Los votos de los perdedores. En el Norte, eh

febrero 17, 2016

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Surfeando blogs no “del palo”, encontré esta columna de Martín Wolf, que tradujo y publicó El Cronista (un buen diario del establishment, con malas traducciones. La corregí algo).

Wolf es editor asociado y columnista económico principal del Financial Times. Así que ya sabemos en qué equipo juega. Pero tiene esa lucidez de algunos ingleses para entender los declives de los imperios: la han estudiado en buenas universidades, y han visto la del propio. Aquí está hablando del Atlántico Norte, los EE.UU. más la Unión Europea.

Además, creo que vale la pena que tomemos nota de estos problemas de los gringos. Los nuestros son diferentes, pero los seres humanos somos parecidos. Puede advertir a los K más fervientes que -si el gobierno de Macri choca con los arrecifes, de una inflación mayor al 50 % anual, por ejemplo- no está garantizado que el pueblo vote a un Frente para la Victoria depurado de los feos y malos pejotistas.

Los perdedores también votan. Eso es la democracia, y está bien que sea así. Si se sienten lo suficientemente engañados y humillados, votarán a Donald Trump, el candidato a la nominación presidencial del Partido Republicano en EE.UU.; a Marine Le Pen del Frente Nacional en Francia; o a Nigel Farage del Partido de la Independencia del Reino Unido. Hay quienes se dejan seducir, —en particular los de la clase obrera local,– por los cantos de sirena de los políticos que combinan el nacionalismo de la extrema derecha, el estatismo de la extrema izquierda y el autoritarismo de ambas.

Por encima de todo, los perdedores se oponen a las élites que dominan la vida económica y cultural de sus países: a los reunidos el mes pasado en Davos para el Foro Económico Mundial. Las potenciales consecuencias son aterradoras. Las élites tienen que preparar respuestas inteligentes. Pero puede que ya sea demasiado tarde para hacerlo. 

Los proyectos de la élite derechista se han centrado durante mucho tiempo en bajar los impuestos; en la inmigración sin trabas; en la globalización; en la reducción de los costosos ‘programas de ayuda social‘; en los mercados laborales desregulados; y en la maximización del valor de las tenencias de los accionistas.

Por su parte, los proyectos de la élite izquierdista se han centrado en la inmigración sin trabas (de nuevo); en el multiculturalismo; en el laicismo; en la diversidad; en la libertad de abortar; y en la igualdad de raza y de género. Los libertarios adoptan las causas de las élites de ambos lados; es por eso que constituyen una pequeña minoría.

Mientras tanto, las élites se han desprendido de las lealtades y de las preocupaciones nacionales y formaron en su lugar una super élite global. No es difícil comprender por qué muchas personas comunes están ofendidas. Estas personas son perdedoras, al menos relativamente; no comparten los beneficios en forma igualitaria. Se sienten usadas y abusadas. Después de la crisis financiera y de la lenta recuperación del nivel de vida, consideran que las élites son incompetentes y depredadoras. Lo que sorprende no es que muchas estén enojadas, sino más bien que muchas no lo estén.

Branko Milanovic, ex funcionario del Banco Mundial, ha demostrado que sólo dos sectores de la población global recibieron aumentos prácticamente inexistentes en sus ingresos reales entre 1988 y 2008: los cinco percentiles más pobres en la distribución del ingreso mundial y los que estaban entre el percentil 75 y el percentil 90. Esa porción incluye la mayor parte de la población de los países de altos ingresos.

Del mismo modo, un estudio realizado por el Economic Policy Institute en Washington demuestra que la remuneración de los trabajadores comunes se ha quedado muy por detrás del aumento de productividad desde mediados de la década de 1970. Las explicaciones son una mezcla compleja de factores: la innovación tecnológica, el libre comercio, los cambios en la conducción empresaria y la liberalización financiera. Pero el hecho es indiscutible. En EE.UU. –pero, en menor medida, también en otros países de altos ingresos– los frutos del crecimiento se concentran en la parte superior de la población.

Por último, la proporción de inmigrantes en las poblaciones ha aumentado considerablemente. Es difícil argumentar que esto ha traído grandes beneficios económicos, sociales y culturales a la mayor parte de la población. Pero indudablemente ha beneficiado a los más pudientes, incluyendo a las empresas.

La izquierda “respetable” ha ido perdiendo cada vez más el respaldo de las clases trabajadoras del país, a pesar que apoya las prestaciones sociales que pudieran considerarse extremadamente valiosas para ellas. Esto parece ser especialmente cierto en EE.UU., en donde los factores raciales y culturales han sido sobre todo importantes.

La ‘estrategia sureña‘ del ex presidente republicano estadounidense Richard Nixon –destinada a atraer el apoyo de las personas de raza blanca en el sur– dio resultados políticos. Pero la estrategia central de la élite de su partido: –explotar el enojo de la clase media (en particular de los hombres) por los cambios culturales o vinculados a la raza y género– está produciendo resultados indeseables.

El enfoque en la reducción de impuestos y en la desregulación ofrece poco consuelo a la gran mayoría de la base del partido. Los ideólogos republicanos se quejan de que Trump no es un verdadero conservador. Ése es precisamente el punto. Él es un populista. Al igual que los otros principales candidatos, propone recortes de impuestos inaplicables. De hecho, la noción de que los republicanos se oponen a los déficits fiscales parece absurda. Pero, esencialmente, Trump es proteccionista en asuntos comerciales y hostil a la inmigración. Estas posiciones atraen a sus seguidores, ya que ellos entienden que tienen un activo valioso: su ciudadanía. Y ellos no quieren compartirla con innumerables extraños. Lo mismo sucede con los seguidores de Le Pen o Farage.

Los populistas nacionalistas no deben ganar. Ya conocemos esa historia y sabemos lo mal que termina. En el caso de EE.UU., el resultado tendría graves implicancias a nivel mundial. EE.UU. fue el fundador de nuestro orden liberal global y sigue siendo su garante. El mundo desesperadamente necesita un liderazgo estadounidense bien informado. Y Trump no puede ofrecerlo. Los resultados podrían ser catastróficos.

Sin embargo, incluso si se evita tal resultado este año, ya se advirtió a las élites. Los de la derecha asumen grandes riesgos cultivando la rabia popular como manera de asegurar la reducción de impuestos, al mismo tiempo que apoyan el aumento de la inmigración y regulaciones más débiles. Las élites de la izquierda también asumen riesgos si no advierten que están sacrificando los intereses y valores de una gran cantidad de ciudadanos en dificultades financieras en favor del relativismo cultural y el laxo control de las fronteras.

Los países occidentales son democracias. Esos Estados todavía brindan los fundamentos jurídicos e institucionales del orden económico mundial. Si las élites occidentales menosprecian las preocupaciones de las mayorías, éstas retirarán su aprobación de los proyectos de la élite. En EE.UU., las élites derechistas, después de haber sembrado viento, están cosechando un torbellino. Pero esto ha ocurrido sólo porque las élites izquierdistas han perdido la lealtad de grandes porciones de la clase media del país.

No menos importante es el hecho de que la democracia significa un gobierno de todos los ciudadanos. Si no se protegen los derechos de los residentes, y todavía más los de ciudadanos, este peligroso resentimiento crecerá. De hecho, eso ya ha ocurrido en demasiados lugares“.

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Los trabajadores, el macrismo y la nación

enero 31, 2016

carpani-1-mayoCuando posteo, estoy exponiendo mis ideas, pero también -es inevitable- las dejo abiertas a interpretaciones, malas interpretaciones, operaciones… Todo bien: es la naturaleza de los blogs, y me sirve para una práctica habitual de los profesionales en las redes sociales: experimentar. Los comentaristas son una minoría muy pequeña de los visitantes, y no representativos, pero sí indican tendencias. Y el número de visitas es revelador. Me impresionó, por ejemplo, la cantidad de los interesados en las declaraciones de Zaffaroni: entre tres y cuatro veces la habitual en los posteos políticos.

Todo esto va para justificar una excepción. Voy a marcar un aspecto en Los trabajadores que votaron por Macri, que, me parece, queda de lado en las discusiones políticas argentas. Muy ideologizadas, con un enfoque europeo, aún los que enarbolan indigenismos.

Para eso, voy a tomar una afirmación del comentarista Rodrigo. Pero no del comentario que ha hecho recién en el post -inteligente y bien desarrollado, eh- sino de su interesante blog:

La creencia de que a todos nos pagan según nuestro valor individual suele tener mucho de mitológico: Ejemplo: un conductor de autobús de Nueva Delhi cobra en torno a 18 rupias por hora. Un conductor de bondi en Estocolmo cobra unas 130 coronas.

El ejemplo está sacado de un libro de Ha-Joon Chang, economista coreano, y es de 2009. A valores de 2009, eso implica que el conductor sueco gana casi cincuenta veces más que su colega indio (una corona eran como 870 rupias).

La cuestión es, en el caso en que se pudiera cuantificar fehacientemente; ¿se puede ser 50 veces mejor conductor de autobús que otra persona? Lo más probable es que el conductor de Nueva Delhi sea, acaso, mucho más habilidoso que el conductor sueco. ¿Por qué? Porque debe manejar en rutas sinuosas, esquivar vacas cada dos por tres, sortear bueyes, rickshaws y bicicletas con tres metros de cajas apiladas, etc. En cambio el sueco, a lo sumo, deberá esquivar algún conductor medio choborra un sábado a la noche, pero maneja en caminos bien asfaltados, y con recorridos en línea recta, etc.

La explicación es compleja, pero puede decirse lo siguiente: los pobres de países pobres, por lo común, no tienen nada que envidiar (en tanto trabajadores) a sus equivalentes de los países ricos. Son los ricos de los países pobres los que usualmente no están a la altura de los ricos de los países ricos“.

En ese posteo, en el reportaje a Dubet, el tema está aludido “La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, (los “otros”)…“. Algo de eso pasa entre nosotros. No tanto por la inmigración, sino por el viejo prejuicio clasista que traemos desde la colonia.

Y la respuesta estaba ya expresada hace mucho tiempo en un famoso, aunque ahora poco citado, apotegma peronista: “Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza“. El desafío es decirlo en un lenguaje actual y creíble, revalorizando los conceptos, hoy diluidos, de “comunidad” y de “nación”.


Los trabajadores que votaron por Macri

enero 30, 2016

carpani-1-mayo

El título de este posteo -como toda síntesis- puede ser engañoso, por lo que deja sin analizar. En la Argentina de hoy, “trabajador” incluye una realidad distinta, y mucho más diversa, que aquella a la que se dirigía Perón cuando en 1947 -en el Teatro Colón!- proclamó los Derechos del Trabajador. Ni hablemos de la iconografía de Carpani, que nunca representó al obrero real pero era inspiradora.

En este tiempo el trabajador está en una situación muy diferente si está en blanco, si tiene sindicato y obra social, y, en ese caso, cuál es la obra social que lo cubre… Además, los motivos que lo pueden haber llevado a votar por Cambiemos en la última elección son también diversos: desde la valoración de lo que hizo Macri (y Bianchi) en Boca hasta el rechazo visceral al kirchnerismo (En este caso, probablemente primero votó por Massa y el 22 de noviembre a Macri).

Como sea, es evidente que muchos trabajadores votaron por el Mauricio. La población argentina no se compone en un 51 % de patrones y rentistas. Y ahora, con el gobierno macrista en funciones y dictando DNUs, es visible que las movilizaciones más numerosas se componen de la clase media urbana. Esto también hay que matizarlo: algunos movimientos sociales -los sindicatos de los más pobres-, y -naturalmente- los gremios del sector público, el más afectado a hoy, se están moviendo. ATE anunció que prepara un paro nacional, y UPCN (al menos en el ámbito de Cultura), encabeza y organiza la protesta del sector.

De todos modos, el hecho evidente es que en la calle es el progresismo clase mediero, parte de la coalición que conforma el FpV, el que, por ahora, hegemoniza las movilizaciones contra el nuevo gobierno. Esto provoca introspección y angustia en la blogosfera K y en algunos columnistas del palo.

Por mi parte, aunque valoro la presencia en las calles, tanto como la batalla cultural y la propaganda -uno trabaja en esto último- considero que el factor más importante son las estructuras con organización y capacidad de presionar. Los bloques legislativos del PJ y el FpV, si se mantienen unidos, la tienen. Más inmediato, en el mes que empieza este lunes los docentes -gremio de clase media si los hay- comienzan sus paritarias. Veremos.

Mientras, los invito a considerar el tema del título: ¿Por qué muchos trabajadores votaron por Macri? Mi amigo Juan Carlos Lafosse me acercó hace algunas semanas artículos que pueden echar luz sobre el asunto, pero estos días tan coyunturales hicieron que los dejara a un lado. Ahora les acerco un fragmento de un reportaje a Francois Dubet, francés, referente de la sociología de la educación, que habla sobre los atentados del 13/11 en París. A pesar de todo eso, creo que lo que dice ilumina algo que está pasando en todas las sociedades modernas. Cualquiera que se interesa en política, o en el futuro, debe tomarlo en cuenta.

“…–En su último libro “¿Por qué preferimos la desigualdad?”, usted afirma que las sociedades actualmente optan por la desigualdad, ¿por qué?

–Esa fórmula de que la sociedad elige la desigualdad es un poco excesiva. Pero muchos individuos, como vos y yo, desarrollan conductas que sí van a generar desigualdad. Podemos observar un gran rechazo hacia las teorías igualitarias. La sensación que tenemos de nuestra igualdad fundamental sigue siendo importante, pero ya no se puede traducir como un deseo de igualdad social. Por supuesto que el desarrollo desigual tiene causas económicas, objetivas, pero hay algunas desigualdades que son muy importantes desde el punto de vista del individuo.

–Es decir que no se desprenden de un nivel estructural.

–No provienen de una ley general del capitalismo. Más bien se trata de estrategias de desigualdad, como decidir vivir con gente que es como nosotros. De hecho, las desigualdades urbanas provienen de ese modelo: barrios ricos, medios y medios bajos. A los pobres se los reduce a guetos, se los descarta aunque no haya ninguna política que crea los guetos. El otro mecanismo es el de la obsesión por la distinción.

–¿En qué aspectos concretos se despliega esa obsesión por distinguirse?

–Uno de los casos más serios es el de las desigualdades escolares. En Francia, el sistema escolar formal es muy igualitario, sin embargo, las familias buscan alcanzar la mayor desigualdad posible para sus hijos: el valor del diploma es su rareza. Ahora es muy difícil hacer políticas culturales igualitarias porque las familias buscan la desigualdad. A mí me sorprendió mucho esto en Chile: Michelle Bachelet propuso una política escolar más bien igualitaria pero los ricos no quieren esto… y es normal; tampoco lo quieren las clases medias… y no es tan normal. Pero resulta que las clases populares tampoco lo quieren, porque prefieren soñar con una competencia igualitaria. En el fondo el modelo de igualdad de oportunidades se transforma en el modelo de justicia.

–¿En qué se diferencian los modelos de “igualdad de posiciones” e “igualdad de oportunidades”?

–De una manera muy grosera, los países del Norte –Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos– hasta 1980 tenían el propósito de reducir cuanto les fuera posible la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. La izquierda, el movimiento obrero, los sindicatos, la socialdemocracia tenían el objetivo de reducir la distancia entre ricos y pobres. En cambio, desde hace 30 años, ya no se trata de reducir las desigualdades sino de lograr que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a la cima, subir esa escalera. Es un modelo meritocrático que se impuso por completo. El tema central de este modelo es la lucha contra la discriminación: contra las mujeres, las minorías, migrantes, etcétera.

–¿Qué consecuencias trae la adopción del modelo de igualdad de oportunidades?

–En primer lugar, el problema es que acepta las grandes desigualdades porque provienen de una competencia equitativa. La segunda consecuencia es que se acusa a los individuos de ser responsables de las desigualdades: si el rico se volvió rico fue gracias a él, si el pobre sigue siendo pobre fue por causa de él. Este modelo es esencial hoy y esto explica que en Estados Unidos las desigualdades sociales se hayan duplicado y nadie discute esto, ni siquiera en las clases populares.

–¿Por qué tampoco las clases bajas lo ponen en cuestión?

–Porque dicen que son las reglas del juego. Este es un cambio muy importante, que crea nuevas políticas y explica la gran dificultad ideológica de la izquierda en todas partes. En Europa, la izquierda no desaparece pero se está reduciendo; hay que recordar que hubo una “izquierda norteamericana” que era socialdemócrata y que ya no existe más porque hemos modificado la visión de las cosas. Esta es una de las razones por la cual muchos pobres votan por los partidos liberales: la idea de una competencia equitativa les parece más justa que la idea de reducir las desigualdades.

–¿Cómo logra instalarse esta idiosincrasia de las desigualdades?

–Este modelo se instala porque la búsqueda de las igualdades sociales se basaba en mecanismos de solidaridad y fraternidad. Si quiero que estas personas sean mis iguales, si quiero pagar por ellos, me tengo que sentir cerca de ellos, semejante a ellos.  Mi hipótesis es que este sentimiento de solidaridad se deshace hoy por tres razones.

–¿Cuáles?

–La primera es la mundialización de la economía. Esto hace que las economías no sean más sistemas nacionales integrados sino que se internacionalizaron. A veces eso está bien, de hecho a los chinos, indios y brasileños les parece que eso está bien porque aumenta la riqueza, pero a los europeos no les parece tan bien porque están más en una posición defensiva. El segundo es un cambio cultural: la idea de solidaridad se basaba en el trabajo de las instituciones que creaba subjetividades comunes. Como la Iglesia, la gran escuela pública argentina que nunca estuvo para generar igualdad escolar sino que estuvo ahí para formar hombres, mujeres, campesinos argentinos, y nunca prometió la igualdad de oportunidades. La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, (los “otros”)…”  (completo aquí)


Los bancos que se caen en Italia

enero 26, 2016

ruinas

Víctor Arreguine, astrónomo y cordobés, me llamó la atención sobre esta noticia: Italia teme un desplome bancario por créditos morosos. Creo que encaja con mi planteo en el posteo anterior: la necesidad de estar alerta a los procesos globales.

Además, es de interés en sí misma -la de Italia es, después de Alemania y Francia, la 3° economía en la eurozona. También por lo que nos dice sobre lo que está pasando en Europa. Y hasta puede tener un mensaje para nosotros! Como sea, ahora les copio la nota, de El País, un medio bien europeo y nada populista. Después, mi comentario.

La economía italiana esconde una bomba de relojería que ni las hábiles maniobras de distracción puestas en práctica por el primer ministro, Matteo Renzi, pueden ya ocultar. Desde principios de año, el valor bursátil de sus bancos ha disminuido una media del 20 % —alcanzándose incluso caídas del 40 % como en el caso del Monte dei Paschi—, un dato especialmente grave si se tienen en cuenta dos aspectos conectados entre sí.

Por un lado, el sector constituye el 30 % de la bolsa de Milán y, por otro, supone el primer recurso —muy por delante del mercado de capitales— al que acuden las pequeñas y medianas empresas para financiarse. No es de extrañar por tanto que la crisis —desde 2008, Italia ha perdido ocho puntos del PIB y un cuarto de la producción industrial al tiempo que se duplicaba la tasa de paro— haya provocado una morosidad casi imposible de asumir.

Se estima que los créditos concedidos por los bancos italianos y que ya no podrán recuperar superan los 200.000 millones de euros —un 16,7 % del total, más del doble que en España (el 7 %) o Francia (el 4 %)—, a los que hay que añadir otros 160.000 millones que, según el Banco de Italia, tampoco se podrán cobrar. Una parte de la solución —o más bien del parche— sería la creación de un “banco malo“, una opción que Italia rechazó cuando la pusieron en práctica España o Irlanda, pero cuyas condiciones negocia ahora a contrarreloj el ministro italiano de Economía, Pier Carlo Padoan, en la cumbre de Davos. Su carta principal es que la explosión de la bomba italiana —la tercera economía de la UE— afectaría de lleno a toda la eurozona.

… La pretendida reforma del sistema bancario está resultando un fiasco: con bancos salvados in extremis —y sobre los que planea la sospecha de tráfico de influencias a favor de familiares de destacados miembros del Gobierno—, otra media docena larga de bancos en venta sin esperanzas de comprador y, lo que es más grave, la ausencia de un diagnóstico real de la situación dada la opacidad de las instituciones financieras. Según las encuestas, el 60% de los italianos considera que Renzi está manejando mal el asunto de los bancos, y solo un 28% lo aprueba“.  (completo aquí)

Nada nuevo, en realidad. Sólo otro acto más en el drama de la burbuja de la banca europea. Que es una más de las que produce, irresistiblemente, el actual sistema financiero. La diferencia es que allí, al contrario que en EE.UU., China o Japón, no hay un Estado centralizado que pueda controlar su desinfle.

Más allá, o más acá, de la economía, otras noticias de hoy: Presión en la UE para suspender dos años la libre circulación de personas, El Parlamento danés aprueba la confiscación de bienes a los refugiadosRoma cubre sus estatuas desnudas para no perturbar a la delegación iraní, me hacen pensar si la vocación europea de buena parte de nuestros compatriotas no debe ser repensada.

Somos también herederos de Aquino, Maquiavelo, Montesquieu, Beethoven, Freud, y todo el resto. Y no se me ocurre proponer descartarlos. Pero creo que hay que hacer ¿como se decía? “beneficio de inventario”.


Marine Le Pen, si tu t’imagines

mayo 26, 2014

Los resultados de las elecciones europeas de este domingo, en particular la francesa, han sobresaltado a casi todo el mundo. Hay algunas excepciones: mi amigo Edgardo Arrivillaga, que pronosticó el gran desempeño en la 1° vuelta en Colombia de Oscar Zuluaga, hace rato que viene señalando en sus comentarios el avance arrollador de Marine Le Pen en Francia. Pero Edgardo es un viejo combatiente de la Guerra Fría, de la que conserva amores y odios, y confieso que lo atribuí a una suerte de pasión otoñal.

Debo rectificarme. Tanto el espectacular crecimiento de los guarismos electorales del Frente Nacional a partir de 2011, desde que ella lo conduce, hasta un detalle circunstancial, el estilo tranquilo y discreto conque asumió recién haberse convertido en estas elecciones en la primera fuerza francesa, indican que es alguien a tomar en cuenta.

También mi amigo Manolo Barge, algo más joven que Edgardo, expresa su satisfacción por la derrota del “sentido común republicano” y del socialismo sin obreros. Ahora, hay que decir que ha sido Luca Sartorio, joven y uno de los blogueros que, esperemos, renovará el aire un poco estancado de los blogs políticos, el que hizo hace dos semanas el análisis más interesante de esta nueva estrella del firmamento europeo. Lo comparto con ustedes, y, cours, hago alguna observación al final.

“Yo digo lo que todos piensan en voz baja, no me asusta la polémica”

Marine Le Pen

21 de abril de 2002. Jean Marie Le Pen, representante de la ultraderecha francesa y candidato presidencial del Frente Nacional, accede contra todos los pronósticos a la segunda vuelta electoral frente a Jacques Chirac. El Primer Ministro y candidato del socialismo, Lionel Jospin, ubicado en los sondeos previos como el favorito para el ballotage, pasa en pocas horas del sueño presidencial a renunciar públicamente a la actividad política en su búnker de campaña. En una escena de película transmitida por toda la televisión nacional, despierta gritos de pánico y conmoción en su militancia. A su vez, Chirac convoca a toda la sociedad francesa a “defender el bien más preciado: la democracia”. Recibe, de derecha a izquierda, el apoyo de la integralidad del arco político. Se suceden enormes manifestaciones durante la semana posterior movilizándose “por Francia y contra Le Pen”. Con la cifra récord del 82 % de los votos, Chirac se convierte en el presidente más votado de la democracia. El Frente Nacional entra en una profunda crisis de desprestigio que se traduciría años después en pobrísimos resultados electorales, problemas financieros y riesgo de desaparición. Se terminaba así el temblor político más importante de la Quinta República. La convulsión había pasado.

Años después y en pleno hundimiento del FN es que emerge la figura de Marine Le Pen. De perfil enérgico y controvertido, la hija de Jean Marie disputa el liderazgo de la ultraderecha con voluntad de modernizar una estructura que iba camino a inmolarse en la marginalidad. El carácter dogmático, xenófobo y veterano del partido había sido contundentemente rechazado por los franceses tras el shock republicano de 2002. Marine ve un Frente Nacional que le habla más a su militancia que a su sociedad. Mujer, joven y de carácter renovador, surge dentro de la naturaleza retrógrada del lepenismo. Era mirada con recelo por la vieja guardia de una dirigencia que encontraba en ella una amenaza a su identidad nacionalista. Moderando el estilo, integra nuevamente al Frente Nacional a la competitividad electoral. Se hace cargo del desafío de modernizar el discurso sin restringir su carácter antisistémico. Y es así que en 2011 vence en la interna del FN al depositario ideológico del partido, Bruno Gollnisch, iniciando así una purga de la dirigencia más anacrónica y haciéndose cargo de su conducción.

El resurgir del nacionalismo francés es propio de su contexto histórico. El estancamiento económico, la crisis de la UE y un creciente sentimiento antiinmigratorio  ponen en jaque la legitimidad de la desgastada alternancia entre el Partido Socialista y la UMP. Es ahí donde Marine logra canalizar potencialidad. Desde la distancia con el poder, ofrece las respuestas que el arco político no puede dar. Logra ubicarse en las posiciones incómodas en las que la centroderecha y la socialdemocracia no pueden hallarse desde el defensivismo propio del decisionismo estatal. El tan atractivo como irresponsable “patriotismo económico” que pregona Marine propone tanto la salida del euro y el endurecimiento de fronteras como una fuerte presión fiscal sobre los grandes grupos económicos. Marine pone en juego los límites del bipartidismo desde una ambigüedad que le permite apelar a los sectores populares tanto desde su chauvinismo como desde su penuria. Corre por derecha a la derecha desde la cuestión migratoria y el sentir nacional. Corre por izquierda a la izquierda desde una renovada postura estatista y antiglobalización. Se presenta tanto como la garante del orden que la UMP no puede representar, como la ilusión de justicia social que un gobernante Partido Socialista no enarbola desde su plan de austeridad.

Marine apunta a un electorado que ha quedado excluido de la órbita política. Obreros, jubilados, zonas rurales y sectores de baja instrucción constituyen su núcleo votante. En lo que ella denominala conquista de los olvidados, apuesta a capitalizar la indignación de la Francia periférica. Son los sectores populares, los que explican los altos niveles de abstención, los que se sienten tan excluidos con Hollande como con Sarkozy. El FN ha logrado constituir la opción política de aquellos que sienten que entre UMP o PS da lo mismo. Ya no se limita a capitalizar un volátil voto-bronca o de expresar el sueño nacional de unos trasnochados veteranos militares. Marine encauza la adhesión de aquellos que han quedado al margen, es aquello que une a un obrero de los centros industriales con un pequeño farmer del sur: Marine representa. Puede expresar el fastidio antiárabe, la penuria económica de aquellos que sufren la crisis. Puede decir aquello que el arco político no puede decir.

La incapacidad manifiesta del sistema político francés para comprender las nuevas demandas sociales se refleja no sólo en el ascenso de la ultraderecha, sino también en el del comunista Jean Luc Mélenchon. De prédica radicalizada y reconocido admirador de los populismos latinoamericanos, es también otra sorpresa de la presidencial de 2012. Logra matizar la sangría del voto obrero hacia el lepenismo mostrándose como la verdadera izquierda nacional. En el boom de lo antisistémico, Marine encuentra un escollo en Mélenchon. Encuentra la primera fuerza política que le compite de lleno en su electorado, ese electorado al que hace tiempo que el bipartidismo no logra representar. De no tan buena performance en las municipales celebradas el domingo pasado, la lectura del comunismo francés es clara: hay que tomar distancia del hundimiento del PS. Se desecha toda posibilidad del llamado a la unión de la izquierda del PS y se opta por preservar la autonomía. Es en los municipios en los que presentan una opción alternativa a las listas del socialismo en los que obtiene mejores resultados. Como Marine, Mélenchon ve que hay más potencialidad por fuera que por dentro del arco político y sale a competirle el votante periférico, el “olvidado”. El seísmo de la institucionalidad tiene competidores. La ola lepenista encuentra así, un techo por izquierda. ¿Puede un comunista detener el desplome de la democracia liberal?

Tras una gran elección el domingo pasado, Marine sentenció: “Vamos a acabar de una vez por todas con esa idea delirante de que somos un peligro para la República”. Puso el grito en el cielo por su integración. Marine no quiere enfrentar a la Quinta República. Quiere ser parte de ella. Marine acepta las reglas del juego de la democracia liberal. Su peligroso ascenso no es más que el fruto del vacío de representación. Es su resultado, su consecuencia lógica. Un poco de populismo, del otro lado del charco. Y alguien tendrá que hacerse cargo”.

Este análisis puede ser válido para el caso francés, pero es necesario encontrar lo que es aplicable, y lo que no, a un fenómeno similar que está ocurriendo en muchos países de Europa (En Italia parece haber encontrado una barrera, sin embargo. Tal vez los tanos, que conocieron a Mussolini y a Berlusconi, encuentran a Beppe Grillo poco serio). Y preguntarnos si los resultados también de este domingo en Colombia tienen que ver.

Un comentarista habitual del blog, AyJ, insiste en los paralelismos con la crisis europea de 1873. Es posible. Un pensador hoy un poco olvidado, Peter Drucker, la señalaba como el punto en que el liberalismo tradicional perdió la hegemonía intelectual como fuente de respuestas.

Da para posteos largos, por cierto, pero por ahora apunto al “vacío de representación”. Que requiere que pensemos qué significa “representación”, claro. Otro punto: Se dice que hay populismos de izquierda y de derecha. Puede ser, simplificando, pero me parece más preciso señalar que hay populismos que apelan a “los de Abajo” y otros que se dirigen a “los del Medio”. Eso sí, hay que tener en cuenta que las fronteras son imprecisas, lo que preocupa a “los de Arriba”.

marine-le-pen


Reflexiones ligeras sobre el Papa y la política

julio 22, 2013

FrancisBrasil

Como las ediciones online de La Nación, Clarín y hasta un medio que solía ser anticlerical como Página 12 ponen ahora en primer lugar la llegada de Francisco a Río, a nuestro continente, este humilde y reflexivo blog no podía dejar decir algo.

Pero estoy demasiado ocupado con algunas cosas mundanas para darle el tiempo y la profundidad que merece. En el blog del Foro San Martín, compañeros más devotos que yo han posteado desde el día de su elección. Los remito allí, si quieren algo más exigente que el nivel habitual de los medios.

Ahora, sólo voy a acercarles algunos comentarios políticos, tema del que hablo con facilidad. Ya lo había hecho cuando era arzobispo – poner Bergoglio en el buscador del blog -; pueden ver este posteo, por ejemplo, que tiene un comentario enjundioso de Yukio.

Recientemente se escribió mucho en la blogosfera, especialmente a partir del vertiginoso cambio de alianzas de nuestra Presidente. Éste fue uno de mis aportes. Pero creo que ese tema está agotado, por ahora.

En la revista Brando, en la que generalmente entro para mirar mujeres hermosas bien fotografiadas, encontré esta nota Jorge Bergoglio: Francisco, el papa Peronista. No lo conozco al autor, Diego Vecino, y me parece un poco arrogante lo que se plantea su columna periódica “las formas y los fondos del estilo, gestual y estético, de los grandes concertistas en el elenco estable del poder“. Pero dice cosas inteligentes y me suena como una voz joven y no demasiada contaminada por los lugares comunes del discurso político. Dios sabe que no estoy seguro de poder decir lo mismo.

Y en el blog del amigo Bob Row, un “hermano mayor” que inevitablemente mira con reservas a Francisco por algunas historias de familia, leí este texto, breve, que se arregla para dar un vistazo útil sobre la realidad religiosa que el Papa encontrará en Brasil. De paso, le robé el dibujo del Papa en Copacabana que puse arriba.

Por mi parte, lo que ví hoy de la campaña gráfica en Capital para las Primarias – casi unánimemente estúpido; diría que los publicistas los están robando, sino fuera que no tienen la culpa que sus clientes no entiendan de política – me inspiró a comentar algo sobre un posicionamiento favorable que el Papa argentino logró en medios y sectores que no estaban bien predispuestos hacia él.

Es muy sencillo: hay que elegir bien los enemigos. Que eso no se hace directamente, ojo, sino al elegir en qué lugar ubicarse y qué imagen dar. Si uno lo hace con claridad, inmediatamente aparecerán los enemigos. Y si el mensaje es amplio, para “todos los hombres de buena voluntad”, como se dice que era el mensaje del Fundador, esos enemigos son los que harán la propaganda adecuada.

Atención: no cambiará la opinión de nadie (eso sería “conversión”, y requiere otras cosas). Pero, salvo los muy enconados, como Horacio Verbitsky o Lucas Carrasco, los colectivos – sectores, medios, intereses – se acordarán que hay cosas peores y adoptarán una actitud benévola hacia el personaje atacado.

Tenía agendado – como muy expresivo – algo que apareció hace casi cuatro meses, al comienzo mismo del pontificado: “Primeras críticas de sectores tradicionalistas al papa Francisco. En medios especializados, cuestionaron su rechazo a los atuendos papales clásicos, su decisión de no usar el departamento pontificio y hasta su excesiva simpatía“.

Y hace algunos días leía esto: “El partido de Berlusconi atacó al Papa por su apoyo a los inmigrantes. La derecha italiana mostró su costado más racista tras el viaje de Francisco a Lampedusa“.

Ambas actitudes, ojo, son asumidas abiertamente por mucha gente, especialmente la segunda y especialmente en Europa. Y lo hacen con convicción; casi diría con ¿santa? indignación. Pero no se dan cuenta que los aislan del resto, que a lo mejor no están tan distantes de ellas, pero no les gusta mirarse en ese espejo.

Advertí que éste no era un comentario sobre moral, sino sobre política. Que a lo mejor hasta le puede servir a algunos políticos argentinos.


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