas aplicadas.

Bueno, me dejé llevar por mi entusiasmo. Les digo esto: Si pueden, vayan hoy a San José 181. Pero en cualquier caso ¡consigan el libro!


21F: Desde el sindicalismo proponen algunas cosas

agosto 16, 2018

moyano

Hace unas horas, en el estadio de Atlanta, la Multisectorial 21F que integran Camioneros, la Corriente Federal de los Trabajadores y organizaciones sociales realizaron un acto, para afirmar su voluntad de enfrentar unidos a este gobierno y también para diferenciarse de la actual conducción de la CGT.

Entre los participantes hay posiciones distintas en la interna sindical, y también en la política, como no. La imagen del Hugo, ahí arriba del posteo, la tomé de la página de otro dirigente gremial, uno de los convocantes, que a lo largo de su trayectoria estuvo muy lejos de Moyano. Pero por su edad y por su historia -incluidas sus contradicciones- él hoy sirve como identificación de los que se reunieron.

Como sea, lo que me parece interesante destacar es en qué se pusieron de acuerdo. Les propongo leer su Propuesta Multisectorial, cliqueando aquí. Son 18 páginas. No es el típico catálogo de consignas obvias, ni tampoco son tímidas. Uno puede recordar otros documentos, también lanzados desde el movimiento obrero, que fueron la base de los debates y las banderas de lucha de otras décadas argentinas. Nuestro país y el mundo son muy distintos, pero todavía hay lugar para proyectos nacionales.


La Nación suena la alarma

agosto 11, 2018

Cada vez veo más indicaciones de que el blog de política, ese formato informal que disfrutamos -y que en mi caso sigo estirando por más de 11 años- necesita ideas nuevas. Y sangre nueva. Del “cuadernogate”, esa tormenta de humo -y fuego, y sobre todo chispas que queman en todas direcciones- desatada el 1° de este mes, los blogs de análisis y militancia han sido tan previsibles en sus comentarios como los de la cadena de medios masivos. Con signo opuesto, claro. Tuvo que ser Carlos Pagni, hombre de esos medios masivos hoy paraoficialistas, el que hizo más -hasta donde yo leí- para poner el escándalo en su contexto nacional e internacional.

(Reconozco que yo no escribí nada aquí. Además de mi habitual y verdadera excusa de falta de tiempo, posteé bastante sobre política y corrupción, como pueden leer si les interesa en el Buscador de la columna de la derecha. No veo que pueda agregar algo nuevo).

Y hoy es nuevamente un hombre de La Nación, Francisco Olivera -coautor allá por 2007 junto a Diego Cabot (¿les suena?) del módico best seller “Hablen con Julio”, donde está todo lo que se lee en las fotocopias de los “cuadernos de Centeno”, más anécdotas; es Olivera, digo, el que hoy publica el mejor análisis -también, hasta donde leí-: Un escándalo que nadie puede frenar. Con el sesgo de La Nación, por supuesto, escribe de esta ofensiva jurídica y mediática y dónde puede llegar. Mi comentario al final.

“Con apenas diez días de vida, el escándalo de los cuadernos de Oscar Centeno acaba de alcanzar una categoría desconocida en la historia de la corrupción argentina: por su propia dinámica, contexto y características, no hay nadie en condiciones de frenarlo. Esta presunción, demoledora para el olfato empresarial, multiplicó en las últimas horas la urgencia del establishment por presentarse en Comodoro Py. No es altruismo: es miedo a la onda expansiva. Un exquisito del lenguaje podría incluso objetar la palabra elegida para la figura jurídica con que algunos han elegido colaborar: más que arrepentidos, parecen presentarse como rehenes de situaciones que ponían en riesgo desde negocios hasta la seguridad física.

Pero Claudio Bonadio no es confesor sino juez. En sus manos están los alcances de una investigación que perturba incluso a sectores del Gobierno. ¿Qué macrista estaría en condiciones de afirmar que, en el futuro, arrinconado, un arrepentido no involucrará a funcionarios de la administración actual? Es la primera conclusión que surge al hablar con abogados y consultores que, convocados por contratistas de obra pública, e incluso antes de saber si serán o no citados, tienen ya delineadas estrategias de contingencia: dirán que ese era el único modo de trabajar en la Argentina desde hace décadas. Arrepentido estaba Raskólnikov en Crimen y castigo.

El cataclismo los tomó por sorpresa. “Estamos todos en un pequeño quilombo”, dijo a La Nacion un contratista. Superadas rápidamente las dudas de quienes observaban que los originales de los cuadernos siguen sin aparecer, el punto de inflexión llegó esta semana, con la aparición de Techint como protagonista de la operatoria. No solo porque es el grupo empresarial más importante del país, sino porque la declaración de sus imputados, Luis Betnaza y Héctor Zabaleta, empezó a poner en duda el principal argumento que venían dando en las empresas, que era el suministro de bolsos como contribución de campañas electorales. Es cierto que ningún funcionario pediría aportes para comprarse un tres ambientes en Miami, pero el eufemismo tiene además una lógica jurídica: los aportes ilegales violan la ley electoral y se castigan con una pena de 3 años de prisión, mientras que las figuras de soborno y asociación ilícita prevén sanciones mayores: de 1 a 6 y de 3 a 10 años, respectivamente.

Los pagos que Techint acepta haberle hecho al kirchnerismo para conseguir que le gestionara ante Hugo Chávez la indemnización por la estatización de Sidor coinciden con una jactancia que Julio De Vido repetía en ese momento ante interlocutores de confianza: haber conseguido para la siderúrgica, expropiada a principios de 2008, un resarcimiento acorde con el valor que tenía antes de la caída de Lehman Brothers, que se produjo meses después y desplomó las acciones de todos los activos en el mundo.

Betnaza declaró ayer como imputado, se retiró bajo caución probatoria y explicó a los periodistas que esperaban afuera la división de roles en el grupo. “Zabaleta dijo que él había pagado dinero. Las condiciones y los por qué de ese dinero, el señor Zabaleta no los sabía: los sabía yo. Vine y expliqué las causas por las cuales había hecho eso, y ahí quedó”. Nada extraño para una multinacional: en general, para evitar traiciones, quien paga y quien negocia no es nunca el mismo.

Por las decisiones que tomó hasta ahora, Bonadio parece convencido de que serán los empresarios, no los ex funcionarios, quienes permitirán avanzar con la investigación. A los urgidos se sumaron ayer Carlos Wagner, expresidente de la Cámara de la Construcción, que adhirió a la figura del arrepentido; Aldo Roggio, un histórico de la obra pública, que adelantó así la indagatoria que tenía prevista para el martes, y Hugo Eurnekian, director de Corporación América, que se presentó espontáneamente y admitió que le había entregado a Centeno bolsos con “aportes de campaña” en al menos dos ocasiones.

Son días difíciles para todos. El universo contratista cree estar sufriendo una vieja promesa incumplida de Macri, de quien interpretaron que la limpieza del establishment argentino, si se concretaba, se centraría solo en los casos más obscenos de los últimos años. No por nada, no bien Macri llegó a la Casa Rosada, muchos de ellos hicieron esfuerzos por participar de licitaciones incluso por debajo del costo. Había que ser parte del nuevo régimen. Nadie imaginaba por entonces una cacería indiscriminada.

Pero el fantasma de Centeno no siguió esa lógica. Ahora, aunque se lo propusiera, la Casa Rosada no podría influir. No solo por su debilidad inherente o la magnitud del asunto, sino también por las particularidades del juez: entre íntimos, Bonadio admite últimamente estar frente al gran caso con el que le gustaría despedirse de la Justicia antes de jubilarse. Independientemente de los alcances, la investigación le traerá además al Gobierno penurias económicas con las que no contaba, que se extenderán probablemente hasta bien entrado el año próximo. Ayer, apuntalado por la tensión entre Estados Unidos y Turquía, el riesgo país subió sobre los 700 puntos básicos y el dólar trepó a 29.80 pesos.

Nada que no haya ocurrido ya en Brasil. El Lava Jato se inició en 2014 y la economía de Temer no termina de recuperarse: crecerá en el mejor de los casos 1%, un tercio del 3% que Henrique Meirelles, entonces ministro de Hacienda y ahora candidato a presidente, había pronosticado en marzo. Ni los acuerdos de indulgencia firmados con la Fiscalía General, que exigen a las empresas severas multas y el compromiso de colaborar con la Justicia a cambio de no quedar inhabilitadas para operar, alcanzaron para evitar el derrumbe.

