Aquí van mis reflexiones, por lo que valgan. Creo que nadie ha escrito mejor acerca de ese momento, tomando la vida cotidiana de un hombre común que escucha que la Historia está marchando en la calle, y sale a sumarse, que Leopoldo Marechal.
Ya copié ese fragmento otras veces en el blog, pero quiero volver a hacerlo.
«Desde el Oeste un rumor… Era muy de mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra: «Yo te daré/ te daré, Patria hermosa,/ te daré una cosa,/ una cosa que empieza con P/ Perooón». Y aquel «Perón» resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina «invisible» que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice Peronista».
Uno sabe que esto ha pasado muchas veces en la Historia. Algunos dicen que es la Historia. Muchedumbres unidas por una emoción, una esperanza, o una frustración, se ponen en marcha cuando encuentran un hombre, o una mujer, que quieren los conduzca.
Hegel veía en esos momentos la encarnación de la Idea que se desplegaba. Pero la metafísica germana nunca fue lo mío, como sabía para su fastidio mi amiga y mentora, Amelia Podetti.
Prefiero el análisis a la intuición, aunque reconozco el lugar de los dos. En mi caso, recuerdo que los liderazgos -alguien que expresa aspiraciones, temores o broncas de un pueblo o de una parte de él y al hacerlo les da identidad, ha pasado y pasa muchas veces, para bien y para mal.
Y que esos liderazgos atraen a los idealistas y también a los oportunistas, como la miel a las moscas.
A Perón le pasó lo mismo, por supuesto. El movimiento que fundó estuvo siempre lleno de ambos, además de los hombres u mujeres del pueblo que lo seguían, cuando estuvo en el poder y cuando fue derrocado.
Perón tuvo aciertos y errores. Era humano, como su amor y su ¿complemento? Evita. Lo que lo diferencia, en mi opinión, del común de los liderazgos efímeros y lo pone en la categoría, más escasa, de los perdurables, es que perduró. Sigue siendo una definición para los argentinos, los que lo quieren y los que lo rechaza, aunque hoy la mayoría de los argentinos no lo conocieron en vida.
Su pensamiento sigue vivo, y discutido. Se puede decir que otra diferencia con los liderazgos políticos efímeros, es que pensaba, y mantuvo una coherencia central a lo largo de medio siglo, y grandes cambios. Descanse en paz, General.

SIEMPRE LEOPOLDO EL IRREDENTO
Al 17 de octubre Era el pueblo de Mayo quien sufría, no ya el rigor de un odio forastero, sino la vergonzosa tiranía del olvido, la incuria y el dinero. El mismo pueblo que ganara un día su libertad al filo del acero tanteaba el porvenir, y en su agonía le hablaban sólo el Río y el Pampero. De pronto alzó la frente y se hizo rayo (¡era en Octubre y parecía Mayo!), y conquistó sus nuevas primaveras. El mismo pueblo fue y otra victoria. Y, como ayer, enamoró a la Gloria, ¡y Juan y Eva Perón fueron banderas! Leopoldo Marechal
Hola Abel !
Confieso que en mi caso me siento impulsado a celebrar.
Me sitúo en el balcón del departamento de Marechal, en Rivadavia al 2300, que alguna vez visité.
Intuyo en la calle los cantos de «la Argentina anunciada» atronando con la mansedumbre que brota de la certeza de que, con ese pronunciamiento, estaban determinando lo esencial de nuestra historia nacional hasta el día de hoy.
Celebro a la Argentina de 15 millones que ese día se atrevió a concebir con amor y valentía la Gran Argentina de 50 millones de nacionales – nativos e inmigrantes de los 4 rumbos – que hoy nos reúne generosa.
Celebro los 80 años como a una prolongada gestación de la existencia que ahora mismo culmina felizmente y comienza a interpelarnos por su futuro.
A esa interpelación quiero dar mi respuesta, con los pies en la tierra y mirando al horizonte de los próximos 80 años que llegan más allá del fin de siglo.
No se trata de descubrir un «destino manifiesto» porque entre nosotros, desde el origen, nunca ha sido así.
Se trata, como 80 años atrás, de una elección.
Elijo hoy una Argentina aún más grande y más integrada en una comunidad de naciones, cumpliendo roles clave como base organizada para la continuidad de la especie.
El 17 de octubre no se hizo para nada menos que para darnos la oportunidad de protagonizar en primera fila la «humanización del cosmos» en este siglo y el siguiente.
Un abrazo