«Un momento Sarajevo para la Unión Europea»

junio 29, 2015

Sarajevo

Usé este título de The Guardian por asociación de ideas: ayer se cumplieron 101 años del día que Gavrilo Princip, un nacionalista serbio, disparó sobre el archiduque Franz Ferdinand y a su mujer en Sarajevo, dando comienzo a la escalada hacia la Gran Guerra.

Pero no nos dejemos llevar por analogías históricas, ese recurso de los malos cronistas. La ruptura de las negociaciones entre Grecia y el resto de la Unión es un hecho de naturaleza muy distinta. Los únicos puntos comunes entre los dos es que se dan en un escenario armado por una racionalidad miope y en el fondo suicida, en un caso militar, en este económica. Y que sus consecuencias directas van a afectar mucho más que un pequeño país en los Balcanes.

Al punto de este posteo: Quiero volcar una opinión, muy breve, simplificada, y un pronóstico sobre lo que está pasando en Europa. Ya lo hice en la columna de comentarios de otro reciente sobre el tema, pero muchos visitantes no las leen, especialmente cuando se hacen muy largas. Además, me interesa agregar algo sobre el marco global:

Sostengo que el esquema económico de la Unión Europea – tal como se desarrolló en los últimos veinte años, la Europa de los banqueros, diría De Gaulle – es inviable en el largo plazo.

Ese esquema consistió, a grandes rasgos, en una burbuja financiera que financia la mayor parte de las exportaciones alemanas. Los europeos se acostumbraron a vivir dentro de esa burbuja de “prosperidad”. Grecia, España, Portugal, Irlanda se convirtieron en los casos emblemáticos (los P.I.G.S., recuerdan?) pero en realidad toda la zona del Euro, y en menor medida, Gran Bretaña, participaron de esa “prosperidad”. Por supuesto, también Alemania.

Esto no significa que todos los países de la U.E. están en la misma situación. Alemania tiene una industria tecnológicamente avanzada. Grecia tiene el turismo. Pero… todas esas economías, y sus ciudadanos, se acostumbraron a vivir en esa “burbuja de prosperidad”.

Recortar gastos, una vez que uno se acostumbró a un nivel de ingresos dado, es lo más difícil que existe. Es lo único en que se parecen las economías individuales y las de los países.

Sucede que las burbujas siempre revientan. El esquema económico actual de la Unión Europea va en el camino de la convertibilidad argentina (Teóricamente, esto no necesariamente significa el fin del euro, pero en la práctica…).

Es en ese sentido, y sólo en ese, que los casos de Argentina y de Grecia se parecen: es el caso más notorio del fracaso de unas políticas. Y por eso la necesidad desesperada de sus corifeos de encontrar culpables: las provincias “inviables”, los griegos “parásitos”,…

A Grecia le va a ir mal si/cuando salga del euro. Y le va a ir mal si se quedara. La burbuja financiera acabó. El problema entonces es político: ¿Cuál es el camino que le permite a los griegos edificar su propio destino? Cualquiera sea el que tomen, de entrada va a ser más duro todavía que su situación actual. Casi tanto como lo fue en Argentina la salida de la convertibilidad.

Y es la misma pregunta que se tienen que hacer los europeos. En mi opinión, tratar de prolongar este esquema estructuralmente inviable es la peor opción.

Me interesa plantear que la Unión Europea es ella entera el caso más notorio de la crisis de la etapa actual del capitalismo, la asociada con la Revolución «Conservadora» de Thatcher y Reagan, y que comienza a partir de la crisis del petróleo a principios de los ´70, caracterizada por el predominio absoluto de la lógica del rédito financiero cortoplacista.

Crea naturalmente burbujas financieras – nada extraño en la historia del capitalismo, pero acentuadas a un grado patológico – y también una minoría de beneficiarios que se cuenta por millones en todo el planeta – la más numerosa y la más rica en la historia humana – que son sus defensores. Pero… es una riqueza que su mayor parte consiste en papeles. Porque el sistema produce menos bienes comunes aún que la etapa anterior del mismo capitalismo, la que se vivió entre el fin de la 2da. Guerra Mundial y los ´70. La pregunta global es, entonces, cuándo durará el predominio de esta lógica. Pero eso es para otros posteos.


«Club de París»: 12 horas, 12 años

mayo 29, 2014

axel-kicillof

Sin otros datos, no quiero irme a dormir sin subir la información que adelantó hace una hora Ámbito. Más que la noticia en sí, lo importante es lo que implica: «Gobierno cerró acuerdo con Club de París. Tras una maratónica jornada de más de 12 horas, la delegación que encabeza el ministro de Economía Axel Kicillof logró acordar los puntos centrales para que la Argentina salga del default con los países que integran el Club de París.

Pese a que estaba previsto un solo día de negociación, el equipo económico argentino continuará este jueves cerrando los puntos finales para regresar a Buenos Aires con un acuerdo rubricado o un texto ya definido.

… Del total de la deuda el mayor acreedor es Japón 30,6%, sigue Alemania, 27,7%, y muy lejos Holanda, 8,7%; Estados Unidos e Italia, 7,6 y 7,5%, España, 5,2%; Suiza, 4,1%; Canadá, 3%; Francia, 2,5%; Gran Bretaña, 1,3%, y Austria, con 0,9%. Con porcentajes aun menores siguen Suecia, Dinamarca, Bélgica, Finlandia e Israel, según las cifras de la consultora ACM.

El diálogo con el Club de París fue retomado a mediados de enero pasado cuando el ministro de Economía viajó a la capital francesa a presentar la primera propuesta. Kicillof, quien aterrizó el martes por la anoche en Francia, se encuentra acompañado por el secretario de Finanzas, Pablo López; y los integrantes de la Unidad de Renegociación de la Deuda, Hernán Lorenzino y Adrián Cosentino«.

El discretamente oficialista Ámbito no menciona cifras totales, ni las del pago a cuenta. Y la discusión local sobre las condiciones será larga y aburridora, aunque necesaria.

Por mi parte, los lectores habituales del blog conocen de mi falta de entusiasmo por la recuperación por parte de Argentina de su capacidad de endeudarse. Un paso inevitable, tarde o temprano, eso sí. Vivimos en este planeta. Y los únicos países que dejan de ser deudores son los que llegan a ser acreedores. Lo hizo EE.UU., ahora China…

Pero el endeudamiento externo no garantiza, al contrario, la industrialización y el desarrollo.

Entonces, lo significativo es esta decisión del gobierno. No está dirigida a solucionar una situación de coyuntura. Porque el único desembolso de fondos inmediato lo haremos nosotros. Y los inversores requerirán muchas más pruebas de amor antes de aventurarse aquí.

Se acepta – negociando, tratando de conservar la autonomía necesaria para desarrollar políticas propias – las reglas de juego del capitalismo financiero global. Que, sin gozar de la hegemonía material e intelectual de algo más de una década atrás, todavía es la concentración de poder económico más importante, de lejos. ¿O alguien cree que China no las acepta? Bien que las aprovechó para su crecimiento, en los últimos 40 años.

El gobierno, con algún costo, podía haber demorado este paso simbólico un año y medio más. No es una devaluación, que son determinadas por las circunstancias mucho más que por los gobiernos. Pero ha decidido mantener el camino que recorrerá la próxima gestión. Porque, es evidente, ninguno de los candidatos con posibilidades, oficialistas u opositores, plantea «correr por izquierda», en este tema, al kirchnerismo.

Más allá de las fantasías de comunicadores de la oposición – y de algunos partidarios «sin tierra», hay que decirlo – la Presidente ha optado por privilegiar un camino coherente antes que un relato épico. Me parece que corresponde reconocer una decisión responsable.


Para empezar a hablar de Piketty

mayo 16, 2014

 

Thomas Piketty CapitalHace una semana el comentarista Juan Carlos reclamaba en este blog:

«Como no soy economista, me gustaría mucho que alguien que sepa lea «El Capital del siglo XXI» de Thomas Piketty y baje a nuestro país sus ideas, que consideran la inequidad como factor primario del desbalance social y económico.

No lo pude conseguir en castellano y en inglés o francés tampoco lo encontré en un par de librerías del centro, lo que me llama la atención porque es No. 1 o 2 en ventas desde hace bastante en Amazon.

Entre otros, lo han comentado favorablemente Krugman, Stiglitz y Solow. Otros simplemente lo tildan de anarquista y/o «comunista francés». Por ejemplo Megan McArdle en Boomberg Views que comienza por aclarar que no lo leyó, créase o no. Ya hay hasta críticas de las críticas de Piketty.

A esta altura del partido, más que discutir la pobreza del trabajo de tantos, UCA e INDEC incluidos, me gustaría ver qué alternativas reales se pueden pensar y discutir para que la sociedad no se parezca cada vez más a la Francia de Versailles, con vestidos un poco más simples.

Sin ideas no hay ideales y tampoco hay política más allá de la disputa por el poder«.

Válido, cómo no. Debo decir que el prestigioso bloguero autor de Datos Duros se ha preocupado en acercar un enlace a una edición pdf -oh, en inglés, adaptada para su lectura en dispositivos portátiles. Y Nicolás Tereschuk, el Escriba, lo relaciona con nuestra historia económica reciente. Además de dar en un párrafo un brillante resumen de la idea central:

«Entre otros elementos, Piketty determina que estamos ante una nueva Belle Époque, definida por un increíble aumento de la riqueza del «uno por ciento» más rico de la población. Así, antes de la Primera Guerra Mundial, el uno por ciento más rico en Gran Bretaña y Estados Unidos se quedaba con un quinto de los ingresos. Hacia 1950 ese tope de la pirámide se llevaba la mitad de eso, la distribución se había hecho más equitativa. Desde 1980, la cosa se dio vuelta y en ambos países la distribución del ingreso está donde había comenzado hace un siglo«.

Luego menciona al argentino Facundo Alvaredo, uno de los colaboradores de Piketty en el armado de la World Top Incomes Database. Y agrega datos interesantes sobre cómo se reparte la torta en Argentina. Con una pregunta afilada: «¿Habrá candidatos que hablen de esto el año que viene?«.

No todo está en los blogs, eh. Algo más extenso sobre la obra de Piketty, en castellano, lo trajo Alfredo Zaiat en Página 12 (of course):

«Thomas Piketty es un economista francés que publicó El capital en el siglo XXI el año pasado, traducido al inglés este año. El libro está provocando conmoción en el mundo de la academia y en el espacio de debate de divulgación económica. Los conceptos centrales de la obra son:

– La concentración de la riqueza aumentó en todos los países desarrollados.

– Se mantiene la tendencia a la no intervención impositiva sobre esas fortunas (una muestra es la resistencia a la Tasa Tobin en Europa).

– Si no hay cambios en esa situación, la economía del siglo XXI se parecerá a las del siglo XIX, cuando las elites económicas heredaban la riqueza en lugar de obtenerla del trabajo. Será una sociedad neovictoriana clasista, dominada por la riqueza no ganada de una elite hereditaria.

– La propuesta de Piketty, que admite “utópica”, para evitar ese retorno a un mundo oligárquico es un esfuerzo coordinado a nivel mundial para aplicar impuestos a esa inmensa masa de riqueza concentrada en pocos. Concluye que si no se toman medidas drásticas, el funcionamiento de la economía estará condicionada por las personas que simplemente posean la riqueza heredada de sus padres.

El argumento principal de El capital en el siglo XXI es que el capitalismo, en su forma neoliberal (de mercado) o intervencionista (Estado de bienestar), conduce a una economía dominada por quienes tienen la suerte de nacer en una posición de riqueza heredada. Si bien realizó el análisis sobre países desarrollados (Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón y el Reino Unido), en la Argentina también está teniendo ese reflejo y es interesante observar cómo los hijos de familias de gran fortuna y visibilidad pública comenzaron a reunirse en un grupo de afinidad (revistas de la farándula, deportiva y de negocios los están mostrando).

Piketty explica que de ese modo funcionaba la economía de Europa a principios del siglo pasado, y que la prepotencia de la riqueza heredada sólo fue destruida por la devastación de dos guerras mundiales, con una profunda depresión en ese intervalo. Después de esos traumáticos eventos, se desplegó un período de rápido crecimiento asociado a los estímulos de la posguerra, a la reconstrucción europea y a la recomposición del consumo. En los últimos 30 años, esa dinámica subyacente del poder económico heredado se ha revitalizado y reafirmado.

¿Cuál es la definición de capital de Piketty? … Piketty utiliza una definición amplia al considerar que “el capital” es igual a “la riqueza”. O sea, todo el patrimonio (propiedades, activos en efectivo, inversiones en acciones y bonos) constituye el capital o riqueza. Piketty no sólo señala que la distribución del ingreso (dinero obtenido por las personas que trabajan) es desigual sino que la riqueza (el stock de activos) se reparte en forma mucho más desigual. Esto significa que no sólo la brecha es inmensa en la retribución por el trabajo sino que esa diferencia es abismal en la tenencia de la riqueza global.

El esquema analítico de Piketty es el siguiente: a partir de definir la tasa de retorno sobre el capital (r) y la tasa de crecimiento económico nominal (g), utiliza una larga serie de tiempo de 200 años de datos sobre pobreza, ingresos y riqueza para países desarrollados. Con esa inmensa cantidad de información determina un comportamiento económico sencillo de entender. Calculó que r se ha ubicado en el 5 % promedio, mientras que g ha sido inferior en ese extenso lapso. Esto significa que la tasa de crecimiento económico global ha sido menor al incremento de la riqueza de las grandes fortunas. Piketty denomina “ley fundamental” a la fórmula r > g, o sea que los ricos se hacen más ricos en forma permanente. De otro modo, en el capitalismo, si la tasa de retorno de la riqueza privada es superior a la tasa de crecimiento de la economía, la participación de las rentas del capital en el producto neto se incrementará. Piketty afirma que en el largo plazo la desigualdad económica no será solamente por la brecha entre las personas que ganan altos salarios y los que reciben ingresos bajos sino que será entre las personas que heredan grandes fortunas en propiedades y efectivo, y quienes no.

Es un resultado que se ha verificado en estos años de crisis global en las potencias mundiales, según el World Ultra Wealth Report y el banco suizo UBS: con una caída o estancamiento de las economías centrales que se extiende ya por siete años, desde 2009 hasta 2013 la población ultra rica del mundo incrementó su riqueza (sin ajustar por inflación) un 44,1 por ciento.

En la muy completa reseña publicada en el medio electrónico estadounidense Vox, Matthew Yglesias resume que “cuando r es mayor que g, la piscina de la riqueza de los ricos crece más rápido que el conjunto de los ingresos percibidos por los trabajadores”. Señala que esto no significa necesariamente que los pobres sean más pobres sino que cada vez es más grande la brecha entre las ganancias de las personas que poseen una gran cantidad de propiedades e inversiones financieras y las de las personas que reciben un ingreso de su trabajo para vivir.

Hasta el conservador The Economist en una crítica al libro de Piketty se rindió ante la formidable “base de datos sobre la que se construye el libro, siendo difícil de disputar su llamado a una nueva perspectiva de la era económica moderna, estemos o no de acuerdo con sus recomendaciones de política”. En el artículo “Capital in the Long Run”, publicado en la edición del 9 de enero pasado, The Economist afirma que políticamente no puede sostenerse una concentración de la riqueza creciente, y “aquellos que quieran preservar la economía de mercado tienen que lidiar con esa dinámica en un contexto preocupante con las cifras sobre la desigualdad que presenta Piketty”.

… El libro tiene el mérito de instalar en el corazón del capitalismo el debate sobre la desigualdad, y no sólo de ingresos sino la que emerge del reparto del stock de riqueza global. Es lo que afirma Paul Krugman en “The Piketty Panic”, publicado en The New York Times, cuando elogia la obra del economista francés porque “es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas”. Menciona que lo realmente sorprendente del debate es que la derecha parece incapaz de organizar ninguna clase de contraataque significativo a la tesis de Piketty.

El capitalismo no está generando una mejor distribución de la riqueza y de los ingresos sino que su concentración es el estado natural del capitalismo más que una excepción, como postula el pensamiento económico convencional con su expresión política en el conservadurismo. Piketty afirma entonces que se está transitando hacia una economía dominada por el “capitalismo patrimonial”, donde la lista Forbes 400 (los más ricos del mundo) estará dominada no por los fundadores de las empresas líderes sino por hijos y nietos de la súper elite de hoy«.  (completo aquí)

Por mi parte, quiero apuntar que, a pesar de la abundancia de datos y estadísticas en su obra, Piketty, en mi opinión, se aleja de las escuelas actuales, que enfocan la dinámica de la economía en sí, y retoma una tradición de pensar en la de la sociedad en su conjunto (Más que en Marx, que tomaba como elemento fundante «las condiciones de reproducción de la vida material» y la Burguesía como un concepto básico, estoy pensando en Thorstein Veblen).

Es un sociólogo, tanto como un economista, en mi opinión. Por eso, aunque sus conclusiones echan luz sobre la situación global – la clase de los «Super Ricos» lo es -, hay que pensar cómo se refleja en las sociedades del Atlántico Norte, en las asiáticas, en las africanas. Y también entre nosotros.


Wall Street y los estímulos

agosto 7, 2013

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Aseguran que la Reserva Federal podría reducir estímulos desde septiembre

Wall Street bajó por miedo a recorte de estímulos

Mi amigo y comentarista el Capitán Yáñez me envió un mail sugiriendo que estas noticias que aparecieron ayer en Ámbito merecían un posteo.

Tiene razón, pero no estoy de seguro de contar con las herramientas técnicas necesarias para hacerles justicia. Bueno, vamos a las dos noticias, y luego trataré de aportar en mi comentario.

«La Reserva Federal podría comenzar a reducir a partir de septiembre el tamaño de su programa de estímulo de la compra de bonos. Pero podría hacerlo más tarde si el crecimiento económico no logra repuntar en el segundo semestre del año, dijo el martes el presidente de la Fed de Atlanta, Dennis Lockhart.

La Fed está comprando u$s 85.000 millones al mes en títulos hipotecarios y del Tesoro en un esfuerzo por mantener bajas las tasas a largo plazo y apuntalar la recuperación económicaEl producto interno bruto de Estados Unidos creció un 1,7% en el segundo trimestre«. (completo aquí)

«Wall Street cerró en terreno negativo y el Dow Jones de Industriales, su principal indicador, descendió el 0,6% en una sesión en la que se reavivó el miedo a que la reducción de los estímulos en EEUU pueda llegar el mes que viene.

Ese índice, que agrupa a 30 de las mayores empresas cotizadas de EEUU, restó 93,39 puntos para quedar en 15.518,74 unidades, al tiempo que el selectivo S&P500 bajó el 0,57% (-9,77 enteros) hasta las 1.697,37 unidades, con lo que perforó la barrera de los 1.700 puntos.

El índice compuesto del mercado Nasdaq perdió por su parte el 0,74% (-27,18 puntos) para concluir en 3.665,77 enteros.

Las ventas se desataron después de que los presidentes de la Reserva Federal de Atlanta, Dennis Lockhart, y Chicago, Charles Evans, afirmaran que es probable que el banco central de EEUU empiece a reducir sus compras de bonos en septiembre«. (completo aquí)

Mi comentario: El mecanismo que explica estas noticias es muy simple, y fácil de entender: La Reserva Federal – el equivalente de un Banco Central en los EE.UU. – está volcando a la circulación («dándole a la maquinita», dirían en mi barrio) 85 mil millones de dólares todos los meses. De esa forma, estimula la actividad, evitando que se desplome aún más el valor de las propiedades, y haciendo más accesible el crédito a las empresas, al aliviar la situación de los bancos.

Es evidente que la Fed no comparte esa antigua superstición sobre la relación directa y automática entre la emisión y la inflación. Al mismo tiempo, sus directivos no han llegado a donde están comiendo vidrio: saben perfectamente que están fabricando papeles, no bienes. Que es una política peligrosa, y por eso quieren mantener la emisión en los niveles estrictamente necesarios. Si el desempleo baja de determinado nivel (bastante alto, dicho sea de paso), si el déficit comercial yanqui disminuye (de un nivel previo también alto)… empiezan a lanzar señales que la fiesta se acaba.

(Por supuesto, lo «estrictamente necesario» depende de qué necesidades se consideran que deben ser satisfechas. La Reserva está decidida a evitar una recesión prolongada o una depresión, o la caída de (más) grandes bancos (y piensan, en privado, que los europeos están locos). El empleo, la vivienda… no están entre las prioridades a defender. Pero eso sería tema de otro posteo, en «política»).

El problema de los inversores, de los legendarios «mercados», es que, cualquiera sea el motivo de la reducción de los «estímulos», es decir, de la emisión, saben que significa, inevitablemente, una reducción del consumo, un encarecimiento del crédito, y, probablemente, un alza del valor del dólar, que afectaría las exportaciones norteamericanas. Y, aunque ideológicamente estén en favor de la defensa del valor de la moneda, un presupuesto equilibrado, bla bla,… el bolsillo empieza a dolerles.

Lo que me deja pensativo es que – a pesar de todas las bonitas ecuaciones de la teoría neoclásica y la síntesis neokeynesiana – el capitalismo en su etapa actual no encuentra caminos de crecimiento que no dependan del auxilio del Estado. Que apenas le sirve, con suerte, para que sus burbujas financieras no estallen bruscamente.

Las pequeñas guerras y la gigantesca inversión en tecnología militar de los últimos treinta años no han cumplido el rol keynesiano de estimular la economía. La explosión de Internet no parece tener efectos más allá de su sector, como no los tuvo la inversión en exploración espacial en los sesenta.

El proceso dinámico principal, a partir de la Crisis del Petróleo en los ´70, ha sido, evidentemente, la industrialización del Este de Asia. Que ahora parece haber llegado a la madurez. ¿Respuestas? No las tengo, y lo preocupante es que nadie parece tenerlas. Lo bueno es que en América del Sur tenemos muchas tareas a cumplir en el marco regional. Lo malo, que debemos emprenderlas en un marco global que ha perdido certidumbre.

(Por si alguien se pregunta por la ilustración del posteo: Es un cuadro de Poussin, del mito clásico del Rey Midas y Dioniso, cuando el dios le otorgó el don de transformar en oro todo lo que tocaba… y corrió el riesgo de morir de hambre, pues no podía comer oro. Algunos ven en Midas una alegoría del capitalismo, pero me inclino a pensar que representa a los capitalistas. El capitalismo podría ser Dioniso, dios de los excesos. Subyugante y poderoso, pero tenía rasgos crueles).


Stratfor – la CIA privada -, China y lo que cree el sistema

julio 27, 2013

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Stratfor Global Intelligence es una empresa norteamericana fundada en 1996 por George Friedman que se dedica a proveer información, «inteligencia» y análisis geopolítico para sus suscriptores.

He hablado de ella, y he utilizado su material otras veces en este blog. Por ejemplo, aquí y aquí. Como todas las entidades de ese tipo – incluída la C.I.A. oficial, y nuestra propia Secretaría de Inteligencia – reúne muchos datos interesantes, muchísimo material dudoso y una inmensa cantidad de chismografía trivial y tonterías varias. Es inevitable.

Igual, sus informes, cuando versan sobre los temas y regiones que son de interés para su público – en su mayoría funcionarios y empresarios de los países desarrollados del Atlántico Norte – son valiosos. Porque, además, nos ayudan a percibir cómo piensan quienes los hacen. Con esa mentalidad que tiendo a considerar típica del estadounidense de buena formación intelectual: aguda, realista y superficial. Con una cierta incapacidad para empatizar con los valores de otras culturas.

Y vaya si es importante entender cómo piensan. Después de todo, y a pesar de sus problemas, EE.UU. sigue siendo el grandote del barrio.

Recién yo subí una evaluación de los problemas de China escrita por el profesor Paul Krugman, un estadounidense de buena formación intelectual, de la variedad economista keynesiano.

Y entre algunos amables comentaristas hubo una cierta tendencia a decir algo así como «Sí, sí, Krugman habla de los problemas de China, pero no dice nada de los problemas de EE.UU.«. Me permito señalarles que no es tan así – Krugman es muy crítico de las políticas del establishment yanqui – pero eso es irrelevante. Los que toman las decisiones en esa sociedad, no son – por ejemplo – como militantes políticos que no sólo quieren ganar una elección sino además decirse y que les digan que van a ganar.

Como dije antes, tienen una tradición de pensamiento realista – aunque se engañen a sí mismos como cualquier otro ser humano. Por eso su enfoque no versa sobre a qué país le va mejor o peor – asumen que de los problemas de China se preocuparán los chinos. Su preocupación está centrada en el sistema global – y la «implosión» china se refiere en realidad a que China dejará de cumplir el rol fundamental que tuvo en ese sistema global en los últimos 30 años.

Por eso, el análisis que George Friedman publicó recientemente en Stratfor: Recognizing the End of the Chinese Economic Miracle, en el que comenta entre otras cosas la nota de Krugman, es interesante más que por los datos que agrega, porque nos permite apreciar, en su síntesis final, cómo ven los sectores dirigentes de la sociedad norteamericana – y del capitalismo global – la situación actual y – lo más importante – sus expectativas para el futuro:

«China va a seguir siendo una gran potencia, y su economía seguirá siendo muy importante. Estar con problemas no es lo mismo que dejar de existir. China siempre existirá. Simplemente, dejará de ser el país clave por sus bajos salarios y alto crecimiento. Al igual que Japón antes, pasará a jugar un papel diferente.

