La Patria grande y lejana

junio 1, 2021

(Aviso: sigo con poco tiempo libre y pocas neuronas disponibles para el blog. En él, tengo pendientes respuestas a cuestionamientos que me motivaron, y, claro, algo sobre la campaña electoral en curso. Pero… hace unos días cedí a la tentación de pontificar sobre el tema del título en la página de Face de un amigo. Y decidí aprovechar esos párrafos -ligerísimamente editados- que escribí. Es un tema que me importa).

Mi amigo Ezequiel Meler, autor de una exhaustiva historia de la Renovación Peronista de los ’80, decidió rescatar en su página de Facebook un fragmento de un libro de historia que trata de un tiempo anterior. Que a su vez es una pieza de gran literatura política; impulsó la militancia de muchos jóvenes, aquí y en otros países hermanos, a partir de la de la década del ´40 del siglo pasado:

De las historias argentinas que he leído, antes de que se volviera mala palabra el concepto de nación, la que me envolvió por su pluma sin lugar a dudas fue la de Jorge Abelardo Ramos. Aquí comparto un extracto.

“La historia de los argentinos se desenvuelve sobre un territorio que abrazo un día la mitad de América del Sur. De donde provienen nuestros límites actuales? El origen de estas fronteras, ¿responde acaso a una razón histórica legítima? ¿Nos separa una barrera idiomática, cierta muralla racial invisible? ¿O es, por el contrario, el resultado de una Vicisitud de las armas, de una derrota nacional?

Sin duda aparece como fruto de una crisis latinoamericana, puesto que América Latina fue en un día no muy lejano nuestra patria grande. Somos un país porque fracasados en ser una Nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos. Aquí se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá.”

Tuvo varios comentarios, entre ellos alguno del talentoso Bob Row, y decidí meter mi cuchara:

Querido Ezequiel: ese prólogo de Abelardo Ramos es una bandera. Como tal, la saludo y la levanto. J.A.R. fue tal vez quien mejor escribía entre el puñado de autores que crearon la narrativa “nacional y popular” entre 1930 y 1960). Pero un prólogo no es un plan de acción.

Si digo esta obviedad, es para señalar una tendencia de muchos muchísimos militantes del “campo nacional y popular” a quedarse con esas inspiradoras frases del Colorado, o de otros autores, y olvidar un hecho obvio: los Estados nación se construyen no a partir de una geografía, una historia, un idioma -aunque sean factores útiles (y la mayoría de las veces condicionantes), sino desde una concentración de poder previa. Que siempre tiene elementos políticos, militares y económicos.

La unidad de España la hace el poder de Castilla, y su alianza con Aragón. La de Alemania la hacen los escritos de Fichte, el idealismo de los jóvenes revolucionarios de 1848… y el poder militar de Prusia. Que derrota a Austria, la otra base posible para esa unidad. La de Italia, la hace Cavour para la dinastía de los Saboya, que gobernaba Cerdeña, el Piamonte y la Liguria, con su acuerdo con Napoleón III,…

Un caso extremo, donde la unidad parecería “natural”, casi automática: la de China ha sido muy resiliente a lo largo de algo más de 2.000 años. Hasta existe una clara mayoría étnica de los han. Pero esa unidad fue el resultado de las guerras -durante dos siglos- de los siete Reinos Combatientes. Unas cuantas batallas con resultado diferente, y tal vez la China q conocemos habría sido otra.

Al punto: la Argentina actual es la suma de las regiones -las ciudades y su entorno rural- del Virreinato del Río de la Plata que aceptaron o no tuvieron otro remedio que aceptar la hegemonía de Buenos Aires (la ciudad, el puerto, la campiña…) impuesta, de formas diferentes, por Rosas y Mitre. Esa hegemonía fue “nacionalizada” por Roca y el ejército de línea, como bien señalaron Alberdi y Ramos.

El Paraguay, el Alto Perú, la Provincia Oriental… los “perdimos”. Más preciso sería decir que allí no surgieron centros de poder alternativos en condiciones de desafiar el poder de Buenos Aires. Artigas estuvo cerca, pero -diría Bob, con bastante razón- la Banda Oriental no era una base material suficiente.

Contestó E. M.:

Querido Abel. La recuperación del texto de JAR no apuntaba al plano político, sino meramente al historiográfico. ¿No sentís, cuando te explican los eventos de Mayo o de Caseros, o del peronismo sin ir más lejos, que hay una pulsión desmitificadora que ha ido ya demasiado lejos? Yo sí.

No obstante, podría defender (y ahí vamos de nuevo jajajajaja) que sin grandes ideas, sin proclamas, sin conductores que sepan granjearse el apoyo de la masa, tampoco hubo nunca un cambio sustancial. ¿Te parece que las ideas y los ideales, para separar los tantos, no tienen nada que ver con la lucha política, no inciden en el mapa político concreto? Si todo es razonamiento material y realismo político, ¿por qué se mata la gente? Es pregunta.

Yo sí diría que surgieron centros alternativos. Miremos la declaración de independencia de 1816. No está el Litoral, no está La Banda Oriental. No te parece que esas audiencias indican que ahí hay un país alternativo, puramente pampeano?

Por lo demás, la unidad de eso que terminó siendo la Argentina, que no tiene ni declaración de independencia propia -porque en la de 1816 estaba el Alto Perú- no se hizo solamente con Buenos Aires, sino también contra Buenos Aires. 1880 fue nuestra civil war, la primera de varias. Lo malo del razonamiento material, y te diría, lo incompleto del realismo político, es que sólo juzga ex post. Y ex post, con el diario del lunes, todos somos Halperín.

