De un peronista calumniado a los compañeros kirchneristas

junio 8, 2014

filosofía

Hoy la periodista Silvia Mercado nos trata a Ricardo, del blog Huevos e Ideas, y a mí de “filósofos peronistas”. Y Manolo Barge insiste en llamarme “el canónigo del cabildo”. Oirán de mis abogados.

Pero asumo que soy reflexivo. He llenado mi cuota de macanas. Y entonces me siento impulsado a pontificar para los numerosos (en proporción) lectores K, y también para el resto de la clase politizada, porqué no.

La polémica en torno a la Secretaría de Ricardo Forster es divertida; además, claro, de la intriga que levanta S. M. sobre si quien eligió el nombre del cargo lo hizo con toda la mala leche del mundo. Por mi parte, sólo voy a agregar que las ideas de Walter Benjamin pueden llegar a ser un afluente más de ese gran río de llanura (mucho sedimento en suspensión) que es el pensamiento nacional.

Después de todo, el empleado municipal (planta permanente) Jorge Luis Borges señaló que los argentinos podemos apropiarnos, desde nuestro rincón del mundo, de toda la herencia universal. Y Perón debió haberlo nombrado en el ´73 en Cultura. A veces pienso que en estos años se trata de cumplir algunas tareas pendientes de los ´70. Con segundas y terceras marcas, que es lo que hay.

También – si buscamos cosas para entreternos – la carrera por el 2015 es apasionante. Hoy Agustín Rossi sale del armario. Y me parece muy bien. Hacía falta un “kirchnerista ideológico” en la campaña (Me permito sugerir a algún otro precandidato que con decir “qué grande es Cristina” todo el tiempo no va a alcanzar. Ni siquiera para el voto cristinista).

Y por supuesto la indagación sobre si el vicepresidente dejó o no impresiones digitales sirve a la pelea por el poder ahora. El veterano Morales Solá no lo pierde de vista.

Pero… el dilema en serio que enfrenta Argentina, la “contradicción fundamental” como decía Mao antes de volverse capitalista, es otro.

También hoy Horacio Verbitsky – no santo de mi devoción, pero no come vidrio – incorpora en su editorial un resumen muy acertado de un programa opositor viable “Buen clima de negocios, roll over de la deuda más dólares frescos por nueva deuda, apertura para cuidar los precios, retraso cambiario y merengue para todos (los que están en el tercio de arriba)”.

Este puede ser el programa – insisto, viable, al menos por un par de años – de muchos de los actuales precandidatos. Y un tercio del electorado es una base muy importante.

Justamente, mi amigo Artemio López insiste todas las semanas, en su blog y en TELAM, que el Frente para la Victoria tiene asegurado un tercio de los votos (un tercio distinto, claro). Creo que tiene razón, si el gobierno no comete errores graves y el Partido Justicialista se mantiene razonablemente unido.

Me parece entonces que, más allá de alquimias electorales, la propuesta para Argentina que va a triunfar es la que logre sumar el tercio restante. El del medio.

Anuncios

La coordinación estratégica del pensamiento nacional ¿es joda?

junio 6, 2014

forster

Digamos que es muy fácil tomarla para la joda. Confieso que mi primera reacción – después de leer las funciones de la nueva Secretaría – fué para ese lado, y a lo mejor hubiera subido algunas cargadas al blog, si no me ganaba de mano el colega bloguero Ricardo (no Forster, eh) ¿Y la Secretaría de Coordinación Estratégica para la Interpretación del Pensamiento Sabelliano?

Pero hoy leí en Página 12 (¿dónde, si no?) la entrevista al auténtico Ricardo Forster, y en La Nación (¿dónde, si no?) la nota de Luis Alberto Romero, y me pareció que yo también podía ensayar algunas reflexiones.

Es que el concepto “pensamiento nacional” está muy inserto en mis opiniones y en los caminos que tomé en mi vida, y lo mismo sucede con muchísimos amigos y compañeros. Por eso mismo tengo claro que – como todo lo que está vivo y tiene mucha historia – ha cambiado a lo largo del tiempo. Y se sigue transformando y renovando, cómo no, hasta actualizando esa historia. Porque como advertía alguien que no era del palo, Borges, “escogemos nuestros propios precursores“.

Por ejemplo, Mariano Moreno, al que solían poner entre los liberales “iluministas” porteños, y sólo lo rescataban Ernesto Palacio y algún texto doctrinario de Guardia de Hierro, hoy es uno de los próceres más brillantes del “panteón nacional” (la versión nac&pop del viejo panteón liberal). El Plano Revolucionario de Operaciones ha desplazado a la Representación de los Hacendados.

De todos modos, hay una columna que a lo largo de toda nuestra historia, al menos desde que se rompen las paredes del Imperio Español y empezamos a andar solos, sirve para que identifiquemos al lado “nacional” y a su opuesto, y es la participación del pueblo en las luchas, y cómo se la valora. Podemos aprobar o no lo que escribió Moreno y lo que hizo Castelli en el Alto Perú, pero fueron ramalazos de una revolución en marcha, apoyados en la fuerza de las armas y en un partido en la ciudad de Buenos Aires. Artigas es quien es porque el pueblo oriental lo seguía, y en ellos se apoyaba.

