Despido al 2017, los saludo a ustedes

diciembre 31, 2017

Mucho calor -hasta ayer-, el abuso de comida y bebida, y una conexión de unos dos Kb les dieron alivio de mis convulsivos posteos (En mi dictadura, el acceso a Internet será considerado un derecho humano, como pasa en los países serios. San Luis, por ejemplo).

Pero uno tiene sus pulsiones, y viajé unos 8 kilómetros para sentarme en una heladería y subir esto. Para mandarles buena onda. 2017 ha sido razonablemente bueno para mí, pero muy jodido para muchos. Espero que le vaya bien a todos los que me hacen el favor de leerme, y que crean, como yo, que el 2018 es mejor, porque es futuro (Como leí en algún lado “¿No es digno de lástima un Dios omnisciente?“).

Agrego algo, para la inmensa mayoría que no conozco personalmente: Este es un blog politizado. Excesivamente, quizás. Pero reivindico la elección por la política que hice… hace bastantes años. Dijo el Viejo “No debería nacer un hombre que no tenga una causa noble por la que luchar“. Y es verdad: la vida de quien no tiene objetivos que lo trasciendan… es muy pobre.

Pero eso no se refiere a la vida digital! Como la “persona” digital es sólo un aspecto menor de uno, pero es el que conozco aquí cuando comentan, tengo que decirles que comentar obsesivamente a favor o, peor, en contra de algo… es aburrido y limitado. Eso vale también para mí como bloguero, eh. Entonces subí este video de dos minutos de Woody Allen. Donde el talentoso judío neoyorquino, doblado con acento madrileño (¡Dios!), enumera sus razones para vivir. Pueden servirles, o no. Yo comparto algunas. En todo caso, como dicen en su barrio, “¡Consíganse una vida!“.

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Por qué los políticos peronistas no se unen

diciembre 30, 2017

peronistas

Los lectores que no son peronistas deben estar un poco cansados del tema. Pero además de la historia y de los sentimientos, alrededor de esto juega una parte importante de la realidad. Ahora, mi amigo Guido Cordero es antropólogo, marplatense y tuitero, pero cuando escribe de política vuelca su experiencia de militante del peronismo bonaerense. Una práctica más exigente y que obliga a ser más realista que comentar en los blogs. Por eso, cuando enlaza un artículo suyo en un posteo mío, me tomé el tiempo de leerlo. Y de discutir lo que dice. Iba a subirlo como respuesta en la columna, pero se me ocurrió que era valía la pena compartir con ustedes su artículo y mi respuesta.

“La foto que encabeza esta nota, en la que pude verse festejando a distintas facciones de la oposición, ha logrado generar cierta fugaz esperanza de una articulación frente al gobierno de Cambiemos. En los próximos párrafos argumentaremos que ello es ilusorio, lo cual podría haber sido advertido a simple vista ante la improbabilidad palmaria de algún tipo de asociación que exceda lo coyuntural, ya no en los otrora pertenecientes a un mismo espacio (Moyano/Kicillof, de Mendiguren/Rossi), sino entre el joven dirigente trotskista Nicolás del Caño y el dirigente peronista Felipe Solá.

La foto fue tomada en ocasión del primer intento de reemplazar la fórmula de actualización de diversas prestaciones de la seguridad social y refleja el festejo ante su fracaso. Pocos días después, no obstante, la nueva fórmula fue finalmente votada. Aunque menos lesiva que la inicialmente propuesta por el poder ejecutivo –que postulaba el congelamiento ad eternum de su valor real atándola exclusivamente al incremento de precios al consumidor- implicará, según todos los cálculos existentes, un traspaso a otras áreas del estado de un flujo significativo de ingresos de la ANSES con la consiguiente reducción de incrementos futuros en las prestaciones. La nueva ley posee otras aristas que es largo tratar aquí, por lo que solo mencionaremos la introducción de una diferenciación entre los haberes de jubilados con más de 30 años de aportes al momento de su jubilación y aquellos que los completaron mediante algún tipo de moratoria, que a nuestro juicio responde menos a una lógica financiera que al tipo de consideraciones morales y ético-políticas que configuran el núcleo ideológico del espacio político gobernante.

Frente a ello, la coincidencia de diferentes espacios políticos en el rechazo, aun cuando este no logró reunir las voluntades necesarias, ha sido visto como una buena noticia, reflejada en el propio recinto y en la “tribuna” de las redes sociales en ovaciones a algunos de los aliados/adversarios. A modo de ejemplo, puede mencionarse la súbita simpatía por la diputada Graciela Camaño expresada por sectores cercanos al kirchnerismo. La tentación de imaginar la construcción de un espacio opositor coordinado, indefectiblemente articulado alrededor de alguna variante del amplio campo peronista, cuyo peso cualitativo y cuantitativo no precisa demasiadas explicaciones, es fuerte.

Si la razonabilidad aritmética de dicha construcción parece evidente, lo es más aún en los dos años transcurridos desde la asunción del gobierno de Cambiemos cuando todo parece haber marchado en el sentido opuesto. No ha habido señales que indiquen una reducción de las asperezas que enfrentan a facciones que expresan el campo peronista y, por el contrario, el sector con mayor representación parlamentaria se ha ido fracturando sucesivamente antes, durante y después de las elecciones legislativas de este año. Ello ha sido atribuido por unos y otros a limitaciones de la dirigencia de ese espacio, a la venalidad de los que variaron su lealtad –que en política democrática solo una mente afiebrada podría asemejar a una suerte de juramento caballeresco a un señor o señora coyuntural- entre otras explicaciones que no tiene caso repasar aquí. Intentaremos en cambio proponer una lógica que explique por qué, desde el punto de vista de algunos observadores, todos juegan mal.

Con todos los peros y matices que puedan corresponder haremos una observación: en la Argentina democrática ninguna oposición ha logrado ganar elecciones presidenciales. Puede parecer una sentencia aventurada cuando es evidente que el período democrático de nuestro país se caracteriza por la alternancia de coaliciones político-sociales a razón de, aproximadamente, una diferente por década. Diremos, insistiendo en que se nos permita la generalidad del planteo privilegiando la percepción de una tendencia por sobre el rigor –y quizás más cerca en consecuencia del tipo de apreciaciones que podrían hacer los actores políticos reales-, que los cambios en el poder ejecutivo nacional se explican menos por el ascenso de fuerzas opositoras que por el declive de los oficialismos: son los oficialismos nacionales los que pierden, no la oposición la que los supera. Para que ello no se convierta en un simple juego de palabras –dos maneras de decir lo mismo- debemos puntualizar los modos mediante los cuales son los oficialismos los que pierden y no las oposiciones las que ganan. Creemos que se trata de dos tipos de tropiezos -a veces simultáneos- de diferente lesividad social pero similar efecto político: la fractura interna y el fracaso en administrar las tensiones económicas.

Una crisis económica y social de magnitud terminó con la derrota del partido de Raúl Alfonsín, cuyo apoyo a su propio candidato quizás no fuera de todos modos fervoroso. Luego de una reelección exitosa, el peronismo menemista fracturado en su capítulo bonaerense fue derrotado por una coalición que también incluía una fracción de origen peronista. El corto período de la Alianza fue alcanzado rápidamente por una fractura interna pero, fundamentalmente, fue arrasado por la imposibilidad de manejar los aspectos básicos de la economía. El fin del largo período de la coalición encabezada por el peronismo que comenzó con Eduardo Duhalde y culminó con Cristina Kirchner está inextricablemente ligado, a nuestro juicio, a sucesivas escisiones de facciones políticas y aliados institucionales (fundamental pero no exclusivamente las organizaciones gremiales) hasta verse reducida la coalición gobernante a su expresión más acotada, lo que la llevó a presentarse a las elecciones de 2015 exponiendo frente a los potenciales electores sus fracturas internas de manera ostensible.

Lo que nos interesa marcar es que los actores de la oposición actúan como si lo esperable fuese que la posibilidad de reemplazar electoralmente al poder ejecutivo efectivamente dependiera más de él mismo que de sus propias acciones. La construcción de una alternativa opositora amplia y competitiva posee tanto las ventajas –futuras, lejanas- propias del acceso al poder como una serie de desventajas presentes y palpables. Se ha abundado mucho en las desventajas que implica para quienes en sus roles opositores suman responsabilidades de gobierno en un sistema con ejecutivo fuerte, donde los presupuestos subnacionales dependen en proporciones variables, pero siempre relevantes, de decisiones discrecionales. Con consecuencias inmediatas menos visibles, la conformación de un espacio común también implica necesariamente una pérdida de visibilidad para dirigentes e incluso fuerzas políticas. Quizás más relevante, supone la resignación de reclamos y propuestas y por ello de la representación que esos reclamos/propuestas contienen. Si redujéramos a un listado de afirmaciones el combo de representación a que aspiran y poseen las fuerzas políticas opositoras encontraríamos rápidamente incompatibilidades irresolubles, cuyo abandono será condición necesaria para cualquier articulación imaginable, de modo que una propuesta en base a mínimos comunes sea viable. Ese abandono implicaría costos difíciles de compensar en el plazo en que el rol opositor tenga continuidad.

De ser cierto que los oficialismos nacionales no son derrotados en Argentina, sino como resultado de sus propias acciones o el efecto de una economía siempre inestable: ¿Cómo cabría entonces esperar que actúen los espacios opositores? Atomizándose y procurando sostener a su alrededor la mayor cantidad de voluntades posibles, disputándolas más hacia sus laterales –las otras fuerzas no oficialistas- que a su frente –el gobierno nacional-. Las enervantes y constantes acusaciones hacia otros sectores enfrentados al macrismo que vemos en la totalidad del campo opositor, la ruptura provocada y buscada por la primera minoría del peronismo bonaerense -y sus tácticas de aislamiento y expulsión de disidencias-, entre otras cosas que observamos a diario, tienen su lógica imbatible en la necesidad de permanecer una vez abandonadas las perspectivas de un triunfo.

No fue sustancialmente diferente el campo opositor al gobierno anterior. Basta recordar a la diputada Carrió y el lugar que ocupó en su discurso el presidente Macri durante décadas, adicionando a la crítica política los insultos y agresiones personales características de su estilo. Pero, a la zaga de cierto agotamiento de la experiencia anterior, expresado en la fractura del FPV y sus disputas internas cada vez más públicas, quienes no habían sido previamente arrasados por el ciclo kirchnerista, arrojados a los márgenes opositores o deglutidos por el FPV, vieron en el opositor con más posibilidades (que podría haber sido otro apenas un año antes) la ocasión de abandonar parte de sus posicionamientos y subsumirlos a un armado opositor potencialmente triunfante. Hasta tanto ello suceda en el ciclo iniciado hace dos años –y cualquier predicción al respecto sería aventurada- es de esperar que el estado actual de atomización se perpetúe. Cuando alguno de los dos tropiezos mencionados tenga lugar, y por el bien de todos esperamos que no sea en su versión de debacle económica, las diferencias hoy irresolubles, o parte de ellas, perderán relevancia aceleradamente. Mientras tanto, solo nos resta desear que la competencia interopositora no abra heridas difíciles de cerrar cuando sea necesario hacerlo para retornar a la administración del gobierno de la nación”.

Mi respuesta: Recién tuve tiempo para leer tu artículo, Guido ¡Muy bueno! Un aporte frío y realista, entre tanta pavada convencional.

Pero… demasiado esquemático. Yo también, ojo, dije muchas veces que los gobiernos argentinos no son derrotados; se suicidan (incluso Perón en el ´55 ¿Por qué tuvo que pelearse con la Iglesia y regalar a la “contra” lo que entonces era una carta de triunfo?).

Tiene bastante de verdad lo tuyo, y sirve para evitar la estupidez de encerrarnos en creer que los que votan a los “otros” son estúpidos y ya se van a dar cuenta de lo maravillosos que somos.

No es toda la verdad. Los oficialismos son reemplazados cuando la oposición ha construido una coalición que convence a la mayoría de la población, y de los intereses, que puede gobernar. La patética Alianza se cae prácticamente sola, en el derrumbe de la Convertibilidad, pero no hay un reemplazo estable hasta que Alfonsín y Duhalde, con la bendición de la Iglesia, arman un proyecto distinto.

Atención: no es necesario (ni posible) satisfacer a todos los sectores y todos los intereses. Basta con reunir una mayoría más o menos coherente, y convencer al resto que puede gobernar y que la anarquía es más peligrosa. Néstor Kirchner armó una coalición que dio doce años y medio de estabilidad. Algo sin precedentes en los 70 años anteriores de historia argentina. Y ese gobierno pisaba bastantes callos.

Esa coalición -su “herramienta electoral”, el Frente para la Victoria- es derrotado cuando se quedó con sólo los votantes más humildes, el núcleo duro del voto peronista (el Movimiento Evita era fanáticamente cristinista en ese tiempo, recordemos), y con los progres filo K. Y aún así perdió por menos del 2 % de los votos.

Esa coalición hoy no alcanza para ganar. Las elecciones de este año lo demostraron. Entre otros motivos poderosos, porque ya no es oficialismo en la mayor parte del país. Y el voto humilde tiene un fuerte sesgo oficialista, mientras el oficialismo le da una chance.

Esto no contradice tu argumento básico, Guido: que la lógica política estimula la competencia entre los diversos sectores del peronismo, hasta y si el oficialismo se debilite seriamente. Pero esa “competencia” se basa en una fantasía: que hay un “voto peronista” que se mueve por la sigla y el escudito.

No es así. El “voto peronista” expresa, expresó siempre, a sectores sociales muy concretos. Desde el mismo comienzo, los trabajadores industriales y una alianza policlasista en las provincias pobres. Que sumó desde los peones rurales a las burguesías, “conservadoras populares” en la práctica sino en el discurso.

Durante las décadas siguientes esos sectores disminuyeron su peso demográfico, y se incorporaron otros sectores, parte de esas clases medias argentinas que el peronismo transformó y multiplicó. Otra parte permaneció o se hizo antiperonista. Historia abreviada de los últimos 70 años.

El punto es que, si bien una coalición con posibilidades de triunfo necesita incorporar o recuperar a sectores que se perdieron en la larga experiencia kirchnerista, me parece absurdo proponer una sin los que permanecieron fieles a ella. Porque los expresa.

Entonces, Guido, el planteo de la unidad tiene sentido. Porque no es sumar dirigentes, sino sumar distintas realidades del pueblo argentino. Y este planteo en sí es parte de la identidad del peronismo, que nunca se vio ni se ve a sí mismo como una respuesta para un sector del pueblo, sino para su totalidad. Todos unidos triunfaremos.


Música en el último finde del año – Peaky blinders

diciembre 29, 2017

Tal vez para fin de año uno debería subir algún tema emblemático, La Misa Criolla, por ejemplo, o, si se quiere ser cosmopolita, la Oda a la Alegría. Pero en esto -como en todo el blog- hay mucho de impulso personal.

Y hace tiempo tenía ganas de compartir este tema, emblema de una serie que este año disfruté mucho Peaky blinders (las 2 primeras temporadas; un último capítulo mal resuelto me arruina la 3°). Bueno, las series son el arte popular, “para las masas”, como empezó a serlo el cine hace un siglo. Y la música obsesiva de Red Right Hand, el tema de Nick Cave and the Bad Seeds está identificada con esa serie.

(Nuestros creadores locales deberían tomar la idea. Hay temas del tango de ahora que encajarían muy bien con una serie negra argentina. Un género en el que tenemos escritores talentosos. Ya se ha hecho en el cine).


Cómo se negocia una Unidad

diciembre 29, 2017

La unidad del peronismo es el sueño / pesadilla de la política argentina. La división entre los que sueñan y los que tienen pesadillas con eso es nítida, pero no coincide exactamente con la “grieta”, eh. Como sea, ayer subí un posteo sobre las dificultades que será necesario vencer para alcanzar esa meta. Que tampoco son las obvias.

Ahora, para aportar luz y reflexión desde la teoría, está Artepolítica, el blog de y para los estudiosos de la política. Aquí Nicolás Tereschuk (el Escriba) comenta un libro de Marcelo Leiras sobre la fragmentación y reconstrucción de los partidos argentinos.

A mí me parece valioso, porque en lugar de quedarse en el moncloísmo ingenuo, de las “3 o 4 cosas que todos podemos estar de acuerdo” (no existen o son banalidades), asume que siempre hay ganadores y perdedores. Pero los G y los P siguen existiendo, y es necesario llegar a acuerdos que permitan convivir.

(Entre nosotros: aunque Nicolás lo envió a propósito, justamente, de la unidad del peronismo, no creo que sea en este tema donde es más necesario este enfoque. Entre nuestros más dialoguistas y menos dialoguistas, el libro de pases siempre está abierto. Pero si el actual experimento termina mal -y la conferencia de prensa de ayer aumentó mucho la inquietud de la sensible sociedad argentina… habrá que pensar en serio en los acuerdos necesarios).

“En su libro “Todos los caballos del rey. La integración de los partidos políticos y el gobierno democrático de la Argentina, 1995-2003”, publicado en 2007, Marcelo Leiras describe “el proceso y los mecanismos que llevaron a que el sistema de partidos y a los partidos nacionales argentinos” a fragmentarse. El autor busca ofrecer “herramientas para pensar si la tarea de reconstrucción está a la medida de la fuerza” social necesaria.

Parte de una premisa: “Reintegrar a los partidos políticos es condición de la reintegración del sistema de partidos”. Y de una convicción. “Un sistema de partidos más robusto es indispensable para extender y profundizar el gobierno democrático en la Argentina”.

“Unidad” es la palabra que más usan los opositores al gobierno de Mauricio Macri. Es cierto, le ocurre a cada oposición (fragmentada) que se enfrenta a un presidente (fuerte). Pero además, la palabra tiene connotaciones especiales para la principal oposición al macrismo, la que encarnan dirigentes peronistas. “Unidos” es una palabra clave para el peronismo. Se llamó así la revista que pensó cómo debía o podía ser el peronismo de la transición democrática. Los peronistas no se piensan “juntos”. Se piensan “unidos”. “Todos unidos triunfaremos”. ¿Y si no estamos unidos, no triunfaremos?

En uno de los apartados del libro, Leiras aborda una cuestión clave. Se titula “El precio de la derrota: competencia e integridad intrapartidarias”. Lo hace con un lenguaje muy “politológico”. Pero el lector que no tenga esta formación y a quien le interesen las dinámicas que se dan dentro de los partidos políticos y, por supuesto, la cuestión de “la unidad de los peronistas” encontrará algunos conceptos que quizás le despierten algunas reflexiones. Dice Leiras:

“(…) la competencia intra-partidaria no es puramente conflictiva. Tiene atributos que la emparentan con los problemas de intercambio. Quienes compiten dentro del partido intercambian la disposición a seguir colaborando entre sí una vez que la competencia ha concluido. Cuando son efectivos, los intercambios producen un resultado mejor que la situación previa para todas las partes: todos dan algo que desean o necesitan menos a cambio de algo que desean o necesitan más. La mejora puede beneficiar a alguna de las partes en mayor proporción que a las otras, pero lo decisivo es que el intercambio no represente un perjuicio para ninguna”.

Y agrega: “Cuando alguna de las partes cede a la tentación de conservar lo propio y obtener lo ajeno, los intercambios fallan. El problema de intercambio consiste en evitar que alguien ceda a esta tentación”.

Luego, el autor se pregunta “¿Qué problemas plantea la competencia intra-partidaria para la supervivencia y la unidad de los partidos políticos?” y propone “un modelo sencillo de interacción estratégica para responder a esta pregunta”.

Más allá de los detalles sobre cómo funciona ese modelo, me interesa marcar algunos de sus componentes. El autor trabaja sobre la idea de una “compulsa interna de autoridades partidarias o candidatos para cargos electivos”. Uno tiende a pensar que esto va más allá de esas dos situaciones y de si se da en el marco de elecciones internas o no. Lo interesante es el marco y los elementos que componen esto que ocurre en el marco de una disputa interna.

Así, de acuerdo a este modelo repleto de fórmulas, hay un “Ganador” (G) y un “Perdedor” (P). ¿Y qué ocurre entre ellos?

“G puede elegir entre dos estrategias: ‘compensar’ o ‘no compensar’. La forma particular de compensación puede ser variada: por ejemplo, pueden ofrecerse espacios en los órganos de conducción, en las listas de candidatos del partido, nombramiento en la burocracia pública o recursos útiles para la actividad política de P”.

A su vez, el perdedor (P) “puede elegir entre ‘colaborar’ y ‘no colaborar’. Nuevamente, la colaboración puede tener diversas formas: movilizar su maquinaria electoral en elecciones generales, defender el programa de G en el debate público y, en general, hacerle más sencilla la vida a G dentro del partido”.

El panorama se completa así: “Cada jugador define sus estrategias de acuerdo con lo que estima que hará el otro jugador y según el beneficio que le reporte el resultado de cada estrategia del oponente. Los jugadores conocen el valor que cada uno le asigna a cada resultado posible del juego. Los jugadores deben decidir su estrategia sin saber lo que ha hecho el otro jugador. Para este análisis preliminar, consideraremos que el juego se juega una sola vez”.

Esto es interesante: “La utilidad de cada jugador tiene cuatro componentes. Uno de esos componentes es independiente del juego y deriva del resultado de la interna partidaria previa (…) “. El segundo componente, al que el autor llama “x” “representa el valor de la compensación que puede ofrecer” el ganador. El tercer componente (y) “representa el valor de la colaboración que puede prestar el perdedor (P)”. Estos valores son distintos de cero “esto es: tanto compensar como colaborar tienen un costo y reportan un beneficio”.

El cuarto componente es “u”“representa el valor político de tener un partido unido y desarrollar una acción partidaria coordinada”. Aclara Leiras que “sólo aparece cuando P decide colaborar y siempre tiene un signo positivo, porque la unidad partidaria también beneficia a P”.

Una vez puesto todo esto en juego, situación que, por supuesto, puede generar distintos escenarios (y también, dicho de otro modo, escenarios donde la esquiva “u” se logra o no se da) el modelo permite ver entonces que “el problema del intercambio que plantea la competencia inter-partidaria consiste en inducir la colaboración de los perdedores y la reciprocidad de los ganadores”.

“El análisis indica que el problema tiene solución pero que ésta puede darse bajo ciertas condiciones. En particular, la resolución de los problemas de intercambio intrapartidarios requiere reducir el costo de compensar a los perdedores y el de imponer sanciones a quienes no colaboran o no recompensan la colaboración”.

El texto es elocuente. Agrego unas reflexiones breves.

La unidad tiene un valor (o puede tenerlo). Puede pesar como elemento en la mesa de negociaciones. Si todos lo saben y coinciden en eso. Si “ganadores” y “perdedores” de “la interna” le dan un valor para su propio futuro político, es decir para ver en el horizonte la posibilidad de derrotar al adversario (Porque de eso se trataba, no?).

Podemos pensar que si los “ganadores” y “perdedores” no pueden definir de por sí que ese partido político gane una elección puede comenzar a tener más peso e importancia la la cuestión de la unidad y algunos elementos de la dinámica que marca Leiras. Quizás así los ganadores tengan más incentivos de “compensar” a los perdedores y los perdedores a “colaborar” con los ganadores. Hay, de todos modos, una dinámica que puede jugar en contra de un juego virtuoso y es la memoria que queda en los dirigentes de fallidas negociaciones (o su total ausencia) en el pasado.

¿’Triunfaremos? ¿Unidos? ¿Todos? El tiempo dirá”.


¡Libertad a Tabarnia YA!

diciembre 28, 2017

Tabarnia

Este blog no iba a ignorar este tema, en el día de los Santos Inocentes (degollados). Y me parece de interés por varios motivos: 1) porque muestra, a través de algo que empezó como una chicana, cómo los “neo nacionalismos”, los que no se basan en una estructura nacional pre existente, siempre son impulsados por una clase media acomodada y educada, que siente que la están currando. Después pueden conseguir, o no, el apoyo, la identificación de la mayoría del pueblo.

2) porque es un buen ejemplo, como advirtió mi amigo Manolo, del tema de los “clusters” electorales: cómo la geografía y los ingresos se relacionan con el voto.

Y 3) un ejemplo de manual de la influencia de las redes sociales en la política moderna. Con independencia de quién es el dueño de los cables y los servers.

Una petición satírica que una parte de Cataluña con el nombre de Tabarnia, fiel a España, se independice de la región que donde un numeroso sector quiere la independencia, causa furor estos días en las redes sociales.

Tabarnia, de Tarragona, Barcelona y Narnia será una de las palabras del año pese a su tardío nacimiento a medio camino entre la propuesta política y el gag humorístico con nombre de mundo de fantasía tras la puerta de un ropero. Y desde las redes sociales ya pasó a noticieros, portadas de diarios y sobremesas en fin de año.

La idea no es nueva. Surgió en junio de este 2017, cuando la Plataforma per l’Autonomía de Barcelona, rescató el viejo “condado de Barcelona”, y defendía la secesión de Barcelona y Tarragona del resto de Cataluña, contra el proceso soberanista. El concepto se había quedado en algunos rincones de la red, pero el resultado de las elecciones catalanas del pasado 21-D ha rescatado este proyecto de decimoctava comunidad autónoma para “aislar la amenaza”.

​Tabarnia es ahora un proyecto impulsado por “Barcelona is not Catalonia” (en inglés, el idioma favorito de las mininaciones), una plataforma que afirma agrupar a “más de un centenar de asociaciones y empresas de todos los ámbitos de Barcelona así como ciudadanos a título particular”, cuyo objetivo es “conseguir una gestión política y fiscal propia para Barcelona al margen de la Generalitat de Cataluña”.

El nuevo impulso generado por esta idea surge del mapa de resultados de las elecciones de Cataluña del pasado 21-D. Ciudadanos (centro derecha, españolista) se impuso en Vall d’Aran y en la franja litoral delimitada por las siguientes comarcas: Maresme, Vallès Oriental, Vallès Occidental, Barcelonès, Baix Llobregat, Alt Penedès, Garraf, Baix Penedès, Tarragonès y Baix Camp. Con este argumento, muchos resucitaron la idea de crear una 18° comunidad autónoma cuyo deseo, según afirman los defensores sería seguir en España, dejando que el resto de Catalunya se independizara. La idea original ya recogía esta supuesta diferencia y, además, dividía el territorio: Alta Tabarnia (área de influencia de Barcelona) y Baja Tabarnia (área de influencia de Tarragona).

“Hay una Cataluña rural, mayoritariamente independentista, basada en una economía local, obsesionada con la identidad y hostil a la lengua castellana, y de otro lado una Cataluña cosmopolita, orgullosamente bilingüe, urbanista, multicultural e intensamente conectada con el resto de España y Europa”, defienden desde la asociación. Con la autonomía de Tabarnia conseguirían, dicen, un triple objetivo: “gestionar los recursos que genera Barcelona de una manera más justa y eficiente, evitando la sangría de ingresos hacia Cataluña y los agravios territoriales que padece desde hace 40 años por la Generalitat”, “asegurar la permanencia en España y la estabilidad” y “recuperar la soberanía histórica del condado de Barcelona”.

El revuelo generado por este concepto es inmenso. Tabarnia se convirtió en trending topic mundial en Twitter durante toda la jornada el martes, y todos los medios de comunicación se volcaron a a explicar sus fronteras. La noticia de La Vanguardia acumuló más de 10.000 comentarios y hasta se generó una entrada en Wikipedia. De hecho existe una petición a favor de Tabarnia en la página change.org que consiguió ya 20 mil firmas en tres días.

Tabarnia ha unido política, humor y algo de visceralidad en las redes sociales. A nivel político, la líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, apuntó sobre la idea de Tabarnia que “el nacionalismo defiende una Cataluña homogénea y choca fácilmente contra sus propias contradicciones”, mientras que el líder del partido a nivel español, Albert Rivera, apuntaba a que “si los nacionalistas alegan el inexistente derecho a dividir, cualquiera puede hacerlo” en un tuit fijado en su timeline. Por su parte, la ex diputada de la CUP, Mireia Boya (izquierda anti sistema, secesionista), aceptaba el reto de Rivera y pedía un “referéndum de autodeterminación para Tabarnia”.

Como es habitual en Twitter, el humor y sus detractores han irrumpido en este debate. Defensores y detractores de Tabarnia han afilado sus armas y han empezado a lanzar sus soflamas para ganar, más que adeptos, repercusión y algún que otro seguidor fugaz. “Tractorluña”, “tabarnés” o hasta el némesis de Tabarnia, “Catabarnia” (otra región ficticia que se encuentra en Tabarnia y que sí quiere que Cataluña sea independiente) son algunos de los conceptos, a veces esgrimidos como argumentos, para defender uno u otro bando de la polémica virtual. Hay hasta quien ha hecho un análisis exhaustivo sobre quién, qué, cómo y cuándo ha tuiteado sobre Tabarnia. Hoy, las redes sociales son una provincia más de este territorio imaginario. Bienvenidos a la república independiente de Twitter“.


Unidad del peronismo, unidad de los dirigentes peronistas…

diciembre 28, 2017

peronistas

Esta breve nota de Letra P sobre la reunión entre Rossi, Solá, Arroyo y mi tocayo Alberto F. provocó mucho ruido entre los politizados “del palo”. Y en algunos del otro palo, también. Este blog se siente obligado a reproducirla. Y comentarla en forma crítica. Uno es como es.

Si los une el amor o el espanto es un dato secundario. En lo que coinciden el diputado nacional kirchnerista Agustín Rossi, sus pares del massismo Felipe Solá y Daniel Arroyo y el randazzista (al menos lo fue este año en su rol de jefe de campaña del ex ministro del Interior) Alberto Fernández es en que el peronismo debe reagruparse para ser alternativa al macrismo en las elecciones presidenciales 2019. Esa convicción compartida los reunió este miércoles en “un primer acercamiento” que se concretó en un espacio prestado por el presidente del PJ porteño, Víctor Santa María.

La cumbre tuvo lugar a partir de las 15 en la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), en la calle Sarmiento al 2000 de la Ciudad de Buenos Aires.

En el encuentro estuvieron representadas tres de las vertientes principales del pan-peronismo, que coinciden con los tres espacios de raíz justicialista que compitieron este año en las urnas en la provincia de Buenos Aires: Unidad Ciudadana (Rossi), Frente Renovador (Solá y Arroyo) y Cumplir (Fernández).

No obstante, fuentes vinculadas a uno de los participantes no se animaron a afirmar que los cuatro dirigentes hayan llegado al encuentro con mandato de los espacios a los que pertenecen. “Son cuatro personas que coinciden en que el peronismo debe construir una expresión unificada”.

Según pudo reconstruir Letra P, de la cumbre, descripta como “un primer acercamiento” por las fuentes consultadas, no surgió una agenda concreta a futuro. Pero quedó confirmada la voluntad de avanzar y ampliar un diálogo regido por la intención de poner en marcha un proceso de reagrupamiento de las expresiones dispersas del peronismo. “Después se verá cómo se resuelve la interna cuando lleguen momentos de definiciones electorales”.”

Ante todo, conviene aclarar que reuniones como ésta, y trascendidos periodísticos como éste, no tienen nada de nuevos. Se vienen sucediendo desde que las elecciones legislativas de octubre definieron el peso electoral  de cada propuesta de origen peronista en la decisiva provincia de Buenos Aires. Y que Cambiemos juntó más votos que cualquiera de ellas, pero menos que la suma de las tres.

El elemento importante de ésta es la presencia de Agustín Rossi, jefe del bloque del FpV-PJ de diputados nacionales, por lejos el más numeroso y consistente en sus votaciones de los que se identifican como peronistas. Y respetado por la militancia K, un dato no menor.

En cuanto al tema en sí, en estos días se conoció una carta de Daniel Santoro, el plástico que rescató y resignificó la iconografía del peronismo. Y que además razona bien. Ahí Daniel señala que la unidad del peronismo es necesaria y posible, dando los nombres y apellidos de los dirigentes que deberían reunirse para armarla. Es importante señalar que ésta es la decisión política explícita de la nueva conducción del peronismo bonaerense.

Por mi parte, yo aporto -en la medida de mis escasas fuerzas- a un espacio de agrupaciones políticas y político-sindicales que desde antes de las PASO insiste obsesivamente en la unidad del peronismo. Insistencia que es mirada con reservas por buena parte de la militancia, cómo no.

Porque hay un problema visible e inmediato. La inmensa mayoría de la militancia peronista está de acuerdo con la unidad, y está dispuesta a tragarse todos los sapos necesarios. Menos uno. Una parte considerable de la militancia acepta la unidad con todos los sectores, si Cristina Kirchner conduce. La otra parte, también, si Cristina Kirchner no conduce. Es una dificultad de entrada.

Ahora, este blog sostiene -desde hace tiempo- que esa no es la dificultad principal. Después de todo, el peronismo debe encontrar una estrategia para competir en el 2019, y definir la figura que la va a encarnar en las urnas. O, quizás, que será el interlocutor con las otras fuerzas políticas si se produce una crisis de sustentabilidad antes.

(Como es sabido, el señor “Proyecto” no aparece en las boletas electorales ni toma decisiones de coyuntura. Esa es la tarea de los políticos. Y de las políticas).

Ojo: tampoco ésta es la dificultad principal. Aquí la dirigencia peronista tendrá la ayuda de la Señora Realidad, siempre tan terminante.

Porque el desafío decisivo es sumar a los votantes. Los que pusieron las boletas de Unidad Ciudadana, las del Frente Renovador, las de Cumplir. Y los peronistas cordobeses, y los de Santa Fe, … Con mencionar esas dos conflictivas provincias ya queda claro cuál es la dificultad, no? Piensen como sería en Salta sumar a los votantes de Urtubey y de Leavy…

Algunos comentaristas entusiastas del blog juegan a la “realpolitk”, suponen que los dirigentes tienen los votos “atados” y fantasean con fórmulas. Cristina-Schiaretti, por ejemplo. Hay que preguntarse antes si eso sumaría a los posibles votantes de ambos. Más los desilusionados que en el balotaje pasado votaron a Cambiemos, y que pueden recuperarse… si la propuesta los convence.

Entonces, el peronismo debe encontrar una propuesta convincente. No para los dirigentes ni para los militantes. Son una minoría, después de todo. Convincente para la mayoría de los argentinos. De eso estaremos hablando en el 2018.


Los números de la represión

diciembre 27, 2017

Sujetos sociales reprimidos por fuerzas de seguridad

Sujetos sociales y represión

Hace menos de una semana subí al blog un informe sobre los costos de una cena de Navidad elaborado por la consultora CEPA – Centro de Economía Política Argentina. En la misma tradición de servicio público de esta humilde página, ahora les acerco otro, también de CEPA, sobre un tema muy distinto. O tal vez no tanto: La represión de la protesta socio-laboral en los dos primeros años del gobierno de Cambiemos. Relevamiento enero 2016 a noviembre 2017.

Aunque, obvio, una consultora que se dedica a dar números sobre estos temas, tiene que ser opositora, ha sido bastante benévola: no incluyó este mes de diciembre, pródigo en gas pimienta y balas de goma.

La represión es una función inevitable del Estado -y donde éste no existe, la aplican los carteles y otras organizaciones informales. Lo útil de estudios como éste es que permite cuantificarla, y confirmar lo que ya percibíamos: La de la protesta socio-laboral ha aumentado mucho en estos 24 meses. Como no se percibe una mayor represión del delito común.

Pueden acceder al informe completo cliqueando aquí. Para darles una idea, tienen el gráfico de arriba, que representa los sujetos sociales reprimidos por las fuerzas de seguridad. Como puede verse, clasemedieros politizados son un porcentaje relativamente pequeño, así que los lectores de este blog y militantes digitales en general no deben sentirse en “target”.

También me parece interesante, porque habla de la “Argentina contenciosa” y los motivos para protestar: “las causas que originaron los conflictos que fueron seguidos de represión: el 31,5% de estas protestas responden a los despidos y reclamos salariales, el 18% a reclamos de alimentos y asistencia mediante programas sociales y al derecho a poder trabajar en la vía pública, el 17,1% fueron protestas contra las políticas de ajuste y el reclamo de fuentes de trabajo, el 13,5% se refirió a reclamos contra desalojos y por daños causados por temporales (inundaciones). El 5,4% de los hechos de represión se realizaron contra manifestantes que reclamaban por la libertad de referentes comunitarios, entre ellos Milagro Sala y Facundo Jones
Huala. El resto de las movilizaciones en las que se reprimió a sus protagonistas tuvieron como causa la protesta por casos de gatillo fácil (3,6%), la aparición con vida de Santiago Maldonado (3,6%), reclamos medioambientales (2,7%) y las protestas contra la violencia machista (1,8%)“.


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