Una lección del Cordobazo

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Hoy 29 de mayo es un nuevo aniversario de una revuelta obrero estudiantil en Córdoba Capital que sacudió a la Argentina como muy pocas otras convulsiones en más de un siglo. El 17 de octubre de 1945, el 19 y 20 de diciembre de 2001…

Ahora, como ustedes ya saben, no soy entusiasta de las efemérides. Pero leía el posteo entusiasta que le dedicó mi amigo y ferviente comunicador Artemio López, y se me ocurrió que había una lección a la que no se atendía bastante.

Cuenta Artemio:

Se cumplen 47 años del Cordobazo, la experiencia de organización y lucha popular en general y obrera en particular sin hegemonía del peronismo. y el recuerdo se actualiza medio del más compacto ataque a las condiciones de vida de los trabajadores observada desde el año 1983.

… Cordobazo, que tuvo su figura de mayor visibilidad en Agustín Tosco, dirigente sindical de la corriente clasista, Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de la provincia de Córdoba al momento de producirse el levantamiento popular.

… (Fue) una de las revueltas populares más recordadas en la historia Argentina por su magnitud y radicalización. El encuentro de los trabajadores, nucleados en gremios de gran fortaleza, y estudiantes la convierten en un ícono y en una referencia histórica ineludible, expresión cúlmine de una serie de estallidos sociales de la época. El hartazgo por una situación económica deteriorada y una represión asfixiante por parte del gobierno de Juan Carlos Onganía levantó al pueblo que tomó el control de la capital cordobesa por casi 48 horas con barricadas y una enorme movilización y colaboración del pueblo cordobés“.

Y saca conclusiones, cómo no, con las que no estoy completamente de acuerdo. Pero no es mi intención discutirlas aquí.

Tampoco me parece útil insistir ahora que la “mayor visibilidad” de Agustín Tosco, Secretario General de Luz y Fuerza de Córdoba, es un dato posterior. Tosco, sin duda un dirigente sindical de gran capacidad y honestidad, se convirtió en referente de los que querían un gremialismo no peronista, cuando ese era un aspecto fundamental de la lucha política (El debate entre Rucci y Tosco, que otro amigo Manolo Barge sube de vez en cuando a su blog, es una pieza histórica, de un tiempo que todavía se debatía. Luego hablaron las armas).

Corresponde señalar que en esa jornada fueron al menos igualmente importantes Elpidio Torres, peronista, Secretario General del SMATA cordobés, y los sindicatos clasistas “de fábrica” SITRAC y SITRAM.

Pero esto no hace al hecho central. Porque Artemio tiene razón cuando dice que fue una “experiencia … sin hegemonía del peronismo“. Si bien fue el peronismo fundacional el que sentó las bases de la industrialización cordobesa, su desarrollo fue posterior. Los sindicatos peronistas eran sólo una parte del Movimiento Obrero en la provincia, en 1969. Y entre los estudiantes, la presencia del peronismo era todavía menor. Algunos grupos de origen católico se estaban aproximando, como sucedía en Buenos Aires con la influencia de las Cátedras Nacionales. Las consignas del Cordobazo tenían que ver con el rechazo a la dictadura de Onganía, reivindicaciones puntuales obreras (de los obreros mejor pagos del país, en ese tiempo) y estudiantiles, y un clima social que, en la agobiante atmósfera de la “Revolución Argentina”, un franquismo sin Franco, se agitaba por los ecos de la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam y el Mayo francés.

Precisamente, de ahí surge la lección que me parece necesario tener presente. El Cordobazo puso en marcha un deterioro incontenible de esa “Revolución Argentina”, del “partido militar” que bautizó Perón. Levingston reemplaza a Onganía, y es a su vez reemplazado por Lanusse. Y éste llama a las elecciones que iban a darle el gobierno al peronismo.

Todavía más significativo que ese triunfo electoral, es que ya mucho antes Perón y su regreso se habían convertido en el aglutinador y el resumen de las luchas y las aspiraciones populares. Hasta las organizaciones armadas de origen católico tercermundista o marxista deciden incorporarse al peronismo, y vincularse con Perón, menos de un año después de esas jornadas de Córdoba. La única excepción importante fue el troskista PRT y su brazo armado, el ERP. Importante por su actividad guerrillera. No por el número de sus adherentes.

La lección entonces no es lo extraordinario del peronismo. Estoy convencido que expresa una parte de la identidad argentina, una que se afirma sin complejos en nuestra realidad. Pero eso no garantiza su triunfo, ni tampoco que quienes lo conduzcan en un momento dado sean los mejores. Y sus éxitos electorales de 1973 no sirvieron, por cierto, para asegurar la Argentina mejor y más justa que se pretendía.

El punto de la lección olvidada del Cordobazo es, me parece, que las luchas populares deben encontrar una expresión política válida para ser algo más que un episodio. Y que esa expresión política puede no estar presente en los hechos ni en los planes de los que participan en ese momento. Esa lección también surge de las jornadas de diciembre de 2001, si lo pensamos con cuidado.

9 respuestas a Una lección del Cordobazo

  1. Cosme antonio caporale dice:

    esta bueno el articulo tuve la suerte de compartir por poco tiempo militancia sindical y politica  y te puedo asegurar que no era antiperonista todo lo contrario  en codobazo fue posible por la conduccion de tosco y atilio lopez  saludos 

  2. Juan Guillermo Cocina dice:

    Exacto. Quién hegemonizará las luchas populares episódicas que irán surgiendo en estos años será el dato político central para lo que vendrá. Si es que esto ocurre. La pesadilla puede hacerse realidad; las luchas episódicas pueden no articularse bajo ningún significante común que las hegemonice. Esto sería catastrófico para el futuro del país. La disgregación de los diferentes sectores políticos que luchan, la no integración de las diferentes demandas que irán surgiendo, su dispersión, sumirían al país en la total desesperanza. Sería volver al 2001. Sería volver a aquellos momentos en donde no se veía la luz al final del túnel. Donde las asambleas intentaron suplir la falta de organización y canalización política de aquellos años; obviamente, sin ningún éxito. Hasta que Kirchner entró por la ventana y la Bestia Populista nació.

    Pienso que Cristina, en tanto significante, ícono, expresión de una política concreta y tangible, corre con cierta ventaja en ese terreno. Esto, sin embargo, no asegura nada de nada.

    El tiempo dirá.

  3. Uno dice:

    Y tristemente también hubo lecciones que aprendieron los milicos golpistas, que cuando voliveron ya no permitirían movimientos como el cordobazo.

  4. claudia dice:

    Es una efemérides importantísima. Pero me temo que la formación de los actores de entonces y los contextos distan años luz como para permitir comparaciones que no sean caprichosas. Las utopías gozaban aún de buena salud; existía un líder en el exilio con un grado de originalidad incomparable (hizo lo que nadie en un contexto mucho más árido que los subsiguientes); los militares no habían desestructurado la sociedad como ocurrió luego en el 76; la población nacional y mundial no se había degradado en la banalidad, como ahora. En fin, una larga lista de variables hoy no replicables. La historia da vueltas en espiral, sí, pero nunca repite tal cúmulo de elementos. Pero vale la pena honrar a esos actores, recordando que, alguna vez, hubo gente así de sólida.
    No digo que no haya que prestar atención y tomar lección histórica sobre quién guió al principio del conflicto y quién cosechó después. Pero a no confundirse, la Historia es una entidad muy original y no repite plantillas. Saludos.

    • Jaime dice:

      Estimada Claudia:

      Entiendo que lo que Abel destaca como lección es que NO existe una relación lineal entre los factores y la suerte aparente de una batalla con los resultados finales de toda la campaña.

      Dicho de otro modo: a veces se pierden en la mesa de negociaciones las ventajas reales o imaginarias que se consiguieron en el campo de batalla.

      En el caso del “cordobazo” siempre supimos que el gran instigador era el general Alejandro Lanusse y que su intención era dirimir una situación interna dentro de las fuerzas armadas. Para eso, su facción militar eligió el teatro de operaciones ideal: Córdoba “La Heroica” => https://goo.gl/uCd0yP

      Todo lo anterior no invalida que usted le rinda homenaje a quienes le plazca, por supuesto. Y, si está a su alcance, que procure conocer cuáles fueron sus trayectorias históricas desde 1969 en adelante.

      Saludos cordiales

      • Politico Aficionado dice:

        Linkear una marcha antiperonista no es de muy buen gusto, atenta la orientación de este sitio.

        Mas allá de la intervención que pueda haber tenido el gral. Lanusse y/o las ventajas que pueda haber derivado como consecuencia, el Cordobazo fue una auténtica expresión del repudio popular a la prepotencia del partido militar.

  5. Capitán Yáñez dice:

    Pues… por estas horas en Francia hay varios que andan pensando en lo mismo: “una expresión política que canalice la indignación”. ¿La hay?

  6. Juan Pablo Rubén dice:

    Concuerdo en marcar los límites que tuvo el Cordobazo al no encontrar una expresión política, propia de los trabajadores y sectores populares, aspecto que lo emparentada con el 2001. Lo que no niega que fue una enorme gesta que mostró el poder de la unidad de obreros y estudiantes que ese dia derrotaron a la policía.
    Otro aspecto a destacar fue el rol de los periodistas durante el Cordobazo. Es muy bueno el registro que hay y el trabajo “jugado” de los trabajadores que cronicaron. Algo de eso se ve en este especial que dejo a modo de aporte https://www.youtube.com/watch?v=DqAqSb8Hae4

  7. Daniel E. Arias dice:

    “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.

    La mecánica del Cordobazo fue ésa, y sus consecuencias inmediatas fueron la caída del feroz Onganía y su reemplazo por dos sucesivas “dictablandas” -la de Levingston, la de Lanusse- con novedades como Aldo Ferrer de ministro de Hacienda, o las primeras elecciones nacionales sin el peronismo proscripto.

    Pero la consecuencia a largo plazo fue que entre 1969 y 1975 empezaron a aparecer pequeños y grandes Toscos y pequeños Salamancas en las comisiones internas de la industria, y que los grandes popes sindicales peronistas empezaron a patinar y perder tracción en esa lava al rojo que les brotaba de las bases, bajo sus mismas patas. Que entraron a echar humo.

    Eso se llamó “clasismo”, y como no alcanzó con Isabel y su Triple A para quebrarlo, volvieron los milicos en el ’76 y establecieron la paz de los cementerios. Con no poca ayuda por acción y/u omisión de los aludidos popes. Aunque el precio fuera la destrucción consentida de la industria, y por lo tanto de la propia base sindical.

    Hoy la Argentina es otra -inferior a la que fue- y el mundo otro -los malos fueron derrotados por los mucho más malos, por goleada-. Somos peores en un mundo peor. La vida no da para hacerse grandes ilusiones sobre casi nada. Defenderse inteligentemente, no más, para no seguir cayendo siempre, siempre, siempre.

    Creo que Abel y el propio Artemio coinciden con que la mayor parte de las puebladas no cambia las cosas en lo politico y organizativo, pero ésta de referencia, el Cordobazo, sí lo hizo.

    Y yo añado que es justamente cuando los dirigentes están hipnotizados por sus negocios, agachadas y roscas que, impensadamente, reaparece aquello de “Con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigentes”.

    Y las consecuencias, si las hay, son imprevisibles para todos, sean actores o mirones.

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