Reunión de tribus para un 17 de Octubre

octubre 18, 2014

Un blog politizado como éste no podía dejar de mencionar esta celebración del Día de la Lealtad que hizo ayer el PJ bonaerense en el municipio de Moreno. Es cierto que hablar de «reunión de tribus» es una exageración; sería más bien un «coyag» ¿pero cuántos saben que ese era el nombre de algo como un parlamento mapuche?

Fue un acto muy interno: en la práctica, de los intendentes. Pero, como es sabido, estos muchachos algo pesan en el dispositivo del oficialismo. No hacen las listas, pero ninguna lista puede prescindir de su apoyo en la Provincia de Buenos Aires y tener chance.

Tan es así que se hicieron presentes, y discursearon como puede verse en el simpático «trailer» que encabeza este posteo, los precandidatos más mentados del peronismo: Daniel Scioli, Florencio Randazzo, Sergio Urribarri y Agustín Rossi (ausente con aviso Julián Domínguez, de reposo por un cuadro bacterial).

Los lectores consecuentes recordarán que señalé que había en curso dos campañas, o dos escenarios de campaña, si se quiere ser preciso: el actual, que enfrenta al gobierno con la oposición, y aquél en que procuran instalarse los candidatos para el 2015. Y que el primero es, con mucho, el que por ahora importa a los que les importa la política (además de los políticos mismos, claro).

Precisamente, el significado que le encuentro a este acto es que los precandidatos y la dirigencia territorial de la provincia de Buenos Aires afirman su presencia en el apoyo al gobierno de Cristina Fernández y en el despliegue para el 2015. Seguro que no es una presencia decisiva por sí sola, pero algo pesa, cómo no.

Después que algunos comentaristas del blog dedicaron mucho espacio en el posteo anterior para convencernos de la amenaza del nacionalismo mapuche, tengo que decir que, repasando las caras que se ven en el video, las tengo que tomar más en serio que a delirantitos que firman Puel Mapu. Considerando que el acto fue en el Club Recreativo Los Indios…

(Agradezco por ubicar el video a los blogueros de Peronismo Cordobés. Ellos saben por experiencia la sabiduría de la observación de Perón «si quiero llevar sólo a los buenos me voy a quedar con muy poquitos«).


Para adictos a la interna peronista: Un poco de metadona

junio 26, 2014

PJ

Ahora, cuando Argentina está en medio de una delicada y compleja pulseada jurídica – con implicancias para el sistema financiero global – no es momento adecuado para analizar el posicionamiento en el fascinante mundo del PJ. Pero hay adictos irrefrenables (yo soy uno). Así que en simpatía comparto este artículo de hoy de Pablo Ibáñez. Es divertido e informativo. Y da una buena idea del «clima» que se vivirá durante doce meses en la sociedad politizada.

«El tribunismo mundialista y los espasmos por el expediente fondos buitre pusieron en stand by la temporada electoral. La ansiedad igual opera en otros planos: los candidatos del peronismo K se dedican, algunos casi en la clandestinidad, a las giras y presencias mientras la mayoría diseña movimientos para cuando termine el megashow de Brasil 2014.

El dispositivo K tiene, reconocidos por las normas IRAM del PJ, siete candidatos a los que cedieron vices honorarias a modo de certificado habilitante. De ellos, algunos todavía no terminaron de mostrar las cartas, mientras se produjo una deserción: Jorge Capitanich, potencial candidato del pasado cercano, se bajó privadamente del sucesorio 2015.

Posmundial, Jorge Taiana -un peronista al que el PJ no precandidateó- tendrá su show el 22 de agosto en Ferro. Allí, el excanciller de Néstor y Cristina de Kirchner terminará, tras varios rodeos, de aparecer como aspirante a la Casa Rosada. Con el respaldo del Movimiento Evita (el clan de Emilio Pérsico quiere ampliar la plataforma), Taiana transita hacia una postulación sectorial donde otros dirigentes, como él, pretenden encantar al votante ultra-K.

Agustín Rossi, el ministro de Defensa, figura en esa lista poblada. El rosarino intercala giras de gestión con sentadas políticas -esta semana se vio con José Alperovich en Tucumán y con Eduardo Fellner en Jujuy, y visitó universidades donde entregó copias de las actas de represión-, mientras analiza armar un acto para imprimir como foto oficial de una candidatura que ya se animó a vocear. Proyectó hacerlo en julio o agosto, pero lo dejó en veremos por un criterio táctico: esperar el momento oportuno.

Algo parecido hace Juan Manuel Urtubey. El gobernador de Salta tiene elecciones locales a principios de 2015 y avisó que recién en marzo del año que viene, en la medida que se abroche un pacto con un puñado de caciques, hará un lanzamiento formal y nacional. El salteño es el tercer gobernador, con Daniel Scioli y Sergio Urribarri, que habita la grilla del peronismo K pero, a diferencia de los otros dos, no se mueve como candidato ni se zambulle en la ruleta de posicionamientos y debates.

En Salta sostienen que el momento para jugar la ficha presidencial recién será la primera mitad de 2015 y desempolvan la estadística que certifica que en los últimos 30 años, los candidatos que aparecían como presidentes inevitables al final no lo fueron.

Rossi, como Urtubey, interpreta que el punto de quiebre en el ajedrez electoral será marzo/abril del año próximo pero, a diferencia del salteño, está tentado con montar un episodio de presencia y lanzamiento antes de fin de año mientras multiplica sus raids campañistas. A fines de julio se editará un libro con sus discursos como jefe del bloque de diputados K, más anexos y anotaciones, y Rossi saldrá a contarlo por los barrios.

Taiana y el ministro de Defensa tensionan por la cucarda de candidato K, lotería en la que aparecen también Urribarri, Florencio Randazzo -hasta acá la figura del dispositivo oficial con mejores indicadores en los sondeos-, Julián Domínguez y, poco visible, Aníbal Fernández, a quien el Consejo del PJ también condecoró como precandidato.

Domínguez presentó en Mar del Plata su grupo San Martín, con el que pretende entrar en la maratón presidencial y escalona apariciones en provincias y ciudades bajo ese paraguas. Lo mismo hace Urribarri. Aníbal Fernández, instalado en el Senado, mira el andar de los demás y puede, intempestivamente, meterse en el espadeo para el que se autopostuló.

Randazzo, como Rossi, tiene la ventaja y la limitación de ser ministro K, lo que le otorga visibilidad pero a la vez lo condiciona para moverse libremente. El ministro de Interior y Transporte seguirá, como hasta ahora, con su safari de actos de gestión, esperará que Cristina de Kirchner lo muestre periódicamente a su lado -en el lenguaje cristinista eso se podría leer como el guiño a un preferido-, y antes de fin de año lanzará su candidatura, aunque el formato no lo tiene definido«.


Las encuestas y las operaciones del domingo

junio 1, 2014

Hoy Página 12 – que no será el diario más oficialista, pero no cabe duda que es el más intelectual y progre de los diarios oficialistas – publica estos interesantes cuadros:

Candidatura SCIOLI

encuestas

Candidatura RANDAZZO

encuestas (1)Candidatura URIBARRI

encuestas (2)

Pertenecen a la encuesta nacional más reciente de la consultora Aresco, de Julio Aurelio, en la que plantea tres escenarios de primera vuelta en los que el Frente para la Victoria es representado por Scioli, Randazzo o Urribarri. Compitiendo contra Massa, Cobos por el Frente Amplio-Unen, Macri por el PRO y Altamira por el FIT.

La muestra de Aresco se hizo este jueves en todo el territorio nacional y fueron consultados 1998 ciudadanos mayores de 16 años en condiciones de votar. Ahora, tengo que decir que conozco a mi amigo Julio Aurelio desde hace muchos años, y sé que es un profesional riguroso y serio. Pero… también es cierto que, como dice otro amigo en su mismo oficio, Artemio López, todas las encuestas a un año y medio de la elección son operaciones políticas (Eso sí, él no se priva de anunciar que el FpV ya la tiene prácticamente ganada. Bueno, aún los encuestadores tienen su corazoncito).

Por mi parte, me parece evidente que esos números son razonablemente válidos… a hoy. Lo que da muy poca seguridad que sigan siendo los mismos, o parecidos, en 18 meses. Estamos en Argentina. Y por eso mismo, es relevante preguntarse por el resultado de la publicación de estos números, ahora.

Claro, en la fauna política y la politizada, que somos los que nos interesamos en estas cosas. Digamos que a los opositores los estimulará a buscar mecanismos frentistas que les permitan sumar sus respectivos porcentajes (esperando tener mejor suerte que Ricardo Alfonsín y Francisco De Narváez en la anterior elección presidencial). De todos modos, ya lo están haciendo.

Y a los oficialistas, los impulsará a acercarse a la quinta La Ñata. Que también ya están en eso, cómo no. Igual, esas son muestras del sano oportunismo tan humano y tan frecuente en política. Los verdaderos jugadores siguen trabajando en sus estrategias y en la suma de voluntades, que es lo que les permitirá o ser candidatos o que los candidatos les den bolilla. La política no es sentimental pero, a su modo, es justa.

Lo que me deja pensando es el motivo de esta publicación en Página 12, diario progre y K si los hay. Y donde en la misma edición de hoy aparecen durísimas críticas contra la política de seguridad de Scioli, firmadas por Horacio Verbitsky. Eso desmiente la leyenda urbana de un oficialismo monolítico. Si lo podré decir yo, oficialista por default.


No eran pocos, y llegó Randazzo. La carrera K

abril 24, 2014

carrera1

Confieso de entrada que el título es marketinero. Florencio Randazzo no «llegó», sino que está desde hace rato en la carrera de las candidaturas presidenciales. Pero su anuncio de hoy «Voy a participar en las primarias para presidente» ubica el tema en el marco que me parece evidente – el de las PASO – y además me sirve para reemplazar «El kirchnerismo de los senderos que se bifurcan«, más literario pero muy gastado.

Ya hace una semana el informado Pablo Ibáñez había publicado en Ámbito una nota donde describía la situación en la «galaxia K». Como de costumbre, tiene buenos datos sobre lo que está pasando en la interna del FpV porque habla con todos los grupos (otros periodistas parece que se limitan a leer sus propias columnas, o de los que piensan igual), pero en este caso pasa por alto algo tan básico como las relaciones de poder en el kirchnerismo. Pero mi opinión la agrego después. Lean:

«Que florezcan mil flores pero que después queden dos o tres nomás»… El planteo refiere a la proliferación de candidatos presidenciales, dato que a priori supone dinámica política – y democrática interna – pero comienza a percibirse como un problema a futuro que sólo podría ordenarse de un modo: si Cristina de Kirchner posa su dedo mágico sobre un postulante.

Esperar el dedazo presidencial, a pesar de que muchos dirigentes entienden que eso finalmente no ocurrirá, se convirtió en el comodín del kirchnerismo para no expresar preferencia sobre los cuatro aspirantes declarados – Daniel Scioli, Sergio Urribarri, Juan Manuel Urtubey y Florencio Randazzo – y los varios en gateras – Jorge Capitanich, Agustín Rossi, Julián Domínguez, Aníbal Fernández, Jorge Taiana.

Acordar con alguno de los precandidatos o aguardar hasta que la Presidente bendiga a un dirigente son los extremos de la táctica de Unidos y Organizados (UyO), la megaagrupación que comanda La Cámpora, y reune a más de 20 clanes ultra K; del MILES, de Luis D’Elía al Movimiento Evita de Emilio Pérsico; el Frente Grande, los sabbattelistas de Nuevo Encuentro o, entre muchos otros, el Frente Transversal de Edgardo Depetri.

De ese puñado de grupos, unos pocos mostraron las cartas y se lanzaron a apoyar a algún candidato. La Corriente Peronista Descamisados, que conduce Marcelo Koenig, avanzó en un gesto de apoyo a Urribarri, mientras que, con menos visibilidad, la Martín Fierro de Jorge «Quito» Aragón se movió en la misma dirección aunque, puertas adentro de UyO, avisaron que si la Presidente señala a otro, acompañarán a quien elija Cristina de Kirchner.

Otros espacios, en particular el Evita, puso en la cancha a sus propios postulantes: el evitismo K empuja a Taiana para la pulseada presidencial y a Fernando «Chino» Navarro para gobernador bonaerense aunque mantiene vías de diálogo con otros postulantes.

La Corriente de la Militancia, que nuclea a varias grupos, expone una oferta propia: Agustín Rossi, el ministro de Defensa, anda de ronda para aparecer en el radar 2015.

«La Cámpora no puede decir que prefiere a un candidato u otro porque son la agrupación de Cristina y si lo hacen significa que Cristina apoya a ése…», explicó un referente de UyO. Sobre esa base, la mayoría de los sectores opta por aguardar una señal o que el tiempo y el viento ordenen las piezas. Con distinto margen de acción, Nuevo Encuentro, el Frente Grande, el Frente Transversal y Kolina, el partido de Alicia Kirchner, engordan ese pelotón. El sabbattelismo interpreta que «no es momento de optar» por alguno de los candidatos sino de «ordenar al kirchenrismo para garantizar el triunfo de 2015». Lo mismo, casi calcado, sostienen en el Frente Transversal, pero agregan un enfoque: «El candidato debe estar en sintonía con lo que expresa el proyecto nacional y no al revés». Kolina, que puso a Carlos Castagnetto para circular por la provincia de Buenos Aires, adhiere a la regla de «hacer lo que pida Cristina» a la vez que por tener base en varias provincias puede explorar acuerdos locales.

No hay, al menos hasta ahora, sectores que apoyen explícitamente a Scioli. Es más: genéricamente, en reserva, todos coinciden en que el bonaerense figura entre sus opciones menos deseadas aunque, a diferencia de otros tiempos, dejan de considerarlo un intruso. «Mientras haya muchos postulantes pero ninguno ser el kirchnerista, es mejor para Scioli», interpretó un referente. Otro exploró los riesgos de la diversidad: «Que haya seis candidatos es muy democrático, pero al final es negativo porque ninguno logra el poder suficiente».

El timing de la Presidente para ordenar el caos también está en discusión. La decisión de esperar entiende que habrá una intervención directa de la Primera Mandataria que se espera para fin de año. El antecedente es la disputa por la candidatura a jefe de Gobierno porteño en 2011 que enfrente a Daniel Filmus, Amado Boudou y Carlos Tomada, a los que Cristina de Kirchner dejó andar hasta que, al final, intervino en beneficio de uno: eligió a Filmus y meses después entronizó a Boudou como su vice. Algunos creen que no habrá dedazo porque sería demasiado riesgoso elegir un candidato que podría quedar fuera de carrera en las PASO. «A lo Perón, va a bendecir a los dos o tres que queden».

Mi opinión: Con «relaciones de poder en el kirchnerismo» me refiero a que el rol de Cristina no es, como el de Perón durante su exilio, el del conductor que equilibra distintos sectores de poder y realidades diferentes en la fuerza que lidera. No sólo ella no es Perón; el kirchnerismo, como identidad política, tiene una estructura mucho más débil que la del peronismo en su conjunto. CFK, como todo dirigente, debe tener muy en cuenta los intereses y prejuicios de sus seguidores, pero las agrupaciones que los reúnen no están en condiciones de condicionar una estrategia, excepto para su propio posicionamiento interno (lo que ya están haciendo).

La estrategia del conjunto K se decide – es inevitable – a partir de la lectura de la realidad que haga la Presidente. Y me resulta obvio que ella ya la decidió y puso en práctica.

No es solamente el hecho que las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias ya se cumplieron en 2011 y en 2013. Que los distritos más importantes tienen leyes similares para decidir las candidaturas locales. Que en la Provincia de Buenos Aires deben hacerse al mismo tiempo las primarias locales que las nacionales. Que todas las fuerzas políticas, mayores y menores – algunas a disgusto – ya la incluyen en su estrategia. Teóricamente, el Congreso podría suspender la aplicación de la ley para el año que viene, aunque el costo político para el oficialismo si lo propusiese sería muy alto, y no es seguro que conseguiría los votos.

El dato clave es que los ministros del Poder Ejecutivo nacional – porque Randazzo no es el único – no pueden encarar el gigantesco esfuerzo que requiere una campaña nacional de Primarias (olvídense de la publicidad: piensen en que hay que poner fiscales propios en cada mesa de todo el país) sin el aval explícito de Presidencia. Scioli, otros gobernadores, podrían hacerlo; un ministro, no.

La campaña presidencia de Daniel Scioli ya está en marcha, en todos los niveles, y a nadie se le ocurre que se detendrá, con o sin dedo de la Presidente (algunos dicen que le sería funcional que el «dedazo» apuntara a otro. Es una hipótesis que asume un deterioro futuro mayor del oficialismo).

En breves semanas – ¿después del Mundial? – estarán en marcha las campañas de todos los aspirantes serios a competir en las primarias del Frente para la Victoria. Las siguientes movidas de CFK, y de todos ellos, estarán determinadas por la realidad que van a empezar a revelar las encuestas, y las redes sociales, sobre las chances de cada uno, y del oficialismo como tal. Adaptando una consigna de la competencia, va a estar bueno el escenario político.


El salto del tigre

abril 4, 2014

tigre saltando

Florencia Benson, socióloga, Directora de Branding en #BASAT y autora del recordado blog La Farolera (estas cualidades no están puestas en orden de importancia) ha subido al blog de la Consultora, como me había anticipado, un breve posteo sobre el posicionamiento que ha logrado Sergio Massa en la carrera presidencial del 2015.

Me interesaba su valoración por – obvio – un dato clave: el ex intendente de Tigre aparece primero en todas las encuestas (sí, anche las de Artemio) en las que hoy se mide a las figuras que han sido mencionadas como posibles candidatos en esas elecciones. No tenía dudas sobre su capacidad de evitar tanto el sesgo de su compromiso ideológico como, algo más común entre nosotros, el seguidismo que despierta alguien que va primero. Es una profesional con la que trabajamos en ese plano. Y, además, estamos hablando de encuestas que preguntan sobre una contienda electoral que se hará dentro de 19 meses, y en las que se miden figuras, más que candidatos de fuerzas políticas. Eso me permite a ser bastante objetivo…

El desafío era, en un texto breve, eludir la jerga técnica y apuntar, con realismo, los factores que pueden haberlo llevado a esta situación. Tengo que reconocer que lo ha hecho en forma brillante, y además adelanta un cuadro plausible del reparto de roles en el escenario. Comparto con ustedes algunos fragmentos, y agrego sólo dos observaciones al final. Eso sí, les prometo a ustedes y a Florencia que pronto subiré una respuesta.

«EL TIGRE TIENE HAMBRE

¿Por qué Massa va ganando? Es una pregunta delicada que, por estas horas, parece circular como un mantra por los pasillos de la política – ya con entusiasmo, ya con amargo desencanto. Desde #BASAT podemos apuntar … factores que, si no excluyentes o exhaustivos, al menos buscan disparar la reflexión:

El que pega primero pega dos veces. Massa adelantó la largada a la carrera presidencial y la plantó en las PASO legislativas de 2013, mediante una hiperactividad de armado territorial in crescendo, sin tregua ni descanso. La película bien podría llamarse “la rosca sin fin”. Los demás candidatos o precandidatos empezaron a mostrar actividad de este tipo recién después de las elecciones legislativas, en general.

Agenda. Massa tiene un instinto implacable para realizar rápidas incursiones en temas candentes y retirarse a tiempo, sin quedar estancado en ellos. Ejecuta una estrategia que integra, de manera coherente y atractiva, los diversos canales de promoción (que eso hace un candidato; no nos vamos a horrorizar ahora de que los políticos “usan” marketing, ¿verdad?), complementando los medios tradicionales como la televisión, radio y periódicos, con la fluidez de las Redes Sociales. En este momento aprovecha los errores del Gobierno y se mete por esas grietas, apropiándose de los temas y convirtiéndolos en su articulación programática.

… Massa está sabiendo captar y capitalizar las principales demandas flotantes, disponibles (si son genuinas, o inclusive legítimas, es una discusión estéril) que, a modo de resumen, aquí llamaremos “las 3 in”: incertidumbre, inseguridad, inflación. De estas tres cosas habla Massa y habla todo el tiempo.

Estilo. Este factor suele confundirse con lo meramente gestual o, peor aún, con “el look” de un candidato (en fin…). Pero no: el estilo es la impronta personal que un candidato imprime a un programa ideológico, administrativo y político. En este plano, Massa juega al doble juego de desgastar al oponente y a contrastar con él. Es por eso que satura los colores, hace buenas migas con el empresariado y con los sindicatos, con Estados Unidos, en fin, con todos los jugadores que el kirchnerismo le dejó vacantes.

