«No somos muchos, somos los de siempre…»

octubre 4, 2014

 

Tandil

No quería dejar pasar sin comentario la reunión del Partido Justicialista bonaerense en Tandil. Estaban Scioli, Uribarri, Domínguez, Gioja, Fellner, «Paco» Pérez, Espinoza, Bossio, «Wado» de Pedro, Kunkel… La noticia, en todo caso, podría ser alguna ausencia. Pero avanzar en los datos de la rosca se lo dejo a los colegas blogueros que la siguen de cerca, Sbariggi, Sentis, que además es local,… (Recién lo veo: buen resumen de blog cordobés). Por ahora, son escaramuzas en avance. Salvo un factor muy imprevisible, las alianzas definitivas para la interna esperarán a marzo.

La presencia significativa, para mí, no fue un dirigente sino un sistema: el aparato territorial del peronismo de la provincia de Buenos Aires. Y me hizo acordar, por eso lo puse en el título, cómo empezaba ese viejo cantito, irónico y desafiante.


El teorema de la doble A: Artemio-Amondarain

marzo 21, 2014

(Casi al mismo tiempo, sin coordinación previa, tres blogueros con inclinación por la política posteamos sendos análisis de esta precampaña electoral: el de Ricardo Tasquer, el de Artemio López y el de un servidor. Las miradas son distintas, of course, pero dan pie para algunas discusiones interesantes. Aquí va mi aporte).

El asunto surge, hasta donde pude rastrear, en la encuesta, encargada por el diario Perfil, de una consultora bonaerense, González/Valladares, y la firma MGMR, especialista en entrevistas telefónicas computarizadas. Ésta analiza la performance de posibles candidatos oficialistas contra Sergio Massa en una elección presidencial: el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich; el ministro del Interior, Florencio Randazzo; y el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri.

Sergio Massa queda arriba, en la encuesta, en los cuatro escenarios con un porcentaje que oscila entre el 29 y el 31 % (Corresponde decir que otras encuestas diferentes, encargadas por otros clientes, también están dando ventaja a Massa sobre otros candidatos presidenciales posibles). Lo novedoso de ésta es que Scioli y Randazzo sacan el mismo porcentaje de votos: 21,3 %. Por detrás, pero muy cerca, se ubican Capitanich, con el 19,3 %, y Urribarri, con el 17,3 %.

El teorema del título – apoyado en estas cifras – fue expuesto públicamente por primera vez por Juan José Amondarain, operador de Sergio Massa en la Provincia de Buenos Aires y también en el mundo virtual (me dicen que ya lo venía sosteniendo). «El voto del kirchnerismo se está volviendo un voto duro«. Esto significa, según explica en la entrevista que le hicieron Silvia Mercado y Ceferino Reato, cuyo video ilustra este posteo, que cualquier candidato del FpV obtendría un porcentaje similar, y que entonces es mejor que represente una opción bien identificada con la política de esta década. Hasta cita a Verbitsky en apoyo de este concepto. Y llega a afirmar «En una interna del FpV (la fórmula) Scioli-Alguien vs Randazzo-Urribarri, Scioli no tiene chance. Pierde la primaria contra un candidato kirchnerista».

Lo llamativo es que Artemio López, cristinista ortodoxo si los hay, cita en ese posteo que menciono al comienzo esa misma encuesta! Dice el CEO de Ramble «El kirchnerismo manifiesta un piso del 33% de los votos nacionales, (es lo que) mide el espacio, y todos sus candidatos se ordenan en torno a ese número, miden todos lo mismo con variaciones en el nivel de conocimiento, dimensión que no es significativa a tanto tiempo de las elecciones, como se ve acá«.

En realidad, no hay nada extraño en la posición común de estos dos militantes de causas enfrentadas. Ambos se aferran a un escenario, el de las elecciones del año pasado, que, curiosamente, sería el más favorable para las estrategias opuestas que ambos favorecen. En esas elecciones legislativas, el FpV y sus aliados obtuvieron el 33,15 % de los votos en todo el país, la UCR más el socialismo y sus aliados, el 21,38 % y el Frente Renovador de Massa el 17,03 %. Entonces, Artemio puede afirmar con firmeza:

«El desafío oficialista es acceder al 40% de los votos – 36% de voto efectivo – como fue la meta a conseguir tras las elecciones del año 2009, ya que la distancia de 10 o más puntos respecto a la segunda minoría (requisito legal para ganar en 1° vuelta con el 40 %), … es un hecho sin discusión posible, aún midiendo el FPV su 33 % de piso«, porque «no parece que ninguna alianza en potencia de la oposición pudiera alterar el esquema hiperfragmentado de octubre, y no será fácil materializarla por el componente territorial de la construcción política y los liderazgos equivalentes que pueblan el paisaje opositor, circunstancias que ya analizamos en Télam«.

De la misma forma, el escenario que prevé Amondarain asume que Massa, que obtuvo el 17,03 presentándose nada más que en Buenos Aires, llegaría a ser la 2° minoría sumando votos en todo el país. En ese caso, es válido especular que, frente a un oficialismo reducido a los votos kirchneristas, puede llegar a la segunda vuelta y ganar en el balotaje con los votos de toda la oposición. Irónicamente, esa fue la exitosa estrategia de la candidatura de Kirchner en 2003, que no se completó simplemente porque Menem se bajó antes de la 2° vuelta.

No me convencen ninguno de esos dos escenarios. Atención: respeto los conocimientos y la experiencia de ambos entusiastas voceros. Y aclaro que – más allá de algunas observaciones técnicas que me hacen llegar mis socios en #BASAT – no tengo elementos para dudar de las cifras de González/Valladares. Esos números, cuestionables como toda encuesta, en el fondo reflejan el escenario político que dejaron las elecciones de octubre del año pasado, pues el eje ordenador sigue siendo la actitud frente al gobierno nacional.

Pero el presidente se elige el 2015, el año que viene. Las razones que me llevan a pensar que el escenario será muy diferente del que produjo los resultados del 2013 son de dos naturalezas distintas. Unas están expuestas en ese posteo de Ricardo; otras, en el mío. Pero se ha hecho muy tarde, en un día largo, y tengo que dormir. Se los sigo mañana a la tarde.

(Continuará)


La elección del candidato del FpV

marzo 19, 2014

precandidatos

Atención: Tengamos claro que el tema del título se decidirá, muy probablemente, recién en agosto del año que viene, dentro de 17 meses. Y aunque es cierto que la corporación política, especialmente los que esperan ser ese candidato o enfrentarse con él, no piensa en otra cosa, la mayoría de los argentinos todavía no está obsesionada con el tema. Por suerte.

Pero sucede que ahora se está discutiendo un aspecto importante del mecanismo de decisión: la reforma, o no, de la ley de las PASO. Esas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias donde, muy probablemente, se elegirá ese candidato. Y me parece que analizar los argumentos nos sirve para echar luz sobre la situación actual del Frente para la Victoria, y el resto de las opciones políticas.

La reforma que se propuso consiste en permitir que el ganador de las PASO elija como vice del binomio a quien resulte el segundo más votado. Actualmente, la ley establece que se elige la fórmula entre las que se presentan a la primaria, y luego no puede modificarse.

Ante todo, quiero corregir algo que dijo el habitualmente bien informado Pablo Ibáñez en Ámbito del viernes: esta propuesta no está archivada. Es cierto que la mayoría de los gobernadores, veteranos de muchas peleas, desconfían de la idea de juntar en la fórmula a dos adversarios que demostrarían, por definición, poder en el plano nacional, al salir primero y segundo en la interna peronista. Pero hombres poderosos en el Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, donde la definición está más complicada, todavía la favorecen. Y Olivos – una voz muy influyente – aún no se ha pronunciado. Seguramente esperará a que sea un poco más previsible quiénes se beneficiarían con el cambio.

(Otro aparte. Nuestros republicanos locales – gente que siempre ha sido puntillosa en los procedimientos, excepto cuando se trataba de desplazar a un gobierno peronista – se quejarán que la decisión habrá sido tomada por un cálculo egoísta de beneficios. Por supuesto que es así. No conozco de ninguna ley electoral, en ningún lugar del mundo, que no tome en cuenta los intereses de los que legislan; aunque a veces, como cuando la Ley Sáenz Peña en la elección de 1916, los resultados no siguen sus expectativas. Afortunado el país cuyos intereses a largo plazo coinciden con los intereses a corto plazo de los que gobiernan).

Mi amigo Jorge Landau, tuvo a bien acercarme los argumentos que expuso recientemente en una charla del C.I.P.P.E.C., contra la reforma. Los volcó en un lenguaje más franco que el que, seguramente, usó en esa noble institución. Pero trascienden este caso, y nos dan una idea de cómo están hoy los fuerzas políticas argentinas:

«1.- Creo que uno de los problemas del régimen de partidos políticos es una suerte de macrocefalea de los dirigentes en relación con los partidos, lo cual hace que vivamos una democracia de figuras, muchas de ellas fugaces. Poner el acento entonces sobre la importancia de las figuras, si se unen o no, me parece que no ayuda a mejorar el sistema.

2.- Tampoco ayuda a la gobernabilidad que se unan en una oferta dos tipos que se repatearon y que por ley están obligados a estar juntos. La tormenta previa preanuncia fuertes lluvias e inundaciones. Ese fue el ejemplo de Chacho Álvarez y De la Rúa, electos en 1999. Ni el radicalismo ni el Frepaso pudieron reponerse más de esa experiencia. Y a la Argentina le costó hasta ahora.

3.- Sólo beneficia al reacomodamiento de la oposición, porque está más fraccionada que el peronismo«.

Sobre esto último, creo que es útil precisarlo algo más: una flexibilización de las normas de las Primarias Abiertas les resulta indiferente al massismo y al macrismo. Como partidos populistas que son (conservadores populares, para ser exactos) su candidato ya está elegido: es Sergio Massa en un caso, y Mauricio Macri (si no vacila a último momento) en el otro. Y su candidato a vicepresidente me parece inevitable que también sea decisión del Jefe (aunque, como son populismos más modernos, la palabra irá sin mayúscula).

Para la alianza radical-socialista (más Carrió, Solanas, y otras figuras menores) la reforma, que implica lo posibilidad de representar en la fórmula a las candidaturas que arrastren más votos, es mucho más ventajosa, al menos en principio. Por algo Julio Cobos la apoya. Eso sí, como apunta Landau, lleva el peligro de una repetición del drama de la Alianza. Pero no creamos que el problema depende de una norma legal; la debilidad del gobierno de De la Rúa, como, en circunstancias históricas muy distintas, del de Ilía, fue la falta de una fuerza política poderosa que lo apoyara sin vacilaciones en el Congreso. Para eso no alcanza que el presidente y el vice se lleven bien. Si no resuelven su incoherencia política, no serán una opción de gobierno.

No es necesario, ojo, que resuelvan su incoherencia ideológica; eso no es obstáculo, como lo demuestran por ejemplo, el peronismo, o la alianza gobernante en Brasil, o los partidos Republicano y Demócrata en EE.UU.

En cuanto al Frente para la Victoria – no lo tomo por separado del peronismo, aunque éste sea, de lejos, su núcleo más sólido y numeroso; las PASO garantizan que no habrá diferencia en las urnas – la situación es más compleja. Daniel Scioli aparece como el candidato tácito de la mayoría de los gobernadores, por ahora, pero eso no es decisivo (acordémonos de Cafiero). En su caso, además, necesita para legitimarse de una victoria clara en las internas nacionales del FpV. Pero no es fácil planearlo, cuando nadie sabe cuáles se presentarán en agosto ´15. Los rostros de algunos precandidatos nos sonríen, amables, en la fila de arriba de la ilustración del posteo. Y todavía puede haber alguna sorpresa ¿No les sorprende, no, que vuelva a decir «El que viva, lo verá«?


Curto habló y dijo

marzo 31, 2013

curto

Hoy el distinguido bloguero Nicolás Tereschuk @escriba tuiteó:

@elblogdeabel llega por experiencia al mismo lugar donde Miguel Bein llega por la razón, ja.

Y no sé si sentirme halagado o considerar que me llamó viejo. La cosa es que, como le respondí a Nicolás, «coincidir con Miguel Bein no me emociona tanto, como coincidir con Hugo Curto«.

Porque hoy, en la Tribuna de Doctrina (oficialista), Página 12, el patriarca de Tres de Febrero y numen espiritual del PJ bonaerense se pronunció sobre el tema Scioli, que hoy, curiosamente, parecería ser el pivote sobre el que gira la política argentina.

Al menos, la Oposición realmente existente, representada, por ejemplo, por Van Der Kooy y Morales Solá, está segura que es el capítulo final, entre la sumisión o la destitución del gobernador bonaerense. Y la usina de doctrina K, representada, por ejemplo, por Ramble Tamble, mira a los ojos del manco de La Plata y se llena de dudas. (Debo decir que, con algo más de serenidad que Eduardo y Joaquín, el Artemio rescata ahí una frase «Hace nueve años y medio que es inminente la ruptura entre Scioli y el kirchnerismo…”).

Toda este gente sabia a uno lo hace dudar. Entonces, es una satisfacción moral que Don Curto, lo mismo que otro viejo lobo de mar, Julio Pereyra,  refrende la apuesta que uno hizo hace unos días, aquí y aquí: «No habrá ruptura«.

Por supuesto, tampoco el Hugo es infalible (Sólo Francisco, y en cuestiones de fe y moral). Pero es seguro que llega a esta conclusión por mucha experiencia. Como cuando dice “algunos que están afuera van a estar adentro, otros van a seguir afuera y algunos que están adentro a lo mejor se quedan afuera, pero esto fue siempre así”. Por eso sugiero que sigan leyendo sobre la distribución del ingreso. Es un tema más decisivo.


Scioli y La Nación (diario)

mayo 13, 2012

Cuando anuncié con un tuit que habia subido el post anterior (diez horas después; a mí me cuesta entrar a Twitter, qué quieren que les diga) escribí «Subí anoche «Puja distributiva & puja política. Titulares para Scioli, pero el que pega es Moyano«.

Ojo: No estoy negando la importancia del hecho. Cuando el gobernador de la Provincia de Buenos Aires anuncia que quiere ser Presidente, en Argentina siempre ha sido importante. Pero mi objeción es la misma que planteo al enfrentamiento entre la Presidente y Moyano: existe, pero es demasiado temprano para que se convierta en una bisagra. Por algo más de dos años, al menos, la puja distributiva será mucho más decisiva, hasta para la suerte del gobierno nacional, que la puja exclusivamente política, por el poder.

Eso sí, se ha agitado la fauna política como en pocas otras oportunidades. Pero aquí también hay que diferenciar la paja del trigo. Son los que no tienen nada los que se apresuran a aproximarse a Scioli, enarbolando salvavidas de plomo, como por ejemplo el Alberto Fernández. También está la rápida de reacción de Horacio Verbitsky, el influyente vocero de un sector significativo de la coalición oficialista, pero cuyo poder territorial es cercano a cero, que en su editorial de hoy le ofrece a Scioli «la posibilidad de apearse con decoro (en 2013), encabezando con su declamada lealtad la lista de candidatos del oficialismo a diputados nacionales«. Pagni es más generoso, o más sutil, cuando sugiere reelección (también) en la provincia.

Como se ve, pienso que por ahora es una realidad periodística (que es todavía menos que una «batalla cultural»). En ese plano, hay que decir que Clarín la manejó mejor, con menos pomposidad que La Nación pero con más «gancho», al dar por hechos los pases del «Chueco» Mazzón y de Pampuro. Pero… hay un oficio en La Nación, como insiste un viejo amigo mío, que supongo que tiene que ver con la mayor cocherencia de su público. En la edición de hoy publica también este suelto… sugerente, aprontándose a circunstancias futuras:

«El caso de la ex imprenta Ciccone. Los vínculos que llegan al entorno de Scioli. Son dos torres en el mismo predio. Una con entrada por la calle Aristóbulo del Valle 3270 y la otra por la calle San Lorenzo 50. Y ambas, sobre el coqueto Parque San Martín de Mar del Plata y vista a Playa Grande. Juntas y exclusivas exponen uno de los vínculos que van del vicepresidente Amado Boudou al empresario Fernando Aldrey Iglesias y al gobernador Daniel Scioli…«


Scioli, seguridad y elecciones

febrero 28, 2011

Me siento mal metiéndome, otra vez, en la provincia de Buenos Aires cuando ni siquiera cumplí aún con mi promesa de completar el «cuadro de situación» de la Capital. Pero es un distrito clave, el tema de la «inseguridad» está instalado en la preocupación colectiva, y me dejaron pensativo este y este post, los dos muy recientes, de mi amigo neo ortodoxo Artemio López.

Él, que ha sido azote del sabbatellismo, nos dice que Scioli está sin rumbo, que sus operaciones de prensa – “La gente quiere rigurosidad y firmeza” – son lamentables y que va para tercero en las elecciones de octubre (!?). Es curioso: al mismo tiempo mi amigo paleo ortodoxo, Omixmorón, que sabe también castigar a los progres, sugiere abiertamente que las posturas, tan divergentes, de Scioli y de la progresía kirchnerista, son parte de una estrategia encaminada a sumar la mayor cantidad de votos al oficialismo e impedir el crecimiento de un candidato que capitalize por derecha, un nuevo De Narváez, el temor por la «inseguridad».

¿Mi opinión? Conociendo a algunos de los protagonistas, me inclino a pensar que lo de Omix tiene sustento. Pero tengo una vieja desconfianza a este tipo de maniobras. Y, después de todo, Artemio es profesional. Aunque ya nos avisó que todas las encuestas a esta altura son operaciones, su advertencia es plausible. Después de todo, una bandera no puede ser enarbolada por cualquiera, sino por aquél a quien los votantes están dispuestos a creer. El ascenso y caída de Blumberg, aparentemente el de De Narváez mismo, son indicaciones. ¿Scioli ya no sería de teflon? Hmmm…

Eso sí, hay algo que quiero decir sobre el manejo de la policía, más importante que las estrategias electorales: En el caso de la Bonaerense, las dos políticas aparentemente opuestas, la «autogestión» policial, en el marco de un acuerdo político tácito con sus mandos, y la intervención política, acompañada de repetidas purgas, ambas han fallado.

