Adiós a Ongaro, y a la CGT de los Argentinos

agosto 3, 2016

Raimundo

Este lunes 1° de agosto se fue, a los 92 años, Raimundo Ongaro. Y, sorprendente en esta Argentina olvidadiza e ingrata, tuvo una digna despedida. Todos los que somos o fuimos militantes en algo que tuviera que ver con las luchas político-gremiales lo tuvimos – lo volvimos a tener – presente en nuestro pensamiento.

Los medios masivos hablaron de su historia, de acuerdo a sus sesgos de siempre -por supuesto- pero respetuosamente. Y, en un gesto que merece ser remarcado, una ex Presidente de la Nación, muy vigente en la lucha política actual y que no ha mostrado mucha consideración con los dirigentes gremiales, fue a presentar sus respetos en su velorio.

Es sorprendente, repito. Su vida fue larga -lo que no es un mérito por sí mismo-, coherente y digna. Eso sí no puede decirse de muchos. Pero su mayor vigencia fue hace casi medio siglo. Está claro que dejó una marca muy profunda.

No voy a escribir su biografía. Ya lo hicieron muchos. Recomiendo que lean lo que subió Gabriel Fernández, en La Señal Medios: ahí habla el mismo Ongaro, y cuenta su historia y sus valores. Y Julio Fernández Baraibar, en su blog, hace revivir, como ningún otro que yo haya leído, lo que era ser joven en 1968 y acercarse a la CGT de los Argentinos para militar junto a los trabajadores y el pueblo.

Lo que voy a hacer aquí es un resumen muy breve de la historia de esa CGT. Quitando los adjetivos, como es el estilo de este blog. Después, algunas observaciones, sobre los vínculos con su tiempo. Y con éste.

«La ruptura de la CGT se produjo en el “Congreso Normalizador” que se realizó entre el 28 y 30 de marzo de 1968. Allí, el sector oficialista se retira por estar en desacuerdo con lo planteado por los dirigentes opositores. Así nace la CGT de los Argentinos enfrentada al sindicalismo peronista nucleado en las 62 Organizaciones, con la hegemonía de la Unión Obrera Metalúrgica liderada por Augusto Timoteo Vandor.

Fue elegido como Secretario General de la nueva línea Raimundo Ongaro. Las consignas más clásicas de la CGTA traducen ese origen: «Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra», y «Unirse desde abajo y organizarse combatiendo”.

En la CGTA confluyeron distintos gremios entre los que se destacaron los enrolados en el «peronismo duro» como Telefónicos y Sanidad; otros influenciados por el radicalismo y los socialistas democráticos como Ferroviarios y Viajantes; estructuras gremiales que respondían a la política del Partido Comunista y otras al Partido Comunista Revolucionario (PCR); y sindicalistas ideológicamente social-cristianos. También se incorporaron militantes vinculados a sectores del peronismo como el ongarismo, la Unión Nacional de Estudiantes en el movimiento estudiantil, sacerdotes del Tercer Mundo, entre otros.

Todo ese abanico de fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles se expresaron en la CGTA tras un programa antiimperialista, antimonopolista y antioligárquico. En los años de su existencia llevó adelante importantes luchas contra el «plan de racionalización» y otros ataques a las conquistas obreras.

El semanario de la CGTA fue un instrumento de ese encuentro de fuerzas, dirigido por Rodolfo Walsh, con una redacción integrada por periodistas como Horacio Verbitsky y Rogelio García Lupo. La revista consiguió juntar un nivel de calidad profesional inusitado con una tarea también sin antecedentes de información sobre las formas y razones de las luchas populares para consumo de sus propios protagonistas. Llego a tener una tirada de más de un millón de ejemplares.

Este ámbito gremial fue también el escenario de experiencias de militancia artística como las del pintor Ricardo Carpani, o las del Grupo Cine Liberación, que permitió la filmación y el uso permanente como herramienta de formación y organización política de la película «La hora de los hornos» de Fernando Solanas y Octavio Getino.

El enfrentamiento con el régimen militar se profundizó el 30 de junio de 1969 cuando un comando ingresó en el local central de la Unión Obrera Metalúrgica y dio muerte a Vandor. Muy pocas horas después, el gobierno concretaba la ocupación e intervención de la Federación Gráfica Bonaerense y la mayor parte de los sindicatos integrantes de la CGTA. Sus principales dirigentes, con Ongaro a la cabeza, van a compartir la cárcel con Agustín Tosco y Elpidio Torres, dos líderes visibles del Cordobazo«.

Hasta aquí, los hechos (los más visibles). Quiero agregar que la CGTA, a pesar de su corta vida (15 meses), sacó a la luz a una Argentina que había cambiado, bajo la superficial y torpe inmovilidad del onganiato.

No es que no había antes enfrentamientos en el movimiendo sindical, por supuesto. Las mismas 62, el brazo gremial del peronismo, estaban divididas entre negociadores y combativos, cada vez más desde el fracaso del Operativo Retorno en 1964. Y persistían todavía los «32 Gremios democráticos» (antiperonistas) y los «19» del MUCS, un frente sindical del Partido Comunista.

Pero Ongaro, y un sector clave de los que lo acompañaron, no pertenecían a esa historia (a pesar de la tradición anarquista de los gráficos). Eran una expresión de los sectores católicos que se radicalizaban al unirse a las luchas populares. En una Latinoamérica donde la Revolución Cubana brindaba un ejemplo y apoyo logístico.

Ongaro, como la mayoría de ellos, no tomó las armas. Pero igual fueron víctimas de la represión parapolicial antes del ´76 y la militar después. A él le asesinaron un hijo estando en la cárcel y luego tuvo que exiliarse.

Nunca dejó de luchar, en sus términos: como un dirigente gremial leal a su clase. El hecho que conservara la conducción de su gremio hasta hace muy pocos años muestra la perduración de su liderazgo entre los suyos… y las limitaciones de la lucha sindical cuando no convoca políticamente. Igual, nos deja un ejemplo. No es poco.


El sindicalismo y la experiencia kirchnerista

marzo 13, 2016

santoro

Un reciente posteo -apenas una noticia, en realidad- sobre (el comienzo de) un proceso de unidad de la CGT -un hecho objetivamente importante en las relaciones de fuerza en la sociedad, por lo menos más que la unidad o no de un bloque de diputados provinciales- y las reacciones negativas de algunos comentaristas, me dejaron pensando. Más significativa todavía ha sido la falta de repercusión en el mundo político del tema. Como al gran Holmes, lo que me llama la atención es lo que no hizo el perro en la noche.

Sobre las relaciones entre el sindicalismo y el peronismo, el sindicalismo y la política, ya he escrito en el blog. En estos días, como me pasa con otros temas, no tengo el tiempo para darle un tratamiento serio. Por eso, recordé que había leído un artículo sobre el tema, en Panamá Revista, de Ana Natalucci, investigadora del Conicet, y lo vuelco aquí.

(Lo edité mínimamente. Como sé que la licenciada Natalucci a veces lee el blog, calculo que me corregirá si me equivoqué en algo. De todos modos, no puedo evitarlo, hago observaciones al final).

«(Este artículo trata sobre) la recuperación del estatuto de sujeto político que había perdido el sindicalismo al ritmo de la desindustrialización y de la desindicalización del peronismo. ¿Qué características adquirió la dinámica sindical en el kirchnerismo? ¿Cómo pensar este proceso de reposicionamiento de los sindicatos como articuladores de demandas obreras y que, a su vez, les permitió formular demandas de intervención y participación política? ¿De qué manera se articularon sus expectativas políticas en relación con la estrategia económica neodesarrollista?

Desde 2003, el kirchnerismo incentivó un proceso de revitalización acotado y orientado a la restitución del poder de negociación corporativo en el marco de su estrategia neodesarrollista. Esto despertó expectativas en algunos nucleamientos sindicales que pensaron que era posible recuperar su estatuto de sujeto político, reflejada en la idea de columna vertebral del movimiento. De esta manera, se produjo una tensión entre lo corporativo y lo político: entre la intención del kirchnerismo -cuya idea era ofrecer sólo un espacio de contención en términos políticos y de presión en lo económico- y la de algunas fracciones del sindicalismo que bregaban por participación en el sistema político.

Los obstáculos se vincularon al neodesarrollismo pero también a las características de la coalición de gobierno y del propio peronismo en su versión desindicalizada. Al respecto, se plantearán las oportunidades económicas y políticas y los obstáculos que presentó cada una. Los casos paradigmáticos para abordar este problema son la Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista (CNSP) y la Juventud Sindical (JS), debido su insistencia en torno a la politización del actor sindical.

Sin dudas, la oportunidad económica para el resurgimiento del actor sindical se gestó en la etapa de posconvertibilidad a partir del impulso de la estrategia neodesarrollista. Sintéticamente, en la Argentina kirchnerista esa estrategia se sintetizaba en dos consignas: la reconstrucción de un capitalismo nacional y un modelo de crecimiento con inclusión social. Para su implementación, el gobierno se apoyó tanto en un sector de la Unión Industrial Argentina (UIA) -en especial en el Movimiento Industrial Nacional (MIN)- como en el movimiento obrero organizado nucleado en la CGT rebelde (conducida por Moyano). Aquella articulación fue efectiva entre 2003 y 2008; el enfrentamiento con las patronales agropecuarias ese año y la crisis económica internacional de 2009 dieron indicios acerca de su agotamiento, observado no sólo en las variables económicas, sino también en las alianzas que lo sustentaba.

La oportunidad política la constituyó el propio kirchnerismo al incentivar el proceso de revitalización para las organizaciones sindicales, cuya intención principal se orientaba a la restitución del poder de negociación corporativo en el marco de la estrategia neodesarrollista. En su libro con Torcuato Di Tella, Kirchner afirmó que el rol de los empresarios era maximizar la ganancia mientras que los dirigentes gremiales debía representar a los trabajadores en la puja distributiva. Sin embargo, en el devenir de este proceso se generaron expectativas de parte de algunos nucleamientos sindicales relacionadas con recuperar su estatuto de sujeto político, es decir volver a ser la columna vertebral del movimiento.

Ahora bien ¿qué implicaba esa tensión y propósito de reconstituirse como la columna vertebral durante el kirchnerismo? ¿Era posible en el marco de un peronismo desindicalizado luego de los cambios producidos en los ochenta y los noventa? Es decir, la revitalización o no del actor sindical no puede atribuirse excluyentemente a las limitaciones estructurales, sino que ciertas cuestiones políticas presentaron algunos obstáculos. Uno de ellos se relacionaba con un peronismo partidario, sin la vigencia del 33% y en competencia con dirigentes territoriales y políticos. ¿Qué posibilidades de éxito tenía un proceso de revitalización ampliado, que excediera la restitución de su poder en la puja distributiva? ¿Qué forma adoptó esa tensión entre lo corporativo/ político en cuanto a los conflictos alrededor de la distribución del ingreso y la participación en la política?

Entender el movimiento obrero y su relación con el kirchnerismo supone considerar que no se trataba de un actor compacto, sino que en principio había tres tendencias: los «gordos», los independientes y el MTA. Siguiendo a Schipani (2012), los dos primeros -nucleados desde 2012 en la CGT Alsina- tienen una concepción corporativa del movimiento obrero, esto es, un grupo de interés orientado a conseguir mejoras salariales y laborales. Mientras que el MTA -dividido entre la CGT Alsina y Azopardo- aspiraba a recuperar el estatuto político de los sindicatos, la “resindicalización del peronismo”.

En este marco, el 18 de septiembre de 2009, el MTA (Moyano y sus aliados) lanzó la CNSP, en cuya declaración fundacional manifestó su interés de crear una “corriente político sindical que contribuya a la reorganización del Movimiento Nacional y Popular, la garantía de políticas de Estado y la determinación de una agenda construida por los argentinos y para los argentinos”. El kirchnerismo constituía el proceso por el cual se habían recuperado los derechos cercenados anteriormente y la posibilidad política de reposicionamiento de las organizaciones sindicales. Actos como el del 30 de abril de 2009 o el de River del 17 de octubre de 2010 demostraban su capacidad de movilización y convocatoria, sobre la que esperaban reconstruir la legitimidad social. Con este impulso, a fines de 2009 se creó la Juventud Sindical de la Corriente, como organización política más que de jóvenes agremiados.

Como se mencionó, ese proceso de politización tuvo dos obstáculos. El primero está relacionado con el modelo neodesarrollista, con las alianzas que suponía y con la visión que el kirchnerismo tenía de ese proceso. La presentación del proyecto de ley de “Reparto de las utilidades empresarias entre los trabajadores” en 2010 por la CGT constituye una muestra significativa de dicho obstáculo. Haciendo una muy breve recapitulación, el proyecto lo presentó el abogado de la CGT y diputado nacional Héctor Recalde. El principal efecto del proyecto era que los trabajadores podrían ver los balances, conocer la estructura de costos y participar de las decisiones que tomara el Directorio de cada empresa. Las cámaras empresariales pusieron el grito en el cielo ya que entendían que permitiría el avance del poder sindical. Si bien algunos dirigentes kirchneristas, entre ellos el mismo Kirchner, manifestaron su apoyo, la discusión del proyecto fue postergada reiteradamente.

En el discurso del acto en River, Moyano interpeló a los presentes en carácter de trabajadores a “dejar de ser un instrumento de presión para ser un instrumento de poder” en pos de “concientizar políticamente a los trabajadores para tener a un trabajador en la Casa de Gobierno”. Asimismo, reclamó la aprobación del proyecto de repartición de ganancias. Así reforzaba su doble posición: como representante de esos trabajadores que tenían derecho sobre las ganancias que contribuían a generar y la politización de las organizaciones sindicales a las que pertenecían. A continuación CFK apeló a mantener la relación de cooperación entre sindicatos, empresarios y Estado, aclarando que ya había un trabajador en la Casa Rosada ya que ella trabajaba desde joven. Ese discurso fue interpretado por algunos sectores como un desafío a la conducción política; lectura que se profundizaría luego del fallecimiento de Kirchner. De hecho, tanto CFK como el entonces ministro de trabajo Carlos Tomada jugaron un rol imprescindible en la ruptura de la CGT en mayo de 2012. Es cierto también que esta se erigió sobre diferentes concepciones que tenían los alineamientos respecto de los reclamos de demandas sectoriales y de su relación con el gobierno y el peronismo.

Esta ruptura fue decisiva para la disolución de la CNSP y de la JS, que tenían sentido en el marco de una construcción movimentista, esto es, en la construcción de un lineamiento propio dentro de un espacio que suponían contenedor, con el que interactuaban y coordinaban acciones con otras organizaciones. Como es sabido, las organizaciones sindicales no cuentan con el estatuto jurídico para presentarse en elecciones, por lo que sus apuestas electorales debieron canalizar en otros espacios políticos.

Una de las conclusiones que se desprende de esta exposición es que la aspiración sindical reunía la posibilidad de recuperar su función como articulador de demandas obreras -y opinar consecuentemente en el rumbo del modelo económico- y de participación política bajo una estrategia heterónoma con la esperanza de resindicalizar el peronismo -a partir de su involucramiento en los procesos de toma de decisiones y ocupación de cargos ejecutivos y legislativos.

La imposibilidad de perseguir esta estrategia debe atribuirse a errores propios del nucleamiento sindical, pero fundamentalmente a cómo entendían los protagonistas el proceso de fortalecimiento sindical y sus consecuencias. Es decir, dirigentes kirchneristas (Kirchner y fundamentalmente CFK) lo pensaban en términos de poder construir un contrapeso al sector empresarial en el marco del modelo neodesarrollista, de modo de compensar la puja distributiva, sin restituir por esto la gravitación política al actor sindical. Esto implicaba que pudieran vetar algunas iniciativas empresariales pero no hacer propuestas que modificaran la correlación de fuerzas -como el proyecto de reparto de ganancias. No obstante las tensiones entre el kirchnerismo y el moyanismo, este mantuvo su expectativa del salto a la política. Las aspiraciones recreadas durante el kirchnerismo no se extinguieron por su ruptura con aquel. En todo caso, optaron por acuerdos con otras élites políticas, como el espacio de De Narváez o el Frente Renovador.

Más allá de los resultados, desde las organizaciones sindicales -y contra lo que indicaría el sentido común- ha primado un esfuerzo por superar el corporativismo y poder dar cuenta de esa doble representación de demandas obreras y políticas. En este punto, el límite lo puso el kirchnerismo, esto es, no estaba dispuesto a restituirle a las organizaciones sindicales su reclamado estatuto de sujeto político, la desindicalización del peronismo ocurrida en los ochenta era irreversible.

Podríamos decir que esta historia de alguna manera está terminada. En parte la disolución de la estrategia movimentista incidió en los resultados negativos para el kirchnerismo tanto en las elecciones de 2013 como en las de 2015. Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre un proceso en curso donde esta lectura sí tiene un aporte para hacer, se trata de lo que se llama “la normalización del PJ”. Es decir, en mayo vencen los mandatos de las actuales autoridades. Diferentes espacios kirchneristas están convocando a una afiliación masiva para disputar en las internas partidarias y así evitar la “derechización del PJ”. Por su lado, desde el Frente Renovador se ha convocado a algunos dirigentes y gobernadores, con el objetivo de desarticular al kirchnerismo.

De un lado o del otro, lo que está ausente es la voz del sindicalismo. Aunque es cierto que gremios como UPCN o SUTERH tienen un peso importante en el distrito Capital, el sindicalismo como actor político -y en vistas a sus esfuerzos de los últimos años- no ha sido ni convocado ni ha plasmado alguna acción al respecto. ¿Hay posibilidades de rearticular una estrategia que le devuelva cierto poder partidario al sindicalismo? ¿Qué piensa la CGT u otros nucleamientos sindicales respecto de esa normalización? Hoy no tenemos las respuestas, aunque deberíamos observar el devenir; en parte por su rol histórico y por la clase trabajadora como sujeto político del peronismo«.

Puedo dar testimonio personal de la impresionante recuperación en afiliados y en poder económico que la etapa kirchnerista significó para los sindicatos industriales y del transporte. En los otros rubros de actividad, fue menor, pero también muy significativa.

¿Por qué entonces no existe un vínculo político estrecho entre el kirchnerismo como corriente política en el seno del peronismo y los sindicatos? ¿Con casi ninguno?

La licenciada Natalucci -graduada en Ciencias Sociales, después de todo- pone el énfasis en el modelo kirchnerista. Es un factor, claro, pero no me inclino a considerarlo decisivo. Después de todo, el peronismo fundacional tampoco fue un laborismo, o un «tradeunionismo», como se decía entonces.

Supongo que por mi deformación profesional (anterior), tiendo a ver la clave en la política. Ante todo, hay un elemento muy básico: entre los liderazgos verticales, «plebiscitarios», y los poderes intermedios, institucionalizados, existe una tensión y una desconfianza mutua inevitables. Ya Aristóteles lo analizó. Y nuestra historia nos muestra que el mismo Perón no tuvo siempre una relación armoniosa con el sindicalismo.

Pero eso no impidió que las organizaciones sindicales desarrollaran un vínculo no exclusivo pero poderoso con Perón y el peronismo. Y después de 1955 fueran la clave de supervivencia.

En el caso del kirchnerismo, existe otro factor: muchísimos de sus cuadros, y la mayor parte de su «etos», se nutre de la incorporación de jóvenes de los sectores medios y de la reincorporación de veteranos, también de los sectores medios que se habían alejado con el Frepaso en rechazo al menemismo. «Sectores medios» es un término muy impreciso -he repetido muchas veces en el blog que la mayoría larga de la población argentina puede considerarse de clase media- pero en este caso se identifican con un dato claro: no están sindicalizados. O su vinculación con el gremio es el uso de la obra social.

El hecho es que la gran mayoría de los dirigentes sindicales, aún los más críticos de las deformaciones burocráticas y que defienden el rol del Estado en la economía, se sienten maltratados por Cristina Fernández. Y están, más o menos públicamente, alejados de cualquier conducción suya.

También debo decir que, en mi opinión, esa dirigencia, y el sindicalismo en su conjunto, es responsable de esta situación. Porque no han sabido hacer política. La CNSP y la JSP que acertadamente menciona Natalucci como intentos, no pasaron de tales. No han sabido construir liderazgos políticos válidos para la sociedad, ni elaborar programas que atrajeran a alguien más fuera de sus afiliados.

Saúl Ubaldini, 30 años atrás, fue la última figura convocante que surgió del sindicalismo. Y aún en su caso, su carrera política posterior fue un fracaso. A mi entender, esto tiene que ver con el hecho que las organizaciones con una poderosa vida interna no son las más adecuadas para formar líderes «hacia afuera» (¿teléfono para La Cámpora?).

Como siempre, la realidad dirá la última palabra. El desafío de Macri y su gobierno de los CEOs ¿obligará al sindicalismo a defender sus estructuras desde la política? El que viva lo verá.


Ayer, otra definición importante. No en el discurso de Macri.

marzo 2, 2016

bancarios-1

Teodoro Boot, alguien que escribe, con talento, en varios sitios de la blogosfera, es el autor de esta crónica presencial de la protesta de ayer del gremio bancario y su represión por la policía. La subió a su blog Gerardo Fernández, y el de Artemio López tiene muy buenas fotos del asunto, pero igual quise compartirla con ustedes en el mío.

Sólo voy a agregar, por si alguno no lo sabe, que La Bancaria no es un sindicato especialmente peronista. Su secretario general, Sergio Palazzo, es radical, y en su conducción hay dirigentes de muchas vertientes (ninguno del kirchnerismo en la nacional, que yo sepa). El resto ya lo dije de muchas formas en esta página: todo bien con la militancia más o menos espontánea, con las declaraciones de los diputados y hasta con los comentarios en los blogs. Pero las batallas decisivas por las políticas económicas y sociales serán éstas.

«Esta mañana fui con mucha reticencia a una reunión de trabajo que tenía en la editorial Punto de Encuentro. ¿Por qué la reticencia? Porque la librería-editorial está ubicada en Avenida de Mayo entre Lima y Salta y porque la reunión era a las 10.30, hora en que Macri hablaría ante la asamblea legislativa.

No bien salí al subte me encontré con la fanfarria de granaderos, junto a un escuadrón, tal vez el San Lorenzo en el que hice la colimba, tal vez el Junín, ocupando la avenida de Mayo. Supuestamente en algún momento Macri debió haber aparecido por ahí, pero no lo vi.

Se hizo la reunión y me quedé esperando una llamada telefónica: si volvía hacia Boedo, el lugar al que debía ir luego de la llamada me quedaría muy a trasmano.

A eso de las 11.30 llegó un imprentero, además compañero, y quedamos los tres, él, Carlos Benítez y yo, conversando en los altos de la librería, con balcón a Avenida de Mayo, todavía cortada por la policía, pues por ahí se dirigiría Macri hacia la casa de gobierno no bien terminara su discurso.

Calculo que el presi ya estaría promediando de balbucear cuando, en momentos en que miraba hacia la avenida, observando que había diez veces más canas que gente (si bien movilizaron a los empleados municipales la concurrencia del macrismo fue mucho más que paupérrima. Me extrañó que ni siquiera hubiera curiosos en las inmediaciones) Fue entonces que por el centro de la 9 de julio, viniendo del norte, veo llegar una enorme columna de manifestantes de la asociación bancaria que literalmente arrasa con el débil cordón policial ubicado sobre la 9 de julio y encara por Avenida de Mayo en dirección al congreso, donde choca con la policía reforzada por gendarmería.

Cuando digo choca, quiero decir choca. Las piñas duraron unos quince minutos y corresponde decir que la policía cobró. O al menos que los bancarios aguantaron la parada con mucha entereza y dignidad, hasta que desde Congreso llegan un carro hidrante, tres carros de asalto de la Guardia de Infantería y un escuadrón de motos con un chofer y un escopetero por vehículo, esos que vimos en acción en el 2001.

Mientras algunos de los bancarios afectados por los sprays con gas pimienta usados por la policía se reponían en el local de la librería, donde en medio de la trifulca, volteado por un tortazo de un manifestante aterrizó un policía que de inmediato manoteó la cartuchera pero iluminado por el Papa no sacó el arma, los bancarios se fueron tranquilizando y, siempre en medio de discusiones y conciliábulos con los oficiales de la federal, enfilaron por Lima de regreso hacia el norte.

En tanto, maniobraba sobre la 9 de julio un enorme semirremolque convertido en palco que trasmitía por los parlantes una consigna ejemplar: “Si lo tocan a uno nos tocan a todos”, que deberían imitar no pocos dirigentes sindicales en momentos del sálvese quien pueda habitual en las persecuciones, cuando no existe conducción ni encuadramiento ni dirigentes que copen la parada.

A esta altura, tanto yo como quienes aplaudíamos desde el balcón y las puertas de la librería, habíamos comprendido que la oportuna irrupción de la columna de bancarios le había podrido al presidente su retirada triunfal a lo largo de una avenida de mayo en la que, más allá de policía, prefectura y gendarmería, ni curiosos había.

Pero sucedió más: cuando sorpresivamente, motos, carros de asalto y camión hidrante regresaron de apuro hacia el congreso, conjeturamos que la columna de bancarios había avanzado por Rivadavia, irrumpiendo por alguna de las trasversales, pero la avenida seguía tan custodiada y despejada que en varios momentos temí encontrarme en la terrible instancia de ver pasar al presidente a bordo de un cadillac descapotable. Y harto de esperar la llamada que no se produjo, salí rumbo al subte cuando veo pasar, proveniente de avenida de mayo, tres carros de asalto de gendarmería que se dirigían a Congreso. En consecuencia, movido por la curiosidad, no entré al subte en Lima sino que seguí por avenida de mayo, en última instancia para hacerlo por la estación Sáenz Peña.

No avancé mucho: no bien llegué a Salta, intrigado por los cantos y la música que venían desde el oeste, por encima de las vallas policiales me asomé a la calzada de Avenida de Mayo, por la que se veía avanzar una multitudinaria columna en la que prevalecía el color azul en los carteles y banderas.

Estos no son del pro, me dije, y volví a la editorial para observar desde el priviliegiado palco: la columna de la asociación bancaria había irrumpido en avenida de mayo por alguna de las trasversales de la zona de Plaza Lorea o aun más allá y avanzaba hacia la 9 de julio. Pero era mucho más que la columna que habíamos visto una hora antes: ocupaba más de tres cuadras de la Avenida de Mayo, de cordón a cordón. A su paso, como distraídamente, iban volteando las vallas de la policía.

Detrás de la columna venían la gendarmería, los carros de asalto y el hidrante. La columna dobló por la 9 de julio para dirigirse hacia el semirremolque donde calculo que habrán hecho el acto.

Supongo que a los bancarios les habrá resultado reconfortante que algunos los saludáramos desde las veredas y los balcones, pero tengo que decir que a mí me alegraron no ya el día, sino la semana: no les resultará todo tan fácil como parece a estos vendepatria».

sergio palazzo

 


Un nuevo modelo de trabajo. Y de sociedad (2da. parte)

febrero 27, 2016

monumento-al-trabajo¿Qué pueden tocar y qué no pueden (aún)?

En este momento pueden tocar varias cosas, algunas de ellas -como los despidos masivos en el Estado- facilitadas por la generalización de las contrataciones precarias en el Estado establecidas por Cavallo en los ‘90 y preservadas por los gobiernos kirchneristas.

Pero el cambio más importante realizado por Cambiemos es la decisión de que el Estado deje de intervenir para evitar despidos. Durante los tres gobiernos kirchneristas, -pero antes incluso también con la doble indemnización por despido, por ejemplo-, fue una prioridad evitar los despidos a cualquier costo: programas REPRO, desgravaciones a empresas en problemas, subsidios, negociaciones colectivas, etc. Estas medidas impedían que el desempleo subiera.

Hoy esas medidas no están y por lo tanto nada impide que las empresas vuelvan a recurrir a los despidos masivos para “ajustar sus números”, ante la primera nube en el cielo. Y ante la falta de toda política activa del Estado para buscar otra solución, es lo que van a hacer. Ya lo están haciendo.

Otra medida que pueden hacer y están haciendo es la reducción salvaje de los subsidios y el consiguiente aumento de tarifas de los servicios públicos (luz, gas, transporte) es un modo de reducir el salario real y por ende el consumo. Los subsidios funcionaban como un aumento de salarios indirecto realizado por el Estado, redistribuyendo así la renta nacional. El cese de la redistribución produce además un aumento de la desigualdad social, ya que cada persona consumirá luz y gas desde ahora, según lo que le permita su ingreso directo: los ricos mucho, los pobres poco.

¿Qué no pueden hacer (aún)?

No pueden anular las paritarias (aún). Luego de trece años consecutivos de paritarias (en los cincuenta años anteriores solo había habido tres paritarias, 1962, 1975 y 1989) la valoración popular positiva de las paritarias es tan alta, que la conciencia sindical existente entre los trabajadores/as hace imposible todo intento de anularlas. El plan de anularlas existe y pudo verse en la suspensión de las paritarias municipales que hizo María Eugenia Vidal, habilitando a los intendentes a decidir unilateralmente los salarios de los empleados/as municipales. El plan es desgastar las paritarias, impulsar los fracasos de las mismas y limitarlas todo lo que se pueda, esperando una oportunidad -alguna crisis global-, para suspenderlas y reemplazarlas por paritarias más acotadas, locales, por empresa y con participación de los sindicatos sin personería gremial.

La personería gremial es otra institución sindical que el gobierno no está en condiciones de tocar (aún). El plan sin embargo es reducir el poder de las federaciones y uniones nacionales, habilitando la negociación colectiva con sindicatos sin personería gremial, de oficio o de empresa.

Sobre la privatización de los fondos jubilatorios existe un fuerte debate interno en el PRO. Existe unanimidad sobre la inconveniencia económica de mantener la estatización dispuesta por el kirchnerismo en 2009, pero aún es muy confusa la situación sobre cuáles serían las condiciones políticas que permitirían reprivatizarlas y reestablecer a las AFJPs. El debate y las decisiones que se tomen sobre la privatización de las jubilaciones es central para el éxito del modelo macrista, porque los fondos jubilatorios constituyen más de la mitad de los fondos financieros totales disponibles en la Argentina. Puede incluso decirse que aquí se juega el éxito o el fracaso del modelo macrista.

¿Y las obras sociales sindicales?

También hay una alta posibilidad de que predomine en el gobierno la línea de exclusión de los sindicatos de la administración de las obras sociales. Los proyectos se han multiplicado en los últimos años, incluso dentro del kirchnerismo. Dependerá en gran medida de la consolidación (o no) del macrismo, luego de pasado el primer año y sobre todo las elecciones legislativas de 2017.

Mientras tanto, una de las primeras medidas del gobierno macrista fue que los fondos de las obras sociales fueran directamente administrados por un funcionario propuesto por ambas CGTs, que era uno de los principales reclamos sindicales.

¿Qué se puede esperar en las paritarias 2016?

Es cómo anticipar el resultado de una batalla o de un partido de fútbol el día anterior. Lo que sí puede decirse es que tienen una importancia decisiva. Una especie de semifinal. Que además va a marcar el nivel del consumo interno para todo el año, y por lo tanto el nivel de actividad económica (y de empleo) de muchas empresas, sobre todo las industriales.

Los sindicatos llegan a esta negociación con el menor poder que hayan tenido desde 2003. Principalmente por dos razones: 1) porque tanto el gobierno como los empresarios ya han dicho que si no aceptan sus pretensiones, recurrirán a los despidos y al aumento de la desocupación; 2) porque 2016 será un año de recesión, como ya anticipó el FMI, sin que el gobierno lo desmintiera.

El índice de precios al consumidor de la Ciudad de Buenos Aires estableció una inflación para todo el año 2015 del 28,3%, aunque con una preocupante duplicación del índice mensual en diciembre y una devaluación del dólar del 40% en diciembre, que altera todos los puntos de referencia y las proyecciones para 2016.

En términos generales puede decirse que un aumento menor a 28% pone al salario real en zona roja. La posibilidad de firmar convenios semestrales puede ser una estrategia adecuada, teniendo en cuenta que uno de los principales objetivos del gobierno, es llevar adelante una estricta política monetarista que reduzca sustancialmente la inflación. En todo caso la duda se presenta en el costo social de una política monetarista y cuál será el poder de decisión del gobierno para llevarla adelante.

Perspectivas

En materia de empleo las perspectivas para 2016 son malas. Entre la decisión del gobierno de no intervenir en los despidos privados, de despedir a gran cantidad de empleados públicos y reducir su número total, así como la recesión que se avecina, el resultado inevitable es un aumento considerable de la tasa de desempleo. La única pregunta es cuánto.

Hay que tener en cuenta que cada año ingresan al mercado de trabajo más de 250.000 jóvenes. Si a ellos se les suman los despidos en el Estado y en el sector privado, el fin de las políticas activas de empleo y el objetivo de aumentar la cantidad de personas que buscan empleo (llamada “población ociosa”), podríamos tener facilmente un millón de nuevos desocupados en el año, llevando el índice de desocupación nuevamente a dos dígitos.

A ello hay que sumar un deterioro muy importante del poder adquisitivo del salario, fruto de la combinación sumada de la devaluación (40%), los tarifazos de servicios públicos (500%) y las limitaciones objetivas para negociar en paritarias, bajo la amenaza de despidos, tanto por parte del Estado como de las empresas.

Todo esto forma evidentemente parte de un “modelo”, un nuevo modelo. Por lo tanto tendrá un efecto en cadena, sobre toda la economía y la situación social, beneficiando a unos sectores y perjudicando a otros sectores, cuyas identidades ya están bastante visibles.

Por lo tanto es casi seguro que se ampliará el trabajo no registrado, los sectores informales y semiesclavos, los mecanismos de discriminación laboral y sexual y la desigualdad social, con el impacto que estos procesos tienen en situaciones como la criminalidad, la drogadicción, las rupturas familiares, la deserción escolar, la brecha Capital-interior, etc.

En una segunda etapa, que anticipo para 2017 (después de las elecciones), el modelo macrista (chilenizado) de mercado de trabajo, va a chocar frontalmente con la existencia misma de las paritarias, los sindicatos de rama, los/as delegados/as, las obras sociales y la estatización de los fondos jubilatorios. A la vez que va a exigir un mayor nivel de tercerización, subcontratación y contratos basura, adaptando la legislación a esa exigencia.

Dependerá todo en gran medida de estos dos primeros años.


Un nuevo modelo de trabajo. Y de sociedad

febrero 27, 2016

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Alberto “Pepe” Robles, Director de Investigaciones del Instituto del Mundo del Trabajo «Julio Godio», acercó a algunas agrupaciones políticas -que compartimos la convicción que la política no puede estar separada de la acción sindical- este trabajo. Lo copio aquí un sábado, en dos partes, porque me parece importante que tengan tiempo para leerlo.

Es que permite ordenar, con acceso a datos de diversas fuentes, lo que está pasando en términos de un cambio de modelo. Un cambio en las prioridades del Estado y de la sociedad. Y detalla lo que ya se ha hecho en esa dirección, lo que se pretende hacer y lo que no se puede hacer (aún).

Chilenizando el mercado de trabajo en Argentina

7 de febrero de 2016

Cambiemos y el cambio de modelo

Cambiemos ha iniciado en Argentina un proceso de chilenización de su mercado de trabajo, paradójicamente justo en el momento que Chile intenta despinochetizar su mercado de trabajo, desmontando el cepo laboral rígidamente implantado por Pinochet, que hizo de ese país el más desigual entre los de su grado de desarrollo económico. Dicho de otro modo, el modelo chileno-pinochetista permitió maximizar las ganancias de los grandes grupos económicos, con el mínimo de distribución de las misma con el resto de la población. Lo que se dice el paraíso de los inversores.

El mercado de trabajo en Argentina, en la última década, tuvo como característica central la rigidez de la variable desocupación. El gobierno orientó toda su política a disminuir la desocupación y evitar a toda costa que aumentara. Esta política fue parte a su vez de una política regional inclusiva establecida por el Mercosur en 2004 con la Estrategia Mercosur para el Empleo Decente, que decidió poner el empleo en el centro de la economía.

Para ello el gobierno kirchnerista utilizó toda una batería de políticas: promoción del mercado interno, políticas activas (REPRO, subsidios, etc.), aumento del empleo público, planes sociales, ingreso familiar mínimo garantizado (AUH, amplia cobertura de jubilaciones), regularización de inmigrantes, reducción de la presión para ingresar al mercado de trabajo (capacitación, planes sociales, etc.)

A su vez, el salario se mantuvo relativamente alto, como consecuencia del bajo desempleo, y con el apoyo de una ingeniería orientada a mantener un relativamente alto (en términos latinoamericanos) salario mínimo vital y móvil establecido de manera tripartita, paritarias anuales por rama nacional y sindicatos fortalecidos con una enorme expansión de la base de delegados, que pasó de veinte mil en 2002 a casi cien mil en 2015.

Con este modelo de desocupación baja, planes sociales y salario relativamente alto para la región, la variable del mercado fue entonces la inflación. Y también en alguna medida la inversión privada luego de la gran crisis global iniciada en 2008, porque el capital, sobre todo el especulativo, está más dispuesto a invertir cuando hay grandes ganancias, y menos cuando las ganancias son más limitadas. Una mayor distribución de la renta con el trabajo, obviamente reduce la ganancia del capital, sobre todo en términos latinoamericanos, la región con mayor desigualdad distributiva del mundo.

Cambiemos, haciendo honor a su nombre y a su promesa electoral, ha cambiado todo esto. En primer lugar la desocupación. Flexibilizar el nivel de empleo, es decir permitir que la desocupación aumente o disminuya sin intervención del Estado, es el centro de la política macrista. En el modelo kirchnerista, el nivel de empleo (junto al nivel de consumo interno) había sido establecida como una variable que no podía ser “ajustada”. El macrismo busca reestablecer el nivel de empleo como variable de ajuste básica.

Es lo que se puede ver claramente en los despidos masivos en el Estado. Durante el kirchnerismo, el Estado nacional y todas las provincias y la Ciudad de Buenos Aires, habían adoptado una “política de país desarrollado” ante el empleo público y el rol del Estado. En los países desarrollados el porcentaje del empleo público sobre el total de los trabajadores supera ampliamente al de América Latina.

Un estudio serio sobre el empleo público en los países desarrollados puede encontrarse en el trabajo Panorama de las Administraciones Públicas 2013 (pag. 169 y ss), realizado por el Instituto Nacional de Administración Pública de la OCDE en 2014. Allí se establece que el promedio de los países de la OCDE es del 16% de total de la PEA (población económicamente activa), con varios países -sobre todo los nórdicos- por encima del 20%: Noruega (30%), Dinamarca (30%), Suecia (25%), Finlandia (23%), Francia (23%). Estados Unidos tiene 15%.

¿Cuánto empleo público tiene la Argentina? Si se le pregunta a una persona sólo informada por televisión, tiende a pensar que en la Argentina el empleo público supera al empleo privado, es decir es más del 50% del total. Los datos reales son otros. Según el Ministerio de Trabajo, en 2013 en Argentina había 2,675 millones de trabajadores estatales. Según FIEL los empleados públicos a fin de 2015 fueron 3,487 millones (FIEL incluye a los trabajadores provinciales y municipales de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, que según el instituto no están incluidos en los datos del MTSS). Por otra parte, según el Banco Mundial, la PEA (Población Económicamente Activa) en 2013 era 19,277 millones y en 2015 debió haber superado los 19,700 millones.

Por lo tanto según el MTSS en 2013 los empleados públicos en Argentina era el 13,8%, y según FIEL los empleados públicos al finalizar 2015 eran 17,7%. Argentina por lo tanto tiene una cantidad de empleados públicos que están dentro del rango promedio de la OCDE.

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Es importante decir que en el mismo trabajo, la OCDE alerta contra la tendencia de algunas políticas para reducir el empleo público, señalando que las misma afectan precisamente a los servicios que presta el Estado, cuya demanda es cada vez mayor por parte de los ciudadanos: “Reducciones significativas en el empleo público son difíciles de sostener a largo plazo, ya que las demandas de los ciudadanos crecen”.

En Argentina el empleo público se había reducido mucho, luego de las privatizaciones y despidos de los años ‘90, al punto que en algunos sectores del Estado prácticamente no había personal, como pasó por ejemplo en el sector de Policía del trabajo del Ministerio de Trabajo. Por lo tanto también es cierto que a partir de 2003 y sobre todo a partir de la crisis de 2008, el empleo estatal creció más que el empleo privado. Ante la caída mundial de la creación de empleo privado, el aumento del empleo público en un Estado que había sido vaciado, debe considerarse una política sana y legítima para preservar los niveles de empleo de la población, que debería ser el fin primordial del Estado.

Por otra parte cuando el Gobierno utiliza el argumento de que los despidos en el Estado se deben a que los trabajadores y trabajadoras despedidos/as militan supuestamente en el “kirchnerismo”, se comete una discriminación ideológica en abierta violación de los derechos humanos, que en Argentina sólo se había visto en las dictaduras autodenominadas Revolución Libertadora y Proceso de Reorganización Nacional.

Es obvio que se está instalando un nuevo modelo. “Modelo” quiere decir, justamente, que todo se relaciona con todo. Que para que haya consumo interno, tiene que haber bajo desempleo y salarios lo más alto posible. Que para que haya bajo desempleo y al mismo tiempo salarios altos, tiene que haber un Estado presente y sindicatos fuertes. Que para que haya un Estado presente tiene que haber una importante recaudación de impuestos.

Un nuevo modelo tiene una nueva lógica. La lógica del nuevo modelo es básicamente “que los números cierren”, principalmente los números de las ganancias de los inversores privados en América Latina -que son los más altos del mundo- y los números que establece el Fondo Monetario Internacional en materia de déficit público e inflación.

El empleo (salarios y desocupación) entonces deja de estar en el centro y se convierte en una variable que puede ser libremente ajustada por el mercado “para que los números cierren”. Así de simple.

¿Qué pueden tocar y qué no pueden (aún)?

(Continuará)


La otra movilización

diciembre 19, 2015

UOM marcha

Dos veces comenté en el blog la movilización de protesta de este jueves 17, con imágenes y con palabras, porque creo que es una muestra de la «unidad en la acción» (consigna que algunos veteranos reconocerán) de la militancia del peronismo y de sus aliados en el Frente para la Victoria. Contó con la presencia de una parte representativa del «dispositivo» efepeviano, incluido el sindicalismo (ver los dos últimos párrafos). Despertó la crítica de oficialistas y opositores de la oposición, porque la consideraron «apresurada». Creo que no se puede decir que el gobierno macrista se mueve lentamente…

Pero dejé claro, también, que la veo como una expresión de ese sector politizado de la sociedad. Numeroso y apasionado, pero con las mismas características y limitaciones de «minoría intensa» que tiene el otro sector -politizado con distintos sesgos, cualunquista o «onegeísta»- que apoya al nuevo gobierno. No inclinará ninguna balanza hasta que a un número suficiente de argentinos -que no les creyó sus advertencias hace menos de un mes, el 22/11- les duela el bolsillo.

Hubo otras movilizaciones en estos días, claro. Quiero referirme a una en particular, muy pequeña y con poca repercusión, salvo para 189 compatriotas. Sin embargo, pienso que es una muestra de algo más decisivo para el balance de poder en Argentina, en lo inmediato y también en el largo plazo que las movilizaciones de los politizados, ya sean cacerolazos o marchas de protesta.

Vamos a las noticias: «La Plata, 17 Dic (InfoGEI) Esta mañana, unos 190 trabajadores se habrían anoticiado de su despido al no poder ingresar a la planta siderúrgica Techint, siendo notificados por personal de seguridad sobre la determinación de la empresa.

El hecho ocurrió en el ingreso de los turnos de las 5 y las 7 de la mañana, y desde entonces, los propios trabajadores han dado cuenta de la drástica situación en contacto con los distintos medios locales.

… Los obreros despedidos marcharon por la Av. Mitre hasta la sede de la UOM. Mañana habría una movilización al Ministerio de Trabajo«.

Me entero por Letra P de los siguientes capítulos: «Mientras Macri le agradece a Techint, la UOM se moviliza por despidos. Durante la inauguración en Capital Federal de dos estaciones de subterráneo correspondientes a la Línea H, el presidente Mauricio Macri hizo foco en el desafío de “seguir trabajando en equipo” con “empresas que trabajen bien” y “obreros que realicen su trabajo, como corresponde”. En ese marco, agradeció al Grupo Techint.

Sucede que este jueves se conoció que la firma Tenaris Siderca, perteneciente al Grupo, despidió a centenares de trabajadores de la planta que posee en el distrito bonaerense de Campana … Por esta razón, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) se declaró en estado de alerta y este viernes por la mañana se moviliza a la sede del Ministerio de Trabajo nacional, donde tienen previsto reunirse a las 11.30 con el titular de esa cartera, Jorge Triaca, y representantes de la empresa«.

Recién leo «Marcha atrás con despidos en Techint: reincorporaron a 189 trabajadores. Con la intervención del Ministerio de Trabajo, la empresa Siderca y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), comandada por Antonio Caló, llegaron a un acuerdo que permitió la reincorporación de los 189 trabajadores que habían sido despedidos el jueves de la planta de la fábrica, ubicada en Campana. Lo confirmó a Letra P el dirigente de la UOM y diputado nacional por el Frente para la Victoria, Abel Furlan.

Así, los trabajadores volverán a los puestos de trabajo que tenían antes de que la empresa decidiera despedirlos, aunque continuarán con el sistema de suspensiones rotativas que se aplicó en los últimos meses. “Eso tiene que ver con la abrupta caída del barril del petróleo, que generó la caída de la demanda de tubos de acero para el sector energético que fabrica la empresa”.

Ante ese escenario, la empresa y los trabajadores, con la intervención del Ministerio de Trabajo antes conducido por Carlos Tomada, habían acordado aplicar un sistema según el cual los trabajadores suspendidos cobraban un 80 por ciento del salario. Tras el vencimiento del acuerdo, la empresa decidió que los trabajadores suspendidos pasarían a cobrar el 60 por ciento del sueldo. Ante la negativa de los empleados, Techint decidió echarlos.

“Tuvimos un buen acompañamiento por parte del Ministerio y por seis meses los puestos de trabajo están garantizados”, confirmó Furlan. La resolución del conflicto estuvo en manos de Marino Calcopietro, subdirector de Relaciones del Trabajo, proveniente de la gestión de Daniel Scioli. Calcopietro era director provincial de Relaciones Laborales en la cartera que dirigía el ex ministro de Trabajo bonaerense, Oscar Cuartango. El nuevo secretario de Empleo y ex gerente de Recursos Humanos de Techint, Miguel Punte, no participó de la reunión«.

Copié la mayor parte de las noticias porque me parece un buen ejemplo de la forma, parcial y nunca cerrada definitivamente, en que se resuelven las disputas gremiales. Y, por supuesto, hay mucho más, aún en este caso. Tengo entendido que hay otros despidos en Techint, en otras plantas, y según este antecedente que encontré en La Izquierda Diario, parece que es una costumbre de fin de año del depto. de Recursos Humanos del Grupo: hubo otro plan de despidos en diciembre del año pasado.

Como les dije, es un asunto muy chico, salvo para los afectados. Pero forma parte de un enfrentamiento decisivo.

Hay otras dos instancias, con mucha más repercusión, pero que también pueden verse como batallas (o armisticios) este conflicto. También se da dentro del Estado, por supuesto. Una es ésta: «Ceden a la CGT el control de las obras sociales sindicalesLuis Scervino, director médico de la Obra Social de Obras y Servicios Sanitarios y un técnico de confianza del jefe de ese sindicato, José Luis Lingeri, fue designado en la Superintencia de Servicios de Salud, que hasta ahora ocupaba la santacruceña Liliana Korenfeld.

La nominación está en línea con las gestiones de reunificación de la central obrera, al contar con el visto bueno de los sectores de Antonio Caló y Hugo Moyano.

La Superintendencia cuenta con un presupuesto anual estimado de $ 7.000 millones y tiene a su cargo la distribución de fondos millonarios entre las obras sociales gremiales«.

Hay compañeros que lo ven como una forma de garantizar que los sindicatos no enfrenten las politicas del gobierno. Seguramente, también hay funcionarios de Macri que lo ven así. Los que no conocen mucho de gremialismo…

La otra instancia que me referí está en la tapa de los diarios, y tiene resultado abierto. Cómo se defina, tiene mucho que ver con cómo sigue la historia de esta etapa: «Las CGT se unieron para pedir un bono de fin de año. Los sindicalistas que responden a Moyano y Barrionuevo, junto a gran parte de los dirigentes K, reclamaron un plus por el impacto de la devaluación en salarios y jubilaciones«.

No voy a hacer la fácil y decir que esto es más importante que la Ley de Medios o la nominación de dos jueces de la Corte. Lo es, en lo inmediato, pero no significa que esos otros temas sean triviales. Si voy a señalar algo que todo político debe tomar en cuenta: Le importa a mucha más gente.


Gremios

junio 9, 2015

Del paro de hoy no tendría para agregar, salvo detalles de esta circunstancia, a lo que me extendí en agosto del año pasado Tercer paro nacional contra Cristina Kirchner. Y ya ahí incorporaba conceptos anteriores. Sugiero que lo lean, si tienen tiempo; como siempre, trato de no repetir consignas y encarar la realidad.

Ahora subo un video que encontré en la página de Facebook del SITRE – Sindicato de Enfermería. Aclaro que algunos de sus dirigentes comparten conmigo una militancia en el FpV, pero su esfuerzo gremial está dedicado a jerarquizar esa profesión, y conseguir mejores condiciones laborales (y tienen que competir con Municipales en la adscripción de sus afiliados, hay que decirlo).

«Mejores condiciones» incluye, claro, el no ser patoteados por sus jefes ocasionales. El video nos permite ver un caso: En el Hospital Central de Formosa, la enfermera Graciela Madariaga denunció ante la Comunidad de Medios que fue agredida por el jefe del área de emergencia, Oscar Ávila, en el mes de enero cuando atendían un paciente. Pasaron 5 meses y no se movió la investigación pero ella fue trasladada.

Para estas cosas sirven las cámaras de video. Y los gremios.


Cristina ha vuelto a la campaña

mayo 14, 2014

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Su discurso acaba de terminar. Ha hecho anuncios importantes, a los que cabe un análisis serio. Por ahora – uno es incorregible – mi reacción está reflejada en el título. No es que la Presidente había dejado de hacerla – los Jefes de Estado, o de Gobierno, en los países que las funciones están separadas – saben que la campaña es permanente. Lo que hizo es poner de manifiesto que, además y por encima de la campaña por la sucesión que los precandidatos, oficialistas y opositores, ya emprendieron, la lucha política central es en favor y en contra de su gestión. Me parece lo bastante importante como para arrancarme este breve posteo.

Ha sido ayudada, irónica y no casualmente, en establecer esta «foto», por dos que hoy son sus enconados adversarios: Moyano y Barrionuevo. El de ellos hoy en Plaza de Mayo fue un acto importante – me parece tonto negarlo – de aparatos gremiales. Sobre todo, de Camioneros. No superó ese límite, como era previsible, porque la convocatoria de ambos en la sociedad argentina no trasciende a los sindicatos que conducen. Pero me parece que hay un error a medias cuando se comparan las consignas del acto «mayor seguridad, contra la inflación y por el empleo», que – por lo menos las dos primeras – se consideran propias de las clases medias, con su nula repercusión fuera del sindicalismo.

Creo que es una visión… anticuada ¿En qué sector social, por ingresos y por aspiraciones, creen que encajan los afiliados, con empleo en blanco, de algunos de estos sindicatos?


Paro sindical contra la inflación, el ajuste y el gobierno

abril 10, 2014

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Quiero acercarles algunas reflexiones porque tengo la impresión que los opinadores que leo – gente informada y que escribe con lucidez – están como trabados para darle un enfoque no atado a la circunstancia. Quizás es una impresión prejuiciosa mía, pero en los blogs K – voceros razonablemente auténticos de la militancia oficialista – noto un tono de indignación y algo de incomodidad. Distinto si la protesta fuera de la Mesa de Enlace rural o de una Cámara de Supermercados. Página 12, que siempre se esfuerza en encontrar el enfoque intelectual que deje bien al gobierno, hasta ahora sólo publicó reportajes.

En los medios opositores hay mucha repercusión – Néstor Sbariggi ironiza con La Nación Obrera – pero se percibe algo de confusión: Todas las protestas contra el gobierno están bien y son justificadas – el título de este posteo está tomado, con un pequeño añadido, de la primera plana de Clarín. Igual, es inútil: se ve que no pueden poner a Moyano y Barrionuevo junto a su corazón.

Estas dos actitudes son lógicas y justificadas, eh. El sindicalismo tiene un vínculo de setenta años con el peronismo. Además, en un plano más concreto, los sindicatos industriales estaban en la lona en 2001, y los otros no se encontraban mucho mejor. En los largos años K recuperaron afiliados, ingresos, protagonismo en las paritarias… A la vez, el gobierno encontró allí los apoyos institucionales más sólidos fuera del Estado. En realidad, aún los encuentra allí; eso sí, con menos gremios de su lado y sin el empuje característico del Negro Moyano.

En el otro lado, los sectores sociales y los ideales de sociedad que pueden expresarse en las fuerzas opositoras con alguna chance de gobernar, o de formar parte de un gobierno – aquí no incluyo al troskismo – no tienen afinidad con el poder sindical más tradicional. Lo hace muy claro el hecho que las únicas propuestas que enarbolan para el sindicalismo son proyectos de las reformas que les gustaría hacer. Eso vale hasta para un Facundo Moyano, dirigente sindical joven y moderno con vínculos filiales con un núcleo de ese poder.

Hay otro hecho importante – bastante obvio – pero que es necesario recordar porque a menudo queda fuera del discurso político convencional: Las organizaciones gremiales ya no representan – como cuando irrumpieron en la Plaza de Mayo un 17 de Octubre – a los grupos más humildes de nuestra Argentina, a los «de abajo».

Hoy los de abajo son – como en la mayoría de las sociedades modernas – los precarizados, los tercerizados, los que están «en negro», los desempleados, los marginados. Que les resulta mucho más difícil hacer huelga; lo suyo son los piquetes. El peronismo, como los Populares en la Roma de la República, lleva en su ADN ser el partido de los de abajo. Y durante las gestiones Kirchner hubo avances visibles en su reconocimiento y, hasta cierto punto, su empoderamiento. Los movimientos sociales – por ejemplo: el Movimiento Evita, que es el que tiene mayor presencia política y cierta capacidad de estrategia autónoma – son una prueba de ello.

Pero… las estructuras con mayor poder económico propio y por ende autonomía, capaces de defender, aún frente al Estado, los intereses de los trabajadores, son los sindicatos. Que hoy un porcentaje muy importante de sus afiliados sean parte por sus ingresos, y su cobertura social, de los grandes sectores medios argentinos, que estén por encima de mucho de la clase media tradicional, aún que algunos de ellos puedan ser descriptos con más precisión como pequeños empresarios o contratistas… es cierto pero irrelevante. A la hora de defender el bolsillo del trabajador, el gremio puede tener muchas falencias. Pero es lo que hay. No existe otro instrumento mejor, en ningún país del mundo (Salvo en los pocos que quedan con socialismo de Estado, donde los sindicatos son parte del aparato gubernamental).

Por eso los maestros argentinos, con una fortísima tradición y etos de clase media, ya no se llaman a sí mismos «profesionales» sino «trabajadores de la educación» y están muy sindicalizados. Como dirían en mi barrio, son docentes pero no boludos.

Ahora, vale la pena reiterar otra verdad muy obvia – que sólo el auto engaño de los ideologizados puede ocultar – es que los seres humanos nos reunimos, participamos, en estructuras – sindicatos, partidos, países – con las que nos identificamos y esperamos que nos defiendan. Sucede que necesariamente, todas ellas tienen dirigentes. Que ya no se mueven, es inevitable, en la misma realidad de las bases. Eso pasa en los sindicatos. Y en el Estado. (También en los partidos, claro, pero en la mayoría de las sociedades del modelo occidental tienen menos fondos).

Entonces, los dirigentes sindicales tendrán sus propios proyectos políticos. O se repartirán en varios, en una metodología que el sindicalismo peronista conoce a fondo. Eso sí, hay que tener claro que es muy difícil – pese a la cantinela idiota de «burocracia sindical», como si dirigencia y burocracia no fueran juntos en toda sociedad moderna y compleja – que esos dirigentes puedan impulsar un proyecto que vaya en contra de los intereses o de los prejuicios de sus afiliados (los que no están afiliados, ya no les importa tanto).

Hay una famosa escena, que todos la recordamos de películas, novelizaciones o libros de historia: Evita discutiendo con los trabajadores ferroviarios «¡Cómo le van a hacer una huelga a Perón, compañeros! Cómo no ven que los oligarcas se mueren de risa! Que es una huelga contra ustedes mismos!«. La militancia kirchnerista le gustaría identificarse con esta historia. Pero tengamos presente que los ferroviarios le hicieron nomás la huelga a Perón.

Por eso me parece que la reacción más inteligente desde quienes se identifican con el oficialismo es la que expresa José Cornejo en una nota de la Paco Urondo: «Todo paro es político. Después de 10 años de politización intensa, acusar de «político» un paro general es una necedad … Al acusar de massista al paro, se le adjudica al Frente Renovador la representación política de las demandas sindicales. Es decir: si el paro es massista, significa que Massa sería quien podría dar respuesta a las demandas sindicales. Esto es a todas luces falso …».

Entiéndase: digo que es la actitud más lúcida que puede tomar el kirchnerismo en esta circunstancia, frente al desafío que este paro le presenta. Muy visible. porque Moyano y Barrionuevo están mostrando al gobierno, y a los que aspiran a serlo en 2015, que con la adhesión de los gremios del transporte, sus aparatos gremiales y los de los troskos, están en condiciones de parar la mayoría de las actividades.

Pero el paro termina en algunas horas, y la realidad sigue. Y nada habrá cambiado mucho, sobre todo en relaciones de poder. Los paros de Ubaldini no causaron la débacle del gobierno de Alfonsín, sino sus propios errores y falta de firmeza. Y la heroica – aquí el adjetivo está bien empleado – lucha gremial de fines de los ´70 y comienzos de los ’80 no derribó a la dictadura del Proceso, aunque por cierto también contribuyó a su desgaste. El gobierno de Cristina Fernández, además de la legitimidad democrática, sigue contando con el manejo del aparato del Estado y sus recursos, que todavía son muy grandes. Ha mostrado, a lo largo de toda su gestión, la decisión de emplearlos.

Entonces, no me parece que este paro le obligue a modificar sus políticas. Ni le da incentivos para ello. No es que yo crea que sus políticas son acertadísimas, eh. Sucede que no veo que las direcciones en que se mueve la dirigencia que motorizó este paro y las alianzas que pueda tejer estén en condiciones de empujar una alternativa viable (Esta afirmación sí incluye al troskismo, por el absurdo).

Es cierto que hay una inflación alta. No desbocada, pero afecta seriamente el humor y el bolsillo de los argentinos. Ahora, el «ajuste» que está ahí con la inflación en las cosas contra las que se proclama esta huelga, es la forma habitual con que se modera o controla. Y si bien estamos en medio de un ajuste – ni los kirchneristas inteligentes, al menos los que no son funcionarios, lo niegan – es mucho más moderado y heterodoxo del que previsiblemente plantearían las fuerzas políticas opositoras.

Por supuesto, lo niegan en sus discursos ¿quién sería lo bastante estúpido para anunciarlo? Pero antecedentes, figuras, propuestas… la historia de las últimas décadas es bastante clara. Y los votantes pueden ser distraídos pero no son idiotas. Mi opinión, falible, por supuesto, es que la mentada «derechización» de la sociedad no llega al bolsillo. Y los que aspiran a que los voten el año próximo deberían tenerlo claro y esforzarse en convencer que ellos no ajustarían más. O rezar para que sea este gobierno el que se vea forzado a hacerlo.

Termino aclarando que no estoy diciendo que el paro no tiene importancia. Expresa, además de la fuerza de los aparatos, además del fastidio de alguna dirigencia con la Presidente, también el humor y la disposición de muchos trabajadores. Eso resulta evidente de lo que recordé más arriba, que las huelgas no se llevan adelante contra la voluntad de los afiliados. Lo que están diciendo es que no quieren que el ajuste – moderado o no, eso lo siente cada uno – recaiga en sus bolsillos. Y están dispuestos a presionar para impedirlo.


Los modelos sindicales, el «republicanismo» y la realidad

diciembre 3, 2013

Triste-balance-modelo-sindical-kirchnerismo

Leía hoy en Clarín (¡natch!) una nota de Horacio Meguira, Director del Dto. Jurídico de la CTA, Triste balance del modelo sindical del kirchnerismo, y me inspiró algunas reflexiones (cortas, lo prometo).

Ante todo, hay que suponer que lo de «kirchnerismo» en el título es un requisito clarinista. El «balance» y el cuestionamiento se refiere, queda aclarado en el texto, al denominado “modelo sindical argentino”. Básicamente, con excepciones y matices, la centralización de la representación legal de los trabajadores en un sindicato por ocupación, modelo que, por 60 años largos, ha sido identificado con el peronismo.

¿Qué dice el Dr. Meguira? Entre algunas observaciones válidas, cómo no, avanza un argumento central:

«¿Por qué el Gobierno soporta todos los años las observaciones de la Comisión de Expertos de la OIT por incompatibilidad de la ley sindical con el convenio 87?

(En el 2014 es inminente un nuevo cuestionamiento). En dos oportunidades, 2005 y 2007, el Gobierno tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados ante la Comisión de Aplicación de Normas de la conferencia de la OIT.

Prometió reformas que jamás cumplió.

Su condición de dador de representación sindical garantiza que las contradicciones capital-trabajo se resuelvan de acuerdo a las pautas impuestas por sus propias necesidades.

Requiere de dirigentes que pacten fácilmente, sean accesibles y terminen acordando en desmedro de los derechos de los trabajadores.

El temible “derecho a la lapicera” actúa en favor de los intereses de las empresas y resultan funcionales a la gobernabilidad.

Las negociaciones se hacen a puertas cerradas y los trabajadores sólo se enteran cuando leen el recibo de haberes o reciben el telegrama. A cambio se imponen coimas encubiertas denominadas cuotas solidarias, sin consulta ni mandato«.  (completo aquí, para los que leen los alegatos de abogados)

Tengo que decir que el argumento suena impactante, y hasta tiene una carga emocional acorde con una visión extendida entre muchos argentinos: los sindicalistas (no los de la CTA, se apresuraría a aclarar Meguira) que sólo se ocupan de sus propios intereses y se despreocupan de sus representados.

Ahora, les propongo que hagamos algo novedoso, y que el pensamiento liberal argentino – de izquierda y de derecha – mira con justificada desconfianza: veamos cómo funciona el argumento en la realidad.

Si este cuestionamiento es válido, el sindicalismo argentino ha sido débil, y dócil instrumento de gobiernos y patrones, por casi siete décadas. En cambio, en los países que practican lam «verdadera» libertad y democracia sindical – como los europeos, por ejemplo, que hacen esas observaciones en la OIT – los derechos de los trabajadores son defendidos ferozmente, y cosas tales como la reducción de derechos laborales y los contratos basura son cosas desconocidas.

El único comentario que se me ocurre es uno de mi barrio: «¡Andaaá…!«. Ese era el de los niños bien educados. Los reos le dirían otra cosa.

– o –

Quiero aclarar que este no es un posteo sobre sindicalismo (Recuerdo que quedé debiendo esa materia). No menciona la profunda transformación que no originó el peronismo, sino Francisco Manrique: las Obras Sociales como hoy las conocemos. Ni los cambios que plantea, por ejemplo, Facundo Moyano.

Especialmente, está pendiente un asunto poco analizado: Por qué – a pesar del terror, de los asesinatos de muchísimos luchadores sindicales del Proceso en el ´76 – los trabajadores lucharon más eficazmente contra las políticas de los gobiernos militares que contra las de Menem (Dije «más eficazmente». En ambos casos, hubo gremios que lucharon denonadamente, con riesgos que sus críticos no corrieron).

El motivo de este posteo es más general: mostrar como el pensamiento que llamamos «liberal progre» o «republicano» en Argentina, tiene un problema con la realidad. Creo que ya viene de la Universidad de Chuquisaca, antes que hubiera una República Argentina.


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