A 50 años del vuelo de los cóndores

septiembre 28, 2016

condor12

Hoy se cumplió medio siglo. El 28 de setiembre de 1966 un grupo de muchachos argentinos se apoderó de un avión y lo hizo descender en las Islas Malvinas. Fue sólo un gesto, no se derramó una gota de sangre, y -hay que reconocerlo- no avanzó la recuperación de esas islas. Como señalan algunos que no se destacan por precuparse por esa recuperación.

Yo quiero recordarlo, porque ese gesto -yo era joven- me hizo sentir el sabor del heroísmo. No es un gusto de moda. A los que se interesan, les propongo leer una crónica muy personal que escribí hace justo diez años, y una más detallada que escribió Roberto Bardini. Releyéndola, veo que también sirven para apreciar qué distintas eran las Malvinas y la Argentina hace sólo 50 años. Pero lo que me parece importante es que muestra que, como decía otro compañero, hay cosas que no se compran ni se venden. Una es el patriotismo.


Matan mujeres

septiembre 20, 2016

ni-una-menos

Leo en un diario una noticia más:

Mataron por la espalda a una adolescente

A Lucía Guadalupe Ríos, de 16 años, le dispararon por la espalda. La madre vio cómo la chica caía al piso, cómo el hombre se escapaba y cómo su hija fallecía en el hospital. Según los testigos, quien tenía el arma era Gustavo Arsamendia, el novio. El femicidio ocurrió ayer a la mañana en Melchor Romero, partido de La Plata. Con ella, ya son 9 las mujeres muertas sólo en septiembre.

Antonina Liz Fleitas, en Colonia Santa Rosa, Salta; Salomé Cristina González y Érika Paola Yapichino, en La Matanza; Marta Susana Carrizo, en Carlos Casares, y ahora Lucía Guadalupe Ríos, en La Plata, fallecieron en lo que va de septiembre. Además, en sólo 15 días, hallaron a cinco mujeres que estaban desaparecidas.


Dilma: ‘É o segundo golpe de Estado que enfrento na vida’

agosto 31, 2016

 

dilma-rousseffEl Senado brasileño acaba de destituirla de su cargo de Presidente de Brasil. En un gesto de pudor, quizás -son políticos veteranos, que saben que ha sido mucho más honesta que ellos- no la han inhabilitado para ocupar cargos públicos en el futuro. O tal vez fue una especulación: pueden pensar que sea un obstáculo para que Lula se confirme como líder del PT y de la oposición. Son políticos veteranos.

No importa. Este no es el momento para el análisis (lo intentaré muy pronto). Ahora quiero rendir homenaje a ella, su coraje y su firmeza en estas circunstancias. Para este posteo, tomé la imagen y su frase de la portada de O Globo; es, tengo que reconocerlo, un gesto elegante de su peor enemigo.

Ya dije en este blog que Dilma me hace acordar de Raúl Alfonsín. Como él, cometió graves errores en política económica y en la construcción de poder. No creo, entonces, que vuelva a ser protagonista en la primera fila de la política de su país. Pero pienso que, como Alfonsín hasta que se equivocó en el pacto con Menem, será un símbolo para los brasileños que valoran la democracia.


“Indígenas”

julio 16, 2016

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Esta semana pasaron en el canal de cable C5N -razonablemente filo K- una nota que pretendía ser un informe sobre la situación indígena en el Norte argentino, en particular en Formosa.

Allí se mostraba que el Sr. Félix Díaz, autoelegido “cacique” qom, es un chanta (lo que no es sorprendente, ni extraño: de ancestros aborígenes, es tan argentino como nosotros, y esa característica está bastante difundida en la población) y que había sido usado por Macri en la campaña para mostrar preocupación por los “pobres indígenas” y luego dejado de lado. (Tampoco es extraño: lo mismo le pasó a Julio Bárbaro, con ancestros en las tribus toscanas).

Lo que me llamó la atención -a mí y a otros amigos- es que también había, como contexto, una serie de imágenes y anécdotas que daban una visión lastimera de la situación de los pueblos originarios en Formosa. No tengo ninguna duda que en esa provincia hay pobreza, y problemas sanitarios (no vi indigencia, pero, bueno, no la recorrí en su busca) como se pueden encontrar, y seguramente peores, en el resto de Argentina.

Lo que cuestiono es que -con buena conciencia progre, eso sí- se pone automáticamente a los “pueblos originarios” en el rol de víctimas indiferenciadas y se los deja ahí, como si no tuvieran aportes propios y distintivos, ni capacidad de respuesta y de lucha. Ni siquiera acceso al voto.

Esos pueblos han sufrido gravísimas injusticias, y es una obligación del Estado dar reparación. Sin convertirse en su tutor, ni separarlos de la sociedad argentina en una especie de zoológico humano. Sobre todo, se les debe reconocer la dignidad de contar sus propias historias y plantear sus propios reclamos. Que no conseguirán todos, como tampoco los consiguen los (un poco más) blancos en Buenos Aires.

Creo que miradas como ésta que les cuento son posibles, y hasta inevitables, debido a la ignorancia. Formosa, en particular, es poco conocida en el resto de Argentina. Ni hablemos en la Capital. Por eso es fácil aceptar las leyendas generales fabricadas en serie por europeos y estadounidenses que ni siquiera conocen Argentina (antes Hollywood las hacía sobre indios perversos y traicioneros, pero los tiempos cambian y el marketing debe renovarse).

Estuve en esa provincia el mes pasado, décadas después de mi última visita. Un vistazo muy corto y muy parcial, apenas lo suficiente para darme cuenta de las pavadas que aceptamos, inconscientemente, de los medios porteños. Que comparten la ignorancia.

Pedí a los amigos formoseños que me enviaran un informe sobre Políticas Indígenas en la Provincia de Formosa. Pueden acceder cliqueando sobre este título, y como es sábado tendrán tiempo para leerlo.

Empieza: “La Provincia de Formosa es una provincia diversa. Constituye un mosaico cultural en el cual habitan los Pueblos Toba (Qom), Pilagá, y Wichí. Los dos primeros pertenecen al grupo lingüístico guaycurú y el tercero al mataco-mataguayo y, desde ese punto de vista, la diversidad es aún mayor, puesto que se hablan en el territorio provincial 17 variantes dialectales.

… Esta diversidad fue asumida por el Estado Provincial y desde 1984 propulsó procesos de innovación legislativa, incluyendo reformas constitucionales … en orden al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, contando con una importante participación de los propios indígenas en la formulación de propuestas inclusivas para lograr la plena participación en igualdad de condiciones con el conjunto de la sociedad”.

Otros párrafos, más específicos, dicen: “En la actualidad el 96,7% de las comunidades indígenas cuentan con títulos de propiedad. … Del total de tierras entregadas, el 99,5% se realizó en forma de propiedad comunitaria, y el 100% de las mismas poseen la protección legal de la Ley Provincial No 426, siendo inembargables e imprescriptibles“. (Esto no quiere decir que no haya conflictos por terrenos. Los hay en Buenos Aires, también).

También hay un capítulo sobre Educación Intercultural Bilingüe (aunque los idiomas maternos son cinco: los tres de la provincia, con sus variantes dialectales, y dos “extranjeros”: castellano y guaraní. Las reuniones del gabinete social son interesantes. Pero lo que más valoro del documento es el concepto que se plasmó en la Constitución provincial:

La identidad es nuestra forma de pensar, sentir, actuar, de acuerdo a los valores espirituales y materiales que fuimos adquiriendo a lo largo de nuestra vida y que compartimos con la comunidad.

La identidad no es única. Las personas tenemos una identidad plural: un ciudadano de nuestro territorio puede tener una identidad indígena, una identidad formoseña, una identidad argentina, una identidad relacionada con su ámbito de trabajo (por ejemplo: maestro, artesano, agricultor), y así sucesivamente.

Cuando negamos esas otras identidades, se simplifica a la persona y se pierde la riqueza cultural que llevamos cada uno. Cuando asumimos todas nuestras identidades, generamos más oportunidades y diálogos para construir juntos en comunidad“.

Firmo abajo.


Malvinas y la represión

julio 12, 2016

cementerio

La guerra del Atlántico Sur en 1982 (la única guerra entre naciones en la que participó Argentina en más de un siglo), y las masacres de las que fue autor ese mismo gobierno poco antes (las más grandes en relación a la población del país también en más de un siglo, desde nuestras guerras civiles) son dos hechos claramente distintos.

Hay algo que los vincula, sin embargo. Ambos son bases de consensos sociales. Bien diferentes los dos, por supuesto, pero que están en el transfondo de las actitudes de muchos argentinos, aunque no lo verbalicen. En las bibliotecas (no es exageración) que se han escrito sobre esos dos episodios de nuestra historia -a las que contribuí, en mínima parte, en notas breves según mi costumbre- creo que se ha escrito poco sobre ese vínculo y esa diferencia. Quiero apuntar ahí nuestra mirada, con una nota breve.

El consenso formado en torno de la represión del “Proceso” de 1976/83, su condena sin atenuantes, ha quedado establecido en la sociedad argentina. Eso significa que ninguna voz oficial, ni en las fuerzas políticas con una mínima representatividad, ni en los medios masivos de comunicación puede cuestionarlo sin desacreditarse (El reciente episodio con Darío Lopérfido lo muestra, en un gobierno que sostiene hasta ahora a Aranguren). Las únicas voces discrepantes están en Internet, y no son más relevantes que las que reivindican al nazismo.

Más importante, se puede percibir en la inmensa mayoría de las generaciones jóvenes, sin vivencia directa de hechos ocurridos 40 años atrás, que esa represión es vista como un crimen intolerable, aún entre los que no tienen ningún interés en la política.

Ya hace bastantes años que comparé en el blog, y en su antecesor El hijo de Reco, este consenso con el “consenso antifascista” que dominó la política y hasta la cultura de Europa Occidental después de 1945. Esa práctica unanimidad se construyó con una buena dosis de hipocresía y de amnesia selectiva, como en todas las cosas humanas, pero sirvió como la base sólida para la estabilidad y el desarrollo europeo por más de medio siglo, hasta el derrumbe de la Unión Soviética. Y aún ahora, 70 años después, está en el discurso de la mayoría de las fuerzas políticas en los países más poderosos de la Unión Europea: Alemania, Francia, Italia… Y hasta sirve como lazo común, por lo menos en el discurso, con Gran Bretaña, Rusia, los EE.UU.

El consenso sobre las Islas Malvinas -si se puede llamar así a una reacción emocional compartida por muchos, muchos argentinos- es de naturaleza muy diferente. Es menos articulado que el que existe en torno a la represión, menos “oficial” y mucho menos “políticamento correcto”. Es cierto que ningún vocero institucional, en el Estado o fuera de él, se atrevería a cuestionar públicamente los títulos de soberanía de nuestro país, o atacar a los que allí combatieron bajo nuestra bandera. Pero es aceptable, hasta está de moda en algunos círculos intelectuales, lamentar el lugar que ocupan esas islas en el sentimiento popular y calificarlo de “nacionalismo irracional”.

Esto no es demasiado importante en sí. Sabemos que casi desde el mismo momento en que Argentina surge como una nación independiente, un sector minoritario pero influyente de nuestro pueblo, sobre todo en las clases más acomodadas, se ha sentido … incómodo con las manifestaciones de sentimiento nacional. Y que percibe como más “racional” el patriotismo inglés, francés o estadounidense que el propio. Ni hablemos del concepto de la Patria Grande.

Más significativo es el hecho que en los 34 años que han transcurrido desde el final de la guerra por las islas, con muy distintos gobiernos, no hemos institucionalizado las ceremonias con las que recordamos esos combates y honramos a los que pelearon por la Patria. Como lo hacen todas las naciones.

Lo más vergonzoso fue, por supuesto, cuando después de la derrota, los altos mandos del Ejército ocultaron a los veteranos a su regreso. Una muestra de ese despreciable exitismo que es un defecto bastante común entre nosotros. Pero los gobiernos civiles siguientes, que aprobaron beneficios y medallas para ellos, no supieron, no quisieron, ayudar a afirmar en la sociedad el orgullo por el valor y el heroísmo que existieron, sin ocultar las ruindades que también hubo.

