Antes de 2019

mayo 14, 2018

Argentina no es un país tan diferente a otros como la leyenda hace creer. Sí es, tal vez, algo acelerado. Hace tres semanas “Hay 2019” era una consigna con la que dirigentes y militantes peronistas levantaban el ánimo -de los demás y de ellos mismos- para decir que la que había sido hace muy poco la fuerza política indiscutiblemente mayoritaria tenía chances en la elección presidencial del año que viene.

Y hace seis meses la mayoría de los que manejaban poder e información -incluso buena parte de esos dirigentes peronistas, empresarios, sindicalistas y por supuesto funcionarios- daban por segura la reelección de Mauricio Macri. Con aprobación, resignación o mucha bronca. Pero la “guita sabia”, como dicen los yanquis, apostaba ahí.

Hace algunos días el equivalente de un oficial de Estado Mayor de Clarín, del grupo mediático que ha sido y sigue siendo hasta ahora uno de los apoyos principales del gobierno de Macri, ha escrito del “Plan Perdurar”, el único proyecto que ahora puede abrazar el oficialismo.

Entonces, no es que en otros países liderazgos y valoraciones no cambien. Cambian en profundidad. Piensen en Obama, por ejemplo. Tal vez, hasta en Trump, en un futuro no lejano. Pero no cambian tan rápido, por Dios!

Lo que vale la pena destacar es que la tormenta cambiaria que arrasó en las dos semanas pasadas -y que todavía sigue- a la nave del oficialismo no era, no podía ser inesperada. Conocidos voceros del pensamiento económico vigente en el Atlántico Norte, algunos de ellos cercanos al presidente Macri, alguno con credenciales académicas sólidas, advertían de los desequilibrios en las políticas económicas que se aplicaban.

Del otro lado de la “grieta”, la comisión de Economía del partido justicialista, por ejemplo, durante un año y medio elevó informes reservados advirtiendo de la crisis que se incubaba.

(Este humilde blog señaló varias veces el triple déficit: fiscal, comercial y de cuenta corriente en que se incurría, y de la dificultad de manejar los tres al mismo tiempo. Lo menciono por autobombo, claro, pero también para que se vea que si yo me daba cuenta, cualquiera podía hacerlo).

Que los funcionarios del gobierno no lo previeran siquiera como una posibilidad que obligaba a tomar algunos recaudos, hasta es explicable. La confianza ciega en las propias ideas, o en las que uno se ha convencido porque le conviene, es un defecto muy humano. También la soberbia, y si la actual primera línea del aparato macrista no tiene más que otros equipos, lo disimula menos.

Los empresarios… bueno, la historia ha hecho que siempre tomen un recaudo básico: tener una buena parte de su patrimonio afuera (En el gobierno dan el ejemplo). Pero había -y, atención, hay- otro factor: no existe por ahora ninguna propuesta política que les de las seguridades que pretenden. No confiarán mucho en Mauricio, tal vez menos en promedio que otros sectores, pero… es lo que hay.

La imprevisión más notoria, entonces, es la de la dirigencia política. En especial, la opositora. Y la enfoco porque, además, es la que debe dar respuestas a la crisis en curso.

Si no fuera por eso, este posteo sería otra charla típica sobre “los problemas argentinos”, para la que no tengo tiempo.

Ahora, hablar de “los políticos” es como hablar de “los judíos”, o “las mujeres”, colectivos de los que se puede decir de todo porque hay de todo. Prefiero plantear, basado en mi experiencia, que hay un tipo de inteligencia práctica, que es necesaria en la actividad política, que es muy buena para analizar la situación y tomar decisiones inmediatas, pero rechaza, hasta con cierta impaciencia, las especulaciones sobre futuros más o menos probables. Es como si sintiera que, si el futuro es incierto, lo mejor que puede hacer es tomar las decisiones cuando llega.

La capacidad de unir esa inteligencia práctica con el pensamiento estratégico es muy rara. No sólo en los políticos.

Como les digo, hago hincapié en esto porque creo que está sucediendo nuevamente. Macri, su gobierno, han sufrido un fuerte deterioro político. Sus votantes están entre los más fastidiados. Todas las encuestas, y la percepción de los políticos dicen lo mismo. Las medidas económicas que se verá obligado a tomar o a avalar, aseguran que su proclamada reelección el año que viene es por lo menos dudosa. Y todos los que actúan en política -opositores y oficialistas- se dan cuenta de eso.

Lo que me parece que no se está analizando con seriedad, por los que deben tomar decisiones o posicionamiento político, es la situación que se ha creado ahora, que las políticas que se han llevado adelante en estos dos años ya no serán posibles.

Quiero que se distinga con claridad lo que estoy señalando, del escenario, fantaseado por opositores y usado como ariete político por oficialistas, de un derrumbe como el del gobierno de la Alianza en 2001. “El club del helicóptero”. ¿Es una posibilidas? Y sí. Todo es posible (hasta que un gobierno repitiese la misma dependencia del endeudamiento externo que signó al gobierno de Menem y al de la Alianza). Y en la imaginación de los argentinos, como en la de muchos otros pueblos, está presente el fantasma de la última gran crisis.

Pero me parece muy improbable que se repita. En primer término, porque a pesar de ese imaginario colectivo, las crisis siempre son diferentes. Y hay razones más prácticas: no existe la convertibilidad, no hay límite para que el Estado pueda emitir; sobre todo, el sistema financiero internacional no está comprometido con la Argentina hasta el punto que había llegado al final del gobierno Menem. No habrá blindaje, mega canje; no se salvará a los inversores externos que se hayan quedado. J.P. Morgan ya habría salido, de todos modos.

El escenario casi seguramente será distinto. No sólo no implica una ruptura del orden constitucional (el derrumbe de la Alianza no la implicó, recuerden) sino que no necesariamente se acortará el mandato de Macri. En realidad, no sólo los macristas están muy en contra de eso; tampoco los que levantan el liderazgo de Cristina Kirchner lo querrían, por ese mismo escenario ¿Se puede prever con seriedad al actual Congreso eligiéndola para hacerse cargo de un Poder Ejecutivo vacante?

Menciono ese disparatado escenario para hacer claro que no hay libretos para esta situación. Es cierto que en el peronismo que se denomina “dialoguista” o “racional”, hay quienes piensan en un gobierno de coalición. Tal vez no en las provincias, que están muy enfrascados en sus problemas locales, pero sí en el palacio del Congreso. Y también algunos del Círculo Rojo, del establishment.

Nuevamente: ¿Se puede prever con seriedad a Macri firmando mansamente los decretos que elabore un Jefe de Gabinete o un super ministro? Tal vez no sea el mandatario más trabajador que hemos tenido, pero no le falta voluntad de poder.

De todos modos, el punto principal está más allá de las ambiciones y los delirios personales. El “gradualismo” de Macri no fue tal; llevó adelante -con errores, incoherencias y corrupciones, es decir, las falencias inevitables de todo gobierno, tal vez en mayor medida- un proyecto que se trató de imponer en varias oportunidades en las últimas cuatro décadas. Que responde a un proyecto global, “un clima de época” le dicen algunos, hoy un tanto deteriorado pero todavía vigente: el de la globalización financiera.

Proyecto que tiene apoyos poderosos y permanentes en la sociedad argentina. Permanentes en el sentido que no dependen de la coyuntura electoral. Una parte mayoritaria del poder económico local -que a su vez está mayoritariamente en manos transnacionales, y de una parte considerable de nuestra sociedad, la que compró con algún entusiasmo la idea de “volver al mundo”. Como antes había comprado otras versiones del mismo.

Bueno, ese sector se ha desilusionado ahora, como le pasó en los años finales de Menem. Y no es relevante la frase de la izquierda ingenua, en el peronismo o fuera de él “Este proyecto no cierra sin represión“. Tampoco cierra con represión, la de las policías bravas, de la vieja tradición conservadora. En la realidad de hoy, no hay un Pinochet que establezca el modelo con el poder militar y el terror.

(Además que en nuestro país, los equivalentes de Pinochet tampoco pudieron hacerlo, usando esas mismas herramientas).

Tengo presente lo que decía esta semana un ingenioso ironista en Twitter “Finalmente, a Macri no lo derrotó el peronismo ni el pueblo en las calles. Lo derrotó el mercado“. Es válido en parte. La otra parte, mayor, es que su proyecto no era, no es viable, porque en Argentina existió una experiencia peronista que elevó el nivel de vida de los trabajadores y fortaleció su organización. Y porque nuestro pueblo ha incorporado muchas de las debilidades típicas de las clases medias en todas las sociedades, pero también el gusto por vivir bien y darse ciertos lujos. Ningún gobierno puede quitárselos sin perder su apoyo. Y ganar su bronca.

A esta altura, ustedes dirán que estoy descartando alternativas, pero no planteo ninguna. Tienen toda la razón! Ese es mi objetivo: hacer ver que no hay recetas: la dirigencia política debe entender que está enfrentando una realidad nueva, distinta a la anterior.

La coalición oficialista está más condicionada, porque debe tratar de mantenerse en un barco que se zarandea -y se zarandeará más- pero eso mismo le da una opción concreta: se mantiene ahí o salta a la oposición. Los que ya están ahí, tienen que usar su imaginación y tratar de prever lo inesperado. El futuro ya llegó, y resultó ser este presente.


Al Fondo (monetario), rápido

mayo 9, 2018

sturzegger y dujovne

Este blog “en pausa” (que asombrosamente sigue muy visitado. Gracias) siente necesario compartir este lúcido posteo del blog de Mariano Grimoldi Yendo a menos. No es que necesite difusión; veo que ya ha tenido eco en buenos analistas. Pero quiero aplaudir esta voluntad de encarar los datos duros de la realidad, sin telarañas ideológicas. Comento esto al final.

Los titulares periodísticos fatigan el remanido “Argentina vuelve al Fondo Monetario Internacional”.

Lo que Argentina hace en realidad, es pedirle al FMI un rescate. De apuro. Como los que suele brindarle el Fondo a países con dificultades en su sector externo, en este caso, con carácter urgente.

Ideologizar estas cuestiones no está mal, pero en algún punto pueden hacer perder de vista lo más concreto y puntual que se muestra ante los ojos de quienes lo quieran observar.

Argentina nunca dejó de ser miembro del FMI. Hace los aportes dinerarios correspondientes, y como país miembro es pasible de solicitar asistencia cuando cree que lo necesita. Si el FMI estima que esa necesidad es justificada, otorgará la línea de crédito. Hoy por hoy, países como Kenia, Mongolia, Gabón, Colombia, México y varios más tienen asumidos compromisos de esta naturaleza.

Recordemos que no hace mucho (marzo 2018) las autoridades del Ministerio de Finanzas llevaron a cabo conversaciones con el Fondo, desestimando el programa de reformas planteado por el organismo, porque si bien no divergía en lo fundamental del que pretendía encarar Macri, manejaba tiempos que no congeniaban con las necesidades electorales de Cambiemos.

Christine Lagarde, un tiempo antes, en el Foro Económico Mundial y en conferencia compartida con Dujovne, dijo que Argentina no iba a recibir plata del FMI porque “no lo necesita”.

Algo pasó para que, meses más tarde, Argentina necesite esta asistencia.

Y que, además, la necesite con carácter urgente, al punto que Dujovne brindó ayer una conferencia en la que tenía que dar detalles de la operación, en la que anunció que todavía no había detalles. Hay un incendio, y ya llegó el bombero. Ahora faltaría la manguera.

El FMI no es, como parecería al escuchar algunos comentarios, una sociedad de beneficencia que asiste a países en dificultades. Es un ente multinacional que intenta reestablecer con asistencia crediticia el equilibrio externo de países en dificultades para evitar que los mismos tengan impacto global. Que Dujovne hable de lo atractivo de las tasas a las que presta el FMI es una insensatez. Simplemente porque oculta la verdad más relevante. Te dan ese crédito blando porque ponés en riesgo el equilibrio del sector financiero regional. Si ese riesgo no existiera, te mandarían a pedir plata al mercado financiero al que acuden todos los países, del que Argentina capturó en estos dos años y medio unos 140 mil millones de dólares.

El problema, básicamente, está en que, a pesar de haber recibido crédito “caro” en cantidades apabullantes, el sector externo argentino sigue desequilibrado. Su situación incluso, empeoró severamente desde marzo a hoy.

Por eso será necesaria la asistencia del FMI.

El monto del que se habla, además, es inquietante. Porque equivale exactamente a la suma del próximo vencimiento de LEBACs. Casi como si el gobierno intentara decirnos que necesita cubrir con dólares la explosión de demanda que sobrevendrá por la pinchadura de la burbuja que ellos mismos armaron. Algo que fue largamente advertido y refutado burlonamente por quienes hoy corren despavoridos sin saber qué hacer con los apuntes del master en finanzas que cursaron en Europa.

Un dato más inquietante aún: hace apenas cuatro días, el ministro de Finanzas, Caputo, nos informaba que las necesidades de financiamiento de la Argentina para 2018 estaban ya casi totalmente cubiertas. Si yo fuera “mercado” me inquietaría pensar qué pudo haber pasado en estos cuatro días para que, de repente, el país necesite una asistencia tan monstruosa.

Es decir, independientemente de la discusión ideológica sobre el rol del FMI, y sin entrar todavía en las derivaciones en políticas domésticas que la intromisión del FMI puede tener, lo que se nos evidencia claramente (pero insólitamente no ocupa lugar destacado en los análisis) es que Argentina enfrenta una crisis de su sector externo de proporciones importantes.

Y que, a juzgar por cómo vienen desarrollándose los hechos, el crédito del FMI difícilmente resolverá.

Yo graficaría la situación de la siguiente forma: hay, en el mercado local, diversos actores que lograron convertirse en fuerzas centrípetas que aspiran volúmenes importantes de pesos, y los reproducen con las facilidades que el Banco Central les dio (tasas exorbitantes, LEBACS y otros papeles de riesgo nulo). Entre estos actores se encuentran, por ejemplo, las diversas empresas que componen los distintos eslabones del sector energético, fondos de inversión, bancos, y grupos económicos tradicionales. Estas aspiradoras de pesos, los acumulan y los dolarizan, gracias al seguro de cambio que les ofrece el Gobierno, que nos endeuda a todos en dólares para que el dólar les resulte barato a estos señores. Estos tipos seguirán haciendo, entonces, lo que vienen haciendo: esperarán el ingreso de dólares artificial que sobrevalúe el peso, y con lo que atesoraron comprarán dólares baratos para llevárselos, dejándonos al resto de la población la carga de la deuda y la devaluación posterior.

Pedirle plata al FMI es, tal vez, el paso último, la última instancia de ese círculo vicioso que constituye una de las mayores transferencias de recursos (tremendamente regresiva además) de la prolífica historia argentina, y a la que en el futuro, tal vez, bauticemos con el nombre de vaciamiento.

Este texto de Grimoldi me resulta refrescante. El análisis que hace de la burbuja de deuda que creó la insensata política de Cambiemos no es nuevo. Ha sido hecho por muchos economistas, a los que no escucharon los que necesitaban convencerse que esta vez la receta “liberemos a los mercados” sí iba a funcionar. Pero también muchos otros, que veían la posibilidad de una catástrofe en el horizante, pero pensaban -es muy humano- que iba a seguir en ese lejano horizonte. Algo de eso se comentaba hace poco en este blog.

Pero el valor de su enfoque va más allá, porque es una dosis necesaria de sensatez. Está de moda entre los intelectuales jóvenes y no tanto, afirmar que todo es comunicación, “relato”, que la realidad no existe sino a través de la intermediación de lo que escuchamos y decimos sobre ella.

Y entre los que hemos sido formados en una tradición anterior, también es frecuente ver la realidad exclusivamente en la forma de “proyectos” políticos. Todo lo que pasa, pasa porque “alguien”, un sector poderoso y desconocido para las masas, lo desea así. Exagerando, pero no tanto, se tiende a pensar que la realidad no pone límites a la voluntad perversa de los Malos. Y no debería ponerlos a la voluntad generosa de los Buenos.

No es así, amigos. La realidad existe, y lo sabemos cuando nos golpea. Como acaba de golpear a la inconsciencia ideologizada, y dotada de Masters en finanzas, del equipo económico de este gobierno.


La economía argentina, en dos frases célebres

mayo 3, 2018

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No hay crisis si el dólar sube un poco

(Marcos Peña, Jefe de Gabinete)

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”

(atribuida a Einstein, pero es más antigua)

No trataré de hacer un análisis económico de la situación. Si antes no tenía tiempo para escribir con alguna complejidad técnica, estos días… son más exigentes.

Para un resumen adecuado, recomiendo esta columna de Guillermo Moreno en BAE. A Guillermo algunos lo aman y otros lo detestan, y él se esfuerza por alimentar ambos sentimientos. Pero cuando escribe de economía es ortodoxo, “clásico”. Y ahora son unos cuantos los miembros de la Comisión de Economía del PJ, profesionales con prestigio y con opiniones divergentes sobre muchos temas, que lo están compartiendo. En momentos de crisis la heterodoxia se desvaloriza.

Me interesa hacer una corta reflexión política, es decir, de poder y de sicología. No la del presidente del B.C.R.A., que repite con obsesión “su” receta del aumento de tasas, ni la del gobierno actual que se aferra a sus hombres y a sus políticas. Es muy riesgoso, y también difícil de aceptar para los egos fuertes, “cambiar de caballo en mitad del río”. Cuando se convencen que la corriente se lo lleva al animal… ya se lo está llevando al jinete.

Lo que verdaderamente puede fascinar a un observador imparcial, si ese animal existiera, es cómo por más de 60 años una parte importante de la sociedad argentina -que ha ocupado el gobierno y manejado las palancas del Estado en muchas ocasiones, como lo hace ahora- se empeña en desconocer los intereses, sentimientos y pasiones del resto y, peor aún, la realidad económica del país, para aplicar las recetas de moda en ese momento en el Atlántico Norte.

Porque coinciden con los intereses de los más poderosos, y “formadores de opinión” de ese sector, pero sobre todo, porque coinciden con su idea de cómo debería ser la Argentina. Moderna, prolija, próspera; un país europeo. Imaginario, desde luego, porque -a pesar del aumento del turismo al exterior- desconocen cómo son en profundidad los distintos países europeos. Y las historias que los formaron.

Este el sector -insisto, numeroso ¿hoy un 33, 35 %?. Aproximadamente- que ha dado apoyo, se ha identificado, al menos al comienzo, con todos los intentos de “restauración” que se han llevado adelante desde 1955 en nuestro país. Por la vía de asonadas militares o, en 1983, 1999, 2015, por la electoral. Todos esos intentos han fracasado (excepto el actual, pero yo no le extendería una póliza de seguro).

Es irónico, pero el proyecto de “modernización” que duró más tiempo, y tardó más en perder el apoyo popular, fue el que encabezó desde el peronismo Carlos Menem, entre 1989 y 1999.

Esto ha contribuido a formar la leyenda que sólo el peronismo puede gobernar la Argentina. Lo real es que no se la puede gobernar ignorando la estructura social y económica que empezó a formarse desde 1930 con la industrialización forzada por la Gran Depresión, a la que el peronismo fundacional dio una organización sindical fuerte y una epopeya entre 1945 y 1955, y la pobreza y marginalidad que empezó a extenderse y crecer cuando esa industrialización decae a partir de 1975.

Si la City, las pymes y los acreedores me dan tiempo, retomaré este reflexión.


Una historia de Corea

abril 29, 2018

corea

Mi talentoso amigo Julio Fernández Baraibar escribió esto ayer. Y no hace falta que lo reproduzca aquí, en un blog “en pausa”, porque él es un activo bloguero y también comunicador. Pero me gustó mucho, y es una buena forma de emplear la mañana de un domingo lluvioso.

Es la historia de la voluntad de un pueblo por ser, y me parece una lección válida para nosotros los argentinos, los latinoamericanos. Ellos, para conservar su identidad y para ser algo más que peones, enfrentaron a imperios también feroces y más perdurables, y divisiones más profundas que nuestras “grietas” locales.

Además, como supondrán, me da pie para agregar una de mis reflexiones geopolíticas al final.

“En el año 1593, casi cien años después de la llegada de Colón a América, un discípulo de Iñaki de Loyola, el jesuita español Gregorio de Céspedes, escribe cuatro cartas a sus superiores informándoles que está en Busan, en el sur de la península de Corea. Ha llegado hasta allí acompañando a un “kirishitan damyō, un señor feudal japonés cristiano a las ordenes de Toyotomi Hideyoshi, el prominente samurai que se ha convertido en el hombre fuerte del Japón. El padre Gregorio había logrado convencer al propio jefe de la expedición y a algunos de sus soldados sobre el misterio de la encarnación del hijo de Dios, por lo menos lo suficiente como para que lo aceptasen en la expedición conquistadora.

Se ignora si logró realizar alguna tarea evangélica entre el pueblo ocupado por las tropas japonesas, pero se supone que no, ya que su paso por la península no dejó ningún otro rastro más que esas cuatro cartas.

No obstante, el padre Gregorio de Céspedes se convirtió en el primer occidental en tomar contacto con el antiguo reino de Goryeo, un monarca del siglo X del que deriva el actual nombre de Corea.  Toyotomi Hideyoshi, el samurai japonés, continuó su conquista, arrasando la península en su camino hacia China. No fue la última vez que los japoneses conquistaron la tierra de Goryeo, convirtiendola en uno de sus “han”, como llamaban a sus colonias.

Porque ese ha sido el sino de ese pequeño apéndice del gigantesco bloque euroasiático, la península de Corea: ser disputado por su gigante vecino del continente o su ambicioso vecino del archipiélago cercano. Resistió secularmente a la colonización japonesa. Su pueblo fue despreciado y considerado esclavo en el código Bushido, practicado por esa casta que eran los samurai, a los que Akiro Kurosawa idealizó en su célebre película. Los coreanos estuvieron condenados por décadas a producir arroz para sus amos japoneses, aún cuando ellos mismo carecían del alimento suficiente para sobrevivir.

Primero el budismo y varios siglos después el confucianismo, esa rígida ética estamental, reglamentarista de administración del estado, conformaron su cultura dominante. Pero, justamente su estructura social resistió con tenacidad. A la invasión manchú (1627 y 1636) desde el norte, sucedió una nueva invasión japonesa que duraría hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Corea ni siquiera formaba parte del llamado Manchukuo, el estado títere creado por los japoneses en el noroeste de China. Era una simple posesión colonial japonesa y sus habitantes eran tratados como esclavos.

El siglo XX y el nacionalismo coreano

Es en esas condiciones que resurge un fuerte movimiento nacionalista coreano. El 1° de marzo de 1919, un pequeño grupo se reunió en  el parque Tagpol , en Seúl, y declaró la independencia. El movimiento se extendió velozmente por todo el país y fue brutalmente reprimido por los ocupantes japoneses. Estos respondieron además con un intento de niponizar culturalmente a los coreanos, imponiendo obligatoriamente su idioma, obviamente su escritura y hasta su vestimenta.

Ya sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, el ejército soviético, entrando por el norte, desaloja a los japoneses de la península y consigue su control definitivo. Con el Ejército Rojo, entró en Corea Kim Il Sung, un antiguo dirigente guerrillero antijaponés, quien, refugiado en China, se había incorporado a las unidades guerrilleras del Partido Comunista Chino y, posteriormente, había hecho una carrera militar en el Ejército Rojo, donde había ascendido a comandante.

Mientras tanto, en el sur del país el movimiento nacionalista era liderado por Syngman Rhee. Este era un hombre de una generación anterior a Kim il Sung y formado, después de su educación confuciana en Seúl, por los norteamericanos. Syngman había constituído un gobierno coreano en el exilio, ya bajo la influencia de los EE.UU. y logró establecer fluídas relaciones con el presidente Wilson y, luego, con Franklin Delano Roosevelt. Ni bien los japoneses se retiran de la península, Syngman voló a Tokio y de la mano del general Douglas Mac Arthur se instaló en Seúl. Sobre la base de su anticomunismo, se convirtió en el hombre de los norteamericanos en la región.

De hecho, los soviéticos y los norteamericanos establecieron dos claras zonas de influencia separadas por el paralelo 38°, lo que dio nacimiento a los dos estados que hoy conocemos: Corea del Norte y Corea del Sur. La solución, como toda solución establecida por un poder extranjero no satisfizo a ningún coreano, ni a los dirigidos por Kim il Sung y su Partido del Trabajo, convertido en líder de la República Popular de Corea, ni a Syngman Rhee quien en 1948 se convierte en presidente de la República de Corea del Sur.

Las aspiraciones por constituir una sola Corea habían sido abortadas por la injerencia extranjera. Pero esas aspiraciones nacionales se mantenían vivas.

La Guerra de Corea

El 25 de junio de 1950 las tropas de Kim il Sung cruzaron el paralelo 38 e iniciaron una ofensiva que casí llegó hasta la ocupación de la totalidad de la península. Philip Short, el biógrafo inglés de Mao Zedong, cuenta cómo se gestó esa decisión y los dolores de cabeza que le acarreó al Secretario General del Partido Comunista Chino.

“El lider de Corea del Norte, Kim il Sung, había acudido a Pekín para comunicarle que Moscú había aprobado una iniciativa militar para reunificar la península. Stalin, tan astuto como siempre, había impuesto una condición: Kim debía obtener primero el visto bueno de Mao. «Si te pega una patada en el culo», le dijo el dirigente soviético, «no moveré ni un dedo». Ello implicaba que Mao tendría que hacer de valedor de los coreanos. Durante sus encuentros en China, Kim omitió esa parte de la conversación con Stalin”. (Mao, Philip Short, página 587 y ss. Crítica, Barcelona, 1999).

A regañadientes y previa consulta con Moscú, para corroborar la versión de Kim, los chinos, que estaban preparando su invasión a Taiwan, debieron resignar esta y aceptar la propuesta coreana. El peso de los cien mil compatriotas de Kim il Sung que habían luchado en la liberación del Manchukuo pesaron en la decisión de Mao. Este nunca quedó conforme con el casi fait accompli que le impuso el dirigente coreano. Entre otras cosas, por el alivio que le significó a Chiang Kai-shek. Este ya había sido anoticiado por Truman que EE.UU. no intervendría para proteger a los nacionalistas.

Ese mismo año, George Orwell había hecho conocer su concepto de “Guerra Fría”. En Corea, había comenzado un cruentísimo enfrentamiento bélico en el que las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, divididas por aparentes motivos ideológicos, se enfrentaban a través de una guerra civil en un país periférico. Para la República Popular de Corea la guerra significó el exterminio del 15 % de su población civil, una total devastación de su territorio a consecuencia de los bombardeos norteamericanos y una casi regresión a las condiciones del reino de Goryeo en el siglo X de nuestra era. La intervención de China Popular impidió que los norteamericanos se hiciesen de la totalidad de la península y las tropas norteamericanas, amparadas equívocamente bajo la bandera de las Naciones Unidas, sufrieron un duro revés.

La situación se prolongó durante más de dos años hasta que finalizaron las hostilidades sin firmarse nunca la paz entre ambos estados coreanos.

A las tropas norteamericanas se sumaron algunas tropas latinoamericanas, principalmente de Colombia y de Puerto Rico. Fue esto último lo que lo llevó al poeta cubano Nicolás Guillén a escribir:

¿Cómo estás Puerto Rico, tú de socio asociado en sociedad

(…) de un empujón te hundieron en Corea, sin que supieras por quién ibas a pelear.

En el Río de la Plata es de destacar la campaña llevada adelante por Luis Alberto de Herrera, el jefe del Partido Nacional uruguayo, el partido Blanco, contra la adhesión de su país a la Guerra de Corea, a la que el oficialismo de Luis Batlle Berres pretendía meterlo. El gobierno de Juan Domingo Perón, en nuestro país, garantizaba la no injerencia argentina en una guerra imperial.

La construcción de una nación

La historia posterior de las dos Coreas constituye un claro ejemplo de una voluntad en construir una nación, incluso bajo las condiciones internacionales más difíciles.

Si Kim il Sung logró mantenerse independiente tanto de los designios de Moscú como de Pekín, pese a la importancia militar y económica que ese respaldo le significaba, no es menos cierto que la conducción de Seúl supo explotar para beneficio de su país la importancia geoestratégica que significaba para los EE.UU. El sucesor de Syngman Rhee, Park Chung-hee logró que esa dependencia política se convirtiera en factor de desarrollo, modernización e industrialización de su país, que, hasta su llegada al poder, sobrevívía de los aportes de las agencias yanquis. Con métodos cercanos a los de una dictadura militar, Park creó la prodigiosa Corea que hoy conocemos, la de Hyundai, LG, Samsung y la del nuevo cine coreano. Bajo su régimen, hubo reiterados intentos de acercamiento con la otra parte de la nación dividida, frustrados en la mayoría de los casos por la injerencia imperialista y las tensiones generadas por la Guerra Fría.

El régimen de Kim il Sung logró estabilizarse y encontró en su hijo, primero, y en su nieto, actualmente, una continuidad de criterios y objetivos. Acuñó su idea de un socialismo independiente tanto de China como de la entonces Unión Soviética, al que llamó “la idea Juche” que se ha traducido como de autoconfianza. Logró atravesar incólume, pero no sin grandes esfuerzos, la caída de la Unión Soviética y la transformación de China Popular en una gran potencia económica, sobre la base de un gran ejército, un estado permanente de amenaza de guerra y una gran unidad política de su pueblo.

Hoy, el nieto del guerrero de la Manchuria, Kim Jong-un y el presidente Moon Jae-in se han convertido en dos estadistas que están construyendo una nueva historia. Con su encuentro en el paralelo 38 han cerrado el siglo XX. Y al hacerlo han dado inicio a la construcción de una poderosa nación asiática, que, por primera vez en su historia, ha alcanzado semejante nivel de desarrollo. La integración definitiva de una Corea industrial, con una gran organización estatal, con un poderoso ejército y con capacidad nuclear modifica el mapa mundial y contribuye decisivamente a ese desplazamiento del centro del mundo que comenzó a manifestarse en el nuevo siglo XXI.

Kim Jong-un y Donald Trump, como dos jugadores fulleros, gesticularon, se insultaron, se hicieron bromas pesadas, se amenazaron recíprocamente con la hecatombe final. Seguramente ambos sabían que el final del juego sería algo parecido a esto.

Lo hemos dicho varias veces en los últimos años. La conducción política de los EE.UU. está decidida a un repliegue de sus fuerzas. Sabe que es un gigante con grandes pies de barro amenazado, ya no por el fantasma del comunismo, sino por el espectro del capital financiero, ante el que están sucumbiendo las principales economías industriales de Occidente. Es casi seguro que esto presente a nuestro continente nuevos problemas, nuevas dificultades y desafíos. Pero el nuevo mundo que se está construyendo ofrece también, si sabemos aprovecharlo creativamente, grandes oportunidades para nuestra integración continental y nuestra impostergable e imprescindible industrialización en las condiciones del gran salto civilizatorio que vive el género humano”.

“Gran salto”, sí. Lo de “civilizatorio”… tal vez Julio ha estado leyendo mucho a Jorge Castro 🙂 Igual, su mirada me parece más acertada que hablar de un “momento Nixon” para Trump -negociar con el oponente más agresivo… en apariencia- o de un “momento Deng” para Kim -abrirse a emprendimientos capitalistas.

Tiene razón J. F. B. en señalar que -si este entendimiento entre ambos estados coreanos se mantiene y profundiza- está surgiendo un nuevo actor poderoso en el escenario internacional: Corea. Afirmando definitivamente una realidad multipolar.

Me interesa destacar que, por ahora, y como me decía mi amigo Luis de Echeandía, este desarrollo tiene un claro ganador en el Juego del Poder global: China. Había un enfrentamiento, que le presenta periódicamente problemas en la región, entre un aliado díscolo, y una potencia industrial que por ese enfrentamiento no tenía otro recurso que ser un protectorado militar de los EE.UU. Esa extensión del poder yanqui en la tierra firme asiática ha quedado, salvo acontecimientos imprevisibles, neutralizada. El Reino del Medio está más seguro y puede seguir avanzando por la Ruta de la Seda.

Mapa-este-de-Asia


“Y ¿qué van a hacer con el dólar?”

abril 26, 2018

dolaresvolando

A pesar del título, este posteo -en un blog “en pausa”- no va a aportar a un posible -necesario para muchos- análisis de la situación económica actual. Aquí ya muchas veces se ha reconocido que Argentina tiene una economía bimonetaria, en la que el dólar cumple la función de reserva de valor, y se recordó que hace largas décadas Marcelo Diamand, entre otros, señaló que nuestra industria necesita para sus importaciones más divisas que las que producen sus exportaciones.

Entonces, ya hemos hablado mucho de “la restricción externa”, de la necesidad de un tipo de cambio adecuado para no hacer difícil exportar y, sobre todo, no hacer fácil las importaciones prescindibles y el gasto en el exterior.

De todos modos, ese no es el único problema, ni, me animo a decir, el más urgente que enfrenta la actual (multi) conducción económica. Aparecen síntomas de una… renuencia de los inversores -bah, prestamistas- externos a seguir poniendo las decenas de miles de millones de dólares que por año necesitaría Argentina para equilibrar su balance de pagos -el moderado aumento de la tasa de interés en EE.UU. no ayuda-; la baja previsible en la recaudación fiscal -la sequía, la autorización a demorar indefinidamente la liquidación de divisas, y la visible recesión en algunos sectores ayudan menos-; y, sobre todo, la burbuja que irresponsablemente se creó con las LEBACs y otros valores a cortísimo plazo que exigen tasas muy altas para no pasarse al dólar… Esa burbuja aumenta todas las semanas; todos saben que en algún momento habrá que salir de ella y todos temen que los últimos se quedarán sólo con bonitos papeles.

Igual, como dije arriba éste no es un aporte técnico; para el cual no tengo credenciales académicas. Sobre el tema específico del tipo de cambio, en particular, lo que puede decirse con responsabilidad (aquí va una tosecita modesta) lo dijimos hace 24 horas: “En resumen: no hay una situación previsible inmediata que obligue a una devaluación. Pero toda la experiencia de las pulseadas entre Bancos Centrales y los especuladores, aquí y en el extranjero, hace pensar que el actual no es un equilibrio sustentable“. Es el estilo sobrio que corresponde a un portal de noticias como AgendAR.

Pero este es un blog, y entonces me siento libre para especular. Decir, como es un lugar común entre economistas heterodoxos y también ahora entre los periodistas amigos de Macri, que el valor del dólar es un problema de credibilidad. Pero no, sostengo, la credibilidad de Sturzenegger. No. Es la credibilidad de Casandra.

Paso a explicarme: En la mitología, los dioses dieron a Casandra el rol de la profecía. Pero también una maldición: que nadie la iba a creer. Aquí los griegos acertaron en una verdad profunda: los seres humanos podemos creer -más o menos- en los pronósticos de desastre. Pero la gran mayoría seguimos actuando como si el desastre fuera algo lejano, que le va a pasar a otros.

En este caso, me consta, los economistas del peronismo tuvieron el papel de Casandra. En la Comisión de Economía del PJ, para citar el caso más notorio, los desequilibrios que mencioné arriba están siendo señalados desde hace un año y medio. Sin mucho eco, ni siquiera en la dirigencia peronista. Es comprensible: a nadie le gusta pensar mucho en que el caballo de madera está lleno de los soldados de Agamenón. Sobre todo si ya está dentro de las murallas y no hay forma de sacarlo.

De todos modos, el problema inmediato no es asunto de economistas ni de políticos de la(s) oposicion(es). Es de los argentinos en general. Porque el valor del dólar ha sido, por lo menos desde hace 43 años, el sistema de alerta temprana para todos nosotros. Aún, o especialmente, para los que no entienden nada de economía.

¿Es inevitable una corrida cambiaria? Reitero: no. Salvo que los grandes inversores -fondos de inversión, bancos- decidan irse de las LEBACs. Pero eso se puede conversar con una buena agenda, y Caputo y Dujovne la tienen. El problema es político: es el altísimo porcentaje de compatriotas que ahorra en dólares o se referencia en ellos. Son los que empiezan a preguntarse “¿Dónde está el piloto?“. La preocupación inmediata más válida, en realidad, es que el gobierno se sienta presionado a tomar medidas frente a este reclamo del que participan sus votantes y apoyos. Porque hasta ahora no ha mostrado sensibilidad social pero tampoco mucho acierto en las medidas que toma.

Tiene funcionarios expertos en administrar portafolios y evaluar flujos de fondos. Pero macroeconomía… es decir, la economía de un país, parece que no.


El peronismo que viene, el peronismo que no va

abril 20, 2018

Este ya no es el blog que conocían, por ahora. No ese lugar de discusión insistente que fue por más de diez años. Pero uno sigue teniendo impulsos de pensar en voz alta, y me doy el tiempo. Además, como antiguo afiliado al PJ, algún derecho tengo.

Aunque aviso que, como queda claro desde el título, mi tema central aquí no es el partido. Debemos reconocer que el PJ nacional y sus autoridades no fueron actores centrales en la política argentina en los últimos dos años. Apenas un ámbito institucional donde se podía trabajar en algunas áreas. Esto ha sido así, en realidad, en los últimos 30 años, después de la legendaria interna Menem-Cafiero, en 1988.

(Hay una excepción: el 2001, el año que implotó el gobierno de De la Rúa. Entonces, Duhalde, al frente del PJ, y Alfonsín, al frente de la UCR, buscaron una sucesión constitucional y posible. Pero eso fue en un contexto de crisis económica terminal, que hoy no está en el horizonte. No?).

En todo caso, mi posición sobre el tema la expuse ya hace 9 días en El PJ, esa cáscara. Los invito a cliquear y leerla, si les interesa.

El tema es el peronismo, del que el PJ es, tradicionalmente, la herramienta electoral. Y después de la muerte de Perón y cuando, como sucede con alguna frecuencia, el peronismo no ocupa la Presidencia de la nación, es el lugar donde se pueden articular y negociar las distintas realidades que componen ese “hecho maldito”. Corresponde decir que ese es el papel que trató de darle en esta etapa su presidente, José Luis Gioja, tomando en cuenta el distinto peso que tienen entre los peronistas los dirigentes que expresan, convocan a esas distintas realidades.

Esa es una parte del problema. Todos esos dirigentes quieren y se esfuerzan en aumentar el peso de su sector y de ellos mismos en la mesa de decisión. Natural; si no fueran así, no llegarían a dirigentes. La unidad del peronismo ha llegado a ser en los últimos meses un lugar común en el discurso de todos los que hablan desde ahí. Eso ha sido el logro de unos pocos que la plantearon desde muchos meses atrás, y, sobre todo, de la realidad. Ha quedado claro que ningún sector peronista, por sí solo, alcanza para derrotar a Cambiemos.

Pero la unidad de la mayor parte de la dirigencia territorial se va a conseguir en torno a la candidatura de quien ofrezca la mejor chance para ganar. Y eso todavía no está definido. Se va a definir, salvo un factor inesperado ajeno a esa dirigencia política, no mucho antes de junio del año que viene.

Hasta entonces, habrá puja interna para sumar voluntades y sentarse a la mesa de las decisiones.

Ahora, es evidente que esta interna tiene algunos jugadores de afuera. Los dos principales, por lejos, son el gobierno de Macri y el partido Clarín. Este, por su propio peso como el aparato mediático más poderoso, y también como una de las expresiones de ese animal fabuloso, la “burguesía nacional” (Con todo el respeto que tengo por la función en la economía de mis amigos de las empresas medianas y pequeñas, no son un factor de poder significativo. No desde la muerte de Gelbard).

Los intereses de estos “jugadores externos” no son exactamente los mismos. El gobierno -una parte de sus operadores- quieren un peronismo moderno, prolijo y anti K, que divida el voto peronista (Una parte de ellos; otros en el gobierno piensan que tener a Cristina enfrente les ayuda a fidelizar su voto).

El partido Clarín no tiene dudas; quiere una alternativa a Macri, para presionarlo, o alejarse de él si se deteriora mucho, y que esa alternativa sea un peronismo con el que pueda negociar en condiciones favorable. El kirchnerismo no lo es, obvio.

Todo esto está muy claro en las mesas de arena de los analistas. Pero en la realidad están los seres humanos individuales, sus ambiciones, temores y delirios. La intervención del PJ nacional y del bonaerense las viene pidiendo el Dr. Duhalde desde hce unos cuantos años. (Hay un eco del Rey Lear, de Shakespeare: Él tuvo un papel decisivo al frente del Poder Ejecutivo nacional en la crisis más grave de Argentina en 138 años, desde la breve guerra civil que condujo a la capitalización de Buenos Aires. Y fue el gran armador de la etapa siguiente: un gobierno peronista que se mantuvo, y mantuvo una razonable prosperidad, por 12 años y medio (Néstor Kirchner fue su candidato, y ministros claves de su gabinete inicial venían de su gobierno.

Pero el “Cabezón” no pudo aceptar su derrota en Buenos Aires, en 2005. Y que ya en su agenda no tiene los nombres de quienes hoy tallan en el peronismo bonaerense).

Y ese pedido de intervención -nuestro sistema judicial es muy… exclusivo- va al juzgado de la Dra. Servini de Cubría, María para sus amigos y la Chuchi para los que no lo son tanto, que tiene 82 años y también una larguísima historia con el peronismo.

El resultado es que el interventor del PJ es Luis Barrionuevo, cuya imagen -ya lo dije en el momento del fallo- da para un peronismo moderno y prolijo como yo para galán joven. El mismo Duhalde ha tomado distancia del asunto, y también Miguel Angel Pichetto, “broker” en el Senado de los gobernadores peronistas y principal armador de ese peronismo “moderno”, de centro y anti K.

Lo que decida la Cámara Nacional Electoral, cuando lo haga, es tan imprevisible, o previsible, como nuestro sistema judicial mismo. Y no es lo decisivo.

Esta situación da para un resultado favorable a la institucionalidad del peronismo, que sólo puede afirmarse en lo que una mayoría de los peronistas considere legítimo. Espero y apoyaré en la medida de mis escasas posiblidades, que el Congreso del PJ convocado para el 18 de mayo apruebe que las únicas autoridades legítimas del PJ, hasta que los afiliados elijan otras, son las del Consejo Nacional.

Esto lo fortalecerá en todo lo que puede ser hoy: ese espacio de negociación y articulación para la dirigencia del peronismo. No de toda. Del otro lado quedarán los que prefieren Macri a Cristina, que existen.

Y, sobre todo, seguirá pendiente la articulación con la mayoría de los gobernadores del peronismo, que no se dará -no está en sus intereses que se dé- hasta fines de este año. Tal vez, no hasta poco antes de junio ’19. Las señales más claras las darán -desde el peronismo y desde Cambiemos- los que decidan separar o unificar sus elecciones provinciales con las nacionales. Los intendentes -bastantes de los cuales gobiernan distritos con más votantes que algunas provincias- no tienen esa posibilidad. Por eso se definirán antes.

De todos modos, después de este largo texto que sólo puede interesar a políticos y politizados, insisto en algo que digo desde hace largos años. Desde antes que abrí el blog. La suma de dirigentes no es la unidad del peronismo. Ni de ninguna otra fuerza política. Algunos, y algunas, tienen liderazgo, “carisma”, aunque ahora no está de moda mencionarlo. Pero son pocos. En cualquier caso, no es transmisible. Ni es a prueba de desgaste, tampoco. Los militantes son valiosos y necesarios, pero son una minoría. No definen.

Los que quieren construir poder político en un país con instituciones democráticas -aún imperfectas, como el nuestro- deben sumar “intención de voto”. Comparado a ese factor, todo lo demás es humo.


Una crisis para Macri

abril 17, 2018

crisis

Tengo que excusarme -otra vez- con esos nobles lectores que se mantienen fieles. Éste no es material propio -sigo sin tiempo libre- y en esta oportunidad tengo algunos prejuicios sobre su autor. Walter Graziano es un economista brillante … con debilidad por las explicaciones políticas “conspirativas” (le pasa a algunos economistas. Nunca a los contadores).

Pero este artículo suyo -la descripción económica de una posible crisis durante la gestión Macri- es razonable y hasta prudente. Coincido con su análisis. Por lo menos en la primera etapa. Que de todos modos es la única que puede ser prevista, hasta cierto punto. En un párrafo breve al final, marco mis diferencias con sus conclusiones.

Me parece significativo, tengo que agregar, que la haya publicado el Cronista, el diario que se esfuerza en ser el medio del establishment financiero (y de los timberos con aspiraciones). Un llamado a la prudencia, tal vez? Ah, la imagen que encabeza este posteo también es del Cronista.

Una crisis económica en la era Macri sería muy diferente a la de 2001

A medida que se produce un deterioro en las cifras del plan económico, con la deuda pública subiendo, la inflación resistente a bajar, las ventas de dólares del Banco Central, la aparición de déficit de balanza de pagos y el fuerte crecimiento en el déficit consolidado del Estado (Tesoro + Banco Central), son muchos quienes se preguntan cómo puede terminar este plan económico si las cosas empeoran.

El recuerdo de la crisis económica de 2001 aún está fresco en la memoria de todos aquellos que perdieron sus ahorros por entero y debieron comenzar de cero. El temor de una repetición de tal crisis es muy fuerte y en cierta manera paraliza el accionar de muchos operadores económicos que podrían consumir o invertir con mayor confianza si no hubiera quedado esa marca indeleble en sus mentes.

Por eso, vale la pena preguntarse: ¿puede ocurrir una crisis similar a la de 2001 si las cosas salen mal? ¿Hasta dónde la realidad puede copiarse a sí misma?

Pues bien, veamos. El actual plan económico se diferencia en varios puntos centrales del que se aplicó durante la década de los 90 y explotó en 2001. En primer lugar, aquel era un plan con tipo de cambio mucho más rígido que un tipo de cambio fijo. Se trataba de un tipo de cambio convertible, o sea, se trataba del único tipo de cambio posible -según las autoridades de aquella época-, a punto tal que tuvo que votarse en el Congreso una ley de intangibilidad de los depósitos “para intentar infructuosamente garantizar a la población que sus depósitos estaban seguros en los bancos y no serían confiscados por el agente económico del cual todos desconfiaban: el Estado.

Pero no sólo el tipo de cambio era fijo y convertible sin poder moverse ni un milímetro: había una gran cantidad de depósitos en dólares (superaban en aquella época los u$s 10.000 millones) con un bajo encaje bancario. Los bancos eran incentivados por las autoridades a prestar todos los dólares posibles y si era a plazos muy largos en concepto de préstamos hipotecarios, mucho mejor.

De esta manera, cuando los capitales dejaron de ingresar masivamente a la Argentina -hacia fines de los años 90- la inercia de dólares abundantes vendiéndose en el mercado local a 1 a 1 se mantuvo durante largos meses dado que quienes tomaban dólares prestados de los bancos, o quienes los recibían tras vender un inmueble, debían venderlos en el mercado para hacerse de pesos.

Fue así que un mismo dólar pasó a tener varios dueños: el tenedor físico del billete y el depositante de dólares en los bancos. Todo esto generó una ilusión, un espejismo de abundancia de divisas que en realidad era falsa. Solo se necesitaba -como ocurrió- la presencia de un abultado déficit de cuenta corriente de balanza de pagos para acabar con ilusiones y espejismos.

De esta manera que cuando sobrevinieron los males, sobrevinieron todos juntos, dado que había una escasez de dólares en todos los sectores de la economía: no los tenía el Estado, no los tenía el Banco Central, no los tenían los bancos, no los tenían las empresas y no los tenían los particulares.

Hoy, las cosas son marcadamente diferentes: no hay un dólar convertible. Ni siquiera hay un tipo de cambio fijo. Aunque el Banco Central interviene, hasta el momento no puede decirse que haya impedido que se manifieste una tendencia del mercado. Es cierto que en marzo le ha puesto un “techo” un tanto caprichoso al valor del dólar, pero no hubo aún un plazo duradero de esa política como para asimilar la actual situación a un tipo de cambio fijo o descendente.

La otra gran diferencia es que si bien hay muchos más depósitos en dólares (superan los u$s 30.000 millones), los bancos sólo pueden prestar las divisas a empresas relacionadas con la generación de dólares a través del comercio exterior. El resto debe ser mantenido como encaje en el Banco Central. En forma preocupante, esta muy sana limitación está siendo cambiada en estos días autorizándose a que los bancos presten los dólares que toman del público al Tesoro, el cual puede pagar sus deudas en dólares con estas divisas.

Esto es algo incipiente y habrá que ver a qué niveles llega. Obviamente, de generalizarse este uso para los dólares depositados en los bancos estaremos frente a una muy mala noticia que puede acercar al sistema financiero algo -nunca lo será del todo- a aquel sistema financiero de 2001.

Entonces, hay dos grandes diferencias: el tipo de cambio se mueve y es flotante en forma “sucia” y los dólares depositados están aún mayoritariamente en forma de encajes en el Banco Central o prestados a empresas que generan dólares. Ello implica que hay varios ingredientes de lo que ocurrió en 2001 que no serían necesarios hoy en día si sobreviene una crisis.

En primer lugar no existiría la necesidad de un corralito dado que los dólares podrían devolverse a los depositantes y los pesos podrían devolverse también sin necesidad de mantener un dólar fijo a ultranza.

En segundo lugar, no sería necesaria la pesificación. En 2001 fue necesario convertir las deudas en dólares a deudas en pesos para que las mismas pudieran pagarse y además porque no estaban los dólares que no podían devolverse. Hoy una pesificación no sería necesaria ni siquiera en una profunda crisis: no hay créditos en dólares que devolver.
En tercer lugar, un default de la deuda pública no sería un hecho seguro si sobreviene una crisis. Ello sólo sería inevitable si se cortan todos los lazos financieros con prestamistas externos e internos y, sobre todo, si se avanza en la peligrosa tendencia a que se usen los depósitos en dólares que están en los bancos para pagar deudas del Tesoro.

En síntesis, una crisis económica en la era Macri, aún una crisis profunda, probablemente constaría de una fuerte devaluación del peso y un incierto grado de disponibilidad de divisas, que, según la situación puede ser más o menos amplio. Pero hay que olvidarse del corralito, de la pesificación y hasta cierto punto, de un default”.

Este análisis de Graziano es -en líneas generales, las únicas posibles en una situación cambiante- correcto. Sólo me siento obligado a observar lo que dice en el último párrafo “Hay que olvidarse de…”. Todo lo que puede afirmarse es que esas medidas no serían, al presentarse la posible crisis, necesarias.

Pero siempre tengo presente una frase atribuida a Einstein “Sólo conozco de dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy tan seguro”.


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