Elecciones en EE.UU. «una Casa dividida»

noviembre 8, 2022

¿Se justifica postear sobre esto, cuando en unas 12 horas la realidad habrá agregado datos duros? Creo que sí, porque la grieta en esa sociedad no depende de los resultados. Además, ya lo tengo escrito: es lo que editorialicé esta mañana en AgendAR. Agrego algo al final para uds., mis fieles (?) seguidores.

«Hoy, elecciones legislativas en EE.UU. Decisivas para Biden y para Trump, y para su sistema de gobierno

Se combinan varios factores que hacen que el resultado de estas elecciones de «medio término» marque, en un sentido o en otro, una etapa clave en la transformación del sistema de gobierno, y de poder, en los Estados Unidos. Y no podemos dejar de dedicarle espacio en AgendAR, porque influirán, mucho, en nuestra realidad local.

El bipartidismo clásico de EE.UU. -que expresaba diferencias, algunas importantes, entre Demócratas y Republicanos pero sobre todo un acuerdo básico en la estabilidad de sus instituciones, y en las reglas de juego de la competencia política, empezó a cambiar cuando en julio de 2016 Donald Trump consiguió la candidatura presidencial del Partido Republicano.

El paso siguiente, más importante, fue cuando derrotó a Hillary Clinton, la candidata de los Demócratas, y del «establishment» de la Costa Este, en noviembre de ese año.

Trump había construido una «nueva mayoría» con parecidos y diferencias con el electorado republicano tradicional, que sumaba a parte de los votantes de los demócratas. Trabajadores afectados por la globalización, petroleros y mineros afectados por las políticas ambientalistas, estadounidenses blancos hostiles a la inmigración, cristianos evangélicos y no pocos católicos que rechazan las «políticas de genero», y sobre todo, gente común con bronca con una elite política que perciben «progresista» y poco patriótica.

Trump consiguió amalgamar estos sectores, y transformarlos en el factor de poder absolutamente decisivo en el Partido Republicano, a pesar de haber sido derrotado en las elecciones noviembre 2020. Ningún candidato de ese partido se atreve a disputar la afirmación del ex presidente de que «le robaron la elección». Los que lo hicieron, perdieron en las primarias.

En Europa se ha visto crecer fuerzas políticas con una «agenda de rechazo» similar en casi todos los países, y hasta ganar elecciones. En América del Sur surgió una copia exitosa en Brasil. Que perdió, por muy poco, las últimas elecciones, pero sigue siendo una realidad poderosa en nuestro vecino del norte.

El hecho inquietante -al que los argentinos, y el resto de los habitantes del planeta debemos prestar atención- es que la «grieta» entre los votantes de uno y otro partido es profunda. La sociedad estadounidense está polarizada -hoy, aún más que la nuestra. Y por primera vez en un siglo y medio, el fantasma de una guerra civil empieza a ser mencionado por analistas serios (no los conspiranoicos de internet). Muy, muy improbable, pero no ya inconcebible.

Hay un elemento personal que agrava la situación para los Demócratas. El presidente Biden, un astuto político del aparato Demócrata, muestra síntomas inocultables del deterioro de la edad. Y su carisma personal no es notorio. El que llama a candidatos y gobernadores de su partido es el presidente, pero el que entusiasma a las multitudes en la campaña es un ex-, Barack Obama, que no puede volver a serlo.

Es necesario tener en cuenta, también, que un factor de política internacional supera la grieta. Demócratas y republicanos coinciden por completo en que el rival de los Estados Unidos es China. Pero no parece ser suficiente para ponerlos de acuerdo; las diferencias políticas y culturales son demasiado profundas.»

Añado la respuesta a una pregunta que me hacía anoche Fidanza en Redacción IP «¿Cómo pensás que el resultado de estas elecciones puede influir en nuestra política local?

Más allá que la polarización furiosa se ha transformado en un rasgo común en muuuchos países, apareció entre nosotros una corriente numerosa, y ruidosa, que imita a Trump y a Bolsonaro. Una victoria clara de los republicanos les dará aire e impulso a ellos, y a, más importante, el sector Macri-Bullrich de la coalición opositora. ¿Recuerdan que hace unos pocos meses Mauricio se sacó una foto con el Donald?

Atención: hay un elemento clave que, como dije en el post anterior, ya apuntó Julio Burdman hablando de Bolsonaro: él, como Trump y los seguidores de ambos, son nacionalistas. Se autoperciben patriotas, los únicos patriotas. Los seguidores de sus imitadores locales no lo son. Su capital espiritual es Miami…


El resultado de la elección en Brasil ¿le dirá algo a la política argentina? No. Eso sí, la campaña… sugiere un camino

octubre 29, 2022

Brasil es el socio inevitable de Argentina. No sólo en lo comercial; también en destino, en mi falible opinión. En el mundo que ya se empezó a configurar, no sólo necesitamos sumar a los dos países, y todo lo que se pueda de Latinoamérica, para contar para algo. Más inmediato: cualquier diferencia abierta entre los más grandes de América del sur es una ventana de oportunidad para potencias externas. Dos hermanos enfrentados cinco siglos atrás, Atahualpa y Huáscar, podrían dar testimonio.

Eso sí, cualquiera sabe que los socios suelen tener conflictos de intereses. Hasta, a veces, no se quieren, como nosotros y los brasucas nos queremos, sobre todo en futbol. Es humano. Pero hay que tolerarse, gente.

Quería decir esto, y ahora voy al punto: el resultado de mañana domingo, cualquiera sea, no anticipa nada sobre nuestras pujas locales. Las sociedades, y los estilos políticos, son muy distintos en nuestros dos países, como se da cuenta cualquiera que los conozca un poco.

Pero sí pienso que la campaña, el desarrollo de las estrategias electorales de los dos candidatos que se enfrentan mañana en las urnas, nos dice mucho, y relevante.

Ante todo, me interesa señalar un logro de ambos. Impresionante, si se toma en cuenta que Brasil no tiene la tradición argentina de grandes fuerzas políticas nacionales que perduran en el tiempo, como el radicalismo y el peronismo (aunque cambien sus programas y alianzas).

El PT, Partido dos Trabalhadores, fundado en 1980 como un movimiento de base sindical apoyado por la iglesia católica, nunca logró tener una estructura política propia con mayoría en el congreso, ni una fuerza considerable de gobernadores e intendentes.

