Ecuador

septiembre 30, 2010

No es el momento para las reflexiones complejas y analogías históricas por las que tengo debilidad. Después de lo de Honduras, lo que sucede en Ecuador es un peligro claro y presente para el precario equilibrio en América del Sur. Y para su actual prosperidad. Prosperidad de bases inciertas y de distribución injusta, es cierto, pero esta década ha sido favorable para casi todos los países “emergentes”, y nosotros estamos entre ellos.

Esto deberían tenerlo claro aún aquellos cuyas ambiciones personales u odios ideológicos les hagan desear el derrumbe de algún gobierno. Ninguna política, de ningún signo o dirección, puede ser ejecutada en condiciones de inestabilidad.

Como dije en el post en el que cerré mi análisis sobre el problema hondureño, “El acuerdo básico en que descansa la politica en los países más o menos serios es que los militares están para hacer la guerra y – en algunos lugares – dirigir empresas estratégicas. Pero no para interpretar ni reformar constituciones, que, como dijo un pensador argentino, “no es asunto del arma de caballería“.“ Tampoco puede aceptarse una situación en que las fuerzas policiales sean herramientas de definición política, jugando al “carapintadismo”.

Por la lucidez que da la defensa de los intereses propios, estimo que tanto Chávez como Piñera, Alan García y Lula son sinceros en su apoyo a Correa y e la institucionalidad ecuatoriana. Por supuesto, también lo es Cristina Fernández. La situación es un desafío interesante para el secretario general de la UNASUR, Néstor Kirchner. Pero eso es trivial. El verdadero desafío si las naciones reunidas en ella estamos en condiciones de imponer reglas de juego políticas para el subcontinente. Si falla en esto, será una derrota grave para todos nosotros.


Comentando los dichos de Hebe de Bonafini

septiembre 30, 2010

(Esta entrada no iba a ser subida al blog. Surgió hace pocos minutos, como un comentario a este post en Ramble. Pero el sistema me devolvió: “The requested URL /comment.g… is too large to process” ¿El Sr. Blogspot insinúa que soy demasiado larguero? Júzguenlo uds.; sólo agregué una frase y dos links)

Artemio: En las últimas semanas las polémicas que Ud. inició en su blog me han dado tema de reflexión para el mío, y siento que corresponde que aporte algo en ésta que ahora (nuevamente) levanta.

Pero no estoy seguro que pueda decir algo relevante en los términos que plantea.

En el post “desde un avión” que subí hoy digo que hay una diferencia entre los que apoyan (o atacan) a Kirchner desde el peronismo y los que lo hacen desde la izquierda. Afirmo que hay “izquierdistas” y “derechistas” en el peronismo y fuera de él. No es que unas posiciones sean “Buenas” y otras “Malas”; pero son diferentes.

Señalo esto por lo que Ud. pone sobre la mesa: la ideología. Y no estoy seguro que tenga que ver aquí.  Hebe Bonafini no es peronista; nunca se declaró como tal. Seguramente se la puede identificar como de izquierda, en el sentido más amplio del término.

Pero su discurso jacobino (“Nuestros adversarios no son adversarios, son enemigos, y además son inmorales“) no es propiedad de la izquierda ni tampoco del peronismo. En ambas corrientes políticas lo han usado; también lo usó Robespierre, claro, y antes que él Savonarola, que sería estirar mucho el término llamarlo de izquierda.

Jacobinos habrá siempre que la sociedad se sacude. Muchos, porque son sinceros y se emborrachan con su sinceridad; otros, porque es un camino obvio hacia el poder.

Siempre son un extremo por eso mismo: porque es un camino hacia el poder; no es la forma de usarlo y conservarlo. Si lo consiguen, dejan de ser jacobinos (aunque sean terroristas como Stalin).

Pero nuestra sociedad no se está sacudiendo; las instituciones, mal que bien, funcionan. Y los activistas que se juegan por la Ley de Medios no van a tomar el poder. En mi opinión, la Sra. Bonafini – que está inserta en el Estado; recibe fondos públicos –  no presenta ningún riesgo para nadie, excepto por los problemas políticos que crea a su propio sector. El único elemento digno de preocupación es determinar hasta qué punto expresa una estrategia de Néstor Kirchner, pero él no tiene una fuerza armada que pueda imponerse a una sociedad renuente. Sus armas son las de la política, y triunfará o será derrotado por ellas.

Eso sí, creo que habla bien de los blogs kirchneristas que discuten sus posturas, a favor o en contra, o cuestionándose, como en su caso. Lo más fácil, y lo realmente inmoral, es hacerse el tonto. El problema que Ud. plantea, Artemio, no tiene que ver con una ideología, y generalmente se ha resuelto mal en la Historia: Robespierre es guillotinado, Trotsky masacra a los marineros de Kronstadt, en el peronismo se forma la Triple A, Jomeini aplasta a los mujaidines, …

Demos gracias que hoy en Argentina no enfrentamos esas situaciones.

Un abrazo


Peronistas, kirchneristas, de izquierda: desde un avión

septiembre 30, 2010

Estoy de vuelta en Argentina, pero estas palabras las escribí varado en el aeropuerto de Santiago de Chile en mi regreso de México (LAN tiene buena imagen y se esfuerza, pero no es infalible. De todos modos, frente a los problemas de las aerolíneas mexicanas, y la escasa frecuencia de Aerolíneas Argentinas, fue la opción razonable). No resistí a la tentación de meter mi cuchara, brevemente, en la polémica que surge en la blogosfera – sintetizada en este y este post de Ramble – sobre si el episodio Kirchner es una etapa del peronismo o una superación.

Tengo que decir que como “polémica”, la encuentro un poco artificial (lo que no quiere decir que no tenga interés: Artemio le atribuye 8 mil visitas en un día, lo que supera su ya alto promedio habitual). Pero por mi parte, yo siempre asumí en este blog – y en otros sitios – la primera postura, y mis discusiones han sido más intensas con los que consideran a Kirchner no como una superación sino como una aberración (Me considero un peronista de Perón, Evita, Isabel, Lorenzo, Menem, Duhalde y Kirchner y les digo que todos lo son. Los pone muy mal).

Mi posición se basa en que – no siendo la doctrina peronista un texto revelado, incambiable – Perón mismo hizo nuevos aportes y ampliaciones profundas en 1971 y en 1973 – la única forma que encuentro para decidir sobre la validez y permanencia de nuevas actualizaciones es la posición que tome la mayoría de los peronistas. La vertiente sunnita del Islam sostiene que la autenticidad de los hadith, las narraciones y dichos del Profeta, se afirma en que la mayoría de los creyentes los creen ciertos, pues Dios no permitiría que la comunidad de los fieles se embarcara en un error. Sin implicaciones teológicas, y asumiendo que mucha gente sí puede equivocarse, me parece que una doctrina popular tiene que apoyarse en lo que el pueblo piense. Si es un error, ya cambiará de opinión.

Por parte de Artemio, creo que su posición es muy pragmática: él aprecia que las posibilidades de Kirchner en 2011 dependen de que el conjunto del peronismo, en particular, la mayoría de los gobernadores “del palo”, de los dirigentes con arrastre y del sindicalismo esté con él. Y también de que pueda armar alianzas basadas en la conveniencia política y no solamente en la afinidad ideológica. Y por eso cita aprobadoramente esta frase de Luca Stecco:Yo sostengo firmemente que el kirchnerismo NO existe. Se trata de la adaptación posible por el contexto histórico y relaciones de fuerzas del peronismo. Ante todo, el peronismo es un movimiento popular con una Doctrina“.

Pero una polémica puede ser artificial, circunscripta a un grupo pequeño, o ambas cosas, y al mismo tiempo ser interesante. Sobre todo, por lo que aporta a los que intervienen en ella. Yo ya tengo, como dije, posición tomada, pero se me ocurre que puedo sugerir algunas distinciones para profundizar los términos en que está planteada.

Por ejemplo: vale distinguir entre los que apoyan (o cuestionan) a Kirchner desde el peronismo y quienes lo hacen desde la izquierda. Ojo: tengamos presente que en el peronismo – desde su origen – ha habido expresiones de izquierda y de derecha, y no me refiero solamente a sus historias anteriores a su incorporación. Uno no puede menos de ver en Evita mucho de esa pasión por la justicia que es lo mejor de la Izquierda, así como también encontrar en sus palabras, y por supuesto en muchos de los más importantes discursos de Perón, la afirmación de valores tradicionales – el hombre y la mujer no como “opciones de género”, la religiosidad popular – que eran lo más rescatable de la Derecha antes que se hiciera liberal.

Pero los de izquierda y los de derecha en el peronismo aceptan una pertenencia (aunque a menudo acusen de infiltrados a los otros). La izquierda, o “centro izquierda” como se llama en estos tiempos descafeinados, evalúa al peronismo en su conjunto, y por supuesto a Kirchner, y lo aprueba o rechaza en función de ciertos valores externos a él. Que pueden ser compartidos por muchos peronistas, pero se apoyan en una identidad política diferente.

El tema da para muchísimo más, claro. Pero ya estaban llamando al vuelo, y se los dejo a ustedes.


¿Donde está Manolo´s?

septiembre 30, 2010

Cliqueo en el link http://deshonestidadintelectual.blogspot.com/ , y me aparece Mene, mene … digo “el blog de deshonestidadintelectual.blogspot.com se ha eliminado“. Envié inmediatamente un mail a Manolo exigiéndole explicaciones. No es algo para encontrarse al regresar a la patria.


Un destino sudamericano

septiembre 27, 2010

En los últimos días de un viaje a México, y antes de empezar a volcar “impresiones de viaje”, quise reflexionar sobre nosotros, los argentinos, y ellos, los mexicanos, preguntándome si existe una identidad común, un Nosotros más grande que nos engloba. Nada muy original, por supuesto: he escrito bastante en el blog sobre el asunto y muchos compatriotas lo han hecho con mayor profundidad: pensadores tan diferentes como Ugarte, Abelardo Ramos y Escudé. Mi amigo Alejandro Pandra se està esforzando en estos días en convocar a quienes estèn dispuestos a militar en la construcción de ese “Nosotros” iberoamericano…

Como creo que ya se han dado cuenta, mi inclinación es por el pensamiento práctico, aún a costa de la profundidad. Y por eso parto de una percepción directa: esa identidad común existe y cualquiera puede darse cuenta de ella: No es sólo el idioma: el castellano y el galaico-portuguès están, como dialectos, mucho más cerca que, por ejemplo, el catalán. Hay algo más importante: las diferencias, muy notorias, que hay entre un argentino y un mexicano, un colombiano y un brasileño, por ejemplo, son de un orden muy diferente a las que hay entre cualquiera de ellos y un alemán o un iraní. Como toda percepción directa, es inútil analizarla: se la percibe o no. Yo, como muchos otros, la percibo.

Ahora, esa inclinación por lo práctico que mencioné, me hace pensar si esa identidad común se refleja, o puede reflejarse en el futuro, en realidades concretas, como son la política y la economía. Sobre esto, recordé lo que uno de mis periodistas favoritos, José Natanson, escribió aquí cuando Kirchner fue elegido secretario de Unasur, hace ya unos cuantos meses. Me parece un excelente punto de partida, del que voy a copiar con alguna extensiòn, porque quiero agregar mis propias observaciones luego.

Desde hace dos a o tres décadas, lo que antes se conocía como “América latina”, el inmenso y diverso territorio ubicado al sur del río Bravo, se ha ido dividiendo. México, Centroamérica y el Caribe se encuentran ya irremediablemente atados a Estados Unidos, tal como demuestran algunos ejemplos sencillos: un tercio de la población de El Salvador (3,1 millones) vive en Estados Unidos; el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas se dirige a ese país y el 67 por ciento de la inversión extranjera proviene de allí; Nicaragua, pese al gobierno sandinista, la sociedad con Hugo Chávez y el ingreso al ALBA, no se ha salido del Tratado de Libre Comercio firmado con Washington, por la sencilla razón de que implicaría la bancarrota inmediata.

En suma, todos estos países se encuentran vinculados con la megapotencia en términos comerciales y económicos, políticos y migracionales, de seguridad (todos forman parte del segundo perímetro de defensa estadounidense), y también, por supuesto, culturales, realidad fácilmente comprobable en algunos anglicismos obvios (en el Caribe y Centroamérica se les dice “carro” a los autos) y en la reacción en espejo generada en Estados Unidos, cuyo último ejemplo es la ley anti-inmigrantes sancionada en Arizona pero cuya manifestación intelectual más importante es el libro filoxenófobo de Samuel Huntington, “Quiénes Somos”.

Nada de esto sucede en América del Sur. Un solo país, Ecuador, opera con el dólar como moneda, uno solo. Venezuela tiene una fuerte dependencia comercial con Estados Unidos (el hecho de que ambos cuenten con gobiernos bolivarianos le añade interesantes matices al asunto). Y solo uno, Colombia, cuenta con bases norteamericanas en su territorio. Con estas salvedades, América del Sur se afirma como una región diferente, una región que, sobre todo desde que Estados Unidos reorientó su energía bélica a Medio Oriente, luce cada vez más autónoma.

Autónoma e interconectada. El intercambio comercial entre los países sudamericanos es cada vez más intenso: Brasil, por ejemplo, es el principal socio comercial de Argentina, Colombia lo es de Venezuela y Ecuador de Colombia. Las inversiones internas también aumentan, tal como lo demuestra la penetración de las multinacionales brasileñas en varios países de la región (el hecho de que la cerveza-emblema argentina, Quilmes, hoy sea propiedad de la Brahma es sintomático). Y esto se refleja a su vez en las lógicas del transporte y la infraestructura: quizá la mejor ilustración de ello sea la construcción del segundo puente sobre el río Orinoco, en Venezuela, de 156 metros de longitud, cuatro canales vehiculares y una vía férrea, a un costo de 1220 millones de dólares, financiado por el gobierno de Lula a través del BNDES, con el objetivo de abaratar los costos de flete para los productos brasileros que se exportan a los mercados del Atlántico. Por último, la interconexión energética también aumenta, y crea lazos de dependencia mutua: Brasil se abastece de gas en Bolivia, Argentina le compra fuel oil a Venezuela, Chile adquiere gas a la Argentina, Brasil le compra energía eléctrica a Paraguay y Venezuela –aunque usted no lo crea– importa gas desde Colombia.

Todo esto define una región más densa, donde los países que la conforman dependen cada vez más el uno del otro, a lo que se suma el dato, a menudo soslayado, de que América del Sur se afirma como un espacio de paz, de hecho uno de los pocos que hoy existen en el planeta (el conflicto colombiano, la única excepción, no es una guerra entre Estados sino una “guerra civil de baja intensidad” que, desideologización de la guerrilla mediante, asume, cada vez más, la forma de una clásica lucha contra el crimen organizado). Por todos estos motivos, América del Sur conforma lo que Félix Peña define como un “subsistema regional diferenciado” (“La gobernabilidad del espacio geográfico regional Sudamericano”, UNAM). Un espacio que, como las mujeres que realmente valen la pena, tiene su propia personalidad, su carácter.

Por eso, la Unasur no es una creación artificial sino un proyecto institucional que parte de una realidad geopolítica concreta. Dicho esto, conviene poner las cosas en su lugar y aclarar que el gran protagonista de todo el asunto no es ni Argentina ni Venezuela sino Brasil. Desde que en el 2000 Fernando Henrique Cardoso convocó a la primera cumbre de presidentes sudamericanos en Brasilia con el proyecto de crear una Comunidad de Naciones Sudamericanas, Brasil ha desarrollado una intensa política regional, que incluye una avanzada de comercio e inversiones y un esfuerzo estabilizador de crisis políticas (esfuerzo que, contra lo que sostienen algunos lulistas, no fue un invento del actual gobierno brasileño, tal como demuestra el activo rol desempeñado por Itamaraty en la guerra entre Ecuador y Perú de 1995 y en el intento de golpe en Paraguay de 1996, aunque es cierto que Lula actuó con más fuerza y rapidez, enviando siempre a su bombero regional, el asesor Marco Aurelio García, a apagar los fuegos de Venezuela, Bolivia y Ecuador-Colombia).

Pero, ¿por qué Brasil se ha lanzado a la tarea de institucionalizar el espacio sudamericano mediante la creación de la Unasur? ¿Por qué no se afirma nacionalmente en lugar de proyectarse en la región? Como sucede siempre, la explicación hay que buscarla en el interés antes que en el amor. Con el 47 por ciento de la superficie de Sudamérica, límites con 10 de los 12 países de la región y un PBI que equivale a cuatro veces el de Argentina, cinco veces el de Venezuela y 80 veces el de Bolivia, Brasil es consciente de que su prosperidad económica depende de la de sus vecinos. Hoy Brasil tiene superávit comercial con todos los países sudamericanos salvo Bolivia, y sus empresas constituyen la principal fuente de inversiones en unos cuantos, incluyendo Argentina. Y como no sólo de dinero vive el hombre, su estabilidad política también depende en buena medida de la de su entorno, ya que un conflicto en Bolivia o un intento de golpe en Venezuela pueden complicar sus planes de largo plazo.

Como señala Mónica Hirst (“Los desafíos de la política sudamericana de Brasil”), la afirmación de una plataforma regional es clave para la proyección internacional del país, que incluye desde su participación en el G-20 a su política hacia Africa, de su aspiración a una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU a su alianza con Rusia y China. El salto de Brasil a las grandes ligas mundiales exige su previa consolidación como referente regional, lo que explica que haya decidido crear una institución sudamericana que le permita excluir al otro gigante latinoamericano (México) e imponer una sana, aunque cautelosa, distancia respecto de Estados Unidos

Hasta ahí, Natanson. Y me parece muy realista su evaluación. Pero este análisis deja afuera un aspecto que – al menos para los argentinos – debería ser importante ¿Qué hacemos nosotros – ese nosotros más específico, el que corresponde al Estado Nación que hemos heredado y que es el único con el que contamos – los argentinos? ¿Cuál puede ser nuestro rol en éste escenario?

Por mi parte, descarto tanto la actitud, comprensible, de algún corresponsal de este blog que acepta resignado un seguidismo de Brasilia, que prefieren, por esas razones de identidad común al de Washington, como la de otros corresponsales, a los que su hostilidad y/o desconfianza del Brasil los lleva a querer ignorarlo, y a desear que Argentina estuviera en otra vecindad geográfica, por ejemplo, en el Círculo Polar Ártico. Pero Argentina está donde está.

Esto no quiere decir que tenga una respuesta propia, elaborada. Ese pensamiento práctico me dice que Argentina no puede asumir un rol iberoamericano si antes no afirma un proyecto y una unidad nacional. A nosotros se aplica con más fuerza lo que dice de Brasil justamente Marco Aurelio García, con realismo lusitano: “Para ser líder se requieren muchos recursos. Y nosotros todavía somos pobres“: Pero eso no nos exime de tener una política para la región. Si no la hacemos, otros la harán para nosotros.

Las observaciones que prometì: Una: Argentina está mucho más presente en México, en la mayoría de los países latinoamericanos, que Brasil. También es una percepción directa, que se basa en una historia editorial, de educación y hasta en las telenovelas y los turistas. Como es  muy visible que Brasil está muuucho más presente en EE.UU. y Europa Occidental que la Argentina.

Otra: Una lógica geopolítica elemental hace que Argentina tienda a equilibrar el peso de Brasil acercándose, en algunos temas vitales, a los EE.UU. Presidentes tan distintos como Menem y los Kirchner – por toda la amistad con Chávez de estos últimos – han tomado posiciones en Medio Oriente – el único lugar donde la megapotencia está implicada militarmente – favorables a la posición yanqui. Y tengamos presente que mucho antes, en la década del ´60, la previa actitud argentina fue decisiva para que Brasil firmara el Tratado de No Proliferación.


Artemio dice: Ganar en 2011

septiembre 24, 2010

Bloguear sobre nuestra política nacional desde lejos no es fácil. El tiempo, que me falta a menudo porque escribo lento y corrijo, ahora no me alcanza tampoco para seguir por Internet la blogosfera politizada (Los medios… no los encontré interesantes en estos días, aún desde sus propias y dogmáticas posturas, anti o pro K. ¿Han notado ustedes lo mismo?).

Recién hoy tuve tiempo para echar un vistazo, y – tengo que ser sincero – no creo que se me extrañe. Omixmorón está subiendo posts que me gustaría haber escrito yo, y – sobre todo – están apareciendo voces nuevas (al menos para mí) que compensan la repetición de muchos blogs que podrían pasarse a Twitter sin que se notara mucha diferencia. (Ejemplo: esta percepción de mazorca, aguda como una aguja en el pajar blogueril).

De todos modos, no siento necesidad de escribir sobre la coyuntura, así que la dificultad no me atormenta. Pero me quedé sin responder a los comentarios en mi último post político, Elecciones en Capital: Macri, Pino y Artemio y – aunque estoy por completo de acuerdo con el resumen de Desvinchado “no hay blogger (o comentarista) que no opere politicamente“, quiero avanzar algo sobre lo que dicen allí.

