Adiós a Adolfo Saracho y a una trayectoria argentina

noviembre 2, 2017

galo-moribundo

Hace pocas horas mi amigo Daniel Arias me acercó la noticia. Es apropiado que se lo recuerde con sus palabras:

ÚLTIMO SALTO AL VACÍO DE NUESTRO EMBAJADOR NUCLEAR. Adolfo “Chinchín” Saracho, el embajador que casi vende el CAREM en Turquía, mochilero, aventurero, paracaidista, viajero, políglota y monógamo serial, aviador y practicante de “bungee jumping”, acaba de dar el salto definitivo, y esta vez sin cuerda.

Este increíble amante de la vida y de su patria ayer perdió una pulseada contra La Huesuda que duró años. Empezó con un ACV que le dejó medio cuerpo muerto. Con su terquedad inmedible, Chinchín peleaba por recuperar cierto control sobre su cuerpo en el gimnasio kinesiológico cinco veces por semana, para recuperar lo que pudiera. Cuando nos reencontramos, en ese trance suyo, me advirtió con la voz que le quedaba: “Ojo, culiadito (era tucumano grave, mi amigo) que estoy más hdp que nunca”.

Usaba esas bravatas para embretarme –otra vez sopa- en alguna de sus Causas. La del caso es la que en 2016 me llevó a pedirle permiso a Abel para escribir sistemáticamente en su blog. La trinchera a tomar esta vez era la dirección general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de Viena. Chinchín la quería para su discípulo Rafael Grossi, en 2016 candidato más que seguro y por derecho propio.

¿Para qué? Para sumar chances de exportar el reactor CAREM. Desde 1986 que con Chinchín hicimos pacto de sangre por esa centralita nuclear 100% argenta, y cada cual vino cumpliendo su parte como pudo.

El mundo académico y el de las empresas de tecnología argentinas se encolumnaron con Grossi, pero le serruchó el piso su propia canciller, Susana Malcorra, quien aspiraba a dirigir la ONU. El presidente Mauricio Macri dio su voto al japonés Yukiya Amano a cambio de una promesa del premier Shinzo Abe de invertir U$ 7500 millones en Argentina, que todavía no pintan. Chinchín, acostumbrado a puñaladas por la espalda, asumió esta derrota con indiferencia y estaba rearmando sus líneas para la siguiente batalla por Grossi, en 2021.

No llegó. La Huesuda le dobló la muñeca en enero de este año por una intercurrencia: uno de esos tumores tan intempestivos y sicarios que no dan ni tiempo para despedirse. Hemipléjico y todo, Chinchín le batalló cada milímetro de vida hasta ayer, descontándole casi un año más. Eso lo resume bien. Nunca se llevó bien con esos dos adjetivos selectos del vocabulario argentino: “imposible” e “inevitable”.

Entre sus muchos pecados, Chinchín era radical de esos yrigoyenistas que ya no se fabrican más. Cuando en 1986 me vio salir desde Clarín en defensa de la seguridad radiológica de las centrales de la CNEA, al toque de la catástrofe de Chernobyl, me catalogó como un loco de los suyos y no paró hasta conocerme y enrolarme como uno de los muchos Sancho Panza de sus quijotadas. Pasa que como no tenía un pelo de bobo, algunas quijotadas le salían bien.

Cuando El Proceso le quiso hacer firmar, como a todo el cuerpo diplomático, que en la Argentina estaba todo bien con los derechos humanos, se negó de plano y “la Línea Revlon (Londres, París, Nueva York)” de la Cancillería lo castigó tratando de cubrir de polvo su carrera en el hasta entonces mortecino consulado de New Orleans.

Cuando se cayó El Proceso, el nuevo vicecanciller Jorge Sabato (primo de Jorjón) auditó su trabajo en la cuna del jazz negro y se encontró con que el consulado argento se había vuelto el engranaje principal de la movida cultural de la ciudad, y funcionaba más de noche que de día, que era cuando salía en los diarios. Exposiciones, vernissages, teatro en la calle, música de todo tipo… incluso para los estándares artísticos y fiesteros de esa ciudad, aquella era una casa de locos. Y la ciudad, encantada.

“¿Qué querés”?, le preguntó Sabato, desconcertado de admiración. Chinchín contestó: “Crear una dirección para promover la exportación de tecnología nuclear”. Así nació la DIGAN (Dirección de Asuntos Nucleares y Desarme). Cuando partió de New Orleans para no volver, la Cámara de Negocios de la ciudad le armó una superfiesta y declaró el “Adolfo Saracho’s Day”. Entiendo que sigue en el calendario de celebraciones, aunque probablemente ya no se recuerde bien por qué.

La DIGAN tenía algo de esa “chutzpah”, solo que encorbatada. Saracho no quería gente con la cabeza quemada por “la Línea Revlon”, de modo que para poblar su dirección, secuestraba de clases a veinteañeros de altísimo promedio académico pero todavía sin título del Instituto de Relaciones Exteriores, y los ponía a trabajar como esclavos. Si eran buenos, ya se las arreglarían para recibirse estudiando a deshoras. Para ser de la banda de Saracho, había que joderse. ¿Vida familiar? Olvídate, cariño.

Inevitablemente, en la DIGAN fundacional reinaba un ambiente mitad de fuerza de élite, mitad de estudiantina jodona. En la oficina se tomaba un café espantoso en cantidades navegables, para remontar el agotamiento de jornadas de trabajo sin horario. Los dignatarios visitantes entraban en aquella dependencia más bien pobretona de la calle Reconquista y veían con asombro excelentes caricaturas del Embajador, afichadas en la pared, en actitud de estrujamiento de testículos de alguno de sus jóvenes acólitos por alguna flaqueza intolerable entre espartanos.

Chinchín sentía un enorme orgullo del desparpajo de “su pendejada”. A esa atmósfera de trabajo la consideraba una “democracia californiana”, porque las Grandes Tareas se votaban en asamblea donde levantaban la mano hasta los choferes de la entonces modesta flota de la Cancillería, una fuerza que en aquellos años podía desbaratar cualquier actividad si se te ponía de culo. En mi opinión, la democracia aquella tenía su cuota de monarquía asiática, con emperador incluido. Pero el resultado es que todo salía con fritas.

El 98% del trabajo diplomático pasa por poner cara de bobo y decir perfumadas vaguedades en fiestas pobladas al parecer de gente insulsa,  elegantísima y al pedo. El 2% pasa por lo que se dice en tres palabras en los apartes, y suele cambiar la vida de países enteros. En aquellos años en que la DIGAN se estrenaba en lo suyo, la Argentina terminó de construir en Perú el RP-10, el reactor y fábrica de radioisótopos más potente del hemisferio Sur, e INVAP vendió el NUR en Argelia. Turquía, una democracia recién recuperada de una dictadura asesina, como la propia Argentina (pero sin deuda ni guerras perdidas y con un PBI chisporroteante),  empezó a titilar en la impredecible cabeza de ajedrecista de mi amigo.

La CNEA, desfinanciada gravemente por Alfonsín, paralizada y con una pérdida promedio de dos ingenieros o físicos nucleares expertos por mes, se aferraba a Saracho para seguir existiendo a través de INVAP, cuya fuerza de ventas en el exterior pasaba cada vez más por el apoyo de la DIGAN. El canciller Dante Caputo se limitaba a no estorbar, lo que es mucho, y eso sucedía porque el presidente Alfonsín, en la tradición de la diplomacia yrigoyenista, se negaba a firmar el Tratado de No Proliferación, llamado agriamente “El desarme de los desarmados” por el embajador José María Ruda.

Entre tanto, Saracho juntaba países del más variado tipo para hacer antiproliferación en serio, es decir dirigida contra la multiplicación de misiles balísticos nucleares de los EEUU y la URRS, que hacía letra muerta de los sucesivos tratados SALT de desarme relativo. Hablamos de mediados de los ’80, pico de la Guerra Fría, con 21.392 bombas termonucleares yanquis y otras 39.197 soviéticas listas para usarse, momento en que el Homo sapiens fue la especie más amenazada del planeta.

La Embajada de los EEUU no salía de su asombro de ser patoteada aquí y en el OIEA de Viena por un embajador tucumano al frente de una liga de seis países “antiproliferación”, entre ellos una potencia nuclear como la India. Chinchín les daba vuelta su juego, según el cual los proliferadores seríamos nosotros, con cero cabezas nucleares. Cuando Chinchín dejó la DIGAN y eligió su destino siguiente, Turquía, los EEUU ya conocían bien al personaje. Los turcos lo estaban por conocer.

“Veni, vidi, vici”, dijo Julio César ante el senado para resumir su conquista de las Galias. Mucho menos fanfarrón, Chinchín llegó a Ánkara, fletó con buen viento al empresario turco que, a cambio de derechos de saqueo sobre la logística, había dirigido la embajada en lugar de sus titulares anteriores (la “Línea Revlon”), se autoimpuso aprender el turco y lo logró en cuatro meses, se trajo a dos “péndex” diganistas con igual obligación, y a los pocos meses sacó de apuros a Materfer de Córdoba: le vendió ciento y pico de vagones a los trenes estatales turcos.

En sus viajes en tren y bondi por el país, que quería conocer a fondo como cualquier nativo, el tucumano había detectado que los rieles turcos estaban descalzados de los durmientes, como en Argentina, y que por lo tanto el material rodante debía ser liviano como el de Materfer, y por iguales causas.  Bingo, venta.

Luego Chinchín encaró al todavía poderoso Ejército Turco, un bastión de laicismo todavía inatacable para el entonces insignificante partido islamista, y les vendió una cifra cercana a 150 “howitzers” Otomelara de 155 mm. construidos por Fabricaciones Militares y probados en Malvinas: son buenos para un país montañoso como Turquía, porque pesan apenas 1,8 toneladas por pieza y se desarman, transportan y rearman con facilidad. Con esa movida sacó a FM de apuros por un tiempo.

A todo esto, los turcos lo habían adoptado “por suyo”. Mi amigo salía seguido en la prensa de Ánkara, paraba casi todas las noches en “El Submarino”, el equivalente de Chatham House del diario Hurriyet, algo así como Clarín en Turquía. En ese bar del tercer piso, las reglas de los diplomáticos, empresarios y espías son: “Aquí podés decir de todo, pero si deschavás algo, alpiste y fuiste”. Sus aventuras secretas con la presentadora estrella de la TV turca eran tapa de las revistas cholulas, y los cuatro partidos políticos parlamentarios, las Fuerzas Armadas y los servicios secretos lo custodiaban (y espiaban) 24x7x365.

¿Por qué? Porque el tucumano era la vía a que Turquía pudiera entrar como vendedora de tecnología nuclear argentina, y el artículo que les interesaba era el CAREM. “Es demasiado chico para nuestra demanda eléctrica, que es enorme. Pero en Medio y Lejano Oriente nos vamos a cansar de venderlo. Eso sí, los yanquis y los alemanes nos van a tratar de joder”, me dijeron, más o menos con las mismas palabras y en persona, al menos 15 dirigentes políticos, empresariales, científicos de colores políticos e ideas económicas muy distintas a los que fui entrevistando.

Entre ellos, hubo al menos un representante del espionaje que me puso los pelos de punta: un islamista “harto ya de tanto parlamentarismo inútil”, y que en 1988 prefiguraba la deriva posterior de Turquía hacia el estado policial-teocrático que hoy dirige Tayipp Erdogan, en aquel entonces casi un don Nadie.

Socialdemócratas, liberales laicos, fachos islámicos, civiles, milicos, todos por igual querían el CAREM y asociarse con INVAP. Los expertos de la TAEK, la Agencia Nuclear Turca, se hacían visitantes asiduos de Bariloche, y un día me desayuné con la noticia de que el Parlamento había votado unánimemente alocar U$ 168 millones para construir un prototipo del CAREM en territorio propio. A valor de hoy, equivaldrían a U$ 365 millones. Pero la Argentina debía hacer lo mismo con plata propia y en sitio a fijar.

Como ves, aquí el CAREM está vendido. Sólo falta vendérselo a la Argentina”, me dijo Chinchín, mientras paseábamos por la plaza frente a la modesta embajada argentina. Era un gran departamento en un tercer piso de un edificio de clase media alta. Con la excusa de pasear a su perro Erkek, un Sivas-Kangall que ya de cachorro parecía un oso a minicomponentes, la plaza era el lugar para conferenciar, porque el cinco ambientes tenía micrófonos hasta en los enchufes de los baños, y no creo que todos fueran del espionaje turco. No me habría sorprendido de encontrar micrófonos en el perro.

No hacía falta que Chinchín me encomendara la tarea de pelear por el CAREM. Como periodista científico yo la había asumido desde 1986, cuando conocí el proyecto en planos y me enamoré de su entonces sensacional simplicidad y seguridad operativa. Desgraciadamente, nunca fui tan bueno en lo mío como Chinchín en lo suyo. La historia nacional posterior, además, nos jugó en contra.

Al presidente Carlos Menem y a “su hombre” en la CNEA, el Dr. Manuel Mondino, les costó al menos 3 años de bardear, alpedear, bicicletear y desilusionar a los turcos hasta que, luego de un viaje del presidente de la TAEK para tratar de rescatar el acuerdo “in extremis”, se fueron con un portazo. Jamás volvieron. Pese a que la lista de posibles timbres a tocar,  acordada entre Chinchín y los turcos incluía a los Emiratos, Vietnam, Indonesia, Egipto, Argelia, Marruecos y Polonia.

Desde entonces, el CAREM ha sido copiado con los nombres de NuScale (financiado por Fluor) y de mPower (financiado por Bechtel)  en EEUU. Ambos tienen licenciamiento regulatorio para pasar a obra, y capital de sobra. Corea del Sur avanzó mucho más: tras un intento de adquisición del proyecto en la CNEA (que se negó, por aquello del elefante y la hormiga), la INVAP coreana, que se llama KAERI, hizo su centralita SMART con planos conseguidos vaya a saber adónde, la testeó en casa y en 2015 vendió una primer unidad comercial a Arabia Saudita por U$ 1000 millones (un precio de locos), para desalinizar agua de mar. La construcción se inicia en 2018, y puede haber 18 plantas similares más. Ese mercado debió ser nuestro, pero por no tener listo el CAREM, nos contentamos con que INVAP le venda un reactor “de aprendizaje” de potencia cero a “la Ciudad del Rey Abdullah para la Energía Atómica y Renovable” (KA-CARE).

Aquí el CAREM se construye en prototipo chico, de 25 MW eléctricos desde 2011, desgraciadamente a velocidad CNEA, no a velocidad INVAP (ya estaría poniéndose crítico). Tal vez entre “en línea” en 2020 o vaya a saber. Promete darle guerra al reactor coreano. Pero definitivamente ya no estamos en “leading position” y desde aquel 1988 en Ánkara, hemos perdido décadas de posible dominio monopólico mundial. Menem lo hizo.

Macri no se sabe qué hará. Hasta ahora, viene respetando los presupuestos de obra del prototipo. Pero en los fríos hechos, su Mejor Ministro de Energía de la Shell estranguló todo el aparato de investigación y desarrollo en termohidráulica, combustibles y materiales de la CNEA, que tiene incumbencia directa sobre las funciones críticas del CAREM plenamente comercial, de potencia media (150 a 200 MW). Y en 2016 el propio presidente fue quien le cortó las patas a quien ya podría ser su mejor vendedor, Rafael Grossi. Si le regalan un circo, vende al elefante por pochoclo.

Estas cosas le amargaron no poco sus últimos días a mi amigo, quien de todos modos, a fuerza de radical, siguió siendo macrista hasta el final. Si habremos tenido peleas…

Amigos, el que se acaba de ir fue a la diplomacia lo que Jorjón Sabato a la tecnología: un patriota, una fuerza de la naturaleza, un transformador, un “lo hicieron y rompieron el molde”, y tomo la pregunta favorita de otro amigo mío nuclear, el Dr. Carlos Aráoz, fue un “Why not?”. Se atrevió a todo y las hizo todas, y en general bien, y por su patria.

Como en 1955, cuando tenía 18 años y fundó un club de paracaidismo en su ciudad natal de Concepción, Tucumán. O como en 1957 cuando compró una mochila de rezago del Ejército y, sin un mango en el sobolyi, salió a conocer la Argentina a dedo porque quería entenderla a fondo (la palabra “mochilero” no existía aún). O como en 1997, cuando descubrió el “bungee-jumping” a los 60 años.

Adolfo Chinchín Saracho vivió hasta su último minuto corriendo el límite de lo posible. De lo posible para él y para su país. Dice Abel, que tiene sus latines, que los romanos resumían las biografías gigantes en una palabra: “Vixit” (vivió). Altas las copas, amig@s.

(No conocí en persona a Adolfo Saracho. Mi pérdida. Pero cuando Arias me habló de él, lo rastreé, como es mi hábito. Entre otras cosas, encontré declaraciones suyas en alguna ceremonia formal de la Cancillería, en 2004, cuando ya era un embajador retirado y ex director de la DIGAN: Dijo que la Digan original buscó “la transparencia del programa nuclear argentino y la seguridad de la no proliferación, pero también la máxima posibilidad de exportación de tecnología nuclear a Turquía, China, Egipto o Argelia”.

También rescató una fecha: “El 30 de noviembre de 1985 José Sarney y Raúl Alfonsín se reunieron en Foz de Iguazú para tratar el tema nuclear, y muchos tratadistas ven en ese gesto el embrión del Mercosur”.

Y que “en los años ‘90 imperó una filosofía que impidió las inversiones a largo plazo”. Dijo que el tipo de alianza “con la potencia dominante dejó de lado el desarrollo de la tecnología nuclear”. Qué bien nos vendría que en el Servicio Exterior todos la tuvieran tan clara…)

Anuncios

Santiago Maldonado, sigue

octubre 18, 2017

santiago-ne

Recién, pasada la medianoche, un periodista y un medio que largan lo que el gobierno quiere decir pero no está dispuesto a hacerlo directamente, anunció que el cuerpo encontrado en Chubut es el de quien desapareció el 1° de agosto, en un operativo de la Gendarmería.

Hasta ahora, lo único que teníamos era el informe de la Fiscalía, un prolijo texto en el lenguaje judicial, que sirve para cubrirse.

Uno quisiera que no fuera cierta la noticia. En las próximas horas lo sabremos, y algunas cosas más. Por ahora, quiero decir que el homenaje que corresponde a ese muchacho que se “metió” generosamente en una lucha que no era la suya -o que se podía convencer fácil que no lo era- es que luchemos porque se llegue a la verdad y se haga justicia. Es muy, muy difícil lograrlo, como en muchos, demasiados casos: crímenes políticos, de gatillo fácil, de los otros. Pero hay algo que ayuda para aclarar los tantos: El que dice “Nunca lo sabremos”, es porque prefiere que no se sepa.


Milagro Sala y las definiciones

octubre 14, 2017

carta

Milagro Sala nació, como ella dice, mujer, pobre y colla. Entonces, reúne las condiciones para estar entre los débiles, los vulnerables. Pero ella tuvo el coraje y la fuerza para organizar a muchos como ella – y fue ayudada por un gobierno que la reconoció. Entonces, reunió poder y recursos, con los que ayudó a mejorar la vida de su gente.

(En el blog subí hace un tiempo el artículo de una revista europea de arquitectura. Algo que el gringo notaba en el barrio que había construido su organización es que no eran “casas para pobres”. Tenían, con su propia estética, mezcla de Disney y Tupac, todas las comodidades que puede tener un “country” para la clase media acomodada. Por eso lo llamaba, desafiante, el Cantri. Me hizo acordar de Evita, que tenía esas cosas).

Llegó a ser una mujer poderosa, con mucha influencia en los asuntos de su provincia. Hasta fue elegida representante a un organismo internacional. Tal vez en el Cielo esas cosas no cuentan -no deberían- pero aquí en la Tierra pesan y mucho. Hacen que los jueces se muevan con cuidado. Con el cuidado que no muestran cuando mandan a la cárcel a los “nadies”. O cuando “investigan” la desaparición de un artesano.

Pero queda claro que esas condiciones de origen -mujer, pobre y colla- hacen insoportable que tenga poder y visibilidad en los medios, para los que no tienen nada de qué enorgullecerse en su mediocridad. No hay ninguna sentencia contra Milagro Sala, en ninguna causa. Pero un juez decide ejercer su poder en forma alevosa. El gobernador de Jujuy, Morales, cree que muestra “autoridad”, y supone que eso lo va a favorecer en la elección del otro domingo. El presidente Macri lee las encuestas que le dicen que no va a afectar a sus candidatos.

Del otro lado están los organismos de derechos humanos -un grupo de presión no insignificante, con conexiones internacionales- y una parte numerosa de nuestro pueblo. La que se moviliza los 24 de marzo, los que preguntan por Santiago Maldonado.

Creo que los que se mueven por Milagro van a vencer. Porque las elecciones son un día. Y las sociedades forman sus consensos lentamente, y duran más tiempo, décadas. Los que la mantienen en prisión se van a arrepentir.

Pero eso es un problema de ellos. Me interesa señalar algo, a la (pequeña) y politizada audiencia que sigue el blog: Este caso es -sigue siendo- una ocasión de definirse para la dirigencia política. Como se planten en esto -lo que declaren y sobre todo lo que hagan- dirá bastante más que las campañas y aún los resultados del 22. Especialmente de los peronistas, que se pueden preguntar donde se pondría Evita.


San Martín, al final del día

agosto 17, 2017

San Martín

Da buenos consejos.


15 días con Santiago Maldonado desaparecido

agosto 17, 2017

santiago maldonado

Como ya dije aquí, no creo que el comentario en un blog sirva de mucho. Pero pienso que vale la pena recordarlo. Hay tantos motivos para la indignación que se mezclan y se diluyen los importantes. Hay votos “desaparecidos”, en provincia de Buenos Aires y en otros sitios, pero los apoderados de las distintas fuerzas pueden reclamar y exigir que se abran las urnas dudosas, los militantes buscar las mesas en Internet o reunir las copias o las fotos que los fiscales deberían tener… Por Santiago Maldonado, el pedido de “aparición con vida” suena desesperado cuando han pasado 15 días.

Copio un informe a ayer:

“A 15 días de la desaparición de Santiago Maldonado casi no hay dudas de que al joven de 28 años, que se encontraba participando de una protesta mapuche en la provincia de Chubut, se lo llevó Gendarmería de manera forzada. Así lo vienen denunciando familiares y organizaciones de Derechos Humanos de todo el país y así lo señalaron tres testigos con identidad reservada que declararon haber visto cómo miembros de esa fuerza de seguridad golpeaba y se llevaba a una persona en una de sus camionetas.

Según publicó el diario Página/12, la primera en declarar fue una mujer de la comunidad mapuche quien aseguró que Maldonado estuvo acompañándolos en las protestas. Aseguró que lo vio cerca de una garita de la comunidad a metros de la ruta antes de desaparecer. Otro testigo explicó cómo un grupo de gendarmes se les “abalanzó” dentro del predio donde vive la comunidad y que fue ahí que corrieron al río Chubut. Según el relato, todos llegaron a cruzar menos Santiago a quien pudo ver “aferrado a las raíces de un árbol con el agua hasta las rodillas” y que en ese momento vio a uno de los efectivos que lo agarró y gritó “Tenemos a uno”.

En tanto el tercer testigo aseguró ver cómo un grupo de gendarmes golpeaba y se llevaba a una persona. Le parecía que era Santiago porque identificó la campera.

En ese contexto, Sergio, uno de los hermanos de Santiago, aseguró que “todas las informaciones que surgen diciendo que Santiago está en tal o cual provincia son para distraer. No hay dudas de que la Gendarmería se lo llevó de forma forzada. Desde ahí hay que investigar”, explicó en relación a las últimas noticias de que buscaban a Santiago en Mendoza a partir de la declaración de un cura.

“Todos los días se van tirando diferentes temas para mezclar .No hay más vueltas. Los testigos lo reafirman”, dijo. “Es mucho tiempo sin saber nada y que nos sigan negando las cosas”, agregó.

 La causa por la desaparición de Maldonado continúa caratulada como “persona extraviada”, desde un primer momento la familia exige que sea re caratulada como “desaparición forzada”.

Un documental “Maten a Perón”

junio 16, 2017

La militancia, y la memoria de los que vivían entonces, lo recuerdan. Pero el peronismo no se esforzó, a lo largo de estos 62 años, en convertir el 16 de junio de 1955, el bombardeo a la Plaza de Mayo, en un símbolo del horror. Como, es cierto, merece serlo, al lado de otros crímenes del siglo pasado. Por realismo político -el odio no es una base confiable para construir- y también por humanidad “Olvidar lo malo  también es tener memoria“, dijo nuestro poeta más popular.

Por inclinación personal, es mi actitud en el blog. Pero, de vez en cuando, conviene tener presente los resultados del odio. Cuando la “grieta” se utiliza en el marketing político.

Cuando tengan tiempo -una hora y pico- vean este documental de Fernando Musante. Tiene su sesgo, como todo. Pero rescata los hechos.


Jorge Leal: saludo a un héroe militar

junio 11, 2017

jorge leal en la década del 60

El heroísmo puede tomar muchas formas. El origen de la palabra es muy antiguo, y se referiría al que muere por su pueblo. Siempre está la noción de dar la vida por un valor superior, pero no necesariamente acompaña a una muerte temprana. También una larga vida puede ser heroica, si se ha entregado a una misión.

Frente a la muerte del general Jorge Leal, a los 96 años, quiero saludar, entonces, a un héroe militar de los argentinos. Es un concepto que hoy no está de moda, y que además ha sido confundido por los que lo pusieron de moda en otros tiempos. El heroísmo militar incluye necesariamente la noción de obediencia; por eso no puede ser mezclado con la función de gobierno. Que tiene sus ejemplos de heroicidad, también. (Justamente, el más grande de los nuestros advirtió, cuando surgían nuestras repúblicas “La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga, es temible a los Estados que de nuevo se constituyen”).

No creo que sea necesario aclarar más. Y los elogios necrológicos no me seducen. Basta con los datos que se pueden leer en Wikipedia.

Jorge Leal fue el fundador de la Base Antártica Esperanza en 1952 y el jefe de la primera expedición terrestre argentina y latinoamericana al Polo Sur.

En 1939 ingresó al Colegio Militar de la Nación y egresó como Subteniente de Caballería en 1943. Fue jefe de la Base Antártica San Martín en la Antártida Argentina en 1951, con el grado de capitán, y de la Base de Ejército General Belgrano en 1957. Fue asesor de la delegación argentina a la Conferencia Antártica de Camberra (Australia), con el grado de teniente coronel, en 1961, y en 1964 fue asesor de la delegación a la 3ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico.

En noviembre de 1963 empezaron los preparativos para la Operación 90 (denominación recibida por los 90º de latitud sur: el polo). El objetivo explícito de la misión fue “afirmar la capacidad argentina de alcanzar todos los rincones de lo que considera su territorio soberano, buscando afirmar así los derechos de la soberanía territorial esgrimidos por el país en la Antártida Argentina. Durante la marcha se hicieron observaciones científicas y técnicas, tales como geológicas, gravimétricas y metereológicas“.

La expedición partió desde la Base General Belgrano el 26 de octubre de 1965 con nueve hombres: el capitán Gustavo Adolfo Giró; el suboficial principal Ricardo Bautista Ceppi; los sargentos ayudante Julio César Ortíz y Alfredo Florencio Pérez; los sargentos primero Jorge Raúl Rodríguez, Roberto Humberto Carrión, Adolfo Oscar Moreno y Domingo Zacarías; y el cabo Oscar Ramón Alfonso.

Partieron en 6 vehículos Snowcat con trineos de arrastre, precedida 2 días antes por una patrulla de 4 hombres con trineo tirados por 18 perros que jalonaron la ruta con lanzas de caballería hasta los 83,2° Sur. Su objetivo era explorar y marcar una ruta segura para los vehículos Snowcat, evitando que cayeran en grietas de la barrera de hielos traspasando lo que denominaban la Gran Grieta. Luego de reunirse ambas patrullas, el 4 de noviembre alcanzaron la Base Sobral, en donde intercambiaron un expedicionario que tenía una herida por uno de la base. En Sobral se hicieron tareas de mantenimiento mecánico de los Snowcat.

Al ascender la meseta antártica debieron soportar temporales con temperaturas que bajaban hasta los 30° o 40° C bajo cero, escribiendo Leal en su diario: “… estamos detenidos perdiendo precioso tiempo, consumiendo víveres y combustible que tenemos tan medidos“.

La expedición trepó alturas de más de 3.000 metros con registros de temperaturas inferiores a –40º. Al tener varios problemas técnicos con los trineos, abandonaron un Snowcat y acamparon a 1.900 metros sobre el nivel del mar, en un lugar llamado Desolación, para arreglar el otro. Luego de 45 días de marcha, realizando el último tramo sin dormir durante 28 horas, a las 10 de la mañana del 10 de diciembre de 1965 los expedicionarios arribaron al Polo Sur donde plantaron la bandera nacional. Argentina se situó como el primer país que llegó al Polo Sur partiendo del Mar de Weddell y regresando a él, siempre en el Sector Antártico Argentino. Regresaron a la Base Belgrano, tras recorrer 2.980 km, llegando el 31 de diciembre.

En 1970 Leal fue nombrado Director Nacional del Antártico, cargo que conservó por varios años. En 1971 y en 1990 la Dirección Nacional del Antártico publicó y reeditó en Buenos Aires el libro titulado Operación 90. El trabajo da detalles sobre la fría región austral argentina presentando una interesante cartografía al respecto. El general Jorge Leal se retiró en el año 2003.

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, lo condecoró a Leal con la Orden Doctor Mariano Moreno el 7 de noviembre de 2013. Rossi dijo: “En la historia hay ejemplos de militares comprometidos como los generales Mosconi, Savio, el brigadier San Martín, y el general Leal, quienes integraron a las FFAA en la planificación de la Nación“. Tenía razón.


A %d blogueros les gusta esto: