El viaje de Cristina

abril 20, 2017

cfk

¡Otra vez hago de portal de noticias! Innecesariamente, porque la nota está desde hace 20 horas en Clarín online. Pero tengo la sensación que a la fauna política, y la militancia digital, no se les ocurre qué decir. Rescato el análisis de Alfredo Silletta en Info135, que señala la centralidad de una figura que se permite irse dos semanas cuando las listas se cierran en 60 días.

Coincido. Pero me llama la atención la inercia del resto, en la oposición y el oficialismo. ¿O creen que los votantes tomarán en cuenta solamente las gestiones municipales? Como sea, para los que no estén al tanto, va la información de Clarín:

“El mes próximo, Cristina Kirchner viajará a Europa con agenda cargada: se verá con el presidente de Grecia, Alexis Tsipras, visitará el Parlamento Europeo en Bruselas y disertará en la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

Según confirmaron a Clarín fuentes del entorno de la ex presidenta, Cristina le pidió y obtuvo autorización para viajar al extranjero a raíz de las causas judiciales que se tramitan en tribunales.

Según esas mismas fuentes, el juez Claudio Bonadio, que había dictado la restricción para dejar del país a principios de mes en la causa Los Sauces junto con un embargo por 130 millones de pesos,le extendió el permiso.

A principios de año, Cristina también había previsto una visita a Croacia que finalmente se suspendió.

El año pasado, también autorizada por Bonadio, que había dictado una restricción similar en la causa por el dólar futuro, la ex Presidenta viajó a Ecuador y a Brasil“.


Venezuela

abril 20, 2017

venezuela

Duele escribir ahora. Por el dolor de un pueblo que uno quiere, y porque es un pueblo que -no sé muy bien porqué- en su mayoría nos quiere a los argentinos. Además, porque las heridas son de nosotros también: es un país clave de la América del Sur, por el petróleo que tiene y por lo que es. Su tragedia es la todos los suramericanos.

Pero si uso el blog para hablar de todo lo que tengo ganas, no corresponda que eluda esto.

Igual, ustedes van a tener para leer mucho, y ver muchas fotos, en los diarios de la mañana, en los canales de TV, incluidos TELESUR y CNN, y también en los blogs. Con dos grandes montones de indignación, según el lado que prefieran escuchar.

Siento que mi aporte puede ser tratar de entender lo que pasa. Creo que hay dos modelos distintos posibles para explicar la dinámica de este proceso. Cuyo punto culminante, hasta ahora, fue ayer, el 19A, con “la madre de todas las protestas“.

Tomo primero el que encuentra la motivación, el motor principal, afuera de Venezuela. Sonaría conspirativo, o propaganda bolivariana, si no fuera que lo que está sucediendo es un calco muy preciso de procesos que, con la intervención abierta o revelada luego de la C.I.A. y de otras agencias del gobierno de los Estados Unidos, se pusieron en marcha en lugares tan distintos como Nicaragua, algunos países árabes (¿recuerdan sus “primaveras”?), Ucrania (la plaza Maidan), sigue la lista… El modelo se inauguró en 1953, en Irán, cuando se derrocó a Mossadegh.

Me parece que no se pueden sostener las dudas que exista en Venezuela algún grado de intervención externa. Porque hay una activísima y muy vocal comunidad de comunicadores y propagandistas de habla hispana, con apoyos estatales y privados en los EE.UU. Está formada en parte por la diáspora cubana y la venezolana, pero no pone énfasis en sus pertenencias nacionales. Son los herederos del viejo anticomunismo de la Guerra Fría, y lo mantienen vivo porque les proporciona razón de ser y recursos, que distribuyen -por lo menos una parte- a los sectores que influyen (Bueno, Chávez hacía lo mismo para los simpatizantes bolivarianos, cuando el petróleo estaba caro).

La presencia de esta comunidad es visible y audible en todos los países latinoamericanos (anche Cuba, menos públicamente), y tienen, por supuesto, acceso preferencial a los medios. Porque su tarea fundamental es formar opinión. Algunos de ellos son brillantes, del nivel de nuestro conocido Durán Barba (No tengo la misma opinión del resto, sin embargo. Encuentro que la mayoría de ellos tienen el nivel y el lenguaje de nuestros servicios, y se les nota).

Sin embargo, y a pesar de esta intervención que existe, y que seguramente no se limita a la propaganda, no creo que esta sea la explicación principal. El motivo es que para los EE.UU., a pesar de alguna declaración de propaganda del ex presidente Obama, Venezuela no es, ni puede ser, una amenaza a su seguridad. Ni siquiera a sus intereses. Sigue siendo uno de sus proveedores de petróleo -una filial de la estatal Petróleos de Venezuela, estuvo entre los principales donantes para la fiesta de inauguración de Trump: U$S 500.000). Y lo que pasa en Venezuela hoy le resulta funcional a lo que es un objetivo más estratégico: un objeto de horror para los sectores medios y medio bajos de Brasil y de Argentina: una lección sobre “los frutos del populismo”.

No es de extrañar que Macri y el resto de los sectores pro estadounidenses de nuestros países se “prendan” ruidosamente en las condenas. Y que en el peronismo, aún en su vertiente kirchnerista, midan sus declaraciones: saben que corren el riesto de perder votos.

En realidad, como un modelo de lo que está pasando en Venezuela, creo que los argentinos conocemos bien uno que se le asemeja todo lo posible entre dos países distintos: lo que pasó entre nosotros en 1955.

He dicho otras veces que Chávez fue lo más parecido que podía ser, más de medio siglo después y en un país muy diferente, al peronismo fundacional. Sin la presencia decisiva y estratégica de los trabajadores organizados. Pero con unas Fuerzas Armadas que se han mantenido, hasta ahora, más identificadas con la propuesta original.

Hasta ahora. El martes Maduro denunció por la televisión venezolana un complot militar. Desmantelado.

También en la caída del peronismo hubo sospechas de intervención extranjera. Una leyenda insistente en los tiempos de la Resistencia decía que Inglaterra había proporcionado a la Marina las municiones que el gobierno, por prudencia, le había privado. Igual, si un gobierno debía desarmar a una de sus fuerzas, es evidente que estaba acosado.

Como sea, el problema ya se reduce a una relación de fuerzas. Hoy el gobierno de Maduro se sostiene en la lealtad de los militares. Una parte demasiado numerosa de su pueblo está ferozmente enfrentada con él. “Pequeño burgueses instrumentados por la reacción” dicen los intelectuales del palo (todos ellos pequeño burgueses). Me parece que un grave error fue no darse cuenta que una parte muy grande de los de abajo quieren que ellos o sus hijos lleguen a ser pequeño burgueses. Y que una también grande de los pequebú quisieran ser burgueses a secas. Pero eso ya es irrelevante hoy en Venezuela.

Si el patriotismo y el orgullo venezolano prevalecen, el régimen puede sobrevivir, como señalaba hace poco en el blog, hasta que la situación regional cambie. Si no… la única esperanza para los venezolanos de evitar una larga, larvada guerra civil como la tuvo Argentina después de la caída del peronismo, es una mediación de Francisco. Una esperanza débil, porque el Papa no tiene divisiones que puedan imponer una solución. Pero es la única que tienen.


Las elecciones del domingo, en Francia

abril 19, 2017

Se me ocurre que es un tema que en otro tiempo habría ocupado mucho más espacio en los medios, y en las discusiones políticas. Pero la capital espiritual del tilingaje argentino ya no es París, sino Miami; los militantes ideologizados están más atentos a Caracas, y los que nos interesamos en la política y las relaciones de poder, cuando miramos hacia afuera (sin dejar de prestar atención a Venezuela, trágico campo de ensayo) damos prioridad a lo que pasa en San Pablo y Brasilia.

Igual, las elecciones en la segunda Potencia de la Unión Europea son importantes. Pero, pienso, no por los motivos que hacen más ruido en los medios. Lo que ocupa más espacio, claro, es la “amenaza” de Marine Le Pen. Una figura y un proyecto político interesantes –del que ya escribía en el blog hace tres años– pero que todavía no ganó. No ganará este domingo, y no está asegurado, ni mucho menos, que lo haga en una segunda vuelta. Los sistemas y los pueblos tienen inercia, y los franceses en particular son conservadores.

Y los partidos del sistema -el partido del “statu quo” y los bancos, bah- son poderosos. Los medios son parte de él. Hoy en Clarín Peréz Llana -un analista inteligente de lo internacional- asusta a los lectores globalófilos con “la posibilidad de una pulseada final entre dos populismos anti-europeos, uno de derecha y otro de izquierda: el Frente Nacional, la derecha i-liberal francesa (de Marine), vs. el Movimiento Francia Insumisa, liderado por Jean-Luc Mélenchon. Con ambos, el “Frexit” (la salida de Francia de la Unión) estaría garantizado“.

Puede ser, pero lo dudo. Es cierto que ambos movimientos son anti sistema. Pero todavía no sabemos como se manejarían en el gobierno de Francia, si alguno de ellos lo consigue. También pienso que sería un error -en el que seguramente caerán los medios- creer que si gana uno de los candidatos del sistema, la supervivencia de la “Europa de los bancos”, de los burócratas de Bruselas, está asegurada. El sistema está enfermo.

Por eso me interesó, curiosamente, el análisis del amigo, Juan Chingo: No sobre las elecciones en sí, sino sobre el derrumbe del sistema político, la división en dos grandes bloques que ha durado por casi 60 años, como la 5° República.

(Digo curiosamente, porque él es el hombre de La Izquierda Diario en Francia, y ve lo que pasa desde una óptica rigurosamente troskista. Como tal, sobreestima a mi entender la importancia del discurso y programa anticapitalista de su candidato Philippe Poutou. Corresponde que declare que, si es por discurso, a mí me va más el de Mélenchon, a quien también mencioné en ese post de hace tres años) Yo también creo en el “interés general” y la necesidad de una conciliación de clases. Salvo en las columnas de comentarios del blog: ahí se puede ser tan puro como gusten).

Pero, definiciones ideológicas aparte, me parece muy aguda la descripción de las fuerzas sociales que se mueven detrás del escenario político en Francia. Y que se expresarán el domingo. La comparto con ustedes:

El carácter inédito de esta campaña electoral es expresión de la fase terminal de una larga crisis orgánica del capitalismo francés, en la cual las dos alianzas político sociales que han gobernado a Francia desde comienzos de los años 1980, es decir el bloque de “izquierda” (centroizquierda) y el bloque de derecha que se han sucedido en el poder, se han venido desagregando. Desde que escribimos un anterior artículo dando cuenta de esta situación, la incertidumbre no ha cesado de crecer. A menos de una semana del primer turno, hay cuatro candidatos en condiciones de arribar a la segunda vuelta (Macron, Le Pen, Mélenchon, Fillon), siendo el fenómeno político del momento, la dinámica de Jean-Luc Mélenchon que aparece como el tercer hombre superando en las encuestas a François Fillon, quien se ha visto ensuciado de forma permanente con los affaires de corrupción y nepotismo.

Detrás de vértigo del proceso electoral se encuentran las dificultades de formar un nuevo bloque histórico. Por nombrar los tres proyectos que por el momento han ocupado el espacio dejado vacante por la crisis del bipartidismo tradicional, tenemos por un lado el intento de formación de un bloque modernista burgués encarnado en la figura de Macron. Esta opción política es coherente en sus objetivos en torno a Europa y el neoliberalismo pero es socialmente minoritario ya que su base de apoyo son los sectores altos y medios de la sociedad a la vez que su proyecto político choca aun con la perduración del clivaje entre la derecha y la “izquierda” a pesar de los grandes pasos dados por este digno heredero de Hollande. Digno heredero ya que el actual presidente fue el primero que no incorporó a un componente histórico de ese bloque de “izquierda” en su gobierno, como es el caso del Partido Comunista Francés, a la vez que intentó reformar una pieza clave del compromiso social francés de la posguerra, como es el Código de trabajo, dinamitando la ya moribunda alianza de la “izquierda”.

En oposición a este proyecto, se levanta el polo soberanista de derecha encabezado por Marine Le Pen que, a diferencia del anterior, carece de una homogeneidad social y coherencia de proyecto federados alrededor del soberanismo, siendo fundamentalmente un conglomerado electoral conformado por sectores sociales distintos, a menudo opuestos políticamente como es el caso de los obreros y los pequeño comerciantes a la vez con orientaciones bien heterogéneas en relación al rol del estado y los servicios públicos o la apreciación de las ganancias y de la empresa, contradicciones económico sociales profundas que en el caso de que el FN llegara al poder nadie podría contener.

Por otra parte, la destrucción del bloque de “izquierda” ha abierto el espacio no solo a esta variante progresista burguesa, sino a una a la izquierda de la “izquierda”, a Mélenchon y su Francia Insumisa. A diferencia de 2012, donde se ubicaba como sector de presión sobre el bloque histórico de “izquierda” capitalizando la franja más radical del antisarkozismo, el actual proyecto de este fanático de Mitterrand es un soberanismo de izquierda, dando paso a la Marseillaise y la bandera tricolor y no a la Internacional y la bandera roja. No queriendo como en la anterior campaña ser el nuevo Marcháis [1], vuelve al esquema fácil populista del pueblo versus las elites, olvidando la estructuración antagónica en clases sociales que no se resumen en su cacareado interés general. En su revolución ciudadana la clase obrera se disuelve en un componente más del bloque heterogéneo de las clases populares, yendo al cruce del programa histórico y del rol potencialmente hegemónico del proletariado con sus métodos de lucha y organismos de combate propios e independiente de toda variante burguesa para conformarse en un mero cambio de la Constitución en los marcos del actual sistema de dominio. A nivel europeo, y después del fracaso calamitoso de Tsipras (Grecia), Melenchon habla de un eventual Plan B misterioso, pero apuesta todas sus fichas a una dudosa modificación de los Tratados y de la política de la UE basándose en el mayor peso de Francia (segunda economía europea) con respecto a Grecia para hacer girar la política neoliberal y de austeridad de la actual UE. Sin embargo, más allá de los límites de su programa y de las dificultades que luego tendrá en transformar sus avances electorales en partido, que haya surgido un espacio de masas a la izquierda de la “izquierda” demuestra la real polarización en curso del panorama político francés: de repente los analistas superficiales de la realidad que solo veían una supuesta “derechización de las masas” como solo horizonte se están desayunando con la novedad, como los mercados financieros, que pasaron de considerar el riesgo Le Pen a empezar considerar el riesgo Mélenchon.

Como correctamente explican Bruno Amable y Stefano Palombarini en un libro que acaba de aparecer [2], en Francia desde hace décadas las clases populares están sin representación política. Así, “… la característica especifica de la crisis francesa es la exclusión más o menos completa de las clase populares de las alianzas sociales sobre las cuales, en el curso de las últimas décadas, la acción gubernamental (de izquierda o de derecha) ha intentado apoyarse” (pág. 25). En el caso del bloque de derecha sus dificultades provienen del hecho de que, desde que finalizado el boom de la posguerra y con la caída del crecimiento económico, es cada vez más difícil congeniar los intereses de los sectores de artesanos, comerciantes y pequeños entrepreneurs con los sectores de obreros y empleados del sector privado que, aunque no de forma mayoritaria pero de forma significativa, apoyaban a esta opción política hegemonizada por los sectores medios y altos de capitalismo privado francés. Mientras las tendencias de los primeros es a presionar por la liberalización del mercado de trabajo y las “cargas” que implican el llamado “Estado benefactor”, los segundos tienden a buscar más protecciones frente a la crisis.

Sin embargo, la exclusión de las clases populares del bloque de la “izquierda”, cuyo salto se produce después de la decepción de los sectores populares con el gobierno de Miterrand y continúa desde ese momento de forma gradual hasta la presidencia de Hollande y la explosión a derecha e izquierda de lo que quedaba de ese bloque con un pequeño residuo, a la Pasok, del PS, tiene otro carácter. Es un intento deliberado de los partidarios de la Europa del capital y neoliberal en las filas de la “izquierda”, que tienen a los principales referentes del PS a la cabeza -desde Jaques Delors, ministro de economía de Miterrand y principal artesano luego del giro neoliberal de la UE como su presidente, Michel Rocard, el jefe político de la llamada “segunda izquierda”, y el mismísimo Mitterrand a la cabeza del tratado de Maastricht que sienta las bases del proceso que llevara al euro- de liquidar la alianza política de la izquierda excluyendo al PCF y orientándose a una alianza más de centro (con los “sabios de todos los campos” cómo decía a Delors), buscando descalificar a los obreros como sujeto susceptible y deseable a ser ganado para ese proyecto burgués modernista.

El resultado de la operación anterior es de presentar a los obreros como un sujeto conservador y culturalmente atrasado que está perdido definitivamente hacia el campo del FN y que constituye un obstáculo a todo proceso de “modernización liberadora” de Francia, que permita desatar la energía de los “outsiders” contra los “insiders”, estos últimos “retrógrados” que se atañen a sus status y conquistas del pasado. En fin, “conservadurismos” que no permiten el despliegue de la destrucción creativa del capital, solo camino por el cual la Francia podrá volver a ser un actor a la altura de sus pretensiones de gran potencia en competencia con al Alemania que ya hizo este trabajo sucio sin perder su competitividad. Como dice un documento conocido de la Fundación Terra Nova, ligada al PS: “La identidad de la coalición histórica de la izquierda se encontraba en la lógica de clase: los trabajadores ‘explotados’ frente a los patrones y representantes del capital; los asalariados más bajos, obreros y empleados, contra los cadres [mando intermedio en las empresas, NdeR] y las clases medias superiores. […] La recomposición en curso se hace alrededor de los valores. Se estructura en torno a la relación con el futuro: la inversión en el futuro contra la defensa del presente. La nueva izquierda tiene la cara de la Francia del mañana: más joven, más femenina, más diversa, más diplomada, más urbana. Esta Francia del mañana, en construcción, está unida por valores culturales: busca el cambio, es tolerante, abierta, solidaria, optimista, ofensiva. La Francia del mañana se opone a un electorado que defiende el presente y el pasado contra el cambio”. En fin, para estos partidarios del bloque burgués modernista, la izquierda debería recomponerse por lo tanto ya no en base a una lógica de clase sino de valores.

En este marco, la operación interesada de presentar al FN como el “nuevo partido de la clase obrera” no solo sirve a exagerar desmedidamente la fuerza real de Marine Le Pen sino que sirve también al intento de construcción del bloque burgués en oposición completa a los intereses de los sectores populares y declarando como ineluctable la crisis de la relación entre la “izquierda” y los obreros [3]. La realidad es que si se toma en cuenta la abstención y los sectores que no se inscriben en el padrón electoral, así como los inmigrantes, el FN recibe un voto sobre 7 en los sectores obreros, sin hablar que está muy lejos de la influencia orgánica que alguna vez gozó el PCF en el seno de la clase obrera. Lo único cierto a este mito que podemos afirmar es que “el FN… representa -al menos estadísticamente- el mejor -o por ser precisos, ‘lo menos peor’- a las clase populares, es decir, es la que menos la sub-representa” [4].    (completo aquí)

[1] Nombre del antiguo secretario general del PCF que sello el acuerdo con Mitterrand que permitió a la izquierda por primera vez arribar al poder en la V República nacida en 1958.

[2] “L’illussion du bloc burgeois”, Bruno Amable y Stefano Palombarini, Raisons d’agir 2017

[3] En la misma nota, Terra Nova dice sin ninguna demostración fáctica sino solo en base a su ideología, que “Por la primera vez después de treinta años, un partido político está en correspondencia con el conjunto de las aspiraciones obreras”. Decimos ideológicas pues todas estas afirmaciones tiene el objetivo preciso de liquidar hasta simbólicamente toda potencialidad progresiva o capacidad liberadora del proletariado. La agresividad de sus proposiciones , que se siguen en el campo mediático como ha podido sufrir el mismo Philipe Poutou en uno de los programas de televisión de varietés más vistos del sábado, tiene la función reaccionaria de liquidar en el imaginario colectivo el enorme peso de los obreros y sus luchas en la conciencia de las masas ligado a la más o menos reciente historia de Francia en donde todo los avances sociales se lograron gracias a la lucha de clase obrera desde la reducción de la jornada de trabajo, las vacaciones pagas por nombrar algunas conquistas sociales hasta cosas impensadas como el Festival de Cannes donde la CGT jugo un rol importante en su creación.

[4] “‘L’électorat’ du Front National. Retour sur deux ou trois ‘idées reçues ‘», Patrick Lehingue en « les Classes populaires et le FN », Editions du Croquant 2017 pág. 38.


“Respaldo de la CGT a los sindicatos docentes”

abril 18, 2017

cgt docentes

Habrán leído otras veces mi protesta: este blog no es un portal de noticias. No tengo el tiempo para eso, ni la energía necesaria. Pero recibí hace unas horas ésto de unos compañeros, y me pareció que valía la pena reproducirlo.

Porque todas las luchas gremiales dependen, siempre, de algo profundamente democrático: la voluntad de lucha del trabajador individual, que esta poniendo en riesgo sus ingresos, y, habitualmente, los de su familia (Por eso me fastidia el “Animémonos y luchen” de alguna militancia digital).

Los sindicatos docentes están dando una dura pelea, y sus afiliados muestran señales de cansancio. Tienen derecho. Por eso es importante el respaldo de la sociedad, y también el de las estructuras gremiales con más poder. Que, por su lado, saben que estas políticas vienen por ellos.

Convocados por el Secretario General de UDA y Secretario de Políticas Educativas de CGT, Sergio Romero, se reunieron hoy en la sede de Azopardo 802 los cuatro sindicatos docentes confederados (UDA, CEA, SADOP y AMET) con dos integrantes del triunvirato conductor de la central obrera, Juan Carlos Smith y Héctor Daer, con el Secretario Gremial, Pablo Moyano, y con el Secretario de Prensa, Miguel Sola.

Durante el encuentro, la CGT les transmitió a los docentes un fuerte respaldo a la lucha sectorial para lograr que el Gobierno Nacional cumpla con las leyes 26.075 de Financiamiento Educativo y 26.206 de Educación Nacional, como así también con la medida cautelar dispuesta por la jueza Dora Temis, en lo que respecta al llamado a paritarias docentes nacionales.

Por su parte, UDA y SADOP denunciaron una fuerte presión del Ministerio de Trabajo de la Nación desde donde se amenaza a dichas entidades con la quita de la personería gremial. “Este es un hecho totalmente inédito porque nosotros estábamos ejerciendo el derecho a huelga que está contemplado por la Constitución Nacional”, indicó Romero“.


Argentina Nuclear, 2017 – LX: Aparece Alfonsín

abril 18, 2017

Este capítulo es la 3° parte de una trilogía sobre un análisis confidencial de la Agencia Central de Inteligencia, C.I.A.: Si Argentina estaba en condiciones de producir una bomba atómica. Fue hecho semanas después que de la derrota en la guerra del Atlántico Sur. Y desclasificado hace pocos años. En la primera parte, Daniel Arias analiza el informe. En la segunda, el contexto regional. Aquí, empieza a explorar las consecuencias de la paranoia gringa. Y cómo resultó que el presidente que sufrió las presiones, y quedó doblegado por ellas, fue Raúl Alfonsín.

Después del documento de la CIA.

Arriba, ya terminada, la Planta Industrial de Agua Pesada de Arroyito, hoy provincial, la mayor del mundo (200 toneladas/año). Abajo, las altas columnas de la modesta planta experimental argentina, en adyacencias de Atucha II, con una tecnología distinta y propia.

El documento que nos dedicó la CIA en septiembre de 1982 está plagado de errores, pero de ahí surgió una diplomacia, y lo interesante es que las víctimas de tales errores fuimos los argentinos. Equivocarse y que paguen otros, lujos de superpotencia.

También muestra que a las superpotencias se las puede “perrear”. Mientras los popes máximos de la inteligencia estadounidense escribían sus conclusiones, ignoraban que el contralmirante Castro Madero, forzado por el boicot de Jimmy Carter contra las exportaciones nucleares argentinas a Perú, estaba metido en otro proyecto dual, uno que les haría saltar la térmica pocos meses después, cuando Castro Madero lo deschavara ante el presidente electo Raúl Alfonsín. Y éste, desconcertado pero plantando cara, a su vez lo revelara al resto del planeta.

Obviamente, hablo de la plantita de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu.

Cuando Alfonsín hizo público el asunto de Pilca, deben haber rodado cabezas en el MI5. La revista científica laborista “The New Scientist” prefirió culpar a los yanquis: “¿Qué clase de idiotas dirigen la CIA?”, tituló.

El asunto es que mientras los Brits se trajeron ilegalmente armas nucleares antisubmarinas a la Guerra de Malvinas, atropellando el Tratado de Tlatelolco, del que son garantes (juá), nosotros ya estábamos enriqueciendo modestísimas cantidades de uranio. Pocas, y a grados bastante bajos, escala laboratorio.

Pero de haberlo querido o permitido Castro Madero, con la misma tecnología ya obsoleta de difusión por membranas y una planta mucho mayor (o varias chicas geográficamente separadas, para disimular), podríamos haber obtenido uranio enriquecido a “grado bomba”. No lo hicimos porque la CNEA odia el bardo inútil con las superpotencias, así como las paranoias regionales: bad for business. Si nuestra gente nuclear estuviera loca por las armas, y no lo está o estuvo, no les parecería demasiado sexy la bomba de uranio enriquecido por ineficiente y cara. Pero si la CNEA post-malvinera se abroqueló en abstenerse de bombas fue –y repito las inmortales palabras del Dr. Jaime Pahissa Campá, presidente de la Asociación Argentina de Tecnología Nuclear- “porque no se nos dio la gana”.

Habrán sentido un frío en la nuca, los gringos… El resto de nuestra historia nuclear, cada retroceso, cada zancadilla, cada caída en el barro, cada vendehumo y/o vendepatria puesto al frente de una institución nacida y criada patriótica y honrada, cada mercachifle en el templo, cada achicamiento hasta 2006, se explican por aquel frío en la nuca.

En su documento de 1982, la todavía desinformada CIA peina el árbol de opciones y cree que la Argentina, con un programa nuclear en parte técnica y legalmente fuera de salvaguardias del OIEA, pierde menos puntos diplomáticos si va por una “production facility” secreta. Ésa va a ser la opción de Castro Madero, predice.

Con ese fierro, creía el cónclave de inteligencia yanqui, la Argentina tendría una fuente de plutonio legítima y legal ante los ojos de las Naciones Unidas. No es chiste, es ley. Si el fierro y el combustible son tuyos y no firmaste el TNP (Tratado de No Proliferación), el combustible gastado es tuyo. Las salvaguardias no lo afectan. Sos proliferador, pero legal. ¿Pueden patearte la puerta? Ni ahí. En 1982 existía la URSS, el mundo era bipolar y EEUU, todavía en post-trauma por Vietnam, no habría siquiera soñado con invadir un país sudaca mediano, y menos en la estela de una guerrita colonial inglesa. Y menos que menos, sin una orden de allanamiento expedida por OIEA, es decir la ONU.

Ante los ojos de la OIEA, mo es lo mismo si la Argentina se pone a afanar combustible gastado de Atucha I: ése sí está bajo salvaguardias. Si Argentina incurre en uso no autorizado y rompe el régimen legal que fundamenta el comercio atómico, se vuelve un paria nuclear internacional y jamás nadie –sea Alemania, Italia, Suiza o la propia URSS- le vuelven a vender un componente o material críticos. Y desde ya, nadie en el Tercer Mundo nos vuelve a comprar un reactor. Peor aún, hasta ubicar la cosecha triguera se volvería un problema. Legalmente, nos habríamos vuelto leprosos.

Conocen la tela legal del asunto, los yanquis. Como que la tejieron ellos.

Que Castro Madero pueda haber hecho el LPR para evitar el gigantesco problema de residuos nucleares (el mismo que paralizó y mató el programa nucleoeléctrico yanqui), eso a la CIA ni se les pasa por la cabeza. Que la Argentina pudiera estar haciendo lo mismo que los grandes reprocesadores del mundo (Inglaterra, Francia, Rusia, próximamente Japón) y por la misma causa (eliminar plutonio y disminuir la minería de uranio), esto tampoco se les pasa por la cabeza. Y en realidad, no les importa.

La paranoia es un sistema de pensamiento autosuficiente: descarta todas las hipótesis benignas por método. Eso no significa que los paranoicos estén equivocados siempre. El mundo es bastante malvado y eso estadísticamente tiende a darles la razón. Pero en este caso es intrigante ver a qué grados de error es arrastrada la CIA por esa feroz locura profesional.

Acertadamente, los espías yanquis ponen su fe en que a la Argentina, destruida económicamente y endeudada hasta las cejas en la posguerra, no le dé el cuero para inaugurar el Laboratorio de Procesos Radioquímicos.

No les falta intuición: con tanta obra mayor y urgente a terminar (Atucha II, la Planta de Agua Pesada de Arroyito), la CNEA deberá posponer necesariamente otras menos álgidas. Eso, se sabe, terminó ocurriendo incluso con las obras álgidas. O especialmente.

También especulan con que a Castro Madero no le aguante “el bobo”: saben que cada día se despierta a pura voluntad de vivir, nomás. Pero creen que el día que no lo haga, cualquier continuador del contralmirante seguirá con su obra. Y que hará un reactor plutonígeno secreto. O un submarino nuclear, como plan B. Pero los espías se juegan más al reactor. Es menos despiole técnico, menos plata, y con el know-how argentino sale “con fritas” en 3 o 4 años.

¿Y cómo no creer en ello, si los Argies acaban de montar su propia plantita experimental de agua pesada, la PEAP, ahí al lado de Atucha I? Va a producir pocas toneladas por año, pero alcanzan para moderar un reactorcito plutonígeno chico, alimentado a uranio natural, totalmente “fatto in casa”, y por ello libre de salvaguardias. Todo cierra con todo.

Lo dicho: los espías arman el rompecabezas de un modo bastante lógico, pero muy apartado de la realidad, siempre apuntando a la hipótesis peor. Las piezas, sin embargo, no las inventan. Y su modo de armar el rompecabezas no carece de elegancia. A su modo, son gente seria. Seriamente pelotuda.

Y lograrán que las consecuencias de eso las paguemos nosotros.

En los ’80, la Planta Experimental de Agua Pesada (PEAP) la está construyendo el químico industrial, Aníbal (a) “El Petiso” Núñez. Está bien a la vista de todo el mundo, y con sus vertiginosas columnas metálicas, sería difícil esconderla.

De haberla hecho más alta “El Petiso”, los satélites espía KH-9 y KH-11 podían haber chocado con ella, más que fotografiarla. No la busque en Google Earth: fue desmontada hace muchos años y hoy, en el lugar que ocupó a la vera de Atucha I, se está construyendo la centralita nuclear compacta CAREM. De la PEAP en estos días es difícil hasta conseguir imágenes en la CNEA. Se perdieron, junto con casi todo el archivo fotográfico de la casa, en los años de cierto presidente riojano.

La PEAP tuvo un único sentido: recordarle a los EEUU que era inútil apretar a Sulzer Brothers, ganadores de la licitación para construir la gigantesca PIAP (Planta Industrial de Agua Pesada) en Arroyito, Neuquén. Si los mencionados helvéticos se dejaban apretar o coimear y “pisaban” la entrega en tiempo y forma, no cobraban. Costumbre muy mal vista desde 1775 en Winthertur, Suiza, el año y lugar donde se fundó dicha augusta firma.

Teníamos plan B.  No es que la PEAP pudiera sustituir en absoluto la producción masiva de la PIAP, pero funcionaba con tecnología “made in Argentina”, estaba fuera de salvaguardias, y si cierto país nos quería estrangular con este insumo crítico, el agua pesada, sólo debíamos hacer otra MUCHO más grande.

¿Y para qué querríamos tanta agua pesada fuera de salvaguardias? ¿Acaso para lavar con ella los pasillos de la CNEA? ¡No señor; bombas!, razonaban los yanquis. No los culpo.

Pero esto es no entender a Castro Madero. En 1981, apenas un año antes de la Guerra de Malvinas, el contralmirante había aprobado un plan desmesurado, por 4 centrales nucleares de uranio natural de 600 MW por unidad.

¿Y para qué tanta potencia nucleoeléctrica? Primero, 2400 MW no es tanto. Es más o menos la mitad de la potencia de generación de base que hoy nos está faltando, pese a tener el mejor ministro de Energía de la historia de la Shell. Segundo, en 1981 era una reducción: en los buenos tiempos de Jorjón Sábato, digamos 1970, se planificaba llegar al año 2000 con 10 centrales, no 1 + 4.

Tercero pero no último, el contraalmirante estaba convencido de que el monetarismo ortodoxo y las bicicletas financieras de su pariente, don José Martínez de Hoz, (a) “el Dr. Joe”, harían crecer bárbaramente el PBI, y eso disparararía la demanda eléctrica. Que debería cubrirse urgentemente con nuevas centrales, y como serían de uranio natural, requerirían de océanos de agua pesada.

La candidez neoliberal del contralmirante no entra siquiera “a placet” en el análisis de la CIA. No entienden la esquizofrenia política que cunde desde siempre en la CNEA. Muchos de sus mejores profesionales son señorit@s tiling@s liberales de derecha en la calle, pero en cuanto cruzan la puerta de Libertador 1429 hacia adentro, se vuelven nacionalistas económicos, estatistas irrecuperables, abjuran de las compras llave en mano de tecnología en el exterior, llaman “colonizado mental” a quien las promueve y juran por Jorge Sábato. No todo loco en esta historia es gringo.

Las esperanzas de los espías yanquis en septiembre de 1982 son que a la CNEA no le aguante el presupuesto, o a Castro Madero, el corazón. La CNEA ya empezó 1982 con una baja del 30% en sus fondos, y sin embargo, constata el cónclave de inteligencia con preocupación, las obras nucleares argentinas siguen avanzando. 35 años después, agrego con típica maldad Argie: y eso que no estaban viendo todas, je.

En los hechos, el post-Proceso argentino fue mucho más rápido que la desmilitarización del resto de Sudamérica. La CIA no pudo imaginarlo. Es que odio del pueblo para los procesistas excedía el que se tuvo en el Cono Sur hacia asesinos y vendepatrias menos perfectos, más banales. Nuestros paladines, además de hacer correr sangre obrera, estudiantil y popular a baldazos como generales bananeros, no pararon hasta tener una guerra, que además perdieron. Por y con escándalo.

Con su administración honesta, en la que cada centavo se iba en fierros, norma fundacional de la casa, aún con un 30% menos de plata que en 1981 la CNEA de Castro Madero se atrevía a encarar obras audaces. Obras que el paradójico contralmirante discutía y consensuaba con todo el personal superior, en esa suerte de democracia aristocrática de los atómicos, base de su fortaleza como “estado dentro del estado”.

En diciembre de 1983 asumió con modales muy distintos el ingeniero Alberto Rafael Costantini, el “gauleiter” de la democracia, nuevo presidente de la CNEA en remplazo de Castro Madero. Fue injertado en la casa sin dudar un segundo por Raúl Alfonsín, pese a que el político bonaerense conocía los antecedentes de Costantini. O tal vez por ello. Según Luis Colángelo, Jefe de RRPP, ambos eran amigos de toda la vida. Don Raúl no podía ignorar el historial de Costantini con el Plan Larkin. O su papel como rector universitario del Proceso.

Costantini fue la segunda medida de Alfonsín con aquella caja de sorpresas, la CNEA. La primera fue asestarle otra quita de presupuesto en pesos que se devaluaban por minuto, ésta del 50%.

Costantini aseguró que con el nuevo presupuesto y una administración muy diferente a la de Castro Madero, hecha a medida de los contratistas, las obras críticas y las auxiliares NO siguieran.

Y NO siguieron. “A bonus, lads!”. Me imagino la alegría en Langley, Virginia, EEUU.


El PRO y la batalla de las narrativas

abril 17, 2017

Análisis apropiado a Florencia Benson

La polarización de la sociedad argentina es un lugar común en los debates intelectuales y en las charlas de café. Desde hace algunos años -en el marco de una revalorización del “populismo”- algunos intelectuales y comunicadores del bando “nacional y popular” lo han reivindicado como una estrategia posible y acertada.

Esos comunicadores tardaron advertir algo que se comentó antes en este blog: que la polarización es, necesariamente, un proceso de dos caras. Y que también puede ser usada por su adversario, el actual oficialismo.

Ahora, hasta Clarín no se priva de señalar que Macri ha optado por atacar en público a aquellos que presenta como poniendo obstáculos a su proyecto, dejando de lado la etapa anterior “la Revolución de la Alegría”. Pero no se han analizado todavía los medios que puede utilizar y el objetivo central.

Por eso quiero compartir con ustedes este artículo de Florencia Benson, donde empieza a hacer justamente eso. He cambiado ligeramente el título con que se publicó en el valioso portal de Asuntos del Sur, porque ya el tema central no es el paro nacional que fue, sino el enfrentamiento que sigue:

“Las consecuencias del paro general de trabajadores llevado a cabo el 6 de abril en Argentina, contextualizado por las manifestaciones masivas anteriores, son difíciles de prever. En primer lugar, porque se trata de una táctica política tradicional, frente a un gobierno que tiene escasos componentes de la política tradicional. Para el amplio, nebuloso y heterogéneo campo nacional, popular o de izquierda, el PRO es una máquina hermética e indescifrable, un acertijo difícil de resolver.

Una de las múltiples innovaciones de Néstor Kirchner allá por el 2003 fue llevar sus conflictos políticos al micrófono público. Cuando se enfrentó a la Corte Suprema, cuando interpeló a distintos oponentes, como Clarín y Magnetto, la “oligarquía”, el Presidente Bush, etcétera, llevó sus argumentos a la escena pública, obligando de cierta forma a la ciudadanía a involucrarse, a prestar atención a estos temas. La maquinaria PRO tomó nota de este procedimiento y hoy lo repite en sentido inverso, creando sus propios antagonistas: los docentes, los sindicatos, los trabajadores, “el kirchnerismo” (uno de sus antagonistas predilectos) y en general todo lo relativo al universo popular (el choripán, el colectivo, la movilización, el movimiento obrero organizado, la lucha por los derechos, el salario digno, y una larga lista de etcéteras).

Pero, mientras en las gestiones anteriores los sectores confrontados gozaban de un derecho a réplica (de facto, muchas veces, por tratarse de grandes medios de comunicación y sus amigos poderosos), en la gestión actual resulta una pantomima de diálogo, donde el gobierno habla desde los medios oficiales y la respuesta de los sectores dominados son silenciados y reescritos por los medios privados, que son aliados del partido gobernante. Este nuevo relato o narrativa prescribe entonces un enemigo belicoso, agresivo en su número y en sus modos, es decir, reconstruye cuanti y cualitativamente un otro que históricamente cargó con estigmas y fue chivo expiatorio, porque la condición del oprimido no sólo se entabla al ser víctima de su opresor, lo es también y sobre todo como fuente o culpable de la opresión de la que es objeto.

El gobierno toma entonces la imagen del paro (morigerada deliberadamente por sus líderes en tanto voceros oficiales del sector —“este paro no es contra nadie”, “no es cierto que el presidente fuera ofensivo con su mensaje”), y se monta sobre ella un “operativo doblaje” en donde las voces de los “periodistas” sustituyen, hablan encima de, las voces silenciadas de los trabajadores, como se vio en las movilizaciones recientes. Y lo que dicen es un parlamento a todas luces funcional al discurso oficialista.

Este paro, en consecuencia, no fue la excepción. Las voces auténticas sólo serán tomadas y replicadas por las cadenas comunicacionales del circuito opositor, minoritarias en alcance e impacto, reforzando la endogamia y protegiendo, de este modo, al grueso del electorado independiente, que es a quien debe principalmente interpelar y atraer. Este electorado independiente, que dicho rápido puede equipararse grosso modo con un sector de clase media o clase media baja, acostumbrado a sus derechos pero vulnerable a la caída en la frágil escalera de ascenso social, que da por sentado lo que no tiene y desprecia lo que se le dio, el sector pequeñoburgués que en toda la historia se alía con el poderoso para retrasar o entorpecer o lisa y llanamente acabar con las revoluciones, este es el sector que hoy en día posee la capacidad de dictar sentencia, como un jurado en un juicio entre dos partes que guardan particular asimetría. Su silencio es oro para el opresor y látigo para el oprimido, y es por eso menester abrir sus ojos a su propia condición de siervo amante de sus cadenas. Pero esto no va a suceder en tanto y en cuanto se mantenga el panorama actual de los flujos comunicacionales disponibles.

En este contexto, existen tres escenarios posibles a partir del paro y los enfrentamientos similares que sigan. Una posibilidad sería que nada cambie, que las relaciones de fuerza sigan en la misma tensión que hasta ahora, con más paros y movilizaciones y la misma respuesta indolente de los gobernantes. No es una situación sustentable en el tiempo, aunque podría prolongarse lo suficiente.

Esta situación derivará en última instancia en una de dos variantes posibles: o bien se doblega al movimiento obrero organizado, constituyendo una victoria bastante decisiva de los sectores dominantes y garantizando una rápida destrucción del tejido social y cultural, por no decir económico y político. El otro escenario posible, si el movimiento obrero organizado se negara a doblegarse, consistiría en un estallido social, quizás estimulado por incidentes provocados deliberadamente.

En este escenario, el gobierno (nacional, provincial, metropolitano) tendría el justificativo perfecto para ejecutar “por derecha” lo que la Teoría de los Dos Demonios adscribe como “lo que se hizo mal”, es decir, saltear el Estado de Derecho. En este escenario, entonces, se vislumbra una salvaje represión, persecución política, juicios sumarios y cárceles repletas de líderes políticos hasta el año 2090. De más está decir que en esta situación, el estigma de ser un revolucionario quedaría fijado para siempre, y la obediencia al régimen sería casi total. Un escenario, como denominan los manuales de guerra del ejército estadounidense, BNW (Brave New World, Un mundo feliz, por la novela de Aldous Huxley).

Como se ve, en esta coyuntura el objetivo del gobierno no consiste en una competencia cuantitativa de manifestantes, ni siquiera le preocupa ganar las calles (desde su lectura, las calles son de los gendarmes, de las fuerzas policiales): la bandera que desean capturar se encuentra en el campo de la narrativa, tal es el locus de su batalla. Si los acontecimientos son susceptibles de ser moldeados para ajustarse a su narrativa, sin interrumpir o amenazar su fluidez, su continuidad, entonces gana, y cada nuevo input del enemigo es una oportunidad de golpearlo, debilitarlo, atacarlo. A juzgar por los titulares posteriores al paro, la élite gobernante estaría logrando esa continuidad fluida, “endureciendo” su “posición” contra los sindicatos y adscribiendo el paro a su narrativa, como hito y catalizador de “transformación”. De este modo, se posiciona para las elecciones de medio término de este año antagonizando fuertemente con aquellos actores que históricamente cuentan con poca credibilidad entre los sectores medios o votantes independientes.

En este difícil tablero, el campo popular necesita establecer sus estrategias y diseñar acciones y escenarios que interrumpan este flujo y, en lo sucesivo, le permitan rearmarse, fortalecerse, recuperar terreno para, al fin, empezar a revertir el marcador”.


Para un peronismo sin soja (cara)

abril 17, 2017

soja

El impulso de este posteo surgió cuando leí la semana pasadaLos futuros de la soja (el valor al que uno puede vender el grano para entregarlo dentro de un plazo determinado) tocaron ayer su menor nivel en 13 meses, al cotizar en u$s 341,6 la tonelada, luego que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) reportó un alza en sus expectativas de cosecha en Brasil y la Argentina, a la vez que elevó los stocks finales para la oleaginosa estadounidense“.

Esto no es para alarmarse, amigos. El precio de la soja en los mercados internacionales está arriba de los valores en otros años, y, lo fundamental, cómodamente por encima de los costos argentinos de explotación, al menos en la “zona núcleo”, la pampa gringa. Es simplemente el recordatorio de un límite para las políticas que el Estado argentino, aún si en el futuro no tiene que pagar las absurdas tasas, la “bicicleta” financiera que provoca el gobierno actual, puede llevar adelante apoyado en los ingresos del “yuyo”.

Porque, para dar un ejemplo fácil de entender, el costo de explotación del petróleo venezolano está muy por debajo aún del deprimido precio actual del combustible. Pero… la baja del precio al que Venezuela exporta su petróleo, a los EE.UU. o a cualquier otro mercado, ha golpeado muy duro a los ingresos que necesita para sostener las estructuras sociales, burocráticas y militares de su estado, especialmente si debe subsidiar todos los otros productos que su pueblo necesita. Esta es la diferencia básica entre los buenos años de Chávez y los malos años de Maduro, porque la oposición interna envenenada y la hostilidad de los EE.UU. no han cambiado.

Y lo que esa noticia me hizo recordar es un artículo reciente de Andrés Malamud. El politólogo compatriota nuestro que enseña en la Universidad de Lisboa no goza de las simpatías de un sector numeroso de los lectores de este blog. Porque forma parte de ese grupo de intelectuales progresistas que cuestiona -a veces con sarcasmo, como en este caso- las políticas y los gobiernos progresistas de su región. Muy europeo, eso.

Pero, como trato de convencerlos desde siempre, los militantes que sólo leen noticias y encuestas favorables a sus ideas y a sus líderes… los van empujando al pozo. Por eso, copio un fragmento de la nota de A. M. que escribió sobre la situación de Ecuador. Que nos advierte algo a nosotros:

¿Puede el progresismo latinoamericano ser exitoso sin petróleo y sin el boom de las materias primas?

«¿Cómo se llama en América Latina a la izquierda sin petróleo?» A la pregunta sigue un silencio. Nadie osa responder. El expositor toma un sorbo, apoya el vaso y remata: «Oposición».

Incomodidad, carraspeos. Una reacción airada: «No es verdad, en Nicaragua no hay petróleo». Otra, divertida: «Cambio petróleo por soja». El debate sigue, la incomodidad también. ¿Qué cosa fuera la Patria Grande sin commodities? ¿O es casualidad que la mejor etapa histórica de la izquierda latinoamericana haya coincidido con los mejores precios internacionales de los recursos naturales?

Entre 2001 y 2008, el barril de petróleo escaló de u$s 25 a u$s 150. La hipercrisis que entonces hizo temblar al mundo pasó rápido. Entre 2009 y 2014, el precio del crudo fue oscilante pero siempre alto, entre u$s 80 y u$s 120. Desde entonces, sin embargo, es todo amargura: a u$s 50 promedio el barril, no hay petroprogresismo que aguante.

Con menos dramatismo, el auge y la caída se repite para las demás commodities. Durante quince años, Sudamérica desmintió la maldición de Raúl Prebisch: los términos de intercambio (es decir, la diferencia de precio entre exportaciones e importaciones) no se deterioraban sino que mejoraban. La periferia explotaba al centro, que crecía a tasas míseras. Pero la emergencia del tercer mundo no fue consecuencia de la liberación sino de una nueva dependencia: por detrás de los fantásticos precios estaba el ascenso chino, que fue simultáneamente masivo (un quinto de la población mundial se incorporó al mercado global) y vertiginoso (su tasa de crecimiento anual rondó el 10%). Pero no fue diversificado. Así, el resurgimiento de América Latina se basó en la reprimarización productiva, que equivalió a desindustrialización relativa. Aceptable base, quizás, para una izquierda indigenista que reivindica a la Pachamama, pero no para una izquierda obrerista que aspira a mejorar el consumo urbano. A las pruebas nos remitimos: Evo sigue, Lula sale“.

Esto de Malamud es una simplificación alevosa (además de introducir algunas tonterías: el consumo urbano ha aumentado en Bolivia como en ningún otro país, partiendo, claro, de índices muy bajos). El dato fundamental que el artículo pasa por alto es que el “boom” de las materias primas impactó en forma muy distinta en cada uno de nuestros países, y no hay ni rastros de una relación lineal entre ese impacto y las experiencias políticas contemporáneas. Después de los petroleros, los países más favorecidos en los precios de sus exportaciones en los últimos 15 años fueron los mineros Chile y Perú. Ni sombra de “populismo” ahí, ni tampoco mucha distribución para sus sectores populares.

Pero… sí es cierto que la mejora de los precios de las materias primas le dio a los gobiernos de la América del Sur la posibilidad de obtener más recursos para sus políticas sociales. Yendo a nuestra realidad: en Argentina las retenciones a las exportaciones de soja, que comenzaron en un nivel muy discreto -el 10%- con Duhalde, permitieron mejorar el consumo popular -con el plan Jefes y Jefas de Hogar, por ejemplo-, horriblemente deprimido por la recesión y el desempleo de los últimos años de Menem y el desastre de la Alianza.

Néstor Kirchner pudo, y supo, llevar adelante una política que aumentó el empleo y la producción; se utilizó la capacidad ociosa de la industria, y los sectores populares vieron aumentar sus ingresos y sus posibilidades de consumo. Y los empresarios sus beneficios. Pero en el 2008 terminó la etapa relativamente “indolora”.

Esto no significa, como parece decir ese artículo, que ahí se termina la posibilidad de políticas populares. Durante los siete años siguientes, en el marco de una amarga “grieta”, se mantuvo un aceptable nivel de consumo y de prosperidad, aunque los índices de crecimiento de aplanaron.

Hasta aquí, es historia. Sirve si nos ayuda a enfrentar una nueva situación. En lo posible, con realismo. Una parte de la militancia peronista tiende a fantasear con el I.A.P.I. y la Junta de Granos, y pasa por alto que en los tramos más extensos del accionar de esas instituciones tuvieron que ayudar a mantener explotaciones agrícolas no rentables.

El factor decisivo es que la explotación del petróleo puede hacerla el Estado. Sucede así en la mayor parte de los países. Pero la explotación rural no se adapta. Stalin trató de hacerlo, y no le funcionó bien. Y eso que estaba dispuesto a matarlos por hambre, en la Ucrania. En un plano mucho menos sangriento, la hostilidad de los empresarios rurales a un aumento no irrazonable pero mal presentado de un impuesto, le dio en ese emblemático 2008 una base social considerable a la oposición al gobierno kirchnerista. Mientras que una decisión estratégica más importante, la estatización de los fondos jubilatorios… los únicos que las A.F.J.P. lograron que se movilizaran en contra fueron sus empleados.

Resumo: Es conveniente y necesario que el Estado argentino intervenga en el comercio de su producción primaria. Y las retenciones a la exportación, aunque tienen efectos colaterales negativos -disminuyen la inversión en tecnología- son instrumentos necesarios, en un país con estructuras impositivas y de comercialización interna tan deficientes como las nuestras.

Pero es necesario que nuestros dirigentes, y los economistas que los asesoran, tengan claro que, por los límites que trazan hoy el mercado internacional, y la estructura social argentina, el agro no alcanza para financiar la base industrial que necesitamos, y las importaciones que requiere. Necesitamos planificar otras respuestas. Salvo, claro, los dirigentes y economistas que creen que si ganan la “confianza de los inversores” y rebajan los salarios, vendrá una lluvia de inversiones que solucionará todos los problemas.

 


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