En el sistema global, siempre hay países con salarios bajos, de alto crecimiento, porque los consumidores de las potencias industriales avanzadas quieren absorber bienes baratos, con bajos costos de manufactura. Convertirse en un proveedor de dichos bienes es una gran oportunidad para esos países, y también una fuente de graves desequilibrios. Ningún país puede reemplazar a China, pero China será reemplazada. El siguiente paso en este proceso es la identificación de los sucesores de China«.

Por mi parte, me permito señalar mi escepticismo. La falta de sentido histórico que muestra, curiosamente, Friedman en estas líneas no le permite apreciar que ese «siempre» se refiere a los últimos 40 años, cuando se produce la radicación en los países de bajos salarios de las industrias que habían nacido en América del Norte y en Europa Occidental. Un proceso que se ha detenido, y parecería que ha empezado a revertirse.

Pero tengamos claro que ésta no es una discusión teórica. La visión sintetizada en esas líneas es la que sostienen sectores muy importantes del capitalismo global – apoyados por buena parte de la población de los países industrializados y minorías importantes en los países emergentes. Estamos hablando de centenares de miilones de personas que se han beneficiado de este esquema, y a los que – además – nadie les está ofreciendo alternativas visibles.

Los argentinos, y nuestros socios en América del Sur, corresponde que agregue, no enfrentamos este dilema. No tenemos un lugar en este sistema, ni como consumidores – no somos  tan prósperos – ni, afortunadamente, nuestros salarios son tan bajos como para competir. Nuestra preocupación debe ser construir un bloque económico viable que nos proteja de los conflictos que se produzcan por la perduración disruptiva de este esquema, o por su reemplazo por un nuevo proteccionismo.


La crisis internacional y la perspectiva nacional

mayo 20, 2012

Llevo cuatro años subiendo posts sobre la Crisis global, y es sólo una muy pequeña parte de lo que se ha escrito en la blogosfera politizada – sobre todo en los últimos tiempos – y, por supuesto, en la blogosfera económica. Que a su vez es una pequeña parte – aunque la más informal y, quizás, la más original – de lo que se ha escrito en los medios y en papers académicos.

Pero no dejé de señalar que, a mi juicio, todavía no hay un encuadre teórico satisfactorio, como el que se logró – a pesar de las controversias todavía vigentes – sobre la Gran Depresión de los ´30, por ejemplo. Y son muchos los estudiosos que piensan así. Está bien, no es imprescindible. Uno puede escapar de un incendio sin comprender a fondo el fenómeno químico de la combustión. Pero si uno quiere construir una casa razonablemente segura, es mejor que lo entienda.

Tuve la ocasión de releer hoy este trabajo de Rubén Guillén, con quien colaboro en el Foro San Martín, que lo había divulgado hace año y medio en la Agenda de Reflexión y por comunicaciones privadas. Y decidí suspender algunos posts que tenía sobre nuestra situación local, y subirlo. Es bastante largo, pero vale mucho la pena. Rubén analiza la Crisis con herramientas teóricas muy tradicionales – hasta convencionales – en el análisis económico, pero no tiene miedo a las conclusiones. Y, lo que personalmente valoro mucho, no comete el error de creer que esas conclusiones determinan una situación inevitable. Sabe lo que le cuesta entender muchas veces a los teóricos, que el futuro no está escrito.

Tengo algunas observaciones a su trabajo, pero las dejo para otro post. Sólo adelanto aquí, al comienzo, tres párrafos que, para mí, nos dicen de qué se trata:

Una definición económica: «Si no hay creación real de valor, que sólo tiene lugar en la producción, el sistema capitalista no puede funcionar. Los rendimientos que obtiene el capital en las finanzas no son tales en tanto no hay una creación real de riqueza que respalde el valor incremental de los activos financieros».

Una previsión geopolítica: «Junto con todos esos cambios también se transforman las relaciones de poder mundiales. Cada época es una organización del mundo, en la que hay una potencia dominante que le da su impronta y a la cual algunos tratan de emular y otros de parodiar. Por lo tanto, cuando termina una época es porque ha entrado en crisis el sistema, pero con él también ha entrado en crisis la vieja potencia dominante y el orden internacional construido a su imagen y semejanza. En su lugar vendrá otra u otras, y un orden internacional de otro tipo».

Y un llamado a la acción: «Las naciones y los Estados pueden ingresar en el nuevo orden de manera pasiva, librados a la voluntad de las nuevas potencias; o bien pueden ser activos y tratar no sólo de encontrar un lugar en el mundo que no sea el que le quieren asignar otros, sino además cambiar su propia realidad de acuerdo con los intereses de sus pueblos.

Sobre la base de sus propias fuerzas – productivas, culturales, políticas, … – su lugar y su desempeño en el futuro dependerán de su propia voluntad nacional y de su inteligencia. Nadie está obligado a sufrir la Historia. Nadie está obligado a padecerla».

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La crisis internacional y la perspectiva nacional

La crisis actual que sufre el capitalismo es consecuencia de un proceso profundo y complejo propio de ese modo de organización de la economía y de la sociedad misma. Hablar de crisis “financiera”, como lo hacen los grandes medios de (in)comunicación, es intencional, porque contribuye a ocultar que el rey está irremisiblemente desnudo.

Toda crisis sistémica, como la actual, se resuelve mediante una redefinición del capitalismo mismo y de la estructura del poder mundial. Está en nosotros interesarnos por saber qué es lo que realmente pasa y actuar de manera tal que podamos construirnos un lugar en el mundo que preserve nuestro interés nacional.

El pensamiento económico siempre ha sido un terreno de disputa, porque la economía hace al poder y a la dominación de un sector de la sociedad sobre otro. Por eso quienes dominan siempre se han preocupado por tener el control de las usinas de pensamiento económico (desde los diarios y publicaciones “especializadas” hasta los centros de estudio y las universidades) tratando de que lo que emane de allí no sólo no vaya en contra de sus intereses, sino que además los afirmen y defiendan. Por eso se ocupan de financiar generosamente a los economistas del establishment y a sus instituciones.

Por el contrario, quienes adscriben a las distintas vertientes del pensamiento nacional no lo tuvieron suficientemente en claro y dejaron ese terreno mayoritariamente yermo. Sólo afloran algunas voces individuales y unos pocos núcleos, siempre débiles, que tratan de pensar lo económico desde la perspectiva nacional. En consecuencia, el establishment no sólo fija la agenda de la discusión económica, sino que además ha instalado como de sentido común cuestiones que sólo son axiomas y argumentos formulados para defender sus intereses; versiones contemporáneas de las zonceras de las que hablaba Jauretche.

En la problemática económica convergen algunas cuestiones sencillas y de fácil acceso para todos y otras que son extremadamente complejas y difíciles de comprender sin la ayuda de un aparato conceptual que no carece de aridez.

La cuestión económica clave en esta hora es la crisis que afecta al capitalismo en su conjunto y a nosotros con él. Y lo es porque no sólo involucra a la crisis misma, sino a la lógica de reproducción del capitalismo y a su talón de Aquiles. Si se entiende de qué se trata la crisis se entiende cuál es el nudo gordiano del capitalismo, lo que permite tener una base sólida para plantearse qué políticas son conducentes y cuáles no para alcanzar “la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”.

Sobre la crisis, hay una primera cuestión a tener en cuenta para no comprar un verdadero caballo de Troya: la crisis que nos toca vivir en estos momentos no es “financiera”, sino estructural. La caracterización de “financiera” que han instalado es ideológica y su cometido fundamental es ocultar las verdaderas causas; si bien muchos se hacen eco de ese término, no por mala intención, sino por desconocimiento.

Es cierto que la primera manifestación de la crisis ha sido financiera. Pero eso es algo típico de las crisis estructurales del capitalismo. La crisis siempre estalla en el ámbito financiero, como sucedió con la gran crisis mundial que se iniciara en 1929 a partir del derrumbe de Wall Street, la bolsa de Nueva York. Pero su raíz no es financiera, sino económica Utilizando una frase trillada hay que decir que la rama no nos debe ocultar el bosque.

Producción capitalista y etiología de la crisis

La producción económica capitalista es producción de mercancías (bienes ó servicios) mediante la aplicación de máquinas y herramientas, materias primas, insumos, mano de obra y la organización y comercialización de la producción por los empresarios. Las máquinas, herramientas, materias primas e insumos necesariamente deben existir antes de la producción de una mercancía. Mientras lo nuevo, lo que se agrega en el proceso productivo, es el trabajo de los trabajadores y de los empresarios, conocido como valor agregado. De allí surgen los salarios y las ganancias capitalistas.

Pero los empresarios no perciben la ganancia por su actividad, sino por ser los dueños del capital, con el que adquieren todo lo necesario para producir, incluyendo el trabajo humano. Son ellos quienes deciden qué, cómo y cuándo se produce, y a quién, a cuánto y cómo se venden los productos. Más aún, por ser los dueños del capital, son quienes deciden si se ha de producir o no.

Los salarios y las ganancias son los ingresos fundamentales de la economía. Cuando se habla de distribuirlo se habla, precisamente, de distribuir el valor agregado entre los trabajadores, a través del salario, y los empresarios, a través de la ganancia. La distribución es el resultado de una puja entre ambos, en la que los empresarios llevan las de ganar porque poseen el capital y el poder de decisión que les otorga.

Los asalariados necesariamente deben trabajar; si no, no pueden adquirir lo necesario para vivir ellos y sus familias. Los capitalistas, en tanto, disponen del capital y no están urgidos para aplicarlo en la producción. Sólo lo harán si la magnitud de la ganancia que obtienen les parece conveniente. Si no, pueden abstenerse, lo que impediría que la economía se reproduzca normalmente.

En la reproducción normal los asalariados utilizan sus ingresos para sufragar sus consumos y los empresarios para invertir en la producción, además de consumir. Lo que no se consume, o lo que es lo mismo, lo que se ahorra, debe aplicarse a la producción; es decir: debe invertirse. Es lo que permite que la economía crezca de manera sostenida, garantizando una mayor producción de mercancías y mayores oportunidades de empleo. Así como también permite obtener mayores ganancias. En suma, si el ahorro se iguala a la inversión cada nuevo ciclo productivo insumirá más capital y más trabajo y será la fuente de mayores ganancias.

Las finanzas

Pero la economía no se reduce a la producción de mercancías. Hay otras actividades y otros actores económicos, como el Estado y los especuladores financieros. Los especuladores son quienes poseen un capital líquido que aplican en las finanzas, de acuerdo con la tasa de interés que se les ofrezca en cada caso. Cada uno actuará de acuerdo con su mayor o menor aversión al riesgo, seducido por los distintos rendimientos financieros que puede obtener (en general, los mayores rendimientos los ofrecen las operaciones más riesgosas).

Quien posee un capital líquido puede aplicarlo en la especulación. Incluso los empresarios, si deciden que les resulta más conveniente aplicar sus ganancias allí en lugar de destinarlas a ampliar la producción.

La actividad financiera fundamental es el crédito. En ella, quienes tienen capitales líquidos ociosos los prestan a quienes los necesitan, a cambio del pago de un interés y la entrega de garantías. Los préstamos se pueden efectuar mediante un contrato privado entre el dueño del dinero y quien lo toma, o a través del sistema bancario. En este caso la actividad está regulada por la banca central, que trata de minimizar el riesgo de incobrabilidad de los créditos para garantizar la salud del sistema. Por el contrario, en los contratos privados todo queda librado al buen tino de sus actores.

Por otra parte, hay que subrayar que en una economía capitalista la única fuente genuina para el interés es la masa de ganancias que genera la producción. De allí deben salir los recursos para pagar los intereses ¿Cómo se entiende esto? Vamos de a poco.

Si el ahorro debe igualar a la inversión para que cada nuevo ciclo productivo insuma más capital y más trabajo y sea la fuente de mayores salarios y mayores ganancias, el “mercado de capitales” debería estar abocado a financiar la inversión.

Cuando el capital líquido ahorrado, crédito mediante, se destina a la inversión, se genera el círculo virtuoso antedicho. La inversión permitirá incorporar más capital fijo a la economía y, con él, ampliar y/o mejorar la producción y, de suyo, incrementar la masa de salarios y la de ganancias. Si esto se reitera una y otra vez, ciclo tras ciclo, la rueda de la economía gira sin interrupciones, y en cada ciclo se obtiene una producción mayor, con los beneficios antedichos.

Pero además, la masa de intereses que se han de pagar por los créditos que se han utilizado para invertir no debe ser mayor que la masa de ganancia que se obtiene en la producción. De no ser así, para pagarlos habría que utilizar el capital de las empresas.

Producción y tasa de ganancia

Uno de los rasgos determinantes del capitalismo es la necesidad de que se puedan obtener ganancias. Sin ellas, el acto de la producción capitalista no tiene sentido: los empresarios producen para ganar, ese es su móvil.

Por otra parte, en cada época del capitalismo la producción y el consumo se organiza en torno de cierto conjunto de bienes y servicios conocido como patrón de consumo. El fin de una época y el comienzo de otra se debe a una crisis estructural, y de una a otra el patrón de consumo cambia. Pero no es lo único. También cambia la forma en que se organiza la producción, así como las características y la forma en que se determinan los salarios, las características y el papel del Estado, las características de la moneda, etc. En una palabra, se redefine todo el sistema.

Así, antes de la crisis iniciada en 1929 el consumo se centraba en los alimentos y la vestimenta y en muy pocos artefactos. La producción se organizaba en torno del acople entre el obrero y la máquina en jornadas de trabajo dilatadas, y el uso de la línea de producción era limitado. Los salarios eran bajos. Se pagaba por hora y salvo excepciones no existían beneficios como las vacaciones pagas. Los sindicatos eran combatidos. El mundo se regía por el patrón oro y el Estado no intervenía en la economía. Pero luego todo cambió. El consumo masivo incluyó los electrodomésticos y los automóviles, la producción se organizó en línea y se generó un círculo virtuoso por el cual los incrementos de productividad se trasladaban a los salarios, acompañado de un conjunto de beneficios, incluyendo la generalización de la jornada de 8 horas. Y esto se hizo negociando con los sindicatos, que de allí en más fueron considerados interlocutores válidos. Cesó el patrón oro y el dólar de los EE.UU. pasó a ser la moneda de reserva internacional, mientras surgía el Estado benefactor.

La difusión de un patrón de consumo tiene dos fases. En la primera, el patrón se difunde y mientras más y más consumidores lo adopta la producción se incrementa. Con ella, aumenta la demanda de trabajo, los salarios y las ganancias. Cuando el patrón de consumo se ha generalizado comienza la segunda fase, la de estancamiento (porque, por ejemplo, una vez que todos quienes pueden tener un automóvil lo tienen, se puede aumentar su venta reduciendo el tiempo en que se renuevan las unidades, pero eso tiene un límite). Cuando se estanca el consumo se estanca la producción, y con ella la demanda de trabajo, los salarios y las ganancias. Más aún, se incrementan los costos fijos y se erosionan las ganancias. Mucho más si los trabajadores pujan por mayores salarios.

Producción, especulación y crisis

Cuando se llega a una situación de estancamiento, la inversión en la producción cesa: si no hay posibilidad de vender más ¿qué sentido tiene aumentar la capacidad de producción? Lo que equivale a decir que perdió sentido aplicar las ganancias en la producción. Y cuando esto es así, el ahorro deja de ser igual a la inversión. ¿Pero qué hacen los empresarios con sus ganancias?

Si lo que les ingresa como ganancias lo conservaran como mero capital líquido sin aplicarlo en nada, sufrirían dos tipos de perjuicios. El primero, es la pérdida de la oportunidad de ganar algo, que es abstracta en tanto no exista un negocio en el que se pueda ganar. El segundo es concreto y se debe a la desvalorización del dinero por el mero aumento de los precios de una economía -la inflación-.

Por lo tanto, si hay activos financieros -incluyendo activos inmobiliarios que se adquieren con criterio especulativo- que ofrecen un rendimiento mayor que el que se obtiene en la producción, los empresarios colocarán sus capitales líquidos allí, asumiendo el papel de especuladores.

Una vez que se inicia este proceso comienza una bola de nieve. El capital líquido especulativo crece más y más y cuanto más crece más se distancia de las necesidades que tiene la producción. El capital especulativo se autonomiza y adquiere su propia lógica, por fuera de la inversión y de la producción.

Cuando esto sucede, los mercados financieros se convierten en una sala de apuestas (como decía Keynes) donde, de acuerdo con la información disponible, cada uno compra y vende según sus pálpitos. Así, los valores de los activos financieros -títulos, acciones, etc.- se desacoplan de aquello que hace a su naturaleza (por ejemplo, en el caso de una acción, de la rentabilidad de la empresa que la emitió) y comienzan a depender de esas apuestas.

Es lo que sucedió en el proceso que desembocó en el derrumbe de Wall Street, en octubre de 1929. En él contribuyeron dos causas. Una, fue que a lo largo de la década del 20, mientras la economía de los EE.UU. se expandía más y más su consumo crecía a un ritmo menor, dando lugar a lo que acabamos de describir: la porción del excedente de las empresas que no se podía aplicar en la inversión se destinaba a la compra de propiedades o de activos financieros. La otra causa fue que, con las economías europeas pauperizadas y la alemana, en particular, desvastada como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, los excedentes económicos generados allí, sin posibilidad de aplicación rentable, cruzaban el Atlántico e iban al corazón del mercado de capitales de los prósperos EE.UU.: la bolsa de Nueva York. Ambas causas dieron lugar a una enorme demanda de títulos y acciones estadounidenses, disparando sus precios a un punto tal que no guardaban correspondencia con el valor ni con los negocios de sus emisores. Y cuando los especuladores cayeron en cuenta de que el rey estaba desnudo, sobrevino el colapso de Wall Street, de la economía de los EE.UU. y de la del mundo capitalista.

El disparador de la crisis fue el estallido de la descomunal burbuja financiera a la que había dado lugar la especulación. Pero no fue una crisis financiera. Fue una crisis económica debida al desacople entre el ahorro y la inversión.

Las burbujas y la regulación del capitalismo

Normalmente, cuando la difusión del patrón de consumo ingresa en su fase de estancamiento la economía capitalista comienza a desarrollar diversas burbujas financieras, que van a ir in crescendo en la medida en que el estancamiento avanza, hasta que se conforma una burbuja totalizadora que dispara la crisis.

Esas burbujas van estallando una tras otra generando turbulencias pero sin precipitar la crisis económica. Con cada estallido se produce la devaluación de los valores de los activos que estaban “inflados” por la especulación y sus efectos pueden afectar a algún que otro banco, según el grado de exposición que tenga cada uno respecto de esos activos. Los grandes perdedores de estos estallidos localizados y restringidos (recordemos los que hace unos años se dieron en llamar Vodka o Tequila) son los tenedores de los activos financieros que se devalúan, que no son todos los activos financieros sino sólo los que están comprendidos por esa crisis. Asimismo, de ninguna manera se ve afectado el sistema en sí mismo, porque esos estallidos son crisis financieras, no crisis económicas.

Distinto es lo que sucede cuando estalla la gran burbuja, la final. En este caso se trata de una crisis económica, que siempre se debe al agotamiento del patrón de consumo. Aquí, además de las pérdidas de valor de los activos financieros, se produce la quiebra de aquellas empresas y aquellos sectores de la producción que están ligados a la oferta de los bienes y servicios más vinculados al estancamiento del patrón de consumo colapsado. Y esas quiebras lo son en todo el sentido del término, porque ya es imposible recrear la producción de esos bienes en niveles tales que tenga sentido invertir capital allí (y contribuir a que la inversión se corresponda con el ahorro). Lo que se requiere es fundar un nuevo patrón de consumo, con nuevos bienes sobre la base de nuevas cadenas de producción. Se trata de un cambio de época.

Los quebrantos -unos de activos financieros, otros de empresas- son la manera que tiene el sistema capitalista para desprenderse por sí mismo de aquello que ha dejado de cumplir un papel funcional; de lo que -recurriendo a una analogía biológica- en unos casos ha pasado a constituir una forma tumoral, o en otros directamente se ha necrosado. Las crisis no son anomalías del capitalismo. Son procesos regulares que hacen a su regulación y a su auto depuración. Si no sufriera crisis, este sistema se desorganizaría, porque el estancamiento sostenido de la difusión del patrón de consumo lo llevaría a un punto tal en que las posibilidades de extraer ganancias en la producción se extinguen y con ellas la lógica misma que es el quid del espíritu capitalista. Si no hay creación real de valor, que sólo tiene lugar en la producción, el sistema capitalista no puede funcionar. Los rendimientos que obtiene el capital en las finanzas no son tales en tanto no hay una creación real de riqueza que respalde el valor incremental de los activos financieros.

Cambio de época

Las crisis estructurales son bisagras entre épocas y de una época a otra todo cambia. Cambia el patrón de consumo y con él la forma en que se produce (con nuevas tecnologías, nuevas maneras de organizar la producción, nuevas relaciones entre el capital y el trabajo, etc.), la forma en que se consume (con nuevos bienes y servicios, nuevos tipos de consumo, etc.), el tipo de regulación que ejerce el Estado sobre la economía y la organización de las relaciones económicas internacionales, así como las instituciones internacionales y sus características funcionales. También cambia la organización monetario-financiera, en cada Estado nacional y en el mundo en su conjunto, y muchas cosas más.

Junto con todos esos cambios también se transforman las relaciones de poder mundiales. Cada época es una organización del mundo, en la que hay una potencia dominante que le da su impronta y a la cual algunos tratan de emular y otros de parodiar. Por lo tanto, cuando termina una época es porque ha entrado en crisis el sistema, pero con él también ha entrado en crisis la vieja potencia dominante y el orden internacional construido a su imagen y semejanza. En su lugar vendrá otra u otras, y un orden internacional de otro tipo.

Pero también cambia la vida cotidiana y, sobre todo, cambia el pensamiento y la ideología. Una nueva época implica un nuevo mundo, y un cambio tan radical hace que el género humano necesite explicarse qué pasó, por qué se desmoronó el mundo tal cual era, cómo es lo nuevo que emerge, por qué lo nuevo es bueno y lo otro era malo. Y se explicará ambas cosas. Pero no por sí mismo, sino por boca de las usinas que responden a los intereses que habrán de cambiar la configuración del mundo.

El sistema, como tal, jamás se cuestiona a sí mismo, o lo que es lo mismo, sus beneficiarios jamás se cuestionan a sí mismos ni cuestionan la lógica que los instala en ese lugar. Por ello, una vez que sucede el colapso todas las usinas políticas e ideológicas se abocan a buscar la falla, la anomalía, lo patológico en aquello que se desmoronó. De la misma manera en que se abocan a encontrar las bondades y la sanidad en lo nuevo que surge (si bien lo nuevo también cumplirá su ciclo y en su momento colapsará, como todo). No debe extrañar entonces que hoy escuchemos hablar de la necesidad de que el Estado no deje al capital librado a su propia voluntad, a los mismos que hace poco escuchábamos hablar de las bondades de la libertad irrestricta de mercado. Y en algún tiempo futuro, cuando se consolide un nuevo patrón de consumo y un nuevo orden internacional, esos mismos nos dirán qué bueno es el nuevo mundo y cómo todos -respetando sus intereses- caminamos rumbo al paraíso.

Un lugar en el mundo

Lo que acabamos de describir de ninguna manera implica que debemos sentarnos a un costado del camino esperando el desfile de los acontecimientos, sujetos a un destino inexorable. Las naciones y los Estados pueden ingresar en el nuevo orden de manera pasiva, librados a la voluntad de las nuevas potencias; o bien pueden ser activos y tratar no sólo de encontrar un lugar en el mundo que no sea el que le quieren asignar otros, sino además cambiar su propia realidad de acuerdo con los intereses de sus pueblos.

Sobre la base de sus propias fuerzas -productivas, culturales, políticas, etc.- su lugar y su desempeño en el futuro dependerán de su propia voluntad nacional y de su inteligencia. Nadie está obligado a sufrir la Historia. Nadie está obligado a padecerla.

Si durante la Segunda Guerra Mundial en la Argentina no hubiera sucedido nada y se hubiera mantenido el orden oligárquico de la Década Infame, muy probablemente hubiera terminado siendo un país paupérrimo sin una mínima chance de futuro. Pero la voluntad de los hombres del GOU y la inteligencia y la astucia de Perón hicieron que para nosotros la Historia haya sido otra.

La Argentina de Perón no se sometió al orden económico y político que por entonces imponían los EE.UU. desde Bretton Woods, para sujetar al dólar a lo que sería el campo capitalista durante la Guerra Fría que estaba por venir. Por el contrario, esa Argentina no adhirió al Fondo Monetario Internacional (FMI) ni se alineó detrás de los EE.UU. En su lugar defendió la independencia económica y la soberanía política, sobre la base de un proyecto industrial autónomo y la “tercera posición”, que incluía la unidad de América del Sur.

Después, en el 55, cayeron las bombas homicidas sobre la Plaza de Mayo y cambió la historia. Y entre tantas cosas vergonzantes que hicieron los golpistas que reinstalaron el orden oligárquico, estuvo la adhesión de la Argentina al FMI. Lo que vino después es historia conocida.

Sabemos que hoy el mundo se va a redefinir y que en ese cambio tenemos dos opciones excluyentes: o nos redefinimos de acuerdo con nuestros propios intereses, buscando garantizar la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra nación, o nos redefinen otros, de acuerdo con sus propios intereses.

Ojalá estemos a la altura de nuestros mayores.

Rubén L. Guillén

Economista especialista en Planificación


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