Ah, la Francia! Entre la banca y la bronca

abril 23, 2017

Según las encuestas -el producto en el que nadie cree pero todos consumen- Emmanuel Macron (En Marcha) y Marine Le Pen (Frente Nacional tienen cada uno alrededor del 23% de los votos válidos. Así, les alcanza para dejar fuera a François Fillon (Los Republicanos), una derecha más o menos clásica (es decir, una que no ha sido rejuvenecida por el equivalente de Durán Barba) y con algunos escándalos de corrupción, y a Jean-Luc Mélenchon (Francia Insumisa), una izquierda renovada con algún toque de populismo latinoamericano, como les aconsejaba Laclau.

Si esto es así -y ya todos los voceros más o menos oficiales en Europa lo dan por hecho (no le hacen caso a mi amigo Artemio)- los franceses deberán optar en la segunda vuelta entre un candidato ¡centrista!, con una imagen juvenil y moderna (¿les suena?), y sobre todas las cosas, explícito partidario de la Unión Europea. Que armó su propio partido tomando cuadros del socialismo -fue ministro de economía de Hollande-, de la derecha y de los que no están ni con unos ni con otros. Casi el sueño de un “Círculo Rojo” francés.

Del otro lado estará -y será el cuco a ser demonizado por todos los medios de la globalización- Marine Le Pen. Ella también ha modernizado el viejo chauvinismo francés, pero no demasiado (Sigue siendo antisemita, sólo que en vez de los judíos está contra los árabes). Pero Marine hoy expresa mucho más que eso: la bronca y el temor de los perdedores de la globalización económica. Y de quienes sienten que la nueva sociedad cosmopolita y multicultural les roba de su identidad nacional.

El hecho es que hoy la Sra. Europa, Frau Merkel, suspira aliviada: el espectro de un balotaje Mélenchon-Le Pen se desvanece. Y con ella, todo el establishment del Atlántico Norte. Igual, falta la segunda vuelta el 7 de mayo. Pronto.

¿Cómo sigue? Macron es el favorito. Los votantes de Fillon, en su gran mayoría, irán con él. Igual, lo que queda del viejo Partido Socialista, su candidato Hamon ya llamó a votarlo, para frenar al Frente Nacional. Los que votaron a Mélenchon… una gran parte de ellos encontrará que su corazoncito progre les va impedir poner la boleta de Le Pen. Pero esto es lo que aparece hoy.

¿Cómo se llega a este resultado? La gauche, siempre lista para explicar sus derrotas con la maldad o la estupidez de los otros (igual que la de aquí), sacará a relucir los atentados terroristas que asustaron a los votantes. Sin duda es un factor, pero más a favor de Fillon y de Le Pen que para Macron. Por mi parte, yo ya dije que los franceses eran conservadores. Los pueblos que no están desesperados generalmente lo son. Además, algo en que los suramericanos debemos reflexionar: Parece que, con quejas y críticas, una porción mayoritaria de los franceses valora la Unión Europea.

Después de todo, les dio 70 años de paz (a quienes estaban adentro, claro). Puede ser, es, la “Europa de los banqueros”, como advertía De Gaulle. Pero es la Unión Europea que hay.


Las elecciones del domingo, en Francia

abril 19, 2017

Se me ocurre que es un tema que en otro tiempo habría ocupado mucho más espacio en los medios, y en las discusiones políticas. Pero la capital espiritual del tilingaje argentino ya no es París, sino Miami; los militantes ideologizados están más atentos a Caracas, y los que nos interesamos en la política y las relaciones de poder, cuando miramos hacia afuera (sin dejar de prestar atención a Venezuela, trágico campo de ensayo) damos prioridad a lo que pasa en San Pablo y Brasilia.

Igual, las elecciones en la segunda Potencia de la Unión Europea son importantes. Pero, pienso, no por los motivos que hacen más ruido en los medios. Lo que ocupa más espacio, claro, es la “amenaza” de Marine Le Pen. Una figura y un proyecto político interesantes –del que ya escribía en el blog hace tres años– pero que todavía no ganó. No ganará este domingo, y no está asegurado, ni mucho menos, que lo haga en una segunda vuelta. Los sistemas y los pueblos tienen inercia, y los franceses en particular son conservadores.

Y los partidos del sistema -el partido del “statu quo” y los bancos, bah- son poderosos. Los medios son parte de él. Hoy en Clarín Peréz Llana -un analista inteligente de lo internacional- asusta a los lectores globalófilos con “la posibilidad de una pulseada final entre dos populismos anti-europeos, uno de derecha y otro de izquierda: el Frente Nacional, la derecha i-liberal francesa (de Marine), vs. el Movimiento Francia Insumisa, liderado por Jean-Luc Mélenchon. Con ambos, el “Frexit” (la salida de Francia de la Unión) estaría garantizado“.

Puede ser, pero lo dudo. Es cierto que ambos movimientos son anti sistema. Pero todavía no sabemos como se manejarían en el gobierno de Francia, si alguno de ellos lo consigue. También pienso que sería un error -en el que seguramente caerán los medios- creer que si gana uno de los candidatos del sistema, la supervivencia de la “Europa de los bancos”, de los burócratas de Bruselas, está asegurada. El sistema está enfermo.

Por eso me interesó, curiosamente, el análisis del amigo, Juan Chingo: No sobre las elecciones en sí, sino sobre el derrumbe del sistema político, la división en dos grandes bloques que ha durado por casi 60 años, como la 5° República.

(Digo curiosamente, porque él es el hombre de La Izquierda Diario en Francia, y ve lo que pasa desde una óptica rigurosamente troskista. Como tal, sobreestima a mi entender la importancia del discurso y programa anticapitalista de su candidato Philippe Poutou. Corresponde que declare que, si es por discurso, a mí me va más el de Mélenchon, a quien también mencioné en ese post de hace tres años) Yo también creo en el “interés general” y la necesidad de una conciliación de clases. Salvo en las columnas de comentarios del blog: ahí se puede ser tan puro como gusten).

Pero, definiciones ideológicas aparte, me parece muy aguda la descripción de las fuerzas sociales que se mueven detrás del escenario político en Francia. Y que se expresarán el domingo. La comparto con ustedes:

El carácter inédito de esta campaña electoral es expresión de la fase terminal de una larga crisis orgánica del capitalismo francés, en la cual las dos alianzas político sociales que han gobernado a Francia desde comienzos de los años 1980, es decir el bloque de “izquierda” (centroizquierda) y el bloque de derecha que se han sucedido en el poder, se han venido desagregando. Desde que escribimos un anterior artículo dando cuenta de esta situación, la incertidumbre no ha cesado de crecer. A menos de una semana del primer turno, hay cuatro candidatos en condiciones de arribar a la segunda vuelta (Macron, Le Pen, Mélenchon, Fillon), siendo el fenómeno político del momento, la dinámica de Jean-Luc Mélenchon que aparece como el tercer hombre superando en las encuestas a François Fillon, quien se ha visto ensuciado de forma permanente con los affaires de corrupción y nepotismo.

Detrás de vértigo del proceso electoral se encuentran las dificultades de formar un nuevo bloque histórico. Por nombrar los tres proyectos que por el momento han ocupado el espacio dejado vacante por la crisis del bipartidismo tradicional, tenemos por un lado el intento de formación de un bloque modernista burgués encarnado en la figura de Macron. Esta opción política es coherente en sus objetivos en torno a Europa y el neoliberalismo pero es socialmente minoritario ya que su base de apoyo son los sectores altos y medios de la sociedad a la vez que su proyecto político choca aun con la perduración del clivaje entre la derecha y la “izquierda” a pesar de los grandes pasos dados por este digno heredero de Hollande. Digno heredero ya que el actual presidente fue el primero que no incorporó a un componente histórico de ese bloque de “izquierda” en su gobierno, como es el caso del Partido Comunista Francés, a la vez que intentó reformar una pieza clave del compromiso social francés de la posguerra, como es el Código de trabajo, dinamitando la ya moribunda alianza de la “izquierda”.

En oposición a este proyecto, se levanta el polo soberanista de derecha encabezado por Marine Le Pen que, a diferencia del anterior, carece de una homogeneidad social y coherencia de proyecto federados alrededor del soberanismo, siendo fundamentalmente un conglomerado electoral conformado por sectores sociales distintos, a menudo opuestos políticamente como es el caso de los obreros y los pequeño comerciantes a la vez con orientaciones bien heterogéneas en relación al rol del estado y los servicios públicos o la apreciación de las ganancias y de la empresa, contradicciones económico sociales profundas que en el caso de que el FN llegara al poder nadie podría contener.

Por otra parte, la destrucción del bloque de “izquierda” ha abierto el espacio no solo a esta variante progresista burguesa, sino a una a la izquierda de la “izquierda”, a Mélenchon y su Francia Insumisa. A diferencia de 2012, donde se ubicaba como sector de presión sobre el bloque histórico de “izquierda” capitalizando la franja más radical del antisarkozismo, el actual proyecto de este fanático de Mitterrand es un soberanismo de izquierda, dando paso a la Marseillaise y la bandera tricolor y no a la Internacional y la bandera roja. No queriendo como en la anterior campaña ser el nuevo Marcháis [1], vuelve al esquema fácil populista del pueblo versus las elites, olvidando la estructuración antagónica en clases sociales que no se resumen en su cacareado interés general. En su revolución ciudadana la clase obrera se disuelve en un componente más del bloque heterogéneo de las clases populares, yendo al cruce del programa histórico y del rol potencialmente hegemónico del proletariado con sus métodos de lucha y organismos de combate propios e independiente de toda variante burguesa para conformarse en un mero cambio de la Constitución en los marcos del actual sistema de dominio. A nivel europeo, y después del fracaso calamitoso de Tsipras (Grecia), Melenchon habla de un eventual Plan B misterioso, pero apuesta todas sus fichas a una dudosa modificación de los Tratados y de la política de la UE basándose en el mayor peso de Francia (segunda economía europea) con respecto a Grecia para hacer girar la política neoliberal y de austeridad de la actual UE. Sin embargo, más allá de los límites de su programa y de las dificultades que luego tendrá en transformar sus avances electorales en partido, que haya surgido un espacio de masas a la izquierda de la “izquierda” demuestra la real polarización en curso del panorama político francés: de repente los analistas superficiales de la realidad que solo veían una supuesta “derechización de las masas” como solo horizonte se están desayunando con la novedad, como los mercados financieros, que pasaron de considerar el riesgo Le Pen a empezar considerar el riesgo Mélenchon.

Como correctamente explican Bruno Amable y Stefano Palombarini en un libro que acaba de aparecer [2], en Francia desde hace décadas las clases populares están sin representación política. Así, “… la característica especifica de la crisis francesa es la exclusión más o menos completa de las clase populares de las alianzas sociales sobre las cuales, en el curso de las últimas décadas, la acción gubernamental (de izquierda o de derecha) ha intentado apoyarse” (pág. 25). En el caso del bloque de derecha sus dificultades provienen del hecho de que, desde que finalizado el boom de la posguerra y con la caída del crecimiento económico, es cada vez más difícil congeniar los intereses de los sectores de artesanos, comerciantes y pequeños entrepreneurs con los sectores de obreros y empleados del sector privado que, aunque no de forma mayoritaria pero de forma significativa, apoyaban a esta opción política hegemonizada por los sectores medios y altos de capitalismo privado francés. Mientras las tendencias de los primeros es a presionar por la liberalización del mercado de trabajo y las “cargas” que implican el llamado “Estado benefactor”, los segundos tienden a buscar más protecciones frente a la crisis.

Sin embargo, la exclusión de las clases populares del bloque de la “izquierda”, cuyo salto se produce después de la decepción de los sectores populares con el gobierno de Miterrand y continúa desde ese momento de forma gradual hasta la presidencia de Hollande y la explosión a derecha e izquierda de lo que quedaba de ese bloque con un pequeño residuo, a la Pasok, del PS, tiene otro carácter. Es un intento deliberado de los partidarios de la Europa del capital y neoliberal en las filas de la “izquierda”, que tienen a los principales referentes del PS a la cabeza -desde Jaques Delors, ministro de economía de Miterrand y principal artesano luego del giro neoliberal de la UE como su presidente, Michel Rocard, el jefe político de la llamada “segunda izquierda”, y el mismísimo Mitterrand a la cabeza del tratado de Maastricht que sienta las bases del proceso que llevara al euro- de liquidar la alianza política de la izquierda excluyendo al PCF y orientándose a una alianza más de centro (con los “sabios de todos los campos” cómo decía a Delors), buscando descalificar a los obreros como sujeto susceptible y deseable a ser ganado para ese proyecto burgués modernista.

El resultado de la operación anterior es de presentar a los obreros como un sujeto conservador y culturalmente atrasado que está perdido definitivamente hacia el campo del FN y que constituye un obstáculo a todo proceso de “modernización liberadora” de Francia, que permita desatar la energía de los “outsiders” contra los “insiders”, estos últimos “retrógrados” que se atañen a sus status y conquistas del pasado. En fin, “conservadurismos” que no permiten el despliegue de la destrucción creativa del capital, solo camino por el cual la Francia podrá volver a ser un actor a la altura de sus pretensiones de gran potencia en competencia con al Alemania que ya hizo este trabajo sucio sin perder su competitividad. Como dice un documento conocido de la Fundación Terra Nova, ligada al PS: “La identidad de la coalición histórica de la izquierda se encontraba en la lógica de clase: los trabajadores ‘explotados’ frente a los patrones y representantes del capital; los asalariados más bajos, obreros y empleados, contra los cadres [mando intermedio en las empresas, NdeR] y las clases medias superiores. […] La recomposición en curso se hace alrededor de los valores. Se estructura en torno a la relación con el futuro: la inversión en el futuro contra la defensa del presente. La nueva izquierda tiene la cara de la Francia del mañana: más joven, más femenina, más diversa, más diplomada, más urbana. Esta Francia del mañana, en construcción, está unida por valores culturales: busca el cambio, es tolerante, abierta, solidaria, optimista, ofensiva. La Francia del mañana se opone a un electorado que defiende el presente y el pasado contra el cambio”. En fin, para estos partidarios del bloque burgués modernista, la izquierda debería recomponerse por lo tanto ya no en base a una lógica de clase sino de valores.

En este marco, la operación interesada de presentar al FN como el “nuevo partido de la clase obrera” no solo sirve a exagerar desmedidamente la fuerza real de Marine Le Pen sino que sirve también al intento de construcción del bloque burgués en oposición completa a los intereses de los sectores populares y declarando como ineluctable la crisis de la relación entre la “izquierda” y los obreros [3]. La realidad es que si se toma en cuenta la abstención y los sectores que no se inscriben en el padrón electoral, así como los inmigrantes, el FN recibe un voto sobre 7 en los sectores obreros, sin hablar que está muy lejos de la influencia orgánica que alguna vez gozó el PCF en el seno de la clase obrera. Lo único cierto a este mito que podemos afirmar es que “el FN… representa -al menos estadísticamente- el mejor -o por ser precisos, ‘lo menos peor’- a las clase populares, es decir, es la que menos la sub-representa” [4].    (completo aquí)

[1] Nombre del antiguo secretario general del PCF que sello el acuerdo con Mitterrand que permitió a la izquierda por primera vez arribar al poder en la V República nacida en 1958.

[2] “L’illussion du bloc burgeois”, Bruno Amable y Stefano Palombarini, Raisons d’agir 2017

[3] En la misma nota, Terra Nova dice sin ninguna demostración fáctica sino solo en base a su ideología, que “Por la primera vez después de treinta años, un partido político está en correspondencia con el conjunto de las aspiraciones obreras”. Decimos ideológicas pues todas estas afirmaciones tiene el objetivo preciso de liquidar hasta simbólicamente toda potencialidad progresiva o capacidad liberadora del proletariado. La agresividad de sus proposiciones , que se siguen en el campo mediático como ha podido sufrir el mismo Philipe Poutou en uno de los programas de televisión de varietés más vistos del sábado, tiene la función reaccionaria de liquidar en el imaginario colectivo el enorme peso de los obreros y sus luchas en la conciencia de las masas ligado a la más o menos reciente historia de Francia en donde todo los avances sociales se lograron gracias a la lucha de clase obrera desde la reducción de la jornada de trabajo, las vacaciones pagas por nombrar algunas conquistas sociales hasta cosas impensadas como el Festival de Cannes donde la CGT jugo un rol importante en su creación.

[4] “‘L’électorat’ du Front National. Retour sur deux ou trois ‘idées reçues ‘», Patrick Lehingue en « les Classes populaires et le FN », Editions du Croquant 2017 pág. 38.


Argentina Nuclear, 2017 – LX: Aparece Alfonsín

abril 18, 2017

Este capítulo es la 3° parte de una trilogía sobre un análisis confidencial de la Agencia Central de Inteligencia, C.I.A.: Si Argentina estaba en condiciones de producir una bomba atómica. Fue hecho semanas después que de la derrota en la guerra del Atlántico Sur. Y desclasificado hace pocos años. En la primera parte, Daniel Arias analiza el informe. En la segunda, el contexto regional. Aquí, empieza a explorar las consecuencias de la paranoia gringa. Y cómo resultó que el presidente que sufrió las presiones, y quedó doblegado por ellas, fue Raúl Alfonsín.

Después del documento de la CIA.

Arriba, ya terminada, la Planta Industrial de Agua Pesada de Arroyito, hoy provincial, la mayor del mundo (200 toneladas/año). Abajo, las altas columnas de la modesta planta experimental argentina, en adyacencias de Atucha II, con una tecnología distinta y propia.

El documento que nos dedicó la CIA en septiembre de 1982 está plagado de errores, pero de ahí surgió una diplomacia, y lo interesante es que las víctimas de tales errores fuimos los argentinos. Equivocarse y que paguen otros, lujos de superpotencia.

También muestra que a las superpotencias se las puede “perrear”. Mientras los popes máximos de la inteligencia estadounidense escribían sus conclusiones, ignoraban que el contralmirante Castro Madero, forzado por el boicot de Jimmy Carter contra las exportaciones nucleares argentinas a Perú, estaba metido en otro proyecto dual, uno que les haría saltar la térmica pocos meses después, cuando Castro Madero lo deschavara ante el presidente electo Raúl Alfonsín. Y éste, desconcertado pero plantando cara, a su vez lo revelara al resto del planeta.

Obviamente, hablo de la plantita de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu.

Cuando Alfonsín hizo público el asunto de Pilca, deben haber rodado cabezas en el MI5. La revista científica laborista “The New Scientist” prefirió culpar a los yanquis: “¿Qué clase de idiotas dirigen la CIA?”, tituló.

El asunto es que mientras los Brits se trajeron ilegalmente armas nucleares antisubmarinas a la Guerra de Malvinas, atropellando el Tratado de Tlatelolco, del que son garantes (juá), nosotros ya estábamos enriqueciendo modestísimas cantidades de uranio. Pocas, y a grados bastante bajos, escala laboratorio.

Pero de haberlo querido o permitido Castro Madero, con la misma tecnología ya obsoleta de difusión por membranas y una planta mucho mayor (o varias chicas geográficamente separadas, para disimular), podríamos haber obtenido uranio enriquecido a “grado bomba”. No lo hicimos porque la CNEA odia el bardo inútil con las superpotencias, así como las paranoias regionales: bad for business. Si nuestra gente nuclear estuviera loca por las armas, y no lo está o estuvo, no les parecería demasiado sexy la bomba de uranio enriquecido por ineficiente y cara. Pero si la CNEA post-malvinera se abroqueló en abstenerse de bombas fue –y repito las inmortales palabras del Dr. Jaime Pahissa Campá, presidente de la Asociación Argentina de Tecnología Nuclear- “porque no se nos dio la gana”.

Habrán sentido un frío en la nuca, los gringos… El resto de nuestra historia nuclear, cada retroceso, cada zancadilla, cada caída en el barro, cada vendehumo y/o vendepatria puesto al frente de una institución nacida y criada patriótica y honrada, cada mercachifle en el templo, cada achicamiento hasta 2006, se explican por aquel frío en la nuca.

En su documento de 1982, la todavía desinformada CIA peina el árbol de opciones y cree que la Argentina, con un programa nuclear en parte técnica y legalmente fuera de salvaguardias del OIEA, pierde menos puntos diplomáticos si va por una “production facility” secreta. Ésa va a ser la opción de Castro Madero, predice.

Con ese fierro, creía el cónclave de inteligencia yanqui, la Argentina tendría una fuente de plutonio legítima y legal ante los ojos de las Naciones Unidas. No es chiste, es ley. Si el fierro y el combustible son tuyos y no firmaste el TNP (Tratado de No Proliferación), el combustible gastado es tuyo. Las salvaguardias no lo afectan. Sos proliferador, pero legal. ¿Pueden patearte la puerta? Ni ahí. En 1982 existía la URSS, el mundo era bipolar y EEUU, todavía en post-trauma por Vietnam, no habría siquiera soñado con invadir un país sudaca mediano, y menos en la estela de una guerrita colonial inglesa. Y menos que menos, sin una orden de allanamiento expedida por OIEA, es decir la ONU.

Ante los ojos de la OIEA, mo es lo mismo si la Argentina se pone a afanar combustible gastado de Atucha I: ése sí está bajo salvaguardias. Si Argentina incurre en uso no autorizado y rompe el régimen legal que fundamenta el comercio atómico, se vuelve un paria nuclear internacional y jamás nadie –sea Alemania, Italia, Suiza o la propia URSS- le vuelven a vender un componente o material críticos. Y desde ya, nadie en el Tercer Mundo nos vuelve a comprar un reactor. Peor aún, hasta ubicar la cosecha triguera se volvería un problema. Legalmente, nos habríamos vuelto leprosos.

Conocen la tela legal del asunto, los yanquis. Como que la tejieron ellos.

Que Castro Madero pueda haber hecho el LPR para evitar el gigantesco problema de residuos nucleares (el mismo que paralizó y mató el programa nucleoeléctrico yanqui), eso a la CIA ni se les pasa por la cabeza. Que la Argentina pudiera estar haciendo lo mismo que los grandes reprocesadores del mundo (Inglaterra, Francia, Rusia, próximamente Japón) y por la misma causa (eliminar plutonio y disminuir la minería de uranio), esto tampoco se les pasa por la cabeza. Y en realidad, no les importa.

La paranoia es un sistema de pensamiento autosuficiente: descarta todas las hipótesis benignas por método. Eso no significa que los paranoicos estén equivocados siempre. El mundo es bastante malvado y eso estadísticamente tiende a darles la razón. Pero en este caso es intrigante ver a qué grados de error es arrastrada la CIA por esa feroz locura profesional.

Acertadamente, los espías yanquis ponen su fe en que a la Argentina, destruida económicamente y endeudada hasta las cejas en la posguerra, no le dé el cuero para inaugurar el Laboratorio de Procesos Radioquímicos.

No les falta intuición: con tanta obra mayor y urgente a terminar (Atucha II, la Planta de Agua Pesada de Arroyito), la CNEA deberá posponer necesariamente otras menos álgidas. Eso, se sabe, terminó ocurriendo incluso con las obras álgidas. O especialmente.

También especulan con que a Castro Madero no le aguante “el bobo”: saben que cada día se despierta a pura voluntad de vivir, nomás. Pero creen que el día que no lo haga, cualquier continuador del contralmirante seguirá con su obra. Y que hará un reactor plutonígeno secreto. O un submarino nuclear, como plan B. Pero los espías se juegan más al reactor. Es menos despiole técnico, menos plata, y con el know-how argentino sale “con fritas” en 3 o 4 años.

¿Y cómo no creer en ello, si los Argies acaban de montar su propia plantita experimental de agua pesada, la PEAP, ahí al lado de Atucha I? Va a producir pocas toneladas por año, pero alcanzan para moderar un reactorcito plutonígeno chico, alimentado a uranio natural, totalmente “fatto in casa”, y por ello libre de salvaguardias. Todo cierra con todo.

Lo dicho: los espías arman el rompecabezas de un modo bastante lógico, pero muy apartado de la realidad, siempre apuntando a la hipótesis peor. Las piezas, sin embargo, no las inventan. Y su modo de armar el rompecabezas no carece de elegancia. A su modo, son gente seria. Seriamente pelotuda.

Y lograrán que las consecuencias de eso las paguemos nosotros.

En los ’80, la Planta Experimental de Agua Pesada (PEAP) la está construyendo el químico industrial, Aníbal (a) “El Petiso” Núñez. Está bien a la vista de todo el mundo, y con sus vertiginosas columnas metálicas, sería difícil esconderla.

De haberla hecho más alta “El Petiso”, los satélites espía KH-9 y KH-11 podían haber chocado con ella, más que fotografiarla. No la busque en Google Earth: fue desmontada hace muchos años y hoy, en el lugar que ocupó a la vera de Atucha I, se está construyendo la centralita nuclear compacta CAREM. De la PEAP en estos días es difícil hasta conseguir imágenes en la CNEA. Se perdieron, junto con casi todo el archivo fotográfico de la casa, en los años de cierto presidente riojano.

La PEAP tuvo un único sentido: recordarle a los EEUU que era inútil apretar a Sulzer Brothers, ganadores de la licitación para construir la gigantesca PIAP (Planta Industrial de Agua Pesada) en Arroyito, Neuquén. Si los mencionados helvéticos se dejaban apretar o coimear y “pisaban” la entrega en tiempo y forma, no cobraban. Costumbre muy mal vista desde 1775 en Winthertur, Suiza, el año y lugar donde se fundó dicha augusta firma.

Teníamos plan B.  No es que la PEAP pudiera sustituir en absoluto la producción masiva de la PIAP, pero funcionaba con tecnología “made in Argentina”, estaba fuera de salvaguardias, y si cierto país nos quería estrangular con este insumo crítico, el agua pesada, sólo debíamos hacer otra MUCHO más grande.

¿Y para qué querríamos tanta agua pesada fuera de salvaguardias? ¿Acaso para lavar con ella los pasillos de la CNEA? ¡No señor; bombas!, razonaban los yanquis. No los culpo.

Pero esto es no entender a Castro Madero. En 1981, apenas un año antes de la Guerra de Malvinas, el contralmirante había aprobado un plan desmesurado, por 4 centrales nucleares de uranio natural de 600 MW por unidad.

¿Y para qué tanta potencia nucleoeléctrica? Primero, 2400 MW no es tanto. Es más o menos la mitad de la potencia de generación de base que hoy nos está faltando, pese a tener el mejor ministro de Energía de la historia de la Shell. Segundo, en 1981 era una reducción: en los buenos tiempos de Jorjón Sábato, digamos 1970, se planificaba llegar al año 2000 con 10 centrales, no 1 + 4.

Tercero pero no último, el contraalmirante estaba convencido de que el monetarismo ortodoxo y las bicicletas financieras de su pariente, don José Martínez de Hoz, (a) “el Dr. Joe”, harían crecer bárbaramente el PBI, y eso disparararía la demanda eléctrica. Que debería cubrirse urgentemente con nuevas centrales, y como serían de uranio natural, requerirían de océanos de agua pesada.

La candidez neoliberal del contralmirante no entra siquiera “a placet” en el análisis de la CIA. No entienden la esquizofrenia política que cunde desde siempre en la CNEA. Muchos de sus mejores profesionales son señorit@s tiling@s liberales de derecha en la calle, pero en cuanto cruzan la puerta de Libertador 1429 hacia adentro, se vuelven nacionalistas económicos, estatistas irrecuperables, abjuran de las compras llave en mano de tecnología en el exterior, llaman “colonizado mental” a quien las promueve y juran por Jorge Sábato. No todo loco en esta historia es gringo.

Las esperanzas de los espías yanquis en septiembre de 1982 son que a la CNEA no le aguante el presupuesto, o a Castro Madero, el corazón. La CNEA ya empezó 1982 con una baja del 30% en sus fondos, y sin embargo, constata el cónclave de inteligencia con preocupación, las obras nucleares argentinas siguen avanzando. 35 años después, agrego con típica maldad Argie: y eso que no estaban viendo todas, je.

En los hechos, el post-Proceso argentino fue mucho más rápido que la desmilitarización del resto de Sudamérica. La CIA no pudo imaginarlo. Es que odio del pueblo para los procesistas excedía el que se tuvo en el Cono Sur hacia asesinos y vendepatrias menos perfectos, más banales. Nuestros paladines, además de hacer correr sangre obrera, estudiantil y popular a baldazos como generales bananeros, no pararon hasta tener una guerra, que además perdieron. Por y con escándalo.

Con su administración honesta, en la que cada centavo se iba en fierros, norma fundacional de la casa, aún con un 30% menos de plata que en 1981 la CNEA de Castro Madero se atrevía a encarar obras audaces. Obras que el paradójico contralmirante discutía y consensuaba con todo el personal superior, en esa suerte de democracia aristocrática de los atómicos, base de su fortaleza como “estado dentro del estado”.

En diciembre de 1983 asumió con modales muy distintos el ingeniero Alberto Rafael Costantini, el “gauleiter” de la democracia, nuevo presidente de la CNEA en remplazo de Castro Madero. Fue injertado en la casa sin dudar un segundo por Raúl Alfonsín, pese a que el político bonaerense conocía los antecedentes de Costantini. O tal vez por ello. Según Luis Colángelo, Jefe de RRPP, ambos eran amigos de toda la vida. Don Raúl no podía ignorar el historial de Costantini con el Plan Larkin. O su papel como rector universitario del Proceso.

Costantini fue la segunda medida de Alfonsín con aquella caja de sorpresas, la CNEA. La primera fue asestarle otra quita de presupuesto en pesos que se devaluaban por minuto, ésta del 50%.

Costantini aseguró que con el nuevo presupuesto y una administración muy diferente a la de Castro Madero, hecha a medida de los contratistas, las obras críticas y las auxiliares NO siguieran.

Y NO siguieron. “A bonus, lads!”. Me imagino la alegría en Langley, Virginia, EEUU.


“La cuestión coreana”

abril 15, 2017

UN forces' transport vehicles recrossing

La amenaza de guerra -que forma parte del menú permanente de herramientas de al menos dos de los actores principales en el conflicto: la República Popular y Democrática de Corea y los Estados Unidos de América- está subiendo de temperatura. Otra vez.

Ayer, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, hombre cauteloso, instó a la República de Corea, los EE.UU. y la R.P.D.C. a darse cuenta del riesgo. “China exhorta a todas las partes a terminar con las declaraciones provocativas y evitar conducir la situación hacia un punto de no retorno”, dijo Wang tras las consultas con su equivalente francés, Jean-Marc Ayrault.

Tiendo a pensar que no le harán caso. El gobierno de Corea del Norte emite en forma regular y consistente declaraciones provocativas. Su estrategia, ya es evidente, requiere que los demás jugadores crean que está dispuesto a ir a la guerra, sin importarle los costos. Si no, evalúa que su régimen, y posiblemente su país, no sobrevivirán.

En cuanto a EE.UU., … Trump ya ordenó el lanzamiento de cohetes en Siria, mientras comía un postre con Xi Jinping. Y luego, la “Madre de todas las bombas”, en Afganistán. No necesita decir nada en Twitter.

Entonces ¿Marte tendrá ocasión de juzgar a los príncipes en el campo de batalla, como es su vieja costumbre? No es posible decirlo con certeza. Las armas nucleares de destrucción masiva han sido usadas para la guerra sólo dos veces, en 1945, y nunca más. Desde entonces, sólo han servido como amenaza, y han servido bien. ¿También esta vez?

Como sea, hoy, 15 de abril, se cumplen 105 años del nacimiento, en la entonces Corea japonesa, del fundador de la dinastía norcoreana, Kim Il-sung. Y el régimen que inició gusta de los aniversarios. Tal vez hoy hagan algún anuncio espectacular.

Por eso me parece útil compartir con ustedes este excelente trabajo sobre los actores del drama de Fredes Luis Castro, a quien nuevamente recurro en el blog. Entérense:

EE.UU.:

El Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson sostuvo el último 16 de marzo que la política de los últimos 20 años de su país hacia Corea del Norte en orden a su desnuclearización había fracasado, y sugirió un nuevo tipo de aproximación. Tillerson hizo estas declaraciones durante la gira que realizó en distintos países del Este Asiático. Pocos días antes, el Ministro de Relaciones Exteriores de China Wang Yi, en una conferencia de prensa brindada ante medios nacionales y foráneos, había propuesto una solución diplomática de dos vías, de “suspensión por suspensión”. Esta oferta apunta a una paralización de las pruebas armamentísticas por parte de Pyongyang por un lado, y de los ejercicios militares conjuntos de Seúl y Washington por el otro.

Flynt L. Leverett, profesor de Asuntos Internacionales y Estudios Asiáticos de la Universidad Estatal de Pensilvania, cuestiona la estrategia de Donald Trump hacia los países asiáticos y los incentivos a que da lugar, por un excesivo interés mercantilista que aprovecha amenazas regionales, como la nuclear norcoreana, para arrancar concesiones comerciales de sus condicionados aliados. “En el caso de una Asia estable, ¿cómo podría Trump usar el poder militar para obtener concesiones económicas de nuestros aliados o de China?” interroga Leverett. A la capciosa pregunta del académico (también ex funcionario de estratégicas burocracias estadounidenses) se podría responder que sin tanta inestabilidad, de arranque, se complicaría la venta de un sistema de misiles que Lockheed Martin brinda por un valor no menor a los 800 millones de dólares.

Se trata del sistema móvil de defensa antimisiles THAAD que Estados Unidos desea desplegar en Corea del Sur, resistido por China. Sucede que el radar del sistema THAAD tiene la capacidad de recopilar información de las ojivas nucleares chinas en las pruebas que el gigante asiático realiza, regularmente con una orientación Este-Oeste (dirección adoptada, casualmente, para no perturbar sensibilidades surcoreanas). De más está decir que también serviría para suministrar vital y temprana información a Washington sobre una agresión o represalia misilística china contra la potencia americana. China podría reducir las capacidades vigilante y espía del radar THAAD redireccionando sus pruebas hacia el este, hacia las aguas que también bañan las costas surcoreanas (cuando un radar está dirigido contra la parte frontal de un misil su capacidad informativa se reduce significativamente, por la menor reflexión electromagnética de la nariz y los lados del cono), pero esto alteraría los ánimos de este país.

Si China dirige sus pruebas balísticas en dirección a la geografía de la Corea capitalista configura una amenaza para el sur peninsular, si no lo hace se arriesga al espionaje norteamericano. Si la patria del Gangsta Style adquiere el escudo THAAD amenaza la seguridad china, si no lo hace se arriesga a la agresión norcoreana y al malestar político económico del Pentágono. Es lo que el profesor Li Bin caracteriza como un verdadero dilema securitario.

El caso THAAD es un capítulo más de la histórica novela de relaciones entre los divididos pueblos coreanos con Estados Unidos y China, que narra las influencias que las potencias han ejercido en la confección de las políticas domésticas y exteriores de los territorios separados por el paralelo 38º.

Corea del Norte:

Hasta 1999 las “Cuatro Grandes Líneas Militares” fueron junto con la ideología Juche pilares esenciales de la ingeniería política diseñada por Kim Il-sung. Un pueblo armado, un estado fortificado, hacer de cada soldado un cuadro y la modernización militar, fueron directrices consagradas como garantía de la estabilidad del régimen y de la independencia nacional. Kim Jong-il sustituyó las Cuatro Líneas por la doctrina songun o de la primacía militar. Sumamente criticada por los sacrificios que implicó para los 24 millones de habitantes sostener un ejército de más de un millón de efectivos. Sin embargo puede conjeturarse que fue una anómala forma de avanzar hacia la desideologización y la desmilitarización de toda la sociedad (con repliegue, no renunciamiento, de la ideología juche), a favor de un cuerpo organizado, controlado y vocacionalmente pragmático (en desmedro simbólico del proletariado y real del poder del partido).

En el VII Congreso del Partido, el primero en 36 años, celebrado en el 2016, Kim Jong-un consolidó la estrategia byungjin como sucesora de la doctrina songun, que apunta a un progreso simultáneo de lo nuclear disuasivo y lo económico. La dimensión militar cedió su primacía, para compartir (al menos, por ahora, en lo estratégico discursivo) prioridades con el desarrollo económico. Cabe registrar que el tránsito entre la primacía militar y la estrategia byungjin fue contemporáneo al desmembramiento estatal y la desintegración social del totalitarismo soviético, del que tomaron debida nota las jerarquías del comunismo norcoreano.

Corea del Sur:

En Corea del Sur fue la administración de Kim Dae-jung la primera en atreverse a un programa de mayor autonomía respecto de Washington, con su Política del Sol, de distensión, coexistencia pacífica y reconciliación con Corea del Norte. Su sucesor, Roh Moo-hyun, fue mucho más atrevido, y formuló una política de Paz y Prosperidad en el Noreste Asiático signada por la idea de una declinación americana, paralela a la reemergencia china. No desconoció la alianza militar con Estados Unidos, pero promovió una cooperación regional propiciando un rol central y equilibrador (especialmente entre China y Japón) de su país. El gobierno de Lee Myung-bak, que comenzó en el 2008, puso fin a esta estrategia tan ambiciosa como un tanto contradictoria en sus metas. Pero la Corea Global con que Lee quiso trascender la iniciativa de su predecesor, no se desconectó de su filosofía. La exposición internacional que compensó la menor injerencia regional, permitió sortear cualquier malestar estadounidense, al tiempo que se erigieron redes y relaciones aptas para contener a Seúl cuando el ocaso americano tuviese lugar. La presidenta recientemente destituida Park Geun-hye puede considerarse una continuadora de esta línea, con la creación en el 2013 del MIKTA, asociación constituida por México, Indonesia, Corea del Sur, Turquía y Australia. Su decisión de facilitar el despliegue del sistema THAAD es coherente con el vínculo estratégico con Washington preservado por otros jefes de estado.

La “norcoreización” del temperamento que habita la Casa Blanca aporta un elemento de incertidumbre tal que dificulta predecir con algún margen de seguridad los escenarios posibles en esta región y otras partes de Asia. Habrá que ver si el interés mercantilista de Donald Trump se impone sobre las estrategias convencionales de sus burocracias, o sucede lo contrario. De hecho, mientras termino este artículo, Rex Tillerson, con tono perentorio, advierte que “todas las opciones están sobre la mesa” con respecto a Corea del Norte, lo que no descarta una definición militar.

China:

Es el tipo de pronunciamientos que Xi Jinping desea que se eviten, en particular a meses de la realización del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China, que aprobará su segundo mandato al frente del gobierno. Pero no importa quién gobierne el Reino del Medio, no existe posibilidad alguna de que comulgue con intervenciones militares o acciones desestabilizantes del régimen vecino y colega, más allá de puntuales sanciones económicas destinadas a impedir peligrosos progresos nucleares armamentísticos. Históricamente para China la península coreana siempre fue un espacio sensible para su soberanía, habilitante de penetraciones extranjeras.  Esto no ha cambiado, por el contrario es inimaginable que opere a favor de una unificación que permita la mudanza de los 30 mil soldados americanos estacionados en Corea del Sur a zonas aledañas a su frontera. Demandante formidable de recursos naturales, tampoco desea que los tesoros minerales de Corea del Norte sean aprovechados por otros países, como lo hizo la industria japonesa durante la ocupación de la primera mitad del siglo pasado.

Japón:

En El largo siglo XX Giovanni Arrighi sostiene que la guerra de Corea, que concluyó con una tregua que mantiene partido al país desde 1953, significó el despegue económico de Japón. Es posible que sea una de las causas que contribuyó al desarrollo de la posguerra mundial, sin embargo la internacionalización de sus industrias y un eslabonamiento de producciones que lo centralizan como generador de tecnologías de punta fueron materializados en tiempos de paz. Japón tiene en claro que no puede mudar de barrio, por ende, como China, apostará por la estabilidad y las vías diplomáticas. Dicho esto, me atrevo a conjeturar que los sensatos deseos de Shinzo Abe de revisar el texto constitucional para fortalecer las defensas militares de su país pueden aprovechar los momentos (y los gobiernos) impredecibles para intensificar sus propuestas”.

Escenarios, intereses y esperanzas:

Lo que pretende Kim Jong-un no es muy diferente a lo aprendido de su padre y su abuelo: ajustar los engranajes que hacen funcionar un sistema totalitario, al tiempo que con una gradualidad de cámara lenta ajusta ese sistema al ecosistema político y económico global. En este sentido, sobre su programa nuclear quiere que sea tolerado, a cambio de no incrementar su arsenal y no exportar los conocimientos inherentes. Sus hermanos y compatriotas del sur capitalista necesitan concentrar energías en lo inmediato, obtener de todos los actores interesados un paréntesis en las conflictividades que les conciernen, para preparar las próximas elecciones presidenciales luego del proceso que terminó con la expulsión de Park Geun-hye. La ex presidenta soportó, entre otras dificultades, un rechazo popular a la instalación del sistema THAAD, al que luego se sumó el descontento por su incapacidad para poner fin al boicot económico chino aplicado por ese motivo. Para peor, Rusia se alió con el gigante comunista en el rechazo, complicando el escenario internacional. Seúl espera que las potencias tomen nota de todas estas disrupciones.

El próximo presidente surcoreano deberá definir líneas de acción para enfrentar estos desafíos, entre los que se inscribe también la cuestión relativa al parque industrial Kaesong. Una reapertura del polígono industrial es, quizás, la ventana de oportunidad para disparar nuevos acuerdos con Kim Jong-un y buscar convergencias entre los intereses económicos y políticos que contienden.

La unificación alemana se produjo como consecuencia de la indetenible decadencia de la Unión Soviética, toda Corea debe edificar la propia unidad mientras observa la reemergencia de otra potencia autoritaria, el Reino del Medio, esta vez con bandera comunista. El resiliente pueblo coreano espera menos que el siglo XXI sea la centuria china, y que sea fundamentalmente el de la unidad sólida y definitiva de toda su patria”.

Quise poner en el posteo imágenes de la Guerra de Corea en los ´50. Arriba, el legendario Paralelo 38°. Aquí, cuatro mapas de esa guerra que nos recuerdan que fue quizás la última en el viejo estilo, de grandes maniobras y desembarcos de infantería, durante largos años. Sería trágico, no sólo para los coreanos, que aprendiéramos ahí como serán las próximas.

koreanwar


Argentina Nuclear, 2017 – LIX: La C.I.A. mira al Cono Sur, 1982

abril 14, 2017

Este capítulo es la segunda parte de una trilogía que gira alrededor de un análisis confidencial de la Agencia Central de Inteligencia, C.I.A., sobre el posible desarrollo atómico de Argentina, hecho semanas después que el gobierno militar fuera derrotado en la guerra del Atlántico Sur. Y desclasificado hace pocos años. En la primera parte, el capítulo LVIII, Daniel Arias analiza el informe. En ésta, se lo enfoca desde la región.

59. El contexto regional

Pinochet y el general Figueiredo, éste del arma de Inteligencia: nuestros presidentes vecinos cuando el contralmirante Castro Madero inició el LPR. La CIA estaba convencida de que el LPR desataría una carrera armamentista con Chile, y una escalada proliferativa con Brasil.

El documento de la CIA de 1982 versa sobre el Laboratorio de Procesos Radioquímicos argentino. Curiosamente, la instalación nunca es llamada por su nombre. La junta de espías que lo firma sesiona dos meses tras la finalización de la Guerra de Malvinas. Estima –otro interesante error de análisis- que al Proceso todavía le queda un tiempo inestimable pero largo “de descalce”, hasta poder dejar la presidencia en manos de civiles.

Lo que queda sobreentendido, aunque no escrito, es que esa retirada del poder durará al menos  5 o 6 años. Es el mínimo necesario para que la Argentina haga dos cosas: a) terminar e inaugurar el LPR con combustible de Atucha I, b) construir algún reactor plutonígeno secreto, para luego alimentar el ya activo LPR con combustible de bajo quemado. De éste sí se puede sacar buen plutonio 239 de pureza militar.

Esta inferencia es el meollo del documento, y por momentos se vuelve muy explícita. Es decir, no es una inferencia.

El problema de los espías era cómo aprovecharía el tiempo el contraalmirante Carlos Castro Madero, si su corazón aguantaba. Sabían que el tipo cargaba ya con 5 by-passes. 1986, creían, sería la fecha de posible entrada en servicio del LPR. En suma, que el contraalmirante necesitaba 4 años para terminar la planta de gestión de residuos líquidos del LPR y negociar la autorización de la RFA (República Federal Alemana) para que nos permitiera reprocesar legalmente el combustible de Atucha I, legalmente de propiedad alemana.

Si esto sucedía (va de mi cosecha, no está en el informe), la RFA exigiría que el reprocesamiento se hiciera “bajo salvaguardias”, es decir vigilancia técnica y contable del destino de cada gramo de plutonio por parte del inspectorado de la OIEA. En tal caso iba a haber más agentes de la CIA en Ezeiza que en su sede de Langley, Virginia, EEUU.

El informe da cifras concretas y correctas: se empezaría con 6 toneladas/año de combustibles gastados de Atucha I. De ese modo, el LPR podría obtener unos 18 kg/ año de plutonio. Era irrelevante que fuera militarmente inútil, porque resultaba diplomática y geopolíticamente peligroso.

Los “spooks” yanquis son profesionales y hay un método en su locura. Se encargaron de liquidar para siempre el desarrollo de nuestra tecnología de “back end”. Ya no podremos fabricar nuestros propios combustibles MOX a partir de desechos nucleares. Tampoco podremos remover de estos los transuránidos de largas vidas medias, y así acortar de 10.000 a 200 o 300 años la resistencia y estanqueidad exigibles a nuestro repositorio geológico “de alta”, cuando lo tengamos.

Es difícil que la historia nos conceda una segunda oportunidad de hacer todo esto por cuenta propia, en instalaciones propias y con tecnología propia. Tendremos que subcontratar reprocesamiento en Europa, como los japoneses. Pagando como duques, como ellos, mal modo de abaratar la electricidad nuclear. Y comiéndonos –como ellos- conflictos con terceros países, por asuntos de rutas marinas y países ribereños justamente cabreros.

La alegre muchachada de Langley en 1982 estaba muy desnortada. No entendía en absoluto cómo funcionaban los cerebros de la CNEA y el de Castro Madero en particular. Delante de sus narices de espías, y sin que pudieran entenderlo, Castro Madero le masticaba la yugular a todo idiota terrestre, naval o nabal que le exigieran la bomba YA, para restañar su pundonor de derrotados sin haber olido pólvora, como decía Borges.

Pero donde le doy razón a los gringos es en esto. Hay que imaginarse al presidente procesista paradigmático del período post-Malvinas, general Reynaldo Bignone, aquel “viejito bueno” hoy con varias condenas a perpetua porque mató más gente que la viruela. ¿Lo recuerda bien?

Ahora trate Ud. de imaginarlo a don Reynaldo en situación de explicarle afablemente por teléfono a al igualmente cortés y ceremonioso presidente de Brasil, general de inteligencia Joao Figueiredo, que el plutonio salido de nuestro LPR nunca sería lo suficientemente puro como para borrar del mapa más que, bueh, quizás una parte ínfima de Sao Paulo, “mais muito pequena, seu geral”. Por sobredetonante.

¿Se iba a tranquilizar mucho Figueiredo?

La CIA supuso con razón que Figueiredo se iba a volver loco. Tenían bien su perfil: era de Inteligencia, es decir un paranoico pago por serlo, como ellos. Inevitablemente, pensaron que Figueiredo reflotaría entonces el rumbo franco hacia la bomba que traían sus antecesores, los generales Ernesto Geisel, y antes de él, Emilio Garrastazú Médici, otro espía, by the way.

Sobre Chile, la CIA y cónclave no especula. En su informe, declara que Pinochet y su generalato se van a poner muy bélicos, aunque admiten que en materia nuclear, así como en casi toda otra industria, Chile es un jardín de infantes con vista al mar. Justamente por ello, no es imposible que tengan alguna reacción incontrolable. Queda sin decir algo obvio, pero lo añado: Chile ya tiene un equipamiento y entrenamiento militar convencionales superiores al argentino y no ha perdido ninguna guerra. Puede provocarla.

En su informe, que en realidad dice más sobre ellos mismos que sobre nosotros, la CIA muestra muy buena información de detalle y una estrategia muy lógica para contrarrestar nuestro (ejem) muy evidente rumbo hacia la bomba.

La llave para impedir que el LPR empiece a trabajar en 1986, dicen, la tiene la RFA. Si ésta se niega a que el combustible de Atucha I se reprocese, chau LPR. Hay que apretar a los alemanes occidentales. No es tan fácil. Pero ya se hizo antes, cuando los nibelungos le vendieron una rara tecnología de enriquecimiento de uranio por toberas al general Ernesto Geisel. No servía para nada. Esa le salió bien a los yanquis.

Si la RFA nos niega el uso de los combustibles gastados de Atucha I, el documento especula con otra fuente posible de plutonio para el LPR. La central CANDU que la CNEA está construyendo, con 4 años de demora, en Embalse, Córdoba. No está en el documento pero añado: el espionaje yanqui confía bastante en la nueva dureza canadiense para impedirnos, llegado el caso, el reprocesamiento de esos combustibles. La diplomacia yanqui hace rato viene estrangulando a Ottawa para que Embalse ni siquiera se pueda terminar.

Efectivamente, ante las dificultades económicas de la obra, los canadienses estuvieron varias veces a punto de patear la mesa e irse. Esa conducta no la habían tenido jamás con otros países del Tercer Mundo, donde los fondos aparecen un día y desaparecen al siguiente, usos y costumbres. Los CANDU son reactores para países pobres, y en ese mercado el vendedor debe mostrar manga ancha y no poca paciencia. No fue el caso con nosotros. Se agravan mis sospechas de que todas las veces que hubo que renegociar con la AECL (Atomic Energy Commission, Limited) la terminación de Embalse, estábamos hablando con un Canadá rehén.

La CIA sabe que Castro Madero conoce su negocio. Si quiere reprocesar BUEN plutonio, lo que puede y sabrá hacer muy bien el contralmirante es diseñar un reactorcito plutonígeno, una “production facility”. Es moco de pavo, para un hombre de semejante formación, reactorista doctorado del Instituto Balseiro, con estudios posteriores en el Vallecitos Nuclear Center de California. Puede hacer obras mucho más complejas que una tosca “production facility”, el contralmirante.

La CIA cree que Castro Madero construirá este reactorcito en algún “culus mundii” de sus grandes desiertos internos, donde no lo encuentre nadie. Un “Manhattancito gaucho”, vamos. Y en cuanto se tenga suficiente plutonio, esta vez del bueno, lo reprocesará en el LPR y hará una bomba bien hecha para una prueba nuclear subterránea “pacífica”.

La CIA delira. No tiene idea del realismo político de Castro Madero, quien termina de destruir su poca salud pulseando contra idiotas con más galones que cerebro, que le exigen la bomba patriótica. Pero la CIA no delira cuando dice que Castro Madero podría tener un plan B sin bombas: construir la planta de propulsión nuclear de un submarino de caza como el HMS Conqueror, el que hundió al crucero ARA Belgrano.

Y efectivamente, Castro Madero habló no poco de ello. Motivos personales, además de geopolíticos y tecnológicos, no le faltaban: su hijo revistaba como oficial en el Belgrano aquel 2 de mayo de 1982, y casi se transforma en la víctima número 324 del hundimiento. Su padre lo dio por muerto hasta que finalmente la Armada logró recuperar las balsas, desapartadas y dispersas por medio Mar Argentino debido a una tempestad.

En muchas cosas la tienen clara, los gringos. Pero de la idea matriz fundante de la CNEA, según la cual la verdadera posición de fuerza no está en tener la bomba sino en tener la capacidad de hacerla, y sin embargo no hacerla, ésa no la entienden. No les cierra. Ven en blanco o en negro, o están obligados a ellos. Y nosotros, ya lo dije en algún posteo anterior, somos más bien una cebra.

Hundimiento del ARA Belgrano el 2 de mayo de 1982, foto sacada desde las balsas. Carlos, el hijo de Castro Madero, entonces Teniente de Corbeta, estaba a bordo de una de ellas.


Algo de geopolítica, después de los cohetes de Trump

abril 11, 2017

Hace cuatro días el Presidente de los Estados Unidos ordenó el lanzamiento de 59 misiles crucero Tomahawk contra la base aérea de Shayrat, del ejército sirio. Según anunció, fue en represalia por un ataque con armas químicas ocurrido en la localidad de Khan Sheikhoun, al sur de la ciudad de Idlib, controlada casi en su totalidad por la oposición al gobierno de Al Assad.

Y eso es todo lo que sabemos con razonable certeza hasta ahora. Las especulaciones que hice en este blog a horas del asunto siguen siendo válidas. No porque hayan sido especialmente lúcidas, sino porque no han surgido hechos que las desmientan, o confirmen (entonces dejarían de ser especulaciones).

El número de 58 víctimas de ese ataque químico fue proporcionado por la oposición a Al Assad. No hay motivos para dudar, ni tampoco para creerles. Todos los que participan en la guerra en Siria hacen propaganda, y, como en todas, el objetivo es ganar, no investigar. Hay en Internet un video que muestra un niño que habría sido víctima de gases, pero es más emotivo que preciso.

No sabemos quién usó las armas químicas: el ejército de Al Assad las ha usado en el pasado. Pero no tenía motivo racional para emplearlas ahora, que está ganando la guerra. Especialmente cuando la Casa Blanca había hecho declaraciones públicas aceptando su permanencia en el poder “si el pueblo sirio así lo decide”. Su versión oficial sobre el episodio, “Gases almacenados por las fuerzas opositoras, liberados accidentalmente por un ataque aéreo nuestro”, suena débil, como siempre que la explicación incluye un accidente. Pero no es imposible, en ausencia de análisis técnicos confiables.

Los que se enfrentan a su gobierno, especialmente ISIS, o Daesh, pero no sólo ellos, han dado muestras que usarán cualquier medio, aún los más sanguinarios, si creen que favorece su causa. Por eso, entre los que se oponen a EE.UU. surgió de inmediato la acusación: era un hecho de “false flag”: El ataque químico habría sido lanzado -o inventado- para provocar el ataque estadounidense.

Esta hipótesis -hecha creíble por la historia de las “armas de destrucción masiva” que le atribuyeron falsamente a Saddam Hussein- tiene una consecuencia… sugestiva. Los autores debían tener motivos para suponer que Trump iba a reaccionar como lo hizo, a pesar que en la campaña electoral, y también desde mucho antes, había criticado a Obama por entrometerse en Siria, y planteaba que ISIS era el verdadero enemigo.

Es decir, tenemos un dato cierto, sea cuál sea la verdad en todo el asunto: Trump cambió bruscamente su posición. Los motivos… siguen siendo tema de especulación. Es difícil creer que haya sido su indignación moral frente al uso de gases en la guerra.

En cuanto al ataque a la base Shayrat, todavía no se sabe cuántos de esos 59 cohetes llegaron a su destino. Hay diferentes versiones, según si los medios son favorables a EE.UU. o a Rusia: desde la destrucción de un 20 % de la fuerza aérea siria (aparece en la CNN) hasta que sólo 23 de los 59 cayeron en la base, varios de ellos en “lugares inocuos” (aparece en Russia Today).

También aquí podemos encontrar un hecho, por la naturaleza del arma empleada: Los Tomahawk, como todos los misiles crucero, son relativamente lentos. Eso hace más creíble una información que está en la mayoría de los medios que informan con amplitud sobre el tema: EE.UU. informó previamente a los mandos rusos del ataque que iba a hacer, siguiendo la práctica que se había desarrollado durante el breve período en que coordinaron, informalmente, sus ataques a ISIS. ¿Hubo interferencia electrónica con los Tomahawk? Quizás, pero Rusia no empleó cohetes antimisiles

Hasta aquí, lo militar, en lo que no soy experto. Para los aficionados a coleccionar tanto información bélica como teorías conspirativas (no las más delirantes), recomiendo el blog de Jerry Pournelle (en inglés): veterano de la Guerra Fría y paleoconservador, que -por eso mismo- es muy escéptico de la intervención de su país en Siria y en el Medio Oriente en general. Es decir, la posición que sostenía Trump hasta este jueves 6.

Sobre la política internacional, la lucha por el poder global -el Gran Juego de Kipling- antes de ir a las pocas conclusiones que me animo a sacar- empiezo por compartir una inquietud, que me puso en la cabeza el más grande de los detectives:  En uno de sus casos, Sherlock Holmes le menciona al Dr. Watson la extraña conducta del perro de la casa durante esa noche. El buen doctor dice “Pero Holmes, el perro no hizo nada durante la noche!“. “Esa fue la extraña conducta, Watson“.

Estamos en el quinto día después del incidente, que marcó dramáticamente un viraje fundamental e inesperado en la política internacional del nuevo presidente de los EE.UU., y el asunto ha desaparecido de las portadas de los medios internacionales y sus repetidoras locales. Aún de la “portada” de Google News, versión U.S. Aunque Rusia, como respuesta al lanzamiento de cohetes yanqui, ha enviado una modernísima nave de guerra a la zona, los medios no están usando la posibilidad de un dramático y peligroso enfrentamiento para vender diarios o minutos de publicidad. Extraño.

Paso a mis pocas conclusiones. Bastante obvias, me temo. En la política estadounidense, se ha impuesto, por ahora, el sector que favorece el enfrentamiento con Rusia y con Irán en el Medio Oriente. También, por ahora, es un enfrentamiento verbal. El secretario de Estado, Tillerson, visita Moscú, para tratar de convencer a los rusos que abandonen su apoyo a Al Assad. Le vaticino poco éxito. En cuanto a Teherán, ha sido extraordinariamente discreto y cauteloso en sus pronunciamientos sobre el asunto. Como ha sido en general su práctica desde el final del mandato del bocón Ahmadinejad. Pero el hecho es que, en una región “fértil en guerras” y notoriamente volátil como el Medio Oriente, el nivel de violencia y amenazas no ha aumentado a partir de este bombardeo. Se puede decir que la guerra global sigue en cómodas cuotas, como hasta ahora.

Esto no significa que los cohetes de Trump no tienen consecuencias. En lo local, los sectores, las monarquías sunnitas de la península arábiga y los grupos yihadistas, entre ellos el ISIS, que combaten a Al Assad han ganado aliento. Hasta hace unos días su derrota parecía asegurada. Esto significa, estimo, que Rusia no disminuirá su intervención militar en la zona. E introduce más incertidumbre para el futuro en la ambigua posición de Turquía.

En el plano global, asistimos a una derrota de la apuesta de Putin en la presidencia de Trump. Esto le resultará difícil de aceptar a los admiradores del mandatario ruso, que no pueden admitir que sus ídolos no ganen siempre. Pero hay pocas dudas de eso. Todavía hace tres días Thierry Meyssan, lo más parecido a un propagandista extraoficial de Putin y de Al Assad, trataba de convencer que todo era una maniobra astutísima de Trump para lograr que sus opositores internos terminaran por aceptar su acercamiento con Rusia! El problema de los aficionados a las teorías conspirativas…

Mucho más importante, se ha descartado un insinuado cambio estratégico en la balanza de poder global. Que EE.UU. pudiese convencer a Rusia que abandone su actual alianza estrecha con China. Como hace algo más de 40 años logró que China se ubicase más cerca de ellos que de la URSS. El anciano Dr. Kissinger debe estar puteando en arameo.

Hay otro hecho, que es necesario tomar en cuenta y que seguramente todas las cancillerías serias lo han hecho. El Presidente Trump es tan imprevisible en política internacional como fue su irrupción en la estadounidense. Como dice el New York Times, la “doctrina Trump” es: no tener doctrina. Es un dato peligroso, sobre el presidente de un país que maneja la máquina militar más grande de todos los tiempos.

Así, desde una mirada geopolítica, me veo forzado a coincidir con el analista James Palmer, en Foreign Policy: La República Popular China debe estar muy contenta con esta nueva situación. Que Trump, que los EE.UU. tienen como un objetivo estratégico impedir que el Reino del Medio se convierta en un poder hegemónico en el Pacífico y/o Eurasia, es un dato estructural. Pero el socio comercial y adversario geopolítico de China se ha vuelto a meter, con ambos pies, en el pantano del Medio Oriente.

Palmer atribuye a los chinos esta reflexión: La decisión de George Bush jr., después de 2001, de emprender una serie de guerras en Afganistán, Irak, les dio una década de gracia para aumentar y consolidar su poder. Ahora, pueden estar consiguiendo otros diez años, gratis.

Y también -porque el enfoque principal es y debe ser en lo nuestro- no puedo menos que tener presente que, como señalé en el blog años atrás, esa absorción de política y recursos yanquis en el Arco Islámico, ayudó a que en la América del Sur se desarrollasen gobiernos… insumisos a las políticas del Departamento de Estado, después del fracaso de los experimentos “neoliberales”. Actualmente, ese ciclo de Chávez, Evo, Correa y especialmente de los gobiernos de los dos países más grandes de la región, Lula y Dilma, y los Kirchner, aparece concluido.

Pero la “restauración neoliberal” en marcha en ambos países parece tener bases débiles. Es necesario preguntarse si hay nuevos procesos en nuestros pueblos que puedan “cabalgar” la etapa que se abre.


Argentina Nuclear, 2017 – LVIII: La mirada de la C.I.A.

abril 8, 2017

Este capítulo de la saga es a la medida de, además de su público habitual de interesados en la ciencia, la tecnología y la geopolítica, de todos los que visitan los sitios de Internet dedicados a las teorías conspirativas (que son muchos). Porque aquí no sólo van a tener la oportunidad de acceder a un informe auténtico de la Agencia sobre nosotros. Encontrarán que los “spooks”, los muchachos de la C.I.A., también son aficionados a las teorías conspirativas.

Eso sí, debo recordarle a Arias, y a los visitantes del blog, que el entrenamiento de los analistas no es para descubrir intenciones, ni evaluar posibilidades. Sino detectar capacidades. Y Argentina en ese momento, 1982, tenía la capacidad técnica -no la política, ni la militar- de producir una “bomba sucia”. De alguna forma, nos sobreestimaban. Hay que tener cuidado con eso.

58. ¿Cómo nos ve la CIA?

¿El Laboratorio de Procesos Radioquímicos argentino podría haber disparado una carrera armamentista regional con Brasil?  La CIA estaba absolutamente segura de eso, en septiembre de 1982. En mi opinión, no había modo. No descarto estar equivocado. Al menos, un poco.

Yo el asunto lo miro desde la ciencia y desde la historia: el plutonio que el contralmirante Eduardo Castro Madero pensaba reprocesar en esa instalación venía “sobrequemado”: su origen serían los elementos combustibles gastados de Atucha I. Tendría fatalmente un exceso del isótopo 240 que lo vuelve hiper-reactivo y prácticamente inútil desde el punto de vista militar.

Eso es algo que los espías yanquis saben de sobra. En 1943 la quimera de querer hacer la bomba con plutonio sobrequemado le hizo perder al proyecto Manhattan el equivalente de U$S 23.000 millones actuales, al cancelarse el desarrollo de la bomba “Thin Man”. El asunto terminó con científicos presos en el penal de Leavenworth, Kansas, y alguno que se voló la tapa de los sesos, para no ser acusado de traición o sabotaje. En realidad, los tipos simplemente se habían equivocado en los cálculos, en una época en la cual la física del plutonio era un tema de frontera, del cual no se sabía nada. Con ese tema creo haber aburrido de sobra a los lectores.

Pero como a veces observa Abel, mirar desde la ciencia y la historia me privan de una visión más política y geopolítica, que a la CIA le sobra.

Hay un informe de “La Agencia” redactado en 1982, trascartón de nuestra derrota de Malvinas. Además de la CIA intervienen todos los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas y del gobierno federal de los EEUU. Este “paper” se hizo de dominio público “ma non troppo” recién en 2005. Hoy  puede googlearlo cualquier Johnny Batesman (Juan de los Palotes), tachado –eso sí- en sus 2/3 partes. Aún con mutilaciones, es imperdible. Véanlo:

ARGENTINA´S NUCLEAR POLICIES IN LIGHT OF THE FALKLANDS DEFEAT

¿Ya lo leyó? Desde que en 1985 empecé a investigar el Programa Nuclear Argentino, siempre me sorprendí de que quienes inventaron las armas nucleares, los EEUU, estuvieran tan preocupados por nuestro LPR, una plantita de miércoles por su tamaño, y cuya producción sería militarmente inútil.  Ahora entiendo mejor cómo se baila la cumbiamba, al decir de García Márquez.

Pensé siempre que era una estupidez de ecologistas VIP lo de confundir plutonio sacado de una central nucleoeléctrica (sobrequemado sí o sí) con su equivalente “grado bomba” (con una pureza de isótopo 239 de entre el 93 y el 97%).

Los Eco Vip normalmente no diferencian un tornillo de una tuerca y de biología, ni noción, pero tienen plata. En 1988 estaban alarmando a la población metropolitana con videos y posters que mostraban explosiones de bombas atómicas: pronosticaban que ése era el destino inevitable del LPR, ubicado en el Centro Atómico Ezeiza. Cooptaron a una hasta entonces políticamente inocua obra social médica (FEMEBA) para su campaña, asunto que coincidió en tiempo y espacio con la visita a nuestro país de un tal Dr. David Albright, figurón de un “think tank” antiproliferación cuyas siglas son ISIS (no joke). No es improbable que don David haya sido el estratega y valijero de aquella olvidada opereta de medios.

¿Pero puede comerse así su propio “bullshit” un cónclave de post-docs en física atómica, politólogos, historiadores, economistas, sociólogos y militares de alto rango? ¿Y los analistas de la agencia que le baja línea al presidente del país más poderoso de la tierra?

Sí pueden, pero ahora que alcancé a leerlos me resulta evidente que la tortuga se me escapó a mí, no a ellos.

En 1982 a la agencia le importaba tres cominos si reciclábamos plutonio para nuestras centrales o para armas. No querían que recicláramos plutonio, punto. Reprocesamiento cero en la región y en el mundo, y se acabó. Eso querían. Y quieren.

Y siguen queriendo, como muestra aquel olvidado conato de enfrentamiento a cañonazos en 1995, entre la Armada Chilena y un buque de la empresa estatal británica nuclear (BNFL) contratado por el programa nuclear japonés para transportar residuos radioactivos. Los yanquis tienen una ley contra el reprocesamiento, de 1977, y se sabe que tienen la manía de aplicar algunas de sus leyes extraterritorialmente. Y aunque la Unión Europea, Rusia, China y la India les hacen pito catalán, en el caso de Japón todavía se salen con la suya. Dejarán de hacerlo cuando Japón inaugure por fin, si lo hace, la planta de Rokkasho Mura, que viene con más demoras que la línea Sarmiento.

En 1982, la CIA estaba francamente convencida que nuestros militares, ganosos de recauchutar su prestigio social y regional, destruidos tras la derrota de Malvinas, tratarían de recuperar protagonismo e imagen. Lo harían detonando bajo tierra alguna “bomba pacífica”, al estilo de la India en 1974. No importaba si el plutonio era bueno o falopa, o si la bomba hacía PUM o FSSS. Lo que preveían es que como respuesta regional inmediata, detrás del arma nuclear argentina vendría otra brasileña.

Anticipaban también que el bien armado generalato chileno se pondría loco. Y suponían reacciones adversas en cadena en toda América Latina, especialmente en Perú y Venezuela. Los países con más poder de la región adoptarían un rumbo armamentista irrefrenable, atómico en el caso de Brasil.

La imaginación estratégica de la CIA impresiona. Demasiadas lecturas de Tom Clancy, tal vez, y poca historia. ¿Perú se nos iba a parar de manos? ¿Justamente Perú, que en 1977 nos había comprado su primer reactor nuclear a nosotros? ¿Y que tenía tan buen “rapport” con la Argentina que en 1982 nos asistió durante la Guerra de Malvinas, cediéndonos secretamente 10 de sus interceptores Mirage 3C?

Los analistas del espionaje yanqui abundan en datos reales. Eso sí, arman el rompecabezas de modos raros. Continuará.

Los Mirage 3C que los peruanos le cedieron secretamente a la Fuerza Aérea Argentina durante la Guerra de Malvinas, para tener intercepción cercana en la frontera chilena. Por si las moscas.


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