Hace dos semanas comentaba en un post de Artemio López (uno de mis rarísimos comentarios, en los últimos meses; apenas si tengo tiempo para escribir en mi blog) “Me parece que vuelve a ser muy audible, entre los que “adversan”, como vos decís, la minoría intensa anti K.
Nunca desapareció, evidentemente. Pero, te repito, mi impresión es que en los últimos meses ha vuelto a ser… muy intensa.
No estoy hablando de los intereses que se oponen a las políticas del gobierno. Ahí, como decía el gran adversario de la Familia Corleone, Don Barzini “nothing personal, just business”. Ni tampoco de los políticos opositores.
Pienso en el sector social tradicionalmente antikirchnerista. Y antiperonista. Lo noto más enconado“.
He estado pensando en esto, especialmente a raíz de los comentarios en uno de mis posts más recientes. Como de costumbre, trataré de precisar mis términos. No voy a decir que en realidad no hay tanta diferencia entre unos y otros (no es cierto) y que deberíamos tratarnos bien (Recuerden que en El Padrino III, el componedor Don Altobello es el villano).
Además, en mi generación solía ser frecuente que las diferencias políticas terminaran en muertes. Argentina está mucho más civilizada que 40 años atrás.
No, el odio no me sobresalta especialmente. Pero creo que – como todo lo que tiene que ver con los seres humanos – puede considerarse desde la política, en sus consecuencias para el gobierno de la sociedad. Este fenómeno – lo que llamaría “opositores personales” – no es nuevo, pero merece ser tomado en cuenta.
Algo que leí hoy en LaNación me ayudó a tenerlo más claro. La nota de Beatriz Sarlo, El patriotismo despótico. La profesora Sarlo es una tenaz y consistente opositora de este gobierno. En sus escritos, además, ella cuestiona no sólo al “kirchnerismo” como la versión actual del peronismo, sino a estilos permanentes de esa identidad política.
En ese mismo artículo – donde argumenta muy bien y con justicia contra algunas perversiones del sentimiento patriótico - deja claro que mira con desconfianza al patriotismo en sí. ”No convalidar el nacionalismo malvinero“, por ejemplo, es una de sus recomendaciones (Algunos comentaristas, desde ideologías muy distintas de la de Sarlo, dicen lo mismo. Pero esa es otra historia).
Tomo este ejemplo porque en ese mismo texto Beatriz Sarlo elogia a la Presidente por su prudencia para manejar el tema Malvinas y, en particular, por decidir la publicación del Informe Rattenbach. Bueno, una actitud como ésta es inconcebible en un “opositor personal”. Todo lo que hicieron y hacen los Kirchner – indistintamente Néstor y Cristina – es Malo, y si algo aparece como bueno o acertado, lo han hecho por motivos corruptos, y por lo tanto es un engaño.
Me parece que hay que distinguir este sentimiento del que se encuentra en hombres y mujeres politizados. Ahí los enconos anti K más ardientes surgen de tres sectores principales: los identificados con el viejo partido militar, los católicos tradicionales, y buena parte ¿la mayoría? de los peronistas tradicionales (entre los que no tienen cargos importantes, claro). Son naturales y lógicos: estos sectores han sido desplazados por el aluvión K de los que consideran sus legítimos cargos en el Estado o lugares de influencia.
Uno puede encontrar muchísimas muestras de este otro odio al que me refiero, (“metapolítico”) - y de su contrapartida – todos los días, en los foros online de los diarios LaNación, Perfil, muchos otros lugares, expresándose con mucha mayor virulencia y menor capacidad de razonamiento que aquellos comentaristas politizados cuyos ataques autorizo en mi blog.
Atención: tal vez esa visita a las cloacas de la Red pueda dar una visión exagerada del número de esas manifestaciones. Sospecho que muchos de los comentarios simplemente reflejan el desahogo anónimo, e impotente, de las frustraciones de los que sienten que no pueden cambiar su pobre realidad. Pienso eso porque en los foros de las noticias de la farándula – triviales como son - se encuentran el mismo tipo de comentarios agresivos e insultantes. Y uno no puede dejar de exclamar “¡Qué pajeros!”.
De todos modos, el fenómeno existe. Y se identifica fácilmente cuando la agresión está bien articulada y argumentada. Ahí se ve que es algo más que un desahogo. Por supuesto, cuando dialogan, los op. pers. justifican su ataque con una enumeración de los crímenes K. Uno – que no tiene una gran fe en la bondad intrínseca de los dirigentes políticos – puede aceptar que algunas acusaciones sean ciertas, pero no encuentra ninguna que no se pueda atribuir, con indicios no menos sólidos, a cualquiera de los gobiernos constitucionales que hemos tenido (De los otros no hablemos).
Los op. pers. retrucarán de inmediato que los K son especialmente malvados y corruptos. Y uno se pregunta la razón de esta distinción especial.
En los últimos 30 años, sólo puedo encontrar otro Presidente que suscitó este tipo de odio, en otros sectores sociales (pero con alguna superposición con los anti K): Raúl Alfonsín (El caso de Carlos Menem es diferente – o eso me parece a mí: salvo los directamente perjudicados por su política – que fueron muchos – la bronca general de la sociedad con él se manifestó después que se percibió que su proyecto – el ingreso al Primer Mundo – habia fracasado. El siempre se mostró como un “winner”, y los argentinos no aguantan a un “loser”).
Alfonsín, muy diferente a los Kirchner en la maýoría de las coass, se asemejó en algo: Su gestión acompañó un cambio cultural gigantesco. La política y la sociedad argentina no fueron las mismas después de su gobierno. Los cambios culturales ya producidos en los años Kirchner- aunque ahora no los podamos medir con claridad – han sido tan o más grandes que aquellos.
Escrito por Abel B. 

