Esto es noticia en desarrollo, como dicen en el periodismo. No esperen que pontifique o acerque conclusiones… Aquí toco algunos puntos que llaman mi atención, después de leer mucho palabrerío y algunos análisis inteligentes.
Uno que recomiendo mucho es de Martín Granovsky, en «Y ahora qué?». Extenso, pero lúcido y abarcador de las distintas facetas de la coyuntura actual.
Incluye algo importante y poco tenido en cuenta: a quién responsabilizan por el desastre de la economía los dos lados de la «grieta» argenta. Spoiler: le echan la culpa al otro lado de la grieta.
Este análisis de M. G. se apoya en una encuesta muy completa de la consultora Qsocial sobre los votantes bonaerenses, incluida en la nota.
También me pareció informado, y filoso, lo de Ignacio Miri en Clarín. Pero… el punto central- que muchos comparten: «EE.UU. quiere «civilizar» a Milei, usando a Macri y los gobernas moderados, no me parece realista. Perón !, no pudo controlar a Cámpora. CFK, menos todavía a Alberto Fernàndez ¿Cómo lo van a domesticar a Peluca?
Y hoy Jorge Liotti presenta un cuadro que veo realista, aunque enfocado en cólo lo ven desde espachos oficiales cerca de Plaza de Mayo y Pennsilvania Avenue.
Ya que estoy recomendando, y que el problema central es la situación económica (la batalla cultural está muy bien, pero lo que duele es el bolsillo), escuché dos entrevistas: a Cristian Modolo, muy didáctico, y al agudo Álvarez Agis. Aptas para no economistas.
Por mi parte, nada tan abarcador, por ahora al menos. Un comentario nada más. Con énfasis en la geopolítica.
En 2001 Argentina afrontó una situación aún más grave que ésta, después de una década de buena conducta con Washington. Y no fue rescatada: se la dejó caer.
La convertibilidad era insostenible. Washington no veía porqué el dinero de los contribuyentes norteamericanos debería sostener un peso sobrevaluado.
Tiendo a pensar que la diferencia clave es la situación de EE.UU. En ese momento era el hegemón global indiscutido, y no necesitaba aliados débiles, ni siquiera en calidad de súbditos.
Hoy es distinto. Enfrente está China. Su base económica es sólo algo menor que la del país que gobierna Trump, y crece más rápido. Su tecnología rivaliza con la «yanqui». Su poder militar… ya alcanzó lo que es la condición decisiva desde que existen las armas nucleares: puede infligir un daño inaceptable a cualquier adversario, aunque China también lo sufra. Eso se llama disuasión.
Entonces, Trump puede pensar que Argentina sería un aliado estratégico, como dijo Besent en X. Para equilibrar con Brasil, un aliado histórico de EE.UU., pero demasiado independiente para el gusto del inquilino de la Casa Blanca.
El proyecto del Donald puede ser más ambiciosos. Usualmente lo son. Atar la economía argentina a la de EE.UU., a través de un tratado de libre comercio -con muchísimas excepciones, claro, para proteger a sus industriales y productores agrarios, y un acuerdo sobre inversiones. Para asegurar condiciones favorables para las empresas yanquis que inviertan aquí, obvio.
Ese sería el primer paso para un sueño húmedo del hombre del pelo naranja. Un hemisferio occidental hegemonizado por EE.UU. y cerrado a chinos y otros extranjeros indeseables.
Este aferramiento de Argentina, ese hipotético «sueño americano trumpista» ¿es posible?
Milei y sus funcionarios hoy aceptarían cualquier cosa. Sin el auxilio que viene del Norte, serían arrastrados por la corrida cambiaria que había comenzado y no se detuvo ni con los tuits de Bessent y Trump. El Tesoro tuvo que mostrar los dólares.
El hecho es que la genuflexión del Peluca no alcanza. A la dirigencia política y empresarial argenta no se le la puede llamar fanáticamente nacionalista, pero no comen vidrio Saben que los yanquis no tendrían consideración con sus empresas, Ni con sus kioskos.
Y en última, pero definitiva instancia está el pueblo argentino. Hay una parte, sí, de nuestra población que «sueña en inglés, pero en general estamos entre los países latinoamericanos cuya población no tiene una buena imagen de los EE.UU. Y no me refiero a las minorías politizadas.
Y hay un factor estratégico que juega en contra para un vínculo de ese tipo entre Argentina y EE.UU. Que ya estaba cuando a fines del siglo XIX movía a nuestros gobiernos conservadores a oponerse con firmeza a los proyectos «panamericanistas». Nuestras economías no son complementarias. Son competitivas. Lo han sido desde 1810.
En este siglo, China es un cliente importante de nuestras exportaciones. EE.UU., no.
En realidad, ese es el obstáculo para el posible sueño trumpista que esbocé. Los países de América del Sur, en especial los que tienen costa en el Pacífico, exportan masivamente a China, no importa cuán ligados estén sus gobiernos a Washington.
Aquí traté de explorar lo que considero posible y lo que no. Pero hay que ver qué es lo que Trump cree posible. El que viva hasta el martes sabrá algo más.

[…] blog acerca de la relación entre los EE.UU. de Trump y la Argentina de Milei. Hace 3 días hice una actualización, en la que incluí links a análisis de otros autores que aportaban miradas realistas. Y agregué […]