Estamos muy mal ¿dónde vamos?

marzo 30, 2021

Ayer leí esto en las redes sociales (Bah, en twitter. Pero a pesar de eso, es cierto):

“La tasa de desempleo se ubicó en el 11%, al cierre del último trimestre de 2020 y en el conurbano bonaerense ya se acerca al 15%.La tasa de desempleo abierto nacional respecto del cuarto trimestre de 2019, se incrementó en 2,1 puntos porcentuales.

Por otra parte, se conocieron datos oficiales de valorización de canasta de pobreza e indigencia alcanzando para un hogar tipo metropolitano de cuatro miembros, los $60 mil y $25 mil mensuales respectivamente, insistimos según datos del INDEC.

En este sentido los números preocupan puesto que el salario medio de la economía no alcanza los $60 mil mensuales, el salario que más se repite (o MODA) es de $45 mil mensuales, todos por debajo de lo que requiere un hogar tipo para no ser considerado pobre por ingresos.

Peor aún el salario mínimo vital y móvil, así como jubilaciones y pensiones mínimas rondan los $20 mil mensuales y se ubican por debajo de los ingresos necesarios para q un hogar de cuatro miembros supere la línea de indigencia o línea de ingresos debajo de la cual hay hambre.

Llegamos al extremo de carencia de ingresos en que en un hogar tipo (de 4 miembros) en que se perciben dos salarios mínimos y dos AUH, una por cada niño o niña, tampoco así logra superar la línea de pobreza. Una calamidad de carencia de ingresos se lo mire por donde se lo mire.

La inflación no se detiene. Traccionada por aumento de “alimentos y bebidas” la canasta de pobreza aumento un 47% interanual entre los meses de febrero 2020 versus febrero 2021, mientras el IPC general lo hizo en un 41% y según datos del primer trimestre de 2021 no se detiene.

El panorama social entonces resulta muy complejo con un piso de 40% de pobreza cuando a fines de marzo el Indec suministre el dato oficial.

Los datos de distribución del ingreso son también de terror. El 80% más pobre de la población se queda con el 50% del ingreso total. Como contrapartida , el 20% más rico toma el 50% restante y el 10% de la cúspide de la pirámide se apropia del 33% del ingreso total. Son niveles de desigualdad escandalosos, solo superados por los observados en la crisis de salida del experimento convertible en el año 2002.

Todo este rodeo inicial largo pero necesario, es imprescindible para justificar una pregunta: ¿Puede un país estragado socialmente, como lo es la Argentina después de Macri, tener como bandera conseguir el “equilibrio fiscal”? ¿Son metas prioritarias alcanzar los superávits gemelos? ¿Puede insistirse en ese camino después tantos fracasos históricos de los modelos “Déficit cero”? Enormes fracasos comunitarios q signaron el trayecto desde la recuperación democrática en el año 1983 hasta nuestros días?

Seguramente no. La economía argentina necesita salarios, ingresos familiares crecientes y superar la lógica del ajuste perpetuo a q fue sometida ya durante un lustro, más aún tras la experiencia exitosa de “desajuste” desplegada por el kirchnerismo durante casi trece años de gestión.

¿Por qué volver a las viejas recetas diseñadas por la ortodoxia económica y avaladas por el Fondo Monetario Internacional q nos condujeron una y otra vez a ser una sociedad más desigual y más pobre? Que aumentaron el desempleo desde un valle de 3% en 1983 al 24% en el año 2001?

El rediseño d política económica debe tener como eje recuperar ingresos familiares y eso supone satisfacer 3 demandas muy específicas.

Salarios, jubilaciones y planes de transferencia d ingresos actualizados por sobre la inflación realmente existente para los sectores populares.

Inflación q es la que señala la canasta de pobreza e insistimos alcanza al 47% anual. Todas las paritarias conocidas están por debajo de este nivel de inflación y oscilan en la franja que va del 29% al 35% lo que las ubica muy debajo de los niveles de actualización requeridos.

Lo mismo sucede con jubilaciones y pensiones mínimas (las que más alto se ajustaron), que solo se actualizaron un 35,5% (el resto alcanzó solo el 24%) perdiendo 11,5 puntos respecto al valor de incremento de la canasta ampliada de pobreza. Insistir con este ajuste es fracasar.

Fracasar doblemente en el caso del oficialismo. Porque su contrato electoral supone mejorar las condiciones de vida de la población general, los ingresos familiares al alza y una mejor distribución del ingreso y porque sería un error conceptual inmenso frente a las elecciones.

En efecto, el 60% de los hogares que constituyen el electorado del FdT son pobres o vulnerables por ingresos (superan la línea de pobreza por menos del 50% de su valor). Se trata de hogares pobres por ingresos o de clase media baja en riesgo de empobrecimiento por ingresos.

Persistir en el camino del ajuste pondrá severas restricciones p insistir con el voto oficialista, al menos para una porción significativa del electorado vulnerable, allá donde las fronteras ideológicas son líquidas y la orientación del voto la define la evaluación de gestión.

Se configuraría entonces una coyuntura electoral q de consumarse, y dada la coalición conservadora q enfrenta al FdT – pre civilizatoria -, sería de un gran costo económico, social e institucional, ya no solo para los sectores pobres o vulnerables sino para la sociedad toda.”

ooooo

El texto de arriba es de mi amigo Artemio López, conocido como encuestador y opinador, pero que también es sociólogo. Y un buen sociólogo, por cierto. Los datos que pone son correctos y están bien elegidos para informar de la situación, angustiante, por la que está pasando algo más de la mitad de nuestros compatriotas.

Eso, la 1° parte del texto. En la 2°, que separé usando la imagen clásica de la caverna, escribe de economía y de política. Y ahí sigue vigente el criterio de verdad, cómo no, pero la cuestión decisiva pasa a ser si funciona o no (sin alusión a “funcionarios que no funcionan”, eh).

Empecemos por tener claro que esa pobreza, “estructural” como la llaman los colegas de Artemio, tiene raíces muy anteriores y ha ido creciendo. Desde 1975/76, cuando Argentina estaba muy cerca del pleno empleo, con índices mínimos de pobreza y una distribución del ingreso no “igualitaria” (eso no hay en ningún lado) pero similar a la de varios países europeos prósperos, hemos venido avanzando hacia la situación de hoy. Acompañando un deterioro del país en su conjunto. Con excepciones, seguro -la agricultura es mucho más tecnificada y productiva, hay más empresas de base tecnológica y algunas de ellas, como INVAP o Bioceres, son competitivas globalmente. Pero no hay duda que nuestro país está peor, en relación a la región y al mundo, de dónde estaba hace casi medio siglo.

