Las consecuencias de la condena judicial a Cristina Fernández de Kirchner

diciembre 6, 2022

No estoy seguro que sea lo que corresponde escribir hoy mismo sobre un fallo cuyo contenido se conocía con anticipación -la misma CFK dijo hace tiempo que ya estaba redactado- pero que no deja tener un impacto poderoso para los argentinos. Un ramalazo de bronca furiosa en los que la quieren, de satisfacción vindictiva en los que la odian.

Es que no parece apropiado el estilo de análisis frío que he mantenido -casi siempre- en el blog. Pero… es algo más de 15 años que lo aplico aquí, y me sale naturalmente (Y cuando hacía política en forma más activa, bastamte tiempo atrás, yo era mas el «cuadro» que trada de convencer que el del dirigente que quiere inspirar).

Así, lo mejor que puedo hacer es ser breve y concreto. Esta condena, tan inevitable como un choque de trenes, tiene una consecuencia política fundamental: fortalece el liderazgo de CFK en el peronismo y -más importante- a la coalición de sectores y reclamos sociales que votó en 2019 al Frente de Todos.

Digo que la segunda parte de la frase es la importante porque -como repetí muchas veces- el peronismo no ha producido un liderazgo nacional con chance de competir con el de Cristina desde… ¿2013? Los intentos de armar una alternativa «no personalista», como el «Peronismo Federal» en 2019, ¿recuerdan?, fracasaron tan rotundamente como los que impulsaba Eduardo Duhalde 10 años antes.

La consecuencia fundamental de este fallo que percibo es, entonces, que hace más sólida la coalición que se expresó en 2019. Y que venía bastante desflecada ¿Por el impacto emocional que despierta en sus partidarios esta condena a Cristina? Sí… Se puede comparar con algo muy distinto: el impacto de la muerte de Néstor Kirchner en 2010, que muchos que lo analizaron están de acuerdo en que fue un factor de la victoria del Frente para la Victoria en 2011.

Pero hay algo que, creo, más decisivo: el hecho que esta condena judicial no tiene legitimidad sino para los que ya estaban convencidos que ella era culpable y que debía ser condenada, y apartada de la política. No es solamente que el poder judicial está desprestigiado (el episodio reciente de la visita clandestina de jueces a Lago Escondido pagada por Clarín es sólo la frutilla de un postre que se cocinó por muchos años). Simplemente, hoy el poder judicial no es percibido por nadie como un actor neutral en el enfrentamiento político. Y su alineamiento es subrayado hoy en el festejo del fallo por todo ese lado de la división argentina. (Como en forma más discreta, quizás un poco avergonzada, ese lado se alegró de la muerte de Néstor Kirchner).

Resumo: este fallo ayuda a unir a los que se identifican con el liderazgo de Cristina con esos sectores que no se engloban ahí -o que tienen disputas de poder con ella: sindicatos, movimientos sociales, gobernadores, liderazgos territoriales, pero que lo que está enfrente les provoca desconfianza o directamente pavor.

Porque, por supuesto, esto también sirve como «prenda de unidad» no a los dirigentes de la oposición -que harán, como es su naturaleza en ambos lados de la grieta, lo que creen les convenga- sino a sus votantes. Fortalece la división política «identitaria», los que votan a un lado por rechazo o temor al otro.

Bah, lo que ya pasó hace 3 años: después de un gobierno desastroso -en los propios términos de quienes lo apoyaban-, un poquito más de un 40% de los argentinos desconfiaba o temía a la propuesta que presentaba la oposición peronista y votó en consecuencia.

Argentina es una «casa dividida»… Yno hay chance que deje de serlo con esta Corte Suprema y los niveles superiores de este poder judicial. La dirigencia política, en su conjunto, eligió hace mucho tiempo tener jueces amigos antes que jueces con legitimidad social.


17 de noviembre ¿Cuánto es 50 años?

noviembre 17, 2022

Escribí megaveces en el blog sobre el 17 de noviembre de 1972. Natural. Fue el momento más alto de una experiencia que marcó para siempre a una generación (política). Pero… los más jóvenes que participaron hoy se acercan a los 70, y de ahí para arriba. Los que quedamos vivos vamos a seguir jodiendo, claro, pero tenemos que recordar que hay otras generaciones políticas, que han vivido, o están viviendo, otros momentos definitorios.

Por eso, si alguien quiere leer reflexiones sobre ese momento hace medio siglo, ofrezco esto que escribí en 2019. Con algo de cuestionamiento de mitos, también.

Lo que quiero hacer ahora es reflexionar, «en voz alta», sobre el esfuerzo que hace hoy una gran parte del peronismo para recuperar -no ese momento; ningún episodio histórico es repetible- sino los motivos del regreso y la esperanza de días mejores.

¿Puede hacerlo? Gente más activa que yo en las redes sociales -los medios ya son casi irrelevantes en este nivel- están apuntando las dificultades, las contradicciones, de cuestionar las políticas de un gobierno que se impulsó y en el que se participa.

