Trump y la Historia que no finaliza

enero 30, 2017

vacaciones

Lo dali

Hay algo que me fastidia en el hecho de estar de vacaciones ahora, y con un acceso mezquino a Internet. Es que en estos días se desarrolla un proceso que, por lo importante e inesperado por los analistas, no puede compararse a otro que el que lanzó Gorbachov en la vieja URSS al empezar con la Perestroika.

Dicho esto, me apuro a remarcar la diferencia: el socialismo sovietico, a lo largo de siete décadas quedo ligado con el destino de esa Gran Potencia. La globalizacion en su version financiera, no está atada, solamente, a lo que haga o no haga EEUU.

Al regreso acerco algunas reflexiones. Ahora, subo desde la distancia y con atraso esta nota de Gabriel D. Lerman. Doblemente interesante porque proviene de un progresista de Página 12, especie aferrada a sus convicciones, que encuentra que ahora debe repensarlas. El titulo, apropiado, es

FINAL ABIERTO

También el hecho de menospreciar procesos de cambio más atados a liderazgos que a partidos, de no comprender cabalmente el fenómeno del populismo latinoamericano, y el de haber sido, por suerte, constructores de teoría al mismo tiempo que estábamos en el corazón de la praxis, contribuyeron a que no exista un corpus de ideas más o menos sistematizado sobre lo que fue el giro a la izquierda en la región. Esto ocurre en circunstancias en las que ya deberíamos estarnos preguntando cómo afrontar la reacción conservadora que se está procesando en muchos de nuestros países”, reflexiona la uruguaya Constanza Moreira, senadora del Frente Amplio y ex precandidata presidencial en las internas de su coalición en 2014. Reflexiones a subrayar y cotejar ofrece el artículo de Moreira y los de otros dirigentes e intelectuales destacados de la región como Alvaro García Linera, Emir Sader, Alfredo Serrano Mancilla y Ricardo Forster, que integran la compilación Las vías abiertas de América Latina, editada por la UMET bajo la coordinación de Carlos Girotti. Pensar, historizar, realizar balances, refundar la política, todo esto suscitará, desde ahora, la última década en América Latina, parecen decirnos estos autores. Si bien estamos viviendo un momento de inflexión o declive, la caracterización del proceso también es política: no es lo mismo señalarla como “restauración conservadora”, como “fin de ciclo”, como “repliegue temporal” o, como prefiere decir García Linera, como un “proceso por oleadas revolucionarias”.

Sería demoledor y abismal liquidar el tema en pocas páginas, y los autores son conscientes de su doble condición de políticos y pensadores, algunos con mayor acento en uno u otro eje. Los temas que subyacen a esta obra colectiva, tan heterogénea como las referencias que emplean y aluden, son un llamado a la historia, a la economía, a las ciencias sociales, y también al ejercicio del periodismo o en todo caso ese flujo cotidiano de pequeñas informaciones y noticias que hoy recibimos y reproducimos por redes sociales, y que presentan todo el tiempo una reinterpretación del mundo en que vivimos. Porque cada presentación contenida en esta vías abiertas, que juega en su nombre con aquella obra de Eduardo Galeano de tanta pregnancia simbólica, alude a la larga construcción, muchas veces fallida, de un conjunto de naciones, de pueblos y destinos, alguna vez agrupados bajo la etiqueta “Patria Grande”. De eso se trata, parecieran susurrar todos por lo bajo. La dificultad radica en las velocidades, en los problemas específicos, en las particularidades, en el trazo que cada país ha significado como emergencia nacional, estructural y simbólica. Y en este sentido, tal vez el intento más original y preciso que deja este libro sobre la mesa del pensamiento actual latinoamericano, que podría dar el puntapié para un nuevo tipo de reflexión contemporánea, es el esfuerzo que hacen García Linera, Sader, Moreira, Ramírez y Guijarro, por apuntar logros y obstáculos, contextos y realizaciones de cada proceso nacional. Es decir, no rearmar de un modo automático la estela retórica de la patria grande que todo lo cubre y lo exime, sino ahondar el debate en los aspectos cruciales en los que pueden puntuarse medidas de gobierno, programas implementados, relaciones orgánicas entre Estados y movimientos sociales, procesos culturales abiertos, ampliación de derechos, dilemas de la concentración de medios y la convergencia tecnológica, en fin, modelos económicos de desarrollo y distribución social de la renta. En este sentido, y como ha sucedido en otros momentos cruciales del continente, sería de gran fertilidad y buen augurio, una invitación abierta y generosa al debate de parte de universidades, institutos, partidos, movimientos y fundaciones que aún tengan entre sus horizontes la construcción de ciudadanía y la ampliación de derechos políticos y sociales, a pensar los resultados pero también lo que subyace a todo el proceso, considerado en marcha o en suspenso. Sería deseable si existiera la voluntad y el espacio para ofrecer debates contundentes como los que en su tiempo protagonizaron José Martí, Manuel Ugarte, José Carlos Mariátegui, pero también Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, Juan Carlos Portantiero, José Aricó y todas las escuelas de la región albergadas en Flacso, Clacso y otros espacios institucionales de larga experiencia.

En algún sentido, el señalamiento de la inmersión en la historia concreta que presenta aquí y ahora Alvaro García Linera, en su rol de vicepresidente de la Repíblica Plurinacional de Bolivia, lo eximiría aparentemente de un debate de tenor académico, incluso muchos considerarían esto como una snobeada o un gusto para contertulios sin perspectiva. Sin embargo es García Linera mismo quien invita a producir un debate abierto y franco en cada idea que plasma, y no desde un pedestal o un púlpito gubernamental sino desde el foro social y político, la cátedra, el espacio público. Dicho lo cual, vale la pena contexctualizar que no siempre las condiciones para el debate son las más genuinas. En un apartado que lleva por título “Gramscialización de las estrategias de contrainsurgencia imperial”, denuncia que en los últimos cuatro años asistimos a un proceso de “agresión concéntrica que combina boicots económicos, ataques políticos internacionales, financiación de partidos políticos de derecha locales y carteles mediáticos de difamación y mentiras, con movilización social”. Y compara que así como hace tres décadas las fuerzas armadas norteamericanas leían El arte de la guerra de Sun Tzu, hoy leen los textos gramscianos debido a “la preponderancia de las batallas culturales en el nuevo escenario de disputa del poder continental”.

Cuatro son los logros de la última década para García Linera: la ampliación de la democracia política, la redistribución de la riqueza común y ampliación de la igualdad social, el ensayo de formas posneoliberales de gestión de la economía y administración de la riqueza, y la construcción de una internacional latinoamericana progresista y soberana. El subrayado de estos cuatro ejes, que abarcan la política, la cultura, la economía y las relaciones internacionales, bastaría para introducir una agenda caudalosa de debate. Cada eje despliega a su vez gran cantidad de subtemas y aspectos. Mantiene, en esa línea, semejanzas con el artículo de los ecuatorianos Ramírez y Guijarro, y el venezolano Serrano Mancilla. No es casualidad que esos balances desplieguen una grilla amplia y abarcadora de lo social, lo político y lo económico, dado que resultan sobreimprimirse en procesos donde la radicalidad de los cambios presenta mayor hondura. Diferente es el caso de Brasil y Uruguay, y con otros matices, Argentina. Sin embargo flaco favor se le haría a la complejidad e incluso a la praxis política, si se adoptaran las etiquetas fáciles de populismos duros o blandos, socialismos democráticos, progresismos instituyentes o institucionalistas. Emir Sader puntualiza sobre Brasil: “El gobierno no buscó transformar las estructuras de poder heredadas del neoliberalismo, ni el poder del capital financiero, ni el del agronegocio, ni el de los monopolios en los medios de comunicación. Es cierto también que en aquel momento, no se tenían las fuerzas necesarias para ello, pero el gobierno tampoco se propuso generar las condiciones para poder hacerlo en el futuro. El éxito de las políticas sociales y el liderazgo de Lula disminuyeron -hasta cierto punto y hasta cierto momento- los efectos negativos de esas estructuras que se mantenían”. Ricardo Forster señala la necesidad de pensar hasta qué punto la experiencia del kirchnerismo es heredera y crítica del movimiento creado hace más de setenta años por Juan Perón: “No para dirimir algo casi imposible de lograr, que es explicar la exuberante y contradictoria diversidad del peronismo, su paso tumultuoso por la historia nacional, sus logros y sus oscuridades, sino para romper ciertos prejuicios a la hora de realizar un balance productivo y crítico de esta última década en la que tantas cosas ocurrieron cuando ya nada presagiaba que la historia iba a recomenzar”. Y adentrándose en una zona más polémica que recoloca la política argentina en la tradición progresista, al referirse a la derrota de 2015 y a la restauración neoliberal emprendida desde entonces, Forster se pregunta sobre el kirchnerismo: “¿Acaso fue el último nombre posible para una apuesta emancipadora en un país que vuelve a girar hacia la derecha regresando a su oscura gimnasia de la repetición? ¿Acaso se replicó con el kirchnerismo aquello que de Alfonsín dijera Pancho Aricó, cuando sostuvo que había estado ‘a la izquierda de la sociedad’?”.

Dos o tres núcleos históricos se agolpan y conviven en las referencias que realizan los dirigentes y pensadores políticos reunidos en este libro, y cada núcleo ofrece una mayor dificultad aún. En primer lugar, la idea de América Latina o patria grande heredada de los tiempos de la independencia, con las grandes figuras patrióticas de los próceres y padres fundadores: Bolívar, San Martín, Artigas. En segundo lugar, las relaciones que se establecen con las etapas nacionales de mediados del siglo XX, aunque muy matizadas en estos artículos, y el llamado populismo latinoamericano: Vargas, Perón, Cárdenas, Paz Estenssoro. En tercer lugar, lo que tanto Sader como García Linera, de manera escrupulosa, aún denominan los gobiernos progresistas y nacional populares posneoliberales, emblematizados en las figuras de Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Evo y Mujica. No es fácil realizar balances o ensayar memorias cuando los procesos aún están abiertos, cuando el fragor de la lucha lo dificulta o cuando la madeja de compromisos e intereses creados abduce la crítica. Sin embargo, es imposible pensar que una década como la pasada hubiese tenido lugar sin una larga construcción conceptual, política y cultural que sobrevino en el tiempo a la derrota popular de los años setenta, y que se apoyó en una búsqueda modernizadora e incluyente a la vez que, desde los años ochenta, viene pensando a la región sin renunciar a la democracia ni a la igualdad.


La publicidad y los “negros”

enero 29, 2017

vacaciones

Carlos Gianella, militante peronista, publicó hace una docena de días esta nota en La Política Online, pero recién la vi a punto de salir de vacaciones. Es un análisis agudo de un mensaje publicitario, es decir, de una pieza destinada a influir sobre las conciencias… sin que se note demasiado. Me parece valioso, entonces, dejar claras las percepciones que refleja.

Eso sí, aunque Gianella es un profesional destacado de la comunicación, me animo a pensar que él también mira esto desde un microclima político (todos lo hacemos). Por eso dejo planteado otro enfoque más, al final de la nota.

“Nunca una publicidad, como la del aire a 24 grados, dejó en evidencia tan claramente lo que piensa un gobierno de su pueblo.

Oscar Valdes, el mecánico que protagoniza la publicidad del Ministerio de Energía y Minería de la Argentina en “Poné el aire a 24”, es quizá el actor involuntario de una pieza publicitaria llena de prejuicios y clichés de la clase alta sobre su percepción de los trabajadores.

Hola, mi nombre es Oscar, soy el mecánico del barrio, el año pasado cuando hubo corte(s) de luz fui uno de lo(s) que cortaba la calle con lo(s) vecino(s)”.

Todas las “s” entre paréntesis Oscar no las pronuncia, porque como bien sabemos (?), los mecánicos de barrio no saben hablar correctamente. El prejuicio queda mejor marcado en la traducción que la publicidad hace sobreimpresa en el video y que nos deja una enseñanza contundente. Como por arte de magia las “s” aparecen en la pantalla para que quede claro que el bruto es el mecánico y no el que encarga la publicidad. Mecánico bruto.

El spot deja dos mensajes fantásticos, el mecánico dice textualmente que después de protestar por los cortes de luz del año pasado “había muchos (vecinos) de los que estaban haciendo el corte que iban y ponían los aires a 18 en vez de 24”. Impresiona que el mensaje del gobierno diga que el corte haya sido exitoso, ya que “iban y ponían el aire a 18”. Volvió la luz, viva el corte de calles. Pero hay una parte que asusta; el conocimiento de Oscar de a cuántos grados ponen los aires los vecinos de su barrio (en plural, se ve que les fue bien a los vecinos los últimos años).

Chismoso alta gama que dice sin decir: desde el Estado sabemos lo que haces en tu casa con el aire y su temperatura. Como cualquier gobierno de derecha, asustar a la población es parte del manual, pero hacerlo publicidad nunca lo había visto. Quizá esté equivocado y entre golpe de cacerola y grito pelado los vecinos del mecánico Valdes se comentan lo que harían al regresar la luz a sus hogares. Diálogo que no estaría ligado a la comida de la heladera, el agua potable o bajar por el ascensor a un abuelo.

Para Oscar Valdes (Peña Braun) la luz “es como la salud, no te das cuenta hasta que te falta”. Una opafrase muy interesante, porque ya sabemos que los mecánicos de barrios humildes no saben bien si tienen salud o luz. Son negros. “(…) Cuando te cortan la luz te das cuenta que es muy necesaria”, redunda la pieza publicitaria sobre el concepto del mecánico sin conocimiento de la importancia de la luz hasta su ausencia. Es que ya sabemos que el negro no valora hasta que pierde lo que tiene, pero no por desagradecido (como si se lo regalaran) sino por falta de comprensión”.

Como ya dije, Gianella está mostrando las asunciones implícitas del aviso. Pero -al mirarlo como una pieza publicitaria- yo evalúo que no va a producir mucho efecto en el consumo de electricidad. No da motivos para consumir menos (eso lo hace la tarifa). El aviso no obra sobre el temor -salvo el precio, que cuidadosamente no se menciona- y al que lo ve no le da motivos para preocuparse por él mismo: Ni tampoco apela a una motivación positiva: No crea un lazo. Hay una difusa y convencional apelación a la solidaridad, pero no le da el quién debe ser objeto de esa solidaridad.

Porque el efecto es el contrario; Gianella mismo lo apunta. El aviso  -con plena conciencia o no, no importa- fortalece una conciencia de clase (no de clase “alta”; ahí son otros los símbolos). Aquí no pasa por los ingresos, ni por otras señales convencionales. El aviso llega a los que pronuncian bien las “s”, o creen pronunciarlas bien, es lo mismo. (Es un aviso porteño, a lo sumo de Buenos Aires. En otras regiones de la Argentina, las distinciones de lenguaje son diferentes).

No puedo decir si esa es la intención del aviso (Mi agencia no participó en la confección). Lo que quiero decirle, Gianella, es que, cuando el bolsillo aprieta, el apelar a un sentimiento de superioridad es una herramienta disponible para aferrar a un público. Hemos visto ejemplos significativos, fuera de nuestras fronteras.


Argentina Nuclear, 2017 – XLV: El riesgo atómico argentino, comparado

enero 28, 2017

vacacionesEl incansable Daniel Arias me hizo llegar otros capítulos de la saga, más cercanos a nuestro presente. Los dejo programados (Lo mío es solamente el título).

Los que inventaron el reprocesamiento, y cómo les fue

  centrales-de-reprocesamiento

(cliquear encima para ampliar)

Entre 1987 y 1988, los científicamente desinformados habitantes de Capital Federal y de Ezeiza fueron persuadidos de que una instalación del Centro Atómico Ezeiza iba a transformarse en un Chernobyl criollo. Pero la propaganda lanzada por “vecinos preocupados” e incluso por la mutual médica bonaerense FEMEBA no mostraba accidentes de grado máximo (INES 7) en centrales, de los cuales la historia registraba únicamente a Chernobyl. No señor, mostraba explosiones de armas atómicas, con la típica nube en forma de hongo. Y una imagen –dice el aforismo- vale por mil palabras.

En suma, que el LPR –según las palabras- iba a causar los efectos del derretimiento e incendio de una central nucleoeléctrica gigante, de 1000 megavatios, siendo apenas un laboratorio químico hecho de tal modo de evitar toda reacción crítica. Y ese efecto –según la imagen- iba a ser no el de un Chernobyl sino el de una Hiroshima. Una mentira de segundo grado, o “metaverso”, como baten los chabones de la Sorbonne.

En el Centro Atómico Ezeiza, para más datos, no hay centrales: sólo un reactor de muy baja potencia, el RA-3, que hace a la Argentina 100% autosuficiente en diagnóstico y terapia de enfermedades generalmente graves (EEUU y Europa no tienen ese privilegio).

En cuanto al reprocesamiento Purex, es un proceso químico: aprovecha que el plutonio se combina con los reactivos que suelen ligarse selectivamente con, digamos, el magnesio o el calcio, por dar átomos más comunes, pero no con el cesio o el iodo. Los radioisótopos del cesio y el iodo son productos clásicos de fisión del uranio 235, y por ahora, basura nuclear inútil. El Purex es un método de apartar la paja del trigo, como dicen en mi barrio.

En cuanto a las catástrofes anunciadas en el Centro Atómico Ezeiza, no hay muchos modos de derretir el núcleo de uranio de una planta química que, por empezar, no es un reactor y mucho menos, una central de potencia.

