2600 millones de personas y 380 armas nucleares

septiembre 14, 2017

Puse como titulo la primera frase del informado (como siempre) articulo de Fredes Castro para poner en contexto nuestros enfrentamientos actuales. NO estoy diciendo que no son importantes: son los nuestros, y por eso nos importan.

Pero noto en muchos corresponsales, visitantes, y, sobre todo, comentaristas en el blog, una necesidad desesperada para que se sepa que el Otro es el Mal Absoluto, y el 22 de octubre se juega el destino de la humanidad, o por lo menos de nosotros. Por mi parte, creo que no. El Otro es bastante malo, por cierto, pero el 23 de octubre no se va a evaporar, ni tampoco va a sumar todo el poder, cualesquiera sean los resultados. Como el 13 de agosto, es otra escaramuza previa a la batalla de 2019.

Pronto voy a estar inmerso en nuestras internas, como no, y pienso adelantar algunas notas sabrosas que me enviaron. Mientras, les invito a informarse de una pulseada, discreta y medida, entre dos gigantes, que pone en su contexto tambien al ruido en torno a Corea del Norte, el Kim y el Donald.

2.600 millones de personas y 380 armas nucleares. Estas cifras, concernientes a las poblaciones y armamentos de India y China en conjunto, dan cuenta del interés que mereció en estos países la contienda de Doklam (o Donglang, en la acepción china), que tensionó la relación de sus fuerzas militares durante 70 días. Sorprendentemente, no generó gran cantidad de titulares, columnas y editoriales gráficos y audiovisuales en el resto del orbe. La disputa fue parida por el tendido de un camino al oeste de Bután por trabajadores chinos, que fue detenido por tropas indias. Finalizó cuando las diplomacias intervinientes acordaron retirar tropas y paralizar la obra.

Desde el punto de vista de India se restableció el status quo previo al conflicto. Efectivamente, no pudo China completar una estrategia que suele partir de obras físicas (las islas artificiales del Mar del Sur de China son emblemáticas) para avanzar hacia negociaciones bilaterales en las que imponen su envergadura militar y económica. De acuerdo a Rajeev Chandrasekhar, vicepresidente de la Alianza Democrática Nacional (coalición de partidos que lidera el primer ministro Narendra Modi), el conflicto reveló una nueva India, mucho más asertiva, con aptitud y voluntad de afirmar su hard power de ser necesario: “La democracia más grande del mundo y economía de más rápido crecimiento ha empezado a creer que su lugar en el planeta y en Asia no depende de ningún país, sino de su propia confianza y convicción”. Con él coincide un editorial del Times de India, que alentó a Vietnam, Mongolia, Singapur y Japón a imitar esta resolución y resistir el avance chino, y a Filipinas a revisar su reciente reacomodamiento.

Los chinos contestan que fueron los soldados indios los que tuvieron que retirarse del territorio cuya soberanía disputan con Bután (nunca hubo una invasión a territorio indio). Es cierto que los chinos paralizaron la construcción de la ruta de la discordia, pero no lo es menos que mantendrán los patrullajes en la zona. Por otro lado, China confirmó el desinterés norteamericano en involucrar su ingeniería militar a favor de Delhi (cosa que también registraron los aliados asiáticos de Washington). Con seguridad que Trump rechazó una participación susceptible de producir un antecedente de impredecible porvenir con vistas a las decenas de disputas territoriales que Beijing mantiene con India y muchos otros países. De intervenir ahora, ¿cómo negarse en el futuro? Suficientes dolores de cabeza produce la situación norcoreana para multiplicar potenciales frentes de conflicto.

Las fronteras

 Se puede conjeturar que una debilidad china, sus diversas diferencias fronterizas, no despierta en la potencia americana los reflejos de costumbre contra el pretérito rival soviético, con quien mantuvo una Guerra Fría en sus territorios más íntimos, pero que calentaba en auténticas batallas en las respectivas periferias. Los estadounidenses saben que no es conveniente provocar al Dragón comunista, que identifica sus demandas soberanas con la legitimidad del propio Partido, y tal vez carecen del ímpetu de aquéllas décadas (¿magia de una codependencia económica que no existía con el Moscú imperial?).

La pícara advertencia china, acerca de la continuidad de las tareas de vigilancia y patrullaje en el espacio disputado, más que confirmar su pretensión territorial está dirigida a distraer recursos del Elefante democrático, que deberá distribuirlos en los sensibles puntos de la extensa frontera que los separa. Esto impone una racionalización que descuidará progresos indios en las estratégicas aguas del Océano Índico y en las defensas contra Pakistán, cuyo territorio ampara el Corredor Económico Chino Pakistaní (CECP), sendero clave de la Iniciativa Un Cinturón-Un Camino, para conectar Xinjiang con los puertos de Karachi y Gwadar y las rutas de navegación vinculadas al Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz.

Dharminder Kumar, editor de The Economic Times, uno de los principales periódicos de negocios de la India, sostuvo que la de China es una conjura destinada a anular el esfuerzo indio para boicotear la finalización de la Iniciativa Un Cinturón-Un Camino. La maniobra responde al “bombardeo quirúrgico” del 2016 en la Cachemira ocupada por Pakistán y al apoyo de Narendra Modi a los rebeldes de Baluchistán, que disputan al gobierno pakistaní el control de la provincia más grande de este país. El CECP, que atraviesa la Cachemira pakistaní, no sólo proporcionará un acceso más corto y barato a los mercados de Asia, África y Europa, también suprimirá la posibilidad india de cortar los suministros chinos a través del Océano Índico. India, sugiere Kumar, actúa para cristalizar esta ventaja, para lo cual el CECP no debe completarse. “Al involucrar a la India en Doklam, China aparta a los militares indios de la frontera paquistaní y reduce la amenaza al Corredor”.

Los puertos

Los puertos de Karachi y Gwadar configurarán puntos de apoyo de una proyección marítima que incluye la recientemente inaugurada base militar de Djibouti en el Cuerno de África, la primera de China en el extranjero, en la que residirán 10.000 soldados. En esta plaza estratégica ya poseen centros operativos similares Estados Unidos, Francia y Japón. Puertos y base forman parte de la Estrategia de Dos Océanos, cultivada por el imaginario comunista desde el 2005 aproximadamente, que subraya la importancia de fortalecer presencias en los océanos Pacífico e Índico. La Armada del Ejército Popular de Liberación cumple con una función securitaria-económica en la Iniciativa Un Cinturón-Un Camino, como custodios de las líneas de comunicación marítimas por las que se movilizan las mercancías y los recursos energéticos que interesan a China, habilitantes de la marcha económica que da legitimidad al régimen político. Estabilidad y legitimación política, vitalidad económica y autonomía comunicacional no pueden permanecer expuestos a las sanciones económicas de los contradictores de turno, de ello debe ocuparse la Armada del Ejército Popular.

India replica con una contribución de 500 millones de dólares para el desarrollo de un Corredor de Transporte y Tránsito vinculado al puerto iraní de Chabahar, que se ubica en la frontera entre el Océano Índico y el Mar de Omán, y a escasos 100 km de de Gwadar. Esta decisión brindará a Afganistán acceso marítimo a la India, y a la segunda salida a Asia Central, en ambos casos evitando a Pakistán. La entente de Delhi con Irán y Afganistán, sobra decir, despierta malestar en los círculos militares de Islamabad y es apreciada con recelo por Beijing.

Parroquiales

Muy ruidoso fue el silencio en el que se refugiaron las autoridades del Reino de Bután, verdaderamente llamativo si tenemos en cuenta que India entrena y paga los salarios de sus soldados, además de proporcionar a su economía más de 500 millones de dólares al año en ayudas de todo tipo. Pese a que Bután carece de relaciones diplomáticas con China y aplica una política exterior mucho más que afín a India (hasta el 2007, por un acuerdo celebrado en 1949, era determinada por India) sus funcionarios procuraron evitar pronunciamientos definitivos. Es posible que exista alguno en las elecciones que celebrarán en octubre del 2018, en las que se debatirán las relaciones con ambos gigantes asiáticos.

El Gran Dragón comunista nunca explicó para qué construía el provocador camino en Doklam. ¿Lo hizo para incrementar el modesto comercio de las hierbas curativas que el campesinado de Bután traslada en los formidables, pero limitados, yak para su venta en los pueblos chinos? Por el contrario, el territorio disputado es de una relevancia logística vital para India, por comprometer el Corredor de Siliguri, conocido como “cuello de gallina”, breve istmo de 21 km de ancho que comunica los estados del noreste de la India con el resto de la geografía nacional, cuyo dominio por China es asunto largamente temido por los indios, de allí la “generosidad” con que amparan las necesidades butanesas. Difícil es argüir que la respuesta india a los provocadores trabajos iniciados por los chinos estuvo fuera del cálculo de los últimos. Cabe suponer que las contiendas entre Estados-civilizaciones no improvisan estrategias que subestiman a un rival milenario.

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Macri y Cristina: la tormenta (im)perfecta

septiembre 13, 2017

Antes de salir de viaje, vi mucho material sobre el tema de las PASO (como todos nosotros, los politizados). Pienso que algunos estaban sobrevalorando una aparente consolidacion de Cambiemos, bah, del proyecto Macri. Otros, mas militantes, repetian lo que habian dicho antes: que el adversario era Malo y Neoliberal. Y se quedaban en eso. Esto de Fernando Manuel Suárez, en Nueva Sociedad, me parece un resumen inteligente, antes de octubre. Lo comparto. Como pueden notar, solo agrego el (im). En este mundo no hay nada perfecto.

Al margen de haber sido objeto de duros embates –y algunas aisladas defensas– durante la breve campaña, los resultados de las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias de la Argentina darán mucho que hablar. Los análisis y conjeturas ya esplendieron durante la noche del recuento, siempre afectos a las conclusiones apresuradas y la necesidad de sobreinterpretar unos resultados que, a diferencia de lo que ocurre con las elecciones generales, no tienen todavía ningún efecto sobre la distribución de escaños. Al margen de su funcionalidad para dirimir candidaturas, las PASO, como muchas veces se ha dicho, operan como una encuesta a cielo abierto. Los resultados, si bien no concluyentes, preanuncian un escenario posible para las elecciones generales y, necesariamente, fuerzan a los candidatos a reorientar su estrategia sobre un dato fiable de la distribución de preferencias del electorado. Las interpretaciones de esos resultados son un capítulo aparte dado que, al margen de los datos concretos, los contendientes –y sus escribas– optarán por aquella que consideren más eficaz para consolidar sus propios apoyos y alentar cierta transferencia de votos a su favor. El discurso exitista o derrotista (para atemorizar) se agitará según conveniencia, independientemente de la posición final en las PASO –aunque con márgenes variables en función de ésta.

En ese panorama, el éxito en términos globales de la alianza Cambiemos parece incontestable, sin dudas se trata de la consolidación de esta coalición como fuerza de alcance nacional y, en cierto modo, un contundente respaldo para el gobierno encabezado por Mauricio Macri. La gran ganadora parece ser la incombustible Elisa Carrió, su candidata en la Capital Federal, quien no solo se impuso con un margen de más de 30 puntos porcentuales sobre su inmediato perseguidor proveniente del kirchnerismo y ligado a la gestión de la ex presidenta, sino que lo hizo sin hacer prácticamente campaña en su distrito –privilegiando el acompañamiento a los candidatos bonaerenses– y con un significativo avance en su predicamento dentro de su propio espacio político de pertenencia. El triunfo apabullante en el bastión capitalino fue acompañado por una serie de victorias, más o menos contundentes, a lo largo y ancho del país, algunos esperables (Córdoba) y otros sorpresivos por su impacto (Santa Cruz y San Luis, gobernadas por kirchneristas y peronistas). El apresuramiento en reconocer triunfos ajustados en distritos claves como Santa Fe (donde el socialismo gobernante quedó tercero y la elección se disputó con el kirchnerismo) o provincia de Buenos Aires, en un recuento de votos que generó cierta suspicacia, fue el único punto gris para el oficialismo nacional.

La elección para el peronismo (más o menos kirchnerista) tuvo como foco de atención la candidatura de su figura más rutilante –aunque ya no claramente líder indiscutida–, Cristina Fernández de Kirchner, en el distrito más importante del país. El recuento minuto a minuto suspicacias mediante, el virtual empate técnico con Esteban Bullrich, el deslucido candidato oficialista que en las últimas semanas de campaña tuvo una serie de salidas de tono «por derecha» que se escaparon de la «narrativa amigable» oficial del macrismo, y un peculiar discurso triunfalista ya pasadas casi cuatro horas del día lunes, fueron las postales de esta elección que se presentaba como la madre de todas las batallas. La posibilidad del triunfo por escueto margen en la provincia de Buenos Aires o Santa Fe no ocluye la mala elección del peronismo en general –con escasas excepciones–, o, mejor dicho, la contundencia del triunfo del macrismo. Sin embargo, el peronismo sigue siendo por lejos la segunda fuerza del país, aunque con el imperativo de dirimir la fragmentación interna y reordenarse de cara a 2019, aunque queda por verse cuánto de kirchnerismo tendrá esa fórmula –que puede resultar fallida– de unidad. Para las elecciones generales se puede intuir que la fórmula será la misma que hasta el momento: agitar los fantasmas del ajuste económico para alentar la polarización y favorecer el traspaso de votos en su favor.

Esta fue una elección en términos generales mala para aquellos espacios dispuestos a saltar, evitar o desmentir la mentada «grieta». Ni Lousteau – el candidato del progresismo liberal en la Capital-, ni Massa – el candidato peronista «centrista» – en provincia, ni el Frente Progresista en Santa Fe – conducido por el Partido Socialista, opositor tanto al kirchnerismo como al macrismo – pudieron hacer mella en la polarización, y se llevaron a casa un tercer puesto con gusto a muy poco. Para colmo de males tendrán la dura tarea, sobre todo en los últimos dos casos, de conservar su caudal electoral en un escenario de mucha paridad y discursos beligerantes. La fragmentación extrema y los malos resultados en distritos claves han llevado al espacio de centroizquierda progresista a una situación crítica que, para algunas lecturas pesimistas, ya lo deja al borde de la extinción. Como contraparte, el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) de inspiración trotskista ha ratificado su consolidación como fuerza de alcance nacional, pero evidenciando cierto estancamiento en su sostenido crecimiento electoral de los últimos años. Sin embargo, es de esperar que el FIT canalice algunos votos en las elecciones generales de la miríada de fuerzas de izquierda y centroizquierda que no lograron vulnerar el piso impuesto por la ley electoral en las PASO.

Las conclusiones que se pueden obtener de estas PASO son varias, pero deben ser enunciadas con cierta prudencia. La polarización electoral fue ratificada, así como la primacía de la coalición oficialista. Las fuerzas que conforman Cambiemos, en especial el PRO – el partido del presidente Mauricio Macri—, de mantenerse estos números obtendrá una renta nada desdeñable, más si se tiene en cuenta que este éxito debe ser contrastado con los resultados de la elección de 2013. Los opositores, en especial el kirchnerismo, pondrán énfasis en el más de 60 % del electorado que, en términos desmañadamente binarios, «rechazó» la oferta del oficialismo. Renglón aparte merece el análisis de la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner y el balance de sus resultados. Más allá de si finalmente se impone o no en las PASO bonaerense –en cualquier caso será por un módico margen–, daría la impresión que su candidatura favoreció el «efecto de frontera» que el oficialismo constituyó –y explotó hasta el cansancio– como su eje discursivo. Se sospechaba que la candidatura de CFK podía ser la tormenta perfecta, aunque parece que las víctimas del naufragio no fueron del todo los esperados.