(Esto, al margen de si piensa que esas políticas son o no inevitables y necesarias, que es otra discusión. Que se trata de no dar).

En mi humilde opinión, el peronismo no tiene otra opción que hacer este esfuerzo. Porque no se construyó ni surgió otra, desde que fue derrotado en 2015.

(También al margen de la candidatura presidential en 2023, eh. No importa lo que se diga, la decisión definitiva no se tomará, me parece evidente, antes de mayo, como temprano. Los que pueden decidir en serio saben que la última palabra la da la realidad, y conviene esperarla).

Lo central ahora es lo que se propone al pueblo, a esa parte del pueblo que todavía puede depositar sus esperanzas en el peronismo. Y las esperanzas siempre se fundan en memorias, algo fantaseadas, de tiempor mejores. Y los tiempos mejores que se pueden recordar son los de los gobiernos Kirchner.

Los que añoran los tiempos de Menem -que son unos cuantos, eh- votarán por la otra coalición. Y los tiempos del peronismo fundacional… están demasiado lejanos para ser una memoria viva. 68 años, bah, más de 40 años, sí es mucho, para la experiencia humana. Esta no es una afirmación teórica sino empírica: se ha comprobado en la práctica muchas veces, por distintos protagonistas.

La esperanza, en la política real, también se deposita en una persona. Y, como ya dije bastantes veces, en el peronismo no ha aparecido otro liderazgo nacional que el de Cristina. Por eso, no puedo menos que desearles suerte a los que van hoy al estadio Diego Armando Maradona. Feliz día del militante.


Cristina en campaña

noviembre 5, 2022

La pregunta inicial, para saber si se justifica empezar a postear en la mañana de un sábado soleado pero ventoso, es si ayer apareció un elemento nuevo en la política argentina. Y se contesta rápido: claro que no. Hace por lo menos 17 años, desde que derrotó a Duhalde en Buenos Aires, que CFK es una protagonista poderosa del escenario político argento.

PERO sí se definió una dinámica decisiva, que condicionará todo ese escenario. No sólo el espacio de la coalición oficialista, eh. También el de la(s) oposición(es). Porque ustedes eran muy chicos y no se acuerdan, pero en los primeros dos años de la administración de Alberto Fernández -hasta las elecciones legislativas- los medios (opositores) hablaban del «inquietante silencio» de Cristina.

Más allá que era algo exagerado, apuntaban a una estrategia: Cristina, como la mayoría de la dirigencia peronista, tenía muy claro que el rechazo a su liderazgo y a su estilo era un factor que había ayudado a sumar votos y cohesión al frente que ganó en 2015. Se puede discutir, y se discute, cuánto de ese rechazo era a ella, a un «peronismo nostálgico de los ´70», o al peronismo como realidad histórica. Pero no cabe duda que ella sumaba, a favor y en contra.

En su discurso de ayer, cuando justificó haber propuesto a Alberto para encabezar la fórmula presidencial, mostró que sigue estando consciente de ese factor. Y también dejó claro que considera necesario que ella y la coalición que irá a las urnas el año que ya viene asuman el costo de su protagonismo.

Entonces, puedo releer mis dos últimos posteos en este blog, y darme cuenta que la realidad contesta todas las preguntas, si uno no se muere antes. Cuando Máximo Kirchner dijo que «no creía que Cristina fuera candidata» sugería la posibilidad que no sólo el peronismo en su conjunto, sino el sector de la dirigencia que sigue a CFK buscaría una «cara nueva» para protagonizar la próxima puja electoral.

Ojo: es posible que el candidato presidencial de la coalición que encabece el peronismo -notarán que no digo FdT- en octubre 2023 sea otro u otra. Quizás, alguien impensable hoy. Pero Cristina hará la campaña. Ya la empezó a hacer.

(De paso: el tema de la campaña lo había anticipado en ese post, porque es bastante obvio: «Cuando Cristina era presidenta, la mayor parte de la gente vivía mejor que con Macri, o ahora con Alberto«. Los economistas pueden decir que la crisis actual comenzó en 2012, pero los votantes no hacen caso a los economistas. Está justificado: se equivocan tanto…).

En mi opinión, esta decisión de CFK es correcta… porque es inevitable. Como la experiencia Alberto ha confirmado, el liderazgo político no se fabrica. Cuando y si surja un nuevo liderazgo nacional en el peronismo, se lo habrá ganado por la suya.

¿Esto también le resuelve problemas a la coalición hoy opositora? Sí… hasta cierto punto. Carlos Pagni, uno de los dos insoportables que vale la pena leer, ya les advirtió: Macri se confió durante su gobierno en que la demonización de Cristina le garantizaba el apoyo de una mayoría suficiente de los votantes. No fue así.

Ni siquiera es absolutamente seguro que alcance para mantenerla unida. Pero es muy prematuro para que hasta yo me anime a pontificar sobre el asunto. Los cisnes negros que migran a Argentina…

Eso sí, cuando dije en el último post que no era el resultado de la elección en Brasil sino la campaña la que iluminaba la estrategia electoral en nuestro país, acerté a medias.

