Fernández-CFK. Movió la dama

Una confesión: el título inicial de este posteo iba a ser: “El orden de los Fernández altera el producto”. Creo que es cierto, pero no corresponde que trate de hacerme el ingenioso, y menos pontificar. Después de mucho tiempo viviendo la política argentina, pensé que nada me iba a sorprender demasiado. Cristina lo hizo.

(Los que rastrean datos para las efemérides en los diarios, encontrarán a Framini-Perón como una fórmula provisoria en las elecciones de gobernador de Buenos Aires en 1962. Nada que ver. Cristina no es Perón, Alberto F. no tiene nada de Framini, y la Argentina y el mundo de hoy son todavía más diferentes de aquellos).

Desde hace más de dos años mantuve, en este blog y en el mundo real, que Cristina Fernández de Kirchner iba a ser la candidata presidencial del peronismo, salvo un hecho ajeno a la política. El motivo era, es, que el peronismo, más, toda la oposición al gobierno de Macri, no había producido otro liderazgo en condiciones de competir electoralmente con el suyo. El tema lo volví a desarrollar hace pocos días aquí, y recomiendo volver a leerlo, si creen que vale la pena conocer lo que pienso. A pesar que mi pronóstico resultó equivocado.

Como sea, sigue siendo una pregunta válida porqué no apareció ese reemplazo después de 2015, pero ya es abstracta, diría un abogado. La jugada de Cristina, imprevista por todos, enfrenta brillantemente los problemas de la transmisión del “carisma electoral” y de la sucesión. Y crea problemas nuevos, por supuesto.

El problema que enfrenta: el más importante lo describí así: “el fastidio con (elementos de) la experiencia kirchnerista, que se expresó en las elecciones legislativas de 2013 y 2017, y en la presidencial de 2015 fue decisivo en la derrota de un candidato no demasiado K como Scioli, sigue existiendo. No ha encontrado todavía un liderazgo (además del muy deteriorado de Macri). Pero… sin sumar a su proyecto a esos peronistas -o “sociológicamente peronistas”, la porción más dinámica de los muy diversos sectores medios argentinos- a cualquier peronismo, a cualquier propuesta política, le resultará difícil triunfar. Y muy difícil gobernar“. El talentoso amigo Martín Rodríguez dice que una oferta peronista hoy debe sumar “orden y progresismo”, y creo que puede ser otra forma de decirlo.

Pero hay otro factor, que en lo electoral, es decir, en la batalla inmediata, pesa y mucho: el “partido del Odio”. Cualquiera que vive o vivió en Argentina, en estos años puede saber a que me refiero: la hostilidad histérica que despierta en muchos, muchísimos compatriotas Cristina. Una hostilidad mayor, más intensa que lo que permanece del viejo antiperonismo, que la que provoca cualquier otra figura del “kirchnerismo”. No es mayoritaria, y está concentrada con un sesgo fuerte entre los (y las) mayores de 50, pero es el núcleo duro y vocal de ese “fastidio” con la experiencia kirchnerista que mencioné.

En términos prácticos, es decir, electorales, es la herramienta clave a la que apuesta el gobierno, que ya sabe que ha dejado de ser la primera mayoría, para reconstruir lo que Ignacio Zuleta, el más lúcido de los radicales cambiemitas, bautizó el “partido del ballotage”. Sumar en octubre -no en agosto- a todos los que no les gusta la idea de Cristina Presidenta otra vez.

Esta movida enfrenta ese problema ¿Puede decirse que lo soluciona? No. Es difícil ver en Alberto F. a un Nelson Mandela (me dicen que ayer a la tarde en el Patio Bullrich -of course- el partido del Odio le dedicó un pequeño acto)(*). Y seguramente la AFI encontrará periodistas y locatarios de Comodoro Py que a su vez encontrarán indicios que sugieran que es corrupto, pedófilo, y saboteó al ARA San Juan.

Todo depende de la campaña que lleve adelante la fórmula Alberto F-CFK. Campaña de la que las PASO serán eso, un paso importante. Pero entiendo que serán capaces de aislar a ese partido del Odio (borgianamente incorregible), de los mucho más numerosos fastidiados / desconfiados.

Los problemas que crea: el más importante, obvio, es el del poder. El problema más real de todos. En la Argentina, como en todos los países presidencialistas y más que en la mayoría de los democráticos, el poder político y el del manejo del Presupuesto Nacional lo tiene el Presidente. El Vice… su función es tocar la campanilla en el Senado. Pero Cristina Fernández de Kirchner tiene un liderazgo político considerable y una voluntad de poder evidente. La convivencia no será fácil. Si uno puede mantener una expectativa razonablemente optimista, es porque ella ha demostrado ayer que puede hacer un sacrificio importante si la lectura de las relaciones de poder le convence que es necesario.

Otro problema, mucho menor a mi modo de ver, es una parte de la militancia “cristinista” (un mal nombre; valga como resumen) que se siente desilusionada y herida porque cree que Alberto Fernández no va a hacer la Revolución ni luchar contra el Imperio. Estimo que es minoritaria (el peronismo es una filosofía práctica, además de humanista), y, sobre todo, es inofensiva. Seguirán luchando en las redes sociales, que es menos costoso, especialmente para el pueblo, que otros caminos que se tomaron hace medio siglo.

Tienen razón, eso sí, en que el nuevo gobierno peronista, si triunfa, probablemente no hará más en esa dirección que lo que hicieron en sus respectivos mandatos Néstor y Cristina. Probablemente menos en algunos campos, porque, como dijo CFK en el video de ayer, el mundo ha cambiado desde 2003-15. Eso dará, también, oportunidad de encarar nuevos  desafíos, lo que depende de los argentinos en general, no sólo de la fórmula presidencial. Y también se puede ser razonablemente optimista en que será un gobierno mejor que el de Mauricio Macri. Con poco de esfuerzo y suerte, puede ser mucho mejor.

(*): Un amable lector me corrige. El acto del “partido del odio” en el Patio Bullrich dedicado a Alberto Fernández fue hace 3 años. Igual, es muy improbable que se hayan muerto todos, aunque los inviernos son crueles.

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