Un documental “Maten a Perón”

junio 16, 2017

La militancia, y la memoria de los que vivían entonces, lo recuerdan. Pero el peronismo no se esforzó, a lo largo de estos 62 años, en convertir el 16 de junio de 1955, el bombardeo a la Plaza de Mayo, en un símbolo del horror. Como, es cierto, merece serlo, al lado de otros crímenes del siglo pasado. Por realismo político -el odio no es una base confiable para construir- y también por humanidad “Olvidar lo malo  también es tener memoria“, dijo nuestro poeta más popular.

Por inclinación personal, es mi actitud en el blog. Pero, de vez en cuando, conviene tener presente los resultados del odio. Cuando la “grieta” se utiliza en el marketing político.

Cuando tengan tiempo -una hora y pico- vean este documental de Fernando Musante. Tiene su sesgo, como todo. Pero rescata los hechos.


Jorge Leal: saludo a un héroe militar

junio 11, 2017

jorge leal en la década del 60

El heroísmo puede tomar muchas formas. El origen de la palabra es muy antiguo, y se referiría al que muere por su pueblo. Siempre está la noción de dar la vida por un valor superior, pero no necesariamente acompaña a una muerte temprana. También una larga vida puede ser heroica, si se ha entregado a una misión.

Frente a la muerte del general Jorge Leal, a los 96 años, quiero saludar, entonces, a un héroe militar de los argentinos. Es un concepto que hoy no está de moda, y que además ha sido confundido por los que lo pusieron de moda en otros tiempos. El heroísmo militar incluye necesariamente la noción de obediencia; por eso no puede ser mezclado con la función de gobierno. Que tiene sus ejemplos de heroicidad, también. (Justamente, el más grande de los nuestros advirtió, cuando surgían nuestras repúblicas “La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga, es temible a los Estados que de nuevo se constituyen”).

No creo que sea necesario aclarar más. Y los elogios necrológicos no me seducen. Basta con los datos que se pueden leer en Wikipedia.

Jorge Leal fue el fundador de la Base Antártica Esperanza en 1952 y el jefe de la primera expedición terrestre argentina y latinoamericana al Polo Sur.

En 1939 ingresó al Colegio Militar de la Nación y egresó como Subteniente de Caballería en 1943. Fue jefe de la Base Antártica San Martín en la Antártida Argentina en 1951, con el grado de capitán, y de la Base de Ejército General Belgrano en 1957. Fue asesor de la delegación argentina a la Conferencia Antártica de Camberra (Australia), con el grado de teniente coronel, en 1961, y en 1964 fue asesor de la delegación a la 3ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico.

En noviembre de 1963 empezaron los preparativos para la Operación 90 (denominación recibida por los 90º de latitud sur: el polo). El objetivo explícito de la misión fue “afirmar la capacidad argentina de alcanzar todos los rincones de lo que considera su territorio soberano, buscando afirmar así los derechos de la soberanía territorial esgrimidos por el país en la Antártida Argentina. Durante la marcha se hicieron observaciones científicas y técnicas, tales como geológicas, gravimétricas y metereológicas“.

La expedición partió desde la Base General Belgrano el 26 de octubre de 1965 con nueve hombres: el capitán Gustavo Adolfo Giró; el suboficial principal Ricardo Bautista Ceppi; los sargentos ayudante Julio César Ortíz y Alfredo Florencio Pérez; los sargentos primero Jorge Raúl Rodríguez, Roberto Humberto Carrión, Adolfo Oscar Moreno y Domingo Zacarías; y el cabo Oscar Ramón Alfonso.

Partieron en 6 vehículos Snowcat con trineos de arrastre, precedida 2 días antes por una patrulla de 4 hombres con trineo tirados por 18 perros que jalonaron la ruta con lanzas de caballería hasta los 83,2° Sur. Su objetivo era explorar y marcar una ruta segura para los vehículos Snowcat, evitando que cayeran en grietas de la barrera de hielos traspasando lo que denominaban la Gran Grieta. Luego de reunirse ambas patrullas, el 4 de noviembre alcanzaron la Base Sobral, en donde intercambiaron un expedicionario que tenía una herida por uno de la base. En Sobral se hicieron tareas de mantenimiento mecánico de los Snowcat.

Al ascender la meseta antártica debieron soportar temporales con temperaturas que bajaban hasta los 30° o 40° C bajo cero, escribiendo Leal en su diario: “… estamos detenidos perdiendo precioso tiempo, consumiendo víveres y combustible que tenemos tan medidos“.

