Bolivia y la industrialización del litio

enero 31, 2018

Éste es un posteo muy corto, para aclarar un malentendido que se extiende -como de costumbre- por Twitter y Whatsapp. Bolivia no crea ahora Yacimientos de Litio Bolivianos. La formación de esa empresa estatal fue aprobada por su Cámara de Diputados en marzo del año pasado, para impulsar la industrialización del mineral, admitiendo a inversores nacionales o extranjeros pero en sociedades donde el Estado tenga una participación mayoritaria.

La situación a hoy:

Tres empresas españolas y una china presentaron el 24 de enero sus propuestas técnicas y económicas para el montaje y puesta en marcha de una planta para industrializar el litio, según un comunicado del Ministerio de Energías de Bolivia.

Las firmas que entregaron sus propuestas fueron las españolas Asociación Accidental TSK-SEP Electrónica Electricidad, INTECSA Ingeniería Industrial SA y la Asociación Accidental AFK ACI Group, además de la china MAISON/MEE Asociación Beijing Maison Engineering CO LTD.

Se prevé que en unos 30 días se tenga el resultado de la evaluación de las propuestas, que fueron presentadas el miércoles, explicó el gerente general de la estatal Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), Juan Carlos Montenegro.

“El siguiente paso habrá de ser el trabajar en la firma del contrato con la empresa que haya sido adjudicada (…). Nuestra pretensión es que arranquemos con las primeras faenas a fines del mes de marzo o en abril”.

Bolivia trabaja desde hace varios años en un proyecto estatal con miras a producir baterías propias con litio en el salar de Uyuni, un desierto blanco de 10.000 kilómetros cuadrados de superficie, que supera las reservas que también en salares poseen los vecinos Argentina y Chile.

El salar, que es también uno de los principales atractivos turísticos bolivianos, es el fondo disecado de un antiguo mar en la región andina de Potosí, lo que le convierte en el mayor del mundo a más altura, a unos 3.600 metros de altitud.

En un informe de gestión brindado el lunes pasado, el presidente de Bolivia, Evo Morales, precisó que entre 2013 y 2017 el Estado boliviano invirtió 66.1 millones de dólares en cuatro plantas piloto de cloruro de potasio, carbonato de litio, ensamblado de baterías y materiales catódicos, instaladas en distintos lugares de Potosí.

Está prevista una inversión estatal adicional de 875.5 millones de dólares para construir las plantas industriales de carbonato de litio y de cloruro de potasio en los bordes del Salar de Uyuni, informó el Ministerio de Energías.

Morales también dijo el lunes que Bolivia tiene “muchas propuestas de China, de Rusia, de Estados Unidos” para dar el salto a una siguiente etapa en la industrialización del litio, aunque “lo más avanzado y lo más ventajoso” para el país sería Alemania.

Al respecto, la ministra de Planificación de Bolivia, Mariana Prado, sostuvo que Alemania está interesada en invertir unos 350 millones de dólares como socia del país en la industrialización del litio“.

Argentina también tiene experiencias con la participación alemana en desarrollos tecnológicos. Pero la pregunta es ¿Por qué no es plantea esfuerzos comunes, mutuamente ventajosos, con Bolivia? ¿Y con Chile? Si las empresas locales no tienen “espalda” para las inversiones requeridas, para qué está el Estado nacional? ¿O está?


La próxima guerra

enero 31, 2018

 

the next war

Los lectores consecuentes del blog saben que me manejo con prudencia frente a la tendencia periodística a ver una amenaza de guerra global todos los meses, o cuando no hay noticias locales jugosas. El último enfrentamiento “a muerte” entre Grandes Potencias concluyó hace 73 años, y desde entonces hubo muchos amagues. Pero, aparentemente, el poder destructivo de las armas nucleares funciona como un disuasivo eficaz. Para las Grandes Potencias.

Igual… nada es para siempre. Y es significativo que The Economist, la revista que desde hace 175 años es el vocero de los liberales ingleses -la que un notorio “influencer” como don Carlos Marx describió como “el órgano europeo de la aristocracia de las finanzas“- haya decidido publicar la semana pasada uno de sus Informes Especiales: “La próxima guerra”.

Una buena amiga me comentó el asunto, y acercó una traducción parcial. De una fuente un tanto sesgada, es cierto, pero el resumen que hace es correcto. Y ya que no tengo tiempo para hacer mi propia traducción…

(Subí recién un posteo donde mencionaba el ánimo optimista de la economía global -Paula Bach lo cuestiona en la columna de comentarios- y corresponde que lo equilibre con esto. Pero, más allá del momento, nuestro país y su Ministerio de Defensa, cuando tengamos uno en serio, debe encarar las previsiones para cuando y si estalle una guerra entre Grandes Potencias. Más grande que la que tenemos “en cuotas”).

El título es La Próxima Guerra. El subtítulo “El aumento en el peligro de un conflicto entre grandes potencias”. Su editorial de fondo comienza: En los últimos 25 años, las guerras han cobrado demasiadas vidas. Pero, aun entre contiendas civiles y religiosas en Siria, África central, Afganistán e Irak, un enfrentamiento entre las principales potencias mundiales ha sido casi inimaginable.

Ese ya no es el caso… giros potentes y de largo plazo en la geopolítica y la proliferación de nuevas tecnologías están erosionando el extraordinario dominio militar de EUA y sus aliados. Un conflicto en una escala e intensidad no vistas desde la Segunda Guerra Mundial es ahora plausible. El mundo no se encuentra preparado.

La revista prevé que, dentro de los próximos 20 años, “el cambio climático, el crecimiento demográfico y los conflictos sectarios o étnicos” sumirán al mundo en “guerras intraestatales o civiles”, que se combatirán “de cerca, cuadra por cuadra”, en ciudades rodeadas de “tugurios” y habitadas por millones de personas. El futuro para gran parte de la humanidad consiste en el tipo de carnicerías que fueron testigos la ciudad iraquí de Mosul el año pasado y la ciudad siria de Alepo.

La revista detalla una serie de escenarios posibles en caso de una escalada importante de tensiones entre Estados Unidos y las naciones que presenta como sus adversarios estratégicos, Rusia y China, lo que podría desencadenar un holocausto nuclear.

Estados Unidos, dice, debe desarrollar el “poder duro” que necesita para defenderse contra potencias desafiantes determinadas y capaces. Apremia una acción que detenga el declive de la hegemonía estadounidense. Si se les permite a las clases gobernantes de China y Rusia alcanzar su deseada influencia en sus regiones respectivas, afirma la revista, la consecuencia “plausible” es una “colisión devastadora entre las mayores potencias mundiales”, es decir, una guerra mundial combatida con armas nucleares.

Su editorial del 27 de enero declara que China y Rusia “son ahora Estados revisionistas que quieren poner en cuestión el statu quo y poner la mirada sobre sus regiones como esferas de influencia que han de dominar. Para China, eso significa el este asiático; para Rusia, Europa del este y Asia central”.

La conclusión presentada por The Economist es que EE.UU. debe poner fin a “sus 20 años de ir a la deriva estratégica” bajo varios gobiernos consecutivos, algo que ha “beneficiado a Rusia y China”. A través de varios artículos, su reporte especial aboga por que Estados Unidos gaste sumas gigantescas en nuevos sistemas de armas nucleares y convencionales, incluyendo el aprovechamiento de la robótica y la inteligencia artificial para garantizar un grado de superioridad militar como el que ha, hasta ahora, inspirado “temor en sus enemigos”.

Advierte: “El peligro inmediato es de una guerra en la península coreana, quizás este año… Decenas de miles de personas podrían perecer, muchas más si se utilizan armas nucleares”.

El Economist opina que “una guerra para prevenir que Irán adquiera armas nucleares parece ser una perspectiva especulativa por ahora, pero podría ser más posible en unos años”.

Afirma que EE.UU. se ve amenazado por una llamada “zona gris” en la que China, Rusia, Irán y otros países están buscando “explotar” las “vulnerabilidades” estadounidenses en ciertas partes del mundo sin provocar un conflicto abierto. Utiliza como ejemplo las reclamaciones territoriales de China en el mar de China Meridional, la anexión rusa de Crimea y la influencia de Irán en Irak, Siria y Líbano.

Sin embargo, The Economist considera la injerencia estadounidense como algo completamente legítimo. En Siria, EUA ha presidido una guerra civil de siete años para cambiar el régimen respaldado por Rusia e Irán. El anuncio de Washington este mes de que planea crear un ejército indirecto conformado por 30.000 efectivos de milicias kurdas e islamistas ha preparado el escenario para enfrentamientos directos tanto con Irán y Rusia como con su ostensible aliado de la OTAN, Turquía.

En medio de los intentos de imponer control estatal y censura de Internet en Estados Unidos e internacionalmente, la revista acusa de modo predecible a Rusia de buscar “menoscabar la fe en las instituciones occidentales y promover a los movimientos populistas interfiriendo en elecciones y utilizando robots y troles en las redes sociales para azuzar las quejas y los prejuicios”.

Las compañías tecnológicas, insiste, tienen que estar más integradas al aparato militar, mientras que las corporaciones de Internet deben trabajar con el Estado para combatir “las operaciones de influencia” y la “manipulación masiva de la opinión pública”.

Menciona brevemente que, para el Gobierno estadounidense, el cual ya tiene un déficit anual de U$S 700.000 millones, “encontrar el dinero será otro problema”.

Sin embargo, “El mayor peligro”, escribe, “yace en cálculos equivocados al no entender las intenciones del adversario, ocasionando una escalada imprevista que se escape de todo control”. El artículo cita a Tom Plan, analista del centro de pensamiento RUSI: “Para EUA y Rusia, las armas nucleares han conservado su primacía. Tan solo hay que ver cómo gastan su dinero”.

Estados Unidos está modernizando todo su arsenal con una inversión de $1,2 billones para las próximas décadas. Rusia está renovando sus misiles, bombarderos y submarinos con capacidad nuclear. China, el Reino Unido y Francia están expandiendo el tamaño y la capacidad de sus fuerzas nucleares, que son mucho menores a las de EE.UU. y Rusia. Por su parte, los círculos gobernantes de Alemania, Japón e incluso Australia están discutiendo la adquisición de armas nucleares para poder presentar resistencia a los Estados nucleares”.

Dicen que la sombra de Tucídides -como comenté aquí y aquí– muestra una sonrisa resignada.


¿Por qué le va bien a Trump?

enero 30, 2018

trump

Advertencia: Este posteo no cumple con las metas de seriedad y precisión que trata de alcanzar el blog de Abel. Bueno, otros posteos tampoco -este es un blog, después de todo- pero trato de conseguir fuentes confiables en cuanto a los datos, y de dejar claro el sesgo que tienen.

En este caso, es difícil: los “medios serios” del Atlántico Norte no lo son con referencia al Donald. A los viejos liberales -estilo de nuestro Eduardo Fidanza, de La Nación antes de su sociedad con Clarín– les enfurece su desprecio por las normas de la corrección política y el discurso aceptado en los últimos 70 años. A los neoliberales les irrita que ponga en duda la suprema bondad de la globalización. Y a todos, que no parece respetar a los propietarios de esos “medios serios”.

Entonces, yo leo que una encuesta elaborada por CBS News arrojó que sólo el 37% de los estadounidenses aprueba su primer año de gestión, mientras que un lo 58% desaprueba. Otra encuesta, realizada por The Marist Poll en colaboración con NPR y PBS NewsHour, exhibió resultados similares: 37% de los 1350 consultados aprueba los primeros 12 meses de Trump al frente de la Casa Blanca, frente a un 53% que no.

Pero, los números mejoran cuando el balance del primer año de Trump se hace sobre la marcha de la economía. El 44% de los estadounidenses encuestados por The Marist Poll, NPR y PBS NewsHour considera que la economía del país mejoró durante el gobierno de Donald Trump. El estudio revela también que un 35% cree que la economía continúa igual, mientras que sólo un 18% dice que empeoró. Del trabajo llevado a cabo por CBS News, un 46% aprueba la forma en que Trump está manejando la economía, frente a un 49% que la desaprueba.

Un repaso por los principales indicadores económicos de los Estados Unidos durante el último año podría explicar por qué se da esto. El último informe del Comité Federal de Mercado Abierto de la FED estimó que en 2017 el PBI creció 2,5%, una tasa mayor que la registrada durante el último año de la presidencia de Barack Obama, en la que el crecimiento fue de 1,6%. Según informó el Departmento de Trabajo, luego que se crearan 2 millones de puestos de trabajo en 2017, el desempleo bajó de 4,7% en 2016 a 4,1%, alcanzando así el nivel de desempleo más bajo en 17 años. Mientras que la inflación acumulada durante el último año fue de 2,1%, misma cifra que la registrada durante el último año de Obama.

Entre las previsiones para este año se destaca que el PBI volvería a crecer en torno al 2,5%, que el desempleo bajará hasta el 3,9% y que la inflación será de 1,9%.

Hasta Trump se dio el lujo de tuitear que “debido a mis políticas, el desempleo entre los estadounidenses negros descendió a la “¡TASA MÁS BAJA REGISTRADA!”. Es cierto que el desempleo de 6.8% entre las personas de raza negra es el más bajo registrado. Menor que al fin del gobierno del ex presidente Bill Clinton, los últimos tiempos más o menos felices. Ya no se puede creer ni en el Klan.

Atención: No es el proteccionismo comercial, al menos en lo inmediato. A pesar de la retórica del muchacho de pelo naranja, según el director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), Marcelo Elizondo, en los primeros 11 meses de 2017 las exportaciones de EE.UU. crecieron 6,9% y las importaciones 9,7%. Esto significa que, en dicho período, el déficit comercial aumentó un 7,5%.

Puede ser que esa política proteccionista planteada estimula al sector privado para que repatrie capitales, con bajos impuestos. Pero eso todavía no se refleja en el mercado de capitales global.

Entonces, aunque como ya dije hablando de política internacional, un año es un plazo muy corto para evaluar, igual surge la pregunta: ¿Por qué le va bien a la economía yanqui?

Los teóricos de las “expectativas racionales” dicen que la baja de impuestos ha alentado a las empresas a invertir. Economistas de un sesgo más clásico apuntan al dólar bajo: se ha desvalorizado, relativamente, frente al euro y el yen.

Otros dicen que simplemente Trump está cabalgando la aparente recuperación de la economía internacional después de la gran Crisis del 2008, y que la Unión Europea, por ejemplo, crece a un ritmo algo mayor que el de EE.UU. Es cierto que hasta hay un boom de los valores “emergentes” en los mercados financieros, donde sobra la liquidez (¿Ustedes no creen que Caputo consigue fondos por su simpatía personal, no?).

No ofrezco esto como guía para establecer estrategias. Es todo, todo tan fugaz, ya lo dice el tango. Pero sí como un dato que va a influir en el clima político en los próximos meses, en las expectativas -racionales o no- del Mauricio y su equipo. Y en noviembre hay elecciones legislativas en Yanquilandia.


INVAP: “Operación Holanda” (2° parte)

enero 30, 2018

Aquí continúa la historia -muy resumida- de un éxito que los argentinos no debemos trivializar como si fuéramos espectadores de un triunfo deportivo (que los que los consiguen, saben que son el fruto del esfuerzo y el largo entrenamiento).

Nuestros técnicos han desarrollado en este caso una herramienta global para la medicina nuclear. Una industria que mueve miles de millones de dólares y brinda puestos de trabajo de alto nivel. Y de la que depende la vida de millones de seres humanos.

2° parte: El triunfo en Holanda se explica por Ezeiza

reactor Pallas

 

El reactor actual, PALLAS, está en un vasto complejo en las afueras de Petten, una aldea de pescadores en la solitaria, medanosa provincia de Noordholland. La instalación, manejada por la empresa de medicina y tecnología nuclear NRG, tiene otros edificios, abarca muchas hectáreas y está a menos de un kilómetro de la playa, ventosa y vacía, siempre igual a sí misma, con su arena fina y sus médanos donde ondean los coirones, desde aquí hasta la costa alemana y danesa: para bancarse un baño en el Mar del Norte, y máxime en la fase fría del año, hay que ser vikingo, alemán, holandés, marinero o foca.

La gente en esta costa de la vieja Frisia es muy alta, rubia, coloradota, de buena leche y discretamente jodona. Fuera del idioma, del exceso de tulipanes y de la imperdonable escasez de yerba mate, entre el viento áspero y el mar picado y gris, un argento podría creerse en Claromecó, provincia de Buenos Aires, entre daneses, que se parecen bastante a los holandeses.

Aquí sobrarán mate y argentos cuando el contrato salga de su rara fase inicial de franela burocrática, que garpa U$ 40 millones, y se empiece a construir en serio y con fierros reales el nuevo PALLAS, porque del viejo cuelga la vida del 60% de los europeos con cánceres sólidos y líquidos, enfermedades cardiovasculares, neurológicas y endocrinas que necesitan diagnóstico y/o terapia nuclear, o del 30% de los humanos del “rest van der wereld”, el resto del mundo, según los Dutch.

Y son bastantes, todos esos humanos: hay más 4600 millones más que en 1961. Los europeos, cuantimás, han envejecido sobre el promedio global (ergo, se enferman con mayor frecuencia) y la medicina nuclear se diversificó explosivamente en aplicaciones y oferta de radioisótopos (49 a fecha de hoy, y vendrán más).

Fogoneado por la demografía y la tecnología, el mercado global de radionucleidos médicos crece entre un 5 y un 10% anual desde hace décadas. Su principal tractor hoy es el diagnóstico por imágenes llamado SPECT (Single Photon Emmission Computed Tomography, y el principal insumo del SPECT es a su vez el tecnecio 99m. En plata, este radioisótopo en particular se usa en el 80% de los diagnósticos, los que a su vez constituyen casi el 90% de las aplicaciones médicas nucleares. La torta de los radioisótopos andaba en U$ 10.000 millones/año en 2016, y el tecnecio ya era la mitad.

Dos cartas argentas en la manga podrían explicar la superioridad de INVAP para abrochar dos veces el contrato holandés. Ambas vienen del Centro Atómico Ezeiza de la CNEA. A fines de los ’90, la Gerencia de Combustibles desarrolló –sucedió también en otros países nucleares- un sorprendente material, el siliciuro de uranio. Permite que un reactor con uranio de bajo enriquecimiento (LEU, “Low Enrichment Uranium”, 20% en este caso) alcance una densidad de neutrones casi tan alta como la de los viejos reactores que quemaban HEU, (“High Enrichment Uranium), con un 90% del isótopo 235.

El LEU es un combustible definitivamente menos picante, pero desde los ’80, los EEUU están tratando –con todo éxito- de eliminar el HEU en todo el mundo: podría servir para hacer una bomba atómica primitiva “tipo cañón”, como Tall Boy de Hiroshima, pero usada en contra de ellos. Resultado: no se consigue.

Fue una carrera contra el tiempo, pero el reactor OPAL presentado por INVAP en Australia, en 2000, vino ya desde planos con un núcleo todo de siliciuro de LEU, y probó ser una Ferrari a GNC.  Eso le permitió a la Australian Nuclear Science and Technology (ANSTO)  ser propietarios de un reactor que no sólo aseguró la demanda interna (200 hospitales), sino que generó tantos excedentes que ganó el 5% del mercado mundial de tecnecio al año de entrar en línea… ¡y eso con un reactor de apenas 20 MW térmicos!

La otra carta en la manga de INVAP, y desarrollada por la CNEA en Ezeiza, fueron los “blancos”, las masas de uranio 235 que se colocan para ser bombardeadas por neutrones en cavidades diseñadas en el núcleo del reactor. Al ser impactado por neutrones, el uranio 235 se fragmenta de distintos modos, pero dos subproductos frecuentes son el molibdeno 99 (precursor del tecnecio 99m) y el Iodo 131 (otro radioisótopo medicinal).

Es obvio que con “blancos” de HEU se logra más masa de productos, pero ¿y si los EEUU te bloquean el abastecimiento? Si no sabés o podés enriquecer tu propio HEU, más vale que pases a plan B. Los laboratorios de Ezeiza en 2002 desarrollaron blancos de LEU y nuevos protocolos de irradiación. El LEU se consigue sin dramas, y aunque llegar así al tecnecio 99m se hace un 20% más caro, Australia y Sudáfrica adoptaron nuestra tecnología, para evitar aprietes de ya se sabe qué tío.

Dueños del mejor reactor del mundo y agrandados como alpargata de gordo, en 2012 los Aussies anunciaron que ampliarían con U$ 172 millones la planta de radioisótopos adjunta, y tratarían de capturar el 25% del mercado mundial de tecnecio. Podrían hacerlo tranquilamente, y así cepillarle U$ 1000 millones/año a los proveedores actuales. Es de sospechar que la bravata australiana puso súbitamente generosos a los holandeses, tan precarios en su control del 30% de la plaza global con un reactor que ya se cae a pedazos, y los animó a comprarle el nuevo PALLAS a la Argentina de una maldita vez.

Pero tal vez nos ayudó la reina, como en los cuentos de hadas. Nunca se sabe.

Para cerrar

Pese a ser casi infalible en dañar lo que toca (ver caso de la central nuclear en Río Negro, ver casos CAREM y RA-10), es posible que el gobierno argentino no descarrile el negocio holandés. Le dio prestigio en un momento en que la imagen presidencial está sufriendo una rápida erosión.

Luego habrá que explicar ese 20% de razones por las cuales INVAP no le debe enteramente la vida al gobierno kirchnerista sino a su propia y extrañísima capacidad de supervivencia. Habrá tiempo para preguntarse, junto a los lectores, por qué nuestros compatriotas cholulos festejan en términos de: “¡Ganamos en Europa (dijo el mosquito), ergo somos buenos!”. Eso cuando en 2015 ganamos con cero vueltas y cero contramarchas en EE.UU., y los formadores argentos de opinión no descorcharon un champú ni se les cayó un titular de tapa, o una horita central en TN. Probablemente, no se enteraron.

INVAP ha vivido la mayor parte de sus 44 años así, entre giles, peligrosamente.


El peronismo bonaerense baja línea

enero 29, 2018

Colorados en Lujan 2

No voy a escribir ahora sobre su agitada interna. Estoy en Buenos Aires, pero con poco tiempo libre, y prefiero preparar la publicación de la segunda parte de INVAP: “Operación Holanda“. Pero sí me parece oportuno compartir con ustedes -los que todavía no lo leyeron- el documento que la conducción del PJ de la provincia aprobó en la reunión de este viernes (40 sobre 47 consejeros, y nadie de los otros 7 lo observó).

Como cualquier documento partidario, dice sólo las cosas en las cuales los que participan pueden ponerse de acuerdo. Eso los hace bastante generales y poco filosos, por cierto. Pero, por eso mismo, es importante conocer lo que la estructura territorial más grande del peronismo sostiene ahora. Que fue recibido, me consta, con bastante aprobación por la mayor parte del resto. Por supuesto -es el peronismo- son muchos los que quieren algo mucho más duro. Y unos cuantos prefieren algo más amistoso (con el gobierno, no con Cristina). Pero, hasta y si no construyan poder territorial o sindical más importante… Es lo que hay.


INVAP: “Operación Holanda”

enero 29, 2018

Esta cuidadosa crónica del último rescate de INVAP, y de un cacho del orgullo argentino, la dividí en dos partes para que sea más fácil leerla. Hoy, la historia de los logros que cimentaron el camino, y también de las oportunidades perdidas (arriba, una foto de la planta de Pilcaniyeu, de la que habrán leído bastante en el blog). Mañana, qué es lo que INVAP va a hacer en Holanda: reemplazar un .generador de radioisótopos para 30.000 pacientes/día.

1° parte: CÓMO LA PYME NUCLEAR BARILOCHENSE GANÓ EL MAYOR CONTRATO DE SU HISTORIA

INVAP, la PyME estatal de tecnología nuclear y espacial rionegrina ha estado al borde de la quiebra por tercera vez en 44 años bastante libres de aburrimiento. Tiene rivales afuera y enemigos internos. Y estos pesan más: desde 2015 a la fecha perdió el 94% de su facturación. Pero al parecer no será este gobierno el que la entierre: la firma acaba de comprar varias vidas extra en Holanda.

Allí revolcó por segunda vez a los mismos dos ursos (ARÉVA Tecnicatome de Francia, la KAERI de Corea) y ganó de nuevo la mayor licitación del mundo en reactores nucleares “de investigación”: el remplazo del PALLAS o HFR, aparato yanqui de Allis-Chalmers. Habrá que explicar el “segunda vez” y “de nuevo”. Suenan raro.

La noticia la dio en el foro de Davos el propio presidente Mauricio Macri, flanqueado por su esposa Juliana Awada y la reina de Holanda, Máxima Zorreguieta, e inevitablemente el mandatario (cualquier otro habría hecho lo mismo) se atribuyó la gloria. Holanda habría dado el “sí” a INVAP porque ahora la Argentina “está abierta al mundo”, explicó. Daniel Santoro, espada de Clarín y TN en asuntos nucleares, abundó en que Macri, ingeniero al fin, es “INVAP-friendly”, a diferencia de Carlos Menem, atomicida grave.

Desde la infausta gayola, el ingeniero Julio De Vido retrucó que en realidad INVAP ganó el contrato durante el gobierno kirchnerista y debido a las políticas pro-tecnológicas que lo caracterizaron. Por ahora, lo que indican la razón y la historia es que INVAP, que existe desde 1974, se salvó a sí misma, pero el argumento del otrora poderoso ministro tiene tracción.

INVAP había ganado en 2008 una licitación contra los mismos contendientes, ante el mismo país y por el mismo trabajo, y eso sucedió cuando el ingeniero Macri no gobernaba el país sino apenas la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Holanda en 2009, sin embargo, reculó en chancletas y anuló la licitación, aduciendo cuentas nacionales en rojo, asunto secundario al crack bursátil mundial desatado por la quiebra de Lehman Brothers y el colapso de los créditos “subprime”.

La réplica de De Vido tiene sustentos adicionales. Bajo la administración kirchnerista, sin debatir sus méritos o deméritos, INVAP pasó de facturar U$ 30 a U$ 200 millones/año gracias a su expansión de competencias en las tecnologías duales. La más importante fueron los radares (civiles de aeronavegación, militares de control de espacio aéreo, portátiles de infantería, espaciales de apertura sintética, Doppler meteorológicos), y luego siguieron los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones (o GEOs) para ARSAT.

En todo esto hubo pleno éxito tecnológico, y un avance de autonomía nacional en áreas antes vedadas para nuestro país. Créase o no, en 2015 sólo 2 países entre los 35 que pueblan el continente americano podían construir GEOs: los EEUU y la Argentina. Brasil, Canadá y México, por ejemplo, los encuentran demasiado complejos y arriesgados. Los únicos 2 GEOs que llegamos a construir los argies andan joya, facturan U$ 75 millones/año, y podrían dar más. Hay guita en el cielo.

Hubo más asuntos estratégicos que no llegaron a madurar porque empezaron tarde: desde 2014, INVAP trató de resucitar con la línea SARA, un programa de “drones” civiles y militares, la Fábrica Argentina de Aviones, FADEA, vaciada por Lockheed Martin, y desde 2012 desarrolló tecnología petrolera de “fracking” para YPF, vaciada por Repsol. En ambos frentes, tuvo éxitos técnicos inmediatos.

Toda esta diversificación le permitió a INVAP atravesar libre de daños su “invierno nuclear”, entre 2000 y 2018, período sin grandes exportaciones de reactores completos. Brasil, que en 2010 había firmado a través del “pacto CFK-Dilma Rousseff” un compromiso para la ingeniería de un reactor de radioisótopos de gran potencia en Sao Paulo, similar al RA-10, “pisó” la operación 8 años. Sólo ahora le dio curso, otra noticia que terminaron comunicando el presidente Macri y su contraparte brasileña, Michel Temer. Pero lo que compra la CNEN (la comisión nuclear brasuca) es la ingeniería básica, un paquete de “know-how” de U$ 57 millones, no un reactor completo “llave en mano” que costaría al menos U$ 350 millones.

2009 fue un año terrible para INVAP: Holanda, atacada por un cocodrilo de los de bolsillo, la dejó colgada de la palmera. La rampante KAERI le sacó el reactor JRTR en Jordania, un contrato de US 180 millones. Lo peor llegó después: en 2016, Bolivia, que durante 10 años había formado a su personal nuclear en el Centro Atómico Bariloche de la CNEA y estaba a punto de caramelo para encargar su primer reactor a INVAP, terminó pidiéndoselo a ROSATOM de Rusia, que surgió de la nada y lo regaló por U$ 300 millones con 100% de financiación y años de gracia “a piacere” del presidente Evo Morales. Así logró la Santa Madre Rusia hacer pie en una Suramérica donde la dupla INVAP-CNEA estaba creciendo demasiado: recuerde el lector que se anotó 2 reactores más en Perú, el RP-0 y el RP-10, de los ’80.

De Vido entonces, no tiene un 100% de razón pero sí al menos un 80%. INVAP no habría soportado tantos reveses apegada únicamente a su nicho de mercado original, los reactores. Haberse diversificado razonablemente y con éxito entre 2003 y 2015, y volverse una casi firma aeroespacial y de defensa, la mantuvo viva.

Todo esto se le quitó a INVAP el PRO entre 2015 y 2016, lo que explica que su facturación anual bajara un 94% y la PyME rionegrina estuviera de nuevo al borde de la quiebra. El daño económico más grave fue la suspensión “sine die” del ARSAT-3, o “cómo los CEOs nos dejaron sin GEOs”. Lo cierto es que si INVAP pudo volver a presentarse en Holanda es porque no se había muerto, destino común de las empresas de tecnología desprotegidas por sus estados. Punto para De Vido.

En rigor, no es la primera vez que INVAP pasa por tales trances: en 1991 estuvo a punto de desaparecer por decisiones similares a las del presidente Macri, pero tomadas por el doctor Carlos Menem, su antecesor casi inmediato en el modo de gobernar. Tuvo que echar a 700 de sus 1000 expertos y al resto pagarle con bonos, y a veces. Pero entonces la salvó a último momento su triunfo en una licitación grande: la del reactor ETRR de Inshas, Egipto, 22 MW, aproximadamente U$ 250 millones “de los de entonces”. Eso le dio 6 años de sobrevida.

En 2000, épocas del doctor Fernando De la Rúa, INVAP estaba nuevamente por lanzar “el último cuac” tras otra “temporada en el infierno” (perdón, Arthur Rimbaud), cuando ganó la licitación por el reactor OPAL de Sydney, Australia, 20 MW, U$ 300 millones, que hoy serían casi U$ 400. Hay entonces razones para creer que se equivocan quienes dicen que el nuevo PALLAS argento, que tendrá 55 MW, costará U$ 400 millones. Además de la ecuación precio/potencia, el operador holandés NRG habla elusivamente “de muchos cientos de millones de euros”.

Como el estado en Argentina suele estar más tiempo administrado por neoconservadores que por keynesianos pro industria, podría decirse que al menos desde 1983 INVAP le debe la vida no sólo a sí misma sino al Estado: al estado egipcio, el australiano y el argentino, en ese orden cronológico. Hasta 2015.

Ahora tal vez le deba la vida al holandés también. Al menos, de 6 a 10 años más. Eso si al presidente e ingeniero no le da de nuevo por el atomicidio al más puro estilo Menem. Da la impresión de que el gobierno no se decide a matar o dejar vivir a INVAP, una fábrica de imagen positiva para cualquier primer mandatario. Lo que es claro es que del negocio nuclear no entiende ni jota. ¿Acaso no se acaba de quedar sin fondos el reactor RA-10, construido al 50% por la CNEA y aún mejor que el OPAL? ¿Acaso no se está parando la obra de la central CAREM?

(Continuará)


10 años de kirchnerismo. Y de macrismo

enero 28, 2018

Campo-en-paro

Esta vez, en lugar de mi acostumbrada homilía dominical, va una columna de Martín Rodríguez que tomé de LPO (estoy en vacaciones por cuotas). A pesar que no puedo reprimir un cierto fastidio porque él y Daniel Santoro están en el análisis político. Tengo ganas de empezar a escribir poesía y a pintar, en represalia. Pero sería demasiado cruel.

El título es mío, y es arbitrario. Pero surge de un hecho evidente, y que otros, entre ellos Artemio López, han comentado: La militancia K como hoy la conocemos surge, en su mayoría, con los que asumen o rescatan su entusiasmo político a partir de la crisis de la Resolución 125, en 2008 (Es natural que yo considere el asunto con cierta ironía: evalué entonces, y evalúo ahora, que Kirchner manejó mal el asunto). El planteo de Martín es que entonces también comenzó el fenómeno que hoy se expresa en Macri: “El campo ganó y dejó una herencia: El gobierno actual”.

Tengo que decir que no estoy de acuerdo con lo que Martín dice aquí. Sobre todo, porque no me queda claro qué es lo que quiere decir. Pero habla de muchas cosas que echan luz sobre la sociedad y la política argentina. Sobre nosotros. Lean.

“2018 abre una efeméride redonda: se cumplen diez años del “conflicto con el campo”. La política argentina no volvió a ser lo que era. En un sentido liviano se puede decir que se “democratizaron” las clases dominantes, que no habían probado con la convocatoria callejera y popular (durante el kirchnerismo las movilizaciones opositoras fueron una constante). Y decimos “clases dominantes”, sin entrar en las olimpíadas del detalle retórico, para designar a un sector poderoso y dinámico de la economía, mutante pero con una historia que había dejado símbolos fijos en el imaginario (“la Oligarquía”), y que organizó un conflicto que puso en vilo a aquel gobierno.

El campo ganó, llenó plazas, presionó legisladores, formó una mesa de enlace para centralizar su “lucha” y se fue. Si hubiera que decir dónde está su herencia, la respuesta es sencilla: es exactamente el gobierno actual. No iba a ser Eduardo Buzzi, Hugo Biolcatti o Alfredo De Ángeli el futuro líder político sino el sigiloso jefe de gobierno porteño que estrenaba su jefatura y miraba de reojo cómo los sojeros constituían el borrador del mapa electoral amarillo: la Argentina de los agro-negocios aliada a millones de vecinos de la ciudad de Buenos Aires (y otras ciudades del país). De modo que Cambiemos también tuvo un origen callejero, una sociedad que lo pre existe, que disputó con el peronismo y la izquierda el monopolio de la plaza. El kirchnerismo reaccionó de raje con lo que tuvo a mano: con la capacidad de movilización de Moyano, los intendentes del Gran Buenos Aires, la figura incombustible de Scioli, el primer puñado de militancia juvenil y un núcleo de intelectuales. Pero… ¿fue el anti kirchnerismo la pasión que se desató primero?

El conflicto tuvo en una parte grande de la sociedad, como diría Piaget, asimilación pero no acomodación. Los solidarios con el campo sabían qué querían con ese conflicto: ponerle un límite a un gobierno que quebraba la noción de “riqueza infinita”. Pero la mayoría de los indiferentes e incluso de los adherentes al gobierno no sabían qué hacer con ese conflicto: ¿Cuál era su límite? El kirchnerismo del primer gobierno tenía enemigos de “afuera” de la sociedad (FMI, militares genocidas) e inauguró su segundo gobierno con un problema en el corazón de la sociedad. Entre otras cosas, se dio un desconcierto porque se desconocía el mundo rural que se había transformado en las últimas décadas con su tecnificación y boom de los commodities.

Cuando el 17 de junio de 2008 CFK mandó el proyecto al Congreso hubo alivio porque por fin se abría el escenario de un resultado: La política asumía a pleno lo que pasaba en Palacio, las rutas y las calles. Fueron 129 días de medidas de fuerza de todas las organizaciones agrarias y un revuelo en el sistema político que se puede repasar hoy en las imágenes: la minúscula izquierda china marchaba con la SRA, una parte de la CTA negociaba por la Federación Agraria, algunos diputados, hoy progresistas k, se sentaban a convencer a Kunkel de una modificación del proyecto y el PJ se representaba de nuevo como el partido en busca de un autor, ya que Kirchner ponía a prueba su límite más conservador con una política que de pronto revelaba una raíz ideológica antigua, Moyano garantizaba un piso de masas para la competencia callejera. Néstor caminaba en círculo por los jardines de Olivos, irreductible.

Un punto de quiebre

Fue un punto de quiebre en la forma de hacer política, tan fuerte como el 2001. Y un ajuste sobre la representación: Todo un parlamento votaba algo en coordinación con el movimiento de placas que se vivía afuera. Nadie votaba “de espaldas” a la sociedad. Esa máxima intensidad que para algunos podía poner en vilo al sistema democrático era la prueba de fe de las instituciones. Porque lo que tal vez un republicano ensamblado en Nordelta no pueda entender es que el 2008 nos hizo más institucionalistas a todos, ese “desborde” en torno a una política pública se resolvió: se votó y el gobierno aceptó el resultado, aún cuando el voto del desempate hubiera venido de su propio vicepresidente. Las instituciones republicanas podían “contener” un nivel de disputa ideológica más aguantable. Cobos, ya apagada su estrella, simbolizó el límite entre la formalidad de las alianzas kirchneristas (la “Concertación Plural”) y su realidad mezquina y vertical: el mendocino se cobró el ninguneo que recibió una vez que se hizo de la vicepresidencia. Ahí empezó y terminó su “daño”.

También, el 2008 marcó a una camada juvenil urbana que vio que era posible una política intensa y a la vez bajo un sistema de reglas: muchachos y muchachas que agitaron el eco discursivo de las juventudes maravillosas pero para discutir a los gritos no el socialismo nacional sino los números de las retenciones móviles a la soja que votaba un Congreso. “Las retenciones del gobierno popular”, se decía para encontrarle retórica. Y no viene mal recordar que fue una medida ideada por el entonces ministro Martín Lousteau, un economista criado al amparo de muchos políticos peronistas, que podía ser cualquier cosa menos un revolucionario.

Esos días tuvieron todo: discusión parlamentaria, cortes de ruta, algunas piñas en las plazas, lockout patronal, el surgimiento de una “voz intelectual”, pero no represión. De hecho Kirchner se ufanó de ser, como diría Halperín Donghi, el jefe del monopolio de la fuerza al precio de no usarla: por eso se rió en un desalojo de De Ángeli, “se lo llevaron a upa”, el mediodía del 14 de junio en el kilómetro 53 de la ruta 14 en Gualeguaychú, porque sabía que su poder ya no dependía tanto de aceptar las condiciones del campo (cosa que no estaba dispuesto a hacer) sino de no dar la orden de reprimirlos.

Todo se hizo por “izquierda” y cuerpo a cuerpo: movilización contra movilización, diputado contra diputado y senador contra senador. Y con un lenguaje político que arrastraba las rencillas de una Argentina con fracturas sociales mal curadas. El campo ganó, sumó. Cobos se convirtió en la estrella fugaz. Hasta Maradona (hoy un populista 24/7) lo felicitó por “pacificar” el país. Dijo Diego en el Canal 26 sobre el voto no positivo: “Lo grité como si hubiera hecho un gol. Lo grité por mi país, por mi bandera, porque desde el día anterior la gente había dicho basta“. La soledad kirchnerista se palpaba en el aire, en las imágenes de una militancia que se sentía menor frente al coloso rural. Se podía ver la noche en que diputados sí voto el proyecto de retenciones móviles a unos militantes de la agrupación Libres del Sur llevando en andas al peronista histórico José María Díaz Bancalari, desconcertado ante esa euforia. En TN el “relato” del periodista Gustavo Silvestre (hoy un crítico del “Grupo”), sermoneando junto a Sergio Lapegüe sobre los cristales rotos. O al mismo Buzzi, que en un acto en mayo en la ciudad de Rosario (una multitud en la capital de la soja) distingue entre la gente a una madre de Plaza de Mayo (luego fue detallado por qué estaba ahí esa madre) y empezó a cantar sin el menor swing “Madres de la Plaza / el pueblo las abraza”. No se le sumó una sola voz.

La normalidad

La estructura de aquella contienda se revelaba como una ruptura momentánea, una anomalía, un exceso ideológico precipitado por Kirchner pero que… llegó para quedarse. Muchos empezaban a pedir volver a la “normalidad” cuando la noción realista de normalidad en democracia tal vez haya sido justamente la del gobierno que había concluido el 10 de diciembre de 2007 (o los primeros años de la convertibilidad). Aparecía la exigencia de una política del diálogo que borraba con el codo lo que esa misma clase política había escrito con su mano: la incubación de una crisis económica y social que hizo volar todo por el aire en 2001.

A partir de 2008 la radicalización del kirchnerismo generó nuevas narrativas vinculadas al pasado de la vida política (nació con Carta Abierta un nuevo evangelio) y a la vez, recordemos, ensalzó Cristina en ese mismo instante su espejo en la figura de Alfonsín. CFK vio en Alfonsín al primer presidente reformista que por izquierda “no pudo”, y prefirió proyectarse en esa imagen (que además construye un Alfonsín, no el único). De hecho la presidenta le hizo un homenaje en vida, en octubre de 2008. Y desde allí, se hizo recurrente la repetición del archivo del famoso discurso interrumpido en la SRA de 1988, cuando un Alfonsín tozudo acusa a la tribuna que lo chifla de haber estado “muertos de miedo” durante la dictadura. Nuevamente: las retenciones. Y un sutil consentimiento de Alfonsín: les dice que tuvieron miedo, no que fueron cómplices.

La relativa paz anestesiada de consumo del 2003 al 2007 tocaba su fin, cuatro años de crecimiento que compensaban a una sociedad traumada. El mundo también estaba al borde de un crack financiero. De la política argentina de 2008 nacía el imperio de un nuevo signo: no sólo se configuraba la forma definitiva del kirchnerismo, no sólo el conflicto con el campo hacía nacer su otra etapa (la guerra con Clarín), sino también la forma del anti kirchnerismo. El actual gobierno, ese otro hijo del 2008.

Si la plaza fue el batifondo de la crisis de 2001, el 2008 recoge un hilo de ese “estallido” para detonar la política por dentro, una guerra entre poder político y económico a cielo abierto, y del modo que no se había conocido desde 1983. 2008 cambió el lenguaje: soja, clima destituyente, Clarín, glifosato, Venezuela, Magnetto, corpo, crispación, diálogo, campo, medios hegemónicos, choriplaneros. Se pasó de un “que se vayan todos” universal de ciudadanos con cacerolas y constituciones en la mano (que se sacaban la clase política de encima) a, siete años después, una crisis con cacerolas y marchas con consignas ultra específicas, temas concretos y una espuma de lenguajes agresivos que parecía desbordar las rejillas de la historia del país: desde yegua montonera hasta puta oligarquía.

CQC, que se había hecho fama con noteros reyes del bardeo gratuito a los políticos, ahora tenía a sus noteros haciendo etnografías: conocían peones con blackberrry, gauchos en Hilux. Incluso a partir del conflicto y su necesidad narrativa, se instaló una relación de proximidad entre intelectuales y política que dura hasta hoy (y en la que muchos intelectuales K terminaron perdiendo terreno porque se engolosinaron más explicando el kirchnerismo que la sociedad). La política empezó a necesitar argumentadores, relatores, académicos, y aún hoy, con la vocación desdramatizadora que baja como un mantra desde la actual jefatura de gabinete. ¿O no es incluso Fernando Iglesias un hijo de esas plazas? Si el estallido de 2001 fue el cacerolazo en sí de una sociedad en crisis en la que todos tenían razón, en 2008 estalló la lucha por ver quién tenía más razón. El cacerolazo para sí.

En un reciente libro el historiador Javier Trímboli (“Sublunar. Entre el kirchnerismo y la revolución“, editorial Cuarenta ríos) repasa del kirchnerismo la génesis entre 2001 y 2003. Se detiene en un episodio olvidado: la fijación de retenciones a las exportaciones de soja de agosto de 2002. Así comienza el capítulo: “El sábado 3 de agosto de 2002 el presidente Duhalde no asiste a la inauguración de la clásica exposición de la Sociedad Rural en el predio de Palermo. Durante los días previos los diarios especulan al respecto, algunos pocos que le advierten lo que eso significa. Tampoco participa el ministro de Economía, sólo lo hace el secretario de Agricultura que, aunque es una hombre del campo, se resigna a leer su discurso bajo una estruendosa y sostenida silbatina.”

Recuerda Trímboli las palabras de Enrique Crotto, presidente de la SRA: “Habría que marginar de una vez y para siempre a esa corporación política que, sin distinción de ideas partidarias, lo único que pretende es preservar sus privilegios, aunque ello traiga aparejada la disolución social de la Argentina“. Las palabras de Crotto funcionan como hilo de sentido entre 2001 y 2008. Duhalde persiste, las retenciones quedan. Todo pasa desapercibido entre los indicios de una economía que empieza a crecer y la razón de Estado que precisaba ese dinero para sostener el Plan Jefes y Jefas de Hogar. Duhalde explicaba la medida desde su programa de 15 minutos los sábados en radio Nacional (“Conversando con el presidente”) que no debía escuchar ni Chiche. Era el duro invierno de 2002 y todo estaba por venir”.


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