En este sentido, … se encarna el enfrentamiento simbólico de dos arquetipos: por un lado, el Buen Republicano – joven, competente, bien formado, bien pulido, prudente y de perfil ejecutivo, aunque también implica un costado frío, monótono, hiperracional, insensible – frente a la Reina de Corazones – aquella que posee los corazones del pueblo, la que simboliza la preeminencia de lo afectivo-emotivo, y que también implica una dimensión de lo barroco, lo excesivo, lo irracional, cambiante o impredecible.

… Parecen definirse con mayor claridad las tres bandas de competición hacia 2015: por la centroderecha, Massa, que tiene un enorme electorado disponible (si lo sabe ganar) en el espectro de la oposición no-peronista; por el centro, Scioli, a quien este desplazamiento de Massa puede favorecer si juega a ser el candidato caprilista; y la centroizquierda peronista, más estrechamente identificada con el actual modelo y que plantearía una continuidad y profundización del mismo (Rossi, Urribarri, ¿Randazzo?)«.  (completo aquí)

Mis dos observaciones: 1) Este cuadro se concentra en el espacio que podemos llamar «pan peronista», y deja afuera a la Oposición de origen no peronista. Es cierto que hoy parece difícil que consiga armar una oferta capaz de disputar la Presidencia. Pero tiene más de un año para hacerlo. Y, lo consiga o no, su presencia electoral obligará a tomarla en cuenta. Es el factor de la dispersión en la 1° vuelta al que apuntan los análisis de Artemio López.

Y 2) No estoy de acuerdo con el título que eligió Florencia. Es cierto que el tigre tiene hambre. Vaya si la tiene. Pero esa es una condición permanente. Prefiero mencionar «El salto del tigre», porque eso nos recuerda que está obligado a seguir dando otros.


A la conquista del indeciso

agosto 2, 2013

Scioli, Massa, Uribarri, Urtubey

En el formato de un debate en la blogosfera, ya hice mi evaluación, a la fecha, sobre la competencia electoral en la Provincia de Buenos Aires. Pero hoy el lúcido Marcelo Falak, colega bloguero, además, publica en Ámbito una pieza donde, desde percepciones parecidas a las mías, enfoca el panorama que se abre hasta Octubre del 2015. La pelea por el premio mayor.

Es un poco largo, pero me parece imprescindible para encarar el tema desde una mirada realista, como lo tienen que hacer los políticos que quieren ganar. Quizás da más peso a algunas opiniones de lo que haría yo, pero las presenta todas. Le hago un cambio de título – «los ni-ni» tiene otro, lamentable sentido – y una sola observación: me parece válida la imagen – que tomo para encabezar este posteo – de esos conquistadores que se lanzan a la difícil empresa, pero recuerdo las escépticas palabras del Eclesiastés: «… no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla;… sino que el tiempo y la suerte les ganan a todos«.

LOS CONQUISTADORES DEL VOTO INDECISO

Marcelo Falak

La largamente anunciada irrupción de Sergio Massa sobre el cierre de las listas para las primarias del próximo domingo 11 puso de manifiesto mucho más que la aparición de un candidato con amplias expectativas de pelear la victoria en las próximas elecciones e, inclusive, dar un salto aún mayor en 2015 . Expone un dato que excede su propia figura y su proyección personal: la aparición de un nuevo sector del electorado, centrista y esquivo a los encasillamientos excluyentes de los últimos años, que giraron obsesiva y abusivamente en torno al clivaje kirchnerismo-antikirchnerismo. Pero ¿esta «tercera posición» define un segmento con posibilidades de ser mayoría dentro de dos años, cuando se estará jugando la sucesión de Cristina de Kirchner y, con ello, el rostro futuro de la política nacional? ¿Cabe pensar a esta altura que el próximo presidente no será ni K puro ni anti-K, tal como nos habíamos acostumbrado a pensar?

«Creo que sí, que ésa es la línea que viene en 2015, la de valorizar lo que se hizo bien y cambiar lo que no se ve como positivo», responde, convencido, Fabián Perechodnik, director de Poliarquía.

Al menos en la provincia de Buenos Aires, el premio mayor de cualquier elección por concentrar casi el 40% del padrón nacional, las encuestas conocidas hasta hoy comprueban la existencia de esa porción del electorado. Según la primera de Poliarquía, completada el 5 de julio, el intendente de Tigre obtenía una intención de voto del 33,7%; según la última conocida, finalizada el 26 de julio y también publicada en el diario La Nación, lograba un 32,5%.

La leve declinación de Massa no alcanzaría para hablar de una tendencia y, por el contrario, la postulación parece sostenerse en torno a un tercio del electorado. Sin embargo, hay que destacar el ascenso del cada vez más instalado Martín Insaurralde, hombre de Lomas de Zamora y cabeza de lista del Frente para la Victoria, que pasó en el período del 22,8% al 27,4%, y que en estas horas ya se acerca, al menos, a una situación de empate técnico en algunos distritos importantes del conurbano. Ascenso, hasta lo que se conoce, que se explica sobre todo en el recorte del ítem «indecisos», que cayó del 13,1% al 9,9%.

Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, explica que «la sociedad se divide tradicionalmente en tres tercios. Uno está con el Gobierno y siempre lo estará, en este caso el kirchnerismo. Otro nunca lo va a votar, aún en el mejor momento del mismo. El tercer tercio es el fluctuante, que puede votar o no a un Gobierno. En 2009 votó a la oposición, en 2011 en su mayoría retornó al oficialismo y en 2013, se va alejando del mismo. Como ejemplo, la Presidente en su reelección obtuvo el 56% en la provincia de Buenos Aires y su lista de candidatos a diputados nacionales encabezada por Insaurralde hoy tiene la mitad. Esos 28 puntos que votaron por Cristina y que ahora no votan al oficialismo son la base sobre la cual Massa intenta generar su posición intermedia».

Si éste propone mantener «lo bueno» que hizo el kirchnerismo desde 2003, corregir «lo malo» y completar lo inconcluso, hay que considerar su candidatura fuera de las categorías de oficialismo y oposición, con las que políticos y analistas han atormentado a los no embanderados en los últimos años. Intenta encarnar un poskirchnerismo que salta así al centro de la escena como opción con posibilidades de triunfo no ya en las legislativas de este año sino en las presidenciales de 2015.

Artemio López, director de Consultora Equis y hombre cercano al Gobierno nacional, discrepa y, al calor de un tramo clave de la campaña, le baja el precio a la figura de Massa. «Lo de Massa no es poskirchnerismo, es duhaldismo 2.0, duhaldismo con laptop. No es más que política bonaerense sin despliegue nacional. Lo que ocurre es que toda la oposición va a funcionar así, a partir de un reconocimiento similar al que hizo Henrique Capriles en Venezuela, que dejó de estigmatizar al chavismo y comenzó a reconocerle sus logros. Ocurre que para oponerse con eficacia a una experiencia política de diez años como ésta hay que tomar nota del piso de integración social que logró y del despliegue al que dio lugar en materia de derechos humanos, entre otras cuestiones. Quien discuta eso se va a quedar en el margen, así que toda la oposición se encamina a ese discurso».

Si la figura concreta del tigrense es capaz de convocar en grande es otra cuestión, que él mismo deberá resolver, para empezar, superando cierto carácter liviano de su discurso. En todo caso, lo que se constata es la aparición de un espacio del que no se tenía registro.

De hecho, hay otros nombres que también podrían interpretarlo en el futuro. El gobernador Daniel Scioli, el salteño Juan Manuel Urtubey o, más dentro de la ortodoxia K, el entrerriano Sergio Urribarri son, entre otros, los nombres que, vistos desde hoy, podrían realizar en 2015 una apelación amplia tanto a los convencidos del «proyecto nacional y popular» como a quienes lo han votado pragmáticamente en diferentes momentos pero que últimamente comienzan a percibir sus síntomas de agotamiento, sobre todo en temas como inflación y seguridad. Con Cristina de Kirchner desplazada del primer plano por el impedimento constitucional (¿y por voluntad propia, acaso?), sin el insustancial fantasma de la re-reelección de por medio, cualquier heredero, oficial u oficioso, deberá cobrar un perfil propio que le brinde la posibilidad de hablar de precios, del INDEC, del dólar, de la inseguridad y de tantas otras cosas que el discurso K ha preferido callar en estos años, para muchos de modo irritante.

«La sociedad cambia y, en consecuencia, lo que puede definir la elección dentro de veintiocho meses puede ser distinto a lo que definió la de 2011 y la que lo hará en 2013. La cuestión es que el peronismo amplía cada vez más su capacidad de representar a sectores más diversos y contradictorios. Así ha sido en las últimas tres elecciones presidenciales y así lo es hoy en la decisiva provincia de Buenos Aires. El peronismo es la vía más eficaz en la política argentina para crear coaliciones electorales amplias. Por eso no es casual que hoy dos figuras que están en el peronismo como Scioli y Massa son las que aparezcan con más posibilidades de suceder al propio peronismo en su versión kirchnerista. Además, Insaurralde trata de parecerse cada vez más a ellos», continúa Fraga.

Perechodnik suma a Mauricio Mari a la movida. «Massa, Scioli o Macri, cualquiera de ellos puede expresar esa tendencia (poskirchnerista), aunque cada uno con sus particularidades», indica. ¿Macri, un poskirchnerista, alguien que rescata cosas positivas de esta era política? ¿No es un opositor mucho más frontal?, le pregunto. «Yo creo que sí, que Massa se integra a un espacio que ya contaba a Scioli y a Macri con ese perfil. Hay un dato común: cuando uno mira el estilo de los discursos, los spots y la forma de comunicarse con el electorado, hay un patrón común entre los tres de búsqueda de un camino por el medio, de no ir a los extremos, con una comunicación directa y fácil. Macri ha tenido cosas puntuales fuertes con el Gobierno, pero no como Francisco de Narváez, que es la oposición constante. Sin embargo, si bien Macri trata de no transitar la no agresión, Massa es el único que hoy se presenta como el poskirchnerismo, como una alternativa que supere esto, ni a favor ni en contra».

Hay al respecto un dato que resulta elocuente sobre el modo en que la aparición de Massa, o, mejor, del poskirchnerismo, ha corrido el eje del debate político. El jefe de Gobierno porteño no sólo sumó figuras a la lista del tigrense sino que también puja porque éste reconozca ese acuerdo. El propio Macri y voceros oficiosos, como su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta han dado a entender o, directamente, afirmado que, de votar en provincia, lo harían por Massa, lo que fue rechazado por aliados de aquél, como Darío Giustozzi, temeroso de recibir el abrazo del oso.

Resulta curioso ver cómo Macri termina plegándose a una propuesta electoral que, antes que nada, comienza por reconocer «lo bueno» que se ha hecho en estos años: derechos humanos, inclusión jubilatoria, asignación universal por hijo (AUH), según la lista del propio Massa. Se trata de una derivación extraña para un espacio como el PRO que históricamente ha mostrado, cuanto menos, desinterés por la primera de esas banderas y que siempre abjuró de la estatización de los fondos jubilatorios, medida madre tanto de la moratoria que permitió llevar a más del 95% la cantidad de adultos mayores que perciben una pensión (el mejor índice de América Latina) y, a la vez, financiar la AUH. Sin dudas, esto señala por el momento una debilidad relativa del PRO, un partido que no ha logrado, en términos generales, superar su carácter distrital, algo que aspira comenzar a modificar en octubre. Pero también revela la forma en la que comienza a percibirse el modo de romper el techo electoral que la oposición, con su discurso habitual, frontalmente refractario a todo lo que huela a kirchnerismo, ha encontrado repetidamente en cada cita en la urnas.

Pero, claro, no todo es fácil para Massa, el hombre que hoy pretende encarnar el espacio poskirchnerista, mientras otros aspirantes peronistas deciden seguir por ahora como aliados de la Casa Rosada desde sus particularidades regionales. El ubicarse en una «tercera posición» lo obliga a un equilibrio difícil, toda vez que un crecimiento de los rivales que buscar erosionarlo tanto «por izquierda» como «por derecha» lo obliga a contorsiones retóricas que, por momentos, lo hacen parecer más oficialista o más opositor. Realizar esas maniobras, y a la vez, no perder las voluntades que se van juntando requiere una sintonía fina para la que, hasta octubre (una eternidad), deberá demostrar dotes poco frecuentes.

«La política es dinámica y la campaña está obligando a Massa a buscar la polarización del voto opositor y a endurecer su postura frente al Gobierno. En cambio, Scioli es quien ahora parece haber girado hacia una posición intermedia. Se alinea con el oficialismo, pero marca su estilo personal», define Rosendo Fraga.

En este punto, Perechodnik encuentra una posible debilidad del líder del Frente Renovador bonaerense. «Su último spot es claramente opositor. Pasó de hablar de la buena onda a decir ‘me saco el saco y vamos a pelear’. No sé si seguirá en esa línea, me parece un cambio muy abrupto, hay que explicar ese tránsito. ‘¿Qué le pasa a este chico?’, podría preguntarse alguien que pensaba votarlo. Igual, en términos de conveniencia, creo que debe buscar votos en el electorado opositor, porque Insaurralde le viene descontando puntos y todavía se encuentra por debajo del techo del oficialismo».

Liderazgos aparte, lo que el poskirchnerismo así entendido acepta es que es muy difícil nuclear una mayoría ganadora sin incorporar a sectores que han votado en los últimos años al oficialismo, los que, sumados, alcanzaron a un 55% en octubre de 2011. ¿Cómo puede ser vencedora una propuesta electoral si da la espalda, de un solo golpe, a los 2,5 millones de nuevos jubilados, a las familias que perciben los 3,5 millones de asignaciones por hijo, a los trabajadores de cooperativas que funcionan con subsidios oficiales, a quienes valoran la distribución de netbooks en las escuelas, a quienes lograron en los últimos años conseguir empleo y recomponer sus ingresos, y a quienes, aun sin beneficiarse directamente de esas políticas, las ven con simpatía desde lo ideológico? Difícil si se los pretende convencer de que todo lo hecho ha sido un desastre y no se admite la existencia en el país de un sentido común nuevo y fuertemente atravesado por la etapa de Néstor y Cristina de Kirchner.

«Hay un nuevo sentido común en el país, sin dudas», reflexiona Artemio López. «El kirchnerismo fue el sector que se hizo cargo con mayor eficacia de la crisis del neoliberalismo de 2001. Por un lado transformó el sentido común de los argentinos, pero por otro, se nutrió de una visión comunitaria nueva en diversas áreas, desde la necesidad de una mayor intervención del Estado hasta una política más enfática en la integración regional. No hay que olvidar que una parte de la sociedad prestó oídos en los 90 a un proyecto que planteaba las relaciones carnales, las que colocaban al país como furgón de cola de los Estados Unidos».

«Sí, creo que la impronta del kirchnerismo que va a quedar es ésa», coincide Perechodnik. «Hay olas. Si los 90 fueron la era de las privatizaciones y el antiestatismo, desde 2002 y 2003 en adelante, con la crisis de 2001 y 2002 de por medio, el kirchnerismo interpretó un sentir de la sociedad y lo puso en políticas públicas. Ahora, si bien solucionaron problemas de la década anterior, crearon otros nuevos con políticas no tan bien aplicadas, por más que fueran en el sentido general que la gente deseaba», agrega.

El poskirchnerismo apela entonces a un electorado que privilegia ante todo su realidad material; ¿quién podría criticarlo por eso? Un electorado que ha percibido mejoras, pero que, por otro lado, sigue padeciendo las pésimas condiciones del transporte y una inseguridad que es más que una sensación, cosa que ya nadie se anima a sostener. Un electorado, en definitiva, que percibe que la cuestión de los juicios por las violaciones a los derechos humanos ha sido saldada (en buena medida) por los tribunales y por la biología, por lo que seguir discutiéndola no le aporta nada. Un electorado, en suma, al que la pelea por «el relato», por la ley de medios audiovisuales y contra el grupo Clarín le dice todavía menos; es más, lo cansa, sobre todo cuando la discusión también está a punto de ser zanjada definitivamente por la Corte Suprema. Un sector poskirchnerista.

«La gente no quiere oponerse a todo. Hoy, a nivel nacional, el kirchnerismo sigue teniendo un 40% de apoyo, que si bien no es lo que era, sigue siendo una cifra considerable. La oposición ha tratado de demoler su imagen, pero ha tenido muy poco éxito. Massa, por ser una especie de novedad política, es hoy la figura de mayor proyección en ese espacio poskirchnerista», indica el director de Poliarquía.

Pero vayamos a los números. Más allá de la naturaleza diferente de los comicios que se comparan, veinte puntos porcentuales que marcan los extremos del voto K: el mencionado guarismo de la presidencial de 2011 y el 35% de la legislativa 2009, el fatídico año de las candidaturas testimoniales, la crisis internacional y las secuelas de la pelea con el sector rural. Ese electorado fluctuante, el que ha decidido cada elección de 2005 a esta parte, es el terreno más fértil para cualquier candidato que se defina como poskirchnerista, un botín considerable en una política doméstica fragmentada y con partidos líquidos, en la que contar con un cuarto o un tercio del electorado se parece bastante a una proeza. A eso, se puede contar en el futuro mediato con sumar parte del voto kirchnerista de paladar negro y un sector opositor menos recalcitrante o más pragmático, en clave de partido «catch all», lo único que históricamente ha dado buenos resultados en una sociedad argentina, con una estructura de clase débil, rasgo acentuado por la desindustrialización que fue de 1976 a fines de los 90. He ahí el cálculo.

Cabe conjeturar que la oposición más recalcitrante, al final del camino (si es que en política eso existe), habrá contribuido a poner coto a la era K pero que no será la que coseche los beneficios. En efecto, la denuncia (muchas veces precisa, tantas otras exagerada) de los excesos institucionales de la Casa Rosada, de los mecanismos de corrupción que han persistido, de las deficiencias de la gestión, de los problemas que se han subestimado, entre otros males, contribuirá a la sensación de un final de época, a la necesidad de un proceso nuevo, superador. La cuestión es quién lo encarnará.

Por supuesto que todo depende de cómo llegue Cristina de Kirchner a 2015, lo que, a su vez, será subsidiario, en parte de cuáles sean las condiciones de gobernabilidad que tenga hasta entonces.Esto es qué cosecha legislativa obtendrá en octubre y cuánto de ella retendrá si ese «gigante invertebrado» que es el peronismo comienza a otear que sus oportunidades están más lejos del redil oficial. Y además, acaso en primer orden de importancia, hasta qué punto lo que hoy forma parte de un nuevo sentido común que considera logros que es deseable mantener, fundados en niveles de gasto público históricamente elevados, no se desmigaja de la mano de una macroeconomía que cada vez hace más ruido.

Los diez años que lleva en el poder el kirchnerismo son todo un récord en la política argentina moderna. Ni el primer Perón (1946-1955) pudo superar ese listón. Tampoco Carlos Menem (1989-1999) ni ningún régimen militar. El poder desgasta, por más que Giulio Andreotti haya sostenido (bastante antes de su caída en desgracia) que la máxima sólo se aplica a quien no lo detenta.

«En 2015, el kirchnerismo habrá estado en el Gobierno doce años y medio, y en democracia la sociedad suele votar un cambio después de un período tan largo. En cuanto a la economía, el ciclo tan favorable a las materias primas de América Latina de la primera década del siglo no parece continuar con la misma intensidad en la segunda década y ello también juega a favor de un cambio», señala Fraga .

¿Pero cuáles son las causas puntuales de esa fatiga de un sector social, el que nos ocupa y puede definir el futuro político del país? Este analista explica que «una de las causas del malestar de los sectores medios fluctuantes con el kirchnerismo es que en la versión cristinista se identifica cada vez más con el modelo venezolano. El tercio intermedio, que cambia y por eso define las elecciones, está en el centro y no se identifica con dicho modelo. Tampoco con un modelo de centroderecha».

Evidentemente, ese sentido común fraguado en la última década se vería horadado si la inflación se siguiera empinando, lo que erosionaría el poder de compra de los salarios y de las ayudas sociales, el tipo de cambio y la competitividad de la producción local. Y, claro, aunque el ojo popular lo perciba como algo más mediato, si se acentúa el «cepo cambiario» y su contracara impiadosa, la sangría de reservas internacionales, con el consiguiente peligro de una devaluación brusca que golpee a los sectores menos pudientes, los mismos que en buena medida valoran aquel legado. En ese caso, la herencia tendría menos de «kirchnerismo» y más de «pos», para beneficio de quienes hayan mantenido su discurso bien lejos de las playas oficiales. Pero esa película, apasionante, todavía está por verse.


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