En particular, me llamó la atención la dureza del reflexivo Bob Row déjeme decirle que su caracterización del accionar de Artemio en las legislativas del año pasado es un poco generosa. Fue boicot.” No porque fue especialmente agresivo, o Artemio especialmente inocente. No, es una opinión bastante extendida entre los politizados, y refleja una forma de entender la política que me interesa discutir. Ojo: no digo cuestionar, y menos descartar. Discutir.

En mi opinión, el planteo de Bob tiene sentido en el marco de un pensamiento político que considera como la tarea fundamental la “construcción del proyecto”. Simplificando, significa que – en el marco de esas elecciones legislativas de la Capital – era mejor, más correcto, apoyar a un candidato que – aunque no fuera “propio” – estaba comprometido con el apoyo al Gobierno y sus políticas, y que tuvo el 11 % de los votos, que a otro que obtuvo el 25 %, pero su discurso y su accionar en general era y sigue siendo opositor a Kirchner (¿Necesito decir que este ejemplo tiene sentido pensándolo como una diferencia entre partidarios K? Eso sí, tengan presente que el dilema se presenta en cualquier posición política).

Las distintas posiciones en este caso se corresponden muy claramente con las diferentes circunstancias de quienes las expresan.  Un encuestador, con una percepción directa – sujeta a error, claro – de las tendencias de voto y su mayor o menor dureza, tendrá probablemente una visión diferente de alguien que lo evalúa desde un análisis intelectual de estrategias. No hablo de los militantes apasionados, que consideran su tarea defender todo lo que hace “su lado”. Las hinchadas políticas y deportivas tienen su lugar, y es respetable, pero todas tienen algo en común: No entran a la cancha, y no hacen goles.

Algo sobre este tema yo ya había subido, aquí. En realidad, uno puede exagerar y decir que casi todo lo que escribí en Política en el blog tiene que ver con esta cuestión. Igual, queda mucho por reflexionar. Por ahora, lo único que podría agregar es un cuestionamiento a lo que me parece un supuesto implícito en el planteo de Bob Row: La “construcción de un proyecto” no es nunca algo lineal e ideológicamente coherente. Mucho más importante que la pureza doctrinaria es… ganar. Lamentable – o no – la naturaleza humana es así. Si – un ejemplo – Kirchner no hubiera ganado, con el decisivo apoyo de Duhalde, las elecciones del 2003, ni uno en diez mil de los actuales fervorosos militantes K le estarían dando bolilla hoy. Y no es por “estar rentados”.

De todos modos, el asunto se discutió a fondo en las columnas de comentarios de Ramble, con la participación del insigne Manolo, que hace un enjundioso resumen aqui.

Lo que quiero plantear ahora es una observación concreta a la posición que Artemio Lópes enfatiza en estos días, aquí: “para que todo lo lindo que escuchamos por ahí se cumpla y todo lo feo no se concrete, solo cabe una cosa, la primera y única: Ganar en 2011. Ese es “el proyecto”, lo demás es aleatorio, la verdad lo vemos así…”.

Simpatizo con esa forma de pensamiento, Don Artemio. Y hasta puedo entender – aunque no comparta – que en su lugar, y en el de quienes están situados en niveles de decisión muy altos, “ganar” significa el triunfo de Néstor o Cristina en las elecciones presidenciales de 2011. Pero esa estrategia lleva a un problema muy difícil de resolver.

Las políticas que el gobierno y sus aliados llevaron adelante o plantean llevar, desde la estatización de las AFJP a la participación obrera en las ganancias, pasando por la Ley de Medios, separan aguas más allá de oficialismo y oposición. Esta es una forma obvia de repetir algo que se ha dicho muchas veces: no hay, todavía, en nuestro país una propuesta alternativa totalizadora a la del gobierno. Porque no se ha formado todavía una coalición con un proyecto común – aún en el discurso – que se oponga al oficial.

Pero, podría decir Artemio y lo digo yo, las políticas no se eligen en las elecciones. Y menos un conjunto de políticas que – no nos olvidemos – tienen apoyos de sectores sociales y políticos distintos. Lo que se elige es las personas que las llevan a cabo. Este hecho tan simple es difícil de asimilar, parece, para el discurso de muchos periodistas y de sus entrevistados. Eso sí, el peronismo nunca tuvo problemas para entenderlo, y por eso tampoco vaciló en apoyar y respaldar liderazgos fuertes, más allá de críticas y reservas internas. Su origen y su historia lo obligan a tener presente que es la única forma de llevar adelante políticas transformadoras (Claro, no garantiza que las transformaciones sean en el sentido deseable, piensen en Menem y en Kirchner, pero esa es otra historia).

¿Cuál es entonces el problema a que me refiero? Las políticas del gobierno influirán, por supuesto, en el resultado del 2011. Pero estamos presenciando – desde hace tiempo – una polarización en la sociedad argentina en favor y en contra de Kirchner. El gobierno parece a veces decidido a acentuarla, pero eso no es lo importante. Faltando poco más de un año para esas elecciones decisivas, ese proceso se va a acentuar. Tal como están las cosas hoy, culmina en una elección con dos candidatos significativos, y algunas opciones menores a las que la polarización les restará peso. Con la mayor objetividad que es humanamente posible, debo decir que ese panorama no es conveniente para Argentina. Como peronista, me fastidia en particular: en ese escenario, el peronismo pierde.


Sin comentarios

septiembre 24, 2010

Echando un vistazo a Internet, encontré esta denuncia de Alfredo Leuco, y el post de Lucas Carrasco que la “causa”. Sólo puedo decir que a los que tenemos posturas cuestionadoras de Kirchner, hay algunos imbéciles cuya compañía nos lo hace muy difícil. Un abrazo, Lucas.


Cuauhtémoc dice:

septiembre 21, 2010

Feliz Primavera en el Hemisferio Sur!

Nada será mi renombre algún día?
Nada será mi fama en la tierra?
¡Al menos flores, al menos cantos!

En Nahuatl, la poesía se llama xochitlahtulli, que significa “la palabra florida” (de xochitl, flor y tlahtolli, palabra)


Elecciones en Capital: Macri, Pino y Artemio

septiembre 17, 2010

Artemio lo está haciendo otra vez. El año pasado, antes de las elecciones porteñas, ultrajó la ortodoxia kirchnerista (“Néstor nunca se equivoca“), insistiendo, una y otra vez, que la candidatura de Carlos Heller era una equivocación grave, y que la estrategia correcta era tratar de llegar a un acuerdo con Pino Solanas, que era – redondeó después – 2,5 veces mejor candidato. Naturalmente, eso provocó que el cuerpo de comisarios políticos voluntarios reclamara su juicio y ejecución, por “desviación lozanista”, pero sin resultados. Siguió siendo encuestador de la Corona, además del bloguero K más visitado. Néstor se equivocará, pero no es adicto al vidrio.

Ahora el CEO de Consultora Equis ha iniciado una nueva campaña, a partir de los resultados de la encuesta propia que le copio arriba, y de las de otros encuestadores, porque él tampoco anda mordisqueando vasos. Cerrando valijas, igual quiero reproducir su planteo: además de un lúcido observador es un actor político, no en el nivel decisorio pero sí en el que forma opinión. Y voy a agregar algunas observaciones, porque siento que introduce, con delicadeza y cariño, algunas falacias en sus argumentos.

Dice Artemio: “Todos lo sabemos, vamos en la Ciudad de Buenos Aires a un ballotage inexorable. La demanda de 50%+1 no puede ni podrá ser satisfecha por ninguna fuerza política distrital.

Lo que muestran, aun de manera muy preliminar, los estudios de opinión, este y cualquier otro disponible – que sólo sirven para esto, imaginar escenarios y no para jugar al horóscopo – resulta bastante claro: Si la oposición al macrismo no construye escenarios amplios ya en la primera vuelta, es dificultoso que logren cambiar el gobierno de la ciudad.

… Hay una (1) posibilidad real de imprimir alguna novedad en el escenario porteño. Tanto el Frente para la Victoria como, en menor medida, Proyecto Sur – orden de chances no por cuestiones de predilección, que las tenemos, sino por disponibilidad de candidatos en cada espacio (dos en Proyecto Sur, contra más de cinco en el FPV) son las dos principales fuerzas opositoras.

Si el armado opositor en primera vuelta se construye adecuadamente, bajo la perspectiva de que una sola referencia no alcanza, y que adicionalmente debe ser borrado del escenario todo vestigio de conducciones y políticas anteriores, que llevaron por acción u omisión a la fuerza al 10% en 2009, las chances de ingreso al ballotage por el FPV o en segunda instancia Proyecto Sur, son ciertas, inevitables a nuestro juicio.

El resultado del ballotage es obviamente ya impredecible, depende, como el nacional, de variables aún incontrolables. Por ejemplo, cuál será el candidato del actual oficialismo porteño es una de las variables inciertas, pero también la suerte del FPV a nivel nacional y el clima político que se instale tras las elecciones nacionales, entre otras alternativas cuyo desarrollo desconocemos

Hay algunas observaciones menores, que no afectan el razonamiento principal. Las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires pueden ser- en principio son – antes de las nacionales (la Constitución local dice que tienen que ser en fechas diferentes. Sólo se juntarán, si Kirchner y Macri, los dos, encuentran que les conviene. Si no, no están los votos  de legisladores para hacer una excepción). El “orden de las chances” más pertinente no tiene que ver con el número de candidatos ansiosos sino con los resultados electorales que cada fuerza consiguió (consigue) en el distrito. Así, Proyecto Sur va bastante por delante del Frente para la Victoria.

Más decisivo para arrojar dudas sobre el razonamiento es el hecho que el candidato del Proy. Sur que aparece en esas encuestas que Artemio publica es Pino Solanas. Pero éste ha dado señales claras que va a ir por la candidatura presidencial. En ese caso, su candidato a Jefe de Gobierno será Claudio Lozano o algún otro, que nada indica que conservará la misma intención de voto.

Igual, pienso yo, su lógica básica es indiscutible: Sin la mayor parte de los votos que fueron a Proyecto Sur el año pasado, no hay una oposición al macrismo que pueda expulsarlo del gobierno de la Capital (Yo recuerdo haber insistido meses ha, en conversaciones privadas, que si Solanas competía por la Jefatura de Gobierno, sus chances eran muy buenas, y la mejor estrategia para el peronismo local era tratar de llegar a algún tipo de acuerdo, en un “Frente del Rechazo” a Macri. Desde la política práctica, hay una clara diferencia entre contar con algunos legisladores y tener parte del Estado de la Ciudad de Buenos Aires).

En realidad, lo que implica Artemio es que la lógica de sumar fuerzas se aplica aunque el candidato de Proyecto Sur no sea Fernando Solanas. Y que – más allá de cualquier estrategia que los políticos elijan – el ballotage aparece como un hecho inevitable. En él, los votantes se sumarán a uno u otro de dos candidatos, sin que importe mucho lo que digan los dirigentes antes.

Ojo: No vale plantear el tema simplemente en términos de las conveniencias prácticas de las fuerzas políticas. No porque sea inmoral, sino porque no es realista. Las identidades políticas, lejos de sus marcos tradicionales pero vigentes en términos de la bronca con Macri o la hostilidad con Kirchner, están muy presentes. Y no puede hacerse política pública prescindiendo de ellas. Por eso, aquellos que insisten que el peronismo, antes de pensar en acuerdos o alianzas, debe recuperar y legitimar su identidad en la Capital, tienen un punto válido. Que no puedo menos que compartir.

La observación principal que le hago al planteo de Artemio López es que la elección porteña y el posible ballotage, en cualquier fecha posible, van a estar influídos por la campaña nacional. Kirchner puede pensar que un acuerdo local con Proyecto Sur le conviene para su imagen de “centro izquierda”. El problema es que Pino, y sus apoyos, lo verían como negativo para su imagen en lo nacional. Además que, como apunta Ezequiel Meler, “la base de financiamiento de Proyecto Sur es la CTA Miceli – De Gennaro. Y una de sus consignas en 2009 fue la democratización de los sindicatos – por supuesto, los sindicatos peronistas“.

Simplificando, podemos pensar en el voto del electorado porteño como una matriz de dos entradas: la que divide en favor y en contra de Macri, y la que divide en favor y en contra de Kirchner. A nivel nacional, la primera no cuenta, no importa cuántos desastres haga Mauricio. No parece fácil hacer políticas frentistas en la Capital, ignorando la dinámica nacional. Tomando en cuenta los – reitero – indiscutibles hechos que están detrás de la tesis de Artemio, un peronista debe señalar que, por lo menos, la tarea de reconstruir una identidad peronista en el distrito debe hacerse en un lenguaje que permita sumar apoyos además de los propios. Entre otros, de los muchos que votaron a P. S. en junio del año pasado.

Ahora, invito a todos, P y no P, a una reflexión, bastante obvia pero por eso mismo hasta ahora poco discutida. El ballotage – la elección entre los dos candidatos más votados – es una posibilidad cierta en la Nación. En mi opinión, la más probable, extrapolando los climas que hoy aparecen en la sociedad argentina. La polarización avanza. El candidato más votado tendrá, creo, más del 40 % de los votos. Y el segundo tendrá más del 30 %. En ese ballotage, también, los votantes se sumarán a uno u otro de dos candidatos, sin que importe mucho lo que digan los dirigentes antes ¿Estamos pensando a fondo en las circunstancias y consecuencias de ese escenario?


México, por otros 200 años

septiembre 16, 2010

Puede ser que influya el hecho que voy a estar toda la semana próxima en Ciudad de México, pero estoy encontrando en estos días vistas sobre un aspecto particularmente duro de la realidad que afrontan – la “guerra contra el narcotráfico“. Pero creo que se debe a que es un tema importante al que, además, los gobernantes de EE.UU. y la prensa internacional – no es lo mismo, pero hay correlación – han decidido darle aún más. Por mi parte, pienso que los argentinos debemos tenerlo en cuenta: también es parte de nuestra realidad.

Eso sí, quiero recordar que hoy los mexicanos festejan el Bicentenario de su independencia, muy cerca de las fechas de casi todos los hispanoamericanos. Y el Centenario de la Revolución Mexicana. Temas más significativos. Sobre eso, quiero agregar algunas reflexiones al final.

Igual, desde el viernes subí al blog, y comentamos, las opiniones de Hillary Clinton, Manolo Barge, y J. G. Tokatlian. Ahora quiero subir las opiniones, aún más autorizadas, de Felipe Calderón, presidente de México, que ha rastreado Nicolás Tereschuk, el Escriba, que las enmarca en una reflexión propia que les recomiendo atender. Eso sí, también agrego otra respuesta de Calderón, que marca los límites que impone la realidad a los políticos.

Dice el Escriba: Felipe Calderón, con su habitual tono monocorde responde preguntas de un periodista de la filial local de CNN. “Métanse lo que quieran pero déjennos en paz con este tema”. Calderón, egresado de los claustros de Harvard, se dirige en un tono más que directo a la sociedad norteamericana, en el marco de la “guerra al narcotráfico” que inició en 2006.

“No nos equivoquemos, va siendo hora de hablar claro: la venta de armas en Estados Unidos es un gran negocio para su industria. Y ahora te explicas por qué de repente hay guerras en muchas partes del mundo desde Africa hasta Asia, que no tienen mucha explicación. Es que estos señores están haciendo dinero vendiendo armas y no les importa vendérselas a los criminales”

“No hay todavía una idea de ‘corresponsabilidad’ en la sociedad norteamericana. ¿Por qué está así México? Por varias razones. Pero una es porque vivimos al lado del mayor consumidor de drogas en el mundo y todo el mundo le quiere vender drogas a través de nuestra puerta o nuestra ventana. Y vivimos al lado del mayor vendedor de armas en el mundo que está alimentando a los criminales”.

Calderón no deja de lado su hablar pausado, muy tranquilo. Su aspecto es pulcro, serio, intelectual. Sus conceptos son contundentes. En un momento, incluso, deja de lado la modestia y les da consejos a los hacedores de políticas al otro lado de la frontera.

“Hay inconstistencias. Yo les digo a los americanos: o se deciden de una vez y cambian hacia una legislación que facilite el uso de drogas y por mí, métanse lo que quieran pero déjennos en paz con este tema o dedíquense a coordinarse y establecer reglas que detengan el consumo de drogas… Tu ves los jóvenes universitarios americanos y el que no fuma marihuana está fuera de onda, de moda, pero eso sí, el que llega fumándose un cigarro, entonces casi lo linchan, son contradicciones ridículas y la inconsistencia en sus propias políticas causan un grave problema en México”

“Los carteles que se disputan la venta de drogas son mexicanos y americanos. Porque a mí no me vengan a contar que la organización criminal termina en el Río Bravo. Para vender un kilo de cocaína necesitas un comprador de cocaína ¿Quién está comprando esa droga y quién la está distribuyendo en Estados Unidos?”

¿Quién habla? – se pregunta Tereschuk – ¿El abogado, miembro del centroderechista Partido Acción Nacional (PAN), católico, opuesto a la despenalización del aborto y el matrimonio homosexual? Un buen amigo y vecino de los Estados Unidos que no duda en llamar a las cosas por su nombre en la cadena de noticias “oficial” norteamericana.

¿Los fracasos políticos, militares y económicos de Estados Unidos están reconfigurando el mapa político de América Latina? ¿Hay enormes diferencias entre los gobiernos de “izquierda” y los de “derecha” en el continente? ¿O estamos en presencia de una forma de gestionar lo público “latinoamericana” -o en cada caso, “nacional”- en el marco de un contexto económico y político internacional favorable para la región?

– o –

Entiendo el entusiasmo del Escriba, en un país donde demasiados políticos – y ciudadanos – han comprado el slogan “alejarse del mundo” (tendrán miedo de ser arrastrados por un cometa, como en la vieja novela de Verne?). Pero quiero rescatar también, en este otro reportaje a Calderón, el realismo con que analiza, y demuele, alguna de las soluciones que la progresía bienpensante plantea:

Sobre la posibilidad de legalizar las drogas como posible solución, Calderón dijo que si Estados Unidos no las legaliza, o ni siquiera debate al respecto, es inútil que nosotros lo hagamos

Recordó que si Estados Unidos, donde existe el mayor número de consumidores de drogas en el orbe, fija un precio, está estableciendo el mercado. No tiene caso que los países en desarrollo, las economías más pequeñas, traten de legalizar o modificar el problema en términos económicos, porque sería absolutamente inútil”

Por ejemplo, podemos tratar de hacer eso en México y recibiríamos traficantes provenientes del mundo, desde Afganistán hasta Indonesia, o de Sudamérica. Entonces, es la posición más peligrosa para nosotros

– o –

Realista, Don Felipe. Y como comenta Eddie en el post anterior, hay intereses y burocracias demasiado fuertes que hacen muy improbable que los EE.UU. cambien su actual enfoque. Es un dato de la realidad que, seguramente, el Dr. Aníbal Fernández tiene muy en cuenta.

Pero – como insistí en las entradas anteriores – la “guerra contra el narcotráfico“, con todos sus aspectos trágicos, es una coyuntura. Algo – que, como todo lo que los hombres hacen, es pasajero – pero ha perdurado y apunta a durar muuucho más, es México. Por muchos cientos de años se desarrollaron allí las culturas más dinámicas del continente americano – con el debido respeto al Tahuantisuyo y toda la Sociedad Andina, ésta era como Egipto comparado con Grecia. Después, cuando la invasión ibérica y el mestizaje forjó una sociedad de la que formamos parte, fue Nueva España, la parte más rica y poderosa. Y estos últimos 200 años… fueron la frontera del mundo iberoamericano frente al coloso que surgía en el Norte.

¿Cómo sigue? Su identidad es muy fuerte. Su pueblo, y sus dirigentes son por igual celosos de su independencia. Pero la realidad – siempre lo digo – es una señora que se hace oír. Entre otros factores, el 80 % de sus exportaciones van a los EE.UU. Y una parte importante de su población busca trabajo allí. Uno piensa en el concepto de Pseudomorfosis, que acuñó Spengler para describir lo que pasó en el Oriente – del Mediterráneo a la frontera con el mundo hindú – entre las campañas de Alejandro y la expansión del Islam.

Se me ocurre que el destino de México es de seguir siendo la frontera demográfica y cultural, entre la América “anglo” y la nuestra – a la que debemos aferrarlo, para equilibrar aunque sea en la diplomacia el peso de Brasil. Eso sí, como cualquier geopolítico les dirá, las fronteras son un concepto muy dinámico. Espero vivir para ver una posibilidad que angustiaría a un Huntington: un presidente “hispano” de los Estados Unidos, seguramente de ascendencia mexicana. Por supuesto, eso no resolverá nuestros problemas más que la presidencia de Obama ha ayudado con los de África. Nuestros desafíos deben ser encarados por nosotros.


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