El kirchnerismo resignado

agosto 30, 2013

resignacion

Acabo de leer en el blog de mi amigo Gerardo Fernández – kirchnerista convencido – un posteo que me llamó la atención. Como no es largo, y está escrito con mucha claridad, se los copio casi íntegro y después lo discuto:

El massismo es el  reagrupamiento de aquellos sectores conservadores del peronismo que soportaron estoicamente el esplendor kirchnerista esperando el momento del resurgimiento en pos de revivir la alianza con los sectores dominantes, eso que denominamos “consenso pre-kirchnerista”.

 La pregunta que debemos hacernos desde el kirchnerismo es qué hicimos tan mal para que esto se de con tanta naturalidad. Se escucha por ahí que ni a Néstor ni a Cristina les interesó demasiado preparar una herencia, pero más me inclino por suponer que han habido serios errores de construcción en las fuerzas que intentaron ser los más fieles intérpretes del proyecto político liderado por Cristina. La otra interpretación posible es que el kirchnerismo como tal es un 25% de la población que tuvo un tiempo para hegemonizar a buena parte de la sociedad pero esa etapa llegó a su fin y ahora se impone terminar de la manera más prolija posible el gobierno y luego la reclusión para retomar fuerzas con vistas al futuro.
 
Pensándolo bien, no está tan mal. El desafío sería consolidar este 25%, estructurarlo y reposicionarlo para dentro de unos años ante la evidencia de que el cambio está instalado en buena parte de la sociedad y no será expresado por nosotros.
 
El kirchnerismo tuvo la virtud de liderar un tiempo político y dejar al país con una serie de transformaciones y leyes que serán históricas, pero no pudo contener durante más de 10 años a los sectores conservadores del peronismo que ahora vuelven a tener un tiempo de aceptación que está por verse cuán duradero será. Está por verse en definitiva si la sociedad está dispuesta a tolerar otra década del 90, pero para nosotros lo fundamental será ver si somos capaces de asimilar las experiencias que nos dejan estos diez años para retornar mejorados“.
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Es un buen análisis, que tiene puntos con los que no coincido. Ahora, la blogosfera politizada está llena de análisis brillantísimos con los que estoy o no de acuerdo. Si marco éste, es porque me parece la expresión de una actitud bastante extendida en las últimas semanas en una parte importante de la militancia K. Y sobre eso es lo que me interesa reflexionar.
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Primero, discuto una definición: “El massismo es el  reagrupamiento de los sectores conservadores del peronismo“. Seguro que Sergio Massa sumó en la Provincia de Buenos Aires el 11 de agosto los votos de gran parte de los peronistas conservadores. Que son muchos. (Tengo que decirte, Gerardo, que está expresión tuya me parece mucho mejor que el cuco “la derecha del peronismo”. Peronistas de derecha derecha quedan, pero pocos. La mayoría son amigos míos, y su actividad política principal desde hace bastantes años es juntarse a cenar y hablar mal del gobierno).
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La discuto entonces porque reagrupamientos de los sectores conservadores ha habido otros en el peronismo – el lejano Potrero de los Funes en el 2007, la cooperativa que armaron, entre otros, Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Adolfo Rodríguez Saá, Ramón Puerta, Jorge Busti, Graciela Camaño y Mario das Neves en 2010, la candidatura del Dr. Duhalde en 2011 – y todos terminaron en patéticos fracasos electorales. Tenemos mucho de conservador en el peronismo, es cierto, como también tenemos una izquierda combativa y plebeya con raíces en Evita y la CGT. Pero si hay algo que ha quedado claro en nuestra historia, me parece, es que cualquiera de esas “alas” que se corta sola, es derrotada.
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Ahora, el punto interesante de este posteo no es la caracterización teórica del massismo, sino el destino que ve para el kirchnerismo. Gerardo es uno de los (muchos) kirchneristas sin historia previa en el peronismo (viene del viejo Partido Intransigente) y no se considera a sí mismo parte del “peronismo tradicional” (sea eso lo que sea. Yo no me defino, en absoluto, como kirchnerista y supongo que por edad soy un peronista tradicional. Pero no tengo idea qué sería eso). Creo que para muchos como él ha sido doloroso percibir – en los votos de Massa, y en los resultados nacionales de las Primarias, por ejemplo en Córdoba y Santa Fe – que el kirchnerismo no es necesariamente la mayoría del peronismo. Y avizora su futuro, el del kirchnerismo, como un proyecto y una identidad que será desplazada en el 2015, y deberá luchar para estructurarse y tener chances nuevamente.
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Es posible. Pero creo que ese destino podrá ser el de dirigentes, funcionarios – lo que no me preocuparía demasiado; es legendaria la capacidad de los peronistas para reciclarse – pero no el de la experiencia polìtica que llamamos kirchnerismo. Ni el de la militancia K, como conjunto. En los destinos de cada uno en la política, influyen mucho las circunstancias, y la sicología de los individuos. Pero en los grandes números… Creo que hay una masa importante de hombres y mujeres que se consideran, y son, de izquierda, que no van a renunciar a la experiencia de poder y realizaciones concretas – aunque sean muy mediatizadas, y obliguen a tragarse sapos – que ofrece el peronismo para refugiarse en los placeres de una oposición impoluta. Los que prefieren eso, ya se han ido.
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Después de todo, como digo siempre, el peronismo es un país de inmigración. Si durante la experiencia menemista se incorporaron tantos compañeros de la Ucedé, que hoy encontramos en las más diversas ubicaciones, ¿porqué no se incorporarán los K no P, como los llaman en una jerga horrible? No es, justamente, la primera, ni la segunda ola inmigratoria desde la izquierda.
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Y si discuto esto aquí – ese posteo tiene muchos comentarios, y muy jugosos – es porque esa actitud tendrá, necesariamente, influencia en el futuro del kirchnerismo. Que miro con interés: es la etapa actual del peronismo, y, si finaliza, pienso que es lo mejor para todos que lo que viene incorpore lo mejor de ella.
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La actitud, que yo llamaría pesimista (pero otros, optimista) de Gerardo, que ve al futuro del kirchnerismo distinto del que toque al conjunto del peronismo no es por cierto inusual en estos días. Esta semana se la escuché, fundamentada, a un conocido encuestador que apoya decididamente a Cristina (No, no es Artemio).
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Si yo la juzgo equivocada es porqué me parece absurdo imaginar al kirchnerismo fuera del peronismo. Néstor Kirchner, y Cristina siempre se mantuvieron dentro de su estructura. Y él fue un típico gobernador peronista, no muy distinto del santiagueño Carlos Juárez, del que era admirador en otros tiempos.
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Sus ideales y convicciones, que “no abandonó en en la puerta de la Casa de Gobierno”, que planteó a una sociedad que no lo esperaba, también eran parte de una experiencia peronista. Eran los de la JP de los ´70, de esa generación que se incorporó masivamente al peronismo pero que traía sus propios códigos y valores. Y tanto Néstor como Cristina son expresiones absolutamente genuinas de ese zeitgeist, para usar un término pedante. Combinado, eso sí, con la muñeca y el uso del poder que se aprenden en una larga práctica política en el peronismo.
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(Es cierto que Néstor en algún momento especuló con su reemplazo con fuerzas más definidas ideológicamente en un sentido tradicional de izquierda y derecha. Bueno, su fuerte no era el análisis político. Pero no comía vidrio: abandonó esas tonterías cuando se dio cuenta que no le servían).
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El argumento decisivo en este debate, al menos para mí, que me gustan los argumentos prácticos mucho más que los teóricos, es que el kirchnerismo, fuera del peronismo, no será el 25 %. Sospecho que no estaría muy por encima del 10 % tradicional en Argentina de las diversas variantes de la izquierda clásica. Pero también creo que, sin los votos que suma el kirchnerismo, sin esa ola inmigratoria, el peronismo pierde. Bah, el peronismo, que como fuerza política no es más que la primera minoría, pierde siempre que pierde su capacidad de sumar.
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agosto 30, 2013

taller San Martín

(cliquear encima para ampliar)

Mi amigo Martín Clavell me invitó por Facebook. No voy a poder estar mañana, pero quiero asociarme de alguna manera a algo que resuena conmigo.


La guerra de Siria – 2da. parte

agosto 29, 2013

Arab_world

(Repasando lo que subí anoche, me impresionó algún parecido entre la historia de los países árabes y lo que les sucedía, décadas atrás, a los países latinoamericanos. No estoy diciendo que esos dos grupos de países se parezcan, claro. El parecido está en la (dolorosa) relación con las Grandes Potencias. Pero, sobre eso, comento algo al final).

Lo que está pasando en Siria creo que es necesario verlo en el marco de que ha sucedido en las ultimas décadas en el mundo llamado convencionalmente “árabe”, 22 países, desde el Sahara Occidental hasta la punta más oriental de la Península Arábiga y las fronteras de Irán, más de 400 millones de habitantes que comparten, no una herencia étnica, pero sí una comunidad cultural y lingüística, y, mayoritariamente, una religión: el Islam.  Especialmente desde la primera Guerra del Golfo, puede verse el fracaso de los estados nacionales construidos en el molde occidental, con base territorial y nominalmente laicos, en enfrentar los desafíos de la Modernidad frente a las aspiraciones de sus pueblos, y, por encima de todo, los que les presentan el poder económico y militar de los EE.UU., la Unión Europea e Israel.

Y por eso era previsible, al menos para quienes leyeron Historia, que una gran parte de esos pueblos se volcasen hacia su identidad más profunda: la religiosa. La llamada “Primavera Arabe” culminó en la revitalizacion de partidos islámicos.

Es un desarrollo ”cargado de futuro”, pero, en lo inmediato, esas fuerzas despiertan la oposición interna de minorías identificadas con otra religión – los cristianos coptos en Egipto, los maronitas en El Líbano, por ejempo – y también de los sectores de su propio pueblo que prefieren un estilo de vida más cercano a la Modernidad. En esas condiciones, no han podido construir gobiernos estables ni en condiciones de defenderse frente a las Potencias “occidentales” y, en el Oriente Medio, a Israel.

Y en este caso en particular hay una fuente histórica de enfrentamientos que sus enemigos aprovechan: el mundo musulmán, más allá de las “Setenta y tres partes” que menciona la tradición islámica, está profundamente dividido, al menos desde las costas orientales del Mediterráneo hasta el Asia Central, por una separación teológica, histórica y social entre dos vertientes amargamente separadas: Sunna y Shia.

La guerra civil en Siria, además de los siempre presentes poderes externos que la alimentan, es una manifestación más de esta pugna. Los Assad, alauitas, son apoyados por Iran, shiita, y por la comunidad mayoritaria de esa vertiente en el destrozado Iraq. El Hizbolá libanés, tambien shiita, ha sentido la necesidad de combatir en favor del régimen de Assad, aunque perciba agudamente la necesidad de unión de los árabes contra Israel. Como Hamas, en Gaza; que está tironeado entre la necesidad de apoyo de todos, tanto de Irán como de su archienemigo, Arabia Saudita, el autoproclamado campeón de la Sunna, y su propia identidad confesional sunnita.

Es una división profunda, como dije, con raíces que van atrás casi catorce siglos. Y, por supuesto, hoy es alentada por poderes externos a la región. A Occidente – o, con más justeza, al Atlántico Norte – la revigorización de la militancia sunnita, por todo su ímpetu puritano, le ha sido útil, como se vio en Libia.

Resumiendo: Hasta ahora, EE.UU., Inglaterra y Francia, con sus aliados y sus satélites han contribuído a derribar – por un proyecto deliberado, por sus intereses económicos o por razones de su política doméstica; usualmente una combinación de los tres – a los Estados fuertes que habían surgido en el mundo árabe. Los gobiernos con base en partidos islámicos no han conseguido afirmarse o son también hostilizados, como el Hizbolá. Por ahora, su programa parece ser mantener dictaduras corruptas o gobiernos que dependen totalmente de su paraguas militar, como los Emiratos o la misma Arabia Saudita.

Donde no consiguen imponerlos, el destino parece ser el de una desintegración del Estado unitario en una base territorial, como puede suceder en Siria y ocurrió en Irak y en el Líbano. Esto juega a favor de los intereses geopolíticos inmediatos de Israel, y por eso sus halcones están decididamente a favor de éstas políticas.

Pagan un precio, por supuesto. Irán, a pesar de su marginación, se está convirtiendo en la Potencia regional (Irónicamente, el esquema de Kissinger, aunque en un marco que al buen doctor no le gustará). A Rusia y a China, a pesar de sus propios problemas con comunidades musulmanas dentro de sus fronteras, se les brinda gratuitamente un rol de protectores de los países de la región que se enfrenten a Occidente, Como Siria.

De todos modos, hablé de los intereses geopolíticos inmediatos. Porque se están creando, o fortaleciendo, los lazos de una comunidad, unida por la humillación, de más de 400 millones de personas, ubicada en una región de inmensa importancia estratégica, y vinculada por los lazos de una religión vigorosa con el resto de los más de mil millones de musulmanes.

En la década del ´20 del siglo pasado, Toynbee especulaba que el Islam, resurgiendo de su torpor, podía volver a ser, como lo fué históricamente, el vehículo y motor de la reacción de los “nativos” frente a la invasión occidental. Y el reemplazo de una civilización cansada.

Pero eso es la Historia, que se mide en siglos. Por ahora, el mundo árabe sufre las consecuencias de no contar en su seno con una Potencia regional, al menos con los recursos de Turquía o de Irán, que obligara a los Estados Mayores de las potencias occidentales a analizar con más cuidado los costos de sus aventuras militares. Lo más cercano a eso en potencial, Egipto, … sus fuerzas armadas se han convertido en dependientes de la ayuda norteamericana, y de los negocios que la acompañan.

Los sueños de unidad… han quedado por ahora solamente en sueños. Y la Liga Árabe cumple un rol similar al de la OEA entre nosotros, en los tiempos de la Guerra Fría: una oficina de coordinación para la Gran Potencia hegemónica.

Por eso no me canso de repetir que – en el mundo en que vivimos – nuestro proceso de integración en la América del Sur no debe medirse por la integración económica, valiosa y necesaria como es, sino por la formación de alianzas sólidas y de un sentimiento de destino común. Que es lo se está construyendo.

Brasil y Chile han apoyado lealmente la postura de Argentina frente a Gran Bretaña en las disputas por el Atlántico Sur y el Sector Antártico. Argentina, a pesar de sus problemas, presta especial atención a la alianza con Brasil. Y con Chile hacemos ejercicios militares conjuntos. Hay una Fuerza de Paz “Cruz del Sur”, un emprendimiento binacional de integración militar, con el objetivo de fomentar la confianza mutua, la interoperabilidad y complementariedad entre las Fuerzas Armadas de Argentina y Chile. Y una Compañía de Ingenieros “Libertador Don José de San Martín”, que constituye una Fuerza de Paz Combinada Binacional Argentino-Peruana.

Probablemente la iniciativa más importante de la UNASUR, en el largo plazo, es el Consejo de Defensa Suramericano.

Volviendo al tema del posteo, sólo me queda decir que avalo, y me parece correcta, la posición de Argentina en tanto presidente temporaria del Consejo de Seguridad, proponiendo “el embargo de armas, una intervención humanitaria liderada por el Secretario General, una reunión de emergencia de la Asamblea General o la acción en el terreno del conflicto de los cancilleres miembros del Consejo de Seguridad” (aunque agregue, a mi juicio, demasiado palabrerío emocional), y rechazo el nostálgico planteo de alinearnos en la lucha contra el régimen de Assad que hace ese yihadista apasionado, García Moritán.


La guerra de Siria

agosto 29, 2013

Hace un año y un mes escribía en el blog sobre lo que estaba pasando en Siria. Tal vez uno de los aspectos más trágicos de esta guerra es que esa realidad que describía … ha cambiado muy poco. Había dejado pendiente entonces la continuación del posteo, porque preveía que la intervención externa, ya en curso, modificaría el escenario. Pero ese nivel de intervención se probó ineficaz. O quizás, horriblemente eficaz. Depende de lo que pensemos era el objetivo de quienes intervenían.

Como sea, no volví a escribir sobre ese conflicto, salvo un breve posteo en mayo de este año, cuando el bombardeo israelí. Ahora, que Washington, Londres y París han dicho que la responsabilidad del régimen de Assad en el ataque con armas químicas del 21 de agosto en Damasco es “innegable” – un eco de las intervenciones anteriores en Irak, y en Libia – me siento obligado a volver sobre el tema. Que me duele: son muchos los compatriotas nuestros que son hijos o nietos de Siria.

(Aún en Norteamérica misma, algunas voces, no precisamente de la izquierda, como la gente de Stratfor, han señalado que la acusación es dudosa. ¿Por qué recurriría Assad a usar armas químicas, y dar un pretexto para un ataque directo de EE.UU. y sus aliados europeos, en una guerra civil que iba ganando? No importa: la primera víctima en las guerras es la verdad).

Quiero empezar por lo que entiendo es el cuadro realista de lo que puede pasar ahora: No va a haber una “guerra mundial”. Como no la hubo a causa de esas dos intervenciones, ni tampoco por Afganistán, donde primero invadió la vieja Unión Soviética, y luego “Occidente”. Las Grandes Potencias – las que pueden pelear una guerra lejos de su territorio – naturalmente prefieren pelearlas… lejos de su territorio. Hace 68 años que mantienen esa sensata norma de conducta.

También descarto lo que en mi opinión es una tontería del “marxismo” estudiantil: que la guerra será la salida de la Crisis financiera. Esta etapa de guerras de baja intensidad comienza en los ´90, después de la caída de la URSS., y se acentúa, en el mismo escenario, el Arco Islámico, a partir de 2001. Ha acompañado ciclos de prosperidad, crisis y recesión y no parece haber influído particularmente.

El cuadro que me parece más realista se describe en esta nota de Gustavo Sierra, confirmado por Albawaba News:

En Jordania, donde se realizó el lunes y martes una reunión de muy alto nivel de jefes militares de diez países occidentales y árabes, de la que participó el jefe del Estado Mayor conjunto estadounidense, Martin Dempsey, se acordó realizar un ataque conjunto a Siria pero “con objetivos limitados”. Un portavoz jordano que hizo un breve resumen de lo conversado dijo que “se decidió que ataques limitados con misiles serían la respuesta más responsable y sostenible en el caso de que la comunidad internacional se viera obligada a actuar en Siria”.

Los jefes militares reunidos en un encuentro de emergencia en Ammán – además de Demsey, sus homólogos del Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, Canadá, Arabia Saudí, Qatar, Turquía y Jordania – se negaron, sin embargo, a establecer un calendario de los ataques, pero acordaron prepararse para una acción militar “durante esta semana”.

Igual, los voceros oficiales del gobierno de EE.UU. indican que la decisión final no ha sido tomada: Obama sigue practicando el rol del príncipe Hamlet. El cercano caso de Irán nos recuerda que la amenaza de guerra abierta puede mantenerse durante mucho tiempo sin que hablen los cañones.

Me parece entonces que vale más la pena marcar lo que veo como los elementos permanentes, por lo menos por algunas generaciones, de la situación, para los que les interese lo que yo pueda opinar. En realidad, es un resumen de lo que dije en esos dos posteos, ligeramente actualizado. Al final, daré mi opinión de lo que puede pasar. Y de lo que no dejará de pasar.

Siria tiene una historia muy antigua. En realidad, es muy posible que hayan surgido allí, en el arco occidental de la Media Luna fértil, hace más de diez mil años las primeras comunidades humanas estables. Esa es la provincia de los arqueólogos. Lo que los historiadores saben es que hace cinco mil años ya se mezclaban allí las influencias de las dos primeras civilizaciones conocidas, Sumeria y Egipto. Y surgian nuevas ideas y nuevos dioses. Desde entonces nunca dejaron de pasar cosas importantes, con frecuencia sangrientas. Toynbee nos recuerda que allí se inventaron las dos creaciones humanas más extendidas: el alfabeto y el monoteísmo. Pero eso es, como dije, historia antigua.

En los tiempos recientes, unos 90 años, Siria ha sido uno de los países de lengua árabe que se forman después de la caída del Imperio Otomano. Y, como todos ellos, ha tenido una historia “latinoamericana”, de revueltas populares y golpes militares. Aún más inestable que nuestros países, porque la sociedad otomana no estaba organizada por nacionalidades, y pueblos distintos convivían en el mismo espacio geográfico. Y en la cultura tradicional del Medio Oriente, la identidad es la religión: alguien es, primero que nada, cristiano maronita, o nestoriano, o judío, o musulmán sunnita o shíita, o druso, o…

Siria, es cierto, no es un mosaico como el Líbano, o la ex Yugoeslavia. De sus 19 millones de habitantes, la mayoría habla árabe y profesa el islam, y la mayor parte de ellos son sunnitas. Pero hay musulmanes drusos (Javier Mora me decía que los padres de Mohamed Alí Seineldín eran de esa fe), alawitas y chiitas. Y también existen minorías de las etnias asiria, armenia, turca y kurda, junto a miles de refugiados palestinos.

Fue un difícil esfuerzo el que se planteó el Partido del Renacimiento Árabe Socialista, el Baath: crear en Siria y en Irak estados nacionales modernos y laicos. Cualquier avance iba a ser muy limitado e inestable, como lo fue el sueño de unidad con Egipto de Nasser y El-Kuatli, la República Árabe Unida. Pienso que era casi inevitable que terminara en alguna dictadura más o menos tolerada, como la que impuso Hafez Al-Assad a partir de 1970 y continúa su hijo. Si tenemos presente que Siria tiene fronteras con Irak, Israel, Líbano, Jordania y Turquía, y que es por ello un pivote clave en el Medio Oriente, campo de batalla y de influencias de todos los imperios en esos últimos 90 años, no veo otro destino más probable.

La clave del régimen de la familia Assad, la que hizo posible su poder y que hoy es el disparador interno de la guerra civil, es que pertenecen a una de esas minorías musulmanas no sunnitas, la alawita. Como tal, resultaba una garantía para las demás y para los sectores que anhelaban un estado laico, porque no estaba en condiciones de imponer su propia versión del Islam al resto de la sociedad siria. Y les brindaba a los Assad una fuente de cuadros leales, sus correligionarios, por obvios motivos de protección mutua, para los cargos claves de la burocracia, la policía y el ejército. Pero seguían siendo una minoría, impopular con la mayoría Sunni, cada vez más consciente de su identidad frente al renacimiento religioso en el mundo árabe.

Siria no es Libia. El ejército y el aparato de seguridad se han mostrado mucho más cohesionados y efectivos – a pesar de las defecciones y de atentados terroristas – que en el país norafricano, y resueltos a emplear todos los medios, incluyendo masacres y bombardeos de ciudades. Sus aliados más importantes, Irán y Rusia, aunque han tomado distancia en sus declaraciones de la represión que lleva adelante al-Assad, siguen teniendo un fuerte interés en que no se establezca en Siria un poder hostil. Continuarán proporcionándole apoyo militar y económico.

Pero tal vez el factor más importante que ha operado – hasta ahora – para disuadir a los EE.UU. de aventuras militares es la naturaleza incontrolable de la oposición al régimen. Como señalaba hace un año Santiago O´Donnell “¿Existe un proyecto de toma de poder en Siria? ¿Quién lo conduce? El Consejo Nacional Sirio, vinculado a los Hermanos Musulmanes, está en Turquía. El principal vocero del CNS, en Francia. El Observatorio por los Derechos Humanos, la ONG que monitorea los abusos del gobierno sirio, opera desde Londres. El Ejército Libre de Siria (ELS) estaría formado por militares desertores. Hace poco rompió relaciones con el CNS, que a su vez se partió en Roma al discutir el financiamiento militar.

El ELS no funciona como una fuerza regular sino más bien de hostigamiento al avance militar de las fuerzas sirias. Aunque ha demostrado que puede infiltrar el círculo íntimo de Assad y producir espectaculares atentados, no da señales de articular su acción armada con un proyecto político capaz de disputarle el poder a Assad por dentro o por fuera del Partido Baath“.

Argentinos de origen sirio, con un compromiso emocional con ese pueblo, y los antiimperialistas profesionales simplifican el asunto: los rebeldes son “mercenarios”. Falta que digan que son “subversivos apátridas”. La realidad es mucho peor, desde el punto de vista de los EE.UU.: además de la disidencia interna, hay voluntarios árabes pertenecientes a las versiones más extremas del sunnismo, “yihadistas”. De la misma forma que combaten contra los rebeldes los milicianos chiítas del Hézbolah.

(Se ha hecho muy tarde y necesito descansar. Trataré de seguir mañana con este posteo)


Ctdor. Magnetto ¿recuerda lo que decía Voltaire de los jesuítas?

agosto 28, 2013

Monseñores

En el día de hoy, que la Corte Suprema da comienzo a una Audiencia Pública sobre la Ley de Medios Audiovisuales, y varios sectores de la sociedad – los kirchneristas fervientes y los dueños de medios, por ejemplo – están movilizados, me acordé que el alerta Manuel el Coronel había llamado nuestra atención a esta rutinaria – al menos en el lenguaje – gacetilla de AFSCA:

“El Presidente de la comisión de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Argentina, Monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Lujan, se reunió hoy con el titular del AFSCA Martín Sabbatella, en la sede de ese organismo.

En la oportunidad Monseñor Radrizzani presentó diferentes inquietudes con respecto a las radios y canales de televisión de la Iglesia y se acordó una metodología de trabajo para solucionar algunas cuestiones pendientes.

Sobre la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el Obispo reiteró lo expresado en su presentación en la Audiencia Pública que se realizó antes de la sanción de la mencionada ley. Expresó que considera de máxima importancia “que se garantice una participación plural de los ciudadanos y se evite cualquier manipulación de la información para beneficio de unos pocos”. Asimismo, Radrizzani señaló: “Consideramos que es fundamental que en todo momento sean respetados los valores de nuestro ser nacional y de nuestras raíces cristianas así como la libertad de expresión, especialmente de los más pobres, y del acceso a la información de todos los ciudadanos.”

Por su parte, el titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella destacó: “Todos valoramos el compromiso de la iglesia con la libertad de expresión, la pluralidad y la diversidad de voces y recordamos su participación intensa en los debates que tuvieron lugar para la elaboración de la ley de medios. Tenemos el desafío de seguir trabajando juntos para democratizar la palabra y garantizar el derecho a que todos puedan expresarse”.

A través de un comunicado, la comisión episcopal resaltó que la reunión se desarrolló en un marco de cordialidad y Monseñor Radrizzani se retiró satisfecho del encuentro“.

Interesante, no? Por el momento elegido para la reunión. Seguro que no es lo que los gringos llaman “un matrimonio dispuesto en el cielo”. Pero tampoco puedo creer que es una casualidad que esta reunión se realice frente a la nueva Audiencia Pública, poco antes que la Corte deba pronunciarse sobre la constitucionalidad de la Ley de Medios.

Por si quedaban dudas, A.I.C.A., la Agencia Informativa Católica Argentina, informa de la reunión con las mismas palabras de AFSCA. Verbatim, dirían los que saben latín.

Quiero aclarar que no creo que la Iglesia, bajo el nuevo Papa, se disponga a un protagonismo activo en la política argentina. Es una posibilidad que ilusiona a algunos amigos, y pone nerviosos a otros, en particular bonaerenses.

Dar consejo, influenciar, apoyar discretamente… : Por supuesto. Siempre lo hizo. Pero ¿una intervención más activa, como la que tuvo en el origen de la Democracia Cristiana en Europa, o en el del peronismo entre nosotros? No alcanzo a ver los liderazgos para esa tarea.

Igual, simplemente con determinados mensajes, y gestos, basta para sacudir algunas expectativas previas de mucha gente. Entre ellos el Cdor. Magnetto, pero no sólo él, deben estar recordando el tango “¡Ya no me falta pa’ completar  Más que ir a misa e hincarme a rezar!“.


Breve comentario sobre los cambios en el Impuesto a las Ganancias

agosto 27, 2013

Gracias.


Actualizando buitres

agosto 27, 2013

buitres1(Aviso al público: El blog de Abel no está en condiciones para seguir minuto a minuto las noticias. O, hay vida más allá de la blogosfera. Pero este tema lo hemos seguido largo, y es importante).

Los diarios de la mañana dieron abundante espacio a la noticia de la reapertura del canje que comentamos ayer. Y no han sido muy sesgados en el tratamiento, salvo en los títulos. Pero no agregan más datos, porque no están, todavía.

Salvo… una frase, clave, que larga Tomás Lukin, en Página 12. Y si no tomamos en serio al Boletín Extraoficial ¿a quién vamos a creer? Dice el periodista “La operación no tendría fecha de vencimiento“.

Este es un elemento decisivo, porque si es así, la decisión deja de ser solamente un gesto político destinado a mostrar, a la vez, voluntad de pago a los bonistas que entraron en el canje, y voluntad de no pago a los fondos buitres favorecidos con la sentencia de Griesa y de la Cámara de Apelaciones.

Eso es importante, claro. Pero, seamos francos, nadie va a cambiar, uno a uno, un bono respaldado por las leyes norteamericanas por uno respaldado por las leyes argentinas. Como tampoco se cambiarían, uno a uno, dólares por pesos, no? Ellos tienen una tradición de continuidad jurídica mayor – creo que fue en 1933 el último pagadiós – y, sobre todo, un ejército mucho más grande.

Pero si la posibilidad de canje permanece abierta, se transforma además en un hecho jurídico decisivo: Las sentencias de los jueces de Nueva York, aún un eventual pronunciamiento en el mismo sentido de la Suprema Corte de los EE.UU., “pierden sus dientes”. Si el Banco de Nueva York, sujeto a las leyes norteamericanas, no puede pagar a los tenedores de los bonos argentinos, Argentina les ofrece una forma de cobrar por fuera de esa jurisdicción.

Entonces, el gobierno argentino está avisando que no piensa dar bola a las sentencias en 1° y 2° instancia de jueces yanquis, ni a un futuro pronunciamiento de su Suprema Corte, si las respaldara ¿Pero hay alguna posibilidad realista de hacer este cambio de jurisdicción, sin la participación de instituciones financieras internacionales, que no van a desafiar a las cortes norteamericanas? El informado Felix Salmon, bloguero de finanzas de Reuters, cree que es una locura. Ve solamente un hueco legal, que puede durar sólo días, si la Corte de Apelaciones decide cerrarlo.

No sé. El estudio jurídico Cleary, Gottlieb, Steen and Hamilton – del que Argentina es cliente – no tiene la reputación de comer vidrio. Es una de las firmas más prestigiosas en el mundo de los abogados de Nueva York, donde “cocodrilo que se duerme, es cartera”.

En cualquier caso, es un gesto de autonomía y desafío de nuestro gobierno muchísimo más profundo, y arriesgado, que cualquier discurso que haya hecho Chávez en las Naciones Unidas. Las palabras son, si no gratis, baratas. Pero las finanzas internacionales y sus reglas son una cosa seria.

Personalmente, hubiera jugado al tiempo. Pisar la pelota, bah. Si leo bien la sentencia de la Corte de Apelaciones, teníamos tres meses para recurrir a la Suprema Corte. Que no tenía porqué pronunciarse en menos de dos meses. Y quizás, en menos de dos años. El bloguero Baleno, que también ve eso, hace hincapié en la épica de asumir responsabilidades que esta decisión muestra.

De todos modos, es el gobierno de Argentina. Me interesa mencionar, y compartir, las declaraciones que leo en Ámbito de mi amigo Aldo Pignanelli, ex presidente del Banco Central con Duhalde, tenaz opositor al gobierno y peronista de los de antes:

Éste es un tema que trasciende a este Gobierno, ya que compete a todos los argentinos. Escucho a dirigentes opositores decir se hizo tarde. Siempre hay un pero, parece que hay argentinos que no tienen patria … No sólo dirigentes políticos: he escuchado a más de un economista decir cada cosa de su propio país.

Este es un tema de soberanía nacional, es un tema de Estado. Como argentinos, tenemos que encolumnarnos detrás del Gobierno, que es el que tiene la tarea y la función de defender los intereses de la Nación“.

Te mando un abrazo, Aldo.


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