Visitando el blog de mi amigo Artemio Lopez – hace algun tiempo que no lo hacia; su imperturbable optimismo me despierta algo de temor supersticioso – veo que la irracionalidad en el discurso politico que estaba comentando en mi posteo anterior tambien llamo su atencion, y publica un agudo y breve analisis de otro amigo, Eduardo Di Cola, sobre, justamente, la Violencia Rivas de la politica local, Patricia Bullrich y su descubrimiento de la “violencia semantica”.
Ahora, la Pato es, para bien y para mal, una politica profesional. Puede haber explicaciones sicologicas para el tremendismo de la Dra. Carrio – que tambien es una politica de raza, como no – pero en el caso de P. B. no caben dudas: si enarbola ese discurso es porque percibe un publico que lo reclama. Y – significativamente – apunta al discurso de la militancia K – dirigido en primer termino a su propia gente, para fortalecer sus convicciones y uniformar su discurso, como en toda fuerza politica – para decir que esa “violencia semantica” lo hace el “otro lado”, y justifica la suya.
Entonces vemos que al gobierno K se lo ataca y se lo defiende por casi todos los voceros – con escasas excepciones, entre ellas este humilde blog – como si fuera el chavismo, en vida de Chavez, o el peronismo de los primeros gobiernos de Peron. Y no lo es.
No estoy hablando, ojo, de sus politicas economicas o sociales (que tampoco son las mismas, pero eso es obvio y otra historia, ademas). Me refiero a algo mas basico, el poder.
El gobierno de la Dra. Cristina Fernandez no tiene fuerzas armadas, convencionales o no, comprometidas ideologicamente con el. No cuenta con un movimiento obrero movilizado en su apoyo. Tiene en el Poder Judicial la influencia habitual que tienen habitualmente los Poderes Ejecutivos en la mayoria de los paises (y ciertamente menos que muchos gobiernos provinciales, entre ellos el de la Provincia de Buenos Aires), pero ni la Corte Suprema ni la gran mayoria de los jueces son incondicionales suyos. Cuenta con la adhesion de la mayor parte de los gobernadores, pero todos sabemos que esta condicionada, es inevitable, por sus propios intereses.
Cuenta, eso si, con el apoyo, por lealtad y por interes, de la mayor parte, por lejos, de los aparatos territoriales del Partido Justicialista (la ultima eleccion lo demostro muy claramente). Pero los sectores mas comprometidos con su liderazgo personal, los movimientos sociales y los grupos de juventud – en particular La Campora – no son hegemonicos en ningun distrito… todavia.
Tratar de identificar a Cristina con Semiramis es, entonces, un delirio absurdo. Su poder descansa en su habilidad en el manejo de los recursos del Estado nacional – que no es tan rico como el venezolano y mucho menos eficiente que el frances – y, mas decisivo en el largo plazo, en la legalidad y en el voto popular. Exactamente lo mismo puede decirse de Dilma o, para el caso, de la Merkel.
Por eso creo que lo que provoca esa percepcion tan … paranoica sobre la Presidente es porque aparece como la protagonista hegemonica, casi excluyente, del escenario politico argentino. Es lamentable, pero en el caso de sus partidarios, de una identidad politica sin estructuras partidarias permanentes y una tradicion de verticalismo, es explicable. Aun mas para sus funcionarios, “a tiro de decreto” en un pais donde la politica es, en muchos casos, una salida laboral muy bien remunerada.
Que ese protagonismo tan absorbente sea una realidad tambien para los opositores, es imperdonable. Pero es asi: la oposicion se identifica, y trata de unirse, a partir del enfrentamiento, total y sin matices, con el gobierno actual. Personalizado en la Presidente. La consigna de la apresurada propaganda de un precandidato muy visible, Francisco de Narvaez, lo mostro con claridad “Ella o Vos” (lo que pretende decir, claro, “Ella o yo”).
Creo que esta realidad merece un analisis mas profundo que las alusiones al quiebre de los partidos tradicionales en 2001 (mas de una decada atras) con que a menudo se trata de explicarla. Tratare de aportar algunas ideas – cuando tenga tiempo de desarrollarlas. Por ahora, me limito a destacar esta limitacion se aplica tambien a las oposiciones, sucesiones o alternativas que se empiezan a esbozarar en el seno del peronismo.
Esto es evidente en el caso del actual ensayo de constituir un “peronismo disidente” que reune a De la Sota, Lavagna, Moyano y dirigencia de la Provincia de Buenos Aires. Que enfatiza una identidad peronista pero no ha desarrollado, todavia al menos, una critica diferenciada de la del resto de la Oposicion.
Pero tambien puede decirse, con argumentos, de lo que aparece dentro de la coalicion oficialista. Por ejemplo, el gobernador Daniel Scioli. Que ha anunciado que – si Cristina no puede ser reelecta- el esta dispuesto a ser candidato presidencial. O el intendente Sergio Massa – al que sus partidarios ven como una alternativa joven y promisoria. Pero ninguno de los dos – diferentes como son sus estilos y sus planteos – han dado un contenido nacional propio a sus discursos, mas alla del tacito y obvio que no son Cristina Fernandez. Es decir, que ofrecen sumar a los peronistas que han votado esta experiencia kirchnerista (o a la mayoria de ellos) los votos de quienes estan irritados o desilusionados de lo K.
No es un mal argumento politico, para un movimiento que – naturalmente – esta interesado en vencer. Pero uno se pregunta si alcanza.
De todos modos, puede verse como un caso para mi vieja discusion con otro sabio amigo, Manolo Barge. En su ultimo posteo, responde a la primera parte del mio remarcando la necesidad de partidos nacionales, de fuerzas politicas en serio. Que son, hoy y aqui, el peronismo y, a pesar de todo, el radicalismo.
Es muy cierto. Y estoy completamente de acuerdo con el, aunque a veces pienso que exagera en algunos desarrollos teoricos. Pero… los partidos son necesarios, pero no son suficientes. Los liderazgos, capaces de conducirlos y, a la vez, renovarlos con planteos actualizados a las necesidades de los tiempos, tambien hacen falta. O, como decia metaforicamente un viejo dirigente, se necesita “el oleo sagrado de Samuel”.
Escrito por Abel B.