Hasta la vista, Donald. We´ll be seeing you (te veremos)

enero 20, 2021

Hoy, 20 de enero, Trump deja la Casa Blanca y se va para Florida, como tantos otros jubilados estadounidenses y turistas latinoamericanos. Aunque él no es ninguna de las dos cosas.

Más allá de lo que depare el futuro, nos proporcionó 4 años interesantes, y pensé que correspondía que escribiera algo en este descuidado blog. (Sobre sus imitadores o aspirantes a imitadores en el mundo escribiré en otro momento, creo). De cualquier forma, estos serán unos comentarios breves e inconexos; todo lo que tengo el tiempo y la energía para hacer (el verano porteño es terrible, salvo cuando lo compone Piazzolla).

Ya dije alguna vez que el encasillamiento general de Trump lo había hecho hace bastantes décadas Toynbee, en el “Estudio de la Historia”. Porque se lo puede ver como uno de los “salvadores con la máquina del tiempo“: los líderes que prometen devolver (o regenerar) a su pueblo a un tiempo mejor. La mayoría han sido reformadores religiosos, en el Medio Oriente o en el norte de Europa, pero desde que irrumpieron las masas en la política, a fines del siglo 18, esa melodía ha sido y es tocada una y otra vez por gente muy laica.

Y “Make America Great Again” -Hacer América (USA) Grande Otra Vez- es una de las grandes creaciones de la comunicación política. Una frase corta que conecta con un mito muy enraizado en gran parte de su pueblo, y con el deseo -semiconsciente- en muchos, muchísimos, de volver a un tiempo que recuerdan como mejor, y eran más jóvenes. Ni Kennedy ni Reagan -dos grandes comunicadores que llegaron a Presidentes de EE.UU.- lograron algo tan eficaz.

Por supuesto, las máquinas del tiempo no existen. No éstas, al menos. “Volver a un tiempo mejor” es por definición imposible, porque los hechos y las vidas de ese tiempo dejaron marcas y consecuencias que son parte de este tiempo que vivimos. Cualquier “restauración” puede ser una mejora o una parodia; lo que es seguro es que no será lo mismo que se añora.

Pero no quiero quedarme en esto. Sería caer en la misma trampa de los intelectuales y escribas varios que sólo ven un “engaño” en el fenómeno Trump, y se engañan a sí mismos, y a sus lectores. El Donald planteó con mucha claridad que él iba a responder a algunos reclamos muy sentidos y concretos de sus votantes. El desempleo o los “empleos basura” en las ciudades desindustrializadas del Medio Oeste y el Sur -el “cinturón oxidado”-; las guerras en Medio Oriente o en Afganistán donde morían, o se hacían drogadictos, jóvenes norteamericanos pobres sin un motivo que les resulte claro a ellos; una elite muy próspera que acapara los mejores cargos en el gobierno, las grandes empresas, los medios y las universidades, con una cultura cosmopolita que no comparte los valores, religiosidad, patriotismo, de esos “norteamericanos medios” que se sienten la mayoría no representada…

Y, atención, Trump dio pasos concretos y consistentes en su mandato para responder a esos reclamos ¿O de dónde creen que salieron todos esos millones de votos que consiguió el 5 de noviembre? (Nixon tocaba esa misma melodía, “la mayoría silenciosa”, pero no hizo nada concreto. Fue mucho más fácil sacárselo de encima, aunque él sí había sido reelecto).

Por supuesto, esto no es toda la historia. No me parece importante tratar los negocios privados, el exhibicionismo berreta, las exenciones de impuestos para hipermillonarios. Eran lo previsible cuando se elige a un magnate hipermillonario con negocios inmobiliarios y estrella de TV. Si aquí votáramos para presidente a Tinelli, por ejemplo ¿íbamos a esperar una reforma agraria?

Lo que sí me parece significativo es que que Trump unió esos reclamos populares en una “cadena de significantes” -puro Laclau, sin haberlo leído jamás, apuesto- con una vigorosa corriente etnonacionalista, xenófoba y antiprogresista furiosa, con raíces muy fuertes en la tradición estadounidense, pero que nunca llegó a la presidencia. Su expresión política más reciente, con legisladores, fue el Tea Party, y vale la pena tomar nota que desapareció, diluida en el trumpismo. Otro aporte importante fue lo que aquí en Latinoamérica llamamos los evangélicos. Un cristianismo aferrado a valores personales y una moralidad tradicional.

(Un aparte: si uno se para a pensar, surge un interrogante ¿porqué desde el sector de “izquierda” o “progresista” del espectro político nadie tomó esos reclamos? La respuesta es que sí, repetidamente aparecen figuras que los mencionan, y algunos los levantan como banderas. Pero en ningún caso consiguieron instalarse como opciones importantes. Lo que prueba que, contrario a lo que cree un marxismo residual, el factor cultural es más poderoso, en las mayorías, que los intereses económicos).

Eso es teórico. Hay dos preguntas interesantes, en la práctica, que se pueden hacer hoy: ¿Trump, tiene futuro? La bola de cristal, como siempre, está empañada. No es fácil reinventarse a los 74 años -y la reinvención será necesaria: ya no es un “outsider” (como dije arriba: no hay máquinas del tiempo). Pero no es imposible; yo me reinventé como editor de un portal de noticias, por ejemplo.

El desafío no pasa por lo personal, en todo caso. El trumpismo es hoy en los EE.UU. una propuesta política importante, con decenas de millones de votos y una militancia motivada. Y esto es así con el Donald o sin él. Hay muchos, con chances, que les gustaría tomar esa bandera. Pero ¿será capaz de lograr algo más que dividir el voto Republicano y garantizar el predominio Demócrata? El bipartidismo no es sólo una tradición estadounidense y una tendencia de la política moderna; es resultado de un sistema político diseñado para hacer difícil la irrupción de nuevos partidos. El que viva lo verá.

La otra pregunta interesante, por supuesto, es ¿Porqué perdió Trump? (Descarto lo del fraude. Si sos el presidente y te hacen fraude, sos un boludo, y no creo eso del Donald). Su derrota desmintió la receta asociada con ese otro gran atorrante que llegó a Presidente de los EE.UU., Bill Clinton. NO fue la economía, estúpido. El candidato opositor, no precisamente carismático, sumó más votos. Es inevitable evaluar que fueron en su mayor parte votos contra Trump. Pero trataré de responderla en un próximo posteo. Hola, Joe.


La próxima Guerra Civil se daría en las redes sociales. Mejor así

enero 10, 2021

El impulso por escribir este breve posteo surgió de algo que leí hoy, la declaración de una red social nueva, Parler, popular en un segmento de la población de Estados Unidos, que denuncia censura y promete seguir peleando. Se me ocurrió que, además de decirnos algo sobre lo que sucede ahora allí, y sobre los clivajes en la sociedad capitalista del siglo XXI -poco que ver con los que estudiaba don Carlos, en el siglo XIX- también nos informa sobre lo que está pasando aquí, en la República Argentina, y sus naciones hostiles, Peronia y Chetoslovaquia.

Mejor empiezo traduciendo la denuncia de Parler:

El domingo (hoy, 10/1/21) a la medianoche, Amazon cerrará todos nuestros servidores en un intento de eliminar por completo la libertad de expresión de Internet. Existe la posibilidad de que Parler no esté disponible en Internet hasta por una semana mientras reconstruimos desde cero. Nos preparamos para eventos como este sin depender nunca de la infraestructura patentada de Amazon y construyendo la infraestructura física.

Haremos todo lo posible para cambiarnos a un nuevo proveedor en este momento, ya que tenemos muchos compitiendo por nuestro público. Pero Amazon, Google y Apple lo hicieron a propósito como un esfuerzo coordinado sabiendo que nuestras opciones serían limitadas y sabiendo que esto infligiría el mayor daño. ya que el presidente Trump fue prohibido en las empresas de tecnología.

Este fue un ataque coordinado de los gigantes tecnológicos para acabar con la competencia en el mercado. Tuvimos demasiado éxito demasiado rápido. (Nuestros seguidores) pueden esperar que continúe la guerra contra la competencia y la libertad de expresión, pero no nos descarten.

#speakfreely

Este mensaje de Parler a sus seguidores sugiere varios temas muy distintos, cada uno de los cuales da para muchos libros (que no pienso escribir). Apenas unos párrafos.

A) Es significativo que en el enfrentamiento entre una porción decisiva de las elites norteamericanas y el presidente Trump, han sido los gigantes tecnológicos Google, Amazon, Apple, un poco más tarde Facebook, quienes, entre las grandes corporaciones, las que se han definido más abiertamente contra el Donald (La mayoría de los grandes medios masivos también estuvieron en contra, y desde el principio de su mandato, pero por sí mismos no son parte de la elite corporativa, aunque varios sean manejados por ella). Por cierto, otras megaempresas y una porción de los superricos estaban descontentos con algunas de sus políticas y/o con su estilo, pero no se “jugaron” tan claramente.

B) ¿Veremos una Guerra Civil II en EE.UU., en algún momento de los próximos años? En mi falible opinión, no. No porque falten voluntarios, en una sociedad violenta. Ni fracturas en el tejido social. Hay una dificultad práctica: la guerra moderna es muy cara. Requiere una infraestructura tecnológica gigantesca y sofisticada, y no parece haber divisiones entre quienes la manejan (Además, por su naturaleza, es muy centralizada). La Guerra Civil en EE.UU. (1861-65) se dio en una época de ejércitos masivos y armas baratas (aún así, la superioridad industrial del Norte fue el factor decisivo). Esta facilidad para armar ejércitos fue aún más clara en su Guerra de Independencia y en la de Hispanoamérica.

Ahora, también hay que tener en cuenta que el terrorismo se ha democratizado. Indicaciones y recetas están disponibles en Internet…

C) ¿La intención, muy clara en EE.UU. y en la Unión Europea, de poner límites a la difusión de “pensamientos incorrectos” en Internet (en China hace rato que están en eso) hará desaparecer la Red anárquica y más y menos libre que conocemos? También en mi falible opinión, la hará más difícil, menos intuitiva, para navegar, pero no menos anárquica.

Por una razón opuesta a la que limita la guerra moderna (salvo las asimétricas, como las llaman cuando se bombardea a una región sin defensas antiaéreas). La infraestructura para la comunicación digital es relativamente barata. Puede no estar al alcance de individuos, pero sí de países y de grandes empresas.

La excepción, inescapable para un alcance global, es la gran red de cables submarinos. Pero siempre habrá quienes provean acceso a los disidentes del Otro Lado.

D) Este es el punto que inspiró el título de este posteo. Y que merece un desarrollo más amplio, que algún día haré. La sociedad argentina está amargamente dividida, como la estadounidense. Y los medios de comunicación azuzan los enfrentamientos en un grado al que no se llegó en EE.UU., salvo en estas últimas semanas. También tenemos una historia de violencia que sobrepasó cualquier ejemplo en yanquilandia. Sus aviones militares nunca bombardearon su propia capital.

Pero el hecho es que el asesinato ha dejado de ser una herramienta política aceptada en Argentina desde hace más de tres décadas. El motivo principal, estimo, sigue siendo la reacción a la masacre de los ’70. Pero creo que hay que tener en cuenta el desahogo a las pulsiones agresivas, de ambos lados, que ofrece Twitter a los guerreros digitales. Quizás la personalidad que en otras circunstancias históricas y sociales “ponía un caño”, hoy toma su smartphone y tuitea furiosamente.


El asalto al Congreso de los Estados Unidos, y las contraindicaciones de Laclau

enero 7, 2021

Esto lo publiqué hoy en AgendAR, y no resisto a la tentación de copiarlo aquí. Agrego un par de párrafos para lectores más politizados. O, algunos de ellos, más enamorardos de las polarizaciones. Pero no deja de ser breve y superficial, como es la costumbre del blog.

Empiezo señalando que, en mi opinión, la sorpresa ante lo que sucedió ayer es injustificada. Es cierto que un sector numeroso de nuestros compatriotas se aferra a una convicción firme: que hay «países serios» en los que «esas cosas» no pasan. «Esas cosas» pueden ser, según el caso, el 17 de octubre, el bombardeo a la Plaza de Mayo, o el velorio de Diego Maradona. Creo que esa convicción responde a una necesidad interna de los que la sienten, pero eso no la hace más realista.

También es cierto que muchos estadounidenses están sorprendidos y asustados ante lo que pasó, incluso entre su dirigencia política. Pero eso se debe a que este hecho en particular, la irrupción de gente armada en el mismo edificio del Capitolio, no había sucedido en la memoria de la mayoría de los que hoy viven (En 1954, fueron nacionalistas puertorriqueños los incursores). Pero su sociedad es heterogénea y violenta, y una mayoría de sus ciudadanos considera la posesión de armas como un derecho constitucional irrevocable.

En el último medio siglo, las protestas contra la guerra de Vietnam y contra la discriminación racial incendiaron, literalmente, muchas ciudades de los EE.UU. en los ´60 y ´70. «Burn, baby, burn» fue una consigna. Un grupo de los contestarios, los Black Panthers, abogó durante un tiempo por el asesinato de policías. La Guardia Nacional fusiló a estudiantes en Ohio…

Más recientemente, actos terroristas individuales han sido reivindicados por la «derecha alternativa» (Alt Right), la policía ha asesinado afroamericanos, sectores entre los manifestantes de Black Lives Matter y Antifa han usado la violencia…

(No debe verse en esto un cuestionamiento prejuicioso a la sociedad estadounidense. Ciertamente, nosotros en el último medio siglo tuvimos nuestra cuota de masacre. Todas las regiones del mundo la han tenido. Hasta los budistas han perseguido musulmanes en Birmania… Los europeos, cierto, han logrado encauzar sus bombardeos y acciones militares fuera de Europa por 60 años (salvo en la península balcánica). Pero con su historia previa… no pueden levantar el dedo).

Al punto: los estadounidenses hoy están amarga, furiosamente, divididos. El presidente actual, Donald Trump, les ha dicho a sus partidarios -cerca de la mitad de la población, recordemos- que la elección que perdió fue fraudulenta, y los convocó a marchar sobre Washington para impedir, con su protesta, que el Congreso formalizara el resultado favorable a su rival. No veo como puede sorprender esta irrupción de los más motivados -y pintorescos- de sus seguidores.

Lo llamativo es la escasísima eficacia de las fuerzas policiales y de seguridad en contener la protesta y, luego, detener el ingreso al Capitolio. Hay quienes ven en esto un mensaje al futuro gobierno, y es posible. Pero no lo creo. Cualquier servicio de mensajería es más simple, y mucho menos caro para el «poder blando» y la influencia de los EE.UU. en el mundo. Y mantenerlo le resulta necesario aún a los «globalistas» más convencidos ¿En qué otra potencia pueden confiar para mantener las reglas del orden mundial que requieren?

Mi falible opinión se inclina a poner énfasis en un dato bastante evidente: los partidarios de Trump están sobrerrepresentados en los niveles inferiores de las fuerzas de seguridad. Reluctantes a reprimir, entonces, a hombres blancos descontentos, como muchos de ellos mismos.

¿Consecuencias de este hecho? En lo inmediato, veo pocas (aunque debo recordarme que mi bola de cristal está empañada). Este aparatoso desafío al sistema legal de su país hará, creo, que los niveles dirigenciales de la política, la economía y la defensa cierren filas en torno a las instituciones. Entre las que se contará el nuevo gobierno y sus funcionarios.

El consenso bipartidista que en lo esencial se ha mantenido por muchas décadas se verá fortalecido… en lo inmediato. Hasta podrá, demonizando la experiencia Trump, afirmarse explícitamente. Aunque el triunfo de los Demócratas en Georgia afectará la relación de poder legislativa -podrían controlar ambas cámaras- la mayoría del sistema judicial seguirá siendo conservadora. Todo esto si la economía sigue marchando bien, como apunta un talentoso amigo.

Si no… se fortalecerán los desafíos a ese consenso. De parte de un trumpismo furioso, con o sin el Donald. Y también, quizás, de fuerzas a la izquierda de la conducción del Partido Demócrata, expresadas en nuevas figuras como Alexandria Ocasio-Cortez. El que viva lo verá.

El “challenger” más importante es, por muy lejos, el que aquí llamo el trumpismo. El “progresismo radical” mostró en las primarias demócratas que ya no es una minoría insignicante. Pero es una minoría, aún entre los votantes demócratas. Tener en cuenta, sin embargo, el trumpismo ha perdido, estimo, una poderosa herramienta de poder: el Partido Republicano, y sus votantes moderados.

Trump siguió -seguramente sin haber leído una línea de él- la estrategia básica que recomendaba Laclau: articular una mayoría a partir de sus demandas insatisfechas. Y construir un enemigo. El Partido Republicano le siguió, porque le brindaba victorias electorales. Algunos dirigentes de ese partido seguramente se tentarán en el futur con la idea de recoger sus votantes. Pero, nuevamente en mi falible opinión, ha perdido al aparato. Ya no asegura el triunfo, y ha hecho evidente el costo de estar a su lado.

Detrás de todo esto, y más importante, está el desafío que representa el crecimiento de China. El rival que ha surgido, y con el cual Biden y sus futuros funcionarios plantean un enfrentamiento más enconado que el que Trump llegó a encarar. La sombra de Tucídides, el gran historiador, advierte que el surgimiento de una nueva Potencia es mirado con desconfianza y temor por la Potencia establecida.


EE.UU., China, y los costos (semi ocultos) de un imperio

diciembre 26, 2020

Hoy publicamos en AgendAR una nota de Gabriel Merino, (UNLP-CONICET), sobre la Asociación Económica Integral Regional, RCEP, por su siglas en inglés. El mayor acuerdo comercial y económico del mundo, cuyo centro de gravedad es China, el país que hace 24 años tenía el mismo PBI que Brasil y hoy es 8 veces más grande.

Natural. Ya habíamos publicado algo sobre el RCEP. En todo el mundo lo miran con atención. Sucede que me sentí impulsado a agregar un comentario mío, porque Merino cita un ataque de sinceridad que habría tenido John Mearsheimer, profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago, creo que en un debate con Hugh White, uno de los intelectuales australianos más prestigioso en temas estratégicos.

Australia no tendrá más remedio que alinearse en última instancia con los Estados Unidos sobre China -dice Mearsheimer-. La seguridad se impondrá sobre la prosperidad, y Australia deberá sacrificar su economía, que depende de las exportaciones a China (35%) y de sus inversiones.”

Mearsheimer señaló al público australiano “La seguridad es más importante que la prosperidad, porque si no sobreviven, no prosperarán. Si van con China, ustedes deben entender que es nuestro enemigo. Entonces están decidiendo convertirte en enemigo de los Estados Unidos.” …”Cuando no estamos contentos [los Estados Unidos], no querrán subestimar lo desagradable que podemos ser. Pregúntenle a Fidel Castro”.

Mi comentario:

La frase atribuida aquí a Mearsheimer, un conocido teórico de relaciones internacionales de la escuela realista, nos resulta… muy poco realista. La «carta fuerte» de los EE.UU. en las últimas tres décadas, el factor que le permitió imponer su voluntad en muchas de las negociaciones con bloques de poder económico comparable no fueron las amenazas, sino la posibilidad de acceso a su mercado interno.

El mercado nacional de consumo más importante del globo, por lejos, y que aún hoy es para China un elemento clave para sus exportaciones.

Sucede que los imperios, en el proceso de llegar a serlo, han sacrificado a lo largo de la historia las actividades y los trabajos que les permitieron crecer. Roma conquista Sicilia y el Norte de África derrotando a Cartago, y sus labradores, que eran la espina dorsal de las legiones, pasan a ser clientes del pan y circo, porque el trigo era importado de latifundios trabajados por esclavos.

Inglaterra deroga las Corn Laws en 1846, establecidas para proteger los precios del grano británico doméstico contra la competencia del exterior. Ganó el librecambio y los industriales, y perdieron sus agricultores. El trigo empezó a llegar poco después de las pampas argentinas…

Es evidente que Trump cabalgó sobre la reacción de los trabajadores industriales de EE.UU., y el rust belt, el «cinturón oxidado» de las industrias que se relocalizaron en China y en el Sudeste de Asia. Pero el Donald perdió. Biden, apoyado por las instituciones financieras de la Costa Este y los gigantes de la tecnología de California ¿retomará el impulso globalista que no alcanzó a cimentar Obama?

Casi seguramente tratará de hacerlo, con los condicionamientos que la experiencia trumpista -que no terminó en un fracaso económico, por cierto- le impondrá ¿Que hará entonces China?

Como digo a menudo en este blog “el que viva lo verá”.


“¿Cómo viste lo de Cristina ayer en La Plata?”

diciembre 19, 2020

Fue la pregunta que hoy me hizo llegar un amigo. Y por algún motivo me impulsó a escribir uno de estos posteos breves y superficiales que son todo lo que hoy tengo tiempo y neuronas para escribir.

Empiezo apuntando que para mí el tema no es sólo Cristina -aunque fue la protagonista estrella y quien tuvo las mejores líneas- sino ella y Alberto, y Sergio, y Axel y Máximo. Y que no voy a hablar de sus relaciones entre sí, aunque a Shakespeare – que conocía bastante de política y de poder; repasen “Hamlet”, “Julio César”,…- le hubiera fascinado. Pero yo no soy dramaturgo.

Me interesa ahora escribir sobre política. Que es, en buena parte, el conjunto de las reacciones de los millones espectadores a lo que dicen y hacen quienes están en el escenario.

Es por eso que empiezo hablando de esos 5. Porque el contenido, la intención, del acto era simplemente mostrarlos juntos. Ese es el dato decisivo. No es que “representen” realidades distintas. Ellos son, por sus personalidades, sus trayectorias, formas bien diferentes de hacer política y de convocar. Y hoy son parte de una coalición que gobierna pero a la que no le sobran legisladores. Ni votantes.

Los otros dos hechos impactantes ayer -porque, seamos realistas, la reafirmación de doctrina y objetivos, y también la pasión en los discursos, son necesarios, pero no son nuevos; ya se conoce, en general, lo que van a decir- fueron, uno, la frase de Cristina “Los que no se animan. Por favor; hay ocupaciones, además de ser ministros o ministras. Legislador o legisladoras. Vayan a buscar otro laburo”.

El otro fue la expresión ¿el fallido? de Alberto “Hice lo que me mandaste”, en referencia al consejo de Cristina de “hablarle al corazón de la gente”.

Dije que eran impactantes, porque lo fueron, y mucho, en el numeroso público de los argentinos politizados. Ahí, al gobierno le sirvieron para opacar algún moco reciente, en especial con el tema de las vacunas, que se había convertido en la bandera y el altavoz de sus adversarios.

Otra consecuencia -en ese alto nivel- es que los cambios en el gabinete nacional hoy son mucho más probables. Los presidentes tienen buenas razones para ser renuentes a los cambios. Además del motivo práctico que aducía Néstor Kirchner “Tardan 6 meses en aprender la botonera” (¿alguien recuerda que Néstor conservó los ministros clave de Duhalde: Lavagna en Economía, Aníbal en Interior?), los ministros son fusibles en otro sentido que el que comúnmente se emplea: cuando se queman, van por el presidente. Pero en este caso, Alberto necesita, creo, nuevos fusibles, suyos.

Para los politizados del Otro Lado, en especial la oposición mediática -hoy la más importante- ambas afirmaciones, la de la vice y la del presi, encajaron en lo que ha sido su estrategia constante durante este año de gobierno del FdT: insistir en la absoluta centralidad de Cristina, el poder irresistible, y maligno, detrás de todas las acciones del gobierno, especialmente las que no les gustan.

No hay que engañarse; es una estrategia, que muchos referentes de Juntos por el Cambio han adoptado porque hay un público, furiosamente anticristinista, que la consume con entusiasmo. Claro, tiene contraindicaciones, como algunas vacunas. La demonización de Perón por sus adversarios lo convirtió en el símbolo del antisistema para otra generación.

Tal vez la dirigencia opositora debería reflexionar en una frase, aproximada, de Oscar Wilde “Cuando los dioses quieren castigarnos, nos dan lo que les pedimos”.

En cuanto a los politizados de Este Lado, la numerosa tribu cristinista está “refeliz”. Porque el contenido y la forma de su frase son CFK puro; es la chica que les gusta pegándole a lo que no les gusta: la tibieza, la realidad o apariencia de cautela.

En cambio, el pequeño pero ruidoso anti albertismo explícito se ve empujado al anti cristinismo, lo que los acerca al Otro Lado. No es una situación fácil para ellos. Concluido de una forma u otra el debate del aborto, Pichetto los espera. Pero casi todos no estarían más cómodos en JxC que en el FdT.

El albertismo potencial -bah, el peronismo no cristinista- anda refunfuñando por los rincones. Pero es una tribu sufrida. Y durante 5 años no pudo construir una oferta política independiente con proyección nacional (Massa surge en 2013. Y ese fue su mejor momento político).

Más allá de estas impresiones superficiales que comparto con ustedes, hay una percepción en la que quiero insistir. Es muy difícil tener certeza sobre los humores de una sociedad, y más en pandemia. Pero todas las indicaciones que recibo me dicen que la brecha, la separación de intereses y preocupaciones entre politizados -que en Argentina son muchos, pero una minoría– y no politizados, es más grande que nunca. Los argentinos, y sobre todo las argentinas, de a pie sienten, con algo de fastidio, que tienen otras cosas en qué pensar. Y tienen razón.

En mi inmodesta pero falible opinión, en este año que comienza dentro de 12 días, la suerte política de esos 5 en el escenario (Verónica es el peronismo bonaerense que, como el sol, siempre está) depende, por completo, de la gestión de este gobierno.


Tendencias globales en la legislación del aborto

diciembre 11, 2020

Como explicó Darwin en “El Origen de las Especies”, en algunas generaciones seremos todos pro vida. Y morochos


Boudou como bisagra

diciembre 4, 2020

Todo lo que escribí sobre política en este blog -por lejos, la mayor parte de estos apuntes informales-fue casi siempre en un estilo distante y desapasionado. Es mi estilo personal, pero también tiene que ver con el fastidio que me provoca la costumbre moderna (más precisamente, posmoderna) de ver la realidad como una fábula moralista, en la que se enfrentan los Malos, movidos por la codicia y bajas pasiones y los Buenos, que aman a los pobres, las minorías desaventajadas, o lo que esté de moda valorar ese año. Y debo decir algo: esa forma de ver la política y la historia humana es idiota, pero yo también lo sería si creyera que eso es todo: la política sin pasiones no existe.

Igual, en este posteo voy a mantener mi estilo de siempre, aún teniendo muy presente que Amado Boudou se ha transformado en 5 años, para un sector muy importante de los argentinos con pasión y compromiso político, de una figura mirada con simpatía o con algo de desconfianza, a un símbolo militante, a un compañero de los más queridos. Mi idea es aportar un granito de blog para convencer a los que no lo miran así -que también son unos cuantos de este lado de la “grieta”, que en este tema se está jugando con fuego. El problema no es jurídico; es el poder.

Una frase del Evangelio que Lincoln citaba en un famoso discurso dice “Una casa dividida contra sí misma no se sostiene”. Es cierto, es sentido común y yo estoy de acuerdo (en orden descendiente de importancia). Pero sucede que vivimos en esa casa dividida y es previsible que va a seguir estando así por un rato. No veo una forma posible de derrotar decisivamente a uno de los lados de la grieta, de eliminarlo del escenario político, fuera de fantasías en twitter o en los foros de los medios.

Ahora, en el interior de esas dos realidades políticas, y en parte socio culturales, que forman y dividen la casa argentina, en “Nuestro Lado” nadie con poder real cree en serio que se puede librar del “Otro Lado”. Que muchos de esos con pasión y compromiso político lo quisieran? Y sí, seguro. Pero el poder, y sus privilegios, dan un baño de realismo (Uno del “O. L.”, Baglini, tenía un teorema sobre eso).

En ese Otro Lado la situación es distinta. No voy a hablar aquí de los tipos humanos en ambos lados; ese aspecto lo trabajan mucho los sociólogos, y los intelectuales que tuitean. Hablo de su situación. El poder económico y el poder de los cargos en el sistema judicial (nuestra “nobleza de toga”) está más repartido, y no depende, en los plazos cortos, de resultados electorales. El anterior presidente, Mauricio Macri, ha perdido la posibilidad de conducir, o de influir, al conjunto de los sectores hostiles o desconfiados del gobierno. Tiene que competir por ser el opositor más enconado.

En resumen, no hay ningún nivel dirigencial común en la oposición que frene las ofensivas particulares, para presionar a un gobierno que les parece -se muestra- débil, o para llevar adelante la estrategia de demonizar al adversario que les ha resultado tan útil. Que, justamente, les brindó buenos resultados electorales en el pasado. Y puede brindárselos en el futuro.

Boudou -por una serie de circunstancias, entre ellas su relativa juventud, para la media de la política argentina, y también por algunas imprudencias- es una pieza adecuada en esa estrategia de ensuciar a adversarios políticos y, en lo posible, meterlos presos. Lo que llaman “lawfare”, aunque la práctica es bastante más antigua que el término. En la historia argentina, un buen porcentaje de sus figuras han ido a la cárcel.

El caso es que para las bases del “Otro Lado” -que son bastante numerosas, 40% y pico la última vez que contamos- Boudou ha quedado asociado con la corrupción. No es que esas bases estén convencidas que el Grupo Macri o el Grupo Clarín o el Poder Judicial son de una ética intachable. No. Las mejores estrategias de comunicación tienen sus límites. Pero la indignación es una emoción muy selectiva. Y no es menos real por eso (pasa lo mismo de Este Lado).

Esta exitosa (en Ese Lado) demonización de la experiencia kirchnerista -y con menor alcance, pero intensa, del peronismo en su conjunto- también han hecho vacilar a nuestra dirigencia política. Ese realismo un poco pedestre, que mencioné. Si los otros son muchos, mejor no pelearnos, si podemos conceder algunas cosas… (Como decía Miguelito Unamuno “Vandoristas éramos los de antes“).

Porque esta retirada no empieza con Alberto Fernández. La defensa de la experiencia kirchnerista y de la gestión y la figura de Cristina Fernández quedó, en general, limitada al sector “cristinista”, con sus aliados progres. Numeroso y vocal, no era, no es, todo el peronismo. Y dentro del kirchnerismo, no se vio mucho esfuerzo en defender a De Vido. Tampoco a Boudou, hasta que la dignidad de su actitud -no se quejó, no cuestionó a los compañeros que miraban hacia el costado- y el ensañamiento de los “lawfaristas”, lo convirtió en un símbolo para una gran parte de la militancia.

Entonces, esto está dirigido a la dirigencia de Nuestro Lado. Para decirles, todo lo respetuosamente que se dicen las cosas en el peronismo, que no es mucho, que están corriendo dos peligros en el caso Boudou. Uno es menos importante: la militancia con pasión y convicciones sentirá que, si Boudou vuelva a la cárcel es un paso más, grave, en una entrega de banderas. No los hará votar por Juntos por el Cambio, pero bajarán los brazos, y hablarán pestes del gobierno. Al que no parece que le sobrarán votos el año que viene.

Es el peligro menos importante. Porque el grave viene de la dinámica de la política; un sector que siente que está ganando no tiene motivaciones para detenerse. Y no hay una conducción común de la ofensiva con la que pueda llegarse a un acuerdo, o un armisticio.

Las causas judiciales de Cristina Kirchner y su familia son una herramienta demasiado tentadora para dejar de lado; pero el dato central es la apariencia de debilidad del gobierno. Porque en política, la apariencia es una parte fundamental de la realidad. Para el gobierno, y también para el PJ, esto debería ser muy claro. Me gustaría que los gobernadores, los sindicatos y los movimientos sociales también lo vieran así.


Prefiero recordarlo así

noviembre 27, 2020

Esta foto me quedó grabada, desde que la vi en una nota en Panamá. Muy bien escrita, pero una de las muchas que se escribieron por la muerte del Diego. Demasiadas, y este posteo es una de las que sobran. Pero, el título del blog es “Pensando en voz alta”, y eso es lo que estoy haciendo.

Y sí. Esta es la imagen de Maradona, y de Claudia, que me llega más. Todo lo que vino después, el Mundial del ´86, la campaña del Nápoli, son epopeyas, seguro, pero una “epopeya” es algo que está en la memoria de uno o algo que cuenta, bien, un artista. Y necesita un protagonista. De ésas, fue él, sin discusión. Aquiles también era un adolescente soberbio, y quién sabe como hubiera envejecido si no lo mataba la flecha.

Todo lo tóxico también vino después, y no pienso en las “sustancias”. La indiferencia, el orgullo herido, todo lo que transforma el amor de una pareja en rencor. Y, claro, todos, y todas, los que se juntan alrededor de una “estrella” por simple codicia o, peor, porque sus vidas son tan opacas que necesitan chupar algo de ese brillo. Hay muchos ejemplos que demuestran lo difícil que es superar esos “entornos”. Peores que la merca.

Los míos son pensamientos desordenados, frente al hecho fundamental de la muerte, y no pretendo “bajar linea”. Esta mañana leí todavía otra nota, de una sicóloga, que me hizo reflexionar si mi sentimentalismo no arrastraba también algunos riesgos. Dice

En todo este proceso me ha llamado fuertemente la atención la referencia continua a “la familia” de Maradona. Ya sea, “la familia” que organizaba su velatorio, “la familia” a la que llamaba el Presidente, “la familia” a la que el Papa enviaba un rosario, etc., etc.

Cuando rastreaba un poco más, me encontraba con que en esta categoría se incluía solo a su ex esposa Claudia, y a dos de sus hijas, Dalma y Giannina.

Sin embargo, Maradona ha tenido una segunda esposa, Verónica Ojeda, con la cual desconozco si pasó o no por el Registro Civil, pero con la que convivió muchos años y tuvieron a su hijo Diego Fernando. Y también una pareja estable durante los últimos siete años, Rocío Oliva, de la cual se separó hace poco y con la cual él ha declarado siempre estar profundamente enamorado.

Resta mencionar a sus otros hijos, Jana y Diego Jr, al menos entre los reconocidos. Entonces, por qué solo Caludia, Dalma y Giannina son “su familia”?

No fue difícil evocar en ello mi propia historia personal, en la que siendo “segunda esposa” conviviente, no pasada por el Registro Civil, he sentido la discriminación en situaciones similares, donde la prioridad y el lugar especial lo ocupaba la primera esposa y madre de los primeros hijos, de la cual – sin embargo- mi marido de entonces hacía tiempo se había divorciado.”

La autora decía que eso muestra que nuestra sociedad es todavía -aunque no lo parece- “pacata”. Yo respondí que me parecía “hipócrita”. Ahora creo qu fui injusto. Bah, nuestra sociedad es las dos cosas, pero también es sentimental. Y tiene gran capacidad de amar, como se vio en estos días.

(El Estado no debe ser sentimental, pero eso es otra historia. Tal vez para otro post).

En lo personal, me quedo (esta vez) con ese sentimentalismo. Éste es el Diego del que quiero acordarme.


El Biden que viene

noviembre 25, 2020

Hoy reproducimos en AgendAR una nota del corresponsal de La Nación en Washington EE.UU.: el «establishment» vuelve al gobierno. Ahí describe al gabinete de Biden como ellos se ven a sí mismos (Natural. LN siempre se sintió parte de lo que cree debe ser el «establishment» argentino), y no pude resistir la tentación de agregar algunos párrafos de mi cosecha. Los comparto (solamente los míos) con la audiencia más politizada de este blog.

(Antes aclaro algo que tal vez sea necesario para una parte de estos lectores -los politizados a veces también son ingenuos: ¿Cómo es eso que “el establishment vuelve al gobierno”? Acaso Trump, empresario, billonario y ¡horror! de Derecha, no era un presidente para el establihment? Y no. Más allá que el poder económico es muy heterogéneo y tiene intereses contradictorios, hay un dato más básico: a los establishments no les gusta el poder personal. Sobre todo cuando apela a la demagogia. Lo aguantan sólo si no tienen otro remedio.)

ooooo

“El gobierno de Biden apunta a ser -no es sorprendente- un típico gobierno Demócrata. Es decir, con vínculos estrechos con Wall Street y las grandes instituciones financieras de la Costa Este, y probablemente, con los gigantes tecnológicos de California. Al contrario que Trump, tratará de fortalecer los vínculos con la Unión Europea.

Con China, y en menor grado con Rusia, todo indica -las posturas demócratas en el Congreso, las declaraciones en los «think tanks» afines- se mantendrán los enfrentamientos. Casi con seguridad, en forma menos flexible e impulsiva que la que exhibía Trump.

No creemos que se vuelva atrás con el -moderado- proteccionismo de Trump. Los votos que el magnate acumuló en esta elección son una advertencia muy clara. Y estamos dispuestos a apostar que en enero, en la asunción de Biden, se verán muchos carteles «Trump 2024». Los Demócratas saben que no tienen un cheque en blanco del electorado estadounidense.

Para nosotros, los latinoamericanos, no cambiará mucho. Bolsonaro perderá un referente, pero en última instancia su suerte dependerá de los brasileños. Brasil es demasiado grande para que el gobierno estadounidense lo ignore o lo maltrate. Venezuela seguirá siendo presionada con dureza, pero también Cuba, Nicaragua, Honduras, hasta quizás Colombia recibirán cuestionamientos en nombre de la democracia y los derechos humanos. La política demócrata que Kissinger bautizó «wilsoniana».

Janet Yellen, la futura secretaria del Tesoro, quizás sea más flexible de lo que sería Larry Fink, pero seguramente más «ortodoxa» que Trump. Manejó la Reserva Federal, después de todo. Si algún economista nuestro «nac&pop» -no Guzmán, por cierto- trata de convencerla que la inflación se debe a la «puja distributiva» (y por eso lo único que se puede hacer es decir a los empresarios que no sean codiciosos), se llevará una desilusión.

Un detalle indicativo: el «latino» del gabinete es hijo de inmigrantes cubanos, exiliados del castrismo. Como Claver Carone, sin ir más lejos.

Hay un posible desarrollo que nosotros -todo el planeta, en realidad- debemos observar con atención: Biden ha anunciado que enfrentar el cambio climático -el calentamiento global- será una prioridad de su gobierno. El grado en que estas declaraciones se lleven a la práctica, afectará la producción y las exportaciones de todo el mundo. Inclusive de este lejano rincón en el Cono Sur. Cabe recordar que esta política tendrá el apoyo entusiasta de la Unión Europea.”


El viernes fue el Día del Pensamiento Nacional ¿Qué es eso?

noviembre 16, 2020

Empiezo (como casi siempre en estos posteos) por una aclaración personal: no se me ocurría tomar en serio a un “Día del Pensamiento Nacional”. No podía evitar verlo como una de las cosas que hacen los burócratas de la comunicación para justificar cargos y contratos; fijar, tratar de congelar, una discusión más profunda, y una lucha no resuelta.

Pero supieron elegir el día del nacimiento de Jauretche (NO el de su muerte, superando así la necrofilia argenta), y la memoria de Don Arturo me impulsó a hacer un comentario breve y superficial sobre esto del Pensamiento Nacional. Y su hermano / enemigo, el Pensamiento Liberal.

Tal vez, por otra tendencia argenta, se puede hacer más clara la idea si se usa un ejemplo extranjero. Otra tradición cultural, también muy influida por Europa, pero con una fuerte identidad propia, Rusia.

Toda su historia en el siglo XIX, el período en el que terminó de instalarse en la 1° fila de las Grandes Potencias, y en el que su literatura deslumbró y cuestionó a Occidente, se puede ver como un debate y una lucha entre eurófilos y eslavófilos. Los que querían europeizar a Rusia e incorporar las instituciones liberales, a lo Sarmiento, y los que rechazaban a un Occidente al que veían ateo y corrupto, e insistían en en el rescate del alma rusa.

En realidad, ese enfrentamiento continúa, oculto durante un tiempo por la brutal simplicidad de Stalin. ¿Alguien puede tener dudas sobre de qué lado estaba Solzhenitsyn? Los eurófilos habrían reconocido a Gorbachov como uno de los suyos. Y los eslavófilos, Tolstoi, Dostoyevski, habrían apoyado hace pocos días la constitución que propone Putin.

Vuelvo a casa. Y vuelvo a recomendar a un gringo: Nicolas Shumway, en “La invención de Argentina” historia muy bien nuestro enfrentamiento cultural. Pero a lo mejor puedo aportar alguna observación, que se me ocurrió pensando en Jauretche. Pero el de antes de Perón, y antes de FORJA, que me lo hacen muy fáciles de entender. El Jauretche yrigoyenista.

Confieso que a mí nunca me entusiasmó Yrigoyen. Vale, su liderazgo fue importante para la democratización de la política argentina, para el respeto del voto popular. Y mantuvo la independencia y la neutralidad argentina en la 1° Guerra Mundial (como el presidente conservador previo). Pero no hizo nada para cambiar la estructura económica de nuestro país, dependiente por completo del mercado inglés. Si fue en el período de su sucesor, el “galerita” Marcelo Torcuato de Alvear, que se fundaron YPF y la Fábrica Militar de Aviones…

Para mostrar lo que me dice el yrigoyenismo de don Arturo, les dejo abajo un fragmente de un programa de mi amigo Fernández Baraibar. Ahí un Jauretche más joven cuenta lo que sintió frente al fervor popular que despertaba Hipólito Yrigoyen.

Seguro, se pueden hacer grandes transformaciones -para bien y para mal- sin un carisma arrollador. Bismarck, Deng, el mismo Putin, cada uno en su tiempo, no despertaron el entusiasmo y el amor de las masas. Pero cuando un liderazgo despierta el fervor colectivo, aparece una realidad distinta.

Y el Pensamiento Liberal es muy antagónico a eso, por lo menos en los últimos 200 años. Atención: no digo que el Pensamiento Nacional lo maneja siempre muy bien; a veces se engancha con imitaciones de baja calidad.


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