China está considerando si lo jode al Mauricio

enero 10, 2018

dólares

Quiero aclarar rápido lo del título, para no perturbar al amable embajador Yang Wanming. China no tiene nada contra Macri. Como dice don Yang “China y América Latina están a la espera de una rica agenda de cooperación“. Pasa que si uno se sube a una tabla de surf, debe estar preparado para las olas.

Esta ola vino hoy a la mañana, en un cable de Bloomberg´ (mi amigo Guillermo Moreno, siempre madrugador, fue el primero que llamó la atención sobre el asunto “China considera demorar o detener sus compras de Bonos del Tesoro estadounidense“.

No es sorprendente: es un pueblo reflexivo, y ya tiene muchos bonos en su poder. Pero bastó para poner nervioso a todo el mundo en Wall Street, y el dólar cayó ligeramente en los mercados internacionales. Porque Estados Unidos necesita financiar un déficit colosal (¿les suena?). Puede ser un sacudón muy pasajero; otro amigo, Otto Rock, sugiere observar al oro, para ver cómo toman el asunto los inversores.

Eso sí, si esto motivara a la Reserva Federal para subir la tasa de los bonos… Macri, amigo, el mundo no está contigo.

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Netflix y las universidades

enero 10, 2018

Estoy un poco cansado de repetir obviedades de la coyuntura política. Y supongo que ustedes de leerlas. Porque no hay noticias todos los días; sólo variaciones en los titulares. Así que quiero compartir algunos temas que van cambiando nuestra realidad, más profundamente que cualquier votación en el Congreso.

Esta breve nota sobre educación, me dejó pensando. Alberto Taquini (h), médico e investigador, que fue decano de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, puede ser considerado como un hombre del establishment educativo. Lo que no en sí mismo no marca una posición política; Daniel Filmus también lo es (Eso sí, el Dr. Taquini es miembro del Departamento de Pastoral Universitaria del Episcopado; Filmus no). Pasa que la mayoría de los que escriben sobre Educación con mayúscula son aburridos. Pero no es éste el caso.

A. T. mira el exitoso modelo de negocios de Netflix, y lo ve, con expectativa y algo de preocupación, avanzando sobre la educación superior. Porque las universidades como las conocemos (hola, Dr. Barbieri) estarían en el papel de Blockbuster.

“En las escuelas de negocio, en estos últimos años, se extendió la historia de Blockbuster y Netflix como lección de innovación. Blockbuster concentraba la demanda de películas, en ese momento el consumo por streaming era muy pequeño. A comienzos de los 2000, con unos pocos años de vida, Netflix ofreció a Blockbuster ser adquirida, para fusionar los dos modelos: el “presencial” y la venta de un servicio de consumo ilimitado de películas a través de Internet.

Blockbuster rechazó la oferta. Y Netflix tentó a la industria del cine para que llevasen hacia su plataforma películas en forma directa. De a poco, fue ganando terreno y generando una demanda que dejaba su huella digital. Las productoras audiovisuales iban necesitándolo cada vez más.

Blockbuster perdió mercado y en 2010 fue a la quiebra. En ese momento, Netflix ya valía más 2.200 millones de dólares; hoy está valorada en 62.000 millones, y la industria del cine hace lo imposible porque sus películas circulen en esta plataforma mundial.

Con el uso de los datos que los usuarios dejaban en su navegación, Netflix pudo analizar la preferencia de sus clientes y con eso orientar la producción de sus películas y series propias. Es decir, personalizó la oferta. Una oferta en la que ni Hollywood puede competir, porque sólo Netflix controla ese caudal de datos e información.

El ejemplo, más allá de la industria cinematográfica, condensa un modelo de negocio que está proyectándose a otras áreas, entre ellas la universitaria.

En los últimos cinco años aparecieron plataformas que ofrecían MOOCs y cursos virtuales que ganaron terreno en la educación virtual global y que están poniendo en jaque a las universidades, los “blockbusters” del sistema.

El recorrido es bastante similar: Las universidades tradicionales concentran la demanda, con una oferta de carreras mayoritariamente presencial. Pero de un tiempo a esta parte, las opciones virtuales empiezan a crecer a tasas más altas que las carreras tradicionales.

Lo que está sucediendo ahora es que esas plataformas, como Coursera, Udemy y EDx, ya son gigantes mundiales, que concentran buena parte de la demanda de formación virtual y que ofrecen cursos en asociación con las universidades tradicionales, pero también con empresas de tecnología o, directamente, desarrollan sus ofertas en alianzas con profesores individuales, que por su prestigio se hacen atractivos.

El rastro que dejan los estudiantes-internautas en las plataformas es determinante para explicar este cambio de paradigma al que estamos asistiendo.


Piden que se movilicen

enero 9, 2018

llamado

Este enero apuntaba casi bucólico, del lado “nacional y popular”. No así desde el oficialismo, eh. Aunque el Mauricio sigue de vacaciones, sus grupos de tareas judicial y mediático se muestran muy activos.

¿Será por eso? ¿Será por el ejemplo de la nueva conducción del PJ bonaerense, que les comentaba recién? La cosa es que las autoridades del PJ nacional llaman al pueblo argentino y a las restantes estructuras provinciales a acompañar la campaña que inició el PJ PBA para derogar la Reforma Previsional.

En enero es difícil moverse mucho, y más con el aumento del transporte. Pero confío que el “comentariat”, que le reclama firmeza a la dirigencia, escuche el llamado. Sólo debo decir que con lo digital, que nos resulta tan fácil, no alcanza.l

ANEXO:

Para facilitarles las cosas, y en la tradición de servicio público del blog de Abel, informo: la convocatoria inicial para juntar un millón de firmas para derogar la Reforma Previsional fue subida a un muro de Facebook del peronismo bonaerense.

La planilla para ir llenando puede descargarse aquí.


El peronismo de los senderos que se entrecruzan

enero 9, 2018

espinoza máximo insaurralde

El finde pasado me tiré un lance (no, no lo que los veteranos asociamos con esa frase. Soy un hombre casado y fiel). Como no iba a tener acceso a Internet por varios días, programé una crónica de Pablo Ibáñez para la mañana del domingo y le puse de título El peronismo de Buenos Aires, entre Cristina y Mariú. Aposté a que la muy fluida interna peronista ¡y bonaerense! no la desactualizara.

Acerté. No sólo los chismes de P. I. quedaron razonablemente frescos. El tema siguió vigente en diarios y portales. Por ejemplo, La Nación nos cuenta que Martín Insaurralde, el intendente de Lomas de Zamora “la ve a Cristina con ganas de construir un gran frente electoral” (lo que amargó el día a los lectores habituales del diario de los Mitre), y La Política Online revela que Insaurralde y Menéndez -presidente del PJ PBA e intendente de Merlo- “se dividieron roles” (!?): el de Lomas rosca con Máximo Kirchner y el Tano con los gobernadores. Mientras que Graciela Caamaño (el cross de zurda más temido del Congreso) sigue firme: “Con Cristina, nada“.

Es evidente que el Partido de los Medios está muy interesado en la interna peronista. A mí -y no es prejuicio- me confirma que son olas en la superficie, vistosas, necesarias para quienes hacen política, y deben tomar posición en el escenario. Pero no hay cambios en la situación estratégica. Por eso elegí la foto de arriba, de hace trece meses atrás.

Aclaro algo importante: en el peronismo bonaerense sí hubo un cambio decisivo. Lo conduce una nueva generación, cuya experiencia política se hizo en este siglo. El núcleo decisivo son los intendentes que gobiernan distritos más poblados, y con presupuestos más grandes, que muchas provincias. Y, lo más significativo, no deben sus cargos al “dedo” de nadie. Todos ellos ganaron o revalidaron hace dos años por el voto, después de durísimas batallas internas.

Insaurralde gobierna Lomas habiendo vencido al viejo aparato de Duhalde, y competido contra Mariotto, que tuvo recursos y respaldos en el estado provincial, y nacional. Cascallares venció a Giustozzi, Katopodis a Ivoskus, Festa a Mariano West, y Nardini a Cariglini. Les ganaron a esos animales mitológicos, los “barones del conurbano”.

El nuevo vice, Gray, tuvo su largo enfrentamiento nada menos que con Hugo Moyano, para sacar a la empresa de limpieza Covelia de Esteban Echeverría. Y el presi, Menéndez, se enfrentó durante 12 años, hasta desplazarlo, al Vasco Othacehé, que había sido reelegido seis veces en Merlo. Una pelea para dejar pensativas a las Familias en Nueva York.

Entonces, hay una nueva etapa en el peronismo bonaerense. Igual, les va a costar soportar las presiones de Macri -el Estado nacional- y Vidal -el provincial. Si las superan, tal vez -solo tal vez- su poder y cohesión alcance para poner al candidato (o candidata; no olvidemos a Verónica Magario) a gobernador de Buenos Aires en el 2019 (Nunca surgió de los intendentes, desde los tiempos de Barceló. Ni siquiera le alcanzó a Duhalde, que llegó por ser el vice de Menem).

Lo que me parece evidente es que los intendentes bonaerenses no van a “poner” al candidato/a a Presidente del peronismo. Lo van a aceptar. De la misma forma que aceptaron la candidatura a senadora de CFK, cuando se tomó la foto de arriba (lo expliqué hace un año, en El peronismo, en 2017): sus votantes querían votar a Cristina.

Los gobernadores, también, aceptarán a quien esté mejor posicionado para la candidatura presidencial, y por esa misma razón: Intendentes y gobernadores necesitan uno que sume votos. Ir con boleta corta es muy perdedor y todos lo saben. Si ese candidato puede ganar, mejor. Tener un amigo en la Rosada sirve de mucho. Es posible, claro, que alguno de ellos “cierre” o trate de cerrar con Cambiemos. No tengo motivos para pensar mal de nadie en particular, pero en las líneas medias del PRO hay muchos que emigraron desde el peronismo, tiempo ha.

Lo definitivo, me parece evidente, es que quienes decidirán la candidatura presidencial serán todos los que aparezcan dispuestos a votar al frente opositor que seguramente armará el peronismo. A través de un proceso electoral ordenado y legítimo -sería lo ideal- o en el estilo argentino. Pero no hay que confundirse: será el que a juicio de quienes juegan su trayectoria y su futuro en eso, ofrezca las mejores posibilidades de sumar votos. Porque nadie con votos y poder va a sumarse a alguien con menos chances.

Y para los amigos que están preocupados por viejas experiencias amargas… este proceso, azaroso y confuso como es, ofrece más garantías que cualquier rosca más o menos iluminada o astuta. Como afirmaba de la democracia un viejo político inglés, para nada amigo nuestro: es el sistema peor, con la excepción de todos los otros.

Siento la necesidad de agregar una advertencia: Los que quieren a Cristina dicen que la candidatura que, obviamente, arrastra más votos es la de ella, como quedó demostrado en octubre y en noviembre. Los que no la quieren, dicen que entonces lo que quedó demostrado es que ella no puede ganarle a Cambiemos.

Tengo que recordarles que eso fue el campeonato del año pasado. El del 2019 empieza ahora (los primeros partidos ya se jugaron en diciembre, en realidad). Y en el resultado va a influir la marcha de la economía, el contexto internacional, y también los errores que cometa cada jugador. Los publicistas vamos a influir algo, seguramente, pero en el mejor de los casos ayudamos, no decidimos. Esto vale hasta para el distinguido colega Durán Barba.

El triunfo -no ya de la candidatura, de la elección – será de quien pueda entender que va a pedir el año que viene una mayoría de los argentinos. Lo único que me animo a asegurar es que para encabezar un frente de oposición es más creíble un opositor.


Dardo Cabo y los traidores

enero 8, 2018

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Hoy se cumplen 41 años de su asesinato. De su “traslado”. Y recuerdo aquí éste, entre tantos, tantos otros de ese tiempo, también por motivos personales. Cuando once años antes, en 1966, encabezó el Operativo Cóndor y descendió en las Malvinas, me hizo sentir el llamado a esa “causa noble” que uno debe encontrar en su vida. Un poco más cerca, y ya más metido en la militancia, lo recuerdo de cuando se formó la Mesa del Trasvasamiento. El fue uno de los que habló entonces; no era ni de Guardia ni del FEN, “era de la Tendencia”. Pero vivía al peronismo y a sus banderas, y quería que estuvieramos juntos por ellas.

No fue así. Ahora voy a recordar un testimonio suyo, en un momento terrible y trágico, el asesinato de Rucci. Escribió este editorial en el número 20 de El Descamisado, el órgano de Montoneros (agradezco el texto a la Agencia Paco Urondo). Quiero que lo lean.

 

“Ante la muerte de José Rucci

La cosa, ahora, es cómo parar la mano. Pero buscar las causas profundas de esta violencia es la condición. Caminos falsos nos llevarán a soluciones falsas. Alonso, Vandor, ahora Rucci. Coria condenado junto con otra lis­ta larga de sindicalistas y políticos. Consignas que augu­ran la muerte para tal a cual dirigente. La palabra es “traición”. Un gran sector del movimiento peronista, considera a un conjunto de dirigentes como traidores y les canta la muerte en cada acto. Estos dirigentes a su vez levantan la campaña contra los infiltrados, proponen la purga interna. Arman gente, se rodean de poderosas custodias personales y practican al matonaje como algo cotidiano. Como es toda esta historia, cuando comenzó la traición y cuando comenzó la muerte.

Los viejos peronistas, recordamos a estos burócratas hoy ejecutados o condenados a muerte. Los conocimos luego de 1955, cuando ponían bombas con nosotros. Cuando los sindicatos logrados a sangre y lealtad, recupe­rados para Perón y el movimiento, eran casas peronistas donde se repartían fierros y caños para la resistencia y de donde salía la solidaridad para la militancia en com­bate o presa. Coria guardaba caños en Rawson 42, el local de la UOCRA, allí se armaban bombas y se preparaba la resistencia; Vandor bancó la mayoría de las células más combativas del movimiento. Eran leales, eran queridos, habían llegado a los sindicatos por elecciones y represen­taban a la base del gremio; más allá que le gustaran las carreras o tuvieran un vicio menor, “los muchachos los querían” y en serio. Perón confiaba en ellos.

No tenían matones a sueldo, en cambio amigos en serio los acompañaban. Si uno quería hablar con Vandor podía invitarlo a la esquina de Rioja y Caseros o caerse al mediodía en un boliche a cuadra y media del sindicato, agregarse a la mesa o apartarlo a una cercana. Las puer­tas de los sindicatos estaban abiertas, siempre. A lo su­mo una mesa de entradas con un par de muchachos con algún fierro, pero sin mucha bulla, más para cuidar las fierros que adentro se guardaban que para cuidar a nadie. ¿Quién iba a matar a Vandor en 1962?

Pero de pronto las puertas se cerraron, o fueron reem­plazadas por sólidos portones con sistemas electrónicos. Ya no andaban con amigos, sino “con la pesada”. Su vida rodeada del secreto impenetrable. Las elecciones en los sindicatos iban precedidas por una intrincada red de fraudes, tiros, impugnaciones, expulsiones. Denuncias de las listas opositoras y todo un sucio manejo que dejaba como saldo una gran bronca: delegados echados, afilia­das expulsados, acusaciones de troskos o “bichos colo­rados” que justificaban el arreglo con el jefe de personal para arreglar el despido.

También las versiones: se negociaba con el enemigo, se apretaba a Perón, se guardaban sus órdenes o no se cumplían. Perón tiraba la bronca: “hay que cortarles las patas” o “los traidores generan anticuerpos”. Y la bron­ca se extendía. Rosando García cayó en una bronca entre pesados. Alonso en una limpia operación comando. Los métodos se tecnificaron al mismo ritmo de la traición. A puertas electrónicas: tiros dirigidos con telescopio. Se decía siempre que era la CIA.

Pero la bronca estaba adentro. Una historia de trai­ciones, negocios con el enemigo, levantamiento de paros, elecciones fraudulentas, apretadas a Perón. Uno tras otro los cargos se acumulaban. A más, los matones ha­cían las suyas: sacudían a los periodistas, reventaban militantes, impunes recorrían la ciudad armados, si caían presos salían enseguida. La policía empezó a protegerlos. La división se agravó, se agrava cada vez más.

Rucci era un buen muchacho. Lo cargaban en la UOM cuando andaba (mucho antes de ser siquiera interventor en San Nicolás) con saco y corbata. Hasta trabita usaba, y el Lobo lo cargaba. Pero no era mal tipo. Tenía su his­toria de resistencia, de cárcel. Las había pasado duras, como cualquiera de nosotros. De pronto aparece en al campo de Anchorena prendido en una cacería del zorro. Apoyando a Anchorena para gobernador de la provincia da Buenos Aires. ¿Quien entiende esto?

Algo debe tener de transformador eso de ser secreta­rio general. Algo muy grande para cambiar así a la gen­te. Para que surjan como leales y los maten por traidores.

Por eso no hay que disfrazar la realidad. El asunto está adentro del movimiento. La unidad sí, pero con ba­ses verdaderas, no recurriendo al subterfugio de las pur­gas o a las cruzadas contra los troskos. No hay forma da infiltrarse en el movimiento. En el peronismo se vive co­ma peronista o se es rechazado. No se puede pretender que la mitad de la gente que desfiló -por ejemplo- el 31 de agosto frente a la CGT eran infiltrados o que son lo­cos cuando denuncian y piden la cabeza de la burocracia sindical. Por un momento, pensar si no tienen razón. Pensarlo antes de empuñar el fierro y amasijar -por ejemplo-a Grynberg. Porque así la cosa no para.

La unidad así es un mito. Hay que revisar los proce­dimientos antes de llamar a la unidad, porque por ahí quedamos más divididos que ahora. Si se usó el fraude para elegir autoridades en los sindicatos, apelar a abrir la mano y pedir a los trabajadores que limpiamente eli­jan sus conducciones. Si se alentó a la pesada para hacer brutalidades en nombre de la doctrina justicialista, lla­marla y ubicarla en donde corresponda que esté. A laburar en serio, o a hacer pinta con el fierro y pegar un ca­chiporrazo de vez en cuando.

Sin estas condiciones mínimas no hay unidad que valga. Si todos los peronistas no tenemos derecho a ele­gir a quien nos represente, debajo de Perón, en el Movi­miento Peronista, así no camina la cosa. Se va a seguir muriendo gente.

Es cierto que también nos puede tocar a nosotros. Porque por dos veces los pesados le propusieran a Rucci -fue para la misma época en que se “reventó” Clarín- reventar a “El Descamisado”. El Petiso, como le decían ellos, los paró. Ahora es posible que se vengan a tirar los tiros que tendrían que haber tirado cuando debieron, porque para eso estaban. Como no cumplieron en la tarea para la cual estaban quieren compensar dándosela a cualquier gil. Ellos están dispuestos a erigirse con sus fie­rros en los dueños da lo ortodoxia. Se sienten los cruza­dos del justicialismo, los depuradores. Porque a su jui­cio todos los que criticaban a José, son sus asesinos. To­dos son troskos, todos son infiltrados.

Nosotros, desde estas mismas páginas criticamos a José Rucci y lo hicimos duramente. Su muerte no levanta esas críticas, porque no las modifica.

Todos los sectores del Movimiento, incluyendo a la Juventud Peronista y la Juventud Trabajadora Peronista, incluso la Juventud Universitaria Peronista, sectores desde donde provino la más dura oposición a los métodos que usó José Rucci, lamentaron esta violencia que termi­nó con la vida del secretario de la CGT.

Pero acá todos somos culpables, los que estaban con Rucci y los que estábamos contra él; no busquemos fan­tasmas al margen de quienes se juntaron para tirar los tiros en la Avenida Avellaneda, pero ojo, acá las causas son lo que importa. Revisar qué provocó esta violencia y qué es lo que hay que cambiar para que se borre entre nosotros. Para que no se prometa la muerte a los traido­res y para que la impunidad no apañe a los matones, ni el fraude infame erija dirigentes sin base.

Si la cosa es parar la mano para conseguir la unidad, habrá que garantizar los métodos que posibiliten que los dirigentes sean representativos. Habrá que desarmar a los cazatroskos y fortalecer doctrinariamente al peronis­mo como la mejor forma de evitar las infiltraciones.

No es con tiros como van a “depurar” el Movimiento. La única verdad la tiene el pueblo peronista. Dejemos que al pueblo se exprese”.

No se pudo “parar la mano”. Ya no era posible. Seguramente Dardo lo sabía; que ya la cosa no era “depurar” a tiros a los infiltrados de izquierda o de derecha. Estaban luchando por el poder. Y todos iban a perder. Pero era muy difícil reconocerlo, después de tanta lucha y tanto amor por Perón y el peronismo.

No quise que lo leyeran porque me preocupe una repetición de la tragedia. Los gritos de “traición” suenan ahora en las redes sociales, y es muy difícil matar a alguien con bytes. Pero igual, creo que el compañero Cabo nos está diciendo algo.


De Laclau a Durán Barba a Fidanza

enero 7, 2018

duran-barba

Las columnas de Eduardo Fidanza de los sábados en La Nación son leídas con interés por muchos que -además del compromiso que tengan- ven en la política un desafío intelectual. Confieso que a mí me pasa algo de eso, aunque trato de no olvidar que la actividad política debe tender a un objetivo que la trascienda, o se convierte en un juego vacío y deprimente.

Como sea, hoy llegando a Buenos Aires un amigo me hizo llegar la de ayer. La encontré muy lúcida, y además es breve. Se las copio, para los que no la leyeron. Pero agrego un comentario crítico. Porque creo que hay una realidad detrás de Laclau y de Durán Barba, y necesita mucha reflexión.

“Entre los cambios abruptos que suceden en la Argentina, hay que apuntar uno más: la forma de entender la política y la sociedad por parte de los intelectuales que influyen en los gobernantes. No es nuevo el argumento, pero sí interesante para reflexionar: la transición de Cristina a Macri puede describirse también como el pasaje de las ideas de Ernesto Laclau a las de Jaime Durán Barba . Por encima de sus profundas divergencias, los reúne un género, cuyo referente insoslayable es Maquiavelo: el asesoramiento del príncipe con herramientas racionales.

De distinta manera, sus ideas y estrategias tornearon a Cristina y Macri, otorgándoles su impronta. Podría decirse que las marcadas diferencias entre estos dos presidentes provienen de concepciones muy distintas de la política, que ellos han escenificado escuchando a sus consejeros. El abismo conceptual de los ideólogos puede rastrearse en tres niveles: el ámbito de producción de las ideas, el contenido de estas y el modo en que se concretan en la práctica. La contraposición de visiones es, no obstante, paradójica: despiertan desprecio mutuo y éxito editorial. Tal vez Laclau y Durán no se quisieron, aunque se necesitan. Como Cristina y Macri.

Pero antes de las desavenencias conviene establecer una concordancia entre Laclau y Durán, acaso clave: concibiéndolos con distintos términos -uno “el pueblo”, el otro “la gente”- los dos parten de las necesidades y los problemas de amplios agregados de población, que en democracia definen la suerte de los gobiernos mediante el voto. Por eso, la configuración y las preocupaciones de este colectivo constituyen la materia para aconsejar al poder. De interpretar correctamente a ese conglomerado de votantes dependerá, en definitiva, su suerte. La democracia moderna, que requiere aprobación masiva antes que conformidad de las elites, produjo un desplazamiento del objeto de estudio en que se basa el asesoramiento político. Maquiavelo ofrecía al príncipe su “conocimiento de la conducta de los mayores estadistas que han existido”, mientras que el asesor de hoy se centra en el comportamiento del votante más que en la actuación de los líderes. Aunque Laclau teorice sobre las demandas del pueblo y Durán encueste las necesidades de la gente, ambos buscan ofrecer la mejor interpretación del votante que pueda servir a los dirigentes que les prestan oídos.

Requeriría una larga disquisición, que escapa a una columna periodística, analizar las discrepancias de visión entre ellos. A riesgo de simplificar, podría ubicárselas en una apreciación muy distinta de la dinámica y los sujetos de la democracia. Laclau postula un conflicto básico que divide a la sociedad entre el pueblo y el poder, mientras Durán apuesta a un consenso conformado por mayorías despolitizadas. El sujeto de Laclau son los movimientos sociales y la militancia; el de Durán, los votantes a los que no les interesa la política, sino la solución de sus problemas cotidianos. Son dos tribus irreconciliables que se miran con prejuicio y desdén: para unos Laclau es un denso, inclinado a la violencia; para los otros, Durán es un superficial, interesado en descafeinar la política para manipularla. Cualquier parecido con lo que se reprochan los acólitos de Cristina y Macri no es casualidad.


El peronismo de Buenos Aires, entre Cristina y Mariú

enero 7, 2018

Colorados en Lujan 2

En estos días iniciales de enero sólo tengo acceso a Internet en algunos momentos. Pero no quería dejarles sin mis comentarios dominicales sobre la coyuntura peruca 🙂 Así que decidí programar esta nota reciente de Pablo Ibáñez, el joven periodista que se destaca entre la nueva camada de peronólogos, por su excelente diálogo con todos los niveles de la runfla peronista. La bonaerense, en particular.

Y Buenos Aires es clave por un montón de motivos. La provincia que tiene el 40 % de la población y de la actividad económica argentina. La que el peronismo gobernaba desde 1987, y que si no la recupera en 2019, es evidente que tampoco logrará el gobierno nacional. Y donde Cristina Kirchner triunfó en las elecciones sobre cualquier otro sector peronista, pero donde su presencia territorial es muy minoritaria…

La nota tiene el inevitable sesgo de Clarín. Pero la información sobre las movidas políticas es buena. Naturalmente, voy a comentarla con mi sesgo, no más allá de este lunes.

“Habló con Gildo Insfrán (Formosa) y con Juan Manuel Urtubey (Salta), con Gustavo Bordet (Entre Ríos), Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Sergio Uñac (San Juan). A contraola del cacicazgo peronista que se mantiene quieto y/o mudo, Gustavo Menéndez salió a estrenar su certificado de jefe del PJ bonaerense.

Arrancó con una recorrida por la provincia, puso en funciones a jefes de peronismos locales, habló con Sergio Massa, Florencio Randazzo, José Luis Gioja y Miguel Angel Pichetto, y prepara una agenda extrabonaerense con visitas a los gobernadores del PJ. Todo sin romper con Cristina Kirchner con quien habló varias veces en estas semanas.

Menéndez desentona en este tiempo en que los jefes peronistas parecen invisibles. Los provinciales, porque, casi todos, jugaron en línea con Mauricio Macri en la cuestionada reforma previsional que se votó a finales de diciembre en medio de movilizaciones y cacerolazos.

Fue el debut del bloque Justicialista, tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores, como expresión política del peronismo territorial, distinto y ajeno al kirchnerismo.

Esa es una clave que Menéndez exploró con los gobernadores con los que habló. “Hay que buscar puntos de acuerdo, tener posiciones comunes pero respetar las posturas y necesidades de cada provincia”explica el jefe del PJ, que es, además, intendente de Merlo.

Desde esa trinchera, en la Legislatura bonaerense patrocina bancadas separadas de las K y que han dado los votos no sólo para el Presupuesto provincial, sino también para la reforma del régimen previsional del Banco Provincia.

Entre gobernadores e intendentes hay cierta hermandad: quieren tener buen diálogo con la Casa Rosada y con María Eugenia Vidal, hacer valer las “manos” que controlan en el Congreso y la Legislatura, aunque eso los enfrente al kirchnerismo.

Entre bonaerenses existe, de facto, una especie de acuerdo: por ahora, mientras perdure el diálogo y la hipótesis de confluencia futura, las espadas K no cuestionarán en público el “colaboracionismo” de los alcaldes. No ocurrió, todavía, lo que se vio en la Nación, donde Cristina invocó la teoría del “apriete” a los gobernadores.

En la Provincia hay un rasgo particular: hay algunos “nestoristas”, como Sergio Berni o Cristina Fioramonti de Kunkel -a quien en 2015 La Cámpora borró de la lista para la reelección-, pero el Consejo del PJ bonaerense está prácticamente despoblado de camporistas.

No quedan, tampoco, apoderados ultra K en el partido. Patricia García Blanco y Ulises “Coco” Giménez son los dos abogados que quedan en el cargo que durante décadas ocupó Jorge Landau, que sigue siendo hombre de inevitable consulta.

“Nosotros nos corrimos para no generar más quilombo”, dicen los cristinistas que miran con cautela al nuevo jefe del partido. “El Tano es el Tano: en las últimas cuatro elecciones fue con cuatro partidos distintos”, le apuntan.

Preferían, y a eso apostaron hasta el último minuto, a que reelija en la butaca peronista el matancero Fernando Espinoza, actual diputado, con quien tenían mejor sintonía que con Menéndez. Este recuerda, de hecho, que en 2011, en persona Carlos Zannini le negó la lista del FpV y tuvo que competir por afuera.

La razón ahora es más visible: Espinoza hablaba con Massa y con Randazzo pero lo asumían como un “enviado” de Cristina, algo que no ocurre cuando el tigrense y el de Chivilcoy hablan con Menéndez.

Así y todo, todavía golpeados por los resultados del 22-O, Massa y Randazzo no van a delegar en Menéndez la relación con el peronismo del interior. De hecho, hay línea abierta y deslizan la posibilidad de un encuentro en febrero, cuando empiece a levantar el tono político.

El jefe del PJ jugó, en paralelo, otra carta: sentó como vice segundo del partido a Pablo Moyano, secretario adjunto de Camioneros, con lo que además de una pata sindical, reincorporó a los Moyano, que se habían ido del PJ a fines del 2011.

Juan Schiaretti, el cordobés que ha sido uno de los jefes provinciales más críticos de Cristina, aparece en el radar cercano de Menéndez. En una de sus charlas con Pichetto en el Senado, el alcalde de Merlo habló con Carlos Caserio, el senador por Córdoba y planearon una visita”.


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