No es muy relevante la de Bolsonaro. Porque, como señaló acertadamente Julio Burdman, él y sus seguidores son nacionalistas, por los menos en los símbolos. Los aspirantes locales a bolsonaros y bolsonaras no lo son. Tampoco evangélicos, para el caso.

La de Lula, y su alianza con el centro derecha y el poder económico -simbolizada en Alckmin- marca un camino, que también parece inevitable ¿Me refiero a una fórmula Cristina-Massa, que ya aparece en los grupos de wasap de la fauna politizada? NO. Ninguna fórmula es un proyecto serio hasta (quizás bastante) después de marzo ´23. Para entonces, los primeros resultados de la gestión de Sergio habrán hablado, y definirán los límites de su propio proyecto.

Su función clave en la campaña que ya comenzó -además de parar algunos delirios- me imagino que será tejer esas alianzas imprescindibles con los actores económicos y sociales que desconfían del peronismo, pero también de esos otros delirantes, algunos refentes de Juntos x el Cambio.


El resultado de la elección en Brasil ¿le dirá algo a la política argentina? No. Eso sí, la campaña… sugiere un camino

octubre 29, 2022

Brasil es el socio inevitable de Argentina. No sólo en lo comercial; también en destino, en mi falible opinión. En el mundo que ya se empezó a configurar, no sólo necesitamos sumar a los dos países, y todo lo que se pueda de Latinoamérica, para contar para algo. Más inmediato: cualquier diferencia abierta entre los más grandes de América del sur es una ventana de oportunidad para potencias externas. Dos hermanos enfrentados cinco siglos atrás, Atahualpa y Huáscar, podrían dar testimonio.

Eso sí, cualquiera sabe que los socios suelen tener conflictos de intereses. Hasta, a veces, no se quieren, como nosotros y los brasucas nos queremos, sobre todo en futbol. Es humano. Pero hay que tolerarse, gente.

Quería decir esto, y ahora voy al punto: el resultado de mañana domingo, cualquiera sea, no anticipa nada sobre nuestras pujas locales. Las sociedades, y los estilos políticos, son muy distintos en nuestros dos países, como se da cuenta cualquiera que los conozca un poco.

Pero sí pienso que la campaña, el desarrollo de las estrategias electorales de los dos candidatos que se enfrentan mañana en las urnas, nos dice mucho, y relevante.

Ante todo, me interesa señalar un logro de ambos. Impresionante, si se toma en cuenta que Brasil no tiene la tradición argentina de grandes fuerzas políticas nacionales que perduran en el tiempo, como el radicalismo y el peronismo (aunque cambien sus programas y alianzas).

El PT, Partido dos Trabalhadores, fundado en 1980 como un movimiento de base sindical apoyado por la iglesia católica, nunca logró tener una estructura política propia con mayoría en el congreso, ni una fuerza considerable de gobernadores e intendentes.

Aún así, Lula ha logrado convertirse en el líder indiscutico -indiscutible- de la ¿mitad más uno? de brasileños y brasileñas, y el referente con el que tienen que dialogar los poderes fácticos dentro y fuera del Brasil.

Y lo de Jair Bolsonaro es aún más espectacular. Un diputado entre cientos, un político más, aunque popular en las redes sociales, cuando el Ejército brasileño decidió financiar su campaña presidencial, frente al visible deterioro del gobierno de Michel Temer.

Cuatro años después, el Trump Tropical ha reconfigurado la tradicional y poderosa Derecha brasileña. (Tal como el Donald transformó, y hegemoniza el Partido Republicano, el «Grand Old Party»). La carrera política del Bolso puede terminar mañana, o no, pero la coalición que armó y conduce, «Biblia, buey y bala*», seguirá existiendo como un bloque influyente que ni Lula ni ningún gobierno brasileño podrá ignorar.*

*(Para los que no siguen la política de nuestro vecino al norte: «biblia» son los evangélicos, «buey» los ganaderos y sojeros, que se preocupan menos que los europeos por la deforestación de la Amazonia, y «bala», las fuerzas de seguridad, que Jair ha cortejado tanto o más que aquí Patricia Bullrich.)

¿Cómo se formaron estas dos grandes coaliciones, que han absorbido todas las expresiones de la política en el Brasil, un país donde sus políticos tienen la tradición de saltar de partido y negociar sus votos uno a uno, sin que nadie se escandalice? La palabra clave es «polarización», gente.Trazar una clara línea divisoria entre «Ellos» y «Nosotros», y decir en las redes sociales que «Ellos» son corruptos que odian al pueblo y a la patria y practican pedofilia en ritos satánicos.

¿Que sólo una minoría, termocéfala o no muy estable psicológicamente se creerá todo? Y sí, pero no importa. El objetivo es crear una identidad de conjunto, un «Nosotros», claramente distinto y opuesto a «Ellos». Y no se molesten en buscar la receta en Laclau o en Gramsci: eso ya lo hacían en Bizancio, con los «Azules» y los «Verdes». Y se cargaban algunos emperadores, nomás.

