El 24 de marzo

marzo 24, 2015

Hace seis años escribí un texto para el blog, donde traté de resumir lo que significa esta fecha para mí, que estaba vivo y hacía política en ese tiempo. Lo enlacé en los siguientes 24 de marzo. Ahora lo ordeno un poco y lo subo de vuelta.

Estoy frente a la computadora y me siento ambivalente. No tiene que ver con mis ironías sobre las efemérides, ese pretexto para recordar. No necesito pretextos ni tampoco aniversarios. Para mi, para muchísimos argentinos, es fácil recordar un tiempo que fue muy importante en mi vida y en la de los que vivimos en esos años. Aún para los que no militaban – no todos estaban politizados en ese tiempo.

Por eso siento que no corresponde quedarme en silencio. Por el otro lado, no tengo ganas de repetir frases hechas. Cuesta emocionarse con los “relatos” – aunque sean ciertos – porque uno sabe también que son instrumentos políticos. Hay algunos amigos que uno recuerda, hay gente de la que uno le hubiera gustado ser amigo, esas son las muertes que hacen real la tragedia. Pero hay que tener más talento que el que tengo yo para escribir sobre ella.

No voy a profundizar ahora sobre la construcción de ese relato, de la memoria social que se ha formado, aunque puede ser un buen punto de partida para una reflexión. Porque el consenso de la gran mayoría de la sociedad argentina y de todas las expresiones políticas legitimadas en la condena a la dictadura de ´76/´83 y sus métodos es similar al consenso antifascista con que se edificó por más de medio siglo la política en Europa Occidental a partir del ´45. En ambos casos hay amnesias deliberadas, y una porción de hipocresía, consciente o inconsciente. Pero en los dos ha sido – hasta ahora – una base estable sobre la que se avanzó.

Eso sí, hay una diferencia que hace dificil analizar el caso argentino en la misma forma. Por toda la muerte y la destrucción de la Segunda Guerra Mundial, los europeos – salvo algunos sectores muy minoritarios – no recuerdan el Gotterdammerung de los fascismos con el odio y el dolor que dejan las guerras civiles (aún en los países donde fueron eso: Italia, Francia,…). El argentino se parece más – salvando las distancias – al relato del Holocausto judío, en que se ha transformado para los familiares de las víctimas de la represión, militantes de los derechos humanos, y una buena parte de la juventud, en una instancia del Mal Absoluto que continúa vigente y los confirma en su identidad de víctimas y luchadores. Esto puede verse, sin ir más lejos, en las marchas que se hacen hoy.

Se me ocurre que la libertad de un blog personal es un sitio adecuado para preguntar qué es lo que hizo que esa mirada sobre esos años siga tan presente en la política, y en las emociones de hoy. Porqué tiene mucha más vigencia lo que pasó en Argentina que la represión igualmente brutal de la guerrilla en Brasil o en Perú.

Este no es un blog políticamente correcto, como lo saben los que lo leen. Las historias que se han convertido en el canon de los intelectuales progresistas, y que repiten en todas las ocasiones adecuadas medios “del palo” como Página 12, por ejemplo, me parecen incompletas y convencionales. Tienen razón, es cierto, en señalar el carácter excepcional de las masacres que se llevaron adelante entre 1976 y 1980, pero creo que no aciertan en lo que las distingue de una larga historia de sangre y represión. Y no encaran, o lo hacen superficialmente, por “corrección política” o mala conciencia, el fenómeno de la guerrilla.

Porque en Argentina el peronismo – un proceso de reivindicaciones sociales que tuvo sus rasgos autoritarios y represivos, pero que fue excepcionalmente pacífico y respetuoso de las instituciones para la historia latinoamericana – provocó en sus adversarios un odio de clases feroz. El bombardeo de civiles en la Plaza de Mayo el 16 de junio 1955, que causó cientos de víctimas, es un ejemplo de ese odio y de esa ferocidad. De algún modo, el punto más alto.

Más de una década después, en medio de una guerra civil larvada, surgieron organizaciones que – interpretando a su modo las experiencias de Cuba y de Argelia – desarrollaron el asesinato de sindicalistas, de policías y de militares como un instrumento de lucha y propaganda política. Y una parte de la juventud que compartía el espíritu revolucionario de la época – eran los tiempos de la Revolución Cubana, de la guerra de Vietnam – que provenía de los sectores populares desengañados de conducciones negociadoras, y en mayor número de las clases medias y altas, se identificó con sus banderas de lucha y heroísmo. Un poco antes o un poco después, eso sucedió en toda Latinoamérica. En todos los países la represión fue feroz y exitosa. E implicó retrocesos graves en la situación social y política de las mayorías.

Pero… en Argentina hubo un elemento distinto. No tengo respuestas, no creo que sea serio hacer psicología de sectores sociales definidos con categorías abstractas. Pero creo que vale la pena tratar de distinguir los factores racionales y previsibles – también sanguinarios, crueles – de la represión, de los que no lo eran. Alguna vez dije – hablando de nuestra generación – que no hubo sorpresas: todos fuimos a ver “La batalla de Argelia“. También los asesores franceses en represión y tortura la pasaban en los cuarteles. Pero allí fue un ejército extranjero el que aplicó esas técnicas.

En Latinoamérica – una civilización con muchos valores admirables – las abismales diferencias de clase crean en algunos países casi dos mundos extranjeros entre sí. En Argentina hay algo de eso, pero no tan acentuado. La represión sobre los pobres la ejercieron históricamente (la ejercen) las policías bravas, la mano de obra habituada a la violencia y al uso prepotente del poder. La Liga Patriótica ha quedado en la historia. En la persecución al peronismo de gobiernos militares y civiles – acordémonos del CONINTES – hubo un elemento clasista. Pero nunca descontrolado.

Y golpes de estado hubo muchos en nuestro país. La represión a la guerrilla después de 1970 y hasta 1976 no había sido diferente en su naturaleza a la que se había ejercido contra peronistas desde el ´55, y contra radicales, anarquistas o sindicalistas en otras épocas. Más extendida, seguro. Pero nada nuevo en la cruel historia argentina. La lucha contraguerrillera en Tucumán fue bastante similar a la que se daba en otras geografías tropicales de nuestra América. En 1976 surge un hecho nuevo, del que estos párrafos de una famosa carta de Rodolfo Walsh dan algunos ejemplos: “70 fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos. Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam“.

Rodolfo Walsh, por supuesto, no era un “opositor no armado” sino un combatiente. Pero en esta Carta a la Junta Militar pone el dedo en la llaga: la operatoria represiva estaba copiada de los métodos usados por otros ejércitos sobre una población extranjera. Ese fue el límite que se cruzó en 1976.

Podemos resumirlo diciendo que en los ´70 hubo numerosos grupos de militares – hombres jóvenes, en general de clase media y un nivel de educación razonable – que fueron impulsados por sus superiores a secuestrar, torturar y asesinar a miles de hombres y mujeres en su mayoría también jóvenes y en buena parte de su misma clase social. Y lo hicieron sin objetar, con muy pocas excepciones. Es cierto que una mayoría de los desaparecidos eran trabajadores sindicalizados. Pero los militares que ejecutaban la represión no eran en general de la clase de los patrones, ni se pensaban como defensores de la patronal. Seguramente los generales que lo dispusieron y sus asesores que diseñaron esta mecánica “contrarrevolucionaria”, fueron peores desde lo moral. Pero esas cosas son habituales en la Historia, como lo saben los que la leen. Lo que no es tan frecuente es encontrar que un ejército se pueda volcar sobre sus propios compatriotas, en la mayoría de los casos sobre la misma clase (media) de la que era parte. En Chile, sí… Pero allí no fue tan masivo ni tan prolongado. Y las diferencias sociales eran más acentuadas que aquí. Aquí las víctimas tenían apellidos como Alsogaray (estaba en la guerrilla) o Holmberg (no lo estaba).

Uno trata de terminar sus escritos con una frase adecuada. No la encuentro. Hay una, muy usada, que la recupero como un deseo: Nunca más.


El suicidio inducido de las clases medias

marzo 7, 2015

En un sábado con gente preocupada por listas de candidatos y expedientes judiciales, quería ofrecerles una reflexión sobre la sociedad y los valores. Pero que no tuviera que escribirla yo, claro. Por suerte mi amigo Marcelo Padilla, un cuyano alborotador pero K, me hizo llegar esta columna suya. Que procedo a subirla. Eso sí, agrego una observación al final.

“Cada vez que en la Argentina un gobierno se animó a discutir la distribución de la renta nacional, e impulsó políticas activas en la economía (empleo + consumo + mejoramiento de la calidad de vida), democratizando espacios culturales, achicando la brecha de desigualdad y generando mayor acceso de los que menos tienen a bienes y servicios antes vedados,  e intentó además descentralizar el monopolio de los medios de comunicación para democratizar la palabra, la mirada y las imágenes… se lo tildó de autoritario.  Es una fija. En Argentina y en Latinoamérica funcionó y funciona así.

El aumento del gasto público, para el pensamiento neoliberal (hoy representado por la oposición política y mediática) es sinónimo de derroche, de paternalismo y de demagogia. Y lo particular que genera la difusión de ese pensamiento es la adhesión de muchos beneficiados por las políticas activas cuestionadas por dicho pensamiento. ¿Una contradicción?….sí, es una contradicción de clase propia del capitalismo, especialmente en los países periféricos.

Resulta que el Estado Nacional Argentino actual revive la movilidad social masacrada por gobiernos que ajustaron la economía en otras décadas empobreciendo aún más a los pobres, y a las amplias capas medias – al amparo de los dictados de los organismos internacionales de crédito que bajaron plata y planes: económicos, educativos, culturales, sociales; y estas mismas capas medias, ayer “nuevos pobres”, hoy beneficiarios de los planes del gobierno, salen a criticar esas políticas enganchándose a la difusión del pensamiento neoliberal a través de los medios y de la oposición política que otrora las empobreciera.

¿Una contradicción?… sí, es una contradicción propia de las clases medias pero también de los sectores que mejoran su vida material y espiritual. Me refiero a los que estaban desplazados del mercado laboral y hoy tienen un trabajo, mejor o peor pago pero trabajo al fin, integrados al circuito. Estos sectores antes excluidos de todo, también reclaman por mejorar su situación y avanzar hacia arriba de la pirámide social. Es una lógica capitalista: producir obreros, producir pequeños y medianos empresarios, genera más demanda de derechos y mayor participación en la repartija de la renta nacional. Bien… dicho así, resumidamente, funcionamos como sociedad.

El tema es el siguiente: hay una necesidad real de mayor mejoramiento. De aumentar los salarios, entre otras demandas genuinas. Pero de ahí a engancharse con el pensamiento difusor del neoliberalismo que encarna la oposición política hoy en el país, no es solo una contradicción, es – lisa y llanamente –  un suicidio inducido. Es la pulsión de muerte de la sociedad insatisfecha de las grandes ciudades que se impone. Porque las ciudades por su naturaleza yoica producen insatisfacción y queja. No solo demandas, sino queja, berrinches de clases urbanas que viven en el entramado complejo y contradictorio de su existencialidad como sujetos de masas informes. Por eso se vuelven reaccionarias las sociedades urbanas. Por esa latencia de autoboicot permanente, por esa vibra angustiante que significa “estar” en la ciudad al calor del hormigueo claustrofóbico.

Ese “estar” en la ciudad es la mala siembra del capitalismo y sus fantasías virtuales. La hiperconexión en pleno aislamiento. La ira del “civilizado”. Los brotes esquizoides de “los normales”. Pero esto ya no implica a un gobierno, esto implica a un sistema filosófico del pensar. En las ciudades quejosas pululan las tribus, salvajes metropolitanos que buscan su sentido en la evaporación del mundo del sentido.

Voy a realizar una afirmación polémica que espero sirva para pensar: las ciudades no tiene sentido. La naturaleza del entramado de las ciudades radica en la ausencia de sentido. Malestar. Malestar y autoboicot cuando las mismas entran en una pulseada por el cambio. En las ciudades no está lo nuevo. Solo en apariencia está lo nuevo: la moda, las vanguardias, lo último del mercado. En las ciudades se muere sin sentido. Sin espiritualidad. Y en la imposibilidad de esta aceptación rechazan al otro, al distinto, al diferente, al cambio, a la transformación. Y esas clases excluidas ayer, hoy favorecidas relativamente, terminan recluyéndose en el paraíso de la fantasía neoliberal. Entonces, la contradicción es también fantasía o espiritualidad. No hablo de religiones. Hablo de otra cosa”.

Creo que Marcelo apunta a una verdad básica: la civilización moderna – capitalista en todos lados, aún donde la hegemoniza el Estado – es una fábrica de descontento (También puede decirse que ha sido producto del descontento, pero eso es más discutible).

Varias veces cité en el blog “El malestar en la cultura”, de Freud, que creo es el texto más revelador que se ha escrito sobre el tema. En realidad, mi amigo cuyano va un poco más lejos que el padre del sicoanálisis, y tiene una mirada sobre las ciudades de esta etapa de la modernidad parecida a la de Lewis Mumford.

Pero tengo una visión distinta, y más matizada, que la de Padilla: Porque hoy las clases medias son muy diversas y heterogéneas – como la sociedad moderna en su conjunto. De “clase media” en ingresos (un arco muy grande) y en expectativas, son el profesional, el pequeño empresario, el trabajador en relación de dependencia con buen sindicato y obra social, el docente, el intelectual, el periodista, el artista, el empleado jerárquico, el funcionario (por debajo de secretario de estado),…

Una parte importante – aunque todavía minoritaria entre nosotros – está “globalizada”. No sólo en su mentalidad (esos son los que se describen en la columna, en todo caso); también en su forma de vida y en sus expectativas. No dejan de sufrir las frustraciones y el descontento de la civilización moderna, por supuesto, pero no las resuelven desde la crítica que hace el peronismo. Ni tampoco desde la izquierda contestaria. A lo sumo, se hacen veganos.


Homenaje al General Leal

febrero 22, 2015

Homenaje_a_Jorge_Leal

Hoy es el Día de la Antártida Argentina y se celebra como corresponde: con un homenaje al General Jorge Leal, que fundó la Base Antártica “Esperanza” y hace 50 años llegó al Polo Sur al mando de una expedición terrestre argentina.

Me enteré por un tuit de Jorge Argüello, que hace dos años escribió esta nota, cuando el General tenía 90, y que me parece cuenta bien su historia.

Recibí la información tarde, y no voy a estar presente físicamente ahora, a las 17, en el Museo Malvinas. Pero quiero asociarme de alguna manera. Argentina no tiene mejor héroe vivo.


La política y la convicción

enero 30, 2015

munich_demo_l

Soy seguidor del blog de mi amigo Artemio López. Muchas veces no estamos de acuerdo en una evaluación política, o en la elección de las mejores tácticas, pero siempre lo encuentro estimulante. Y a menudo sube textos de un nivel intelectual muy por encima de la coyuntura (con algún sesgo por autores franceses modernos que no aguanto, pero nadie es perfecto).

Hoy hizo un aporte valioso para cualquier visitante de la bloguería politizada. Subió una parte sustancial de la conferencia clásica de Max Weber “La política como vocación” (con el correspondiente enlace al original completo). Recomiendo leerla a todo (y toda) aquel que crea tener “vocación” para la política. Especialmente a los jóvenes, como los que él se dirigía.

Inspirado por el ejemplo de mi amigo, voy a hacer algo más de caradura. Una especie de “Weber for dummies” donde tomo frases y párrafos de esa gran conferencia, para tratar de traducir en un lenguaje más convencional y pedestre algunos de sus conceptos de la política, la convicción y la responsabilidad.

Eso sí, tengo que señalarle algo a Artemio. El lenguaje que Weber usa, su dramatismo, especialmente en el largo fragmento que subió, está influido, dominado, por su circunstancia. Munich, 1919, el final de la Primera Guerra Mundial, la derrota de Alemania, la revolución y la reacción luchando en las calles… Sobre todo, la conciencia, que su lucidez le imponía, que eso era el prólogo de la destrucción de la civilización europea que lo formó. El hecho que algunas encuestas lo den en punta a Scioli, como la que usó para ilustrar su posteo, no es igualmente trágico.

Weber (muy) básico: “El concepto (de política) es extraordinariamente amplio y abarca cualquier género de actividad directiva autónoma … Hoy por política entenderemos solamente la dirección, o la influencia sobre la dirección, de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un Estado … Política significará, pues, para nosotros, la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder entre los distintos Estados o, dentro de un mismo Estado, entre los distintos grupos de hombres que lo componen“.

El Estado, como todas las asociaciones políticas que históricamente lo han precedido, es una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima (es decir, de la que es vista como tal). Para subsistir necesita, por tanto, que los dominados acaten la autoridad que pretenden tener quienes en ese momento dominan … Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere“.

Además de la política, habla de los políticos:

Hay dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive “para” la política o se vive “de” la política. La oposición no es en absoluto excluyente. Por el contrario, generalmente se hacen las dos cosas, al menos idealmente; y, en la mayoría de los casos, también materialmente. Quien vive “para” la política hace “de ello su vida” en un sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de “algo”. En este sentido profundo, todo hombre serio que vive para algo vive también de ese algo“.

A continuación subo un párrafo que ni yo me atrevo a sintetizar. Esencial, porque las frases que copié arriba también podrían ser de cualquiera de los imitadores berretas de Maquiavelo. Para que sea más fácil de entender, explico en mis palabras dos conceptos fundamentales en la obra de Weber (no originales de él, por cierto): la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad.

Ética de la convicción es aquella que juzga una acción en sí misma, por su cercanía o su alejamiento de determinados principios morales. Al que la ejecuta, le pregunta (o se pregunta) por sus intenciones.

Ética de la responsabilidad es la que juzga a la acción por sus consecuencias. Para el que la lleva a cabo, la pregunta fundamental es si la ha pensado bien.

Weber dice, ya casi al final de la conferencia:

Es cierto que la política se hace con la cabeza, pero en modo alguno solamente con la cabeza. En esto tiene toda la razón quienes defienden la ética de la convicción. Nadie puede, sin embargo, prescribir si hay que obrar conforme a la ética de la responsabilidad o conforme a la ética de la convicción, o cuándo conforme a una y cuándo conforme a otra. Lo único que puedo decirles es que cuando en estos tiempos de excitación … (la excitación no es ni esencialmente ni siempre una pasión auténtica) veo aparecer súbitamente a los políticos de convicción en medio del desorden gritando: “El mundo es estúpido y abyecto, pero yo no; la responsabilidad por las consecuencias no me corresponden a mí, sino a los otros para quienes yo trabajo …”, lo primero que hago es cuestionar la solidez interior que existe tras esta ética de la convicción. Tengo la impresión de que en nueve casos de cada diez me enfrento con odres llenos de viento que no sienten realmente lo que están haciendo, sino que se inflaman con sensaciones románticas. Esto no me interesa mucho humanamente y no me conmueve en absoluto.

Es, por el contrario, infinitamente conmovedora la actitud de un hombre maduro (de pocos o muchos años, eso no importa), que siente realmente y con toda su alma esta responsabilidad por las consecuencias y actúa conforme a una ética de responsabilidad, y que al llegar a cierto momento dice: “No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo”. Esto sí es algo auténticamente humano y esto sí cala hondo. Esta situación puede, en efecto, presentársenos en cualquier momento a cualquiera de nosotros que no esté muerto interiormente. Desde este punto de vista la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción no son términos absolutamente opuestos, sino elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre auténtico, al hombre que puede tener “vocación política”.”


Comentarios sobre la masacre en Charlie Hebdo

enero 8, 2015

ataque-terrorista-en-paris-1992036w645

Subir estas fotos de algunos de los asesinados es un recurso poco sutil para provocar una reacción emocional. A Stalin, un tipo desagradable pero realista, se le atribuye la frase “Una muerte es una tragedia. Un millón, una estadística“. Pasa que además esas fotos recuerdan un hecho: estos tipos que ahora están muertos, estaban vivos. Aunque no me agradaba, por lo general, el contenido de sus caricaturas: ni tampoco – es cuestión estética – el estilo usual de sus dibujos.

No soy un hombre sentimental: no se puede haber participado o sufrido la política en los “años de plomo” en Argentina y seguir siéndolo, salvo con una gran capacidad de negación que no tengo. Es evidente, y humano, que todos reaccionamos de acuerdo a nuestra experiencia, nuestros prejuicios y temores, nuestro lugar en el mundo. Cuando ayer escribí, al recibir las noticias, lo hice sobre las razones porque los medios, y los argentinos en general, íbamos a prestar muchísima más atención a esta masacre que a un atentado en Damasco.

Igual, los atentados en otros lugares, las miles de muertes en Gaza, las centenares de miles provocadas por los bombardeos “occidentales” en el Arco Islámico durante décadas… aparecieron rápidamente en las discusiones políticas en blogs y foros. Como también las víctimas de las masacres en Ruanda y en los Balcanes. Y el holocausto judío y el armenio… Tirarse cadáveres forma parte del duelo de hinchadas, los Buenos y los Malos, que es como demasiados se relacionan con la política internacional.

Eso sí, me arrancó una sonrisa leer a columnistas ortodoxos de Clarín, como Claudio Aliscioni decir “Importa considerar el momento en que se produce el ataque. En el exterior, Francia viene participando en cruzadas contra el fanatismo islámico que incluso castiga a sus propios pueblos. Ingentes grupos juveniles del país se suman a otros europeos para hacer la Yihad. No es una guerra santa clásica en busca del Santo Grial. Es una protesta desolada contra la exclusión que sienten en sus propios países, contra las élites que los ignoran y contra un futuro que no los sienta a su mesa“. Y a Marcelo CantelmiEl mundo árabe está en convulsión desde el estallido de la controvertida Primavera Arabe en 2011. La presión de las masas por un cambio frente a décadas de autoritarismo en demanda de mejores condiciones sociales, generó un desafío que en determinados escenarios fue neutralizado con estas formas de integrismo“.

Hay una buena parte de verdad en eso, aunque quede mucho afuera. Pero me divirtió ver al Grupo Clarín bajando una línea tan similar a la de la progresía filo K. Muchas veces dije que su problema con el kirchnerismo no ideológico sino de poder e intereses.

En fin, como recordaba un comentarista aquí, es un tema lejano para nosotros, aunque nos sea o no sensible. Y debe seguir siéndolo. Estoy totalmente de acuerdo, como decisión política, con el comunicado oficial de nuestro gobiernoLa presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno y el pueblo argentino condenan enérgicamente el bárbaro ataque terrorista … La Argentina reitera su inalterable compromiso con la paz y la lucha contra el terrorismo en todas sus formas, así como la voluntad y decisión políticas de continuar fortaleciendo los mecanismos de cooperación internacional, observando las leyes y respetando los derechos humanos, como el único camino de las sociedades democráticas para afrontar este flagelo”. No va a ser ese el camino que se siga, sospecho, pero es la posición que nos corresponde tomar a nosotros. Y debemos procurar que sea la oficial de la UNASUR.

Por mi parte, más adelante escribiré algo sobre Europa y el Islam. Sobre las decisiones que deberá tomar, en el tiempo, la comunidad musulmana allí, con una problemática muy distinta a la que enfrenta en otras regiones del globo. Pensé en eso cuando vi que el policía asesinado era Ahmed Merabet, musulmán. Pero eso quiero hacerlo cuando las reacciones automáticas se hayan apagado.

Por ahora, me parece que lo mejor es recurrir a los viejos poetas. En este caso, uno europeo, de hace unos cuantos siglos

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
Como si fuera un promontorio o la casa de uno de tus amigos o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad;
Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti“.


2014: El año que los argentinos no chocamos

diciembre 31, 2014

Argentina_Political_Map

Esto de “año del no choque” tiene más significado – como insinué en el posteo anterior – para el escenario argentino que para el global. Después de todo, hace ya 69 años que no hay guerra abierta, “a finish”, entre Grandes Potencias. Y eso, con las capacidades a su disposición, sería el verdadero “choque” de la civilización. Y en cuanto a la posible caída de un gran asteroide, hace 65 millones de años del último del Nivel de Extinciones Masivas. ¿Por qué tendría que haber ocurrido, una cosa u otra, justo en 2014?

En cambio, existe una convicción, bastante extendida, que en Argentina hay una debacle de la economía todas las décadas. No es así: hay lapsos de 10 años sin conmociones económicas, y otros en que hubo varias. Pero, en política y en economía, lo que muchos piensan que va a pasar… tiene más chances de pasar. Y es cierto que este año empezó mal, con el amotinamiento un mes antes de la policía cordobesa, cuyo resultado exitoso – para ellos – provocó una reacción en cadena en muchas fuerzas de seguridad. Ese fin de año sí estuvo acompañado de los tradicionales saqueos.

En enero el gobierno se vio forzado a devaluar el dólar oficial – el  decisivo, el que se usa en el comercio exterior – en un 18,63 %. No mucho, para la historia de las devaluaciones argentas. Pero, como en casi todas ellas, se volcó de inmediato a los precios internos, anulando toda posible ventaja para la competitividad. Y a mediados de año, el sistema judicial estadounidense, con el aval tácito del Ejecutivo, le dio un golpe fatal a las expectativas de acceso a los mercados financieros internacionales que nuestro gobierno había tratado de conseguir con algunas medidas de reconciliación (arreglo con el Club de París, indemnización a Repsol, aceptación de los fallos del CIADI).

Ahora, la historia, la epopeya del gobierno de Cristina Fernández en su enfrentamiento con éstas y otras amenazas, el logro de conservar las políticas sociales básicas y la modesta prosperidad de los sectores medios ha sido relatada en estos días, en publicaciones y en blogs, por la militancia kirchnerista (Recomiendo en particular, de lo que leí, lo de mi tocayo Gerardo Fernández Y llegamos a fin de año en paz… y de Eduardo Aliverti El año que no fue).

Por mi parte, mi apoyo a este gobierno – evidente para quien lea este blog – es el apoyo a sus políticas más importantes, lo que puede considerarse militancia kirchnerista o no. El punto es que el sesgo de mi análisis es otro: antes que la heroica lucha contra los Malos con una agenda diferente (que por supuesto es real. Pero ¿qué gobierno no debe enfrentarse con Malos? En todo caso, distintos malos, los Buenos del otro lado), me interesa evaluar su capacidad para manejar el poder del Estado, las variables económicas y los intereses y temores de los diversos sectores de la sociedad, los que quiere favorecer y los que debe contener.

Es desde ese enfoque que me parece inevitable darle una muy buena nota a la gestión de Cristina Fernández. No me engaño: tengo claro que su poder se ha debilitado: al ataque de los medios más masivos, formadores y receptores de opinión de una parte numerosa de la población, presente durante casi todo el tiempo de sus dos gobiernos, se han sumado en el último tiempo señales hostiles del Poder Judicial y de las organizaciones empresarias, ambas buenas veletas para saber como sopla el viento.

Pero yo planteé hace mucho tiempo en el blog que este gobierno entraba en una etapa “ochentista”. Con todas las diferencias entre la Argentina de hace 30 años y la de ahora, la Presidente debe encarar un problema similar al de Raúl Alfonsín: Con los recursos de un Estado democrático y la legitimidad constitucional, sin una alianza sólida con un sector del poder económico, sin unas Fuerzas Armadas politizadas en su favor (como el peronismo fundacional o el chavismo), sin milicias populares o fantasías por el estilo, debe gobernar una sociedad razonablemente moderna y compleja y una economía ídem, sin “viento de cola”. Tratando de conservar la adhesión de quienes la votaron.

Y me parece indiscutible que, hasta ahora, lo está haciendo mucho mejor. Si llega al final de su gobierno en estas condiciones – aún aceptando un margen para un posible deterioro en la imagen, porque uno debe ser realista – no será solamente un triunfo personal. Será uno muy importante para Argentina: la demostración que la Argentina es gobernable manteniendo políticas inclusivas, es decir, democráticas.

Que esas políticas actuales deben ser mejoradas, que hay una agenda muy importante de desarrollo que falta encarar, por supuesto. Lo volveré a tocar en otros posteos. Por ahora, y como no voy a retornar hasta el 2015, les copio otra reflexión de fin de año, ésta de un columnista, Julio Coronado, no muy conocido en el mostrador de Dios, de un diario de Mendoza Capital. Que me parece ilustra lo que falta en análisis “realpolitik” como éste que traté de hacer.

(Lo encontré ahí porque – uno es de la realpolitik – la estoy observando con cuidado. Es el primer lugar de Argentina – aún antes que Chaco (8/3), Salta (12/4) o la Capi (26/4) – en que se va a medir el humor de la gente con esas encuestas que llamamos primarias. El 22/2).

En un diciembre que está terminando sin mayores sobresaltos, fin de ciclo parece raro. Poca inflación la de este mes. Aparentemente no hay quejas por el impuesto a las ganancias, los policías están de acuerdo con sus salarios, la clase media sueña con el Atlántico y los pobres, son pobres. Ya nadie se acuerda de los planes, de los negros, de Vaca Muerta, del Vice. La situación alarmante por los pronosticadores económicos sobre un fin de año más parecido al Titanic que a las Aventuras de Chatran no llegó. Quisieron, algunos o muchos, un diciembre rojo, nuevamente, pero no asomó ni a naranja.

Argentina es Disneylandia o el infierno de Dante a los ojos del espectador mediático. Al lado de esta realidad, pegada y silenciada a nuestros oídos de clase media, está el pueblo, no la gente – esa construcción de señora linda que se alarma ante un homicidio, pero no de las miles de muertes que se lleva el aborto ilegal y que llora cuando aparece un nieto recuperado. El pueblo, que no llega al impuesto a las ganancias y si lo hace, no le alcanza para la casa propia, encuentra en las políticas inclusivas, un abanico digno, aunque pequeño, que recibe del estado, del gobierno y de las instituciones, ante el fortísimo calor del capitalismo. Ese es el pueblo que está solo y espera.

En las opiniones que vierten especialistas o no tanto sobre el futuro del país, siempre aparece la educación como la clave a resolver. El partido más difícil. Pero no se menciona que la tan mentada crisis educativa que atravesamos es el resultado de años de políticas contradictorias: los modelos pedagógicos no se pueden cambiar como quien no sabe qué ponerse para noche buena mientras el asado se pasa. Los resultados de la ley 1420 de 1.884, impulsada por Sarmiento recién se vieron en las primeras décadas del siglo pasado.

El día 12 de diciembre pasado, en una escuela secundaria para adultos, CENS, que funciona en un ex depósito de la Municipalidad de Guaymallén, a las nueve de la mañana, veintidós mendocinos adultos terminaron sus estudios. El acto comenzó a horario. Las sillas se acurrucan en una pequeña galería de una construcción chorizo, según el criollismo arquitectónico. Adelante los egresados y atrás los familiares. Pocos padres y más niños en brazos y maridos. Adolescentes que ven cómo sus madres terminan lo que a ellos no les cuesta mucho. Y sin netbook regalada o incluida.

Cantamos el himno, somos testigos del cambio de abanderados. Todas mujeres, madres y hasta abuelas, portan con orgullo la celeste y blanca. Hay lágrimas que corren como goteras de un techo que no se arregla nunca.

Atrás de los flequillos, rodetes, de los pantalones anchos y los cortes de pelo símil wachiturro, se observa la felicidad de quien dio un paso adelante en este ajedrez de todos los días, donde la educación es el único juego que te permite cambiar de ficha. Luego vienen las gaseosas, los chizitos y los palitos; una torta, simple y rica. Los profesores que ofician de padrinos de los egresados llevan regalos. Un video emotivo musicalizado con rock nacional cuenta la historia en imágenes de esas veintidós vidas que no reniegan de su pasado y se hacen cargo del presente.

Como cualquier fiesta, ya no acto, termina con música. Un saxofonista que comenzó con un poco de tos musical hace bailar a docentes, egresados y familiares al ritmo de Carlos Santana. Llegan los abrazos y las despedidas. Las sillas se acomodan, por un profesor que tiene aspecto de haber llegado tarde. La escuela va quedando vacía. Fue otro fin de ciclo, en el laberinto con salida de la educación.

Mendoza tiene 117 CENS, ninguno con edificio propio. Según la DINIECE (Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa) egresaron en el año 2009, 1392 alumnos, en 2010, 1449 alumnos; en 2011, 1736 alumnos; 2012, 2155 alumnos; y en el 2015, 2253 alumnos)“.

Sólo agrego dos frases muy tradicionales: El pasado es prólogo. Feliz Año Nuevo.


Feliz Navidad, desgraciados

diciembre 24, 2014

mensaje navideño

Ayer mis amigos AyJ (Víctor Lustig), Manolo Barge y Rogelio Galliano comentaban en un mail de los rasgos del Papa Francisco que, a sus mentes suspicaces, les hablaban de un pasado peronista.

Tanto La Nación como Página 12, en rara coincidencia de tono, habían dado la noticia de un mensaje navideño muy severo a cardenales, obispos y altos funcionarios de la Iglesia Católica. La versión más dura de las que vi fue la de The Economist, “Cuando los miembros de la Curia se reunieron esta semana para una reunión previa a la Navidad con el Jefe, pueden haber estado esperando algunas palabras convencionales de aliento y buenos deseos para las fiestas. En lugar de ello consiguieron una terrible reprimenda. Todo tipo de patologías se encontraban, les dijo, en los pasillos del poder eclesiástico: arribismo despiadado, murmuraciones, narcisismo, complacencia. El Papa diagnosticó no menos de 15 fallas específicas, que van desde un “Alzheimer espiritual”, presumiblemente una conciencia  cada vez menor que el trabajo eclesial tiene un propósito sagrado, a delirios de omnipotencia y “terrorismo de chismes”. De hecho, de algunos agentes del Vaticano se decía que eran culpables de “matar a sangre fría la reputación de sus propios colegas y hermanos“. Pero, bueno, los de esa revista son anglicanos, thatcheritas y hasta probablemente masones.

Por mi parte, para no incurrir en errores teológicos, les enlazo la versión oficial de esa audiencia del Santo Padre, La Curia Romana e il Corpo di Cristo. Y como me parece muy útil la lista de esas quince enfermedades, les doy este brevísimo resumen. Si hay algún error, lectores más devotos que yo me sabrán corregir:

1. SENTIRSE INDISPENSABLE:

Una visita a un cementerio nos podría ayudar a ver los nombres de tantas personas que pensaban que eran indispensables”.

2. EXCESIVA LABORIOSIDAD:

Sumergirse en el trabajo descuidando otros aspectos de la vida.

3. “FOSILIZACIÓN” MENTAL Y ESPIRITUAL:

Perder la serenidad interior, la vivacidad y la audacia y convertirse en “máquinas burocráticas”.

4. PLANIFICACIÓN EXCESIVA Y FUNCIONALISMO:

Cuando se planifica todo minuciosamente y se cree que con una perfecta planificación todo avanza.

5. MALA COORDINACIÓN:

Cuando se pierde la comunión y la funcionalidad armoniosa entre quienes comparten la misma tarea.

6. ALZHEIMER ESPIRITUAL:

Olvidar el fervor inicial.

7. RIVALIDAD Y VANAGLORIA:

Cuando las apariencias  se convierten en el objetivo  de la vida.

8. ESQUIZOFRENIA EXISTENCIAL:

Vivir una doble vida, fruto de la hipocresía.

9.  CHISMES Y MURMURACIÓN:

Enfermedad  que  se adueña de la persona, haciendo que se convierta en “sembradora de cizaña”.

10. DIVINIZAR A LOS JEFES:

Enfermedad de quienes cortejan a los superiores esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del afán de hacer carrera y del oportunismo.

11. INDIFERENCIA HACIA LOS DEMÁS:

Cuando cada quien piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas.

12. CARA DE FUNERAL:

Personas hurañas y ceñudas, que tratan a  los demás con severidad, rigidez, dureza y arrogancia.

13. ACUMULACIÓN:

Acumular bienes materiales, no por necesidad, sino solo para sentirse seguro.

14. CÍRCULOS CERRADOS:

Todo casa dividida contra sí misma perecerá”.

15. BENEFICIO MUNDANO:

Tratar  de multiplicar poderes calumniando y desacreditando a los demás.

Es curioso, pero tengo la sensación que estos problemas se los encuentra en otros lugares, además de Roma.


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 854 seguidores