Peluca presenta hoy en el Movistar Arena, CABA, su libro “La construcción del milagro”. No lo leí, claro, y confieso no estar motivado para leerlo.
Pero me parece evidente, conociendo al personaje y su autoestima, que trata del milagro de su éxito en la transformación de la economía argentina.
Creo que lo que puede llamarse milagro -y atribuir a dioses irónicos- es que en 3 años un gritón, panelista en programas de TV llegó a ser Presidente de la República Argentina y pontificar en el foro de Davos.
En todo caso, es un tema mucho más interesante que esa dudosa «transformación». No voy a tratarlo en profundidad en este corto posteo; apenas si apuntar a algunos de los factores que influyeron para que ocurriera.
Sobre el factor extranacional, el crecimiento electoral de figuras políticas más o menos parecidas a Milei en casi todos los países occidentales o influidos por la cultura occidental, ya escribí bastante en este blog y en otros sitios. Estoy seguro que en las próximas décadas se escribirán bibliotecas, por politólogos, sociólogos y hasta historiadores. Se me ocurre un título, entre muchos: «La revancha de los lúmpenes».
De los factores locales que provocaron que algo más de un 55% de los votantes eligieron un candidato al que una mayoría de ellos -y del resto- sospechaban que estaba desequilibrado… También es un tema que da para mucho. Aquí he insistido, para fastidio de bastantes, en la responsabilidad de lo que llamamos el movimiento nacional, que no encontró en 50 años un modelo sustentable.
En un plano más inmediato, quiero señalar algo: amigos con una formación económica rigurosa me discuten que la gestión de la economía en 2019-23 no fue tan mala, considerando las circunstancias: deuda externa, pandemia, sequía extrema…
Les contesto desde los hechos políticos. El resultado de esa gestión fue que una mayoría prefirió a ese panelista gritón, Javier Milei. Echarle la culpa a los votantes es de estúpidos.
Pero es necesario que reconozcamos que el desprestigio de los políticos -y de la política- no ocurrió, por cierto, en uno solo de los lados de la «grieta» argenta. La coalición opositora cayó más fácilmente ante el empuje del nuevo fenómeno. Y lo ha seguido haciendo; Juntos por el Cambio ya no existe, ni siquiera como una minoría.
Es necesario reconocer que Peluca tuvo la intuición necesaria para darse cuenta que la sociedad estaba preparada para escuchar propuestas, que los políticos, de uno y otro lado, creían que no las quería escuchar. Y que tuvo el pragmatismo / falta de escrúpulos para descartarlas o cambiarlas cuando se dio cuenta que no eran practicables.
No dolarizó -una idea con la que algunos vuelven a jugar -, no cerró el Banco Central,… Y aceptó apoyos y financiamientos oscuros o directamente delictivos, como su camarada y rival, el incinerado Espert.
Esto me lleva a la única sugerencia constructiva que me animo a ofrecer aquí: el financiamiento de la política tiene aspectos oscuros en la mayoría de las democracias: exige mucho dinero, y se recurre a aportes en «negro»… El narcotráfico sería la peor de las fuentes, pero el juego también corrompe. Una parte de estos aportes van a bolsillos individuales…
El fortalecimiento de los partidos políticos y sus fundaciones, en el modelo alemán, podría ser una respuesta parcial. Deberían ser apoyados y auditados por el Estado, una vez que el estúpido planteo actual de desprestigio de todo lo estatal sea reemplazado por la exigencia de mayor responsabilidad e inteligencia en sus políticas.
Cierro con un pronóstico, como los amigos imprudentes me piden: ¿podrá Peluca remontar los desastres de los últimos meses? En mi opinión, no.
Es loco, pero astuto, dirían en mi barrio. Y desde Washington lo forzarán a corregir sus decisiones más imprudentes. Pero su estilo, su naturaleza, son lo que son. Y lo llevaron a donde llegó.
Un político mucho más astuto, con mucho mayor oficio, Carlos Menem, encaró la decisiva elección de 2003 con un discurso emocional y rodeado de figuras de la farándula, como en 1989 y 1995. Esa vez no le alcanzó. Creo que cantar en el Movistar Arena, acompañado de una «banda presidencial», tampoco le servirá al Javo.