Atención: importante como es esto, es sólo la mitad de la estrategia necesaria para ganar y gobernar. La otra mitad, imprescindible, requiere ocupar ese espacio del centro que queda vacío de expresiones políticas.

Así, Bolsonaro aumenta las asignaciones sociales, y no sólo en los últimos meses: fue una de las primeras medidas que tomó al asumir la presidencia. Y Lula lleva como vicepresidente a alguien que tiene mejores credenciales que el Bolso para representar al poder económico brasileño.

Nada sorprendente: los más pobres, el electorado principal por lejos al que Lula convoca, van a preferir reales a discursos. Si los reales se los da Bolso… Y Lula, que ya fue presidente dos veces de Brasil, sabe que sólo con discursos no se gobierna.

Por supuesto, este resumen que he hecho es una grosera simplificación. Pero en este post estoy hablando de política, no de sociología (como en la mayor parte de lo que subo al blog). Y no afirmo que necesariamente la próxima (bah, ya en curso) campaña electoral argentina ncesariamente -será así. Como puse en el título, la brasileña sugiere un camino.

No hablo, como nuestro poeta ciego, de un «destino suramericano».


Y si Cristina no es candidata ¿qué será de los peronistas? ¿y de los antiperonistas?

octubre 26, 2022

Este posteo es todavía menos serio de lo habitual, en mis propios términos. Porque estoy convencido que todos los «análisis» y encuestas sobre candidatos -tan de moda en estos días- son un poco ridículos.

Falta un año para las elecciones, gente ¿Cuántos «favoritos», o serios «challengers» un año antes fueron los ganadores cuando se contaron los votos, en nuestra historia moderna? Alguno de los que ganaron no figuraba en los pronósticos publicados seis meses antes. Néstor Kirchner, me viene a la memoria

Ojo: si Ud. que lee esto quiere ser candidato o candidata, debería haber empezado su campaña hace al menos 24 meses. Pero eso no quiere decir que debe anunciar que quiere ser presidente/a; debe hacerse conocido y, en lo posible, valorado, nomás.

Entonces ¿por qué me interesó tanto que un vocero que uno asume autorizado -su primogénito- dijera que creía que CFK no iba a ser candidata? Porque plantea la posibilidad de un hecho nuevo en el confuso, y un poco aburrido a esta altura, escenario local.

Entiéndanme: la novedad no es que ella no sea candidata a la Presidencia. No lo fue en 2015, ni tampoco en 2019, aunque estaba en la boleta (que no es lo mismo).

El hecho nuevo, posible, es que los votantes y los que aspiran a ser votados se convenzan que ella no va a jugar por el premio mayor. Falta para que se convenzan, eh, aunque Máximo lo jure sobre los evangelios. Pero es un paso, planteado bastante tiempo antes de las elecciones, en el camino de convencer a sus posibles votantes que no será candidata a Presidenta.

Por supuesto, NO significaría que deja de ser una protagonista poderosa en la política argentina. La crítica que acaba de hacer esta mañana al aumento autorizado por el gobierno a las prepagas lo deja muy claro, por si alguien tenía dudas.

Pero si esas señales de que no será candidata presidencial continuan, bastantes argentinos de a pie se convencerán. Y eso le cambia todo el mapa a los que aspiran a ser votados.

A los de Este Lado, porque los posibles votantes de Cristina Kirchner son vistos por todos, con razón, como el sector más numeroso de los potenciales votantes del Frente de Todos, o como se llame en el futuro la coalición que reunió a los sectores oficialistas y a los que están dejando de serlo en estos meses.

Y a los del Otro Lado, porque el rechazo al discurso y a la personalidad asertiva de CFK ha sido y es el principal elemento que une a las partes de una coalición aún más heterogénea que la (ex-) oficialista.

¿Significa que cuando y si la dirigencia política se convenza que no hay un bloque importante de votos que traccionaría una candidatura presidencial de Cristina -su «dedo» seguirá siendo un factor a considerar, pero después del experimento Alberto ya no sería decisivo- se desarmarán las dos grandes coaliciones que hegemonizan las dos últimas elecciones presidenciales?

Es posible, pero no probable, en mi falible opinión. Las recompensas de ocupar el gobierno del Estado nacional son grandes y numerosas. Es un factor de cohesión. Y ninguno de los sectores que componen a ambas tiene hoy mejores chances de llegar o mantenerse en el gobierno que en el seno de una coalición.

Lo que sí aseguraría es que, aunque sean prematuras, las especulaciones y maniobras en torno a posibles candidaturas presidenciales se vuelvan aún más intensas y locas de lo que ya son. Después de todo, desde que Roca recuperó para la Nación la ciudad y el puerto de Buenos Aires, 142 años atrás, la puja por la Presidencia es el factor que ordena al conjunto de la política argentina.

El desafío será fundamental para el peronismo, que -dije una y otra vez que es un dato clave para entender qué pasa en él- en donde desde 2013 no ha crecido otra figura nacional que pueda competir, o reemplazar a Cristina Kirchner.