Trump y la globalización

septiembre 12, 2017

Con su capital político lastrado (la aprobación de Trump ronda el 35 %, un desplome sin precedentes a tan poco tiempo de haber asumido), resulta difícil pensar en este momento que tendrá posibilidad de buscar dar valores concretos al lema “América primero”, de intencionales resonancias aislacionistas, con el que se impuso en las elecciones. Pero esta prematura crisis de Trump, y un eventual fracaso de su gobierno, no permite asegurar que se calmará el mar de fondo que lo puso en el poder en primer lugar.

El big business ante el “América primero”

Leo Panitch y Sam Gindin analizan en La construcción del capitalismo globa, cómo el Estado norteamericano fue clave para establecer y sostener el orden mundial de posguerra, y la internacionalización a ritmo redoblado desde los años ‘80. La reducción de barreras para la circulación de capital en todo el mundo y la apertura de nuevos espacios para la valorización, se lograron mediante una agresiva intervención de los EE. UU. y el resto de las potencias imperialistas, apoyada en organizaciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) y la Organización Mundial del Comercio que lo reemplazó en 1994.

La internacionalización de las últimas décadas tuvo como novedad que produjo una estructura productiva internacionalizada.

Las empresas trasnacionales descompusieron la cadena productiva, radicando cada eslabón en aquellas locaciones donde los costos o el acceso a los mercado u otro factor lo hicieran ventajoso, dando lugar a las Cadenas Globales de Valor (CGV). Como señala François Chesnais, estas corporaciones desarrollaron …un “espacio” global integrado marcado por una complicada malla de “mercados internos” asegurando el flujo de productos, know-how, recursos financieros y en menor medida de personal dentro de los límites de la corporación […] Los “mercados internos” de las empresas trasnacionales se extienden por encima de los límites nacionales y esquivan muchas regulaciones gubernamentales. Desde los años ‘80 en adelante han moldeado de forma creciente el patrón del comercio exterior.

Para darse una idea del peso alcanzado por el entramado del capital trasnacionalizado en la economía mundial, la UNCTAD estima que el 80 % del comercio está vinculado a las redes establecidas por este, ya sea por el comercio intrafirma u otras formas de vinculación con subsidiarias.

Pero el proceso excede a las CGV. La concentración y centralización del capital, que se lleva a cabo cada vez más en el plano global y en la cual la globalización de las finanzas jugó un rol clave, produjo vinculaciones corporativas de una complejidad sin precedentes. Un estudio identificó 1.318 firmas trasnacionales con participaciones accionarias cruzadas, que llegaban a ser propietarias colectivamente de las mayores firmas largamente establecidas en el mercado bursátil, representando nada menos que un 60 % de los ingresos globales. Dentro de estas, un grupo mucho más reducido, de 147 firmas, controla el 40 % de la riqueza dentro de la red. Esto da cuenta de un elevado grado de la concentración de la riqueza global, y también de la magnitud en que el grupo más poderoso de corporaciones se adueña de la riqueza planetaria. Este capital tiene su origen mayoritariamente en los países imperialistas aunque incorpora de forma asociada y mayormente subordinada a sectores del capital de las economías “emergentes”. Pero la circulación y valorización del mismo se desarrolla en el plano global, y buena parte de los frutos de la misma terminan en plazas offshore.

El big business estadounidense, que forma parte de este entramado transnacionalizado, salió prácticamente ileso de la crisis (a fuerza de salvatajes públicos y de descargar los costos sobre los trabajadores y sectores populares) y retomó desde entonces el accionar rapaz que le permitió un astronómico crecimiento en la proporción de riqueza que se apropia. En su mirada, así como en la del entramado de CEOs, intelectuales y políticos que conforman la elite globalizada que circula por el Foro de Davos, las cumbres del G20, y las reuniones del FMI, BM, la única alternativa posible es continuar como hasta ahora. Su agenda para el mundo apuntaba a una nueva ronda de tratados comerciales cada vez más ambiciosos en la garantía de los derechos del capital trasnacional, como los TPP (Acuerdo Transpacífico) y TTIP (Acuerdo de Comercio e Inversión Transatlántico).

La política económica de Trump, más allá de las contradicciones y falta de articulación que la caracterizan hasta hoy, choca de frente en varios aspectos con las aspiraciones de estas corporaciones. Es el caso de su retiro de los grandes acuerdos comerciales, y la idea de un impuesto transfronterizo que Trump debió archivar por falta de apoyo legislativo; este último solo podría recibir algún apoyo en tanto se limite su alcance a los productos finales vendidos en territorio estadounidense. Sí son bienvenidas las promesas de recortes impositivos para los capitales que regresen al país y el relajamiento de algunas reglamentaciones de protección ambiental, lo mismo que la intención de realizar amplios planes de infraestructura. Con pragmatismo, el sector corporativo respondió a esta agenda de beneficios de corto plazo, lo que mostró en un rally alcista de las acciones desde que asumió Trump, aunque el empantanamiento de la administración genera cada vez más dudas sobre la posibilidad de que algo de esto se concrete.

La grieta

La Gran Recesión profundizó la regresión social que acompañó desde los inicios a la reestructuración de los años ‘80, la cual desde el comienzo apuntaba a elevar la rentabilidad a costa del salario y las condiciones de trabajo. Con la crisis, se profundizó el deterioro en el empleo que se venía registrando ya desde antes. Mientras que el 60 % de los empleos destruidos durante 2008-09 en los EE. UU. eran de salario medio, el 58 % de los creados desde entonces han sido de salario bajo. En 2016, nada menos que el 25,7 % de los ocupados lo estaban en trabajos por los que percibían ingresos inferiores a la línea de pobreza. En los marcos de una economía anémica, este deterioro promete continuar. Después de haber tenido la mayor caída desde la crisis del ‘30, la economía norteamericana muestra desde mediados de 2009 la recuperación más débil desde la posguerra. La tasa de crecimiento promedio se ubica apenas por encima del 2 % hasta 2016. No sorprende que se haya disparado, entre los economistas mainstream, el debate sobre el estancamiento secular.

Mientras tanto, la deuda corporativa alcanzó niveles históricos récord del 45,3 % del PBI, superando el nivel alcanzado en momentos previos a las dos últimas recesiones; en términos absolutos, la deuda de 8,6 billones es un 30 % mayor al nivel que tenía en septiembre de 2008. Sin saneamiento de la deuda y en un contexto donde la rentabilidad no recuperó los niveles previos a la crisis, la inversión seguirá débil y continuará la tendencia al crecimiento anémico.

Que el rechazo al proyecto globalista no se limita a los trabajadores o sectores populares más golpeados lo mostró el hecho de que Trump logró su ventaja de votos en sectores de ingresos más altos. De acuerdo a Tristan Hughes, en base a la información disponible de las encuestas de boca de urna, Trump realizó una elección pobre en los sectores cuyos ingresos son menores a 50 mil dólares al año, es decir la mitad más pobre del electorado, donde Clinton le ganó por 11 %. En los que ganan más de esa cifra al año, Trump ganó por 4 %; en comparación, Obama y McCain habían sacado igual proporción en la elección de 2008. Tomando el ejemplo de dos distritos de elevados ingresos, Suffolk County y Putnam County, en los que se impuso Trump, Hughes los contrasta con Manhattan, “reducto de la clase ‘súper gerencial’”, las altas finanzas y las casas matrices de las empresas trasnacionales, donde Clinton recibió un apoyo de 86 % contra 10 % de Trump. El autor hipotetiza que “Se trata de americanos blancos molestos porque otros americanos ya no trabajan para ellos, americanos cuya riqueza, estatus y poder han sido ostensiblemente atacados y erosionados en las últimas décadas. Y los quieren de vuelta –con la ayuda de Donald Trump”.

El rechazo creciente a la globalización y la elite económica y política que viene implementando hace décadas las políticas que la sostienen, es algo que observan con preocupación creciente varios lúcidos analistas que vienen hace tiempo bregando por algunas reformas que preserven lo esencial de las conquistas que tuvo la clase capitalista en las últimas décadas, pero mitigando algunos de sus peores efectos en términos de desigualdad. Es es caso de Lawrence Summers, Martin Wolff, e incluso Paul Krugman. Pero la falta de siquiera un mínimo atisbo de cambio desde la crisis, alimentó la polarización política que explica la llegada Trump al poder y los rasgos de su gobierno.

Este representa una respuesta reaccionaria ante la crisis, que hace eje en el ataque a los inmigrantes (lo que significa un golpe contra buena parte de la clase trabajadora en los EE. UU.) y amenaza entre otras cosas varios derechos laborales y regulaciones ambientales en aras de atraer inversiones y “recuperar el trabajo de los norteamericanos”. Además de haber habilitado una presencia sin precedentes de sectores de extrema derecha en su gabinete nacional durante los primeros meses, su administración adquirió desde el primer momento rasgos que permiten definirlo como bonapartista, aunque cada día más débil. Esto último se manifiesta en la nutrida presencia militar en su gobierno, y se materializó en la propuesta de un fuerte incremento del presupuesto militar para llevarlo a 695.500 millones de dólares en 2018, lo que equivale a 4 veces el presupuesto total militar de China.

El (des)concierto de las naciones

En el seno de la administración estadounidense se está librando una puja por el ordenamiento económico y los cursos de acción geopolítica. En este último plano, el eje de conflicto pasa por la relación con Rusia. Trump apuntaba a un acercamiento, al contrario de Clinton, que pretendía profundizar el hostigamiento hacia Moscú; el objetivo del magnate era liberar las manos para concentrarse en China. Pero el estallido del “Rusiagate” (la investigación sobre la colusión de Trump y el gobierno ruso para influir en las elecciones), que fue el pretexto para la decisión del congreso norteamericano del pasado 25 de julio de imponer nuevas sanciones a Rusia incluyendo además una cláusula que impide al presidente aplicar modificaciones a las mismas, muestra la decisión del establishment de los republicanos y demócratas de mantener el curso de choque con Putin.

Después de la salida de Steve Bannon, y de la decisión de Trump de continuar la guerra de Obama (y de Bush) en Afganistán, aumentaron las expectativas de los sectores que aspiran a que el gobierno de Trump pueda encarrilarse hacia la normalidad. Está por verse. Una cosa es segura: la presidencia de Trump, aún sin mayores resultados concretos hasta el momento, cobra una gran significación por haber colocado en el centro de poder del Estado norteamericano a una figura que se mueve entre la prescindencia y el rechazo a las instituciones que aseguran las condiciones para la circulación del capital a nivel mundial. El efecto corrosivo de la crisis iniciada en 2007 llevó a que al frente del poder ejecutivo del Estado responsable de asegurar el funcionamiento de la arquitectura del orden global esté alguien que promete subvertirlo en búsqueda de “hacer América grande de vuelta”. Aún enfrentando el rechazo de la burguesía norteamericana más trasnacionalizada ante algunas de las políticas que Trump prometió y hasta ahora no pudo implementar, y con fuertes figuras de la administración presionando para que no se salga del redil, como presidente de la principal potencia del mundo cuenta con capacidad suficiente para generar ruido en las relaciones internacionales.

Esta posibilidad se potencia porque el fenómeno de polarización que lo puso en el poder no se agota en los EE. UU., sino que se replica también del otro lado del Atlántico. El triunfo de Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen en las elecciones presidenciales de Francia está lejos de haber sepultado el ascenso del nacionalismo en Europa, y a pocos meses de haber asumido el presidente francés está sumido en una impopularidad mayor que la del expresidente Hollande. A falta de mejores respuestas de la clase dominante para lidiar con la crisis, el nacionalismo y autoritarismo inflamado puede ser la receta envenenada para hacer frente a la crisis de legitimidad que golpeó duramente a los exponentes políticos del “extremo centro”, es decir los que desde partidos de centro derecha o socialdemócratas aseguraron la aplicación de las políticas del consenso neoliberal, y prevenir que esta crisis tenga una salida por izquierda que cuestione al orden social capitalista.

Para los sectores capitalistas trasnacionalizados, el precio a pagar hoy para preservar sus prerrogativas sociales amasadas en décadas de ofensiva contra los sectores populares es acomodarse a este ascenso al poder de estas fuerzas que amenazan dinamitar el orden del que tanto se han beneficiado. Para las clases trabajadoras de todo el mundo, nada progresivo puede venir ni del “internacionalismo” de la gran burguesía que apunta a profundizar el neoliberalismo, ni de nacionalismos que solo apuntan a dividir a los trabajadores del mundo con su xenofobia y atacar a las organizaciones obreras y las libertades democráticas.”


Los pobres son extranjeros

septiembre 11, 2017

quino

Mi amigo y colega Oscar Canaval recomendó hace tiempo esta columna en Perfil. Pensé que era adecuada para postear en un momento que no estuviera dominado por la coyuntura, si alguno. Hasta encontré algo de Quino que decía lo mismo, en argentino-de-clase-media. Pero luego quedó olvidado entre los borradores. Culpa de un prejuicio mío. No me va ese estilo de progresismo ilustrado pero sin rigor, típico de muchos periodistas españoles (y también de Perfil, y de Quino). Ahora que estoy de viaje, la rescato. Mi comentario al final.

“La filósofa española Adela Cortina acaba de publicar un nuevo libro, Aporofobia, el rechazo al pobre (Paidós, Barcelona, 2017) en el que descubre un nuevo pliegue en el carácter social que marca este tiempo de crisis y cambios: la aversión a los pobres.

Cortina distingue con claridad los campos de la xenofilia y la xenofobia, según la relación que se produce entre los extranjeros y el cuerpo social, diferenciando, por ejemplo, la simpatía que despiertan los turistas, generadores de beneficios, o el rechazo a los inmigrantes que “quitan” un puesto laboral.

Estas diferencias, obvias, Cortina las lleva a la sutileza de que el rechazo al extranjero es una piel que puede cubrir, en realidad, la antipatía a su condición de pobre antes que hacia su nacionalidad: molesta que carezcan de recursos y vengan a complicar la vida a los europeos que ya tienen bastantes problemas que resolver. Por eso no llama a esta actitud xenofobia, sino aporofobia. “El áporos, el que molesta”, escribe Cortina.

Si en la raíz de gran parte del problema está el marco económico, se debería atender a sus claves. Una de ellas es la alta producción de pobreza y la desigualdad, como claramente lo indican todos los índices a mano. El economista Gay Standing, creador del término precariado para denominar a la extensa población de excluidos del trabajo y del amparo del Estado del bienestar, sostiene que la socialdemocracia abrazó las políticas neoliberales perdiendo la agenda de la solidaridad y la acción colectiva. “Ahí se borró la diferencia con los conservadores y la legitimidad ante el creciente precariado”, afirma Standing.

La contracara del pobre en este escenario es la del emprendedor, una figura que es sólo funcional al relato del capitalismo financiero, ya que se utiliza para erosionar el espacio moral del desempleado: existiendo un campo económico fértil para todas las iniciativas, afirman desde los altavoces neoliberales, como lo demostraría la emergencia permanente de startups, es negligente aquel que no sea capaz de armar su propio negocio.

El triunfo del individuo frente a la sociedad si es que se atiende a la máxima de Margaret Thatcher; ergo, no hay que esperar nada que pueda venir ni del Estado o del cuerpo social. A no ser la caridad. Entonces un ciudadano sin empleo puede ser susceptible de ser víctima de la aporofobia, con lo cual, los desocupados pasan a ser extranjeros de su propio país ya que se puede equiparar a un sin papeles, como se llama en España a los inmigrantes ilegales con un sin trabajo.
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La caridad es compasión: ¿qué otra cosa se le puede dar a un desempleado al que el sistema no le puede ofrecer trabajo? Esto no es nuevo. George W. Bush presentó en su plataforma electoral el “conservadurismo compasivo” (compassionate conservative) como un programa de tolerancia, inclusión y multiculturalidad. La filósofa Michela Marzano explica así lo compasional: “es una emoción que va hacia uno mismo e intenta embellecer, por medio de otro, la bonita imagen que uno mismo se fabrica. La compasión, en cambio, tiende a eliminar la distancia entre el que la siente y el que es objeto de ella”.Lo compasional, entonces, es ver qué se puede hacer por esa gente mientras no se hace nada; darle una limosna, en todo caso. Es decir, el acto por el cual se convierte oficialmente a un trabajador en un pobre. En esto Cortina es tajante: la limosna, dice, no es Justicia. Y la Justicia deviene del derecho, de un contrato social “en el que los ciudadanos están dispuestos a cumplir sus deberes con tal de que el Estado proteja sus derechos”.

Es el Estado, el contrato social, la Ilustración, en definitiva la democracia, ante al capital financiero que pretende imponer un protocolo compasivo.

El epígrafe a uno de los capítulos del libro de Adela Cortina es el lema del Banco Mundial: “Nuestro sueño es un mundo sin pobreza”. Tal como van las cosas, su lectura invita a soñar con un mundo sin bancos”.

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El periodista Miguel Roig y la filósofa Adela Cortina tienen razón. La xenofobia que crece en Europa y que tiene algunos brotes aquí no es fobia al extranjero. Los turistas, si no se les acaba el dinero, la pasan muy bien allí, y entre nosotros. El asunto es con los pobres.
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¿Hay un elemento de conflicto racional de intereses? Y sí. Especialmente “abajo”, desde los también, pero un poco menos, pobres. Competencia por el empleo escaso, por las prestaciones sociales… Pero aún ahí hay mucho de fantasía, de inventos… Hay muchos trabajos, los más duros, que en los países desarrollados y aún entre los semi desarrollados como el nuestro son pocos los “nativos” dispuestos a tomarlos. ¿Cuántos albañiles argentinos conocen? ¿Quiénes cultivan hortalizas en el 3° y 4° cordón del Gran Buenos Aires? ¿Cuál es el porcentaje de argentinas en el servicio doméstico (De argentinos, tiende a cero)? Y las prestaciones sociales, aún en salud, no son tan generosas. Ni con los argentinos ni con los extranjeros.
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El rechazo al pobre en Argentina tiene un contenido agrega una convicción semi consciente: esa presencia que los incomoda “no debería existir”. “Éste es un país rico” (los países no son ricos; se enriquecen. El nuestro tiene muchos recursos para serlo, pero…). De esa convicción, surge otra: son pobres porque son vagos. O porque alguien tiene la culpa. El responsable favorito de los aporófobos -se aprecia en las redes sociales, y en esta etapa en los medios oficialistas- es el peronismo.

La desaparición de Santiago Maldonado y el gobierno de Macri

septiembre 10, 2017

No creo que pueda opinar con inteligencia de la realidad cotidiana de mi país desde lejos. Pero encontré esto en Facebook de Pablo Papini y me pareció lúcido y realista. Al final comento.

La mejor forma de hablar del caso Santiago Maldonado es hacerlo lo más esquemáticamente posible y descartando la tentación de las hipótesis. Así las cosas, puede decirse que existen dos planos de discusión: uno estrictamente jurídico y otro político, que en parte se deriva del primero. En cuanto a lo legal, pues, cualquier estudiante de abogacía con conocimientos básicos de Derecho Penal que, con lo recolectado como pruebas hasta ahora en el expediente, no respondiera en un examen que el primer timbre que tiene que tocar para averiguar es el del Ministerio de Seguridad, debería ser aplazado sin atenuantes. Ello no supone, valga la aclaración, culpar a nadie antes de tiempo.

En resumidas cuentas, hay un círculo que se va cerrando en torno a Gendarmería nacional, lo cual conduce directamente a interpelar acerca de esto a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Aquí no se abundará demasiado en relación al debate sobre la politización de este proceso, pero la primera conclusión sería, pues, que si por evitarla (a la llamada politización) quienes están encargados de la investigación se abstuvieran de por lo menos consultar a la responsable política de aquella fuerza de seguridad, estarían contaminando el territorio específico de su trabajo. ¿Es eso politizar? Mala suerte, pero no hay otra forma de hacerlo bien que interrogando a Bullrich.

Lo político es, en cambio, más complejo. Y, como se dijo arriba, se dispara parcialmente a partir de lo acontecido en los tribunales. Por las respuestas que dio el gobierno nacional cuando el asunto llegó hasta sus costas. Otro tanto corresponde a las iniciativas propias de Olivos. Aquellas que no dependieron de impulso ajeno. Respecto de las primeras, el circuito oficial, que incluye a periodistas profesionales y opineitors reales y de los otros en redes sociales, lanzó versiones falsas o se prendió de ellas, se victimizó, negó colaboración, sobreprotegió a la fuerza involucrada y la mantuvo en la escena de los hechos todo tiempo que haría falta para que pueda hacer lo necesario para el supuesto de que tenga finalmente algo que ver. No se afirma que así vaya a ser, pero no hubo la prudencia que habría merecido una denuncia semejante. Y lo más peligroso de todo: contraatacó ensuciando a la presunta víctima y poniendo sobre la mesa teorías delirantes sobre el grupo RAM, que según esta especie estaría impulsando acciones terroristas para fragmentar el territorio argentino en la Patagonia. El periodista Iván Schargrodsky dio en la tecla en su cuenta de Twitter: pasa eso con RAM, ¿y el gobierno nacional esperó a que estallara esto para alertar a la población?

Pero lo peor va por otra cuerda: suponiendo veraz todo lo que se inventó sobre Maldonado y sobre los mapuches cuya causa defendía, ¿qué? ¿Fue acaso un intento de justificación de lo que supuestamente pudo haber sucedido, es decir, un final sangriento? ¿Esto también es politizar? Mala suerte, fue el propio macrismo quien, por lengua larga, se metió en el lodo.

Por último, lo que Casa Rosada deliberadamente y por su propia voluntad quiso poner en juego. En algún momento desde que este tema estalló en la esfera pública, y sin que nadie sepa muy bien cómo, se terminó hablando de una de las pocas políticas de Estado que hay en pie en el país, el Nunca Más. Es cierto que la sola posibilidad de una desaparición forzada por armas estatales remite a la memoria más triste de esta tierra. Pero no formaba parte de la polémica inicialmente. La introdujo el gobierno nacional cuando vio chance de hacerlo: y una vez más, como cuando el fallo de la Corte Suprema que habilitó el beneficio del dos por uno para los genocidas encarcelados por delitos de lesa humanidad, quedó del lado del negacionismo. A gusto, o no; lo haya buscado, o no, así fue.

Jorge Fontevecchia e Ignacio Fidanza escribieron el último fin de semana brillantes notas sobre este tema en las que hablan de errores e incomprensiones del cambiemismo en la materia. Hay que, al menos, dudar de que haya equívocos allí, cuando, aparte de los capítulos mencionados, están los recordados de Darío Lopérfido y Juan José Gómez Centurión, sólo por citar un par. ¿Tantas veces se puede errar? Aquí cabe citar al bloguero Mariano Grimoldi, quien en cierta ocasión, atinadamente, afirmó que un gobierno se define en buena medida por lo que elige poner en debate.

De nuevo, la CEOcracia se vio obligada a retroceder. La movilización popular lo obligó a ello otra vez, cosa que no consigue con el ajuste. ¿Le pasa algo al oficialismo con el Nunca Más? ¿Qué quiere decir al respecto y no encuentra cómo? ¿Con qué no termina de estar de acuerdo?

La columna de Fidanza cerraba sugiriendo, con muy solapada elegancia, el despido de Bullrich, para descomprimir y recomponer la situación política. Ahora bien, ¿servirá eso de algo? Yendo al grano, ¿para qué vendría otro ministro de Seguridad: para reiterar, en línea con la ex montonera en la mesa de Mirtha Legrand, que en los setenta no hubo ángeles ni demonios? Si así fuera, de nada serviría. En algún otro momento, por alguna otra razón, con ese sustrato filosófico a cuestas, una nueva crisis como ésta estallará, porque el amarillismo pareciera no terminar de comprender o aceptar las relaciones de fuerzas que aquí se baten. Al menos en esta arena, no le alcanza para imponerse.

Mal que le pese a Macri, de esto saldrá politizando. Respondiéndose, de una buena vez por todas, qué quiere hacer con la violencia estatal, cuyo monopolio el pueblo le otorgó en las urnas.

Repito: creo que este análisis de Papini es realista. Entonces, por qué el astuto consultor Durán Barba minimiza su impacto electoral? Se equivoca? Sí y no. Probablemente una parte considerable de los votantes de Cambiemos se niegue a responsabilizar a Macri. Más, es posible que no sea un tema decisivo en las próximas elecciones. Pero es un grave error ignorar la fuerza del sentimiento profundo de una minoría numerosa, en gran parte joven, si no está aislada del resto de la sociedad.


Argentina Militar XII – Y la “mística” nuclear

septiembre 9, 2017

Voluntarioso, Daniel Arias continúa su popular (entre los que saben algo del tema) saga, aunque yo esté de viaje. Advierto al respetable que me limité a subirlos. La corrección de pruebas, y el tamaño de las entregas son responsabilidad suya. Y es culpa de mi ausencia que Uds. no puedan disfrutar de las imágenes. A ellas se refieren las frases en cursiva en medio del texto. Cuando los capítulos se reúnan en una versión más ordenada, las imágenes estarán.

67. Del Independencia y otras sevicias navales

Una vista comparativa del Independencia y del 25 de Mayo muestra diferencias importantes: el segundo tiene una cubierta angulada más divergente, y puede operar jets A4… si hay viento.

¿Cómo compramos un portaaviones tan malo como el 25 de Mayo? Por tradición. El Independencia, su antecesor, era aún peor. Ambos son de la misma clase inventada por la muchachada de Su Graciosa Majestad, los “Colossus”. También lo fue, para el caso, el “Minas Gerais” de los primos brasileños, pero a ellos su Colossus no los perjudicó mucho: jamás se les ocurrió llevarlo a una guerra.

Los Colossus nacieron durante la 2da Guerra como un intento de compromiso elegante entre grande y caro, y chico pero baratísimo. Esa negociación fracasó.

Los grandes portaaviones de batalla con que Su Graciosa Majestad hizo la 2da guerra eran barcos relativamente grandes para su época (hasta 28.000 toneladas) y también rápidos (30,5 nudos por lo bajo, es decir 55,5 km. por hora). Esa velocidad sobraba para poner fácilmente en el aire los aviones pistoneros de aquella contienda, y para ello alcanzaba una carrera de despegue que rara vez insumía más de 80 o 90 metros de una “cubierta corrida”, es decir rectilínea, de más de 200 metros. Las catapultas todavía eran raras.

Tales portaaviones de batalla eran caros y por ende escasos incluso en la Royal Navy y la Dai Nippon Teikoku Kaigun, las dos mayores flotas de mar de 1940. Sumando ambas armadas, de todos modos estas unidades se contaban con los dedos de dos manos. Y es que con semejantes barcos la velocidad no se conseguía en la mesa de diseño, a fuerza de angostar la “manga” (el ancho máximo) del casco, práctica habitual con los transatlánticos. Y es que la manga angosta viene con demasiado rolido. Una cosa es que los pasajeros vomiten, otra que los aviones se caigan al mar.

En cambio un casco ancho en la manga, o “patachón”, es más estable, pero no muy hidrodinámico. Para darle 55 km/h a los portaaviones de batalla de Su Graciosa durante la 2da Guerra, como el HMS Ark Royal o el Illustrious, había que poner 111.000 hp. en las hélices y vencer la resistencia del agua por fuerza bruta. Las naves resultantes tragaban “bunker oil” de un modo tan bárbaro que se volvían pesadillas logísticas: necesitaban citas demasiado frecuentes con tanqueros demasiado vulnerables y lentos. Si alguien había “crackeado” los códigos de la cita en altamar y ahí había algún submarino enemigo a la espera… Cosas que pasan.

Pero aquel era un precio que un almirante forrado pagaba con gusto, fuera Phillip Mountbatten, el duque de Edimburgo, o Isoroku Yamamoto, el que arrasó Pearl Harbour. Y es que a bordo de una sola unidad de batalla cabían alrededor de 50 aviones pistoneros de distinto tipo, suficientes para reventar de un saque la flota y de yapa los puertos de cualquier subpotencia naval como Francia, Italia, la URSS u Holanda. A la larga, el único con suficiente industria para construir y mantener 24 portaaviones de batalla en la 2da. Guerra fue el Tío Sam, con ya muy citada clase Essex.

Pero la Dai Nippon fue un hueso duro de roer y el Pacífico tenía demasiadas islas a tomar, de modo que, sobreextendidos, británicos y yanquis crearon de apuro la categoría de “portaaviones escolta” o CVE, (Carrier Vehicle Escort), serruchando la obra muerta de sus viejos mercantes y petroleros, y tendiéndoles una pista corta (120 a 150 metros) por encima. Los resultados eran naves de 8.000 a 12.000 toneladas, que cargaban entre 12 y 20 aviones, y daban de 11 a 18 nudos (de 20 a 33 km/h) y no pidas más. Ahora Ud. entiende por qué los cazas navales pistoneros el mentado F4U Corsair tenían esos brutos motores de 2000 HP. Con menos, no despegaban de una nave de pista corta y de yapa, incapaz de generar viento de proa.

La USN llegó a tener 155 portaaviones al final de la guerra, muchos de ellos prestados a Su Graciosa, que promediando la guerra ya andaba pobre. Pero 122 de los 155 eran meros escoltas. Sus tripulantes los llamaban, en orden creciente de desprecio, “jeep carriers”,  “baby flattops” o “Woolworth carriers” (Woolworth era la cadena comercial por catálogo más berreta previa a la Internet). La denominación más peyorativa de los CVEs fue, sin embargo, una interpretación impecable de su sigla: “Combustible, Vulnerable, Expendable”. No necesita traducción.

En el Pacífico, por su magra artillería antiaérea y su lentitud, los CVEs eran blanco favorito de los kamikaze japoneses: a fuerza de combustible y munición a bordo, y por ahorros hechos con los sistemas de control de daños, no había nada sobre el mar que explotara tan bien y ardiera con tanto entusiasmo como un CVE. La vida de a bordo solía ser animada y breve.

Entonces Una Mente Brillante en la Royal Navy imaginó algo intermedio entre un portaaviones en serio y uno de chiste, y diseñó la clase Colossus, con una potencia intermedia en máquinas, y un casco más bien afilado, como de transatlántico. Las cifras importantes las repito por si las moscas: más o menos 18.000 toneladas, 40.000 HP en hélices y 24 nudos cuando nuevos.

Se esperaba que los 10 esbeltos Colossus fueran mejores que los CVEs, pero resultó lo contrario: rolaban como boyas: no era infrecuente que los tripulantes se cayeran al mar y también los aviones, incluso frenados y amarrados en cubierta. El Independencia perdió así un caza pistonero Texan, con piloto incluido.

Terminada la guerra, Su Graciosa se deshizo rápido de sus Colossus y somos el único país del planeta al que no le alcanzó con comprarse uno: tuvimos 2 al hilo de estas sevicias navales. Pero el 25 de Mayo no fue nuestra peor compra. Tenía algunos puntos a favor: como se dijo antes, había sido muy pisteado (en el sentido literal) por el  2do propietario, la Armada Holandesa, que le cambió los ascensores, le repotenció las máquinas y le rediseñó radicalmente la cubierta y la isla, amén de lo cual le puso esa famosa catapulta que habría sido capaz de disparar locomotoras. Esa última diferencia permitió que el 25 de Mayo pudiera operar, aunque en condiciones bastante marginales, con jets de ataque. Con el Independencia era suicida intentarlo.

¿Y cómo termina la historia del 25 de Mayo? Le dejo la palabra al ingeniero Ernesto Marta, director de los Astilleros Río Santiago en 1987, cuando nuestra ya totalmente inoperante nave insignia estaba en dique seco, a espera de algún destino. El texto aparece en la página sobre el 25 de Mayo de Histarmar, una historia prolija del inventario naval, escrita por gente ligada al arma y por ende casi exenta de visión crítica. A la estocada que sigue, sin embargo, los de Histarmar le dieron el “Ha lugar” y alguien habrá sangrado, aunque estimo que no lo debido. Abrevié algunos párrafos densamente técnicos. Abajo incluiré el link, para curiosos. Le cedo el micrófono, ingeniero Marta.

“Les pregunté –cuenta el ingeniero, y está hablando CON el Almirantazgo– por qué el 25 de Mayo estaba amarrado fuera de servicio cuando su gemelo el Minas Gerais estaba totalmente activo en Brasil. Me explicaron que los problemas más importantes de nuestro portaaviones eran: la planta propulsora, la catapulta, el ascensor de aviones y las calderas. En la misma reunión les sugerí que el astillero podía estudiar la repotenciación del mismo reemplazando las turbinas de vapor por motores diésel, pensando también que los motores los construiríamos en el astillero. Por educación, no me dijeron que yo estaba loco, pero lo interpreté así por sus comentarios.

“En la siguiente reunión, donde participaron también otros oficiales de la Armada, todos mostraron su entusiasmo por el proyecto, comentando que la ventaja que teníamos era que las estructuras y el enchapado del casco estaban en muy buen estado, con espesores casi originales.

“El personal de Ingeniería del astillero –en esa época integrado por casi 200 profesionales de diversas especialidades y niveles–, comenzó a trabajar; ellos usaron como guía la transformación del famoso Queen Elizabeth ll hecha en Alemania donde le reemplazaron las turbinas de vapor por una planta diésel eléctrica.

 “La oficina de ingeniería trabajó más de un año en el nuevo proyecto y el mismo tenía las siguientes características principales:

“El desplazamiento estaba en casi 1000 toneladas menos que el original.

 “La planta propulsora estaba integrada por 4 motores Sulzer mod V 16Z40/48 de 15.000 CV c/uno; la potencia total era de 60.000 CV (40.00 la original) la velocidad max. 28 nudos (23 nudos la original).-

 “El costo estimado de esta transformación estaba en el orden de los 70 millones de dólares y se estimaba que el portaaviones estaría en condiciones de operar con los aviones Super Étendard y tendría un remanente de vida útil de 20 años.

“En 1988, el portaaviones llegó a remolque al astillero; allí comenzamos a realizar tareas de desguace en las salas de calderas y turbinas. El contrato entre el astillero y la ARA aún no estaba firmado.

“Para firmar el contrato era necesario convencer a los altos mandos (Almirantes) de las bondades de nuestro proyecto, se llevaron a cabo diversas reuniones y finalmente se acordó una reunión cumbre donde por parte de la ARA estaban las autoridades más importantes y nosotros concurrimos asistidos por dos ingenieros especialistas en propulsión de Sulzer y otros de Alemania.  Los mismos explicaron con lujo de detalles las ventajas del proyecto, entre las que estaba el aumento de la autonomía y la mayor capacidad de transporte.

“En esa reunión la única pregunta que se realizó por parte de un alto jefe de la armada fue por qué la mayoría de los portaaviones del mundo usaban turbinas de vapor y no motores diésel. Se respondió que la mayoría eran de propulsión nuclear y de origen estadounidense, donde siempre por diversos motivos (altas potencias) prefirieron las turbinas de vapor.

“Al poco tiempo, la Armada nos informó que desistía del proyecto diésel por un proyecto de repotenciación usando turbinas de gas de origen italiano, si mal no recuerdo ese proyecto estaba en el orden de los 350 millones de dólares. Obviamente no se hizo nada y en 1990, creo recordar, el portaaviones salió a remolque para hacer su último viaje a su destino final: el desguace. Los que estuvieron contentos fueron los brasileños, dado que se les suministró gran cantidad de elementos para su portaaviones que duró en servicio unos cuantos años más.- (El Minas Gerais estuvo en servicio hasta el año 2001)

“Saludos, Ernesto Marta”.

http://www.histarmar.com.ar/Armada%20Argentina/Portaaviones/25deMayo.htm

En buen criollo, el 25 de Mayo se escapó a tiempo para no ser destruido por algún submarino nuclear británico, pero fue víctima de pundonorosos almirantes argentinos que no querían gastar U$ 60 millones, sino U$ 270 millones.

Las hiperinflaciones y Menem sólo fueron causas accesorias a la defunción por chatarreo del 25 de Mayo en las playas de Angrang, en la India, en 1999. La firma que se lo llevó a remolque, Argocean, una offshore con domicilio en las Islas Vírgenes Británicas, en 1998 pagó 321.000 pesos “convertibles” por ello. Era el precio de un departamento de lujo en Baires, sólo que en 1998 si ofrecías garparlo en pesos ibas a escuchar las carcajadas. La famosa catapulta que podía disparar locomotoras se la llevaron los brasileños al Minas Gerais. Sic transit gloria mundii.

Lo que no logró el almirantazgo inglés, lo hizo el argentino. El ARA 25 de mayo es desintegrado en las barrosas playas de Alang u Angrang, según quien pronuncie, la India.

Poner U$ 60 palos por un portaaviones capaz de dar 28 nudos durante 20 años más no era mal negocio en 1988: total, ya estaba comprado y hoy todavía lo tendríamos. Sí, una nave insignia es cara de operar y la nuestra no habría sido exactamente el Nimitz, pero sí una plataforma capaz de embarcar los 14 SUE armados con Exocet que teníamos en la posguerra y de yapa varios A4 Skyhawk, que no deberían haberse dado de baja, puesto que podían “revampearse” en la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba, a condición de que la Marina y la Fuerza Aérea lograran darse cuenta de que pertenecían al mismo país, como aquel 30 de Mayo de 1982, cuando atacaron al HMS Invincible. Eso ya hubiera sido revolucionario.

Se habría gastado una moneda. ¿Para ganar qué? Tal vez –respuesta muy contrafáctica, muy conjetural- para no tener que soportar tantas prepeadas y aprietes pesqueros y petroleros en la frontera marítima caliente que ahora tenemos con el Reino Unido. Situaciones que sirvieron de excusa a lo más impresentable de nuestra cancillería a firmar pactos pesqueros desastrosos “defensivos” con España, cuya “flota roja” (alturera) no deja infracción, crimen o desquicio por cometer. Tantos y tan sistemáticos y variados que en 2003 llevaron al cierre del caladero patagónico por vaciamiento del mar, y a la pérdida de 30.000 puestos de trabajo en la costa. No hablo de meras humillaciones, hablo de empleo, plata, autoridad diplomática y capacidades de gobierno perdidas todos los días, y jodidísimas de recuperar.

Hay otra respuesta nada conjetural acerca de por qué habríamos debido conservar el portaaviones: darle una segunda aquí, en Argentina, habría sido una revolución cultural en una Armada que desprecia el desarrollo propio y detesta el “compre nacional”. Habría sido como refundarla.

De esta Armada nació Carlos Castro Madero. ¿Cómo pudo ir tan a contramano de su propio corso de origen? Inteligencia y coraje individuales, que los tuvo en cantidades anormales, no alcanzan. Hay un valor agregado educativo: su doctorado en física y su formación como reactorista en la CNEA y en EEUU lo diferenciaron mucho del chato colonialismo mental de sus conmilitones. Pero la explicación sigue siendo insuficiente.

Lo que hay que descifrar es cómo su arma, tan llena de Masseras y masseritas, lo dejó hacer lo que hizo en la CNEA sin mandarlo a desguace a él mismo. Y la respuesta es obvia: don CCM tuvo protección nuclear. Incluso en 1984, tras haber sido desplazado de su cargo, seguía dibujando obstinadamente los planos de un reactor de propulsión naval significativamente parecido al CAREM. Éste último es un animal de otra especie, una planta nucleoeléctrica actualmente en construcción –lenta, ay, tan, tan lenta- en Lima, provincia de Buenos Aires, al lado de las Atuchas.

El reactor naval de don CCM era mucho más simple: una derivación directa del Otto Hahn alemán. Con su refrigeración convectiva, es decir no asistida por bombas, podía ser una planta poco convencional pero mucho más silenciosa que las PWR habituales en los submarinos nucleares yanquis, ingleses y rusos. ¿Y qué almirante, incluso argentino, ignora que jamás podrá comprarse un reactor nuclear naval “arafue”, en esas ferias tilingas de armas que se muere por visitar gratis?

Ciertas tecnologías duales no hay más remedio que desarrollarlas aquí, y la propulsión atómica ranquea altísimo en la lista. Aún antes de habernos aplicado el jamás escrito o firmado Tratado de Versailles que nos cayó después de 1982, antes de esa excomunión de armas, la OTAN no le habría vendido jamás una planta nuclear naval a la Argentina, o permitido que lo hicieran los soviéticos. Si la Armada se fumó a don CCM, fue por eso.

En fin, que el sueño de don Carlos Castro Madero quedó trunco y hoy dudo que alguna vez vea el agua. Pero su sueño le permitió hacer proezas tecnológicas en la CNEA sin que Massera o Martínez de Hoz lo bajaran de un hondazo, y de yapa ese sueño hoy tiene un hijo terrícola interesante: el CAREM.

La intangibilidad de CCM y tal vez de los contralmirantes nucleares que lo precedieron tiene doble origen. El más evidente es que podían darle a la alegre muchachada de la armada, burocracia adversa al industrialismo si la hubo, una autoridad incontestable ante Brasil, Chile, la Fuerza Aérea Argentina y el Ejército Argentino, sus escenarios de conflicto principales (en orden creciente).

Pero, asunto menos evidente, a estos tres marinos, Iraolagoitía, Quihillalt y Castro Madero, además no había cómo carpetearlos. Eran inapretables. Lo dice con absoluta seriedad el Dr. Carlos Aráoz, uno de los 12 famosos apóstoles de Jorge Sábato, casi resignado al escepticismo de que los que aún no tenemos sus impetuosos 85 años, y no vimos lo que él vio, aunque paradójicamente lo dejamos desaparecer sin reaccionar:

“No era fácil convivir con la cultura de la Marina –dice Aráoz- ‘El Mudo’(por Jorge Sabato) se fue de la CNEA con un portazo porque llegó el día en que Quihillalt le rompió los huevos. Le había rechazado un pedido firmado no a tantos centímetros del margen derecho y a tantos sobre el margen inferior, donde el protocolo naval dice que va la firma. Fue una idiotez. Pero el conflicto de personalidades y estilos venía de antes. Imaginate cómo se ponían algunos cuando ‘El Mudo’ circulaba por los pasillos del edifico central en campera. En los ’60, era el equivalente de usar bermudas y musculosa.

“Los civiles teníamos que soportar los rituales navales con frecuencia –continúa Aráoz- pero los marinos que nos mandaban tenían cintura para bancarnos a nosotros. Y no éramos moco de pavo, porque no aceptábamos más autoridad que la del prestigio profesional. Había tres cosas que hacían de Planeta CNEA un mundo aparte, Arias. No importaba si tenías gorra con pasamanería o te vestías como un hippie del (Instituto) Balseiro, lo que valía a la hora de los bifes eran tus resultados tecnológicos, tus logros académicos, y tu honradez. En la CNEA no se robaba. Nadie robaba. Nadie”.

Eso dice Aráoz de “Planeta CNEA”. Parece que tampoco en los Astilleros Río Santiago se robaba, y por eso perdimos nuestro último y no muy buen portaaviones. Que de algo nos estaría sirviendo, creo.

Saludos también a Ud., ingeniero Ernesto Marta.


BRICS, BRICS Plus y el proyecto de China

septiembre 8, 2017

Supongo que los medios argentos hablaron de la reunión en esta semana  de los BRICS. Igual, creo que conviene repasar lo que dijo Xi. Ahí estaban escuchando Peña Nieto, y Temer, que llevó su plan de privatizaciones. Tal vez evaluan que, si son economías dependientes, mejor eleģir de quién.

Xiamen, China. En la primera sesión de trabajo del grupo de países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), el presidente chino Xi Jinping se pronunció nuevamente contra el proteccionismo económico y comercial y abogó por una nueva economía mundial y un sistema de comercio multilateral.

Insistió en la oposición de las naciones de este bloque a toda forma de proteccionismo, pues en un mundo interdependiente e integrado, ‘’la apertura y ganar-ganar son la única opción’’, dijo.

En este encuentro, donde México junto con Guinea, Egipto, Tailandia y Tayikistán figuran como invitados especiales, Xi Jinping expuso que desde el inicio del siglo 21, el surgimiento colectivo de mercados emergente y países en desarrollo se ha convertido en una tendencia irreversible.

Además, recientemente estas naciones han hecho una contribución mayor al crecimiento global y representan el 80 por ciento de aquel desde 2016, “y son dignos de ser nombrados como el motor principal de la economía mundial’’.

Enseguida pidió no perder de vista los crecientes riesgos de la presión y la incertidumbre de la economía global. “Las negociaciones del comercio multilateral están paradas y la aplicación de los acuerdos de París sobre cambio climático se enfrentan a resistencias’’.

Algunos países recientemente han volteado a su interior y “ya no se ven inclinados a participar en cooperación para el desarrollo internacional’’.

Cada día hay una nueva etapa y ritmos donde hay mayor competencia enfocada en los intereses y reglas y esto hace que el ambiente externo para los mercados y países en desarrollo sean más complejos, con mayores retos y “un barco que va a contracorriente debe seguir con fuerza o se arriesga a quedarse atrás’’, destacó el líder chino.

Frente a ese escenario Xi Jinping habló del necesario trabajo conjunto de los mercados emergentes y de los países en desarrollo ‘’para hacer una mayor contribución al crecimiento global’’ y lograr una economía mundial abierta.

“Necesitamos abogar por una nueva economía global, apoyar el régimen de comercio multilateral, oponernos al proteccionismo y volver a equilibrar la globalización económica para hacerla más incluyente y equitativa’’, insistió.

Los trabajos de la plenaria de Brics iniciaron antes de las 11 horas del martes y como desde el primer momento -y en congruencia con lo expresado en otros foros- Xi Jinping arremetió contra el proteccionismo porque “un juego de suma cero no ayudará a la economía global’’, dijo.


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