Los tests para detectar coronavirus, en Argentina

Hay que reconocer que esta pandemia, por todos sus males, ha hecho maravillas por la educación pública en nuestro país. A los millones de directores técnicos y economistas que ya teníamos, le agregó en pocas semanas, una cantidad igual de epidemiólogos.

Muy argento todo. Por eso mismo, incorporó consignas a nuestra guerra de hinchadas. El bando antiperonista ya sumó a los tradicionales “No existís!” y “Son todos negros!”, el nuevo hit “Tests masivos!”. Que es un pedido razonable, eh, pero lo corean quienes no reconocerían un test si les cae encima.

La necesidad y las facilidades para testear más de lo que se hace hasta ahora las tocamos en AgendAR en, por ejemplo, aquí y aquí. Nora Bär, de lo mejor en periodismo científico, explicó en La Nación Porqué la Argentina no hace tests masivos. Y hoy reportea al infectólogo Eduardo Lópes -uno de los que saben- que dice que “Hay que testear más“.

Ahora, si soy uno de los que no sabe ¿qué estoy haciendo ahora en el blog? Bueno, no soy experto en virus, pero algo conozco de política y de lógica (2 disciplinas distintas) y quiero hacer un modesto, y breve aporte para encarrilar el debate, para los que le interesa hacerlo en serio y no somos epidemiólogos.

Los tests hoy se hacen en Argentina a los que presentan síntomas evidentes, y a algunos -cientos, ¿miles?- de “asintomáticos”. Hacer más diagnósticos, cuantos más mejor, nos da más información -la muestra es más grande- sobre la velocidad del contagio, la letalidad de la infección (es decir, qué probabilidades hay que, si te infectás, te mueras, tengas una enfermedad grave, o ni te enterés),… Más importante todavía: dice si en algún sitio hay pocos o muchos infectados, lo que ayuda a hacer un mapa territorial del contagio.

Si supiéramos que el que se infectó queda inmune, daría más tranquilidad a los que se detectan pero no muestran síntomas. Pero lamentablemente no hay certeza de eso.

Más tests, además, hacen quedar mejor a los gobiernos: si se detectan más infectados -y ya sabemos que se detectarán muchos más- baja el % de hospitalizados y de muertos sobre ese total.

Eso sí, los tests no curan a nadie. Ni iqmpiden que el testeado se contagie. Entonces, alguien tiene que decidir cuántos recursos, en guita, en capacidad de los laboratorios, sobre todo, en personal entrenado y valiente se dediquen a esa tarea, a cuidar a los enfermos, a controlar la cuarentena….

En general, es preferible que los que toman esas decisiones respeten la opinión de los médicos, especialmente si son especialistas en virus o en epidemias. Los médicos no son infalibles -nadie lo es- y encuentro que como grupo y con nobles excepciones, son soberbios y difíciles de convencer. Uno sabe como le amargaron la vida al pobre Semmelweis antes de aceptar su evidencia sobre las infecciones y el lavado de manos. Pero entre ellos y los boludos que tuitean… no hay elección.

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