Tiene que ver en esa falencia, creo, ese otro consenso que mencioné al principio. Para una parte, también numerosa de nuestros compatriotas, en especial entre los sectores medios, todo lo vinculado a lo militar despertaba rechazo. La dirigencia política no dio a la sociedad en todos estos años una respuesta clara a una pregunta básica: ¿Cuál es el propósito de las Fuerzas Armadas?

Curioso, porque cualquiera que lee los diarios o mira la TV puede contestarla: para no tener que depender de las Fuerzas Armadas de otros, o para disuadirlos de usarlas en contra nuestro. Si nuestro ejército ha sido brutal en el pasado, uno ajeno sería peor. Otros pueblos lo saben bien.

Y nuestro pueblo, en su mayoría, quiere sentir orgullo de sus Fuerzas Armadas, y homenajear el coraje de los que lo mostraron. Es humano, y es digno.

Un gobierno al que nadie puede acusar de patriotero, por cierto, ha hecho desfilar en el Bicentenario a los veteranos de Malvinas. En lugar de quejarse lastimeramente porque entre ellos había algunos que no tienen el respeto de sus propios camaradas, reconozcamos esa necesidad popular, que en los argentinos está asociada a las Malvinas como Alsacia y Lorena para Francia o el Ulster para Irlanda, más profunda que cualquier consenso político. De sentirse, y ser una nación.


Daniel Santoro, Junio de 1955

junio 18, 2016

junio de 1955

Hace poco se discutía en los comentarios sobre la masacre de civiles en la Plaza de Mayo el 16 de junio -en realidad, sobre la poca “memoria” que se le ha dedicado a esa atrocidad, en comparación con otras. La he recordado algunas veces, como aquí, pero, como el peronismo tradicional, no le dedico demasiada energía a detallar horrores pasados. Igual, navegando en el blog del Pájaro Salinas, me llevó a esta crónica. Y quise subir, en medio de las discusiones políticas, esta pintura de Daniel Santoro. Nuestro Guernica, como creo que dijo Nando Bonatto.


Algo más del Gallego Álvarez

junio 6, 2016

Cuando me avisaron de su muerte, el sábado a la noche, no me sentí como escribiendo. Copié algo, sobre Alejandro y Guardia de Hierro, que había subido al blog hace unos tres años, parte de una discusión sobre nuestra historia en los ’70. Válido. Fue el tiempo en que mi vida se cruzó con la suya, cuando me integré a Guardia. Pero también tenía el eco de viejas discusiones y alejamientos, que hoy pertenecen a los libros de historia. Supongo que también había algo ahí de parricidio. Que, si hacemos caso al tío Sigmund, es el comienzo de la puja política.

Como sea, eso no estaba en el Gallego. El fue un formador, de conciencias, de militantes, y lo siguió siendo hasta el último día de sus 80 años. Dejó un libro “Así se hizo Guardia de Hierro” pero, en mi opinión, ese texto es un eco débil de sus charlas (los clásicos griegos, que él conocía bien, pensaban así, también).

Un comentarista habitual, Rogelio, acercó en ese posteo un video con una charla suya del día en que cumplió 80. Muy corta, y que deja algunas preguntas. Entonces, busqué algo más extenso. Lo de arriba, filmado hace poco menos de tres años, me parece que refleja bastante bien su pensamiento sobre lo actual. Que, no podía ser de otra manera tratándose del Gallego, reitera sus convicciones de siempre.

Como ya pasaba hace 45 años, no estoy de acuerdo… del todo. Pero eso ya no importa. Ahora quiero recordarlo como el conductor que fue. Casi no conservo material del tiempo en que me conducía, pero otro compañero y amigo, José Luis Fernández Valoni, hizo llegar esta foto. Para algunos, como para mí, despertará recuerdos.

Fernández Valoni - Mesa Trasvasamiento Generacional 1971


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