Aún así, Lula ha logrado convertirse en el líder indiscutico -indiscutible- de la ¿mitad más uno? de brasileños y brasileñas, y el referente con el que tienen que dialogar los poderes fácticos dentro y fuera del Brasil.

Y lo de Jair Bolsonaro es aún más espectacular. Un diputado entre cientos, un político más, aunque popular en las redes sociales, cuando el Ejército brasileño decidió financiar su campaña presidencial, frente al visible deterioro del gobierno de Michel Temer.

Cuatro años después, el Trump Tropical ha reconfigurado la tradicional y poderosa Derecha brasileña. (Tal como el Donald transformó, y hegemoniza el Partido Republicano, el «Grand Old Party»). La carrera política del Bolso puede terminar mañana, o no, pero la coalición que armó y conduce, «Biblia, buey y bala*», seguirá existiendo como un bloque influyente que ni Lula ni ningún gobierno brasileño podrá ignorar.*

*(Para los que no siguen la política de nuestro vecino al norte: «biblia» son los evangélicos, «buey» los ganaderos y sojeros, que se preocupan menos que los europeos por la deforestación de la Amazonia, y «bala», las fuerzas de seguridad, que Jair ha cortejado tanto o más que aquí Patricia Bullrich.)

¿Cómo se formaron estas dos grandes coaliciones, que han absorbido todas las expresiones de la política en el Brasil, un país donde sus políticos tienen la tradición de saltar de partido y negociar sus votos uno a uno, sin que nadie se escandalice? La palabra clave es «polarización», gente.Trazar una clara línea divisoria entre «Ellos» y «Nosotros», y decir en las redes sociales que «Ellos» son corruptos que odian al pueblo y a la patria y practican pedofilia en ritos satánicos.

¿Que sólo una minoría, termocéfala o no muy estable psicológicamente se creerá todo? Y sí, pero no importa. El objetivo es crear una identidad de conjunto, un «Nosotros», claramente distinto y opuesto a «Ellos». Y no se molesten en buscar la receta en Laclau o en Gramsci: eso ya lo hacían en Bizancio, con los «Azules» y los «Verdes». Y se cargaban algunos emperadores, nomás.

Atención: importante como es esto, es sólo la mitad de la estrategia necesaria para ganar y gobernar. La otra mitad, imprescindible, requiere ocupar ese espacio del centro que queda vacío de expresiones políticas.

Así, Bolsonaro aumenta las asignaciones sociales, y no sólo en los últimos meses: fue una de las primeras medidas que tomó al asumir la presidencia. Y Lula lleva como vicepresidente a alguien que tiene mejores credenciales que el Bolso para representar al poder económico brasileño.

Nada sorprendente: los más pobres, el electorado principal por lejos al que Lula convoca, van a preferir reales a discursos. Si los reales se los da Bolso… Y Lula, que ya fue presidente dos veces de Brasil, sabe que sólo con discursos no se gobierna.

Por supuesto, este resumen que he hecho es una grosera simplificación. Pero en este post estoy hablando de política, no de sociología (como en la mayor parte de lo que subo al blog). Y no afirmo que necesariamente la próxima (bah, ya en curso) campaña electoral argentina ncesariamente -será así. Como puse en el título, la brasileña sugiere un camino.

No hablo, como nuestro poeta ciego, de un «destino suramericano».


«Y a las plantas de los mercados rendido un león»

octubre 21, 2022

Aunque el portal AgendAR y este humilde blog tienen contenidos, y públicos, en general bien distintos, no resisto a la tentación de subir esto que escribí y apareció ahí hace pocas horas:

ooooo

Ayer Elizabeth Truss, la primera ministra de Gran Bretaña, anunció su alejamiento -24 horas de decir que era “una luchadora y no alguien que se borra”. Así logró ser la persona que menos duró en ese cargo en la larga historia inglesa.

The Economist -fundado en 1843 y que ahora pertenece a una sociedad editorial controlada en un 50 % por las familias Rothschild y Agnelli- dedicó al tema, y a la situación de Gran Bretaña- un «leader», más en pena que en ira:

«En 2012, Liz Truss y Kwasi Kwarteng (a quien ella nombró ministro de finanzas y renunció el viernes, también con el récord de ser el que menos duró), dos de los autores de un folleto llamado “Britannia Unchained” (Gran Bretaña sin cadenas), utilizaron a Italia como advertencia. Servicios públicos inflados, bajo crecimiento, baja productividad: los problemas de Italia y otros países del sur de Europa también estaban presentes en Gran Bretaña.

Diez años después, en su intento fallido de forjar un camino diferente, Truss y Kwarteng ayudaron a que la comparación fuera ineludible. Gran Bretaña todavía se ve afectada por un crecimiento decepcionante y la desigualdad regional. Pero también se ve obstaculizado por la inestabilidad política crónica y bajo el control de los mercados financieros. Bienvenidos a Britalia.»

Breves comentarios editoriales de AgendAR:

No es inteligente burlarse de la desgracia ajena, cuando en Argentina tenemos problemas parecidos. (Es cierto que los medios ingleses -The Econmist, Financial Times, sus tabloids- si usaron ampliamente el sarcasmo para aludir a los avatares de nuestro país. Y sus políticas algo tuvieron que ver con ellos).

Pero ese es otro tema. Como también lo es el fastidio de los italianos con la comparación. El embajador italiano en Londres les recordó que Italia tiene, por ejemplo, un pequeño superávit en su comercio exterior, Mientras que Gran Bretaña ostenta el rojo más intenso.

Es que hay dos puntos que nos parece importante destacar, porque hacen a la situación global. El primero es que en el Atlántico Norte están tomando nota que cuatro décadas de una globalización enmarcada en las políticas neoliberales impulsadas por Thatcher y Reagan han tenido un claro ganador: China, la Gran Potencia emergente. Se convirtió en la fábrica del mundo, mientras que Gran Bretaña, y en menor grado EE.UU., se desindustrializaban. Sobre esto publicamos algo hace dos días, de una editora asociada del Financial Times.

El otro es muy simple, y dijimos otras veces que era una superstición: que el capitalismo es mágico. Basta dar «seguridad jurídica» a los inversores, crear un «buen clima» para los negocios, y habrá prosperidad.

Bueno, no es así. Los mercados no son perfectamente racionales. Las burbujas, y el «efecto manada» existen. Pero, al final del día, los capitales van a donde pueden obtener beneficios, no lindas palabras.