El otro punto importante a tener presente para sacar conclusiones que sirvan es que esos deterioros, el aumento de la pobreza y el declive relativo del país, no fueron uniformes en estos 45 años (tampoco son lo mismo, aunque están muy vinculados). Algunas estadísticas pueden tener imprecisiones y hasta ser engañosas, pero el conjunto es terminante: los pozos más profundos se dieron en toda la dictadura, en los últimos dos años de Alfonsín, en el 2° mandato de Menem, en el gobierno de la Alianza y en los últimos dos años de Macri. Y en el 2020, con la pandemia.

Y hay un período en que esas dos caídas se detuvieron, y tanto en la pobreza “estructural” como en la economía en su conjunto hubo alguna recuperación: durante el gobierno de Néstor Kirchner. Uno no necesita creer ciegamente en las cifras del INDEC; como en el caso anterior, el conjunto de los datos da una imagen indiscutible.

(Aclaración rápida para las distintas tribus: en los gobiernos de Cristina hubo políticas sociales muy importantes y necesarias, pero ahora sabemos que esas políticas, que siguieron y siguen, no erradican la pobreza de los que están fuera del empleo formal. Y la recuperación empezó en el breve gobierno de Duhalde, sí, pero no puede distinguirse del “rebote”: veníamos de un pozo muy profundo).

Y aquí aparece algo que me hace ruido en la 2° parte de Artemio, y en parte del discurso de los economistas heterodoxos (muchos de ellos se aferran a una ortodoxia de signo opuesto pero tan rígida como la del “mainstream”): ese gobierno de N. K. tuvo como prioridad los “superávits gemelos”. Para ser más preciso, N. K. fue obsesivo en ese punto. Y esa pulsión se mantuvo cuando CFK fue presidenta: todo el conflicto con la Resolución 125 surge por la necesidad de equilibrar los ingresos con los egresos fiscales.

Cierto que Kirchner también fue contemporáneo del “boom de las materias primas” de comienzos de este siglo, el famoso “viento de cola”. Como toda América del Sur. Pero ahora también los precios de las “commodities” están subiendo, y la mayoría de los argentinos no sentimos ni la más leve brisa.

Un aparte, por la preocupación electoral que Artemio remarca al final de su nota: seguro, antes de las elecciones no es el mejor momento para subir tarifas. Obvio. Y agrego que la bronca con los aumentos de los que pueden pagarlos no es menor que la de los que no pueden. Es una falencia de nuestra constitución: el voto de un tipo egoísta vale lo mismo que el del progre con más conciencia social de Palermo.

El tema es otro, y muy serio: como no me canso de decir, los “fundamentals”, los recursos estratégicos de Argentina son buenos: un territorio extenso, con muchos recursos, una de las grandes llanuras fértiles del mundo, una fuerza de trabajo -que ya no es la mayoría absoluta de la población- pero sigue siendo numerosa y capacitada, científicos y técnicos de muy buen nivel. Pero hace 45 años -al menos- que no encuentra un camino estable para seguir desarrollándose.

Es cierto: “la economía argentina necesita salarios, ingresos familiares crecientes y superar la lógica del ajuste”. Esto último también es obvio, los ajustes no resuelven nada cuando el problema es estructural. Habitualmente, lo empeoran. Y los dos primeros son objetivos, y se sabe cómo se consiguen: aumentando los ingresos de la economía y repartiéndolos mejor que hasta ahora. Como dijo alguien, “todo el arte está en la ejecución“.

Si me alargué repitiendo estas obviedades, es porque encuentro en esta nota de Artemio una idea que está presente, en forma vaga, en muchos de Este Lado, y que es tan ingenua -con signo opuesto- como los que creían que iba a venir una lluvia de inversiones porque Macri era empresario: que hay que animarse a aumentar salarios y asignaciones sociales, y así la demanda va a crear prosperidad. Total, ya sabemos hace 200 años, de las discusiones entre Say y Malthus, que la demanda crea la oferta, no?

La situación social es muy jodida, pero hay algo que puede empeorarla, y mucho. Una ola de alta inflación -alta para los estándares argentinos, o sea lo que en los libros se define como hiperinflación- arrasaría con el gobierno del Frente de Todos y con la actual oposición. Los episodios de hiperinflación de Alfonsín fueron la causa eficiente de la Convertibilidad: la hicieron políticamente posible y aceptada por las mayorías por 10 años.

Esto no es un llamado a quedarnos tranquilos y confiar en Guzmán. Que todavía le puede salir muy mal el equilibrio que está sosteniendo. Necesitamos más políticas activas, y mejor distribución del ingreso (porque, todavía, entra mucho ingreso en Argentina. Y sale, cuando no se invierte y se ahorra en dólares, aquí o afuera). Para eso, necesitamos mejor política. Que es también lo que plantea mi amigo, pero lo escucho a él y al fondo a la Realidad diciendo con voz ronca “Por aquí no, macho“.


Para una campaña electoral en tiempos polarizados. Tema “los medios”

marzo 12, 2021

Este posteo podría ser un capítulo de ese importante libro que no he escrito “La política en tiempos polarizados”. Tal vez en ese caso tendría que hacer un desarrollo más completo y más técnico. Pero esto está escrito con urgencia y preocupación.

Porque, en mi soberbia pero falible opinión, la militancia digital (que hoy es casi toda) está confundida en al menos un tema importante. Esto no es nuevo (digo yo que me las sabría todas). Pero en estos días vi tuits de una destacada aunque joven politóloga, de un tuitero estrella que además es experto en redes sociales… Y hablaban de “los medios”, “la prensa”. Y me siento urgido a abrir mi boca, otra vez.

Por eso les ruego, estimadas/os, que repitan conmigo: “Los medios” no existen. Hay medios opositores, medios oficialistas (con bastante menos audiencia), y medios cuyas agendas son marginales (pero no irrelevantes) a la campaña electoral en curso.

Hay una razón específica por la que este es un mensaje importante para la militancia de Este Lado: cuando hablan de “los medios”, “la prensa”, refiriéndose a Clarín, La Nación y sus repetidoras, los están legitimando como lo que les gustaría ser (y no alcanzan del todo a serlo): los formadores de la opinión publicada, de la única opinión influyente. Y, de paso, ningunean a los medios cercanos a sus posiciones. Puede ser -es obvio que es- que no tengan el talento empresario de los ejemplos exitosos del Otro Lado, pero son herramientas. Y son mucho mejor que nada.

(Claro, hay un motivo para que Este Lado ningunee a sus medios: las pujas internas. Pero entrar en ese tema necesitaría un posteo mucho más largo que éste).

Como sea, la razón fundamental para tomar conciencia que “los medios” así, a secas, no existen es otra, y se aplica a ambos lados de la grieta. Es porque si no, se fortalece la peligrosa ilusión que existe “un público”, que es el que consume “los medios” y cuya opinión es formada por ellos.

Lo primero que debe aprenderse en comunicación es que hay muchas y muy diversas audiencias, y que, además, todas están segmentadas. Con la paulatina desaparición de fábricas con miles de obreros, y el declive de la asistencia a las iglesias, hay pocas fuerzas sociales que forjen identidades grupales (Ojo: todavía hay; pero mucho menos que medio siglo atrás). Repito estas obviedades teóricas para pasar a un dato de observación: los referentes, niveles medios, y militantes de los dos bandos de esta campaña se dirigen cada vez más a su propio “público”, los convencidos, los apasionados. Así lo refuerzan, lo “fidelizan”. Y también lo limitan.

Ahora voy a dar un giro sorpresivo a este posteo: no voy a criticar a la militancia de Este Lado y su tendencia irresistible a hablar para los propios. Ya lo hice muchas veces, a lo largo de los años, cuando hablaba de la polarización como estrategia. Además, en Este Lado la autocrítica ya es casi un vicio: “autocritiquemos al compañero/a!” parece ser la consigna.

Me parece más interesante analizar la estrategia de polarización que se está siguiendo del Otro Lado. Pues es ahí donde aparece, nítido, el tema de este posteo: “los medios”. Porque en el espacio político de Juntos por el Cambio, esa estrategia es seguida por los dirigentes, voceros y gritadores que, careciendo de inserción territorial o social, se esfuerzan por ser la expresión de los sectores, los segmentos más ardientemente opositores. En la (in)cultura política argenta, eso les permite además presionar al resto de esa dirigencia, la que negocia (o disimula menos sus arreglos) con el oficialismo. También es una estrategia válida para agrupaciones menores, que tratan de disputar a JxC parte de ese “público”, esos votantes definidos como opositores enconados.

Pero la oposición política no es toda la oposición. En realidad, está lejos de ser la principal oposición. Ese lugar hoy le corresponde, sin dudas, a Clarín, La Nación y sus repetidoras. Es un fenómeno curioso, con un lejano paralelismo con lo que sucedió en EE.UU. con la actitud de la mayoría de los grandes medios tradicionales hacia el gobierno de Trump. Pero ese paralelismo es lejano: ni siquiera el año pasado, en vísperas de las elecciones presidenciales la hostilidad era tan explícita y desenfrenada. Es, como señaló un combatiente talentoso de Ese Lado, hoy fallecido, “periodismo de guerra”. Y el grito es “¡A degüello!”.

Está claro que es una decisión empresaria, y que periodistas y comunicadores en la TV saben que se les paga, bien, para que cumplan con esa tarea. Pero hay un elemento … emocional que trasciende la obligación laboral. En La Nación hay un escritor de mediano talento (literario) que todos los domingos cuenta que Cristina Kirchner, una lady Macbeth de Santa Cruz, teje como araña una red diabólica que asfixia a la Argentina, y que en realidad el peronismo es la causa de todos los males -a través de las décadas en que aparentemente gobernaron militares, radicales, aún en ese breve sueño que habría sido el gobierno de Macri. En las últimas semanas decidió que el autor intelectual de ese desastre, quien desvió a la inteligencia argentina, fue… Arturo Jauretche).

En Clarín, todos los días en la página 2, un caricaturista brillante da el mismo mensaje, en un lenguaje más simple, como corresponde a dibujos y al estilo del diario.

Resulta difícil encontrar ese nivel de encono apasionado en los medios modernos masivos que, son, necesariamente, instrumentos de grupos económicos importantes, con intereses variados. Recuerdan las páginas de Der Stürmer, o los “Dos minutos de odio” que imaginó Orwell en 1984.

Como sea, con elementos psicopáticos o no, se trata de una estrategia. Y, como he dicho otras veces, en público, en privado y en grupos de whatsapp, no se dirige a mentes en blanco que reciben pasivamente ese mensaje de hostilidad; se dirige a un público que lo comparte y que lo pide. Si Clarín empezase a hablar bien de Cristina, perdería al menos la mitad de sus lectores. Pero su mensaje no es redundante: contribuye a darle una identidad y a estimular y direccionar su indignación (No es que el actual gobierno no le dé ocasiones, tampoco).

El punto es que al usar esta estrategia, esos medios están pagando el mismo precio que los dirigentes políticos (de cualquier orientación) que la usan. Dejan afuera, terminan aburriendo, a los que no resuenan por completo con ese mensaje. Porque la indignación, el rechazo, hasta el odio, son fuerzas poderosas, que trascienden los intereses materiales de los convocados. Pero no articulan por sí la “cadena de demandas” de distintos sectores que recomendaba Laclau. Es que si se va a hacer populismo, de izquierda o de derecha, hay que hacerlo bien.

Esto ya se mostró en los 12 años y medio de los gobiernos kirchneristas. Al menos durante 8 de esos años existió un rechazo público a sus políticas y a su estilo, en sectores numerosos de nuestra sociedad. Y el contador Magnetto trató en varias oportunidades de sumar los referentes opositores y armar una alternativa competitiva. Fracasó en la mayoría de los casos, y cuando apareció, se disolvió al poco tiempo.

Finalmente, triunfó en 2015, con la colaboración importante pero no protagónica del Grupo Clarín. Cuando ya había mucho cansancio con esa experiencia kirchnerista (el factor ¡Ufa!) y la invención de un candidato que apelaba al elemento hedonista en la sociedad argentina (que no es menor). “La revolución de la alegria”, recuerdan?

Resumiendo (al fin!): no mitifiquemos a “los medios (opositores)”. Son un arma poderosa, por supuesto, pero como todas las armas tienen límites, y limitan a quien las usa. Una estrategia de comunicación inteligente -suponiendo que se consiga- puede aprovechar esos límites y derrotarlos. Lo logró hace año y medio, aproximadamente. Por supuesto, las circunstancias este año son muy distintas, y la estrategia también debe serlo.

Y esto es todo lo que estoy dispuesto a decir gratis. Sólo voy a agregar algo, porque ya lo repetí un montón de veces, el “medio” por excelencia en este siglo, aquel por donde reciben la mayoría de la información quienes viven en Recoleta y en González Catán, en Pergamino y en Tartagal, hasta en Washington y Beijing, es un pequeño aparato que ustedes habitualmente llevan consigo: el celular.


Los pozos, no tan profundos pero barrosos, en el Estado

marzo 9, 2021

Me llegó parte de este video por casualidad. Bah, en un grupo de whatsapp de peronistas cordobeses. Borges diría que ese es otro nombre del destino. Pero eso es poesía. Esto no es más que un reportaje -que se le fue de las manos al periodista, cierto- a una funcionaria que conoce su área y sabe hablar de ella.

Los invito a que lo escuchen. Son 20 minutos, con partes muy jugosas. Habla de los extranjeros que vienen a Argentina y compran sus radicaciones, de los mecanismos reales de la corrupción. Temas muy periodísticos. A mí -con alguna experiencia en el Estado (pero nunca en Migraciones, aclaro por las dudas)- me sirven también para poner en contexto – acercar a tierra, digamos- dos conceptos que no están tanto en los medios pero sí en las fantasías politizadas: “Estado profundo”, “Casta política”. Que apuntan a realidades, cómo no. Pero bastante distintas de las imágenes que convocan, más pedestres.

De paso, me pareció una buena manera de cerrar el Día Internacional de la Mujer. La aplaudo, Florencia. Escuchar una funcionaria, o funcionario, que no repite banalidades ante los periodistas.


El error fue no darle la vacuna a Moria

marzo 2, 2021

El tema que ha quedado etiquetado en los medios locales y en los internacionales como el “vacunatorio VIP” se convirtió en estos días en el ruido central de la comunicación política en Argentina. Y seguirá así por algún tiempo más, hasta que un nuevo escándalo lo borre de la atención.a

No va a conservar intacta su capacidad de indignar, sin embargo. A medida que la campaña de vacunación avanza, y cada vez más gente sabe de primera mano que su primo, que es administrativo en un centro médico, o su madre jubilada de 87 años se vacunó, el ruido de los medios perderá vigencia (Tal vez la lentitud con la que avanza la inmunización en la Ciudad Autónoma tiene un sentido político involuntario. Es el bastión opositor, después de todo).

Pero el hecho sucedió, y deja huellas en la memoria de las personas, se lo recuerden los medios o no. Sobre la dimensión política del asunto, y su aspecto ético -que es una dimensión inescapable de la política -aunque algunos prefieran escaparse- ya escribí en “La vacunación y los acomodados”.

Ahora, con el diario del lunes, de varios lunes después, reflexiono que el hecho era inevitable, y, por lo tanto, debía haber sido previsto. En una campaña en la que participan varios miles de personas, y en la que autoridades políticas de muchos niveles tienen injerencia, iba a suceder que algunos hicieran que amigos, aliados, favorecedores o amantes se “saltearan la cola”. Es un hecho habitual en Argentina, y me parece haberlo encontrado en algunos otros países también.

Los argentinos, y las argentinas, son muy sensibles ante los privilegios inmerecidos, si los recibe algún otro. Y en este caso, se puede percibir que está en juego la vida de uno o de sus seres queridos. Si por los que “se meten en la fila” demoran aunque sea unos días la inyección que corresponde a mi tío, y él se contagia en esos días…

El punto de este posteo es un ejercicio en memoria. Fácil. Hace sólo un mes, la “vacuna rusa” era todavía sospechosa, a pesar de The Lancet. Medios y dirigentes opositores, hoy indignados por las demoras en aplicarla, echaban dudas sobre ella. (Algún tiempo antes, todas las vacunas eran sospechosas de ser parte de una conspiración de Soros y Gates, para un grupo minúsculo pero muy vocal). En ese momento, en el gobierno se contempló la idea de invitar a famosos (amigos) a vacunarse públicamente para mostrar a la población que la vacuna era, al menos, inofensiva).

Debió haberse hecho entonces. Y deberá hacerse en la próxima emergencia sanitaria. Porque, más allá del discurso, es imposible garantizar que todo se haga de acuerdo a las reglas. Los gobiernos autoritarios, o simplemente serios, hacen algún escarmiento de tanto en tanto. Pero eso no evita el costo político.

Seamos francos; no es que si Mirtha Legrand, por ejemplo, se vacune, eso me inspira confianza. Ha sobrevivido a tantas cosas. Pero naturaliza el hecho que algunas figuras, más conocidas por la plebe, se vacunen antes para dar el ejemplo. Hasta lo de Verbitsky se podría haber justificado, como la vacunación de un famoso con compromiso ideológico.


“La vacunación y los acomodados”

febrero 20, 2021

En estos días en que el portal me ha absorbido aún más tiempo y neuronas, me pregunté si corresponde mantener un blog descuidado. Pero de vez en cuando subo a AgendAR algún material que puede volcarse, sin cambiar una coma, para una audiencia más pequeña y mucho más politizada. Cambio la imagen, eso sí, pero no es más que una broma, claro.

Ayer, viernes 19, el presidente Alberto Fernández le pidió la renuncia al ministro de Salud, Ginés González García, luego que el periodista Horacio Verbitsky revelara que accedió a la aplicación de la Sputnik V gracias a un favor que le hizo el funcionario. El presidente convocó a la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, para que lo reemplace y asuma como titular de la cartera de Salud. La especialista en vacunas jurará hoy a las 17 en la residencia de Olivos.

Toda la otra información que disponemos sobre este lamentable asunto de los «vacunados VIP» -nosotros preferimos usar el viejo término de «acomodados»- más el doble o el triple de especulaciones, ya están en los medios y en las redes sociales.

En AgendAR, que no tenemos vocación por el escándalo, no vemos la necesidad de repetir lo que aparece en todos lados. Pero sí nos parece que corresponde dejar clara nuestra posición.

Ante todo, queremos decir que respetamos y valoramos la gestión de Ginés González García. Cometió errores, por supuesto, todos lo hacemos, pero en su mayoría tuvieron que ver con un estilo expansivo e imprudente de comunicación. Es imposible acertar con todos los pronósticos, y por eso conviene que un funcionario no los haga si no es imprescindible.

Hay dos falencias en el desarrollo de su tarea más importantes que hemos señalado, con discreción, en varias de nuestras notas: una negociación poco previsora con algunos de los laboratorios más importantes. En particular hemos dicho que conseguir que AstraZeneca aceptara fabricar en Argentina la «vacuna de Oxford» ha sido un logro de Ginés y un reconocimiento a la capacidad científica argentina.

Pero debió estipularse que una parte de la producción permaneciera en el país. Envasar y rotular es una parte más fácil de la tarea.

También nos hubiera gustado, y lo dijimos, que el Ministerio de Salud dedicara más fondos a los desarrollos locales de vacunas. Por supuesto, la urgencia dictaba lo que se hizo: dedicar la mayor parte de los escasos recursos financieros a comprar las que ya están produciendo los gigantes farmacéuticos. Pero también hay que sembrar para el futuro.

Repasamos estas objeciones por honestidad intelectual, pero somos conscientes que son injustas. Porque no disminuyen el esfuerzo titánico de conducir un Ministerio de Salud en una emergencia sanitaria como no se había visto en 100 años, a la que nadie en el mundo vio venir

Al 17 de este mes Argentina tenía 391.975 personas vacunadas con la primera dosis, y 241.662 personas vacunadas con la segunda dosis de la vacuna Sputnik V. No es el mejor desempeño del mundo, pero es un logro impresionante para el aparato estatal deteriorado que tenemos. Y es en parte logro de la gestión de Ginés.

Dicho esto, que debe decirse, también hay que decir que favorecer a los amigos, familiares y aliados políticos es un hábito muy argentino -y de muchos otros pueblos, también- y no ha sucedido solamente en la gestión del ministro que debió renunciar por ello.

Pero la vacunación es, literalmente, un asunto de vida o muerte, y eso ha despertado una sensibilidad que en otros asuntos se muestra… menos alerta. En estos días, casos como éste, más graves, han estallado en Chile y en Perú, y también allí provocaron reacciones furiosas.

Quizás un resultado positivo de este escándalo es que como sociedad tengamos menos tolerancia con nuestros propios defectos.

Ahora, corresponde desearle a la Dra. Carla Vizzotti -que ya ha demostrado ser una excelente funcionaria y una buena comunicadora- suerte en su gestión. Ella, y todos nosotros, la necesitaremos.


Jorge Abelardo Ramos cumple 100 años

enero 23, 2021

No voy a tratar de escribir aquí sobre el Colorado, sus ideas, su trayectoria, su talento. Venzan la inercia de enero, y naveguen un rato en Internet. Como nació el 23 de enero de 1921, la “superstición digital” hace que hoy haya un montón de textos que hablan de él. Y algunos, bastantes, son de quienes lo conocieron más y escriben mejor que yo.

Este posteo es para saldar algunas deudas personales. La primera, colectiva a la vez que personal. Soy de la generación que empezó a militar a fines de los ´60, principios de los ´70. Y, salvo por los que venían de su espacio o habían sido formados por él, la mayoría fuimos sectarios con sus planteos y su figura. Por mi parte, no creo más en los conceptos fundamentales del marxismo de lo que creía entonces, pero estoy más dispuesto a reconocer que en el océano de la verdad hay muchos afluentes. El de la Izquierda Nacional del Colorado aportó mucho. Y en el mundo de las realidades políticas, hubiera sido mejor para la Argentina que en nuestra generación le hubiéramos prestado más atención a sus planteos que a las fantasías cubanas de la Tendencia o al peronismo fundamentalista de Guardia.

También quiero reconocer una cierta sorpresa. Lo que escribí al final del párrafo anterior expresa mi fastidio con errores y sectarismos de mi generación. Pero no es realista. Por toda su elocuencia, y hasta su talento panfletario, lo de Ramos era demasiado intelectual para un momento de ruptura en el que se imponían las grandes simplificaciones.

El logro extraordinario de Ramos -a mi modo de ver- es que, aunque los partidos que fundó y dirigió nunca llegaron al poder, o cerca de él, formó a muchísimos cuadros, y bastantes dirigentes políticos, en los que puede rastrearse la influencia de su pensamiento y sus ideales.

Esto es más raro de lo que se puede suponer. Todas las variantes del troskismo han sido grandes “escuelas de cuadros” y de militantes, pero cuando -tarde o temprano- abandonan sus “aparatos” toman caminos distintos pero muy alejados de sus ideas originales. Algunos terminan como “neo conservadores”, o en el Grupo Clarín… Hay discípulos del Colorado manteniendo el ideal de la unidad latinoamericana, de la Patria Grande, de un nacionalismo popular, en toda la Argentina, en Chile, en Bolivia… Sin duda, en más lugares de los que conozco.

Mi final reflexión en este posteo tiene que ver con eso. Porque si hay un ideal que yo comparto con él es ese (“la Patria Americana” es una columna permanente en este blog).

Claro, para lograrla creo más en el camino de un Mercosur, o el ABC (Argentina, Brasil, Chile) del Roca del final o del Perón del comienzo, que del romanticismo literario de “Las masas y las lanzas”. Pero estoy seguro que Ramos también lo veía así; hasta por los errores que cometió en sus últimos años: su acercamiento a Carlos Menem.

Pienso que, como yo, él creía que nuestros países necesitaban. para ser relevantes en el mundo de hoy, un Bismarck o un Cavour. Y sólo teníamos demasiados militantes pro Garibaldi… Todo bien con ese otro pelirrojo (en Italia, no en el Río de la Plata), pero la unidad nacional italiana es hija, sobre todo, de Cavour. Sucedió que Menem no era más que un oportunista con carisma.

Sí, creo que Ramos estaba convencido de que necesitamos un Bismarck. Y tal vez él habría querido ser su Ferdinand Lassalle (No sean vagos y vuelvan a buscar en Internet para leer sobre él. O, mejor, algo de él). Pero, bueno, la Historia no concede deseos. Y está bien que siempre haya tareas pendiente. Feliz centenario, Colorado. Creo también que se te recordará, y estarás en el Salón de los Próceres de ese futuro Congreso.


La próxima Guerra Civil se daría en las redes sociales. Mejor así

enero 10, 2021

El impulso por escribir este breve posteo surgió de algo que leí hoy, la declaración de una red social nueva, Parler, popular en un segmento de la población de Estados Unidos, que denuncia censura y promete seguir peleando. Se me ocurrió que, además de decirnos algo sobre lo que sucede ahora allí, y sobre los clivajes en la sociedad capitalista del siglo XXI -poco que ver con los que estudiaba don Carlos, en el siglo XIX- también nos informa sobre lo que está pasando aquí, en la República Argentina, y sus naciones hostiles, Peronia y Chetoslovaquia.

Mejor empiezo traduciendo la denuncia de Parler:

El domingo (hoy, 10/1/21) a la medianoche, Amazon cerrará todos nuestros servidores en un intento de eliminar por completo la libertad de expresión de Internet. Existe la posibilidad de que Parler no esté disponible en Internet hasta por una semana mientras reconstruimos desde cero. Nos preparamos para eventos como este sin depender nunca de la infraestructura patentada de Amazon y construyendo la infraestructura física.

Haremos todo lo posible para cambiarnos a un nuevo proveedor en este momento, ya que tenemos muchos compitiendo por nuestro público. Pero Amazon, Google y Apple lo hicieron a propósito como un esfuerzo coordinado sabiendo que nuestras opciones serían limitadas y sabiendo que esto infligiría el mayor daño. ya que el presidente Trump fue prohibido en las empresas de tecnología.

Este fue un ataque coordinado de los gigantes tecnológicos para acabar con la competencia en el mercado. Tuvimos demasiado éxito demasiado rápido. (Nuestros seguidores) pueden esperar que continúe la guerra contra la competencia y la libertad de expresión, pero no nos descarten.

#speakfreely

Este mensaje de Parler a sus seguidores sugiere varios temas muy distintos, cada uno de los cuales da para muchos libros (que no pienso escribir). Apenas unos párrafos.

A) Es significativo que en el enfrentamiento entre una porción decisiva de las elites norteamericanas y el presidente Trump, han sido los gigantes tecnológicos Google, Amazon, Apple, un poco más tarde Facebook, quienes, entre las grandes corporaciones, las que se han definido más abiertamente contra el Donald (La mayoría de los grandes medios masivos también estuvieron en contra, y desde el principio de su mandato, pero por sí mismos no son parte de la elite corporativa, aunque varios sean manejados por ella). Por cierto, otras megaempresas y una porción de los superricos estaban descontentos con algunas de sus políticas y/o con su estilo, pero no se “jugaron” tan claramente.

B) ¿Veremos una Guerra Civil II en EE.UU., en algún momento de los próximos años? En mi falible opinión, no. No porque falten voluntarios, en una sociedad violenta. Ni fracturas en el tejido social. Hay una dificultad práctica: la guerra moderna es muy cara. Requiere una infraestructura tecnológica gigantesca y sofisticada, y no parece haber divisiones entre quienes la manejan (Además, por su naturaleza, es muy centralizada). La Guerra Civil en EE.UU. (1861-65) se dio en una época de ejércitos masivos y armas baratas (aún así, la superioridad industrial del Norte fue el factor decisivo). Esta facilidad para armar ejércitos fue aún más clara en su Guerra de Independencia y en la de Hispanoamérica.

Ahora, también hay que tener en cuenta que el terrorismo se ha democratizado. Indicaciones y recetas están disponibles en Internet…

C) ¿La intención, muy clara en EE.UU. y en la Unión Europea, de poner límites a la difusión de “pensamientos incorrectos” en Internet (en China hace rato que están en eso) hará desaparecer la Red anárquica y más y menos libre que conocemos? También en mi falible opinión, la hará más difícil, menos intuitiva, para navegar, pero no menos anárquica.

Por una razón opuesta a la que limita la guerra moderna (salvo las asimétricas, como las llaman cuando se bombardea a una región sin defensas antiaéreas). La infraestructura para la comunicación digital es relativamente barata. Puede no estar al alcance de individuos, pero sí de países y de grandes empresas.

La excepción, inescapable para un alcance global, es la gran red de cables submarinos. Pero siempre habrá quienes provean acceso a los disidentes del Otro Lado.

D) Este es el punto que inspiró el título de este posteo. Y que merece un desarrollo más amplio, que algún día haré. La sociedad argentina está amargamente dividida, como la estadounidense. Y los medios de comunicación azuzan los enfrentamientos en un grado al que no se llegó en EE.UU., salvo en estas últimas semanas. También tenemos una historia de violencia que sobrepasó cualquier ejemplo en yanquilandia. Sus aviones militares nunca bombardearon su propia capital.

Pero el hecho es que el asesinato ha dejado de ser una herramienta política aceptada en Argentina desde hace más de tres décadas. El motivo principal, estimo, sigue siendo la reacción a la masacre de los ’70. Pero creo que hay que tener en cuenta el desahogo a las pulsiones agresivas, de ambos lados, que ofrece Twitter a los guerreros digitales. Quizás la personalidad que en otras circunstancias históricas y sociales “ponía un caño”, hoy toma su smartphone y tuitea furiosamente.


El asalto al Congreso de los Estados Unidos, y las contraindicaciones de Laclau

enero 7, 2021

Esto lo publiqué hoy en AgendAR, y no resisto a la tentación de copiarlo aquí. Agrego un par de párrafos para lectores más politizados. O, algunos de ellos, más enamorardos de las polarizaciones. Pero no deja de ser breve y superficial, como es la costumbre del blog.

Empiezo señalando que, en mi opinión, la sorpresa ante lo que sucedió ayer es injustificada. Es cierto que un sector numeroso de nuestros compatriotas se aferra a una convicción firme: que hay «países serios» en los que «esas cosas» no pasan. «Esas cosas» pueden ser, según el caso, el 17 de octubre, el bombardeo a la Plaza de Mayo, o el velorio de Diego Maradona. Creo que esa convicción responde a una necesidad interna de los que la sienten, pero eso no la hace más realista.

También es cierto que muchos estadounidenses están sorprendidos y asustados ante lo que pasó, incluso entre su dirigencia política. Pero eso se debe a que este hecho en particular, la irrupción de gente armada en el mismo edificio del Capitolio, no había sucedido en la memoria de la mayoría de los que hoy viven (En 1954, fueron nacionalistas puertorriqueños los incursores). Pero su sociedad es heterogénea y violenta, y una mayoría de sus ciudadanos considera la posesión de armas como un derecho constitucional irrevocable.

En el último medio siglo, las protestas contra la guerra de Vietnam y contra la discriminación racial incendiaron, literalmente, muchas ciudades de los EE.UU. en los ´60 y ´70. «Burn, baby, burn» fue una consigna. Un grupo de los contestarios, los Black Panthers, abogó durante un tiempo por el asesinato de policías. La Guardia Nacional fusiló a estudiantes en Ohio…

Más recientemente, actos terroristas individuales han sido reivindicados por la «derecha alternativa» (Alt Right), la policía ha asesinado afroamericanos, sectores entre los manifestantes de Black Lives Matter y Antifa han usado la violencia…

(No debe verse en esto un cuestionamiento prejuicioso a la sociedad estadounidense. Ciertamente, nosotros en el último medio siglo tuvimos nuestra cuota de masacre. Todas las regiones del mundo la han tenido. Hasta los budistas han perseguido musulmanes en Birmania… Los europeos, cierto, han logrado encauzar sus bombardeos y acciones militares fuera de Europa por 60 años (salvo en la península balcánica). Pero con su historia previa… no pueden levantar el dedo).

Al punto: los estadounidenses hoy están amarga, furiosamente, divididos. El presidente actual, Donald Trump, les ha dicho a sus partidarios -cerca de la mitad de la población, recordemos- que la elección que perdió fue fraudulenta, y los convocó a marchar sobre Washington para impedir, con su protesta, que el Congreso formalizara el resultado favorable a su rival. No veo como puede sorprender esta irrupción de los más motivados -y pintorescos- de sus seguidores.

Lo llamativo es la escasísima eficacia de las fuerzas policiales y de seguridad en contener la protesta y, luego, detener el ingreso al Capitolio. Hay quienes ven en esto un mensaje al futuro gobierno, y es posible. Pero no lo creo. Cualquier servicio de mensajería es más simple, y mucho menos caro para el «poder blando» y la influencia de los EE.UU. en el mundo. Y mantenerlo le resulta necesario aún a los «globalistas» más convencidos ¿En qué otra potencia pueden confiar para mantener las reglas del orden mundial que requieren?

Mi falible opinión se inclina a poner énfasis en un dato bastante evidente: los partidarios de Trump están sobrerrepresentados en los niveles inferiores de las fuerzas de seguridad. Reluctantes a reprimir, entonces, a hombres blancos descontentos, como muchos de ellos mismos.

¿Consecuencias de este hecho? En lo inmediato, veo pocas (aunque debo recordarme que mi bola de cristal está empañada). Este aparatoso desafío al sistema legal de su país hará, creo, que los niveles dirigenciales de la política, la economía y la defensa cierren filas en torno a las instituciones. Entre las que se contará el nuevo gobierno y sus funcionarios.

El consenso bipartidista que en lo esencial se ha mantenido por muchas décadas se verá fortalecido… en lo inmediato. Hasta podrá, demonizando la experiencia Trump, afirmarse explícitamente. Aunque el triunfo de los Demócratas en Georgia afectará la relación de poder legislativa -podrían controlar ambas cámaras- la mayoría del sistema judicial seguirá siendo conservadora. Todo esto si la economía sigue marchando bien, como apunta un talentoso amigo.

Si no… se fortalecerán los desafíos a ese consenso. De parte de un trumpismo furioso, con o sin el Donald. Y también, quizás, de fuerzas a la izquierda de la conducción del Partido Demócrata, expresadas en nuevas figuras como Alexandria Ocasio-Cortez. El que viva lo verá.

El “challenger” más importante es, por muy lejos, el que aquí llamo el trumpismo. El “progresismo radical” mostró en las primarias demócratas que ya no es una minoría insignicante. Pero es una minoría, aún entre los votantes demócratas. Tener en cuenta, sin embargo, el trumpismo ha perdido, estimo, una poderosa herramienta de poder: el Partido Republicano, y sus votantes moderados.

Trump siguió -seguramente sin haber leído una línea de él- la estrategia básica que recomendaba Laclau: articular una mayoría a partir de sus demandas insatisfechas. Y construir un enemigo. El Partido Republicano le siguió, porque le brindaba victorias electorales. Algunos dirigentes de ese partido seguramente se tentarán en el futur con la idea de recoger sus votantes. Pero, nuevamente en mi falible opinión, ha perdido al aparato. Ya no asegura el triunfo, y ha hecho evidente el costo de estar a su lado.

Detrás de todo esto, y más importante, está el desafío que representa el crecimiento de China. El rival que ha surgido, y con el cual Biden y sus futuros funcionarios plantean un enfrentamiento más enconado que el que Trump llegó a encarar. La sombra de Tucídides, el gran historiador, advierte que el surgimiento de una nueva Potencia es mirado con desconfianza y temor por la Potencia establecida.


“¿Cómo viste lo de Cristina ayer en La Plata?”

diciembre 19, 2020

Fue la pregunta que hoy me hizo llegar un amigo. Y por algún motivo me impulsó a escribir uno de estos posteos breves y superficiales que son todo lo que hoy tengo tiempo y neuronas para escribir.

Empiezo apuntando que para mí el tema no es sólo Cristina -aunque fue la protagonista estrella y quien tuvo las mejores líneas- sino ella y Alberto, y Sergio, y Axel y Máximo. Y que no voy a hablar de sus relaciones entre sí, aunque a Shakespeare – que conocía bastante de política y de poder; repasen “Hamlet”, “Julio César”,…- le hubiera fascinado. Pero yo no soy dramaturgo.

Me interesa ahora escribir sobre política. Que es, en buena parte, el conjunto de las reacciones de los millones espectadores a lo que dicen y hacen quienes están en el escenario.

Es por eso que empiezo hablando de esos 5. Porque el contenido, la intención, del acto era simplemente mostrarlos juntos. Ese es el dato decisivo. No es que “representen” realidades distintas. Ellos son, por sus personalidades, sus trayectorias, formas bien diferentes de hacer política y de convocar. Y hoy son parte de una coalición que gobierna pero a la que no le sobran legisladores. Ni votantes.

Los otros dos hechos impactantes ayer -porque, seamos realistas, la reafirmación de doctrina y objetivos, y también la pasión en los discursos, son necesarios, pero no son nuevos; ya se conoce, en general, lo que van a decir- fueron, uno, la frase de Cristina “Los que no se animan. Por favor; hay ocupaciones, además de ser ministros o ministras. Legislador o legisladoras. Vayan a buscar otro laburo”.

El otro fue la expresión ¿el fallido? de Alberto “Hice lo que me mandaste”, en referencia al consejo de Cristina de “hablarle al corazón de la gente”.

Dije que eran impactantes, porque lo fueron, y mucho, en el numeroso público de los argentinos politizados. Ahí, al gobierno le sirvieron para opacar algún moco reciente, en especial con el tema de las vacunas, que se había convertido en la bandera y el altavoz de sus adversarios.

Otra consecuencia -en ese alto nivel- es que los cambios en el gabinete nacional hoy son mucho más probables. Los presidentes tienen buenas razones para ser renuentes a los cambios. Además del motivo práctico que aducía Néstor Kirchner “Tardan 6 meses en aprender la botonera” (¿alguien recuerda que Néstor conservó los ministros clave de Duhalde: Lavagna en Economía, Aníbal en Interior?), los ministros son fusibles en otro sentido que el que comúnmente se emplea: cuando se queman, van por el presidente. Pero en este caso, Alberto necesita, creo, nuevos fusibles, suyos.

Para los politizados del Otro Lado, en especial la oposición mediática -hoy la más importante- ambas afirmaciones, la de la vice y la del presi, encajaron en lo que ha sido su estrategia constante durante este año de gobierno del FdT: insistir en la absoluta centralidad de Cristina, el poder irresistible, y maligno, detrás de todas las acciones del gobierno, especialmente las que no les gustan.

No hay que engañarse; es una estrategia, que muchos referentes de Juntos por el Cambio han adoptado porque hay un público, furiosamente anticristinista, que la consume con entusiasmo. Claro, tiene contraindicaciones, como algunas vacunas. La demonización de Perón por sus adversarios lo convirtió en el símbolo del antisistema para otra generación.

Tal vez la dirigencia opositora debería reflexionar en una frase, aproximada, de Oscar Wilde “Cuando los dioses quieren castigarnos, nos dan lo que les pedimos”.

En cuanto a los politizados de Este Lado, la numerosa tribu cristinista está “refeliz”. Porque el contenido y la forma de su frase son CFK puro; es la chica que les gusta pegándole a lo que no les gusta: la tibieza, la realidad o apariencia de cautela.

En cambio, el pequeño pero ruidoso anti albertismo explícito se ve empujado al anti cristinismo, lo que los acerca al Otro Lado. No es una situación fácil para ellos. Concluido de una forma u otra el debate del aborto, Pichetto los espera. Pero casi todos no estarían más cómodos en JxC que en el FdT.

El albertismo potencial -bah, el peronismo no cristinista- anda refunfuñando por los rincones. Pero es una tribu sufrida. Y durante 5 años no pudo construir una oferta política independiente con proyección nacional (Massa surge en 2013. Y ese fue su mejor momento político).

Más allá de estas impresiones superficiales que comparto con ustedes, hay una percepción en la que quiero insistir. Es muy difícil tener certeza sobre los humores de una sociedad, y más en pandemia. Pero todas las indicaciones que recibo me dicen que la brecha, la separación de intereses y preocupaciones entre politizados -que en Argentina son muchos, pero una minoría– y no politizados, es más grande que nunca. Los argentinos, y sobre todo las argentinas, de a pie sienten, con algo de fastidio, que tienen otras cosas en qué pensar. Y tienen razón.

En mi inmodesta pero falible opinión, en este año que comienza dentro de 12 días, la suerte política de esos 5 en el escenario (Verónica es el peronismo bonaerense que, como el sol, siempre está) depende, por completo, de la gestión de este gobierno.


Boudou como bisagra

diciembre 4, 2020

Todo lo que escribí sobre política en este blog -por lejos, la mayor parte de estos apuntes informales-fue casi siempre en un estilo distante y desapasionado. Es mi estilo personal, pero también tiene que ver con el fastidio que me provoca la costumbre moderna (más precisamente, posmoderna) de ver la realidad como una fábula moralista, en la que se enfrentan los Malos, movidos por la codicia y bajas pasiones y los Buenos, que aman a los pobres, las minorías desaventajadas, o lo que esté de moda valorar ese año. Y debo decir algo: esa forma de ver la política y la historia humana es idiota, pero yo también lo sería si creyera que eso es todo: la política sin pasiones no existe.

Igual, en este posteo voy a mantener mi estilo de siempre, aún teniendo muy presente que Amado Boudou se ha transformado en 5 años, para un sector muy importante de los argentinos con pasión y compromiso político, de una figura mirada con simpatía o con algo de desconfianza, a un símbolo militante, a un compañero de los más queridos. Mi idea es aportar un granito de blog para convencer a los que no lo miran así -que también son unos cuantos de este lado de la “grieta”, que en este tema se está jugando con fuego. El problema no es jurídico; es el poder.

Una frase del Evangelio que Lincoln citaba en un famoso discurso dice “Una casa dividida contra sí misma no se sostiene”. Es cierto, es sentido común y yo estoy de acuerdo (en orden descendiente de importancia). Pero sucede que vivimos en esa casa dividida y es previsible que va a seguir estando así por un rato. No veo una forma posible de derrotar decisivamente a uno de los lados de la grieta, de eliminarlo del escenario político, fuera de fantasías en twitter o en los foros de los medios.

Ahora, en el interior de esas dos realidades políticas, y en parte socio culturales, que forman y dividen la casa argentina, en “Nuestro Lado” nadie con poder real cree en serio que se puede librar del “Otro Lado”. Que muchos de esos con pasión y compromiso político lo quisieran? Y sí, seguro. Pero el poder, y sus privilegios, dan un baño de realismo (Uno del “O. L.”, Baglini, tenía un teorema sobre eso).

En ese Otro Lado la situación es distinta. No voy a hablar aquí de los tipos humanos en ambos lados; ese aspecto lo trabajan mucho los sociólogos, y los intelectuales que tuitean. Hablo de su situación. El poder económico y el poder de los cargos en el sistema judicial (nuestra “nobleza de toga”) está más repartido, y no depende, en los plazos cortos, de resultados electorales. El anterior presidente, Mauricio Macri, ha perdido la posibilidad de conducir, o de influir, al conjunto de los sectores hostiles o desconfiados del gobierno. Tiene que competir por ser el opositor más enconado.

En resumen, no hay ningún nivel dirigencial común en la oposición que frene las ofensivas particulares, para presionar a un gobierno que les parece -se muestra- débil, o para llevar adelante la estrategia de demonizar al adversario que les ha resultado tan útil. Que, justamente, les brindó buenos resultados electorales en el pasado. Y puede brindárselos en el futuro.

Boudou -por una serie de circunstancias, entre ellas su relativa juventud, para la media de la política argentina, y también por algunas imprudencias- es una pieza adecuada en esa estrategia de ensuciar a adversarios políticos y, en lo posible, meterlos presos. Lo que llaman “lawfare”, aunque la práctica es bastante más antigua que el término. En la historia argentina, un buen porcentaje de sus figuras han ido a la cárcel.

El caso es que para las bases del “Otro Lado” -que son bastante numerosas, 40% y pico la última vez que contamos- Boudou ha quedado asociado con la corrupción. No es que esas bases estén convencidas que el Grupo Macri o el Grupo Clarín o el Poder Judicial son de una ética intachable. No. Las mejores estrategias de comunicación tienen sus límites. Pero la indignación es una emoción muy selectiva. Y no es menos real por eso (pasa lo mismo de Este Lado).

Esta exitosa (en Ese Lado) demonización de la experiencia kirchnerista -y con menor alcance, pero intensa, del peronismo en su conjunto- también han hecho vacilar a nuestra dirigencia política. Ese realismo un poco pedestre, que mencioné. Si los otros son muchos, mejor no pelearnos, si podemos conceder algunas cosas… (Como decía Miguelito Unamuno “Vandoristas éramos los de antes“).

Porque esta retirada no empieza con Alberto Fernández. La defensa de la experiencia kirchnerista y de la gestión y la figura de Cristina Fernández quedó, en general, limitada al sector “cristinista”, con sus aliados progres. Numeroso y vocal, no era, no es, todo el peronismo. Y dentro del kirchnerismo, no se vio mucho esfuerzo en defender a De Vido. Tampoco a Boudou, hasta que la dignidad de su actitud -no se quejó, no cuestionó a los compañeros que miraban hacia el costado- y el ensañamiento de los “lawfaristas”, lo convirtió en un símbolo para una gran parte de la militancia.

Entonces, esto está dirigido a la dirigencia de Nuestro Lado. Para decirles, todo lo respetuosamente que se dicen las cosas en el peronismo, que no es mucho, que están corriendo dos peligros en el caso Boudou. Uno es menos importante: la militancia con pasión y convicciones sentirá que, si Boudou vuelva a la cárcel es un paso más, grave, en una entrega de banderas. No los hará votar por Juntos por el Cambio, pero bajarán los brazos, y hablarán pestes del gobierno. Al que no parece que le sobrarán votos el año que viene.

Es el peligro menos importante. Porque el grave viene de la dinámica de la política; un sector que siente que está ganando no tiene motivaciones para detenerse. Y no hay una conducción común de la ofensiva con la que pueda llegarse a un acuerdo, o un armisticio.

Las causas judiciales de Cristina Kirchner y su familia son una herramienta demasiado tentadora para dejar de lado; pero el dato central es la apariencia de debilidad del gobierno. Porque en política, la apariencia es una parte fundamental de la realidad. Para el gobierno, y también para el PJ, esto debería ser muy claro. Me gustaría que los gobernadores, los sindicatos y los movimientos sociales también lo vieran así.


A %d blogueros les gusta esto: