El orden liberal global está nervioso

enero 22, 2017

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Este artículo, que apareció ayer en La Nación, de Buenos Aires y en El País, de Madrid, y que ha sido reproducido por las repetidoras de todo el globo, desde Filipinas hasta Bolivia me pareció lo bastante interesante como para copiarlo en el blog. Los invito a leerlo, o a releerlo, si ya lo hicieron. Después, mi habitual comentario.

“Una política exterior que pone en jaque el orden liberal global

Marc Bassets, WASHINGTON.- La arquitectura mundial que durante siete décadas garantizó la primacía mundial de Estados Unidos puede quedar tocada con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El magnate, que ayer juró el cargo de presidente, cuestiona la vigencia de las alianzas que han sustentado el poder geopolítico estadounidense, como la OTAN, y considera obsoleto el sistema de libre comercio internacional que en estas décadas contribuyó al dominio económico del país.

Como ocurre siempre con el nuevo comandante en jefe, no está claro cuánto hay de serio y cuánto de provocación en sus palabras, y algunos de sus colaboradores en puestos clave, como el Pentágono, defienden posiciones diametralmente opuestas. Pero la reiteración de algunas promesas bastó para activar las alarmas entre los aliados y las propias elites de Estados Unidos.

En los laboratorios de ideas de Washington, pieza fundamental del establishment denostado por Trump, el asombro y la inquietud dejan paso al realismo. Se acepta que a partir de ahora el actor imprevisible y errático que amenazará con perturbar el orden internacional ya no vivirá sólo en países remotos, sino en el número 1600 de la avenida Pensilvania.

No es necesario remontarse a los mítines de campaña, cuando a veces los candidatos, al calor de la pelea partidista, exageran promesas que saben incumplibles. Desde que el 8 de noviembre Trump derrotó a Hillary Clinton en las elecciones presidenciales, sus declaraciones han sido suficientes para remover los cimientos de la política internacional.

En mensajes de hasta 140 caracteres en Twitter o con llamadas telefónicas intempestivas, el magnate neoyorquino puso en duda la política de Estados Unidos hacia China y Taiwán, vigente desde hace más de tres décadas; sedujo a Rusia como pocos presidentes norteamericanos lo han hecho antes; desairó a los socios europeos al lanzar misiles verbales contra la Unión Europea (UE) y la OTAN. Y, más insólito aún, para defender al presidente ruso, Vladimir Putin, ante las sospechas de que interfirió en la campaña en favor de Trump, ofendió con mayor virulencia a los servicios de espionaje estadounidenses.

El miércoles pasado, en la presentación en Washington de su nuevo libro, The world in disarray (El mundo en confusión), Richard Haas, presidente del think tank Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), insistió en que las alianzas internacionales han sido una inversión rentable para Estados Unidos. “Los beneficios del orden internacional fueron enormes y los costos, modestos”, dijo Haas, que ocupó altos cargos en las administraciones de los Bush. Su nombre sonó como número dos del Departamento de Estado de Trump. Haas y el CFR son la máxima encarnación del establishment, las elites que, independientemente del color político del presidente, desde el final de la Segunda Guerra Mundial modelan el consenso de la política exterior y de seguridad de la primera potencia. Este consenso señalaba, por ejemplo, que la OTAN no era una carga para Estados Unidos, como parece sugerir Trump, sino que respondía a sus intereses vitales. También el proyecto europeo y el anclaje del continente a Occidente, fueron, con altibajos, ideas auspiciadas por Washington.

El temor en los salones de Washington es doble. Primero, que, aunque Trump actúe racionalmente, los conflictos externos lo fuercen a reaccionar. Barack Obama no contaba, cuando el 20 de enero de 2009 juró el cargo por primera vez, con que estallara una guerra civil en Siria, que apareciera el grupo Estado Islámico o que Rusia anexionara Crimea. Un presidente no decide él solo la agenda: la agenda se le impone.

El segundo temor es que sea el propio Trump quien desencadene la crisis. “No haga movimientos súbitos”, aconsejo Haas a Trump en un artículo en The Wall Street Journal. Haas se refirió al acuerdo nuclear con Irán, que Trump prometió romper; a la política con China, y al anunciado traslado de la embajada norteamericana en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. “Los aliados que dependen de Washington para su seguridad necesitan saber que su confianza es adecuada”, escribió.

El uso de Twitter por parte de Trump es otra fuente de preocupación. Lo que hasta hace poco era inimaginable -un presidente de Estados Unidos que causara crisis internacionales a golpe de tuits- ya entra en el terreno de lo posible”.

El artículo no me llama la atención por su originalidad; al contrario. Su tono es alarmado y urgente, y hasta le da un rol al Council on Foreign Relations (CFR), que hasta ahora uno encontraba solamente en los conspirativistas que suben notas en Internet. Marc Bassets es simplemente un periodista español de El País y La Vanguardia destacado en Washington, y si puse su foto para ilustrar el posteo es porque me parecía de algún modo sugerente de ese orden liberal global que siente en peligro.

El punto es que este es hoy el discurso hegemónico de los medios formadores de opinión en el Atlántico Norte. Tal vez The New York Times con más elegancia, The Economist con más ingenio, pero esas distinciones ya no se notan tanto. Los dueños de los medios están preocupados. Y sus repetidoras locales les hacen eco.

Hasta el Grupo Clarín, que nunca ha permitido que ningún orden global ni local tenga prioridad sobre sus intereses, ha tomado una actitud hostil a Trump, acentuada después que ganó las elecciones.

El amigo Juan Chingo me ha acercado desde Francia un análisis de las división en la élite corporativa en EE.UU., pro y contra Trump, y pienso comentarlo en el blog. Pero me llamó la atención este sesgo casi unánime en la élite corporativa de los medios, un factor de poder de aquellos.

Si lo menciono ahora en un día, domingo, que habitualmente dedico al análisis político local, es por varias razones. Hay un impulso natural de simpatía en muchos peronistas -no tanto en los progres, más sensibles a las formas, y a los climas de opinión- por alguien a quien los medios castigan con indignación. El razonamiento, simple pero certero, es: si Clarín y La Nación lo critican, algo bueno debe de tener.

Además, dijo en su discurso inaugural: “Seguiremos dos reglas sencillas: comprar en Estados Unidos y contratar a estadounidenses” (El amigo bloguero Juan Salinas, uno de los que siente ese impulso, reproduce aquí el discurso). Esa frase suena bastante peronista, qué quieren que les diga.

Mi sugerencia es la de siempre: no compremos internas ajenas. Tenemos bastante con las propias. Al mismo tiempo, debemos seguirlas con atención: como señalaban en estos días algunos compañeros, un proyecto nacional tiene viabilidad dentro de un marco mundial dado.


Argentina Nuclear, 2017 – XLIV: Cómo hacer la Bomba y no morir en el intento

enero 21, 2017

Este capítulo 44° de la saga es en realidad la otra parte del 43°, que subí aquí. Debí haberlo subido antes, pero nuestras internas y el Donald ocuparon el poco tiempo que le puedo dedicar al blog… Igual, sé que la minoría de mis lectores que se interesa en el tema se interesa mucho. Hoy me preguntaba por la saga un amigo mientras comíamos un asado al lado de una pileta…

Estos dos posteos en particular, están vinculados con el desarrollo tecnológico argentino solamente a través de la paranoia de algunas agencias extranjeras que querían eliminar cualquier posibilidad que Argentina dominara ciertas técnicas en forma autónoma, aunque no hubiera la menor posibilidad de un uso militar.

Pero es un tema interesante en sí mismo: el Proyecto Manhattan, que hace 72 años cambió la naturaleza de la guerra.

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Los materiales físiles explican el 90% del costo de aproximadamente 35.000 millones de dólares del Proyecto Manhattan (valor actualizado a 2015). Para evitar la sobredetonación, aún con plutonio 239 casi puro, Manhattan desarrolló dos trucos de fabricante: el primero, alear el plutonio con un 3% de galio, que además de dar plasticidad y favorecer el moldeado en caliente (450º C) de un carozo perfectamente esférico, absorbe neutrones. Así, Ud. o yo podemos agarrar esa pesadísima esferita sin que nos tengan que amputar la mano a las pocas horas. Ud. primero, faltaba más.

El otro truco: una envoltorio de plástico con boro empaquetando el carozo, también absorbente de neutrones.

La sobrerreactividad adicional del plutonio 240 implicaba el peligro de un “transient”, un fogonazo, una rampa breve de criticidad espontánea suficientemente enérgica para destruir y dispersas los componentes del “physics package”, eufemismo por el corazón funcional de la bomba. Tales fogonazos podían matara a los que intentaban componer la bomba en tierra, o posteriormente a la tripulación del B-29 en vuelo hacia su blanco. Todo el proyecto Manhattan odiaba al plutonio 240.

De hecho, el 240, contaminante inevitable del 239 si el proceso de fabricación no es óptimo, forzó a más de 700 físicos a abandonar 4 años de trabajo en una bomba lineal, tipo cañón, “Thin Man” (hombre flaco), bastante parecida a la “Tall Boy” de uranio 235 que reventó Hiroshima. Hasta 1944, la idea de una bomba esférica con un carozo a supercomprimir era exclusiva de un elenco de 5 “físicos marginales” bastante maltratados en presupuesto y autoridad dentro del Proyecto Manhattan, pero que terminaron teniendo razón.

Sólo muy tardíamente y ante el peligro de que la guerra terminara sin que Manhattan pudera haber borrado del mundo alguna ciudad, los marginales impusieron su plan B como línea principal. De no haber sido por aquellas internas que atrasaron todo casi un año, la primera ciudad del mundo en ser borrada del mapa por “la bomba” habría sido Berlín.

demon-pitMire bien este carozo que le costó la vida a dos físicos y un soldado, y quizás mató a otro científico más de leucemia aplástica, años más tarde.

Para volverlo bomba, otros dos trucos garantizaban el rendimiento termomecánico y radiante: la implosión estrellaba unas contra otras las piezas que formaban brevemente una esfera de berilio. Ésta envolvía el carozo y, como un espejo, le devolvía reflejados los protones liberados, fogoneando aún más las fisiones. Otro envoltorio transitorio formado durante la explosión estaba hecho de durísimo uranio 238, y hacía el mismo trabajo (impedir la fuga de neutrones). De yapa y por inercia, ya que es un elemento tan pesado, mantenía confinado unos nanosegundos el plasma de plutonio, a millones de grados, para garantizar que al menos 2 kg. de los 6,2 entrara en fisión antes de que toda esa masa se dispersara a velocidad hipersónica. Pero cumplía otro rol más: parte del uranio 238, transformado instantáneamente en 239 por captura de neutrones, añadiría un tercio de potencia extra a la reacción.

Sí, ahí está la horrible genialidad: una explosión química banal genera una máquina instantánea y efímera que produce la madre de las explosiones y desaparece, por la transformación einsteniana de 1 gramo de masa en energía pura. Esa física la tenían también los alemanes, los británicos y los japoneses, pero hubo que improvisar a lo grande en metalurgia, química y otros asuntos que sólo domina una superpotencia industrial. Como dijo después el físico puro inglés Richard Feynman, que estuvo en la movida del Manhattan y luego se ganó un Nobel por cosas más inocentes: “Aquello no fue tanto ciencia como ingeniería”.

Ya finalizada la guerra, la muchachada del Manhattan, llena de plata y prestigio y aún en aquella piojera de cartón y madera que les construyó Leslie Groves en medio del desierto de New Mexico, buscaba elevar el umbral de criticidad del carozo paso a paso, rodeándolo gradualmente de ladrillos de carburo de tungsteno, que también son reflectores de neutrones. Buscaban mejores “tampers” para un carozo “mini-mini”, algo que pudiera caber en un misil tierra-tierra como la V-2 alemana. La búsqueda de carozos chicos las motivaba también que el costo del plutonio, aunque ya venía por reprocesamiento desde los reactores de Hanford y Oak Ridge, seguía por las nubes.

Como concepto de seguridad radiológica, el experimento que liquidó a Harry Daghlian era una total cagada, propia de la actitud de cowboy de los “pibes del Manhattan”, vigente aún en 1946. Enrico Fermi vivía diciendo que aquellos muchachos eran unos idiotas y se iban a matar. Tenía razón. Mientras Daghlian iba apilando ladrillos alrededor del carozo, uno se le cayó encima, tapando el conjunto, y provocó una “excursión” o “transitorio” o “rampa crítica”, un fogonazo azul brevísimo que en 25 días de agonía atroz se llevó a Daghlian y a un guardia de seguridad, el soldado Bob Hemmerly.

trinityA Daghlian se lo puede ver a la derecha, intensamente concentrado, meses antes, mientras arma “Trinity”, la primera bomba atómica de la historia, dotada de “su” carozo subcrítico. Trinity liberó una energía termomecánica equivalente a la explosión de 20 toneladas de TNT. 20 kilotones, o 0,20 megatones, en la jerga.

En esa foto histórica, el muchacho de anteojos de aviador frente a Daghlian es el canadiense Louis Slotin, un genio raro. Y lo mató otra rampa accidental del mismo “carozo” cuando buscaba la criticidad con otro reflector de neutrones mucho más delgado que los pesados ladrillos de Daghlian, una cúpula de tenue berilio. Mientras hacía un show para la gilada, a Slotin se le resbaló la cupulita del destornillador con que evitaba que ésta cubriera totalmente el carozo: fogonazo azul.

Slotin murió 9 días más tarde, con lo que los forenses llamaron “el equivalente tridimensional de quemaduras de sol en todos sus órganos internos”. Ese carozo fue bautizado de ahí en más “The Demon Pit”, “el carozo del demonio”. Desapareció del mundo en el testo de la bomba “Able”, en el atolón de Bikini, en 1946.

david-albrightAhora fíjese, oh lector/a, en este detalle. El pulcro y frío David Albright, por físico y por matemático, sabía perfectamente que el maldito LPR de Ezeiza iba a emplear combustibles gastados de centrales nucleares, lo que supone que su contenido de plutonio tiene una contaminación de 240 superior al 20%. Es tan útil para hacer bombas como un bate de baseball para la neurocirugía. Pero se venía de todos modos con su valijita y su cara de vinagre a jodernos la vida, y a buscar fisuras en la CNEA con voluntad de destruir el proyecto por el cual habían muerto tantos colegas.

Para darle el gusto a Albright, le presenté al Dr. Carlos Aráoz, uno de “los doce apóstoles de Sábato”. Entre sus antecedentes, Aráoz tenía una negociación que duró 4 años hasta que Alemania aceptó que se usaran combustibles argentinos en Atucha I sin retirar las garantías: el tipo es de piedra. La conversación duró 2 horas y creo que el yanqui se volvió a su hotel con una úlcera.

En cuanto a los de la citada mutual médica bonaerense, no creo que hayan entendido jamás de asuntos atómicos. No es lo suyo. Pero como cualquier institución argentina, le tienen más miedo a Clarín que al plutonio.


Las paradojas de Mr. Trump

enero 20, 2017

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Sobre el hombre que hoy asumió como Presidente de los Estados Unidos ya se han escrito bibliotecas, en los pocos meses desde que las encuestas, y las primarias, empezaron a indicar que tenía chances. Yo mismo escribí bastante en el blog. En particular, lo que me parece resume mejor mi pensamiento -por si les interesa- son los dos posteos en que me refería a las “derrotas gramscianas” que su triunfo electoral significó, de consensos hasta ahora hegemónicos en política económica y en política internacional.

Pero a partir de hoy él gobierna, y eso es una categoría distinta de pescado. Por ahora, lo que uno nota es la casi universal sorpresa e indignación porque en su discurso inaugural dijo ¡lo mismo que había dicho en la campaña!

Bueno. A partir de mañana, ustedes tendrán otras bibliotecas para leer, analizando sus discursos y sus hechos. Creo que yo no voy a poder aportar mucho, al menos hasta el 15 de febrero que vuelva de mis vacaciones. Por ahora quiero acercarles una nota que escribió, sin pretensiones, un periodista especializado en lo internacional, Lisandro Sabanés. Describe bien las “dos caras” (si las vemos desde afuera) con que aparece la futura Presidencia Trump. Como soy incorregible, agrego un comentario mío al final. Con mirada local, como es mi costumbre.

La asunción de Donald Trump como presidente de Estados Unidos genera una gran incertidumbre dentro y fuera de ese país. En rigor, nadie sabe con certeza cuál será el rumbo que tomará el magnate cuando el viernes se convierta en jefe de Estado de la, todavía, principal potencia mundial. Esta columna intenta aportar algunos datos a la confusión general, sin mayores pretensiones.

En primer lugar, se descarta el concepto izquierda/derecha para analizar el escenario político norteamericano y mundial. O, en todo caso, utilizarlo teniendo en cuenta sus limitaciones. Trump ganó -e hizo la diferencia, porque eran lugares tradicionalmente demócratas- en los estados del antiguo cinturón industrial de EE.UU. con una campaña que estaba claramente a la izquierda de la de Hillary Clinton. Promovía la vuelta de las compañías industriales al país y, consecuentemente, el abandono de los tratados de libre comercio exterior.

Hábilmente conservó y profundizó, sí, el discurso republicano contra las minorías y a favor de reforzar el difuso concepto de la seguridad. Conceptos que podrían ubicarse a la “derecha”. Con eso, conservó la base electoral del GOP.

Pero ahora empiezan las complicaciones. Según el saliente mandatario Barack Obama y la poderosa CIA, el principal aliado de Trump, que fue decisivo para que ganara las elecciones, fue el presidente ruso, Vladimir Putin, ya que los servicios secretos rusos habrían hackeado las cuentas de correo de los demócratas y del equipo de Hillary haciendo trascender información sensible que volcó el resultado de los comicios.

Aunque negó estas acusaciones, Trump si insistió con su idea de establecer un vínculo amigable con Rusia. En paralelo, propone sacar a EE.UU. de la OTAN y derogar las sanciones que su país le ha aplicado a la economía y a la diplomacia rusa. Para valorar este dato, es fundamental saber que la principal preocupación en política exterior de la Federación Rusa es que la OTAN -que agrupa los ejércitos de Europa Occidental y EE.UU.- ha venido avanzando sobre su espacio geopolítico -esto es, sus países fronterizos como Ucrania, Polonia, Rumania, etc.- rompiendo una supuesta promesa de post guerra fría de permitirle a Rusia mantener su zona de influencia.

Derivado de este espíritu amigable que une a Trump y a Putin, un aliado ruso en Latinoamérica, el venezolano, Nicolás Maduro ha defendido públicamente a Trump considerando que no podía ser peor que Obama y que, claramente, había una campaña contra él para condicionarlo.

Entonces, ¿dónde ubicamos a Trump si su principal aliado parece ser Putin y sus enemigos son el saliente gobierno norteamericano y los líderes de la Comunidad Europea? Es, como dijo el ex presidente uruguayo Pepe Mujica, una “pelea de la derecha”? Por si faltaba algo para alterar el análisis, la cumbre mundial de Davos, ícono del capitalismo mundial que se está desarrollando en estos días, contó con el esponsoreo económico de China, cuyo presidente, Xi Xianping, dio el discurso inaugural defendiendo el libre mercado y la globalización y cuestionando al proteccionismo.

Un principio de explicación podría tomarse de la versión, por supuesto no confirmada, de que Henry Kissinger le acercó a Trump una versión remixada del modelo que le vendió al ex mandatario Richard Nixon en 1972. En ese momento, fue aliarse a China para debilitar a la URSS; hoy, aliarse a Rusia para debilitar a quien en los hechos es el principal rival de EE.UU., China, que, entre otras cosas, tiene una enorme cantidad de bonos de la deuda externa norteamericana. Ese análisis no tiene, por supuesto, demasiadas lecturas ideológicas, pero serviría para entender parte del asunto.

Otro dato importante es la conformación del gabinete de Trump, donde predomina la histórica burocracia republicana con algunos agregados propios del magnate pero también de perfil republicano.

Algunos arriesgan, entonces, que Trump generará mucho ruido mediático con sus declaraciones y sus temerarios tuits, pero que, en el fondo, descansará para gobernar en la histórica estructura republicana y en sus políticas tradicionales de baja de impuestos, desregulación financiera y achicamiento del Estado matizado con un gran plan de obra pública y altas tasas que absorban dólares del mundo.

La historia está por escribirse, pero es posible arriesgar que Trump será un republicano clásico para adentro y que en política exterior expresará la nueva dinámica que supera el esquema izquierda/derecha que, en apurada síntesis, podría definirse como globalistas vs nacionalistas.

¿Cómo se ubican los sectores progresistas dentro y fuera de EE.UU. en este nuevo esquema? Es un desafío. Bernie Sanders quedó mal parado porque, aunque apoyó a Hillary, sus propuestas económicas coincidían con las de Trump. En el Reino Unido, Jeremy Corbin, líder laborista, quedó a mitad de camino en el referéndum sobre el Brexit porque repudiaba las políticas de ajuste de la UE pero también está en contra de restringir los derechos de los inmigrantes. En España, Podemos, el nuevo partido español, arde en una discusión interna entre sus dos líderes, Pablo Iglesias, que expresa el ala progresista, e Iñaki Errejon, que promueve ideas “peronistas” y/o populistas que se desmarquen de las reivindicaciones tradcionales del progresismo.

El mundo asiste a una nueva etapa en la historia de la humanidad. Sólo falta ponerle nombre“.

Me gusta el artículo, por toda la ambigüedad de los términos “derecha” e “izquierda”. Creo que hay allí, como aquí, como en todas partes, un partido de los ricos y otro de los pobres, Pero como peronista, y habitante del siglo XXI, no creo que sea la contradicción principal. Le doy más importancia a la “cuestión nacional”.

¿Esta es entonces una nueva etapa, como dice Sabanés? Sí, si la globalización financiera, hoy hegemónica, resulta vencida (No la derrotará Trump por sí, claro. Como todas las tendencias poderosas en la historia humana, termina cuando se derrota a sí misma).

(Esto no significa que la globalización se detendrá, en mi opinión. Creo que es una tendencia inevitable, a partir que los capitanes y los armeros de Enrique el Navegante y luego de los otros reinos europeos inventaron nuevas técnicas a partir del siglo XV. Pero será un mundo y un proceso globalizador muy distinto de aquel en que vivimos los últimos 40 años).

Como sea, Trump le ha declarado la guerra, por lo menos en sus declaraciones, a una pieza esencial de esa globalización financiera que es el libre comercio. Y esto nos conviene a los que pretendemos un destino industrial para Argentina. En cuanto a lo demás… el que viva lo verá.

Quiero agregar algo, por mi impulso irresistible de dar consejos -que nadie me ha pedido- a mis compatriotas. El polémico, y astuto, Guillermo Moreno ha dicho que ve en Trump algunas cosas peronistas. Creo que tiene razón. Inclusive, agrego que le veo algunas cosas de Néstor Kirchner. Pero aunque el Donald fuera la mejor clase de peronista -está por verse- tengamos claro que él trabajaría entonces por la grandeza de la nación y la felicidad del pueblo estadounidense. Para conseguir las nuestras, debemos preocuparnos nosotros.


También un video para este viernes: House of Cards

enero 20, 2017

Supongo que muchos de ustedes, en la mejor tradición cholula de los argentinos, han visto la ceremonia de la inauguración o el desfile que se realizó hoy en Washington. Quiero acercarles unas imágenes… complementarias. Es el trailer que anuncia la 5° temporada de House of Cards, donde aparece el presidente, en campaña, Frank Underwood. Y Netflix la anuncia el mismo día en que Donald Trump asume como presidente de los Estados Unidos.

Después que lo vean -está subtitulado-. creo que estarán de acuerdo que es un indicio sólido que algunas… concentraciones de poder en el mundo moderno están fastidiadas con el Donald. Poder “blando”, pero no menos influyente por eso. Tal vez al contrario.

Y su mensaje es mucho más moderno, es decir, es más eficaz que la indignación intelectual, ligeramente aristocrática pero bien escrita, de una Alicia Dujovne Ortiz. Se los digo desde mi experiencia en comunicación.

La única reflexión, para nosotros los argentinos, que se me ocurre es: seamos cautelosos. En la partida que se juega a nivel global, nadie nos ha dado cartas.

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Música para este fin de semana -Bruce Springsteen

enero 20, 2017

Viernes 20 de enero de 2017 ¿A quién iba a subir sino a The Boss? ¿Qué otro tema sino Born in the U.S.A.? El Bruce está por encima de la grieta que los divide a ellos. Dijo durante la campaña que Trump era un idiota y tras el triunfo, que nunca había sentido tanto miedo por el futuro de Estados Unidos.

Por su lado, el Donald se ocupó de contratar para la inauguración de hoy a The B Street Band, una banda de homenaje a Springsteen que recrea en directo sus principales éxitos.

Porque el Boss es el cantante para los de abajo, para los perdedores, los que votaron a Trump.


El chau a Carlos Melconian

enero 20, 2017

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El Grupo Clarín y su política laboral han causado y causan perjuicios, angustia y humillación a mucha gente. Y algún costo va a pagar por eso, como ya comenté. Pero lo justo es justo: a veces me ahorra trabajo. Es que en este enero, con las vacaciones que me voy a tomar y las que se toman otros, no me queda mucho tiempo para reflexiones en el blog. (Asume Trump, y me siento obligado a subir algo!)

Hoy Ricardo Roa, que es un periodista que escribe bien y a la vez un leal soldado del Ejército Revolucionario de Magnetto, me deja servido un post de actualidad. Agrego dos preguntas para los amables lectores ¿El verticalismo, no era una cosa mala y K? Y la más importante ¿cuál es este operativo del ERM? Sin más, copio:

“Como un señorito francés y acompañado por su esposa Juliana Awada Mauricio Macri pasó horas en el cumpleaños número 60 de Carlos Melconian. Fue a comienzos de noviembre. Una fiesta cálida y grande con muchos amigos de las dos vidas de Melconian: la de su barrio Valentín Alsina y del fútbol y la de la política y los negocios.

No estuvo ninguno del Trío Ellos Son Yo de Macri. Ni Marcos Peña ni Mario Quintana ni Gustavo Lopetegui. No eran ni son amigos de Melconian que no los considera pares para discutir sobre economía. Pero fueron los que dos meses después convencieron a Macri que debía echarlo del Gobierno. Y Macri lo echó.

Cualquiera imagina que deben haberle llevado una larga lista de quejas. Algunas desde el comienzo mismo del Gobierno, cuando le ordenaron a Melconian que abandonara su costumbre de hablar. Eso quería decir que dejara que criticar cosas que ellos hacían y que Melconian consideraba mal hechas.

Melconian lo hizo a su manera: paró de hablar en público aunque nunca del todo y paró menos de hablar en privado. A veces o bastantes veces cosas que decía en privado terminaron por volverse públicas.

Si fuese por Peña, los ministros y los funcionarios tendrían que llamarse a silencio a menos que les indiquen que tienen que hablar. Así entiende la comunicación el jefe de la comunicación oficial.

Hubo en este tiempo muchos enojos con lo que Melconian opinaba o con lo que decían que Melconian opinaba. ¿Y qué opinaba Melconian? Por ejemplo que el gasto público se achicaba muy poco o que directamente no se achicaba. Que se habían desperdiciado los beneficios de la devaluación. Y que el Gobierno no tenía una primera espada para guiar la gestión económica fraccionada en siete ministerios que ahora son ocho.

Del otro lado leían que Melconian se candidateaba para reemplazar a Prat-Gay, un cargo que había imaginado para él desde el comienzo. Y que se sorprendió de que no se lo hubieran dado. Melconian es un PRO de la primera horneada. No sólo como técnico sino también como cuadro político.

Hubo dos gotas que colmaron el vaso. La primera cayó en diciembre cuando el Gobierno le pidió al Nación una parva de plata para tapar el agujero fiscal y Melconian corcoveó. Peor fue la segunda: se cortó solo con los aumentos salariales para los bancarios, por encima de la pauta fijada por Macri.

Parte de esto explica por qué Melconian terminó llevado en andas por los empleados y por qué Palazzo, el ultracristinista jefe del gremio, lo despidió como “un gran presidente del Nación”. También llovieron elogios de algunos de los que lo echaron. Previsibles elogios post mortem. Y elogios curiosos: el PRO pone la gestión por delante de todo y a un funcionario que dice hizo una muy buena gestión lo echa. De otras gestiones que teclean, mutis. Lo que más vale es estar alineado.

Otra curiosidad: argumentar que la salida de Melconian fue para homogeneizar el equipo económico. Lo que en realidad homogeneizaron es el control del equipo económico. Al liberal Melconian lo reemplaza el keynesiano González Fraga y al keynesiano Prat-Gay lo reemplazó el liberal Dujovne. La misma mescolanza con distintos nombres.

Quizá la mayor curiosidad sea que no fue Macri ni siquiera Peña sino Quintana el que citó a Melconian para decirle que su etapa estaba terminada. De un plumazo y sin explicaciones directas de su amigo el Presidente”.


Obama. En su final, su principio

enero 19, 2017

Barack Obama, the 42-year-old state senator from Illinois, gives his keynote speech during the second session of the DNC. “In this election, we are called to reaffirm our values and commitments, to hold them against a hard reality and see how we are measuring up to the legacy of our forebears,” he said. “And fellow Americans ... we have more work to do.”

Barack Obama ya tiene garantizado su lugar en la historia de los Estados Unidos; seguramente, la que más le interesa: ha sido su primer Presidente con herencia africana significativa y visible (herencia africana reciente, claro. Si vamos más de 50 mil años atrás, todos somos 100 % africanos, hasta los esquimales).

En la Historia del mundo… no me siento ahora como para agregar algo a todo lo que escribí en el blog sobre él en sus ocho años de mandato. Pongan su nombre en el Buscador, o elijan en todo lo que se publicará en los medios mañana.

Lo que quiero hacer es acercarles la primera vez que lo mencioné aquí, el 2 de agosto de 2007. Un mes después de comenzar con el blog. Decía entonces:

“... No puedo dejar de incluirles – para beneficio de los que saben inglés – unas declaraciones de campaña electoral del precandidato Demócrata Barack Obama. Ahí promete sacar las tropas de Irak… para llevarlas a Afganistán y Pakistán.

Obama es un Kennedy negro: miembro privilegiado de una minoría sumergida, intelectualmente brillante, carismático… y patriota, en sus términos, que son los de ellos. Ojo: estoy convencido que la intervención en Medio Oriente de Bush, que la estolidez yanqui aproxima a una cruzada contra el Islam, es un error histórico de los Estados Unidos, que Hillary, Obama o Edwards dificílmente subsanen” (Eran los 3 precandidatos en las primarias Demócratas).

Para los que no se manejan bien con el inglés, o no cliquean, las traduzco:

El candidato demócrata a la presidencia, Barack Obama, emitió ayer una advertencia al presidente paquistaní, Pervez Musharraf, diciendo que como presidente estaría dispuesto a ordenar tropas estadounidenses en ese país unilateralmente si no actuara por su cuenta contra extremistas islámicos.

En su declaración más completa sobre el terrorismo, el senador de Illinois dijo que la guerra de Irak ha dejado a los Estados Unidos menos seguros de lo que era antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001 y que si fuera elegido buscaría retirar tropas estadounidenses y desplazar el enfoque militar del país a las amenazas en Afganistán y Pakistán“.

Con esto no estoy diciendo “¡Obama belicista!“. En realidad, creo que ha hecho un repliegue razonablemente cauteloso de la imprudente sobreextensión militar yanqui en Medio Oriente. Me pareció interesante recordarlo porque muchos argentinos tenían una especie de prejuicio racial: Si era negro, tenía que ser progre y pacifista. Y se sentían traicionados.

Bueno, no. El trabajo del Presidente de los Estados Unidos, más allá de su ideología y de su personalidad, es defender los intereses de su país. Sería hora que los argentinos adoptáramos el mismo criterio.


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