La política y el Mercosur

abril 27, 2020

(Otra vez recurro a reproducir en el blog un artículo de AgendAR, sin agregarle nada. O sí, al final un párrafo breve y superficial, como consejo interno).

El Mercosur ha sido una política de Estado de los distintos gobiernos argentinos, y de los también cambiantes gobiernos de los otros países miembros, desde 1985, cuando los presidentes de Argentina y Brasil, Raúl Alfonsín y José Sarney, suscribieron la Declaración de Foz de Iguazú. «Política de estado» no significa que no tuvo oposición, aquí y afuera. Pero lo que aparece sorprendente en el momento actual es que los que mantenían posturas críticas, aparecen horrorizados por una «ruptura» o, peor, una «salida» argentina del Mercosur.

Corresponde entonces darles una buena (o mala, según quien la reciba) noticia: Argentina no se ha ido del Mercosur, y conserva el derecho -si decide ejercerlo- de bloquear las negociaciones del bloque con terceros países. Ese mismo derecho, dicho sea de paso, lo tienen también los otros tres miembros.

Reproducimos, con su permiso, este lúcido y profesional informe del diplomático argentino Ricardo Arredondo @arredondos:

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«El 24 de abril, en el marco de una reunión de Coordinadores Nacionales del Grupo Mercado Común sobre relacionamiento externo, el representante argentino, Jorge Neme, comunicó la decisión del gobierno nacional de suspender la participación de la República Argentina en los diferentes procesos de relaciones externas que lleva adelante el bloque. Con la excepción expresa de los acuerdos ya firmados, aunque aún pendientes de entrada en vigor, con la Unión Europea (UE) y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) (que integran Suiza, Noruega, Liechtenstein e Islandia); la Argentina manifestó su decisión de no continuar participando de los procesos negociadores en curso con Corea del Sur, Singapur, Líbano y Canadá y en los por iniciarse, como con la India, entre otros.

La decisión fue motivo de diversas críticas, aunque a mi juicio se encuentra correctamente fundamentada en la decisión de salir de un proceso negociador que inevitablemente iba a llevarnos a resultados desfavorables para el país. Como lo reconoció el canciller de Brasil, se trata de una posición que venía anticipándose a nuestros socios, que no quisieron, supieron o pudieron escucharnos.

Por otra parte, se trata de procesos de negociaciones comerciales externas a los que se entró sin haber realizado un estudio adecuado de las eventuales ventajas y perjuicios que podían producirse para nuestro país y sin haber efectuado un proceso de consultas internas con los diferentes sectores involucrados. Por lo tanto, de lo que se trata, utilizando una frase de la anterior administración, es de hacer efectivamente una “inserción inteligente”, evaluando los perjuicios y beneficios de nuestras interacciones.

Como en la mayoría de las cuestiones de la agenda internacional, no se trata de un elemento nuevo introducido por la pandemia del coronavirus, sino de algo que esta crisis ha acelerado. Emanuel Porcelli señala acertadamente que desde mediados de 2019, algunos países (particularmente Brasil) venían presionando para obtener dos objetivos: una aceleración de las negociaciones comerciales externas, especialmente la conclusión de ciertos acuerdos de libre comercio, y una reducción, lo más baja posible (con pretensiones cercanas a 0%) del arancel externo común (AEC).

Seguir adelante con este proceso, sumado a las dificultades propias de la situación económica argentina, se hubiera traducido en una receta peligrosa para intentar algún tipo de recuperación de industrial nacional.

Esta decisión no significa en modo alguno que la Argentina vaya a adoptar una política de aislamiento o encierro. Como dice el comunicado de prensa, el Mercosur es “mucho más que la geografía y la historia”. Argentina ha reafirmado su pertenencia a este espacio geográfico y estratégico común, su disposición a continuar trabajando con nuestros socios y, además, va a seguir interactuando, trabajando y comerciando con el resto del mundo como lo ha venido haciendo hasta ahora. La ratificación de los compromisos ya firmados con la UE y la EFTA son una clara evidencia de que la Argentina no está planteando la ruptura del Mercosur.

El comunicado emitido por la presidencia pro-tempore del Mercosur, en manos de Paraguay (que AgendAR reprodujo aquí) expresa que “La República Argentina … indicó que no será obstáculo para que los demás Estados Partes prosigan con los diversos procesos negociadores”. Esa afirmación no se encuentra contenida en el comunicado emitido por la Cancillería argentina. Al respecto, cabe recordar que la Decisión CMC 32/00, que sienta las bases para el relacionamiento externo del Mercosur, obliga a los Estados Miembros del Mercosur a negociar de manera conjunta los acuerdos con terceros (art. 2) por lo tanto, hasta tanto esa norma no sea modificada, la República Argentina conserva una capacidad de bloqueo respecto de esas tratativas externas.

Aquí el desafío consiste en encontrar un camino intermedio entre dejar que los socios avancen libremente hacia una apertura irrestricta y obstaculizar esas negociaciones. En este punto, existe claramente no solo una división ideológica sino también de percepción y visión respecto de lo que debe ser el futuro, pero no por ello me parece que debemos quedarnos afuera. Creo que esa decisión no beneficiaría a la Argentina.

El impacto y las consecuencias de esta crisis son multifacéticas y, en particular, los efectos del COVID-19 generarán la recesión más grande que ha sufrido la región desde 1914 y 1930. Se prevé un fuerte aumento del desempleo con efectos negativos en pobreza y desigualdad. Basta leer los informes del FMI, la OMC y la CEPAL, entre otros, para percibir la complejidad del mundo que se avecina. Ninguno plantea un escenario favorable. El panorama parece bastante volátil y es conveniente acampar hasta que aclare. En medio de esta incertidumbre, no parece razonable avanzar en un proceso de negociaciones comerciales

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Vale la pena recordar, para poner este episodio en contexto, que Paulo Guedes, el «superministro» de Economía de Jair Bolsonaro se pronunció desde el comienzo contra el Mercosur. Dijo en junio de 2019 -cuando el presidente argentino era Mauricio Macri- que «trabó el crecimiento«, y reiteró dos meses después que «Brasil sai do Mercosul se Argentina frear abertura do bloco«.

No hay que confundirse, entonces. El punto decisivo es que el actual presidente de Brasil y su Ministro  quieren llevar al mínimo o directamente a 0, como señala Arredondo, la pieza clave del Mercosur, el Arancel Externo Común.  Sin él, los productos industriales argentinos, y brasileños, competirían dentro de los cuatro países en igualdad de condiciones las exportaciones de EE.UU., la U.E., China, Indonesia…

No es una idea «descolgada» de Bolsonaro y de algunos de sus colaboradores, obvio. Hay quienes apoyan su proyecto en Brasil, y también en Argentina, por ideología o por intereses miopes de corto plazo. Pero eso ya se sabe. La pregunta es si habrá una coalición de sectores e intereses en Argentina lo bastante sólida que derroten ese proyecto y afirmen un destino agroindustrial sustentable. También es la pregunta en Brasil, y a la larga, las respuestas están vinculadas.


Un consejo informal: En nuestras peleas internas se puede escuchar a los que exigen que el ministro de Relaciones Exteriores hable bien el inglés, confundiendo su tarea con la de los traductores. Por mi parte, creo que la Cancillería debe formar muchos diplomáticos que dominen el mandarín, y otros que -aunque en India uno se puede arreglar con el inglés- conozcan el hindi, en escritura devanagari. Pero, a la luz de lo que pasó el jueves, tener algunos que se manejen en guaraní no estaría mal.


Brasil, Bolsonaro y los EE.UU.: historia de un amor

marzo 23, 2020

Otra vez reproduciendo una nota de AgendAR (¿será que en los días del coronavirus, los matices de la política y las internas se diluyen?). Y la nota es la reproducción, con un breve comentario, de un artículo de Jorge Castro. Pero, como digo ahí, el punto no es lo que cree Castro. Sino lo que creen algunas élites de Brasil. Y de Argentina.

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«Brasil se incorpora al complejo industrial- militar de Estados Unidos»

Jorge Castro es, ya lo hemos dicho otras veces en AgenDAR, un analista informado de la política y la economía global. Pero… también dijimos que sus entusiasmos le hacían, en nuestra opinión, lanzar pronósticos demasiado arriesgados. Es un admirador sin límites de la potencia industrial y tecnológica de los EE.UU., y también de la de China. Y está convencido que ambos gigantes nos llevarán, de común acuerdo (aquí Tucídides sacude la cabeza), hacia un futuro luminoso. Puede ser, pero no tendríamos que dejarnos deslumbrar por la luz.

Aquí anuncia y aplaude un desarrollo que vislumbra en la relación entre Brasil y EE.UU. Este optimismo nos hace recordar a los veteranos el que el mismo Castro sintió ante la política de «relaciones carnales» de Menem-Di Tella-Escudé. Pero eso no es necesariamente relevante; han pasado 30 años y el mundo y EE.UU. cambiaron. Lo q es importante tener en cuenta para los argentinos, vecinos históricos y socios comerciales de Brasil, es que este proyecto puede o no ser tomado en serio en Estados Unidos. Pero hay sectores brasileños, muy influyentes, que se ilusionan.

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«EE.UU. y Brasil firmaron en Miami, Florida, (06/03/2020) el “Acuerdo de Investigación, Desarrollo, Pruebas y Evaluación”(RDT&E) en materia de Defensa, que es la primera consecuencia en la relación entre los dos países tras la designación de Brasil por EE.UU. como “Aliado estratégico extra OTAN”, realizada por la superpotencia norteamericana en marzo de 2019.

El objetivo del pacto es incorporar a la industria de Defensa brasileña – Embraer en primer lugar – al inmenso complejo militar-industrial norteamericano, que es el primero del mundo tanto en potencia financiera e inversora como en capacidad tecnológica (en los últimos 4 años, EE.UUha invertido en sus fuerzas armadas – Ejército, Marina, Fuerza Aérea, Cuerpo de Infantería de Marina y Guardia Costera – U$S 2.5 billones, una cifra superior al gasto de Defensa del resto de los países del sistema global sumados).

La incorporación brasileña a este inmenso complejo productivo, tecnológico y militar tiene su particularidad más relevante en el proceso inversor del sistema, lo que tiene un significado inmediato para Embraer después de que la empresa madre fuera adquirida en U$S4.200 millones por Boeing Corp.

Este año, EE.UU., por decisión del presidente Donald Trump, ha creado la sexta fuerza armada, que es el “Comando Espacial”, previsto para enfrentar la guerra en el espacio.

El gasto de Defensa fijado en el presupuesto 2019/2020 de estadounidense asciende a U$S 741.000 millones, y es de lejos el primero del mundo (el de la República Popular, que es el segundo, alcanza a U$S 280.000 millones).

“El objetivo del RDT&E es que Brasil y EE.UU. realicen en conjunto proyectos de Defensa de alta tecnología”, señaló el Almirante Craig Faller de la Armada norteamericana, actual jefe del Comando Sur, cuyo segundo comandante es el general brasileño en actividad Alcides Faria, ex Jefe de la 5ta Brigada de Caballería Blindada. Brasil se ha convertido en cogarante de la seguridad hemisférica junto con EE.UU.

El RDT&E abre a la industria de Defensa brasileña acceso inmediato al “Fondo del Departamento de Defensa de EE.UU.” de U$S 100.000 millones , destinado al desarrollo de proyectos high tech. La incorporación al RDT&E implica que Brasil ha modificado su status internacional y ha salido del marco regional de América del Sur, tras el acuerdo político/estratégico/militar firmado por Donald Trump y Jair Bolsonaro en Washington.

De esta manera, Brasil retoma la política exterior lanzada por el Barón de Rio Branco (1902/1912), cuando fue el primer estadista sudamericano que advirtió el significado mundial de EE.UU .tras imponerse a España en la guerra de Cuba y Filipinas (1898/1899), y forzar la paz como mediador entre Rusia y Japón en la guerra de Manchuria (1904/1905) en la presidencia de Theodore Roosevelt (1901/1909).

A partir de ese momento, Brasil se convirtió en el principal aliado estratégico de EE.UU. en América del Sur, lo que se reveló como un factor decisivo en la contienda geopolítica con la Argentina, posición que mantuvo hasta la década del ´50 en el siglo XX; y que culminó con la participación de la “Fuerza Expedicionaria Brasileña”(FED) en la Campaña de Italia (1944/1945) contra el Tercer Reich, liderada por los generales Joao Mascarenhas y Zenobio Da Costa, encuadrada en el 5to ejército norteamericano conducido por el general Mark Clark.

Entre otros, la FED luchó en las batallas de Montecastelo, Castelnuovo y Montese, así como en Montecassino contra los paracaidistas del general Kurt Student, consideradas las mejores fuerzas de infantería de la Segunda Guerra Mundial.

Brasil se propone ahora establecer un acuerdo de libre comercio con EE.UU., sólo condicionado a la realización previa de 4 reformas fundamentales: la reforma del sistema de seguridad social, ya sancionada; la reforma impositiva destinada a recortar el “Costo Brasil” que le impone a la producción brasileña un sobreprecio de 40%; la privatización de más de 140 empresas estatales, salvo Petrobras; y la última y decisiva, la apertura de la economía brasileña, la más cerrada del mundo después de Sudán .

El dato central de la inserción de Brasil en la economía global en los últimos 25 años es la nula o negativa productividad de su industria, y por lo tanto, su incapacidad absoluta de competir en el mercado internacional, salvo en el Mercosur, esto es, la Argentina, protegida por el “arancel cero” que caracteriza al acuerdo regional como “zona de libre comercio”, lo que ha sido episódicamente a partir del Tratado de Asunción de 1991/1994.

El RDT&E es un punto de inflexión en la historia de Brasil y de las relaciones de América Latina con EE.UU; y coloca por segunda vez a la nación brasileña – la primera fue cuando Getulio Vargas, antes de enviar a la FED a combatir en Italia, le otorgó a EE.UU. cuatro bases militares en Natal, Pernambuco, Belem y Fernando de Noronha – ante la posibilidad de cumplir su vocación más profunda, y hasta ahora siempre frustrada, de lograr el status de una potencia mundial en las condiciones del siglo XXI.

Barón de Rio Branco/Getulio Vargas/Jair Bolsonaro: Brasil retoma su continuidad histórica.»

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Argentina fue designada “Aliado estratégico extra OTAN” 22 años atrás, en octubre de 1997, siendo los presidentes Clinton y Menem. Y esa condición no ha sido retirada, aunque hoy no se la tome mucho en cuenta. Y es casi seguramente debido a eso que somos parte del G20.

La moraleja que apuntamos con esta mención no es que las buenas relaciones con EE.UU. no deban ser un objetivo de nuestra política exterior, por Dios! Es mas simple, recordarnos que por sí misma no garantizan nada. El desarrollo es una tarea que nadie hará por nosotros.


Cae el precio del petróleo. Y otras cosas también

marzo 9, 2020

Otra vez vuelco en este perezoso blog una columna que escribí esta madrugada para AgendAR. Muy de coyuntura, obvio, pero si esto que describo se mantiene, será un cambio profundo en el escenario global.

Agrego al final unos párrafos para mis politizados y suspicaces visitantes:

“El precio del petróleo crudo está cayendo ahora más de un 20% en la apertura de hoy lunes en las bolsas de Europa. Los índices Nikkei 225 y Topix de Japón cayeron casi un 5 % esta mañana, y el yen subió más de un 3 % frente al dólar estadounidense. Son consecuencias de la ruptura del viernes entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y Rusia en sus negociaciones para tratar de recortar la demanda.

Los «índices de futuros» del Brent (el petróleo del Mar del Norte, que es referencia de los mercados) ya se habían derrumbado un 30%, y cotizaba a u$s 31 el barril, según informó la agencia Bloomberg. Esta caída es la mayor desde la primera guerra de Estados Unidos en Irak en 1991.

Se especulaba en la banca de inversión durante el fin de semana —Goldman Sachs al frente— sobre la posibilidad de que el desplome del barril se profundice hasta los 20 dólares, niveles de hace dos décadas. En lo inmediato, es un duro golpe para la gran mayoría de países petroleros, incluso los gigantes Arabia Saudita y Rusia. Los capitales internacionales están «fugando a lo seguro»: el oro, los bonos de deuda de EE.UU. y de Alemania.

Atención: esta puede ser una tormenta pasajera. Hace unas semanas había comenzado un romance entre Putin y la monarquía saudita (ver foto). Pero no es hoy la evaluación de los inversores.

Si esta situación de precios se mantiene, favorece a los importadores netos: China, la Unión Europea y Japón, aunque las consecuencias inmediatas del coronavirus hacen difícil hacer predicciones. En América Latina perjudica especialmente a Venezuela, Ecuador y México, donde su peso se está devaluando en relación al dólar.

Argentina es un caso especial: no es un país exportador de petróleo importante, y si su industria se recupera, será importador. Pero las inversiones para el yacimiento de Vaca Muerta que imaginó el gobierno de Cristina Kirchner, que el de Macri agitó como un espejismo frente a la realidad de la recesión, y que el actual de Alberto Fernández confía que puedan ser fuente de recursos para la reestructuración de la deuda… en esta de relación de precios no son viables.

El gobierno argentino deberá analizar muy bien el escenario actual, y las posibles decisiones de los actores principales. Es concebible que lo mejor para nuestro país sea volcar los recursos y subsidios que se reclamaban para el megayacimiento de Vaca Muerta a sectores de la economía más cercanos y que puedan ser reactivados en plazos más cortos.”

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La pregunta obvia es: ¿cómo han intervenido los EE.UU. en la actitud de Arabia Saudita? Que en alguna medida lo han hecho es incuestionable: el reino de la península arábiga es una potencia militar regional, y una potencia económica influyente en el escenario global. Pero no puede permitirse ser indiferente a los intereses de la Gran Potencia que es su aliado más poderoso y la garantía de su supervivencia.

Ahora, los intereses de EE.UU. en esto no están claros, al menos para mí. Impedir un entendimiento entre Putin y la monarquía saudita está en su beneficio, por supuesto. Reduciría mucho su influencia en Medio Oriente, puesto que la otra potencia regional, Turquía, está afirmando su autonomía. Sólo le quedaría su alianza, importante, es cierto, con Israel.

Pero, como señalo arriba, la caída del precio del petróleo beneficia a sus grandes rivales económicos, China y la Unión Europea (Alemania). Y, de paso, hace que el fracking sea todavía menos rentable. Es duro ser una Gran Potencia (más duro es no serlo, claro).

En cuanto a nosotros, que es lo que más me interesa: esta puede ser una situación transitoria, o no. Si no lo es, olvidémonos del “boom” de Vaca Muerta. Lo siento por los patagónicos, y los petroleros, pero lo tomo con ecuanimidad. Como ya habrán leído en el blog, sospecho que el plan de negocios de las petroleras privadas exige que el Estado y los consumidores argentinos vuelquen recursos, a través de un alto precio local del petróleo, entre otras formas.

Creo que hay sectores de nuestra economía que pueden responder más rápidamente a un estímulo. Al margen de la muy disputada reestructuración de la deuda externa.


Bernie Sanders: renovando la política (interna) de EE.UU. a los 79 años

febrero 23, 2020

Esta vez copio en el blog, sin agregados ni excusas, algo que escribí anoche para AgendAR. Tal vez los distintos públicos lo lean diferente:

Las elecciones del candidato presidencial de este año del partido Demócrata en el estado de Nevada arrojan un claro ganador: el senador Bernard Sanders, de 79 años, autodeclarado socialista.

En ese estado, como en Iowa, los delegados de cada candidato que irán al congreso nacional del partido, se eligen por el tradicional sistema de “caucus”, asambleas de afiliados. Por eso los resultados -a la hora de cierre de esta nota- son parciales. Pero alcanzan para definir un ganador muy nítido. Y Sanders gana con ésta, las primeras tres primarias: Iowa, New Hampshire y Nevada.

Iowa, blanco y rural; New Hampshire, bastante “anglo”, y “liberal”; y Nevada, del Oeste, con fuerte presencia del voto “latino” ¿Alcanza esto para decir que Sanders será el candidato Demócrata en noviembre? No. La dirigencia del partido no lo quiere. Y para muchísimos estadounidenses, está demasiado a la “izquierda”.

Menos aún le alcanzaría, entonces para vencer a Trump, a quien la economía le sonríe, por ahora. Pero tampoco puede descartarse. Después de todo, hace cuatro años Donald Trump parecía una apuesta absurda: la dirigencia de ambos partidos, los grandes medios estaban en contra.

El hecho que ya ha sido señalado y debemos tomar en cuenta es que ambos, Trump y Sanders, expresan la irrupción de un fenómeno en la política en este siglo: el “outsider”, la figura distinta -en la apariencia o en la realidad- a los políticos tradicionales, que se muestra desafiando a las élites autoelegidas y a la “corrección política” instalada desde los medios. No es sólo en EE.UU. donde está pasando ésto, o miren a Europa.

Entonces, no es posible decir ahora si Bernie Sanders es un aspirante con chances a la Presidencia de los Estados Unidos. Seguro que no antes del “supermartes” de las primarias, el 3 de marzo. Y mucho menos podemos saber si una presidencia suya sería más favorable para los argentinos que la de Trump. Las simpatías ideológicas y los intereses nacionales son dos cosas distintas, y si nosotros no supiéramos distinguirlos, los “anglos” sí.

Pero parece evidente que ha aparecido un discurso distinto en la corriente principal de la política estadounidense. El partido Demócrata de los Clinton y Obama ya no será el mismo, como los Republicanos empezaron a cambiar después que un candidato de la “nueva derecha”, Goldwater, compitió y perdió en 1964. 16 años después, en 1980, triunfó Reagan.

Para que se aprecie cuán distinto es, les invitamos a leer aquí un artículo de Sanders de enero 2018, a mitad de camino entre la campaña en que estuvo cerca de derrotar a Hillary Clinton por la candidatura Demócrata, y la actual, en que se postula para enfrentar a Trump. Ahí menciona elogiosamente a un compatriota nuestro, el papa Francisco.


Las primarias en EE.UU.: papelón, sorpresa y grieta

febrero 5, 2020

(En realidad, quiero escribir de nosotros. Pero, además de mi perenne y verdadera excusa de falta de tiempo, siento que las actitudes en la franja a la que pertenezco -los politizados- están todavía muy atadas al día a día. Mientras encuentro tiempo y serenidad, recurro nuevamente a una nota sobre política internacional de AgendAR. Y tengo la impresión que lo que está pasando en Estados Unidos echa algo de luz sobre lo que pasa y lo que se viene en las democracias (imperfectas) de masas. Como la nuestra).

Anteayer, el lunes 3/2, fue la primer etapa del proceso electoral que definirá las candidaturas presidenciales en los Estados Unidos. El «caucus» en Iowa. Y 36 horas después del cierre, todavía están contando los votos en el Partido Demócrata. Manualmente.

Sucede que las autoridades del partido en el estado decidieron contratar una app móvil para tener los resultados más rápido. Los «caucus» son una institución tradicional del sistema partidario norteamericano que se conserva en varios estados. Se puede describir como asambleas de los afiliados a cada partido que se reúnen en cada localidad y votan por el candidato que prefieren; en algunos lugares en forma oral, en otros con boletas. La idea era que un mecanismo informático iba a simplificar el trabajo de contar los votos.

Los dirigentes del estado niegan terminantemente que haya habido un «hackeo»; dicen que se produjeron «incongruencias» en los resultados. La gente mal pensada se pregunta si el hecho que el ex vicepresidente (de Obama) Joe Biden parece haber estado ahí muy por debajo de las expectativas, haya tenido algo que ver. Biden es el favorito de la dirigencia demócrata.

Pero son Pete Buttigieg, un joven (38) político de Indiana de perfil transgresor y muy apoyado por las empresas tecnológicas, y Bernie Sanders, el veterano (78) senador de Vermont, autoproclamado socialista, quienes encabezan el escrutinio, hasta ahora. Las encuestas le daban una buena chance a Sanders, pero lo de Buttigieg ha sido una sorpresa para todos.

Con los datos del 62% de los distritos electorales disponibles, el tercero en las encuestas, Buttigieg, se erigía vencedor (con el 26,99% de los delegados), seguido de cerca por el favorito, Sanders (25,1%). Los separan cuatro décadas y muchas ideas (Buttigieg se enmarca en el lado moderado del espectro demócrata, Sanders, bien a la izquierda del partido), pero ambos comparten un perfil atípico, outsiders en los códigos de la política tradicional «yanqui».

El Partido Demócrata busca al hombre o mujer con quien superar el trauma de 2016, cuando una candidata de manual, Hillary Clinton, cayó derrotada frente a uno que parecía un imposible, un chiste habitual en los programas de humor. El país ha cambiado en estos cuatro años. La «grieta» es tan feroz como acá, o más. La presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, rompió públicamente el texto del discurso de Trump ante el Congreso.

En 2016, Donald Trump y Bernie Sanders eran, pese a las abismales diferencias en ideas y estilo, dos heterodoxos que habían llegado para sacudir la política estadounidense. Hoy, uno se sienta en el Despacho Oval y el otro ha pasado de moverse en los márgenes ideológicos del partido a representar una corriente central y situarse a la cabeza en varias encuestas.

Tampoco Buttigieg es una criatura de Washington. Se presentó a las primarias sin más experiencia en la Administración que ocho años de alcaldía de una ciudad de 100.000 habitantes, South Bend (Indiana). Si ganase, sería el primer presidente millennial, también el primero abiertamente homosexual. Forjado políticamente en un territorio eminentemente conservador, es religioso, ex militar y muy culto, con un discurso de aire obamaniano que habla de unificar el país, de lograr una gran coalición de votantes. Sanders es el viejo luchador de la izquierda, un independiente que hace cuatro años empezó a sacudir los cimientos del partido demócrata, al enfrentarse con fuerza a Hillary Clinton, y ahora espera dar el golpe definitivo al tablero político.

Los resultados, de consolidarse con el 100% del recuento, revelan el hambre de cambio del partido y son preocupantes para las expectativas de Joe Biden, el vicepresidente de la era Obama, que encarna la apuesta continuista y se ha situado cuarto, aunque sigue liderando los sondeos de ámbito nacional. La progresista senadora Elizabeth Warren quedaría tercera con un 18%.

En cualquier caso, Iowa no decide la nominación. Sólo elige a 41 de los 1.991 delegados necesarios para ganarla. Es un estado pequeño, blanco y rural, y es el primero en celebrar las primarias de ambos partidos por tradición (una que después del papelón del lunes va a ser cuestionada). Pero es el primer resultado, y todos son influenciados, quieran o no, por esos votos que todavía se están contando. A mano.


Hoy, Brexit. Gran Bretaña se va de la Unión Europea

enero 31, 2020

(Empiezo la nota aclarando que poner fechas precisas en los procesos es un artificio. Pero igual me siento obligado a decir algo en el día del Brexit. Y como otras veces, encuentro algo que publiqué en AgendAR adecuado para este semi abandonado blog. Tal vez El blog de Abel está menos personal. O estoy pontificando demasiado en el portal).

Hoy, viernes 31 de enero, a las 23 hs. (en Gran Bretaña; en Argentina, a las 20) entra en vigor el Brexit. ¿Qué cambia? en lo inmediato, nada. Se abre un período de negociación que durará al menos 11 meses. Pero así pasa siempre; los cambios importantes en la Historia no suceden en un momento determinado. Los habitantes de Europa no se fueron a dormir un día bajo la Pax Romana y se levantaron al día siguiente en la Edad Media. Pero eso no hace que esos cambios sean menos reales.

En este caso, el hecho fundamental es que el vigor del proceso de unificación europea — que estimuló otros muy diferentes en otros lugares del mundo también distintos; que armó la zona económica más importante del globo, más que los EE.UU., más que China; que llevó a Gran Bretaña -a la que nunca le entusiasmó la idea; prefería una zona de libre comercio- a sumarse en enero de 1973 — ese vigor decayó. Gran Bretaña se va porque lo decidió una elección hace 3 años y medio, en junio de 2016, en la que el Brexit ganó 51,8% a 48,1%, pero ese resultado mínimo se convirtió en el centro de la política británica y europea. Y llevó a la victoria aplastante de Boris Johnson (un converso tardío al Brexit, dicho sea de paso) y la separación que hoy se formaliza.

Porque la pertenencia a la UE implica para los países miembros aceptar la libre circulación entre ellos de trabajadores, de mercancías, de servicios y de capitales. El principal argumento de la campaña a favor del Brexit fue que los británicos iban a «recuperar el control» sobre sus propios asuntos, en particular un mejor control de la inmigración. Y ese reclamo se escucha cada vez más en más naciones europeas…

En mi falible opinión, sería un error creer que hay una corriente incontenible hacia la desintegración de la UE. Como fue un error pensar que la unidad era un proceso irreversible. Lo definitivo son los hechos -esta separación, por ejemplo, y sus consecuencias.

Porque quizás Escocia quiera quedarse; hasta es posible que en un futuro no muy cercano, Inglaterra regrese; después de todo, entre los ingleses jóvenes el voto por el Remain fue mayoría (también de paso: ¿notaron que muchos jóvenes argentinos de clase media asumen con tranquilidad la posibilidad de trabajar en el exterior?). No importa. Ni la Unión ni Gran Bretaña serán las mismas después de esto.

Ángela Merkel, frau Europa, se retira; Macron, está siendo cuestionado todos los días en las calles de París; la Iglesia Católica, que dio forma a la cultura europea un milenio atrás, está mirando a otras regiones del globo… Si Europa no encuentra un principio unificador, y liderazgos que lo acompañen, como hicieron hace 70 años Adenauer, De Gaulle y De Gásperi, será una zona de libre comercio cada vez más desintegrada. Ya Toynbee había advertido que en la historia humana, las confederaciones laxas no duran; se integran en uniones más sólidas, o se disuelven.

¿Y Gran Bretaña, Inglaterra? ¿Se convertirá, como algunos sospechan y otros esperan, en una gigantesca Singapur? Un centro financiero y comercial global, que a la vez sea un paraíso fiscal para inversores y especuladores de todo el mundo?

La base para eso ya está en las reformas de Thatcher de los ´70, pero no fueron suficientes para mantenerse fuera de la UE. ¿Por qué alcanzarían ahora? Singapur es parte de la diáspora china y funcional a China. La City de Londres ya lo es, y podría serlo aún más, pero eso fastidiaría a Trump y a sus sucesores.

Sobre todo, veo la dificultad principal en una cuestión de tamaño. Lo que puede ser viable en una ciudad como Singapur no lo sería en un país importante, con alguna pretensión a continuar siendo una de las Grandes Potencias (bien después de las dos Más Grandes y de Rusia). En concreto, los países europeos no le permitirían el acceso a sus mercados si se plantea como lo que eran Hong Kong o Macao antes que China recuperara poder.

Como siempre, hay más preguntas que respuestas. Pero más allá de las especulaciones geopolíticas que como buen argentino me gusta hacer, el trabajo que debemos plantearnos ahora es analizar las consecuencias para nosotros.

En lo inmediato, las posibilidades de colocar nuestras exportaciones tradicionales mejoran. El tratado Mercosur-Unión Europea tiene cláusulas que les permiten a ellos rechazar cualquier embarque nuestro con pretextos «sanitarios» según su criterio, mientras que no existe el equivalente para nuestro lado. Una Inglaterra no atada a la política agrícola de la UE sería un mejor cliente.

Pero ese es el plano comercial. Gran Bretaña se verá forzada a justificar para sí misma su «independencia» de Europa asumiendo su rol global. Cuidemos nuestro Atlántico Sur, donde Argentina y Gran Bretaña tienen, es inevitable y va más allá de las intenciones, una «hipótesis de conflicto». Y, dentro o fuera de la UE, ellos no dejarán de tenerla presente.


El atentado a la A.M.I.A. y la historia oficial

enero 16, 2020

La muerte del fiscal Alberto Nisman hoy está muy presente en la atención pública en nuestro país. No es porque este sábado se cumplen 5 años desde que encontraron su cadáver con un tiro en la cabeza. Nuestras feroces internas garantizan y garantizarán que siga vigente.

Y una serie documental de Netflix, excelentemente filmada, logra que se informen e interesen decenas de millones de personas de las que muchas tienen sólo una vaga idea de dónde queda Argentina.

Ahora, esa muerte de Nisman opaca, en esta realidad tan mediática, lo que el 18 de julio de 1994 inició una larga y retorcida cadena de hechos que la incluye: el atentado a la A.M.I.A.

Es explicable. La muerte de una persona, tan insondable como todas, es más… dramática que la de 85. Y mucho más que la de millones, como Stalin hizo notar en su momento. La única observación técnica que, como documental, me siento inclinado a hacerle al de Netflix es, justamente, que el atentado está aludido en forma más confusa y superficial que los eventos más cercanos que rodearon la muerte del fiscal. Pero supongo que era inevitable.

Estas reflexiones -también superficiales- vienen porque hace algo más de 13 años, en diciembre de 2006, yo escribí en El hijo de Reco (un antecesor más articulado -tenía un poco más de tiempo libre- de El blog de Abel) un artículo algo incómodo titulado “Kirchner, Irán y la historia oficial“.

Aclaro de inmediato que NO se trata de una hipótesis sobre el atentado y sus autores. Hay tantas… en estrecha correlación con la ausencia de pruebas. Insistía, en ese momento, sobre la necesidad de los Estados de construir una “historia oficial” sobre los acontecimientos importantes que los afectan, y cómo era importante que fueran elegidas con cuidado. Hoy agregaría una reflexión sobre la conveniencia que no se cambien con ligereza.

Pero mis comentarios actuales sobre lo que dije hace 13 años quedarán para más adelante. El original pueden buscarlo ustedes -el vínculo a El hijo de Reco ha estado en el encabezado del blog desde el comienzo- pero para los que como yo tienen poco tiempo lo copio abajo. Sin cambiar una coma o un acento, aún los mal colocados.

ooooo

“El 26 de octubre, inmediatamente después que fiscales argentinos pidieran la captura de ocho iraníes, entre ellos un ex Presidente, acusados por el atentado a la AMIA, yo escribía:

“Hace algo más de 12 años un atentado en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina costó 85 vidas de argentinos de religión judía, católica y quizá algún agnóstico. Fue un hecho muy doloroso, en un país habituado a las catástrofes, que impactó en nuestra gente. También puede argumentarse que fue una de las primeras batallas en la llamada “guerra del terror”.

Sea como sea, no es sorprendente que nuestros investigadores y servicios de inteligencia y seguridad no proporcionaran explicaciones convincentes, ni tampoco – por supuesto – pruebas. No tienen experiencia en conflictos internacionales, porque han sido volcados a nuestras luchas internas. Y las explicaciones que en otros países se han dado de hechos similares no se han librado de ser cuestionadas. Cualquiera puede encontrar en Internet – por ejemplo – cientos de sitios ofreciendo teorías conspirativas, distintas de la oficial, sobre el atentado a las Torres Gemelas.

La diferencia clave es que en otros países los órganos del Estado (el Poder Judicial también lo es) han llegado a conclusiones que asumen definitivas y están dispuestos a afirmarlas con su autoridad. Tienen una “historia oficial”. Y no es cinismo señalar que es una base necesaria de toda política de Estado. El estado Argentino no ha podido elaborarla por esas mismas luchas internas que mencionamos antes.

Así, el gobierno de Menem y el juez Juan José Galeano que investigó el tema plantearon – sin mucha convicción – la “pista iraní”, pero dedicaron más esfuerzos a la conexión local, que encontraron convenientemente en las filas de la policía provincial de un gobernador que lo incomodaba. Tuvo el aval de las organizaciones de la comunidad judía.

Los opositores a Menem – y los familiares de las víctimas – favorecieron la “pista siria”, que coincidía con el origen familiar del entonces presidente y de algún traficante de armas famoso, y sugerían como motivo apoyos a su campaña electoral que no fueron correspondidos.

Un tercer sector, más presente en Internet que en los medios convencionales, y ferozmente antagónico tanto a Menem como a estos opositores, desempolvó una teoría auspiciada en un atentado anterior a la embajada israelí por un perito convocado por la Corte Suprema, e insinuó que podría tratarse de un “ajuste de cuentas” interno a la comunidad. No llegan a afirmar que ni los árabes ni los iraníes existen sino que son creaciones de una astutísima conspiración judía, pero…

El hecho triste es que hasta hoy el único condenado en sede judicial por temas vinculados a este caso es el mismo juez Galeano, identificado con la “pista iraní”.

Bueno, ayer (25/10/06) los integrantes de la fiscalía especial creada por el presidente Kirchner, Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos, emitieron un dictamen que reivindica esa vieja pista: acusa a Hezbollah e Irán y reclama la captura de ocho iraníes, ex funcionarios de Teherán.

¿Será ésta la definitiva “historia oficial” del Estado Argentino sobre el atentado a la AMIA?

Mantengo lo dicho, pero debo confesar que – como la mayoría de los observadores – no aprecié en el primer momento la gravedad que este hecho implicaba, después que el juez Rodolfo Canicota Corral avalara el dictamen de la fiscalía. Un solitario, agudo analista advirtió – y concuerdo – que posiblemente sea la decisión jurídica de mayor trascendencia e impacto en lo que va del siglo XXI en materia diplomática y de defensa para la Argentina. Porque los gobiernos pasan, pero las causas judiciales permanecen – aletargadas o no – para que otros gobiernos, u otros países, las retomen.

Ciertamente – todos los que han opinado con alguna seriedad están de acuerdo – es absurdo pensar que el juez y los fiscales se han pronunciado, más allá de la fortaleza o debilidad de los indicios (en otra parte de esta página damos, en las palabras del fiscal y del representante de Irán, oportunidad para que Uds. los evalúen) sin el respaldo del Gobierno Nacional. En cualquier país del mundo, estas decisiones se toman con adecuada conciencia política de sus consecuencias, y en Argentina el Poder Judicial tiene una sensibilidad aguzada para los humores del poder.

La pregunta a hacerse es, entonces, por qué Kirchner decidió avalar esta decisión judicial. Hay algo muy importante para tener presente: La evidencia parece indicar que un gobierno que ha sido acusado por muchos (entre ellos, yo) de no contar con equipos ni inclinación para el análisis estratégico de la política internacional, ha llevado adelante desde que asumió hace tres años una estrategia consistente y coherente en este tema en particular.

En un excelente artículo que público hace pocos días en “La Nación”, Juan Gabriel Tokatlian, el agudo analista a quien me referí más arriba y cuyos trabajos hemos subido alguna vez a esta página, señala:

“A principios del siglo XXI, el comercio con Irán venía creciendo nuevamente con grandes márgenes de superávit para nuestro país. En 1999, el comercio bilateral fue algo superior a los 158 millones de dólares (las exportaciones argentinas fueron de US$ 155 millones). En 2000, las cifras respectivas fueron algo más de US$ 343 millones y US$ 341 millones. En 2001, alcanzaron respectivamente los US$ 419 millones y US$ 417 millones. Cabe destacar que ese año – el de nuestra gran crisis interna – las exportaciones a Irán equivalieron a la mitad de todo lo que se vendió a Medio Oriente y representaban el 2% de nuestro intercambio mundial. Ese mismo año nuestras exportaciones a ciertos países clave fueron inferiores a las realizadas hacia Irán: a Canadá se vendió por valor de US$ 225 millones, a Venezuela US$ 235 millones, a Francia US$ 257 millones y al Reino Unido US$ 291 millones.

En 2002 sólo hubo exportaciones a Irán: el monto fue de US$ 339 millones. En 2003 -año de llegada de Kirchner al gobierno-, se produjo una caída notable: se exportó por un total de US$ 47 millones. En 2004, las exportaciones cayeron a sólo un millón de dólares. En 2005 no hubo ninguna exportación de la Argentina a Irán.”

Tokatlian no puede ofrecer explicaciones satisfactorias para estos hechos, pero es muy difícil creer que se trata de una coincidencia. Sobre todo, si se toma en cuenta otros aspectos de la política de Kirchner: aunque él y su gobierno fueron severos críticos en algunas oportunidades de políticas de Washington (el A.L.C.A., por ejemplo) se mantuvo una clara y constante decisión de cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad. Los organismos de inteligencia del Estado argentino, con sus limitaciones, cooperaron y cooperan con las políticas de seguridad de Washington. La Cancillería ha manifestado su rechazo a la proliferación de armas de destrucción masiva, y nuestras Fuerzas Armadas colaboran en Haití.

La relación de mutuo beneficio establecida con Chávez, así como otros gestos – y hechos concretos – de independencia en la política exterior no deben confundir. Irritante como es Chávez para los Estados Unidos, y antagónico para su visión estratégica, como puede serlo, ciertamente no es un problema de seguridad. Hoy, ni Castro lo es.

Más relevante para este tema en particular, cabe destacar que Kirchner, desde el comienzo de su gestión, anunció su decisión que el atentado no iba a quedar impune. Se puede pensar que son las frases hechas de un gobernante; pero hay que tener en cuenta que nunca, a pesar de algunas posiciones de la senadora Fernández de Kirchner antes que él asumiera la Presidencia, avaló la “pista siria”.

Los motivos posibles que baraja Tokatlian no son convincentes: no parece haber motivos para que Teherán, culpables o inocentes sus hombres, reduzca su comercio con Argentina antes que los fiscales insinuaran su decisión, cuando no lo había hecho frente a las acusaciones de Galeano y a la explícita alianza de Menem con EE.UU. ¿Una convicción ideológica de Kirchner? Su política internacional puede ser poco meditada, pero no se podría acusarla seriamente de ideologizada. ¿Deseo de congraciarse con la colectividad judía? No suena muy creíble, para un político astuto.

La única hipótesis plausible que se me ocurre es un acuerdo con el gobierno norteamericano en políticas de seguridad – que incluyese una evaluación firme de la “pista iraní” – alcanzado no después del 2003. Y Kirchner tiene fama de cumplir férreamente la letra de sus acuerdos.

Si fuese cierto, no me sorprendería ni me escandalizaría. Los gobiernos, de derecha, revolucionarios o progresistas, sellan acuerdos como el que se insinúa. Tampoco me siento inclinado a unirme al coro de ex-menemistas que descubren que Kirchner comete un grave error al apoyar ahora a EE.UU. e Israel porque Bush perdió las elecciones y vienen los demócratas (o republicanos moderados). En los países serios como esos dos, las políticas de seguridad trascienden los gobiernos. Ni tampoco me gusta la postura vergonzante que susurra que Irán no debe ser acusado porque puede ponernos (otra) bomba.

Lo que debe preocuparnos a los argentinos es que otra vez, como hace 15 años en la Guerra del Golfo, nuestro país toma partido, aunque sea en menor grado, en el conflicto más grave de nuestra época, sin una reflexión cuidadosa de las consecuencias y los riesgos. Sin una Cancillería ni instituciones del Estado capaces de evaluar alternativas por encima de las decisiones personales. Y sin tomar en cuenta el principal aporte que Argentina y Latinoamérica, por todas nuestras injusticias y locuras, pueden ofrecer al mundo en este nuevo siglo: una sociedad donde la religión y la raza no son causa de guerras.”


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