Empezando 2011…

diciembre 31, 2010

Uno en estas fiestas, sobre todo cuando ha empezado a tomar, siente una buena onda general con todo el mundo. Pero hay que ser sincero con uno mismo, la solidaridad universal sólo es posible a individuos muy excepcionales. A lo mejor, el sentido religioso de ser todos hijos del mismo Padre puede mover a los que son devotos de alguna de las grandes religiones, pero enseguida recordamos cosas de sus madres…

Igual, también debemos recordar que estamos todos en el mismo barco, el del mapa de arriba, y no podremos zafar solos. No hay botes salvavidas, por ahora. Un egoísmo racional nos aconseja que tratemos de ser solidarios, pero no boludos. Los sentimientos más profundos se reservan necesariamente a los que están más cerca. Lo digital no es sustituto para la cercanía en carne y hueso, pero, dicho todo eso, en mi estilo analítico y larguero de siempre, tengo que decirles que a través de sus comentarios y visitas me he llegado a sentir cerca de ustedes. Que sean felices.


Para aclarar un malentendido (mío)

diciembre 30, 2010

Ya sé, es un plomo ponerse a hacer distinciones de conceptos el anteúltimo día del año, con 30° de sensación térmica. Pero leyendo algunos comentarios del post anterior, y varias respuestas a los míos en otros blogs, siento que hay algo en lo que he dicho que se prestó fácil a confusiones. Y tengo la compulsión de aclararlo, qué le vamos a hacer.

El debate, que se hizo muy intenso en la blogosfera en los últimos meses, sobre los vínculos entre peronismo, izquierda, kirchnerismo, peronismo no K, kirchnerismo no P, y algún otro componente de la ensalada que ahora no recuerdo, ha acumulado – como todos – muchas tonterías, delirancias y una multitud de fiscales ideológicos voluntarios. Pero… estoy convencido que es un debate muy importante. Expresa más que especulaciones sobre el futuro del peronismo y del progresismo: creo que hoy es el debate político central de la sociedad argentina. No el único, claro, pero al ser el que hoy está vigente y tiene más participantes – creo – condiciona todos los otros que se dan, y los que se darán en el futuro inmediato.

Si algo refleja la centralidad – para mí, que nunca me incliné a regalarle nada – de la experiencia Kirchner en esta etapa de la política argentina, es que su impacto ha determinado, y todavía lo sigue haciendo, los términos del enfrentamiento político.

En ese debate mi intención era hacer mis aportes pensados desde ver la política como actividad (o, como dice Bob Row, la realpolitik). Por eso mis observaciones – acertadas o no, ese es otro punto – están todas pensadas desde lo que asumo como un escenario muy probable: Sin la suma del peronismo y del progresismo “realmente existentes”, sin la mayoría de los votos que eligieron la boleta del P. J. y la del Frepaso en 1999 (la última vez que la separación fue clara), le sería muy difícil vencer a cualquier candidatura peronista en 2011. No hablemos de una candidatura progresista. Y el debate político en Argentina es sobre la Presidencia; ningún otro importa, en el corto plazo.

(Quizás la victoria de Reutemann en Santa Fe, en 2008, ilusionó a algunos que era posible reconstruir la otra coalición ganadora, la del peronismo y el centro derecha, que dió sustento electoral a Menem. Creo que era imposible – no por inadecuación personal del Lole – sino porque la Argentina y el mundo ya habían cambiado. Hoy es evidente que eso es imposible, en el futuro previsible).

Dada esta convicción, me palmeaba la espalda a mí mismo porque podía ser benévolo y comprensivo hacia todos los términos del debate. Ja! Había olvidado que el debate, le gustara o no a los alumnos de la escuela realista como yo, era una “guerra de relatos”.

Un ejemplo: Alguien tan calmo y centrado como Bob Row, encuentra necesario aclarar: “Abel: me parece que están peleando con fantasmas. El llamado Progresismo kirchnerista no-PJ, nunca se negó a la “realpolitik”, aunque sin renunciar, tampoco, a su derecho al pataleo … Si eso les parece demasiada rigidez a los nostálgicos de un peronismo invertebrado, no se lo digan a la “progresía”. Avísenle al pueblo argentino que se prepare para otra sesión de “cirugía mayor sin anestesia”, si es que así quieren ser recordados. No deja de ser útil que esto se discuta con tiempo“.

Y esa misma… sensación, la de que habría en mí, como peronista histórico, una carga ideológica ancestral que podría arrastrarme a cadenear infiltrados progres y traer de vuelta a Ricardo Zinn para Economía, la percibo en algunas respuestas en el blog de Eva – esposa fiel -, en el de Fede Vázquez y algún otro. No voy a chicanear diciendo que los que trajeron de vuelta al Mingo Cavallo fueron los del Frepaso. Ni voy a dar garantías. Yo no voy a ser presidente, y no puedo asegurar – en serio – que un presidente (o presidenta) peronista o uno no peronista no se sienta obligado alguna vez a tomar medidas más duras que las que se han tomado en estos 7 años. Que no todas fueron bendiciones para el pueblo, después de todo. Pero, seguro, no será por razones ideológicas.

Volviendo entonces a este terreno chiquito de los posts, donde sí es central el “relato”, evalúo que el error que cometí es no tener claro que el “relato peronista” que el progresismo cuestiona y los peronistas de la blogosfera defienden es el “relato Kirchner”. Una síntesis no demasiado elaborada – ahora con Cristina un poco más – pero que desde el comienzo fue muy clara en fijar metas y declarar enemigos. Es decir, es un relato muy peronista.

Por eso mismo, no se me ocurre que ese relato sea contradictorio con versiones más tradicionales entre los perucas. Como nunca me canso de recordarles, cuando el Adolfo Rodríguez Saá asume, brevemente, la Presidencia a fines del 2001, en su discurso inaugural reivindica por igual al 17 de Octubre y a las Madres de la Plaza de Mayo. (Hebe, chinchuda pero sincera, siempre se lo reconoció).

Pero no es el “relato” del peronismo en su conjunto. Ojo, tampoco es “el de la Capital Federal”, solamente. Mucha militancia, en todo el país, lo ha tomado y lo enarbola. Pero no es el que usan con preferencia la mayoría de los gobernadores, de los intendentes y de la dirigencia sindical. No, tengamos claro, por una discrepancia ideológica. Si usan otro, es porque evalúan que sus votantes lo prefieren.

Si se quiere encontrar una correlación entre la prevalencia del “relato K” en el discurso de nuestra dirigencia, fíjense (o pídanle a Artemio que haga un cuadro) en los distritos electorales donde el Frepaso tuvo su mejor perfomance. La gran excepción, claro, es la Provincia de Buenos Aires; pero ahí también es donde el discurso tradicional, bastante hostil a los códigos frepasistas, tiene más votantes fieles. ¿Por qué creen que Scioli es un equilibrio permanente?

Resumiendo, amigos míos, la distinción, creo, pasa por ahí. Manolo Barge escribió una vez un magnífico post “Yo me quedé en la plaza“. Pero, aunque es más joven que yo, creo que esa distinción pertenece a una etapa anterior. Yo me quedé en el peronismo, en los tiempos de Menem. Y, visto los resultados, estoy conforme con mi decisión. Pero, reitero, frente a las opciones que existen, creo que los ex frepasistas y los peronistas de siempre votarermos la misma boleta.

Feliz año – y feliz década, si no es mucho pedir – para todos y todas.


El peronismo, el kirchnerismo… podemos hacerla corta?

diciembre 29, 2010

Este post, en realidad, es una secuela de éste y de éste, donde yo decía que no estaba para hacer un análisis a fondo (como los que otros sí han hecho, y no me convencen) sobre la identidad del peronismo y cómo se vincula con otras historias y realidades políticas. Quería tirar algunas ideas, nada más.

Que me meta ahora en este debate, que conmueve la blogosfera politizada desde hace meses… es un gesto irresponsable. Veo una avalancha de comentarios apasionados de fieles kirchneristas y más fieles perucas, y sospecho que no los voy a contestar. No antes de muy entrado el año que viene, por lo menos.

Comenté hoy en lo de Eva Row y en lo de Fede Vázquez, ambos del lado K, pero fue de de refilón, como decían en el campo antes de la soja. Me contenía – me decía que ya discutí sobre el asunto muchas veces en este blog, pero… Leí esto de Ezequiel Meler, y decidí zambullirme.

No porque esté en desacuerdo con lo que él dice. Al contrario, pienso que es una de las exposiciones más lúcidas que he leído sobre el asunto, porque lo enfoca desde la experiencia vital:

Para al menos dos generaciones de argentinos, y quien dice dos dice tres, el único peronismo conocido antes de 2002 era el menemista. Perón, lógicamente, les queda demasiado lejos, y hay muy poco, si es que algo queda rescatable, del peronismo entre el 83 y el 89.

Cuando estas camadas de jóvenes, que hoy pueden jugar un sub 40, empezaron a jugar en las ligas mayores, el menemismo era el peronismo por excelencia. Poco y nada quedaba de aquel movimiento nacional y popular con fines redistributivos e impulsos desarrollistas que conoció la Argentina entre 1945 y 1975.

Estar en política, para ellos, implicó estar a favor o en contra de un peronismo que se declaraba enemigo abierto del Estado de Bienestar. Esa fue su experiencia del peronismo, ese fue su principio de normalidad. Perón era un relato de otros tiempos, posiblemente irrepetibles, y encima de todo, con final abierto. La movida venía por otro lado.

Las experiencias peronistas por fuera del justicialismo vinieron a reforzar esa impresión en dos sentidos. Primero, por sus sucesivos fracasos en construir una alternativa que superase el rango de “menemismo rubio, prolijo y honesto”, fracasos que terminaron estrepitosamente en la Alianza. Segundo, porque, como me señalaba un amigo, en el proceso muchos compañeros valiosos perdieron gradual o totalmente su identidad política previa. Pocos, muy pocos, reivindicaban al peronismo histórico, el primero, y podían lidiar al mismo tiempo con su hecho maldito: Menem

Le dije a Ezequiel que le faltaba tomar en cuenta a otra generación, aquella que el único peronismo que conoce es el de Néstor y Cristina. Pero eso es un detalle. Su enfoque es verdadero, y rico. Y su explicación de quiénes se definen como kirchneristas es también válida:

Es una cuestión candente, especialmente para aquellos que, aún apoyando al actual gobierno, tienen presentes las conocidas “versatilidades” del peronismo. Para ellos, si el kirchnerismo ha de perdurar -y ese deseo alcanza, en estos días, su pico histórico- debe ser algo más que peronismo, pero sobre todo, debe ser otra cosa“. Porque “… esos jóvenes de los que hablamos al comienzo. Vivieron a Menem, se sumaron al kirchnerismo. Para ellos, naturalmente, la discusión sobre el carácter de la experiencia era vital, porque definía qué habían hecho y qué estaban haciendo al mismo tiempo. Puesto en términos simples, la secuencia Menem – Duhalde – Kirchner era y todavía es un desafío para el análisis y para las identidades“.

Creo que Meler está en lo cierto al describir este problema que enfrenta una parte importante de la militancia y aún de la sociedad. Probablemente su lucidez se deriva, en parte, a que él pertenece a esa generación.

Escribo este post porque quiero ofrecerles una respuesta. Que, lo lamento, no contesta a los que se interrogan seriamente sobre el significado de su experiencia política. Ni a los que se asumen kirchneristas ni a los que se definen como peronistas.

Porque la da esa vieja dama indigna, la Sra. Realidad. Que no da explicaciones, sino hechos. La secuencia inexplicable Menem, Duhalde, Kirchner tiene una lógica muy simple: Duhalde no habría trascendido la Intendencia de Lomas de Zamora si no hubiera apostado a Menem en 1988. Kirchner no habría sido presidente en el 2003, los que ahora son fervientes K no lo reconocerían, si Duhalde no lo hubiera bancado en ese año.

Más: ninguno de ellos, ni tampoco Cristina Fernández, hubieran llegado donde llegaron si el peronismo como fuerza política, sus aparatos partidarios y sindicales, no los hubieran apoyado.

Y es muy dudoso que… digamos Agustin Rossi, Luis D´Elía o Martín Sabbatella – elijo deliberadamente tres ejemplos muy distintos – lleguen a donde puedan aspirar, sino alcanzan el apoyo de por lo menos la mayor parte de esa peculiaridad argentina. Salvo, claro, que alguno de ellos, u otro, construya otra propuesta política igualmente fuerte y más coherente. Pero no sé, como le dije a Fede Vázquez. La coherencia ideológica, como la del Partido de los Trabajadores Marxistas-Leninistas (de Izquierda), no parece funcionar muy bien, como receta.


¿Por qué Cristina no va a la asunción de Dilma?

diciembre 29, 2010

Estoy tomando como definitiva la decisión que anuncian La Nación y Página 12. Y que creo que es un error.

Es cierto que, como buenos hermanos, los argentinos y los brasileños a veces debemos pelearnos, mal. Y también es evidente – ejemplo, la Ronda Doha – que nuestros intereses y los de ellos no siempre coinciden. Pero la relación es estratégica, para nosotros y también para ellos. La geografía lo determina, y una de las pocas cosas en que nuestra dirigencia política de los últimos 30 años no ha sido consistentemente estúpida es en darse cuenta de eso.