Contesto a mi vez:

Sobre el proyecto alternativo de país que señalás: mencioné a Artigas, y podía haber agregado que era más democrático y federal que el que se impuso. Pero ese centro de poder alternativo dura desde el Congreso del Arroyo de la China, en 1815, a la derrota en Tacuarembó frente a los portugueses, 1820. No perduró, porque no acumuló el poder suficiente. Como tampoco quedó el que se habría pensado desde Charcas. El territorio argentino actual es, básicamente, el que aceptó ceder el manejo las relaciones exteriores a Rosas, gobernador de Buenos Aires, más el que ocupamos desplazando y sometiendo a los “indios”, como se decía entonces.

Sobre nuestra historia, tenemos miradas distintas, aunque vemos las mismas realidades. Creo que un factor a tener en cuenta es que vos sos un historiador (y de los buenos: en alguna oportunidad corregiste mi memoria). Yo soy un aficionado a la historia; leo a los profesionales, también, pero me enganchan mucho más Toynbee, Spengler, McNeill, y por supuesto Tucídides, que los historiógrafos.

Dicho esto, reconozco algo que señalás arriba. El “realismo político” es incompleto: no alcanza a explicar los hechos. Sí, en la historia humana juegan un rol fundamental las ideas, los símbolos, y los líderes que los encarnan. Pero, tengo que agregar aquí algo: sin el pensamiento racional, el que calcula costos y medios, terminan en fracasos sangrientos. Y a veces, hasta sórdidos.

Ya que estoy embalado y nadie me interrumpe: ¿Cuál sería entonces el “núcleo de poder” que podría construir un bloque político-económico en la América del Sur para que sea algo más que un peón en el tablero internacional? Una mirada al mapa lo hace obvio: una alianza sólida entre Argentina y Brasil. La idea central del Mercosur, que hoy aparece lejanísima. Pero los escenarios a veces cambian rápido. Y tiene un argumento a su favor: no hay otra. Abrazos, y me voy a editar el portal.”


Portada de un Manual de Comunicación Política

mayo 15, 2021

Daniel Paz la dibujó brillantemente. Y expone la idea central, además. Pero como todo buen manual, debe referirse a casos concretos. Por algún motivo, no puedo evitar centrar mi modesto aporte en el caso argentino.

La última encuesta verdaderamente exhaustiva, la que se hizo el 27/10/2019, indicó que un 48% de los votantes se inclinaban para Este Lado, y un 41%, para el Otro Lado. Esos porcentajes inevitablemente cambiarán en la próxima elección, pero sirven para dejar muy claro que en nuestro país hay al menos 2 públicos -más exactamente, 2 conjuntos de públicos- bien diferenciados entre sí. Esta afirmación está confirmada por el hecho que durante los últimos 75 años, los votos en las elecciones nacionales han tendido a evolucionar hacia esos dos grandes atractores.

Para un político, o política, una de cuyas tareas fundamentales es la comunicación, la existencia de esos dos conjuntos de públicos se la hace difícil (y gobernar… De eso no diré nada ahora). Puede ser posible comunicar para todos -y a veces es necesario- cuando el político está en el poder, pero sólo en circunstancias especiales, y un error común es no darse cuenta de cuando esas circunstancias han pasado. (Otro es no darse cuenta cuando lo hacen necesario).

Aquí voy a concentrarme en el desafío habitual: comunicar para el Lado de Uno, para los no comprometidos emocionalmente con ninguno, y para los que vacilan en el Lado de Enfrente. Hoy, y al menos durante los últimos 13 años, se percibe una asimetría clara.

El Otro Lado cuenta con dos medios masivos de gran llegada para dirigirse al sector central de su público: el principal, el Grupo Clarín y sus repetidoras gráficas y, las más influyentes, televisivas; un claro segundo, pero que mantiene un sector propio de público dentro del gran conjunto hoy opositor es La Nación y sus repetidoras gráficas y televisivas. Por supuesto, hay otros medios masivos ubicables en el Otro Lado; el de más llegada es Infobae. Pero no tienen un mensaje claramente distinto del que emite Clarín y por eso no aportan un público distinto, en términos políticos.

(La militancia digital de Este Lado, entre quienes tengo muchos amigos, parece incapaz de asumir que son medios opositores, y se indigna cuando publican fake news o manipulan cualquier noticia verdadera para darle un sesgo contra la gestión del gobierno actual ¿Pretenderán que hagan la campaña también del oficialismo?. Por supuesto, hay mucho lumpen periodismo indignante, pero eso hace al nivel, no al contenido).

Este Lado -y eso apunta a un problema estructural, que por cierto no es responsabilidad de la militancia- no ha sido capaz de construir y sostener, aún cuando cuenta con los recursos del Estado, medios masivos para llegar a sus públicos. En los doce años y medio de su gestión anterior y en la oposición, dio algunos pasos en esa dirección, unos talentosos, otros patéticos y todavía otros, ambas cosas. Pero ninguno alcanzó ni alcanza una “llegada” importante. En la gestión actual, NADA.

Ambos Lados comparten una falencia grave (y significativa de la /in/cultura política argentina): les cuesta comunicar hacia fuera de sus públicos, de los no comprometidos ideológica o emocionalmente con su mensaje. El sesgo tan evidente de Clarín, LNación y los “indignadores” televisivos les asegura públicos numerosos y adictos, pero “inmuniza”, hasta cierto punto, a los que no lo son.

En Este Lado, debo decir, la falencia es más grave (además de sugestiva). Veo a tres medios, ninguno verdaderamente masivo pero con un público propio importante, El Destape, Página 12, El Cohete a la Luna, que se dirigen a distintos segmentos del “público” kirchnerista. El sector más dinámico y ciertamente más vocal de los que se inclinan o simpatizan con E. L. Pero, para el resto del peronismo, para el numeroso grupo “Cualquier cosa menos Macri”, y para los también muy numerosos indecisos… No voy a decir NADA: hay algunos ensayos interesantes (que son mirados con desconfianza por los comisarios de la pureza ideológica), existe el “maverick” Crónica,… Lo que no hay es una estrategia comunicacional para el conjunto que puede llamarse “propio”, ni tampoco, por supuesto, para los no comprometidos, los indiferentes u hostiles ante la política. Que son muchos y crecen, también entre los jóvenes.

