La guerra que hay – El “Estado Islámico”

noviembre 26, 2014

Por lo visto, el tema militar y su necesario adjunto, los conflictos bélicos, estimulan el interés y la participación de los lectores de este blog. Muchos comentarios, con aportes inteligentes. Bien. Las pujas internas son inevitables en toda sociedad, pero si nos concentramos exclusivamente en ellas… nos devoran los de afuera, nos advierte el Martín Fierro.

Me parece útil, entonces, acercarles el trabajo de un analista del país que tiene el protagonismo principal – además de los actores locales, claro – en el conflicto más sangriento en marcha hoy, el que transcurre en Medio Oriente y enfrenta al Estado Islámico y sus enemigos.

Como dije muchas veces en el blog, la calidad de la información de la agencia privada estadounidense Stratfor es… despareja. Pero en lo que se refiere a los intereses directos de su país, es lúcida y desapasionada. Por eso este trabajo de su CEO, George Friedman, resulta útil (salvo para los que les basta la satisfacción moral de denunciar que los EE.UU. alentaron en el pasado el crecimiento del grupo que terminó al frente del ISIS, el actual Estado Islámico, así como de otras organizaciones yihadistas. Es cierto. ¿Alguien espera que pidan disculpas?).

La nota empieza mencionando un hecho que apareció ayer en todos los medios internacionales, sin que se pusiera especial énfasis en el asunto: VIENA (AFP).- Tras una semana de intensas negociaciones, Teherán y las grandes potencias no lograron cerrar ayer en Viena un acuerdo sobre el programa nuclear iraní, aunque acordaron extender el plazo hasta el 30 de junio de 2015 para sellar un pacto.

Les traduzco la primera parte:

El Estado Islámico remodela el Medio Oriente.

Las conversaciones nucleares con Irán han fracasado en producir un acuerdo, pero el plazo se ha ampliado sin problemas. Lo que hubiera sido una grave crisis hace un año, repleta de amenazas, se ha manejado sin drama. Esto marca un cambio en la relación entre Estados Unidos e Irán, un cambio que no se puede entender sin considerar primero los cambios geopolíticos masivos que han tenido lugar en el Oriente Medio, que redefinen la urgencia de la cuestión nuclear.

Estos cambios tienen su origen en la aparición del Estado Islámico. Ideológicamente, hay poca diferencia entre él y otros movimientos yihadistas islámicos radicales. Pero en términos de presencia geográfica, el Estado Islámico se ha distinguido del resto. Mientras que Al Qaeda podría haber deseado tomar el control de un Estado-nación importante, siguió siendo principalmente una organización terrorista dispersa; era un movimiento, no un lugar. Pero el Estado islámico, como su nombre lo indica, es diferente. Se ve a sí mismo como el núcleo a partir del cual debe crecer un estado musulmán transnacional, y se ha consolidado en Siria e Irak como una entidad geográfica. El grupo controla una región más o menos definida en los dos países, y tiene algo similar a un aparato militar convencional, diseñado para defender y ampliar el control del Estado. Hasta el momento, con avances y retrocesos, el Estado Islámico ha conservado este carácter. Aunque el grupo canaliza sin duda una parte sustancial de su poder en formaciones guerrilleras dispersas y conserva un aparato terrorista regional significativo, sigue siendo algo bastante nuevo para la región – un movimiento islamista que actúa como un estado regional.

No está claro si puede sobrevivir. Está siendo bombardeado por aviones estadounidenses, y EE.UU. está tratando de consolidar una coalición para atacarlo. Tampoco, por supuesto, está claro si el grupo puede ampliar su territorio. Parece haber llegado a su límite en el Kurdistán, y el ejército iraquí (que fue vergonzosamente derrotado en la primera etapa del surgimiento del Estado Islámico) está mostrando algunos signos de ser capaz de lanzar contraofensivas.

(Sea cual sea su futuro, ya) el Estado Islámico ha creado una situación que impacta en las potencias regionales y también en las globales, obligándolas a redefinir su conducta. La presencia del grupo es a la vez novedosa e imposible de ignorar, ya que es una entidad territorial. Las naciones se han visto obligados a reajustar sus políticas y las relaciones con las demás como consecuencia de ello. Vemos esto no sólo en el interior de Siria e Irak. Damasco y Bagdad no son los únicos que tienen que lidiar con el Estado Islámico; otras potencias regionales – Turquía, Irán y Arabia Saudita en especial – deben volver a calcular sus estrategias.

Una organización terrorista puede infligir dolor y causar confusión, pero sobrevive al permanecer dispersa. El Estado Islámico tiene un elemento de terrorismo, pero también es una fuerza concentrada que podría expandir su territorio. El grupo se comporta geopolíticamente, y mientras sobreviva plantea un desafío geopolítico.

(A modo de ejemplo:) Dentro de Irak y de Siria, el Estado Islámico se ha impuesto en las regiones árabes sunitas de Irak, a pesar de la resistencia de algunos sectores. El Estado Islámico ha podido hacer frente a esta resistencia hasta el momento. Pero el grupo también ha presionado contra los límites de las regiones kurdas y chiítas, y ha buscado crear un vínculo geográfico con sus fuerzas en Siria.

Ya ha cambiado la dinámica interna de Irak. (Después de la caída de Saddam y la invasión estadounidense) los sunitas se convirtieron en una comunidad débil y dispersa. Ahora el Estado islámico es una fuerza importante en la región al norte y al oeste de Bagdad, lo que representa una posible amenaza a la producción de petróleo kurdo y a la autoridad de cualquier gobierno iraquí.

El grupo ha tenido un efecto aún más complejo en Siria, al haber debilitado a otros grupos opuestos al gobierno del presidente sirio, reforzando así la posición de Bashar al Assad,, a la vez que aumenta su propio poder. Esta dinámica ilustra la complejidad geopolítica de la presencia del Estado Islámico“.  (completo aquí)

El artículo es mucho más extenso, y sin duda los interesados en la geopolítica del Oriente Medio, y que dominen el inglés. lo apreciarán. Pero estos párrafos, me parece, ya sirven para ilustrar cómo ve esta guerra, “la que hay”, un miembro bien informado de los sectores dirigentes de la Potencia Hegemónica.

Es evidente que entra en la categoría, ya estudiada hasta el cansancio, de “guerras asimétricas”. De un lado, una superioridad material y tecnológica indiscutible; del otro, una inserción profunda en la población – de buen o mal grado – y la decisión de derramar la sangre propia y ajena sin límites. ¿Es necesario decir que todos los conflictos recientes prolongados son así? Las guerras “simétricas” simplemente no se desatan, porque son demasiado costosas para ambos lados. (Es un argumento para el valor disuasivo, que comenté en el posteo anterior, de tener un ejército moderno, bien equipado y bien motivado).

El otro aspecto importante, que me parece ha merecido mucho menos análisis, es que el elemento de propaganda dirigida al enemigo es mucho menos importante que, por ejemplo, en la otra guerra larga clásica del último medio siglo: la de Vietnam. Los estadounidenses y sus aliados no tienen un mensaje para los pueblos árabes, ni se molestan en desarrollarlo, salvo las vaguedades de Obama (su alianza con Israel lo haría muy difícil, de todos modos). Y el Estado Islámico no muestra interés en convencer a los “infieles”. Su propaganda se dirige a los potenciales reclutas. Para el resto, su política es infundir terror.

Se me ocurre que hay episodios en la historia islámica que pueden echar luz sobre el destino del E. I., y el rol de las potencias “occidentales”. Pero el posteo ya es bastante largo. Y el tema continuará. Vaya si continuará.


Stratfor – la CIA privada -, China y lo que cree el sistema

julio 27, 2013

worried_dragon

Stratfor Global Intelligence es una empresa norteamericana fundada en 1996 por George Friedman que se dedica a proveer información, “inteligencia” y análisis geopolítico para sus suscriptores.

He hablado de ella, y he utilizado su material otras veces en este blog. Por ejemplo, aquí y aquí. Como todas las entidades de ese tipo – incluída la C.I.A. oficial, y nuestra propia Secretaría de Inteligencia – reúne muchos datos interesantes, muchísimo material dudoso y una inmensa cantidad de chismografía trivial y tonterías varias. Es inevitable.

Igual, sus informes, cuando versan sobre los temas y regiones que son de interés para su público – en su mayoría funcionarios y empresarios de los países desarrollados del Atlántico Norte – son valiosos. Porque, además, nos ayudan a percibir cómo piensan quienes los hacen. Con esa mentalidad que tiendo a considerar típica del estadounidense de buena formación intelectual: aguda, realista y superficial. Con una cierta incapacidad para empatizar con los valores de otras culturas.

Y vaya si es importante entender cómo piensan. Después de todo, y a pesar de sus problemas, EE.UU. sigue siendo el grandote del barrio.

Recién yo subí una evaluación de los problemas de China escrita por el profesor Paul Krugman, un estadounidense de buena formación intelectual, de la variedad economista keynesiano.

Y entre algunos amables comentaristas hubo una cierta tendencia a decir algo así como “Sí, sí, Krugman habla de los problemas de China, pero no dice nada de los problemas de EE.UU.“. Me permito señalarles que no es tan así – Krugman es muy crítico de las políticas del establishment yanqui – pero eso es irrelevante. Los que toman las decisiones en esa sociedad, no son – por ejemplo – como militantes políticos que no sólo quieren ganar una elección sino además decirse y que les digan que van a ganar.

Como dije antes, tienen una tradición de pensamiento realista – aunque se engañen a sí mismos como cualquier otro ser humano. Por eso su enfoque no versa sobre a qué país le va mejor o peor – asumen que de los problemas de China se preocuparán los chinos. Su preocupación está centrada en el sistema global – y la “implosión” china se refiere en realidad a que China dejará de cumplir el rol fundamental que tuvo en ese sistema global en los últimos 30 años.

Por eso, el análisis que George Friedman publicó recientemente en Stratfor: Recognizing the End of the Chinese Economic Miracle, en el que comenta entre otras cosas la nota de Krugman, es interesante más que por los datos que agrega, porque nos permite apreciar, en su síntesis final, cómo ven los sectores dirigentes de la sociedad norteamericana – y del capitalismo global – la situación actual y – lo más importante – sus expectativas para el futuro:

China va a seguir siendo una gran potencia, y su economía seguirá siendo muy importante. Estar con problemas no es lo mismo que dejar de existir. China siempre existirá. Simplemente, dejará de ser el país clave por sus bajos salarios y alto crecimiento. Al igual que Japón antes, pasará a jugar un papel diferente.

En el sistema global, siempre hay países con salarios bajos, de alto crecimiento, porque los consumidores de las potencias industriales avanzadas quieren absorber bienes baratos, con bajos costos de manufactura. Convertirse en un proveedor de dichos bienes es una gran oportunidad para esos países, y también una fuente de graves desequilibrios. Ningún país puede reemplazar a China, pero China será reemplazada. El siguiente paso en este proceso es la identificación de los sucesores de China“.

Por mi parte, me permito señalar mi escepticismo. La falta de sentido histórico que muestra, curiosamente, Friedman en estas líneas no le permite apreciar que ese “siempre” se refiere a los últimos 40 años, cuando se produce la radicación en los países de bajos salarios de las industrias que habían nacido en América del Norte y en Europa Occidental. Un proceso que se ha detenido, y parecería que ha empezado a revertirse.

Pero tengamos claro que ésta no es una discusión teórica. La visión sintetizada en esas líneas es la que sostienen sectores muy importantes del capitalismo global – apoyados por buena parte de la población de los países industrializados y minorías importantes en los países emergentes. Estamos hablando de centenares de miilones de personas que se han beneficiado de este esquema, y a los que – además – nadie les está ofreciendo alternativas visibles.

Los argentinos, y nuestros socios en América del Sur, corresponde que agregue, no enfrentamos este dilema. No tenemos un lugar en este sistema, ni como consumidores – no somos  tan prósperos – ni, afortunadamente, nuestros salarios son tan bajos como para competir. Nuestra preocupación debe ser construir un bloque económico viable que nos proteja de los conflictos que se produzcan por la perduración disruptiva de este esquema, o por su reemplazo por un nuevo proteccionismo.


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