Con la frase del título comenté en redes el match Trump-Vance vs Zelenski. Pero, como saben mis lectores consecuentes, hace tiempo que insisto en que ya estamos en un «mundo post occidental». Recuerdo haber escrito que la elevación al papado de Francisco era, entre otras cosas, una forma de la Iglesia Católica de irse adaptando a esa realidad.
Ahora quiero reflexionar sobre qué sería ese «Occidente» que parece romperse ante nuestros ojos.
No sería la cultura-civilización que antes se llamó la «Cristiandad Occidental» y luego simplemente «Occidente». La que a partir del siglo XV (en su calendario) desarrolló técnicas -de navegación, militares, productivas- que le permitieron imponer, a otras culturas civilizaciones, algunas más sofisticadas, una «globalización asimétrica».
Claro, los»no occidentales», y muchos «occidentales»
que no participaban en sus privilegios, se enojaron con esa asimetría. Esa puede ser una historia muy abreviada de los más de 5 siglos siguientes, que continúa.
Hoy es evidente que «Occidente» ya no es el actor más poderoso y dinámico, como lo fue hasta el siglo pasado. En mi superficial opinión, está tomando forma una civilización global, donde persisten identidades culturales bien distintas, con mayor o menor poder y vitalidad, que le darán su impronta. El que viva -en unos cuantos siglos- lo verá.
Entonces, qué carajo (como diría Peluca) es ese Occidente que parece romperse en estos días? Es el «occidente geopolítico», en la acertada expresión de Ishaan Tharoor. La estrecha alianza -vigente desde 1945- política, económica y militar, con una importante identidad cultural, que unió hasta ahora al subcontinente norteamericano y los países europeos.
Sobre esta ruptura, están reflexionando todos los pensadores serios, y yo también. Desde ya, no me animo a ofrecer predicciones. Por ahora, me limitó a señalar el impacto que tendrá para nosotros, los argentinos. Que será profundo en el plano político. No tanto en lo económico, porque nuestros clientes más importantes son Brasil, China y otros países asiáticos. Que, como nosotros, miran esto desde la tribuna.
Pero el impacto va a ser muy importante en lo psicológico, porque hace a las dos identidades políticas que predominan entre nosotros. Opuestas, como es costumbre.
Para los argentinos que se identifican como «democráticos», «republicanos» o, sin elaborarlo mucho, se sienten europeos en Sudamérica, ese Occidente del Atlántico Norte, es algo de lo que quieren formar parte. O que serían parte, si no fuese por … (los kirchneristas, los peronistas, o «esos negros»).
En la otra identidad, la «nac&pop·, puede haber alguna simpatía emocional con algún país europeo, pero ese «Occidente», y su expresión militar, la OTAN, representa el «Imperio». Hubo una guerra, hace casi 43 años, que refuerza esa imagen.
(Que la guerra fue con un país de la OTAN, Gran Bretaña, mientras que otro, Francia, nos vendía armas. O que la no muy occidental Turquía forma parte de la OTAN no se toma en cuenta. El análisis riguroso no es un hábito de la política argenta).
Como sea, esta ruptura obligará a esas dos… afinidades a redefinirse. Los «republicanos» tendrán que elegir entre aplaudir al Donald o maldecirlo (Peluca y sus seguidores no tienen elección, claro).
Y los nac&pop que miraban con simpatía a Putin principalmente porque se enfrentaba a la OTAN, tendrán que asumir el hecho que el mismo Trump que bendice a Peluca y basurea a los países del «Sur Global» (los que no tienen arsenal nuclear, claro) resulta ser el mejor amigo del ruso.
No se angustien demasiado, compatriotas. El mundo ya estaba cambiando aceleradamente. Y todos los seres humanos tendremos que adaptarnos. Las IAs también.

Me resulta claro que Trump y su gente buscan establecer una relación con China y Rusia que reconozca lo que tradicionalmente se llamó zonas de influencia. Elon Musk es quién expresa más vivamente el distanciamiento de los EEUU de Europa. Nubes muy negras se ciernen sobre Taiwán. Y el destino de Ucrania no puede ser más claro.
Los acuerdos a los que se arribe con Rusia son de enorme trascendencia, en lo militar, lo económico y lo geopolítico.
Trump también fue claro con Hispanoamérica: «No los necesitamos». Si es duro con Canadá, ¿Qué le espera a Méjico? El Brasil de Lula es el gran perdedor del momento. Argentina será el país preferido, más con inversiones y en lo financiero que con el comercio bilateral. Este año veremos la magnitud de esta preferencia.