¿Alguien dijo “Continentalismo”?

Febrero 8, 2010

Aunque la política internacional y la geopolítica son fascinantes – y, por supuesto, tienen que ver con nuestro destino como Nación – tengo algo de reluctancia a zambullirme en ellos. Es tan fácil “mandar verdura” en esos temas, y los argentinos tenemos mucha facilidad para ello.

Ahora, en los dos penúltimos posts toqué asuntos de economía, y los comentaristas, en particular EduA, hicieron aportes muy valiosos, en especial sobre la situación de España. (En el último post, los aportes terminaron siendo sobre medicina…) Bueno, la economía y la política internacional están íntimamente ligadas, y, como dije en “El hijo de Reco”, bien al comienzo, el destino de los países medianos como el nuestro tiene que ver más con la sabiduría o no de sus políticas económicas que con cualquier otro factor…

Harold James, profesor de historia y relaciones internacionales en la Universidad de Princeton, publicó el 3 de enero de este año un artículo en el Financial Times. Lo traduje, porque encara a la vez los hechos de la economía y de la geopolítica, algo que no es muy frecuente encontrar analizados con realismo y en forma conjunta. Enfocando justamente estas últimas etapas de la crisis, desde la perspectiva de Gran Bretaña, que en la realidad económica global es apenas un jugador mediano grande…

Creo que nos sirve para el debate pendiente que tenemos los argentinos, y toda la América del Sur, sobre el lugar que tendremos en este siglo.

Las lecciones no aprendidas de la Gran Depresión

Estamos desconcertados por la duración y la gravedad de la crisis financiera y sus efectos sobre la economía real. También estamos cautivados por la posibilidad de paralelismos con la Gran Depresión. Pero, al mismo tiempo, estamos seguros de que hemos aprendido sus lecciones. Suponemos que podemos evitar una repetición de los desastres de la desglobalización que ocurrió en la década de 1930.

El problema es que hay diferentes lecciones que dejó la Gran Depresión. Ellas son confusas cuando las confundimos. Especialmente en los EE.UU., la Gran Depresión suele identificarse con el crack bursátil de 1929. Los economistas han aprendido dos simples respuestas a ese tipo de colapso. La primera es la lección que John Maynard Keynes ya enseñaba en la década de 1930 – ante un colapso de la demanda privada, hay una necesidad de nueva demanda del sector público o de activismo fiscal.

La segunda es la lección elaborada por Milton Friedman y Anna Schwartz en la década de los ´60. En su opinión, la depresión fue la consecuencia de la incapacidad política de la Reserva Federal en las postrimerías de 1929. Hubo una contracción monetaria masiva, que fue responsable de la gravedad de la recesión. En el futuro, los bancos centrales deben comprometerse a proporcionar liquidez adicional en estos casos.

Ambas lecciones han sido aplicadas de manera coherente y con bastante éxito, no sólo para hacer frente a la crisis de 2007-08. El pánico del mercado de valores en 1987, o 1998, o de 2000-01, fueron tratados con la inyección de liquidez. El hecho que estas medidas contra la crisis se han aplicado en muchos países después de 2007 también explica por qué la tormenta es más leve de lo que podría haber sido.

Los años 2007-08, y especialmente las consecuencias dramáticas de la caída de Lehman Brothers, trajeron un nuevo reto, ya que se repite uno de los aspectos de la historia de la Gran Depresión que es diferente de lo que pasó en 1929. Ese tipo de crisis requiere un conjunto diferente de políticas.

En el verano de 1931, una serie de pánicos bancarios en Europa central extendió el contagio financiero a Gran Bretaña y luego a los EE.UU., Francia y el mundo entero. Dicha crisis fue decisiva para convertir una recesión grave (de la que los EE.UU. ya se estaba recuperando en la primavera de 1931) en la Gran Depresión.

Pero encontrar una manera de evitar los daños fue muy duro en la década de 1930, y también es muy difícil ahora. Al contrario que en el caso de un desafío tipo “1929”, no hay obvias respuestas macro-económicas a los problemas financieros. Las respuestas se encuentran en la lenta y dolorosa limpieza de los balances, y en el diseño de un sistema de incentivos que obligue a los bancos a operar con más prudencia.

Una depresión como la que sucedió a partir de 1930 requiere de reestructuraciones micro, no estímulos macro-económicos y provisión de liquidez. No puede ser impuesta desde arriba por un sabio planificador, y en cambio exige un cambio de comportamiento  de muchas empresas y particulares. La mejora de la regulación, mientras que es una buena idea, es más adecuada para evitar crisis futuras que para ocuparse de una catástrofe que ya ocurrió.

Hay otra razón que las secuelas de Lehman nos recuerdan el mundo de la depresión. La economía internacional extiende los problemas con rapidez. Los colapsos de los bancos austriacos y alemanes no habrían golpeado al mundo si hubieran ocurrido en economías aisladas o autónomas. Pero estas economías habían sido construidas con dinero prestado en la segunda mitad de la década de 1920, con las principales fuentes de los fondos en Estados Unidos. La analogía de esa dependencia es la forma en que el dinero de las economías emergentes, principalmente de Asia, corría a los EE.UU. en la década de 2000, y un aparente milagro económico se basó en la disposición de China a prestar. Los colapsos en 1931 y en 2008 sacudieron la confianza de los acreedores internacionales: antes en EE.UU., y ahora en China.

Como en la Gran Depresión, la atención se centra en los grandes estados y en sus respuestas políticas. Este es el problema de las respuestas clásicas. A los países más pequeños les resulta más difícil aplicar medidas keynesianas, o el ejercicio de una política monetaria autónoma. Algunos países, como Grecia o Irlanda, han alcanzado o superado los límites para el activismo fiscal, y aparece – como en los ´30 – una amenaza de los países cayendo en bancarrota.

Desde la perspectiva de los EE.UU., el debate ha sido distorsionado por el temor de que algo como esto puede afectar a América. Eso no es realista. Pero incluso el default de un número de países medianos y pequeños pondría fin a cualquier posibilidad de una economía internacional abierta e inauguraría una etapa de nacionalismo financiero.

En la era que acaba de finalizar de la globalización financiera, en el período de 20 años desde el colapso del comunismo soviético, los estados más dinámicos y más exitosos fueron generalmente economías pequeñas y abiertas: Singapur, Taiwán, Chile, Nueva Zelanda, y en Europa, los Estados ex comunistas de Europa central, Irlanda, Austria y Suiza. En el mundo después de la crisis, el centro de gravedad económico se ha desplazado a las aglomeraciones muy grandes de poder. Ha habido una obsesión con los BRIC (Brasil, Rusia, India, China) como los nuevos gigantes. La continuación de la crisis los convierte en los grandes actores.


Néstor Kirchner

Febrero 8, 2010

Como dice Otto, las evaluaciones políticas son una cosa, y la vida es otra. Desde aquí, un deseo que se mejore, sin inconvenientes.


Entre la devaluación y los consejos del FMI

Febrero 6, 2010

El tercer capítulo de la Crisis global, ya en su tercer año, que se está desarrollando en el Mediterráneo – aquí estarían escuchando a Serrat, si Mauri me hubiera enseñado, como dijo, a subir audios :-) – se ha tocado en los blogs. La bengala perdida y, por supuesto, Manolo trataron el tema. Pero encontré poco en la blogosfera económica. Lo que, después de la repercusión de la entrada anterior sobre economía y algunos comentarios sesudos, en particular de EduA, me impulsan a escribir sobre el asunto. Ojo: no van a tener aquí análisis matemáticos para economistas. No estoy para eso. Pero a  lo mejor puedo aportar algunas ideas, para el remojo de barbas, como quien dice…

En LaNación, hace una semana, salió una nota de Emilio Ocampo, historiador y ex banquero en Morgan Stanley, que me parece una buena introducción – para los no especialistas – al ùltimo episodio Tragedia griega siglo XXI. Se las recomiendo.

Para empezar, parto de estos párrafos “su situación financiera y fiscal (la de Grecia) es reminiscente en ciertos aspectos de la de la Argentina de 2001: un déficit fiscal insostenible y una deuda externa impagable con recursos corrientes y que, además, está denominada en una moneda que no puede emitir…En opinión de Desmond Lachman, ex economista del FMI, dentro de los próximos dos o tres años, el gobierno griego se verá forzado a abandonar el euro. Su recomendación: no luchar contra lo inevitable y tomar esta medida lo antes posible“.

Por supuesto, el asunto no se limita a Grecia. Alcanza a todos los PIGS, como cariñosamente los llaman. Portugal, Italia, España (lo de la madrepatria lo debatimos hace 3 meses, y recuerdo que EduA consideraba una locura la salida del euro. Sin duda lo sigue siendo, pero…). Y también, por supuesto, aparece nuestra vieja amiga, la comunidad financiera internacional, hablando a través de su vocero habitual: El FMI recomendó a España, Grecia y Portugal que rebajen los salarios.

Clarín, como es un diario progre – en todo lo que no tenga que ver con la política local, claro – hace una larga crónica sobre la perversidad histórica del FMI, que exige cosas como éstas de puro malo que es. Más concreto, y en español, está en MDZ: “El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Olivier Blanchard, reconoció que la situación financiera de estos tres países es delicada y que al compartir la moneda -el euro- con otras naciones no pueden devaluar. Por eso deberán asumir otro tipo de sacrificios, como la baja salarial

Estas declaraciones ponen sobre la mesa un asunto muy simple: las devaluaciones no son “estímulos a la producción local”, ni tampoco ataques espantosos a la propiedad privada que sólo monstruos de perversidad como Duhalde pueden contemplar. Son formas eficaces, y menos dolorosas que otras, de bajar los costos de un país, en el corto plazo. En particular, los salarios. Esto lo apuntó Keynes hace unos 80 años. Por supuesto, es menos dolorosa, para los de abajo, cuando la devaluación no se traslada a los costos de la consumos del trabajador, como pudo evitarse en Argentina… por lo menos hasta el 2006.

Dos reflexiones: 1) No es realista pedir al gobierno lo que no hizo del 2003 hasta ahora: un proyecto de desarrollo. Pero sí podemos y debemos pedir que siga manejando con prudencia la herramienta económica básica que la salida de la convertibilidad nos devolvió: el manejo del tipo de cambio. Esto requiere sintonía fina y prudencia, que, es necesario reconocerlo, mostraron hasta ahora los que tuvieron que ver con el asunto: Kirchner, sobre todo, Lavagna, y hasta su última semana, Redrado.

(El estilo de la política argentina requiere recordar un hecho obvio: La idea de Kirchner o Cristina “dejando trampas” o manejándose con imprudencia, total, en 2011 ganará “la Oposición”, es una fantasía paranoica, basada en nuestra historia, es cierto. Pero cualquiera que lo intente, corre un riesgo altìsimo que la bomba le explote en las manos, en meses o en semanas. Si en algo son buenos los “mercados”, es en anticipar).

2) El primer impacto de la Crisis se dió en el centro del mundo globalizado: las hipotecas subprime, los bancos ingleses, Lehman Brothers, son elementos emblemáticos. Los emergentes, encabezados por China y de los cuales Argentina es actor en una tercera línea, quedaron relativamente al margen. Luego le tocó el turno a los países que se habían convertido en modelos aplaudidos por la comunidad financiera internacional: Irlanda, los paìses bálticos, Islandia (puede pensarse que la Argentina menemista fue una víctima precursora de esta fase). Nuevamente, los emergentes zafaron. Ahora está golpeando a países medianos, con una base industrial más o menos desarrollada pero que han perdido competitividad, y con extendidas clases medias y obreros sindicalizados que no aceptarán fácilmente la disminución en sus condiciones de vida. El identikit ahora se parece más al argentino.

Por las dudas, les recomiendo que estudiemos detenidamente estas declaraciones del presidente francés Sarkozy no quiere que el FMI se meta en la Unión Europea. No tiene que ver con nosotros, pero ahora que seguimos empeñados, con Boudou, en volver a los mercados internacionales… veamos que está pasando allí.


A Mercedes, con buena onda

Febrero 4, 2010

La nueva presidente del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, ha asumido una misión. En las palabras del proyecto de reforma de la Carta Orgánica del BCRA que ella misma presentó (y que está parado en el Congreso desde 2007, dicho sea de paso):

Es misión primaria y fundamental del BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA preservar el valor de la moneda, de un modo consistente con las políticas orientadas a sostener un alto nivel de actividad y asegurar el máximo empleo de los recursos humanos y materiales disponibles, en un contexto de expansión sustentable de la economía.

Las atribuciones del Banco para estos efectos, serán la regulación de la cantidad de dinero y de crédito en la economía y el dictado de normas en materia monetaria, financiera y cambiaria, conforme a la legislación vigente.

… En la formulación y ejecución de las políticas monetaria, financiera y cambiaria el Banco coordinará su cometido con el PODER EJECUTIVO NACIONAL, sin estar sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones de este último respecto del manejo de los instrumentos de su competencia

Me parece necesario aclarar algunas cosas. La misión no tiene que ver con la aprobación o no de esta reforma, o de alguna otra versión. Por supuesto, las leyes son necesarias para encauzar la vida social – y para que los abogados se ganen la vida. Puede decirse también que a veces tienen un valor simbólico importante: anuncian una intención que la mayoría de la sociedad ha aprobado, antes que plantear medidas concretas. Las leyes de ese tipo habitualmente tienen expresiones abiertas, como “… conforme a la legislación vigente “.

Tampoco la misión será, como dicen mis amigos anti K, “obedecer las instrucciones de Kirchner“. En ningún país más o menos serio las autoridades del Banco Central ignoran y menos se oponen a las políticas del Ejecutivo. Ciertamente no lo hizo Redrado… hasta esta última oportunidad (Recuerdo que Horacio Verbitsky, cuando el golden boy asumió, dijo que la diferencia con Prat Gay es que tenía muy claro que la autonomía del BCRA era una ficción legal).

Por supuesto, ningún jefe o jefa de Estado más o menos serio cree que su presidente del Banco Central es un empleado que está para ejecutar sin pensar (Salvo, aparentemente, aquí en Argentina, esta última oportunidad). Bueno, este aspecto ha sido discutido en el blog en estas semanas. Nuestro bifronte jefe del Ejecutivo, Crístor, hoy tiene menos poder arbitrario que antes. Martín Redrado, sin ningún respaldo político, les complicó la vida. Pampuro! se la pasa mandando señales de independencia. El Congreso… no hablemos. Marcó del Pont, ciertamente, no será la única responsable de las políticas que se implementen. Pero tendrá más posibilidades de decir sí o no que las que tuvo Felisa Miceli en su cargo, o, quizás, hoy mismo, Boudou.

Si menciono el texto del proyecto que ella misma elaborara es porque allí describe en forma clara y comprensible la misión que debe tratar de cumplir, la que le imponen la realidad y la naturaleza de su cargo: “preservar el valor de la moneda y sostener un alto nivel de actividad y empleo de los recursos humanos…” ¿Es una misión imposible? Creo que no.

Hay una combinación favorable, poco usual por lo menos en la literatura económica. Como presidente del Banco Central, una economista – en las palabras de Larry – que conoce la industria, que no subestima el poder de la política monetaria para el crecimiento del empleo y del desarrollo del país, e inclinada a usarla para esos objetivos. Como Ministro de Economía de facto, un dirigente político profundamente conservador (en una oportunidad comenté, creo que con Charlie Boyle, que para mí no era una mala palabra) que si bien ha cometido imprudencias y graves errores políticos, ha mostrado una cautela extraordinaria (sin muchos antecedentes en Argentina, donde los dirigentes políticos no se han caracterizado por entender de Economía) en cuidar y administrar los recursos que la devaluación de Duhalde, las condiciones favorables del mercado mundial y la agroindustria le brindaron en su momento.

(Los que duden de esto, que comparen la tasa inflacionaria – la estimada por estudios privados – y el ritmo de endeudamiento del Estado desde 2003 hasta ahora, con el promedio de los últimos 50 años).

Agrego también, como circunstancia política favorable, una presidente y un bloque oficialista en el Congreso que parecen percibir que una figura como la de Marcó del Pont, de centro izquierda, desarrollista, les da un margen mejor que otras opciones, al menos por ahora.

¿Es una misión muy difícil? Seguro que sí. El modelo (no pongo entre comillas esta palabra, y pronto insistiré con mis motivos para pensarlo como tal) que empieza a desarrollarse a partir del 2002, y cuyos pilares (simplificando) son el tipo de cambio alto y el superávit fiscal, – que insisto, Kirchner administró cuidadosamente por años – está cerca de sus límites. El esquema de precios relativos que produjo la Gran Devaluación del 2002 ha ido, necesariamente, modificándose; el superávit fiscal… fue; y el aire que nos dió la larga devaluación del dólar frente al euro y el real… parece estar agotándose.

Esto no se contradice con el hecho que todos los indicadores apuntan a una reactivación para este año. El problema – como es habitual en Argentina – es la inflación. En los comienzos de este blog, cuando era más arrogante que ahora vis-a-vis la blogosfera económica, solía decir que economistas ortodoxos eran los que no conocían la palabra recesión, y keynesianos los que no conocían la palabra inflación.

Bueno, recesión no hay, pero los de abajo siguen mal (como dice Barcelona, “La redistribución se hizo, pero no alcanzó para los pobres“) y los del medio, a la vuelta de sus vacaciones, volverán a reclamar. No hay margen para ajustes (mejor así: serían muy peligrosos para la reactivación). Y la inflación… no hay cifras exactas (y aunque el INDEC fuera una catedral impoluta, tampoco puede reducirse a un índice único, como cualquier especialista lo sabe). Pero la estimación de Artemio, que nos acercamos a un 20 % anual, nos indica que estamos muy cerca de ese proceso, tan conocido históricamente en Argentina, cuando los precios suben no por “exceso de demanda” o “escasez de oferta”, sino porque los otros precios han subido.

Espero que no queden – o hayan vuelto a reaparecer – imbéciles que digan que una inflación alta no es tan mala, si no afecta la producción. Nada afecta tanto la producción como la incapacidad de hacer planes que provoca la ausencia de precios ciertos; nada estimula una redistribución perversa de la riqueza, en favor de los especuladores, como una inflación alta (> 20 % anual). Y nada tampoco perjudica tan directamente a los más pobres, salvo el desempleo, erosionando cualquier apoyo político a un gobierno.

¿Podrá la Dra. Marcó del Pont contribuir a moderar la inflación, sin deprimir la actividad económica? ¿Podrá ajustar el valor del dólar, sin que la devaluación sea parte del impulso inflacionario? Tengan en cuenta que no estoy pidiendo una nueva política industrial o un plan de desarrollo. No las veo como metas posibles para un gobierno acosado. (Eso no impide medidas puntuales audaces; recuperar una empresa petrolera argentina; intervenir, con realismo, en la explotación de los recursos mineros, aumentaría el poder de decisión del Estado argentino, para este gobierno y los siguientes).

Pero la misión que tiene la nueva presidente del Central es, precisamente por sus ideas económicas, tal vez más estratégica. Mantener la actividad económica, aumentar el empleo, sin provocar escaladas inflacionarias, probablemente no alcance para que este gobierno recupere su popularidad. Lo que, francamente, no me parece muy importante. Pero sí pienso que es decisivo que, si los Kirchner son derrotados electoralmente, no se desprestigien con ellos las políticas que incluyan medidas de estímulo a la industria, al consumo y a la defensa de las leyes sociales. Los argentinos perderíamos mucho, si fuese así.


“La compra de dólares de Kirchner fue para una inversión productiva”

Febrero 3, 2010

Este fue hoy el título de tapa del diario “El Argentino“, el de distribución gratuita en el multimedio del Rudy (BAE, Veintitrés, Newsweek, 7 Días, Miradas al Sur, etc., etc.). Por un momento, confieso que pensé que era una tapa de Barcelona… Me pregunto: ¿Quién necesita a Clarín, TN, LaNación si este gobierno muestra esta maravillosa habilidad para cavar pozos con su propia boca?

Es cierto que el tema no me moviliza demasiado. Nunca fuí kirchnerista, y sé que, lamentablemente, el poder político ha sido un camino para aumentar la riqueza en Argentina – y en muchos otros países – desde hace mucho, mucho tiempo. Con excepciones que surgieron de una moralidad personal férrea (Ilía, Onganía, …) o porque la meta de su ambición no era el dinero (Perón, Agustín Justo, …). Como se darán cuenta, estoy poniendo ejemplos “buenos” y “malos” para indicar que la honestidad personal no es, también lamentablemente, un índice válido de la calidad de un gobernante.

En todo caso, este episodio muestra a Kirchner como el típico argentino rico, que acumula dólares, terrenos y edificios. Las fortunas realmente grandes se manejan con fideicomisos, fundaciones y estudios de abogados en Liechtenstein (No pongo las manos en el fuego que no la tenga, pero si es así, ¿por qué compraría personalmente los dos millones de dólares?).

Ya oigo “Porque es un almacenero bruto!“, la voz del antikirchnerismo visceral. Me parece que es un error. Creo, sí, y lo que pasó me lo refirma, que Kirchner nunca dejó en su mente de ser el gobernador de una provincia chica, donde el poder político y el económico no están separados y la riqueza es personal.

En cuanto a las consecuencias políticas… no serán buenas para los K. Todos los argentinos que no tienen dos palitos verdes para comprar un hotel (mi caso, por ejemplo) se sentirán … por lo menos, fastidiados con el tema. Como decía un amigo que cité en otro post “Si tienen que orinar en la pileta, por lo menos que no lo hagan desde el trampolín”.

Esto no alcanza a los sectores ideologizados: para los anti K, será simplemente otra muestra de la maldad y la corrupción kichnerista. Para los kirchneristas… su reacción es la que vale la pena analizar. La primera, automática, fue gritar “¡No hablan de la guita de De Narváez!” Bueno, algo dijeron los medios, y un conocido juez, Faggionato Márquez, en la campaña electoral. También algo de repercusión tuvo lo que dijo un broker arrepentido, Arbizu, sobre fondos depositados en el exterior del Grupo Clarín (no fue tapa de ese diario, es cierto). Pero es un mala táctica: lo que puede conseguir es confirmarle al pueblo que “todos son iguales“.

Luego, hubo un aferrarse a una “explicación”. Muchisimos blogs K, por ejemplo, reprodujeron íntegro el mail que Kirchner envió a Víctor Hugo Morales (lo mismo que hace “El Argentino“), sin agregar nada que no fuera denuestos contra la Derecha. Detecto cierta incomodidad en intelectuales de escasos recursos? Rescato a mi amiga Eva Row – ultrakirchnerista a mucha honra – que salió a ofrecer una defensa razonada aquí y aquí. Pero Eva, te puedo decir que el segundo me recordó un poco a la defensa que Franklin Roosevelt hacía de Somoza “Es un hijo de puta. Pero es nuestro hijo de puta“?

Por lo que vale mi opinión, me gustó – como la reacción de alguien que apoya a Cristina y Néstor Kirchner – lo que decía el bloguero de Homoeconomicus, un economista joven. Como dice Artemio, leemos:

Mi post anterior fue un ataque de bronca … compartido por mucha gente que ve con buenos ojos ciertos rasgos de este gobierno. Será que soy un joven idealista, será que soy un ingenuo, o simplemente un pelotudo. Sin embargo, hay veces que sueño con un presidente “honesto”.

Pero paremos la bola acá. No me va el discurso “moralista” del que se valió la Alianza para ganar en el 2001, o con el que en un principio te corría Carrió. No. Definitivamente. Todavía hay gente que cree que la Convertibilidad no funcionó por la “corrupción menemista”. No quiero caer en chiquitajes.

Quiero discutir la política económica de este gobierno. Quiero discutir si el Estado tiene que tener un rol activo en la economía. Quiero discutir si la inflación se combate subiendo la tasa de interés y apreciando la moneda o con un enfoque gradualista, negociando precios y salarios, etc. Quiero discutir el uso de reservas para pagar deuda y liberar plata del presupuesto para gastar en asignación por hijos y obras de infraestructura.

No es un “roban pero hacen” porque no me trago todos los sapos del kirchnerismo. Creo que la honradez es un valor muy importante para un político. Pero eso no me transforma en un opositor recalcitrante. Sigo apoyando varias cosas de este gobierno, y en el 2011 voy a votar al Kirchnerismo antes que a muchos candidatos (Carrió, Macri, De Narvaez, Cobos).

Pero quiero que me entiendan, mi post anterior fue un ataque de bronca, un grito de dolor de un joven idealista, un baño de realidad“.

Se me ocurre que el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central indica que el gobierno tiene mejores reflejos políticos que los que este episodio mostró. Su figura, justamente, pone sobre la mesa lo que el post que copié quiere que se discuta. Pero eso es la coyuntura. Blejer y Marcó del Pont no son instrumentos alternativos para una misma política. Lo que me parece valioso del texto de Homoeconomicus son los valores que expresa y que trascienden a la coyuntura.


Otra vez con Rulli

Febrero 2, 2010

Me acabo de enterar por Ramble. Otra vez los progres en el gobierno censuran o se prestan a censurar (no hay diferencia) a un peronista que no agacha la cabeza. Y otra vez, hay que decirlo también, un peronista progre como Artemio, comprometido con el gobierno, toca el silbato.

El programa Horizonte Sur, a partir de febrero y por decisión de la conducción de Radio Nacional que constituyen María Seoane y Vicente Muleiro, cambiará de horario. A partir del próximo domingo saldremos al aire de siete a ocho de la mañana

No estoy de acuerdo en cosas importantes con Jorge Rulli. Hace pocos días, expliqué una vez más por qué. Pero su voz es valiosa, y auténtica. Creo que corresponde que la blogosfera se preocupe por apoyarlo. La otra vez se ganó la batalla.

Por mi parte, empiezo por invitarles a leer éste, su editorial del último domingo. Sintetiza muy bien su pensamiento político. Además, por casualidad o por justicia, por que no soy lector de su blog, encontré allí en el post inmediatamente anterior, un recuerdo de Conrado Ortigosa Antón. Yo lo conocí de cerca al gallego Ortigosa…


Un aporte radical – oriental

Febrero 2, 2010

No escribí en el blog acerca de Pepe Mujica, el presidente electo de Uruguay. Es cierto, su figura es como un emblema de los últimos 50 años de la historia latinoamericana. Encuentro que sus juicios son inteligentes y equilibrados, aunque no esté de acuerdo con alguno, y hasta sus críticas a los argentinos (los argentinos occidentales, como diría Methol Ferré) y a los Kirchner me parecen acertadas. Pero… la experiencia me dice que a los Jefes de Estado siempre se los ve más lindos afuera que en su propio país (la excepción son los presidentes argentinos). Después de todo, Sarkozy hacía discursos muy elocuentes, antes de asumir.

Pero hoy mi amigo EduA, radical crítico, me hizo llegar algunas frases del famoso discurso de Mujica a los intelectuales (pueden encontrarlo íntegro en el valioso site Croqueta Digital; también lo reprodujo el colega bloguero alcentroyadentro), adecuadas para una idea que estamos conversando con él y con el Lobo Estepario. Eduardo, que en la columna de comentarios del post anterior hace una articulado e imperdible defensa de la necesidad de un acuerdo de gobernabilidad, también incorpora allí otras frases del discurso.

Pero éstas acotaciones desordenadas, impulsivas, me parecen menos… políticas y más concretas. En un blog politizado como éste, quiero copiarlas:

* La inteligencia que le rinde a un país es la inteligencia distribuida.

* Necesitamos masificar la inteligencia, primero que nada, para hacernos productores más potentes. Y eso es casi una cuestión de supervivencia.

* Tenemos que recuperar aquel inconformismo y tratar de metérselo debajo de la piel al Uruguay entero….. les digo que el inconformismo que le sirve a un país es el inconformismo distribuido.

* Las inversiones en educación son de rendimiento lento, no le lucen a ningún gobierno, movilizan resistencias y obligan a postergar otras demandas. Pero hay que hacerlo.

* Y probablemente, inglés desde el preescolar en la enseñanza pública. Porque el inglés no es el idioma que hablan los yanquis, es el idioma con el que los chinos se entienden con el mundo. No podemos estar afuera. No podemos dejar afuera a nuestros chiquilines.

La buena fe es nuestra única intransigencia. Casi todo lo demás es negociable


Otra vez, la receta del Dr. K

Febrero 1, 2010

(Lo siento, compañero Kirchner. Sé que Ud. se recibió de abogado. Pero cuando se habla del Dr. K, uno se refiere al conocido estadista y criminal de guerra, Henry Kissinger).

Hoy Clarín publica su columna más reciente, y creánme, es de lectura obligatoria. No porque plantee allí nada demasiado nuevo. La estrategia que postula, la entente entre EE.UU. y China, la viene impulsando, en realidad, edificando, desde 1971. Y su concepción filosófica, la que ve la clave de toda política internacional benéfica y posible en la búsqueda de intereses y seguridades comunes entre las Grandes Potencias, es la que asumió desde que, como joven graduado, analizaba en “Un mundo restaurado” el momento en que Metternich y Castlereagh jugaban al ajedrez con la Historia.

Pero no es frecuente encontrar un análisis tan lúcido y preciso de los intereses a largo plazo del país, en este caso EE.UU., al que el autor sirve. Me permití hacer un extracto con los párrafos principales, para los apurados, para aquellos que no usan los links o para los amigos kirchneristas que han decidido renunciar, como en el bautismo, a Magnetto y todas sus obras. Luego, claro, agrego algunas observaciones mías:

China y EE.UU. deben aprender a caminar juntos y al mismo ritmo

Ambos países no están acostumbrados a alianzas estrechas o procedimientos de consulta que restrinjan su libertad de acción en aras de una probable igualdad. Les cuesta compartir el bastón de mando, pero su interdependencia es ya tan inevitable como contundente.

… Una gigantesca marea de liquidez, a la que se sumó la avidez de los Estados Unidos por los bienes de consumo, canalizó enormes cantidades de dólares hacia China y ésta, a su vez, se los prestó a Estados Unidos para que siguiera comprando.

China envió a docenas de expertos a los Estados Unidos e invirtió en importantes instituciones financieras estadounidenses para aprender los secretos del sistema que parecía producir un crecimiento mundial permanente con escaso riesgo.

La crisis económica hizo tambalear esa confianza. Los líderes económicos chinos han visto cómo el sistema financiero estadounidense sometía una década de sus ahorros a fluctuaciones potencialmente catastróficas. Para mantener el valor de sus inversiones en bonos del Tesoro y sostener su economía exportadora, China se ve obligada a conservar sus tenencias de esos bonos, que llegan casi a un billón de dólares.

La consecuencia inevitable de esto es la ambivalencia tanto en China como en los EE. UU. Por un lado, ambas economías se han vuelto cada vez más interdependientes. Para China, es de sumo interés que la economía estadounidense sea estable y, de ser posible, que siga creciendo. Pero China también tiene cada vez más interés en reducir su dependencia de las decisiones estadounidenses. … la inflación y la deflación estadounidenses se han convertido en pesadillas tan grandes para China como para los Estados Unidos.

… La propuesta del presidente del banco central chino de crear gradualmente una moneda de reserva alternativa es otro claro ejemplo de esto. Muchos economistas estadounidenses no toman en serio esta idea. Pero surge en tantos foros y China ha demostrado tantas veces que lleva adelante sus proyectos con gran paciencia que debería ser tenida en cuenta. Para evitar caer en políticas de confrontación, se debe acentuar la influencia china en la toma de decisiones económicas mundiales.

La definición cooperativa de un futuro de largo plazo no será fácil. Históricamente, China y EE.UU. han sido potencias hegemónicas capaces de fijar sus agendas de manera prácticamente unilateral. No están acostumbrados a alianzas estrechas o procedimientos de consulta que restrinjan su libertad de acción sobre la base de la igualdad. Cuando integraron alianzas, en general dieron por sentado que el bastón de mando les pertenecía y mostraron un grado de dominio no concebible en la sociedad chino-estadounidense que está surgiendo.

Para que este esfuerzo funcione, los dirigentes estadounidenses no deben sucumbir al canto de sirena de una política de contención tomada del libro de recetas de la guerra fría. China debe evitar una política que apunte a contrarrestar los supuestos propósitos hegemónicos de los EE. UU. y la tentación de crear un bloque asiático con ese fin. El enfrentamiento terminará por agotar a ambas sociedades en detrimento del bienestar mundial, como la Primera Guerra Mundial hizo con Europa. Los temas que sólo pueden ser abordados en el nivel global, como la energía, el medio ambiente, la proliferación nuclear y el cambio climático, demandarán una visión común del futuro.

Algunos, ubicándose en el otro extremo, sostienen que Estados Unidos y China deberían formar un G-2. Sin embargo, un órgano de gobierno chino-americano global y tácito no beneficiaría a ninguno de los dos países ni tampoco al mundo. Los países que se sintieran excluidos podrían caer en el nacionalismo rígido en el preciso momento en que se requiere una perspectiva universal.

El desafío más profundo … es lograr una visión común del orden mundial emergente. La hipótesis de que el fin de la recesión restaurará el sistema económico global que conocemos pasa por alto el cataclismo psicológico y político que se ha producido

La frase que coloqué al final está puesta por el Dr. K, acostumbrado a un sistema más clásico de pensamiento, al comienzo de su trabajo. Si yo la destaqué así es porque pienso que es la moraleja más importante – no la única – para los que no somos ni norteamericanos chinos.

En cuanto a la influencia real que los conceptos kissingerianos tengan en la estrategia yanqui, hace justo un año escribí en La receta del Dr. K, a propósito de otra de sus columnas y anticipándome a observaciones de Andrés el Viejo “Don Henry está alejado de los círculos de poder donde pisaba fuerte en la década del ´70. Los hombres que acompañaron la revolución reaganiana – hoy tan viejos como él – le desconfiaban (como el establishment argentino le desconfiaba a Frigerio). Demasiado inteligente, pensaban. Para sus herederos, los neocons que vinieron con Bush jr., era directamente un blando, que minaba con sus dudas intelectuales el proyecto del American Empire. Y los actuales ocupantes del poder, los Demócratas, tienen otros asesores, también más jóvenes y, me temo, más dogmáticos.

Esto no quiere decir que Kissinger ya fue. Su nivel intelectual y su conocimiento sobre como funciona el mundo supera largamente a la actual camada. Es posible que su mensaje influya a algunos tipos claves. Por eso es importante entenderlo.

El elemento principal para apreciar este planteo es darse cuenta que Kissinger nunca fue un globalista. Su formación europea tradicional, visible en todos sus escritos, muestran que para él los actores de la historia son las Grandes Potencias, aquellos estados nacionales cuyo poder y recursos les permiten precisamente ser sujetos de la historia, en lugar de ser solamente objetos, destino inevitable, para él, de los estados débiles. El doctor K ni siquiera toma demasiado en serio a la Unión Europea. En sus propias palabras “Cuando quiero hablar con Europa, ¿a quién llamo?”.

… No creo que haya posibilidades que esto se convierta en lo inmediato en la política del Gobierno Obama. Las Grandes Potencias – K lo sabe – tienen su inercia. Por ahora, Obama será un Clinton morocho, es decir, un Bush jr. con buenos modales. Pero si su política internacional no tiene éxito – y, esto ya es una opinión personal, no veo como podría tenerlo – Hillary dejará la Secretaría de Estado. El que venga puede tener bajo el brazo las recetas del Dr. K” Hoy siento que ese momento está más cerca que cuando escribí eso, el 3 de febrero de 2009


de Bogart a Lisbeth

Febrero 1, 2010

Después de leer 40 comentarios en el post anterior – los otros dos los escribí yo – siento necesidad de un cambio de aire (Està bien, son pocos para Artepolítica, por ejemplo, pero sus visitantes son licenciados en ciencias sociales, o en periodismo!).

Estuve leyendo esta nota de Leonardo Tarifeño en ADN, sobre el personaje de la trilogía de Stieg Larsson, Lisbeth Salander. Raro, porque no soy de engancharme con suplementos literarios, aunque éste lo dirija el lúcido Fernández Díaz, y mis gustos en novelas policiales son muy tradicionales: Michael Innes, Allingham, o las recreaciones que hace Guillermo Martínez…

Pero este crítico logró transmitirme – a mí, que no leí ninguna de las tres novelas – la atmósfera y la historia del héroe solitario y escéptico que lucha contra el Sistema, el verdadero corazón de la novela negra que crearon Hammet y Chandler y que casi todos los autores argentinos hicieron suya. Y realmente es interesante cuando el Sistema es un Estado de Bienestar tan “políticamente correcto” como el sueco. Se me ocurre que quizás Ana C., de Finanzas Públicas podría agregar algo, ella que trabaja allí.

Hay algo especial en esta historia: el “héroe” es  una mujer, una hacker inteligentísima, vengativa, bisexual y absolutamente fascinante. Y Tarifeño también transmite en su crítica esa fascinación.

Lo que me dejó pensando es lo que digo en el título. Lisbeth Salander – que no es una figura nueva; Molly, por ejemplo, en Neuromancer, a principios de los ´80, era muy parecida. Pero eso era literatura cyberpunk; no bestsellers – ocupa el lugar imaginario, creo, que ocupaban personajes tan masculinos como Sam Spade, o Rick, el de Casablanca. The times, they are a-changin´


“Gobierno de unidad nacional” y fantasías de verano

Enero 28, 2010

Después de algunos días de abstinencia, un vistazo a la blogosfera politizada me ha dejado un poco sorprendido. Está bien, no llegan – por supuesto – al nivel de tremendismo de las tapas de Clarín (vieron la de ayer?) y LaNación, o, con un toque más sofisticado, las de Pág. 12. Que están justificadas: en enero no es tan fácil lograr que les presten atención.

Pero que los blogs se tomen tan en serio las escaramuzas y las especulaciones de verano… No puedo atribuirlo, como Miguel Wiñazki, a los cibermilitantes pagos del kirchnerismo (es sabido que los columnistas de Clarín donan sus emolumentos a un fondo para huérfanos). Es cierto que la hinchada K siempre encuentra motivos para celebrar en sus posts el liderazgo de Cristina y atacar la infinita maldad de la Derecha, y se hacen casi tan repetitivos como algunos blogs antikirchneristas.

Pero lo que quiero marcar aquí es que tipos reflexivos y buenos analistas están encarando como si fueran estrategias más o menos estables lo que, me parece, son escaramuzas, posicionamientos, repliegues o fantasias típicas de un año anterior al de una elección importante. Espero que no piense que es con mala onda si tomo como ejemplo, entre muchísimos, al ingeniero Sbariggi, cuando le da, creo, demasiada bolilla al análisis de Rosendo Fraga en LaNación sobre el “dilema de Cobos” “El mejor cuadro de la derecha analiza las alternativas que tiene, le aconseja que se quede y como solución al “dilema” le aconseja el “gobierno de unidad nacional” propuesto por Duhalde“.

Con el respeto debido, estimo que aquí se está sobreestimando a Cobos, a Duhalde y, seguro, a Rosendo Fraga.  Ambos precandidatos son actores importantes dentro de sus respectivos espacios, el panradicalismo y el peronismo antikirchnerista. Pero todavía deben ganar allí. Y ningún acuerdo – público o secreto – entre ellos les acerca un solo paso a sus respectivas metas, en todo el año 2010.

Con esto no quiero decir que un acuerdo peronista radical, como el tácito que permitió aprobar la reciente reforma política, no sea un camino transitable en la política argentina. Es más, voy a confirmar mi heterodoxia diciendo que puede ser una estrategia política correcta para la gobernabilidad. Pero, si las circunstancias la aconsejan, la puede llevar adelante – en el peronismo – Duhalde, Kirchner, Urtubey o Mongo Aurelio. Y los posibles actores radicales son casi tan diversos. Lo único cierto es que hoy no es una política posible, porque nadie, en ninguno de los dos partidos, puede llegar a su cima aliándose al rival tradicional. Son las reglas de juego de la política.

Un “gobierno de unidad nacional” sólo puede ser, ante una situación financiera ajustada pero manejable y una coyuntura económica relativamente propicia, si se considera la situación de muchos otros países, una fantasía “destituyente”. Seguramente hay sectores de la población bastante enojados con los K para entretener esa fantasía, y sin duda hay intereses concretos que les gustaría transformarla en realidad. El “caso Honduras”, la situación de Lugo en Paraguay, la hacen menos increíble. Pero la realidad argentina sigue siendo poco propicia para el asunto.

Ningún gobierno posible dejaría contento a todos los intereses, ideales y broncas que hoy se oponen a los K. Sin hablar – pero es imposible no tomarlos en cuenta – de quienes hoy los apoyan. Y no hay un poder hegemónico capaz de contener a los que queden afuera. Justamente, el proceso preelectoral que vamos a transitar durante los próximos veinte meses, si sirve de algo, es para que el apoyo popular que los candidatos despierten y los necesarios acuerdos políticos de las diversas fuerzas (re)construyan nuevas legitimidades, oficialista y opositora.

Hago hincapié en esto porque también creo que esos dos referentes de la blogosfera peroniana, Artemio López y Manolo Barge, están simplificando demasiado, a mi modo de ver, el asunto de la identidad opositora. Como decía, en junio del 06!, todavía está por construirse la oposición a este oficialismo, una alternativa real de poder.

Hasta ahora, ser opositor ha sido fácil. Además de los errores que Kichner cometió, sigue teniendo la iniciativa política y así hace fácil unirse en contra de lo que propone. Artemio, neomarxista, encuentra la clave de esa unión en los intereses agrofinancieros mediáticos, como en algún momento los bautizó. Manolo, neojauretchiano, la ubica en la mentalidad de la clase media argentina que necesita diferenciarse de los de abajo, los negros peronistas. Ambos, se me ocurre, tienen parte de razón.

Pero me parece que Argentina es una sociedad muy compleja, con liderazgos políticos débiles, y a medida que en la oposición se vislumbra la posibilidad de llegar el gobierno, sus intereses, y sus ambiciones, entran en conflicto. El liderazgo de Kirchner tendría que tener, para unificarlos en su contra, la fuerza y la peligrosidad para todos esos sectores que tuvo en su momento el de Perón. Y digamos que le falta bastante (Y aún en el ´55, Mario Amadeo y Solano Lima ya hacían miraditas cariñosas hacia la cañonera paraguaya).

Ese, insisto, es el proceso que recién ahora comienza. Y no tiene porque ser rápido, a pesar de la impaciencia argenta. Este año, salvo que K cometa un error estratégico colosal, como el que cometió – esa sóla vez (ningún otro, ni jugarse y perder en la elección de Buenos Aires, tuvo esa magnitud) – en el enfrentamiento con las patronales agropecuarias, seguirá teniendo un poder decisivo.

Porque el poder del Estado nacional es clave en Argentina. No sólo para la clase política, los funcionarios, los empleados, los asesores, los gobiernos locales y sus dependientes… Muy pocas empresas, muy pocos sindicatos pueden prescindir de sus recursos y de su intervención. Ninguna puede ignorarlo. Eso sí, es un poder “taxi”: hoy es un poquito menor que ayer, y mañana será un poquito menor aún. No depende de la simpatía popular que el gobierno, teóricamente, pueda recuperar, como tampoco se lo quita las adhesiones que perdió.

Es el poder de las expectativas, y a medida que las fechas electorales se acercan, los políticos, y el pueblo, miran hacia el futuro, y a quien pueda convencerlos que pasa por él. Es dolorosa la soledad de los últimos meses en los despachos que no se renovarán…

Los próximos meses van a estar llenos de ruido político, qué duda cabe. Por lo menos tanto como lo ha sido enero. Pero falta más de un año para las instancias decisivas. Les propongo que prestemos atención, y pensemos si podemos participar, en un proceso más lento y menos visible, cuando la sociedad define qué es lo que quiere.

Hace un poco más de diez años, la gran mayoría de los argentinos pensaba, con satisfacción o con bronca, que las consecuencias de las políticas de Menem eran irreversibles (bueno, en cierta forma tenían razón) y que lo que había que decidir era si se necesitaban reformas económicas que aliviasen el corsé de la convertibilidad o reformas políticas que disminuyese la corrupción. Y en las elecciones del ´99 una mayoría se inclinó por lo segundo (Simplifico. Pero no mucho). Los hombres que encarnaron esas opciones, y la confianza que supieron o no despertar, De la Rúa, Duhalde, Chacho, fueron importantes, cómo no. Pero piensen en que era fundamental lo que la sociedad creía que era posible.

Hoy se está elaborando, en silencio, en el interior de los argentinos, eso mismo.