Putin mueve el tablero

diciembre 3, 2016

putin

Este jueves 1°, el presidente de Rusia Vladímir Putin dio su discurso anual (por 13° vez) ante la Asamblea Federal, en la sala San Jorge del Gran Palacio del Kremlin. A los que les interesa escuchar su discurso completo (en un doblaje desafortunado, como la mayoría de los doblajes) pueden hacerlo aquí.

En este posteo quiero plantear -como ya hacen otros- que es posible que en ese discurso Putin haya dado una señal de que se está operando un reposicionamiento decisivo en el tablero global.

Esto es, aclaro, una especulación. Los medios “formadores de opinión”, en EE.UU. y en Rusia, no están haciendo, todavía, hipótesis sobre el asunto (lo que a uno, suspicaz, le hace pensar que puede ser real). Los medios locales, tomando materia de EFE y DPA, se animan a más. Vean este resumen que hacen del discurso -la parte de política internacional- bastante correcto. (Está en Prensa de la cancillería; el portal de noticias de Clarín ha mejorado visualmente, pero el mecanismo para acceder a noticias determinadas sigue siendo un desastre):

Rusia le propone construir una alianza estratégica al EE.UU. de Donald Trump

 El presidente Vladimir Putin lanzó ayer el nuevo lineamiento de Rusia en materia de política exterior, marcando dos ejes básicos en los cuales dejó en claro su rol como potencia mundial. En el primero destacó la necesidad de conformar una alianza con Estados Unidos para combatir el terrorismo internacional. En el segundo plantea abiertamente la cuestión de respetar las divisiones mundiales, y especialmente el lugar que detenta Moscú.

En su discurso anual a la Nación, Putin sostuvo que “uno de los mayores peligros de nuestro tiempo es el reforzamiento de la amenaza del terrorismo internacional”. Mencionó al ISIS entre los grupos extremistas que han llevado la violencia “a un nivel de crueldad sin precedentes”. En ese sentido, llamó a Washington a combatirlos juntos. “Confiamos en aunar fuerzas con EE.UU. en la lucha contra una amenaza real y no inventada: el terrorismo internacional”, dijo. Y agregó que se debe crear “una coalición internacional sobre una base legal sólida, que no esté politizada ni tenga una doble moral”.

El mandatario ruso destacó que su gobierno no está interesado en “antagonismos”, “ni busca enemigos” y quiere normalizar las relaciones con su viejo rival, Estados Unidos, donde en sólo siete semanas asumirá el multimillonario Donald Trump y su equipo conservador.

El líder del Kremlin tiende la mano a Trump justo cuando el gobierno sirio de Bashar al Assad logró reconquistar, con su ayuda, casi la mitad de los barrios del este de Aleppo y varias ciudades centrales que estaban bajo control de los extremistas.

El mandatario ruso ya le había ofrecido a Washington un amplio frente internacional contra el terrorismo en Siria en septiembre del 2015, cuando regresó a la ONU tras diez años de ausencia. Pero la administración de Barack Obama lo rechazó porque no quiso separar sus milicias de los yihadistas que Damasco y Moscu consideran terroristas.

El discurso de ayer de Putin tiene una contracara para el nuevo gobierno de Trump: que acepte la continuidad del régimen de Bashar al Assad, y de esa manera el triunfo que está consiguiendo la triple alianza en la región, compuesta por Rusia, Irán y Siria. Por eso el presidente ruso advirtió que las relaciones con Washington deben ser “en un plano de igualdad”, ya que ambos tienen la “responsabilidad común” de “garantizar la seguridad y la estabilidad internacional”.

En el tramo más duro de su discurso, resaltó que “no acepta la jurisdicción estadounidense extra-territorial”, así como las “presiones políticas, económicas y militares” que Washington intenta ejercer, y se reserva el derecho de “actuar en modo firme” ante las acciones “no amistosas” a través del reforzamiento “de la defensa nacional” y del uso de “medidas simétricas o asimétricas”. Antes había recordado que en los últimos años el país se ha enfrentado a intentos de presión externa, en particular a “los mitos sobre la agresión rusa, la propaganda y la interferencia en elecciones ajenas”. De esa manera se refirió a las sanciones que le aplicaron las potencias occidentales tras la anexión de la península ucraniana de Crimea, las críticas que recibió por dar apoyo aéreo a las tropas sirias, y las denuncias de interferencias en las elecciones estadounidenses de noviembre pasado.

Putin aboga por cooperar con EE.UU. en la solución de los problemas mundiales, pero considera el escudo antimisiles norteamericano en Europa una amenaza directa para su seguridad. En cuanto a la Unión Europea (UE), se mostró dispuesto a entablar un diálogo para la creación de una asociación eurasiática que use de puente a la Federación Rusa, desde el enclave báltico de Kaliningrado hasta el puerto de Vladivostok, en el Océano Pacífico.

El discurso que dio ayer refuerza los dos planteos que viene haciendo Putin. Primero, el hecho de que los bloques militares existentes son incapaces de hacer frente a las nuevas amenazas. Y segundo, mostrar a Rusia como una potencia mundial: los medios de comunicación que responden al Kremlin vienen remarcando que Rusia es el país que más ojivas nucleares detenta, y el único que puede darse el lujo de mantener una campaña militar tan extensa como la que lleva adelante en Siria, para proteger a su aliado“.

.

Atención: Esta propuesta de “alianza contra el terrorismo” no es nueva, y está enmarcada en una refirmación de objetivos previos de Rusia. Obvio. Las potencias no cambian sus políticas de un día para el otro. Por eso son potencias. Pero… es visible que también está enmarcada en el “romance” que durante la campaña presidencial de Donald Trump se manifestó entre él y Putin. Del que yo les había contado algunos detalles aquí.

Natural, también. Hillary Clinton, buena parte del “establishment” demócrata en el área de defensa, inclusive algunos “neocons” que habían acompañado a Bush jr y ahora apoyaban a la candidata, mantenían una línea dura con Rusia. Trump, en cambio, cabalgó el malestar con la globalización y desindustrialización parcial en los EE.UU.

Si este desarrollo se afirma, representa un cambio como no se ha visto desde hace 45 años, cuando Henry Kissinger viaja en secreto a China y se reúne con Zhou Enlai, preparando el acuerdo que firmarían Mao y Nixon.

En ese entonces, EE.UU. y la Unión Soviética eran los dos gigantes que se enfrentaban -siempre a través de terceros- en la lucha por la hegemonía global en la Guerra Fría. El vuelco de China en su política internacional hacia una posición paulatinamente más favorable a la estrategia de los Estados Unidos … no causó el posterior derrumbe de la URSS, pero si desbalanceó la relación de fuerzas global.

El de hoy es un escenario distinto, eh. La competencia entre EE.UU. y China no es el enfrentamiento ideológico de la Guerra Fría, ni tiene componentes bélicos… salvo en los preparativos militares. Y hay muchos aspectos, sobre todo en los organismos internacionales, en que ambos gigantes son socios. Rusia quedó muy debilitada después de ese derrumbe soviético, pero sigue siendo el tercer jugador global, por su extensión en Eurasia, sus recursos, y su potencial militar. Que incluye un arsenal nuclear que es todavía el segundo, sino el primero.

Ayer, un gesto de Trump parece venir a confirmar este escenario:

El presidente electo estadounidense, Donald Trump, rompió décadas de política diplomáticas al hablar con la mandataria de Taiwán, Tsai Ing Wen. Es la primera vez que un presidente de los EE.UU. dialoga con un mandatario taiwanés desde que rompieron relaciones en 1979. Se arriesga a provocar una seria controversia con China, en un tema muy delicado para ese país“. (También sería una violación del protocolo diplomático, pero esa no parece ser una preocupación del Donald).

En cuanto a nosotros, lo único que podemos decir con alguna certeza es que la cancillería Malcorra y su discurso no parece ser el más adecuado para enfrentar los posibles escenarios que se abren. También, es cierto, el discurso de la cancillería Timerman habría quedado desactualizado.


Milagro Sala y Rodríguez Saá

diciembre 2, 2016

ars-ms

Leo: “El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, dijo que pasará la Navidad junto a Milagro Sala “dentro o fuera del penal” jujeño donde la jefa de la organización social Tupac Amaru, a quien consideró una “presa política”, está detenida desde enero por varias causas en su contra“.

Mis sentimientos hacia el Alberto, y el Adolfo, son ambivalentes. Por un lado, tengo claro que sus gobiernos están entre los mejores que se han hecho de provincias argentinas -sino los mejores- desde hace muchas décadas. Por el otro… no puedo evitar sentir que son gloriosos ejemplos de esa raza tan extendida, el chanta argentino. No sé si lamentar, o no, que el Adolfo haya perdido el nervio esa noche en Chapadmalal, hace 15 años. ¿Cómo habría sido de Presidente…?

Lo quería decir, pero no importa. Lo que corresponde ahora es saludar un gesto. Y esperar que en el resto de la dirigencia peronista aparezca algo de la misma imaginación y decisión.


Música para el fin de semana – Cristina Plate

diciembre 2, 2016

Sólo los muy veteranos se van a acordar de ella. Pero algunos no la podemos olvidar. Casi medio siglo. Fue la primera mujer que grabó un “simple” en lo que entonces llamaban rock nacional, en la legendaria Mandioca. Este es Paz en la Playa, de 1968 ¿Onda Joni Mitchell, en nuestro idioma? No sé. Les dejo este minuto y medio para que ustedes decidan.

Hay muy poco de ella en Youtube, y también por eso la traigo aquí, para convocar al rescate a los que se enganchen. Quien la subió hace algunos años va por Viejos hippies, pero no sé si es apropiado. Ella estaba en esa película que subí hace poco Tiro de gracia.


La corrupción y el Estado

diciembre 2, 2016

.asatiricon-trimalcion

Este es un tema que toqué otras veces en el blog (pongan “corrupción” en el Buscador y verán). Tomé ejemplos de Francia, Alemania, Brasil, y también locales, cómo no.

Resumiendo mucho -también lo que otros han dicho:

1) la presencia de casos de corrupción en el Estado -el intercambio de favores entre empresarios privados y funcionarios estatales- es inevitable, y existe desde que se formaron los primeros Estados, en Sumeria y en Egipto (el elemento de la codicia existe desde todavía antes).

2) En los tiempos modernos -definidos como tales para este caso desde que surgen los medios de comunicación masivos- no está más extendida (los reyes europeos ponían a venta los cargos, incluso de recaudación de impuestos; los procónsules romanos se enriquecían con el saqueo de las provincias que gobernaban…) pero le resulta más intolerable a un público extenso: los sectores medios y bajos urbanos, que, por otro lado, son la causa de la aparición de esos medios. Su indignación puede surgir de un sentimiento moral o religioso o de que no participa en los beneficios. No importa; igual es genuina. Por lo tanto, es un hecho político, y contribuye, desde hace un par de siglos al menos, a voltear gobiernos.

3) Desde el punto de vista del Estado -y de la sociedad en su conjunto- la corrupción es una enfermedad peligrosa. Imposible de erradicar por completo, pero que debe ser combatida y contenida. El motivo es práctico, y no está vinculado a ese sentimiento de indignación: la corrupción es contagiosa -“si el Secretario, si la otra empresa lo hace ¿porqué yo no?“. Si no hay controles eficaces, y cada tanto algún castigo visible, el beneficio particular de los funcionarios se transforma, entonces, en el motivo real de la mayoría de las decisiones en el Estado. Y, como dicen en mi barrio, el país se va a la mierda.

Estos puntos, entiendo, son universales. Se aplican tanto en la Argentina actual, y la pasada, como en la Atenas de Pericles (salvo por lo de los medios de comunicación. Como era una democracia de propietarios de esclavos, la ciudadanía era más pequeña y con el ágora alcanzaba).

Hay elementos, sí, en la corrupción estatal que dependen de la naturaleza de los gobiernos y de los sectores sociales de donde salen sus cuadros. En los gobiernos que se denominan, para simplificar, “populares” es común que buena parte de sus miembros surjan de sectores humildes. En ese caso, el enriquecimiento personal es más visible, y -así es la naturaleza humana- más… irritante para los que no participan de él.

En un gobierno como el actual, en cuyos niveles superiores hay una participación desproporcionada de empresarios, el tema de la corrupción estatal toma características especiales. Es probable que en el futuro dé motivo para estudios sociológicos, además de muchos libros de “periodismo de investigación”.

No estoy pensando particularmente en el decreto 1206/16, publicado anteayer, que modifica la ley 27260 de blanqueo de capitales, autorizando a participar en él a los familiares de los funcionarios. Es alevoso, pero por eso mismo está sujeto a ser declarado inconstitucional (modifica una ley con un decreto). Además, los sentimientos filiales del Presidente Mau y don Franco son respetables.

No. Me acordé de un posteo en el activo blog Néstornautas, porque justamente había anticipado la posibilidad de este decreto. Pero allí detalla toda una serie de medidas… sugestivas. Copio:

(El 17 de este mes) se publicó en el Boletín Oficial la Resolución 1077 del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (completa acá), por la que se modifican los trámites que se hacen ante la Inspección General de Justicia (IGJ).

No solo se fijan los nuevos aranceles que se cobran por cada uno en “módulos tributarios” (MT), sino que mirando con lupa el anexo de la resolución, surge que así como hay trámites que “desaparecen”, “aparecen” otros nuevos, muy sugestivos, a saber:  

* En el caso de las Asociaciones Civiles (nacionales o extranjeras) sin fines de lucro se les permitirá la presentación posterior de asambleas o estados contables y la “discontinuidad de libros autorizados o rubricados por la IGJ. ¿Tendrá algunos papeles que acomodar Angelicci en Boca?

* Las asociaciones civiles de segundo y tercer grado también podrán presentar en forma posterior sus asambleas y estados contables, el cambio de sede social con reforma de estatuto, la discontinuidad de libros autorizados y rubricados, y el pedido de baja en la autorización de medios mecánicos para registrar los movimientos y transacciones. ¿Tendrán la AFA o alguna de las múltiples asociaciones empresarias como la AEA u otra por el estilo que resolver algunas cuestiones?

* En el caso de las fundaciones, se les habilita el trámite de cambio de sede social con reforma de estatuto, la discontinuidad de libros autorizados o rubricados y la aprobación de contratos entre fundador y fundación. ¿Una solución para los entuertos de la Fundación SUMA de Gabriela Michetti, o para alguna de las otras fundaciones PRO?

* Para las sociedades no accionarias se prevé que puedan pedir el traslado del domicilio social a jurisdicción de la CABA (¿acaso un anticipo del traspaso del registro de la IGJ a la ciudad?), la renuncia de los socios (agregado por IGJ a partir de una resolución de principios de la actual gestión), y se eliminan la comunicación de fondos a disposición de los socios, los pedidos de asistencia de inspectores a las asambleas y la solicitud de convocatoria a asamblea. Por el contrario, se agregan como trámites la “subsanación”, la discontinuidad de libros autorizados y rubricados, y la autorización y baja del empleo de medios mecánicos.

* Las sociedades por acciones podrán pedir el cambio de fecha de cierre de ejercicio sin reforma de estatuto, el traslado del domicilio social a la CABA, la renuncia de los socios (supongamos porque asumen una función pública que les trae aparejados conflictos de intereses), la “subsanación”, la discontinuidad de libros autorizados y rubricados y la baja de autorización del uso de medios mecánicos para el registro de movimientos y transacciones. Se elimina la comunicación de fondos a disposición de los accionistas.

* La nueva reglamentación incorpora todo un capítulo de los trámites a llevar adelante por los fideicomisos, una de las “estrellas” del blanqueo y del régimen de “participación pública-privada” que acaba de sancionar el Congreso.

* Para las sociedades sujetas a control estatal permanente (porque cotizan en bolsa por ejemplo) se agrega la posibilidad de presentación posterior de asambleas y estados contables, la aprobación o reforma del reglamento de gestión, el cambio de fecha de cierre del ejercicio sin reforma del estatuto, el aumento o disminución de capital social (sin reforma de estatuto), la renuncia de los socios, la “subsanación”, el cese de oferta pública (como el Grupo SOCMA de la familia presidencial, o IECSA que ellos ¿le vendieron? a Calcaterra?) lo que supone ya no tener que presentar balances trimestrales, la discontinuidad de libros autorizados o rubricados, y la baja de autorización del uso de medios mecánicos para registrar las transacciones sociales.

* Para las sociedades constituidas en el extranjero (hola, Panamá paper’s) se agrega el trámite para acreditar el cambio de control en las “sociedades vehículo” (o sea las que utilizan para operar negocios en el país), la discontinuidad de libros autorizados y rubricados y la baja en la autorización para emplear medios mecánicos en la registración.

* Se elimina la matriculación en la IGJ de los agentes de bolsa (¿acaso un anticipo de la reforma a la ley del mercado de capitales?) y se agrega entre los “Trámites Generales” el de “consulta de legajos”. ¿Un blanqueo del “espionaje” denunciero de Margarita Stolbizer?

* Finalmente se incorpora todo un capítulo sobre “Prevención de lavado de activos y financiamiento del terrorismo”, por el cual se les exige declaración jurada para sociedades con control estatal permanente, fideicomisos, clubes de fútbol, sociedades de capitalización y ahorro y fundaciones sobre el origen y licitud de los fondos. Justo lo que eximieron a muchos de presentar con el blanqueo“.

Como decía arriba, la corrupción en el Estado toma formas nuevas o, por lo menos, más sofisticadas. Pero creo que los tres puntos que mencioné arriba siguen vigentes.


Venezuela y el MERCOSUR

diciembre 2, 2016

mercosur

Como noticia no es sorprendente, aunque es estúpida. O no sorprende porque es estúpida.

Apropiadamente, tal vez, la versión más precisa en nuestro idioma está en El Nuevo Herald, de Miami, de una fuente en Río de Janeiro:

Los cuatro países fundadores del Mercosur -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- enviaron una “comunicación” a Venezuela para indicarle que sus derechos en el bloque “están suspendidos”, dijo ayer jueves una fuente del gobierno brasileño.

La decisión está vinculada al vencimiento del último plazo acordado en septiembre para que Caracas cumpliera con sus obligaciones de adhesión al Mercosur, precisó la fuente, que pidió el anonimato.

Los cancilleres “elaboraron informes en los que señalan que Venezuela no cumplió con lo acordado” y en consecuencia “le enviaron una comunicación notificándole que sus derechos están suspendidos”, agregó. 

La marginación de Venezuela se venía diseñando desde que los demás socios bloquearon en julio el acceso del país caribeño a la presidencia semestral del bloque“.

El gobierno de Venezuela había informado este lunes que está “en condiciones” de cumplir con las adecuaciones pendientes para ser considerado socio pleno del Mercosur (con el Acuerdo de Complementación Económica N° 18, como se le exigía).

Como pretexto, es idiota. En tanto bloque comercial, los Acuerdos del MERCOSUR tienen más excepciones que reglas. Porque el sentido del MERCOSUR es político: un pacto entre los dos países más grandes de la América del Sur, y otros necesariamente vinculados, para presentar una fachada razonablemente unida al resto del mundo.
.
A este bloque le falta mucho para cumplir ese módico objetivo, pero aún así es una realidad que las cancillerías de las potencias toman en cuenta. Despreciar la adhesión de un país con gigantescas reservas de petróleo… es absurdo.

No menciono lazos de solidaridad ni un destino común. No son factores que pesan en las decisiones de los actuales gobernantes en Argentina y en Brasil (las apariencias indican que habría sido este último quien impulsó la decisión). Tan sólo la desesperada necesidad de hacer buena letra, con la esperanza de recibir ayuda para salir de la apremiante situación económica que atraviesan. Si la expresión “vana” tuvo alguna vez sentido, es aquí.

El Instituto Independencia (Daniela Bambill, Julio Fernández Baraibar) ya ha dicho que “espera una pronta y condigna respuesta del Partido Justicialista, del FPV y de los bloques de nuestro sector. No se puede pasar por alto esta medida que atenta al corazón de la integración suramericana, uno de los mandatos históricos de Juan Domingo Perón“. Espero que no sea “vana” y que los reflejos de estos cuerpos no estén demasiado endurecidos.

En cuanto a Venezuela… su situación económica, y por ende política está muy mal (no que estar o no en el MERCOSUR le resuelve algún problema en lo inmediato). Más allá de los errores que se hayan cometido, la baja de los precios del petróleo golpeó desastrosamente a un país en esencia monoproductor.

Pero… la situación de Cuba fue mucho peor, en el “Período Especial”. El orgullo nacional de un pueblo que se ve acosado, puede terminar fortaleciendo a quienes lo gobiernan.


Una aproximación a la geopolítica de Trump

diciembre 1, 2016

nacionalismos

La revista The Economist, vocero del liberalismo inglés por siglo y medio, trae como de costumbre una tapa ingeniosa -imagen de arriba- pero esta vez su análisis es superficial. No pueden evitarlo, en este tema. Ve a Donald Trump como “el recluta más reciente de una ola de peligroso nacionalismo“. El mensaje subyacente es que Hillary Clinton, como Obama, los Bush, Cameron, Reagan y Thatcher, para no remontarnos a Roosevelt y Churchill, habría sido una pacífica internacionalista, ciudadana del mundo.

Encuentro más lúcido este análisis de Juan Chingo, redactor (desde Francia) de La Izquierda Diario, que me acercó por Twitter. No compartimos el enfoque ideológico -mi comentario al final hace referencia a eso- pero estoy de acuerdo con su descripción de la posible política exterior del Presidente Trump “mezcla explosiva de cautela geopolítica y agresividad económica”.

Copio abajo los párrafos centrales de su trabajo. El título es mío, y es engañoso: no hay una “geopolítica de Trump”. Pero “los posibles cambios y las inevitables continuidades de la futura presidencia” es demasiado largo.

La hegemonía norteamericana, a diferencia de la británica en el siglo XIX y comienzos del siglo XX, tiende a la supremacía. Es decir, a diferencia de Gran Bretaña, cuyo dominio imperial implicaba fundamentalmente la subordinación del mundo menos desarrollado, Estados Unidos impuso luego de la Segunda Guerra Mundial un cambio cualitativo en la modalidad de las formas de la hegemonía, extendiendo la subordinación de otros Estados industrializados, fueran enemigos o aliados, a las prioridades de acumulación de capital de una potencia hegemónica.

Estas modalidades de dominio generan enormes beneficios para la clase dominante norteamericana y la de las principales potencias imperialistas cuando esta hegemonía se aplicó de forma benévola (para sus aliados y socios), como fue el caso durante la Guerra Fría [1]. Pero después de la caída de la ex URSS y a falta de un enemigo de igual talla que pudiera mantener a raya las pretensiones de los otros centros de poder occidentales a los designios de Washington, las divergencias al interior de este bloque, ya sea desde la potencias europeas hasta Japón, aumentan. Estos últimos, en especial países como Francia y Alemania que se opusieron a la guerra de Irak en 2003 o más recientemente sobre todo el segundo en relación a la política de “escudo misiles” en Europa del Este o el conflicto ucraniano, comienzan a ver a Estados Unidos no como garante del orden mundial sino como una amenaza contra el mismo. En cuanto a Norteamérica mismo, las crecientes tensiones al interior de la alianza Transatlántica, en especial en Europa, genera un cambio en la percepción y utilidad del viejo entramado político/geopolítico diseñado en la posguerra y su relación entre costos y beneficios para el actual hegemón. Son estas las razones en última instancia que explican la hostilidad de Trump hacia los aliados y las reacciones y temores que genera este personaje en las elites occidentales.

Frente a estas contradicciones, apurémonos a decir que la propaganda del retorno al aislacionismo de Trump es una mera ilusión: Estados Unidos no se retira y no puede retirarse del mundo. Por el contrario, en el plano geopolítico, su política exterior puede conjeturarse que se basará en dos patas. Por un lado, podríamos decir que en relación al desgastado orden mundial de posguerra, Trump quiere dar una vuelta de tuerca más a la aproximación de George W. Bush y los neocons al mundo después del 11-S, profundamente unilateralista y hostil a las instituciones internacionales. Es este aspecto el que asusta a los europeos, que ven que las garantías de seguridad norteamericanas no serían tan sólidas como antaño. Pero aun cuando haya sembrado dudas sobre sus compromisos internacionales en la campaña, Trump no busca provocar un giro geopolítico mayor, como podría ser desinteresarse de la OTAN, sino una inflexión en el financiamiento del instrumento militar norteamericano [2].

Sin embargo, es probable que esta demanda se encuentre con los mismos frenos que las anteriores: Estados Unidos tiene la intención de mantener el control de la Alianza Atlántica, de manera que deja muy poco espacio para la autonomía estratégica de sus aliados. Es comprensible que en estas circunstancias pocos estados se inclinen a aumentar significativamente sus esfuerzos de defensa.

Por el otro, y después del fracaso de la ofensiva de Bush y de los neocons de redefinir la hegemonía norteamericana, como fue el intento con la invasión de Afganistán y en especial de Irak, las operaciones militares terrestres masivas en Eurasia están acabadas. Estados Unidos no está preparado para sacar un provecho estratégico de este tipo de conflicto (es decir no solo eliminar los dictadores, cosa que ha hecho con relativa facilidad, sino imponer un nuevo orden político y social en los países invadidos) que implicaría una vuelta de la conscripción que en la situación actual de despertar político de la juventud y de la minoría negra podría ser dinamita social.

Frente a esta realidad, Estados Unidos está avanzando hacia una estrategia de equilibrio de poder en el mundo, donde evita la intervención directa en favor de una política intervencionista que descanse más en los aliados y en las estructuras regionales de poder, en especial para lidiar con la masa continental eurasiática que se volverá cada vez más caótica en las próximas décadas. Por ejemplo, el “heartland” (corazón) del Medio Oriente está en el caos y no se puede estabilizar en el corto plazo. Pero Estados Unidos no puede permitirse continuar utilizando todos sus recursos en la región. Trump buscará cooperar con los poderes regionales y las diversas fracciones en el terreno para atacar al Estado Islámico. Incluso no puede descartarse una mayor cooperación con Rusia en Siria.

Pero aún si se da esta cooperación compleja -insegura, pero no se puede descartar-, hasta una mejora de la química entre Trump y Putin, no es fácil aventurar un giro estratégico en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia que provoque un cambio estratégico del tablero mundial como proponen ciertos think tanks. Es que mientras Obama logró importantes avances diplomáticos en relación a Cuba como hacia Irán, durante su presidencia se produjo un retroceso geopolítico mayor: el acercamiento entre China y Rusia, empujadas por la política neocon en Ucrania. Como dice el principal representante de la escuela geopolítica del realismo ofensivo, John Mearsheimer, debido al hostigando a Moscú, “los estadounidenses han empujado estúpidamente a Rusia en los brazos de los chinos”. Afirmó que Rusia puede optar por unirse a “la coalición de equilibrio contra China” y expresó su esperanza de que “Estados Unidos se dará cuenta de que las malas relaciones con Rusia son una mala idea”.

En un artículo en National Interest de 2014, Mearsheimer dijo que la mayoría de los vecinos de Pekín como India, Japón, Rusia y Vietnam se unirían a Estados Unidos para contener el poder chino. Pero es difícil que Trump se arriesgue a ello (haciendo inversamente de lo que Nixon logro en relación a Moscú con la apertura de relaciones con la China de Mao). Por ejemplo, los escudos antimisiles en Rumania, la República Checa y Polonia fueron reclamados por el candidato Trump como instrumentos de defensa de Estados Unidos. Él mismo presentó este elemento estructural irritante hacia Moscú como un elemento indispensable de la relación de poder con Teherán. Lejos de diferenciarse de los presidentes estadounidenses anteriores, Trump asume la misma posición -inaceptable para Moscú.

Adicionalmente, pero igualmente importante, si él desea comprometerse en un nuevo programa de rearme (como parte de su política de reindustrialización, ver más abajo), necesitará promover la exportación de material de guerra. En este marco, el mejor argumento de venta de la industria de Estados Unidos en Europa siempre ha sido la solidaridad estratégica de Estados Unidos a través de la OTAN. Una nueva evidencia reciente de esta realidad: las autoridades polacas han preferido abandonar el contrato ya firmado de venta de helicópteros militares de Airbus (Caracal) para aprovisionarse en Estados Unidos, generando una crisis diplomática con Francia.

Pero si su promesa de “América primero” parece cautelosa en el plano geopolítico frente al intervencionismo desenfrenado que proponían los neocon que se habían alineado con Hillary Clinton, es en el plano económico -prioridad en su futuro mandato- donde el trumpismo despliega su verdadera cara, agresiva. Podríamos decir, que es inverso al golpe de fuerza geopolítico de Bush hijo cuyo “carácter revolucionario” estribaba en su intento de invadir un país de peso de un área estratégica para la producción y el transporte del petróleo mundial como Medio Oriente no sólo sin la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sino sin el aval de aliados centrales de la OTAN como Francia y Alemania. Trump con sus decisiones política económica interna y su fuerte proteccionismo es fundamentalmente “revolucionario” en el terreno económico, pero con una diferencia de contexto cualitativa: a diferencia de 2003, estamos en el medio de una crisis histórica y estructural de la economía mundial y en el marco del estrechamiento del mercado mundial, por lo que las políticas de chantajes que Trump plantea a los rivales de Estados Unidos puede dar lugar a confrontaciones mayores entre las grandes potencias.

En el plano interno, su manifiesto electoral -ya tomado seriamente por los mercados al otro día de la elección- equivale a un estímulo fiscal masivo, con recortes de impuestos de variada amplitud a las personas y a las empresas, una explosión de 1 billón (1 millón de millones) en infraestructura y la construcción de una armada imperial de 350 barcos de combate.

Es una repetición de la Reaganomics a principios de los años ochenta, una reflación o neokeynesianismo infraestructural/militar, que va a aumentar el déficit fiscal. Igualmente, podríamos decir que se parece más al New Deal de Roosevelt, aunque financiado parcialmente por dinero privado. El gasto en infraestructura de este tipo es lo que los economistas como Larry Summers y Paul Krugman han estado pidiendo desde el principio de la crisis de 2007/8, aunque ya el primero, aunque dio la bienvenida a este impulso, dijo que el mismo estaba mal diseñado y podría no lograr los resultados esperados [3]. La expansión fiscal permite a la Reserva Federal aumentar las tasas de interés más rápido. Su vicepresidente Stanley Fischer incluso ha puesto una cifra, sugiriendo que cada punto porcentual del PBI en la relajación fiscal implica aumentos de tasas de 50 puntos básicos.

De esta forma, la “Trumpnomics” cambia la estructura del crédito estadounidense y mundial y las tasas de cambio: una vuelta a la combinación de “política fiscal expansiva/política monetaria restrictiva” que dio lugar dólar alto en la década de 1980, con dramáticas consecuencias mundiales. Ésta política puede acelerar la fuga de capitales de los países emergentes y China. El talón de Aquiles en aquellos países es la deuda corporativa, que se ha quintuplicado a 25 billones (25 millones de millones) de dólares, y puede estar indirectamente vinculada a las tasas de Estados Unidos, incluso si está denominada en monedas locales. En Europa, este giro puede finalizar el repunte económico de los últimos meses facilitado por la caída del euro y la baja de los precios de las materias primas, en especial el petróleo.

Este giro potencialmente devastador para el mundo de las políticas monetarias y cambiarias de la principal potencia económica mundial va acompañando a la vez de un alza de la amenaza proteccionista. Aunque los tratados de libre comercio y México en particular, han sido objeto de numerosos ataques de Trump durante su campaña, es en relación a China que sus posiciones han sido las más agresivas. Sus amenazas son probablemente pronunciadas con la intención de poner a sus socios comerciales bajo presión en vez de aplicarse. Así, por ejemplo la aplicación de un arancel del 45% contra los productos chinos se acompaña de un “si no se comportan bien” (“if they don’t behave”).

El pasado ha mostrado el costo de las guerras comerciales, y éste sería mucho mayor en el contexto actual, donde casi el 40% de las exportaciones de Estados Unidos son parte de las cadenas de valor internacionales, ya sea porque están compuestas de componentes importados, ya sea porque son componentes que son luego integrados en las exportaciones a otros países. Su costo potencialmente prohibitivo puede ser el obstáculo mayor a una disputa comercial de grandes proporciones.

Pero dicho esto, es importante tener en cuenta que si bien Estados Unidos sería dañado por las guerras comerciales, más grave sería el daño de aquellos estados ultra dependientes del comercio exterior (los países llamados mercantilistas en la jerga económica) que aprovechan el carácter abierto del mercado de Estados Unidos sin la misma reciprocidad. A nivel de las potencias imperialistas, el equipo de Trump nombra específicamente a Alemania, alegando que utiliza los dispositivos del euro para mantener bajas las tasas de cambio y aferrarse a un superávit comercial de 8,5% del PBI.

En relación a China, los aranceles punitivos serían traumáticos, dado el tipo simbiótico de las relaciones empresarias entre Estados Unidos y China, en especial en ramas con alta tecnología. Sin embargo, una guerra comercial entre Estados Unidos y China no sería simétrica. La debilidad de la posición económica de China -disfrazada bajo el aura de avance imparable de las últimas décadas -se convertiría en dolorosamente obvia y podría adelantar la hora de la verdad para los bancos de China y sus deudores corporativos.

Seguramente la sangre no lleguará al rio en el terreno comercial con el daño y deterioro irreparable que esto tendría para la ya debilitada economía mundial, cuestión que podría afectar incluso a los planes de crecimiento interno del futuro mandatario norteamericano. Pero la dura realidad es que el arribo de Trump, junto al creciente giro proteccionista de Berlín, anuncia posiblemente el final de una era en la que Pekín podría contar con un ambiente internacional benigno propicio para su desarrollo económico, cuestión que más allá de las apariencias preocupa y mucho en la capital china. “Nos dirigimos a un siglo oscuro”, dice Wu Qiang, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Tsinghua. “La era de la inestabilidad ha llegado. Muchos países están ahora polarizados, transformando la política global” [4].

En conclusión, una política proteccionista y una manipulación del dólar y de las tasas como instrumentos de una reindustrialización de Estados Unidos, descargando la crisis en sus competidores imperialistas (Alemania) y competidores estratégicos (China) y los países más débiles de la periferia que caen la boleada en la exacerbación de la lucha entre las principales potencias capitalistas.

El futuro está lleno de interrogantes y de escenarios sombríos. Formulemos algunos: ¿Permitirán los sectores más concentrados del capital dejar que Trump aplique ese programa riesgoso para los intereses de las transnacionales y su división mundial de la cadena de producción ya muy avanzada a nivel mundial? ¿Serán suficientes las amenazas para que Pekín ceda a los requisitos norteamericanos? ¿Se unirán, luego de unas primeras escaramuzas, Alemania y Estados Unidos en demandar una apertura más grande los mercados chinos, cuestión que permitiría un salto en la penetración de su jugoso mercado doméstico en varias ramas por ahora reservada a sus grandes empresas estatales? ¿O, por el contrario, la radicalización de Washington en relación mismo con Europa y Berlín llevaría a que ésta vuelva a restablecer relaciones con Moscú y por vía del vértice putinista con China ofreciendo un frente euroasiático que empuje por una salida del dólar como moneda de reserva mundial, permitiendo una acumulación más productiva desligada del control de las finanzas de Wall Street? Ni siquiera ha asumido Trump como para contestar estas preguntas, pero muchas ya se pronuncian en los pasillos de los distintos círculos de poder de los países afectados.

El crepúsculo del orden mundial de posguerra

Está por verse si la guerra comercial y financiera entre las principales potencias imperialistas pega un salto. Ya en Bruselas, la incertidumbre ha llevado a algunos funcionarios de la Unión Europea a recuperar la idea de la creación de un ejército europeo y algunos eurodiputados han comenzado a coquetear con la idea de un ambiguo “euronacionalismo” opuesto tanto a Estados Unidos como a Rusia. Nicolas Sarkozy, que bajo su mandato devolvió a Francia al comando militar de la OTAN, propuso aplicar una tasa carbono del 2 a 3 % sobre las exportaciones norteamericanas si Trump no respeta el Acuerdo Climático de Paris, como adelantó. Aún la pronorteamericana Angela Merkel, que siguió casi sin chistar las sanciones de Obama contra Rusia incluso en contra de los interés de muchas de sus grandes firmas, respondió firmemente a la elección de Trump: “Alemania y Estados Unidos”, dijo, “están unidos por los valores de la democracia, la libertad y el respeto a la ley y la dignidad humana, independientemente de su origen, color de piel, religión, género, orientación sexual o ideas políticas. Ofrezco al próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, una estrecha cooperación basada en estos valores”. Para los desmoralizados “progres” centroizquierdistas, Angela es la nueva “líder del mundo libre”, expresión que solía oírse en referencia al presidente de Estados Unidos.

Los globalifílicos deprimidos del Financial Times van más lejos: “La historia puede desviarse del curso. Sucedió en 1914 cuando la primera era de la globalización fue consumida en las llamas de la Gran Guerra; y de nuevo durante la década de 1930, cuando las dificultades económicas, el proteccionismo y el nacionalismo alimentaron el auge del fascismo en Europa. La victoria electoral de Donald Trump anuncia otra de estas peligrosas dislocaciones” [5].

[1] Este periodo ha sido calificado como de “hegemonía benigna” o “benevolente”. La clave de dicho comportamiento, estuvo basada en la necesidad de Estados Unidos de contener el avance de la influencia comunista tanto en Europa como en Japón, ambos devastados por la guerra. El estado imperialista norteamericano actuó como garante de la “libre empresa”, promoviendo como base para la consolidación política de su hegemonía el éxito económico de sus aliados y competidores, a la vez que recreaba un mercado para la expansión de sus multinacionales en el extranjero. Así, al tiempo que Estados Unidos se aseguraba que sus firmas se quedaran con la “parte del león” de la acumulación capitalista mundial, permitió y alentó el extraordinario crecimiento que Alemania y Japón, las dos potencias derrotadas en la Segunda Guerra, tuvieron durante el “boom”.

[2] Lo que el presidente Trump tratará sin duda de hacer es ejercer una presión más fuerte sobre los aliados para financiar el esfuerzo de defensa de Estados Unidos (el “paraguas de seguridad”), como han hecho todos los presidentes estadounidenses desde la crisis económica de la década de 1970. Por ejemplo, los presidentes de Estados Unidos han logrado financiar el 70% de la presencia militar estadounidense en Japón por el gobierno japonés. En cuanto a Europa, el presidente Trump reanudará el tema recurrente de los presidentes de Estados Unidos: los estados europeos deben llevar a un 2% del PBI (excluidas las pensiones) sus presupuestos nacionales de defensa.

[3] Ver “A badly designed US stimulus will only hurt the working class”, Lawrence Summers, Financial Times 14/11/2016

[4] “Beijing reacts cautiously to Trump triumph”, Financial Times 9/11/2016

[5] “America can survive Trump. Not so the West”, Philip Stephens Financial Times 10/11/2016

(completo aquí)

Al contrario que el amigo Chingo, no le pongo muchas fichas al “internacionalismo porletario” (aunque apoyo desarrollar lazos entre las centrales sindicales, en particular las latinoamericanas). Pero creo que una tarea fundamental es fortalecer el sentimiento nacional en los pueblos de nuestros países. En las Grandes Potencias… ya está fuerte, gracias.


Otra propuesta de militancia

diciembre 1, 2016

reconquista

Se nota que está terminando el año… Atención: la que menciono en el posteo anterior y la de ahora -“puente” generacional aquella, territorial (porteña) ésta- me consta que se han estado elaborando por un largo tiempo. Pero se siente la necesidad de definir una presencia. El año que viene hay que elegir…

Tomo de Letra P el contenido de los discursos en el lanzamiento de Reconquista (me avisaron tarde y no pude ir). Pero me interesa resaltar -siempre en el marco de la vigente discusión en el seno del peronismo- que hombres y mujeres muy jóvenes, identificados por su edad y su militancia con la experiencia kirchnerista, plantean desde ahí conceptos abarcadores.

“Abrazamos todas las banderas del peronismo, las de Perón, las de Eva, las de Néstor, las de Cristina, las de la CGT, las de los movimientos sociales. No queremos solo una parte porque eso nos lleva a la derrota. Queremos un peronismo que sea capaz de convocar a más dirigentes, a más gente. Es el peronismo que conocemos y el que necesitamos”, afirmó Federico Berardi, quien aseveró: “Nuestra patria está en peligro, salgamos a defenderla”.

Gonzalo Unamuno, por su parte, hizo hincapié en el tiempo que comenzó a partir de la derrota del gobierno nacional hace un año. “Este tiempo nos obliga a reinventarnos a nosotros mismos, porque la Ciudad de Buenos Aires nos va a encontrar listos para sacarla del atraso en el que está inmersa en materia de salud, de transporte, de educación. Amamos a esta Ciudad como sólo saben amar los peronistas, pero no podemos pedir permiso y esperar a que nos digan quién nos da un lugarcito en las listas. La política es aventura, es jugarse todo hasta la última carta, aunque se nos vaya la vida en eso. Está siendo la hora del peronismo reinterpretado, hecho del barro de las viejas banderas de Eva y Perón, del pueblo empoderado de Néstor y Cristina, del papa Francisco, de las columnas de los sindicatos, de las plazas llenas y de los derechos universales, y jamás un peronismo reducido, menor, desideologizado”.

“Todos los que estamos acá somos capaces de ganar la Ciudad de Buenos Aires, somos capaces de derrotar al neoliberalismo. Hoy iniciamos un proceso. Nacimos en un momento donde reinaba la confusión, la preocupación y la fragmentación. Ese golpe nos dio el impulso de la unidad, de la reconquista de nuestros derechos, de la palabra. Nosotros vamos a construir una fuerza que interprete esta etapa histórica. Tenemos que abrazar al pueblo. Es mentira que los porteños son gorilas, es mentira que los porteños no quieren discutir una ciudad igualitaria”, sostuvo Juan Manuel Valdés.

En el cierre, Micaela Amor aseveró: “No es cierto que un gobierno peronista no puede conducir la Ciudad de Buenos Aires. Somos capaces de hacerlo desde el esfuerzo mancomunado y colectivo”. Y agregó: “Tenemos que seguir el legado de los que nos enamoraron, el legado de Evo, de Lula, de Chávez, de Fidel, de Correa, de Néstor, de Cristina, de Perón, de Evita. Nuestro pueblo está sufriendo y tenemos que ser la voz de esas personas. La política está más viva que nunca y se construye desde la discusión. Como decía un grande que falleció el sábado: revolución es cambiar todo lo que hace falta cambiar. Tenemos que revolucionar la ciudad con la unidad en la diversidad, permitámonos eso”.

Entre los dirigentes presentes se encontraban Víctor Santamaría, Eduardo Valdés, Oscar Parrilli, Carlos Tomada, Mariano Recalde, Kelly Olmos, Sergio Burstein, Daniel Filmus, Eduardo López, Darío Martínez, Jorge Taiana, Carlos Montero, Liliana Mazure, Oscar Trota, Cecilia Segura, Juan Cabandié, Carolina Gaillard, Facundo Giampaolo y Camilo Vaca Narvaja“.


A %d blogueros les gusta esto: