Un saludo para las fiestas, de hace unos cuantos años

diciembre 24, 2015

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Gracias a Daniel Giacinti, de Fundación Villa Manuelita, recibí este texto y esta imagen, entre muchos otros. Son de hace 67, 68 años, dentro del tiempo de una vida humana. Pero el lenguaje, los valores, las actitudes que están implícitas en este saludo, por ejemplo, nos hacen ver cuánto ha cambiado, en profundidad, Argentina y el mundo.

Nadie habla así hoy. Y, sin embargo, pienso que quizás esa invocación a la fe en nosotros mismos, a ideales colectivos, al trabajo creador, puede tener valor ahora. Por eso elegí compartir este saludo.

Felices fiestas.

La divisoria implacable entre dos años se transpone con una de dos actitudes: con la confianza en sí mismos de los seres fuertes o con el desaliento de los seres débiles.

De los primeros es el ánimo de vencer, de los segundos, el temor. Lo mismo que el hombre, los pueblos manifiestan en esas horas uno de ambos sentimientos. Lo que el hombre siente es el resultado de sí mismo. Lo que el pueblo experimenta es la expresión del momento que vive.
Hay pueblos jóvenes y pueblos viejos; naciones en horas de creación y países en fase de simple administración. Para los primeros, el plazo que se inicia tiene un significado vigoroso de emocionante plenitud.

A fines del siglo pasado, algunos pensadores se tomaron el trabajo de definir la presencia humana sobre la tierra. Dijeron que el hombre no tenía solución ni remedio porque el mal alentaba en sí mismo, en su propia condición humana.
Se formaron generaciones de amargados, de escépticos, de enemigos del hombre, de la familia, de la sociedad; pero esa monstruosa concepción de la vida y de los hombres se refugió en las imprentas nihilistas y en las reuniones pseudointelectuales. Eran los decadentes de la civilización.

Ni el obrero en su taller, ni el campesino arañando la tierra bajo los rigores del sol o del frío, sintieron ni comprendieron nunca el desaliento que querían infiltrarle. Para vivir felices les bastaba el trabajo, la alegría de vivir y de luchar por el hogar de sus hijos en la esperanza de elevarse por su propio esfuerzo.
Esos hombres felices se encuentran lejos de los despachos donde los teóricos desgranan su pensamiento. Son la humanidad, son el hombre. Así son los argentinos de hoy. Nuestro pueblo no está en el bando de los pesimistas. El sabrá cambiar el curso de la historia cuando esté en juego su bienestar y el porvenir de la patria.

Sus anhelos no suponen daño alguno para los demás. Que se les proporcione trabajo adecuado a sus aptitudes y energías; que este le permita una existencia decorosa; que no le sean negadas las cosas indispensables para vivir con dignidad.

Nada impide que seamos cada año mejores; que cada año sea proporcionada al hombre una dosis mayor de bienestar, una mejor paz para su espíritu y una lógica satisfacción de sus necesidades. Su causa es nuestra causa. Merece que todos nuestros esfuerzos sean empleados en desterrar el egoísmo y el error en bien de la verdad y la justicia.

Pedir felicidad al año nuevo es tal vez demasiado; pero contar con el hombre, con las naciones y pedirnos y pedirles acción, trabajo y confianza, eso entra en nuestras posibilidades.

La fe es la condición fundamental de nuestra súplica al futuro. Fe en los destinos de la Patria, fe en el trabajo y en la honestidad del hombre; fe en que los reacios a comprender, comprenderán; en que los egoístas cederán en bien de todos.

En el ámbito inmenso del país no debe haber hoy quien no se sienta feliz o no se crea capaz de serlo.
Hemos enaltecido el hombre de la Patria; hemos abierto sus anchas puertas a la humanidad enceguecida por el odio y quebrantada por el hambre y hemos cerrado nuestros oídos y nuestros corazones a la infamia; hemos cumplido la consigna de asegurar una patria económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana. Hemos hecho todo eso y mucho más nos queda por hacer.

Nada pensé ni nada hice que no estuviera pensado, propuesto y hecho en los generosos recodos del alma de mi pueblo. Sólo obedezco sus dictados. No tengo otra ley. Recogí sus resonancias en centenares de ocasiones; fue generoso conmigo y fue leal. Es el pueblo de mayo reunido bajo la lluvia en busca de su libertad; es el pueblo de Tucumán recibiendo de sus próceres el juramento de la independencia política; es el pueblo de nuestra lucha por la emancipación económica por la soberanía y por la justicia social.

Quiera mi pueblo estrechar la mano que le tiendo, la mano de un leal amigo de todas las horas. Le devuelvo el inmenso calor de la suya, que me confortó en horas difíciles y me hizo sentir la identificación de nuestras vidas.

Juan Perón, 31 de diciembre de 1948


17 de Octubre, 70 años más

octubre 17, 2015

lealtad

De esta fecha, hace 70 años, se ha escrito mucho, muchísimo, y se seguirá escribiendo. Corresponde: el peronismo es una historia de amor, y de odios. Y llena de vueltas inesperadas, como fue inesperado su nacimiento. Un gobierno militar, patriótico con una idea rígida, muy militar a la antigua justamente, de la patria, de la sociedad y de sus valores da comienzo a la revolución social más profunda que había vivido Argentina desde que existe. Después… podía haber sido el PRI, la revolución institucionalizada y más o menos domesticada, como en México, si Perón no se decidía por la reelección en el ’52 y lo sucedía Mercante. Pero no fue así.

Vino la reacción, el odio de la vieja Argentina en el ´55, y una guerra civil larvada por 18 años. La incorporación en masa al peronismo de una generación, muchos de ellos nacidos en familias de las clases medias antiperonistas, que traen su idealismo y los nuevos símbolos de su tiempo: la Revolución Cubana, Vietnam… El 20 de junio de 1973, que con la vuelta definitiva del Líder se hacía realidad un tema mítico, el Retorno del Rey, y es opacado, desfigurado, por el enfrentamiento entre dos lados que ambos gritaban “Viva Perón“. Las masacres que siguieron, los “desaparecidos”, un desgarro imborrable en nuestra historia.

Y el peronismo conserva, está claro, su capacidad de dar giros sorprendentes, para bien y para mal. De él surgieron Carlos Menem, y Néstor Kirchner. Y también Cristina, con un eco de esa juventud de los ´70, sus ideales y sus broncas, pero que ha aprendido prudencia.

¿Qué queda? Lo principal, creo, es que los trabajadores de nuestra patria, y también la mayoría de los más humildes – porque en este tiempo, distinto del ´45, los más pobres no son los que tienen trabajo – tienen la cabeza más erguida y la mirada más firme que en otros países más o menos similares al nuestro pero donde no hubo peronismo.

No pude resistirme a contar, a mi manera, esa historia. Ni tampoco a subir la marcha, en la voz de Hugo del Carril, que es un buen símbolo. Ya otras veces había escrito en el blog para un 17, mezclando palabras de otros y algunas reflexiones, por ejemplo aquí, aquí y aquí, por si a alguien le interesa. Pero hoy se cumplen 70 años. Por eso, aunque ni el gobierno ni el candidato nos convocan allí – cautela ante posibles provocaciones, a una semana de los comicios, la sensación, a medias reconocida, que esa historia los trasciende – vamos a ser muchos los que vayamos a la Plaza, para recordarla. Es nuestra identidad.

Eso sí, pienso que debemos tratar de recordarla también como historia argentina, la de quienes somos peronistas y la de quienes no. Ya forma parte de la identidad de todos. Y, como dijo un poeta, el pasado es prólogo. El prólogo de los próximos 70 años.

Nos vemos en la Plaza, compañeros.


8 de octubre

octubre 8, 2015

Perón joven

Hoy es el aniversario del nacimiento de Juan Domingo Perón – ¿120 años, según algunos registros? No hay actos oficiales, y por mi parte no los extraño. Las formalidades convencionales y los discursos repetidos… Tampoco es una efemérides más; hay viejos amores y odios, muchos, que se resisten a morir.

Por supuesto, siendo nuestra realidad política como es, hay razonables esfuerzos para hacerlo una figura histórica y que deje de incomodar. Como a Evita con una ópera y al Che con remeras, hoy Mauricio Macri, Jefe de Gobierno de la C.A.B.A. y candidato de Cambiemos, inaugura un monumento a Perón

Quiero copiarles aquí algo que subió ayer Manuel Barge, que levanta el rostro incómodo de Perón:

Ilegitimidad burguesa; “orgullo de llevar sangre tehuelche y de ser hijo ilegítimo”. 

La oligarquía no le temió, ni le teme, por su origen genético o su condición de “natural”; sino por su construcción y aportes organizativos.

Lo visceral que lo antagonizo, y antagoniza, es la burguesía semicolonial; que veía amenazadas sus “situaciones” en el Orden Conservador y sus castas a la chilena.

El Patriciado de Barrio Norte, los empleados de Caballito y Flores, y mas allá la “inundación”.

Juancito Sosa, nieto de quichuizados y tehuelches, de tanos, gallegos, vascos y escoceses.

Profesional de la Violencia, eterno estudiante por su curiosidad voraz, construyo su propia montura para cabalgar los reclamos sociales en la tormenta de la historia.

A más de 40 años de su muerte, todavía mantiene el aura de tabú“.

Por mi parte, creo que la mejor forma de recordarlo es festejando otro cumpleaños, los 70 años del peronismo. El otro sábado, el 17, con o sin convocatorias (que las habrá), los peronistas vamos a estar en la Plaza.


Religión y posmodernidad en Ground Zero

septiembre 24, 2015

Mi breve aporte sobre religión y política en el discurso de Francisco en el Capitolio no fue tomado por Google para las blogrolls de su sistema aún, a ocho horas de subirlo (por eso recomiendo a los que tienen una adicción incurable por mis posteos que se suscriban). Pero cuando me enteré que Bergoglio ya está en Nueva York y mañana, después de la visita a las Naciones Unidas, va a un servicio ecuménico por las víctimas del 11 de setiembre, en el Ground Zero, junto a líderes de otras confesiones cristianas, judíos, musulmanes, hindúes y sikhs… quise agregar este comentario, de hace algunos años, sobre la transición del siglo XX al XXI del afilado Bruno Bauer. Cliqueen encima dos veces para ampliar, plis.

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Posmodernismo

Siempre


Algo sobre religión y política

septiembre 24, 2015

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El Papa Francisco acaba de dar un discurso ante el pleno de las dos Cámaras del Congreso de Estados Unidos. Es el primer Papa en la historia que es invitado a hablar en el corazón simbólico de una república fundada sobre los dos pilares del protestantismo antipapista y el racionalismo laico. Que hoy es la Gran Potencia donde la religión – diversas religiones, vertientes del cristianismo en su mayoría – tiene una vigencia muy grande en la mayoría de su población. En contraste con la postcristiana Europa, y – curioso – en paralelo con su tradicional rival, Rusia, donde la Iglesia Ortodoxa vuelve a tener influencia y poder.

Este dato sólo podría validar la insistencia del Vaticano, que es una visita pastoral. Pero este blog se siente en la obligación de señalar que, en todo caso, también es política. Vaya si lo es. Les recomiendo escuchar el video o leer el texto que la Agencia Católica Internacional ya subió aquí.

Para los que ahora no tienen tiempo, o son comecuras incurables, les adelanto que habló sobre la inmigración, el tráfico de armas, la pena de muerte, el cambio climático y “una economía incluyente y sustentable”, temas que ponen nerviosos a los republicanos “moderados” (y también a los demócratas ídem), y directamente histéricos a los del Tea Party y otros adherentes a la Revolución Conservadora.

Para entender la importancia política del hecho, hay que tener presente que la Nueva Derecha, que había comenzado en los EE.UU. en los ´50 como la moda intelectual de ex troskistas, se convirtió a partir de la presidencia de Reagan (’80-88) en el “sentido común” de la sociedad norteamericana. Apoyada en la tradición individualista, con profundas raíces allí, y también – como en otros lugares – en el apoyo de los que se beneficiaron con la globalización financiera. Que son una minoría, cierto, pero numerosa y con muchos recursos.

Aún los presidentes demócratas, Clinton, Obama – hasta hace un año – debieron limitarse a darle un barniz “progre” a esas políticas, en el interior de EE.UU., claro. Ahora es evidente que Obama, un César en retirada, pero por eso mismo libre de preocupaciones electorales, ha decidido apoyarse en Francisco para plantear temas claves, que estaban fuera de la discusión aceptada en la política norteamericana.

Creo necesario destacar que, a pesar de las Legiones y de la burocracia del Imperio, ahí el socio más fuerte es el Papa argentino. No está sujeto a un calendario electoral, y tendrá más influencia en determinar el curso de la institución que dirige. Esto es una evaluación personal y falible, pero me parece que vale la pena marcar algo: el que lo invitó a hablar ante el Congreso, y el artífice de la decisión, fue John Boehner, Presidente de la Cámara de Representantes (segundo en la línea de sucesión), republicano conservador, que apoyó la guerra en Irak y a la administración Bush. Ah, y católico. Pero no sectario: fue también el que invitó a Netanhayu. Así que amigo de Obama no es.

Reitero lo que afirmé ayer, a la llegada de Francisco: “Esta visita no va a producir en lo inmediato hechos que cambien las relaciones de poder, o las políticas económicas“. Pero en la batalla cultural, que a la larga es la decisiva… El que viva, lo verá.


Argentina y el multiculturalismo

septiembre 5, 2015

avenida-Avellaneda

Bastantes posteos atrás, mi amigo Daniel Arias hacía una apasionada defensa del neutralismo argentina “La neutralidad externa hizo imposible el estallido interno. Eso en un país de inmigración tan múltiple como el nuestro fue una tarea de gigantes, y la llevaron a cabo, hombro con hombro, personajes de la política argentina tan compatibles como el agua y el aceite, conservadores fascistas confesos, radicales y socialistas aliadófilos pero que no comían vidrio, y dos gigantes muy complejos: Yrigoyen y Perón“.

Maquiavelo no valoraba mucho la neutralidad, pero aún él estaría de acuerdo que para abandonarla se necesita pensarlo muy bien y medir los riesgos. Por mi parte, comparto el cuestionamiento de Daniel a la irresponsable aventura de Menem al disponer una presencia militar simbólica en la 1° Guerra del Golfo, entre EE.UU. e Irak. Una tontería tan patética como la de Aznar en España. Con costos similares. Y tengo presente que un sector de la Cancillería y algunos “expertos en relaciones internaciones” siguen fantaseando conque un seguidismo a cualquier expedición de la Gran Potencia nos permitirá “insertarnos” en el mundo exitosamente y con poco costo. Como la inserción que lograron entonces Menem y a la Argentina, que terminó con el Turco en arresto domiciliario y la Argentina en default.

Sí encuentro necesario señalar que para ser exitoso como neutral no basta con la decisión propia; requiere condiciones: que sea útil para los poderosos: Suiza; Uruguay, durante la mayor parte de su historia; Portugal, durante la 2° Guerra; y/o ser lo bastante fuerte como para que violar esa neutralidad tenga un costo alto: Suiza, otra vez; Suecia;… En estos tiempos, la neutralidad argentina es posible en el marco de sus acuerdos con Brasil y de la “Zona de Paz” suramericana. Debemos esforzarnos por conservarlos.

No estoy seguro, en cambio, que la neutralidad sea necesaria para impedir un “estallido interno”. Argentina incorporó desde que existe como nación independiente etnias y culturas muy diferentes, y en forma masiva: las distintas de Europa, a menudo enfrentadas entre sí, la inmigración judía, que enfrentaba además viejos prejuicios, la siriolibanesa, tanto cristiana como musulmán, la armenia, japoneses, chinos y coreanos… Actualmente lo está haciendo, también en gran escala, con los herederos de las culturas del Altiplano y de la etnia guaraní, y un poco menos, con peruanos y colombianos (la de los uruguayos no la cuento como “incorporación”; es cambio de domicilio). Su asimilación y mestizaje transcurrió y transcurre a un ritmo mucho más rápido que en EE.UU. y algo más que en Brasil, los otros dos países de inmigración que conozco razonablemente bien.

Lo más significativo, en este caso, es que las tensiones y enfrentamientos entre las distintas colectividades han sido mínimos. Que los hubo, y graves, por supuesto, pero siempre fueron, son, entre los que habían llegado un poco antes (unos milenios antes, para la primera tanda) y odian y desprecian a los recién venidos que vienen a quitarles el trabajo (que no tienen la menor intención de hacer, claro. Andá a conseguir un albañil argentino).

Estas reflexiones de noche de viernes me surgieron a partir de los comentarios en el posteo anterior sobre la tragedia siria. Pero me llamó la atención que me las confirmara nada menos que El País, de España. Que si no lo siguen, no se dan cuenta de lo sorprendente del testimonio. En los últimos tiempos, ha tratado a la Argentina más o menos como el Financial Times, pero sin el humor inglés.

Y aquí dice:

Argentina como ejemplo para el conflicto arabe-israelí

Argentina, uno de los países más pacíficamente multiculturales del planeta, vivió un encuentro particular en la noche del sábado, protagonizado por el músico argentino-israeli Daniel Barenboim, el ex presidente español Felipe González y tres representantes de las tres religiones monoteístas más importantes. La cita, en el Teatro Colón, pretendía ser un ejemplo para el conflicto árabe-israelí, que pese a estar en el otro lado del mundo preocupa mucho a un país en el que la cultura judía y la musulmana tienen una fuerte presencia.

“No he conocido otro país donde sea tan perfectamente natural tener múltiples identidades como Argentina”, explicó Barenboim, que nació y vivió en Buenos Aires hasta los 10 años. “No es así en EEUU o en Europa. Estamos acostumbrados al lado autodestructivo de este país, a veces con razón, pero tiene cosas positivas. En Argentina se puede ser judío o árabe y por eso no menos patriota argentino. No hay otro país donde eso sea tan natural” insistió el músico, que estos días precisamente toca en su tierra con la orquesta de árabes y judíos que creó con Edward Said.

Con ellos, la East-Western Divan, y con la pianista Martha Argerich, también argentina como él y estrella mundial, Barenboim ha triunfado estos días en el Teatro Colón, con un público que los ha aclamado como representantes de lo mejor de este país.

“Lo que pasó en Argentina fue un aporte de la escuela pública, donde convivían con normalidad italianos, turcos, rusos, que no discutían por la religión sino por el fútbol” explicó el cura católico Guillermo Marcó, amigo del papa Francisco. “Muchos periodistas internacionales me preguntan por él y yo les digo que no se puede entender al Papa sin comprender la cultura de convivencia religiosa en Argentina y en especial en Buenos Aires”. Marcó, el rabino Daniel Goldman y el dirigente islámico Omar Abboud, que dirigen el Instituto para el Diálogo Interreligioso en Argentina, dieron una lección de cercanía en el escenario, en un acto moderado por el empresario Hugo Sigman, y mostraron su rechazo absoluto a la violencia en el conflicto arabe-israelí. Por si hubiera dudas, fue el rabino quien leyó una carta de condena expresa en nombre de los tres por el asesínato de un niño palestino en Gaza esta misma semana Abboud, también amigo del Papa Francisco -lo acompañó en su viaje a Israel y Palestina- pidió utilizar el ejemplo de Argentina para tratar de encontrar una solución al conflicto entre judíos y musulmanes...”

Una sola observación. No creo que de Argentina pueda decirse con acierto que es multicultural. Excepto en la medida, todavía incipiente, que lo va siendo toda la sociedad moderna. Nuestro país asimila con mucha rapidez – ¿demasiada? – las modas y costumbres que imponen las usinas transnacionales del Atlántico Norte, pero lo hace desde un espíritu propio, descontracturado – afectivo y familiero, dicen algunos; chanta e irresponsable, agregan otros – que la mayoría de los que migran aquí encuentran atractivo. O si no ellos, sus hijos.


San Martín y la paternidad

agosto 17, 2015

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El aniversario de hoy – ocasión de feriado largo – me había dejado pensando anoche. Entonces dejé estas reflexiones para que aparezcan en el blog este 17 de agosto (y me voy de viaje).

La pregunta que me hice – ya alguna vez la había plantearlo en el blog – es si tenía sentido llamarlo “Padre de la Patria”. Libertador de varias, sí; en especial de Chile, que había sido reocupado por los realistas. En Perú, inició el proceso, le dió bandera y dirección, y si el último ejército y poderoso ejército enemigo que ocupaba el interior y lo que después se llamó Bolivia fue derrotado por el venezolano, todavía hoy los peruanos lo recuerdan con afecto y son sanmartinianos. En Argentina, es convincente que, en el plano militar – el decisivo – su independencia fue garantizada por las victorias de San Martín.

¿Pero “Padre de la Patria”? Su experiencia de niño, y de hombre cuando regresó, era de lo que los chilenos llaman “la Patria Vieja”, un lugar con memorias y afectos, amores y amistades, una identidad que se adivinaba a sí misma. Pero no era todavía una nación. Y su proyecto – frustrado, pero que podemos percibirlo a través de pasos y negociaciones muy concretas – era un Reino Unido que abarcaría el Perú, Chile, seguramente en su deseo las provincias del Río de la Plata, con un príncipe de la casa de Borbón – ¿Francisco de Paula? – como monarca constitucional. No pudo ser.

La Argentina que fue y que es resulta de lo que hicieron los argentinos que vivieron antes y los que vivimos ahora. Si queremos simbolizarlo en algunos nombres el resultado, en el plano material: sus fronteras, su Estado, su organización política y económica, para bien y para mal, en el siglo XIX tenemos que elegir como “padres” a Juan Manuel de Rosas, Bartolomé Mitre, y Julio Argentino Roca. Y un tío contencioso pero que dejó su marca a Domingo Sarmiento. A los compañeros nac&pop no les gustan nada al menos tres, y sus razones tienen, pero la rebelión contra los padres es parte del crecimiento.

En el siglo pasado, también resulta claro que para la sociedad que se formó y sus valores, nombres decisivos son los de Hipólito Irigoyen y Juan Domingo Perón. Y si los nombres que menciono pertenecen todos al mundo de la política y el poder… es equivocado y engañoso, pero tradicional.

Reflexionando en esto último, se me ocurrió entonces anoche que San Martín cumple otro rol de Padre para los argentinos. Un rol que mencionan (en distintas épocas) los educadores, los sacerdotes y los sicólogos: el del portador de unos valores con los que nos referenciamos y medimos, a lo largo de nuestra vida.

En ese plano, San Martín es la figura del Padre al que los argentinos deberíamos esforzarnos en parecer: Alguien que eligió su Misión con madurez – tenía más de 30 años – y trató de cumplirla por encima de las pasiones y las ambiciones personales. Alguien a quien le sobró una virtud que, por lo común, no se asocia con los argentinos: la responsabilidad (Y la culpa no es de la inmigración italiana posterior, por cierto, como dicen los calumniadores de ese noble pueblo. Entre los contemporáneos de San Martín, entre sus compañeros de la Revolución, sobraban los ambiciosos irresponsables).

En ese sentido, San Martín es el padre que debemos merecer.


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