Una historia de Corea

abril 29, 2018

corea

Mi talentoso amigo Julio Fernández Baraibar escribió esto ayer. Y no hace falta que lo reproduzca aquí, en un blog “en pausa”, porque él es un activo bloguero y también comunicador. Pero me gustó mucho, y es una buena forma de emplear la mañana de un domingo lluvioso.

Es la historia de la voluntad de un pueblo por ser, y me parece una lección válida para nosotros los argentinos, los latinoamericanos. Ellos, para conservar su identidad y para ser algo más que peones, enfrentaron a imperios también feroces y más perdurables, y divisiones más profundas que nuestras “grietas” locales.

Además, como supondrán, me da pie para agregar una de mis reflexiones geopolíticas al final.

“En el año 1593, casi cien años después de la llegada de Colón a América, un discípulo de Iñaki de Loyola, el jesuita español Gregorio de Céspedes, escribe cuatro cartas a sus superiores informándoles que está en Busan, en el sur de la península de Corea. Ha llegado hasta allí acompañando a un “kirishitan damyō, un señor feudal japonés cristiano a las ordenes de Toyotomi Hideyoshi, el prominente samurai que se ha convertido en el hombre fuerte del Japón. El padre Gregorio había logrado convencer al propio jefe de la expedición y a algunos de sus soldados sobre el misterio de la encarnación del hijo de Dios, por lo menos lo suficiente como para que lo aceptasen en la expedición conquistadora.

Se ignora si logró realizar alguna tarea evangélica entre el pueblo ocupado por las tropas japonesas, pero se supone que no, ya que su paso por la península no dejó ningún otro rastro más que esas cuatro cartas.

No obstante, el padre Gregorio de Céspedes se convirtió en el primer occidental en tomar contacto con el antiguo reino de Goryeo, un monarca del siglo X del que deriva el actual nombre de Corea.  Toyotomi Hideyoshi, el samurai japonés, continuó su conquista, arrasando la península en su camino hacia China. No fue la última vez que los japoneses conquistaron la tierra de Goryeo, convirtiendola en uno de sus “han”, como llamaban a sus colonias.

Porque ese ha sido el sino de ese pequeño apéndice del gigantesco bloque euroasiático, la península de Corea: ser disputado por su gigante vecino del continente o su ambicioso vecino del archipiélago cercano. Resistió secularmente a la colonización japonesa. Su pueblo fue despreciado y considerado esclavo en el código Bushido, practicado por esa casta que eran los samurai, a los que Akiro Kurosawa idealizó en su célebre película. Los coreanos estuvieron condenados por décadas a producir arroz para sus amos japoneses, aún cuando ellos mismo carecían del alimento suficiente para sobrevivir.

Primero el budismo y varios siglos después el confucianismo, esa rígida ética estamental, reglamentarista de administración del estado, conformaron su cultura dominante. Pero, justamente su estructura social resistió con tenacidad. A la invasión manchú (1627 y 1636) desde el norte, sucedió una nueva invasión japonesa que duraría hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Corea ni siquiera formaba parte del llamado Manchukuo, el estado títere creado por los japoneses en el noroeste de China. Era una simple posesión colonial japonesa y sus habitantes eran tratados como esclavos.

El siglo XX y el nacionalismo coreano

Es en esas condiciones que resurge un fuerte movimiento nacionalista coreano. El 1° de marzo de 1919, un pequeño grupo se reunió en  el parque Tagpol , en Seúl, y declaró la independencia. El movimiento se extendió velozmente por todo el país y fue brutalmente reprimido por los ocupantes japoneses. Estos respondieron además con un intento de niponizar culturalmente a los coreanos, imponiendo obligatoriamente su idioma, obviamente su escritura y hasta su vestimenta.

Ya sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, el ejército soviético, entrando por el norte, desaloja a los japoneses de la península y consigue su control definitivo. Con el Ejército Rojo, entró en Corea Kim Il Sung, un antiguo dirigente guerrillero antijaponés, quien, refugiado en China, se había incorporado a las unidades guerrilleras del Partido Comunista Chino y, posteriormente, había hecho una carrera militar en el Ejército Rojo, donde había ascendido a comandante.

Mientras tanto, en el sur del país el movimiento nacionalista era liderado por Syngman Rhee. Este era un hombre de una generación anterior a Kim il Sung y formado, después de su educación confuciana en Seúl, por los norteamericanos. Syngman había constituído un gobierno coreano en el exilio, ya bajo la influencia de los EE.UU. y logró establecer fluídas relaciones con el presidente Wilson y, luego, con Franklin Delano Roosevelt. Ni bien los japoneses se retiran de la península, Syngman voló a Tokio y de la mano del general Douglas Mac Arthur se instaló en Seúl. Sobre la base de su anticomunismo, se convirtió en el hombre de los norteamericanos en la región.

De hecho, los soviéticos y los norteamericanos establecieron dos claras zonas de influencia separadas por el paralelo 38°, lo que dio nacimiento a los dos estados que hoy conocemos: Corea del Norte y Corea del Sur. La solución, como toda solución establecida por un poder extranjero no satisfizo a ningún coreano, ni a los dirigidos por Kim il Sung y su Partido del Trabajo, convertido en líder de la República Popular de Corea, ni a Syngman Rhee quien en 1948 se convierte en presidente de la República de Corea del Sur.

Las aspiraciones por constituir una sola Corea habían sido abortadas por la injerencia extranjera. Pero esas aspiraciones nacionales se mantenían vivas.

La Guerra de Corea

El 25 de junio de 1950 las tropas de Kim il Sung cruzaron el paralelo 38 e iniciaron una ofensiva que casí llegó hasta la ocupación de la totalidad de la península. Philip Short, el biógrafo inglés de Mao Zedong, cuenta cómo se gestó esa decisión y los dolores de cabeza que le acarreó al Secretario General del Partido Comunista Chino.

“El lider de Corea del Norte, Kim il Sung, había acudido a Pekín para comunicarle que Moscú había aprobado una iniciativa militar para reunificar la península. Stalin, tan astuto como siempre, había impuesto una condición: Kim debía obtener primero el visto bueno de Mao. «Si te pega una patada en el culo», le dijo el dirigente soviético, «no moveré ni un dedo». Ello implicaba que Mao tendría que hacer de valedor de los coreanos. Durante sus encuentros en China, Kim omitió esa parte de la conversación con Stalin”. (Mao, Philip Short, página 587 y ss. Crítica, Barcelona, 1999).

A regañadientes y previa consulta con Moscú, para corroborar la versión de Kim, los chinos, que estaban preparando su invasión a Taiwan, debieron resignar esta y aceptar la propuesta coreana. El peso de los cien mil compatriotas de Kim il Sung que habían luchado en la liberación del Manchukuo pesaron en la decisión de Mao. Este nunca quedó conforme con el casi fait accompli que le impuso el dirigente coreano. Entre otras cosas, por el alivio que le significó a Chiang Kai-shek. Este ya había sido anoticiado por Truman que EE.UU. no intervendría para proteger a los nacionalistas.

Ese mismo año, George Orwell había hecho conocer su concepto de “Guerra Fría”. En Corea, había comenzado un cruentísimo enfrentamiento bélico en el que las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, divididas por aparentes motivos ideológicos, se enfrentaban a través de una guerra civil en un país periférico. Para la República Popular de Corea la guerra significó el exterminio del 15 % de su población civil, una total devastación de su territorio a consecuencia de los bombardeos norteamericanos y una casi regresión a las condiciones del reino de Goryeo en el siglo X de nuestra era. La intervención de China Popular impidió que los norteamericanos se hiciesen de la totalidad de la península y las tropas norteamericanas, amparadas equívocamente bajo la bandera de las Naciones Unidas, sufrieron un duro revés.

La situación se prolongó durante más de dos años hasta que finalizaron las hostilidades sin firmarse nunca la paz entre ambos estados coreanos.

A las tropas norteamericanas se sumaron algunas tropas latinoamericanas, principalmente de Colombia y de Puerto Rico. Fue esto último lo que lo llevó al poeta cubano Nicolás Guillén a escribir:

¿Cómo estás Puerto Rico, tú de socio asociado en sociedad

(…) de un empujón te hundieron en Corea, sin que supieras por quién ibas a pelear.

En el Río de la Plata es de destacar la campaña llevada adelante por Luis Alberto de Herrera, el jefe del Partido Nacional uruguayo, el partido Blanco, contra la adhesión de su país a la Guerra de Corea, a la que el oficialismo de Luis Batlle Berres pretendía meterlo. El gobierno de Juan Domingo Perón, en nuestro país, garantizaba la no injerencia argentina en una guerra imperial.

La construcción de una nación

La historia posterior de las dos Coreas constituye un claro ejemplo de una voluntad en construir una nación, incluso bajo las condiciones internacionales más difíciles.

Si Kim il Sung logró mantenerse independiente tanto de los designios de Moscú como de Pekín, pese a la importancia militar y económica que ese respaldo le significaba, no es menos cierto que la conducción de Seúl supo explotar para beneficio de su país la importancia geoestratégica que significaba para los EE.UU. El sucesor de Syngman Rhee, Park Chung-hee logró que esa dependencia política se convirtiera en factor de desarrollo, modernización e industrialización de su país, que, hasta su llegada al poder, sobrevívía de los aportes de las agencias yanquis. Con métodos cercanos a los de una dictadura militar, Park creó la prodigiosa Corea que hoy conocemos, la de Hyundai, LG, Samsung y la del nuevo cine coreano. Bajo su régimen, hubo reiterados intentos de acercamiento con la otra parte de la nación dividida, frustrados en la mayoría de los casos por la injerencia imperialista y las tensiones generadas por la Guerra Fría.

El régimen de Kim il Sung logró estabilizarse y encontró en su hijo, primero, y en su nieto, actualmente, una continuidad de criterios y objetivos. Acuñó su idea de un socialismo independiente tanto de China como de la entonces Unión Soviética, al que llamó “la idea Juche” que se ha traducido como de autoconfianza. Logró atravesar incólume, pero no sin grandes esfuerzos, la caída de la Unión Soviética y la transformación de China Popular en una gran potencia económica, sobre la base de un gran ejército, un estado permanente de amenaza de guerra y una gran unidad política de su pueblo.

Hoy, el nieto del guerrero de la Manchuria, Kim Jong-un y el presidente Moon Jae-in se han convertido en dos estadistas que están construyendo una nueva historia. Con su encuentro en el paralelo 38 han cerrado el siglo XX. Y al hacerlo han dado inicio a la construcción de una poderosa nación asiática, que, por primera vez en su historia, ha alcanzado semejante nivel de desarrollo. La integración definitiva de una Corea industrial, con una gran organización estatal, con un poderoso ejército y con capacidad nuclear modifica el mapa mundial y contribuye decisivamente a ese desplazamiento del centro del mundo que comenzó a manifestarse en el nuevo siglo XXI.

Kim Jong-un y Donald Trump, como dos jugadores fulleros, gesticularon, se insultaron, se hicieron bromas pesadas, se amenazaron recíprocamente con la hecatombe final. Seguramente ambos sabían que el final del juego sería algo parecido a esto.

Lo hemos dicho varias veces en los últimos años. La conducción política de los EE.UU. está decidida a un repliegue de sus fuerzas. Sabe que es un gigante con grandes pies de barro amenazado, ya no por el fantasma del comunismo, sino por el espectro del capital financiero, ante el que están sucumbiendo las principales economías industriales de Occidente. Es casi seguro que esto presente a nuestro continente nuevos problemas, nuevas dificultades y desafíos. Pero el nuevo mundo que se está construyendo ofrece también, si sabemos aprovecharlo creativamente, grandes oportunidades para nuestra integración continental y nuestra impostergable e imprescindible industrialización en las condiciones del gran salto civilizatorio que vive el género humano”.

“Gran salto”, sí. Lo de “civilizatorio”… tal vez Julio ha estado leyendo mucho a Jorge Castro 🙂 Igual, su mirada me parece más acertada que hablar de un “momento Nixon” para Trump -negociar con el oponente más agresivo… en apariencia- o de un “momento Deng” para Kim -abrirse a emprendimientos capitalistas.

Tiene razón J. F. B. en señalar que -si este entendimiento entre ambos estados coreanos se mantiene y profundiza- está surgiendo un nuevo actor poderoso en el escenario internacional: Corea. Afirmando definitivamente una realidad multipolar.

Me interesa destacar que, por ahora, y como me decía mi amigo Luis de Echeandía, este desarrollo tiene un claro ganador en el Juego del Poder global: China. Había un enfrentamiento, que le presenta periódicamente problemas en la región, entre un aliado díscolo, y una potencia industrial que por ese enfrentamiento no tenía otro recurso que ser un protectorado militar de los EE.UU. Esa extensión del poder yanqui en la tierra firme asiática ha quedado, salvo acontecimientos imprevisibles, neutralizada. El Reino del Medio está más seguro y puede seguir avanzando por la Ruta de la Seda.

Mapa-este-de-Asia

Anuncios

Siria, otra vez

abril 14, 2018
SYRIA-CONFLICT-UNREST

T

Dejé a un costado el blog porque no tengo tiempo para dedicarle. Menos aún a moderar comentarios, que son lo distintivo de esta forma de “pensar en voz alta”. Pero hay temas que golpean, por más que sean una repetición monótona y trágica.

