Argentina Nuclear, 2017 – LIV: Argentinos vendiendo reactores

(generosidad de Bob Row)

En este capítulo (muy breve), Daniel Arias continúa la historia del proyecto atómico “sabatista”. Es evidente que Jorge Alberto Sábato es un ídolo suyo. Merecido.

54. Más sabatismo explícito

Hace tiempo que el RP-10 de Huarangal, Perú, dejó de ser el reactor de radioisótopos más moderno del mundo, pero sigue siendo el más potente de Latinoamérica. Es argentino. Eso es sabatismo explícito.

Ud. me quiere impugnar el triángulo de Sábato, diciendo que es una sobresimplificación de un problema con más ángulos y más aristas. No me cascotee el rancho: ya lo hizo Sábato, cuando dijo que eligió el triángulo por ser la figura geométrica más compleja que podían entender políticos y economistas.

Ese pico de sabatismo tenía indicadores concretos. En términos económicos, enriquecer uranio, como hizo Castro Madero, terminó siendo el único modo de exportar reactores. No se puede competir contra los reactores que venden los EEUU usando combustibles que te venden… je, los EEUU. Cuando tras mucho pisar entregas pactadas y pisotear contratos, Jimmy Carter nos decretó boicot en 1978 con la Non Proliferation Act, semanas después de la venta formal del RP-0, un primer reactorcito argentino a Perú. Había oferentes británicos, yanquis y españoles ofendidos.

En aquel momento pudimos tranquilizar al cliente diciéndole muy por lo bajo: “Non calentarum. Vamos a tener enriquecido argentino. Les vendemos el caballo, y además el pasto”. Perú nos creyó con reservas, pero en 1983, a la luz de la revelación de Pilca, vieron que no macaneábamos y que no se habían equivocado al encargarnos un segundo reactor, el RP-10. Sigue siendo la mayor planta de su tipo en Latinoamérica, e hizo de Perú un país con medicina nuclear.

Detalle interesante contado por el director del proyecto, Renato Radicella, otro “Apóstol” sabatiano: el uranio enriquecido al 20% para el núcleo del RP-0 nos lo vendió la URSS, antes de la “Fatwah” de Jimmy Carter en 1978.  Pero después de 1983, con tal de que no ampliáramos Pilca, los países que conforman el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas nos habrían vendido el Kremlin y el Capitolio.

El que hace la ley, hace la trampa. El RP-10 tuvimos que modificarlo (por suerte, en planos y no en obra) para que funcionara con un núcleo de enriquecimiento medio (20% en lugar de 90%). Pero los yanquis no se iban a perder una venta, y el modo que encontraron para burlar su propia “Non Proliferation Act” que nos excomulgaba fue venderle el enriquecido a la República Federal Alemana, para que allí se fabricaran las placas de combustible metálico para Perú, y con tecnología de la CNEA. Una reculada en chancletas, si las hubo. Y una triangulación que deja chiquito triángulo al de Sábato, y al de las Bermudas también.

Ese tiro les salió por la culata a los gringos: de no habernos puesto don Jimmy Carter ante el abismo, es probable que no habríamos invertido plata a matacaballos en enriquecer uranio. Lo habríamos hecho, pero a la larga.

Y no porque nos espanten las tecnologías duales, sino porque es caro. En centrales nucleoeléctricas, el uranio natural salpimentado con un “touch” de plutonio, o MOX (Mixed Oxides) se porta igual que el uranio enriquecido al 3, 4 o 5%: da 5 o 6 veces mejor quemado. ¿Y a qué costo? Bueno, se discute. Pero si el precio del uranio fresco, salido de la mina, se dispara por arriba de los U$ 140 el kg., es mucho más barato.

Hasta hoy, el forzante casi único del precio del uranio de mina ha sido el del petróleo, un recurso cuyas reservas mundiales vienen a la baja, pero al cual el “fracking” le ha dado una segunda vida de duración impredecible. La oferta inelástica y la voraz demanda de China y la India a principios del milenio explican la rampa histórica del barril de crudo entre 2003 y 2008, que partió de U$ 23 y llegó a U$ 147.

(cliquear encima para ampliar)

Fue copiada por un pico similar del kg. de uranio; y ambas rampas fueron decapitadas por la Segunda Gran Depresión posterior al colapso de las hipotecas “subprime” de agosto de aquel año. Bajonazo que, aunque lo pinten de rosa, aparentemente no se ha terminado. Si sirve como dato, desde entonces el precio del barril sigue una montaña rusa tan caótica y brutal que en 2015 Jeffrey Sachs les aconsejó a ahorristas muy “grossos”, los fondos de pensiones, limpiar sus carteras de activos con base de carbono.

Que el MOX puede sustituir al uranio enriquecido se sabe desde 1963, pero la tecnología nuclear evoluciona no a saltos revolucionarios, sino más bien a cautelosos pasos de tortuga, inevitable en tecnología con probado potencial de desastre y fortísima afectación por parte de la diplomacia.

Y es que a 72 años de Nagasaki, el plutonio 239 sigue siendo la base de cualquier armamento nuclear, incluidos todos los modelos imaginables de bombas de hidrógeno. Resulta intimidante hasta como palabra.

Y sin embargo, ya hay una economía del plutonio. Y con mucha plata invertida. Garantía de que la menesunda no se va a terminar.

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Una respuesta a Argentina Nuclear, 2017 – LIV: Argentinos vendiendo reactores

  1. Federico dice:

    Muy bueno. Alguna vez se pensó (o se soñó) de alguna manera en procesar lo elementos de las centrales que tenemos para tener una de enriquecido que utilice MOX en Argentina? Saludos.

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