Argentina Espacial: Tronador: todavía cantamos

A iniciativa de amigos que ayer leyeron esta noticia Vex 5-A: lanzan el tercer cohete experimental argentino, mi informado, e hiperactivo, amigo Daniel Arias se puso a escribir sobre el asunto. Y lo que me acerca esta mañana es prácticamente otra saga. Me interesó mucho, y decidí empezar a subirla, aún a costo de interrumpir la anterior (Después veré como se integran). Porque la industria espacial, la nuclear y también la aeronáutica ocupan el mismo espacio. El de una nueva frontera que muy pocas naciones están ocupando. Argentina ha tratado de avanzar, en las tres áreas, y hemos sufrido derrotas (usualmente, a manos de nuestras “propias” dirigencias). Pero todavía cantamos.

Conrado_Varotto

Dos íconos de una Argentina emperrada en ser mejor: Franco “El Petiso” Varotto, presidente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, con el cohete Tronador 2 (en maqueta) de fondo. 

Ayer 23 de noviembre, en la Estación Espacial Punta Indio, “la pequeña Houston bonaerense”, una valvulita dio señales de fallar a bordo del cohete Vex-5, de 16 metros de largo, ya en torre de lanzamiento.

Entonces, a 15 kilómetros de distancia, en Pipinas (1000 habitantes, a tiro de la ruta 36 pero sobre la costa del Plata) la gente de telemetría de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) decidió abortar. Nada ilegal, sálvenos Dios. Como sabe cualquier telespectador de “space operas”, eso es posponer el disparo de un cohete con la cuenta regresiva ya en curso. En este caso, el lanzamiento se atrasa unos días. Y el vehículo de marras es el Vex-5,  quinto y último prototipo de la agencia espacial argentina en el camino hacia el Tronador II.

El centro de operaciones de la CONAE funciona en el viejo cine del pueblo. “Éramos tan pobres…”, como decía Alberto Olmedo.

La CONAE es increíblemente gasolera, pese a su currículum: una agencia espacial con 5 satélites construidos y disparados, de capacidades, complejidad y peso crecientes (la línea SAC), y tres en construcción (2 SAOCOM y el SABIAMAR, éste con Brasil).

Todos los disparado fueron exitosos, salvo el primero (el SAC-B). Se jodió porque a la NASA, asociada el proyecto, no se le ocurrió mejor idea que subirlo a un misil crucero rebautizado como sistema experimental de puesta en órbita. Pegasus XL se llamaba aquel engendro. O aceptabas montar al Pegasus, o tenías que esperar 2 años a que la NASA volviera a darte algún lanzamiento más decente. Pero corría apuro: había que mostrar que la CONAE, demasiado nueva en su métier, funcionaba.

Esto sucedió el 11 de abril de 1996: ya pasaron más de 20 años, y la gente se olvida… El maldito cohete, ya en altura de inyección orbital, “se olvidó” de soltar el satélite: los pernos explosivos que lo unían al mismo no detonaron. En consecuencia, el SAC-B, impedido como quien carga un piano por mochila, no tuvo espacio para desplegar sus paneles fotovoltaicos. Y aunque entre pasada y pasada orbital la muchachada de telemetría vió que a bordo funcionaba todo joya, era claro que se iba quedando sin baterías, y adiós. Y así fue.

Conrado Varotto (pero algunos lo llaman “Franco”,) presidente de la CONAE entonces (y continúa) se encogió de hombros. “Psé… Era un satélite astronómico, de ciencia pura, no una misión aplicada a la economía o al gobierno argentinos. Lo que quedó demostrado es que nuestros fierros funcionaron bien”, soltó. Lo hizo para irritar a quien correspondiera en Orbital Sciences, fabricante del Pegasus, y lo debe haber logrado: desde entonces, sólo tuvo éxitos. Pero su declaración muestra que a Varotto felizmente le falta el chip del pesimismo. Si lo tenés, tu biografía es otra.

Quedó también demostrado que si querés ser un país espacial, ahí arriba no llegás a dedo ni haciendo vaquita con la NASA. Podés estar construyendo los dos satélites-radar más complejos y potentes de la historia espacial, como hace hoy la CONAE con los SAOCOM 1 y 2, centavito a centavito en INVAP, Bariloche. El SABIAMAR avanza más rápido porque tiene financiación externa. Como sea, si no tenés tu propia escalera al cielo (por citar ahora a Led Zeppelin), a lo sumo sos un país “medio espacial”.

Cohetero es quien puede y se la banca

El Tronador II es icónico: 3 millones de argentinos vieron su maqueta de 28 metros de alto presidiendo la primera Tecnópolis. Era un cheque sin fecha: faltaban al menos 5 tests planificados de vehículos más chicos, de tamaño, potencia y complejidad crecientes, para que la CONAE llegue al aparato final, el que aspira a fabricar en serie para poner en órbita baja satélites de bajo peso y costo (250-300 kg.) y estructura segmentada, los SARE.

Estructura segmentada significa lo opuesto de “todo en uno”. Los satélites segmentados funcionan “en enjambre”, interconectados como una red informática, intercambiando información y capacidades: uno puede tener cámaras en infrarrojo, el segundo cámaras en el rango óptico, el tercero, un radar, el cuarto puede encargarse de las comunicaciones con la Tierra, tanto las de la navegación del enjambre y de sus componentes, como las “bajadas” de la información recolectada. Y así se pueden ir sumando decenas de módulos. Si se descompone un satélite que no sea el cuarto en esta enumeración, la red sigue funcionando hasta que lo repongan. Si hay que modernizar el enjambre, se le añade un SARE con actualizaciones o capacidades nuevas. Una vez que construiste una red satelital, no tiene por qué envejecer.

Como casi toda idea argentina interesante (el bondi, el dulce de leche), ésta tampoco es argentina. La tienen casi todos los países y empresas privadas espaciales, para bajar sus costos. Lo que es argentino es construir un cohete específico para este tipo de cargas. Es un modo sensato o barato –nadie dijo “fácil”- de volverse el décimo país del planeta con acceso propio al espacio.

Pese a ser un cohete chico, el Tronador tiene una tecnología compleja y totalmente nueva en una región donde sólo existe otro jugador espacial: Brasil. La primera etapa del Tronador es “criogénica”, como la del Saturno V en 1969 o el Falcon 9 de Space X contemporáneo. Se la llama así porque usa oxígeno líquido, un fluído color azul, como comburente y RP-1, un dodecano (querosene, para los amigos) de muy alta pureza como combustible.

Un cohete criogénico, señor@s, no es moco de pavo: el oxígeno permanece líquido entre los -183º y los -218º. Y las bombas que impulsan ese líquido letal a la cámara de combustión deben soportar esas temperaturas, y de yapa unas fuerzas G que te la cuento, porque giran a entre 30 y 35.000 rpm. Y todo sin hacerse pedazos por fragilización térmica de sus materiales. ¿De qué las hacen, esas bombas? ¿Qué lubricantes usan? Varotto no te lo va a decir y Héctor “Cacho” Otheguy, gerente de INVAP, el contratista principal de ingeniería de la CONAE, tampoco. Pero es todo “made in Argentina”. El proveedor externo que te quiera dejar en tierra, está fregado.

La segunda etapa usa propelentes líquidos más convencionales y “cincuentosos”, almacenables a temperatura ambiente: monometilhidracina como combustible y tetróxido de nitrógeno como comburente. Nada de creerse que son tan amigables: los derivados de la hidracina corroen tanques y caños titanio como lijas químicas, de modo que hay que cargarlos a último momento, y de yapa –en caso de derrame- son volátiles y muy tóxicos. Si los cohetes de combustión líquida fueran menos neuróticos, habría decenas de países con puesta en órbita propia. Sólo hay nueve. Y un aspirante: nosotros.

Las dos etapas en sí ya son una novedad para la Argentina, y la separación limpia y a tiempo, un riesgo tecnológico adicional. Me pongo nervioso de sólo contarlo.

Brasil estuvo muchos años tratando de llegar a esto y tiró el guante tras un accidente en lanzamiento el 22 de agosto de 2003 que mató a 23 personas, entre ellas parte de la plana mayor técnica de la Agencia Espacial Brasileira (AEB). Nadie pensó que los vecinos abandonarían, máxime con el éxito que han tenido como país aeronáutico desde 1969 gracias a Embraer, y menos que menos cuando Lula ganó las elecciones. Pero tiraron oficialmente la toalla en febrero de este año.

Los brasileños tenían una tecnología de propulsión más sencilla y lógica para cualquier debutante espacial. Es la misma que tuvimos en Argentina hasta que no nos dejaron: combustible sólido, una mezcla de gomas con oxidantes y aluminio finísimamente pulverizado llamada genéricamente “grano”. La usan todos los misiles aeronáuticos, y era lo que movía a nuestro Cóndor II antes de que llegaran Carlos Menem y Guido di Tella a destruirlo.

(Continuará)

6 respuestas a Argentina Espacial: Tronador: todavía cantamos

  1. Memo Rioso dice:

    Orbital Services fue una empresa que nació con un centenar de contratos con la NASA bajo el brazo. Su mision reciclar cohetes misilisticos.

    No solo hizo cagar a nuestro pequeño SAC-B junto con el cagó fuego un satélite japonés, luego hizo perder un satelite militar llamado Step y finalmente tuvo su máximo malogro: tiró al Océano Pacífico un LANDSAT que tenia toneladas de equipo y habia insumido 8 años de desarrollo y debia reemplazar al LANDSAT al fin de la vida útil.

    EEUU tuvo que comprar imagenes satelitales a Rusia por unos años.

  2. Norberto dice:

    Agrego un poco de conocimiento personal sobre el tema de los propulsores sólidos, sobre los que se tenía y supongo se tiene un gran expertise, tanto en la formulación de la pólvora para hacerlas de mayor o menor temperatura, velocidad de quemado y presión, como en las configuraciones geométricas acordes con esas características y las necesidades del vehículo, desde los grandes como el Condor de relativamente baja presión y quemado lento a los muy pequeños como el Albatros de ataque a tierra y quemado rápido.
    Nunca menos y abrazos

    • Daniel Eduardo Arias dice:

      Noberto, cuando quiera un poco de chamuyo en privado sobre estos temas que Ud. domina, le pide mi mail a Abel. Me va a encantar cambiar figuritas. Creo que las suyas son mejores que las mías.

  3. Hermoso Abel. Sos el compañero más grande que circula en la web. De paso: la BBC acaba de informar que se nos fue Fidel Castro. Va a supervisar nuestros cohetes! Abrazo militante

  4. […] Este “informe especial” que preparó Daniel Arias por la continuidad del proyecto Tronador es aún más difícil de separar en partes que la saga “nodriza” Argentina Nuclear. Si quieren leer ésta y no han leído la 1° parte, sugiero que lo hagan aquí. […]

  5. […] largo, este “informe especial” que preparó Daniel Arias. Si no lo hicieron, lean la 1° y la 2° parte antes. Más adelante, veré como se integra con lo que se ha publicado en el blog en […]

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