La campaña electoral que viene

Entiendo que el título puede parecer provocativo. Faltan 12 días para las PASO, y ya estamos en ese momento que algunos empiezan a gritar “¡La hora, referí!“. Pero es una sensación engañosa.

Es cierto que vale plantear que esta campaña empezó el 22 de noviembre de 2015, cuando Daniel Scioli aceptó la derrota en el balotaje. Ahí quedaron en pie dos liderazgos nacionales enfrentados, uno en la Presidencia, otra en la oposición. Y, a pesar de algunos, pocos, intentos, no consiguió instalarse otro liderazgo en condiciones de competir. En otros posteos de este blog, dije que, considerando la historia del peronismo, entre otras cosas, ese hecho negativo -la ausencia de una alternativa- era el dato más llamativo del escenario político.

Pensándolo bien, tal vez no es tan extraño: el manejo de los recursos del Poder Ejecutivo nacional le dan al que los maneja, si los usa sin vacilaciones ni pruritos, una ventaja casi irremontable. Y en la oposición… una cierta ceguera colectiva hizo que los que tenían los recursos -posiciones de poder territorial, o apoyos- para intentarlo con chances, no se decidieron a instalarse en el lugar de la oposición.

Como sea. Insisto en que esta campaña es corta: empezó el 18 de mayo, cuando Cristina anunció la candidatura presidencial de Alberto Fernández. Y tomó forma definitiva el 11 de junio, cuando Macri anunció la vicepresidencial de Miguel Pichetto. Cuando los dos protagonistas evaluaron que como estaban yendo, no llegaban.

De la movida de Cristina y, de paso, de la experiencia kirchnerista y la relación de la sociedad con ella, me extendí aquí. Del Pichettazo hablé, brevemente, aquí. Terminaba diciendo: “Si algo dejan claro estos recientes juegos de sillas, es que las campañas para esta elección, aún no han comenzado“.

Es corta, entonces, y, sobre todo, es un ensayo. Tiene consecuencias en algunos distritos, en la provincia de Buenos Aires, vaya ejemplo, donde en bastantes municipios se compite por los cargos que están más cerca de la gente, la base de la política. Pero en lo que hace a las candidaturas presidenciales, el premio mayor y decisivo, la verdadera campaña empieza el 11 de agosto a las 18 hs.

El resultado del 11 de agosto importa, y mucho, por su influencia en las expectativas de la siguiente campaña. Y también para medir las estrategias y tácticas de las dos coaliciones. Comentaré con un poco de detalle el ensayo del Frente de Todos, con el que estoy comprometido. La de Juntos para el Cambio, es una máquina de propaganda bien organizada y eficiente, pero que debe vender un producto muy malo, y ya conocido. Su trabajo, y su única posibilidad, es estimular el rechazo y el temor al Otro. ¿Tiene alguna chance? Y sí. El amor puede ser más fuerte que el odio, en el plano filosófico y en el teológico, pero en la política práctica… Como me dijo un amigo inteligente “Ellos no pueden ser Bolsonaro -los dos países son muy distintos. Pero nosotros podemos ser Haddad“.

¿Estamos en vías de serlo? No. La campaña del peronismo no puede ser, es imposible, tan organizada y coherente como la del oficialismo. No sólo no está en su tradición; el motivo es más concreto, no tiene los recursos del Estado que permiten rentar y disciplinar a la militancia y a los dirigentes medios.

Pero en la primera parte de la campaña Alberto Fernández y también Cristina Kirchner han hecho mucho para sumar y mantener razonablemente alineada a la heterogénea coalición de la que son candidatos, que se puede identificar, en forma muy imprecisa, como la suma del Partido Justicialista y la Unidad Ciudadana. Ayudados, claro, porque enfrente está Macri. Si no fuera por eso, no sé si sería posible.

Igual, con eso no alcanza, y ellos y la dirigencia de primera línea lo sabe. En estos últimos días, Alberto F. ha incorporado a la campaña la economía macrista. No creo que la mayoría de la militancia, de Nuestro Lado, evalúe correctamente esta movida. Es probable que piensen que la víscera más sensible ya le está diciendo a las víctimas de la recesión, del desempleo, o de los intereses usurarios (en ésta caen también las empresas pequeñas y medianas y aún grandes) que no podrán soportar otros cuatro años de Macri.

Gente, los que tienen claro eso, ya nos votan. Pero hay una cantidad muy grande de argentinos -entre un 30 y un 40%- que están peor que hace 4 años, pero no lo bastante mal para superar el rechazo, o el odio, al peronismo en su versión kirchnerista. (Que es la que conocen; la de Menem es lejana -20 años-, y Perón y Evita están en los libros y en algunas tradiciones familiares). Sumado a eso el 20% que está muy bien o “más o menos bien”… Es la base que aspira a consolidar la coalición oficialista.

Lo que puede impedir eso es la conciencia, extendida, que Macri es un inútil. Y, por encima de todo, la sensación que él y su gobierno son incompetentes que van a chocar el barco y hundirnos a todos. La conciencia de ésto empezó a instalarse -en las masas, diría un viejo bolchevique- con las corridas cambiarias que empezaron en abril del año pasado. Y no ha desaparecido, a pesar del “veranito” cambiario, por buenas razones.

Mencionaré en particular el tema de las Leliq. Creo que ha sido un acierto el introducirlo en la campaña. Un paso razonable, para cualquier candidato opositor. El total de esos bonos emitidos asciende ya a 1,2 billones (millones de millones) de pesos. Al 60% anual promedio que el Central ofrece, son 720 mil millones de pesos por año. Aunque sea una parte, alcanza para algún alivio a los jubilados. Atención: yo tengo que estar de acuerdo con el colega Durán Barba en que los cálculos numéricos, aunque sean simples, no son muy eficaces en campaña.

Pero el gobierno, sus medios amigos y sus militantes digitales, le dieron repercusión al asunto al acusar a A.F. de tratar de desestabilizar la economía (la cultura posmoderna pone en valor el papel de víctimas). Cambiemitas: cualquier especulador que todavía tenga un dólar para especular, sabe que es imposible pagar intereses del 60% con un dólar estable. Su apuesta es cobrar e irse antes que el gobierno, cualquier gobierno, licue la deuda con una mega devaluación. Como sucedió en 2018.

Pero eso es para la patria financiera. En términos de la campaña, el oficialismo ha dicho a los jubilados que es imposible, que es irresponsable, aumentarles. No es una buena noticia para darle a su bloque más numeroso de votantes. Además, hace visible el hecho, ya obvio, que su esquema económico está atado con alambres. Delgados.

Nuevamente la pregunta ¿con esto alcanza para ganar en octubre? Mi evaluación es que sí. También, tomo en cuenta los desequilibrios de la economía macrista. No serán argumentos de campaña excepto para una pequeña minoría, pero van a provocar sacudones muy visibles en estos meses.

Igual, confieso que me gustaría que la campaña del Frente de Todos incorporara otra dimensión: la del futuro. “Vamos a volver” alcanza para los propios. Y puede dar esperanzas a las víctimas de este esquema. Pero la política debe servir para plantear y motivar con un futuro en común.

Un amigo me hizo llegar en estos días un video, tomado con un celular, en el que habla un piloto de Aerolíneas. No es un mensaje electoral, ni tiene sesgo partidario. Lo subí al portal de noticias AgendAR, que tampoco es partidario. Pero su contenido no puede ser tomado por este oficialismo. Habla del patriotismo, del compromiso, y de los valores de una tradición. Para los dirigentes, les recuerda lo que debía ser el Estado y sus empresas, antes que se corrompieran-eso empezó hace largas décadas, no con este Macri, eh- y se convirtieran en fuentes de negocios particulares. No conozco al que habla, pero me gusta lo que dice.

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