Argentina en el mar IX – El ARA San Juan y el CINAR

diciembre 12, 2017
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En el posteo anterior de esta serie se trató de dar respuesta, tentativa, a la pregunta ¿Qué pasó con el ARA San Juan? Ya ahí llegó el esperable “comentario” (no lo autoricé) que lleva un sólo obsesivo mensaje “Aquí no podemos hacerlo”. Argentina no puede, no debe, fabricar o reparar submarinos, o siquiera tenerlos activos ¿Para qué? Más, no debe formar a los hombres y mujeres capaces de llevar de empujar la frontera de nuestras capacidades ¿Para qué?
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No hace un mes todavía que 43 hombres y una mujer dieron sus vidas respondiendo a esa otra pregunta.
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75. Perdimos un submarino. No perdamos un astillero
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CINAR
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Las instalaciones de TANDANOR, en Dársena Norte.
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Todos los submarinos con potencia AIP (Air Independent Power), tienen motores diésel-eléctricos como primera opción para recargar las baterías. Éstas son las que mueven la hélice mediante motores eléctricos de corriente continua, generalmente muy silenciosos.
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La particularidad de los AIP es una 2° planta de potencia anaerobia, que no depende de tener que aspirar aire atmosférico mediante el snórkel. Y es que desde los ’90 a esta parte, los medios de detección electrónicos, térmicos, químicos y sónicos se perfeccionaron muchísimo, y a profundidad de snórkel un submarino deja huellas que son incluso perceptibles para satélites.
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Por eso, los AIP están hechos para no acercarse siquiera a la superficie durante lapsos de 2 a 4 semanas, según cada fabricante y cada modelo. El oxígeno necesario para la 2° planta de potencia, la anaerobia, se lleva licuado en grandes botellas, o comprimido a por lo menos 60 atmósferas
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Eso le devuelve a un sub lo que realmente no debe perder jamás: ser una amenaza ubicua, que puede estar en cualquier lado, al que hay que dedicar una gran cantidad de efectivos y energía para detectar y neutralizar, la peor pesadilla de cualquier flota de superficie.
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Hasta que coincidiendo con el nuevo milenio surgieron los AIP contemporáneos, esto sólo se lograba con potencia nuclear. A Gran Bretaña en 1982 le bastó con el HMS Conqueror para que toda la Flota de Mar argentina se tuviera que meter en Puerto Belgrano y no asomara la nariz durante toda la guerra. Y ojo, el Conqueror, como cualquier submarino nuclear, tiene bombas de refrigeración del núcleo que, por muy bien diseñadas e insonorizadas que sean, emiten ruido.
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Un sub AIP es mucho más silencioso que un nuclear, cuando navega con su planta anaerobia. Las ventajas de un nuclear sobre un AIP son dos: una autonomía sólo limitada por el stock de comida a bordo, y la posibilidad mantener indefinidamente velocidades mayores a 32 nudos a cualquier profundidad de inmersión. Los AIP a profundidad operativa, en cambio, son bastante lentos: 5 nudos, si se quiere conservar la batería. En un apuro, a lo sumo 22 nudos, y durante una o dos horas. Pero la superioridad de la potencia nuclear viene con un precio impagable: con el costo de un Clase Los Ángeles, los suecos te fabrican 8 Götlands AIP, y los tremendos submarinos yanquis no logran siquiera detectarlos, por ahora.
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Por ello Brasil estará construyendo en pocos años en su astillero especializado de Itaraguaí, Rio de Janeiro, cuatro Scorpene franceses AIP y a continuación su primer submarino de caza con un motor atómico de desarrollo propio. Éste último tiene fecha (dudosa) de botadura en 2029. Ante semejante combo, la 4° Flota de los EEUU, armada para tener superioridad naval sobre el Atlántico Sur, deja de tenerla. Como dicen en Río de Janeiro, “chupate esa mandarina”.
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Sería bastante lógico convertir a AIP los dos solitarios subs que nos quedan: el Santa Cruz, un TR-1700, y el viejo Salta, un HW-Tipo 209. Hay paquetes de conversión en oferta de la Thyssenkrupp para el Santa Cruz por aproximadamente 60 palos verdes, pero la operación en su conjunto (que se puede hacer perfectamente en los astilleros CINAR, el Complejo Industrial Naval Argentino, en Dársena Norte) es mucho más cara. Hay que volver a cortar el casco del Santa Cruz, como cuando se le hizo el mantenimiento de vida media, e insertarle todo un anillo nuevo, que alarga bastante la eslora (más o menos 12 metros). El resultado, si el trabajo se hace en tiempo y forma, es un submarino mucho más letal.
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Sería una tontería hacer esto fuera del país, con el tremendo equipamiento que tiene CINAR, y otra estupidez no menor el considerar únicamente ofertas de Alemania, un vicio naval argentino que se ha hecho crónico desde fines de los ’60. A fecha de hoy, han desarrollado distintos sistemas AIP Francia, Suecia, la India, Japón, China y Rusia.
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España está trabada en dificultades técnicas del desarrollo de su propio sistema para sus submarinos S-80 con un AIP cuya fuente de energía indirecta es alcohol etílico, o etanol. De ahí se obtiene hidrógeno para oxidarlo en una “fuel cell”, o celda combustible, que produce electricidad sin ninguna vibración, ya que es un proceso electroquímico que no involucra partes móviles. El hidrógeno de los S-80 españoles sale de un proceso de “reforming” catalítico del alcohol. Dato interesante, fue el doctor Miguel Laborde y su laboratorio de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires quienes suministraron la tecnología original química en 2004, bajo contrato de Abengoa, una empresa hispánica contratada a su vez por los astilleros Navantia. Laborde sigue viviendo en la Argentina y es un alto investigador del CONICET, para más información.
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Las tratativas quizás demasiado acarameladas y monogámicas entre Argentina y la República Federal Alemana para dotarnos de una flota diésel-eléctrica poderosa empezaron en 1968. Son esas idioteces con nombre glorioso, del tipo de “alianza estratégica”, cuando la realidad es que ese tipo de relaciones no suceden entre elefantes y hormigas.
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Cuando en los ’70 y ’80 se compraron los subs que todavía tenemos, amén del astillero entonces llamado “Domecq García” para hacer más unidades, se puso énfasis no tanto en la defensa de la Plataforma, como recomendaba el Almirante Segundo Storni en su libro “Nuestros intereses marítimos”. Para ello habrían bastado algunos HW Tipo 209. Por el contrario, la idea era adquirir una capacidad de ataque sumamente veloz, sorpresivo y a gran distancia, y de ahí los planes y equipamiento para tener al menos 6 TR-1700, que en los ’80 eran los submarinos diésel-eléctricos más veloces del mundo (24 nudos en inmersión snórkel), y cargaban suficiente combustible como para darle vuelta a la Tierra (33.000 km. de autonomía teórica).
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Ha sido publicado en muchas ocasiones que la hipótesis de conflicto de los TR-1700 era usarlos en el Pacífico y contra la Armada chilena, en una suerte de Pearl Harbour múltiple y submarinístico contra las bases de nuestros vecinos. Alguna guerra tenía que conseguirse la valiente muchachada de la Armada, pero cuando eligió a Inglaterra como contendiente consiguió que sólo llegaran al país 2 TR-1700 en 1985 y 1986, y que luego las presiones yanquis y británicas para atajar la construcción de 4 unidades más se volvieran insportables. Detenidos los astilleros, el siguiente paso fue destruirlos, y Menem lo hizo… o casi.
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En aquellos años la propulsión AIP, por la que Alemania venía trabajando desde la 2da Guerra, era todavía un montón de experimentos fallidos en muchos países. Hoy maduró y es un “game changer”, un cambio de paradigma. Hay 57 AIP en más de 20 países, y dentro de 6 o 7 años, van a ser el doble de naves.
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Conociendo a este gobierno y a la Armada, en la actual situación de cambio tecnológico, los subs diésel-eléctricos convencionales van a estar de oferta. Y como ha observado más de un observador sagaz, Macri tiene un gran magnetismo personal. Se le pega la chatarra, especialmente la que descarta la OTAN.
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En cuanto al astillero hoy llamado CINAR, que reúne las capacidades de Tandanor y el Domecq García, (rebautizado Storni), no es improbable que el gobierno actual trate de cerrarlo. Ya hay gente echándole la culpa del accidente del San Juan a la “corrupción” del CINAR, y esto sucede ante la vista del poder judicial mas repelentemente sumiso de nuestra historia reciente. Si pueden cerrarlo a carpetazos, no dejarán de intentarlo.
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El cierre de nuestra capacidad (relativa, pero existente) de construir y mantener nuestros propios submarinos es un viejo objetivo histórico de EEUU e Inglaterra. Empezó mucho antes de 1982. Cada uno por sus motivos, ambos países aborrecen esta alianza entre la Argentina y la entonces llamada República Federal Alemana. Y las desventuras que atravesaron ambos astilleros en la posguerra de Malvinas, con su momento más vergonzoso en el el gobierno de Menem, no han sido ajenas a esta animadversión.
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Hay más cuchillos apuntados a la yugular del CINAR, pero son criollos. Sumando edificios y tierras, el dúo de astilleros tiene 135.000 metros cuadrados sobre Dársena Norte. Este gobierno tiene como integrantes y fans a muchos empresarios de la construcción que podrían hacer un nuevo intento de transformar ese capital inmobiliario premium en shoppings y barrios tilingos.
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No sería nuevo. El citado riojano trató de hacerlo en 1990, cuando privatizó el astillero y se lo vendió a una sociedad fantasma. Cito a una fuente poco frecuente en este blog, Daniel Santoro, de Clarín, artículo del 29-11-2017.
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En septiembre de 1990 se llamó a licitación para privatizar el astillero Talleres Navales Dársena Norte (TANDANOR), dependiente del Ministerio de Defensa de la Nación en épocas del fallecido Erman Gónzalez. En el llamado original, la empresa fue tasada en 168 millones de dólares: 8 millones pagaderos en efectivo y 160, en bonos de la deuda Externa Soberana, todo lo cual debía cancelarse indefectiblemente a la firma del contrato.

Tras un trámite licitatorio lleno de irregularidades, Tandanor le fue adjudicada a un consorcio de empresas encabezado por CIAMAR (transportista marítimo argentino), Banco Holandés Unido (actual AMR AMRO BANK) y SUD MARINE ENTERPRISES (astillero de origen francés).

Una vez adjudicada, el entonces Presidente Carlos Menem emitió un decreto por el cual cambió sustancialmente el precio y la forma de pago por Tandanor: el valor a abonar se estableció en U$D 59.760.000 millones de dólares (ya no en bonos, sino en efectivo), pagaderos de la siguiente manera: un adelanto por US$ 7.200.000 y el saldo restante (US$ 52.560.000) cómodamente financiado a nueve años de plazo con tres de gracia.

La sociedad que se quedó con ambos astilleros paralizó los trabajos de construcción de los TR-1700 “Santa Fe”, al 70% del grado de avance, y del “Santiago del Estero”, al 30% de avance.
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Los compradores no pudieron chatarrearlos porque los cascos de acero ultrarresistente HY-80 dan mucho trabajo para el desguace y el material no tiene mercado local. Otros dos submarinos arribados aquí como piezas sueltas e igualmente “nonatos” pero sin bautismo, el S-45 y S-46, sufrieron distintas suertes: el primero fue “carancheado”, es decir se volvió fuente de repuestos para el SUSJ y el Santa Cruz, aquellos dos subs que llegaron construidos y navegando desde los astillero Thyssen en Emden, Alemania. No tengo datos fiables sobre ese meccano desarmado que era el S-46; parece haber sido vendido como chatarra.
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No es lo único que trató de vender la sociedad fantasma que fingió adquirir los astilleros. Le vendió también 10 hectáreas de terrenos a la inmobiliaria IRSA por 18 palos verdes, a ver si la ranada pasaba. No pasó, y después lo explico. Mis cifras sobre hectáreas y dólares difieren un poco de las de Santoro, pero se entiende de qué iba el juego. ¿Puede repetirse? Sí.
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En su momento todo esto armó mucho ruido de medios, que sofocó oportunamente el poder judicial federal con su rapidez y energía característicos, procesando a carradas de implicados. Uno suponía que los esperaba la guillotina, pero los dos principales, Erman González, ex ministro de defensa, logró morirse de viejo sin sentencia, y Menem vive en olor de santidad judicial y amparado por fueros aparentemente a prueba del paso de años y de magistrados. Ni siquiera los muchos “pichis” pegados a esta matufia fueron en cana.
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En 2004 el lamentado Néstor Kirchner trató de abrir los astilleros, cuyo personal había logrado mantenerlos con vida al modo heroico, formando una cooperativa de gerentes y trabajadores. Pero CINAR sólo logró arrancar operativamente en 2007: la pérdida de recursos humanos calificados había sido muy grande. Pese al amor a la camiseta y a la bandera, hasta el más patriota se descorazona en circunstancias tan jodidas, y la industria privada, aún en recesión, sabe elegir ingenieros y técnicos de élite.
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Es una lástima que el CINAR haya nacido de una “alianza estratégica” con la RFA y sin una universidad propia al pie, así como la CNEA tiene el Instituto Balseiro. Como proveedor constante de ingenieros, físicos, químicos, metalurgistas, expertos en materiales y otros cráneos del mayor nivel regional, el Balseiro evitó en buena medida el “Alzheimer institucional” de la CNEA por pérdida de cuadros en las malas épocas, que fueron muchas y largas. Ni Cavallo pudo descerebrar a la institución, y las pruebas de ello fueron la exitosa campaña de exportaciones de INVAP, aún en los años más tétricos, y la conclusión de Atucha II y el inicio de las obras del RA-10 en los tiempos de NK y CFK. Década perdida, my left foot, como dicen en Soho.
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Tal vez los lectores no hayan reflexionado sobre el asunto, pero Balseiro fundó esa pequeña universidad tecnológica que hoy lleva su nombre cuando el presidente Arturo Frondizi cortó a un 50% el presupuesto de la CNEA. La gente nuclear, hasta entonces protegida por el paraguas de la Armada, se dio cuenta de que este tenía agujeros y se aprestó para una lucha por la supervivencia, que creíamos pasada pero todavía sigue. Y esa supervivencia se basa en la regeneración de recursos humanos “de alta”. Esa gente que no se consigue aunque uno ponga un aviso en Clarín. Porque no la fabrican ni las mejores universidades nacionales (ni hablo de las privadas).
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Un astillero de submarinos se parece más a una fábrica de aviones o de satélites que de barcos mercantes. Los materiales y procedimientos son exquisitos, los márgenes de error y las tolerancias, ínfimos, muy parecidos a los de la industria nuclear. Un astillero de subs necesita un elenco humano con capacidad de diseño autónomo, capaz de mandar a bañarse en el estrecho de Jutland a cualquier oferente atravesado. Aún si uno termina adquiriendo naves extranjeras, es el modo de saber que no le están vendiendo basura, y de asegurar la fabricación nacional de componentes críticos, creando una cadena de proveedores calificados. Si Jorge Sabato se hubiera dedicado a los submarinos, habría hecho eso, empezar de a poco y desde abajo, fabricando primero la gente, luego la fábrica, y finalmente los fierros.
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El pecado fundacional de la Armada fue creer que se puede adquirir esta capacidad industrial “llave en mano” comprando unidades y fábricas y confiando en que Thyssen (o quien sea) van a cumplir a rajatablas con las “transferencias de tecnología”. Transferencias que a la hora de la hora, terminan no existiendo. Sobre todo cuando el comprador pregunta algo cuya respuesta al vendedor le tomó 30 años de investigacion y desarrollo, es decir N experimentos fallidos. Ningún proveedor quiere generar autonomía, o peor aún, fabricar competidores.
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Cuando la CNEA decidió comprar su primera central, Atucha I a la KWU, hoy SIEMENS, ya llevaba fabricados varios reactores nucleares de investigación. En ciertas cosas, hay que empezar creando el capital humano, y asegurándose de tener una fabricación local e ininterrumpida del mismo. “Sabatismo explícito”, como dirían en el Balseiro.
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CINAR, aunque viene de una historia mucho más ripiosa, es un activo formidable para la Argentina, y no sólo militar sino tecnológico, laboral y educativo. Por algo tiene tan poderosos enemigos externos. Y además, es un costo hundido: a lo largo de décadas, el todavía asombroso equipamiento de ambos talleres costó algo así como US 9600 millones, transferidos a la RFA. Equivale casi a la vieja deuda argentina con “El Club de París”. Si ya pagamos por bueno ese astillero, es mejor que le demos la plata que necesita y lo usemos de una maldita vez. En 10 años, podemos tener una buena flota.
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En cambio si volvemos al chiste de adquirir unidades extranjeras llave en mano porque están de oferta, y además usadas y sin potencia AIP, no sólo vamos a haber perdido un sub todavía muy bueno, como el SUSJ, y sus 44 bravos tripulantes, sino de yapa un astillero excelente y una capacidad de reparación envidiable: más de 800 naves de todo tipo hicieron mantenimientos en el hoy CINAR a lo largo de su accidentada vida.
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Perder ese capital sería la peor ofensa que se puede infligir a la memoria de los 44 del ARA San Juan.
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Argentina en el mar VIII – ¿Que pasó con el ARA San Juan? (actualización)

diciembre 11, 2017

En la primera parte de su artículo, Daniel Arias analizó especulaciones hechas sobre el análisis de los pictogramas que publicó el CTBTO. Ayer, se dio a conocer un informe de la Oficina de Inteligencia Naval de los Estados Unidos, del analista acústico principal Bruce Rule. También es interpretación de datos, pero hace una lectura distinta de esas anteriores

Me parece de interés acercarles lo que dice Arias al respecto. Corresponde que adelante que, en cualquier caso, no cambia el diagnóstico de lo que ocurrió con el San Juan. Y, desgraciadamente, ninguna da esperanza de rescatar con vida a sus tripulantes.

El análisis de Rule es serio, pero no explica varios asuntos:

  • Si el casco de presión implotó a alrededor de 380 metros de profundidad, y la onda de choque resultante explica el primer gran ruido hidrofónico, ¿qué explicación tiene Rule del segundo, tan prolongado, y consecutivo 1 minuto y 20 segundos al primero? Ninguno.
  • ¿Por qué ese casco implotó a 380 metros, cuando la profundidad de colapso por diseño está más bien en los 600 metros?

No soy hidrofonista, pero no compro. La navaja de Ockham recomienda atenerse a la explicación más sencilla de un fenómeno como la más creíble, “entia non sunt multiplicando” y todo eso. Pero aquí hay dos fenómenos hidrofónicos importantes, no uno.

La explicación que me hiciste llegar sigue siendo más abarcadora. Desgraciadamente, también es más despiadada para los familiares.


¿Y si todo se va al diablo?

diciembre 11, 2017

Precipicio

El escenario político en Argentina está raro, aún considerando los antecedentes. Por un lado, después de los turnos electorales de agosto y octubre el oficialismo se siente triunfador y la oposición -en particular la que se identifica con el liderazgo de Cristina Kirchner- se siente acosada. Los empresarios y jueces -que en su gran mayoría ya estaban más cerca de Macri que de CFK- siguen la tradición de correr en auxilio del que va ganando. La “guita sabia”, como dicen los yanquis, está apostando a la reelección de Macri.

Y al mismo tiempo, hay un trasfondo de inquietud, y hasta de alarma por el estado de la economía. No importa que las consultoras y los medios internacionales feliciten a Macri y le digan que todo irá bien… si sólo se hacen pronto algunas necesarias reformas. Los argentinos recuerdan que eso mismo se escuchaba en los últimos años y meses de la Convertibilidad. Carlos Menem hasta había sido uno de los dos Jefes de Estado que fue invitado a exponer -el otro fue Bill Clinton- en la Asamblea del F.M.I. de 1999, en homenaje a sus exitosas transformaciones…

El diagnóstico que subyace es que el esquema actual no es sustentable. Sobre la situación financiera, la burbuja de las Lebacs, la adicción al endeudamiento externo, se ha hablado mucho y por muchos, desde el mismo C.E.M.A., ese templo del monetarismo, hasta este humilde blog. Sólo voy a agregar -como sostengo que, en el fondo, lo decisivo es la economía real- este fragmento de una reciente columna de Alcadio Oña en Clarín, que, como habrán notado, no es un medio kirchnerista.

Trata, con algo de melancolía, sobre la expectativa del Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, y dice “Los últimos datos del INDEC no lucen precisamente alentadores. Revelan que las ventas a la Unión Europea crecen 1,1% y que las compras a la Unión Europea aumentan 13,2%. También, que en los primeros diez meses la Argentina ha acumulado un déficit bilateral de 2.178 millones de dólares.

Nada muy diferente al perfil comercial que existe con otros países desarrollados, el 85% de nuestras exportaciones a la UE son productos primarios y, sobre todo, derivados de la soja. Del otro lado, el 80% que llega es todo bienes industriales que aquí no se fabrican o apenas se fabrican: trabajo ajeno, al fin.

Asoma ahí una muestra en pequeño de un agujero enorme, ya estructural, que se llama desequilibrio industrial y surge de lo mucho que se importa del mundo y lo poco que se exporta al mundo. El saldo de los diez primeros meses del año canta un rojo de US$ 33.573 millones de dólares.

Puesta de otra manera, la desproporción dice compras por US$ 48.960 millones contra ventas por sólo US$ 15.387 millones.

Tampoco desconocida, en el medio salta la fuerte dependencia del exterior o, dicho de otro modo, que el crecimiento de la economía implica necesariamente crecimiento de las importaciones. Y luego dólares para sostener la estantería“. ¿Alguien dijo “restricción externa”?

Entonces, la pregunta del título: ¿Que pasa si todo se va al diablo? La respuesta es inevitable. Se hará cargo ese pariente cercano del diablo, el peronismo ¿Quién otro?

Ahora, la conducción política del peronismo está muy en discusión, como también habrán notado. Pero hay una buena noticia: tres miembros de la Comisión de Economía del PJ (por fuera de esta y sin comprometer al conjunto de la comisión ni al partido) han decidido proponer un Plan de Contingencia, para ofrecerlo a quienes tengan que hacerse cargo en una eventual crisis.

Dos de ellos, Guillermo Moreno y Pablo Challú, tienen amplia experiencia en hacerse cargo en ocasiones que la economía se caía a pedazos. Sergio Carbonetto, hijo de otro protagonista de anteriores salvatajes, tiene el empuje de la juventud. Les copio su trabajo. Aunque es sólo un esbozo inicial, deja claro para los que conocen de economía los criterios que se plantean.

“Algunos elementos conceptuales de un Plan Económico de Contingencia (PEC)

Lic. Guillermo Moreno
Lic. Pablo Challú
Lic. Sergio Carbonetto

Comienza a existir consenso en nuestra comunidad profesional en que, producto de las inconsistencias de la actual política económica, se está llegando a una situación insostenible. Esto nos da la razón a quienes, desde el primer trimestre de 2016, alertábamos que ese diseño nos llevaría a instancias críticas.

A dos años de la asunción del gobierno nacional, la economía no presenta ninguna señal alentadora: las inversiones productivas privadas no aparecen, la inflación no cede, el déficit fiscal total -bien calculado- ronda los 11 puntos del PIB, el volumen de las LEBAC se ha convertido en un problema autónomo, los déficits de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos están entre los más altos de la historia, mientras que las tasas de interés se mantienen en niveles realmente elevados y el peso sufre una impresionante apreciación, que afecta tanto a la industria manufacturera como a las economías regionales.

En ese marco, la distribución del ingreso ha empeorado y la pobreza y la indigencia han crecido, al tiempo que el empleo se deteriora. Lo más grave es que las tendencias indican que esta situación transita un sendero de agudización.

El punto es que, cuando se sale del diagnóstico para abordar los cursos de acción, los consensos alcanzados se esfuman. Si la situación fiscal se intenta resolver mediante un fuerte ajuste del gasto público, la recesión que provocaría no haría más que agravar la propia situación fiscal por la baja de recaudación, la monetaria por la caída de demanda de dinero, y obviamente la social por la pérdida de los ingresos de las familias.

Una variante, entre quienes sostienen este diagnóstico, afirma que el oficialismo tiene muchos objetivos mientras que sólo dispone de unos pocos instrumentos, con lo cual, no hay posibilidades de alcanzar ninguna de las metas que se propone.

Y si ésta fuera sólo una, la inflación, su combate terminaría con un resultado similar: recesión.

Parecería entonces que el país se encuentra en un atolladero, no solo por la delicada situación macroeconómica, sino también por el riesgo que conllevan algunas de las soluciones propuestas. Sin embargo, se abre otra perspectiva si, al mismo tiempo que se observan las inconsistencias macroeconómicas, se analizan las causas que las han originado.

Entre ellas, podemos destacar:

– creer que bastaría con políticas market friendly para generar una “avalancha” de inversiones productivas;

– pensar que ese hipotético aumento de la inversión compensaría la baja del consumo privado, generada por la afectación de los ingresos populares que las mismas políticas provocaron, de tal modo que no se produciría una disminución en la demanda global que agudizara las tendencias recesivas en la economía;

– la idea de que una apertura indiscriminada, llevaría a la eficiencia económica;

– sostener que la inflación es siempre y en todo momento solo un fenómeno monetario y;

– considerar que, en una economía altamente concentrada, la formación de precios se daría de manera similar a la que ocurre en una de tipo competitiva.

Al removerse estos errores conceptuales, surgen con evidencia los instrumentos necesarios para solucionar las inconsistencias, y alcanzar los diferentes objetivos que permitan salir del atolladero en el que se encuentra la economía, encarando simultáneamente los distintos problemas.

Así, algunos de los elementos conceptuales de un PEC son:

– una política de ingresos que permita restituir el poder de compra a los sectores populares, a partir de la concertación de precios y salarios, logrando así una efectiva concurrencia de las expectativas, reconstruyendo el consumo y el mercado interno;

– la política de comercio exterior debe proveer una adecuada consideración de las necesidades competitivas de las actividades económicas internas, y establecer una administración del comercio exterior, acorde a los nuevos paradigmas mundiales, que garantice “primero lo argentino”;

– la política monetaria debe estabilizar los precios, sostener un tipo de cambio competitivo, generar los incentivos para modificar el perfil de vencimiento de las LEBAC;

– y coadyuvar al crecimiento del PIB; y la política fiscal mejorará el perfil de su déficit al recomponerse la recaudación por el mayor nivel de actividad económica y la recuperación de la base imponible del sector agropecuario de más alta productividad.

Todo ello propiciará, de manera sustentable, las condiciones para el desarrollo de las actividades productivas y de la generación de empleo en los distintos sectores de actividad económica. Al tiempo, se comenzará el camino hacia la recuperación de los superávits gemelos, que garanticen el crecimiento de la economía y la mejora en la distribución del ingreso”.


Un cacho de cultura: ¿Qué es el peronismo?

diciembre 10, 2017

Este blog está subiendo de nivel intelectual. Apropiándose de lo que hacen intelectuales, claro. Aquí Daniel Santoro y Pedro Saborido hacen un stand up. Son 100 minutos, pero lo pueden escuchar de a ratos. Y se los recomiendo, en serio. En la primera parte encaran, por ejemplo “¿Qué tipo de sujeto histórico crea el peronismo?”. Si se entiende esa pregunta, tenemos la clave de lo que empezó a pasar hace 70 años. Y también de lo que está pasando ahora.


La política en los años de Macri

diciembre 10, 2017

escandinavo

El periodista noruego deportado por las autoridades de Buenos Aires. La foto podría ser apócrifa.

El tema del título ya sumó una gran biblioteca en estos 24 meses. Y este blog aportó una modesta colección de posteos, cómo no. Hoy quiero acercarles una breve reflexión … lateral. Porque la imagen de arriba, que le debo al amigo y colega Oscar Canabal, me sugirió algunas ideas.

Ante todo, aclaro que el autor de este blog no tiene una admiración indiscriminada por las ONG, y no cree que pueden reemplazar en sus funciones a los Estados nacionales. El punto significativo de la lista que el gobierno macrista confeccionó de los corresponsales y activistas a los que no se les iba a permitir el ingreso al país para la sesión de la OMC, es su actitud ante las protestas, no ante los extranjeros. Pero como eran extranjeros, y algunos de ellos periodistas, esto hará a que la imagen de este gobierno -que los argentinos, especialmente si son opositores y pobres, ya tenían clara- se defina también en el extranjero.

José Natanson fue criticado por decir que el macrismo era “una nueva derecha democrática”. Pero es importante entender que esa era la imagen que a este gobierno le interesaba proyectar hacia sus votantes y hacia el exterior, de donde espera -con razón- apoyos decisivos para su proyecto. Apoyado en algunos hechos: había ganado las elecciones; su discurso es similar al de las derechas europeas, sin el peronismo folklórico que inevitablemente arrastraba el gobierno de Menem; y mantenía las políticas sociales del anterior. Si éstas están siendo deterioradas por la inflación… es algo que no se nota fácilmente en el extranjero, ni por los que no sobreviven con ellas.

Esta imagen se desfleca muy rápidamente, sobre todo en los últimos meses (Parece que un éxito electoral inesperado afecta mal a los gobiernos argentinos). Los factores son unas fuerzas de seguridad a las que “se les soltó la rienda”. Y, más aún, un Poder Judicial que perdió su carácter “contra mayoritario” que plantearon teóricos como Madison y Jefferson. (Es curioso, pero esa condición de freno a las mayorías, es denunciada duramente por la progresía, que tiene la idea ingenua que es siempre mayoritaria. Sus maestros sabían que rara vez lo es).

Quiero ser preciso: tampoco decir ahora que “Macri es la dictadura” es creíble, salvo para activistas jóvenes del kirchnerismo y de la izquierda dura. En el extranjero, en la mayoría no politizada de la población, y en los que vivimos las dictaduras, no se piensa así. Pero la imagen en el exterior del gobierno de Macri es asimilable a la de un régimen autoritario y sin garantías para la oposición. Como eran frecuentes en la Europa menos desarrollada hasta que la Unión se puso exigente, como la Turquía actual. O Venezuela, un cuco con el que Macri hizo campaña.

Hay que ser realista: esto no va a ponerle en contra a los actuales gobiernos europeos, salvo un grave deterioro del “clima de negocios”. Ni va a preocupar a Trump. Tampoco, se me ocurre, le va a molestar a nuestro reciente visitante, el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolai Patrushev. Y Xi Jinping tiene otras cosas de qué ocuparse.

Pero sí le abre a la oposición oportunidades de diálogo y mejores posibilidades de conseguir apoyo en influyentes sectores en Europa y en los Estados Unidos. Donde la oposición, como en la mayoría de los países desarrollados, forma parte del establishment.

Esto no será fácil para el peronismo, en particular, que no tiene facilidad para los lenguajes (políticos) extranjeros. Y con frecuencia, cuando alguno de sus dirigentes empieza a dominarlos… pierde el suyo. “Un remedio peor que la enfermedad”. Pero es necesario que cultive los vínculos con los sectores que cuestionan la globalización, sobre todo cuando se apoya en el autoritarismo. Como advertía su Fundador, la política meramente local es de cabotaje. Y el apoyo del Papa, a pesar de la buena voluntad que ha mostrado Francisco, no es suficiente.


La batalla de Jerusalén

diciembre 9, 2017

 

 

jerusalén

El fuego ardía desde hace largo tiempo. La decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel fue tirarle nafta. Sobre esto, ustedes ya tienen toda la información, la propaganda y las operaciones que puedan absorber en los medios, y otros sitios de Internet. Por mis opiniones en el conflicto de Medio Oriente y mis sentimientos ante la tragedia palestina, si a alguien le interesan, puede encontrarlos en el blog (columna de la derecha, Buscador).

Ahora, sólo señalo lo obvio: este último episodio es sobre símbolos, sentimientos. El gobierno de Israel y el del Estado Palestino sostienen que Jerusalén es su “capital eterna”. No hay “capitales eternas” (Roma, a la que llaman la Ciudad Eterna, tendría ahora 2770 años, bastante menos que Jerusalén, o Damasco, que han sido y dejado de ser capitales de distintos reinos y pueblos). Pero los seres humanos viven y mueren por símbolos.

Por eso me parece interesante compartir esta nota de la BBC, que no vi en los medios locales. Muestra como Jerusalén, bajo jurisdicción israelí, pasó de tener 16 embajadas a ninguna, y ahora, a una, la estadounidense. Muestra que el “poder blando” de las declaraciones y la diplomacia también decide. En las peleas de símbolos, al menos. Al final, agrego un comentario.

Generó indignación y cosechó titulares en medios de comunicación de todo el mundo. La decisión del presidente Donald Trump de dar vía libre al traslado de la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, anunciada el miércoles pasado, hará que la estadounidense sea la única representación diplomática de máximo nivel en la llamada Ciudad Santa.

Sin embargo, hubo una época en la que tener una embajada en Jerusalén no era tan raro. De hecho, hasta inicios de la década de 1970 había allí 16, de las cuales 12 pertenecían a países latinoamericanos: Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

Las otras cuatro se correspondían con tres países africanos -Costa de Marfil, Zaire (la actual República Democrática del Congo) y Kenia- y uno europeo: Holanda, considerado entonces como el principal aliado de Israel en el Viejo Continente.

Para entonces, ya se habían producido tres conflictos armados entre los países árabes e Israel, en el más reciente de los cuales -la Guerra de los Seis Días, de 1967- las Fuerzas de Defensa Israelíes lograron tomar el control de toda la Ciudad Santa que estaba dividida desde 1948. Pero, ¿cómo y por qué se fueron de Jerusalén estas embajadas?

Solidaridad de los No Alineados

Las primeras embajadas en ser retiradas de Jerusalén fueron las de los tres países africanos, que cerraron después de una reunión del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) realizada en Argelia en septiembre de 1973.

Entre abril de 1972 y noviembre de 1973, 26 estados de África rompieron las relaciones diplomáticas con Israel en solidaridad con los países árabes que denunciaban la ocupación de sus territorios.

En septiembre de 1973, la conferencia del MNOAL exigió una “retirada inmediata e incondicional de Israel de todos los territorios ocupados”, manifestó su solidaridad con el pueblo palestino y se comprometió a “ayudar a Egipto, Siria y Jordania a liberar sus territorios ocupados, por cualquier medio”. Además llamaron a “cortar, suspender o congelar” las relaciones con Israel y pedían boicotear a este país en el ámbito diplomático, económico, militar y cultural.

Cuatro semanas más tarde, los ejércitos de Siria y Egipto atacaron en dos frentes a Israel en Yom Kippur, el día más sagrado para los judíos. El inicio de hostilidades tomó desprevenido al gobierno de la primera ministra Golda Meir, aunque al cabo de tres semanas, Israel había logrado dar la vuelta a la situación evitando una derrota militar.

No ocurrió lo mismo en el campo diplomático. Para el 6 de noviembre de 1973, un mes después del inicio de la guerra, 18 estados africanos habían roto relaciones con Israel.

Así, las embajadas en Jerusalén de Costa de Marfil, Zaire y Kenia terminaron siendo cerradas, aunque luego fueron reabiertas durante la década de 1980 pero en nuevas sedes ubicadas en Tel Aviv.

Una ley controvertida

La salida de las restantes embajadas presentes en Jerusalén se produjo en 1980, tras la aprobación por parte de la Knesset (parlamento) israelí de una ley con rango constitucional, mediante la cual se declaraba que “Jerusalén, completa y unida, es la capital de Israel”.

La legislación generó una fuerte respuesta por parte de la comunidad internacional e, incluso, fue motivo de disputa entre los gobiernos de Israel y de Estados Unidos.

El 20 de agosto de 1980, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 478 mediante la cual acordó “no reconocer” la controvertida ley sobre Jerusalén, así como tampoco otras acciones que -como resultado de esa norma- “busquen alterar el carácter y estatus de Jerusalén”.

Además, el texto llamaba a “aquellos estados que han establecido misiones diplomáticas en Jerusalén a retirar esas misiones de la Ciudad Santa”. Esta cláusula era el resultado de una negociación diplomática, pues originalmente los países árabes querían que el Consejo de Seguridad impusiera un embargo comercial global contra Israel, una demanda que abandonaron al comprobar que no contaban con los votos requeridos.

La resolución del Consejo de Seguridad fue aprobada por 14 votos a favor y una abstención, de Estados Unidos. Lo que creó un conflicto diplomático entre Israel y la superpotencia.

El primer ministro israelí, Menájem Beguín, reclamó a Washington por no haber vetado una decisión a la que calificó como “odiosa y vergonzosa”. El mandatario israelí cuestionó duramente al secretario de Estado estadounidense, Edmund S. Muskie, quien había criticado que Israel alterara de forma “unilateral” el estatus de Jerusalén.

“Me gustaría preguntar, ¿dónde hay un país en el mundo que no escoge su capital de forma unilateral?”, dijo Beguín. “Yo podría decir Washington D.C., Washington, Distrito de Columbia. Prefiero decir Jerusalén D.C., Jerusalén, la capital de David (David’s capital, en inglés)”, agregó en referencia al rey David, quien según los relatos bíblicos gobernó Jerusalén en un periodo que los historiadores ubican en torno al año 1.000 A.C.

En un discurso ante la Knesset, Beguín incluso reveló que él había amenazado con retirarse de las conversaciones de paz en Camp David con Egipto cuando el presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, propuso incluir como parte del acuerdo una declaración en la que señalaba que Estados Unidos consideraba a Jerusalén oriental como “territorio árabe ocupado”.

Pero la argumentación de Beguín no hizo mella en el rechazo internacional hacia las medidas legales y de hecho que Israel estaba aplicando en relación con Jerusalén.

El 30 de junio de 1980, exactamente un mes antes de que la Knesset aprobara la Ley básica sobre Jerusalén, el Consejo de Seguridad emitió una resolución en la que expresaba su “seria preocupación” sobre los pasos que estaba tomando el Parlamento israelí en relación con Jerusalén y le urgía a “desistir de seguir adelante” con la política y las medidas que afecten “el carácter y el estatus” de la Ciudad Santa.

El malestar internacional no se limitaba a la Ley sobre Jerusalén. El 23 de junio de 1980, el secretario general de la ONU, Kurt Waldheim, expresó “gran preocupación” por el anuncio de que Beguín pensaba trasladar su oficina y la sala del gabinete de gobierno a Jerusalén oriental. Waldheim temía que esa medida aumentara la tensión en Medio Oriente e hiciera más difícil la búsqueda de la paz.

Sin embargo, ante estas críticas, Israel respondía que la ONU y otras organizaciones internacionales no expresaban ninguna o muy poca preocupación por Jerusalén oriental cuando durante más de 20 años estuvo bajo control de Jordania y aseguraba que ahora -por primera vez- los sitios sagrados estaban realmente abiertos a todos los credos.

En cualquier caso, cuando finalmente la Knesset aprobó la Ley básica sobre Jerusalén ya la mayor parte de la comunidad internacional tenía una posición contraria a esa norma y las reacciones no se hicieron esperar.

El 26 de agosto de 1980, menos de una semana después de la aprobación de la resolución 478 del Consejo de Seguridad, los Países Bajos informaron sobre el cierre de su embajada en Jerusalén.

El anuncio había sido precedido por decisiones similares de Venezuela, Uruguay, Chile y Ecuador, países que ya estaban a la búsqueda de nuevas sedes en Tel Aviv. En los días siguientes mudarían sus sedes diplomáticas Haití, Costa Rica, Panamá, El Salvador, Colombia y Guatemala. Luego lo harían Bolivia y República Dominicana.

En la década de 1980, Costa Rica y El Salvador reabrieron sus embajadas en Jerusalén pero las volvieron a trasladar en 2006. El entonces presidente costarricense Oscar Arias alegó que tener su sede diplomática en la Ciudad Santa había sido un error histórico que impedía a su país tener casi cualquier tipo de relación con los países árabes.

Está por ver qué ocurrirá en ese sentido con Estados Unidos. La decisión de Donald Trump ya ha sido recibida con mucho malestar en el mundo árabe-musulmán“.

Aviso que no voy a autorizar comentarios aquí. Me privo y los privo de algún aporte valioso que siempre aparece, pero no quiero que los que se sienten muy comprometidos con este tema -y son muchos- caigan en la “trampa digital”: Creer que si se expresan con mucha fuerza en un blog o en un foro están haciendo algo por su causa. No. En cambio, pueden hacer mucho -esta nota lo demuestra- sin llegar a ofrecerse como combatientes para Palestina o para Israel, lo que sería un exceso.

Al menos uno de los lados ya lo ha estado haciendo. Así lo afirma la autorizada opinión del senador Miguel Angel Pichetto – fue publicada en otros sitios, pero éste es el texto de la sesión del 21 de febrero de 2013, cuando defendió el Memorándum entre el Gobierno argentino y el de Irán:

La derecha religiosa israelí no solamente opera en Israel, sino también en la Argentina. E indudablemente las posiciones de la AMIA y de la DAIA cambiaron. Quiero decir, además, que en este debate ha sido notable la imprudencia y la irresponsabilidad en el manejo de las palabras. Al presidente de la AMIA, el señor Borger, no se le movió un pelo. Dijo que iba a haber un tercer atentado. Preguntado acerca de qué información tenía, dijo que ninguna. Quién iba a ser el presunto autor, ninguno.

En realidad, la irresponsabilidad con que manejan las palabras es extraña proviniendo de un pueblo como Israel, en donde la palabra fue la antesala de la mayor atrocidad que vivió ese pueblo con el Holocausto nazi; porque el discurso de la Alemania nazi de Hitler empezó antes de los campos de concentración. Entonces, la palabra tiene un valor y, muchas veces, es destructiva. Muchas veces, la palabra genera temor, que es lo que hace la derecha dura de Israel para impedir cualquier tipo de diálogo y de conciliación con los países en el Medio Oriente. Por eso le siguen negando la existencia del Estado palestino. Entonces, esa derecha, que también gravita en el Estado de Israel y gravita acá”.


Argentina en el mar VIII – ¿Que pasó con el ARA San Juan?

diciembre 9, 2017
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Este posteo surge de un video que me hace llegar un visitante de este blog, que usa el nic Leo. En sus palabras “Sale de un foro de entusiastas de simuladores de submarinos que suele tener gente que ha prestado servicio en ellos. El tipo afirma que prestó servicio como sonarista en la armada de EEUU durante más de 20 años y hace un análisis de los pictogramas que publicó CTBTO”.
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CTBTPO es la sigla (en inglés) de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Es el organismo que monitorea todo el planeta, continentes y mares. Y es el que brindó los datos al gobierno argentino y a la Armada sobre una explosión no nuclear en la fecha en que se perdió contacto con el San Juan, en la zona, aproximadamente, dónde podría estar navegando. Este reportaje al Embajador Rafael Grossi -el argentino que más conoce del tema- da los detalles del asunto.
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Ahora, lo que dice el video es una interpretación de esos datos. Se lo hice llegar a Daniel Arias, que puede evaluarla mucho mejor que yo. Este es su informe, que decidí sumar a los capítulos “Argentina en el Mar” que estoy publicando en el blog (A quienes les interese, cliqueen en la categoría “ciencia y técnica”, en la columna a la derecha).
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76. Hay algo peor que perder un submarino
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ARA San Juan.
Los interesados en saber qué pasó con el submarino ARA San Juan, (SUSJ, SUbmarino San Juan) son, además de más de 40 millones de argentinos, muchas otras personas en el resto del planeta. Especialmente en los Ministerios de Defensa (como les dicen ahora a los viejos Ministerios de Guerra y Marina). El TR-1700 de Thyssen era, pese a su diseño “setentista”, un submarino de excelencia probada en más de una maniobra militar internacional. Aunque hasta el 15 de noviembre de este año sólo había 2 en funciones en todo el planeta, esta fuerza tan reducida todavía tenía un potencial de disuasión.
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Por eso el asunto se ha vuelto mundial y hay tantos interesados en encontrar los restos del SUSJ y hacer su autopsia. Entre muchas versiones conspirativas, algunas francamente estúpidas, resulta interesante una que circula por Youtube, volcada en este video.
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Los lectores anglófonos y pacientes encontrarán un largo análisis de los datos de hidrofonía de la red mundial del CTBTO. Ese es un organismo internacional civil, dirigido contra la proliferación de armas nucleares. Depende de las Naciones Unidas, y su función única y exclusiva es detectar, medir y triangular con exactitud en el mapamundi explosiones subterráneas mediante sismógrafos, y submarinas mediante hidrófonos. Es una red sumamente sensible, ya que logró detectar y ubicar un evento de una energía mucho menor que la de una explosión nuclear.
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El video al que remito a los anglófonos, tecnófilos y pacientes consta de muy pocas imágenes y un largo audio en el que habla un tal “Jive Turkey”, aparentemente un ex submarinista de la US Navy. No pude encontrar objeciones intelectuales a sus conclusiones, aunque no conozco al individuo ni puedo certificar su existencia real o su credibilidad. Es una hora y media de elucubraciones y conclusiones personales de alguien que parece convincentemente experto, sobre un total de 7 minutos de imágenes hidrofónicas del CTBTO. Ese organismo no las confirma ni niega.
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A los argentinos nos interesa, porque la conclusión técnica más importante es que el SUSJ no fue atacado por un torpedo, sino que se accidentó, y añadió su nombre tardíamente a una lista larguísima de sumergibles y submarinos de decenas de naciones perdidos por problemas de baterías. La escasa información que pueden tener para legos como nosotros los procesos de indagación y deducción del tal Jive Turkey (si existe!) es que se van construyendo de un modo muy parecido al que anima la mente de un detective, un científico o un forense. Ignoro si son la verdad, pero resultan verosímiles.
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Jive Turkey va descartando hipótesis a las que inicialmente da alguna credibilidad, y cerrando el campo de búsqueda hasta que tiene su momento “Eureka”, de revelación. Resumo sus ideas centrales para los impacientes: olvídense de torpedos ingleses. Tampoco argentinos: no parece haber estallado espontáneamente ninguno de los que el SUSJ llevaba a bordo, como sucedió con el submarino nuclear ruso Kursk el 12 de agosto de 2000, y probablemente también, pero mucho antes al USS Scorpion, el 30 de junio de 1968 (la US Navy no dice “esta boca es mía” al respecto, Jive Turkey sí).
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La hidrofonía del estallido de un alto explosivo en un gráfico es una espiga, breve, seca y dura como la de un martillazo. Más allá de su energía, lo importante es la distribución de esa energía en el tiempo: no hay una rampa ascendente y otra descendente. Por el contrario, esa rampa sí aparece en el primer registro sónico del accidente del SUSJ captada por los hidrófonos pertenecientes al CTBTO de la Isla de Ascensión, en medio del Atlántico, y los de la isla Crozet, en medio del Océano Índico.
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Esa rampa ascendente y descendente de energía, que dura varios segundos, es consistente con la deflagración de hidrógeno molecular (H2) dentro del casco de presión del SUSJ. Como evento probable, sería secundario a las reacciones químicas incontrolables entre el agua de mar, con su carga de cloruro de sodio , y el combo de ácido sulfúrico y plomo de baterías convencionales.
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Ya estas reacciones son en sí incendiarias e involucran arcos eléctricos de enorme amperaje. Pero la combinación del hidrógeno liberado con el oxígeno atmosférico interior del submarino, que forma agua, es de las más exotérmicas de toda la química orgánica. Más allá de su energía termomecánica y sónica, esa deflagración sí puede tener la forma de rampa que identifica Jive Turkey en el primer registro. Algo explotó, pero de un modo muy distinto al de un torpedo o mina.
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El segundo evento sónico significativo captado por HA10, el hidrófono de Ascensión (el más perfecto), es de menor energía pero se prolonga aproximadamente 20 segundos. Jive Turkey tira varias hipótesis hasta que le sobreviene una revelación: es algo que ha escuchado más de una vez como hidrofonista. Está seguro de que es un intento de “soplado”, el más importante mecanismo de rescate de un submarino en emergencia.
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El soplado consiste en vaciar los tanques de balasto, que cuando se inundan de agua de mar le dan flotación negativa al submarino y lo sumergen. Este vaciado se hizo durante la mayor parte de la historia submarinística con la inyección de aire comprimido contenido en botellones, que desaloja el agua como un pistón. En el SUSJ, innovador para su época, esa función eyectiva la cumplía una carga de hidracina, un combustible líquido aeroespacial de segunda generación cuya oxidación genera enormes volúmenes de gases de combustión a presiones muy altas.
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El intento de “soplado” sucede un minuto y veinte segundos después de la explosión inicial. Eso significa, para Jive Turkey, que durante ese lapso el submarino estuvo probablemente hundiéndose, pero adentro del casco de presión había todavía gente viva capaz de accionar ese mecanismo de autorrescate. En un submarino todo el mundo sabe hacer casi todas las tareas, el grado de preparación técnica es muy superior al de una nave de superficie.
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Alguien estaba vivo y trató de “soplar” los tanques. Un submarino no se autorrescata en forma automática cuando sus sensores detectan una emergencia. Eso lo podría devolver a la superficie bajo ataque enemigo, e incrementar las posibilidades de su aniquilamiento o captura.
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De un modo bastante desgarrador para cualquier argentino, y para casi todo submarinista de cualquier país, el “soplado” falla. Eso probablemente significa que el casco externo del submarino estaba averiado, y los gases de combustión de hidracina que debían vaciar de agua los tanques se perdieron por los agujeros, venteándose en el mar. No pudieron “inflar” los tanques de lastre y darle flotabilidad positiva.
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Hay más eventos sónicos posteriores, de baja intensidad pero cierta duración, que Jive Turkey duda bastante en atribuir a impacto contra el fondo. No está seguro, pero esos ruidos le parecen más bien consecuencia del “crumpling” a aplastamiento lento de un casco de presión compartimentado. Esta implosión, inevitable en un TR-1700 a más de 600 metros de profundidad, no es un evento instantáneo. Como forma de muerte, es impiadosa.
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Todo lo que dice el tal Jive Turkey cierra bien con la data técnica del TR-1700. Es un submarino oceánico, de ataque estratégico a larga distancia, que logró hacer viajes de hasta 18.000 km. a profundidad de snórkel, y es bueno haciendo eso, pero en general en aguas más profundas.
El TR-1700 no se lleva demasiado bien con oleajes de 8 metros, como imperaban el 15 de noviembre de 2017 en la zona en la que presuntamente se accidentó. En realidad, este oleaje puede serle fatal a cualquier submarino de propulsión diésel-eléctrica, salvo que sea un modelo diseñado con casco en “V” para navegar mayormente en la superficie, como la mayoría de los modelos de los U-Böoten alemanes de la 2da Guerra. En el ventoso y ripioso Mar Argentino, lo mejor es navegar DEBAJO de la profundidad de snórkel, pero para eso se necesitan sistemas de potencia sofisticados, como el AIP o el nuclear, ambos superiores al diésel-eléctrico, que ya cumple un siglo en funciones.
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Nuestra plataforma submarina tiene aguas bajas y sometidas a vientos extremos. El oleaje resultante es brutal. Con una galerna, el oleaje llega a tapar 5 metros el snórkel, cuyo sistema de cierre no es perfecto y termina aspirando agua. El asunto es cuánta aspira, y adónde va a parar y cómo se la saca. Los bancos de baterías son una masa considerable: cada unidad pesa 500 kg. y hay 960. Están situados en el nivel más inferior de un TR-1700, que tiene dos cubiertas, para equilibrar mejor la nave. El agua ingerida por el snórkel puede ir a parar ahí, y si hablamos de toneladas, el peligro electroquímico es enorme.
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Viajar con un TR-1700 bajo oleaje extremo a profundidad de snórkel no es únicamente peligroso, sino doloroso y discapacitante para la gente. Cuando el snórkel se obtura para impedir o limitar el ingreso de agua de mar, los motores diésel absorben instantáneamente tanto aire que la presión atmosférica dentro del submarino baja de 1030 milibares a 700. La tripulación siente que le revientan los tímpanos hacia afuera. Cuando eso sucede varias veces por minuto durante horas y días, es bastante enloquecedor. Los submarinistas no son únicamente personas muy capacitadas por sobre su jerarquía y función nominal, experta en convivencia y anormalmente tranquila en las emergencias, además de insensible a la claustrofobia. Son además gente de un estoicismo superlativo.
Oceánico como el TR-1700 o costero como el HW Tipo 209, bastante más chico y una década y media más viejo, ambas clases de submarino argentino son resueltamente malas para navegar en superficie. Casi no tienen “obra muerta” emergente de la línea de flotación. Apenas si sobresalen del agua con sus “velas” y los tubos ubicados sobre la misma: snórkel, periscopio, antenas de radar y comunicaciones.
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Un sub diésel-electrico de posguerra es poco marinero en la superficie porque es cilíndrico como un zepelín, o más bien como un cigarro “figuerado”. Eso en inmersión lo vuelve muy hidrodinámico, silencioso y capaz de desviar las pulsos sónicos de un sonar activo. Pero ese diseño, en superficie y con mal tiempo, lo hace rolar locamente a babor y a estribor, lo que significa que dentro de los espacios habitados todo tripulante que no esté amarrado a su cama o a su asiento ante su puesto de combate, puede partirse la cabeza o fracturarse algún miembro.
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De modo que con mar gruesa y por elegir entre peor y meramente malo, es preferible avanzar a profundidad de snórkel, entre 20 y 40 metros según los distintos modelos y marcas, y arriesgarsee a una mojadura y eventual inundación de baterías, si el viaje es largo y la tempestad de viento en superficie duran demasiado.
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La verdad es que los únicos subs que soportarían bien condiciones de bajo fondo, alto viento y oleaje terrible (como imperan en el Mar del Norte o en el Mar Argentino) son los que tienen propulsión anaerobia, o AIP, Air Independent Power. El AIP consiste en una planta electrógena térmica no convencional (puede ser un motor Stirling, uno de ciclo abierto o una “fuel cell”) para recargar las baterías y moverse a una velocidad modesta (5 nudos), pero eso sí, tranquilamente y sin sacudidas. Esto se hace a la profundidad que sea conveniente para evitar la detección.
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Nuestro SUSJ, así como su gemelo sobreviviente, el ARA Santa Cruz, mostraron ser muy silenciosos y maniobrables. En ocasión de combates simulados contra otras flotas de las Américas, a fines de los ’80 y principios de los ’90, lograron ponerse a distancia de tiro sin ser detectados, y “hundir” dos veces a un submarino nuclear estadounidense Clase Los Ángeles. Lo mismo le pasó al portaviones nuclear US CV Nimitz: la considerable escolta de fragatas y destructores que lo rodeaban no se percataron de su presencia.
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Nuevamente, esto explica las causas del interés internacional por la pérdida del SUSJ. Sólo había dos TR-1700 en el mundo, pero seguían siendo temibles por su sigilo, alcance, sensores y capacidad de fuego: podían disparar salvas de más de 6 torpedos guiados por minuto. En 1992 y si la cosa hubiera sido guerra y no maniobras, el Nimitz no habría tenido chances.
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Y eso que estamos hablando de una versión muy moderna de un concepto muy viejo. Cuando no usan sus motores diésel, los AIP son aún más silenciosos, prácticamente indetectables para hidrófonos y sonar. En varios ejercicios de guerra recientes, el Götland, un pequeño AIP sueco, se cansó de hundir al superportaviones nuclear yanqui USN Ronald Reagan sin siquiera ser detectado por la tupida escolta perimetral de fragatas, o por sus helicópteros, o por los subs nucleares de ataque yanquis, cuyo costo por unidad es el de 8 Götlands. Walter Polnar, un analista yanqui de guerra naval que murió en marzo de este año, dijo que el Götland literalmente hacía círculos alrededor de su desprevenida presa.
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La pregunta de algunos cientos de millones es si podemos reconvertir a AIP la flota que nos queda, a saber un pequeño HW Tipo 209, el Salta, costero y defensivo, y un TR-1700 oceánico y ofensivo, el Santa Cruz. La primera respuesta es sí, y lo podemos hacer aquí. También tenemos dos TR-1700 más a completar, con un grado de avance constructivo del 70% y el 30% respectivamente.
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Todo esto podemos hacerlo, pero si no perdemos los astilleros CINAR. ¿Pero acaso están en peligro? Siempre lo estuvieron, pero hoy más que nunca.
Continuará

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