La «Nueva Derecha» a la que no se habría visto venir

octubre 9, 2022

Empiezo, como otras veces, abriendo el paraguas. Este es un tema que merece un análisis más profundo que el que ahora puedo dedicarle. Pero ayer escuché en el auto un reportaje a un politólogo, Andrés Malamud, que me hizo pensar (¡claro que no es imposible!).

Es que tomó el tema de mi posteo anterior -cómo las encuestas en Brasil estuvieron bastante cerca del % de votos que sumó Lula, un 48+, pero fallaron, mal, subestimando el voto a Bolsonaro- y apuntó que ese era sólo un caso entre otros. Las encuestas fallaron notoriamente en predecir el triunfo de Trump, y también el Brexit, por ejemplo. Sostuvo que había un sesgo en los encuestadores que les impedía registrar opiniones fuera del marco de un convencional, y aburrido, «centro derecha» o de un abierto procapitalismo republicano de Reagan o Thatcher. Creo que tiene razón.

Es la causa que A. M. esbozó lo que no me convence. Sugiere que el encuestado, derechoso y furioso, lo ve al encuestador en la «izquierda» y le miente o no le contesta. Esto es estigmatización, amigos. No todos los encuestadores, ni siquiera todos los sociólogos, son progres. Pero además -disculpe, don Andrés- es superficial.

El fenómeno de la «derecha alternativa», como la llaman acertadamente los yanquis, no sólo irrumpió con fuerza en Brasil y en EE.UU. Ganó en elecciones limpias en Italia, en Hungría, en ¡Suecia!, y es un actor político importante y ruidoso en casi todos los países de la Unión Europea. Y en nuestra Argentina… al menos es ruidoso. El año que viene sabremos si puede construir poder.

El punto que quiero hacer es que, en mi falible opinión, la «nueva derecha» no tiene nada de nueva, y la vieron venir, hace más de un siglo, con miradas opuestas, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud (entre otros). Pero la sabiduría convencional de encuestadores y politólogos -la división entre «izquierdas» y «derechas» que se alternan civilizadamente, el consenso hegemónico en Occiidente luego de la 2da. Guerra Mundial- les dificulta verlo.

Me apuro a decir que no estoy afirmando que es una variante actual del fascismo. No. El fascismo, en todas sus versiones, italiana, alemana, otras, se planteaba concentrar todo el poder en el Estado, y militarizar la sociedad. Esta «derecha» tiene una veta anarquista, desconfía del Estado porque le quiere cobrar impuestos, y aprecia más a la policía que al ejército. En Europa su «etos» es casi opuesto al viejo fascismo: Mussolinis quería conquistar Libia y Etiopía; los «alternativos» europeos tienen miedo que los morochos los invadan a ellos.

Los alternativos nuestros se quejan furiosamente de que bolivianos y paraguayos usan gratis nuestros hospitales. Como proyecto imperial, o siquiera de afirmación nacionalista, es pobre.

Lo que sí puede decirse es que estas corrientes de la «derecha alternativa» son, como los viejos fascismos, fenómenos sociopolíticos que se dan en el seno de sociedades que comparten alguna versión de la civilización occidental (como nosotros, incluyendo los compatriotas que se autoperciben mapuches, comechingones o futuros ciudadanos de algún país de la Unión Europea). Pero los «alt right», como esos viejos fascismos, expresan, al menos de palabra y a veces en los hechos un rechazo a la «corrección político», o, como se decía antes, la «moral burguesa».

No han leído a Nietzsche -la mayoría no lee, y el filósofo alemán no está en youtube, creo- y por eso no hablan de «moral de esclavos». Pero sí algo conocen de Ayn Rand -una Nietzsche en versión para hombres de negocios y ejecutivos juniors- y rechazan las nociones de altruísmo, solidaridad, justicia social, como mentiras hipócritas para esclavizarlos a ellos. Empezando por cobrarles impuestos.

Esta mezcla de opiniones, actitudes y fastidios se extiende por el mundo -la parte que no está en guerra o controlada por un Estado autoritario- y por supuesto entre nosotros. No va a ser frenada si esas virtudes de altruísmo, solidaridad, justicia social, son predicadas por gente que tiene buenos ingresos y no consiguen hacer nada eficaz para mejorar la suerte de los que están más abajo (Eso alimenta entre los que están en el medio esas acusaciones de hipocresía).

De todos modos, la solidaridad sólo se ejerce en el marco de una identidad común. En nuestra sociedad, enfrentada, «agrietada» en dos realidades políticas y casi culturales, el peronismo y el antiperonismo, es una propuesta difícil de llevar adelante.

El único elemento posible de identidad común que podría unirnos es el patriotismo. Como digo arriba, es difícil, pero vale la pena intentarlo.


Esperábamos a Lula, y vino también Bolsonaro (las encuestas lo tapaban)

octubre 2, 2022

Una buen parte de lo que digo arriba son pavadas. No todo, porque uno es prudente. Pero cometí un error muy elemental: creí que porque todas las encuestas decían cosas parecidas (ver aquí), el promedio era probablemente cierto. No es así: lo que hacían es reproducer el sesgo. Repetiré el sabio consejo del filósofo Tony Montana «No consumas de tu propia mercadería».

Ahora, es interesante analizar ese sesgo, y dónde se produjo. El % de votos para Lula en la elección no difiere mucho del que le daba el promedio de las encuestas: está dentro del error normal. Pero salta a la vista que subestimaron, por mucho, los votantes de Bolsonaro, como ya apuntó el legendario bloguero Mendieta.

No tengo todavía datos precisos, pero mi impresión es que ese sesgo se reprodujo en la estimación de los votantes de los aliados de Bolsonaro sobre los de Lula en las elecciones a gobernador de la mayoría de los estados donde se daba este enfrentamiento.

¿Que nos dice esta elección sobre el futuro de Brasil, de la América del Sur? Bueno, estimados y estimadas, a partir de esta noche se verán abrumados por sesudos análisis. Empiezo yo, con mis impresiones, probablemente equivocadas: será un octubre largo y estresante. Los políticos harán declaraciones y alianzas, y muy pocos votantes, si alguno, las tomará en cuenta. En mi opinión, no importará mucho quien gane el 30. No tendrá mucho poder: Lula deberá hacer aún más concesiones y acuerdos. Pero también Bolsonaro. Si no ahora, después del 30, si gana. El árbitro, el lugar donde deberán negociarse todas las medidas importantes, será el Congreso, el que destituyó a Dilma y recortó los impulsos de Bolsonaro. Con una fuerte presencia del Poder Judicial, el que impulsó el Lava Jato, mandó a la cárcel a Lula y luego lo liberó y lo puso en condiciones de ser candidato.

Esos lugares de poder ya existían. Lo que habrá disminuido es el del que salga presidente. El liderazgo de Lula no garantizó la derrota de Bolsonaro. El del Bolso, no garantizó la derrota de Lula. No garantizarán triunfos electorales.

Eso sí, más allá de los políticos, más allá aún de los liderazgos desgastados, hay una sociedad, la brasileña, amargamente dividida aproximadamente por la mitad. Lo vemos en Argentina, y también en EE.UU. Como es un blog personal, y no un análisis sociológico -ya van a leer muchos- termino con unas líneas de poesía, Yeats, que leí hace mucho tiempo y no sé porqué me vienen a la memoria (recién se las infligí a unos amigos) «what rough beast, its hour come round at last, slouches towards Bethlehem to be born?».


Esperando a Lula, pensando en Argentina

octubre 1, 2022

Según los datos de todas las encuestadoras serias y más o menos serias de Brasil, que mostramos aquí en AgendAR, Lula triunfará mañana. Quedan dos incógnitas: si le alcanzará para ganar en el «primer turno», o la campaña se extenderá por un largo octubre. La otra, más inquietante, es si Bolsonaro y sus apoyos aceptarán un triunfo de Lula, ahora o el 30/10, o habrá enfrentamientos violentos y un largo período de inestabilidad.

Como sea, nosotros este domingo vamos a ser espectadores… muy interesados. Nuestro principal cliente (en particular, de productos manufacturados), la 8va. economía del mundo, según el Banco Mundial. Sobre todo, nuestro socio imprescindible, si América del Sur va a ser en esta década algo más que un peón en el juego de ajedrez global.

La cosa es que me puse a pensar en los parecidos y diferencias entre ellos y nosotros, y si nos dicen algo importante. Las circunstancias, las sociedades, las economías, y los liderazgos políticos, son muy distintos. Pero los proyectos de poder que se enfrentan… no tanto.

Allí se enfrentan mañana una coalición difusa -el partido político que es su núcleo tiene menos historia y menos presencia en todo su territorio que entre nosotros, pero eso no hace a nuestra coalición más coherente, como podemos ver. Esta coalición, la que lleva a Lula como candidato, tiene un lejano pasado de luchas sindicales, pero hoy los une un «progresismo soft» y, sobre todo, la memoria de un tiempo de distribucionismo moderado y el crecimiento del nivel de vida de los más pobres y excluidos. Mostró cuando gobernaba que podía negociar con la mayoría de los sectores del poder económico. Y hoy se muestra muy dispuesta a hacerlo: el candidato a vice de Lula es el paulista Geraldo Alckmin, dirigente del centro derecha (con acento en la derecha).

Del otro lado, también hay una coalición diversa, la que lleva al ex paracaidista Bolsonaro. Incluye, por supuesto, a sectores «enragé» del poder económico y de los poderes fácticos: del militar, del judicial, pero su masa de votos se la da el rechazo a Lula y al «progresismo soft». Hasta donde pude apreciar (muy poco) en una reciente visita, es el rechazo -la desconfianza, el temor- a los más pobres y a las dirigencias que se apoyan en ellos. No me digan que no encuentran algunos parecidos con el caso argento…

Bueno, parece que Lula va a ganar. Como dijo un ingenioso tuitero hace pocos días, la forma infalible de derrotar a la ultraderecha es dejarla gobernar. El que viva -unas 36 horas- lo verá.

Aprovecho para agregar un llamado al incombustible Daniel Scioli y, en general, a quienes tienen responsabilidades allí y aquí. Puede abrirse -no una ventana, una puerta- de oportunidad para avanzar en una alianza más estrecha con Brasil. Las dos Grandes Potencias -y las Potencias residuales- están ocupadas con un desafío más peligroso y más urgente en Ucrania, y otro no tan apremiante pero aún más grande en el Indo-Pacífico. En otra circunstancia parecida armamos y avanzamos con el Mercosur.

Si se pudiera pensar en algo más que en integrar algunos sectores productivos -como se hizo con la industria automotriz- y también en no ignorar a los socios menores -como hicimos con Paraguay y Uruguay… Supongo que es pedir mucho.


Reviendo el conflicto en Ucrania, medio año después

septiembre 11, 2022

El 20 de febrero de este año -4 días antes que las tropas rusas cruzaran la frontera- publiqué un posteo, con el título algo pedante Geopolítica para salita de 5: el enfrentamiento en Ucrania. No volví a escribir extensamente sobre el tema en todo este tiempo, porque, como digo al comienzo «la franja politizada de nuestra sociedad se comporta como las hinchadas de un deporte espectáculo. Impulsada por nuestras propias internas, en ambos lados de la grieta«. Salvo algunos analistas serios, esa fracción de mis compatriotas que toma una posición lo hace en una guerra imaginaria entre Buenos contra Malos. Lo que hace aburrido al debate.

Ahora que la ofensiva ucraniana en el noreste y el reagrupamiento estratégico que anuncia Moscú, le dan movimiento e incertidumbre a lo que se había convertido en una guerra de desgaste en el molde de la I Guerra Mundial -primacía de la defensa sobre el ataque- lo pongo de nuevo a consideración (?) de mis lectores. Quiero hacer notar una conclusión a la que había llegado 4 días antes que empezara el baile: las dos Grandes Potencias involucradas, EE.UU. y Rusia, ya habían conseguido sus máximos objetivos razonables, ANTES que comenzara el cañoneo.

Moraleja: la guerra es un mal negocio, en términos de costo/beneficio. Pero para evitarla, es necesario estar muy bien armado, lo suficiente para convencer al que podría atacarte que el costo será alto. Reconozco que no es una conclusión muy original, pero creo que vale la pena repetírsela y repetírsela a nuestros gobiernos.

ooooo

Mi motivación para ponerme a especular sobre una crisis que aún no terminó surge de mi fastidio con el entusiasmo local por embanderarse en enfrentamientos lejanos. Tal vez se deba a que Argentina no tiene una tradición de protagonismo en la política internacional. Pero la franja de nuestra sociedad que está politizada y además sigue estos temas, se comporta como las hinchadas de un deporte espectáculo. Eso sí, impulsada por nuestras propias internas. En ambos lados de la grieta.

