El Presupuesto, el Congreso, ganar y perder

Mi justificación habitual -demasiado trabajo para prestar neuronas al blog- nunca fue más cierta que en estos días, cuando cerramos el complicado 2021. Pero algunas conversaciones con amigos me motivan a volcar algunas reflexiones. Como también se ha hecho habitual, serán breves y superficiales.

El rechazo al proyecto de Presupuesto 2022 en el Congreso ha significado para el oficialismo ser derrotado en una votación parlamentaria. Trivial, sin muchas consecuencias.

Las derrotas políticas importantes en este año las sufrió el 12/9 en las PASO, y -algo aminorada- el 14/11 en las elecciones legislativas. Es decir, cuando se hizo evidente que la coalición opositora tenía una buena chance de recuperar el gobierno en 2023.

Que en noviembre haya perdido además bancas en Diputados y en el Senado, no es trivial. Hace casi inevitables más derrotas parlamentarias, como la de hoy. Pero no serán más decisivas que ésta.

Puede decirse, sí, que impiden juicios políticos, reformas judiciales y otras quimeras caras a la parte más numerosa y menos cínica de la militancia oficialista. Pero -lamento decirlo, amigos y amigas- nunca fueron otra cosa que fantasías.

Lo que la (relativa) desventaja numérica en el Parlamento no le va a impedir al gobierno es gobernar. Que es lo que tiene que hacer, para tener también él chance en 2023.

¿Por qué digo esto con dogmatismo? Porque ya sucedió, hace poco tiempo y con muchos de los mismos actores. La historia no se repite, pero las situaciones sí.

En 2009, hace 12 años, el gobierno que encabezaba Cristina Kirchner perdió las elecciones legislativas. No fue con un alcance tan amplio como el mes pasado, pero en la decisiva provincia de Buenos Aires fue derrotada la lista que llevaba al frente a Néstor Kirchner, seguido por Daniel Scioli y Sergio Massa. Los derrotó un recién llegado a la política, que luego volvió a la vida empresaria.

Como consecuencia de esas elecciones legislativas, el gobierno perdió la mayoría en Diputados. En la oposición surgió el «Grupo A», un multibloque dedicado a impedir su gestión, impulsado entre otros por Patricia Bullrich. Como les dije, hay una persistencia de figuras entre nosotros…

Y ese gobierno venía de una derrota parlamentaria el año anterior mucho más ruidosa que ésta, la de la Resolución 125, acompañada con movilizaciones opositoras tan masivas como no se han vuelto a ver.

El punto a tener en cuenta, en mi opinión, de esta historia es que meses después de esa derrota parlamentaria y esas movilizaciones, en octubre 2008, el gobierno de CFK tomó una de las 2 o 3 decisiones más importantes de sus dos mandatos: la nacionalización de los fondos de jubilación en poder de las AFJP, una idea de Cavallo de 1993 para crear un mercado de capitales privatizando los aportes de los trabajadores.

(Otro punto a tener muy en cuenta es que esa nacionalización no movilizó a nadie más que a los empleados de las AFJP. Al contrario de las medidas, en ese tiempo y ahora, que tienen que ver con la ruralidad…).

El final de esta crónica merece ser rememorado: en las elecciones presidenciales siguientes, en 2011, Cristina Kirchner fue reelegida con el 54% de los votos, con unos 30 puntos de diferencia con el segundo).

No estoy diciendo que ahora habrá un final parecido. Ya les dije que la historia no se repite. Pero advierte.

La otra enseñanza de esta epopeya argenta es que, después de esa victoria aplastante y de recuperar la mayoría en el Congreso, el gobierno de CFK no consiguió la reforma judicial, una ley de medios eficaz… Ninguna de esas ensoñaciones.

Tal vez haya que asumir una horrible verdad: que ese tipo de acumulación de poder ya no es posible, salvo en el Caribe. Pero eso no impide hacer un buen gobierno

En cuanto al Presupuesto… seré más breve todavía. Como el resultado es que el gobierno se tendrá que manejar con el de 2021, con cifras tan irreales como las de este proyecto, y con más libertad para redistribuir partidas… francamente no me interesa mucho.

Sobre las hipótesis sobre quién o quiénes cambiaron el curso de la sesión, y para qué propósito, no voy a emplear mi tiempo ni el de ustedes. La literatura acerca de conspiraciones es tan vasta, que no me parece valga la pena leer lo que se va a añadir en estos días.

Sólo diré, como contador con algunos conocimientos de economía, que no creo que la Directora del FMI ni los países que lo manejan se preocupen mucho por si se aprueba o no un presupuesto que no se iba a cumplir (No es un cuestionamiento personal, Martín. Los presupuestos argentinos nunca se han cumplido, salvo tal vez los del gobernador Rosas. No veo porqué iba a cambiar esa tradición).

De todos modos, como ni el FMI ni nadie nos va a prestar guita importante en los próximos años, ni tampoco la vamos a pagar, es probable que tengan razón los que dicen que el FMI es sólo una excusa para tomar las medidas desagradables que igual se iban a tomar.

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