Ese escenario, sin embargo, es de corto plazo. En el horizonte aparece una incógnita mayor: ¿alcanzará el mayor escándalo de corrupción de la historia argentina para refundar el sistema político entero? Tanto la experiencia brasileña como la Tangente italiana mostraron que los actores que en un principio parecían beneficiarse con el escándalo quedaron después afectados. “El dique se rompió: la duda es si el agua llega a la rodilla o al cuello”, graficó ante este diario un operador empresarial.

De esa medida depende la reelección de Macri. Bastarán unos meses para revelarle si llegó para formar parte de la “nueva Argentina” que prometió refundar o si, por el contrario, deberá contemplarla desde afuera. Hace años, cuando estaban a la par, Sergio Massa solía hacerles a sus viejos socios de Pro una broma sugestiva. Decía que él y Macri no eran los primeros de la nueva política, sino los últimos de la vieja”.

El “mani pulite” en Italia en los ’90 no redujo -como ya ha sido observado- el índice de corrupción en la política y la economía de ese país. Pero sí acabó con toda la corporación política que había gobernado Italia desde el fin de la 2° Guerra. Para dar paso a una nueva, claro. Allí surgió Berlusconi, por ejemplo.

El “Lava Jato” en Brasil no tuvo el mismo efecto. No al menos hasta ahora. La intervención del “partido judicial” brasileño estuvo, está, tan direccionada como las del “partido militar” en una etapa anterior de la política en América del Sur: acabar con el “populismo” en su versión brasuca: el P.T., el liderazgo de Lula. No sabemos como sigue la película, claro.

La ofensiva judicial en Argentina estuvo, durante décadas y hasta este mes, rígidamente controlada: los culpables estaban fuera del gobierno. Y además, en general eran pobres (comparativamente). El factor -el interno; los de afuera del país merecen un análisis aparte- que cambió- es la lección que pusieron por escrito los jueces del Lava Jato: los empresarios son mucho más vulnerables a la presión judicial que los políticos.

Alguien que actúa en política tiene -es inevitable- en algún lugar de su mente la posibilidad de ir preso. Como alguien que limpia vidrios la posibilidad de la caída; no la desea, probablemente piensa que a él no le va a pasar. Pero sabe que la posibilidad está.

Para los empresarios grandes, entre nosotros, la posibilidad de ir preso era sencillamente impensable. Ya no. Es irónico que sea en un gobierno muy “friendly” con las grandes empresas, cuyos cuadros más importantes, empezando por el Presidente, vienen de ahí, haya surgido este espectro.

La nota de Olivera en La Nación -vocero histórico de un sector del poder económico local- indica su desconcierto. Y su desconfianza hacia las figuras políticas que en algún momento les ofrecían garantías. O, aunque sea, el “mal menor”. Mauricio Macri, Sergio Massa…

Por mi parte, estoy de acuerdo con la nota en algo: Es probable -no seguro, pero probable- que quienes que se han movido por décadas en este entretejido del poder político y económico “pasen a retiro”. El reciente debate por la “despenalización del aborto/interrupción voluntaria del embarazo” mostró que muchos de sus expresiones políticas están obsoletas. ¿Que vendrá nuevo? Difícil decirlo, y difícil que aparezca para el inminente 2019. Pero a los que le gustan vislumbrar escenarios menos tácticos, les invito a leer este interesante posteo de Marcos Domínguez.


Una foto vale más que diez posteos

agosto 3, 2018


Cristina, los intendentes y un toque de realismo

julio 16, 2018

cfk

Amables lectores del blog, de cuando posteaba casi todos los días, me piden que vuelva a aportar mis opiniones. Me halaga, y a uno le gustan los halagos, cómo no. Pero creo que el problema de los politizados no pasa por la falta de comentarios, sino por el exceso. Aún de comentarios inteligentes, que hay muchos, pero no distinguen entre sociología, literatura, y posibilidades electorales.

Y (lo que se supone son) los resultados de las elecciones es el dato supremo en la política nacional. Todo lo demás -aún las realidades decisivas de la economía- tienen que tomarlas en cuenta. Si aún antes que se recuperara la democracia en Argentina, y el “partido militar” estaba vigente, la supuesta invencibilidad del peronismo en elecciones libres era lo que impedía que se dieran, y la construcción de un proyecto alternativo viable.

Ahora quiero compartir con ustedes esta nota de Lucrecia Bullrich. Pueden leerla en La Nación, claro, y en las redes ya está provocando ruido. Pero la subo aquí porque muestra que, sin análisis sofisticado ni información secreta -no dice nada que no sepan los que conocen algo de la política en el Gran Buenos Aires-, se indica un elemento clave en la política de este año. Y del cercano 2019. Además -como supondrán los lectores habituales- voy a agregar comentarios al final.

Decididos a retener el poder y asegurarse su mandato, los intendentes peronistas del conurbano bonaerense no dudan: pese a la derrota de 2017 y las arengas por la “renovación”, el año que viene volverán a jugar con Cristina Kirchner . Esa certeza, que se profundizó en los últimos meses junto con el deterioro de la economía y de la imagen del Gobierno, complica el armado del peronismo federal, que pretende construir una alternativa sin un solo punto de contacto con la ex presidenta ni con el kirchnerismo.

El regreso a las filas de Cristina Kirchner se explica, antes que nada, por los números. Sigue siendo la dirigente opositora que mejor mide en territorio bonaerense y, sobre todo, en el conurbano.

La mayoría midió a Cristina en su distrito recientemente o vio encuestas de imagen que la ubican en torno a los 30 puntos e, incluso, más. Por ejemplo, en varios municipios de la crucial tercera sección electoral. A esa vigencia en los sondeos suman el hecho de que en el llamado “peronismo racional” -el de la mayoría de los gobernadores y los diputados y senadores del peronismo federal- no asoma quien le haga sombra: ni Juan Manuel Urtubey , ni Sergio Massa , ni José Manuel de la Sota , algunos de los nombres que suenan sin demasiada firmeza en el campamento peronista.

“No hay hasta ahora ni va a haber el año que viene. Y en la provincia no tienen ni un intendente”, dice un cacique bonaerense. “Los que hablan de ir sin Cristina lo dicen o porque no tienen territorio o porque no piensan en 2019. O por las dos cosas. Nosotros nos estamos jugando la silla”, aporta otro.

El diagnóstico de los intendentes incluye otro elemento. Ir a la elección sin Cristina es arriesgarse a que el kirchnerismo tenga listas propias en varios distritos y, aun sin posibilidades de imponerse, complique las chances de reelección de los caciques actuales.

En el campamento peronista se defienden. Aseguran que “volver al pasado”, el eufemismo al que suelen recurrir para hablar de Cristina Kirchner, es “una locura” y que hay que “anteponer el proyecto a los nombres” para vencer a Cambiemos, si no es en 2019, en 2023. “Son funcionales a Macri y solo les interesa aplastar a Cristina”, les devuelven los intendentes.

De los gobernadores los separa una diferencia central: mientras que los jefes provinciales pueden desdoblar sus elecciones -la mayoría de hecho ya está decidida a hacerlo-, los intendentes deben ir a las urnas el día de la elección nacional y necesitan hacerlo atados a un candidato a presidente fuerte para combatir el arrastre del postulante de Cambiemos. Para ellos no hay ballottage.

Sin embargo, el proyecto de Massa para separar las elecciones municipales de las nacionales, con el que busca diluir el poder de Cristina Kirchner, genera lecturas encontradas.

Algunos están a favor. Creen que es una oportunidad de revalidar títulos sin depender de terceros ni tener que compartir la lapicera a la hora de armar las listas. Otros lo ven inviable. Para que el proyecto prospere, Cambiemos debería aportar sus votos en la Legislatura y María Eugenia Vidal nunca “liberaría” a los intendentes de la figura de Cristina, razonan.

Hace 20 días, en la reunión de intendentes de la que surgió el pretendido operativo clamor por la candidatura a gobernador de Martín Insaurralde, nació el grupo de WhatsApp “Asado Lomas”. Lo integran los 15 que participaron del convite, que aspiran a ser más. Por esa vía se armó, por ejemplo, la cita que varios tuvieron con el gobernador de San Juan, Sergio Uñac, el jueves pasado.

En la casa de la provincia norteña estuvieron el presidente y el vice del PJ bonaerense, Gustavo Menéndez (Merlo) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), Insaurralde (Lomas de Zamora), Leo Nardini (Malvinas Argentinas), Ariel Sujarchuk (Escobar) y Santiago Maggiotti (Navarro), entre otros. La semana pasada Uñac había estado con la intendenta de La Matanza, Verónica Magario, y con el diputado Fernando Espinoza. El gobernador se mostró dispuesto a “trabajar por la unidad” y habló de “sumar para ganar”. Todo un gesto de uno de los caciques provinciales que hasta hace no mucho abjuraban de Cristina Kirchner, pero nada que se parezca a evaluar una eventual candidatura a presidenta, como se animó a imaginar más de un intendente. Siempre que Cristina no se presente, claro.

Ese interrogante sobrevuela toda la discusión. Algunos intendentes no tienen dudas de que la ex presidenta va a competir. Y vuelven a recitar resultados de encuestas. Otros creen que, esta vez, dará un paso al costado. Todos descuentan que no va a hacer públicos sus planes hasta último momento. Ellos, en cambio, ya decidieron. El camino hacia la reelección los encontrará a su lado. O del candidato que ella elija“.

La primera pregunta que surge al leer la nota -en un país de gente suspicaz- es, natural, “¿Por qué La Nación publica esto?“. La respuesta que ofrezco es que no importa mucho. Es probable que coincida con la intención de Macri y su gente más cercana de enfrentar a CFK, considerando que el “voto rechazo” a su figura puede asegurarle un piso considerable de votos. Los votos que esas realidades de la economía que mencioné al pasar le están quitando. Después de todo, aunque el deterioro de su proyecto político sea irreversible (como yo creo), aunque el “círculo rojo” -más preciso, notorios e influyentes grupos económicos- están pensando en la necesidad de una alternativa, … bueno, poseer el gobierno, ocupar altos cargos, alimenta el ego y brinda muchas oportunidades de avance personal. Es muy, muy raro el que lo abandona de su voluntad.

Otra pregunta, esta de suspicaces más cercanos “Entonces ¿vos no considerás con chances la candidatura de Lavagna a Presidente?”. Mi respuesta aquí es otra pregunta “¿Qué candidatura?”.

Atención: me parece evidente que Don Roberto podría ser un buen candidato. Uno que exprese tanto la desilusión con Macri, el agotamiento de su política, como el todavía vigente rechazo o desconfianza hacia el kirchnerismo, hacia el peronismo en general. Al mismo tiempo, sin enfrentar al peronismo, buscando apoyos en él. Un candidato “de fuera de la grieta”. Uno puede imaginar la hipotética campaña. Pero… es un ejercicio teórico.

Hasta donde yo sé, el tema Lavagna está siendo empujado por gente con mucha historia en la política, con una agenda importante, pero… desactualizada. No tiene los teléfonos de los actuales intendentes del Gran Buenos Aires, por ejemplo. Es que la mayoría de ellos, los peronistas y los de Cambiemos, son “hombres y mujeres nuevos”.

Más importante, el Dr. Lavagna no está haciendo campaña y no da muestras de querer hacerla. No se llega a presidente sumando muchos dirigentes, sino sumando votantes. Que no necesariamente van a hacer lo que le pidan sus supuestos dirigentes. Cristina Kirchner por su lado está haciendo desde hace al menos dos años una campaña inteligente y consistente -pienso que demasiado enfocada en su propio público, pero esto es una opinión profesional tal vez errada-, en el medio moderno y sutil de las redes sociales. Resumiendo, evaluaré las chances de Lavagna Presidente cuando él demuestre que quiere serlo.

¿Significan estas reflexiones que estoy convencido que CFK será la candidata a Presidente del peronismo? No. Dije hace tiempo, y lo sigo sosteniendo, que serán las encuestas, las que se hagan en todo el país entre noviembre y marzo, las que darán la palabra decisiva. Que será escuchada con atención por gobernadores e intendentes en todo el país, y también por CFK, por supuesto, como las escuchó en el pasado.

No es que ella, los gobernadores, los intendentes, ni por lo que valga yo mismo, creamos que las encuestas son infalibles. Todos sabemos que no lo son. Pero no hay otro recurso para predecir lo que harán los votantes, antes de las elecciones mismas. Entonces, será el humor popular, lo que el encuestador Raúl Aragón llama “el mandato de la sociedad” el que decidirá las candidaturas.

(Uno no tiene que estar de acuerdo con todas las conclusiones que Aragón saca -tengo dudas de algunas- para apreciar que ese concepto, la exigencia prioritaria de una mayoría de los argentinos en un momento dado- es el que explica los resultados y los vuelcos de 1983, 1999, 2003, y 2015).

Corresponde, porque ya que me puse a escribir quiero ser serio, que haga algunas salvedades, y saque alguna conclusión: La provincia de Buenos Aires no es la Argentina, y los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires no son la provincia. Pero el peronismo, el proyecto de poder que conocemos, si no contiene al conurbano bonaerense no es una propuesta nacional con chances.


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