Así, para nuestras hinchadas, un lado del enfrentamiento es autócrata / imperialista y Malo. Por lo tanto, el otro sería el Bueno (?). Aquí trataré de señalar algunos hechos, obvios, y ajustarme a ellos (Es cierto que autores modernos insisten en que no hay hechos, sólo construcciones. Parece que nunca estuvieron en choque de autos. O en una guerra).

El primero, evidente, tiene que ver con el título que elegí. Porque «geopolítica» se usa a menudo para escribir de temas de política internacional, a secas. En este caso, la geografía es un factor decisivo.

Mirando el mapa, queda claro que hoy sólo Rusia puede invadir Ucrania. Los países vecinos no están en condiciones de hacerlo, ni de amenazar a Rusia. Estados Unidos puede intervenir a través de una operación aeronaval gigantesca… si contase con la aprobación y participación de Turquía.

O en el marco de una guerra que involucre a la Europa Central y Oriental. Ninguna de las dos alternativas está hoy en el menú de opciones.

Sigamos con los otros hechos. Que no son muchos, por todo el humo que están distribuyendo desde hace semanas las 2 potencias y la potencia residual involucradas (EE.UU., Rusia y Gran Bretaña), repiten los medios internacionales y páginas de Internet, y consumen las hinchadas de uno y otro bando.

Hay disparos de artillería y atentados en las regiones autónomas del Este de Ucrania (que en algunos momentos del siglo XIX, y de estos años, fueron llamadas Novoróssiya).. Pero eso no es un hecho nuevo. Sus manifestaciones más recientes llevan más de ocho años. Y sus raíces son profundas.

Como recordó Putin en una conferencia de prensa reciente, la República (Socialista) Ucraniana la inventa Lenin poco después de la Revolución. Por mil años, rusos y ucranianos han sido el mismo pueblo, pero en los últimos 500 a menudo se dividieron por la obediencia o no al Zar o al Patriarcado de Moscú. Y los pueblos eslavos tienen la tradición de discutir con energía sus diferencias políticas o teológicas.

Como sea, la historia influye, pero no determina. No caigamos en el error de sobreestimar el peso de la historia, aunque se trate de hechos tan recientes y terribles como la colectivización forzosa de Stalin, que mató por hambre a centenares de miles de ucranianos, o la posterior colaboración de otros ucranianos con la ocupación nazi y sus masacres.

El hecho es que hasta 2013, las relaciones entre la Federación Rusa y Ucrania eran estrechas y cordiales. Un presidente abiertamente prorruso, Víktor Yanukóvich, había sido elegido en 2010. Pero… cometió el error de permitir que un tratado con la Unión Europea apareciera como una opción distinta de otro, que unía más a Ucrania con Rusia.

El «poder blando» de la UE, de su sociedad más abierta, y sobre todo de su nivel de vida, sirvió para unir a la oposición contra ese gobierno prorruso, y empezaron las manifestarciones, el Euromaidan.

Podemos entenderlos ¿cuántos de nuestros compatriotas tramitan la ciudadanía europea, aprovechando algún abuelo que vino de ahí?

Víctor Y. es destituido en 2014 y sube un proeuropeo. Putin, realista, no confía en el «poder blando» de Rusia y ocupa la península de Crimea, donde estaba su base naval más importante en el Mar Negro desde los tiempos del Zar. Península que siempre había sido rusa desde que dejó de ser otomana, dicho sea de paso, pero esa ocupación lo convirtió al conflicto -inevitable- en un enfrentamiento de nacionalismos.

Este conflicto se inserta en otro más amplio, entre Rusia y la OTAN, sobre el que escribí hace un mes, aquí. Dije entonces: «10 años después de la caída del muro de Berlín, 8 después de la unificación alemana y la desaparición de la URSS, (la expansión de la OTAN) fue espectacular. Prácticamente todos los países que formaban parte del bloque soviético se sumaron entre 1999 y 2004. No es de extrañar que a Putin, al nacionalismo ruso, se le despierte la paranoia cuando saben que Ucrania está interesada en ingresar».

Vamos a 2022. Lo único que sucedió de relevante hasta ahora es que Rusia dispuso unas gigantescas maniobras militares, con hospitales de campaña y todo, cerca de las fronteras orientales de Ucrania. Y los servicios de inteligencia estadounidenses -y algo más tarde los británicos- convencieron a sus jefes políticos -o fueron convencidos por éstos, eso siempre es difícil de saber- que eran los pasos iniciales de una invasión militar. La fecha anunciada se ha ido atrasando, pero el presidente Biden insiste que es inminente. También ha ha hecho saber a los ucranianos que cuentan con su solidaridad, pero que no esperen un solo soldado yanqui. Algunos que había, fueron retirados.

El presidente Putin -no un hombre confiado- participó de otras maniobras militares, estas con armas nucleares.

Hasta el momento de subir este posteo, esto es todo lo que se sabe con certeza. Me alcanza para concluir que ambos actores principales, Rusia y Estados Unidos, han conseguido ya los objetivos geopolíticos y de política internacional a los que podían aspirar.

Rusia ha mostrado, urbi et orbi, un dato obvio, pero opacado por el derrumbe de la URSS: que es la mayor potencia militar en el occidente de Eurasia. Se puede decir que ha recuperado la posición que tenía en 1812, después de la derrota de Napoleón (No la de 1945, después de la derrota de Hitler: Europa no está destruida). Y que la OTAN no está dispuesta a defender a Ucrania a costa de una guerra.

Y EE.UU. también ha recuperado una posición hegemónica. Ha quedado claro que la Unión Europea no tiene la voluntad de enfrentar a Rusia -aunque le fastidien mucho los cambios unilaterales de fronteras. Se puede hacer otra analogía histórica con la Europa postnapoleónica, para los que gustan de ellas: EE.UU. es la Gran Bretaña de ese tiempo. Europa es el escenario, pero la UE no es el protagonista.

No veo motivos para una guerra, entonces. Pero no estoy pronosticando nada, eh. La locura y la estupidez son hechos humanos, también.

Las conclusiones generales que me animo a ofrecer son bastante obvias. Que la economía es un factor fundamental en el largo plazo, pero en el corto, la geografía, y el poder militar son los que deciden.

Eso sí, creo que puedo agregar con seguridad una conclusión, esta para el mediano plazo: hay otro actor principal, que no ha aparecido en este guión, pero debe estar disfrutando mucho de la obra. Está en Beijing.


