Fórmulas y preocupaciones

mayo 29, 2019

Uno no tiene tiempo para los análisis políticos profundos (y no está demostrado que tenga la capacidad). Demasiados acontecimientos, que uno se entera por Twiter. Y tengo que trabajar además.

Pero se están jugando cosas importantes y cercanas, y siento la necesidad de hablar. Hice un resumen muy sintético para AgendAR de los hechos, y ahora les doy mi opinión en estos mensajes que ayer a la tarde envié a algunos amigos en un grupo de wasap.

Compañeros, compañeras, desde la (poca) sabiduría que dan los años, los invito a que no se coman los amagues. Aunque sean reales.

Me explico: el anuncio de Massa -que también hizo Schiaretti- sobre las PASO de Alternativa Federal aparece como una respuesta a la fórmula para la provincia de Buenos Aires encabezada por Kicillof. Una refirmación cristinista respondida por una apelación a los votantes peronistas no K de Buenos Aires, Córdoba y otros lugares que sientan hostilidad o desconfianza hacia los progres.

Señalo dos cosas: 1) No estoy seguro que el orden de las jugadas haya sido ese. Los Fernández y sus operadores privilegiaban la alianza con Sergio Massa. Por razones evidentes. 2) Ninguno de los dos anuncios tienen otra realidad que la mediática. En los juzgados todavía no hay nada. Y uno conoce a muchos candidatos que resbalaron en la entrada del juzgado y jamás se levantaron. Este jueves 30 hay un plenario del Frente Renovador, y ahí hay muchos que miran con ganas el otro lado de la cerca, porque ahí ven más votos.

Faltan también precisar otros elementos importantes. Uno clave: el candidato a gobernador de Buenos Aires de Alternativa (El nombre de Narváez no es una propuesta seria). Y -un dato jurídico- el punto 4° del anuncio de Sergio es ilegal: distintos candidatos en las PASO no pueden tener la misma lista de diputados.

Es cierto que las barreras legales no son infranqueables en estos tiempos macristas. Es cierto también que dar marcha atrás con alguno de estos anuncios tendría un costo político no menor. Mi punto central es que estamos en la etapa de cierre de listas. Y todos conocemos la histeria de las últimas horas. El libro de pases funciona a altísima velocidad.

Por algo Lorenzo -hombre sabio y prudente si los hubo- armaba las listas en la noche de cierre. No quería que los que quedaban afuera tuvieran tiempo de armar otra.

Ahora, demos por hecho que en tres semanas, el 22/6 nos enfrentemos a un escenario electoral de cuatro opciones principales: Frente Patriótico, Cambiemos, Alternativa Federal, y Lavagna Sin Paso. Es un escenario posible, quizás hasta probable, es cierto. Pero que no me parece muy negativo.

Seguro, uno ha estado muchos años en el peronismo; no puedo considerarme un observador neutral (ese animal no existe, además). Y mantengo la histórica solidaridad de nosotros, los Fernández. Pero hay algunos hechos poderosos que afirman mi optimismo.

En cuanto a Cambiemos, los datos de la economía y su dinámica, me indican que el Mauricio está de salida. En realidad, se me ocurre que si Sergio no arregla aquí, es porque tiene la ilusión de un balotaje en noviembre entre dos ex Jefes de Gabinete de Cristina Fernández.

También es posible. Pero hoy CFK asegura muchos, muchos votos en el conurbano bonaerense y en las provincias más pobladas del Norte. Son porcentajes muy altos. Y una adhesión importante en el resto del país. Es cierto que también provoca rechazo en proporciones no menores, pero ahí está el sentido de la candidatura del Alberto F. (además de una lectura de la realidad geopolítica, que no es la de 2003). Seguro, se necesitará una campaña muy inteligente.


Fernández-CFK. Movió la dama

mayo 19, 2019

Una confesión: el título inicial de este posteo iba a ser: “El orden de los Fernández altera el producto”. Creo que es cierto, pero no corresponde que trate de hacerme el ingenioso, y menos pontificar. Después de mucho tiempo viviendo la política argentina, pensé que nada me iba a sorprender demasiado. Cristina lo hizo.

(Los que rastrean datos para las efemérides en los diarios, encontrarán a Framini-Perón como una fórmula provisoria en las elecciones de gobernador de Buenos Aires en 1962. Nada que ver. Cristina no es Perón, Alberto F. no tiene nada de Framini, y la Argentina y el mundo de hoy son todavía más diferentes de aquellos).

Desde hace más de dos años mantuve, en este blog y en el mundo real, que Cristina Fernández de Kirchner iba a ser la candidata presidencial del peronismo, salvo un hecho ajeno a la política. El motivo era, es, que el peronismo, más, toda la oposición al gobierno de Macri, no había producido otro liderazgo en condiciones de competir electoralmente con el suyo. El tema lo volví a desarrollar hace pocos días aquí, y recomiendo volver a leerlo, si creen que vale la pena conocer lo que pienso. A pesar que mi pronóstico resultó equivocado.

Como sea, sigue siendo una pregunta válida porqué no apareció ese reemplazo después de 2015, pero ya es abstracta, diría un abogado. La jugada de Cristina, imprevista por todos, enfrenta brillantemente los problemas de la transmisión del “carisma electoral” y de la sucesión. Y crea problemas nuevos, por supuesto.

El problema que enfrenta: el más importante lo describí así: “el fastidio con (elementos de) la experiencia kirchnerista, que se expresó en las elecciones legislativas de 2013 y 2017, y en la presidencial de 2015 fue decisivo en la derrota de un candidato no demasiado K como Scioli, sigue existiendo. No ha encontrado todavía un liderazgo (además del muy deteriorado de Macri). Pero… sin sumar a su proyecto a esos peronistas -o “sociológicamente peronistas”, la porción más dinámica de los muy diversos sectores medios argentinos- a cualquier peronismo, a cualquier propuesta política, le resultará difícil triunfar. Y muy difícil gobernar“. El talentoso amigo Martín Rodríguez dice que una oferta peronista hoy debe sumar “orden y progresismo”, y creo que puede ser otra forma de decirlo.

Pero hay otro factor, que en lo electoral, es decir, en la batalla inmediata, pesa y mucho: el “partido del Odio”. Cualquiera que vive o vivió en Argentina, en estos años puede saber a que me refiero: la hostilidad histérica que despierta en muchos, muchísimos compatriotas Cristina. Una hostilidad mayor, más intensa que lo que permanece del viejo antiperonismo, que la que provoca cualquier otra figura del “kirchnerismo”. No es mayoritaria, y está concentrada con un sesgo fuerte entre los (y las) mayores de 50, pero es el núcleo duro y vocal de ese “fastidio” con la experiencia kirchnerista que mencioné.

En términos prácticos, es decir, electorales, es la herramienta clave a la que apuesta el gobierno, que ya sabe que ha dejado de ser la primera mayoría, para reconstruir lo que Ignacio Zuleta, el más lúcido de los radicales cambiemitas, bautizó el “partido del ballotage”. Sumar en octubre -no en agosto- a todos los que no les gusta la idea de Cristina Presidenta otra vez.

Esta movida enfrenta ese problema ¿Puede decirse que lo soluciona? No. Es difícil ver en Alberto F. a un Nelson Mandela (me dicen que ayer a la tarde en el Patio Bullrich -of course- el partido del Odio le dedicó un pequeño acto)(*). Y seguramente la AFI encontrará periodistas y locatarios de Comodoro Py que a su vez encontrarán indicios que sugieran que es corrupto, pedófilo, y saboteó al ARA San Juan.

Todo depende de la campaña que lleve adelante la fórmula Alberto F-CFK. Campaña de la que las PASO serán eso, un paso importante. Pero entiendo que serán capaces de aislar a ese partido del Odio (borgianamente incorregible), de los mucho más numerosos fastidiados / desconfiados.

Los problemas que crea: el más importante, obvio, es el del poder. El problema más real de todos. En la Argentina, como en todos los países presidencialistas y más que en la mayoría de los democráticos, el poder político y el del manejo del Presupuesto Nacional lo tiene el Presidente. El Vice… su función es tocar la campanilla en el Senado. Pero Cristina Fernández de Kirchner tiene un liderazgo político considerable y una voluntad de poder evidente. La convivencia no será fácil. Si uno puede mantener una expectativa razonablemente optimista, es porque ella ha demostrado ayer que puede hacer un sacrificio importante si la lectura de las relaciones de poder le convence que es necesario.

Otro problema, mucho menor a mi modo de ver, es una parte de la militancia “cristinista” (un mal nombre; valga como resumen) que se siente desilusionada y herida porque cree que Alberto Fernández no va a hacer la Revolución ni luchar contra el Imperio. Estimo que es minoritaria (el peronismo es una filosofía práctica, además de humanista), y, sobre todo, es inofensiva. Seguirán luchando en las redes sociales, que es menos costoso, especialmente para el pueblo, que otros caminos que se tomaron hace medio siglo.

Tienen razón, eso sí, en que el nuevo gobierno peronista, si triunfa, probablemente no hará más en esa dirección que lo que hicieron en sus respectivos mandatos Néstor y Cristina. Probablemente menos en algunos campos, porque, como dijo CFK en el video de ayer, el mundo ha cambiado desde 2003-15. Eso dará, también, oportunidad de encarar nuevos  desafíos, lo que depende de los argentinos en general, no sólo de la fórmula presidencial. Y también se puede ser razonablemente optimista en que será un gobierno mejor que el de Mauricio Macri. Con poco de esfuerzo y suerte, puede ser mucho mejor.

(*): Un amable lector me corrige. El acto del “partido del odio” en el Patio Bullrich dedicado a Alberto Fernández fue hace 3 años. Igual, es muy improbable que se hayan muerto todos, aunque los inviernos son crueles.


Los resultados de Córdoba

mayo 13, 2019

De cuando en cuando subo al portal AgendAR algún material del blog. Lo más usual es un artículo sobre un tema tecnológico, y patriótico, de Daniel Arias. Pero ahora es al revés: subo al blog una nota que se publicó esta madrugada en el portal. Está escrita en el estilo obligadamente aséptico de un medio dedicado a la producción argentina, pero el tema no es aséptico para nada, tengo que decirles.

Juan Schiaretti (Hacemos por Córdoba) 54,71%

Mario Negri (Córdoba Cambia) 17,78%

Ramón Mestre (Unión Cívica Radical) 10,97%

Sobre estas cifras provisorias, todos los medios nacionales ya escriben y hablan en radio y TV. Para no abrumar a los lectores de AgendAR, gente ocupada, vamos a ser breves y tratar de no repetir lo que ya se dice.

Empezamos por marcar que el resultado de esta elección tiene dos caras. Como en una moneda, inseparables pero distintas. Una es la derrota de Cambiemos, y es la más fácil de prever posibles consecuencias. La otra cara, es la victoria del gobernador Schiaretti y el peronismo cordobés.

La derrota de la coalición oficialista en Córdoba es muy dura, pero lo más grave es que puede verse como la última, hasta ahora, de una serie en las elecciones de este año. En desorden y sin distinguir entre PASO, internas, a gobernador: Entre Ríos, La Pampa, Chubut, San Juan, Neuquén, Río Negro, Santa Fe y ahora Córdoba. Son provincias y comicios diferentes, pero el conjunto da un mensaje que parece muy claro: la coalición oficialista Cambiemos ha perdido viabilidad electoral, a lo largo y a lo ancho del país. Sus posibilidades de triunfo en octubre son bajas. No hay un dirigente político en la Argentina, de cualquier ideología, que no esté sacando conclusiones a partir de ese hecho (también el gobernador Schiaretti, por supuesto).

Tengamos en cuenta la circunstancia, no menor, que la derrota en Córdoba es un golpe muy fuerte, más que cualquier otro hasta ahora. Es la segunda provincia, en población y en industria. Y ha sido históricamente el bastión de la Unión Cívica Radical, la estructura política nacional en torno a la cual se armó Cambiemos (aunque los votos eran a Macri, y la campaña la pensaba Durán Barba, los fiscales, los comités, los locales en casi todo el país eran radicales). Y ayer perdió hasta Córdoba Capital, que seguía siendo radical aunque el gobernador fuera peronista.

Otros dos puntos a tomar en cuenta: la UCR fue dividida -ninguno de los dos sectores se identificó en la campaña con el gobierno nacional, dicho sea de paso- y la suma de los dos quedó bien abajo de los votos de Schiaretti. Pero, el sector «cambiemita» sacó más que los radicales «puros». Sólo puede preverse confusión y amargura cuando el 27 de mayo se reúna la Convención Nacional de la U.C.R. No parece probable que acuerden una estrategia única.

Por otro lado, en el gobierno nacional ya han decidido una estrategia: El candidato es Macri, y su campaña tendrá -tiene ya- una única consigna: vótennos para evitar el retorno al pasado, que es Cristina Kirchner, que es Maduro con faldas. Cualquier otro mensaje se ve como una peligrosa desviación. ¿Podrán sostenerla, después de esta sucesión de derrotas, y de previsibles tormentas económicas?

ooo

El triunfo de Juan Schiaretti a la cabeza del peronismo cordobés es impresionante: desde 1983 que ningún candidato conseguía en la provincia un porcentaje de votos parecido. Irónicamente, en ese año lo obtuvo el radical Eduardo Angeloz, que tuvo el arrastre de la marea radical que produjo la candidatura de Raúl Alfonsín. En este caso, Schiaretti no contó con ningún arrastre nacional a favor (Puede decirse que lo favoreció el «arrastre» negativo de Cambiemos).

Nunca un gobernador dejó tan atrás en la votación al segundo. El récord era del mismo Angeloz en aquella elección del ´83, con 16.58% frente al peronismo. Ahora, la ventaja sería de un 30%.

Y nunca un peronista había ganado la capital de la provincia, cuya intendencia ahora ocupará Martín Llaryora.

Es la sexta victoria consecutiva del peronismo cordobés: tres veces el recordado José Manuel De la Sota y tres veces el «Gringo» Schiaretti. Después de este triunfo, su figura en el escenario nacional -que ya tenía peso- se agranda. Y las miradas de políticos y politizados en todo el país se vuelven hacia él.

En una columna que subimos ayer sobre este tema decíamos: «esos votantes (cordobeses) distinguen entre elecciones provinciales y nacionales. Que en Córdoba han estado separadas desde hace largo. … En todas las elecciones recientes para cargos nacionales, en las presidenciales y en las legislativas, el oficialismo local fue superado por otras propuestas alineadas con las opciones nacionales: en la primera vuelta presidencial de 2015, aún cuando de la Sota fue el principal aliado de Massa, no logró que este sacara en Córdoba más del 20% de los votos, apenas por encima de Scioli y más de treinta puntos atrás de Macri; en 2011 de la Sota ya se había visto obligado a retirar su lista para diputados nacionales, para evitar una derrota aplastante ante la de Cristina (lo que ahora hizo CFK con su lista de candidatos locales); en 2017, Unión por Córdoba recibió solo 30% de las adhesiones, casi veinte puntos menos que Cambiemos«.

«Es probable que Juan Schiaretti -que conoce muy de cerca estos números- se maneje con mucha prudencia en el escenario nacional. Después de todo, el gobernador de Córdoba, respaldado por una nítida mayoría, será un interlocutor inevitable, y de peso, de cualquiera que sea el futuro presidente«.

Seguimos pensando lo mismo. Pero también se debe tener en cuenta que, ante la ausencia de opciones políticas aceptables para algunos sectores de la sociedad, haya presiones y tentaciones para que el reelecto gobernador de Córdoba haga valer su influencia. Un griego decía hace 2500 años que la naturaleza tiene horror al vacío. Y la naturaleza política, no les digo nada.


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