rudy paz

Sobre ARSAT, sobre el desarrollo de la industria satelital argentina, he publicado mucho en el blog (Pueden encontrarlo con el Buscador, en la columna de la derecha). Pero quise subir este artículo que Alfredo Moreno, Computador Científico. delegado de FOETRA en ARSAT, profesor de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) en la Universidad Nacional de Moreno, escribió para Motor Económico.

Porque es un resumen preciso de la situación actual. Y del marco legal, que no alcanza a proteger, aunque fue aprobado con ese objetivo, el esfuerzo y la inversión que la Argentina hizo en este campo. Con acierto, lo compara a lo que nos pasó con la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba.

Sólo queda afuera un aspecto fundamental, porque los argentinos no lo hemos resuelto: ¿Cómo lograr que estos esfuerzos y estas posibilidades no se descarten cuando llega un gobierno estúpido o, simplemente, sin visión de país? La respuesta no puede ser “No elegirlos”, porque ningún gobierno es para siempre. Ni siquiera el Partido Comunista soviético, o la entente entre demócratas y “republicanos moderados” en EE.UU. perduran. Pero Estados Unidos, Rusia y otros países no tan poderosos han conseguido mantener y acrecentar sus logros. Es nuestro desafío fundamental, desde que fuimos un país.

“ARSAT es una sociedad anónima cuyas acciones son propiedad exclusiva del Estado Argentino. Fue creada por la ley 26.092 de 2006. Su objetivo es resguardar las posiciones orbitales soberanas y realizar el diseño, el desarrollo, la construcción en el país, el lanzamiento y/o la puesta en servicios de satélites geoestacionarios. Junto con INVAP, fabricó y puso en órbita los dos primeros satélites argentinos geoestacionarios de telecomunicaciones, el ARSAT-1 y el ARSAT-2., capacidades satelitales que son operadas y comercializadas desde la planta en Benavídez, Provincia de Buenos aires.

El 4 de noviembre de 2015 el Congreso Nacional sancionó la Ley 27.208 de Desarrollo Satelital Argentino que declara “de interés y prioridad nacional el desarrollo de la industria” y estableció que cualquier transferencia de acciones de la compañía debía ser aprobada por el Congreso. Esta ley también establece el Plan Satelital Geoestacionario Argentino (PSGA), que estipula la fabricación de ocho satélites nuevos hasta 2035. Allí figura el plan de negocio del ARSAT-3.

Con el cambio de gestión, el gobierno de Mauricio Macri decidió que la titularidad de las acciones de ARSAT fuera transferida del Ministerio de Planificación al Ministerio de Comunicaciones, a cargo de Oscar Aguad; luego, al Ministerio de Modernización a cargo de Andrés Ibarra. Designó como presidente de ARSAT a Rodrigo De Loredo y vicepresidente a Henoch Aguiar. Apenas asumió De Loredo (2016) informó que se interrumpía el desarrollo del ARSAT-3 hasta que se consiguiera financiamiento.

A 24 meses de esta nueva gestión, el Plan Satelital Geoestacionario Argentino se encuentra desactivado y con iniciativas de financiamiento privada no confirmadas, lo que pone en alto riesgo la continuidad del desarrollo satelital logrado con los ARSAT 1 y 2; además, en este período, la implementación de una nueva política de cielos abiertos o “cielos dirigidos” abre una competencia desigual para la estatal ARSAT, en favor de grandes empresas satelitales extranjeras, vulnerando definitivamente la soberanía satelital argentina.

Cambiemos autorizó, mediante el Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), a 14 satélites extranjeros a dar cobertura en el país compitiendo con los satélites ARSAT, supeditando los objetivos estratégicos de la empresa estatal al interés de las grandes corporaciones y de los capitales trasnacionales y posibilitando la privatización de los servicios satelitales en banda Ka. Esta banda de frecuencias permite brindar servicios de internet satelital con alta transferencia de contenidos, utilizando antenas receptoras de menor tamaño a las instaladas por ARSAT en escuelas y hospitales rurales.

Las decisiones políticas del presidente Macri van configurando el nuevo juego en el mercado de las Telecomunicaciones. En la antesala navideña del año 2017, el Gobierno de Cambiemos autorizó la creación de Cablevisión Holding, ofrendando al grupo Clarín el regalo más anhelado: Cablevisión Holding es la mayor concentración del mercado (nuevo) de las Telecomunicaciones Convergentes. Días siguientes autorizó a Telefónica y Claro a comercializar servicios de televisión satelital conocidos como DTH (Direct to Home).

En Europa, el DTH puede desplazar al cable tradicional como la plataforma de tv paga con más suscriptores. EL mismo escenario es posible en Brasil y México, dos de los principales mercados de América Latina. En países como Chile, Colombia, Venezuela y Argentina, el DTH es la plataforma con mejor horizonte para la suscripción de servicios de tv satelital.

La televisión satelital es la plataforma de tv paga que más crece en el mundo y el 25% de sus clientes accede a través del DTH, servicio que ya representa el mayor volumen de negocio para los operadores satelitales. Así, en 2008 en América Latina existían 2 millones de accesos en DTH y este año cerrará con más de 8,2 millones, un crecimiento de 310 % mientras en el mismo período, la tecnología de cable crecía 70%. Y las nuevas tecnologías no aparecen aún en la estadística.

En América Latina, donde muchos países cuentan con extensos territorios y poblaciones dispersas, la infraestructura de redes está en desarrollo y mucha gente aún no accede a servicios como la tv paga o internet.

La penetración actual de la tv paga en Latinoamérica es de 37% y si tiene mucho por crecer, lo está haciendo rápida y exponencialmente. En Brasil, por ejemplo, la penetración de la tv paga paso de 12% en 2008 a 28% en 2012, un formidable desarrollo que ha tenido al DTH como protagonista. El objetivo de los prestadores de tv satelital es que la penetración llegue a 70% en los próximos 5-7 años.

Al discontinuar el Plan Satelital Argentino, el gobierno de Cambiemos deja a la empresa de bandera ARSAT fuera del mercado de servicios satelitales, se desentiende de la soberanía satelital argentina y anula la experiencia que permitió que Argentina esté en el selecto grupo de países que producen, operan y comercializan sus propios satélites.

En contrasentido, Macri puede ir a Holanda a vender un reactor nuclear de investigación porque en el sector nuclear se aplicó el enfoque exactamente opuesto al que el presidente aplica hoy al sector satelital argentino.

Argentina conservó su soberanía tecnológica en el sector nuclear (a pesar del intento del menemismo de desguazarlo) y hoy ocupa un lugar en todos los foros internacionales del sector nuclear y exporta tecnologías de punta.

“Que no se preocupen los muchachos……”

El Presidente descartó rumores de una privatización y explicó que se trata de una “alianza estratégica con la empresa estadounidense Hughes para subsanar problemas de comercialización de los desarrollos tecnológicos”.

La consecuencia de las decisiones políticas del gobierno de Cambiemos, nos encuentra hoy en una preocupante pérdida de soberanía satelital argentina.

El desarrollo del ARSAT-3, diseñado para dar servicio en banda Ka aún no comenzó y las acciones iniciadas por la gestión política en la empresa ARSAT, se apartan del modelo de desarrollo tecnológico satelital que posiciono a la Argentina en el selecto grupo de países que tienen capacidad técnica, científica y sobre todo profesional para desarrollos de este nivel, típico de países desarrollados.

En diciembre de 2016 el presidente de ARSAT, Rodrigo de Loredo, insinuó algo clave sobre el tema: “Nos hemos autoimpuesto lanzar ese tercer satélite sin aportes del tesoro nacional y sin usar créditos blandos que le quiten cupo crediticio a obras de infraestructura básica.”

En agosto de 2017, tomó estado público la carta de intención firmada por el presidente de ARSAT, Rodrigo De Loredo, con los representantes de la empresa estadounidense Hughes Network Systems, para crear juntos una nueva empresa, cuyo capital accionario se repartirá entre Hughes, con al menos el 51% y ARSAT como mucho el 49%. Este acuerdo establece que el accionista mayoritario tendrá el control ejecutivo de la nueva empresa llamada “Newco”.

Con este acuerdo, Hughes tendrá acceso gratis a dos posiciones orbitales: la 71,8º O y la 81º O. Los usos y costumbres de la industria y lo que fija la ley internacional, establecen que las posiciones son propiedad transitoria de los estados-nación que las hayan pedido a la Unión Internacional de Telecomunicaciones y las usufructúen. Por ende, si toleráramos un satélite de Hughes en alguna POG (Posición Orbital Geoestacionaria) Argentina, debería ser alquilándola.

Esta concesión de la Argentina es especialmente grave en el caso de la 81º O, la POG que permite iluminar las tres Américas, desde la tundra canadiense a la Península Antártica. La firma del acuerdo ARSAT- Hughes es, como mínimo, una enajenación dolosa y anticonstitucional del patrimonio satelital nacional.

Hughes se queda con el uso discrecional y por pago de un satélite cuya banda, la Ka, estaba planificada por la dirección fundacional de ARSAT para dar internet satelital en todo el país; particularmente a las 13.000 escuelas rurales aisladas del país a las que es imposible conectar por fibra óptica por razones de topografía y distancia. Esto es uno de los muchos agravantes de la cesión del ARSAT-3 a Hughes sin que la firma norteamericana realice la inversión que significa el desarrollo del ARSAT-3.

Efectos colaterales

Argentina está perdiendo la posibilidad de ocupar una nueva POG por demorarse en construir el ARSAT-3. La posición que perderá la Argentina será la 81° y la que le regalará a Estados Unidos es la 91.6°. En el segundo caso, la cesión será porque Hughes manejará el 51% de la operación del ARSAT-3.

Lo que pasará con la posición 81° es que en 2019 el país perderá la potestad de explotarla. La ley 27.208 y el plan de negocios presentado por ARSAT en 2015, pusieron como fecha de lanzamiento el 2019. “El riesgo de no colocar un satélite en servicio antes de la fecha indicada, es de perder la prioridad de uso y por lo tanto la referida posición orbital” señala una carta de la Subsecretaría de Planeamiento del Ministerio de Comunicaciones (355202081-ARSAT-Argentina-perdio-una-nueva-posicion-orbital.pdf) que dirigía el radical Oscar Aguad. La misma, fue escrita en marzo de 2017 y los funcionarios, que se encontraban en plena búsqueda de un inversor para el ARSAT-3 perdieron la posibilidad de iniciar a tiempo la construcción de un satélite para la posición 81°. Como no se puede otorgar ese espacio a Hughes, se le dará la 91.6°, que Argentina también podía usar.

La carta de intención (acuerdo) entre ARSAT y Hughes tiene vigencia hasta el 31 de diciembre de 2017 y fija como fecha final para suscribir el acuerdo el pasado 31 de agosto, aunque si las partes así lo deciden, ese hito temporal podrá prorrogarse.

El acuerdo final deberá contener un plan de negocios a 15 años con el detalle del capital que cada parte deberá aportar y las cuestiones técnicas del ARSAT-3, aunque previamente Hughes se haya reservado, a través de la futura Newco, el poder de decisión exclusiva sobre los procedimientos de gestión de la carga útil del satélite.

Todo el acuerdo queda sometido a las leyes y los tribunales de Nueva York, un hecho sumamente grave teniendo en cuenta que el objeto principal de aquel discurre prácticamente en su totalidad bajo jurisdicción argentina.

La fabricación de artefactos espaciales demanda grandes esfuerzos tecnológicos pero desde el punto de vista financiero no es el negocio más jugoso. Airbus Defence and Space, el mayor fabricante de satélites del mundo, en 2016 tuvo ingresos por 13.707 millones de dólares. DirecTV, el más grande operador de televisión satelital del planeta, que no fabricó ninguno de los 13 satélites que posee, facturó 33.214 millones de dólares en 2014 gracias a los negocios de televisión e Internet satelital.

Los servicios de telecomunicaciones que se pueden ofrecer a partir de plataformas satelitales son más variados. Este parecería ser el “gambito de dama” en la jugada de Hughes, que es el primer proveedor residencial de Internet en Estados Unidos, con más de un millón de clientes, servicio que también brinda en Brasil, además de sus negocios en la venta de conectividad vía satélite para gobiernos, defensa y empresas privadas.

Hughes no viene simplemente a concentrar el mercado de tv satelital regional, sino a sacar a ARSAT del mercado satelital y anular la experiencia autónoma en el desarrollo, operación y comercialización de estas tecnologías; más o menos del mismo modo que durante el menemismo la Lockheed Martin se quedó con la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba.

En ambos casos, ayer el aeronáutico, hoy el satelital, el objetivo no era eliminar a un competidor de la industria aeroespacial estadounidense, sino cortar de raíz la posibilidad de que éste pudiera surgir. Ayer Lockheed y hoy Hughes, vienen a garantizar que grandes corporaciones con dirección fiscal en EE. UU. continúen teniendo el monopolio regional de los cielos y del espacio.