«Por otro 17…»

octubre 17, 2022

Hace 15 años que mantengo este blog, y cada 17 de octubre -creo, no me puse a revisarlo- escribí algo para esta fecha. Me parece recordar que siempre traté de poner emoción, epica, aunque no es mi cuerda (Además, ¿quién podría igualar lo de Marechal?).

Pero es inevitable, para los que nos hicimos peronistas antes del ´83. No estuve, claro, en la Plaza en el ´45, ni tampoco en la Resistencia. Quedan muy pocos… Pero mi primer 17 fue un acto relámpago, cerca de Once, y finalizó escapando de la cana. Eran los años de Onganía.

Corto con la nostalgia. Puede servirle a uno, pero no al colectivo que importa, que es el país. Retomo mi cuerda, que es el análisis frío (por algo elegí como avatar en twitter la imagen del primer pensador moderno, Niccolo Macchiavelli).

Y empiezo con una pregunta incómoda ¿cuánta vigencia tiene hoy ese mito fundamental del peronismo? Después de 77 años que cambiaron a la Argentina y al mundo, puede volver a darse esa conjunción de pueblo, plaza y líder, y volver a cambiar la historia?

Bueno, justamente hoy se hace ese llamado desde un blog. La «Corriente kirchnerista de Santa Fe», es el vocero más consistente de un peronismo cristinista -hasta donde yo conozco- en lo que queda de la bloguería. Y yo, que no me considero cristinista -algo difícil para un peronista de mi generación; a los veteranos de la izquierda les sale más fácil- encuentro que es un planteo que merece reflexión.

Pues reconozco un hecho evidente: el de CFK es el único liderazgo nacional que hay en el peronismo. Es cierto que muchos peronistas, y aún más votantes del peronismo, no tienen ese vínculo emocional con Cristina que es la esencia de un liderazgo. Pero tampoco hoy lo tienen con ninguna otra figura, salvo muy pequeños grupos de entusiastas.

No quiero que me malinterpreten (¡por Dios, no!) Hay liderazgos fuertes en el peronismo, y que cuentan con militantes que son un elemento de poder políticos. Conducciones sindicales, gobernadores, intendentes. Pero ninguno hoy es, o se plantea, como un líder nacional. No ha surgido ninguno después de la derrota electoral de 2015, y ese -insistí muchas veces- es un dato clave. Hasta para Sergio Massa -el intento más audaz de construirlo- su mejor momento fue en 2013.

En un enfoque desde la comunicación política, aparece como inevitable que en una sociedad polarizada -Argentina lo está. como muchas otras- una campaña electoral se encare con la reinvidicación de las gestiones de Cristina Kirchner. O, desde el otro lado, tratando de sumar a todos los que están contra ella.

Entonces ¿da para otro 17? Alberto Fernández ¿podría ser un Farrell civil y socialdemócrata? ¿Sergio Berni, da para un Filomeno Velazco? Hmm. Al que no lo veo por ningún lado es al G.O.U.

Pero sería un error enfocarse en las circunstancias. La Historia rima, pero no se repite. Lo que me parece fundamental es preguntarse por el proyecto que podría, debería tener «otro 17». La misión histórica, en un lenguaje más ampuloso.

Y no podría dejar de ser muy distinta. El peronismo fundacional dio identidad política y protagonismo a los trabajadores industriales. Apoyado en ellos, y en la «Argentina profunda» de las provincias pobres -casi todas lo eran- puso las estructuras económicas y sociales, y el etos, de una Argentina más industrial y más igualitaria. Cuyas bases se habían empezado a construir con el reemplazo de importaciones que forzó la Gran Depresión del ’30 y la 2da. Guerra Muncial. Ese proyecto social tenía bastante fuerza para sobrevivir al derrocamiento de Perón en 1955.

Perduró y siguió creciendo -muy buenos índices en la producción industrial, por ejemplo- en medio de proscripciones, represión y asonadas militares, hasta 1975/76. Después, empieza «la larga agonía de la Argentina peronista» (Halperin Donghi dixit).

Quizás las bases económicas de ese proyecto -proteccionismo, mercado interno, exportaciones hacia los países limítrofes- estaban agotadas. Eso merece un análisis más profundo que el que yo puedo darle. El hecho que también me parece evidente es que, de algún modo, seguimos en esa «larga agonía».

Los distintos intentos de construir un proyecto estable sobre otras bases -el feroz Proceso del ´76 al ´83, Menem-Cavallo, ´89-´99, el reciente de Macri, fracasaron estrenduosamente, con costos sociales y estructurales altísimos.

A De la Rúa le cayó el techo encima, y Duhalde improvisó un rescate. Pero no eran proyectos.

Las gestiones Kirchner -2003-2015- dieron estabilidad, algo de distribución y algo de prosperidad, con ayuda de la demanda china. Pero no modificaron el capitalismo prebendario consolidado en los 10 años de Menem (que ya venía de antes, eh). Hasta se podría hablar de una larga agonía de la Argentina menemista, si ésta no hubiera muerto en el 2001. Quedó vigente un sistema económico en que el camino más rápido para la acumulación de capital es extraerselo al Estado, y el más seguro para conservarlo es llevarlo afuera.

Entonces, creo que el proyecto pendiente, la «misión histórica» a emprender, es una refundación -si uno elgie el lenguaje épico- o una adaptación -si se elige un término que usaba Perón- de las estructuras políticas, sociales y económicas de nuestro país. Volver a 1945, o a 2015… No hay máquinas del tiempo.


La «Nueva Derecha» a la que no se habría visto venir

octubre 9, 2022

Empiezo, como otras veces, abriendo el paraguas. Este es un tema que merece un análisis más profundo que el que ahora puedo dedicarle. Pero ayer escuché en el auto un reportaje a un politólogo, Andrés Malamud, que me hizo pensar (¡claro que no es imposible!).

Es que tomó el tema de mi posteo anterior -cómo las encuestas en Brasil estuvieron bastante cerca del % de votos que sumó Lula, un 48+, pero fallaron, mal, subestimando el voto a Bolsonaro- y apuntó que ese era sólo un caso entre otros. Las encuestas fallaron notoriamente en predecir el triunfo de Trump, y también el Brexit, por ejemplo. Sostuvo que había un sesgo en los encuestadores que les impedía registrar opiniones fuera del marco de un convencional, y aburrido, «centro derecha» o de un abierto procapitalismo republicano de Reagan o Thatcher. Creo que tiene razón.

Es la causa que A. M. esbozó lo que no me convence. Sugiere que el encuestado, derechoso y furioso, lo ve al encuestador en la «izquierda» y le miente o no le contesta. Esto es estigmatización, amigos. No todos los encuestadores, ni siquiera todos los sociólogos, son progres. Pero además -disculpe, don Andrés- es superficial.

El fenómeno de la «derecha alternativa», como la llaman acertadamente los yanquis, no sólo irrumpió con fuerza en Brasil y en EE.UU. Ganó en elecciones limpias en Italia, en Hungría, en ¡Suecia!, y es un actor político importante y ruidoso en casi todos los países de la Unión Europea. Y en nuestra Argentina… al menos es ruidoso. El año que viene sabremos si puede construir poder.

El punto que quiero hacer es que, en mi falible opinión, la «nueva derecha» no tiene nada de nueva, y la vieron venir, hace más de un siglo, con miradas opuestas, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud (entre otros). Pero la sabiduría convencional de encuestadores y politólogos -la división entre «izquierdas» y «derechas» que se alternan civilizadamente, el consenso hegemónico en Occiidente luego de la 2da. Guerra Mundial- les dificulta verlo.

Me apuro a decir que no estoy afirmando que es una variante actual del fascismo. No. El fascismo, en todas sus versiones, italiana, alemana, otras, se planteaba concentrar todo el poder en el Estado, y militarizar la sociedad. Esta «derecha» tiene una veta anarquista, desconfía del Estado porque le quiere cobrar impuestos, y aprecia más a la policía que al ejército. En Europa su «etos» es casi opuesto al viejo fascismo: Mussolinis quería conquistar Libia y Etiopía; los «alternativos» europeos tienen miedo que los morochos los invadan a ellos.

Los alternativos nuestros se quejan furiosamente de que bolivianos y paraguayos usan gratis nuestros hospitales. Como proyecto imperial, o siquiera de afirmación nacionalista, es pobre.

Lo que sí puede decirse es que estas corrientes de la «derecha alternativa» son, como los viejos fascismos, fenómenos sociopolíticos que se dan en el seno de sociedades que comparten alguna versión de la civilización occidental (como nosotros, incluyendo los compatriotas que se autoperciben mapuches, comechingones o futuros ciudadanos de algún país de la Unión Europea). Pero los «alt right», como esos viejos fascismos, expresan, al menos de palabra y a veces en los hechos un rechazo a la «corrección político», o, como se decía antes, la «moral burguesa».

No han leído a Nietzsche -la mayoría no lee, y el filósofo alemán no está en youtube, creo- y por eso no hablan de «moral de esclavos». Pero sí algo conocen de Ayn Rand -una Nietzsche en versión para hombres de negocios y ejecutivos juniors- y rechazan las nociones de altruísmo, solidaridad, justicia social, como mentiras hipócritas para esclavizarlos a ellos. Empezando por cobrarles impuestos.

Esta mezcla de opiniones, actitudes y fastidios se extiende por el mundo -la parte que no está en guerra o controlada por un Estado autoritario- y por supuesto entre nosotros. No va a ser frenada si esas virtudes de altruísmo, solidaridad, justicia social, son predicadas por gente que tiene buenos ingresos y no consiguen hacer nada eficaz para mejorar la suerte de los que están más abajo (Eso alimenta entre los que están en el medio esas acusaciones de hipocresía).