La expedición trepó alturas de más de 3.000 metros con registros de temperaturas inferiores a –40º. Al tener varios problemas técnicos con los trineos, abandonaron un Snowcat y acamparon a 1.900 metros sobre el nivel del mar, en un lugar llamado Desolación, para arreglar el otro. Luego de 45 días de marcha, realizando el último tramo sin dormir durante 28 horas, a las 10 de la mañana del 10 de diciembre de 1965 los expedicionarios arribaron al Polo Sur donde plantaron la bandera nacional. Argentina se situó como el primer país que llegó al Polo Sur partiendo del Mar de Weddell y regresando a él, siempre en el Sector Antártico Argentino. Regresaron a la Base Belgrano, tras recorrer 2.980 km, llegando el 31 de diciembre.

En 1970 Leal fue nombrado Director Nacional del Antártico, cargo que conservó por varios años. En 1971 y en 1990 la Dirección Nacional del Antártico publicó y reeditó en Buenos Aires el libro titulado Operación 90. El trabajo da detalles sobre la fría región austral argentina presentando una interesante cartografía al respecto. El general Jorge Leal se retiró en el año 2003.

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, lo condecoró a Leal con la Orden Doctor Mariano Moreno el 7 de noviembre de 2013. Rossi dijo: “En la historia hay ejemplos de militares comprometidos como los generales Mosconi, Savio, el brigadier San Martín, y el general Leal, quienes integraron a las FFAA en la planificación de la Nación“. Tenía razón.


De traiciones y traidores

junio 7, 2017

dante traidores

En estos tiempos tan coyunturales, siento que conviene dedicar un rato a la reflexión abstracta (pero no tan abstracta).

Recurro a esta columna de un viejo amigo, Mario Casalla (filósofo, investigador y escritor) que publicó en un diario salteño y trajo al mundo digital otro veterano en la amistad, Fernando del Corro.

SOBRE LA TRAICIÓN Y LOS TRAIDORES; EL OTRO MOTOR DE LA HISTORIA

Hay una carta en la Correspondencia Perón-Cooke donde el presidente exiliado le dice a su entonces delegado personal en la Argentina, “…en cuanto a las actitudes de los compañeros que usted me menciona (dos importantes ex gobernadores de la primera época, tentados por el “neoperonismo”) recuerde que más que traidores son gente que tiene “sucesivas lealtades”. Fina ironía que -sin dejar de descalificarlos- buscaba frenar el lógico ímpetu de su delegado, a favor de conservarlos en el redil al menos por un tiempo. Es que tanto el Peronismo (como también el Radicalismo) tienen una larga tradición de traiciones, rupturas y reinicios. Más aún, es todo un síntoma que el peronismo haya denominado a su jornada más gloriosa (el 17 de octubre de 1945) como “Día de la Lealtad”.

Perón secretamente intuyó que esa era la virtud que seguramente más escasearía en el movimiento que ponía en marcha. También Yrigoyen llamó a lo suyo una Causa (casi religiosa, de allí lo de “correligionarios”) y sabía que enfrente estaba el Régimen (“falaz y descreído”). Ambos sabían íntimamente que la traición estaría siempre acechando sus intentos. Años más tarde Antonio Cafiero me regaló un librito que llevaba por título Elogio de la Traición (de Denis Jeambar e Yves Roucaute, 1988) y eso claro volvió a sorprenderme. Es que Cafiero acababa también de sentir en carne propia el pellizco de la traición y sabía lo que entonces ocurre.

A esta altura, convendría decir aunque más no sea dos palabras sobre el tema de la traición, tópico singularmente proscripto de la reflexión intelectual -salvo honrosas y escasas excepciones-, pero que aportaría mucho para entender la dinámica real de los procesos históricos y de los cambios sociales.

Alguna vez habrá que darle su justo lugar a la traición, como uno de los “motores de la historia”. Un poco a la manera de aquella Historia universal de la infamia que imaginó Borges, aunque traición no es lo mismo que “infamia”, ya que hay traiciones y traiciones. ¿Qué hubiera sido de una historia sin traidores? seguramente algo mucho más monótono y aburrido. La traición -injustamente escamoteada, o verbalmente disfrazada-, permite reintroducir en la consideración de los procesos históricos y sociales el factor personal, que una historia demasiado abrumada por la economía y la política, terminó por relegar a un segundo plano. Además, a través de la traición, volvemos a reintroducir con peso el juego del azar, otro factor importante que las totalizaciones prolijas (aún a costa de la veracidad) rehúyen como del demonio.

Pero la traición persiste, con ese sello de personal y azarosa que la hace tan singular. ¿No da acaso que pensar el hecho de que la misma palabra latina (traditio-onis) que dice “tradición” signifique, simultáneamente, “traición”?; ¿Es esto casualidad, o acaso sea menester pensar la tradición -entre otras cosas- también como un cúmulo de traiciones?

El Antiguo Testamento es un rosario incesante de traiciones: Caín mata a su hermano Abel; los hijos de Jacob quieren dar muerte a su hermano José y lo terminan vendiendo a los israelitas; Dalila traiciona a su amante Sansón. Matar al hermano, entregarlo al enemigo, quebrar la palabra empeñada, ignorar la fidelidad del buen amor, forman parte de las mejores tradiciones/traiciones bíblicas. Las cuales rematan en la más paradigmática de las traiciones: la de Judas a Jesús, tan importante que está en la base misma del mensaje cristiano de la redención. Sin esa traición la historia hubiese sido otra: Jesús hubiese quedado expuesto a un calvario aún peor, el trono del César. El poder de un “reino de este mundo”, tan poco redentor como todos.

En la Antigüedad la pena era tan rigurosa, que el anatema contra el traidor alcanzaba a sus propios hijos. Hasta bien entrada la modernidad europea esa ley se mantuvo, tal la importancia de la traición en relación con la sociedad y el poder. La “mancha” adquiría caracteres de inextinguible y sólo el tiempo la morigeró reconciliando -hasta cierto punto- la traición con el poder.

En la América precolombina, al parecer las cosas eran más o menos similares, con una variante que no deja de ser sugestiva. En el caso de los Incas, por ejemplo, el delito de traición se purgaba con la pena capital, pero no se le quitaba el trono al hijo o sucesor del traidor: se lo dejaban presentándole la culpa y pena de su padre como disuasivos de conductas similares. Y si quisiéramos ir a una tradición intelectual diferente de ambas, como lo es la griega, en la tan discutida Sentencia de Anaximandro (siglo VII a. C, aprox) -considerada el texto occidental más antiguo de filosofía llegado hasta nosotros-, no dejan de tener su lugar la traición, la culpa y el castigo, en el relato ontológico del juego de la fysis (“naturaleza”).

Sin embargo, hay que esperar hasta siglo XV para encontrar un decir poético acerca de la traición que, como certero retrato, llega hasta nosotros. ¿Cómo olvidar aquí La Divina Comedia de Dante Alighieri? Los tres últimos Cantos del Libro Primero (Infierno) le están dedicados. La ubicación habla por sí misma: los traidores están en el último círculo del Infierno, sufriendo en diversas posiciones, en las aguas heladas del río Cocito. Frialdad que se corresponde con la falta de calor humano de los personajes. Dante accede a esos horrores, de la mano de Virgilio, en la noche del 9 de abril del 1300: todo otro símbolo, un Viernes Santo. Y en ese Infierno de los traidores, también hay graduaciones. En el primer infierno -la Caína- están los traidores a los parientes, a su propia sangre, a la familia. El nombre recuerda la figura de Caín. De allí se pasa a la Antenora (por Antenor, el príncipe troyano que entregó el Palacio a los enemigos de la ciudad y se complicó en la treta del caballo), aquí padecen los traidores políticos. Junto a Antenor, hay otros dos símbolos de la traición que también harían escuela: el que oculta su bandera y desorienta a la propia tropa (Bocca degli Abati) y el corrupto que se vende por dinero (Buoso da Duera). El tercer infierno es la Tolomea (por Ptolomeo, el rey judío que en el transcurso de un banquete hizo asesinar a su suegro y dos cuñados; o Tolomeo, el rey egipcio que para congraciarse con César ordenó la muerte de Pompeyo). Aquí sufren los traidores a los parientes.

Por último, el más recóndito de los infiernos, es la Judeca (por Judas Iscariote, el traidor a Cristo). Allí habita el propio Lucifer (“la criatura que tuvo el más bello aspecto”) y junto a él la legión de traidores a sus benefactores. Entre ellos dos prototipos, Bruto (el hijo adoptivo de César) y Casio (su lugarteniente) autores de esa muerte impía, resaltando así el carácter personal e intransferible de la traición y el amor perverso entre traidor y traicionado, que ese acto ilumina de manera diferente. Es que el mejor traidor, suele ser siempre el más fiel (igual que Lucifer, “el ángel más bello”) y esa trama secreta entre la traición y el poder (mutuamente necesitados) informa también los avatares de la ideología. Es que siempre hay un justificativo ideológico para traicionar (religioso o laico), el traidor generalmente se considera a sí mismo como un justiciero y en la mayoría de los casos no lo es. Sus víctimas son en general las últimas en enterarse. Así que –donde usted lea estas líneas y donde yo las escribo- miremos bien con quien nos cruzamos. Y recuerde aquello de que Lucifer es el Ángel más bello y no se confunda con las caricaturas habituales”.

No voy a introducir mis reflexiones personales en el texto de un filósofo profesional. Pero algo de poesía (también de los tiempos del Dante) me viene a la memoria. En uno de los romances que después se transformaron en el Cantar del Mio Cid, el Cid mismo le exige al rey de Castilla que jure, con penas terribles a la mentira, “si tu fuiste o consentiste  en la muerte de tu hermano”.

Ahí interviene el favorito (que en esa época vendría a ser como el jefe de gabinete) “Haced la jura, buen rey  No tengáis de esto cuidado  Que nunca fue rey traidor  Ni papa descomulgado”.


Pensando en la 3° marcha “Ni una menos”

junio 3, 2017

En este blog ya escribí del tema en ocasión de las anteriores marchas. Repetir es importante, aunque aburra. Las conciencias se van formando desde lo que se escucha desde la niñez, por generaciones (las religiones lo saben).

Pero ¿repetir en un blog, politizado y ligeramente irónico, que leen los que tienen compromiso político, interés en la publicidad política y/o inquietud intelectual (modesta)? Creo que no sirve. Siento que sólo sería parte pequeña de una discusión que ya está en marcha “a todo trapo” en las redes sociales y en los medios intelectualosos. El debate agrio, sarcástico entre feministas furiosas y críticos fastidiados con el feminismo furioso. Un debate inevitable y tal vez necesario, porque contribuye a formar, en el muy largo plazo, la conciencia de la sociedad. Pero, como vemos, no hace nada en el corto plazo para que haya un episodio menos de violencia contra una mujer.

Es que muy pocos, si alguno, de los que participan en ese debate violarán o asesinarán a una mujer. Y tampoco participan, calculo, los comisarios y los jueces que tratan esos episodios como uno más. Dentro de la rutina.

Por eso prefiero reflexionar en porqué una de las razones porqué la marcha de hoy incluye pedir por la libertad de Milagro Sala. No me interesan los mecanismos habituales, sumar causas para sumar sellos. No está mal, pero eso también es rutina. Lo clave está en el hecho que el 80 por ciento de los integrantes de la organización barrial Tupac Amaru eran mujeres; que las líderes de las cooperativas y organizaciones también. Y que la mayor parte de los detenidos, también son mujeres.

Ese porcentaje tiene que ver con otro hecho: para que los planes sociales sean realmente una ayuda a los necesitados, y no solamente crear una subcultura dependiente, es necesario que se enfoquen en la mujer, para mejorar las chances que vayan al alimento y al cuidado de la familia. Todos los que trabajan en eso lo tiene claro, aunque no siempre los que legislan.

Pues hay una impronta “machista”, patriarcal le dicen ahora -el hombre a la guerra, la mujer al trabajo- que es muy, muy antigua. Y esa disposición para la violencia -parte con raíces biológicas, otra parte culturales- en la ausencia de códigos muy internalizados o de una sociedad que la reprima o encauce, se vuelca a sí mismo o en el más débil. Y hay una diferencia entre los sexos más decisiva aún que la posibilidad de quedar embarazado. En promedio, los hombres son más fuertes que las mujeres.

Entonces, los Malos del pensamiento progre, “Occidente”, el capitalismo -que sí, son bastante Malos- no crearon esa impronta. Se montaron sobre ella, como cualquier otro sistema lo haría, lo hizo. Si queremos disminuir la violencia que resulta de ella, hay que fortalecer los viejos códigos de respeto a las mujeres y a los niños, y pelear para que esa violencia se reprima sin excusas. Algo, un poco, se avanza en ese camino. Pero falta mucho.

(Como la prensa la tiene el femicidio -corresponde- quise subir el video de Porta, que incorpora consignas y símbolos de moda, que menciona la violencia física, pero parte de una historia mucho más común y banal. Esa violencia moral… no tiene respuestas sociales. Es algo que debe encarar en su vida cada mujer. Y cada hombre).


Los motivos del troll

mayo 25, 2017

En un 25 de mayo lluvioso y frío, mientras se esperan novedades políticas -¿será un karma porteño?- encontré este artículo que habla de un fenómeno interesante. Que no tiene que ver con la política -de los trolls profesionales voy a escribir en otro momento- y mucho que ver con la sociedad moderna y los seres humanos de siempre. (El video es más elocuente, pero está en inglés).

Un comentario mío, corto, al final.

“En esa suerte de muestrario de gestos contemporáneos que es la novela Farándula, de la española Marta Sanz, un personaje, Julita Luján, es enfermera en las horas de trabajo y troll el resto del día. Señora con unos cuantos años encima, hijos más que criados y empleo en un asilo de ancianos, alguna vez se inscribió en un curso de informática, más tarde admitió la gracia de intercambiar algún que otro mail con sus hijos y finalmente encontró la sal verdadera: los foros de opinión de la prensa digital.

Con la computadora encendida y el mouse en la mano, Julita Luján es “Justicia Divina”, y con ese nombre ingresa a cuanto espacio de ¿diálogo? virtual se le ofrece, para decir lo que se le viene en gana. “Yo me pongo la máscara y les llamo lerdos, delincuentes, cabrones, chupasangres, malnacidos”, describe, y sigue con la retahíla de insultos, asegurando que al final -aunque no pueda evitar pensar que “si mi padre me viese me lavaba la boca con jabón”- queda “como nueva”.

Intrigados por los y las múltiples “Justicia Divina” que inundan las redes, el diario británico The Guardian y la Fundación Bertha encargaron una investigación al fotógrafo y cineasta noruego Kyrre Lien. De allí surgió el documental llamado The Internet Warriors, que puede verse por YouTube o desde el mismo sitio del periódico, donde la invitación para verlo propone: “¿Quién es la gente que se enoja tanto online? Encuentren a los guerreros de Internet en sus propios hogares”.

Porque si algo emerge del documental es la confirmación de eso que, más o menos, todos sospechamos: que tras el odio y la incontinencia verbal de los foristas más incorrectos no hay personas desaforadas ni identidades monstruosas. Cualquier vecino, cualquier respetable Julita Luján, puede proponer las cosas más terribles una vez inmerso en la dinámica sin rostro (ni nombre, ni apellido, ni DNI) de la Web. Pero -y ahí comienza la zona levemente perturbadora del documental- aunque en el mundo real sean notablemente más amables que en el virtual, nada en ellos revela un replanteo. Leen entre risitas sus propios posts racistas, xenófobos o gratuitamente agresivos; reafirman lo dicho sin solemnidad ni demasiada conciencia -en apariencia, al menos- de lo que realmente están diciendo. Como si la relación entre palabras y hechos no fuera una relación digna de ser tenida en cuenta; como si realmente cualquier cosa pudiera ser dicha y nadie tuviera por qué sentirse responsable. Los ejemplos son más o menos previsibles: desde la reivindicación de una posible “solución final” nazi aplicada a los musulmanes, a la homofobia, las loas a Trump, las lamentaciones por el fin del colonialismo, la defensa de la pureza racial. También hay decididos promotores de la expulsión de los migrantes que confirman sin problemas su posición, mientras abrazan con ternura a sus parejas… extranjeras.

Dicen vivir conectados a toda hora. Consumen las noticias que, más o menos caóticamente, les llegan por las redes. No poseen argumentos para sostener sus expresiones virulentas, no parecen preocupados por no tenerlos ni, salvo uno de los entrevistados, se muestran capaces de entender lo que es una contradicción. No asombra que 1984, la novela de Orwell, haya vuelto a leerse con tanto interés”.

Supongo que desde mi experiencia en el blog, debería poder aportar algo. Pero no estoy seguro si es original. Encuentro que hay un tipo de comentarista que -más que criticar o ampliar lo que se dice en el posteo; todavía más que aprovechar para “meter” su propio discurso u obsesión (lo que hacemos todos, en el fondo)- se motiva, se “engancha” en larguísimas peleas con otro comentarista. Con cualquiera que muestre que le presta atención, al contestarle. Creo que ese es el “troll no profesional” por excelencia.

Esto sucede también online de los medios masivos. Que se convierten en seguida en cloacas (la moderación por computadora es fácilmente burlada) de agresiones e insultos a políticos, figuras de la farándula (sobre todo si son mujeres)… Canilla libre. Pero aún ahí se forman “bandos” que se dedican a insultarse mutuamente.

Mi idea es que el enfrentamiento les ayuda a sentir que existen, que hay alguien del otro lado de la pantalla que lo reconoce, aunque sea como enemigo. Tal vez, más estimulante y mucho menos comprometido si es enemigo. Uno tiene ganas de decirle como los yanquis “Get a life! Consigánse una vida”. Pero… pienso que esta necesidad de ser reconocido por el Otro es uno de los motivos del bloguero.

Lo que sí afirmo es que la autora, Diana Fernández Irusta, se equivoca. Esto no es “1984”, donde el Partido controlaba todo. Esta es una cara de la democratización de la comunicación. Y de la anonimidad.


De los 25 de mayo

mayo 25, 2017

Repito a menudo aquí que las efemérides no son lo mío. Pero respeto a los símbolos. Están sólo en la mente, y los hombres viven y mueren por ellos. Eso sí, no debemos dejarlos inmutables, petrificados, o terminan vaciados de sentido y derribados, como las estatuas de Stalin.

Por ejemplo, pienso que “primer gobierno patrio” se puede llamar al que se formó después de la Primera Invasión Inglesa, el 1 de enero de 1807, cuando Martín de Álzaga fue electo Alcalde de primer voto por el cabildo abierto que hizo convocar y asumió el mando civil de Buenos Aires, depuso al virrey Sobremonte y luego le ofreció el cargo de virrey (interino) a Liniers.

(Otros señalaron que no es exactamente la conducta que se espera de una colonia. Pero España ya había perdido su flota en Trafalgar y las cosas se decidían en América). Después Álzaga complotó contra Liniers -uno que estaba con él era Mariano Moreno- y años después Rivadavia lo hizo ejecutar. Es decir, la historia de ese vasco valeroso y duro se parece a la de otros revolucionarios de entonces y de ahora. Y se me ocurre que cuando tengamos una historia oficial con menos relatos, su retrato estará en una galería de Padres de la Patria. Pero esta es una especulación personal, y no soy historiador.

Enrique Manson lo es, y escribe bien. Ni monografías, ni panfletos. Por eso me tomé la libertad de reunir algún material suyo y armé esto, para que lo lean los que tengan tiempo y se interesen en nuestra historia. Apuesto que encontrarán algún dato que no tenían. Feliz Día de la Patria.

“Un año antes del mayo porteño, en la altoperuana Chuquisaca, estalló una revolución premonitoria. Se trataba de la región más rica y más poblada del virreinato del Río de la Plata, contaba con la Universidad más prestigiosa y con el único tribunal superior de justicia.

En Buenos Aires gobernaba Baltasar Cisneros. Había llegado a una Buenos Aires hostil, donde el pueblo en armas que había expulsado a los ingleses, no estaba bien dispuesto frente a los burócratas que llegaban de España.

La Junta de Sevilla, proclamó en enero de 1809 “que los vastos y preciosos dominios que España posee en Indias no son propiamente colonias o factorías como las de otras naciones, sino parte esencial e integrante de la Monarquía Española”. Un reconocimiento de la autonomía criolla.

Ante la inminente caída de la península frente a Napoleón, la universidad altoperuana hizo público lo que se llamó el silogismo de Chuquisaca: A la pregunta ¿Debe seguirse la suerte de España, dominada por los franceses, o resistir en América?, se respondía: Premisa mayor: Las Indias son un dominio personal del rey y no de España. Premisa menor: El rey está impedido de reinar. Conclusión: Luego, las Indias deben gobernarse a sí mismas desentendiéndose de España.

El 25 de mayo de 1809, en la plaza Mayor de Chuquisaca estalló el levantamiento. La rebelión se expandió, con el apoyo de indios y mestizos. Pero fue sangrientamente reprimida. Los virreyes de Buenos Aires y de Lima enviaron tropas que la aplastaron. En estos episodios se inspiró Vicente López y Planes en el Himno: “Y cual lloran, bañadas en sangre, Potosí, Cochabamba y La Paz”.

Mayo de 1810 –fecha de la que no renegamos- y que forma parte de la galería de íconos simbólicos de nuestra identidad nacional, fue un momento confuso, protagonizado por infinidad de actores, con grupos que se aliaban a veces para enfrentarse sangrientamente otras. Y, eso sí, con la presencia cercana de los buitres imperiales que esperaban que se concretara el fin del viejo Imperio Español Americano, para alimentarse de su carroña.

El virreinato mismo había sido creado para defender el extremo sur de las ambiciones inglesas –habían andado por las Malvinas en el siglo 18- y de los primos portugueses, que seguían en América una vieja guerra contra os castelhanos con el objeto de adueñarse de la costa oriental del Plata.

La falta de recursos de la España decadente hizo imposible constituir la muralla defensiva sur que debía tener sus vértices en Buenos Aires, Montevideo y las Malvinas. Eso explica, más allá de las torpezas de Sobremonte, la fácil caída ante el puñado de ingleses que llegó en 1806. Fue el pueblo en armas el corrió a los invasores, y este pueblo tomó inmediata conciencia de su protagonismo.

Es cierto que, cuando Baltasar Hidalgo de Cisneros reemplazó a Liniers, cuya condición de francés lo hacía en 1809, poco confiable, el nuevo virrey debió imponer su autoridad sobre un ejército formado en las invasiones. Don Baltasar en el fondo no era tan malo. No era un monárquico absolutista, ni tampoco un fanático peninsular cargado de odio hacia los criollos. Se trataba de un juntista, es decir de aquellos que –amantes del rey o no- habían guiado el levantamiento popular hispano contra los invasores napoleónicos.

Tan juntista era, que había sido designado por la no muy monárquica Junta de Sevilla. No sólo eso: convencido, como lo estaba todo el mundo, de que España se perdía porque Napoleón era invencible, desde que llegó se puso a trabajar para continuar en el mando cuando llegaran las infaustas noticias desde Europa.

El espía portugués Felipe Contucci escribía a sus jefes en Río de Janeiro: El Virrey piensa , con sus secuaces, formar una Junta Gubernativa, perdida que sea la Península; al intento mandó llamar un representante de cada Ciudad o pueblo grande, etc…. También se dice que tiene combinado con el Cabildo entregarle el bastón ….

Y sobre todo, pese a que la ley le prohibía tener propiedades en la jurisdicción de su gobierno, agregaba Contucci:  Que el Virrey ha comprado terrenos en la Punta (San Luis), y que tiene miras de establecerse continuando en el mando en las provincias a toda costa.

Agregaba Saturnino Rodríguez Peña –agente británico desde 1807- al ministro de Negocios Extranjeros y Guerra, Conde de Linhares, el 9 de mayo de 1810: El resumen de las últimas noticias que aquí tenemos del Río de la Plata, se reduce a que el Virrey de Buenos Aires ha asegurado al Tribunal de la Audiencia y a la Municipalidad, que en el momento en que se reciban en aquella Capital las noticias de la subyugación de la España, depositará el mando en los dichos dos Cuerpos. Que no se reconocerá otra autoridad ni Soberanía que la del Sor. Fernando 7º. Que a consecuencia de estos dos antecedentes, se formará una Junta Provisoria compuesta de la Rl. Audiencia y Cabildo de Buenos Aires de de la que será presidente Cisneros. Que se ha escrito de orden del mismo Virrey a las Provincias del Virreinato, pidiéndoles que manden sus Diputados para celebrar otra más solemne con el título de Senado.

¿Puede extrañarnos que, tras el cabildo abierto del 22 de mayo que lo depuso, apareciera como presidente de una Junta Provisional de Gobierno?

No era tan malo, dijimos, el sordo de Trafalgar, que había perdido el oído en la heroica batalla, pero se tenía que ir. Había llegado el tiempo que la península y América siguieran caminos diferentes.

El fin del dominio español en América fue una emancipación. No fue una rebelión de pueblos sometidos, como lo sería en África, donde la diferencia entre dominantes y dominados la daba el color de la piel. La revolución la hicieron los criollos, descendientes de conquistadores, y peninsulares arraigados. (La excepción es México, en la primera etapa) Fue una rebelión indígena, conducida por un sacerdote criollo, Manuel Hidalgo.

Después que el pueblo de Buenos Aires expulsara al invasor inglés en 1807, no volvió el poder a la burocracia real. Santiago de Liniers, más que virrey era un caudillo popular, que no podía imponer su voluntad al pueblo porteño y a sus milicias.

En 1808, en España, sometida a Napoleón, se produjo una rebelión popular contra los invasores que consagró rey a Fernando VII. Así se inició la Guerra de la Independencia, apoyada con entusiasmo desde el nuevo mundo. Sin embargo, no se pudo con la genialidad (militar) de Bonaparte.

Los americanos empezaron a hacer planes para el futuro. ¿Qué pasaría con el continente? ¿Sería de Napoleón? ¿Aprovecharían los ingleses para dar un golpe de mano que les permitiera conquistar lo que no habían podido en 1806 y 1807? ¿Y los portugueses? Napoleón invadió Portugal, y su Corte fue trasladada en barcos ingleses a través del Atlántico. Una corte europea tan cerca era un peligro para Buenos Aires.

El resto de las posesiones americanas pasaban por las mismas preocupaciones, y en 1810 todo el continente estalló al mismo tiempo al saberse que Bonaparte dominaba totalmente la península.

Liniers fue reemplazado por Cisneros, gobernante débil que no tenía autoridad sobre el pueblo ni las milicias. Cuando dos comerciantes ingleses le pidieron autorización para vender sus mercaderías en Buenos Aires, el virrey sabía que había un compromiso de las juntas de gobierno españolas con Londres. También tenía necesidad de ingresos para cubrir los muchos gastos del estado virreinal.

Al recibir opiniones favorables, Cisneros autorizó lo solicitado. Sin embargo, debió pasar por alto fuertes opiniones en contra. El síndico del consulado condenó “el remedio que mata al enfermo… Sería temeridad equilibrar la industria americana con la inglesa. Esos sagaces maquinistas nos han traído ya (de contrabando) ponchos que es un principal ramo de la industria cordobesa y santiagueña … sus lanas y algodones que a más de ser superiores … arruinarán enteramente nuestras fábricas y reducirán a la indigencia a una multitud de hombres y mujeres que se mantienen con sus hilados y tejidos.” El representante de los comerciantes de Cádiz afirmaba “…al fin los ingleses nos han de poner la ley en el precio de nuestros productos…”.

La medida ayudó a Cisneros a equilibrar sus cuentas, pero perjudicó los intereses de las provincias del interior. Mucho tuvo que ver con la segregación del Alto Perú, el Paraguay y la Banda Oriental, y en el federalismo defensivo y disgregador que se afianzó en las provincias que siguieron siendo argentinas.

En mayo de 1810 todo Buenos Aires se preparaba para discutir lo que habría de hacerse cuando España estuviera en manos de Napoleón. Al llegar a Buenos Aires la noticia de la caída de Andalucía, Cisneros tuvo que hacerla pública, y los grupos políticos se movilizaron.

Saavedra, el jefe de patricios, encabezaba uno de ellos. Otro, menor en número pero de grandes ambiciones, estaba integrado, entre otros, por Manuel Belgrano y su primo Juan José Castelli, abogados ambos y recibido en España el primero, que además tenía estudios de economía. Martín de Álzaga, poderoso comerciante español, había sido uno de los héroes de la lucha contra los ingleses. Peleado con Liniers por sospecharlo bonapartista, había intentado derrocarlo en 1809, pero fue vencido. Retirado de la política, dos de sus partidarios jugarían papeles importantes. Julián de Leiva era partidario de conservar el poder en manos de Cisneros. Mariano Moreno se sumó a la revolución.

Los representantes de los distintos grupos exigieron la renuncia del virrey, ya que el que lo había designado, la Junta Central (de Sevilla), ya no existía. Luego se convocaría a cabildo abierto para resolver el futuro. Cisneros, aconsejado por hábiles abogados, se hizo el sordo con lo de su renuncia, y aceptó convocar a la asamblea. Luego consultó a los jefes militares, quienes le negaron su respaldo.

Los revolucionarios cayeron en la trampa y asistieron al cabildo abierto. Castelli sostuvo que si el rey estaba impedido, y también lo estaban los que legalmente lo reemplazaban, la soberanía volvía al pueblo. Genaro Villota, abogado y funcionario respondió aceptando los argumentos, pero sostuvo que no eran ellos, vecinos de Buenos Aires, quienes debían resolver por el virreinato entero. Fue Juan José Paso el que sacó a los revolucionarios del atolladero diciendo que ante la urgencia y los peligros que se corrían, Buenos Aires debía decidir provisoriamente, hasta que un congreso de todas las provincias estableciera la solución definitiva.

La jugarreta del 24, (una Junta con Cisneros presidente), no aguantó la presión del pueblo y de los patricios. Hasta que pudiera reunirse un congreso del virreinato gobernaría una Junta Provisoria que encabezaba Cornelio Saavedra, sin Cisneros, y la integraban Castelli, Belgrano, Paso y Moreno. Estos dos últimos, en calidad de secretarios –lo que hoy llamaríamos ministros- y por eso mismo, con menos rango que los vocales”.


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abril 16, 2017

pradera

En estos tiempos digitales, uno recibe constantemente, por correo electrónico, Facebook o whatsapp, mensajes impersonales, es decir no dirigidos a alguien en especial. Mi práctica habitual es no reenviarlos. Y muchas veces ni siquiera los abro.

Pero en realidad no es distinto de los medios, o aún antes, de los libros. Muchos místicos, y Platón, desconfiaban de la escritura. Pensaban que la única forma de transmitir mensajes que vale la pena es verbal, de una persona a otra. Hay una verdad en eso, pero a veces encuentro alguno que pienso que es bueno transmitir. Éste, por ejemplo:

“Esta vida se va a ir rápido, no pelee con la gente, no critique tanto su cuerpo. No se queje tanto. No pierda el sueño por las cuentas. No deje de besar a sus hijos y a su pareja. No se preocupe tanto en dejar la casa impecable. Los bienes y patrimonios deben ser ganados por cada uno, no se dedique a acumular herencia. Permita tener a los perros más cerca . No se ponga a guardar las copas. Utilice la nueva vajilla, no economice su perfume favorito, úselo para pasear contigo mismo, gaste sus zapatillas favoritas, repita sus ropas favoritas , ¿y qué? Si no está mal, ¿por qué no ahora? ¿Por qué no darse una escapada o un viajecito? ¿Por qué no orar en vez de esperar a orar antes de dormir? ¿Por qué no llamar ahora? ¿Por qué no perdonar ahora? Se espera mucho para la Navidad, el viernes, un año más, cuando se tenga dinero, cuando el amor llegue, cuando todo sea perfecto …

Mire, ….no existe el todo perfecto. Los seres humanos no pueden lograr esto porque simplemente no se hizo para completarlo aquí. Aquí es una oportunidad de aprendizaje.

Así que tome esta prueba de vida y hágalo ahora … ame más, perdone más, abrace más, viva más intensamente y deje el resto en las manos de Dios”.


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