Santoro: la carta radical

mayo 9, 2015

leandro_santoro

Que el FpV lleve a Leandro Santoro para candidato a vicejefe de Gobierno de la C.A.B.A., acompañando a Mariano Recalde, es una movida que hace un año hubiera causado más sorpresa que ahora. Creo que se debe, si mi imagen de «los dos escenarios» es acertada, a que el enfrentamiento principal, entre Gobierno y Oposición, está empezando a dar lugar al que se produce entre los distintos proyectos que van a competir en octubre de este año.

Sea como sea, la decisión no se tomó a mal por la militancia del PJ porteño – al menos hasta donde pude apreciar (quizás porque no creen que haya chance de ganar) -, y el cuestionamiento más ruidoso brotó de la oposición. Con un toque de patetismo, los mismos que veían la pureza doctrinaria del peronismo desviada por los K, hoy se escandalizan porque la buena imagen del kirchnerismo fue atacada por los tuits brutales de alguien que lleva de candidato…

(Digamos que lo que fastidió a algunos compañeros fueron las explicaciones que Santoro dio de esos tuits. Pero era dífícil que revelara la verdad: los militantes jóvenes se abren espacio chumbándole al adversario; sus mayores son los que a veces tienen que arreglar).

Lo que no vi fue un análisis del asunto, y ahora lo encuentro, inesperadamente, en la columna de un peronista «de base». Mi amigo cuyano, Marcelo Padilla, escribe Santoro pone en jaque al radicalismo. Yo le hago algunas observaciones, pero al final. Leamos a Padilla:

«La designación de Leandro Santoro como compañero de fórmula de Mariano Recalde para competir por la jefatura de la CABA, pareciera, si lo vemos como provincianos huraños, algo que no debería importarnos. “Es un tema de los porteños”, podríamos decir, y dar vuelta la página para seguir mirando noticias policiales locales o la oferta de espectáculos para el fin de semana mendocino. Pero no, no es así de simple. Dar vuelta la hoja sería negar un hecho político que tiene dimensiones nacionales dado el año electoral.

Leandro Santoro pertenece a un sector del radicalismo que no se rompe. Se define alfonsinista y democrático popular. Rechaza: la decisión de la UCR que entregó al partido, y a sus principios históricos, a una causa que no les pertenece, la causa de los neoliberales, la alianza con el PRO de Mauricio Macri. Esa causa, es la causa del establishment. La de la oposición rabiosa que se junta por odio y espanto –y muchísimo temor- ante la seria posibilidad de triunfo del FPV en las generales presidenciales. Santoro es un muchacho joven que acompaña una fórmula en la CABA y, a fuerza de ser sinceros, lo más probable es que no se imponga a Rodríguez Larreta (el indiscutible representante de esa causa prestada a la UCR).

Pero lo que ocurre en Buenos Aires, en Capital Federal, en Misiones, Catamarca o San Juan, se nacionaliza por estos días. Son efectos radiactivos que emanan señales. Por supuesto que las dimensiones son diferentes. Pero a la medida de cada resultado en una provincia, el ganador contagia a otros y, sobre todo, a los medios de comunicación. En este caso, cuando gana esa Alianza Radical-PRO, en alguna provincia -lo hemos visto ya en las tapas de Clarín y La Nación- se habla de aplastante triunfo.

Sabemos que no es así. Ya pasó en Mendoza cuando Cornejo habló a las 21 hs de ese domingo paródico anunciando su contundente victoria, estableciendo un enlace simbiótico con la tapa de Clarín al otro día. Sabemos cómo funciona esto de imponer tapas. Entonces, para volver al tema. La designación de Santoro tiene dimensión nacional y a mi juicio viene a poner en jaque al radicalismo. Especialmente a sus bases juveniles. El descontento al interior del partido de Alem e Yrigoyen, se sabe, existe. Hay miles de jóvenes que no pueden tragar todavía ese escuerzo indigerible: acompañar a Macri, para los miles de jóvenes radicales en el país, es acompañar el ajuste, la reducción del gasto público en educación, la elitización de la cultura, entre otras ideas que rondan en ese espacio. Y justamente, contra esas medidas, los radicales con conciencia popular, se han opuesto históricamente.

Digámoslo así: el radicalismo actual se alvearizó frente a su propia tradición popular uniéndose a los sectores de la derecha argentina, hoy maquillada de gestión republicana. Es, estableciendo una comparación con el peronismo, una menemización del radicalismo. Por eso el efecto Santoro viene a jugar un rol importante, transformándose en referencia y diablito para la almohada de miles de radicales que rumian y rumian con angustia el acuerdo de la cúpula.

Una buena oportunidad para pensar. Una buena ocasión para que esa angustia de los que no quieren claudicar a las causas históricas populares de la UCR, canalicen por Santoro, por lo que significa y representa Santoro hoy, sus deseos de construir un modelo de país a la medida de su ideario.

¿Cómo hacerlo, si Santoro es porteño? Pues bien muchachos y muchachas, organizándose. Discutiéndole a quienes los olvidaron, escribiendo declaraciones de descontento, formando un sector rebelde, estableciendo contacto con los sectores del kirchnerismo más abierto a la transversalidad política. Porque claro, si pasa en Capital Federal, acá, ¿cómo hacerlo?

Pues bien, en principio, rebeldía«.

La observación inmediata que puedo hacer ya la planteé otras veces en el blog: los votantes del radicalismo, desde hace casi 70 años, han visto en su boleta la forma de expresar su rechazo, o por lo menos su desconfianza, con el peronismo. Resulta natural entonces que sus dirigentes encuentren fácil, ante la ausencia de candidatos atractivos propios, aliarse al PRO. Después de todo, el rechazo al kirchnerismo, sin ser lo mismo que ese viejo sentimiento que dio larga vigencia a la U.C.R., se le parece bastante.

Con eso, aclaro, no quiero decir que no haya entre la dirigencia y la militancia radicales una corriente histórica que se opone rotundamente a la «Derecha». En especial, a la derecha sin ideología explícita y hedonista – falaz y descreída, la habría llamado don Hipólito – como la del PRO. Lebensohn, Larralde, el Movimiento de Renovación y Cambio que por décadas condujo Alfonsín…

Una expresión moderna sería la de Stolbizer, que también se opone al kirchnerismo. Los radicales que se acercaron al gobierno K, que no son pocos – inclusive algunos de los actuales gobernadores – no pertenecen a esa tradición. Baste de ejemplo la figura de Julio Cobos, que acompañó a Cristina como vice en 2007.

Pero… si, como parece probable, la oposición con más chances resulta ser la que lleve de candidato a presidente a Macri, es plausible que una parte no menor de la militancia de origen radical se una a los que ya se hayan acercado al Frente para la Victoria.


¡Adelante radicales! ¿con Sergio o con Mauricio?

noviembre 12, 2014

revolucion1905

El agente de CIPOL es el blog del Centro de Investigaciones Políticas, y vocero de un pensamiento «republicano» (Es curioso que un término con tanta carga histórica identifique hoy a la oposición al actual gobierno; da para un posteo, porque alguna lógica hay en eso. Pero ellos no se cuestionan, y entonces quedan cerca y a la sombra del partido Republicano de los EE.UU.). Sea como sea, es una publicación digital inteligente, y si a veces publica tonterías o reproduce chatarra mediática… «el que esté libre de culpa…».

En el pasado tomé en este blog algunos de sus artículos para discutirlos. En este caso, la situación es especial: el administrador de CIPOL lo ha retirado de la página – por lo menos hasta ahora -, y yo voy a reproducirlo sin comentarios. No es ofensivo, y sólo un radical muy nostálgico podría sentirse incómodo («nunca es triste la verdad…»). No es el caso de don Ernesto Sanz, y quizás le sirva para la reunión que tiene el lunes.

Encuentro que es un análisis realista, y también sirve para echar luz sobre algunos de los dilemas que enfrenta el oficialismo. Está escrito desde una visión, para mí, demasiado optimista sobre las chances de la Oposición, pero eso es inevitable, una vez que uno se ha lanzado a la campaña, tiende a convencerse que el triunfo está ahí nomás. Pasa en todas las fuerzas. Y ahora que se ha puesto de moda en la blogosfera dedicar una atención obsesiva a la interna del FpV, es bueno que se mire el resto del tablero.

«Muchos en el partido de Alem e Yrigoyen se resisten, aspiran a que la salida del kirchnerismo sea una oportunidad de recuperar su tradicional espacio como fuerza nacional,al menos en parte; pero un buen número de radicales tiende a pensar que la opción verdadera no es entre Cobos y Sanz, sino entre Macri y Massa: apuestan no a una competencia nacional que creen no les será muy provechosa, sino a empezar por recuperar los espacios provinciales y municipales perdidos desde los años noventa, en su caso los añorados noventa; para lo cual lo mejor es no atarse a ningún candidato nacional, o atarse a uno que no sea un lastre.

Una pregunta que se plantea ante todo es si esta resignación a no privilegiar una estrategia nacional puede ser pasajera o terminará volviéndose irreversible. ¿La UCR no se estará convirtiendo en el simil argentino del PMDB brasileño?, una fuerza que fue importante en la transición democrática de nuestros vecinos, que sigue hoy teniendo unos cuantas gobernaciones, intendencias y bancas legislativas, pero desde hace años sólo pesa a nivel nacional como posible aliado tanto del PT como del PSDB.

La segunda cuestión es si los radicales son confiables como aliados, o, dado que privilegiarán sus espacios territoriales, se sacarán fotos con todos los candidatos nacionales que puedan pero no se casarán con ninguno. Esta es una sospecha que a Macri le pesa: en parte por eso cree que no le convenía seguir atrás de acuerdos con esos dirigentes tan ubicuos, salvo allí donde las alianzas pudiera liderarlas una figura del PRO.

El problema es que así dejó abierta la puerta a Massa: a él no le interesa tanto asegurar lealtades, que piensa habrá tiempo de conseguir si triunfa, como evitar que le obstruyan su camino Scioli y Macri. Para eso necesita robarle apoyos peronistas al primero y radicales al segundo. Elevar el precio de los apoyos locales a cualquiera de los tres presidenciables, manteniendo abierto el libro de pases hasta último momento, tal vez le asegure que ni en el peronismo ni en el no-peronismo funcionen los diques que aquellos dos tratan de usar en su contra. Y por eso para él es tan buena noticia las fotos que consiguió con Morales y Cano en Jujuy y Tucumán, como la que acaba de perderse el jefe del PRO en Entre Ríos, a raíz de su indisposición a ceder más lugares a los radicales del distrito.

La otra cuestión a desentrañar es, de todos modos, si a los radicales les interesa colaborar en la formación de una nueva mayoría nacional y de qué tipo, es decir, si tienen preferencias definidas por un gobierno de Macri o uno de Massa. Igual que acaba de suceder en Brasil, hay dos opciones y el juego está abierto, así que es difícil apostar a ganador, pero dado que lo que los radicales hagan puede inclinar la balanza, es importante saber cuál de las dos les simpatiza más. La tercera alternativa, un acuerdo con la centroizquierda, pierde día a día atractivo, por las dificultades del FAUnen de mantenerse mínimamente cohesionado y la de Binner en particular de volverse atractivo para que candidatos locales ambiciosos se le enganchen. FR o PRO, entonces.

En principio, cada uno tiene sus ventajas. El PRO es más cercano al credo no peronista y a la idea de que los partidos deben reconciliarse con la sociedad, cosas que obsesionan a la mayoría de los líderes de la UCR. Como tendría seguramente pocos legisladores propios en caso de ganar, es de esperar que estando en el gobierno Macri sea mucho más dependiente que Massa del apoyo que aquellos le seguirían ofreciendo. Por lo que podrían cobrárselo más caro, tanto para bien de sus bancadas legislativas como de sus gobernadores e intendentes. Pero ojo: hasta hace poco se pensaba que como el PRO tiene menos implantación territorial iba a ser más generoso con los caciques locales y provinciales de la UCR.

Esto dejó de ser así desde que los macristas se convencieron de que debían presentarse como “lo nuevo” contra la “vieja política”, que incluye también a los de la boina blanca, y que les convenía ser leales desde la cúpula con quienes también les aseguraran lealtad desde la base, para tener seguridad de que habrá quienes hagan campaña por Macri, más allá de los beneficios locales que arrojen los acuerdos. Desde que el PRO adoptó esta tesitura, más “mezquina” al menos a los ojos de los radicales, muchos de ellos se han empezado a convencer de que Macri está poseído por el espíritu alternativista y antirradical de Chacho Álvarez, así que no conviene repetir la historia de juntarse con quien no quiere aliados, sino apenas bases de las que nutrirse para su puro beneficio. Además, si llegara a ganar Macri con estas ideas, y en la oposición quedara un PJ en alguna medida inclinado hacia la izquierda y el populismo, ¿cuál sería el futuro del radicalismo sino el de languidecer como furgón de cola de una nueva fuerza hegemónica en la centroderecha?

Las ventajas que ofrecería un gobierno de Massa en estos aspectos son bastante evidentes. El tigrense no necesitaría tanto de los legisladores y caciques locales radicales. Tal vez, igual que pasó con Kirchner,  en un principio sí, pero en cuanto logre reunificar al peronismo dejaría de precisarlos. Ello en principio supone una posible desventaja, menos pagos por colaborar con su gobierno, pero también implicaría un horizonte de viabilidad partidaria: una vez reunificado el peronismo, lo que quede fuera podría volver a ser radicalismo y ya no este horrible e inasible “no peronismo” en que los radicales se sienten hoy sin rumbo.

Por otro lado, es natural que el FR sea más generoso con los candidatos locales y provinciales radicales, al menos allí donde no tiene chances de seducir a sectores importantes del PJ, ni exija tanta lealtad como Macri a cambio, simplemente porque espera que la colaboración territorial de los peronistas surgirá una vez que Massa quede instalado como posible ganador de las presidenciales, y lo que él necesita no es tanto gente que haga campaña por él, sino desalentar a los que desean hacerlo por sus contrincantes, evitando que tanto el PRO como el sciolismo alambren el territorio sea del peronismo como del no peronismo. Esa apuesta les ofrece a los radicales la posibilidad de cobrar hoy en moneda contante y sonante, es decir en ventajas en competencias que creen poder ganar, sacrificando otras hipotéticas y más remotas, lo que podrían llegar a obtener de un gobierno sin bases propias a partir de 2016. Lo que en principio puede parecerles un buen negocio.

Así las cosas también a los caciques radicales, como al grueso de los peronistas, les conviene seguir oteando sus cartas y las de los demás el mayor tiempo posible, y mientras tanto consolidar sus propias candidaturas, mostrarse abiertos a todos los arreglos posibles, y tratar de cazar todo tipo de fotos y votos. En un sistema donde casi ya no hay partidos, competir es en esencia personalizar las opciones lo más posible. Si lo hacen los presidenciables, ¿por qué no los habrían de imitar los demás?«.


Macri, Massa y el partido radical

octubre 12, 2014

The-Temptation-of-Eve

Esta semana, conversando con amigos que conocen muy bien las internas peronistas, llegamos a una conclusión sorprendente: están pasando pocas cosas en el escenario nacional del peronismo. Más: que, salvo la caída de un meteoro u otro acontecimiento imprevisible, no empezarán a pasar cosas llamativas hasta marzo.

Seamos precisos: los precandidatos siguen haciendo campaña, cómo no, y bien que lo necesitan para que se les vea como posibles presidentes. Cuando decimos «cosas», nos referimos a la misma esencia de las pujas internas: acuerdos, rupturas, «garrochazos».

No es que no haya, pero considerando el hambre y la ansiedad que caracterizan al peronismo político (como a los políticos en general) es rara tanta tranquilidad. Igual, la realidad es lo que es. La dirigencia del peronismo está a la expectativa (otra vez hablaremos de lo que espera). Tuvimos que acordar en que la actividad política más intensa de estos meses – fuera del gobierno, que no puede dejar de hacerla – son los esfuerzos de Mauricio Macri y de Sergio Massa por armar roscas en toda la nación. Básicamente, con los aparatos provinciales del radicalismo.

Es tan evidente que ha motivado dos posteos en estos días sobre el tema, de dos de los blogs de análisis político más interesantes en el mundo digital. Quiero compartirlos con ustedes, y, claro, agregar algunas observaciones mías.

El tucumano Ricardo Tasquer,  escribe en UCR: la federación de caudillos provinciales que disputan Massa y Macri:

«Aún cuando Sergio Massa y Mauricio Macri encarnan figuras con proyección nacional, el Frente Renovador y el PRO constituyen actualmente partidos distritales sin inserción territorial más allá de la PBA y la CABA. A poco más de un año de las elecciones nacionales —y para dotarse de alguna estructura que de soporte a sus aspiraciones—, se encuentran en carrera para cooptar dirigentes locales del radicalismo, habiendo fallado antes sus estrategias de desarrollo electoral primigenias.

Éstas eran, para Macri, construir una tercera fuerza nacional (y en cambio terminó ocupando el lugar que el radicalismo se reservaba en la CABA luego del Pacto de Olivos) y, para Massa, montarse sobre su triunfo legislativo 2013 para hacerse del peronismo, a la manera de Cafiero en los ’80, luego de vencer en internas a la burocracia sindical. Fin de la teoría garrochista (aunque alguno pueda todavía saltar): el PJ no será fagocitado. Vistos sus últimos movimientos, deben conformarse en cambio Massa y Macri con cinchar por los jirones del bipartidismo tradicional que, como una persistencia identitaria, se niega a morir pese a agonizar en terapia intensiva desde el derrumbe de la Alianza en 2001.

 Este pacto (el de Morales-Massa en Jujuy) desnuda dos necesidades: la de Morales y el radicalismo de Jujuy, que si tuviera los números suficientes no necesitaría de la alianza con el del FR, y la necesidad de Massa que, si midiera como venden sus operadores, podría apelar a un candidato propio al cual traccionar desde arriba. Desnuda algo más: que con una figura instalada no alcanza y se necesita de una estructura. Marina Silva lo comprobó recientemente. Ah, la vieja política que se niega a morir a manos de la dictadura de la telepolítica«.  (completo aquí)

Juan Osaba, nuevo bloguero que se está haciendo un lugar entre los analistas, dice en Radicalismo líquido:

«El radicalismo llega a nuestros días luego de haber acordado, en algún momento de los últimos años, alianzas electorales nacionales y distritales, con el Frepaso, Frente Grande, FpV, Denarvaismo,  Socialismo, Coalición Cívica, PRO, y ahora también coquetea con el Frente Renovador.

Es una estructura partidaria, que hoy no contempla liderazgos propios que midan seriamente para encarar una campaña presidencial, lo que empuja a acordar alianzas.

… Al no poder contenerlos en una propuesta convincente para el electorado, como quien quiere agarrar un líquido con la mano abierta, en los distritos cada caudillo radical buscará su propia supervivencia, conversando tanto con Macri como con Massa.

Aquí vamos a plantear una hipótesis: Creemos que la UCR hizo todo lo posible para llegar al 2014, en estado gaseoso, y solo se mantiene líquido por un mal consejo de Duran Barba a Mauricio.

Hace diez años que es el asesor político estratégico del PRO, y siempre aconsejó que no hacía falta construir. Que el partido republicano, de centro, con intenciones desarrollistas (así se definen) debía comprar hecho. La cobertura nacional y cortita de Macri es la respuesta, Del Sel, Baldassi, Mac Allister.

Hoy Duran Barba insiste con no acordar con la UCR, y quizás no lo hagan a nivel nacional, pero lo harán y mucho en los distritos. Para que Mauricio sea presidente van a necesitar al aparato radical que está disponible, por su liquidez orgánica.

Si el PRO, que aconsejo no subestimar, hubiera intentado construir propuestas de gestión, a largo plazo, en las provincias, desoyendo la voz ecuatoriana, ¿qué sería del aparato radical?»  (completo aquí)

Estoy de acuerdo con lo que dicen Ricardo y Juan, pero creo que hay una realidad detrás de estas roscas, también detrás de las estructuras de la U.C.R. y de las estrategias de los candidatos, que conviene tener en cuenta.

El radicalismo surge como el partido de las clases medias que luchan por el sufragio libre, contra las oligarquías que monopolizaban el poder político. Así nace en Argentina, como otros «Partidos Radicales» en otros países – Francia, Chile, … Y así también, cumplida su misión, debió eclipsarse, como les sucedió a esos otros.

El radicalismo encuentra otra misión, y con ella continuidad, cuando en 1946 queda instalado como el Otro del peronismo. Era el partido al que votaban los que estaban en contra del peronismo. Lo fue hasta 1994, con el Pacto de Olivos.

Ahora, el kirchnerismo, la etapa actual del peronismo, provoca también rechazo en sectores numerosos de la sociedad argentina. No tan enconado como la experiencia justicialista de 1946<55, pero bastante furioso, cómo no.

Esos sectores buscan, necesariamente, canales políticos para expresarse. Dejemos de lado, por un momento, la pregunta del millón: si encontrarán la figura que logre sumar una mayoría electoral, como lo logró Alfonsín en 1983. Hay una pregunta previa: si Sergio Massa, que viene del peronismo, o Mauricio Macri, que viene de SOCMA, más el aparato «líquido», como dice Juan, o la federación de caudillos provinciales que describe Ricardo, serán los que se constituyan en el Otro del kirchnerismo.

Hay una respuesta provisoria, que habrá que analizar más: Es lo que hay.


Un pedazo de historia

febrero 13, 2014

Alianza

El comentarista Ricardo F. hizo un comentario en el posteo anterior a propósito de mi frase «(Para) que el próximo presidente no proceda del peronismo, ni esté apoyado por, al menos, una parte muy numerosa del peronismo, la única posibilidad realista (que tiene una fórmula opositora) es sumar a la gran mayoría de los votantes no peronistas y antiperonistas. Como lo logró Raúl Alfonsín en 1983 y la Alianza en 1999«.

Pienso que su crítica, y mi respuesta, dan para un nuevo posteo. Aquí va:

«A propósito del último párrafo, sobre las identidades políticas de las mayorías en 1983 y 1999:

Días después del 30 de octubre del ‘83 le pregunté a un compañero de militancia política y sindical de esos años (‘82/’83), que padeció tortura y cárcel durante el terrorismo de estado: ¿y vos, por quien votaste? …me imagino que por Luder-Bittel? Me respondió: ¡Vos, sos loco!, si llegaban a ganar estos, nos volvían a meter presos!

“El triunfo de Raúl Alfonsín en elecciones libres irrestrictas y la transformación de la UCR en una opción de gobierno rompieron con un dilema previo del radicalismo: gobernar bajo la proscripción del peronismo (1955-1966) o subordinarse a su estrategia de gobierno (1973-75), La estrategia desplegada por Alfonsín demostró que la UCR tenía capacidad para liderar la movilización política, para penetrar en el “campo popular” tradicionalmente adscripto al peronismo y, finalmente, para derrotar electoralmente a los sucesores de Perón” / Ricardo Gutiérrez / Entre movimiento y partido: un análisis de las transformaciones organizativas del peronismo (193-1995)- Política y Gestión número 5, 2003, p.63

“En las elecciones del 30 de octubre de 1983, la UCR, con el candidato presidencial Raúl Alfonsín, triunfó sobre el peronismo, hegemónico en el Frente Justicialista de Unidad Popular (FREJUPO), por 51,7% a 40,1%. El resultado electoral favorable a la UCR fue la consecuencia de que esta fuerza logró simbolizar el estilo político adecuado para la etapa de reconstitución del tejido democrático que se iniciaba: partido consustanciado con la democracia política y respeto al pluralismo. Al mismo tiempo, la UCR planteaba un programa económico modernizante. Por último, Raúl Alfonsín presentaba la imagen del político antagónico con toda forma de autoritarismo. El peronismo, cuya fórmula encabezaba el Dr. Italo Luder, se presentaba frente al electorado sin ninguna imagen autocrítica superadora de los caóticos y tormentosos tiempos de Isabel Perón, dando la imagen a una parte de la población de ser continuidad constitucional del mismo Proceso.” / Julio Godio / Historia del Movimiento Obrero Argentino Tomo II

La Alianza de 1999 estaba constituida por la UCR y el FREPASO. A su vez el FREPASO estaba integrado por el Frente Grande (Chacho Alvarez) y País (José O. Bordón) y otros, amén de que en las presidenciales del ‘95 el FREPASO obtuvo el 30% de los votos. Su origen podemos establecerlo a partir del “Grupo de los 8” diputados del PJ surgidos en oposición a las políticas de Menem, en particular desde el rechazo a los indultos a los militares. Buena parte de los dirigentes del FREPASO adscribieron al kirchnerismo y forman o han formado parte de su gobierno como funcionarios, embajadores o legisladores«.

Mi respuesta:

Es cierto, Ricardo F. Una parte – no hay números, claro, pero no fue insignificante entre los politizados con historia en la izquierda peronista – de quienes habían votado al peronismo en 1973 votaron a Raúl Alfonsín.

Pero no restó nada importante al voto peronista «social». ¿La prueba de esto? Obvia: la fórmula Luder-Bittel hizo una muy buena elección en la Nación y en todas las provincias, comparada con el voto histórico del peronismo, nacional y en cada distrito.

La historia del FREPASO también fue indicativa en la misma dirección. Su origen, el «grupo de los ocho», aún su primera expresión política más o menos importante, el Frente Grande, estaban formados por gente que venía del peronismo, de la Tendencia y de la JP Lealtad. Y alguno del Trasvasamiento, como Pino Solanas.

Pero paulatinamente se convirtió en la fuerza que sumaba los votos de las clases medias (muy) hostiles al menemismo y que se desilusionaron del radicalismo después del Pacto Menem-Alfonsín de 1994.

Para 1995 ya había desplazado a la UCR como la principal fuerza opositora, aunque Menem no había disminuído aún su arrastre: En ese año obtuvo su reelección.

Moraleja: ¿Que el peronismo es una identidad social y cultural muy fuerte? Creo que sí, pero, ojo, no me parece lo más importante. Pienso que es: En el fondo, la identidad de los políticos se la dan los que los votan. Eso nos dice algo de los años de Menem. Y también de los de los Kirchner, cómo no.


La economía política en las Primarias Abiertas

agosto 10, 2013

Ajedrez

¿Cristina Fernández como la candidata oficialista en 2015? ¿Sergio Massa se afirma como la alternativa? Digamos que las dos afirmaciones nos parecen al menos un poco prematuras a la mayoría de los politizados (los no politizados no piensan mucho en el tema, todavía). Pero las campañas electorales, para los que participan intensamente, funcionan como los mercados: anticipan los acontecimientos previstos.

Supongo que es por eso que hoy puedo leer en el blog de Artemio López, destacado encuestador y adalid kirchnerista

«El oficialismo … es el espacio político partidario que dispone hoy mismo de mayor cantidad de candidatos a la presidencia para el año 2015, dada la multiplicidad de alternativas que están disponibles para seleccionarlos, todas , impulsadas por la gran autoridad política que dispone la Presidente. Veamos las variantes disponibles:

 1- la construcción de un candidato respaldado por la Presidente,
2- la competencia de varios respaldados por Cristina en las PASO ,
3- la reelección de Cristina Kirchner para el período 2015-.2019«.
.
Y en el blog de Marcos Novaro, Director del Centro de Investigaciones Políticas (CIPOL) y columnista de La Nación, esto otro:

«Las encuestas hablan de una importante tendencia a la polarización del electorado bonaerense entre opciones peronistas, que muy probablemente terminará siendo todavía más intensa en estas elecciones que la vivida cuatro años atrás, cuando Néstor Kirchner fue derrotado por De Narváez sumando entre ambos algo más de 60% de los votos en ese distrito.

Mientras que la lista oficial viene creciendo por impulso de Scioli y Cristina, la que lidera Massa lo hace a costa de De Narváez, pero también de Stolbizer y Alfonsín. El lema del Frente Renovador a favor del voto útil … parece estar dando resultado. Con independencia de la común procedencia y otras muchas coincidencias que ha habido hasta hace muy poco, y seguramente seguirá habiendo o volverá a haber en el futuro, entre los principales candidatos del FPV y del FR«.

Aunque no puedo dudar del cristinismo ferviente de mi amigo Artemio, sospecho que el profesor Novaro no está jubiloso con esta demostración de lo que él llama «pluralismo peronista«. De todas maneras, uno se pregunta si esta… anticipación de escenarios es la estrategia más conveniente para esos dos grandes espacios políticos argentinos en que se ubican, respectivamente, los dos opinantes. Después de todo, estamos hablando de una elección primaria, que además se hará mañana, recién.

Igual, ambos dos se ganan (bien) la vida como consultores. Y es cierto que las encuestas, que no alcanzan para definir ganadores cuando las diferencias son pequeñas, sí sirven para indicar las inclinaciones de grandes sectores sociales. Además, aunque tiene razón mi amigo Manolo y estas primarias servirán para demostrar o cuestionar liderazgos locales, y irán formando una cultura política, en el largo plazo, en las provincias donde se aplican en el nivel local – lo que dice Novaro en La Nación de hoy es una tontería académica – … esos liderazgos locales no van a tener mucho peso en la selección de candidaturas nacionales para el 2015. Nunca lo tienen, en el corto plazo.

Las dudas que me despiertan este tipo de afirmaciones vienen de otro lado. A los teóricos más brillantes del ajedrez hay que recordarles a veces «Las negras también juegan«. En política hay que decir «La realidad también juega«.

Pensaba esto porque otro amigo, Pablo Tonelli, colaborador asiduo, me acercó un juego intelectual. Dibujó un escenario económico posible y, basado en declaraciones de los candidatos a estas elecciones, especula cómo lo enfrentarán en el Congreso (Para el oficialismo, diseña un curso de acción basado en cómo enfrentó en el pasado circunstancias parecidas).

Tengo que decirles que Pablo es peronista, y juega decididamente para el oficialismo. Eso sí, el escenario que elige imaginar, y donde pone a los candidatos, es bastante más pesimista que el que les gusta escuchar a la militancia K en campaña. Pero, como a la realidad le importa muy poco el optimismo de los militantes…

Y les confieso también que, en mi blog, América del Sur tendrá que esperar. A pesar que se levantó una reunión justamente con un consultor, más joven que esos dos, llamadas telefónicas no me dejaron tiempo ni para revisar las notas que tenía enlazadas. Suerte que llegó lo de Tonelli.

Me esforzaré para prepararles para mañana un cuadro de situación. Como siempre ante una elección, no quiero desperdiciar una oportunidad para que la realidad me desmienta.

ECONOMIA POLITICA DE LAS P.A.S.O.

Pablo Tonelli, economista

Esta breve nota intenta hurgar en el pensamiento económico de las principales fuerzas que disputan las Primarias Abiertas Secretas y Obligatorias, e interpretar los intereses que las mismas defienden o expresan, ya que la Cámara de Diputados será la caja de resonancia de numerosos debates. Para hacer esto voy a realizar un breve análisis interpretativo de la coyuntura local y establecer supuestos sobre la evolución de los mercados internacionales, los que podrán o no verse convalidados a posteriori. Los supuestos son para robustecer este pequeño ejercicio de ficción.

En la escena local el problema radica en la sustentabilidad del superávit comercial externo, estimado en aproximadamente U$S 11.000 millones, y en la solidez de las reservas, cercanas a los U$S 37.000 millones (proyección de moderado optimismo a fines de 2013). Las Reservas son amenazadas fundamentalmente por:

  • El déficit energético, que se traduce en una discusión sobre los alcances de los subsidios (ya que se paga caro en dólares y se subsidia en pesos),
  • El creciente monto de pagos en concepto de turismo al exterior de los argentinos con capacidad de ahorro,
  • Las cancelaciones de la deuda privada de empresas residentes en el país,
  • Las cancelaciones de la deuda pública y por las importaciones de bienes, las que se abonan a los 90 días.

Como enseña la experiencia histórica argentina, la restricción externa, es decir la escasez de dólares, no es un problema económico, es una cuestión de sustentabilidad política.

Supongamos un escenario internacional más complejo que el presente a los efectos de este ejercicio: En éste caso hipotético EEUU finalmente decide abandonar la política expansiva que la Reserva Federal (FED)  viene implementando, adquiriendo títulos a razón de U$S 85.000 millones mensuales para sostener el gasto público en una economía deprimida. Esto puedo ocurrir porque los directivos de la FED  se convencen de que el ciclo económico se ha revertido y EEUU vuelve a transitar el camino del crecimiento, o porque finalmente los halcones del déficit fiscal como los llama Paul Krugman han ganado la partida. Esto se expresa en una elevación de la tasa de interés internacional, que ya viene reaccionando hacia arriba, aunque muy moderadamente aún.

Supongamos además que a este efecto se le suma una muy buena cosecha norteamericana de soja y una desaceleración del crecimiento de China. Como consecuencia de estos factores el precio internacional de los commodities baja, entre ellos el de la soja y el maíz y como consecuencia el sector agrícola exportador, que posee stocks acumulados, porque ha retenido cerca de un 40 % de la producción de la campaña anterior en silos-bolsa, enfrenta precios unos 20 % inferiores a la anterior campaña.

El problema de coyuntura, visto desde el último trimestre de este año, sería entonces: Menor oferta de divisas a la vista, mayores pagos de deuda externa a presupuestar, porque los niveles de crecimiento del 2013 adicionarían aproximadamente U$S 3.000 millones más en 2014 para el pago del cupón ajustado al crecimiento del PBI, que se agregan a las demandas de dólares ya descriptas: energía, turismo, cancelaciones de deuda externa privada.

Supongamos (este es un mero ejercicio, repito) que el Gobierno decide operar sobre esa coyuntura económica adversa en resguardo de las Reservas Internacionales adoptando instrumentos específicos. Por ejemplo, decide ampliar a 180 días el pago de las importaciones, lo que genera problemas, pero le permite hacer caja transitoria de reservas, y a su vez decide ampliar la política de tipos de cambio múltiples, obligando a liquidar por un mercado diferenciado (seguramente próximo al nivel del “blue”) los gastos de turismo, tanto de residentes que demandan dólares como de turistas extranjeros  e incluye en este segmento las transacciones financieras, esto es los pagos de deuda privada y los ingresos de capital. Todo ello sin alterar el control de cambios.

No se crea un mercado libre, es un segmento por el que se liquidan determinadas transacciones que actualmente se cursan por el MULC, Mercado Único y Libre de Cambios. El objetivo de estas medidas es simple: Evitar la pérdida acelerada de reservas cuyo ritmo de  deterioro en ese supuesto se haría insostenible.  Para ello se  intenta por un lado revertir el signo de las transacciones turísticas, fuertemente deficitarias, encareciendo el turismo de argentinos en el exterior y abaratando el turismo en Argentina. Cursar las operaciones financieras por este nuevo mercado tiene el objeto de desalentar la cancelación de créditos ligada a la percepción de los grandes operadores de la existencia de un retraso cambiario. A su vez otorga incentivos al ingreso de capitales que el mercado actual desalienta.

Supongamos (reitero que este es un mero ejercicio) además que el Gobierno retoma la política anunciada y luego abandonada en 2011 de pasar de subsidios generalizados a subsidios focalizados y se plantea un esquema paulatino de reducción de las pérdidas de reservas por el déficit energético, reduciendo los subsidios a la energía.

Ya estoy escuchando a los grandes medios de la Argentina y a los voceros de las instituciones patronales del “campo” afirmar que estas medidas, que en este ejercicio ficcional propondría el Gobierno, sólo constituyen “parches” que no solucionan nada. Si los enfrentamientos del Gobierno y la Mesa de Enlace han sido duros con altos precios internacionales y buena rentabilidad no es necesario ser un observador esclarecido para inferir que con caída internacional de precios y disminución de las ganancias la propuesta unificadora del sector será proponer una macro devaluación que compense plenamente esa caída. Devaluación que en un esquema ortodoxo deberá ser seguida de una contracción del gasto público y la demanda interna para contener la puja distributiva. Es decir, el conjunto de la sociedad deberá pagar ajustando sus empleos, salarios y actividades para que el sector agrícola no pierda ingresos.

¿Qué hará la oposición en esta ficticia coyuntura propuesta?

En primer lugar: la UCR y Stolbizer.

Referentes como Cobos o el radicalismo cordobés se alinearán sin matices a que la solución para restaurar el equilibrio macroeconómico perdido sea la devaluación y el ajuste interno. Ricardo Alfonsín y Margarita Stolbizer, que se opusieron a la Resolución 125, seguramente apoyarán esta idea de devaluación y ajuste en general, pero matizarán la propuesta de reducción de los subsidios  a las tarifas de los servicios públicos y al gasto social, manteniéndolos en su nivel presente. Seguramente esto alivia a las buenas conciencias. El problema es que si se reduce el salario y el empleo la demanda de subsidios sociales crecerá, es decir aumentará más que proporcionalmente.

No creo que dentro del FAP el socialismo de Hermes Binner tenga una propuesta muy diferente a la de este último sector del radicalismo. Lo mismo vale para Prat Gay o Carrió, siendo generoso. Ajuste puro y duro o ajuste con matices, pero ajuste al fin, un poco como la derecha y la socialdemocracia europeas. El problema para Victoria Donda y Libres del Sur en una coyuntura así tiene más que ver con una visita al psicoanalista que con opciones políticas.

El PRO será el abanderado “a lo Rajoy” de una política de fuerte devaluación y ajuste, qué duda cabe. Ya Federico Sturzenneger lo adelantó. Obviamente se encolumnarán en esta postura los diputados del PRO bonaerense que accedan a la banca de la mano del Frente Renovador de Sergio Massa y también lo hará De Narváez, quien incluso se ha manifestado contra el actual nivel del gasto social al estilo de los vigilantes del déficit fiscal en los EEUU, integrantes del Partido Republicano.

Veamos el Frente Renovador entonces como un todo. Su principal referente sostuvo ante el Consejo Interamericano de Comercio y Producción que “el sector que más aporta a la Balanza Comercial es con el que peor estamos….el que sufre más fricciones”. ¿Quién de sus referentes económicos tendrá más peso en una situación límite, en que las papas quemen? ¿Economistas de cuño heterodoxo, separados por matices con el Frente para la Victoria, como Miguel Peirano o Ricardo Delgado? ¿O el inefable Martín Redrado? Me da la impresión que la tentación de ser la expresión de los sectores tradicionales del poder en una coyuntura así sería irresistible para Sergio Massa. La política y las alianzas son las de Redrado, la ortodoxia, el establishment, “compensar” (que fea palabra) los  efectos sociales del ajuste, la tarea asignada a los otros. Así las cosas a De Mendiguren le llevaría años volver a dar un charla en una Cámara Empresarial Pyme…

No he mencionado a ningún referente de izquierda. Todavía resta ver si la encomiable y ardua tarea militante del FIT por poner un diputado nacional tiene éxito. Creo que éste se opondría a todo y a todos y todas siguiendo una vieja tradición trotskista; de todas maneras su posición no es relevante en una coyuntura de discusión abierta del poder.

El propósito de este ejercicio ficcional es suponer una situación límite, porque en ella se ve en qué canasta se ponen los huevos. Tiene un fuerte efecto demostración ¿Será así? Bueno, creo que la experiencia nacional permite sostener que muchas veces la realidad supera a la ficción,  o a la economía-ficción, como en este caso.


Conviviendo con Lilita

julio 30, 2013

lilita

No puedo negar que a veces el periodismo político se pone divertido. Leía en La Nación de hoy:

Primer acto: Elisa Carrió ingresó al estudio de grabación del programa A dos voces (TN) con el porte de quien se sabe el centro de las miradas. Acompañada por un séquito de candidatos y asesores, siempre detrás de ella, Carrió se sentó en primera fila tras ignorar olímpicamente a Ricardo Gil Lavedra y saludar, como de compromiso, a Martín Lousteau, con quienes compite por una banca en la Cámara de Diputados. Pero la mirada más filosa se la dedicó a quien fue, en tiempos más felices, uno de sus hijos dilectos, Alfonso Prat-Gay, devenido para ella en un traidor por haberse atrevido a desafiar su protagonismo.

… En un pasaje del debate, Prat-Gay hizo una suerte de autocrítica de la oposición por los magros resultados electorales de 2011.

«No estoy de acuerdo con aquellos que dicen que los argentinos se olvidaron de la ética en las últimas elecciones. En 2011 sucedió que quienes representábamos la ética no convencimos al electorado de que, además, podíamos gobernar. Por eso es importante, en estas elecciones, mostrarles a los argentinos una salida, darles una salida.» Cuando llegó el corte, Carrió descargó su enojo ante los suyos. «¡Ése fue un ataque contra mí! ¿No te das cuenta? Me pega por el 1,8% [que obtuvo como candidata presidencial en 2011]. Eso no se hace… yo le di todo a ese chico. Todo«.

Segundo acto: Carrió y Solanas en un programa de televisión, anteanoche. Ella se mostró tal cual es, «Carrió en estado puro», según los que la conocen. Arremetió sin piedad no sólo contra Prat-Gay, sino también contra sus socios de UNEN.

«A mí jamás Alfonso me firmó una denuncia por corrupción«, arrancó Carrió, y luego apuntó contra Martín Lousteau, autor de la polémica resolución 125 de retenciones móviles contra el campo.

«Este chico, que es candidato con Terragno, es el autor de la 125. ¿Saben lo que me cuesta que participe, cuando soy una defensora absoluta del campo? Pero creo que hay que sacrificarse, pero con memoria«. (completo aquí)

Y estoy leyendo esto en Clarín (fíjense que no busco en Página 12, eh):

Recargada, Elisa Carrió, volvió a hablar de sus socios políticos de UNEN, el espacio de centroizquierda porteño, y en diálogo con Jorge Lanata arremetió contra su ex hijo político, Alfonso Prat Gay, por ocultar «su cobardía» recuperando el «discurso del poder» al definirla como una «denunciante vitalicia«; contra el radicalismo, por pactar con la corrupción «por debajo«; y contra los ex kirchneristas, por no rendir cuentas. La jefa de la Coalición Cívica reconoció que es una mujer «difícil», reivindicó su lucha en soledad e insistió en que las diferencias no anulan la unidad.

… La diputada de la Coalición Cívica repartió criticas también para el radicalismo y acusó a los referentes históricos de la UCR en la Capital, Enrique «Coti» Nosiglia y Jesús Rodríguez, de pactar con el poder y «hacer negocios por debajo«. A la hora de explicar por qué rompió el Acuerdo Cívico y Social tras el triunfo de 2009, entre otras cosas, lanzó: «Porque Ricardito Alfonsín se reunía con Julio De Vido«. (completo aquí).

Los que conocen a la Dra. Carrió no deberían sorprenderse. En este blog relaté un risueño episodio que la muestra como un animal político ferozmente competitivo, y también uno en el que, entre otros, alimentó las peores paranoias de una sociedad intolerante. Y sobran anécdotas de ese tipo. Éstas sólo servirían para dar un momento de sana diversión a la blogosfera K… si no fuera que nos dicen algo de quienes han estado dispuestos a asociarse con ella. Aunque ahora lo lamenten.

Analistas políticos serios no cesan de recordarnos que, deteriorada y todo, la U.C.R. es – fuera del peronismo – la única estructura política nacional que queda en pie. Y tienen razón. En todos los pueblos de la Argentina, hay un comité radical. O ex radical, pero unido por viejos lazos y un estilo en común.

Y en la Capital, de la que estuve escribiendo hoy, ha tenido una razonable oportunidad de recuperar un espacio que le fue afin, distinto de los ocupados hoy por el PRO y el FPV. Cuenta con una alianza nacional en que está inserta, el Frente Progresista Cívico y Social, y está dispuesta a asumir su propia carencia de dirigentes convocantes: suma a todas las figuras que están dispuestas a acompañarla. Como hizo en el plano nacional con Lavagna en las elecciones de 2007, o en Buenos Aires con De Narváez en las de 2011.

Hasta encontraron la ocasión de aprovechar las Primarias Abiertas – de las muy pocas fuerzas políticas que las utilizan en serio – para elegir sus candidatos en una interna, y refrescar así la imagen de la política. Pero no contaban con Lilita. Y eso que la conocen: viene de las entrañas radicales, y comenzó su carrera política allí.

Si he dedicado un posteo a este tema, es porque encuentro la misma falencia que mencioné en el anterior, cuando hablaba de la incapacidad del «centro derecha» por construir una fuerza política con alguna solidez. Es como si la dirigencia no peronista hubiera perdido la voluntad de armarlas. El peronismo, que no se caracterizara por su prolijidad ni por ambiciones tímidas en sus hombres, al menos mantiene una identidad solidaria. Y una conciencia del interés mutuo.

No es de extrañar entonces el desorden peronista. Estamos forzados a distribuirnos en todos los sectores y grupos de intereses, porque ellos son los que necesitan encontrar alguna expresión peronista.

Sugiero que no nos sintamos satisfechos por esto. Tiene sus peligros.


El abrazo de Perón y Balbín

noviembre 20, 2012

Un episodio del que ayer se cumplieron 40 años, el encuentro y la reconciliación entre Perón y Balbín, el líder histórico del radicalismo y viejo y tenaz adversario, se ha convertido – como suele pasar en Argentina – en una bandera actual. En este caso, para pegarle al gobierno.

En las últimas semanas me cansé de recibir mails diciéndome que «Negar aquel abrazo – que, según uno de los amigos que me lo envía, sintetiza la voluntad de Unidad definitiva de los Argentinos – es la causa del agotamiento del actual gobierno. Recuperarlo es la obligación de toda alternativa opositora«.

El mismo motivo se ha repetido en los medios opositores o versátiles, como por ejemplo, aquí y aquí. Y hasta se ha organizado una cena para hoy, martes 20, a la que asistiría, dicen, el Dr. De la Sota, en conmemoración de aquel abrazo (aunque, debo señalarlo, me temo que Julio Bárbaro y Rafael Pascual no dan el piné).

Ahora, me parece que vale la pena reflexionar sobre el asunto, más allá de su utilización en la pelea política de todos los días (una costumbre a lo que los nac&pop, hay que reconocerlo, no somos ajenos). Creo sinceramente que tiene miga, para hoy.

Fue un hecho muy significativo en su tiempo. Sería absurdo tratar de disminuir la importancia histórica de Perón; hasta sus enemigos la reconocen. Es más, son los que más la afirman, al atribuirle el origen de todos los males argentinos. Y Balbín no sólo era el líder histórico del radicalismo. También era el dueño de un aparato político imbatible en sus internas.

Su lamentable imagen actual hace difícil apreciar la importancia de la Unión Cívica Radical (del Pueblo, agregaban sus enemigos para marcar el cisma de Frondizi) en la política argentina. Pero el radicalismo había sido, por tres décadas, el Otro del peronismo, el partido político de masas que era la alternativa inevitable en un sistema político que, sin ser una democracia plena, tampoco renunciaba definitivamente a las formas democráticas.

Y aún hoy, el radicalismo es la otra fuerza política que, como el peronismo, tiene presencia y «aparato» en cada ciudad, cada pueblo de la Argentina. Por algo Néstor Kirchner, cuando en el 2007 decidió construir la oferta electoral más atractiva posible, eligió sumar en la fórmula a una figura del radicalismo «dialoguista». Aún hoy, referentes territoriales poderosos y claves del oficialismo, como Alperovich, Zamora y otros menos mentados, tienen su origen allí.

Pero me he desviado del punto. Lo que me interesa dejar claro es que esa reconciliación fue – mucho más allá de los sentimientos personales – un acuerdo decisivo en un momento clave de la historia argentina. Tienen razón sus apologistas actuales: fue un paso fundamental en la búsqueda de la unidad de los argentinos. Eso sí, es evidente que no alcanzó.

Para demostrarlo, basta con repasar la historia de los meses que siguieron, hasta la muerte de Perón. Después, la tragedia argentina fue imparable. Sí es necesario que dejemos de lado, para entender lo que pasó, la hojarasca.

Es cierto que los dos no llegaron a ponerse de acuerdo en una estrategia común para el retorno a la democracia. Balbín, el radicalismo, no aceptó la propuesta que habría hecho Perón de un frente que abarcara todas las fuerzas políticas democráticas, en el marco de «La Hora del Pueblo». Siguió ocupando el rol del Otro, en el proceso electoral que iba a dar fin a la dictadura de la «Revolución Argentina». Pero estaba muy claro que era a lo sumo una diferencia táctica, encuadrada en un entendimiento profundo en proteger las muy frágiles instituciones de esa democracia, cuando el Partido Militar era una realidad insoslayable, y Estados Unidos, en plena Guerra Fría, derribaba gobiernos populares en Latinoamérica. Las relaciones entre el oficialismo peronista y la oposición radical nunca fueron mejores, ni volverían a serlo.

Tampoco vale aferrarse a la historia contrafáctica, muy presente para los que vivieron entonces, la posibilidad de una fórmula Perón-Balbín en setiembre de 1973. Sé que la dirigencia del radicalismo demoró la elección de la suya, a la espera de una propuesta que no llegó. Y es posible que, a la muerte de Perón, Balbín hubiese sido un mejor gobernante que Isabel. Pero eso tiene muy poco que ver con la «pacificación de los espíritus».

En ese setiembre fue asesinado José Ignacio Rucci. La «izquierda» y la «derecha» del peronismo se siguieron matando entre sí, e iban a seguir haciéndolo, hasta que la represión militar llevó a escala masiva las técnicas de secuestro, tortura y masacre. Los intereses económicos más tradicionales y los más ligados a poderes extranacionales continuaron conspirando con el Partido Militar, que reemplazaba en el sistema argentino a la fuerza de derecha que no surgiría hasta la aparición de la Ucedé. Y el ERP, sólo para completar el cuadro, siguió su delirante estrategia de guerra popular sin pueblo. Que Montoneros adoptaría formalmente poco después al pasar a la clandestinidad, arrastrando – o tratando de hacerlo – a la juventud que los seguía.

(Artemio López nos contaba hace poco una anécdota de esos tiempos «la Unidad Básica «Gerardo Ferrari» de Flores Sur, que en los finales de 1974, (compañeros que seguían fieles a la conducción de Montoneros) prendieron fuego, cuando «la Ferrari» adhirió a la maldita «JP Lealtad«).

No tengo paciencia con las versiones conspirativas de la «teoría de los dos demonios» que pintan a la guerrilla como un fenómeno extraño a la sociedad argentina, comandos entrenados y dirigidos desde Cuba o Moscú. Tampoco sirve la versión edulcorada que los presenta como luchadores sociales que hacían trabajo en las villas. Eran «fierreros» románticos y delirantes, convencidos que el camino a la construcción del hombre nuevo pasaba por matar militares, policías y «burócratas» sindicales.

Ninguna alquimia politica podía evitar los enfrentamientos. Ni el carisma y la autoridad de Perón lograron hacerlo. Pero me parece necesario recordar que no hubo una respuesta política para la juventud militante que ese romanticismo guerrillero había convocado, ni para los sectores sociales para los que ni López Rega, ni Osinde, ni tampoco Isabel, ni ciertamente Balbín o los viejos dirigentes del peronismo, o del radicalismo, eran referentes aceptables. La sociedad argentina había cambiado, y el abrazo de Perón y Balbín no la contenía.

No quiero exagerar. Los trabajadores, los humildes, seguían siendo peronistas, y en las pocas elecciones que hubo hasta marzo del ´76 – alguna en Misiones, recuerdo… – lo demostraron. Mientras Perón vivió, el equilibrio se mantuvo. Pero una parte importante de los argentinos quedó alienada con el gobierno que lo sucedió, y el golpe – preparado cuidadosamente, con un proyecto local e internacional muy definido – llegó sin demasiado rechazo del conjunto de la sociedad.

¿Algo que ver con las circunstancias actuales? No. Son muy distintas. El país, el mundo, están en otra cosa. Y, tal vez más significativo, la pulsión de muerte, o la vocación del ser humano por la guerra, según se quiera llamar, ya no se canaliza a través de problemas sociales. Pero todo eso es muy teórico. La advertencia concreta que nos deja esta vieja historia argentina es que – más allá de las instituciones democráticas y las estrategias electorales, fundamentales como son – ningún sector importante, es decir, numeroso, de la sociedad, debe quedar sin expresión, sin una respuesta política a sus planteos (lo que no significa hacer caso a todos sus delirios). Hacer lo contrario es buscarse problemas. Y encontrarlos.


El problema de la oposición

agosto 27, 2012

Este fin de semana, que tuve muy poco tiempo para mi blog, me enganché en una discusión con un post de Ezequiel Meler, La oposición como problema. Nada sorprendente. Ezequiel es un tipo inteligente, que ha regresado con impulso a la blogosfera politizada, y yo vengo diciendo desde hace seis años que el elemento que falta definir en la realidad argentina es la alternativa opositora a la experiencia kirchnerista. Por eso, voy a seguirla aquí: me parece que puede ser interesante. Creo que ayuda a echar luz sobre los dos lados del enfrentamiento argentino.

Meler afirma – lo sintetizo: «en la Argentina actual, la oposición política partidaria es un hecho marginal. El gobierno es todo, o casi todo» (Enlaza un post de Artepolítica, que ya señalaba eso, con alguna alarma, en noviembre de 2008). «El radicalismo navega en el melancólico recuerdo de lo que supo ser, el peronismo disidente se reparte entre el sciolismo (significante vacío si los hay porque ni siquiera el gobernador Scioli lo integra) y el macrismo (y PRO es cada vez más vecinal). Carrió aparece demasiado, pero significa cada vez menos, y el panorama de esas fuerzas de cara a 2013 es terrorífico. Lo más probable es que incluso con un mal desempeño el oficialismo sume representantes en, al menos, Diputados. A diferencia de 2009, el oficialismo no parece próximo a fragmentarse: no hay muchos conflictos en puerta y con esas opciones del otro lado, uno entiende que incluso los más reacios estén dispuestos a jugar con la presidenta antes que mudarse al desierto«.

Una foto razonable. Estoy de acuerdo, siempre que recordemos que es una foto. La película argentina suele tener cambios bruscos. Pero el punto de su post son los consejos que da a la oposición:

«-Tener una agenda. Tratar que la misma supere el catastrofismo en todas sus variantes. Evitar, en lo posible, que sea ocupada por antikirchneristas fanáticos o estúpidos, o ambos.

-Reconocer logros en la gestión de gobierno como parte de la propia identidad. Hoy muchos reniegan de la Alianza, pero me permito recordarles que la experiencia de la Alianza como fuerza opositora no equivale a su desempeño como gobierno. La primera fue inteligente; el segundo, indefendible. (Como oposición) dio garantías. Dijo: “Señores, si nos votan, vamos a mantener la convertibilidad, vamos a generar puestos de trabajo, vamos a resolver los temas que quedan pero vamos a garantizar la estabilidad”. No hizo nada de eso, pero no es el punto. El punto es que, aún perdiendo la PBA, ganó la Nación. Logró que los peronistas que cortaban boleta a favor de Ruckauf y Solá votaran a De La Rúa para presidente de los argentinos.

-Para vencer a una fuerza que ha conseguido mayoría absoluta es necesario integrar en la propuesta los elementos de la misma que la sociedad tributa como valorables. Sacarlos de la arena de la discusión partidaria, volverlos propios. Hablar de derechos humanos sin escupir, incorporar el matrimonio igualitario a la agenda, defender los efectos de la AUH y bancar a muerte a las empresas estatales. Garantizar la continuidad de los beneficios sociales, acordar con los gremios actividades comunes, trazar un plan económico mejor que las medidas actuales, usar los medios para difundirlo. Proveer a la reforma de las fuerzas de seguridad, trazar programas de ampliación y mejora de la red de infraestructura, etc. 

-La AUH podría ser ley, y sería lindo que el proyecto lo presente, qué se yo, un socialista, después de un mes de promoción. Como para seguir en sintonía, se podría ampliar la lista de beneficiarios. Eso sí, cuidando los recursos fiscales. No queremos que el buque se estrelle, por eso es interesante analizar nuevos gravámenes o elevar los existentes. Al juego, por ejemplo, pero también a la minería, a la tenencia de acciones, etc.

-En lugar de hacer profundas declaraciones sobre política internacional, del tipo de “Chavismo no”, o “Qué bien que andan Perú y Chile” (?), puede proponerse la gradual eliminación de divisas en el comercio regional del MERCOSUR, el avance en nuevos organismos multilaterales, un par de obras de infraestructura de alcance bi o multinacional, etc.

-Recurrir a la justicia es una medida desesperada y debería verse como tal. Pero la auditoría y el control de las partidas presupuestarias es una función básica de la oposición. Tirá campañas de participación ciudadana sobre temas puntuales: un millón de firmas reales para mejorar los ingresos de los jubilados vía iniciativa parlamentaria (fijate, está en la Constitución).

-Los servicios públicos, esto lo sabe cualquiera, andan mal. ¿Planes para mejorar la educación? ¿Leyes de financiamiento en salud? ¿Planes concretos sobre trenes, con cálculo de costo? ¿Leyes de asociaciones profesionales más laxas, como para ganarte unos porotos con los sectores no CGT?

-Y ya que jugamos a lo grande, ¿mover la Capital? Presentar un proyecto que dispute al gobierno la bandera de la integración territorial y recupere para la política una dimensión estratégica hoy ausente. Antecedentes sobran«.

Podía haberlo abreviado más, pero, la verdad, me interesó el programa en sí que propone. Le comenté, aproximadamente «Muy inteligente. Pero… estás diseñando una estrategia para el FAP. Es cierto que fue la primera oposición en las elecciones de octubre pasado… con bastante menos del 15 % ¿Cuál es el techo para una fuerza de centro izquierda, contra un oficialismo que no se ve a sí mismo ni se maneja como una fuerza de centro derecha?»

La respuesta de Ezequiel fue rápida: «No sólo para el FAP. También para la UCR. Igual, aclaro que pienso que no llega ninguno de los dos. Pero saldrían, me parece, de la anodina situación en que están«. Esta parte sí la sinteticé mucho – pueden leerla completa en su blog. Omito nuestra discusión sobre los resultados electorales de 1999, cuando la Alianza de la UCR y el Frepaso, aún perdiendo en la Provincia de Buenos Aires, ganaron en la Nación. Ojo, creo que esos datos son relevantes, y voy a incluirlos en mi argumento. Pero ha sido esa frase de mi amigo la que me hizo repensar la situación en que estamos.

Reitero mi opinión: es un buen programa para una fuerza de centro izquierda, y coincido con Ezequiel que el FAP, sólo con unas gotas de imaginación y audacia, podría levantarlo. Y también una buena parte, sino la mayoría, de la dirigencia actual de la UCR. Pero también podría ser asumido por los aliados actuales del FPV, sin renegar de su oficialismo. Martín Sabbatella puede llegar a tener un buen asesor, si ambos superan ciertos resquemores por antiguas experiencias ;=).

Porque en realidad, podría ser un programa para el kirchnerismo – también con unas gotas de imaginación, porque audacia no le falta – si el kirchnerismo estuviera dispuesto a desprenderse de sus vínculos con la dirigencia territorial y sindical del peronismo, es decir, con su estructura de poder político. Y, también, a tomar distancia, para ser francos, del personalismo peronista. Un kirchnerismo sin Néstor ni Cristina, digamos. Ojo, otra vez: No digo que ésta sea la intención de Ezequiel: él especula con un programa posible para la oposición, después de todo.

¿Y qué tiene de malo? ¿No he dicho en el blog, sin ser original, que Argentina necesita una posibilidad de alternancia que construya sobre las realizaciones de lo que reemplaza, en lugar de destruir? Así es, y creo que a muchísimos argentinos les gustaría. Pero las alternativas no se construyen desde las reglas o los buenos deseos; resultan de una oposición con chances, que construye poder, que expresa algo que existe en la sociedad que rechaza lo que expresa el oficialismo.

La Unión Cívica Radical, un partido que se funda y encuentra su razón de ser en el sufragio libre y universal (al menos, universal masculino) probablemente habría concluído su ciclo – como sucedió en el mundo con muchos partidos que llevaban la palabra «radical» en su nombre – hace más de medio siglo, al lograr sus objetivos. Pero en Argentina encontró una nueva razón de ser: se convirtió en el antagonista del peronismo, la fuerza política, también masiva, y «democrática» en sus términos, que se le enfrentaba a lo largo de las décadas.

Hay un trabajo de campo – lo cité otras veces en el blog – de Jeane Kirkpatrick, que antes de ser una “Demócrata de Reagan” y su embajadora ante la ONU, fue una joven socióloga que hizo un estudio de postgradp en Buenos Aires a principios de los ´60.

Su estudio, pleno de números y cuadros en la mejor tradición de la sociología yanqui, mostraba como a comienzos de esa década, los vastos sectores de la población que se identificaban con el peronismo o con la UCR tenían, cada uno, un conjunto de ideales y aspiraciones que en la mayor parte coincidían. Pero había también algunos claramente diferenciados y, sobre todo, una clara conciencia de identidades distintas. Una cosa era ser peronista y otra ser radical.

Raúl Alfonsín tuvo el momento más alto de esa identidad cuando triunfó en 1983, Y creo que hizo posible entonces la democracia argentina, al mostrar que al peronismo se lo podía vencer limpiamente en las urnas. Luego, sus falencias como gobernante lo desprestigiaron profundamente, pero sospecho que un paso decisivo en la declinación de la U.C.R. fue su pacto con Menem en 1994, que hizo posible su reelección y la desdibujó como alternativa. En las elecciones presidenciales siguientes, en 1995, ya el radicalismo fue tercero, detrás del Frepaso.

¿Conclusiones para nuestro tiempo? Las identidades políticas ya no son tan marcadas, ciertamente, en nuestros compatriotas como 50 años atrás. Muchos menos se definen hoy como radicales, y ya no tantos como peronistas. Pero las dos culturas políticas que expresaron siguen existiendo, aunque tomen nuevos nombres. A la nuestra le gusta definirse como «nacional y popular», y el otro lado quiere definirse como «democrático y republicano» (en un tiempo era la «línea Mayo Caseros», pero eso ha caído en desuso).

El punto es que el clivaje «izquierda / derecha», aún el «progresistas / conservadores», aunque refleja diferencias muy reales, no alcanza en Argentina para describir a fuerzas políticas con posibilidades reales de alcanzar el poder. Una parte de la discusión con Meler – una que él me ganó – lo muestra claramente: Yo había señalado que, si la fórmula Ruckauf-Solá para la gobenación de Buenos Aires había ganado en las mismas elecciones en De la Rúa-Chacho Álvarez ganaban la Presidencia, era porque allí iban aliados a la opción de derecha, el partido de Cavallo. Él marcó, con buenos argumentos, que aparentemente también jugaban los votos de peronistas que cortaron boleta en rechazo a Duhalde.

Meler también puede decirme que él aclaró de entrada que no estaba proponiendo una estrategia ganadora para la oposición, que no la creía posible, en realidad. Pero en la política argentina el rol de los pequeños partidos, en el escenario nacional, es secundario: tienden a ser partes de una Gran Coalición informal, oficialista u opositora. (Digamos que no tenemos la cultura del parlamentarismo). Cuando por algún motivo una de las dos no se forma, como sucedió con la oposición el año pasado, se condenan a la irrelevancia.

He estado especulando sobre tendencias en nuestra sociedad, y opciones políticas masivas. (Creo que, también, sobre la actitud de aquellos que, más numerosos que lo que se expresa en público, comparten muchos de los valores y logros de la gestión kirchnerista pero están desconformes con su expresión politica actual). Ahora, si vamos a la política práctica, la respuesta es mucho más pedestre: la oposición fáctica son los grandes medios de comunicación. Porque son los grupos cuyo poder económico – muy grande, en el caso de Clarín – se mezcla inextricablemente con su influencia política, y por lo tanto a un gobierno que quiere – y hasta ahora puede – conducir la política le resulta mucho más difícil negociar con ellos.

No es un hecho inédito, por supuesto. Raúl Alfonsín, cuando conservaba iniciativa política, tuvo problemas similares. Los opositores más enconados de Chávez y Correa son los medios. Y aún en Brasil, con una clase dirigente más sofisticada y un Estado más fuerte, el grupo de O Globo es un factor de poder a tomar muy en cuenta.

Si añadimos a eso el hecho que las «minorías intensas» K y anti K – a pesar de ser claramente minorías – son las que marcan el tono de la lucha política local, me temo – a pesar que mucho me gustaría – que el enfrentamiento no será por ideas ni por proyectos, sino a favor y en contra del oficialismo.

Lástima. Este post ya ha sido demasiado largo. Pero encuentro inevitable que voy a tener que escribir sobre ese fantasma inevitable: la re reelección.


Pensando en Catamarca. Y, un poco, en Chubut

marzo 15, 2011

Aclarando de entrada, como me gusta: no conozco a fondo a esas provincias. Charlé algunas veces con don Vicente Leónidas, pero eso no me hace un experto en Catamarca. Y pontificar sobre un triunfo kirchnerista que ni Artemio López ni el 6-7-8 de esa noche misma se atrevieron a pronosticar, me parece poco serio. Pero me parece que hay algunas realidades políticas que se pueden evaluar, con razonable fundamento, a partir de lo que pasó allí, y, después de todo, es el tema político de la semana.

Eso sí, creo que lo que pudimos ver, por ejemplo, en el acto de Huracán que comenté aquí, tiene más que ver con el futuro del peronismo, que un resultado electoral. Pero al futuro se llega pasando por el presente, y el presente son las elecciones.

Circulan ya dos explicaciones básicas sobre ese triunfo: la que pone el enfásis en la unidad del peronismo, y la que lo pone en el apoyo popular al modelo que aplica el gobierno nacional. Pienso que ambas son verdaderas, pero que necesitan ser examinadas con un poco de atención.

Es verdad que el peronismo catamarqueño fue unido a estas elecciones, y eso le permitió triunfar sobre la lista del gobernador Brizuela del Moral, que tuvo 19 mil votos más que hace 2 años, en la elección de diputados nacionales (el FPV sumó 34 mil votos a los que consiguió entonces). Polarización, dijo alguien?

Por lo que puedo saber, ayudó el delicado tejido de Juan Carlos Mazzón. Y también la decisión de la Presidente de exigir que fueran al frente de las listas, en los lugares más visibles, quienes eran lo más afín al «kirchnerismo» y lo menos comprometido con gobiernos anteriores del peronismo. Dentro de lo que había en esa provincia (donde los paracaidistas húngaros son pocos).

Es cierto también que la legendaria familia Saadi regresa al gobierno, y que esos lazos de parentesco son fuertes en la Catamarca de hoy y en la Gran Siria de donde vienen sus ancestros. Y no podemos ignorar que el también legendario Luis Barrionuevo negoció para su gente los cargos en los municipios de la lista ganadora, menos visibles pero fundamentales para un aparato político.

Pero eso también marca un hecho clave: el aguzado olfato de Luisito detectó que no había espacio para una opción peronista no kirchnerista, y con realismo sindical decidió jugar sus fichas en el oficialismo, y dejar a su hermana para símbolo. Oigo «polarización», nuevamente?

De todos modos, sobre ese aspecto ya hacen ruido el periodismo y el progresismo que hacen política de archivos, y nunca repasan los suyos propios. El peronismo conserva la vieja sabiduría de Perón «los buenitos somos pocos» y, como el radicalismo, sabe que en una provincia donde todos se conocen no hay «gente nueva». Cuatro años atrás, la nueva gobernadora, Lucía Corpacci, había sido elegida como vice de Brizuela del Moral.

Más significativos son los votos de quienes antes no acompañaron al peronismo. Corresponde citar aquí al ínclito Artemio (las encuestas más precisas, como señala él, se hacen con los resultados electorales puestos): catamarca, el plus : jóvenes y segmentos medios (ojo, dice «el plus», no el grueso de los votos)

«La clave de la elección resultó la performance del FPV en la capital provincial, donde vota el 44% del padrón y el kirchnerismo construyó el 60% de sus electores. La conclusión preliminar en términos de socioelectorales supone que al electorado propio, el FPV sumó votos de segmentos medios provinciales, en especial jóvenes…

Una tendencia que agrega 4.000 votos al resultado del 2007, sobre tramos que por edad y pertenencia social a segmentos medios no habían votado a Cristina Kirchner en aquella oportunidad donde, recordemos, el FPV obtuvo el 46% de los votos nacionales»

La moraleja es muy obvia, pero conviene recordarla: Para triunfar en una elección provincial conviene tener una buena candidatura local, y la presencia o la expectativa de una buena candidatura nacional. Porque el pueblo es algo más inteligente que lo que le atribuyen los publicistas y no vota «modelos» ni «proyectos». Sabe que los «modelos» y «proyectos» no gobiernan. Lo hacen personas. Y votan personas.

En Chubut el escenario es diferente de Catamarca. Aparentemente, la elección se decidirá entre dos peronistas: el «dasnevista» Martin Buzzi y el kirchnerista Carlos Elicehe. Buzzi es el intendente de Comodoro Rivadavia, Elicehe el de Puerto Madryn. Va a ser interesante saber – con los resultados en la mano – cuánto influirá la opción nacional.

Porque la cuestión que se abre y que se responderá en este año es una decisiva para el futuro: ¿Cuál será la opción que va a polarizar con la casi segura candidatura de Cristina Fernández de Kirchner? ¿El radicalismo, que no ha conseguido hasta ahora un liderazgo convincente, que se ha mostrado incapaz en el primer test del año de retener una provincia que gobernó ocho años, pero que tiene una presencia organizada en cada provincia, en cada pueblo de la Argentina? ¿O el «centro derecha», espacio real y vacante en el ámbito nacional, que tiene la figura – ciertamente, no se le puede llamar «liderazgo» – de Mauricio Macri, conocida en todo el país, pero no tiene aparato ni militancia?

El que viva, algunos meses, lo verá.


¿Se puede perder?

enero 6, 2011

El ingeniero Sbariggi, peronista informado si los hay, decía hace 3 días «Nadie, ni el más optimista de los kirchneristas hubiese imaginado un año atrás que al comienzo de este año electoral ningún analista político dude de la victoria del FpV-PJ en las elecciones de octubre si las cosas se mantienen más o menos como hasta ahora«. Artemio López, como corresponde a su oficio, es más preciso «Cristina está ganando en primera vuelta y le saca más de 25 puntos a la primera minoría (encabezada por Ricardo Alfonsín)«.

Estos pronósticos no serían sorprendentes – después de todo, son del palo, y Artemio es formador de opinión, además – pero también son compartidos por «un sector importante de dirigentes de la UCR«, según dice Sebastian Abrevaya en Página 12. Uno pensaría que es una maniobra del diario oficialista… si no hubiera escuchado esa duda sobre si se gana y si conviene ganar en 2011 de boca de muchos radicales.

Igual, hay otro testimonio. Marcos Novaro, conocido y prestigioso opositor, dice en su blog El agente de Cipol – uno de los que permiten que «republicanismo» pueda ser traducido como «anti K» – «2010 termina con un cuadro marcado por la recuperación de los índices de aprobación de la gestión de Cristina Kirchner, la fortaleza consecuente de su candidatura presidencial, y un arco opositor disperso y debilitado«.

Tengo que decir que toda esta certidumbre, a 10 meses de las elecciones, no me deja muy contento. Además del hecho que nuestras internas se ponen más… mezquinas, si el triunfo aparece como seguro, tenemos que recordar que en Argentina, a seguro lo metieron en cana muchas veces. Lo que no necesitamos, ni los argentinos ni el subconjunto peronistas, es que el gobierno haga la plancha.

Como este blog no es formador de opinión – todos los que lo leen ya la tienen formada – me voy a permitir especular sobre el asunto. El impulso me lo dieron esta afirmación de hoy de Ricardo Alfonsín «Vamos a ganar la interna y las elecciones» y esta nota, también de hoy, de Carlos Strasser, politólogo, profesor emérito de FLACSO… Que resuena como una clarinada (sin alusiones) a pelear por el fin del ciclo kirchnerista.

Percibo que, como en el caso de su padre, Alfonsín, como los intelectuales que se identifican con su proyecto, encuentra un discurso cercano a lo que una parte de la sociedad quiere oír. Una crítica muy dura a las formas del gobierno «el estilo hecho de crispación, destrato, prepotencia, facciosidad, fantaseo setentista; la producción y multiplicación continua de conflictos y enfrentamientos, el desamor por las instituciones, y desde ahí hasta el clientelismo , la inescrupulosidad y la corrupción descaradas«.

Pero pone el matiz necesario para aquellos que no quieren sentirse gorilas – un sector no tan pequeño – «Todo malo y muy peronista, tan peronista como lo bueno del peronismo, los pobres saben … El kirchnerismo tuvo el viento externo a favor más fuerte y sostenido de toda nuestra historia y así pudo y quiso repartir (lo cual no es moco ‘ e pavo, otros no quieren)«.

Agrega lo que justamente ese sector puede pedir: «Más infraestructura, más empleo, salud, educación, vivienda, seguridad, transporte, en general mejores servicios, mejor Estado» (Bueno, yo también lo pediría, total). Y Strasser dibuja, entonces, el enfrentamiento que las encuestas anuncian, y se ilusiona con la polarización que necesita: «Si es posible mirar por debajo de la superficie, estos días parece que una corriente, un candidato, va al fin asomando más firmemente. Lo confirman las últimas encuestas confiables. Ricardo Alfonsín«.

Debo decir, como acostumbro, mi opinión personal: No va a andar. Es una opinión falible: después de todo, también me equivoqué en el mismo sentido con su padre. Pero creo que existe un elemento significativo en el escenario político argentino que las encuestas, en esta etapa, no pueden reflejar con claridad: Así como todavía hay muchos votantes que nunca votarían a un candidato peronista (esperemos que los agostos fríos vayan reduciendo ese porcentaje), hay también muchos que no votarán a un candidato radical. Y más, si se llama Alfonsín.

El temor a la ingobernabilidad si no está al frente un peronista, el prejuicio «los radicales no saben gobernar», la falta de experiencia ejecutiva de Ricardo Alfonsín, esos factores relacionados entre sí forman un motivo poderoso (Debo decir que el profesor Strasser no ayuda a disiparlo cuando dice «creo posible … que tengamos de nuevo, como hace mucho tiempo, un período de ventura generosa. Si el viento sigue de cola, como dicen los economistas, y Dios continúa argentino, pero no siempre peronista«). Pero no es el único, y tal vez no sería el decisivo. Hay otro elemento, que al sector más politizado de nuestra sociedad – una pequeña minoría – le resulta difícil apreciar.

Para muchísimos argentinos de edad mediana, el alfonsinismo es parte del «zurdaje». No es un prejuicio injustificado: en lo cultural, buena parte, quizás la mayoría, del radicalismo es «progre». Esto no tiene significado para la mayoría de la militancia joven que se divide entre los kirchneristas y los que lo cuestionan por izquierda, pero no es menos real por ello. Es cierto que en una polarización extrema, esa barrera, y aún otras más altas, desaparecen (Irónicamente, en 1989 Alsogaray anunció que la Ucedé iba a votar «tapándose la nariz» a la UCR, frente al peligro de … Menem).

Pero hoy, es muy fácil percibir en la calle que el gobierno de Cristina Fernández no despierta la oposición feroz que se manifestó en el 2008… fuera de los que están peleando por el poder político o económico que juzgan propio, claro (Tal vez el único sector genuinamente irreconciliable es la familia militar… retirada).

Por eso es que creo que la coalición encabezada por la presidente, que reúne a los votantes peronistas y a una parte muy grande de los progresistas se impondría – salvo factores hoy inesperados – a una coalición liderada por el radicalismo. Pues los votantes de «centro derecha» – que tienen identidades muy diversas de la imagen simplificada que sus adversarios de izquierda dibujan – encontrarán otras candidaturas para expresarse.

Por eso estoy de acuerdo con este post de Acquaforte, aunque creo que ahí Fede Vázquez sobreestima las posibilidades de Macri, especialmente si el PRO, como parece, no hará una brillante elección en Capital. Y que algunos empresarios estén de nuestro lado. Pero el cuadro que plantea Fede es el correcto: «De ahí que la representación mediática de los intereses empresariales funcione como una malla perfecta y sin fisuras para el proyecto político de Mauricio. En definitiva: el enemigo es Macri, el radicalismo es un aliado de la democracia. Eso sí, habrá que ir pensando como hacer para que la historia no se repita y los correligionarios no vuelvan a quedar como furgón de cola del golpismo y la derecha. Bueno, también depende de ellos, no?»

Por mi parte, seguiré especulando sobre los escenarios negativos posibles, Espero que el kirchnerismo no me acuse de mufa.

(Continuará… cuando se me ocurra algo)


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