No importa que nos digamos que las cifras de homicidios son mucho más bajas que las de México. Sí, y las de México son mucho más bajas que las de Honduras. El hecho social es que el delito común se vuelve más violento, y ninguna política social cambiará eso en el corto plazo. El hecho politico es que los argentinos comunes se sienten amenazados por esa delincuencia violenta, y no sienten que la policía los protege debidamente. «Es una sensación» ¿hay otra realidad en la política?

Concuerdo con lo que, aparentemente, está planteando Artemio: la «mano dura» puede responder a lo que exige una mayoría de la población, pero si no consigue resultados, si lo único que ofrece son nuevos escándalos policiales, la desilusión es rápida. Pero, aunque el otro lado tiene un discurso más sofisticado e inteligente, como buenos progres, mi amigo Luciano (qué doctrinarios están los links de este post! Falta uno con el texto de «Conducción política»recordaba hace poco que Arslanian había estado a cargo de la bonaerense en la última parte del mandato de Duhalde, y Arslanian y Saín en el de Felipe Solá.  Y en ambas oportunidades, sucesivas purgas fueron seguidas (¿provocaron?) graves episodios de violencia, hasta que vinieron, en reacción, Ruckauf y Stornelli.

No puedo mejor que copiar su síntesis «Es decir, la PBA ya tuvo sus “derechas” y “progresismos” trabajando en las áreas de inseguridad, pero hoy un policía raso se sigue quejando porque tiene que gastar una porción de su magro sueldo para comprarse una chaleco antibalas nuevo para no usar uno vencido»-

Eso sí, le comenté que no me parecía adecuado que nos limitemos a criticar los discursos vacíos de «garantistas» y «manoduristas». Porque, sobre todo en un año electoral. ambos seguirán siendo usados por los sectores que se dirigen a sus respectivos públicos.

En ese post se aportaron algunas ideas interesantes, pero mi impresión personal – lo único que puedo aportar, como lego – es que no es un problema de encontrar «la política acertada», sino de gestionar con eficacia, de brindarle a la policía recursos… y disciplina. El hombre, o la mujer, que lo haga deberá tener todo el respaldo de la política, en ambos planos, pero nada podrá garantizarle aciertos, excepto su capacidad. Dudo que lo encontremos, en un año electoral.


Me juego: opino sobre los acuerdos en Buenos Aires

febrero 19, 2011

Después de haber contribuido al palabrerío sobre la interna bonaerense en varios posts con muchos comentarios, ayer subí uno que era, básicamente, un suspiro de alivio. Confieso que el acto de la reinauguración del Estadio Único en La Plata me tenía, como a otros, un poco preocupado. No tanto la posibilidad de incidentes o provocaciones – siempre puede suceder, cuando se reúnen decenas de miles de militantes de orígenes muy diversos, pero los organizadores han ganado experiencia en estos años -; tampoco la posibilidad de una silbatina orquestada desde algún grupo, contra la Presidente, el gobernador o algún intendente – también pienso que en eso hemos madurado. La inquietud era por la posible ausencia de Cristina, con algún motivo plausible.

Eso bastaría para que la tensión por los intereses encontrados, frente a la cercanía del armado de las listas, se incrementara por la tradicional paranoia de los políticos. De eso sí que no nos hemos curado. Es cierto que me había llegado hace un par de semanas, desde alguien cercano a la mesa muy chica, que el tema de las colectoras estaba conversado con Scioli, pero…

Ahora, en ese post el compañero Guido, que ha aportado varios de los comentarios mejor argumentados de las últimas semanas, dijo simplemente «No es negocio, ni las colectoras ni la re reforma» Y saben qué? Estoy de acuerdo con Guido: Es cierto que son arreglos tentativos, a hoy, que seguramente la cambiante realidad ajustará. Pero yo también los encuentro, en sí mismos, profundamente insatisfactorios.

Ni las listas «colectoras» – porque debilitan la cohesión de los partidos nacionales, que era el objetivo de la ley K de Internas Abiertas obligatorias ¿recuerdan? – ni elevar el piso para la representación de las minorías en las listas – porque dificulta y mucho la necesaria renovación en el PJ bonaerense – son pasos positivos, desde los intereses del conjunto.

Pero «el conjunto» sólo decide a través del conflicto y la negociación de los sectores que lo forman. Incluida la conducción. Por eso esto es una buena lección de política: No tenemos ninguna seguridad que vamos a lograr el ideal que queremos. Pero podemos, y debemos, evitar los desastres: esto es, agravar los conflictos que perjudican a todos.


Scioli, Sabbatella … – 3ra. parte ¿y última?

febrero 10, 2011

Comencé a escribir sobre este tema porque me pareció una buena forma de vincular la enconada discusión teórica sobre peronismo y progresismo que conmueve la blogosfera politizada,  con una disputa política concreta en la provincia de Buenos Aires. Traté de enfocarlo sin engancharme en los relatos de «infiltrados» y «traidores», a izquierda y derecha – soy un hombre de la Capital, lo que me permite cierta distancia – y analizarlo como el inevitable despliegue de las ambiciones y temores de los actores políticos. Y el marco que la realidad les imponía.

No importa. Se inició, en ese post y aún más en el siguiente, un confuso, apasionado y muy rico debate entre peronistas y progres, con algunas intervenciones socialdemócratas y cualunquistas. Pero me parece que el análisis de la realidad electoral quedó un poco de lado.

Sospecho que era inevitable: las listas «colectoras», que hasta no hace mucho eran de interés para los apoderados partidarios y blogueros conocedores de la interna bonaerenses, ha llegado a ser el «tema» político más caliente en este febrero. Si hasta Clarín se ha visto motivado a publicar ayer un artículo didáctico, donde explica que son una herramienta contra Scioli. Y hoy LaNación trae una nota firmada por Luis Majul «Escenas de la batalla entre CFK y Scioli«… Se me ocurre que ya hemos llegado al nivel más elemental de divulgación, salvo que aparezca en fascículos para la escuela primaria.

Es obvio que. ante una oposición que no termina de afirmarse, los poderes fácticos enfrentados al gobierno nacional – estos dos medios, por ejemplo – harán ruido con algo que puede llegar a ser un conflicto, quizás hasta una división, en el oficialismo. Y hablando de oposición, ya salió De Narváez a aprovechar la volada.

Pero no hay que engañarse: han sido voces kirchneristas, desde el mismo centro formal del «dispositivo», como el jefe de gabinete Aníbal Fernández, hasta las fronteras rebeldes donde se ubica Luis D´Elía, las que han hecho más para instalarlo en los medios. Curiosamente, semanas y semanas antes que se deba, o pueda, tomarse una decisión definitiva. Y sin que la presidente, Cristina Fernández, se pronuncie.

Creo que para analizarlo racionalmente, es necesario usar la clasificación con que atormento a mi amigo Manolo Barge: dirigentes / militantes / pueblo. O, en tiempos desangelados, candidatos / activistas / votantes. Ojo: me parece que, en la mayoría de los análisis, algunos lúcidos y brillantes, que leí en la blogosfera y en los medios no se distingue con claridad a esta última categoría: la de los que votan.

Desde el punto de vista de la Presidente y de su «mesa (muy) chica», la motivación es obvia: abrir un canal para el voto de «centro-izquierda» que hoy aprueba del gobierno o de sus políticas pero es renuente a votar al peronismo… o a algunos de sus candidatos. Autorizar una «colectora» puede juzgarse más fácil que armar un frente en toda la regla, que obligaría a abrir las listas de diputados y concejales y comprometer cargos en el gobierno provincial.

Tengamos en cuenta que un 5 % en la Provincia de Buenos Aires (aproximadamente lo que Sabbatella alcanzó en junio ´09) significa más votos en una elección presidencial que varias provincias «chicas» juntas. Y si bien hoy las encuestas colocan a Cristina Fernández muy por arriba de sus potenciales adversarios, no puede descartarse una polarización, que sumase sus votos. De Narváez no parecía un contendiente serio, a principios del ´09. La reelección presidencial es mucho más segura si gana en primera vuelta.

Ha habido también, es evidente, un permiso tácito a los ataques al gobernador Scioli desde fuera del gobierno pero adentro del kirchnerismo. Esto me resulta más difícil de entender, a pesar de la tradicional rivalidad entre la presidencia y el gobierno de Buenos Aires, que en el peronismo hubo desde Perón y Mercante a Menem y Duhalde. Pero en este caso, Scioli es hoy el inevitable candidato a la reelección como gobernador; más aún, estoy convencido que la operación «colectoras» fue conversada con él: no es viable de otra forma.

En cambio, la actitud de dirigentes kirchneristas – y una parte de la militancia K – que han salido a atacar al gobernador de la Provincia, resulta muy explicable. El discurso conciliador que Scioli ha hecho suyo es el blanco ideal de los que enarbolan – y, en la mayoría de los casos, creen sinceramente – un relato de heroica confrontación. Enfrentarlo les da una identidad que expresa su rechazo a un aspecto del peronismo con el que no se encuentran cómodos: su ideal de conciliación nacional y su inclinación a sumar apoyos sin cuestionar procedencias ideológicas (Aspecto que deben aceptar, y defender, cuando lo hace el gobierno nacional. Scioli les da una oportunidad sin costos – si no forman parte del gobierno provincial, claro – de exorcisarlo).

Aunque personalmente prefiero la conciliación y no cuestiono ideologías – soy un cordero herbívoro – en tanto sirvan para alcanzar los objetivos comunes, tengo que reconocer que la poco efectiva gestión de Scioli como gobernador hace más fácil cuestionarlo. Pero como político, me saco un sombrero imaginario: su coherencia práctica y su sangre fría le han permitido sobrevivir a Menem, a Duhalde y a las furias de Kirchner. Hoy es, en parte debido a los ataques que mencioné arriba y también a su actitud conciliadora, la «esperanza blanca» de los sectores hostiles al gobierno – más que Macri, Duhalde, o el hermético Reutemann; más aún que Ricardo Alfonsín – sin dejar de ser el candidato más importante, después de la Presidente, de la coalición oficialista, y cuyo triunfo es necesario para asegurar la reelección de ésta.

Por el otro lado, la actitud de Martín Sabbatella también es lógica y coherente. El desarrollo político de Nuevo Encuentro y de su figura se basa en la crítica dura al peronismo bonaerense y a sus figuras. No «apoya al peronismo desde la izquierda«, como otras experiencias históricas. Es un partido opositor al gobierno provincial y al PJ, que apoya la reelección de la Presidente, pero que ya decía esto en octubre del año pasado “Con relación a Daniel Scioli, puedo hacer una evaluación de la gestión, que es una mala gestión, y puedo hacer una evaluación de su pensamiento ideológico: yo creo que es un señor que pertenece a la centro derecha argentina”. Una parte de la militancia kirchnerista también piensa así.

Sabbatella además apela a la insatisfacción de algunos sectores del Gran Buenos Aires – la clase media progresista – con la gestión y el estilo de los intendentes peronistas. No importa que el menemista Rousselot haya sido destruído en Morón por el cafierista Horacio Román: Sabbatella se ha ubicado como el enemigo de los «Barones del Conurbano».

Y, por supuesto, también es muy explicable la reacción de los intendentes frente a la idea de una «colectora» sabbatellista. Más que los cuestionamientos políticos, les preocupa la pérdida de algunas bancas en los Consejos Deliberantes que pueda destruir su gobernabilidad. No es un temor infundado: Morón, Quilmes, Lomas de Zamora… Sobran los ejemplos.

Es decir: la política de autorizar listas colectoras ya enfrenta la oposición abierta de los jefes políticos actuales de los distritos más importantes. Es natural entonces que aún mi prudente amigo Ezequiel Meler, no comeprogres él, se haya preocupado por los riesgos de esta estrategia en dos posts muy recientes, aquí y aquí, y advierta «tal vez el kirchnerismo no pueda ganar una primera vuelta sin los votos progresistas, pero directamente no figura sin los votos del justicialismo, sin sus legisladores, sin sus gobernadores y sin sus militantes. Puntualmente, no figura (en Buenos Aires) sin Daniel Scioli, como no figura en Santa Fe por afuera del PJ. Y eso, en las áreas metropolitanas, porque en las periféricas… bueno, en las periféricas hay que ver si le alcanza para pelear una intendencia»

Muy lúcido, y necesario para tener en cuenta. Pero es un análisis teórico. Si bien la candidata necesita del PJ, el PJ necesita de la candidata y de su alta «intención de voto». Si a eso le sumamos los recursos del Estado Nacional, y la aquiescencia del gobernador Scioli, la pulseada puede definirse a favor de la colectora, por lo menos en algunos distritos (es el nivel municipal el que preocupa).

Tengamos presente también que la Presidente aún a hoy no ha dicho una palabra sobre el asunto. Mi expectativa es que, como indica el más elemental manual de política, esperará a que se definan las fuerzas – evaluando también la mayor o menor disposición a acompañar sus políticas – antes de pronunciarse. Después de todo, uno de los libros más interesantes sobre la política real no fue escrito por Maquiavelo o por Weber, sino por Saint Exupery. Relata como el Principito era monarca absoluto de su pequeño mundo: todas las mañanas ordenaba al sol que saliese.

Escribí este largo y quizás aburrido relato para mi propia satisfacción: ordenar en mi cabeza estos rompecabezas complicados tan típicos de los argentinos. Eso sí, puede quedar desactualizado, hasta absurdo, por nuevos hechos.

Por eso quiero pasar a ocuparme, brevemente, de lo que anticipé al comienzo: los argentinos y argentinas que votan. Ese – quiero insistirles a mis amigos de la blogosfera -, aunque evolucione, es mucho más permanente que cualquiera de los líderes políticos.

El problema que se presenta al peronismo de la Provincia de Buenos Aires, a sus expresiones territoriales y también a las sindicales, no se origina con Sabbatella. Ni tampoco con la coalición: peronismo + progresismo, que Kirchner construyó. El problema, lo conocemos muy bien en la Capital Federal, es que el peronismo tradicional no ha elaborado, salvo ocasiones muy precisas y puntuales, una política exitosa para atraer y conservar a la mayoría de la clase media.

Y la clase media, y sus preferencias electorales, son, desde hace décadas, cada vez más significativas en el Gran Buenos Aires. Vicente López, San Isidro, dejaron de ser peronistas mucho antes que Morón. Avellaneda… hemos perdido y hemos ganado, pero por poco. En todo el Primer Cordón del conurbano – esto lo saben de memoria todos los políticos – los aparatos tradicionales del peronismo son cada vez menos relevantes.

No necesitamos recurrir a sociólogos: un mapa electoral del aréa metropolitana indica con mucha claridad los niveles de ingreso: los más pobres, nos siguen votando a nosotros. La clase media… Ya en los ´80 perdimos en Ciudad Evita.

Entonces, los peronistas debemos aceptar que, si queremos gobernar Argentina en esta nueva década, necesitamos sumar expresiones políticas que incorporen a esos sectores medios (aunque a veces nos moleste su soberbia y ese hábito de juzgarnos desde butacas de espectador). Necesitamos la coalición progresista que Kirchner supo armar. Y, por supuesto, tampoco podemos alienar a todos los sectores medios que no son progres. Aquellos que encuentran a Scioli «menos crispado». ¿O alguien cree que Scioli expresa al peronismo de la Resistencia? ¿O nadie recuerda quien pensó que Daniel sería un buen candidato para gobernador de Buenos Aires?


Scioli, Sabbatella y los senderos que se bifurcan – 2da. parte

febrero 8, 2011

Estuve leyendo, aquí y aquí, posts recientes de Omixmoron, donde critica, muy duro y de frente, la anunciada estrategia de Nuevo Encnentro en Buenos Aires: una lista «colectora» que apoye a Cristina Fernández para la Presidencia, pero con candidatos propios para la provincia y los municipios. Omix es tal vez el bloguero peronista que ha salido a golpear más decididamente, pero sospecho que la mayoría peruca piensa más o menos lo mismo. Yo he sido algo más tolerante en mi blog, pero se me ocurre que vale la pena que me extienda.

Es un tema que tiene importancia práctica: un 5 % de los votos en el Conurbano, un 10 % en la Primera Sección electoral (es un cálculo prudente: pueden ser menos, pueden ser bastante más) son una cifra significativo en una elección nacional; son un hecho político muy importante en la Provincia, y decisivo en muchos municipios de la Primera.

Y echa algo de luz, creo, en la lucha por el poder en el peronismo y en la política argentina: por eso tiene interés para los que no militan en el PJ ni en Buenos Aires. Porque no es solamente la estrategia del «sabbatellismo»: también es una estrategia de algún nivel de la dirigencia peronista. Y además es un debate en el seno de la militancia. Por eso voy a empezar por ahí.

Escribí lo que resultó ser la primera parte de este post hace casi una semana, lejos de Argentina y con poco tiempo para acceder a Internet. Curiosa coincidencia: el mismo día Manuel Barge escribía Fede Vázquez y el FREPASO de Derecha, un texto más profundo y análitico pero que es, de algún modo, la contracara de lo que yo decía.

Porque ahí el bloguero Fede V. planteaba preguntas muy filosas: «Manolo, Omix, la noticia del día es que Macri se lanza a presidente y el Peronismo Federal está a dos pasitos de cerrar la candidatura.

¿Qué hacemos ahora con los análisis sobre el peronismo monolítico? ¿Dónde queda la idea de que no hay «derechas» y todo es movimiento nacional? ¿Siguen siendo «compañeros» los que intenten que Mauricio llegue a la primera magistratura? ¿O en cambio el enemigo principal es Sabatella?«,

Y Manolo elige la historia, no muy lejana, que conoce muy bien, para responderle: «No somos sectarios ni excluyentes, como son la mayoría de los espacios políticos de la Argentina; no expulsamos a nadie, aun a los legisladores que se declaran peronistas y se alinearon con el Grupo A (fuente CFK). Respetamos a las minorías internas, y se les reconoce su espacio (fuente CFK); aunque realicen la gira 1985/2001, que MUCHISIMOS funcionarios actuales hicieron.

¿Conocés alguna declaración pública donde se califique de traidores, o desertores, a Garré, Juampi Cafiero o el Chivo Rossi? ¿Ellos son mejores que NK, CFK, el Negro Moyano, Pichetto, Pampuro, Aníbal, Ginés, el viejo Cafiero, o Puricelli; que no ROMPIERON durante la Hegemonía Menemista?«.

Mi amigo Manolo, con su aspecto benévolo, puede pegar muy duro: porque las referencias que hace, y la cita del documento “Por qué nos vamos” del 19 de agosto de 1985 firmado por 26 intelectuales peronistas (algunos ya no son peronistas, pero siguen siendo intelectuales; repasen los nombres) apuntan al Frepaso, cuya razón de ser fue la lucha contra Menem, y que terminó siendo el socio menor de la Alianza y el que propuso el regreso de Cavallo…

Pero… me permito sugerir a estas dos luminarias de la blogosfera politizada – que saben muy bien que el juego de «¿Y tus amigos que hacían cuando…?» puede ser fatal (Por las dudas, yo siempre insisto en aquello «el que esté libre de culpa tire la primera piedra«. Y uso casco) – que lo que los separa es que tienen dos objetivos principales distintos: Fede V. considera decisiva la elección de octubre. Ganarla, con la mayor diferencia posible, subordina todo lo demás (algo para reflexionar: es lo mismo que plantea Artemio López, que se ha vuelto neo ortodoxo).

Manolo privilegia, por encima de todo, preservar las estructuras del peronismo, que, en última instancia, son las que garantizan las elecciones de octubre… y las siguientes. Él no cree – yo tampoco, y sospecho que Fede V. lo mismo – que el Encuentro pueda reemplazarlas. Pienso que es una diferencia generacional… al menos entre peronistas.

Omix, que es un tipo práctico, como yo, había hecho una propuesta simple: «la interna es eso: que vos me propongas Sabbatella y que yo te proponga Massa, que los dos sostengamos la legitimidad del optro para competir y que no ensuciemos la campaña con acusaciones que lo único que hacen es embarrarnos a todos y restarle posinilidades al conjunto; y que al final el que pierde (que es el que puede jugar en contra) se la banque como un señorito» El problema, compañero, es que no es el mismo partido: el origen de Nuevo Encuentro, y su posibilidad de crecer, como señaló Ezequiel Meler, es la crítica al peronismo.

En realidad, este debate tiene que ver con el futuro, más que con el presente. Porque casi todos los políticos peronistas con alguna posibilidad electoral han terminado por aceptar, con mayor o menor entusiasmo, que Cristina Fernández será candidata a la reelección en este año, que «la transmisión del mando se hizo en la plaza«. Pero para los progre-peronistas – una parte no pequeña de los militantes jóvenes y los pendeviejos recuperados – Scioli ha llegado a simbolizar el peronismo que no quieren; el peronismo de ¡horror! «derecha», que no puede ni debe ser candidato en el 2015.

Así como para muchos otros peronistas, veteranos como Manolo o jóvenes veteranos como Luciano, el sabbatellismo les representa a esos «cuadros» de clase media, que miran por encima del hombro a los militantes barriales y les dan una charla de 10 minutos sobre políticas sociales participativas y la corrupción de los intendentes, antes de irse apurados porque tienen que acompañar al «referente» en un reportaje por cable.

Creo que son reacciones exageradas. Sobre todo por un problema de tiempos. Empezar a pensar ahora en la «herencia» para el 2015 es natural y hasta inevitable en el activismo político, pero también es poco serio. Cuatro años antes del 2003, Kirchner era un casi desconocido gobernador patagónico; cuatro años de 1989, Menem era un personaje pintoresco, instrumentable por Alfonsín. Y como ejemplo de trayectorias diferentes, cuatro años antes de ahora Cobos era un confiable aliado K.

Para este debate peronista, comparto entonces lo que plantea, justamente, Luciano en su último post: «Me parece sensata la decisión del PJ de Santa Fe, y espero que en Córdoba se resuelva de igual manera. La izquierda peronista no merece conformarse con la mediocridad de una colectora, ni hacerse adicta a la minoría intensa del “ir por afuera”: hay que modificar las afinidades electivas, romper con el lastre de la historia, evacuar las dudas y cosechar el respeto en la instancia pejotista. Porque además, no les queda otra opción si quieren sobrevivir como rama, como expectativa de poder«.

Eso sí, tenemos que recordar siempre que las internas, no importa cuán duras, son posibles si los que participan en ellas reconocen que los otros son parte de la mismo, no «infiltrados». Primero entonces los peronistas vamos a tener que preguntarnos si vamos a aceptar la lógica que yo describí – no muy bien – en una respuesta del post anterior:

«La unidad del peronismo – que reúne a zurdos, fachos, delirantes, arribistas y hasta algunos militantes honestos :=) – es considerada positiva por los que, como yo, pensamos que una fuerza política que aspire en serio a conducir la Nación debe necesariamente sumar a los sectores que la forman (los atorrantes, por ejemplo, son un porcentaje importante). Su historia y – sobre todo, quienes la forman: en su mayoría, los de abajo – le dan contenido, pero sus políticas concretas están determinadas por la conducción política que acepta en un momento determinado. O sea que pueden ser políticas tan distintas como Menem o Kirchner lo eran entre sí.

Los peronistas, en general, aceptamos que eso puede ser un problema. Pero creemos que no hay alternativa, en el peronismo o en cualquier partido que aspire a gobernar. Que los intentos de hacer el partido de los “buenos y auténticos”: el Partido Intransigente de Alende, el Frepaso del Chacho, el ARI de Carrió, ahora el EDE de Sabbatella o el Proyecto Sur de Pino… terminan en frustraciones y quioscos. Puede ser que estemos equivocados»

Esa es mi postura en este debate, y quería registrarla. Pero, como indiqué al principio, el debate no es la única realidad. Hay un aspecto mucho más relacionado con las realidades inmediatas del poder, y ese lo expuse – esto sí en forma más precisa – muchas veces en el blog:

«Sin la suma del peronismo y del progresismo “realmente existentes”, sin la mayoría de los votos que eligieron la boleta del P. J. y la del Frepaso en 1999 (la última vez que la separación fue clara), le sería muy difícil vencer a Cristina Fernández de Kirchner en 2011″.

La(s) colectora(s) en Buenos Aires – como un Frente en la Capital – tienen que ver entonces con que la «mesa chica» de la conducción del oficialismo está perfectamente consciente de esto. Empezando, claro, por Cristina Fernández.

Continuará


El tema Scioli

enero 17, 2011

Echar un vistazo el domingo, en papel o por Internet, a las columnas políticas de Clarín, LaNación y Página12, y – desde hace algún tiempo – a algunos blogs, es un hábito de la mayoría de los que estamos en o cerca de la política o el Estado en Argentina (los más dateros agregan Perfil). Eso sí, tengo que decir que no están muy interesantes en estas semanas, y la culpa no es sólo de enero.

Esas columnas tienen que ver con la coyuntura, que no aparece emocionante. Un oficialismo con la candidatura presidencial y de la mayoría de las provincias… previsibles. Una oposición que no termina de instalar candidatos, ni opciones novedosas… Aunque Julio Blanck, en Clarín, y Carlos Pagni, en LaNación, aportan voces más nuevas y pienso más agudas que los voceros de siempre, no pueden hacer mucho con ese material (Verbitsky, siento decirlo, es parte de lo aburrido: criticar a los empresarios rurales y a la Sra. Cecilia Pando, no es realmente novedoso).

Pero el esfuerzo de Pagni – si bien algo retorcido; Polito lo satiriza cruelmente aquí – tiene un mérito indiscutible: muestra la posición clave de Scioli en la coyuntura (Blanck hace algo muy similar, aunque se siente obligado a mencionar a Sanz). Eso sí, al contrario de Ramble, yo no pongo énfasis en sus especulaciones sobre la vicepresidencia y el 2015. Es el rol central que ocupa Scioli en los argumentos de Pagni – en realidad, en los de buena parte de la fauna política – lo que me llama la atención.

Porque nadie ha llamado «polémico» a Scioli. Lo más cruel que le dijeron es líder de la corriente Aire y Sol del oficialismo; es gobernador de Buenos Aires, candidato a la reelección con buenas encuestas, ha manifestado su apoyo a la reelección de la Presidente, y acompaña sin diferenciarse, excepto en algunos matices de estilo, las políticas del gobierno nacional.

Y sin embargo, para muchísimos progresistas – corriente muy importante, hasta mayoritaria, en la militancia K – Scioli aparece como «el sapo» que temen les hagan tragar. Hasta un kirchnerista razonablemente histórico, y astuto, como D´Elía ha decidido que su posicionamiento pasa por un desmesurado ataque a don Daniel. Debo decir que Eva Row, figura maternal de la bloguería K, ha encontrado necesario defender a Scioli con una conmovedora parábola.

Más interesante todavía, son algunos sectores del poder económico – la nota de Pagni lo hace tan claro – los que se aferran desde hace largos meses a Scioli como la última y mejor esperanza para detener la catástrofe: la continuidad K. Y este es el factor que echa luz – me parece – sobre todo lo demás.

En mi opinión, la mayor parte de los grupos económicos más poderosos y dinámicos no tienen un problema tan de fondo con las políticas asociadas a las dos gestiones Kirchner – sus beneficios en los últimos años han sido altísimos, y, en cuanto a la posición ideológica, estas declaraciones de principio de Paolo Rocca, el CEO de Techint, hacen muy claro que no hay incompatibilidad básica. Y no es creíble que el discurso «setentista» que adoptan a menudo muchos que apoyan al gobierno de Cristina – discurso que Scioli no comparte, lo que le enajena a los militantes nostálgicos – sea el problema con estos sectores. Su preocupación no son los discursos.

El problema, en ese nivel, es el poder (Un personaje, bastante desagradable pero muy inteligente, Vladimir Lenin, decía «Todo es ilusión, menos el poder«). El desarme de las AFJP demostró a las corporaciones, por si les quedaban dudas, que los Kirchner tomaban medidas que harían vacilar a gobiernos más temerosos de los «mercados». Y, a pesar de algún juego de insinuaciones de campaña electoral, Cristina Fernández no aparece como una «débil mujer».

Scioli, como iniciador de políticas para la Nación, es una cantidad desconocida (Y Menem y Kirchner mostraron que, en el peronismo al menos, los hombres que llegan al nivel más alto del poder político pueden dar algunas sorpresas). Pero toda su trayectoria muestra una capacidad de diálogo y buenas relaciones con el poder económico que permite abrigar expectativas razonables a decisores que no quieren arriesgarse con candidaturas no respaldadas por encuestas serias ni a un radicalismo imprevisible.

Mi posición: El discurso «setentista» no es el mío, pero tampoco comparto la hostilidad automática a ese discurso (que también tiene sus raíces en esa época). La viví, y mi reacción emocional más fuerte es dolor por los errores que los argentinos cometimos. Y la decisión de tratar de ayudar a que no se repitan.

En cuanto al tema central, las relaciones entre el poder político y el económico: Tiendo a pensar que, en el mediano y largo plazo, una nación, para ser viable, no puede permitirse una hostilidad implacable entre ambos. El poder político debe ser el que traza los objetivos, y procurar lo que se llamaba «el bien común», pero manteniendo una relación razonable de colaboración mutua con el poder económico. Que no es realista pensar que puede ser reemplazado o cooptado por amigos. Además, éstos siempre tratarán de ser amigos de cualquiera que tenga el poder.

Eso sí, este cuadro es peligrosamente incompleto si deja afuera a los otros sectores de la sociedad. En particular, la hostilidad – a veces, hasta histérica – de nuestro empresariado hacia el poder sindical, al contrario de lo que sucede en sociedades más equilibradas, es lo que hace hoy poco realista imaginar un gobierno que tenga la buena voluntad de los grupos económicos importantes, sin que perjudique los derechos de los trabajadores, y hasta los intereses legítimos del pequeño empresariado. Los últimos años de la experiencia Menem deberían haber sido una demostración clara de esto, hasta para el empresariado rural, que pagó un precio muy alto en un gobierno «pro capitalista». Hoy están incomparablemente mejor, y no es sólo por la diferencia de precios.

Por eso dejo aclarado que apoyo la reelección de Cristina Fernández en la Nación y de Scioli en la Provincia de Buenos Aires. Con el criterio que según Pagni tiene un efecto suspensivo, pero que a mí me parece muy peronista, y muy realista: Cuentan con el consenso.


A %d blogueros les gusta esto: