Redes sociales y esta campaña electoral. Reflexiones casuales

agosto 8, 2021

Como los lectores sofisticados (todos ustedes, no?) se habrán dado cuenta desde el título, estoy abriendo el paraguas aún más de lo habitual. “Esta campaña”, “casuales“. Pasa que las redes sociales son hoy el tema sobre el que escriben sociólogos, epistemólogos, filósofos mediáticos… toda esa gente sabia con títulos en ciencias sociales. Y yo no he elaborado un andamiaje teórico sobre el asunto. Cuento con apenas algunos datos empíricos que me hacen “pensar en voz alta”.

Empiezo reconociendo lo obvio, lo que señalan todos esos opinadores que han elaborado teorías: las redes sociales son una realidad clave de las sociedades modernas (y de las no tan modernas. En Myanmar, por ejemplo, whatsapp jugó un rol decisivo en las masacres de musulmanes).

La evaluación de la mayoría de los teóricos ha cambiado: hace una década muchos de ellos veían a las redes como una fuerza en favor de la democracia, la libertad… Ahora, como los usuarios de las redes parecen mas inclinados a votar a, por ejemplo, Donald Trump que a Slavoj Žižek, tienden a horrorizarse de los odiadores.

Por mi parte, tengo un gran respeto por la Realidad (es más grande, más vieja y más jodida que yo. Y va a seguir cuando yo no esté…). Así que prefiero volcarme a los datos empíricos. Teniendo en cuenta que las encuestas y el monitoreo de las redes siempre dan imágenes imprecisas, aún más con la pandemia.

Lo que me parece percibir -y es el motivo de este posteo- es que las redes tienen un papel complejo, y en cierto modo contradictorio, en la formación de actitudes colectivas. Se han mostrado como agentes poderosos en la formación de conjuntos sociales, la articulación de gente muy diversa y desconectada físicamente entre sí en una común identidad, que comparte (dis)valoraciones y actitudes. Usualmente, el rechazo o el odio a algo o alguien (Cristina, Macri, el “populismo”… Este último término es muy revelador: hace menos de una década lo usaban algunos politólogos o gente que, como yo, se interesaban en la historia política de los Estados Unidos. Ahora, en la política argentina el antipopulismo es una etiqueta casi tan establecida como el antiperonismo, y está reemplazando al anticomunismo).

Una reserva: las redes sociales todavía no han reemplazado a los medios masivos -salvo, tal vez, en EE.UU. y algunos países de Europa Occidental- en la función esencial de fijar agenda. (Y a la TV en particular en hacer conocidas a las figuras). Pero las redes los superan, muy claramente, en la tarea de comunicar los temas de esa agenda, y hacer que sus usuarios los repliquen, con carga emocional añadida. Ese mecanismo ha sido muy exitoso en Argentina; hace recordar, en algunos sectores de la población -“señoras gordas de ambos sexos”- a los “dos minutos de odio” que imaginó Orwell en 1984.

Todo esto, y la interacción entre dos identidades sociales, ambas reforzadas o creadas por las redes, ya ha sido analizado. Mejor que yo. Pero creo que no se ha prestado suficiente atención a un fenómeno menos evidente, el … alejamiento, la “toma de distancia” que provoca ese proceso de formación de una identidad colectiva entre los que no se suman a ella.

Es un fenómeno que se percibe desde hace no menos de 10 años, pero que en estos meses se hace ver con más claridad. La existencia de las redes facilita e impulsa a los dirigentes políticos, y a sus asesores, a volcarse a la creación de su público. Que replicará, y también enriquecerá con distintos y heterogéneos aportes, su mensaje. La militancia digital, de la que he hablado con algo de ironía…

Pero es una ironía superficial. Ese proceso de comunicación y formación de conciencia, es anterior a las redes; es tan antiguo como la política. Es la política.

También es viejo, y debería ser obvio, que cuando un dirigente crea o fortalece una conciencia comprometida, también lo está haciendo con la opuesta. El fenómeno de la polarización, como he discutido con otro, conocido, bloguero, siempre tiende a crear dos polos.

Pero la polarización también cansa, a la larga. De ahí ese fenómeno del “alejamiento” que remarco.

Los hechos concretos que observo: Hay una tendencia fuerte entre políticos y comunicadores en los medios -hoy es difícil distinguirlos- a ganar repercusión y seguidores dirigiéndose a su público más motivado y replicar sus broncas y odios, tal como se detectan, y estimulan a través de “granjas de trolls” en las redes. Esa modalidad funciona, cómo no. Obtienen popularidad, y/o rating. El costo de convertirse en las “bestias negras” del Otro Lado, está previsto y asumido.

Pero también produce alejamiento, “toma de distancia” y fastidio en el sector de la población que no se identifica con ninguno de los dos polos. Aunque en su conducta electoral, y hasta en sus conversaciones privadas, sea parte de alguno de los dos. Salvo momentos especiales, y generalmente breves, el sector que no internaliza los mensajes “militantes”, es mayoritario.

Atención: por su misma naturaleza, ese sector, el que se siente incómodo con la “grieta”, no va a producir una opción política distinta de cualquiera de los dos Lados. Salvo que aparezca un nuevo tema y un nuevo liderazgo que convoquen a un número considerable de compatriotas. Cosa que hoy no aparece en el menú de opciones, ni “por las tapas”. Pero eso no significa que, ni mucho menos, que no tenga consecuencias políticas, en una sociedad divida en dos bandos no muy distintos en sus resultados electorales, y con una competencia interna fuerte. Ambos.

Si uno va a la performance en esto de los liderazgos políticos realmente existentes, mi falible evaluación es que a partir de 2017 y hasta ahora, Cristina Kirchner ha enfrentado, y conseguido con razonable éxito, conservar la necesaria, imprescindible, adhesión de su público enfervorizado, sin exacerbar la hostilidad que sus adversarios y su mismo proceso de construcción de poder han creado.

Es en el bloque “antikirchnerista”, para definirlo de algún modo, donde estos fenómenos opuestos de enfervorización y alejamiento, tendrán, creo, consecuencias políticas visibles. O, en una frase que ya no recuerdo de donde la tomé, “El que viva lo verá“.

¿Alguna observación práctica, como debería surgir de alguien que pretende ser un profesional de la comunicación? Ya la hizo, y ya la cité otras veces, el dirigente social Tony Montana “No consumas de tu propia mercadería“.


Claudio Scaletta, Eduardo Crespo, Bolsonaro y lo que hay

agosto 1, 2021

Empiezo aportando una sugerencia práctica: los domingos, por un viejo hábito que no cayó del todo en desuso, proliferan las “piezas de opinión” en los medios. Si van a leer 2 -un límite sensato, para no ahogarse en palabras- propongo Entre “opinadores” y hacedores de política: prueba de fuego, de Scaletta, y Entre el progresismo neoliberal y la derecha bolsonarista, de Crespo. Este consejo es para el amplio abanico más o menos oficialista, entre los que apoyan con entusiasmo o resignación al gobierno actual.

Para el igualmente amplio abanico opositor… no tengo sugerencias, porque no soy de ese palo, y además no me entusiasma nada de lo que leí. Si les pasa lo mismo, pueden desahogarse en twitter. Muchos lo hacen.

Continuo aclarando que no voy a polemizar con estas piezas, ni de Crespo ni de Scaletta, salvo incidentalmente. Esos debates pertenecen a la época dorada de los blogs, 10, 15 años atrás, de la que este blog es una melancólica nostalgia. Hoy los blogueros estrella serían María Esperanza Casullo, Martín Rodríguez, Pablo Touzon,… Pero escriben ensayos, no debaten. (Ni yo tampoco, para el caso: hace mucho que no modero comentarios…).

Lo que me interesa es señalar que, tanto lo de Scaletta como lo de Crespo, aunque el contenido es muy distinto -están hablando de cosas diferentes-, se dirige al mismo público. Es un mensaje para el oficialismo insatisfecho, preocupado. Y es “clintoniano” (Bill): “Es la economía, estúpidos”.

Y tienen razón. Hace muchos años que vengo diciendo en este blog que -salvo para los países ubicados en Medio Oriente, donde en lo inmediato hay que tener buenos generales- el destino de las naciones depende, fundamentalmente, del acierto o error en sus políticas económicas.

Desde lo que (si los entendí bien) es un acuerdo en lo básico, planteo esas discrepancias incidentales: Scaletta tiene razón cuando señala que (muchos) defensores del ambiente no conocen ni les interesa conocer las realidades de la economía, de la producción. Se encierran en una fantasía en la que la “agricultura familiar” y el reciclaje cubrirán las necesidades de 8 mil millones de habitantes del planeta y -lo cercano e inmediato- las de los 45 millones de compatriotas. Que no sólo quieren alimentarse sino también -impulsados por el consumismo apátrida- quieren zapatillas de marca y celulares.

Y Crespo también tiene razón en lo que creo que dice: la “ampliación de derechos”, las políticas de género, … están muy bien, pero si no se crea trabajo digno y un bienestar mínimo para los de abajo, van a votar cualquier cosa. Cualquier cosa que no le guste a la mayoría de los que apoyan a este gobierno.

Ahora, los “sí, pero”. Scaletta, más cercano, por lo menos intelectualmente, a quienes toman decisiones hoy, no debe olvidar que el ambientalismo puede ser, en parte, lo que los afroestadounidenses llaman “problemas de blanquitos“; pero… los “blanquitos” también votan en Argentina, y son una parte importante del electorado, y de la mayoría que votó al Frente de Todos. También, que muchos morochos viven cerca de donde van abrir minas o perforar por petróleo; con lo que no tienen objeciones teóricas, sino una muy práctica que en yanquilandia expresan “No en mi patio“.

Lo resumo diciendo que, así como Argentina es un país con empresas pobres y empresarios ricos, tiene una economía de clase media baja y una parte muy importante de su población con ideas y aspiraciones de clase media alta. No es nada nuevo, ni solamente argentino en lo esencial. Ya desde la segunda mitad del siglo pasado, en las sociedades más o menos moderna, la mayoría de sus miembros no se identifican con “los pobres”. Aunque lo sean.

O sea, el “desarrollismo” (hay que buscarle un nombre nuevo) tiene que tener, si va a ser viable, un mensaje y un espacio para los precarizados y los de fuera del sistema, que son muchos. No basta con saber que cuando la Argentina sea, si llega a ser, un país desarrollado tendrá mejores políticas sociales. Ese es un futuro triste.

También le hace falta un mensaje para aquellos que entre los argentinos urbanos (90+% de la población) tienen un compromiso emocional con lo verde, la alimentación orgánica… Hasta algunos son veganos, Dios los perdone. Votan, son bastantes, y sobre todo se comprometen, que en la política moderna es un factor decisivo.

(En AgendAR, cuando tratamos temas de política nuclear -muy a menudo- nos preocupamos en señalar que es una fuente de energía limpia, constante y que no emite en forma directa ni indirecta gases de efecto invernadero. Pero están dirigidas a un público muy específico, y aunque sabemos que Argentina puede exportar reactores, y lo ha hecho, no serán el rubro central de nuestras exportaciones).

Crespo tiene claro que una política económica que sólo ofrece para los expulsados del sistema planes sociales (encima bastante mezquinos, como los actuales), no tiene futuro.

En lo inmediato electoral, las encuestas me dicen (aunque me cueste creerlas) que al oficialismo no le iría tan mal hoy. Supongo que esta oposición ayuda mucho. Y el surgimiento de un bolsonarismo local… no lo veo en lo inmediato. Y si surgiera… probablemente surgiría del peronismo. Los perucas somos creativos, Dios nos perdone.

Como creo que quedó claro, yo también soy de los oficialistas preocupados e insatisfechos. Reconozco los importantes méritos políticos de la experiencia kirchnerista y hasta de esta etapa alberto-cristinista. Alguien que vivió los ´70, puede apreciar la racionalidad y la prudencia (aunque estén mechadas con algunas torpezas). Y no me cabe duda que duda que sus políticas económicas son mejores que el dogmatismo ideológico de la experiencia macrista y el vacío de la actual oposición.

Pero no alcanza (noto que son dos palabras que estoy repitiendo). Ni los 12 años y medio de los gobiernos K, menos aún los casi dos de esta etapa, lograron establecer políticas económicas lo suficiente sólidas para subsistir a un cambio de gobierno. Hasta que no logremos eso…


Chau, Jorge. Abrazo

julio 12, 2021

Con Jorge Landau hemos sido amigos desde 1971, 72? (Él probablemente se acordaba de la fecha exacta y la ocasión. Tenía mejor memoria que yo). El hecho es que hoy se fue una parte importante de mi vida. También se hicieron lazos entre las familias que formamos. Pero no me siento impulsado a hablar de lo que hemos compartido. Ni él ni yo éramos de exhibir la vida privada.

Sí tengo ganas de hacer una reflexión corta sobre la tarea a la que se dedicó. No es que era “su vida”. La hizo con seriedad y también se divirtió bastante. Pero disfrutaba más de su familia, en los últimos años de sus nietos, y de las cosas que le gustaban, la ópera, River,… Pero aunque le cansaba un poco al final, tenía claro que era su aporte a una causa que lo trascendía. A él y a aquellos con quienes colaboraba. Y también a quienes alguna vez frenó.

Quiero hablar de esa tarea, en mis palabras, no las suyas (era abogado, yo no). Es una forma de despedirlo desde el blog (él lo leía).

Vi su tarea en el Partido como alguien que forjaba y reparaba herramientas. Porque eso es el PJ, una herramienta -que puede ser bien o mal usada- para el peronismo. Que es una herramienta -también, bien o mal usada- para el pueblo argentino.

Tratando de mejorar un poco la imagen -sigue siendo muy pobre, pero disculpen, no estoy brillante- hablaré de un mecanismo, que trata de encauzar fuerzas, ambición, idealismo, broncas, delirios… todas esas cosas que nos mueven a los humanos, para permitir que colaboren, más o menos con buena onda o por lo menos sin matarse, en una tarea común de llegar a gobernar.

Jorge era el mecánico al que llamaban cada vez que ese mecanismo debía ser ajustado, periódicamente. Dejando de lado la imagen: cuando había que armar las listas que iban a expresar las relaciones de poder en el peronismo. Sabía muy bien que la política -en el peronismo, en todas las fuerzas políticas- es piramidal: el poder tiende a concentrarse en la punta, dónde él no estaba. Y ayudaba a que las decisiones “de la conducción”, las distintas conducciones que fueron pasando a lo largo de los años, dejaran los menos lastimados posibles. Y a los lastimados, él los trató siempre con respeto y buena onda.

Jorge también pensaba que necesitamos esos mecanismos para la Argentina. Pero era realista, y sabía que estamos lejos de alcanzarlo.

Creo que hubiera aprobado este posteo. Era más tolerante que yo con el estilo. Pero voy a terminar con una cita de alguien que sí podía escribir grandes frases “No es para los mortales reclamar el triunfo, Casio, pero haremos algo mejor, lo mereceremos”.


Chau, Mercosur. ¿Y después?

julio 8, 2021

El “Uruexit”, una jugada importante. Que nuestra clase política (incluidos los politizados) no la vimos venir, enfrascados en las miserias (Mauricio dixit) y las comedias del armado de listas. Y, con mejores razones, en la final en el Maracaná.

Y como supongo que su discusión pública quedará sepultada entre las chicanas de la campaña, paso a compartir -por lo que valga- una crónica desde punto de vista yoruga y mi comentario que escribí anoche para AgendAR.

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Ayer, 7 de julio,  empezó a sesionar la 58° Reunión Ordinaria del Consejo del Mercado Común del Mercosur, que puede ser la última del bloque que vinculó las economías de 4 países de Sudamérica. Ahí Uruguay reivindicó su pertenencia, pero comunicó que comenzará a conversar con terceros para negociar acuerdos comerciales extrazona, según informó su cancillería.

En la reunión participaron por Uruguay sus ministros de Relaciones Exteriores, Francisco Bustillo, y de Economía, Azucena Arbeleche. Su planteo fue “defender la modernización del bloque a través de una agenda de negociaciones externas sustantiva, ágil, dinámica, flexible y permanente”.

Esta decisión se tomó, sigue diciendo la cancillería uruguaya, porque “no se aprobó la reducción del arancel externo común, a pesar de que Uruguay había apoyado algunas de las propuestas presentadas, las que siempre se entendieron formando parte de un mismo paquete con la flexibilización”.

“Uruguay entiende que la decisión 32/00 no está en vigor, ya que nunca fue internalizada”, afirma. (La decisión a la que alude establece, entre otras cosas, “el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias”.

En el comunicado, Uruguay reitera que «inspirado en principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio, actuará conforme a ellos en materia de inserción internacional, reivindicando su calidad de miembro pleno del Mercosur”.

ooooo

El Uruexit le cayó al gobierno argentino «como un balde de agua fría». No habla bien de su capacidad de previsión. Uruguay y, más discretamente, Paraguay vienen planteando desde hace años que si Argentina (y Brasil) no se abren a sus exportaciones, ellos no tienen porqué cerrarse a las exportaciones de terceros.

Es lógico. No tienen una base industrial significativa a defender. Y ser un refugio de evasores no alcanza como base sólida para una economía que sea algo más grande que la de un paraíso fiscal.

Desde nuestro gobierno dicen que “la postura de Uruguay es errónea e ilegal porque la decisión 32/00 (norma del ‘consenso’) no necesita un procedimiento de internalización, porque sólo repite lo que está en el artículo 1 del Tratado de Asunción” (la internalización es incorporar un acuerdo internacional en el derecho interno).

Es un buen punto jurídico, pero no existe el tribunal al que acudir. Argentina, entendemos, debe enfocar el tema con realismo: la diplomacia uruguaya siempre ha sido profesional y cautelosa. No habría dado este paso sino tuviera seguridades que dentro del bloque Brasil lo vería con buenos ojos. Es posible que también tenga alguna aprobación informal desde fuera de la América del Sur.

Como sea, es probable que el Uruexit sea el primer «cañonazo» al Mercosur que perduró, con relativamente pocos cambios durante 30 años. Creemos que sería un error pensar que, si en 2022 se va Bolsonaro y es elegido en Brasil Lula o alguien menos irritante que su actual presidente, se pueda volver atrás. Aunque Uruguay «vuelva»… después de varias concesiones.

Si es así, y en los próximos meses lo sabremos, el gobierno nacional, las provincias, los empresarios y los sindicatos deberán encarar algo que los argentinos hemos dejado de hacer en los últimos 48 años: planificar. Decidir cómo vamos a encarar las relaciones comerciales con nuestro socio comercial inevitable, Brasil, con nuestros otros vecinos, y con el resto del mundo.

Pensemos en un Mercosur 2.0. Podemos usar ese nombre para especular: la arquitectura legal y administrativa existe, y -como ya dijimos otras veces en el portal- sólo un acuerdo estratégico entre Argentina y Brasil puede hacer que la América del Sur sea algo más que un tablero para las Grandes Potencias.

Ese renovado acuerdo deberá recoger un reclamo válido de Paraguay y Uruguay, y que haría cualquier socio menor: si hay una unión aduanera «hacia afuera», un arancel externo común, debería haber una unión aduanera «hacia adentro». Que no haya barreras para las manufacturas de los socios, que su tamaño no los discrimine.

No es, por cierto, el único tema que debemos encarar con anticipación y en un marco regional: como advierte el economista Ricardo Carciofi, la Unión Europea aplicará un «ajuste en frontera», bah, un arancel, según el contenido de carbono de las importaciones.

Por ahora sólo afectará a los sectores intensivos en uso de energía: acero, aluminio, cemento… Pero es muy previsible -conociendo el lobby de los agricultores europeos- que luego alcance a las exportaciones agrícolas. Brasil tendrá más problemas todavía que nosotros, con su historia de deforestación.

El macrohistoriador Toynbee decía que la Historia no registra ningún caso de una confederación laxa que haya perdurado: o se transforman en una federación más estrecha y sólida, o se disuelven. Ese desafío lo estamos viendo en la Unión Europea. Probablemente lo veremos aquí.


El Rodríguez Larreta que (se) viene

julio 4, 2021

En estos días, el paso atrás simultáneo de Patricia Bullrich y de Lilita Carrió fue un hecho político de mediana importancia, pero una gran ocasión para tweets. Yo también me dejé llevar por la tentación, confieso, pero me quedé pensando si había lugar para una reflexión sobre la coyuntura, a mitad de camino entre las chicanas de twitter, y los análisis sociológicos que ya harán María Esperanza Casullo, Martín Rodríguez, Pablo Touzon… Quiero probar. Para eso está el blog, no?

Lo primero que se me ocurre es que hoy Argentina está más lejos de volverse Venezuela. Con esto no me refiero a las fantasías paranoicas que abrigan los sectores más proclives a referenciarse en Pato o Lilita: el plan totalitario de Cristina Kirchner que, por alguna razón, no llevó a cabo durante sus 8 años de Presidenta, pero que ahora realizará a través de su títere, Alberto. Pavadas, no.

Por “Venezuela” me refiero a una situación que también los argentinos conocemos: una oposición que no es sólo un elenco dirigencial que quiere llegar al gobierno, una que es, sobre todo, un sector social minoritario pero importante, que cree que su única forma de alcanzar el poder e impedir políticas que aborrece es destruir a sus adversarios. Y si lo consigue, cree que necesita prohibirlos y perseguirlos para conservarlo. Argentina de 1949 a 1983, más o menos.

Hace bastantes años, dije en el blog que el triunfo de Alfonsín en 1983, hizo viable el camino electoral en nuestro país: el antiperonismo percibió que el peronismo podía perder elecciones nacionales libres. Hasta entonces nadie lo creía (tampoco los peronistas).

Entonces, el dato más importante del escenario actual es, en mi falible opinión, que los sectores hostiles al gobierno actual perciben al Pelado como un candidato con chances para derrotar a la coalición que respalda a los Fernández en 2023. Por supuesto, es una especulación. Como dijo un danés que no apareció en Borgen, es difícil hacer predicciones, sobre todo acerca del futuro. Por ejemplo, un resultado en noviembre próximo, muy diferente de los números de octubre ´19, en un sentido o en el otro, cambiaría totalmente el panorama.

Pero es necesario tener claro hasta qué punto la política es anticipación. Especialmente en nuestro país, donde buena parte del poder económico depende de los privilegios que puede extraer del Estado (Y el resto, de eludir sus controles). No que no pase en todos lados, pero donde los partidos políticos no tienen recursos propios, como en Argentina, es más notorio.

Un marxismo residual en el pensamiento político tiende a ver a los muy grandes empresarios como hacedores de candidatos. En parte es cierto ¿quién pone el muchísimo dinero que se necesita para las campañas?, pero más importante, sostengo, es el fenómeno opuesto, los CEOs buscando ansiosamente el candidato “friendly” que pueda ganar elecciones. Ni hablemos de todos los que abrigan ilusiones de conseguir cargos o contratos en un futuro gobierno.

Así, mi impresión (¿debo repetir lo de falible?) es que lo que veremos en estos meses es una paulatina, o no tanto, consolidación del papel central, como futuro candidato presidencial, de Rodríguez Larreta en el “dispositivo” opositor, con corcoveos fuertes del radicalismo para aumentar su precio.

Una tarea inmediata, a medida que, como se espera, la campaña de vacunación reduzca el peso de la pandemia, como está sucediendo en EE.UU. y en la mayor parte de Europa, será tratar de sacarse la imagen subyacente de “Juntos por el Covid”, a la que la arrastraba la campaña polarizadora de Patricia.

Esto también obligará a la coalición oficialista a buscar figuras y temas para el enfrentamiento con HRL. Contra el ex presidente Macri era más fácil. Pero si conozco a esa tribu -y la conozco- esperarán a los resultados de noviembre para decidir cuáles deben ser las adaptaciones. Es razonable.


Perón, a 47 años. Sigue

julio 1, 2021

Supongo que es mi historia lo que hace que los días 1° de julio suba algo de Perón a mi blog personal. Eso hace inevitable que repita mucho de lo que ya dije antes. Este video, por ejemplo, lo subí en el 2014. Y desde que lo vi por primera vez -estaba en celuloide- pronto habrá pasado medio siglo…

Sucede que uno es su historia, y también lo que uno hace con su historia. El equilibrio entre reflexión y acción, entre convicciones y consecuencias. Por eso en esta larga exposición del Viejo encuentro algo más que lo que escuchaba hace 50 años. Sin dejar de oír lo de antes, por supuesto. Perón siempre muy claro y didáctico; se puede estar en desacuerdo con lo que dice; se puede estar furiosamente en contra, pero hay que ser muy pelotudo para no entenderlo.

El punto que me interesa marcar es que esta filmación era una herramienta más de un jefe político en los momentos decisivos de una larga batalla por volver al poder. Uno de los mensajes -cartas, cintas grabadas- que durante 18 años fueron su única y poderosa arma, que enviaba a interlocutores y grupos muy diversos. Y “el medio es el mensaje” como ya decía McLuhan entonces. En este caso, lo filmaba el grupo “Cine Liberación”, de Fernando Solanas y Octavio Getino; hablaba para ellos y para el público militante que la iba a ver (los cortos fragmentos agregados al final lo muestran). Y para ese momento de la Historia: los mitos movilizadores eran Vietnam, Cuba, el mayo francés,… Uno puede escuchar cómo habla para ese público y al mismo tiempo refirma planteos que hacen a su pensamiento y su estrategia.

Mi idea en este posteo no es sacralizar nada. Más bien, me fastidian los que intentan tomar un momento, un episodio de Perón y del peronismo y tratan de hacer creer que eso es el peronismo. Sucede que ya tiene una larga historia. Como la Argentina, con una historia aún más larga, de la que salió el peronismo. Y como las historias personales, está también lo que hacemos con ellas.

En las historias colectivas, debe dar algo de humildad saber que luego vendrán otros, que harán cosas distintas. Y esa es una especie de triunfo.

¿Algo permanente? Para mí, lo encuentro en una frase del Viejo, que ya no recuerdo si está en este video “no debiera nacer el que no tenga una causa noble por la cual luchar”.


Horacio González, Torcuato Di Tella, y el pensamiento argentino en los tiempos de Kirchner

junio 24, 2021

No sé si puedo considerarme amigo de Horacio, cuando pasaron, fácil, más de 30 años de la última vez que charlamos. No cuenta el saludarse con una sonrisa y agitando el brazo cuando nos veíamos, a la distancia, en algún acto con mucho público. Además, o lo principal, me costaba leerlo. Reconocía un pensamiento culto y riguroso -lo suyo no era el chamuyo vacío o repetir clichés- pero lo hacía complicado, para alguien cuyas lecturas favoritas venían, vienen, de una tradición intelectual muy distinta.

Pero sigo pensando en él como uno de los amigos que se fueron en estos meses. Había “onda”, y compartíamos toda la historia de nuestra generación. Sobre todo, era un gran tipo. De los que uno sabía que si me fueran mal las cosas, era de los que podía pedirles una mano.

Pero este no es un recordatorio de Horacio. Algo hicimos, breve, en AgendAR. Y cuando estaba buscando material apropiado -no fácil, para un portal dedicado a la tecnología y la producción- encontré algo que él había escrito cuando murió Torcuato Di Tella.

Me dejó pensando que esas dos corrientes y estilos, tan distintos, que ambos expresaban, de pensamiento y análisis confluyeron -¿chocaron, sumaron?- en la experiencia kirchnerista, la última etapa -hasta ahora- de la experiencia peronista.

Entiéndase, ni se me ocurres que el kirchnerismo o el peronismo en su conjunto, estén contenidos en lo que escriban sus intelectuales. Pero son parte de, y esos dos venían de historias y producciones previas -uno, la izquierda sesentista, otro, la reflexión crítica sobre el peronismo y el antiperonismo- que aportaron mucho a la conciencia de esta etapa. Precisamente porque venían de una historia previa.

A mí me gusta pensar que otros seguirán elaborando el presente para las etapas que sigan.

Ahora, los dejo con Horacio hablando de Torcuato.

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No fui su amigo, ni su discípulo; apenas, distraídamente fui su alumno, como se es generalmente alumno, con una ligera despreocupación respecto a quién es el profesor. Torcuato era tenido como una suerte de cofundador de la Carrera de Sociología, cuya figura central era la de Gino Germani, que a diferencia de Torcuato, mostró un rasgo final escéptico en su pensamiento y desenraizado en su actuación universitaria.

El apellido Di Tella pesaba desde la fábrica enclavada en las orillas del Riachuelo, con extrañeza metalmecánica: su nombre estaba en los autos, en las heladeras y en otros electrodomésticos. Entre tantas otras que no mencionaremos, los Germani y los Di Tella eran dos corrientes diferentes de la presencia italiana en la arcilla de la historia nacional. En sus clases, espero no recordar mal, Torcuato decía que la democracia argentina se garantizaba específicamente por el hecho de que los sindicatos no tuvieran el mismo régimen de rotación de sus dirigentes. Eran otros tiempos, pero Torcuato mantuvo siempre esa idea, como comprobé muchos años después, cuando siendo secretario de Cultura de Kirchner, volvió a decirla, y la dijo en una reunión de sindicalistas. La decía con ironía, un tanto sobrador, sabía que con eso desafiaba otros pensamientos más exigentes.

Evidentemente, le gustaba incomodar con sus ligeros exotismos. Un libro suyo poco leído cuenta la historia de su padre, el fundador del linaje industrial de la familia que tenía su mismo nombre, y deja entrever que recaería en él, y no en el otro hijo, su hermano Guido, más abierto hacia la política y hacia las exigencias del Instituto Di Tella, el resguardo de la memoria industrialista, sometida a tantas vicisitudes y problemas.

Hacía gala Torcuato de un irónico realismo del industrial ya sin industria, de ese lugar que tenía sólidos cimientos y de los que al cabo de un ciclo iban quedando ruinas. El nombre Di Tella, nombre de la industria, se mantiene ahora en la historia de las instituciones artísticas, y luego universitarias. Recuerdo a Torcuato en un homenaje a Romero Brest, en el Bellas Artes. Concurría con su media sonrisa de siempre. Aquel crítico de arte, como tantos otros críticos y artistas, había rondado bajo el nombre auspicioso de Di Tella, mixto de industria liviana, investigación social académica y arte experimental. Solo ahí coincidió este infrecuente esbozo.

Torcuato, me parecía, cuidaba el nombre con tino y secreto desparpajo. Su visión política, expresada con la sorna del caballero que no le temía a lo ilimitado de sus desenfados, solía ubicarla en el “centro izquierda”. Cuando Kirchner, casi un desconocido, presenta su programa en 2003, lo hace en un libro cuya armazón había dispuesto el propio Torcuato. Kirchner, torcuatamente, se proclama allí de centroizquierda.

Pude notar que Torcuato escribía como un apreciable cronista y que jugaba con fuertes paradojas. Una de ellas lo obligó a renunciar a su cargo: “al gobierno no le interesa la cultura”. El funcionario del ramo era él. Pero para entender esta frase había que entender al aristócrata-plebeyo Torcuato. Para quien quiso fundar un Museo de la Industria en Jujuy, y que al mismo tiempo escribía crónicas de agudo ironista, un pensamiento de esa índole mostraba por su reverso todo lo que le incumbía y que a cualquiera le cuesta definir, dónde fijar los intereses culturales en el vértigo de la historia.


Los argentinos somos racistas pero modernos

junio 13, 2021

No iba a escribir sobre el racismo argento. Se han dicho tantas pavadas en tan pocos días, a partir de la metida de pata de Alberto F… Pero si aparecieron sesudas notas en el New York Times y en Deutsche Welle (de paso ¿exactamente desde qué historia pontifican ahora estos muñecos?), este humilde y abandonado blog también debe pronunciarse.

Además, ya escribí el jueves para AgendAR un prólogo a una nota sobre la población argentina, así que ya tenía el material. Agrego al final unas líneas para los lectores más politizados de este blog.

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Hace casi un año -20 de julio de 2020- publicamos en AgendAR este resumen de un valioso trabajo de PoblAr, un biobanco que surgió de una iniciativa del CONICET, la ANLIS y las Universidades Nacionales de Córdoba, Jujuy y Misiones, para estudiar el patrimonio genético de nuestra población, fundamental para la medicina de precisión.

Nos pareció oportuno volver a publicarlo, ante el ruido que provocó, aquí y en el exterior, una desafortunada frase del presidente argentino.

Estas son las conclusiones científicas a hoy -siempre sujetas a revisión, porque esa es la naturaleza de la ciencia- sobre la herencia genética de la población argentina actual. De todos modos, hay algunos hechos que aún los que no somos investigadores podemos tener claros.

Los conceptos de «raza» y de «etnia» son percepciones colectivas, que varían según las sociedades, y las épocas. No se ha criado a los seres humanos como criamos a los caballos y los perros, y por lo tanto no hay ninguna relación ni siquiera estadística, entre la herencia genética y las cualidades personales. Todos conocemos hijos muy distintos de padres, hasta en lo físico, y más aún en la personalidad.

Por supuesto, es visible que en el Centro Este de Argentina (no por nada llamado la «pampa gringa»), en Uruguay y en el Sur de Brasil hay un porcentaje mucho mayor de personas con fisonomías «europeas» que en el resto de la América del Sur. Hasta ahí, Alberto F., y tantos otros, tienen razón. Pero eso no tiene un significado cultural. Caminando por Mendoza, provincia «europea» si la hay entre las nuestras, uno ve una proporción mayor de compatriotas con fisonomías «originarias» que en Córdoba, por ejemplo.

Por otro lado, también es cierto que los pueblos que estaban en América antes que llegara Colón fueron objeto de masacres y explotación por los europeos, y la mayoría de sus descendientes siguen sufriendo discriminación hasta hoy. Además de los que llegaron en barcos de esclavos…

Pero, nuevamente, no es un asunto genético. Se ha comprobado que más del 50% de la población argentina actual tiene genes de esos pueblos que estaban antes de Colón. Y es evidente que prácticamente el 100% de la población argentina actual -incluso los que se perciben a sí mismos como «originarios»- tienen genes de los que llegaron después de Colón. Muchos, bastante después.

Por último, y los dejamos con el resumen de la investigación: los seres humanos -como todos los seres vivos- somos nuestros genes. Estructuras fabulosamente complejas, y aunque se haya secuenciado el genoma humano, todavía lo entendemos muy poco. Pero sabemos que nos aporta una herencia variadísima. Si hasta se determinó un aporte de genes neandertales, otra especie homínida, tan reciente como 45 mil años atrás. Pero, a diferencia de todos los otros seres, los humanos podemos decidir qué hacemos con los impulsos de nuestra herencia genética.

ooooo

Observaciones para politizados: Ante todo, corresponde decir algo a propósito del presidente: como ya señalo mi amigo Fernández Baraibar, aunque Alberto F haya dicho una burrada discriminatoria, no se puede encontrar, en sus largas gestiones políticas, ningún hecho discriminatorio. Al contrario, colaboró en las políticas contra diversos tipos de discriminación que llevó adelante el peronismo en este siglo.

Eso mismo indica que comparte un prejuicio cultural inconsciente y muy arraigado en los argentinos -no sólo en los porteños- y también en los demás latinoamericanos: que parecer europeos los hace de alguna forma distintos, mejores. Y si son progres culposos (no me consta si Alberto F lo es, pero le gusta Lito Nebbia… Eso lo delata). Si son progres culposos, digo, sentirán que parecer europeos los hace privilegiados.

Bueno, tengo una noticia para mis muchos amigos progres culposos: si sus ancestros vinieron de Vigo, Génova, Dublín, Cracovia o Damasco ¡también sus ellos fueron víctimas de genocidios y explotación! Hasta si sus ancestros vivieron siempre en Sajonia y no se movieron de allí hasta tomar el barco (antes del final de la 2da. Guerra) para Buenos Aires,… Bueno, Carlomagno era bastante bestia cuando se disponía a convertir a los paganos.

Todo esto va al punto que quiero hacer con lo de “racismo moderno”. Es discutible si en el genoma humano hay o no un impulso agresivo intraespecie. El hecho es que en toda la historia registrada encontramos la costumbre casi universal de matar al que parece, se viste o reza un poquito diferente.

Pero en los últimos siglos, a partir de la Revolución Francesa con la irrupción de la masas en la política, más algunas primitivas observaciones científicas, esa tradicional costumbre de las masacres periódicas se revistió de justificativos genéticos. Los “otros” eran razas inferiores, y/o diabólicamente astutas, como los judíos o los chinos, y por lo tanto estaba bien exterminarlos y/o explotarlos.

Esa variante del racismo “genético” tuvo su punto culminante en el régimen nazi de 1933/45, que terminó mal. Pero perdura -sin animarse a decirlo públicamente, salvo en el supuesto anonimato de Internet- en muchos lugares. Especialmente -¿lo sabrán el NYT y DW?- en Estados Unidos y en la Europa del Norte y del Este.

El racismo que predomina, por muy lejos, en la actualidad, al que yo llamo moderno, es cultural, no genético. Y como en general nuestros racistas locales son bastante brutos, las diferencias culturales se definen a partir de cuánta guita ha acumulado el sujeto. Por eso dije en este blog, hace ya tiempo, que en Argentina no existe la xenofobia. Es aporofobia, odio o temor a los pobres.

Por supuesto, esto no es exclusivamente argento. Puedo dar testimonio que los franceses, con mala fama en este punto, son amables y cordiales con cualquier sudaca, si va como turista. Eso sí, creo que hemos llegado más lejos que ningún otro pueblo en esta fase de la modernidad. En Argentina no hay negros pobres. Suficientes billetes (verdes) convierten a cualquiera en alto, rubio y de ojos claros. Hay bastantes ejemplos, no sólo el que ustedes están pensando ahora.


La Patria grande y lejana

junio 1, 2021

(Aviso: sigo con poco tiempo libre y pocas neuronas disponibles para el blog. En él, tengo pendientes respuestas a cuestionamientos que me motivaron, y, claro, algo sobre la campaña electoral en curso. Pero… hace unos días cedí a la tentación de pontificar sobre el tema del título en la página de Face de un amigo. Y decidí aprovechar esos párrafos -ligerísimamente editados- que escribí. Es un tema que me importa).

Mi amigo Ezequiel Meler, autor de una exhaustiva historia de la Renovación Peronista de los ’80, decidió rescatar en su página de Facebook un fragmento de un libro de historia que trata de un tiempo anterior. Que a su vez es una pieza de gran literatura política; impulsó la militancia de muchos jóvenes, aquí y en otros países hermanos, a partir de la de la década del ´40 del siglo pasado:

De las historias argentinas que he leído, antes de que se volviera mala palabra el concepto de nación, la que me envolvió por su pluma sin lugar a dudas fue la de Jorge Abelardo Ramos. Aquí comparto un extracto.

“La historia de los argentinos se desenvuelve sobre un territorio que abrazo un día la mitad de América del Sur. De donde provienen nuestros límites actuales? El origen de estas fronteras, ¿responde acaso a una razón histórica legítima? ¿Nos separa una barrera idiomática, cierta muralla racial invisible? ¿O es, por el contrario, el resultado de una Vicisitud de las armas, de una derrota nacional?

Sin duda aparece como fruto de una crisis latinoamericana, puesto que América Latina fue en un día no muy lejano nuestra patria grande. Somos un país porque fracasados en ser una Nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos. Aquí se encierra todo nuestro drama y la clave de la revolución que vendrá.”

Tuvo varios comentarios, entre ellos alguno del talentoso Bob Row, y decidí meter mi cuchara:

Querido Ezequiel: ese prólogo de Abelardo Ramos es una bandera. Como tal, la saludo y la levanto. J.A.R. fue tal vez quien mejor escribía entre el puñado de autores que crearon la narrativa “nacional y popular” entre 1930 y 1960). Pero un prólogo no es un plan de acción.

Si digo esta obviedad, es para señalar una tendencia de muchos muchísimos militantes del “campo nacional y popular” a quedarse con esas inspiradoras frases del Colorado, o de otros autores, y olvidar un hecho obvio: los Estados nación se construyen no a partir de una geografía, una historia, un idioma -aunque sean factores útiles (y la mayoría de las veces condicionantes), sino desde una concentración de poder previa. Que siempre tiene elementos políticos, militares y económicos.

La unidad de España la hace el poder de Castilla, y su alianza con Aragón. La de Alemania la hacen los escritos de Fichte, el idealismo de los jóvenes revolucionarios de 1848… y el poder militar de Prusia. Que derrota a Austria, la otra base posible para esa unidad. La de Italia, la hace Cavour para la dinastía de los Saboya, que gobernaba Cerdeña, el Piamonte y la Liguria, con su acuerdo con Napoleón III,…

Un caso extremo, donde la unidad parecería “natural”, casi automática: la de China ha sido muy resiliente a lo largo de algo más de 2.000 años. Hasta existe una clara mayoría étnica de los han. Pero esa unidad fue el resultado de las guerras -durante dos siglos- de los siete Reinos Combatientes. Unas cuantas batallas con resultado diferente, y tal vez la China q conocemos habría sido otra.

Al punto: la Argentina actual es la suma de las regiones -las ciudades y su entorno rural- del Virreinato del Río de la Plata que aceptaron o no tuvieron otro remedio que aceptar la hegemonía de Buenos Aires (la ciudad, el puerto, la campiña…) impuesta, de formas diferentes, por Rosas y Mitre. Esa hegemonía fue “nacionalizada” por Roca y el ejército de línea, como bien señalaron Alberdi y Ramos.

El Paraguay, el Alto Perú, la Provincia Oriental… los “perdimos”. Más preciso sería decir que allí no surgieron centros de poder alternativos en condiciones de desafiar el poder de Buenos Aires. Artigas estuvo cerca, pero -diría Bob, con bastante razón- la Banda Oriental no era una base material suficiente.

Contestó E. M.:

Querido Abel. La recuperación del texto de JAR no apuntaba al plano político, sino meramente al historiográfico. ¿No sentís, cuando te explican los eventos de Mayo o de Caseros, o del peronismo sin ir más lejos, que hay una pulsión desmitificadora que ha ido ya demasiado lejos? Yo sí.

No obstante, podría defender (y ahí vamos de nuevo jajajajaja) que sin grandes ideas, sin proclamas, sin conductores que sepan granjearse el apoyo de la masa, tampoco hubo nunca un cambio sustancial. ¿Te parece que las ideas y los ideales, para separar los tantos, no tienen nada que ver con la lucha política, no inciden en el mapa político concreto? Si todo es razonamiento material y realismo político, ¿por qué se mata la gente? Es pregunta.

Yo sí diría que surgieron centros alternativos. Miremos la declaración de independencia de 1816. No está el Litoral, no está La Banda Oriental. No te parece que esas audiencias indican que ahí hay un país alternativo, puramente pampeano?

Por lo demás, la unidad de eso que terminó siendo la Argentina, que no tiene ni declaración de independencia propia -porque en la de 1816 estaba el Alto Perú- no se hizo solamente con Buenos Aires, sino también contra Buenos Aires. 1880 fue nuestra civil war, la primera de varias. Lo malo del razonamiento material, y te diría, lo incompleto del realismo político, es que sólo juzga ex post. Y ex post, con el diario del lunes, todos somos Halperín.

Contesto a mi vez:

Sobre el proyecto alternativo de país que señalás: mencioné a Artigas, y podía haber agregado que era más democrático y federal que el que se impuso. Pero ese centro de poder alternativo dura desde el Congreso del Arroyo de la China, en 1815, a la derrota en Tacuarembó frente a los portugueses, 1820. No perduró, porque no acumuló el poder suficiente. Como tampoco quedó el que se habría pensado desde Charcas. El territorio argentino actual es, básicamente, el que aceptó ceder el manejo las relaciones exteriores a Rosas, gobernador de Buenos Aires, más el que ocupamos desplazando y sometiendo a los “indios”, como se decía entonces.

Sobre nuestra historia, tenemos miradas distintas, aunque vemos las mismas realidades. Creo que un factor a tener en cuenta es que vos sos un historiador (y de los buenos: en alguna oportunidad corregiste mi memoria). Yo soy un aficionado a la historia; leo a los profesionales, también, pero me enganchan mucho más Toynbee, Spengler, McNeill, y por supuesto Tucídides, que los historiógrafos.

Dicho esto, reconozco algo que señalás arriba. El “realismo político” es incompleto: no alcanza a explicar los hechos. Sí, en la historia humana juegan un rol fundamental las ideas, los símbolos, y los líderes que los encarnan. Pero, tengo que agregar aquí algo: sin el pensamiento racional, el que calcula costos y medios, terminan en fracasos sangrientos. Y a veces, hasta sórdidos.

Ya que estoy embalado y nadie me interrumpe: ¿Cuál sería entonces el “núcleo de poder” que podría construir un bloque político-económico en la América del Sur para que sea algo más que un peón en el tablero internacional? Una mirada al mapa lo hace obvio: una alianza sólida entre Argentina y Brasil. La idea central del Mercosur, que hoy aparece lejanísima. Pero los escenarios a veces cambian rápido. Y tiene un argumento a su favor: no hay otra. Abrazos, y me voy a editar el portal.”


Acerca del precio de la carne

mayo 20, 2021

Mis lectores consecuentes, si alguno, habrán notado que no subo al blog muchas frases de Perón. Es que alguien que escribió cartas, proclamas, artículos y libros durante toda su larga vida adulta, que durante los 18 años de su exilio su única y poderosa arma fueron cartas y cintas con su voz… Bueno, ese alguien dejó muchas, muchas frases. Siempre hay alguna con un poquito de esfuerzo se pueden adaptar a lo que otro quiere decir. Digamos que siento un respeto intelectual por un cuerpo de pensamiento coherente. Se lo toma en conjunto o se lo deja.

Pero… A veces hay algo muy preciso y oportuno para una circunstancia determinada. Y uno se tienta con párrafos de una inteligencia práctica y filosa.

Les acerco esto -que ya anda por las redes sociales, cómo no- pero está en la página 81 del Manual de Conducción Política:

Los otros días vino alguien a decirme: “Vea la carne está muy cara”.

Le pregunté: “¿Qué le parece a usted?”.

Y me contestó: “Hay que bajar el precio, ponerle un tope, porque sino la gente no podrá comer más carne”.

Le dije: “¿Qué le parece si subimos los salarios en lugar de bajar la carne?”.

Agregó: “Y…la inflación”.

Entonces le manifesté: “¿No cree usted que hoy nos defendemos con la carne? ¿No se da cuenta que si bajo el precio de la carne aquí, los ingleses nos lo bajan allá? Es decir, hay gente que todavía no sabe que la economía interna es una y la internacional otra, y que la ganancia la tenemos que sacar de la economía internacional para vivir bien. No vamos a cobrar menos a los de afuera por el estúpido prurito de decir que bajamos los precios. Hay que bajarlos, pero inteligentemente, para que no se conviertan en un factor de pobreza en lugar de lo nosotros deseamos, que es una economía de abundancia”.


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