De todos modos, la solidaridad sólo se ejerce en el marco de una identidad común. En nuestra sociedad, enfrentada, «agrietada» en dos realidades políticas y casi culturales, el peronismo y el antiperonismo, es una propuesta difícil de llevar adelante.

El único elemento posible de identidad común que podría unirnos es el patriotismo. Como digo arriba, es difícil, pero vale la pena intentarlo.


Esperando a Lula, pensando en Argentina

octubre 1, 2022

Según los datos de todas las encuestadoras serias y más o menos serias de Brasil, que mostramos aquí en AgendAR, Lula triunfará mañana. Quedan dos incógnitas: si le alcanzará para ganar en el «primer turno», o la campaña se extenderá por un largo octubre. La otra, más inquietante, es si Bolsonaro y sus apoyos aceptarán un triunfo de Lula, ahora o el 30/10, o habrá enfrentamientos violentos y un largo período de inestabilidad.

Como sea, nosotros este domingo vamos a ser espectadores… muy interesados. Nuestro principal cliente (en particular, de productos manufacturados), la 8va. economía del mundo, según el Banco Mundial. Sobre todo, nuestro socio imprescindible, si América del Sur va a ser en esta década algo más que un peón en el juego de ajedrez global.

La cosa es que me puse a pensar en los parecidos y diferencias entre ellos y nosotros, y si nos dicen algo importante. Las circunstancias, las sociedades, las economías, y los liderazgos políticos, son muy distintos. Pero los proyectos de poder que se enfrentan… no tanto.

Allí se enfrentan mañana una coalición difusa -el partido político que es su núcleo tiene menos historia y menos presencia en todo su territorio que entre nosotros, pero eso no hace a nuestra coalición más coherente, como podemos ver. Esta coalición, la que lleva a Lula como candidato, tiene un lejano pasado de luchas sindicales, pero hoy los une un «progresismo soft» y, sobre todo, la memoria de un tiempo de distribucionismo moderado y el crecimiento del nivel de vida de los más pobres y excluidos. Mostró cuando gobernaba que podía negociar con la mayoría de los sectores del poder económico. Y hoy se muestra muy dispuesta a hacerlo: el candidato a vice de Lula es el paulista Geraldo Alckmin, dirigente del centro derecha (con acento en la derecha).

Del otro lado, también hay una coalición diversa, la que lleva al ex paracaidista Bolsonaro. Incluye, por supuesto, a sectores «enragé» del poder económico y de los poderes fácticos: del militar, del judicial, pero su masa de votos se la da el rechazo a Lula y al «progresismo soft». Hasta donde pude apreciar (muy poco) en una reciente visita, es el rechazo -la desconfianza, el temor- a los más pobres y a las dirigencias que se apoyan en ellos. No me digan que no encuentran algunos parecidos con el caso argento…

Bueno, parece que Lula va a ganar. Como dijo un ingenioso tuitero hace pocos días, la forma infalible de derrotar a la ultraderecha es dejarla gobernar. El que viva -unas 36 horas- lo verá.

Aprovecho para agregar un llamado al incombustible Daniel Scioli y, en general, a quienes tienen responsabilidades allí y aquí. Puede abrirse -no una ventana, una puerta- de oportunidad para avanzar en una alianza más estrecha con Brasil. Las dos Grandes Potencias -y las Potencias residuales- están ocupadas con un desafío más peligroso y más urgente en Ucrania, y otro no tan apremiante pero aún más grande en el Indo-Pacífico. En otra circunstancia parecida armamos y avanzamos con el Mercosur.

Si se pudiera pensar en algo más que en integrar algunos sectores productivos -como se hizo con la industria automotriz- y también en no ignorar a los socios menores -como hicimos con Paraguay y Uruguay… Supongo que es pedir mucho.


Un comentario superficial del plebiscito chileno de hoy

septiembre 4, 2022

Aclaré «de hoy», 4/9/22, porque Chile ha tenido, desde el histórico «No» a Pinochet en 1988, varios plebiscitos y elecciones plebiscitarias, donde se decidía, a cara o ceca, el destino del país.

Como no soy un experto en Chile, y este es un blog superficial, me voy a referir a los de estos últimos años. Que son los que encuentro que nos dicen algo útil para las estrategias políticas en Argentina.

Piñera, un mandatario bastante inteligente y prudente, para lo que son los conservadores chilenos, se encontró un día -seguro que con sorpresa- que una importante mayoría de su pueblo lo rechazaba, primero con manifestaciones y luego en las urnas.

Cuando hubo que elegir a su sucesor, se formaron dos coaliciones, en parte orgánicas y en otra parte amontonadas por la coyuntura. A la izquierda, Gabriel Boric, una cara nueva, joven, y que trató de aparecer -y ser, supongo- a la vez moderada y auténtica. A la derecha, José Antonio Kast, otra cara nueva, aunque no tan joven, que trató de expresar el temor y la desconfianza que muchos chilenos sienten por las propuestas de izquierda.

Boric ganó claramente.

Empezó a gobernar, con los problemas que siempre encuentra un gobierno, salvo en Narnia, pero nada demasiado grave, para los antecedentes históricos. No tuvo que fusilar a los marinos de Cronstadt, por ejemplo.

De cualquier forma, el punto que nos lleva al plebiscito de hoy, es que al mismo tiempo se empezó a desarrollar un proceso de reforma constitucional, como se había comprometido el candidato triunfante.

En ese proceso, en el que influyeron resultados electorales, acuerdos y debates internos, las «minorías intensas» (el término les debe sonar a los lectores de este blog) de la coalición triunfante, se transformaron en la «mayoría intensa», de Su Lado, y se impusieron, hasta cierto punto, en el diseño del nuevo proyecto constitucional. Tampoco tan revolucionario, hasta donde puede juzgarlo uno desde aquí. No iban a «asaltar el cielo».

Pero parece ser que incluía aspectos que sectores de esa «mayoría mayor», que había apoyado a Boric ante Kast, no compartía ¿Reformas sociales sí, estado plurinacional no? No puedo estar seguro, lejos de Chile y hasta algo lejos de Argentina. Pero lo evidente es que algo del proyecto no los convenció.

¿Alguna moraleja para nosotros? Bueno, aquí muchos tuiteros -digitales intensos, por definición- salieron a explicar que fue el poder diabólico de los medios hegemónicos. Que tienen poder, por supuesto, o si no, no tendrían sponsors. Nadie pone pauta por caridad. Pero eso no explica porqué no decidieron en esos plebiscitos anteriores.

En mi opinión, la moraleja es que cualquier fuerza política debe establecer prioridades en sus objetivos, y considerarse ganadora si logra la mitad más importante. Pero eso ya se dijo antes, mejor.


Algunas cosas que pensé al enterarme del atentado contra Cristina KIrchner

septiembre 3, 2022

¿Por qué escribo de lo que yo sentí? ¿A quién pueden importarle las reacciones de un individuo en momentos como éste? Pasa que la solidaridad o la indignación, desde lejos, son demasiado automáticas. Prefiero tratar de reflexionar. Y de prever.

El hecho me sorprendió fuera de Argentina. No es la primera vez que me sacude una noticia en el exterior -cuando el atentado a la AMIA pasó lo mismo, por ejemplo- pero nunca había sentido que, si hubiera ocurrido en forma sólo un poco distinta, yo ya no volvería al mismo país.

No creo que habría empezado una guerra civil, como muchos dicen en las redes o mensajes personales. Las guerras requieren armas y ejércitos, que hoy no están disponibles. Sí, segurament, manifestaciones violentas y destructivas, que se prolongarían por semanas y meses, como hemos visto hace poco en Chile, Colombia, Ecuador.. Y la deslegitimación de cualquier gobierno y de cualquier acuerdo. Otra etapa más de derrumbe en Argentina.

Tuvimos suerte. No debemos pensar que la seguiremos teniendo siempre. Ahora y aquí es demasiado fácil atacar a una figura pública cuando al agresor no le importa el riesgo de ser arrestado, o aún de ser linchado. Y el odio ha sido sembrado abundantemente. Como escribí en el posteo anterior -justo! Cristina y las mayorías intensas– no habría crecido tanto si no hubiera terreno fértil para eso.

Para demasiada gente en la sociedad moderna, el odio y el desprecio hacia otros es una forma, patética, de tener una identidad. La mayoría se desahoga en el supuesto anonimato de las redes, o en los mensajes de wasap, pero siempre alguno violento o loco que quiere llevarlo a la realidad.

No necesito estar en Argentina para monitorear que la violencia digital desenfrenada continúa.

Frente a este episodio, algunos dirigentes se han dado cuenta del riesgo y tratarán de «bajar un cambio», pero la lógica de la competencia interna a la que me referí, no les va a permitir dejar a sus rivales los seguidores -muchos- que comparten el odio o al menos la bronca.

¿Qué sugiero hacer? Tomar en serio la seguridad de las figuras públicas. Custodiarlas en forma permanente, con personal preparado para esa tarea.

A los dirigentes del gobierno y también a cabezas de la oposición y del poder judicial, porque cualquier víctima puede servir -hay muchos ejemplos- como un disparador. No es una misión imposible, si se encara con profesionalidad. En Estados Unidos, donde aparentemente -por el número de tiroteos masivos que se registra- habría un % de chiflados más alto que aquí, y ciertamente es más fácil conseguir armas modernas, no ha habido un atentado exitoso contra un Presidente desde la muerte de Kennedy, cincuenta años atrás.

No protegerá de los intentos de asesinato que encaren asesinos profesionales. Pero esos no están influidos por las campañas de odio. «Just business».

Si la protección de los posibles blancos se encara en serio, va a obligar a las figuras públcas a vivir bajo una supervisión constante. Pero no es sólo su protección, sino la de todos nosotros. Y al que no lo tolere, pues, como sugirió la misma Cristina, «que se busque otro trabajo».


A %d blogueros les gusta esto: