Homenaje al General Leal

febrero 22, 2015

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Hoy es el Día de la Antártida Argentina y se celebra como corresponde: con un homenaje al General Jorge Leal, que fundó la Base Antártica “Esperanza” y hace 50 años llegó al Polo Sur al mando de una expedición terrestre argentina.

Me enteré por un tuit de Jorge Argüello, que hace dos años escribió esta nota, cuando el General tenía 90, y que me parece cuenta bien su historia.

Recibí la información tarde, y no voy a estar presente físicamente ahora, a las 17, en el Museo Malvinas. Pero quiero asociarme de alguna manera. Argentina no tiene mejor héroe vivo.


La política y la convicción

enero 30, 2015

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Soy seguidor del blog de mi amigo Artemio López. Muchas veces no estamos de acuerdo en una evaluación política, o en la elección de las mejores tácticas, pero siempre lo encuentro estimulante. Y a menudo sube textos de un nivel intelectual muy por encima de la coyuntura (con algún sesgo por autores franceses modernos que no aguanto, pero nadie es perfecto).

Hoy hizo un aporte valioso para cualquier visitante de la bloguería politizada. Subió una parte sustancial de la conferencia clásica de Max Weber “La política como vocación” (con el correspondiente enlace al original completo). Recomiendo leerla a todo (y toda) aquel que crea tener “vocación” para la política. Especialmente a los jóvenes, como los que él se dirigía.

Inspirado por el ejemplo de mi amigo, voy a hacer algo más de caradura. Una especie de “Weber for dummies” donde tomo frases y párrafos de esa gran conferencia, para tratar de traducir en un lenguaje más convencional y pedestre algunos de sus conceptos de la política, la convicción y la responsabilidad.

Eso sí, tengo que señalarle algo a Artemio. El lenguaje que Weber usa, su dramatismo, especialmente en el largo fragmento que subió, está influido, dominado, por su circunstancia. Munich, 1919, el final de la Primera Guerra Mundial, la derrota de Alemania, la revolución y la reacción luchando en las calles… Sobre todo, la conciencia, que su lucidez le imponía, que eso era el prólogo de la destrucción de la civilización europea que lo formó. El hecho que algunas encuestas lo den en punta a Scioli, como la que usó para ilustrar su posteo, no es igualmente trágico.

Weber (muy) básico: “El concepto (de política) es extraordinariamente amplio y abarca cualquier género de actividad directiva autónoma … Hoy por política entenderemos solamente la dirección, o la influencia sobre la dirección, de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un Estado … Política significará, pues, para nosotros, la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder entre los distintos Estados o, dentro de un mismo Estado, entre los distintos grupos de hombres que lo componen“.

El Estado, como todas las asociaciones políticas que históricamente lo han precedido, es una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima (es decir, de la que es vista como tal). Para subsistir necesita, por tanto, que los dominados acaten la autoridad que pretenden tener quienes en ese momento dominan … Quien hace política aspira al poder; al poder como medio para la consecución de otros fines (idealistas o egoístas) o al poder “por el poder”, para gozar del sentimiento de prestigio que él confiere“.

Además de la política, habla de los políticos:

Hay dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive “para” la política o se vive “de” la política. La oposición no es en absoluto excluyente. Por el contrario, generalmente se hacen las dos cosas, al menos idealmente; y, en la mayoría de los casos, también materialmente. Quien vive “para” la política hace “de ello su vida” en un sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de “algo”. En este sentido profundo, todo hombre serio que vive para algo vive también de ese algo“.

A continuación subo un párrafo que ni yo me atrevo a sintetizar. Esencial, porque las frases que copié arriba también podrían ser de cualquiera de los imitadores berretas de Maquiavelo. Para que sea más fácil de entender, explico en mis palabras dos conceptos fundamentales en la obra de Weber (no originales de él, por cierto): la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad.

Ética de la convicción es aquella que juzga una acción en sí misma, por su cercanía o su alejamiento de determinados principios morales. Al que la ejecuta, le pregunta (o se pregunta) por sus intenciones.

Ética de la responsabilidad es la que juzga a la acción por sus consecuencias. Para el que la lleva a cabo, la pregunta fundamental es si la ha pensado bien.

