Adiós a José María Castiñeira de Dios

mayo 2, 2015

Castiñeira

Murió hoy, a los 95 años. No es para estar triste por él. Tuvo una vida larga – para nosotros, los efímeros humanos – y plena. En su Fe, el diría que volvió a la casa del Padre. La pérdida es nuestra, que ya no tendremos a un protagonista y testigo, poeta, además, de un siglo de vida argentina.

Supongo que los medios van a poner énfasis en su vínculo raigal con el peronismo. Esta vez, corresponde. En 1944 ya integraba la Junta Pro-Candidatura del Coronel Perón. Trabajó junto a Eva Perón y creó la Peña de Eva Perón que ella presidía. En 1951, presentó la primera edición de “La razón de mi vida”.

Y después del golpe de Estado de 1955 fue designado por Perón como uno de los miembros del Comando Táctico en la Resistencia. Con el tiempo, los gobiernos posteriores le otorgaron los cargos y honores que en nuestro país puede recibir una personalidad de la cultura (Mucha figuración y poco presupuesto). Creo que lo más importante, lo que permanecerá, es que una frase en un pequeño poema suyo “Volveré y seré millones” que compuso después de la muerte de Eva Perón ya está indisolublemente ligada a Evita.

Su identificación con el peronismo se refleja en que también estuvo en las malas. Justamente, cuando Eva, de la que era consejero y amigo, murió en 1952, los alcahuetes de siempre lo radiaron de su cargo de Subsecretario de Cultura. Lo que no lo libró de problemas cuando el peronismo cayó.

Supongo que traerá una sonrisa a mis colegas en la publicidad saber que trabajó como director de marketing en McCann-Erickson, la agencia más importante de ese tiempo. Destino de poetas…

Porque fue una alta figura de la poesía católica. Su primer conferencia la dio en 1942 sobre “San Juan de la Cruz y la poesía mística española”, en el Primer Congreso de Cultura Hispanoamericana. Y desde entonces no dejó de escribir. Uno de la infinidad de premios que recibió se lo entregó en 2002 el entonces arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Bergoglio.

Por mi parte, los invito a recordarlo como parte de una tradición en la poesía argentina. Por eso, si quieren escucharlo, abajo está el audio en que él recita su RESPONSO PARA MI MAESTRO LEOPOLDO MARECHAL. De él decía Castiñeira que le “trasmitió su pasión por la Patria”.


De genocidios

abril 24, 2015

armenia

El 24 de abril de 1915 las autoridades del Imperio Otomano ordenaron la detención de 235 miembros de la elite económica e intelectual armenia en Estambul (Constantinopla). Ese hecho fue elegido como símbolo del comienzo de un proceso: la deportación de la población armenia, y su marcha forzada por cientos de kilómetros, atravesando zonas desérticas, en las que la mayor parte de los deportados pereció víctima del hambre, la sed y las privaciones, a la vez que los sobrevivientes eran robados y violados por los gendarmes que debían protegerlos, a menudo en combinación con bandas de delincuentes. Se habla de un millón, o un millón y medio de víctimas.

Por esa fascinación humana por los números redondos, un siglo después, hoy, se recordó con ceremonias en los cinco continentes, donde está la diáspora armenia. El acto cumbre fue hoy en el complejo Memorial Tsitsernakaberd, en Ereván. Asistieron los presidentes de Armenia, Serge Sargsián; Rusia, Vladimir Putin, y Francia, François Hollande, y representantes de unos 60 países. Argentina estuvo representada por el canciller Timerman.

Por su lado, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, manifestó hoy sus condolencias: “En este día que para nuestros ciudadanos armenios tiene un gran significado, recuerdo con respeto a todos los armenios otomanos que perdieron su vida durante la Primera Guerra Mundial. Me gustaría expresar una vez más que comparto su dolor“. Erdogan habló de “tristes acontecimientos” y envió su pésame a los hijos y nietos o de las víctimas. Sin embargo, Turquía sigue rechazando el término “genocidio”.