Hace dos meses había subido esto Siria, Israel, Irán… la guerra que puede crecer, en ocasión de la última vez que los medios y las redes sociales estallaron con un incidente militar ahí. No parece que tenga que cambiar mucho lo que dije.

Pero para los que se interesan en reflexiones largas, les copio abajo lo que escribí hace justamente un año y una semana, en ocasión del primer bombardeo en Siria que autorizó Trump. Tampoco cambió mucho -eso es lo más trágico del asunto- pero doy un encuadre geopolítico al tema.

Al final, agrego unas reflexiones para nosotros.

                           —————————————-

Sobre Siria y su tragedia actual vengo escribiendo en el blog desde hace más de 5 años (encuentran los posteos en el Buscador, a la derecha, si les interesa). Es inevitable, si a uno le interesa la política internacional (Tal vez recordarán lo que decía Toynbee “Los que no se interesan en política tendrán su merecido castigo. Los gobernarán gente que sí se interesa“.

Como sea. El Presidente Trump produjo ayer un hecho nuevo (o, mejor, un nuevo presidente produjo un hecho viejo): Lanzó aproximadamente medio centenar de misiles sobre una base militar siria.

La justificación que dio a conocer, en Twitter, como es su hábito, fue emotiva :

  • “Usando gas sarín, Assad arrebató la vida de hombres, mujeres y niños indefensos. Para muchos fue una muerte lenta y brutal. Incluso tiernos bebés fueron asesinados cruelmente con este ataque bárbaro. Ningún hijo del Señor debería jamás sufrir ese espanto”.
  • “Esta noche ordené lanzar un bombardeo contra la base aérea desde la cual partió ese ataque. Esto responde a los intereses vitales de la seguridad nacional de Estados Unidos, que debe prevenir y detener el uso de armas químicas letales”.

Una pregunta, contrafáctica, es cómo lo habría anunciado Hillary. Pero eso ya no tiene importancia.

Lo que sí es relevante, porque Siria, para su desdicha, se ha convertido en el ring donde se pelea por el destino del Medio Oriente, es la reacción del presidente de China, Xi Jinping, que está reunido con Trump desde antes del ataque, y del presidente de Rusia, Vladimir Putin, que no participa de la reunión (que debe tenerlo más pensativo que el problema sirio). También son importantes las actitudes de Irán, Turquía, las monarquías sunnitas de la península arábiga. Las de Gran Bretaña y la Unión Europea… hoy pesan bastante menos. Ni hablar de lo que podamos decir los que comentamos en el mundo digital desde esta parte del planeta. Nuestro interés y nuestra obligación es tratar de entender lo que pasa y prever posibles consecuencias para nosotros.

Pero por ahora, no tengo datos bastantes. Si encuentro algo que piense significativo, y que ya no esté en los medios, no voy a resistir la tentación de bloguear. Por ahora, sólo aporto una reflexión, que probablemente ya se le ha ocurrido a otros.

La Constitución, y el sistema político de los EE.UU., otorgan al Presidente menos poder, frente al Congreso en particular, y también a las estructuras civiles, del que le de nuestra Constitución, por ejemplo. Pero, salvo la potestad de declarar la guerra -trámite que ha caído en desuso, de todos modos- le da mucho más poder, sin controles, sin “checks & balances”, fronteras afuera. El Presidente estadounidense, puede, por ejemplo, ordenar ataques aéreos y asesinatos de individuos por una orden ejecutiva. En los últimos años Obama lo hizo repetidas veces.

Es natural que un presidente cuyo poder está cuestionado, que está bajo ataque en el interior, quiera afirmar su autoridad que una acción enérgica en el exterior.

AGREGADO: A continuación, un resumen que subí hace unos cuatro años, sobre mi visión de lo que ocurre en Siria:

Siria tiene una historia muy antigua. En realidad, es muy posible que hayan surgido allí, en el arco occidental de la Media Luna fértil, hace más de diez mil años, las primeras comunidades humanas estables. Esa es la provincia de los arqueólogos. Lo que los historiadores saben es que hace cinco mil años ya se mezclaban allí las influencias de las dos primeras civilizaciones conocidas, Sumeria y Egipto. Y surgian nuevas ideas y nuevos dioses. Desde entonces nunca dejaron de pasar cosas importantes, con frecuencia sangrientas. Toynbee nos recuerda que allí se inventaron las dos creaciones humanas más extendidas: el alfabeto y el monoteísmo. Pero eso es, como dije, historia antigua.

En los tiempos recientes, unos 90 años, Siria ha sido uno de los países de lengua árabe que se forman después de la caída del Imperio Otomano. Y, como todos ellos, ha tenido una historia “latinoamericana”, de revueltas populares y golpes militares. Aún más inestable que nuestros países, porque la sociedad otomana no estaba organizada por nacionalidades, y pueblos distintos convivían en el mismo espacio geográfico. Y en la cultura tradicional del Medio Oriente, la identidad es la religión: alguien es, primero que nada, cristiano maronita, o nestoriano, o judío, o musulmán sunnita o shíita, o druso, o…

Siria, es cierto, no es un mosaico como el Líbano, o la ex Yugoeslavia. De sus 19 millones de habitantes, la mayoría habla árabe y profesa el islam, y la mayor parte de ellos son sunnitas. Pero hay musulmanes drusos, alawitas y chiitas. Y también existen minorías de las etnias asiria, armenia, turca y kurda, junto a miles de refugiados palestinos.

Fue un difícil esfuerzo el que se planteó el Partido del Renacimiento Árabe Socialista, el Baath: crear en Siria y en Irak estados nacionales modernos y laicos. Cualquier avance iba a ser muy limitado e inestable, como lo fue el sueño de unidad con Egipto de Nasser y El-Kuatli, la República Árabe Unida. Pienso que era casi inevitable que terminara en alguna dictadura más o menos tolerada, como la que impuso Hafez Al-Assad a partir de 1970 y continúa su hijo. Si tenemos presente que Siria tiene fronteras con Irak, Israel, Líbano, Jordania y Turquía, y que es por ello un pivote clave en el Medio Oriente, campo de batalla y de influencias de todos los imperios en esos últimos 90 años, no veo otro destino más probable.

La clave del régimen de la familia Assad, la que hizo posible su poder y que hoy es el disparador interno de la guerra civil, es que pertenecen a una de esas minorías musulmanas no sunnitas, la alawita. Como tal, resultaba una garantía para las demás y para los sectores que anhelaban un estado laico, porque no estaba en condiciones de imponer su propia versión del Islam al resto de la sociedad siria. Y les brindaba a los Assad una fuente de cuadros leales, sus correligionarios, por obvios motivos de protección mutua, para los cargos claves de la burocracia, la policía y el ejército. Pero seguían siendo una minoría, impopular con la mayoría Sunni, cada vez más consciente de su identidad frente al renacimiento religioso en el mundo árabe.

Argentinos de origen sirio, con un compromiso emocional con ese pueblo, y los antiimperialistas profesionales simplifican el asunto: los rebeldes son “mercenarios”. Falta que digan que son “subversivos apátridas”. La realidad es mucho peor, desde el punto de vista de la cohesión nacional: además de la disidencia interna, hay voluntarios árabes pertenecientes a las versiones más extremas del sunnismo, “yihadistas”. De la misma forma que combaten contra los rebeldes los milicianos chiítas del Hézbolah.

Siria no es Libia. El ejército y el aparato de seguridad se han mostrado mucho más cohesionados y efectivos – a pesar de las defecciones y de atentados terroristas – que en el país norafricano, y resueltos a emplear todos los medios, incluyendo masacres y bombardeos de ciudades. Sus aliados más importantes, Irán y Rusia, aunque tomaron distancia en declaraciones de la represión que lanzó al-Assad, siguen teniendo un fuerte interés en que no se establezca en Siria un poder hostil. Continuarán proporcionándole apoyo militar y económico“.

————————————–

Para nosotros: Los argentinos nos involucramos profundamente en esta tragedia. Y florecen las versiones apocalípticas. Alimentadas por el periodismo, que -es natural- quiere vender espacio.

Hasta ahora, antes y después de Trump, el escenario del juego de poder global es el mismo: Gran Bretaña y Francia acompañan a los EE.UU., mientras que en Alemania se escuchan algunas voces -en una discreta segunda línea- que lo lamentan y tratan de preservar un canal de negocios con Rusia.

Rusia condena el ataque “con la mayor seriedad”, y alista y protege su base de Taurus, en Siria. China insta a las partes a volver al marco de la ley internacional y resolver la cuestión de Siria mediante el diálogo y la negociación.

El único elemento nuevo, más bien menor, es que Donald Trump -que se debe reír bastante con las teorías sobre el “supra poder en las sombras” que lo obligaría a lanzar estos ataques- podrá decir en la campaña -ahí hay elecciones en noviembre, recuerdan?- que el avanzó donde Obama dio marcha atrás. No es el primer presidente estadounidense que cree que una demostración de fuerza en el extranjero lo ayudará con los votantes, por cierto. Y puede tener razón.

Por su lado, Putin se sentirá más justificado en su política de uso calculado de la fuerza militar, en el Medio Oriente y en Ucrania. El norcoreano Kim estará un poco más tranquilo. No demasiado, claro.

Los argentinos… necesitamos una política exterior coherente y sostenida. Y reconstruir unas Fuerzas Armadas que puedan desalentar agresiones, en un mundo donde nunca dejaron de ser posibles, y se naturalizan cada vez más.

Reconozco que será difícil encarar seriamente esos dos temas antes de octubre del año próximo.


Malvinas: Algunas reflexiones para argentinos

abril 2, 2018

Un tema muy conversado. Más ahora, que le sirve a la oposición real -el peronismo- para golpear a un gobierno anglófilo, chinófilo y, sobre todo, “capitalismo internacional -filo”. Pero es demasiado importante para que sea parte de la coyuntura política.

Por eso subí esta milonga de un autor que miraba con sorna al patriotismo, y se esforzó en ser anglófilo como elección cultural, pero era irremediablemente argentino. En esos versos se deja sentir un lejano sabor a heroísmo.

Por eso les remito a esto que escribí hace 11 años, cuando se cumplían 25 del desembarco en Malvinas. Uno era más o menos oficialista en ese tiempo, y por trataba de ser “equilibrado”. Igual, se acerca a lo que pienso y valoro sobre esa guerra en el Atlántico Sur.

Y como Malvinas no es sólo historia, sino también presente y futuro, tomo este párrafo que publicó hace un par de horas un joven bloguero, Marcos Domínguez y lo hago mío:

Para poder reflexionar acerca de la cuestión Malvinas, se lo debe hacer partiendo de la convicción de que los relatos sobre Malvinas son también un terreno de conflicto entre ideas de nación y proyectos de país, pues todo relato o discurso colectivo se instala sobre una determinada configuración sociocultural, resultante de un proceso de disputa intrínsecamente político-ideológica. La discusión sobre el rol de las Fuerzas Armadas debe también tener en cuenta que el destino de éstas está inevitablemente entrelazado al de todas las instituciones del país, es decir, al del pueblo argentino en su conjunto“.


Un halcón para el águila estadounidense

marzo 23, 2018

bolton

Acerco un perfil abreviado del nuevo asesor de seguridad nacional de Donald Trump. Está hecho -es evidente- por gente que tiene mala onda con Mr. Bolton, pero sólo resume información publicada y no desmentida,  Me parece que puede ser una buena indicación del nuevo clima político que avanza en estos días.

“John Bolton, , es un “halcón” militarista que ha llamado recientemente a declarar la guerra a Corea del Norte e Irán, y fue uno de los promotores del argumento sobre las armas de destrucción masiva que llevó a la invasión de Irak en 2003.

Bolton, de 69 años, es una figura tan polémica en Washington que en 2006 tuvo que abandonar su cargo de embajador estadounidense ante la ONU después de apenas 14 meses, debido a la negativa del Senado a confirmarle definitivamente para ocupar el puesto.

Pero el combativo ex diplomático, un comentarista frecuente en la cadena de televisión favorita de Trump, Fox News, logró hoy ponerse al frente del Consejo de Seguridad Nacional, el órgano de la Casa Blanca encargado de centralizar la política exterior y de seguridad de EE.UU. y asesorar al presidente al respecto.

Detrás de su poblado bigote blanco se encuentra un ideólogo ultraconservador, un vehemente defensor del “interés nacional” de Estados Unidos que ve con recelo los tratados multilaterales y la ley internacional, y que respalda sin ambages los ataques militares como estrategia preventiva.

“Es perfectamente legítimo que Estados Unidos ataque primero para responder a la ‘necesidad’ (de defensa propia) que presentan las armas nucleares de Corea del Norte”, defendió Bolton en un artículo publicado hace dos semanas en el Wall Street Journal.

En 2015, Bolton utilizó un argumento similar sobre Irán, al escribir en el The New York Times que “solo una acción militar” podía evitar que los iraníes obtuvieran un arma atómica.

Ésa será la voz que aconseje a Trump en la preparación de su próxima reunión con el líder norcoreano, Kim Jong-un, y también en la decisión que debe tomar antes de mediados de mayo sobre si se retira del acuerdo nuclear con Irán, un pacto que Bolton ha dicho que “no tiene sentido salvar”.

El nuevo asesor de Trump es también un conocido crítico de la Corte Penal Internacional y de las Naciones Unidas, y en 1994 dijo que “no pasaría nada” si desaparecieran diez pisos del edificio de la ONU en Nueva York.

Eso no evitó que trabajara allí durante más de un año, porque el presidente George W. Bush (2001-2009) le nombró embajador ante la ONU en agosto de 2005, aprovechando un receso en el Senado, que se había negado a confirmarle para el cargo.

En diciembre de 2006 tuvo que dimitir, porque se agotaba el plazo en el que podía ocupar el puesto de forma interina y el Senado no parecía dispuesto a darle luz verde.

La oposición demócrata bloqueó su nominación debido a su supuesta intimidación de subordinados durante su paso por el Departamento de Estado, y a sus presuntos intentos de ignorar o suprimir información de inteligencia con la que no estaba de acuerdo.

En 2001, Bolton se convirtió en subsecretario de Estado para el control de armas, una posición que cobró peso en la antesala de la invasión de Irak porque la justificación de Bush para atacar se centró en la supuesta posesión de armas químicas y biológicas por parte del régimen de Sadam Huseín, que luego no se encontraron.

“Estamos seguros de que Sadam Huseín ha escondido armas de destrucción masiva”, dijo Bolton en un discurso en 2002.

Bolton abrazó la teoría del “eje del mal” sobre Corea del Norte, Irán e Irak, y presionó al Departamento de Estado y la CIA para despedir a quienes no validaran las acusaciones más radicales contra esos países, según un análisis de documentos oficiales que hizo en 2008 John Prados, de la Universidad George Washington.

También fue protagonista de una larga disputa con las agencias de inteligencia estadounidenses por su acusación pública de que Cuba contaba con un programa de armas biológicas.

Nacido en Baltimore en 1948, Bolton se doctoró en Derecho por la Universidad de Yale en 1974 y se alistó en la Guardia Nacional, pero no fue a la guerra de Vietnam y se le atribuye la cita de que “no quería perder la vida en el arrozal de ningún país asiático”.

Casado y con una hija, Bolton ocupó un alto cargo en el Departamento de Justicia bajo el Gobierno de Ronald Reagan y en el de Estado bajo el de George H. W. Bush, y pasó por los centros conservadores Instituto Manhattan y American Enterprise Institute.

Aunque muchos le tachan de neoconservador, Bolton se describe como un “libertario” que prefiere “la libertad sobre la democracia” y finalmente, ha logrado esquivar el escrutinio del Senado -que no es necesario para ser asesor de seguridad nacional- y situarse justo a la derecha del presidente”.

Como ya comenté antes, se demuestra que el viejo establishment bipartidario de la política exterior yanqui, que reside en “Foggy Bottom”, no ha logrado domesticar al Donald. Y este año hay elecciones legislativas allí y Trump querrá revalidar su mandato.

Un viejo refrán dice “Perro que ladra no muerde”, pero la historia muestra que no siempre es así. En cualquier caso: no es un buen momento para ser débil. Bah, nunca lo es.


“No somos nada”: Presidentes del Perú y de otros lados

marzo 21, 2018

ex presidentes

El presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski, presentó hoy su renuncia al Congreso. Se usa mucho la frase “Crónica de una muerte anunciada”, pero es justa. Fue elegido por el rechazo a Keiko Fujimori antes que por cualquier cualidad suya (¿les suena?), pero no consiguió construir una base propia, ni ejercer el poder de la presidencia en la despiadada política peruana.

No hay conmoción en el país hermano (en el caso del Perú, no es una simple convención llamarlo así. Estuvieron a nuestro lado cuando lo de Malvinas). Asumirá el primer vicepresidente, Martín Vizcarra, y el “clima de negocios” no se verá afectado. Las reformas de Fujimori (sr.) fueron más perdurables que las de Menem, entre otros motivos, porque hay menos industria y sindicatos que aquí. En un plazo menos inmediato, esto debilita la institución presidencial, pero no conozco lo bastante de la situación allí para especular.

Más interesante, para nosotros y toda la América del Sur, es el motivo original de la ofensiva parlamentaria: los vínculos con Odebrecht. Pero esa historia no está terminada.

Por ahora, aprovecho un artículo de El Comercio, de Lima, que trae una lista de presidentes destituidos o que renunciaron en muchos países del mundo. Sin golpes militares, que -lo siento, Malaparte, Luttwak- ya están fuera de moda.

Destituidos por el Parlamento

► 1) VENEZUELA: El presidente Carlos Andrés Pérez, acusado de malversación y enriquecimiento ilícito, fue cesado en mayo de 1993, y su destitución confirmada por el Congreso el 31 de agosto siguiente.

► 2) ECUADOR: Abdalá Bucaram, acusado de desvío de fondos públicos, fue destituido el 6 de febrero de 1997 por “incapacidad física y mental”, seis meses después de su investidura.

► 3) ECUADOR: En abril del 2005, en medio de una revuelta popular, el presidente Lucio Gutiérrez, acusado de colocar a allegados en la Corte Suprema de Justicia, fue igualmente destituido por el Parlamento.

► 4) PERÚ: Alberto Fujimori fue destituido el 21 de noviembre del 2000, “por incapacidad moral permanente”, previa partida a Japón, donde permaneció varios años. Extraditado de Chile en el 2007, fue condenado a 25 años de cárcel por asesinato y secuestro.

► 5) PARAGUAY: Fernando Lugo fue destituido el 22 de junio del 2012 “por mal desempeño de sus funciones”, en un juicio político por el Senado.

► 6) INDONESIA: Abdurrahman Wahid, acusado de incompetencia y corrupción, fue destituido el 23 de julio del 2001 por el Parlamento.

► 7) LITUANIA: Rolandas Paksas, destituido el 6 de abril del 2004 por “violación grave de la Constitución y faltar al juramento constitucional”. Estaba acusado de conceder la nacionalidad lituana a un empresario de origen ruso, que era su principal apoyo financiero. Privado del derecho de volver a presentarse a unas elecciones en su país, fue elegido diputado en el Parlamento Europeo en el 2009.

►8) BRASIL. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, es destituida por el Senado el 1 de setiembre del 2016.

Obligados a dimitir

► 8) BRASIL: Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción pasiva, dimitió el 29 de diciembre de 1992, lo cual no impidió que el Senado votase al día siguiente su destitución.

► 9) ISRAEL: Al hilo de un caso de evasión fiscal y corrupción, el presidente Ezer Weizman dimitió en julio del 2000. Prefirió así tirar la toalla antes que enfrentarse a un proceso de destitución.

► 10) ISRAEL: En junio del 2007, el presidente Moshe Katzav, caído en desgracia por su implicación en un escándalo sexual, dimitió también, previo compromiso con la justicia para evitar la prisión. Finalmente fue condenado y encarcelado en el 2011.

► 11) ALEMANIA: El presidente de la República Federal, Christian Wulff, se vio obligado a dimitir en febrero del 2012 al levantarse su inmunidad. Inculpado por corrupción, fue posteriormente declarado inocente.

► 12) GUATEMALA: Otto Pérez Molina, acusado de dirigir un sistema de corrupción en la administración aduanera, se vio privado de su inmunidad por el Parlamento el 1 de septiembre del 2015. Ante el riesgo de ser destituido, renunció al cargo dos días más tarde y fue colocado en prisión preventiva.

Procedimientos que no prosperaron

Otros jefes de Estado se vieron sometidos a un proceso de destitución, que no dio resultado. Fue el caso de Boris Yeltsin en Rusia (1999), Luis González Macchi en Paraguay (2003), Roh Moo-hyun en Corea del Sur (2004) o Hery Rajaonarimampianina en Madagascar (2015).

En Estados Unidos, en dos ocasiones la Cámara de Representantes votó por la acusación (‘impeachment’) del presidente, primero Andrew Johnson (en 1868) y luego Bill Clinton (en 1999). Pero ambos fueron salvados por el Senado.

En 1974, la Cámara inició los trabajos de cara a un ‘impeachment’ del presidente Richard Nixon, pero el procedimiento fue abandonado después de su dimisión.


Estados Unidos, un país oriental

marzo 20, 2018

trump y putin

No dejen que el título y la imagen los confunda. Este no es un posteo sobre las relaciones entre EE.UU. y Rusia, y tampoco sobre geografía, por Dios!

El tema principal es el poderoso establishment mediático global, sus mecanismos y fobias. Que se expresan también en sus outlets locales.

Esta mañana podíamos leer en la página 18 de la edición impresa de Clarín (hay que reconocerlo: tiene más información de muchas áreas que los otros medios masivos locales) un titular a toda página, encabezando una nota ídem:

“Occidente reacciona con un portazo de silencio a la reelección de Vladimir Putin

Y seguía: “‘Tomamos nota’, fue la lacónica reacción del gobierno de Alemania tras la victoria de Valdimir Putin, este domingo, en medio de un notable silencio de las potencias occidentales ante la reelección del polémico líder ruso.

Putin sí recibió los saludos de la ultraderecha germana, China, Nicolás Maduro y Kazajistán (toda gente fea, se dan cuenta)”.

Mis amigos K, tal vez algo sensibilizados, no deben pensar que esto se debe a una mala onda de Magnetto. La nota procede de las agencias AP, AFP y ANSA, fuentes globales (sección Atlántico Norte) si las hay. Sucede que hay un consenso, un sentido común gramsciano sobre lo que está bien y lo que está mal, por lo menos desde “Occidente”. Y sus sucursales locales lo aceptan automáticamente.

Claro, the times they are a-changin´. El actual Presidente de los EE.UU., por ejemplo, no participa de ese sentido común (Está en discusión cuál sería el suyo).

Hoy, Trump lo congratuló a Putin en su reelección. Y, hace notar el New York Times, no mencionó la comentada intervención de hacker rusos en su elección, la muerte de un ex espía ruso, y otros temas de interés. El Donald le dijo a los reporteros que fue una muy buena conversación, y que probablemente se reunirían pronto para hablar sobre la carrera armamentista, que se está yendo de control.

Como, además de la comunicación, la política internacional es un interés del blog de Abel, les refresco una noticia poco comentada de diciembre pasado que, tal vez, ayude a tener claro esa buena onda entre ellos.

Vladimir Putin agradece a Donald Trump la información que permitió prevenir el atentado en San Petersburgo

El presidente ruso, Vladimir Putin, llamó a su colega estadounidense, Donald Trump, para agradecerle la información suministrada por la CIA que permitió frustrar un atentado terrorista en San Petersburgo. Los datos recibidos fueron suficientes para localizar a los terroristas, vinculados con el grupo yihadista Estado Islámico. De hecho Putin ha pedido a Trump que transmita su especial agradecimiento al director de la CIA y a los agentes que facilitaron esta información secreta“.


Putin, recargado

marzo 19, 2018

Como ya saben, Vladimir Vladímirovich Putin ha triunfado con más del 75 % de los votos en las elecciones de ayer en la Federación Rusa. Tiene entonces un nuevo mandato de 6 años como Presidente. Y ustedes, un mar de palabras en todos los medios sobre él y su trayectoria.

Tal vez la parte más interesante de todo ese palabrerío es el sesgo. En general, los medios del Atlántico Norte (con alguna excepción significativa en Alemania) y sus repetidores locales, se horrorizan; los más moderados hablan de un “nuevo zar”.

En mi modesta opinión, es propaganda. Putin es, en la clasificación de Rouquié, un “demócrata autoritario”. Estira las leyes y los procedimientos en su beneficio, usa el poder del Estado sin contemplaciones, y le gusta -además de convenirle electoralmente- aparecer como el “macho alfa” de Rusia: monta a caballo por los Urales con el torso desnudo y se baña en aguas heladas para celebrar (una costumbre ortodoxa) el Bautismo de Cristo. Ah, si uno tuviera 65 años otra vez!

Pero no es un dictador. El parlamento, las instituciones de la democracia y los partidos políticos funcionan en Rusia, y la política y el periodismo no son actividades más riesgosas que en Brasil, y mucho menos que en México. Más significativo, hay libertad de expresión. Los visitantes en el próximo Mundial -supongo que habrá muchos argentinos- podrán comprobarlo: la gran mayoría de los jóvenes, al menos en Moscú y San Petersburgo, hablan inglés, y les contarán a los visitantes extranjeros chistes sobre Putin.

(Es cierto que hay una lista de disidentes, oligarcas exiliados y algunos rusos confesos de espiar para el extranjero que han muerto en circunstancias sospechosas. Y la ley de probabilidades sugiere que en algunos casos habrá tenido que ver la FSB (¿el legendario Directorio 6 de la vieja KGB?). Pero recordemos que el Presidente de los EE.UU. ha autorizado asesinatos y secuestros de extranjeros acusados de terrorismo. Una costumbre de las Grandes Potencias).

Por supuesto, también leerán hoy muchas notas con el sesgo opuesto. Sobre todo en los medios digitales, menos sujetos por la necesidad de grandes presupuestos, se expresa una hinchada fervorosa del compañero Putin. Natural: todos los fastidiados con el hegemonismo estadounidense y/o el capital financiero, tienden a entusiasmarse con don Vladimir.

Por mi parte, considero que es una ingenuidad. En principio, simpatizo con su patriotismo; pero es patriotismo ruso. El trabajo de Putin es defender a la Rodina (no la coalición de partidos políticos de ese nombre; la Patria Rusa). Nosotros debemos defender la nuestra, y no confiar en que alguien lo hará.

Este blog también contribuye al palabrerío, faltaba más. Si ponen “Putin” en el Buscador de la columna de la derecha, verán docenas de posteos a lo largo de estos años. Elegí el que me pareció más adecuado -aunque un poco largo- para apreciar en profundidad la trayectoria de quien ha llegado a ser uno de los líderes globales de este tiempo. Y me ahorra trabajo.

Es de un adversario de Putin, un inglés: Oliver Bullogh, editor para el Cáucaso del Instituto de Información de Guerra y Paz (IWPR). Su libro más reciente, “El último hombre en Rusia”, detalla el declive demográfico ruso). Por supuesto, don Bullogh no es objetivo. Y algunas trozos hace probable que lo acusen de la tradicional hipocresía británica. Pero es un análisis lúcido; a los que están acostumbrados al intercambio de chicanas y denuncias que pasa por debate político entre nosotros les resulta difícil escuchar a un adversario. Pero es útil.

“El 16 de agosto de 1999, los miembros del Parlamento de Rusia – la Duma – se reunieron para aprobar la candidatura de un primer ministro. Escucharon el discurso del candidato, le hicieron unas preguntas y debidamente lo confirmaron en el cargo.

Era la sexta persona en ocupar el puesto en los 16 meses de la presidencia de Boris Yeltsin y uno de los diputados se confundió con el nombre. Expresó que apoyaría la candidatura del Stepashin – el apellido del recién destituido primer ministro – en lugar de su desconocido remplazo.

Si los diputados de la Duma ni siquiera podían recordar el nombre del nuevo primer ministro, tampoco se podía esperar que el resto del mundo prestara mucha atención a su discurso. Era poco probable que fuera líder del gobierno ruso por más de unos meses así que, ¿para qué tomarse la molestia?

Ese individuo era un ex agente de la agencia de inteligencia KGB, Vladimir Putin, y ha estado a cargo del país más extenso del mundo, como presidente o primer ministro, desde entonces.

Pocos se dieron cuenta en ese momento, porque pocos estaban escuchando, pero ese discurso esbozaba el esquema de casi todo lo que ha hecho, de cómo reformularía un país que estaba al borde de un colapso catastrófico.

Hacía apenas 364 días que Rusia había entrado en cesación de pagos de su deuda. Los salarios de empleados del sector público y las pensiones se pagaban, con suerte, con meses de atraso. La infraestructura básica se desmoronaba. Los bienes más preciados de la nación estaban en manos de un manojo de “oligarcas” bien conectados que manejaban el país como un feudo privado.

El otrora poderoso ejército ruso había perdido la guerra en Chechenia, un lugar con menos habitantes que el número de soldados rusos. Ademas, tres antiguos aliados del Pacto de Varsovia se habían afiliado a la OTAN, llevando la alianza de Occidente hasta las fronteras de Rusia. Entretanto, el país era conducido por Yeltsin, un borracho irascible en frágil estado de salud. La situación era apremiante, pero Putin tenía un plan.

No puedo abarcar todas las tareas que enfrenta el gobierno en este discurso. Pero de una cosa estoy seguro: ninguna de esas tareas pueden realizarse sin la imposición de un orden y disciplina básicos en este país, sin el fortalecimiento de la cadena vertical“, manifestó a los parlamentarios congregados.

Nacido en Leningrado, en 1952, Putin se crió en los años de oro de la Unión Soviética, el período después del espectacular triunfo de la URSS en la Segunda Guerra Mundial. El Sputnik, la bomba de hidrógeno, la perra Laika y Yuri Gagarin eran testimonio del ingenio soviético. Las apabullantes intervenciones en Hungría, en 1956, y Checoslovaquia, en 1968, fueron una muestra de su determinación.

Los ciudadanos soviéticos gozaban de un período de paz y prosperidad. La vida era estable. La gente recibía su salario. Cada quien estaba en su puesto. El mundo los respetaba.

Cuando Putin habló ante la Duma, su patria era otro lugar, caído en desgracia ante el resto. Hablaba como un hombre que añoraba las épocas cuando Moscú era tomada en serio. No lo mencionó de manera explícita pero claramente estaba golpeado por la inhabilidad rusa de evitar que la OTAN expulsara hacía unos pocos meses de Kosovo las fuerzas de su aliado, Serbia.

Rusia ha sido una gran potencia durante siglos y aún lo sigue siendo. Siempre ha tenido y tendrá zonas de interés legítimo… No deberíamos bajar la guardia en este aspecto ni permitir que nuestra opinión sea ignorada“.

Su política interna era restaurar la estabilidad, frenar lo que llamó las “revoluciones” que habían hundido a Rusia. Su política exterior era recuperar el lugar de Rusia en los asuntos mundiales.

Esos dos objetivos fundamentales han dirigido todo lo que ha hecho desde entonces. Si lo hubieran escuchado, ninguna de sus medidas los hubiera tomado por sorpresa.

Desde entonces, se ha aferrado de cuanta oportunidad le ha brindado la historia – desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 hasta la revolución en Ucrania de 2013 – para concretar sus metas. Ha sido tácticamente astuto y despiadadamente oportunista. Tanto en el interior como en el exterior, quiere que Rusia recupere el prestigio que tenía cuando él era joven.

El lugar obvio para iniciar esta campaña fue Chechenia, el símbolo del colapso de Rusia. Los chechenos derrotaron el intento de Yeltsin de aplastar su independencia autodeclarada, pero resultó ser una victoria amarga. La guerra devastó el pueblo, la economía y la infraestructura de Chechenia. El territorio se convirtió en un antro de secuestros, violencia y crimen sin que nadie – hasta que llegó Putin – hiciera algo al respecto.

Finalmente, para los acongojados rusos patrióticos, aquí tenían a un hombre no solamente capaz de pagar sus pensiones, sino preparado para ensuciarse las manos defendiendo a la patria. Al cambio del milenio, cuando Yeltsin abandonó la presidencia y designó a Putin como su sucesor, los índices de aprobación del desconocido primer ministro superaban el 70 %, un nivel que ha bajado poco desde entonces.

Grupos de los derechos humanos y algunos gobiernos de Occidente acusaron a Putin de violar la ley rusa e internacional en la cacería de sus opositores chechenos. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha fallado contra Rusia en 232 casos de “derecho a la vida”, condenando a Rusia por asesinatos continuos durante la campaña chechena. Pero eso no ha mermado la popularidad de Putin. En Chechenia murieron cientos de soldados y miles de civiles. Centenares de miles de chechenos huyeron buscando asilo, pero la integridad territorial se conservó y Putin inició su tarea de recuperar el prestigio ruso.

Después del 11 de septiembre de 2001, Putin reformuló su campaña en Chechenia como parte de la guerra global contra el terrorismo, acallando así a la crítica internacional por la conducta de sus tropas. Se acercó brevemente al presidente estadounidense George W. Bush – quien inclusive afirmó haber avistado el alma de Putin – hasta que la guerra en Irak los volvió a apartar. Ahí Putin insistió en el cumplimiento de la ley internacional; ninguna invasión podría realizarse sin la aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Internamente, aplastó a los oligarcas más poderosos, primero aquellos que controlaban los medios, doblegando así la animada escena televisiva y, luego, en 2003, arrestó a Mijáil Khodorkovsky, el hombre mas rico del país. Su compañíia petrolera fue desmenuzada y comprada por una empresa estatal. Jorokovsky fue encarcelado en un proceso tan indignantemente predeterminado que Amnistía Internacional lo declaró un prisionero de consciencia.

Putin mantuvo un férreo control sobre las elecciones parlamentarias a finales de 2003 y sus aliados obtuvieron dos terceras partes de la Duma. Elogió el proceso como un paso hacia el “fortalecimiento de la democracia“, un proceso al que los observadores de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea tildaron de “abrumadoramente distorsionado“.

En apenas cuatro años, Putin había aplastado a Chechenia, dominado los medios y a los oligarcas, ganado una mayoría parlamentaria que le permitía hacer lo que quisiera y demostrado que Rusia tenía una voz fuerte en asuntos internacionales.

Creo que quedó absolutamente claro, cuando arrestaron a Khodorkovsky, que Putin no iba detrás de los oligarcas para reafirmar el poder de la sociedad democrática civil sobre esos titanes. Él lo hacía como parte del plan para construir un régimen autoritario“, opina Chrystia Freeland, que era editora en jefe de la oficina en Moscú del diario Financial Times cuando Putin llegó al poder y ahora es diputada liberal en el Parlamento de Canadá. También es una de los 13 canadienses a quienes se les prohibió la entrada a Rusia como respuesta a Canadá por la imposición de sanciones contra funcionarios rusos.

Él dice lo que piensa y hace lo que dice -por lo menos con mayor frecuencia que ninguno de los otros políticos o estadistas contemporáneos. Los analistas y políticos de Occidente siempre tratan de encontrar un fondo falso a sus declaraciones y frecuentemente no lo encuentran.“, sostiene Dmitry Linnik, jefe de la oficina en Londres de la emisora La Voz de Rusia. “Él es un nacionalista en el sentido del país ruso, no de la etnia rusa. Esa es su mayor fuerza conductora, creo yo, no una sed de poder ni ambición personal“.

Pero Freeland no está de acuerdo. “Creo que ha tomado una serie de decisiones, de manera muy racional desde su estrecho punto de vista, que le dan en este tipo de régimen autocrático la mayor cantidad de poder y riqueza personal“.

Faltaba algo para que el mundo de su infancia fuera completo: la ideología. Putin restauró los símbolos soviéticos: el himno nacional y los emblemas y elogió el triunfo soviético en la Segunda Guerra Mundial. Pero también adoptó algunos objetivos de la era presoviética.

Se acercó a la Iglesia Rusa Ortodoxa y mencionó a filósofos antisoviéticos como Ivan Ilyin, cuyos restos repatrió a Rusia y enterró con honores. Esa tendencia hacia una forma exclusiva de conservadurismo de Rusia se aceleró después de la ola de protestas contra el fraude electoral que estalló en Moscú entre 2011 y 2012 y que enemistó a Putin con los liberales rusos.

Entre sus ideólogos favoritos está Vladimir Yakunin, un viejo amigo y compañero de la KGB, creyente ortodoxo, y que ahora es el jefe del sistema de ferrocarriles rusos, una de las compañías más estratégicas y significativas.

Rusia no está entre Europa y Asia. Europa y Asia están a la izquierda y a la derecha de Rusia. No somos un puente entre ellos, sino un espacio de civilización separado, donde Rusia une las comunidades del este y el oeste“, dijo Yakunin en una entrevista reciente con la agencia rusa Itar-Tass. Su nombre estaba en la lista “de los miembros del círculo de liderazgo de Rusia” que Estados Unidos elaboró para aplicar sanciones tras la anexión de Crimea.

La idea de que Rusia es una civilización distinta de Occidente es funcional para Putin, puesto que le permite rechazar las críticas europeas y norteamericanas sobre sus elecciones, sus sentencias judiciales y su política exterior.

Muchos de los amigos de Putin, pese a ser críticos con las políticas, los valores, las estructuras y la economía occidental, están muy apegados a sus comodidades. Los dos hijos de Yakunin viven en Europa occidental, uno en Londres y el otro en Suiza, y sus nietos están siendo educados allí.

Según el activista contra la corrupción Alexei Navalny, el propio Yakunin se ha construido un palacio a las afueras de Moscú con piedra caliza y materiales llevados de Alemania, algo extraño en un hombre que se supone que aboga por crear una economía rusa independiente de Occidente.

Putin también abrazó algunos principios que después dejó de lado cuando vio que no le valían: En 2003 en Irak, hizo una defensa pública del derecho internacional en la que se oponía a una eventual invasión sin el visto bueno de Naciones Unidas. En Georgia, en 2008 envió tropas sin ni siquiera tratar de consultarlo en el Consejo de Seguridad.

En 2013 se oponía a una intervención occidental en Siria. Y este año, justifica la intervención rusa en Ucrania y la considera indudablemente legítima. Los principios nunca han sido su problema y el objetivo de Putin ha sido siempre maximizar el poder de Rusia y desafiar los intentos de Occidente de controlar su país.

Tenemos todas las razones para asumir que la infame política de contención llevada a cabo en los siglos XVIII, XIX y XX sigue vigente hoy. Tratan continuamente de acorralarnos porque tenemos una posición independiente“, afirmó Putin en un discurso, al anunciar la anexión de Crimea.

La decisión de Putin de invadir Crimea fue tomada de forma rápida e impulsiva por un pequeño grupo de sus favoritos en el alto mando. Eso significa que Putin no tiene a nadie que le advierta de las consecuencias de sus acciones a largo plazo y hasta que se dé cuenta por sí mismo, seguirá con este rumbo, lo que implica que la relación con Occidente seguirá siendo incómoda, especialmente en áreas que considera ser su “zona de legítimo interés“.

Pero no podemos decir que no nos haya advertido”.


A %d blogueros les gusta esto: