De la autoestima

La palabra «autoestima» es un término de moda para nombrar al respeto por uno mismo. Los griegos del Período Clásico son – como en muchas otras cosas – los que han escrito con más profundidad del tema. Decían que un hombre (no tomaban en cuenta a las mujeres; no eran perfectos) no debe estimarse en más de lo que es, ni tampoco en menos. Y dedicaron mucho esfuerzo intelectual a encontrar criterios objetivos de valoración. Fracasaron, por supuesto. Cada cultura, cada tiempo tiene los suyos. Pero en esa tarea produjeron algunas de las obras más importantes del pensamiento humano, para todos los tiempos.

En el Occidente judeocristiano, como en el Oriente musulmán (qué raro que no se diga judeomusulmán, con igual validez) nuestros pensadores no han trabajado en el asunto con tanta claridad. Supongo que es la herencia de una intensa religiosidad monoteísta – que los griegos clásicos no tuvieron – que insiste que «todo honor y toda gloria corresponden al Señor«. Ojo: creo que la nuestra es – como la islámica – una herencia valiosa. Si todos somos hijos del Dios único, no hay justificación filosófica para la esclavitud, el racismo, las castas, … toda doctrina que establezca diferencias intrínsecas entre los seres humanos.

(Advertencia: No necesito que me recuerden que cristianos, musulmanes y judíos, y también ateos, practicaron con entusiasmo todas esas cosas. Además del hambre de gloria, y la vanidad personal. Estamos hablando de «justificación filosófica»).

Con la declinación de la religiosidad, al menos en Occidente, la humildad se transformó muchas veces en autodenigración del individuo, y en considerar que toda la gloria correspondía a ídolos berretas como el Partido, el Líder, la Raza, las Masas u otras pavadas. Sin más sinceridad que en el caso anterior, por supuesto.

Pero es por eso que creo que el tema de la autoestima debe ser pensado muy a fondo. No me siento en condiciones de encarar yo esa tarea, claro. Pero he insistido en este blog – la última vez, el post anterior – en la necesidad de estimular el respeto por sí mismos de los argentinos como pueblo.

Comentando ese mismo post, Andrés V dice con mucha lucidez: «la “fanfarronería” (el célebre ego argentino) y la “autocrítica destructiva” son las dos caras de una misma moneda: el acentuado ombliguismo y egocentrismo que nos caracteriza a los argentinos. Considerar que somos “los más corruptos”, “los más caros”, “los que tenemos la peor clase política”, “los más inseguros”, es creer que logramos alcanzar la cúspide del fracaso mundial… En definitiva, es creernos que somos los mejores de lo peor. Sin dudas,una forma de fanfarronería. Y es, además, idealizar al resto del mundo«.

Vale. Ese egocentrismo, junto a una mitificación de lo extranjero, existen. Pero considero que hay un aspecto anterior y más profundo del problema. Salvador Ferla entendía que era una explicación clave de la historia argentina: el complejo de inferioridad de las clases dirigentes de Buenos Aires frente a Europa y los Estados Unidos. Una visión que es consistente con lo que Nicholas Shumway detecta, desde afuera, en «La invención de Argentina«. (Los vínculos, si quieren, los rastrean ustedes en Google; este es un post casual esperando la cena de Nochebuena).

Creo que puede rastrearse todavía antes: como la forma que en una sociedad que se presume – sin serlo en realidad – de racialmente europea (concepto absurdo si los hay) se manifiesta un problema del fondo de la historia de Iberoamérica: una sociedad dividida en castas donde las sangres se mezclaban, necesariamente – porque no somos tan racistas ni tan hipócritas como la otra América – pero los de arriba se decían a sí mismos que eran «blancos» puros. O, como decían no hace tantos años en Salta, » de la gente decente».

Es en esa división en clases, social y cultural más que económica, se encuentra, sostengo, el origen de un rasgo común a una parte, quizás no tan numerosa como en el pasado pero significativa, de nuestras clases medias: denigrar automáticamente todo lo nacional, e idealizar los míticos «países serios».

Por supuesto, no es el único motivo. Nuestra pobrísima perfomance económica durante el medio siglo en que Europa y EE.UU. prosperaron, hasta la derrota en la Guerra de las Malvinas – que provocó al principio una oleada de entusiasmo patriótico superficial en gran parte de esos sectores medios acomodados, justamente – están entre las causas que influyen en el sentido de la subvaloración de lo propio.

Pero es un rasgo cultural. Lograr una sociedad más igualitaria, donde no haya extremos de riqueza y pobreza, como plantearon por igual, en lenguajes diferentes, Aristóteles y Evita, es un requisito necesario. No cabe duda. Eso sí, no alcanza. Una tarea inmediata debe ser fortalecer el respeto por nosotros mismos como pueblo y el reconocimiento de nuestros logros. Tanto como la contracara necesaria: reconocer las falencias y fracasos, y las macanas que nos mandamos.

4 Responses to De la autoestima

  1. harry dice:

    Muy buena Navidad para todos.Abel tu blog peronista y racionalmente heterodoxo es exactamente la reunion de gabinete faltante desde hace un tiempo……..
    Gran Abrazo.
    Edgardo.

  2. Martin SZ dice:

    Felicidades a todos.

  3. ana dice:

    Cada día la sociedad está más dividida entre pobres y ricos.
    La clase media de antes era una clase media con pretenciones de SUPERACION CULTURAL no solo en la instrucción sino en los principios morales.ERA PODEROSA .EL PAIS ERA DOMINADO CULTURALMENTE POR ESA CLASE MEDIA.
    Ahora ,por el contrario ,la pauta la da una CLASE ENRIQUECIDA sin pensamiento alguno y la clase media consumista incapaz de incorporar valores.
    Parece mentira pués la vieja clase media tenía escasos representantes de enseñanza universitaria ,pero cuando los tenían su personalidad estaba más lograda ,hasta quienes eran maestros en esos tiempos tenían personalidades marcadísima.
    Con una amiga mía ,cuya madre fué mi maestra de grados primarios .comentàbamos que SIENDO NOSOTROS UNIVERSITARIAS nuestras personalidades eran muy inferiores a las de NUESTRAS MADRES MAESTRAS.
    Uds mismos podrán comprobar la personalidad de la gente de edades intermedias que logró formar la vieja escuela argentina y notarán que no hay mucha «digamos conciencia de división social»en sus formaciones culturales.
    La hay curiosamente en las formadas en la escuela más GLOBALIZADA y esa división social es ESCLUSIVAMENTE DE ORDEN MATERIAL.
    La misma clase media ,imponía ,con principios de austeridad quizás heredados de la seriedad de TODAS LAS RELIGIONES en aquéllos tiempos CIERTA DIFERENCIACION entre la elevación cultural y de principios y la que simplemente se lograba con EXITO ECONOMICO.
    Ahora ese EXITO ECONOMICO ha como introducido una NEBULOSA QUE ATRAVIESA TODO EL PENSAMIENTO SOCIAL.
    Se ha perdido evidente personalidad en todos los planos .
    Hasta los medios de prensa ,por eso no me alarma tanto lo que ahora están pasando ,ha contribuído esforzadamente POR DESHACER LA PERSONALIDAD DE CUANTO GOBERNANTE HA HABIDO.
    Pareciera que nos quieren bien inseguros y bien dominados por el vil metal ,desde la prensa y desde los que se oponen a esa prensa INDISTINTAMENTE.

  4. Andrés V dice:

    Estimado Abel,
    Le agradezco la consideración con que toma mi último comentario.. Me parecen muy interesantes sus reflexiones sobre las raíces históricas en la tendencia que tenemos los argentinos a auto denigrarnos.. Pero explicarían esas mismas razones nuestra tendencia paralela a «creernos los mejores»?

    A riesgo de caer en psicología barata (soy originario del barrio de Palermo «Villa Freud»), me animaría a decir que los argentinos tenemos una necesidad de sentirnos «excepcionales», ya sea por lo «bueno» o lo «malo».. Esta necesidad tal vez provenga de un complejo de inferioridad, que tal vez deba su origen a las razones históricas a las que Usted se refiere..

    Un abrazo

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