La política porteña y el desempleo juvenil

septiembre 30, 2012

En las últimas semanas charlamos mucho, con agrupaciones y militantes porteños y hasta algún notorio bloguero local, sobre las elecciones del año que viene en la Capital Federal. En especial, por supuesto, la ausencia de candidaturas obvias – es decir, que resulten de un poder territorial o social concreto – en el oficialismo. Pero también percibimos en esas charlas – e incorporábamos en el cuadro de situación – el mismo problema en el centro izquierda aliado al oficialismo, el centro izquierda enfrentado al oficialismo, el PRO, el radicalismo residual…

Analizamos también el intento de armar – empujado por dirigentes de origen peronista pero enfrentados al gobierno – en torno a la figura del Dr. Lavagna. Pero con bastante escepticismo. Don Roberto pudo funcionar en el 2007 como candidato presidencial muletto para un radicalismo en decadencia pero que conservaba la mayor parte de su aparato. Como figura en torno a la cual construir un nuevo proyecto… Naaa.

Es con la memoria de esas discusiones que hoy leo en LaPolíticaOnline, buen lugar para enterarse de, por ejemplo, chismes sobre el macrismo, esta notaCasi la mitad de los jóvenes porteños no tiene trabajo. Según un informe de la Dirección de Juventud del gobierno porteño al que accedió LPO, en la Ciudad de Buenos Aires hay 707.754 jóvenes de entre 15 y 29 años que representan un 23,1 por ciento de la población total. 

De acuerdo al mismo informe, 302.859 de esos jóvenes, es decir el 42 por ciento, no tiene trabajo. El 8 por ciento de los jóvenes, es decir, unos 62.936, están en situación de exclusión ya que no trabajan ni estudian. 

“El desempleo joven en la Capital duplica al de los adultos…” (Completo aquí). Se me ocurre que viene bien para los que creen que la política en la C.A.B.A. pasa por el enfrentamiento entre Recoleta y Puerto Madero, pero – aunque se den cuenta (y resistirán para seguir aferrados a su “relato” favorito) – eso no va a solucionar nada por sí, ni siquiera resuelve la discusión.

Me pregunto si esas discusiones, que se repiten en niveles con más poder, tienen en cuenta esta realidad, si lo es (estimaciones propias: lo es). Y me contesto que eso que se discute, previo al tradicional forcejeo por las listas, es parte del único mecanismo que tiene alguna chance de hacer algo al respecto. Será mezquino y hasta un poco sórdido, pero, como le gusta decir a otro amigo bloguero, es lo que hay.


Harvard pregunta – 2da. parte

septiembre 30, 2012

(Comencé a escribir esto como una respuesta a los comentarios en Harvard pregunta. Se hizo un poco largo – me sucede a veces – y decidí que daba para un posteo).

Supongo que era inevitable desde que subí una broma trivial sobre el tema: Este humilde blog se ha convertido en el ring favorito para las peleas de los K y anti K más articulados. No me quejo.

Pero me llama la atención que todos los comentarios – salvo quizás el primero, que viene de Mompracem – y toda la blogosfera politizada, se concentraron en un aspecto, el del tenso intercambio entre Cristina y los “estudiantes argentinos / pichones de gorilas”. Y ha sido un tema muy popular: atrajo más visitas que lo que subí sobre la relación entre Irán y Argentina.

Ya que están en eso, les recomiendo este lúcido posteo de mi amigo Manolo.

Francamente, no es el aspecto que más me interesó. Ambos lados están, como insiste otro conocido bloguero, “cazando en el zoo”. Nadie va a cambiar sus opiniones o sus prioridades a partir de esa escaramuza. Es un problema de clases, dirían los troskistas.

Enfoqué mi comentario en el posteo a partir de una pregunta que me parece bastante obvia: ¿Cuál fue la intención – desde el gobierno, claro – al armar diálogos con la Presidente en Georgetown y en Harvard?

Evidentemente, no se pensaba que Cristina iba a “convertir” a los estudiantes argentinos en Harvard, por amor de Dios! El objetivo sólo podía ser aprovechar la presencia de una presidente articulada para proyectar una imagen favorable en un sector minoritario pero muy influyente del sistema de poder norteamericano. Además, claro, de una “photo opportunity” para el público argentino.

Y fíjense que lo de Georgetown salió mejor; la Compañía de Jesús tiene una larga tradición en manejarse con el poder (¿Sabían que era una universidad de los jesuítas, no?).

Mis observaciones en ese posteo, si las leen, están enfocadas exclusivamente en el problema de llegar al público “internacional” (el del Atlántico Norte).

Y me resulta claro que Argentina no tiene una estrategia adecuada para ese desafío. Tampoco se ha preocupado mucho en eso, al contrario de, por ejemplo, Brasil. Creo que es un error, o pregúntenle a Gadafy. Financiar la película “El león del desierto” y becar plumas amigas no le alcanzó.

Preocuparse significa asumir que el diseño de la estrategia es un trabajo de profesionales, a largo plazo. Con estrecha supervisión política, por supuesto, o pueden hacer muchas macanas.

Hay sólo un punto, clave, en el que me interesa insistir ahora: La economia de Argentina no es exactamente una historia de éxito, que se impone por sí sola. Tampoco lo es la de Brasil.

Nuestro socio tiene, en ese flanco, una ventaja significativa: al ser recipiente de capitales especulativos. casi como lo fue Argentina en los ´90, cuenta a su favor con usinas importantes a las que les interesa “vender” el producto (Por supuesto que eso tiene costos, pero estamos hablando de imagen).

No es el caso argentino, obvio, pero no tiene porqué ser un obstáculo insalvable: los problemas que enfrenta el capitalismo financiero en el mundo, su debacle en Europa, hacen que las críticas de sus voceros ya no tengan demasiada credibilidad. Y en el “relato” que trata de diseminar el gobierno argentino se usa eso, y cómo que no!.

Ahora, una catarata de cifras no sirve de nada. No porque no son creídas: no es el punto principal. La clave es que nadie, salvo los expertos cuyo trabajo es ese, procesa una larga serie de estadísticas y datos. El trabajo de los medios, y el de los profesionales de la comunicación en general, es crear las imágenes y los conceptos que se instalan en la mente de los no comprometidos (la inmensa mayoría). Un video de tres minutos en Youtube es mil veces más eficaz que un discurso de tres horas.

Una observación a tener en cuenta: para lograr su objetivo, esas imágenes y conceptos no pueden estar muy alejados de la realidad: hay demasiados canales en la sociedad moderna. Los argentinos debemos asumir que, pese al real aumento de la actividad y el consumo en la última década, nuestra sociedad es más pobre y más injusta que la de los desmoralizados y angustiados países de la Europa del sur (como es menos pobre en promedio y menos injusta que la de nuestro gran vecino).

Nuestra imagen a vender es también nuestra apuesta: el crecimiento, la oportunidad. Es un mensaje que, sin necesidad de demasiado esfuerzo, parece que le está llegando a los españoles que emigran. Nuevamente, Argentina debe apostar al futuro.


Irán y Argentina ¿dos a quererse?

septiembre 29, 2012

Me apresuro a aclarar – sobre todo para los analistas de países extranjeros que pueden estar visitando, muy superficialmente, claro, el blog – que el título es solamente una alusión a una vieja telenovela. Para la mayoría de los argentinos, Irán, Persia, es poco más que una lejana memoria de la escuela secundaria, cuando estudiaron las Guerras Médicas; la comunidad iraní en nuestro país es pequeña y discreta; y los musulmanes de orientación chíita son, por la mayor parte, de origen sirio libanés. El vínculo entre ambos países, aparte de una vaga simpatía antiimperialista en sectores politizados, es sobre todo de intereses. Que son fuertes, pero, como pasa en las relaciones emocionales, empujan tanto para acercarnos como para separarnos.

Sé que me comprometí con ustedes a actualizar mis reflexiones sobre lo que ocurre en el mundo islámico; lo dije cuando toqué el conflicto en Siria. Pero me ha detenido el darme cuenta que no es fácil tratarlo en los límites de un posteo, salvo para el que se contenta con expresar su indignación. No es mi caso.

Eso sí, creo que puedo acercarles algunas observaciones sobre las motivaciones e intereses que han jugado en las relaciones entre Irán y Argentina en los últimos años. Que es, después de todo, la parte del conflicto en el Medio Oriente que nos atañe más directamente, en lo inmediato. Agrego que el impulso me lo dió la pintura de Jon Berkeley con la que encabezo este posteo y que la tomé de la entrada en la página de Facebook del Foro San Martín (tengo que señalar que sus administradores, F&E, están haciendo un excelente trabajo. Como para tentarme a mí a entrar en Facebook…).

Empiezo por resumir una especulación que hice seis años atrás. Siempre es bueno ver en qué nos ha corregido la Historia:

En 2006, después que fiscales argentinos pidieran la captura de ocho iraníes, entre ellos un ex Presidente, acusados por el atentado a la AMIA, yo escribía: “Hace algo más de 12 años (entonces) un atentado en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina costó 85 vidas de argentinos de religión judía, católica y quizás algún agnóstico. Fue un hecho muy doloroso, en un país habituado a las catástrofes, que impactó en nuestra gente. Algunos argumentaron que fue una de las primeras batallas en la llamada “guerra del terror”.

Sea como sea, no es sorprendente que nuestros investigadores y servicios de inteligencia y seguridad no proporcionaran explicaciones convincentes, ni tampoco pruebas. No tienen experiencia en conflictos internacionales, porque han sido volcados a nuestras luchas internas.

Ojo: tampoco en otros países las explicaciones que se han dado de hechos similares se han librado de ser cuestionadas. Cualquiera puede encontrar en Internet – por ejemplo – cientos de sitios ofreciendo teorías conspirativas, distintas de la oficial del gobierno norteamericano, sobre el atentado a las Torres Gemelas.

Pero en otros países los órganos del Estado (el Poder Judicial también lo es) han llegado a conclusiones que asumen definitivas y están dispuestos a afirmarlas con su autoridad. Tienen una “historia oficial”. Y no es cinismo señalar que es una base necesaria de toda política de Estado.

El Estado Argentino no había podido elaborarla por esas mismas luchas internas. Así, el gobierno de Menem y el juez Juan José Galeano que investigó el tema plantearon – sin mucha convicción – la “pista iraní”, pero dedicaron más esfuerzos a la conexión local, que encontraron convenientemente en las filas de la policía provincial de un gobernador que lo incomodaba. Tuvo el aval de las organizaciones de la comunidad judía.

Los opositores a Menem y los familiares de las víctimas favorecieron la “pista siria”, que coincidía con el origen familiar del entonces presidente y de algún traficante de armas famoso, y sugerían como motivo apoyos a su campaña electoral que no fueron correspondidos.

Un tercer sector, más presente en Internet que en los medios convencionales, y ferozmente antagónico tanto a Menem como a estos opositores, desempolvó una teoría auspiciada en un atentado anterior a la embajada israelí por un perito convocado por la Corte Suprema, e insinuó que podría tratarse de un “ajuste de cuentas” interno a la comunidad. No llegaban a afirmar que ni los árabes ni los iraníes existen sino que son creaciones de una astutísima conspiración judía, pero…

 El hecho es que hasta hoy el único condenado en sede judicial por temas vinculados a este caso es el mismo juez Galeano, identificado con la “pista iraní”.

Bueno, ayer (25/10/06) los integrantes de la fiscalía especial creada por el presidente Kirchner, Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos, emitieron un dictamen que reivindica esa vieja pista: acusa a Hezbollah e Irán y reclama la captura de ocho iraníes, ex funcionarios de Teherán”.

Debo confesar que – como la mayoría de los observadores – no aprecié en el primer momento la seriedad que este hecho implicaba, después que el juez Rodolfo Canicota Corral avalara el dictamen de la fiscalía. Un solitario analista advirtió – y hoy concuerdo – que posiblemente haya sido la decisión jurídica de mayor trascendencia e impacto en lo que va del siglo XXI en materia diplomática y de defensa para la Argentina. Porque los gobiernos pasan, pero las causas judiciales permanecen.

Ciertamente es absurdo pensar que el juez y los fiscales se han pronunciado, más allá de la fortaleza o debilidad de los indicios (en otra parte reproduje las palabras del fiscal y del entonces representante de Irán) sin el respaldo del Gobierno Nacional. En cualquier país del mundo, estas decisiones se toman con adecuada conciencia política de sus consecuencias, y en Argentina el Poder Judicial tiene una sensibilidad aguzada para los humores del poder.

La pregunta a hacerse es, entonces, por qué Kirchner decidió avalar esta decisión judicial. Hay algo muy importante para tener presente: La evidencia parece indicar que un gobierno que ha sido acusado por muchos (entre ellos, yo) de no contar con equipos ni inclinación para el análisis estratégico de la política internacional, ha llevado adelante desde que asumió hace tres años una estrategia consistente y coherente en este tema en particular.

En un excelente artículo de diciembre de 2006, Juan Gabriel Tokatlian, el agudo analista a quien me referí más arriba y cuyos trabajos hemos subido alguna vez a esta página, señaló:

“A principios del siglo XXI, el comercio con Irán venía creciendo nuevamente con grandes márgenes de superávit para nuestro país. En 1999, el comercio bilateral fue algo superior a los 158 millones de dólares (las exportaciones argentinas fueron de US$ 155 millones). En 2000, las cifras respectivas fueron algo más de US$ 343 millones y US$ 341 millones. En 2001, alcanzaron respectivamente los US$ 419 millones y US$ 417 millones. Cabe destacar que ese año – el de nuestra gran crisis interna – las exportaciones a Irán equivalieron a la mitad de todo lo que se vendió a Medio Oriente y representaban el 2% de nuestro intercambio mundial. Ese mismo año nuestras exportaciones a ciertos países clave fueron inferiores a las realizadas hacia Irán: a Canadá se vendió por valor de US$ 225 millones, a Venezuela US$ 235 millones, a Francia US$ 257 millones y al Reino Unido US$ 291 millones.

En 2002 sólo hubo exportaciones: el monto fue de US$ 339 millones. En 2003 -año de llegada de Kirchner al gobierno-, se produjo una caída notable en el comercio con Irán: se exportó por un total de US$ 47 millones. En 2004, las exportaciones cayeron a sólo un millón de dólares. En 2005 no hubo ninguna exportación de la Argentina a Irán.”

Es difícil creer que se trata de una coincidencia. Sobre todo, si se toman en cuenta otros aspectos de la política de Kirchner: aunque él y su gobierno fueron severos críticos en algunas oportunidades de políticas de Washington (el A.L.C.A., por ejemplo) se mantuvo una clara y constante decisión de cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad. Los organismos de inteligencia del Estado argentino, con sus limitaciones, cooperaron y cooperan con las políticas de seguridad de Washington. La Cancillería ha manifestado su rechazo a la proliferación de armas de destrucción masiva, y nuestras Fuerzas Armadas colaboran en Haití.

La estrecha relación establecida con Chávez, así como otros gestos – y hechos – de independencia en la política exterior no deben confundir. Irritante como es Chávez para los Estados Unidos, y antagónico para su visión estratégica, como puede serlo, ciertamente no es un problema de seguridad. Hoy, ni siquiera Castro lo es.

Y relevante para este tema en particular: Kirchner, desde el comienzo de su gestión, anunció su decisión que el atentado no iba a quedar impune.

Los motivos posibles que baraja Tokatlian no me parecen convincentes: no habría motivos para que Teherán, culpables o inocentes sus funcionarios, reduzca su comercio con Argentina antes que los fiscales insinuaran su decisión, cuando no lo había hecho frente a las acusaciones de Galeano y a la explícita alianza de Menem con EE.UU. ¿Una convicción ideológica de Kirchner? Su política internacional puede ser poco meditada, pero no se podría acusarla seriamente de ideologizada. ¿Deseo de congraciarse con la colectividad judía? No suena muy creíble, para un político astuto.

La única hipótesis plausible que se me ocurre es un acuerdo con el gobierno norteamericano en políticas de seguridad – y algunos indicios concretos sobre la “pista iraní” – alcanzado no después del 2003. Kirchner tiene fama de cumplir férreamente sus acuerdos.

Si fuese cierto, no me sorprendería ni me escandalizaría. Los gobiernos de derecha o de izquierda, revolucionarios o reformistas, sellan acuerdos como ese supuesto. Tampoco me siento inclinado a unirme al coro de ex-menemistas que descubren que Kirchner comete un grave error al apoyar ahora a EE.UU. e Israel porque Bush perdió las elecciones y vienen los demócratas. En los países serios como esos dos, las políticas de seguridad trascienden los gobiernos. Ni tampoco me gusta la postura vergonzante que susurra que Irán no debe ser acusado porque puede ponernos (otra) bomba“.

Bueno, esas eran mis especulaciones hace seis años. Con una tosecita modesta, voy a decir que no parecen haberse revelado como pavadas. Tampoco han sido comprobadas, reconozco. A lo sumo, es un análisis plausible de las razones por las que Argentina ha seguido una política muy consistente en este tema en los últimos años.

Claro, la pregunta que surge es ¿Ha decidido Cristina Fernández modificarla, como parece insinuar Ahmadinejad? La respuesta, con razonable certeza, es no. No sólo sería inconsistente con la muy coherente política de colaboración en temas de seguridad que ha seguido el gobierno argentino con el de los EE.UU. También chocaría con la recomposición de relaciones que se procura llevar adelante con muy importantes empresas yanquis, de la cual el encuentro de la Presidente y Galuccio con el CEO de la Exxon no es la indicación menos importante.

Hay otro motivo además, para que me incline a descartar la idea de un acercamiento. Después de todo, hubo dos atentados en Buenos Aires, en los que murieron ciudadanos argentinos. No hay pruebas, o testimonios públicos, que acrediten fehacientemente la culpabilidad del gobierno iraní.

Pero su responsabilidad es, al menos, una hipótesis plausible (más que mis especulaciones, alguien dirá). Los enfrentamientos en Siria, con la deserción de importantes oficiales, hacen más improbable que ese gobierno, acosado, podría mantener en secreto su participación. Las otras hipótesis … nunca aducieron una motivación más o menos razonable para ambos atentados, y no dejan de ser parte de las fantasías conspirativas que pululan en Internet.

No hay pruebas públicas, repito, y es cierto que un país amenazado por la maquinaria bélica de la OTAN despierta nuestras simpatías. Pero Argentina – que, aunque tuviese pruebas no está ni remotamente en condiciones de tomar represalias militares – tampoco puede admitir que se considere que atentar en su territorio es una actividad libre de costos.

Ál mismo tiempo, hay razones muy sólidas – además del interés en no dejar languidecer indefinidamente la causa judicial – para lo que el oficialista Página 12 llama Juego difícil con Irán.

Sucede que la declinación del comercio que Tokatlian señaló hace seis años se ha revertido: “Las ventas a Irán crecieron 234 % desde que asumió Cristina. En 2007 el país vendió por 319 millones de dólares. En 2011, por US $1.068 millones“. Simplemente, Irán ha vuelto a ser un cliente demasiado importante para las exportaciones argentinas. Que, con la posible disminución de las ventas al gran mercado chino, se convierte en un tema vital para nuestro país ¿Es necesario señalar que tampoco nuestro socio Brasil, con las dificultades de crecimiento que está teniendo, puede permitirse despreciar ese mercado?

Entonces, como sucede casi siempre en la política internacional, las consignas claras y terminantes quedan para los titulares de los periódicos. La política que debe trazarse nuestro país tiene que equilibrar valores, compromisos e intereses con firmeza y prudencia.


Harvard pregunta

septiembre 28, 2012

Rescato este valioso aporte (entiendo que la recopilación es de la JP Evita de Lomas de Zamora, pero viene con un logo de Avellaneda) al nivel del diálogo en la Universidad de Harvard y a los análisis posteriores.

La única observación que agrego es un pequeño dato de la experiencia: salvo en los temas en que una persona tiene formación o experiencia, y en aquellos que le importan lo bastante para dedicar tiempo y esfuerzo en informarse a fondo, las opiniones y la selección de hechos en que se basan se elaboran a partir de lo que se lee y se escucha en los medios. Esto es válido también para gente poderosa o influyente. En realidad, es más válido para ellos, porque no tienen tiempo para estudiar lo que no es fundamental para sus intereses inmediatos.

Ojo: esto no quiere decir que tomen sus opiniones de los medios (diarios, revistas, TV, portales, blogs,…). No sobreviven muchos tontos en los niveles de poder, gracias a un indetenible proceso darwiniano. Además, la línea de cada medio es automáticamente detectada y tomada en cuenta por quien lo consume. Pero… los temas y la selección de los “hechos” que se presentan… influyen. Y cómo.

Por eso es importante tomar en cuenta dos aspectos: Para cualquier sistema de poder sería clave controlar la información que recibe su pueblo. Pero eso es cada vez más difícil, y en las sociedades modernas urbanizadas, imposible. Por eso el objetivo debería ser – como explicó Gramsci hace más de 80 años – establecer un “sentido común” que procesa la información recibida. Claro, eso es mucho más fácil enunciarlo que hacerlo.

En el plano práctico, corresponde señalar que lo peor que se puede hacer con un medio opositor es atacarlo. Eso le da autoridad a su mensaje ante los opositores, y lo establece como conductor tácito.

Y hay que tener presente la maldición de los medios oficialistas: son plomos. Entre nosotros, tengo que decir que (a veces) Página 12, el canal Encuentro y algunos blogs – que no voy a mencionar para que muchos amigos no se sientan agredidos – escapan a esta condena. Y la página extraoficial de la Embajada Argentina en Washington es buena. Pero verticalizar la comunicación en la Presidente, aunque cumpla con la aconsejada por muchos estrategia electoral de polarización, tiene sus costos. Sobre todo entre los que nunca van a ser “polarizados”, porque no les importa tanto.


¿Se vienen los evangélicos?

septiembre 27, 2012

Algunos diarios, La Nación, Ámbito, han informado en estos días sobre el deterioro del PT, el partido de Lula y Dilma, en las elecciones de este 7 de octubre en Brasil y cómo, para la alcaidía de San Pablo, la ciudad más grande de América del Sur, aparece como imparable Celso Rusomanno, casi un Tinelli brasileño que defiende a los consumidores, apoyado por la Iglesia Universal del Reino de Dios, la ascendente Renacer en Cristo y, finalmente, por la Asamblea de Dios, la mayor iglesia evangélica del país, con 12 millones de seguidores a nivel nacional. Sus pastores llaman abiertamente a votar por él. Vean aquí, aquí y aquí.

En algunas páginas más serias, como los blogs de mis amigos Manolo y Omix, también se ha comentado este tema. Manolo lo usa para señalar las debilidades del sistema político brasileño, que los análisis superficiales del periodismo pasan por alto, y aprovecha, como siempre, para castigar a nuestros intelectuales académicos de izquierda y derecha (siempre le digo que sea más cuidadoso; los materiales apolillados se rompen fácilmente). Omix especula con cierta semejanza a algunas tácticas que pretende emplear el PRO.

Yo quiero acercarles esta nota que Raúl Zibechi, un periodista e investigador uruguayo a quien ya he citado en el blog, preparó para ALAI. Zibechi, con un sesgo ideológico distinto del mío, simplifica demasiado, a mi ver, la realidad, compleja y profunda, de la religiosidad popular. Pero su análisis es interesante y la historia que cuenta es real. Una breve observación mía al final.

El pragmatismo abrió las puertas a los pentecostales

La posibilidad que un candidato de las iglesias pentecostales gane la alcaldía de Sao Paulo, desconcierta en un país que se proclama moderno y se postula entre las potencias emergentes. Los vacíos que va dejando el movimiento social están siendo ocupados por las iglesias que tienen mayor sintonía con el modelo consumista imperante.

La izquierda brasileña es hija del cristianismo de base que fue protagonizado por las comunidades eclesiales y teorizado por la Teología de la Liberación. El Movimiento Sin Tierra, la central de trabajadores (CUT), el movimiento sin techo y el mismo Partido de los Trabajadores, se inspiraron en esa corriente que utilizó la religiosidad popular como herramienta de organización de los más pobres.

Las 80 mil comunidades eclesiales de base que existieron en la década de 1970, en las que decenas de creyentes compartían la lectura de la Biblia que, a su vez, inspiraba su análisis de la realidad social y los impulsaba a transformarla, le cambiaron la cara al país de los militares y tecnócratas que pensaban gobernar sin oposición. Los Sin Tierra nacen en el seno de la Comisión Pastoral de la Tierra. Paulo Freire impulsó el compromiso social de los cristianos a través de su pedagogía del oprimido y el sindicalista Lula transitaba con fluidez entre el mundo del trabajo y el de las comunidades de base.

“Buena parte de los movimientos sociales brasileños nacen de la influencia cristiana y de la religiosidad popular, así como de una influencia marxista”, señala Nadir Lara Junior, psicólogo social que dedicó su tesis, “La mística del MST como lazo social”, a comprender el papel de las prácticas religiosas en las organizaciones populares. Explica que la mística, rituales colectivos en los que cantan himnos del movimiento y canciones populares, “articula elementos religiosos, políticos y culturales” (IHU, 12 de setiembre de 2012).

Cualquiera que haya participado en encuentros o congresos del MST puede comprobar en carne propia el papel de las místicas en el afianzamiento del compromiso de los militantes. Se sale de la mística con sensación de plenitud colectiva por compartir momentos de fuerte compenetración con los demás. Un sentimiento difícil de trasmitir pero capaz de cambiar la vida de quienes participan.

“Se trata de un elemento propio del movimiento que, de modo conciente, hace política hilvanando esos elementos cristianos y marxistas”, dice Nadir Lara. Prácticas que han estado presentes en todos los movimientos brasileños y aún en encuentros universitarios y profesionales, por enumerar actores modelados por racionalidades distintas a las de la religiosidad popular.

En opinión del psicólogo social, en la última década se registraron tres cambios significativos: el crecimiento explosivo de los evangélicos, el ascenso de Lula al gobierno y el retroceso de la iglesia católica que discriminó a los sacerdotes vinculados a la Teología de Liberación y ya no encumbró más obispos ligados a esa corriente.

En el caso de los movimientos, la situación es doblemente grave: no sólo retroceden sino que se mimetizan con el Estado al punto que “surge un problema de identificación, quiénes pertenecen a los movimientos y quiénes al Estado”. En el nuevo escenario se registra una desaparición casi completa de la formación política, salvo en el MST. La formación que sobrevive es de carácter instrumental, “una formación para enseñar a moverse dentro de las burocracias públicas”.

Desapareció la formación crítica al punto que finalizó la era en que los movimientos eran fuerzas de contestación desde abajo, mientras sus dirigentes se convirtieron en cuadros técnicos. “El movimiento acaba profesionalizando una persona en la política pública, y el Estado contrata mano de obra calificada por el movimiento, y éste queda fragmentado”, explica Nadir.

Desde una mirada centrada en las prácticas religiosas, afirma que “los movimientos sociales abandonaron el discurso religioso, utópico, marxista-cristiano y asumieron un discurso pragmático-capitalista neoliberal”. La clave es el pragmatismo. Es el nexo entre el modelo neoliberal y las prácticas pentecostales, que tiene en el individualismo quizá el impulso decisivo.

El razonamiento es, empero, algo más riguroso. El vertiginoso crecimiento de las iglesias pentecostales se produce en un período de retroceso organizativo de los movimientos que impactaban en el mundo de los más pobres, de auge del consumismo, que culturalmente fortalece actitudes individualistas, y cuando la izquierda se volvió fríamente pragmática. Los evangélicos y neopentecostales, que hoy son una parte importante de la sociedad brasileña, “participan de los movimientos sociales, pero no quieren discutir cuestiones más amplias relacionadas con la político, sino sólo el acceso a la vivienda, la universidad, etcétera”.

Por otro lado, a diferencia de los sacerdotes que participaban representando a su iglesia en los movimientos, los pastores van a los encuentros a rezar por sus fieles sin comprometer a la institución en la que participan. No se trata de que la religión determine de forma mecánica las actitudes o la inclinación por un candidato en las elecciones, sino de una empatía anclada en los comportamientos que se registran en la vida cotidiana.

Los pentecostales están ocupando las periferias urbanas que abandonaron los movimientos, pero la izquierda también abandonó los debates en los que siempre había estado presente. Dan respuesta a las insatisfacciones inmateriales, como las dolencias mentales que según la oms son las más importantes y extendidas enfermedades de este siglo, sobre todo en las grandes ciudades.

El candidato de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Celso Russomanno, que se presenta por el PRB (Partido Republicano) en la ciudad de Sao Paulo, cuenta con el 35% de las expectativas de voto, dejando atrás a Jose Serra (PSDB) y a Fernando Haddad, el candidato en el que Lula empeñó su prestigio. Ganar la ciudad de Sao Paulo tiene un carácter estratégico para el PT, ya que puede ser la clave para conquistar el gobierno del estado paulista, con 42 millones de habitantes y un tercio del PIB brasileño, hasta ahora feudo imbatible de la derecha“.

Si algo me hace ruido en el análisis de Zibechi – que tiene derecho a su posición ideológica, que expone con honestidad – es que automáticamente asume que hay una contradicción entre “un país que se proclama moderno” y la influencia que tiene en él la religiosidad de su pueblo. Como si la modernidad fuera sinónimo de los valores de una clase media progre influida por lecturas europeas modernas.

Debería reflexionar en el hecho que él mismo relata, el peso decisivo que tuvieron las comunidades eclesiales de base en la formación del PT y el ascenso de Lula, cuyo gobierno marcó un avance gigante en la modernización de Brasil. Y también que en Argentina – un país en muchos aspectos más “moderno” que Brasil – el aniversario de la aparición de la Virgen María del Rosario de San Nicolás habría reunido 800 mil fieles este último fin de semana largo.


España: Un día de furia

septiembre 26, 2012

Quiero agradecer a los alertas administradores del blog del Foro San Martín, F&E, que encontraron rápidamente el video que les tomé prestado para encabezar este posteo. También le copio a ese Foro el título y la descripción, que me parecen de una brevedad insuperable:

En 1808, cuando comenzaba el proceso de la Independencia en América, el pueblo madrileño se levantaba contra las tropas de Napoleón. Hoy están peleando contra otro opresor: la banca“.

Para agregar algo, porque éste es un blog de reflexión, me parece oportuno recordar que cuando en noviembre 2011, hace menos de un año, comentaba el inminente triunfo de Mariano Rajoy, cité al colega bloguero “Jack Duluz”, que escribía: “Revive una derecha autodefinida como profesionalprofundamente antipolítica y antiestatal, que anuncia que “viene a poner las cosas en su lugar”. “Cosas” que, a la luz de ese razonamiento, desordenaron los políticos. Es curioso: por izquierda suelen blandirse también esas espadas discursivas (por estas pampas todavía hay pipistrilos que replican tales cantos de sirena, desde los menemistas residuales hasta cierta izquierda radical).

Y yo comentaba: “Creo que describe muy bien las características de la derecha actual, la que gobierna o está cerca del poder en la mayoría de los países habitualmente llamados “centrales”. (Y que por aquí tiene algunas imitaciones flojitas). Si bien hay muchas diferencias entre, por ejemplo, el Partido Popular en España, la Liga Norte en Italia y el Tea Party en EE.UU., tan distintas entre sí como lo son sus sociedades, la descripción le cabe a las tres.

Pero siempre está el plano de la realidad. Recordemos: el discurso marxista tradicional se cayó con la Unión Soviética, y no se ha levantado, como opción de poder, desde entonces. También ha fracasado en las dos décadas siguientes en Europa el manejo socialdemócrata de la etapa del capitalismo financiero que “floreció” después de esa caída (y que le dió una prosperidad casi menemista a muchos países europeos).

Ahora, los tecnócratas y los políticos pro mercado, que a Merkel tienen por capitana, deben tratar de contener el derrumbe y relanzar el crecimiento, o en una jerga anterior, el proceso de acumulación capitalista (porque tampoco las oligarquías comen vidrio). ¿Podrán hacerlo, con o sin votos? Lo dudo.

Pero no es un tema de opiniones ni de discursos. El proyecto neoliberal, el capitalismo financiero desregulado, finalmente se enfrenta a la realidad que él mismo construyó a partir de los ´70. Y Darwin lo contempla desde el cielo“.


Rucci y la cuestión montonera

septiembre 25, 2012

Este es un típico posteo de Abel, van a decir críticos sarcásticos. Porque empieza afirmando que no quería escribir sobre un tema. En este caso, era el Día del Montonero, su recordación este año, las reacciones en los medios opositores (ver aquí y aquí), las reacciones en la blogosfera politizada a las reacciones en los medios opositores (ver aquí y aquí), … En mi caso, los 7 de setiembre recordaba el Día del Trabajador Metalúrgico pasando por Rutasol para saludar a Lorenzo, cuando él vivía. Así que no tengo, digamos, un compromiso emocional con el asunto. Respeto a quienes lo tienen, pero la obsesión argenta por politizar la historia me hincha, a veces.

Y, efectivamente, no escribí, entonces. Dejé de lado el material que había reunido, porque, además, se me ocurrió que era una discusión entre quienes estamos acostumbrados a manejar símbolos y “relatos”, que no había prendido ni siquiera en la militancia política, ni entre ese sector de la dirigencia, numeroso, que toma sus temas de los medios. Pero hoy se cumplen 39 años del asesinato de José Ignacio Rucci, reivindicado y desmentido por Montoneros. Desde la oposición – al menos desde la oposición con origen peronista – será recordado. Desde el oficialismo… en todos estos años ni Néstor ni Cristina, que es lo que importa en temas como éste, no han hablado sobre el asunto, que yo recuerde. Para una conducción a la que le gusta definir los términos de un enfrentamiento, es una de las cosas que no menciona, consciente de las grietas en la coalición que conduce.

No quiero esperar a ver si esta vez se inicia un debate. Sucede que hace pocas semanas, en el programa de Lucas Carrasco, defendí la idea que los blogs son hoy el espacio de discusión política. No hay otro. Entonces me siento obligado a discutir sobre el tema que me hincha. A partir, justamente, de uno de los posteos de Lucas escribió para este 7 de setiembre, Montoneros: un cadáver político.

Como soldado cristinista que es, va al frente: “Que algunos sectores, marginales, sobreactuados, pretendan conmemorar el supuesto día del Montonero, en la práctica política argentina concreta, sólo tienen cabida por su mayor o menor cercanía con el gobierno. Con, básicamente, la centralidad política narrativa casi inapelable en torno al gobiernocentrismo, en momentos donde el conservadurismo social se siente pelotudamente amenazado. … Ya somos, señora, Venezuela. Tenemos una oposición casi parecida por su obsecación, intolerancia, imbecilidad.

Montoneros es un cadáver político. El sueño recurrente de la derecha más rancia y acorralada en su paranoia es revivirlo. Señalar al gobierno su cercanía. Es plantear la imposibilidad del diálogo. La confrontación permanente y absoluta. Es la muerte de por medio. Conmigo, para esas cosas, no cuenten. Desde ya.

¿Vale la pena discutir los tópicos idiotas que plantean los comandos civiles del clasismo? Es una pregunta de carácter político estratégico. Yo quisiera discutir la historia. Por ejemplo, la construcción del PBI per cápita, por qué la Capital es Bélgica y Formosa África, pero el odio, o su contracara, el alcahueterismo – la querencia genuina siempre es más abierta – cierran las compuertas … Quisiera debatir la política científica de nuestro país cuando dicen que ya somos Cuba o Venezuela y deberíamos parecernos a Brasil o Uruguay, bueno, yo quiero discutir una especificidad argentina y de este gobierno, la impresionante inversión en ciencia, pero te salen con el día del montonero…”.

De éste copié bastante de lo que dice porque – en un sentido – es mi misma actitud. La naturaleza de la lucha política, de los enfrentamientos actuales, es profundamente distinta. Hoy la militancia no se la convoca a tomar las armas, ni siquiera a organizar el pueblo para la guerra revolucionaria, sino a ocupar cargos en el Estado. Es mucho mejor así, porque es más real.

Pero la historia cuenta, seguro, aunque nos fastidie. Necesitamos contarnos un pasado que hacemos nuestro – además, claro de los viejos nostálgicos que necesitan idealizar su juventud. Hubo organizaciones que tomaron las armas para hacer la Revolución y construir(se) el Hombre Nuevo. Y que usaron el asesinato como un instrumento de la lucha política, inclusive en las que nominalmente eran enfrentamientos internos. Rucci, y también Vandor, Alonso, Klosterman… La lista es larga.

Para poner la cosa en perspectiva, recordemos que el problema de lidiar con ese pasado no es exclusivamente argentino.  En América del Sur – para no mencionar a Israel y el mundo árabe, que sería un exceso – están al frente de Brasil y de Uruguay una mujer y un hombre, ex terroristas,  que formaron parte de organizaciones armadas como ésas. Y en Perú y en Venezuela, gobiernan dos hombres que formaron parte de las otras organizaciones armadas, las que reprimieron cruelmente a las primeras.

En Argentina el tema todavía presente, emocional y por eso políticamente poderoso, ojo, no es la lucha armada. Es la sangrienta y feroz represión que le sucedió. Las figuras emblemáticas no son los guerrilleros (se homenajea oficialmente a Cacho El Kadri, que no tomó las armas contra el gobierno peronista, aunque estaba muy en contra). Son las Madres y Abuelas, que no tuvieron nada que ver con la guerrilla y sí con la búsqueda de los “desaparecidos”, quienes fueron convertidas en símbolos. Pienso que conviene separar ambas cosas. Aunque no va a ser posible hacerlo del todo.

Sobre lo de Rucci en particular, ya escribí hace justo seis años:

Aunque soy peronista, y por lo tanto – Borges dixit – incorregible, en “El hijo de Reco” quise evitar la liturgia y, hasta donde pueda, el lenguaje del peronismo. Entiendo la necesidad de la liturgia, de todas ellas, porque son parte esencial de las convicciones e historias que expresan. Y el lenguaje del peronismo es menos una jerga de iniciados que, por ejemplo, el marxismo o la economía. Pero me parece que los peronistas tenemos que hablar para los que no lo son, para los que ni siquiera son antiperonistas; porque muchos argentinos de 30 años o menos no ven en el peronismo más que la expresión de un oficialismo, local o nacional. Si todavía somos algo más que eso, la liturgia y los códigos no son imprescindibles. Si no, no alcanzan.

Pero es difícil hablar de José Ignacio Rucci, en serio, para afuera del peronismo. Porque él era el biotipo del peronista. Como dirigente sindical, como militante, como hombre. No tengo el tiempo ni el oficio para escribir su biografía. Pero creo que nos la debemos. Sobre su asesinato – del que hoy se cumplen 33 años – hay mucho escrito.

Lo que quiero hacer aquí es marcar algo que, por muy visible, puede pasar desapercibido. Antes del golpe militar del ´76, de la represión, hubo una guerra civil en nuestro país. Empieza mucho antes, con el odio clasista que provocó la irrupción del peronismo, con las bombas y fusilamientos con que se quiso combatirlo. Pero cuando comienza la década del ´70 ya había mutado en forma sorprendente: un enfrentamiento claro y mortal entre dos sectores que, en su mayoría, levantaban ambos banderas peronistas. De un lado, la Tendencia Revolucionaria y las organizaciones armadas que la conducían; del otro, la derecha peronista y, aliado a ella por los ataques del común enemigo, el sindicalismo. Rucci fue una de las muchas bajas de esta guerra.

Después vinieron muchas más muertes, y también los años y las necesidades políticas. Entre todos, velaron esa parte de la historia, esa lucha en que ambos bandos gritaban Viva Perón. En Argentina hoy, y en el mundo en general, ha triunfado el discurso que reivindica el heroísmo y el sufrimiento de un lado, el que se identificó con la Tendencia (tal vez en parte porque ya nadie plantea revoluciones). El peronismo – con su pragmatismo genético – se ha olvidado en público del otro lado, y de esas batallas. Excepto, excepto… por la memoria de José Ignacio Rucci. La dirigencia peronista que lo reconoce, lo homenajea en público. Y el otro lado,… no habla de él. Aplica la técnica tan argentina del ninguneo.

Pero esa técnica tiene límites muy precisos. La dictadura, que inventó el ninguneo definitivo de los desaparecidos, los aprendió después. La legitimidad que dan a una causa sus caídos, el heroísmo incontestable del que entrega su vida, es un argumento poderoso del bando que los cuenta. Pregúntenle al Che, cuando explicaba al hombre de la CIA: “Para Uds. valgo más vivo que muerto”; y no lo entendió. Es un poco irónico que Rucci sea el único muerto de su lado que hoy se reivindica en los muros, cuando él hizo lo posible, lo que Perón le pidió, para encauzar el enfrentamiento.

Pero era un hombre de lucha y no le habría disgustado saber que hoy, 33 años después, iba a seguir peleando. Quiero recordar al Petiso con una foto que todos los que estábamos vivos entonces tenemos grabada: el primer regreso de Perón en el ´72, el Viejo que desciende del avión bajo la lluvia, los dirigentes lo rodean, Rucci sostiene el paraguas. Perón tenía su sonrisa legendaria y los ojos alertas del que prevé las batallas que se avecinan. En los demás rostros hay en algunos preocupación, en otros alegría mezclada con temor: también veían las batallas que empezaban. En Rucci… hay una sonrisa jubilosa que le parte la cara. Él era peronista y estaba contento que Perón había vuelto a la Patria“.


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