Carl Schmitt y el fútbol, en un finde largo

abril 29, 2017

la muerte de balbo

El comentario casual de un amigo me hizo acordar de esta nota de Hugo Asch. La copio y se las dejo, esta vez sin mis habituales comentarios, que tienden a ser más largos que los textos ajenos. Tal vez -por asociación de ideas- me impulse a escribir algunas reflexiones sobre el pensamiento político argentino, pero será otro día, menos soleado.

“El fanatismo es a la superstición lo que el delirio es a la fiebre, lo que la rabia a la cólera. El que tiene visiones, toma sus sueños por realidad y su imaginación como profecía. Es un fanático de enormes esperanzas, pronto podrá matar por amor de Dios”. Voltaire “Fanatismo”, en su “Diccionario filosófico” (1764).

“El 3 de agosto de 1983 fui testigo del fusilamiento más lento de la historia. En su tribuna de la Bombonera, La 12 perfeccionaba su puntería lanzando bengalas marinas, esas estelas luminosas que brillan en el cielo oscuro en caso de emergencia. Una voló sobre los palcos y desapareció; otra dibujó un arco cerrado y se clavó en el césped mientras salían los equipos; dos se estrellaron contra los escalones vacíos de la tercera bandeja. La multitud de Racing que se apretujaba abajo festejaba tanto tiro fallido. “¡Óóóleee…!, se burlaban.

La última, finalmente, dio en el blanco. El partido había empezado cuando la bengala, lenta y fatal, viajó de tribuna a tribuna, hasta impactar en aquel mar humano. Como una piedra que cae en un espejo de agua, se produjo un movimiento circular y algo quedó en el centro, inmóvil. Levanté mis binoculares. La imagen era dantesca. “Le sale fuego de la cabeza”, dije con un hilo de voz. Mi vecino de platea me arrebató los lentes. “¿Qué fuego? Se abrieron para que pueda respirar, ¿no ves cómo están?”, se entregó, manso y tranquilo, al enorme poder de la negación.

El partido seguía mientras se llevaban el cuerpo. Terminó 2 a 2. A la salida, como un autómata, caminé hasta el centro. Supe, por la tapa de Crónica, que la bengala se había clavado en el cuello de Roberto Basile, 25 años, empleado bancario. Años después, la frase involuntariamente poética de un hincha que le pedía un tema sobre ellos –“Flaco, ¡todo lo hacemos por amor a los colores!”–, inspiró a Spinetta, que transformó la tragedia en arte. “Adentro queda un cuerpo/ la bengala perdida se le posó/ allí donde se dice gol (…) Por un color/ sólo por un color/ no somos tan malos/ ya la cancha/ estalla/ en nada”, dice en su La bengala perdida, una bellísima canción.

Esa Argentina posdictadura, tan idealista, llena de ilusión o naif, ya no existe. Así como en 1951 un descarnado Theodor Adorno escribía en su Crítica, cultura y sociedad: “Es imposible escribir poesía después de Auschwitz”; este tiempo cruel y de vuelo corto no deja espacio para la metáfora. Las cosas se hacen a lo bestia, sin anestesia.

Emanuel Balbo era uno más en la previa del clásico cordobés. Todos de Belgrano, ni uno de Talleres. Nadie se preocupa ya por eso. La incapacidad del Estado para garantizar la seguridad del público visitante está impuesta y aceptada. Sin embargo, la violencia crece y se profundiza con los barras y sus feroces internas por la caja, y conflictos que parecen copiados del teatro del absurdo de Ionesco o Jarry.

La víctima reconoce al hombre que mató a su hermano. La manera en que el increpado se defiende refleja con escalofriante exactitud el estado de las cosas. “¡Este culiao es de Talleres!”, lo señaló. No hizo falta nada más. Balbo fue golpeado y pateado desde lo alto de la tribuna hasta la última boca de acceso. Allí lo arrojaron al vacío. Su cabeza se destrozó al chocar contra el cemento.

Las viejas fotos muestran a Basile muerto, con la bengala clavada en el cuello, rodeado de hinchas aterrorizados. Se hace difícil encontrar la misma expresión en los testigos de la fría ejecución de Balbo, en tanto “infiltrado” del enemigo. Una mujer de anteojos, asustada, cubre sus mejillas con las palmas de sus manos. Dos abren la boca. El resto, réplicas de Meursault, el extranjero de Camus, observa sin emoción. Alguno frunce el ceño. Varios sonríen. Un padre, impávido, mira la escena con su hijito en brazos. Los que lo empujan estallan de furia y goce. Ninguno es barra y eso es lo que más perturba. Son gente común, anestesiada. El problema de un “otro” no los roza.

¿Por qué pasa lo que pasa? ¿Por qué lo que llaman grieta y tanto se parece a la lógica amigo-enemigo de Carl Schmitt –(1888-1985), filósofo político, nazi y teórico de la realpolitik– lo ha invadido todo, idiotizando mentes y almas?

Como dice Voltaire y Dylan canta, con dolorosa ironía, el fanatismo y el odio se profundizan siempre “con Dios de nuestro lado”. Un fanático no duda, y en tanto sin dudas, su mente se estanca en la viscosa posverdad, la repetición del mensaje deseado –cierto o no–, que niega al diferente y lo culpa de todo mal.

¿Qué sucedió cuando los planteles de Independiente y Talleres, junto al de Belgrano, se juntaron en el estadio cordobés para dar un mensaje de unión y tolerancia? Hubo silbidos y el canto de guerra contra el rival-enemigo: “¡Vos sos de la B…!”.

Pero hubo más. En cuanto se supo que Belgrano deberá jugar como local sin público y fuera de Córdoba hasta que definan la sanción –que será dura, con quita de puntos–, una lluvia de insultos, amenazas y fotos de armas saturó el celular de Chiqui Tapia, el presidente de AFA. Enfurecida, una estudiante de periodismo había hecho público su número en un foro de internet. Ay.

A partir de la profunda crisis de representatividad del sistema de partidos políticos, muchos –demasiados–, huérfanos de identificación, adoptaron la bandera tribal de su club como único estandarte. Hoy no abundan los que serían capaces de dar su vida por una idea. Pero sobran los que, ciegos, salen a matar o morir por los colores. Así estamos.

En este contexto, mientras los barras sigan al frente de sus rentables pymes multiservicio, impunes y asociados al poder –punteros políticos, dirigentes, policías, dirigentes, funcionarios– no habrá manera de combatir ese sistema perverso y violento con un mínimo de seriedad.

¿Demasiado pesimista? Sí, tal vez. Aunque a decir verdad, compatriotas, un pesimista no es otra cosa que un optimista con información”.


“Fora todos eles!” La restauración choca en Brasil. Y acá

abril 29, 2017

Como seguramente saben, ayer fue un día de huelga general y disturbios en Brasil. Resumo uno de las crónicas (la de Clarín), además del bonito video de arriba:

Enfrentamientos entre policías y manifestantes, paro de transportes y en las escuelas marcaban este viernes la huelga general convocada en Brasil contra las medidas de austeridad del gobierno de Michel Temer, en un país sumido en la recesión y con niveles récord de desempleo.

Al comienzo de la tarde, cuando estaban convocadas las principales marchas, el centro de Rio se convirtió en un campo de batalla mientras los agentes dispersaban con gases lacrimógenos a unos 2.000 manifestantes frente a la Asamblea Legislativa.

Los choques se prolongaban al caer la noche en torno a la plaza Cinelandia, rodeada por policías del cuerpo antimotines que dispersaban con gases a grupos que se congregaban en las calles cercanas. Ya durante la mañana, la policía había intervenido contra activistas que bloqueaban calles de Sao Paulo y otras ciudades.

Se trata, según la Central Única de Trabajadores (CUT), de la primera huelga general convocada en el país desde junio de 1996, contra las privatizaciones y la flexibilización de los derechos laborales impulsadas entonces por el gobierno socialdemócrata de Fernando Henrique Cardoso.

En esta ocasión, las denuncias apuntan en particular contra los proyectos de reforma del sistema de jubilaciones y, una vez más, de flexibilización de los contratos de trabajo.

Ambas iniciativas están en votación en el Congreso como parte del programa del gobierno para enderezar las cuentas y sacar a Brasil de la peor recesión de su historia. Según datos oficiales publicados este viernes, el desempleo en la mayor economía latinoamericana alcanzó un nuevo nivel récord de 13,7%, con 14,2 millones de personas en busca de trabajo.

Tanto para la CUT, ligada a la izquierda, como para Força Sindical (FS) -cuyo presidente es diputado de la base aliada del conservador Temer- la jornada fue un éxito. Según FS, casi 40 millones de brasileños adhirieron a la medida de fuerza.

“Es una clara demostración de que la gente decidió parar en protesta contra la retirada de derechos que sufre por parte del gobierno”, afirmó el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010). “Es una satisfacción saber que el pueblo brasileño está tomando conciencia”, agregó el exlíder sindical, favorito en las encuestas de intenciones de voto para 2018 pese a que enfrenta cinco acciones judiciales, en su mayoría por el escándalo de sobornos en Petrobras que salpica a decenas de dirigentes tanto oficialistas como opositores.

Para el gobierno, en cambio, la paralización fue un fracaso: “Están impidiendo que las personas lleguen a sus lugares de trabajo. En un primer análisis, eso evidencia que es una huelga que no existe. Es más una huelga de sindicatos perturbados por las decisiones del Congreso”, dijo el ministro de Justicia, Osmar Serraglio.

En Sao Paulo, motor económico y distrito más poblado del país, se produjeron algunos enfrentamientos entre manifestantes que obstruían arterias de la ciudad y la policía, generando congestionamientos en el tránsito. Después del mediodía, los trenes y el metro comenzaron a funcionar parcialmente, aunque los autobuses seguían paralizados.

Metalúrgicos, petroleros, personal de los hospitales y de los correos también adhirieron a la protesta. Unos 60.000 obreros no acudieron a sus puestos en las fábricas del cinturón industrial de Sao Paulo, paralizando montadoras como las de Mercedes o Ford, informó el Sindicato de Metalúrgicos local“.

Quiero agregar que la protesta contó con la adhesión de organizaciones de pequeños comerciantes, los docentes de la red privada y colegios religiosos y el respaldo de gran parte de los obispos de la conferencia episcopal brasileña.

Ahora, mi reflexión: Como en Europa hoy abundan los “euroescépticos”, es inevitable que entre nosotros aparecen los que podríamos llamar “latino escépticos”. Serían los que dicen que la idea de una Unión Latinoamericana es un sueño de propaganda, porque nuestros países son muy distintos entre sí (Andrés Malamud sería uno de ellos, por ejemplo).

Es cierto que Colombia y Uruguay tienen grandes diferencias (como Jujuy y Río Negro, por ejemplo). Pero, más allá del debate teórico, y de los distintos proyectos que refleja, el hecho es que vivimos procesos políticos que abarcan a la América del Sur.

No me voy a remontar a los siglos coloniales, y a las guerras de Independencia. Cuando concluyeron, más o menos en 1825, nuestros países fueron integrados por separado en el sistema global de ese entonces, la hegemonía británica. Vargas, Perón, Ibáñez, pueden ser vistos como expresiones de una identidad, de raíces comunes, pero la trayectoria de los proyectos que encarnaron siguieron por caminos distintos.

Los tiempos de la guerrilla… formaron parte, a su pesar, de la Guerra Fría que dividía el planeta. Aún las experimentos neoliberales que comenzaron en el Chile de Pinochet y la Argentina de Videla -la dictadura militar que comenzó en 1964 en Brasil nunca abandonó su vocación industrialista- pueden considerarse como parte de la ola global que en la década del ´70 comienza con Thatcher, se consolida con Reagan y triunfa sin discusión después del derrumbe de la Unión Soviética.

Pero esas experiencias se derrumban, antes que en ningún otra región y con más contundencia, en la América del Sur. Y frente a su desprestigio aparecen, al mismo tiempo en términos históricos, nuevos gobiernos y nuevos liderazgos que revalorizan la autonomía nacional, la distribución del ingreso y la participación popular. Aunque conservaron las instituciones democráticas, sirvió para que fueran englobados por sus enemigos como “populistas”.

También enfrentan crisis y derrotas, más o menos al mismo tiempo en toda la región. Y en todos los casos se encuentra el mismo factor: una parte numerosa de la población, que antes había sido favorecida por esos procesos, se encuentra insatisfecha o furiosa con los gobernantes. Y eso sirve para inclinar la balanza en favor de los sectores del poder económico vinculados a la globalización. Que nunca habían dejado de ser hostiles a estos gobiernos “populistas”.

Por supuesto, se pueden encontrar diferencias con este esquema -burdo, lo confieso- en cada uno de los países de la región. Pero me parece indiscutible que encontramos un “parecido de familia” en la mayoría de ellos.

La deposición de Dilma Rousseff en Brasil, la derrota del Frente para la Victoria en Argentina -los dos países más grandes del subcontinente- marcaron dos pasos decisivos en lo que se puede llamar la “restauración neoliberal” (si uno toma en cuenta que “neoliberal” va en el camino de “fascismo”: un término para nombrar todo lo que a uno no le gusta). Pero, imperfecta como es la definición, no cabe duda que se trata de un intento de reinsertar a nuestros países en el esquema de la globalización tal como es hoy (¿todavía?) promulgado desde el Atlántico Norte.

Ahí llego al título del posteo: Esta restauración está entrando en crisis, casi simultáneamente, en los dos países. Digo “entrando”: el “fora todos eles” en Brasil es un eco del nuestro “que se vayan todos” del 2001, pero ese país, por todo el deterioro de su economía, está lejos del derrumbe que vivimos entonces. También lo está Argentina.

El choque de estos proyectos “restauradores” es con la realidad: los trabajadores y en general los sectores medios y medio bajos simplemente no aceptan la lógica de rebaja de salarios y pérdida de conquistas que los voceros del esquema neoliberal exigen, casi histéricamente. Y la frase tan usual en los medios progres “¡Este esquema no cierra sin represión!” encierra, parece, una falacia: Porque tampoco cierra con represión. No, al menos, en las condiciones actuales en la mayor parte de la América del Sur.

Esto no significa que vamos a ver, necesariamente, una “restauración populista”. Las restauraciones nunca traen de nuevo lo anterior, como lo están comprobando los nostálgicos de los ´90. Y las experiencias que vienen deberán evitar los errores que derrotaron -o acosan- a las que comenzaron con este siglo.

(La cultura brasileña es muy visual. Cliqueando aquí acceden a un expresivo album de la jornada de ayer. Como uno es romántico, o baboso, elegí esta para cerrar el post)


Música para el finde largo – Alberto Williams, Aleksandra Tonelli

abril 28, 2017

Para empezar este fin de semana largo, elegí esta pequeña joya del compositor argentino Alberto Williams: Vidalita, Op. 66 N° 4. En el piano, Aleksandra Tonelli.


Postales de radicalismo explícito II – Sanz, Carrió, Lousteau

abril 28, 2017

lousteau

Después de esta introducción teórica, me interesa acercarles algo sobre la política práctica del “radicalismo realmente existente”. (Que no es tan diferente de la del “peronismo realmente existente”, eh). Ahora, ellos están en Cambiemos, y son soldados del Mauricio. Por eso, hay que incluir sus interacciones con la Dra. Carrió, que viene de la UCR, y con Martín Lousteau, que viene de esos cuadros jóvenes y dinámicos por los que Cristina Kirchner tenía debilidad.

Entonces, tomo esto de Ignacio Zuleta, uno de los periodistas mejor informados sobre los entretelones del oficialismo actual. Lo interesante de este pantallazo, es que abarca desde el Chaco hasta la Ciudad Autónoma, las prioridades del PRO, y hasta alguna especulación en el peronismo, aunque sobre este tema Zuleta ya no está tan informado. Leemos:

“Estamos como antes de Gualeguaychú (el acuerdo PRO-UCR)”. Esta reflexión recorre, como un reguero de pólvora, los pasillos del poder, que se acomoda a la convivencia post- Carrió. Es lo que sigue a la decisión estratégica de Olivos de resguardar, por ahora, los fueros de sus gobernantes en Buenos Aires y el distrito federal de las amenazas de coyuntura que han sido la jefa de la Coalición y el movedizo Martín Lousteau. El reacomodamiento se impone no sólo a partir de lo que ocurrió en la vidriera de esos dos grandes distritos. También por los desacuerdos entre los socios de Cambiemos en la negociación de las listas en distritos menos expuestos.

Por ejemplo, el Chaco, que fue motivo de una airada discusión el martes en la mesa estratégica que sesionó en un almuerzo de rutina en el despacho de Marcos Peña, al que concurrieron el anfitrión, Rogelio Frigerio, Emilio Monzó, Humberto Schiavoni, la cúpula radical –José Corral, Mario Negri, Ángel Rozas- y la delegada lilista Marisel Etchecoin. Vale la pena ponerle la lupa a esa anécdota que forzó a un ejercicio de autocrítica a los bastoneros del Pro, por los errores de negociación en aquellas comarcas que dejaron fuera de las nóminas a los candidatos del partido de Mauricio Macri.

Rozas se quejó de que los enviados de Olivos hubieran aprovechado un viaje suyo para avanzar sobre las posiciones radicales, con presiones sobre intendentes por parte de funcionarios de Interior, que agitaron billeteras a cambio de candidaturas. Los hombres de Rozas, que se reparten allá el poder partidario en tres sectores, resistieron y cerraron las listas sin gente del Pro ni de la Coalición. Intentaron quitarles la marca Cambiemos, pero los radicales la recuperaron en la Justicia. Eso alimentó la ira de Rozas por haber jugado desde el Gobierno nacional a sus espaldas. “Necesitamos gente que represente al presidente”, amagaron como justificación el martes. “Ustedes no saben quiénes son los que ponen los huevos allá por Mauricio”, se enojó el senador, que forzó disculpas de los dueños de casa. Estos debieron admitir que los radicales mandan en donde tienen poder y que ya cedieron la candidatura a diputada nacional a Aída Ayala, que Olivos factura como propia. Pero nada más. Etchecoin salió del almuerzo con la promesa de que habrá un lugar para la Coalición en las nóminas locales. En síntesis, perdió el Pro, ganó la UCR.

El episodio importa como ejemplo de la pasión que está poniendo el Pro en la defensa de posiciones en las listas de candidatos, como si fuera la última oportunidad de consolidar un partido político con futuro. Se comprende porque se viene una elección legislativa en la cual conviene avanzar en cantidad de bancas, empleando todo lo que tiene un gobierno que entra en el final del mandato. El pronóstico que maneja el oficialismo es que estos forcejeos son auspiciosos porque los dirigentes creen que habrá un resultado airoso en la mayoría de los distritos. Si los augurios fueran negativos, ya habría fuga hacia los botes, que nunca alcanzan. Por el contrario, las peleas en distritos chicos y grandes son por subirse a las listas.

En esa corrida, el partido de Macri retrotrae el reloj al momento previo a los acuerdos de comienzos de 2015, que permitieron la cumbre de Gualeguaychú. A aquella cita llegaron los radicales divididos entre quienes apoyaban la alianza restrictiva con el Pro –sector Ernesto Sanz, jefe de bloque Federico Storani– y quienes buscaban abrirse a una coalición con otros sectores incluyendo al massismo –sector Julio Cobos, jefe de bloque Rafael Pascual. El jefe del Pro, Macri, operó junto a Sanz, Carrió, Monzó y otros por el triunfo de Sanz. La segunda línea, la mesa Peña-Durán Barba, ponía en duda la eficacia de una alianza con los radicales. Esa cumbre parió el Partido del Ballotage que hizo presidente a Macri.

El reacomodamiento post-Carrió moviliza de nuevo aquellas posiciones pre Gualeguaychú. El enfrentamiento de la semana se exhibió en la sucesión de actos en la parrilla La Bandurria y el salón La Argentina. Enrique Nosiglia apadrinó la reunión de los radicales no Cambiemos que lo agitan a Lousteau, quien presume de haber llevado en la noche del martes a toda la dirigencia formal de la UCR porteña (legisladores, comuneros, jefes de comunas, etc.). Sanz fue el emblema del encuentro del sector pro Cambiemos en La Argentina, movilizado por Jesús Rodríguez –principal ideólogo del Partido del Ballotage– y Facundo Suárez Lastra, el virrey del AMBA. El grupo Bandurria sostiene que el Pro tiene que cumplir con el espíritu de Gualeguaychú y abrir Cambiemos a la UCR y a Lousteau. “Yo perdí en esa discusión y acepté lo que decidió el partido. ¿Por qué no acepta el Pro abrirse en Capital? ¿Por qué Lousteau les puede ganar?”, se quejó Pascual el martes. Sanz, al día siguiente, amasó en La Argentina la dialéctica entre el progresismo auténtico (Macri) y el progresismo estético (Lousteau). También reclamó a la UCR como proveedor de socialdemocracia en Cambiemos. Mientras, el ex embajador en EE.UU. ha dicho que el socialdemócrata es él y que por eso no pertenece, ni lo pretende, al Pro, al que considera una formación conservadora.

Lousteau hizo su última aparición en la costa este de los EE.UU. en la conferencia que organizó en el MIT un grupo de alumnos de la Ivy League, horas después de abandonar el martes su despacho en la embajada en Washington –puede quedarse en la residencia 45 días más, pero se viene antes, me dijo cuando hablé con él horas antes de su charla en Boston. En esa intervención eludió mortificar al Gobierno en los términos que usa cuando explica su situación. Llevó el discurso a la necesidad de que el Gobierno mejore su capacidad negociadora. “No hay negociación que fructifique si alguien no está dispuesto a ceder algo”, repite. Habla, claro, de su propia situación. Parece ofrecer un acuerdo con el Gobierno, o quizás expresa su deseo de que ocurra. Se basa en principios clásicos de la negociación: sólo quien cede poder negocia con éxito. Entre los invitados a la conferencia estaba el economista Eduardo Levy Yeyati, encargado del master plan 2030 por encargo de Macri, y que también se dice socialdemócrata.

¿Qué puede ofrecer Lousteau cuando ya le cerraron las puertas? Su despido odioso de la embajada anula la promesa de Olivos de darle unas PASO para el gobierno porteño en 2019. Los escenarios que discuten sus amigos del radicalismo porteño hurgan en las consecuencias de lo que pasó. Lousteau se ríe: “Lilita ahora es mi Durán Barba. Dice que Durán no la deja ser candidata en la provincia. Ahora ella dice que yo no puedo ser candidato en Capital”. Los radicales creen hoy que tienen que revisar toda la coalición, en particular en Buenos Aires, adonde María Eugenia Vidal abre su gobierno hacia el peronismo y les puede cerrar el camino. El más indignado por este punto es Federico Storani, que no está en la línea Lousteau, pero que ha tomado distancia hace rato de Sanz, a quien defendió en Gualeguaychú. No extrañe si en las próximas horas el radicalismo de Buenos Aires convoca a una cumbre como la de Villa Giardino de hace un mes para reclamar posiciones para el partido en las candidaturas.

El reacomodamiento post-Carrió abre espacio para las picardías. Primero, la tentación del peronismo que repetir la dialéctica del ballotage porteño de 2015, cuando jugaron en apoyo de Lousteau. En aquel momento era negocio apoyarlo con votos y con medios materiales porque esmerilaba la candidatura presidencial de Macri. Ahora es dudosa la conveniencia en ceder bancas, que es lo que se discute. Pero la tentación de ayudar a una derrota de Cambiemos en la Capital anima a algunos opositores que creen que un triunfo sobre Macri-Larreta sería un tanque de oxígeno. Cerca de Lousteau creen que éste debe ser candidato a legislador, y no a diputado nacional. Evitaría así la confrontación con Carrió, algo que cortaría cualquier entendimiento futuro con lo que hoy es Cambiemos. Si decidiese eso, podría ganar la elección en esa categoría ante cualquier candidato del larretismo y además haría entrar a más de una decena de legisladores propios. Un bloque grande le daría una posición de poder decisiva en la Legislatura, además de darle empleo y destino a tantos radicales en el desierto. Los ha tentado también la idea de la lista corta: ser candidato a legislador y no presentar diputados nacionales, como un gesto amistoso. Implicaría resignar por lo menos cinco diputados, que es lo que creen que podrían obtener. Si esto ocurre, Carrió y Lousteau se repartirían el triunfo en la Capital. ¿Es lo que busca Macri? Si Carrió era un peligro para Vidal en Buenos Aires, reflexionan algunos, ¿qué no será ahora para Horacio en la Capital, víctima de un avance en pinzas de dirigentes que no son del Pro? Alguien de Gobierno tiene que dar esa explicación porque es un enigma hoy sin solución y que vuelve a mostrar al Pro protegiendo la plaza propia como si 2017 fuera la última oportunidad de aglutinar fuerzas.


Postales de radicalismo explícito – Tamborini-Mosca

abril 28, 2017

clarín tamborini

En estas semanas el blog desbordó con información y reflexiones sobre la interna del peronismo bonaerense. Está bien, es una fuerza que va a dar una batalla clave. Pero el resto del país, y del electorado, también existen. Y suma un poquito más del 60 % de todos los votos, ténganlo en cuenta.

Pero no es esa la razón principal por la que quiero comentar también aquí otros “frentes de batalla”. Ya lo sugerí en algún posteo anterior. La famosa “grieta” no es nada nuevo entre los argentinos, por Dios! (Ni tampoco en otros países). Nuestra historia registra divisiones anteriores, mucho más sangrientas.

Lo especial en esta es que hay dos partes de la sociedad argentina -con algunas diferencias estadísticas en el promedio de ingresos y, en varias provincias, en el matiz de la piel- pero que ambas pertenecen en su mayoría a los diversos sectores medios argentinos, tienen acceso a las mismas noticias… Y hay una pared gruesa de vidrio entre ellas. Ninguna de las dos escucha -registra- lo que le llega a la otra.

Para un lado de la “grieta” -en el que incluso están algunos peronistas, casi todos de más de 50 años- la experiencia kirchnerista, que gobernó doce años, con funcionarios y cuadros surgidos en su gran mayoría del peronismo y apoyada en gobernadores y sindicatos peronistas, sería una “anomalía”. Que no tendría que ver con el “verdadero” peronismo.

Del otro lado, muchos argentinos -especialmente en el progresismo filo K- parecen todavía shockeados porque ¡la Derecha ganó una elección libre! Han borrado de su memoria 1995, cuando Menem fue reelecto con una decisiva mayoría, después de las privatizaciones y la desregulación. También 1999, cuando ganó la Alianza, que prometía continuar, sin corrupción, con las políticas de Menem. Lo que el derrotado Duhalde no garantizaba.

Hasta los peronistas -influenciados por la afluencia de jóvenes que empezaron a militar hace menos de diez años- parecen haber olvidado que en los 71 años de existencia del justicialismo nunca dejó de existir una oposición numerosa, con raíces sociales y culturales profundas, que por la mayor parte de ese tiempo encontró un cauce en el radicalismo. Cuando el “partido militar” no suspendía la política civil, claro.

Ahora, aclaro que no estoy de acuerdo con el ingenioso Jorge Asís, que llama al de Macri el “Tercer Gobierno Radical”. Creo que el PRO ha servido para incorporar un elemento en la política argentina, del que la Ucedé de Alsogaray fue un ensayo previo. Y es el que conduce el gobierno, con un equipo de CEOs y consultores. Pero el radicalismo sigue siendo la estructura política más importante en todo el país, después del peronismo. Es el armazón fundamental de la alianza Cambiemos.

Y si el gobierno de Macri fracasa, como un análisis frío de la economía me fuerza a considerar muy probable, la oposición al peronismo, al proyecto modestamente industrialista y defensor del empleo que desplegó en este siglo el peronismo y que será la base de cualquier otro que le suceda en una siguiente etapa… se expresará en el radicalismo.

Empecé este posteo con la idea de hacer una introducción a un material sobre roscas radicales. Pero me di cuenta que, primero y principal, era necesario distinguir entre la política y las guerras de consignas de las hinchadas de futbol. Quería insistir en que los peronistas, no por “buenos” sino por realistas, deben asumir la existencia, y persistencia del Otro. El movimiento nacional podrá incorporar, y debe hacerlo, cuadros y legados del mejor radicalismo, el que luchó por el sufragio libre y levantó banderas nacionales. De la misma forma que Cambiemos ha incorporado notorios operadores nuestros. Pero va a existir -es inevitable y es bueno en una sociedad moderna- una numerosa y articulada oposición política al peronismo y su proyecto.

Y no digo esto por alguna banalidad sobre el diálogo democrático. En las sociedades modernas -como en las antiguas- hay conflictos de intereses. Y la política es el campo de batalla. Pero es necesario entender que el Otro existe -salvo en una fantasía chavista de movilización permanente- y que uno debe convivir con él. Y cuando gana, gobernarlo.


Cuando el populismo inglés cortó cabezas

abril 27, 2017

decapitación de Carlos I

Los ingleses, o para ser más precisos, la élite liberal que ha gobernado Gran Bretaña desde 1688 y buena parte del mundo durante una buena parte de los últimos dos siglos, quedó preocupada -casi se podría decir shockeada- por el Brexit. El plebiscito en que una mayoría de sus ciudadanos expresó su fastidio y su bronca con la globalización en general y la Unión Europea en particular.

Eso sí: tiene una capacidad de análisis y autocrítica que siempre les he envidiado (no la confunden con autocriticar a algún otro). The Economist, vocero de esa élite por una buena parte de los últimos dos siglos, publicó este artículo el viernes pasado. Copio una traducción parcial y después lo comento. Por si nos dice algo a nosotros.

En mi opinión, el mejor análisis de lo que pasó (en el Brexit) fue escrito inadvertidamente por Hugh Trevor-Roper en su ensayo de 1967 sobre “La crisis del siglo XVII”. Trevor-Roper argumentó que, a mediados del siglo 17 se produjo una sucesión de revueltas, en toda Europa, del “Country” (el país) contra la “Court” (la corte). La Corte se había sobredimensionado y enriquecido -muy satisfecha de sí misma- a lo largo de las décadas. Vivian con los tributos extraídos del “país” pero trataron al “país” como una colección de campesinos obtusos. Muchos miembros de las cortes europeas tenían más que ver con los demás miembros de otras cortes que con sus compatriotas. La guerra civil inglesa, que resultó en la decapitación de un rey y el establecimiento de una república, fue el caso más extremo de un colapso a escala europea.

Los paralelos entre la guerra civil inglesa y el referéndum por el Brexit son válidos para todo, desde la geografía hasta la retórica. Los educados y nobles controlan las ciudades. Los puritanos y plebeyos controlan el campo. Los primeros se jactan de su civilización superior mientras que los segundos se quejan de los chupasangres. Trevor-Roper describió la Guerra Civil como una “revuelta de las provincias no sólo contra la parasitaria y creciente corte de los Estuardo, sino también contra la “City” creciente de Londres; contra la Iglesia centralizada, ya sea “anglicana” o “presbiteriana”; Y contra el caro monopolio de la educación superior por las dos grandes universidades. Sustituya la oligarquía corporativa por la monarquía y la BBC por la Iglesia y usted tiene una descripción razonable de la revuelta de los votantes del sí del Brexit. Trevor-Roper argumenta correctamente que si la Corte hubiese sido capaz de reformarse y moderar su arrogancia y sus apetitos, habría sido evitado un gran derramamiento de sangre innecesario y el camino del Renacimiento a la Ilustración habría sido mucho más fácil.

A mediados del siglo XVII se generó una enorme cantidad de historia comprimida en un corto período, tanto que ha obsesionado a grandes historiadores como Trevor-Roper desde entonces. Lo mismo ocurre en Gran Bretaña en este momento. Las próximas semanas verán un montón de tonterías. Van a existir  un montón de emocionantes maniobras políticas. Las campañas políticas son deportes de sangre, no debates filosóficos. Pero también hay enormes problemas que dominarán los próximos años: ¿puede el Reino Unido negociar un acuerdo con Europa que preserve las ventajas de la globalización mientras protege a las personas que se preocupan por demasiado ruido? ¿Puede abordar el anhelo de la comunidad sin dar paso a la gente que piensa que no puede tener “ins” sin tener también “outs”; ¿Puede Gran Bretaña renovar sus instituciones políticas sin ceder ante la tiranía de las consultoras globales o de la corrección política? ¿Y puede Gran Bretaña abordar el problema de la baja productividad que está envenenando nuestra política y convirtiendo la vida política en una lucha cuerpo a cuerpo?

El artículo y su traducción me los acercó el bloguero y habitual comentarista “Víctor Lustig”. A veces he cuestionado su afición, que me parece excesiva, por las analogías históricas. No hay copias exactas en la Historia, y pensar que lo que sucedió una vez necesariamente pasará de nuevo es un error.

Pero es cierto que el Homo sapiens no ha cambiado mucho, por lo menos en los últimos cincuenta mil años. Y se me ocurre que en este caso Víctor y The Economist tienen razón en un punto: Hay en las sociedades modernas una élite, que no es una minoría insignificante, que está satisfecha con su “status” en esta etapa de la globalización. Y que ha edificado todo un relato que la hace ver como racional, inevitable y beneficiosa.

Pero hay una mayoría, en casi todos los países, que está muy fastidiada. Reaccionan en formas distintas, y en tiempos diferentes. La Revolución Francesa ocurrió más de un siglo después de Cromwell, era laica y racionalista, en lugar de puritana,… Pero coincidieron en algo: le cortaron la cabeza al rey. Y a bastantes más.


La unidad que hay

abril 27, 2017

unidad peronista

Me siento incómodo -porque en mi blog me gusta pontificar sobre geopolítica y el malestar de la civilización- volviendo con la interna del peronismo bonaerense. Tema de coyuntura si los hay. Pero los seres humanos vivimos en la coyuntura, y los políticos, y los consultores, no les digo nada.

El caso es que anteayer describí los únicos dos planteos electorales que a hoy, a menos de dos meses para la presentación de listas, existen en el seno de esa noble fauna. Y me parece necesario actualizar con las -importantes- señales que se han dieron en menos de 48 horas.

Esta vez, tengo que decirlo, la crónica más precisa la aporta La Política Online:

Intendentes peronistas se reunieron con Máximo Kirchner para hablar de una “lista de unidad”, en un intento por debilitar más al sector que busca potenciar la candidatura de Florencio Randazzo y evitar que haya internas en la Provincia.

El asado se llevó a cabo en la casa de Juan Cabandié y participaron Martín Insaurralde, Leo Nardini, Ariel Sujarchuk, Verónica Magario, Fernando Espinoza, Jorge Ferraresi, Gustavo Menéndez, Walter Festa, Mario Secco, Juan Pablo de Jesús, Juan Ustarroz y “Wado” de Pedro. 

En el encuentro se buscó un “compromiso” de los presentes a trabajar juntos. Si bien no hay definiciones en cuanto a las candidaturas y aseguran que aún no hay “nada cerrado”, se habló del panorama “desolador” que atraviesa la Provincia y se hizo énfasis en las coincidencias, destacando la importancia de la unidad del peronismo. 

“Todos los intendentes llegaron con datos de cierre de comercios y caída en los permisos de construcción”, y dijeron que se quejaron de que “está todo frenado”.

En ese encuentro con Máximo Kirchner los intendentes agendaron una reunión para el próximo martes, en el que se avanzaría en la construcción y ya podría hablarse de candidaturas, un tema que evitó tocarse, para que se refleje la foto de unidad“.

Que evitarán hablar demasiado de candidaturas en público, es previsible. Y prudente. Tantos caballos se han mancado en el último tramo… Pero entre la fauna de intendentes y legisladores que se suma en esta movida de “unidad”, las figuras de Daniel Scioli, Verónica Magario y Martín Insaurralde están instaladas.

Por el otro lado, la crónica es menos auspiciosa:

El ex ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, hizo este miércoles su propia cumbre, pero sólo logró reunir en el hotel NH a dos intendentes del Conurbano, Juan Zabaleta (Hurlingham) y Gabriel Katopodis (San Martín), junto a otros intendentes del interior, como Eduardo “Bali” Bucca (Bolívar).

Los organizadores destacaron la presencia de “7 de los 8 intendentes de la Sexta Sección”, que reúne en total poco más de 600 mil electores. La mitad de ellos está en Bahía Blanca, justamente el único ausente de la reunión ya que ese distrito es gobernado por Cambiemos. Es decir que cualquiera de los intendentes que estuvo en el asado en la casa de Cabandié tiene más votos que toda la Sexta entera.

Fuentes presentes en el encuentro señalaron que Randazzo no habló de candidaturas y se mostró dispuesto a “escuchar a todos”, incluidos los 20 legisladores que participaron de la reunión. “Florencio pidió que no habláramos mal de ningún compañero, que habláramos con todos”, relataron. No estuvo Fernando “Chino” Navarro, del Movimiento Evita.

“Vamos a las Paso sí o sí”, fue la única definición fuerte de la reunión en el hotel porteño“.

En este escenario, en mi opinión, hay dos cuestiones fundamentales:

¿Puede haber PASO, una elección interna en el PJ bonaerense, con esta aparente desproporción en poder territorial y en “intención de voto”, según reflejan hoy las encuestas?

La respuesta es: Sí, por supuesto. Cualquiera que haya participado en una interna sabe que una lista opositora puede armarse simplemente sumando, en cada distrito, a los que quedaron afuera de la lista oficial.

Pero es importante tener claro que una interna armada así sólo es una exposición de pequeños ambiciones y rencores locales, que no aportan a la fuerza política en que se da. Una interna tiene sentido, y es valiosa, cuando se enfrentan dos proyectos distintos. Lo que todavía no se ve.

La otra pregunta clave es: ¿CFK será candidata? No tiene respuesta todavía, y probablemente no la tendrá hasta poco antes del 24 de junio.

Sin dudas, que ella se presente o no marca una gran diferencia. Pero… el PJ, y el frente que el PJ armará en la provincia de Buenos Aires para las elecciones de octubre, parece ya bastante definido.

Un erudito amigo hablaba con insistencia de “un nuevo tipo de unidad histórica” que se daría en estas nuevas circunstancias, después de la victoria de Cambiemos. Por ahora, el tipo de unidad que se está armando en la provincia de Buenos Aires es uno muy tradicional en el peronismo.


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