Weber dice, ya casi al final de la conferencia:

Es cierto que la política se hace con la cabeza, pero en modo alguno solamente con la cabeza. En esto tiene toda la razón quienes defienden la ética de la convicción. Nadie puede, sin embargo, prescribir si hay que obrar conforme a la ética de la responsabilidad o conforme a la ética de la convicción, o cuándo conforme a una y cuándo conforme a otra. Lo único que puedo decirles es que cuando en estos tiempos de excitación … (la excitación no es ni esencialmente ni siempre una pasión auténtica) veo aparecer súbitamente a los políticos de convicción en medio del desorden gritando: “El mundo es estúpido y abyecto, pero yo no; la responsabilidad por las consecuencias no me corresponden a mí, sino a los otros para quienes yo trabajo …”, lo primero que hago es cuestionar la solidez interior que existe tras esta ética de la convicción. Tengo la impresión de que en nueve casos de cada diez me enfrento con odres llenos de viento que no sienten realmente lo que están haciendo, sino que se inflaman con sensaciones románticas. Esto no me interesa mucho humanamente y no me conmueve en absoluto.

Es, por el contrario, infinitamente conmovedora la actitud de un hombre maduro (de pocos o muchos años, eso no importa), que siente realmente y con toda su alma esta responsabilidad por las consecuencias y actúa conforme a una ética de responsabilidad, y que al llegar a cierto momento dice: “No puedo hacer otra cosa, aquí me detengo”. Esto sí es algo auténticamente humano y esto sí cala hondo. Esta situación puede, en efecto, presentársenos en cualquier momento a cualquiera de nosotros que no esté muerto interiormente. Desde este punto de vista la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción no son términos absolutamente opuestos, sino elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre auténtico, al hombre que puede tener “vocación política”.”


Comentarios sobre la masacre en Charlie Hebdo

enero 8, 2015

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Subir estas fotos de algunos de los asesinados es un recurso poco sutil para provocar una reacción emocional. A Stalin, un tipo desagradable pero realista, se le atribuye la frase “Una muerte es una tragedia. Un millón, una estadística“. Pasa que además esas fotos recuerdan un hecho: estos tipos que ahora están muertos, estaban vivos. Aunque no me agradaba, por lo general, el contenido de sus caricaturas: ni tampoco – es cuestión estética – el estilo usual de sus dibujos.

No soy un hombre sentimental: no se puede haber participado o sufrido la política en los “años de plomo” en Argentina y seguir siéndolo, salvo con una gran capacidad de negación que no tengo. Es evidente, y humano, que todos reaccionamos de acuerdo a nuestra experiencia, nuestros prejuicios y temores, nuestro lugar en el mundo. Cuando ayer escribí, al recibir las noticias, lo hice sobre las razones porque los medios, y los argentinos en general, íbamos a prestar muchísima más atención a esta masacre que a un atentado en Damasco.

Igual, los atentados en otros lugares, las miles de muertes en Gaza, las centenares de miles provocadas por los bombardeos “occidentales” en el Arco Islámico durante décadas… aparecieron rápidamente en las discusiones políticas en blogs y foros. Como también las víctimas de las masacres en Ruanda y en los Balcanes. Y el holocausto judío y el armenio… Tirarse cadáveres forma parte del duelo de hinchadas, los Buenos y los Malos, que es como demasiados se relacionan con la política internacional.

Eso sí, me arrancó una sonrisa leer a columnistas ortodoxos de Clarín, como Claudio Aliscioni decir “Importa considerar el momento en que se produce el ataque. En el exterior, Francia viene participando en cruzadas contra el fanatismo islámico que incluso castiga a sus propios pueblos. Ingentes grupos juveniles del país se suman a otros europeos para hacer la Yihad. No es una guerra santa clásica en busca del Santo Grial. Es una protesta desolada contra la exclusión que sienten en sus propios países, contra las élites que los ignoran y contra un futuro que no los sienta a su mesa“. Y a Marcelo CantelmiEl mundo árabe está en convulsión desde el estallido de la controvertida Primavera Arabe en 2011. La presión de las masas por un cambio frente a décadas de autoritarismo en demanda de mejores condiciones sociales, generó un desafío que en determinados escenarios fue neutralizado con estas formas de integrismo“.