¿Las plantas de reprocesamiento son inocuas, por lo tanto? Joder, no. Las que se fundaron bajo control militar tuvieron impactos ambientales fortísimos, y los ejemplos de tapa de libro son Hanford, en las estepas frías del estado de Washington, en el noroeste de los EEUU, y Mayak, o Kyshtym, como la llaman aún los rusos, en la ladera oriental de los Urales.

En Hanford, el problema fue (y sigue siendo, 70 años más tarde) la fuga de líquidos química y radiológicamente contaminados de depósitos “transitorios” que terminaron siendo permanentes. Fue un desastre en cámara lenta que involucró la indiferencia de dos generaciones de burócratas con charreteras y el manejo experto del secreto de estado. Hoy su remedio por parte de distintas agencias federales (el DOE o Department of Energy, la EPA o Environmental Protection Agency) promete durar muchas más.

Hanford  era ideal. Tenía abundante electricidad en represas cercanas, y estaba apartada de las grandes ciudades y rutas comerciales. Pero no era perfecta: pese a la hostilidad del clima, continental desértico, con inviernos durísimos y unas tormentas de viento y polvo que te la cuento, distaba de ser perfectamente desierta. Había algunos centenares de quinteros por irrigación que habían hecho del lugar un pequeño polo frutihortícula llamado Richfields, comparable en desarrollo con nuestros oasis construídos a punta pala: los de Mendoza, o el Alto Valle del Río Negro. Hanford tenía hasta escuela secundaria.

En su lucha global por la democracia, a esos “farmers” blancos el general Leslie Groves los desalojó a patadas en dos meses y con una compensación inferior a los U$ 0,50 por hectárea, que no les servía ni para comprarse sus futuras tumbas.

A los pueblos aborígenes que intercambiaban inmemorialmente pesca por productos de cacería en las orillas del majestuoso Columbia, el mayor río americano de la vertiente del Pacífico, Groves los echó a punta de bayoneta, sin darles un mango, y con la promesa –jamás cumplida- de que el gobierno les devolvería sus tierras finalizada la guerra. Estamos hablando de un frente costero fluvial de 80 kilómetros, aproximadamente y 10 kilómetros de profundidad. Hoy el sitio quedó tan estragado radiológica y químicamente que, según los tataranietos de los indios desalojados, su eco-remedio insumiría unos 500 años de trabajo de las citadas agencias federales. Que desde hace dos décadas no saben ni cómo empezar.

En Mayak, en 1957 hubo un accidente que hoy calificaría como el tercero más importante de la historia después de Fukushima y Chernobyl, con un grado INES 6. Una explosión de sustancias químicas destruyó la tapa de un depósito de productos de fisión en estado de polvo, y la pluma resultante contaminó de cesio 137,  y estroncio 90 una superficie de 1,8 millones de km2, lo que obligó a la evacuación –en muchos casos tardía- de 22 ciudades y aldeas.

Las autoridades militares soviéticas ocultaron exitosamente todo, de modo que a fecha de hoy los muertos por exposición a radiaciones dan números totalmente conjeturales. Son inevitables, porque algunas respuestas a la irradiación en dosis inferiores a las de letalidad inmediata, como las leucemias) pueden demorarse una o dos décadas. La diáspora de los evacuados forzosos y la censura militar disolvieron los efectos locales en la epidemiología oncológica general del inmenso territorio soviético.

En suma, las plantas viejas de “repro” que alimentaron de bombas atómicas a los EEUU y la URSS tienen una pésima y bien ganada imagen. El problema, en Argentina, es qué poco trabajo tuvieron los yanquis entre 1986 y 1988 en hacerle creer al –perdón- Político Argentino Pelotudo Promedio, o PAPP, que el LPR iba a ser Hanford, Mayak y Chernobyl, todo junto. Justamente los yanquis.

Ahí se vio también que la CNEA, en sus primeros 30 años de gloria, dormida en sus laureles, no había hecho demasiado trabajo educativo capaz de asegurarle la supervivencia en tiempos más duros. No era imposible darle cierta cultura nuclear al PAPP, como para que –perdón- no comprara mierda importada por los inventores del culo.

El LPR, una batalla hoy olvidada, fue la primera derrota política seria del Programa Nuclear Argentino. Tuvo el mismo efecto para la CNEA que el “cajoneo” del caza Pulqui II tuvo sobre la Fábrica Militar de Aviones: donde había audacia tecnológica, dejó post-trauma, ataques de pánico y sumisión.

Para la Argentina nuclear, la muerte del LPR anunció derrotas políticas nuevas, impensables y mucho peores. Duraron décadas. Y algunas perviven.


Video para el fin de semana, y comienzo de vacaciones – 2001, La aurora del hombre

enero 27, 2017

vacaciones

El simpático perrito de arriba anuncia que comenzaron mis vacaciones. Y acompañará los posteos que dejo programados – y alguno, raro, que suba- hasta mi regreso. No tendré acceso regular a Internet, así que no estaré actualizado (o menos actualizado que de costumbre). La autorización de comentarios… estará todavía más demorada que ahora.

La mayoría de los viernes subo algún video, “para el finde”. Por razones personales elegí este para el primer posteo “en ausencia”, uno que ya había subido hace 3 años. Espero que les guste. Hasta la vuelta.

“Cuando la vi, poco después de su estreno, 2001, Odisea del espacio, me voló la cabeza, en el lenguaje de la época. Hoy creo que es una obra maestra frustrada, porque Kubrick no consiguió un lenguaje cinematográfica que trascendiera su época. Como lo lograron muchas películas menos ambiciosas, Casablanca, Rififi,… No estoy seguro que la mayoría de los espectadores actuales, habituados a otro ritmo, la aprecien. Como sea, aquí está solo la primera parte, y la más breve, de sólo 9 minutos y medio.

Con el debido respeto al gran Arthur Clarke, debo decir que como ciencia ficción, tampoco sobrevivió a su época. HAL, la computadora que “toma algunas decisiones equivocadas” es un aparato aislado, ajeno a la Red. Todos pensaban que la inteligencia artificial, si llegaba, residiría en una máquina. Sombra de Frankestein, te invoco… El concepto de Internet no estaba en las cartas que se usaban para mapear el futuro.

Simbólicamente, la espacionave comercial que lleva los pasajeros a la Estación Espacial es de Pan Am, la línea que iba a quebrar mucho antes del 2001. Alguien debería filmar ahora “El fin de la infancia”, o aún “Las fuentes del paraíso”, o “Claro de Tierra”, u otra versión de “El centinela”, para hacerle justicia a Clarke en el cine ¿Pero quién?

Igual, es una derrota que contiene victorias. Una es, sin lugar a dudas, la maravillosa banda de sonido. Y el talento de director de Kubrick! Deslumbra en esta primera parte. Magníficamente filmada, con actores humanos (modernos, aunque no lo parezca). En la música que se escucha aquí está esa extraordinaria apertura de Así hablaba Zaratustra, de Strauss, con la batuta de Von Karajan.

La historia: nuestros antecesores primates comienzan a convertirse en hombres cuando empiezan a usar herramientas… para matar. El fragmento termina justo al inicio del más largo travelling ascendente de la historia del cine. El mono asesino, nuestro antecesor, lanza hacia arriba el hueso que le ha servido como garrote y la cámara lo sigue… Unos millones de años después, el hueso es una espacionave.


Macri, Cristina y la polarización

enero 26, 2017

macri-cristina

Uno de los temas centrales del artículo de Martín Rodríguez que subí ayer al blog partía de asumir un hecho: hace tiempo que no existe, en el electorado, en la sociedad, una “mayoría estructural” del peronismo. El 30 de octubre de 1983, cuando Alfonsín vence en las urnas, se destruye una fe de sus partidarios y una obsesión de sus enemigos: que el peronismo siempre iba a ganar en elecciones libres.

Ahora, dice “toda mayoría parece contingente, se puede desarmar de una elección a la otra. Podés pasar del 54% al 33% en dos años“. No es el aspecto de su nota en que puse énfasis: me parece más decisiva la percepción, que compartimos, que el gobierno de Macri va a destiempo de las tendencias globales. Anunció su intención de acercarse al Tratado Trans Pacífico semanas antes que Trump lo cancelara. Quiere abrir a la Argentina al mundo, en un momento en que en el mundo se refuerzan (nunca desaparecieron) las barreras comerciales. Dirían en mi barrio “compra un circo y le crecen los enanos“.

Pero dije también que sus planteos me incitaban a discutirlos. Y, mientras cierro valijas, me tiento.

Ante todo, dejo claro, que estoy de acuerdo con lo que afirman, él y Solá, sobre la “sociedad fragmentada”. Nadie que trabaje en serio en comunicación puede no darse cuenta que hay muchos públicos diversos en la sociedad moderna. Y uno debe usar todas las herramientas técnicas para ayudarse a distinguirlos y adecuar el mensaje a cada uno.

Mi punto es que también se manifiesta en algunas coyunturas políticas una fuerte tendencia a la polarización. Que el electorado tienda a elegir entre dos opciones opuestas. Y sería un error ignorar esta posibilidad en nombre de la “modernidad líquida”, la indiferencia popular, la ciudadanía despolitizada. Que existen y son mayoritarias… hasta que dejan, por un momento, de serlo.

Se me ocurrió señalar esto a partir de una nota reciente de Clarín. La coyuntura política me puede, lo reconozco. Ahí Pablo Ibáñez, que antes recogía información y fantasías de las segundas y terceras líneas del peronismo bonaerense para Ámbito, ahora recoge lo mismo de un nivel mismo de un nivel ligeramente superior del PRO. Es jugosa, y seguramente la habría subido si no se me hubiera adelantado el alerta y trabajador bloguero J. R. Sentís.

De todos modos, les resumo el núcleo:

Este lunes Mauricio Macri compartió en la quinta de Olivos con la mesa chica del PRO. De ese scrum, macrismo en estado puro, participaron María Eugenia Vidal, Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta y el consultor Jaime Durán Barba.

Fue una sentada de análisis electoral -el primero del año- donde, entre otros ítem, se discutió el impacto que puede tener la postulación de Cristina de Kirchner en la provincia.

Como en un ejercicio de ensayo error, las mediciones y los focus group que consume la primera línea del gobierno, contemplan un menú de alternativas: si Massa juega o no, si Cristina va por provincia o en el sur -o no se anota-, si el PJ se unifica o se atomiza.

Entre números e informes -Macri elogia los estudios del consultor español, Roberto Zapata- revisaron distintos escenarios.

# En el ring nacional, solo aparecen dos dirigentes: Macri y Cristina de Kirchner. Sergio Massa, según lo que se conversó en Olivos, se viene diluyendo y su protagonismo es “lateral”. Para el tigrense, se analizó en la mesa, diciembre fue un mes catastrófico en que registró una caída fuerte producto de la discusión por Ganancias y su acuerdo con el kirchnerismo.

# Con Massa desdibujado, se consolida la polarización. Así y todo, no queda claro si conviene como candidata o no. Según los datos del PRO, la ex presidente tiene 47% de imagen positiva en la provincia y un núcleo duro de 20/22 puntos que la convierte en una candidata de “posibles 30 puntos”. Creció a lo largo de 2016 a pesar de que fue un año durísimo, con escándalos en el planeta K. Así y todo, no queda claro si conviene como candidata o no.

# Vidal no lo dice, ni lo dirá, pero en La Plata si pueden elegir, ponen a Elisa Carrió en Capital. Deslizan, a la vez, que los achaques de salud de la diputada podrían ser un problema en una campaña provincial. Suman datos: Carrió aparece más fuerte en Capital que en territorio bonaerense, a la vez que Vidal se consolida como la figura más potente y con más proyección del PRO.

# Con o sin Cristina ¿el PRO/Cambiemos debe poner el apellido Macri en la boleta? La pregunta no es ociosa ya que jorge Macri está en campaña de instalación para ser candidato a senador. El macrismo insiste en la tesis del “equipo”, construcción política y electoral que Peña y Durán Barba dicen que pasó dos pruebas de fuego: la PASO que Larreta le ganó a Gabriela Michetti en la ciudad y los 30% que en agosto de 2015 sacó Vidal en la provincia de Buenos Aires. “El candidato es el equipo” es la definición que remite a aquella frase K que rezaba “el candidato es el proyecto”.

# Datos anexos al margen de los nombres: las denuncias de corrupción no hacer mella ni en el oficialismo ni en la oposición, y la expectativa económica se mantiene sólida, lo que refuerza la teoría del equipo PRO“.

No doy peso a esos números que le hicieron llegar a Pablo Ibáñez. Pero tampoco tomo en serio los que anticipan otras fuentes. A 9 meses vista, las encuestas no nos anticipan nada. Pero si marcan las tendencias que existen hoy.

Y es cierto que muchas de ellas, de varios encuestadores, indican que la “ancha avenida del medio” se angosta. No es todavía la “de una vereda sola“, pero… Por otro lado, analistas comprometidos con Cristina Kirchner afirman que, si la imagen del gobierno de Macri no ha descendido tanto como indicaría la situación económica, es porque se lo ve como la única alternativa al regreso de lo “insoportable”.

El problema, claro, es que la polarización de un solo lado no existe. Si se afirma un liderazgo y una oposición dura como la de CFK, también se va a fortalecer quién la enfrente, salvo que sea un “tren fantasma”, como en 2011 (Y en ese año, la entonces Presidente no desarrolló una campaña agresiva, como puede verse en la colección de spots que les acerco abajo).

Lo que quiero decir, entonces, es que nada está escrito. El espacio “no macrista, no kirchnerista” existe en provincia de Buenos Aires, como se manifestó en 2015 en los votos de Massa. Pero la tendencia a la polarización también es real, cuando los pueblos perciben una crisis. Y esa crisis es la del deterioro de la situación económica, que golpea directamente al gobierno. Este será un año interesante.


´”El mundo le pinchó el globo al PRO”

enero 25, 2017

globo-en-llamas

Este el título de una nota que escribió hace dos meses Martín Rodríguez. Y me parece enormemente oportuna para este momento que vivimos. Y no es por  los limones argentinos a los que Trump les cerró la puerta en la cara (de Macri). Es patético, pero no es más que un episodio comercial como hubo y habrá muchos.

Hay algo más estratégico, que quiero contribuir a debatir desde el blog y fuera de él, que se resume en la frase final del artículo: “El menemismo y el kirchnerismo fueron mejores lectores del mundo en el que vivíamos”.

Estoy de acuerdo. Creo que el fracaso del experimento macrista -si mi previsión es acertada- se deberá no a que es de “derecha”, que representa a los sectores más acomodados de la sociedad y a los que se identifican con ellos. En todos los países de estructura similar a la nuestra -la gran mayoría- hay partidos de derecha y a menudo ganan y gobiernan. El fracaso del macrismo que avizoro se debe a que su proyecto de “volver al mundo” consiste en sumarse a un esquema que se agota.

Pero sobre eso escribiré cuando tenga más tiempo. Además, Martín, uno de los escritores más talentosos de los jóvenes que formaron la primera ola kirchnerista en blogs y medios, y, creo, el único que todavía escribe con regularidad (lo siento, Gabriel, Gerardo, Artemio. Uds. no eran taan jóvenes), es demasiado “librepensador” para el gusto de la militancia comprometida. Aquí lanza algunas ideas provocadoras. Que también me provocan a discutirselas, pero ahora léanlo a él.

“Felipe Solá suele recordar qué certeza se extinguió en la mente de un militante peronista a partir del 30 de octubre de 1983: la de que cualquier discusión política con la izquierda o derecha concluía con la ostentación de que había una “mayoría”, “un pueblo peronista”, que la resolvía en las urnas. Como el canto de guerra de La 12: “somos la mitad más uno/ somos el pueblo, el carnaval”. Eso enterró el triunfo de Alfonsín.

No es que el peronismo no iba a tener más mayorías (Menem, Cristina), pero nacía, como también dice Solá, la democracia de “los segmentos”. Se acabó el mito imbatible del “pueblo peronista”. Toda mayoría parece contingente, se puede desarmar de una elección a la otra. Podés pasar del 54% al 33% en dos años.

Ahora: ¿es posible construir una “nueva mayoría”? ¿Es posible construir esa “mayoría política” que prevaleció como sombra desde 1945 hasta 1983? ¿Es posible reconstruir en una “nueva mayoría” las “viejas mayorías argentinas”? La actual composición heterogénea de las clases populares parecen decirnos que no: el 17 de octubre fundacional a mitad de siglo pasado nos mostraba obreros argentinos demasiado parecidos entre sí, en un país industrializado. Hoy vivimos la segmentación del voto, y los efectos perdurables de una economía que pudo salir de los años 90 pero que no cambió su estructura laboral (informalidad, precarización). De aquel pueblo peronista de obreros a un electorado.

¿Cuál fue el problema argentino del siglo 20? Lisa y llanamente: lo que votaban las mayorías. Radicales primero, peronistas después. El voto por la igualdad. ¿Cómo se resolvía? Leña, leña, leña. Martínez de Hoz y Cía. transformaron la estructura productiva con proscripción, censura, ESMA y Campo de Mayo: un instrumental quirúrgico completo para pudrir el empate social argentino entre capital y trabajo. Menem, cuando heredó la noble agonía radical, llevó a cabo un gobierno “neoliberal” con mayorías electorales en las que los “excluidos votaban por sus excluidores”, al decir del gran sociólogo Ricardo Sidicaro. El ingenio político había tenido el salto de “la imaginación al poder” de un plan liberal fuera de quicio (¡poner nuestra moneda en paridad con el dólar!). Era un ajuste con fantasía distributiva: cada mísero peso valía un dólar. Una aventura por el mercado con el hacha en la mano.

Al revés, el kirchnerismo tuvo la trabajosa tarea de desarmar el consenso de los años 90 a fuerza de consumo, batalla cultural e inclusión. Con pedagogía progresista y una acumulación de poder que hizo saltar un par de veces la térmica, su mayoría fue y vino, no tuvo la vaca atada, de ahí que Kirchner haya sido como el científico loco que probó transversalidad, concertación, testimoniales, pejotismo, anti pejotismo. Kirchner nació con la fatalidad de los votos que le faltaban. Fue un peronista vencedor que, literalmente, no ganó ninguna de las dos grandes elecciones en las que se presentó (ni 2003, ni 2009). ¿Qué fue entonces? El mejor lector de sus derrotas… y un conductor que dio una lección paradójica sobre el supuesto pragmatismo recitado como salmo de la realpolitik (“el que gana conduce, el que pierde acompaña”).

Con la mitad más uno hacés la patria socialista, la patria peronista, la patria contratista, la que quieras. Con la primera minoría no. No existen los “populismos de primera minoría”. No existen las vías pacíficas al socialismo con primera minoría electoral (Salvador Allende lo supo en su septiembre, mientras la izquierda lo encerraba y la derecha asesina lo apuntaba). Las políticas que se dicen y autoproclaman transformadoras buscan las mayorías o no son nada.

El último kirchnerismo tras las elecciones de 2013 se sentó a descansar en un triunfalismo sobreactuado: somos primera minoría y CFK será la electora de 2015. No ocurrió. Lo mismo se diría al revés: no puede haber un gobierno de transformación liberal sólo con una primera minoría, el apoyo blando y el ensayo triunfalista de cómo “dividir la oposición”. Cambiemos no compite contra un peronismo unido, ni un kirchnerismo combativo. Compite contra sí mismo. Contra el espejismo de una mayoría que le regaló el sistema electoral con la suma de hartazgo hacia el kirchnerismo. El “partido del ballotage” que gobierna la Argentina según Ignacio Zuleta.

Macri presidente es el fruto de una mayoría forzada por el sistema electoral. La idea de “nueva mayoría” esa metáfora kirchnerista que reconoce, por empezar, sus propios límites, precipita una pregunta: ¿por qué una “nueva mayoría”? ¿Porque el big bang de Cambiemos y su política económica habrían producido un caos original del que puede brotar esa “nueva mayoría” liberada de todas las diferencias concretas, de nombres y cuitas y siglas, de la política? ¿La “nueva mayoría” de los vencidos?

Extremado el decir de Durán Barba: toda mayoría siempre será “nueva mayoría”, tan nueva que nace y muere porque será incapaz de fundar una tradición, porque si lo hiciera, en ese instante mismo en que es capaz de fundar una fidelidad, quiebra el paradigma de “nuevo elector”. Hasta ahora Cambiemos supo cómo ganar elecciones, ¿y qué pasa después? ¿Por qué ya no brillan los Marcos Peñas? En síntesis: el empate retórico de la política argentina se encuentra entre el tercio macrista que no cree en las mayorías y el tercio kirchnerista que las ambiciona en medio de la “segmentación” argentina. Tras el derrumbe de 2001, la reconstrucción política ha sido de minorías.

El PRO ganó y trajo como explicación al mundo su filosofía contra el “círculo rojo”. Un gobierno de CEO’s contra el establishment político. La revancha politizada de los gerentes. Semanalmente están las columnas en el diario Perfil de Jaime Durán Barba capaces de adaptar cualquier resultado electoral global (el NO al acuerdo en Colombia, el triunfo de Trump, las derrotas municipales del PT en Brasil, etc.) a su “teoría”. Algo así como que todos aquellos que piensan la vida política lo hacen de un modo equivocado porque no conocen a la gente concreta y sus problemas concretos, y entonces izquierdas y derechas, liberales y populistas, conforman un establishment de reglas rígidas, conservador, lento, elitista. Básicamente, el siglo 21 será gobernado por quienes conocen el secreto, el deseo y el consumo del ciudadano. El político empresario.

Ese hilo finito que une a Trump con el PRO tiene un contrapunto esencial: el magnate americano se montó sobre un nacionalismo blanco que desprecia el compromiso global de Estados Unidos, y en cambio nuestros magnates argentinos se consideran representantes de esa “fe global” que Estados Unidos parece haber barrido en sus urnas. Al final, el mundo fue el que les pinchó el globo. El menemismo y el kirchnerismo (que lograron sus mayorías) fueron, antes que nada, mejores lectores del mundo en el que vivíamos”.


Los que ganan y los que pierden con Trump

enero 24, 2017

los-trump

Les comenté hace unos días que Juan Chingo, corresponsal en Francia y redactor de La Izquierda Diario, tuvo la amabilidad de hacerme llegar un reciente artículo suyo sobre la división de los factores de poder en la sociedad estadounidense que ha mostrado el irresistible ascenso del nuevo presidente, Donald Trump.

Lo comparto con ustedes. Aunque limé algunos términos muy comprometidos con la ideología de Chingo -el marxismo ortodoxo- copio todo el artículo y sus conceptos básicos. Por mi parte, considero que hablar de una clase dominante norteamericana, así en singular, es simplificar demasiado.

Igual, los intereses que Chingo describe existen -y cómo- y están identificados con determinadas doctrinas. Creo que es un adecuado punto de partida para analizar las políticas de la Presidencia Trump. Por lo menos, parece más realista que la expectativa que en 60 días levanten las barreras a la exportación argentina de limones ¿Que parte de “compre estadounidense” no entendieron”?

Antes de las elecciones alertábamos de la fuerte división de la clase dominante norteamericana. La élite del poder se dividió amargamente, con la mayoría apoyando a Hillary Clinton, la candidata favorita de las facciones política y corporativa, mientras que la facción militar se reunió alrededor de la candidatura de Donald Trump.

Esto no significa que la elite corporativa sea monolítica. Por ejemplo, a la industria petrolera no le gusta que las guerras o tensiones geopolíticas perturben sus negocios a largo plazo (véase Rusia y Libia). Boeing quiere vender aviones a Irán. Por otro lado, una parte considerable de las multinacionales que se benefician de la segmentación del proceso de producción a nivel mundial se preocupan menos por esas guerras o maniobras geopolíticas, siempre y cuando creen nuevos mercados o faciliten el acceso a la mano de obra barata. Por el momento, Trump logró contener y contentar a este sector de la clase dominante con una mezcla de amenazas y promesas de jugosos negocios: lo primero fue aplicado a la industria automotriz no solo norteamericana sino mundial (Toyota, BMW, etc.) que a riesgo de ver rotas sus esenciales cadenas de producción en el extranjero estuvo dispuesta al comienzo a jugar el juego de producción nacional del nuevo presidente.

Por otro lado, mientras la baja de impuestos corporativos es un elemento central del proteccionismo reforzado de la “Trumpeconomics”, está estrechamente ligado a un tercero: la desregulación de las finanzas que promete jugosos dividendos a los bancos norteamericanos, como ya se pudo ver en el último trimestre donde los tiburones de las finanzas tuvieron ganancias extraordinarias. Liquidando las tibias regulaciones impuestas al sector financiero después de la crisis de 2007/8, Trump busca darle una ventaja comparativa al sector financiero norteamericano, que se prepara para captar capitales, estimulados por la baja de impuestos y por la promesa de rendimientos fabulosos.

Pero junto a esta división del mundo de negocios, la división política decisiva durante las elecciones y a posteriori es la batalla entre el sector neocon/intervencionista liberal o mal llamado “humanitario” y los realistas en política exterior. El primer campo es representado por la CIA y el segundo por los militares. La derrota de Hillary fue una derrota para el sector que, después del fracaso de las operaciones militares en Irak y Afganistán de la era Bush, está a la vanguardia del intervencionismo norteamericano.

Así es que, durante casi seis años, la CIA ha participado en una campaña para el cambio de régimen. Se ha hecho cargo de las finanzas y el armamento de milicias fundamentalistas islámicas con el objetivo de derrocar al presidente sirio, Bashar al-Assad, el único aliado árabe de Rusia en Oriente Medio. En 2013, las declaraciones trucadas de que el gobierno sirio había llevado a cabo ataques con armas químicas fueron utilizadas como pretexto para lanzar una guerra aérea a gran escala contra Assad. El expresidente Obama, frente a la oposición popular en EEUU, las divisiones dentro del establishment militar y la oposición de los aliados de Washington de la OTAN, salvo Francia, detuvo la agresión aérea en el último minuto.

A su vez, hay pocas dudas que las negociaciones estaban en marcha entre la campaña de Clinton y la administración Obama, con un estado de planificación muy avanzado, para una escalada militar masiva de los EE.UU. en Siria a ser lanzado después de la esperada victoria electoral de la candidata demócrata, que tenía el apoyo público de las secciones dominantes del establishment de inteligencia. Durante la campaña, Clinton reiteradamente pidió la imposición de “zonas de exclusión aérea ” y otras medidas que planteaban un riesgo directo de conflicto militar con las fuerzas rusas que operan en Siria. Esta política belicosa con Rusia tenía su otro foco caliente en Ucrania, donde la participación de la CIA es aceptada.

La caótica transferencia de poder mostró una agudización del conflicto entre Trump y la comunidad de inteligencia. El primero públicamente discutió las evaluaciones de la segunda sobre el hackeo ruso; la venganza contra él fue fabricar un expediente falso sobre un supuesto episodio de relaciones con prostitutas por parte de Trump en Rusia, con un vergonzoso episodio de “lluvia dorada”. A pesar del carácter poco sólido de toda la historia, el mismo podría ser una advertencia: quienes escribirán el guión de la realidad (a consumir por los medios) serán las fuerzas del establishment y no él. Por ahora Trump no ha llegado a un modus vivendi con éste sector del “estado profundo” norteamericano.

Mientras los militares han obtenido tres puestos en el nuevo gabinete y esperan ser recompensados en su medida, la comunidad de inteligencia es la fracción más reacia a ser convencida por la nueva visión de las prioridades de la política exterior norteamericana. Así, mientras es probable que Trump aumente la retórica de conflicto contra algunos países extranjeros, es cauto a comprometerse a iniciar ninguna guerra seria (cuestión que gusta a los militares), a la vez que estos y la poderosa industria de armamentos esperaban el lanzamiento de una inútil arma de maravilla militar para la cual Trump promete billones (la Guerra de las Galaxias de Reagan, capitulo II).

Por el contrario, para los neocon el repudio a la doctrina de la “promoción de la democracia” y de las revoluciones coloridas que la acompañaban, estaba en el corazón del programa de política exterior de estos. Como quedó claro en el discurso de asunción de Trump en Washington, esas políticas (lo que Kissinger llama la tendencia “wilsoniana”, en referencia a la consigna con que EEUU entro en la 1° Guerra Mundial: “Asegurar el mundo para la Democracia”) no son de su agrado.

Se abandona la fracasada política exterior de los últimos años – y sus implicancias geopolíticas- que tuvo su más rotundo revés en Siria donde por primera vez en un conflicto regional los EE.UU. son dejados de lado en la resolución del mismo, como muestran los acuerdos de Rusia con Turquía e Irán. Se va hacia un unilateralismo económico que plantea la agenda del nuevo presidente no solo generará enormes conflictos externos en especial con China y Alemania, sino que arriesga exacerbar también las disputas al interior de la clase dominante norteamericana.


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