Estábamos acá, y pasó Menem

febrero 20, 2018

menem

El episodio actual de la serie “Las escuchas tiene significado sólo como muestra de la degradación de la política argentina. Que los servicios vendan “por izquierda” las grabaciones que hacen… es sucio pero es una práctica de décadas. Que el aparato del gobierno y sus medios amigos las usen sin un propósito especial -no revelan ni un secreto ni un delito- para desviar la atención de temas incómodos… es un escalón en el descenso.

Pero la degradación no es un tema interesante para mí. Lo que tengo ganas de comentar son unas frases que habría dicho Cristina Kirchner “La renovación fue el menemismo …  Ganó Menem porque era el mejor, disculpame. Yo estaba con Menem y tuve que votarlo a Cafiero porque mi marido no quería ir con Menem. Yo quería ir con Menem, disculpame“.

(Aclaro, por lo que valga, que en esa interna de 1988 yo apoyaba a Cafiero. Supongo que siempre fui un alvearista consecuente. Tengo claro que nada es eterno, y prefiero las sucesiones ordenadas).

Pero eso es historia. Lo interesante son las reacciones a esas frases de Cristina. No de los que sienten la política como un enfrentamiento entre Buenos y Malos, y están desconcertados porque Cristina es Buena y Menem Malo (o viceversa). En general son buenas personas, eh, pero no me interesa discutir con ellos.

Lo que me motiva a escribir esto (3° posteo en el día, y Dios sabe que tengo otras cosas que hacer) son lo que creo confusiones de gente inteligente.

Tomo un par de tweet de Pablo Papini. Los elijo porque es un analista lúcido al que cito a menudo, (aunque tengo pendiente continuar con algo que él planteó), pero es sólo un ejemplo entre muchos:

Una vez Sandra Russo dijo que el mercado golpeó a Alfonsín porque el neoliberalismo es tan angurriento que no podía ni esperar seis meses. Alto desubique.
El mercado obtuvo de Alfonsín cuanto quiso.
A quien temía era a Menem: usaron a quien ya se iba para disciplinar al entrante“.

Después de ganar, Menem, asustado por la afeitada en seco que el mercado le pegó a Alfonsín para disciplinar no a un presidente que ya se iba sino lo de Revolución Productiva y Salariazo, se rindió y llevó el neoliberalismo a límites insoportables. Sí. ¿Cómo adivinar eso en 1988?

No, Pablo. No, compañeros. Menem es ególatra y jodido, pero tiene algo bien peronista: es difícil de asustar. Él estaba muy convencido que hizo lo que había que hacer; probablemente, su egolatría le impide examinar la posibilidad que no.

Miremos el mundo, no solamente nuestras internas ¿Podemos creer que “el mercado” asustó a Fernando Henrique Cardoso, a Felipe González, a Boris Yeltsin!? ¿A la inmensa mayoría de los gobernantes de los países del mundo, y en especial en América Latina y en Europa Oriental que en la década de los ´90 se lanzaron a aplicar las recetas de privatización y desregulación?

El muro de Berlín había caído. La Unión Soviética se había derrumbado sin un tiro. Deng estaba abriendo China a la inversión extranjera. El fracaso del socialismo soviético era evidente. Y el peronismo del ’45 al ´55 era la nostalgia de militantes. La victoria intelectual (ahora le dicen “cultural”) del capitalismo globalizado fue indiscutible.

¿Recuerdan que Chacho Álvarez se arrepintió públicamente, algunos años después de la aprobación de la Ley de Convertibilidad en 1991, de haber votado en contra? Y siguió siendo el líder del FREPASO, cómo no. Es comprensible que algunos peronistas veteranos se fastidien cuando otros veteranos, que se fueron con el FREPASO, señalen ahora quiénes son los verdaderos peronistas.

Pero eso es parte de nuestras internas, y es trivial. Y Menem no puede ser excusado con el “espíritu de la época”. Aplicó las recetas del Consenso de Washington en forma irresponsable. Fernando Henrique Cardoso, por todas sus posiciones antipopulares posteriores, no destruyó la base industrial brasileña ni las empresas del Estado. Menem lo hizo. Eso sí no podía ser previsto en 1988.

Lo que vale la pena rescatar de esta vieja historia es algo nada original pero que debemos esforzarnos en tener presente: la importancia de las ideas, del “sentido común” de un momento histórico. Hoy, el capitalismo globalizado está perdiendo esa batalla. Pero no hay otro “sentido común” ni en los de a pie, ni en las dirigencias que lo reemplace. Los que apostamos por el mercado interno, por el pleno empleo, por el Estado nación, debemos construirlo. O no importará quién gane las elecciones.

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La economía argentina se abre al mundo

febrero 19, 2018

vino

patagonia

De piernas. Un comentario al posteo anterior. Estas simpáticas fotos están circulando en las redes sociales; me las acercó una víctima un dirigente empresario de la Provincia de Buenos Aires.

Hasta donde sé del asunto, Toro era una marca -muy famosa- de la emblemática Bodegas Giol (q.e.p.d.). Recientemente se ha revivido la marca, y me dice un amigo, buen catador, que es un “banco de vino genérico”. Un vino “commodity” que comercializan cooperativas como Fecovita.

Dicen que es porque hay años que falta y otros que sobra. Ya hay antecedentes de que compra mucho aquí a terceros q no son sus asociados, y compra en Chile cuando se dispara el precio local…. En general los pequeños productores socios de Fecovita son “gansos”. Pero tal vez están repensando su voto.

En cuanto al cordero patagónico brasileño, confieso que no tengo idea. Tal vez es una reinvidicación del desembarco de la armada brasileña en Carmen de Patagones en 1827, y de la comunidad maragato. He visto ahí chicas morenas y espigadas, de gran sonrisa, que me hacen pensar que tienen garotas entre sus antepasados.

En el plano algo más plomo de la economía nacional, tengo que decir que la situación de la producción local no es, todavía, la de los años finales de la Convertibilidad. Salvo algunos sectores en crisis terminal, como ópticos y tintas gráficas… Y el turismo al exterior sí tendría hoy un subsidio similar.

Pero mantener al dólar más o menos tranquilo -para eso son las tasas altas- y al mismo tiempo actualizar tarifas, lleva seguro al mismo destino.


A 10 años de la Crisis global

febrero 19, 2018

escultura

El debate político -bah, una sucesión de monólogos- se ha puesto intenso de nuevo en Argentina. Este fin de semana leí dos notas provocativas, de Carlos Balmaceda, de Teodoro Boot, que me dejaron con ganas de discutirlas. Pero … tal vez convenga antes mirar alrededor nuestro y tomar nota de la realidad. Que acostumbra a terminar con las discusiones en forma descortés.

Entonces, les acerco este resumen de un trabajo que preparó Roberto Feletti y su equipo sobre el contexto internacional de próxima publicación en el Informe del Observatorio UNTREF. Es la mejor descripción en pocos párrafos de la realidad global, a diez años de la Crisis de 2008. Hago un comentario muy corto al final.

“Entre el final de la Guerra Fría y la crisis internacional de las burbujas financieras, el capitalismo experimentó un largo ciclo de crecimiento. Durante dos décadas aseguró que la historia había concluido y que el libre mercado proporcionaría paz y felicidad.

La economía mundial creció en el lapso 1990-2009 a una tasa promedio anual de 5,02% al calor de la apertura comercial y financiera, la desregulación de los mercados y la retirada del Estado.

Fue el auge de la “tercera vía” de Tony Blair y el acceso generalizado a hipotecas para adquirir inmuebles de Bill Clinton. Estos eran el rostro cool del mundo liberal que reemplazaba el conservadurismo de Thatcher y Reagan.

Pero a inicios del siglo XXI el mundo comenzó a mutar. El “fin de la historia” cedió frente al “choque de civilizaciones”, a partir del atentado a las Torres Gemelas y las guerras en Medio Oriente. El escenario se volvió multipolar con el surgimiento de China y otras economías del Asia Pacífico capaces de incidir en la demanda global de un modo desconocido. Países que en 1990 representaban el 4,1% del PIB mundial veinte años después llegaron al 12,3%, elevando con su demanda el precio de los alimentos y la energía.

Este proceso tocaría su fin en 2008 cuando las hipotecas en poder de los estadounidenses exteriorizaran dificultades de pago por la caída de los ingresos. Todos los activos financieros se desplomaron y se sinceró el enorme desequilibrio entre la economía real y las finanzas.

La respuesta de los países desarrollados fue de política monetaria, para garantizar la liquidez de los bancos e impedir una destrucción generalizada del precio de las carteras de dichas instituciones. Apelaron a paquetes de emisión monetaria puros y duros y a descensos de la tasa de interés. La política fiscal, en cambio, fue muy limitada para recuperar la demanda efectiva.

La tasa de crecimiento promedio anual en los siete años posteriores al crack (2010-2016) fue de 2,02%, menos de la mitad del crecimiento promedio (5,02%) de los veinte años anteriores (1990-2009), según las cifras del Banco Mundial. Además, la concentración de ingreso y riquezas después de la crisis iguala a la que existía al comienzo de la Primera Guerra Mundial.

El capitalismo ha entrado en una fase de estancamiento que ha pretendido resolverse sólo por la vía de una mayor capacidad de los mercados de asignar recursos y un predominio de la política monetaria, con una política fiscal acotada. Dicho programa ha fracasado.

Como contrapartida, las economías del Asia Pacífico han proseguido un acelerado sendero de expansión basado en dos cuestiones: 1) al carecer de burbujas financieras no sufrieron el impacto de la crisis, 2) desarrollaron un fuerte comercio intra-regional y potentes mercados internos que obraron como amortiguadores del desplome de la demanda global.

Los países del Asia Pacífico: China, Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia, Vietnam, tuvieron, siempre según las cifras del Banco Mundial, una decisiva incidencia en la tasa de incremento del PIB mundial en el lapso 2010-2016. Si se excluye a estas economías la tasa de crecimiento promedio anual global desciende del 2,02% al 0,98%, en tanto que los emergentes del Asia Pacífico lo hacen al 7,6% en el mismo período.

Las economías desarrolladas se encuentran estancadas. El desempleo, la falta de oportunidades y el deterioro de la calidad de vida han habilitado amplios cuestionamientos al orden vigente. Una vez más, es en el Reino Unido y en los Estados Unidos dónde se manifiestan las reacciones al modelo global, con el triunfo de Donald Trump y el apoyo al Brexit.

Trump ha procurado desandar el camino de tratados de libre comercio en los que se encontraban insertos los Estados Unidos, apoyarse en el autoabastecimiento energético alcanzado y promover un conjunto de medidas fiscales y financieras que redireccionen la liquidez internacional hacia la potencia norteamericana. El Reino Unido, en tanto, apuesta a retomar el diálogo bilateral en su comercio global en respuesta a los límites duros impuestos por la Unión Europea.

Ambas potencias, triunfantes en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Fría, intentan reinstalar un bilateralismo en las relaciones internacionales, frente al multilateralismo dominante.

El presidente Macri ensaya una apertura comercial y financiera de dudosa viabilidad en este escenario, la cual ha llevado a la Argentina a alcanzar un récord en el desequilibrio de su balanza comercial, que asciende a u$s 8.500 millones, y a que nuestro país lidere el ranking de colocación de deuda de los emergentes en el bienio 2016-2017.

La sustentabilidad externa en este contexto es compleja, y su corrección traumática a consecuencia de un “retorno al mundo” cargado de ideología y ligero en el análisis”.

Lo del “retorno al mundo” es una frase publicitaria. Argentina nunca se fue del mundo; nadie puede hacerlo. Las consecuencias de la Crisis global no golpearon de inmediato a nuestro país gracias al desendeudamiento, la mucha menor dependencia de los mercados financieros, que llevó adelante el gobierno anterior. Pero llegaron, con la menor demanda para los bienes que exportamos.

Y coincidieron con el paulatino fin del ciclo de dólar alto y superávits comerciales y fiscales con los que comenzó la gestión Kirchner. Frente a esto, introdujo, también en forma paulatina, algunas medidas heterodoxas: un control moderado, y sin un plan estratégico de largo aliento, del comercio exterior y del flujo de divisas.

Estas medidas despertaron resistencia y hostilidad en parte de la población. También empezó a crecer la sospecha de que, a la larga, no iban a tener éxito. De cualquier forma, ese gobierno perdió las elecciones antes que hubiera una demostración definitiva en un sentido o en el otro.

El nuevo gobierno Macri venía apoyado en intereses muy distintos, y además, estaba animado de una convicción casi religiosa que los mercados iban a aplaudir su decisión de levantar las restricciones al libre movimiento de los capitales. Y de los capitalistas. Que habría una “lluvia de inversiones”.

Los resultados… ya se pueden percibir. Y hay fuertes probabilidades de que tengamos una demostración definitiva en un lapso más o menos breve. Igual, el marco económico global es el que es. El que deben enfrentar tanto Macri como los que lo sucedan.


La unidad peronista: de imposible a inescapable

febrero 18, 2018

rompecabezas peronista

Se escribió tanto -también en este blog- sobre la unidad del peronismo, que pensé que no iba a volver a tocar el tema en un rato largo. Pero algunas declaraciones de Jorge Capitanich, y también otras de Verónica Magario, sobresaltaron a los politizados “del palo”. Y me impulsan a comentarlas.

Ante todo, quiero apuntar algo: la unidad de todas las expresiones políticas de origen peronista era, hasta hace algunas semanas la convicción y la propuesta de sectores del peronismo político. (Entre ellos, alguno que apoyo). Otra parte, no pequeña, de la militancia -menos organizada pero muy vocal- se oponía con fervor. Entre ellos había, “a grosso modo”, dos bandos: los cristinistas ardientes, que no querían juntarse con los “traidores”, y los anti cristinistas no menos ardientes, que no querían juntarse con los “sectarios”.

Hablo en pasado, pero no en relación a los sentimientos de esos dos lados “anti unidad”. La mayoría de ambos siguen pensando más o menos lo mismo, y lo dicen en las redes sociales, pero ya no son relevantes para las decisiones políticas. Y eso no es consecuencia de las declaraciones de los dirigentes nombrados al principio, aunque sean relevantes para empezar a definir cómo será esa unidad.

Pero que sea “inescapable”… eso lo definió la realidad. El año pasado. Las elecciones en agosto y octubre mostraron que 1) ninguna de las distintas expresiones de origen peronista que se midieron en los 24 distritos electorales -aún sumando las más o menos afines de cada uno- aparecía con chances de ganar en 2019; 2) la ex presidente, Cristina Kirchner, era, por lejos, la candidata que sumaba más votos de todos los que se presentaron; 3) era también la candidatura que provocaba más rechazo (esta demostración, al contrario de las anteriores y la siguiente, es indirecta. Pero ningún observador serio la cuestiona); 4) ningún candidato de origen peronista aparecía con chances de sumar una fracción importante (a nivel nacional) de los votos “de rechazo” a CFK: se iban para Cambiemos.

Los argentinos -muchos extranjeros y algunos de nosotros lo observaron- tendemos a enamorarnos de nuestras ideas e ideologías. Pero tarde o temprano, la realidad se impone. Los políticos -no hablemos de los sindicalistas- generalmente son realistas. Y el que hace política en el peronismo es porque quiere gobernar y hacer cosas; en los peores, por la sensualidad del poder. Los que eligen sentar un testimonio… terminan en otras fuerzas políticas.

Hay dos observaciones que es necesario hacer antes de avanzar en las conclusiones: Esta es la realidad que mostraron las elecciones de octubre del año pasado. La sociedad argentina es cambiante, y estos cuatro hechos no tienen porqué ser permanentes. La popularidad del presidente Macri -también, todos los analistas serios están de acuerdo- ha descendido significativamente. Pero… hasta ahora no han cambiado, en lo que se refiere a la oposición, los datos que mencioné. Y ya han pasado unos cuantos meses.

La otra es que los dirigentes territoriales -gobernadores, intendentes- que no quieran aliarse con Cristina y con los sectores que se identifican con el liderazgo de CFK no les alcanza con fijar una fecha de elecciones distinta -los que puedan hacerlo- en el 2019: tendrán que aliarse, formal o informalmente a Cambiemos. El camino que tomaron hace mucho Santilli y Ritondo, por ejemplo. El deterioro del oficialismo puede hacer que sea más hospitalario con ellos. Pero también, claro, disminuye el atractivo de esa opción.

Yendo a las declaraciones que dispararon este posteo: Capitanich dijo que “es posible un acuerdo con Massa … para llevar adelante una PASO“, lo que ya basta para horrorizar a un K sincero. Pero más significativo es lo de Verónica Magario “El que intentó armar una lógica kirchnerismo-antikirchnerismo fue el Gobierno, porque era el juego que le favorecía“. Desde la dirigencia identificada con Cristina hoy se asume que esa identificación no es la herramienta de construcción política más adecuada.

Lo que resultaba bastante evidente desde hace tiempo, pero esa costumbre argentina y peronista de enamorarnos de nuestras propias consignas…

Entonces, salvo la aparición de un factor que hoy no está en el escenario, el peronismo se presentará razonablemente unido, y a la cabeza de un frente, en 2019. Estarán ahí todos los sectores peronistas que no hayan “arreglado” con Cambiemos, y, probablemente, buena parte de la oposición. Incluso la gran mayoría de los militantes apasionados, diciéndose que “eso” no es el verdadero peronismo, pero lo de enfrente es peor.

(Carlos Altamirano ha rastreado eso del “verdadero peronismo” hasta los años cercanos a la muerte de Evita. Y probablemente era anterior).

Eso sí: encuentro necesario repetir una advertencia para la dirigencia política, toda ella. Sumar dirigentes y aparatos es necesario, pero no garantiza sumar los votantes. El desafío para la candidatura que resulte del peronismo es recuperar, por ejemplo en Buenos Aires, la mayoría de los que votaron al FpV y al Frente Renovador en 2013, de los que votaron a Unidad Ciudadana, FR y PJ en 2015. Y algunos de los que votaron a Cambiemos. No será automático, ni fácil.


Corea del Norte mueve la dama

febrero 17, 2018

Kim Yo-jong

A veces me pregunto si Trump no es Brehznev. No me malentiendan: en sus estilos personales y de gobierno, sería difícil encontrar figuras más diferentes que la del chillón billonario que se lanzó como abanderado del nacionalismo estadounidense y de los blancos pobres, y del estólido aparatchik que fue Secretario General del Partido Comunista de la URSS de 1964 a 1982. Más tiempo que ningún otro, salvo Stalin.

Pero no puedo librarme de la idea que -en ambos mandatos, el que pasó y el actual, detrás de la afirmación de sus países como Grandes Potencias- se producen profundos, y al comienzo invisibles, realineamientos de las estructuras del poder global.

No la tomen demasiado en serio. Es sólo una especulación ociosa. La menciono como marco a esta nota sobre los últimos acontecimientos en Corea de Marcelo Cantelmi, un socialdemócrata informado que escribe en Clarín. Y al que no le gusta el Donald (tampoco a Clarín). Hago un comentario muy corto al final.

Una imaginación despierta encontrará en la saga actual del reencuentro coreano los latidos de aquella mítica diplomacia del píng pong que en 1971 transformó el rostro de la Guerra Fría para acercar a Estados Unidos con la China de Mao Tse Tung. En la península coreana hay hoy un eco de aquellos tiempos. El norte pseudo comunista y dinástico es un aliado crítico pero cierto de China, y el sur está inevitablemente embretado en las estrategias por momentos erráticas de EE.UU. y sus aliados occidentales en el Asia Pacífico.

Los Juegos Olímpicos de Invierno, que arrancaron ayer viernes 16 en Corea del Sur, como el ping pong de entonces, son el pretexto de una notable operación geopolítica. Sus efectos serán diferentes y más limitados que aquel antecedente pero no dejarán de provocar importantes sorpresas. No es descartable, nada menos, que en el futuro muy próximo el presidente de Corea del Sur visite con toda la pompa y ceremonia el reino del norte.

Este acercamiento ha sido un paso astuto de la dictadura, que obligó a enfilarse al resto de sus rivales, incluido EE.UU., detrás de su iniciativa. Sucede, después que el año pasado fue el de mayor evolución de la maquinaria de guerra del pequeño reino dinástico. Logró avances impactantes con sus misiles Hwasong 12, 14 y especialmente el Hwasong 15 que hizo su viaje inaugural en noviembre pasado confirmando un alcance de 13 mil kilómetros, es decir con blanco probable en Washington y capacidad para llevar una cabeza nuclear.

Ese revoleo de poder sucedió en un periodo en el cual la alternativa de una guerra en el nordeste asiático se consolidaba por la impotencia occidental para poner en caja al imprevisible heredero de la dinastía, Kim Jong-un, el más desafiante del linaje fundado por su abuelo Kim Il-sung antes de la guerra coreana. A mitad del año pasado por esa zona crítica llegaron a transitar en simultáneo tres portaaviones norteamericanos, el Carl Vinson, el Ronald Reagan que suele fondear en Japón y el Nimitz, cada uno con su flota de apoyo de naves misilísticas. Esto además de los submarinos de la clase Ohio de propulsión nuclear.

Este dato inusual convirtió a aquellos días de junio en el temible prologo de un choque militar. Sobrevolaba esa posibilidad la amenaza norcoreana a la base estadounidense de Guam en el Pacífico que es el refugio de los bombarderos B1, B2, B52 y los F22 Stealth. Por entonces se multiplicaron los análisis sobre la montaña de muertos en cuestión de horas que implicaría un ataque, dado que antes de ser destruida, Corea del Norte con su armamento convencional podía arrasar Seúl y Tokio. Luego se vería qué sucedería con su armamento nuclear oculto en multitud de sitios subterráneos y el arsenal de químicos. El riesgo tuvo tal magnitud que China, aliado crítico del régimen de Pyongyang se sumó, al menos formalmente, a las sanciones decididas por las Naciones Unidas. La linea finalmente no se cruzó debido a la apoteósica destrucción que acarrearía una guerra, pero la tensión jamás se disipó.

En ese sentido, con el ensayo del misil intercontinental de noviembre, Kim Jong-un se graduó de potencia con alta capacidad destructiva. Por lo menos de ese modo se paró frente al mundo en un discurso sin uniforme, antes de fin de año, en el cual planteó que en su escritorio tenía el botón rojo –aquel cuyo tamaño disputó Donald Trump en un recordado cruce adolescente—que eso era una realidad con la que había que acostumbrarse a vivir y propuso un acercamiento con Corea del Sur, rompiendo un largo ciclo de desprecio a Seúl desde que llegó al poder a los 27 años, en 2011.

Esta estrategia se coronó con el envío a Seúl de la hermana menor del líder, Kim Yo-jong, una funcionaria de 30 años de edad, de creciente influencia en la estructura del poder y que junto a su media hermana Kim Sul-song, integra la mesa chica del poder de Pyongyang. Yo-jong es la segunda a cargo del Ministerio de Propaganda y Agitación del régimen, e integra la estratégica Secretaria Personal del líder. Intima y confidente de su poderoso hermano con quien vivió en Suiza cuando ambos eran casi niños, desde esa posición autoriza o edita los textos y comunicados que han definido esta etapa espartana del régimen.

Un dato de la importancia que la dictadura otorga a este movimiento estratégico es por el desafío que le genera a la amenaza militar occidental. El desconcierto por la situación lo marcó el vicepresidente de EE.UU. Mike Pence quien, antes de llegar a Seúl para asistir a los juegos, advirtió que su país preparaba un mayúsculo paquete de sanciones para obligar al régimen a desactivar su plan nuclear y misilístico. En esa línea el funcionario reconoció a The Washington Post que su gobierno hará todo lo posible para que la aproximación entre las dos coreas se fulmine en cuanto acaben los juegos. No son planteos realistas.
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Lo que Kim Jong-un ha hecho es construir una détente con el sur, que le pavimente un reconocimiento internacional de su poder. Las sanciones difícilmente reviertan ese panorama. Para hacerlo China debería alinearse con EE.UU, pero el gigante asiático no va a resignar la sociedad con el régimen norcoreano que forma parte concluyente de su frontera. La embrollada presidencia de Trump es en parte responsable del diseño de este mapa. La nueva estrategia de seguridad nacional de Washington reduce la amenaza terrorista, y eleva como “rivales poderosos” al imperio chino y a Rusia. Beijing ha calificado ese giro como un resabio de la Guerra Fría. Lo cierto es que esa visión demuele la confianza entre las dos potencias –al fin capitalistas, al margen de sus regímenes– y genera efectos indeseados de los que se ha aprovechado Pyongyang.
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Hay otro detalle que debe ser observado. El presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, es un socialdemócrata que llegó al poder con la ilusión de una salida que acabe con la amenaza militar. Trump en lugar de fortalecer a su aliado en un objetivo que también le serviría a Washington, lo maltrató públicamente, le reprochó pasividad frente a Pyongyang y anunció que suspendería un crucial tratado de libre comercio binacional, lo que arruinaría prácticamente su novel presidencia. Azorado, no ha sido casual el acercamiento de Moon a Beijing, su actitud actual para aceitar posiciones con el norte con el pretexto de los Juegos Olímpicos, o su presencia a fines del año pasado en Valdivostok, durante el foro Económico Oriental que organizó Moscú. Allí se planteó, –lo hizo el propio mandatario sudcoreano–, la necesidad de un acuerdo trilateral entre Seúl, Pyongyang y Moscú. ¿Qué parte de todo eso no escucha Washington?

Para China desactivar esta crisis es eliminar una piedra en su programa de desarrollo que tiene a la nueva ruta de la Seda (la Belt and Road Initiative) al tope de la agenda. Una cumbre en Pyongyang con Moon, auspiciada por Beijing y Moscú no apagaría la retórica de guerra de EE.UU. pero la vaciaría de cualquier sentido estratégico“.

Este tema no es vital, excepto para los coreanos, y, bastante menos, para los chinos, japoneses y estadounidenses. Pero la situación está refirmando un mensaje que va a ser escuchado en muchas partes del globo: una Potencia -no importa si es muy poderosa- va a vacilar antes de atacar a un país -no importa si es pequeño- si éste tiene armas nucleares.

No es un problema inmediato para la América del Sur -una unidad geopolítica si las hay. Los brasileños y nosotros -los únicos dos países que concebiblemente podrían desarrollar armamento nuclear- hemos renunciado a hacerlo. Y -como se señaló en una larga serie de posteos en el blog- basta con que se sepa que podríamos hacerlo… si algún gobierno dedicara entre 5 a 10 años al proyecto.

Pero… el planeta Tierra entero es pequeño, para las consecuencias del uso de armas nucleares. Por algo no se han usado en guerra por más de 72 años.

En un plano menos apocalíptico, en el juego del poder global, quiero decir que comprendo que un gobernante de los EE.UU. descarte la estrategia globalizadora que llevaba adelante Obama con el Tratado Transpacífico. La globalización ha significado un costo alto, también para los trabajadores estadounidenses.

Pero… el gobierno de Trump no la ha reemplazado -todavía- con ninguna estrategia, salvo declaraciones altisonantes. En Asia, en el Medio Oriente, en América Latina… Me acuerdo de la frase que leí en algún lado “El que no sabe a donde va, que no lleve pasajeros“.


Videos para el fin de semana: Gabriel Lucero “Gente rota”

febrero 16, 2018

Lo descubrí hace muy poco (uno no está en la onda de los “youtubers”) y quiero compartirlo con ustedes. En otro medio, más para este siglo, me recuerda lo que hacía Landrú. No es políticamente correcto -tampoco lo era Landrú- pero sirve para los dos lados de la grieta. Porque se puede hacer otro video con el audio de los que lo entrevistan para TN…


El INTI y los argentinos

febrero 16, 2018

inti

El sistema científico y tecnológico argentino ha sido por años un interés de este blog. Pero hoy me limitaré a copiar la nota El INTI en tiempos del neoliberalismo periférico, de Eduardo Dvorkin, Ph.D.  Apareció en El cohete a la Luna, la publicación de Verbitsky (¿las publicaciones digitales serán el futuro, entonces? No. Ya son el presente). Es la mejor descripción de un tema clave, para la posibilidad de Argentina de ser una nación, y no solamente un lugar.

Siguiendo el sesgo de este blog, eso sí, pongo en primer término el concepto de Dvorkin de “neoliberalismo periférico”. Es una clasificación interesante para el actual experimento macrista.

Las políticas neoliberales impulsan la globalización, pero no es la misma la globalización vista desde el centro que desde la periferia; en nuestro país, el que hemos denominado neoliberalismo periférico es mucho más dañino que el neoliberalismo central. Por ejemplo, Macron y Merkel, exponentes relevantes del neoliberalismo central, no destruyen en sus respectivos países las estructuras educativas y de Ciencia y Técnica como sí lo está comenzando a hacer Cambiemos en nuestro país.

El postulado que en los ’70 propuso Oscar Varsavsky sobre la necesaria correlación entre estilos tecnológicos y modelos de país ha podido ser validado experimentalmente en nuestro país.

En el período (2003-2015) el modelo de desarrollo inclusivo basado en el consumo creciente del mercado interno y en la potencialidad innovadora y productiva del triángulo empresas del estado-pymes-Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología pudo encarar la terminación y puesta en marcha de una compleja central nuclear (Atucha 2) con tecnología nacional; pudo diseñar, construir y exportar a Australia una central nuclear de baja potencia para producción de radioisótopos y ser técnicamente la mejor opción en la licitación de una central semejante para Holanda; pudo diseñar y construir radares y satélites de comunicaciones y de observación de la Tierra; pudo comenzar el desarrollo autónomo de lanzadores satelitales y aviones; pudo desarrollar, desde CONICET,  una innovación absoluta como son las semillas resistentes a la sequía** que, integrando el acervo tecnológico, permitirá que la empresa argentina Bioceres se apreste a cotizar en Wall Street. El Estado traccionando la innovación tecnológica, como es lo normal en los países de alta industrialización.

Actualmente estamos involucionando a gran velocidad hacia un modelo neoliberal- periférico, en el que los sectores hegemónicos, objetivamente opuestos al Desarrollo Tecnológico Autónomo, son (I) el sector financiero, (II) las transnacionales cuyo objetivo industrial es establecer maquilas que permitan por múltiples mecanismos fugar divisas y (III) las industrias extractivas que localizan en el país solamente la etapa extractiva propiamente dicha, importando equipos y localizando en el exterior la industrialización de la materia prima extraída de campos y minas; lo opuesto al estilo australiano al que tanto se alaba últimamente.

En este modelo de país, el INTI está necesariamente destinado a achicarse a un tamaño mínimo porque lo que se refiere a desarrollo tecnológico de empresas estatales y pymes nacionales o al monitoreo de la salud y seguridad pública frente a posibles desvíos de normas de las “empresas líderes” será progresivamente debilitado hasta su eliminación. En este modelo solamente están destinados a sobrevivir los servicios en los que las transnacionales encuentren que, ya sea para ellos o para sus pymes proveedoras, la optimización de costos pasa por el outsourcing; seguramente también optarán por mantener un cierto nivel de actividad en sectores mínimos de metrología y en las representaciones del INTI ante organismos normativos internacionales, en los que deberán defender las posiciones de las transnacionales que controlen al instituto.

Tecnalia

En este marco surge el tema Tecnalia, consultora que está desarrollando, según se dice, el Plan Maestro para la transformación involutiva del INTI y, también según rumores, próxima copropietaria del instituto a ser parcialmente privatizado.

Siendo Tecnalia una empresa de propiedad pública–privada del País Vasco, de alto perfil, con 1405 empleados en su plantilla, un ingreso anual de 102.1 millones de euros y 4050 industrias españolas como clientes, surge la pregunta: ¿es admisible poner el poder de decisión en el INTI en manos de una empresa española, dependiente de los intereses de la gran industria de su país?

Antes de contestar esta pregunta propongo considerar los siguientes puntos que expondré telegráficamente:

  1. Al encarar un desarrollo tecnológico nacional invariablemente surge la legítima necesidad de importar materiales y equipos no fabricables en el país hasta ese momento, por supuesto con su tecnología incorporada. Minimizar, no necesariamente anular, esas importaciones es siempre un objetivo del Desarrollo Tecnológico Autónomo; más aun teniendo en cuenta que, mientras sigan siendo imprescindibles esas importaciones,  el país corre el riesgo de que ya sea por motivos comerciales o políticos estos suministros nos sean negados.
  2. También surge en el camino de un desarrollo tecnológico nacional la necesidad de comprar en el extranjero apoyo de consultoría en temas en los que carecemos de suficiente know how; nuevamente el objetivo siempre es ir minimizando esas contrataciones de consultoría.
  3. La condición necesaria para que las importaciones puntuales de materiales, equipos y know how no impidan el DTA, es precisamente tener en nuestra manos el conocimiento necesario para garantizar la disponibilidad del know why y así poder controlar el diseño de nuevos productos y procesos y consecuentemente las decisiones que se tomen. El know how (saber cómo hacer) puede puntualmente importarse; por ejemplo, incorporado en equipos.  El know why ( saber por qué) siendo  la base de un desarrollo de tecnología, no es importable y en su creación local es imprescindible el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología.

Así como puede resultar instrumental en el Desarrollo Tecnológico Autónomo la importación de determinados bienes y servicios, es inadmisible importar las decisiones de política tecnológica, en particular de nuestros competidores actuales o potenciales. Eso es precisamente lo que implicaría el poner a una empresa extranjera en la conducción del INTI.

Volviendo al principio de esta nota, entender como una contradicción insalvable el que una empresa extranjera, dependiente de la gran industria europea, controle el INTI,  exige identificarse con el camino de la Soberanía Tecnológica.

Nota: http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/163672-dos-ministras-visitaron-a-raquel-chan-en-el-instituto-de-agrobiotecnologia-del-litoral-politica.html

Sólo voy a agregar aquí un aspecto que se comenta entre los empresarios nacionales que quedan: El servicio q el INTI presta a las empresas privadas. Y cómo puede hacerse prohibitivo si se privatiza o terceriza en una empresa extranjera. Con mi experiencia como auditor en el Estado, debo tener presente además el servicio irreemplazable que el INTI presta en las licitaciones en las que se debe evaluar técnicamente las muestras que las firmas presentan).

 


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