Hay una buena parte de verdad en eso, aunque quede mucho afuera. Pero me divirtió ver al Grupo Clarín bajando una línea tan similar a la de la progresía filo K. Muchas veces dije que su problema con el kirchnerismo no ideológico sino de poder e intereses.

En fin, como recordaba un comentarista aquí, es un tema lejano para nosotros, aunque nos sea o no sensible. Y debe seguir siéndolo. Estoy totalmente de acuerdo, como decisión política, con el comunicado oficial de nuestro gobiernoLa presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno y el pueblo argentino condenan enérgicamente el bárbaro ataque terrorista … La Argentina reitera su inalterable compromiso con la paz y la lucha contra el terrorismo en todas sus formas, así como la voluntad y decisión políticas de continuar fortaleciendo los mecanismos de cooperación internacional, observando las leyes y respetando los derechos humanos, como el único camino de las sociedades democráticas para afrontar este flagelo”. No va a ser ese el camino que se siga, sospecho, pero es la posición que nos corresponde tomar a nosotros. Y debemos procurar que sea la oficial de la UNASUR.

Por mi parte, más adelante escribiré algo sobre Europa y el Islam. Sobre las decisiones que deberá tomar, en el tiempo, la comunidad musulmana allí, con una problemática muy distinta a la que enfrenta en otras regiones del globo. Pensé en eso cuando vi que el policía asesinado era Ahmed Merabet, musulmán. Pero eso quiero hacerlo cuando las reacciones automáticas se hayan apagado.

Por ahora, me parece que lo mejor es recurrir a los viejos poetas. En este caso, uno europeo, de hace unos cuantos siglos

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
Como si fuera un promontorio o la casa de uno de tus amigos o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad;
Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti“.


2014: El año que los argentinos no chocamos

diciembre 31, 2014

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Esto de “año del no choque” tiene más significado – como insinué en el posteo anterior – para el escenario argentino que para el global. Después de todo, hace ya 69 años que no hay guerra abierta, “a finish”, entre Grandes Potencias. Y eso, con las capacidades a su disposición, sería el verdadero “choque” de la civilización. Y en cuanto a la posible caída de un gran asteroide, hace 65 millones de años del último del Nivel de Extinciones Masivas. ¿Por qué tendría que haber ocurrido, una cosa u otra, justo en 2014?

En cambio, existe una convicción, bastante extendida, que en Argentina hay una debacle de la economía todas las décadas. No es así: hay lapsos de 10 años sin conmociones económicas, y otros en que hubo varias. Pero, en política y en economía, lo que muchos piensan que va a pasar… tiene más chances de pasar. Y es cierto que este año empezó mal, con el amotinamiento un mes antes de la policía cordobesa, cuyo resultado exitoso – para ellos – provocó una reacción en cadena en muchas fuerzas de seguridad. Ese fin de año sí estuvo acompañado de los tradicionales saqueos.

En enero el gobierno se vio forzado a devaluar el dólar oficial – el  decisivo, el que se usa en el comercio exterior – en un 18,63 %. No mucho, para la historia de las devaluaciones argentas. Pero, como en casi todas ellas, se volcó de inmediato a los precios internos, anulando toda posible ventaja para la competitividad. Y a mediados de año, el sistema judicial estadounidense, con el aval tácito del Ejecutivo, le dio un golpe fatal a las expectativas de acceso a los mercados financieros internacionales que nuestro gobierno había tratado de conseguir con algunas medidas de reconciliación (arreglo con el Club de París, indemnización a Repsol, aceptación de los fallos del CIADI).

Ahora, la historia, la epopeya del gobierno de Cristina Fernández en su enfrentamiento con éstas y otras amenazas, el logro de conservar las políticas sociales básicas y la modesta prosperidad de los sectores medios ha sido relatada en estos días, en publicaciones y en blogs, por la militancia kirchnerista (Recomiendo en particular, de lo que leí, lo de mi tocayo Gerardo Fernández Y llegamos a fin de año en paz… y de Eduardo Aliverti El año que no fue).

Por mi parte, mi apoyo a este gobierno – evidente para quien lea este blog – es el apoyo a sus políticas más importantes, lo que puede considerarse militancia kirchnerista o no. El punto es que el sesgo de mi análisis es otro: antes que la heroica lucha contra los Malos con una agenda diferente (que por supuesto es real. Pero ¿qué gobierno no debe enfrentarse con Malos? En todo caso, distintos malos, los Buenos del otro lado), me interesa evaluar su capacidad para manejar el poder del Estado, las variables económicas y los intereses y temores de los diversos sectores de la sociedad, los que quiere favorecer y los que debe contener.

Es desde ese enfoque que me parece inevitable darle una muy buena nota a la gestión de Cristina Fernández. No me engaño: tengo claro que su poder se ha debilitado: al ataque de los medios más masivos, formadores y receptores de opinión de una parte numerosa de la población, presente durante casi todo el tiempo de sus dos gobiernos, se han sumado en el último tiempo señales hostiles del Poder Judicial y de las organizaciones empresarias, ambas buenas veletas para saber como sopla el viento.

Pero yo planteé hace mucho tiempo en el blog que este gobierno entraba en una etapa “ochentista”. Con todas las diferencias entre la Argentina de hace 30 años y la de ahora, la Presidente debe encarar un problema similar al de Raúl Alfonsín: Con los recursos de un Estado democrático y la legitimidad constitucional, sin una alianza sólida con un sector del poder económico, sin unas Fuerzas Armadas politizadas en su favor (como el peronismo fundacional o el chavismo), sin milicias populares o fantasías por el estilo, debe gobernar una sociedad razonablemente moderna y compleja y una economía ídem, sin “viento de cola”. Tratando de conservar la adhesión de quienes la votaron.

Y me parece indiscutible que, hasta ahora, lo está haciendo mucho mejor. Si llega al final de su gobierno en estas condiciones – aún aceptando un margen para un posible deterioro en la imagen, porque uno debe ser realista – no será solamente un triunfo personal. Será uno muy importante para Argentina: la demostración que la Argentina es gobernable manteniendo políticas inclusivas, es decir, democráticas.

Que esas políticas actuales deben ser mejoradas, que hay una agenda muy importante de desarrollo que falta encarar, por supuesto. Lo volveré a tocar en otros posteos. Por ahora, y como no voy a retornar hasta el 2015, les copio otra reflexión de fin de año, ésta de un columnista, Julio Coronado, no muy conocido en el mostrador de Dios, de un diario de Mendoza Capital. Que me parece ilustra lo que falta en análisis “realpolitik” como éste que traté de hacer.

(Lo encontré ahí porque – uno es de la realpolitik – la estoy observando con cuidado. Es el primer lugar de Argentina – aún antes que Chaco (8/3), Salta (12/4) o la Capi (26/4) – en que se va a medir el humor de la gente con esas encuestas que llamamos primarias. El 22/2).

En un diciembre que está terminando sin mayores sobresaltos, fin de ciclo parece raro. Poca inflación la de este mes. Aparentemente no hay quejas por el impuesto a las ganancias, los policías están de acuerdo con sus salarios, la clase media sueña con el Atlántico y los pobres, son pobres. Ya nadie se acuerda de los planes, de los negros, de Vaca Muerta, del Vice. La situación alarmante por los pronosticadores económicos sobre un fin de año más parecido al Titanic que a las Aventuras de Chatran no llegó. Quisieron, algunos o muchos, un diciembre rojo, nuevamente, pero no asomó ni a naranja.

Argentina es Disneylandia o el infierno de Dante a los ojos del espectador mediático. Al lado de esta realidad, pegada y silenciada a nuestros oídos de clase media, está el pueblo, no la gente – esa construcción de señora linda que se alarma ante un homicidio, pero no de las miles de muertes que se lleva el aborto ilegal y que llora cuando aparece un nieto recuperado. El pueblo, que no llega al impuesto a las ganancias y si lo hace, no le alcanza para la casa propia, encuentra en las políticas inclusivas, un abanico digno, aunque pequeño, que recibe del estado, del gobierno y de las instituciones, ante el fortísimo calor del capitalismo. Ese es el pueblo que está solo y espera.

En las opiniones que vierten especialistas o no tanto sobre el futuro del país, siempre aparece la educación como la clave a resolver. El partido más difícil. Pero no se menciona que la tan mentada crisis educativa que atravesamos es el resultado de años de políticas contradictorias: los modelos pedagógicos no se pueden cambiar como quien no sabe qué ponerse para noche buena mientras el asado se pasa. Los resultados de la ley 1420 de 1.884, impulsada por Sarmiento recién se vieron en las primeras décadas del siglo pasado.

El día 12 de diciembre pasado, en una escuela secundaria para adultos, CENS, que funciona en un ex depósito de la Municipalidad de Guaymallén, a las nueve de la mañana, veintidós mendocinos adultos terminaron sus estudios. El acto comenzó a horario. Las sillas se acurrucan en una pequeña galería de una construcción chorizo, según el criollismo arquitectónico. Adelante los egresados y atrás los familiares. Pocos padres y más niños en brazos y maridos. Adolescentes que ven cómo sus madres terminan lo que a ellos no les cuesta mucho. Y sin netbook regalada o incluida.

Cantamos el himno, somos testigos del cambio de abanderados. Todas mujeres, madres y hasta abuelas, portan con orgullo la celeste y blanca. Hay lágrimas que corren como goteras de un techo que no se arregla nunca.

Atrás de los flequillos, rodetes, de los pantalones anchos y los cortes de pelo símil wachiturro, se observa la felicidad de quien dio un paso adelante en este ajedrez de todos los días, donde la educación es el único juego que te permite cambiar de ficha. Luego vienen las gaseosas, los chizitos y los palitos; una torta, simple y rica. Los profesores que ofician de padrinos de los egresados llevan regalos. Un video emotivo musicalizado con rock nacional cuenta la historia en imágenes de esas veintidós vidas que no reniegan de su pasado y se hacen cargo del presente.

Como cualquier fiesta, ya no acto, termina con música. Un saxofonista que comenzó con un poco de tos musical hace bailar a docentes, egresados y familiares al ritmo de Carlos Santana. Llegan los abrazos y las despedidas. Las sillas se acomodan, por un profesor que tiene aspecto de haber llegado tarde. La escuela va quedando vacía. Fue otro fin de ciclo, en el laberinto con salida de la educación.

Mendoza tiene 117 CENS, ninguno con edificio propio. Según la DINIECE (Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa) egresaron en el año 2009, 1392 alumnos, en 2010, 1449 alumnos; en 2011, 1736 alumnos; 2012, 2155 alumnos; y en el 2015, 2253 alumnos)“.

Sólo agrego dos frases muy tradicionales: El pasado es prólogo. Feliz Año Nuevo.


Feliz Navidad, desgraciados

diciembre 24, 2014

mensaje navideño

Ayer mis amigos AyJ (Víctor Lustig), Manolo Barge y Rogelio Galliano comentaban en un mail de los rasgos del Papa Francisco que, a sus mentes suspicaces, les hablaban de un pasado peronista.

Tanto La Nación como Página 12, en rara coincidencia de tono, habían dado la noticia de un mensaje navideño muy severo a cardenales, obispos y altos funcionarios de la Iglesia Católica. La versión más dura de las que vi fue la de The Economist, “Cuando los miembros de la Curia se reunieron esta semana para una reunión previa a la Navidad con el Jefe, pueden haber estado esperando algunas palabras convencionales de aliento y buenos deseos para las fiestas. En lugar de ello consiguieron una terrible reprimenda. Todo tipo de patologías se encontraban, les dijo, en los pasillos del poder eclesiástico: arribismo despiadado, murmuraciones, narcisismo, complacencia. El Papa diagnosticó no menos de 15 fallas específicas, que van desde un “Alzheimer espiritual”, presumiblemente una conciencia  cada vez menor que el trabajo eclesial tiene un propósito sagrado, a delirios de omnipotencia y “terrorismo de chismes”. De hecho, de algunos agentes del Vaticano se decía que eran culpables de “matar a sangre fría la reputación de sus propios colegas y hermanos“. Pero, bueno, los de esa revista son anglicanos, thatcheritas y hasta probablemente masones.

Por mi parte, para no incurrir en errores teológicos, les enlazo la versión oficial de esa audiencia del Santo Padre, La Curia Romana e il Corpo di Cristo. Y como me parece muy útil la lista de esas quince enfermedades, les doy este brevísimo resumen. Si hay algún error, lectores más devotos que yo me sabrán corregir:

1. SENTIRSE INDISPENSABLE:

Una visita a un cementerio nos podría ayudar a ver los nombres de tantas personas que pensaban que eran indispensables”.

2. EXCESIVA LABORIOSIDAD:

Sumergirse en el trabajo descuidando otros aspectos de la vida.

3. “FOSILIZACIÓN” MENTAL Y ESPIRITUAL:

Perder la serenidad interior, la vivacidad y la audacia y convertirse en “máquinas burocráticas”.

4. PLANIFICACIÓN EXCESIVA Y FUNCIONALISMO:

Cuando se planifica todo minuciosamente y se cree que con una perfecta planificación todo avanza.

5. MALA COORDINACIÓN:

Cuando se pierde la comunión y la funcionalidad armoniosa entre quienes comparten la misma tarea.

6. ALZHEIMER ESPIRITUAL:

Olvidar el fervor inicial.

7. RIVALIDAD Y VANAGLORIA:

Cuando las apariencias  se convierten en el objetivo  de la vida.

8. ESQUIZOFRENIA EXISTENCIAL:

Vivir una doble vida, fruto de la hipocresía.

9.  CHISMES Y MURMURACIÓN:

Enfermedad  que  se adueña de la persona, haciendo que se convierta en “sembradora de cizaña”.

10. DIVINIZAR A LOS JEFES:

Enfermedad de quienes cortejan a los superiores esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del afán de hacer carrera y del oportunismo.

11. INDIFERENCIA HACIA LOS DEMÁS:

Cuando cada quien piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas.

12. CARA DE FUNERAL:

Personas hurañas y ceñudas, que tratan a  los demás con severidad, rigidez, dureza y arrogancia.

13. ACUMULACIÓN:

Acumular bienes materiales, no por necesidad, sino solo para sentirse seguro.

14. CÍRCULOS CERRADOS:

Todo casa dividida contra sí misma perecerá”.

15. BENEFICIO MUNDANO:

Tratar  de multiplicar poderes calumniando y desacreditando a los demás.

Es curioso, pero tengo la sensación que estos problemas se los encuentra en otros lugares, además de Roma.


Triunfos, derrotas y patriotismo

diciembre 17, 2014

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Desde que hace una semana leí la nota de Luis Alberto Romero Delirio nacionalista: el mito del combate de Obligado, tenía ganas de escribir sobre el asunto. No porque tome muy en serio a quien la escribió – el talento como historiador no se hereda, aunque ser “hijo de” sirve para lo que pasa por prestigio en nuestra comunidad académica. El punto es que era un buen ejemplo de la obsesión por devaluar “mitos”, símbolos que convocan al patriotismo argentino, que forma parte de una “batalla cultural” importante. Desde el “otro lado”.

Cuando Carlos Escudé escribió en 1990 contra los prejuicios nacionalistas en la educación argentina, se valió del rechazo instintivo en los sectores medios hacia el discurso tan caro a los gobiernos militares, que pocos años antes se había desprestigiado. Además, es un escritor talentoso y agudo. Aún así, “olvidó” hacer notar que esos prejuicios estaban en los textos escolares de todas las naciones modernas desde fines del siglo XIX, sobre todo las europeas.

De todos modos, ese debate está terminado, en la currícula escolar. Hoy los libros infantiles están llenos de derechos humanos, pacifismo, y multiculturalismo. Pero muchos opinadores – del lado que hoy se da en llamar “republicano” – se sienten obligados a denigrar todo lo que huela de patriotismo (Entre los comentaristas del blog hay un grupo que puede servir de muestra gratis). Creo que el asunto tiene raíces más profundas que la aversión al “populismo” y nuestras internas caníbales; sospecho que es la forma en que se manifiesta en Argentina el racismo autodenigrador que es la maldición latinoamericana.

Sea como sea, la nota de L. A. Romero me parecía un ejemplo interesante, hasta por una cierta ceguera que muestra. Lean el primer párrafo:

¿Quién ganó el Combate de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845? Muchos argentinos creen que fue una victoria nacional. Para los ingleses fue solo un pequeño combate, pero sus historiadores serios, como John Lynch, saben bien cómo fueron las cosas. En cambio (?) los franceses lo han recordado. En 1868, en tiempos de los sueños imperiales de Luis Napoleón, la Rue de la Pelouse fue rebautizada como Rue d’Obligado. La calle desemboca en la Avenue de la Grande-Armée, la de Napoleón y de Austerlitz, a pocas cuadras del Arco de Triunfo, que celebra las grandes victorias. Más aún, en 1900 el nombre se impuso a la nueva estación del Metro. Así fueron las cosas hasta 1947, cuando Eva Perón visitó Francia y pidió que ambas fueras rebautizadas como Argentina“.

Pasó que ayer respondió Pacho O´Donnell ¿Triunfo o derrota en Vuelta de Obligado? No es un historiador profesional (tampoco lo soy yo, si vamos a eso) sino un divulgador, pero escribe bien y planteó argumentos sólidos, más tal vez de los que merece el artículo periodístico original.

Me quedó anotado un párrafo de L. A. Romero, donde ya alcanza una nota de histeria, que me parece revelador de algo más sutil: que el triunfalismo argentino – una característica que se nos critica con bastante justicia – no es patrimonio de los “nacionales”.

Dice L. A. R.: “Es curioso que sobre esta situación … se haya constituido el mito de la victoria – una verdadera trampa cazabobos – y el de la defensa de la soberanía nacional. Celebrar una derrota – como ocurre hoy con Malvinas – es la quintaesencia de nuestro enfermizo nacionalismo, soberbio y paranoico“.

Lo curioso es que alguien que ostenta ser historiador no tenga presente que los mitos nacionales más perdurables y profundos se han edificado con más frecuencia sobre derrotas que sobre victorias. Los serbios, con Kosovo, los estadounidenses, con El Álamo… Todo Occidente encontró su símbolo en las Termópilas…

En cuanto al valor de esa batalla, Pacho cita a José de San Martín “Los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin mas trabajo que abrir la boca”. Y hace un par de años encontré un testimonio del almirante Bartholomew James Sulivan, K.C.B. Esos dos sabían de triunfos y derrotas, y de honor nacional, más que Luis Romero.


Despidiendo a Halperín Donghi

noviembre 15, 2014

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Comenté bastantes veces en el blog que me gusta mucho leer sobre historia. Otras, que considero que Tulio Halperín Donghi es (era, desde ayer) el mejor historiador profesional argentino. Así que no necesito decir que siento una pérdida importante. No soy bueno para escribir largas necrologías elogiosas, y como yo no soy un historiador profesional ni he estudiado a fondo su obra, menos aún soy el tipo indicado.

Lo que recomiendo es leer sus libros. Sobre todo – esta es una recomendación para los que les interesa comprender a Argentina y los argentinos, no para estudiantes de historia – sus ensayos. Son más cortos, más fáciles de leer, y dicen cosas agudas y reveladoras sobre Rosas, Mitre, Sarmiento, las manifestaciones locales del liberalismo, otros historiadores y sobre él mismo.

Mi idea aquí es hacer algunos comentarios sobre el contexto. Creo que es lo que él habría hecho, si pudiera escribir sobre su propia muerte. Tendrían mucha más originalidad y estilo literario, claro.

Un dato fundamental, del que T. H. D. estaba muy consciente, es que él formaba parte del colectivo “intelectual antiperonista”. Con más moderación, lucidez y capacidad de ironizar sobre sí mismo que la gran mayoría de ellos, pero comprendía que el peronismo había traído una división profunda en la política y en el pensamiento argentino, que marcó toda su larga vida adulta. Tenía 19 años en el ´45, y murió ahora a los 88.

Por eso mismo, aunque nunca fue kirchnerista ni estuvo cerca, no puede ser visto como un “anti K”. Tal vez porque su conciencia histórica le permitió darse cuenta muy pronto (¿ya en 1957?) que el peronismo era una parte de la historia argentina. Entonces, ya anciano, vio a los gobiernos Kirchner como una etapa más.

De todos modos, sabía que él formaba parte de los que estaban en la vereda de enfrente. Y era consciente (¿con dolor?) que su sector no había sido capaz de dar respuestas a la Argentina. Supongo que de ahí venía su ironía, y esos largos párrafos llenos de condicionales.

Por eso me parece interesante señalar como se lo despide desde el otro lado de esa divisoria. La agencia oficial, TELAM, ha sido muy correctaDueño de una obra de enorme valor, era uno de los intelectuales más importantes de América Latina“. Cierto, y también generoso, para nuestras costumbres. En Página 12 Sergio Wischñevsky, historiador, escribe la mejor despedida que leíVarias generaciones de historiadores y de entusiastas lectores nos formamos leyendo sus ensayos, discutiendo con sus escritos, enojándonos con su gramática y aprendiendo con su singularísimo estilo. Discutir a Halperin fue parte de un gesto que se tornó folklórico … Sabía Halperin que los protagonistas de cualquier historia, imbuidos en sus pasiones y voluntades, se dirigen a rumbos que desconocen, que están inmersos en fuerzas que los superan y que apenas pueden percibir…”.

Me gustaría leer algo del Instituto Dorrego. Allí hay algunos historiadores, es decir, gente que defiende sus causas en sus libros, encontrando hechos que no se conocían, revisando archivos…

No vayamos a creer – estamos en Argentina – que De mortuis nihil nisi bonum, eh. Una publicación digital militante le dedica una nota, tomada de una crítica que escribió Norberto Galasso hace 9 años: Halperín Donghi, el historiador que relativizó los bombardeos a Plaza de Mayo.

Galasso no es más amable con Halperín, que lo que T.H.D. fue con N.G. y sus colegas revisionistas. Pero me parece que este párrafo de Galasso (“Los malditos excluidos de la historia oficial”, volumen II, 2005) que describe con precisión esos hechos (en el primer momento pensé que pertenecía a Halperín: “La democracia de masas”, 1991) justifica esa dureza:

… la Plaza de Mayo y adyacencias se han convertido en horrendo espectáculo de destrucción, de sangre y de muerte. Los aviadores insurrectos ―llevando a cabo el plan esbozado por tres políticos; el socialdemócrata Américo Ghioldi, el radical Miguel A. Zavala Ortiz y el conservador Oscar Vichi― no solo arrojan bombas sobre civiles indefensos, sino que, en algunos casos, cuando se trata de grupos obreros decididos a defender al gobierno, ametrallan salvajemente…“.

Es verdad que esa masacre no fue condenada con la energía que corresponde a un hecho con pocos precedentes, si alguno, en la historia mundial: una parte de las fuerzas armadas de un país bombardean la sede de su gobierno para matar al mandatario, y al no conseguirlo, descargan sus bombas sobre la población civil. Pero la “relativización”, bah, la borratina de la memoria oficial y las declaraciones públicas por más de medio siglo, fue de toda la sociedad argentina, incluido el peronismo.

Quedó en la memoria de muchos argentinos anónimos. Tal vez por eso, cuando un grupo guerrillero hasta entonces desconocido se atribuyó el asesinato de Aramburu, la noticia no es recibida por muchos peronistas humildes con repulsión. Más bien, con la sensación de una venganza demorada.

De todos modos, todo eso no fue responsabilidad de Halperín Donghi. Podemos decir que, como muchos argentinos, encontró fácil escribir en forma distante sobre los crímenes que no lo afectaban a él o a quíenes conocía. Hemos pagado algún precio por esa naturalidad.

Para el viejo profesor, me gusta como epitafio el que elaboró el ingenioso bloguero Lada Laika, pensando seguramente en uno de sus libros más importantes La larga agonía de la Argentina peronista, escrito en 1994, en la mitad del gobierno de Menem. Dice así:

La Argentina peronista parece haber sobrevivido a su larga agonía. Hoy, esa vieja adversaria despide a un amigo...”


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