Un festival de importaciones en el país trimonetario

junio 22, 2022

El «festival de importaciones» por el que estamos atravesando -casi 9 mil millones de dólares en mayo, casi la quinta parte de lo que el FMI le prestó al Mauricio, en un mes– provocó indignación en la vicepresidenta Cristina Kirchner y preocupación en el nuevo ministro, Daniel Scioli (No recuerdo ahora qué habrán dicho Alberto Fernández y Martín Guzmán, pero supongo que sería en tono resignado).

Empecemos por reconocer aquí -todas esas autoridades ya lo tienen claro, así como los que saben algo de economía- las raíces estructurales del problema: 1) la industria argentina consume más divisas (dólares) importando sus insumos que los que produce exportando; cuando la economía crece (y ahora está creciendo), aparece la «restricción externa». 2) el consumo de la numerosísima clase media argentina (desde hace 60 años se puede leer en los medios «las políticas del gobierno /todos, en estos 60 años/ la están destruyendo», pero parece ser difícil de matar) tiene un % muy alto de productos importados, incluido (obvio) el turismo al exterior.

Reconocido esto, queda el hecho que despertó las alarmas: las importaciones han llegado a niveles mucho más altos de lo que puede explicar el aumento de la producción industrial (no es tan grande) y un boom de consumo que no existe. Por eso, esas responsables personas que mencioné hablan de «maniobras especulativas».

Eso sí, ninguna quiso mencionar el hecho obvio detrás de la especulación (además de que a todo el mundo le gusta la guita, claro). Como este blog no tiene ninguna responsabilidad, lo digo: el dólar está barato.

Tengo que apurarme a señalar algo: en nuestro país, para la percepción de casi todo el mundo, el valor «real» del dólar es el «blue» (hoy, $219+, no?). El dólar CCL, el MEP, es cosa de los gerentes de finanzas; el «cripto», de un círculo aún ménor). Pero el dólar al que se importa y exporta y se gasta en el exterior (más impuestos) –es decir, el 99% de todos los dólares que entran y salen de Argentina– es el oficial. $ 128, si Pesce no dispone otra cosa. Por eso lo de «país trimonetario» en el título de este post.

Es el dólar oficial el que está barato. ¿En qué me baso para decir esto? Obvio: en el festival de importaciones. Como no se puede comprar más de 200 dólares al mes en el mercado oficial -salvo que uno tenga una petrolera, o fabrique caños para un gasoducto que se necesita desesperadamente- se compran mercaderías en el exterior. En la jerga, los que pueden «stockean».

Para defenderse, porque no saben a qué valor tendrán que reponer los productos que venderán; para conservar el valor de su dinero; para especular… los motivos son de interés para psicólogos o confesores. No son de la expertise de este blog. El hecho es que lo van a hacer, lo tienen que hacer, en una economía capitalista.

Hay otros sistemas, claro. La URSS tenía el Gosplán; el Incario, los Qollcas, almacenes comunitarios. Pero el Gosplán sabemos que no funcionó bien: esa economía se derrumbó. No tengo idea si los qollcas eran eficientes o no, en el Perú pre-Pizarro. Pero en todo caso es teórico.

Como no debería sorprender a nadie, en el capitalismo funcionan los incentivos capitalistas. Si el precio «real» del dólar, el de las importaciones y exportaciones y gastos en el exterior, se encarece, se va a importar menos (y viajar menos a Europa, el Caribe y Miami, que pesa menos que las importaciones pero no es insignificante).

Claro, las consecuencias son mucho más graves que el previsible titular de LaNación «El gobierno persigue a los que pueden viajar al exterior«. Como todo lo que se consume en Argentina tiene insumos importados (pensemos en el combustible, sólo para empezar) la devaluación del dólar oficial alimenta la inflación (que ya está bastante gordita, gracias).

¿Hay solución a esto? Y sí. La gran mayoría de los países que tenían altas tasas de inflación en los ´80 lo solucionaron (después Putin invadió Ucrania, pero nada es para siempre).

Quedó demostrado que es posible (Aquí lo habíamos hecho en 1952, pero en el nutrido folklore peronista no se pone énfasis en eso. Raro). Requiere poder político, un funcionariado eficiente y decidido, y sobre todo tiempo. ¿Ustedes dicen que son las tres cosas que este gobierno no tiene? Pero, che…


Es la noticia más importante de todas. O una pavada

junio 16, 2022

Se trata de una nota que publicamos ayer en AgendAR «Un ingeniero de Google afirma que la Inteligencia Artificial que desarrollaron es sentiente«. Y aparece en este idosincrático blog porque provocó una charla en la redacción del portal que quiero compartir con ustedes.

Empezó con un comentario casual mío: «La nota sobre Inteligencia Artificial autoconsciente que publicamos puede estar en la categoría de avistajes de OVNIS (que tienen mucho público), o puede ser la nota de CyT más importante de todas. Le preguntaría a LaMDA…».

Daniel Arias: «El problema, como decía Sagan, es que afirmaciones gigantescas requieren pruebas gigantescas. Y probablemente el test de Turing (que se describe en la nota) es demasiado poco, al menos con un único convencido de estar hablando con una entidad autoconsciente. Si fueran 14 convencidos sobre 20 peritos inicialmente escépticos, estaríamos en zona de al menos generar un sacudón de duda«.

Daniel Arias: «Es una objeción casi judicial a un test pensado para individuos, no para un jurado de individuos. No obstante, el caso acredita a que lo examine una junta independiente de expertos de diversas disciplinas de IA y también de psicólogos y psiquiatras. Por alguna causa seguramente comercial, Google no quiere saber nada del asunto. La firma supone quizás que saldría perjudicada tanto de un fallo a favor como de uno en contra. Si el terror de los humanos es crear otra forma de vida o incluso un dios, incluso uno bastante módico y limitado, habrá quienes te odien por haberlo logrado, y quienes no te perdonen por NO haberlo logrado. Google pierde en ambos casos«.

Daniel Arias: «Personalmente, yo creo que la verdadera IA autoconsciente va a surgir de un modo bastante espontáneo, como el de este caso. No descarto en absoluto que este hombre diga la verdad «according to Turing». Pero se necesitan más pruebas«.

Yo: «Me parece que no se está percibiendo el punto central. Al menos, no lo he visto expuesto en ninguna publicación. Y sin embargo, me parece obvio. LaMDA no es la creación de un científico algo desequilibrado, en un castillo en los Alpes Suizos, jugando a ser Dios. No es una creación, punto. Es el desarrollo, sin saltos apreciables, de los programas del Traductor de Google y de su Asistente Virtual, del de Apple,… El punto es si la complejidad de los programas, y sus mecanismos de búsqueda e integración de datos, crean o crearán en algún punto el equivalente de la autoconciencia«.

Yo: «En principio, me inclino por el NO. La capacidad de computación no parece tener relación directa con la creatividad; menos aún con la autoconciencia. Las computadores ahora pueden jugar al ajedrez, en el nivel Grand Master, pero no componen literatura o poemas q valgan la pena. Entre los que yo leí, aclaro. Pero me deja pensativo la sofisticación que ha ido adquiriendo a lo largo de los años el Traductor de Google, por ejemplo«.

Yo: «Es posible que la respuesta la tengamos muy pronto. No importa si Google le da licencia con goce de sueldo a Lemoine e invoca el compromiso de confidencialidad, o lo manda a dormir con los peces. Hay demasiados programas desarrollándose, en grandes compañías y en garages en todo el mundo. Que San Asimov nos proteja«.


La noche del periodismo

junio 7, 2022

Hace un mes que no vengo por el blog. Mucho trabajo, pero, sobre todo, no puedo ofrecer un análisis del escenario político diferente al que hice en el últimos posteo. Más deprimente, sí. Por eso trataré de escribir «en positivo», sugerir caminos… No hoy.

Pero es el Día del Periodista en Argentina -por la Gazeta de Mariano Moreno, ejemplo de periodismo militante oficialista si los hubo- y anoche leí un artículo de Martín Becerra. Lúcido como son los suyos, pero además dice mucho sobre el periodismo y la sociedad en estos tiempos. Quiero compartirlo, y agregaré un comentario, breve, al final.

ooooo

«Los medios resucitan la etapa facciosa de inicios del siglo XIX en otro contexto social, económico y tecnológico. Rebusque y paradojas de una profesión en crisis.

Todo vuelve. La imagen del festejo íntimo del casamiento de un líder de opinión ligado al periodismo que eligió celebrar junto a uno de los principales caudillos partidarios hubiera extrañado –hasta avergonzado- a cualquier periodista hace 15 años, pero hoy no sorprende a nadie. La escena resulta ahora tan natural como lo hubiese sido a principios del siglo XIX, cuando la prensa era facciosa y quienes escribían notas fungían más de consejeros políticos o aspirantes a cargos electivos que de periodistas y cuando el distanciamiento con las fuentes no era practicado.

La labor de los medios nacionales como agitadores políticos es paralela a la progresiva erosión de la confianza ciudadana en ellos y en sus animadores más famosos. El contexto favorece ambas tendencias, por el encogimiento de los mercados generalistas fruto de la polarización, por la migración de las audiencias a contenidos breves y accesibles a través de dispositivos móviles y por el acecho de las plataformas digitales, que intermedian en el negocio publicitario y afectan la economía de las empresas periodísticas.

Es paradójico, pero, cuanta más incertidumbre propone la realidad (pandemia, inestabilidad económica global, disputa por el liderazgo geopolítico planetario, crisis alimentaria, cambio de patrón tecnológico y desastres medioambientales), menos curiosidad periodística despierta en los medios. Un título catástrofe dirigido a provocar indignación o el clickbait sobre cuestiones superficiales son los atajos preferidos frente a la laboriosa tarea de verificar hechos, consultar fuentes fiables y ceñir la narración a lo ocurrido. Que la verdad no estropee un título ingenioso.

El campo periodístico resucita una lógica de producción que subordina sus contenidos al cálculo acerca de quién capitalizará su difusión y qué impactos tendrá en el bando de los aliados y en el de los enemigos, los que aparecen nítidamente distinguidos por públicos cada vez más segmentados y polarizados. A diferencia del período profesionalista que abarcó algo más de un siglo (desde la fundación de La Nación en 1870 hasta el estallido de 2001), los medios descuidan la verificación y el cruce de versiones porque el producto dejó de ser la noticia. A más de 150 años de haber iniciado su periplo profesionalizado, el producto estrella vuelve a ser la opinión, la editorialización y la condena moral. Es más barato que hacer periodismo, además.

La indignación fideliza a un nicho compacto de la audiencia que se identifica con el sermón previsible de quien detenta el uso del micrófono para condenar y absolver en juicios sumarios y sin derecho a réplica. Los medios son puestos de combate, para tomar la figura con la que Bartolomé Mitre aludió a los diarios anteriores a La Nación, y sus tropas practican un periodismo de guerra que Julio Blanck, exeditor jefe de Clarín, describió con honestidad cuando fue entrevistado para La Izquierda Diario. Las notas son municiones y su blanco es obvio.

El rasgo militante que tanto se discutió durante los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, que dividió aguas entre quienes se autopercibían “profesionales” e “independientes” y se oponían al kirchnerismo y quienes defendían el compromiso político con la gestión, fue zanjado en forma de paradoja -una de las manifestaciones más didácticas de la historia- desde la presidencia de Mauricio Macri y hasta el presente.

Hoy, los autopercibidos “profesionales” e “independientes” no sólo abrazan con intensidad una de las opciones en las que se divide la polarizada política argentina, sino que les reprochan a sus líderes partidarios presuntas moderación y lentitud, como si la estrategia político-electoral se fraguara en sus estudios televisivos o radiales a través de sus flujos catárticos. El desborde de Alfredo Casero en uno de los espacios que el canal LN+ dedica a denostar al gobierno de Alberto Fernández tuvo un momento de lucidez cuando el actor usó el “nosotros” inclusivo para referirse a la explícita opción política de todos los integrantes de esa mesa.

Los desbordes expresan algo más profundo, que es la incapacidad de los protagonistas de los medios para metabolizar diferencias -incluso tenues- dentro de la familia de valores y odios que los cohesiona. El contraste de perspectivas produce impaciencia e intolerancia. La animadora que había promovido la ingesta de dióxido de cloro por tv en plena pandemia Covid_19 -ingesta que causó muertes- echó a un invitado de su programa sólo porque éste se atrevió a matizar el discurso rabioso de la conductora contra el presidente Fernández.


El ADN de la etapa facciosa y decimonónica se reactivó. Hoy las redacciones son teatros de opinión que manipulan encuadres, testean la eficacia de animadores y opinólogos, adulan a héroes y heroínas e imputan a villanos y villanas. Como hace 200 años con la “prensa (pro y anti) rivadaviana”, en el país no hay empresas de medios que aspiren a cubrir el ideal periodístico de cierta equidistancia respecto de los acontecimientos. Ni siquiera hay simulacros de equidistancia. Tampoco quedan proyectos mediáticos que definan una estrategia generalista con trato profesional a los distintos actores de la agenda pública. Todos han tomado partido, cierto que con tácticas diversas.

Por eso ya no importa tanto si cae el encendido de la tv o si la prensa gráfica horada el piso de ventas (curiosamente, tendencia no registrada en las cifras declaradas por los propios diarios al Instituto Verificador de Circulaciones), ya que los discursos, las caras, las voces y las firmas son muy parecidas, cuando no las mismas. Este es otro efecto paradojal de la mutación del ecosistema periodístico: se multiplican los medios, soportes y tecnologías de producción y distribución de contenidos, sobre todo en dispositivos móviles, pero se achica el mercado laboral. Conductores y periodistas con éxito resultan sobredemandados, hiperocupados y sobreexpuestos mientras, en simultáneo, falta trabajo, abunda el desempleo y la precarización prolifera en medios de ambos lados de la grieta. Desde una perspectiva sistémica, la sobreocupación es el Lado B de la precarización.

Por su parte, la expansión del periodismo sobreocupado, interpretado por un puñado de pocas pero influyentes personas, es también una medida de limitaciones mayores. Esos periodistas, por más talento y destreza que tengan, terminan fagocitados por un sistema que les resta calidad a sus producciones, erosiona su proyección intelectual y les quita tiempo para cultivar sus capacidades y para prevenir errores. El reciclado constante de contenidos no sólo es el ADN de los canales de noticias opinadas, sino que contagia a sus valores más destacados, que terminan repitiendo en distintos formatos (escritos, audiovisuales) una misma idea a lo largo de la jornada. Ello a su vez conspira contra el interés que puede tener la sociedad en dedicarles atención, dado que se trata de discursos que, por reiteración, saturan la paciencia.

La suma de factores estructurales, determinados por el cambio tecnológico, un mercado menguante, retracción de ingresos publicitarios y ventas, y aparición de plataformas que compiten por la atención del público, es un problema que se multiplica con las decisiones y apuestas que los medios argentinos y sus caras más conocidas. Su endogamia visible en el tipo de géneros que definen, las fuentes que eligen, los temas y encuadres valorativos que toman y el sesgo ostensible de su línea editorial repliegan a los medios cada vez más sobre sus propias taras. En este marco, las métricas que se erigen como fetiche de priorización de notas, encuadres y ritmos de producción, son desaprovechadas en el potencial que tienen para indagar necesidades y opiniones del público.

La endogamia horada la curiosidad, que es un atributo inherente al periodismo. La capacidad de indagar sobre la realidad decae cuando se abraza el prejuicio de que todo lo que sucede puede codificarse en un rústico guion con buenos y malos. Por eso, también, es que los medios argentinos no piden perdón por sus frecuentes metidas de pata y son reactivos a la autocrítica, que en algunos casos constituyen verdaderas operaciones de desinformación por las que suelen culpar a las plataformas digitales, cuando el origen de las especies es incubado por su propia dirección editorial.

Así es como varios medios (y también políticos) difundieron la fake news de que Pablo Echarri y Raúl Rizzo protestaron contra la llegada al país de Robert de Niro, para perjudicar al peronismo con el que Echarri y Rizzo están identificados, días antes de que otros medios mintieran al circular una versión distorsionada del accidente automovilístico que protagonizó Franco Rinaldi, para dañar a la alianza opositora donde milita Rinaldi, Juntos.

Los arrebatos y usos facciosos coparon la agenda del periodismo a 212 años de que la Primera Junta le encomendara a Mariano Moreno producir un diario oficial y éste fundase La Gazeta de Buenos-Ayes. La evolución de aquel germen, sobre todo durante el siglo XX con el florecimiento de una industria potente y cuadros profesionales destacados en Iberoamérica, hoy es apenas distinguible entre los estertores de un periodismo que oscila entre el aturdimiento, el oportunismo, el rebusque y los golpes bajos.»

Comentando:

Puedo apreciar -y en gran parte compartir, sin ser un periodista profesional- el sentimiento con que escribe Becerra este réquiem por una forma, un estilo, de ejercer el periodismo. Y es lógico sentir disgusto por una entrevistadora que finge -o tiene- un ataque de histeria frente a un entrevistado que no comparte su indignación. Pero hay algunas observaciones que quiero hacer.

1) Lo que encontramos en los medios argentinos -la TV, los diarios que solían ser masivos- es lo mismo, en versión industria nacional, de lo que puede verse en casi todos los países en que los medidos son propiedad de empresas que -aunque tengan sus agendas- deben atender al mercado. En Fox News y en la CNN, igual que en LN+ y en C5N, también se hace propaganda política disfrazada de indignación moral.

2) El periodismo «antes» no era neutral y objetivo. Ese animal no existe. La diferencia -que es importante- es que trataba de parecerlo, y eso mejoraba mucho la calidad de la información. Sucede que ahora la gente no se informa por los medios masivos, sino en formas cada vez más personalizadas y segmentadas en esos dispositivos móviles que menciona Becerra. Entonces, lo que le pide a los medios masivos es otra cosa: emoción, eco a las idolatrías o broncas que cada uno pueda sentir, la ilusión que son compartidas por otros.

Ejemplo, y consecuencia, de lo que digo aquí: la fugacidad. Personajes de la política que estaban en la tapa de todos los medios hace 6 años y en las encuestas registraban más del 70% de conocimiento, hoy con suerte arañan un 5%.

3) Porque, estimados, estoy yendo a lo mío. Esta tendencia a lo emocional gritón y vacío se manifiesta en los medios y en la política. Con un Milei, por ejemplo. Y en el ascenso de algunas figuras de segunda línea, en ambos lados de la grieta. Nada nuevo, en tiempos de crisis, si se conoce algo de historia moderna. Pero en estos tiempos líquidos, se los olvida rápido, como dije arriba. Salvo que -¿como Trump?- expresen algo profundo en sus sociedades. Eso no lo estoy viendo en Argentina. Pero puedo equivocarme, claro.


El discurso de CFK y la campaña para el 2023

mayo 7, 2022

El discurso de ayer 6 de mayo (no el 6 de abril como decía en la 1ra versión de este post; uno ya está perdido en el tiempo) de Cristina Kirchner en el Chaco fue uno de los hechos políticos con más repercusión de los últimos tiempos, lleno de definiciones, esperado con ansiedad por sus partidarios y con todavía más ansiedad por los que no son sus partidarios en la clase política.

Mañana domingo, como es tradicional, los opinadores orgánicos de Ambos Lados harán sus análisis, ordenados, agudos y previsibles. Por mi parte, aprovecho el sábado para marcar algunos puntos y repetir algunas generalidades.

Primero, aclaro que no tengo idea si CFK será candidata a presidenta el año que viene. Más, creo que ella tampoco lo sabe a esta altura. Ha mostrado ser una dirigente cautelosa, con una mirada atenta a las señales de la realidad (2015, 2019), más allá de si son favorables o no. No antes de marzo´´23, tal vez de junio, decidirá si tiene ganas de zambullirse y si ve bastante agua en esa pileta.

Pero no tengo dudas -no sería razonable tenerlas- que va a ser una de los muy pocos protagonistas inevitables en la campaña presidencial.

A partir de eso, estas son mis falibles opiniones sobre su posicionamiento, del que este discurso ha sido un dato y un símbolo. Creo, por ejemplo, que muestra que quiere mantener, y en mi convencídisima opinión mantiene, su liderazgo sobre los dos sectores políticos que la acompañan desde 2008: la izquierda peronista y el progresismo afín al peronismo.

Primeras generalidades: «izquierda peronista» es una denominación con poca claridad y mucha carga emocional por causa de equívocos, rencores y locuras de 40 años atrás. Para entender a qué me refiero, recomiendo leer los libros de alguien que nació hace hoy 103 años: «La Razón de mi Vida» y «Mi mensaje». Por supuesto que Evita no se pensaba como «de izquierda» sino como peronista, pero sus ideas y sus broncas eran y son el contenido de reivindicación de los de abajo, los excluidos, que lleva el peronismo desde su comienzo. Y la izquierda peronista, bien o mal, siempre trató de expresarlo.

Y el progresismo afín al peronismo es el sector que no tiene problemas con Evita, que puede hasta idolatrarla, pero le cuesta asumir a Perón. Son muchos, eh, y lo demostraron en elecciones, con el Partido Intransigente, con el Frepaso, el ARI de los comienzos… Están vinculadas, creo, su dificultad para asumir a Perón y la que tienen en construir estructuras perdurables que «como los ranchos, se construyen con paja, barro y un poco de bosta» (así era la frase, no?).

Al margen. El punto importante a tener en cuenta es que «sectores políticos» no es lo mismo que votantes. O que pueblo, como se decía antes. Los politizados somos, gracias a Dios, una minoría.

Cristina lo sabe bien -tiene una larga experiencia en política- y por eso, además de a los seguidores más o menos incondicionales- habla a las necesidades y esperanzas de quienes quiere y puede convocar: los de abajo, los excluidos, ese voto histórico del peronismo.

¿Lo conserva? Más importante ¿lo conservará en 2023? Es un voto pragmático, tiene que serlo, porque es su única herramienta, que pueden ejercer por sí mismos, sin depender de estructuras ni de aparatos. Mantendrán seguramente sus simpatías, sus identificaciones, pero si no tienen respuestas a sus necesidades concretas, buscarán quién se las puede dar. O «desensillarán hasta que aclare» (otra vieja frase).

Igual, ésta no es la dificultad principal para construir una opción con posibilidades de triunfar en 2023.

A los que trabajamos en comunicación, política y de la otra, no se nos cae de la boca la palabra «segmentación». Y sí, la sociedad moderna está muy segmentada. Pero hay un dato más básico y fundamental: los «pobres», ya NO son la mayoría de la sociedad. Aunque, sí, a la mayoría le cueste llegar a fin de mes.

Algo más preciso, para los sociólogos en la audiencia: la pirámide de ingresos siempre es más angosta arriba que en la base. Pero la gran mayoría de los que están en la «parte de abajo» de la pirámide –cualquiera que sea la línea divisoria que trazemos– no son, ni se sienten parte de un conjunto enfrentado con los que están arriba.

Cuando hay enfrentamiento en la sociedad -como ahora- las líneas divisorias más fuertes pueden ser muy otras: tradiciones políticas, culturales,…

Esta desvalorización de la lucha de clases tradicional, como se entendía en el pasado, como motor de los enfrentamientos en la sociedad, fue planteada hace más de 60 años, en un libro de John Kenneth Galbraith, de 1958. Se llama «The affluent society«, y fue editado en castellano, y muy leído en ese tiempo, con el título «La sociedad opulenta«. Una mala traducción. «Opulencia» se asocia con riqueza y lujo. La palabra en inglés se acerca más a la imagen de una sociedad donde un gran porcentaje de sus miembros tiene acceso a un consumo bastante más allá de la concepción marxista de la supervivencia del proletariado.

Productos que son nuevas necesidades y/o símbolos de status de una clase media aspiracional. En ese entonces, el auto, el televisor. Hoy serían el auto, el smartphone,…
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La tesis que desarrollaba ahí Galbraith (simplifico) era que el sector privado de la economía, próspero o no, miraba con avaricia y hostilidad al sector público (como se darán cuenta, J. K. G. veía con claridad lo que se venía). Ha quedado con fuerza en mi memoria, porque fue el primer libro que leí de un economista importante y entonces prestigioso que asumía un hecho obvio: en los países con una economía más o menos moderna, es decir, diversificada, los distintos sectores no perciben automáticamente intereses comunes.

Un ejemplo de estos días: referentes del sector peronista-kircherista-cristinista (en la cultura de la cancelación, uno tiene que usar estos nombres complicados para que nadie se ofenda) presentaron un proyecto de moratoria previsional, para permitir que se jubilen al llegar a la edad que corresponde a los que no tienen aportes registrados. Podrán pagar esos aportes en largas cuotas.

Una solución práctica y necesaria, salvo que se prefiera proponer eutanasia para los que llegan a los 65 años sin aportes. Pero cualquier monitoreo superficial de las reacciones encuentra un rechazo -no mayoritario pero importante- entre quienes están jubilados y dicen (sienten) que «ellos aportaron 40 años y van a dar su dinero, o emitir, para favorecer a quienes no aportaron!».

El dato es que prácticamente nadie «aportó». A muchos se les «retuvo» una parte de sus salarios nominales (el real es el de bolsillo). A muchos otros no se les retuvo, o no se depositaron esos aportes nominales. No es que cobraban más que los anteriores, por cierto.

No importa. La «realidad» de cada uno es lo que cree y siente. Es posible, pero muy difícil, cambiar esa conciencia. La gran mayoría de los políticos, seguramente casi todos los exitosos, tratan de sumarlos como son y sienten.

Me extendí tanto con esta generalidad, y con este ejemplo, para llegar a una conclusión práctica. Y obvia. Cristina Kirchner se dirige, y conduce, a los convencidos (y a una cuota de oportunistas, pero eso es así en todas las propuestas políticas).

Curiosamente, o no tanto, ese es el camino que transita otro dirigente que puede ser protagonista de la campaña presidencial: Javier Milei. Su mensaje es menos claro y algo delirante, pero también está dirigido a un sector, no social en este caso sino anímico: los que tienen bronca y decepción con la dirigencia política de todos los colores. Milei es un dirigente político, por supuesto, pero procura, y hasta ahora logra, que muchos lo perciban como distinto.

Un 3er protagonista que aparece casi inevitable, Rodríguez Larreta, es un ejemplo de una estrategia distinta, muy tradicional. Y la que habitualmente se aconseja en política: la de ocupar el centro. Apelar a los que están «cansados de las peleas». La profundidad de la «grieta» entre nosotros la muestra el hecho que se ha visto obligado a aparecer más enfrentado de lo que se recomienda, para no quedar aislado de su propio público, que hoy resuena con la bronca a la que apuesta un Milei.

Alberto Fernández será protagonista de la campaña, porque es el presidente actual. Pero en su caso no hay estrategia que valga: el espacio que tenga lo determinará su gestión. A fin de año, como mucho a marzo, ya estará el veredicto inapelable.

No tengo la intención de menospreciar el posible papel de algún radical, pero ya me extendí demasiado para un posteo superficial. Vuelvo entonces a Cristina, sin dudas el personaje más interesante.

Y lo que tengo que decir no tiene nada de original. A lo sumo, lo voy a ampliar un poco: En el año que viene -salvo un cisne negro del tamaño de un pterodáctilo- sin ella no se puede. Pero con ella, ni tampoco contra ella (la apuesta de Patricia Bullrich, por ejemplo), no alcanza. ¿Quiénes podrán expresar, sumar, a los -diversos- sectores que no depositan sus esperanzas ni sus broncas en Cristina Kirchner? Todavía no me animo a sugerir respuestas.


Preguntas, e intentos de respuesta sobre la «interna» de Alberto y Cristina

mayo 3, 2022

«Comandante Cansado» es el nic de alguien que en la época de oro de los blogs ofrecía análisis inteligentes y comentarios sarcásticos sobre nuestra realidad. Pero hace años que trabaja en Bruselas, y le resulta difícil entenderla (Europa tiene sus propias locuras).

Una prueba de su despiste es que me pidió que le ayudara a comprender lo que está pasando. Va su mail, y lo que le contesté (con unas pocas frases más que se me ocurrieron después):

«Hola, estimado. Hay algo que no logro entender con respecto a la interna FdT, a ver si me puede ayudar…

Kirchneristas y albertistas están abocados codo con codo con una energía envidiable a la algo polémica actividad de echar leña al fuego de la interna. Los primeros tiran con todo lo que tienen y los segundos se tapan las orejas y dicen «no escucho, no escucho, la manija la tengo yo, lero, lero». Ambas actitudes me parecen perniciosas, pero no igual de (in)entendibles.

La actitud K es autovalidante y alimenta una profecía autocumplida («ya perdimos»). En ese sentido es impermeable a la realidad, y por eso es entendible (quienes la sostienen podrán seguir haciéndolo ad eternum).

La segunda, en cambio, tarde o temprano se chocará con la realidad: en unas PASO Alberto no puede creer que tiene chances frente a Cristina, ¿por qué Alberto persiste (o deja que persistan por él) en una situación que lo llevará a chocarse con una pared? ¿Qué espera conseguir? ¿Piensa realmente que puede ganar o no cree que se llegue a las PASO, pese a decir que sí todo el tempo?

A mí me cuesta optar por una u otra posibilidad, porque pienso bien de Alberto en términos de honestidad intelectual y capacidad intelectual. ¿Entonces? ¿Qué se me escapa?

A ver si me puede iluminar…»

Estimado, no creo que pueda darle una respuesta satisfactoria. Porque su pregunta no es precisa. Quiere saber las motivaciones de Cristina, de los cristinistas, de Alberto y de los «albertistas». Son 4 protagonistas de este drama, MUY distintos entre sí.

Cristina y Alberto son personas reales. Con ninguna de las dos tengo el trato frecuente e íntimo que necesitaría para opinar con seriedad. Bah, no tengo trato. Cristinismo y albertismo son colectivos, y todo colectivo es una construcción.

(Y siento necesario apuntar que los protagonistas de esta interna son colectivos de funcionarios albertistas y cristinistas. Los votantes de Cristina, los potenciales votantes de Alberto… están en otra, por ahora).

Planteadas estas reservas, me zambullo, y contesto desde la dinámica política: están enfrentados en la interna porque no tienen otra opción mejor.

CFK, con una mirada lúcida sobre el escenario político-social, sus seguidores y votantes, y sus objetivos posibles, quiere preservar una identidad política -la que se formó en los 12 años y medio de gestión K- y los votantes que convoca desde ese lugar. Para ello necesita diferenciarse de la realidad actual. Hay una actitud muy vieja en el peronismo, repetir «´Eso´ no es peronismo!» Cualquier veterano la escuchó centenares de veces, en momentos históricos muy distintos. CFK está diciendo «´Esto´ no es lo q hicimos Néstor y yo!«.

No creo que se plantee como posible modificar profundamente la gestión del gobierno, a esta altura. Pero puedo estar equivocado, porque yo no lo creo posible. Quizás Cristina piensa que un nuevo gabinete, un nuevo ministro de economía con poder, renovaría expectativas. Y Alberto puede pensar que sucedería lo mismo que cuando Alfonsín reemplazó al competente, debilitado Sourrouille por Pugliese y luego por Rodríguez: una pendiente al abismo.

(Esa sería la explicación «técnica» de esta interna. El guion de «Rescatando o reemplazando al soldado Guzmán»).

Creo que CFK es una política con mucho sentido de las posibilidades realistas. Las señales que envía en una determinada dirección: reunirse con referentes del gobierno de EEUU, conversaciones con Redrado, recomendar el libro de J C Torre sobre el derrumbe del gobierno de Alfonsín,… estimo que tienen más el sentido de sacarla del lugar de una Rosa Luxemburgo del Calafate, donde quieren encasillarla sus enemigos políticos.

Y no creo que Alberto tenga otras opciones, a esta altura. En mi opinión -seguramente equivocada, diría el Turco Asís- su error fundamental fue no aceptar la gravedad del problema estructural de la economía argentina -que viene de décadas, y que la gestión de Macri empeoró e hizo crítico- y no encaró una política antiinflacionaria dura, como sugería Álvarez Agis, y la dificilísima tarea de empezar a desmontar el capitalismo concesionario que heredamos de Menem…

Por supuesto, todo esto era políticamente muy difícil, casi imposible. Todos -todos los que hablaban en público en ese momento inicial- decían que había que «poner dinero en el bolsillo de la gente«. Era difícil aceptar que ese dinero se iba a ir como agua de los bolsillos.

Se sigue yendo, pero ya el gobierno de Alberto no tiene la posibilidad, creo, de aplicar otra política que el gradualismo de Guzmán. Que ha servido para recuperar la actividad, pero no para moderar una inflación patológica, que carcome los ingresos de todos los que cobran en pesos. Ni para moderar una brecha cambiaria también patológica.

En cuanto a las eventuales PASO: la apuesta racional de Alberto sería que Cristina no las acepte. Como decidió no ir en 2017 a unas PASO con Randazzo, que seguramente habría ganado. (Alberto era el jefe de campaña de Florencio en ese momento…).

Cristinistas y albertistas… Los primeros tienen una identificación emocional fuerte con CFK. Los albertistas (potenciales), serían los peronistas que no tienen una identificación emocional fuerte con CFK. Este «empate hegemónico» (esta frase me suena…) ha creado un estado de ánimo pesimista, en bastantes, derrotista. Y, más grave, lo que Ud. detecta: una cierta esterilidad de ideas.

Mi opinión personal: me considero realista, y por eso admito una posibilidad fuerte de una derrota del oficialismo en 2023. Pero no la doy por segura ni mucho menos. La dinámica de la política argentina es… muy dinámica. Y la del peronismo, no le digo nada.

Cristina es, repito, una política realista. E imaginativa. El «gambito vicepresidencial» lo muestra, más allá de su resultado en el largo plazo. Y, como he insistido en el blog muchas veces en 14 años, puede llegar a centímetros de la pared, pero no la choca.

Y, por supuesto, el peronismo ha mostrado a lo largo de 77 años realismo e imaginación para tirar al techo. También más allá de los resultados, buenos y malos, en el largo plazo.

Abrazo»


Interpretando a Cristina

abril 27, 2022

Desde que este blog quedó abandonado por tareas de publicidad, y luego aún más por AgendAR, escribí muy poco aquí sobre la interna. Tema que reservo para conversaciones privadas (eso de obligar a entregar los celulares antes me parece exagerado por ahora, dicho sea de paso). El blog queda para reflexiones distantes, cuando no puedo evitar la compulsión de pensar en voz alta. «Control de daños», le dicen ahora.

Pero… hay un punto en particular que me fastidia desde hace algunas semanas, y unos comentarios desconcertados -también en privado- sobre una reunión reciente de CFK «me pueden».

Reuniones como las que tuvo con la generala Richardson y con el embajador Stanley son parte de las tareas de la Vicepresidencia, que en nuestro país incluye la Presidencia del Senado. Como las visitas a Putin y a Xi son parte de las tareas de la Presidencia de la Nación (sólo que Alberto tiene una naturaleza más extrovertida).

El mensaje realmente significativo fue recomendar públicamente -o sea, al Presidente y urbi et orbi– la lectura de «Diario de una temporada en el 5° piso» de Juan Carlos Torre. La crónica de la gestión económica, realizada con solvencia técnica, eso sí, en un gobierno «progresista» (se puede decir que el progresismo entre nosotros lo inventó Don Raúl; antes la izquierda era otra cosa), sin alianzas reales con poderes fácticos, que terminó en una hiperinflación que lo llevó puesto. Queridos amigos cristinistas ¿necesitan que CFK les haga un dibujito?


Revisitando el 2015

abril 12, 2022

Ayer me metí en una discusión en Twitter (evidentemente, no tenía nada importante que hacer en ese momento). Era entre algunos compañeros kirchneristas de corazón ardiente y otro, también kirchnerista pero atacado por el virus de la autocrítica.

(Este virus es benigno, y hasta dicen que mejora la disposición; es su mutación «autocritiquemos a otro/a» que, como el Covid largo, deja huellas destructivas en el cerebro).

Al punto: el autocrítico -que además es economista (las tiene todas, dirían en mi barrio)- parecía decir que el crecimiento no reconocido de la pobreza hacia 2015 había influido en la derrota del FpV en 2015. Sus interlocutores originales -después se hizo confuso, como siempre pasa en twitter- lo negaban con énfasis.

Me quedé pensando. Y después de reflexionar, en mis ratos libres, tengo que decir que los termos tenían razón. En la batalla electoral de 2015, la economía no fue un tema decisivo, ni siquiera importante. Clinton estaba equivocado esa vez.

Ahora, como todas las afirmaciones terminantes, esa necesita desarrollos y condicionalidades. Empiezo apuntando al tema económico que figuró en la campaña, pero no en el sentido al que señalaba mi amigo autocrítico: el impuesto a las Ganancias que recaía en los sueldos por encima de un nivel (bastante alto). Y causó bastante fastidio entre posibles votantes del FpV.

Menciono ese contraejemplo porque apunta a una realidad básica, que condiciona el resto: el voto en nuestro país, y en todos, está muy segmentado según los niveles de ingresos. Seguro, hay mucha gente rica, o acomodada, que vota peronismo. Y muchos pobres -para indignación de esa gente acomodada- lo votaron a Macri. Pero estadísticamente -que es lo que importa para ganar elecciones- desde hace 76 años los más pobres ponen la boleta asociada con la identidad o el discurso del peronismo, y los más ricos ponen la boleta que exprese en ese momento la oposición al peronismo.

Es una simplificación, claro. Pero no es una opinión. Es la tendencia que hacen evidente los resultados electorales de los últimos 76 años en Argentina, para cualquiera que se moleste en examinarlos.

Esa tendencia no perdió vigencia en 2015, por supuesto. Ni en 1999, ni en 1983, para mencionar otras derrotas nacionales del peronismo. Sucede nuestra sociedad no está dividida entre una mayoría de pobres buenos y solidarios, y una minoría de ricos egoístas que los odian. Esa es una aceptable fantasía para los discursos militantes, siempre que no cometan el error que advertía Tony Montana y consuman su propia mercadería.

Nuestra sociedad, como todas las modernas, está segmentada en multitud de niveles. Por ingresos -estadísticamente, el más importante, junto con el de la seguridad y estabilidad en los ingresos (la fundamental diferencia entre el empleo «en blanco» y el cuentapropismo), los estilos de vida, la valoración o no de la educación, el aferrarse a valores tradicionales o desvalorizarlos, …

Y la hostilidad entre ellos -poderoso instrumento político- se puede manipular más fácilmente entre los segmentos cercanos. A uno le pueden caer mal, o no, los megamillonarios como Zuckerberg o Bezos, pero da más rédito político cabalgar la hostilidad, la desconfianza hacia la «casta política», para citar el negocio de moda. No que los políticos no hayan hecho méritos para ganarse esa hostilidad…

Pero eso es una moda reciente, importada de España, hasta en los términos. Un negocio político mucho más establecido, desde hace 14 años, es fomentar la hostilidad, la rabia, hacia la versión más actual y visible del peronismo, el kirchnerismo. No que el kirchnerismo no haya hecho méritos para ganarse esa hostilidad…

¿Qué tiene que ver esto con la elección de 2015? Todo. Y se ha dicho muchas veces. El kirchnerismo, en particular Cristina Fernández, ha construido un mensaje eficaz, y una «marca» poderosa. Pero llega a los ya convencidos. En 2015 Daniel Scioli no consiguió construir un mensaje eficaz, que sumara sectores a los que el kirchnerismo no llegaba ni llega, sin chocar con esos convencidos.

Lástima. Probablemente hubiera sido mejor presidente que Macri… (peor era muy difícil).

Quiero hacer un punto no tan repetido como el anterior, pero también obvio. En esa discusión de twitter, como en muchas otras, los entusiastas insistían mucho en «que se perdió por poco».

Cierto, pero es una consecuencia de la fuerte estabilidad, por 76 años y hasta ahora, de esos dos… núcleos de atracción de la política argentina: el peronismo y el rechazo / cuestionamiento al peronismo.

Se puede lamentar, o no, pero la indicación que el kirchnerismo es más genuinamente peronista que, por ejemplo, el menemismo, es que despierta más hostilidad en el antiperonismo. (Una cuestión de grado, eh. El no peronismo tampoco lo aguantaba al Turco).

¿La economía es decisiva? Sí. tienen razón Clinton y mi amigo Musgrave. Pero se expresa en una determinada realidad política y social. Que cambia, pero mucho más lentamente.

La demostración es que Macri, después del desastre económico -en los términos de su propio proyecto- que comienza en abril de 2018, obtiene un año y medio después un 40% de los votos para su reelección.

El punto no es que se perdió por 2 puntos, entonces. Es que nuestra sociedad está dividida en dos núcleos de atracción hegemonizados por dos fuertes identidades. Y la que gana debe gobernar a la otra, a la vez que construir un sistema estable. Ninguna de las dos lo consiguió, hasta ahora.

Termino. Y aclaro que repetí varias veces «hasta ahora», por un punto muy práctico. Esos «núcleos de atracción», ambos, están hoy bastante desgastados. Para ganar y llegar o conservar el gobierno, deben sumar afuera de ellos. Pero les es difícil. Cualquiera que examine el humor social, nota que se extiende el cansancio con este «empate hegemónico».


Los tipos de Unidad Histórica, Artemio López y las candidaturas de 2023

abril 5, 2022

Hace unos días mi amigo Artemio publicó en su blog, en Perfil y en Página 12 «Hacia un nuevo tipo de Unidad Histórica«. Confieso que no lo leí en ese momento. Porque viene planteando ese concepto desde hace 14 años; recuerdo ese mismo artículo, con pequeñas diferencias, en 2017, principios de 2019… Así que sentí que ya lo conocía.

Pero la semana pasada un tuitero prestigioso, también mi amigo, lo calificó como «sarasa teórica«. Y pensé que era injusto: la intención de Artemio es plantear una estrategia -con la que se puede estar de acuerdo o no; yo no estoy de acuerdo, por ejemplo-, y el problema es justamente que le falta teoría.

Paso a explicarme: el ejemplo favorito de Artemio -que muestra además la antigüedad de la idea- es la fórmula presidencial de 2007, Cristina-Cobos, y la ruptura en 2008. Vale, si estiramos el concepto de «unidad histórica» para incluir a estrategias ensayadas.

Néstor Kirchner desarrolló en su presidencia la Transversalidad. Incorporó al entonces Frente para la Victoria importantes sectores de la Unión Cívica Radical -el correligionario Cornejo militó ahí, junto a bastantes otros- y llevó como fórmula en 2007 a Cristina Kirchner y el radical Julio Cobos (Esa fórmula se impuso en casi todas las provincias y Cristina se convirtió en la primera, y hasta ahora única, mujer electa a la Presidencia de la Nación Argentina).

La idea de N. K. -influido tal vez por Torcuato Di Tella- era la formación de dos grandes coaliciones, una de centro izquierda, donde el radicalismo aportaría una expresión de las clases medias, y otra de centro derecha (Se dice que ya visualizaba para encabezarla al jefe de gobierno de Buenos Aires Mauricio Macri).

Como sea, problemas estructurales de la economía argentina -que no hay espacio para discutir en un posteo casual- rompieron al FpV (quizás influyó también una idea original -la resolución 125- del luego radical Martín Lousteau).

El hecho es que desde entonces mi amigo llama a «un nuevo tipo de unidad histórica». El núcleo central, hegemónico de esa unidad -en eso es terminante- sería el peronismo kirchnerista, como se expresó en los 12 años y medio de gobiernos K, con el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner. Lo que no precisa -me parece- es qué otras realidades, conciencias, deberían contribuir a formar esa unidad.

(En sus momentos más entusiastas, Artemio sugirió que tal vez no sería necesario nada más. Si el FpV enfervorizaba a sus militantes, de alguna manera eso contribuiría a reunir el 40%+1 de los votos, y si la oposición se divide, ninguna otra fuerza llega al 30%… Voilá! La ley electoral argentina no exigiría el balotaje.

Pero es pedirle mucha ayuda a la oposición, sobre todo en estos tiempos polarizados. Y don López nunca fue claro -por lo menos en lo que leí de él- quiénes serían los otros a sumar. Y cómo hacerlo. Recuerdo haberlo bardeado sugiriendo que quería un frente de lacanianos y cookistas…

En sí, el tema no es teórico, sino muy práctico. Se expresa en los acuerdos electorales, la distribución de cargos en el gobierno (Max Weber tiene un buen análisis de esto) y se simboliza en las fórmulas presidenciales.

En 2019, estaba claro que un peronismo unido tenía una chance razonable de triunfar, luego del desastre de Macri. La resistencia que despertaba CFK en sectores de posibles votantes de un frente hegemonizado por el peronismo disminuía, disminuyó, si ella no era la candidata presidencial. La estrategia funcionó (y ya es irrelevante preguntar si otra estrategia también hubiera tenido éxito).

Ahora, Artemio -y muchos otros, K y no K- están disconformes con esta gestión, simbolizada, no importa si con justicia o no, por las figuras de Alberto, Cristina y Sergio.

El problema que se les presenta a los descontentos (de Este Lado; los del Otro Lado también tienen su problema, pero es distinto) es qué se le suma al peronismo kirchnerista, al que quizás irreflexivamente se lo da por seguro, para tener chances de conservar el gobierno. Porque «sin el P. K. no se puede, pero con el P. K. no alcanza»).

Entonces, qué se suma y cómo se expresará esa suma: ¿con Sergio en la boleta? con Perotti? con Schiaretti? con Milei?? O se probará otro rumbo, Cristina-Myriam (Bregman)???

El juego de nombres parece, es, poco serio. Pero apunta a algo muy real y concreto: las fuerzas políticas, las tendencias sociales se manifiestan en hombres y mujeres reales, que ocupan posiciones de poder y liderazgo.

Y ahí vuelvo (al fin!) a mi observación del comienzo: falta una comprensión teórica adecuada del problema, o se convierte en una danza de ambiciones y delirios. No es que la voy a hacer yo, pero quiero apuntar algunas ideas (muy conocidas, pero algo olvidadas).

Desde su origen, el peronismo sumó dos realidades sociales que fueron decisivas para determinar su naturaleza, y sus resultados electorales: los trabajadores de los suburbios industriales de las grandes ciudades y las mayorías en las provincias pobres.

Tuvo y tiene otras alianzas importantes, claves en algunos momentos: los militares nacionalistas, la iglesia católica, una burguesía industrial ambiciosa,… Más tarde, juventudes de clase media, y no sólo de ella, enfervorizadas por las imágenes de Vietnam y la Revolución Cubana… En una etapa muy «sui generis» se le sumaron sectores medios y altos, individualistas e ilusionados con ser ciudadanos del «primer mundo». Más recientemente, se le incorporó una clase media progresista, convocada por Néstor y Cristina.

Pero su base electoral, su realidad social, algo desflecadas, cierto, siguen siendo los trabajadores y las provincias pobres. Y me animo a decir que si están «desflecadas» no es tanto por las falencias de sus dirigentes -que las hay, por supuesto, pero no mitologicemos las etapas anteriores, tampoco- sino porque la realidad de la clase trabajadora y la sociología de las provincias fuera de la Pampa Gringa, cambiaron mucho.

Los «descamisados» de Evita hoy están divididos en tres realidades profundamente distintas: la de quienes trabajan «en blanco», con obra social y sindicato; los «cuentapropistas», divididos a su vez en miríadas de rubros y experiencias; y los desocupados. Que ya tienen sus propios sindicatos: los movimientos sociales.

Hoy esas tres categorías están mal, pero eso no las une automáticamente, ni estimula la solidaridad entre ellas, al contrario.

Y las «provincias pobres»… Doy un ejemplo, si se tiene en cuenta que cada una es una realidad muy distinta. En Jujuy ganaba el peronismo desde siempre… hasta 2015. Y en 2019 el gobernador radical fue reelegido. El liderazgo y el trabajo de Milagro Sala en pro de los más sumergidos no fue apreciado por una mayoría de sus comprovincianos.

Termino dándole la razón a Artemio, entonces. El peronismo necesita un nuevo tipo de unidad histórica. Agrego, uno que no pierda la que había construido a lo largo de su historia. Ya que empecé con una confesión, va otra: no sé cuál podrá ser. Pero debe empezar resolverlo este año, o no lo tendrá listo en 2023.

Repito mi habitual ejemplo del andaluz que explicaba el arte de la tauromaquia «Toreá es muy senciyo. Que viene er toro, se quita usté. Que no se quita, lo quita er toro».


La Plaza y las Malvinas

abril 2, 2022

Por los 40 años del inicio de la única guerra convencional que Argentina libró en más de un siglo, se ha comunicado mucho. Muchísimo. También yo escribí algo para AgendAR, tratando de decir que esa guerra, por más que sea una herida en la memoria de muchos, es parte de una historia. Y la historia sigue.

Igual, no quería que terminara el día sin poner algo en el blog. No quería repetirme, creo que desde hace 13 años subo una reflexión cada 2 de abril, por eso acerco este video, basado en una investigación de María Sofía Vasallo y Juan Natalizio. Un poco demasiado «binario» para mi estilo: yo no separo tanto entre sinceros e hipócritas. Creo que está más mezclado en cada uno de nosotros. Pero es valioso: muestra el protagonismo de «los de a pie», los que van a Plaza de Mayo a aplaudir o protestar. Y está Saúl Ubaldini una buena elección para simbolizarlo en alguien.

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El impuesto a los bienes en el exterior, no declarados «Todo el arte está en la ejecución»

marzo 29, 2022

Corresponde que empiece este posteo con una sincera felicitación a la compañera Juliana Di Tullio. Este proyecto que presentó es una brillante idea política, que ha sido bien ejecutada.

Al lanzarlo en este momento, permite unificar a los sectores enfrentados -y a los desconcertados, más numerosos- del Frente de Todos en torno a una propuesta política razonablemente concreta y que aparece audaz. Ayuda mucho -eso también tiene que ver con la oportunidad de su lanzamiento- que la oposición -Juntos por el Cambio y el dúo Clarín/La Nación- se «comieron la curva» y de inmediato lo calificaron de «inoportuno», «ridículo» y «delirio total». La polarización es la salud de las coaliciones.

(Estoy especialmente bien impresionado por la jugada, porque justo en estos días estuve leyendo a los opinadores más inteligentes de Este Lado que se mostraban pesimistas no sólo sobre las chances en 2023, sino sobre mantener la unidad del FdT. Me sentía inclinado a murmurar «Volvimos mejores, pero deprimidos«. Y sí, para alguien que vivió como se resolvían las contradicciones internas en los ´70, no cabe duda que hoy se manejan mejor).

En cuanto al proyecto en sí: seguramente podrá mejorarse en el debate. Hasta con el aporte de legisladores de JxC, que conocen del tema, en cuanto se aviven. Pero está bien pensado y desarrollado, sin duda con el aporte profesional de algunos colegas.

Su núcleo es el artículo 7: «Los recursos … provendrán de lo recaudado por un aporte especial de emergencia que se aplicará a los bienes situados y/o radicados en el exterior que se localicen o detecten a partir de la entrada en vigencia de la presente Ley y no hayan sido declarados ante la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)«.

¿Tiene chances de lograr resultados concretos? En mi opinión, . La tolerancia de los Estados más o menos serios y de sus organismos de recaudación, con los «bienes no declarados» ha disminuido mucho en las últimas décadas. Hasta han financiado discretamente algunas «investigaciones periodísticas» que revelaron los capitales ocultos en paraísos fiscales, y los nombres de sus dueños. En estos días, la situación de algunos bilonarios a los que se considera amigos de Putin hizo más notoria esa actitud.

Argentina, entonces, si consigue hacer una trabajo diplomático medianamente competente y sobre todo discreto, podrá obtener colaboración. La Unión Europea está tan irritada con sus evasores que hasta ha divulgado nombres de quienes tienen fondos no declarados en aquellos países entre sus propios miembros que juegan el papel de Uruguay en nuestra región: Irlanda, Luxemburgo… Por alguna razón, a Liechtenstein no se lo menciona. Pero no aconsejo a nadie abrir la cuenta más inocente en Chipre.

EE.UU. … tal vez no dirá nada sobre los depósitos en Delaware, pero se ha mostrado dispuesto a revelar secretos en Panamá y en el Océano Índico.

En resumen: no creo que se recauden los 40 y tantos miles de millones de dólares de la deuda con el FMI, pero se podrá conseguir sumas interesantes, y de paso se mejorará la calidad de la política local. Eso sí, para dejar de ser un país deudor, será necesario que, con mucho esfuerzo, nosotros lleguemos a ser un país acreedor. Eso es el capitalismo, gente.


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