Por eso nuestra presidente debe asistir a esa ceremonia. Es más importante, en el plano de los símbolos, que la reunión del Consejo Nacional del PJ, por ejemplo.


Saúl y Lorenzo

diciembre 29, 2010

Hoy, 29 de diciembre, es el día del nacimiento de Saúl Ubaldini. Artemio López (que cada día está más ortodoxo :=) ) le dedica un hermoso y merecido post aquí, donde recuerda a las luchas obreras contra la dictadura en que participó junto a Lorenzo Miguel, los dirigentes de los 25 y muchos compañeros anónimos. Quería marcar nada más una coincidencia: hoy también es el día que hace 8 años murió Lorenzo. Un saludo a los compañeros.


El peronismo, la izquierda… hagámosla corta

diciembre 28, 2010

En el post anterior no resistí la tentación de meterme con un tema – la relación entre el peronismo y la izquierda – sin tiempo ni energía para hacerlo con la profundidad que merece. Mi estrategia fue tirar un par de ideas. Como quedaron con el aporte de Guido: “La izquierda aspira a expresar a los de abajo. El peronismo es el movimiento formado por los de abajo que se expresan solos (Como algunos siguen siendo peronistas pero no están abajo, y se siguen expresando a si mismos, ahí explicamos el peronismo pro-mercado)“.

Ahora, la blogosfera politizada (la reflexiva, que es mucha) está llena de análisis sobre el problema, muchos de ellos ricos y originales. Tengo la sensación que es “el tema” de la nueva militancia, y de quienes vuelven a militar. Pero me parece se corre el riesgo que concluya en elaborar una filosofía para militantes kirchneristas con dudas. Para eso ya está J. P. Feinmann. Creo que vale la pena tratar de encontrar puntos de partida simples. Y las elaboraciones las dejo para cuando baje el calor.

Por eso quiero proponerles leer este post de El Canilla, que es de izquierda y es uruguayo, que me parece que es ser más de izquierda. Yo no estoy de acuerdo con él en cuanto a la “ingenuidad” del Polo Obrero – tampoco pienso que sean diabólicos. Hacen política, igual que nosotros – ni creo que los problemas de gestión del gobierno se deban a que “peronistas malos” lo apreten. Pero esa es su visión, y reproduce la visión de muchos, muchísimos que bancan a este gobierno pero no al peronismo. Y su reclamo es sincero. Copio esta parte:

La razón instrumental que tiene el Gobierno para necesitar pactos de convivencia con los Pedraza, los Insfrán, los Zanola – que apretando nuevamente al Gobierno desabastecen de guita los cajeros en los días navideños y de fin de año – realmente puedo entenderla. Sin embargo, aunque OmixArtemio o incluso don Abel no se la banquen, es la crítica que uno hace a un movimiento que tiene en su interior un espectro ideológico progresista, nacional y popular y otro facho, prebendista, apto para cualquier negociado. El peronismo necesita limpiarse de sus lacras, porque es necesario para disputar poder con el neoliberalismo“.

Es la parte que le contesté:

Estimado Canilla: Me banco las críticas (después de todo, no duelen tanto como los garrotazos). Y especialmente me banco su crítica: El peronismo, nosotros, tenemos progresistas, nacionales, populares, fachos, prebendistas, y tipos aptos para cualquier negociado.

El problema es que están todos mezclados, a veces en los mismos compañeros: hay fachos populares, progresistas aptos para cualquier negociado, etc., etc. Perón nos advirtió que “los buenitos eran pocos” y no alcanzaba. Y además son muchos años juntos y nos conocemos todos.

Ideológicamente, hasta algunos piensan que esa mezcla – que es la que se da en nuestro pueblo – es la que hace que seamos un movimiento, o – en tiempos desangelados – un partido de masas.

Pero entiendo que desde afuera es difícil apreciarlo. Por eso su crítica nos viene muy bien, para hacernos acordar. Porque con los votos de los de adentro, nomás, tendríamos que volver a comprar Clarín, por los clasificados.

Eso sí, Canilla, si Ud. encuentra un partido político con más de doce miembros que sean todos nacionales, populares, y progresistas de conducta impecable, avíseme. Pero sospecho que no me van a a aceptar la afiliación

Corresponde que ponga también su respuesta:

Don Abel no me chicanee. Ud y yo sabemos que no existe ese partido. Pero Uds los peronchos son muy necesarios, justamente porque son la representación de lo popular. Quizá a algunos sólo nos queda hacer de “alarma”, como Ud dice, para “hacerlos acordar”. Porque lo mejor del peronismo siempre salió cuando la dirigencia escuchó a sus bases – recordó sus origen – y defendió la camiseta nacional


El peronismo, la izquierda… ¿qué quiere que le diga?

diciembre 27, 2010

Hace tiempo que quiero (volver a) escribir sobre esas dos pasiones políticas. Recuerdo que hace algunas semanas la Farolera me proponía que algunas reflexiones que cambié con ella las desarrollara y publicase en Artepolítica (“Abel, usté tiene que estar allí. Ampliará su público“).

La idea me tentaba ( y todavía lo hace). Pero a esta altura del año, y de la década, no me siento con ánimo para un esfuerzo intelectual. Mi considerada opinión, por ejemplo, es que J.P.Feinmann dice insignes pavadas, pero que no son refutables en un par de líneas. Y, además, veo que en la blogosfera todo el mundo está subiendo posts sobre progresismo y peronismo y me están corriendo el arco constantemente.

Por supuesto, ya había leído textos muy estimulantes, como éste de Luciano, de hace dos años. Pero desde que Artemio levantó las banderas de la ortodoxia desde Ramble y se convirtió en el azote de los progres, todas las semanas alguien dice algo que me gustaría haber dicho a mí, o, peor, refuta convincentemente lo que yo pensaba decir.

Días atrás, Fede Vázquez subió ésto, que me dió muchas ganas de retrucarle. Y lo hice, si mal no me acuerdo, comentando en algún sitio:

Lo que los críticos parecen tener dificultad en considerar – una dificultad que ya tiene 64 años – es que el peronismo, lacras y todo … sigue siendo la única fuerza política conque la mayoría de los pobres y excluídos se identifica. Menos mayoría absoluta que antes, seguro, pero no ha surgido otra opción nacional. Del Partido Intransigente a Proyecto Sur, pasando por el Partido Obrero, consiguieron o consiguen sus votos en esa clase media progre … Pero, bueno, eso no es lo importante.

Lo definitivo, creo, es lo otro: que el peronismo sigue siendo el partido de los de abajo. Porque, como decían en mi barrio, son pobres pero no boludos

Tengo claro que ésta no es una respuesta definitiva (No la tengo). Planteo un hecho, que debe ser considerado, pero que no termina la discusión. Ni siquiera termina con el trabajo razonado y equilibrado que acaba de subir Ezequiel Meler, que fue lo que impulsa estas líneas.

Porque quiero tirar … una idea, sin elaborarla, sin profundizarla. La dejo para ustedes, o para un futuro trabajo mío, cuando descienda la temperatura. Es ésta: El discurso, la pulsión de la Izquierda – creo que en todas partes, pero más claramente por nuestra historia en Argentina – es, en sus mejores momentos, un impulso de justicia y de reparación para los demás. Para los pobres, o los excluídos, o los discriminados.

Por supuesto, estoy hablando del ideal, que se encarna en algunos momentos en algunos seres humanos. La Izquierda tiene la proporción de oportunistas y de hijitos de puta que le corresponde a todo grupo humano. La diferencia que quiero establecer es en el plano del ideal. Ahí están como símbolos el del Che Guevara o – rescatado por re revisionistas – Juan José Castelli, hombres de familias acomodadas que se inmolan por un ideal altruísta, en ambos casos – coincidencia – en el Alto Perú.

En el peronismo ese impulso de justicia y reparación se dirige hacia nosotros mismos, los de abajo. Y para los que no somos pobres, ni humillados, también es un “nosotros” el que nos identifica: Nosotros, los argentinos. Nosotros, los iberoamericanos.

Piensen en Evita: usa vestidos de Dior y viaja por Europa como una reina, pero nunca se olvida, ni permite que los demás se olviden, de donde viene. Ella ama a sus grasitas, porque es una de ellos. Por eso además el peronismo es nacionalista. Tiene como ideal la hermandad de los pueblos, sí, y Perón plantea el ABC y, luego, el universalismo. Pero su programa básico es “una Patria grande y un pueblo feliz”. El origen militar de Perón y el apoyo de una mayoría del Ejército a su proyecto al comienzo tiene que ver con la tradición industrialista que tenía ese Ejército, y la participación de sus oficiales en esos proyectos.

Eso también explica el conservadorismo que en muchas provincias se incorpora al naciente peronismo. Y que todavía está presente, en no pequeña parte. Más importante, explica por qué muchos peronistas, una minoría no insignificante, todavía hoy “suenan” como menemistas. Menem levantó la bandera del egoísmo, y los que estuvieron bien en ese tiempo no se sienten culpables por ello.

Como dije, es una idea. Se las dejo.


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