Un comentario superficial del plebiscito chileno de hoy

septiembre 4, 2022

Aclaré «de hoy», 4/9/22, porque Chile ha tenido, desde el histórico «No» a Pinochet en 1988, varios plebiscitos y elecciones plebiscitarias, donde se decidía, a cara o ceca, el destino del país.

Como no soy un experto en Chile, y este es un blog superficial, me voy a referir a los de estos últimos años. Que son los que encuentro que nos dicen algo útil para las estrategias políticas en Argentina.

Piñera, un mandatario bastante inteligente y prudente, para lo que son los conservadores chilenos, se encontró un día -seguro que con sorpresa- que una importante mayoría de su pueblo lo rechazaba, primero con manifestaciones y luego en las urnas.

Cuando hubo que elegir a su sucesor, se formaron dos coaliciones, en parte orgánicas y en otra parte amontonadas por la coyuntura. A la izquierda, Gabriel Boric, una cara nueva, joven, y que trató de aparecer -y ser, supongo- a la vez moderada y auténtica. A la derecha, José Antonio Kast, otra cara nueva, aunque no tan joven, que trató de expresar el temor y la desconfianza que muchos chilenos sienten por las propuestas de izquierda.

Boric ganó claramente.

Empezó a gobernar, con los problemas que siempre encuentra un gobierno, salvo en Narnia, pero nada demasiado grave, para los antecedentes históricos. No tuvo que fusilar a los marinos de Cronstadt, por ejemplo.

De cualquier forma, el punto que nos lleva al plebiscito de hoy, es que al mismo tiempo se empezó a desarrollar un proceso de reforma constitucional, como se había comprometido el candidato triunfante.

En ese proceso, en el que influyeron resultados electorales, acuerdos y debates internos, las «minorías intensas» (el término les debe sonar a los lectores de este blog) de la coalición triunfante, se transformaron en la «mayoría intensa», de Su Lado, y se impusieron, hasta cierto punto, en el diseño del nuevo proyecto constitucional. Tampoco tan revolucionario, hasta donde puede juzgarlo uno desde aquí. No iban a «asaltar el cielo».

Pero parece ser que incluía aspectos que sectores de esa «mayoría mayor», que había apoyado a Boric ante Kast, no compartía ¿Reformas sociales sí, estado plurinacional no? No puedo estar seguro, lejos de Chile y hasta algo lejos de Argentina. Pero lo evidente es que algo del proyecto no los convenció.

¿Alguna moraleja para nosotros? Bueno, aquí muchos tuiteros -digitales intensos, por definición- salieron a explicar que fue el poder diabólico de los medios hegemónicos. Que tienen poder, por supuesto, o si no, no tendrían sponsors. Nadie pone pauta por caridad. Pero eso no explica porqué no decidieron en esos plebiscitos anteriores.

En mi opinión, la moraleja es que cualquier fuerza política debe establecer prioridades en sus objetivos, y considerarse ganadora si logra la mitad más importante. Pero eso ya se dijo antes, mejor.


El crimen de la AMIA, otra vez

julio 18, 2022

Después de 28 años, el recuerdo del atentado a la AMIA se ha convertido en un rito político, con reclamos, indignaciones y disculpas previsibles ¿Ya es solamente eso? Creo que no. Me parece que en una parte de nuestra sociedad -no solamente en la comunidad judía, quizás ni especialmente en la comunidad judía- esa memoria permanece como de algo no resuelto, una memoria incómoda.

De ahí las repeticiones. No sería extraño, en un país con tanta gente que hace terapia. Yo también voy a repetir algo que escribí hace menos de un año. En lo que reiteraba -y no por primera vez- la necesidad que percibo que un gobierno argentino -no este, uno recién elegido, para minimizar el inevitable internismo- publique un «Libro Blanco» sobre el atentato con toda la información, las gestiones y las torpezas en ese caso, desde 1994 y las décadas posteriores. Da para algunos tomos, y sería la «verdad oficial». La que por supuesto será descreída por la mayoría, esto es Argentina, pero quedará como referencia. Aquí va mi aporte, tijereteado de 15 años del blog, sobre la base de algo que escribí en diciembre de 2006, en una página «El hijo de Reco» que recientemente la agencia oficial, NIC, entregó a un pornógrafo.

ooooo

«El 26 de octubre (de 2006), inmediatamente después que fiscales argentinos pidieran la captura de ocho iraníes, entre ellos un ex Presidente de ese país, acusados por el atentado a la AMIA, yo escribía:

“Hace algo más de 12 años un atentado en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina costó 85 vidas de argentinos de religión judía, católica y quizá algún agnóstico. Fue un hecho muy doloroso, en un país habituado a las catástrofes, que impactó en nuestra gente. También puede argumentarse que fue una de las primeras batallas en la llamada “guerra del terror”.

Sea como sea, no es sorprendente que nuestros investigadores y servicios de inteligencia y seguridad no proporcionaran explicaciones convincentes, ni tampoco – por supuesto – pruebas. No tienen experiencia en conflictos internacionales, porque han sido volcados a nuestras luchas internas. Y las explicaciones que en otros países se han dado de hechos similares no se han librado de ser cuestionadas. Cualquiera puede encontrar en Internet – por ejemplo – cientos de sitios ofreciendo teorías conspirativas, distintas de la oficial, sobre el atentado a las Torres Gemelas.

La diferencia clave es que en otros países los órganos del Estado (el Poder Judicial también lo es) han llegado a conclusiones que asumen definitivas y están dispuestos a afirmarlas con su autoridad. Tienen una “historia oficial”. Y no es cinismo señalar que es una base necesaria de toda política de Estado. El estado Argentino no ha podido elaborarla por esas mismas luchas internas que mencionamos antes.

Así, el gobierno de Menem y el juez Juan José Galeano que investigó el tema plantearon – sin mucha convicción – la “pista iraní”, pero dedicaron más esfuerzos a la conexión local, que encontraron convenientemente en las filas de la policía provincial de un gobernador que lo incomodaba. Tuvo el aval de las organizaciones de la comunidad judía.

Los opositores a Menem – y los familiares de las víctimas – favorecieron la “pista siria”, que coincidía con el origen familiar del entonces presidente y de algún traficante de armas famoso, y sugerían como motivo apoyos a su campaña electoral que no fueron correspondidos.



El hecho triste es que hasta hoy el único condenado en sede judicial por temas vinculados a este caso es el mismo juez Galeano, identificado con la “pista iraní”

Bueno, ayer (25/10/06) los integrantes de la fiscalía especial creada por el presidente Kirchner, Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos, emitieron un dictamen que reivindica esa vieja pista: acusa a Hezbollah e Irán y reclama la captura de ocho iraníes, ex funcionarios de Teherán.

¿Será ésta la definitiva “historia oficial” del Estado Argentino sobre el atentado a la AMIA?”

Mantengo lo dicho, pero debo confesar que – como la mayoría de los observadores – no aprecié en el primer momento la gravedad que este hecho implicaba, después que el juez Rodolfo Canicota Corral avalara el dictamen de la fiscalía. Un solitario, agudo analista advirtió – y concuerdo – que posiblemente sea la decisión jurídica de mayor trascendencia e impacto en lo que va del siglo XXI en materia diplomática y de defensa para la Argentina. Porque los gobiernos pasan, pero las causas judiciales permanecen – aletargadas o no – para que otros gobiernos, u otros países, las retomen.

Ciertamente – todos los que han opinado con alguna seriedad están de acuerdo – es absurdo pensar que el juez y los fiscales se han pronunciado, más allá de la fortaleza o debilidad de los indicios (en otra parte de esta página damos, en las palabras del fiscal y del representante de Irán, oportunidad para que Uds. los evalúen) sin el respaldo del Gobierno Nacional. En cualquier país del mundo, estas decisiones se toman con adecuada conciencia política de sus consecuencias, y en Argentina el Poder Judicial tiene una sensibilidad aguzada para los humores del poder.

La pregunta a hacerse es, entonces, por qué Néstor Kirchner decidió avalar esta decisión judicial. Hay algo muy importante para tener presente: La evidencia parece indicar que un gobierno que ha sido acusado por muchos (entre ellos, yo) de no contar con equipos ni inclinación para el análisis estratégico de la política internacional, ha llevado adelante desde que asumió hace tres años una estrategia consistente y coherente en este tema en particular.

En un excelente artículo que público hace pocos días en “La Nación”, Juan Gabriel Tokatlian, el agudo analista a quien me referí más arriba y cuyos trabajos hemos subido alguna vez a esta página, señala:

“A principios del siglo XXI, el comercio con Irán venía creciendo nuevamente con grandes márgenes de superávit para nuestro país. En 1999, el comercio bilateral fue algo superior a los 158 millones de dólares (las exportaciones argentinas fueron de US$ 155 millones). En 2000, las cifras respectivas fueron algo más de US$ 343 millones y US$ 341 millones. En 2001, alcanzaron respectivamente los US$ 419 millones y US$ 417 millones. Cabe destacar que ese año – el de nuestra gran crisis interna – las exportaciones a Irán equivalieron a la mitad de todo lo que se vendió a Medio Oriente y representaban el 2% de nuestro intercambio mundial. Ese mismo año nuestras exportaciones a ciertos países clave fueron inferiores a las realizadas hacia Irán: a Canadá se vendió por valor de US$ 225 millones, a Venezuela US$ 235 millones, a Francia US$ 257 millones y al Reino Unido US$ 291 millones.

En 2002 sólo hubo exportaciones a Irán: el monto fue de US$ 339 millones. En 2003 -año de llegada de Kirchner al gobierno-, se produjo una caída notable: se exportó por un total de US$ 47 millones. En 2004, las exportaciones cayeron a sólo un millón de dólares. En 2005 no hubo ninguna exportación de la Argentina a Irán.”

Tokatlian no puede ofrecer explicaciones satisfactorias para estos hechos, pero es muy difícil creer que se trata de una coincidencia. Sobre todo, si se toma en cuenta otros aspectos de la política de Kirchner: aunque él y su gobierno fueron severos críticos en algunas oportunidades de políticas de Washington (el A.L.C.A., por ejemplo) se mantuvo una clara y constante decisión de cooperar con Estados Unidos en materia de seguridad. Los organismos de inteligencia del Estado argentino, con sus limitaciones, cooperaron y cooperan con las políticas de seguridad de Washington. La Cancillería ha manifestado su rechazo a la proliferación de armas de destrucción masiva, y nuestras Fuerzas Armadas colaboran en Haití.

La relación de mutuo beneficio establecida con Chávez, así como otros gestos – y hechos concretos – de independencia en la política exterior no deben confundir. Irritante como es Chávez para los Estados Unidos, y antagónico para su visión estratégica, como puede serlo, ciertamente no es un problema de seguridad. Hoy, ni Castro lo es.

Más relevante para este tema en particular, cabe destacar que Kirchner, desde el comienzo de su gestión, anunció su decisión que el atentado no iba a quedar impune. Se puede pensar que son las frases hechas de un gobernante; pero hay que tener en cuenta que nunca, a pesar de algunas posiciones de la senadora Fernández de Kirchner antes que él asumiera la Presidencia, avaló la “pista siria”.

Los motivos posibles que baraja Tokatlian no son convincentes: no parece haber motivos para que Teherán, culpables o inocentes sus hombres, reduzca su comercio con Argentina antes que los fiscales insinuaran su decisión, cuando no lo había hecho frente a las acusaciones de Galeano y a la explícita alianza de Menem con EE.UU. Una convicción ideológica de Kirchner? Su política internacional puede ser poco meditada, pero no se podría acusarla seriamente de ideologizada. Deseo de congraciarse con la colectividad judía? No suena muy creíble, para un político astuto.

La única hipótesis plausible que se me ocurre es un acuerdo con el gobierno norteamericano en políticas de seguridad – que incluyese una evaluación firme de la “pista iraní” – alcanzado no después del 2003. Y Kirchner tiene fama de cumplir férreamente la letra de sus acuerdos.

Si fuese cierto, no me sorprendería ni me escandalizaría. Los gobiernos, de derecha, revolucionarios o progresistas, sellan acuerdos como el que se insinúa. Tampoco me siento inclinado a unirme al coro de ex-menemistas que descubren que Kirchner comete un grave error al apoyar ahora a EE.UU. e Israel porque Bush perdió las elecciones y vienen los demócratas (o republicanos moderados). En los países serios como esos dos, las políticas de seguridad trascienden los gobiernos. Ni tampoco me gusta la postura vergonzante que susurra que Irán no debe ser acusado porque puede ponernos (otra) bomba.

Lo que debe preocuparnos a los argentinos es que otra vez, como hace 15 años en la Guerra del Golfo, nuestro país toma partido, aunque sea en menor grado, en el conflicto más grave de nuestra época, sin una reflexión cuidadosa de las consecuencias y los riesgos. Sin una Cancillería ni instituciones del Estado capaces de evaluar alternativas por encima de las decisiones personales. Y sin tomar en cuenta el principal aporte que Argentina y Latinoamérica, por todas nuestras injusticias y locuras, pueden ofrecer al mundo en este nuevo siglo: una sociedad donde la religión y la raza no son causa de guerras.»

ooooo

Tal vez sí hace 15 años yo era un poco más soberbio. Entiendo ahora que cualquier gobierno argentino estuvo y estará frente a una fuerte presión de familiares de las víctimas, de grupos mediáticos y de algunas cancillerías para «no dejar impune» el atentado terrorista que provocó más muertes desde el bombardeo a la Plaza de Mayo en 1955.

En otros países, más poderosos y/o mejor organizados, el eventual castigo toma otras formas. Cuando el gobernante se convence de que sabe quiénes son los autores, el presidente de los EE.UU., por ejemplo, firma una Orden Ejecutiva. En otras naciones, menos convencidas de su excepcionalidad, el presidente de Francia o de Rusia, el primer ministro de Gran Bretaña o de Israel, da una indicación, verbal, a algunos departamentos de su gobierno, y un misil, un dron o un equipo de asesinos la ejecuta.

No estoy sugiriendo que Argentina deba o pueda adoptar esa práctica. No con los organismos de seguridad, con el aparado del Estado, que tenemos. Lo menciono para hacer comprensible -también para mí mismo- que Néstor, Cristina y aún, con más cinismo e irresponsabilidad, Carlos Menem, buscaran mecanismos judiciales para «hacer justicia» (De la Rúa, Duhalde y Macri no encontraron necesario hacer más que discursos sobre el tema).

El problema, sostengo, es de nuestra sociedad. Y, como en otros temas, de la inhabilidad y reluctancia de nuestros gobiernos a comunicar verdades incómodas. Un jefe de Estado, o los instrumentos de mayor jerarquía de su gobierno, sólo pueden ser juzgados y condenados después de una derrota militar decisiva o de haber sido expulsados del poder. La muy occidental Margaret Thatcher decía «Gran Bretaña no negocia con terroristas. Salvo cuando llegan a ser Primeros Ministros». Y muchos siglos antes, en uno de los primitivos romances del Mío Cid se aconsejaba «Haced la jura, buen Rey, No tengáis de esto cuidado, Que nunca fue rey traidor, Ni Papa descomulgado».

Dejemos de lado entonces la payasada de «las órdenes de captura de Interpol», que nunca han sido ejecutadas, ni lo serán, salvo por un Estado que tenga motivos previos para enfrentarse con Irán.

En lo que hace al atentado a la AMIA: ni en la causa que armaron hace 15 años esos fiscales, ni desde entonces, no aparecen -no se dan a publicidad- pruebas sobre la autoría, salvo declaraciones de testigos de «identidad reservada». Pero la hipótesis que la potencia detrás de los ejecutores fue Irán es posible. Y -seamos francos- considerando otros episodios de la guerra sucia del terror y contra terror en estas décadas, parece probable. Si organismos legítimos del Estado argentino deciden que Irán es responsable, y que conviene a los intereses nacionales hacerlo público, no tengo motivos para rechazar esa «verdad oficial».

Pero afirmar que tribunales argentinos, o internacionales, o mixtos «harán justicia», es más grave que una hipocresía, que a veces puede ser necesaria en la diplomacia. Es un autoengaño.»

Actualización?

Hoy, 22 de julio de 2022, el New York Times dice que el Mossad dice que el autor material del atentado a la AMIA, y del previo atentado a la embajada israelí, fue una célula especial de Hezbolá. Que no participaron argentinos, ni funcionarios de la embajada de Irán en la ejecución.

¿Cancelará 28 años de acusaciones, de preguntas y de respuestas imaginarias? No lo creo.


La última batalla del samurai Abe

julio 10, 2022

Este es un tema lejano a las preocupaciones inmediatas de los argentinos, y, en general, a sus intereses en política internacional (somos un tanto ombliguistas). Pero puede tener consecuencias importantes para todos, argentinos y gringos, en unos años. Además este es un blog personal, y escribo de lo que captura mi imaginación.

El caso es que Shinzō Abe, por 2 veces primer ministro del Japón, fue asesinado hace 2 días mientras hacía campaña electoral. Muy poco conocido entre nosotros, pero supongo que debía tener una personalidad simpática: porque además de las condolencias automáticas de casi todas las cancillerías, hubo mensajes con tono personal de líderes tan distintos como Biden, Trump, Putin y Merkel.

Entre nosotros, voceros «otanistas», mayoritarios en los medios convencionales, se apresuraron a señalar que en los medios chinos los comentarios del atentado mostraron poca simpatía, y hasta algo de rencor.

Los voceros «antiotanistas» locales, que en el mundo digital están tan presentes como los «otanistas» o quizás más, recordaron que el abuelo de Abe, Nobusuke Kishi, fue Ministro de Comercio e Industrias del Japón hasta el final de la 2da. Guerra, y, antes de eso, responsable de la industrialización del Manchukuo, el estado satélite que Japón instaló en el norte de China y Mongolia Interior en la década de 1930. Industrialización acompañada por masacres…

El asunto resulta entonces anecdótico y previsible. Nadie esperaría manifestaciones espontáneas de pesar en Israel si un nieto de Hjalmar Schacht fuera asesinado.

¿Cuál es el punto entonces de este posteo? Es que acabo de enterarme que hoy su partido y sus aliados ganaron una aplastante mayoría en las elecciones legislativas de Japón de este domingo. Seguramente uno de los motivos fue una reacción emocional ante su muerte.

Y Abe, su partido y sus aliados se han esforzado por más de una década en reformar la Constitución pacifista de Japón, fortalecer sus fuerzas armadas y llevar adelante una política exterior más … afirmativa.

La economía de Japón perdió el dinamismo que hasta la década de 1980 le otorgó un crecimiento avasallante -más o menos como el posterior de China- y por alguna razón nunca lo recuperó. Pero sigue siendo una Gran Potencia industrial y tecnológica.

Una presencia más enérgica del Japón en el Pacífico, el teatro de la confrontación entre EE.UU. y China, sería una carta nueva, y muy pesada, en el Gran Juego.

Por eso llamó a mi imaginación como lo muerte violenta de Abe le dio un impulso, quizás decisivo, a sus políticas. Algo en la tradición japonesa, después de todo.


A %d blogueros les gusta esto: