El peronismo se despereza, en vísperas del 30 de marzo

marzo 29, 2017

Sería una equivocación pensar que la realidad del peronismo hoy es (nada más que) un debate en torno a Cristina Kirchner en Buenos Aires: que juegue, que se borre, que se guarde. Pasa que eso -que tiene su importancia, eh- es la forma más fácil de conseguir espacio en los medios. Y demasiados políticos sienten que si no se los menciona ahí no existen.

Por eso quiero acercarles un vistazo rápido de lo que me parece significativo, para evitar un posteo por cada noticia. El resumen es: el peronismo se está despertando, después de largos años de somnolencia. Hasta diciembre ´15, las muestras de vida y vigor más claras se daban desde el gobierno (como siempre, cuando había un peronista ahí). Después… quedó bastante inerte, hay que reconocerlo. Escasez de bastones de mariscal, parece.

Empiezo por la parte menos activa de ese “gigante invertebrado” (la frase es de Cooke). Sin ánimo de crítica (desde afuera es tan fácil…). El Consejo Nacional del PJ es la representación formal de una estructura territorial que gobierna provincias y municipios. Que, como antes, dependen mucho de los recursos que se distribuyen del Ejecutivo nacional.

Por eso, ayer, en la primera reunión del año en Matheu 130, alertó por “una preocupante crisis económico – social”, y anunció que iba a “continuar siendo una oposición responsable y democrática de cara a la sociedad argentina”.

Nuestro deber es marcar las fragilidades y contradicciones de un Gobierno nacional que continúa sin encontrar el rumbo de la reactivación económica imprescindible, que permita la recuperación del empleo y la justicia social en nuestro país”.

En este marco de análisis, el PJ Nacional entiende como totalmente justificado el paro general convocado para el 6 de abril por la CGT“.

Y, como se ve en la bonita foto de arriba, su “cara” mezcla imágenes de continuidad y discreta renovación.

Igual, también ahí se perciben señales de tormentas por venir. Me cuentan que don Gildo Insfrán, uno de los más doctrinarios, dijo en la reunión: “No puede ser que haya gobernadores que pidan permiso al Ministerio del Interior para venir a una reunión del partido opositor“.

De todos modos, las señales más fuertes vienen por otro lado. Ustedes saben, a lo mejor, que mañana jueves se cumplen 35 años del legendario paro general (y marcha) contra la Dictadura. Y si bien esta Argentina es distinta (por suerte), algunos sindicalistas han decidido recordarlo en forma práctica: el  “Barba” Gutiérrez, de la UOM, secretario de Interior de la CGT, y Víctor Santa María, del SUTERH y presidente del PJ Capital, entre otros, están impulsando el Movimiento por los Trabajadores (MPT) Saúl Ubaldini. La idea es acercarse a las dos CTA, de Hugo Yasky y Pablo Micheli. Y sumar a la Corriente Federal de los Trabajadores, que encabeza Sergio Palazzo, de La Bancaria.

Están pensando como antecedentes de su planteo al el programa de Huerta Grande de 1962, y los “26 puntos” de la CGT de Saúl Ubaldini de 1986, que, como dice Ámbito con horror, tenían un “franco sesgo nacionalista y estatista“.

Y ayer martes, en la UMET, las dos CTAs lanzaron la convocatoria a la marcha a la Plaza de Mayo del 30 de marzo, que iba a ser la fecha de un paro nacional hasta que la CGT resolvió hacerlo el 6 de abril. Los acompañarán en la marcha, sí, la Corriente Federal, la UOM, el SUTERH y algunos otros gremios. Algunos dicen que hubo un guiño de Pablo Moyano, de Camioneros. Como sea, las señales fundamentales las darán, como en ocasiones pasadas, los que vayan a la Plaza.


Messi: Cuando la mafia decide “diferenciarse del pasado”

marzo 28, 2017

En este blog casi no escribí sobre fútbol. Debo ser uno de los poquísimos argentinos que siente que no sabe bastante. (Eso sí, mi primera nota cuando ensayaba bloguear en la vieja página El hijo de Reco, fue sobre la Selección argentina y Messi. Era el 30 de junio de 2006…). Pero el tema de la sanción a Messi… me hace pensar en temas alejados del fútbol. Y algunos, de éstos, muy cercanos a nosotros.

Para algún marciano que no esté enterado:  en el (mal) partido de la selección ante Chile por las eliminatorias, a Messi se lo vio (como casi nunca) insultar a los árbitros. En el primer tiempo, se enojó con Dewson Silva, uno de los líneas. En el segundo, la bronca fue con el otro línea, Marcelo Vangasse, quien no sancionó una infracción que Leo consideraba que era. “Tomatela, la concha de tu madre”, le dijo Messi, quien al final del partido continuó con su descargo. En el informe final del árbitro Sandro Ricci no hubo mención a los insultos. Y Chile dice que no hizo acusaciones (Les creo: Messi no fue el que les cobró un penal dudoso, ni les anuló un gol ídem).

La FIFA procedió de oficio. Y desde Zurich, el Comité Disciplinario decidió en menos de 24 horas aplicar una suspensión de cuatro fechas y 10.000 francos suizos al capitán argentino. Cuenta La Nación:

La idea fue diferenciarse del pasado. Dejar atrás todo vestigio de privilegios y de decisiones tomadas fuera del marco de la ley. La posibilidad de aplicar todo el peso de la legislación vigente al capitán y emblema de la selección argentina fue la excusa perfecta para que esta nueva FIFA liderada por Gianni Infantino pudiera enviar un mensaje al mundo del fútbol. La sanción de cuatro partidos de suspensión a Lionel Messi lo dijo todo.

… La nueva FIFA de Gianni Infantino tuvo un solo objetivo: demostrar equidad y firmeza en la legislación deportiva ante un grande del mundo como la Argentina junto a su emblema y capitán, Messi“.

Claro, hay otras hipótesis, y La Nación también las menciona: “Que el desplante de Lionel Messi a los últimos premios The Best en Zúrich, que el mensaje de la FIFA a Marcelo Tinelli por su designación como director de selecciones nacionales enfrentado con Diego Maradona, que la idea de mostrar una posición firme frente a la Argentina luego de nueve meses sosteniendo los idas y vueltas políticos con el Comité de Regularización al frente...”

Hasta el venerable The New York Times insinúa otraLa suspension podría ser casi una bendición para el Barcelona. Messi estará disponible este verano (el invierno nuestro) y si su ausencia hace que Argentina no entre en el Mundial, estará disponible el próximo verano, también“.

La gente es suspicaz. Pero a mí me parece posible que Don Gianni Infantino quiera cambiar la imagen de su Familia, digo de la FIFA. Otro prestigioso medio, la BBC hacía hace algo más de un año este listado de… manchas.

Como sea, estos titulares en los medios locales e internacionales me hicieron pensar en la intensa actividad que ha desplegado en estos meses el Poder Judicial brasileño. Y en otro más cercano, también.


Éramos pocos, y aparecieron los cordobeses

marzo 28, 2017

Este blog trata de ser reflexivo; no puede ni quiere ser un portal de noticias. Además, les debo un desarrollo sobre la (discutida) candidatura de Cristina Kirchner en Buenos Aires.

Pero… el peronismo no deja de producir novedades (El oficialismo ya da la impresión de haber perdido la iniciativa, lo que es una señal. Encima, va a una visita apropiada para la revista Hola, y le tiran con un pasado oscuro). Así, me parece que vale la pena acercarles este anuncio del peronismo cordobés (el 2° electorado nacional).

De la Sota no ha podido, desde 2003 -o antes, desde 1988, como podría contar Cafiero- superar el espacio “cordobesista”. Pero ya con eso puede tener una base importante para la futura y decisiva discusión interna. Por lo menos, deja claro que la ilusión que CFK en el Congreso automáticamente alineará al conjunto de los legisladores peronistas es eso, una ilusión.

CÓRDOBA.- Desde que dejó la gobernación, hace poco más de un año, José Manuel de la Sota no mantenía una reunión masiva con dirigentes del peronismo provincial. Lo hizo hace 15 días con representantes del interior, aunque no confirmó ni descartó que fuera a ser candidato a diputado nacional. Su nombre como cabeza de lista ya lo dan como un hecho tanto en su partido como en Cambiemos. La oportunidad que analiza es posterior a las legislativas: llegar al Congreso para convertirse luego en líder de la oposición.

Las proyecciones son que a su triunfo en Córdoba se sumarían el de Santa Fe (el senador Omar Perotti es el encargado de la reorganización) y Buenos Aires, donde el PJ no kirchnerista espera derrotar a la lista de la gobernadora María Eugenia Vidal. “Los números en el Congreso no variarán significativamente, pero sí es una elección importante para el mapa político a futuro”, dicen en el delasotismo.

El encuentro de De la Sota con los dirigentes fue con el “aval” de Juan Schiaretti y reunió a “peronistas de todas las líneas”, comentaron los participantes, cuidadosos de mantener la buena relación con el gobernador, que tiene buena sintonía con el gobierno nacional.

De la Sota -que mantiene su alianza con Sergio Massa- fue “muy crítico” del gobierno de Mauricio Macri. “De las buenas intenciones a los resultados hay mucha distancia. Falta gestión”, dijo. Por el lado de Schiaretti, los contactos con el ex intendente de Tigre son nulos.

El ex gobernador descartó cualquier tipo de alianza con Cambiemos en la provincia. “El peronismo va como Unión por Córdoba, eso está definido.” En ese punto hay coincidencia con Schiaretti, quien reitera que celebró la llegada de Macri, pero aclara que “a la hora de votar cada uno mantendrá su identidad”.

Varios dirigentes coincidieron en que De la Sota insistió en que “no hay que adelantar la campaña porque la gente no está con ánimos”. Definió como “inútiles” a varios funcionarios de Macri. Siempre el blanco de sus críticas es el jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Una salida para que se disimulen las diferencias entre De la Sota y Schiaretti es que la campaña se “provincialice”. Un referente delasotista confió a LA NACION que “defenderá la gestión en Córdoba y los objetivos alcanzados en todas las gestiones peronistas”.

En el sector admiten que los casi 20 años en el poder son un logro, pero también el “talón de Aquiles”. Reconocen que con De la Sota no hay que esperar un candidato “de baja intensidad porque nunca lo fue, pero tampoco buscará entorpecer la relación con la Nación”.

En el peronismo proyectan que pueden regresar algunos ex kirchneristas y hasta varios que siguieron en su momento a Luis Juez. El actual embajador en Ecuador quiere volver al país. Además, se reunió con Peña para hablar de su regreso, pero no sólo Córdoba está en su mira.


Polémico Kicillof “No conviene que Cristina sea candidata ahora”

marzo 27, 2017

Estas declaraciones ya han sido comentadas en otros blogs políticos. No muchos -los cristinistas están incómodos con la idea, y el resto incómodos con Kicillof. Pero aparecieron en El Destape -un portal K ortodoxo si los hay, en el informado blog de J. R. Sentis, y -no podía faltar en ésta- el del tucumano Ricardo, que está muy de acuerdo con ellas.

Igual, voy a reproducirlas aquí. Porque reflejan un razonamiento inteligente en la búsqueda de una estrategia. Porque, además, muestran que Axel se siente seguro de sí mismo y de sus ideas, al plantear un tema tan delicado en un espacio, el de la política, donde los egos son tan sensitivos como una Venus flytrap. Y, sobre todo, porque yo, que no puedo ser calificado de cristinista ferviente, ni tampoco de kicillofista, no pienso que sea una estrategia sostenible. Como ya indiqué en un posteo muy reciente.

Voy a extenderme sobre el asunto, que lo merece. Pero por ahora, las palabras del Kici. Tomo la versión más completa que tengo –la de Ámbito– de lo que dijo el último ministro de Economía (Por alguna razón, Macri no ha llenado ese cargo):

El exministro de Economía y actual diputado nacional Axel Kicillof sostuvo que una candidatura de la exmandataria Cristina Kirchner le es “muy funcional” al Gobierno, y consideró que la elección de medio término debe ser para “plebiscitar” la gestión del presidente Mauricio Macri y no la de la líder del Frente para la Victoria.

“Al Gobierno le resulta muy funcional que esta elección se discuta en términos de si gana Cristina o pierde Cristina. ¿Este es un plebiscito a Cristina Kirchner en 2017? Si Cristina terminó de gobernar con un millón o medio millón en la plaza y se fue…Estamos plebiscitando a Macri”, recalcó el dirigente kirchnerista, dando a entender que no es conveniente exponer a su jefa política ya que podría tergiversarse el sentido de esta elección de medio término, que tiene que ver con evaluar el desempeño del gobierno de Cambiemos.

En diálogo con radio Con Vos, Kicillof resaltó, en este sentido, que “una elección de medio término es por definición y por historia un test del Gobierno”, por lo que pidió que el eje de la discusión electoral pase no por la imagen que la sociedad tiene de la ex presidenta sino por el impacto de las medidas del actual Gobierno en la sociedad.

“Esta elección tiene que ser: ´¿te gustó el aumento tarifario que tuviste? Votalo porque ya te prometió que te va a aumentar más´. ´¿Te gustó la devaluación? Metele porque ya dijeron que la devaluación viene después de las elecciones´, argumentó con ironía.

No obstante, aclaró que la decisión sobre una posible candidatura a senadora nacional de Cristina Kirchner “no está tomada”.

Por otra parte, Kicillof cuestionó a Macri por haberse “borrado” de los homenajes por el 24 de marzo al participar de una visita de Estado en Holanda, y apuntó contra el Gobierno en general por el tratamiento que le viene dando a la causa de Derechos Humanos.

“(El secretario de Derechos Humanos, Claudio) Avruj dice defender los Derechos humanos de los vivos. Le recuerdo que las Madres y las Abuelas están vivas”, sentenció.

En esta línea, cargó contra el intento de algunos sectores vinculados al Gobierno de minimizar la magnitud de la tragedia poniendo el duda el número de desaparecidos que los organismos de Derechos Humanos calculan en 30.000.

“Sería difícil que en la Alemania actual alguien vaya a negar el Holocausto o a discutir si hubo 6 millones de judíos muertos en el Holocausto. Sin embargo acá tenemos al gobierno de Macri poniendo en disputa si era una guerra sucia, si los Derechos Humanos son un curro, y esto revalidado por el bloque de diputados con el cartel”, señaló Kicillof, en referencia a la controvertida foto en la que diputados del interbloque Cambiemos aparecieron con la leyenda “Nunca más a los negocios con los Derechos Humanos”.

Consultado por el nombramiento y la permanencia del exjefe del Ejército César Milani en el cargo, pese a las acusaciones de organismos de Derechos Humanos por presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, Kicillof destacó que el caso está en la Justicia, y que si es hallado “responsable, habrá sido un error” del kirchnerismo.

No obstante, aclaró: “Hasta que se demuestre que Milani es culpable, Milani para mí es inocente”.

En tanto, indicó que “si se le prueban” los delitos, “el kirchnerismo no tiene nada que ver” dado que las “denuncias a Milani son posteriores al nombramiento”.

“Milani tenía la particularidad de que los crímenes de los que se le acusa no aparecían en el Nunca Mas ni en otros lugares. Es algo que hay que probarlo”, agregó.

“Uno tiene una posición sobre determinadas persona, de repente de se lo acusa y yo tengo la presunción de inocencia.

Por supuesto que a medida que van a apareciendo elementos en sentido contrario, esa presunción de inocencia la va matizando”, reconoció el diputado del Frente para la Victoria.


Y si Cristina no juega?

marzo 26, 2017

La incertidumbre sobre si Cristina Kirchner será candidata, o no, en las elecciones legislativas de este año en la provincia de Buenos Aires es uno de los temas más conversados, en privado, y menos discutidos, en público, en la política argentina.

Es lógico. Para sus partidarios fervientes -que son una parte muy importante del sector politizado de la sociedad- CFK es la conducción “necesaria y suficiente” de una opción política que los exprese. No sólo es el símbolo de la oposición más firme al gobierno macrista. También es la garantía, para ellos, que un futuro gobierno peronista tenga el contenido que ellos pretenden. Todo el resto sería “pejotista” o “peornismo”, y lo ven con desconfianza. Cuando no los consideran simplemente traidores.

La posibilidad que ella no quiera ser candidata… prefieren no pensar en eso. Aún la idea de un candidato bendecido por Cristina… ¿Y si es Scioli, por ejemplo? No sería satisfactorio, para los “kirchneristas de paladar negro”. Recuerdan, aunque preferirían no, que ella bendijo a Insaurralde en su momento. Y puso en las listas a Bossio.

Tampoco el sector de la dirigencia y los niveles medios del peronismo que no son partidarios fervientes de ella -también muchos, por cierto- se encuentra cómodo discutiendo en público el tema. Están más insertos, en general, en las internas peronistas que el primer sector, pero no les gusta reconocer que Cristina Kirchner tiene, en la provincia de Buenos Aires, mayor intención de voto, por lejos, que cualquier otra figura del peronismo. Ni analizar porqué ninguna otra figura nacional ha sido tan coherente en manifestar oposición a las políticas del gobierno actual.

Como sea, es difícil charlar en confianza con dirigentes políticos o sindicales del peronismo sin que mencionen en algún momento la sospecha que ella, finalmente, decidirá no ser candidata.

Tiendo a pensar -sin certeza, por supuesto- que es una fantasía. Creo que en muchos casos -entre los que rechazan su conducción- es lo que los gringos llaman “wishful thinking”, una expresión de deseos. Por mi parte, con alguna experiencia en campañas, veo que ella es la única dirigente del peronismo que la está haciendo dirigida por afuera del mundo de la política. Donde habita la mayoría de los argentinos, por supuesto.

La hace en la provincia y fuera de ella. Es cierto que  -salvo las oportunidades que le ofrecen, generosamente, los jueces- es casi por completo a través de los redes sociales. Medio clave, o pregúntenle a Obama. O a Trump. Es difícil pensar que está haciendo campaña para nominar a algún otro.

Ahora, hay otro aspecto del tema que preocupa en especial a los políticos bonaerenses ¿Qué puede pasar si en el siempre álgido momento de la confección de listas -antes de dos meses- surgen desacuerdos insuperables?

¡Y en este momento de incertidumbres y recelos que La Política Online, muy visitado portal de noticias y chismes políticos, publica esta nota! Se las copio y comento al final.

Los intendentes del grupo Fénix, cercanos a la figura de Cristina Kirchner, comenzaron a medir a Verónica Magario -intendente de La Matanza- para que encabece la lista al Senado, en caso de que la ex Presidenta decida no competir.

“Magario sería una buena síntesis ante todas las discusiones internas”, dijeron desde el entorno de un intendente a LPO. Es que, incluso en ese grupo, hay algunos que insisten con que Cristina sea candidata pero otros ven prescindible la participación de la ex Presidenta en la próxima batalla electoral.

El intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, y su par de Malvinas, Leonardo Nardini, salieron en los últimos días a insinuar que Cristina no debería competir. “Obligarla a jugar no es justo”, dijo Nardini, una frase que pronunció entre elogios a la figura de la ex Presidenta. Menéndez fue más contundente: habló de dar el “trasvasamiento generacional” y lanzó: “Si no, es como ir a buscar a tu mamá cada vez que tenés un problema en la escuela”.

La matancera atrae a sus pares porque no sólo gobierna el distrito más populoso de la provincia, sino que además fue electa como titular de la Federación Argentina de Municipios (FAM) y es de las dirigentes más opositoras a la gestión de María Eugenia Vidal.

Incluso, algunos intendentes van más allá de las elecciones de medio término y dicen que hacerla jugar en 2017 es un paso previo para instalar su candidatura a gobernadora en 2019, con el aval de los sectores más duros del kirchnerismo.

“La midieron y mide muy bien, pero ella no quiere ser candidata y no está haciendo nada al respecto. De hecho, las mediciones son de terceros, nunca de ella”, reconocieron a LPO desde el entorno de Magario.

En la interna del peronismo provincial, Magario se mueve en tándem con el presidente del PJ, Fernando Espinoza, quien ya realizó un enigmático anticipo de su candidatura. El último fin de semana, se lanzó en las redes sociales con una promesa: “Desde el Congreso vamos a detener esta crisis y llevar soluciones a las clase media y a los trabajadores”.

Desde el Fénix -que hace equilibrio entre los intendentes ultra K y los más moderados- otro jefe comunal admitió a LPO que Magario sería “una excelente candidata”, aunque lanzarla ahora resulta “prematuro”, porque todo dependerá de la decisión de Cristina Kirchner.

En ese grupo no avalan la eventual postulación de Florencio Randazzo, que alientan sus pares del Esmeralda. Por eso, en el Fénix ya piensan cómo conciliar con ellos y sugieren que pongan al segundo de la boleta. “Magario mide mejor que cualquiera de ellos, no hay más candidatos”, admiten.

En ese sentido, consideran que sería una “buena síntesis” que a la matancera la secunde el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, ya que el jefe comunal de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, ya anticipó que no busca competir.

“Los Esmeralda están subidos a un caballo pero en calesita, siempre llegan al mismo lugar”, definió a este sitio otro miembro del Fénix, más duro con la postura de sus pares, que se manifestó “harto de las idas y vueltas”.

Tengo que decirles que esta no es una bola de Nacho Fidanza, el director de LPO. No menos de tres experimentados dirigentes del peronismo, de distintas líneas, han hablado de una posible candidatura en octubre de Magario, a pesar que es actualmente intendente de La Matanza. Un cargo más importante que senadora o diputada.

El motivo es la necesidad que el peronismo bonaerense muestre figuras nuevas, atractivas, y “con polenta”. A las que no se les pueda preguntar “Vos, qué estuviste haciendo este año y medio?” Como muestra de la seriedad del asunto, ya se está mirando con atención al primer concejal de su lista en La Matanza, a quien, en principio, correspondería ocupar el cargo si V. M. lo dejara.

Por mi parte, quiero apuntar un hecho obvio: presentar la candidatura de Magario como “reemplazo” de CFK -aunque ella no se presentara en las próximas elecciones- es en contra. En el mundo de recelos, ambiciones y paranoia de la política, enfrentar gratuitamente dos identidades y posibilidades tan distintas, sólo es para armar roña, dirían en mi barrio. No por nada ella se apresuró a negarlo.

En un plano más general,  es bueno, es saludable -también en mi opinión- para el peronismo y para la política de nuestro país que Cristina Kirchner se presente a las elecciones de este año. No sólo, ni siquiera principalmente, su liderazgo, son las políticas y las ideas que han quedado asociadas indisolublemente con su gestión, las que deben ser medidas en la aceptación, y el rechazo, que despierten hoy en los argentinos.


El 24 de marzo y el peronismo

marzo 25, 2017

Pasó el “Día de la Memoria”. Y una amiga querida me dice “para mí el posteo de hoy resultó como insuficiente”. Mi primera reacción fue: Qué voy a hacerle. No tengo el talento, ni siento la obligación, de decir palabras inmortales en cada ocasión memorable. Además, o sobre todo, se habla tanto… Tengo la sensación que mucho palabrerío banaliza.

Igual, me hizo reflexionar. Siempre se puede decir algo nuevo, porque lo que sabemos o sentimos en el presente cambia nuestra memoria del pasado. Recordé que hace pocos días mi amigo Ezequiel Meler publicó en Panamá -gran revista- un texto que me impresionó. Y me dio ganas de discutirle algo. Sé que a Eze le fastidian las polémicas digitales, pero cuando uno publica… lo que escribió pasa a ser propiedad pública. Copio y después comento:

“El 11 de septiembre de 1979, el PJ, a través de su vicepresidente primero en ejercicio,  Deolindo Felipe Bittel, entregó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos un documento que denunciaba las violaciones producidas por el gobierno militar. El texto señalaba como inaceptable, en su quinto punto, que “la lucha contra una minoría terrorista –de la que también hemos sido víctimas- se la quiera transformar en una excusa para implantar el terrorismo de Estado”, para en seguida agregar que “no puede haber Doctrina de la Seguridad Nacional que esté por encima de la ley que debe amparar por igual a todos los ciudadanos”.

Concretamente, el texto denunciaba, junto al encarcelamiento de Isabel Perón, de Lorenzo Miguel y de todos aquellos alcanzados por las Actas Institucionales, “la muerte y desaparición de miles de ciudadanos, lo que insólitamente se pretende justificar con la presunción de fallecimiento, que no significa otra cosa más que el reconocimiento de las arbitrariedades cometidas”.

No sería el único texto de ese tenor a lo largo de la pesadilla autoritaria de esos años: mi preferido oscila entre los documentos sindicales de ese período y el “proceso al Proceso” del 24 de marzo de 1982, antes de la huelga general de marzo y de Malvinas.

Sin embargo, tengo la impresión de que ese peronismo no será recordado como quizás lo mereciere. Y en parte, a causa del propio peronismo. Luego de la guerra de Malvinas, luego de la disolución de la identidad antiautoritaria que le siguió, el descongelamiento de la política no fue protagonizado del mismo modo por los peronistas. La causa de los derechos humanos adquirió su mejor enunciador en Raúl Alfonsín, quien había acompañado a Bittel a realizar la denuncia ante la OEA a título personal. ¿Y por qué? Posiblemente, porque Alfonsín lo hizo mejor. Sólo él se animó a trazar un diagnóstico en virtud del cual supo interpretar al gobierno militar no como una dictadura más de las que habían azotado a nuestro país, sino como el punto crítico frente al cual sólo quedaba dibujar, en la arena de nuestra trágica historia, una línea, una frontera. Una frontera que podía equipararse, dramáticamente, a la distancia entre la vida y la muerte.

Puede argumentarse que con Cafiero y Bittel, en el marco del Movimiento Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO), el peronismo estaba en camino de alcanzar un diagnóstico semejante. Al fin y al cabo, Cafiero, junto con Alende, Alfonsín y Auyero, con Framini y Frondizi, fue parte de la primera Marcha por la Vida, en octubre de 1982, junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, APDH, el SERPAJ y el CELS.

Pero ese peronismo perdió. Ese peronismo no estaba todavía listo para tomar las riendas del conjunto. Y ello no fue fruto del azar, sino de la ausencia de una instancia de mediación entre las distintas alas del “movimiento”, función que en vida sólo había estado reservada a Perón. Ese lugar quedó vacante, y la intención de Luder de presentarse como un candidato natural de un espacio también él naturalmente popular, desconociendo las transformaciones a que había sido sometida la sociedad bajo la dictadura, se expresan en parte en su negativa a revisar un pasado ominoso del que el peronismo -eso tampoco nos gusta recordarlo- había sido parte. ¿Cómo podía ahora ser el peronismo el árbitro y el juez, cuando también había sido el verdugo?

En 1983, los que ganaron la interna no tuvieron mejor ocurrencia, entre varias lamentables, que decir que en octubre sería Perón quien  ganaría, una vez más, la batalla. Alfonsín respondió de inmediato, en su cierre de campaña:

Los más altos dirigentes justicialistas han dicho que las elecciones no las ganará ningún candidato, sino que las va a ganar Perón, así como el Cid Campeador venció muerto una batalla. Me pregunto, como se preguntan millones de argentinos, entonces, ¿quién va a gobernar en la Argentina? Y me lo pregunto al igual que millones de argentinos, porque todos recordamos muy bien lo que ocurrió cuando murió Perón.”

El peronismo, lisa y llanamente, no estaba preparado para responder esa pregunta. Ni mucho menos, para hacer esa tarea de rememoración de lo cercano. Estaba, desde la denuncia del pacto militar sindical -ni cierto ni falso, pero creíble- trabado en el lugar de la repetición, como dijo una vez Oscar Landi, en el lugar de lo imposible, de la Argentina inviable. Y por eso mismo, no estaba en condiciones de gobernar. Por eso es que no recordamos a Bittel, porque la fuerza del tsunami alfonsinista fue tal que todos somos, en buena medida, sus herederos y reproductores. Y en buena hora. No puede menos que celebrarse que, en esa Argentina que nacía, hubiese ganado Alfonsín. Fue una buena cosa para el país, y una cosa aún mejor para los peronistas”.

No estoy de acuerdo con el planteo de Meler. Aunque lo que cuenta es cierto y su conclusión final… puede ser cierta o no, pero no puede ser demostrada. Quizás “fue una buena cosa que haya ganado Alfonsín”, pero cómo podemos saberlo? Con la pregunta ¿qué hubiera pasado si…? se pueden escribir ficciones fascinantes, pero no hay certezas.

El punto central del argumento de Meler es que la victoria de Alfonsín significó “interpretar al gobierno militar no como una dictadura más de las que habían azotado a nuestro país, sino como el punto crítico frente al cual sólo quedaba dibujar, en la arena de nuestra trágica historia, una línea, una frontera”. Y que la victoria de Luder no hubiera significado lo mismo.

Hay un elemento real en ese argumento: el peronismo no estaba vitalmente interesado en el castigo de los culpables de los crímenes del Proceso. El motivo es válido, pero difícil de entender desde la discusión de hoy que puede ser apasionada pero está lejos del peligro: el peronismo había puesto, por lejos, la mayor parte de las víctimas. En los siete años del Proceso, en los 38 anteriores, desde 1955. Mucho más que en la justicia, su dirigencia pensaba en cómo terminar con el ciclo de las muertes.

Puede decirse, y es válido, que la mejor manera de clausurar la violencia desde el Estado era castigar severamente a los que la había usado criminalmente. Pero no lo veía así la dirigencia de ese entonces. Tampoco lo veía la de Montoneros, que estaba dispuesta a firmar la paz a cambio de una amnistía general, como lo propuso aún años después, cuando apoyó la candidatura de Menem. Al Partido Comunista, que en ese tiempo era una fuerza minoritaria pero aún considerable… le interesaba su legalización, y ni siquiera reclamaba al comienzo la investigación de los crímenes, de los que había sufrido su parte.

Y tampoco la posición del gobierno radical era tan decisiva. Quiero reconocer -no porque haga falta sino para que no queden dudas de lo que creo- que el juicio a la Junta de Comandantes fue un hecho fundamental en nuestra historia moderna. Y no sólo la nuestra. El único antecedente fue en Grecia, donde sus militares también habían perdido una guerra.

Pero… el proyecto que Alfonsín envió al Congreso establecía el juicio a los comandantes y a los generales a cargo de los cuerpos de ejército. En las jerarquías inferiores, quedaba establecido que habían cumplido órdenes y, por lo tanto, no eran responsables. Tal vez, hubiera sido lo más sabio en ese momento: le habría ahorrado las rebeliones carapintadas, que demolieron su autoridad.

Pero fue el peronismo en el Senado -Sapag y los otros- que ya no tendría la responsabilidad de gobernar, el que destruyó esa previsión.

Mi punto es, entonces, que más que un gobierno, fue la sociedad argentina -o el pueblo, como se decía antes- el que trazó esa frontera que señala Meler. Horrorizada de lo que había tolerado, tomó conciencia de una masacre, de lo que, como dijo alguien, fue un filicidio, el asesinato de los hijos.


Otro 24 de marzo

marzo 24, 2017

Este viernes no estoy en Buenos Aires y por eso no tendré una vivencia personal de la Plaza. Pero no espero que sea diferente del año pasado. En realidad, creo que estas marchas cambian, como todo, pero su evolución fue y será lenta. Para una parte de nuestro pueblo, para muchos jóvenes, es un rito de refirmación de valores.

Hace ya dos años subí una especie de resumen de “mi” 24 de marzo, que a su vez era una elaboración de cosas que había escrito antes. Por eso, no veo la necesidad de repetirlo. Si quieren, pueden leerlo aquí.

Se me ocurrió, sí, subir ahora una nota que me llamó la atención, del general Martín Balza, que fue Jefe del Ejército con Menem y embajador con Néstor y Cristina Kirchner. Esa historia, como su servicio en la guerra de Malvinas, lo convierten en otro de los actores en el escenario argentino. Y como tal, junta su parte de los rechazos y odios que somos tan generosos en repartir.

Pero lo que percibí, justamente, es que era un relato impersonal. Casi como un historiador, pero desde una mirada institucional, que incorpora lo que es el consenso aceptado. No lo digo para descartarlo. En otras ocasiones, para otros temas, mencioné que los países necesitan una “historia oficial”. La otra Historia necesita generaciones. Mientras, tenemos las personales, que son las que cuentan para el tiempo de nuestras vidas.

El sexto golpe cívico-militar del siglo XX en la Argentina se consumó el 24 de marzo de 1976. Fue el más anunciado y previsible. Con él se inició el más funesto y degradante periodo de nuestra historia.

Desde fines de la década de los años ´60 e inicio de los ´70 se generó en nuestro país un terror robespierreano de organizaciones armadas irregulares de distinta orientación (ERP, Montoneros, FAR) y el “terror blanco” de la ilegal represión paraestatal derechista, la Triple A, conducida por el brujo José López Rega, que se descargó sobre propios y ajenos. A las primeras se le atribuyen 684 víctimas y a la segunda, 980; casi todas ocurrieron durante un gobierno democrático (1973/1976).

La asunción militar de funciones de gobierno y el fascismo criollo llegaron al paroxismo para oponerse, según ellos, a una teoría conspirativa del comunismo internacional que lideraba la Tercera Guerra Mundial; pero también para terminar con el peronismo. Un dislate. ¿Se imponía el empleo de las Fuerzas Armadas para acabar con una violencia demencial? Evidentemente, no. Las Fuerzas de Seguridad y la Fuerzas Policiales no habían sido sobrepasadas. No estábamos en prolegómenos ni de la próxima guerra mundial, ni de una guerra civil. Los proclamados objetivos del golpe eran terminar con la llamada subversión —en rigor, exterminarla—, “reordenar la economía y disciplinar a la sociedad”.

¿Estaba aniquilada la capacidad de las organizaciones armadas irregulares? No, estaba muy debilitada y reducida su capacidad, pero mantenían aptitud para realizar actos terroristas y atentados indiscriminados, tal como sucedió.

A principios de 1976 los miembros de las organizaciones armadas (principalmente Montoneros y ERP) no sumaban 2.000 hombres con real adiestramiento operativo y limitado armamento. El mayor yerro de estas bandas —además de los crímenes cometidos— fue el delirio de enfrentar militarmente a las Fuerzas Armadas. La situación solo exigía el empeñamiento de la Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Policía Federal y Policías Provinciales (más de 300 mil hombres). Hasta el ex general Genaro Díaz Bessone —mentor del golpe y del terrorismo de Estado— expresó: “El motivo del derrocamiento del gobierno peronista en 1976 no fue la lucha contra la subversión (….) Nada impedía eliminarla bajo un gobierno constitucional (…) La justificación de la toma del poder fue clausurar un ciclo histórico”. Por su parte, el teniente general Alejandro Lanusse señaló: “La derrota militar del terrorismo subversivo pudo haberse logrado sin asumir las Fuerzas Armadas las responsabilidades excluyentes de su ejecución”. Y agregó: “No puede argüirse la necesidad de un gobierno de facto para lograr éxito en la lucha contra el terrorismo subversivo”.

Al decir de Ernesto Sábato: “En los años que precedieron al golpe de Estado de 1976, hubo actos de terrorismo que ninguna comunidad civilizada podría tolerar. Invocando esos hechos (…) representantes de fuerzas demoníacas, desataron un terrorismo infinitamente peor, porque se ejerció con el poderío e impunidad que permite el Estado absoluto, iniciándose una caza de brujas que no solo pagaron los terroristas, sino miles y miles de inocentes”.

En 1976 —como había sucedido en 1955, 1962 y 1966— se pretendía volver a una etapa anterior al peronismo, achicando al máximo el Estado en lo económico y agrandándolo también al máximo en autoritarismo. El “mal gobierno” de entonces fue sola una excusa.

La causa principal del golpe fueron las ambiciones de poder de los altos mandos de las Fuerzas Armadas, secundados y estimulados por grupos de presión y sectores del poder económico, que se beneficiaron con el capitalismo prebendario impuesto —sin limitaciones— por el ministro de Economía, José Martínez de Hoz. En esa misma concepción, Arturo Pellet Lastra, refiriéndose a la dictadura, la calificaba de “netamente oligarca, tan vulnerable a las presiones del poder externo como implacable en la represión de la guerrilla”.

El plan sistemático, concebido por los altos mandos de la dictadura, era depurar nuestro país mediante una forma extrema de eugenesia, que incluía la eliminación de todos aquellos que los represores consideraban “irrecuperables”. Esto incluía a obreros, estudiantes, empleados, docentes, y también políticos, sindicalistas, periodistas, diplomáticos, religiosos y algunos deportistas y militares. En síntesis, una acriollada untermenschen (término empleado por la ideología nazi para referirse a lo que ésta consideraba “personas inferiores”). Los represores obraron siguiendo deleznables procedimientos: desaparición forzada de personas, torturas, violaciones sexuales, ejecuciones clandestinas y extrajudiciales, robo de bebés, privación ilegítima de la libertad y saqueo de propiedades.

Delitos que trascienden lo jurídico y marginan el campo de la ética y de los principios cristianos. Impulsores civiles y mandos militares con dominio del hecho y poder de decisión no asumieron —salvo excepciones— su responsabilidad desligándola en sus subordinados. Se colocaron en una dimensión moral peor que la de las organizaciones irregulares a las que combatieron, porque ellos actuaban —aún en un gobierno de facto— en nombre del Estado y debían resguardar los derechos humanos esenciales: a la vida, a la libertad y a la propiedad de los ciudadanos en lugar de actuar sobre ellos como un ejército de ocupación. Que una cosa es el accionar criminal de grupos irregulares, y otra muy diferente es que el Estado se convierta en criminal.

Lamentablemente, gran parte de la sociedad no advertía que aceptando una dictadura —como el mal menor— estaba coadyuvando al advenimiento de un terrorismo de Estado, de imprevisibles y atroces consecuencias“.


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