Dorrego, Rosas, Quiroga, Peñaloza… Muy distintos entre sí, y en algunos momentos de sus vidas enfrentados. Pero sus enemigos los condenaban con el mismo cargo: estaban apoyados por la chusma. Y ellos no se avergonzaban de eso.

Esa es la verdadera diferencia. Porque hubo prohombres del lado “liberal” que fueron populares. Mitre, por ejemplo, construyó un partido nacional, con arrastre real por muchos años en la provincia de Buenos Aires (La familia de Perón era de ese palo). Pero siempre fue claro que lo que Don Bartolo valoraba era el apoyo de los doctores y de la gente bien.

Puedo decir, simplificando mucho, para este posteo, que el “pensamiento nacional” sería el que respeta y valora la realidad de nuestro pueblo. El “pensamiento liberal”, simplificando todavía más, defiende valores universales, pero no le satisface el pueblo cómo es, y quiere mejorarlo. Con la escuela pública, con la inmigración, … o con proscripciones. Aún los métodos que han transformado para bien nuestra realidad, tienen una falla de origen: el desprecio de lo propio.

Entonces, la nota de Luis Alberto Romero está atacando un fantasma. Un fantasma muy viejo, además. Dice “Los “intelectuales nacionales” también se han nutrido de autores extranjeros, como los alemanes Fichte o List, los franceses Maurras o Péguy, o el español Ramiro de Maeztu … postulan que todos los habitantes de la Nación tienen y deben tener una cultura homogénea, unánime, arraigada en una tradición y portadora de un destino colectivo trascendente. La nación es esencialmente una, y su cultura emana de su gente, su territorio, su lengua, su religión. La diversidad, la variedad o la confrontación indican una debilidad, una falla de origen, algo que no llegó a cuajar, y deben ser combatidas y erradicadas“. ¿De quién está hablando L.A.R.? ¿De Teresa Parodi, de Jorge Coscia o tal vez de Diego Gvirtz?

Es cierto que hubo “intelectuales nacionales” a los que su rechazo a la hipocresía y el cipayismo liberales los llevó a coquetear con algunas ideologías también de importación. Hay intelectuales para todo, y algunos – entre ellos, plumas brillantes – en la década del ´30 se acercaron a Uriburu. También hubo quienes en la década del ´60 fantaseaban con un militar nacionalista. El último delirio de ese tipo fue en torno a los “carapintadas” en los ´80. Perón llamaba a esa tribu “piantavotos de Felipe II” y tenía poca paciencia con ellos. Nunca fueron un proyecto de poder en serio. Ciertamente no hay ninguno en el oficialismo actual (y fíjense que hay variedad ahí, eh).

Ahora, lo llamativo del reportaje a Forster es que parece sentir que esa es la acusación de la que debe defenderse (lo que me hace pensar en la improvisación conque se toman decisiones en el ámbito cultural). Entonces dice “Vengo de una formación que podemos llamar de un marxismo crítico, de la Escuela de Frankfurt, de la lectura del postestructuralismo. La verdad que es un absurdo tratar de colocarme en la línea de José María Rosa. No tengo nada contra él, pero no vengo de esa tradición e incluso no vengo del peronismo“. Y agrega “No vengo de la línea San Martín, Rosas, Perón, y de esos tres hubiera elegido a San Martín“.

Forster es lo que llamamos progre, seguro, y muchos de ellos forman parte de la coalición K, pero me parece que aquí exagera. Para usar una imagen del bloguero tucumano que cité al principio, me imagino a Carlos Kunkel apretándose las pelotas con un cortafierro.

Igual, creo que, más allá de la Secretaría y del Secretario, aquí hay un proceso que invito a mis amigos del palo nacional a considerar. Que es más profundo que cargos y conferencias. El peronismo original no era revisionista – una línea de los ferrocarriles que nacionalizó llevó y lleva el nombre de Mitre. Después de 1955, buscó sus raíces en la tradición argentina, y en la reivindicación de otro patriota, estigmatizado como dictador, que enfrentó al imperialismo, Rosas.

En la década del ´70, en la generación de Cristina, la nacionalización de los sectores medios se hizo en el marco intelectual de una síntesis improvisada que juntaba elementos del revisionismo, del marxismo crítico y el peronismo combativo. El libro de Ortega Peña y Duhalde, “Felipe Varela Contra El Imperio Británico”, lo recuerdo como un ejemplo de ese pensamiento. Que, se me ocurre, está detrás de iniciativas como esta Secretaría y el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego”.

Todo eso es historia, que es un río con muchos afluentes. Me parece que vale la pena preguntarse, y ayudar a dar forma, al pensamiento nacional de las generaciones que se incorporan. Que será distinto del de la generación de la Presidente (y de la mía). Y aunque a mí me gusta mucho leer historia, espero que tome y valore cosas más recientes. La puesta en marcha de Atucha II, por ejemplo.


A %d blogueros les gusta esto: