Esta del próximo domingo es otra elección local. Un padrón importante, sí: el 4to. del país. Pero no decide el destino del gobierno, ni el de la oposición, aunque la mayoría de las campañas estén «nacionalizadas». Sólo el de los candidatos, y el de Jorge Macri. En mi falible opinión, ninguna de las elecciones de este año 2025, marcará un cambio decisivo en el escenario político argentino. Ni siquiera la legislativa nacional de octubre.
(Me dirán que esta puja tensa la relación entre mileísmo y macrismo. Sí, pero poco. En septiembre y en octubre irán juntos en la provincia de Buenos Aires, y el PRO será allí un socio subordinado de LLA. El único escenario que podría devolver protagonismo a Mauricio Macri sería uno en que Milei se derrumbara, pero no sus políticas. Posible pero improbable).
Como sea, en 3 días veremos qué pasa con algunos desarrollos interesantes. Como las guerras locales, que sirven para probar nuevas armas.
Uno es la pelea entre LLA y PRO para echarse entre ellos la culpa por el fracaso del proyecto de «ficha limpia». La ley que impediría que los condenados en 2da. instancia sean candidatos.
Es evidente, y conocido, quién se encargó de que no fuera aprobado. Eso no es lo importante.
Hace falta tener claro que este tema no tiene que ver con un brote de odio a la corrupción en el electorado. Por supuesto, hay un fastidio, justificado, con las prebendas y los negocios oscuros que se atribuyen a los políticos. Pero una sociedad que votó a Mauricio Macri en 2015 y reeligió a Carlos Menem en 1995 mostró que la prolijidad y la honestidad no son elementos claves para decidir sus votos.
Lo que se disputan ambas fuerzas políticas son los votantes que odian a Cristina Kirchner. Ese odio merece un análisis, pero no es el tema de este post.
El punto es que el PRO, que llegó al gobierno nacional en 2015 con globos de colores y la «Revolución de la alegría» -¿recuerdan?-, y LLA, que odia, afirma, por igual a toda la casta política y a los periodistas que no les chupan las medias, se están concentrando en esos votantes en particular.
Que son numerosos, es cierto. En su gran mayoría, son un fragmento, intenso, del antiperonismo tradicional. Por eso veo esto como un argumento a favor de mi insistente planteo: después de la irrupción Milei, nuestra sociedad vuelve -no ha podido salirse- de la polarización de los últimos 80 años.
El otro desarrollo local tiene que ver con esto. O con cierto hartazgo, que todavía no se expresa abiertamente, con esa polarización.
El candidato que encabeza la lista del peronismo porteño, es su referente y la «cara» de la campaña es Leandro Santoro. De origen radical y trayectoria kirchnerista, eligió, él y el peronismo local, dirigirse a los votantes no con un discurso identitario, sinos desde los temas que pueden interesarles: la educación, la salud, un ambientalismo moderado, y la oposición a las políticas de Milei.
Las encuestas me dicen que conserva el voto del peronismo, en sus mejores elecciones, y hasta podría aumentarlo.
Las otras dos listas peronistas, que usan en sus campañas consignas y símbolos más ligados a la identidad -la que se referencia en Guillermo Moreno y la de Abal Medina, no parecen estar superando el 3%.
Pero eso son las encuestas. Que nos sirven para detectar tendencias, no para hacer pronósticos. El que viva 3 días más lo verá.

Decía W. Churchill que la democracia está llena de defectos, pero es el sistema de poder que tiene menos. Los que desdoblan elecciones por conveniencia molestan al pueblo votante, que tiene que ir dos veces en el mismo año.
La Capital Federal es el distrito con más viejos del país. Son trotzkistas , radicales, peronistas, y ahora neoconservadores. Propaganda electoral hicieron el gobierno nacional y el municipal. El resto no tiene un mango. En otros tiempos le daban a los partidos habilitados espacios en la TV y le pagaban las boletas de papel.
Estas elecciones no despiertan el interés de la gente. Apuesto un dólar a que el voto en blanco sale quinto. La de octubre es más importante, pero no cambiará mucho la composición de fuerzas. El PRO perderá diputados, Milei los ganará y el peronismo conservará los que tiene hoy.