Los límites de la paciencia militar. Brasileña

julio 22, 2017

snb-alvaro-alberto

A través de un par de amigos me llegó esta nota de Raúl Zibechi, que han tomado la rusa Sputnik y la (contestaria) española La Haine. Como todo, tiene un sesgo, pero menciona hechos reales. Importantes para los brasileños. Y para nosotros también. Comento al final.

La revista militar Jane’s Defence alertó el pasado 20 de junio que el Gobierno de Brasil está considerando una “suspensión prolongada de la financiación para el programa de su submarino nuclear”.

Según el portal, la combinación de dificultades financieras por la larga crisis económica y la inestabilidad política serían la causa de la nueva postergación del mayor programa militar del país.

El mismo día, la Marina brasileña se apresuró a difundir un breve comunicado en el que asegura que el Programa de Submarinos (Prosub) no sufre ninguna alteración en su cronograma. Agrega que no hubo ningún retraso en los pagos del Gobierno “entre los años 2012 y 2013”, que el primer submarino convencional será botado en 2018 y que el nuclear lo será en 2027.

En 1979, Brasil inició el Programa Nuclear de la Marina, que le permitió en 10 años dominar el ciclo completo de enriquecimiento de uranio a través de centrifugadoras elaboradas autónomamente. El programa funciona en el Centro Tecnológico de la Marina, en Aramar, a 20 kilómetros de Sao Paulo y tiene dos vertientes: el Proyecto de Propulsión Naval para el primer submarino nuclear, y el Proyecto del Ciclo de Combustible Nuclear, que incluye el enriquecimiento de uranio.

Por este motivo, el país fue colocado en una ‘lista negra’ que le impedía importar materiales para el área nuclear, entre ellos las supercomputadoras necesarias para monitorear el proceso. Uno de los creadores y principales directores del programa es el vicealmirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, que fue “monitoreado por agentes de la CIA” cuando el país importó bajo su orientación materiales ‘prohibidos’.

Graduado en ingeniería mecánica en el MIT, Othon fue la pieza clave en el desarrollo de una tecnología nuclear nacional, lo que le valió amplio reconocimiento con la entrega de ocho medallas militares. Pero el programa tenía sus detractores. En 1997, el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, alineado con Washington, firmó el Tratado de No Proliferación, lo que significó un giro de 180 grados en la política nuclear del país.

En 2008, el viejo proyecto fue reactivado cuando se descubrieron importantes yacimientos de petróleo en el mar, la llamada ‘capa pre-sal’, que imponía Brasil la vigilancia de sus 8.000 kilómetros de litoral marítimo. También en 2008 se formuló la Estrategia Nacional de Defensa, bajo el Gobierno de Lula, que establece como ‘prioridad’ la construcción de un submarino nuclear con el objetivo de negar el uso del mar a cualquier potencia hostil y defender las plataformas petrolíferas.

En 1983, la Marina ya había firmado un acuerdo con Alemania por el que se construyeron cuatro submarinos de propulsión diésel-eléctrica en Brasil. El descubrimiento de petróleo en la plataforma marítima aceleró los panes de construir submarinos y en 2009 se firmaron acuerdos con Francia para construir un astillero, una base de operaciones, cuatro submarinos Scorpene y uno nuclear con transferencia de tecnología.

El cronograma inicial preveía que el primer sumergible nuclear estaría listo en 2011, por lo cual el retraso es ya de seis años. Seguramente será mayor, si no llega a ser definitivamente aplazado.

El proyecto comenzó con buen pie, pero pronto aparecieron dificultades. El primer obstáculo provino de Estados Unidos. Desde 2009, según los cables revelados por WikiLeaks, la Embajada de EEUU en Brasil mostró su oposición al submarino nuclear al que el embajador Clifford Sobel calificaba como “elefante blanco políticamente popular” y adelantaba el surgimiento de “agujeros negros” de carácter financiero.

El segundo problema consiste en la crisis política brasileña comenzada luego de 2014 con la operación Lava-Jato contra la corrupción. En apenas dos años, la justicia desbarató los planes estratégicos de Brasil, encarcelando a la plana mayor de Odebrecht, con lo que la empresa entró en bancarrota, y al vicealmirante Othon, presidente de Eletronuclear, con lo que asestó un golpe moral a la Marina.

Othon recibió la mayor pena entre los 144 condenados por Lava-Jato: 43 años, acusado de corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas. Era la principal referencia del Programa Nuclear y, según las palabras del juez que lo condenó, tenía gran influencia en más de una generación de ingenieros y oficiales de la Marina.

El tercer problema es la falta de recursos por la crisis económica que vive el país, que está desmantelando el aparato productivo. Apenas un ejemplo: la pujante industria naval se vino abajo. De los 40 astilleros existentes, 12 están parados y el resto trabajan muy por debajo de su capacidad, al punto que el sector despidió a 50.000 trabajadores, la mitad de los empleados, y tiene deudas millonarias que no puede pagar.

Sergio Machado Rezende, ministro de Ciencia y Tecnología bajo el Gobierno de Lula entre 2005 y 2010, sostiene que “está todo paralizado” en relación a proyectos estratégicos tales como el programa de submarinos y los de la Fuerza Aérea. Opina que tanto la Marina como la Aeronáutica están cerca de reaccionar contra el Gobierno de Michel Temer si no se liberan fondos para esos proyectos que los militares consideran vitales para la defensa.

Rezende considera que las personas que están al frente de la Operación Lava Jato no tienen idea de lo que es importante para Brasil, porque “combatir la corrupción es muy importante, pero ¿acabar con una empresa?“, se pregunta en relación a Odebrecht, que estaba al frente de todo el programa de submarinos. Criticó la entrega de papeles sensibles de Odebrecht al departamento de Justicia de EEUU.

¿Cuándo los EEUU entregarían una empresa importante para ellos a otro país?“, se pregunta Rezende. “Una de las razones por las cuales el PIB no crece es porque las grandes empresas están paralizadas. Con la excusa de combatir la corrupción están aniquilando el sistema empresarial brasileño“, concluye el ex ministro.

En ese sentido, el contralmirante Flavio Augusto Viana Rocha, director del Centro de Información de la Marina, dijo que el diseño del submarino de propulsión nuclear fue terminado hace tres años, pero los atrasos en otras estructuras del proyecto y la pérdida del 50% del efectivo de Odebrecht “deja incertidumbres en la expectativa de conclusión” del proyecto.

El primer submarino convencional, bautizado Riachuelo, será botado en julio de 2018, con tres años de retraso si todo marcha bien. El submarino nuclear enfrenta aún más dificultades. El reactor está aún en fase embrionaria. Por sus dimensiones, Brasil debería tener en activo por lo menos 30 submarinos, pero sólo tiene cinco convencionales. Y está a punto de perder la posibilidad de tener el primero nuclear, una pieza clave para la defensa de su petróleo”.

Se me ocurrió el título del posteo por una (muy superficial y casera) analogía con el anterior Los límites de la paciencia sindical. La numerosa y sensible progresía argentina tiene casi tantas reservas con los sindicalistas como con los militares. Y en el segundo caso, por razones que tienen que ver con la dolorosa historia argentina.

Pero las fuerzas armadas brasileñas, tan feroces en la represión como las nuestras, no han sido derrotadas en una guerra reciente. En todo caso, las reacciones argentinas no tienen mucho peso en el asunto. Más importante es saber si los brasileños encontrarán algo en común, o no, entre el viejo nacionalismo desarrollista de sus generales y almirantes, con otros afectados por la ofensiva del Partido Judicial, Lula y sus amigos.


ARSAT: dos modelos de país

julio 20, 2017

ARSAT 2

El tema, el desafío, sigue en pie. El presidente Macri salió a defender la “carta de intención” con Hughes “Nos permite potenciar nuestra capacidad“.

Quiero acercarles, entonces, este informe que prepararon los trabajadores de ARSAT.

“ARSAT es una sociedad anónima cuyas acciones son propiedad exclusiva del Estado Argentino. Fue creada por la ley 26.092 de 2006. Su objetivo es resguardar las posiciones orbitales soberanas y  realizar el diseño, el desarrollo, la construcción en el país, el lanzamiento y/o la puesta en servicios de satélites geoestacionarios.

ARSAT primero se encargó de retener dos posiciones orbitales que habían sido asignadas al país y que había cedido a la extranjera Nahuelsat durante la gestión de Carlos Menem.  Junto con INVAP fabrico y puso en órbita los dos primeros satélites argentinos geoestacionarios de telecomunicaciones, el ARSAT-1  y ARSAT-2.

El 4 de noviembre de 2015 el Congreso sancionó la Ley 27.208 de Desarrollo Satelital que declara “de interés y prioridad nacional el desarrollo de la industria” y estableció que cualquier transferencia de acciones de la compañía debía ser aprobada por el Congreso. En esa ley también se establece el Plan Satelital Geoestacionario Argentino (PSGA), que estipula la fabricación de ocho satélites nuevos hasta 2035. Allí figura el plan de negocio del ARSAT-3.

Con el cambio de gestión, Mauricio Macri decidió que la titularidad de las acciones de ARSAT fuera transferida al Ministerio de Comunicaciones, a cargo de Oscar Aguad; y designó como presidente de ARSAT a Rodrigo De Loredo.

Apenas asumió De Loredo se informó que se interrumpía el desarrollo del ARSAT-3 hasta que se consiguiera financiamiento. De acuerdo al plan dejado por la gestión de Cristina Kirchner, el tercer satélite debía financiarse con los ingresos generados por el ARSAT-1 y ARSAT-2.

A fin de 2016, ARSAT solo había ejecutado el 10% del presupuesto que tenía asignado y que había recortado 1.747 millones de pesos de su partida. Eso también afectó la inversión en la red de Televisión Digital Abierta (TDA), dejando en suspenso una política que garantizaba el acceso a la televisión abierta a millones de personas.

De Loredo reconocía en entrevistas públicas la falta de inversión en la TDA y que el lanzamiento de ARSAT-3 estaba supeditado a la inversión de operadores privados. Solo promovió el Plan Federal de Internet (ex REFEFO) con centro en Córdoba su lugar de campaña política para llegar a la intendencia de la ciudad.

La carta de intención firmada por De Loredo con los representantes de la empresa estadounidense Hughes Network Systems para crear juntos una nueva empresa, cuyo capital accionario se repartirá en Hughes con al menos el 51% y ARSAT tendrá como mucho el 49%. Se establece en el acuerdo que el accionista mayoritario tendrá el control ejecutivo de la nueva  empresa llamada “Newco”.  La “new Company”, lanzaría en conjunto “uno o varios” satélites geoestacionarios. El primero de ellos será el ARSAT-3, aunque aclaran que podrían cambiarle el nombre.

La construcción de ARSAT-3 seguirá siendo realizado por INVAP y tendrá la carga útil del proveedor Thales Alenia Space (TAS), tal como estaba previsto en el plan de negocio original. También se ubicará en las posiciones orbitales de la Argentina y costará 230 millones de dólares (la misma cifra presupuestada para su construcción estatal). El acuerdo también establece que el segmento de tierra (hubs y antenas) será provista  por Hughes por 50 millones de dólares.

Si bien se establece que el uso del satélite será determinado por Newco, el control de la empresa lo tendrá Hughes por tener la mayoría accionaria. De esa forma, ARSAT no se privatiza, y  le cede a un tercero extranjero la decisión estratégica sobre el uso del satélite, se le otorga la posición orbital soberana que pertenece al país; y se le vende el trabajo y la experiencia acumulada en el desarrollo de ARSAT-1 y 2 al costo de producción como si se tratara de un desarrollo propio.

Los Trabajadores de ARSAT en defensa de la soberanía entendemos que las políticas que permiten que los negocios de las corporaciones estén por encima de los Estados nacionales están direccionadas a la entrega del patrimonio soberano. El desarrollo de la ciencia y la tecnología no escapa a esta situación y no puede estar definido por las reglas del mercado.

Convocamos a todas las compañeras y todos los compañeros de ARSAT a exigir el cumplimiento de la Ley 27.208 que establece “el capital accionario de ARSAT es intransferible. Al igual que sus recursos. Son recursos las frecuencias asignadas y los derechos de utilización de las orbitas para colocación de satélites”.

Cualquier alteración debe pasar por el Congreso Nacional ya que la Ley 27.208 fue declarada de interés Nacional.

  • Con este acuerdo, Hughes hace un negocio descarado: tiene acceso gratis a dos posiciones orbitales, la 71,8º O y la 81º O. Los usos y costumbres de la industria y lo que fija la ley internacional son que las posiciones son propiedad transitoria de los estados nación que las hayan pedido a la Unión Internacional de Telecomunicaciones y las usufructen. Por ende, si toleráramos un satélite de Hughes en alguna posición, debería ser ALQUILÁNDOLA. Esta graciosa concesión de la Argentina es especialmente grave en el caso de la 81º O, que es el equivalente geoestacionario de lo que en el mercado inmobiliario sería un departamento en Libertador con vista al hipódromo. La 81º O permite iluminar las Tres Américas, desde la tundra canadiense a la Península Antártica. ¿Ud. le permitiría a un extraño vivir gratis en un departamento suyo perteneciente a su familia? ARSAT acaba de firmar eso, y a espaldas de la familia. Aquí hay una enajenación dolosa y anticonstitucional de un patrimonio colectivo de la nación. De dos, si se considera que la carta de intención firmada con Hughes da también acceso gratis a la posición 71,8º O.
  • Hughes se queda con el uso discrecional y por pago de un satélite cuya banda, la Ka, estaba planificada por la dirección fundacional de ARSAT para dar internet satelital en todo el país; particularmente a las 13.000 escuelas rurales aisladas del país a las que es imposible conectar por fibra óptica por razones de topografía y distancia. Esto es uno de los muchos agravantes de la cesión del ARSAT 3 a Hughes sin que la firma yanqui ponga un centavo en el ARSAT 3. Éste estaba destinado a ser un aparato parecido, por su misión, al ARSAT 1, de uso mixto comercial y de promoción social. Ya no más.
  • Hughes, como convidado de piedra, pone U$ 50 millones en la misión ARSAT 3… con la condición de ser el proveedor de toda la infraestructura de recepción y distribución terrestre que baje del satélite. Es decir, Hughes se saca plata de un bolsillo y se la pone en el otro. ARSAT es el “estado bobo” que paga íntegramente los U$ 230 millones que cuesta desarrollar, integrar, testear en tierra y lanzar al espacio el ARSAT 3, así como el costo de hacerlo ascender a su “slot” geoestacionario definitivo, y de navegarlo cuidadosamente durante 15 años para que no se salga del mismo.
  • Hughes tiene la posibilidad de cambiarle el nombre al satélite, es decir de eliminar a ARSAT como marca emergente en la industria geoestacionaria. De hecho, lo hace también con el nuevo engendro societario que tendrá la propiedad del satélite, Newcom.
  • El difunto Ministerio de Telecomunicaciones y Hughes no sólo tratan de eliminar una marca, sino de eliminar a ARSAT de los cielos argentinos. La autorización otorgada por el exministro Aguad a 11 satélites de gran potencia para iluminar territorio argentino en bandas Ku, C y Ka –todas de uso de Arsat SA- SIN CONTRAPRESTACIÓN, es decir, sin que Arsat SA pueda iluminar territorio europeo y español es parte de una operación estratégica. La contraprestación es de rigor según la ley internacional y los usos y costumbres de la industria de telecomunicaciones satelitales. A principios de 2016, Arsat SA había logrado conquistar trabajosamente el 20% del mercado de venta de señal satelital sobre el territorio argentino. El objetivo es irla eliminando: primero acorralarla, y luego echarla de su propia casa.

En suma, es evidente que Hughes no viene simplemente a ganar plata gratis, sino a sacar a Arsat SA del ring, más o menos del mismo modo que durante el menemismo la Lockheed Martin se quedó con la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba. En ambos casos, hoy el satelital, ayer el aeronáutico, el objetivo no era eliminar a un competidor de la industria aeroespacial estaodunidense, sino exterminar de raíz la posibilidad de que éste pudiera surgir. Ayer Lockheed y hoy Hughes vienen a garantizar que EEUU siga teniendo el monopolio regional de los cielos y del espacio.


“La Nación” informa sobre ARSAT-Hughes

julio 18, 2017

arsat 3

Después de una jornada en la que traté de ayudar -en el blog y fuera de él- a alertar sobre este tema, me parece que vale la pena acercarles esta crónica, bastante completa, de La Nación, un medio con mucha más repercusión que mi blog. Y que informa desde una posición muy distinta de la mía. Agrego breves comentarios al final.

La posible asociación de Arsat con una empresa estadounidense generó controversia. Sería para el desarrollo y operación de Arsat 3; crearían una nueva compañía, Newco, el 51% de cuyo paquete accionario iría a manos de Hughes.

Un comunicado de los empleados de la empresa Arsat, primero, y ayer un informe televisivo que dio a conocer un preacuerdo para el desarrollo del largamente demorado Arsat 3 entre la compañía argentina y la norteamericana Hugues Network Systems, de los Estados Unidos, despertaron una acalorada controversia en medios especializados y redes sociales.

Entre otras precisiones técnicas, la carta de intención establece que se crearía una nueva sociedad, llamada provisoriamente Newco, cuyo objetivo específico será desarrollar y operar el Arsat 3, y que por lo menos el 51% del paquete accionario de esta nueva empresa corresponderá a Hughes, que podrá definir la contratación de los gerentes y la política de la empresa.

Según este documento, el Arsat 3 se fabricaría en Invap, con la misma estructura de las misiones previas (Arsat 1, puesto en órbita en 2014, y Arsat 2, en 2015) a un costo solventado por la compañía argentina de 230 millones de dólares. Hughes aportaría el segmento terreno, con una inversión de 50 millones de dólares.

Hace algunos días, durante una entrevista realizada en el noticiero PM de LN+, Rodrigo de Loredo, actual presidente de Arsat, consideró que esta asociación es perfectamente lícita y afirmó que “de ninguna manera viola ley”.

“Así como hemos firmado contratos con Hughes, que son contratos confidenciales para empezar a estudiar las cargas útiles, hemos firmado con muchas empresas. La verdad es que el gran desafío que tenemos es mostrarle al mundo entero que los argentinos podemos construir un satélite y podemos exportarlo, y [es positivo] que terceros interesados estén dispuestos a invertir en nuestro satélite con nuestro recurso humano y con nuestro producto nacional”.

Sin embargo, al difundirse los detalles de la posible asociación surgieron también las críticas. “Están delegando atribuciones que están prohibidas en la Ley 27.208 de desarrollo de la industria satelital -opinó Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y nexo entre Arsat y el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva durante la última gestión-. Se decía que no se avanzaba con el Arsat 3 porque no había fondos, y finalmente se propone financiarlo con los mismos 230 millones de dólares que estaban previstos y los pondrá todos Arsat. Por otro lado, se aducía que la plataforma tecnológica utilizada en las misiones 1 y 2 estaba obsoleta, y el convenio dice explícitamente que para el Arsat 3 se va a seguir utilizando la misma. No se entiende porqué se le daría a una empresa extranjera todo el control de la banda ancha satelital en el espectro Ka. En 2015, la Argentina tenía el 20% del mercado. ¿No era razonable que el Estado se quedara con un segmento del espectro?”.

El objetivo de Newco será, precisamente, ofrecer servicio de banda Ka desde las posiciones orbitales de 81° Oeste o 72° Oeste (las dos asignadas a la Argentina) o en una nueva que el país ya estaba tramitando. Arsat deberá ocuparse de obtener la posición geoestacionaria del tercer satélite de comunicaciones y todas las autorizaciones legales, regulatorias y gubernamentales requeridas para brindar servicio de banda ancha satelital en la Argentina.

También para Guillermo Rus, ex vicepresidente de Arsat, “este acuerdo va en contra de la Ley 27.208. Todo cambio en la constitución de Arsat debe ser aprobado por el Congreso. Nosotros no tenemos una industria espacial madura, como China o Estados Unidos, pero ni siquiera las potencias que pueden manejar todos los componentes se asocian con países extranjeros libremente, porque las economías y las industrias estratégicas no se extranjerizan así nomás. En virtud de este acuerdo, Arsat quedaría condicionada a los intereses de una empresa privada norteamericana. Es grave.”

El artículo 8° de la mencionada ley establece que “el capital social de la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima AR-SAT estará representado en un cincuenta y uno por ciento (51%) por acciones Clase ‘A’, encontrándose prohibida su transferencia y/o cualquier otro acto o acción que limite, altere, suprima o modifique su destino, titularidad, dominio o naturaleza, o sus frutos o el destino de estos últimos, sin previa autorización expresa del Honorable Congreso de la Nación”. Y el artículo 10° estipula que “Cualquier acto o acción que limite, altere, suprima o modifique el destino, disponibilidad, titularidad, dominio o naturaleza de los recursos esenciales y de los recursos asociados de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones y de las Telecomunicaciones, definidos en la ley 27.078 ‘Argentina Digital’, que pertenezcan o sean asignados a la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima AR-SAT, requerirá autorización expresa del Honorable Congreso de la Nación”.

Tanto Rus como Aliaga destacan que Arsat se había concebido no solo con el objetivo de dar servicios, sino también como una herramienta para desarrollar la ciencia, la tecnología y la innovación made in Argentina.

Pero no todos están de acuerdo con esta visión. Entre los que respaldan la apertura del espacio satelital a empresas extranjeras está José Antonio Sánchez Elía, referente de comunicaciones de la Fundación Pensar, cuyas declaraciones fueron citadas por Aliaga en un largo análisis sobre el tema publicado en Twitter. “Me resulta injusto que nuestra gente tenga que pagar más por sus telecomunicaciones bajo la excusa de proteger nuestra industria satelital -afirmó Sánchez Elía-. La Argentina necesita integrarse al mundo, nuestro pueblo tiene que estar conectado a internet de la forma más económica posible.” En los últimos 18 meses se autorizó la operación de 12 satélites de bandera extranjera en suelo local.

En un comunicado difundido en las últimas horas, la empresa satelital argentina destaca que “Arsat seguirá siendo propiedad del Estado Nacional. La carta de intención firmada con la empresa Hughes no prevé, bajo ningún motivo ni circunstancia, la privatización de Arsat ni de ninguno de sus activos. [La compañía] ha celebrado documentos comerciales con diversas compañías importantes en la industria de telecomunicaciones. La Carta de Intención es una herramienta usual en nuestra práctica, cuya finalidad es establecer una serie de lineamientos en el caso de que las partes celebren un acuerdo. Cualquier acuerdo posterior que se firme debe estar bajo el amparo y cumplimiento de la Ley de Desarrollo de la Industria Satelital. (…) El objetivo final de esta carta de intención es que un tercer satélite construido por la industria nacional, reciba inversión directa para su confección. (…) Para dejarlo en claro, no hay ninguna participación de Hughes ni de ningún otro operador privado en la explotación de los activos de la empresa Arsat, sean sus satélites o su red de fibra, data center o infraestructura de televisión. Entendemos que nuestras misiones satelitales no pueden seguir financiándose en un 100% con el impuestos de los argentinos. Por eso, Arsat-3 busca viabilizarse también a través de inversiones o aportes privados. Sería una muy buena noticia que se pudiera exportar nuestra producción satelital al mundo y que Hughes como cualquier otra empresa del sector, estén dispuesto a ello. Las posibles inversiones de empresas privadas en satélites argentinos, no hace más que afirmar el trabajo y confianza recibida por el sector espacial mundial y permite implementar nuevos satélites sin fondos del Tesoro nacional.”

Por un lado, no me sorprende encontrar en La Nación una nota bien informada y equilibrada sobre un tema tecnológico. Nora Bär es, desde hace años, una garantía de eso. No es el caso de Clarín, que cuando publica noticias sobre ciencia -lo hace menudo- deja claro que su redactor no tiene la menor idea del tema. En Ámbito… nada. Y en Página 12, desde la muerte de Leonardo Moledo no hay continuidad del suplemento de ciencia. Pero, como se deduce de lo que comenté al principio, es muy raro que ese diario dé espacio a un tema conflictivo, y que no se las arregle para atribuirlo a la infinita maldad y corrupción de los K.

Creo que la expectativa que expresé hace menos de 24 horas, cuando empecé a postear sobre este asunto, se muestra válida. Hay temas, no tan importantes en el cortísimo plazo para los que sufren la pobreza extrema o el desempleo, pero que llegan a más sectores de esta heterogénea sociedad argentina, y ni siquiera La Nación (diario) puede pasarlos por alto.

No puedo terminar sin señalar algo, aunque sea obvio. El comunicado de la empresa nos toma por idiotas. Repite que “nuestras misiones satelitales no pueden seguir financiándose en un 100% con el impuestos de los argentinos”. Y en la carta de intención se compromete a poner los 230 millones de dólares que costará el satélite. Hughes compra con 50 millones, para la operación terrestre, el 51 % de la empresa.

En el discurso privatista, que preparan bien pagados consultores, la participación de los privados se justifica porque introducen “racionalidad empresaria”. En otros ámbitos, se dice que es porque permite que haya “retornos”. Pero los funcionarios de este gobierno ni siquiera han aprendido el discurso de sus mentores ideológicos.


La privatización de ARSAT ¿retrocediendo? Hmmm

julio 17, 2017

arsat

El ministro saliente de Comunicaciones y flamante de Defensa, Oscar Aguad, negó hoy la privatización del satélite de comunicaciones Arsat 3 y adjudicó esa versión denunciada a “que estamos en campaña electoral“.

Cuando le preguntaron si efectivamente había un proyecto para privatizar ese programa, Aguad replicó: “El Arsat 3 es más público que nunca, es una empresa pública que ha dado utilidades“.

Hay una pequeña contradicción aquí con la carta de intención que firmó hace unos días el director de ARSAT y, entiendo, su yerno, Rodrigo De Loredo, como puede verse aquí.

Para los que no quieren leer largos documentos, les resumo la sustancia:

ARSAT y Hughes, una compañía estadounidense proveedora de servicios satelitales, expresan su interés en crear una nueva compañía, que utilizará el satélite ARSAT 3, y necesariamente, la órbita geoestacionaria que corresponde a la Argentina, para brindar servicios satelitales.

Se prevé que Hughes tendrá, por lo menos, el 51 % de las acciones de esta nueva compañía.

Dejo sin traducir otras cláusulas importantes desde el aspecto legal. Todas ellas garantizan los derechos de Hughes.

Ahora, no es imposible que el gobierno de Macri, y sus ministros, estén evaluando retroceder en chancletas. Lo han hecho otras veces. (Una posibilidad que anticipé en mi primer posteo sobre el tema).

Puede haberles ayudado a reflexionar esta sucesión de tuits de parte de Graciana Peñafort  , una mujer que forma parte del pequeño puñado de juristas que entienden a fondo de Derecho Administrativo:

1. Che, los que firmaron la transferencia de acciones de Arsat cometieron un par de delitos
2. El capital accionario de Arsat es intransferible, salvo autorizacion del congreso. Ley 27.208
3. Tambien es intrasferible e inmodificable sin la previa autorizacion del congreso la utilizacion de los recursos de ARSAT
4. son recursos de ARSAT las frecuencias asignadas y los derechos de utilización de orbitas para colocacion de satelites. Ley 27.208
5. Y no solo tienen que pasar por el congreso, sino que ademas necesitan mayoría agravadas para su autorización. Ley 27.208
6. Ello porque por ley se declaró de ” interés nacional el desarrollo de la industria satelital” Ley 27.208
7. Las órbitas geostacionarias son un recurso crucial para las comunicaciones de un pais y son un recurso limitado y valioso
8. Son recursos naturales limitados, ya que existen restricciones a la cantidad de satélites que pueden ubicarse en dichas orbitas
9. En los ’90, las valiosas órbitas que tiene asignada la Argentina fueron privatizadas en una escandalosa contratación con Thales Espectrum
10.Germán Kammerath estuvo procesado hasta que prescribió la causa por esa privatización.
11. que en el 2003 fue anulada por Nestor Kirchner. Estábamos a punto de perder el derecho de uso de esas órbitas.
12. En el 2005, justo sobre el plazo de la prórroga que teniamos para usar esas órbitas o perderlas, Moreno las rescató con un satélite
13. el satelite era canadiense, no funcionaba, pero evitó que la Argentia perdiera el derecho de uso. Fue el 17 de octubre de 2005.
14. Después vino la creacion de Arsat, nuestros propios satélites y la política de soberanía satelital.Todo lo que ahora quieren privatizar
15. Pueblo Peronista fue el nombre del satelite con el cual Guillermo Moreno rescató para Argentina el derecho de uso de las órbitas.

El asunto sigue, por supuesto. Los mantendré al tanto.


Para una breve historia de ARSAT

julio 17, 2017

Moreno

Moreno1

Moreno2

Moreno3

(Tomado del libro “En defensa del modelo“, de Guillermo Moreno, entonces Secretario de Comunicaciones).


La privatización de ARSAT

julio 17, 2017

arsat

Tal vez deba decir “La privatización de ARSAT que se intenta”. Tengo confianza en el patriotismo argentino -desgastado por mucha palabrería hueca, pero real-, y en la decisión de una mayoría de mis compatriotas para oponerse a un gobierno que demuestra tosudez e insensibilidad, pero no firmeza.

Del asunto no ha aparecido todavía una palabra en los medios internacionales, ni tampoco en la página de la compañía estadounidense que ha negociado con las actuales autoridades de ARSAT. Pero La Política Online ya había advertido de lo que se planeaba en el gobierno de Macri. Y ahora El Destape hace accesible a todos los argentinos el texto -en inglés, naturalmente- de la carta de intención que este gobierno firmó: Cliquear aquí.

En resumen, Hughes y ARSAT se comprometen a crear una nueva empresa para construir y operar el satélite Arsat#3. Esta nueva empresa -de la que ARSAT será un socio minoritario- será controlada por Hughes y tendrá el uso de la posición orbital -geoestacionaria- que le corresponde a la Argentina.

Los detalles los da Darío Gannio, de El Destape:

El presidente Mauricio Macri aprobó la venta de ARSAT de manera ilegal a una empresa de Estados Unidos. Los próximos satélites producidos en Argentina serán manejados por una firma internacional que también se quedará con el espacio orbital que le correspondía al país.

En una carta de intención firmada el 29 de junio a la que accedió El Destape, el Gobierno autorizó a la compañía Hughes a que se quede con “al menos” el 51% del ARSAT 3 y también la autorizó a cambiarle el nombre. La venta es ilegal: va en contra de la ley 27.208 de Desarrollo de la Industria Satelital aprobada en 2015, que en su artículo 8 dicta que no se pueden ceder los derechos de este nuevo satélite y que, de hacerse cambios en el esquema que propuso el kirchnerismo, deben ser aprobados por el Congreso, según el artículo 10. Pero, sin licitación ni consulta, se le cedió la producción y explotación del nuevo ARSAT a esta compañía, que también se quedará con el espacio orbital que le correspondía al país y se podrá llevar al exterior los dividendos que se generen, que hasta ahora eran para financiar futuros satélites.

La fusión fue aprobada hace días en secreto por el director de ARSAT y yerno del ministro Oscar Aguad, Rodrigo De Loredo, y los representantes de Hughes, quienes acordaron que a partir de ahora se cree una nueva empresa.

Mientras que para la producción de los anteriores ARSAT se usó al menos un 30% de elaboración argentina, para el nuevo satélite se comprará tecnología a Estados Unidos, donde también se arbitrará en caso de litigio, como en el caso de los fondos buitre. La firma beneficiada por la compra de herramental, según dicta la carta de intención firmada hace dos semanas, es la norteamericana Thales Alenia Space“.

En mi opinión, esta es una de las batallas más importantes que podemos dar los argentinos hoy. Seguramente, sirve para definir con claridad los lados.


Argentina Militar III – Perdónanos nuestras armas

julio 15, 2017

Sí. Le cambié el título a la saga, temporalmente. Porque hasta el capítulo LXV: “Jekyll y Hyde en la CNEA”, tuvo que ver -en forma directa o vinculada- con el desarrollo nuclear argentino. Pero Daniel Arias está fascinado con todas las tecnologías que, con uso militar o civil, pueden servir para desarrollar nuestra base industrial. O, lo que es igual de importante, la capacidad de nuestros técnicos.

Comparto esa fascinación. Entonces, este es capítulo 58°, y el 3° de la saga dedicado a las armas usadas, y las que se debieron haber usado, en la Guerra de Malvinas. Siguen.

  1. Los portaviones que supimos conseguir

ARA 25 de Mayo

Madrugada del 1ro de Mayo de 1982 en el ARA 25 de Mayo. Los A4Q Skyhawk están listos para la catapulta, pero no hay viento y las exhaustas máquinas del barco dan poca velocidad. Si se ataca, habrá que hacerlo con una carga ínfima de bombas, aceptando  pérdidas atroces de aviones a cambio de infligir daños mínimos. Despegue abortado. Flota de Mar de regreso a puerto.

Ya pudrí de sobra la paciencia de los lectores con el caso del Martín Pescador, misilito criollo. No nos habría evitado la derrota en Malvinas, pero sí muchas bajas innecesarias entre nuestros aviadores y colimbas. También podría haberle infligido a la Task Force daños mayores, aunque los que tuvo no fueron pocos. ¿Por qué la Armada descartó nuestro misil? Mi respuesta: porque era nuestro. Fin del tema.

Ahora mi pregunta es otra: ¿por qué nos clavamos tanto con los dos portaaviones que supimos –sucesivamente- conseguir? Pienso hacer más hincapié en el ARA 25 de Mayo, porque en la madrugada del 1ro de Mayo de 1982 mostró la hilacha: había sido una pésima compra y terminó siendo la causa principal por la cual una escuadra sin pretensiones de oceánica, como nuestra Flota de Mar (pero una muralla de fierro si se trataba de proteger nuestras 200 millas), tuvo que regalarle el Mar Argentino al enemigo.

Si luego añado un par de datos sobre el portaaviones anterior, el ARA Independencia, será sólo para mostrar otra pésima compra anterior, de causas ideológicas y consecuencias técnicas demasiado similares. En la era del jet, ambas naves mostraron su escasísima aptitud para operar los monorreactores de las escuadrillas navales de ataque. El Independencia fue un fracaso menos evidente, ya que nunca fue a la guerra. Para quien tropieza siempre con la misma piedra (y una piedra fundamental de la defensa nacional) hay adjetivos distintos, según los suministre un político, un psiquiatra o un juez penal.

La Marina es un enigma: tiene una política de compras coherentemente extranjerizante a lo largo del tiempo desde 1872. Tal vez fue inevitable, porque surgió cuando se iba montando una situación de pre-guerra con Chile, cuya mayor consecuencia fue la llamada “carrera de los acorazados”: quién tenía más y mejores. Aquí había bastantes astilleros, pero en general de reparaciones, expertos en madera y concentrados en la boca del Riachuelo. No había ni siquiera una minería o siderurgia capaz de construir el casco de “barcos encorazados” (así los llamaba Sarmiento) nacionales.

Pero luego la Armada se envició con lo de “enfierrarse arafue”, y logró persistir casi libre (subrayo, casi) de los poderosos brotes de nacionalismo tecnológico militar que animaron durante décadas al Ejército y (más breve pero espectacularmente), a la Fuerza Aérea entre 1945 y 1955. Las dos primeras fuerzas trataron en forma intermitente de acortar el “gap” tecnológico entre nuestras industrias avanzadas y las del Primer Mundo; la Armada se limitó a ser un cliente del mismo, y de exigencia decreciente. Las preguntas que dejaré picando serán tres: ¿cuál pudo ser la causa de este autismo naval?, y la otras, más nucleares: ¿cómo surgió un “descolonizado mental” puro y duro como don Carlos Castro Madero de tan hostil contexto, y por qué se lo toleró?

Para entrar en el tema portaaviones, voy al caso del AM39 Exocet, es decir el “aire-mar” de esta familia misilística, y su particular incompatibilidad con el escueto ARA 25 de Mayo. Perdón si en el camino nos bandeamos para hablar de aviones (no hay felicidad mayor), e inevitablemente repasamos un poco de física. Desempolvad el manual Maiztegui-Sabato de 4° año de dicha materia, si queda alguno. Sigue siendo mi Biblia: lo co-escribió el mismísimo Jorjón Sabato, ¿pueden creerlo? Sí, ése, el nuestro, el que partía el átomo. Por algo el libro era tan efectivo y tan poco solemne.

Cada Exocet llegó a valer 1,2 palos verdes en 1982, es decir 4 de hoy. Pero además venía “en cajita feliz” con el avión Super Étendard, o SUE como lo mentaban en la OTAN para no complicarse. Dato interesante: a fecha de adquisición, el combo avión-misil venía sin testear en Francia, y de yapa el cuete llegó bochado: sobre 3 lanzamientos estáticos contra blancos inmóviles, 2 habían fallado. Nuestro Almirantazgo, generoso, lo compró igual (aunque entonces a un precio menor, se cree que de U$ 0,5 millones la pieza). Nada tan fino como un cobayo que paga por formar parte de un experimento.

En realidad, hubo sucesivos descartes con los aviones. Primero se fue el Harrier, ideal para portaviones exiguos como el 25 de Mayo: tiene despegue abreviado y aterriza como un ascensor. Nuestros navales dicen que lo desdeñaron por su escaso alcance efectivo, algo que en 1982 no pareció estorbar la constante superioridad aérea de los Brits. Yo no estoy muy seguro siquiera de que hayan querido vendérnoslo. ¿Son tan giles?

Los modestos pero cumplidores A4 Skyhawk, hechos para los pequeños y vetustos portaviones yanquis clase Essex, eran la mejor opción por lejos. Esos aviones los conocíamos bien. En 1982 era urgente renovar el Grupo de Ataque Embarcado, “Los Tábanos”, 8 Skyhawks sobrevivientes de los 16 comprados de 2da mano en 1972, todos veteranos de Vietnam. De esos 8 duros de matar, en 1982, según cuenta el comandante Rodolfo Castro Fox, 5 estaban “fisurados”. Esto no significa que vinieran de una noche agitada, sino que por fatiga de materiales, tenían sistemas de microfracturas en las raíces de las alas, donde éstas se unen al fuselaje.

Las microfisuras en los metales, se sabe desde fines de los ‘50, crecen interconectándose despacito, hasta que en algún momento una carga límite hace que se unifiquen de golpe y se propaguen a mayor velocidad que la del sonido, y zas, fallo estructural. Hoy un analista de materiales te calcula dónde y cuándo sucederá esto, y con una pieza nueva. En 1982, era jugar al PRODE.

Saliendo de una picada o “rompiendo” en lateral para evadir un misilazo o un mástil, no era imposible que las alas de nuestros Tábanos “aplaudieran” y se piantaran volando solas, algo que rara vez permite eyectarse porque el avión se vuelve una perinola. Y Los Tábanos estaban así de “hechos fruta” porque los jets embarcados suelen tener vidas durísimas. Y no por culpa no de Isaac Rojas o Isaac Anaya, que a lo sumo son agravantes, sino de Isaac Newton. Ya se explicará.

A nuestros Nelsones vernáculos no se les ocurrió darle el trabajo de recuperar sus aviones al Área de Materiales Córdoba de la Fuerza Aérea. La flota de Skyhawks de los aeronáuticos, comprada de 2° mano en dos lotes en 1966 y 1970, tenía su cuota de envejecimiento estructural. Sin embargo, llegados aquí esos aparatos operaban desde pistas decentes y no desde una cubierta amarreta y movediza. En su posvida argentina, se venían salvando de la paliza newtoniana que le inflige el principio de inercia a los aviones embarcados.

Pero eso de reparar Los Tábanos en Córdoba habría implicado conversaciones incómodas.

colorados vs azules

Un Panther de la Armada tirando napalm sobre los tanques del Ejército, cuando la de Colorados vs. Azules, en 1963.

Sin buscar antecedentes más lejanos, que los hay y más terribles, se podría recordar la miniguerra de 1963 entre los Azules de Onganía (casi todo el Ejército y la FAA) contra los Colorados de Toranzo Montero (la Marina y algo de Ejército). Una contienda de antiperonistas graves contra antiperonistas viscerales, pero no fue joda. Bombardeos, ametrallamientos, misileos, napalm, derribos, 24 muertos, 87 heridos, 12 tanques Sherman reventados, 24 aviones navales destruidos en tierra…. 19 años más tarde, ambas fuerzas seguían mirándose como enemigas. De hecho, cuando lo de Malvinas, tuvieron que transcurrir 58 días de una guerra que duró sólo 72 para que planearan una gran operación estratégica conjunta: el ataque al portaviones HMS Invincible. No hubo otras.

Lo cierto es que a la propia Fuerza Aérea, a fines de los ’80, le habría venido joya un contrato así. Además de fumar una pipa de la paz con los navales, habrían tenido que aprender a recambiarle alas a su propia flota. Pero para bailar un gotán, se necesitan dos.

La necesidad nuestros aeronáuticos la tenían, también la fábrica, y además, muy a mano, los materiales y de yapa la ciencia de materiales: ya funcionaba ALUAR en Puerto Madryn para suministrar aluminio, y si se trata de “alclad”, la CNEA figuraba entre los mayores expertos mundiales en aleaciones de aluminio. Podían resolver este material compuesto “de taquito”.

El alclad es un “sándwich” metálico: el jamón es un núcleo de “dural” (aleación de gran resistencia estructural de 95% aluminio, 4% cobre, un 0,5% de magnesio y otro tanto de manganeso), y las tapas, aluminio ultrapuro (que soporta bien la corrosión química, incluso la de la sal marina). La ciencia que no está en los manuales, que nadie te enseña y tenés que aprender a fuerza de fracasos en el laboratorio, está en cómo pegar estas tres capas sin que se disocien bajo stress físico y químico.

Pero los nucleares de Ezeiza y de Constituyentes son cancheros en esto de hacer sándwiches de aluminio desde los ’50, por fabricar con estructuras alumínicas multicapa similares sus propios combustibles para reactores. Además de fuerzas hidráulicas considerables, estos se bancan una permanente paliza de neutrones. No faltaba ninguna pieza, sólo alguien dispuesto a armar el rompecabezas tecno-político.

No obstante, en la visión naval argentina típica de su almirantazgo, los enemigos están de costa para adentro, y los proveedores de costa para afuera. Reparar Los Tábanos era una tarea para el fabricante original, la Grumman. Y eso no podía ser: Jimmy Carter le había puesto la excomunión de armamento, repuestería y servicios a nuestros milicos por dos malas costumbres que tenían: tirar civiles vivos al mar y venderle trigo a la URSS. Probablemente, lo ofendía más lo segundo.

Y así llegamos al combo SUE-Exocet. El avión francés era una buena oportunidad, pensaron nuestros Nelsones, Nimitzes y Yamamotos, para cajonear los “irreparables” Skyhawks y reemplazarlos por los SUE. Y compramos 14 por U$ 67,4 millones de 1979, que hoy serían unos U$ 230 millones. Los SUE llegaron con un simulador, muchos repuestos, los AM39 Exocet (insisto, hasta entonces, invendibles y no homologados para el SUE ni siquiera en Francia), y los Matra R-550 Magic 1 aire-aire. A pesar de su nombre, el Magic se sabía poco mágico en combate aéreo, según la experiencia de los sudafricanos.


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