¿De las redes sociales, y los fenómenos comunicacionales recientes, de lo que se supone debería conocer más como profesional, no voy a hablar? No. Queda para otro posteo. Estoy cansado, tengo trabajo atrasado, tengo que atender al portal AgendAR, tengo pendientes desde hace tiempo una respuesta a Ezequiel Gaut, una polémica con Teodoro Boot… Alberto, necesito un confinamiento más estricto.


Un toque retro para el Día de los Trabajadores

mayo 1, 2021

Hace tiempo que no volvía a subir al blog esta magnífica versión del Canto al Trabajo, por el gran Hugo del Carril. Hoy me la envió una amiga, y decidí que era apropiada.

A pesar que tengo claro que en estos tiempos woke, cuando cancelan a Woody Allen y a Román Polanski por sus incorrecciones, don Oscar Ivanissevich, su autor, es muy conflictivo (en su entrada en Wikipedia, un alma cuidadosa le dio lugar a su trayectoria de cirujano, y hasta de futbolista, y sólo un par de líneas a sus cargos políticos. Quien escribió esa entrada tiene empleo seguro en Hollywood).

El punto es que la letra de este canto expresa muy bien los valores y sentimientos profundos de la experiencia peronista fundacional. Y también, que choca de frente con una sensibilidad actual. Que no es ni menos ni más respetable que la de 1907, cuando se esculpió el monumento de arriba, o la de 1895, cuando nació Ivanissevich. En cuanto a su larga trayectoria en el peronismo, se la dejamos a la Historia, que tiene tantas causas archivadas…

Tomemos de este canto el trabajo, los deberes de argentinos, los derechos y el amor. Y convengamos que el tiempo es una ilusión, como lo saben los filósofos indios y la Corte Suprema.


Clasismo y restricciones sanitarias

abril 25, 2021

En el mundo de las redes sociales -siempre dispuesto a indignarse- está circulando la imagen de arriba, las fotos de 2 páginas del diario La Nación, como ejemplo horrible de los prejuicios clasistas.

Y sí, obvio que La Nación es clasista. Lo era cuando la fundó don Bartolo, 151 años atrás. Y se ha hecho más clasista ahora que el hijo de un inmigrante calabrés compró una participación accionaria importante. Los nuevos ricos generalmente exageran.

Pero lo más importante que muestra, me parece, es la dificultad para imponer restricciones (como le llaman ahora a la cuarentena).

La irresponsabilidad -la disposición a correr riesgos, bah- es policlasista. ¿Cuánto tiempo tardaron las estadísticas sobre cáncer de pulmón y EPOC en bajar el consumo de cigarrillos?

Este posteo -todavía más breve y superficial que la mayoría- no es una invitación a bajar los brazos. La intención es marcar que imponer las restricciones necesarias a la conducta espontánea de las personas -aún cuando, como ahora, una mayoría esté dispuesta a aceptarlas, al menos en principio- es difícil, y necesita de una comunicación inteligente -que no hay- y de un empleo visible, prudente y continuado de la presión de las fuerzas de seguridad. Que hay muy poco de eso. Al menos en el Área Metropolitana.


Pandemia, educación y economía. Un posteo superficial

abril 15, 2021

Aclaro que todos mis 5.296 posteos son superficiales, salvo rarísimas excepciones. Pero este surge de la necesidad de explicar un tweet mío, así que es superficial al cuadrado.

Dije hace un rato: “Una reflexión desubicada y soberbia. O sea, para twitter. Esta pandemia es 1 ocasión extraordinaria p rediseñar 2 cosas fundamentales y muy atrasadas: el sector público de la economía y la educación“. Y agregué “La pena es q coincide con -salvo 1/2 docena de excepciones- en el país y en el mundo c el liderazgo político y el análisis intelectual más mediocre de los últimos 200 años”.

Lo del sector público de la economía no debería ser necesario aclararlo: su crecimiento -en muchos casos, desordenado- es un dato de la realidad, que se puede apreciar en todos los países. Además, estamos asistiendo a un fenómeno sorprendente, que se podría llamar “la privatización parcial de lo público”. Ese sector incluye ahora a las ONGs, de las cuales unas cuantas son más poderosas que los Estados de muchos países pobres.

Eso sí, hay un fenómeno socio-económico-tecnológico que hace que este crecimiento aparezca incontenible: en las sociedades que estudiaron los economistas clásicos (incluyo a Marx en esa tribu) la clave era organizar el trabajo de las mayorías para acumular riqueza (como inversión o consumo suntuario). En la actual… el trabajo es, cada vez más, algo que hacen las minorías. Le cae al sector público ver qué se hace con las mayorías…

Lo que esta pandemia obliga, y obligará cada vez con más fuerza, al sector público -sobre todo a los Estados nacionales, que son los que tienen los fierros- a recolectar información, a financiar investigaciones sin uso militar (las que tienen uso militar las financian desde los tiempos de faraones y reyes sacerdotes) y a imponer restricciones. Muchas son boludas, pero todas tienen consecuencias, que obligan a tomar otras medidas…

De la educación no voy a escribir aquí. Hay miríadas de bibliotecas ya escritas, casi todas en un pedagogués insoportable. Sólo voy a señalar que actualmente los párvulos pueden acceder y acceden al 98% de la información que necesitan o se les ocurre a través un aparatito que la mayoría tiene en su bolsillo: el celular. Lo mismo que los adultos. Entonces las escuelas cumplen la función de guardería y socialización, pero tienen lo organización y currícula de los tiempos de Sarmiento. Con menos disciplina y salarios docentes más bajos, eso sí.

Lo que dije de los liderazgos… es también un dato de la realidad. Sólo agrego que yo no soy un líder; comparto la mediocridad de los liderados.

Pero puedo encontrar una excusa para los líderes que tenemos: en la última generación se han dejado caer algunas ideas básicas sobre el poder político y el Estado que en Occidente empezaron a desarrollarse con Maquiavelo (en China la escuela legalista las discutía 2 mil años antes; tal vez por eso ahí compran menos buzones).

No estoy diciendo que ahí está incluida toda la Realidad humana. Por cierto, no lo está. Pero son conceptos que los gobernantes (y toda persona culta; leer la correspondencia de San Martín) tenían en su cabeza. Hoy, el discurso político varía entre un democratismo santurrón que le habría provocado risa a Lincoln, o un marxismo diluido y sentimental que le habría provocado vómitos a Marx.


Estamos muy mal ¿dónde vamos?

marzo 30, 2021

Ayer leí esto en las redes sociales (Bah, en twitter. Pero a pesar de eso, es cierto):

“La tasa de desempleo se ubicó en el 11%, al cierre del último trimestre de 2020 y en el conurbano bonaerense ya se acerca al 15%.La tasa de desempleo abierto nacional respecto del cuarto trimestre de 2019, se incrementó en 2,1 puntos porcentuales.

Por otra parte, se conocieron datos oficiales de valorización de canasta de pobreza e indigencia alcanzando para un hogar tipo metropolitano de cuatro miembros, los $60 mil y $25 mil mensuales respectivamente, insistimos según datos del INDEC.

En este sentido los números preocupan puesto que el salario medio de la economía no alcanza los $60 mil mensuales, el salario que más se repite (o MODA) es de $45 mil mensuales, todos por debajo de lo que requiere un hogar tipo para no ser considerado pobre por ingresos.

Peor aún el salario mínimo vital y móvil, así como jubilaciones y pensiones mínimas rondan los $20 mil mensuales y se ubican por debajo de los ingresos necesarios para q un hogar de cuatro miembros supere la línea de indigencia o línea de ingresos debajo de la cual hay hambre.

Llegamos al extremo de carencia de ingresos en que en un hogar tipo (de 4 miembros) en que se perciben dos salarios mínimos y dos AUH, una por cada niño o niña, tampoco así logra superar la línea de pobreza. Una calamidad de carencia de ingresos se lo mire por donde se lo mire.

La inflación no se detiene. Traccionada por aumento de “alimentos y bebidas” la canasta de pobreza aumento un 47% interanual entre los meses de febrero 2020 versus febrero 2021, mientras el IPC general lo hizo en un 41% y según datos del primer trimestre de 2021 no se detiene.

El panorama social entonces resulta muy complejo con un piso de 40% de pobreza cuando a fines de marzo el Indec suministre el dato oficial.

Los datos de distribución del ingreso son también de terror. El 80% más pobre de la población se queda con el 50% del ingreso total. Como contrapartida , el 20% más rico toma el 50% restante y el 10% de la cúspide de la pirámide se apropia del 33% del ingreso total. Son niveles de desigualdad escandalosos, solo superados por los observados en la crisis de salida del experimento convertible en el año 2002.

Todo este rodeo inicial largo pero necesario, es imprescindible para justificar una pregunta: ¿Puede un país estragado socialmente, como lo es la Argentina después de Macri, tener como bandera conseguir el “equilibrio fiscal”? ¿Son metas prioritarias alcanzar los superávits gemelos? ¿Puede insistirse en ese camino después tantos fracasos históricos de los modelos “Déficit cero”? Enormes fracasos comunitarios q signaron el trayecto desde la recuperación democrática en el año 1983 hasta nuestros días?

Seguramente no. La economía argentina necesita salarios, ingresos familiares crecientes y superar la lógica del ajuste perpetuo a q fue sometida ya durante un lustro, más aún tras la experiencia exitosa de “desajuste” desplegada por el kirchnerismo durante casi trece años de gestión.

¿Por qué volver a las viejas recetas diseñadas por la ortodoxia económica y avaladas por el Fondo Monetario Internacional q nos condujeron una y otra vez a ser una sociedad más desigual y más pobre? Que aumentaron el desempleo desde un valle de 3% en 1983 al 24% en el año 2001?

El rediseño d política económica debe tener como eje recuperar ingresos familiares y eso supone satisfacer 3 demandas muy específicas.

Salarios, jubilaciones y planes de transferencia d ingresos actualizados por sobre la inflación realmente existente para los sectores populares.

Inflación q es la que señala la canasta de pobreza e insistimos alcanza al 47% anual. Todas las paritarias conocidas están por debajo de este nivel de inflación y oscilan en la franja que va del 29% al 35% lo que las ubica muy debajo de los niveles de actualización requeridos.

Lo mismo sucede con jubilaciones y pensiones mínimas (las que más alto se ajustaron), que solo se actualizaron un 35,5% (el resto alcanzó solo el 24%) perdiendo 11,5 puntos respecto al valor de incremento de la canasta ampliada de pobreza. Insistir con este ajuste es fracasar.

Fracasar doblemente en el caso del oficialismo. Porque su contrato electoral supone mejorar las condiciones de vida de la población general, los ingresos familiares al alza y una mejor distribución del ingreso y porque sería un error conceptual inmenso frente a las elecciones.

En efecto, el 60% de los hogares que constituyen el electorado del FdT son pobres o vulnerables por ingresos (superan la línea de pobreza por menos del 50% de su valor). Se trata de hogares pobres por ingresos o de clase media baja en riesgo de empobrecimiento por ingresos.

Persistir en el camino del ajuste pondrá severas restricciones p insistir con el voto oficialista, al menos para una porción significativa del electorado vulnerable, allá donde las fronteras ideológicas son líquidas y la orientación del voto la define la evaluación de gestión.

Se configuraría entonces una coyuntura electoral q de consumarse, y dada la coalición conservadora q enfrenta al FdT – pre civilizatoria -, sería de un gran costo económico, social e institucional, ya no solo para los sectores pobres o vulnerables sino para la sociedad toda.”

ooooo

El texto de arriba es de mi amigo Artemio López, conocido como encuestador y opinador, pero que también es sociólogo. Y un buen sociólogo, por cierto. Los datos que pone son correctos y están bien elegidos para informar de la situación, angustiante, por la que está pasando algo más de la mitad de nuestros compatriotas.

Eso, la 1° parte del texto. En la 2°, que separé usando la imagen clásica de la caverna, escribe de economía y de política. Y ahí sigue vigente el criterio de verdad, cómo no, pero la cuestión decisiva pasa a ser si funciona o no (sin alusión a “funcionarios que no funcionan”, eh).

Empecemos por tener claro que esa pobreza, “estructural” como la llaman los colegas de Artemio, tiene raíces muy anteriores y ha ido creciendo. Desde 1975/76, cuando Argentina estaba muy cerca del pleno empleo, con índices mínimos de pobreza y una distribución del ingreso no “igualitaria” (eso no hay en ningún lado) pero similar a la de varios países europeos prósperos, hemos venido avanzando hacia la situación de hoy. Acompañando un deterioro del país en su conjunto. Con excepciones, seguro -la agricultura es mucho más tecnificada y productiva, hay más empresas de base tecnológica y algunas de ellas, como INVAP o Bioceres, son competitivas globalmente. Pero no hay duda que nuestro país está peor, en relación a la región y al mundo, de dónde estaba hace casi medio siglo.

El otro punto importante a tener presente para sacar conclusiones que sirvan es que esos deterioros, el aumento de la pobreza y el declive relativo del país, no fueron uniformes en estos 45 años (tampoco son lo mismo, aunque están muy vinculados). Algunas estadísticas pueden tener imprecisiones y hasta ser engañosas, pero el conjunto es terminante: los pozos más profundos se dieron en toda la dictadura, en los últimos dos años de Alfonsín, en el 2° mandato de Menem, en el gobierno de la Alianza y en los últimos dos años de Macri. Y en el 2020, con la pandemia.

Y hay un período en que esas dos caídas se detuvieron, y tanto en la pobreza “estructural” como en la economía en su conjunto hubo alguna recuperación: durante el gobierno de Néstor Kirchner. Uno no necesita creer ciegamente en las cifras del INDEC; como en el caso anterior, el conjunto de los datos da una imagen indiscutible.

(Aclaración rápida para las distintas tribus: en los gobiernos de Cristina hubo políticas sociales muy importantes y necesarias, pero ahora sabemos que esas políticas, que siguieron y siguen, no erradican la pobreza de los que están fuera del empleo formal. Y la recuperación empezó en el breve gobierno de Duhalde, sí, pero no puede distinguirse del “rebote”: veníamos de un pozo muy profundo).

Y aquí aparece algo que me hace ruido en la 2° parte de Artemio, y en parte del discurso de los economistas heterodoxos (muchos de ellos se aferran a una ortodoxia de signo opuesto pero tan rígida como la del “mainstream”): ese gobierno de N. K. tuvo como prioridad los “superávits gemelos”. Para ser más preciso, N. K. fue obsesivo en ese punto. Y esa pulsión se mantuvo cuando CFK fue presidenta: todo el conflicto con la Resolución 125 surge por la necesidad de equilibrar los ingresos con los egresos fiscales.

Cierto que Kirchner también fue contemporáneo del “boom de las materias primas” de comienzos de este siglo, el famoso “viento de cola”. Como toda América del Sur. Pero ahora también los precios de las “commodities” están subiendo, y la mayoría de los argentinos no sentimos ni la más leve brisa.

Un aparte, por la preocupación electoral que Artemio remarca al final de su nota: seguro, antes de las elecciones no es el mejor momento para subir tarifas. Obvio. Y agrego que la bronca con los aumentos de los que pueden pagarlos no es menor que la de los que no pueden. Es una falencia de nuestra constitución: el voto de un tipo egoísta vale lo mismo que el del progre con más conciencia social de Palermo.

El tema es otro, y muy serio: como no me canso de decir, los “fundamentals”, los recursos estratégicos de Argentina son buenos: un territorio extenso, con muchos recursos, una de las grandes llanuras fértiles del mundo, una fuerza de trabajo -que ya no es la mayoría absoluta de la población- pero sigue siendo numerosa y capacitada, científicos y técnicos de muy buen nivel. Pero hace 45 años -al menos- que no encuentra un camino estable para seguir desarrollándose.

Es cierto: “la economía argentina necesita salarios, ingresos familiares crecientes y superar la lógica del ajuste”. Esto último también es obvio, los ajustes no resuelven nada cuando el problema es estructural. Habitualmente, lo empeoran. Y los dos primeros son objetivos, y se sabe cómo se consiguen: aumentando los ingresos de la economía y repartiéndolos mejor que hasta ahora. Como dijo alguien, “todo el arte está en la ejecución“.

Si me alargué repitiendo estas obviedades, es porque encuentro en esta nota de Artemio una idea que está presente, en forma vaga, en muchos de Este Lado, y que es tan ingenua -con signo opuesto- como los que creían que iba a venir una lluvia de inversiones porque Macri era empresario: que hay que animarse a aumentar salarios y asignaciones sociales, y así la demanda va a crear prosperidad. Total, ya sabemos hace 200 años, de las discusiones entre Say y Malthus, que la demanda crea la oferta, no?

La situación social es muy jodida, pero hay algo que puede empeorarla, y mucho. Una ola de alta inflación -alta para los estándares argentinos, o sea lo que en los libros se define como hiperinflación- arrasaría con el gobierno del Frente de Todos y con la actual oposición. Los episodios de hiperinflación de Alfonsín fueron la causa eficiente de la Convertibilidad: la hicieron políticamente posible y aceptada por las mayorías por 10 años.

Esto no es un llamado a quedarnos tranquilos y confiar en Guzmán. Que todavía le puede salir muy mal el equilibrio que está sosteniendo. Necesitamos más políticas activas, y mejor distribución del ingreso (porque, todavía, entra mucho ingreso en Argentina. Y sale, cuando no se invierte y se ahorra en dólares, aquí o afuera). Para eso, necesitamos mejor política. Que es también lo que plantea mi amigo, pero lo escucho a él y al fondo a la Realidad diciendo con voz ronca “Por aquí no, macho“.


Para una campaña electoral en tiempos polarizados. Tema “los medios”

marzo 12, 2021

Este posteo podría ser un capítulo de ese importante libro que no he escrito “La política en tiempos polarizados”. Tal vez en ese caso tendría que hacer un desarrollo más completo y más técnico. Pero esto está escrito con urgencia y preocupación.

Porque, en mi soberbia pero falible opinión, la militancia digital (que hoy es casi toda) está confundida en al menos un tema importante. Esto no es nuevo (digo yo que me las sabría todas). Pero en estos días vi tuits de una destacada aunque joven politóloga, de un tuitero estrella que además es experto en redes sociales… Y hablaban de “los medios”, “la prensa”. Y me siento urgido a abrir mi boca, otra vez.

Por eso les ruego, estimadas/os, que repitan conmigo: “Los medios” no existen. Hay medios opositores, medios oficialistas (con bastante menos audiencia), y medios cuyas agendas son marginales (pero no irrelevantes) a la campaña electoral en curso.

Hay una razón específica por la que este es un mensaje importante para la militancia de Este Lado: cuando hablan de “los medios”, “la prensa”, refiriéndose a Clarín, La Nación y sus repetidoras, los están legitimando como lo que les gustaría ser (y no alcanzan del todo a serlo): los formadores de la opinión publicada, de la única opinión influyente. Y, de paso, ningunean a los medios cercanos a sus posiciones. Puede ser -es obvio que es- que no tengan el talento empresario de los ejemplos exitosos del Otro Lado, pero son herramientas. Y son mucho mejor que nada.

(Claro, hay un motivo para que Este Lado ningunee a sus medios: las pujas internas. Pero entrar en ese tema necesitaría un posteo mucho más largo que éste).

Como sea, la razón fundamental para tomar conciencia que “los medios” así, a secas, no existen es otra, y se aplica a ambos lados de la grieta. Es porque si no, se fortalece la peligrosa ilusión que existe “un público”, que es el que consume “los medios” y cuya opinión es formada por ellos.

Lo primero que debe aprenderse en comunicación es que hay muchas y muy diversas audiencias, y que, además, todas están segmentadas. Con la paulatina desaparición de fábricas con miles de obreros, y el declive de la asistencia a las iglesias, hay pocas fuerzas sociales que forjen identidades grupales (Ojo: todavía hay; pero mucho menos que medio siglo atrás). Repito estas obviedades teóricas para pasar a un dato de observación: los referentes, niveles medios, y militantes de los dos bandos de esta campaña se dirigen cada vez más a su propio “público”, los convencidos, los apasionados. Así lo refuerzan, lo “fidelizan”. Y también lo limitan.

Ahora voy a dar un giro sorpresivo a este posteo: no voy a criticar a la militancia de Este Lado y su tendencia irresistible a hablar para los propios. Ya lo hice muchas veces, a lo largo de los años, cuando hablaba de la polarización como estrategia. Además, en Este Lado la autocrítica ya es casi un vicio: “autocritiquemos al compañero/a!” parece ser la consigna.

Me parece más interesante analizar la estrategia de polarización que se está siguiendo del Otro Lado. Pues es ahí donde aparece, nítido, el tema de este posteo: “los medios”. Porque en el espacio político de Juntos por el Cambio, esa estrategia es seguida por los dirigentes, voceros y gritadores que, careciendo de inserción territorial o social, se esfuerzan por ser la expresión de los sectores, los segmentos más ardientemente opositores. En la (in)cultura política argenta, eso les permite además presionar al resto de esa dirigencia, la que negocia (o disimula menos sus arreglos) con el oficialismo. También es una estrategia válida para agrupaciones menores, que tratan de disputar a JxC parte de ese “público”, esos votantes definidos como opositores enconados.

Pero la oposición política no es toda la oposición. En realidad, está lejos de ser la principal oposición. Ese lugar hoy le corresponde, sin dudas, a Clarín, La Nación y sus repetidoras. Es un fenómeno curioso, con un lejano paralelismo con lo que sucedió en EE.UU. con la actitud de la mayoría de los grandes medios tradicionales hacia el gobierno de Trump. Pero ese paralelismo es lejano: ni siquiera el año pasado, en vísperas de las elecciones presidenciales la hostilidad era tan explícita y desenfrenada. Es, como señaló un combatiente talentoso de Ese Lado, hoy fallecido, “periodismo de guerra”. Y el grito es “¡A degüello!”.

Está claro que es una decisión empresaria, y que periodistas y comunicadores en la TV saben que se les paga, bien, para que cumplan con esa tarea. Pero hay un elemento … emocional que trasciende la obligación laboral. En La Nación hay un escritor de mediano talento (literario) que todos los domingos cuenta que Cristina Kirchner, una lady Macbeth de Santa Cruz, teje como araña una red diabólica que asfixia a la Argentina, y que en realidad el peronismo es la causa de todos los males -a través de las décadas en que aparentemente gobernaron militares, radicales, aún en ese breve sueño que habría sido el gobierno de Macri. En las últimas semanas decidió que el autor intelectual de ese desastre, quien desvió a la inteligencia argentina, fue… Arturo Jauretche).

En Clarín, todos los días en la página 2, un caricaturista brillante da el mismo mensaje, en un lenguaje más simple, como corresponde a dibujos y al estilo del diario.

Resulta difícil encontrar ese nivel de encono apasionado en los medios modernos masivos que, son, necesariamente, instrumentos de grupos económicos importantes, con intereses variados. Recuerdan las páginas de Der Stürmer, o los “Dos minutos de odio” que imaginó Orwell en 1984.

Como sea, con elementos psicopáticos o no, se trata de una estrategia. Y, como he dicho otras veces, en público, en privado y en grupos de whatsapp, no se dirige a mentes en blanco que reciben pasivamente ese mensaje de hostilidad; se dirige a un público que lo comparte y que lo pide. Si Clarín empezase a hablar bien de Cristina, perdería al menos la mitad de sus lectores. Pero su mensaje no es redundante: contribuye a darle una identidad y a estimular y direccionar su indignación (No es que el actual gobierno no le dé ocasiones, tampoco).

El punto es que al usar esta estrategia, esos medios están pagando el mismo precio que los dirigentes políticos (de cualquier orientación) que la usan. Dejan afuera, terminan aburriendo, a los que no resuenan por completo con ese mensaje. Porque la indignación, el rechazo, hasta el odio, son fuerzas poderosas, que trascienden los intereses materiales de los convocados. Pero no articulan por sí la “cadena de demandas” de distintos sectores que recomendaba Laclau. Es que si se va a hacer populismo, de izquierda o de derecha, hay que hacerlo bien.

Esto ya se mostró en los 12 años y medio de los gobiernos kirchneristas. Al menos durante 8 de esos años existió un rechazo público a sus políticas y a su estilo, en sectores numerosos de nuestra sociedad. Y el contador Magnetto trató en varias oportunidades de sumar los referentes opositores y armar una alternativa competitiva. Fracasó en la mayoría de los casos, y cuando apareció, se disolvió al poco tiempo.

Finalmente, triunfó en 2015, con la colaboración importante pero no protagónica del Grupo Clarín. Cuando ya había mucho cansancio con esa experiencia kirchnerista (el factor ¡Ufa!) y la invención de un candidato que apelaba al elemento hedonista en la sociedad argentina (que no es menor). “La revolución de la alegria”, recuerdan?

Resumiendo (al fin!): no mitifiquemos a “los medios (opositores)”. Son un arma poderosa, por supuesto, pero como todas las armas tienen límites, y limitan a quien las usa. Una estrategia de comunicación inteligente -suponiendo que se consiga- puede aprovechar esos límites y derrotarlos. Lo logró hace año y medio, aproximadamente. Por supuesto, las circunstancias este año son muy distintas, y la estrategia también debe serlo.

Y esto es todo lo que estoy dispuesto a decir gratis. Sólo voy a agregar algo, porque ya lo repetí un montón de veces, el “medio” por excelencia en este siglo, aquel por donde reciben la mayoría de la información quienes viven en Recoleta y en González Catán, en Pergamino y en Tartagal, hasta en Washington y Beijing, es un pequeño aparato que ustedes habitualmente llevan consigo: el celular.


Los pozos, no tan profundos pero barrosos, en el Estado

marzo 9, 2021

Me llegó parte de este video por casualidad. Bah, en un grupo de whatsapp de peronistas cordobeses. Borges diría que ese es otro nombre del destino. Pero eso es poesía. Esto no es más que un reportaje -que se le fue de las manos al periodista, cierto- a una funcionaria que conoce su área y sabe hablar de ella.

Los invito a que lo escuchen. Son 20 minutos, con partes muy jugosas. Habla de los extranjeros que vienen a Argentina y compran sus radicaciones, de los mecanismos reales de la corrupción. Temas muy periodísticos. A mí -con alguna experiencia en el Estado (pero nunca en Migraciones, aclaro por las dudas)- me sirven también para poner en contexto – acercar a tierra, digamos- dos conceptos que no están tanto en los medios pero sí en las fantasías politizadas: “Estado profundo”, “Casta política”. Que apuntan a realidades, cómo no. Pero bastante distintas de las imágenes que convocan, más pedestres.

De paso, me pareció una buena manera de cerrar el Día Internacional de la Mujer. La aplaudo, Florencia. Escuchar una funcionaria, o funcionario, que no repite banalidades ante los periodistas.


El error fue no darle la vacuna a Moria

marzo 2, 2021

El tema que ha quedado etiquetado en los medios locales y en los internacionales como el “vacunatorio VIP” se convirtió en estos días en el ruido central de la comunicación política en Argentina. Y seguirá así por algún tiempo más, hasta que un nuevo escándalo lo borre de la atención.a

No va a conservar intacta su capacidad de indignar, sin embargo. A medida que la campaña de vacunación avanza, y cada vez más gente sabe de primera mano que su primo, que es administrativo en un centro médico, o su madre jubilada de 87 años se vacunó, el ruido de los medios perderá vigencia (Tal vez la lentitud con la que avanza la inmunización en la Ciudad Autónoma tiene un sentido político involuntario. Es el bastión opositor, después de todo).

Pero el hecho sucedió, y deja huellas en la memoria de las personas, se lo recuerden los medios o no. Sobre la dimensión política del asunto, y su aspecto ético -que es una dimensión inescapable de la política -aunque algunos prefieran escaparse- ya escribí en “La vacunación y los acomodados”.

Ahora, con el diario del lunes, de varios lunes después, reflexiono que el hecho era inevitable, y, por lo tanto, debía haber sido previsto. En una campaña en la que participan varios miles de personas, y en la que autoridades políticas de muchos niveles tienen injerencia, iba a suceder que algunos hicieran que amigos, aliados, favorecedores o amantes se “saltearan la cola”. Es un hecho habitual en Argentina, y me parece haberlo encontrado en algunos otros países también.

Los argentinos, y las argentinas, son muy sensibles ante los privilegios inmerecidos, si los recibe algún otro. Y en este caso, se puede percibir que está en juego la vida de uno o de sus seres queridos. Si por los que “se meten en la fila” demoran aunque sea unos días la inyección que corresponde a mi tío, y él se contagia en esos días…

El punto de este posteo es un ejercicio en memoria. Fácil. Hace sólo un mes, la “vacuna rusa” era todavía sospechosa, a pesar de The Lancet. Medios y dirigentes opositores, hoy indignados por las demoras en aplicarla, echaban dudas sobre ella. (Algún tiempo antes, todas las vacunas eran sospechosas de ser parte de una conspiración de Soros y Gates, para un grupo minúsculo pero muy vocal). En ese momento, en el gobierno se contempló la idea de invitar a famosos (amigos) a vacunarse públicamente para mostrar a la población que la vacuna era, al menos, inofensiva).

Debió haberse hecho entonces. Y deberá hacerse en la próxima emergencia sanitaria. Porque, más allá del discurso, es imposible garantizar que todo se haga de acuerdo a las reglas. Los gobiernos autoritarios, o simplemente serios, hacen algún escarmiento de tanto en tanto. Pero eso no evita el costo político.

Seamos francos; no es que si Mirtha Legrand, por ejemplo, se vacune, eso me inspira confianza. Ha sobrevivido a tantas cosas. Pero naturaliza el hecho que algunas figuras, más conocidas por la plebe, se vacunen antes para dar el ejemplo. Hasta lo de Verbitsky se podría haber justificado, como la vacunación de un famoso con compromiso ideológico.


“La vacunación y los acomodados”

febrero 20, 2021

En estos días en que el portal me ha absorbido aún más tiempo y neuronas, me pregunté si corresponde mantener un blog descuidado. Pero de vez en cuando subo a AgendAR algún material que puede volcarse, sin cambiar una coma, para una audiencia más pequeña y mucho más politizada. Cambio la imagen, eso sí, pero no es más que una broma, claro.

Ayer, viernes 19, el presidente Alberto Fernández le pidió la renuncia al ministro de Salud, Ginés González García, luego que el periodista Horacio Verbitsky revelara que accedió a la aplicación de la Sputnik V gracias a un favor que le hizo el funcionario. El presidente convocó a la secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzotti, para que lo reemplace y asuma como titular de la cartera de Salud. La especialista en vacunas jurará hoy a las 17 en la residencia de Olivos.

Toda la otra información que disponemos sobre este lamentable asunto de los «vacunados VIP» -nosotros preferimos usar el viejo término de «acomodados»- más el doble o el triple de especulaciones, ya están en los medios y en las redes sociales.

En AgendAR, que no tenemos vocación por el escándalo, no vemos la necesidad de repetir lo que aparece en todos lados. Pero sí nos parece que corresponde dejar clara nuestra posición.

Ante todo, queremos decir que respetamos y valoramos la gestión de Ginés González García. Cometió errores, por supuesto, todos lo hacemos, pero en su mayoría tuvieron que ver con un estilo expansivo e imprudente de comunicación. Es imposible acertar con todos los pronósticos, y por eso conviene que un funcionario no los haga si no es imprescindible.

Hay dos falencias en el desarrollo de su tarea más importantes que hemos señalado, con discreción, en varias de nuestras notas: una negociación poco previsora con algunos de los laboratorios más importantes. En particular hemos dicho que conseguir que AstraZeneca aceptara fabricar en Argentina la «vacuna de Oxford» ha sido un logro de Ginés y un reconocimiento a la capacidad científica argentina.

Pero debió estipularse que una parte de la producción permaneciera en el país. Envasar y rotular es una parte más fácil de la tarea.

También nos hubiera gustado, y lo dijimos, que el Ministerio de Salud dedicara más fondos a los desarrollos locales de vacunas. Por supuesto, la urgencia dictaba lo que se hizo: dedicar la mayor parte de los escasos recursos financieros a comprar las que ya están produciendo los gigantes farmacéuticos. Pero también hay que sembrar para el futuro.

Repasamos estas objeciones por honestidad intelectual, pero somos conscientes que son injustas. Porque no disminuyen el esfuerzo titánico de conducir un Ministerio de Salud en una emergencia sanitaria como no se había visto en 100 años, a la que nadie en el mundo vio venir

Al 17 de este mes Argentina tenía 391.975 personas vacunadas con la primera dosis, y 241.662 personas vacunadas con la segunda dosis de la vacuna Sputnik V. No es el mejor desempeño del mundo, pero es un logro impresionante para el aparato estatal deteriorado que tenemos. Y es en parte logro de la gestión de Ginés.

Dicho esto, que debe decirse, también hay que decir que favorecer a los amigos, familiares y aliados políticos es un hábito muy argentino -y de muchos otros pueblos, también- y no ha sucedido solamente en la gestión del ministro que debió renunciar por ello.

Pero la vacunación es, literalmente, un asunto de vida o muerte, y eso ha despertado una sensibilidad que en otros asuntos se muestra… menos alerta. En estos días, casos como éste, más graves, han estallado en Chile y en Perú, y también allí provocaron reacciones furiosas.

Quizás un resultado positivo de este escándalo es que como sociedad tengamos menos tolerancia con nuestros propios defectos.

Ahora, corresponde desearle a la Dra. Carla Vizzotti -que ya ha demostrado ser una excelente funcionaria y una buena comunicadora- suerte en su gestión. Ella, y todos nosotros, la necesitaremos.


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