En la víspera de las PASO, los resultados electorales que importan

septiembre 11, 2021

Los lectores suspicaces -que deben ser bastantes- pensarán ante este título que voy a decir / sugerir que los resultados de mañana domingo no importan. No es así. El planteo de Mariano Fraschini –sus argumentos los reproduje en un medio más formal que este blog– es que se van a leer de formas distintas. Se trata en realidad de 24 elecciones en un país federal, que además es muy heterogéneo, en población, en recursos, en sus dinámicas políticas… Y remarca un hecho: las PASO de los años de elecciones legislativas no han sido anticipos de las presidenciales.

Pero las elecciones de mañana serán un episodio en un enfrentamiento que no es sólo político sino también cultural, como han señalado Julio Burdman y otros, y que va mutando. Los resultados dirán si se afirma (probablemente) o debilita la transformación que están sufriendo esas 2 realidades básicas de la política argentina desde 1946: el peronismo y el antiperonismo.

En mi falible opinión, el antiperonismo -en tanto expresión política masiva- se está transformando en este siglo en algo muy parecido a los partidos conservadores europeos, incorporando en estos años rasgos de populismo trumpista y de Europa Oriental. Y el peronismo, con la inmigración que recibe desde 2008, reforzada desde 2015… podemos decir que es una “socialdemocracia con características argentas”.

(Se puede argumentar con solidez que siempre ha sido eso. Pero las características que le imprimieron Juan Domingo Perón y las masas obreras movilizadas de los ´40 y ´50 son bien distintas de las que le imprimen hoy Cristina, Alberto, Sergio, La Cámpora, los gobernas, la dirigencia sindical y la de los movimientos sociales… Como la Argentina y el mundo son distintos).

Como sea: creo que estas PASO darán una indicación -no definitiva, nada lo es- pero clara si esta configuración de las dos grandes coaliciones que se enfrentan se fortalece o no.

Además, claro, decidirán si algunos candidatos que no quieren encuadrarse en estas dos grandes coaliciones consiguen el piso mínimo de votos para competir en noviembre.

Pero cuando me refiero a los resultados electorales que importan me refiero a los de hace dos años, que creo siguen marcando los parámetros de la política posible en Argentina.

En las PASO de agosto 2019 la fórmula de Alberto y Cristina obtuvo el 47,79% de los votos; la de Macri-Pichetto (el vice era el conservador más lúcido de esa coalición, pero, bueno, el peronismo también tuvo muchos de ellos desde el comienzo), 31,80%, y la previsible 3° fuerza, que candidateó a Lavagna, 8,15%. Poco más de dos meses después, en las Presidenciales de octubre los porcentajes fueron, respectivamente 48,24; 40,28; y 6,14.

En mi lectura, también falible, claro, los resultados de las PASO muestran dos cosas. Una, que la experiencia macrista es irrescatable e irrepetible, por más que el Mauricio se esfuerce e invierta en reivindicarla. Pero mantiene un núcleo duro aún en el momento de mayor desprestigio -en países no polarizados se ganan las elecciones con un 30%- que condiciona a esa coalición. Y a sus posibles candidatos.

Los resultados de la presidencial muestran que el peronismo conserva la lealtad, o al menos las expectativas de los “de abajo”, y es capaz de sumarles lo que equivale en la práctica a una mayoría absoluta -siempre y cuando consiga dar esperanzas a esa mayoría y su rival esté desprestigiado- pero aún en ese caso un 40+% de los votantes votarán a ese rival, por hostilidad o temor al peronismo.

¿Es una situación electoralmente estable? Creo que sí; que se confirmará en estas PASO. Porque tiene algo de identitario: una parte muy considerable de los que votan a esas coaliciones se identifican con ellas, y rechazan o desprecian a “los otros”. El problema es que una de esas dos coaliciones debe gobernar el conjunto, y ese rasgo “identitario” se lo hace muy difícil. Pero no es solamente argento. Se extiende cada vez en muchos países, en estos tiempos del capitalismo tardío y las redes sociales.


China: ¿nuestra nueva Inglaterra? – Bis

septiembre 8, 2021

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Hace 7 años, el 21/7/14, subí dos posteos (tenía más tiempo libre entonces…) con este mismo título al blog. El tema es tan actual ahora como entonces (el 1° tenía la foto de Cristina caminando al lado de Xi, cuando él nos visitó). En realidad, estimo que será actual por buena parte de este siglo.

Ahora ha vuelto a la tapa de medios gráficos, cuando el presidente Lacalle Pou anuncia que la Banda Oriental aspira a actualizar su tradicional papel -desde 1806- de puerta de entrada a la cuenca del Plata. Tal vez pueda perforar en algunos de nosotros la absorción en las elecciones del próximo domingo.

Como sea, creo que varias reflexiones que hago aquí siguen válidas. Especialmente, la primera parte; para la segunda, estaba pensando en un Brasil que no estaba arrastrado en el proyecto Bolsonaro. Igual, los políticos pasan y los países quedan.

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Poner un signo de pregunta en el título suele ser una técnica tramposa en comunicación. A veces la uso (nadie dice que soy perfecto), pero en este caso refleja exactamente lo que creo es la realidad: las relaciones comerciales con la República Popular China han sido muy convenientes para nuestro país – también para ella, naturalmente. Su profundización, que está en marcha, es probable que nos beneficie aún más: un mercado gigantesco, en crecimiento previsible, para nuestras exportaciones agropecuarias y mineras – que son las que nos dan recursos para políticas sociales y educativas -, una fuente alternativa de financiación, y de inversiones. En especial en transportes, una infraestructura vital para un país moderno, que Argentina necesita mejorar. Por supuesto, el futuro siempre es incierto, pero no existe fuera del continente suramericano otro vínculo estratégico que reúna ventajas actuales y potenciales como éste. Nuestro gobierno, y los empresarios – que hoy están de acuerdo en pocas otras cosas – coinciden en verlo así.

Para la otra parte, China, también hay una conveniencia estratégica: podemos ser – ya somos – un proveedor confiable, sólo comparable a Brasil. Los países africanos son inestables, sus técnicas agrarias y extractivas todavía son rudimentarias, y sujetas a turbulencias políticas; y  el otro gran productor de alimentos, EE.UU., … bueno, es concebible que en un futuro se presenten dificultades diplomáticas que pongan en riesgo el abastecimiento.

El punto es que algo parecido podría haberse dicho, sin variar una coma en relación a nosotros, sobre nuestras relaciones comerciales con Inglaterra hace 150 años, en 1864, por ejemplo. Y las halagüeñas promesas que se hicieron los gobernantes en ese tiempo resultaron reales. Los beneficios del comercio con el Reino Unido, además de beneficiar a una oligarquía riquísima, permitieron crear un Estado moderno, un ejército profesional, una escolarización primaria (la ley 1420) y una salud pública del Primer Mundo… de esa época.

Al mismo tiempo, el consenso de muchos pensadores argentinos de la “línea nacional”, es que distorsionaron el desarrollo de nuestro país, y crearon una red de intereses y una dependencia cultural en la mayor parte de nuestras clases dirigentes. Cuando el mundo cambió – y siempre cambia – Argentina encontró muy difícil elaborar un nuevo camino de desarrollo y, sobre todo, la cohesión nacional para emprenderlo con éxito. Si todavía hoy, la nostalgia de esa “Arabia Saudita de las vacas y el trigo” que fue la Argentina de 1910 – que nadie vivo hoy conoció – perdura en la imaginación de muchos argentinos y les impide apreciar con realismo las probabilidades y los riesgos del presente.

¿Puede volver a suceder? Creo que la pregunta es válida. Eso sí, para tener una chance de contestarla, hay que despejar dos mitos… ingenuos: 1) que la visita de estos días del Presidente Xi Jinping y los acuerdos firmados en esta oportunidad representan en alguna forma un punto de inflexión; y 2) que la decisión descansa, desde el lado argentino, principalmente en este gobierno que encabeza Cristina Fernández de Kirchner.

No es mi intención minimizar la importancia de esa visita (la versión de la agencia china Xinhua es la más cuidadosa; la recomiendo), y de la Asociación Estratégica Integral que se ha firmado. Son gestos, y en política y sobre todo en diplomacia los gestos tienen significado; este acuerdo, entre otras cosas, indica que China coloca su relación con Argentina en el mismo nivel que con Brasil. Los convenios económicos puntuales también son muy importantes. Pero nada de esto tendrá realización o consecuencias inmediatas. Y por inmediata me refiero a los próximos dos años. Los emprendimientos en que participa el Estado chino, en general, todos los emprendimientos de envergadura en el mundo moderno, se desarrollan en plazos más largos. Los que se preocupan – como corresponde – por las condiciones de los créditos, deberán tomar en cuenta que los compromisos serán muy paulatinos.

El hecho, obvio, en que quiero hacer hincapié es que en 2014 se cumplen diez años del establecimiento de la Asociación Estratégica entre China y Argentina. En ese marco, la República Popular ya es el segundo socio comercial de la Argentina (y el principal del primero nuestro, Brasil). Su presencia a través de empresas es cada vez más significativa. Están en casi todos los sectores claves: con Nidera y Noble en la exportación de granos, con PAE y Oxxy en el petróleo, en la explotación de hierro en Río Negro con Hipasam y en el sector financiero con los bancos ICBC y HSBC (sugiero leer este posteo, si no lo han hecho ya). En Argentina ya hay unas veinte empresas chinas (el embajador chino nos recomendaba hace poco que, para equilibrar la balanza, era necesario que nuestros empresarios sean más agresivos, como los suyos) y unos cien mil ciudadanos de ese país. El comercio bilateral ha crecido mucho y también cambiado de composición. Si antes se importaban productos de consumo, desde textiles a juguetes, hoy el grueso de lo que se trae son piezas para el armado de electrónicos, autos y motos, además de maquinaria.

En resumen, todo esto es parte de un proceso de décadas, en el que la Argentina está embarcada, así como la mayor parte de la América del Sur. ¿Cuál creen que es la motivación principal de la Alianza del Pacífico, sino el acceso al mercado chino, y del Este de Asia en general? Y esto dispone de ese segundo mito: que la responsabilidad para encauzar este proceso descansa exclusivamente en el gobierno actual.

Los medios oficialistas han dado la debida repercusión a esta visita y han aprovechado la oportunidad para informar sobre las relaciones con China, naturalmente. Y Luis Bruschtein las defiende, en el marco de la lucha contra los fondos buitres. Pero lo mismo han hecho los medios opositores. Clarín daba buenos consejos, debo decirlo, en China y Argentina: oportunidades y desafíos de una relación desigual, pero este sábado, en un suplemento especial con motivo de la presencia de Xi, Jorge Castro la embarraba “Sería conveniente iniciar de inmediato las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur“. Cruz diablo! diría un paisano; no le aconsejo visitar San Pablo con esa propuesta. Ni a la UIA.

En cuanto a La Nación, ha publicado notas tan sorprendentes – para muchos de sus lectores – como esta entrevista al Presidente de China, donde Xi se muestra entusiasta y hasta emotivo con la relación con nuestro país, o este otro del Director de la agencia Xinhua, Li Conjung, que le llamó la atención al colega bloguero Baleno por su lenguaje… militante, no el habitual en nuestros “diarios serios”.

Pero, al contrario que a Baleno, esto no me sugiere que esos medios estén forzados a adaptarse a un nuevo mundo. Más simple, creo que, buenos indicadores de la actitud del empresariado argentino, y del internacional con intereses aquí, ven el desarrollo del intercambio y las relaciones con China como algo inevitable, y rico en oportunidades. Nuestros empresarios no serán, en general, tan entusiastas como don Franco Macri, o tan disciplinados como los chinos, pero no comen vidrio.

Hay algo aún más evidente: ninguna de las fuerzas políticas con posibilidades, aún pequeñas, de llegar al gobierno o influir en políticas estratégicas muestra la menor indicación que está dispuesta a modificar las realidades económicas que nos empujan en esta dirección. La cuestión vital para los argentinos, entonces, será determinar cuál es la que está en mejores condiciones de encauzar este proceso, y defender mejor nuestros intereses.

Pero primero debemos debatir, en forma realista, cuál es la forma de hacerlo. Quiero ofrecer algunas ideas, por lo que puedan valer.

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Por todo lo dicho en la  primera parte de este posteo – y por lo que vemos en nuestro país, en Brasil, Paraguay y Bolivia – parece evidente que es necesaria una estrategia consciente – asumida por la mayoría de la sociedad y de la clase política – para evitar que el intercambio comercial con China sea un obstáculo más para el desarrollo de una base industrial propia, competitiva y tecnológicamente avanzada. No porque ese comercio lo impida, por supuesto, sino porque brinda beneficios a los productores más fáciles e inmediatos, aunque menos valiosos en el largo plazo.

(Sí. Los que se arrullan con el nuevo discurso político de moda, pueden horrorizarse, nomás. Es un argumento a favor de las retenciones. Sólo agrego aquí – es otro tema, técnico y complejo — que las retenciones son un instrumento fiscal burdo, sólo justificable por su fácil cobro, si tomamos en cuenta la tradición evasora argenta. Hay mecanismos más eficaces estratégicamente para direccionar las inversiones, como los que se han usado en Japón y en el Este de Asia. Y en Alemania. La historia de los zaibatsu, los chaebol y los carteles en los años de Bismarck es instructiva, pero requieren un Estado más coherente que el que hoy tenemos).

De todos modos, el primer paso, creo, es vencer una tendencia casi inconsciente a pensar la relación con China – o con otras Grandes Potencias – en términos de posicionamiento y equilibrio en las relaciones internacionales. Aún un estudioso tan lúcido como J. G. Tokatlian, a quien cité muchas veces en el blog, hoy en La Nación, en El país, entre Occidente y Oriente comete lo que entiendo es un error.

Y muchos militantes nac&pop, llevados por su fervor antiimperialista, asumen que las relaciones con China son, de alguna forma, “diferentes” en su naturaleza que las que se entablan con otros países poderosos de “occidente”. Don Franco Macri dice eso, justamente, pero en su caso es excusable: ahí está su negocio.

¿Es necesario recordar que China, que era nuestro principal cliente para el aceite de soja, que había permitido a Argentina construir el polo aceitero más importante del mundo (de “crushing”: aceite, harina y pellets) en abril de 2010 cerró las importaciones, y pasó a comprar sólo el poroto de soja? Afortunadamente, nuestro país encontró mercados alternativos en la India, Egipto e Irán. Pero a China le interesaba desarrollar, y estaba en condiciones para ello, su propia industria aceitera.

Tengamos presente que el trabajo del Sr. Xi es defender los intereses de China. Sus deseos de armonía universal quedan reservados para las plegarias familiares, si mantiene la costumbre.

El punto que me interesa hacer es que Argentina debe decidir qué estructura productiva resultará viable en el siglo competitivo y cruel en que vivimos, y cuáles son las estrategias adecuadas para alcanzarla. Y esa no puede ni debe ser una elaboración de tecnócratas. Será, en todo caso, el resultado del debate y de la puja de empresarios, sindicalistas y políticos. Ahí jugarán los conceptos de estudiosos veteranos, como la “densidad nacional” de la que habla Aldo Ferrer, e ideas originales de jóvenes, como la “insubordinación fundante” a la que convoca Marcelo Gullo. Pero cada uno de ellos deberá tratar de convencer a las mayorías usando las herramientas de la política. No hay otras.

Quiero agregar además que, dadas las relaciones de poder económico, hoy tan asimétricas entre China y Argentina, y las realidades geopolíticas, nos conviene forjar acuerdos en el continente suramericano para manejar este intercambio. En particular, con el socio del Mercosur que tiene un proyecto industrialista ambicioso y que ha mostrado interés en el pasado en hacerlos, Brasil. Después de todo, las diferencias de tamaño entre nuestras economías resultan insignificantes comparadas con las que existen con la de China. Y, conociendo a su clase dirigente, estoy seguro que no pesarán demasiado sus simpatías futboleras.

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Prometo para los próximos días algo de información y de reflexión sobre lo que está haciendo Uruguay. Los argentinos, que venimos tanto de los barcos como los uruguayos, tendemos a pasarlos por alto en la elaboración de estrategias. Como diría el maestro Fouché, es peor que un gesto de soberbia, es un error.


La hidrovía, y un gobierno de coalición

agosto 26, 2021

Otra vez quiero subir un comentario que hice en una nota de AgendAR. Esta vez, en una noticia exhaustiva que subimos hoy Hidrovía Paraguay- Paraná: el gobierno creó un ente para controlar la nueva concesión.

¿Por qué en el blog? La importancia del tema (en la Hidrovía circula el 90% de las exportaciones agroindustriales del país) y, sobre todo, porque la medida es tan expresiva de la coalición oficialista…

Una aclaración: en las sociedades modernas, segmentadas, gobiernos de coalición son todos. En todo caso, del nuestro se puede decir que es un gob de coal “con características argentinas”.

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“Como otras medidas del gobierno de Alberto Fernández, las decisiones sobre la Hidrovía reflejan un equilibrio entre concepciones distintas e intereses diversos. Se sigue adelante con la concesión, en una licitación pública e internacional, pero se crea un Ente para controlarla, que además tendrá el manejo de los ingresos por peajes y tarifas.

Se le otorga a las provincias litoraleñas voz y voto en el Consejo, pero la mayoría la tendrá el gobierno nacional.

En cualquier caso, en opinión de AgendAR, las empresas de nuestro país tienen la capacidad de hacer el dragado y mantenimiento del río, y está en el interés nacional que lo hagan. Pero ese no es el tema del debate político de los últimos doce meses.

Los críticos más duros de la concesión de la Hidrovía apuntan al contrabando de granos exportables, por el que se perderían muchos millones en divisas que el país necesita. Para controlar eso, es irrelevante quién draga el lecho del río. Lo que es necesario, es que los organismos del Estado estén presentes y activos en los puertos, y controlen los embarques.


Redes sociales y esta campaña electoral. Reflexiones casuales

agosto 8, 2021

Como los lectores sofisticados (todos ustedes, no?) se habrán dado cuenta desde el título, estoy abriendo el paraguas aún más de lo habitual. “Esta campaña”, “casuales“. Pasa que las redes sociales son hoy el tema sobre el que escriben sociólogos, epistemólogos, filósofos mediáticos… toda esa gente sabia con títulos en ciencias sociales. Y yo no he elaborado un andamiaje teórico sobre el asunto. Cuento con apenas algunos datos empíricos que me hacen “pensar en voz alta”.

Empiezo reconociendo lo obvio, lo que señalan todos esos opinadores que han elaborado teorías: las redes sociales son una realidad clave de las sociedades modernas (y de las no tan modernas. En Myanmar, por ejemplo, whatsapp jugó un rol decisivo en las masacres de musulmanes).

La evaluación de la mayoría de los teóricos ha cambiado: hace una década muchos de ellos veían a las redes como una fuerza en favor de la democracia, la libertad… Ahora, como los usuarios de las redes parecen mas inclinados a votar a, por ejemplo, Donald Trump que a Slavoj Žižek, tienden a horrorizarse de los odiadores.

Por mi parte, tengo un gran respeto por la Realidad (es más grande, más vieja y más jodida que yo. Y va a seguir cuando yo no esté…). Así que prefiero volcarme a los datos empíricos. Teniendo en cuenta que las encuestas y el monitoreo de las redes siempre dan imágenes imprecisas, aún más con la pandemia.

Lo que me parece percibir -y es el motivo de este posteo- es que las redes tienen un papel complejo, y en cierto modo contradictorio, en la formación de actitudes colectivas. Se han mostrado como agentes poderosos en la formación de conjuntos sociales, la articulación de gente muy diversa y desconectada físicamente entre sí en una común identidad, que comparte (dis)valoraciones y actitudes. Usualmente, el rechazo o el odio a algo o alguien (Cristina, Macri, el “populismo”… Este último término es muy revelador: hace menos de una década lo usaban algunos politólogos o gente que, como yo, se interesaban en la historia política de los Estados Unidos. Ahora, en la política argentina el antipopulismo es una etiqueta casi tan establecida como el antiperonismo, y está reemplazando al anticomunismo).

Una reserva: las redes sociales todavía no han reemplazado a los medios masivos -salvo, tal vez, en EE.UU. y algunos países de Europa Occidental- en la función esencial de fijar agenda. (Y a la TV en particular en hacer conocidas a las figuras). Pero las redes los superan, muy claramente, en la tarea de comunicar los temas de esa agenda, y hacer que sus usuarios los repliquen, con carga emocional añadida. Ese mecanismo ha sido muy exitoso en Argentina; hace recordar, en algunos sectores de la población -“señoras gordas de ambos sexos”- a los “dos minutos de odio” que imaginó Orwell en 1984.

Todo esto, y la interacción entre dos identidades sociales, ambas reforzadas o creadas por las redes, ya ha sido analizado. Mejor que yo. Pero creo que no se ha prestado suficiente atención a un fenómeno menos evidente, el … alejamiento, la “toma de distancia” que provoca ese proceso de formación de una identidad colectiva entre los que no se suman a ella.

Es un fenómeno que se percibe desde hace no menos de 10 años, pero que en estos meses se hace ver con más claridad. La existencia de las redes facilita e impulsa a los dirigentes políticos, y a sus asesores, a volcarse a la creación de su público. Que replicará, y también enriquecerá con distintos y heterogéneos aportes, su mensaje. La militancia digital, de la que he hablado con algo de ironía…

Pero es una ironía superficial. Ese proceso de comunicación y formación de conciencia, es anterior a las redes; es tan antiguo como la política. Es la política.

También es viejo, y debería ser obvio, que cuando un dirigente crea o fortalece una conciencia comprometida, también lo está haciendo con la opuesta. El fenómeno de la polarización, como he discutido con otro, conocido, bloguero, siempre tiende a crear dos polos.

Pero la polarización también cansa, a la larga. De ahí ese fenómeno del “alejamiento” que remarco.

Los hechos concretos que observo: Hay una tendencia fuerte entre políticos y comunicadores en los medios -hoy es difícil distinguirlos- a ganar repercusión y seguidores dirigiéndose a su público más motivado y replicar sus broncas y odios, tal como se detectan, y estimulan a través de “granjas de trolls” en las redes. Esa modalidad funciona, cómo no. Obtienen popularidad, y/o rating. El costo de convertirse en las “bestias negras” del Otro Lado, está previsto y asumido.

Pero también produce alejamiento, “toma de distancia” y fastidio en el sector de la población que no se identifica con ninguno de los dos polos. Aunque en su conducta electoral, y hasta en sus conversaciones privadas, sea parte de alguno de los dos. Salvo momentos especiales, y generalmente breves, el sector que no internaliza los mensajes “militantes”, es mayoritario.

Atención: por su misma naturaleza, ese sector, el que se siente incómodo con la “grieta”, no va a producir una opción política distinta de cualquiera de los dos Lados. Salvo que aparezca un nuevo tema y un nuevo liderazgo que convoquen a un número considerable de compatriotas. Cosa que hoy no aparece en el menú de opciones, ni “por las tapas”. Pero eso no significa que, ni mucho menos, que no tenga consecuencias políticas, en una sociedad divida en dos bandos no muy distintos en sus resultados electorales, y con una competencia interna fuerte. Ambos.

Si uno va a la performance en esto de los liderazgos políticos realmente existentes, mi falible evaluación es que a partir de 2017 y hasta ahora, Cristina Kirchner ha enfrentado, y conseguido con razonable éxito, conservar la necesaria, imprescindible, adhesión de su público enfervorizado, sin exacerbar la hostilidad que sus adversarios y su mismo proceso de construcción de poder han creado.

Es en el bloque “antikirchnerista”, para definirlo de algún modo, donde estos fenómenos opuestos de enfervorización y alejamiento, tendrán, creo, consecuencias políticas visibles. O, en una frase que ya no recuerdo de donde la tomé, “El que viva lo verá“.

¿Alguna observación práctica, como debería surgir de alguien que pretende ser un profesional de la comunicación? Ya la hizo, y ya la cité otras veces, el dirigente social Tony Montana “No consumas de tu propia mercadería“.


Claudio Scaletta, Eduardo Crespo, Bolsonaro y lo que hay

agosto 1, 2021

Empiezo aportando una sugerencia práctica: los domingos, por un viejo hábito que no cayó del todo en desuso, proliferan las “piezas de opinión” en los medios. Si van a leer 2 -un límite sensato, para no ahogarse en palabras- propongo Entre “opinadores” y hacedores de política: prueba de fuego, de Scaletta, y Entre el progresismo neoliberal y la derecha bolsonarista, de Crespo. Este consejo es para el amplio abanico más o menos oficialista, entre los que apoyan con entusiasmo o resignación al gobierno actual.

Para el igualmente amplio abanico opositor… no tengo sugerencias, porque no soy de ese palo, y además no me entusiasma nada de lo que leí. Si les pasa lo mismo, pueden desahogarse en twitter. Muchos lo hacen.

Continuo aclarando que no voy a polemizar con estas piezas, ni de Crespo ni de Scaletta, salvo incidentalmente. Esos debates pertenecen a la época dorada de los blogs, 10, 15 años atrás, de la que este blog es una melancólica nostalgia. Hoy los blogueros estrella serían María Esperanza Casullo, Martín Rodríguez, Pablo Touzon,… Pero escriben ensayos, no debaten. (Ni yo tampoco, para el caso: hace mucho que no modero comentarios…).

Lo que me interesa es señalar que, tanto lo de Scaletta como lo de Crespo, aunque el contenido es muy distinto -están hablando de cosas diferentes-, se dirige al mismo público. Es un mensaje para el oficialismo insatisfecho, preocupado. Y es “clintoniano” (Bill): “Es la economía, estúpidos”.

Y tienen razón. Hace muchos años que vengo diciendo en este blog que -salvo para los países ubicados en Medio Oriente, donde en lo inmediato hay que tener buenos generales- el destino de las naciones depende, fundamentalmente, del acierto o error en sus políticas económicas.

Desde lo que (si los entendí bien) es un acuerdo en lo básico, planteo esas discrepancias incidentales: Scaletta tiene razón cuando señala que (muchos) defensores del ambiente no conocen ni les interesa conocer las realidades de la economía, de la producción. Se encierran en una fantasía en la que la “agricultura familiar” y el reciclaje cubrirán las necesidades de 8 mil millones de habitantes del planeta y -lo cercano e inmediato- las de los 45 millones de compatriotas. Que no sólo quieren alimentarse sino también -impulsados por el consumismo apátrida- quieren zapatillas de marca y celulares.

Y Crespo también tiene razón en lo que creo que dice: la “ampliación de derechos”, las políticas de género, … están muy bien, pero si no se crea trabajo digno y un bienestar mínimo para los de abajo, van a votar cualquier cosa. Cualquier cosa que no le guste a la mayoría de los que apoyan a este gobierno.

Ahora, los “sí, pero”. Scaletta, más cercano, por lo menos intelectualmente, a quienes toman decisiones hoy, no debe olvidar que el ambientalismo puede ser, en parte, lo que los afroestadounidenses llaman “problemas de blanquitos“; pero… los “blanquitos” también votan en Argentina, y son una parte importante del electorado, y de la mayoría que votó al Frente de Todos. También, que muchos morochos viven cerca de donde van abrir minas o perforar por petróleo; con lo que no tienen objeciones teóricas, sino una muy práctica que en yanquilandia expresan “No en mi patio“.

Lo resumo diciendo que, así como Argentina es un país con empresas pobres y empresarios ricos, tiene una economía de clase media baja y una parte muy importante de su población con ideas y aspiraciones de clase media alta. No es nada nuevo, ni solamente argentino en lo esencial. Ya desde la segunda mitad del siglo pasado, en las sociedades más o menos moderna, la mayoría de sus miembros no se identifican con “los pobres”. Aunque lo sean.

O sea, el “desarrollismo” (hay que buscarle un nombre nuevo) tiene que tener, si va a ser viable, un mensaje y un espacio para los precarizados y los de fuera del sistema, que son muchos. No basta con saber que cuando la Argentina sea, si llega a ser, un país desarrollado tendrá mejores políticas sociales. Ese es un futuro triste.

También le hace falta un mensaje para aquellos que entre los argentinos urbanos (90+% de la población) tienen un compromiso emocional con lo verde, la alimentación orgánica… Hasta algunos son veganos, Dios los perdone. Votan, son bastantes, y sobre todo se comprometen, que en la política moderna es un factor decisivo.

(En AgendAR, cuando tratamos temas de política nuclear -muy a menudo- nos preocupamos en señalar que es una fuente de energía limpia, constante y que no emite en forma directa ni indirecta gases de efecto invernadero. Pero están dirigidas a un público muy específico, y aunque sabemos que Argentina puede exportar reactores, y lo ha hecho, no serán el rubro central de nuestras exportaciones).

Crespo tiene claro que una política económica que sólo ofrece para los expulsados del sistema planes sociales (encima bastante mezquinos, como los actuales), no tiene futuro.

En lo inmediato electoral, las encuestas me dicen (aunque me cueste creerlas) que al oficialismo no le iría tan mal hoy. Supongo que esta oposición ayuda mucho. Y el surgimiento de un bolsonarismo local… no lo veo en lo inmediato. Y si surgiera… probablemente surgiría del peronismo. Los perucas somos creativos, Dios nos perdone.

Como creo que quedó claro, yo también soy de los oficialistas preocupados e insatisfechos. Reconozco los importantes méritos políticos de la experiencia kirchnerista y hasta de esta etapa alberto-cristinista. Alguien que vivió los ´70, puede apreciar la racionalidad y la prudencia (aunque estén mechadas con algunas torpezas). Y no me cabe duda que duda que sus políticas económicas son mejores que el dogmatismo ideológico de la experiencia macrista y el vacío de la actual oposición.

Pero no alcanza (noto que son dos palabras que estoy repitiendo). Ni los 12 años y medio de los gobiernos K, menos aún los casi dos de esta etapa, lograron establecer políticas económicas lo suficiente sólidas para subsistir a un cambio de gobierno. Hasta que no logremos eso…


Chau, Jorge. Abrazo

julio 12, 2021

Con Jorge Landau hemos sido amigos desde 1971, 72? (Él probablemente se acordaba de la fecha exacta y la ocasión. Tenía mejor memoria que yo). El hecho es que hoy se fue una parte importante de mi vida. También se hicieron lazos entre las familias que formamos. Pero no me siento impulsado a hablar de lo que hemos compartido. Ni él ni yo éramos de exhibir la vida privada.

Sí tengo ganas de hacer una reflexión corta sobre la tarea a la que se dedicó. No es que era “su vida”. La hizo con seriedad y también se divirtió bastante. Pero disfrutaba más de su familia, en los últimos años de sus nietos, y de las cosas que le gustaban, la ópera, River,… Pero aunque le cansaba un poco al final, tenía claro que era su aporte a una causa que lo trascendía. A él y a aquellos con quienes colaboraba. Y también a quienes alguna vez frenó.

Quiero hablar de esa tarea, en mis palabras, no las suyas (era abogado, yo no). Es una forma de despedirlo desde el blog (él lo leía).

Vi su tarea en el Partido como alguien que forjaba y reparaba herramientas. Porque eso es el PJ, una herramienta -que puede ser bien o mal usada- para el peronismo. Que es una herramienta -también, bien o mal usada- para el pueblo argentino.

Tratando de mejorar un poco la imagen -sigue siendo muy pobre, pero disculpen, no estoy brillante- hablaré de un mecanismo, que trata de encauzar fuerzas, ambición, idealismo, broncas, delirios… todas esas cosas que nos mueven a los humanos, para permitir que colaboren, más o menos con buena onda o por lo menos sin matarse, en una tarea común de llegar a gobernar.

Jorge era el mecánico al que llamaban cada vez que ese mecanismo debía ser ajustado, periódicamente. Dejando de lado la imagen: cuando había que armar las listas que iban a expresar las relaciones de poder en el peronismo. Sabía muy bien que la política -en el peronismo, en todas las fuerzas políticas- es piramidal: el poder tiende a concentrarse en la punta, dónde él no estaba. Y ayudaba a que las decisiones “de la conducción”, las distintas conducciones que fueron pasando a lo largo de los años, dejaran los menos lastimados posibles. Y a los lastimados, él los trató siempre con respeto y buena onda.

Jorge también pensaba que necesitamos esos mecanismos para la Argentina. Pero era realista, y sabía que estamos lejos de alcanzarlo.

Creo que hubiera aprobado este posteo. Era más tolerante que yo con el estilo. Pero voy a terminar con una cita de alguien que sí podía escribir grandes frases “No es para los mortales reclamar el triunfo, Casio, pero haremos algo mejor, lo mereceremos”.


Chau, Mercosur. ¿Y después?

julio 8, 2021

El “Uruexit”, una jugada importante. Que nuestra clase política (incluidos los politizados) no la vimos venir, enfrascados en las miserias (Mauricio dixit) y las comedias del armado de listas. Y, con mejores razones, en la final en el Maracaná.

Y como supongo que su discusión pública quedará sepultada entre las chicanas de la campaña, paso a compartir -por lo que valga- una crónica desde punto de vista yoruga y mi comentario que escribí anoche para AgendAR.

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Ayer, 7 de julio,  empezó a sesionar la 58° Reunión Ordinaria del Consejo del Mercado Común del Mercosur, que puede ser la última del bloque que vinculó las economías de 4 países de Sudamérica. Ahí Uruguay reivindicó su pertenencia, pero comunicó que comenzará a conversar con terceros para negociar acuerdos comerciales extrazona, según informó su cancillería.

En la reunión participaron por Uruguay sus ministros de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, y de Economía, Azucena Arbeleche. Su planteo fue “defender la modernización del bloque a través de una agenda de negociaciones externas sustantiva, ágil, dinámica, flexible y permanente”.

Esta decisión se tomó, sigue diciendo la cancillería uruguaya, porque “no se aprobó la reducción del arancel externo común, a pesar de que Uruguay había apoyado algunas de las propuestas presentadas, las que siempre se entendieron formando parte de un mismo paquete con la flexibilización”.

“Uruguay entiende que la decisión 32/00 no está en vigor, ya que nunca fue internalizada”, afirma. (La decisión a la que alude establece, entre otras cosas, “el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

En el comunicado, Uruguay reitera que «inspirado en principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio, actuará conforme a ellos en materia de inserción internacional, reivindicando su calidad de miembro pleno del Mercosur”.

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El Uruexit le cayó al gobierno argentino «como un balde de agua fría». No habla bien de su capacidad de previsión. Uruguay y, más discretamente, Paraguay vienen planteando desde hace años que si Argentina (y Brasil) no se abren a sus exportaciones, ellos no tienen porqué cerrarse a las exportaciones de terceros.

Es lógico. No tienen una base industrial significativa a defender. Y ser un refugio de evasores no alcanza como base sólida para una economía que sea algo más grande que la de un paraíso fiscal.

Desde nuestro gobierno dicen que “la postura de Uruguay es errónea e ilegal porque la decisión 32/00 (norma del ‘consenso’) no necesita un procedimiento de internalización, porque sólo repite lo que está en el artículo 1 del Tratado de Asunción” (la internalización es incorporar un acuerdo internacional en el derecho interno).

Es un buen punto jurídico, pero no existe el tribunal al que acudir. Argentina, entendemos, debe enfocar el tema con realismo: la diplomacia uruguaya siempre ha sido profesional y cautelosa. No habría dado este paso sino tuviera seguridades que dentro del bloque Brasil lo vería con buenos ojos. Es posible que también tenga alguna aprobación informal desde fuera de la América del Sur.

Como sea, es probable que el Uruexit sea el primer «cañonazo» al Mercosur que perduró, con relativamente pocos cambios durante 30 años. Creemos que sería un error pensar que, si en 2022 se va Bolsonaro y es elegido en Brasil Lula o alguien menos irritante que su actual presidente, se pueda volver atrás. Aunque Uruguay «vuelva»… después de varias concesiones.

Si es así, y en los próximos meses lo sabremos, el gobierno nacional, las provincias, los empresarios y los sindicatos deberán encarar algo que los argentinos hemos dejado de hacer en los últimos 48 años: planificar. Decidir cómo vamos a encarar las relaciones comerciales con nuestro socio comercial inevitable, Brasil, con nuestros otros vecinos, y con el resto del mundo.

Pensemos en un Mercosur 2.0. Podemos usar ese nombre para especular: la arquitectura legal y administrativa existe, y -como ya dijimos otras veces en el portal- sólo un acuerdo estratégico entre Argentina y Brasil puede hacer que la América del Sur sea algo más que un tablero para las Grandes Potencias.

Ese renovado acuerdo deberá recoger un reclamo válido de Paraguay y Uruguay, y que haría cualquier socio menor: si hay una unión aduanera «hacia afuera», un arancel externo común, debería haber una unión aduanera «hacia adentro». Que no haya barreras para las manufacturas de los socios, que su tamaño no los discrimine.

No es, por cierto, el único tema que debemos encarar con anticipación y en un marco regional: como advierte el economista Ricardo Carciofi, la Unión Europea aplicará un «ajuste en frontera», bah, un arancel, según el contenido de carbono de las importaciones.

Por ahora sólo afectará a los sectores intensivos en uso de energía: acero, aluminio, cemento… Pero es muy previsible -conociendo el lobby de los agricultores europeos- que luego alcance a las exportaciones agrícolas. Brasil tendrá más problemas todavía que nosotros, con su historia de deforestación.

El macrohistoriador Toynbee decía que la Historia no registra ningún caso de una confederación laxa que haya perdurado: o se transforman en una federación más estrecha y sólida, o se disuelven. Ese desafío lo estamos viendo en la Unión Europea. Probablemente lo veremos aquí.


El Rodríguez Larreta que (se) viene

julio 4, 2021

En estos días, el paso atrás simultáneo de Patricia Bullrich y de Lilita Carrió fue un hecho político de mediana importancia, pero una gran ocasión para tweets. Yo también me dejé llevar por la tentación, confieso, pero me quedé pensando si había lugar para una reflexión sobre la coyuntura, a mitad de camino entre las chicanas de twitter, y los análisis sociológicos que ya harán María Esperanza Casullo, Martín Rodríguez, Pablo Touzon… Quiero probar. Para eso está el blog, no?

Lo primero que se me ocurre es que hoy Argentina está más lejos de volverse Venezuela. Con esto no me refiero a las fantasías paranoicas que abrigan los sectores más proclives a referenciarse en Pato o Lilita: el plan totalitario de Cristina Kirchner que, por alguna razón, no llevó a cabo durante sus 8 años de Presidenta, pero que ahora realizará a través de su títere, Alberto. Pavadas, no.

Por “Venezuela” me refiero a una situación que también los argentinos conocemos: una oposición que no es sólo un elenco dirigencial que quiere llegar al gobierno, una que es, sobre todo, un sector social minoritario pero importante, que cree que su única forma de alcanzar el poder e impedir políticas que aborrece es destruir a sus adversarios. Y si lo consigue, cree que necesita prohibirlos y perseguirlos para conservarlo. Argentina de 1949 a 1983, más o menos.

Hace bastantes años, dije en el blog que el triunfo de Alfonsín en 1983, hizo viable el camino electoral en nuestro país: el antiperonismo percibió que el peronismo podía perder elecciones nacionales libres. Hasta entonces nadie lo creía (tampoco los peronistas).

Entonces, el dato más importante del escenario actual es, en mi falible opinión, que los sectores hostiles al gobierno actual perciben al Pelado como un candidato con chances para derrotar a la coalición que respalda a los Fernández en 2023. Por supuesto, es una especulación. Como dijo un danés que no apareció en Borgen, es difícil hacer predicciones, sobre todo acerca del futuro. Por ejemplo, un resultado en noviembre próximo, muy diferente de los números de octubre ´19, en un sentido o en el otro, cambiaría totalmente el panorama.

Pero es necesario tener claro hasta qué punto la política es anticipación. Especialmente en nuestro país, donde buena parte del poder económico depende de los privilegios que puede extraer del Estado (Y el resto, de eludir sus controles). No que no pase en todos lados, pero donde los partidos políticos no tienen recursos propios, como en Argentina, es más notorio.

Un marxismo residual en el pensamiento político tiende a ver a los muy grandes empresarios como hacedores de candidatos. En parte es cierto ¿quién pone el muchísimo dinero que se necesita para las campañas?, pero más importante, sostengo, es el fenómeno opuesto, los CEOs buscando ansiosamente el candidato “friendly” que pueda ganar elecciones. Ni hablemos de todos los que abrigan ilusiones de conseguir cargos o contratos en un futuro gobierno.

Así, mi impresión (¿debo repetir lo de falible?) es que lo que veremos en estos meses es una paulatina, o no tanto, consolidación del papel central, como futuro candidato presidencial, de Rodríguez Larreta en el “dispositivo” opositor, con corcoveos fuertes del radicalismo para aumentar su precio.

Una tarea inmediata, a medida que, como se espera, la campaña de vacunación reduzca el peso de la pandemia, como está sucediendo en EE.UU. y en la mayor parte de Europa, será tratar de sacarse la imagen subyacente de “Juntos por el Covid”, a la que la arrastraba la campaña polarizadora de Patricia.

Esto también obligará a la coalición oficialista a buscar figuras y temas para el enfrentamiento con HRL. Contra el ex presidente Macri era más fácil. Pero si conozco a esa tribu -y la conozco- esperarán a los resultados de noviembre para decidir cuáles deben ser las adaptaciones. Es razonable.


Perón, a 47 años. Sigue

julio 1, 2021

Supongo que es mi historia lo que hace que los días 1° de julio suba algo de Perón a mi blog personal. Eso hace inevitable que repita mucho de lo que ya dije antes. Este video, por ejemplo, lo subí en el 2014. Y desde que lo vi por primera vez -estaba en celuloide- pronto habrá pasado medio siglo…

Sucede que uno es su historia, y también lo que uno hace con su historia. El equilibrio entre reflexión y acción, entre convicciones y consecuencias. Por eso en esta larga exposición del Viejo encuentro algo más que lo que escuchaba hace 50 años. Sin dejar de oír lo de antes, por supuesto. Perón siempre muy claro y didáctico; se puede estar en desacuerdo con lo que dice; se puede estar furiosamente en contra, pero hay que ser muy pelotudo para no entenderlo.

El punto que me interesa marcar es que esta filmación era una herramienta más de un jefe político en los momentos decisivos de una larga batalla por volver al poder. Uno de los mensajes -cartas, cintas grabadas- que durante 18 años fueron su única y poderosa arma, que enviaba a interlocutores y grupos muy diversos. Y “el medio es el mensaje” como ya decía McLuhan entonces. En este caso, lo filmaba el grupo “Cine Liberación”, de Fernando Solanas y Octavio Getino; hablaba para ellos y para el público militante que la iba a ver (los cortos fragmentos agregados al final lo muestran). Y para ese momento de la Historia: los mitos movilizadores eran Vietnam, Cuba, el mayo francés,… Uno puede escuchar cómo habla para ese público y al mismo tiempo refirma planteos que hacen a su pensamiento y su estrategia.

Mi idea en este posteo no es sacralizar nada. Más bien, me fastidian los que intentan tomar un momento, un episodio de Perón y del peronismo y tratan de hacer creer que eso es el peronismo. Sucede que ya tiene una larga historia. Como la Argentina, con una historia aún más larga, de la que salió el peronismo. Y como las historias personales, está también lo que hacemos con ellas.

En las historias colectivas, debe dar algo de humildad saber que luego vendrán otros, que harán cosas distintas. Y esa es una especie de triunfo.

¿Algo permanente? Para mí, lo encuentro en una frase del Viejo, que ya no recuerdo si está en este video “no debiera nacer el que no tenga una causa noble por la cual luchar”.


Horacio González, Torcuato Di Tella, y el pensamiento argentino en los tiempos de Kirchner

junio 24, 2021

No sé si puedo considerarme amigo de Horacio, cuando pasaron, fácil, más de 30 años de la última vez que charlamos. No cuenta el saludarse con una sonrisa y agitando el brazo cuando nos veíamos, a la distancia, en algún acto con mucho público. Además, o lo principal, me costaba leerlo. Reconocía un pensamiento culto y riguroso -lo suyo no era el chamuyo vacío o repetir clichés- pero lo hacía complicado, para alguien cuyas lecturas favoritas venían, vienen, de una tradición intelectual muy distinta.

Pero sigo pensando en él como uno de los amigos que se fueron en estos meses. Había “onda”, y compartíamos toda la historia de nuestra generación. Sobre todo, era un gran tipo. De los que uno sabía que si me fueran mal las cosas, era de los que podía pedirles una mano.

Pero este no es un recordatorio de Horacio. Algo hicimos, breve, en AgendAR. Y cuando estaba buscando material apropiado -no fácil, para un portal dedicado a la tecnología y la producción- encontré algo que él había escrito cuando murió Torcuato Di Tella.

Me dejó pensando que esas dos corrientes y estilos, tan distintos, que ambos expresaban, de pensamiento y análisis confluyeron -¿chocaron, sumaron?- en la experiencia kirchnerista, la última etapa -hasta ahora- de la experiencia peronista.

Entiéndase, ni se me ocurres que el kirchnerismo o el peronismo en su conjunto, estén contenidos en lo que escriban sus intelectuales. Pero son parte de, y esos dos venían de historias y producciones previas -uno, la izquierda sesentista, otro, la reflexión crítica sobre el peronismo y el antiperonismo- que aportaron mucho a la conciencia de esta etapa. Precisamente porque venían de una historia previa.

A mí me gusta pensar que otros seguirán elaborando el presente para las etapas que sigan.

Ahora, los dejo con Horacio hablando de Torcuato.

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No fui su amigo, ni su discípulo; apenas, distraídamente fui su alumno, como se es generalmente alumno, con una ligera despreocupación respecto a quién es el profesor. Torcuato era tenido como una suerte de cofundador de la Carrera de Sociología, cuya figura central era la de Gino Germani, que a diferencia de Torcuato, mostró un rasgo final escéptico en su pensamiento y desenraizado en su actuación universitaria.

El apellido Di Tella pesaba desde la fábrica enclavada en las orillas del Riachuelo, con extrañeza metalmecánica: su nombre estaba en los autos, en las heladeras y en otros electrodomésticos. Entre tantas otras que no mencionaremos, los Germani y los Di Tella eran dos corrientes diferentes de la presencia italiana en la arcilla de la historia nacional. En sus clases, espero no recordar mal, Torcuato decía que la democracia argentina se garantizaba específicamente por el hecho de que los sindicatos no tuvieran el mismo régimen de rotación de sus dirigentes. Eran otros tiempos, pero Torcuato mantuvo siempre esa idea, como comprobé muchos años después, cuando siendo secretario de Cultura de Kirchner, volvió a decirla, y la dijo en una reunión de sindicalistas. La decía con ironía, un tanto sobrador, sabía que con eso desafiaba otros pensamientos más exigentes.

Evidentemente, le gustaba incomodar con sus ligeros exotismos. Un libro suyo poco leído cuenta la historia de su padre, el fundador del linaje industrial de la familia que tenía su mismo nombre, y deja entrever que recaería en él, y no en el otro hijo, su hermano Guido, más abierto hacia la política y hacia las exigencias del Instituto Di Tella, el resguardo de la memoria industrialista, sometida a tantas vicisitudes y problemas.

Hacía gala Torcuato de un irónico realismo del industrial ya sin industria, de ese lugar que tenía sólidos cimientos y de los que al cabo de un ciclo iban quedando ruinas. El nombre Di Tella, nombre de la industria, se mantiene ahora en la historia de las instituciones artísticas, y luego universitarias. Recuerdo a Torcuato en un homenaje a Romero Brest, en el Bellas Artes. Concurría con su media sonrisa de siempre. Aquel crítico de arte, como tantos otros críticos y artistas, había rondado bajo el nombre auspicioso de Di Tella, mixto de industria liviana, investigación social académica y arte experimental. Solo ahí coincidió este infrecuente esbozo.

Torcuato, me parecía, cuidaba el nombre con tino y secreto desparpajo. Su visión política, expresada con la sorna del caballero que no le temía a lo ilimitado de sus desenfados, solía ubicarla en el “centro izquierda”. Cuando Kirchner, casi un desconocido, presenta su programa en 2003, lo hace en un libro cuya armazón había dispuesto el propio Torcuato. Kirchner, torcuatamente, se proclama allí de centroizquierda.

Pude notar que Torcuato escribía como un apreciable cronista y que jugaba con fuertes paradojas. Una de ellas lo obligó a renunciar a su cargo: “al gobierno no le interesa la cultura”. El funcionario del ramo era él. Pero para entender esta frase había que entender al aristócrata-plebeyo Torcuato. Para quien quiso fundar un Museo de la Industria en Jujuy, y que al mismo tiempo escribía crónicas de agudo ironista, un pensamiento de esa índole mostraba por su reverso todo lo que le incumbía y que a cualquiera le cuesta definir, dónde fijar los intereses culturales en el vértigo de la historia.


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