Se llama genocidio al “exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos raciales, políticos o religiosos”. Es una vieja costumbre humana (hay unos cuantos en la Biblia, por ejemplo) – aunque para las víctimas, y los que se identifican con ellas, cada uno será particularmente horrible – y en el siglo XX se practicó a escala industrial. Por eso, desde la lógica, resulta difícil justificar la negativa de Turquía.

El telegrama del ministro del Interior, Talaat Pachá, del 25/3/1915 “En nuestro despacho de febrero 18, anunciamos que el Djemiet (la “conducción nacional” de los Jóvenes Turcos) ha decidido aniquilar las diferentes fuerzas que por siglos han sido una barrera al progreso de la civilización en el Imperio...” puede ser verdadero, o no. El gobierno turco afirma que es falso. Pero no hay dudas que las masacres fueron reales.

Por supuesto, existen los reclamos jurídicos por indemnizaciones, y otros motivos financieros. Pero no debemos engañarnos con un cinismo fácil y un poco tonto: pueden ser los motivos de individuos, y de sus abogados. Para los Estados, el orgullo nacional, y la necesidad de preservar el “relato” elegido por sus gobiernos, son el factor fundamental. Fijémonos en las acrobacias de lenguaje que se emplean en las respuestas de Japón a los reclamos chinos por las masacres de la década del ´30.

Un periodista inglés – justamente, la nación que estrenó el siglo XX con las deportaciones forzadas y los campos de concentración de la 2° Guerra Boer, 1899/1902 – dijo esta semana algunas cosas que me parece vale la pena escuchar. Escribió Robert Fisk:

Un grupo de hombres y mujeres muy valientes se reunen hoy en la plaza de Taksim, en el centro de Estambul, para organizar una conmemoración sin precedentes y conmovedora. Los hombres y las mujeres serán turcos y armenios, y se reunirán para recordar el 1,5 millón de cristianos armenios hombres, mujeres y niños asesinados por los turcos otomanos en el genocidio de 1915.

… Al día siguiente de la pequeña conmemoración valiente prevista para la plaza Taksim de esta semana, buena parte del mundo occidental se reunirá con líderes turcos a pocos kilómetros al oeste de Estambul para honrar a los muertos de Gallipoli, la extraordinaria y brillante victoria de Mustafá Kemal en 1915 sobre los aliados en la Primera Guerra Mundial. ¿Cuántos de ellos recordarán que entre los héroes turcos luchando por Turquía en Gallipoli había cierto capitán armenio, Torossian, cuya propia hermana moriría pronto en el genocidio?

El pensamiento que viene a mi mente – y los amigos armenios me deben perdonar – es que no estoy muy interesado en lo que los armenios dicen y hacen en este 100º aniversario. Quiero saber lo que planean hacer al día siguiente del día del 100º aniversario. Los sobrevivientes armenios – los que podrían recordar – ahora están todos muertos. En unos 30 años, los judíos de todo el mundo van a sufrir la misma tristeza profunda cuando sus últimos sobrevivientes desaparezcan del mundo del testimonio vivo. Pero los muertos siguen viviendo, sobre todo cuando su estado de víctima se niega – una maldición que los obliga a morir una y otra vez. Los armenios deben ahora elaborar una lista de los valientes turcos que salvaron sus vidas durante la persecución de su pueblo. Hay por lo menos un gobernador provincial, y soldados individuales y policías turcos, que arriesgaron sus propias vidas para salvar a los armenios en este momento horrible en la historia turca. Recep Tayyip Erdogan, primer ministro triunfalista de Turquía, habló de su dolor por los armenios, sin dejar de negar el genocidio. ¿Se atrevería a negarse a firmar un libro en conmemoración por el genocidio armenio que lleve una lista de los valientes turcos que trataron de salvar el honor de su nación en su hora más oscura?


Adiós a Alberto Morlachetti

abril 23, 2015

No lo conocí personalmente. En una sola ocasión, en diciembre ´09, subí una convocatoria suya al blog, a pedido de una amiga. Se me ocurre que el mejor homenaje que puedo hacerle, es repetirla.

El hambre es un crimen. Hay que detenerlo. Sí o sí. Porque en nuestro país no faltan ni alimentos, ni platos, ni madres, ni médicos, ni maestros, faltan en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a nuestros hijos las oportunidades vitales para que puedan crecer con dignidad. Es imperativo terminar con un sistema económico -que en la mayoría de los casos- no da hijos sino hambre, que no da futuro sino Paco, que talla caricias olvidadas en cuerpos olvidados.

Niños hermosos nacen a la muerte, aunque todos sepamos que la infancia es el principal recurso natural no renovable de nuestro país, ya que la mayoría de las capacidades humanas quedan determinadas durante los primeros años de vida cuando los niños están haciendo ahora mismo sus huesos, criando su sangre y ensayando sus sentidos.

La infancia es por lo tanto la gran oportunidad de la sociedad para mejorarse a sí misma en lo biológico, en lo cultural, en lo económico, incluso en lo político. La infancia es el terreno más fértil para sembrar inteligencia, trabajo, creatividad, justicia y democracia.

Sin embargo, los niños se nos mueren de hambre por decenas cada amanecer. Se nos mueren “acabaditos de nacer” mientras los padres lloran por los días hermosos, cuando la vida era azul.

Sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo“.

El único homenaje válido que podemos hacerle entre todos, es hacerle caso.


Adiós a Eduardo Galeano

abril 13, 2015

eduardo-galeano

Las identidades de los pueblos las construyen, en buena parte, algunos poetas. Gobernantes, guerreros y comerciantes ayudan, claro, pero el contenido que permanece lo ponen esos otros. Cervantes aportó mucho para que lo español fuera lo que es, y Shakespeare para formar lo inglés. Mucho antes, Homero fue el educador de Grecia, y a través de ella nos dejó una herencia de tres mil años.

Galeano no estaba en esa compañía, o nosotros no lo ponemos allí. Habrá que ver quién lo recibió hoy, al llegar. La cosa es que él hizo mucho para la memoria latinoamericana. Que, como todas las memorias, se compone de recuerdos y de olvidos.

No es, por supuesto, el único poeta en formarla, ni debería serlo. Hay que contar la historia de los vencidos y las víctimas, pero esa no es toda su identidad, ni querrían ser recordados solamente en esa condición. Pueblos orgullosos como los aztecas, los incas, los mapuches… por la mayor parte de los siglos de su existencia, ciertamente no se pensaban así.

Ese sesgo puede tener que ver con que Galeano era uruguayo, el país que tiene menos ascendencia indígena entre los nuestros. Por mi parte, sé que – más allá de la herencia biológica – somos mestizos en cultura de Europa y de América, con una buena parte de África y, en el último siglo y medio, de Asia. Pero yo no soy un poeta.

Galeano lo era. Y nos ha dejado mucho. Por eso creo que el mejor homenaje lo hace esta página de Telesur, que les permite bajar sus obras completas.


Llegó carta de Francisco

abril 11, 2015

obama y castro

Hace un par de días mencioné la VII Cumbre de las Américas que se hace en Panamá. Y dije que era un ejercicio de las necesarias relaciones públicas de los presidentes de la región. También, hay que decirlo, es una forma de dramatizar determinados ajustes geopolíticos. Por ejemplo, la foto que ilustra el posteo, muestra a Barack Obama y Raúl Castro dándose la mano. Mostrando, asimismo, la poca química entre ellos que sus respectivos públicos les permiten tener, al menos en público (a lo mejor después se van de joda juntos, pero eso no es para la foto).

Como RRPP., la función de estas cumbres es publicitar las posiciones que los gobiernos que participan en ellas consideran conveniente exhibir. Por ejemplo, Obama afirma que “nunca las relaciones con América Latina fueron tan buenas“. Castro dice que “Cuba está dispuesta al diálogo“, y Maduro ofreció “extender la mano“. Y Cristina y Dilma se sacan una foto en una reunión privada entre ambas presidentes. Nadie deposita mucha confianza en estas declaraciones, pero al mismo tiempo son “cartas de intención” que no conviene ignorar.

En esta exposición de buenas intenciones, me parece que vale la pena destacar la carta que envió el Papa Francisco, de la que me envió copia el amigo J. C. Lafosse. Porque es una lista de las cosas que deberían preocupar a los presidentes, y porque es una prueba, si hiciera falta, del origen peronista de Don Jorge Bergoglio. Claro, también puede verse al revés, del origen cristiano de gran parte del discurso peronista tradicional.

Al Excelentísimo Señor Juan Carlos Varela Rodríguez,

Presidente de Panamá

Como anfitrión de la VII Cumbre de las Américas, deseo hacerle llegar mi saludo cordial y, a través de Usted, a todos los Jefes de Estado y de Gobierno, así como a las delegaciones participantes. Al mismo tiempo, me gustaría manifestarles mi cercanía y aliento para que el diálogo sincero logre esa mutua colaboración que suma esfuerzos y supera diferencias en el camino hacia el bien común. Pido a Dios que, compartiendo valores comunes, lleguen a compromisos de colaboración en el ámbito nacional o regional que afronten con realismo los problemas y trasmitan esperanza.

Me siento en sintonía con el tema elegido para esta Cumbre: «Prosperidad con equidad: el desafío de la cooperación en las Américas». Estoy convencido –y así lo expresé en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium – de que la inequidad, la injusta distribución de las riquezas y de los recursos, es fuente de conflictos y de violencia entre los pueblos, porque supone que el progreso de unos se construye sobre el necesario sacrificio de otros y que, para poder vivir dignamente, hay que luchar contra los demás (cf. 52, 54). El bienestar así logrado es injusto en su raíz y atenta contra la dignidad de las personas. Hay «bienes básicos», como la tierra, el trabajo y la casa, y «servicios públicos», como la salud, la educación, la seguridad, el medio ambiente…, de los que ningún ser humano debería quedar excluido.

Este deseo –que todos compartimos–, desgraciadamente aún está lejos de la realidad. Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas. El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad (cf. Evangelii gaudium 202).

No podemos negar que muchos países han experimentado un fuerte desarrollo económico en los últimos años, pero no es menos cierto que otros siguen postrados en la pobreza. Además, en las economías emergentes, gran parte de la población no se ha beneficiado del progreso económico general, sino que frecuentemente se ha abierto una brecha mayor entre ricos y pobres. La teoría del «goteo» o «derrame» (cf. Evangelii gaudium 54) se ha revelado falaz: no es suficiente esperar que los pobres recojan las migajas que caen de la mesa de los ricos. Son necesarias acciones directas en pro de los más desfavorecidos, cuya atención, como la de los más pequeños en el seno de una familia, debería ser prioritaria para los gobernantes. La Iglesia siempre ha defendido la «promoción de las personas concretas» ( Centesimus annus, 46), atendiendo sus necesidades y ofreciéndoles posibilidades de desarrollo.

Me gustaría también llamar su atención sobre el problema de la inmigración. La inmensa disparidad de oportunidades entre unos países y otros hace que muchas personas se vean obligadas a abandonar su tierra y su familia, convirtiéndose en fácil presa del tráfico de personas y del trabajo esclavo, sin derechos, ni acceso a la justicia… En ocasiones, la falta de cooperación entre los Estados deja a muchas personas fuera de la legalidad y sin posibilidad de hacer valer sus derechos, obligándoles a situarse entre los que se aprovechan de los demás o a resignarse a ser víctimas de los abusos. Son situaciones en las que no basta salvaguardar la ley para defender los derechos básicos de la persona, en las que la norma, sin piedad y misericordia, no responde a la justicia.

A veces, incluso dentro de cada país, se dan diferencias escandalosas y ofensivas, especialmente en las poblaciones indígenas, en las zonas rurales o en los suburbios de las grandes ciudades. Sin una auténtica defensa de estas personas contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia, el Estado de derecho perdería su legitimidad.

Señor Presidente, los esfuerzos por tender puentes, canales de comunicación, tejer relaciones, buscar el entendimiento nunca son vanos. La situación geográfica de Panamá, en el centro del continente Americano, que la convierte en un punto de encuentro del norte y el sur, de los Océanos Pacífico y Atlántico, es seguramente una llamada, pro mundi beneficio, a generar un nuevo orden de paz y de justicia y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación.

Con el deseo de que la Iglesia sea también instrumento de paz y reconciliación entre los pueblos, reciba mi más atento y cordial saludo.

Vaticano, 10 de abril de 2015
FRANCISCUS


Una milonga para un dos de abril

abril 2, 2015

La letra de esta milonga de Borges la subí un par de veces al blog. Ahora quiero que la escuchen con la música de Sebastián Piana y en la voz de Eduardo Falú.


El 24 de marzo

marzo 24, 2015

Hace seis años escribí un texto para el blog, donde traté de resumir lo que significa esta fecha para mí, que estaba vivo y hacía política en ese tiempo. Lo enlacé en los siguientes 24 de marzo. Ahora lo ordeno un poco y lo subo de vuelta.

Estoy frente a la computadora y me siento ambivalente. No tiene que ver con mis ironías sobre las efemérides, ese pretexto para recordar. No necesito pretextos ni tampoco aniversarios. Para mi, para muchísimos argentinos, es fácil recordar un tiempo que fue muy importante en mi vida y en la de los que vivimos en esos años. Aún para los que no militaban – no todos estaban politizados en ese tiempo.

Por eso siento que no corresponde quedarme en silencio. Por el otro lado, no tengo ganas de repetir frases hechas. Cuesta emocionarse con los “relatos” – aunque sean ciertos – porque uno sabe también que son instrumentos políticos. Hay algunos amigos que uno recuerda, hay gente de la que uno le hubiera gustado ser amigo, esas son las muertes que hacen real la tragedia. Pero hay que tener más talento que el que tengo yo para escribir sobre ella.

No voy a profundizar ahora sobre la construcción de ese relato, de la memoria social que se ha formado, aunque puede ser un buen punto de partida para una reflexión. Porque el consenso de la gran mayoría de la sociedad argentina y de todas las expresiones políticas legitimadas en la condena a la dictadura de ´76/´83 y sus métodos es similar al consenso antifascista con que se edificó por más de medio siglo la política en Europa Occidental a partir del ´45. En ambos casos hay amnesias deliberadas, y una porción de hipocresía, consciente o inconsciente. Pero en los dos ha sido – hasta ahora – una base estable sobre la que se avanzó.

Eso sí, hay una diferencia que hace dificil analizar el caso argentino en la misma forma. Por toda la muerte y la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, los europeos – salvo algunos sectores muy minoritarios – no recuerdan el Gotterdammerung de los fascismos con el odio y el dolor que dejan las guerras civiles (aún en los países donde fueron eso: Italia, Francia,…). El argentino se parece más – salvando las distancias – al relato del Holocausto judío, en que se ha transformado para los familiares de las víctimas de la represión, militantes de los derechos humanos, y una buena parte de la juventud, en una instancia del Mal Absoluto que continúa vigente y los confirma en su identidad de víctimas y luchadores. Esto puede verse, sin ir más lejos, en las marchas que se hacen hoy.

Se me ocurre que la libertad de un blog personal es un sitio adecuado para preguntar qué es lo que hizo que esa mirada sobre esos años siga tan presente en la política, y en las emociones de hoy. Porqué tiene mucha más vigencia lo que pasó en Argentina que la represión igualmente brutal de la guerrilla en Brasil o en Perú.

Este no es un blog políticamente correcto, como lo saben los que lo leen. Las historias que se han convertido en el canon de los intelectuales progresistas, y que repiten en todas las ocasiones adecuadas medios “del palo” como Página 12, por ejemplo, me parecen incompletas y convencionales. Tienen razón, es cierto, en señalar el carácter excepcional de las masacres que se llevaron adelante entre 1976 y 1980, pero creo que no aciertan en lo que las distingue de una larga historia de sangre y represión. Y no encaran, o lo hacen superficialmente, por “corrección política” o mala conciencia, el fenómeno de la guerrilla.

Porque en Argentina el peronismo – un proceso de reivindicaciones sociales que tuvo sus rasgos autoritarios y represivos, pero que fue excepcionalmente pacífico y respetuoso de las instituciones para la historia latinoamericana – provocó en sus adversarios un odio de clases feroz. El bombardeo de civiles en la Plaza de Mayo el 16 de junio 1955, que causó cientos de víctimas, es un ejemplo de ese odio y de esa ferocidad. De algún modo, el punto más alto.

Más de una década después, en medio de una guerra civil larvada, surgieron organizaciones que – interpretando a su modo las experiencias de Cuba y de Argelia – desarrollaron el asesinato de sindicalistas, de policías y de militares como un instrumento de lucha y propaganda política. Y una parte de la juventud que compartía el espíritu revolucionario de la época – eran los tiempos de la Revolución Cubana, de la guerra de Vietnam – que provenía de los sectores populares desengañados de conducciones negociadoras, y en mayor número de las clases medias y altas, se identificó con sus banderas de lucha y heroísmo. Un poco antes o un poco después, eso sucedió en toda Latinoamérica. En todos los países la represión fue feroz y exitosa. E implicó retrocesos graves en la situación social y política de las mayorías.

Pero… en Argentina hubo un elemento distinto. No tengo respuestas, no creo que sea serio hacer psicología de sectores sociales definidos con categorías abstractas. Pero creo que vale la pena tratar de distinguir los factores racionales y previsibles – también sanguinarios, crueles – de la represión, de los que no lo eran. Alguna vez dije – hablando de nuestra generación – que no hubo sorpresas: todos fuimos a ver “La batalla de Argelia“. También los asesores franceses en represión y tortura la pasaban en los cuarteles. Pero allí fue un ejército extranjero el que aplicó esas técnicas.

En Latinoamérica – una civilización con muchos valores admirables – las abismales diferencias de clase crean en algunos países casi dos mundos extranjeros entre sí. En Argentina hay algo de eso, pero no tan acentuado. La represión sobre los pobres la ejercieron históricamente (la ejercen) las policías bravas, la mano de obra habituada a la violencia y al uso prepotente del poder. La Liga Patriótica ha quedado en la historia. En la persecución al peronismo de gobiernos militares y civiles – acordémonos del CONINTES – hubo un elemento clasista. Pero nunca descontrolado.

Y golpes de estado hubo muchos en nuestro país. La represión a la guerrilla después de 1970 y hasta 1976 no había sido diferente en su naturaleza a la que se había ejercido contra peronistas desde el ´55, y contra radicales, anarquistas o sindicalistas en otras épocas. Más extendida, seguro. Pero nada nuevo en la cruel historia argentina. La lucha contraguerrillera en Tucumán fue bastante similar a la que se daba en otras geografías tropicales de nuestra América. En 1976 surge un hecho nuevo, del que estos párrafos de una famosa carta de Rodolfo Walsh dan algunos ejemplos: “70 fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos. Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam“.

Rodolfo Walsh, por supuesto, no era un “opositor no armado” sino un combatiente. Pero en esta Carta a la Junta Militar pone el dedo en la llaga: la operatoria represiva estaba copiada de los métodos usados por otros ejércitos sobre una población extranjera. Ese fue el límite que se cruzó en 1976.

Podemos resumirlo diciendo que en los ´70 hubo numerosos grupos de militares – hombres jóvenes, en general de clase media y un nivel de educación razonable – que fueron impulsados por sus superiores a secuestrar, torturar y asesinar a miles de hombres y mujeres en su mayoría también jóvenes y en buena parte de su misma clase social. Y lo hicieron sin objetar, con muy pocas excepciones. Es cierto que una mayoría de los desaparecidos eran trabajadores sindicalizados. Pero los militares que ejecutaban la represión no eran en general de la clase de los patrones, ni se pensaban como defensores de la patronal. Seguramente los generales que lo dispusieron y sus asesores que diseñaron esta mecánica “contrarrevolucionaria”, fueron peores desde lo moral. Pero esas cosas son habituales en la Historia, como lo saben los que la leen. Lo que no es tan frecuente es encontrar que un ejército se pueda volcar sobre sus propios compatriotas, en la mayoría de los casos sobre la misma clase (media) de la que era parte. En Chile, sí… Pero allí no fue tan masivo ni tan prolongado. Y las diferencias sociales eran más acentuadas que aquí. Aquí las víctimas tenían apellidos como Alsogaray (estaba en la guerrilla) o Holmberg (no lo estaba).

Uno trata de terminar sus escritos con una frase adecuada. No la encuentro. Hay una, muy usada, que la recupero como un deseo: Nunca más.


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