Este martes dije en X, una media hora después de anunciado el fallo de la Corte Suprema: «Esta condena, ahora, fortalece la identidad kirchnerista en el peronismo actual». Ya antes, porque la cosa venía muy cantada, pontifiqué «Las respuestas deben ser colectivas. Las personales son gestos».
¿Tengo algo más que decir, en medio del océano de palabras que se está derramando sobre el asunto? Tal vez no, pero este blog ha funcionado como testigo muy personal por 18 años, así que ampliaré.
Eso sí, no voy a tocar el aspecto jurídico. No soy abogado, y ya se pronuncian de uno y otro lado muchos que lo son. Algunos, hasta saben Derecho. Por mi parte, tomaré en serio ese aspecto cuando la gestión macrista sea indagada en los tribunales con el mismo rigor que la kirchnerista (Sería desubicado pedir lo mismo de la gestión del Presidente actual, el Peluca).
Entonces, me parece que lo interesante es explorar por qué tienen tratamientos tan distintos la ex presidente Cristina y el ex presidente Mauricio.
El peronismo en este siglo ha sido hasta hoy kirchnerista. No porque todos los peronistas lo sean. Ciertamente no. El hecho decisivo es que los sectores peronistas «no K» fueron incapaces de construir un liderazgo alternativo, o un proyecto nacional que compitiera. Los intentos de Sergio Massa y de José Manuel de la Sota fueron importantes, como ya dije en otros posts, pero no alcanzaron.
Se puede distinguir en la experiencia kirchnerista un período de crecimiento y afirmación, desde 2003 a 2011, cuando Néstor sumó al voto peronista tradicional mucho voto de izquierda y bastante de centro izquierda, y Cristina le dio épica y relato a partir de 2008.
En 2011 ella es reelegida con el 54% de los votos. Luego… hay un declive moderado: la épica y el relato ya no entusiasmaban a una parte de los que la habían votado. Se extendió un hartazgo con el proyecto y sus militantes.
Pero el cambio fundamental en el escenario político fue que el antiperonismo encontró un candidato, Macri, un proyecto (PROyecto ?) y armó una coalición.
Esa coalición triunfó en 2015. Pero fracasó en la gestión, en sus propios términos: no consiguió cambiar la estructura productiva de Argentina -una industrialización incompleta y desequilibrada, con gran dependencia de insumos importados-, ni lograr la estabilidad financiera.
Así, el peronismo regresó al gobierno en 2019, sumando una parte considerable del votos del centro a la izquierda.
Y sí: también fracasó en la gestión, en sus propios términos: no mejoró el nivel de vida de la población, ni tampoco cambió la estructura productiva argentina.
¿Esta historia tiene que ver con el tema del post, «Cristina y los jueces»? Decisivamente. Porque los jueces que manejan los casos que afectan a las grandes empresas y al Estado son una pieza esencial del poder económico en nuestro país.
Las grandes empresas -locales o internacionales con inversiones aquí- necesitan que el Estado proteja sus intereses, sus nichos de mercado, … El poder judicial es parte del Estado, obvio, y además tiene un potencial poder disciplinador sobre los funcionarios que toman las decisiones que, inevitablemente, favorecen o perjudican intereses económicos.
Ningún dirigente político con poder ejecutivo en nuestro país es hostil, en principio, a las grandes empresas. Ciertamente, ninguno en el peronismo. Pero hay favoritismos.
Y, fundamentalmente, los grandes empresarios -y bastantes pymes- prefieren el discurso «libre empresista» de Macri o el «libertario» de Milei, al tradicional discurso peronista o a su versión kirchnerista.
Hay otro factor, menos ideológico y más político: a esos empresarios poderosos no les gusta el decisionismo peronista, ni la concentración de poder personal que lo permite.
Ya Aristóteles explicaba, hace 25 siglos, que las oligarquías son hostiles al poder personal, que a su vez tiende a apoyarse en los de abajo, el «demos». El viejo filósofo recomendaba el equilibrio entre esos tres niveles, pero Argentina nunca cultivó el equilibrio.
En los hechos, Macri, político y antes que eso, cabeza de una familia con intereses económicos poderosos y dependientes del Estado, fue quien construyó una gran red de influencia judicial. Sólo inferior a la del Grupo Clarín.
En comparación, el kirchnerismo, fue muy ineficaz en ese aspecto durante sus gestiones.
¿Cómo sigue el drama? En mi muy falible opinión, el «partido judicial» y los grandes empresarios que los usan y les pagan, habrían cometido un error.
Cristina ha recuperado centralidad, eso es muy evidente-, y el kirchnerismo «cristinista», capacidad de movilización. Además, como enseña la historia peronista, la proscripción ayuda a la permanencia de los liderazgos.
Al mismo tiempo, el rechazo a su figura sigue muy vigente en buena parte de la sociedad, la «otra mitad» de la Argentina. Eso le dificultará al peronismo -salvo que su dirigencia, especialmente Cristina, se manejen con extrema habilidad- sumar los apoyos que necesitará en 2027.
El otro escenario, que muchos creen inevitable,, es que el esquema económico Milei-Caputo se comience a desmoronar antes de ese año.
En ese caso, el peronismo -hasta ahora, la única oposición a nivel nacional – deberá tener un nuevo proyecto.
En cualquier escenario, el «partido judicial», al disponer la polémica condena de una ex presidente que conserva arraigo popular, se ha expuesto a que la política -toda ella- se pregunte si no le ha consentido demasiado poder sin control. El que viva lo verá.

«Si quieren gobernar, que formen un partido y que ganen las elecciones»
Y armaron el PRO
«a cada acción corresponde una reacción igual y opuesta» Tercera Ley de Newton
Estoy en un total acuerdo agregando tb en sintonía un empujón del FMI que nos necesita junto con los otros grandes poderes, colonizados 100%. Lo preocupante es las cabezas del pueblo en esa línea por eso este momento es histórico, aunque duela la situación de Cristina, que no sólo es de ella sino de gran parte del pueblo, pero la que pone el pecho es ella. Gracias