El partido de Braden

El economista y diplomático Guillermo Nielsen, a quien la imaginación más desbordada no podría acusar de populista y menos de xenófobo, tuiteó esto la semana pasada, en ocasión de la visita del Secretario de Comercio de los EE.UU. a la Argentina:

Ahora, lo que encuentro más significativo no es el tuit en sí. La política exterior de los EE.UU. siempre ha sido intervencionista en el hemisferio -y desde hace 80 años en el resto del mundo. Con los Demócratas, sus intereses y preocupaciones estaban envueltos en un moralismo wilsoniano que Kissinger -y yo, por lo que valga- desaprobamos. Con Trump, hay una franqueza brutal que hasta resulta refrescante.

No. Lo que me parece digno de atención son muchísimas de las respuestas que tuvo en Twitter. No sorprendentes, eh. Esa red en particular está llena de “militantes digitales”, trolls y odiadores. La ilusión de anonimato que da, la impunidad, hace que se desaten las agresiones, y Nielsen aparentemente no tiene un CM que las borre. El punto en este caso es el contenido. Tomo una como ejemplo:

Mire si nos hubiésemos quedado con Braden, seríamos potencia. Lo digo porque nos quedamos con Perón y tuvimos una guerra civil y un tercio del país en la pobreza“.

En general, la mayoría de las otras son menos articuladas, pero expresan el mismo pensamiento. Bronca y desprecio -autodesprecio- con nuestro país como es, y la convicción que “otros”, los peronistas, los que votan al peronismo, los políticos y, en el pasado, los militares, que no supieron erradicarlo, son los culpables que la Argentina no sea como quisieran que fuera.

Lo que me interesa señalar es que este autodesprecio colectivo que se expresa desnudo y bestial en las redes, estará detrás, hasta en forma inconsciente en muchos casos, de una parte importante de los votos del domingo próximo. No es un fenómeno nuevo, por cierto. Todos los veteranos hemos escuchado -ahora se oye menos- la frase “La desgracia de la Argentina fue que derrotamos a las invasiones inglesas“.

Esta denigración de lo propio -que se expresa y se acentúa en los odios políticos- es un problema argentino. Estudiosos como Salvador Ferla y Nicolas Shumway lo han rastreado hasta 1810, sino antes. Pero no debemos creernos que es una desgracia exclusiva de nosotros.

Es bastante común en la política latinoamericana, Y, para un ejemplo europeo, en la década del ´30 en Francia los opositores enconados del Front Populaire decían “Antes Hitler que Blum“. No resultó bien en ningún sitio.

El objetivo de este posteo no es, aclaro, mostrar la maldad y estupidez de los que no votan como uno. Los resultados del domingo están definidos, y si no lo estuvieran, no los cambiaría una nota como ésta.

La intención parte de un hecho que en la pasión electoral se pasa por alto: uno de los bandos ganará, pero ahí no termina la cosa. Después tiene que gobernar, con los que perdieron adentro. Las naciones amargamente divididas no prosperan.

Para no ir muy lejos, Cristina Kirchner, después de una victoria sin precedentes con más del 50% de los votos, perdió las elecciones siguientes. Mauricio Macri… su gestión en la economía sugiere que no era necesaria una oposición muy enconada, pero la división, la “grieta” ya existía.

Si estoy en lo cierto, una buena gestión económica es imprescindible, o el desgaste será rapídisimo. Pero no alcanzará para sumar voluntades, cuando hay ideas distintas y antagónicas del país. Es necesario armar, pacientemente, una imagen de la Argentina en la que las mayorías pueden reconocerse. También los que votan de forma distinta a uno. Hace falta reconstruir el orgullo nacional perdido; una característica tradicional -a veces, inmotivada- de los argentinos, pero que se fue desvaneciendo en el tiempo. Quizás el punto de inflexión fue la derrota en la guerra de Malvinas

No estoy pensando en el porcentaje, muy pequeño, de nuestros compatriotas cuya referencia decisiva son las oscilaciones de los mercados internacionales. porque sus negocios y sus intereses están desvinculados de la realidad local. Tengamos presente que argentinos realmente talentosos, que en la ciencia, el arte o el deporte son bienvenidos en cualquier lado, habitualmente son patriotas.

El patriotismo es el único vínculo sólido sobre el que podemos construir una comunidad.

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