El peronismo, los europeos y los blogs

septiembre 30, 2009

En el aeropuerto de Compostela, yendo para Barcelona, luego de algunos días en el Lugo profundo, entré un rato en mi blog y encuentro esto de Gonzalo. Que me llevó a esto y esto de Manolo. Evidentemente, mientras uno viaja, en la blogosfera se sigue analizando al peronismo.

Y no solo en los blogs. Porque lo de Manolo sale de unas declaraciones de Rajoy: “Jugar a ser Chávez o al peronismo es algo que no le conviene a España

Ahora, todos sabemos que Manolo es uno de los sabios de la tribu, y no nos sorprende que, a partir de las declaraciones del presidente del PP español – que yo también leí en Madrid y no les di demasiada bolilla – pueda elaborar dos posts muy ricos “para el pensamiento europeo, el peronismo siempre fue un fenómeno marginal, una singularidad histórica. Rajoy, como máximo pope de la derecha española advierte al Gobierno de no jugar a ser “el peronismo”. Y el peronismo no era “de izquierdas”. Supuestamente era un fascismo. ¿Rajoy podría estar dándole la razón a Jauretche, quien decia que “lo nacional es lo universal visto por nosotros?

Pero La fiesta de Bismarck no era uno de los blogs referenciales. Debería empezar a serlo. Ahí leemos:

Zizek dijo que un universal no es aquello que uno tiene de forma “pura” e incontaminada en contraste con las diferentes manifestaciones que empíricamente van sucediéndose (y que permiten establecer paralelos de lejanía o cercanía con aquel modelo original); sino precisamente, un particular que tiene la capacidad de reinventarse en cada situación o momento histórico determinado. En este sentido, podríamos suponer sin temor a equivocarnos, que el peronismo constituye un universal… Es universal porque es la mediación de la sociedad con su Cosa inaceptable. Con su propia “monstruosidad”.

… Fundacionalmente, el peronismo representó un triunfo de esa Argentina subterránea, expresada en su momento por la clase obrera nacional. Es por eso que se instaló como acontecimiento. Si no hubiera llevado la sociedad argentina a su forma más igualitaria de toda la historia, nunca podría haberse convertido en lo que se convirtió. Es de ahí desde donde surge su carácter “acontecimiental”. El hecho de que la sociedad capitalista esté fracturada ha sido teorizado por muchos, desde Saint Just hasta Laclau, pasando por los mil y un marxismos. Por eso igualdad quiere decir terror, mal que les pese a muchos. El peronismo, con sus “Evita me ama” escolares, y su accionar aparatístico-gubernamental, constituyó una expresión criolla del Terreur. Y eso también explica/hace a lo acontecimiental.

Existen muchas formas de crear una mediación con el proletariado. El asunto es que exista. Si no existe, es cuestión de tiempo para que aparezca en escena lo Negado y horrorice a la sociedad misma, mostrándole su rostro. Entonces, uno ve la “necesidad” de una mediación. Si tal mediación es “conservadora”, “revolucionaria”, “reformista”, “clientelar”, importa sólo en un sentido formal… Que la forma particular sea “duhaldista” (o “populístico conservadora”, o de relativa contención social “por arriba”) implica que a la larga el ciclo de penuria social se prolongue, pero que no estalle. Que la forma particular en que la mediación aparece sea “revolucionaria” implica quizás que se reviertan tales penurias, pero que no se pretenda hacer desaparecer a lo que es real mismo. Jacobinos, bolcheviques y punteros justicialistas comparten un punto esencial: jamás supondrían que la negrada simplemente “puede desaparecer”.

Volviendo al inicio, esta constante reinvención de la mediación hace al peronismo un universal. Y como tal, el verdadero garante del Estado y del orden político, al menos hasta el día de hoy, mas de 60 años después de su aparición

Ahora, yo aprecio la originalidad y la riqueza de los análisis de ambos blogueros, y recomiendo la lectura de los tres posts completos. Pero quiero señalar que el punto de partida es lo menos sólido del desarrollo que hacen. En mi opinión, Rajoy no aporta nada para comprender al peronismo. Su comentario no es más profundo que el que podríamos encontrar en un discurso de Mauricio Macri.

Lo lamento, compatriotas. Pero creo que es realista asumir que el peronismo que hoy existe y actúa, no es considerado un enemigo importante para los sectores de poder internacional. Como tampoco lo es Chávez. El Hugo es el “malo”, como lo fue Perón, de un “relato” muy superficial y liviano.

Por supuesto, podemos afirmar que el peronismo, como una de las manifestaciones del pueblo argentino, todavía incorpora un pensamiento y unos valores profundamente antagónicos con el credo “neoliberal” a lo Ayn Rand, o con la alianza de las altas finanzas y los aparatos políticos del mundo desarrollado que administra el mundo de hoy. Pero también se podría decir lo mismo del catolicismo. Y no me parece que el Partido Republicano yanqui, los Cristianos Demócratas alemanes, o la gran banca europea – para mencionar tres actores importantes del sistema de poder – consideren a la Iglesia Católica como un enemigo.

La paradoja es que para creer en el poder de las ideas hay que tener fe en ellas. Los hombres prácticos que gobiernan el mundo creen en los hechos (Quizá, como el mariscal prusiano de un cuento de Chesterton, creen en la muerte, que es el hecho de los hechos).

Tal vez la comparación con Chávez ayude a aclarar de qué se habla. El venezolano – en quien cualquier peronista, excepto los cegados por broncas locales, puede reconocer muchos rasgos comunes con Perón – ciertamente no es un peón insignificante del sistema global. Nadie que tenga sus reservas de petróleo lo es. Pero su llamado – por ejemplo – a crear una NATO del Sur entre los países del ALBA y el libio Khadaffy sirve para ocupar unos minutos en los noticiosos de todo el mundo. Pero no es tomado en serio. Ni debería serlo. El objetivo del Hugo es suceder a Castro como un referente de todos los que aborrecen el sistema, desde Chomsky a los jóvenes globalifóbicos. No es el de desafiar militarmente a USA. Chávez es un militar profesional y sabe de qué se trata.

Perón – que también era un militar profesional – se cuidó, al contrario de su admirador venezolano, de fabricar enfrentamientos en los medios internacionales. El gobierno que él influía firmó las Actas de Chapultepec, para la ira de los nacionalistas de ese entonces; fue de los primeros en reconocer a Israel; evaluó la posibilidad de enviar tropas a Corea; recibió afectuosamente a Milton Eisenhower; y, en general, procuró mantener buenas relaciones con USA. Por supuesto, nunca se le ocurrió la idiotez estratégica de invadir las Malvinas enfrentando a la NATO. A pesar de eso – como lo revelan los mismos documentos desclasificados por el Departamento de Estado yanqui – fue bloqueado y saboteado por los Estados Unidos en sus proyectos industriales y militares.

La razón es muy concreta: Argentina – quizás con un exceso de prevención – era percibida desde principios del siglo pasado por el gobierno yanqui como un obstáculo al dominio de lo que entendían su esfera natural de influencia: el Hemisferio Occidental. Un gobierno decididamente industrialista, con fábricas militares importantes, que alentaba un desarrollo nuclear propio, que procuraba una alianza con el Brasil de Vargas y el Chile de Ibáñez, y que – detalle final – competía en atraer científicos y técnicos alemanes con USA y la URSS, no era tolerable. Su ideología podía ser justicialista o budista: ese no era el factor que contaba.

Todo eso es historia. Hoy Argentina no es vista como una amenaza por nadie (salvo, con un poco de justicia, por algunos uruguayos). Es irónico que el último peligro significativo al equilibrio mundial surgió de la deuda que contraímos en los tiempos menemistas, que llegó a ser de un 25 % del endeudamiento global. Pero ese peligro fue conjurado exitosamente por el sistema financiero en el 2001; esto es, los únicos que pagamos las consecuencias fuimos nosotros (y algunos jubilados italianos, alemanes y japoneses, pero nadie se preocupó demasiado tampoco por ellos). La Crisis que se desató el año pasado no fue culpa nuestra.

Nuestro país mantiene una estabilidad social y política significativa, comparada no con un ideal abstracto sino con lo que pasa en el resto del mundo. Pero su economía es vista como un fracaso por norteamericanos y europeos. Y – si lo evaluamos en un período de 50 años – no cabe duda que tienen razón.

La conclusión que me interesa destacar, amigos, es que la evaluación final que el mundo y la Historia hagan del peronismo en particular, como de los argentinos en general, depende de lo que logremos construir en adelante  Si conseguimos ser una nación justa y libre, si armamos una unión de naciones en nuestro lugar en el mundo que pueda ser a la vez fuerte y respetuosa de las identidades particulares,… bueno, enfrentaremos nuevos desafíos. Si no lo logramos, habremos producido páginas menores, algunas hermosas y otras lamentables de la Historia humana.

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Notas de viaje

septiembre 28, 2009

Este es un blog personal, pero aún así siento que debo dar(me) motivos para volcar mis impresiones de un viaje que estoy haciendo a Europa, que voy a ir subiendo según tenga ocasión. La razón principal es (además que tengo ganas) que encuentro a nuestra cultura argentina bastante provinciana, por toda la pátina de sofisticación que nos han aportado autores franceses y sicólogos judío-germánicos.

Nos cuesta, me parece, fijar un equilibrio entre creernos que hechos claves de nuestra realidad – por ejemplo, el peronismo – son exclusivamente argentinos, sin paralelos en otros lados, o que todo lo nuestro es una copia local de fenómenos europeos.

Pienso en nuestros progresistas, que en su convicción antifascista se ven luchando contra Mussolini, Videla y George Bush, todos más o menos lo mismo. Y también en amigos míos, del peronismo tradicional y por supuesto anti K, que reenvían mails repletos de la islamofobia de la derecha europea más berreta.

¿Servirán de algo los puntos de vista de un argentino que – aunque no lo reconozca – está alcanzado por ese provincianismo? Creo que sí. Estoy recordando un viaje que hice el año pasado a un lugar muuucho más cercano a casa, a Montevideo, que no comenté aquí. Visito a esa ciudad desde los ´70. Siempre encontré allí pobreza digna (además de una clase media con una mejor calidad de vida y una clase alta menos ostentosa). Es la primera vez que vi marginalidad evidente. Villas miseria que – más chicas y sin delincuencia agresiva, todavía – se parecen a las nuestras.

Dejando de lado el sarcasmo de una amiga “Y que querés, con gobiernos progres?”, creo que esa realidad uruguaya aporta algo a la discusión que empezó hace meses en la blogosfera y en los medios sobre pobreza e indigencia: La economía moderna – más o menos abiertamente capitalista – tiende a expulsar una parte de la población de cualquier rol en el ciclo productivo, del trabajo digno. Integrarla requiere algo más que planes sociales o un subsidio a la niñez. Algo de eso también se está mostrando en Europa.

Otro motivo, claro, para subir estas notas es que uno es un opinador compulsivo y estoy desvinculado de la actualidad argentina. No tengo tiempo ni, con frecuencia, conexión a Internet. Los medios locales dedican poquísimo espacio a nuestra realidad. Me enteré que Diputados aprobó la Ley de medios audiovisuales, y me parece bien. Más sabiendo – según El País – que contó con los votos de los legisladores de Binner. No porque tenga una gran opinión del goberna santafesino, sino porque una coalición así obliga a acuerdos razonables.


la memoria de los setenta

septiembre 14, 2009

Creo, siento, que las brechas más difíciles de soldar entre las tribus de militantes peronistas – cuento ahí tanto a quienes militan ahora como a los que lo hicieron antes y todavía conservan sus pasiones – no son ideológicas. Nacen de sus – nuestros – sentimientos frente a algunos símbolos y banderas que se levantaron en la década del ´70. Sobre todo, frente al símbolo más potente de todos: los que murieron en ese tiempo.

Es un problema muy de los militantes peronistas. No de la izquierda, ni de otras historias políticas. Ellos tienen sus propias historias a resolver. Tampoco, me parece, es tan importante para todos los que se identifican con el peronismo, o votan sus candidatos (oficialistas o disidentes); ahí la diferencia principal está entre los que aprueban y los que odian a Kirchner.

Y no pasa por la ideología, que todavía los militantes discuten fervorosamente. Pero cuando un veterano “ortodoxo” como Manolo dice en Yo me quedé en la plaza :

El mejor testimonio de ese día trágico (el 1ª de Mayo que Perón apostrofó a la Tendencia y ellos se fueron de la plaza) lo dio un responsable político de las Formaciones.

“Cuando estábamos bajando por Callao hacia el Bajo, hago parar la columna para que los compañeros vean la dimensión de los que nos estábamos yendo, que era impresionante. Y al mirar hacia arriba veo a la gente de los balcones de Callao y Alvear contenta, sonriendo. Digo: “Si estos tipos están contentos, es porque está todo mal”.

Si compañero Vaca Narvaja, estaba todo mal, fueron idiotas útiles de la oligarquía. Prefirieron al gorilismo revolucionario del ERP, por solidaridad de clase, a la masa trabajadora

algunos aprueban lo que dice, y otros lo rechazan con bronca, pero no sienten que se dice desde afuera.

Y es alguien joven, Luciano, el que plantea, casi a modo de respuesta y elaboración, en Peronismo de izquierda:

quiero decir con esto que la izquierda peronista no nace como un invento en 1970 con la aparición de las organizaciones armadas. La izquierda peronista no nace en 1973 con el “fin de antagonizar” por un lugar frente al palco en Ezeiza. La izquierda peronista no puede quedar asociada a definiciones de ocasión (hechas desde el propio peronismo) : “infiltrados, falsos peronistas, marxistas apatridas”, definiciones forjadas al calor setentista cuando los horrores estratégicos y las alucinaciones vanguardistas del montonerismo provocan un enfrentamiento irreversible. La izquierda en el peronismo es intrínseca a una larga historia de avances y mutaciones dentro del movimiento popular, late en él: es parte del peronismo…. Tanto como lo son otros sectores del movimiento, las dirigencias sindicales y partidarias burocratizadas. Burocracia sindical que pese a todo fue la representación de los trabajadores organizados, una referencia para las bases. La incomprensión del rol sindical hizo que la dirigencia revolucionaria peronista desdeñara de él y lo eligiera fatalmente como el enemigo a vencer

Los que en nuestra historia fuimos oposición política a las Formaciones Especiales sabemos también que esto es cierto (Y Manolo es el primero en aplaudir la lucidez de este análisis).

Pero hay elementos que no se pueden analizar: se sienten o no. Y es argentino, en realidad es humano, que el más fuerte de esos elementos sean el ejemplo de compromiso, de heroísmo, de sacrificio.

Yo – como son cosas muy personales, uno debe decir donde está – evalué desapasionadamente, en su momento, que la derrota de los Tupamaros ¡frente al Ejército uruguayo!  había mostrado que el foquismo urbano era un camino sin salida; también  sentí, menos fríamente, que cuando la guerrilla empezó a asesinar dirigentes sindicales estaba cruzando un límite ético sin retorno. Pero, aún así, no pude dejar de preguntarme si la decisión de no tomar las armas era sólo racional, o había una falta de coraje. Muchos nos preguntamos eso, en esos tiempos (salvo, claro, los que tomaron los fierros contra Montoneros; esos tienen sus propios fantasmas a exorcisar)

¡Cómo no vamos a entender el peso que ejerce sobre el alma de los militantes los muertos por la masacre de la represión, los que recordamos con respeto a Rucci! Y en mi caso, también a Vandor. Por eso, me impactó – y aumentó mis esperanzas por el futuro del peronismo – cuando leí lo que Tomás – una de las plumas más elocuentes de la blogosfera – escribió en Matar al padre:

¿Qué hacemos, cuando la épica que nos dejaron es tan inalcanzable?

No podemos, no llegamos hasta ahí. No sé si porque pusieron un umbral muy alto, y nosotros somos así, bajitos, tan moralmente petisos. O porque los tiempos cambian.

Los tenemos que reformular, papá: los tengo que matar, me dijo Sigmundo. Si no lo hago, si no lo hacemos, nos llevan puestos ustedes. Volvemos a fracasar. Porque fracasaron, loco. Me van a tener que disculpar, pero en esa fracasaron. Y eso no les quita méritos. (Y la re puta madre, che, que no puedo decir algo tan básico como que fracasaron, sin tener que dar explicaciones: no los puedo matar, che, no puedo).

Nosotros somos esto, también, por ustedes. En lo bueno y en lo malo. Pero no podemos tener el cuello todo el día dado vuelta, porque un día nos vamos a pegar un golpazo contra la misma pared que ustedes, por estar mirándolos, porque cuando no los miramos nos gritan, nos tiran con la fecha de nacimiento, con la épica. No nos pidan nostalgia por la de ustedes, porque no existe: no existe la nostalgia de lo que no vivimos. Ya hicimos demasiado, tenemos que cortar el cordón, los estamos cargando a cuestas y nos pesan, necesitamos que noblemente nos digan que sigamos sin ustedes.

Tenemos otra tarea. Que exige otros medios, otras formas, otros convencimientos. No tenemos enemigos a muerte, no podemos salir a tirar piedras, nos toca la burguesa tarea de juntar votos y convencer a los que no están convencidos. ¿Quieren escuchar que la tarea de ustedes era más noble, el enemigo más brutal, los valores más puros, la vida más política? Puede ser, qué se yo. Nos tocó esto, a nosotros. Nuestro progresismo es el orden, nos tocó defender el statu quo y a ustedes tratar de armar otro: su resultado ya lo tienen, el nuestro todavía está por verse, déjennos probar de otra manera. Cuesta llenar esa tarea tan conservadora de épica revolucionaria: el desfasaje se nota mucho, no nos la compliquen, encima, ustedes. Hacemos lo que podemos con lo que ustedes dejaron, como ustedes hicieron lo mismo con lo que les dejaron. Nuestra discusión no son los Setenta

Esta pieza, escrita hace menos de un día, ya la subieron en LaBarbarie. Por supuesto, hubo otros comentaristas que lo criticaron ferozmente por su posibilismo burgués, que descarta, sabotea, las gloriosas banderas del Socialismo y la Revolución. Creo que ambos lados pierden de vista lo que, en mi opinión, es el sentido de este escrito. Es de alguien, me parece, que tiene una relación emocional profunda con los que cayeron en los Setenta, que siente que en alguna forma son sus padres – desde el Mito, lo son – y que necesita tomar distancia de ellos para elaborar su camino.

Junto con lo que escribió Manolo y lo de Luciano, me parece que completa – hasta donde es posible – lo que hoy sienten los peronistas. Es lo más difícil, Tomás, examinar las emociones y los símbolos sin desvalorizarlos. También es lo más humano que podemos hacer.


el equipo que debe poner Maradona

septiembre 14, 2009

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(Imagen robada de IKN)


La opción por América

septiembre 13, 2009

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Este lunes 14, a las 18 horas, en la “Sala de Representantes” de la Manzana de las Luces, Perú 272, Buenos Aires, se hace la presentación de la nueva obra de la profesora Graciela Maturo “La opción por América”. La acompañan Ramiro Podetti, Orlando Olmos, y Francisco Pestanha.

Graciela Maturo ha trabajado por muchos años esa opción de la que escribe, planteándose el problema de la identidad iberoamericana y rescatando a los pensadores que contribuyeron a ella.

Por eso, como corresponde, ha sido homenajeada con el ninguneo de las diversas variantes del pensamiento único.

Además, escribe poemas que yo encuentro muy hermosos.

No estaré en ese acto porque estoy de viaje, pero no quería dejar de invitarlos desde el blog.


El otro, otro 11 de septiembre

septiembre 11, 2009

Como pocos medios en el mundo dejarán de señalar, hoy se cumplen 8 años del atentado a las Torres Gemelas. En Latinoamérica, y en la blogosfera local, también se recordarán los 36 años del golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende. No me gusta repetir lo que otros ya dicen bien. (Y además, preparando valijas, no tengo tiempo para elaborar nada).

Pero el amigo Harry, que cuando su furia contra los K no lo ciega es un hombre muy culto, me recuerda en el comentario a un post que hoy también es el 426° aniversario de la Batalla de Viena, ese “choque de civilizaciones” entre los ejércitos polacos y germanos (sí, estaban juntos) dirigidos por Juan Sobieski, Rey de Polonia y los del Imperio Otomano que dirigía el Gran Visir Mustafá Pashá. En realidad, insinúa que Osama Bin Laden eligió la fecha de su ataque con este aniversario en mente, el momento en que comenzó el avance militar de Europa hacia el Oriente (o que finalizó el avance islámico hacia el Occidente).

Sea así o no, me hizo acordar algo que había escrito para “El hijo de Reco”, que trataba de otro momento decisivo en la larga historia del Islam. Es breve, y como la moraleja algo nos dice a nosotros, los latinoamericanos, se los dejo para el fin de semana.

Hace unos setecientos cincuenta años también el mundo musulmán estaba sumido en el desorden y amenazado por potencias extrañas y hostiles. Aunque sus instituciones y su cultura eran aun claramente superiores a las de sus vecinos occidentales, a quienes llamaban los francos, su gobierno nominal – el califato de los Abasidas – era una decadente sombra de antiguas glorias.

En Egipto surgía una nueva potencia militar, heredera del califato disidente de los fatímidas, pero estaba absorbida en el enfrentamiento con las posesiones coloniales de esos mismos francos en la que denominaban Tierra Santa (invadida en las primeras cruzadas).

Para peor, los países musulmanes se enfrentaban al peligro sin precedentes de una maquinaria militar muy superior, que ya le había asestado golpes durísimos y se preparaba para arrasar las tierras de Persia e Irak: el imperio nómada de los mongoles.

La comunidad islámica mantenía intactas su fe y su fervor religioso, pero éste se expresaba en múltiples sectas, la mayoría de ellas identificada con alguna versión de las reivindicaciones de la línea de Alí – la doctrina chiíta – opuesta a la hegemónica ortodoxia sunnita. Una de ellas, en particular, conducida por un líder religioso-militar, Hasan ibn Sabah, el Viejo de la Montaña, había desarrollado dos siglos antes a límites nunca alcanzados la práctica del terrorismo como arma política. Y la usaban en lo que concebían como la causa de Dios.

Un cuerpo de élite de homicidas altamente entrenados, que despreciaban su propia vida, los fidais, sembraba el terror entre los reyes y potentados de los reinos cristianos del Levante, y entre los emires musulmanes que se enfrentaban a la secta. El miedo que inspiraban dio un mismo vocablo a varios idiomas occidentales: el haschish que consumían en sus ritos hizo que los llamaran hashishin. De ahí viene la palabra asesinos.

Durante cerca de doscientos años fueron un factor a ser tenido en cuenta en la geopolítica del Medio Oriente. A su ciudadela en Alamut, en el norte de Siria, enviaron embajadores el gran Saladino y Federico Hohenstaufen, monarca del Sacro Imperio. Hasta que irrumpieron en escena los ejércitos mongoles comandados por Hulagu Khan, nieto de Gengis y hermano de Kublai, el Gran Khan que gobernaba China y que fue amable anfitrión de mercaderes europeos, entre ellos el veneciano Marco Polo.

Los jefes mongoles aplicaron sus técnicas acostumbradas de estrategia, velocidad y masacre. Alamut cayó sin una batalla. La secta de los Asesinos desapareció de la faz de la Tierra, aunque los estudiosos identifican sus doctrinas religiosas con la versión ismaelita del chiísmo.

Hulagu procedió a conquistar y arrasar Bagdad. Los historiadores reconocen no menos de 250.000 muertos. Crónicas contemporáneas hablan de 800.000. El caudillo mongol, que fundó el Il-Kanato de Persia, era – como su abuelo, padre y hermanos – un pagano y, como los gobernantes mongoles de su generación, hostil a la religión de Mahoma. En la matanza general, había dado órdenes de exceptuar a los cristianos. Su madre había sido una princesa cristiana de rito nestoriano, Sorgagtani Beki, y los cristianos de Oriente soñaron que se revertían setecientos años de avance musulmán.

Pero las enseñanzas del Corán habían echado profundas raíces en las almas de los súbditos del Il-Kanato. Los nietos de Hulagu Khan ya fueron devotos musulmanes, y el último de su línea llevó el nombre de Mohammad Khan. Quizá algunos nestorianos se preguntaban a sí mismos cómo podía ser aquello, si habían ganado la guerra.

Si fue así, olvidaron que las guerras, en el largo plazo, se ganan o se pierden en las mentes de los hombres


Echegaray, Aníbal y Fouché

septiembre 11, 2009

¿Me estoy dejando llevar por la coyuntura, después de tanto hablar de lo estructural? Seguro, pero no quiero dejar de comentar el episodio más reciente – el batallón de inspectores fiscales – de la batalla “decisiva” más reciente – el Gobierno contra el Grupo Clarín. Porque simboliza la comedia de errores que se representa cada vez màs en la política argentina.

En cuanto a la situación digamos “estratégica” del enfrentamiento, Manolo, como de costumbre, hace un excelente, si bien enfocado sobre todo a la Oposición, análisis aquí. Yo prefiero señalar, más brevemente, que el Grupo Clarín ha cometido en mi opinión un grave error en comprometer a sus representantes más notorios a “revisar la ley despuès del 10 de diciembre“. Para el multimedio – como por lo general para cualquier grupo económico en situación monopólica o hegemónica – cualquier ley, especialmente si es muy discutida públicamente, es peor que no ley, o una pensada en otra circunstancia teconológica y enmendada muchas veces y confusamente.

Ahora, el envío simultáneo de 200 inspectores a la sede del diario ayer, fue, en la definitiva frase del maestro Fouché, “Peor que un crimen, un error“.

Entiéndanme, como implica la frase, no fue un crimen, ni siquiera un acto irregular. Aún un liberal a la antigua, el legendario Anónimo Bostero, dice en comentario a ese post de Manolo: “… el colmo lo vemos ayer con el tema Afip-Clarin… Acaso Clarin esta exento de inspecciones? Clarin esta por encima de la ley? Hay que avisarle unos meses antes que va a llegar una inspeccion, asi esconden todo? Pertenezco a una empresa que emplea a 60 personas y tiene sucursales en medio pais. Cada tanto nos caen 20 tipos:interrogan a todo el personal, revisan todo y se queda una o dos semanas. Siempre te enganchan en algo.

Hay empresas donde la Afip tiene una “delegacion” permanente en sus oficinas. No entremos en discutir si la ley es buena o mala: ES la ley. Menos para Clarin?

El senador Andrés el Viejo, no liberal él, dijo más o menos lo mismo. En la blogosfera, una discusión interesante con diferentes puntos de vista, no sorprendentemente, se dió en el blog Finanzas Públicas, aquí. Con algo de conocimiento profesional sobre el tema, lo que puedo afirmar es que una inspección con 200 agentes generalmente no produce nada excepto titulares, salvo que se haga en un refugio clandestino. Los grupos económicos grandes pueden pagar buenos asesores impositivos, a menudo retirados de la AFIP.

Las investigaciones en serio se hacen en forma muy aburrida y tediosa, a lo largo de semanas y meses de revisar comprobantes, y – como dice AB – siempre encuentran algo. Operativos como el realizado sólo sirven para que los medios del grupo y sus amigos, y en el exterior, titulen El Gobierno argentino acosa a la prensa.

Se entiende que el Jefe de Gabinete haya salido a decir que fue una operación armada desde afuera. Se entiende, pero revela una debilidad. Si a un hombre clave, tan importante como Guillermo Moreno, o aún más, para el manejo del aparato estatal, pueden mobilizarle 200 inspectores en un día sin que él lo sepa… pedirle la renuncia sería una formalidad. No manejaría nada.

Me gustaría terminar con la exhortación que hace Alejandro en LaBarbarie: “La ley como está no necesita de ninguna impostación. Lo único que falta es lograr que el multimedios más grande del país (¿de la región?) se presente creíblemente como víctima. Lo único que falta es que este Estado hecho mierda que tenemos sea tomado en serio como una amenaza totalitaria

Pero me veo forzado a agregar algo: Un viejo principio militar dice que la batalla la gana el lado que ha cometido menos errores. No encuentro uno que diga que pasa con el que comete más imbecilidades. Pero me lo imagino.


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