La baja de los granos y la política industrial

marzo 30, 2015

Steampunk

En los posteos recientes del blog hubo un desequilibrio muy grande: mucha especulación electoral. Y va a seguir, me temo. Estamos en campaña, después de todo. Y este torneo de ambiciones y egos decide en estos meses una parte importante de nuestro futuro ¿Por qué no? Después de todo, la base del sistema democrático es: Un ego, un voto.

Eso sí, reconozcamos que esta campaña está bastante vacía de propuestas a futuro. Porque la oposición mediática – expresión legítima de los intereses más fastidiados con el gobierno – no puede evitar repetir el catecismo ortodoxo y avisar que será necesario un ajuste terrible. La oposición política… no será muy brillante, pero se da cuenta que el argentino de a pie puede pensar «Los peronistas a lo peor me manden al tacho, pero estos tipos me prometen que me van a mandar al tacho!«. Entonces no dicen nada relevante.

Y el oficialismo, en este tema… Casi todos los sensatos reconocen que Kicillof está haciendo un trabajo razonable, evitando el descontrol de las variables y las crisis que en Argentina asociamos con el final de los gobiernos. Pero no promete nada concreto para el futuro. Tal vez porque no le gusta reconocer que está usando herramientas muy ortodoxas.

Entonces, subo un trabajo que me acercó recién el amigo Pablo Tonelli. Didáctico como siempre (los que no se interesan en la economía, porque creen tener una buena jubilación, pueden saltearlo), llega a una conclusión que comparto y que no me canso de repetir «Un tipo de cambio más alto para la exportación de los bienes industriales … no mejora la productividad, que sólo se logra con inversiones que amplíen la capacidad productiva, la tecnología y la complejidad del trabajo«.

«LA BAJA DE LOS GRANOS Y LOS TÉRMINOS DE INTERCAMBIO

Pablo Tonelli, economista

Voy a utilizar  una definición tomada de la Enciclopedia de ciencia y tecnología de la Argentina que dice “Términos de intercambio  (en inglés terms of trade) es la relación entre los precios de las exportaciones y de las importaciones de un país”. Agrega: “Se habla de deterioro de los términos de intercambio cuando el precio de los productos exportados tiende a disminuir respecto del de los importados”. De la misma forma “una mejora en los términos de intercambio permite importar más productos con las mismas exportaciones.”

Los productos de exportación argentinos registraron un ciclo de alza muy significativo durante este siglo, el que con ciertos altibajos, tuvo su pico máximo de la serie histórica con un valor de la soja en U$S 650,78 la tonelada en setiembre del año 2012 y del maíz en U$S 327,50 la tonelada en agosto de ese mismo año. Esto produjo un incremento notable de la capacidad importadora de la Argentina en términos de precio.

Esta situación llevó a muchos economistas locales de formación liberal ortodoxa a afirmar que nos encontrábamos con el fin de la denominada teoría del “deterioro de los términos de intercambio” elaborada por Raúl Prebisch y Hans Singer en el marco de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina, Naciones Unidas) en los años cincuenta, que básicamente consistía en afirmar que el precio de los bienes primarios (materias primas) producidos por los países periféricos caía tendencialmente respecto al precio de los bienes industriales producidos por los países centrales.

La coyuntura internacional se fue modificando en el último bienio. EEUU fue abandonando paulatinamente su impulso a la demanda vía inyección de dólares (cuantitative easing), los precios del petróleo se derrumbaron y desalentaron el uso de los combustibles basados en el uso de los recursos naturales (bioetanol, biodiesel) y el dólar se fortaleció frente al conjunto de las monedas. O sea: menos dólares y reducción de la demanda de materias primas agrícolas para uso como combustible alternativo.

Los granos comenzaron a descender en precio (el maíz con mayor intensidad), y en la actualidad tenemos a la soja en aproximadamente U$S 360 la tonelada y al maíz en U$S 155 la tonelada. A su vez, la reducción del costo energético favorece a la industria en los EEUU y el mismo fenómeno unido a la caía de la paridad del euro fortalece a la industria europea.

El ciclo de altos precios de los cereales que se exportan generaron en la Argentina superávits comerciales externos (la diferencia favorable en dólares entre lo que exportamos e importamos). Los dólares de este superávit, que financiaron el crecimiento, favorecieron al empleo, el salario y las prestaciones sociales, no han servido, en cambio, para financiar el desarrollo de una industria sustentable, porque el sector industrial tiene un déficit cercano a los 35.000 millones de dólares anuales en promedio.

Voy a reflexionar sobre los términos de intercambio y sobre el fundamento de una política industrial en la Argentina.

Es un dato cierto que el llamado “boom” de los precios agropecuarios mientras duró ha invertido la tradicional relación de precios entre lo que exportamos mayoritariamente (bienes primarios puros o con baja elaboración) y lo que importamos (considerando los insumos y bienes industriales) y que esa ecuación ha mejorado sensiblemente la factibilidad de compra de bienes industriales y ampliado nuestra capacidad de uso de divisas.

Si esto se trató de una burbuja a la que el comportamiento de la economía capitalista nos tiene acostumbrados, no creo que sea posible afirmarlo o negarlo rotundamente a la fecha. Lo cierto es que no refleja la coyuntura actual. Prebisch y Singer analizaron sesenta años de historia capitalista, Ocampo y Parra en 2003 (lo tomo de un trabajo de Rolando Astarita) han analizado 140 años utilizando un índice de The Economist, la revista británica, para concluir que la tendencia al deterioro del precio de los bienes agrícolas en relación con los industriales es de largo  plazo, aunque el proceso puede escalonarse y no ser estrictamente continuo. El debate está lejos de encontrar una respuesta basada en datos de largo plazo.

No obstante ello el razonamiento neoclásico sostiene, como dice en un documento Josefina Marcelo, economista argentina, que “las teorías del comercio internacional basadas en la visión de David Ricardo y en las ventajas comparativas, solo veían en los términos de intercambio una simple representación de la productividad relativa de los países, concluyendo que un país siempre obtendría beneficios del comercio internacional dado que dicho país tendería a especializarse en aquella producción en la que comparativamente fuera más eficiente y esto beneficiaría a todos”.

Ahora bien, al compás de precios más altos e imbricada con este proceso, la tecnificación del agro (siembra directa, fertilizantes, agroquímicos, genética) incrementó notablemente la productividad agrícola, de por sí el sector más productivo de la Argentina. Con la caída de los precios agrícolas reaparece  el enfoque de que Argentina debe especializarse en la producción agropecuaria, fuente de nuestras ventajas comparativas, eliminando las retenciones, e importar el resto de los bienes industriales que las “señales de mercado” no convaliden.

Si la Argentina eliminara las retenciones a los sectores exportadores, la mayor rentabilidad del sector y de la tierra ¿podría generar una expansión que fuera inclusiva para toda la Argentina? La respuesta es negativa. El sector primario exportador ocupa un bajo nivel de mano de obra, su expansión no podría suplir la ocupación industrial, ni mejorar los salarios, que se incrementan en el mundo capitalista cuando es mayor el valor agregado.

¿Qué hacer entonces?  El mundo ha cambiado desde Prebisch y Singer, ya no estamos en una estructura en donde existe un centro mundial productor de manufacturas y una periferia dedicada a la producción exclusiva de bienes agropecuarios. La producción global se ha relocalizado y como afirma Josefina Marcelo citando a Arceo, las industrias trasnacionales “suelen desarrollar en la periferia solo procesos parciales de trabajo y la concepción básica del producto, los insumos tecnológicos esenciales y los medios de producción en su mayoría son importados”

Aquí sigue entonces operando un deterioro de los términos de intercambio: La composición del armado de un bien de alta tecnología, un auto, una computadora, reserva a los países centrales el diseño, el desarrollo, la ingeniería y a los países periféricos destina la fabricación de partes y el armado del bien final. El primero insume fuertes inversiones industriales, un trabajo complejo de ingenieros y técnicos, el segundo un trabajo simple de trabajadores sin gran calificación y una baja inversión por obrero ocupado en la relación con la misma rama industrial localizada en el Centro.

Es esa diferencia de productividades, intra las ramas de la industria, la que constituye realmente el problema de los términos de intercambio en el mundo capitalista de hoy. Un problema que no soluciona un tipo de cambio más alto para la exportación de los bienes industriales, que puede lograr un precio competitivo a nivel internacional, pero no mejora la productividad del trabajo, que sólo se logra con inversiones que amplíen la capacidad productiva, tecnología y complejidad del trabajo, es decir generando valor agregado.

Es sobre esto que debe pivotar una política industrial integral. El debate no debe retroceder en el tiempo y centrarse hoy en el tema de las ventajas comparativas, sino, vuelvo a insistir, en cómo mejorar la productividad industrial, que es una decisión estratégica de política económica«.


¿Qué quiere decir «viento de cola»?

enero 14, 2011

Preparando valijas y pagando facturas, no tengo mucho tiempo para el blog (Tengo semiescrita la continuación de la aclamada serie «¿Se puede perder?» y algo sobre kirchnerismo, nada menos). Pero mientras, quiero hacer un aporte a la cultura general.

Se ha hablado tanto del «viento de cola» en el caso argentino, desde que explica todo sobre la gestión Kirchner a que no existe, que quise acercarles, gracias al gringo bueno de IKN, un ejemplo adecuado: son las cifras, proporcionadas por su Banco Central, de las exportaciones chilenas – país emergente ordenado y con seguridad jurídica si los hay – del año 2000 al 2010, por volumen y por su precio en dólares. No más preguntas, señor juez.


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